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Recortes de Prensa   Domingo 12  Marzo 2000
#Medios sin fin
Rafael Sánchez Ferlosio Escritor ABC 12 Marzo 2000

#EL SIGLO XX SE CIERRA EN ESPAÑA CON DEMOCRACIA
EDITORIAL El Mundo 12 Marzo 2000

#Los separatistas bretones atentan con explosivos robados por ETA
ROBERTO MONTOYA. Corresponsal El Mundo 12 Marzo 2000

#Dos ertzainas evitan el ataque de 70 radicales con disparos al aire
JAVIER URTASUN El Mundo 12 Marzo 2000

#Amenazas a apoderados del PP en Baracaldo
El Mundo 12 Marzo 2000

#Los españoles deciden hoy el peso que los nacionalistas tendrán en la gobernabilidad
MADRID. José Luis Lorente ABC 12 Marzo 2000

 

Medios sin fin 
Por Rafael Sánchez Ferlosio Escritor ABC 12 Marzo 2000

NADA más vano ni más fuera de lugar que ese constante jurar y perjurar «La ETA no se saldrá nunca con la suya», puesto que el caso es que, en el sentido en que ahí se dice, la ETA no tiene ninguna «suya» con la que salirse. No se trata de que sus acciones sean medios inadecuados, inútiles o aun contraproducentes para el fin de la independencia de la patria, sino de que -tal como de la larga y obstinada repetición de un mismo presunto medio inmóvil, invariable como un martillazo sobre el mismo clavo, debería haberse inferido hace ya tiempo- el pretendido fin no es realmente, si alguna vez lo fue -que no lo creo-, el contenido activo y eficiente, el móvil operante que mantiene en marcha la acreditada fundación. Así que tampoco es que no se deba parlamentar con criminales, si es que hay razón de Estado; es que con los que no persiguen fines no hay sobre qué tratar.

El pretendido fin no es más que la figura ad hoc en que la pasión antagónica desnuda necesita determinarse y encarnarse. Las autorrepresentaciones ideológicas -en el sentido cabal de «ideología» como apariencia necesaria- no sólo han de cumplir su función racionalizadora y moralizadora, sino que tienen que fraguar en una irreductible convicción. Cuando los niños eligen el esquema del antagonismo para un juego de ficción, se muestran indiferentes al «realismo» de la representación y de los personajes encarnados: tanto les da «Yo era Ulises y tú eras Polifemo» como «Yo era Rommel y tú eras Montgomery», pero en las autorrepresentaciones y los héroes o númenes en que se subrogan y encarnan los sujetos del antagonismo etarra, la «memoria histórica» -por poco escrupulosa que pueda parecer su confección- ha de adquirir un poder de sugestión y convicción, una realidad mental, tan inapelable como la realidad material, cruenta, de las acciones perpetradas en el ejercicio del antagonismo. De ahí que la fe en la verdad de esa «memoria histórica» no pueda ser una creencia neutra y desapasionada, sino un compromiso juramentado con su inapelabilidad. Modelo de delirio de «memoria histórica» es el de los tanquistas del ejército israelí, que suben a jurar bandera a lo alto de Masada, cuajando su propia identidad, mediante una subrogación a 2.000 años de distancia, nada menos que en el ectoplasma de los Zelotes.

No obstante, el complemento capital para blindar contra cualquier razón y contra el mundo entero la inapelabilidad de la autorrepresentación y la autoconvicción del antagonismo etarra es lo que Juan Aranzadi ha designado como «martirio-lógica abertzale», cuyo resorte explica de este modo: «Tan importantes o más que sus víctimas son sus mártires: los presos de ETA, y sobre todo sus muertos, son “testigos” irrefutables de la realidad, la importancia, la grandeza y la bondad (la sacralidad en suma) de la causa vasca. Los mártires de ETA \ suscitan la adhesión ético-fideísta a su proyecto político: “la causa de estos hombres debe ser hermosa, justa y noble, puesto que tan heroicamente luchan por ella hasta la muerte”». Un quid pro quo según el cual ya no es la justicia de la causa la que justifica las hazañas y el martirio, sino éstos los que demuestran la justicia de la causa o, más aún, su santidad. Por lo demás, el argumento remeda el de las más viejas y acreditadas patrias: pocos discursos de jura de bandera dejarán de esgrimir como máximo título de legitimación el secular sacrificio, el «prix de sang», que ha costado la patria, un título que obliga como deuda de gratitud y deber de fidelidad.

