AGLI

Recortes de Prensa   Jueves 17 Febrero 2000
#El Foro de Ermua pide ayuda en Europa
J. L. ARGIÑANO El Mundo 17 Febrero 2000

#La plataforma ¡Basta ya! dice que el Gobierno vasco no apoya a las víctimas
EL PAÍS, Bilbao 17 Febrero 2000

#La Cataluña virtual y otra
Valentí PUIG ABC 17 Febrero 2000

#El Cervantes y los editores lanzan una ofensiva para extender el español en EE UU
M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA, Madrid El País 17 Febrero 2000

#Hacia el posnacionalismo
MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN El País 17 Febrero 2000

#Nota del editor:
17 Febrero 2000

El Foro de Ermua pide ayuda en Europa
J. L. ARGIÑANO El Mundo 17 Febrero 2000

BILBAO.- El Foro de Ermua ha elaborado un documento dirigido al Parlamento Europeo en el que le reclama que «condene» la política del Gobierno vasco por su pacto con Euskal Herritarrok, y acusa a todas las formaciones nacionalistas -incluido el propio Ejecutivo vasco- de querer impulsar un proyecto independentista para crear una nación soberana «por medio del terror colectivo y la coerción social».

Este colectivo, constituido tras el asesinato del concejal Miguel Angel Blanco, lanza duras acusaciones contra el gabinete de Ibarretxe y los partidos vascos, y asegura que en el País Vasco no existen garantías suficientes para vivir en libertad.

El Foro de Ermua, que define este documento como la Declaración de Estrasburgo, admite que las instituciones vascas son democráticas, pero denuncia que los políticos que están al frente de ellas hacen dejación de sus funciones en favor del objetivo de la independencia de Euskadi.

La plataforma ¡Basta ya! dice que el Gobierno vasco no apoya a las víctimas
EL PAÍS, Bilbao 17 Febrero 2000   www.siboney.es/bastaya

El portavoz de la Iniciativa Ciudadana ¡Basta ya!, Carlos Martínez Gorriarán, afirmó ayer que el Gobierno Vasco, al no secundar la manifestación convocada para el sábado en San Sebastián, ha demostrado "una vez más" que "apoya lo que sea de los victimarios y nada de las víctimas". El también profesor de la Universidad del País Vasco recordó que el objetivo fundamental de la manifestación es pedir la desaparición de ETA, por lo que dijo no entender cómo el Ejecutivo de Juan José Ibarretxe "se opone" a ella cuando "dice estar en favor" del fin" de ETA, informa Efe. El PSE, el PP y UA sí se han sumado a la protesta.

Martínez Gorriarán declaró que el Gobierno de Vitoria "se pliega a las presiones de ETA y HB pero no acepta otras" y que es "injusto" porque "sólo gobierna para los nacionalistas". Y, tras mostrar su decepción por las críticas recibidas por parte de PNV y EA, lamentó que el Gabinete de Ibarretxe haya estado presente en manifestaciones en favor de los presos de ETA y "jamás haya apoyado ninguna iniciativa de las víctimas", como la manifestación del sábado, convocada por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Denon Artean, el Foro de Ermua, la Fundación Gregorio Ordóñez y el Movimiento contra la Intolerancia, entre otros.

Sin embargo, el dirigente del PNV Iñaki Anasagasti indicó que la manifestación es una iniciativa electoral contra el PNV. En una entrevista en Euskal Telebista, dijo que es una "exageración, una manipulación y una injusticia" decir que en Euskadi los no nacionalistas no gozan de libertad para expresarse y que el Gobierno vasco no cumple con su obligación de defender el Estado de derecho.

