AGLI

Recortes de Prensa    Viernes 28  Abril  2000
#Arzalluz o la exageración
Cándido ABC 28 Abril2000 

#Euskadi, el fin de una época
IGNACIO SOTELO El País 8 Abril 2000

#La Ertzaintza desarticula el grupo de violencia callejera que actuaba en Hernani
G. GASTAMINZA, San Sebastián El País 28 Abril 2000

#Fusi presenta en un multitudinario acto «El bosque originario» de Juaristi
MADRID. Antonio Astorga ABC  28 Abril 2000

#Jon Juaristi analiza en un ensayo los orígenes de Europa
AMELIA CASTILLA, Madrid El País 28 Abril 2000

Arzalluz o la exageración 
Cándido ABC 28 Abril2000

QUE Javier Arzalluz usa la exageración deliberada como si desconfiase de que la sutileza puede hacer también su obra y de mejor manera es algo palmario desde hace tiempo. Mítines como el de 1993 en Tolosa sobre el Rh negativo o como el de sus especulaciones antropológicas sobre el cráneo de los vascos no pueden ser creídos sinceramente por él ni por los especialistas autóctonos que le sirvieron en bandeja política esas especies, tan inasequibles a la razón como incapaces de constituir o ayudar a constituir un principio nacional. Si no fuera una exageración sería una deformación y un extravío. 

No soy quien para decir lo que debe o no debe creer Arzalluz, pero sí digo que utilizar materiales nacionalistas de segunda mano entre los más avejentados y sombríos de cuantos asolaron Europa, no es propio de un hombre que yo tengo por inteligente y frío. Pero insiste, y así, en la reciente celebración del Día de la Patria Vasca salió por un registro semejante al afirmar que sin la «tremenda inmigración» el PNV hubiera convocado y ganado el referéndum de la independencia. Se encabalgan ahí dos problemas o bien se juntan dos proposiciones convertidas en un solo problema. De una parte la proposición de la pureza sin mezcla malsonante de la ciudadanía vasca en la que resuenan, para Arzalluz, los fetichismos biológicos a los que ya apeló otras veces, y de otra la proposición de la autodeterminación. Los dos asuntos enlazan en un moño y dan vida a un nacionalismo exacerbado que perturba el nacionalismo que los padres procesales de la Constitución legitimaron como una solución de Estado frente a la concepción del Estado formalmente jacobino diseñado por las Leyes Fundamentales del franquismo. 

Escribí en 1996 que la costumbre de unidad podía haber adormeciedo y hundido en la conciencia, haciéndola recóndita, la naturaleza misma de los nacionalismos, pero que su virtualidad no había prescrito, sino que se había hecho utópica, de forma que atendiendo a ello la Constitución creó el Estado de las Autonomías como un proceso y una tensión hacia horizontes que alguna vez podrían ser constitucionales. El nacionalismo de Convergència i Unió puede ser un ejemplo de ello en cuanto va adaptándose pacientemente a las circunstancias históricas. Un nacionalismo por tanto que es procesal y no traumático, un nacionalismo que actúa en función del conjunto y dentro del conjunto por más que, aun habiendo cambiado de sitio los condicionamientos, Pujol siga pensando que participar en el Gobierno equivaldría a «meterse en una ratonera». De cuatro años acá las cosas han cambiado mucho y aunque la «ratonera» es ahora más grande, también es más grande el gato. Lo que quiero decir es que el nacionalismo instantáneo y universal de Arzalluz prescinde de todas las instancias, no argumenta en el terreno que hay e inventa el que mejor le conviene para llegar frente a todos y por encima de todos al fin de la consecuencia.

