Asociación G. para la Libertad de Idioma
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Desde 1.988 defendiendo los derechos humanos y constitucionales
de los que hablamos el idioma español.
Si no hemos conseguido mucho, es muy probable que una parte de la culpa sea tuya.

 


Una         opinión crítica contra los nacionalismos

En         Defensa de los Derechos Constitucionales de los que hablamos el Idioma         Común Español
 

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Los recortes de ayer al final de la página
  
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Lenguas inútiles - Y ahora Ucrania, tomad nota idiotas!!

 

Euro and Europe doomed by Spain's inefficiency
AGLI Editor. 22 August 2012

The Spanish government has no intention to attack the intrinsic inefficiency problem, otherwise it should already have abolished the laws of  regional languages. This measure  would destroy inefficiencies affecting market, work force, education, legal, procedural, health, security systems and more. This measure has no cost, and benefits are outstanding.

Spain has seventeen regional governments partitioning the country with laws and languages. Therefore, the disassembly of the regional system, by abolishing the laws of the regional (and many local) governments and reducing the redundant government employees is also compulsory. This measure means a heavy social cost, two million people should be laid off, but the private sector could recover and start creating productive jobs. As a byproduct, professionals of politics would probably disappear (as they are the problem). 

Spain will sink the Euro and Europe unless it returns to common language and law.
AGLI Editor. 22 August 2012 

The deep problems of  Spain's economy are paving the way to the destruction of the Euro and Europe and the Spanish governments have no intention to fix their problems, otherwise the first measure with zero cost, returning to the spanish common language by abolishing all laws of  regional languages, should already have been taken. 

Basically, the inefficiencies of the governments and the unnecessary expenses are so high that no tax system can survive after the depletion of its citizens. 

Spain has a multitude of regional governments (seventeen) with many of them using different regional languages instead of the Spanish, and consequently the country is divided by laws and languages, the work force can't move unless families surrender themselves and the education of their children from their mother spanish language to the regional languages, government employees are valued more for their knowledge of the regional language than anything else, enterprises have to cope with many different and opposing laws written in different regional languages, and have to translate their operating  business systems to them. 

Therefore, should the Spanish government have any intention to fix the problem, the first measure should have been to abolish all the laws concerning regional languages, letting the Spanish be the common language. This measure  would destroy many inefficiencies affecting market, work force, education, legal, procedural, health, security systems and more. This measure has no cost, on the contrary benefits are absolute neccesity. 

The second measure should be the disassembly of the regional systems, abolishing the laws of the seventeen regional (and many local) governments and reducing the redundant and unnecessary government employees. This measure has a very heavy social cost, around two million people should be laid off, but by reducing those, unnecessary expenses, the private sector could recover and start creating productive work. As a byproduct, the superfluous class of professionals of politics would probably disappear (they are the problem).


El español: una lengua viva. Informe 2016. Instituto Cervantes
http://www.cervantes.es/imagenes/File/prensa/EspanolLenguaViva16.pdf

La colección de 'El valor económico del español', un homenaje a nuestro idioma
Fundacion Telefonica 3 Marzo 2017

 

Descárgatelos gratis http://email.fundaciontelefonica.com/re?l=D0Ilily6zI5ztd4nnIh

Descárgatelos gratis

Esta ambiciosa obra analiza la importancia que tiene el español como activo de las empresas que impulsa su internacionalización en mercados donde se habla el mismo idioma.

¿Sabías que las industrias culturales en español aportan hoy más de 30.000 millones de euros anuales? ¿Y que nuestra lengua es la tercera en la Red y que el 7,9 % de los usuarios de Internet se comunican en español?

Son datos extraídos de la investigación 'El Valor Económico del Español', formada por 14 títulos, una ambiciosa investigación sobre la cuantificación económica de nuestra lengua, como una forma de lograr que apreciemos el valor cultural de este activo hablado por una comunidad formada por más de 500 millones de hispanohablantes.

Te recordamos que en nuestra web están disponibles los 14 títulos gratuitos que conforman 'El Valor Económico del Español':

Atlas de la Lengua española en el mundo. Presentación gráfica y didáctica de la situación del español dentro de la riqueza y diversidad del universo de las lenguas. En 2016 ha salido la tercera edición revisada y ampliada de la obra.

Lengua, empresa y mercado. Analiza la importancia del español como activo que impulsa la internacionalización de las empresas en mercados que hablan el mismo idioma.

El futuro del español en EE.UU: La lengua en las comunidades de migrantes hispanos. El español es la 2ª lengua más hablada en Estados Unidos gracias a que las segundas generaciones de inmigrantes la mantienen como segunda lengua tras el inglés, un hecho novedoso en la historia de este país, conocido por ser un “cementerio de lenguas”.

El español, lengua de comunicación científica. Este libro analiza los aspectos cuantitativos y cualitativos del español como lenguaje científico y tecnológico.

El español en las relaciones internacionales. Un recorrido por la presencia del español en foros y organismos internacionales y su futuro en el mundo globalizado.

Valor económico del español. Compendio de conclusiones de la primera parte de la investigación sobre la proyección del español en tanto que lengua de comunicación internacional.

El español en los flujos económicos internacionales. Más de 500 millones de hablantes hacen del español un importante ‘puente económico’ sobre el Atlántico.

Economía de las industrias culturales en español. El español como lengua global aparece como un importante motor del desarrollo de las industrias culturales.

Lengua y Tecnologías de la Información y las comunicaciones. Existen vínculos lingüísticos en el patrón geográfico de internacionalización de las operadoras de telecomunicaciones.

El español en la Red. El informe analiza la presencia de páginas web en español en la Red y las consecuencias que Internet tiene sobre la vida de las lenguas.

Emigración y Lengua. El papel del español en las migraciones internacionales. Estudia el efecto que tiene una lengua como el español en los procesos de decisión y en los resultados laborales y sociales del emigrante.

Las Cuentas del Español. Aborda uno de los aspectos cruciales de este ambicioso proyecto: la cuantificación del español en términos como el PIB o el empleo generados en la economía española en los últimos años.

La economía de la enseñanza del español como lengua extranjera. La enseñanza del español a hablantes de otras lenguas genera empleo y valor añadido.

Economía del español. Una introducción. Introducción del proyecto de investigación ‘Valor Económico del español’ que cuantifica la actividad productiva o de intercambio que la lengua aporta a la economía.


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Boletín AGLI nº25 (Nov 2011)

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Si te importa España, diez acciones indispensables
Nota del Editor 1 Noviembre 2011

  la lengua española para unificar mercado, educación, sanidad, justicia, legislación, seguridad, anulando toda la legislación sobre lenguas regionales.

 desmantelar el tinglado autonómico.

3ª  deshacerse de la enorme casta de profesionales de la política

4ª  simplificar y reducir el enorme aparato burocrático y millones de funcionarios

5ª deshacerse del intervencionismo de un estado ineficiente y depredador de los recursos de la clase media

6ª deshacerse de un estado indoctrinador y comprador de votos de unos con dinero de otros

7ª  arreglar un sistema educativo desastroso con menos medios y más responsabilidad

8ª  educar en valores humanos a una sociedad indoctrinada y adormecida

9ª liberalizar y optimizar un mercado fragmentado e ineficaz

10ª arreglar una justicia irracional, politizada, lenta, incompetente e irresponsable con menos medios y más responsabilidad

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El Nacionalismo Obligatorio en las Aulas
Por Ernesto Ladrón de Guevara y Arbina.

A LAS PERSONAS QUE HAN SACRIFICADO SU BIENESTAR PARA HACER PREVALECER LA VERDAD
(Vitoria, año 2011)
394 páginas

www.educacionynacionalismo.com

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La "normalización lingüística", una anormalidad democrática. El caso gallego
Dedicado "A todos aquellos que piensan que los idiomas se hicieron para las personas y no las personas para los idomas"
Manuel Jardón     (1.284KB, formato .pdf)  Nota: si no consigue descargar el libro completo, pulse el botón derecho de su ratón y
seleccione "Guardar destino como" en
Internet Explorer o "Guardar enlace como" en FireFox.

Por la normalización del español: El estado de la cuestion, una cuestion de Estado.
FADICE      (747KB, formato .pdf )

Manifiestos:
POR LOS DERECHOS LINGÜÍSTICOS EN GALICIA
POR LA LIBERTAD DE ELECCIÓN DE LENGUA EN LOS CENTROS DE ENSEÑANZA DE GALICIA

Índice General

Recortes de Prensa   24 septiembre 2017
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Del libro de Manuel Jardón

"A todos aquellos que piensan que
los idiomas se hicieron para las
personas y no las personas
para los idiomas"

La "normalización lingüística",
una anormalidad democrática
El caso gallego


 

 

AGLI Recortes de Prensa   Domingo 24  Septiembre 2017
El diálogo
Ni en la época de Felipe González y Aznar, pese a las desconfianzas de que los nacionalistas perseguían ya su objetivo, se bloqueó la relación Madrid-Cataluña. De hecho, esta comunidad tiene el nivel de autogobierno más alto de la Democracia y es la que más transferencias recibe del Estado.
José María Marco. Libertad Digital 24 Septiembre 2017

Los constituyentes españoles de los años 70 crearon el Estado de las Autonomías para satisfacer a Cataluña. Estaba el lejano precedente teórico de La redención de las provincias, un conjunto de artículos que Ortega publicó bajo la dictadura de Primo de Rivera promoviendo un proyecto –como tantos otros suyos postmoderno–, la descentralización de nuestro país. Más cercano, estaba el resquemor de los nacionalistas catalanes a verse aislados frente a un bloque formado por el conjunto del resto de España. Así que se descentralizó el Estado para que los nacionalistas catalanes dejaran atrás su desconfianza y se sintieran – llegó la palabra mágica- «cómodos». La España actual, aquella que consideramos la culminación de nuestro esencial pluralismo, se debe por tanto a la imaginación de un filósofo imbuido de nacionalismo (aunque no nacionalista él mismo), y a la voluntad de establecer y salvaguardar los fundamentos de lo que más tarde habría de ser la nación nacionalista catalana.

Como era de esperar los nacionalistas catalanes –ellos siempre dicen Cataluña– jamás se sintieron cómodos en el nuevo orden de cosas. Su proyecto no acababa ahí, ni mucho menos, y desde entonces la búsqueda de un «encaje» –otro mantra digno de una superstición ignota– de la Cataluña nacionalista en España se ha convertido en un problema perpetuo. La Transición quiso solucionar el problema nacional aceptando los términos del nacionalismo catalán... y creó el problema catalán.

El Estado intentó volver a tomar la iniciativa en algunas ocasiones, como ocurrió con la famosa LOAPA (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómica), de 1982. Aquello evitó fenómenos de descentralización anárquica como los que se estaban produciendo, pero no cerró los cauces de diálogo con las Comunidades, y muy en particular con el gobierno de Cataluña. Al contrario, en aquellos años, los estamentos oficiales de la Cataluña nacionalista formaban parte casi natural del establishment madrileño. Como en los mejores tiempos de la política arancelaria de finales del siglo XIX y como ocurrió durante el apoyo masivo a la industrialización de Cataluña en la dictadura de Franco, los catalanes nacionalistas se contaban entre los grupos más influyentes y poderosos de nuestro país. Jordi Pujol, al que se le perdonó todo lo relacionado con el asunto de Banca Catalana, llegó a ser «español del año» en 1984. Pujol quedaba elevado al altar de la ejemplaridad. El nacionalismo catalán era el ejemplo a seguir: la senda de la modernización de España.

Se entiende así la relación íntima que se fragua entre Madrid y Barcelona y que supera con mucho lo que entendemos por «diálogo». Ni siquiera la desconfianza de Felipe González y luego de Aznar –siempre consciente de que los nacionalistas perseguían algo muy distinto– detuvo el diálogo. Es paradigmático el acuerdo de 1996 entre el futuro equipo del gobierno del PP, con Rodrigo Rato a la cabeza, y los nacionalistas. Aquel acuerdo llevó a una de las mayores transferencias de competencias nunca realizadas a Cataluña, como la del 33% del IRPF, el 35% del IVA y el 40% de los impuestos especiales y las de la Guardia Civil a los Mossos d’Esquadra, además de la supresión del servicio militar obligatorio, el AVE, el final de los gobernadores civiles y la paralización de la llegada al Constitucional de una ley de política inconstitucional. Muchas de estas cesiones se encuadraban en una política de índole nacional y beneficiaron al conjunto de España tanto como a Cataluña. Demuestran, una vez más, la generosidad con que el Estado ha enfocado siempre sus relaciones con la región. Y sugerían la idea de que el centro derecha español delegaba su posición política en el nacionalismo, entonces moderado.

El diálogo cambió de dirección, aunque no de intensidad, con Rodríguez Zapatero. Desde esos años, al Estado se le llama «español», como si estuviera al mismo nivel que las estructuras preestatales de Cataluña, País Vasco. Y es que aquel proyecto consistió en la «desnacionalización de España» –recuérdese aquello de que la nación es «una idea discutida y discutible»–, un proyecto en el que la Cataluña nacionalista estaba destinada a jugar un papel de primer orden. En este punto, no tiene sentido hablar de diálogo cuando el presidente del Gobierno se mostraba dispuesto a aceptar «todo» lo que viniera de Cataluña. Cataluña –es decir, la Cataluña nacionalista, aunque los beneficiados fueran también otro–- tomaba las riendas y cumplía el antiguo anhelo imperialista –recuérdese– del nacionalismo catalán. Diálogo, en este caso, también quería decir que el Estado central continuaba retirándose de Cataluña, porque la única fuerza nacional que parecía quedar ahí, el PSC, se había dejado llevar por la fascinación de la izquierda española por el nacionalismo. De ahí el nacimiento de Ciudadanos.

Como era previsible, esa forma tan particular de diálogo desbordó los cauces constitucionales y el nuevo Estatuto catalán fue reformado por el Tribunal Constitucional. El nacionalismo tomará la iniciativa, lo que conducirá a una nueva etapa tras la negativa del gobierno del PP a aceptar un pacto fiscal para Cataluña y el convencimiento por parte de los catalanes de que el Estado español estaba quebrado con la crisis. Acababa de arrancar el desafío soberanista. Tampoco eso ha agotado la voluntad de diálogo del gobierno central –dentro de la Constitución, eso sí–, manifestado después de las dos elecciones de 2015 y 2016, luego en la operación «diálogo» protagonizada por la vicepresidenta y, ahora mismo, en las ofertas permanentes hechas desde el Estado. Hoy la Comunidad Autónoma de Cataluña tiene el nivel de autogobierno más alto de la democracia y es la que recibe más transferencias del Estado.

En una situación de enfrentamiento como la actual, el diálogo es más necesario que nunca. Sobre todo cuando una parte importante de la sociedad catalana, olvidada por causa del «diálogo», desconfía del Estado central. Tal vez no estaría de más darle un sesgo nuevo a la palabra. En vez de establecerse siempre entre el Estado y los nacionalistas, y siempre en favor de éstos, se podría ensayar el diálogo entre partidos y fuerzas nacionales. Seguro que muchos españoles, y muchos catalanes, se sentirían aliviados. Diálogo, por fin...

Esta vez los golpistas no se pueden ir de rositas
EDUARDO INDA okdiario 24 Septiembre 2017

La foto de aquel viernes 27 de febrero de 1981 es inigualable compendio de lo mejor en 500 años de historia en común: esa concordia que, en forma de Transición, fue posible. Un millón de personas salió de la Glorieta de Embajadores de Madrid rumbo al Congreso de los Diputados, donde apenas 72 horas antes un loco bigotudo había intentado robarnos la libertad que tanto nos había costado amarrar tras 40 años de dictadura. Más allá de esa masiva toma de las calles en la capital y en el resto de España (250.000 almas en Barcelona), que también, yo me quedo como símbolo de la noche de aquel día con la imagen de la cabecera de la marcha. Allí estaban todos sujetando una pancarta que llevaba un lema tan simple aparentemente como profundo realmente en un país que secularmente había vivido bajo la bota del poder: “Por la libertad, la democracia y la Constitución”. Quienes habían ganado la guerra, quienes la habían perdido, quienes mandaban en el franquismo y quienes se tuvieron que ir por patas a un interminable exilio. Incluido un Santiago Carrillo responsable de 6.000 muertes a tiro de piedra de la redacción de OKDIARIO, en Paracuellos del Jarama. Churras, merinas, a todas aquellas huestes les unía un común denominador: el deseo de mirar adelante, olvidar el pasado, jubilar la reacción, darse la mano y meter a España en la democracia y la modernidad. Socialdemócratas como Felipe González, el gran Enrique Múgica, José Luis Corcuera o el ejemplar Nicolás Redondo Urbieta; centristas como Calvo Ortega y Rodríguez Sahagún y un Manuel Fraga que deambulaba codo con codo con el héroe de la Perkins, Marcelino Camacho. A un metro del ex ministro de Turismo franquista su entonces lugarteniente, un pijísimo y fachosísimo Jorge Verstrynge, a la sazón aún admirador del nazi belga Leon Degrelle.

Un servidor tenía 12 años pero allá que le llevaron. Y allá que estuvo. Y allá que gritó todo lo que había que gritar. No olvidaré aquella protesta en la que todos no las tenían todas consigo aún, en la que el miedo permanecía incrustado en el cuerpo. No quedaba otra: había que estar allí para lanzar un contundente ¡basta ya! a los ladrones de la libertad. A Tejero, Armada y Milans del Bosch pero, sobre todo y por encima de todo, a los coleguitas de Tejero, Armada y Milans. Y muy especialmente a ese Elefante Blanco, que todos sabían y sabemos quién era y quién es pero nadie se atrevía a identificar. Era un aviso a los navegantes que se habían devuelto a la cueva tras comprobar que el putsch, gracias entre otros al heroico Paco Laína, tenía las mismas posibilidades de prosperar que yo de ser presidente de los Estados Unidos de América. En el banquillo de Campamento, donde luego se juzgaría la asonada, eran todos los que estaban pero no estaban todos los que eran. Lo cual provocó que el ruido de sables fuese incesante durante meses, meses y más meses. Aquella imagen de unidad, de todos a una, permitió que el macrojuicio prosperase, que los del sable se lo metieran donde les cupiera y que los tres principales implicados salieran a 30 años de cárcel por barba. Casualidades de la vida, a Armada, ex secretario general de la Casa del Rey, sólo le cayeron inicialmente seis. Tendría que ser el Supremo el que viniera un año más tarde a tumbar la benevolencia del Consejo de Guerra del general Gómez de Salazar que había optado por dos penas ejemplarizantes (Tejero y Milans) y 20 hilarantes. Los retoques al alza estuvieron en proporción con los delitos cometidos. A Armada, por ejemplo, le metieron 24 más: pasó de seis a 30. Consecuencia: nunca más hubo un golpe digno de tal nombre. Conclusión: sin justicia no hay democracia y sin democracia no hay libertad.

El 23-F fue una mala noche pero no pasó de ahí. Gracias, entre otras cosas, a un Leopoldo Calvo-Sotelo que ordenó que no se tomase a los españoles por gilipollas. Fue él quien recurrió las sonrojantes penas que permitían irse de rositas, sin pasar por el hotel rejas o entrar pero a beneficio de inventario, a 20 de los 22 procesados en Campamento. Nunca nadie jamás osó siquiera intentarlo. El supuesto plan del 27 de octubre de 1982 no dejó de ser una charlotada. Tal vez por todo eso, Mariano Rajoy, que conoce la historia política contemporánea de España mejor que nadie, es consciente de que o esta vez va a por todas o el golpe de los independentistas catalanes saldrá adelante y la España constitucional se irá a al carajo y el Partido Popular acabará corriendo la misma suerte que la Unión de Centro Democrático.

El laissez faire del 9 de noviembre de 2014 ha servido al presidente de maravillosa lección. De lección de lo que no hay que hacer. Tan cierto es que el referéndum no se consumó en toda su extensión como que celebrarse, lo que se dice celebrarse, se celebró. Claro que se celebró: votaron dos millones de personas que se dice pronto. Y eso constituyó un éxito de los independentistas catalanes, con el patriota suizo y liechtensteiniano Artur Mas a la cabeza. La Fiscalía acusó al entonces president y a tres consellers de tres delitos: prevaricación, desobediencia y malversación. Los dos primeros no conllevan pena de reclusión. Lo cual manda huevos, que diría Federico Trillo. Si “dictar una resolución injusta a sabiendas” no es para ir al maco, que venga Dios o, mejor, el diablo, y lo vea. Pero, claro está, el que hace la ley, hace la trampa. Políticos, politiquillos y politicastros se cuidan muy mucho de meter penas duras a las conductas relacionadas con su actividad no vaya a ser que un día les toque cumplirlas. Pero eso es otro cantar al que un día habrá que hincar el diente. Que la prevaricación no puede ni debe quedar en una mera inhabilitación es algo que hasta un niño de teta entendería.

