AGLI

Recortes de Prensa   Viernes 25 Febrero 2000
#LA CUPULA DEL PNV, EN LA PARANOIA DEL FRACASADO
EDITORIAL El Mundo 25 Febrero 2000 

#No es sólo Arzalluz
Editorial ABC 25 Febrero 2000

#Rebelión contra la mentira
Julián Marías de la Real Academia Española ABC 25 Febrero 2000

#«Delirium tremens»
Por JAIME CAMPMANY ABC 25 Febrero 2000

#Quién
ERASMO El Mundo 25 Febrero 2000

#El error trágico de Arzalluz
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 25 Febrero 2000

#JON JUARISTI / ESCRITOR «El proyecto de ETA y de HB es llegar a una guerra civil»
CRISTINA FALLARAS El Mundo 25 Febrero 2000

#Por los senderos de Marte
Joaquín Navarro Estevan La Estrella 25 Febrero 2000

#Ni guerra ni paz
MANUEL HIDALGO El Mundo 25 Febrero 2000

#Váyanse
Por ALFONSO USSÍA ABC 25 Febrero 2000

#La bandera que no cubrió a Buesa
ANTONIO BURGOS El Mundo 25 Febrero 2000

#La trastienda
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 25 Febrero 2000

#El fin de una ilusión
JAVIER ELZO El País 25 Febrero 2000

#De Ermua a la nada pasando por Estella
Carlos MARTÍNEZ GORRIARAN ABC 25 Febrero 2000

#Pujol y los amigos del PNV
ABC 25 Febrero 2000

#Las mentiras más crueles
Por GONZALO SANTONJA ABC 25 Febrero 2000

#Crimen y error
Alberto Piris* La Estrella 25 Febrero 2000

#«No cabe ningún tipo de negociación política con ETA»
El Mundo 25 Febrero 2000

#Gobiernos facciosos
JAVIER PÉREZ ROYO El País 25 Febrero 2000

#El atentado recrudece el debate sobre la ineficacia y la politización de la Ertzaintza
BILBAO, S. N. ABC 25 Febrero 2000

#Otras voces vascas
VICTOR DE LA SERNA El Mundo 25 Febrero 2000

#Elecciones en clave de tensión
Editorial La Estrella 25 Febrero 2000

#Manifestaciones en las universidades vascas contra los asesinatos de ETA
Bilbao EL PAÍS 25 Febrero 2000

 

LA CUPULA DEL PNV, EN LA PARANOIA DEL FRACASADO
EDITORIAL El Mundo 25 Febrero 2000 

El PNV hizo hace año y medio una apuesta muy arriesgada. Evaluó mal tanto la tregua de ETA como el peso que los partidarios del abandono de todas las formas de violencia tienen en el interior de HB.

Compuesta y sin novio, la cúpula del PNV se ha dado de bruces contra la cruda realidad. Pero, en lugar de reaccionar reconociendo su error y dando paso a una táctica acorde con los hechos, como están preconizado algunos históricos del nacionalismo -Cuerda, Arregui, Ardanza-, los Arzalluz, Egibar y compañía han optado por huir hacia adelante.

Incapaces de asumir que es cada vez más amplia y más profunda la hostilidad que suscita en el propio pueblo vasco su contemporización con HB, han decidido que la gran manifestación de anteayer en Vitoria fue... ¡«un montaje electoral» del PP! «Actos de protesta como [ése] no se improvisan», sentenció Arzalluz. Rápidamente ha recibido la respuesta merecida: «Lo único que no se ha improvisado en Vitoria -ha replicado Almunia- ha sido el atentado que acabó con la vida de Fernando Buesa y Jorge Díez». Mucho más sensato que Arzalluz -tampoco era difícil- se mostró el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, quien afirmó que los gritos contra el lehendakari fueron proferidos por gente «llevada por el dolor y la indignación».

Pretende Arzalluz que el Cesid estaba detrás de las pancartas que se exhibieron y de los gritos contra Ibarretxe. Las pancartas eran pequeños carteles de artesanía casera: ya ha aparecido uno de sus autores, y no parece muy del Cesid.

Añade que algunos quieren que el País Vasco «vuelva a los tiempos de los Guerrilleros de Cristo Rey». No ha debido reparar en el parecido de los métodos de aquellos jovenzuelos fascistas con los de la kale borroka.

La reacción paranoide de Arzalluz y sus adictos es típica de quienes, incapaces de admitir la posibilidad de haberse equivocado, sólo pueden concebir sus reveses como fruto de una conspiración. Tras el error, el despropósito. Sólo tienen una salida digna: la dimisión. Empezando por el lehendakari Ibarretxe, que no es el principal culpable, sin duda, pero sí quien ostenta una representación pública más determinante.

Su error frentista tendrá expresión evidente en la manifestación del próximo sábado: irán el PNV y EA por un lado; el PSOE y el PP por otro. Peor que tras el asesinato de Miguel Angel Blanco.

Eso es todo lo que ha dado de sí la astuta estrategia de Arzalluz.

No es sólo Arzalluz
Editorial ABC 25 Febrero 2000

EL presidente del PNV, Xabier Arzalluz, se supera a sí mismo cada día. Parece estar siempre insatisfecho con sus últimas exhibiciones de inmoralidad política y no duda en mejorarlas en cuanto se presenta la ocasión, adelantando en esta asignatura al propio Otegi. No le ha importado a Arzalluz que esta ocasión haya sido el doble asesinato de Fernando Buesa y de su escolta. La dinámica de su desorden mental se acelera cuanto más ofensivo puede ser el resultado de su declaración. Impasible ante la mentira intrínseca de sus afirmaciones, ha responsabilizado al PP, al Gobierno y al CESID de promover la indignación de miles de vascos que le recriminaron y que, al mismo tiempo, pedían la dimisión de Ibarretxe. Para Arzalluz, dos muertos más, un socialista y demócrata ejemplar y un servidor de la seguridad ciudadana, no son motivos suficientes para que los ciudadanos reaccionen como lo hicieron; para quebrar la sensibilidad de un pueblo que tiene el cuerpo lleno de cicatrices. Los vitorianos, Arzalluz lo ha descubierto ahora, son títeres manejados dócilmente, que lo mismo silban o aplauden, gritan o callan, pero siempre al dictado de otros y sin criterio propio. Que los vitorianos tomen buena nota de esta vejación y también quienes aún, de buena fe, piden al PNV que se aclare, como si estuviera sumido en la incertidumbre sobre sus alianzas y hubiera que dar luz a su confusión. No hay incertidumbre alguna ni confusión: el PNV, con plena conciencia de sus actos, ha sellado a sangre y fuego su hermandad con Euskal Herritarrok.

Pero Arzalluz no está solo. Es muy difícil resistirse a creer que personas en su sano juicio avalen y refrenden el mensaje insultante —para los vivos y para los muertos— de Arzalluz. Sin embargo, las hay. Los dirigentes nacionalistas que aprobaron el comunicado hecho público por Arzalluz, son coautores —no cómplices ni rehenes de su líder— de la barbarie moral y política que representa el presidente del PNV, porque le mantienen con su apoyo y le alientan con su silencio. Como el silencio domesticado de Ibarretxe, quien a estas alturas de mandato sólo puede presentar el balance del fracaso más absoluto, el saldo de un daño nuclear a las instituciones democráticas. La disciplina cuartelera con que todos los dirigentes del PNV acatan y sobrellevan la indignidad de su líder les aleja de un concepto moderno de partido democrático y les lleva a integrar una especie de religión etnicista y fundamentalista. Es seguro que muchos ciudadanos nacionalistas se sentirán avergonzados de que su ideología esté abanderada por una persona que sólo genera repulsión y, por elevación, denigra el nombre y la imagen del País Vasco. Pero mientras no le exijan su retirada —que sería un acto tardío de profilaxis social y política— deben asumir la cuota de responsabilidad que les incumbe en el mantenimiento de esta penitencia dolorosa que Arzalluz representa para la moral ciudadana.

Rebelión contra la mentira
Por Julián Marías de la Real Academia Española ABC 25 Febrero 2000

EL día que se produzca -si se produce- una rebelión general contra la mentira, pensaré que estamos salvados. Me parece indudable que es el problema capital con que nos encontramos, en una situación que por lo demás se cuenta entre las mejores que puedo recordar. Cada vez me parece más evidente el apasionante interés de la realidad española en todos los tiempos, a lo largo de la historia; y es notorio que en muchas ocasiones esa realidad ha estado «nublada», oscurecida, en cierta medida anulada, por una espesa cortina de mentiras diestramente difundidas y en altísimo grado aceptadas.

En la actualidad, todo eso se ha agudizado por la intervención de medios de excepcional eficacia, que nunca habían existido. Hay organizaciones, medios de comunicación, fracciones sociales, partidos políticos, que se dedican sistemáticamente a la suplantación de la realidad, a su sustitución por lo que no ha existido nunca ni existe ahora.

Si se hacen bien las cuentas, se encuentra que los autores y difusores de la falsedad no son demasiados; los que son multitud, en gran parte indefensa, son los que reciben la falsificación, la toman como real, la incorporan a sus vidas. De ahí la gravedad extrema de la situación que intento mostrar.

Lo más notorio es la falsificación de la historia, que se escamotea ante generaciones enteras, a las que se priva de todo conocimiento veraz de sus raíces, su origen, los pasos por los que han llegado a ser lo que son. Esa malversación del patrimonio colectivo reduce a la indigencia el personal, desde el cual y con el cual se vive. Se está intentando -y en gran medida logrando- hacer recaer en el «primitivismo» a los que pueden y deben ser «herederos» de una larguísima e ilustre tradición, de una experiencia histórica inapreciable, desde la cual se puede ser actual y enfrentarse inteligentemente con el porvenir.

Se está procurando la renuncia a ese privilegio que es pertenecer a uno de los pueblos más antiguos y creadores de Occidente, equiparándose a las porciones menos favorecidas de la humanidad. Resulta paradójico que esto se intente, en lugar de participar a los demás las ventajas adquiridas en algunos milenios, que es suicida dilapidar.

Es curioso como cuando desaparecen los obstáculos y se abre el horizonte, cuando se ha llegado a la plena libertad para decir la verdad, se concentran las diversas ofensivas de la mentira para destruir las posibilidades de las que se pueden tomar posesión sin restricciones. Hágase la cuenta de las falsedades acumuladas en los últimos veinticinco años, y de lo poco que se ha hecho para defenderse de ellas.

El partidismo político es un elemento decisivo. Es bien sabido que la política no tiene casi nunca excesivo respeto por la verdad, que con frecuencia cede a la tentación de olvidarla en provecho propio. Pero la generalización de esto es una ingente falsedad más. Creo que los veraces, los que tienen algunas ideas, los que pretenden construir algo, tienen el deber de extremar la escrupulosidad, no permitirse ni el más ligero desvío de lo que es verdad. En eso, precisamente en eso, puede residir su fuerza, por el carácter coherente, compacto, de la verdad, frente a la discordia interna de las falsedades.

