AGLI

Recortes de Prensa   Jueves 24 Febrero 2000
#Juliano el Apóstata
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 24 Febrero 2000

#LA SITUACION EXIGE ALGO MAS QUE LAGRIMAS
EDITORIAL El Mundo 24 Febrero 2000

#Desgobierno vasco
Editorial ABC 24 Febrero 2000

#Esperando a Jatamí
FERNANDO SAVATER El País 24 Febrero 2000

#De Arzalluz
MARTIN PRIETO El Mundo 24 Febrero 2000

#Rosas en el Parlamento
José Antonio Jáuregui Antropólogo ABC 24 Febrero 2000  

#Otegui
La Estrella 24 Febrero 2000

#Sangriento error
JAIME CAMPMANY ABC 24 Febrero 2000  

#El nazismo vasco
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo 24 Febrero 2000

#El lobo cogido por el rabo
M. MARTÍN FERRAND ABC 24 Febrero 2000  

#¡Se sienten, coño!
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 24 Febrero 2000

#Bombas
Juan Manuel DE PRADA ABC 24 Febrero 2000  

#Muerte II
ERASMO El Mundo 24 Febrero 2000

#La sensibilidad de un presidente
IMPRESIONES El Mundo 24 Febrero 2000

#Contra la muerte
ÁLVARO VALVERDE ABC 24 Febrero 2000  

#Los reyes de la ciudad
GABRIEL ALBIAC El Mundo 24 Febrero 2000

#Largo y lento
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 24 Febrero 2000

#La hora de las responsabilidades
Editorial El País 24 Febrero 2000

#El PNV se cierra la salida
César Alonso de los Ríos La Estrella 24 Febrero 2000

#Tensión y tres posturas
Pablo Sebastián La Estrella 24 Febrero 2000

#Por la libertad
ALFONSO ALONSO ARANEGUI El Mundo 24 Febrero 2000

#Consecuencias políticas
Ramón PI ABC 24 Febrero 2000  

#Todo igual tras el asesinato de Fernando Buesa
Lorenzo Contreras La Estrella 24 Febrero 2000

#Entre la impotencia y la impaciencia
TXEMA MONTERO El Mundo 24 Febrero 2000

#Con los ojos cerrados
PATXO UNZUETA El País 24 Febrero 2000

#Ibarrola
MIGUEL GARCÍA POSADA El País 24 Febrero 2000

#Un sindicato de ertzainas exige a Balza medidas contra la «ineficacia» del Cuerpo  VITORIA. S. N. ABC 24 Febrero 2000

#60.000 personas despiden a Buesa en Vitoria entre gritos contra ETA y el 'lehendakari'
PEDRO GOROSPE, Vitoria El País 24 Febrero 2000

Juliano el Apóstata
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 24 Febrero 2000

«Los creyentes en las naciones como entidades supremas y eternas no hacen otra cosa que resucitar el tipo religioso del pensamiento que nació un día en la mente histriónica y conturbada de Juliano el Apóstata, patrón en realidad y padre lejano de cualquier nacionalismo».

Esto lo escribía Eugenio d'Ors en los años 20/30, cuando la idea de Europa, como ahora, principiaba a olvidar los nacionalismos. De modo que no es mal aviso para nuestros nacionalistas violentos o pacíficos: que se sepan todos descendientes de Juliano el Apóstata, aquel personaje violento, retórico y desplazado por la Historia. Y añade d'Ors: «Porque, por hacedero que supongamos el aislar en una autonomía un fragmento de territorio que se sienta dotado de una conciencia nacional propia, esta conciencia jamás será tan sustantivamente unitaria que haga imposible la ecciparidad en dos conciencias, nacionales a su vez; división que podrá prolongarse hasta el infinito, sin que nunca se pueda decir, sino por oportunismo, que se ha encontrado una forma de distribución nacional satisfactoria. Mas la verdad es que, llegado el momento, todo oportunismo falla. El nacionalismo se ha consumido a sí mismo. Y no es, ciertamente, esta consunción interior, uno de los síntomas menos claros de su muerte próxima».

Aprendan los nietos crispados de Juliano el Apóstata que la nación como entidad suprema y eterna no es sino una creación del pensamiento religioso, irracional, y que su idea de superioridad, asociada a un curioso victimismo, nos da todo el cuadro de los mártires que matan. Son histriónicos, como viera d'Ors a principios de siglo, porque necesitan exagerar su Yo, del que temen carecer, y están un poco conturbados de mente porque han hecho de cualquier circunstancia histórica una tragedia o una epopeya, negándose siempre a la finura intelectual de la anécdota. Luego apunta el maestro la imposibilidad -einsteniana, diríamos nosotros- de hacer la división definitiva entre autonomías (esa palabra que vendría después), porque aquí, como en la división del átomo, nos encontramos con el vértigo de lo infinito, y así es como el átomo/Manganeses de la Polvorosa se autosecciona del pueblo de al lado reafirmando su entidad mediante un ritual abrupto y una cabra etarra, de la que ya tengo hablado aquí, debidamente muerta o asesinada. D'Ors niega que se haya encontrado nunca una forma de distribución nacionalista satisfactoria. Efectivamente, podemos decir hoy, la reivindicación secreta de ETA baja hasta Burgos. El nacionalismo se ha consumido a sí mismo, como termina el maestro catalán. (Se ha consumido en su propio fuego asesino). «Y no es, ciertamente, esta consunción interior, uno de los síntomas menos claros de su muerte próxima». Qué consoladoras las palabras del maestro, gestor de europeidades, ante los cuerpos calcinados, socarrados, de dos servidores de la democracia.

Discípulos y contraparientes de Juliano el Apóstata hay muchos por España. Están entorpeciendo la convivencia cuando menos falta hacía. Agradezcámosles que, al menos, son histriónicos y distraídos como su papá loco.


LA SITUACION EXIGE ALGO MAS QUE LAGRIMAS
EDITORIAL El Mundo 24 Febrero 2000

Todos los honores que el Gobierno vasco ha decretado para Fernando Buesa están plenamente justificados, como la presencia de sus miembros en los funerales y en las manifestaciones convocadas para condenar públicamente su asesinato y el del escolta que le acompañaba. Todos los ciudadanos comparten el dolor que el lehendakari Ibarretxe mostró ayer en público, pero la gravedad de la situación no es sólo cosa de lágrimas.

Precisa una respuesta política contundente y, hasta el momento, la que conocemos del Gobierno de Vitoria es tardía e insuficiente. La del PNV, patéticamente impresentable. Señalamos ayer, y repetimos ahora, que las únicas alternativas dignas para Ibarretxe son la dimisión o la cuestión de confianza. Para presentar ésta al Parlamento debería encontrar el respaldo de los partidos democráticos a un nuevo planteamiento político. Si no lo desea, o no puede conseguirlo de su partido, no le queda otra salida que la dimisión.

Ibarretxe se enfrenta a una creciente reprobación social, como revelan las voces que anteayer y ayer se han alzado en Vitoria pidiendo su dimisión. Crece también, cada vez con más fuerza, una significativa disidencia en el seno del PNV, que reclama lo que le piden los partidos democráticos. La unidad proclamada por Xabier Arzalluz es ficticia, algo que él mismo sabía cuando dedicó la rueda de prensa posterior a su reelección por unanimidad como presidente del partido a criticar a los disidentes. Ayer no asistió al funeral por Fernando Buesa y volvió a demostrar su desfachatez como político al pretender ampararse en un dolor «incluso personal» (sic) para decir que «no quiero saber nada en este momento ni de ellos ni de los otros». Es una lamentable manera de equiparar, otra vez, a víctimas y verdugos. Y, además, no engaña a nadie, porque, mientras el PNV no cambie radicalmente, está, en el Pacto de Lizarra y todavía en muchas otras instituciones vascas, con el brazo político de los pistoleros que, tras tantas otras muertes, asesinaron el martes a Fernando Buesa y al ertzaina Jorge Díez. Y lo sabe muy bien. Ayer, su portavoz, Joseba Egibar, insistía en mantener el Pacto de Lizarra negándose a desandar un camino que, a su juicio, «durante el último año y medio ha arrojado frutos positivos».

Pero todo está muy claro. Hay quienes asesinan y quienes son asesinados. Un curioso comunicado de la Generalitat de Cataluña asegura que el PNV «actuó con la máxima buena voluntad» aunque «no ha salido bien» lo que pretendía. Que no ha salido bien es -era desde hace tiempo- patente. Si la posición del PNV es la reiterada por Egibar, es decir, seguir queriendo construir el futuro del País Vasco con quienes aceptan y amparan la violencia como estrategia de chantaje, ni cabe admitir la buena voluntad, ni queda otra opción que el repudio general de los demócratas. Y los disidentes deben hablar en voz alta, dar la batalla abiertamente y, si la pierden en el seno del PNV, abandonarlo de inmediato.

Desgobierno vasco  
Editorial ABC 24 Febrero 2000

LA absoluta debilidad en que se encuentra el gobierno de Ibarretxe tras romper el pacto con Euskal Herritarrok y ser abandonado por su partido ha de marcar un punto de inflexión en los comportamientos políticos del País Vasco. El PNV no ha secundado la iniciativa rupturista de Ibarretxe, porque mantiene intactos todos sus acuerdos y compromisos —«puentes», como los llama Egibar— con HB en los órganos de gobierno provinciales y locales, resultados congruentes del pacto de Estella, cuya revisión ni siquiera ha sido cuestionada por la cúpula nacionalista. Esta perseverancia demuestra que el frente nacionalista sólo tenía en consideración las instituciones democráticas de Vitoria —Parlamento y Gobierno— en la medida en que servían de plataforma y andamiaje de la construcción nacional vasca. En cuanto se ha quebrado esta relación de instrumentalidad, el PNV no ha pestañeado. Puestos en la disyuntiva de tener que elegir entre mantenerse en el orden institucional estatutario o defender la fidelidad al pacto frentista, el PNV ha vuelto a elegir lo segundo, porque ese es realmente el proyecto con el que se identifica cordialmente.

La consecuencia de esta opción, es que el PNV, regateando al «lendakari», ha dejado a Ibarretxe solo, en terreno de nadie, sin cobertura política suficiente para mostrarse creíble en este momento de crisis; sin capacidad para convencer de que mientras su partido sigue unido a Herri Batasuna él podrá pactar con fuerzas no nacionalistas, preferentemente el Partido Socialista. Ya ha pasado el tiempo en que Ibarretxe sobrevivía gracias a su voluntarismo y a su retórica autocomplaciente, en la que se presentaba como campeón de la integración y de la convivencia pacífica. Su decisión de romper el pacto con Euskal Herritarrok ni será eficaz, porque Arzalluz no lo ha bendecido, ni le devuelve la legitimidad que perdió ante los ciudadanos no nacionalistas. El anuncio de la ruptura del acuerdo fue el certificado de un pacto ya muerto, desahuciado por los socios batasunos, que ni se molestaron en socorrer al ejecutivo nacionalista en el debate del pasado viernes sobre la «kale borroka». Con tres muertos sobre la mesa y una sociedad indignada como nunca, el gesto de Ibarretxe no tuvo nada de acto heroico y sí mucho de socorrido. En este contexto de desgobierno de hecho, sería incomprensible que el ejecutivo de Ibarretxe contara con la colaboración parlamentaria de las formaciones no nacionalistas mientras el PNV permanezca en el pacto de Estella. No cabe desdoblar la personalidad del nacionalismo, ni menos aún considerar a Ibarretxe un rehén liberado de la celda de Estella. El País Vasco está donde está, entre otras cosas, gracias a la leal colaboración de Ibarretxe con el frente nacionalista.

Si del PNV no se puede esperar una rectificación y si el gobierno nacionalista ha perdido sus constantes vitales, sólo hay dos salidas razonables. La primera ha de ser la disolución de la Cámara vasca y la convocatoria de elecciones, en los plazos que sean legalmente posibles. El actual panorama político vasco se configuró sobre la esperanza de una paz que ETA ha roto a golpe de dinamita, arrastrando consigo cualquier posibilidad de estructurar un gobierno estable en estas condiciones. La segunda es un pacto de Estado entre populares y socialistas sobre el futuro del País Vasco, que comprenda una actitud convergente en las instituciones vascas y respalde políticamente la reacción social contra el terror. Los miles de ciudadanos que estos días han exhibido un valor ético tan intenso se merecen la recompensa de la unión de aquellos partidos que se identifican con sus postulados. No se trata de responder al frente nacionalista con otro frente no nacionalista. Bajo ningún concepto se ha de propiciar ni siquiera el perfil de un conflicto civil. Se trata simplemente de amparar sin ningún complejo a esa parte de la ciudadanía vasca que está harta del dictado nacionalista y que está dispuesta a soportar los insultos y las amenazas, siempre que sirva para algo. Y ese algo —la unidad organizada frente a la violencia terrorista y sus prolongaciones políticas— está en manos de las formaciones vascas no nacionalistas.

