AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 5 Marzo 2000
#Arzalluz: un caso imposible 
Carlos Seco Serrano, de la Real Academia de la Historia ABC 5 Marzo 2000  

#Nota del Editor:
5 Marzo 2000

#Claves: Despropósitos
Carlos Mendo El País 5 Marzo 2000  

#La raza maldita
FERNANDO SAVATER El País  5 Marzo 2000

#El «efecto Piqué» se estanca
ANTONIO GALEOTE El Mundo 5 Marzo 2000  

#El 70 por ciento de los vascos cree que no tiene libertad
BILBAO. I. S. ABC 5 Marzo 2000

#El pacto de la izquierda con el nacionalismo está determinado a desguazar España»
MADRID. José María Ortiz ABC 5 Marzo 2000


Arzalluz: un caso imposible 
Carlos Seco Serrano, de la Real Academia de la Historia ABC 5 Marzo 2000

EL talante demencial de Arzalluz no tiene remedio; con él, salimos de una y entramos en otra: ahí están, ahora, sus declaraciones al periódico mexicano «Proceso».

Tras insistir en la inconcebible vileza de atribuir a Aznar y a Oreja el designio de forzar a ETA a dar golpes para ganar «con votos de sangre las elecciones», contrastando la conducta de un PNV que logra la tregua de los descarriados para facilitar el diálogo, y un Gobierno que prefiere la vuelta de los asesinatos para no tener que dialogar, el disparatado líder del nacionalismo vasco censura al presidente Zedillo porque, ateniéndose a las normas vigentes entre países amigos, ha entregado exiliados etarras a la justicia española. En mi artículo Un camino sin horizonte puse ya en claro que el diálogo es imposible cuando lo que se pretende no es dialogar, sino exigir, sin alternativas: exigir una «solución» soberanista (por cierto, palabra ésta que no registran los Diccionarios de la Academia ni el muy reciente de mi primo Manuel).

Por supuesto, en las mismas declaraciones a «Proceso», Arzalluz vuelve a afirmar como bases de la entidad nacional la raza y la lengua, atenido siempre a las formulaciones de Arana; aunque difícilmente puedan ser aceptables por el nacionalismo mexicano, respaldado por una sociedad en la que coinciden y se mezclan criollos, indios y mestizos. Claro que esa convivencia o integración fueron obra de España, que partía de la realidad peninsular, en la que, aparte los ingredientes judíos y árabes o bereberes, la «mezcla» se producía, al ritmo de las repoblaciones, entre vascones y castellanos latinos -y ahí están las Glosas Emilianenses para probarlo-. Y en cuanto a la lengua... da la casualidad de que las glorias literarias de Vasconia -bien notables por cierto, como Unamuno, el vasco universal, y Baroja- utilizaron siempre en sus escritos el español, y no el euskera.

Pero esta vez, Arzalluz riza el rizo al referirse al Rey. «Nosotros no somos monárquicos -advierte-, pero tampoco importa mucho, porque es el Rey de España». La argumentación es muy clara: es «Rey de España», pero no de Euzkadi. «En nuestro país no pinta nada».

Al soltar esta «boutade» -una más, pero que implica a su vez una inconcebible grosería- Arzalluz trata de «escapar» -todo en él es escapismo- de una historia real que nada tiene que ver con una historia inventada, como la que soñó Sabino Arana. El Rey pinta mucho porque precisamente -históricamente- la Institución que en él se encarna, a lo largo de su milenaria evolución, ha ido integrando todos los hechos diferenciales -y para empezar, el origen de las libertades vascas: ya que la presunta entidad «marginal» de Vasconia parte de la concesión de un fuero -el fuero de Vizcaya- por un Rey de Castilla.