 Entonces los fundamentos intelectuales de esa actitud son los de la sangre o los del cráneo oval, y últimamente el de la realización poética de un Euskadi sin inmigrantes, que al parecer infectan los principios del nacionalismo. Todo está en saber si Arzalluz habla en broma o no, y yo creo que no. Sociológicamente podemos referirnos a lo que los antropólogos llaman «valor híbrido», de manera que el mestizaje social es asimismo un motivo de progreso que se prueba no sólo por la experiencia de la superación mediante la fusión, sino también por la experiencia contraria, la excluyente, cuya convicción firme es la del mito romántico que al fin alumbrará un pueblo puro y secreto cuya última consecuencia, que conocemos, fue la del doctrinarismo rosenbergiano que otorgaba al hecho biológico de la raza propiedades morales, intelectuales y políticas superiores. 

La autodeterminación, la independencia, pierden ahí cualquier fundamentación que pudieran tener. Darle vueltas a este molinillo cuando ya nadie tiene nada nuevo que decir, cuando la realidad es siempre la misma y la actualidad salta aquí y allá, cosméticamente, para darle un aspecto distinto cuando no para ocultarla, que es lo que suele hacer la actualidad con la realidad, empieza a no tener sentido. Las exageraciones de Arzalluz, algunas tan de bulto que son provocaciones, se explican sin embargo mediante esa crisis que nunca hace crisis y en la que el PNV es un bien castrense de ETA. Antes que un fenómeno político es un fenómeno de psicología profunda en el que se mezclan una fidelidad narcisista a las tesis independentistas de la organización etarra y una mojigatería política a la hora de rechazar la violencia de la organización. 

El revoltijo es inextricable y por eso todos los Gobiernos democráticos de España no han sabido muy bien a quiénes estaban refutando, pero sí que el precio de la refutación era la barbarie. ¿En qué mentalidad debemos penetrar para descubrir el cabo del ovillo? ¿En la del PNV o en la de ETA? Miramos por junto ambos fenómenos y no sabe uno si ve doble o es tuerto. Otro contradiós es la de esa «campaña mediática» montada al parecer contra el lendakari Ibarretxe que Arzalluz ve como «abono del nacionalismo». Todo «p'al» convento, como decía aquel fraile que llevaba una buscona al hombro. Pero lo que de verdad se ve es la posición extremadamente endeble de un PNV que, si bien ha conseguido atar dos moscas por el rabo, el pacto con EH a pesar de su defección parlamentaria, considera pecaminoso que los planteamientos políticos del PP y del PSOE sean convergentes, como decía un editorial de ABC, en lo tocante al problema vasco. 

Es natural que ese enfoque tendencioso haya sido subrayado por los medios, que no tienen necesidad alguna de que el Gobierno les alumbre el panorama que observan. Las razones últimas de Arzalluz, despojadas de su intención de ofender a los periodistas, a los emigrantes, a sus contrincantes políticos, al Gobierno de España y al sentido común, son discutibles en cuanto a su constitución o estructura política, pero no lo son en cuanto a su formulación violenta, pues la violencia no es sólo la de las armas, sino también aquella actitud cuyo principio es de tal índole que no aporta ninguna ayuda al problema de que se trata y convierte en absolutamente necesaria la voluntad personal, lo cual es en principio gratuito. Si en las circunstancias de hoy Arzalluz habla con tanta impertinencia e injusticia, ¿cuál sería su obrar de ser el vencedor frente al Gobierno y la Constitución? ¿Podría contenerse y llevar sus argumentos a un cauce razonable cuando ahora que le convendría una actitud suasoria no lo hace? Hay una insuficiencia de análisis y por consecuencia una estrategia falsa, al margen de la coacción esterilizante que padece el PNV, al enunciar agresivamente una situación local, por histórica que sea, como contradicción del todo. 

El hecho es que la sociedad española, en la que va incluida la vasca, ha conseguido reabsorber el ataque terrorista frente a la previsión del terror, revelándose como la parte más resistente de una teoría que le había asignado la fragilidad y la desmoralización que harían posible el dominio político sobre ella. Pero esta consideración todavía no parece que se la haya hecho el nacionalismo vasco.

