Asociación G. para la Libertad de Idioma
AGLI

La Coruña, España

R.N.Asociaciones: 80.224, CIF: G-15200553, CCC-IBAN: solicitar via email
Dirección postal: solicitar via email
    e-mail: agli-geocities.com   agli.geo-yahoo.com  
(no olvide cambiar - por  @)
www.libertadidioma.com

Desde 1.988 defendiendo los derechos humanos y constitucionales
de los que hablamos el idioma español.
Si no hemos conseguido mucho, es muy probable que una parte de la culpa sea tuya.

 


Una         opinión crítica contra los nacionalismos

En         Defensa de los Derechos Constitucionales de los que hablamos el Idioma         Común Español

Recortes de Prensa    Última actualización 5  04 03 02   01 (act)   30 (act)   29   28   27   26 (act)  25   24   23   22   21   20   19   18 (act)  17   16   15   14   13   12   11  
10   9   8   7 (act) 6   5   4 (re-re-act)   3   2   1   3

Los recortes de ayer al final de la página
  
******************
 

Lenguas inútiles - Y ahora Ucrania, tomad nota idiotas!!

 

Euro and Europe doomed by Spain's inefficiency
AGLI Editor. 22 August 2012

The Spanish government has no intention to attack the intrinsic inefficiency problem, otherwise it should already have abolished the laws of  regional languages. This measure  would destroy inefficiencies affecting market, work force, education, legal, procedural, health, security systems and more. This measure has no cost, and benefits are outstanding.

Spain has seventeen regional governments partitioning the country with laws and languages. Therefore, the disassembly of the regional system, by abolishing the laws of the regional (and many local) governments and reducing the redundant government employees is also compulsory. This measure means a heavy social cost, two million people should be laid off, but the private sector could recover and start creating productive jobs. As a byproduct, professionals of politics would probably disappear (as they are the problem). 

Spain will sink the Euro and Europe unless it returns to common language and law.
AGLI Editor. 22 August 2012 

The deep problems of  Spain's economy are paving the way to the destruction of the Euro and Europe and the Spanish governments have no intention to fix their problems, otherwise the first measure with zero cost, returning to the spanish common language by abolishing all laws of  regional languages, should already have been taken. 

Basically, the inefficiencies of the governments and the unnecessary expenses are so high that no tax system can survive after the depletion of its citizens. 

Spain has a multitude of regional governments (seventeen) with many of them using different regional languages instead of the Spanish, and consequently the country is divided by laws and languages, the work force can't move unless families surrender themselves and the education of their children from their mother spanish language to the regional languages, government employees are valued more for their knowledge of the regional language than anything else, enterprises have to cope with many different and opposing laws written in different regional languages, and have to translate their operating  business systems to them. 

Therefore, should the Spanish government have any intention to fix the problem, the first measure should have been to abolish all the laws concerning regional languages, letting the Spanish be the common language. This measure  would destroy many inefficiencies affecting market, work force, education, legal, procedural, health, security systems and more. This measure has no cost, on the contrary benefits are absolute neccesity. 

The second measure should be the disassembly of the regional systems, abolishing the laws of the seventeen regional (and many local) governments and reducing the redundant and unnecessary government employees. This measure has a very heavy social cost, around two million people should be laid off, but by reducing those, unnecessary expenses, the private sector could recover and start creating productive work. As a byproduct, the superfluous class of professionals of politics would probably disappear (they are the problem).




Valor_economico_del_español,_una_empresa_multinacional.2103.217p.pdf

Las_cuentas_del_espanol.2009.95p.pdf

Economia_del_espanol.2008.75p.pdf

Valor Economico del Espanol. Una empresa multinacional.2013.217s.pdf

(nota: para las versiones en formato ePub http://www.fundacion.telefonica.com/es)


**************
Boletín AGLI nº25 (Nov 2011)

*******

Si te importa España, diez acciones indispensables
Nota del Editor 1 Noviembre 2011

  la lengua española para unificar mercado, educación, sanidad, justicia, legislación, seguridad, anulando toda la legislación sobre lenguas regionales.

 desmantelar el tinglado autonómico.

3ª  deshacerse de la enorme casta de profesionales de la política

4ª  simplificar y reducir el enorme aparato burocrático y millones de funcionarios

5ª deshacerse del intervencionismo de un estado ineficiente y depredador de los recursos de la clase media

6ª deshacerse de un estado indoctrinador y comprador de votos de unos con dinero de otros

7ª  arreglar un sistema educativo desastroso con menos medios y más responsabilidad

8ª  educar en valores humanos a una sociedad indoctrinada y adormecida

9ª liberalizar y optimizar un mercado fragmentado e ineficaz

10ª arreglar una justicia irracional, politizada, lenta, incompetente e irresponsable con menos medios y más responsabilidad

******

El Nacionalismo Obligatorio en las Aulas
Por Ernesto Ladrón de Guevara y Arbina.

A LAS PERSONAS QUE HAN SACRIFICADO SU BIENESTAR PARA HACER PREVALECER LA VERDAD
(Vitoria, año 2011)
394 páginas

www.educacionynacionalismo.com

******
La "normalización lingüística", una anormalidad democrática. El caso gallego
Dedicado "A todos aquellos que piensan que los idiomas se hicieron para las personas y no las personas para los idomas"
Manuel Jardón     (1.284KB, formato .pdf)  Nota: si no consigue descargar el libro completo, pulse el botón derecho de su ratón y
seleccione "Guardar destino como" en
Internet Explorer o "Guardar enlace como" en FireFox.

Por la normalización del español: El estado de la cuestion, una cuestion de Estado.
FADICE      (747KB, formato .pdf )

Manifiestos:
POR LOS DERECHOS LINGÜÍSTICOS EN GALICIA
POR LA LIBERTAD DE ELECCIÓN DE LENGUA EN LOS CENTROS DE ENSEÑANZA DE GALICIA

Índice General

Recortes de Prensa   05 diciembre 2016
Boletines
Artículos y Conferencias
Bibliografía  
Gabinete Jurídico y Legislación
Enlaces/links
English
© Copyright

Del libro de Manuel Jardón

"A todos aquellos que piensan que
los idiomas se hicieron para las
personas y no las personas
para los idiomas"

La "normalización lingüística",
una anormalidad democrática
El caso gallego

Recortes de prensa de ayer

 

 

 

AGLI Recortes de Prensa   Lunes 5 Diciembre  2016
El sueño asimétrico
Luís Herrero Libertad Digital 5 Diciembre 2016

Lo que Rubalcaba preconiza no es la reforma, sino la contrarreforma de la Constitución. Lo que pretende es volver al punto de partida

Alfredo Pérez Rubalcaba, en un acto el pasado 29 de noviembre | EFE

Dicen los hombres rana que bucean en las profundidades del PSOE y luego salen a la superficie para contarnos cómo son de grandes las averías y las vías de agua que asolan el casco del partido, que el ingeniero jefe de la reparación está siendo, entre las sombras, Alfredo Pérez Rubalcaba. Por eso se me ponen orejas de gnomo, puntiagudas como antenas, cada vez que le oigo hablar. Sus palabras nos ayudan a saber en qué dirección sopla el viento.