Ahora bien, si Arzalluz ha pretendido -desde su republicanismo confesado- afirmar algo más, aludiendo a la Institución en sí misma, conviene recordarle lo mucho que esa Institución representa: nada menos que la totalidad de la Patria, encarnada por quien resume el pasado, el presente y el futuro, en una continuidad histórica, y que por estar al margen de las divisiones partidistas y de los estratos sociales, puede identificarse con todos. Cuando Canalejas, hace exactamente un siglo, describía la «nacionalización de la Monarquía», de hecho no hacía sino reflejar la grandeza de la Institución, como pieza insustituible en su concepción del Estado: «De lo que se trata es de nacionalizar la Monarquía, esto es, de lograr que fuera de la Monarquía no quede ninguna energía útil». Precisamente esa apariencia de que el Rey «no pinta nada» no es otra cosa que lo que requiere su auténtico papel de eje inconmovible, en torno al cual se mueven los elementos activos y confrontados de la política: no se identifica con ninguno de ellos, pero garantiza la estabilidad de todo el mecanismo y la libertad de movimientos de los partidos, mucho mejor que un «presidente» que, por muy ecuánime que quiera ser, nunca deja de estar vinculado a una fracción partidista: y cuando el partido al que pertenece le reduce al papel de una ficha propia, provoca más división que unidad (buena muestra de ello la da, en la comunidad vasca, el pobre «lehendakari» Ibarretxe, que gobierna «para» los nacionalistas, pero no para los vascos en general. Y a escala española, buena muestra la dio, en la reciente historia de nuestro país, don Niceto Alcalá Zamora, desplazado del poder por sus propios «amigos» en vista de que pretendía desempeñar un papel de auténtico árbitro en la lamentable coyuntura de la II República).

Un Rey, en un Estado democrático, en un Estado de Derecho, sólo resulta recusable -o imposible- cuando pretende «pintar algo»; esto es, cuando desciende de su supremo papel -el de continuidad integradora en el plano de la gran Historia- para sumarse a una fracción política: tal fue el caso de nuestra Isabel II, convertida en «obstáculo tradicional», como valedora de un solo partido -el moderado- y, en cuanto tal, responsable de la revolución de 1868, que dio al traste con el trono.

Cuando el Rey sabe atenerse al supremo papel que le reserva un Estado de Derecho, la democracia funciona a la perfección: y conviene recordar, a los no monárquicos, que un régimen se legitima por su capacidad para hacer posible la democracia. El caso español es clarísimo, y lo hace evidente la prueba de fuego que para nuestra transición supuso, en 1981, el famoso 23-F: porque, como alguna vez he subrayado, la todavía insegura democracia, nacida en 1978, no hubiera durado ni media hora si, en lugar del Rey, la jefatura del Estado hubiese estado en manos de un «presidente republicano», por muy honesto e imparcial que se mostrase (pienso en un Tierno Galván, por ejemplo). Pujol, tan distinto de Arzalluz -aunque alguna vez abandone el «seny» y se deje llevar por la «rauxa»-, lo ha sabido ver muy bien: «El Rey es el Rey», ha dicho siempre, para significar lo que la Monarquía supone para Cataluña, como herencia de un pasado del que parten, también, las raíces de Cataluña: porque los Condes de Barcelona son ascendientes directos de Don Juan Carlos.

Pero Arzalluz no es Pujol. ¿Cómo reducir a razones la irracionalidad? Bien sé que el alucinado ex jesuita no saldrá nunca de su obcecación: ni admitirá jamás que el país vasco es la más profunda raíz de España («la abuela de España», llamaba a Vasconia el inolvidable Sánchez Albornoz), ni que, en consecuencia, el Rey de España es el Rey «de Euzkadi»; ni que ETA sea el problema para Vasconia, «porque el verdadero problema allí somos los españoles, o el Gobierno de Madrid».

Pero el noble pueblo vasco, la sociedad vasca, clave de modernidad y de progreso, es algo muy diverso de Arzalluz y de los que lo apoyan. ¿Cómo es posible que siga ocupando el puesto que ocupa Arzalluz en Vasconia, incluso al frente de un partido que siempre se ha definido como demócrata y enemigo de la violencia?

Nota del Editor:
5 Marzo 2000

Esto de mezclar a Arzallus con la monarquía no resulta muy conveniente, pues en ambos casos falla el sentido común; para los monárquicos,  la mejor manera de defender sus ideales es manteniendo en silencio sus creencias.

