AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 27 Febrero 2000
#ETA, en campaña
Editorial ABC 27 Febrero 2000  

#Decenas de miles de navarros piden el fin de la violencia etarra
ANA BELASKO. Corresponsal El Mundo 27 Febrero 2000

#¿CONTRA ETA O PRO IBARRETXE?
EDITORIAL El Mundo 27 Febrero 2000

#El PNV no es imprescindible 
Isabel SAN SEBASTIÁN ABC 27 Febrero 2000

#Encuentro en Vitoria
Pablo Sebastián La Estrella 27 Febrero 2000

#Miserable situación de guerra
SANTOS JULIÁ El País 27 Febrero 2000

#Un camino sin horizonte 
 Carlos Seco Serrano de la Real Academia de la Historia ABC 27 Febrero 2000

#Los dioses deben de estar locos 
 Luis Ignacio PARADA ABC 27 Febrero 2000

#La doble manifestación de repulsa del último atentado ahonda la brecha entre los vascos
PEDRO GOROSPE / PABLO ORDAZ, Vitoria El País 27 Febrero 2000

#Una retransmisión con polémica
Bilbao EL PAÍS 27 Febrero 2000

#«Sentimientos encontrados»
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 27 Febrero 2000

#País Vasco, los colaboracionistas 
 IDUS ABC 27 Febrero 2000

#Ramón Jaúregui: «Nunca ha llegado un Gobierno vasco a un grado de deslegitimación social como el de Ibarretxe» 
 VITORIA. J. J. Saldaña ABC 27 Febrero 2000

#Los hijos de Buesa piden unidad frente a ETA
El Mundo 27 Febrero 2000

#Pancartas
ERASMO El Mundo 27 Febrero 2000

#Graves daños en el ataque de los violentos en Barakaldo
EL PAÍS, Bilbao 27 Febrero 2000

#‘SI TUVIERA MIEDO, ESTARÍA MUERTO COMO CREADOR
MARÍA ANTONIA IGLESIAS El País (Edición impresa) 27 Febrero 2000

#POR LAS MALAS
JAVIER PRADERA El País (Edición impresa) 27 Febrero 2000

#Claves
JOSEP RAMONEDA El País (Edición impresa) 27 Febrero 2000  

#Haider: las palabras son hechos
PAOLO FLORES D'ARCAIS El País 27 Febrero 2000

#El Departamento de Estado de EE UU se hace eco de la polémica del catalán
JORGE MARIRRODRIGA, Madrid El País 27 Febrero 2000

ETA, en campaña 
Editorial ABC 27 Febrero 2000

LO ha dicho Egibar y en esto actúa como notario: la decisión de HB de pedir la abstención ha sido impuesta por ETA. Lo que ya no está tan clara es la intención de esta afirmación: si es un reproche a ETA o si es una autoinculpación del PNV por colaborar con la banda terrorista a través de los pactos con Euskal Herritarrok. A lo mejor, las dos cosas. En cualquier caso, teniendo en cuenta que se trata de una voz con evidente autoridad en la materia, ya no hay duda —realmente nunca la hubo— de que la abstención promovida por HB forma parte de la estrategia de ETA para esta campaña electoral.

En estas condiciones se puede decir que el País Vasco afronta la campaña con una situación de evidente riesgo para las libertades políticas de los ciudadanos. El atentado que costó las vidas de Fernando Buesa y de su escolta, el ertzaina Jorge Díez, se cierne como una losa sobre los mensajes políticos y la actividad de los partidos vascos. La violencia callejera ha vuelto a su intensidad más destructiva. El viernes, en Barakaldo, fueron atacadas tres entidades bancarias y una oficina de correos por cerca de treinta encapuchados. Ninguno fue detenido. Los concejales del PP están otra vez en el punto de mira activo de los abertzales violentos. Esta vez, las víctimas fueron los concejales del Ayuntamiento de Getxo, atacados por simpatizantes de los presos etarras. Como no podía faltar una marca sobre la Prensa, hoy está convocado un boicot contra varios medios del País Vasco y Navarra. En general, existe un temor fundado a que el mensaje de abstención activa de HB se convierta en un programa perfectamente diseñado de coacción y amenazas a los ciudadanos, que puede alcanzar su mayor intensidad el mismo día de las elecciones.

Ante este panorama de coacción real y ambiental sobre los derechos básicos de los ciudadanos, el Gobierno de Ibarretxe está avisado de forma clara e inequívoca. Está avisado por los ciudadanos que llevan años sintiéndose amenazados por los mismos de siempre y ahora abandonados por el nacionalismo llamado democrático. Son los ciudadanos que ayer volvieron a manifestarse en Vitoria, con su propio lema —que pedía la desaparición de ETA—, porque el lema del «lendakari» —que sólo pedía a ETA que parara— se ahogaba en su propia ambigüedad. Y está avisado también por ETA y su entorno político de que van a hacer campaña electoral con los argumentos de la violencia. Lo que está en juego, por tanto, es mucho más que una dialéctica sobre la eficacia de las autoridades autonómicas para proteger a los ciudadanos. Lo que está en juego es la libertad esencial en una democracia, que es la libertad para votar a quien se quiera, aunque en este caso habría que precisar para votar a determinados partidos.

Si aumenta la dinámica de Barakaldo o de Getxo —eso que llaman terrorismo de baja intensidad o violencia callejera—, ni Ibarretxe ni Balza, consejero de Interior, podrán escudarse en lo imprevisible de los acontecimientos, porque ya saben quiénes son los responsables y, lo que es más importante, quiénes van a ser las víctimas: las de siempre. Por estas razones, aún no han finalizado las responsabilidades que pueden hacerle a Ibarretxe más difícil todavía este trance. El «lendakari» tiene la obligación de adoptar todas las medidas necesarias para que el proceso electoral en el País Vasco no sea una ficción; y lo será, sobre todo en determinadas zonas con especial influencia abertzale, si las campañas de intimidación y coacción de los grupos que apoyan a ETA no encuentran la réplica contundente en la acción policial.

Por encima de cualquier consideración de oportunidad política o de reparto competencial de funciones entre la Comunidad Autonóma y el Gobierno central se sitúan los derechos fundamentales de los ciudadanos, y nada justificaría una actitud contemplativa de la impunidad que beneficia a los encargados de hacerle la campaña a ETA.

Decenas de miles de navarros piden el fin de la violencia etarra
Los asistentes impidieron que el presidente del Parlamento se pronunciara en euskara
ANA BELASKO. Corresponsal El Mundo 27 Febrero 2000

PAMPLONA.- Varias decenas de miles de personas se manifestaron ayer tarde en Pamplona para mostrar su repulsa ante el último atentado mortal de la organización terrorista ETA, en un marcha convocada por el Parlamento de Navarra y apoyada por todas las formaciones políticas de la Cámara foral excepto EH.

Fuentes de la Policía Municipal calcularon entre 55.000 y 60.000 asistentes al acto.

A diferencia de la anterior manifestación contra ETA, celebrada el pasado mes en la capital navarra, el acto de ayer contó con el apoyo de los partidos nacionalistas EA y PNV. Sin embargo, los representantes de estas formaciones tuvieron que escuchar gritos contra Xabier Arzalluz y una fuerte pitada al presidente del Parlamento, José Luis Castejón, cuando éste intentó dirigirse a los presentes en euskera.

Este hecho provocó que Castejón recortara el discurso que tenía previsto y sólo hablara en castellano, sin dar a conocer el contenido de los párrafos que iba a leer en la otra lengua oficial de la Comunidad Foral.

Presencia política
La marcha, que escasamente duró una hora, dio comienzo junto a la Plaza de la Paz a las 5 de la tarde y estuvo encabezada por una gran pancarta que, en euskera y castellano, decía Paz y libertad. ETA no.

Esta pancarta fue llevada por todos los miembros de la Mesa y Junta de Portavoces del Parlamento foral (órganos en los que EH no tiene representación), así como por el presidente del Gobierno navarro, Miguel Sanz, y la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina.

Tras ellos, otros dirigentes de UPN, PSN-PSOE, CDN, IU, EA y PNV, además de líderes sindicales de UGT y CCOO y de otras organizaciones sociales. Entre los asistentes al acto se encontraba también el portavoz de Elkarri, Víctor Aierdi.

La manifestación transcurrió sin incidentes por varias calles del centro de la ciudad, entre momentos de silencio y otros en los que arreciaron los gritos contra la organización terrorista ETA.

Una vez en la Plaza del Castillo y desde una plataforma colocada para la ocasión, el socialista José Luis Castejón saludó a los concentrados en euskara, hecho que fue recibido con fuertes pitadas. Minutos antes, los gritos contra el presidente del PNV fueron apagados con otros de rechazo a ETA por parte de personas de la organización.

Tras el incidente, Castejón expresó la más enérgica condena de la institución que preside por los recientes asesinatos de Fernando Buesa y de su escolta Jorge Díez, así como la solidaridad para con sus familias, la Ertzaintza, el Parlamento vasco y los ciudadanos.

Tras reiterar la voluntad de defender la libertad por vías democráticas, Castejón aseguró que los golpes de muerte de la banda terrorista ETA contra la convivencia no van a conseguir doblegar la voluntad de los ciudadanos y sus representantes.

El texto también proclamaba la defensa de las libertades ciudadanas y el derecho al ejercicio de los cargos públicos como valores fundamentales de la convivencia, «desde el sentimiento de repulsa que provocan acciones como las que han acabado con la vida de dos ciudadanos, uno de ellos por ejercer la defensa de sus ideas y la de muchos ciudadanos y el otro en el ejercicio de su actividad profesional».

¿CONTRA ETA O PRO IBARRETXE?
EDITORIAL El Mundo 27 Febrero 2000

Lo que se suponía que iba a ser una manifestación en contra de ETA y del asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez se transformó, en la parte que correspondió al cortejo nacionalista, en un acto de desagravio a Ibarretxe. Deliberadamente: los pasquines que repartió el PNV («ETA ez, Ibarretxe aurrera», ETA no, adelante Ibarretxe) ponían ambos objetivos -la repulsa del terrorismo y el apoyo a Ibarretxe- en el mismo plano, desnaturalizando el acto. Los participantes en la otra manifestación se creyeron obligados a contestar, y menudearon los gritos y las alusiones críticas en contra del lehendakari. Si el espectáculo global resultaba grandioso -100.000 vascos en las calles de Vitoria repudiando a ETA-, su desarrollo concreto tuvo más de un aspecto penoso. El PNV no fue fiel ni a su propia convocatoria -el lema no decía nada de respaldar al Gobierno vasco- ni al espíritu de unidad que dijo la inspiraba.

El ejemplo, igualmente masivo, lo dio Pamplona: 55.000 manifestantes, convocados por el Parlamento Foral de Navarra, participaron ayer en una demostración de todas las fuerzas políticas, sin fisura alguna, excepción hecha -faltaría más- de HB. Esa es la vía que hay que seguir, olvidando la peor parte de la andada en Vitoria.

El PNV no es imprescindible 
Por Isabel SAN SEBASTIÁN ABC 27 Febrero 2000

DE todas las carencias que presenta esta joven democracia nuestra, una de las más graves es la falta de alternancia en el poder en las Comunidades gobernadas por partidos nacionalistas y, lo que resulta aún más alarmante, el fatalismo con que la mayor parte de la clase política parece contemplar la permanencia «sine die» del PNV en el Gobierno de Vitoria, como si no existieran alternativas posibles; como si el País Vasco estuviera condenado a un régimen de partido único por los siglos de los siglos, como pretenden, precisamente, los dirigentes de dicho partido. Pues bien, nada más lejos de la realidad. En el País Vasco, como en España toda, democracia es sinónimo de pluripartidismo y ninguna fuerza resulta imprescindible. Es más; en este caso, el fracaso de los de Arzalluz en la defensa de los valores e intereses de sus gobernados resulta tan estrepitoso, que la más elemental higiene política aconseja su urgente sustitución al frente de los destinos del pueblo vasco. Mecanismos para llevarla a efecto con impecable limpieza democrática existen, y están a disposición de los restantes partidos.

Para empezar, está la exigencia de la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas, iniciativa que ya ha tomado el Partido Popular del País Vasco, alegando el evidente cambio de escenario provocado por la vuelta de ETA al terrorismo más sanguinario y por la ruptura (puramente formal y limitada al ámbito parlamentario) de los acuerdos suscritos entre el PNV y el brazo político de la banda amada, EH. Esta vía, sin embargo, no parece contar con muchas posibilidades de éxito, habida cuenta de la soledad en que se han encontrado a la hora de plantearla los populares, abandonados por un PSE-PSOE convencido de que una apelación a las urnas no resolvería nada y arrojaría un resultado muy parecido al actual. Pues bien, admitiendo que ese análisis fuera correcto (cosa más que discutible, considerando los acontecimientos de los últimos días) podría activarse una segunda fórmula, que es la de la moción de censura y la presentación de un candidato alternativo; una manera rápida, eficaz e incuestionable de comprobar dónde está cada partido y cuáles son sus apoyos y prioridades...

