AGLI

Recortes de Prensa    Miércoles 3 Mayo  2000
#A Coruña 
Francisco Rodríguez Adrados de la Real Academia Española  ABC 3 Mayo 2000  

#El nacionalismo y el verbo
HERMAN TERTSCH El País 3 Mayo 2000

#ETA sólo puede perder a manos del PNV
Lorenzo Contreras La Estrella 3 Mayo 2000

#El acta de Zúrich
RAUL DEL POZO  El Mundo 3 Mayo 2000

#Entre Argel y Zurich 
Carlos DÁVILA ABC 3 Mayo 2000

#Versiones y mentiras
JAVIER PRADERA El País 3 Mayo 2000

#ETA y la verdad 
Por Ramón PI ABC 3 Mayo 2000

#ETA vuelve a exigir el 'impuesto revolucionario' a varios empresarios
Madrid EL PAÍS  3 Mayo 2000

#Los empresarios vascos reciben una nueva remesa de cartas amenazantes
El Mundo 3 Mayo 2000

#El bar de una concejal socialista de Pasajes sufre tres ataques en tres días 
SAN SEBASTIÁN. ABC 3 Mayo 2000

#En pro del lenguaje científico en español
M. R. E , Valladolid ( 03-05-00) El País 3 Mayo 2000


 

A Coruña 
Francisco Rodríguez Adrados de la Real Academia Española  ABC 3 Mayo 2000

DESDE hace unos meses, cuando salimos de Madrid por la carretera de La Coruña nos encontramos con que ahora es A Coruña. Mejor dicho, si avanzamos unos kilómetros o nos desviamos, sigue siendo La Coruña. Se ve que se les acabó el dinero.

Unos se quedan simplemente estupefactos. Otros creen que se trata de «ir a» Coruña y se preguntan por qué no ponen «a Burgos» (me aseguran que ha habido ya quien ha tirado por A. Soria queriendo ir a Soria). Otros, más cultos, creen que el español ha sido desplazado como lengua oficial de España. Y otros, más cultos todavía, saben que el cambio lo ha decidido el Parlamento: no dudan, tan solo, de si éste tiene autoridad para manipular la lengua española. Y temen que, siguiendo por el mismo camino, vayan a prohibirnos decir Londres, Florencia y Nueva York. O nos multen si no escribimos Barakaldo.

Hay quien cree, parece, que una ciudad tiene un nombre único, parte de su naturaleza. Ignora que las hay que tienen nombres diferentes en diferentes lenguas.

El nombre de la bella ciudad no es, por lo demás, esotérico. Es, simplemente, el artículo (gallego o español, ambos vienen del mismo pronombre latino) seguido de un Clunia («altura», «colina») céltico, el mismo de la Clunia romana, en Burgos, que, tras bajar al llano, se cambió en Coruña: Coruña del Conde.

Los españoles no entendemos esto. Si la lengua oficial de España es el español, ¿por qué en las carreteras «del Estado» no se emplea la lengua oficial, que es lengua común y todos entienden? En fin, aquí no hay sino una anécdota extravagante. Nos entendemos de todos modos. Otras veces la cosa es más grave: el que viene de Francia por Port Bou, camino de Madrid, tiene que adivinar que debe pasar por Lérida y que Lérida es ahora Lleida. Aquí sí que haría falta, cuanto menos, el doble nombre. Nosotros ya nos manejamos; los extranjeros, no.

En fin, habría que volver a usar las indicaciones viarias para ayudar al viajero y no para hacer política lingüística. Poniendo o el nombre de la lengua común o, cuando mucho, a veces, los dos. Una vez que los aficionados a tachar letreros se han dado un buen desahogo, habría que volver a la racionalidad. No se fomenta con decisiones como la de A Coruña.

Pero esto es, después de todo, tan solo una muestra del acoso a que está sometida la lengua española. Algo que no tiene paralelo en Francia ni en Italia ni en Alemania ni en parte alguna. Y ningún Gobierno ni partido ni Tribunal ni institución se atreve a afrontarlo. Puede comprenderse. Cuando hace unos años la Academia publicó un escrito de lo más moderado sobre el tema, cayó sobre ella un diluvio de cartas, insultos y amenazas de quienes ni siquiera lo habían leído.

Así, hoy casi todos prefieren no oír, no ver y no hablar como los tres clásicos monos de algunos templos budistas.

La causa es que, tras la Constitución, no se redactó una Ley del Español o una Ley Lingüística general, si quieren. Así, todos hacen sus leyes, todos aprietan sus respectivos tornillos y la sufrida lengua española, sin ley que la proteja, aguanta. Y aguanta mucho. Porque, pese a todo, dispone todavía de algunas cartas: las leyes de la comunicación y aun las del mercado, más el amor de muchísimos. Después de todo, los que promueven toda esa «vendetta» son minoría. Sumen los que no les votan, los que les votan pero no son responsables de eso y los que no votan. Y verán.

Y, sin embargo, en el tan nombrado artículo 3 de la Constitución, según el cual todos los españoles tienen obligación de aprender el castellano (error notorio: el castellano no es el español, es sólo su raíz) y derecho a usarlo, hay sentado un principio bien claro. Si es la lengua oficial, es porque es lengua común, que hablan los que la tienen como lengua materna y los demás: vale para entendernos todos. Las demás lenguas son buenas para que las hablen sus hablantes, no para incomunicar a éstos ni para discriminar a los demás. Y a mutilar la lengua española suprimiendo sus nombres de lugar, no tienen derecho, como no lo tenemos los demás a mutilar la suya.