Euskadi, el fin de una época
IGNACIO SOTELO El País 8 Abril 2000

Ha fracasado el intento del PNV de integrar políticamente a los violentos a cambio de colaborar en un proyecto común de "construcción nacional", es decir, de aunar esfuerzos en el proceso que habría de conducir un día a la independencia. Es menester indagar las causas de este estropicio, porque en buena parte determina la situación inédita en la que se encuentra hoy el País Vasco.

Se ha visto confirmado, por lo pronto, el diagnóstico de los que desde el primer momento consideraron una trampa el alto el fuego indefinido que ETA declara a partir del 18 de septiembre de 1998. Habría sido un error mayúsculo del PNV haberse aliado con el nacionalismo radical, para el que el abandono temporal de las armas sólo tenía un sentido táctico de negociar, no la paz, sino únicamente la independencia. No en balde, en los abundantes estudios que se ocupan del terrorismo encontramos un consenso generalizado en que las organizaciones que eligen el camino de las armas terminan presas de la espiral de la violencia que hace muy difícil, si no imposible, que renuncien a ella. Objetivamente, porque sólo pueden influir mientras maten y extorsionen; dejar de hacerlo conlleva desaparecer sin dejar rastro. Subjetivamente, porque el que entra en una organización clandestina en la que se mata sin el menor escrúpulo, aporta y refuerza una psicología patológica que hace muy difícil parar. Si para lograr un fin determinado se justifica el matar, queda legitimado para una amplísima gama de fines. Siempre habrá nuevas metas que alcanzar: conseguida la independencia, habrá que seguir matando para defenderla de sus enemigos internos y externos. Sólo si el asesino llegase a tomar conciencia de que matar no se justifica en ningún caso, renunciaría a seguir haciéndolo, pero entonces el pasado se revelaría un horror tan insufrible que sólo cabe evitar, amarrado al orgullo de no traicionarlo nunca. La estrecha solidaridad en que están envueltos los dedicados a matar, así como la dependencia máxima de la organización los identifica tan plenamente con el grupo, que no deja resquicio para una conciencia individual. Si a todo esto se añade el castigo que cae sobre el posible traidor, se comprende que no sea fácil llegar a conocimiento tan obvio como que en ningún caso se puede matar. Máxime cuando los estados y las iglesias están aún muy lejos de respetar uno de los primeros mandamientos que hizo posible la sobrevivencia de la especie.

Precisamente porque no hay visos de que cese la violencia "como resultado de una especie de conversión" y si, además, se da por supuesto que "una victoria policial" en ningún caso puede acabar con el terrorismo, estamos ante la disyuntiva de tener que elegir entre resignarse a continuar como estamos otros 30 años, al precio de añadir cientos de muertos y de altísimos costes para la sociedad y la economía vascas, o bien esforzarse en encontrar un "final dialogado", por ardua que sea esta senda y fuertes los reveses que haya que encarar. Primero, con la propuesta de Ardanza, y luego, con su plasmación en el Pacto de Lizarra, el PNV y EA han iniciado en solitario -no la han seguido los otros partidos que firmaron el Pacto de Ajuria Enea- una ruta que consideran tan arriesgada como necesaria.

La simple lectura comparada de la declaración que hace ETA del "alto el fuego indefinido " , el comunicado del PNV a esta "suspensión unilateral, así como la Declaración de Lizarra, permite constatar entre el nacionalismo que recurre a la violencia y el nacionalismo democrático posiciones de partida, no sólo distintas, sino claramente opuestas. En el comunicado de ETA se acoge con albricias, hasta el punto que señalaría el comienzo de una nueva etapa, el que EA, el PNV, el sindicato ELA se hayan convencido de que el autonomismo no conduce a ninguna parte -"el marco institucional vigente en Euskal Herria está agotado"-, con lo que se habría pasado de una fase "de resistencia a una práctica de construcción" en la que es necesario "dar la palabra al pueblo, que el pueblo recupere su voz y que esta voz sea respetada". Dar la palabra al pueblo significa para ETA desprenderse de "1a legalidad democrática de las autoridades españolas y francesas" para construir una "democracia vasca", es decir, una que parta de la autodeterminación y la territorialidad. El objetivo de esta nueva etapa no es la "pacificación " ni la " normalización " de la propuesta de Ardanza, sino alcanzar la soberanía: "No habrá paz si no se asienta sobre los derechos de Eukal Herria".

