AGLI

Recortes de Prensa    Martes 25  Abril  2000
#Simpleza étnica
Editorial El País 25 Abril 2000

#Inmigrantes 
Alfonso USSÍA ABC 25 Abril 2000  

#Cansalmas
AURELIO ARTETA El País 25 Abril 2000

#Las historias inquietantes de Mira Milosevich 
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 25 Abril 2000

#Aberri Eguna 
Ramón PI ABC 25 Abril 2000

#El Estreno
Pablo Sebastián La Estrella 25 Abril 2000

#Cómo son
ERASMO El Mundo 25 Abril 2000

#La gran decisión 
Pablo PLANAS ABC 25 Abril 2000

#Larga y ancha deuda
ANTONIO GALA El Mundo 25 Abril 2000

#Interceptado un paquete-bomba contra un periodista de 'La Razón'
EUROPA PRESS El Mundo 25 Abril 2000

#La RAE cierra filas en la guerra de los topónimos: sólo ella establece las normas ortográficas del castellano 
  ALCALÁ DE HENARES. R. V. / A. A. ABC 25 Abril 2000

Simpleza étnica
Editorial El País 25 Abril 2000

EN LA última campaña electoral, Arzalluz acusó a los partidos no nacionalistas de utilizar "el mensaje de la maleta" para asustar a los inmigrantes con la idea de que si ganaban los nacionalistas tendrían que irse de Euskadi. El domingo, en su discurso del Aberri Eguna, aludió de nuevo a los inmigrantes, pero esta vez para decir que sin ellos "habríamos podido hacer un referéndum [de autodeterminación] y ganarlo".

El discurso de la maleta no fue un invento de los españolistas: fue un nacionalista, Ramón Labayen, ex consejero de Cultura del Gobierno vasco a comienzos de los ochenta, quien habló de los inmigrantes que "vinieron con su maleta y con su voto". La idea de un voto maketo que estaría proyectando una imagen electoral deformada de la realidad vasca es tan vieja como el nacionalismo. En 1983, a propósito de la elección de un alcalde socialista en Irún, otro ex miembro de la dirección del PNV, José Joaquín Azurza, se lamentaba en un artículo de prensa de que la ley electoral no consagrase "diferentes grados de valor del voto para nativos y advenedizos", entendiendo por tales a "las personas que vinieron a estas tierras con posterioridad a la guerra civil (...), desfigurando el panorama urbano y de composición humana de esta provincia".

Un nacionalismo étnico, improbable ya en tiempos de Arana, es imposible hoy. Según el estudio del demógrafo José Aranda, publicado hace dos años basado en el censo de 1991, la cuarta parte de los matrimonios de Euskadi están formados por una persona nacida en el País Vasco y otra proveniente de otro lugar; de los 2,1 millones de habitantes de Euskadi, 650.000 han sido alumbrados por madres originarias de otra comunidad. Los vascos con sus cuatro abuelos también vascos -es decir, sin un inmigrante entre sus antecesores más inmediatos- suponen un tercio de la población. Si el criterio de nacionalidad fuera la posesión de apellidos vascos, como proponía Arana, se estaría excluyendo al 79,5% de los habitantes de la Comunidad Autónoma Vasca. Y lo mismo sucede en Navarra.

Una construcción nacional que excluya a la mayoría de la población no puede ser democrática. Esta recaída en el etnicismo estaba en la lógica del planteamiento soberanista. La contradicción entre la apuesta por un referéndum de autodeterminación, y la evidencia de que al menos la mitad de la población vota a partidos no nacionalistas -con el dato añadido de la reciente victoria del PP en las tres capitales-, está llevando a cuestionar la igualdad del voto de todos los ciudadanos. Explícito en el caso de HB e implícito en el del PNV. Al culpar a los inmigrantes y a sus hijos de la imposibilidad de una victoria electoral del independentismo, Arzalluz no sólo vuelve a ponerse la venda (en los ojos) antes de la herida, sino que avanza un paso más en la involución del nacionalismo democrático hacia el primitivismo etnicista de Arana.

Inmigrantes 
Por Alfonso USSÍA ABC 25 Abril 2000

YA sabemos quiénes son los culpables del desasosiego nacionalista vasco. No los asesinos, no sus cómplices, no los inventores de su historia, no los manipuladores, no los racistas, no los discípulos de Himmler, no los xenófobos tocados directamente por la mano de Dios. Son los inmigrantes. El gran error es de la Corona, que impulsó bajo los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII la industrialización del País Vasco, desoyendo a los vecinos franceses que no querían sus departamentos vascos desarrollados. La oferta de puestos de trabajo fue tan grande, que españoles de todas las provincias se aposentaron en el País Vasco, y contribuyeron de manera fundamental a la riqueza y el alto nivel de vida de aquel rincón de España. Ahora les dicen que no tenían sitio, que son extraños, que sus presencias sobran y que la falta de raíces euskaldunas los hace indeseables. Sin ellos, el referéndum para la independencia estaría chupado. Desde que Arzallus ha soltado esta nueva burrada en el «aberri eguna», miles de nacionalistas vascos, hijos, nietos y biznietos de aquellos emigrantes que llegaron de Castilla, Galicia, Andalucía, Extremadura y Cataluña —el desplazamiento de catalanes al País Vasco a finales del siglo XIX fue masivo—, andan con la mosca detrás de la oreja, la mirada resignada, torpes los andares y el ánimo roto. Para votar en el País Vasco, de acuerdo con los deseos del gran xenófobo, hay que presentar cuatro apellidos euskaldunes, un análisis de sangre con el RH negativo, una radiografía del cráneo y bajarse los pantalones y calzoncillos ante los miembros de la mesa electoral para que éstos comprueben las dimensiones del culo. Que ya se sabe —y Arzallus lo demostró en sus tiempos de seminarista—, que los culos de los vascos son escurridos, de poca pompa, magros de nalga y naturalmente armónicos tanto en su fase de adaptación lumbar como pernil. Es decir, y para que ustedes lo entiendan perfectamente. El culo de los vascos es como el de Arzallus y como el mío, mejorando lo presente. Así, ante la mesa electoral pueden darse situaciones de difícil compostura democrática. «A pesar de sus apellidos, usted tiene el culo muy gordo, señora»; «sí, lo reconozco, pero voy a votar al PNV»; «entonces ya no tiene el culo tan gordo. Vote, por favor».