Si todos tienen que aprender el español, debería enseñárseles a todos, desde el principio. Y si todos lo conocen, no hay razón para que no pueda usarse en todas partes. Presiones de mil tipos no son aceptables. Nadie tiene obligación de saber otras lenguas, se deduce bien claro de la Constitución. Y, sin embargo, son prácticamente «la» lengua oficial en muchos lugares. Y se obliga, forzada o sutilmente, según los sitios, a aprenderlas.

Así, va la gente de Andalucía a un hospital de Barcelona y tiene que ver si entiende los letreros y anuncios en catalán. Y si nadie puede evitar que en tal o cual Universidad todo el mundo hable en español, ponen títulos y letreros en catalán o valenciano o gallego.

Claro que existe, al lado, el otro principio: el de las lenguas que son cooficiales en determinados territorios. Las habla en ellos un cierto número de habitantes: del 20 al 50 por ciento, digamos. Aquí entra un problema de bilingüismo que no es insoluble. Pasa por la doble denominación de algunos lugares, la publicación en traducción de documentos, etc. El detalle puede resolverse caso a caso.

Hay un principio claro: el cultivo de las diversas lenguas españolas puede favorecerse de mil modos. Pero, Constitución en mano, no deberían ser obligatorias en parte alguna. Y cuando haya gente de vario uso lingüístico, el español, solo o haciendo doblete, es necesario. Esto es lo que debería haber dicho la Ley que echamos de menos. Y que, cuando hay en castellano o español un nombre de lugar bien establecido, no puede ser purgado.

El caso de A Coruña es un caso límite: no es ya que se introduzca artificialmente en el español de Galicia, es que lo imponen en el de toda España. Aun sin llegar a eso, en las propias regiones sucede que, por ejemplo, en un Congreso, hablan en catalán a sabiendas de que la mitad de los asistentes no van a entenderles y que el español, que conocen perfectamente, lo entenderían todos. Soy testigo. O se admiten catalán e inglés que, a lo mejor, no entienden los más. Todo por rehuir la lengua común de comunicación. Pura paranoia.

Nadie quiere herir susceptibilidades, por muy heridas que estén las nuestras. Y nadie quiere, por supuesto, cerrar el paso a ninguna lengua. Pero cada una tiene su papel y su lugar. En definitiva, las lenguas están para comunicarse: para que en cada circunstancia se emplee aquella que mejor comunica. Pero no la que incomunica a muchos.

El empeñarse en prescindir del español y a veces hasta mutilarlo es un daño enorme para los que así proceden. Son ellos los que quedan aislados en el mundo. En fin, ¿cuándo aceptarán todos que las lenguas se han creado para comunicarnos, no para aislarnos y enfrentarnos unos a otros? Y que tienen sus leyes, sus palabras y su independencia.

El nacionalismo y el verbo
HERMAN TERTSCH El País 3 Mayo 2000

Quien no entienda o no pueda concebir qué motivos puedan mover a Xavier Arzalluz a actuar como actúa y decir lo que dice, debe leer un libro, magníficamente pensado y escrito, que acaba de publicar en la editorial Espasa una joven académica serbia residente en España. Se llama, paradojas de la vida, Mira Milosevic. Sólo comparte con el sátrapa el apellido, bastante común a partir del nombre mítico en Serbia de Milos. Los tristes y los héroes, historias de nacionalistas serbios es una obra que destaca en la bibliografía que ha generado la terrible década de palabras envenenadas, bombas sobre víctimas indiscriminadas, limpieza étnica y frenesí genocida en los Balcanes. Es un libro fascinante en el que, a partir de historias rememoradas, la autora explica y disecciona la carrera hacia el mito, la mentira y a la postre la miseria y la muerte que ha generado en aquella nación balcánica esa ansiedad identitaria que busca una supuesta liberación colectiva y acaba vomitando muerte.

El lenguaje, la palabra escrita y hablada, pueden ser como la artillería que prepara el campo de batalla para el asalto de la infantería, para el odio y su aplicación práctica y física que es el crimen. Lo han sido muchas veces. En muchas partes del mundo. Lo terrorífico es que comiencen a ser un recurso aceptable para quienes dicen ser demócratas y aseveran con cada frase ser respetuosos con la vida y tolerantes como nadie. Que despreciables déspotas, obsesionados con no caer bajo las ruedas de sus propias máquinas de poder, lo utilicen, es un drama. Que recurran al mismo unos políticos que algunos consideramos que compartían nuestros valores básicos de civilización es, además de una tragedia, un espectáculo frustrante y patético.

Convertir al "otro", al distinto, al de fuera, en un ser menor, en un individuo que no tiene entidad plena ni por tanto plenos derechos, ha sido siempre un recurso de quienes movilizan identidades con objeto de la segregación. Los albaneses, según la doctrina de la Academia de Ciencias de Belgrado, en su tristemente célebre memorándum de 1985, son gentes llegadas de fuera a una tierra sagrada serbia, Kosovo. Arribaron ya con mala fe y la intención de socavar el orden natural existente en una tierra idílica en la que todos los miembros de una nación, la serbia, vivían supuestamente en plena armonía. Los kosovares son los inmigrantes que emponzoñan el territorio sacro y perturban la bucólica e impoluta sociedad de los auténticos seres humanos, hermanos en la nación por sangre.

Esos perversos individuos, instrumento de una oscura conspiración exterior contra la pureza del espíritu y la nación sin crisis que, según el guión, regía en esas tierras desde tiempos inmemoriales, son quienes, siendo mayoría en Kosovo, hacían necesaria una política de selección. Los serbios son, según esta doctrina, los únicos que ostentan un derecho natural -o supranatural- para decidir los destinos de la tierra sagrada. "Esto es lo que ha conseguido Franco", decía Arzalluz en el Aberri Eguna sobre la pluralidad en Euskadi, en referencia a los inmigrantes como perturbadores -en este caso electorales- de la armonía euskaldún. El día de San Vito de 1989, día clave para entender la tragedia de los Balcanes, Milosevic provocaba el entusiasmo de centenares de miles de serbios al declararlos los únicos dueños de Kosovo. Los albaneses eran así declarados oficialmente infrahumanos. Como los inmigrantes que le han reventado el referéndum y la independencia al PNV, según Arzalluz.