La Cataluña virtual y otra 
Valentí PUIG ABC 17 Febrero 2000

El eje central del pujolismo no se mantiene fijo, sino que actúa de forma pendular, lentamente, a semejanza del eje del corazón humano, más horizontalizado en los individuos pícnicos y más verticalizado en los asténicos. Con Jordi Pujol al frente, la corriente principal del nacionalismo catalán parece haber superado aquella etapa que tan negativamente enfrascó al irredentismo irlandés al pensar que las derrotas del enemigo británico eran victorias para lrlanda. Según la EPA, la población activa en España ya supera a la inactiva y, si la tasa de paro se reduce hasta el 15,43 por ciento, en el territorio de Cataluña está en un 10,08. Como la incorporación de España al euro o el actual crecimiento económico, estas constataciones avalan el posible «aggiornamento» del nacionalismo, hasta el punto de desmantelar algunas de sus retóricas y no pocos de sus atavismos.

Por eso no sorprende que lleve tiempo incubándose una tensión estratégica en el seno del pujolismo, sin grietas ni crisis manifiestas porque su actual líder mantiene la capacidad aglutinadora de un tótem. Dicho en términos muy simples, frente a quienes en la medida de lo posible desearían prescindir en Cataluña de todo vestigio de España como Estado y como comunidad de historia –incluso los toros y la zarzuela-, otro sector sabe de forma pertinente que el mayor mercado discográfico del cante flamenco es la Barcelona metropolitana.

En los orígenes regionalistas del catalanismo, el sabio Duran i Bas incorpora la realidad de la sociedad catalana a las beneficiosas estabilidades del canovismo y desde entonces no han sido pocos los intentos de articulación política entre Barcelona y Madrid, como fue la frustrada complicidad entre Maura y Cambó o el proyecto que se llamó «Operación reformista». No es nuevo el dilema para el catalanismo y se reproduce ahora mismo en las contradicciones entre la «Convergència» que firma la Declaración de Barcelona con PNV y BNG y la «Convergència» aglutinada en torno a los postulados de la «Fundació Barcelona». Entre el maximalismo y su alternativa pragmática, solamente Pujol sabe ser pícnico y asténico a la vez. En este aspecto, lo que pueda ser el post-pujolismo corresponde en parte al misterismo y en parte a la demoscopia. Mientras tanto, la larga mano de Miquel Roca mueve muchos hilos. Por su parte, Josep Piqué anda a la caza para el PP de aquellos muchos votos de la UCD que hace tiempo Pujol tomó prestados.

En el PP y en CiU es recíproca la incomodidad a la hora de pactar tanto en el parlamento autonómico como en la Carrera de San Jerónimo. Seguramente preferirían pactar de forma elíptica o por mensajes de humo, como las tribus indias. Sea como sea, ambas partes reconocen que lo que se llamó el pacto del Majestic –como sostén parlamentario de CiU a un gobierno de Aznar- se ha cumplido seriamente. Pujol baraja la hipótesis de un voto de castigo a CiU por sus relaciones con el PP pero existe escaso margen de maniobra entre la espada y la pared, especialmente porque, para la nueva legislatura, la financiación autonómica va a ser el objetivo central del pujolismo. La guerra de cifras va a alcanzar síntomas de mareo. Para eso Pujol necesita ser ejercer como bisagra una vez más. En circunstancias postelectorales propicias, la habilidad de Xavier Trias es un activo de importancia, aunque se verá contrarrestada por el sector convergente más esencialista. Esa será una época a su vez marcada por el recrudecimiento de la hostilidad entre «Convergència» y la «Unió» de Duran Lleida, como ocurre en toda coalición que se precie.