Lo bueno de las barbaridades de Arzallus es que, después del golpe de estupor al leerlas u oírlas, pueden ser interpretadas sin dificultad alguna con pitorreo balsámico. Los líderes fanáticos sólo asustan a sus esclavos, en el caso que nos ocupa a los nacionalistas descendientes de inmigrantes. En «El Libro de Jomeini», cuyo título original es «Principes sociaux et politiques de L'Ayathollah Khomeini», traducido por Ramona Tatjer y editado por Bruguera en 1981, se leen cosas como la que sigue: «El Gobierno islámico (póngase nacionalista) está sometido a la Ley del Islam (al nacionalismo) que no emana ni del pueblo ni de sus representantes sino directamente de Dios y de sus leyes divinas». (Compárese con los pensamientos de Sabino Arana y se llevarán un susto). Después, Jomeini dicta sus normas higiénicas, inspiración de las futuras que impondrá Arzallus: «En el momento de defecar u orinar debe uno agacharse teniendo cuidado de no ponerse de cara o dar la espalda a la Meca». En la versión euskalduna, que amablemente pongo a disposición de Arzallus sin cobrarle derechos de autor, la norma rezará: «En el momento de defecar u orinar todo buen vasco —no los inmigrantes—, deberá agacharse, sacar la brújula y no ponerse de cara o dar la espalda al Monte Gorbea».

Me duele el disgusto que se habrán llevado los nacionalistas descendientes de inmigrantes, como Caballero, como González —al que añade el Chávarri—, o como De Juana Chaos, que se ha pasado la vida asesinando en nombre de la «independentzia» y ahora llega Arzallus y le llama «maketo» en sus condenadas narices. Caballero escribió un artículo en el que calificaba de «ratas» a los españoles que se instalaron en Ermua, como Miguel Ángel Blanco. No ha tenido Arzallus un detalle con Caballero. Pues nada, a hacer el censo, a reducirse los cráneos, a analizarse la sangre, a aligerar el culo, a votar y a ser independientes. Muy sencillito.

Cansalmas
AURELIO ARTETA El País 25 Abril 2000

Por si lo ignoran, en Navarra se dice cansalmas de la persona que, tozuda y machaconamente, a intervalos regulares y de modo monótono, sin ningún respeto por nuestro interés o estado de ánimo, nos repite hasta la hartura un mismo relato o nos comunica idénticos propósitos e invariables esperanzas. Es verdad que tanto nos puede abrumar el pesimista como el optimista, con tal de que sean igual de implacables, pero colgamos ese sambenito más del que no para de contarnos sus quejas que de quien nos recuenta sus dichas. Pesar, pesadez y pesadumbre vienen de peso, de suerte que lo propio del cansalmas es agobiarnos con el fardo que nos echa encima.

Su eterna salmodia versa sobre un agravio o afrenta de los que se cree presunta víctima..., y sobre la venganza o desquite que anda maquinando y de los que nos quiere hacer cómplices. El cansalmas agota sin jamás agotarse, es el dios del gota a gota. Al lado de su pertinacia, la de la sequía es cosa leve y benigna.

Se trata, pues, de un canso, como por aquí se llama no sólo al cansado ("Ya me tienes canso"), sino también al que produce fatiga ("Anda, no seas canso"). Ése nos muele el alma, nos la tritura a fuerza de pasarla por la rueda de su monotemático molino. O, para ser más exactos, nos la corrompe. De allí que reciba el apelativo de corrompido, por mentar todavía otra expresión local para decir lo mismo. Como el canso, este corrompido designa igual al sujeto agente que al paciente, tanto vale para el corrupto como para el corruptor. Al ser inaguantable, le espetamos un "Cállate de una vez, que me corrompes", pero también "No seas canso, corrompido".

A estas alturas, ya habrán adivinado que nuestro más fatídico cansalmas, el canso y corrompido de todos los días, resulta el tipo dominante entre los nacionalistas vascos. Su voluntad sería admirable, si es que mereciera ese nombre la brutal persistencia de la marea. Como le ocurre al huracán o al terremoto, tampoco en él asoma el menor atisbo de su reiteración ni la mínima sospecha de los desastres que origina. Simplemente está embarcado en una especie de tarea cósmica que cumple con la fidelidad de los equinoccios.

Carece de humor, porque su mundo no está para fiestas, y de sentido del ridículo; a sus ojos risible es más bien el universo entero comparado con la seriedad y magnitud inconmensurable de su causa. De modo que su carácter no es sólo su destino: también es el nuestro, porque él más que nada ni nadie nos lo marca y dirige. Es la mismísima ley de la gravedad bajo apariencia humana. Pero sería más justo tenerle por superhombre, alguien que supera en contumacia al término medio y que no cejará hasta obtener la aniquilación o la rendición de todos los demás.

El cansalmas nacionalista es especie de una sola idea (o, mejor, 'creencia') y no comprende siquiera que pueda haber alguna otra. Cada vez que se tropieza con ideas, en plural, las atribuye a desequilibrio del contrario o a franca conspiración. No hay razón que le valga, porque en su caso el principio de identidad, la ley universal del pensamiento, se confunde con el principio de identidad nacional: Euskal Herria es Euskal Herria y no puede no serlo. Esta democracia de mercado le favorece, porque aquí todas las opciones se juzgan igual de legítimas y sus preferencias no tienen por qué justificarse. Su reino es el del puro querer, y ni siquiera el querer de los más, sino el suyo propio. Y es que su metafísica de caserío se condensa en esa fórmula, ser para decidir, que avergonzaría a cualquiera menos a él. Al revés que el resto de los humanos, que somos lo que a cada instante decidimos, él es de una vez para siempre y sólo le cabe decidir que todos sigamos siendo lo que la naturaleza y la historia al parecer ya decidieron por nosotros.

He aquí al hombre de los derechos, el resentido insaciable que no conoce más deber que el infinito que todos le debemos. Uno a uno, todavía sería soportable, pero se vuelve aún más osado e imbatible cuando actúa en bandas o en bandadas. Entonces la atmósfera se hace literalmente irrespirable. Al igual que otros creyentes, en su ejercicio más desaforado ha dejado ya muchos cadáveres en el camino. En su quehacer corriente (y sobre todo moliente) se contenta con desgastar los ánimos de los que pilla desprevenidos. Y, entre el pavor general a los unos y el desistimiento aburrido ante los otros, la inmensa ficción que fabrica ha conseguido absorber pensamientos privados y energías públicas, dividir a familias y a amigos, sojuzgar a los más débiles y dejarnos este amargo rictus en el rostro.. Su mísera herencia durará generaciones.