Milosevic ha llevado a su pueblo a cuatro guerras perdidas, a la miseria y al ostracismo de la comunidad de sociedades civilizadas. Ni Arzalluz ni su amigo Arnaldo podrán hacer lo mismo porque carecen de los medios. Aunque ya se puede dudar cada vez más de que no tengan las intenciones. La depuración del censo era fácil para Milosevic porque los nombres, la lengua y la religión establecían en Kosovo lindes étnicas claras. Nuestros purificadores étnicos lo tendrán más difícil. ¿Entra en el censo un Velasco o sólo los Belasco? ¿Y, si cambia el nombre el día de reflexión, tiene derecho a voto Fernando o sólo Pernando? ¿Y un tal Blazkez o Kantalapiedra? ¿Y si Paredes Manotas viviera, podría votar? ¿Y los Martínez? ¿Y quienes descienden de quienes volcaron en Azkoitia todo su entusiasmo en la lucha del integrismo español contra la república? ¿Se les arrebata el voto? ¿Y a los vascos que llevan décadas o siglos en Madrid o Sevilla o a los que viven desde hace mucho menos en Alicante porque jovencitos Martínez los amenazaron de muerte en Getxo o Rentería.

Hay perversiones intelectuales que serían una mala broma si no estuvieran cargadas con semejante potencial de sufrimiento. Pero hoy los responsables de semejantes tropelías tienen cada vez menos probabilidades de salir impunes de estas apuestas insensatas. Los que matan masivamente como los sicarios de Milosevic acaban ante el Tribunal de La Haya. Los que matan aquí acaban tarde o temprano ante tribunales franceses o españoles. Quienes alimentan viva la llama del odio étnico desde tribunas y panfletos pueden beneficiarse de la protección que el Estado constitucional que los ampara y ellos combaten les garantiza. Pero no podrán evitar el desprecio de la sociedad, de los ciudadanos y electores. htertsch@elpais.es

ETA sólo puede perder a manos del PNV
Lorenzo Contreras La Estrella 3 Mayo 2000

Con la publicación y difusión de los papeles relativos al primer contacto (y único) entre ETA y los representantes del Gobierno, más el intermediario Uriarte, obispo de San Sebastián, la banda terrorista da la sensación de cortar los puentes para nuevos diálogos. La ofensiva de palabras que ETA ha puesto en marcha durante los últimos días rompen una necesaria discreción. En este caso una discreción mucho más importante que revelar la mediación del obispo, de cuyo conocimiento por filtración supuestamente oficial tanto partido sacó la banda a la hora de abastecerse de razones para poner fin a la tregua del 18 de septiembre de 1998.

Ahora, pues, es la banda la que levanta la punta del velo de la reserva y lo cuenta todo o casi todo, incrementando las dificultades para la pacificación. Es evidente que el objetivo primordial no es desacreditar al Gobierno ni al ministro del Interior, cuyo acierto en el diagnóstico de la tregua reconoce, sino reafirmar y consolidar el absoluto protagonismo de ETA en el conflicto y en sus posibles derivaciones.

ETA ha dejado de culpar al Gobierno por sus indiscreciones y prefiere en las actuales circunstancias hacer constar que los nacionalistas democráticos son los responsables de la nueva situación de impasse. Curiosamente, Arnaldo Otegi cree que se produce, por el contrario, la posibilidad de "un nuevo acuerdo con garantías".

Es muy posible que Otegi, al revés que los dirigentes clásicos de HB, se sienta perjudicado por la evolución de los acontecimientos. Téngase en cuenta que surge en la escena política como representante de una actitud participativa en las instituciones. El sentido de su presencia pierde grados a medida que esa participación deja de tenerlo. Si ahora dice que la publicación de las trastiendas negociadoras es positivo para delimitar los papeles jugados por cada parte es porque no le queda otra alternativa que seguir la línea que se le impone. Y si vaticina un "nuevo acuerdo" es para conferir a su propio papel un mínimo de lógica frente a los duros del brazo político etarra, donde Carmelo Landa y otros de su estirpe juegan a la destrucción de los puentes y a la supuesta utilidad de lo peor.

Aquí y ahora, de todos modos, el máximo perdedor es el PNV y su actual dirección política. Cuando Anasagasti dice que todo lo andado ha sido inútil, intenta subrayar que se avanzó gracias a su partido y que han sido otros, ETA incluida, los que han hecho retroceder el proceso. El portavoz parlamentario del PNV cree o dice creer que existe una confluencia de intereses y objetivos entre ETA y Mayor Oreja. Es la teoría de lo peor como principio de solución para los males presentes. O sea, la utilidad de la confrontación para decidir el signo del combate. Nada mejor/peor en tal sentido que una postración electoral agravada de los nacionalistas, cuando Ibarretxe se vea en la necesidad de convocar nuevas elecciones vascas, pues entonces quedaría el campo libre para ETA como único representante del independentismo y la vocación de independencia.

Hacer inviable el funcionamiento de la visa institucional, a cuya desaparición se resiste el PNV aunque no lo confiese, inspira las nuevas acciones de la banda, cuya vuelta al terrorismo urbano de gran escala es sólo cuestión de fechas. En tales condiciones se perfila el marco de las futuras elecciones vascas con un progreso de las fuerzas no nacionalistas capaces de lograr el gobierno de Ajuria Enea. Es decir, lo que ETA pudiera invocar como suprema adversidad de la patria vasca en peligro.