Claves: Despropósitos 
Carlos Mendo El País 5 Marzo 2000  

Quién está empeñado en dinamitar los puentes que deberían unir a las dos orillas politicas en las que desgraciadamente se ha dividido Euskadi? Juzgue el lector. Aznar está provocando a ETA para ganar con “votos de sangre” las elecciones generales. Mayor Oreja se parece a Vladímir Putin (presidente ruso en funciones) porque ha realizado “actos de terrorismo para provocar el horror de la gente”. “ETA es una pequeña úlcera que no pone en peligro al Estado español”. El autor de tales declaraciones a la revista mexicana Proceso no es otro que el presidente del PNV, Xabier Arzalluz. (Las declaraciones fueron hechas antes de los asesinatos de Fernando Buesa y su escolta). Con este proyecto arquitectórnco, pocos puentes se podrán construir. Mientras se mantengan los compromisos de Estella-Lizarra - apuesta perdida por el PNV y punto de partida de la profundización en la división de la sociedad vasca - y se siga manteniendo la postura cainita del ellos y nosotros, cualquier proyecto de entendimiento está condenado al fracaso. Quizás Axrzalluz, tan aficionado a citar el Ulster como punto de referencia, debería leer con atención la entrevista de Berna Harbour con el lider unionista, David Trimble, publicada el pasado miércoles en este periódico. Trimble apunta certeramente al corazón del problema del Ulster. “No puede haber ejércitos privados en una sociedad democrática y una paz genuina no es posible mientras existan esos ejércitos”, afirma Trimble. Ese es el quid de la cuestión. Desgraciadamentes Arzalluz no parece compartir esa opinión. La actual cúpula del PNV condena a ETA, pero no exige su disolución como paso previo a la paz. Mantiene la vanaesperanza de conducir al redil democratico a los descarriados. Los resultados ya los conocemos.  

La raza maldita
FERNANDO SAVATER El País  5 Marzo 2000

Otra vez, como motivo de la resistible ascensión de Haider en Austria o de los sucesos de El Ejido, vuelve a hablarse de racismo entre nosotros. Es un tema que nunca queda arrinconado mucho tiempo, el inmundo basso ostinato que ha puesto música de fondo a este siglo que concluye. No sé si en la búsqueda de los más tal o los más cual de la centuria alguien ha propuesto elegir al tipo más representativo del ciudadano medio de los países desarrollados: siento decir que mi candidato no sería el miembro humanitario de una ONG, ni siquiera el teleadicto, sino pura y simplemente el racista. Es un prototipo con el que cuesta identificarse y que siempre intentamos situar fuera, en la lejanía, cuando precisamente su mayor peligro estriba en que está dentro de nosotros: no hay mejor candidato al racismo que quien ignora que todos estamos siempre a punto de serlo, en cuanto circunstancias miserables lo propician.

Pero también el racismo debe ser analizado y han de distinguirse cosas distintas bajo el mismo rótulo imponente. Como bien dice Bourdieu, "todo racismo es un esencialismo"; pero no todos los esencialismos reivindican esencias de igual género. El racismo de supuestas bases científicas que acepta una definitiva jerarquía étnica entre razas superiores e inferiores es una enfermedad moral y social que ya no es tan fácil padecer como lo fue en la primera mitad del siglo: ahora, gracias a la globalización informativa, quien más quien menos admira a algún actor o atleta negro, a varios industriales nipones, a cierto escritor latinoamericano o árabe, a sabios judíos. El mestizaje cultural del que los indocumentados abominan dificulta notablemente creer en una raza monopolizadora de los privilegios del espíritu y del cuerpo. El racista perfectamente "desinteresado", capaz de repudiar totalmente al Otro sin atención alguna a sus méritos personales y ni siquiera al provecho que su comercio puede reportarnos, es un monstruo cada vez más escaso... aunque su rareza no lo hace ni menos trivial ni menos repugnante.

