AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 1 Mayo  2000
#ETA delata al PNV 
Editorial ABC 1 Mayo 2000

#EL PNV, EL CAZADOR CAZADO
EDITORIAL El Mundo  1 Mayo 2000

#Maquiavelismo etarra
Editorial El País  1 Mayo 2000

#Pureza de sangre
José Luis Manzanares La Estrella  1 Mayo 2000

#La crisis vasca
Pablo Sebastián La Estrella  1 Mayo 2000

#Devorado por sus hijos
CONSUELO ALVAREZ DE TOLEDO El Mundo  1 Mayo 2000

#Rojos
M. VÁZQUEZ MONTALBÁN El País  1 Mayo 2000

#Mayor y Piqué, dos nombres para la audacia política
Lorenzo Contreras La Estrella  1 Mayo 2000

#ETA reconoce que la «tregua» era una trampa para forzar la independencia de «Euskal Herria»
BILBAO. I. Souto ABC  1 Mayo 2000

#El Gobierno envió a ETA durante la tregua tres escritos que también remitió al PNV
MADRID. ABC   1 Mayo 2000

#Aznar se marca el objetivo de neutralizar a los nacionalismos en esta legislatura
LUIS R. AIZPEOLEA / J. CASQUEIRO, Madrid El País  1 Mayo 2000

#Una bomba contra la vivienda de un policía en Villava hiere a un vecino
Bilbao EL PAÍS 1 Mayo 2000


 

 



ETA delata al PNV 
Editorial ABC 1 Mayo 2000

RESULTA paradójico que sea ETA quien demuestre con documentos que existía un pacto con el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna. La retórica oficial del nacionalismo siempre señalaba a los medios de comunicación no afines y a determinados políticos no nacionalistas como fuentes de intoxicación sobre supuestos pactos con la organización terrorista. Pero ahora el ataque mediático viene de su propio bando. El diario abertzale «Gara», al que el PNV se librará de demonizar como hace con otros medios, ha publicado en estos últimos días las pruebas escritas de los acuerdos y de las intenciones selladas entre las fuerzas nacionalistas y la banda terrorista para «la creación de una institución única y soberana» que representaría a las provincias vascas de España y Francia y a Navarra. A cambio de esta unidad de objetivos políticos, ETA declaró el cese de las acciones terroristas y los partidos nacionalistas se comprometieron «a abandonar todos los acuerdos» con las fuerzas políticas no nacionalistas. Se trataba, por tanto, de la reagrupación del nacionalismo vasco a los sones de la construcción nacional y con la cobertura de una tregua absolutamente instrumental y condicionada al logro de esos objetivos.

Realmente, nada de lo que reflejan esos documentos constituye una novedad sorprendente para quienes siempre vieron en la alianza nacionalista una maniobra oportunista para rentabilizar y vestir políticamente la tregua de ETA. Lo importante, sin embargo, no está en el texto de esos papeles sino en el ánimo de quien los ha hecho públicos. ETA se ha limitado a delatar al PNV, no con la intención de anularlo como aliado, sino para atemorizarlo y someter su ambigüedad al juicio de las formaciones nacionalistas, verdaderos destinatarios de esta prolífica actividad informativa de ETA. Pues bien, ETA ha desnudado la gran mentira que el PNV quería hacer creer a la sociedad vasca. El pacto de Estella, la Asamblea de Electos, incluso el acuerdo parlamentario que dio a Ibarretxe la presidencia del Gobierno Vasco, entre otras iniciativas similares, no eran expresiones de unas voluntades políticas espontáneas, sino las formas que debía adoptar la progresiva ejecución del pacto con ETA. Y ETA ahora humilla y pide cuentas al PNV por no ser totalmente fiel a ese pacto y por disfrazar sus actos con mentiras; por decir que el pacto de Estella es una «metodología» para trabajar por la paz, cuando es el guión de una estrategia independentista sin matices; por tener vértigo y miedo ante su aislamiento político, que le hace insinuarse a los socialistas, cuando debía haber solemnizado el compromiso de la ruptura absoluta con las fuerzas no nacionalistas.

A estas alturas, el PNV se ha colocado voluntariamente en una situación esquizofrénica que se ve reflejada en los discursos de sus dirigentes. El de Anasagasti en el debate de investidura resultó especialmente patético. Ahora bien, esto es lo normal cuando una formación política pacta con terroristas su estrategia y, al mismo tiempo, quiere desenvolverse como un partido democrático, es decir, sin más compromisos que los derivados de las urnas. Ambas facetas son incompatibles —terrorismo y democracia, urnas y pistolas—, porque el pacto de los nacionalistas con ETA es esencialmente antidemocrático, al perseguir objetivos que ignoran por completo la voluntad actual de los ciudadanos vascos. Por más que el PNV invierta los términos de la fórmula, ha sido ETA quien ha atraído a los nacionalistas a sus postulados y no al revés. Por esto, ETA ha logrado uno de sus mayores éxitos políticos: que le hayan hecho tutor del proceso de construcción nacional vasca con la suficiente autoridad para reprender a los nacionalistas por sus incumplimientos y para llamar al orden a quien se salte el guión. No está claro que el PNV quiera salir de esta espiral de suicidio político. Más bien parece lo contrario. Pero, si lo pretendiera, deberá empezar por inhabilitar a unos dirigentes que están deslegitimados ética y políticamente para oponerse al terrorismo y que han mentido a unos ciudadanos que deben tener cuanto antes la oportunidad de exigir responsabilidades en las urnas.

EL PNV, EL CAZADOR CAZADO
EDITORIAL El Mundo  1 Mayo 2000

EL MUNDO anunció en exclusiva el acuerdo al que llegaron ETA, el PNV y EA en agosto de 1998. Los Arzalluz y Egibar se apresuraron a declarar que se trataba de una pura invención. Lo publicado ayer por Gara pone a cada cual en su sitio. Demuestra que lo que EL MUNDO contó en su día era cierto y que el PNV mintió.