Esperando a Jatamí
FERNANDO SAVATER El País 24 Febrero 2000

El atentado que ha costado la vida a Fernando Buesa no tiene nada de azaroso: no es "indiscriminado" en modo alguno ni se dirige sencillamente contra unas siglas políticas como en otras ocasiones fue contra un uniforme. Igual que sucedió en el caso de Gregorio Ordóñez, los terroristas han asesinado a un oponente político especialmente peligroso por su tirón popular, la firmeza de sus ideas y su temible capacidad dialéctica. En todos los partidos hay figuras de primeras magnitud y otras de vacilante relleno. En el PSE, Fernando Buesa representaba con brío el ala más enérgicamente crítica hacia el innoble pasteleo nacionalista, o sea, digamos que la facción menos proclive al txikiteo: era una persona bien informada y, sobre todo, con auténtica capacidad parlamentaria, cosa alarmante para cuantos reclaman el diálogo oculto y sin taquígrafos, pero abominan en voz baja del único foro público auténticamente representativo. Que no nos vengan ahora otra vez con la sinsorgada de que toda violencia es inútil, porque el crimen resulta una herramienta utilísima para despejar el camino de rivales peligrosos, aterrorizar a quienes pudieran sentir la tentación de imitarles y mantener sobre el tapete político unas reivindicaciones alucinadas que en caso contrario despertarían tanto interés general como los conciertos de txalaparta.

El crimen llega cuatro días después de la manifestación convocada por la iniciativa ciudadana "¡Basta ya!", que, para sorpresa de muchos, reunió a miles de personas en San Sebastián contra ETA y contra el hostigamiento de todo tipo que sufren los ciudadanos que no comparten el ideario abertzale y que tienen valor para decirlo. A diferencia de otras demostraciones semejantes efectuadas en la CAV, la manifestación tuvo que ser protegida por un abundante despliegue de la ertzantza: en cambio, lo habitual es que la policía autonómica sólo tenga que hacer acto de presencia en las manifestaciones para proteger autobuses, cajeros y otros bienes ciudadanos de actuaciones vandálicas de los propios manifestantes. Desde su inicio, la manifestación "¡Basta ya!" fue hostilizada por grupos de contramanifestantes, lo que provocó lógicas reacciones de los provocados y numerosos incidentes. Se ponía así en evidencia cuánta razón tenían los participantes en sus quejas, que habían sido ridiculizadas y rechazadas por todos los partidos nacionalistas sin excepción en una campaña denigratoria abrumadora contra los convocantes. Al día siguiente, Deia -hoja parroquial del PNV- titulaba su raquítica información sobre el evento político de la siguiente guisa: "Manifestantes del '¡Basta ya!' persiguen y agreden a los contramanifestantes". Por su parte, Euskal Telebista, en el poco espacio que le quedó tras informar de la despedida a Setién en la catedral del Buen Pastor, fingió creer o intentó hacer creer que la movilización había sido preparada por medio de unos panfletos con la cara de Franco por un lado y la sugestiva leyenda "Muerte al vasco" por la otra. Olvidó mencionar, en cambio, que la grafía de tales hojas volantes era idéntica a la de unos pasquines con la foto de los miembros de "¡Basta ya!" y acusaciones de asesinos y torturadores, colocados esa noche a lo largo del camino que había de seguir la marcha.

De modo que las víctimas de ETA y quienes se sienten maltratados por no simpatizar con el mito de la "construcción nacional" nacionalista son tachados de creadores de la crispación, según la misma lógica que declara a Mayor Oreja entusiasta de los coches bomba cuando logra impedir la explosión de uno o denuncia como provocación la detención de etarras que se disponían a hacer algo semejante a lo desgraciadamente ocurrido al teniente coronel Blanco, Fernando Buesa, su escolta y tantos otros. Arnaldo Otegi les llama orangistas (supongo que por aquello de que la orangina siempre hizo competencia a Kas) y declara taxativo que los muertos los ponen ellos: se queda corto, desde luego, porque no sólo ponen los muertos, sino que los fabrican al por mayor. Pero este bondadoso etarra en comisión de servicios quiere un nuevo "escenario" político en el que acabe toda confrontación y todo el mundo tenga cabida, con el único requisito de que el drama a representar en tal escenario esté escrito por los probos guionistas del MLNV. Su lema es: "en cuanto nos den la razón, todos tan amigos". Le aconsejo que por si acaso espere sentado.

Mientras tanto, Arzalluz desafía a los votantes del PP a ver si pueden acabar con ETA a golpe de tricornio, tarea que ni siquiera logró llevar a cabo Franco con sus estados de excepción. Para el gran archimandrita, en el País Vasco desde la dictadura para acá sólo ha habido trasiego de tricornios: el Estatuto, el Gobierno autonómico, el Parlamento, las décadas de hegemonía nacionalista siempre encabezada por él mismo, los conciertos fiscales, nada, pura escoria. Aquí por lo visto sólo se puede acabar con ETA preguntando cortésmente a Arzalluz: "¿Qué más quieren tomar los señores?". Mientras tanto, como según Arzalluz en Euskadi lo que sobra es seguridad, las fuerzas del orden pueden llevárselas a El Ejido porque son un recuerdo de la era franquista. Es curiosa la recurrencia de Franco y la guerra civil en el discurso de Arzalluz. Se trata sin duda de un resabio de familia. Hemos aguantado durante cuarenta años dictatoriales a los conmilitones del padre de Arzalluz y ahora por lo visto vamos a tener que padecer otro tanto a cuenta de los secuaces del hijo. ¿Cuándo nos veremos libres de semejante ralea de carlistones?

El nacionalismo vasco, como la iglesia católica a la que tanto quiere y tanto debe, sólo se empieza a hacer tolerante cuando se debilita. El conciliador "espíritu del Arriaga" provino de la ruptura entre PNV y EA, que por un momento hizo conscientes a los nacionalistas de su verdadera posición en el pluralismo de la sociedad. No hay, por tanto, peor política que intentar ganarse al nacionalismo a base de concesiones sin contrapartidas: son de aquellos a los que se les despierta el hambre comiendo y que cuanto más comen más cerca están del canibalismo. Sólo la firmeza y la movilización cívica permanente de quienes no comparten su ideario puede llevar a recapacitar al PNV sobre la imposibilidad de nadar astutamente entre los que bailan el aurresku en honor de asesinos múltiples y los que padecen a tales homenajeados. Antes o después, le llegará la hora de hacer su "perestroika", renovación democratizadora y aperturista que ya parece al alcance incluso de los shiíes iraníes. Por el momento, sin embargo, sólo cabe constatar que el lehendakari Ibarretxe, ese increíble hombre menguante de la política vasca, aún está lejos de ser el Jatamí que necesitamos...

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

De Arzalluz
MARTIN PRIETO El Mundo 24 Febrero 2000

Intentar convencer a ETA siquiera de que el sol sale cada mañana aunque esté el cielo nublado es tarea imposible. Estamos como antes de la tregua con la banda un poco más debilitada y con los presos etarras más cerca del caserío de mamá. Y ésta es otra: que no debemos regresar a la política de dispersión de presos como pide Rodríguez Ibarra, porque gambito de Enrique Múgica y Antonio Asunción fue jugada necesaria entonces pero que hoy se la tendría por estúpida venganza sobre la que clamaría Josu Ternera. A quien hay que convencer es a Xabier Arzalluz, presunto presidente vitalicio del PNV, ya que cada vez que anuncia su jubilación, repite mandato.

Por muchas internas que se ensayen todos sabemos cómo funcionan nuestros partidos, que del centralismo democrático de los comunistas han tomado sólo lo primero y lo peor. Arzalluz no es todo el PNV, dándose en su seno toda suerte de disgustos, pero es el nudo gordiano a deshacer. La dimisión o caída de Ibarretxe tendría tanto efecto como apalear un colchón. Los lehendakari son vicarios de Arzalluz y si hasta el Papa lo es de Cristo y tiene sus limitaciones, imagínense los márgenes de maniobra de los habitantes de Ajuria Enea. Arzalluz, hijo de sus obras y palabras, quiere que la «solución» pase por él, y así se encorajinó tanto cuando a sus espaldas Felipe abrió las surrealistas conversaciones de Argel. Ardanza ya elaboró unos papeles que fueron preludio de los acuerdos de Lizarra. Como no soy lombrosiano dejo aparte los rictus de soberbia y desprecio que asoman a la boca de Arzalluz, hasta cuando calla como ahora, pero creo en la buena voluntad de su estrategia; tan empecinada como la de los etarras. Cree el que ahorcó los hábitos que un frente nacionalista con los socios políticos de la banda, excluyendo a aquellos vascos que no desean la independencia, inflaría un cuerpo de manera electoral que catalizaría una asamblea de municipios vascos hasta en Iparralde y Navarra, embriones de unas Cortes vascas constituyentes y secesionistas. Y como peana del gran salto adelante, la tregua etarra.

Desdichadamente tal cuento de la lechera no se lo ha creído ni ETA, por más que Eguibar anunciara para el 2005 un Estado vasco independiente quedándose más satisfecho que un ocho. El País Vasco es plural y no una unidad de destino en lo universal. El secesionismo no gana en las urnas ni en la calle y hasta el BBVA anuncia que si hay independencia trasladarán a Madrid la sede central y el pago del impuso de sociedades. Navarra no quiere saber nada de tal plan, y menos los vascofranceses. La Unión Europea no se consolidará sobre regiones sino sobre estados ya constituidos. ¿Por qué Arzalluz no imagina otra estrategia sobre su mesa de arena?

Rosas en el Parlamento
Por José Antonio Jáuregui Antropólogo ABC 24 Febrero 2000

HITLER quiso barrer al pueblo judío del mapa, pero contribuyó notablemente a unir al pueblo de Moisés y de David y a que se erigiera el Estado de Israel. ETA está uniendo a los españoles como nunca lo consiguieron los discursos de Franco. Los discursos sobre la unidad de España de Franco contribuían a dividir más y más las dos Españas del epitafio de Larra: «Aquí yace media España; murió de la otra mitad.»

Toda España se ha unido como nunca como una comunidad de llanto, llorando la muerte de Fernando Buesa y de Jorge Díez. ¿A quién no se le ha puesto un nudo en la garganta al ver a Nicolás Redondo y a sus compañeros colocando rosas rojas en el escaño parlamentario de Fernando Buesa? ¿A quién no le ha llegado al alma oír a su esposa decir: «¡Ay Dios mío! ¡Qué pena!»?

Aznar y Almunia, dejando aparcadas sus diferencias y olvidándose de la campaña electoral, han aparecido juntos, unidos con todo el pueblo vasco y español como una piña. Como a Hitler a ETA le sale el tiro por la culata. Si quiere destrozar y dividir a España, su estrategia no podría serle más perjudicial y equivocada. ETA intenta destruir España y la construye en lo más hondo: en el afecto profundo y verdadero.

¿Aprenderán algunos nacionalistas la lección? ¿Aprenderá Euskal Herritarrok la lección? ¿Aprenderá ETA la lección? Se puede conseguir el sexo de una mujer a punta de pistola, pero no su cariño. No se pueden matar mosquitos a cañonazos, ni se cambian las ideas y los ideales con coches bomba. ¿Cuando aprenderán los terroristas esta lección de la historia?

Pensaron los que condenaron a Sócrates que lo eliminarían de la escena. Fueron en realidad sus mejores representantes, sus mejores publicistas. Los que condenaron y ejecutaron a Cristo no lograron silenciar su mensaje. Fueron su mejor altavoz.

El Parlamento y la Comisión Europea se han pronunciado: esta no es la Europa ni la España que queremos. ¿No entienden ciertos nacionalistas que coquetean con los violentos que no tienen cabida en la Europa de Sócrates y de Cristo? ¿No entienden los que hacen su campaña electoral matando a ciudadanos ejemplares como Fernando Buesa y como Jorge Díez que no tienen cabida en una Europa de la razón, de la libertad y del diálogo? ¿No entienden que están haciendo en toda Europa y en toda la escena internacional el más soberano de los ridículos? ¿No entienden todo el rico significado de aquella sentencia y advertencia del bilbaino Miguel de Unamuno: «Venceréis pero no convenceréis»?

Si quieren los nacionalistas erigir un Euskadi que incluya las provincias vascas de Euskadi Norte -o sea Francia- y de Navarra, un zazpì-bat, de siete uno-, no parece sea la mejor estrategia matar a ciudadanos ejemplares. Europa ya no quiere quemar a los Miguel Servet, a los Giordano Bruno y a los Jerónimo Savonarola. Hubo un tiempo en que se quemaba en ritos religiosos, con incienso y con velas, a los «herejes»: «tus ideas o tu vida». Europa ya no quiere ejecutar en ritos legales ni siquiera a los peores criminales. Europa hoy marca unas distancias éticas y estéticas con países como Estados Unidos donde se mata ritualmente en nombre de «la ley», pese a que se ha demostrado que más de un ejecutado era inocente.