Lo gravísimo, lo inadmisible, es el uso sistemático de la mentira, el culto a ella, a veces de manera ritual, con el automatismo de las recetas, los tópicos, las consignas, todos los artilugios de esa funesta invención del siglo XX que se llama «propaganda» y que llegó a articularse en ministerios.

Esto es lo que no se puede aceptar, lo que debe ser visto, retenido, servir de norma que lleve al desprestigio y el olvido. Cuando se lee o se oye algo notoriamente falso, el rechazo es obligado, con todas sus consecuencias. Todos los días se recibe una ración tóxica de falsedades escritas, orales, potenciadas con la voz y el gesto mediante la televisión, que las lleva a todas partes. De vez en cuando hay algunas voces veraces que así lo muestran; tal vez algunos historiadores inteligentes y con el suficiente temple lo demuestran de manera incontrovertible. Por fortuna, hay quienes tienen vocación de enderezar entuertos y desfacer agravios. Pero es desolador la falta de eco público que encuentran sus palabras. Ni por casualidad se comentan en otros diarios -o en el mismo en que aparecen- en las emisoras de radio o en los canales de televisión. Para la gran mayoría, esas verdades no se han dicho, no llegan más que a los que por azar las han encontrado, mientras se repiten tenazmente las creadas mentiras insostenibles.

¿Se puede superar esta situación, que está destruyendo nuestras mejores posibilidades, que está obturando un porvenir lleno de promesas, de posibilidades reales, y en gran parte realizadas? Creo que sí, pero hay que hacer un giro copernicano, como decía Kant de su nuevo pensamiento. Hay que recordar lo que dije antes de las cifras. Los creadores y difusores de la mentira, los sistemáticos de ella, son bastantes -no nos engañemos- pero representan una ínfima fracción de la sociedad española. Traslademos a ésta la defensa, superando su estado actual de indefensión. Lo grave es el número altísimo de los que reciben las mentiras, las toman como reales, las aceptan, las incorporan y obran en consecuencia.

Hay que actuar sobre el cuerpo social. Hay que inspirar confianza en lo que la merece, repulsión ante lo que no es digno de otra cosa. Hay que pedir a cada persona individual que pierda su pasividad, su servilismo, su tendencia a plegarse a las consignas. Que aspire a «entender» lo que se le dice, a cotejarlo con su propia experiencia, con sus ideas, con la memoria del pasado vivido.

Hay que aprovechar los mismos instrumentos de los que se vale la mentira para su difusión y eficacia. La televisión incluye un factor precioso, único, nunca poseído: la imagen viva, en movimiento, con el gesto, la voz y la palabra. Podemos asistir a lo que se dice. Podemos medir el grado de confianza que cada uno merece, la estimación que se puede sentir.

Mi confianza descansa en lo único posible: las personas. Se trata, simplemente, de que éstas, que inevitablemente lo son, se comporten como tales, vivan desde sí mismas, se enfrenten con su responsabilidad, no se dejen manipular desde fuera como autómatas. Ante las conductas que me inquietan, me pregunto siempre dónde se originan, si en la realidad de la persona o desde fuera de ella. Cuando se tiene una larga experiencia, casi siempre se descubre el origen endógeno o exógeno de lo que se cree pensar, de lo que se dice o se hace. Es posible hacer una enérgica llamada a cada uno; esto quiere decir a la libertad, a la independencia. La verdad os hará libres. Ahí está todo.

«Delirium tremens»  
Por JAIME CAMPMANY ABC 25 Febrero 2000

ESE hombre del norte, fanático y frenético, ha entrado en «delirium tremens». No es posible expeler una nota de prensa desde un partido político del jaez que trae ésta del PNV sin que el responsable más alto del partido padezca una pérdida de la razón más o menos transitoria. No es idiotez o desaviso; es maldad rural, malevolencia gárrula, pata de banco infame, perversidad sin ingenio. La demencia senil de antemano o el «delirium tremens» lo agarraron desde los días de aquella tregua tan pactada como engañosa. Desde hace meses vengo avisando de la insania que parece padecer Javier Arzalluz, y si no la padece peor, porque las suyas serían locuras adrede, locuras calculadas, provocaciones de orate fingido, «delirium tremens» de actor macabro.

Había dicho Javier Arzalluz: «Ellos menean el árbol y nosotros recogemos la fruta.» No recuerdo cuál era la fruta que en concreto recogía el PNV caída desde las ramas del árbol agitado por los etarras. No recuerdo si eran nueces, castañas o aceitunas. En cualquier caso sería lo mismo. Porque la única fruta que cae de los árboles que ETA agita son los muertos. Terrible cosecha ésta de cadáveres de españoles asesinados. La soberbia, que es pecado de sotana, abrió los labios del delirante, del hombre del norte, frenético y fanático, y le incitó a declarar y a confesar su siniestra estrategia. «Ellos menean el árbol y nosotros recogemos las nueces.» Hala, señor Arzalluz, recoja usted esa triste vendimia de muertos hasta que se le cansen los brazos.

Había dicho Javier Arzalluz: «No apoyaremos a ningún gobierno que investigue las tramas de ETA.» Ni siquiera Otegui, portavoz de ETA y la voz de su amo, se hubiera atrevido a tanta desfachatez. Según ese hombre del norte, fanático y frenético, las tramas de ETA no deben ser investigadas. Que nadie moleste a los asesinos. Dejad que los criminales cumplan en el País Vasco la misión sagrada de matar hasta que se rindan todos, de agitar el árbol hasta que se siembre el valle de cadáveres y sólo dé sombra a los muertos. Que sólo queden en las ciudades y en los caseríos los secuaces de Arzalluz, los aristócratas del Rh negativo y el idioma del paraíso. El Gobierno debe cruzarse de brazos ante el crimen organizado, el tiro en la nuca, la metralleta, el coche-bomba.

Y eso, ¿es locura o es cálculo? ¿Se trata realmente de un ataque de «delirium tremens» o es la provocación de una reacción calculada? ¿Se encuentra Arzalluz borracho de aldeanismo? ¿Está iluminado por la doctrina extralógica de Sabino Arana? ¿Es un nuevo Hitler ebrio de afán de poder? ¿O es más bien un pobre imbécil entontecido por el sueño de una política irrealizable? Afirma la nota de prensa del PNV que los actos de protesta por los dos asesinatos no fueron espontáneos ni improvisados. Forman parte de un movimiento de «agit-pro» promovido desde un «ministerio de Madrid». El «delirium tremens» alcanza su punto culminante cuando la nota afirma que existe la intención de «que se vuelva a la época en que los guerrilleros de Cristo Rey campaban a sus anchas».

Esa delirante nota tiene un benéfico efecto. Ya sabemos por propia confesión lo que más escuece a los protectores y quizá dirigentes en la sombra de la banda etarra: el rechazo pacífico pero enérgico del pueblo vasco y las gargantas, cansadas de silencio, que piden la dimisión del lendakari y que preguntan dónde está Arzalluz. Les persiguen en el seno de su mala conciencia las pancartas donde se dice: «ETA no; vascos, sí.» Les preocupa que el estruendoso fracaso de la política peneuvista de concesiones y rendición termine con el absurdo liderazgo de ese hombre del norte, frenético y fanático.

Quién
ERASMO El Mundo 25 Febrero 2000

Apuntes para un más eficaz Basta ya. Nada que objetar a Otegi, pétreo profesional de lo suyo pero en comisión de servicios (Savater), acaso funerarios. Mas la acción y la palabra se tornan inservibles si la indignación se orienta hacia los títeres que ocultan y protegen al Smooth Operator que gestiona los hilos del guiñol. Poco hay ya que reconducir o rescatar. ¿Pues? La muerte está echada.

El error trágico de Arzalluz  
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 25 Febrero 2000

EN un reciente encuentro con Xabier Arzalluz pude decirle que él y la dirección del PNV habían salvado de la asfixia a ETA cuando estaba detenida la cúpula de HB, suspendido «Egin», desarticulado su sistema financiero y acorralada por las Policías española y francesa. Le dije que el pacto de Estella/Lizarra era un error doble. En primer lugar había permitido a ETA recomponerse durante la tregua; en segundo lugar, era impensable que el Estado democrático hiciera unas concesiones políticas a cambio. Arzalluz no respondió. Pude ver que él y Anasagasti estaban en un agujero del que difícilmente podrían salir sin reconocer el fracaso.

Una legión de políticos ciegos, de periodistas ciegos se empeñan en seguir considerando central a este partido, que, dirigido por Arzalluz y Eguíbar, ha decidido lanzarse a un enfrentamiento con el Estado democrático en alianza con Euskal Herritarrok/Herri Batasuna con la idea de doblegar a aquél y, de este modo, entrar en la última etapa hacia la soberanía plena. Pero los periodistas ciegos, los políticos ciegos siguen argumentando que no hay que demonizar al PNV, que es democrático y que quiere la paz. No quieren reconocer que en la lucha por «la construcción nacional vasca» el PNV es un aliado objetivo de ETA a través de las expresiones electorales de ésta y del Movimiento Nacional de Liberación Vasco. No quieren ver que ETA sería reducible a poca cosa si el PNV no fuera el representante político del común objetivo político. No quieren ver que el PNV no acepta ya el Estado de Derecho. No lo quieren ver porque les da vértigo haberse equivocado y tener que iniciar un camino arduo, de lucha ideológica, de lucha política. No quieren imaginar que la solución del País Vasco pasa por la ruptura del PNV y la pérdida de su papel hegemónico. No quieren entender que el PNV ya no representa la centralidad sino una parte de la sociedad vasca. Es frentista y negador de la mitad de la sociedad vasca.

Arzalluz/Eguíbar eran conscientes de que si el Estado democrático no hacía concesiones políticas sus aliados volverían al terrorismo. Han querido, sin embargo, correr ese riesgo. Saben que el recorrido de este último tramo de la «liberación nacional» comporta estos riesgos, que puede suponer muertes, que un objetivo tan alto no se consigue con meros discursos y que, en todo caso, la vuelta al terror hay que apuntársela a los que se niegan a ceder políticamente. A los inmovilistas, a los que defienden el Estado de Derecho, a quienes se empeñan en seguir manteniendo la idea de España. Porque a ellos les justifica la Historia y la secular opresión del Estado sobre su nación. Buesa no es su víctima, ni siquiera de ETA, sino de la obcecación españolista.

Desde el pacto de Lizarra, la dirección del PNV apostó por la unidad abertzale con todas las consecuencias. Apostó por el frente nacionalista y supuso una debilidad del Estado democrático que no se ha dado. Los políticos ciegos, los periodistas ciegos tienen en buena medida la culpa de que Arzalluz y Eguíbar hayan podido pensar que el Estado democrático podría hacer concesiones políticas. En esa absurda suposición el PNV ha basado sus esperanzas de paz.