Lo corrobora ahora sin querer el propio portavoz nacionalista al acusar a ETA de «indiscreta». No le reprocha falsear la verdad de los hechos, sino desvelar lo que, por lo visto, debería callar. Ya se sabe: se empieza por matar niños y se acaba faltando a las normas de la urbanidad política.

Pero sólo se puede ser indiscreto cuando se dice la verdad.

Y es que lo que ETA ha revelado es cierto: el PNV y EA sellaron con ella un compromiso en firme por el que se juramentaban a romper toda forma de colaboración con el PP y el PSOE (fuerzas políticas «cuyo objetivo es la destrucción de Euskal Herria», se decía en el acuerdo) y a entregarse en cuerpo y alma a la «construcción nacional» vasca. A cambio de lo cual, ETA se avino a declarar su tregua.

Pretenden los dirigentes del PNV que aquel pacto no llegó nunca a tener vigencia real, porque ETA no rubricó un adendum posterior que ellos le enviaron, escrito al dorso del texto del primer acuerdo. Es una mera argucia. Si no daban validez suficiente al texto inicial, ¿a cuento de qué le pusieron el solemne sello del Euskadi Buru Batzar, órgano máximo de su partido?

En realidad, todo este embrollo no es sino otro fruto más del fallido plan puesto en marcha por los Arzalluz y Egibar para engañar a todo el mundo.

Quisieron engañar a ETA, primero, vendiéndole que, si dejaba las armas, ellos se involucrarían en la formación de un frente independentista radical. En la práctica, no estaban dispuestos a romper su relación con la política española, porque saben que es ahí -en el marco estatutario- donde están las parcelas de poder que tanto anhelan. Por eso querían que el pacto se interpetara a su modo: para marcar ellos los modos y plazos de su ruptura con la política institucional española.

Quisieron engañar, en segundo lugar, a su propio electorado y a buena parte de su base militante, para que no repudiara sus tácticas aventureras, tan ajenas a la tradiciones sensatas y posibilistas del PNV. Por esa razón insistieron en que el acuerdo fuera secreto (y por eso les enfadó tanto que lo desveláramos, y por eso les molesta tanto que ahora ETA lo confirme).

Quisieron engañar también a EA, presentando a ETA una segunda interpretación del acuerdo que ya no contaba con los de Garaikoetxea.

Quisieron engañar -y engañaron, de hecho- a IU-EB y otras fuerzas tan sincera como ingenuamente pacifistas, a las que persuadieron de que ETA estaba buscando tan sólo una salida políticamente aceptable para su vieja espiral enloquecida de violencia.

Quisieron engañar, en fin, al Gobierno de Aznar y al grueso de la opinión pública española, vistiendo su intento de hegemonizar la política vasca de opción valiente y sacrificada, destinada al beneficio colectivo.

Creyéndose muy astutos, fingieron ponerse al servicio de las expectativas de todos, cuando sólo les interesaban las suyas propias. Pero se les ha vuelto el juego del revés y han quedado como lo que son: falsarios y fracasados.

Sólo una opción les eximiría del ridículo completo: dimitir e irse.

Maquiavelismo etarra
Editorial El País  1 Mayo 2000

LA DIFUSIÓN por parte de ETA de los papeles relativos a sus contactos y acuerdos con el PNV y EA no puede tener más objetivo que desacreditar a esos partidos. Con cierto sadismo, la organización terrorista les desautoriza expresamente, dando la razón a sus críticos en las cuestiones fundamentales: que la tregua sí era una trampa y que no fue Lizarra, sino el acuerdo secreto entre PNV-EA y ETA lo que la hizo posible. La filtración en este momento sólo se explica como un intento de perjudicar a sus interlocutores, tal vez en la perspectiva maquiavélica de provocar una derrota electoral de los nacionalistas que les conduzca a la radicalización.

ETA dice ahora que "por supuesto" que la tregua era una trampa, y que el objetivo de la misma nunca fue la paz; que ésta fue esgrimida como señuelo para chantajear a los partidos nacionalistas, ya que "la no aceptación [del planteamiento de ETA] supondría rechazar la posibilidad de una tregua". El objetivo político de ésta habría sido desenmascarar la "ambigüedad histórica" del PNV, su "vascongadismo" (es decir, autonomismo). También sostiene ETA que en su intención inicial no estaba un "esquema de negociación" y que más bien fueron los nacionalistas quienes promovieron esa posibilidad para "pasarle la jugada al Gobierno español" y "lavarse las manos".

Esto último puede ser una teorización a posteriori , pero es cierto que en los dos primeros comunicados no se emplazaba al Gobierno: sólo a los nacionalistas, dando por hecho que sería su dinámica lo que impondría la solución independentista.

La filtración incluye las precisiones que PNV y EA realizaron, conjuntamente y por separado, al acuerdo alcanzado en agosto de 1998 con ETA. Son cautelas que no cuestionan el núcleo del pacto: creación de una estructura de base municipal común a toda Euskal Herria como alternativa a las instituciones autonómicas, y ruptura de todo acuerdo con los partidos vascos no nacionalistas. El PNV se limita a decir que no se excluye dar entrada a un cuarto socio (además de PNV, EA y EH) en el pacto de Gobierno si fuera necesario para evitar dejar "el control de las instituciones en manos no abertzales". Y se compromete a aplicar el criterio de exclusión ya en la "formación del próximo Gobierno", el que saldría de las autonómicas de octubre de 1998. Ello refrenda la sospecha de los socialistas vascos de que las negociaciones con ellos fueron un simulacro. En otro papel, sin embargo, se habla del fracaso de un intento de pacto de "cuatro partidos para cuatro herrialdes" (territorios), lo que parece dar a entender el interés del PNV por asociar al PSOE, seguramente pensando en Navarra.

ETA ni siquiera ahorra la maldad de denunciar los intentos del PNV de llegar a acuerdos bilaterales con ETA, prescindiendo de EA. Pero igualmente hay referencias indicativas de la desconfianza de ETA respecto a la "obsesión" del PNV por hacer participar a EH en los contactos.