Tengo buena opinión de Rubalcaba. Me parece listo, trabajador y más fiable de lo que dicen sus detractores. Su punto débil es que, a veces, llevado por su afición a la química, se encierra en el laboratorio, se pone la bata de doctor Bacterio y hace extraños experimentos de alquimia. Ahora está tratando de hallar una fórmula que consiga amansar el ímpetu secesionista del "procés" mediante una reforma federalizante de la Constitución, una suerte de bromuro que aplaque la lívido de los que se quieren tirar al monte de la independencia.

Lo llamativo de ese esfuerzo no es que pretenda inventar algo nuevo, sino que se crea que puede ser eficaz. La idea de un modelo federal asimétrico, que niega la igualdad de las partes federadas, no es original. El Estado de las Autonomías que diseñó el título octavo de la Constitución de 1978, si se mira bien, pretendía ser básicamente eso: una federación de territorios con techos competenciales distintos. Por eso se les confería a unas regiones el carácter de nacionalidades históricas y a otras no.

Si se habló de "nacionalidad", y no de nación, fue porque a los constituyentes les importaba mucho distinguir entre los aspectos históricos, sentimentales, culturales, religiosos o sociológicos del término y sus efectos jurídicos. A efectos jurídicos, una nación es sujeto de soberanía. Por eso estableció la Carta Magna, con toda solemnidad, la indisoluble unidad de la Nación española: para dejar claro que no hay más sujeto de soberanía que la soberanía nacional, del conjunto de los españoles, y que esa soberanía no era divisible. Por eso no cabe el derecho de autodeterminación. Una nacionalidad no es lo mismo que una nación. O si se prefiere: una nacionalidad es lo mismo que una nación, pero desprovista de efectos jurídicos. En eso radica su diferencia.

En un ejercicio de tierna ingenuidad, los políticos de la época creyeron que con esa fórmula conseguían darle una salida definitiva a los conflictos históricos de las cuestiones vasca y catalana sin poner en riesgo la unidad nacional. Y durante algún tiempo, así lo pareció. La invención de la "nacionalidad", que en el fondo no era otra cosa que la consagración del principio de la asimetría federal, salvaguardaba la reivindicación del "hecho diferencial" que algunos catalanes y vascos venían reivindicando desde finales del siglo XIX. Las nacionalidades históricas eran, de hecho, diferentes al resto de las Comunidades Autónomas.

Hasta que, entonces, sobrevino la fiebre del café para todos. De la misma manera que no se puede cuadrar un círculo, no se puede hacer asimétrico lo que es simétrico por definición. Un Estado Federal exige la igualdad de las partes, y las partes aminoradas, las de segunda división, las "no históricas", lucharon denodadamente por igualarse a las "históricas", alcanzando su mismo techo competencial. La LOAPA trató de evitarlo pero el Tribunal Constitucional la echó para atrás. El sueño de la asimetría saltó por los aires.

Algunos creen que de ahí viene el recalentamiento independentista. Me temo que Rubalcaba es uno de ellos. Piensan que si se vuelve a la asimetría, a la salvaguarda del hecho diferencial, a la exaltación histórica de los sentimientos nacionales de catalanes y vascos, los jinetes del "procés" se bajaran de la fiera y volverán al redil de un proyecto común en el que ellos tengan rango de diferentes. Desde ese punto de vista, lo que Rubalcaba preconiza no es la reforma, sino la contrarreforma de la Constitución. Lo que pretende es volver al punto de partida.

Parte de la falsa premisa -ingenua, a pesar de ser rubalcabesca- de que el nacionalismo ochentista de Pujol no era insaciable. Cree que hubiera dejado de reivindicar rancho aparte si su ración hubiera sido distinta, mejor y más abundante que la del resto de la tropa. Pero yo creo que se equivoca. Si de verdad piensa que el catalanismo se sentirá cómodo en España por el mero hecho de poder comer a la carta, y no de menú, delira. El catalanismo no quiere comida distinta, lo que quiere es una mesa distinta, en un comedor distinto, en un restaurante distinto. Y, a estas alturas de la película, no se conformará con menos.

La idea de que una reforma federalizante de la Constitución puede ser el bálsamo de Fierabrás que acabe con el problema territorial de España es una patraña que no se sostiene, por mucho que Rubalcaba sea su principal abanderado. Jamás le he oído decir a Anna Gabriel, a Joan Tardá, a Oriol Junqueras, a Carles Puigdemont, a Carmen Forcadell o a Francesc Homs, por citar sólo algunos de los nombres que están jalando desde el otro lado de la cuerda, que esa reforma saciaría su sed de independencia.

Para lo único que serviría, me temo, sería para abrir en canal el pacto del 78, para poner de manifiesto que las fuerzas políticas de la segunda década de 2.000 no tienen la aguja del norte en el mismo punto de la brújula, para abrir un debate de resultado incierto y, a la postre, para dejar a los independentistas igual de insatisfechos, salvo que se les otorgue, claro, con todas las bendiciones constitucionales, el derecho a decidir.

Rajoy, Montoro y las reiteradas promesas incumplidas
Melchor Miralles Republica 5 Diciembre 2016

Después de un año perdido, ahora PP y PSOE ensayan en la práctica, con cara de yo no fui y de tapadillo, una gran coalición de facto, en aras de la estabilidad, y acojonados con la que se puede avecinar también en Europa, donde los populares y los socialistas continentales ven peligrar el statu quo de toda la vida. Y de paso, por la vía de los hechos, sus acuerdos consolidan el bipartidismo de toda la vida y arrinconan y colocan en situación complicadísima a los Ciudadanos de Albert Rivera, que tiene problemas internos severos, y a los populistas de Podemos, que andan a la greña y a quienes el personal ya ha cogido la matrícula. Y entretanto, el PP de Rajoy y Montoro nos la clava otra vez y mantiene su inveterada costumbre de incumplir sus reiterados compromisos electorales, o sea, nos miente de nuevo, y comienza la legislatura con otra subida de impuestos. Vamos, que después de tanta monserga, seguimos más o menos como siempre.