Ahí reside el error, trágico, de Arzalluz/Eguíbar que podrían caer si los políticos ciegos no les ayudaran a ocupar la centralidad del País Vasco. Entre su ayuda y los votos de EH podrá recuperar la hegemonía esta dirección culpable de los errores de estos dos años, incluidos los asesinatos. Pero de los votos de EH hablaré otro día.

JON JUARISTI / ESCRITOR «El proyecto de ETA y de HB es llegar a una guerra civil»
CRISTINA FALLARAS El Mundo 25 Febrero 2000

MADRID.-Jon Juaristi cree que el último atentado de ETA obliga a Ibarretxe a dimitir y a convocar nuevas elecciones en el País Vasco. El autor de El bucle melancólico considera que el nuevo Gobierno debería enfrentar el reto de iniciar una «transición democrática» para salir de la «dictadura socialnacionalista» y abortar el proyecto de ETA y HB, que es «llegar a una guerra civil».

- El gesto de Ibarretxe, su separación de EH, ¿llega tarde?

- Ha llegado tarde, es insuficiente e hipócrita. De hecho, ya se había producido, no supone nada nuevo. Es una muestra de empecinamiento del PNV en no dar marcha atrás en ese frente nacionalista con HB. Es un gesto inútil, pero sobre todo, mendaz. Es una mentira.

- ¿Por qué el PNV no acude, como ocurrió el sábado pasado, a una manifestación contra ETA?

- Ellos sabrán. Yo creo que han estado totalmente atenazados por sus compromisos con HB. Y porque Arzalluz teme mucho más a los ciudadanos que a ETA.

- ¿Es Arzalluz un rehén de ETA?

- El PNV es un rehén de ETA.

- Andan siempre de puntillas, como si no quisieran molestar a los asesinos.

- Les tienen un cariño especial. En definitiva, son gente de su raza, de esa raza imaginaria del nacionalismo vasco. Hay una solidaridad comunitaria y racial con ellos, que está en directa proporción al rechazo a admitir a los no nacionalistas como ciudadanos vascos de pleno derecho.

- ¿La tregua de ETA también fue un engaño?

- Desde el comienzo fue una tregua insidiosa. Al margen de eso y esto, ETA no lo ha ocultado jamás, formaba parte de una estrategia general de lucha armada. ETA no tenía ninguna intención de dejar las armas.

- ¿Por qué vuelve a matar ETA?

- Porque da por terminadas sus vacaciones. Y porque creo que siguen un guión prefijado que es el copiado casi al detalle del IRA y de su estrategia entre el 94 y el 96. Fueron muy directamente aleccionados por los nacionalistas del Sinn Fein.

- ¿Aquello de que se había iniciado un «proceso irreversible» en la pacificación de Euskadi era otra pantomima?

- Yo nunca lo creí, dije todo lo contrario que no había que hacerse ilusiones, porque cuantas más ilusiones se hiciera la gente, la frustración sería mayor. Las ilusiones jugaban a favor de ETA. Era lo que querían, disparar las expectativas de la gente, con lo cual luego se produciría un efecto de desmoralización ma-

yor.

- También conseguía mejorar la opinión sobre ETA y, ahora, incluir en la culpa al PNV.

- El PNV queda aquí como el cornudo de la comedia. Ellos avalaron a ETA, la «buena voluntad de ETA», según ellos. Han conseguido, también, elevar bastante la irritación de los no nacionalistas. Y es de una forma deliberada, porque el proyecto de ETA y de HB es llegar a una guerra civil. De hecho, el imaginario de Otegi en sus últimas declaraciones es irlandés. El cree que está en el Ulster, que hay dos comunidades enfrentadas. Están buscando el enfrentamiento y mucho me temo que, si lo buscan así, lo van a encontrar. Los ciudadanos vascos, los demócratas, en estos momentos están irritadísimos. Es una situación de ira difícilmente contenible.

- ¿Entienden lo que está sucediendo, lo que usted me cuenta?

- Sí, el juego de ETA y HB aparece cada vez más claro, como la actitud y el cinismo del PNV. Entienden, por supuesto, que con este gobierno no se puede ir a ninguna parte, que es necesaria la dimisión de Ibarretxe y su gobierno. Y entienden que un PNV dirigido por Arzalluz, Eguibar, Anasagasti, etcétera, es muy difícil que asuma un planteamiento democrático.

- ¿Qué lleva a un partido democrático a compartir gobierno con los representantes de unos terroristas?

- El PNV es un partido democrático con muy poco entusiasmo por la democracia. Ellos hablan de un tipo de democracia frailuna, orgánica. Han aceptado a regañadientes la democracia parlamentaria. La han estado boicoteando durante años con su estúpido apoyo a esa especie de realidad paralela propugnada por el nacionalismo radical. Lo que le lleva al pacto, de todas formas, es el oportunismo. El PNV es oportunista y chapucero, lo ha sido siempre. Esta vez ha quedado más claro que nunca. Han esperado sacar una rentabilidad de una ETA que creían que iba a morir ya. Han intentado estrujar a la gallina de los huevos de oro, porque para ellos ha sido eso, y han metido a todo el país en una especie de callejón con muy difícil salida.

- ¿Qué resquicio queda?

- Creo que sólo podrá lograrse con una renovación completa del gobierno. El de Ibarretxe es un gabinete de inútiles y hay que plantear unas nuevas elecciones de las que surja un gobierno con la suficiente legitimidad.

- ¿La solución pasa por el diálogo?

- No sé cuál es la solución, pero pasa por la alianza de las fuerzas democráticas contra ellos.

- Eso supondría prolongar la violencia indefinidamente.

- Yo no le veo fin a la violencia. Pero el problema no es la violencia, es la libertad. Se ha deteriorado hasta tal punto la democracia en el País Vasco que tenemos que proponernos como primer objetivo salvarla, salvar las instituciones y la vida democrática.

- ¿Qué lleva a una sociedad a mantener un amplio sector constantemente amenazado?

- Un nacionalismo gansteril y chantajista. Es una nacionalismo basado en un sistema de guerra religiosa contra el no nacionalismo. La responsabilidad casi absoluta es del nacionalismo, pero los partidos no nacionalistas han hecho concesiones vergonzosas en estos últimos 20 años.

- Las instituciones y los ciudadanos parecen tener un cierto pudor a la hora de denunciar eso.

- Yo creo que en el País Vasco se está denunciando claramente. La manifestación del sábado y el movimiento que siguió al asesinato de Miguel Angel Blanco son momentos de abierta denuncia de la ciudadanía.

- Con evidentes dificultades.

- Es difícil oponerse a un nacionalismo que ha ocupado la sociedad, ha ejercido un poder asfixiante y se ha beneficiado de la actuación de un grupo terrorista.

- ¿Cómo se puede «sanear» o «normalizar» la situación?

- Una sociedad vasca que funcione correctamente tendría que revisar todo lo hecho hasta ahora en estos y otros campos. En el País Vasco tiene que darse una transición democrática, que todavía no se ha dado porque el nacionalismo lo ha impedido. Estamos en estos momentos bajo una dictadura socialnacionalista.

Por los senderos de Marte
Joaquín Navarro Estevan La Estrella 25 Febrero 2000

El 23 de febrero de 1984 quedará para siempre uncido a mi memoria. Era, desde febrero de 1981, magistrado-juez decano de San Sebastián y tenía una buena amistad con Enrique Casas. Pocos días antes habíamos comido mi mujer y yo en el domicilio de Enrique y de Bárbara, su mujer. Tenían una niña de pocos meses y la vivienda era sencilla y acogedora. Cuando aquel 23 de febrero nos llegó la noticia del asesinato de Enrique, la recibimos como una coz en el alma. Un pistolero de los llamados Comandos Autónomos Anticapitalistas llamó a su casa manifestando que era miembro de una brigada de obras municipales y tenía que entrar a comprobar algo. Enrique -que no tenía protección de ningún tipo- abrió con naturalidad. El individuo fue dsparándole desde la entrada hasta el dormitorio. Enrique era en aquel momento senador y secretario de organización del PSE-PSOE de Guipúzcoa. Eran notorias sus profundas diferencias con Ricardo García Damborenea.

Me acerqué de inmediato al domicilio de Enrique. Entonces había policías a barullo. En la puerta, dos. Llamé repetidamente, se abrió la puerta, ví a Julen Elgorriaga que la abría y él  me vió a mí y cerró violentamente. Era gobernador civil de Guipuzcoa y me acusaba de que, al denunciar la tortura y la guerra sucia, obstruía la acción policial contra el terrorismo. Ahora lo vemos como lo vemos.

Volví a llamar indignado y esta vez abrió José Antonio Maturana. Me dijo que Julen no me había reconocido. Este se encontraba en el pasillo de entrada, demudado como un muerto. Pasé a su lado despectivamente. Lo único que me interesaba era saludar a Bárbara y al hijo de Enrique y acompañarlos un rato. El cuadro era desolador. La misma casa que Pura -mi mujer- y yo habíamos visitado días antes, llena de palabras y de vida, estaba fría, lóbrega y silenciosa. A los pocos minutos llegó el lehendakari Carlos Garaicoetxea. Los Elgorriaga de turno -pocos en realidad- lo recibieron rezongando miserias. Estuvo efusivo y elegante.

Tanto ETA como HB rechazaron aquella monstruosidad y hablaron de error político y de provocación. Al parecer, los Comandos aquellos actuaron por libre para demostrar que existían. Era las única forma de demostrarlo. Habían hecho algo sin precedentes desde el nacimiento de ETA: asesinar a un dirigente socialista. Habían elegido, además, a un ciudadano de Guadix, a un auténtico maketo.

Escribo todo esto porque el asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez, el pasado día 22, me recordó aquel 23 de febrero de hace dieciséis años. Era un recuerdo a contravida, volver a pasar por el hondón del alma el tizón de aquel dolor y el puñal de aquella cólera. Dieciséis años y aún la sangre asesinada empapando la tierra de Euskadi. Ni las conversaciones de Argel con su tregua esperanzadora, ni la nueva tregua de 1996 ni esta última que parecía definitiva. Todo por la borda. Aquel terrible llamamiento de Pablo Neruda en el Madrid acorralado de la guerra civil “¡Veníd a ver la sangre por las calles!” sigue estando vigente. La sombra de Caín continúa vagando por Celtiberia con su quijada de burro en bandolera. Y la muerte española sigue siendo tan terrible y feroz como en los peores momentos de nuestra historia. “Aquí pasó lo de siempre / han muerto cuatro romanos / y cinco cartagineses”.