Las actas de la reunión celebrada en julio de 1999 para evaluar los resultados del acuerdo del año anterior recogen los argumentos de las formaciones nacionalistas. Puede que sea una visión deformada, pero las actas no reflejan una defensa por parte de PNV y EA de principios democráticos básicos: la legitimidad del Estatuto, la existencia de una mitad de la población no nacionalista o el carácter minoritario de la reivindicación independentista y la oposición de la mayoría de los navarros y vascofranceses a cualquier propuesta panvasquista.

En conjunto, pues, los papeles de ETA dejan en ridículo, como mentirosos en asuntos vitales, a sus interlocutores nacionalistas, de los que ofrecen la visión que más puede perjudicarlos en la batalla política y electoral. Confirman que la tregua era una trampa, y que la paz era sólo un pretexto. Lo que decía Mayor Oreja, y otros muchos, lo confirma ETA. Lo que ellos consideran astucia política es sólo ausencia de escrúpulos o, más directamente, maldad, hasta con los más próximos. La pregunta que Anasagasti no contestó el martes sigue planteada: ¿Qué más tiene que pasar para que el PNV reconozca el fracaso de Lizarra?

Pureza de sangre
José Luis Manzanares La Estrella  1 Mayo 2000

Los judíos habrían contaminado a la nación alemana trayendo vicios antes desconocidos por los arios. Sería la consecuencia inevitable del encuentro entre dos razas, una superior y otra inferior. Decía el Führer que los mestizos reunían lo peor de sus progenitores mientras que se mostraban alérgicos a sus virtudes. Una de las publicaciones preferidas del dictador fueron los "Ostara" del fanático Jörg Lanz von Liebenfels, muy devoto de los cabellos rubios y autor de instructivos dibujos en los que, por ejemplo, pueden verse las diferencias que en sus posaderas presentan la etnia de los señores y la otra, es decir, la despreciable ralea de los condenados al exilio o al exterminio. Unos homínidos a los que se deberían la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial y el sacrificio de las esencias patrias en aras del liberalismo democrático encarnado por la República de Weimar.

Hoy se asegura que Hitler estaba loco, pero su doctrina prendió bien desde el río Mass hasta el río Memel, quizá porque el mesianismo convierte a sus seguidores en envidiables miembros de un pueblo elegido. Todos sabemos cómo terminó esta edición macabra del flautista de Hamelin. Parece, sin embargo, que algunos se resisten a escarmentar en cabeza ajena o gustan de jugar al aprendiz de brujo.

No en Centroeuropa o en Austria, sino aquí, en una vieja parcela de España, hay quienes demonizan al inmigrante o maketo que vino a perturbar el ancestral idilio de unos valles donde bien hubiera podido estar ubicado el Paraíso. Naturalmente, la contribución del foráneo al desarrollo industrial del país poco contaría frente a los riesgos para unos valores morales detentados en exclusiva.

También nuestros racistas se preocupan de las diferencias somáticas, pero con loable erudición. Aunque interesan las formas del culo -con perdón-, de la nariz y del mentón, tal vez el principal distingo venga dado por el factor Rh. Tenemos exiliados y asesinados, matones que campan por sus respetos, incendiando o amenazando, y valientes guerreros que envían paquetes-bomba a quienes llaman a las cosas por su nombre. Y, desde hace unos días y como contribución última al esperpento, contamos con una novedosa revelación urbi et orbi. La inmigración -o con otras palabras, los emigrantes y sus descendientes- sería el mayor obstáculo para el triunfo rápido y masivo de la opción independentista. Una afirmación escasamente compatible con la pluralidad y la convivencia. Un aviso a los navegantes para que, al menos, no se descarríen política y culturalmente.

El espectador siente una cierta desazón que pretende corregir con la frivolidad de unas preguntas. Si el nacionalismo radical desbarra con el ius sanguinis y hasta lamenta que los apellidos foráneos participen en las decisiones fundamentales del País Vasco, ¿habrá que oír, por el contrario, a los descendientes de quienes se extendieron por otras tierras de la patria grande o a quienes en estos años hubieron de cambiar de aires por razones de salud? Y quienes sólo lleven un apellido vasco, ¿dispondrán de medio voto? Hablemos en serio. La Historia, empezando por la de España, no se manipula ni rebobina a capricho.

La crisis vasca
Pablo Sebastián La Estrella  1 Mayo 2000

Todos los que en la política o en la prensa se dedican a jalear con entusiasmo y toda clase de adjetivos los desvaríos, errores o decisiones del PNV, y esto pasa tanto en el Gobierno como en la oposición, deberían saber también que el alejamiento del PNV del marco democrático y constitucional, el regreso de la violencia de ETA y la permanente tensión callejera y división de la sociedad vasca es fruto no sólo de la violencia de ETA, que es la causa principal o de los errores del PNV que son notables, sino también del empeño de algunos que para hacer política, o ruido, en vez de facilitar la normalización en lo que se pueda de la vida política vasca, parecen disfrutar con la fractura social y política que se esta creando en el País Vasco.

El presidente del Gobierno, su gabinete, el PP y el PSOE, por más que tienen razón cuando culpan al PNV de mantener relaciones políticas con el entorno político de ETA, no pueden estar contentos ni orgullosos de la grave crisis galopante que se vive en el País Vasco. Hasta el punto que podemos decir que nunca las relaciones políticas y sociales en el País Vasco han estado en peor situación. Y de eso, al margen de los culpables, no podemos estar orgullosos nadie.

Desde que se rompió la tregua ETA culpa al PNV de dicha ruptura, acusándole de no cumplir unos presuntos pactos políticos que se habrían establecido, firmados o no, entre el PNV y el entorno de ETA. A su vez ETA sigue acusando a los gobiernos de Francia y España de represión e impedir la paz. Paralelamente, y desde una posición bien distinta, el Gobierno del PP y el PSOE, especialmente el ministro Mayor Oreja, no hacen otra cosa que presionar al PNV y a sus líderes para que rompan el pacto de Estella y los acusan de ser cómplices de una ETA que, a su vez, culpa al PNV de ser cómplice del Gobierno españolista.