Por su parte, con una fruición que no oculta, el PNV deja constancia de que ETA haya suspendido la lucha armada, por vez primera de manera indefinida. El primer paso, y el fundamental, en un largo camino, repleto de obstáculos y dificultades, en el que el PNV se puede dejar la piel, costarle muchos votos, pero que es indispensable para lograr una "paz definitiva, a la que tenemos derecho para la consecución de una sociedad libre, plural y tolerante". El objetivo final no es la soberanía, aunque no se descarte, sino algo que parece incompatible con ETA y su entorno, una "sociedad libre, plural y tolerante" que viva en paz consigo misma. Porque para el PNV el "contencioso vasco" no es como lo plantea ETA, entre Euskal Herria y dos estados extranjeros, sino entre los vascos que quieren seguir con el Estatuto, formando parte de España, y los que quieren la independencia, y entre estos últimos, entre los que recurren al terrorismo y los que sólo la quieren por vías democráticas. En el fraccionamiento de la sociedad vasca en tres partes irreconciliables consiste el "conflicto vasco". Por consiguiente, el objetivo no es la independencia, sino que se pueda aspirar a ella en una sociedad que haya superado la beligerancia interna y haya aprendido a vivir en paz, libertad y tolerancia, respetando las instituciones democráticas.

Las diferencias entre el bloque nacionalista violento y el democrático son de tal envergadura que nadie podía esperar a corto plazo que se llegara a un entendimiento. Se pudo, sin embargo, empezar a caminar juntos -aunque, como hemos comprobado, por poco tiempo- al conseguir un acuerdo de partida en un punto básico que ha defendido siempre el entorno de ETA, que en Euskadi existe un "conflicto político" -pese a que las organizaciones firmantes lo definan de muy distinta forma- que hay que resolver políticamente, es decir, por medio del diálogo y la negociación de los distintos agentes implicados. ETA es tan esencialmente negociadora que mata para imponer una negociación. Lo decisivo ahora, y es el cambio cualitativo que introduce Lizarra, es que el proceso de negociación se realizará "en unas condiciones de ausencia permanente de todas las expresiones de violencia del conflicto". El pacto deja claro que el fin de las negociaciones no es la independencia, sino la paz, es decir, un escenario abierto en el que los ciudadanos vascos puedan plantear democráticamente cualquier cuestión, desde la reforma de la Constitución y del Estatuto a la de la soberanía.

Con el alto el fuego de ETA y los acuerdos para llevar adelante una negociación política, el PNV esperaba una dinámica que favoreciese la integración progresiva del entorno de ETA en las instituciones democráticas, a la vez que una sociedad que respirase al fin libremente, sin amenazas ni temores, crearía un ambiente en que sería muy difícil volver a las armas. La primera frustración le llegó al PNV al comprobar que su sacrificio por la paz no le era remunerado en votos. El bloque que más crecía con la tregua era el no nacionalista, sobre todo el PP, que compite con el PNV en los mismos sectores urbanos. La sensación más fulminante de fracaso le llegó, empero, cuando ETA reanudó el terrorismo, no ya sólo en Madrid y contra un miembro de las Fuerzas Armadas, sino en Álava, contra un vasco, líder de la oposición socialista, precisamente el partido con el que el PNV aspira a volver a gobernar. Más grave aún, la condena de la violencia, pese a la claridad del Acuerdo de Lizarra, no la comparte EH, y deja al Gobierno de Juan José Ibarretxe a la intemperie para que medite con quién realmente está, con los que aceptan "de facto la legalidad que impone España" o con "quienes plantean la ruptura con España para hacer frente a esta posición". Con el Pacto de Lizarra y el alto el fuego, tanto ETA como el PNV albergaron una misma ilusión: atraerse al otro a su bando. El PNV ha fracasado en su afán de integrar al nacionalismo violento en las instituciones democráticas y ETA no tiene la menor posibilidad de fagocitar al PNV dentro de sus estructuras y estrategia.