Según algunas encuestas, el electorado catalán mantiene –aunque de cada vez menos- su reticencia ante José María Aznar. Ese mismo electorado parece ser más receptivo al entendimiento PSOE-IU aunque en Cataluña lo que se ha producido es una alianza distinta, una candidatura conjunta al Senado que incluye al PSC-PSOE, a Esquerra Republicana y a IC-V —comunistas y ecologistas, en enfrentamiento con IU—. Lo más significativo es que los votantes de CiU ya no recelan tanto de Aznar. Otros datos demoscópicos referidos al conjunto de España dan notable preferencia al gobierno de coalición PSOE-IU sobre la coalición de gobierno entre PP y los nacionalistas. Aparentemente, tanto a derecha e izquierda, la opinión pública española no valora en positivo los gobiernos de coalición con CiU, y aún menos al PNV. Puesto que jamás quiere decir pasado mañana, no es aconsejable asegurar que el portazo de Almunia al entendimiento con CiU sea definitivo, pero para Pujol no sería lo mismo colaborar con un gobierno socialcomunista que —como en otros tiempos— sostener a un gobierno felipista con Pedro Solbes como ministro de Economía. Más allá de las pasiones políticas, para la sociedad catalana lo beneficioso sería tal vez que la Cataluña real lanzase una OPA amigable a la Cataluña virtual del nacionalismo.

El Cervantes y los editores lanzan una ofensiva para extender el español en EE UU
El gran Banco de Datos del Hispanismo, con más de 5.000 registros, nacerá en 2001
M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA, Madrid El País 17 Febrero 2000

Ya lo predijo Clinton hace menos de un año: EE UU será pronto el segundo país hispanohablante. Y Pedro Almodóvar, Enrique Iglesias, Ricky Martín... son hoy embajadores de lujo del idioma en América, donde ya se cuentan en cientos de millones los consumidores de sus productos en español. Un idioma que ha alcanzado con pleno derecho la categoría de "lengua de prestigio" en el mundo. El Instituto Cervantes, tres ministerios y la industria editorial se unen a la ofensiva con un programa de promoción de la literatura y el cine creados en España, y con la elaboración de lo que será el gran Banco de Datos del Hispanismo en 2001, con el que se culmina una vieja aspiración de los editores.

"Por fin la dispersión se ha acabado". Con esta declaración, el director del Instituto Cervantes, Fernando Rodríguez Lafuente, apuntalaba ayer una labor ingente y concienzuda -pero muy desordenada- que las instituciones y la industria editorial han llevado a cabo desde principios de siglo (activada tras la democracia) para expandir la cultura y el idioma españoles en América.

Y en esa conquista fue pionera la industria editorial, que sentó no sólo las bases de la política cultural, sino que se adueñó de uno de los sectores más dinámicos en la balanza de pagos. Por eso ayer estaban todos sentados en la misma mesa, aunando fuerzas: tres ministerios, el de Educación y Cultura, el de Economía y el de Asuntos Exteriores; la Federación de Gremios de Editores de España, la Asociación de Editores de Libros de Texto, la Embajada de EE UU en España, la Fundación Germán Sánchez Rupérez y personalidades del mundo editorial, como Francisco Pérez González y Juan de Isasa.

Todos a una en la firma del convenio entre el Icex (Instituto Español de Comercio Exterior), el Ministerio de Cultura y el Instituto Cervantes, de lo que es el embrión del futuro gran Banco de Datos del Hispanismo, "una reiterada exigencia por parte de la industria editorial", dijo Rodríguez Lafuente. Reconociendo un trabajo y un esfuerzo de siglos de personas que han dedicado su vida a la cultura en español.

Recurso económico
El banco, al que se podrá acceder a partir de 2001, contendrá más de 5.000 entradas. En él estarán presentes todos los creadores, organismos e instituciones privadas de todo el mundo que tengan relación con la lengua cervantina. Mostrará nombre, apellidos, dirección de correo electrónico, actividad, currículo profesional... de literatos, escritores, historiadores, por poner un ejemplo. Otro: acceso del archivo virtual de la Residencia de Estudiantes, que incluye toda la información de la edad de plata de la cultura española. El acceso será a través de las páginas de Internet de los tres organismos (Icex, Ministerio de Cultura e Instituto Cervantes), y mediante CD- Rom. Este banco servirá también para que los libreros dirijan las campañas de información a sus clientes.