En estas circunstancias sería bueno, y posiblemente la mejor situación, dejar la pública polémica anti PNV de lado para darle a este partido, con inteligencia y discreción, una posibilidad de salida, abrir una puerta colateral que le permita reintegrarse al marco constitucional.

Es verdad que el PNV defiende la autodeterminación, la independencia y el pleno desarrollo del estatuto. Y que en el pacto de Estella estableció acuerdos políticos para que el entorno de ETA se incorporara a la política. Como es cierto que el PNV ha luchado por la tregua y ahora lucha por su reanudación. Pero el PNV debe entender dos cosas: que ETA busca su destrucción para que HB sea el primer partido nacionalista, y hace todo lo posible para que esto ocurra, en momentos en los que el PNV sufre un severo acoso y crítica desde el Gobierno de Madrid, y debe entender también que al margen de acusaciones oportunistas, muchas de las críticas que se le hacen, como la de permanecer con el entorno de ETA mientras sigue la violencia, son razonables y razonadas.

Esta situación, lejos de solucionarse, va de mal en peor. Amenaza con un recrudecimiento de la violencia y está provocando una división en la sociedad vasca difícil de solucionar. Si el Gobierno de Madrid cree que rompiendo el PNV o provocando la caída de sus líderes todo se arreglará, se equivoca. Será el nacionalismo más radical el que lidere la otra orilla del País Vasco. Además, tampoco las tiene todas consigo este Gobierno ni con el BNG en Galicia ni con CiU en Cataluña, por más que Aznar le dé un trato de favor a Pujol.

En el País Vasco hay muchos problemas y muy importantes planteados, lo prueba el último debate sobre el estado de la nación. Problemas que se tienen que solucionar con inteligencia, diplomacia y discreción, y no echando aceite al fuego, porque por ahí no se llegará a ninguna solución. 

Devorado por sus hijos
CONSUELO ALVAREZ DE TOLEDO El Mundo  1 Mayo 2000

ETA juega al adelanto electoral. ¿Qué le queda ahora al PNV? A la inversa que Saturno, el viejo Arzalluz está siendo devorado por sus hijos etarras, sin compasión. Morirá con las orejeras puestas, pues en su soberbia sin límites no cabe la palabra rectificación. Llevará a Euskadi justo donde no quería: al límite de la convivencia, allí donde la paz pierde su precioso nombre. Y a su partido, el PNV, a su posible liquidación. Rotas las relaciones que mal que bien se venían manteniendo con el PP y con el PSOE, aventadas al aire sus vergüenzas y acorralado por ETA, el PNV agoniza sin darse cuenta. Las consecuencias, para todos, son imprevisibles. Asistimos en estos días al fin de una historia. ETA juega a adelantar las elecciones en Euskadi. Esta última embestida, que deja todavía más colgado de la brocha al Gobierno de Ibarretxe, solo se entiende en clave preelectoral vasca.

«La traición histórica». En esto también coinciden con Mayor Oreja. Probablemente porque los radicales, muy en su línea, piensen que «cuanto peor mejor» si, como parece posible, saliera de las urnas una mayoría PP/PSOE. Es verdad que al PNV cualquier decisión le será adversa. Si colabora con esa mayoría, porque habrá de compartir el Gobierno. Pero si no lo hace, alineado con ETA y los radicales, conducirá a Euskadi a una confrontación fratricida que hoy es todavía evitable. «Sé que es muy difícil lo que les pido, señoría», dijo Aznar a Anasagasti en la investidura. Y se cortaba el aire en el Congreso en ese instante. Sabíamos todos a lo que se estaba refiriendo. Pues se auguran días de más sangre, más sudor y más lágrimas. Esa inevitabilidad derivada de la «traición histórica» de la que les acusó Aznar se evidencia aún más con la burla a la que ETA les somete en las páginas de Gara. ETA ha engañado al PNV alentando el pavo real que Arzalluz lleva en sus entrañas. Lizarra, los pactos secretos, eran caballo de Troya para minar el partido de la burguesía nacionalista.

Los de ETA, más listos. Es un drama, sí. Pero se ve que los de ETA son más listos a la hora de diseñar estrategias. Puestos a dividir, erraron los del PNV al pensar que eran más los independentistas y/o soberanistas que los partidarios de la Constitución y el Estatuto. Puestos a perpetrar la «traición histórica», se equivocaron al creer que podían liderar el proceso de «reconstrucción nacional» mareando la perdiz de los radicales y olvidándose de que, quien mata una vez, mata dos veces si no se sale con la suya. Una vez emprendido el viaje a ninguna parte, el PNV comenzó a tener una especie de síndrome de Estocolmo que le impide toda clarividencia para deslindar el territorio de lo admisible democráticamente. Cuando se pierde el olfato para oler la pólvora, cuando el empecinamiento enturbia la vista para percibir la sangre derramada, cuando el sabor de las urnas es agridulce, cuando ya no sólo queda oído para el propio eco, entonces todo se convierte en sinsentido. Se equivocó el PNV, se equivocaba.

Rojos
M. VÁZQUEZ MONTALBÁN El País  1 Mayo 2000

Que esto es una nueva derecha queda demostrado en la composición del nuevo Gobierno, que ha permitido, por fin, que unos cuantos rojos lleguen al poder. Si sumamos a Celia Villalobos, izquierdista moderada en su juventud, ex jóvenes radicales de Bandera Roja o del PSUC como las señoras Del Castillo y Birulés y el trepidante Josep Piqué, se comprueba cuán acertada fue aquella operación de que los hijos de familias bien se pasaran al enemigo y luego volvieran a la casa del padre tras apoderarse de la lógica y el código del rojerío. Marx y Escrivá de Balaguer, Ho Chi Minh y Popper pertenecen, desigualmente, cierto, al sustrato ideológico de un Gobierno al que Pío Cabanillas aporta un corte de pelo a lo refundador del partido socialista francés en los tiempos de Mitterrand. Con razón Piqué le ha dicho que no se corte la melenita. Están en todo.

