AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 7 Mayo  2000
#Acuerdo de base
SANTOS JULIÁ El País 7 Mayo 2000

#El último españonazi
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 7 Mayo 2000

#¿Haizekaía o Aeroportúa?
Fernando IWASAKI ABC 7 Mayo 2000

#Rajoy dirige la 'línea dura' contra el PNV
LUIS R.AIZPEOLEA, Madrid El País 7 Mayo 2000

#El ejemplo de Álava
ISABEL C.MARTÍNEZ, Vitoria El País 7 Mayo 2000

#Interior teme que aumente la violencia callejera en Francia
FERNANDO LAZARO El Mundo 7 Mayo 2000

#EL DARDO EN LA PALABRA: Babel
FERNANDO LÁZARO CARRETER El País 7 Mayo 2000

 

Acuerdo de base
SANTOS JULIÁ El País 7 Mayo 2000

En la guerra de papel declarada por ETA al PNV, una cosa es clara: ETA, PNV y EA, "con la intención de abordar una nueva etapa en el conflicto con España", firmaron en agosto de 1998 lo que en el Documento A, publicado por Gara, se define como "acuerdo de base". Según dice textualmente este documento, sellado en debida forma por las tres partes, los firmantes del Acuerdo asumen el compromiso de dar pasos efectivos para la creación de una institución única y soberana; llegar a acuerdos puntuales y de largo plazo con las fuerzas favorables a la construcción de Euskal Herria y abandonar todos los acuerdos que tenían con las otras fuerzas cuyo objetivo es la destrucción de Euskal Herria (PP y PSOE). Uno de los firmantes, ETA, se comprometía a proclamar un alto el fuego indefinido.

A pesar de que Joseba Egibar negó por tres veces en una entrevista (EL PAÍS, 4 de octubre de 1998) haberse reunido "con ningún dirigente de ETA", lo cierto es que PNV y EA firmaron con ETA ese documento, al que añadieron una "Propuesta para el desarrollo del acuerdo". PNV y EA proponían mantener conversaciones sobre estrategia, intenciones, pasos, medidas y ritmos; se reservaban la posibilidad de encontrar fórmulas de gobernabilidad con otras fuerzas; afirmaban que el alto el fuego indefinido suponía el respeto a los derechos humanos individuales y pretendían que "los firmantes se comprometieran a no hacer público el contenido de este acuerdo, sin acuerdo expreso de las tres partes". Hay todavía un Documento C, firmado en exclusiva por el PNV, que no añade nada, excepto una más torpe sintaxis, al Documento B.

Éstos son los tres documentos firmados por el PNV en agosto de 1998. De ellos nació el Pacto de Estella, la exclusión de pactos de Gobierno con los socialistas, la creación de la Asamblea de Electos. Fueron meses de entusiasmo entre los dirigentes del PNV, de seguridad en la política emprendida, de autocomplacencia por los pasos de gigante dados hacia la paz. Tan convencidos estaban de que ETA cumpliría el compromiso de no publicar el acuerdo y de que el desestimiento de matar era irreversible, que el mismo Egibar afirmó entonces, expresa y enfáticamente, primero, que "no había nada firmado con ETA" y, segundo, que "si ETA volviera a matar no habría ninguna actuación política conjunta más" con HB.

El entusiasmo de la dirección del PNV respondía a la convicción, expresada por Arzalluz, de que HB se situaría como segundo partido de Euskadi desde las inminentes elecciones autonómicas. Toda la estrategia elaborada por el PNV desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco partía de ese supuesto: si ETA dejaba de matar, PNV y HB (o su marca electoral EH), presentándose como artífices de ese logro histórico, barrerían al PSOE y al PP de la vida política vasca y podrían avanzar hacia un horizonte soberanista. Era una apuesta arriesgada por lo que tenía de cesión, pero plausible por lo que tenía de expectativa: un país aliviado por el fin del terror se encaminaría masivamente a votar a los gestores de la paz.

Si plausible como expectativa, esa política ha resultado un fracaso en la práctica: los ciudadanos vascos han seguido votando más o menos como siempre, y ETA, en consecuencia, ha vuelto a matar. Para el caso de que esto sucediera, los dirigentes del PNV amenazaron con la ruptura de todos los compromisos con HB y hasta llegaron a anunciar que se retirarían de la dirección de su partido. Por supuesto, no han cumplido su palabra: siguen afirmando la validez del Pacto de Lizarra y siguen sin presentar su anunciada dimisión. Bien, están en su derecho. Si su partido no les exige responsabilidades por el fracaso de la política derivada del "acuerdo de base" con ETA, allá ellos. Pero sí cabe exigir a políticos tan gallardos que no abominen de aquella "paz de los valientes" que con tantas ínfulas proclamaron y no nos vengan ahora con esa pamplina de la prueba del algodón de que jamás, jamás, firmaron ningún acuerdo con ETA.

El último españonazi
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 7 Mayo 2000

«¿Usted se siente catalán, español o más bien europeo?», se autopreguntaba el miércoles el gran Juan Marsé en EL CULTURAL. «Me siento con la espalda recta porque estoy fastidiado del espinazo», se autorrespondía de inmediato, fiel a las perplejidades que en relación a cualquier raigambre deben impregnar a todo individuo inteligente en la era de Internet, la televisión sin fronteras y la ingeniería genética.