En esta nueva Unión Europea que estamos intentando construir entre todos ya no cabe el hacha, ni la horca, ni la violencia para defender ideas e ideales. En esta Europa ya no cuenta la razón de la fuerza sino la fuerza de la razón.

Fueron una pareja a quejarse ante un Rabino que desempeñaba el papel de juez. «Mire, Señor Rabino, yo creía haberme casado con una mujer honrada y trabajadora, pero me he casado con una fulana que se acuesta con cualquiera; tiene la casa siempre sucia, no sabe cocinar, en fin, un desastre». «Tienes razón», dijo el Rabino. «No, no, no. No es así», respondió la esposa. «Él es el caradura y el sinvergüenza. Es él el que se acuesta con la primera que tiene a mano; es un borracho, un maltrabaja, una calamidad». «Tienes razón», sentenció el Rabino. «Pero los dos no pueden tener razón», objetaron los familiares. «También vosotros teneis razón».

Leí este episodio sobre el juego a «tener» razón en un artículo del sociólogo y humanista Jesús Ibáñez que nos abandonó antes de lo que hubiésemos deseado. Nada hay tan irracional a veces como el juego a «tener» razón. Nos «cargamos» de razón y queremos que todos traguen nuestros dogmas «de cajón». Pero no todos los vascos quieren la misma Euskadi o la misma España. El diálogo supone y presupone distintas ideas, distintos ideales, distintos gustos y hasta distintos tics y manías.

El mismo nombre, Partido Nacionalista Vasco, la misma sigla, PNV, revela el carácter español de un partido nacionalista vasco. Un militante de Euskal Erritarrok, al pronunciar estas erres tan españolas, muestra su enraizamiento en la cultura española. Un vasco de Euskadi Norte pronunciaría Euskal Eguitagok y no soltaría tacos celtíberos de recio calibre para aliviar la tensión de su olla emocional. Debemos conjugar, como quiso Platón el fundador de la Academia la verdad -aléceia- con el diálogo, admitiendo y permitiendo otros credos y respetando a los otros (sean «nuestros otros» -nosotros-, o «vuestros otros» -vosotros-). Se llama democracia.

Deberían los terroristas mirarse en el espejo de un conocido terrorista llamado Saulo de Tarso, luego San Pablo. Nos cuenta este antiguo zelote, ciudadano romano y residente en colonias griegas, cómo él creyó durante un tiempo en la razón de la fuerza, en los argumentos de la violencia, en la contundencia del terrorismo: «Tus ideas o tu vida». Confiesa Saulo de Tarso cómo presidió el asesinato ritual en nombre de las «verdaderas ideas» de Esteban, el proto-mártir («el primer testigo»).

Pero, más tarde se hizo cargo Saulo de Tarso que matando no se convence a nadie: ni al muerto, ni a sus familiares, ni a sus amigos, ni a sus vecinos ni a los que presencian un espectáculo tan poco humano e irracional. Saulo de Tarso, luego San Pablo, nos legó uno de los textos más bellos para cualquier piadoso ateo o creyente: «Tener amor es saber soportar, es ser bondadoso, es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo». Son palabras de un terrorista arrepentido.

Todos soñamos con una Europa y con una España en la que se entierre de una vez por todas el hacha de guerra (con o sin serpiente).

Otegui
La Estrella 24 Febrero 2000

Emoción y máxima tensión en Vitoria al paso de ataúdes enviados por ETA. Lejos, en Donosti, Otegi balbucea no sabe bien el que, lo mismo que la otra vez y se queda sin discurso. ETA lo ha matado también a   él que vivía a duras penas de la novedad de la tregua. Ahora sólo es un pelele sin  capucha.  Se decía que Otegi había ganado en HB la última batalla de la moderación. Pues ayer la volvió a perder. Donde hay matón no manda marinero. El Cascarrabias

Sangriento error  
Por JAIME CAMPMANY ABC 24 Febrero 2000

CUANDO el Tribunal Constitucional decidió en una sentencia sin precedentes anular otra del Tribunal Supremo y poner en la calle a los miembros de la Mesa de Herri Batasuna, fueron muchos los españoles que no pudieron reprimir un gesto de asombro y desconcierto. De eso se hablaba en conversaciones privadas y en tertulias de gentes del Derecho, y era inevitable que numerosos españoles consideraran esa decisión como un dislate jurídico y sobre todo como un puro disparate desde la lógica inflexible del sentido común. Después, algunos reflexivos comentarios aparecidos en la Prensa ofrecieron base seria para fundamentar el estupor. Y también el miedo. Aquella medida insólita podría acarrear a la larga sangrientas consecuencias.

El excarcelamiento de los dirigentes batasunos cayó como una bomba sobre los familiares y sufridores del terrorismo y sobre los servidores del Estado que tienen la obligación de luchar contra la banda etarra y sus cómplices, encubridores, colaboradores y apologetas. Mucho más cuando la excarcelación se hacía con desdén absoluto a los hechos probados. Más que la anulación de una sentencia por escrúpulos constitucionales, la decisión de nuestro altísimo Tribunal, encargado de velar por la aplicación de las normas constitucionales, parecía presentar la forma de una amnistía total, paradójicamente imposible de conceder desde el inequívoco respeto a la Constitución.

En aquella ocasión, tres votos particulares de otros tantos magistrados argumentaron amplia y sabiamente su discrepancia con la sentencia. Menos mal. El voto particular es a veces una tabla de salvación para que se agarre a ella la Justicia náufraga. La expresión de lo justo, aunque derrotada, jamás es inútil. Formularon esos votos particulares los magistrados Manuel Jiménez de Parga, Rafael Mendizábal y Vicente Conde, tres pesos pesados reconocidos de la ciencia jurídica. Sus contundentes argumentos sirvieron como fundamento al recurso presentado luego ante el Tribunal de Estrasburgo en nombre de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, firmado, si no me equivoco, por el letrado Jorge Trias.

Es curioso. Desde que los socialistas introdujeron el interés político en las salas del Palacio de Justicia, hay veces en que la expresión de lo justo y equitativo no hay que buscarla en las sentencias, sino en los votos particulares discrepantes. Hay ejemplos de ello cercanos y clamorosos. En este caso las alegaciones son formidables. Hay un delito, cuya existencia se acepta, pero que queda sin castigo. Al fundamentar la excarcelación en la desproporción de las penas que impone la ley, el Tribunal invade las competencias del Parlamento, único que puede señalarlas. Cita la sentencia los ejemplos de Italia y Alemania, ya sin problemas de terrorismo, donde las penas por ese delito son menores, pero olvida las más duras que se aplican en Francia y Portugal.

No sé, no puedo saber, si la resolución del Tribunal de Estrasburgo dará la razón a unos o a otros. Pero eso será ya una decisión jurídica tan interesante como tardía. Ya ha quedado suficientemente demostrado que los miembros de la cúpula directiva de Herri Batasuna, brazo político de la banda asesina etarra, apenas se han visto en la calle, han vuelto a su macabro trabajo de apoyo y servicio a los terroristas. Ha quedado demostrado dolorosamente que la «tregua» no era tal tregua, que la esperanza de paz sólo era una preparación para continuar la guerra y que los excarcelados no son otra cosa que heraldos y administradores de la muerte. Aquel error se ha convertido ya en un error dos veces sangriento. Lo peor es que sus consecuencias eran razonablemente previsibles.

El nazismo vasco
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo 24 Febrero 2000

Se ha tardado mucho en que algunos se atrevan a decirlo. Y es carísimo el precio que se ha pagado para que caigan las caretas. Hoy un nazismo puro y duro campea por el País Vasco. ¿Por qué? Porque quien no es nacionalista (abertzale) es considerado antivasco o no-vasco, y o bien se le insta a que se vaya o se le amenaza, sabotea o mata. El tiro, la dinamita, el coche bomba, la extorsión, la guerrilla urbana, lo hacen una banda armada y un partido político que está de acuerdo con ese nazismo desesperado e inmisericorde. Detrás, un sector de otro partido (el PNV) ve lo que ocurre con tibias condenas si no con indiferencia, un sector, sí, pero con mando en plaza. Es como si dijesen: Lamentable. Pero si fuesen buenos vascos no les pasaría nada.

¿Lucha de liberación nacional? Resulta ridículo pretenderlo hoy. Porque con libertad de expresión se puede pedir todo, incluso el referéndum de autodeterminación. Pero para que eso llegase, cualquier sociedad civilizada pediría dos condiciones mínimas: la mayoría absoluta de los partidos que abiertamente pidan esa autodeterminación y, antes, tres o cuatro años de paz absoluta, porque sin esa paz nadie es verdaderamente libre. Y paz no sólo quiere decir dejar de asesinar sino dejar de intimidar, sabotear y agredir. Cuando en Euskadi se pueda decir que se quiere ser español sin miedo, o cuando se siga diciendo que sólo se quiere ser vasco (dejemos de lado, ahora, el tema europeo) con la naturalidad con que ya se puede decir, sin riesgo, entonces -cuando eso cunda y se afiance- se podrá decir que en el País Vasco hay libertad, ausencia de miedo, y entonces se elegirá, si hay que elegir. El PNV tiene que decir, claramente, por boca de su máximo representante, que los que viven en el País Vasco son vascos piensen como piensen, incluso si se sienten declaradamente españoles. De no hacer esto, el PNV se convertirá en cómplice mudo de ese nazismo brutal. Francisco Frutos lo ha dicho muy bien: «No importa que EH y ETA se digan de ultraizquierda, son pura y simplemente nazis y fascistas de manual». ¿Y qué liberación nacional puede predicarse en la región europea con mayor autogobierno? El País Vasco respira miedo. Si a mí me regalasen mañana una casa en San Sebastián (hermosa ciudad) no la querría. Por miedo, evidentemente.

El lobo cogido por el rabo
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 24 Febrero 2000

XABIER Arzalluz acostumbra a contar, para dárselas de buen pastor —todos tenemos deformaciones profesionales—, que tiene al lobo cogido por el rabo. Cuenta con todo lujo de detalles cómo la política del PP, y en cierto modo la del PSOE, es estéril, cuando no contraproducente, para la pacificación del País Vasco. Abunda en detalles sobre los inadecuados planteamientos de Jaime Mayor —«candidato itinerante», dice— y le atribuye a su PNV la única llave que puede cerrar la puerta de los horrores vascos con paciencia y soberanismo. Hay que preguntarse, ¿de qué tamaño es el rabo del lobo que tiene cogido Arzalluz? Si es corto, cabría una esperanza; pero, visto lo que se ve, el lobo tiene un rabo larguísimo.

Ese lobo que Arzalluz tiene cogido por el rabo, aun estando cogido, dispone de la suficiente autonomía para irse a Vitoria y, para mayor provocación, asesinar a un representante del pueblo vasco, y a su escolta, a sólo trescientos metros del despacho del confuso Ibarretxe. Con lobos así sujetos, las ovejas carecen de porvenir y los perros del rebaño tendrán que acudir al psiquiatra.

Ya he contado en estas páginas, hablando de Iñaki Anasagasti, que Alcibíades, que debía de ser listísimo por sobrino de Pericles y amigo de Sócrates, se compró el perro más bonito y más caro de Atenas y, cuando todo el mundo contemplaba el animalito, le cortó el rabo. Así se dejó de hablar de Alcibíades para hacerlo del perro, pero la historia no había cambiado y el ágora sabía que el amo del perro había sido traidor a Atenas para servir a Esparta. El pueblo terminó por asesinarle. No se volvió a decir nada ni del perro ni de su rabo mientras la alegría cundía entre atenienses, espartanos y hasta persas, puesto que era sospechoso para los tres.

Veinticinco siglos después, Arzalluz tiene un lobo cogido por el rabo. Si él lo dice, así será; pero ¿qué pasa con los demás lobos de la manada? Sabiendo que los nacionalistas están dotados de gran capacidad fantasiosa —en caso contrario no podrían ser nacionalistas—, es posible que el gran patriarca del PNV haya terminado, de pura astucia, por engañarse a sí mismo. La realidad vasca no es como la contempla y predica el PNV, sino que encaja con una bien instalada burguesía local que aspira, antes que a ninguna otra cosa, a dejar de ver al lobo. Sujételo quien lo sujete y por donde lo sujete. Aun en el supuesto que el lobo se civilice y deje de matar, pondrá la moqueta hecha un asco y alterará mucho, si le dejan entrar, el sosiego de la misa del domingo.

¡Se sienten, coño!
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 24 Febrero 2000

Esa Antonio Tejero con faldas que es Soledad Iparaguirre, quien ha desplazado a Mikel Antxa en la dirección de ETA, ha irrumpido pistola en mano en el debate interno de la sociedad civil, configurada por el entorno social de la izquierda abertzale, justo un día antes de que se cumpliera el decimonoveno aniversario del intento de golpe de Estado.