Tan en todo están que le han quitado el centro a Felipe González y están a punto de quitarle Cataluña a Pujol y el País Vasco a Arzalluz. En el País Vasco, acoso y derribo del PNV para propiciar una nueva mayoría anacionalista y en Cataluña restar razones a la resistencia aislacionista del nacionalismo moderado con la presencia de Piqué y Birulés en el Gobierno, los dos muy bien considerados por los mismos sectores del poder económico catalán que condicionaron primero el pacto Pujol-González y luego el pacto Pujol-Aznar. Piqué y Birulés no son los ministros catalanes convidados de piedra, a lo Aunós o Gual Villalbí, sino cabezas de puente de una operación pospujolista que pasa por encima del cadáver de CiU, pero no del de Duran Lleida.

Miembros de la Internacional Popular, Duran Lleida y Aznar están obligados a encontrarse cuando llegue el momento de repartir la túnica sagrada pujolista. Ya ha reclamado Duran un catalanismo menos emocional y más pragmático, aunque tanto en Cataluña como en Euskadi si se sustituye el emocionalismo de CiU y el PNV por el frío cálculo de posibilidades, igual los nacionalemotivos se echan más al monte. Esperemos que la fracción leninista del Gobierno sepa practicar el análisis concreto de la situación concreta y no se pase de lista. A veces, como dijo Lenin, hay que dar un paso atrás para luego dar dos adelante.

Mayor y Piqué, dos nombres para la audacia política
Lorenzo Contreras La Estrella  1 Mayo 2000
E
ran abundantes los observadores que cifraban en la permanencia de Jaime Mayor Oreja al frente del Ministerio del Interior el verdadero riesgo que Aznar correría, embarcándose en una política de respuesta represiva permanente contra ETA. O sea, tal confirmación ante el cargo sería la gran decisión arriesgada de un presidente sin alternativa para el gran problema de su etapa. Pero se ha demostrado que Aznar tenía en su agenda, bien anotada, otra audacia: elevar a Josep Piqué a la categoría de ministro de Asuntos Exteriores.

Las apuestas a favor de un cambio de ministerio para Mayor Oreja fueron ampliamente conocidas, dada la tendencia a creer que se le reservaba con el objetivo de situarle algún día en la presidencia del Gobierno vasco. Hoy se piensa que esa posibilidad no sería incompatible con la conservación por ahora del cargo de ministro del Interior. Quienes creen que el salto de un ministerio de la policía al sillón de lehendakari equivaldría a garantizar el agravamiento del problema vasco parecen estar en minoría dentro de los ambientes oficiales. La tesis de la dureza y la eficacia policiales como fórmula para liquidar el conflicto cuadran perfectamente con el clima de euforia que se ha apoderado de la Administración Aznar desde el triunfo electoral del día 12 de marzo.

Otro gesto de audacia política aznarista ha sido instalar a Josep Piqué en el palacio de Santa Cruz. Se trata de una decisión que se interpreta como ajena a los dictados de la cordura. Con un procedimiento judicial abierto en el caso Ercros y que podría afectarle en sus intereses personales y políticos, el hasta hace unos días portavoz del Gobierno y ministro de Industria se hace con la representación de la diplomacia española desde el punto de vista de su orientación y conducción. Cerca de su área de influencia tendrá -tiene ya- a Ana Birulés, catalana ella, como Piqué, y cercana a su trayectoria en este momento y en otras etapas de sus respectivas biografías. El Ministerio de Ciencia y Tecnología es en cierta medida hechura de Piqué, ex ministro de Industria como ya se ha dicho líneas arriba. Los dos simpatizantes -Birulés y Piqué- del partido de los comunistas catalanes, el viejo PSUC, se reencuentran en el supercentrado Gobierno de Aznar.

Valgan todas estas referencias para subrayar hasta qué punto José María Aznar hace caso omiso de determinadas presiones ambientales y se atreve al gobierno de las circunstancias, por adversas o incómodas que puedan resultar. Piqué, de momento, le ha servido para mejorar la posición electoral de los populares en Cataluña, donde cualquier avance se suponía siempre relacionado con la personalidad y capacidad de mensaje de Aleix Vidal-Quadras.

A partir de ahora, ambos ministerios, Interior y Exteriores, pueden verse zarandeados por eventos no del todo imprevisibles. Lo probable es que ETA, que acaba de manifestar en el diario Gara (su boletín oficial prácticamente) las "responsabilidades " del PNV en su vuelta a la violencia, desencadene una nueva oleada de terror para dar en alguna medida respuesta al signo del nombramiento de Mayor Oreja como reconfirmado ministro de la policía. La banda ha roto con todos sus posibles factores de inhibición y Mayor Oreja se verá ante importantes pruebas de fuerza, si es que los acontecimientos responden a la previsión lógica, como cabe temer.

En cuanto a Exteriores, donde Piqué aparece institucionalmente como el primer embajador de España, cualquier tropiezo judicial del nuevo ministro haría volver los ojos de los espectadores políticos hacia la imprudencia de quien le nombró. Por supuesto que los títulos de cautela que adornan y acompañan a la personalidad de Aznar hacen imaginar que sabe muy bien a lo que se expone, o sea, poco o nada porque se ha asesorado previamente de que el horizonte judicial del señor Piqué está más bien despejado o libre de tormentosas nubes. Que así sea.

ETA reconoce que la «tregua» era una trampa para forzar la independencia de «Euskal Herria»  
BILBAO. I. Souto ABC  1 Mayo 2000

La banda terrorista ETA confirmó ayer, a través de «Gara», que el alto el fuego anunciado en septiembre de 1998, tras el «acuerdo» firmado un mes antes con PNV y EA, no perseguía la normalización -un verdadero proceso de paz- en el País Vasco, sino «un compromiso serio con la construcción nacional para abordar el camino hacia la territorialidad y el derecho a la autodeterminación».