Todo parecía preparado para la paz. Aquel 16 de septiembre de 1998, cuando ETA hace público su comunicado anunciando una tregua indefinida, debió ser el comienzo del fín de todos los terrorismos. Así nos lo pareció durante seis meses. Aunque las cosas iban lentas, todavía no habitaban entre nosotros la impaciencia y el maximalismo de unos y la inflexibilidad y la máxima retórica de otros. Aún perduraba el gozo germinal de la tregua recién nacida. Si entonces alguien nos hubiese dicho que el 22 de febrero del 2000 ETA seguiría matando y que a las 16´40 horas de ese día iba a asesinar a un diputado socialista y a un ertzaina lo hubiésemos rechazado por imbécil. Después vino la congelación del proceso y la implacable sustitución en todas las esquinas de la gente de paz por los señores de la guerra.

Hasta que asistimos a la ruptura de la tregua y al pulso entre nacionalistas y no nacionalistas. Hasta que llegó la tremenda pesadilla del asesinato de Pedro Antonio Blanco. Parece un fatal destino del apellido. Miguel Angel Blanco, Pedro Antonio Blanco y Fernando Buesa Blanco. Se habían roto las últimas esperanzas de recuperación de la tregua. Aunque parezca una barbaridad decirlo, muchos respiraron aliviados. La guerra y la violencia son más fáciles, plantean menos problemas logísticos, menos empacho negociador y una tensión más relajada. La agresión   es siempre mucho más fácil que la disuasión. La embestida no exige razonamientos ni diálogos. La guerra es como una necesidad y no tiene ley.

Junto a la ferocidad del asesinato, la imbecilidad de sus autores.  Han conseguido romper el pacto de gobierno PNV-EA-EH, poner contra las cuerdas el Pacto de Lizarra, desjarretar la Asamblea de Municipios Vascos, quebrar la unidad nacionalista, liquidar la plataforma unitaria por los presos, envenenar aún más la convivencia y realzar a los “enemigos de Euskadi”, según la propia filosofía política de tan bizarros matones.

Todo muy hermoso, limpio y razonable. Los heraldos de la muerte, los amigos de la violencia, los guardianes del dogma y los verdugos de todos los calibres brindan entusiamados. Son los habitantes de los senderos de Marte donde, según García Lorca, “vomitan muerte los borrachos”. Fernando y Jorge, Jorge y Fernando, muertos para siempre por decisión de unos matones burdos y oligofrénicos. Mientras tanto, nos seguimos muriendo por los cuatro costados “y también por el quinto de un Dios que no entendemos”, como decía Gabriel Celaya, poeta vasco de Hernani.

Ni guerra ni paz
MANUEL HIDALGO El Mundo 25 Febrero 2000

En el País Vasco no hay una guerra. En el País Vasco, unas decenas de individuos con la connivencia o / y el aplauso de unos miles de personas más asesinan a otros de entre todos los demás, y algunos de esos miles, partícipes de una cultura de la violencia, hostigan los domicilios, los negocios y las vidas del resto de los ciudadanos que no piensan como ellos.

Eso no es una guerra. Eso es una práctica fascista por parte de una minoría que, aunque se diga demócrata y reclame más democracia, es totalitaria y, además, es ciega y cínica puesto que no reconoce ni la democracia de la que disfruta en beneficio propio ni la libertad que, en el uso indecente de esa democracia, merma a los demás.

Por tanto, lo primero que hay que hacer, puesto que no hay guerra, es no hablar de paz. Hay que hablar del fin de la violencia y del delito. Hablar de paz significa reconocer la existencia de una guerra que no existe y conceder, por la vía del lenguaje mal usado, una baza psicológica a los violentos, que constituidos en parte simétrica a la de los otros presuntos beligerantes se cargan, ilusoriamente, de razones para proponer un armisticio que, como es lógico en una negociación entre bandos, les devenga algunos frutos.

En el País Vasco hay democracia, y en democracia no hay otra guerra que la batalla blanca de las ideas, de los proyectos y de las ilusiones colectivas patrocinadas por cada cual y sustanciadas en los votos.

Los nacionalistas democráticos deben volver a comprender esta regla del juego elemental, marginar a aquéllos de sus dirigentes que parecen haberla olvidado y aplicarse a seducir con sus objetivos a una mayoría holgada, muy holgada, de la población para que sean viables. La independencia, señor Arzalluz, no se puede lograr con un 51%. ¿Qué futuro espera a un país enconadamente partido por la mitad, calle por calle, casa por casa, con uno sojuzgando a otro uno?

Los nacionalistas democráticos deben usar la democracia y la libertad para, en efecto, seducir, ilusionar y convencer a sus conciudadanos, pero deben tener en cuenta que esa misma democracia y libertad permite a los demás rechazar y combatir cultural y políticamente sus ideas sin que por ello tengan derecho a ponerse nerviosos, a sentirse víctimas y a querer tomar atajos del brazo de los que matan o de los que no condenan la muerte. ¿Cómo iban a convencer a todos los que pueden morir de la bondad de sus planteamientos si caminan al lado de los que les pueden matar?

Son ideas sencillas, dichas en voz baja, y consonantes con el único grito posible: ¡viva la libertad!

Váyanse  
Por ALFONSO USSÍA ABC 25 Febrero 2000

LE voy a contar lo que muchos ignoran, Javier Arzallus. Mi abuelo materno, Pedro Muñoz-Seca, se hallaba ante el pelotón de fusilamiento. Gélida mañana de noviembre en Paracuellos del Jarama. Pocas horas antes, en el colegio-checa de San Antón, les había dicho a sus verdugos: «No os creáis que me habéis quitado todo. Hay una cosa que no sois capaces de quitarme. El miedo». Allí en Paracuellos se sintió fuerte y cambió su mensaje: «Sois tan poca cosa, tan pobres asesinos, que me habéis quitado hasta el miedo». El miedo, Javier Arzallus, la superación del miedo, es la prueba definitiva de la valentía.

Se lo cuento para ligar mi estado de ánimo respecto a usted. Quizá no lo consiga, porque una tristeza hondísima me impide, quizá, descubrir la luz entre tanta oscuridad, mugre, y nubes perversas. Sus palabras y actitudes de los últimos meses, de los últimos días, de las últimas horas, —olvidémonos de toda su trayectoria—, me tenían prisionero de la indignación, más aún que del estupor. Pero es usted tan poca cosa, tan pobre y quebradizo, tan ridículo y cobarde, que me ha quitado la ira. Siento —y no es la primera vez—, pena por usted. Lástima y benevolencia. Porque en el fondo de su conciencia, aunque no emerja, tiene que haber un movimiento, un tinglado, un maremágnum de confusión e innecesariedad que le convierte en víctima de sí mismo, de su odio, de su fundamentalismo, de su decidido camino hacia la nada. De su fracaso, Javier Arzallus, que ya se dibuja en su expresión de intranquilidad y agobio. Usted no está enfadado. Usted está devorado por su propia necedad. Y siente un miedo invencible. Esa incapacidad de vencer al miedo, es lo que le hace sufrir, porque sabe mejor que nadie, mucho mejor que nadie, del coraje y la valentía de tantos paisanos suyos, vascos que se ofrecen a la elección, políticos populares y socialistas, representantes elegidos por el pueblo, que triunfan día tras día contra el miedo que usted, Javier Arzallus, y sus socios del terror, imponen a los vascos que no son nacionalistas. Usted fue un hombre de Dios, Arzallus, y algo le habrá quedado de aquella época de sacerdote confuso. Otra cosa es que, de tanto envenenar, el primer envenenado sea usted y no se atreva a reconocerlo. Su iracundia es debilidad, su contundencia es duda, su seguridad es angustia. Está usted cagadito de miedo, Javier Arzallus, aún sabiendo que ninguno de sus adversarios políticos, ninguno de sus detractores, ha pensado en devolverle su cuota de violencia. A usted nadie le va a tocar ni un pelo, y está muerto de miedo. No entiendo el porqué de su obsesión de preservar su integridad física con un dispositivo de seguridad tan impermeable. Los que matan, los que destrozan las vidas y las familias, los que destruyen todo, nada tienen contra usted. Es más; le respetan profundamente. Y los que lloran los asesinatos, los destrozados, los destruidos, los inocentes, no odian, Javier Arzallus, ni son vengativos, ni conciben la brutalidad ni la violencia. ¿De quién se guarda? ¿De quién se protege? ¿A quién teme, además de a usted mismo? Tranquilo, Arzallus. Sólo los que usted defiende a capa y espada, a serpiente y hacha, a Estella y locura, sólo ellos asesinan. Los que lloramos a los asesinados, los que sufrimos, los que esperamos, los que soñamos con un País Vasco recuperado y libre, somos los que le ampararíamos si sus socios y amigos alcanzaran un día el poder. ¿Ante quién se humilla y por qué se esconde?

Sabemos que no ha sido usted el que ha asesinado a Fernando Buesa, el valiente parlamentario socialista vasco y a Jorge Díaz, su «ertzaina» de seguridad. De haberle correspondido a Jorge Díaz formar parte de su escolta, nada le habría sucedido. Sabemos que no ha sido usted el terrorista que ha dispuesto la bomba y la muerte, pero, ¿usted está igual de seguro que nosotros? Ese es su problema, Javier Arzallus. Esa es la razón de su miedo.

Me ha dejado sin ira, sin indignación, sin cólera. Me acompaña sólo el desprecio y la piedad. Deje de esconderse, Javier Arzallus. Ya que no es capaz de superar el miedo que se tiene a sí mismo, retírese, váyase. Con los suyos, con sus cobardes, con sus locuras y perversidades. Váyanse. Fuera. A la putísima mierda, Javier Arzallus.

La bandera que no cubrió a Buesa
ANTONIO BURGOS El Mundo 25 Febrero 2000

Como vivo en provincias, de vez en cuando me hago preguntas como recién caído de un guindo. Por ejemplo, hoy me pregunto en voz alta, y lo pongo aquí por si alguien me puede responder: ¿la Constitución, es políticamente correcta? ¿O es que ha sido derogado su artículo 4? No sé, es que a lo mejor se ha derogado y no me enteré, que estaba de viaje por el extranjero y no leí periódicos españoles en esos días. Algo así como cuando en el veraneo no lee uno el periódico del pueblo y a la vuelta de las vacaciones, como no vio las esquelas, da aún por vivos a los oscuros muertos de agosto.

Me hago todas estas preguntas porque el personal se ha cogido un cabreo bastante justificado con la actitud que ese exclaustrado políticamente indeseable, un tal Arzalluz, tuvo durante los actos fúnebres por Fernando Buesa y Jorge Díez Elorza. Los cabreómetros echaban humo con toda la razón. Además de separatista, mal educado. Señor: si va usted a un funeral, es de mínima educación dar la cabezada a los dolientes. Si no se quiere dar el pésame, pues se queda usted en su casa, nadie le pone una pistola al pecho para que vaya, aunque mentar la pistola a este tío quizá es la soga en casa del ahorcado.