Con abundante razón histórica el lúcido dirigente abertzale Patxi Zabaleta evocaba en un reciente artículo el alto componente racista que han tenido algunas de las manifestaciones del nacionalismo español durante este siglo que ahora acaba. Efectivamente el ya Caudillo de España fue el guionista de una película titulada Raza y en la enfermiza obsesión de su régimen por atajar la conspiración judeo-masónica se detectaba la huella indeleble de su inicial maridaje con la aberrante ideología nazi. Los lectores que estén coleccionando las Cien películas de nuestra vida han podido recordar a través de los títulos de esta semana -sobre todo en ¡Ay Carmela!- como el odio que vertebró la Guerra Civil estaba siempre basado en el ignorante desprecio de las razones del otro y en la construcción de un universo de mitos y fantasías para arropar el propio fanatismo.

Tanto la generación de Marsé como la de Zabaleta -que es la mía propia- recuerdan bien la España sórdida en la que las irracionales verdades reveladas de los vencedores constituían el único ámbito en el que podía transcurrir la vida pública. Mis primeros años como periodista coincidieron con los estertores de aquel régimen, pero siempre tendré grabada en la memoria la imagen de Blas Piñar abandonando airado el Consejo Nacional del Movimiento en protesta por sus tibios pasos aperturistas, la de Labadíe Otermín instando en la misma sede a «defender con uñas y dientes la victoria que tratan de arrebatarnos», o la voz gangosa y cavernaria de Girón rugiendo desde el fondo del pleistoceno: «¡Ex combatientes, en pie!»

Lo que caracterizaba a aquel animal herido que todavía lanzaba peligrosas tarascadas mientras agonizaba junto a las tablas del progreso histórico seguía siendo su pretensión de excluir de la comunidad nacional a quienes no compartieran sus atavismos políticos y religiosos y, sobre todo, su constante apelación a los sentimientos más primarios, a los instintos más bajos y atravesados, para cerrar el paso a cualquier discurso lógico. Cuarenta años después era de nuevo y todavía el «¡Muera la inteligencia!» del jefe legionario tuerto; pero lo que por fortuna de verdad se moría entre nosotros era la burricie institucionalizada.

La transición fue luego el pulso entre el afianzamiento de la tolerancia y las recidivas de aquella intransigencia exhausta que colapsó definitivamente con el patriotismo gastronómico que inspiró la grotesca sublevación de Tejero. Sólo de cuando en cuando hemos visto desde entonces regurgitar aquella España vieja y antipática, tan de Frascuelo y de María, que convertía en casticismo la ignorancia. A veces era en la parábola de los garbanzos de Fraga, otras en la sociología de los descamisados de Alfonso Guerra y Rodríguez Ibarra o en el patético «¡No pasarán!» final del felipismo. Pero los españolazos tenían la batalla perdida frente a los españoles y eso, y no otra cosa, es lo que podremos celebrar en el otoño con el jubileo del Rey Juan Carlos.

Queda, sin embargo, un último reducto en lo que lo peor del macizo de la raza, el destino histórico en lo universal, la resistencia a la invasión extranjera y el integrismo de los curas trabucaires ha establecido su búnker bajo la apariencia de nacionalismo vasco. Y el centro de ese búnker de la España negra lo ocupa el púlpito desde el que no predica sino clama, con radicalidad creciente, la voz flamígera de Xabier Arzalluz.

Tras algunos escarceos sobre el «RH negativo» o el «negro» que si hablara euskara siempre tendría lugar preferente en el paraíso euskaldún al maketo castellano parlante, Arzalluz se ha centrado ya de lleno en el problema de la raza. Hace un par de semanas acusó de «manipulación» a un profesional sólido y respetado como el actual director de El Correo Angel Arnedo que se había limitado a reproducir, como los demás periódicos, la literalidad de su desvarío dominical: «Los inmigrantes diluyeron el mal que hizo Franco. Porque si no hubiera sido por la inmigración, hubiéramos podido hacer un referéndum y ganarlo tranquilamente. Eso es lo que consiguió Franco». La actualidad es tan efímera y la memoria tan endeble que al conjunto de los medios nos faltaron reflejos para recordar que apenas tres meses antes la revista mexicana Proceso -¿también parte de la «Brunete mediática», atolondrado Anasagasti?- había entrecomillado en su boca la advertencia de que en ese hipotético plebiscito sobre la independencia «sólo deberían votar los ciudadanos vascos que demuestren que viven aquí de una forma estable» porque «hay un porcentaje que sin ser del País Vasco está aquí y viene con su esquema de patria y de bandera».

He aquí la clave del pensamiento -¿?- arzalluziano: una cosa es ser del País Vasco y otra muy diferente estar en el País Vasco. Por ejemplo Fernando Buesa sólo estaba; de ahí que el día de su asesinato el Papa Negro de Sabin Etxea lo definiera en su extremaunción a título póstumo como «parte del paisaje». También es muy importante la distinción entre vivir de una forma estable lo cual genera derechos de ciudadanía plena y hacerlo de una manera inestable y quedar, consecuentemente, excluido del cuerpo electoral. Inestable es sin duda la vida de todos aquellos militantes del PP o del PSOE que en plena noche sufren ataques contra su integridad física, sus viviendas, sus cafeterías, o sus librerías. Muy estable es por el contrario la de los seguidores de este Jomeini vasco que en la manzana de al lado duermen a pierna suelta, mientras la Ertzaintza, fiel a su consigna de no perturbar los avances revolucionarios, arrulla sus dulces sueños.