Si una autoridad prevarica o desobedece una resolución judicial nunca irá a la cárcel. La trena sí será su destino si lo que hace es malversar que, en el fondo y en la superficie, es robar, trincar, sisar o como ustedes gusten llamar a esa actividad que consiste en quedarse el parné del prójimo. El legislador siempre tuvo claro que una cosa era dejar en agua de borrajas un delito etéreo como la prevaricación y otra bien distinta descafeinar uno tan cantoso como el saqueo de las arcas públicas. Malversar cuesta en España de tres a ocho años de prisión. Lo cual quiere decir que si has hecho tra-ca-trá con el dinero de todos tienes entre cero y ninguna posibilidades de pasar una temporadita a la sombra. Casualmente, el ministerio público retiró esta última imputación hace año y medio a Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau con una excusa que no se creían ni acusadores ni acusados: que el desvío de dinero público para el 9-N se produjo antes del auto del Constitucional prohibiéndolo. ¡Como si un político no supiera que dedicar dinero del contribuyente a un fin tan espurio como un referéndum ilegal al 1.000 por 100 es una malversación como la copa de un pino!

Nos tomaron el pelo indecentemente. Consuelo Madrigal se limitó a ejecutar una orden de arriba, seguramente nacida de un acuerdo entre bastidores, de un pacto de cloacas. Debían pensarse, como se pensó Chamberlain en 1938, que el apaciguamiento es la fórmula perfecta para tener la fiesta en paz. Churchill ya lo advirtió: “Tenéis el deshonor y tendréis la guerra”. Tuvieron el deshonor y tuvieron la guerra. Aquí tuvimos el deshonor y tuvimos un nuevo golpe. El cabreo del presidente del Gobierno por aquel gatillazo fue supino. Ahora es Mariano Rajoy en estado puro, el que toma una decisión y la lleva hasta sus últimas consecuencias. No va a permitir que unos golpistas corruptos, totalitarios y paletos se salgan con la suya. Yo, por si acaso, cruzo contundentemente los dedos para que a estos fascistoides los traten justamente. Para que les den lo suyo. Para que les acusen y les condenen por prevaricación, desobediencia, malversación, sedición y rebelión. Para que los 15 ó 20 años de prisión no se los quite ni el tato. Para que no haya indultos bajo cuerda o sobre cuerda. Para que el resto de los ciudadanos tengamos la sensación de que el que la hace, la paga, sea rico, pobre, mediopensionista, president, conseller, bedel o maestro armero. Si no es así, si hay operación chanchulleo segunda parte, si vuelven a hacer manitas debajo de la mesa, el golpe a la democracia se lo habrán dado los demócratas en un perfecto remake de ese 98 o de ese 36 que nos condujo a un país inequívocamente peor. Fuera ya no nos tomarán en serio y la pandereta relevará al toro o el sol como símbolo made in Spain. Y a la mejor etapa de nuestra historia le quedarán dos telediarios, tal vez tres. No más. Y la celebérrima frase de Bismarck, “España es la nación más fuerte del mundo, lleva siglos intentando autodestruirse y nunca lo ha conseguido”, dejará de ser el eterno consuelo de un proyecto democrático que nos hizo mejores que nunca.

La España silenciosa
Ricardo Ruiz de la Serna gaceta.es 24 Septiembre 2017

Lo primero que debe decirse de la España silenciosa es que existe. No quema contenedores, ni ocupa el espacio simbólico de las calles y las plazas ni se suele hablar de ella en los medios de comunicación. Poco proclive al victimismo, no se suelen contar sus padecimientos. La forman millones de ciudadanos que viven una “normalidad” -algún día deberíamos analizar esta categoría- que por habitual termina siendo desconocida. La forman aquellos que dedican a la política un tiempo limitado y una atención moderada. Les preocupan los problemas, desde luego, pero dedican su energía al trabajo, la familia, los amigos, los quehaceres de la vida cotidiana. A diferencia de los “activistas”, no han hecho de una determinada causa su modo de vida, lo cual no significa que no les interese. Sólo quiere decir que no se dedican a la concienciación ni a la movilización de masas. Al contrario, suele ser difícil verlos enarbolando banderas, coreando consignas o protestando. Su descontento se manifiesta de otra forma más callada, pero real.

Esta España comprende las capitales de las provincias, los pueblos y buena parte de los barrios periféricos de las grandes ciudades. Se la ha descrito como “la España vacía” (Sergio del Molino) y se la ha simbolizado en expresiones como “la periferia sur”. Padece la presión fiscal, la proliferación normativa, la destrucción sistemática de la clase media, el ascenso del precariado, el despilfarro, la corrupción y la mediocridad política. La forman asalariados, autónomos, profesionales liberales, jubilados, desempleados, personas con empleos precarios, estudiantes… Es, pues, muy diversa. Sería un error etiquetarla políticamente en la derecha o la izquierda. Tal vez la descripción más precisa sería un centro “dinámico”, pero esta columna no trata de sociología de su voto, sino del fin de su silencio.

Durante años, el discurso público en Cataluña estaba controlado por los nacionalistas de distintas tendencias. Podían diferenciarse en el modelo de sociedad -la derecha y la izquierda nacionalistas- pero todos coincidían en el deseo de acabar con el modelo de Estado surgido de la Constitución de 1978 y romper la unidad de España con una Cataluña independiente. La cobardía, la ingenuidad y la pereza de tres generaciones de políticos produjeron una política de concesiones, apaciguamiento y transacciones que no eran acuerdos de Estado sino chanchullos para ir manteniendo una pretendida paz social que jamás existió para los no nacionalistas. Conviene señalar esto. Los constitucionalistas y, en general, quienes rechazaban las políticas nacionalistas han venido sufriendo un ostracismo cada vez más intenso y profundo. A partir de 2003 -recuerden el Primer Tripartito- ese proceso se agudizó. Así, esa Cataluña silenciosa lleva sufriendo cerca de quince años el secuestro del espacio público, el sistema educativo, las políticas sociales y, en general, la vida pública a manos de una minoría nacionalista y sus redes clientelares de activistas, asociaciones y plataformas. El resto de la España silenciosa callaba porque parecía de mal gusto denunciar que no solo estaba en peligro la unidad de España -y esto debería ser suficiente para reaccionar con decisión- sino el sistema de derechos y libertades que la Constitución garantiza a todos. Los pretendidos agravios históricos eran la coartada de la carta blanca a los nacionalistas. La voluntad de concordia que- recordémoslo- los nacionalistas no compartían ni propiciaban eran un freno para que esa España silenciada alzara la voz.

He aquí la triste verdad de estos años: esa España silenciosa, en realidad, estaba silenciada, amordazada y, en lugares como Cataluña y el País Vasco, gravemente amenazada.

Por supuesto, no todos callaron, no todos aceptaron la imposición nacionalista, no todos consintieron el secuestro nacionalista del espacio, la palabra y la historia. Algunos se atrevieron a resistir desde la sociedad civil. Otros impulsaron partidos políticos nuevos o trataron de cambiarlos desde el interior con los resultados que cada uno juzgará. Hubo quien afrontó con dignidad la soledad de quien predica en el desierto. Millones guardaron silencio porque, como decía, tenían que salir adelante. Algún día se contará la historia de esta resistencia silenciosa que ahora está saliendo a la luz. El español sentado, cuya cólera mencionó Lope de Vega en el “Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo”, ha empezado a ponerse de pie y ha tomado la palabra.

Porque esto también hay decirlo: la España silenciada ha roto a hablar en medio del griterío de los nacionalistas. Se ha expresado en las banderas españolas desplegadas en Barcelona. Ha aclamado a la Guardia Civil acosada por los jóvenes radicales. La ha aplaudido por toda España porque, en estos días, la libertad en Cataluña viste de uniforme verde. La España silenciosa canta por Serrat para romper el cerco de los nacionalistas y sus caceroladas. Aplaude que, por fin, la ley se aplique en Cataluña y que el Gobierno y el Estado se hagan presentes. Hay un subtexto en esta historia: si esta misma decisión se hubiese mostrado hace años, otro gallo hubiese cantado. Ya habrá tiempo de valorarlo. Ahora toca escuchar.

La voz de estos millones de catalanes, andaluces, murcianos, extremeños, castellanos, gallegos y tantísimos otros españoles es ya un clamor que los nacionalistas no podrán seguir asfixiando, ni su propaganda podrá silenciar ni sus juventudes radicales han de asustar por más tiempo. Muchos extranjeros preguntan: ¿dónde están las manifestaciones de los no nacionalistas? Entonces hay que responder que a ellos no los subvenciona un gobierno nacionalista, no forman parte de las redes clientelares tejidas en Cataluña durante tres décadas, no viven de la agitación política ni del discurso de odio ni del acoso a los discrepantes. Hay que explicarles que la España silenciosa no quema papeles ni destroza vehículos de la policía ni se defiende del acoso que sufre a manos de una minoría violenta. Es necesario desenmascarar la galaxia de organizaciones que los nacionalistas de todo jaez han creado para sostener el edificio que ahora amenaza con derrumbarse por la acción de la ley. Frente a la violencia de los nacionalistas, los constitucionalistas han confiado en el Derecho y las instituciones. Por fin, parece haber una respuesta.

En toda España, desde Melilla y las Canarias hasta Irún y la Junquera, millones de españoles están ya cansados de que unos pocos traten de imponer su voluntad a muchos gracias a la violencia, la propaganda y la cobardía de quienes deben hacerles frente en las instituciones. Millones están hartos de que la ley solo se les aplique a ellos, pero no a quienes se sirven de los ayuntamientos, los parlamentos y la Administración para torpedear el orden constitucional e imponer un proyecto político nacionalista cuyo rostro totalitario se revela cada vez con mayor claridad.

La España silenciosa, pues, está rompiendo a hablar con la voz de la ley y la razón, con el sentido común y la decencia de quienes no viven del activismo nacionalista. Estos ciudadanos no sienten el odio a España enseñado durante tiempo en los colegios, las universidades y los medios de comunicación al servicio del nacionalismo. Ellos no necesitan eufemismos como “este país” o “Estado español” para eludir el nombre del país que construyen día a día con su esfuerzo y el de tantos otros que no se manifiestan por las calles.

En Cataluña, se debate hoy el futuro del orden constitucional, los derechos y las libertades que disfrutamos. La tensión no es entre dos propuestas democráticas, sino entre el constitucionalismo democrático y un nacionalismo totalitario que jamás ha visto en la democracia más que una fachada para disimular la verdadera naturaleza que ahora vislumbramos. La muestran los jóvenes de Arrán, resuena en los insultos a la Guardia Civil y se expresa en las amenazas explícitas y veladas. Frente a ellos, esos españoles hablan con la fuerza de la ley, la razón y la historia.

No dejen que su voz se apague en el silencio.

Cataluña y el "error Cameron"
José Ruiz Vicioso. vozpopuli 24 Septiembre 2017

Red Floridablanca

En su célebre Discurso de Bloomberg del año 2013, el por entonces primer ministro británico David Cameron anunciaba a la opinión pública su decisión de convocar un referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea. Presionado por los euroescépticos dentro y fuera de su partido, Cameron se proponía zanjar definitivamente un problema que el país -y especialmente los conservadores- arrastraban desde hacía décadas: “Ha llegado el momento de resolver la cuestión europea en la política británica”, afirmó.

Como es bien sabido, el referéndum sobre el Brexit de 2016 no sirvió en absoluto para “solucionar” la cuestión europea, ni en la sociedad británica ni dentro del partido conservador. Por el contrario, dejó una sociedad polarizada en dos bandos antagónicos y llena de fracturas: una fractura social entre mayores y jóvenes; una fractura sociodemográfica entre clases urbanas y medios rurales, y una fractura territorial entre Inglaterra y Gales, por un lado, y Escocia e Irlanda del Norte, por otro. Notoria es, también, la división interna del actual gobierno de Theresa May entre los partidarios del Brexit “duro” y los favorables al Brexit “suave”. La pugna continúa en el partido Tory.

Resulta cuanto menos sorprendente que un conservador británico como Cameron se mostrara tan alejado de las enseñanzas de Burke (1729-1797). Fue este gran pensador el que por primera vez en la historia expuso con lucidez los riesgos que encierran las soluciones abstractas para los problemas concretos, el creer que existen fórmulas mágicas para problemas que son históricos y encierran múltiples implicaciones. Cuántas veces las consecuencias no son peores que la situación preexistente… La verdad del conservadurismo reside en que siempre es más fácil destruir que construir, y por ello la política no debe enfrentarse bajo una óptica binaria, sino atendiendo a las complejidades de lo concreto. En cuestiones de calado histórico, que encierran componentes identitarios y emocionales -como lo son la cuestión europea en el Reino Unido o la cuestión catalana en España- no hay soluciones inmediatas definitivas. Puesto que no se trata de decisiones de política pública (aprobar tal o cual programa, conceder tal o cual subvención, etc.), no podemos aspirar más que a ir ganando terreno poco a poco, mediante estrategias a largo plazo que se mantengan en el tiempo y nos aproximen gradualmente al objetivo que buscamos.

El “error Cameron” fue precisamente el creer que el problema europeo podía resolverse de golpe y plumazo, cuando lo que consiguió fue agravar el problema, meter al país en una situación de incertidumbre sin precedentes y desatar el populismo en una clase política históricamente caracterizada por la moderación.

Ese error aparece ahora instalado en el debate sobre el llamado “encaje de Cataluña” en el conjunto de España. Nunca han faltado en nuestro país los arbitristas -algo que constituyó todo un género literario en el siglo XVII- pero la gravedad de la situación en la que nos encontramos ha enardecido de nuevo la busca del bálsamo de fierabrás. Sin embargo, es evidente que la terrible fractura que el independentismo ha causado en la sociedad catalana es muy difícil de reconducir. Por supuesto, ni el referéndum inconstitucional ni el reconocimiento de un inexistente y alegal “derecho a decidir”, como propugnan los bienquedas y equidistantes oficiales, pueden servir para resolver el problema de convivencia entre catalanes al que nos enfrentamos. Tampoco un mero “hacer cumplir la ley” aborda la cuestión de fondo, por más que sea requisito previo e indispensable.

Bien, si no hay solución mágica ¿qué hacer, entonces? Asumiendo que la cuestión catalana es uno de esos conflictos que no admite soluciones inmediatas y onmicomprensivas (cualquier salida de ese tipo no sería más que comprar tiempo, para unos o para otros) lo que debemos hacer es ir recuperando el terreno perdido en las últimas décadas. Para ello hace falta, en primer lugar, liderazgo. Un liderazgo capaz de convocar a la inmensa mayoría del país a un proyecto político que haga de la virtud cívica la base del sentimiento ciudadano. Aquí hay dos asuntos que son clave: La educación común en el conjunto de España y la organización territorial que garantice de verdad la igualdad entre los españoles, la solidaridad interregional y la cohesión social. Son mínimos indispensables para que un país funcione.

Liderazgo, estrategia y patriotismo son los componentes básicos para hacer eso que Ortega llamaba un “proyecto sugestivo de vida en común”. Aprendamos de los errores propios y ajenos. Esta es una carrera de fondo, no es cosa de un día, pero no por ello hay que dejar de intentarlo.



Las consecuencias de la islamización en diferentes países europeos
Redacción lagaceta.eu 24 Septiembre 2017

Experimento Asch Occidental

Hace poco hablamos de las consecuencias de la inmigración en España, esta vez hablaremos de sus consecuencias en toda Europa. Muchos de vosotros ya habréis visto el destrozo social, económico, político y moral que ha supuesto la nefasta idea de abrir las puertas a la inmigración masiva. De ella una parte de la inmigración musulmana y el islam son ahora mismo los que mayores problemas de integración están dando. Analizaré los casos de los principales países europeos como Francia, Alemania, Suecia, Dinamarca, Holanda y España para comprobar lo fallido del multiculturalismo y la agenda globalista.

Francia
Francia es hoy por hoy un país invadido y en pleno proceso de reemplazo cultural, religioso y étnico. El país que en la revolución francesa se alzó contra sus tiranos para derrocar a un rey corrupto, donde el pueblo quitó los privilegios a los nobles y el clero entronando la Liberté, égalité, fraternité(Libertad, igualdad, fraternidad) carece hoy de todo ello: ni hay libertad (miedo a ser objetivo de un terrorista) ni igualdad (las leyes del odio de Francia penalizan a quien “ofenda” al islam o a las minorías étnicas, religiosas, …) ni tampoco fraternidad, pues la inmigración masiva hay separado al pueblo entre franceses autóctonos y los ciudadanos franceses de origen inmigrante, principalmente de origen argelino y del magreb. En los pueblos todavía la mayoría es francesa con raíces europeas, cristianas o ideas basadas en la ilustración. En las ciudades en cambio la situación es más sombría: los banlieues (guetos a las afueras de las ciudades) son focos de pobreza, delincuencia, radicalismo religioso formados casi exclusivamente por musulmanes. Decir tambien que el Estado Francés tiene prohibido por ley recoger estadísticas sobre origen étnico o religioso. Legalmente son todos franceses. Es importante recalcar que los musulmanes que cometieron los últimos atentados terroristas, así como la quema de coches que ocurrieron hace unos años no han sido cometidos por refugiados o inmigrantes recién llegados, sino por musulmanes de segunda y tercera generación. Por lo que el mantra que los multiculturalistas nos repiten, de que hay que darles tiempo, es falso. No se integran, y la situación lejos de mejorar va a peor. Basta con ver los atentados que han sufrido el pasado año y este:

Enero de 2015. Atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo (junto con los atentados contra un supermercado judío). 20 muertos, decenas de heridos
Junio de 2015. Ataque de Saint-Quentin-Fallavier. Hombre decapitado por un islamista
Agosto de 2015. Atentado del tren Thalys de 2015 (Intento fallido, reducido por pasajeros useños militares)
Noviembre de 2015. Atentados de París en la discoteca Bataclan. 130 muertos, cientos de heridos
Junio del 2016. Policía francés y sus mujer son apuñalados por un extremista islámico.

Más en:
https://en.wikipedia.org/wiki/Terrorism_in_France
https://es.wikipedia.org/wiki/Atentado_contra_Charlie_Hebdo
https://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_de_enero_de_2015_en_Francia
https://en.wikipedia.org/wiki/Saint-Quentin-Fallavier_attack
https://es.wikipedia.org/wiki/Atentado_del_tren_Thalys_de_2015
https://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_de_París_de_noviembre_de_2015
https://en.wikipedia.org/wiki/2016_Magnanville_stabbing
https://en.wikipedia.org/wiki/Islam_in_France

Alemania
Alemania es otro de las países que ha probado en carne propia el “enriquecimiento cultural”. Simplemente el número de turcos, ya sean ciudadanos alemanes o extranjeros, asciende a 2.7 millones, mientras que la población musulmana en total en Alemania llega a los 4.3 millones. Actualmente el 10% de los recién nacidos en Alemania tiene al menos un progenitor musulmán. Ello no impide que los buenistas y los fanáticos del multiculturalismo sigan con la política de puertas abiertas. El resultado es visible.

Sucesos de Colonia
Tras la acogida masiva de refugiados (e inmigrantes que se han hecho pasar por refugiados), dejándoles en las grandes ciudades sin ningún tipo de control, las consecuencias no se han hecho esperar: en esta última nochevieja, aprovechando la oscuridad y la afluencia de gente en las calles en un ambiente festivo, se produjeron agresiones sexuales masivas por grupos de personas con apariencia árabe o del norte de África contra mujeres alemanas. El número de agresiones fue superior a 200, con la alta posibilidad de que muchas mujeres no hayan reportado las agresiones por miedo o vergüenza.

Ahora los alemanes se echan las manos a la cabeza, pero ¿es qué alguien pensaba que esto no iba a ocurrir? ¿Acaso la gente ha olvidado las agresiones sexuales que sufrió en directo una reportera en Egipto durante una retransmisión con ocasión de la primavera árabe? Que cinismo. Muy tristemente tengo que decir que aquel que siga votando a partidos multiculturalistas (y con eso me refiero tanto a la izquierda como a la derecha de Merkel tan pro-inmigración como la izquierda) es responsable o al menos cómplice de estos casos. La gente no puede seguir mirando hacia otro lado por mucho tiempo.

Como no podía ser de otra manera, tras los ataques, las asociaciones y políticos dijeron que esto era un caso aislado, que no tenia nada que ver con los refugiados ni con el islam. Una política alemana dijo que las mujeres alemanas tendrían que tener cuidado y dejar un espacio prudente entre otras personas.
Este caso al menos, nos ha enseñado algo muy valioso, algo que algunos ya habíamos denunciado: a las feministas les da igual que agredan o violen a las mujeres, siempre que ello sea perpetrado por inmigrantes.