Rajoy sigue corriendo sin parar en su cinta y sin moverse un milímetro. Y no modifica sus costumbres, porque ya se sabe que presume de ser muy previsible. Y como le votan, pues ahí está. Toma posesión, nombra ministros y secretarios de Estado, reparte poder dividiendo para vencer él y en cuanto se quitan el traje de “en funciones” y se aplican, lo primero que hacen es subir los impuestos, mientras remolonean con los defraudadores de verdad y se ponen estrictos y severos en la joda de quienes pagan atinada y correctamente sus impuestos. Y siempre tienen excusa. Esta vez es que hay que cuadrar el déficit.

No soy economista. Leo y escucho a los que saben y hay opiniones para todos los gustos. Unos defienden las políticas fiscales procíclicas. Otros las anticíclicas. Unos sostienen que hay que subir los impuestos o mantenerlos cuando la economía va bien, para no poner en peligro la estabilidad presupuestaria a largo, y bajar la presión cuando la cosa se pone fea. Otros lo contrario. Desde este punto de vista técnico, Rajoy y Montoro han actuado dos veces a favor de ciclo y esta vez al revés. No tienen criterio ni principios, solo se guían por la estrategia particular. Y la conclusión es que prometen una cosa, nos mienten, hacen la contraria y actúan en función de sus intereses partidarios y electorales, además, claro, de presionados por la Unión Europea, donde somos campeones en deuda exterior, y donde nos tienen miedo.

Pero el fondo del asunto, los que interesa, es lo político, lo moral, los principios, el cumplimiento de los compromisos frente al electorado, la decencia. Y ahí el PP, Rajoy y Montoro han perdido todo el crédito. No tienen palabra, engañan en campaña electoral y en los momentos de miedo, prometen y prometen, se ponen estupendos, y en cuanto les votan, porque es verdad, la peña les vota más que al resto, se olvidan de la palabra y nos la meten doblada. Intuyo que algún día sus votantes se cansarán de tanto engaño, de tanta palabra vana, de tanta mentira.

Tienen un discurso teórico político-económico que han construido con grandes sesiones de reflexión y pomposas fundaciones que pagamos nosotros, y después, cuando llega la realidad, se pasan el discurso y la teoría por el forro, se olvidan de su ideario y de su palabra y nos revientan a impuestos, sin remangarse de verdad a recortar las elefantiásicas estructuras administrativas, arco de bóveda del clientelismo y el pesebre. Y la clase media terminará desapareciendo, liquidada por la voracidad recaudatoria del Estado en manos de insaciables gastadores de lo ajeno en beneficio propio, para mantenerse en el machito.

La nueva subida de impuestos es injusta, trata por igual a los que más ganan que a los que menos ingresan, va a complicar la competitividad de las empresas españolas, es otra vuelta de tuerca más en la soga que ahoga a los autónomos y, ojo, es solo un primer paso de otras subidas de impuestos que van a llegar más pronto que tarde, porque tienen miedo de hacerlo todo de golpe. Eso sí, de reducir el gasto, su gasto, y de recortes en la Administración, duplicada y hasta triplicada a veces, rebosante de empresas, estructuras y puestos inútiles, nada de nada. Son reincidentes, pero así seguirán hasta que dejen de votarles, si es que lo dejan.

No nos gusta lo que vemos. Rajoy nos falla
“Me hablas te hablo, me ignoras te ignoro, me tratas mal, yo te trato peor, tú me tratas bien, yo te trato mejor. Así de simple” Anónimo
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 5 Diciembre 2016

Se dice, aunque pocas veces se llega a cumplir, que las formaciones políticas deben darle 100 días a quienes han ganado la gobernanza de un país, para que puedan demostrar sus presuntas cualidades, recursos y méritos, que los confirmen como la mejor opción que los ciudadanos pudieron escoger. A los que votamos, una vez más, al señor Rajoy, pensando que tendría el acierto de remodelar, de cabo a rabo, su ejecutivo; que se desprendería de rémoras como la señora vicepresidenta o que tendría la valentía de acabar, con energía y sin concesiones, con el problema catalán, ya no precisamos más tiempo, más período de prueba ni más promesas para cortarle el sayo a este nuevo equipo ( en realidad el mismo de antes con algunas incrustaciones que han venido a sustituir a los ministros halcones por personas, aparentemente, más “negociadoras”, más “flexibles” y más propicias a los pactos, concesiones, renuncios y componendas de lo que lo fueron sus antecesores en el cargo) que, para decirlo sin ambages ni equívoco alguno, ya podemos afirmar que ha acabado con las pocas esperanzas que nos quedaban cuando supimos que, contrariamente a lo que dictaba el sentido común, se avinieron a asumir el gobierno de la nación, transigiendo y sometiéndose a las humillaciones de sus adversarios, en lugar de haberse enfrentado valientemente y con todas las posibilidades de sacar un resultado mejor, a unos nuevos comicios que se hubieran celebrado, según lo previsto, uno de estos días de diciembre.

Cuando se promete algo a los votantes lo prudente es cumplirlo. Cuando una vez se ha prometido algo y no se cumple y, la segunda vez se sigue insistiendo en prometerlo y, finalmente, se vuelve a incumplir la promesa, no es probable que, aquellos ciudadanos que, a contra corriente, prefirieron votar al PP por una cuestión de fidelidad a los presuntos valores que representaba el antiguo partido de Fraga Iribarne, y siendo capaces de pasar por alto algunas de las excusas que se alegaron ( situación de crisis, deuda pública, déficit desorbitado y burbuja inmobiliaria, entre otras causas), aún que tampoco se habían cumplido promesas como la de solucionar el problema catalán, abolir la ley del aborto, enfrentarse decididamente al problema de la educación, y reducir el gasto público. Ninguna de estas promesas electorales se cumplió, si bien, hay que reconocer que, en el aspecto económico, se consiguieron importantes avances que han contribuido a que España se encuentre en una posición más ventajosa que cuando la dejaron los socialistas del señor Rodríguez Zapatero.