¿Cuál es la nueva situación resultante? El PNV se encuentra en una coyuntura muy difícil. Parece improbable -significaría volver a un pasado sin posibilidades de futuro- un cambio de timón en el PNV, con nuevas caras, rompiendo con Lizarra y gobernando otra vez con los socialistas. Ahora bien, sin apoyo parlamentario suficiente no hay forma de evitar, antes o después del verano, elecciones adelantadas. El entorno de ETA, HB, o su nueva formulación, EH, pese a no haber modificado lo más mínimo su dependencia de ETA, no se ha debilitado de manera significativa, mientras que crece el sector no nacionalista. Un elemento nuevo es que se empieza a criticar abiertamente los 20 años de presencia del PNV en el Gobierno, con la amplia red clientelar que ha construido en sus aledaños. La gente percibe que la democracia vasca, no ya sólo está constreñida por el terrorismo, sino también por el hecho de que no funcione la alternancia. En unas elecciones adelantadas, el PNV, acogotado entre el nacionalismo violento y el bloque anti-Lizarra, podría muy bien ser el gran perdedor, y lo sabe.

Van en aumento las voces que piden un lehendakari fuerte del PP en la figura de Mayor Oreja, de quien se espera firmeza desde el respeto escrupuloso del Estado de derecho. Se extiende la popularidad que levanta en los sectores no nacionalistas, así como crece el odio de los otros. Representa una salida a la crisis que cada vez parece más verosímil. Se ha derrumbado el axioma de que en el País Vasco o Cataluña sólo pueden gobernar los nacionalistas. En la oposición serían mucho más peligrosos. Un lehendakari no nacionalista significaría ciertamente una ruptura en la sociedad vasca y un enfrentamiento brutal entre los dos bloques, pero lo probable es que el nacionalista quedase en una situación cada vez más minoritaria. Ello llevaría consigo, qué duda cabe, una fortísima reacción de ETA, pero mejor coordinadas las policías del Estado y la autonómica, y en la situación internacional actual nada favorable al terrorismo, y sobre todo contando con la aspiración creciente de la sociedad vasca, cada vez más despegada de los mitos nacionalistas, a disfrutar de mayor libertad y bienestar, podría mostrar la falsedad del segundo axioma, hasta ahora indiscutible, de que no habría solución policial al conflicto vasco. Pero la policía, si ETA perdiese una mayor cota del apoyo social, muy bien podría culminar la labor. Fuera de los movimientos anticolonialistas del Tercer Mundo, la casi totalidad de los movimientos terroristas han terminado de esta forma.

Pero tampoco hay que descartar un enfrentamiento de tal calibre que hiciera imposible la convivencia, sobre todo si con el terrorismo se pretendiese de paso aplastar al nacionalismo y no se dejaran vías libres para que democráticamente quepa trabajar por la independencia. Las cosas han llegado a un punto tal de hastío que aumenta el deseo de una confrontación definitiva. El nacionalismo radical, al dejar sin apoyo al Gobierno del PNV, de hecho marcha en esta dirección, convencido de que "ahora o nunca". Igual que al inicio de la transición, no se sabe muy bien por qué, se daría también hoy la gran oportunidad de conseguir la independencia. Nadie en el mundo radical maneja la posibilidad de tener que seguir matando otros 30 años. A su vez, una parte creciente de la sociedad vasca recuerda las victorias del liberalismo sobre el carlismo y se atreve a manifestar sin ambages: "Esta guerra también la vamos a ganar". Entre ambos extremos, el PNV podría estar en su peor momento desde el restablecimiento de la democracia. Ignacio Sotelo es catedrático excedente de Sociología.