¿Qué harían, por ejemplo, los socialistas de Nicolás Redondo Terreros, si el PP tomara esta iniciativa y ofreciera como posible «lehendakari» a Carlos Iturgaiz? ¿Le apoyarían? ¿Se abstendrían y facilitarían con su silencio la permanencia de un Ibarretxe débil e impotente en manos de Arzalluz, cuya dimisión reclamaba hace unos días masivamente la ciudadanía vasca? ¿Apoyarían con sus votos a ese patético presidente? ¿Qué harían los populares en el mismo caso; es decir, si fueran los del PSE-PSOE quienes plantearan la censura, presentando como candidato a Redondo Terreros? ¿Tendrían la coherencia suficiente como para respaldarle, a pesar de sus diferencias a escala nacional? ¿Primarían los intereses partidistas sobre la convicción, tantas veces reiterada, de la necesidad de propiciar un cambio de mayoría en Ajuria Enea? ¿Y qué haría el PNV? ¿Se apoyaría, de nuevo, en los amigos de ETA, para mantener a Ibarretxe en su puesto contra viento y marea? ¿Pactaría con quienes se niegan a condenar el asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez, entre otros muchos, con tal de apuntalar a un presidente que ha perdido toda la credibilidad y que ha demostrado, a lo largo de toda la legislatura, su incapacidad para ejercer el cargo para el que fue elegido? ¿Intentaría una transacción basada en ofrecer la dimisión de Ibarretxe y su sustitución por un candidato de consenso (hay nombres, como el de Atutxa, en la mente de todos) a cambio de mantener el Ejecutivo autonómico en manos nacionalistas?

Para que todas estas preguntas tuvieran una respuesta rápida, como la que reclama insistentemente el pueblo, manifestándose en las calles, haría falta que los partidos democráticos defensores de la Constitución y el Estatuto dieran una prueba de coraje y se atrevieran a echar un órdago al PNV y a sus actuales dirigentes. Porque lo que parece evidente, a juzgar por las últimas declaraciones de Xabier Arzalluz, es que de la actual dirección peneuvista no va a partir la iniciativa de propiciar un cambio radical de escenario, ni de sus bases van a surgir movimientos de contestación significativos, mientras el partido conserve en sus manos la capacidad de otorgar prebendas y repartir cargos. Las fuerzas políticas no se renuevan desde el poder, sino desde la oposición, como demuestra lo ocurrido con el PP a escala nacional, o con el propio PNV en Álava, donde, una vez fuera de las instituciones por decisión ciudadana, comienzan a surgir voces, como las de José Ángel Cuerda o los hermanos Guevara, que contestan el liderazgo de Arzalluz. La superación de la nefasta etapa de este artífice de la radicalización incontrolada del nacionalismo vasco pasa por la derrota democrática de su partido. La pelota está en el tejado de socialistas y populares.

Encuentro en Vitoria
Pablo Sebastián La Estrella 27 Febrero 2000

La manifestación convocada en Vitoria por el lehendakari Ibarretxe y a la que asisten separados los dirigentes y seguidores de los partidos nacionalistas y españolistas no es una buena señal. Las discrepancias políticas están llegando al insulto, la descalificación y hasta la ruptura de relaciones entre fuerzas democráticas. En unos casos con claro tiente electoral y en otros con electoralismo y un mar de fondo que viene de lejos, como parece ser el caso entre PP y PNV.

Dos partidos hoy necesarios en la búsqueda de toda solución política a la crisis del terrorismo (si es que aún y ahora existe esa posibilidad) y que, en cuestión de semanas, han roto todos sus puentes y relaciones políticas y hasta personales.

En la actual situación, y tras el último atentado de ETA, estamos ante cinco posiciones bien distintas. La del PP, de radical denuncia del PNV por considerar insuficiente la ruptura de su pacto de legislatura con EH (le exigen el fin del pacto de Estella); la del PNV, que acusa al PP de burdo electoralismo y de defender solo la solución de corte policial para acabar con ETA; la del PSOE, con críticas matizadas al PNV; la de IU, que está  próxima al PSOE; y la de CiU, que dice entender a todos y, de manera especial, al PNV.

Sin embargo, la emoción y tensión nacida del atentado y de la campaña electoral no permite ver con todo detalle el último atentado. Por ejemplo, el gran detalle de que la muerte de un diputado vasco y de un ertzaina prueba que ETA escogió con toda intención sus víctimas, para señalar que con ellas estaba atacando o dinamitando a las personas y a la instituciones vascas.

Este es uno de los puntos mas importantes de desencuentro entre ETA y el PNV o entre PNV y HB. El PNV dice que toda solución política pasa por las instituciones y por el actual marco jurídico y legal, y ETA y HB dicen que no y que el nacionalismo de el País Vasco debe dotarse de sus instituciones. De ahí las propuestas de concentración municipal, de elecciones por su cuenta, de crear asambleas paralelas. Un camino rechazado de plano por el PNV, que estuvo entre los motivos centrales de la ruptura de la tregua. Al menos de los motivos que les imputaron los etarras al PNV.

Todo esto nos lleva a la conclusión de que con este atentado ETA, amén de matar e insistir en la ruptura de la tregua para presionar al gobierno de Madrid, también ataca a las institciones vascas y busca debilitar y arrinconar al PNV que, en el fondo, es su máximo adversario político si al final ETA decidiera entrar en vía política dejando las armas. De la misma manera que este ataque brutal contra las personas e instituciones lleva dentro un aviso a Otegui y a los dirigentes de HB, que de vez en cuando parecen mostrarse más dialogantes en vez de seguir al pie de la letra el camino que marca ETA.

Por todo ello y al margen de las emociones y de la lógica indignación general contra el terrorismo, los políticos y los analistas deberían mirar este último atentado (al que probablemente seguirán otros de igual o distinto signo) con atención. De la misma manera que Arzallus y Otegui deben saber que ETA va a por ellos políticamente (de momento) y si las cosas siguen así tampoco hay  que descartar que también vayan a por ellos con sus maneras brutales y criminales de actuar.

La manifestación de Vitoria debería dar la imagen de unidad y no de la discordia entre demócratas. Entre los partidos de siempre que deben, entre ellos, empezar a hablar en vez de gritar. El último atentado merece, amén de la condena general, una reflexión muy particular. Y por parte del PNV de manera muy especial.

Miserable situación de guerra
SANTOS JULIÁ El País 27 Febrero 2000

Han mostrado tanta comprensión hacia los asesinos que han perdido la capacidad de entender la emoción de las víctimas. El comunicado del PNV atribuyendo a agentes del Cesid las manifestaciones de Vitoria añade al asesinato de Fernando Buesa un agravio hacia los ciudadanos que le habían confiado su representación política en el Parlamento de Euskadi y hacia los militantes del partido que le habían elegido secretario general. Que compañeros y electores del diputado asesinado pidan la dimisión de alguien que ha asumido la presidencia del Gobierno de Euskadi por disponer de los votos de los representantes de ETA no es sólo la expresión de un estado de ira o irritación sino la obligada consecuencia política del crimen. Y no porque el Gobierno haya fracasado en su función de garantizar la seguridad de sus ciudadanos sino porque se trata de un Gobierno que debe en origen su existencia a una coalición con el brazo político de los asesinos.

No se diga que con tal exigencia se demoniza al PNV. Toda la vacua palabrería sobre iniciativas arriesgadas y pistas de aterrizaje no es más que una cortina de humo que impide ver lo esencial. Y lo esencial es que el PNV no es un partido de oposición; que el PNV es, siempre ha sido, Gobierno de Euskadi. Si, por una perversión de la democracia, un Gobierno sólo puede subsistir porque en su acta fundacional ha firmado una alianza con una organización cuyo propósito explícito consiste en exterminar a los representantes políticos de sus adversarios, ese Gobierno perdería, con su legitimidad, su única razón de ser: el ejercicio del poder que impida, si es preciso con el uso de la fuerza legítima, la guerra de un sector de la sociedad contra otro.

A cumplir esa función es a lo que ha renunciado el PNV con su coalición con EH. En lugar de trazarse como único objetivo político el de ser Gobierno y hacer respetar la ley, el PNV ha buscado una alianza con un partido que define a la mitad de la ciudadanía vasca como "gusanada". Basta que la parte más valerosa, o más irritada, de esos ciudadanos mil veces ofendidos decida arriesgar su seguridad física y salir a la calle para que el lenguaje de quien manda de verdad en el Gobierno vasco, que es Arzalluz, reduplique el lenguaje del constructor de escenarios nacionales que es Otegi. El magnífico actor en que ha venido a parar este dirigente de HB, siempre con algún escenario a cuestas, no podía encontrar mejor doble que el carismático líder del PNV: uno llama a los manifestantes gusanos, el otro agentes del Cesid.

Gusanos agentes del Cesid los que se enfrentan a los asesinos esgrimiendo únicamente el arma de su voz y de su voto: Arzalluz y Otegi comparten esa posición, la proclaman, la escriben en sus manifiestos, la aducen como justificación de su política. Pero Arzalluz y Otegi no son cualquier cosa en Euskadi; son Gobierno de Euskadi: uno porque el presidente de ese Gobierno está bajo sus órdenes; otro porque sin su apoyo parlamentario ese presidente no hubiera recibido la investidura; los dos juntos porque faltando a su palabra, mintiéndola y reduciéndola a ceniza, siguen como si tal cosa, presenciando impasibles el terror que se cierne sobre políticos elegidos por el mismo pueblo al que dicen servir.

Cuando un Gobierno existe en virtud de un pacto con una fuerza política que mata o legitima la muerte de un sector de sus ciudadanos, lo que hace es empujar al conjunto de la sociedad a lo que Hobbes llamaba "miserable condition of War". Hobbes, que tenía la bondad natural del hombre como una monumental bobada, justificaba la existencia del Estado porque era el único artificio capaz de evitar aquella miserable situación de guerra. Pero declarar una guerra a los ciudadanos no nacionalistas es el único propósito de ETA; esa es la razón de la mímesis irlandesa que tanto fascina a las gentes de HB; lo desolador es que idéntico objetivo sea también el de los directores del partido que gobierna en Euskadi.

Un camino sin horizonte 
Carlos Seco Serrano de la Real Academia de la Historia ABC 27 Febrero 2000

Araíz del último crimen -uno más- de ETA, escuché días atrás, en la tertulia matutina de RNE, la intervención de una señora -sin duda militante en el PNV, dado el sentido de sus palabras- en defensa de sus «correligionarios»: una defensa tan apasionada y casi histérica, que hizo imposible la comedida réplica de sus interlocutores, arrollados por aquel torrente de palabras cada vez que intentaban matizar o defender sus propios puntos de vista. Cuando, al fin, uno de ellos logró «meter cuchara», la señora en cuestión cortó airadamente: «Bien, usted toma la palabra; yo me retiro» -quería decir que no pensaba escucharle: talante, por cierto, muy poco civilizado.

Tan contundente argumentación se veía claramente orientada por las afirmaciones a que los líderes del PNV nos tienen acostumbrados: el PNV ha sido siempre un partido estrictamente democrático, enemigo de la violencia, amigo de la paz. El pacto de Estella tiene una clara traducción: atraer a los terroristas a la vía dialogante y civilizada, apartándolos del camino de la violencia a que los llevó una exasperación comprensible. El Gobierno español, en lugar de aprovecharse de la tregua, ha menospreciado -o desechado- esta benemérita gestión del PNV: etcétera etcétera.

Pienso que va siendo hora de decir las cosas claras; de poner luz en la clave de la polémica. ¿Qué hay detrás de los argumentos de Arzalluz, qué hay detrás de su «generoso» esfuerzo para convertir a los asesinos de ETA en pacíficos demócratas abiertos al diálogo? O, más bien, ¿en realidad les interesa el diálogo? ¿Sobre qué bases?

Recuerdo que hace ya bastante tiempo -antes de que se produjera el odioso asesinato de Miguel Ángel Blanco, que levantó en un solo ímpetu de indignación no sólo a España entera, sino también al noble pueblo vasco, alumbrando el «espíritu de Ermua»; antes también del horroroso crimen que privó de la vida a una gran figura de nuestra Universidad, máximo teorizante del Estado de Derecho, Tomás y Valiente-, escuché, asombrado, por televisión, estas palabras de Arzalluz: «Para nosotros, el problema no es ETA; el problema son ellos».« Ellos» (se lo aclaro al que no caiga en la cuenta), somos todos los desgraciados que no gozamos del alto honor de pertenecer a la raza vasca; esto es, todo el resto de los españoles, que por lo visto ni siquiera merecemos ser llamados así, sino simplemente ellos: aunque es difícil, con esta sola palabra, reflejar también la indescriptible mueca de infinito desprecio que adopta Arzalluz cada vez que a los pobres españoles no vascos se refiere.