El director del Icex, José Manuel Reyero, aportó la vertiente del español como recurso económico. "Para que nuestros trabajos sumen y no resten en un sector que es muy exportador, nos interesa crear una imagen de país en EE UU. Pero esa imagen, para que tenga una vertiente cualificada, debe ser cultural. Y detrás tiene unos intereses económicos, necesarios para sustentarla, porque los productos españoles se venden muy bien en Estados Unidos".

La prueba de que es un negocio solvente está en los últimos datos de ventas de libros en español en EE UU: los datos del Ministerio de Cultura de 1998 arrojaron una factura de 2.661 millones de pesetas, superando las ventas de dos países hispanohablantes, Chile y Venezuela, con 2.200 millones. Ese año la exportación de libros en español en el mundo superó los 74.000 millones de pesetas.

Quien se ocupó ayer de convencer de que vender la marca española en EE UU es una prioridad de España como nación, "no como Gobierno", matizó, fue el secretario de Estado de Cultura, Miguel Ángel Cortés, quien añadió que, además, en esa labor están codo a codo con el Gobierno estadounidense. "La política de confrontación con el inglés o la cultura anglosajona está superada, eso es ya una antigualla. Esto es un nuevo paso, no sólo de la difusión de la cultura de España, sino de la cultura en español", aseguró Cortés, no sin antes reconocer que España es aún un "socio minoritario, pero con iniciativas abiertas a otras naciones iberoamericanas".

Cine y literatura
La iniciativa pública y la industria editorial privada ("la clave está en que las plataformas culturales sean también plataformas de la industria cultural", dijo Rodríguez Lafuente) se han unido, además, en el Programa de Promoción de la Cultura y la Lengua Españolas, destinado a Estados Unidos durante el año 2000, que se presentó ayer.

El proyecto, que cuenta con una inversión de 1.175 millones de pesetas, persigue dar a conocer la literatura y el cine que se crea en España, como potentes vehículos de expansión de la lengua española. En total se ha programado una veintena de acciones, entre otras: instalar pabellones españoles en ferias del libro, como en la Book Expo America, en Chicago, durante el mes de junio, y llevar escritores españoles a la Serie de Literatura Europea de la Universidad de Georgetown; en cinematografía, presentar una muestra de cine español en Los Ángeles y participar en acontecimientos cinematógráficos; y ampliar la enseñanza del español. En ello está el Cervantes, con la apertura de nuevos centros, que se añadirán a los 36 existentes. El próximo, en el corazón de Manhattan.

Y ahora, para ayudar, ¡qué gane un Oscar Almodóvar!, desearon muchos ayer.

Clinton, Al Gore y Bush se apuntan
AGENCIAS, Madrid

La prueba de que el idioma español arrasa en Estados Unidos es que por primera vez el presidente norteamericano, Bill Clinton, pronunció en 1998 parte de su respuesta al discurso sobre el estado de la Unión en español.

Y, tras él, los dos candidatos para sucederle este año como inquilino de la Casa Blanca, Al Gore y George W. Bush, han colgado en su página de Internet una entrada donde cuentan sus excelencias en ese idioma.

Como anticipo de los datos apabullantes sobre la afición (y necesidad) de los estadounidenses al idioma español están en el anuario que el Instituto Cervantes presentará en mayo: el 80% de los estudiantes de secundaria en Estados Unidos (donde no es obligatoria la enseñanza del español) elige este idioma como segunda lengua. El 90% de los alumnos de enseñanza básica hace la misma elección. Y en la universidad uno de cada dos estudiantes opta por el español, en un país en el que conviven 20 millones de hispanos.

"El inglés es el inglés; ahora, si se me permite, el español se configura como la segunda lengua en el mundo", declaró ayer el director del Instituto Cervantes, Fernando Rodríguez Lafuente.