ETA dio ayer la razón al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, en su interpretación del alto el fuego temporal de la organización terrorista como una «tregua-trampa». «¡Por supuesto! -indica la banda terrorista en un documento publicado ayer por el diario radical «Gara»-, era un instrumento dirigido contra los gobiernos francés y español». Y la tregua era también, según afirma la banda en el escrito, «una trampa para la estrategia de sumisión a España que habían desarrollado hasta entonces PNV y EA».

ETA continuó ayer haciendo públicos documentos de sus conversaciones con PNV y EA, que evidencian que hubo un acuerdo entre la banda terrorista y los partidos nacionalistas en agosto de 1998, un mes antes de que anunciara un «alto el fuego» indefinido, a pesar de que PNV y EA lo siguen negando, por lo que el PP y el PSE acusaron a estos partidos de engañar a la sociedad vasca y les exigieron una explicación. El periódico «Gara» reproduce incluso el texto del acuerdo secreto con los sellos del PNV, de EA y de ETA.

CLAVES DEL ACUERDO
Los documentos eran conocidos en su esencia, pero de lo publicado por «Gara» destaca que ETA reconoce que lo que pretendía con su tregua era tender una trampa a los gobiernos español y francés y, simultáneamente, a PNV y EA. Su pretensión no debía entenderse en clave de avance hacia la mera normalización, según dice ahora la banda terrorista, sino «de logro de un compromiso serio con la construcción nacional para abordar el camino para obtener la territorialidad y el derecho de autodeterminación, lo que acarrearía el abandono de la lucha armada».

Reitera ETA las tres claves de su acuerdo con PNV y EA: compromiso con la «construcción nacional de Euskal Herria» de todos los firmantes, ruptura de los pactos con la fuerzas españolistas y cese de acciones armadas de ETA.

Dice asimismo ETA que PNV y EA quisieron «pasar la jugada al Gobierno español». «Así se lavaban las manos -asegura la banda- y, dando por cumplida su tarea, se hacía ver que el PNV y EA ya habían hecho lo que les correspondía consiguiendo el alto el fuego de ETA, y que ahora la responsabilidad le correspondía al Gobierno español».

Pero la banda también estaba tendiendo una trampa a PNV y EA para que estos partidos abandonaran «la estrategia de sumisión a España -señala ETA- que habían desarrollado hasta entonces».

ETA explica además que el alto el fuego fue fruto de los acuerdos con PNV y EA y no «por sentirse acosada», ni por el acuerdo de Estella, que supuso «simplemente una coincidencia temporal». Niega asimismo que el alto el fuego tuviera relación alguna con el asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua Miguel Ángel Blanco y la convulsión social que provocó.

En su opinión, aquella acción «actuó como clave para todas las partes, pues dejó en evidencia -asegura ETA- el enfrentamiento entre España y Euskal Herria a un nivel como ninguna otra acción había hecho hasta entonces».

DESMENTIDO AL PNV
Desmintiendo al PNV, ETA asegura que su propuesta realizada en julio de 1998 fue firmada por PNV y EA, quienes asumían el compromiso de romper sus pactos con PP y PSOE. ETA firmó el acuerdo, según relata «Gara», y dio una copia al PNV y otra a EA. «El PNV y EA -dice la banda terrorista en sus documentos- dieron una respuesta doble a esa propuesta, por una parte, firmaron la hoja y en la parte trasera escribieron y firmaron un texto que consideraban como desarrollo de ese acuerdo, pidiéndole a ETA que lo firmara y lo devolviera».

Todo ello ocurrió a mediados de agosto de 1998, momento en el que ETA, «en lugar de entrar en una dinámica estéril de propuestas y contrapropuestas», según su propia interpretación, decidió dar por aceptado el acuerdo, porque «los dos partidos -asegura la banda- habían firmado el texto que les había hecho llegar, aunque sin dar por bueno el desarrollo que el PNV y EA le habían hecho». La respuesta concreta fue la declaración de alto el fuego basada en dicho acuerdo de septiembre de 1998.

«VENENO POLÍTICO»
En la interpretación que hace ETA de lo ocurrido tras el inicio de la tregua, considera que ya en febrero de 1999, cuando se decide prolongar el alto el fuego, se habían producido elementos negativos, entre los que incluye la negociación que califica como «virtual» impulsada por el Gobierno, que supone para la banda, según su propia versión, «veneno político».

A pesar de ello, ETA explica que optó por mantener el alto el fuego al constatar que se habían dado pasos positivos y muy especialmente la creación de una Asamblea de representantes municipales de «Euskal Herria» reunida en Pamplona en febrero de 1999. Considera la banda terrorista que a partir de entonces la ilusión e impulso generado por la iniciativa de ETA «fue decayendo», en palabras de la organización, por lo que se celebró una nueva reunión con dirigentes de PNV y EA para intentar que se comprometieran más en el proceso.

El Gobierno envió a ETA durante la tregua tres escritos que también remitió al PNV  
MADRID. ABC   1 Mayo 2000

El Gobierno, durante el proceso de contactos que abrió a raíz de la tregua de ETA, envió a la banda terrorista tres comunicaciones en las que fijó el contenido de lo que estaba dispuesto a negociar siempre y cuando hubiera un cese indefinido de la violencia. Estos escritos, firmados por el secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, fueron remitidos, además de a ETA, al PNV.

El diario «Gara», en su edición de ayer, anunciaba la publicación para hoy de la versión de ETA sobre la reunión que el pasado mes de mayo tuvieron en Zúrich representantes de la organización criminal con los interlocutores nombrados por José María Aznar dentro del proceso de contactos abiertos por el Ejecutivo tras la declaración de la tregua. A este encuentro, que fue el primero y único que mantuvo el Gobierno con la banda, asistieron por parte de ésta Mikel Albizu Iriarte «Antza», jefe de su «aparato político», y Belén González Peñalba; y por parte de Gobierno, Javier Zarzalejos, secretario general de la Presidencia, y Ricardo Martí Fluxá, secretario de Estado para la Seguridad.