No es casualidad que mientras las juventudes de Euskal Herritarrok distribuyen pasquines incitando a que se complete la liquidación física de la familia Herzog -todo hombre de bien debió sentirse fundido en el abrazo que le dio en el parlamento el presidente Aznar a Enrique Múgica-, las juventudes de Eusko Alkartasuna reclamen en su ponencia política un referéndum en el que sólo participen los nacidos en el País Vasco o «los que puedan demostrar una estancia suficiente en el país como para entender la realidad vasca». Enfrentado ante una disyuntiva parecida, Adolf Hitler propugnó que el antisemitismo emocional de la noche de los cristales rotos y demás pogromos fuera sustituido por un antisemitismo racional y promulgó las llamadas Leyes de Nuremberg. Tomando como referencia los cuatro abuelos de cada individuo, y tras un arduo debate interno, quedó establecido, para frustración de Goebbels, que quienes tuvieran una cuarta parte de sangre judía conservaran sus derechos, que quienes tuvieran dos cuartas partes los perdieran según los casos y que quienes tuvieran tres cuartas partes o más los perdieran por completo. Constatadas sus ideas, ya sólo nos falta por saber cuál será el logaritmo de Arzalluz. pedroj.ramirez@el-mundo.es

¿Haizekaía o Aeroportúa? 
Por Fernando IWASAKI ABC 7 Mayo 2000

Uno pasa de valorar políticamente esa comparecencia de Arzalluz donde trató de explicar en vano que nunca pactó con ETA. Sin embargo, deseo llamar la atención del lector sobre una divertida imagen publicada por ABC (4-5-00, página 5), en la que Arzalluz exhibe ante la Prensa la respuesta que ETA le remitió y que dice que demuestra su inocencia o su candidez, según. Pues bien, ese documento que forma parte de la correspondencia regular entre quienes aseguran representar el más genuino independentismo vasco y todas las esencias aberriagunas, fue redactado en... castellano.

Sí, señores, de puro patético es hasta cómico: los independentistas vascos no hablan euskera entre ellos porque, de lo contrario, no sabrían de qué independencia estarían hablando. El euskera les vale para las oposiciones y alguna que otra alocución parlamentaria, para los grafitis y las sentencias de muerte; pero no para enviarse cartas, documentos de trabajo y pactos secretos. ¿Habría algo más hermético que un pacto escrito en euskera? Naranjas de la Txina. Eso sería demasiado secreto. Hasta para los independentistas vascos.

Uno sabía que en los corredores del PNV o del Parlamento vasco la lengua de los cafelitos y los txacolíes era el castellano, pero descubrir que ésa es la lengua que los abertzales hablan en la intimidad me arrasa de ternura. Ahí está el caso del «jarratxo» que perdió algunos dedos mientras manipulaba sus polvorones y que fue absuelto por carecer de antecedentes penales, que se acaba de pasar al Bachillerato en castellano para que no lo cateen en euskera. Ese chico descubrió que «ikastola» rimaba con pistola y no se lo pensó dos veces.

No obstante, ha habido tanta sangre de por medio que uno debe contenerse la risa para no perder el respeto a las víctimas del terrorismo. ¿Cómo es posible que esos energúmenos fascistas, asesinos y racistas, preparen en castellano su extravagante utopía de la euskaldunización del mundo? El lenguaje de ETA ni siquiera es el euskera, sino el de la metralla y el amonal.

En «El bucle melancólico» (Espasa, 1997), Jon Juaristi demuestra que el euskera contemporáneo es el resultado de una manipulación política antes que de una evolución cultural. Palabras como «lehendakari» o «Ikurriña» no pueden aplicarse respectivamente a los presidentes o banderas, de otras latitudes; y voces como «emakume» (mujer) tienen un significado más bien genérico, más próximo a «hembra» que a «mujer». Y así, «ertzaintza» no equivale a policía ni «jaurlaritza» a gobierno. El tema es tan interesante que a uno le gustaría sumar un granito de arena.

En el autorizado diccionario del profesor Xabier Kintana «Euskara-Espainiara, Espainiara-Euskara» (Elkar Hiztegia. Donosti, 1995), advertimos que la voz «kaia» es una de las acepciones de «puerto» (página 282), y que aire en euskera se dice «haize» (página 617). Por lógica, aeropuerto en vascuence debería decirse «haizekaía», ¿pero qué piloto querría aterrizar en un sitio que se llama «haizekaía»? Con lo supersticioso que es el personal en este país, todos tendrían miedo de caerse sobre el «haizekaía». Por lo tanto, aeropuerto en euskera se dice «aeroportúa».

De ahí que no deba sorprendernos que Arzalluz y ETA se carteen en castellano, porque «pacto» ofrece menos dudas que «pakto» o «patzo». Eso sí, en euskera la tregua llegó a buen puerto -«kaia»-, porque de hecho se cayó.