Mucho más frecuente es el xenófobo vulgar, alarmado por la realidad social proteica en que cada vez más habitamos y que sueña con comunidades étnicamente homogéneas en las que el prójimo no venga a cuestionar las rutinas o fobias pueriles que llama grandilocuentemente su "identidad cultural". Éste no cree en las razas superiores e inferiores, sino en los compartimentos estancos y en la unanimidad "natural" de regimientos uniformizados por la lengua o la tradición compartida (que codifica e inventa a su gusto, para que no haya dudas). Los nacionalismos, estatales o anti-estatales, pertenecen a este género que aborrece la coexistencia pacíficamente legal de lo diverso dentro de un mismo grupo aunque la exige en el plano internacional. Y se presentan los nacionalistas xenófobos siempre como "víctimas" de aquellos grupos disímiles a los que han decidido perseguir o doblegar y a cuya entrada en la historia atribuyen el derrocamiento de su peculiar paraíso folklórico. Comparar este tipo de xenofobia con la de los nazis es no sólo exagerado sino sobre todo políticamente inexacto, aunque el lenguaje de algunos de sus mentores ideológicos y sobre todo los procedimientos de persuasión a porrazos que practican los especialmente exaltados (y semi-toleran los que dicen serlo menos) se parezcan más a los procedimientos fascistas que a cualquier otra cosa. No todo lo políticamente perverso y antidemocrático es por fuerza pariente del nazismo: también hay otras cosas malas, aunque no sean nazis. Pero esto de las comparaciones entre actitudes y situaciones políticas es cuestión vidriosa, sobre todo si intencionadamente se mutila la semejanza establecida del contexto en que se formula. Paso a contarles un reciente caso personal.

Durante la presentación en Donosti de la iniciativa ciudadana "¡Basta ya!", que convocó la manifestación contra ETA en Donosti, se me ocurrió avecinar la situación de algunos discrepantes de las tesis abertzales con las víctimas de las últimas algaradas ocurridas en El Ejido. Lo hice a raíz de una declaración de Arzallus proferida el día anterior en un mitin preelectoral de su partido, donde aseguró que como en Euskadi lo que nos sobra es seguridad, podían llevarse las fuerzas de orden público de la CAV a El Ejido. Señalé entonces que en Euskadi muchas personas no se sienten ni mucho menos sobradamente seguras, sino más bien en una situación de amenaza de sus personas y bienes comparable a la de los inmigrantes hostigados en la comarca almeriense. Pocos días después, las agresiones contra las casas de Ibarrola y de un concejal del PNV en Álava así como los incidentes ocurridos durante la propia manifestación - por no hablar de los asesinatos de Fernando Buesa y Jorge Díez cuatro días más tarde- vinieron a ilustrar este punto de vista. Sin embargo fui reiteradamente amonestado por mi exageración (nadie me reprochó la exageración inversa, o sea que en el País Vasco ha habido ya muchos muertos entre los hostilizados y en El Ejido afortunadamente no) y me recordaron, juro que innecesariamente, que la situación económica y social de los trabajadores magrebíes es catastróficamente peor que la del común de los ciudadanos vascos. Resulta curioso que nadie se preocupase en cambio de la exageración de Arzallus sobre la sobreabundancia de seguridad en Euskadi que dio pie a mi comentario, quizá por estar ya curados de espantos ante tales hipérboles. En fin, que abundan por lo visto entre nosotros supuestos maestros más dedicados a enseñarse que a enseñar: cuando se les señala la luna con el dedo, te ofrecen doctoralmente un cortauñas. Bueno, da igual, seguiremos señalando.

Los sucesos de El Ejido prueban que a menudo las "explicaciones" racistas o xenófobas no sirven más que para racionalizar -¡aunque sea irracionalmente!- la explotación económica. La verdadera raza maldita, en todas partes perseguida, a la que en cualquier latitud resulta peligroso pertenecer es la raza de los pobres. Es una raza imprescindible como mano de obra o bestia de carga pero que se hace insoportable en cuanto solicita igualdad de derechos y respeto a su dignidad humana... o cuando comete delitos desesperada por la falta de una y otra. Los habitantes de El Ejido no son racistas, aunque tampoco tienen objeción a que los inmigrantes trabajen por la mitad de sueldo que los nativos, vivan en condiciones infrahumanas, eduquen a sus hijos en régimen de apartheid, etc... siempre que tengan sus papeles en regla o, no teniéndolos, obedezcan y salgan aún más baratos. Sólo se vuelven racistas si se comete un crimen o un robo: entonces el sujeto no es tal o cual persona -obligados a vivir en circunstancias que ellos prefieren ignorar- sino la mala índole de la raza entera en general.

