AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 8 Mayo  2000
#Comunicado de Unidad Editorial
#Comunicado de la redacción del País Vasco
#Comunicado del Comité de Empresa de EL MUNDO
El Mundo 8 Mayo 2000

#ETA ASESINA UNA PARTE DE TODOS NOSOTROS
EDITORIAL El Mundo  8 Mayo 2000

#Muerte de un periodista
ANTONIO GALA El Mundo  8 Mayo 2000

#Ideas que matan
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  8 Mayo 2000

#ETA asesina a José Luis López de Lacalle, un histórico luchador contra el fascismo
G. G. / M. O., San Sebastián El País  8 Mayo 2000

#Pintadas contra Lacalle en Andoain
AGENCIAS EL MUNDO  8 Mayo 2000 

#ETA cumple su amenaza y asesina al periodista José Luis López de Lacalle
Andoain/Madrid Estrella Digital  8 Mayo 2000

#Guerras civiles
GABRIEL ALBIAC El Mundo  8 Mayo 2000

#A Arzalluz
ERASMO El Mundo  8 Mayo 2000

#Disparos contra la memoria antifascista
Editorial El País  8 Mayo 2000

#Asesinado, por amar la libertad
César Alonso de los Ríos La Estrella  8 Mayo 2000

#El asesinato de un demócrata
Germán Yanke El Mundo  8 Mayo 2000

#A José Luis, dondequiera que estés
VIDAL DE NICOLÁS Y JOSÉ MARÍA PORTILLO El País  8 Mayo 2000

#Contra el asesinato, a las urnas
MARIO ONAINDIA El País  8 Mayo 2000

#Cuando el tiempo aprieta
ÁLVARO DELGADO-GAL El País  8 Mayo 2000

#¿Nacionalismo o democracia?
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País  8 Mayo 2000

#JOSE LUIS LÓPEZ DE LACALLE: "Memoria histórica del antifascismo vasco"
L. R. AIZPEOLEA / A.GUENAGA El País 8 Mayo 2000

#ETA abre "el melón"de la prensa
Lorenzo Contreras La Estrella 8 Mayo 2000

#JOSÉ LUIS LÓPEZ DE LACALLE • MIEMBRO DEL FORO ERMUA ASESINADO POR ETA: "Los franquistas me encarcelaron, pero jamás atacaron a mi familia"
Madrid EL País 8 Mayo 2000

#El cambio necesario
JOSÉ LUIS LÓPEZ DE LACALLE El Mundo en el País Vasco 2 Mayo 2000 El País 8 May 2000

#Crimen en la Brunete
Pablo Sebastián La Estrella 8 Mayo 2000

#Miles de personas salen a las calles para expresar su total rechazo a la violencia
Vitoria EL PAÍS 8 Mayo 2000

#Enfrentamientos verbales entre vecinos de Andoain durante el pleno municipal
M. O., San Sebastián El País 8 Mayo 2000

#Otra vez
JOSEBA ARREGI El País 8 Mayo 2000

#Juaristi tacha de "nazi" a ETA y cree que ataca al Foro Ermua
P. O. D., Madrid El País  8 Mayo 2000

#Las aguas del abismo
JON JUARISTI El País  8 Mayo 2000

#Escribir es llorar la muerte de un amigo
RAUL GUERRA GARRIDO El Mundo  8 Mayo 2000

#Un asesinato previsible
Editorial ABC  8 Mayo 2000

#El exterminio de los lópeces
José Antonio Zarzalejos Director de ABC  8 Mayo 2000

#Un hombre tendido en el suelo
MIKEL AZURMENDI El País  8 Mayo 2000

#La misma oveja
CÁNDIDO ABC  8 Mayo 2000

#No quisiera elevar el tono
JOSÉ MARÍA ORTIZ ABC  8 Mayo 2000

#«La Ertzaintza está controlada por los dictados políticos del PNV»
JESUS ANGEL CINTORA El Mundo  8 Mayo 2000

#Con la voz de morir
JAIME CAMPMANY ABC  8 Mayo 2000  

#Los periodistas amenazados
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo  8 Mayo 2000

#Palabra viva
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC  8 Mayo 2000

#Las razones de los que matan
Enrique ARIAS VEGA ABC  8 Mayo 2000  

#La palabra herida
VICTORIA PREGO El Mundo  8 Mayo 2000

#Las palabras quedan
Juan Manuel DE PRADA ABC   8 Mayo 2000

#En directo
M. VÁZQUEZ MONTALBÁN El País  8 Mayo 2000

#ETA mata y pierde
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC   8 Mayo 2000

#Otra rata
Alfonso USSÍA ABC  8 Mayo 2000

#Otro
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  8 Mayo 2000

#Herencia patológica
M. MARTÍN FERRAND ABC  8 Mayo 2000

#«Arzalluz ha sido el inductor filosófico del asesinato», asegura Vidal de Nicolás, presidente del Foro de Ermua
BILBAO. ABC   8 Mayo 2000  

#El Foro de Ermua, una reacción contra la presión nacionalista
BILBAO. I. S. ABC  8 Mayo 2000 

#La prensa y los periodistas, obsesión de ETA y los nacionalistas desde hace cuatro décadas
MADRID. ABC 8 Mayo 2000

#El español conquista Brasil
JUAN ARIAS, Río de Janeiro (08-05-00) El País  8 Mayo 2000

 

 

 

 



 

 

 

 

 

Los asesinos han vuelto a golpear.  José Luis López de la Calle ha muerto a manos del fascismo. Periodista, fundador del Foro de Ermua y de Izquierda Unida del País Vasco, paso 5 años en la cárcel durante el franquismo. Ha muerto en la defensa de las mismas ideas que había defendido siempre. Es un ejemplo para todos aquellos que luchan en favor de los derechos civiles y contra el fascismo. Asociación por la Tolerancia  
 AGLI también está de luto al lado de sus valientes ciudadanos y amigos del Foro de Ermua.

Comunicado de Unidad Editorial

 «Unidad Editorial, empresa editora del diario EL MUNDO, quiere expresar mediante esta nota el profundo dolor que el asesinato de nuestro compañero José Luis López de la Calle supone para todos los los que trabajamos con un único objetivo: el de una sociedad más libre y más informada.

Nuestro compañero José Luis, que desde hace seis años ha venido rabajando en nuestro diario de forma profesional y libre así como en el Consejo Editorial de esta casa, ha sido asesinado por quienes consideran
la libertad de expresión su principal enemigo.

Se trata por tanto del mayor ataque contra la libertad de expresión de quienes no conocen otro lenguaje que el del asesinato; no buscan otro camino que el del totalitarismo que lo ampara y la intolerancia de
quienes lo encubren.

El sacrificio de nuestro compañero José Luis constituye para todos los que formamos Unidad Editorial el evulsivo y acicate para seguir adelante todavía con más empeño en desenmascarar con la información y el
noble ejercicio del periodismo a quienes sólo pretenden, desde el error, implantar sus objetivos totalitarios.

Unidad Editorial pide a toda la sociedad civil que se una ante este nuevo ataque a la libertad y que la muerte de José Luis sirva de estímulo en el compromiso por la defensa de una sociedad abierta.

Unidad Editorial exige también a las autoridades del Estado español y de Euskadi la respuesta contundente ante quienes ni saben ni quieren la convivencia democrática. Aunque hayan acallado la voz libre e independiente de José Luis, no conseguirán silenciarnos sino alentarnos en nuestro compromiso inquebrantable con la libertad de
expresión».

Comunicado de la redacción del País Vasco

«La muerte hoy en atentado del periodista y columnista de EL MUNDO del País Vasco José Luis López de la Calle es la evidencia de que la defensa de la libertad y de la expresión libre de las ideas tiene todavía entre nosotros el mayor precio que puede pagar un hombre: su vida.

López de la Calle lo sabía –se lo habían hecho saber–, pero ello no hizo que abdicara en momento alguno de lo que entendía como un deber irrenunciable: trabajar día a día, con su ejemplo y con su pluma, para conseguir una sociedad libre y tolerante en la que la diferencia sea un principio enriquecedor y no el criterio que defina quién tiene derecho a vivir y quién no.

EL MUNDO del País Vasco quiere expresar su condolencia y su indignación por el asesinato de José Luis López de la Calle. Condolencia por el dolor de sus familiares y amigos y también por la muerte que supone para la toda sociedad el hecho de que uno de sus miembros más comprometidos muera por intentar hacerla mejor. Indignación por el hecho de que ETA continúe sembrando en el País Vasco el terror y la muerte.

El asesinato de López de la Calle no conseguirá que EL MUNDO del País Vasco retroceda en sus planteamientos. Desde el periódico, continuaremos luchando para informar y hacer realidad una sociedad
olerante y democrática en la que la libertad de expresión sea una premisa incuestionable y no una utopía por la que es preciso morir. El apoyo de cuantos se han dirigido a nosotros para expresar su dolor y su solidaridad nos ayudará a no cejar en ese empeño».