Ahora bien, si el problema no era ETA, resultaba lógico entenderse con ella; pues aunque sus miembros no pasasen de ser unos chicos descarriados, la verdad es que participaban del mismo empeño y sustentaban los mismos anhelos que los demás vascos dignos y consecuentes -esto es, los nacionalistas-. De aquí nacería el famoso «pacto de Estella». Y a partir de la tregua, y a pesar de los esfuerzos del Gobierno para facilitar un entendimiento donde cabía -por ejemplo, aproximando a los criminales presos a «Euzkadi»-, fue en crecida la irritación de Arzalluz porque ni Aznar ni Mayor Oreja «entablaban» la negociación pendiente, empeñados como estaban en resolver el «contencioso vasco» a golpes «de tricornio y de pistolas» (!!). Cuando, rota la relativa tregua, se produjo el primer asesinato de la nueva serie, Arzalluz se permitió decir, replicando, en una glosa infame, a las amargas palabras del ministro del Interior: «¿Cuántos muertos necesita el señor Mayor Oreja para empezar a dialogar?» (lo mismo que, más o menos, significaban las desafortunadas palabras del obispo Setién: «La paz tiene su precio»).

Pero lo que nadie ha respondido -y es preciso responder- a uno y otro -a Arzalluz y a Setién- es que el diálogo es imposible, tal como lo requiere ETA; ni es «abonable» el precio de la paz. Porque para ETA no existen transacción ni términos medios: la respuesta a «su» gesto -la tregua- sólo podría ser la rendición total, esto es, la concesión, pura y simple, de la independencia -o de la «soberanía»- a los vascos.

Dado que su filiación democrática impide formalmente al PNV adoptar por su parte métodos violentos, contar con ETA y con su tajante alternativa -la rendición del Gobierno o la vuelta a los atentados terroristas- reviste todas las características de un chantaje que podría formularse así: «Os traemos estos chicos descarriados al redil civilizado del diálogo: si no entabláis ese diálogo, no os quejéis de que la tregua se rompa; los culpables habréis sido vosotros». Y mientras se autoalababan de haber hecho un gran esfuerzo por la paz, de haber domesticado a la fiera, utilizaban a ésta para intentar someter el Gobierno a sus propias exigencias.

Sino que ni el señor Aznar, ni el señor Mayor Oreja, ni el señor Almunia en su caso, ni los españoles en general, entre los que cuento a la mayoría de los vascos, podemos aceptar esa falsa alternativa, ni asumir los proyectos del separatismo, basados en una teoría y una historia del pueblo vasco totalmente falsas, y en una supuesta superioridad étnica y moral injustificable desde todos los puntos de vista. En cambio, es un hecho irrebatible que las libertades hasta hoy alcanzadas democráticamente por los vascos en el seno de esta España que tantas veces he definido como «nación de naciones», exceden con mucho a las obtenidas, no ya por las otras Comunidades autónomas de nuestro país, sino por cualquiera de las entidades regionales existentes en otros países de Europa (¡ya quisieran los republicanos de Irlanda del Norte, a cuyo «acuerdo» con Londres se alude con frecuencia en Euskadi como ejemplo a seguir -ejemplo, por cierto, que deja de serlo puesto que dista de haber sido respaldado por el éxito-, lograr algo que mínimamente se parezca a las libertades de que hoy goza el País Vasco en el Estado español!)

El Gobierno de Madrid, por su parte, se ha limitado siempre a señalar un techo legítimamente intocable a cualquier pretensión secesionista: la Constitución votada por todos los españoles. No está capacitado para negociar al margen de ella, pese a todos los chantajes posibles. Y en este caso no cabe enmascarar las cosas con el socorrido recurso a una «relectura» de nuestro Código fundamental. Porque éste tiene una sola y clarísima lectura: «La soberanía reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». «La Constitución se fundamenta en la ineludible unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de todas las nacionalidades y regiones que la integran, y la solidaridad entre todas ellas» (Título preliminar). En uso de su soberanía, sólo el pueblo español -todo el pueblo español- estaría capacitado para modificar sustancialmente el texto constitucional.

Puede que no tenga solución el problema vasco, tal como lo plantean Arzalluz y los suyos. Pero precisamente, porque lejos de integrar, las tesis del nacionalismo vasco, en esta radicalizada versión, sólo aciertan a dividir. Lo acaba de subrayar un excelente historiador vasco, Juan Pablo Fusi: «Aunque tuviera importante apoyatura social..., el nacionalismo fue, desde el principio, un elemento de división -de verdadera escisión de la conciencia colectiva-, no de integración de la sociedad vasca» (España. La evolución de la entidad nacional. Página 230).

Los dioses deben de estar locos 
Luis Ignacio PARADA ABC 27 Febrero 2000

SÓLO así se comprende que bajen a la Tierra, se echen a la calle y se mezclen con los mortales portando pancartas contra los demonios; sólo así se explica que no sean capaces de aunar sus fuerzas para conjurar el poder de los monstruos del averno; sólo así se justifica que no hayan sabido unificar sus mensajes para condenar la conjura de los necios. No cabe en el entendimiento de los mortales que quienes tienen como aliados a los pregoneros de la muerte se limiten a manifestar su rechazo tras una pancarta falaz mientras pretenden permanecer sentados en el Olimpo gracias a su apoyo. La esquizofrenia del Orfismo nacionalista consiste en mantener, a la vez, la doctrina de la transmigración como forma de liberarse de los zarpazos del destino y la de la ascesis purificadora de viejos males que hay que purgar.

La doble manifestación de repulsa del último atentado ahonda la brecha entre los vascos
El PNV convirtió la marcha de Vitoria en un acto de desagravio al 'lehendakari' Ibarretxe
PEDRO GOROSPE / PABLO ORDAZ, Vitoria El País 27 Febrero 2000

El asesinato del socialista Fernando Buesa y de su escolta, Jorge Díez, tampoco fue suficiente para unir a los vascos contra ETA. Ayer, la fractura se hizo más gráfica que nunca. Mientras el PNV convirtió la manifestación de Vitoria en un acto de desagravio al lehendakari, Juan Jose Ibarretxe, el resto de los ciudadanos caminó en silencio, junto a la viuda y los tres hijos del político asesinado. La negativa de los partidos a marchar tras una misma pancarta obligó a los vascos una vez más a elegir con quién se manifestaban. La situación provocó numerosos incidentes. Ante los suyos, Ibarretxe dijo que "la paz está un poco más cerca". Ante el resto, Javier Rojo, el sucesor de Buesa, pidió al lehendakari -ya ausente- que construya "un país sin divisiones".

El objetivo era gritar fuerte contra ETA, pero los vascos, ayer, terminaron gritándose los unos a los otros. Nunca tanta gente había salido a la calle en Vitoria para manifestarse contra el terrorismo. Más de 100.000 personas recorrieron los dos kilómetros que van desde la plaza de la Constitución hasta la de la Virgen Blanca. Sin embargo no lo hicieron juntos. Unos, los seguidores del PNV, abrieron la marcha tras su lehendakari, bajo sus pancartas y sus banderas, gritando sus propias consignas: "ETA no; Ibarretxe, sí". Otros muchos lo hicieron detrás de la viuda y los hijos del político asesinado, arropados por los líderes del PSOE y del PP, tras una gran pancarta roja con letras blancas: "ETA no, basta ya". Y todavía otra multitud caminó entre unos y otros, en silencio, visiblemente desconcertada por la utilización partidista de la protesta ciudadana.

Fueron dos, o incluso tres manifestaciones en vez de una. Un reflejo de lo que había sucedido durante la semana. Si el asesinato del concejal del PP de Ermua Miguel Ángel Blanco en julio de 1997 provocó la unión espontánea de todos los ciudadanos contra ETA, el último atentado ha conseguido todo lo contrario. La brecha entre los partidos nacionalistas y el resto bajó ayer a la calle. El PNV quiso resarcir a su lehendakari del abucheo recibido el pasado miércoles durante el funeral por el dirigente socialista Fernando Buesa. Los carteles de "Ibarretxe dimisión" exhibidos por unos doscientos ciudadanos -"agentes del Cesid", según Xabier Arzalluz- fueron contestados ayer por una auténtica multitud.

El PNV desplazó a Vitoria -ciudad gobernada por el PP- a sus bases más fieles. Unos 200 autobuses, con matrículas de Bilbao y San Sebastián, fueron llegando durante todo el día. A la hora prevista para el inicio de la marcha, cinco de la tarde, el ambiente estaba muy caldeado. Simpatizantes del PNV y de los partidos de ámbito nacional se insultaron mutuamente mientras se formaba la manifestación tras las respectivas cabeceras. Hubo empujones, gritos, agresiones a fotógrafos y cámaras de televisión. Natividad Rodríguez, la viuda de Fernando Buesa, asistía a todo ello junto a sus hijos. Se les veía tristes y aturdidos. Junto a ellos, los líderes vascos del PSOE y del PP, Nicolás Redondo y Carlos Iturgaiz, respectivamente.

La marcha del PNV dejó en segundo lugar la protesta contra ETA para darle máxima prioridad al apoyo al lehendakari. El pasado miércoles, miles de personas le increparon cuando entró a la catedral de Vitoria para asistir a los actos fúnebres por el socialista asesinado. Aquella noche, al finalizar el funeral, tuvo que abandonar la iglesia por la puerta de atrás.

El PNV no quería que la historia se repitiera ayer y se juramentó alrededor de su presidente. Miles de seguidores tomaron literalmente Vitoria con una escenografía más acorde con los grandes días del partido -Alderdi Eguna o Aberri Eguna- que de una manifestación contra ETA. Sobre todo teniendo en cuenta que la marcha se desarrollaba tres días después de que fueran asesinados el parlamentario socialista y su escolta. Gran despliegue de banderolas, carteles plastificados y lemas muy claros de apoyo a Ibarretxe, que acudió parapetado en un impresionante despligue de seguridad.

El lehendakari caminó arropado por sus dos antecesores en el cargo, Carlos Garaikoetxea y José Antonio Ardanza; el Defensor del Pueblo Vasco, Xabier Markiegi; Jon Buesa, hermano del socialista asesinado y dirigente del PNV; el presidente del Parlamento, Juan María Atutxa, y otros destacados nacionalistas. Ibarretxe fue llevado entre un mar de gritos que no dejaban de corear su nombre. El severo servicio de seguridad generó momentos de tensión con ciudadanos y periodistas que recibieron golpes e insultos.

La marcha concluyó como empezó: cada uno por su lado. Cuando los simpatizantes del PNV llegaron a la plaza de la Virgen Blanca, Juan José Ibarretxe se dirigió a ellos para decirles en euskera y castellano: "La paz hoy está un poco más cerca. Hemos venido a defender la vida, a recordar a Jorge y Fernando, a poner de manifiesto el respeto de todas las ideas cuando se defienden democráticamente".

Tras guardar un minuto de silencio, los dirigentes y los militantes nacionalistas fueron abandonando la plaza, a la que ya iba llegando el resto de los manifestantes. Javier Rojo, el secretario general en funciones de los socialistas de Álava, llegó a la plaza casi una hora después y, tras pedir otro minuto de silencio, habló a los miles de ciudadanos que habían seguido la manifestación sin banderas y en silencio. "Aquí falta el lehendakari", dijo; "si él ha convocado la manifestación, ¿dónde está? Quiero transmitirle y pedirle que nos escuche, que nos mire, que nos vea, que no sea sordo y no fracase. Queremos ser parte importante de este pueblo, porque todos los que estamos aquí somos vascos. Queremos trabajar conjuntamente. No queremos ni bloques ni divisiones".

La noche ya se había echado sobre Vitoria. Algunos grupos enfrentados de ciudadanos todavía tuvieron tiempo de reprocharse sus agravios. La Ertzaintza los separó y se llevó por ello los aplausos de la mayoría, una forma de homenajear a Jorge, el escolta asesinado el martes. Del atrio de la catedral nueva aún no habían retirado las coronas de flores por Fernando.

Una retransmisión con polémica
Bilbao EL PAÍS 27 Febrero 2000

La controversia no estuvo sólo ayer en los lemas y gritos de las dos manifestaciones, sino también en las imágenes de las mismas mostradas por ETB-2, la segunda cadena de la televisión pública vasca, que retransmitió íntegramente su desarrollo y sirvió la señal al resto de las cadenas. El hecho de que durante casi una hora sólo se dieran imágenes del bloque encabezado por el lehendakari y los representantes del PNV y EA provocó malestar en muchos telespectadores, que llamaron a la sede de ETB para protestar, según informó Servimedia. La ausencia de planos sobre el bloque del PSE y PP provocó críticas y resquemores ante un medio público que los no nacionalistas consideran muy escorado hacia las tesis de Lizarra.

El presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, informado de las circunstancias, llegó a decir en CNN + -que también dio íntegra la marcha- que no le extrañaba la manipulación de ETB, a la que calificó de "Telestella". Fuentes de ETB, sin embargo, rechazaron tajantemente cualquier imputación de tendenciosidad en la emisión. "Nos hemos limitado a ofrecerla desde las 17.00 a las 19.15, desde el principio hasta el final, por el orden en que se ha desarrollado", aseguró un directivo de la cadena. El bloque encabezado por dirigentes del PSE y PP y la familia de Fernando Buesa arrancó en el momento en el que el lehendakari se disponía a leer su mensaje en la plaza de la Virgen Blanca, por lo que, según explicó, la realización decidió esperar a que Ibarretxe terminara. Desde ese momento se ofreció la otra marcha durante casi una hora y cuarto.

ETB desplegó tres unidades móviles en otros tantos puntos del recorrido, así como un helicóptero y una cámara webcam acoplada a un coche, que siguió las dos cabeceras. Las mismas fuentes señalaron que durante la primera hora sí hubo llamadas "nerviosas" por parte de las cadenas de televisión nacionales, que no estaban dispuestas a dar sólo las imágenes del bloque nacionalista que se les servían.

«Sentimientos encontrados»
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 27 Febrero 2000

CON Fernando Buesa de cuerpo presente, en medio de la tremenda tensión de la capilla ardiente, Juan Manuel Eguiagaray se dirigió desolado a su perpetuo antagonista Rodrigo Rato, naturalmente no para pedirle cuentas por la alianza Telefónica-BBVA ni para dárselas por la privatización de Enagás, sino para trasladarle su más elemental y desgarrada perplejidad como persona: «¿Habéis oído al hermano...?, ¿pero, habéis oído al hermano...?»

Yo sí había oído al hermano, el dirigente nacionalista Jon Buesa, primero en Tele 5 y después durante la sabia entrevista que Manuel Antonio Rico le hizo en Radio Nacional. Y, efectivamente, era para no creérselo. En ambas ocasiones lo que había subrayado aquel hombre era que tenía «sentimientos encontrados». O sea que por un lado estaba destrozado e indignado por el asesinato de su hermano, pero por el otro... De hecho, su reacción más rotunda durante la entrevista en Radio Nacional había sido para salir al paso de las imputaciones de complicidad al socio parlamentario de su partido Arnaldo Otegi.

Cuando hace cuatro años, a una distancia prácticamente idéntica de las elecciones generales, ETA asesinó a Fernando Múgica todos nos vimos por un instante reflejados en la inmediata respuesta de su hermano Enrique -«Ni olvido, ni perdono»- a la llamada de la sangre. Hace unos días el ex ministro de Justicia, por quien hace años que siento un profundo aprecio cimentado en un cuarto de siglo de relación, me telefoneó para quejarse del limitado espacio que nuestro periódico había dedicado a los actos conmemorativos y me dijo, confundido, que era ya el «sexto aniversario». Siendo un hombre especialmente lúcido en todo lo demás, es obvio que el crimen de San Sebastián ha dejado en su alma un hematoma permanente con el que cualquier ser humano puede identificarse.

Qué diferentes estas dos historias de dos hermanos ante la situación-límite de la muerte violenta de uno de ellos. Como escribe hoy en CRONICA nuestro colaborador Tomás Fernández Auz, en el caso de Jon Buesa «el espectador percibe que la lógica de la condena convive con otro registro, un algo latente que le permite en medio del dolor, situar en un contexto político los móviles del asesinato». Y añade algo tremendo: «quizás... se le pide más de lo que puede dar, se espera que sienta de pronto como un no nacionalista».

No es que Jon Buesa en tanto que ser humano tenga sentimientos encontrados, sino que los sentimientos del ser humano Jon Buesa se han encontrado con los del militante político Jon Buesa. Es decir que ser nacionalista vasco no sólo supone abrazar unas ideas, sino adquirir unos sentimientos lo suficientemente fuertes como para encontrarse con los propios de todo individuo tras el brutal asesinato de un familiar directo. ¿Equilibran hasta ese punto los lazos de la tierra a los lazos de la sangre en la balanza del dolor? Si Jon Buesa fuera un no nacionalista clamaría contra los asesinos, pero como es un sí nacionalista tras el primer encontronazo emocional le corresponde -a él, sí- olvidar y perdonar. ¿Renunciaría Jon Buesa a ver materializados sus sueños sobre la mítica Euskal Herria si ello pudiera devolverle la vida a su hermano? No es justo apretarle las tuercas a nadie hasta ese punto, pero es él quien se ha situado a cinco minutos de la respuesta telefónica del coronel Moscardó -«El Alcázar no se rinde»-, a dos peldaños de las almenas de Tarifa desde las que Guzmán -¡el Bueno!- arroja el puñal para que el Rey de Marruecos cumpla la amenaza contra su hijo.

En el nombre del patriotismo se han cometido, y se siguen cometiendo, algunos de los crímenes más execrables de la historia del hombre sobre la tierra. Cuando el credo nacionalista se convierte en coartada, excusa, disculpa o incluso mero límite para asumir las consecuencias ineludibles de su condena, entonces deja de ser una ideología para convertirse en enfermedad moral. Y esa es la frontera que esta semana ha traspasado flagrantemente la dirección del PNV, ante los ojos atónitos de gran parte de la propia sociedad vasca.

Estableciendo un lazo de continuidad con las histéricas estupideces de Sabino Arana sobre los maquetos, los matrimonios mixtos y los riesgos de contaminación de la raza vasca, Arzalluz ha dado rienda suelta a la paranoia del déspota, declarándose acosado por el Cesid y los Guerrilleros de Cristo Rey. Pero tan elocuentes como esos comentarios ya ampliamente glosados, fueron sus palabras, mucho más espontáneas e inconscientes, cuando dijo a la llegada a la capilla ardiente que «Fernando Buesa era parte del paisaje político vasco».

¡Parte del paisaje! O sea algo que simplemente estaba ahí, desde hacía mucho tiempo, sin saberse muy bien ni por qué ni para qué. Un capricho de la naturaleza, una especie de accidente orográfico, una loma que acaba de ser desmochada por un bulldozer, o -mejor aun- un árbol vetusto, talado por el hacha que lleva enroscada la serpiente en el mango desgastado por las manos encallecidas de tantos esforzados leñadores vascos. Puede que parezca hilar muy fino, pero Arzalluz no se hubiera referido jamás a un sí nacionalista como parte del paisaje, porque los sí nacionalistas son el pueblo en marcha, los únicos protagonistas de ese bosque animado donde reside el corazón que hace latir el ser de Euskal Herria. ¿Qué decir, en cambio, de esas docenas de miles de alaveses movilizados en un espontáneo Ermua bis que pone en evidencia a un patético Ibarretxe, capaz de aferrarse al silloncito desde el que pudo escuchar el asesinato de uno de los dos jefes de su leal oposición parlamentaria? Nada, meros semovientes acarreados en autobuses por los servicios de inteligencia. Algo así debió pensar el matrimonio Ceaucescu mientras trepaba por la escalerilla del helicóptero que parecía salvarlos de las fauces de las masas que invadían su palacio.

El victimismo del PNV -«Sitúan al nacionalismo en la diana política y mediática», gimoteaba su órgano oficial horas después de que el cuerpo de Buesa quedara reventado por el mando a distancia del brazo militar de sus aliados políticos- es la manifestación definitiva del peligroso disparate en el que se han instalado sus dirigentes. O sus militantes los obligan a rectificar el rumbo, o no habrá otra prioridad política que conseguir que lo hagan las urnas en unas elecciones autonómicas anticipadas. No, lo suyo no son sentimientos encontrados. Lo suyo son sentimientos extraviados que sólo merecen un polvoriento estante en la Oficina de Objetos Perdidos del fanatismo. pedroj.ramirez@el-mundo.es

País Vasco, los colaboracionistas 
IDUS ABC 27 Febrero 2000

Lo dijo Javier Rojo, el socialista que ha tomado el relevo al asesinado Fernando Buesa: «El lehendakari está sordo y va a fracasar». Y ayer lo hizo. Ibarretxe, en manos de su partido quedó deslegitimado. El PNV organizó «su» manifestación para rehabilitar la maltrecha imagen del lehendakari y no para recordar a Buesa y condenar a sus asesinos. Y semejante montaje dejó en evidencia el fracaso de un presidente del Gobierno vasco que, como recuerda hoy desde las páginas de ABC Ramón Jáuregui, ha alcanzado su mayor deslegitimación. No era avispado Juan José Ibarretexe. Es un hombre a la medida de Arzalluz: mediocre y gris. Pero se esperaba de él que tuviese vergüenza. Ayer no la tuvo.

Como no la tuvieron ni su partido ni la televisión pública vasca, que hizo de la retrasmisión de la manifestación un acto de manipulación sin precedentes. Las cosas, pues, están claras. Los idus de marzo que se prometían complicados para Almunia y Aznar, azotan ahora al nacionalismo vasco que con la vileza moral de sus dirigentes ha tocado fondo. Todo comienza a aparecer nítidamente claro. Los que mandan en el PNV están más cerca de ETA y EH que de las víctimas, que son los constitucionalistas, los que caen asesinados en nombre de la libertad.

Mientras tanto las temerosas fuerzas fácticas vascas —la jerarquía eclesiástica, la Banca, los empresarios que veranean en Marbella, los que rinden pleitesía a los poderes del PNV— se mantienen en la contemporización; en el estúpido e irreal argumento de que hay que «dialogar» aunque sigan cayendo militares, políticos, policías y civiles. Poderes fácticos que siguen engrosando los actos «institucionales» del Gobierno sectario; acudiendo prestos a su audiencia; apoyando sus iniciativas con subvenciones y presencias. Son los nuevos colaboracionistas incapaces de decir ¡basta ya! como han hecho profesores, intelectuales, profesionales y gentes anónimas. No se les vio ayer en Vitoria junto a la viuda y los hijos de Fernando Buesa; pero se les podrá ver junto a Ibarretxe en «La Traviata» que se representa en el Eukalduna de Bilbao; o en el Guggenheim con motivo de una exposición que a lo mejor financian ellos, los colaboracionistas. Defenderán también el Concierto Económico y acudirán a todos los actos que apoyen los dineros públicos. Ibarretxe les sirve del mismo modo que le sirve a su partido, el PNV, en cuyos aledaños se instalan aunque en la «intimidad» abominen de su radicalismo. Hipócritas.

Ramón Jaúregui: «Nunca ha llegado un Gobierno vasco a un grado de deslegitimación social como el de Ibarretxe» 
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 27 Febrero 2000

El secretario de política autonómica del PSOE, Ramón Jáuregui, afirma que ETA planeó el asesinato de Buesa como un «castigo» a los socialistas por haber ayudado al desalojo de los nacionalistas del poder en Álava. Lejos de rectificar esa política, el ex vicelendakari y candidato al Congreso no descarta un pacto de Estado con el PP en el País Vasco. Afirma que la reacción del PNV al doble asesinato de Vitoria está «dinamitando» sus relaciones, y les advierte de que «no esperen ayuda» tras el 12-M.

¿El dolor da paso a la firmeza?

-No eramos menos firmes antes tampoco, pero están ahogando los ténues signos de querer buscar líneas de entendimiento con el PNV. La reacción y los gestos de estos días tampoco han sido para acercar a nuestros dos respectivos partidos, y en relación con ETA no podemos más que interpretar que una acción tan brutal pretende precisamente una especie de radicalización bipolar de la política vasca. Somos conscientes de que no hay que hacer el juego al enemigo, y si ETA va a una estrategia de tensión es evidente que no hay mas respuesta que la firmeza.

-¿Cuál es la situación del partido?

-Existe un enorme coraje por superar la situación. En la Ejecutiva de Álava hay una clarísima y fortísima voluntad de sustituir plenamente a Fernando Buesa, y una emoción por hacerlo con éxito y con eficacia. El partido es suficientemente sólido como para que no corra ningún riesgo. La muerte de Fernando no es inútil porque, a pesar de ser tan alto coste, ETA se ha echado una paletada mas sobre su propia tumba.

-¿El asesinato marca un antes y un después en las relaciones entre el PSOE y el PNV?