Sobre el ataúd de Fernando Buesa había dos banderas, dos legítimas banderas. La vieja y noble bandera del Partido Socialista, la de tantas ilusiones de muchos españoles en 1917, en 1931, en 1982. Y la honrosa bandera del Estatuto vasco, que me merece el mismo respeto por lo menos que mi verde y blanca. Pero será que soy un antiguo, o un provinciano, o un provocador, o las tres cosas a la vez, pero, la verdad, eché en falta una tercera bandera. Una bandera que dice el artículo 4 de la Constitución que está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja. Si Fernando Buesa era un españolista y un constitucionalista, según sus asesinos y quizá también según los que no dan el pésame ni aunque se lo mande el médico, la bandera que también debía cubrir el ataúd del representante asesnado del pueblo vasco era precisamente esa que dice el artículo 4. Pero no lo tomen demasiado en cuenta. Como vivo en provincias, a lo mejor resulta que ese artículo 4 de la Constitución ha sido derogado. Y yo sin enterarme... www.antonioburgos.com

La trastienda
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 25 Febrero 2000

Si la banda etarra tiene una retaguardia que, por lo que algunos dicen, conoce las zozobras de la vida laboral después de haber disfrutado en algún caso las emociones del crimen al por mayor, también dispone de una amplia trastienda en la que los tratos y acomodos suceden a las rupturas y a los entierros.

Hasta ahora, en las instituciones democráticas del País Vasco, no ha habido cadáver capaz de impedir la formación de gobierniko. Siempre, por detrás de la retaguardia, han aparecido los encargados de la trastienda del terror para gestionar el mal menor, que allí siempre supone admitir el mayor, o sea, el nacionalismo, inseparable del terrorismo desde hace mucho tiempo.

Pero ETA no sólo dispone de una trastienda vasca. A su vez, esa trastienda dispone de otras instalaciones muchísimo mayores, bajo la marca comercial Declaración de Barcelona S.L., con Pujol de mozo de almacén y Beiras de mozo de cuerda. En un alarde de usurpación institucional y desprecio a los ciudadanos no nacionalistas de Cataluña y de toda España, la Generalidad presidida por don Jordi emitió anteayer una notita en la que lamentaba, etcétera, pero en la que, ojo, no se dudaba de la buena fe del PNV al hacer lo que ha hecho, que es el pacto de Estella, cuyos fines expresos son la destrucción del Estado Constitucional español, la anexión de Navarra, la conquista de un pedazo de Francia y la constitución de un Estado Totalitario racista, genuinamente euskaldún, dirigido a medias por la ETA y la ETA, con Arzalluz y Egibar de bersolaris y Atucha de espatadantzari. Que los etarras pretendan ese disparate no puede sorprender a nadie. Es lo suyo. Pero que se diga que cuando el PNV se une a ETA en Estella después de las movilizaciones por el asesinato de Miguel Angel Blanco, lo hace por «buena voluntad» o para impulsar un «proceso de paz» que consiste en la aceptación del dictado terrorista-nacionalista, es una broma macabra. De buena fe, nada.

Y todo menos buena fe hay en la declaración de la Generalidad urdida por Pujol para sacar la cara por su cofrade Arzalluz. Sabemos perfectamente (y el que no se entera es porque no quiere) que Pujol está a la espera del resultado de Estella para montar un tinglado similar. Contando además, con un PSC federaliísta a lo 1934, llevado por Maragall y Serra a un nacionalismo que, mirando a Vitoria, produce repugnancia. La cuestión de fondo es que ni Ibarretxe quiere ser el presidente de todos los vascos ni Pujol el de todos los catalanes. El negocio nacionalista es la discriminación. Sólo varía la trastienda.

El fin de una ilusión
JAVIER ELZO El País 25 Febrero 2000

En el doble sentido del término ilusión. Como espejismo y como esperanza. Espejismo pensando que un sector de Euskal Herritarrok había llevado a HB a la mayoría de edad política, emancipándose de su gran hermano. Algo así, se decía, como el Sinn Fein frente al IRA. Pero eso era olvidar que el MLNV no es una entelequia y que en el MLNV manda ETA y los demás obedecen. Esperanza de una sociedad de que, al fin, la pesadilla de ETA podría acabarse. Los partidos nacionalistas dejaron muchos jirones de su identidad con la apuesta de Lizarra. Muchos de sus militantes no lo entendieron pero lo daban por bueno como forma de atraer a ETA al redil de la democracia. No digamos nada de la ciudadanía que vivió con esperanza la tregua aunque últimamente con desesperanza ante la persistencia de la kale borroka todos los fines de semana. Muchos hemos vivido todo esto desde la esperanza ilusionante de que el llamado proceso de paz abocaría a lo que los ciudadanos hemos entendido como lo que es, llamando a las cosas por su nombre, la desaparición definitiva de ETA. Incluso el primer asesinato después de la tregua, el del teniente coronel Blanco en Madrid, leído bajo el símil irlandés, hizo decir en no pocos mentideros (no solamente nacionalistas, doy fe) que eso no era sino una llamada de atención. Una forma de hacer presión pero nada más. Había quien creía, incluso, que ETA entraba en una tregua no declarada. Era como agarrarse a un clavo ardiendo para no perder no fuera más que el fantasma de la ilusión. El doble asesinato de Fernando Buesa y de su escolta, el ertzaina Jorge Díez, el martes pasado en Vitoria ha hecho añicos toda ilusión.

Algunos dirán que era cosa sabida. Sin embargo, hablando de ETA y HB hay, al menos, tantas cosas sabidas como sobresabidas. Más elucubración y conjeturas que análisis riguroso, intelectualmente sostenido y contrastado más allá de la descalificación displicente. Creo que las direcciones del PNV y de EA cometieron un error con la apuesta de Lizarra-Garazi. Muchos la entendimos, a regañadientes, como la pista de aterrizaje de ETA, pero nos alarmamos cuando constatamos, al paso del tiempo, que había dirigentes que la habían entendido como pista de despegue hacia no se sabe bien qué objetivos. Lo que contuvo a los militantes y simpatizantes del PNV y de EA fue, claro está, la ilusión de la desaparición de la violencia sin olvidar el despecho, y consiguiente enquistamiento, ante tanto insulto en determinados medios de comunicación españoles (nacionalista igual a violento) y tanta intransigencia en no pocos dirigentes no nacionalistas, léase PP muy particularmente.

Me parece absolutamente clave para entender la situación a la que hemos llegado realizar un análisis del proceso político que ha propiciado que del binomio demócratas frente a violentos, dominante hasta hace cuatro años, hayamos pasado al binomio dominante nacionalistas versus constitucionalistas (o nacionalistas vascos versus nacionalistas españoles, o, peor aún, vascos contra españoles). No es el momento de hacerlo, pero sostengo que arrojaría responsabilidades entre los nacionalistas y entre los estatalistas, cada cual obviamente diciendo que el responsable principal es el otro, y todos que mi afirmación es equidistante, luego ambigua y banal. Además tengo la percepción de que todos en un determinado momento, que se hizo absolutamente patente después del asesinato de Miguel Ángel Blanco en julio del 98, se sintieron más cómodos posicionándose como nacionalistas o no nacionalistas que como demócratas o violentos. Ahora bien, lo relevante es saber si el trastrueque de los binomios es exacto, si responde a la realidad de las cosas y si ha servido en algo para resolver el mayor problema que hay en España: la existencia de ETA y de un sector importante de la sociedad vasca que la apoya, aun en grados diversos. Veámoslo brevemente.

Que hemos pasado de enfrentarnos (o afrontarnos, al menos) demócratas por un lado y violentos por el otro a afrontarnos nacionalistas-no nacionalistas valga, como botón de muestra, comparar las manifestaciones por la libertad de Aldaia u Ortega Lara, por ejemplo, y la última del "¡Basta ya!" en San Sebastián el sábado 19 pasado. O los gritos de dimisión a Ibarretxe cuando entraba en la catedral de Vitoria para asistir al funeral de Buesa, gritos repetidos horas después ante su residencia.

Que hay proyectos políticos diferentes en el País Vasco es evidente. De ahí que sea legítimo decir que el "contencioso vasco" tiene un fondo y una raíz políticos. Pero es erróneo concluir que la existencia de proyectos políticos diferentes sea la causa de la violencia en el País Vasco, ni que sea la única fractura social en la sociedad vasca. Ni siquiera que conforme la fractura social más importante. El problema político número uno de Euskadi y la causa de la violencia es ETA. La explicación de su persistencia está, fundamentalmente, en el apoyo que recibe en una parte importante de la sociedad vasca.

En fin, el trastrueque en la importancia relativa acordada a estos dos binomios en los que se manifiesta, entre otros, la pluralidad de la sociedad vasca trasladando el acento de la barrera ética a la opción politico-nacional me parece que ha sido letal, porque, inevitablemente, los acentos se han desplazado a los extremos, polarizando al máximo los proyectos políticos y difuminado los discursos más moderados. Así, HB ha arrastrado en su radicalidad al nacionalismo moderado y el PSOE, durante demasiado tiempo, no ha tenido en este punto un discurso propio frente al del PP, que además se ha radicalizado en los últimos tiempos. Esto no quiere decir en absoluto que se ponga en el mismo plano a HB y al PP, lo que me parece insostenible. Simplemente significo que al poner en primer plano de la pluralidad de la sociedad vasca la disyuntiva de la pertenencia a España frente a la pertenencia a Euskadi, por delante del referente ético, las posturas extremas tienen las de ganar. Por eso el PNV, EA, PSOE e IU pierden posiciones con el trueque. En consecuencia, ETA se envalentona y fuerza posiciones con Udalbiltza. PNV y EA, con graves disensiones internas, acceden. Después ETA pide una consulta con circunscripción única en los seis territorios vascos, Iparralde comprendida. Al fin, PNV y EA responden que eso es un dislate absoluto e intentan contemporizar, pero el Gran Hermano, insatisfecho y, a lo que parece, de nuevo bien pertrechado, rompe la tregua.

Si mi análisis es correcto, varias conclusiones se imponen. El intento, laudable y en todo caso único, del PNV, EA e IU materializado en Lizarra ha fracasado. Más precisamente, sus frutos son más negativos que positivos (que los hay, pero todo no cabe en un artículo de prensa). Luego hay que rectificar rompiendo con Lizarra. Nada de congelarlo. Romperlo. Por lo que al nacionalismo vasco se refiere, en lo concreto siempre he abogado por un entendimiento con el PSOE. Lo dije después de las últimas elecciones autonómicas y lo repito hoy. La razón sociológica es que PNV, EA, IU y PSOE conforman la centralidad de la sociedad vasca. Una sociedad que es mayoritariamente nacionalista y mayoritariamente de izquierdas. Todo en un tono moderado: moderadamente nacionalista, en el número y en el talante, y moderadamente de izquierdas, siendo la excepción en ambas características el mundo del MLNV. Ponerlo en el eje y centro de la política vasca es un error monumental. Pensé algún tiempo que el eje PNV-EA podría liderar esa sociedad. La aritmética me dice que me equivoqué, amén de que aún (más los dirigentes que los militantes) siguen a la greña, como corresponde a los hermanos separados.

