AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 11  Marzo 2000
#UNA ELECCION SIN DRAMA; UNA CONTINUIDAD CONVENIENTE
EDITORIAL El Mundo 11 Marzo 2000

#La hora de las urnas
Editorial ABC 11 Marzo 2000

#Votar en el País Vasco: un mérito y un deber moral
IMPRESIONES El Mundo 11 Marzo 2000

#Los gozos y la sombra
Ignacio Sánchez Cámara ABC 11 Marzo 2000

#Olvidos insensatos
HERMANN TERTSCH El País 11 Marzo 2000

#El Gobierno central instala colegios electorales que alcaldes de EH boicoteaban
 VITORIA. J. J. Saldaña ABC 11 Marzo 2000

UNA ELECCION SIN DRAMA; UNA CONTINUIDAD CONVENIENTE
EDITORIAL El Mundo 11 Marzo 2000

Aunque los dos grandes partidos con posibilidades reales de gobernar en la próxima legislatura sean los mismos que alimentaban esa expectativa en 1996, las elecciones que se celebrarán mañana tienen un significado muy diferente al que cobró nuestra anterior cita general con las urnas.

Aquéllas no fueron unas elecciones legislativas normales. Tras 13 años de asfixiante Gobierno de Felipe González, la corrupción y el autoritarismo se habían adueñado de la vida política, económica y cultural, obstaculizando gravemente el correcto funcionamiento de las instituciones y la propia dinámica de la sociedad civil. Para buena parte de la ciudadanía, las elecciones de 1996 adquirieron el valor práctico de un referéndum: había que decidir si se permitía que el PSOE de González se perpetuara en el poder al modo del PRI mexicano o si se optaba por la vía de la alternancia democrática imperante en el resto de la Europa comunitaria. Gracias al resultado de aquellas elecciones, España vive hoy ya una democracia abierta, que puede encarar sin mayor dramatismo cualquier hipótesis de gobierno que consiga el aval de los votos.

EL PROYECTO DE AZNAR.- Cierto es que, desde el punto de vista del asentamiento de la alternancia en el acervo de nuestras tradiciones políticas, sería deseable que el paso del PP por La Moncloa no quedara como un pequeño paréntesis entre gobiernos del PSOE. La experiencia de los grandes países de tradición democrática, desde Francia a EEUU, demuestra que el plazo de una sola legislatura es insuficiente para que un proyecto político evidencie -y agote, llegado el caso- sus potencialidades reales.

El Gobierno de Aznar ha demostrado en la pasada legislatura que es capaz de sacar partido de la bonanza económica, dinamizar la economía, reducir el paro y llevar a España por una vía de progreso y normalización democrática. No son malas credenciales para aspirar a un segundo respaldo electoral que le permita demostrar hasta qué punto puede cumplir su promesa de alcanzar el pleno empleo y colocar a España en la vanguardia de la UE. En el caso del actual presidente, además, ni siquiera existe la amenaza del cesarismo, entre otras razones porque él mismo ya ha asegurado que en ningún caso sería candidato a otra reelección.

Frente a la política de Aznar, Almunia reclama otra que, sin diferir sustancialmente de aquélla en muchos aspectos, propone un incremento de la intervención del Estado en la vida económica y un aumento de la presión fiscal, de cara a conseguir una mejor redistribución de la renta. Pero mala redistribución podrá hacerse si se frena el auge de la renta nacional desincentivando a los empresarios y los inversores. Al contrario: nada ayuda más a un mejor reparto que el incremento de lo que cabe repartir.

OTRAS OPCIONES.- De todos modos, no damos por supuesto nada: ni que con Aznar España vaya a ir inevitablemente mejor ni que con Almunia esté abocada al fracaso. Creemos, eso sí, que la perspectiva de un Gobierno Almunia-Frutos aporta suficientes elementos de incertidumbre como para que, no siendo perentorio ningún golpe de timón que enderece la marcha de España, ese cambio resulte innecesario y, por lo tanto, inconveniente.

Inconveniente para la sociedad española porque, tal y como quedó patente en el cierre de campaña -frente al mensaje optimista de Aznar- su denominador común es más el ansia de «echar a la derecha» que un proyecto sólido y homogéneo. Inconveniente incluso para el propio PSOE, que dista de haber culminado su proceso de regeneración y podría caer en la tentación de recuperar las prácticas viciadas del felipismo, cuyos rescoldos están aún muy vivos. Otros cuatro años en el dique seco de la oposición le permitirían carenar a fondo su nave y aprestarla a emprender otros rumbos.