Comunicado del Comité de Empresa de EL MUNDO

Conmocionados por el asesinato brutal de nuestro compañero José Luis López de la Calle, los trabajadores de EL MUNDO expresamos nuestra más enérgica repulsa a la violencia irracional etarra y hacemos llegar nuestra
profunda solidaridad a su familia y amigos.

Desde nuestro pesar, condenamos por encima de todo la pérdida de una vida humana. Y constatamos que con el asesinato de un periodista, ETA atenta contra la libertad de información, pretendiendo imponer su silencio mediante el terror.

Pero todos los que hacemos EL MUNDO seguiremos desempeñando nuestro rabajo sin amedrentarnos, comprometidos con la consecución de una sociedad más informada, más libre y más justa.

ETA ASESINA UNA PARTE DE TODOS NOSOTROS
EDITORIAL El Mundo  8 Mayo 2000

El asesinato de José Luis López de Lacalle no es otro crimen más de ETA. Y no lo decimos ni en menoscabo de la importancia de los anteriores -todas las vidas humanas nos merecen idéntica consideración- ni porque José Luis López de Lacalle fuera nuestro compañero y nuestro amigo. Su asesinato reviste caracteres muy especiales para la sociedad en su conjunto porque también los posee la labor que realizaba, y porque es precisamente contra esa singularidad contra la que apuntaron sus asesinos.

El trabajo periodístico es una pieza esencial del bienestar social y de la calidad de vida democrática. Gracias a él, la ciudadanía puede saber lo que sucede y, en virtud de la pluralidad de puntos de vista y enfoques que es capaz de añadir a la información, proporciona el material necesario para que cada cual pueda fijar libremente su criterio. Al matar a un periodista -en este caso, a un hombre especializado en el análisis sin tapujos de la realidad vasca-, ETA no sólo ha atentado contra una persona, ni sólo contra un medio, ni sólo contra una profesión: ha atentado contra la libertad de información y de expresión del conjunto de la sociedad. Con su desaparición violenta, todo ciudadano se ve privado de una parte de su propio derecho a saber y a expresarse.

ETA ha elegido a José Luis López de Lacalle porque, además, su labor era particularmente certera y eficaz. Certera, debido a que sabía de qué hablaba y ponía valiente y brillantemente los puntos sobre las íes cuando hacía falta. Y extremadamente eficaz, porque lo hacía además con el aval de una trayectoria antifascista que nadie podía discutir y que pagó con larga cárcel en los también difíciles -distintamente difíciles- tiempos del franquismo.

En la medida en que, al atentar contra la vida de López de Lacalle, lo que ETA ha pretendido es limitar la libertad de expresión de todos, acallando a quienes contrarían sus criterios, la respuesta a este crimen ha de ser también colectiva: es toda la sociedad la que debe demostrar su apego a la diversidad, al pluralismo, a la libertad. Y su repulsa a quienes no soportan que alguien les ponga delante un espejo y les obligue a ver sus propias aberraciones.

La responsabilidad del asesinato de José Luis López de Lacalle recae exclusivamente, en el plano criminal, sobre los autores intelectuales y materiales del crimen: sobre quienes decidieron disparar contra él y sobre quienes lo hicieron. A tal respecto, sólo nos queda pedir que las autoridades se muestren lo más diligentes que quepa en la investigación del hecho, en la localización de los culpables y en su entrega a la Justicia, para que ésta haga recaer sobre ellos el castigo que merecen.

Pero, aunque correspondan a muy distinto plano, no podemos ignorar que hay más responsabilidades.

Entre ellas, y en primer lugar, la de la Consejería de Interior del Gobierno vasco y la de los mandos supremos de la Ertzaintza.

Que López de Lacalle ocupaba un lugar destacado entre los objetivos de ETA no era un secreto para nadie. Hace escasas semanas, su domicilio -el mismo ante el que fue asesinado ayer- recibió los impactos de varios cócteles molotov lanzados por los eternos incontrolados de la kale borroka. Su nombre y su retrato había aparecido en numerosos carteles y pasquines amenazantes de los alevines del abertzalismo radical. ¿Cómo puede ser que un hombre en su situación no fuera acompañado ni siquiera por un escolta de la Ertzaintza o que en su entorno no hubiera medidas de contravigilancia? López de Lacalle no sólo era un objetivo claro de los terroristas, sino también -y eso es lo preocupante- un objetivo fácil. Carlos Herrera y José María Zuloaga se libraron de los atentados de ETA gracias a que les rodea una cierta infraestructura de protección. López de Lacalle, en Andoain, no tenía nada. Como él mismo planteaba, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse para qué paga sus impuestos, si no sirven para respaldar el derecho más elemental de todos.

Es obligado referirse también al papel desdichado que está jugando en todo esto la cúpula del Partido Nacionalista Vasco. No seremos nosotros quienes le atribuyamos complicidad voluntaria alguna en el crimen. Pero el hecho es que sigue coqueteando con quienes ejercen la representación política legal de los asesinos. Continúa en el aire la pregunta que les formuló hace bien poco José María Aznar: ¿qué es lo que necesitan que ocurra para replantear su estrategia política? Resultaba terrible repasar ayer las declaraciones hechas la víspera por Xabier Arzalluz: según él, si el PP no puede «volver a las formas del franquismo, y encarcelar y fusilar» a los nacionalistas vascos es porque «Europa los ha protegido».

El se siente protegido por Europa. A José Luis López de Lacalle no lo ha protegido nadie. Tampoco el Gobierno del PNV.

Con su política, los Arzalluz y compañía están creando espacios de impunidad que permiten desenvolverse a los amigos y a los justificadores de los asesinos. Aquí el único «fusilado» -el último «fusilado»- ha sido nuestro compañero.

Muerte de un periodista
ANTONIO GALA El Mundo  8 Mayo 2000

En esto concluye la discusión de si las grescas nacionalistas o autodeterminantes o soberanistas son galgos o podencos. Se atenta contra dos periodistas y se mata a un tercero. Se va de verdad contra la libertad de prensa, condición sin la que no es posible construir una democracia ni una convivencia ni siquiera «un franquismo con votos». Sólo el que, a toda costa, quiera seguirse llamando a engaño puede hacerlo. Para quien quiera llamarse al desengaño de la verdad, todo aparece claro. La danza y la contradanza de las siglas puede seguir; pero los campos están perfectamente definidos: el de los criminales y el de quienes jamás lo han sido.

Ideas que matan
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  8 Mayo 2000

Suele decirse que «el pensamiento no delinque», forma suave de pedir que las personas que defienden determinadas ideas no sean perseguidas por el simple hecho de manifestarlas de palabra o por escrito. Pero en un régimen dictatorial todo pensamiento expresado en público por cualquier medio, desde la tertulia de café al panfleto, el periódico, la radio, la televisión o la página de Internet, si no coincide con lo que la dictadura admite en ese momento, se convierte en delito y acarrea la condena del que dice lo que piensa. A veces, incluso, un régimen puede ser democrático y albergar en su interior, a manera de quistes o manifestaciones cancerígenas, mecanismos totalitarios que reprimen y aniquilan al que se aparte de sus dogmas, aunque teóricamente esté protegido por la legalidad vigente.

Eso es lo que sucede en España con el nacionalismo desde 1977 o, para ser más precisos, desde la Constitución de 1978. Legalmente, todos tenemos derecho a decir lo que políticamente pensamos. Realmente, los nacionalismos, en especial el vasco y el catalán, discriminan, censuran, persiguen, agreden y a veces matan a quienes se atreven a criticar al nacionalismo como lo que es: una ideología sectaria, antiliberal y totalitaria que niega la condición de ciudadano al que está fuera a cambio de ahorrársela al que está dentro. Arzalluz y la ETA, Pujol y sus variantes extremistas coinciden con la vieja fórmula castrista: «¡Dentro de la revolución, todo! ¡Fuera de la Revolución, nada!». Revolución o nacionalismo, tanto da.

Pues hay, claro que hay pensamientos que moralmente delinquen y que políticamente conducen al delito y al crimen. Hay, y a la vista están, ideas políticas que llevan al asesinato, que nacen incluso para perpetrarlo o justificarlo. Todas las variantes del totalitarismo, religioso, político o nacionalista, son criminales si tienen ocasión de convertirse en guía de actuación política. Entre Mein Kampf y el Holocausto sólo media la posibilidad de crear un régimen político que ponga en práctica las ideas de limpieza étnica del nacionalismo alemán expresadas, no inventadas, por Hitler. La voluntad explícita por parte de Arzalluz y de ETA de aniquilar el Foro de Ermua, es decir, la rebelión intelectual y cívica contra el nacionalismo, no era una simple idea. Era una voluntad de eliminar físicamente a los no nacionalistas, a los españoles, a los que defendían la libertad. Era un designio de matar que se cumplió ayer en José Luis López de Lacalle. Pero ese crimen obedece a una idea, a la idea criminal de que se puede y se debe matar al que no se pliegue a la dictadura nacionalista, al que defiende Ermua frente a Lizarra. No creen en la libertad, pero la temen. Y matan para espantarla.