Y es que el español también ha extendido sus tentáculos en Extremo Oriente (China, Japón y Vietnam, sobre todo).

En el Reino Unido los bancos de inversión están llenos de jóvenes profesionales españoles que captan clientes. Y en ese país y en Alemania el español es el segundo idioma después del inglés.

Hacia el posnacionalismo
MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN El País 17 Febrero 2000

Dije, y no digo Diego, que si el franquismo pudo reprimir y ocultar las reivindicaciones nacionalistas y proponer un único nacionalismo español como unidad de destino en lo universal, la democracia española del futuro tendrá su salud y naturaleza pendientes de cómo resuelve los pleitos de los nacionalismos interiores y las dos opciones de fondo con todas sus variantes: separatismo o confederación. El problema no es sólo español. La crisis de la identificación del Estado nación con capitalismo nacional, arrollada por la economía multinacional, favorece la deconstrucción del Estado nación convencional y la alternativa de nuevas comunidades articuladas no sólo por intereses materiales compartidos, sino también por hechos de conciencia más o menos justificados por coartadas culturales o morales, entendiendo morales como la fijación de hábitos de conducta supuestamente peculiares a una comunidad, hábitos diferenciales como los que Ferrater Mora supuso en Formas de vida catalana. Aquellos paradigmas racionalizados por el filósofo catalán a partir de una Cataluña prefranquista, si eran dudosos como referentes hipotéticos, mucho más dudosos lo son en la Cataluña resultante del paso del franquismo y la transición. Estamos en una nueva nación real de los ciudadanos según el concepto de Habermas, sostenedor de que a partir de la conciencia de los derechos del hombre y del ciudadano aparece "...una nueva sensibilidad entre los propios miembros de una sociedad que se volvieron conscientes de la prioridad del tema de la realización de los derechos fundamentales, de la prioridad de la nación real de los ciudadanos, sobre la imaginaria nación de los miembros de una comunidad histórica y étnica".

Si el Estado español tiene un problema de redefinición y reestructuración, los nacionalismos periféricos han de concertarse con la nación real, la formada por la ciudadanía realmente existente y no por un imaginario de ciudadanía a la medida de una nación ideal dictada por la Historia y por una voluntad esencialista. Durante la primera parte de la Transición, la izquierda catalana, fundamentalmente el PSUC, salió de la resistencia proponiendo una nueva Cataluña, asumidora del nuevo tejido social resultante de los movimientos migratorios, concepto aproximado al de la nación real de los ciudadanos. Los análisis del PSUC fueron superando progresivamente el mecanicismo interpretativo con el que el marxismo convencional había descalificado toda reivindicación nacional y contemplaba el asalto al franquismo, y un paso más allá de una política transformadora, como el resultado de la alianza del socialismo con el catalanismo popular. Pero el nacionalismo al uso reaccionó con la sospecha de que aceptar esa nueva Cataluña sólo conducía a desvirtuar la Cataluña de siempre sobre la que tenían derecho de propiedad los supuestos catalanes de siempre, supongo que herederos directos de lo preibérico, o los que abjurasen de cualquier veleidad españolista, sea la de sentirse paisanos de los ciudadanos de España, superando el punto de vista de que eran ciudadanos adosados, fuera la de alegrarse cuando Perico Delgado ganaba la Vuelta a Francia. Durante veinte años, el nacionalpujolismo ha gobernado la comunidad autónoma de Cataluña y ha marcado las pautas identificadoras de la catalanidad, explícita e implícitamente, con la colaboración de fuerzas políticas y sociales no nacionalistas, pero conscientes del déficit de catalanidad consecuencia de cuarenta años de centralismo neoimperial franquista. La palabra normalización, aunque se empleara exclusivamente a propósito de la reinstalación lingüística, representaba el conjunto de un proyecto cultural y político: asumir como normal, propia, natural la hegemonía de la catalanidad y promulgar las normas que garantizaran esa hegemonía. Era obvio que el tejido social de la Cataluña de final del siglo XX no era el de la Cataluña anterior a la guerra civil y precisaba políticas de consenso para lo que estoy llamando reinstalación de la catalanidad y un comportamiento prudente por parte de la formación política nacionalista dominante. Consciente de la virtualidad de esa nueva Cataluña, el nacionalpujolismo ha gobernado evitando un conflicto abierto, sin crear una grave quiebra social, pero sin la menor capacidad de dar un sentido nuevo a la palabra integración. Es como si hubiera confiado en el factor tiempo como un aliado para que la nación real fuera a parar a la nación pujolista. La política de hechos consumados y hechos consensuados ha aplazado el protagonismo de la nación real de los ciudadanos, sin que el pujolismo haya explicitado suficientemente de qué imaginario de la catalanidad parte, paralizado a medio camino entre el tradicionalismo nacionalclerical y la Europa de las regiones de Edgar Faure, y a veces obligado a huidas hacia adelante para compensar a su hasta ahora disciplinada clientela independentista.