Las feministas son luchadoras contra el hombre europeo, pero sumisas con los inmigrantes
Para que hagáis una idea de lo poco que les importan las mujeres, este es un artículo publicado por un grupo de feministas españolas tras las agresiones de Colonia:

[…] el racismo y la xenofobia de la población blanca […] Todos los hombres del mundo globalizado, desde que nacen, son alentados a violar […] No debemos caer en la trampa de la caverna heteropatriarcal, lo correcto en este caso es restarle importancia e incluso ignorar que ha pasado.

El feminismo es un apéndice más del multiculturalismo y del Sistema globalista.

Países nórdicos: Dinamarca, Suecia y Noruega

Dinamarca
Dinamarca es un país históricamente tolerante y progresista. Poco dado a los extremismos, ha mostrado desde hace varias décadas una actitud abierta a otras culturas y pensamientos, un pequeño país que aparece entre los más felices del mundo. Lamentablemente ser demasiado tolerante se paga caro: tras permitir la entrada masiva de inmigrantes musulmanes, los daneses sufrieron unas manifestaciones masivas en 2005 por parte del colectivo musulmán debido a unas caricaturas de Mahoma donde éste aparecía con un turbante ataviado con una bomba.

Estas imágenes fueron reproducidas por el periodico danés Jyllands-Posten el 30 de septiembre de 2005. El islam tiene una fuerte tradición de aniconismo, que consiste en la prohibición de representar imágenes de seres divinos, profetas y personajes religiosos. Por ello, según el Corán la representación de imágenes de Mahoma está considerada blasfema y ofensiva, aunque la imagen no vaya con una bomba y pretenda ser neutral.

Debido a las manifestaciones multitudinarias por “ofender” a los musulmanes, el hecho recibió cobertura informativa en varios países musulmanes, escalando en varios actos de violencia en países como Afganistán, Nigeria y Libia donde resultaron muertos alrededor de 200 personas, siendo las embajadas de Dinamarca y varias iglesias atacadas.

El caricaturista danés que dibujó el más “blasfemo” de todos los Mahomas, el del turbante con una bomba, Kurt Westergaard, recibió numerosas amenazas de muerte y ha sido objeto de varios intentos de asesinato. Desde entonces vive con protección policial.

En parte como respuesta a estos ataques contra la libertad de expresión, se creó el día de dibujar a Mahoma, así como el día internacional del derecho a la blasfemia.

Más en:
https://en.wikipedia.org/wiki/Jyllands-Posten_Muhammad_cartoons_controversy
https://en.wikipedia.org/wiki/International_reactions_to_the_Jyllands-Posten_Muhammad_cartoons_controversy#Violent_protests
https://es.wikipedia.org/wiki/Día_de_Dibujar_a_Mahoma
https://es.wikipedia.org/wiki/Día_Internacional_del_Derecho_a_la_Blasfemia

Noruega
Noruega, un país donde la policía iba sin armas por las calles, se ve ahora desbordada por la inmigración masiva. La inmigración recibida empezó relativamente hace poco, pero ya hoy el 16.3% de la población noruega es de origen extranjero. País industrializado y con grandes reservas de petroleo, la pobreza era virtualmente inexistente, pero eso no impidió que los buenistas desearan multiculturalizar el país para hacerlo más “colorido” y romper la homogeneidad noruega. La mayoría de inmigrantes no-europeos proceden de Somalia, Pakistán, Irak y Polonia.
Para que os hagáis una idea del problema, el departamento de policía noruego publicó las estadísticas de 2010 donde TODAS las agresiones sexuales de los últimos 5 años fueron cometidas por inmigrantes no-europeos. Ved el siguiente vídeo en youtube antes de que lo borren.

Suecia
Suecia es el país donde la inmigración masiva y la islamización ha alcanzado su punto más alto. Antaño un país moderno y tolerante, su deseo de multiculturalizarse, de ser políticamente correctos, de no ofender, ha llevado al pueblo sueco al borde de la desaparición. Según las estadísticas. el 27% de los suecos tiene al menos un progenitor de origen extranjero. La mayoría de la inmigración procede de Irak, Siria, Irán, Somalia y Bosnia, países todos ellos de población musulmana. Basta con mirar ciudades como Malmö, para comprobar como la integración ha fallado miserablemente.

Si el caso de Noruega os parecía malo, el de Suecia es aún peor: Suecia tiene la tasa de violación más alta de Europa, y en 2003 llegó a tener la tasa la más alta del mundo sólo después de Sudáfrica. El multiculturalismo ha dado a Suecia unas tasas de agresión sexual comparable a la de los países africanos.

El país mantiene mantiene una tasa de acogida de refugiados e inmigrantes, fomenta el multiculturalismo, el feminismo radical, así como el no “ofender”. Obviamente esos ingredientes hacen al país pasto del islamismo. Según algunos analistas, Suecia será el primer país de Europa en desparecer.

Debido a la creación de guetos de delincuencia, pobreza y extremismo, junto con la pasividad e inanición de las autoridades políticas y policiales ante el miedo a ser tachados de “racistas”, una nueva tendencia se ha impuesto: en los barrios con alta proporción extranjera las suecas y noruegas rubias naturales han empezado a teñirse el pelo de negro “para destacar menos”. [1][2]

Más en:
https://en.wikipedia.org/wiki/Sweden#Immigration
https://en.wikipedia.org/wiki/Immigration_to_Sweden

Holanda
El caso de Holanda es paradigmático: el país con la mayor densidad de población de Europa y una de las más altas del mundo, motivo por el cual desde hace siglos los sucesivos dirigentes del país han ido escavando en las costa para literalmente ganar terreno al mar. Los holandeses se han convertido en unos auténticos maestros en este arte y han conseguido varios kilómetros extra de terreno para sus habitantes. El miedo a la superpoblación llegó hasta tal punto que, en los años 50, el gobierno alentó la emigración, para facilitarles la vida a sus ciudadanos en un país donde el precio de los pisos es exorbitante, con la consecuencia de que 500,000 holandeses autóctonos abandonaron el país. Pese a ello, un pequeño país como Holanda ha acogido a millones de inmigrantes, de muy diferentes etnias, aunque hoy por hoy los provenientes de países musulmanes son la mayoría, principalmente marroquíes y turcos.

Para que os hagáis una idea del nivel de inmigración que soporta Holanda, aquí un breve resumen de las principales ciudades holandesas:

Amsterdam, capital del país, el 50.3% de la población es de origen no-holandés. Dicho de otra manera, los holandeses son ya minoría en Amsterdam. las personas de origen no-europeo representan un tercio de la población, y un 50% de los niños nacidos

Rotterdam, el 47.7% de la población es origen inmigrante. El alcalde, Ahmed Aboutaled, es un musulmán de origen marroquí perteneciente al partido socialdemócrata. Tiene doble nacionalidad: holandesa y marroquí

La Haya, en 2012 el 50.5% era de origen inmigrante. Es de suponer que esta cifra haya aumentado.

Utrecht, el 69% de la población es holandesa. Por lo que un tercio son inmigrantes, de estos los marroquíes y turcos forman la mayoría

El país ya está sufriendo los efectos del multiculturalismo: Pim Fortuyn, un carismático político anti-inmigración fue asesinado, Theo van Gogh, un director de cine fue asesinado por un magrebí tras el estreno de su película crítica con el islam, Sumisión. Geert Wilders, el líder del partido anti-inmigración de Holanda, tiene que llevar escoltas las 24 horas del día y cambia de vivienda cada pocas semanas por riesgo a sufrir un atentado.

Sólo por recapitular, Holanda, un país pequeño y densamente poblado, fomenta que los holandeses autóctonos emigren, para luego a su vez acoger a millones de inmigrantes principalmente no-europeos. ¿Soy yo o aquí nos estamos volviendo todos locos?

Más en:
https://en.wikipedia.org/wiki/Demographics_of_the_Netherlands

Inglaterra
El Reino Unido, especialmente Inglaterra, el país del free market, del libre mercado, del laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar), se ha guiado siempre por el capitalismo más descarado. Históricamente tendiendo a un Estado mínimo donde el liberalismo de los ricos y las multinacionales campan a sus anchas y los fundamentalistas del libre mercado deciden la política económica. Lugar donde la “mano invisible” reparte la riqueza por el libre mercado. Pues parece que esa mano invisible ha decidido traer a millones de inmigrantes no-europeos para que trabajen por sueldos de miseria en condiciones esclavistas. Una explotación neoesclavista pero en tu propio país. ¿querían libre mercado? Pues toma dos tazas (de té, por supuesto)
Como consecuencia, Londres, la ciudad más poblada de la Unión Europea con 8,500,000 habitantes, según las estadísticas de 2011 los británicos autóctonos son unicamente 44,9% de la población. En su capital los británicos son minoría. Obviamente el dejar a tantas minorías tiene consecuencias sociales, religiosas, económicas y por supuesto, políticas: el nuevo alcalde de Londres, Sadiq Khan, es un musulmán suní hijo de inmigrantes pakistaníes.

Las elecciones en distritos con alta población inmigrante provoca que los políticos se vea forzados a poner musulmanes (como se ve en la imagen de la izquierda) para conseguir sus votos, un voto cautivo.

Todos os acordareis de la foto del niño refugiado sirio muerto a la orilla de una playa turca mientras intentaba llegar a Europa, imagen repetida hasta la saciedad para conseguir un efecto emocional lacrimógeno en los europeos y dejar entrar a millones de refugiados a Europa ¿pero cuántos habéis oído del horrible caso de la banda de pederastas pakistaníes que se dedicó, durante 16 largos años, a abusar sexualmente a más de 1000 niñas británicas? Con el detalle que los agresores sexuales eran bandas de pakistaníes musulmanes y las victimas eran siempre niñas británicas blancas en situación vulnerable. La policía británica no actuó por miedo a ser etiquetados de “racistas”.

Con ello no quiero poner la muerte del niño refugiado sirio en segundo plano, al contrario, la muerte de ese niño es una tragedia humana, simplemente pretendía recalcar cómo casos terribles cometidos por inmigrantes son sistemáticamente ocultados por los medios de comunicación, a sueldo de los globalistas, para poder seguir con su agenda multicultural. ¿Qué más casos no nos habrán contado?

España
¿Realmente hace falta decir más? España tiene ahora mismo más de 2 millones de musulmanes, aparte de muchos más de inmigrantes de otros países, en ocasiones conflictivos. En España el islam es semi-oficial: desde 1989 el islam se considera religión de notorio arraigo, por lo que los musulmanes que así lo soliciten tienen derecho a educación islámica en la escuela pública, así como a no ser “discriminados” ni “ofendidos”. Para una análisis más detallado de las consecuencias de la inmigración en España (tanto musulmana como cristiana), acudid a mi anterior artículo.
Resultado: pasotismo del europeo medio

Resumiendo, si pretenden que nos creamos las mentiras de los medios, que sigamos lo que dice la televisión como borregos, y que nos apartemos de ciertos pensamientos por miedo a ser tachados de “radicales” o “xenófobos” están muy equivocados. Me da autentica vergüenza y repugnancia ver cómo Europa no sólo no hace nada contra la invasión, sino que incluso la apoya y fomenta. Como comenté en uno de mis primeros artículos, a veces me siento como una persona “maldecida” con el don de ver el futuro pero que no puede hacer nada para cambiarlo. No todos los musulmanes son extremistas, y desde luego sólo una minoría son del ISIS o de algún grupo terrorista. Pero basta con ver cómo las grandes ciudades de Europa como París, Marsella, Estocolmo, Londres, … se han convertido en gigantescos guetos donde la delincuencia campa a sus anchas ante una Europa incapaz de decir nada por miedo a ser tachado de “racista” o “xenófobo”, sintiéndose uno, en muchos casos, extranjero en su propia tierra.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

¿Quién soltó al tigre?
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 24 Septiembre 2017

¿Quién ignoró la experiencia histórica española y mundial del último siglo y creyó que los nacionalismos pueden ser apaciguados con concesiones?

¿Quién ha demostrado carecer de claridad conceptual al considerar al nacionalismo identitario y excluyente una doctrina política homologable en una democracia?

¿Quién aceptó pasivamente durante décadas la campaña masiva de adoctrinamiento nacionalista dejando que sus tesis deletéreas se impusiesen en la opinión pública sin dar nunca la batalla de las ideas en defensa de la sociedad abierta y sus valores frente al colectivismo liberticida?

¿Quién ha mostrado una falta absoluta de conciencia moral al no advertir que una ideología que sitúa la identidad étnica, lingüística y cultural en la cima de la escala axiológica por encima de la libertad, la igualdad y la justicia es una aberración ética letal?

¿Quién concibió un diseño territorial del Estado ineficiente, disfuncional y ruinoso para satisfacer a los nacionalistas?

¿Quién cometió la ingenuidad de dar por buena la palabra de los nacionalistas en el pacto de la Transición?

¿Quién cerró los ojos ante las repetidas y cada vez más visibles señales de que los nacionalistas tenían un proyecto separatista cuyas sucesivas etapas se iban cumpliendo inexorablemente?

¿Quién fue proporcionando a los nacionalistas instrumentos institucionales, políticos y financieros crecientemente potentes para conseguir sus destructivos fines?

¿Quién acalló las voces que reiteradamente advertían del peligro que se avecinaba y de que todos los medios que se suministrasen a los nacionalistas serían utilizados para liquidar la unidad nacional?

¿Quién al quedarse en minoría mayoritaria en las Cortes prefirió invariablemente cerrar un acuerdo con los nacionalistas dándoles más recursos, más competencias y más capacidad para desarrollar sus planes antes de entenderse con el otro gran partido nacional para evitar el riesgo de que sucediese en el futuro el desastre que contemplamos ahora?

¿Quién marginó, vetó y condenó al ostracismo a los que en el seno de los dos grandes partidos nacionales criticaron y se opusieron a las políticas de alianza con los nacionalistas y a suministrarles las herramientas para desmontar el Estado en sus territorios?

¿Quién aceptó pasivamente la desaparición progresiva de la presencia material y simbólica del Estado en las Comunidades con fuerte presencia nacionalista?

¿Quién toleró sucesivos incumplimientos de las sentencias de los Tribunales por los nacionalistas?

¿Quién desmanteló su partido en Cataluña innecesariamente porque no se dio cuenta de que los nacionalistas estaban obligados a darle su apoyo tanto como él lo requería?

¿Quién retiró a la Guardia Civil de las carreteras de Cataluña en una operación tan pusilánime como estratégica, económica y funcionalmente injustificada?

¿Quién suprimió el servicio militar obligatorio eliminando así un elemento básico de cohesión nacional en una nación bajo la amenaza secesionista de fuerzas hegemónicas en dos Comunidades esenciales para su existencia?

¿Quién frenó el recurso de inconstitucionalidad que el Defensor del Pueblo tenía ya ultimado contra la Ley de Política Lingüística de Cataluña que posibilitó la expulsión de la lengua común y oficial del Estado del espacio público, de la Administración y de las escuelas, y que facilitó la grave vulneración de derechos fundamentales de los catalanes?

¿Quién duplicó la cuantía de los impuestos cedidos a la Generalitat después de haber puesto el grito en el cielo cuando el Gobierno anterior al suyo le transfirió un volumen mucho menor?

¿Quién prometió de manera suicida e irresponsable que aceptaría sin más el nuevo Estatuto de Autonomía que aprobase un Parlamento de Cataluña dominado por los nacionalistas?

¿Quién consintió y miró hacia otro lado mientras los nacionalistas catalanes con Jordi Pujol a la cabeza se dedicaban en Barcelona al saqueo sistemático del dinero público porque estaba demasiado ocupado robando en Madrid?

¿Quién desperdició cada vez que uno de los dos grandes partidos nacionales conseguía la mayoría absoluta en el Congreso la ocasión de hacer las reformas del Título VIII de la Constitución y de la legislación orgánica que hubieran imposibilitado que los nacionalistas preparasen cómodamente el golpe de Estado que estamos padeciendo estos días?

¿Quién, cuando las intenciones de los separatistas eran manifiestas y la preparación del golpe se hacía sin disimulo, continuó suministrándoles un mes tras otro recursos financieros a pesar de que su quiebra provocada por su incompetencia, su corrupción y su despilfarro hubiera justificado plenamente la toma del control de sus ingresos y gastos?

¿Quién, con el golpe de Estado ya en marcha, actúa de forma vacilante, insuficiente y tardía, abriendo la puerta a que la situación se descontrole y los golpistas consigan su objetivo?

¿Quién en momentos en que la nación está a punto de ser liquidada por la insurrección violenta de un grupo de fanáticos totalitarios se mueve por cálculos de interés político personal en vez de cerrar filas sin fisuras con el Gobierno?

¿De quién es la culpa de que el tigre se nos pueda comer, del tigre o de quién le ha alimentado durante treinta y cinco años y le ha abierto la jaula?

Por qué fracasó el 23-F y está triunfando el 1-O
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 24 Septiembre 2017

Lo primero que el 23 de febrero de 1981 hicieron el Jefe del Estado y el Gobierno de Emergencia presidido por Francisco Laína y acampado en el Palace, fue cortar las comunicaciones entre los golpistas e impedir la toma de TVE y Radio Nacional de España. Aunque Juan Carlos y el PSOE tuvieron mucha responsabilidad moral en el Golpe, que era contra Suárez, no tenían parte en su realización, innecesaria ya tras la dimisión de Suárez "para que –según dijo- la democracia no sea un paréntesis en nuestro país".

A los hechos, se responde con hechos
Pero quién tuviera mayor o menor responsabilidad en la sugerencia o realización del golpe era irrelevante ante el hecho consumado de la entrada a tiros de Tejero en la sede de la soberanía nacional. Producido el hecho, Tejero podía rechazar, como hizo, o aceptar que Armada se dirigiera a los diputados ofreciendo su Gobierno de Unidad Nacional, presidido por él y formado por todos los partidos políticos, incluidos el PSOE y el PCE, y excluidos los nacionalistas. Lo que no podían hacer Juan Carlos ni Laína -que simbolizaba, a las órdenes del Jefe del Estado y de todos los Ejércitos, la parte del Gobierno legítimo no secuestrada- era esperar a ver qué pasaba. Ante los hechos deliberadamente violentos sólo cabe responder con hechos.

Y esta es la lección del 23-F que Mariano Rajoy, que está elevando la cobardía a la categoría de arte, ha olvidado de aquella experiencia nacional. Ante cualquier Golpe de Estado, sea del tipo que sea y adopte la forma que adopte, sólo hay dos posibilidades: o gana el Golpe o gana el Estado. Y se resuelve siempre por la fuerza, porque un golpe es, figurada y realmente, un hecho de fuerza, no una consulta o un recurso legal. En 1981 el Rey no pidió un dictamen al Consejo de Estado, para ver si era del todo legítimo el Gobierno del Palace o si era mejor dialogar con los golpistas y buscar una solución política al asalto de Tejero y a la tronitonante circulación de los tanques de Miláns del Bosch por las calles de Valencia. Lo que hicieron fue cortar las comunicaciones entre los golpistas y tomar la iniciativa mediática para asegurarse de que el mensaje del Rey llegara a todos los españoles, de uniforme o sin él. Y naturalmente, secuestraron una edición del diario El Alcázar, órgano de los golpistas, cuya portada decía "Triunfó el golpe". Sin duda fue una agresión a la libertad de prensa, pero fue una manera bastante eficaz de que sobreviviera más de un día a la intentona golpista.

Las claudicaciones de Rajoy
El golpe de Estado de la Generalidad de Cataluña está triunfando porque Rajoy se niega a considerarlo un golpe de Estado. Porque en vez de llamar al Ejército o anunciar que está acuartelado, lo ha reducido a recurso oratorio de Cospedal; porque ha dejado que sea humillado ese popularísimo Ejército de Tierra que es la Guardia Civil, dejando que les roben las armas y les escupan y los cerquen los golpistas; porque ha metido a la policía en tugurios infectos y cruceros familiares con monigotes pintados en el casco; porque ha permitido que unos estibadores que hace meses que deberían haber sido disueltos se burlen de los policías diciendo que son "maricones que van de orgía en barcos de niños"; porque ha permitido que los mozos de escuadra colaboren en la humillación de la guardia civil; porque se ha negado a aplicar la Constitución, no sólo el 155, deteniendo a los golpistas; y sobre todo, porque ha dejado a los golpistas el control absoluto de los medios de comunicación regionales y nacionales, de la radio y la televisión, concesiones de servicio público que pueden ser intervenidas en cualquier momento si promueven el peor de los delitos, que es el golpe de Estado.

Hace dos semanas recordaba Herman Tertsch la experiencia del 23-F y de cualquier otro golpe, instando al Gobierno a liquidar la diáfana trama mediática del Golpe, en dos partes, la catalana y la española, coordinadas por ERC y Podemos con Roures de intermediario y con muchas terminales mediáticas: la radio del golpe, Catalunya Radio, que pagamos todos los españoles y que pedía a los oyentes que avisaran a los golpistas sobre los movimientos de la Guardia Civil; los siete canales de TV3 que predican el odio a España y la legitimidad del golpe; el Grupo Godó, que ha asumido el acoso a los alcaldes leales a la Constitución, y las televisiones estatales de signo podemita que, con La Sexta a la cabeza, están favoreciendo el golpe. Hace unos días recordaba Antonio Robles que cualquier actuación contra el golpe que no parta de cerrar TV3 será inútil. Todos los grandes diarios de papel, con el acorazado cebrianita virando a babor o estribor, según el día, han pedido contundencia al Gobierno contra el Golpe. Pero el Gobierno ha hecho algo peor que no hacer nada: Rajoy salió en televisión diciendo que iba a hacer algo y ha dejado que los hechos lo desmientan el día siguiente.