José Luis López de Lacalle, de 62 años, casado, con dos hijos, fundador del Foro Ermua y veterano luchador contra el régimen franquista, cayó ayer asesinado por los pistoleros de ETA junto a su casa en Andoain (Guipúzcoa). López de Lacalle fue tiroteado a las 9.45 horas cuando regresaba a su casa tras comprar varios periódicos. Administrativo jubilado, actualmente colaboraba en el diario El Mundo y, años atrás, escribió en El Diario Vasco. Su muerte provocó la inmediata protesta y rechazo de las instituciones, partidos y medios de comunicación.
ETA asesina a José Luis López de Lacalle, un histórico luchador contra el fascismo
Cuatro tiros en la cabeza y en el tórax segaron su vida junto al portal de su domicilio en Andoain
G. G. / M. O., San Sebastián El País  8 Mayo 2000

ETA ha vuelto a dejar claro que su proyecto para el País Vasco pasa por la aniquilación del discrepante. Un pistolero del comando Donosti acabó ayer en Andoain (Guipúzcoa) con la vida de José Luis López de Lacalle, de 62 años, casado, con dos hijos, fundador del movimiento pacifista Foro Ermua, histórico luchador antifranquista y columnista de El Mundo. Pese a la condena del lehendakari y a su llamada a la unidad contra la violencia, el asesinato ha vuelto a evidenciar la división en la sociedad vasca: actos de protesta convocados por separado, clamorosa ausencia de responsables del PNV y del Gobierno autónomo en los primeros momentos tras el atentado y un tenso pleno en el Ayuntamiento de Andoain, gobernado por EH.

El socialista y miembro del Foro Ermua José Luis López de Lacalle, de 62 años, fue asesinado ayer, minutos antes de las diez de la mañana, junto al portal de su casa, en el número tres de la calle Ondarreta de Andoain (Guipúzcoa), después de comprar los periódicos y desayunar a escasos 250 metros de su domicilio. López de Lacalle, columnista semanal del diario El Mundo y ex director financiero ya jubilado de una empresa de Tolosa, de donde era natural, recibió dos balazos en el pecho y otros dos tiros en la nuca cuando ya estaba en el suelo. Los disparos fueron hechos por una sola persona, aunque la Ertzaintza sospecha que otro etarra le daba cobertura en las inmediaciones.

López de Lacalle, que sufrió ataques con artefactos incendiarios el pasado 8 de febrero en su domicilio, solía salir todos los domingos por la mañana a comprar los periódicos. Repetía los mismos hábitos cotidianos pese a recibir recientemente un aviso de los violentos y comprobar la campaña de acoso a cargos y militantes socialistas. Según personas cercanas a él, era contrario a llevar escolta, aunque decidió adoptar algunas medidas mínimas de precaución. Consideraba suficiente cambiar horarios y recorridos, sobre todo desde que alcanzó la jubilación hace dos años. "Voy a seguir llevando una vida normal y además tengo el apoyo de mi familia", dijo después de sufrir un ataque de los violentos.

López de Lacalle salió de su casa sobre las 9.30 y se dirigió a la librería Stop, donde adquirió ocho periódicos que guardó en una bolsa de plástico. Después puso buen cuidado en cambiar de bar y, en lugar de desayunar en el Kabia, local que solía frecuentar, se dirigió, paraguas en mano, al bar Elizondo, muy próximo al primero y en plena plaza del pueblo. Allí pidió un café con leche y un cruasán, según contó el camarero de la cafetería, donde estuvo unos 10 minutos ojeando un periódico.

Desde este bar se encaminó hacia el portal de su casa, donde le esperaba el etarra autor de los tiros, de unos 25 años y supuesto integrante del comando Donosti de ETA, según informó ayer el consejero de Interior, Javier Balza. López de Lacalle recibió cuatro tiros, dos en la cabeza (en la nuca y en la sien) y dos en el tórax, que le causaron la muerte al instante. Miembros de la Cruz Roja, cuyas dependencias están al lado del lugar del asesinato, asistieron a la víctima durante unos minutos, pero sólo pudieron certificar su defunción, hacia las 10.15. Nadie vio el atentado, por lo que los miembros del comando tuvieron fácil la huida, ya que estaban a un paso de la entrada a la Nacional I, Madrid-Irún.

La calle Ondarreta fue acordonada por la Ertzaintza, que también dispuso controles en las tres principales salidas del pueblo. La policía autonómica retiró poco después de distintos puntos de Andoain dos vehículos con matrícula de Madrid que podrían haber sido utilizados por los asesinos y un tercero con el que chocó el asesino en su huida y en el que pudieron haber quedado huellas. La Ertzaintza se ha comprometido, a través de un comunicado del consejero de Interior, "a poner todos los medios a su alcance para tratar de localizar, detener y poner a disposición judicial" a los autores del atentado.

En medio del revuelo formado más allá del cerco policial, el cuerpo sin vida de López de lacalle yacía en el suelo, cubierto con una sábana blanca, al lado de su paraguas rojo (abierto y boca arriba) y la bolsa con los ocho periódicos, entre los que estaba Gara, el diario afín a la izquierda abertzale.

Una vecina de López de Lacalle, nada más comprobar la identidad del muerto, comenzó a avisar a los familiares. En el primer piso de la casa dormía en ese momento su hijo menor, Alain, de 21 años y estudiante de Derecho, mientras que la viuda, María Paz, había pasado la noche acompañando a su padre, delicado de salud, cuyo domicilio está situado enfrente. La hija mayor del asesinado, de 28 años, recibió la fatal noticia en Ginebra (Suiza), donde trabaja como psiquiatra.

El cadáver permaneció boca arriba y cubierto con una sábana blanca hasta las 12.30, momento en que la autoridad judicial ordenó el levantamiento del cadáver y su traslado al Instituto Anatómico Forense, en el cementerio de Polloe de San Sebastián.

"Lo iban a matar, lo iban a matar", repetía una y otra vez la viuda, María Paz. Su rostro reflejaba el dolor por la muerte de su marido, a quien siempre estuvo muy unida, incluso cuando estuvo cinco años preso en cárceles franquistas. A su casa fueron acercándose numerosos familiares, algunos de los cuales no pudieron reprimir gritos en contra de ETA. Los vecinos también lamentaron la muerte de una persona "íntegra", "coherente", "alegre", "valiente".

Numerosas personalidades públicas, dirigentes políticos y concejales locales de todos los partidos, salvo EH, acudieron al lugar del atentado. Todos reprocharon al alcalde de Andoain, José Antonio Barandiarán (EH), que no se acercase al lugar del atentado. Le habían comunicado por teléfono la necesidad de convocar un pleno extraordinario y organizar una concentración. EH hizo ayer público un comunicado en el que no condena el asesinato ni asume un ápice de responsabilidad.

El portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, llegó a las 11.15. Se le sumó después Gabriel Inclán, consejero de Sanidad, con quien regresó a San Sebastián para participar en un consejo extraordinario del Ejecutivo autónomo. Pronto llegaron gran número de cargos públicos y políticos y miembros del Foro Ermua, como Raúl Guerra Garrido, Consuelo Ordóñez o Carlos Totorica.

Casi nadie del PNV
Rosa Díez, Ramón Jáuregui, Javier Rojo, Jesús Eguiguren y varios representantes del PSOE se concentraron ante la casa del asesinado. Cargos del PP e IU, así como el rector de la Universidad del País Vasco, Manuel Montero, de cuyo Consejo Social fue miembro López de Lacalle, se sumaron a la concentración. En ésta se criticó la ausencia del lehendakari y la flagrante falta de dirigentes del PNV, a excepción de los cargos locales y de Joseba Arregi, natural de Andoain y amigo de la víctima.

El portavoz del PNV, Joseba Egibar, nacido también en este pueblo, no hizo acto de presencia, pero convocó a la prensa en el batzoki peneuvista, situado a escasos 200 metros. Egibar, que fue alumno de la viuda María Paz en la ikastola Aita Larramendi, glosó la figura del asesinado, de quien destacó su "impecable trayectoria", "comprometida con la democracia y la libertad". Hizo hincapié en que su muerte se produce justo el día en el que el IRA ha aceptado entregar sus armas.

A las 14.25 llegó a la calle Ondarreta una representación del Gobierno, compuesta por el vicepresidente primero Mariano Rajoy; y los ministros de Interior, Jaime Mayor, y Cultura y Educación, Pilar del Castillo, y el secretario de Estado de Seguridad, Pedro Morenés, quienes entraron en el domicilio con el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. El funeral se oficiará a las 19.00 en la iglesia de San Martín de Andoain.