-Si se mantiene la reacción del PNV que hemos conocido hasta ahora, sí porque literalmente nos están hartando. El comunicado valorando la reacción popular es infumable y la antipatía de su dirección se está convirtiendo en hostilidad. Están dinamitando puentes que durante años he defendido.

-¿Existe complicidad del PNV con lo ocurrido?

-No. El PNV se ha visto drmáticamente sorprendido en las peores previsiones con este atentado. Ellos temían que ETA volviese a matar pero la dimensión política del atentado les ha desbordado absolutamente, porque les ha estallado en los morros toda la arquitectura política que habían trazado con ellos.

-¿Es lógico, en estos momentos de dolor, desprestigiar al pueblo alavés por su respuesta a los dos asesinatos?

-No tengo palabras. El comunicado del PNV es un puro delirio. No tiene explicación salvo que se viva al margen de la realidad. Me ha recordado al franquismo cuando decían que las manifestaciones respondían a las manipulaciones de los comunistas o a conspiraciones judeo-masónicas. Escuchar a Arzalluz, leer un comunicado, diciendo que lo que en Vitoria hubo fue una instrumentación de agentes del Cesid, sabiendo la cantidad de gente que había, viendo las caras de las gentes llorando y aplaudiendo a rabiar, es verdaderamente de locos. No tiene otra explicación.

-¿ETA pretendió también con el asesinato de Buesa silenciar al pueblo alavés que dijo no a Estella y desalojó a los nacionalistas en las pasadas elecciones?

-Jugando a la especulación con los intereses o intenciones de los terroristas cabe pensar que han querido matar la pluralidad vasca que expresa Álava. Han querido castigar la actitud del Partido Socialista de facilitar el resultado de las urnas del 13 de junio y que los nacionalistas no gobiernen en Álava. Creo que han elegido a Fernando Buesa y, por cierto, lo han elegido bien, como responsable de una política de la que, por cierto, estamos orgullosos. Con este atentado, el nacionalismo ha perdido Álava por muchos años.

UNIDAD DEMOCRÁTICA
-¿Cómo se puede recuperar la unidad democrática?¿Quién debe rectificar?

-La respuesta es fácil. El PNV ha diseñado una estrategia que ha fallado porque la tregua ha sido utilizada por ETA para su rearme, y rota de manera brutal. En cuanto a método para traer la paz, ha fallado pero además el coste del intento, que no dudo que pudo ser de buena fe, es la ruptura de la unidad democrática. La incorporación de una línea divisoria entre nacionalistas y no nacionalistas para el futuro de la sociedad vasca, y la pérdida de los principios que debieran llevar desde la democracia a un auténtico proceso de paz. Con la vida y con la libertad no se negocia y estos principios, perfectamente definidos en el Pacto de Ajuria Enea, han sido violentados y sustituidos por los antagónicos. A la vista de este avance, el PNV tiene que hacer una profunda reflexión. Quiero dejar claro que no le tenderemos la mano si no hay una profunda rectificación. Que no espere ayuda.

-¿Descarta ya, entonces, un acuerdo PSOE-PNV tras el 12-M?

-No veo en absoluto ningún acuerdo de esa naturaleza en las actuales circunstancias, ninguno.

-Y, ¿llegar a pactos puntuales en el País vasco con el Gobierno de Ibarretxe?

-Ellos verán. El lendakari tendrá que decir cómo quiere sostenerse con un Gobierno de 27 escaños. No vamos a ayudar a ese Gobierno si no cambian radicalmente.

-Eso pasa por romper el Pacto de Estella y....

-No concretemos. Insisto en que en Euskadi había un método, y unos principios que inspiraban la manera de luchar contra ETA, que estaban bien definidos en el Pacto de Ajuria Enea. Había un método para resolver la incorporación de HB a la vida política; había una unidad democrática; un respaldo máximo a la acción policial y había, inclusive, un consenso en la política penitenciaria. Todo eso se ha roto.

-¿Ibarretxe debería dimitir?

-Vamos a verlo. Su gobierno es un fracaso. Es un gobierno débil, casi provisional en estos momentos, y desde el punto de vista personal tiene una situación de su liderazgo y de su gobierno que es imposible. No tiene ningún futuro. Este gobierno es como si no hubiera existido. Nunca ha llegado un Gobierno vasco a un grado de deslegitimación social, inclusive de crítica popular, como tiene el Gobierno que preside Ibarretxe. Quedan quince días para que los los ciudadanos vascos digan alto y fuerte «Basta ya».

-A Ibarretxe le han llamado desde títere hasta monaguillo. ¿Hubiese salido Ardanza por la puerta trasera?

-En lo personal, ese incidente no me suscita deseos de venganza. Quizás, simplemente, su seguridad le llevó por mayor comodidad por una puerta lateral, pero obviamente él se quivocó al aceptar esa salida por la puerta falsa.

-Todos vimos a caras visibles de sector crítico del PNV dar su adiós a Fernando Buesa, pero ¿no echaron en falta sus voces?

-Las echamos en falta en algunos casos desde hace mucho tiempo, no sólo en el funeral. Excepto Joseba Arregui que es la voz crítica que está diciendo cosas más atinadas y más valientes, no hay ninguna otra voz.

PEOR QUE HACE CUATRO AÑOS
-¿Está consiguiendo ETA desprestigiar las actuales instituciones?

-Más que desprestigiar las instituciones, el problema de ETA es que está marcándonos la agenda. En ese sentido, estamos peor que hace cuatro años. ETA está jugando en todos los planos, sólo hace falta que los que están en uno de los planos jugando con ellos, en el plano político con Lizarra, le digan: hasta aquí hemos llegado, se acabó, nos han engañado, e, inclusive, nos has humillado y le planten clara. Esto me parece obligado y, sin embargo, seguimos escuchando a Egibar decir que hay que persistir y que no se puede echar en saco roto lo que se ha conseguido.

-¿El PNV está llevando al País Vasco a la fractura social?

-Lizarra y la alianza PNV-EH están trasladando un peligrosísimo riesgo de fractura social. Durante muchos años el Partido Socialista, que pactó con el PNV, construyó desde la centralidad una sociedad vasca que se sentía mixta porque desde el Gobierno vasco se expresaba esa pluralidad, todo se hacía desde el consenso. La ruptura del pacto con el PSOE, es decir, la expulsión del Gobierno vasco del PSOE no se produce cuando los socialistas se van si no cuando el Ejecutivo se hace en octubre del 98 por imposición de Lizarra,porque está así previsto con ETA. Era una exigencia echar al PSOE, y que el Gobierno dependiera de EH y eso lo firmó el PNV, derivándose una política de pactos nacionalistas en diputaciones y ayuntamientos.

-Hace dos semanas Ibarretxe retó a su compañero asesinado a presentarle, junto al PP, una moción de censura. ¿Podrían llegar el PP y el PSOE a un pacto de Estado en el País Vasco?

-Ahora no hay mayoría. No se puede hacer una moción de censura si no se tiene diputados suficientes. Si hay elecciones y otrosresultados, hablamos, ahora no se puede.

-¿Cuál cree que fue la razón de que los alaveses pidieran responsabilidades a Arzalluz y a Ibarretxe la dimisión?

-La gente ve la política del PNV muy ambigua, apoyada en EH y en los que apoyan a los asesinos, y no lo entiende, no lo soporta, no puede quedarse insensible ante eso y se lo ha recriminado. Yo no vi a gente del Cesid gritar eso.

-A pesar de la división en bloques, ¿Anima a los vascos a seguir movilizándose?

-Sí. Soy absolutamente claro en esto. El pueblo tiene derecho a gritar y a expresar claramente, por supuesto, lo que quiera y desde luego también «Ibarretxe dimisión».

-¿Con qué breves palabras le hubiera gustado despedirse de Fernando Buesa?

-Con una expresión que me parece que le corresponde: dignificó la política y prestigió al socialismo. No me hubiera gustado despedirme de él.

Los hijos de Buesa piden unidad frente a ETA
El Mundo 27 Febrero 2000

VITORIA.- Los hijos de Fernando Buesa, asesinado el martes en Vitoria, aseguraron ayer no sentir «odio ni rencor», pidieron que no se utilice su dolor y se dirigieron a los políticos para pedir: «Que nos representen, que nos defiendan y que nos ayuden a construir una sociedad libre donde no quepa el miedo».

Sara, Marta y Carlos Buesa Rodríguez, los tres hijos del dirigente socialista muerto en atentado terrorista junto con su escolta, Jorge Díez, aparecieron ayer ante los medios de comunicación para agradecer públicamente las muestras de solidaridad y de apoyo que han recibido por parte de la sociedad.

Una de las hijas del parlamentario muerto, Marta, leyó un breve comunicado mostrando, en nombre de sus hermanos, su «más sincero agradecimiento» a aquéllos que «han salido a la calle», y les han «mostrado su apoyo y cariño».

«No queremos compasión, ni que se utilice nuestro dolor, y como ciudadanos de este pueblo, exigimos a nuestros representantes que nos representen, que nos defiendan y que nos ayuden a construir una sociedad libre, donde no quepa el miedo», añadió.

Pancartas
ERASMO El Mundo 27 Febrero 2000

Los eslóganes encierran en su seno la fibra perversa y el afán propagandístico de todo reduccionismo, al desdeñar lo adjetivo en aras de lo supuestamente substantivo. Y, ay, su selección siempre depende del albedrío soberano de sus creadores. El ETA párate, tan semánticamente condescendiente, frente a la más ulsteriana impugnación del ETA no. ¿Y? El 12-M, pondrán otra vez el reloj a cero.

Graves daños en el ataque de los violentos en Barakaldo
EL PAÍS, Bilbao 27 Febrero 2000

El ataque realizado la noche del viernes por una treintena de encapuchados contra varios establecimientos del centro de la localidad vizcaína de Barakaldo se saldó con graves daños materiales y el desalojo de ocho familias ante el riesgo de que el fuego se propagara a sus viviendas. Los violentos atacaron con artefactos incendiarios tres sucursales bancarias y una oficina de Correos. La oficina del Banco de Comercio (BBVA) de la Herriko Plaza quedó totalmente destruida por el fuego, que afectó también a las cuatro plantas superiores, que hubo que desalojar. Las ocho familias que viven en ellas tuvieron que pasar la noche fuera de sus hogares.

El alcalde de la localidad, el socialista Carlos Pera, calificó el ataque de "un acto de descerebrados, en una zona de trabajadores con paro y pobreza". Los violentos cortaron los accesos al centro, según Pera, para dificultar la llegada de los bomberos. Todos los partidos, salvo EH, han condenado el ataque.

Por otro lado, la Ertzaintza detuvo en Azpeitia (Guipúzcoa) a siete miembros del colectivo Solidarios con los Presos que cruzaron un autobús en la carretera y se encaramaron sobre el vehículo. En Azkoitia fue detenida otra persona por proferir amenazas de muerte contra los ertzainas.

‘SI TUVIERA MIEDO, ESTARÍA MUERTO COMO CREADOR'
Agustín Ibarrola, artista, hombre de izquierdas, vasco sobre todo, denuncia al PNV y al Gobierno vasco por ejercer lo que él califica de terrorismo cultural contra los disidentes. Confiesa que trata de conjurar el miedo y que intenta no pensar nunca que pueda ser “el siguiente”.
A mí me ‘marcaron’ el caserío, pero primero hubo políticos nacionalistas que me señalaron con el dedo 
Existe un terrorismo cultural que el Gobierno vasco practica y del que nunca se habla
Los actuales dirigentes nacionalistas están produciendo una ideología y una estrategia absolutamente nazi
MARÍA ANTONIA IGLESIAS El País (Edición impresa) 27 Febrero 2000

La voz temblorosa, apagada, la mirada cruzada por la angustia y la miopía, ocultan su vocación de resistente. Acusa como si pidiera excusa por las palabras que no tienen vuelta de hoja, no coartadas ni matices.

Pregunta. Le imagino a usted, señor Ibarrola, muy cerca de Femando Buesa, de la expresión de su rostro, de su mirada, en aquella manifestación del “¡basta ya!”, unos días antes. No sé cómo habrá vivido la noticia de su asesinato.

Respuesta. Yo recuerdo a Femando Buesa con esa mirada severa, tan suya, como si estuviera mirando los propios conceptos que tenía y que los exponía siempre con tanta claridad que eran intachables. Mari Luz, mi mujer, había hablado con él a mediodía, unas pocas horas antes de que lo asesinaran. Nos llamaba para darnos calor, para darnos ánimo por lo que nos había ocurrido en el caserío, y, ¡claro!, ella está muy conmocionada con su muerte. Y yo le recuerdo, mira, cuando nos vimos fue en un momento en el que estábamos subidos, culminando la manifestación, pues en el txoko de la música de la banda, de la Banda del Bulevar, y estábamos todos muy juntitos, y a mi, entonces, me invitaron a que saliera muy rápidamente de allí, que me cogieron los escoltas de Mosquera y la gente de CCOO y me dijeron: “¡Hala, Vega, tú vente, tú sal!”. Y entonces fue cuando le vi a Femando Buesa y le vi que tenía una expresión serena. Yo con Femando pues coincidía ideológicamente porque él representaba una línea del Partido Socialista de Euskadi firme, pero con capacidad para el diálogo. Yo tengo mi personal convicción de que ETA ha querido romper, dinamitar los puentes con el PNV que representaba Femando Buesa a pesar de que no les pasaba una.