El que los supuestos fines de una actividad antagónica acepten verse proyectados en una perspectiva remota y sine die no sólo envuelve en una bruma de especulación e incertidumbre el posible valor como objeto de conciencia o el poco aprensible aspecto de realidad mental de tales fines tal como estén ahora en la mente y la conciencia (naturalmente, para el que no crea saber perfectamente lo que dice cuando en contexto de historia de los pueblos se permite hablar de «proyectos sugestivos»), sino que, además, el propio hiato de distancia que se abre entonces entre la actividad concebida como medio y la representación invocada como fin ha de hacer totalmente inescrutable la deseable relación de congruencia y consecuencia entre esos términos aislados por tan amplio vacío. Pero el encadenamiento de detalle, la idoneidad de cada conexión en el interior de la secuencia de acciones singulares, la adecuación de la relación de causa-efecto entre opciones sucesivas y sin perder las miras vueltas hacia el fin, no fue cosa que le quitase ni un minuto el sueño al Padre de la Patria: «Nos lanzamos a la lucha dispuestos a no entretenernos jamás en discurrir para averiguar la posibilidad o la imposibilidad de los resultados. Bástenos el ver la justicia del fin y de los medios, para emprender la obra patria con la más inquebrantable resolución» (Sabino Arana, «La ceguera de los bizkainos», 1894). La justicia del fin y de los medios, ya fuese de cada cosa por su lado o de ambas en conjunto, le eximía al Fundador de preocuparse de lo que es, por definición, consustancial de toda relación de medio a fin: la propia idea de «medio» connota la de «fin» precisamente en cuanto aquello que el medio hace posible y que es su resultado; desentenderse de la posibilidad del resultado le quita al medio su índole de tal. Las obras del antagonismo abertzale sólo son «medios» por declaración jurada de sus ejecutores; carecen de la índole pragmática de medios, pero son dedicadas a la patria, perpetradas en su nombre, ofrecidas en su altar. La relación está desviada desde el orden pragmático al simbólico, desde el plano de la acción y de la ética al del rito y el culto. Las obras de la ETA no son medios para alcanzar la patria, pero son sacrificios sangrientos consagrados a sus númenes, y como actos de culto, se repiten, iguales a sí mismos, sobre un ara inmóvil. Así puede inducirse de una frase citada por Juan Aranzadi y atribuida a un etarra de nombre Pakito: «Hay que dar pedales constantemente para que la bicicleta no se pare», lo que sugiere al punto una bicicleta estática de esas que se usan para rendir culto al cuerpo sin salir de casa. El antagonismo abertzale es un antagonismo cultual o, por así decirlo, de ejercicio. Absolutizada redundantemente como puro instrumento de sí misma, la ETA «se sale con la suya» en cada acción lograda, porque en ella se cumple de manera plena y autosuficiente su sentido y contenido. En fin, dicho en figura, no hay duda de que la flor del abertzale es el narciso, pero un narciso que no trata de aplacar su sórdida e insaciable comezón masturbatoria mirándose reflejado en estanques de agua sino en charcos de sangre.

Tampoco Arzalluz se diría que persiga ningún fin con el perenne exacerbamiento de sus histriónicas declamaciones, con ese tono como de quien sintiera sobre sus espaldas el ingente peso del abrumadoramente cargado de razón. El antagonismo de ejercicio en que da la impresión de recrearse podría describirse, en cierto modo, como el síndrome inverso del que Sartre contaba de su tío Armand, que se sentía ser alguien por la aversión que le producían los ingleses; el yo de Arzalluz parece henchido de sí mismo, colmado de autocomplacencia, no ya por la aversión que él sienta contra otros, sino por la que él consigue provocar contra sí mismo. Y en esto no desmerece del Padre de la Patria: «¡Feliz, dichoso, si llego a tener muchos enemigos que lo sean de la Iglesia, muchos que lo sean de Bizkaya!».

EL SIGLO XX SE CIERRA EN ESPAÑA CON DEMOCRACIA
EDITORIAL El Mundo 12 Marzo 2000

Las de hoy están llamadas a ser las últimas elecciones legislativas de la España del siglo XX. Representan un esperanzador broche para una centuria llena de momentos aciagos para España. Entró en ella con la Restauración seudodemocrática y caciquil, siguió con la dictadura venal de Primo de Rivera, apenas tuvo un soplo de libertad con la inestable II República, se hundió luego en la espantosa guerra civil; atravesó, en fin, la larga noche de piedra del franquismo... Es, sobre todo, en comparación con todo aquello como mejor cabe apreciar las virtudes del casi cuarto de siglo de libertad y respeto a las urnas vivido por España desde la Transición hasta las puertas del siglo XXI. La nuestra es ya una sociedad moderna, que ha conjurado los riesgos de confrontación civil y que goza de una democracia asentada y comúnmente aceptada.