El refugio del 'comando Donosti'
G. G., San Sebastián
La localidad guipuzcoana de Andoain guarda una intensa e histórica relación con el comando Donosti, a varios de cuyos integrantes sirvió en más de una ocasión de puerto de refugio en las más comprometidas circunstancias, las de las persecuciones por parte de las fuerzas policiales.

Situado en un extremo de la comarca de San Sebastián, en vecindad con Hernani, Andoain fue el puerto franco donde recaló el k que en agosto de 1995 cometió el fallido atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Arnedo (La Rioja).

El grupo, mandado por Valentín Lasarte, pudo esconderse en esta localidad y sortear el cerco policial implantado por la Ertzaintza gracias a la ayuda de colaboradores legales, del pueblo, que, tras esconderlos, les facilitaron un coche para que huyeran a Ordizia.

Otro momento histórico de Andoain con el Donosti se produjo meses después. Un nuevo grupo, con Lasarte de nuevo al frente, tras asesinar al socialista Fernando Múgica en pleno centro de San Sebastián, inició otra aparatosa huida, con persecución incluida por una patrulla de la Ertzaintza, con la que mantuvo un tiroteo, y también se escondió en medio de las prisas en una zona segura de Andoain.

Una residencia de maestro adjudicada a la hermana de dos militantes de Herri Batasuna, que se encontraba vacía, sirvió esa vez de escondite al grupo asesino, que tuvo que permanecer en ella durante los veinte días que duró el intensísimo cerco policial.

Tampoco entonces fue posible la detención del comando, pero se le capturó más tarde.

Pintadas contra Lacalle en Andoain
Atacan con ‘cócteles molotov’ la casa de una militante del PP
AGENCIAS EL MUNDO  8 Mayo 2000 

SAN SEBASTIAN .- A la desolación del día después del último crimen de ETA se ha sumado esta mañana la aparición de pintadas insultantes contra la víctima en las calles de Andoain, además de nuevas acciones de violencia callejera. Ciertos sectores radicales han saludado así los recientes acontecimientos.

En las pintadas, localizadas en distintos puntos de la localidad guipuzcoana, se podía leer en euskera «José Luis de Lacalle, jódete». «Nosotros con ETA», «ETA, el pueblo está contigo» y «Espíritu de Ermua, asesinos».

La consternación por el asesinato de José Luis López de Lacalle tampoco ha traspasado el ánimo de los ejecutores de la violencia callejera, que esta noche han vuelto a atentar con ‘cócteles molotov’ contra la vivienda de una militante del Partido Popular en San Sebastián.

Según ha informado la Ertzaintza, el ataque, que no ha ocasionado daños materiales de importancia, se produjo minutos antes de la medianoche en la calle Zubiaurre, cuando un grupo de individuos arrojó cuatro o cinco artefactos que impactaron en el balcón y la fachada.

La Ertzaintza ha comunicado que sólo explosionaron algunos de los cócteles y que los daños causados fueron de escasa importancia y afectaron a la ventana y al balcón de la vivienda.

ETA cumple su amenaza y asesina al periodista José Luis López de Lacalle
Se sospecha que dos miembros del 'comando Donosti' lo ejecutaron mediante dos disparos en el tórax y luego lo remataron en el suelo
Aznar censuró a Anasagasti que calificase  a la prensa como "Brunete mediática"
López de Lacalle rechazó hacer de mediador con el PP en 1995
Tercera acción contra periodistas desde que ETA rompió la tregua
Un luchador por las libertades y la democracia

Las Claves
La Policía sospecha que miembros del 'comando Donosti' dispararon al periodista a las 9.45 horas
Los terroristas le vigilaban desde hacía tiempo y, aunque estaba amenazado, renunció a llevar escolta
Es el segundo periodista asesinado por la banda, tras la muerte de José María Portell en 1978

Los Datos
López de Lacalle fue fundador del Foro de Ermua, de IU/EB y de CC OO y colaboraba con El Mundo
El domicilio del periodista fue atacado por los radicales con cócteles molotov el 29 de febrero
En su último artículo afirmó que Ibarretxe debía adelantar las elecciones por mentir al Parlamento
Andoain/Madrid Estrella Digital  8 Mayo 2000

ETA cumplió ayer su amenaza contra los periodistas y ejecutó a José Luis López de Lacalle, colaborador del diario El Mundo, a la puerta de su casa en la localidad guipuzcoana de Andoain. Fuentes de la investigación apuntan a que fueron miembros del 'comando Donosti' quienes, a las 9.45 horas de la mañana de ayer, asesinaron al informador y miembro del Foro de Ermua mediante dos disparos en el tórax y luego lo remataron con dos tiros en la cabeza cuando yacía en el suelo.

El periodista y miembro del Foro de Ermua, de 62 años de edad, falleció pocos minutos después del atentado. Cuando llegaron a él las primeras asistencias aún estaba con vida, pero no se pudo hacer nada para salvarle, dadas las múltiples y graves heridas recibidas.

Fuentes de la investigación apuntan al 'comando Donosti' de ETA como los posibles autores del atentado, e indicaron que  los terroristas vigilaban desde hace algún tiempo a José Luis López de Lacalle, quien tenía "costumbres fijas" y sabían que los domingos siempre acudía a comprar la prensa y tomar un café.

López de Lacalle recibió inicialmente dos disparos en el tórax de un terrorista, que posteriormente le remató cuando yacía en el suelo, dándole otros dos tiros en la cabeza, informaron fuentes de la Ertzaintza.

Estas fuentes precisaron que en el atentado participaron dos individuos jóvenes, de unos 25 de años de edad, uno de los cuales fue el autor material de los disparos y el otro se dedicó a darle cobertura, al parecer, en las inmediaciones.

Las Fuerzas de Seguridad investigan el portal
donde se ocultó uno de los terroristas, un vehículo
sobre el que cayó en su huida y otros dos coches

Las investigaciones han determinado que el terrorista que efectuó los disparos estuvo en el portal del número 5 de la calle Ondarreta, contiguo al del inmueble en el que residía López de Lacalle, el del número 3, junto al cual fue asesinado. 

Por este motivo, la Ertzaintza precintó este portal tras el atentado, hasta que sus especialistas inspeccionaron detalladamente la dependencia.

La Policía Autónoma Vasca retiró de las inmediaciones del lugar del asesinato una furgoneta Citroen Berlingo, sobre la cual, al parecer, cayó el asesino en su huida, con el fin de inspeccionarlo a fondo, indicaron las citadas fuentes. 

Además de este vehículo, la Ertzaintza se llevó de una calle próxima otros dos, un Renault Clio y un Audi, ambos matriculados en Madrid, uno de ellos por estar denunciado por sustracción y el otro por haber levantado las sospechas policiales.

Esta muerte pasa a ser la segunda de un periodista a manos de ETA, ya que la banda asesinó en 1978 en la localidad vizcaína de Portugalete al director del desaparecido diario La Gaceta del Norte José María Portell.

Ayer siguió su rutina
José Luis López de Lacalle, miembro del Foro Ermua y colaborador del diario El Mundo, siguió ayer su rutina de todos los días. Isabel, propietaria de la librería Stop, situada a unos 500 metros del domicilio de la víctima, dijo que López de Lacalle iba todos los días temprano a comprar ocho periódicos: Deia, El Correo, El Diario Vasco, Gara, El País, El Mundo, ABC y La Razón.

Un individuo se acercó a López de Lacalle
al llegar a su portal y le disparó cuatro tiros
que le causaron la muerte instantes después

De la librería salió poco antes de las 9.30 y sobre esa hora llegó al otro lugar habitual, el bar, donde, según indicó el hijo del propietario, tomó un café y un cruasán mientras leía uno de los diarios. Después se dirigió hacia su domicilio, en la calle Ondarreta, y al llegar al portal una persona se le acercó y le disparó.

El cadáver de López de Lacalle fue trasladado al Instituto Anatómico Forense de Polloe en San Sebastián, donde se le realizó la autopsia. El traslado se produjo después de que el juez procediera al levantamiento del cadáver, a las 12.30 horas de ayer, casi tres horas después del atentado.

Ataque a su domicilio
Hace unos meses, el pasado 29 de febrero, López de Lacalle sufrió un atentado en su casa con cócteles molotov. Además, en recientes declaraciones reconocía que los políticos y los periodistas estaban bajo la amenaza terrorista.

ETA había anunciado meses atrás su intención de atentar contra los medios de comunicación y los periodistas. Hace unas semanas envió dos paquetes bomba: uno dirigido al periodista de RNE Carlos Herrera y otro al informador del diario La Razón Jesús María Zuloaga. En ambos casos los paquetes pudieron ser detectados y se evitó el atentado.