Cuando Anasagasti expresa su confianza en que los batasunos reaccionen frente a su creciente marginación política ante los dirigentes de la organización terrorista, incurre en un pavoroso olvido, probablemente interesado: que es el PNV, junto con EA, la formación política llamada a reaccionar contra ETA, volando los puentes de su entendimiento con ella, a fin de restablecer el marco estatutario y constitucional que ha cimentado su liderazgo de la política autonómica. Todo lo que no sea esto será la búsqueda de la autoderrota. A fin de cuentas, tal como se configura Euskadi, su futuro racional estará en manos de un PNV reeducado por las lecciones de la actual experiencia. ETA puede sufrir graves descalabros policiales, al precio de enormes barbaridades terroristas, pero sólo será derrotada por un nacionalismo abastecido de sensatez, sentido común y prudencia.

El acta de Zúrich
RAUL DEL POZO  El Mundo 3 Mayo 2000

El acta que redacta Belén González sobre las conversaciones de Zúrich entre los tres enviados de Aznar y Mikel Albizu, Antza, en presencia del obispo Uriarte, no es un texto de Camus, pero tiene altura diplomática y política. Es un relato apasionante. Los enviados de Aznar son impecables, no pisan en ningún momento las lindes de la Constitución. Los etarras no parecen unos psicópatas de pistola en el sobaco. Nada en las expresiones de Antza recuerdan a las de un fanático de ojos desorbitados, sino a las de un individuo cauto y reflexivo. Los etarras hablan de crear confianza, de evitar que el Gobierno tenga que ir a la Petit Bayonne para buscar contactos con ETA, de facilitar la comunicación. Los emisarios de Aznar actúan con discreción, admiten la existencia de un conflicto, expresan tolerancia democrática. Los etarras no utilizan la jerga militar, sino la política. «Puede que exista, dice ETA, una reflexión distinta por parte del Gobierno a la hora de valorar lo novedoso de la coyuntura actual». Es una conversación desnuda de retórica. Ya no hablan de antiimperialismo, neocolonialismo, ni siquiera de centralismo, ni de sus propios presos. Ya no dicen, como los terroristas de antes, esa tontería de que las bombas en una papelera son las fuerzas armadas de los pobres. Como ejecutivos de una multinacional a la que le van mal las cosas tantean al enemigo, facilitan una vía de comunicación, no exigen contrapartidas concretas, sino abstracciones. Quieren saber si el Estado español está dispuesto a aceptar y actuar democráticamente en el proceso en curso de Euskal Herria. Eso es algo tan debatible e inconcreto como la libido de los ángeles. Los emisarios de Aznar, en plan paternalista, les contestan que no tienen por qué dejar de ser independentistas, pero que el Gobierno de Madrid no puede hablar en nombre de todas las fuerzas políticas. Si nos tapáramos los oídos para evitar tanto estrépito, tanta propaganda y activismo del Gobierno de Madrid y del Gobierno Vasco, llegaríamos a la sinopsis de que las conversaciones eran útiles, empíricas, prácticas y necesarias; y nos preguntaríamos, también, quién las saboteó y por qué.

Un terrorista es tiburón en el agua, que busca sangre; debe seguir avanzado, no importa cómo; y si no encuentra una salida, morir matando. Más valdría tenerlos en una mesa que en una esquina. Tal vez en Zúrich buscaban la coartada para una rendición.

Entre Argel y Zurich 
Por Carlos DÁVILA ABC 3 Mayo 2000

SÓLO en una ocasión pudo este cronista atisbar, más que conocer, cuál fue el auténtico sentido de las conversaciones de Argel entre representantes del Gobierno español y ETA. Aquella vez, con interlocutor sobrado de información, no hubo revelaciones, pero sí una pista: «Allí —dijo el dialogante— se habló de todo». La sospecha, tras esa medida confesión, estalló inmediatamente: en Argel ningún asunto que interesara a las dos partes fue descartado de antemano. Desde entonces ETA no ha variado su objetivo: convertir a la llamada Euskal Herria en un Estado independiente agrupado en siete territorios. Ahora hemos sabido, tras las revelaciones de la banda en su libelo, en «Gara», que «Antza» y Belén González insistieron, una década después de Argel, en la misma exigencia de sus siniestros antepasados. Nada nuevo por aquí.

Pero sí por parte de los enviados de Aznar a Zurich. Los tres acotaron el campo en el que deseaban conversar: únicamente el cese de la violencia. Allí, en Zurich, o en las cercanías más bien de la capital suiza, «no se habló de todo». En un cierto momento, hace meses, y en una conversación de un diputado socialista, el cronista escuchó esto: «Si hubiera habido alguna otra reunión, el Gobierno y ETA también habrían hablado de todo». Y, aunque sobre las hipótesis no se puede construir ninguna afirmación, sí cabe asegurar que si ETA, aduciendo filtraciones mínimas, no hubiera decidido no presentarse a la segunda reunión fijada para el verano del 99, el trío de representantes españoles no se habría avenido a negociar sobre el futuro de Navarra, la autodeterminación o la salida de los Ejércitos del País Vasco. Sencillamente ése no era su mandato.

Son pequeñas diferencias entre una y otra reunión que es preciso matizar en un momento en que la banda ha proyectado toda su artillería retórica para —hay que temerlo así— explicar cuantas fechorías posteriores le peta realizar. No hay que ser un lince, ni un experto en asuntos de terrorismo o sencillamente vascos, para aventar que el mensaje de ETA es sólo éste: «Aquí no hay otro remedio que seguir la guerra», dicho sea en su apestoso lenguaje sobre el que, por cierto, tanto seguidismo (ahora que está de moda la palabra) se hace en algunos medios. Y por cierto, otro «por cierto»: ¿para qué ha servido realmente el cierre de «Egin»?, ¿es que ningún fiscal va a intervenir nunca en «Gara»?