La marcha atrás del PSOE hacia el viejo felipismo estaría de todos modos considerablemente dificultada por la presencia de IU como principal fuerza aliada de los socialistas. Los de Frutos han realizado una apuesta arriesgada, que puede restarles votos por la izquierda, pero se han librado de su eterno sambenito: el llamado voto útil. Nunca como ahora ha sido para la izquierda tan útil el voto a IU. Tanto mayor sea su fuerza en el nuevo Parlamento, tanto más disipará los fantasmas del pasado y tanto más la izquierda recuperará sus señas de identidad colectivas.

Otra opción distinta es, sin duda, la que presentan, en sus áreas respectivas, los partidos nacionalistas y regionalistas. Quien se sienta identificado con alguno de ellos hará muy bien en darle su voto: nada más lícito. Pero quienes duden entre votar a uno de ellos o hacerlo a favor de una opción de ámbito nacional deberían en este caso, tratándose de la designación del Parlamento central, reflexionar sobre los inconvenientes, bien ilustrados por la experiencia, que tiene la centrifugación del voto para la gobernabilidad del Estado.

La hora de las urnas  
Editorial ABC 11 Marzo 2000

HA terminado una campaña electoral caracterizada por un tono que no ha pasado de discreto lindando con lo mediocre, presidida por la economía y la corrupción, presunta y más bien ficticia salvo en sus aspectos retroactivos, y cuya principal novedad ha sido la unidad, aparente y frustrada, de la izquierda. El PSOE e IU no han podido siquiera cerrar juntos la campaña. Los debates, indebidamente ausentes, entre los principales candidatos a la Presidencia del Gobierno han sido suplidos por la hosca campaña de descalificaciones, poco acomodadas a la realidad, por parte del PSOE. Si es normal que la oposición sea más dura, no cabe duda de que el socialismo ha traspasado la medida razonable. Cierta izquierda, ni la más prudente ni la de más vasta memoria, se resiste a dejar de conceder patentes de pureza de sangre democrática. Las palabras pasan y quedan al final las urnas.

Sin más ominosa excepción que la del País Vasco, sometido a la coacción antidemocrática del terror, una España, que vive, como reconoce el semanario «The Economist», una nueva edad de oro, vota libre y en paz. Las amenazas de ETA, en perfecta sintonía con la abstención preconizada por EH, han disparado el voto por correo de una población atemorizada. El Gobierno se ha visto obligado a habilitar cincuenta colegios electorales en municipios gobernados por EH. La eventual abstención vasca no podrá ser legítimamente capitalizada por los sicarios del terror al menos por dos razones. Una es la abstención técnica inevitable. Otra es el miedo. Los vascos sólo se dividen entre quienes no pueden votar sin miedo y quienes no les permiten hacerlo. Los que irresponsablemente desprecian y renuncian al ejercicio del derecho de voto, deberían reflexionar sobre lo que ha costado a los españoles el regreso a las urnas y lo que aún les cuesta a la mayoría de los vascos.

En una democracia todas las opciones ante las urnas son legítimas, pero no todas son igualmente responsables. El voto es un derecho pero no un deber jurídico. Votar no es obligatorio. Pero eso no significa que no sea un deber cívico y aún moral. Ningún argumento en favor de la abstención es consistente, salvo el que pretende deslegitimar a la democracia. No es necesario para votar a un partido la adhesión a todas sus propuestas programáticas ni a todos sus dirigentes y candidatos. El voto no es una entrega incondicional sino una prueba de confianza, siempre provisional, que puede ser retirada en la siguiente consulta. No es un acto de adhesión sino la expresión de una preferencia. Tampoco puede justificar la abstención una pretendida e injusta descalificación moral de los políticos. Aunque no falten los aprovechados, indolentes o corruptos, prevalecen los que trabajan en favor del interés de los ciudadanos, renunciando en muchos casos a la remuneración y a la tranquilidad de la actividad privada. Precisamente para poder discriminar mejor entre unos y otros, no habría que descartar la posibilidad de desbloquear las listas. Por último, quienes no quieran votar a ninguna lista tienen la posibilidad de votar en blanco, opción siempre preferible a la abstención. No hay que olvidar que el ejercicio cívico del voto no sirve sólo para elegir a los representantes y, a través de ellos, el Gobierno, sino también para garantizar ese delicado sistema de derechos y garantías que conforman la menos mala de las formas que han ideado los hombres para gestionar la vida pública.

