AGLI

Recortes de Prensa   Miércoles 23 Febrero 2000
#Ruptura imprescindible 
Editorial ABC 23 Febrero 2000

#Ejercer la libertad
Editorial El País  23 Febrero 2000

#Crímenes
El Cascarrabias La Estrella  23 Febrero 2000

#La paz que engendra muerte 
Gregorio PECES-BARBA ABC  23 Febrero 2000  

#ETA ya ha votado 
Rafael CÁMARA Diputado del PP por Álava  ABC  23 Febrero 2000  

#¿Qué hacer? 
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC  23 Febrero 2000  

#El Foro Ermua, hoy más que nunca 
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  23 Febrero 2000  

#IBARRETXE: DIMISION O CUESTION DE CONFIANZA
EDITORIAL El Mundo  23 Febrero 2000

#Así vota Euskal Herritarrok
IMPRESIONES El Mundo  23 Febrero 2000

#PNV: Ni un minuto más 
CARLOS DÁVILA ABC  23 Febrero 2000  

#Yo conocí a Fernando Buesa 
Carlos Martínez Gorriarán Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC  23 Febrero 2000  

#La mano
ANTONIO BURGOS El Mundo  23 Febrero 2000

#Crímenes en la campaña
Pablo Sebastián La Estrella  23 Febrero 2000

#El terror como bandera 
Luis Ignacio PARADA ABC  23 Febrero 2000

#La bomba o la urna 
Por JAIME CAMPMANY ABC  23 Febrero 2000

#Asesinar al pueblo 
 Jorge MÁRQUEZ ABC  23 Febrero 2000  

#Muerte
ERASMO El Mundo  23 Febrero 2000

#El enemigo del pueblo
ANTONIO GALA El Mundo  23 Febrero 2000

#Lo evidente
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  23 Febrero 2000

#¿A quiénes tenemos enfrente?
JAVIER ELORRIETA El Mundo  23 Febrero 2000

#No nos acostumbramos
IÑAKI AZKUNA El Mundo  23 Febrero 2000

#El "lobo" mata en Euskadi
Editorial La Estrella  23 Febrero 2000

#El Foro de Ermua reta a Arzalluz a que justifique el asesinato 
MADRID. S. N. ABC  23 Febrero 2000

#Ibarretxe escuchó (al fin) el mensaje de ETA
FERNANDO GAREA El Mundo  23 Febrero 2000

#Por la democracia
ANTONIO ELORZA El País  23 Febrero 2000

#Y ahora, ¿qué hacer?
TOMAS FERNANDEZ AUZ  El Mundo  23 Febrero 2000

#Redondo Terreros: «No vamos a claudicar»
El Mundo  23 Febrero 2000

#Buesa: "Lo que clama la cielo es que haya personas agredidas todos los días"
Vitoria EL PAÍS  23 Febrero 2000

#ETA asesina al ex vicelendakari Fernando Buesa y a un ertzaina con un coche-bomba en Vitoria 
VITORIA. J. J. Saldaña ABC  23 Febrero 2000

#Crimen, ética y política
JAVIER ORTIZ El Mundo  23 Febrero 2000

#Varios miles de personas expresan en Madrid su repulsa al terrorismo
AGENCIAS El Mundo  23 Febrero 2000

#Convocadas concentraciones contra ETA en toda España
AGENCIAS, Madrid El País  23 Febrero 2000

#Nace el Camino de la Lengua Castellana, un itinerario turístico por los origenes de nuestro idioma 
MADRID. S. C. ABC  23 Febrero 2000

#Arias-Salgado presenta en Madrid el capítulo español de Internet Society
PEDRO DE ALZAGA El Mundo  23 Febrero 2000

 

 


Ruptura imprescindible 
Editorial ABC 23 Febrero 2000

LA capacidad de ETA para causar el dolor es ilimitada y en su espiral de violencia está arrastrando al País Vasco a una crisis insondable de valores éticos y políticos. Los asesinatos de Fernando Buesa y de su escolta son la última muestra de una degradación humana irreversible, de un camino sin vuelta hacia la destrucción de los contenidos mínimos de humanidad que cabe esperar en cualquier persona, por perversa que sea. ETA no consiente que se dude de su absoluta criminalidad. Cada vez más aislada y perseguida dentro y fuera de nuestras fronteras, la banda ha replicado brutalmente a las iniciativas ciudadanas y políticas contra su terror desarrolladas en los últimos días, aunque, sin duda, Fernando Buesa era una víctima buscada por la banda criminal desde hacía años. Su muerte ha sido dolorosamente sentida por todos los ciudadanos de bien, sin distinción de ideologías. Fue un gran parlamentario, protagonista de los grandes debates políticos en la Asamblea vasca, en la que aún resuena el discurso contra la violencia que pronunció el pasado viernes y que acabó propiciando una derrota sin precedentes del frente nacionalista. Fue una voz firme y constante de denuncia frente a la dictadura de ETA —«nuestro enemigo es ETA», afirmó en el Parlamento— y la presión nacionalista, actitud compartida con otros muchos políticos, intelectuales, artistas, profesores, estudiantes y ciudadanos en general que, hartos de ETA y del nacionalismo oficial, se manifestaron en San Sebastián al grito de «ETA kanpora».

ETA ha pretendido que la muerte de Buesa, socialista y vasco ejemplar, representante de la soberanía popular, y como antes las de otros políticos populares y socialistas, atemorice a esa parte de la sociedad vasca que ha encontrado en su dignidad maltratada el coraje suficiente para alzarse y decirle a ETA que basta ya. Pero hoy, esos ciudadanos que ayer se concentraron espontáneamente en las calles de Vitoria, y a los que por el bien de España hay que pedirles que perseveren en su esfuerzo y en su sacrificio, extienden su «basta ya» no sólo a los autores materiales de este brutal y sanguinario crimen sino también a todos aquellos que por acción o por omisión han creado el ambiente idóneo para que el terror de ETA se multiplique con formas más imperceptibles, pero no menos eficaces. El lenguaje y los gestos de algunos dirigentes nacionalistas —a los que ya no se puede beneficiar con la benévola distinción entre moderados y radicales— han creado unas responsabilidades que deben asumir. Llamar gusanos a los manifestantes de San Sebastián, señalar con el dedo a la Prensa libre, insultar a los intelectuales no afines al régimen nacionalista, equivale, en las condiciones que se viven en el País Vasco, a poner una diana en la nuca, a trazar la línea de tiro y a dejar sembrada la explicación de la tragedia.

El nacionalismo vasco debe buscar en sus registros históricos, políticos y culturales los estímulos para su reencuentro con la democracia, que está representada única y exclusivamente por aquellos que ni practican, ni amparan, ni consienten la violencia. O se está con los demócratas o se está contra ellos. Esta disyuntiva es la que pesa sobre los dirigentes nacionalistas, quienes ya no deben seguir recibiendo el beneficio de la duda sobre sus intenciones. Es el momento de que asuman su responsabilidad intransferible para colaborar en el final de la violencia y, desde luego, en la suma de voces incondicionales contra ETA. El PNV debe saber que sus pactos con ETA y HB están causando un daño cada día más grave en las defensas éticas y políticas de la sociedad vasca, porque ha conseguido relativizar la intrínseca maldad del terror.

PERO, con todo, lo peor es el escepticismo absoluto sobre la capacidad del nacionalismo para poner fin a una dinámica de demolición de las bases institucionales y sociales de la convivencia entre los vascos. No es posible la rectificación si no hay una renovación de las personas que han conducido al País Vasco a esta situación demencial. El compromiso de personajes como Arzalluz o Egibar con el entramado político de ETA, y con ETA misma, revela algo más que una decisión coyuntural de estrategia política; expresa sin paliativos la carcoma de su conciencia democrática, la pérdida de escrúpulos de todo tipo, necesaria, por otro lado, para poder pactar con los responsables materiales y políticos del terrorismo. Un imprescindible sentido de la confianza en la razón humana permite presumir que muchos ciudadanos nacionalistas no comparten esta política de alianzas, aunque hasta el momento, sean los que sean, guardan un silencio que sólo se ha atrevido a romper José Ángel Cuerda, ex alcalde de Vitoria.

La ruptura del pacto de legislatura con Euskal Herritarrok, anunciada por el «lendakari» Ibarretxe aumenta más si cabe el aislamiento de los dirigentes nacionalistas en su obcecada alianza con el entorno de ETA. Sin dudar de la sinceridad de sus palabras, es legítimo no levantar sobre el anuncio hecho por Ibarretxe un optimismo que a todas luces sería desmemoriado. La ruptura con HB era hoy inevitable. Ibarretxe ha sido consciente de que nadie en su sano juicio hubiera entendido el mantenimiento de los acuerdos con HB, cuyos dirigentes tampoco han condenado este atentado.

Pero esta ruptura debe concretarse en un giro radical de la política del gobierno autonómico, incluso en la consideración de una convocatoria anticipada de elecciones al Parlamento vasco que renueve el mandato popular si Ibarretxe no es capaz de consolidar los apoyos parlamentarios suficientes para gobernar. Y, sobre todo, es preciso que esta actitud del Ejecutivo de Vitoria, para ser creíble y eficaz, sea secundada por el PNV, rompiendo sus compromisos políticos extraparlamentarios con HB y poniendo fin a sus aventuras secesionistas como la Asamblea de Electos y ficciones similares. Si no fuera así, nada garantiza que la ruptura del pacto con HB sea irreversible y asistiríamos una vez más a la eterna incertidumbre sobre lo que hará o no hará el nacionalismo cuando pase el dolor y se relaje el recuerdo; si prevalecerá o no la afinidad nacionalista sobre los imperativos de la ética.

COMO señaló el presidente Aznar en su declaración tras el doble atentado mortal, emplazando claramente al PNV, es la hora de las respuestas sin ambigüedades frente a la violencia, sin equidistancias entre los que mueren y los que matan, que siempre son los mismos. Las muertes de Fernando Buesa y de su escolta han de servir como llamada para la reagrupación de los demócratas en torno a la paz y en el mismo bando, porque la paz sólo es una y siempre está con los demócratas.

Ejercer la libertad
Editorial El País  23 Febrero 2000

FERNANDO BUESA hizo de la libertad un ejercicio permanente y público. Sabía que estaba en la diana de ETA, y asumió las cautelas de seguridad que le exigía el cargo, pero nunca se sometió a las amenazas. Sostenía que la mejor pedagogía frente al terror era defender abiertamente las ideas propias. Lo hizo sin concesiones como portavoz socialista en el Parlamento vasco, donde consiguió sacar adelante el viernes una moción contra la violencia, y también en las calles. Coherente hasta el fin, el sábado estuvo al frente de la manifestación que recorrió San Sebastián para exigir la disolución de ETA. Su asesinato -y el de su escolta- es sólo la última prueba de que el País Vasco es un territorio cuyos ciudadanos viven bajo un estado de excepción. Pero la única forma de rescatar la libertad es ejercerla, como Buesa, a plenitud.

No hace falta esperar a leer hoy el boletín externo de los terroristas para saber que al que fuera vicepresidente del Gobierno vasco y portavoz en ejercicio de los socialistas en la Cámara de Vitoria lo han asesinado por no plegarse a las imposiciones de la organización terrorista y de sus amigos.

ETA ha asesinado a ese político y a su escolta, un agente de la policía autonómica vasca, dos días después de que el portavoz de EH, Arnaldo Otegi, compañero de Buesa en los bancos del Parlamento de Vitoria, se refiriese a los participantes en la manifestación del sábado en San Sebastián como "la gusanada". Entre esos manifestantes gusanos estaba el que es hoy el último nombre en la lista negra de ETA. "Que no vayan de víctimas", les había dicho Arzalluz.

Acaban de cumplirse cinco años del asesinato del concejal y diputado autonómico del PP Gregorio Ordóñez. El periódico que entonces hacía de boletín invocaba "la lógica que mueve a la organización armada" para interpretar que el atentado era "una respuesta" al PP, como "posible vencedor de las próximas elecciones", por su negativa a "buscar soluciones al conflicto". Días después, ETA confirmaba que había matado a Ordóñez por pertenecer a un partido que ha dicho que, "en caso de asumir la responsabilidad de gobierno, las vías de las conversaciones no estarían más abiertas que ahora".

En 1999 fue el PP el objetivo preferente de las acciones de sabotaje y amedrentamiento. En lo que va de año se han registrado 12 ataques contra sedes y militantes socialistas, y uno, el pasado fin de semana, contra un concejal del PNV. La fijación sobre los socialistas tiene el significado inequívoco de un aviso por si ganan las elecciones. Más concretamente: que si ganan y ETA decreta una nueva tregua deberán ceder a sus exigencias.

Pero es también un desafío frontal al nacionalismo. La tregua de ETA hizo posible una alianza entre el nacionalismo violento y el democrático, que se adaptó a las exigencias del otro. Durante el año y medio que duró el alto el fuego, el PNV y EA fueron deslizándose hacia concesiones cada vez mayores bajo la amenaza de que si no se mostraban diligentes en la construcción nacional volverían los atentados. En esos meses, la Ertzaintza redujo al mínimo su actividad contra el mundo violento por temor a que una actuación más enérgica fuera utilizada como pretexto para el regreso de ETA. Lo mismo ocurrió en Irlanda del Norte entre agosto de 1994 y febrero de 1996, un tiempo en el que no hubo atentados, pero en el que se intensificaron los ataques que aquí llamamos kale borroka. Se suponía que si había ruptura de la tregua se romperían de inmediato las relaciones entre los dos nacionalismos. Sin embargo, se mantuvieron tras el anuncio del fin del alto el fuego e incluso después del asesinato del teniente coronel Pedro Antonio Blanco, el 21 de enero. Ibarretxe dejó en suspenso el pacto con EH que sostenía a su Gobierno, pero su política siguió siendo la del acuerdo de Lizarra, que siguió vigente.

Ésa era la situación hasta ayer: un Gobierno vasco, incluyendo a su policía, maniatado por el temor a agraviar a ETA y a su brazo político, y unos partidos nacionalistas sometidos a chantaje y cortándose la retirada con una política suicida de superación del estatuto, único marco que hubiera permitido articular una política alternativa de consenso. Un chantaje siniestro: puesto que la paz -antes, el mantenimiento de la tregua; ahora, su restablecimiento- depende de la actitud de los partidos nacionalistas, éstos deben mostrarse fieles a Lizarra, pase lo que pase; aunque vuelvan a matar. Un planteamiento perverso porque la amenaza no es tanto la de atacarles a ellos, sino a los otros, a los no nacionalistas. Lo que ETA dice al PNV y EA es que si no hacen lo que deben matarán a socialistas y populares; que les convertirán en sus cómplices; que harán recaer sobre ellos la sangre que derramen.

Por ello, el momento es de enorme gravedad. El lehendakari dio ayer por roto el pacto de gobernabilidad con EH. Era imposible que siguiera gobernando apoyado en el brazo político de la organización que ha asesinado a un ex vicelehendakari y a un ertzaina. Pero está por ver la actitud de los partidos nacionalistas. Su rechazo a admitir la evidencia de que ETA no buscaba la paz, sino otra cosa, revela un voluntarismo irresponsable. De la actitud que adopten ahora los que dieron a sus partidos la embarcada de Lizarra dependen muchas cosas. La primera, que pueda recomponerse la unidad de los demócratas o que obliguen a los no nacionalistas a defender en solitario, y bajo grave riesgo, sus libertades individuales; entre ellas, la de no ser nacionalista.

Crímenes
El Cascarrabias La Estrella  23 Febrero 2000

Como en esas negras historias de asesinos en serie de las inmundas mafias del crimen, ETA ha vuelto a matar. Ha dejado  los cuerpos rotos e inanes de personas inocentes sobre el césped verde y muy esperanzador de la Universidad.  Las últimas víctimas elegidas, con macabro acierto o por casualidad,  se llamaban "Blanco" de apellido: Miguel Angel Blanco, teniente coronel Blanco, diputado Buesa Blanco. Son asesinos en serie y sin piedad. Hacen falta más manos blancas para la paz.

La paz que engendra muerte 
Por Gregorio PECES-BARBA ABC  23 Febrero 2000

Conozco a Fernando Buesa desde hace muchos años. No conocía a don Jorge Díez, el ertzaina que ha muerto con él. A la repugnancia intelectual y afectiva que produce todo asesinato terrorista, se une en el caso de Fernando la constancia personal de su calidad moral y de sus valores políticos y ciudadanos.

A principio de los años 80 le encontré por primera vez, y le caractericé desde entonces como un hombre tranquilo, de convicciones firmes, de espíritu libre y de voluntad enérgica. Los socialistas vascos, admirables por su defensa de la libertad, de la Constitución y del Estatuto, junto con los demás demócratas que luchan contra la barbarie terrorista, y contra los talantes dogmáticos e intolerantes que la apoyan y la comprenden, tenían, entre otros, a Fernando Buesa como un portavoz infatigable, con un pensamiento lúcido y claro.