Llegó el comandante y mandó parar, escribíamos hace unos días, sin que la orden fuese obedecida en la última Asamblea Nacional de HB. Ante el evidente intento de Otegi de blindar su desobediencia con una nueva iniciativa conjunta de los nacionalistas en pro de la apuesta política, prevista para después de las generales, quienes se autoadjudican estrellas y galones han impuesto la disciplina de la autoridad militar competente con los brutales asesinatos de Fernando Buesa y el ertzaina que lo escoltaba.

Se terminó la discusión con la aplastante lógica de las armas. Las órdenes son para cumplirlas. O se cumplen, lo que equivale al suicidio de Euskal Herritarrok, o no se cumplen, como hacen Patxi Zabaleta y los colectivos Batzarre y Zutik. Ya no hay espacio para la objeción de conciencia.

Ibarretxe se ha limitado a extender el certificado de defunción de un pacto de legislatura que ha explotado con el coche bomba que asesinó a un parlamentario y un policía vasco. Igual suerte correrá el Pacto de Lizarra, pese a la desesperada tentativa de algunos nacionalistas por salvar sus muebles de la quema provocada por esta explosión.

No hay más que cotejar los contrapuestos comunicados de Arzalluz y Otegi, o los de los sindicalistas nacionalistas Elorrieta y Díez Usabiaga, para constatar que se encuentra en estado de coma. Por mucho que algunos busquen reanimarlo, será la misma Iparaguirre la que con un nuevo crimen se encargue de sepultarlo.

Si Ibarretxe no ha podido mantener el pacto con Euskal Herritarrok más allá de dos atentados, Lizarra, si es que sobrevive, no soportará el tercero. Paradójicamente para el nacionalismo, no es Mayor Oreja, paladín de la vía policial, quien le va a dar la puntilla sino quien, incluso, contra la mayoría de Herri Batasuna se considera, como Tejero, investida militarmente para salvaguardar los intereses patrióticos. O la sociedad civil de la izquierda abertzale se enfrenta abiertamente a sus propios «militares», o todo el terreno sociopolítico que había conquistado lo habrá perdido.

No caben los análisis electoralistas que establecen un paralelismo entre los asesinatos de Gregorio Ordóñez y Fernando Buesa para explicar los móviles de esta acción criminal. Ni hoy el Gobierno de Aznar está condenado a la derrota en las urnas, como sucedía con el último de González, ni es la oposición quien se beneficia del atentado, como ocurría ayer con los populares. Es una analogía disparatada que devalúa la gravedad del momento. No en vano se ha elegido a dos víctimas vascas.

Estamos ante un giro estratégico de ETA que, tras estimar como agotado el modelo de diálogo basado en el Pacto de Lizarra, vuelve al modelo clásico de negociación con el Estado. Lo que era una percepción tras la ruptura de la tregua es ya una realidad. Basta releer la entrevista con el preso Kubati, que el diario Gara publicaba horas antes del asesinato, para entenderlo, dado que sentenciaba a Lizarra como una vía quebrada porque Arzalluz y Garaikoetxea «no tuvieron el valor necesario para cumplir los acuerdos». Estamos, pues, donde estábamos, salvo que los que han sido conminados a sentarse tengan el valor de ponerse en pie.

Bombas  
Juan Manuel DE PRADA ABC 24 Febrero 2000

EL mismo día en que el mundo conmemoraba a Luis Buñuel volvió a sonar el estruendo de las bombas, ese argumento obsceno que emplean quienes prefieren mantener enmudecida la razón. Cuando La edad de oro se estrenó en el «Studio 28» de París, grupos de jóvenes derechistas, adscritos a los «Camelots du Roi» y a las «Jeunesses Patriotiques», irrumpieron en la sala, rasgaron los cuadros de la exposición surrealista que se había montado en el vestíbulo, arrojaron bombas a la pantalla y prendieron fuego a las butacas de la platea. Aquellos cachorros de la barbarie no soportaban que el arte denunciase las atávicas hipocresías que agarrotaban al hombre, y decidieron ahogar aquel grito de libertad por las bravas, mediante la obscena dialéctica del vandalismo. Su triunfo fue apenas un espejismo pasajero: aunque el prefecto de policía de París ordenó retirar la película en previsión de que se produjeran más altercados, La edad de oro siguió proyectándose en privado durante décadas, hasta que por fin, casi cincuenta años después, fue exhibida con la reverencia que se debe a los clásicos. La libertad había impuesto por fin sus designios, frente al griterío de los fanáticos.

Las amenazas terroristas persiguieron a Buñuel hasta sus postrimerías. Esta sombra de zozobra se trasluce en muchas de sus películas, sobre todo en la última, Ese oscuro objeto del deseo, donde se intercalan numerosos atentados que sirven de contrapunto a las decepciones amorosas del protagonista y a la vez ilustran el clima de inseguridad en que se desenvolvía la existencia de Luis Buñuel. El 16 de octubre de 1977 estalló una bomba en el Ridgetheatre de San Francisco, donde a la sazón se proyectaba la película. «Cuatro bobinas quedaron destrozadas —nos relata Buñuel—, y se hallaron en las paredes inscripciones injuriosas como Esta vez vas demasiado lejos. Diversos indicios permitieron pensar que el atentado había sido cometido por un grupo de homosexuales organizados. Nunca comprenderé por qué». Buñuel comete el error de quererle atribuir razones a la sinrazón. A los homosexuales violentos que quisieron dinamitarle Ese oscuro objeto del deseo, como a los jóvenes beatorros que obtuvieron la prohibición de La edad de oro quemando butacas los animaba una misma empresa sórdida: ensordecer el bello idioma de la libertad mediante la jerga energúmena de la fuerza.

«No me gustan los poseedores de la verdad, quienesquiera que sean. Me aburren y dan miedo. Yo soy antifanático fanáticamente», declaraba Buñuel, a la hora de enumerar sus aversiones. Inevitablemente, esta repulsa del fanatismo le atrajo el odio de los intransigentes, la persecución de quienes quieren imponer su cautiva y cochambrosa verdad a cualquier precio, sin desdeñar las estrategias de la muerte. Buñuel, que aspiró a ser un hombre radicalmente libre (lo que le valió la expulsión del grupo surrealista, el rechazo y la traición de sus amigos, el peregrinaje por tierras extranjeras), congregó las iras gregarias de quienes han elegido como lema vital un ominoso «¡Vivan las cadenas!».

Como no podía ser de otro modo, Buñuel profesó cierta admiración nostálgica y romanticona a aquellos hombres del pasado que quisieron dinamitar un mundo indigno, prisionero de las convenciones y la injusticia. Pero su actitud hacia los terroristas que hacen del fanatismo una religión estéril fue de convencida repulsa: «No tengo sino desprecio para aquellos que hacen del terrorismo un arma política al servicio de una causa cualquiera; por ejemplo, esos que matan y hieren a madrileños para llamar la atención del mundo sobre los problemas de Armenia». Si hoy Buñuel estuviese entre nosotros, repartiéndonos su humor cazurro y su causticidad, habría reconocido de inmediato a quienes conmemoraron el centenario de su natalicio asesinando a dos hombres desprevenidos e inermes.

Quienes el otro día hicieron detonar a distancia un cargamento de explosivos, para sembrar la muerte, no son sino avatares de aquellos fascistillas que arrasaron el «Studio 28» mientras se proyectaba La edad de oro, reencarnaciones de aquellos homosexuales alevosos que pretendían acoquinar a Buñuel mediante los estragos del horror. Son los mismos fanáticos de siempre, los mismos siervos del ofuscamiento y el cerrilismo, los mismos perturbados que amparan su miedo a la libertad en pavorosas insanias. Pero su empeño siempre se manifestará estéril; su miedo a la libertad siempre se tropezará con el acoso unánime de quienes salen a defenderla a pecho descubierto.

Los cadáveres de Fernando Buesa y Jorge Díaz, condecorados con la insignia máxima de la libertad, nos invocan desde su silencio irrevocable para que sigamos asediando a quienes vindican con bombas el imperio del miedo y el sometimiento. Buñuel, a quien ni siquiera nos han dejado conmemorar entre el fragor de las bombas, los derrotó haciendo una película tras otra; nosotros también podemos derrotarlos, y negarlos, y dejarlos arrumbados en la cuneta, oponiendo a su fanatismo el ejercicio insomne de la libertad.


Muerte II
ERASMO El Mundo 24 Febrero 2000

Parábola de Euskadi: ese portavoz/polichinela que balbucea no se sabe qué mociones que otros han escrito para él, da un desconcertado respingo ante la inquietante cercanía de la detonación. Queda claro que este aparente vicario que ostenta el poder como facultad de engendrar noticias, no es quien lo detenta. Lo esclarece su soledad súbita tras la estampida de informadores corriendo hacia la bomba.

La sensibilidad de un presidente
IMPRESIONES El Mundo 24 Febrero 2000

«Estoy para lo que quieras». Con estas palabras, el presidente del Gobierno se puso ayer a disposición de Joaquín Almunia en la capilla ardiente de Fernando Buesa, el dirigente socialista asesinado por ETA. Se trata de una escena cargada de simbolismo político y especialmente relevante si se tiene en cuenta que estamos en vísperas de una campaña electoral. José María Aznar no quiso romper la tradición que ha seguido durante los cuatro años de su mandato de visitar todas las capillas ardientes de las víctimas de ETA sean militares o políticos. Esta vez lo ha hecho también para dar el pésame a los familiares y compañeros del primer político del PSOE que los terroristas asesinan desde que él es presidente del Gobierno, lo cual demuestra, sin duda, su sensibilidad personal y política. No todos han actuado de la misma manera.

Contra la muerte  
Por ÁLVARO VALVERDE ABC 24 Febrero 2000

UN libro excepcional cruza casi en secreto las mesas y los estantes de las librerías y ante el silencio irresponsable de casi todos los críticos (suele pasar) y su invisibilidad en las listas de venta (que empiezan a envenenar, sin credibilidad ninguna, los suplementos literarios), sólo un puñado de lectores, inmensamente pocos, se dan cuenta. Yo soy —lo digo muy alegre y con orgullo— uno de ellos. El poeta venezolano Eugenio Montejo acaba de publicar ese libro del que hablo en la prestigiosa editorial Pre-Textos. Su título —tan hermoso como el contenido y el continente—, «Partitura de la cigarra».

Estoy leyendo los poemas de Montejo esta tarde en que matan al socialista Fernando Buesa y a su escolta, Jorge Díez, y sólo ellos me salvan del asco, del odio y de la muerte. La inasible lección de verdad y belleza de esos versos tan leves, la inefable pureza de lo que es claro y profundo, son capaces incluso de aliviar el dolor que produce ese desolador asesinato; se crecen humanísimos ante la vergüenza que uno siente esta tarde de ser, sí, lo mismo que esos tipos despreciables, sencillamente un hombre.

La poesía, arrumbada al desván de los esfuerzos inútiles, de los trastos inservibles y anacrónicos, se yergue valiente y solitaria esta tarde tan triste en la que acaban de matar al buen vasco Buesa junto a su frágil ángel de la guarda, Díez, y vuelven a matarnos un poco más a todos. Leo, cuando apenas acaban de asesinar al político, los versos que él escribe a propósito de la muerte de su padre. Al hacerlo, también «su alma cruzaba remota intemperies». Sin remedio. Para siempre.

La verdad sobre el problema vasco (si a estas alturas de la historia se permite el gastado eufemismo) la expresó hace ya tiempo Jon Juaristi. Y no lo hizo a través de sus ensayos (excelentes, por cierto), ni en ninguno de sus artículos o conferencias. No por nada, usó la poesía para hacerlo: «¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes, / y por qué hemos matado tan estúpidamente? / Nuestros padres mintieron: eso es todo».


Los reyes de la ciudad
GABRIEL ALBIAC El Mundo 24 Febrero 2000

Joven fascista de talento, Lucien Rebatet medita sobre la ocasión perdida cuando las algaradas del año 1934: «Me definí. Estaba convencido de que, llegados a ese punto, sólo una forma política hubiera podido sacarnos adelante: enrolar a doscientos mil chavales, parados, comunistas, buscavidas, plantarles un uniforme, darles ametralladoras, fusilar a algunos miles de judíos y masones, desterrar a otros tantos». Les décombres (Los escombros) aparece, a inicio de 1942, en un París acorde ya con los ideales nazis que proclama. Pocas semanas más tarde, cuando la «solución final» sea aplicada en Francia, Lucien Rebatet dejará testimonio de la nueva exaltación que lo arrebata al pisar las calles, arias al fin y exentas de judíos: «Aquella mañana, me sentí el rey de la ciudad».