Rajoy dirige la 'línea dura' contra el PNV
Aznar encarga los contactos sobre el problema vasco a un político muy crítico con el nacionalismo
Mariano Rajoy, vicepresidente primero del Gobierno, dirigirá la nueva política de mano dura que el Ejecutivo de José María Aznar ha adoptado respecto al PNV. El reemplazo de Francisco Álvarez Cascos como mediador entre el Gobierno y los nacionalistas vascos obedece a la mayor compenetración en este terreno entre el presidente y su actual número dos . Este cambio de personas se interpreta como un mensaje de firmeza enviado no sólo al PNV, sino a todo el nacionalismo vasco. En Álava, en sólo nueve meses, la apuesta peneuvista por superar el marco estatutario le ha costado la pérdida de los principales órganos de poder. Mientras, el PNV y ETA luchan por la hegemonía nacionalista entre los radicales.
LUIS R.AIZPEOLEA, Madrid El País 7 Mayo 2000

El presidente José María Aznar ha designado a su vicepresidente primero, Mariano Rajoy, para que encabece la nueva política de mano dura que el Gobierno ha adoptado respecto al Partido Nacionalista Vasco (PNV). La sustitución de Francisco Álvarez Cascos como mediador entre el Ejecutivo y los nacionalistas de Euskadi responde a la mayor sintonía ideológica que existe en este terreno entre el presidente y su actual número dos . "Rajoy sería incapaz de mantener unas relaciones amistosas con los dirigentes del PNV, como ha hecho Álvarez Cascos, mientras éstos blindaban un pacto con una HB que daba cobertura a ETA en plena campaña de asesinatos de concejales del PP", afirman fuentes gubernamentales.

Este cambio de personas se interpreta también como un claro mensaje de firmeza que Aznar dirige no sólo al PNV, sino a todo el nacionalismo vasco, clarifica la situación de alejamiento de su Gobierno con el PNV y despeja algunos equívocos derivados de la etapa anterior.

En fuentes gubernamentales se destaca igualmente como junto a la capacidad de diálogo convive en Rajoy una visión muy crítica del nacionalismo, generada en su etapa política gallega y desarrollada en la gestión que hizo al frente del Ministerio de Administraciones Públicas. Desde este puesto del Gobierno, el PP firmó pactos con tres partidos nacionalistas -Convergència i Unió, PNV y Coalición Canaria- en mayo de 1996. A finales de 1997, cuando Rajoy consideró, de acuerdo con Aznar, que los pactos se habían cumplido, se plantó con firmeza ante los nacionalistas, pese al riesgo de desestabilización del Gobierno, en mayoría minoritaria.

Aznar cuenta con esa capacidad de Rajoy ante el nacionalismo para afrontar esta nueva etapa en la que la respuesta política al desafío soberanista del PNV es una prioridad del Gobierno. Aunque, añaden las citadas fuentes, no es ésta la única razón del relevo.

Álvarez Cascos ha mantenido relaciones amistosas con el líder del PNV, Xabier Arzalluz, mucho más allá de la ruptura de las relaciones de éste con Aznar, en octubre de 1998, en una reunión en La Moncloa en la que el jefe del Gobierno acusó al dirigente nacionalista vasco de "deslealtad" por no haberle informado de los acuerdos políticos de los partidos nacionalistas que derivaron en la tregua de ETA.

"Las relaciones de Álvarez Cascos con el PNV han tenido consecuencias políticas porque desde este partido se interpretaba que existían fisuras en el Gobierno sobre el tratamiento hacia ellos y al final las ha tenido para el propio Álvarez Cascos", añaden las fuentes gubernamentales.

Aznar ya reflejó su desconfianza hacia su entonces vicepresidente primero marginándolo de la comisión política de seguimiento de la tregua de ETA que se creó en octubre de 1998. En esa etapa, con el Pacto de Lizarra en pleno vigor, Aznar reprochó a Álvarez Cascos, en una reunión de los maitines de los lunes, sus relaciones con el PNV. Éste acababa de pasar un fin de semana recreativo en el País Vasco dónde tuvo como guías a dirigentes del PNV.

El argumento de Álvarez Cascos de que su misión era llevarse bien con los partidos nacionalistas para evitar derrotas parlamentarias en el Congreso nunca fue entendido en el seno del PP vasco y, al final, tampoco por Aznar. Desde el PP de Euskadi hubo graves reproches hacia el entonces vicepresidente, en asambleas del partido, por su comportamiento amistoso con unos dirigentes que mantenían excelentes relaciones con HB mientras ETA asesinaba a sus concejales. Aznar escuchó esos reproches dirigidos contra Álvarez Cascos del propio presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz.

Los escarceos del matrimonio Álvarez Cascos con los dirigentes del PNV -sus visitas a Sabin Etxea (sede del PNV en Bilbao), a las cuevas de Santimamiñe, los almuerzos en Getaria- nunca fueron bien vistos por Aznar, pero entraron en una clara descalificación cuando el presidente del Ejecutivo rompió con Arzalluz en octubre de 1998.

Ahora, tras la ruptura por parte de ETA de la tregua a fines de noviembre de 1999 y el mantenimiento del PNV de sus compromisos con HB en el Pacto de Lizarra, Aznar ha endurecido aún más su discurso contra el partido de Arzalluz y ha roto sus relaciones hasta que se desmarque de dicho pacto, algo impensable en este momento.