Ni honra, ni barcos, ni Gobierno ni Oposición
El Gobierno tiene toda la autoridad, pero ha perdido casi toda su credibilidad. Rajoy tiene legitimidad absoluta para parar el golpe, a golpes si es preciso, pero se niega a utilizar la legalidad y prefiere ofrecer a los golpistas sobornos fiscales a cambio de dar marcha atrás (¡cuando están cercando los cuarteles de la Guardia Civil!). Eso ha hecho De Guindos sin encomendarse al Dios del electorado ni al Diablo de la Oposición, que más que diablo cojuelo parece una lombriz de tierra náufraga en una palangana.

En cualquier momento rudo de la historia de España, a un Gobierno que hubiera permitido que se humillase al Rey, a la Nación, a la Guardia Civil, a la Policía Nacional y a todos los símbolos de España, lo habría echado a patadas un militar de baja graduación, salvo que tan obligada pero poco brillante tarea se decidiera por sorteo o escalafón. Y habría larga cola de civiles aclamando a los militares. En momentos más felices, de primacía del poder civil en una monarquía parlamentaria, como ahora, los partidos políticos de oposición estarían pidiendo a gritos no la dimisión sino el arresto del presidente y su Gobierno por colaboración con los golpistas.

Es de agradecer que los militares de hoy sean tan civiles, pero es de temer que la autoridad civil no entienda la función de las instituciones militares y policiales que están precisamente para salvar el poder civil, cuyo primer y último referente es el pueblo español. Si ante un atentado contra su soberanía, el Almirante Mariano sólo es capaz de enviar a la Armada Piolín, le queda poco a Mariano, menos a la Soberanía Nacional y casi nada al régimen constitucional del 78, que se salvó el 23-F de 1981.

En 1896, vísperas del desastre del 98, precedente del actual, dijo el Almirante Méndez Núñez lo de "más vale honra sin barcos que barcos sin honra". También el almirante Cervera se batió heroicamente en Cuba, sin carbón para volver, porque unos politicastros cobardes y sin escrúpulos convencieron al pueblo de que los norteamericanos nunca podrían con España. Los macacos cocomochos no son la US Army, pero si la TV3 hace de Hearst, el Almirante Mariano merecerá la frase de Churchill a los que se humillaron ante Hitler: "Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor, y además tendréis la guerra". De haberlo conocido, le diría: "Por salvar tu barco, has preferido el deshonor, y deshonrarnos a todos. Te has quedado sin honor y, además, pronto te quedarás sin barco".

Calor de ley
ARCADI ESPADA El Mundo 24 Septiembre 2017

Mi liberada:

Como sabes, creo que el ocio, tan malsano según los viejos breviarios, es el principal sustento del apoyo en las calles a los planes del gobierno ilegal. El apoyo no pasa hasta ahora de simbólico. Una revolución necesita revolucionarios y estos días va a verse cuántas personas (personas y no grey mediática) hay dispuestas a perder una hora de trabajo por la estúpida independencia. Pero mi problema hoy es otro. Es el de saber cuántas personas hay en España dispuestas a perder una hora de trabajo (¡o de ocio!) en la defensa del Estado de Derecho. Sobre este asunto circula una teoría blanda y pasiva, que aspira con un punto de empalago a la irreprochabilidad. Los demócratas no tendrían necesidad de movilizarse, porque el Estado ya se moviliza por ellos.

La teoría justifica muchas conductas. Por ejemplo, la de mi amiga y patriota L, que pasará el día de la infamia cabalgando. Y es la teoría predilecta de los partidos que no han cumplido con sus obligaciones. Durante décadas ni el Partido Socialista, que es el enfermo bipolar de la democracia española, ni el Partido Popular, cuyos complejos lo conducen con frecuencia al estado de coma, han trabajado por el desprestigio moral, político y cultural del nacionalismo, tarea a la que los obligaba sus elementales convicciones acerca de la igualdad y la libertad. Ni siquiera en este tiempo de fibrilación mediática la movilización se improvisa. Una de las tantas ridículas mentiras del nacionalismo es asegurar que sus movilizaciones son espontáneas. No lo son por ausencia de convocatoria, que la hay siempre y eficazmente replicada; pero, sobre todo, porque desde hace años la sociedad nacionalista está movilizada permanentemente, desde que se levanta para ir a la escuela hasta que se acuesta con el último informativo de la televisión pública.

Sin embargo, y después de 40 años, el éxito de movilización ha sido relativo. El gran trauma silencioso del secesionismo es que solo ha logrado alistar a catalanes de origen, rompiendo definitivamente con su mantra falaz de la unidad civil de Cataluña. La relación entre el voto independentista y la lengua materna (y entre el voto secesionista y la frecuentación de la radiotelevisión pública, que ha analizado el estadístico Albert Satorra) es incuestionable y exhibe, no solo el fracaso del nacionalismo, sino la medida de la irresponsabilidad de un plan de ruptura que no alcanza ni de lejos la adhesión de la mayoría de ciudadanos.

Al otro lado está la que llaman, con una punta de misterio, mayoría silenciosa. Pero como sucede con la movilización nacionalista no hay mayor misterio con ella. Ni la mayoría ruidosa ni la mayoría silenciosa actúan espontáneamente. Se trata de una población, algo más de la mitad de la población, que vive en campo contrario ajeno gracias a la insidiosa labor del nacionalismo pero también gracias a la pasividad de los dos partidos españoles, a los que ahora cabe añadir Ciudadanos, también y sorprendentemente desinteresado en impulsar la movilización de la sociedad civil favorable. La mayoría silenciosa no debe su adjetivo a ninguna especial condición biológica, sino al hecho, claro, puro y simple, de que nadie le ha pedido la palabra.

Es evidente que el constitucionalismo, por su propia conducta no puede competir con el secesionismo en la frecuentación de la calle. Pero otra cosa muy distinta y desmoralizadora es que haya renunciado a trazar un vínculo caliente, emocional con los ciudadanos que en Cataluña están del lado de la democracia. A lo largo de esta semana el nacionalpopulismo ha mostrado su cara más siniestra, que ha incluido la actividad borroka de sus escuadrones. La complicidad insurreccional, al menos por pasiva, de los mandos de la policía catalana, sobre los que es difícil mantener una conjetura de lealtad constitucionalista y los graves errores del ministerio del Interior, que no previó un dispositivo de seguridad propio en la actuación de la Guardia Civil en el departamento de Economía y que envió a cuerpo gentil a la policía a la sede de la CUP, dieron lugar a escenas de humillación y peligro intolerables en un Estado de Derecho. A ellas se añadieron algunos sucesos relativamente menores como el de la bravuconería arrogante de los estibadores del puerto de Barcelona que vocearon su negativa a colaborar en la logística de los barcos que alojarán a la policía. O la ya habitual presión de la turba a los jueces, esta vez frente al edificio donde interrogaban a los imputados del departamento de Economía.

Estos sucesos, que se enmarcan en una estrategia de intimidación del secesionismo, van recibiendo respuestas más o menos eficaces del Estado. La última, la coordinación bajo un mando único de todas las policías que operan en Cataluña. Pero la sociedad civil democrática sigue hablando en voz baja. Y aún es la hora de que los partidos que la representan hayan expresado un mínimo sentimiento de cordialidad hacia las policías, acosados e insultados por el matonismo nacionalista de la misma forma y por las mismas razones que los alcaldes democráticos han sido señalados, insultados y acosados. El Estado tiene el monopolio de la violencia, entre otros contundentes monopolios; pero la acción democrática la comparte con los ciudadanos. Hay una última y delicada responsabilidad que el ciudadano no puede delegar en el Estado. Alude a su propia dignidad política. Esa responsabilidad es un aliento imprescindible de la ley. Y promover y organizar su ejercicio, ¡ese calor de ley!, es una tarea que compete, principalmente, a los partidos, entre otras muchas razones porque son los que traducen en ley la voluntad de los ciudadanos. El encuentro público entre iguales no debe ser del dominio exclusivo de la demagogia populista. Si no defendida, la democracia debe ser celebrada en la calle. Y hasta este momento del Proceso en la calle catalana la democracia solo se pisotea. Es inaudito que a una semana del peligroso 1 de octubre los partidos no hayan convocado en Barcelona, en el centro del acoso nacionalpopulista, una manifestación de celebración democrática que reúna a los españoles libres e iguales de Cataluña y de fuera de Cataluña. Y cuya banda sonora sea Mediterráneo, este himno antixenófobo, que desde anoche suena en Cataluña cual sofisticada alternativa -lo admito, libe: ¡cómo nos hemos de ver!- a las rítmicas, guturales y oscuras cacerolas, ajenas a las armonías complejas.

Y sigue ciega tu camino. A.

El secesionismo amenaza la recuperación
Clemente Polo.  latribunadelpaisvasco.com 24 Septiembre 2017

Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico Universidad Autónoma de Barcelona

El hecho más destacable de la Diada del sí a la desobediencia y a la división es que fuera la menos masiva de las organizadas en los últimos años, a pesar de contar con la participación estelar de Puigdemont, Junqueras y la mayoría de sus consejeros, y haberla anunciado como el preludio del ‘referéndum de autodeterminación’ del próximo 1 de octubre (1-O). Dentro de lo malo, constituye una buena noticia que la primera Diada promovida abiertamente por el gobierno de la Generalitat y los diputados de Junts pel Sí (JxS) y CUP, declarados en rebeldía contra el Estado de Derecho desde que aprobaron la ‘ley del referéndum de autodeterminación” en el Parlament el pasado 6 de septiembre, haya sido un relativo fracaso.

Menor apoyo
Las cifras de asistencia publicadas oscilan entre 225.000 y algo más de un millón, ambas muy inferiores a las estimaciones hechas por esas mismas fuentes en citas anteriores. La realidad constatable por todo el mundo a través de las imágenes ofrecidas por televisión es que la inmensa mayoría de los catalanes se marcharon de fin de semana o se quedaron en sus casas. Si la intención de los organizadores era mostrar a los dirigentes de la UE el clamor unánime de la sociedad catalana en pro de la independencia, se puede afirmar que fracasaron estrepitosamente en el intento. Pero aunque el proceso, cada vez más radicalizado, se haya ido desinflando en los últimos meses, hay que reconocer la capacidad del movimiento nacional-secesionista para movilizar a sus bases una vez al año.

Nadie puede sorprenderse de que la llamada a rebato de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), Omnium Cultural y la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) consiguiera movilizar a una fracción (360.000 inscritos y 1.800 autobuses fletados según la ANC) de los votantes de JxS (1,62 millones) y CUP (336.000) en las elecciones autonómicas de 2015. Hay detrás una labor tenaz de propaganda y agitación en todos los rincones de Cataluña que cuenta con el apoyo, casi unánime, de los medios de comunicación públicos y privados, que la Generalitat financia generosamente para influir y deformar la opinión pública. A diferencia de la mayoría de asociaciones constitucionalistas que no tienen un duro, los tres tenores del orfeón secesionista nadan en la abundancia.

Riesgos del 1-O
Pasada la artificiosa celebración de la caída de Barcelona en 1714, la cuestión más perentoria ahora es afrontar el reto del referéndum de autodeterminación que el gobierno de la Generalitat planea celebrar el 1-O y cuya campaña está en marcha. 712 alcaldes respondieron afirmativamente a la petición de Puigdemont de ceder locales municipales para albergar las urnas, mientras, Trapero, mayor de los ‘mossos’, ordenaba a petición de la Fiscalía investigar los preparativos del referéndum sin resultado práctico hasta ahora. Algunas agencias de calificación han advertido del riesgo que entraña la secesión de Cataluña para la calificación de la deuda pública, y varios bancos de inversión han apuntado que podría elevarse la prima de riesgo e incluso recomendado vender deuda española. Aunque estamos muy lejos de la dramática situación vivida en 2012, conviene recordar que pocas cosas espantan más a los inversores que la inestabilidad política y la inseguridad jurídica.

Al gobierno de la Generalitat parece importarle un bledo que se hunda un poco más la calificación de su deuda –desde hace años no tiene acceso al mercado– y se eleve la prima de riesgo de la deuda española, creyendo erróneamente que el Gobierno de España se avendrá a negociar el referéndum si empeora la situación. Craso error porque lo único que pueden lograr apostando al “cuanto peor para ellos, mejor para nosotros” es que a todos nos vaya peor. Cataluña no va a alcanzar la independencia mediante un referéndum pactado porque el gobierno de la Generalitat y los diputados secesionistas no cuentan con el apoyo mayoritario de los catalanes, ni con el aval de los partidos (PP, PSOE y Ciudadanos) que representan a la mayoría de españoles, ni con el respaldo de ninguna institución internacional, como la ONU o la UE, dispuesta a dar pábulo a sus cínicas apelaciones al derecho de autodeterminación. Hasta el momento, Puigdemont y Romeva sólo han conseguido tras infinidad de costosos viajes promocionales concitar el apoyo de algún diputado estonio y un desinformado premio Nobel de la Paz.

Firmeza democrática
España se juega en las próximas semanas la credibilidad política, desde luego, pero también la estabilidad económica. La estrategia de mano tendida seguida por el Gobierno hasta pocas semanas y la calculada ambigüedad del PSOE-PSC sobre el encaje de Cataluña, lejos de tener efectos balsámicos, nos ha llevado a una situación cada vez más enconada. El Estado de Derecho tiene que afrontar esta situación sin complejos, con la misma determinación con que condenó a los militares amotinados en 1981, ilegalizó (aunque tardara demasiado en hacerlo) al entorno político de la banda terrorista ETA, y dio la puntilla al plan Ibarretxe. La inestabilidad política ocasionada por el golpe de estado que patrocinan las secuestradas instituciones de autogobierno de Cataluña no desaparecerá de un plumazo, pero urge dar pasos decididos para desmantelar el entramado político-asociativo que alimenta el proceso nacional-secesionista y amenaza ahora la recuperación económica.

Además de las acertadas medidas aprobadas en la Comisión Delegada para Asuntos Económicos para controlar los pagos de nóminas y las facturas de proveedores de la Generalitat, el Gobierno tiene que exigir responsabilidades a interventores y a responsables de ordenar pagos en el sector público catalán y recuperar los recursos públicos destinados a actos ilícitos, como al 9-N y el 1-O, o a financiar actividades del Departamento de relaciones exteriores, el consorcio Diplocat, el Consell Assesor per la Transició Nacional, la ampliada Agencia Tributaria de Catalunya, la Agencia Catalana de Protección Social, etc., que invaden competencias del Estado. Hay que poner cerco a todo el entorno político-asociativo (AMI, Consejo de Cargos Electos, etc.) que se alimenta de fondos de la Generalitat, y escudriñar al céntimo las cuentas de Omnium, ANC, Cercle Català de Negocis, etc. En pocas palabras, el Estado tiene que impedir que los cargos de la Generalitat, los partidos secesionistas y sus grupos parlamentarios, las Diputaciones, los Ayuntamientos, etc., desvíen recursos públicos a asociaciones y actividades cuyos fines son contrarios al ordenamiento constitucional. ¡Lo menos que podemos exigir a quienes pretenden dar un golpe de estado es que corran con los gastos!

Es hora de que los responsables de las instituciones del Estado tomen la iniciativa y expliquen a los españoles y a la comunidad internacional que no van a tolerar el chantaje de políticos desleales que no respetan siquiera el ordenamiento jurídico del que emana su propia legitimidad, y se jactan de incumplir las sentencias de los Tribunales. El presidente del Gobierno tiene que comparecer ante los españoles, como hizo anoche, para aclarar que las ‘leyes’ aprobadas en el Parlament el 6 y 7 de septiembre instauran el estado de excepción en Cataluña mientras que las medidas adoptadas por el Gobierno sólo pretenden restablecer la normalidad democrática. Los miles de carteles y cartas aprehendidos en imprentas y empresas de mensajería y el resto de material incautado en los registros realizados en organismos dependientes de la Generalitat para impedir el referéndum ponen de manifiesto la imposibilidad de dialogar con los golpistas Puigdemont y Junqueras. Esperemos verlos pronto sentados ante los Tribunales cuya autoridad dicen no reconocer. Con la democracia no se juega.

https://clementepolo.wordpress.com/

El huevo de la serpiente
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 24 Septiembre 2017

Son múltiples los artículos que he venido escribiendo desde hace décadas sobre la iniquidad de usar a los niños como carne de cañón para fines políticos.

Recuerdo las imágenes de padres abertzales incitando a sus pupilos a insultarme a gritos bajo la ventana de mi casa, cuando fui Delegado Territorial (provincial) de Educación de Alava, dependiente del Gobierno Vasco en los años ochenta, con el consejero socialista José Ramón Rekalde.

Yo me negaba a seguir la política anterior, nacionalista, de ikastolización del sistema educativo vasco, y, por el contrario, aplicaba con rigor el marco jurídico al que me debía. Pero eso, al parecer, gustaba muy poco a nacionalistas de todo pelo, sobre todo a las ikastolas. Mucho menos gustaba a los batasunos que pululaban por doquier.

Esa utilización de los niños siempre me ha repugnado, pues altera profundamente el respeto a esa individualidad y al proceso de crecimiento en libertad, sin interferencias ideológicas, al que tienen derecho.

La educación no instrumentalizada para fines políticos no gusta ni a la izquierda ni a los nacionalistas. Ha sido factor clave para sus fines de alienación de los individuos, que supone el adoctrinamiento, la eliminación de la libre determinación de las personas, y, en consecuencia, la anulación de su esencia de ser.

Otra cosa muy diferente es la formación en valores que puede ser por ósmosis, emulación o aprendizaje vicario; es decir la transmisión de las tradiciones culturales con su axiología, siempre respetuosa con el encuadre cultural, que tiene su fundamento en los pilares de la sociedad occidental.

Durante todos estos años he versado sobre el adoctrinamiento nacionalista con profusión.

Mi primer libro al respecto se subtitulaba “Historia de un modelo”, porque lo que hacen los nacionalistas actuales ya lo inventaron otros, los del régimen autoritario, surgido a partir del 39. Recuerdo muchas cosas, pero lo más gráfico era la formación que hacíamos los escolares, con el brazo extendido, cantando el “Cara al sol” antes de entrar en la escuela. Pues bien, los nacionalistas han mejorado el método.

Yo no viví que se nos llevara a expresiones colectivas de aclamación al Régimen, y, sin embargo, compruebo que los de ahora sacan a sus pupilos a las manifestaciones nacionalistas, les invitan a fabricar carteles apologetas de la sedición, etc. Lo estamos viendo estos días en Cataluña. Y nadie hace nada para impedirlo.

Yo no soy jurista, pero a mi, que he sido funcionario durante 40 años, me parece que cuando se cierra un centro “educativo” por iniciativa del profesorado y se invita a los alumnos a que vayan a unas manifestaciones a favor de la sedición, son cómplices necesarios del delito, y se incurre en incitación, bordeando el delito de rebelión. Y, además, y esto es lo más grave, se utiliza a menores en el intento; es decir, se instrumentaliza a alumnos en proceso de formación y que no tienen madurez ni capacidad para tomar decisiones sopesadas y conscientes de esta naturaleza. Y se les lleva casi de la mano a tumultos que tienen un alto grado de peligrosidad.

Uno acaba pensando que se utiliza a esos niños como escudos humanos, lo cual sería, de confirmarse, el colmo de la iniquidad. Lo más grave aún es que sus padres lo consientan incumpliendo sus deberes de progenitores.

Considero que los directores de los centros escolares que han provocado por acción u omisión esta situación han de ser procesados desde el plano penal, y desde luego desde el administrativo como mínimo, pues todo esto no puede ser admitido.

Todo este sinsentido es el culmen de un proceso que todos conocíamos de adoctrinamiento sistemático y organizado, consciente, por parte de las administraciones catalanas, organizado con la pasividad de los responsables de los sucesivos gobiernos de España que han anquilosado a la Alta Inspección del Estado. Y esto también es muy grave.

Porque las declaraciones internacionales sobre los derechos del niño establecen el principio inviolable e insoslayable por el que todos los gobiernos deben vigilar la protección del “superior interés del niño". Eso en España hace décadas que se está incumpliendo. Y es una obligación denunciarlo allí donde consigamos llegar con nuestra voz.