Unos cuantos «miles de fusilados» no son nada. Tampoco demasiado, unos pocos millones. No hay suma de vidas de hombre que pueda aproximar su intensidad a la de esa infinitud sublime a la que se llama Patria (con mayúscula, claro, la mayúscula que corresponde al Dios Padre, del cual la Patria toma, en curioso femenino, el perfil de sus atributos). Sobre esa mística certidumbre se cierra la invocación combatiente (los nacional socialistas decían «revolucionaria») de Les décombres: «No tenemos delante otra cosa que escombros. Es hora de saber quién se decidirá a tomar la pala, a guiar carretas y enterradores, a apilar, unas sobre otras, las nuevas piedras. Yo aspiro a ser uno de esos hombres. Me siento francés de la cabeza a los pies. ¡Sería una extraña aventura la de ser el último de mi especie!».

¿Hubo nacionalistas, hubo patriotas, en los años treinta, que no llamaran al masivo exterminio de un otro concebido en los términos de una infección mortífera? Sí. En apariencia. La vieja derecha nacional. Charles Maurras, por ejemplo. Pero fue, al fin, de su Acción Francesa de donde emergieron masivamente los hombres de la generación joven que tomaron para sí el calificativo de nacional socialistas y el proyecto de una patria purificada en la tempestad de acero del genocidio. No hay patriota (el término puede utilizarse en el francés de Rebatet y Brasillach, en el alemán de Rosenberg o Heidegger, en el georgiano de Stalin, en el español de Barrionuevo o en el vascuence de Pakito) salvo en el acto de trazar la línea que excluye a aquel a quien el vínculo de la sangre, de la lengua o la tierra, no hace marmóreamente de los míos. Queda por saber, hoy, si Xavier Arzallus está dispuesto a ser Charles Maurras: a asistir, impotente, al matutino paseo de los nuevos reyes (vascos «de la cabeza a los pies»)de una ciudad finalmente depurada de extranjeros.

De la muerte, hablarán otros. La muerte es pleonasmo del patriota.


Largo y lento
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 24 Febrero 2000

Lo peor de las movilizaciones sociales, políticas e incluso informativas que están teniendo lugar desde que la ETA volvió a lo suyo, el crimen, es que nadie parece tener en cuenta que, en el mejor de los casos, estamos ante un largo y lento debilitamiento de la banda y de sus apoyos políticos, el primero de los cuales es el del PNV. Pero en el peor de los casos, también estamos ante un camino aún más lento y aún más largo. Sin remedio. No hay atajos en la lucha contra el terrorismo, dijo una vez el presidente del Gobierno. Parece, sin embargo, que hasta el Gobierno se olvida de esa verdad inconmovible, insuperable. Uno tiene la impresión de que en muchos ciudadanos se quiere sustituir la decisión por la emoción y la idea por la rabia. Todo por acortar ese camino largo y lento, esa trocha sin atajos donde no se acaba nunca de avanzar y donde en cada curva acecha el vértigo.

Como el terrorismo es la propaganda política mediante el terror parece que algunos medios políticos y periodísticos estiman que se puede cubrir la apuesta de los terroristas con un similar alarde propagandístico. Craso error. A los terroristas no les preocupan los alardes democráticos. Lo único que realmente les incomoda y los deteriora son los avances policiales y sociales, que en última instancia, sólo en última instancia, se convierten en cambios políticos. Mientras tanto, la inflación propagandística sólo eleva los términos de la apuesta pero no decide el juego.

Este verano pasado la sociedad española, incluyendo alguna de sus instituciones más importantes aunque menos responsables -el Tribunal Constitucional- se apuntó a la feliz idea de una victoria incruenta sobre la banda etarra por algo parecido al aburrimiento que produce la virtud. No ha existido virtud suficiente, ni en lo social ni en lo político, para que la sociedad vasca se vea libre del terrorismo. Tampoco ha hecho lo suficiente para vencerlo el conjunto de la sociedad española, como desgraciadamente puede comprobarse. ¿Por qué, entonces, tanta euforia? ¿Por qué tanto alarde irresponsable de una «generosidad» que suena ridícula? Pues quizá porque no se acaba de asumir la naturaleza totalitaria, nazi o, más exactamente, nazisoviética, del terrorismo nacionalista vasco. No acaba de entenderse o no se quiere entender que la estrategia etarra es, como la nazi o la bolchevique, absolutamente irreductible a toda convicción democrática que no pase por su derrota física y política. No se puede pactar con los nazis. No se puede pactar con los comunistas metidos en la guerrilla o el terrorismo. Sólo después de derrotarlos cabe hablar con ellos o con quienes les representen, pero de todo menos de política. Mientras eso no se comprenda, las movilizaciones emotivas no estarán de más, pero pueden ser contraproducentes. Duele decirlo. Pero es verdad.

La hora de las responsabilidades
Editorial El País 24 Febrero 2000

"NO QUIERO saber nada en este momento, ni de ellos ni de los otros". Arzalluz se ha parapetado en el dolor para no afrontar el enorme fracaso que el asesinato del socialista Fernando Buesa representa para la estrategia en la que ha embarcado al PNV. Mientras su fiel Egibar se atrincheraba en la doctrina de siempre, afirmando que la vía de Lizarra había dado frutos (obsceno sarcasmo ante dos cadáveres), el nacionalista Joseba Arregi, crítico con la línea oficial, reconocía sin paliativos que su partido se ha metido en un callejón.

ETA tendió una trampa al PNV y éste no es capaz de salirse de ella. Se acabaron las dilaciones: o rectifican o será imposible seguir atribuyéndoles el prejuicio de buenas intenciones. En lógica democrática, los dirigentes que entramparon al PNV en esa vía sin salida deberían poner sus cargos a disposición del partido, que es el modo en que se asumen las enormes responsabilidades políticas.

Roto el acuerdo parlamentario con EH, el Gobierno vasco carece de mayoría. Su respaldo de 27 diputados sobre 75 es menor que el que ahora mismo tendría una eventual alianza del PP y el PSOE, por ejemplo (30). El lehendakari deberá intentar poner en marcha los mecanismos políticos para construir una nueva mayoría capaz de afrontar desde la unidad democrática la delicada situación actual. Pero sería absurdo tratar de hacer compatible una alianza con las fuerzas constitucionalistas-autonomistas y el mantenimiento del pacto antiautonomista de Lizarra.

La política vasca ha estado dominada desde 1998 por la estrategia de frente nacionalista que se seguía del giro ideológico hacia la superación del Estatuto de Gernika. A esa estrategia respondía el acuerdo parlamentario que asociaba a EH al Gobierno de Ibarretxe. Ha sido necesario un segundo atentado, y que los muertos sean ya tres, para que el lehendakari diera por roto ese pacto. El tercer socio, Eusko Alkartasuna, insinuó ayer que rompería con Lizarra si HB no se desmarcaba claramente de ETA. Pero ésa es una amenaza que ya hicieron antes, sin que de ella se siguiera decisión alguna. Así pues, Lizarra sigue vigente, y a Egibar le parece bien. Uno de los motivos alegados por el frente negociador del PNV para dar el giro al soberanismo fue que urgía "hacer visible la mayoría nacionalista que la existencia de la violencia hace imposible". Tal vez ahora haya que hacer visible la minoría nacionalista existente sin el refuerzo de los violentos.

Si el PNV quiere seguir gobernando mediante acuerdos con los socialistas o los populares, tendrá que cambiar de política. No de ideología, no de ideales. Simplemente, actuar con criterios democráticos: sin plegarse a las coacciones de ETA-HB, comprometiéndose a acabar con la impunidad de los que aplican la "persecución social" del disidente; reconociendo que no todos los vascos son nacionalistas, y obrando en consecuencia. En otras palabras, volviendo a su política de los últimos 70 años, y no a esta reciente recaída en el aranismo primitivo.

La primera exigencia que los demócratas deben hacer al PNV y a EA es que rompan de una vez con Lizarra. Un pacto que ha resultado ser una trampa para atraer a los nacionalistas no violentos al campo radical, con el pretexto de la paz, para dejarles luego a la intemperie: sin la paz y con compromisos como el de no pactar con los partidos "que tienen como objetivo la construcción de España y la destrucción de Euskal Herria", como textualmente decía el documento que, según ETA, firmaron PNV y EA.

Lo que hasta ahora se había evitado, una fractura irreparable entre las dos mitades de la población, la nacionalista y la que no comparte esa emoción, está cuajando. Ahora: con los nacionalistas comprometidos -por sus palabras imprudentes, pero también por hechos como la participación en Udalbiltza- en una vía de difícil retroceso; y con los partidos no nacionalistas presionados por sus bases para que rompan toda relación con los de Arzalluz. Lo peor que podría hacer el PNV es repetir el error cometido en relación a la manifestación del sábado en San Sebastián y despreciar el significado profundo de quienes ayer expresaron ante el lehendakari, en el funeral de Vitoria, su hartazgo con tanta equidistancia y tanta impunidad.

Es la hora de la responsabilidad. La sociedad vasca no quiere que nadie imponga su solución a todos los demás, ni nacionalistas ni no nacionalistas. Lo ha dicho en infinidad de ocasiones, por medio del voto. Hay que recomponer mayorías y alianzas. Y si no hay grandeza suficiente para conseguir una nueva mayoría habrá que apelar a las urnas, como corresponde a una democracia.

El PNV se cierra la salida
César Alonso de los Ríos La Estrella 24 Febrero 2000

El asesinato de Fernando Buesa coloca al PNV en una situación difícil de sortear. Su maestría para nadar y guardar la ropa, para dar respuestas ambiguas y para trasladar las responsabilidades propias a otros puede no bastarle en esta ocasión. Mientras estuvo en el pacto de Ajuria Enea podía hacer este tipo de dobleces pero, a partir del pacto de Estella, el compromiso con el brazo electoral de ETA le ha ido dejando al descubierto. Un pacto de gobierno con una coalición que tiene la acción terrorista como medio de conseguir los fines políticos, no deja margen de acción. Se dirá que por ello suspendió las relaciones con EH con motivo del asesinato del teniente coronel Blanco y que por ello ha dado un nuevo paso al romperlas, pero quedan válidos los pactos en muchas más instituciones y queda el compromiso que significa el Pacto de Estella. ¿Qué hará con estos vínculos?

Es obvio que todas estas situaciones no sorprenden al PNV. Todo esto era previsible y, por lo mismo, tenía ya pensadas sus respuestas. Ahora bien, si el PNV se había puesto en lo peor (posiblemente ante nuevos asesinatos) ¿por qué no se ha adelantado? ¿por qué no se ha enfrentado a ETA y sus mensajeros?

El PNV parte de la bondad de sus objetivos: la conquista de la soberanía, la construcción nacional del País Vasco. La perversidad y el error corresponden a quienes se oponen a esos fines. Para el PNV son estos, los representantes del Estado español, las fuerzas de ocupación, los aparatos represivos... los verdaderos responsables de la violencia. De esta manera explica los asesinatos de ETA. Los justifica. Esta ha sido siempre, como digo, la política del PNV pero ahora con la diferencia de que ha tenido que comprometerse más con los partidarios de la violencia porque tiene los fines más cercanos. Está en el último asalto al Estado. Los traspasos de las competencias se han cumplido prácticamente. Hasta hace poco se podían hacer gobiernos con el  PSOE y era posible darles un cierto contenido pero ahora se está ya en el momento de la verdad. ¿Cómo y con quién podrá gobernar de ahora en adelante? Y sobre todo, gobernar ¿para qué?

El PNV se ha cerrado a sí mismo el camino al plantear como inmediato el programa máximo. No se ha dejado a sí mismo capacidad de maniobra. Ha dejado que sean otros los que plantean el ritmo de la política, quienes manejen la agenda. Siendo imprescindible para la conquista de los fines nacionalistas se ha echado voluntariamente en manos de Otegui y de ETA. Ahora estos le van a entregar sus votos pero ¿qué podrá hacer después de las elecciones con los votos de los partidarios de ETA?

Tensión y tres posturas
Pablo Sebastián La Estrella 24 Febrero 2000

El último atentado criminal de ETA, en el que murieron el político socialista Fernando Buesa y el ertzaina Juan Díaz, ha provocado momentos de alta tensión como los vividos en los funerales contra la presencia del lendakari vasco, Juan José Ibarretxe y otros dirigentes del PNV, duramente criticados por cientos de personas que en Vitoria asistían a los actos fúnebres de Fernando Buesa, a la vez que en la casa del ertzaina asesinado se decía no querer la presencia de los dirigentes del Partido Popular en sus funerales.

La tensión y la emoción lógicas en estos graves momentos darán paso, en las próximas horas, a las consecuencias políticas que se van a derivar de este doble crimen de ETA en plena campaña electoral. Consecuencias que comenzaron con la anunciada, por el lendakari Juan José Ibarretxe, ruptura del pacto político y parlamentario entre el PNV y EH. Una quiebra que para algunos, el PP de manera especial, es tardía e insuficiente y que para otros, EH-HB, es injustificada. Mientras que es bien recibida desde el PSOE aunque su líder, Almunia, le exige al PNV "claridad".