En la reunión, que duró cuatro horas, a petición de los interlocutores de la banda, los mediadores del Gobierno entregaron a los etarras un escrito en el que se concretaba la posición del Ejecutivo en el sentido de que no haría concesiones políticas y que sólo estaba dispuesto a negociar «paz por presos».

Según ha sabido ABC de fuentes que siguieron de cerca el proceso de contactos, este comunicado sería uno de los tres escritos que envió el Gobierno a ETA en el que el Ejecutivo estableció su «ámbito de interlocución», es decir que sólo estaba dispuesto a tratar asuntos de política penitenciaria, siempre y cuando hubiera por parte de ETA un cese indefinido de la violencia. Asimismo, en estos comunicados, el Gobierno ratificó su negativa a abordar asuntos relativos a las reivindicaciones de independencia que para el País Vasco plantea la banda.

SUSPENDIDA LA SEGUNDA REUNIÓN
Los mismos medios han señalado que ETA, a la vista del contenido de estos comunicados, decidió suspender la segunda reunión que tenía previsto llevar a cabo con los mediadores del Ejecutivo el pasado verano, una vez celebradas las elecciones autonómicas vascas.

Asimismo, ABC ha tenido conocimiento de que los tres escritos enviados por el Gobierno a ETA fueron firmados por el secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, y que también fueron remitidos al PNV.

Por otra parte, la filtración de ETA de sus contactos secretos con los nacionalistas vascos ha dejado en evidencia al PNV al demostrar que el partido de Xabier Arzalluz firmó un acuerdo con la banda, hecho que ha sido negado reiteradamente por la dirección del PNV y, en el debate de investidura, por el portavoz del Grupo vasco, Iñaki Anasagasti. Los documentos de ETA sacan a la luz, como de forma insistente ha venido diciendo el ministro del Interior, que la finalidad de estos acuerdos era la «construcción nacional» y no la paz.

LAS «MENTIRAS» DEL PNV
Decía Iñaki Anasagasti en el debate de investidura que el PNV era el único partido que cumple sus compromisos, obra de buena fe y el único interesado en la paz. Días después, ETA hacía públicos unos acuerdos que desmontan la estrategia del partido de Arzalluz. Populares y socialistas han reaccionado con indignación ante la evidencia de que «el PNV ha mentido a la sociedad vasca al afirmar que no tenían nada firmado con ETA y nada pactado con la organización terrorista», en palabras del presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, y de que «esos acuerdos en ningún momento han perseguido la paz, sino la construcción nacional», en palabras del secretario general del PSE, Nicolás Redondo.

NEGOCIAR SOLA
El PNV queda en una situación difícil tras hacerse públicos estos documentos de ETA, en los que incluso se acusa a este partido de querer dejar de lado a su socio en las instituciones vascas, EA, para protagonizar sola las negociaciones con la organización terrorista. Unas negociaciones en las que se pactó el acabar con el marco jurídico del que se han dotado democráticamente los vascos, para promocionar nuevas instituciones que abarcaran no sólo la Comunidad autónoma vasca, sino también Navarra y el País Vasco francés, punto que cumplió el PNV al poner en marcha Udalbiltza (la Asociación de municipios y cargos electos vascos). Como también ha cumplido el PNV el compromiso incluido en sus acuerdos con ETA de romper todos sus pactos con partidos no nacionalistas.

Mientras se acusa al PNV de cinismo, desde este partido ayer sólo habló Joseba Egibar, el portavoz de la dirección nacionalista e interlocutor de su partido con ETA, para volver a negar lo que evidencian los documentos presentados por la organización criminal y para intentar explicar el porqué de la ofensiva contra su partido desde quienes en estos momentos comparten bando político.

Según Joseba Egibar, lo que ETA trata es de justificar la ruptura de la tregua y quitarse responsabilidades por ello. Sin embargo, los documentos de la banda acusan a PNV y EA de hacer eso mismo trasladando esponsabilidades al Gobierno de José María Aznar.

Aznar se marca el objetivo de neutralizar a los nacionalismos en esta legislatura
La potenciación de Piqué y Birulés para Cataluña se une a la de Mayor para Euskadi
LUIS R. AIZPEOLEA / J. CASQUEIRO, Madrid El País  1 Mayo 2000

José María Aznar se ha trazado como un objetivo estratégico de esta legislatura la neutralización política de los nacionalismos, particularmente el vasco y el catalán. Fuentes cercanas a Aznar admiten que el presidente lograría su gran satisfacción política si coronase su salida de La Moncloa con la derrota en las urnas de los partidos nacionalistas en las elecciones autonómicas que precederán a las generales. Razones que explicarían la futura candidatura de Jaime Mayor para Euskadi y el ascenso de un ministro catalán, Josep Piqué, a un puesto de la proyección de Exteriores.

El entorno de Aznar cree posible la derrota en las urnas de los nacionalismos vasco y catalán en las elecciones autonómicas por vez primera desde el inicio del Estado de las autonomías y su sustitución por presidentes no nacionalistas.

Aznar defiende ese escenario como saludable no sólo porque los nacionalistas llevan gobernando 20 años el País Vasco y Cataluña, sino porque una derrota nacionalista y una pérdida de su poder abrirían un proceso de reflexión en el PNV y en CiU que conllevaría la depuración de las posiciones soberanistas, en un caso, y las más reivindicativas en el otro.

Fuentes cercanas a Aznar mantienen que ese proceso llevaría a la clarificación de posiciones en el nacionalismo y a la postre a la moderación a CiU y PNV, porque ambos partidos comprenderían que en Euskadi y Cataluña sucede, como en el resto de España, que las elecciones se ganan en el centro.