Cierto que también de los hombres más grandes se dice que están poseídos de una manía, aunque suele ser una manía divina. La de nuestro cansalmas es tan humana, que el diccionario la define como "mala voluntad contra otro, ojeriza". En suma, este maniático nos tiene manía porque no estamos poseídos por su misma manía. Pero la principal diferencia frente a otras clases de apóstoles reside en la pequeñez de la buenaventura que predica para lo desmesurado del sacrificio que nos exige. El militante cristiano o el comunista merecen respeto al menos por lo grandioso de su oferta, pero estos otros sólo ofrecen a corto plazo paraísos menudos de boinas y trikitixas. Han limitado nuestra existencia colectiva a la minúscula dimensión de su espíritu, a la recuperación de lo que la mayoría nunca fuimos ni tuvimos, a una inacabable misa de difuntos. Han reducido la Tierra a su pequeño territorio, y en éste no saben qué hacer con los inquilinos que no sean sus cofrades.

Lo que es más, el destino al que aquellos otros profetas nos invitan a sumarnos se cumplirá al final con nuestro beneplácito o sin él. El que arrastra al nacionalista, en cambio, no puede prescindir de nosotros: su Pueblo nos necesita, porque si no, no hay Pueblo; su Lengua nos necesita, porque si no hay Lengua ni Pueblo, y sin Pueblo ni Lengua, a ver qué pasa. El cielo o la sociedad sin clases pueden esperar, pero no así Euskal Herria.

La fuerza incansable de este cansalmas no convence, qué más le da, pero vence un poco cada día. Tampoco espera el cordial reconocimiento de nadie, porque le basta con la adhesión vergonzante del cobarde o el "respeto" del melifluo, que hoy pasan por ciudadanos de bien. Vence en cuanto el otro se calla o retrocede un solo paso: ése es ya un terreno después irrecuperable. Vence como se le admita la premisa mayor de su letanía o se deje sin rebatir el primero de sus presupuestos. Tal vez incluso vence cuando cedemos a la piedad hacia él, porque él será inmisericorde.

Nos fatiga hasta el hastío y la desesperación, pero no dejaremos que nos agote, porque sólo triunfará por ese agotamiento. ¿O acaso no disponemos de convicciones más potentes y de ideas más fundadas que las suyas? Nos cayó la desgracia de ser sus contemporáneos, qué le vamos a hacer. No nos ha sido dado el poder de escoger a nuestros vecinos, pero sí el de impedir que se conviertan en nuestros amos. Aurelio Arteta es catedrático de Ética y Filosofía Política de la UPV.

Las historias inquietantes de Mira Milosevich 
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 25 Abril 2000

LOS mejores libros son los más inquietantes, aquellos que remueven convicciones y despiertan la duda. Al menos en el campo del ensayo. El libro de Mira Milosevich titulado Los tristes y los héroes, historias de nacionalistas serbios, pertenece a esa categoría imprescindible. El subtítulo, «historias de nacionalistas serbios», es mucho más que un evidente reconocimiento a Jon Juaristi, autor del prólogo. Porque lo más inquietante de este libro es la colección de historias personales consagradas al culto a un pasado mítico que impone a los vivos una deuda impagable con sus muertos, trágicas historias de resistencia y grandeza serbia como las que sus abuelos contaban a la autora junto al fuego familiar, historias en fin que, al pretender pasar a la Historia, han consumido muchos millones de vidas.

Los libros que cuentan una Historia -así, con mayúscula-, aunque sea luctuosa y desgraciada, suelen introducir sentido y propósito racional en esa abigarrada, azarosa y desordenada sucesión que son las cosas humanas (eso era, al menos, lo que Voltaire pedía a los libros de historia: racionalizar la ambición, execrar la locura, ridiculizar la superstición). Pero los libros de historias, como este de Mira, obedecen más bien a un interés diferente: mostrar la impostura y el peligro de tantas historias con mayúscula, en su caso la del nacionalismo serbio (algo que vale para el de cualquier otro lugar del mundo). Sucede que la Historia nacionalista puede muy bien ser melancólica -o lo es por naturaleza, según Jon Juaristi- y desgraciada, pero esa melancolía exudada también es consoladora, afirmativa, narcisista: a su luz de fuego fatuo, los peores desastres del pasado parecen lecciones excelentes para el futuro: así, una derrota medieval serbia en Kosovo, tema de la épica campesina cantada al atardecer, acaba convertida en ideología que interpreta el presente y reclama un futuro nacional puro. La tradición deviene arma del oportunismo político que justifica el homicidio étnico exigido por ese mal sueño de un país homogéneo.

Los tristes y los héroes es un libro inquietante, y por tanto imprescindible, porque saca a relucir un problema poco grato para el racionalismo y el idealismo occidental, a saber, el peso de los mitos trágicos en la vida social y política de las sociedades modernas, no por negada o secreta menos perturbadora. Ya lo advirtieron Adorno y Horkheimer: no hay peor mito que el de creerse libre de ellos. Los yugoslavos creyeron, o quisieron creer, que el Estado federal gobernado por Tito con mano de hierro exorcizaba el fantasma del nacionalismo étnico. Pero el muerto sólo dormía. Después de Tito, fracasado el sistema supeditado a la dictadura del partido comunista, el nacionalismo serbio resucitó el vetusto mito de Kosovo, llamando a todos los serbios a unirse contra los traidores internos (serbios demócratas y apóstatas turcos, que así llaman a los bosnios, similares a nuestros moriscos) y el enemigo exterior.

Yugoslavia, contra lo que algunos prefieren creer, no era una república bananera, aunque fuera un Estado balcánico. Era un país importante y respetado, estimado por su cuidadosa equidistancia de USA y la URSS, admirado por una fórmula federalista que, al reconocer la autodeterminación de las repúblicas, resolvía la amenaza nacionalista pero, eso sí, al estilo farsante ideado por Lenin en el que los derechos se proclaman a bombo y platillo pero se impide ejercerlos con Estado policial y partido único. La crisis yugoslava no fue, en cualquier caso, impuesta por el destino.