Probablemente no. Las revelaciones de ETA, aparte de contener el mensaje antedicho, dejan —y eso ya está muy escrito— en muy mal papel al PNV y a su apéndice interesado Eusko Alkartasuna, y precisan que hace tiempo que la dirección terrorista ha dado por perdido a José María Aznar. Y desde luego a Jaime Mayor Oreja. En este momento, el silente Arzalluz tiene muy complicado disimular que la banda le tiene atrapado como un ratoncillo. El presidente nacionalista se ha pasado los últimos meses intentando que ETA decidiera otra tregua, aunque fuera tan tramposa como la anterior, para así vender, como éxito propio, una mentira: que la paz no tenía precio. Pero, ¡vaya si lo tenía! Arzalluz ha mentido, pero peor es aún la función que protagoniza su monago Ibarretxe. Si sabía de tal precio, se comportó como un miserable con el PSOE para articular un gobierno imposible; si su partido no le había dicho nada, su conducta fue sencillamente la de un pelele. Por ambas cosas se dimite. Y por una tercera: porque, ¿qué clase de presidente de un país puede ser éste que, probablemente, se aviene a dinamitar las propias instituciones que representa? Es de esperar que el lendakari haya aprovechado los pasados días de asueto para encontrar otra justificación que no sea el ataque a los «desestabilizadores» populares y socialistas.

En cualquier caso, y al margen de lo que haga el agónico dúo Arzalluz-Eguíbar, y el pobrecito Ibarretxe, hay que dejar bien claro que la situación es ahora más delicada que nunca. El diálogo entre Pelé (el Gobierno) y Melé (ETA) no se va a repetir en mucho tiempo. Queda el temor horrible a que la banda haya preparado estos días el camino para ser todavía más atroz. En esa situación, ¿es que no hay nadie en el PNV que ponga de patitas en la calle a quien tanto daño está haciendo?

Versiones y mentiras
JAVIER PRADERA El País 3 Mayo 2000

El espectacular despliegue informativo realizado por el diario Gara -órgano periodístico del nacionalismo radical- con los documentos suscritos y las propuestas intercambiadas a lo largo de 1998 y 1999 entre ETA y los dos partidos nacionalistas que forman el Gobierno vasco (con mando sobre una policía autonómica de más de 7.000 miembros encargada de impedir los crímenes de la banda terrorista y de perseguir a sus autores) no ha hecho sino corroborar la existencia y precisar los detalles de esos indignos tratos. Resultaba ya en si mismo asombroso que las direcciones del PNV y de EA hubieran negociado clandestinamente, a espaldas de los gobernantes electos del Estado de Derecho y de la opinión pública, un acuerdo secreto con los jefes de una organización que ha cometido más de 800 asesinatos; ahora, el jactancioso reconocimiento de ETA de que el alto el fuego de septiembre de 1998 fue una tregua-trampa echa definitivamente por tierra tanto las justificaciones defensivas de los nacionalistas moderados, como sus virulentos ataques contra el inmovilismo del Gobierno -que no cayó en la celada- como causante del regreso de la violencia. En cualquier caso, el pacto de agosto de 1998 desbordó ampliamente el marco del sistema democrático: el compromiso suscrito por ETA, PNV y EA para alcanzar la territorialidad y la soberanía de Euskal Herría (esto es, la unificación irredentista del País Vasco, Navarra y los territorios ultrapirenaicos y su constitución en un Estado independiente) implicaría la exclusión forzosa de -al menos- la mitad de la población de Guipúzcoa y Vizcaya, la mayoría de los ciudadanos de Álava, las cuatro quintas partes de los navarros y el 90% de los vasco-franceses.

ETA hizo público a finales de 1999 su acuerdo secreto con PNV y EA, descargando sobre sus socios la entera responsabilidad de la ruptura de la tregua: según la banda terrorista, los nacionalistas moderados eran culpables de haber incumplido su compromiso de cortar todas las relaciones con el PP y el PSOE. El colérico desmentido realizado entonces por Arzalluz exteriorizó su humillación ante el engaño: habiéndose creído lo suficientemente listo como para jugar a dos barajas y ganar en ambas mesas (contra el Gobierno y contra ETA), la banda terrorista puso al descubierto sus planes. El portavoz del PNV en el Congreso volvió a vivir el mismo sofoco en el reciente debate de investidura; la nueva difusión por Gara -esta vez con todo lujo de detalles - del texto firmado por ETA, PNV y EA en agosto de 1998 es seguramente la respuesta a los torpes intentos de Anasagasti de replicar con mentiras y medias verdades la razonable propuesta del presidente Aznar de que el nacionalismo vasco reconozca sus errores y regrese al consenso democrático. El sufriente victimismo del PNV para justificar su incomprensible presencia en el Pacto de Estella resulta tan escasamente convincente como su tentativa de negar la evidencia de su acuerdo paralelo con ETA: si las fuerzas democráticas se oponen a la exclusión y a la muerte civil de los votantes del PP y el PSOE en el País Vasco que los nacionalistas pretenden, también defienden los derechos constitucionales de los electores del PNV y de EA.