Él sabía, como lo sabemos muchos, y desde luego la gran mayoría de los vascos y de los demás españoles, que la apuesta por la paz auténtica era defender las reglas de juego de la Constitución y el Estatuto.

Después de muchos años de intolerancia, de intentos fallidos, de persecuciones, de una terrible guerra civil y de una dictadura, la España civil, secularizada, sociedad abierta y libre, había acabado con la persecución de los heterodoxos, había resuelto todos los agravios reales de las minorías lingüísticas y culturales y había dotado de una gran autonomía a las naciones y regiones que componen la nación España.

Estaba dispuesto, como muchos más, a defender esos logros, a avanzar en su desarrollo y a justificar la seguridad y la paz que eran ya reales y de las que se beneficiaban todos. Rechazaba los aventurerismos que en nombre de una paz sectaria e imposible, apoyada en el terror, otros defendían, e intentaba rescatar a los nacionalistas democráticos, con quienes compartió el Gobierno de Euskadi, de esa espiral de colaboración irracional con los violentos. Sabía, con Rousseau, que la fuerza no hace Derecho y que sólo debemos obedecer a los poderes legítimos.

Su clarividencia se ha encontrado con la irracionalidad criminal que ha destruido a una familia, desde esa «paz» que mata, como ha destrozado al joven ertzaina y a sus familiares, como nos ha destrozado a todos los demócratas y a los amigos y compañeros de Fernando.

Nos contempla ya muerto, desde la luz tranquila de los luceros, como decía el presidente Azaña, y nos transmite el mensaje de los demócratas y de los hombres de bien: «Ya tenemos la paz, no busquemos una “paz” imposible que engendra muerte».

ETA ya ha votado 
Por Rafael CÁMARA Diputado del PP por Álava  ABC  23 Febrero 2000

ETA nunca permanece al margen cuando los vascos somos convocados a las urnas. Hoy hace 16 años, se hacía presente ante los vascos asesinando al senador socialista Enrique Casas. Asesinó a Gregorio Ordóñez semanas antes de las elecciones municipales de 1995 y a Miguel Ángel Blanco nos lo arrebató antes de las elecciones al Parlamento Vasco en 1998.

ETA ha vuelto a utilizar su más genuina fórmula de representar su proyecto político. ETA ha matado. Ya no es necesario que la Junta Electoral Central prohíba a Herri Batasuna utilizar sus espacios electorales para mostrarnos las pistolas y las capuchas negras de ETA. El cartel electoral de Herri Batasuna, de ETA, ya no es la abstención coactiva, hoy ese cartel tiene dos nombres: Fernando Buesa y Jorge Díez. Fernando Buesa lo ha sido todo en el País Vasco, y lo ha sido por que miles de vascos decidieron en las urnas que tenía que ser parlamentario, vicelendakari durante cuatro años y Diputado General de todos los alaveses. Fernando Buesa ha sido una de las voces más reputadas y brillantes del socialismo vasco, y lo ha sido porque miles de vascos depositaron un día el voto con su nombre.

Jorge Díez ha sido asesinado por proteger una vida amenazada, por defender con firmeza, entereza, valentía y eficacia que el País Vasco es tierra de acogida, es tierra con un profunda e inmensa vocación de libertad y que no hay espacio para quienes pretenden arrinconar a una gran parte de nuestro pueblo y para quienes prefieren la tutela del terror a la tutela del Estado de Derecho. Buesa intervenía por última vez en una tribuna el pasado viernes. En esa inolvidable intervención planteaba la necesidad de exigir al Gobierno vasco actuaciones decididas para devolver la calle a los vascos de bien, hoy en manos de ETA y de sus cómplices. Fernando Buesa venció en la tribuna a un Gobierno vasco tibio, pusilánime e incapaz de liderar a toda una sociedad que clama por la libertad. Ibarretxe es un cautivo más de ETA, como lo es el partido para el que gobierna, el PNV. El PNV está con el mundo de ETA, da lo mismo si lo hace con noble intención o no, mañana romperá con HB, pero ¿y pasado mañana?

Todos los vascos hoy estamos con la familia socialista vasca, estamos con la libertad. En el País Vasco hoy, todo está dicho. ETA ya ha votado, y algunos siguen midiendo sus palabras. Fernando, por ti. ¡Viva la libertad¡

¿Qué hacer? 
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC  23 Febrero 2000

EL dolor, la indignación y la condena moral constituyen la única primera reacción posible ante el nuevo crimen de ETA. Cuando se habla de la organización terrorista, todos los crímenes son el mismo crimen, porque todos atentan contra lo mismo: contra la vida y la libertad, contra el derecho y la democracia, contra la dignidad humana; también, contra la unidad de España y la soberanía nacional. Pero el dolor, la indignación y la condena moral son reactivos más que activos y sobre ellos es preciso construir la reflexión y la respuesta política y cívica con que hay que responder al desafío. Cuando nos preguntamos ¿qué hacer? ante tanta miseria, las miradas se dirigen hacia el Gobierno y el principal partido de la oposición —unidos por tantas cosas y, también, por encontrarse en el punto de mira de los crímenes de ETA— y, sobre todo, hacia el PNV, pues seguimos pensando que una de las claves de la solución, no la menor, se encuentra en las manos del nacionalismo vasco.

Al Gobierno y a la oposición cabe exigirles unidad, por encima de sus discrepancias, tan naturales como infinitamente pequeñas ante el terror, y continuidad en la lucha contra el crimen con los medios que proporciona el Estado de Derecho. Ni uno más, pero también ni uno solo menos. Pero las miradas se vuelven una vez más hacia el PNV, pues todos sabemos lo mucho que puede y debe hacer y lo mucho que aún no ha hecho. La firme e inequívoca condena institucional de ayer constituye un deber político y un imperativo moral, pero no basta.

No basta sólo con condenar cuando hay tanto por hacer. En primer lugar, romper definitivamente, y no meramente suspender, como hicieron después del reciente crimen cometido por ETA en Madrid, con EH. Romper definitivamente con el Pacto de Estella —y no sólo el pacto de legislatura— entre cuyos promotores y firmantes se encuentran los patrocinadores y cómplices del crimen de ayer y de tantos otros. Estella está muerto y ETA es su asesino. Al PNV sólo le cabe el papel de médico que certifique la defunción. En realidad, nació muerto porque en lugar de trazar la única divisoria legítima entre víctimas y verdugos, demócratas y asesinos, pretendió trazarla entre nacionalistas y no nacionalistas, condición que, ante el terror, importa más bien poco. Cualquier condena por parte del PNV que no vaya acompañada del repudio y aislamiento de EH, sonará con razón a hipocresía o a algo aún peor. Si el PNV no participa en todos los actos ciudadanos de condena a ETA, al lado del PP, del PSOE, de IU, de todas las fuerzas políticas democráticas, y, por lo tanto, enfrente de EH, adquirirá una responsabilidad política y moral de la que no podrá desembarazarse. Si el PNV no contribuye, mediante una iniciativa política del lendakari Ibarretxe, a la restauración del espíritu de Ermua y a la recomposición de los pactos de Ajuria-Enea y de Madrid, revelará que por encima de su compromiso con la paz, la libertad y la democracia está su opción en favor del separatismo. Las nueces del árbol que ETA sacude están podridas. Quien se alimenta de ellas se alimenta de la indignidad. No puede quejarse de que se «demonice» al nacionalismo quien pone una vela al Dios de la vida y de la libertad y dos al demonio del totalitarismo terrorista.

¿Significa esto que el PNV deba abandonar la defensa de sus fines y proyectos políticos? Pues sí, mientras vengan apoyados y avalados por el terror. Quien se beneficia de la muerte es aliado de la muerte. Al PNV, además de todo lo anterior, cabe exigirle la renuncia a sus «proyectos soberanistas» y al «ámbito vasco de decisión», fines políticos anacrónicos y antihistóricos, pero legítimos si se sirven con las armas de la palabra y de los votos, pero abyectos si se apoyan en el crimen. El PNV tiene el imperativo moral y cívico de anunciar a ETA que mientras no abandone las armas y autodisuelva no apoyará la causa «soberanista» ni la independentista. Mientras no lo haga su causa vivirá política y moralmente contaminada. Si lo hace, traspasará la linde de la ambigüedad para situarse sin reservas en el ámbito de la democracia. ETA debe saber que nada conseguirá con su estrategia. El pueblo español, incluido, por supuesto, el vasco, el Gobierno, la oposición y los partidos políticos democráticos ya se lo han dicho. Es el turno del PNV.

El Foro Ermua, hoy más que nunca 
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  23 Febrero 2000

LA noticia del asesinato de Fernando Buesa me llega cuando acabo de terminar mi crónica sobre la crisis del Foro Ermua. ¿Deberé descartar el tema? o, por el contrario, ¿acaso no tengo la obligación moral de mantenerlo tal cual ante esta prueba terrible de la muerte, a esta luz agónica a la que nos condena ETA? Es posible que, entonces, algunas de las dudas que planteamos en la «normalidad» como demócratas se disipen más fácilmente. El hecho es que, hoy más que nunca, el Foro Ermua debe salvarse a pesar de las diferencias entre sus miembros. Es una obligación ante el Terror.

Escribía mi crónica en estos términos: «Las tensiones que hasta ahora no pasaban de ser las propias de un colectivo plural en un clima tan conflictivo como el vasco han saltado a la calle: unos cuantos miembros han hecho pública su disconformidad con el documento que la dirección del Foro presentó el 17 de febrero a Nicole Lafontaine, presidenta del Parlamento Europeo. En carta publicada en “El País” critican el “radicalismo” de los términos en que está redactado y que, a juicio de los firmantes, viene a desacreditar la buena causa del Foro.

Lo que llama la atención no es la disidencia ya que ésa es precisamente la cualidad que deben tener los demócratas frente al totalitarismo de los nacionalistas; ni el hecho de haber hecho públicas las divergencias interiores puesto que es una forma de implicar a la sociedad en el debate. Lo que sorprende es que los disconformes no hayan explicado cuáles son las expresiones radicales que vienen a echar por tierra la buena causa del Foro. Al actuar así expresan un ataque sin posibilidades de que el lector juzgue. Deja a los otros en la indefensión y en el desprestigio.

Este cronista, que se ha preocupado por conocer los “radicalismos” verbales del texto, piensa que la lectura de éste va a conducir a la perplejidad no ya por su contenido sino porque algunos miembros del Foro se hayan escandalizado. El documento hace una descripción de la situación “asfixiante” del País Vasco que debería ser motivo de la atención de los parlamentarios europeos. El texto del Foro es ciertamente radical con el nacionalismo vasco aunque no por ello injusto. Sitúa a los parlamentarios europeos ante un nacionalismo no ya virtual como el de Haider, sino tan real que mata. El escrito explica la naturaleza del nacionalismo vasco, tanto más peligrosa por cuanto no responde a los esquemas clásicos de los fascismos y de los que sin embargo es una “metástasis”.

La disensión en el seno del Foro Ermua nos sitúa ante dos formas de enfrentarse a los nacionalismos. Sería ridículo quedarse en una cuestión de inconveniencias verbales. Por un lado está la actitud de quienes consideran que el nacionalismo “moderado”, no partidario de la violencia, tiene una naturaleza democrática aunque, como en este caso, formen gobiernos con un partido que es expresión política del terrorismo y aunque defiendan y practiquen la discriminación etnicista hasta el extremo de considerar no vascos a la mitad de los habitantes de la región. Por otro lado, está la actitud de quienes consideran que ese nacionalismo es un cáncer aunque preconice el juego pacífico como propio.

Sin duda los parlamentarios europeos habrán encontrado una corroboración del texto en la posición del PNV criticando la manifestación “Basta ya” contra ETA y en las pintadas en la casa de Ibarrola.»

Hasta aquí llegaba mi crónica sobre la crisis del Foro Ermua. Fue en ese momento cuando me llegó la noticia del asesinato del parlamentario socialista Fernando Buesa. Otra terrible corroboración del cáncer nacionalista.

IBARRETXE: DIMISION O CUESTION DE CONFIANZA
EDITORIAL El Mundo  23 Febrero 2000

El lehendakari Juan José Ibarretxe anunció ayer, horas después del asesinato por ETA del portavoz socialista en el Parlamento vasco, Fernando Buesa, la ruptura formal del acuerdo de apoyo parlamentario suscrito por su Gobierno con Euskal Herritarrok, un pacto que había quedado «en suspenso» tras el anterior asesinato de la banda terrorista, el del teniente coronel Pedro Antonio Blanco. Es un gesto significativo, pero no basta.

No basta si no se concreta en una ruptura material y definitiva con quienes, reiteradamente, apoyan y alientan la violencia, y que sólo la lamentan, como se desprende del comunicado hecho público ayer por HB, porque viene a significar que la sociedad vasca no se ha plegado a su chantaje. No basta si no tiene un sentido radicalmente dispar del que ha tenido la «suspensión» vigente hasta ayer, puesto que, con una paradójica dosis de cinismo, el lehendakari investido por el voto de los cómplices del terrorismo y el Gobierno que administra un Presupuesto aprobado con idénticos apoyos, se limitaban a buscar respaldos puntuales sin romper en absoluto los pactos partidistas con los que querían construir una nación que margina a quienes no son nacionalistas.

No basta, por lo tanto, si no supone un cambio radical en los fundamentos de la política del Gobierno de Ibarretxe. No en vano, y con el acuerdo suspendido, el Ejecutivo de Ibarretxe se negó el pasado sábado a asistir a la manifestación convocada por la Iniciativa Ciudadana ¡Basta ya! pidiendo el fin de ETA. Y el día anterior no quiso apoyar la moción que el propio Fernando Buesa presentó y defendió en la Cámara contra la violencia callejera al pretender dulcificarla evitando el término «condena» para conseguir, precisamente, el apoyo de EH, que finalmente no asistió.

Y no basta porque Ibarretxe no puede soslayar la tremenda responsabilidad política de que uno de los dos principales líderes de la oposición parlamentaria a su Gobierno haya sido asesinado, a 300 metros de la sede de la presidencia del Gobierno vasco, por los pistoleros de sus socios políticos.

El único modo de eludir la de otra manera ineludible dimisión lo tiene Ibarretxe en el artículo 150 del Reglamento del Parlamento vasco que regula la «cuestión de confianza» que el lehendakari puede plantear a la Cámara «sobre su programa o sobre una declaración de política general». No es sino lo que le pidió el pasado viernes Fernando Buesa y a lo que Ibarretxe se negó. Ahora, si quiere de verdad demostrar a la ciudadanía que el giro de timón en su política es sincero y eficaz, no podrá negarse. De otro modo, estaremos ante una nueva dosis de retórica destinada, tan sólo, a capear el temporal de las emociones que tan vil asesinato desata.

La cuestión de confianza tendría que implicar, para conseguir el apoyo de todos o de algunos de los partidos democráticos que constituyen la oposición, la ruptura por parte del PNV del Pacto de Lizarra y, en consecuencia, el final de otros acuerdos con EH en el entramado institucional de la comunidad autónoma. No se puede, ni ética ni políticamente, colaborar con quienes tienen o admiten como estrategia la muerte y el chantaje.

Tras negociar en secreto con ETA, tras la vuelta de la banda a la acciones terroristas reprochando al PNV que no había cumplido sus compromisos como ETA quería, la perversión de este proceso de entendimiento era evidente antes de estos últimos asesinatos. Ahora, ante la vileza con la que se quiere construir ese utópico País Vasco abertzale, no se comprende que el PNV, en su comunicado de condena de ayer, no saque ninguna consecuencia política. No es sólo, como dice el documento de su Ejecutiva, que este asesinato «desprecia a cuantos alaveses le han constituido en su representante por el voto». Desprecia también a todos los demás ciudadanos y a las más elementales normas del comportamiento político, a las que el PNV no debería ser ajeno.

Es hora ya de que el PNV vuelva de la sinrazón de su estrategia reciente. El alcalde de Bilbao, el nacionalista Iñaki Azkuna, escribe hoy en las páginas de EL MUNDO algo que resulta incontrovertible. «Me rebelo y quisiera gritar que no es posible seguir así, con estos insensatos, que no hay estrategia política que merezca una muerte». El PNV no puede conformarse, ante la gravedad de lo que está ocurriendo, con una condena sin efectos políticos. Y Arzalluz no puede seguir en la vida pública cuando los asesinos que comparten fines y tácticas con sus compañeros de viaje, terminan con la vida de sus adversarios políticos. Sus últimas palabras, acusando al PP y al PSOE de ser los que enrarecen la vida en Euskadi, son una losa que descalifica su política y su dignidad personal.