Sólo José María Aznar y Joaquín Almunia cuentan con posibilidades efectivas de poder formar Gobierno. Al primero le avalan, sobre todo, el éxito de su gestión, que ha aupado a España a la vanguardia de los países de la Unión Europea, y la estabilidad política y social derivada de su capacidad de negociación. España está hoy mejor que hace cuatro años. El candidato socialista tiene en su contra además de lo anterior, su condición de derrotado en las primarias de su partido y la ausencia de un proceso de regeneración y renovación en las filas del PSOE. En cualquier caso, el domingo los únicos derrotados serán los enemigos de la democracia y de la libertad.

Votar en el País Vasco: un mérito y un deber moral
IMPRESIONES El Mundo 11 Marzo 2000

Todos los votos de los ciudadanos valen lo mismo el próximo domingo. Pero hay una comunidad del Estado español en la que, además de la elección de diputados para el Congreso, se ventilan otras cosas. Esa comunidad es el País Vasco. Por encima de las legítimas opciones ideológicas, lo que se vota en las tres provincias vascas es, si cabe, más importante que la renovación de un Parlamento. Sus ciudadanos van a tener que elegir entre un modelo de convivencia plural y democrática, encarnado por la Constitución de 1978, y unos planteamientos nacionalistas, plasmados en el Pacto de Lizarra. No es lo mismo votar al PNV o a EA que a EH, el brazo político de ETA, pero es necesario recordar que las dos formaciones moderadas siguen sin romper con quienes se niegan a condenar la violencia terrorista o la disculpan por motivos tácticos. El PP y el PSOE no concurren a estas elecciones en igualdad de oportunidades con las fuerzas nacionalistas. EH, que propugna la abstención, ha realizado una campaña de amedrentamiento, en un descarado intento de disuadir a los votantes de ambos partidos de ámbito estatal de acercarse a las urnas. Las elecciones en el País Vasco se celebran este domingo en un clima de miedo. Decir otra cosa sería mentir. La prueba es que 43.798 vascos han optado por votar por correo, lo que supone un 31% más que en las elecciones generales de marzo de 1996. El dato es muy significativo, ya que la emisión de voto por correo ha descendido un 10% en el resto de España. Hay que pedir a todos los ciudadanos de la comunidad vasca un acto de coraje: que acudan a depositar su voto mañana. Será la única manera de demostrar a los violentos la inutilidad de la vil estrategia de los coches-bomba.

Los gozos y la sombra  
Por Ignacio Sánchez Cámara ABC 11 Marzo 2000

ESPAÑA vuelve a votar en paz y libertad, salvo en el País Vasco. Lo que fue una anómala excepción es hoy casi una tradición. Quienes poseen una corta memoria, por su edad o por sus carencias en el conocimiento de la historia, quizá tiendan a infravalorar la cita en las urnas. En ocasiones, el partidismo y la banalidad de los partidos, los oportunistas y desvergonzados que acuden a la política en busca de dinero y poder y el abuso de la demagogia espantan, sobre todo a los más jóvenes, y fomentan la desilusión y el absentismo. Debería bastar la proclama abstencionista de los amigos del terror para llenar las urnas. No cabe imaginar peor compañía para una presunta, e inexistente, abstención cívica.

La tendencia a cargar las culpas sólo sobre los políticos es tan cómoda como injusta. Hace setenta años advertía Ortega y Gasset, en una hora dolorosa e incierta de la vida española, que ningún mal radical de una nación reside nunca en sus políticos, y que si el problema de España residiera sólo en ellos y fuera nuestra nación sana, prudente y próspera, los demás grupos sociales acertarían a desprenderse de la onerosa carga. Hoy no faltan entre ellos los mediocres y sinvergüenzas, pero tampoco los trabajadores y generosos, los que renuncian a las comodidades y beneficios de la actividad privada para acogerse a la inclemencia y la austeridad de la vida pública. La moralidad general de los políticos, casi con seguridad no inferior a la media nacional, no es una razón que justifique la abstención. Quienes no quieran votar a ninguna lista, siempre tienen el voto en blanco a su disposición.

Tampoco hay que olvidar que la democracia se fundamenta en el derecho y en el deber de votar, pero no se limita a ellos. Forman parte inescindible de ella derechos y garantías que sin democracia se desvanecen. Quien desprecia el voto, desprecia también estos derechos.