Los nacionalistas moderados utilizan los peores epítetos imaginables para descalificar a los políticos y a los periodistas que critican o simplemente mencionan el documento firmado en agosto de 1998 por ETA, PNV y EA. Aparentemente convencidos de la eficacia mágica de los conjuros verbales para suprimir las realidades molestas, sus portavoces combinan los desmentidos acerca de la firma del acuerdo con las alusiones a los anexos del PNV y EA que ETA no llegó a endosar. En la detallada reconstrucción -magistral por todos los conceptos- del bochornoso tinglado policial, administrativo, judicial e informativo montado en Barcelona durante el verano de 1997 a cuenta de una inexistente red de prostitución infantil, Arcadi Espada (Raval. Del amor a los niños, Anagrama, 2000) subraya que "las presiones de los individuos y las instituciones poderosas para que se tenga en cuenta su versión de los hechos, es decir, su saco de mentiras, no tienen otro propósito que atenuar el impacto de la verdad, reducir su superficie física y moral". Algo parecido ocurre también en este caso: aun siendo cierto que el PNV y EA intentaron sin éxito completar el cuerpo del acuerdo -escrito en el anverso- con unas notas interpretativas que deberían figurar en su reverso, el hecho es que el documento principal fue operativo para sus tres firmantes durante casi un año.

ETA y la verdad 
Por Ramón PI ABC 3 Mayo 2000

ABC, que se está manifestando como el diario de circulación nacional con mejor información en relación con el País Vasco, ofreció ayer otra noticia en su portada: «La Santa Sede aprobó la mediación de monseñor Uriarte entre el Gobierno y ETA». En el texto que acompaña a la cabecera del diario se amplía: «La designación de monseñor Uriarte como obispo de San Sebastián, el pasado enero, se produjo tras su mediación entre el Gobierno y ETA. La actuación del prelado se ciñó en todo momento a los criterios dispuestos en el Código de Derecho Canónico». Siete páginas en el interior ofrecen una excelente información relativa a todo este asunto, incluida la última entrega del serial de ETA publicado por Gara, el diario (o así) amigo de los terroristas, cuya versión de los contactos de ETA con el Gobierno fue sustancialmente coincidente con la que el mismo día ofreció ABC.

«Los encargados de la imagen de ETA han cometido un error de diseño al difundir su versión de los contactos con el Gobierno un día después de haber reconocido que la tregua que los hizo posibles era una trampa», dice en su editorial («Los papeles de ETA») el diario El País, que añade: «A la vista de las actas de ETA, no parece que los representantes del Gobierno dijeran en privado cosas diferentes a las que han venido diciendo en público (...) A la vista de lo que estaba en juego, el motivo invocado por ETA para romper los contactos parece de poco peso (...) Más verosímil es pensar que ETA tenía dudas sobre la utilidad de volver al planteamiento del diálogo con el Gobierno, y esa primera cita le convenció de que por ese camino iba a sacar poco (...) A la vista de lo que ETA misma ha revelado, sólo desde la ceguera o la mala fe cabe seguir invocando el supuesto inmovilismo del Gobierno para mantenerse (a cubierto) en la equidistancia».

Mucho mérito tiene el editorialista de La Vanguardia («Manipulación etarra») al escribir ayer que «ETA, en el colmo del cinismo, desautoriza ahora a sus interlocutores y da la razón a quienes, como el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, nunca consideraron, a diferencia del PNV y EA, que la tregua era un paso inequívoco hacia la paz (...) Los papeles dados a conocer por ETA son como un proyectil contra los nacionalistas demócratas vascos, que ahora aparecen como meros instrumentos de la estrategia terrorista (...) De la filtración de los papeles de ETA pueden extraerse muchas lecciones, al tiempo que se derivan no pocas preguntas, para el nacionalismo vasco moderado. Pero a estas alturas de la historia lo que tienen que decidir el PNV y EA es si aún siguen creyendo que los terroristas son alguien con quien se puede hacer tratos con la vista puesta en la paz». Digo que tiene mérito, porque los esfuerzos de este diario barcelonés por comprender la posición del PNV y EA han sido tenaces e indesmayables. Pero, claro, si la misma ETA los pone en ridículo, continuar defendiendo a esos dos partidos habría sido demasiado patético.

El Mundo («Cuando ETA da tantas explicaciones, mala cosa») dice que «resulta inevitable preguntarse, en todo caso, por qué ETA se ha creído en el deber de dar tan pormenorizada cuenta de lo que sucedió en aquellos azarosos meses. ¿Para poner en un brete humillante al PNV? Sin duda (...) Pero no sólo. Es obvio que también trata de justificarse ante su no muy entusiasta parroquia, aduciendo que no puede acusarle de defraudar unas expectativas que la propia ETA no suscitó (...) Hay razones para sospechar que su aparatoso despliegue mediático no sólo pretende contrarrestar críticas pasadas, sino también prepararse para otras que puedan venirle encima en un futuro próximo. Porque todo ese discurso de ETA -y eso es lo peor- huele demasiado a mecha ya encendida y presta a provocar más estallidos mortales».

Es notable lo que está pasando: los asesinos son los que aparecen como garantes de la veracidad de lo que pasó. Y lo grande del asunto es que hay motivos para creer que no mienten en este caso, pero así y todo la situación no deja de ser surrealista. Diario 16 («El sarcasmo de ETA») así lo considera: «Resulta lamentable que mientras ETA prosigue con su cruel burla a todos los demócratas que anhelan la paz, los disparatados juicios de los terroristas determinen el debate político. Peor aún, que el sarcasmo de ver a ETA impartiendo doctrina no sirva para buscar los puntos de encuentro necesarios para aislar a los violentos».

Valentí Puig, en ABC («La democracia nativa, contra Montesquieu»), muestra también esta desazón: «El Rubicón del PNV fue Estella y lo más aberrante es que en ese devenir no hay libertad practicable, salvo verse en manos de una organización terrorista que se arroga la anormalidad de ejercer el arbitrio de la verdad en las páginas de Gara».