Así vota Euskal Herritarrok
IMPRESIONES El Mundo  23 Febrero 2000

  Desde el mes de octubre del año 98, los 14 parlamentarios de Euskal Herritarrok (EH) en el Parlamento de Vitoria se han sentado a escasos metros del escaño de Fernando Buesa. Las 14 personas cuyos rostros se reproducen sobre estas líneas se han cruzado con él en los pasillos del Parlamento. Sus portavoces han compartido numerosas reuniones con el político socialista al que ETA asesinó ayer. Y a pesar de todo, el cuerpo de un compañero de escaño destrozado en la calle no les ha inmutado. Horas después del asesinato, EH emitió un comunicado en el que se limitó a «lamentar» la muerte de Buesa como si hubiera fallecido por causas naturales. Además EH asegura que su objetivo es construir la «paz y la democracia». ¿Se construye la democracia matando al adversario político? El pasado viernes, los parlamentarios de EH se ausentaron de un debate en el Parlamento vasco en el que Buesa defendió una moción condenando la lucha callejera. Arnaldo Otegi dijo entonces que EH no iba «a entrar en dinámicas que persiguen ocultar el debate, que no es la lucha armada ni la kale borroka, sino si los vascos tenemos derecho a decidir nuestro futuro». Precisamente. Buesa era uno de esos vascos con derecho a decidir sobre el futuro. En primera instancia, sobre el suyo propio; en segundo lugar, y como legítimo representante de la soberanía popular, sobre el de la sociedad vasca. Aquel día EH no quiso votar la moción contra la violencia, pero ETA se encargó ayer de hacerlo. Ninguno de los 14 compañeros de escaño de Buesa ha tenido la dignidad de alzar su voz contra el asesinato de un oponente político. Seguramente es mucho pedir para un grupo al que pertenece Josu Ternera, el que fue número uno de la banda. Pero si a alguno de estos 14 parlamentarios les queda un ápice no ya de vergüenza, sino de simple humanidad, debería rebelarse contra los bárbaros que asesinan a sangre fría. Si no lo hacen, los ciudadanos tendrán derecho a pensar que EH vota en el País Vasco accionando el dispositivo de un coche bomba.

PNV: Ni un minuto más 
Por CARLOS DÁVILA ABC  23 Febrero 2000

«¿PARA qué nos vamos a presentar a una campaña?». No era una pregunta, era ayer un lamento trufado de dolor, pronunciado en Vitoria por un concejal socialista del Ayuntamiento de Vitoria. Y, aunque él no tuviera esa intención, la interrogante era, incluso, algo más: ¿para qué estar aquí? Ahí. En el País Vasco. Es el momento de plantearlo así y todavía con mayor crudeza: ¿para qué oponerse a lo que pretenden?, a lo que quieren ellos, sus corifeos y sus ayudas de cámara, los que ayer mismo continuaban a su lado, insensibles ante el horror de que los cómplices de ETA, Euskal Herritarrok o la madre que los malparió, no sólo no condenen el salvajismo, cuyas últimas víctimas han sido Fernando Buesa y su escolta, sino que les otorguen amparo, cobertura y, desde luego, ayuda.

ETA ha matado y son varios los que han prestado munición para la bomba. Más claro, el agua. Después de tanta ambigüedad, de tantísimos años esperando una reacción, ¿no es venido el instante de que el PNV termine de una vez con ellos? Tiene que haber sido patético el esfuerzo de reflexión del PNV para fijar, después de la última y doble brutalidad, una postura aceptable y, encima, coherente, con todos sus comportamientos de hasta ahora. El PNV que, según declara, estaba intentando que «volvieran al redil» los asesinos, ha fracasado por una sola razón: porque los criminales nunca estuvieron en el redil de las buenas personas; no de los demócratas, que antes que esto, que también, hay que ser, sencillamente, buenas personas. Lo que era, justamente, Fernando Buesa, un hombre de bien que, en uso de su perfecto derecho, pensaba como le daba la gana. ¡Estaría bueno que no pudiera hacerlo cada quien!

Y todo esto, lo escrito hasta este instante, es realidad y puro desahogo, pero lo que puede esperarse de todos nosotros es que ofrezcamos ideas. Por el que suscribe, una sola, pero muy firme: el PNV no tiene más remedio que cambiar de bando, abjurar de los que le han venido acompañando, dejarlos para siempre en la estacada, y sumarse no ya a los partidos, sino a los hombres de bien. Es estúpido, aparte de muy peligroso, como se está viendo, ensayar primero el juego imposible de convencer a las etarratas, luego, no utilizar la condena porque, ¿para qué?, «si ya no valen las palabras» y, tercero, añadir que algo habrá que hacer por otra vía que no sea la de la persecución implacable a los delincuentes. Esta, que ha sido la posición del PNV desde que, en Estella, firmó el atraco a la vida con los asesinos (o sus representantes), no es que ya ni sirva; es que es un insulto a la simple Humanidad.

ETA se ha pronunciado, como, ¡y de qué forma!, sabe hacerlo, en la vera misma de la próxima campaña, como hace cuatro años mató al hermano de mi amigo bueno Enrique Múgica. Ayer destrozó a Fernando Buesa y a su pobre e inútil protector. Ha entrado en campaña a su manera, unos días después de que miles de personas les pidieran en el propio País Vasco que ¡Basta ya!, que terminaran con tanta sangre. En una interpretación política, que personalmente parece incluso repugnante, podría añadirse que la bomba contra Buesa y su escolta ya han supuesto la primera reacción de ETA contra aquella masiva manifestación, y que ha sido, asimismo, un aviso para las fuerzas constitucionalistas que, imparables, ganan y ganan terreno electoral en el País Vasco. Contra los votos, ETA y los que les jalean —y los que están de una forma u otra con ellos— accionen los explosivos. Son unos miserables.

Y para que se sepa finalmente: el PNV no es culpable, pero no está libre de pecado. Esto no es demonizar ni a un partido, ni tampoco a una organización tan separatista como ETA. Es escribir, de una vez, la verdad. Y pedir: pedir, por favor, a la errática dirección del PNV que huya de los asesinos, que con ellos ni pueden marchar a parte alguna, ni les van a proporcionar confort alguno. Que Ibarreche salga de su insultante inanidad y que evite más palabras, que tome la decisión de combatir sin tregua a estos malvados.

Yo conocí a Fernando Buesa 
Carlos Martínez Gorriarán Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC  23 Febrero 2000

YO conocí a Fernando Buesa, como muchos otros. Estaba de acuerdo con él en muchas cosas y difería en otras, como suele pasar entre seres normales. Esta misma tarde escribo porque ha sido asesinado en Vitoria, y con él su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza. No hace falta que preguntemos por la firma criminal. Las reflexiones de luto son siempre terribles, sobre todo cuando no es la primera ni la última que se escribe. ¿Hay que dedicarla a llorar evocando a los asesinados y a condenar el crimen? ¿o quizás a reparar en el modo fugitivo en que nuestra marcha de vivos sigue su curso, anonadado por la carnicería? ¿Cómo es que el mundo no se para? En momentos así siempre aparece, punzante, un asomo de culpa porque el muerto es otro. El asesinato terrorista es ajeno a la muerte por enfermedad o accidente. Para empezar, es previsible. También lo es fallecer por enfermedad, pero esta muerte forma parte del ciclo de la vida. Entristece y apena, pero no es monstruosa. El asesinato político abruma porque lleva intención, está dirigido, rompe por fuerza el decurso natural de la existencia y persigue someter a los vivos.

Poco antes de este asesinato comía con varios amigos y colegas. Comentábamos, cómo no, la cosecha de brutales reacciones recolectada por ¡Basta Ya!, las posibilidades de que en el nacionalismo antiguamente moderado emergiera alguna reacción interna contra tanto delirio. La mayor parte no lo creíamos. Y también estábamos seguros de que habría otro atentado antes de las elecciones, como de que ningún partido abertzale irá más allá del rechazo ritual, del luto oficioso, del encargo a la plañidera mientras los grandes jefes estudian la partida y mueven en la trastienda las figuras de ese ajedrez donde las fichas negras las ponen siempre los mismos.

Así pues, yo conocí a Fernando Buesa, con quien coincidía en muchas cosas y difería en otras. Pero, al parecer, no todos le conocían. No, por ejemplo, la ETB –la televisión pública vasca, aunque lo de pública sea un sarcasmo-, que hasta las seis de la tarde no se ha molestado en cortar su película de vaqueros de la tarde para comunicar la noticia, y eso en la cadena en español; la cadena en euskara sigue, me dicen, emitiendo un documental sobre bisontes. Sí, bisontes, esos hermosos animales astados de los que vivían los indios de las praderas norteamericanas. Indios que, a diferencia de Fernando Buesa y Jorge Díez Elorza, suscitan enormes simpatías en las filas de sus victimarios. Y el primer pensamiento que a uno le viene ante tales coincidencias es que los bisontes nutritivos del nacionalismo vasco somos nosotros, los españoles, los vascos que son socialistas, conservadores, liberales, constitucionales o nada en especial, pero no abertzales. Los cazadores de bisontes amaban a sus presas, mientras que a estos los cazan por odio. Hemos conocido la noticia delante de la puerta de la facultad y he observado que en las escaleras principales se han sentado tres o cuatro tipos que conozco: se reían. Y sé de qué se reían mientras nos miraban.

Dejemos ahora, que tiempo habrá para ello, los muchos méritos de los asesinados, la interpretación política (?) del significado del hecho en sí (aunque Arzalluz dirá que les beneficia, ¿nos verá a todos cara de muertos?), de los efectos, las circunstancias y las palabras que lo han precedido y rodeado como un cenotafio que circunda la tumba de un héroe (pues sí quiero decir que, a pesar de los muchos reproches que les hacemos a los políticos, también debemos saber que representar a ciertas siglas y partidos conlleva en el País Vasco obligaciones heroicas: ha sido el caso de Buesa. La ETB, me dicen, ha ilustrado la tardía y avara noticia de su muerte con imágenes de una reciente intervención parlamentaria suya contra la kaleborroka, la Formación Profesional del Terrorismo: ¿aviso para navegantes, reconocimiento tardío del valor negado en vida?)

El sábado pasado nos manifestamos por las calles donostiarras más de diez mil personas para decir ¡Basta Ya! a la opresión nacionalista y para exigir el fin incondicional del terrorismo. No estoy seguro de si Fernando Buesa o Jorge Díez pudieron asistir a la manifestación, pero sí que lo hicieron muchos compañeros suyos, del PSE-EE y de ERNE (al que estaba afiliado el ertzaina asesinado). Para qué citar ahora la lista de brutales difamaciones depuestas por los abertzales contra los que participamos en aquella manifestación: gusanos, vascos colonizados, cipayos, orangistas españolistas y unionistas iracundos, asesinos fascistas, etcétera. Sepan quienes las han proferido que también las vertieron sobre las dos nuevas víctimas de hoy. Las palabras no matan, pero marcan la diana y apuntan al corazón. Sepan que sus injurias prepararon este luto y lo justificaron. Algunos han dicho que tenemos lo que nos merecemos, como el peneuvítico alcalde de Kortezubi tras el ataque contra Ibarrola; es cierto que los agredidos y asesinados por defender derechos básicos, los periódicos y periodistas amenazados y boicoteados por hablar de lo que hay y pasa y no de la disneyland abertzale, tenemos efectivamente lo que nos merecemos, aquello que nos diferencia de ellos y nos diferenciará siempre: amor a la libertad, respeto al otro.

Cuando Buesa vivía estábamos de acuerdo en muchas cosas y en otras no, pero ahora que le han matado estamos de acuerdo en todo, pues con las víctimas del terrorismo –que no lo son de la carretera, ni de la gripe, ni de un alud, sino de la voluntad de oprimir y dañar- sólo puede estarse de un modo completo y sin fisuras. Ibarretxe, anuncian, hablará hacia las nueve. Hablará al país, ¿pero a qué país? ¿Al que se regocija viendo como otros hombres y mujeres mueren como conejos por pensar de modo diferente?, ¿al que explicará el porqué de esta muerte y cómo prevenir otras complaciendo a los asesinos, repartiendo culpas, trepando equidistancias, postulando imaginativos movimientos? Detesto el momento en que Ibarretxe y compañía vayan a sacarse la foto obligada para, al día siguiente, renegar de estos muertos y volver a enterrarlos.

Carlos Martínez Gorriarán Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco

La mano
ANTONIO BURGOS El Mundo  23 Febrero 2000

  Ardían aún los restos del coche-bomba tan cerca del campus universitario de Vitoria y podía pensarse que la telepizza de la muerte había hecho esta vez su trágica entrega a domicilio, junto al Gobierno vasco. Y en un parque, sobre el suelo, una mano dramáticamente becqueriana asomaba, inerte, en el carro de los muertos, ay, que siempre está pasando por aquí, ¿cuándo terminará de pasar por estos amaneceres de bloques militares, por estas tardes de normalidad parlamentaria vasca, por estas madrugadas de disparos en la nuca al pie de la Giralda de Sevilla? Seguía ardiendo el coche-bomba, y aquella mano, terriblemente muerta, estaba allí, ante el equipo de reanimación.

Y sonó, triste, esta leyenda que se hace pesadilla: «En el carro de los muertos / ayer pasó por aquí / llevaba la mano fuera, / por eso lo conocí». Por eso lo conocí, a Fernando Buesa o a su escolta Jorge Díez Elorza, da lo mismo. Todas la muertes son la muerte. Yo me encontré una mañana de Cádiz a Fernando Buesa junto a la plaza de abastos, comprando el pescado un día de sol y vacaciones. Porque reconocí en su mano del carro de los muertos la mano de Alberto Jiménez Becerril. La mano del teniente coronel Blanco. La mano de Miguel Angel Blanco. Terrible capilla sixtina de España, donde hay una mano muerta que asoma bajo los plásticos de morgue de una camilla, como esperando el dedo del Creador de la paz, de la piedad, del perdón también, del difícil perdón.

Porque María Teresa Campos está hablando ahora de los hijos que tenía Fernando Buesa y yo los conocía a los hijos de Fernando Buesa. Porque vi a los hijos de Alberto Jiménez Becerril aquella mañana gaditana de la Puerta del Pescado. Porque sigue ardiendo el coche-bomba en la imagen de Tele 5, de Antena 3, y ese humo negro de neumático quemado no sube al cielo de España desde Vitoria. Ese humo, ayer tarde, brotaba de Vallecas, de la Ribera del Manzanares, de la calle Don Remondo, del Hipercor, de las calles de Ermua. Nunca está nada lejos ni nunca desconocemos a nadie cuando pasa este carro de los muertos por el que terriblemente asoma una mano inocente, mano de acariciar hijos, mano de cuidar madres, mano de abrazar esposas. No es la telepizza de la muerte que esta vez haya dejado su encargo a domicilio. A Fernando Buesa no lo han matado en Vitoria. Lo han matado camino del aeropuerto de Armilla, en las calles de Córdoba. Fernando Buesa no era de los socialistas de Alava. Era de los demócratas de España. Fernando Buesa era de los nuestros. ¿Hasta cuándo va a tener que seguir pasando el carro de los muertos con una mano fuera para que sepamos de una vez quiénes son los nuestros? Y quiénes son ellos. www.antonioburgos.com

Crímenes en la campaña
Pablo Sebastián La Estrella  23 Febrero 2000

El segundo atentado de ETA después de la tregua se ha cobrado la vida de dos personas más, el portavoz del PSOE en el Parlamento Vasco, Fernando Buesa, y su escolta y miembro de la Ertzaina, Jorge Díez. Dos crímenes que se suman al del teniente coronel Blanco, asesinado en Madrid por el mismo procedimiento del coche bomba y que eleva a tres el número de víctimas de ETA desde que se anunció la ruptura de la tregua.

Este último crimen tiene, además, el agravante de haber sido perpetrado contra uno de los más significados representantes de las instituciones y del pueblo vasco, el portavoz del PSOE en el Parlamento de Euskadi, lo que da prueba de los objetivos desestabilizadores de ETA contra todo y contra todos. Sin más matiz que la violencia abierta contra todo aquel que no acepte su solo proyecto de independencia a punta de pistola.

O a golpe de coche bomba con el que acaban de dinamitar las pocas esperanzas que quedaban de reapertura del proceso de paz. Dejando a la intemperie tanto al nacionalismo más moderado del PNV y EA, que aún creía en esa posibilidad, como a la presunta ala más dialogante de HB que lidera Otegi y que, ante estos hechos violentos, no tendrá más remedio que reaccionar y elegir entre la ruptura clara y definitiva con el entorno de ETA o permanecer al lado de la violencia.