Cierto es que, tratándose de un país balcánico, Occidente esperaba de los vecinos de los Balcanes -un pintoresco y semibárbaro patio trasero- una predisposición innata a la guerra civil. El prejuicio viene de antiguo. Heródoto trató de los masagetas, ancestros de los balcánicos y bárbaros tan bárbaros que mataban a los ancianos impedidos para comérselos. La superioridad moral y cívica que Heródoto atribuía a los griegos anticipa la suficiencia de los occidentales respecto a los ex yugoslavos y balcánicos. Con todo, parece un claro indicio de retroceso el hecho de que hoy sean los jóvenes, en vez de los ancianos -salvo en el papel de víctimas colaterales-, los sacrificados para satisfacer los apetitos del nacionalismo étnico.

Que nadie busque rarezas étnicas en los conflictos nacionalistas balcánicos; el libro de Mira también ilustra el principio del extraordinario parecido de los nacionalistas, tan empeñados ellos en ser diferentes. El serbio también surge de la raíz común plantada por Herder en Alemania, como la práctica totalidad del nacionalismo étnico europeo, esa «vieja cerda que devora a su lechigada», según la memorable frase que Joyce dedicó al nacionalismo irlandés, su obsesión y tormento. En la tragedia de Yugoslavia debemos buscar enseñanzas inquietantes sobre la común naturaleza humana, en vez de confirmaciones de nuestra supuesta superioridad. La tiranía de los mitos trágicos, la dictadura de los cementerios sobre las ciudades, son riesgos latentes en todas partes, tanto más cuanto mayor sea el desprecio con que despachemos el fondo cultural del problema, esto es, las propiedades narcóticas y euforizantes de la mitología étnica.

Estas propiedades del mito étnico no son consecuencias, como algunos creen, de un carácter irracional. Más bien es lo contrario: el mito, trasladado de la religión y la poética a la política, ofrece una ilusoria claridad sobre las cosas que promueve una falsa comprensión y un estilo de acción directa, seudoheroico, que conduce al desastre. Nortrhop Frye, el escritor y crítico canadiense, explicaba con magistral sencillez las diferencias y las similitudes (engañosas) entre el mito y la vida: éste (mythos) no es otra cosa que un relato con planteamiento, nudo y desenlace; la vida, en cambio, nunca es así. Y el peligro radica en confundir la vida y el mito, buscando en la existencia el esquema lineal del segundo. Resulta que el único mito que funciona, trasladado a la vida, es el mito trágico, cuyo desenlace necesario es siempre de muerte y desolación.

Aberri Eguna 
Por Ramón PI ABC 25 Abril 2000

LA verdad es que los términos que definen la situación política del País Vasco en estos momentos son lo bastante claros como para que sea muy difícil llamarse a engaño o a error. Los editoriales de todos los periódicos de ayer, comentando el «Aberri Eguna» («Día de la Patria» que celebran los nacionalistas vascos), componen en su conjunto un cuadro más ilustrativo que cualquier sesudo análisis.

El Partido Nacionalista Vasco mantiene su pretensión separatista, aunque eso signifique mantener a su vez el pacto con los amigos de los asesinos, en la creencia de que los demócratas habrán de comulgar con la rueda de molino de que se puede estar de acuerdo con ellos por la mañana y en desacuerdo por la tarde: «Es legítimo discrepar de la propuesta nacionalista para Euskadi, pero no es democrático negar la voluntad de la ciudadanía cuando ésta se exprese en libertad. Los Gobiernos español y francés están negando ese derecho básico y ahí radica la imposición de fórmulas administrativas, políticas y culturales con las que miles de vascos no se sienten identificados», dice el editorial de Deia («Unidad con matices»), que parece escrito en serio, aunque este reproche a «los Gobiernos español y francés» parezca fruto del «chute» de algún alucinógeno de diseño. Y añade: «Pero sería falsear este problema si no se hiciera alusión a la imposición violenta de ETA. Y la unidad registrada por la mañana frente a los ayuntamientos resulta, de momento, imposible trasladarla a los actos que cada partido abertzale organizó por la tarde (...) EH sigue titubeando a la hora de exigir claramente que cese la actividad violenta de ETA y no se desliga de la imagen “político-militar” que su silencio acarrea. Mientras no se resuelvan estas diferencias habrá unidad matutina y discrepancia vespertina».

¿Discrepan de eso los amigos políticos y mediáticos de los asesinos? No, ciertamente, aunque ven la cuestión desde el otro lado. Gara («Compromisos y debate abierto») editorializa así: «Los máximos dirigentes del PNV, con Ibarretxe y Arzalluz a la cabeza, volvieron a repartir culpas entre la izquierda abertzale, por la lucha armada de ETA, y el Gobierno español, por su inmovilismo, mientras los portavoces de Euskal Herritarrok insistían desde Iruñea \ en la necesidad de desechar el marco autonómico, ya que, a su entender, no existen vías intermedias entre la soberanía y el autonomismo. La cuestión ahora consiste en dilucidar si el debate político se sitúa, otra vez, en las expresiones de violencia del conflicto o en la definición de un proceso que conduzca a este país a un nuevo escenario de democracia».

Pero los demócratas no parecen muy dispuestos a comulgar con las ruedas de molino que presenta el PNV. ABC («Alarde nacionalista»): «La presencia de los terroristas en la estrategia de alianzas nacionalistas hace inasumible la política del PNV por los partidos que defienden la Constitución y el Estatuto de Guernica, bases de una convivencia complicada, pero sostenida en el País Vasco durante los últimos veinte años y con la que el PNV mercadea ahora en el zoco montado por ETA». El País («Una patria excluyente»): «Reconocer la pluralidad vasca y propugnar como única solución al “conflicto” la aceptación del programa máximo del nacionalismo es algo más que una perversa contradicción. Como lo es rechazar la violencia y plantear como derechos negados al pueblo vasco aspiraciones tan alejadas de la realidad política y social que invitan al uso de la coacción para modificarla».

Diario 16 («La realidad y el deseo en Euskadi») dice lo mismo con otras palabras: «¿Cómo se puede abogar por la democracia, la paz y la no violencia cuando se apoya la kale borroka y no se condena a ETA? ¿Cómo creer a quien dice una cosa y hace otra? ¿Cómo pueden el PNV y EA seguir colaborando con aquellos que mantienen esa actitud?» La Vanguardia («Aberri Eguna dividido») también enfrenta el bla, bla, bla con la realidad: «El PNV insistió ayer en su giro soberanista y reiteró su petición de cambios constitucionales. Es cierto, también, que lanzó un mensaje a ETA para recomponer la colaboración con HB siempre que ETA ponga fin a la violencia. Pero los hechos son tozudos. HB sigue sin dejarse convencer de que con asesinatos y violencia callejera no es posible avanzar».