El bloque conformado por el nacionalismo moderado y el españolismo (o como quiera el lector denominarles) que sea respetuoso con la singularidad vasca pueden centrar la sociedad vasca, sin excluir a nadie, a excepción de los que se excluyan del diálogo, debate y negociación civilizados. Más aún, sin romper en absoluto los lazos con aquellos de HB que acepten las reglas del juego y confrontación democráticas. Para que se me entienda: la noche del doble asesinato de Vitoria, en la televisión local de San Sebastián, Tele-Donosti, difundieron un espléndido debate, grabado previamente al atentado, entre Savater y Patxi Zabaleta. Necesitamos muchos de esos debates. Antes y después de los atentados. Que desgraciadamente me temo que no han terminado. Javier Elzo es catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto.

De Ermua a la nada pasando por Estella  
Carlos MARTÍNEZ GORRIARAN ABC 25 Febrero 2000

La conmoción provocada por el cruel asesinato de Miguel Angel Blanco se convirtió en una reacción contra ETA y su brazo político, Herri Batasuna. Aquellos días inolvidables, la multitud que ocupó la calle en el País Vasco buscó las sedes de HB, permaneciendo en frente durante horas. Ahora es el PNV y el Gobierno Ibarretxe, en lugar de HB, el objeto fundamental de las críticas y del rechazo popular. "Ibarretxe dimisión" era el miércoles uno de los gritos más coreados en Vitoria durante la manifestación por los asesinatos de Fernando Buesa y Jorge Díez. A nadie parece preocuparle demasiado la existencia de HB o EH, definitivamente englobada en la constelación ETA cuya disolución se exige.

¿A qué se debe este cambio? Durante la lenta tragedia de Ermua, el lehendakari Ardanza tuvo los reflejos suficientes y se puso al frente de las instituciones vascas. Si no dirigió el movimiento cívico, si que lo encabezó simbólicamente. Ardanza, mucho más respetado que su sucesor en circunstancias comparables, hizo entonces una proclama solemne de ruptura con ETA y todo lo que representaba. Proclama que su partido, el PNV, ignoró casi de inmediato, zambulléndose en la estrategia de Estella pactada con ETA. ¿Qué había pasado en la trastienda mientras Ardanza prometía perseguir hasta el fin a los asesinos de Miguel Angel Blanco? El dato fundamental es que en la cúpula del PNV se extendió el pánico a que una derrota social de ETA conllevara la del nacionalismo en general. Existía además una teoría política de recambio, el soberanismo, fabricada en la sombra por Juan Mari Ollora, Gorka Agirre y Joseba Egibar, entre otros.

El soberanismo ofrecía la doble ventaja, profundamente ilusoria por lo demás, de pactar con ETA una salida del terrorismo que, a continuación y gracias a la tregua de asesinatos, daría al nacionalismo un apoyo social suficiente para obtener, si no la independencia de un Estado Vasco a la manera tradicional, algo bastante parecido (el ámbito vasco de decisión). Es decir, el PNV y HB superarían su declive electoral y la decadencia de su ideario gracias a una paz negociada en funciones de moneda de cambio. El pacto de Estella, suscrito por todos los partidos y sindicatos abertzales, más los tontos útiles de IU, consagraba esta fórmula visionaria que un aciago día sedujo al omnipotente Arzalluz. Y en efecto, Estella fue avalada al principio por la tregua indefinida de ETA, que parecía ratificar el acierto de la idea.

Ahora bien, era ETA, como se fue viendo, quien se apuntaba el éxito de la operación. El PNV pasaba, en la práctica, a desempeñar un papel secundario y cada vez más insostenible, a la zaga de los terroristas. Con el fin de la tregua, el incremento de la kaleborroka y el primer asesinato, el PNV, guíado por un Arzalluz cada vez más parecido a un basilisco trastornado o a un esperpento valleinclanesco, se había situado el solito en el dilema de elegir entre lo malo y lo peor. Lo malo consiste en desandar el camino recorrido, entonar el mea culpa y volver al redil estatutario. Pero esa elección supone romper con Estella y enfrentarse a ETA. Algo prácticamente impensable para la actual dirección peneuvítica, que ha ido quemando todos sus puentes con el mundo del españolismo, esterilzando incluso el esfuerzo de acercamiento intentado por algunos socialistas -algunos convencidos y otros simples oportunistas. Todo indica que, mientras permanezca la dirección presidida por Arzalluz, la elección del PNV seguirá siendo lo peor, esto es, unir su suerte a la de un pacto de Estella al que ETA ha dado el tiro de gracia asesinando a Fernando Buesa.

La catástrofe parece tan inevitable como necesaria. Pues es evidente que sólo la completa relegación de los dirigentes actuales, con una profunda autocrítica de sus últimos desvaríos, que incluyen responsabilidades políticas y morales por los actos criminales de ETA, reconvertirán al PNV en un partido nacionalista con alguna credibilidad. Pero para eso es necesaria la ordalía previa del descalabro electoral. En las elecciones generales el PNV se beneficiará todavía del gran favor que le hace HB al preconizar la abstención. Sin duda cosechará votos batasúnicos, pues el toque a rebato ante la demonización del nacionalismo alarmará a muchos nacionalistas radicales que verán en el partido de Arzalluz un voto útil necesario.

Otro gallo cantaría si Ibarretxe fuera consecuente con sus promesas -algo imposible de creer-, disolviera el Parlamento autónomo y se convocaran elecciones autonómicas anticipadas. Pero la perspectiva de una cámara de Vitoria con todos los nacionalistas en minoría y fuera del gobierno pone los pelos de punta al auténtico poder del PNV, esos dos o tres mil liberados colocados en los centros nerviosos de las empresas públicas y semipúblicas vascas. La catarsis, ya se sabe, comienza por la cartera en las sociedades opulentas. Algunas poces voces críticas se han levantado para pedir las elecciones anticipadas -José Angel Cuerda- o recordar la obviedad común de que el conflicto vasco no es otro que la existencia mortífera de ETA.

Por eso Ibarretxe trata de ganar tiempo dilatando la única decisión digna que le queda, mientras Arzalluz, que sin duda nos regalará con nuevas y asombrosas revelaciones en los próximos días, prosigue su enloquecida fuga a ninguna parte acusando al PP, al CESID y a los marcianitos verdes de las consecuencias de sus propios errores y excesos: un repudio popular cada vez más extendido entre la ciudadanía vasca. Xabier Arzalluz está a punto de conseguir la conversión del partido centenario fundado por Sabino Arana -al que nadie niega méritos importantes en algunos momentos de su larga historia, como la defensa del Estado de Derecho en plena guerra civil, personificada en la figura de Manuel de Irujo- en una secta mesiánica dedicada al cultivo del delirio paranoico más desenfrenado.

Pudo verse en las insólitas imágenes del Gobierno Vasco saliendo por la puerta trasera de la catedral de Vitoria, incapaz de enfrentarse al enfado general.

Pujol y los amigos del PNV
ABC 25 Febrero 2000

No siempre da ventajas a los nacionalismos aunarse en el mismo nicho conceptual, aunque sea por puro compromiso. A Arzalluz le irritaba sobremanera la contundencia con la que el sabio Josep Tarradellas desvinculaba con ademán gaullista el catalanismo de la arcaica visión etnocéntrica de Sabino Arana, del mismo modo que la «Unió Democrática» de Duran Lleida en muchas ocasiones siente la incomodidad de su «jumelage» democristiano con el PNV.

Más allá del fundamentalismo y los esencialismos identitarios, en Cataluña es imposible desvincular ETA de la mortífera humareda del atentado a Hipercor. Lo demás es pura hipocresía que corresponde a esa cortesía cómplice que los nacionalismos se creen obligados a mantener recíprocamente.

Por eso Jordi Pujol ha subrayado explícitamente la necesidad de dar pleno apoyo a la acción policial contra el terrorismo de ETA, con el respaldo sin fisuras de los partidos políticos. Es un sostén explícito al aislamiento de ETA. De la misma manera, el presidente de la Generalitat ha declarado a Onda Cero que la ruptura con Euskal Herritarok por parte del Gobierno Vasco era un paso muy acertado. No hace falta el uso de escáner para leer entre líneas: Pujol apuesta por la visión de Estado frente al extravío en incremento del PNV de Arzallus. Desde Cataluña, la clave tal vez sea un PNV sin Arzalluz, aunque esas cosas se piensan pero no se dicen.

Tras el tajante repudio al último atentado de ETA, lo único que puede hacer el nacionalismo pujolista es hacer rogativas para que el PNV encarrile sus mejores afanes. En los centros estratégicos de Convergencia todavía se piensa que —como dijo ayer el consejero de Presidencia, Joaquim Triadú— que situar al nacionalismo vasco en la marginación sería un error porque el proceso de paz en el Pais Vasco «es impensable sin un protagonismo del PNV». Ahí se sitúa la perpetua frontera entre los deseos y las realidades.

En cuanto a una aproximación genérica a los nacionalismos, la evidencia de una asimetría creciente viene a dar, una vez más, la razón a Josep Tarradellas. Esa es una proximidad que quizás no sea del gusto íntimo de Jordi Pujol pero le permite asegurar –como ha hecho estos días-. Que Cataluña da su apoyo total a la acción policial y política contra ETA. En estas cuestiones, nunca está de más que la libertad tenga una clara naturaleza prioritaria sobre la complicidad.

Las mentiras más crueles 
Por GONZALO SANTONJA ABC 25 Febrero 2000

TELEFONEO nada más llegar a un destacado militante del PSOE, buen amigo a través de todos los tiempos, y su mujer, con nerviosismo cortante, me pide que cuelgue. Al cabo de pocos minutos me devuelve la llamada: «Perdona, Juan no había llegado al despacho». Estoy en San Sebastián.

«¿Cómo estás?», me pregunta, tal vez extrañada por mi silencio. Y siento un poco de vergüenza y mucha amargura cuando contesto que me encuentro bien, con problemas, claro, pero bien, como todo el mundo. «¿Como todo el mundo?», repite ella, «que más quisiéramos».