La Ertzaintza desarticula el grupo de violencia callejera que actuaba en Hernani
Acusa a los 13 detenidos de la mayoría de ataques registrados desde 1997
G. GASTAMINZA, San Sebastián El País 28 Abril 2000

La Ertzaintza practicó ayer la mayor redada de su historia contra la violencia callejera al detener a 12 personas en Hernani y una más en la localidad navarra de Goizueta. Los detenidos están acusados de ser los responsables de los actos de kale borroka registrados desde 1997 en la localidad guipuzcoana, una de las más conflictivas de Euskadi hasta que HB retomó la alcaldía tras las pasadas municipales. Además de las detenciones, la policía vasca realizó 21 registros y precintó varios pisos por orden de la Audiencia Nacional.

Las detenciones se realizaron en un plazo de dos horas a partir de las tres y media de la madrugada de ayer. El primer arrestado fue la persona de más edad, Juan Ignacio de Lorenzo, de 34 años, mientras que el resto supera escasamente los 20 años y tres son menores de edad. Se trata de Gotzon Aramburu Sodupe, de 24 años; Ailetz Zuloaga, de 22; Unai Kijera, de 20; Inaxio Miner, de 20; Angel Telleria, de 22; Jon Gasamanes, de 22; Eduardo Carrera, de 20; Iñigo Gurrutxaga, de 18, y los menores U.A.R., de 17; J.A.V.M., de 17 y I.G.R., de 16.

En Goizueta, localidad vecina, pero ya en Navarra, una patrulla de la Erztaintza, con autorización de la Audiencia Nacional y acompañada por agentes de la Guardia Civil, detuvo a Jokin Solana, de 20 años. De los arrestados tan sólo Gotzon Aramburu había sido encausado en otro sumario de violencia callejera en 1977 y se encontraba en libertad provisional bajo fianza desde el pasado noviembre, después de que fuera arrestado por la policía acusado de colaborar con el comando Donosti de ETA.

La operación tiene su preámbulo en la detención, hace diez días, de tres jóvenes, uno de ellos también menor, que fueron sorprendidos por una dotación de ertzainas cuando se disponían a quemar el coche de la concejal socialista de Hernani y miembro de las Juntas Generales de Guipúzcoa Izaskun Gómez.

La intervención de ayer representa la desarticulación de los grupos que sembraban la violencia en las calles de Hernani, una de las localidades guipuzcoanas con un índice de conflictividad más elevado en los tres últimos años. Su actividad violenta constituía una respuesta al hecho de que el gobierno municipal tripartito, formado por EA, PSE-EE y PNV en la pasada legislatura, había apartado de la alcaldía a HB. La coalición independentista obtuvo en los últimos comicios mayoría absoluta. En un pleno celebrado ayer, al que sólo acudieron los ediles de la izquierda independentista, se aprobó una moción para que el consistorio asuma los gastos que pueda acarrear la detención para los jóvenes y sus familias.

Según la investigación realizada por la Ertzaintza, cuyas diligencias fueron declaradas secretas por el juzgado número 1 de la Audiencia Nacional, los detenidos son los responsables de la mayor parte de las acciones de violencia callejera registradas en Hernani desde 1997, que incluyen atentados contra concesionarios de automóviles, Renfe, Telefónica, bancos y oficinas de seguros, así como las sedes de partidos: cuatro veces contra el PSE-EE y dos contra EA.

En este tiempo, los actos de violencia perpetrados en Hernani han llegado a 80, según datos de la agencia Vasco Press. El año más conflictivo fue 1997, en que se registraron 36 ataques, frente a los 18 de 1998 y los 19 del año de la tregua, 1999. Desde el pasado enero, se han registrado nueve ataques.