El Mundo («Esperemos que el PNV no se crea realmente lo que dice»): «El principal escollo con el que choca el independentismo vasco no es -y él \ lo sabe de sobra- el terrorismo de ETA, sino la voluntad expresa de los vascos (...) Que pruebe a presentarse a las próximas elecciones dando prioridad al objetivo de la independencia y verá qué acogida le dispensan los votantes vascos (...) Asegura el PNV con aire mártir que está pagando un elevado precio por su política pacificadora. Y es verdad: está llevando a su partido al suicidio».

El Estreno
Pablo Sebastián La Estrella 25 Abril 2000

Sube el telón y aparece solo, radiante, seguro y displicente el actor. Un solo actor para un solo libreto. Un monólogo al margen de su Gobierno y de su partido, de corte personal y presidencial, con la aclamación asegurada y la ausencia de una oposición, hoy enferma o ausente del patio de los escaños. Ni siquiera habrá pateo en el grupo mixto, reducido a la mínima expresión. Vamos a asistir a una especie de coronación de Aznar que fue cuidadosa e intencionadamente precedida por un sonoro varapalo -más ruido que nueces- a la alianza de BBVA y Telefónica, para que la parca oposición no tenga donde agarrarse ni para chistar.

No ha sido casualidad que, en la víspera de la investidura, una larga mano haya hecho público un expediente sancionador por algo que nadie sabe si de verdad afecta, al día de hoy, o no a la competencia incipiente en el sector global de las telecomunicaciones e Internet. La guardia del palacio, guardia pretoriana, se apresuró a cerrar la espita de una posible diatriba contra Aznar con el largo discurso del amiguismo, del vecino del pupitre, a base de la pretendida "concentración de poder" que en su día fue denunciada por la prensa del PP, temerosa de que creciera o engordara a costa de Telefónica la prensa del PSOE. Y el felipismo, fallida su ambición, hizo suyo el discurso de la falsa concentración.

No tiene mayor importancia, pero éste es un signo de por dónde va la música política. A Arzalluz, palo viene y palo va, diga lo que diga y con este o cualquier motivo, a sabiendas todos de que el líder del PNV ayuda todo lo que puede a los halcones de Aznar, con la misma fruición y, por supuesto, menos maldad que los ayuda ETA con su gran estrategia de la muerte y el terror.

A Pujol, sin embargo, miel sobre hojuelas y una bonita carta a la ONU diciendo que la política lingüística del catalán es ejemplar (sic). ¿Es eso lo que piensan los votantes del PP en el territorio catalán? En absoluto. Pero Pujol ha de vestir y saltar hoy o mañana la barrera de los doscientos diputados votando la investidura de Aznar, de ahí la generosidad casi clandestina del Gobierno en la ONU en favor de la inmersión del idioma español en Cataluña. ¿Quién da más?

A los gallegos del BNG, otra vara medir como la de Arzalluz, pero no como la de Pujol y tampoco como la de los canarios de CC. La señora Rudi, por orden de Aznar (y Fraga), le quitó el grupo parlamentario al BNG, mientras se los daban a pares a los canarios, en el Congreso y el Senado, también, por votar la investidura del presidente Aznar. Todo tiene su precio. Y la cifra mágica de los 203 diputados hay que pagarla.

Servirá para adornar el monólogo de Aznar, casi "shakesperiano", ser o no ser, ante una débil e interina oposición, porque ni Frutos ni Martínez Noval serán, de aquí a unos meses, los líderes del PSOE ni de IU. Harán lo que puedan frente al "rodillo" o al discurso implacable e imparable (de la lluvia fina al chaparrón), muy tecnocrático y de gestión, de Aznar, con muchas promesas, pactos de Estado y un apretado calendario que tendrá que cumplir a toda velocidad el Gobierno que tiene "in mente" y que aún no se ha dignado a consultar con los suyos del partido o del gobierno cesante, porque ésa es su potestad y su manera de gobernar y de administrar su poder personal y presidencial o presidencialista.

Desde el inicio de la Transición se han oído muy pocos discursos políticos en el Parlamento de España. Un Parlamento donde, por ejemplo, nunca se debatió el terrorismo de ETA, ni la entrada en la OTAN, ni la participación hispana en la guerra de Kosovo, o en la del Golfo (la de "la flotilla"), ni las ambiciones nacionalistas, o la falta de independencia del Poder Judicial, o falta de libertad de los diputados, o la militarización política de la Prensa y de la Cultura, o el crimen de Estado y la corrupción. Todos estos grandes temas de la vida nacional, ligados a la política y a la clase política, son parte del capítulo de pactos de Estado, consensos y acuerdos de camarilla, en secreto, de espaldas al Parlamento y a sus representados, a los que se les da todo hecho y ya firmado, o bien atado.

Imaginan a Aznar, subido fiero a la tribuna del Congreso diciendo: "En esta legislatura el control del Ejecutivo recaerá con libertad y firmeza en el Congreso de los Diputados, la Justicia será independiente y la Prensa pública y privada va a gozar de una independencia nunca vista, vamos a devolver la soberanía al pueblo y a garantizar la separación y el equilibrio de los distintos poderes del Estado. En esta legislatura España defenderá su soberanía nacional e internacional, en política, lengua y cultura, respetando la diversidad, pero no admitiendo la discriminación o la amenaza de otras minorías u otros países. En esta legislatura se acabará la Transición y pasaremos, por fin, de la partitocracia a la democracia, cerrando para siempre un histórico ciclo político español".

No se hagan ilusiones, el monólogo de Aznar frente a una oposición ausente y minoritaria no irá por esos derroteros. Va por el camino del discurso y teoría de la modernidad, tecnologías, bienestar social, paro, la inflación y vara alta (no negociación) con el terrorismo y sus cómplices (PNV y EA). Va por el discurso atlántico y pan europeo de la tecnología y el progreso vestido de un idílico "centro". ¿Pero, qué más quieren o pueden pedir los españoles? ¿Acaso pide más la oposición? Eso es verdad, la oposición, en todo esto de la democracia, no pide nada más.

El estreno de Aznar sobre el nuevo pedestal de la mayoría absoluta no va a deparar ninguna sorpresa o cambio político sustancial. España va bien y "mejor irá", suponemos que prometerá el presidente entre los aplausos abrumadores de sus diputados y los contratados para la ocasión. Y si alguien en la oposición se atreve a levantarle la mano en un día tan triunfal (que se prepare Anasagasti, si osa) recibirá lo suyo. El famoso "expediente" en el día antes de la investidura a Telefónica-BBVA es sólo una pequeña señal.