Así lo hizo anoche el lehendakari vasco, Juan José Ibarretxe, anunciando la ruptura final del pacto parlamentario y de apoyo al gobierno vasco que habían establecido con HB tras las últimas elecciones al parlamento de Euskadi. Un pacto que quedó "en suspenso" tras el asesinato en Madrid del teniente coronel Blanco y que mereció entonces las mayores críticas del resto de las fuerzas políticas que exigió "la ruptura"  del pacto y el regreso del PNV al marco democrático general.

Pero en el PNV aún se tenía la esperanza de que HB iba a condenar la violencia y que ETA iba a anunciar una segunda tregua. Ahora, con el doble crimen de Vitoria, el PNV queda en una difícil posición porque parece claro que la suspensión del acuerdo parlamentario no ha servido para nada más sino para aumentar la confusión. De la misma manera que esta posición del PNV y su ausencia (e incluso críticas, como las del pasado fin de semana contra la manifestación del "Basta Ya" de San Sebastián) de las movilizaciones de otros partidos y grupos sociales deja al lehendakari y la actual dirección del PNV en franca debilidad frente al conjunto de la sociedad.

Y no sabemos si también ante las bases y los sectores de su partido donde se considera que Arzallus y su equipo directivo han ido demasiado lejos en su relación con el mundo de ETA y HB. Sin duda, creemos que el PNV dio estos pasos tan resbaladizos con la intención de dejar abierta la puerta de la paz y de una nueva tregua. Pero los pasos eran demasiado comprometidos a sabiendas de como las gasta ETA y les daban la imagen de la mayor ambigüedad, dando cobertura a la última estrategia de ETA de vuelta a los atentados como sistema de presión contra el gobierno central.

Esta pre campaña electoral tiene ya en su haber dos atentados mortales (y no se descartan otros), amén de un sinfín de noticias de impacto como la unidad de la izquierda, las tensiones de El Ejido, los agrios debates sobre Telefónica y la dimisión de Pimentel. En ella ETA y HB han anunciado una posición de resistencia frontal (HB al final no se presentará y retirará sus candidaturas, dicen) por lo que desconocemos hasta dónde pretende llegar la estrategia del terror.

De un terror que ha hecho su particular acto de presencia en las horas previas al inicio oficial de una campaña en la que muchas personas sentirán la amenaza de la banda y de su entorno social. Por ello, cuando recordamos y apoyamos a todos los familiares, amigos y compañeros de las dos últimas víctimas de ETA, tampoco debemos  olvidar a los que están luchando desde la política por la Democracia, los Derechos Humanos y la Libertad.

Siempre que ocurre un atentado se dice eso de esperemos que sea la última sangre vertida y de que sirva para facilitar la paz. En este caso casi nos conformamos con la unidad de todas las fuerzas políticas democráticas, nacionalistas o no sin excepción, recuperando una unidad que, al estar rota ante el paréntesis de la tregua, sólo sirvió para dar alas a los terroristas y su entorno político y social. ¿Qué harán en HB? No se espera nada especial ni nada definitivo y global contra la violencia de ETA. A lo más algunas declaraciones aisladas. Pero en su conjunto ninguna novedad frontal.

Por todo ello urge, más que nunca, que el PNV y EA se aproximen a las fuerzas democráticas. El segundo atentado de ETA no significa ni mucho menos que no estén preparando alguno más en plena campaña. Y sobre todo ahora no se puede consentir, de ninguna manera, que atenten o distorsionen el proceso electoral. Habrá que estar muy atentos porque ese parece ser el objetivo de los que sólo saben matar.

El terror como bandera 
Luis Ignacio PARADA ABC  23 Febrero 2000

Faltaban tres minutos para la una de la tarde cuando el teletipo electrónico escupía una noticia premonitoria: «Alrededor de un centenar de personas se concentraron hoy a las puertas de la Escuela de Ingeniería Industrial de Vitoria para protestar y mostrar su solidaridad con el director de este centro quien ha sido objeto de amenazas por parte de grupos radicales». Unos minutos después, a las 13,20, la noticia se ampliaba: «La concentración, que transcurrió en silencio durante quince minutos, fue interrumpida por un grupo de contramanifestantes que coreaban consignas contra el PP y el PSOE.» A esa misma hora, un testimonio de José Angel Cuerda, ex alcalde de Vitoria por el PNV, intuía: «Mañana le tocará a otro». Nadie sabía que no habría que esperar tanto; que el heraldo de la muerte iba a hablar en seguida; que el huevo de la serpiente estaba a punto de eclosionar.

A las 16,53, saltaba a las pantallas un despacho urgente de Europa Press: «Una persona resultó muerta y previsiblemente otra también habría fallecido al explosionar un coche bomba a doscientos metros de la sede de Lehendakaritza en Vitoria.» Dos segundos más tarde, EFE informaba titubeante: «Un vehículo ha explosionado en el campus universitario de Vitoria y en los alrededores del mismo se aprecian restos de dos personas que parecen estar muertas.»

Poco después de las cinco se confirmaban los temores: era un atentado de ETA: la auténtica contracampaña estaba servida, una vez más bañada en sangre. Con la misma criminal fórmula empleada en elecciones anteriores. Minutos después, emisoras de radio, cadenas de televisión, páginas de Internet rebosaban documentación, imágenes, hermosas declaraciones que salían de corazones agarrotados. Lo demás ya es sabido. Todos los partidos suspendían sus actos electorales. Pero EH no condenó el atentado. Era su contracampaña: otra vez la muerte decidida, presentida, anunciada. Y el PNV — roto el pacto con EH pero no el de Estella— sin saber cómo va a gobernar y proponer leyes no tuvo el coraje de pedir a Ibarretxe que disuelva el Parlamento y convoque elecciones para ver cuántos vascos apoyan a EH: sabe que cada vez son menos y no tienen razón. Sólo tienen, y cada vez menos, la dinamita como argumento y el terror como bandera.

La bomba o la urna 
Por JAIME CAMPMANY ABC  23 Febrero 2000

JAVIER Arzalluz, a quien no queda otro remedio que llamar protector de etarras, acababa de decir que ese PNV que él preside no apoyará a ningún gobierno que investigue las tramas de ETA. Poco antes, se había celebrado en San Sebastián, bajo la lluvia, la nutrida manifestación de los paraguas con el lema «¡Basta ya!». Jaime Mayor Oreja dijo en esa ocasión que jamás había visto a los dirigentes del PNV tan irritados como aquella tarde. No habían pasado muchas horas desde que Fernando Buesa, secretario de los socialistas alaveses, denunciase en el Parlamento vasco la parsimonia, cuando no la negligencia, con que la Ertzaintza acudía a los puntos donde se desencadenaba alguna violencia urbana.

El escenario del crimen se sitúa en una zona escolar de la pacífica ciudad de Vitoria, cerca de una escuela de peritos. Desde las aulas se oyó perfectamente la fuerte explosión. Se trata de una zona no demasiado poblada, pero aun así, a la hora en que escribo mi columna, muy poco después de perpetrado el feroz atentado, resulta imposible asegurar que, además de las dos víctimas mortales, no haya que lamentar también algún herido que pasara por allí. Bueno, por allí pasaba a pie Fernando Buesa y su escolta. Claro está que los asesinos aprovecharon ese momento para provocar desde lejos la explosión. Las alimañas ya habían elegido cuidadosamente a las víctimas. Dicen los testigos que eran las cuatro y media de la tarde.

Estalló el coche-bomba (el arma cobarde preferida cobardemente por los cobardes etarras) y la onda expansiva arrojó a ambas víctimas a lejana distancia; una de ellas casi a treinta metros, y eso ofrece una primera idea de la potencia brutal del explosivo empleado. Escucho todos estos dramáticos pormenores que ofrecen entrecortadamente las radios y las televisiones. Es el segundo atentado mortal desde el final de la mal llamada «tregua», y viene a confirmar la decisión de la banda etarra de volver a utilizar la muerte y el terror como argumento de debate político, ahora amparada bajo las alas protectoras del PNV de Javier Arzalluz. Ya no es posible hacerse el ingenuo para dejarse engañar. Los asesinos vuelven a matar, vuelven donde solían.

Sólo tres días faltan para el comienzo de la campaña electoral. Los etarras la han inaugurado, no con eslóganes, ni con carteles, ni con discursos. La han inaugurado con el único argumento que saben esgrimir: la bomba y la siembra del terror. Está claro. Como la urna no les es propicia, usan la bomba. Intentan que los vascos se aproximen a la urna, símbolo de paz y de libertad, bajo la amenaza del terror. Los asesinos etarras intentan de nuevo que los vascos se acerquen a votar con la papeleta en la mano temblorosa, o peor todavía: que no se acerquen. Matar a Fernando Buesa, parlamentario socialista elegido por el voto de los vascos, ha supuesto matar también un poco la libertad de elegir y el honor de ser elegido.

Matar a Fernando Buesa ha supuesto herir la democracia y herir la libertad del pueblo vasco de elegir en paz a sus representantes. Desde una mente sana y desde un pensamiento lógico no hay palabras convincentes para explicar y justificar el empeño de un partido como el PNV, que se llama democrático, en proteger a una banda de asesinos crueles y ciegos. ¿Cuál es la paz, cuál la libertad, cuál la prosperidad que ETA, EH y PNV propugnan para el País Vasco? ¿Qué hacen Otegui, primero, y Arzalluz, Anasagasti y Eguibar después, bailando al son de las metralletas, las pistolas por la espalda y los coches-bomba? ¿Quién es más cobarde: el que mata o el que apoya sus ambiciones políticas sobre una pirámide de cadáveres?

Asesinar al pueblo 
Por Jorge MÁRQUEZ ABC  23 Febrero 2000

AFORTUNADAMENTE, la democracia no tiene vísceras, sino solo la inapelable razón de la soberanía popular. Por mucho que alguien se empeñe en lo contrario, al corazón de la democracia no le afectan asesinatos como el de Fernando Buesa: ninguna provocación puede alterar los latidos imperturbables de un pueblo libre.

Claro que cada uno de los ciudadanos que dan vida a esa democracia tiene derecho a la indignación, a la rabia e incluso al descontrol de sus emociones, pero el sistema democrático no. Eso me lleva a pensar que es necesario recuperar y volver a esgrimir, frente a atentados como los de ayer, antiguas posturas que, a fuerza de desgaste, tal vez los demócratas tengamos algo olvidadas. Por ejemplo, la serenidad. No sé si estamos abusando del llanto y de la ira. No sé si con ello estamos demostrando un punto de debilidad que debe de saber a gloria a los fanáticos. Es un error responder con violencia a la violencia, y la indignación es una forma reprimida de violencia; la serenidad es justamente lo contrario.

Por eso, quizá más útil que perder los nervios, sea recordar a ETA que cuando mata a un representante del pueblo vasco, está declarando que si pudiera mataría a todos y cada uno de los vascos que democráticamente eligieron a ese diputado como su representante. Que cuando mata a un diputado vasco, demuestra pretender no solamente, como proclama su fanático y trasnochado romanticismo revolucionario, «liberarse de la opresión del gobierno español», sino, también, de aquella otra mitad del pueblo vasco que no piensa como ellos. El nuevo nazismo austriaco de Haider no llega a tal grado de descaro en su fascismo. Tal vez un importante sector de los nacionalistas vascos anhele alcanzar, más temprano o más tarde, la independencia de Euskalherría. Personalmente creo que en democracia pueden defenderse todas las ideas, siempre que se haga pacíficamente y respetando las reglas del juego. Pero lo que ETA revela querer con este tipo de asesinatos no es la independencia vasca, sino, además, gobernar ese hipotético futuro país independiente lo quiera o no la mayoría de sus ciudadanos. Ni Stalin, ni Pinochet, ni Mussolini, ni Franco, ni siquiera Hitler lo tenían tan claro.

Muerte
ERASMO El Mundo  23 Febrero 2000

Ya esculpieron otra de sus horrendas esculturas de fuego y hierros calcinados, inauguraron la Bienal del Diablo en el Guggenheim. La Bestia se apoderará de los pueblos que entiendan que el sentido común es subversivo. Dijo Buesa: es de sentido común, no se puede hablar de paz con quien no quiere hablar. Y Arzalluz: dice que no apoyará a un Gobierno que persiga las tramas de ETA.

El enemigo del pueblo
ANTONIO GALA El Mundo  23 Febrero 2000

¿Es que, desde fuera, se ve todo más claro? No lo sé, acaso desde dentro la desesperanza nuble los ojos. No es cuestión de saber qué comando actúa, ni de mesas ni de pactos, ni de lamentar crimen por crimen. Es cuestión de condenar a la puta madre de todos los crímenes. Y ese es el Rubicón que separa a los demócratas de quienes no lo son. Nadie puede ampararse, con reclamaciones políticas, tras el biombo sangriento de ETA: ¡nadie! Quien lo haga estará haciendo de peana y de cómplice. Por mucha piel de cordero que se ponga. Para aislar a los asesinos se necesitan todos los vascos que no lo sean. ¡Todos!

Lo evidente
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  23 Febrero 2000

  El asesinato del parlamentario socialista Fernando Buesa, a las mismas puertas del órgano legítimo de representación popular del País Vasco, pone de manifiesto, con la siniestra elocuencia de la sangre vertida, de una vida truncada, de la felicidad arrebatada a una familia, de la muerte concienzudamente infligida a un representante de los partidos «españoles», constitucionales y democráticos, la verdadera cara y la auténtica política que el nacionalismo del señor Arzalluz, presuntamente gobernante y en realidad gobernado por la banda etarra, viene llevando a cabo desde el asesinato de Miguel Angel Blanco y la eclosión del espíritu de Ermua.

Hace apenas tres días el piafante líder peneuvista apostrofaba a los representantes del Foro Ermua y de la plataforma cívica ¡Basta ya! con ocasión de la manifestación donostiarra y de la visita al Parlamento Europeo. Les decía, o sea, les increpaba «que no se hicieran las víctimas». Literalmente.

Pero está claro que no «se lo hacen», sino que lo son. Víctimas de ETA y de los que están con ETA, víctimas de todos los que prefieren estar con el terrorismo antes que con las víctimas del terrorismo. Se le podrán dar muchas vueltas y se le adjuntarán todas las explicaciones, extrapolaciones, valoraciones y circunloquios que se considere oportuno. Al final, la realidad es testaruda, insobornable, sencillamente atroz.

Un parlamentario asesinado con un coche bomba a las puertas del Parlamento. Y dos jefes políticos, Arzalluz y Garaicoechea, dos partidos, el PNV y EA, que forman gobierno en ese mismo parlamento mediante un pacto con los que ni siquiera se presentan a las elecciones, porque su verdadera y única representación es la del terror. Vendrán explicadores y explicatrices, exégetas del futuro impreciso y equilibristas del presente intransitable, arqueólogos de la raza vasca y espeleólogos de la sangre negativa, cuentistas de las ratas y flautistas de la autodeterminación, miñones y tuselones, historiadores de la niebla y abogados de la tiniebla. Vendrán los que vienen siempre a pedir «un respeto para el PNV». Vendrán los que dictaminan el pasado a conveniencia y reciben a cambio la orla craneoencefálica del racista Sabino Arana. Vendrán los de la Declaración de Barcelona, Pujol, Durán y Beiras, esos inocentes tan culpables, a declararnos culpables de ser inocentes.

En fin, vendrán los de costumbre y nos hallarán como de costumbre: un poco más hartos que ayer y un poco menos que mañana. Lo esencial, lo evidente, es lo de ayer: han asesinado a un parlamentario vasco a las puertas del Parlamento. Desde fuera y desde dentro.

¿A quiénes tenemos enfrente?
JAVIER ELORRIETA El Mundo  23 Febrero 2000

  Tengo que hacer un esfuerzo infinito para escribir estas líneas, porque ni puedo ni quiero contener las lágrimas. Hace apenas unas horas estaba con Fernando Buesa en San Sebastián y, mientras volvía a Bilbao, me llega la noticia de su asesinato. No puedo concentrarme. No sé si hay, ante esta barbarie, otra respuesta que las lágrimas, el dolor inmenso, el silencio de ese valle del País Vasco en el que he recibido la noticia y en el que de pronto me he sentido tan solo, tan falto de fuerzas, tan desarbolado.

No puedo creer lo que ha pasado. Se me agolpan en la memoria y en el corazón mil anécdotas de nuestro trato, sus brillantes intervenciones en el Parlamento, el trabajo en el Grupo Socialista. Tenía Fernando, enriquecida a lo largo de una densa trayectoria política e institucional, una ideología bien fundamentada, que llamaba la atención entre los habituales tópicos del debate político vasco. Pero, desde el punto de vista intelectual, aún más atractiva que su socialismo era, en un país tan maltratado por la violencia y la intolerancia, su esfuerzo teórico y práctico por defender el Estado de Derecho, la democracia y los derechos ciudadanos. Su verbo contundente en el Parlamento se levantó muchas veces en defensa de esos elementales criterios de la civilización, que su muerte revela hasta qué punto nos faltan.