El trasfondo del “procés”, la debilidad de España

No podemos olvidar la historia de este país, y el profundo daño que pueden acabar generando actitudes como las adoptadas por los independentistas catalanes.
Juan Laborda vozpopuli.es 24 Septiembre 2017

Durante los tres últimos blogs hemos abordado el problema catalán desde tres puntos de vista diferentes, pero complementarios. En el trasfondo, una profunda degradación social, económica, política y moral de la sociedad española en su conjunto, y de la catalana en particular. Dicha degradación se traduce en una enorme vulnerabilidad y debilidad. Y es esta debilidad la que ha sido aprovechada por los independentistas sediciosos, con ayuda exterior, para tratar de medrar y descomponer nuestra querida España, y de paso a Europa. Saben que van a fracasar, pero la fractura social que han generado tardará tiempo en cicatrizar.

España hoy es un ejemplo de libro de Totalitarismo Invertido. Ni el poder legislativo sirve de contrapeso al ejecutivo, ni el poder judicial actúa con la independencia que se le supone. Respecto al cuarto poder, se ha transformado, en su inmensa mayoría, en una mera correa de transmisión de las élites económicas patrias y foráneas. Muchos de sus editoriales de los últimos años han sido dictados por sus acreedores y producen vergüenza ajena. La solución pasa obviamente por más democracia, por unas cortes constituyentes, una nueva Constitución y una caída del actual Régimen, en clara descomposición. Aquellos que aspiren a dirigir la España democrática, incluida Cataluña, tienen la obligación de someter a la consideración del pueblo español todos sus proyectos para refundar el Estado. No queda otra.

Pero en el ínterin, quienes han avivado el problema catalán, mediante un referéndum ilegal, jugando con el devenir del conjunto de la ciudadanía española, no pueden ni deben irse de rositas. Debe recaer sobre ellos todo el peso de la ley. Una regla vital de toda democracia es que quien la hace la paga. Ello incluye también a quienes desde el exterior han puesto dinero y medios de comunicación para intentar desestabilizar, sino descomponer, nuestro país. Aquellos que intentan hacer en España lo que hicieron en Ucrania deben ser sometidos a la justicia española. El cargo contra ellos, alta traición.

La profunda debilidad de España
En el trasfondo del problema catalán, la profunda debilidad de España. Y esta debilidad es consecuencia de una ausencia real de democracia. Digámoslo claramente, nuestra democracia hace años que fue secuestrada por unos pocos. España, en su actual deriva, es un excelente ejemplo de Totalitarismo Invertido “a lo Sheldon Wolin”. Recordemos que los elementos clave del Totalitarismo Invertido son un cuerpo legislativo débil, un sistema legal que sea obediente y represivo, un sistema de partidos en el que un partido, esté en el gobierno o en la oposición, se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejan a los ciudadanos más pobres con una sensación de impotencia y desesperación política y, al mismo tiempo, mantienen a las clases medias colgando entre el temor al desempleo y las expectativas de una fantástica recompensa una vez que la nueva economía se recupere.

España está sumida en una profunda decadencia que afecta a casi todos los terrenos y ámbitos de nuestra sociedad. La democracia ha sido secuestrada por y para unos pocos. Las élites, bajo su instinto de clase, no han cedido ni un ápice de su posición de poder y riqueza. Fueron ellas quienes decidieron en su momento ser rentistas, jugar a la especulación, y favorecer una economía de sol y playa. Como consecuencia, España endeudada hasta las cejas, con un sistema financiero inestable, y un potente tejido industrial exportador asaltado y despiezado desde fuera sin ningún rubor. España no pinta nada a nivel exterior, somos irrelevantes. Y debo reconocer que ello me cabrea profundamente porque en realidad disponemos del suficiente talento como para hacer de nuestro país un referente digno en el tablero global. El problema de fondo, y ello es culpa nuestra, una clase gobernante, política y económica, digámoslo suavemente, profundamente mediocre. No nos merecemos tanto inepto y desaprensivo en puestos de gobierno claves.

Sobre moscas cojoneras y avispas
Y es esta debilidad de España, por una falta real de democracia, la que ha sido aprovechada por ciertas moscas cojoneras, los independentistas, para medrar. Pero el problema de Cataluña es el mismo que el del resto de España, una desigualdad autodestructiva, fruto de ciertos privilegios que aportan beneficios, riqueza y poder. Esos privilegios se han ganado en base a favores, a la actuación de lobbies, de rentistas, con la connivencia del entramado institucional. ¿O es que se piensan que eso no ha pasado en Cataluña y que son mejores que el resto de España?

Por eso no se entiende el posicionamiento de cierta izquierda que hoy debería estar con los oprimidos y no con los opresores. Los problemas que afectan a la clase trabajadora tanto en Cataluña como en el resto de España, derivan de un injusto sistema económico basado en la especulación y el control de vastos sectores de la economía por oligopolios, como los bancos, y monopolios como las eléctricas y otros, así como por un sistema fiscal que castiga a los productores de riqueza y premia a los que viven del trabajo ajeno y se apropian de la plusvalía del suelo creada por el progreso social, violando la letra y el espíritu de nuestra Constitución. La única forma de mejorar la situación de los que viven de su trabajo, tanto en Cataluña como en el resto de España, es modificando este sistema.

Yo soy el primero que quiere terminar democráticamente con unos gobiernos tan mediocres y corruptos como los de la derecha que nos desgobierna en Madrid como el que gobernó durante décadas en Cataluña, que constituye la base de “Junts pel sí”. Pero hay ciertos límites. Jamás se puede alentar ni jalear a quienes pretenden un referéndum unilateral, imbuidos por un principio de supremacía frente al resto de España que es absolutamente falso, y profundamente racista.

Permítanme una consideración final. No podemos olvidar la historia de este país, y el profundo daño que pueden acabar generando actitudes como las adoptadas por los independentistas catalanes. Como siempre me recalca una persona que admiro profundamente, “los nacionalistas periféricos son meras moscas cojoneras, pero cuando despierten al nacionalismo español éste actuará como una avispa”. Por eso, si queremos evitar que todo acabe como el Rosario de la Aurora, la solución pasa por más democracia y una mejora de su calidad y sus contrapoderes. No queda otra.

El Gobierno ha perdido la batalla de la comunicación
Jesús Cacho vozpopuli.es 24 Septiembre 2017

Es una evidencia que el Gobierno Rajoy ha perdido la batalla de la comunicación en el conflicto que afronta en Cataluña a cuenta del golpe de Estado contra la legalidad constitucional protagonizado por el Govern que preside Puigdemont. La pura realidad es que el independentismo ha venido ganando por goleada el partido de la comunicación desde que Andreu Mas-Colell, el prestigioso profesor de Harvard discípulo de Eric Maskin -teoría de los juegos- metido a político, no tuvo mejor idea que echar la culpa a Madrid del ajuste de caballo que estaba obligado a acometer recién llegado a la consellería de Economía a cuenta de la quiebra financiera de la Generalidad. “España ens roba”. Allí calló el Gobierno y allí empezó a perder la guerra de la imagen. La ha ganado el nacionalismo por incomparecencia del contrario, porque desde la Diada de septiembre de 2012 el separatismo ha jugado el partido sin nadie en frente. La guerra de la comunicación, tan importante en el mundo global que vivimos, está perdida en el interior. Lo preocupante es que parece que este Gobierno también está dispuesto a perderla en el exterior. Y sin que se le mueva un músculo.

Parece también una evidencia que mientras la dureza de la crisis económica ha causado estragos en los medios de comunicación españoles, traducidos en dramáticos recortes de plantilla, la situación ha sido muy distinta en el estanque dorado catalán, patria putativa de los editoriales únicos, ello debido en gran medida a las subvenciones con las que la Generalidad ha regado generosamente a los medios en sus distintas vertientes, desde papel a internet, desde radio a televisión, a condición, claro está, de defender la patriótica causa del independentismo. El Grupo Godó, portaestandarte de los intereses del prusés, viene registrando unos beneficios anuales que casi milimétricamente se corresponden con las subvenciones que llegan del palau de la Generalitat, de modo que sin ese dinero los medios que preside el conde de Godó, ese grande de España que tiene a gala no votar al PP, entraría en pérdidas. Casi 56 millones detrajo la Generalitat de sus presupuesto en 2016 para mantener contento, prietas las filas, al periodismo catalán en torno al prusés.

El asunto, con ser escandaloso, podría, sin embargo, no ser humillante para el contribuyente español si no fuera por el pequeño detalle de que el dinero con el que la Generalidad pastorea a sus medios afines –desde luego que no a los dos o tres que en internet y en Cataluña se parten la cara en defensa de la unidad de España– procede en última instancia de los Presupuestos Generales del Estado, es decir, al final es dinero de todos los españoles. Y bien, señor Rajoy, señora Sáenz de Santamaría, ¿alguna vez se les ha ocurrido pensar que podían haber sido ustedes quienes, con ese mismo dinero de todos, le arreglaran la cuenta de resultados al señor conde, abortando así el giro proindependentista de su grupo (RAC 1 y La Vanguardia) y manteniéndolo por tanto en las filas de la prensa constitucionalista?

La verdad es que doña Soraya ha estado muy ocupada estos años. Fundamentalmente en desarrollar su agenda personal, cuidar su imagen y evitar la menor mota de polvo que pudiera mancillar su currículum de aspirante al Gobierno de la nación. La señora ha tenido mucho trabajo con La Sexta. Con la ayuda del camarada Ferreras, el teatral comunicador crecido a la sombra millonaria de Florentino Pérez, la doña pasó la legislatura de mayoría absoluta entregada de hoz y coz a la creación de un enemigo artificial capaz de poner contra las cuerdas al PSOE desde la izquierda radical, y de meter el miedo en el cuerpo a las aterradas masas del centro derecha, de modo que por mucho que metamos la mano, por cuantiosos que sean nuestros escándalos, esas masas nos sigan votando por los siglos de los siglos, amén. Ahora la criatura salida de las probetas de La Sexta ha cobrado vida propia, ha ganado arboladura, se nos ha ido de las manos, en realidad se ha convertido en un monstruo de imposible control para una muchachita de Valladolid bien apañada. Qué sea lo que dios quiera. Y parece que Dios quiere que la doña siga pasando por las páginas de la convulsa, atribulada, actualidad española como el rayo de sol a través del cristal. Ella sigue pura, refugiada en las zahúrdas de Moncloa, esperando el gran momento de Mary Tribune, aguardando la retirada, voluntaria o forzosa, que todo dependerá de lo que ocurra en el campo de batalla catalán, de su mentor.

Nadie se ocupa de la comunicación
Y todo lo demás le ha importado un bledo a doña Soraya. ¿Que hay que cuidar la comunicación cara al conflicto con el independentismo, realizar un relato coherente del desafío nacionalista, explicar las ventajas de la unidad como garantía de la libertad y la prosperidad colectivas? La señora no se ocupa. Conviene aclarar que el aparato de agitprop del independentismo es muy eficaz, brillante incluso, algo en lo que seguramente tiene que ver el hecho de que Barcelona sea la sede de las mejores escuelas de diseño y los mejores publicistas del país. Y cuando el independentismo echa algo en falta, lo compra, lo alquila. ¿Sabe doña Soraya que el talento también se puede comprar? El caso es que en esta guerra que España libra contra quienes quieren destruirla nadie se ocupa de la comunicación. Y porque no se ocupan los buenos, las tesis de los malos se oyen hasta en el último rincón de España. No hay flatulencia que expela Puigdemont o la señora Forcadell que no encuentre acomodo inmediato en los informativos de Radio Nacional de España (RNE) o en cualquier cadena de televisión. Y sin réplica. Todo está manga por hombro. No hay Gobierno. Leído ayer en uno de tantos digitales de izquierdas: “Trabajadores de TVE en Catalunya (sic) denuncian manipulación en las noticias del 1-O”. ¿Y qué es lo que hace TVE en Cataluña? ¿En qué se ocupa? ¿Cuánto nos cuesta?

En los últimos días, con el calentamiento global propiciado en Cataluña por la actuación de la Guardia Civil a las órdenes de un juez de instrucción, los corresponsales extranjeros han empezado a enviar sus crónicas desde Barcelona. Con portadas tan divertidas como la del romano Il Messaggero (“Madrid arresta a ministros catalanes”), o la de La Repubblica (“Madrid detiene a 14 dirigentes del gobierno de Barcelona”), por no hablar de un influyente Frankfurter Allgemeine capaz de comprar la versión de Puigdemont sin el menor matiz (“Estado de excepción de facto”), del francés Le Monde o del británico The Guardian. Quienes desde las páginas de El Mundo aprendimos a valorar las crónicas de colegas relatando cruentas batallas en directo desde el bar de un hotel de cinco estrellas con un dry martini en la mano, hemos aprendido a ser clementes con los corresponsales de prensa. Porque es mucho más divertido contar la gesta del heroico reportero de TV3 saltando, micrófono en mano, sobre el techo de un coche patrulla de la Guardia Civil, que adentrarse en los aburridos vericuetos legales que los independentistas se han pasado por el arco de sus caprichos en su propio Parlament.

Aunque sería interesante ver a Repubblica defendiendo el derecho de autodeterminación de Lombardía, a Le Monde peleando duramente por el de corsos y bretones, o al mismo Frankfurter Allgemeine alentando el derecho a decidir de Baviera, después de que el Constitucional alemán haya dicho que de eso nada nunca jamás, no conviene tomarse muy a pecho las salidas de tono de unos corresponsales que quieren escribir su crónica con cuatro pinceladas de color, para poder perderse cuanto antes por esa Barcelona tan tentadora en tantas cosas. Lo importante es que esta “liberalidad” con que los Media describen lo que ocurre en Cataluña está poniendo de relieve una vez más que alguien en el Gobierno de España no está haciendo su trabajo, porque al corresponsal simplemente hay que cuidarle, contarle, informarle y tratarle con cierta deferencia, algo que no saben hacer en Moncloa, cuya especialidad es usar de buzones a sus periodistas de cámara y punto pelota. ¿Qué está haciendo al respecto el señor Dastis, esa calamidad que ahora ocupa el Palacio de Santa Cruz? ¿Qué están haciendo nuestros embajadores? ¿Cuánto dinero le cuesta al contribuyente el séquito de funcionarios que convive en cada embajada?

Racismo y supremacismo cultural
Escribe Leonid Bershidsky en Bloomberg que los separatistas van camino del fracaso, porque “solo podrían lograr sus objetivos si estuvieran dispuestos a luchar y ganar en un conflicto violento”. Para el autor, “todos los procesos de secesión culminados con éxito de las últimas décadas han estado marcados por la violencia”, lo que equivale a decir por el derramamiento de sangre. ¿Están decididos los separatistas catalanes a escalar esa bárbara posibilidad? Cierto, es el peor escenario posible, aunque por desgracia no descartable dado el cariz totalitario y fascista que cada día adopta de forma más descarada el Movimiento Nacional catalán. Sangre, sudor y lágrimas. En estas circunstancias, es obligado renovar nuestro apoyo sin fisuras al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en su decisión de oponerse frontalmente “al desafío lanzado a la democracia española por el separatismo catalán, un asunto que concierne a Europa entera” en palabras del francés Libération, un diario de izquierdas que sí tiene claro lo que está ocurriendo en Cataluña (“tous les clichés du nationalisme le plus obtus, teintés de racisme, de mépris de clase, voire d’une forme de suprématisme culturel”), frente al dandismo de la prensa progre europea y, naturalmente, americana, que parece ignorar lo que está en juego en esta partida entre la democracia española y el racismo supremacista de los nacionalistas catalanes.

Nadie puede llamarse a engaño a estas alturas de la dimensión histórica del envite que afronta España, y menos que nadie Rajoy y su Gobierno. La Generalidad de Cataluña se ha situado en abierta rebeldía frente al ordenamiento constitucional. Por eso son inaceptables episodios como los ocurridos el miércoles, con ofertas de diálogo a los sediciosos, extemporáneas ramas de olivo que únicamente consiguen mover a la vergüenza a los españoles de bien. El Gobierno está obligado a derrotar de forma inequívoca a los golpistas, demostrando que poner al Estado contra las cuerdas nunca puede acabar siendo rentable. Del mismo modo que la inmensa mayoría argumentó en su día que no podía negociarse con ETA con la pistola sobre la mesa, sería ahora una gravísima irresponsabilidad abrir el melón de la reforma constitucional o agitar como señuelo una mejora de la financiación con una Generalitat que se ha situado al margen de la Ley y que no desaprovecha ocasión de desafiar al Estado. Aparte de otras muy prioritarias razones de legalidad, porque eso solo serviría para alimentar al monstruo, dando al independentismo las alas de las que hoy carece para terminar destruyendo España. ¿Es que no entienden eso Mariano y sus asesores?

Querían romper España y han destrozado Cataluña
Pablo Sebastián republica 24 Septiembre 2017

Suele ocurrir en la Historia de las grandes naciones que en los tiempos de ‘mudanzas’ e inesperadas dificultades, como las que nos ha tocado vivir en Europa con la crisis financiera de 2008, el Brexit, el terrorismo yihadista, las inagotables guerras de Oriente Próximo y las oleadas de los refugiados que luchan por su vida y dignidad, en estos tiempos revueltos suelen aparecer líderes con la talla de estadistas decididos a tomar con mano firme y buen rumbo el timón de la nave del Estado para atravesar la tormenta y llegar al buen puerto de la normalidad política y social.

En España no hemos tenido esa suerte ni aparece el estadista indiscutible, como el que en nuestras actuales circunstancias debería presidir una ‘gran coalición’ y unos nuevos ‘pactos de la Moncloa’ que cierren la Transición y abran con acierto e ilusión la nueva etapa que se empieza a dibujar.

Más bien al contrario estamos inmersos en una notable confusión donde imperan rivalidades entre dirigentes nacionales de escasa altura y en la que unos aventureros de la política catalana de poca entidad y notable ceguera decidieron que el final del bipartidismo, la abdicación del Rey Juan Carlos I, el estallido de la corrupción y los destrozos sociales de la crisis eran el caldo de cultivo idóneo para proclamar la independencia de Cataluña.

Unos actores oportunistas que siguieron las instrucciones y el sendero que les trazaron en la oscuridad y con ayuda de la corrupción (que resplandece en el caso de los Pujol) el núcleo duro elitista de la burguesía catalana. Los que en aras de un pretendido ‘sentimiento’ nacional diseñaron y financiaron el ‘proceso’ de la ruptura de España, al margen de la propia y plural realidad catalana, la legalidad, la Democracia, la Unión Europea y el Estado español.

Pero la disparatada aventura se ha encontrado frente a la realidad y muralla democrática y legal del Estado y el órdago a España se está convirtiendo en un errático boomerang que va a destrozar la convivencia Catalana y sus más emblemáticas señas de identidad. Amen de liquidar el propio Estatut como se vio en las bochornosas sesiones del parlamento catalán que dieron luz a un referéndum imposible, sin garantías y a un modelo de Constitución propio de regímenes autoritarios.

Que en la senda de los golpistas hay sentimientos nacionales honrados y en favor de la independencia de Cataluña eso es cierto pero en la base de sus argumentos actuales no existe ni una sola verdad sobre: la Historia, la UE, el Derecho Internacional, la relación (económica y política) con España, o sobre la viabilidad económica y europea del pretendido Estado catalán, basado en un arbitrario marco legal que los próceres ocultos del golpe de Estado se han sacado de una chistera y que ha resultado ser otro desafuero además de ilegal. No hay en todo ello una sola verdad.

Como tampoco es cierto que el pueblo catalán haya salido a la calle en su conjunto para la defensa de sus gobernantes por más que sí hubo miles de manifestantes que sin embargo no representan en número ni en lo social y político al conjunto de la ciudadanía catalana. Y que, en buena parte de ellos manejada por la CUP, han derivado de un pretendido proceso democrático hacia un modelo de revuelta revolucionaria de una izquierda radical que se proclama anti capitalista, anti española y anti europea.

Y con estos mimbres los golpistas, sus burgueses inductores, y los jefes activistas de la izquierda radical se aproximan a la cita del referéndum del 1-O que carece de los medios y garantías democráticas necesarias e incluso de una ‘sindicatura electoral’ que controle y proclame los resultados, que ha sido disuelta por miedo a las multas (¡menudos héroes revolucionarios!) del Tribunal Constitucional.

No obstante la movilización electoral será importante y el riesgo de que se produzcan enfrentamientos y violencia muy alto, por más que ahora se haya desplegado un amplio operativo de Fuerzas de Seguridad (poniendo a los Mossos bajo el control de la Guardia Civil).

Como cierto parece que después del referéndum y al margen de lo que pase el 1-O Puigdemont querrá proclamar la independencia de Cataluña, ante la debilidad de la respuesta -‘proporcional’- dada por el Gobierno de Rajoy a los golpistas que, asombrosamente, continúan sentados en las primeras instituciones catalanas desde donde han violado la legalidad y desobedecen las órdenes del Tribunal Constitucional que hace tiempo debió suspenderlos de sus funciones en el Govern y Parlament.