Cómo son
ERASMO El Mundo 25 Abril 2000

Enternecedor autismo nacionalista: aún frescas las urnas, Arzalluz y su Ibarretxe hicieron una euskoencuesta para animar el lluvioso Aberri Eguna. Mas tan pueril fijación demoscópica, después del Gran Sondeo del 12 M, es como encargar radiografías tras haber realizado la autopsia. ¿Resultado? Las placas dictaminan que el finado goza de buena salud. ¿Y ayer? Análisis sangre.

La gran decisión 
Por Pablo PLANAS ABC 25 Abril 2000

EN la reciente historia parlamentaria española nunca se había dado tanta importancia al sentido de un voto que no fuera a ser determinante. José María Aznar será investido hoy presidente del Gobierno pero desde Cataluña este hecho, inapelable porque sólo depende de la voluntad del Partido Popular, no parece tan sustancial como el propio voto de CiU respecto a la cuestión, que será favorable a la investidura, salvo cataclismo de última hora, error en el recuento, epidemia en el grupo nacionalista o suspensión del pleno.

Es obvio que resulta muy interesante la escenificación de CiU por cuanto puede dar la pauta de las ya de suyo alambicadas relaciones entre el PP y los nacionalistas catalanes durante los próximos cuatro años. También es significativo el hecho de que nunca un voto favorable haya venido precedido de tantas prevenciones y complejos. En cierto modo, CiU es como una persona que ante el altar o el juez diera un visto bueno a su propio enlace con la fórmula «sí, pero» y acto seguido se girara sobre sus talones para explicar a la concurrencia los motivos no ya de su elección sino de la propia boda. Contra el tópico, los políticos catalanes no han ejercido en esta ocasión el sentido práctico que se atribuye a los propios de esta tierra. La decisión tomada por Jordi Pujol ha sido paseada por los pasillos del Parlamento catalán, por los estudios de las emisoras de radio, por los cuerpos de las rotativas y hasta por cafés y restaurantes con tanta pasión como la hipótesis de que el Real Madrid y el F. C. Barcelona se enfrenten en la final de la Copa de Europa. Sobre ello fue determinante la mano tendida de Aznar hacia CiU, un gesto que fue pasto de toda clase de recelos. Nunca se había visto, claro, que un partido con mayoría absoluta tuviera una percepción tan amplia de sus responsabilidades, lo que trastornó sobremanera a Pujol, que ha abandonado en cuestión de semanas sus certezas absolutas en favor de la duda. En cierto modo, todo lo que ha ocurrido desde el 13 de marzo es nuevo para CiU, razón por la que el colectivo nacionalista se comporta como un adolescente alocado. Le surgen erupciones, se le alteran las hormonas, no sabe si escoger un Bachillerato de letras o de ciencias, si quiere más a una que a otra y por si fuera poco, a medida que deja en el cuarto de los trastos sus juguetes de la felicidad, sus convicciones y sus fetiches se siente libre pero encerrado en sus cogitaciones. Todo lo que hasta estos momentos había dado por seguro es ahora objeto de profundas revisiones. CiU debe decidir entre crecer y ampliar sus miras o reducir su campo de acción a un día a día que conoce perfectamente y que por definición es limitado, pero esa crisis de crecimiento la vive como un tormento espiritual.

El cuajo de la cuestión no es votar a favor o en contra de Aznar, sino aceptar que su proyecto nacionalista ha tocado fondo y techo a la vez. Tiene CiU, ciertamente, el objetivo y el reto de mejorar la financiación autonómica si no quiere abocar la Administración autonómica a la parálisis por falta de recursos, pero ya ha agotado el crédito de las reivindicaciones plausibles. Cuantos símbolos y competencias parecían quiméricas en 1980 son hoy realidades asumidas por CiU como si su mundo político hubiera nacido con ellas. La elección fundamental de CiU no es votar a favor o en contra de Aznar porque su decisión no va a cambiar el curso de los acontecimientos, sino decidir qué va a hacer a partir de ahora. La opción A es gestionar y participar en el Gobierno de España; la B, encerrarse sobre sí misma y cañonear la política nacional con los proyectiles del soberanismo, mientras sus diputados ejercen de «culiparlantes». Veinte años después de su acceso al poder Pujol es consciente, porque así lo ha manifestado en más de una ocasión, de que el nacionalismo ha de abandonar la retórica de la construcción de Cataluña por el discurso de la defensa de los intereses ciudadanos. Discurso y retórica que corresponden, respectivamente, a las opciones A y B. Así pues, del mismo modo que los ordenadores están basados en el sistema binario, las grandes decisiones danzan en el fiel de dos posibilidades tan sólo. Buscarle más vueltas a las cosas es renunciar al pensar en favor del divagar.

Ocurre con frecuencia que quien renuncia a decidir por sí mismo se ve arrastrado por las circunstancias. El nacionalismo catalán ha recibido ya tres avisos en forma de descenso en número de votantes. Nadie puede asegurarle al cien por cien que adoptar el realismo como método de trabajo le vaya a comportar una recuperación o, cuando menos, la estabilidad. Tampoco nadie le puede prometer a un estudiante de Derecho que vaya a ser notario, aunque es más probable ganar la oposición si ha cursado esa carrera que no la de Periodismo.

El voto hoy del grupo presidido por Xavier Trias sería una parodia, si tal palabra no estuviera lastrada por el sentido burlesco, de la gran decisión que debe adoptar CiU, no ya de cara a los próximos cuatro años, sino con la vista puesta en esta década. Que CiU diga sí a Aznar es irrelevante si va a mantener todos sus complejos y dudas, ese hortelano quiero y no quiero.

Larga y ancha deuda
ANTONIO GALA El Mundo 25 Abril 2000

De tanto heredarse a sí mismo, a Jordi Pujol le han crecido los enanos. Los enanos y la deuda. Casi dos billones y medio es mucho dinero para deber. Sobre todo, si su carga anual equivale casi al presupuesto de inversiones. Echarle ahora la culpa a la financiación es fácil, pero estúpido: la financiación la pactó, a su completo gusto, Pujol mismo con el PSOE y el PP. No puede extrañar que, aparte de la hartura, Cataluña se sacuda a Pujol por la pela y su pésima administración. Cuando alardeó siempre de lo contrario: dime de qué presumes...