El partido de Arzalluz y ETA luchan por la hegemonía en el nacionalismo vasco
El líder del PNV se mantiene en Lizarra porque la salida equivaldría al fracaso de su estrategia
GENOVEVA GASTAMINZA, San Sebastián El País 7 Mayo 2000

"El PNV está muy afectado", reconoce sin tapujos un militante al tratar de describir el estado de ánimo con el que su partido ha recibido la exhibición pública realizada por ETA con el serial de las actas y papeles publicado por su diario afín, Gara, sobre las conversaciones y pactos entre las fuerzas nacionalistas. La iniciativa de ETA ha caído como una bomba en los dos partidos del nacionalismo moderado. La cuestión consiste, sin embargo, en conocer qué propósitos tenía la banda terrorista al dar ahora este paso. PNV y ETA están luchando abiertamente por lograr la hegemonía en el nacionalismo radical.

Desde diferentes ámbitos nacionalistas se coincide en admitir que dos poderosas razones se esconden tras el gesto etarra. Por un lado, la de consumo interno: la necesidad de explicarse entre su gente, que no ha comprendido la radicalización de la izquierda abertzale y el retorno de ETA a la violencia. Por otro, han creído ver precisamente en esta radicalización que le ha llevado a dar por superada esta etapa del pacto secreto, una respuesta de ETA al pulso del PNV por mantener la hegemonía del proyecto nacionalista desde el pacto de Lizarra.

Las actas publicadas reflejan de forma reiterada la pugna soterrada que mantienen desde siempre ETA y el PNV por el control de las posiciones de HB, a quien el PNV le exige autonomía e independencia de los terroristas. Esta renuncia de la estrategia político-militar impuesta por ETA sólo se podría producir desde una escisión en la izquierda radical que el PNV ha perseguido con fruición, especialmente durante los primeros años de esta década, hasta ahora sin éxito, y explica la desconfianza y hasta la crueldad con la que ETA ha tratado a los peneuvistas estos días, a pesar incluso de la aproximación de las posiciones que supuso Lizarra.

En todas las intervenciones del PNV que se recogen en los papeles transcritos por Gara, el partido nacionalista ha exigido a ETA la presencia de HB como interlocutora política en las conversaciones sobre el modelo soberanista y sus ritmos de aplicación. Pese a no haber conseguido resultado alguno, el PNV sigue manteniendo una reiterada y tozuda estrategia de dejar claro que "va a continuar sentándose con HB en toda mesa de diálogo para dejar bien claro que quien abandona Lizarra es precisamente ETA. Se trata de segregar HB de los terroristas, por lo que hace una constante denuncia de la tutela de la organización sobre el proceso", explica un peneuvista.

Este pulso, que se esconde tras la actitud del PNV, lo reconoce ETA en sus actas y no deja de ser un temor que esgrime como argumento para no aceptar las condiciones impuestas por PNV y EA para el pacto de 1998. "Está claro que existía la intención de ganar tiempo al entrar en un proceso de 'propuesta-contrapropuesta' para concretar el acuerdo, mientras que durante ese tiempo podrían presionar política-policialmente a la izquierda abertzale" , decía el acta de ETA.

Alto el fuego
"El PNV buscaba una situación de alto el fuego de facto cuando anunció a los miembros de HB que firmaría la propuesta de ETA, para intentar atraer así a HB a su forma de hacer política. Mientras que en la fórmula propuesta por ETA el problema para quienes suscribían el acuerdo consistía en que HB, con las manos libres, podría imprimir un ritmo creciente en el nuevo camino abierto", decía ETA al explicar la diferente forma de entender cada uno la recién estrenada autonomía de HB.

La permanencia del PNV y EA en Lizarra y el giro que imprimieron a Udalbiltza -la asamblea de municipios vascos en Francia y España- al proclamar desde su seno -los 5 votos del PNV y EA a favor y los 3 de EH en contra- que "la construcción nacional y la violencia son incompatibles", obedecen a esta estrategia de desgaste de la izquierda abertzale con la intención de agudizar sus contradicciones porque son conscientes de que el ciclo de la violencia política ha caducado.

Una actitud que no deja de levantar recelos en los sectores peneuvistas más escépticos. Éstos explican que este comportamiento continuista de su partido obedece al hecho de que "reconocer que el intento de Lizarra ha terminado significaría que sus promotores tendrían que marcharse". Sin embargo, estos medios descartan cualquier posición crítica a la actitud oficial. "Los disidentes van a aguantar", afirman, a pesar de estar convencidos de que su partido busca un "mínimo común denominador" con ETA que pueda dar paso a una nueva tregua. Y se quejan de que no haya reflexión interna para saber hasta dónde se debería llegar. El PNV necesita salvar la gobernabilidad del país y mantener al lehendakari durante este tiempo sin que se sienta en una posición demasiado débil, lo cual explicaría los apoyos públicos y las alusiones a su firmeza realizadas recientemente por el presidente del partido, Xabier Arzalluz.

Confrontación directa
En otros medios, también nacionalistas, la actitud de ETA se interpreta como la reivindicación de su papel dirigente y de vanguardia dentro de la izquierda abertzale ante el pulso lanzado por los nacionalistas desde dentro de Lizarra. "Ha tratado de demostrar que a la vez que ejerce la tutela, su objetivo es llevar a HB al poder y no va a cejar para ello en mantener una confrontación directa con el PP, aunque represente un desastre para el PNV, al que quiere obligar a perder el centrismo que siempre le ha caracterizado", afirma un militante del PNV.