En su último artículo, López de Lacalle denunció
que Ibarretxe había mentido sobre sus pactos
con ETA y debería adelantar las elecciones vascas

López de Lacalle escribió su último artículo en El Mundo del País Vasco el pasado 2 de mayo bajo el título "El cambio necesario". En el mismo, De Lacalle apuntaba como imprescindible el adelanto de las elecciones vascas ante la "situación insostenible" de Ibarretxe al considerar que "ha mentido al Parlamento en repetidas ocasiones". Además, señalaba que el partido de Arzalluz "es necesario en la oposición, un magnífico lugar para colaborar y demostrar responsabilidad patriótica".

Guerras civiles
GABRIEL ALBIAC El Mundo  8 Mayo 2000

Está muerto. Se llamaba José Luis López de Lacalle. Era analista político. Escribía aquí. Yo no lo conocía.

No digamos, pensemos, que es absurdo. La lógica de un crimen es tan clara como la de un teorema matemático. Y en el crímen político todo es economía calculada de efectos en cadena. ETA vuela los puentes, es lo esencial. Los vuela, tras haber cerrado los muros de la fortaleza llamada nación en torno a los hombres del PNV. Aguarda el bombardeo, ahora, de respuesta: prueba de fuego en la cual dar temple unido a patriotismo y socialismo. Forja de una nación, se llama a eso. Guerra civil.

Guerra civil. Soberanismo, si se quiere. Mas no existe nación que no se invente a sí misma en la guerra.

¿Es posible escribir sin adejetivos (pero posible está ya adjetivando)? Es necesario. Lo es, cuando la muerte desteje luz y sombra en el proscenio. «Despacito y buena letra», dice el querido Umbral. Tiene razón; la tiene siempre su escritura. No adjetiva el Quevedo que se sabe «presentes sucesiones de difunto». Cualquier énfasis trueca la muerte en calderilla.

No, no hay asesinato absurdo. La especie humana mata. Antes que cualquier otra cosa, ésa es su esencia: la paciente aritmética del animal que caza. En un vértigo de elipsis prodigioso, Freud hizo de eso concepto: «Lo que ninguna alma humana desea no hace falta prohibirlo. Precisamente la acentuación del mandamiento No matarás nos ofrece la seguridad de que descendemos de una larguísima serie de generaciones de asesinos, que llevaban el placer de matar, como quizá aún nosotros mismos, en la masa de la sangre». Hacer de eso belleza -tal la literatura, desde Homero- es el mayor misterio de esta metódica especie de gorilas, sedienta de infinito y sangre, que es la nuestra.

Ni matan por irracionalidad, los hombres, ni es digno de nuestra inteligencia repetir que lo hacen por locura. ETA ha procedido a dar muerte a un analista político. ETA es una organización militar de fe nacionalista y socialista. Su lógica -su lógica- es la de la identidad. Sólo en lo idéntico se inventa una patria: esa red de mitologías que permite ser parte de un destino, cuando ya los moribundos dioses clásicos no tienen fuerza para embriagarnos con eso. Nacional y socialista fue la primitiva ideología prusiana que inventa ese monstruo del siglo XX: Alemania. Añoranza de la mítica pureza que la infección del otro me arrebata, Hitler cierra su lógica. Y Stalin. Gran política: matemática del exterminio.

Nacionalismo homicida es pleonasmo. Y socialismo sólo lo adjetiva. Como adjetiva ETA a PNV.

A Arzalluz
ERASMO El Mundo  8 Mayo 2000

Las cacerías contra la prensa, ya sea con difamación, amenaza, mordaza o espionaje, esencia fundante de todo despotismo. Mas cuando la muerte hace su aparición no es violencia ciega, sino intimidatorio diseño totalitario. Y nada es casual en los Señores del Guiñol. Derechos humanos de La Calle: la Vida y la Palabra. Dos por el precio de uno.

Disparos contra la memoria antifascista
Editorial El País  8 Mayo 2000

JOSÉ LUIS López de Lacalle, asesinado ayer por ETA, no era un periodista, pero lo han matado por escribir en los periódicos; para callarle. Memoria viviente de la resistencia contra la dictadura, cada artículo suyo venía a recordar la mentira, la vileza y la cobardía sobre la que ETA y sus amigos pretenden construir una patria a su medida.

Esta última víctima de ETA era conocida sobre todo por su pasado de luchador antifranquista: fue miembro del Partido Comunista de Euskadi en la clandestinidad y fundador de las Comisiones Obreras en Guipúzcoa, lo que le llevó a conocer la cárcel en los años sesenta. Como a otros muchos demócratas, la actividad terrorista de ETA y los abusos cometidos en nombre de la patria vasca le hicieron regresar a la política en los años ochenta: participó en las primeras movilizaciones contra los asesinatos, figuró como independiente en listas electorales, escribió en los periódicos, fue uno de los fundadores del Foro Ermua.

Nadie podrá alegar sorpresa, y menos que nadie los confidentes de ETA, en sentido amplio. Los terroristas raramente amenazan en vano. Antes de acabar con la vida de López de Lacalle habían intentado hacerlo con otros dos periodistas. La verosimilitud de un atentado de ETA contra los que escriben o hablan en contra de la organización terrorista en los medios de comunicación era un dato con el que cuentan quienes señalan. Quede clara constancia de ello. No es que quieran que ETA mate, pero sí que la posibilidad de que lo haga sirva para acallar las voces que les inquietan. Sobre todo, voces como la de José Luis López de Lacalle, de quien nadie podrá decir que fuera un enemigo de Euskadi, de la libertad o de la autonomía.

Resulta sarcástico que los portavoces del brazo político de ETA aleguen que su deseo es que "se respete la palabra y la decisión de Euskal Herria": su forma de respetar la palabra de los ciudadanos es liquidar a quien diga algo que cuestione lo que ETA ha decidido que deben decir los vascos.

El lehendakari reiteró ayer las palabras que suele decir en ocasiones similares, pero sigue sin entender que la actitud moral ante el terrorismo y la imposición no es algo que dependa de la entonación; que será difícil que EH se tome en serio sus exhortaciones a independizarse de ETA mientras él mismo sea incapaz de tomar distancias respecto a su partido y éste mantenga su apuesta de alianza nacionalista entre demócratas y quienes no lo son. La solidaridad con las víctimas, para ser real, implicaría el enfrentamiento con los verdugos, pero ésa es una frontera que no se traspasa si puede evitarse. Los sarcasmos sobre el Foro Ermua, el siniestro discurso de que ETA debía dejar de matar para no favorecer a Mayor Oreja -lo que equivale a decir que si no lo favoreciera sería legítimo hacerlo-, las apelaciones a la "violencia mediática", reiteradas ayer mismo, forman parte de la atmósfera ideológica que necesita ETA para subsistir. El hecho de que desprecie a los partidos nacionalistas democráticos no significa que no precise de su discurso para legitimarse a sus propios ojos como vanguardia de un vasto frente.

ETA ha roto la tregua alegando que los partidos nacionalistas no habían cumplido hasta el final su compromiso por la independencia; pero la represalia que toman por ello consiste en atacar a los no nacionalistas, y más concretamente, a quienes denuncian ese compromiso, como hizo López de Lacalle en su último artículo, publicado la semana pasada en El Mundo. La amenaza de ETA al PNV consiste en advertirle que hará caer sobre ellos la sangre de las víctimas, convirtiéndolos en sus cómplices. Pero los dirigentes nacionalistas no acaban de encontrar el valor suficiente para romper ese lazo siniestro.

Nadie puede ignorar que la temeraria apuesta nacionalista del pacto con ETA, prolongado en el de Lizarra, ha fracasado, y que cuanto antes lo reconozcan menos costosos serán sus efectos para el sistema democrático y para los propios partidos nacionalistas. Pero existe la impresión de que algunos dirigentes están dispuestos a buscar culpables donde sea antes de dar su brazo a torcer. El personaje más trágico de la última obra de Mario Vargas Llosa es un jefe militar implicado en la conjura contra el caudillo dominicano Rafael Leónidas Trujillo, que sabe perfectamente lo que debe hacer en cada momento, pero que, movido por una tendencia irrefrenable hacia el desastre, hace justamente lo contrario, atrayendo la desgracia hacia sí mismo y quienes habían confiado en él. Por cobardía. Sólo por cobardía.

Asesinado, por amar la libertad
César Alonso de los Ríos La Estrella  8 Mayo 2000

José Luis López de Lacalle amaba la libertad de expresión. A tal punto de no poder soportar las concepciones nacionalistas. La idea esencialista de nación, es decir, la creencia en una entidad superior a las personalidades individuales le resultaba insoportable. Este veterano luchador por las libertades, antiguo antifranquista, no podía aceptar el sacrificio de los derechos ciudadanos a la abstracción de un ente colectivo. Por esa razón, lo ha eliminado ETA.

López de Lacalle era un bastión defensivo de la población vasca no euskaldun, un defensor de la convivencia incondicional, un enemigo de la indepedencia del pais Vasco por cuanto ésta significa discriminación de las minorías étnicas y culturales. Por eso le han matado.