Esta España que vota mañana, con sus defectos y sus limitaciones —seguimos amando a España porque no nos gusta—, es mejor que la de hace veinticinco años y también que la de hace cuatro. Los sentimientos y las ideologías pueden ser subjetivos; las cifras y los hechos, no. No es necesario que venga «The Economist» a confirmarlo, pero está muy bien que lo haga, sobre todo para quienes tienden a menospreciar lo propio y a abastecerse de lo ajeno, aunque hoy lo europeo ya no nos sea ajeno. El excelente semanario británico habla en su última edición, a propósito de las elecciones, de una nueva edad de oro española y de una España que sonríe y que ha creado en estos cuatro años tantos puestos de trabajo como el resto de la Unión Europea. Los agoreros del 96 tienen hoy que magnificar o incluso inventarse unos desastres que no se han producido. Y, con todos los problemas que sufrimos, especialmente la miseria material y la intelectual y moral, si no fuera por la sombra atroz del terrorismo separatista de ETA, podríamos hoy hablar, sin complacencia en una realidad que sigue sin gustarnos, de una edad de plata de la vida pública española. La gran sombra es el particularismo separatista que desune y mata, que siembra de miedo y muerte el País Vasco y el resto de España y que se reclama heredero de una tradición falsificada que además nació en una España muy distinta de la actual. Esta sombra sólo puede ser desvanecida por la luz de la verdad y esa luz sólo puede brillar en la escuela. Por eso, mientras los habitantes y beneficiarios de la sombra controlen y deformen la educación que reciben muchos españoles, la solución, si es que llega, quedará lejos. El mejor aliado del separatismo es la mentira.

Olvidos insensatos
HERMANN TERTSCH El País 11 Marzo 2000

Es en muchos países muy popular descargar sobre la Unión Europea la indignación por las consecuencias de los errores propios. Una reflexión menos interesada y sesgada tiene necesariamente que llegar a la conclusión de que el éxito del proceso de unión europea no tiene precedentes en este continente tan castigado por guerras y recelos. Sin dicho éxito en la construcción de un espacio único político, económico y de bienestar en Europa occidental no puede entenderse ni la disolución pacífica de la alianza de regímenes comunistas en el centro y el este del continente ni su difícil pero siempre positiva evolución hacia sistemas democráticos y Estados de derecho. La atracción ejercida por el proyecto europeo ha impuesto códigos de conducta que han abortado todos los intentos de suplir el totalitarismo comunista con uno nacionalista. A principios de la pasada década había tentaciones en este sentido en muchos países, desde Eslovaquia a Rumania, pero también en Hungría o Polonia había fuerzas considerables que agitaban en este sentido.

Estos movimientos nacionalistas, racistas muchas veces y con vocación represora y expansionista casi siempre, dirigidos por los antiguos aparatos de poder sólo tuvieron éxito en los Balcanes. Esto fue así por muchas y complejas realidades históricas y por los propios errores de la UE que durante mucho tiempo primó al alumno aventajado en esta carrera del mito y la sangre contra la sociedad abierta y democrática, Slobodan Milosevic. Y la piedra angular de este error fue la incapacidad de reconocer la desaparición de Yugoslavia cuando el nacionalismo centralista proclamó su cruzada contra los periféricos.

Ahora vuelven a quedar claras las dramáticas consecuencias de estos errores en los que se insistió al permitir después de la guerra que Kosovo quedara nominalmente al menos como parte integrante de una tal Yugoslavia que sólo existe ya en la retórica oficial del régimen de Belgrado. Esta ficción de la existencia de Yugoslavia ha permitido a Milosevic no sólo vender la idea de que Kosovo volverá a ser gobernada desde Belgrado, sino también los instrumentos para su masiva intervención intimidatoria contra las fuerzas democráticas en Montenegro, el otro miembro supuesto de ese supuesto Estado federal de Yugoslavia.

La proclamación oficial de un protectorado internacional que ya existe en la práctica como paso hacia la definitiva independencia de Kosovo podría haber impedido que Belgrado utilizara a la minoría serbia en permanente agitación contra el proceso de normalización y podría haber paliado al menos la política de represalias y violencia de los radicales albaneses que temen que mientras existan serbios en Kosovo, el proceso iniciado con la guerra es reversible y en cuanto la comunidad internacional reduzca su presencia y sus enormes gastos allí, el Ejército serbio volverá, tal como anuncia continuamente Milosevic.