Las posiciones políticas previas al atentando, o la tensión entre PP y PNV se ha agudizado en las últimas horas y hemos visto a casi todos los dirigentes del PP exigir a Ibarretxe la dimisión, la convocatoria de elecciones anticipadas, así como la ruptura del Pacto de Estella y de todos los acuerdos municipales que mantienen con HB.

En el PSOE Almunia ha adoptado una posición mucho mas moderada siguiendo la línea central de su discurso en favor de la unidad de todas las fuerzas democráticas del País Vasco frente a ETA, aquí incluido el PNV aunque el dirigente del PSOE también le pide a Arzallus "claridad". 

La incógnita está precisamente en el PNV que, al margen de la citada ruptura con EH en el marco del pacto de legislatura y de la condena de este atentado, no se han pronunciado sobre todo lo demás. Y difícil será que esto ocurra a tan solo pocos días de este doble asesinato y a tan solo unas horas del comienzo de la campaña electoral.

Campaña en la que, una vez mas, va a pesar el último crimen de ETA. Habrá que esperar, pues, al final de las elecciones para ver que ocurre con el gobierno de Madrid y con el gobierno de Vitoria. Nadie, en las actuales circunstancias pre electorales, querrá ir del brazo de nadie. Ni los nacionalistas, por una parte, ni tampoco los partidos españolistas por la otra. Solo a partir del próximo 13 de marzo se podrán hacer cábalas y vislumbrar quien gobernará con quien en Madrid y con quien gobernará el PNV en Vitoria.

En todo caso quien se ha quedado sin discurso ha sido HB-EH. Las palabras de pésame de Otegui cuando el crimen del teniente coronel Blanco, ocurrido hace semanas en Madrid, ya fueron descontadas y no tienen ningún valor en el día de ayer, ni sirven para nada.

Otegui perdió ayer toda o la poca credibilidad que le quedaba, de la misma manera que ETA ha subido su escalón al matar dentro de una de las mas sagradas instituciones del País Vasco, su Parlamento. ¿Con que cara se van a sentar en la Cámara de Vitoria los diputados de EH, en ausencia de Fernando Buesa? El juego del doble lenguaje y la ambiguedad tenía alguna posibilidad durante la tregua. Ahora con los escaños vascos manchados de sangre no puede ser igual.

En el PNV han comenzado a reflexionar. Pero en esas reflexiones deben de empezar a valorar que ETA siempre juega a favor de sus enemigos con la clara intención de desestabilizar. Cuando rompieron la tregua acusaron al PNV y no al gobierno del PP de la ruptura y de la vuelta a la violencia. Y ahora, siguiendo los envites del ministerio de Interior, ETA con sus reiterados crímenes le ha dicho a la sociedad en general y al PNV en particular que prefieren "la guerra", como dicen ellos o la "solución policial" como dicen desde Interior.

ETA ha tomado al PNV, que seguramente va de buena fe en pos del diálogo y la paz, por unos primos que van de comparsas en su estrategia criminal. No sabemos si hay algo mas, pero a la vista de lo que vemos, Arzallus, Eguibar y Anasagasti, tienen que reflexionar y entender que sin tregua, o sin paz estable, es inútil hablar de nada más. Y mucho menos sobre los cuerpos destrozados por una violencia demencial. Los ataúdes no se pueden convertir en la mesa de una supuesta conferencia para negociar.

Por la libertad
ALFONSO ALONSO ARANEGUI El Mundo 24 Febrero 2000

La perversión moral de ETA no tiene límites. Una vez más, la organización terrorista ha atentado contra el propio sistema democrático, contra la voluntad popular, contra los deseos de convivencia pacífica que tantas veces ha puesto de manifiesto la sociedad vasca. La muerte del parlamentario vasco Fernando Buesa y de su escolta, Jorge Díez, es ante todo un ataque contra la libertad: Fernando Buesa ha muerto por defender la libertad del pueblo vasco. Jorge Díez ha muerto por proteger la libertad de otra persona.

Más allá de la perplejidad y el dolor que nos ha producido esta nueva demostración de violencia por parte de los terroristas, no podemos caer en el engaño: nos encontramos ante la pretensión de implantar un sistema fascista, un proyecto que se basa en el frentismo y en una idea sectárea de «construcción nacional», con todos los instrumentos característicamente hitlerianos: coacción, manipulación e imposición de ideas, exclusión de aquéllos que discrepan, pasividad frente al uso de la violencia, instauración del terror, relativización del valor de la vida...

Y la sociedad vasca, una vez más, ha sabido reaccionar. Ha vuelto a salir a la calle para demostrar su hastío, su desprecio ante el uso del terror, la violencia, el chantaje y el asesinato como herramientas de coacción. Ha vuelto a manifestarse en defensa de ese espacio de convivencia, de encuentro entre las diferentes ideas y opciones políticas, que constituye la realidad cotidiana de Vitoria, de Alava y de todo el País Vasco. Porque la inmensa mayoría de los vascos estamos convencidos de que la palabra, el diálogo, es el único instrumento legítimo para resolver los problemas; de que se pueden cambiar las cosas a través del discurso político y del intercambio de ideas; de que la decisión sobre los asuntos que afectan a los vascos está en los ciudadanos y en las urnas y no en el crimen ni en el asesinato de personas inocentes.

Los vitorianos han salido a la calle para defender su libertad. Unidos por el dolor de las muertes recientes, pero también por la determinación de salvaguardar el lugar de libertad sin imposiciones, el baluarte contra el fascismo, que siempre han sido Vitoria-Gasteiz y Alava. Han puesto de manifiesto su actitud de repulsa ante la muerte y la destrucción de los que se sirve ETA para intentr amedrentar a un pueblo que, pese a todo, se resiste a dejarse manipular por la violencia.

La sociedad vasca ha demostrado su intransigencia respecto al fascismo. Y lo ha manifestado pacíficamente, pero con firmeza, a través de la voz unánime, del clamor urgente del ¡Basta ya! que surge de los corazones de todos los ciudadanos libres. La sociedad exige a los políticos que trabajemos para recuperar la unidad que existía hasta hace unos meses entre los demócratas, imprescindible para vencer la batalla por la libertad. Este clamor no puede pasar inadvertido para aquéllos que tenemos responsabilidades públicas y representamos los intereses de los ciudadanos porque es el grito de una sociedad viva que tiene la pretensión legítima de sentir, pensar y hablar en libertad; que se revuelve contra ese proyecto fascista, de terror, de muerte, que nos quieren imponer los asesinos. Alfonso Alonso Aranegui (PP) es alcalde de Vitoria.

Consecuencias políticas  
Por Ramón PI ABC 24 Febrero 2000

AL golpe emocional del doble asesinato perpetrado el martes por ETA han seguido las primeras reflexiones. Todos los diarios de circulación nacional, incluidos dos de los tres «económicos», editados en papel salmón, publican un editorial sobre el atentado, cuyos titulares son bien expresivos: «Golpe al corazón de la democracia» (Diario 16), «Ejercer la libertad» (El País), «Ibarretxe: dimisión o cuestión de confianza» (El Mundo), «De Fernando Buesa a Josu Ternera» (El Periódico), «ETA contra la libertad» (La Vanguardia), «El zarpazo terrorista y el 12-M» (Expansión), «Un crimen contra todos» (Cinco Días), «Ruptura imprescindible» (ABC). De este último periódico son estas frases: «Es legítimo no levantar sobre el anuncio hecho por Ibarretxe un optimismo que a todas luces sería desmemoriado. La ruptura con HB era hoy inevitable. Ibarretxe ha sido consciente de que nadie en su sano juicio hubiera entendido el mantenimiento de los acuerdos con HB, cuyos dirigentes tampoco han condenado este atentado. Pero esta ruptura debe concretarse en un giro radical de la política del gobierno autonómico (...) Y, sobre todo, es preciso que esta actitud (...) sea secundada por el PNV, rompiendo sus compromisos políticos extraparlamentarios con HB y poniendo fin a sus aventuras secesionistas como la Asamblea de Electos y ficciones similares. Si no fuera así, nada garantiza que la ruptura del pacto con HB sea irreversible».

ABC no está solo en esta cautela. El País la expresa casi del mismo modo: «El lehendakari dio ayer por roto el pacto de gobernabilidad con EH. Era imposible que siguiera gobernando apoyado en el brazo político de la organización que ha asesinado a un ex vicelehendakari y a un ertzaina. Pero está por ver la actitud de los partidos nacionalistas». Y El Mundo está en la misma sintonía. Da cuenta de la ruptura del acuerdo de apoyo parlamentario con EH, y añade: «Es un gesto significativo, pero no basta. No basta si no se concreta en una ruptura material y definitiva con quienes, reiteradamente, apoyan y alientan la violencia, y que sólo la lamentan (...) El único modo de eludir la de otra manera ineludible dimisión lo tiene Ibarretxe en el artículo 150 del Reglamento del Parlamento vasco que regula la “cuestión de confianza” (...) No se comprende que el PNV, en su comunicado de condena de ayer, no saque ninguna consecuencia política (...) Es hora ya de que el PNV vuelva de la sinrazón de su estrategia reciente (...) El PNV no puede conformarse, ante la gravedad de lo que está ocurriendo, con una condena sin efectos políticos. Y Arzalluz no puede seguir en la vida pública cuando los asesinos que comparten fines y tácticas con sus compañeros de viaje, terminan con la vida de sus adversarios políticos».

En su editorial («Un horror injustificable»), Deia, diario bilbaíno próximo al PNV, ve las cosas de otra manera: «Se ha de resaltar el grave retroceso que \ supone en el proceso de pacificación, ya que reactiva los falsos razonamientos de los inmovilistas, que invocarán el recurso a la opción represiva como mejor o única solución al conflicto (...) Cada asesinato es, también, un obstáculo en el esperanzador camino iniciado por todas las formaciones abertzales con el Acuerdo de Lizarra (...) La primera consecuencia del atentado de Gasteiz \ ha sido la ruptura definitiva del pacto parlamentario entre el Gobierno Vasco y EH». O sea, que aquí se distingue claramente entre lo que hace el Gobierno autonómico y lo que hace el PNV. Mala noticia. Pero en el PNV hay quienes no conciben el País Vasco como lo hace la dirección del partido. En El Correo, también de Bilbao, el parlamentario vasco del PNV Joseba Arregi escribe bajo el título «Una sociedad mutilada»: «A los que seguimos con vida no nos queda más que prometer que seguiremos empeñados, con más ahínco que nunca, en desarrollar una sociedad vasca en la que quepan todos los que estén dispuestos a respetar y asumir las diferencias, también en la forma de entender y definir el pueblo vasco».

Gara, periódico (?) al que el editorial de El País llama «el boletín externo de los terroristas», también publica su editorial (que, no sé si por error, aparece en la edición electrónica firmado por Maite Soroa), titulado «Desde la conmoción a la responsabilidad», en el que aparecen estas consideraciones: «Hoy, los próximos días y las próximas semanas estarán cargados de emotividad y de declaraciones. Pero, desgraciadamente, la historia de Euskal Herría está llena de periodos de este tipo (...) Este es un conflicto viejo, que hace tiempo que dura demasiados años. Y en este devenir no podemos olvidar que durante catorce meses la propia ETA, con su alto el fuego, propició un escenario político esperanzador, cuyo desperdicio tiene también responsabilidades políticas concretas». Juzgue el lector.

Todo igual tras el asesinato de Fernando Buesa
Lorenzo Contreras La Estrella 24 Febrero 2000

ETA ha  disparado sobre el PSOE una lluvia de fuego y de votos potenciales. Sabe que están a punto de madurar para sus ahora victimarios adhesiones electorales todavía inciertas. Suena a crueldad, pero no a disparate, la fundada sospecha de que en tiempo electoral no hay atentados al albur, sin compañía de serios análisis en el estado mayor del terrorismo organizado. Por eso la muerte del socialista Fernando Buesa y de su escolta es algo más que un asesinato rutinario. Mejor dicho, de asesinato rutinario, nada de nada. Perfecto cálculo político utilizando las siniestras artes del crimen.

Si hace días la muerte del teniente coronel de Intendencia sirvió para cubrir el trámite de la ruptura de la tregua, ahora el asesinato del ex vicelehendakari Buesa, portavoz del partido socialista en el parlamento de Vitoria, marca un hito estratégico, concretamente la frontera de una nueva intentona de fuego y tregua, ambos a la vez, para que puedan ser aceptados los postulados etarras de autodeterminación, soberanismo y territorialidad.

Una semana después de que el lehendakari Ibarreche manifestara en un club de opinión madrileño que el próximo 13 de marzo, el día posterior a las elecciones generales, puede empezar a amanecer, ETA rompe con el peor de sus ya clásicos estilos las hipótesis de la paz ordinariamente entendida. Lo que Ibarreche quería insinuar, e insinuó, es que una nueva tregua etarra se perfila como posible dentro de poco tiempo y ocurra ahora lo que ocurra. O más que posible, probable.