El pujolismo ha aparecido como un neonacionalismo interclasista capaz de asumir el catalanismo popular y el posibilista u oportunista de otros sectores y estamentos sociales, incluidos amplios sectores del franquismo sociológico catalán reciclado. Pero a cambio de no autoclarificarse nunca, y no planteo esa autoclarificación según los términos que suele usar la derecha española: fijar los límites de la reivindicación nacionalista. El pujolismo actúa consciente de esa nación real, pero sin querer connotarla, no fuera a poner en cuestión postulados y métodos esencialistas que no han conseguido ocultar sin estafa la imposibilidad de un nacionalismo interclasista hasta la metafísica. Aparentemente, el neonacionalismo pujolista sigue demasiado pendiente de un discurso postromántico y en buena medida, como todos los neonacionalismos en ejercicio, debe su éxito finisecular a la quiebra de las grandes cosmogonías sociales cuestionadas por la forma y el fondo de la derrota del socialismo real en la Guerra Fría. Todavía el neonacionalismo que puede afectar en Europa a Estados tan estructurados como el francés, el español o el italiano, no ha sufrido un enfrentamiento directo con los señores de la globalización y su batalla ha sido de estar por casa, frente al enemigo tradicional e identificador, el Estado jacobino o centralista autoritario como el español. Cabe valorar la ayuda que ha prestado al nacionalpujolismo y a su equivalente vasco la inhibición o la impotencia de la izquierda para ofrecer una alternativa de proyecto, cuando no la complicidad social de los aparatos dominantes en la izquierda política, aliviados en Cataluña porque cuestión tan espinosa, pero venturosamente desarmada, como el nacionalismo catalán, quedaba en manos de nacionalistas pactistas. La activación crítica de la izquierda en los dos últimos años se debe al evidente desgaste biohistórico del nacionalpujolismo en Cataluña y del PNV en Euskadi y a los riesgos de descontrol que pudieran derivarse. Ante la posibilidad de despiece de la túnica sagrada, la nación real de los ciudadanos debería optar a elaborar una túnica laica y no reclamar una parte de la reliquia, y por su parte la nación real de los ciudadanos de España debería superar la acomplejada alarma ante Cataluña o Euskadi, por el procedimiento de considerar como propios sus patrimonios culturales y lingüísticos, pedagogía que debería asumir en primera instancia el Senado como cámara territorial, donde pudiera hablarse en catalán, gallego y euskera como paso previo para que estas lenguas y los hechos diferenciales que representan formaran parte de la educación general básica de la nación real de los ciudadanos de España, por encima del riesgo de construir un Estado de ciudadanías adosadas.

Nota del editor:
17 Febrero 2000

Para que nuestros lectores no se quejen de sólo ponemos artículos favorables a nuestras ideas, aquí queda esta muestra de la descripción del ombligo nacionalista. 

 

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