Algunas horas después almuerzo con un paisano de Salamanca, militar, compañero de promoción de aquel comandante, Luciano Cortizo, asesinado en León por ese método, especialmente canalla y cobarde, del coche bomba. Poco antes de acabar se adelanta al coche: «Me he dejado el móvil». Le veo por la ventana: se agacha, mira los bajos, abre la puerta, conecta el motor y vuelve a buscarnos. «¿Has llamado?», le pregunto. «Sí», me contesta. Sabe que corre un riesgo y sencillamente, sencilla y admirablemente, no quiere compartirlo con quienes le acompañan en su tenaz y callada defensa de la normalidad.

Un colega y muy querido amigo, acreditado escritor, uno de los impulsores del reciente manifiesto contra la intolerancia del nacionalismo excluyente (insisto en el matiz: del nacionalismo excluyente, que no del nacionalismo), me ofrece de aclaración muda un ramillete de fotografías. Son las de la farmacia de su mujer...quemada una noche de tantas. El primer afán de cada mañana consiste en echar un ojo. «Mientras se quede en eso...». Terribles palabras: «mientras se quede en eso...». O sea, que las llamas y los petardazos, la destrucción y el incendio, ya están asumidos, pues forman parte de la normalidad cotidiana.

Hay quienes callan, dando así la razón a Stevenson: «Las mentiras más crueles a menudo se dicen en silencio».

Crimen y error
Alberto Piris* La Estrella 25 Febrero 2000

Cuando Napoleón descubrió en 1804 un complot para asesinarle, financiado por Inglaterra, reaccionó con ira. La policía, sin pruebas, atribuyó la dirección de la trama al joven duque de Enghien, vástago de la casa de Borbón, que residía entonces en Alemania como emigrado político. Secuestrado allí y trasladado a Vincennes, fue juzgado, condenado y ejecutado pese a la intercesión en su favor de la emperatriz Josefina.

Se cuenta que Chateaubriand, a quien Napoleón había conferido responsabilidades diplomáticas, exasperado por el hecho exclamó: "Es peor que un crimen: es un error". A partir de ese momento se convirtió en enemigo del emperador, quien con esta brutal acción, en vez de reforzar su prestigio internacional logró incrementar la enemistad de todas las potencias europeas.

Por bárbaro que haya sido el asesinato de Fernando Buesa en las calles vitorianas, y a pesar del dolor que tan cobarde acción ha sembrado en tantas personas, habría que convenir con Chateaubriand en que, también en este caso, es peor que un crimen, porque se trata sobre todo de un grave error político cometido por la banda terrorista.

¿A quién puede beneficiar el asesinato del dirigente socialista vasco? Solo a los partidarios del "cuanto peor, mejor". Pero ocurre que éstos, en una España democrática, por imperfecta que su democracia pueda ser todavía, y en un País Vasco gobernado por sí mismo con unos niveles de autonomía impensables hace todavía pocos decenios, constituyen una minoría inapreciable. Y aunque la insignificancia política de un grupo de personas haya de ser objeto del mismo respeto que el que se otorga a mayorías más numerosas, en este caso, quienes todavía creen que solo empeorando el clima político y social pueden obtener algunas ventajas para su opción política, unen a su condición minoritaria la más repugnante de asesinos terroristas, lo que les descalifica definitivamente en cualquier competición política regida por las normas de una sociedad democrática.

Si en el entorno de los dirigentes etarras o en los órganos directivos de los partidos que amparan políticamente las actividades delictivas de la banda quedaran todavía personas con un mínimo de inteligencia política, habrían de estar totalmente de acuerdo con el conocido escritor y político francés. Se verían forzados a reconocer que el mortal atentado perpetrado el pasado martes en la capital alavesa ha sido peor que un crimen. Ha sido, en definitiva, un estúpido error político que habrá de perjudicarles a ellos y a quienes con ellos simpatizan, abierta o disimuladamente, mucho más que a cualquiera de sus rivales políticos. No pasará mucho tiempo antes de ver confirmada esta hipótesis.

General de Artillería en la Reserva Analista del Centro de Investigación para la Paz

José María Portillo / PROFESOR DE HISTORIA CONTEMPORANEA EN LA UPV Y SECRETARIO DEL FORO DE ERMUA 
«No cabe ningún tipo de negociación política con ETA»
El Mundo 25 Febrero 2000

En la cuestión del terrorismo de ETA hay que hacer tres precisiones relevantes:

Primera consideración: la vía ensayada por el nacionalismo, incluso suponiéndole la mejor intención del mundo, cosa de la que dudo, ha fallado de manera clarísima.

La prueba de ello es que ETA ha intentado cuatro atentados hasta la fecha: dos de ellos frustrados, uno en Madrid, con dos furgonetas cargadas de explosivos; y otro aquí, en el País Vasco, con un coche bomba.

Los otros dos, desgraciadamente, lograron su objetivo: uno el 25 de enero, cuando un coche bomba mató al teniente coronel Pedro Blanco y otro el del pasado 22 de febrero, cuando asesinó al socialista Fernando Buesa y a un miembro de la Ertzaintza. Este fracaso de la vía nacionalista también se evidencia en el hecho de que durante la tregua, como ahora ha quedado en evidencia, ETA ha estado preparando atentados, incluso contra miembros del PNV, como es el caso del presidente del Parlamento Vasco, Juan María Atutxa.

Segunda consideración: queda claro que con ETA, según aseguraban ellos mismos en el comunicado en el que anunciaban el fin de la tregua, no cabe más que una negociación: la forma en la que se le entregará el poder político, para que desarrolle su proyecto de patria totalitaria y abertzale.

Desde la sensatez democrática no cabe, por tanto, plantearse ningún tipo de negociación política con ETA, ya que lo único que acepta es la entrega del poder.

Tercera consideración, una consecuencia de las dos anteriores: la única vía acertada para tratar con ETA es la que se expresó el sábado 19 de febrero en las calles de San Sebastián.

En otras palabras, hay que enfrentar a ETA como lo que es: un movimiento de carácter totalitario y fascista, que utiliza el terrorismo para imponer su ideología política.

En vista de ello, hay que resistir a ETA como hacen los ciudadanos en otros países que han de hacer frente a problemas similares, mediante la presencia en la calle y, por supuesto, haciendo lo contrario de lo que ETA dice que hay que hacer. Así, si dice que no hay que votar, hemos de acudir a las urnas.

El papel de la sociedad. La oposición civil ha demostrado que es útil. De hecho, lo único que en 30 años ha logrado detener la actividad terrorista ha sido la oposición civil, combinada, lógicamente, con una sólida actividad policial y judicial, desarrolladas ambas dentro del marco dibujado por la Constitución y por el Estatuto de Autonomía.

La efectividad de la movilización pacífica de la sociedad civil queda demostrada en el hecho de que mientras las manifestaciones de Herri Batasuna o de las otras formaciones nacionalistas nunca precisan de protección policial, sí la requieren las marchas organizadas por quienes se oponen a ETA. Esto se pudo comprobar de forma fehaciente en San Sebastián el pasado 19 de febrero.

Gobiernos facciosos
JAVIER PÉREZ ROYO El País 25 Febrero 2000

En la segunda mitad del siglo XVIII, Edmund Burke propuso la primera definición del partido político en los siguientes términos: un partido es "un grupo de hombres unidos con el fin de promover, por medio de sus esfuerzos conjuntos, el interés nacional con base en algún principio particular en el que todos ellos coinciden". Lo que distingue a un partido de una facción es que el primero, a diferencia de la segunda, es promotor de un interés nacional y no solamente portador de un interés particular. El partido es el representante de una parte de la sociedad (principio particular) que es simultáneamente promotora de un programa para toda la sociedad (interés nacional). El partido es la parte que se propone temporalmente como el todo, que tiene la pretensión de dirigir políticamente a toda la sociedad.

Sin partidos que sean tales el Estado constitucional no puede funcionar. El Estado constitucional es necesariamente un Estado de partidos. Y de ahí que cuando los partidos degeneran en facciones se convierten exclusivamente en portadores de un principio particular dejando de lado la promoción del interés nacional, sea la propia salud del Estado constitucional la que se resienta.

Obviamente, si los partidos que degeneran en facciones son además los partidos que tienen responsabilidad de gobierno la patología es mucho más grave. No nos encontramos solamente ante partidos facciosos, sino ante Gobiernos facciosos. Y cuando esto ocurre en un área de gobierno particularmente sensible, pues todavía más.

Desgraciadamente, ésta es la situación en la que nos encontramos en lo que a la política antiterrorista se refiere. Por supuesto que la culpable del terrorismo es ETA y que únicamente a ella se le puede hacer responsable de todos los asesinatos, secuestros, extorsiones y el llamado terrorismo "de baja intensidad". Pero ETA está fuera del sistema político y es poco, por no decir nada, lo que los que estamos dentro podemos hacer para que deje las armas.

El problema de la política antiterrorista que más nos afecta es que tanto el PNV como el PP o el PP como el PNV se han comportado en este terreno como Gobiernos facciosos, preocupados exclusivamente por "su" principio particular y en absoluto por el interés nacional. Y, además, de forma continuada a lo largo de toda la legislatura.

Tanto el PP como el PNV o el PNV como el PP se han pasado de listos a lo largo de toda la legislatura entrevistándose con frecuencia, incluso al más alto nivel. Resulta sarcástico que el presidente del Gobierno no haya tenido tiempo en toda la legislatura para entrevistarse con ninguno de los presidentes de comunidades autónomas gobernadas por el PSOE y que sí lo haya tenido para hacerlo con Xabier Arzalluz e Iñaki Anasagasti. Y que se hayan puesto de acuerdo en todo menos en lo que tenían que ponerse de acuerdo. Los dos partidos y los dos Gobiernos, el de España y el del País Vasco, han jugado con cartas marcadas, intentando cada uno obtener del otro lo que interesaba a su principio particular, dejando completamente de lado el interés nacional, que únicamente podía consistir en ponerse de acuerdo en la estrategia antiterrorista y de pacificación en el País Vasco.

El resultado está a la vista. El PNV se ha metido en un callejón. Pero, al meterse él, en cierta medida nos ha metido a todos, ya que sin el concurso del nacionalismo democrático no es imaginable una solución al contencioso vasco.

Es verdad que el PNV se ha metido en ese callejón por voluntad propia. Pero con la ayuda inestimable del Gobierno del PP, que, en lugar de condicionar las relaciones con el PNV a su conducta en la política antiterrorista, ha hecho todo lo contrario. ¿Puede alguien pensar que el PNV hubiera podido actuar de la forma en que lo ha hecho si el Gobierno de la nación, desde el comienzo de la legislatura, hubiera definido las reglas del juego como tenía que haberlo hecho?

En estos días, todo el mundo está pidiendo la rectificación del PNV. Y por supuesto que tiene que hacerla. Pero al PP también hay que exigírsela. No se puede utilizar el terrorismo para llegar al Gobierno y para mantenerse en él. Un partido de gobierno no puede convertirse en un terreno como éste en una facción.