¿A quiénes tenemos enfrente? No, desde luego, a quienes tienen ideas políticas distintas de las nuestras, ni a quienes defienden un modelo dispar de cómo debe ser el País Vasco, por atrabiliario que nos parezca. Tenemos enfrente a un grupo de criminales que, para imponer su totalitarismo, quieren acabar con los discrepantes que no se arrodillan ante ellos, y comienzan asesinando a los mejores de nosotros. Lo sabíamos anteayer, es cierto, pero la constatación se agranda cuando el drama te envuelve de esta manera y el crimen te llega tan dentro. Hay, por tanto, que combatirlos. No con venganza, pero sí con un profundo sentido de la justicia que, a menudo, en esta maraña de la construcción nacional, concebida como una deidad a la que hay que plegarse aunque se vuelva asesina, queda postergada.

Pero tenemos enfrente, también, unas ideas que justifican y sostienen la barbarie y deben ser combatidas con contundencia. No es cierto que todas las ideas sean aceptables, y que lo condenable sean sólo determinados métodos. Hay ideas perversas, en las que se fundamentan quienes han asesinado a Fernando Buesa, y con ellas no hay diálogo posible si lo que realmente pretendemos es la paz. No es posible la mediación con ellas ni el pacto, no hay ahí ningún fundamento para una paz verdadera y, además de insultados y atacados, no podemos estar engañados.

Tendré siempre en la memoria, y en el corazón, la figura del amigo que ahora me han arrebatado y del político que nos han arrebatado a todos los demócratas vascos. La tendré de un modo que ahora, conmocionado, no puedo expresar como quisiera. Pero no sería fiel ni a mi memoria ni a mi corazón si, de algún modo, dejara de levantar la voz que él alzaba a menudo contra el terrorismo, la intolerancia y el totalitarismo en todas sus manifestaciones, desde las gruesas del crimen a las más finas -las que tratan de acallar o marginar al discrepante-, que no por ello dejan de ser perniciosas.

Javier Elorrieta es escritor y parlamentario independiente del Grupo Socialista del Parlamento vasco.

No nos acostumbramos
IÑAKI AZKUNA El Mundo  23 Febrero 2000

  No nos acostumbramos. No nos podemos acostumbrar a la barbarie porque si esto ocurriera deberíamos despreciarnos. Decía Teresa de Jesús, la Santa de Avila, aquello de: «Temo a un mundo en el que la locura se imponga a la razón, que al fin era el único patrimonio del ser humano».

En estos momentos en que nos estremece la noticia de la muerte, del asesinato premeditado de Fernando Buesa y el ertzaina que le acompañaba, uno cree que en nuestro pequeño mundo impera la locura, y se ha adueñado de todo. Pero me veo en la obligación, escribiendo estas apresuradas notas desde el Ayuntamiento, de apelar a mi razón para ordenar las ideas -se mata por defenderlas- y buscar alguna que puedan tener quienes justifican o ejecutan la sentencia que lleva a estos horrendos crímenes.

Es tan imposible encontrar alguna, que mi impotencia me traslada a recordar algunos momentos vividos con un compañero de Gobierno, con el consejero de Educación, y vicepresidente de un Ejecutivo, presidido por el lehendakari Ardanza, cuando yo ostentaba la cartera de Sanidad. Me rebelo y quisiera gritar que no es posible seguir así, con estos insensatos, que no hay estrategia política que merezca una muerte, que apelo al buen Dios para explicar esta sinrazón. Fernando tenía fama de duro y discutidor. De lo segundo doy fe, de lo primero diré que siempre, entonces y más tarde, había cierta connivencia entre los dos grandes departamentos del Gobierno, de Sanidad y Educación.

Han matado a un elegido en las urnas, han matado a dos personas. La humanidad sufrió por conseguir el sufragio universal. Y allí donde se logró tras una Guerra Civil y 50 años de Dictadura, allí donde quisimos construir un país libre, se mata por las ideas. Yo no quiero conseguir mis sueños con las manos manchadas de sangre. Quiero soñar y transformar mis sueños en realidad con la palabra Y con las razones. La sangre la dejo para los grandes y pequeños carniceros que en la Historia han masacrado a sus semejantes, y total ¿para qué? Para traer más destrucción a un mundo de por sí difícil, donde quizá lo único bello sean las ideas. Esta es nuestra construcción nacional: la de las ideas.

Mientras esto escribo se preparará la capilla ardiente y dos familias, seguramente de pensamiento diverso, llorarán a dos seres queridos. A uno no le conocía; ha muerto cumpliendo con su deber. Al otro le conocí y conviví con él durante cuatro años. Pensaba de manera distinta a la mía, pero en una cosa coincidíamos: en respetar la democracia y en servir al país desde nuestra diferente posición ideológica. Descansen en Paz.

Iñaki Azkuna (PNV) es alcalde de Bilbao.

El "lobo" mata en Euskadi
Editorial La Estrella  23 Febrero 2000

El último atentado de ETA en el País Vasco en el que han muerto vilmente asesinados el portavoz del PSOE en el País Vasco, Fernando Buesa, y su escolta el ertzaina Jorge Díez, constituye en primer lugar un crimen contra la vida de los personas ejemplares, representantes y funcionarios de una democracia. En segundo lugar un atentado contra Euskadi y las instituciones democráticas del País Vasco en las que el portavoz del PSOE en el Parlamento de Euskadi ocupó un destacado lugar por la voluntad expresa de los ciudadanos vascos.

Estamos ante un atentado intencionado, en plena campaña de las elecciones generales que desprecian ETA y HB, ante el que el Gobierno y el Parlamento Vasco han de reaccionar con dureza, firmeza y claridad. Y con ellos debe de actuar, de una vez, el PNV rompiendo la equívoca actitud que mantuvo días atrás ante el entorno político de ETA y la propia banda tras la muerte, también a manos de la banda terrorista, del teniente coronel Blanco, víctima de otro reciente atentado perpetrado en Madrid.

No hace mucho el líder del PNV, Xavier Arzalluz, declaraba en Madrid ante un grupo de periodistas que si había segundo atentado de ETA el gobierno vasco del PNV, que preside Ibarretxe, rompería con todas sus consecuencias sus pactos parlamentarios con EH y HB. Esta es, sin lugar a dudas, la ocasión aunque no hacía falta ni mucho menos sumar dos muertos o crímenes para llegar a esta conclusión.

Una decisión de la que no se puede zafar el PNV como partido democrático si quiere mantener esa calificación. Y con más razón en campaña electoral bajo el bombardeo y las claras amenazas de ETA. Aceptando esta vez el PNV la mano tendida que, sobre todo, le ha brindado en los últimos meses y semanas el PSOE. El partido que ha sufrido ahora en sus filas este nuevo atentado criminal. ¿Qué dice ahora Otegi?

Este es otro nuevo atentado más de la banda de ETA contra los Derechos Humanos y libertades, el sagrado derecho a la vida. Pero a la vez estamos ante un atentado con el que ETA ha querido de manera especial significar su desprecio y agresión contra Euskadi y las primeras instituciones vascas, el Parlamento de Vitoria, en la persona del diputado socialista y portavoz del Partido Socialista en Euskadi, Fernando Buesa. Instituciones que ETA y HB quieren sustituir con la pantomima de la falsa consulta popular o montaje de corte municipal, aparentemente por la vía política y finalmente, como acabamos de ver, con otra bomba criminal.

Fernando Buesa se ha significado por su denuncia constante de la violencia. Recientemente lo hizo en el Parlamento Vasco contra la violencia callejera y la pasividad de las instituciones vascas. El pasado fin de semana lo pudo hacer dentro de la gran manifestación donostiarra y casi "universal", política y culturalmente hablando, en contra de la violencia de ETA y bajo el lema de "Basta Ya". La respuesta sangrienta de ETA no se ha hecho esperar.

ETA, fiel a sus principios, siempre actúa en los momentos claves y en contra de la democracia y libertad. Ahora lo hace en campaña electoral como otras veces lo hizo a favor de los golpistas del 23-F, o de los encausados del GAL, etcétera, buscando todo lo que suene a desestabilización. La tregua fue un gesto esperanzador y una señal, de un sector de la banda. Pero esa tregua, bien por luchas internas de ETA o por su estrategia infernal, ha acabado una vez más en un baño de sangre.

Decía, recientemente en Madrid, Xavier Arzalluz que tenían "al lobo (ETA) cogido por el rabo" tras el primer ensayo de la tregua, y que no era bueno soltarlo. Pues bien, el lobo les acaba de dar a todos los demócratas y al pueblo vasco e instituciones un mordisco en la yugular. En la yugular de Euskadi. Si el PNV y el Gobierno vasco siguen en sus trece y sin querer ver la realidad que los acaba de devorar, en el ertzaina y en el diputado del PSOE asesinados, el cuento del lobo (ETA) y del hombre lobo (PNV) tendrá todos los visos de realidad.

El Foro de Ermua reta a Arzalluz a que justifique el asesinato 
MADRID. S. N. ABC  23 Febrero 2000

El presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, calificó de «monstruoso» y «execrable» el nuevo asesinato y retó a Arzalluz, al PNV y a EA a que den una justificación al asesinato cometido por la banda terrorista. De Nicolás indicó que esperaba con impaciencia las declaraciones del lehendakari y de los partidos del arco nacionalista que se llaman democráticos, porque -añadía- están junto a esa gente en un proyecto común, en el Pacto de Estella. Vidal de Nicolás se mostró «conmovido» por la noticia y por el hecho de que «estos fascistas» estén sometiendo a los ciudadanos «a una permanente ruleta rusa, porque no sé sabe a quién van a matar». «Parece que matar es el único proyecto de país de esta gente», concluyó.

Por su parte, el Foro de El Salvador, pidió ayer a los partidos nacionalistas que «una vez que pasen estos momento de conmoción y vuelva la serenidad no olviden que con esta gente no se puede pactar». Iñaqui Ezkerra no quiso entrar a valorar los motivos por los que ahora ETA ha vuelto amatar, pues cree que «es un error entrar en qué es lo que buscaban políticamente».

El portavoz de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), Paulino Baena, manifestó que «no hay que volver a caer en la trampa de la tregua de ETA». «No hay que volver a caer más en la trampa de la tregua».

Consuelo Ordóñez, hermana de asesinado Gregorio Ordóñez, quiso expresar el «asco» que le produce el atentado. Ordóñez afirmó que mientras el PNV no se desmarque de EH en el Gobierno vasco «ellos (los terroristas) estarán más crecidos y seguirán haciendo lo que únicamente ellos saben, que es matar».

Ibarretxe escuchó (al fin) el mensaje de ETA
FERNANDO GAREA El Mundo  23 Febrero 2000


A sólo 300 metros de la sede de la lehendakaritza -Presidencia del Gobierno vasco-, ETA ha querido decirle a Juan José Ibarretxe que sigue ahí.

Que por mucho sector moderado que surja en el llamado MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) esta es su idea del País Vasco y esta es su estrategia.

Que no están dispuestos a facilitar una salida política en el País Vasco. Que puede seguir esperando eternamente un gesto de desmarque de los políticos del MLNV, pregonando que la mayoría de EH está en contra de la violencia.

Tan claro fue el mensaje de ETA, que Ibarretxe se vio obligado ayer a certificar que el pacto con EH «está roto a todos los efectos» y a admitir el fracaso de la estrategia que el PNV ha mantenido en los dos últimos años. Y eso que el lehendakari había desoído hasta ahora el clamor de quienes le advertían de lo imposible de su situación.

Ahora, el panorama político vasco, con un Gobierno en minoría, queda pendiente de las elecciones generales.

Ibarretxe insinuó la pasada semana en Madrid que, tras el 12 de marzo, no descarta la posibilidad de alcanzar de nuevo un pacto con los socialistas vascos para poder gobernar. Es decir, otra vez volveríamos al escenario de 1997, pero con los dirigentes nacionalistas, con Xabier Arzalluz al frente, quemados y con heridas que restañar entre los partidos democráticos. Y con motivos para una crisis interna en el monolítico PNV.

Si no es posible el acuerdo PNV-PSOE, la hipótesis más probable es la de elecciones anticipadas en el País Vasco, tal y como han pedido en voz baja en los últimos meses destacados dirigentes del PNV. La pregunta sin respuesta vuelve a ser cuál es la salida, y si ganan terreno los fatalistas y agoreros que sostienen que España tiene que acostumbrarse a convivir con un problema sin solución.

Porque va a ser muy difícil que si ETA decreta una nueva tregua el Gobierno -sea el que sea- acepte la sinceridad de la banda.

Hace sólo una semana, Ibarretxe pedía en Madrid que se hiciera un esfuerzo para ayudar a quienes como Arnaldo Otegi habían apostado por la actuación política. Y añadía que estaba dispuesto a seguir adelante con su propuesta de mesa de diálogo sin excluir a nadie, pero sin admitir vetos. Dicho de otra forma, que sus gestiones con el PSOE marchaban por buen camino, que detectaba que este partido es proclive a incorporarse al nuevo foro y que seguiría adelante aunque el PP se autoexcluya.

La teoría de Ibarretxe es que, por primera vez, se ha conseguido que los abertzales se incorporen a las instituciones, que pisen todos los días el Parlamento vasco y que se relacionen con los demócratas. Traducido en una escena, hace unos meses, Arnaldo Otegi y Carlos Iturgaiz coincidieron casualmente a solas en una dependencia del Parlamento vasco. Tras unos segundos de mutuo azoramiento, el líder del PP vasco sólo acertó a decir: «¡Vaya foto para los periódicos de Madrid!». Y el parlamentario de EH le respondió: «¡Y vaya foto para el Gara!».

Ahí terminó la conversación que muestra que hoy por hoy el País Vasco se divide en dos partes irreconciliables. El PNV ha creído en los dos últimos años que podía hacer de puente entre ambos, ofreciéndose a EH como pista de aterrizaje.

Ahora, todo el discurso del PNV, con Arzalluz e Ibarretxe a la cabeza, ha saltado por los aires. Hasta el etarra Antonio López Ruiz, Kubati, reconocía ayer mismo en Gara: «El modelo se ha roto. Estoy completamente seguro de que PNV y EA no tuvieron el valor necesario de cumplir con los acuerdos a los que llegaron con ETA».

O sea, que ETA, que es quien manda, no tiene ninguna intención de seguir de la mano del PNV, por más que se empeñen los dirigentes nacionalistas.

Por eso, ETA ha asesinado en el último mes a tres personas y, a la vez, ha atentado contra el Pacto de Estella y el acuerdo de gobernabilidad entre los nacionalistas y EH, hasta reducirlos a escombros. Ambos acuerdos suponían la renuncia a cualquier acción violenta, en favor de las vías políticas.

ETA ha dejado también en evidencia al Ejecutivo vasco al desafiar a la Ertzaintza. Lo ha hecho asesinando a un político que ejerce la oposición a un Gobierno que era apoyado por su brazo político. En una zona en la que hace pocos meses se detectaron vigilancias a políticos socialistas y en la que la policía vasca tiene competencias plenas.

Hace sólo dos días, en el Parlamento vasco, Fernando Buesa defendió, frente a los partidos nacionalistas, una moción contra la violencia.

Buesa, como una premonición, aseguró: «¡Y son ustedes quienes gobiernan en Euskadi, quienes tienen la obligación y la responsabilidad de que estas situaciones de violencia sean perseguidas y desaparezcan! No vale, no nos vale, señores nacionalistas, que ustedes nos digan que son solidarios con quienes sufren los ataques y agresiones, pero se nieguen a exigir a las bandas y grupos que los cometen su inmediato y definitivo cese. No queremos que ustedes simplemente lo lamenten y lo condenen, queremos, les exigimos, porque gobiernan, que ustedes utilicen el ascendiente que tienen en el movimiento nacionalista y las alianzas que mantienen con EH y su entorno para reclamar el cese inmediato e incondicional de las acciones de la abertzale borroka».

Y en este clima se tienen que celebrar las elecciones generales del 12 de marzo, con la particularidad de que EH defiende la abstención y muchos ciudadanos vascos se sienten amenazados y coaccionados en el País Vasco. Por eso, ETA hizo ayer un alarde de sus tradicionales métodos de propaganda electoral.

En febrero de 1984, fue asesinado en la campaña electoral de las autonómicas vascas el senador socialista Enrique Casas. El mismo mes de 1996, en la precampaña de las elecciones generales, fue asesinado el socialista Fernando Múgica.