Las oficinas de bancos y cajas de ahorro han sido los principales objetivos de estos vándalos, que los han atacado en 29 ocasiones. La Ertzaintza, que dispone de una comisaría en la localidad, ha sufrido 10 ataques y las instalaciones de Renfe y Telefónica cinco cada una. A estas cifras globales hay que añadir atentados contra autobuses, comercios, turismos y mobiliario urbano durante las manifestaciones en Hernani.

La relevancia de la operación fue destacada por el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, quien recordó las acusaciones de "pasividad e ineficacia" contra la Ertzaintza "mientras estaba realizando este trabajo que ayer culminó".

[La Audiencia Nacional ha condenado a un año y ocho meses de prisión y una multa de 90.000 pesetas a siete jóvenes que en agosto de 1997 atacaron un autobús en Rentería (Guipúzcoa) al que, después de rociar con gasolina, prendieron fuego. También rociaron con gasolina al conductor, informa Efe].

EH culpa al PNV de la redada
EL PAÍS, Bilbao
Euskal Herritarrok (EH), la marca electoral de HB, culpó ayer al PNV en un comunicado de ser el "responsable directo" de la operación policial desarrollada en Guipúzcoa y Navarra y calificó de "vergonzosa" la actitud de la formación de Xabier Arzalluz de querer cumplir el "papel de bueno ante Madrid impulsando este tipo de operaciones". La coalición independentista añade, aludiendo al PNV: "Se valen de este tipo de salvajadas para liberar la presión a que le someten los falangistas españoles bajo la excusa de la kale borroka" (terrorismo callejero).

La Ertzaintza es el segundo objetivo del ataque de EH, para quien la policía vasca ha empezado a cumplir las "amenazas y el llamamiento a la persecución" proferidos, en su opinión, por José María Aznar en el Congreso. "No se le podía haber ocurrido a la Ertzaintza una mejor forma de dar la bienvenida al nuevo presidente español", apostilla el texto.

Fusi presenta en un multitudinario acto «El bosque originario» de Juaristi 
MADRID. Antonio Astorga ABC  28 Abril 2000

Arzalluz es la negación de la idea para el acervo vasco, sostuvo Jon Juaristi al presentar en el Círculo de Bellas Artes su ensayo «El bosque originario» (Taurus), un apasionante recorrido por la mitografía de los orígenes de las naciones. En un multitudinario acto, Juan Pablo Fusi apadrinó un libro que desborda el ámbito español y que marca una «nueva forma de hacer Historia».

Le da la risa a Jon Juaristi recordar que una de las «estrellas» del nacionalismo vasco actual es un señor que se ha empeñado en demostrar que los vascos vienen de la Atlántida. «¡Y encima su libro se está enseñando en las escuelas con la subvención del Gobierno vasco». No cabe duda, sostiene Juaristi, de que los nacionalismos de nuestro tiempo presentan ciertos rasgos semejantes a los del patriotismo imperante en la Atenas recién salida de las Guerras Médicas. «El nacionalismo tiene una relación muy directa con la violencia sobre todo en el periodo de formación de naciones entre los nacionalismos satisfechos y los nacionalismos irredentos».

Los mitos, en parte, pueden alimentar esta violencia al enfatizar la identidad como algo contrapuesto. La negación del otro, el rechazo del otro son factores que influyen en la expresión violenta de los particularismos, denuncia. Recordando a George Orwell, Juaristi sentencia que los grandes líderes nacionales o los fundadores de movimientos nacionalistas no pertenecen al pueblo que han enaltecido. Algunas veces son puros extranjeros o, más frecuentemente, vienen de áreas periféricas donde la nacionalidad es dudosa. Juaristi dibuja los nacionalismos como rechazo y consecuencia de la globalización, en donde se intenta responder a una demanda de identidades y donde se prefabrican identidades. Y como ejemplos cita los procesos de etnogénesis en la Europa Oriental o los nacionalismos de calado irredentista.