Interceptado un paquete-bomba contra un periodista de 'La Razón'
El artefacto estaba dentro del libro "Crimen y Castigo".- El presidente del diario, Luis María Anson, califica la operación de "atentado contra la libertad de expresión"
EUROPA PRESS El Mundo 25 Abril 2000

MADRID .- El paquete-bomba recibido esta mañana en la sede del diario La Razón, que iba dirigido al subdirector de ese periódico, Jesús María Zuloaga, estaba insertado en un ejemplar de "Crimen y Castigo" y contenía entre 100 y 150 gramos de una pólvora aún por determinar. Se trata de un artefacto muy profesional y, según las fuentes de la investigación consultadas, todo apunta a que la autoría es de ETA.

El envío llegó a la sede del diario La Razón, en la calle Josefa Valcárcel número 42 de Madrid, alrededor de las 12.00 horas. Era un sobre de color blanco, del tamaño de una cinta de vídeo y estaba dirigido al subdirector del diario y experto en información de terrorismo, José María Zuloaga, quien no se encontraba en el interior del edificio, ya que disfruta de unos días de vacaciones.

El remite que aparecía era una dirección de El Viso. Sin embargo, no estaba escrito con "V", sino con "B", lo que, según el presidente de La Razón, Luis María Ansón, podría haber levantado sospechas si el paquete hubiera pasado a la redacción.

El matasellos llevaba impresa como fecha del envío la del 24 de abril, es decir, el día de ayer, y procedía de la oficina central que Correos tiene en la estación de Chamartín. Por este motivo, fuentes de la investigación consultadas por Europa Press han apuntado que el paquete pudo haber sido traido a Madrid por alguien que se desplazó para realizar el envío desde la capital.

Desalojo inmediato del edificio
Una vez en la sede del diario La Razón, el guardia de seguridad ha comprobado el paquete en el escáner y ha detectado algo irregular por lo que a media mañana fue avisada la Policía, cuyos efectivos se han desplazado al diario con un equipo de Tedax, técnicos en desactivación de explosivos, y han desalojado el edificio.

Los agentes han trasladado el paquete-bomba a un solar cercano a la sede del diario y han procedido a su análisis, lo que ha permitido comprobar que el paquete contenía un iniciador -para activar el explosivo-, por lo que finalmente han explosionado el artefacto.

El director general de la Policía, Juan Cotino, quien ha tenido conocimiento de los hechos cuando se encontraba en la entrega de desapachos de la IX promoción de oficiales del Cuerpo Nacional de Policía, se ha desplazado a la sede del diario donde ha asegurado que el artefacto estaba compuesto de entre 100 y 150 gramos de una pólvora aún por determinar y cuyos restos han sido trasladados a las dependencias que la Policía tiene en Canillas para ser analizados.

Según Cotino, el explosivo había sido introducido en una cajita, parecida a las de la crema Nivea, que fue insertada a su vez en un libro junto con una pila, preparado para explosionar en el momento en el que alguien abriera la tapa del volumen. Los terroristas habían elegido el libro "Crimen y Castigo", del escritor del autor ruso Feodor Dostoiesvski .

Anson: "Es una operación global de intimidación a los periodistas"
El director de la Policía ha explicado al presidente del diario, Luis María Anson, los pasos realizados por la Policía y los efectos encontrados en el paquete. Anson, ha alertado a los medios de comunicación para que tomen medidas de seguridad. En su opinión, se trata de "una operación global de intimidación a los periodistas, de atentar contra la libertad de expresión", pero ha subrayado que "lo que es más triste son las declaraciones de algunos dirigentes vascos, que parece como si justificasen que ETA haga este tipo de operaciones".

Anson considera una "ironía" que los terroristas hayan utilizado la obra "Crimen y Castigo", de Fiodor Dostoievski, para enviar el paquete bomba a Zuloaga, de quien ha dicho que había recibido amenazas permanentes desde que trabajaba en el ABC.

Según Anson, el periodista es una persona "muy prudente", "se mueve siempre en lugares diferentes" y "jamás coge el coche sin mirar".

El presidente de La Razón ha agradecido al servicio de seguridad del edificio su buen trabajo al haber detectado "algo extraño" en el paquete, por lo que Anson decidió inmediatamente llamar a los artificieros de la Policía.

Según Anson, el ministro del Interior en funciones, Jaime Mayor Oreja, le llamó por teléfono y le dijo que "tenía confirmado que no era una cosa de la kale borroka, sino de profesionales" que confeccionaron una bomba "muy bien montada y, por tanto, de ETA". Además, ha asegurado que el ministro le indicó que le faltaba conocer los ingredientes del artefacto explosivo para saber su procedencia.

Antecedentes
Este es el segundo paquete-bomba enviado a dos periodistas desde la ruptura de la tregua de ETA y es el tercer atentado contra un periodista. El piremo fue el recibido por el periodista de Radio Nacional, Carlos Herrera, el pasado 27 de marzo.

En este caso el explosivo iba dentro de una caja de puros y estaba compuesto por unos 250 gramos de dinamita y seis células fotoeléctricas para activar el explosivo en el momento en el que fuera abierto el paquete. En aquella ocasión, los terroristas entregaron el envío a un repartidor de Seur en una calle de Sevilla y tampoco llegó a estallar porque al pasar por el scanner fue detectado algo irregular y se avisó a la Policía.

Con anterioridad, el 21 de marzo, se produjo el ataque de la casa de los padres del periodista de El Correo, Pedro Briongas, responsable de la sección Vivir, mediante dos artefactos de fabricación casera, compuestos por una bombona de camping gas y un iniciador. La explosión no produjo daños personales, pero si materiales en la entrada de la vivienda y en la escalera del edificio. Recientemente han aparecido en publicaciones abertzales además de listas de periodistas -en una estaba incluido Jesús María Zuloaga- a los que han acusado de colabroar con el Ministerio del Interior y artículos acusando a los medios de comunicación de realizar una campaña contra las pretensiones abertzales para las provincias vascas, Lizarra y la denominada por los nacionalistas vascos "construcción nacional".

La RAE cierra filas en la guerra de los topónimos: sólo ella establece las normas ortográficas del castellano 
ALCALÁ DE HENARES. R. V. / A. A. ABC 25 Abril 2000

«No hay polémica -aseguró Víctor García de la Concha-. Las Cortes pueden decir cuál es la denominación oficial de un lugar en un documento oficial pero no pueden decir que eso sea castellano». Así zanjaba ayer el director de la RAE la controversia surgida con las Academias catalana, vasca y gallega a cuenta de los topónimos en el cóctel que siguió a la entrega del Cervantes.