Así se crea prosperidad económica apresurada para unos cuantos y miseria ciudadana para todos, explotadores y explotados. Así se destruye la idea civilizada de Europa, sustituida por una variante posmoderna del esclavismo con salsa de beatitud en el balance de resultados. Lo que demuestra el caso de El Ejido -ni mucho menos único, desde luego- es que la mera maximización de las ganancias no puede fundar una auténtica comunidad democrática, todo lo más una reata de siervos sometidos al látigo de capataces de la acumulación asocial de riqueza. Hace falta conservar, ampliar e ilustrar un espacio público de derechos (sociales, laborales, culturales...) que no sea mera protección del derecho de propiedad: sin desarrollo político, la prosperidad económica no es más que barbarie. Contra la mitología de las razas o etnias, de la que se benefician los desvergonzados, la legalidad de una ciudadanía que ha de hacerse más y más cosmopolita pero que hoy sólo las instituciones estatales pueden garantizar. Repito lo que les dije no hace mucho y que Calvino me perdone las ofensas: lo que cuenta no es una humanidad productiva sino producir humanidad; quien no echa de menos la justicia cívica no debe escandalizarse de la falta de seguridad ni está legitimado para organizar somatenes.

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

El «efecto Piqué» se estanca
Los «populares» subirán entre uno y tres escaños
ANTONIO GALEOTE El Mundo 5 Marzo 2000  

BARCELONA.- La operación diseñada desde la dirección estatal del Partido Popular para que su organización en Cataluña experimentase un considerable ascenso electoral a partir de la imagen del ministro-portavoz, no parece arrojar los resultados pretendidos.

Según los resultados de la encuesta, los actuales ocho diputados que el PP de Cataluña obtuvo en las generales del 96 pasarían a ser entre nueve y once. En porcentajes, se pasaría del 18% al 20-21%. Parece bastante poco para las expectativas despertadas por el conocido como efecto Piqué.

Desde la defenestración de Aleix Vidal-Quadras de la dirección del PP catalán, el propósito de la Ejecutiva estatal del partido era el de aplicar a la organización un giro hacia la moderación y el catalanismo. Anteriormente, se había intentado algo similar con la figura de Josep Maria Trias de Bes, ex dirigente de CIU, pero la operación resultó finalmente un fiasco.

Ahora, Piqué emerge como la figura destinada a imprimir al partido un nuevo aire en Cataluña, todo ello dentro del esquema del giro al centro, aunque la encuesta refleja que tampoco Piqué parece encontrar el espacio político buscado y obtiene peores resultados que los ya reflejados en el anterior sondeo.

Para los dirigentes estatales del PP, los resultados en Cataluña y Andalucía son considerados como vitales para lograr el objetivo de aproximarse a la mayoría absoluta. La operación Piqué se enmarca en ese contexto.

De todas formas, el sondeo demuestra que el PP sube, pero menos de lo esperado y, sobre todo, menos de lo necesario.

CiU y PSC se mantienen

Por lo demás, los datos de la encuesta reflejan una situación de gran estabilidad. El mapa electoral catalán se mantiene, globalmente, en las mismas cifras que tras las elecciones del 96. Así, se confirma que el Partit dels Socialistes de Catalunya sigue siendo la primera fuerza en esta comunidad autónoma cuando se trata de elecciones generales. Se observa, pese a todo, una pequeña oscilación a la baja, dado que en porcentaje pasaría del 39,3% al 36-37%, lo que se traduciría en 17-19 escaños frente a los 19 actuales.

Las polémicas entre Borrell y Maragall no habrían pues afectado de forma notable a las expectativas electorales de los socialistas, y habría que atribuir al incombustible Narcís Serra el hecho de que el PSC mantenga sus posiciones. En cualquier caso, tampoco parece notarse incidencia alguna en Cataluña del pacto Almunia-Frutos.

El mantenimiento de los resultados obtenidos por CiU en las elecciones generales de 1996 en casi todos sus extremos, habría que considerarlo como un éxito del candidato Xavier Trias. Se esperaba un cierto descalabro de los nacionalistas por dos razones. Una, por las dudas que suscita la capacidad de Trias para desenvolverse en el ambiente de una campaña electoral, y otra, la indiscutible tendencia a la baja experimentada por la coalición en las pasadas autonómicas. Si los datos de la encuesta se revelan como ciertos, podrá decirse sin duda alguna que Trias ha ganado. Este hecho, además, podría convertirlo en el tercer hombre -con Duran Lleida y Artur Mas- en la lucha por la sucesión de Pujol.