El PP, de hecho, habría ganado las elecciones del 12-M al PNV si no se hubiese abstenido Euskal Herritarrok. Supuesto que supondría el colofón a los últimos comicios autonómicos, los de octubre de 1998, en los que el PP ya se situó como segundo partido vasco, tras la formación de Xabier Arzalluz. En esa clave está la decisión de Aznar, aún no comunicada oficialmente, de presentar a Jaime Mayor Oreja como próximo candidato a lehendakari.

Pero para Jaime Mayor esa apuesta es doblemente arriesgada: Intentar ganar y después formar Gobierno. En el País Vasco, la segunda meta es casi más difícil que la primera. En todo caso, cuanto más tiempo dure la crisis del Gobierno del lehendakari Juan José Ibarretxe, más se desgastará el PNV y mayores serán las posibilidades de Mayor. En esta hipótesis, en las filas vascas del PP se apunta como deseable un "Gobierno compartido" en el que podría participar un PNV reciclado, tras una ruptura previa con el Pacto de Lizarra y el soberanismo, y el PSE-PSOE. Salida que podrían aceptar los socialistas.

Aznar barruntó hace meses la posibilidad de aprovechar los cambios de su nuevo Gobierno para trasladar a Mayor a un Ministerio de proyección pública como Exteriores y liberarlo de Interior. La ruptura de la tregua de ETA, primero, y la crisis política vasca, después, tras el excelente resultado electoral del PP vasco y la pérdida del apoyo de EH a Ibarretxe, le decidieron por la continuidad en su cargo de Mayor.

Aznar ha aprovechado finalmente el Ministerio de Exteriores para proyectar a Piqué, en una estrategia pensada para Cataluña, por una vía menos arriesgada que la del Portavoz, tras estallar el caso Ercros. Una potenciación apoyada ahora aún más con el nombramiento de Anna Birulés, otra catalana, próxima a Piqué, como titular del Ministerio de Ciencia y Tecnología, que le dará una gran penetración en el mundo empresarial de Cataluña. El toque catalanista de Piqué y Birulés, debido a su paso por la Administración de la Generalitat, son bazas añadidas en ese fin.

La apuesta de Aznar por Piqué en Cataluña es a más largo plazo que la vasca con Mayor, en la medida que el PP es más débil en Cataluña que en Euskadi. Pero el entorno de Aznar cuenta con otra clave: la crisis del nacionalismo catalán por la sucesión de Jordi Pujol.

Esta estrategia de Aznar no afectará a las relaciones institucionales con la Generalitat y el Gobierno vasco, con quienes cumplirá sus compromisos, pero sin concesiones. Tarea que catalizará su nuevo número dos, Mariano Rajoy, dialogante pero implacable ante las reivindicaciones nacionalistas, cualidades contrarias a las de su antecesor, Francisco Álvarez Cascos.

Una bomba contra la vivienda de un policía en Villava hiere a un vecino
Enfrentamientos entre manifestantes y 'ertzainas' en Hernani
Bilbao EL PAÍS 1 Mayo 2000

Una bomba de fabricación casera colocada en la vivienda de un agente del Cuerpo Nacional de Policía en Villava (Navarra) causó en la madrugada de ayer quemaduras en las manos y una intoxicación por humo a un vecino del inmueble, que tuvo que ser atendido en un hospital. Casi a la misma hora era incendiada una oficina del Inem en otra localidad navarra. Anoche, diez encapuchados se enfrentaron a la Ertzaintza tras una manifestación de apoyo a 13 detenidos en Hernani por violencia callejera.

El ataque se produjo en torno a las cinco de la madrugada. Un artefacto compuesto por dos bombonas de camping-gas, dos cohetes pirotécnicos y gasolina estalló ante la puerta del domicilio del policía, en el cuarto piso de un edificio de Villava. El fuego produjo daños importantes en la entrada de la vivienda y el rellano. El humo afectó a todo el bloque, desde el cuarto piso hasta el decimocuarto, según fuentes de la Policía Municipal citadas por la agencia Efe.

El herido, Faustino Ariztegi, reside en la séptima planta. Al darse cuenta de que se había declarado un incendio, salió a la escalera, se agarró a la barandilla y sufrió quemaduras de primer y segundo grado en las manos. Resultó afectado, además, por el humo. Por la tarde volvió a su casa tras ser atendido en el hospital Virgen del Camino.

Fue el propio agente atacado, que reside en el inmueble desde hace más de 20 años, el que comunicó que se había declarado el incendio. El policía aseguró que "nadie va a poder con él", según relató tras visitarle el delegado del Gobierno en Navarra, Francisco Javier Ansuátegui, pero su familia se encuentra "muy nerviosa y preocupada" por lo sucedido.

Ansuátegui, quien calificó el ataque como "una salvajada absoluta y total" que podía haber causado "una masacre" -en el edificio residen unas 26 familias-, dijo que una de las líneas de investigación de la policía se centra en la presencia de tres jóvenes a quienes se vio salir corriendo del lugar. "Da la impresión de que conocían la casa y el lugar exacto donde residía la familia", agregó.

Casi al mismo tiempo fue incendiada la oficina del Inem en la también localidad navarra de Santesteban. El incendio ennegreció la fachada del edificio y causó diversos daños.

Desde la madrugada del viernes han sido atacados en el País Vasco la sede en Vitoria del bufete del que es socio un parlamentario vasco del PP, la delegación del rotativo El Diario Vasco en Tolosa (Guipúzcoa) y un centro emisor de Euskaltel en la también localidad guipuzcoana de Rentería, que dejó sin servicio a los abonados de esta población y de la colindante Oiartzun. En la noche del sábado, unos 40 encapuchados causaron diversos incidentes en el Casco Viejo de San Sebastián.

También anoche un grupo de encapuchados cruzó contenedores y se enfrentó a la Ertzaintza en Hernani (Guipúzcoa) tras una manifestación de protesta por las detenciones de trece jóvenes del municipio relacionados con la kale borroka. Unas mil personas participaron en la manifestación al frente de la cual marchaba un grupo con una pancarta con la frase en euskera Dejad en paz a Hernani.

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