La atrocidad de Vitoria produce de entrada un rechazo y un sentimiento de horror absolutamente contrario a la idea de un alto el fuego otorgado "sub conditione" por los propios heraldos del crimen. Pero la historia de ETA y de sus barbaridades nos tiene acostumbrados al pronto olvido de lo que hace. Dentro de una semana o dos, y sobre todo después de las elecciones generales, el escenario de la situación será diferente. Sonarán otras voces y otros reclamos sobre la necesidad del diálogo y la pobre administración que se hizo de las oportunidades de la paz ofrecida. Así ha venido ocurriendo en los últimos años, con alternancias de horror y de esperanza, casi a partes iguales.

El PNV, uno de los grandes perjudicados por la nueva manifestación que ETA hace de sus propios análisis y de su concepción del momento, ha reaccionado con una provisional ruptura de sus entendimientos parlamentarios con EH. Nada más lógico. Se derriba la mesa de juego pero no se rompe la baraja. Todo queda aplazado hasta que una nueva exigencia práctica aconseje la recomposición del actual escenario. O, mejor dicho, la reconstrucción del escenario que existía hasta el asesinato de Buesa. Entonces se montará nuevamente la timba política y los jugadores se echarán las cartas sobre el tapete, e incluso algunas, como siempre, por debajo de la mesa.

Cada vez que se alcanza un momento límite, concordante con una nueva barbaridad terrorista, se disparan las conjeturas sobre el error de ETA. ETA mata y siempre se equivoca hasta el éxito final. Sabe a la perfección que el campo democrático está dividido y que las apuestas cruzadas en los últimos tiempos, sobre todo a partir de Lizarra, son irreversibles para los nacionalistas, propicios siempre a moderar sus respuestas anti-ETA con poco que la banda conceda en el aspecto táctico, que no estratégico.

Un cambio de la situación, un verdadero cambio, vendría dado por un entendimiento del PNV con un PSE-PSOE eventualmente ganador de las elecciones generales o bien instalado para los acuerdos posteriores. Ahora, no. Ahora es tiempo de indignación. Unos días tormentosos, con posibles nuevos atentados, mientras Arnaldo Otegui sigue hablando de "gusanos" manifestantes y se concreta la imposibilidad de que EH pueda hacer uso a su gusto de la campaña electoral en los medios de comunicación y en sus espacios de propaganda. La Junta Electoral no permitirá, lógicamente, el fraude de ley que representaría la utilización de espacios por unos abertzales que anuncian su no participación en las urnas.

Pero es ETA de nuevo la que tiene la manija. Se equivocó en Ermua un día, con Miguel Angel Blanco de víctima, y sin embargo reconstruyó los esquemas políticos que le convenían, Lizarra fue la derrota de Ermua. El PNV y el Gobierno de Ajuria Enea difícilmente darán el paso final de una ruptura por mucho que ETA les ponga en situación contradictoria.

Entre la impotencia y la impaciencia
TXEMA MONTERO El Mundo 24 Febrero 2000

Mi primera impresión al conocer ayer tarde los asesinatos de Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez Elorza, fue que nos encontrábamos ante una demostración palpable de la impotencia de ETA. Aniquilar físicamente al adversario político brillante, incisivo, develador de los argumentos propios es un ejercicio revelador de impotencia política. Matan a quien no convencen y tratan, fútilmente, de acabar con su simbología y representación.

El asesinato de Fernando Buesa, no es a mi juicio un test interno que ETA propone a su propia base social, como lo fue el de Gregorio Ordoñez cuando, al inicio de lo que se dio en llamar socialización del sufrimiento y desarrollo de la ponencia Oldartzen, ETA pretendía conocer, trazando una línea de sangre en el suelo, el número de efectivos propios que estaban dispuestos a acometer el nuevo salto cualitativo que suponía el enfrentamiento directo con sus adversarios políticos. Bien al contrario, antes del atentado de ayer, el test político ya estaba efectuado.

El debate de ETA durante el segundo semestre del pasado año les hubo de llevar a la conclusión de que junto al inmovilismo del Gobierno español, tampoco fue entusiástico el apoyo del pueblo a un proceso en el que la paz se entremezclaba con objetivos políticos concretos. A ETA le faltó paciencia democratica, esto es, asumir que los cambios políticos en democracia exigen cesiones, tiempo, frustraciones y sobre todo, el reconocimiento general de lo auténtico de las intenciones de quien los propone.

ETA, haciendo uso de su particular balanza, pesó al pueblo vasco, lo encontró liviano y se dispuso a cargar, nuevamente, en su particular imaginario político, con la cruz de la responsabilidad de sustituir la falta de entusiasmo con el accionar armado. Comenzó por acusar al PNV y a EA de inactividad; siguió con la constitución del grupo EKIN, el cual, a la manera de comisariado político, ejercería el control sobre una cada vez más evanescente Euskal Herritarrok; decretó la abstención de ésta última ante las próximas elecciones generales, movilizó a los presos para generar la sensibilidad de los colectivos afines a éstos y, por último, declaró la ruptura de la tregua. No estamos ante una fuga hacia delante que pretende, con atentados cualificados, que el proceso de paz se desatasque, sino ante una concentración hacia atrás, auténtica involución que lleva a ETA a las posiciones anteriores a Lizarra.

Estamos por tanto ante una guerra contra el resto del pueblo y ante un más que serio aviso al PNV y a Eusko Alkartasuna para que, si en algún momento habían pensado que si después del 12 de marzo, se diera una alternancia en el gobierno en Madrid con la llegada del PSOE al poder, (del PP no se espera nada), un eventual entendimiento con aquél quedase cortocircuitado por el asesinato de un líder socialista como Fernando Buesa. Lo más trágico que está sucediendo en nuestro país es que el proceso de paz iniciado con la tregua haya quedado en la cuneta por razones ideológicas. Nada más incierto que el tantas veces reiterado dicho de que sin la violencia todo era posible.

El inicio de la tregua dio lugar a la más enconada polarización ideológica a la que asistimos los vascos en las últimas décadas.

Se pasó a criminalizar, no ya los métodos, sino los objetivos políticos y las ideologías que fundamentaban aquéllos. Ser nacionalista se identificó con ser violento in pectore o in fine; ser estatalista se equiparó a no querer la paz, sino pretender el sojuzgamiento de las ideas del otro. Así pues, asistimos a una confrontación de esencias y de ideologías; las guerras de religión que asolaron Europa hasta el Siglo XVII actualizadas como guerra ideológica, donde la verdad es un bien que cada uno cree ostentar de forma única y es por ello infraccionable e innegociable, dándose la paradoja de resultar más facil llegar a acuerdos en aquellos lugares (Palestina, Centroamérica, Irlanda) donde los problemas se plantean en su vertiente material (subsistencia económica, redimensión territorial, redistribución de poder), que cuando lo que está en discusión es el ser y la identidad.

El proceso de paz que desde un inicio adoleció de la confusión entre paz en sí misma y los objetivos políticos a conseguir a través de la paz, debe reencauzarse y esto no es asunto de una simple conformación de un nuevo Gobierno mediante travase de alianzas partidarias. Es el hecho de la paz, de su consecución, del proceso para alcanzarla lo que está en entredicho. Un Gobierno nacido desde Lizarra no ha podido alcanzarla, un nuevo Gobierno que nazca de unas elecciones donde se debatan ante el electorado las propuestas para una paz justa y duradera se hace imperativo. El actual Gobierno vasco debe convocarlas. Txema Montero es abogado.

Con los ojos cerrados
PATXO UNZUETA El País 24 Febrero 2000

Tres meses y tres muertos ha necesitado el lehendakari Ibarretxe para darse por enterado de que estaba gobernando con los votos del brazo político de una banda que se considera con derecho a matar a los políticos de los demás partidos. Ibarretxe ha quedado desautorizado moralmente, pero también políticamente: sin los votos de EH, su Gobierno cuenta con el respaldo de 27 parlamentarios en una Cámara de 75. Las fuerzas no nacionalistas suman 32. Habría razones morales y políticas para su dimisión.

Sin embargo, en el sistema de poder nacionalista el lehendakari no importa gran cosa. Es el líder quien decide. Los lehendakaris pasan, Arzalluz permanece. Es una diferencia esencial con el PNV de los años 30, el de José Antonio Aguirre. También Arzalluz ha sido desautorizado. Durante un tiempo mantuvo una posición de equilibrio entre Ardanza y Atutxa, de un lado, y Egibar y su frente negociador, de otro. Pero acabó entregándose a la fantasía de su delfín -repartir la razón entre ETA y los demócratas-, avalando con su autoridad el acercamiento y más tarde el pacto rupturista, antiautonomista, con el otro nacionalismo. En un partido menos teocrático, Arzalluz tendría que haberse ido ya (y Egibar con él). En el PNV eso no es posible porque la adhesión lo es hacia el líder antes que hacia una política. Pero tal vez Arzalluz encuentre ahora algún motivo para encabezar la rectificación. Es lo más que cabe esperar.

Egibar dijo ayer que no es el momento de romper puentes porque tenderlos ha sido la única estrategia que ha dado algún resultado. Por supuesto que es mejor que haya tregua a que no, pero es cerrar los ojos ignorar que durante ella, y mientras se nos decía que el proceso era "irreversible", ETA estaba preparando -dinamita, coche, información- el asesinato de Buesa. Es cerrar los ojos no entender que si todas las concesiones realizadas no han bastado para convencer a ETA de que no vuelva y se disuelva, es la estrategia del frente negociador del PNV la que ha fracasado. Y no dirán que no se les advirtió de todas las maneras posibles: ningún grupo terrorista desiste mientras vea que sus interlocutores son sensibles al chantaje; que ceden más cuanto más se les aprieta. El regreso de ETA sólo se ha producido tras asegurarse de que el PNV se había pasado al otro lado y no podía dar marcha atrás.

En su charla de la semana pasada en Madrid, Ibarretxe dijo unas quince veces que había que evitar el "confusionismo interesado" entre violencia y normalización política. Sin embargo, es su partido quien mezcla las dos cosas al aceptar el planteamiento de que hay que pagar un precio político por la paz. Cuando acusa a los partidos no nacionalistas de negar la existencia de un conflicto político detrás de la violencia y reprocha al Gobierno su inmovilismo, ¿qué está haciendo sino condicionar la paz a la satisfacción de determinadas reivindicaciones nacionalistas? Es difícil que ETA desista mientras sea ése el mensaje que recibe.

Sólo desistirá cuando compruebe que su chantaje no da resultado. Para eso se necesita tiempo y, en algún momento, que se lo exija su brazo político. Egibar dijo ayer que el objetivo de su acercamiento era facilitar la entrada de HB en la política institucional. Algo ha debido de fallar porque HB va a boicoterar, por primera vez, unas elecciones. Tal vez contra los deseos íntimos de los de Otegi; pero para que éstos se atrevan a disentir de los jefes de ETA tendrán que haber experimentado que ser el brazo político de los que ordenan disparar no sólo suscita el desprecio de la mayoría sino pérdida de influencia y rechazo de los demás nacionalistas. Sin embargo, lo que encuentran es comprensión: los encapuchados respondían "a las tretas electorales" del Gobierno, según Arzalluz; en cambio, los que se manifestaron el sábado pasado en Donosti contra los encapuchados son "intolerantes", por haber criticado al PNV.

El PNV no comparte la idea de que los vascos no tienen nada que hacer en el Parlamento de Madrid. Pero en su entrevista con Gabilondo (13-12-99) Arzalluz no sólo dijo ser partidario de la independencia con el 51% de los votos, sino que añadió (con los ojos cerrados) que en esa Euskadi "unos [los de "nacionalidad española"] votarían en las elecciones españolas y otros votarían en las vascas". La cuestión es qué piensa hacer con el 60% que considera compatibles ambas identidades.

Ibarrola
MIGUEL GARCÍA POSADA El País 24 Febrero 2000

Al escultor Agustín Ibarrola le han apedreado y malpintado la casa. Ya antes le habían cortado algunos de los árboles de sus instalaciones naturales. El integrismo siempre es igual. Le quemaron los libros a Don Quijote y se los quemaron siglos más tarde a los alemanes inteligentes, como les malpintaban sus casas a los judíos. Hace algunos años unos patriotas españoles -fascistas alimentados por los gobiernos de la dictadura- quemaron obras de Pablo Picasso en la galería Theo de Madrid. Cuando algunos ponen en duda la utilidad del arte, estos y otros ejemplos suenan como un aldabonazo para recuperar el sentido común. Ibarrola molesta, él y su arte, porque éste no es nada sin su creador.