P. No sé si tiene miedo a ser el siguiente, o el siguiente del siguiente.

R. ¡No quiero aceptar eso! Ni siquiera filosóficamente. No pertenezco a la filosofia unamunesca que puede convertir en un hecho creativo y en un hecho filosófico la angustia de la muerte, la sensación de la muerte cuando uno está vivo. Sencillamente, yo soy un hombre que rinde culto a la vida y me niego absolutamente a que me pueda ocurrir a mi esa muerte. ¡No quiero pensar en ello!

P. No sé si su razonamiento sirve para conjurar el miedo, esa convulsión inevitable a veces...

R. ¡Ah, ah! ¡Es que eso es otra cosa! Es verdad que yo siento mucho miedo por mí, y por mi familia, y por los demás. Siempre he sentido mucho miedo a pesar de que hay gente que me para, que me dice: “Oye, bien, gracias por defendemos a nosotros”. Pero uno es tan cobarde como cualquiera y yo no me siento libre, ni valiente, ni nada. Pero también pienso que si yo hubiera sentido un miedo invencible tampoco hubiera sido capaz de salir desde el fascismo hacia la democracia y de buscar la reconciliación. Incluso ahora, a pesar del trato que me ha dado el conjunto del nacionalismo, yo sé que merece la pena arriesgarse porque sé que hay muchos nacionalistas que son demócratas. Lo único que les quiero decir es ¡que lo demuestren!, que ya no es un asunto intemo de sus familias, sino que tienen que producir la catarsis del nacionalismo para situarse de nuevo en el campo de la democracia. Los actuales dirigentes del nacionalismo están produciendo en algunos de sus sectores, cada vez más amplios, una ideologia absolutamente nazi.

P. ETA parecía preferir a los politicos o a la gente sencilla. Ustedes, los intelectuales y artistas, las élites estaban, todavía blindados.

R. ¡Yo no puedo aceptar eso que usted dice, nadie está a salvo con ETA! A mí precisamente lo que me produce miedo es que la amenaza de los terroristas se proyecta ya sobre toda la sociedad vasca y particularmente sobre aquellos que tienen la osadía de decir “¡basta ya, así no puede ser!”. Es verdad que todavía los intelectuales no hemos sido objetivo de una acción digamos irreversible de ETA, pero, sin embargo, estamos bajo la ofensiva de todo el campo de acción del nacionalismo vasco que nos persigue con el objeto de desacreditamos, para ninguneamos, para dar la sensación de que no pertenecemos a la comunidad vasca. En eso han recuperado la peor tradición del nacionalismo en forma de chantaje y amenazas sobre la gente. A mí me marcaron el caserío, pero primero hubo políticos nacionalistas que, de palabra y con el dedo, me señalaron no sólo a mi, sino a la gente del Foro de Ermua o de plataformas ciudadanas no partidistas. Nos han estado señalando con el dedo antes quienes después pueden ejecutar cualquier barbaridad. Es que, mire, el problema que tenemos en el País Vasco no es sólo el de la bomba, el del atentado. ¡Hay muchas otras formas de terrorismo! Es que las gentes que tenemos una profesión de carácter público, relacionada con el mundo de la enseñanza, por ejemplo, nos encontramos con que nos siegan la hierba debajo de los pies y que no tenemos un lugar desde donde poder proyectar nuestra actividad profesional o artística. Esa situación no la padecen desde luego otras gentes que no se han querido comprometer en la denuncia de la situación política que estamos viendo en Euskadi.

P. Lo malo es que hemos vuelto a vivir, señor Ibarrola, una nueva y repetida jornada de políticos, de enérgicas condenas. No sé si lo peor que le pueda esperar a la sociedad vasca sea, fatalmente, el hastio.

Si, si, bueno, es cierto que hay cansancio ante este tipo de hechos. Es verdad que, además de la indignación, en el País  Vasco se mezclan los sentimientos de la impotencia y del hastío. Y es que los políticos, todos, no han sabido estar a la altura de las circunstancias. Han preferido buscar situaciones de ventaja con el único objetivo de ir ganando votos. Por eso se explica la enorme proliferación de plataformas independientes que surgen desde el ámbito ciudadano para ir creando ámbitos de paz. Pero, ¡claro!, siempre a partir de una idea común: el rechazo al chantaje y al terror como actividad política. Lo malo es que, al final, los partidos políticos siempre tienen instrumentos de presión para ir aproximándose a plataformas que en su origen son independientes para llevarlas a sus posiciones estratégicas, y, lamentablemente, esas plataformas independientes no están, digamos que bajo la influencia de las mejores cabezas del campo de la cultura vasca No se si me explico. 

ENTRE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA

P. Se explica perfectamente. Lo que algunos no entienden es que su conocida trayectoria de izquierda se pueda compatibilizar, ahora, con su participación en algunas plataformas como el Foro de Ermua, en las que también está la derecha, el PP.

R. Es que... ¡por supuesto que no tengo ningún inconveniente en buscar formas de entendimiento con el PP! Una cosa es la situación general que se vive en el conjunto de España, donde, por ejemplo, en la campaña electoral que ya ha comenzado, se establece el debate en términos de izquierda y derecha. Pero en el País Vasco no son así las cosas. Para mí la imagen de Almunia y Aznar juntos tiene un valor extraordinario en la situación que vive el País Vasco, aunque pueda ser una contradicción en el resto de España. En el País Vasco yo no buscaría una situación de entendimiento entre el PSOE y el PP para gobemar, pero tampoco seria una barbaridad si estuvieran ante una hipotética dimisión de Ibarretxe, por ejemplo, para poder salir de la terrible situación en la que estamos. Yo no creo que haya contradicción en el hecho de que yo haya sido siempre, desde mi posición de izquierda, sobre todo un demócrata, ¡no un rupturista de nada ni un violento! La derecha del franquismo me trataba como a un rojo separatista, como a un hombre insurreccional que atentaba contra la seguridad del Estado, me trataban como si fuera un terrorista. ¡Y ahora la derecha nacionalista vasca me presenta casi como un hombre del PP! Esa es una de las aberraciones que se están produciendo aquí. Yo soy yo y no lo que quieran que sea otras gentes dispuestas a desbaratar no sólo mi personalidad, sino la personalidad de todos los hombres de izquierda que... 

P. Pero la derecha española, o como quiera, le trata bien, señor Ibarrola, ¿no?

R. Bueno... A mí, el PSOE, por ejemplo, no me ha tratado mal, me ha tratado bien con respecto a mis intervenciones en el Foro de Ermua. Pero no quiero defenderme de esa acusación de que la derecha me trata bien. Sencillamente, lo que ocurre es que a los demócratas vascos, que estamos dando la cara en el País Vasco, digamos que tanto la izquierda como la derecha española no nos están tratando mal, aunque tratan de llevar nuestra personalidad y nuestro trabajo cada uno a su molino. Pero esto no creo que sea para cuestionarlo ahora, ¿verdad?

P. ¿Que piensa de las octavillas que han surgido de repente con eslóganes tan elocuentes como “arriba Ermua” o “viva Franco”? ¿Le preocupa la manipulación?.

R. ¡Es que las mayores manipulaciones que hemos tenido han sido desde el bando nacionalista! Y en cuanto a esos prospectos, yo estoy seguro de que no corresponden a ninguna de las tendencias políticas, ni siquiera  de las miradas más radicales de la derecha española. ¡Eso son provocaciones! La verdad, siempre he pensado que esos panfletos con esos mensajes los ha editado la gente de EH, del mundo de ETA para desprestigiar el Foro de Ermua.

P. Cuando uno está amenazado, ¿necesita un asidero, una ventana para poder respirar?

¡Yo no me acojo á ningún asidero! Yo soy de la gente que ha estado creando plataformas unitarias desde hace 20 años en el País Vasco. ¡Yo no me monto en trenes en marcha,  yo pongo en marcha trenes, con otros, por supuesto! Yo... ¡es que no quiero inquietarme! Si yo tuviera miedo a vivir en mi caserío, yo no podría pintar, y necesito mi caserio para sentir mis raíces de ciudadano que pertenece al mundo rural, al mundo del campesino y del pastor vasco. ¡Yo soy hijo de obreros! Y después de la revolución industrial, somos nosotros los que podemos asumir la historia milenaria del pueblo vasco de una forma que no la puede asumir el nacionalismo vasco al que no le pertenece en absoluto esa historia. ¡Nos pertenece a todos los ciudadanos vascos y españoles! Si yo empezase a sentir miedo y a querer viajar fuera del caserío y a encontrarme a disgusto, ¡yo ya estaria muerto, como creador y como persona! Y yo no quiero morir, ¡yo quiero vivir!

P.  Y además se ha proclamado, recientemente, como persona cada vez más tolerante con los otros. No sé si se siente capaz de incluir al PNV entre esos otros, de encontrar algo digno de reconocimiento en la apuesta de los nacionalistas por la tregua de ETA.

R.  Mire, cuando se habló de la tregua, yo dije: el Partido Nacionalista ha administrado la violencia, y el terrorismo y la fuerza que lo practica, durante 20 años. Y si realmente hubiera una tregua no debería ser el PNV el que tendría que administrar la paz. Yo nunca he creído que se trataba de ningún proceso de paz, sino de reunificación de los nacionalistas que habían quedado muy maltrechos, y no sólo ETA, después del atentado contra Miguel Angel Blanco. Ellos quisieron imponer las tesis independentistas a todo el pueblo vasco.

P.  O sea, que les niega el pan y la sal.

R.  ¡No, no! ¡En absoluto! Hay mucha gente nacionalista que no está de acuerdo con lo que está pasando. Pero le diré, sin rodeos, que el PNV es el partido más militarista que conozco, el más leninista que puede haber desde el punto de vista de la disciplina. El PNV está viviendo contradicciones muy de fondo y necesita que le salgan a flote todas las tendencias democráticas que no están de acuetdo con la actual dirección. ¡Lo que han ensuciado los nacionalistas no somos las personas como yo las que tenemos que limpiarlo!

P. Pero, ¿no hay peligro de que el PNV, y en concreto la persona de Arzalluz, se convierta en el chivo expiatorio de toda esta situación?

R. No hay que buscar un chivo expiatorio, pero ¡el PNV tiene unas responsabilidades enormes! Pero no se le busca como chivo expiatorio. Prueba de ello es que la izquierda le está tendiendo la mano con el riesgo de ir perdiendo votos por el camino antes de cada elección. En cuanto a Arzalluz, yo lo que creo es que un auténtico dirigente democrático, a estas horas, ya habría dimitido. Sólo así sería posible buscar una solución con todos los partidos democráticos de Euskadi, con toda la sociedad vasca, la mitad de la cual hoy vive, vivimos marginados de cualquier posibilidad de decidir. Y todo porque Arzalluz ha terminado por imponer la pertenencia a una comunidad inventada, a una tribu de elegidos.

LOS DEMOCRATAS SON LAS VICTIMAS

P. No sé si está dispuesto a admitir la queja del PNV de que los intelectuales del Foro de Ermua han dedicado todos sus esfuerzos a actuar contra el nacionalismo y no a reflexionar sobre la posibilidad de un encuentro entre las dos orillas.

R. Es que... ¡es natural, es natural que la gente reaccione! ¡Se defienda! Es natural que... ¡Las victimas son las que requieren las máximas atenciones, y las víctimas del PNV son la democracia y los demócratas. Le puedo asegurar que no hay nacionalistas, ¡ninguno!, entre esas victimas.