Otros creen que con esta radicalización a la que ETA está llevando a la izquierda abertzale, la banda persigue que el PNV pierda el poder, incluso a costa de que lo gane el PP y que Jaime Mayor Oreja sea lehendakari. Desde esta lógica, al perder el poder en Vitoria, el PNV que no ha conocido otra posición que la de gobernar, tomaría una opción soberanista.

En todos los medios consultados se coincide en interpretar que el gesto de ETA conlleva un claro mensaje para el PNV: "La paz va para largo".

Egibar reconoce errores en los pactos entre los nacionalistas
I. C. M. / P. G. D, , Vitoria / Bilbao
El portavoz del PNV, Joseba Egibar, reconoció ayer por primera vez como un error la mezcla entre pacificación y construcción nacional realizada por los partidos nacionalistas en su andadura conjunta de los dos últimos años. Egibar hizo esta afirmación durante una jornada de diálogo sobre la paz organizada por la Facultad de Teología de Vitoria, en la que participaron todas las fuerzas vascas, incluido el PP, que rompió su negativa a acudir a foros de este tipo donde esté también HB. El dirigente nacionalista reconoció que en la fase abierta desde la alianza de Lizarra se han mezclado y usado de forma confusa conceptos como independencia, tregua o autodeterminación.

Respecto a la polémica sobre la celebración el pasado día 3 de mayo de una reunión con HB y EA, Egibar señaló que se trató de "una más" de las que mantienen desde finales de 1999. Una reunión que, sin embargo, el presidente de su partido, Xabier Arzalluz, negó que se produjera. También Rafael Larreina, de EA, reconoció que los tres partidos trabajan "con discreción" de cara a un hipotético nuevo marco político y jurídico vasco.

Bases mínimas
Arzalluz, que participó en un acto de su partido en Lezama (Vizcaya), aseguró que el PNV está por la paz y que para ello "hace falta hablar mucho, ceder en determinadas cosas, hasta donde se puede ceder". Arzalluz dijo que una vez que los nacionalistas tengan unas bases mínimas de acuerdo habrá que "hablar con los socialistas y con IU", ya que con el PP "no hay manera de hacerlo". En ningún caso se va a quedar en "un frente nacionalista", subrayó, antes de añadir: "Son ellos los que están montando el frente nacional".

El presidente del PNV advirtió también a ETA de que sus acciones sólo benefician al ministro de Interior.

El ejemplo de Álava
Los peneuvistas han perdido en nueve meses los principales órganos de poder en la provincia
ISABEL C.MARTÍNEZ, Vitoria El País 7 Mayo 2000

Álava, la menos nacionalista de las provincias vascas, ha sido la pérdida más visible de los partidos nacionalistas nada más embarcarse en la apuesta por la superación del marco estatutario. En nueve meses, los principales órganos de poder, Diputación Foral, Ayuntamiento de la capital (Vitoria), y la caja de ahorros provincial, Caja Vital, han pasado a manos del PP.

La primera pista sobre la personalidad política de este territorio la proporcionaron las elecciones de 1977, que ganó UCD. El nacionalismo nunca ha logrado enviar al Congreso más de un diputado de los cuatro en liza en el territorio, y en Álava siempre ha ganado el partido vencedor en el conjunto de España. El PNV atrajo la provincia hacia el nacionalismo durante el debate estatutario. Un papel vital jugaron incorporaciones al partido de personalidades moderadas como Emilio Guevara y José Ángel Cuerda, hoy instalados en la crítica a la doctrina oficial del PNV. Otros alicientes fueron el establecimiento de la capitalidad en Vitoria y el reparto paritario de escaños en el Parlamento vasco. Éste otorga a Álava, con 244.000 censados, igual representación (25 escaños) que a Guipúzcoa, que la dobla en habitantes, y Vizcaya, que ronda el millón de habitantes. Esta prima puede resultar decisiva para las dimensiones del Grupo Parlamentario del PP en las próximas autonómicas. Este partido obtuvo 66.000 votos el 12-M, casi el doble que el PNV, y 15.000 más que los socialistas en su mejor momento.

Si las aspiraciones soberanistas tenían ya un hueso imposible de roer en el País Vasco francés y otro en Navarra, los resultados electorales de junio de 1999 incorporaron a Álava a la lista de obstáculos. Y ello supuso a la coalición PNV-EA la pérdida del poder, que han ejercido en la provincia desde 1979.

Los 390 votos que el PP sacó de ventaja al PNV en los comicios forales fueron suficientes para que el nacionalismo se haya visto desalojado de todas las instancias de poder, salvo las alcaldías de 44 pequeñas localidades. El municipio de mayor dimensión donde el PNV triunfó fue Oyon, en La Rioja alavesa, (2.002 electores). Víctima de una especie de pinza, el PNV perdió Vitoria a manos del PP, y el siguiente ayuntamiento en importancia, Llodio, se lo arrebató Euskal Herritarrok.