Por la democracia
ANTONIO ELORZA El País  23 Febrero 2000

El asesinato ayer de Fernando Buesa, un hombre cordial e inteligente a quien tuve la satisfacción de conocer, vuelve a plantear con toda su crudeza el tema del significado político de ETA. Los meses de tregua trajeron consigo una considerable dosis de confusión, con muchas gentes afectadas de una nueva versión del síndrome de Estocolmo, insistiendo en que la banda tenía un real deseo de paz que "el inmovilismo" del Gobierno vino a arruinar. Los partidos del Pacto de Lizarra compitieron a la hora de repetir este lugar común, al que añadían un planteamiento del tema de la paz cuyo contenido político, en forma de objetivo soberanista o de independencia, venía sin decirlo a reforzar los objetivos políticos de la organización terrorista. Pero no fueron los únicos en repetir la idea de que la exigencia de autodeterminación era en las circunstancias actuales una propuesta democrática, que la territorialidad de Euskal Herria del Ebro a Bayona constituía un objetivo razonable y que la negociación para alcanzar los anterior "superando" (sic) la Constitución y el Estatuto representaba una salida del "contencioso" tan plausible que sólo podían negarse a ella los afectados de una intransigencia incurable o, lo que es peor, de un anacrónico sentimiento nacionalista español.

No hubo otro remedio que releer cuidadosamente los documentos del periodo para comprobar contra tales falsas evidencias que había sido ETA la que había formulado primero unas bases para la negociación que eran simples cláusulas de rendición, luego quien rompió los contactos con el Gobierno como premisa para la vuelta al terror, y que los textos políticos adoptados tanto por EH como por el PNV no configuraban los supuestos de un debate democrático sobre Euskadi, sino las premisas de una independencia a alcanzar por encima de la voluntad de los ciudadanos vascos. A partir de tales planteamientos, el regreso de la muerte estaba servido.

Tal y como plantea ETA el futuro de Euskadi, el terror y la violencia son instrumentos imprescindibles al servicio de la acción política independentista. ¿Cómo va a conquistar por los votos en situación de normalidad a Navarra, Álava o el País Vasco francés?, ¿cómo va a imponer la propia idea de independencia en lo que es hoy Comunidad Autónoma Vasca si tal objetivo sólo logra las preferencias de un tercio escaso de la población?, ¿cómo va a imponer una sociedad euskaldún depurada al modo sabiniano de todo componente español? El asesinato de un representante de la democracia como Fernando Buesa, al igual que sucediera antes con Francisco Tomás y Valiente, adquiere así pleno sentido. Es la misma lógica que exhiben otros nacionalismos parafascistas en la Europa de hoy, el de Le Pen en Francia o el de Haider en Austria, una búsqueda de la nación depurada de todas las contaminaciones extrañas, liberada por la acción del "pueblo" -la masa violenta dirigida por una minoría de reaccionarios- de la conjura de unas fuerzas del mal cuya existencia ampara y promueve la democracia. Sólo que ETA y sus seguidores, además de sostener tales ideas, las apoyan con el ejercicio del crimen político y de la intimidación a todos los niveles. No es cuestión de nacionalismo vasco o de antinacionalismo, sino de antidemocracia.

En la fórmula sabiniana, que hoy ETA protagoniza, y que insensatamente respaldan los partidos nacionalistas democráticos, el nacionalismo se convierte en una religión política de la violencia. Cosa lógica si pensamos en que el fundador de la doctrina, Sabino Arana, ocupa un lugar de privilegio entre los pensadores europeos que anuncian la venida del nacionalsocialismo. Hablan de "construcción nacional", pero más allá de la imposición del euskera nada hay de eso en unos planteamientos cuyo único soporte firme es el odio visceral a España, en nombre de una Euskal Herria imaginada cuyos rasgos han sido tomados de unas imágenes ruralizantes de cartón piedra, al son del txistu y de la txalaparta. ¡Todavía en el último proyecto de Euskal Herritarrok se invoca la victoria de Roncesvalles / Orreaga sobre Carlomagno! Siempre la lucha de unos guerreros heroicos, aunque ahora los medios empleados sean tan viles como el coche-bomba o el tiro en la nuca.

El hecho de que disfruten de un soporte social, ahora puesto relativamente en sordina por Euskal Herritarrok, no debe alterar el juicio. Una mayoría de nazis es una mayoría de nazis, no una mayoría democrática. En contra de lo que declaran Ibarretxe o Arzalluz, cabe afirmar que no existen hoy condiciones para una vida democrática en Euskadi. El terror, las agresiones y la extorsión desmienten trágicamente los planteamientos de un PNV y de un Gobierno vasco atrapados por una equivocación que nadie les va a reprochar si rectifican, pero que merece la más rotunda de las condenas de insistir en la delirante actitud de condenar a las víctimas y seguir aliados de quienes son el brazo político de los verdugos. Otegi tuvo la virtud de dejar las cosas claras con su "gora" a ETA en la manifestación de diciembre o con la calificación, finamente castrista, de "gusanos" a los defensores de la paz que piden el fin de ETA. No sólo él y EH se niegan a solicitar el fin del terror de ETA, sino que descalifican a quienes proponen tal cosa. A los partidarios de la paz va dedicada la manifestación del sábado "contra el fascismo español y por la democracia vasca". Por no citar la inscripción de Auschwitz, estamos ante un remake de Los asesinos acusan. La grandeza de la democracia consiste en permitir que las libertades de asociación, expresión y manifestación sean aprovechadas como lo hace la constelación ETA. Pero esa misma democracia exige una rotunda oposición a quienes de forma tan explícita respaldan el terror.

Y a quienes bajo una etiqueta democrática hacen prevalecer una concepción estrecha y miserable del nacionalismo sobre el respeto que merecen los derechos humanos. Surgen entonces preguntas bien claras a formular a los señores Arzalluz e Ibarretxe: ¿quién hace victimismo?, ¿quién se lanza contra los que se oponen al terror?, ¿quién organiza las contramanifestaciones?, ¿a quién obedecen los jóvenes que queman casas y automóviles? Es evidente que ni el Gobierno vasco ni la dirección del PNV son fascistas, pero en la historia del siglo XX resulta de sobra conocido el papel desempeñado por aquellos que tuvieron poder para frenar la violencia fascista y contribuyeron pasivamente al imperio de sus crímenes. Desde el asalto protegido a la librería Lagun, que tanto les irritó por su propia mala conciencia, hasta el blindaje de la alianza con EH, la bola de nieve de la complicidad no ha hecho más que crecer.

El infame asesinato de Fernando Buesa y de su escolta debería servir como punto de inflexión para que las cosas cambiasen. Para ello Arzalluz tendría que reconocer que no hay una divisoria real entre nacionalistas y no nacionalistas, sino entre quienes adoptan el grito de ¡viva la muerte! y los que lo rechazan desde la democracia. Lo he escrito alguna vez: se puede ser alemán como lo fue Willy Brandt, o como lo fue Goebbels, o como lo fue Von Papen. La elección racional para un vasco no ha de ser difícil.

Antonio Elorza es catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense de Madrid.

Y ahora, ¿qué hacer?
TOMAS FERNANDEZ AUZ  El Mundo  23 Febrero 2000

Fueron los alevines de ETA quienes me dieron por primera vez noticia de Fernando Buesa. Sería a finales de los 80, y el informe llegó en forma de amenaza. Le vi caricaturizado en un pasquín de las calles de un barrio vecino, acusado de españolista, traidor y qué se yo cuántas cosas más. Cerraba el libelo, habitual papel pintado de nuestra decoración urbana, una advertencia: «Lo pagarás caro», decían sus autores y, hoy, 10 años después, han cumplido su amenaza.

A partir de aquel momento empecé a interesarme por aquel político, y cobró rostro el reo de tantísima ignominia. Empecé a fijarme en sus intervenciones televisivas y en el contenido de sus mensajes. Descubrí que era simplemente un hombre decidido, un demócrata con la mala costumbre de la valentía y el amor a la verdad.

Defendía Buesa, por aquel entonces, la igualdad de los no nacionalistas en temas de derecho laboral, combatía los programas de exclusión fundados en la coartada lingüística y abogaba, con cordial firmeza, por la más elemental convivencia entre los ciudadanos. La dignidad de las instituciones vascas, bien lo sabía, no saldría indemne de una deriva sin freno hacia el sectarismo y la segregación.

Fue una batalla perdida. Una vez más, la demagogia de los abertzales funcionó y se logró confundir a la opinión y emborronar la realidad haciendo ver que la defensa de los derechos de los monolingües españoles sólo podía hacerse desde el antivasquismo y con las únicas miras de lograr un retroceso en las libertades de expresión cultural e identitaria. Fue la pérdida de una oportunidad, la consagración de la lógica excluyente que, desde el turismo a la universidad, ha ido expulsando de todas partes a los no afines con la obsesión étnica. La excusa de la recuperación idiomática ha recubierto de prestigio este proceso oscuro.

Ya aquellos pasquines venían a demostrarlo, con sus acusaciones de traición: el problema de la intolerancia lingüística en el País Vasco es sólo el primer eslabón de la camisa de fuerza ideológica que entre todos los nacionalistas moderados o inmoderados, civiles o inciviles han ido tejiendo para uso de sus enemigos.

Esa discriminación, que forma camarillas, cierra puertas y aisla en la precariedad es un primer paso de identificación. La lengua en Euskadi -lamentabilísimamente, porque el euskera es un idioma bello e interesante- se ha convertido en la seña diferencial, en el fetiche que a todos los vientos pregona la más o menos incondicional adhesión a un ideario y a unos objetivos. El paso siguiente es el de la opinión. La más pequeña charla deriva enseguida hacia la cuestión política, nunca en forma de debate o intercambio de puntos de vista, sino como canje de tópicos y chascarrillos, como reafirmación cazurra de la bondad de lo de aquí y la pequeñez de lo de fuera, lo de por ahí abajo.

¿Qué tiene esto que ver con el brutal asesinato de un hombre de bien como Fernando Buesa? Intento hacer ver la relación, pero es una relación compleja, plagada de pequeñas inmundicias. Una relación cuyo efecto acumulativo desemboca en este recurrente rito de barbarie. Es justamente la desconexión de todas esa pequeñas causas, la aparente nimiedad o carácter menor que ostentan cuando se las considera por separado, lo que hace a veces inexplicable para muchos lo que ocurre en el País Vasco.

Las instituciones públicas en manos del PNV hace mucho que favorecen descaradamente a los nacionalistas. Hay equipos de investigación que prohíben escribir o tratar temas no gratos, como el carácter ilegítimo de la delincuencia callejera que se pretende disculpar en virtud del contencioso. He vivido algunas de estas censuras previas en primera persona, y fue justamente Fernando Buesa quien se ofreció en su día, a través de una amiga común, a resolverlas satisfactoriamente.

¿Cómo se llega de la afirmación de la diferencia al racismo etnicista y de éste al asesinato puro y duro? Ya lo ha explicado Jon Juaristi, pero hay que reiterarlo. A este absurdo sangriento se llega creando unclima social e intelectual irrespirable. Se llega fumigando sin cesar la especie de la opresión, del pueblo sojuzgado por el español sañudo. Se mantiene luego fomentando la intolerancia, dejando en la calle las pintadas del «Que se vayan», del «ETA mátalos», del «Lo pagarás caro», del «Kaña a España», esencia de esta construcción nacional que sólo es pura demolición de las libertades civiles.

A Fernando Buesa, como a mi amigo Gregorio Ordóñez, o a Enrique Casas, o a Zamarreño, o a Miguel Angel Blanco o al último teniente coronel asesinado, Blanco, también blanco de alma y blanco de ETA, los asesina ETA porque mucho antes la atmósfera social que atizan los nacionalistas los ha señalado como blancos propicios.

La tibieza es suficiente para la sospecha. La rotundidad en la expresión de ideas no nacionalistas basta para tener ficha. Y la defensa pública y valiente de la simple libertad, el hecho de negarse a ingerir sin más la papilla doctrinaria que pasa en el País Vasco por singular delicia es ya motivo para que la casa de uno quede señalada.

El siguiente paso, tras el rosario de advertencias, es el que ahora se ha cumplido en la persona del parlamentario Buesa, un socialista moderno que ha tenido la desgracia de tener que emplear su energía y su inteligencia en defender lo que en cualquier otra parte del mundo es simplemente una base adquirida, un mínimo supuesto, algo que se da por descontado. La elementariedad de la lucha política por la libertad en el País Vasco es de tal grado que debe aún disipar la ignorancia pura y dura de los más elementales principios democráticos o su olímpico desprecio. El mal que padecemos y que acaba de costar la vida a un hombre admirable es la negligencia dolosa de los rudimentos de la convivencia civilizada. Y mientras no se difunda un gran esfuerzo de pedagogía de la civilidad, esta negligencia se seguirá repitiendo desde la televisión, las aulas, los ayuntamientos, el comercio, las cocinas, los bares y las plazas. Es este cliché funesto de melancolía y revancha el que ha matado a Fernando Buesa.

Tomás Fernández Aúz es escritor y filósofo vasco.

Redondo Terreros: «No vamos a claudicar»
El Mundo  23 Febrero 2000
La clase política, económica y social vasca mostró ayer una vez más su repulsa y consternación por el asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez.

PSOE.- El secretario general del PSE-EE, Nicolás Redondo Terreros, advirtió ayer a los asesinos de Fernando Buesa y Jorge Díez que «pierdan toda esperanza porque no vamos a claudicar», al tiempo que pidió la participación de los partidos y de las instituciones en una manifestación contra ETA. Redondo Terreros confió en que los próximos días sean jornadas «de pensamiento conjunto» de todos los partidos demócratas.

Por su parte, el secretario general del PSOE suspendió el mitin electoral que tenía previsto ayer por la tarde en la capital tinerfeña y emprendió viaje a Madrid para continuar a Vitoria.

Almunia dijo que los asesinatos de ETA «no deben amedrentar, sino reforzar la voluntad de luchar contra los terroristas con las armas de la democracia».

PP.- El presidente popular vasco, Carlos Iturgaiz, afirmó que «los sinvergüenzas de ETA nos devuelven al horror que hemos vivido en el País Vasco».

EA.- Rafael Larreina dijo que el atentado es «un golpe fatal», pero «nos reafirma en la necesidad y el propósito de seguir trabajando con todas nuestras fuerzas para que esto acabe».

EB-IU.- Javier Madrazo consideró que la acción de ETA es «un ataque a la voluntad popular y a la democracia».

UA.- Pablo Mosquera afirmó que «si la violencia no la para la autoridad, tendrá que pararla el pueblo».

Parlamento vasco. La Junta de Portavoces de la Cámara vasca aprobó, con la abstención de EH, una declaración institucional que será leída durante el Pleno urgente convocado para hoy.

Sindicatos vascos.- Las centrales sindicales ELA, CCOO, UGT, STEE-EILAS, USO y ENBA condenaron el atentado y mostraron, asimismo, su «consternación e indignación».

Patronal.- Toda la patronal vasca insistió en su rechazo a una «nueva muestra de la sinrazón violenta».

Obispos vascos.- También todos los obispos vascos mostraron su condena del atentado. Destacó el comunicado elaborado por José María Setién y Juan María Uriarte (prelados saliente y entrante de San Sebastián), quienes afirmaron que «el brutal asesinato» de ayer «asesta un rudo golpe a la vida democrática».

Buesa: "Lo que clama la cielo es que haya personas agredidas todos los días"
Fernando Buesa tuvo dos destacadas intervenciones en el Parlamento vasco, hace muy pocos días, como portavoz de los socialistas; ambas dedicadas a combatir la violencia callejera, y a reclamar medidas más eficaces del Gobierno vasco para defender la seguridad de los ciudadanos no nacionalistas, y para hacer un llamamiento a la unidad de los demócratas frente a los terroristas. La primera de ellas se produjo una semana después de que ETA asesinara en Madrid al teniente coronel Pedro Antoni Blanco. La segunda data de hace cinco días. En esa ocasión, pidió al PNV y EA que utilizaran su ascendiente sobre el movimiento nacionalista para reclamar el cese de la violencia de los radicales.

Vitoria EL PAÍS  23 Febrero 2000

"Hoy, 18 de febrero, se cumple un año desde que tratamos por primera vez este asunto de la violencia callejera en el Parlamento. Entonces, los grupos parlamentarios nacionalistas se limitaron a promover una resolución, que sólo ellos respaldaron, en la que se hacía una apuesta a favor de un proceso de paz que habría de realizarse en ausencia de todas las expresiones de violencia. Si aquella era su apuesta, señores nacionalistas, la han perdido claramente. Entonces ETA estaba en tregua y hoy no lo está, ya ha vuelto a asesinar y sigue en el intento de cometer nuevos crímenes terroristas. Entonces, como ahora, se había desatado una escalada de violencia callejera. Entonces, como acompañamiento siniestro de la tregua y de su política; hoy, como refuerzo de la vuelta a la actividad terrorista de ETA.