P. Pues, ¿sabe?, algunos nacionalistas sostienen que usted ejerce un victimismo exagerado.

R.  La cuestión está en que, cuando me quejo, los nacionalistas me atacan poniéndose la venda en una herida que, de momento, sólo he recibido yo. El aislamiento, el no contar conmigo para nada, el no poner los medios que se ponen para otras personas en el País Vasco, son una realidad. No soy yo, sino los otros, los que producen agresiones contra mi persona. ¡Lo que ha pasado con la destrucción de mi bosque de Oma, con la pasividad del Gobiemo vasco, no tiene justificación posible! ¿Es que no me puedo quejar cuando me maltratan y desprecian mi obra? –

P.  ¿Se siente algo así como un preso político del nacionalismo?

R.  ¡No, no es así! Yo tengo muchos amigos en el PNV Incluso gentes que han estado en cargos de responsabilidad y que no me han tratado como el PNV en el poder. Lo que pasa es que cada vez que hay agresiones, y agresiones son ese terrorismo cultural que el PNV practica y del que no se habla apenas, las autoridades nunca, ¡nunca!, me han dicho: “Ibarrola, lo sentimos, estamos contigo!” Cuando me pintaron el caserío, nadie del Gobierno, ¡nadie!, ni los responsables culturales, me ha llamado ni me ha dicho nada. Y si yo me quejo de eso, ¿cómo me pueden decir que yo hago victimismo? Se han derribado exposiciones mías, mis figuras han rodado por los suelos destruidas, grúas y camiones con permisos oficiales se han llevado por delante obras mías de tonelada y media de peso. Eso es terrorismo cultural y no ejercido por fuerzas desconocidas, sino con autorizaciones del Gobiemo vasco.

P. Por lo que veo, usted se mantienen bien despierto para hacer su personal pronóstico de lo que le espera al País Vasco si las cosas no cambian.

R.  Yo no quiero pensar en lo peor. Pero si tengo claro que el mayor esfuerzo es el que tiene que hacer el nacionalismo. No puede despreciar la mano que le están tendiendo, en este momento, desde fuera del nacionalismo para que comience a aceptar que el País Vasco no es su propiedad privada. 

Un vasco disidente, la voz del otro miedo

Agustín Ibarrola Goicoechea, pintor y escultor, nació en el caserío de Ariz (Vizcaya) de una familia de condición modesta. Este verano cumplirá 70 años de actividad creadora infatigable. Con apenas 18 años hizo su primera exposición en Bilbao y luego se instalaría en Paris a probar suerte.  Fue allí donde fundó el Grupo 57 y publicó, junto a otros artistas, el Manifiesto de Interactividad.

lbarrola pinta paisajes y caseríos en su primera juventud, temas urbanos, mineros, masas asustadas, cárceles y metralletas entre los setenta y los ochenta.  Ahora ha logrado desdramatizar su pintura y su escultura.

Afiliado al Partido Comunista de Euskadi, estuvo en la cárcel desde 1962 hasta 1975. En septiembre de 1978 fue encarcelado de nuevo en Basaurí donde realizó un mural que luego se convertiría en una obra de hierro de mas de 20 toneladas. En 1980 el alcalde de Zaragoza, el socialista Sainz de Baranda, prohibió una exposición del artista en la que aparecían ikurriñas y guardias civiles. A partir de esa fecha, vive en su caserío de la falda del monte Ereño, cerca de Guernika. En 1983, comenzó a pintar sobre los troncos de más de 500 pinos y, hoy, su Bosque de Oma se conoce internacionalmente. Pero ha tenido que ver cómo el propietario del bosque ha talado parte de su obra; la actitud del Gobierno vasco, que no lo evitó, ha sido para el artista la expresión de la beligerancia contra un disidente.

Promotor del Foro de Ermun, ha cerrado filas con un nutrido grupo de artistas, intelectuales y políticos comprometidos en la respuesta a lo que denuncian, vehementemente, como “dictadura nacionalista”. La voz de Ibarrola contra el terrorismo y la violencia de HB se ha oído tan alta como para merecer la inquietante marca de los violentos sobre las paredes de su casa. Escultor monumental y polémico, artista internacionalmente reconocido, Ibarrola quiere ser sobre todo un vasco con derecho a defender sus raíces. Y la libertad.

POR LAS MALAS
JAVIER PRADERA El País (Edición impresa) 27 Febrero 2000

El atentado del pasado martes en Vitoria, que segó las vidas del socialista Femando Buesa y del ertzaina Jorge Diez Elorza, ha suscitado una oleada de

indignación contra ETA y de solidaridad con los familiares y compañeros de las víctimas, semejante a las movilizaciones de julio de 1997 en respuesta al asesinato de Miguel Angel Blanco. Sin embargo, el conmovedor duelo de los alaveses al despedir a su antiguo diputado general y ex vicelehendakari del Gobierno vasco ha sido descalificado por una nota oficial del PNV como un “montaje” - al igual que el rechazo al crimen de Ermua - fabricado por el Gobiemo de Aznar, los servicios de inteligencia y los medios de comunicación con el objetivo de dividir al nacionalismo.

La despreciativa contestación de la dirección de un partido que ocupa desde hace 20 años el Gobiemo de Vitoria a las protestas de la población de la capital contra la banda terrorista es un indicio de la crisis política, moral, ideológica y cognitiva por la que atraviesa el PNV a raíz de sus acuerdos con ETA y del Pacto de Estella. El insultante tratamiento dado por Arzalluz a las muestras de cólera y rechazo de los ciudadanos vascos y la ridícula atribución de sus origenes a una tenebrosa conspiración de los aparatos del Estado no significan sólo - aunque también - una cinica adulteración de los hechos sino que además expresan una creciente pérdida de contacto con la realidad y una ensoberbecida incapacidad para revisar diagnósticos erróneos y decisiones equivocadas cuando los acontecimientos lo exigen. Esa alucinada reacción no es una novedad: hace una semana el presidente del PNV acusó de jugar al victimismo a los 10.000 vascos constitucionalistas que se lanzaron a las calles donostiarras en un día de perros para exigir la protección del Gobiemo de Vitoria frente a las amenazas mortales de ETA y las agresiones callejeras del nacionalismo radical.

El enrocamiento de la actual dirección del PNV, cuyos análisis se sitúan en un incierto punto entre la fabulación consciente y el delirio paranoico, trae a la memoria las interpretaciones conspirativas de la historia que la dictadura utilizaba durante el tardofranquismo para negar validez a las protestas ciudadanas. Pero las tentativas de culpabilizar de sus desgracias a las víctimas de los crimenes de ETA y de los atentados de la kale borroka por su resistencia a ceder a los chantajes de sus verdugos sólo tienen precedentes en el mundo de la mafia. La tesis - explícita en los documentos de EH e implícita en los textos del PNV - de que la responsabilidad de la muerte de Fernando Buesa recae sobre el PSOE y las demás fuerzas constitucionalistas por no haber aceptado el ultimátum del Pacto de Estella recuerda la ominosa frase que don Vito Corleone dirigía en El Padrino a sus extorsionados clientes: “Le haré una propuesta que no podrá rechazar”.

El Pacto de Estella, negociado primero entre PNV y ETA de forma secreta y firmado después de manera pública por todos los nacionalismos en septiembre de 1998, descansa sobre un sobreentendido inspirado en la división del trabajo entre el policía bueno y el policía malo para forzar la voluntad de los interrogados renuentes a confesar delitos inexistentes. La banda terrorista se abstuvo de matar durante poco más de un año (aunque esa tregua no afectó a la kale borroka ni a sus tareas de avituallamiento) en espera de que el PNV consiguiera por la vía pacífica el imposible objetivo de que España, Francia y la Unión Europea aceptasen sus exigencias; fmgiéndose decepcionados por ese fracaso, los asesinos de ETA volvieron al tajo.

Los puntos innegociables del programa irredentista del Pacto de Estella son la territoríalidad (la anexión forzosa a Euskadi de Navarra. y el País Vasco francés, donde el nacionalismo tiene una débil implantación) y la soberanía (la creación de un Estado vasco independiente aunque una parte significativa o incluso mayoritaria de su población se opusiera al proyecto). Los medios democráticos no están al servicio de los fines antidemocráticos; la abrumadora mayoría de los navarros, de los vasco-franceses y de los alaveses o la mitad de los guipuzcoanos o los vizcainos no podrian ser obligados por las buenas a aceptar contra su voluntad la territoríalidad y el soberanismo nacionalistas: la Unión Europea, a la que pertenecen España y Francia, ha denunciado los peligros del nacionalismo identitario y fundamentalista en Austria. Los objetivos contrarios al Estado de Derecho defendidos en el Pacto de Estella sólo pueden ser perseguidos por las malas: mediante la violencia terrorista de ETA, con la complicidad del nacionalismo moderado y gracias a la connivencia del Gobiemo vasco.

Claves
JOSEP RAMONEDA El País (Edición impresa) 27 Febrero 2000

 El asesinato de Fernando Buesa y Jorge Diez ha marcado la semana. La conmoción ha dado paso a una sensación de grave fractura social. El Gobierno del PNV, atrapado en el fracaso de Lizarra, parece incapaz de afrontar la situación. La indignación crece.

1. Atentado

Siempre son un poco absurdas las especulaciones sobre los criterios con que ETA elige sus víctimas: las intenciones políticas se mezclan con las simples razones de oportunidad y facilidad, pero, matando a Femando Buesa y a su escolta Jorge Diez, los terroristas apuntaron a casi todo lo que detestan. En primer lugar, la palabra libre. Buesa era un hombre que les plantaba cara sin miedo, sin eufemismos, sin este patético temor a ofender a ETA que caractenza a los partidarios de las soluciones imaginativas. Detrás de ella, las instituciones vascas (de las que Buesa llegó a ser vicelehendakari), la representación popular, el espíritu de - Ermua y de ¡Basta Ya!, el PSOE, la Ertzainza. En fin, después de este atentado, ya no debería quedar trabajo para los esforzados exegetas de ETA, aquellos que son capaces de ver algún signo de cambio y esperanza incluso con las víctimas de cuerpo presente. Queda una sensación de profunda crisis: por la frustración, después de las ilusiones creadas durante la tregua; por el fracaso estratégico del PNV; por la fractura profunda que ha separado a los partidos democráticos, y por la evidencia de que, en Euskadi, el que no acepta el chantaje de ETA se juega la vida. 

2. Radicalización

El PNV se inventó un proceso de paz que en si mismo suponia una radicalización. Se trataba de quemar etapas a toda velocidad, para complacer a ETA, en una carrera que ha resultado suicida. Suicida para Euskadi y probablemente también para el PNV, que sale de esta aventura seriamente tocado. El resultado del Pacto de Estella es que Euskadi está peor que antes de la tregua. ETA ha conseguido un gran éxito: de la separación entre demócratas y terroristas se ha pasado a la fractura de la sociedad entre nacionalistas y constitucionalistas (o no nacionalistas o españolistas, o lo que se qulera, que de todo hay en la viña del Señor). El desenlace de la tregua confirmaría un argumento de Juansti: “El proyecto de EH y HB es llegar a una guerra civil”. ETA está en su misa: la confrontación permanente. Y la inercia actual de las cosas parece ir en la dirección de consolidar este discurso dual, salvo que el PNV reaccione después de su fracaso. Parece como si la batalla ideológica se estableciera entre quienes creen que la pluralidad es una realidad que no queda más remedio que reconocer, pero que hay que superar, y los que piensan que en Euskadi la pluralidad pasa por una sociedad compartimentada en dos comunidades, porque de momento es la mínima garantía para que el nacionalismo vasco no lo engulla todo. Si la deriva del PNV hacia el radicalismo pretendía desplazar el centro de gravedad de la política vasca arrastrando a parte de la ciudadanía con el señuelo de la paz, se ha demostrado que la estrategia era equivocada. Dos elecciones consecutivas habían demostrado al PNV que la ruptura por vía democrática era imposible. Y, sin embargo, siguió alimentando la voracidad de ETA. El PSOE se veía obligado a moverse en la dirección contraria, porque no podía dejar una sombra de complicidad con esta deriva. El espacio de amortiguación del conflicto ha quedado vacio. El discurso de las dos comunidades está en primer plano.

3. Fracaso

Tarde o temprano, el nacionalismo moderado pagará la irresponsabilidad de la estrategia de Lizarra. Pero más grave que el fracaso del PNV - todo el mundo puede equivocarse -  es su incapacidad para asumir el error. Después de tamaño desastre, la lógica democrática dice que la dirección del PNV debería dimitir. Pero ahí esta Arzalluz impertérrito, tratando de ganar tiempo construyendo una repugnante infamia a costa de sus paranoias, mientras Egibar glosa los frutos del Pacto de Lizarra. Arzalluz incluso tiene que soportar que Euskal Herritarrok, de la que él ha sido valedor infatigable, le humille criticando el comunicado del PNV sobre la manifestación de Vitoria. El nacionalismo, cuando se radicaliza, casi siempre pierde votos. Veremos lo que ocurre el 12 de marzo, porque estas elecciones adquieren gran importancia, aunque en el Pais Vasco no se celebren en condiciones democráticas óptimas. Alguien tiene que hacer reaccionar al PNV Alguien, desde su propio mundo, tiene que llamar a la puerta del PNV, gritar al oido de Arzalluz. Y este alguien sólo puede ser, con su voto, la burguesía y las clases medias, que deben entender que su envidiable status puede irse al carajo si aceptan resignadamente la situación actual. El nacionalismo tiende a neutralizar los sectores que no le son afines; su idea de país casi nunca se corresponde con la totalidad del mismo. Se ha roto el silencio de quienes habían estado sometidos a la resignación, pero el coro de voces debe llegar a las propias bases electorales nacionalistas. Y sólo entonces se podría pensar en restaurar alguna nueva mayoría que recomponga los espacios de comunicación que nunca se debían perder. Y entonces forzosamente habrá que mirar al PNV y al PSOE, que no dejan de ser los dos partidos de mayor tradición e implantación en el País Vasco y que ya se entendieron en otros momentos.