Naturalmente en esta crisis la responsabilidad no es exclusiva de los actores golpistas (Mas, Puigdemont, Junqueras, Forcadell, etc) sino también de los actuales gobernantes de España que no quisieron ocuparse del problema en los pasados cinco últimos años, y que en el inicio del estallido del golpe no han estado a la altura de las responsabilidades y los deberes a los que están obligados por mandato constitucional. Y estamos hablando del Gobierno de Rajoy y del Tribunal Constitucional que van a remolque de la sedición. Y otro tanto se puede decir de Pedro Sánchez del PSOE y del PSC que han jugado a la ambigüedad y rozado la línea que justifica la ilegalidad.

Por todo ello creemos, como decíamos al principio, que la nueva etapa o la segunda Transición española pasa a corto o medio plazo por un gobierno de ‘gran coalición’ presidido por un estadista. De la misma manera pensamos que el tan cacareado ‘diálogo’ del día después del referéndum del 1-O no se puede celebrar ni tiene los interlocutores apropiados, porque los golpistas del PDeCAT, ERC y CUP, encausados en los tribunales por delitos como el de sedición, no se pueden sentar -y menos en el nombre de Cataluña a la que no representan y han traicionado- con quienes han estado y están del lado de la Democracia y la legalidad. Y sería un escarnio y la rendición del Estado que después de lo ocurrido a los golpistas se les premiase con una serie de concesiones y reconocimientos que ni merecen ni se les puede y debe otorgar porque semejante humillación del Estado y del conjunto de los españoles constituiría otra flagrante violación de la soberanía nacional.

No hay derecho
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital 24 Septiembre 2017

Son los derechos y libertades de cada uno de los españoles lo que está en juego en este asalto independentista del nacionalismo catalán.

Vivo fuera de España desde hace tres años, y desde la distancia veo con tristeza cómo se van cumpliendo todos los pasos para imponer la independencia de Cataluña a costa del Derecho que a todos nos protege frente a la arbitrariedad y la imposición. Hablo a diario con personas de distintas nacionalidades que, sin maldad ni prejuicio, hablan de lo que está pasando entre risas, con la diversión que uno siente al ver que ocurre algo exótico en un lugar lejano. ¡Qué fácil es decir que los de allá lejos hagan lo que quieran, y qué pocos estarían dispuestos a algo semejante en su propio país! A todos les recomiendo la lectura de las "20 preguntas con respuesta sobre la secesión de Cataluña" que editó la Fundación FAES hace tres años. Sigue siendo el mejor repertorio de argumentos contra las mentiras del nacionalismo.

Independencia no quiere decir lo mismo que libertad, aunque visto de lejos lo parezca. Hayek, que dedicó su vida a explorar el carácter esencialmente individual del concepto de libertad, lo escribió con enorme claridad en el comienzo de su libro sobre Los fundamentos de la Libertad: "aunque el concepto de independencia nacional sea análogo al de la libertad individual, no es el mismo, y el esfuerzo para conseguir la primera no siempre se ha traducido en un acrecentamiento de la segunda".

No hay libertad cuando se violenta el Derecho. No hablo de una ley concreta, sino del Derecho como tal, entendido como la única protección que el ser humano ha encontrado para preservar su libertad individual.

No hay derecho a que uno o muchos actúen contra el Derecho y lo quebranten, porque ello significa imponer a los demás obligaciones o privaciones no pactadas ni consentidas. Eso es lo que está haciendo el nacionalismo catalán y eso es lo que significaría imponer por la fuerza el quebrantamiento del Derecho en forma de referéndum el próximo día 1 de octubre.

¿Qué hay de malo en que voten?, dirán algunos. Lo malo es que enfrentar votos a Derecho es equivalente a aceptar que la libertad de cada uno de nosotros pueda ser erradicada de cualquier manera, simplemente llamando a muchos a que a gritos exijan sus pretensiones.

Pero –se podrá decir- de alguna manera se debería poder reclamar la independencia de un grupo de personas o la desaparición de un Estado. En efecto, tiene que existir un cauce para proponerlo. Pero no para imponerlo. Por eso el cauce es la Constitución, las reglas que una mayoría cercana a la unanimidad acordó para ordenar los elementos centrales de la convivencia. La Constitución fue aprobada por todos los españoles, y concretamente en Cataluña tuvo un 90,5% de votos afirmativos. No es una norma impuesta, ni mucho menos.

La Constitución establece un procedimiento para cuando alguien quiere proponer algo contrario a la propia Constitución, que obviamente es su reforma. Y su reforma –igualmente obvio- requiere un respaldo muy alto y, sobre todo, que todos los españoles sean oídos.

Son los derechos y libertades de cada uno de los españoles lo que está en juego en este asalto independentista del nacionalismo catalán. Es la libertad de cada individuo para seguir viviendo en el país en el que decidió vivir, con las reglas que decidió aceptar. Cada español es dueño del derecho a que España siga existiendo, y quien quiera modificar ese derecho tiene que contar con todos los españoles. "Lo que a todos afecta debe ser por todos aprobado", como dice la fórmula de Derecho romano que inspiró los primeros pasos que en la Edad Media, desde la Carta Magna hasta las Cortes de los reinos españoles, se dieron para garantizar que la libertad de cada uno no pudiera ser invadida por el poder de los demás. Así deberían haberlo planteado los nacionalistas catalanes: pedir que toda España decida sobre cómo ha de ser, o de dejar de ser, España. No lo han querido hacer porque en el nacionalismo nunca hay respeto por los individuos, sino colectivización de emociones y sentimientos, extendidos hasta el punto de que una multitud de miles de personas acepte manifestarse por las calles de Barcelona bajo el modelo coreográfico de orden y colores importado de Corea del Norte, como sucedió hace solo dos semanas.

¿Creen que la independencia catalana sería una expresión de libertad? Será porque no saben que en la Cataluña que los partidos nacionalistas llevan gobernando desde hace 37 años, con atribuciones plenas sobre la Educación, está literalmente prohibido que ningún colegio público o privado enseñe en español.

¿Creen que los independentistas reclaman recursos que se les han negado? Será porque no saben que Cataluña es la más beneficiada por el sistema español de financiación de los gobiernos autónomos. A lo que hay que añadir que en los últimos años, al mismo ritmo que la Generalidad de Cataluña apretaba el acelerador independentista, también apretaba sin descanso el botón del gasto público… con cargo a deuda que ha tomado el Tesoro español: más de 66.000 millones de euros de gasto por encima de sus ingresos, asumido y pagado por todos los españoles.

¿Quieren saber cómo sería la Cataluña independiente? Miren a quienes están de facto liderando el proceso independentista: las Candidaturas d’Unitat Popular (CUP) que atribuyeron el reciente atentado islamista de Las Ramblas a "todas las formas de terrorismo fascista fruto de las lógicas internacionales del capitalismo". En este reportaje de José García Domínguez les explican su origen y trayectoria, siempre revolucionaria y cada vez que lo han querido, también terrorista. Para los que lideran la movilización callejera y política a favor del referéndum del 1 de octubre el objetivo no es la independencia, sino la revolución.

Está anunciado en la llamada Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República catalana. Una norma que equivale a una Constitución provisional, y que ha sido aprobada ¡en un solo día!, sin mayor debate ni mayor empeño por alcanzar esas reglas de unanimidad de las que hablaba James Buchanan. Allí se regula todo, desde la nacionalidad hasta los derechos individuales, pasando por la estructura del estado catalán independiente.

Lo importante de esa ley está escondido en el artículo 87, que crea un Foro Social Constituyente formado por representantes de la sociedad civil y de los partidos políticos. Formado: es decir, no elegido. Y ese "foro social constituyente" tiene encomendado nada menos que debatir y formular un conjunto de preguntas sobre los principios y cuestiones generales de la futura Constitución catalana, las cuales constituirán "un mandato que vincula políticamente a la Asamblea constituyente".

Quienes lideran el independentismo catalán han aprendido del modelo de Hugo Chávez: un poder constituyente no elegido que atrapa a los individuos y los colectiviza política y emocionalmente. No hay derecho, sencillamente no hay derecho.

Leonard Liggio lo resume muy bien cuando dice que ?"la autodeterminación tiene sentido, no como concepto colectivo, sino como concepto individualista". No hay más libertad si se arranca la independencia de Cataluña de esta manera. Habrá menos libertad, porque no quedará Derecho que nos proteja. Será un estado más pequeño, y tal vez por eso a algunos les parezca mejor, pero no hay derecho a condenar a nadie a vivir en un pequeño estado totalitario.

Javier Fernández-Lasquetty, vicerrector de la Universidad Francisco Marroquín.

La amiga del carnicero
José García Domínguez Libertad Digital 24 Septiembre 2017

Si tienen ocasión de verla en la televisión de los separatistas, reparen en su mirada gélida, de fanática iluminada, de loca por la causa, de ida.

Hace algo así como un par de años, Mònica Terribas, comisaría periodística suprema de Catalunya Ràdio, la emisora oficial del Movimiento, esa misma Terribas que espía y persigue a los guardias civiles que defienden la Constitución en Cataluña para facilitar la localización precisa de sus vehículos a los grupos de choque de la ANC, ordenó ofrecer los micrófonos de la radio pública catalana a un buen amigo y compañero de militancia de su propio padre, el sindicalista Jaume Terribas. El colega del padre resultó ser el actual jefe de un sindicato local, volcado con la causa del separatismo. Por más señas, una organización de implantación casi exclusiva entre los funcionarios de la Generalitat que en su día respondió por S.O.C (Solidaridad de Obreros Catalanes) y que más tarde fue rebautizada con el nombre de Intersindical. El padre de la comisaría Terribas, pues, había precedido al individuo en cuestión en el puesto de mando de esa gremial doméstica. Un asunto para nada merecedor de particular mención si no fuera por el pequeño detalle de que el amigo del padre y de la hija resulta ser un asesino. Un criminal convicto y confeso que en su día cometió tres crímenes impregnados de una saña sádica inaudita incluso si se la compara con la praxis de los peores matarifes del terrorismo contemporáneo. Pues el beneficiario de la generosidad de la comisaria Terribas no fue otro el salvaje que mató al señor José María Bultó, un anciano a quien únicamente ansiaba robar, el móvil de su crimen tal como el propio verdugo admitiría ante la policía, luego de hacer que su cuerpo todo reventara tras adosarle un explosivo en el pecho. No satisfecho aún con su hazaña, poco después mató por idéntico procedimiento a otros dos ancianos, el señor Viola Sauret y su esposa, la señora Montserrat Tarragona.

Cuando el primer crimen del interlocutor de Terribas, el del señor Bultó, la prensa publicó que los bomberos del Ayuntamiento de Barcelona necesitaron emplearse a fondo durante un día entero una a fin de poder extraer todos los fragmentos del cadáver, que habían quedado incrustados a decenas en las paredes y techo del escenario de aquella barbaridad. No obstante lo cual, Terribas, la hija de su padre, considera de gran valor cívico y formativo, según ha demostrado, difundir las opiniones que pueda verter en los micrófonos institucionales de la Generalitat ese asesino en serie, un psicópata llamado Carles Sastre. Como si el sucesor y colega del padre de Terribas hubiese hecho algo más merecedor de recuerdo a lo largo de su sórdida vida que matar con encarnizada saña simiesca a tres desvalidos septuagenarios. Esa otra criatura ruín, amoral y extraviada, la comisaría Terribas, ahora mismo enfrascada en labores de comando informativo para señalar objetivos uniformados a los chicos de Jordi Sánchez, también pasará a la pequeña historia catalana de la miseria moral, igual que su admirado amigo el carnicero. Si tienen ocasión de verla en la televisión de los separatistas, reparen en su mirada gélida, de fanática iluminada, de loca por la causa, de ida. He ahí el rostro genuino de la revolución de las sonrisas.

Amar a la Patria
Borja Gutiérrez gaceta.es 24 Septiembre 2017

Decía Lord Bayron que “el que no ama a su patria no puede amar nada”, creo que muy pocas veces en la historia reciente de España, han tenido tanta vigencia sus palabras, dada la situación de máxima tensión que estos días se está viviendo en Cataluña. Los dirigentes de la Generalitat que ansían fracturar España, han encontrado en aquella masa de población que no solo no ama a su patria, sino que odia todo aquello que representa España, el caldo de cultivo perfecto para tratar de incendiar las calles, de llevar su “revolución” al asfalto, ahora que empiezan a ser conscientes de que el Estado no les permitirá llevar a cabo su locura independentista.

Esta semana hemos sido testigos atónitos de cómo en Barcelona, las huestes secesionistas rodeaban de forma masiva el edificio de la Consejería de Economía y Hacienda, para amedrentar y amenazar a la Guardia Civil que cumplía el operativo policial para abortar “las estructuras de Estado” que los independentistas estaban ultimando para creación de esa futura “República Catalana” que tanto reclaman. Lamentablemente pudieron llegar hasta la puerta de la Consejería, ya que no se desplegó, inicialmente, ningún cordón policial. Y es que el Mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, había comunicado previamente a la Policía Catalana, que debían ser especialmente cuidadosos con el uso de la fuerza en el mantenimiento del orden público.
De hecho, el juez de Barcelona que investiga el 1-O, Juan Antonio Ramírez Súnyer, tuvo que llamar a medianoche, al Mayor de los Mossos d’Esquadra, para ordenarle expresamente que activara de una vez el dispositivo de seguridad frente a la sede de Consejería para que pudiera salir la comitiva judicial, que se venía demorando a pesar de la urgencia.

Debe ser que para Trapero, el hecho de que los manifestantes radicales atacaran los coches de la Guardia Civil, ocasionando grandes desperfectos, no tiene nada que ver con el orden público… Tampoco el hecho de que acorralaran el cuartel de la Benemérita en Manresa.

Con este panorama, y mientras Ada Colau llama a las movilizaciones como respuesta a las actuaciones del Estado de Derecho, Rufián se desencaja y vuelve a perder los papeles, y Anna Gabriel compara la operación de la Guardia Civil ordenada por el Juzgado con un golpe de Estado… En Madrid, “Madrileños por el derecho a decidir” trataban de llegar a la Puerta del Sol, llevando a cabo una manifestación ilegal respaldada por Ahora Madrid, Unidos Podemos, PNV, PDeCAT y Esquerra Republicana de Cataluña –cómo no, los mismos de siempre-.

Y es que como no podía ser menos, Podemos sigue tratando de sacar rédito político a la grave situación provocada por el desafío independentista, transformando el pretendido referéndum del 1 de octubre, en una protesta contra Rajoy. El iluminado Iglesias, ha cuestionado la acción de la Justicia e incluso se ha atrevido a hablar de “presos políticos”.

Ya lo dijo el miércoles el presidente Rajoy, es el momento de que las fuerzas políticas colaboremos para proteger nuestra Nación y no ponerla en duda. Por el contrario, quienes aprovechan el órgano independentista para generar inestabilidad en la calle y debilitar las instituciones, tendrán que responder ante los españoles por su deslealtad.

El presidente del Gobierno ha vuelto a ofrecer la vía del diálogo para tratar de construir un nuevo tiempo, siempre bajo la legalidad; pero si los desleales y antidemocráticos nacionalistas catalanes continúan con su actitud de confrontación, encontrarán enfrente toda la fortaleza de un país democrático y moderno que es España. Lo afirmaba Mariano Rajoy en nombre del Gobierno, asegurando que garantizaba su determinación de hacer cumplir la ley sin renunciar a ninguno de los instrumentos de nuestro Estado de Derecho.

Hoy los dirigentes separatistas de la Generalitat buscan calar en las hordas cuptasunas un mensaje de victimismo que mantenga encendido el odio hacia el Estado español, un mensaje que convierte las detenciones de los altos cargos sediciosos en una operación represiva de sus libertades. Sin embargo, el desmontaje de la estructura del referéndum ilegal llevado a cabo el miércoles, era una exigencia legal y una necesidad democrática.

El referéndum del 1-0 es una quimera y no podrá celebrarse pero… ¿qué ocurrirá cuando despertemos el 2 de octubre? Es realmente complejo tratar de buscar la respuesta a una situación que lleva prolongándose décadas mediante el adoctrinamiento en el odio a España, porque una cosa es no amar la patria, como decía Lord Bayron, y otra muy distinta es odiar a España.

Cuando los filósofos caen en el separatismo
Algunas personas venderían su alma al diablo por un minuto de fama
Miguel Massanet diariosigloxxi 24 Septiembre 2017

Nadie, en este país, es ajeno a lo que está sucediendo en la autonomía catalana. Tampoco hay quien no se crea, a estas alturas, que lo que está a punto de ocurrir en tierras catalanas puede ser el principio de una situación extremadamente grave para toda la nación española y, por ello, es evidente que lo que digan los que, usando métodos belicosos y secesionistas, durante estos días que preceden al 1º de octubre, supuestamente la fecha en la que se pretende celebrar el referendo catalán declarado inconstitucional por el TC; puede llegar a ser considerar un delito de inducción a delinquir o tener, según los efectos que tengan en las muchedumbres que se han lanzado a las calles no, como intenta hacer creer este señor fanatizado, miembro de los gobernantes de la Generalitat catalana, al que se conoce como Turull, con simples intenciones festivas, como una manifestación de monjas ursulinas o, simplemente, como un grupo de pacíficos ciudadanos que sólo intentan hacer un camping en las calles de Barcelona. Nada de eso.

En realidad, los que acosaron y amenazaron gravemente a la policía nacional y la Guardia Civil en la Consejería de Economía de la Generalitat, pertenecían a dos de las agrupaciones, la ANC y el Omnium, más peligrosas, más enfatizadas en sus reclamaciones soberanistas y más dispuestas a, bajo la apariencia de niñatos y niñatas inofensivos, cometer las más alevosas fechorías, a veces usando flores para cubrir sus satánicas intenciones y acosando, apoyándose en el número, a los representantes de la autoridad que, cumpliendo órdenes del juez del Juzgado nº 13 de Barcelona, estaban realizando un registro de las dependencias, en las que se encontró material destinado a la consulta prevista para el 1º de octubre. Estos “pacíficos” personajes no tuvieron miramientos cuando se trató de destrozar tres vehículos de la Guardia Civil y obligar a los mossos a que, de mala gana, tuvieran que proteger a los agentes de la ley para que pudieran abandonar el local, algo que se vieron obligados a hacer recibiendo sobre sí los objetos que, desde la turba callejera, les lanzaban mientras huían. Lo que probablemente no tuvieron en cuenta es que, cometiendo estos actos de barbarie, le dieron la oportunidad al fiscal a acusar aquella acción de “sedición” un delito mucho más grave y con penas mucho más duras que las correspondientes a desobediencia o meras algaradas callejeras.

Si he de serles franco nunca he compartido un gran entusiasmo por los filósofos, acaso porque soy de los que prefiero aceptar la realidad tal como la percibo, como un hecho constatado, con todas sus imperfecciones e injusticias, y tengo una visión no demasiado positiva de estas personas, indudablemente especiales, que profundizan en el pensamiento para intentar descubrir lo que nos condiciona, el porqué y el para qué de nuestra existencia y sacar conclusiones ( no siempre las mismas ni con los mismos resultados) sobre nuestra existencia, la realidad en la que estamos inmersos, nuestra parte metafísica o lo que nos es inmanente. En realidad, una profesora de filosofía de la universidad de Zaragoza, seguramente tan absorbida en su oficio que se ha olvidado que la democracia se debe al cumplimiento de unas normas, que garantizan a los ciudadanos que puedan vivir en paz con el resto con los que conviven y que, sin la existencia de estos frenos, pantallas o como quieran definirlos, el caos se apoderaría de todos y la “ley del más fuerte” sería la que regiría cualquier agrupación humana.

La señora Marina Garcés, impresionada por el “honor” que se le ha hecho al encargarla de pronunciar el pregón de la Merced, se ha creído obligada a corresponder con quienes le dieron la oportunidad de hablar en público y no ha dudado en pronunciar frases como “Ante un Estado que convierte una pregunta legítima ( para ella no significa nada que exista una interlocutoria del TC advirtiendo de la ilegalidad de esta pregunta) en una acción ilegal ( se carga la función de los tribunales facultando, a quien lo desee, a aceptar o rechazar las normas según les convengan o no) ahora mismo sólo queda espacio para una respuesta colectiva y contundente”. Lo que es evidente es que esta filósofa catalana, en lugar de un pregón relativo a la virgen de la Merced, la patrona de Barcelona, prefirió hacer un mitin independentista, con todas las características propias de una inducción a votar y, en consecuencia, ha incurrido en el delito de inducir a la comisión de un delito prohibido por la Ley.