En lo que respecta al espacio situado a la izquierda de los socialistas, entra dentro de lo previsible el mantenimiento del escaño de Esquerra Republicana, con una clara tendencia al alza en los porcentajes, pasando del 4,1% al 5-6%. También parece lógica la posibilidad de que, como refleja el sondeo, Iniciativa per Catalunya-Verds se quede sin representación. Sería el coste de haberse presentado en coalición con los socialistas en las pasadas elecciones autonómicas. En cambio, sorprende que se atribuya un escaño a Esquerra Unida i Alternativa, la versión catalana de Izquierda Unida, que actualmente carece de representación

El 70 por ciento de los vascos cree que no tiene libertad  
BILBAO. I. S. ABC 5 Marzo 2000

El 70 por ciento de los vascos piensa que en su Comunidad autónoma no hay libertad, ni igualdad de condiciones, para defender todas las ideas políticas y la mayoría de ellos cree que los no nacionalistas son los principales perjudicados, según una encuesta publicada ayer por «El Correo». Dentro de esa opinión mayoritaria en los votantes de todos los partidos, el sentimiento de falta de libertad supera el 80 por ciento entre los votantes de los partidos no nacionalistas, mientras que los que piensan que hay más libertad son los de EH.

Preguntados sobre si en la sociedad vasca, todo el mundo puede exponer sus ideas, sólo contestó afirmativamente el 13,8 por ciento de los votantes de UA; el 16,1 por ciento, de los del PP; el 17,2 por ciento, de los del PSE; el 28,4 por ciento, de los IU; el 38,2 por ciento de los de EA; el 38,4 por ciento, de los del PNV, y el 42,4 por ciento de los de EH.

La opresión, presente en todos los ámbitos, es mucho más fuerte para los que no comparten los planteamientos nacionalistas. Al ser preguntados los que alegaban falta de libertad sobre quién la tiene en menor medida o está en inferioridad de condiciones para exponer sus ideas, el 43,3 por ciento señaló a los no nacionalistas. La proporción es mucho más elevada cuando contestan los votantes del PSE, PP y UA.

Un 20 por ciento de los consultados consideró que la inferioridad de condiciones la sufren las fuerzas nacionalistas y es en EH donde en mayor medida se consideran víctimas a las fuerzas nacionalistas.

El sondeo refleja también que el 71 por ciento de los vascos apoya la permanencia en España con iguales o mayores cotas de autonomía que en la actualidad. Poco más de un 25 por ciento es partidario de que el País Vasco sea un estado independiente. Para el 38 por ciento lo ideal sería que la Comunidad dispusiera de mayores niveles de autonomía dentro de España y para el 33,5 por ciento el proyecto deseable es mantener la actual situación.

La reivindicación independentista no es compartida tampoco por todos los votantes de partidos de ideología nacionalista. Así, entre los simpatizantes del PNV, poco más de la tercera parte desea la independencia. Esta proporción crece en el seno de EA, aunque sigue sin ser mayoritaria y es especialmente fuerte en el entorno de Euskal Herritarrok.

El pacto de la izquierda con el nacionalismo está determinado a desguazar España»  
MADRID. José María Ortiz ABC 5 Marzo 2000

Gustavo Bueno, marxista a su modo, lleva décadas refundando en Asturias el materialismo dialéctico. Descree de la filosofía como un conocimiento ensimismado que no se derive de otros saberes y, naturalmente, denuncia la ideología como tapadera del interés. Desde esa posición, pie a tierra, pero también desde el platonismo propio del filósofo-rey, desgrana en esta entrevista su visión de la derecha y la izquierda.

—Usted es materialista en un mundo que avanza sobre algunos mitos como la globalización o el crecimiento económico continuo. ¿Encuentra un sostén material para ellos?

— La globalización tiene como fundamento las nuevas tecnologías, que nos tienen conectados. Pero es algo especulativo, como se ve en Mozambique. Lo que se llama globalización es la estructura actual del panorama internacional, dominado por EE.UU. La globalización es lo mismo que cuando se habla de la unidad planetaria. Es algo muy teórico. Lo que vemos más son las distancias entre nosotros, las diferencias. Me pregunta usted por el sustrato material, y la idea del materialismo histórico está tan disuelta en todas las ideologías actuales que forma ya parte de ellas.

—¿Es ese el elemento del marxismo que perdura hoy en la izquierda?