Pero si en, la primera ocasión, en noviembre del 2011, les votamos pensando que todo iba a cambiar para bien e intentarían aprovechar aquella holgada mayoría absoluta, en las dos cámaras, para darle un vuelco a aquella España destrozada por aquel clono de Atila, el inconsciente y descerebrado Rodríguez Zapatero que, con sus huestes de bárbaros insensatos, consiguieron, sólo en dos legislaturas, dejar a sus sucesores un país de tierra quemada, arrasada por la horda dilapidadora, con el tesoro público exhausto y en situación técnica de quiebra soberana. En esta segunda ocasión, cuando una parte importante de los españoles conseguimos que el PP ganara con mayor amplitud, distanciando al partido de sus seguidores de la izquierda, tampoco hemos conseguido otra cosa que seguir avergonzándonos de quienes nos representan y llegar al convencimiento de que, el nuevo gobierno de la nación, no pretende otra cosa que mantenerse en el gobierno del país aunque, para conseguirlo, tenga que pasar por las Horcas Caudinas de verse obligado a someterse a la voluntad de aquellos partidos que, a lo que aspiran, es a hacer el país ingobernable y a que la gestión del Rajoy y los suyos, al frente de la nación, se convierta en un fracaso sobre el que poder erigir un gobierno de extrema izquierda, que acabe convirtiendo a España en una más de las naciones sometidas al vergonzante yugo del comunismo bolivariano o estalinista que, tanto monta monta tanto.

Otra vez las primeras iniciativas del nuevo ejecutivo se han centrado en aumentar los impuestos, anunciar una revisión catastral ( no para adaptarla a los nuevos precios de los inmuebles, notablemente inferiores a los de los años 2007) con la intención de gravar más a los poseedores de viviendas y locales; mantener las pensiones como están, después de años de perder valor adquisitivo, aumentar el gravamen sobre el tabaco y las bebidas edulcoradas permitiéndose, una vez más, tomar a los ciudadanos por tontos al argumentar que “lo hacen para combatir la obesidad prematura” y no para aumentar descaradamente la recaudación a costa de los de siempre, la siempre sacrificada clase media, víctima expiatoria de todas las decisiones de este ministerio de Hacienda, que se ha convertido en perseguidor implacable de aquel que, sacrificándose, se ha hecho un rincón para la vejez. Si en lugar de cometer el error de ahorrar, el mismo ciudadano se hubiera dilapidado todo lo ganado dándose la gran vidorra y despilfarrador todo su capital, es seguro que ahora no tendría nada de lo que preocuparse.

El Estado precisa 7.000 millones de euros para satisfacer a Bruselas. No se atrevieron a reducir el gasto público en la proporción que era precisa, ni tampoco lo hicieron con la cantidad de empresas públicas que sólo son verdaderos nidos del enchufismo de los partidos por medio de los cuales premian a sus acólitos para que estén contentos y los voten. Es más, sin el menor rubor han estado financiando, con más del 50% de las cantidades destinadas al FLA, a la comunidad catalana; aunque han sido plenamente conscientes de que una parte importante de esta ayuda ha ido a para fomentar los preparativos de su anunciada independencia, pagando a comisiones que estudian la nueva constitución catalana, que están contratando a funcionarios para la Hacienda catalana, que se utilizan en la adquisición de inmuebles para instalar a las instituciones que deberán implantarse, el día en el que, según ellos, Cataluña se convierta en una nación independiente.

En la actualidad, la señora Sáez de Santamaría, alguien a quien seguramente se le puede achacar que no se hayan llevado a cabo, en la anterior legislatura, medidas contra los crímenes del aborto o actuar radicalmente contra la adopción por el gremio de los homosexuales; está derrochando sus dotes de seducción con el señor Puigdemont o con el señor Juncadella que no desaprovecha la ocasión de darle sendos ósculos cuando se encuentran, con el fin de intentar que renuncien al famoso derecho a decidir, a cambio de lo que, al parecer, el gobierno español, está dispuesto a transigir como es el tema de la lengua o aumentar, de una manera sustancial, la financiación de esta comunidad (¿qué van a decir las demás cuando se vean perjudicadas por esta política?) o, quien sabe, si podrían llegar a celebrar los consejos de ministros en la capital catalana, para darles facilidades a todos los de la CUP o los de Podemos para que puedan montar las algaradas más sonadas cada vez que se reúnan en la capital catalana.

Un ministro portavoz del Gobierno a quien se le podría dar el premio Nobel de la Paz porque, al parecer es incapaz de decir que no a nada de lo que sus interlocutores del resto de partidos políticos le proponen. Ahí tiene el tema de la educación donde, sin discusión previa ni hacer la menor reflexión acerca de la conveniencia de hacerlo, le han dado el portante a las reválidas establecidas y se han cargado, de cuajo, la ley Werd, sin que se tenga ninguna garantía de que, lo que salga de este contubernio de partidos, sea la ley que, en realidad, necesita la juventud española. Se empieza cediendo un poco y se acaba con los pantalones bajos humillándose a todo lo que se les pide para así, señores, poder seguir gobernando durante unos meses hasta que, cuando ya no les sea posible seguir negando la realidad de su fracaso, se vean obligados a convocar unas nuevas elecciones para el próximo año. Claro que, en esta ocasión, sin las garantías de obtener un mejor resultado, ya que muchos de los que los votaron anteriormente es posible que decidan que no son merecedores de su confianza y que ya no se fíen de estos usurpadores del partido de Aznar, que han renunciado a los valores y los principios que caracterizaban a aquel partido, para intentar convertirlo en un partido más de estos que se atribuyen el marchamo de democrático, pero con tintes “progres”, de modo que, finalmente, acaban formando parte de todos estos que han decidido que ser español es lo mismo que ser catalán o francés o portugués porque, en definitiva ¿ qué importa la nacionalidad, las costumbres propias, la bandera o los símbolos patrios?

Yo, no obstante, no estaría tan convencido de que, en nuestra nación, ya no queden personas que continúan pensando que es un privilegio sentirse español, que no aceptan ni se conforman, con que cada autonomía haga de su capa un sayo y, como piden algunos, cada una pueda decidir si quiere seguir perteneciendo a la gran nación española o prefieren seguir el ejemplo de los catalanes y vascos. Una vez, hace 80 años, ya se produjo una situación semejante, se calentaron los ánimos, se encendieron las pasiones, se luchó en las calles, luego en las trincheras y, finalmente, más de medio millón de muertos coronaron aquella proeza. Y es que, señores, la historia se repite pese a que los hay que no creen en ello.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el presentimiento de que, en este país, se está corriendo el riesgo de que, todo lo que hemos conseguido después de los años en los que hemos sabido respetar las reglas democráticas de convivencia, está a punto de irse al garete, si los que debieran poner remedio se limitan a velar por sus propios intereses, sin ver el peligro que nos acecha desde la izquierda.