El asesinato de un demócrata
Por Germán Yanke El Mundo  8 Mayo 2000

Ayer, poco antes de las 10 de la mañana, José Luis López de Lacalle, columnista de EL MUNDO y fundador del Foro Ermua, fue asesinado por ETA ante la puerta de su casa en la localidad guipuzcoana de Andoain. El dolor, la indignación, la rabia y la consternación que se apoderaron de España entera aparecen también en las páginas de todos los periódicos.

Hoy tengo que relatar lo que los diarios dicen de un amigo muy querido y de su vil asesinato. No es fácil porque ninguna de las muchas palabras elogiosas que llenan hoy los periódicos consuela de la pérdida. Sin embargo, hay en ellos muchas verdades. La portada de EL MUNDO, por ejemplo: "ETA asesina al columnista López de Lacalle por defender la libertad en el País Vasco". Esa es la verdadera causa: los liberticidas sabían de su integridad, de su vida de militante por los derechos individuales -que le llevó a la cárcel durante el franquismo-, de su carácter de testigo comprometido de una barbarie contra la que se había empeñado en luchar. Por eso lo han asesinado.

EL MUNDO, que dedica un amplio espacio para resumir con algunos párrafos de sus artículos el iderario de José Luis López de Lacalle, publica un editorial con el título "ETA asesina una parte de todos nosotros". En él se lee que ETA ha elegido al periodista vasco porque su labor esa "particularmente certera y eficaz". "Certera, debido a que sabía de qué hablaba y ponía valiente y brillantemente los puntos sobre las íes cuando hacía falta. Y extremadamente eficaz, porque lo hacía además con el aval de una trayectoria antifascista que nadie podía discutir y que pagó con larga cárcel en los también difíciles -distintamente difíciles- tiempos del franquismo. El editorialista señala que la responsabilidad de este asesinato "recae, en el plano criminal, sobre los autores intelectuales y materiales del crimen". Pero no evita referirse al "papel desdichado" que está jungando el PNV: "No seremos nostros quienes le atribuyamos complicidad voluntaria alguna en el crimen. Pero el hecho es que sigue coqueteando con quienes ejercen la representación política legal de los asesinos".

La Razón dedica toda su portada al asesinato de nuestro compañero: "ETA asesina a un periodista vasco". Define a López de Lacalle como "un veterano luchador por las libertades, ex comunista, que fue encarcelado por Franco". "Mártires de la libertad" se titula el editorial de este periódico. "ETA responde a tiros para acallar esta palabra libre", dice el editorialista para referirse también al PNV: "¿Habrá alguien en el PNV capaz de hacer que se imponga el código ético de la democracia, o continuará este partido en el deslizamiento moral de la cobertura al abyecto terrorismo?".

"ETA cumple su amenaza" se titula el editorial de Diario 16, que se abre en la misma portada en la que puede leerse "ETA mata la libertad de expresión". El editorial asegura que "el atentado de ayer, que ha sacudido en primer lugar a la familia de José Luis López de Lacalle y a sus compañeros del diario EL MUNDO, pero el ataque mortal de ETA contra la libertad de expresión tiñe de luto a toda la prensa". No falta la mirada al PNV: "Puede que la intención del PNV de desactivar a los violentos fuera buena, pero debe admitir que la estrategia ha fracasado. Euskadi se encuentra en una difícil encrucijada y debe devolverse la palabra a los ciudadanos".

También la primera de ABC se llena con el asesinato etarra: "ETA asesina al fundador del Foro de Ermua y periodista José Luis López de Lacalle". "Un asesinato previsible" es el título del editorial: "El asesinato es también el portazo de ETA a la indisimulable esperanza de Ibarretxe sobre una nueva tregua que le permitiera formalizar otra vez -porque de hecho sigue vivo, con carencias simbólicas- el pacto de legislatura con EH. Está claro que los rumbos del nacionalismo, incluido el Gobierno de Vitoria, tienen las coordenadas que quiere ETA y cambian a gusto de la banda terrorista".

El País, a cinco columnas, dice en su primera plana que "ETA mata a un veterano antifranquista y fundador del Foro Ermua". "Miles de personas salen a la calle para expresar su total rechazo a la violencia". El editorialista recuerda la vida de José Luis López de Lacalle ("Disparos contra la memoria antifascista" se titula este texto) y asegura que "ETA ha roto la tregua alegando que los partidos nacionalistas no habían cumplido hasta el final su compromiso por la independencia; pero la represalia que toman por ello consiste en atacar a los no nacionalistas, y más concretamente a quienes denuncian ese compromiso, como hizo López de Lacalle en su último artículo, publicado la semana pasada en EL MUNDO".

EL MUNDO está lleno hoy también de muestras de solidaridad y condolencia, que van desde la del Rey hasta la de cientos de lectores pasando por los partidos políticos, los sindicatos y representantes de muchas instituciones. También la solidaridad y el apoyo de los colegas del periodismo. Pero también aparece, como en otros diarios, una nota tremenda, la noticia del comunicado de EH que asegura que "el conjunto de la clase política es responsable de no haber evitado la muerte" de López de Lacalle porque "somos parte de un conflicto político irresuelto que acarrea consecuencias dramáticas".

Añaden así ignominia al asesinato pero no acallarán ni el testamento cívico de José Luis López de Lacalle ni la voz de quienes, tras él, seguiremos defendiendo la libertad. german.yanke@el-mundo.es

El Foro Ermua nació a raíz del brutal asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua, el 12 de julio de 1997. En febrero del año siguiente, el Foro -que contaba con el apoyo de casi 300 personas, la mayoría del mundo de la cultura, la educación y el periodismo- presentó su Manifiesto por la Democracia de Euskadi. En él rechazaba "cualquier tipo de negociación con ETA" por estimar que no puede negociarse con "quien está armado". Asimismo, aseguraba que "no se puede consentir transacción o formalización de acuerdos sobre las exigencias a ETA". A su juicio, cualquier cesión al "chantaje de las armas significa la quiebra de la legitimidad democrática". El Foro se ha distinguido por sus ácidas críticas al PNV y a EA. "La condescendencia de los demócratas" con ETA y su entorno sólo ha reportado más "coacción y muerte", indicaba en su manifiesto, en el que acusaba a representantes políticos de haber "transigido con las exigencias de ese movimiento antidemocrático", en referencia a ETA, a la que tilda de "fascista".

A José Luis, dondequiera que estés
VIDAL DE NICOLÁS Y JOSÉ MARÍA PORTILLO El País  8 Mayo 2000

Dondequiera que estés, José Luis, no existen mugas, barreras nacionales y nacionalistas que impidan ahora que el viento te haga llegar nuestras palabras. Junto a ti, como te gustaría sin duda, a toda la sociedad. No diremos vasca, ni española o europea sino al conjunto de la ciudadanía. Sabemos que los terroristas de ETA te han asesinado hoy [por ayer], y sabemos por qué. De ello tenemos que hablar porque es lo esencial. Pero seguramente antes agitarías tus manos, moverías todo el cuerpo y girarías la mirada a un lado y a otro, como sueles hacer buscando a tus interlocutores y su atención, y nos dirías que nos dejáramos de tonterías y pensáramos mejor en lo que hay que hacer a partir de ahora. Tienes razón, también eso es lo esencial: cómo podemos seguir defendiendo la libertad y la democracia como valores supremos, anteriores y superiores al debate ideológico. Como tienes toda la razón, debemos incluir también este punto.

No pierdas cuidado, José Luis, porque hoy a la mañana, nada más conocer que te habían asesinado, nos hemos reunido en el Foro Ermua. Imagínate como ha ido todo, en cuanto al contexto. Perdona, ya sabemos que todo eso te parecerán pamplinas, pero, en fin, amigo, debes saber que la situación nos sobrecogía a todos. Nos hemos preguntado si era correcto y útil para nuestra lucha por la libertad y la democracia entender y dar a entender que te han asesinado por tu profesión periodística. Creemos que no, que es una sandez y una falsedad esa idea tan repetida de que objetivo de ETA somos todos, o que lo sois todos los periodistas. En absoluto: bien tranquilos pueden estar quienes desde la prensa nacionalista y filoterrorista hacen la pelota a ETA, utilizan su lenguaje político como el único correcto y apuntan hacia otros periodistas como posibles objetivos de los asesinos etarras. Menos aún aceptaríamos, tú tampoco, que constituías un objetivo facilón, o que eres una víctima "del contexto".