Haider: las palabras son hechos
PAOLO FLORES D'ARCAIS El País 27 Febrero 2000

Al intervenir en el caso Haider, Europa ha decidido una cuestión crucial: ha establecido definitivamente que en democracia el consenso electoral es un principio importantísimo, pero el segundo. El primero y fundamental, en cambio, es el principio del respeto a los valores ético-políticos que todas las democracias enarbolan en la poesía de las constituciones, pero que demasiado a menudo pisotean en la prosa de la política cotidiana. Al intervenir en el caso Haider, Europa, por fin, ha decretado solemnemente -para Austria y, por lo tanto, para sí misma antes que para Austria- el deber de la coherencia entre las palabras y los hechos, entre lo que está escrito en las constituciones democráticas y las políticas que los partidos y electores pueden y no pueden hacer.

Es una decisión que podría "hacer época". Significa que, en democracia, el consenso electoral, el principio de la mayoría, es importante, sí, pero no fundamental en el sentido etimológico de la palabra, no está en el fundamento de la democracia. Es la técnica ineludible del funcionamiento de las instituciones, pero su fundamento -mucho más irrenunciable, por lo tanto- está en otra parte: en el respeto a los derechos civiles de las minorías (hasta de esa minoría extrema que constituye cada uno de los disidentes), en el rechazo a cualquier xenofobia, en el antifascismo (un tema, este último, sobre el que volveremos). Sobre estos dos valores no hay mayoría que aguante: una mayoría (aun aplastante) que los rechace es, desde luego, mayoría, pero está ya fuera de la democracia. Es, democráticamente hablando, ilegítima.

En resumen, la decisión de Europa sobre el caso Haider saca a la luz sin rodeos el conflicto siempre al acecho entre los valores antes mencionados (fundamento de la democracia) y el principio de soberanía. ¿Es soberano el pueblo, o son soberanos los valores en que se fundamenta la democracia (y que ninguna mayoría puede violar)? Se trata de una vieja disputa teórica, pero de ningún modo académica, como demuestra la actualidad.

Al contrario: en realidad se trata no de la contraposición entre valores y soberanía, sino de dos versiones irreconciliables del principio mismo de soberanía. Por un lado, la soberanía como pura y simple decisión de la mayoría (encarnación de una mítica e indivisible "voluntad general"): es la tradición jacobina, cargada con el fanatismo supersticioso que recita vox populi, vox Dei. Por otra parte, la tradición constitucionalista y liberal-democrática, que entiende la soberanía como ciudadanía de individuos, una soberanía de titularidad difusa, por lo que forma un todo con los derechos inalienables de cada individuo, y, por lo tanto, se pone en peligro en toda política de intolerancia hacia las minorías (y exige, por el contrario, intolerancia institucional hacia todas las fuerzas que no respeten la igual dignidad de cada ciudadano, independientemente de su raza, religión, sexo, etcétera).

Pero la decisión de Europa "hace época" también porque constituye, según la lógica corriente, una medida preventiva. En efecto, la decisión se ha tomado antes de que se formara el Gobierno negro-azul de Schüssel-Haider. El fin era impedir su nacimiento. No se juzga a Haider por su acción como socio del Gobierno. Aparentemente, se trata de un inadmisible "proceso de intenciones".

En realidad -ésta es la clamorosa novedad destinada a "hacer época"- es el reconocimiento necesario (y si acaso tardío) de que en política (por lo menos algunas veces) las palabras son hechos. Y hay que tratarlas en consecuencia. Aun cuando desde el punto de vista filosófico-lingüístico no se trate de una novedad. Hay una disciplina que desde hace tiempo se ocupa precisamente de los "actos lingüísticos performativos"; es decir, de aquellas ocasiones en las que "decir" es ya "hacer". Algunos ejemplos: una oración está hecha sólo de palabras, pero es un "hacer" netamente distinto de una homilía; una sentencia de un tribunal no es más que un conjunto de palabras, pero es ya un "hacer" muy tangible para el condenado; el "sí" pronunciado frente a un sacerdote o un alcalde es, desde el punto de vista lingüístico, idéntico a los miles de "síes" de las discusiones amorosas, y, sin embargo, a diferencia de estas últimas, es un "hacer" absolutamente concreto, que produce consecuencias muy concretas durante años (e incluso durante toda la vida). Se podría seguir. Europa, pues, ha decidido que en política hay palabras que constituyen ya hechos, y que no valen como meras opiniones.

Haider ha dicho que "el Reich tuvo una política sana respecto a la ocupación" (13 de junio de 1991), ha criticado duramente que "alguien se indigne porque en este mundo todavía hay gente decente y con carácter (las Waffen-SS) que nunca ha abandonado sus convicciones" (boletín Fpoe, número 30, de 1995), se ha opuesto a los honores para los combatientes antinazis en cuanto "traidores" que "habrían cubierto de fango no sólo a Hitler, sino a sus mismos camaradas de batalla" (Profil, marzo de 1987).

Europa ha decidido que palabras de este tipo no son opiniones, sino ya hechos. Y como tales, sancionables, sin esperar a acciones ulteriores. Y que, por lo tanto, el simple acceso al Gobierno de un líder y de una fuerza política que ha cometido tales hechos constituye ya un hecho que viola el Tratado de Amsterdam y los valores que están en la base del solemne pacto por el que se está construyendo la Europa de las democracias. Bajo este aspecto, por lo tanto, se debe subrayar que la decisión de los catorce Gobiernos, anunciada por el presidente de turno, el portugués Guterres, es mucho más coherente que la injustificada expectación del presidente de la Comisión, el italiano Romano Prodi. Repitámoslo una vez más: admitir en el Gobierno a una fuerza política que ya ha realizado hechos (aun en forma de palabras, pero performativas) como la que dirige Haider es ya una violación de los tratados europeos y de la lógica democrática, sea cual sea la mayoría que en Austria sostiene a este Gobierno.

Pero reconociendo que esas palabras constituyen hechos (y hechos estructuralmente antidemocráticos), Europa ha recordado algo irrenunciable que hoy se tiende, demasiado a menudo, a remover: el carácter esencial del antifascismo para las democracias europeas, del que la antixenofobia es el lógico corolario.

Pero, cuidado, no se trata de una llamada genérica al antitotalitarismo. Europa recuerda a Austria, y antes que nada a sí misma, que la Grundnorm (precisamente en el sentido de Hans Kelsen, el más grande jurista de nuestro siglo) sobre la que se funda la legitimidad de todos los ordenamientos jurídicos europeos (es decir, los Estados) es la victoria contra el nazifascismo. Es decir, la derrota de los nazifascistas por parte de los ejércitos aliados y de la Resistencia. Éste es el ADN fundamental de las democracias europeas desde la guerra hasta hoy.

Que quede claro: bajo el perfil político (y antes aún moral), el gulag es tan condenable como el campo de concentración, y la destrucción de las libertades llevada a cabo por los totalitarismos comunistas lo es tanto como la llevada a cabo por los totalitarismos fascistas. Pero en el plano de la legitimación histórica de las actuales democracias europeas, en cambio, sólo el antifascismo es ADN y Grundnorm, porque los comunistas fueron parte integrante de la alianza militar (y de la Resistencia) que construyó las democracias en que vivimos. (Sin contar con que ninguno de los comunistas que todavía se declaran como tales en Italia, España y Francia defiende -no hoy, sino desde hace décadas- el gulag).

Es especialmente significativo, pues, que quien haya tomado la iniciativa de la condena europea al Gobierno negro-azul de Schüssel-Haider haya sido el líder más duro de la derecha europea, el presidente francés, Jacques Chirac. Al que nunca se le ha pasado por la cabeza cuestionar la legitimidad de Gobiernos con presencia comunista. Y que, es más, ha preferido y prefiere la derrota electoral (contra la alianza de socialistas, comunistas y verdes) antes que aceptar los votos de Le Pen, el Haider de su país. Pero quizá sea más significativa la postura intransigente contra Haider y contra Schüssel -cuyo partido ha sido suspendido por el Partido Popular Europeo- del español Aznar, el líder más a la derecha de Europa por historia política. Más a la derecha, pero en el horizonte de un ADN y una Grundnorm que no puede no ser antifascista.

Es inútil objetar que el fenómeno Haider es la respuesta a las fechorías de la partitocracia austriaca, ya sea socialdemócrata o democristiana, a sus acuerdos de partición y reparto. Totalmente cierto. Pero una respuesta a la degeneración partidocrática que se llame Haider (con sus hechos, aunque hechos de palabras) es una respuesta fuera de la democracia, y la democracia europea tiene el deber de desterrarla.

El mismo deber tendría la democracia austriaca (democracia que, repitámoslo una vez más, no se limita al principio de mayoría). Pero ¿no corre el riesgo la decisión europea de favorecer precisamente a Haider y a su nacionalismo xenófobo? En un futuro inmediato, desde luego que sí. Pero justo después, no. Si Europa es coherente aplicará todas las sanciones necesarias (simbólicas, diplomáticas, políticas, culturales), la mayoría de los austriacos acabará rápidamente por elegir la democracia, repudiar a Haider y saldar las cuentas con su propio pasado (de adhesión casi unánime al nazismo) hasta ahora removido.

Porque el enfrentamiento no es entre Europa y Austria, sino entre dos Austrias: la Austria que antepone el nacionalismo a la democracia y la otra Austria, que se toma en serio el fundamento de la democracia, la dignidad igual de cada ciudadano. Si Europa callara, traicionaría y condenaría a esta "otra Austria", a la Austria de la democracia.  Paolo Flores d'Arcais es filósofo y director de la revista MicroMega.

El Departamento de Estado de EE UU se hace eco de la polémica del catalán
El informe sobre derechos humanos refleja las tensiones lingüísticas
JORGE MARIRRODRIGA, Madrid El País 27 Febrero 2000

El Departamento de Estado de EE UU se hace eco en su informe anual sobre la situación de los derechos humanos en el mundo, hecho público el viernes, de la preocupación que existe en sectores de la comunidad castellanohablante de Cataluña por la aplicación de la ley de la lengua catalana, aprobada por la Generalitat en 1998. El documento señala las críticas que se hacen a la ley por "discriminación contra los ciudadanos hispanohablantes y la imposición de una 'hegemonía lingüística' a una población diferente".

De las 6.000 páginas del informe del Departamento de Estado, unas 25 están dedicadas a España. En ellas se hace un amplio repaso a la situación de los derechos humanos en el país en términos descriptivos y de los que la Administración española y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado salen, en conjunto, bien parados.

El informe se hace eco de las tensiones lingüísticas provocadas por las leyes de normalización y hace referencia a varios procesos judiciales pendientes en varios tribunales como resultado de la aplicación de la ley catalana.

También se refiere al debate "sobre el grado en que la lengua vasca (euskera) debe ser promovida. El sindicato de Abogados Vascófonos, afiliado al partido político pro-ETA HB, intensifica esta campaña contra el uso de servicios de traducción en procesos a ciudadanos vascoparlantes". El texto hace referencia a la no renovación de licencia a "tres emisoras de radio católicas [cadena Cope] de Cataluña" porque "sus solicitudes de renovación no contemplaban seriamente el elemento de la lengua catalana".

Los problemas lingüísticos son incluidos en el apartado dedicado a "Minorías nacionales, raciales y étnicas". En él se refleja en primer lugar la encuesta elaborada en la Universidad Complutense de Madrid, en la que el 48% de los estudiantes admiten tener sentimientos contra los inmigrantes, aunque añade otro estudio que señala que el 65% de la población española se opone a la discriminación y a la xenofobia en favor de la integración de los inmigrantes en la sociedad.

No obstante, el Departamento de Estado señala el aumento de las actividades neonazis en España. "Grupos semiorganizados de jóvenes de extrema derecha continuaron cometiendo actos de violencia durante el año aterrorizando a las minorías", y añade que unas 20.800 personas podrían formar parte en la actualidad de grupos de extrema derecha. También destaca el incendio de una mezquita en Girona y el incendio, el pasado 19 julio, de un edificio con inmigrantes de Senegal y Gambia.

 

Recortes de Prensa   Página Inicial