Así se va haciendo la historia: entre construcciones y destrucciones. Éstas, en todo tiempo, han procedido casi siempre del mismo lado. Donde hay un integrista hay una tea preparada. Los integrismos son todos idénticos: nazis, estalinistas, shiíes, ultraliberales, testigos de Jehová... Durante la guerra civil, los carlistas quisieron fusilar a Baroja por impío; sus legítimos herederos le apedrean la casa a Ibarrola. Mientras tanto, el gran hijo de carlista -el gran hijo por antonomasia- busca excusas aquí y allí para justificar todo lo injustificable. Y si tiene que mentir, miente con toda naturalidad. Y jamás rectifica. Cuando se desistió de llevar el Guernica al País Vasco por razones de conservación, pronunció una de sus muchas frases tristemente memorables: "Las bombas para nosotros y los cuadros para Madrid". Madrid, la ciudad bombardeada durante tres años, la ciudad sin defensas naturales ni cinturones de hierro -¿eh?-, que resistió el asalto enemigo hasta que fue vencida por el amor equivocado. Todavía no se ha desdicho de la frase este Moisés de chapela. Ni se desdirá. Como no se ha desdicho de otras frases que, pronunciadas por Haider, hubieran provocado el desgarramiento de todas las vestiduras: eso del Rh negativo y el tamaño de los cráneos. Tienen razón quienes afirman que en el País Vasco se está viviendo en un Ejido permanente. La divisoria la establece la adhesión o no a una raza. A las cosas hay que llamarlas por su nombre porque es la única manera de que no perdamos el sentido común. Ese que pierden día sí y noche también los dialogantes, los que no quieren oír hablar de la violencia y se les secan los labios diciendo "paz". Hay paz cuando hay guerra, pero la guerra es cosa de dos, y aquí los que matan y chantajean son unos, siempre los mismos. Las víctimas del terror -no de la violencia- están en lo cierto cuando se quejan de las frialdades, los talantes negociadores, los gestos simbólicos que no lo son tanto.

Por extraños vericuetos conceptuales, el viejo carlismo foralista se ha reencarnado en una gente que quizá no lo sabe (alguna no lo sabe), pero lo siente. Y aquí nos hallamos el resto de los españoles -perdón, del Estado- asistiendo al insoportable espectáculo de los tiros en la nuca, los coches bomba y los secuestros. Por Dios y por la santa tradición hay que hacer lo que sea. Pero, sobre todo, hay que acobardar al inteligente, al pensante, a los Ibarrolas de turno. A ver si con un poco más de encono se acaban yendo del País Vasco y dejan el terreno expedito a los vascos de verdad, errehacheados y craneales de metales duros. Durante el franquismo uno de esos verdaderos vascos era portero de la selección española de fútbol y dirigía el rezo del rosario. Hoy es miembro de Herri Batasuna y cantará a menudo el Eusko gudariak, mientras el rosario le rebulle en los fondos del pantalón.

Un sindicato de ertzainas exige a Balza medidas contra la «ineficacia» del Cuerpo  
VITORIA. S. N. ABC 24 Febrero 2000

El sindicato mayoritario de la Ertzaintza, ERNE, consideró ayer que el atentado de ETA que costó la vida al dirigente socialista Fernando Buesa y al agente de ese Cuerpo Jorge Díez Elorza ha sido la gota que ha colmado el vaso e hizo públicamente una severa autocrítica sobre la «ineficacia» que demuestra la Policía Autónoma en su lucha contra ETA.

El portavoz del sindicato de la Ertzaintza ERNE, Iñaki Castro, reclamó ayer una reunión del Consejo de la Policía Autónoma vasca, presidido por el consejero de Interior, el nacionalista Javier Balza, para «debatir una nueva estrategia de la política de seguridad ante la ineficacia demostrada por el Cuerpo en los últimos meses». «Está claro —dijo Castro a Servimedia— que la Ertzaintza carece de eficacia y por dignidad y profesionalidad no debemos asumir esta situación».

SEVERAS CRÍTICAS
La Ertzaintza viene recibiendo duras críticas desde hace meses por su pasividad ante el notable incremento de actos de violencia callejera y el reducido número de detenciones practicadas. «Confiamos —dijo Iñaki Castro— en que el Consejo de la Ertzaintza debata la actual situación y valore si las políticas de seguridad que estamos llevando a cabo son acordes o no con la realidad social».

Para ERNE la situación actual es muy clara: «Se está demostrando que estas estrategias no son eficaces y así lo están denunciando distintos sectores de la sociedad». «La Ertzaintza tiene que estar a la altura de las circunstancias y a nosotros nos corresponde combatir contra el terrorismo con medidas policiales, es decir, detener a los asesinos».

En declaraciones a RNE, Castro también arremetió contra el actual sistema de escoltas por no operativo: «No sirve para nada porque es un simple testimonio pasivo. Una persona sola no puede dar este servicio y prueba de ello es que las grandes personalidades no llevan uno, sino cuatro y además coches oficiales».

«Si como policía integral la Ertzaintza debe dar un servicio de escolta a los ciudadanos que lo necesiten, éste debe hacerse en condiciones. No como lo estamos haciendo ahora, que es perder el tiempo», dijo Castro.

Jorge Díez Elorza será enterrado hoy en el cementerio de la localidad alavesa de San Vicente de Arana en un acto que sus familiares quieren mantener en la más estricta intimidad. Precisamente por ello fueron escasas las personalidades que ayer visitaron a la familia en el tanatorio de Vitoria en el que se encuentran los restos del ertzaina asesinado por ETA. El presidente del Gobierno, José María Aznar, atendió los deseos de la familia y, aunque quiso expresarle sus condolencias personalmente, finalmente no acudió al tanatorio. Miembros del Gobierno como Francisco Álvarez Cascos o Josep Piqué sí lo hicieron, al igual que el lehendakari Juan José Ibarretxe o el dirigente de IU Javier Madrazo.

VISITA DE LA VIUDA DE BUESA
También lo hizo la viuda de Fernando Buesa en compañía del secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, y del secretario de los socialistas vascos, Nicolás Redondo Terreros, quien manifestó a Vasco Press que se produjeron «momentos terribles». La viuda de Buesa, desbordada por la emoción, llegó a pedir perdón a los padres del escolta que murió junto a su marido.

El ministro Jaime Mayor intentó ayer ponerse en contacto con Javier Balza para expresarle su deseo de visitar a la familia del agente asesinado, pero según Vasco Press, no logró hacerlo durante toda la mañana.

60.000 personas despiden a Buesa en Vitoria entre gritos contra ETA y el 'lehendakari'
Juan José Ibarretxe fue recibido con peticiones de dimisión a su llegada a la catedral
Las calles de Vitoria, donde el martes ETA asesinaba con un coche bomba al dirigente socialista Fernando Buesa y a su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza, se convirtieron ayer en un clamor popular contra la banda terrorista y en un grito unánime de emplazamiento al PNV para que rompa todos sus lazos con Euskal Herritarrok y con el Pacto de Lizarra. Fue una jornada tensa, marcada por las concentraciones de los ciudadanos y la presencia de los máximos dirigentes del Gobierno central y de los partidos políticos en la capital alavesa. El cortejo fúnebre con los restos de Buesa partió desde el Parlamento vasco y fue seguido por unas 60.000 personas. Al llegar a la catedral, el lehendahari, Ibarretxe, recibió insultos y abucheos.
PEDRO GOROSPE, Vitoria El País 24 Febrero 2000

La sociedad alavesa dio ayer claras muestras de convulsión por el último doble crimen de ETA y de enfado con los actuales responsables políticos del Gobierno vasco. Uno de cada tres vitorianos se echó a la calle para dar el último adiós al ex vicepresidente socialista Fernando Buesa. Al final de la manifestación de más de dos kilómetros de longitud, sus cálidos aplausos se tornaron en duras críticas y gritos de tensión contra el lehendakari , Juan José Ibarretxe. ¡Dimisión, dimisión!, se escuchaba. También se profirieron insultos contra el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, que no estaba presente.

Cuando el féretro con los restos mortales de Buesa llegó a la catedral en la que iba a celebrarse el funeral, los aplausos de más de 60.000 personas se fundieron en una larga ovación de reconocimiento al largo trabajo de un político que ha ocupado prácticamente todos los cargos públicos de la ciudad, menos el de alcalde, y llegó a ser el número dos del Gobierno vasco, en un gabinete presidido por el lehendakari José Antonio Ardanza.

Eran otros tiempos. Cuando la policía hizo ayer un pasillo para que el actual presidente vasco, Juan José Ibarretxe, pudiera llegar al acto religioso, la multitud se le echó encima. "¡Ibarretxe dimisión!", gritaron los miles de concentrados en la plaza de la iglesia, en medio de empujones e insultos. Y eso que Ibarretxe entró junto al presidente del Parlamento autónomo, Juan María Atutxa, un hombre cuya imagen pública es buena, por el trabajo que hizo durante su etapa en Interior.

"¡Arzalluz, da la cara!"
El presidente vasco, no obstante, acudió al acto, tal y como dijo el día anterior cuando anunció que su Gobierno acababa de decidir romper su pacto de gobernabilidad con EH. Sin embargo, el líder de su partido, el PNV, no fue. "¡Arzalluz, da la cara!", increparon los manifestantes mientras cambiaban los aplausos por las palmas rítmicas que identifican el eslogan del "¡Basta ya!".

La imagen de convulsión social, de tristeza colectiva, de no aceptar el actual estado de las cosas ni la actividad de ETA, fue además un acto espontáneo en una sociedad como la alavesa poco dada a los gestos públicos, pero que ayer asistía a un día especial. También así lo vieron los representantes políticos de todos los partidos, que trasladaron a la capital institucional del País Vasco a sus máximos representantes para hacerle ver al PNV que debe romper todas sus relaciones con EH y el Pacto de Lizarra.

Por la mañana, habían visitado la capilla ardiente el presidente del Gobierno, José María Aznar; el vicepresidente Rodrigo Rato, el titular de Interior, Jaime Mayor; el líder del PSOE, Joaquín Almunia; el ex presidente Felipe González; el presidente catalán, Jordi Pujol, y otros muchos dirigentes políticos.

El Gobierno y el Parlamento autónomos despidieron a Buesa con honores de vicelehendakari , un rango que los ciudadanos vitorianos ascendieron al de vecino y político honesto, cuyo asesinato levantó los primeros síntomas de cierta indignación contra las instituciones que lidera el PNV.

Los ciudadanos vieron además que los principales políticos vascos y del resto de España habían entendido lo mismo. Ellos convirtieron el Parlamento autónomo en el centro de una actividad frenética.

A lo largo de todo el día, populares y socialistas se reunieron en contactos extraoficiales para valorar la situación política creada tras el atentado. Los parlamentarios del PNV también se acercaron al PSE, charlaron y, aunque de manera más fría, intercambiaron opiniones apenas 12 horas después de que el lehendakari anunciara que el pacto de gobierno con EH estaba roto.

El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, aprovechó la visita para mantener una reunión con Ibarretxe. En medio de una situación delicada para el presidente vasco, Pujol y él charlaron durante más de una hora. Ibarretxe ya había comprobado que la sociedad alavesa estaba crispada. Varios de sus consejeros habían sido increpados en la calle por ciudadanos, y la tensión que provocó la visita del presidente del PNV, Xabier Arzalluz, a la capilla ardiente del socialista, era un presagio de que el día iba a ser largo.

La figura de Fernando Buesa también atrajo a Vitoria al ex presidente del Gobierno Felipe Gonzalez y a presidentes autonómicos socialistas como José Bono y Manuel Chaves, que se manifestaron junto al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y los secretarios generales de los sindicatos Cándido Méndez y Antonio Gutiérrez.

Aznar y Almunia
Aznar transmitió a Almunia, según fuentes del Ejecutivo, su disposición para lo que el PSOE pudiese estimar oportuno en estos momentos, incluso, según indicó el ministro del Interior, Jaime Mayor, una eventual reunión.

El candidato a la presidencia del Gobierno por IU, Francisco Frutos, también se sumó al luto de los socialistas, precisamente en Álava, la única de las tres provincias en la que PSE e IU han alcanzado un acuerdo, y precisamente impulsado por el secretario general de los socialistas alaveses, Fernado Buesa.

Unos y otros aconsejaron al PNV que rompan políticamente con el entorno de ETA. Pero Egibar, portavoz de los peneuvistas, descartó muy pronto "romper puentes" con EH y defendió los frutos del camino recorrido en el Pacto de Lizarra.

Por su parte, el portavoz de EH, Arnaldo Otegi, calificó de "absolutamente equivocada" la decisión de Ibarretxe de romper el pacto de legislatura con su formación porque supone, dijo, "dejar a un lado" lo que se consideró "un activo para la paz" y "aleja la solución" del conflicto vasco.

El clamor de Vitoria se sintió también en Estados Unidos, donde el Rey don Juan Carlos dedicó su primera intervención oficial en la Casa Blanca a expresar su "conmoción y radical condena" por la acción terrorista. En su discurso de bienvenida, el presidente estadounidense, Bill Clinton, pidió al Rey que siga liderando al país "combatiendo al terrorismo y contra los enemigos de la libertad. Que sus palabras sean nuestra esperanza y nuestra guía", dijo.

 

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