DE TERRÍGENAS Y ARZALLUZ
Para Juaristi, es difícil que un nacionalista de nuestra época crea que él y sus compatriotas son auténticos terrígenas. En este sentido y a propósito del «extemporáneo» Arzalluz, replica: «Dice Arzalluz que los inmigrantes son enemigos del nacionalismo vasco. Esto ya se contemplaba en las obras completas del fundador del PNV, Sabino Arana, que afirmaba que el verdadero culpable de la “opresión” a que estaba sometido el pueblo vasco era el que venía de fuera, el “maqueto”, el inmigrante...» Cuando Arzallus dice que el País Vasco sería independiente sin la emigración «prosigue con sus desatinos», matiza Juaristi, y «sigue indicándole a ETA a quién puede matar desde el punto de vista del nacionalismo, emigrantes o periodistas, por ejemplo. Es decir, intenta evitar que la violencia entre en el contexto del Partido Nacionalista Vasco y la mantiene fuera marcando con su dedo quién debe ser la próxima víctima de ETA».

Los emigrantes no sólo son los que han llegado al País Vasco: «Los emigrantes somos los que no somos nacionalistas en general», reafirma. Juaristi ironiza y se declara «nacionalista español de tradición más o menos republicana» porque «todas las personas tenemos algo de nacionalista». En conclusión, que Arzalluz, según el autor de «El bucle melancólico», no tiene ni idea: «Se ha caracterizado por no haber añadido ni una sola idea al acervo del nacionalismo vasco». Arzalluz, como negación de la idea para Juaristi.

Jon Juaristi analiza en un ensayo los orígenes de Europa
El escritor publica 'El bosque originario'
AMELIA CASTILLA, Madrid El País 28 Abril 2000

La imagen del guerrero Eneas abandonando Troya quedó grabada en la cabeza del niño que fue Jon Juaristi hasta el extremo de que ahora lo sitúa en el origen de El bosque originario (Taurus), su nuevo ensayo, en el que aborda los orígenes de Europa desde la Grecia arcaica. El escritor no pudo eludir, en la presentación de un libro donde se analizan las identidades de los pueblos, acabar hablando de Arzalluz, al que acusó de indicar a ETA con sus declaraciones contra quién puede atentar.

El autor de El bucle melancólico apuntó que el presidente del PNV sigue las consignas del fundador de su partido cuando acusa a los inmigrantes de ser "enemigos del nacionalismo vasco". A su juicio, Arzalluz quiere evitar que la violencia entre en el contexto de la comunidad vasca nacionalista y marca de paso los posibles objetivos para la violencia terrorista.

Juaristi (Bilbao, 1951) cree que hay una relación directa entre los nacionalismos y la violencia, sobre todo, en el periodo de formación de las naciones. El autor de El bosque originario distinguió entre los nacionalismos satisfechos y los irredentos. Para el escritor vasco, la existencia de mitos comunes en distintos pueblos puede alentar a la violencia. "La identidad puede ser un factor contrapuesto. El rechazo del otro es un factor que influye en la expresión violenta de los particularismos", dijo Juaristi, para el que de nacionalistas todos tenemos algo. Él mismo se definió como nacionalista español de tradición republicana.

Historia de Europa
Juaristi ha tratado de escribir una obra de divulgación que diese a conocer un aspecto de la historia de Europa desde el punto de vista cultural, político y de las mentalidades. El escritor describió El bosque originario como una visión de Europa bajo la especie de su imaginería mítica, cómo los pueblos han imaginado sus orígenes y de quiénes han creído proceder desde la antigüedad hasta nuestros días y cómo han influido en la configuración de las identidades colectivas.

Juan Pablo Fusi, al que Juaristi ha dedicado El bosque originario, aseguró, en la presentación del libro -"el mejor escritor de nuestros ensayistas"-, que esta obra supone la culminación de todo su trabajo anterior.

 

Recortes de Prensa   Página Inicial