Los españoles menores de 24 años con derecho al voto -algo más de cuatro millones- no pueden establecer esa comparación, porque se han librado de conocer uno de sus términos: han vivido siempre en libertad. Pero esa circunstancia, por más que les prive de una cierta perspectiva histórica, les concede a cambio una gran ventaja: todo les empuja a mirar hacia el futuro. Su ámbito es ya el de la UE y la moneda única. Su voto lo reflejará. De hecho, la necesidad de captar el voto joven, poco inclinado a prejuicios, ha condicionado considerablemente la campaña electoral, haciéndola bastante menos crispada y más explicativa de propuestas y programas que cualquiera de las anteriores.

Queda al margen de este generalizado panorama positivo la realidad -una parte de la realidad- del País Vasco, donde el pasado sigue representando una pesada losa que el presente carga sobre sus espaldas. Lo que en el resto de España va a vivirse como una apacible fiesta de la democracia, será para el País Vasco otra jornada más de crispación, que habrá convertido el sencillo acto de votar en una muestra de valor ciudadano.

En contraste con esta muestra de atavismo, irrumpen con fuerza en nuestra práctica electoral las nuevas tecnologías. Este será el primer escrutinio en cuyo seguimiento la telefonía e Internet tangan un papel de primera importancia. EL MUNDO ha hecho un gran esfuerzo para que nuestros lectores puedan seguir el desarrollo del recuento de los votos y las reacciones de los partidos en tiempo real, minuto a minuto, a través de su página web.

Durante semanas -oficialmente dos; muchas más en la práctica- los políticos han tenido la palabra para cantar las excelencias de sus respectivas propuestas. Hoy la palabra la tiene el pueblo: él va a decidir qué composición tendrá el primer Parlamento del siglo XXI.

Los separatistas bretones atentan con explosivos robados por ETA
ROBERTO MONTOYA. Corresponsal El Mundo 12 Marzo 2000

PARIS.- El grupo separatista Ejército Revolucionario Bretón (ARB) ha vuelto a atentar ayer en Francia con parte de los explosivos robados por ETA en un almacén de Plévin (Bretaña) en septiembre de 1999.

La acción terrorista de ayer estuvo dirigida contra una oficina local de Hacienda en Argentre-du-Plessis, una comuna de la Ille-et-Villaine, de la Bretaña. Al parecer el ARB habría intentado así demostrar su apoyo a la huelga de los funcionarios de Hacienda en todo el país, que ha obligado al Gobierno a aplazar la fecha prevista para realizar este año la declaración de la renta.

El atentado, cometido a las 4.00 horas de ayer, provocó importantes daños materiales pero ninguna víctima. Según informó la Gendarmería francesa, tras las primeras pruebas periciales se ha podido confirmar que el comando del ARB utilizó un kilo y medio de dinamita, proveniente del polvorín asaltado por un comando etarra en Bretaña con apoyo de sus aliados bretones.

A pesar de que buena parte de los explosivos, mechas y detonadores robados entonces fueron luego recuperados por las fuerzas de seguridad francesas en zonas cercanas a la frontera española, parece confirmado que una parte permanece aún en poder del ARB, y que el resto ha sido trasladado a España por ETA para sus atentados con coches bomba.

Dos ertzainas evitan el ataque de 70 radicales con disparos al aire
JAVIER URTASUN El Mundo 12 Marzo 2000

BILBAO.- Una patrulla de la Ertzaintza se vio obligada anteayer a efectuar un disparo al aire para dispersar a un grupo de entre 70 y 80 personas, algunas de ellas encapuchadas, que rodeó el coche en el que viajaban los agentes, y comenzó a atacarlo lanzando piedras y otros objetos contundentes.

Aunque no hubo que lamentar heridos, el vehículo policial sufrió numerosas abolladuras y la rotura de una luna. Poco después de la emboscada, que tuvo lugar sobre las 23.00 horas del viernes, efectivos de la Ertzaintza hallaron en las inmediaciones diverso material -guantes de látex, capuchas, una cazadora y un chubasquero- presuntamente utilizado por los atacantes.