La Real Academia Española no ha recibido ningún tipo de comunicado oficial de la nota que difundieron el pasado jueves las Academias catalana, vasca y gallega, a través de la Euskaltzaindia, en la que mostraban su disconformidad con algunos de los topónimos incluidos en la «Ortografía de la lengua española». En declaraciones a Servimedia, el vicesecretario gerente de la Academia vasca aseguró que la RAE no ha tenido en cuenta «la nueva situación, el actual estado de las autonomías» y ha incluido, por ello, algunas denominaciones «absurdas». Como ejemplo, Lizundia ponía, entre otros, la traducción de Sant Boi de Llobregat por San Baudillo de Llobregat o que la RAE escriba Baracaldo con c y no con k.

OBRA CONSENSUADA
Al director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, el debate le parece absurdo: «No hay polémica -aseguró en el cóctel que siguió a la entrega del premio Cervantes-. Absolutamente ninguna. Es más, yo no tengo más noticia que lo ha salido a la luz pública. Personalmente no he recibido nada ni nadie se ha dirigido a mí. Y me resulta extraño que un Jueves Santo salga a relucir el asunto de los topónimos, que se recogen en un apéndice de la Ortografía, porque la posición de la Academia y de las Academias Correspondientes de América, que han consensuado la obra, es clara».

«La Academia, que no puede imponer, respeta las decisiones que los órganos competentes -las Cortes- pueden tomar sobre las denominaciones oficiales de un topónimo -continúa García de la Concha-. Si la Constitución dice que la denominación en su idioma de una determinada ciudad o lugar es tal o cual, la Academia sabe que esa denominación se puede utilizar así en documentos oficiales. Pero, ojo, no se debe confundir la denominación oficial de un topónimo con lo que es la denominación en castellano. Así, a Gastéiz le corresponde el término en castellano de Vitoria, a Iruña, Pamplona... La Ortografía recoge en un apartado especial las denominaciones castellanas de todos estos topónimos».

Como ejemplo, García de la Concha quiso relatar una anécdota ilustrativa: «Cuenta Suetonio que en cierta ocasión Augusto habló y utilizó una palabra, un término que, a juicio de un gramático no era del latín correcto. Y un adulador, de los que nunca faltan junto al poder, de nombre Capitón, le espetó al gramático: “Desde este momento, aunque la palabra que ha utilizado el César no es del latín, pasa a serlo porque la ha utilizado el César”. El gramático le reprende: “Mientes, Capitón, mientes. César puede conceder la ciudadanía a las personas pero no puede conceder la ciudadanía a las palabras”».

«Por lo tanto, -concluye el director de la RAE- las Cortes pueden decir que la denominación oficial y en documento oficial tiene que ser A Coruña, Gastéiz... Pero las Cortes no pueden decir que eso sea castellano».

Para uno de los máximos responsables de la Ortografía Gregorio Salvador, que conversó por teléfono con ABC, «las Academias catalana, gallega y vasca deben establecer sus normas ortográficas, pero las del castellano sólo las establece la RAE. Y en el caso de la Ortografía fue consensuada por las 21 Academias Correspondientes y no vamos a mandar ahora un recado a México o la Argentina para que escriban Barakaldo con k. Y además, en Baracaldo, como en todas las localidades situadas a la izquierda del Nervión, nunca se habló vasco».

Los demás académicos que asistieron a la entrega del premio Cervantes también compartían esta tesis, empezando por Mario Vargas Llosa que, aunque afirmó que no conocía a fondo este problema, aseguró que un hispanoamericano «jamás escribiría Barakaldo con k porque no sería lógico. La Real Academia Española toma muchas de sus decisiones en colaboración con las Academias Correspondentes de América y éstas seguirán la postura dictada por la RAE porque no puede haber disparidad».

«Cuando los catalanes escriben España lo hacen con “ny” pero nosotros tenemos que decir Cataluña con ñ -afirma Antonio Mingote-. Pero, en fin, es un pleito tonto, absolutamente intrascendente que no tiene ninguna importancia. Pasará. Hay una cosa que se llama el sentido común, que al final prevalece».

Rafael Alvarado, por su parte, cree que «si escriben en catalán San Boi de Llobregat yo, que he nacido en Tarragona, lo traduzco y digo San Baudilio, pero para un extranjero que llega con sus mapas europeos eso es confuso. Luego está lo de Barakaldo con k. Bueno. Si quieren hacer faltas de ortografía están en su derecho. Si yo escribo en castellano escribo Baracaldo con c. Si escribiera en euskera -o como se llame esa lengua que no lo sé- pues escribiría Barakaldo con k. Es como lo de A Coruña. Mi padre nació allí y fue de La Coruña toda su vida».

El académico electo José Hierro cree que si los topónimos «sólo se pudieran escribir de una manera debería ser la de la lengua común, el castellano, aunque se debe permitir también que se exprese en la lengua del lugar donde estemos. A Coruña está muy bien, pero teniendo en cuenta siempre que lo que predomine, el denominador común, sea siempre el castellano».

COMPETENCIA DE LA RAE
Fernando Rodríguez Lafuente, director del Instituto Cervantes, quiso subrayar que «España tiene un patrimonio bibliográfico y lingüístico deslumbrante en el conjunto de la Unión Europea. Y en este caso lo que se discute es la ortografía de la lengua castellana, que es competencia de la Real Academia Española. Creo que Víctor García de la Concha es un hombre muy cabal y muy medido que ha hecho lo que tenía que hacer. No hay más cuestión».

El director general de Bellas Artes, Benigno Pendás, aseguró que «dentro del más absoluto respeto y admiración por el pluralismo lingüístico que enriquece a España, me parece claro que la postura de la RAE es muy matizada y muy rigurosa porque, efectivamente, los topónimos deben utilizarse en la lengua que se está hablando en el momento correspondiente. Eso lo hacemos con la mayor naturalidade en las lenguas extranjeras y me parce muy razonable que, cuando hablamos en castellano los topónimos se digan en castellano, con independencia de la denominación oficial, que es distinta, y con independencia también de la lengua autonómica correspondiente. En ese sentido, creo que la postura de la RAE, cuyo prestigio universal es enorme, es correcta».

 

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