Italia: lo que está en juego es el futuro de la Unión Europea
Editorial La Razon 5 Diciembre 2016

En Italia, el resultado del referéndum finalmente ha dependido de ese factor exógeno que es la Unión Europea y su principal criatura, el euro. Los partidarios del «no», como los populistas del Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo, contaban con una derrota de Matteo Renzi para avanzar en su rechazo a la moneda única pero, sobre todo, contaban con la salida «inmediata» del primer ministro, que cometió la torpeza de ligar su destino al del desenlace de la consulta, poniendo en el horizonte inmediato una nueva crisis de gobernabilidad en una nación que ha visto 60 gobiernos en 70 años de su historia reciente.

Con el adiós de Renzi, el «no» supondrá unas elecciones anticipadas con efectos colaterales en las finanzas italianas y, por ende, en sus vecinos europeos, incluida España, que puede ver tambalearse su prima de riesgo. Medios de referencia como el «Financial Times» han ido más allá al sostener que el «no» causaría un efecto dominó que podría poner en peligro el euro. Las nuevas elecciones podrían terminar con una victoria del partido de Grillo, que ha advertido de que convocaría un referéndum sobre la permanencia en la UE.

El calamitoso estado de los bancos italianos –con Banca Monte dei Paschi di Siena a la cabeza– hace temer por su derrumbe, que pondría bajo presión a todo el sistema financiero global debido a la interconectividad del sistema bancario mundial. Pero la situación creada ahora va a generar especial inquietud por la agresividad mostrada por los partidos populistas, en particular el Movimiento 5 Estrellas y la xenófoba Liga Norte, cuyo euroescepticismo les marca en el horizonte electoral.

Mientras, que Austria haya vivido el auge del ultranacionalismo hasta el punto de forzar, al modo de la Francia anti-Lepen, una alianza antinatura desde la extrema izquierda hasta la derecha para derrotar la candidatura de Norbert Hoffeer y hacer presidente de la República a un «outsider» de 72 años e ideología indefinida dentro de los tonos del «verde» como Alex van der Bellen –pero, eso sí, europeísta convencido– sólo se explica desde el resurgimiento de un nacionalismo primario que, en Austria, ha encontrado su caldo de cultivo en el miedo a la inmigración musulmana y en el rechazo consiguiente al discurso multiculturalista acrítico impuesto desde la socialdemocracia, que ha dominado en los medios de comunicación y en los principales sectores culturales desde la II Guerra Mundial.

Pero si el populismo creciente tiene raíz xenófoba en Holanda, Austria, Alemania y Suecia, la cuestión se complica cuando añadimos la variante de la crisis y la inevitable disputa de unos fondos sociales cada vez más escasos entre los ciudadanos nacionales más desfavorecidos y la creciente inmigración. En Reino Unido, el «Brexit» ha destapado la xenofobia de amplios sectores de las clases trabajadoras, para quienes el ideal europeo y la globalización se han traducido en mayor precariedad laboral y en el endurecimiento de las condiciones para acceder a las ayudas sociales. Detrás del reclamo a la recuperación de la soberanía se hallaba, pues, el rechazo a las consecuencias negativas del libre mercado. Fenómeno similar al francés, país en el que la extrema derecha se nutre del viejo voto comunista y donde el nacionalismo se expresa en la reclamación de un retorno a las fronteras comerciales, que proteja su tejido industrial frente a la competencia de países terceros que, hay que decirlo, no asumen las mismas cargas sociales y fiscales ni los mismos derechos laborales que rigen en la UE. Es la Unión, en definitiva, lo que está cada vez más en juego.

Viene competencia en impuestos y regulación
Calle 19 Gaceta.es 5 Diciembre 2016

Las reglas del juego están a punto de cambiar en las relaciones entre los países industriales. Eso no quiere decir que volvamos al proteccionismo de los años 20 del pasado siglo. La economía mundial lleva varias décadas de integración, finanzas internacionales y cadenas de manufacturas integradas. El desmontaje de todo eso no podría hacerse sin un cataclismo político. Pero los intentos de armonizar políticas regulatorias , sobre todo en el sistema financiero , y políticas tributarias tienen dos importantes gobiernos mucho menos interesados que en el pasado reciente.

Muchos pensarán en la nueva administración norteamericana y no les falta razón. Pero mucho más cerca de la UE suena ya la música de la competencia regulatoria y fiscal, UK va a intentar aumentar su atractivo de no estar en la UE precisamente por esos caminos. La UE y especialmente la zona euro son campeones en eliminar ventajas comparativas. La batalla de Irlanda y Apple por un lado y la Comisión Europea por otro, trata de eso.

Los llamados países centrales nunca han escondido su disgusto frente al modelo irlandés de tipos impositivos ultrabajos para sociedades y empresas, como un eficaz método de atraer inversiones. Las sucesivas luchas contra el fraude fiscal consiguieron un gran triunfo cuando EE.UU desmontó el secreto bancario en Suiza, y en teoría hasta Austria y Luxemburgo van a suprimirlo. Veremos si la nueva UK post Brexit no nos da una sorpresa al otro lado del canal. No creo que nadie espere que EEUU vaya a desmontar Delaware.

Si UK y EE.UU sitúan el impuesto de sociedades en el entorno del 15% la batalla está servida, lo que parece más próximo que lejano según las recientes declaraciones del nuevo Secretario del Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin. Sumemos a eso el freno y marcha atrás de la regulación bancaria salida de la crisis del 2008, como está anunciando la futura administración Trump, y que será un instrumento para mantener la industria financiera en la City. Los británicos se han ido de la UE por y para algo, puede que no les salga del todo a cuenta pero lo van a intentar. No será la primera vez que EEUU impulsa una reforma financiera y luego no la implementa: ya sucedió en los años 90 con Basilea II.

Si el supuesto y socorrido proverbio chino de que las dificultades contienen oportunidades es cierto, la UE debería meditar sus opciones en ambos temas. Desde luego deberían hacerlo los llamados países periféricos, que han visto sus condiciones de acceso al euro sustancialmente transformadas, en gran parte por sus propios errores, todo hay que decirlo.