El atentado recrudece el debate sobre la ineficacia y la politización de la Ertzaintza  
BILBAO, S. N. ABC 25 Febrero 2000

El último atentado de ETA, que costó la vida al dirigente socialista Fernando Buesa y al ertzaina Jorge Díez, ha hecho emerger la crisis de la Policía Autónoma vasca, a cuya profunda división interna se une un clamor de críticas por su ineficacia frente a la violencia callejera y por su alto grado de politización, hasta el punto de haber sido denominada la «Policía del PNV».

La semana pasada, un miembro de la ejecutiva del sindicato de la Ertzaintza ERNE se hacía eco públicamente de las dudas de los ciudadanos ante la actuación de la Policía vasca en casos de violencia callejera. Criticaba que la Brigada Móvil, especializada en desórdenes públicos, se destine a cubrir acontecimientos deportivos u otras actuaciones ordinarias y sostenía que, en materia de recursos humanos, la actual política de mandos se reduce a poner al frente de la organización a los «más politizados entre los politizados».

Es una denuncia que desde ERNE (sindicato independiente de la Ertzaintza), y también desde CC.OO. y UGT, se ha repetido hasta la saciedad y que pone de manifiesto el malestar existente en la base del Cuerpo hacia sus mandos a los que, velada y no tan veladamente, acusan de actuar al dictado del PNV, partido que ha dominado el Departamento de Interior del Gobierno vasco desde su creación.

Falta de eficacia y contundencia en la lucha contra ETA y los violentos en general ha sido y es una denuncia que se oye con frecuencia, pero la Ertzaintza, sus agentes, también han sido víctimas de la violencia terrorista. En su seno, crecieron iniciativas como la plataforma «Hemen Gaude», creada a raíz del asesinato del sargento mayor Joseba Goikoetxea, en 1993, que convocó diversas movilizaciones públicas de los ertzainas.

Pero por encima de estas iniciativas, la presencia sindical en la Ertzaintza pone de relieve la pluralidad y diversidad existente entre sus miembros y empieza a diluir la idea de una Ertzaintza creada para ser «la policía del PNV». De hecho, la actual mayoría sindical existente en el Cuerpo, la conformada por ERNE, CC.OO. y UGT, no es nacionalista.

LOS NACIONALISTAS, A LA BAJA
Las relaciones laborales en el seno de la Ertzaintza nunca han sido fáciles y mucho menos desde que en 1998 perdió la mayoría el sindicato nacionalista ELA, que había ostentado desde el nacimiento de la institución la práctica primacía. La presencia de ELA en la Policía Autónoma vasca fue casi hegemónica en los primeros años, pero las elecciones sindicales de noviembre de 1998, las primeras que se celebraban con el despliegue al completo, pusieron fin a este estado de cosas. ERNE ganó obteniendo 30 delegados de los 60 en juego; ELA obtuvo 19 representantes, 6 menos que en las elecciones de 1994; Comisiones Obreras obtuvo ocho representantes y UGT, tres.

A diferencia de ELA, el resto de los sindicatos ha capitalizado el descontento de los agentes tanto por sus condiciones laborales como por la «politización» de algunos mandos, hecho que una y otra vez han denunciado y en el que ahora insisten.

Otras voces vascas
VICTOR DE LA SERNA El Mundo 25 Febrero 2000

Para comprender las claves de la renacida tragedia vasca, uno busca voces vascas. Poco se puede encontrar, por desdicha, en los medios informativos ligados a las diferentes familias del nacionalismo vasco.

Leyéndolos o escuchándolos, uno se ratifica una vez más en el convencimiento de que, en aquel pacto secreto del verano de 1998, al que se hizo presentable en Estella/Lizarra, fue el nacionalismo democrático el que se entregó a ETA, y no al revés: se abría un proceso de secesión política disfrazado de proceso de paz, en vez de una entrega de armas e inicio de la pugna, en libertad y sin amenazas de nadie, por los objetivos de cada cual, incluida la secesión.

La vileza de los medios informativos nacionalistas, atrapados en aquel acuerdo, se manifiesta más claramente ahora que han vuelto los asesinatos. Acierta Fernando Savater al llamar la atención sobre este antológico titular del órgano del PNV, Deia, dando cuenta de la última gran manifestación anti-ETA antes de la muerte de Fernando Buesa y de su escolta: «Manifestantes del "¡Basta ya!" persiguen y agreden a los contramanifestantes».

Qué decir de ese mundo nacionalista sin brújula, del que sale el propio hermano del asesinado Buesa, para afirmar que tiene sentimientos... ¡«encontrados»!

Por fortuna, en otros lugares podemos encontrar las voces vascas más interesantes. Como la del propio Savater, en un brillante artículo en El País:

«Antes o después, le llegará [al PNV] la hora de hacer su perestroika, renovación democratizadora y aperturista que ya parece al alcance incluso de los shiíes iraníes. Por el momento, sin embargo, sólo cabe constatar que el lehendakari Ibarretxe, ese increíble hombre menguante de la política vasca, aún está lejos de ser el Jatami que necesitamos».

O, en estas mismas columnas de EL MUNDO, la voz de Txema Montero, abogado procedente de Herri Batasuna y de ideología bien diferente de la de Savater:

«El proceso de paz, que desde un inicio adoleció de la confusión entre paz en sí misma y los objetivos políticos a conseguir a través de la paz, debe reencauzarse y esto no es asunto de una simple conformación de un nuevo Gobierno mediante trasvase de alianzas partidarias. Es el hecho de la paz, de su consecución, del proceso para alcanzarla lo que está en entredicho. Un Gobierno nacido desde Lizarra no ha podido alcanzarla, un nuevo Gobierno que nazca de unas elecciones donde se debatan ante el electorado las propuestas para una paz justa y duradera se hace imperativo. El actual Gobierno vasco debe convocarlas».

Elecciones en clave de tensión
Editorial La Estrella 25 Febrero 2000

No es fácil encontrar, entre las elecciones celebradas hasta el momento en la España constitucional de nuestros días, unos comicios cuya apertura oficial haya tenido un marco de mayor tensión social, agitación política e incidentes de tan dispar naturaleza y adversidad. La sombra de los asesinatos de Vitoria, el malestar ciudadano creado por la nueva salvajada del nacionalismo radical y la excitación política derivada, hacen de portico a estas horas iniciales en las que los partidos políticos se disponen a emprender la carrera de sus sueños. Imágenes de consternación y dolor ilustran todavía los noticiarios de prensa y televisión ante cuyas cámaras los líderes políticos, impresionados por los asesinatos de la banda terrorista ETA y resueltos a extremar la mayor delicadea política posible, procuran no hacer electoralismo contra nadie a propósito de lo sucedido en Vitoria.

En este ambiente, la campaña electoral se presenta con un PP favorito frente a una interesante experiencia de unidad de la izquierda que, sin duda, ha levantado expectativas en el electorado. De esta forma, dos grandes bloques ideológicos, de ámbito nacional, acuden a la cita con la esperanza, no sólo de lograr la mayoría absoluta, sino de hacer posible, por eso mismo, que, al fín, en el Gobierno del Estado haya un ejecutivo que no necesite para gobernar la aquiescencia y la servidumbre de partidos nacionalistas, como ha venido siendo el caso hasta el momento de CiU, en Cataluña, y PNV, en el País Vasco.

Con el inicio de la campaña ha comenzado igualmente el periodo ideal para los sondeos inquietantes, que no son los que se han conocido hasta ahora, sino, precisamente, los que van a dar a partir de hoy la medida de cómo va cada cual en cada una de las jornadas que quedan hasta el día doce de marzo. Para empezar, desde Tele-5 le adjudican al PP un 42,2 por ciento, que sería acercarse a la mayoría absoluta con una cifra de entre 165 y 172 escaños. En los próximos días, la guerra de los números y de los vaticinios enmendarán sin duda las previsiones, como bien saben los expertos de todos los partidos en liza para quienes los sondeos no son más que aproximaciones numéricas de una realidad que está sujeta a variación en cualquier momento y por motivos imprevisibles.

Pese a estar como favorito en la cinta de salida, el partido de José María Aznar no lo tiene fácil y no estaría bien aconsejado si ante datos favorables como los mencionados se durmiera en los laureles.  El duelo va a ser duro y, desde luego, es incierto. Con el valladar de toda la izquierda junta frente a él, a Aznar y a su partido le queda una campaña de pocos amigos. Sobre todo, además, porque aún pueden influir en el ánimo de los votantes asuntos de aparición recientemente, tan inoportuna y nociva,  como la polémica alianza del BBVA y Telefónica, la enojosa crisis de El Ejido, con sus derivaciones múltiples de índole social aprovechadas por la oposición, y la inesperada y misteriosa dimisión del ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Manuel Pimentel. Todos estos sucesos, y cada uno de ellos por separado, están todavía vivos en la memoria de los electores en potencia.

Manifestaciones en las universidades vascas contra los asesinatos de ETA
Bilbao EL PAÍS 25 Febrero 2000

Los universitarios vascos salieron ayer a la calle para expresar su rechazo a la violencia de ETA. Han dicho en silencio que están hartos de que esa organización terrorista marque sus vidas y han pedido a los partidos por escrito que trabajen juntos para conseguir la paz.

Convocados por la Confererencia de Rectores de las Universidades Españolas, el resto de campus del país secundó la protesta con un paro silencioso de las clases durante cinco minutos.

En Vitoria, la concentración agrupó a la puerta del vicerrectorado a medio millar de estudiantes, profesores y personal de admnistración del campus. Sin pancartas y durante 15 minutos de silencio, sólo roto al final con aplausos, los asistentes mostraron su rechazo al asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díaz Elorza, ocurrido en una de las calles que rodea el campus.

Entre los concentrados se encontraba el vicerrector, Antonio Rivera, a quien pudo verse también el miércoles guardando cola para visitar la capilla ardiente del diputado socialista. Rivera señaló que la convocatoria quería dar la ocasión a los universitarios de expresarse por los valores de civilidad y uso de la palabra y la razón que caracterizan a la Universidad, y oponerse a la pretensión de eliminar al contrario. "Como dijo el clásico, somos nosotros y también lo que son nuestros contrarios", citó. "Todo eso tiene que caber dentro de este país", recalcó.

En San Sebastíán, otro medio millar de personas se concentró en el campus de Ibaeta con una pancarta en la que se leía "ETA no, ETA ez". La concentración y la posterior manifestación hasta el Ayuntamiento de San Sebastián se desarrollaron sin incidentes. En el lugar de la concentración simpatizantes de ETA colocaron pancartas en defensa de los presos de esa organización terrorista.

Tras la concentración, los estudiantes se dirigieron hasta la explanada del Ayuntamiento de San Sebastián. Al pasar por la comisaría de la Ertzaintza del barrio del Antiguo, los manifestantes aplaudieron en homenaje al ertzaina muerto en este último atentado.

 

Recortes de Prensa   Página Inicial