Las patrullas de refuerzo que acudieron al lugar de los hechos identificaron a nueve personas por su supuesta relación con lo ocurrido. Sin embargo, todavía no se ha producido ninguna detención.

Amenazas a apoderados del PP en Baracaldo
El Mundo 12 Marzo 2000

El PP de Baracaldo ha denunciado que dos apoderados de esta fuerza política han recibido hoy sendas llamadas telefónicas en las que se les amenaza de muerte en el caso de que mañana acudan a votar. Los afectados son afiliados que no forman parte de las candidaturas ni ejercen cargo público alguno.

Los españoles deciden hoy el peso que los nacionalistas tendrán en la gobernabilidad 
MADRID. José Luis Lorente ABC 12 Marzo 2000

Si en algo coindiden los partidos, los analistas políticos y los sondeos es que de las elecciones no saldrán, salvo mayúscula sorpresa, mayorías absolutas en el Congreso. Si se cumplen las previsiones, el partido ganador -el PP, según todas las encuestas- se verá obligado, como ocurrió en las dos últimas legislaturas, a pactar con los grupos minoritarios para lograr mayorías estables en la Cámara. Ante esta previsible hipótesis y a la espera de los resultados electorales, las dos fuerzas mayoritarias preparan ya sus políticas de pactos. El PP tiene su mirada puesta en los nacionalistas catalanes y canarios. El PSOE, en cambio, apuesta por los comunistas de IU, los nacionalistas radicales del BNG y los republicanos de ERC.

Todos los sondeos de intención de voto coinciden en pronosticar que de las elecciones de hoy no saldrán mayorías absolutas en el Congreso de los Diputados. Si se cumplen las previsiones, la fuerza política vencedora se verá en la obligación de lograr pactos con los partidos minoritarios para poder gobernar el país durante la próxima legislatura. Con esa hipótesis más que probable trabajan desde hace meses las dos principales formaciones políticas nacionales -el Partido Popular y el Partido Socialista-, las únicas con posibilidades de victoria.

LOS RETOS DEL PP
Con ese escenario, los objetivos parecen claros. El PP se plantea superar la barrera de los 160 escaños y lograr un acuerdo con nacionalistas catalanes y canarios para que Aznar pueda repetir mandato. En el tramo final de la campaña, en la sede de la calle Génova se pronosticaba que los populares iban a obtener entre 164 y 168 escaños. Precisamente, esa horquilla es la misma que dio el CIS en su última encuesta preelectoral.

Con ese número de escaños, más los que puedan lograr los nacionalistas catalanes (14 ó 15, según el Centro de Investigaciones Sociológicas) y Coalición Canaria (3 ó 4, también según el mismo sondeo el CIS), Aznar podría conseguir, si las negociaciones poselectorales salen adelante, su segunda investidura como jefe del Ejecutivo y un pacto de legislatura para intentar dar al país un Gobierno estable durante los próximos cuatro años. No parece, por el momento, que las negociaciones entrañen la dificultad de hace cuatro años. Tras los comicios del 3 de marzo de 1996, se abría un horizonte mucho menos despejado que el de ahora.

No existía entonces una buena sintonía entre el partido de José María Aznar y los nacionalistas en cuyas manos estaba la llave de la gobernabilidad. Fue una campaña electoral extremadamente dura, en la que los populares habían atacado sin contemplaciones a CiU por su anterior pacto con los socialistas. Además, las relaciones con el PNV no eran buenas, debido principalmente a las importantes diferencias sobre la política de pacificación del País Vasco.

Finalmente, Aznar alcanzó un pacto con las tres principales fuerzas nacionalistas moderadas (CiU, PNV y CC) y con sólo 156 escaños consiguió que la última legislatura pasase a la historia como la más larga y estable de la democracia.

El escenario actual difiere bastante del que se vivía en 1996. Tras destacados logros en política económica y laboral, el PP cuenta con la experiencia de cuatro años de pactos diarios en el Congreso con sus socios nacionalistas. El fructífero trabajo realizado durante la pasada legislatura hace que los dirigentes populares insistan ahora en que, sea cual sea el resultado del 12-M, su intención va a ser implicar de nuevo a los nacionalismos moderados en la gobernabilidad de España.

Por su parte, CiU y CC -muy satisfechos con los resultados de su anterior colaboración con el partido de Aznar- se plantean la posibilidad de dar otra vez su apoyo al PP. Pero antes tendrá que producirse una dura negociación. Tras desempeñar durante ocho años un papel estelar en la política nacional, los nacionalistas mantienen alto el listón de sus reivindicaciones y tienen ya preparado el catálogo de exigencias que plantearán al partido ganador.