Los fabulosos diez primeros años del euro con importantes aumentos de renta en las poblaciones periféricas, financiados con aumentos de deuda y pérdidas de competitividad, dieron paso a las devaluaciones internas a partir del 2010 en esos mismos países. Entrando en el 2017, y desde 2015, la zona euro ha ido abandonando la restricción monetaria y fiscal del periodo del 2010 al 2013. Pero estamos lejos y seguramente no vamos a llegar a una deflación alemana (que mantiene un récord mundial del 9% de superávit exterior).

Por suerte los tiempos políticos actuales son poco propicios al centralismo fiscal desde Bruselas y la Comisión lo sabe evitando los conflictos, como hemos comprobado España y Portugal esta semana. Nada se valora hoy más en Bruselas que países no gobernados por " populistas ", aunque no se valore el gran esfuerzo social y ciudadano de las devaluaciones internas para mantenerse en el euro y en parte salvarlo .

Sea por lo que sea y ante el inevitable replanteamiento de la zona euro, los países periféricos estarían más que legitimados para conseguir al menos un paréntesis en la armonización fiscal y en el incremento regulatorio. Por mucha devaluación interna que hayan acometido, sus ventajas comparativas son minúsculas con una Alemania sin deudas y con la misma moneda. Si el desafío anglosajón por inversiones y crecimiento se plantea será el sálvese quien pueda.

Que las cosas han cambiado después de Trump y el Brexit parece difícil de discutir, en concreto en política económica y comercial. Pero también hace tiempo que la credibilidad del proceso europeo ha entrado en crisis, casi todos los países empezando por Alemania quieren renacionalizar políticas. Es difícil saber hoy cuáles serán las consecuencias del Brexit para unos y para los demás, pero el temido precedente del primer abandono, que se evitó en Grecia, se ha producido con UK. No se ve a la actual Comisión con autoridad para plantear una nueva agenda, el socorrido recurso a una convención, ya fue quemado por Francia con la non nata Constitución Europea . Quizás las cosas se van a quedar como están por un tiempo. Lo que ya sabemos no es suficiente para hacer frente a una nueva crisis con la política macro dividida entre el BCE y los gobiernos nacionales. Cada cuál debe ir sacando sus conclusiones.

Italia, al borde del abismo
José García Domínguez Libertad Digital 5 Diciembre 2016

Poca broma, muy poca broma con esa ruleta rusa que ha puesto en marcha Renzi.

Mateo Renzi parecía un tipo más inteligente que aquel obtuso Cameron al que Dios confunda. Pero las apariencias engañan. De ahí que esa necia moda que hace furor entre el establishment con pulsiones suicidas, la de jugar a la ruleta rusa con los referendos, se pueda llevar por delante (como yo también soy aficionado a la misma ruleta, escribo sin conocer aún el resultado) no solo a Renzi, apenas un figurante menor en la tragedia europea, sino al euro mismo. A fin de cuentas, los dos eslabones débiles del euro son Italia y Francia. Si cualquiera de los dos Estados diese el paso de abandonar la moneda común, el euro se desintegraría en el acto. Asunto, por cierto, que quizá no constituiría ninguna desgracia para el futuro del continente. Y es que el referéndum de Renzi, una bagatela baladí encaminada a transformar el Senado en otra institución tan decorativa e inane como su homónimo español, se ha acabado convirtiendo, tal como no era tan difícil de prever, en un plebiscito sobre la austeridad y sus secuelas entre la población local más castigada por la parálisis de la Eurozona.

Como la propia España, Italia no tendría que haber entrado en el euro, al menos no en su fase inicial. El euro, una divisa demasiado fuerte para una economía de segunda fila como la española, también era un traje que le venía grande a Roma. Así, a diferencia de Polonia, país tan parecido al nuestro por tamaño y nivel de desarrollo, pero cuyos líderes tuvieron la lucidez de mantener al margen de la unión monetaria (razón por la que no ha sufrido ni un solo día la crisis que nos asuela a nosotros), tanto italianos como españoles llevamos ocho años, desde 2008, pagando las consecuencias de una decisión política que nunca se debió tomar. Desde aquel entonces, mantener con alguna apariencia de vida a ese gigantesco zombi que es el sistema bancario europeo nos ha costado ya a los contribuyentes algo más de dos billones de euros, el valor a precios de mercado de todo lo que produce España durante un par de años seguidos. Pero, a pesar de sacrificio colectivo tan inmenso por parte de los ciudadanos europeos, la banca sigue al borde de la quiebra. Sobre todo, la italiana.

Porque el genuino problema de Renzi no era la tontería del Senado y su reforma, sino los bancos. Unos bancos, los italianos, cuya cartera de créditos vencidos e impagados alcanza a día de hoy el 17% del crédito total del país. Situación que pondría los pelos de punta a cualquier gobernante con un par de dedos de frente. Por resumirlo en una cifra, a los bancos italianos les deben 360.000 millones de euros que nunca van a cobrar. Eso viene a ser un tercio del PIB español, palabras mayores. Y lo peor es que no estamos hablando de media docena de orondos financieros multimillonarios con levita y chistera, sino de cientos de miles de pequeños accionistas que perderían sus ahorros si esos bancos terminan quebrando; cientos de miles de pequeños accionistas que también son cientos de miles de votantes irritados. Por eso Roma está buscando a la desesperada la forma legal de eludir las estrictas reglas impuestas por la Comisión Europea que le impiden el empleo de recursos públicos para recapitalizarlos. Así las cosas, una salida del euro de Italia (hoy) o Francia (mañana) conllevaría asociada la mayor suspensión de pagos (eso que los cosmopaletos llaman default) de la Historia. Tenedores alemanes de deuda emitida en euros italianos o franceses verían con horror que sus títulos se les pagarían en liras o francos hiperdevaluados. Y Alemania se daría cuenta, por fin, de que su obsceno superávit por cuenta corriente puede terminar condenándola a ella misma. Poca broma, pues, muy poca broma con esa ruleta rusa que ha puesto en marcha Renzi.

Cuba: el ruido y la furia
Gina Montaner Libertad Digital 5 Diciembre 2016

Era preciso erradicar la inclinación homosexual de individuos que podían debilitar el carácter feroz de una revolución de 'machos'.