—Realmente, creo que nadie lo sabe. El otro día iba a dar una conferencia en la cuenca minera sobre la izquierda y la derecha. Al empezar a hablar vinieron los policías y me dijeron: interrumpa usted ésto, que hay una amenaza de bomba. Pregunté por el que había llamado, y era un individuo que se despidió diciendo «Gora ETA». Aunque luego no fuera de ETA estaba en esa onda, ¿no?, porque aquí en Asturias hay algunos que han votado a HB, y se llaman de izquierdas.

—¿Y cómo se explica usted eso?

—Por el desconcierto de lo que es la izquierda. Muchos toman la palabra izquierda o derecha como si fueran concepciones generales del mundo, y dicen «yo soy de izquierdas» como otro diría «yo soy musulmán».

«IZQUIERDA TRANSFORMADORA»
—De hecho se empiezan a observar elementos fascistas dentro de ese movimiento, ¿no?

—Ah, por supuesto, totalmente. Pero el fascismo es un concepto utilizado como insulto o calificativo, o como una metonimia: el fascista es el de un grupo político que tiene una estrategia de carácter violento. También sería fascista el estalinismo, y se confunde a Stalin con los nazis.

—Sin embargo, esa alianza que mantiene con una cierta burguesía sí es característica del fascismo.

—Sí, bueno, y los componentes racistas, por ejemplo, son una de las cosas más características. Pero yo a lo que me refería es a que la izquierda y la derecha juegan, sobre todo en época electoral, como conceptos ideológicos sin prácticamente contenido empírico. Cuando se dice «la izquierda transformadora», ¿cuál es su programa político concreto? Las referencias históricas de la izquierda han ido cambiando. No estoy diciendo que no haya diferencias entre izquierda y derecha, pero sí que la utilización que hacen de ellas los partidos políticos en liza, la partitocracia,es completamente gratuita, ideológica, propagandística. Sobre todo por los de izquierdas que llaman «derechona» a los otros. Se llama de izquierdas a un partido porque prefiere a Mahler o a Wagner, o porque dice que él es la cultura. Yo he escrito un libro sobre la cultura y no sé lo que se quiere decir con eso.

—El «progreso», ¿qué es?

—Hace tres o cuatro años di un curso sobre el progreso, que me está pidiendo ahora la editorial, y ahí intenté analizarlo desde sus orígenes. En aquéllo no quedaba títere con cabeza. Es una idea totalmente metafísica que no tiene ni pies ni cabeza. El marxismo tradicional se incorpora a esa idea, como todo el siglo pasado, pero es una de sus ideas más arcaicas. El propio Marx era cauto.

IDEOLOGÍAS
—Es decir, que la derecha y la izquierda se atacan mutuamente y se aplican etiquetas...

—No, la derecha no se la aplica a sí misma, porque dice que es el centro. La izquierda sí se reafirma como izquierda, y llama derecha al centro.

—Entonces sólo en la izquierda perdura una vocación de ideología.

—No, porque como es ideología es falsa conciencia.

—Exacto, sigue siendo el concepto marxista de la ideología como máscara de unos determinados intereses.

—Ahí está, es falsa conciencia. En España hay un punto central: antes del hundimiento de la URSS, cuando el PSOE empieza a desconectar del marxismo, del leninismo, etcétera. Pero mantuvo algunos símbolos externos, como la socialdemocracia alemana: la Internacional, o el puño en alto, que es un símbolo estoico. Claro, cuando se oye cantar la Internacional una vez desaparecido el proletariado... Es un concepto que no se puede utilizar hoy día. Cuando la izquierda empieza a llevar una política completamente alineada con el capitalismo, concretamente en España cuando empieza a defender la UE, la OTAN, pues ya no es izquierda en sus contenidos empíricos. Y cuando ves que las alianzas resultan ser con partidos nacionalistas que hablan de autodeterminación, como pasa en el País Vasco... Se puede decir: hombre, el centro, la derecha, también pacta con Pujol... Pero es muy distinto ese pacto que no compromete el futuro de España de los pactos con el Bloque Gallego y demás, que están deliberadamente determinados a desguazar España. Acabo de oír a una señora en la radio que, cuando le han preguntado si era española, ha dicho que no, que era catalana y andaluza. Claro, es un grado tal de necedad, que esa pobre señora es víctima de estos pactos y estas cosas.

—¿Y qué ha fallado ahí? ¿La filosofía, que no ha formado ciudadanos?