El 5 de noviembre de 1999 los socialistas propusimos de nuevo este debate planteándoles, señores nacionalistas, una reflexión sobre la ineficacia de su política para erradicar los comportamientos violentos. El Gobierno, el lehendakari y los grupos parlamentarios nacionalistas habían suscrito un acuerdo de legislatura el 18 de mayo anterior estableciendo una posición política, que incluso se presentó como un activo para la paz: la apuesta inequívoca por las vías exclusivamente políticas y democráticas y la desaparición plena de todas las acciones y manifestaciones de violencia. Hoy ese acuerdo está en suspenso, lo que es bien expresivo de la insuficiencia de aquella posición.

En aquel pleno de noviembre les propusimos asumir una posición más exigente, la que el propio lehendakari había propuesto en el debate de política general del 24 de septiembre de 1999. (...) Pero ustedes, señores nacionalistas, ni consideraron la reflexión que les proponíamos, ni aceptaron asumir la posición más exigente que el lehendakari había planteado.

¿Han mejorado con ello las cosas? ¿Han conseguido ustedes que haya menos violencia en las calles? ¿Han logrado que quienes políticamente no nos identificamos para nada con el nacionalismo tengamos más tranquilidad, más seguridad y más libertad? En absoluto, señores nacionalistas. ¡Y son ustedes quienes gobiernan en Euskadi, quienes tienen la obligación y la responsabilidad de que estas situaciones de violencia sean perseguidas y desaparezcan! Cuando ETA rompió la tregua y anunció, a finales de noviembre de 1.999, que volvía a la actividad terrorista, todos hemos tenido la convicción de que las acciones de violencia callejera se desatarían con más beligerancia. Y así ha sucedido.

(...) Hubo una entrevista entre el secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo, y el lehendakari para tratar esta cuestión. Creímos de buena fe que el gobierno estaba dispuesto a considerar los criterios que planteamos y a aproximar posiciones. Por eso planteamos la presente proposición no de ley (...). Su respuesta, señores del PNV y de EA, la hemos tenido ahora al conocer su enmienda a la totalidad. Es una respuesta decepcionante. El lehendakari y su gobierno nos han defraudado: ninguna voluntad había tras las amables palabras del lehendakari de enmendar errores para combatir eficazmente la violencia callejera. La minoría nacionalista que le apoya en este Parlamento ninguna voluntad tiene de enfrentarse de modo exigente con los grupos violentos.

No vale, no nos vale, señores nacionalistas, que ustedes nos digan que son solidarios con quienes sufren los ataques y agresiones, pero se nieguen a exigir a las bandas y grupos que los cometen su inmediato y definitivo cese. No queremos que ustedes simplemente lo lamenten y lo condenen, queremos, les exigimos, porque gobiernan, que ustedes utilicen el ascendiente que tienen en el movimiento nacionalista y las alianzas que mantienen con EH y su entorno para reclamar el cese inmediato e incondicional de las acciones de la "abertzale borroka".

Estamos hartos de que ustedes se dediquen a darle vueltas al diccionario y a retorcer el sentido de las palabras par ver si encuentran una expresión feliz que sea asumible por EH a la hora de plantear sus resoluciones parlamentarias. Dejen de mirar tanto y con tantos paños calientes a su suspendido socio parlamentario y vuelquen su atención en las ciudadanas y ciudadanos de este país que sufren los ataques y carecen de seguridad y de libertad. Ellos tienen derecho a exigirles que paren con todos los medios legítimos de que dispone el gobierno estos ataques y ustedes forman el gobierno democrático de este país.

No es de recibo que no quieran, señores del PNV y EA, decir una sola palabra en su enmienda de totalidad sobre la necesidad de perseguir con diligencia y eficacia a los autores de las acciones violentas buscando la cooperación eficaz de la Ertzaintza con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como si este no fuera un problema que requiere la intervención de las mismas (...) Al gobierno no le gusta escuchar estas cosas, lo sé. El portavoz dice que se trata de un ataque injusto y el Consejero Balza que todo lo que pasa es que no aceptamos la institución de la Ertzaintza como policía integral. Pero lo injusto, lo que de verdad clama al cielo, es que haya personas agredidas todos los días sin que el gobierno sea capaz de parar estos ataques, y lo que pasa es que los operativos policiales ni son eficaces, ni son suficientes. Porque la Ertzaintza es la policía integral que todos hemos querido es por lo que debemos pedir responsabilidades.

Desde septiembre de 1998, cuando ETA declaró la tregua, se han registrado 1.274 ataques de violencia callejera. El consejero Balza nos dice que en este tiempo la Ertzaintza ha puesto a disposición judicial a 191 personas y que lo hace cuando tiene pruebas como un modelo de eficacia. Lo que no nos cuenta es cuántos de estos hechos se han esclarecido, se han detenido a los culpables y se han abierto procedimientos judiciales. Y no nos lo cuenta porque es muy probable que no superen el 20 por 100. (...) ¿Acaso sucede que nuestra policía no tiene medios? No, señorías, los tiene. (...) Y si esto no fuera suficiente, que cooperen las policías. Sabemos que esta cooperación no funciona. Nos hemos cansado de denunciarlo. Está bloqueada por el enfrentamiento político entre el gobierno Ibarretxe y el gobierno Aznar, entre el ministro Mayor Oreja y el consejero Balza.

(...) Estos incidentes de violencia callejera se agravan durante los fines de semana. Estas circunstancias le llevaron al Departamento de Interior en febrero de 1998, cuando lo dirigía el señor Atutxa, a tomar medidas de refuerzo de los dispositivos de Seguridad en las Comisarías los viernes y sábados en la tarde-noche. Las circunstancias no han cambiado, pero el Consejero Balza ha modificado el dispositivo. Ahora no hay refuerzo, sino una instrucción de acercarse el vehículo patrulla al lugar del incidente con las sirenas y luces para que se le vea, detenerse a 100 metros, y llevar material antidisturbios por si acaso, y si hay suficientes efectivos acercarse a pie al lugar del incidente.

(...) No hay refuerzos, luego casi nunca hay efectivos suficientes. Los que van meten mucho ruido, pero se quedan a cien metros, no les vaya a alcanzar el cóctel mólotov. Y lo que buscan no es dispersar o detener a los encapuchados que están en plena orgía de destrozos, sino que se mitigue la sensación de indefensión (...).

Sobre estas cuestiones hemos venido a exigir responsabilidades y actuaciones del gobierno. Sobre cómo se protegen los derechos y libertades de la gente que no piensa como los nacionalistas hemos venido a pedir un pronunciamiento del Parlamento. Y su respuesta,señores del PNV y EA, la que nos proponen en su enmienda de totalidad es una tomadura de pelo".

"Frente a ETA, unidad democrática sin más apellidos"

"ETA no puede ser considerada como una organización o un agente político equivocado en los medios, pero aceptable en sus fines y objetivos". "ETA no representa nada que valga la pena para este país". "Con ETA, con violencia y terrorismo acompañando cualquier proceso político que quiera diseñarse, nada democráticamente aceptable podrá construirse"...

Así se refirió Fernando Buesa a ETA el pasado 28 de enero en la Cámara de Vitoria. Había transcurrido una semana desde que la banda terrorista, con un coche bomba como el de ayer, hubiera acabado en Madrid con la vida del teniente coronel Pedro Antonio Blanco García.

En aquella primera sesión del Parlamento vasco tras el primer golpe mortal de ETA desde que anunciara el final de su alto el fuego, Buesa, tras expresar su "condolencia y solidaridad" con la familia de la víctima, condenó un crimen "tan injusto como inútil" y dijo que nadie podría reivindicarlo "en nombre de ninguna causa política" porque "el asesinato en modo alguno puede considerarse un acto político".

"Vivir en paz y en libertad es todavía un objetivo que no hemos conseguido. Creo que no lo conseguiremos si no comprendemos todos que nos enfrentamos a un enemigo cuando hablamos de ETA", añadió para advertir después de que "sembrar expectativas excesivas mientras no cese definitivamente en su actividad como organización armada" o "convertir la tregua en el objetivo" es "un error".

También es "un error", enfatizó, "pretender que una estrategia acordada exclusivamente entre nacionalistas llevará al desistimiento de ETA o que la exclusiva intervención del Gobierno de España sin acordar las medidas a tomar con los demás partidos del arco parlamentario traerá la solución".

"La paz es una cuestión que nos concierne a todos", subrayó, para criticar que "los gobiernos no sepan poner la cooperación por encima de sus diferencia políticas", en alusión a que ni José María Aznar ni Juan José Ibarretxe habían sabido encontrar "ese marco" de colaboración durante los meses sin tiros ni bombas.

"La táctica del pasito a pasito que el PNV y EA aplican para preservar sus relaciones con EH" es igualmente "un error", afirmó antes de concluir abogando por la construcción, "frente a ETA", de "una unidad democrática sin más apellidos".

ETA asesina al ex vicelendakari Fernando Buesa y a un ertzaina con un coche-bomba en Vitoria 
VITORIA. J. J. Saldaña ABC  23 Febrero 2000

ETA asesinó ayer al secretario de los socialistas alaveses y ex vicelendakari, Fernando Buesa Blanco, y a su escolta Jorge Díez Elorza, un ertzaina de 27 años, mediante la explosión de un coche-bomba cargado con 25 kilos de explosivos. El atentado se perpetró en las inmediaciones de la Universidad de Vitoria y en las proximidades de Ajuria Enea, residencia del lendakari.

El asesinato del ex vicelendakari encargado de asuntos sociales y consejero de Educación del Gobierno vasco en la etapa de José Antonio Ardanza, secretario general de los socialistas en Álava y portavoz del grupo parlamentario del PSE-EE, Fernando Buesa Blanco, y de su escolta Jorge Díez Elorza, un agente, soltero, natural de Vitoria, de 27 años de edad que había realizado el curso de «acompañamiento» y que llevaba cinco meses en las Ertzaintza, tuvo lugar a las cuatro y treinta y ocho minutos de la tarde.

Buesa, de 54 años y padre de tres hijos, salió de su casa, situada a unos doscientos metros del lugar del atentado, para dirigirse andando al centro de la ciudad, junto a su escolta. Tras despedirse de su hijo, que salió junto a él de casa, y cuando apenas había recorrido unos metros los terroristas hicieron explotar a su paso y al de su escolta un coche-bomba, aparcado en la confluencia de las calles Aguirre Miramón y Nieves Cano, al lado del Facultad de Ingeniería, del Aulario y de los institutos de enseñanza media Baraibar y Nieves Cano. El artefacto fue activado mediante un radio mando. La furgoneta que, a consecuencia de la explosión quedó destrozada, contenía unos 25 kilos de explosivos, cantidad similar a la del atentado que le costó la vida al teniente coronel Blanco, según indicaron fuentes de la Ertzaintza.

El cuerpo de Fernando Buesa, el segundo parlamentario vasco asesinado por ETA, resultó destrozado a consecuencia de la explosión. Su cadáver quedó en el suelo, sin pies y sin brazos, según algunos testigos presenciales, mientras que el ertzaina se mantuvo por unos minutos con vida. También una mujer de 51 años que se encontraba en las inmediaciones resultó herida. El atentado podría haberse convertido en una tragedia aún mayor de haber tenido lugar una hora antes, ya que es una zona muy concurrida por estudiantes que en el momento del atentado se encontraban ya en las aulas. Los primeros en llegar al lugar del suceso fueron trabajadores del servicio de limpieza de los institutos de enseñanza media, que se encuentran en las inmediaciones, y que fueron desalojados por la Ertzaintza ante la rotura de los cristales de las aulas. Utilizando una valla a modo de camilla, cogieron el cuerpo del ertzaina, aún con vida, y lo alejaron de las llamas de la furgoneta-bomba y de los otros tres vehículos que se vieron afectados por la explosión.

El cuerpo de Jorge Díez fue trasladado a unos cincuenta metros de donde se encontraba el cadáver de Buesa para tratar de facilitar su traslado en ambulancia. Sin embargo, el ertzaina murió minutos después de la explosión siendo inútiles los intentos de los miembros de los servicios de urgencias por reanimarlo. La Ertzaintza procedió a acordar a zona, instantes después del atentado, cometido en una zona con un gran dispositivo de seguridad al acoger los edificios de la Presidencia del Gobienro vasco y el Palacio de Ajuria Enea.

El estruendo de la explosión se pudo escuchar desde cualquier punto del centro de Vitoria, incluido el edificio de la Lendakaritza (presidencia del Gobierno vasco) donde el portavoz del Ejecutivo, Josu Jon Imaz, acababa de empezar la semanal rueda de prensa del Consejo de Gobierno, que fue suspendida.

LEVANTAMIENTO DE LOS CADÁVERES
Ante la reserva de la Ertzaintza, fue uno de sus propios compañeros, el senador socialista por Álava, Javier Rojo, presente minutos más tarde de la explosición en el lugar de los hechos, el que con lágrimas en los ojos confirmó la identidad del dirigente socialista asesinado por ETA. Posteriormente, fue Rojo el que identificó el cadáver de su compañero. Los restos mortales Fernado Buesa y Jorge Díez Elorza fueron levantados horas mas tarde por orden del juez, a las ocho menos veinte de la tarde, y trasladados al tanatorio.

A lo largo de la tarde, se acercaron al lugar del atentado, además del alcalde de la ciudad, Alfonso Alfonso Alonso, y el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, varios miembros del Gobierno vasco, entre ellos, el consejero de Interior, Javier Balza, y el portavoz del Ejecutivo, Josu Jon Imaz. Por la manana, ese mismo lugar, en las inmediaciones de la Escuela de Ingienería Industrial, había sido escenario de una concentración de estudiantes en contra de las pintadas amenzantes aparecidas la pasada semana en el edificio.

El último crimen de ETA en Vitoria se produjo en mayo de 1998, Entonces fue asesinado el guardia civil Alfonso Parada, que se encontraba en la reserva. El Ayuntamiento de la capital del País Vasco ha decretado tres días de luto. Asimismo, la Diputación de Álava decretó una semana de luto oficial en la provincia y la concesión a Buesa de la Medalla de Álava «por la manera continuada con la que ha contribuido a la defensa de las libertades y los derechos humanos en la provincia». También el Gobierno vasco decretó luto oficial dos días por el ex vicepresidente de Asuntos Sociales y ex consejero de Eduación del Gobierno vasco.

Fernando Buesa Blanco, nacido el 29 de mayo de 1946 en Bilbao, era representante en la Cámara vasca desde 1984, estaba casado y tenía dos hijas y un hijo. El nombre del secretario general de los socialistas alaveses fue encontrado en la documentación intervenida al «comando Araba» desarticulado en diciembre de 1995, como uno de los objetivos inmediatos. Junto a él, también aparecieron los nombres de Juan María Atutxa y del dirigente de Unidad Alavesa Pablo Mosquera. En aquella ocasión, los terroristas tenían muy avanzada la información para atentar contra Atutxa, pero no habían determinado la forma de llevar a cabo el asesinato de Buesa.

DOCUMENTACIÓN INCAUTADA
Recientemente el nombre de Fernando Buesa ha vuelto a aparecer entre la documentación que le fue intervendia al «comando Jabalí», que intentó colocar dos furgonetas- bomba en Madrid el pasado mes de diciembre. En el registro practicado por la Guardia Civil en el domicilio de Alicia Sáez de la Cuesta, que conducía el coche lanzadera que precedía a las furgonetas-bomba y que consiguió huir, fueron hallados recortes de periódicos con las fotografías de los candidatos de las tres provincias vascas de los distintos partidos.

Además de estas fotos, también se encontraron en la vivienda de la citada terrorista los nombres, direcciones y profesiones de numerosas personalidades de la vida pública vasca.

Con el asesinato de Buesa se eleva a seis el número de militantes del PSE que han sido asesinados en actos terroristas perpetrados en el País Vasco en los últimos veinte años. El primer militante socialista asesinado en atentado fue el fotógrafo Germán Gonzaléz López, muerto a tiros por los Comandos Autónomos el 27 de octubre de 1979 en la localidad guipuzcoana de Villarreal de Urretxu.

El 23 de febrero de 1984 -mañana se cumple el 16 aniversario- fue asesinado en plena campaña electoral el senador socialista Enrique Casas, a quien miembros de los Comandos Autónomos tirotearon en la puerta de su casa. El 17 de octubre de ese mismo año, ETA-militar mató a tiros en Rentería al policía municipal y militante socialista Vicente Gajate Martín. El 25 de abril de 1987, un ataque con cócteles molotov contra la Casa del Pueblo de Portugalete causó la muerte de la también militante socialista Maite Torrano y el afiliado de Comisiones Obreras Félix Peña. El último atentado mortal anterior al de ayer tuvo lugar el 6 de febrero de 1996 en San Sebastián, donde el «comando Donosti» mató a tiros al abogado Fernándo Múgica, militante histórico del PSOE.