Las expresiones de júbilo en las calles de Miami tras el anuncio de la muerte de Fidel Castro se transmitieron mundialmente. Pero más allá de las celebraciones en la capital de la diáspora cubana por la desaparición del dictador, lo que sobresalió fueron los testimonios ante las cámaras de televisión de exiliados que relataban sus terribles experiencias: años en el presidio político, familiares fusilados, la odisea de huir en balsa, los muertos del remolcador 13 de Marzo, vivencias del éxodo del Mariel, encierros en centros psiquiátricos.

La multitud se transformó en una historia oral de los sistemáticos atropellos del castrismo. Escuchándola se podía comprender el estallido de un sentimiento visceral: al fin había muerto su principal victimario, aunque el modelo despótico que impuso sigue en pie por la vía de una terca dinastía familiar.

Sin embargo apenas tuvieron eco los testimonios de gays que fueron internados en los campos de trabajo forzado, Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), que Fidel Castro puso en funcionamiento en la provincia de Camagüey de 1965 a 1968. En estos campos de concentración también fueron internados testigos de Jehová, católicos y protestantes por practicar la libertad de culto en un país ateo por decreto. Pero en la UMAP se ensañaron particularmente con el colectivo gay que tanto repudiaban los dirigentes de una sociedad que incluso antes del triunfo de la revolución era sexista y homófoba.

Coincide el establecimiento de la UMAP con unas declaraciones que ese mismo año Castro le concedió al periodista estadounidense Lee Lookwood como parte de un extenso fotorreportaje:

Jamás llegaremos a creer que un homosexual pueda encarnar las condiciones y requisitos de conducta que permitieran considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero militante comunista.

Toda una declaración de principios que dio pie a una caza de brujas que incluyó el tratamiento de la homosexualidad como una "enfermedad" que debía revertirse. De ese modo, por los campos de trabajo forzado desfilaron miles de "antisociales" que fueron sometidos a programas de "reeducación". Un requisito indispensable para ser un buen revolucionario era ser un macho rebosante de testosterona como los comandantes que bajaron de la Sierra Maestra.

Es meritorio el trabajo que el joven historiador cubanoamericano Joseph Tahbaz escribió, "Demystifying las UMAP: The Politics of Sugar, Gender, and Religion in 1960s Cuba", en el que señalaba:

Por un lado, a los de derecha les gusta hablar sobre la represión en Cuba, pero no les gusta hablar sobre los derechos de los homosexuales. Mientras que a los de izquierda les encanta hablar sobre los derechos de los homosexuales, pero evitan hablar de los problemas en Cuba. Y parece ser que, entre este cisma ideológico y el estigma contra la homosexualidad, la historia de las UMAP casi ha sido olvidada.

Una certera valoración acerca de un pueblo, tanto fuera como dentro de la isla, que aún arrastra un profundo prejuicio contra la homosexualidad. Un macho alfa como Castro no podía tolerar a los gays. Era preciso erradicar la inclinación homosexual de individuos que podían debilitar el carácter feroz de una revolución con hombres que, según el Che (si cabe más ortodoxo que Fidel), eran "perfectas máquinas de matar". Y para erradicar esa "lacra", tal y como cita Tahbaz, en 1965 el ministro de Salud Pública impulsa un programa de "prevención" y de "cura" que llegó a incluir descargas eléctricas para arreglar este "desvío". Prácticas cercanas a los escalofriantes experimentos nazis.

En dictaduras longevas como la cubana da tiempo para el revisionismo "dentro de la revolución", con el fin de ocultar las inmundicias acumuladas a lo largo de más de medio siglo. Uno de los mecanismos empleados es reescribir la historia a su antojo, algo de lo que se ha encargado Mariela Castro, al frente del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). La hija del gobernante Raúl hoy aboga por los derechos de LGTB, insertando con calzador en la narrativa de la revolución a un colectivo marginado. El historiador cubano Abel Sierra Madero, especializado en sexualidad y género, le da nombre a esta maniobra:

El travestismo de Estado puede entenderse como un gatopardismo gubernamental que despliega políticas de tolerancia encaminadas a reactualizar procesos nacionales de inclusión y exclusión, para conseguir un escenario de diversidad controlada.

En estos días de lamentos plañideros en Cuba y de festejo en Miami, es inevitable recordar a tantos gays que en 1980 salieron por el puerto del Mariel tras verse obligados a declararse "escoria" y fueron expulsados de la isla a punta de pistola. Es falso que la homofobia fuera solo un pecadillo de los inicios de la revolución. En momentos como éste conviene releer las amargas y lúcidas memorias de Reinaldo Arenas, Antes que anochezca: "Todo lo que he escrito en mi vida lo he hecho contra el ruido de los demás".

© Firmas Press
La amenaza populista
Frenar el avance de esta corriente política, también en su estrategia de infiltración y asalto institucional, es crucial para evitar el deterioro del ya precario sistema de libertades actual
El Confidencial 5 Diciembre 2016

El fantasma del populismo, ya sea el de izquierdas o el de derechas, recorre Occidente. La ultraderecha nacionalista no ha alcanzado el poder en Austria, pero el izquierdista Movimiento 5 Estrellas en Italia sí se ha anotado una victoria de consecuencias difícilmente previsibles para el conjunto de la eurozona. No será, además, la última amenaza que nos depara el futuro cercano: en pocos meses, Francia se enfrentará a unos comicios decisivos donde Le Pen encabeza de momento las encuestas.

Este renovado auge del populismo constituye un fenómeno con inquietantes paralelismos al que ya azotara Europa durante la década de los treinta y, por supuesto, también al continente Latinoamericano durante la segunda mitad del siglo XX. Algunos han pretendido explicar esta vitalidad del populismo como una revuelta del 'pueblo' contra las 'élites': una especie de clamor por una mayor participación de la ciudadanía en los asuntos políticos con la finalidad de resolver los problemas que nos son comunes.

A la vanguardia de ese frente político se coloca un líder carismático, admirable, confiable e ilusionante, que canaliza los anhelos de la población desengañadaLa realidad, sin embargo, es bastante distinta. En el último informe del Instituto Juan de Mariana —titulado 'Movimientos populistas: ¿una expresión social del descontento o una estrategia para concentrar poder político?'—, el doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Francisco Marroquín, Eduardo Fernández Luiña, disecciona el movimiento populista como una estrategia política para alcanzar, consolidar y concentrar el poder. El populismo arranca con una ventana de oportunidad, a saber, una crisis real —aumento del desempleo, terrorismo, quiebras empresariales, corrupción generalizada, etc.— o una crisis artificial —la globalización o la desigualdad no asociada al aumento de la pobreza como amenazas—, que es instrumentada a través de un relato maniqueo y polarizante por parte de un frente político que se reclama antielitista y representante de los auténticos intereses del pueblo. Y, como es obvio, a la vanguardia de ese frente político se coloca un líder carismático, admirable, confiable e ilusionante, que de alguna manera canaliza los anhelos de la población desengañada en su lucha contra la casta.