Querido José Luis, sabes y sabemos que te han asesinado por ser demócrata, defender la libertad y propagar tus ideas contrarias al fascismo de ETA y la imposición antidemocrática de la "construcción nacional" del nacionalismo; porque denunciabas cotidianamente que tras las propuestas de negociar con los terroristas se encontraba la liquidación de la libertad; porque señalabas, muy sensatamente, que ya existe un Parlamento donde debatir abiertamente sobre cualquier cuestión política, y que lo que en absoluto vale es tratar de imponernos la idea de que es necesario que todos nos hagamos nacionalistas para que cese el terrorismo. Es más, más de una vez dejaste bien claro dicho que por esa vía lo único que se podría conseguir es que se llegara a institucionalizar el poder de los terroristas. Y, como no aceptabas esto porque estabas comprometido con la defensa de la libertad y la democracia, te habías convertido en parte de lo que el nacionalismo vasco denomina "enemigos", y de lo que ETA quita de en medio con sus asesinatos.

Sí, amigo, te han asesinado porque eres demócrata, querías ser libre y no te daba la gana ser abertzale. Que nadie venga ahora diciendo que los "periodistas" o "todos" son objetivo de ETA: lo son sólo aquellos que, además, luchan por la libertad, los derechos y la democracia. Bien tranquilos pueden estar quienes están bajo el paraguas del pacto con ETA, el de Estella. La realidad es ésta: quienes no somos abertzales, quienes defendemos la libertad radical de ser políticamente lo que nos parezca oportuno y nos salimos de la fila, somos los objetivos del terrorismo ultranacionalista.

¿Y qué vais a hacer con este diagnóstico?, nos dirías. Sabemos, porque lo hemos hablado muchas veces contigo y escrito lo dejas, que se debe denunciar públicamente a quienes te han asesinado por estas razones y exigir su detención, que sean juzgados con todas las garantías de la justicia democrática y, en su caso, condenados. Cual Madres de Plaza de Mayo lucharemos contra la impunidad de los asesinos. Pero también sabemos que te gustaría desenmascarar a quienes han venido nutriendo de razones a tus asesinos, a ETA. No hace nada que el presidente del PNV se permitía señalar a los periodistas no "adictos a la causa" como "enemigos", del mismo modo que volvía a recordar lo incómodo que se encuentra con un país lleno de inmigrantes. Ahora dirá, y repetirán sus adláteres, que no quería esto, que pretendía lo otro, lo mismo que trata de convencernos de que pactó sólo unas líneas pero no otras con ETA. No hay excusa posible: del PNV y EA es la responsabilidad política. Porque han llegado a acuerdos con ETA, porque han arriesgado la libertad y derechos de gran parte de la ciudadanía vasca, porque ello tiene estas consecuencias. Vamos a exigir al lehendakari una respuesta al respecto y se la exigiremos a las demás instituciones públicas vascas en el caso muy probable de que el lehendakari y el Parlamento vasco nos haga el mismo caso que suele hacer a las víctimas de ETA: ninguno.

Por ello, convendrás con nosotros en que no podemos secundar las manifestaciones mínimas que ha convocado el lehendakari, bajo lemas engañosos como el "Bakea behar dugu" (Necesitamos la paz). ¡En absoluto!, dirías espantado tú mismo: lo que necesitamos es el final del terrorismo, que ETA no tenga ni la más mínima duda de que ningún poder público pactará ni negociará con ella. En efecto, ni necesitamos la paz, ni negociar con ETA, ni, mucho menos, que se nos engañe como a menores de edad ocultándonos negociaciones con terroristas. Lo que necesitamos urgentemente es que desaparezca ETA, el final del terrorismo. Si el lehendakari Ibarretxe no es capaz de entender que por encima de su ideología están tus derechos, debemos pedirle que dimita. Por ello no vamos a acudir a las concentraciones que ha convocado, tan rutinarias como insultantes. En vez de ello hemos convocado concentraciones hoy domingo a las 20 horas en otros puntos y una manifestación, contra ETA, el martes día 9 a las siete de la tarde en la Plaza del Sagrado Corazón de Bilbao. Porque en este país no hay tantos verdugos voluntarios como ETA cree, porque hay más demócratas como tú de los que quisiera el pacto de Estella, porque vamos a seguir luchando por la democracia y la libertad. Por ello vamos a convocar esta manifestación y continuaremos exigiendo frente al fascismo la democracia. Que no te quepa duda, José Luis, dondequiera que estés.
Vidal de Nicolás
es presidente del Foro Ermua y José María Portillo es portavoz.

Contra el asesinato, a las urnas
MARIO ONAINDIA El País  8 Mayo 2000

Todos los asesinatos de ETA son iguales sin duda, desde el punto de vista humano, para todos aquellos ciudadanos que consideren que la persona es un fin en sí mismo. Desde el punto de vista político, sin embargo, el de José Luis López de Lacalle tiene un significado especial porque aporta datos, por si a alguien le hacían falta, sobre la naturaleza fascista del proyecto impulsado por la organización terrorista.

De nada le ha servido a López de Lacalle haber sido un luchador antifranquista, haber militado en el PCE desde comienzos de los años 60, haber combatido en la defensa de los trabajadores vascos organizando Comisiones Obreras de Gipúzkoa, uno de los instrumentos más eficaces en la lucha contra la dictadura de Franco en Euskadi.

Es más, todos estos datos no eran sino agravantes para los terroristas de ETA porque sabían que, con esa biografía, no podrían acallar su voz más que disparándole cuatro tiros en la cabeza. Habían sido inútiles las amenazas y los cócteles mólotov porque solía responder con el mismo sarcasmo que antes a los guardias de Franco o a la Policía político-social de la dictadura.

Con este asesinato queda más claro aún que el combate en Euskadi es entre la democracia, que en cualquier país moderno se identifica con la Constitución, como el propio José Luis lo veía claramente, y los fascistas, que emplean los medios más eficaces y consecuentes para lograr sus objetivos totalitarios. Y da igual la bandera en la que oculten sus perversas intenciones o el nombre que den a la patria que dicen defender, porque el modelo político autoritario es el mismo, tanto el de Franco antaño como el de ETA ahora.

Y, como casi siempre, en medio están aquéllos que tratan de establecer diferencias escolásticas entre supuestos fines e ideas legítimos y medios cuestionables, cuyo discurso suena cada vez más sarcástico.

Lo primero que tenemos que hacer los demócratas vascos para impulsar una lucha eficaz para que la democracia venza al terrorismo es recuperar las instituciones democráticas, actualmente secuestradas por los amigos de los terroristas, para ponerlas al servicio de la ciudadanía. Para lo cual hay que exigir a Ibarretxe, que sólo es lehendakari por haber contado con los votos de Herri Batasuna en su investidura, que adelante la convocatoria de las elecciones, como pedía José Luis en su último artículo. Mario Onaindia es escritor.

Cuando el tiempo aprieta
ÁLVARO DELGADO-GAL El País  8 Mayo 2000

Dentro de unos días, cuando Arzalluz haya dejado de justificarse ante los medios, se nos olvidará el lío marxiano (por los hermanos Marx) de la primera parte contratante y de la segunda parte contratante, y retendremos sólo algunos datos elementales. Por ejemplo: que hubo una negociación formal entre PNV, EA y ETA, y ciertas cláusulas de reserva que la última no quiso suscribir. Que el acuerdo, o conato de acuerdo, además de formal, fue secreto, y que el interlocutor de los nacionalistas democráticos no fue EH sino la banda terrorista. Recordaremos igualmente que la primera ha demostrado ser un apéndice de la segunda, y que de aquí se sigue, de modo irrefutable, que es imposible estar aliados con EH sin entrar, automáticamente, en relaciones oblicuas con ETA. Sopesaremos todas estas cosas, miraremos con perplejidad el presente y futuro inmediato de las instituciones vascas, y no acertaremos a reprimir un sentimiento íntimo de simpatía hacia el eclipsado Ardanza.

En los papeles preparados por Ardanza, todo es distinto. Para empezar, el tono difiere dramáticamente del empleado en los documentos que se redactaron en los alrededores de Estella. Ardanza se expresa civilmente, y con la conciencia de que existen intereses que pueden diferir de los intereses nacionalistas. No discute la legitimidad del Estatuto, y coloca a ETA fuera de las deliberaciones que habrían de presidir el nacimiento de una futura nación euskérica. Estamos en otro mundo, que Ardanza propone sabiendo que las alternativas que se manejan dentro de su partido son las que después hemos visto que son. Por tanto, saludos afectuosos a Ardanza. Y, sin embargo, basta examinar con un poco de atención el documento fenecido para advertir de inmediato -y esto es interesante, pero descorazonador- que Ardanza no fue el hombre que pudo cambiar las cosas. Fue, más bien, el que ya no podía cambiarlas.

Lo digo por dos razones. En primer lugar, la fórmula de compromiso que sugiere a Madrid -que el Estado se persone en las deliberaciones por delegación, esto es, reposando en los partidos constitucionalistas, aunque dentro de un ámbito de decisión vasco- sólo podría ser aceptada por un Estado que previamente se hubiera rendido. Aunque parezca mentira, alguna gente en el conjunto de España, y muchísima en el País Vasco, sigue sin comprender que las constituciones son herramientas jurídicas para llegar a arreglos conforme al procedimiento que los economistas denominan "acción colectiva". Las constituciones subordinan la validez de los acuerdos a lo que determine una mayoría, y en ciertos casos (como el de la integridad territorial), una mayoría muy cualificada. El Estado no podría redefinir la mayoría nacional como una mayoría de "vascos" sin pulverizar la Constitución. De resultas, Ardanza estaba golpeando una puerta cerrada.