—Pues tiene mucho que ver, porque la Constitución estuvo asentada sobre filosofías que venían de otros lados, como Ortega, etcétera. Casi todos los ponentes eran profesores de Filosofía, de Filosofía del Derecho o de Derecho Constitucional. Eran gente en contacto con la literatura propia de la Revista de Occidente. Y ahí se hizo un consenso sin acuerdo, prudente, práctico, para ir tirando, para la realpolitik, y se pusieron una serie de conceptos totalmente contradictorios relativos a la identidad, la unidad, la cultura. El artículo 44, cuando dice que el Estado deberá garantizar el acceso de todos los españoles a la cultura, ¿a qué cultura se refiere? ¿La maya, la azteca? La idea de cultura que utilizaron era una mera ideología para salir del paso.

—¿Y cómo podríamos superar esta situación?

—Es muy difícil. Las encuestas del País Vasco, donde el 25 por ciento quiere la independencia, no coinciden con lo que dicen los políticos. Yo creo que aquí la clase política tiene una responsabilidad tremenda, en gran parte por su ignorancia supina.

—¿Han jugado con fuego?

—Sí, han jugado con fuego, y se han creído una serie de ideas por no haber tenido la suficiente autocrítica. Yo me doy cuenta muchas veces: tú vas a una conferencia y te faltan los políticos. ¿Qué es lo que están haciendo? Luego te enteras de que nada. Pero es que no se quieren enterar. Los políticos están al día a día urgentísimo, pero sus directrices generales son unos prejuicios sistemáticos que repiten porque no pueden improvisar. Se guían por analogías. Llamar a esto derecha e izquierda es completamente... Es vergonzoso decir que alguien es de izquierdas porque era amigo de Buñuel, de Alberti o de Lorca, o porque diga que se nos ha incoporado la «derechona». ¡Pero coño, si estamos hablando de hace cuarenta años! ¿A qué extremo de vacuidad llega el estar hablando de Mahler o de Lorca?

PROBLEMA AUSENTE
—Otro hecho que a mí me parece gravísimo en esta campaña es la ausencia prácticamente total del problema fundamental, que es el problema de España. Y en cambio se hace fuerza en la subida del PIB, muy importante, pero que es algo determinado por todos. La partitocracia constituye una deformación sistemática de la democracia. Cada partido tiene sistemáticamente que atacar al otro.

—¿Y qué fórmula política podría sustituir a esa partitocracia?

—Que la partitocracia no tuviese el control del Poder Ejecutivo.

—¿Y quién lo detentaría?

—A quien se eligiera en unas elecciones distintas de las del Legislativo. Sería un modo de evitar el control del partido dominante. Se aproximaría un poco a una democracia, no a una partitocracia.

—A lo mejor cuando se diseñó el sistema se creía que España estaba invertebraba, y es un error, quizá.

—Se pensaba ésto porque se temía el planteamiento del PCE de la lucha de clases. Aunque en un famoso informe de Dolores Ibárruri también se hablaba ya de la autodeterminación, del Estado federal.

AUTODETERMINACIÓN
—Es decir, que la responsabilidad de la izquierda al jugar con estos conceptos viene de largo.

—Es gravísima, gravísima. Sobre todo porque ahora el PSOE se ha incorporado a esta ideología, y esa es la responsabilidad que tiene si gana las elecciones. Pero no tiene sentido hablar de esa autodeterminación: ¿cuál es el sujeto de esa autodeterminación? ¿Quién se autodetermina? ¿El pueblo, el País Vasco, Cataluña?

—La cuestión de Europa significa para muchos, para los vascos nacionalistas y los radicales catalanes y gallegos, no ser español. Es liberarse de España. He oído aplicar a España una frase de Marx sobre Rusia: «Prisión de naciones». Esa es la Europa de las naciones donde nos encontraremos todos. Y para otros, para muchos que se oponen a ésto, ser europeo no es dejar de ser español, pero sí tenerlo como el pelo de la dehesa. Ya somos europeos, y podemos olvidarnos de todo lo que ocurre aquí. El libro de Fusi sobre España, por ejemplo, está en esa línea, que ve a España dentro de lo occidental. Es la tesis de la homologación de Julián Marías, a quien Fusi no cita. Pero yo sí creo que España es diferente.

 

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