Semejante estrategia populista es fácilmente reconocible en formaciones tan ideológicamente variopintas como Podemos en España, el Partido Republicano de Trump en EEUU, el chavismo en Venezuela, el Frente Nacional en Francia, el Movimiento 5 Estrellas en Italia, Syriza en Grecia o la parte nacionalista y xenófoba del Brexit en Reino Unido. De hecho, en la medida en que todos los políticos aspiran a alcanzar el poder y están dispuestos a mentir y a manipular con descaro, todos se valen de una cierta estrategia comunicativa populista: sin ir más lejos, durante la última campaña electoral, el PP recurrió sin complejos al populismo fiscal, prometiendo que iba a rebajar con determinación los impuestos, aun siendo consciente de que los volvería a multiplicar.

De ahí que el rasgo definitivo de los movimientos genuinamente populistas vaya más allá de su propaganda polarizadora y caudillista, y consista en la aspiración de construir un nuevo régimen político que subordine los derechos y libertades de los ciudadanos a la voluntad del pueblo, representada en la figura del líder carismático y en el resto de cuadros del movimiento. Es decir, el populismo no se contenta con manipular a los votantes para conquistar el gobierno —práctica que, como decimos, comparten todos los políticos— sino que aspira a reconstruir las instituciones para ampliar el poder del Estado y consolidarse en el mando.

Al cabo, los derechos y las libertades individuales —entendidos como restricciones a los ámbitos legítimos de actuación del Estado— constituyen un obstáculo para la resolución de aquella crisis social que ha dado alas al populismo: si el Estado no puede confiscar la riqueza a los ciudadanos, si no puede prohibirles comerciar con extranjeros, si no puede deportar a los inmigrantes, si no puede controlar los mensajes subversivos de los medios de comunicación, si no puede nacionalizar las industrias estratégicas, si no puede subir masivamente impuestos, si no puede devaluar la divisa, si no puede espiar e intervenir nuestras comunicaciones privadas, si no puede controlar la religión de sus ciudadanos, si no puede, en suma, planificar nuestras vidas y subordinarlas al nuevo régimen verdaderamente expresivo de los deseos de 'la gente', entonces el populismo se convierte en un movimiento maniatado e impotente frente a la problemática social que denunciaba y que lo ha encaramado al poder.

El régimen populista, por tanto, debe ir concentrando y centralizando el poder a través de la erosión de las libertades individuales. En nuestras democracias liberales modernas, esa erosión se canaliza a través de una reforma constitucional que sea 'habilitante' para el Estado: es decir, que lejos de reducir su campo de actuación, lo amplíe con las más variopintas excusas, normalmente agrupadas en torno a cortinas de humo como “derechos de tercera generación” o “regeneraciones democráticas” (todos ellos, auténticos pretextos para que el Estado amplíe su rango de actuación aun en conculcación de los derechos y las libertades básicas de las personas).

Frenar el avance del populismo —no solo en su vertiente comunicativa, sino en su estrategia de infiltración y asalto institucional— es crucial para evitar el deterioro del ya precario sistema de libertades actual. Y al populismo se lo ha de combatir esencialmente en el terreno cultural e intelectual: exponiendo ante el público sus mentiras sistemáticas y su liberticida jerarquía moral. Confiar en que la crisis escampe y en que con ella también se diluya la amenaza populista es librarnos del problema solo a corto plazo, pero para volver a padecerlo en el largo plazo (cuando regrese la próximo crisis): mientras la mayoría de ciudadanos no interiorice la idea de que las crisis y los conflictos no justifican un cercenamiento de las libertades de las personas, el Estado continuará medrando a golpe de 'shock' y el populismo disfrutará de un abonadísimo terreno para expandirse.

Por eso, la verdadera alternativa al populismo, la única forma de contener permanentemente sus cíclicas embestidas, es la extensión social de los valores liberales, que imponen estrictos e irrenunciables límites al poder político. Mientras sigamos reconociéndole una autoridad política cuasi absoluta al Estado, los movimientos populistas continuarán floreciendo en cada crisis para tratar de colonizar e instrumentar ese Estado omnipotente. Frente al despotismo arbitrario del populismo, liberalismo.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Tabernarios de Alsasua
Manuel Molares do Val Periodista Digital 5 Diciembre 2016

Alsasua es un pueblo navarro pegado a Guipúzcoa que le debe su existencia como centro industrial a la españolísima línea de ferrocarril Madrid-Irún, abierta en el siglo XIX.

Durante el franquismo amplió allí sus talleres de material que atrajeron población del resto de España hasta duplicarla y llegar a los 7.200 habitantes que mantiene desde entonces.

En la madrugada del 15 de octubre, fin de semana, entre treinta y cincuenta jóvenes vinculados a los partidos herederos de ETA atacaron en horda a dos guardias civiles de paisano y sus parejas tras descubrirlos en un bar donde estaban tranquilamente, hiriéndolos, a uno de gravedad.

Este linchamiento se añadía a las agresiones verbales, los desprecios y la segregación a la que somete una parte de los habitantes del pueblo a quienes representan el orden del país que les da de comer, sí, también con la fábrica de carrocerías Sunsundegui, varios talleres ferroviarios de CAF, y empresas auxiliares.

¿Cuántos hijos de extremeños, andaluces o gallegos había en la jauría que atacó a los guardias civiles? ¿Cuántos maketos reconvertidos, como los hijos de charnegos Rufián de ERC o David Fernández, “el chófer de ETA”, de la CUP, separatistas catalanes?

Enseguida identificaron a los principales agresores, de los que media docena están en prisión preventiva acusados de terrorismo: su violencia fue una bomba intimidatoria sin explosivo que aterroriza a familias enteras.

Lloran los agresores y sus familias alegando que aquel linchamiento fue “una pelea tabernaria”, versión a la que se ha unido Podemos, que está en todo lo peor.

Se manifiesta con los proetarras y acusa a los agentes de provocación, como cuando en una manifestación apalearon a un policía aislado –origen de la “Ley Mordaza”--, e Iglesias Turrión proclamó su emoción ante aquel espectáculo.

 


Recortes de Prensa   Página Inicial








































































 

 

 1  1