El caso del PNV es muy distinto. Los primeros tres años de la legislatura mantuvieron una cooperación fiel con el PP. A raíz de la entrada de los nacionalistas vascos en el pacto de Estella, la colaboración con los populares se fue deteriorando y el giro del PNV hacia posiciones radicales hizo que se rompiese la relación en el último tramo de legislatura. En la actualidad, las posturas de ambos partidos están muy distanciadas.

LOS OBJETIVOS DEL PSOE
De forma simultánea al alejamiento del PP, los nacionalistas vascos diseñaron su estrategia de «coqueteo» con el PSOE. En numerosas ocasiones durante los últimos tres meses han formado un «frente anti-PP» con los socialistas. También han sido llamativos los «piropos» lanzados durante esta campaña por los nacionalistas vascos a los principales dirigentes del PSOE. Todo ello demuestra que en el PNV no se descarta una alianza con los socialistas para echar a Aznar de la Moncloa.

Ése es el gran reto del PSOE. Para conseguirlo, los socialistas buscan hoy el mayor número de apoyos y, tras las elecciones, el respaldo de un conglomerado de fuerzas de diferente ideología. Un experimento parecido ensayó el PSOE tras las elecciones autonómicas y municipales del 13 de junio del año pasado.

Para lograr su reto, los socialistas necesitarían contar en el Congreso con el apoyo de fuerzas con objetivos muchas veces contrapuestos. Así, el PSOE tendría que aliarse con los comunistas de Izquierda Unida, los nacionalistas radicales del BNG y los republicanos de ERC.

El abanico de posibilidades que se abre para los dos partidos mayoritarios es muy amplio. Según las encuestas, las hipótesis que cuentan con más probabilidades de convertirse en realidad son las siguientes:

El PP gana las elecciones con menos de 160 escaños. Este resultado tendría un sabor agridulce para los populares: habrían ganado los comicios, pero no aumentarían sus votos. El PP necesitaría seguir contando con el apoyo de, al menos, dos grupos parlamentarios: los nacionalistas catalanes y canarios.

El PP logra entre 160 y 170 escaños. Es el resultado que pronostican todos los sondeos. Los populares podrían empezar a hablar de éxito electoral: posiblemente, sólo les hiciera falta pactar con los nacionalistas catalanes para lograr una mayoría estable en la Cámara. Siempre y cuando, CiU obtuviera los escaños que le pronostican las encuestas (15 diputados de media). Pese a todo, los populares buscarían también el apoyo de Coalición Canaria. para cumplir de nuevo su compromiso de mantener a los nacionalistas moderados en la gobernabilidad del país.

El PP supera los 170 escaños. Esta hipótesis nunca se ha descartado en la sede central del Partido Popular, sobre todo teniendo en cuenta la creciente confianza de los españoles en la situación política y económica que reflejan los sondeos del CIS. Es más, la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas otorgaba al Ejecutivo de José María Aznar la mejor valoración de las últimas cuatro legislaturas. Lograr más de 170 escaños sería un rotundo éxito para el PP: rozaría la mayoría absoluta y sólo necesitaría los apoyos de, por ejemplo, los nacionalistas canarios, a quienes las encuestas otorgan cuatro escaños, los mismos que CC logró en la última legislatura.

El PSOE consigue en torno a los 140 escaños. Esa cifra es la que pronostican las encuestas preelectorales. Lograr menos sería un fracaso: los socialistas perderían las elecciones y se quedarían con menos escaños que los obtenidos hace cuatro años. Si se hace realidad ese supuesto, el PSOE necesitaría un pacto «a la griega» para arrebatar el poder al Partido Popular. Los socialistas tendrían que alcanzar acuerdos con Izquierda Unida y con todas las fuerzas nacionalistas, cuestión que se plantea muy complicada debido a las grandes diferencias ideológicas que les separan.

El PSOE obtiene más de 150 escaños. Ningún sondeo refleja este resultado. Para el PSOE sería un éxito: prácticamente estaría empatado con el PP y podría formar gobierno si consigue pactar con los partidos con los que ya tiene algún tipo de acuerdo en Ayuntamientos y Comunidades autónomas (IU, BNG y ERC), siempre y cuando estas fuerzas políticas minoritarias alcancen el número de diputados que le otorgan las encuestas, y esperar a lo que determine el PNV, que en la anterior legislatura pactó con el PP, pero que, desde hace meses, «flirtea» con el PSOE.


 

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