Crimen, ética y política
JAVIER ORTIZ El Mundo  23 Febrero 2000

¿Con qué poder, en nombre de quién y de qué autoridad se atribuye ETA el derecho a juzgar a un hombre en su ausencia y sin defensa posible, de sentenciarlo a la pena capital y, sin apelación alguna, de ejecutarlo? ¿Qué clase de sentencias son las que dicta ETA, que no sólo recaen sobre el condenado, sino también sobre cualquiera que lo acompañe, e incluso sobre todo aquél que pase por sus cercanías?

Pretenderán que el asesinato de Fernando Buesa ha sido un «acto de guerra».

No se lo creen ni ellos.

Primero, porque hace tiempo que sus propios comunicados han dejado de hablar de guerra alguna: se conforman con perorar sobre «el contencioso» con España, como si se tratara de un aburrido asunto de leguleyos.

Segundo, porque también hace ya mucho que ni ellos se acogen a lo dispuesto en la Convención de Ginebra para los prisioneros de guerra ni conceden al otro bando el trato que fijan las leyes de la guerra, que las hay. Una prueba irrefutable de ello: a Miguel Angel Blanco no le dieron precisamente el trato que las leyes reservan a los prisioneros de guerra.

No habiendo guerra alguna, ni en acto ni en ciernes, ni desde la consideración mayoritaria de la sociedad ni desde la suya propia, es obligado concluir que no sólo lo que hacen carece de cualquier posible justificación ética, sino que además lo saben. O lo sabrían, a nada que se atreviesen a pensar mínimamente en el sentido moral de sus propios actos.

La razón estrictamente política no le es a ETA más favorable que la ética.

¿Qué creerán que van a lograr matando a Fernando Buesa y al ertzaina que lo escoltaba?

Llevarán el dolor a dos familias, sin duda alguna. Y a sus amigos respectivos. No es un gran objetivo político, me parece.

Estremecerán también de horror a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Durante unas horas; tal vez unos días. Luego dejarán de pensar en ello y seguirán sus vidas igual que hasta ayer al mediodía.

Al Estado no le habrán hecho nada. Ni un rasguño. Nada que genere ninguna tensión interna; nada que avive ningún rescoldo golpista; nada que le lleve a alterar su política con respecto a Euskadi. Ni para bien ni para mal. Nada.

Habrán atizado, eso sí, las ya notorias fisuras del nacionalismo vasco. Todo un éxito.

Otras veces lo he escrito, pero volveré a hacerlo: el terrorismo es tan moralmente inaceptable como políticamente perjudicial para la causa que se supone que defiende.

ETA no lo entiende. Me da que ya no entiende nada. javier.ortiz@el-mundo.es  

Varios miles de personas expresan en Madrid su repulsa al terrorismo
El presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra afirma en el manifiesto que las "ideologías que justifican el asesinato siempre acaban convirtiendo el asesinato en ideología"
AGENCIAS El Mundo  23 Febrero 2000

MADRID .- Varios miles de madrileños se han reunido esta tarde en la Puerta del Sol, respondiendo a la convocatoria del Movimiento contra la Intolerancia, apoyada por instituciones madrileñas, partidos políticos y sindicatos, para expresar su repulsa por el atentado de ayer en Vitoria.

Los manifestantes, que se han situado en la parte central de la Puerta del Sol, frente a la Real Casa de Correos, sede de la presidencia del Gobierno regional, portaban numerosos carteles sobre la frente con la palabra "No", y pequeñas pancartas con frases como "Por la paz, ETA no", "Basta ya", "¿Queréis guerra? Nosotros no", "Queremos la paz", "Aunando voces por la paz. No más violencia", "Vascos sí, ETA no" y "ETA cobarde", entre otras.

Momentos antes de las siete de la tarde han salido de la Real Casa de Correos algunas de las autoridades y representantes políticos y sindicales que se colocaron alrededor de una gran pancarta, que sostenían con sus manos, en la que se leía "Contra la violencia: no matarás", y el símbolo del Movimiento contra la Intolerancia.

Entre las personas que sujetaban la pancarta se encontraban Rodrigo Rato, vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda; Alberto Ruiz-Gallardón, presidente de la Comunidad de Madrid; Pedro Núñez Morgades, delegado del Gobierno en Madrid; José María Alvarez del Manzano, alcalde de la capital; Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia; Cristina Alberdi, presidenta de la FSM; Rosa Conde, diputada socialista, así como representantes de los grupos municipales del Ayuntamiento, de los grupos políticos de la Asamblea de Madrid y de los sindicatos.

El manifiesto
Tras más de cinco minutos en que los manifestantes han permanecido en un impresionante silencio, Esteban Ibarra ha leído un manifiesto que ha comenzado diciendo: "Por la paz. Basta ya". Tras estas palabras, la multitud ha roto en aplausos hasta que el presidente del Movimiento contra la Intolerancia ha proseguido recordando que han asesinado a Fernando Buesa, representante de la voluntad popular, y a Jorge Díez, servidor de la democracia.

"Queremos que nuestro primer mensaje sea de condolencia, de pésame colectivo y de solidaridad para sus familias, amigos y las instituciones en las que prestaban sus servicios, para el Partido Socialista y para la Ertzaintza", prosiguió. En ese momentos se escucharon numerosos gritos de "asesinos, asesinos", dirigidos a los terroristas.

"No existe ninguna consideración ideológica o política que legitime el asesinato. Aquellas ideologías que justifican el asesinato -ha dicho- siempre acaban convirtiendo el asesinato en ideología. Aquellos que creen que con el terror pueden cambiar las cosas les recordamos que nunca las sociedades con profundas convicciones democráticas han sido abatidas".

Ha vuelto a pedir desde la autoridad moral de la sociedad democrática la unidad de todos, ciudadanos e instituciones, en defensa del derecho a la vida y los derechos humanos, "para que quede marcada claramente la línea de separación entre demócratas y terroristas como primer paso para un verdadero proceso de paz".

Fernando Buesa y Jorge Díez, asesinados por la libertad y la democracia, descansad en paz", ha finalizado. Sus palabras fueron subrayadas por una fuerte ovación que se prolongó largo rato.

Concentraciones durante la mañana
Durante esta mañana se han sucedido los actos de repulsa en todo el país. En Vitoria, varios miles de personas se han concentrado en la plaza de España, entre ellas, el presidente del Gobierno, José María Aznar, la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, y el secretario general del PSOE, Joaquín Almunia.

Previamente, el Ayuntamiento ha celebrado un pleno extraordinario en el que todos los grupos, salvo EH, condenaron el atentado y destacaron que "esta acción criminal no nos apartará del cumplimiento de nuestros deberes que nos caben como representantes de este pueblo".

El Consistorio de Bilbao ha aprobado una declaración similar, también con la abstención de EH, y a continuación concejales y cientos de personas más se concentraron en silencio a las puertas del Ayuntamiento.

En San Sebastián , ha habido concentraciones de rechazo ante la Diputación Foral, el Ayuntamiento de la capital y el campus universitario, y poco después, un grupo de personas se ha manifestado por el barrio del Gros para reclamar el traslado de los presos de ETA al País Vasco, con una pancarta en la que se leía en euskera "PP-PSOE, asesinos".

El Ayuntamiento de Ermua , del que era concejal Miguel Angel Blanco, ha fletado autobuses para acudir a la manifestación de esta tarde en Vitoria, convocada ayer por el lehendakari, y ha pedido que se coloquen crespones negros en las ventanas en señal de duelo por los dos asesinados.

En Pamplona , varios centenares de personas, encabezadas por los concejales, excepto los de EH, han manifstado su rechazo a los asesinatos. Otro grupo de ciudadanos, entre ellos el presidente de la Comunidad, Miguel Sanz, ha secundado la convocatoria del Parlamento foral ante sus puertas.

En Barcelona , autoridades políticas y ciudadanos se concentraron en la plaza de Sant Jaume para expresar en silencio su repulsa al atentado, mientras que de los balcones de la sede de la Generalitat y del Ayuntamiento barcelonés colgaban dos grandes lazos azules. El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y el alcalde de Barcelona, Joan Clos, han presidido la concentración.

En Andalucía , miles de ciudadanos han secundado las concentraciones silenciosas en ciudades y pueblos en repulsa contra el atentado de ETA, en las que participaron miembros de los partidos políticos, instituciones, sindicatos y de otras organizaciones.

Convocadas concentraciones contra ETA en toda España
AGENCIAS, Madrid El País  23 Febrero 2000

Distintas organizaciones han convocado manifestaciones en varias ciudades españolas para condenar el atentado perpetrado por ETA ayer en Vitoria en el que murió el portavoz del Parlamento Vasco, Fernando Buesa, y su escolta. Desde los ayuntamientos y las asociaciones se animaba ayer a los ciudadanos a participar en concentraciones y manifestaciones para denunciar el atentado, exigir la desaparición de ETA y reclamar la paz en el País Vasco.

La presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias y alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, propuso ayer que se convocasen concentraciones a las 12.00 a las puertas de los ayuntamientos de toda España en señal de protesta por el atentado, además de un pleno extraordinario en el que se leerá un comunicado de repulsa contra el atentado.

También la Generalitat de Cataluña y las dos asociaciones que agrupan a los municipios catalanes han pedido a los ciudadanos que se concentren al mediodía durante cinco minutos en la plaza barcelonesa de Sant Jaume, en la que se encuentran las sedes del Gobierno autonómico y del Ayuntamiento, y frente a las casas consistoriales de cada localidad catalana.

Por la tarde seguirán las manifestaciones y las concentraciones. A las 19.00 está convocada una en la Plaza de España de Zaragoza. Movimiento contra la Intolerancia ha convocado concentraciones en la Puerta del Sol de Madrid a partir de las 19.30, y media hora después otra en la Plaza de Guipúzcoa de San Sebastián organizada también por la asociación Denon Artean para exigir la desaparición definitiva de la banda terrorista ETA.

El Consejo de la Juventud de la Rioja iniciará una manifestación a las 20.00 en Logroño bajo una pancarta con el lema: "Aunando voces por la paz. ¡No más violencia!". "Cantabria por la Paz" protagonizará una concentración silenciosa a partir de la misma hora ante el Ayuntamiento de Santander. El colectivo "Unidos por la Paz" ha propuesto una concentración a las 8:30 en Pontevedra.

Paros
Gesto por la Paz ha convocado para mañana paros de 15 minutos a las 12.00 en las dos universidades de Navarra y, a las 20.00 horas en los lugares habituales o frente a las iglesias y los ayuntamientos de todo el País Vasco y Navarra "como ejemplo de condena y de protesta" de los ciudadanos por el doble asesinato de ETA y como "un acto de solidaridad con las familias de las víctimas".

La Conferencia de Rectores de la Universidad Española ha convocado a todos los universitarios a sumarse a un paro silencioso de cinco minutos el próximo jueves a las 12.00. La Universidad del País Vasco (UPV) ha declarado el día de hoy como jornada de luto.

Nace el Camino de la Lengua Castellana, un itinerario turístico por los origenes de nuestro idioma 
MADRID. S. C. ABC  23 Febrero 2000

Tras dos años de negociaciones, ayer se constituyó en Madrid la Fundación Camino de la Lengua Castellana, que servirá para poner en marcha una ruta turística que recorrerá, a través de tres Comunidades Autónomas, las raíces geográficas de este idioma. El Camino parte de la cuna del castellano, San Millán de la Cogolla (La Rioja), y pasa por Silos (Burgos), Valladolid, Salamanca y Ávila hasta llegar a Alcalá de Henares, ciudad natal de una de sus cumbres, Miguel de Cervantes.

Este proyecto nació en 1997, a iniciativa de la Consejería de Cultura de La Rioja, que consiguió la colaboración de los Gobiernos de Madrid y Castilla y León; la Diputación de Valladolid y los Ayuntamientos de Alcalá de Henares, Ávila, Salamanca y Valladolid.

El Camino de la Lengua Castellana nace con la intención de fomentar el turismo de la lengua, aquel interesado en visitar los lugares que guardan la memoria de escritores como Gonzalo de Berceo, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Lope de Vega o Tirso de Molina. Además, con esta ruta se quiere potenciar el interés por poblaciones que se encuentran fuera de los circuitos turísticos tradicionales pero que cuentan con un patrimonio cultural prácticamente desconocido.

El consejero de Cultura de La Rioja y presidente de la recién creada Fundación, Luis Alegre, destacó que esta iniciativa pretende «difundir la rica historia del devenir del castellano». Con este proyecto se intentará realizar una «oferta turística exclusiva y de calidad» que logre mostrar la historia y la propia identidad de cada uno de los hitos del Camino. Unos lugares en los que, por encima de su trascendencia cultural, «se alza su vinculación a la importancia de un idioma cada vez más universal».

Por su parte, el consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, Gustavo Villapalos, consideró que se trata de un recorrido «limitado, aunque no gratuito», que pasa por los lugares principales de la historia del castellano, ya que cualquier recorrido exhaustivo por una lengua que emplean 400 millones de personas «sería inmenso».

La Fundación que acaba de nacer tiene como próximos objetivos conseguir que el Camino sea declarado Patrimonio de la Humanidad y extender el trayecto a Sudamérica para dar a conocer el desarrollo que tuvo el castellano a partir de 1492 en este continente. También trabaja en la elaboración de una serie de tomos enciclopédicos sobre la historia, el arte y la literatura de cada uno de los lugares de la ruta. Además, está preparando una exposición itinerante que recorrerá varios países con el objetivo de dar a conocer y promocionar esta iniciativa turística. Asimismo, comenzará una labor de estudio y de promoción cultural del Camino. Los promotores de la Fundación pretenden realizar un completo despliegue dirigido a captar visitantes, que consistirá en la elaboración y distribución de folletos y guías y en la celebración de distintas actividades, jornadas y congresos sobre la lengua y el turismo.

Arias-Salgado presenta en Madrid el capítulo español de Internet Society
Su misión es fomentar el uso de Internet e impulsar el castellano en la Red
PEDRO DE ALZAGA El Mundo  23 Febrero 2000

MADRID.- El Palacio de Comunicaciones de la madrileña plaza de Cibeles sirvió ayer de escenario para la presentación del capítulo español de Internet Society (ISOC-ES), la delegación española del organismo internacional sin ánimo de lucro que vela por el desarrollo cultural y tecnológico de la Red informática mundial.

El acto de presentación fue presidido por el ministro de Fomento, Rafael Arias-Salgado, el secretario general de Comunicaciones, José Manuel Villar, y la presidenta y el secretario de la recién constituida asociación, Ana Almiñana y Juan Carlos Martínez Coll.

Internet Society es una asociación internacional que cuenta con más de 150 capítulos regionales repartidos por todo el mundo. La sucursal española nace, según sus fundadores, para ampliar la presencia de Internet en España y favorecer el uso del castellano en la Red.

Sociedad de la información
El ministro de Fomento aprovechó la ocasión para hacer un repaso a la política que su Ministerio ha llevado a cabo para impulsar el desarrollo de la sociedad de la información. El proyecto de ley de firma electrónica y las iniciativas de registro de proveedores de servicios de información y gestión de los dominios .es por parte del Ministerio son algunas de las medidas que el ministro destacó en su intervención.

El titular de Fomento se refirió también a la reducción de tarifas para el acceso a Internet y a la tecnología ADSL, que, según el ministro, vale 4.000 pesetas, aunque no puede encontrarse en el mercado por menos de 7.500 pesetas (IVA incluido).

Arias-Salgado aseguró también que España seguiría la política de regulación marcada por la Comisión Europea, aunque apostó por una «autorregulación» de los propios usuarios que impida la excesiva injerencia de los gobiernos en la Red.

Por su parte, la presidenta de la recién constituida ISOC-ES, Ana Almiñana, restó importancia al hecho de que esta asociación independiente se presente de la mano del Gobierno: «Estamos en precampaña y hoy Internet vende, pero éste es sólo un primer contacto para que el Gobierno sepa que existe una asociación que va a vertebrar los distintos sectores implicados en el desarrollo de la Red en España». Almiñana aseguró que la junta directiva del nuevo capítulo español está preparando una reunión para el próximo día 27 con el candidato del PSOE a la presidencia, Joaquín Almunia.

El nacimiento de ISOC-ES ha estado marcado por la polémica surgida entre los capítulos regionales españoles previamente constituidos -Cataluña, Andalucía, Galicia y Aragón- que vieron la posibilidad de que el nuevo organismo supusiera una estructura jerárquica parecida a la estatal. Al final, la junta constituyente optó por una relación de igualdad administrativa con el resto de capítulos españoles.

 

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