Por si no fuera suficiente el fanatismo de la pregonera y su desprecio por las leyes, esta señora demostró ser insensible ante el desastre que sufrió Barcelona, cuando unos terroristas lanzaron una furgoneta contra los pacíficos ciudadanos que paseaban por las Ramblas, provocando una matanza entre ellos. Las palabras de esta filósofa no pudieron ser más desacertadas y, seguramente, dieron una muestra palpable de la clase de persona de la que se trata cuando, hablando del suceso, dio la siguiente opinión: “Junto a ellos ( las víctimas de la matanza), también, la de unos jóvenes de Ripoll que tampoco estarán y sobre los cuales siempre tendremos la duda de si realmente querían morir matando como lo hicieron” ¡Evidentemente, cuando uno escucha un sandez semejante, no es raro que dude del juicio y la capacidad de la persona que se atreve a poner a la par, a víctimas y verdugos!. Cuando, si no es ignorancia supina, una persona que se supone ilustrada hace afirmaciones semejantes, no puede ser interpretada más que, como una insana complicidad ideológica, con aquellos terroristas que, como ha quedado demostrado, no tenían la más mínima duda sobre la intención de matar a cuantas más personas mejor. Puede que no quisieran morir, pero, de que se trataba de unos yihadistas convencidos, es algo sobre que, solo el ponerlo en duda, ya debería merecer ser sancionado.

El invento que se han sacado de la manga los soberanistas, de que la democracia es propiedad de los separatistas y que, la reacción del Estado para salvaguardar la unidad de la nación, no es una actuación democrática; ronda, de tan absurda y vergonzosa, la demencia; algo semejante a lo que les ocurrió a los nazis cuando pretendieron vender su nacional socialismo, como si fuera el único sistema capaz de hacer una Alemania grande y poderosa. Estos días, se han escrito cartas a los directores de centros educativos catalanes para que intenten que las familias accedan a que los escolares participen en el tinglado separatista, pretendiendo que sean adoctrinados y utilizados como manifestantes en favor de la posibilidad de votar el 1º de octubre. Este comportamiento del nacionalismo catalán nos recuerda las teorías del alemán nazi Rosenberg que escribió sobre la superioridad de la raza alemana “El mito del siglo XX” (1930). El adoctrinamiento que han recibido las nuevas generaciones en las escuelas de Cataluña nos recuerda los proyectos de Himmler y sus NPEA o Napolas, donde los nazis educaban a los “cachorros” que deberían perpetuar la raza aria, de los alemanes perfectos y sin taras de otras razas.

Es evidente que, el hecho de que sean los jueces los que, exigiendo el cumplimiento de la Ley, ha entorpecido lo que venían maquinando los separatistas que han estado intentando que fueran las fuerzas de orden público las que reprimieran los intentos y demostraciones públicas de apoyo al referendo, y no los tribunales y el TC, lo que les ha impedido achacar al Estado el empleo de la violencia en contra de las “legítimas” aspiraciones de los ciudadanos catalanes. No obstante, el gobierno español ha estado flojo en la información, dejando que en Cataluña toda la prensa, las TV y las radios estuvieran copadas por nacionalistas que han estado, durante años, bombardeando a los catalanes con sus intentos de adoctrinamiento, medidas que han tenido tanto éxito que ha permitido a los separatistas, que apenas representaban un 20% de los catalanes alcancen, en la actualidad, el 50%.

Es evidente que ahora ya no le queda, al actual Gobierno, otro remedio que apelar a la autoridad que le confiere la Constitución para intentar poner orden, y ello supone que ya se han acabado los paños calientes y ha llegado el momento de enseñar a todos estos secesionistas que, a pesar de las demostraciones de multitudes que intenten utilizar para amedrentar al Estado, ya no hay otra salida que imponer el orden, con los medios de que se disponga, sin descartar ninguno si llegara el caso de que, la insensatez de los secesionistas obligara a que se utilizaran los que se establece en el Art.º 8 de la Carta Magna. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos que estamos pasando por un momento histórico en el que, sin duda alguna, está en juego el futuro de España y de los españoles. No es momento de dudas ni de remilgos. Si se han de tomar medidas extremas, que se tomen. Todo antes de que se consume la división de nuestra nación y caigamos en manos de separatistas y comunistas bolivarianos.

¡Profesores!, ¡dejad a los niños en paz!
Jose Alejandro Vara vozpopuli.es 24 Septiembre 2017

Estamos asistiendo estos días a sucesos sorprendentes, a episodios que mueven a la perplejidad o a la ira. Sumados y en cascada, pierden su efecto y hasta se acomodan sin estridencias en el butacón de la normalidad.

Poco llama ya la atención que una presidenta del Poder Legislativo se sume, con gritos desportillados, a un acoso callejero contra el Poder Judicial. Ni que un conseller convoque por mail a sus funcionarios para que dejen el trabajo y ocupen con vehemencia las calles. Ni que la policía de una región se cruce de brazos frente a la acción de una marabunta golpista. Ni que el Gobierno de una Comunidad se salte la Constitución a la que le debe el cargo e ignore al TC. Ni que la secretaria de un Juzgado tenga que escapar por la azotea. Ni que se orinen en las botas o escupan el casco de los agentes del orden. Ni que destrocen con febril ensañamiento los vehículos de la Guardia Civil. Ni que apedreen las sedes de los disidentes o enloden el comercio de sus familiares. Ni siquiera que tachen a Serrat de “nazi en el Mediterráneo” o que manden a la hoguera los libros de Marsé.


Se trata de hechos inauditos, algunos de una perversidad superlativa, que provocan en la ‘gente normal’ de la que hablaba Méndez Vigo, una reacción de rechazo o consternación. Pero nada absolutamente extraordinario en un país que ha conocido muy de cerca todas las caras del terror. Es lo menos que cabe esperar cuando coinciden, en tiempo y espacio, un golpe de Estado y una rebelión popular. Más grave aún que el 23-F porque Armada y los tricornios querían voltear un Gobierno no un régimen. Cual es el actual caso.

Pero lo más atroz de cuanto sucede en Cataluña es que ha emergido, sin disimulos ni complacencias, el espectro del mal, el verdadero origen de la náusea. Niños en el patio de una escuela entonando el gripo de ‘in-de-pen-den-cia’ jaleados por sus maestros. Muchachos de instituto acarreados frente a la comisaria para enaltecer a los golpistas. Maestros que suspenden clases para encaminar a sus alumnos rumbo a la turbamulta secesionista. “Lo primero es hacernos con tribunales de la oposiciones para designar a los profesores”, dijo Pujol. El control de las aulas es el primer paso de un régimen autocrático. “La dictadura blanca”, de la que ya advirtió Tarradellas.

No hace falta pensar
Pujol echó en su día la semilla y sus frutos rebosan ahora las calles de media Cataluña en vísperas del 1-O. Son jóvenes criados en el espíritu secesionista, el odio a España, la supremacía de una raza y la más abyecta xenofobia. Es decir, el nacionalismo, que inflama el espíritu e ignora la razón. La ideología más asimilable porque se nutre de emociones y desprecia el pensamiento. Independencia, patria, urnas, libertad…conceptos pomposos, eufónicos, imbatibles. “Lo característico del nacionalismo es que no hace falta ninguna preparación intelectual para serlo, no hace falta ni pensar ni argumentar”, decía Savater.

Las aceras se desbordan con miles de muchachos crecidos en el laboratorio social del nacionalismo. Pocos han esquivado el contagioso virus. Es imposible hurtarse a esta plaga que, concienzuda y metódicamente, se les inocula desde la guardería. No es una exageración. Sólo hay que hablar con ellos para vislumbrar el espanto. Alguien debió, en su día, entonar el himno de Pink Floyd: “Hey, profesores, dejad a los niños en paz”. Pero estaban en otra. Pactando presupuestos, seguramente. Hasta hoy. Las escuelas de Cataluña son una factoría de estrelladas.
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EL VARÓMETRO. Alsina alcanzó el premio Santo Job en su entrevista a un conseller miserable e insípido. // La serie “Missing” muestra a un tipo de periodista que abunda obsesivamente por aquí. // “Basta ya de echar mierda a la Guardia Civil”. Juanma Castaño en Cope a Piqué y a un tal San José del Bilbao. La prensa del deporte suele evitar estos asuntos. // Azorín en un teatro madrileño. Hace falta valor. Bien por La Abadía. // El corazoncito con la bandera de España de Cifuentes ya es tendencia.
 

El otoño de la vergüenza. España amenazada
La excesiva tolerancia y el desconocimiento de la verdadera amenaza que representa para España el separatismo catalán, atenazan al Gobierno
Miguel Massanet diariosigloxxi 24 Septiembre 2017

Como era de esperar, cuando no se prevén las consecuencias de una política de cesiones y tolerancia hacia comportamientos claramente anticonstitucionales y peligrosamente contagiosos para personas a las que, desde las escuelas, ambiente familiar, los medios de comunicación, los políticos y los ambientes culturales, se les ha indo imbuyendo ideas contrarias a la unidad de España, favorecedoras de la creación de un nuevo estado independiente, inductoras a la desobediencia respecto a las leyes del Estado, desprecio por la lengua oficial del Estado, el español, y promotoras de la insurrección y la insubordinación, como tácticas de captación de adictos a la causa independentista, algo que debemos reconocer que han tenido más éxito del que se pudiera imaginar, tratándose de un pueblo que, en pleno Siglo XXI, goza de un alto nivel de vida y se beneficia de todos los privilegios de los que, su pertenencia a la nación española, le ha proporcionado a través de nuestra pertenencia a la UE.

Cuando vemos lo que estos días está sucediendo en Cataluña y, en especial, en Barcelona, en cuanto a la facilidad con la que los inductores a los métodos extremos de desafío al Estado, consiguen reunir a numerosos grupos de personas para actuar de forma coercitiva contra las fuerzas del orden, con apariencia de ser meras manifestaciones “festivas” que, no obstante, han sido capaces de destrozar varios vehículos de la Guardia Civil y obligar a los agentes que realizaban su trabajo de investigación, a que tuvieran que abandonar el local escoltados por los mossos de escuadra para evitar que fueran asaltados por la multitud que, no obstante, les lanzó toda clase de objetos cuando salieron del lugar del registro. De hecho se ha denunciado el hecho de que los mossos catalanes se vienen comportando con una pasividad pasmosa, permitiendo que la multitud enardecida acose a la policía nacional y a la Guardia Civil que, en cumplimiento de las órdenes de los jueces, llevan a cabo registros y detenciones de personas en distintos locales, en ocasiones de organismos públicos, donde se tienen informaciones de que, presuntamente, se han estado cometiendo actos ilegales en orden a la celebración del referendo ilegal del día 1 de octubre. Tenemos la desagradable percepción de que el jefe de los mossos, en concreto, el Mayor Trapero, ha decidido imponer una actuación de bajo nivel a sus subordinados de modo que, aparentando que ayudan a poner orden, en realidad, demuestran una permisividad hacia la chusma callejera, que ha permitido que, los energúmenos antisistema, hayan podido destrozar varios coches de la policía y poner en aprietos a los miembros de las fuerzas del orden españolas que estaban cumpliendo con su deber.

¿Por qué el Gobierno sigue permitiendo que se produzca esta humillación a aquellos que actúan en nombre y representación del poder judicial español?, ¿cómo es posible que, desde todas las radios y TV catalanas se siga haciendo propaganda del referendo y se mantengan tertulias en las que, abiertamente y sin recato alguno, se censura la acción gubernamental?, ¿qué sucede con la TV3, desde la que se mantiene una tensión, alimentada por toda una serie de personajes, pretendidamente ilustrados en la materia, que no hacen otra cosa que avalar los actos del Parlament catalán y de la Generalitat, criticar al Gobierno por intentar que se cumpla la Ley y hacer referencia a una supuesta democracia que, sin embargo, no ha tenido en cuenta que, Cataluña, forma parte de un Estado democrático en el que el imperio de la Ley sigue siendo respetado?. En realidad, los disidentes catalanes apelan a los derechos de su ciudadanía cuando de lo que se trata es de una insurrección en toda la regla, en contra del Estado de Derecho, ¿por unos secesionistas que lo único que pretenden es perjudicar al resto de España y acabar con nuestra Constitución de 1978? ¿Para cuándo la ocupación de dichos centros?

No podemos entender que, a estas alturas del llamado “process”, todavía haya políticos españoles que intentan apelar al “diálogo”, cuando resulta evidente que el tiempo para hablar ya ha pasado, que no hay nada que tratar ante el chantaje separatista y que sólo cabe la actuación enérgica, contundente y sin complejos, mediante la cual se ponga orden, se mantenga la normalidad en las calles, se detenga a todos aquellos que, abiertamente, se han declarado favorables a la independencia del pueblo catalán y se tomen todas las medidas que el artículo 155 de la Constitución tiene previstas para casos como el que nos viene ocupando. La prolongación de este estado de cosas, de la ocupación de las calles y de la absurda tolerancia que se sigue teniendo con todos estos comportamientos subversivos que ya empiezan a hacernos daño fuera de nuestras fronteras, donde alguna prensa ya se está cebando en contra del Estado español, acusándolo de cosas que no han sucedido pero que les sirven para intentar poner a la opinión pública en contra de la legalidad española.

No olvidemos que, en Madrid, apoyados por Carmena, ya ha habido conatos, de momento con poca asistencia, de organizar manifestaciones a cargo de los de Podemos, definitivamente alineados con los separatistas catalanes, en apoyo del famoso derecho de los catalanes a votar, por su cuenta y sin que el resto de los españoles tengamos nada que decir, en favor de la independencia de Cataluña de España. Y es que, señores, el último recurso que les queda a Puigdemont, a Romeva y a Junqueras, para intentar salvar la situación ante el posible fracaso del anunciado referéndum, es la movilización de las masas y, de lo que últimamente se está hablando, hace referencia a que, en el Parlament de Cataluña se pudiera optar por declarar, unilateralmente, la independencia de la “nación catalana”. El peligro de que cunda el mal ejemplo catalán, ya se advierte ante la nueva postura del PNV que amenaza con no aprobar los PGE, las declaraciones de algunos traidores, como este actor descastado, Dani Rovira, que se ha manifestado en público diciendo que “Me da vergüenza de ser español” o el comportamiento indecente de medios de comunicación, como La Vanguardia, que no pierde ocasión de favorecer a la causa separatista y la actitud, claramente provocativa, evidentemente de favorecimiento, promoción y ayuda a la puesta en marcha de la consulta que, el TC, declaró ilegal de dirigentes como Puigdemont, Junqueras, Romeva y la alcaldes de Barcelona, señora Colau; abiertamente partidarios de contravenir las órdenes emanadas del TC y decididos a posicionarse con todos aquellos que avisan de que van a incumplir la prohibición de la consulta.

No se comprende que, así como ayer se detuvieron a 14 personas, por estar directamente involucradas en la preparación de la consulta, estos señores que se jactan de enfrentarse a la Constitución y dicen que no reconocerán ninguna ley ni sentencia de los tribunales, que no sean de las que ellos, en su Parlamento Catalán, promulgaron y que han sido, inmediatamente, declaradas anticonstitucionales por el TC1; no hayan sido detenidos y enviados a prisión, mientras se toman las medidas adecuadas para que, todos estos actos de invasión de las calles, dejen de servir de propaganda y de caldo de cultivo para que los enemigos que tiene España fuera de sus fronteras, puedan usarlos como arma arrojadiza en contra del Estado español. El Gobierno español debe desprenderse de una vez de todo el peso de mojigatería, cálculo electoral o prejuicios sobre las reacciones adversas, y empezar a darse cuenta de que, de continuar cediendo u ofreciendo diálogo, como equivocadamente hacen todos los ministros del Ejecutivo, en unos momentos en los que cualquier oferta que no sea pedir que desistan de su empeño, no hace más que redundar en contra de los intereses de España, a la vez que favorecen a la causa independentista. ¡No caben más contemplaciones con quienes pretenden romper la unidad de España1

Seguimos esperando que el señor Rajoy vaya a mantener su palabra. No obstante, hasta este momento, la humillación que han debido soportar los guardias civiles que registraron la oficina de la Generalitat, en busca de documentación ilegal, por parte del lumpen que se congregó ante el edificio, no nos permite pensar que, la energía que se nos anuncia que se va a aplicar, vaya a pasar de una mera metáfora sin contenido alguno. Existen rumores de que, desde el ministerio de Defensa, se han dado órdenes de enviar tropas a las principales capitales catalanas, para reforzar las unidades existentes, sólo para el hipotético caso de que, la rebelión catalana, llegara a amenazar con convertirse en algo peor y corrieran peligro la integridad de los no nacionalistas, que son más de la mitad de la ciudadanía catalana y que, no obstante, como suele suceder en estos casos, son los que no se manifiestan por miedo a recibir la represalia de aquellos fanáticos cuya misión es asustar y amenazar. Algunos, hace tiempo que ya nos referimos, aparte del artículo 155 de la Constitución que está para aplicarlo en estos casos, a otro, menos conocido, pero, cuando no queda más remedio, quizá sea el más eficaz. Hablo del Art. 8º de la Carta Magna.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el pálpito de que, si no se actúa con premura, si no se coge el rábano por las hojas y se zanja la cuestión antes de que se convierta en intratable, este tema puede convertirse en algo de lo que muchos van a tener que arrepentirse, si lo dejan en barbecho, dejando para mañana algo que, ineludiblemente no admite retraso alguno.

Nacionalismo, cultura y homogeneización social. El caso catalán
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  24 Septiembre 2017

Conferencia pronunciada por el autor en la Universitat Abat Oliba CEU (Barcelona) el 20 de octubre de 2007, en el marco de la jornada Los Mitos del Nacionalismo, organizada por el Foro Arbil.

Me han lanzado los organizadores un desafío: hablarles de cultura y nacionalismo, o de nacionalismo y cultura. No voy a fatigarles con estadísticas, ni con listados de subvenciones injustificables con las que el nacionalismo catalán viene regando, con el dinero de nuestros impuestos, su jardín, al que curiosamente llaman "sociedad civil", o incluso "Cataluña", en un abuso de la sinécdoque. Hay gente mucho más capacitada que yo para esas enumeraciones, gente que las ha difundido sin desmayo. Veo a alguna de esas personas, tan dignas de encomio, entre el público. No les ofreceré informaciones que ya conocen –o que ya deberían conocer–, sino algunas reflexiones. Ustedes juzgarán su valor.

El nacionalismo y la cultura mantienen una curiosa relación; una relación asimétrica, por utilizar un adjetivo muy del PSC, partido en el que las últimas izquierdas ilustradas catalanas, de un modo desconcertantemente ingenuo, depositaron tantas esperanzas durante los últimos años del pujolismo. Y que les salió rana. Y que obligó a algunos izquierdistas desengañados a crear una nueva formación en Cataluña.

Les hablaba de la relación "asimétrica" entre el nacionalismo y la cultura. Una relación ciertamente extraña. En realidad, la cultura no necesita para nada al nacionalismo; es más, le sobra el nacionalismo, si esa cultura aspira a alguna grandeza y a alguna universalidad. El nacionalismo, sin embargo, está obsesionado con la cultura y no deja de torturarla por las vías más rebuscadas: pone su foco en una parte de ella y deja el resto en la oscuridad; o bien extiende esa cultura hasta lo insospechado; o bien la tritura sin contemplaciones; unas veces la mutila y otras veces la estira y la deforma monstruosamente, como Procusto hacía en su célebre y mitológico lecho con sus invitados; se apropia de algunas dimensiones de la cultura y trabaja activamente por el oscurecimiento de otras. Oscurecimiento que puede llegar a la eliminación.

En todas las variantes del nacionalismo anda metida la cultura de por medio, anda pretendida o perseguida por él. En unos casos el nacionalismo opera única y exclusivamente en la cultura, y en otros (generalmente cuando ya ha logrado todo lo que ansiaba de su objeto de deseo) sigue avanzando por el alma de los hombres hasta introducirse en su casa, en su lengua, en su dormitorio, en su memoria y en su olvido. No les extrañe lo del dormitorio: el nacionalismo es así de invasivo. Nos persigue hasta el dormitorio y hasta el sueño. Debo esta aguda observación a Alejo Vidal-Quadras. Él no lo recordará; me lo dijo hace once años. Le quedaban unos días en el cargo de presidente del PP en Cataluña. Es el riesgo que tiene decir según que cosas sobre el nacionalismo.

A propósito de la cultura
Parece obligado en este punto elucidar a qué nos referimos con la voz cultura. Pero verán que tal elucidación no es tan relevante, puesto que el nacionalismo opera como se ha descrito (y como se va a seguir describiendo) de la misma manera intrusiva, obsesiva, mitificadora y mistificadora, sea cual sea la acepción de cultura que escojamos. Se me ocurren alguna de esas acepciones. Cuando decimos "cultura" solemos decir una de estas cosas:

Podemos apelar al sentido que le da el hombre de la calle, generalmente más sensato que los intelectuales: la cultura como un acervo que la sociedad presiente; una herencia de valores y de símbolos, de historia, de literatura y de arte que cada individuo nota como algo que está ahí, algo a lo que, por un lado, pertenece y que, por otro lado, puede aspirar a interpretar y, con algo de ambición, a ensanchar con su contribución. He usado dos veces el verbo presentir para subrayar que esta acepción común de cultura no exige el conocimiento en sentido estricto. Ya he dicho que es la acepción del hombre de la calle.