La Diputación, que tiene competencias vitales como la de Hacienda y que es un órgano de primera magnitud para influir en los pueblos de la provincia, quedó en manos del PP, que la gobierna con apoyo externo de los socialistas, igual que el Ayuntamiento de la capital. El PNV conoce mejor que nadie los mecanismos de penetración social que ofrece la institución foral, con cuyos favores ganaron para el nacionalismo las alcaldías de muchas localidades donde esa posición política era inexistente. Los ha utilizado con habilidad durante 20 años y ahora teme que el PP haga lo mismo, condenando al nacionalismo a una larga travesía del desierto. El último bastión por el que el PNV luchó a brazo partido hasta el último momento era la influyente Caja Vital. Que este organismo se les escapara por sólo dos votos y que esos votos se los negara, además, el propio sindicato nacionalista ELA, da idea de su soledad y aislamiento en estos momentos. Algo que perciben muy bien los afiliados alaveses del PNV, uno de los cuales, desde la reserva del anonimato, señala que su partido piensa "con sensibilidad guipuzcoana", y asegura que quienes lo hacen "no conocen esto". Tal vez por ello, Álava es el único territorio donde dos listas compiten por la dirección provincial del partido.

Interior teme que aumente la violencia callejera en Francia
La policía gala atribuye a cuatro jóvenes con acento español el primer incidente tras la fusión de Jarrai y Gazteriak
FERNANDO LAZARO El Mundo 7 Mayo 2000

MADRID.- Pese a seguir esperanzada, Francia teme que los incidentes de kale borroka se multipliquen en el sur de Francia. De hecho, según informaron a EL MUNDO fuentes policiales, los mandos vecinos están alerta ante la posibilidad de que se incrementen las actuaciones de grupos de radicales vascos. Este temor es compartido por los responsables del Ministerio del Interior español.

Sospechan que pueden organizarse y desplazarse expresamente al sur de Francia, de forma continuada, para extender las acciones de violencia callejera, siguiendo instrucciones de la organización terrorista ETA, tras la fusión entre Jarrai y Gazteriak.

La policía vecina informó ayer de que los encapuchados que la noche del pasado viernes incendiaron una sucursal de la Societé General en Hendaya eran cuatro jóvenes vascos que se desplazaron expresamente a Francia para perpetrar la acción.

Los encapuchados fueron vistos y escuchados por un testigo cuando incendiaban la citada oficina bancaria y fueron identificados como españoles.

El incendio no causó víctimas pero sí destruyó casi totalmente el interior de la agencia, situada en esta localidad fronteriza con Irún (Guipúzcoa).

Contrariamente a lo que pensaron policías y bomberos en un primer momento, el incendio no parece haberse producido con cócteles molotov, sino mediante un bidón de gasolina prendido y lanzado al interior después de romper los cristales. Los incendiarios pintaron en rojo en la fachada la inscripción «presoak borroka» (presos en lucha).

La antigua organización radical Jarrai, que se fusionó el pasado 22 de abril con su equivalente del País Vasco francés, Gazteriak, para formar el movimiento Haika, ha sido la que tradicionalmente ha orquestado estas maniobras de kale borroka.

En el acto donde se concretó la unión se dieron cita varios miles de jóvenes del País Vasco en el sur de Francia.

Desde España también se teme que se haya organizado ya una nueva línea de actuación de los radicales vascos. Fuentes de la lucha antiterrorista indicaron ayer a EL MUNDO que existen fundadas sospechas de que los radicales abertzales intenten extender, de forma orquestada y organizada, sus actos violentos en el sur de Francia. Según estas fuentes, el nacimiento en Francia de la nueva organización Haika puede colaborar a ello de forma definitiva.

De esta forma, según los expertos en la lucha antiterrorista, la organización etarra lograría extender aún más lo que denomina conflicto vasco al país vecino.

Por otra parte, grupos de radicales prendieron fuego la madrugada de ayer al vehículo particular de un administrativo de la Ertzaintza en Oiartzun (Guipúzcoa) y quemaron un cajero en Vitoria, informaron a Efe fuentes de la Policía Autónoma vasca.

El primer ataque se produjo a las 2:30 horas en el barrio Iturrioz de Oiartzun, cuando un grupo de personas rociaron con gasolina y prendieron fuego al coche particular de un administrativo que trabaja en la comisaría de la Ertzaintza de esta localidad guipuzcoana.

Además, varias personas entraron alrededor de las 3:00 horas de la madrugada a un cajero del BBVA, situado en la calle Heraclio Fournier en Vitoria, en cuyo interior colocaron un artefacto de fabricación casera que, al explotar, provocó diversos daños.

EL DARDO EN LA PALABRA: Babel
FERNANDO LÁZARO CARRETER El País 7 Mayo 2000

No es grande mi acuerdo con fray Martín Sarmiento, el fiel defensor de Feijoo, cuando explicó cómo el castigo de Babel consistió en que si alguien, pongamos el capataz de la célebre Torre, ordenaba a un peón que puliese un pedrusco, el pobre esclavo se quitaba una sandalia; y si éste pedía el botijo al vecino de andamio, recibía un caldero. Tal teoría expone bien el porqué del derrumbe de aquella famosa máquina: el cielo pudo haberla destruido de un hálito, pero prefirió que mediara el lenguaje. No obstante, si fray Martín tuviera razón, habría habido tantas lenguas como babilonios, con la consiguiente y sobrecogedora catástrofe humanitaria. Pero la damnación no fue tan dura: dividió a los hablantes en grupos de idéntica lengua, y los enfrentó, rompiéndose así el monolingüismo que el Paraíso había legado al mundo, ya fuera el sánscrito ese idioma único, como han pensado notables eruditos, ya fuese el euskera según opiniones no menos autorizadas. Pero la desgracia quedó ampliamente compensada por una ventura: el germen de los nacionalismos.