¿Cómo no perciben los militantes y votantes de PNV y EA que es ya de una claridad cegadora el error colosal de sus dirigentes?

ETA vuelve a exigir el 'impuesto revolucionario' a varios empresarios
La banda convierte en objetivo a los 'morosos'
Madrid EL PAÍS  3 Mayo 2000

La organización terrorista ETA ha enviado cartas a empresarios vascos y navarros que no han cedido al chantaje de la banda en la que les conmina a que paguen el impuesto revolucionario. ETA informa a los industriales que la demora en el pago de los entre 10 y 25 millones que les reclamó en anteriores misivas les convierte en objetivos de la banda. Hace un mes y medio, 50 empresarios de Navarra y Guipúzcoa recibieron recordatorios de pago (ver EL PAÍS del 17 de marzo), dentro de una continua campaña de acoso de la banda que no se detuvo ni durante la tregua.

Las patronales vasca y navarra confirmaron ayer que asociados suyos recibieron misivas amenazantes a principios de abril. El presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN), José Manuel Ayesa, indicó que las cartas llegaron poco antes de Semana Santa y que sus destinatarios son los empresarios que ya fueron extorsionados a finales del 1999 (30 industriales recibieron cartas en diciembre) y principios del 2000.

También la patronal vasca Confebask confirmó la existencia de nuevas cartas, aunque declinó hacer valoraciones sobre este asunto. Fuentes de esta organización señalaron que la remesa "es una más" de las que los empresarios vascos vienen recibiendo desde hace años.

En las misivas, según publicaba ayer el periódico La Razón, ETA advierte de dice que, "al haber finalizado el plazo" dado en su día para pagar el dinero, tanto los empresarios como sus bienes "han pasado a ser objetivos operativos" de la banda. No obstante y como en anteriores ocasiones, la organización terrorista añade una nota a pie de página en la que da una oportunidad a los amenazados: "Sólo el pago de la deuda que tiene con nosotros hará reversible dicha situación".

El presidente de la patronal navarra subrayó ayer la "preocupación" y la "angustia" que en estos momentos sufren los empresarios, a quienes animó a superar su miedo y a poner en conocimiento de las autoridades estos hechos para que se conozca el número de amenazados y se puedan adoptar "las oportunas medidas".

No consta el pago
El presidente de la CEN comentó que en su organización "no consta que ningún empresario navarro haya pagado a ETA", por lo que animó a los asociados a mantener "la misma firmeza ante esta nueva amenaza". Mientras, el director del Círculo de Empresarios Vascos, Enrique Puerto Carrero, subrayó a la agencia Servimedia el "mayor grado de crueldad" del texto de la misiva, aunque a renglón seguido dijo: "Es inútil el análisis del endurecimiento del léxico, es inútil analizar la literatura fascista de una banda terrorista".

Por su parte, el presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, no mostró sorpresa alguna al conocer el envío de los recordatorios de pago, ya que considera que la extorsión es "consustancial" a ETA porque "necesita comprar armamento y munición", para lo cual necesita "utilizar el chantaje". "No se sale de la línea habitual de la banda terrorista", precisó De Nicolás.

Gesto por la Paz hizo público un comunicado en el que, además de exigir "firmeza" a las autoridades para atajar el impuesto revolucionario, denuncia "enérgicamente este tipo de métodos intimidatorios y coercitivos que, más allá de la posibilidad de causar perjuicios económicos a la sociedad en general, convierten a un número importante de ciudadanos vascos y navarros en víctimas del terror de ETA".

Los empresarios vascos reciben una nueva remesa de cartas amenazantes
El Mundo 3 Mayo 2000

SAN SEBASTIAN.- La patronal vasca Confebask confirmó ayer la existencia de nuevas cartas amenazantes enviadas por ETA en las últimas semanas a empresarios vascos, aunque declinó hacer una valoración sobre este asunto. Según publicó ayer La Razón, la organización terrorista ha enviado en las últimas semanas cartas a los empresarios del País Vasco y Navarra en las que les amenazan de muerte por no pagar el denominado impuesto revolucionario.

El periódico, que reproduce el texto de una de las cartas, afirma que las misivas de ETA dicen que, «al haber finalizado el plazo» que la banda había dado a los empresarios para pagar las cantidades de dinero que les exigían, éstos «han pasado a ser objetivos» de la banda armada. Fuentes de Confebask se limitaron a confirmar la existencia de estas cartas y a señalar que esta remesa de misivas es una más de las que los empresarios vascos vienen recibiendo desde hace mucho tiempo.

El portavoz de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), Paulino Baena, pidió a los empresarios amenazados por ETA que colaboren con las fuerzas de seguridad del Estado para acabar con las campañas de extorsión de ETA.

De la misma opinión es el secretario de Política Autonómica del PSOE, Ramón Jáuregui. El ex vicelehendakari del Gobierno vasco pidió ayer a los empresarios que hayan recibido en los últimos meses cartas extorsionadoras de ETA, que recurran a la Ertzaintza y a las Fuerzas de Seguridad del Estado para protegerse.

En declaraciones a Europa Press, el dirigente socialista manifestó que las personas afectadas tienen que tener el apoyo máximo del sistema político. «Este sistema les tiene que dar una referencia desde las instituciones, desde el Gobierno vasco hasta el sistema de partidos, pero desgraciadamente hoy no podemos decir que haya ningún apoyo porque la política vasca está rota», concluyó.