Podemos reservar la etiqueta cultura para el mundo académico, para las actividades de la Universidad, e incluir sus manifestaciones extrauniversitarias, pero sólo las directamente tributarias de lo que establece "la Academia" en un sentido amplio.

Podríamos optar también por el sentido antropológico de la cultura, una verdadera catástrofe conceptual que debemos a Levi Strauss y que incluiría absolutamente todo. Todo lo que alguien es capaz de registrar al observar a una comunidad específica. En la acepción antropológica, es cultura la ablación del clítoris, es cultura cualquier serie infecta de televisión (como un culebrón venezolano), y, por supuesto, es cultura lo que hace Ferrán Adriá cuando ofrece a su selecta clientela una espuma de zanahorias con esencia de tomillo y promesa de nabo. Nótese que mientras el individuo común sigue fiel a aquella concepción de cultura como un acervo presentido, los que viven de las ideas se aferran desde hace unas cuantas décadas a la acepción antropológica de la cultura.

Hay un concepto de cultura bello y melancólico. Cultura sería lo que queda después de haber leído mucho y haberlo olvidado todo. Creo que se debe a André Maurois. Esta visión resulta seductora, pero uno no sabe muy bien qué hacer con ella.

Hay quien se empeña en dar un uso bastardo, sistemáticamente bastardo, a la voz cultura. Es algo muy periodístico. Nos hablan de la "cultura del botellón", de la "cultura del porro", y cosas por el estilo. Es la cultura de la incultura.

Otro concepto de cultura me parece más interesante y útil: el reservado a la teoría de las organizaciones. Aparece en expresiones como "cultura corporativa". Así, las organizaciones desarrollarían culturas propias. A la hora de definir tal cultura encontramos dificultades, pero éstas se resuelven con una enumeración de lo que dicha cultura contiene: contiene principios, valores, significados compartidos, un cierto modelo de flujo de información en un sistema social, un cierto estilo en la toma de decisiones... Esta variante de la cultura puede parecer limitada, pero ofrece gran utilidad. Como la que nos permite entender que los verdaderos cambios, los cambios que funcionan en un sistema social (una empresa lo es, como lo es una familia, o un club, o un partido político, o una sociedad cualquiera) son cambios culturales.

Cabe citar, por último (no porque las posibilidades de esta enumeración se agoten aquí; son mis posibilidades las que se agotan), ese invento de los memes que debemos a Richard Dawkins. El nombre de memes quiere recordar a los genes. El meme sería la unidad mínima de información en la transmisión cultural. Dawkins cree que los rasgos culturales se replican, y que los memes se agrupan como si fueran cromosomas, y que van determinando una herencia cultural. Me parece una metáfora frívola, pero está muy de moda y no quiero privarles de ella.

Cultura puede ser cualquiera de las cosas expuestas, según gustos y escuelas, según el uso que se quiera dar –descriptivo, instrumental, estético– a ese concepto escurridizo.

De lo que no cabe duda es de lo que los nacionalistas entienden por cultura, a juzgar por sus actos. ¿Qué es cultura para los nacionalistas? Cultura es lo que ellos digan. Cultura es sólo lo que el nacionalista decide que es cultura. Ni más ni menos. Por ejemplo, cultura catalana es lo que digan las autoridades políticas catalanas, nacionalistas hasta el paroxismo, nacionalistas hasta el envenenamiento. Esto se ha visto en la reciente Feria de Frankfurt: la cultura catalana incluiría las vulgaridades de la valenciana Isabel-Clara Simó, pero no a grandes escritores catalanes como Juan Marsé, cuyas mejores novelas son incomprensibles sin el Guinardó, sin la Barcelona de los años 50 y 60, sin ejemplares humanos como "el pijoaparte", que no respira, que no existe sin Barcelona. De algún modo, Barcelona también es incomprensible sin la obra de Juan Marsé.

Esto nos conduce a una pregunta que lanzo muy en serio a los nacionalistas: para ustedes, ¿Barcelona es Cataluña? ¿O Barcelona es acaso una inconveniencia, una incomodidad que alberga a la mitad de los catalanes? Lo pregunto, repito, con toda seriedad, porque al nacionalismo paleto que ha ocupado la vida pública catalana el hecho urbano le repele. No lo soporta porque lo urbano, la ciudad, es el entorno de los libres, acoge el principio de civilización, niega una por una todas las premisas sobre las que se levanta la nación de los nacionalistas, que es lo contrario al Estado-nación, ese ámbito histórico de las libertades y los derechos individuales, de la autonomía individual, de la libertad de expresión y de creación, del sagrado núcleo en el que los poderes públicos no deberían jamás entrometerse. Eso es un logro de la civilización, de la civilidad, que sólo garantizan los Estados-nación occidentales (y los orientales que siguen su modelo). Así es, así ha sido la historia. De ahí lo absurdo de tildar de nacionalista a cualquiera que invoque el nombre de una nación.

Por qué los liberales gaditanos no somos nacionalistas
Los liberales que defendemos la idea nacional de España, la España gaditana, la de la irrupción en la historia del pueblo español como sujeto soberano compuesto por hombres libres e iguales ante la ley, no somos nacionalistas. Somos lo contrario a un nacionalista. En seguida verán por qué.

Siguiendo a Ernest Gellner, autoridad ineludible en la materia, el nacionalismo es una ideología que busca, por definición, operar sobre la realidad. Pero esa operación, esa actuación, va siempre en el mismo sentido: el sentido de armonizar, de homogeneizar, de igualar con un mismo rasero... la cultura. Y luego todo lo demás. El nacionalismo es el primer enemigo de la diversidad, diga lo que diga la propaganda nacionalista catalana. Como el actual nacionalismo catalán es además una catástrofe de incultura y se ha abismado en el analfabetismo funcional, los nacionalistas (y en esto les sigue muy de cerca el Partido Socialista, tanto el que ha devenido nacionalista como el que sólo ha decidido rendirse al nacionalismo) confunden lo plural con lo diverso. Repiten como un mantra lo de la "España plural", cuando en realidad se refieren a la España diversa.

Para diversa, por cierto, Cataluña. Y no me refiero sólo a la inmigración extranjera, que se ha multiplicado en los últimos años. Me refiero a lo evidente: el bilingüismo. No es simplemente que Cataluña sea una comunidad bilingüe; es que es perfectamente bilingüe. Los catalanes pasamos de un idioma a otro en la misma conversación sin darnos ni cuenta. Una mitad tiene el castellano como lengua materna; otra mitad tiene el catalán. Esta obviedad no encuentra reflejo en la vida pública porque todo lo público ha sido tomado por los nacionalistas, sean declarados, sean vergonzantes.

Una de las cosas más irritantes –entre las muchas cosas irritantes que hace el nacionalismo– es eludir la obviedad de que en Cataluña los poderes públicos discriminan el idioma castellano (la obviedad de que los padres no pueden escoger la lengua de escolarización de sus hijos; la obviedad de que existen multas lingüísticas a los comercios) mediante el expediente de recordar que en Cataluña no hay ningún conflicto lingüístico. Esto es de una perversión casi insuperable. ¡Claro que en Cataluña no hay un conflicto lingüístico! No lo hay gracias a la sociedad catalana, que es infinitamente más sensata que aquellos a quienes encarga la tarea de gobernarla. No lo hay a pesar de todas las temeridades cometidas por el nacionalismo gobernante. Así pues, aquello que constituye una virtud de civilidad y de tolerancia de la sociedad catalana es usado por su clase política para esconder las operaciones liberticidas y discriminatorias que lleva a cabo a diario con su gente. En conclusión: en Cataluña no hay conflicto lingüístico... a pesar de la violación masiva de derechos que cometen sus gobernantes nacionalistas.

Siendo el nacionalismo, y sigo con Gellner, siempre homogeneizador, siempre armonizador; estando siempre dispuesto a eliminar las diferencias, y luego a limar las disidencias, y eventualmente a aplastarlas, resulta bastante fácil de entender que todo nacionalismo es intervencionista por definición. Siempre trabaja para modelar la sociedad, siempre acaba (o empieza) entregándose a la ingeniería social. Por eso no hay nacionalismo liberal. Es imposible. Yo sé que esto irrita mucho a algunas personas valiosas, que son nacionalistas y que son liberales... en lo económico; pero que en cuanto abandonan el terreno de la economía parecen enloquecer y adoptan el mismo discurso colectivista, grupal, tribal, antimoderno, historicista, esencialista y antiindividualista que el resto de nacionalistas.

No pueden evitarlo porque todos estos males están en la raíz del nacionalismo. No del Estado-nación, repito, sino del nacionalismo, esa excrecencia del romanticismo capaz, con el tiempo, de provocar guerras, forzar desplazamientos de poblaciones y operar exterminios. El nacionalismo, si le seguimos la pista, nos acaba remitiendo al romanticismo alemán. Es un fenómeno europeo que explota en el siglo XIX. Si estiramos de la raíz hasta extraerla del todo, hallamos su origen en el Sturm und Drang, el movimiento con marchamo artístico de finales del siglo XVIII que, de la mano de Herder, condujo al nacimiento del romanticismo. De la mano de Herder y pasando por Goethe, el gran Goethe en quien Milan Kundera ve a un gran ilustrado y, a la vez, a su opuesto, el más eficaz enemigo de la razón; padre, de algún modo, del romanticismo.

Ahora no tenemos tiempo, por desgracia, para entregarnos a todo esto. Baste constatar que las raíces del nacionalismo están ahí, que el nacionalismo es la cara monstruosa de un movimiento que empieza siendo artístico y que pronto conlleva una nueva cosmovisión. Se trata de la negación de las luces, de la negación de la razón, de la negación del sujeto como centro.

Es interesantísimo el trabajo del argentino Juan José Sebreli, en cuya última obra: El olvido de la razón, imprescindible, da cuenta de una inquietante coincidencia: los maestros de pensamiento que han condicionado, que han determinado la vida intelectual, el trabajo universitario, el pensamiento primero y, finalmente el conocimiento convencional de la izquierda tras la Segunda Guerra Mundial tienen las mismas raíces antiilustradas y antirracionalistas: el Sturm und Drang que rebota en Nietzsche, de ahí pasa a Martin Heidegger y de ahí a todos los círculos universitarios occidentales de izquierda. Estructuralistas y post-estructuralistas estarían aquejados del mismo mal que los nacionalistas; pensadores que hoy ya casi nadie lee pero que han condicionado fuertemente la vida intelectual de occidente, de Lacan a Althusser, y de Levi Strauss a Foucault, llevan todos el sello del filósofo nazi Heidegger. De él habrían heredado no sólo su profunda aversión a la razón ilustrada, también el gusto por el lenguaje críptico e iniciático. Ya ven dónde se han ido a encontrar las izquierdas y el nacionalismo.

El nacionalismo desdibuja al sujeto en beneficio del grupo. Pero el grupo no es real. Es un grupo ideal. Es un grupo artificial, en la medida en que la sociedad es compleja (cada vez más compleja, por cierto) y no se deja atrapar fácilmente por modelos simples y preestablecidos. El nacionalismo trabaja, así, en una apremiante e incansable simplificación de lo complejo. El problema, claro está, es que esa complejidad es un conjunto de seres humanos. Para que esa suma de individuos –que ellos ven como un todo homogéneo con derechos propios, colectivos, que priman sobre los individuales– no prevalezca, hay que eliminar lo diferente. Y, a menudo, eliminar lo diferente significa eliminar al diferente. Eliminar al disidente. Por lo pronto, mediante el asesinato civil. De "muerte civil" ha hablado justamente Albert Boadella en la presentación de su último libro, Adiós Cataluña. Una obra que habrá que leer, y que seguro que nos divertirá, aunque en el fondo es una obra triste, pues constata una claudicación: "El nacionalismo ha podido conmigo". Eso es lo que viene a decirnos.

Andanzas del nacionalismo catalán reciente
Ahora que conocemos las pautas de actuación de esa ideología, hagamos un pequeño ejercicio de memoria sobre el nacionalismo catalán de los últimos treinta y tantos años, el que podemos recordar vívidamente muchos de los que estamos aquí. No el de los padres del catalanismo político, que han dado para conferencias aparte, sino el nacionalismo que ocupa los resortes de poder catalanes tras la muerte de Franco.

Quiero puntualizar que no hay prácticamente nacionalismo catalán mientras Franco vive. Hay unos cuantos curas, más o menos trastornados, que a su vez trastornan a Jordi Pujol y le convencen de que tiene un cometido histórico, de que es un elegido, de que está llamado a liberar a esa doncella presa que es Cataluña en su imaginación. Una imaginación, por cierto, cuyos rasgos febriles no le impiden desarrollar espléndidos negocios familiares. El nacionalismo como vía de enriquecimiento personal es otro asunto que merece un seminario monográfico.

La burguesía catalana (sea lo que sea tal cosa) ha tenido que inventarse aprisa y corriendo su pasado para no pasar por la vergüenza de reconocer que fue ella quien, antes del advenimiento de la Segunda República, aupó a Primo de Rivera al poder; para no tener que recordar cuánto le debe a Franco, al proteccionismo franquista, que además de permitirle recuperar las fábricas que le habían arrebatado los amigos de Companys le permitió asimismo enriquecerse con un mercado cerrado a las manufacturas extranjeras, cuya entrada libre habría supuesto su hundimiento inmediato. Habría supuesto el fin de casi toda esa clase, ya muy mezclada, que presume de antifranquista cuando Franco lleva 32 años muerto. Una clase que vive sobre una gran mentira, que ha tenido que retorcer su memoria y su imaginación para hacernos creer (y para creerse ella misma) que estaba luchando contra la dictadura franquista cuando se iba de excursión a la montaña, cuando acudía a misa en catalán o cuando gritaba al árbitro en el campo del Barça. Ésas son las paupérrimas credenciales antifranquistas de la burguesía catalana, alta y baja. No busquen más porque no encontrarán nada. Bien, encontrarán unos cuantos individuos más o menos dignos, más o menos temerarios. No una clase. No un segmento social. Ni muchísimo menos una Cataluña antifranquista.

Pero vayamos al grano, que en el grano está además la conclusión y el final de esta intervención, que empieza a alargarse demasiado. ¿Cuál ha sido la forma de operar de este nacionalismo que nos cabe en la memoria?

Jordi Pujol creó CDC con un puñado de personas y a golpe de talonario en el año 1974. Tiene su mérito, porque Franco aún vivía. Y además Pujol es de los pocos nacionalistas –entre los que pronto tendrían poder– que había pasado por la cárcel. Había algunos grupos independentistas, cuatro gatos a veces financiados también por Pujol, que invirtió mucho en políticos (incluidos políticos socialistas). Situémonos en la segunda mitad de los años 70, y encontraremos un nacionalismo muy minoritario que se confundía con quienes reclamábamos libertades democráticas. Quizá porque no eran muchos, o quizá porque nadie supo verles el plumero, aparecía ya ahí una disonancia que acabaría siendo fatal. Unos defendíamos (me incluyo aunque era muy joven, un adolescente, pero un adolescente militante y motivado) las libertades y derechos democráticos, e incluíamos la reivindicación de un estatuto de autonomía para Cataluña. Ellos estaban ya pensando en otro concepto de derechos: los derechos colectivos, que no son propiamente derechos. No para mí, que no concibo más que derechos individuales. El manido derecho de autodeterminación es un constructo político-jurídico de Woodrow Wilson pensado para solucionar el problema del disuelto Imperio Austrohúngaro al finalizar la Primera Guerra Mundial. Luego, la autodeterminación de los pueblos ha de entenderse siempre referida a los procesos de descolonización, y en concreto a la descolonización africana de finales de los 50 y de los años 60. Digan lo que digan los nacionalistas, no existe en el Derecho Internacional amparo, bajo tal derecho, para la segregación de un territorio miembro de las Naciones Unidas.

Tras aquella mezcla de progresistas y nacionalistas, que al final acabó aceptando el modelo de transición democrática que habían diseñado los franquistas (básicamente porque dicho modelo –reforma frente a ruptura– contaba con el apoyo masivo del pueblo español), se da un segundo paso que tendrá una importancia capital y que marcará nuestro futuro: la rápida ocupación (o captación para su causa) de todos los centros de decisión. Centros de decisión políticos, financieros, empresariales, asociativos, universitarios, mediáticos. Hago hincapié en que la toma fue muy rápida. Y en que Jordi Pujol sustituyó –para nuestra desgracia– a Josep Tarradellas al frente de la Generalidad, al ganar las elecciones contra todo pronóstico. Contra todo pronóstico simplista, habría que añadir, que es el tipo de pronóstico que hacía una izquierda inconsciente de que Pujol llevaba muchos años sembrando y de que tenía medios para financiarse una campaña como Dios manda. Y que su campaña fue eficaz porque supo transmitir una imagen institucional y seria que contrastaba con la desmelenada progresía de la época. Aunque nos creyéramos los reyes del mambo, el catalán de a pie creía poco en nosotros.

El siguiente paso, una vez tomados todos los centros de decisión importantes, e investido el nacionalismo de respetabilidad institucional y de legitimidad, fue el inicio de una era de estomagante victimismo que caracterizó la larga etapa de transferencias de poder, de competencias y de presupuesto. Ahí empezó a ponerse de manifiesto lo que hoy sabe cualquiera: que el Título VIII de la Constitución era una calamidad, y que el prolijo listado de competencias exclusivas del Estado del artículo 149 era, a la hora de la verdad, papel mojado cuando el poder central de turno echaba mano del agujero negro del artículo 150.2 de la Constitución, que reza:

"El Estado podrá transferir o delegar en las Comunidades Autónomas, mediante Ley Orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal que por su propia naturaleza sean susceptibles de transferencia o delegación. La Ley preverá en cada caso la correspondiente transferencia de medios financieros, así como las formas de control que se reserve el Estado".

Época, pues, de rentable victimismo y de acopio de poderes y competencias. Y también de un incipiente autoritarismo de quienes siempre estaban dispuestos a sentir su orgullo herido, o a simularlo. Trazos inseparables del nacionalismo. Habrá también, desde el primer momento, esporádicas sacudidas terroristas (me refiero a Cataluña, no al País Vasco, donde esto es obvio, dolorosamente obvio), cuando sea necesario. Por ejemplo, cuando una parte importante de la sociedad civil, constituida sobre todo por docentes, desafió el estado de cosas con la iniciativa del Manifiesto de los 2.300.

Bastó un rápido secuestro y un tiro al segundo firmante, que abandonó Cataluña, para que le siguieran millares de profesores, en un éxodo silencioso que merece un lugar destacado en la historia de la infamia de nuestra democracia. La prensa catalana reaccionó al unísono: Federico Jiménez Losantos, la víctima, se lo había buscado. A día de hoy, TV3, en manos del segundo Tripartito, sigue asumiendo el lenguaje y la lógica de los terroristas de Terra Lliure. Afirman que el atentado logró sus efectos, y no les falta razón. Con lo que no contaban es con que la voz de la víctima se les iba a colar por los aparatos de radio muchos años después.

Siguente etapa. Una vez consolidada una sociedad civil a imagen y semejanza de la clase política, Cataluña sufre una inaudita suplantación. La sociedad real está muda. Es la era de Matrix, de la realidad virtual, o, si prefieren, de la negación sistemática de la realidad. No en balde los intelectuales que impulsaron la formación política Ciudadanos en aquella época tan reciente, y a la vez tan lejana, en que el PPC carecía de discurso se refirieron a menudo a un objetivo estremecedor: restablecer la realidad.

Los resultados de la suplantación están a la vista cada vez que se llama a los catalanes a votar: la sociedad catalana paga con la misma moneda y se desentiende de sus políticos. Como si no existieran. Entramos en altísimos índices de abstención y se confirma el divorcio entre la sociedad catalana y su clase política. Divorcio también entre la "sociedad" (entre comillas) –el gran pesebre que pagamos todos– y la sociedad (sin comillas), el conjunto de los individuos catalanes. Y con todo ello, crisis de legitimidad y creciente déficit democrático.

Hoy estamos en la etapa siguiente, la etapa en la que se encienden las luces rojas, la etapa en que deberían dispararse todas las alarmas: el autoritarismo es abierto, indisimulado. Pasa por el recrudecimiento de las multas lingüísticas a los comercios, por el incumplimiento de las sentencias que contrarían los planes nacionalistas, y por el desafío al Estado democrático y a las instituciones nacidas en el 78 mediante la política de hechos consumados. El ejemplo más vistoso es el nuevo estatuto, sus pretensiones de Constitución alternativa, la negación de los principios de la Constitución del 78 (empezando por su artículo 2) y la condena al ostracismo y a la muerte civil de cualquiera que se atreva a contarlo.

En éstas estamos. Muchas gracias.


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