Es en nuestros días cuando fray Martín tendría razón, porque se ve amanecer la posibilidad de que cada humano posea su propio idioma, apartándose del de la tribu: cada vez es mayor el número de quienes emplean las palabras según su ocurrencia, lo cual anuncia que al español va a sucederle otro idioma: el guirigay.

Por ese mal camino ha entrado ya de lleno el adjetivo culpable. Para todo habitante de esta lengua nuestra, culpable es la persona que tiene culpa, y culpa es, a su vez, la falta o delito que se ha cometido o se imputa. En nuestros días culpable puede ser cualquier hombre o mujer que cometan lo dicho, pero también los autores de hechos laudables y benéficos; así, según sentencia del entrenador del Real Madrid, el portero Casillas "ha sido uno de los culpables de que estemos en los cuartos". De final de Copa, se entiende, que es estación de paso hacia la gloria. Resulta muy probable el origen litúrgico de semejante traslación: un himno religioso de estos días pasados pone música a un trozo de una homilía de san Agustín donde se califica de felix la culpa de Adán, porque gracias a ella pudo acontecer la Redención. Así, pues, aunque infinitamente menor, es feliz la culpa de ese joven arquero. El cual ha merecido ser calificado, por su calidad, de muy valeroso, en dictamen emitido por uno de los infinitos píndaros que invaden noche y día el espacio radioeléctrico.

Pero no es menos babélico el lenguaje taurino, que, él mismo, fue antaño milagro de gracia torera, y ahora, con creciente frecuencia, se despacha con bajonazos al costillar del idioma. Sin ir más lejos, cuando se ha dicho hace poco que, en la Maestranza, el toro insufló una cornada grave a un matador. ¡Qué sorpresa la de ese deslenguado si alguien le informa de que insuflar es, como define inapelablemente el Diccionario, 'introducir a soplos un fluido en un órgano o en una cavidad'! El infolio no habla para nada de los cuernos, ni se sabe que el toro los hinque a soplidos.

El cambio de gobierno ha hecho soñar a algunos con que aún es posible reanimar el macilento sistema docente (¿recuerdas, querido Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando te anuncié que la reforma nos mandaba a la cuneta, al menos en lo atingente a lo poco que sé?). El caso es que plumas ilusionadas con tal bienaventuranza, proponen remedios propios del 6 de enero. Una de esas recetas reconstituyentes pide que, en unos planes nuevos de estudio, se obligue "a los alumnos a consumar algunas actividades obligatorias". Ah, qué bien si al infeliz arbitrista le hubieran obligado a copiar veinte veces el diccionario desde la primera palabra hasta la última, zuzón, útil vocablo, que, como sabemos, designa la conocida hierba emoliente.

He aquí que a un joven escritor le ha tocado ya su primer premio literario, y es entrevistado por televisión. La entrevistadora -no es machismo: era una mujer- le hace la pregunta de rigor, pero así: "Y ¿a cuánto ascienden los emolumentos del premio?". No puede haber prueba más contundente de nuestro viaje a Babel: emolumento o 'retribución que se percibe por un trabajo acordada con quien paga' es tanto como dar caldero por botijo, según hizo con toda probabilidad aquel alarife del frustrado torreón. Lo malo de la cosa es que el barbipungente galardonado entró al trapo y le informó de a cuántas pesetas/euros ascendían esos emolumentos.

Otra piltrafa que hace temer un desastre como el bíblico es el empleo que se está haciendo de la locución prepositiva en aras de. La cual significa 'en honor o beneficio de algo o alguien'. No lo entendía así el innovador analista del mundo del fútbol que, explorando la clasificación de los clubes, recomendaba al Atlético que se echase alante (sic) en los tres partidos que restaban (sic) en aras de no despeñarse en la Segunda División. Es uso que responde al machaqueo con que hoy se tunde el sistema de nuestras viejas preposiciones. En este caso, se da un empellón a para y se mete en aras de; igualmente que, lo he dicho muchas veces, por la vía de suple a mediante, a través de jubila a por ("entraron a través de una ventana"), a se sustituye por sobre en el lenguaje del fútbol ("el árbitro pita falta sobre Sergi", lo cual sugiere la insidiosa sospecha acerca de qué estaría haciendo ese señor encima de Sergi); este sobre aquí excedente se escamotea a favor de en torno a ("habrá conversaciones en torno a la pesca"); y multitud de casos más, a los que debe sumarse el andrajo en aras de.

Pero la cima de este despropósito babilónico tal vez se encuentre en el periódico de una lejana ciudad que, al tratar de las minas antipersonales, asegura que este armamento militar ha sesgado y sesga la vida de miles de civiles". Dar el nombre de armamento (es decir, conjunto de armas) a las minas antipersonales es tan corrosivo para el idioma como llamar efectivos (esto es, conjunto de soldados o policías con su material belicoso) sólo a esas personas. Por cierto, alguien me ha regañado por dardear tal uso, dado que el diccionario ofrece otra acepción de efectivos: "Número de hombres que tiene una unidad militar, en contraposición con la plantilla que le corresponde". Pero, cuando se dice "la tropa desplazada a Kosovo está formada por mil quinientos efectivos", lo que se quiere decir es otra cosa.

En la información figura también el empleo un tanto raro de sesgar, que, antes, era esa cosa que hacían los sesgadores antiguos con una hoz. Lo dicho: Babel. Fernando Lázaro Carreter es miembro de la Real Academia Española.

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