El bar de una concejal socialista de Pasajes sufre tres ataques en tres días 
SAN SEBASTIÁN. ABC 3 Mayo 2000

Un bar propiedad de la concejal socialista de Pasajes y miembro de las Juntas Generales de Guipúzcoa Izaskun Gómez ha sufrido tres ataques de los proetarras en los últimos tres días. El sábado, unos encapuchados lanzaron huevos con pintura contra la fachada de la cafetería que regenta en Hernani; el domingo, rompieron los escaparates con piedras y el lunes por la noche destrozaron el interior del local. Gómez se mostró ayer «hundida» y medita vender el negocio

La campaña de acoso que los grupos de radicales afines a ETA practican todos los días se ha cebado en el último fin de semana con la concejal socialista de Pasajes y miembro de las Juntas Generales de Guipúzcoa Izaskun Gómez. Posee con su marido una cafetería en la localidad guipuzcoana de Hernani que ha sido objetivo de los violentos en los últimos tres días: el sábado, lanzaron contra su fachada huevos con pintura; el domingo fueron apedreados los cristales de sus escaparates; y el lunes por la noche los proetarras accedieron al interior del local y arrasaron todo lo que encontraron a su paso: mobiliario, máquinas tragaperras, paredes, adornos...

«Ha sido un no vivir —ralató ayer a la agencia Efe Izaskun Gómez—. Un día tienes pasquines por todo el pueblo; otro día tienes pancartas; después se quedan junto al bar y te gritan o te paran en la calle y te llaman asesina y te dicen que te van a matar. Luego te intentan quemar el coche. Posteriormente te echan pintura en el bar, te rompen los cristales y, como guinda del pastel, lo destrozan. Así anulan toda tu fuerza».

Gómez afirmó que «una piensa que es capaz de aguantar ésto y mucho más, pero cuando ves que día tras día tienes sobresaltos, llega un momento en el que la cabeza empieza a tener serios desequilibrios. La situación te va minando poco a poco y ya no eres capaz de asimilar absolutamente nada».

Gómez, víctima de los violentos desde el pasado 22 de febrerro, fecha en la que fue asesinado el dirigente socialista Fernando Buesa, señaló que las diversas agresiones de que ha sido objeto le están obligando a replantearse la venta del local. Incluso, está estudiando abandonar la política «para compensar a mi marido de alguna manera y darle la tranquilidad que ha perdido».

El senador del PP por Guipúzcoa Gonzalo Quiroga condenó ayer este ataque y lo calificó de «barbarie fascista»: «ETA desvela sus acuerdos con el mundo nacionalista, el PNV los desmiente y los radicales aprovechan la ocasión para hacerse valer ante la organización terrorista», dijo. Desde el PSOE, su secretario general en Guipúzcoa, Manuel Huertas, respaldó a su compañera y afirmó que «el PSE no tiene intención de sufrir en silencio la agresión a ninguno de sus militantes». Por ello, anunció el propósito intención de su partido de «pasar a la acción impulsando un potente movimiento ciudadano».

Por otro lado, el ayuntamiento navarro de Villava condenó ayer durante la celebración de un pleno extraordinario el ataque de que fue objeto el domingo el edificio de esa localidad en el que reside un agente de la Policía, informa Begoña López. El artefacto causó quemaduras a un vecino e importantes daños materiales.

En pro del lenguaje científico en español
M. R. E , Valladolid ( 03-05-00) El País 3 Mayo 2000

La preocupación por mantener el español como lengua científica en la época actual centró el encuentro que se celebró la pasada semana en Valladolid en torno a La lengua española en las ciencias , organizada por la Fundación Duques de Soria y dirigido por el físico Antonio Fernández Rañada. Una preocupación que comparten instituciones como la Real Academia Española, la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, el Instituto Cervantes, las sociedades científicas y los filólogos y los científicos en general, todos ellos representados en las sesiones en el Palacio de Santa Cruz, que inauguró el rector de la Universidad de Valladolid, Jesús Sanz Serna.

En un país donde la ciencia no se considera todavía cultura, y en el que los científicos deben comunicar obligatoriamente sus resultados en inglés, la lengua franca de la ciencia internacional, las revistas científicas en español están en retirada y se plantean continuamente problemas de comunicación traducción y adaptación, que influyen en la percepción de la ciencia por la sociedad, señalaron los expertos. "Existe un consenso en todo el mundo de que existen otros dos niveles en que son ineludibles las lenguas nacionales si se quiere que la ciencia se lleve bien con la cultura. Se trata de la divulgación y de la educación, muy especialmente en los niveles preuniversitarios", aseguró Fernández Rañada. "El papel del español en la ciencia y la tecnología tiene que ser fundamental, si aspira a convertirse en la segunda lengua en el mundo", recordó Francisco Marcos Marín, director académico del Instituto Cervantes.

Los problemas preceden a la inclusión o no de términos científicos en los diccionarios y vocabularios, y debe ser la comunidad científica la que vaya depurando, proponiendo y adaptando los términos que surgen continuamente por el rápido desarrollo de la ciencia. Como recordó Fernando Pardos, encargado de este área en la Real Academia "el diccionario va por detrás de la lengua y la lengua va por detrás de la ciencia". A pesar de eso, ya se ha aceptado para su inclusión en el diccionario de la Real Academia, por ejemplo, el término agujero negro y se van a incluir las magnitudes, para poder, entre otras cosas, modernizar la definición del vocablo "luz". Purificación Fernández Nistal, de la Universidad de Valladolid, resaltó por su parte el papel del traductor como agente de divulgación científica y el historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron abogó por introducir procedimientos sistemáticos para adecuar la constante producción científica al idioma español.

Además de las iniciativas ya en curso en el encuentro se avanzó hacia el establecimiento de foros de debate, en forma de reuniones periódicas o continuamente por Internet, por especialidades, que vayan seleccionando y actualizando los términos y su contexto. La falta de organizaciones científicas potentes y de medios fue considerada el principal obstáculo para conseguirlo.

 

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