Pero los errores europeos no se limitan a esta obcecación por ayudar a conservar la ficción de la existencia de una federación yugoslava que fortalece al régimen de Belgrado y aleja así el objetivo de unos Balcanes democráticos, de fronteras abiertas e interesados en una política regional común. La política de nombramientos, con el francés Bernard Kouchner, un político bienintencionado que nada sabe de gestión, como máximo administrador de Kosovo, y Bodo Hombach, defenestrado en su día en Berlín, como jefe del Plan de Estabilidad en los Balcanes, demuestra que se siguen olvidando insensatamente las lecciones del pasado. Además los países europeos no están cumpliendo sus promesas de financiación en la reconstrucción y han olvidado también sus proclamas de apoyo inmediato a países que apoyaron a la OTAN y sufrieron como nadie la crisis regional, es decir, Albania, Macedonia, Rumania o Bulgaria. La frustración que esta sistemática amnesia de la UE y sus miembros genera en la región tiende a ser infravalorada. Y puede generar sorpresas muy desagradables en la región a no muy largo plazo.

El Gobierno central instala colegios electorales que alcaldes de EH boicoteaban  
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 11 Marzo 2000

Alcaldes de EH se han negado a colaborar en la colocación de las mesas electorales en medio centenar de municipios de Guipúzcoa y Vizcaya, lo que ha obligado a la Delegación del Gobierno a intervenir para garantizar la apertura mañana de los colegios en estos pueblos. La Fiscalía del País Vasco estudia adoptar medidas legales ante esa postura obstruccionista.

La mayoría de los alcaldes de Euskal Herritarrok se han dedicado a poner las mayores trabas posibles desde sus Ayuntamientos para favorecer la llamada a la abstención en estas elecciones, promovida por ETA y HB, según han denunciado fuentes fidedignas a ABC.

En medio centenar de municipios vascos, gobernados por EH e independientes, ha sido el Estado, a través de las subdelegaciones del Gobierno y de acuerdo con las Juntas Electorales Provinciales, el que ha asumido el trabajo de habilitar los colegios electorales.

ADUCEN QUE NO TIENEN SILLAS
Estos Ayuntamientos, según aseguraron fuentes de la Delegación del Gobierno, alegaron falta de sillas y de mesas para no proceder a la colocación de las mesas electorales correspondientes e impedir la cita con las urnas en estos pueblos, contribuyendo de este modo a la campaña por la abstención de la izquierda abertzale.

En concreto, las subdelegaciones del Gobierno en Guipúzcoa y Vizcaya han procedido a habilitar las mesas electorales en unos cincuenta municipios, la mayoría de ellos guipúzcoanos, de la comarca tolosarra, y el resto, una veintena, vizcaínos. Tan sólo los dos alcaldes con los que cuenta EH en la provincia de Álava, en Llodio y Legutiano, no se han negado a la colocación de las mesas electorales.

Según indicaron a ABC las mismas fuentes, los citados alcaldes han tratado de impedir el normal discurrir del proceso electoral desde sus inicios.

Por ejemplo, se han negado al reparto de las cartas con el sorteo de los miembros de la mesa, aduciendo falta de recursos.

Tampoco han expuesto al público las listas con el censo electoral, obligando a los ciudadanos a ir al Ayuntamiento para solicitar la información.

No obstante, ninguno de estos Ayuntamientos se ha negado a dar información del censo en previsión de poder ser condenados por un delito contra la ley electoral.

PREVISIBLE BOICOT ELECTORAL
Ante estos hechos y el previsible boicot electoral de los seguidores de ETA, la delegación del Gobierno en la Comunidad Vasca ha establecido un dispositivo para impedir que con la rotura y quema de papeletas o con la obstaculización de los accesos a los colegios electorales los radicales consigan la anulación de las votaciones y el cierre de alguna de las mesas si, según establece la ley electoral, logran que la votación quede paralizada durante una hora.

FURGONETAS CON REPUESTOS
El plan de la Delegación del Gobierno prevé, entre otras medidas, el mantenimiento de la situación de alerta en una docena de furgonetas que almacenarán urnas y papeletas de respuesto para que, en caso de incidentes o necesidad, sea posible abastecer a los colegios en el menor tiempo. También incluye una dotación de cerrajeros y carpinteros.

Por otra parte, al día de ayer la Consejería de Interior del Ejecutivo vasco no había pedido a la Delegación del Gobierno ayuda para completar el dispositivo de seguridad que pondrá en marcha la Ertzaintza durante la jornada electoral, que ha sido calificado de «insuficiente» por el sindicato mayoritario de este cuerpo policial. Erne alertó del «despropósito» que supone dejar en manos de un único patrullero la seguridad en pequeños municipios.

Ante estas críticas, el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, ofreció al Gobierno vasco el pasado jueves el apoyo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que, no obstante, se mantienen en alerta.

 

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