En segundo lugar, el documento Ardanza no era sólo irrealista hacia afuera, sino también hacia dentro. Disuelta o desactivada ETA, era inimaginable que el electorado no nacionalista fuese a entrar voluntariamente en una componenda que lo condenaba a la minoría civil para siempre. Siendo éste el balance, no queda más remedio que llegar a una conclusión ingratísima: la aventura de Estella, con su cauda conspirativa, señala un camino más coherente que el de Ardanza, por mucho que el plan Ardanza resulte, en términos morales, infinitamente superior. Y cuando digo "coherente" quiero decir, claro está, coherente desde un punto de vista nacionalista: desde aquél que coloca por encima de cualquier otra consideración la emancipación nacional de la patria irredenta.

¿Se agotan aquí, tristemente, los caminos? No. Un partido nacionalista, pero más democrático que nacionalista, está en grado todavía de hacer otra cosa: aguardar a que el cuerpo social madure en la dirección que él anhela. Cuando una mayoría muy grande de la población es partidaria de la independencia, no hay constitución que aguante. Este camino, sin embargo, es incierto, y nada garantiza que haga un extraño y vuelva atrás, o se desvíe hacia cualquier lado. Los nacionalistas han empezado a pensar que el tiempo opera en su contra, y les ha tentado el atajo. Seguimos oyendo, todos los días, que hay que salvar al PNV de sí mismo. Yo no sé muy bien cómo podría hacerse esto sin su consentimiento.

¿Nacionalismo o democracia?
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País  8 Mayo 2000

Tras los fallidos atentados contra el periodista Carlos Herrera primero y Zuloaga, de La Razón, después, dando la bienvenida al nuevo Gobierno y preparado por el culebrón del Gara, a la tercera ha caído José Luis López de Lacalle, columnista de El Mundo, 62 años, casado, dos hijos, comunista y encarcelado por Franco cinco años por defender la libertad de sus asesinos, fundador de IU vasca, miembro del Foro Ermua, al parecer amigo de Jaime Mayor, y de nuevo cuatro tiros por la espalda, mañana de domingo, las frases redichas y los pasamontañas de la policía vasca, una sábana blanca cubriendo un cadáver sobre la acera, la sangre roja derramada, el pasmo, el espanto, la impotencia y las declaraciones de condena, todo ya demasiado sabido, un dejá vu que regresa una y otra vez compulsivamente como una pesadilla, mucho más que una realidad, hiperreal, primordial, recordando que la verdad de los vascos es eso, la posibilidad perpetua del asesinato como último argumento.

Primero fueron policías, algunos conocidos torturadores; luego fueron políticos; ahora periodistas, un tiro contra la libertad de expresión, bombas contra la opinión pública, no hablar, no pensar. De Lacalle era sin duda un miembro de la Brunete mediática a la que aludía Anasagasti, y también una vez más emerge la terrible complicidad objetiva de los discursos nacionalistas con la violencia asesina, más allá de acuerdos, firmas o rúbricas, más allá incluso de intenciones. Nada es inocente en el complejo avispero vasco y las palabras son lanzas antes de haberse pronunciado. Pues las frases que en boca de los políticos son de simple confrontación se transforman en insultos y carteles amenazadores en Lacalle que posteriormente triangulan el tiro de las pistolas. Terrible responsabilidad moral la de quienes dicen hablar en nombre de los electores nacionalistas.

De modo que la pregunta del presidente que noqueó a Anasagasti en el Congreso debemos pronunciarla hoy con más fuerza: ¿qué tiene que pasar para que el PNV se aparte de Lizarra y rompa con HB, para que sus militantes pidan cuentas a quienes les han llevado a esta complicidad insensata, para que el Gobierno vasco busque las alianzas que necesita para gobernar entre las víctimas y no entre los asesinos, para que Ibarretxe movilice a la policía vasca y a toda la sociedad para defender sus ciudadanos contra todo tipo de violencia? ¿Qué nuevo asesinato, cuantos más horrores para que el nacionalismo vasco se encamine de nuevo por la senda democrática y aleje definitivamente toda sombra de complicidad con el fascismo? Pues es lo cierto que, movilizado por el discurso cada vez más reaccionario, agresivo, violento, chulesco, amenazante y racista de Arzalluz, el nacionalismo vasco pagando el precio de su destrucción democrática bajo el señuelo ingenuo de atraer a los abertzales a la democracia. Evidentemente está ocurriendo lo contrario y ETA está ganando la batalla interna por el control del nacionalismo, que, olvidando su historia, regresa a los orígenes sabinianos, sólo que con las pistolas al cinto.

Y no podía ser de otro modo si se aceptan sus reglas del juego, a saber, que no hay solución democrática a la construcción de la soberanía vasca y que, por tanto, sin el terror no hay Estado vasco posible. Pues desgraciadamente lo que la acción de ETA provoca es un dilema insoslayable: o bien se sigue la senda de las mayorías y entonces el nacionalismo soberanista carece de futuro, o bien se afirma el soberanismo pero entonces se debe renunciar a los procedimientos democráticos. El dilema que ETA provoca una y otra vez es pues nacionalismo o democracia, pues el fin no es alcanzable por esos medios. Lo grave es que Arzalluz (arrastrando al PNV, al lendakari y a su Gobierno) ha aceptado esa lógica y está dispuesto a pacificar Euskadi haciendo oídos sordos a los tiros. Pero, ¿qué Estado sería ése, bajo el control de los pistoleros, con una "economía identitaria", embarcado en la construcción del "ser para decidir" y otras lindezas? Por supuesto, el pensamiento identitario no admite dudas en su lógica implacable y el fin justifica todos los medios, aunque sea queriendo ignorar el otro cuerno del dilema: que esos medios violentos hacen también imposible el fin perseguido de una "verdadera" libertad para los vascos.

En estas ocasiones uno no puede dejar de pensar que casi todo es disparate y delirio salvo los muertos. e.lamo@iuog.fog.es

JOSE LUIS LÓPEZ DE LACALLE: "Memoria histórica del antifascismo vasco"
L. R. AIZPEOLEA / A.GUENAGA El País 8 Mayo 2000

"A nosotros no nos para nadie". Son las últimas palabras, de hace tan sólo una semana, que María Teresa Castells recuerda de José Luis López de Lacalle, pronunciadas en la donostiarra Librería Lagun, la más castigada de Euskadi por los atentados del fanatismo nacionalista. López de Lacalle expresaba de ese modo a la propietaria de Lagun, un símbolo vasco de la resistencia al franquismo y a ETA, su voluntad de no ceder a los ataques vandálicos sufridos en su domicilio de Andoain (Guipúzcoa), hace unas semanas.

Y ese "nosotros" era un reflejo de la complicidad entre viejos resistentes antifascistas porque López de Lacalle era, ante todo y sobre todo, una parte de la "memoria histórica de la resistencia al fascismo en Euskadi, del fascismo de Franco, primero, y del de ETA, después", como señala José Mari Múgica, amigo de López de Lacalle e hijo de Fernando Múgica Herzog, el dirigente socialista guipuzcoano asesinado también por la banda, hace cinco años.

La misma generación antifranquista que el pasado 20 de febrero salía de nuevo a la calle para tomar las alamedas de San Sebastián, acompañada por una multitud, y espoleada al grito de "Basta Ya", porque entiende que el fascismo de hoy en Euskadi se llama ETA. En primera fila de esa manifestación, la fotografía de todo un grito contra el nuevo enemigo de la libertad: Agustín Ibarrola -cuyo caserío había sido atacado ese mismo día-, Enrique Múgica... y José Luis. Todos unidos, como hace 40 años, y ahora bajo la bandera del Foro Ermua, la plataforma que ha censurado la complicidad entre el nacionalismo y ETA sellada con la firma del Pacto de Lizarra.

María Teresa Castells ni se acuerda cuando conoció a López de Lacalle. Allá a finales de los cincuenta, a sus veinte años, ya frecuentaba las tertulias políticas donostiarras que se celebraban en torno a Luis Martín Santos, en su triple versión de brillante psiquiatra, novelista y dirigente del PSOE en la clandestinidad. Allí conoció también a Enrique Múgica, con el que compartió militancia en el Partido Comunista de España (PCE). Era la época en que toda la izquierda guipuzcoana organizada, socialistas y comunistas, cabían en una tertulia.

López de Lacalle fue víctima de la misma represión franquista que se llevó por delante a Múgica, a Castells, a su esposo José Ramón Recalde, a Martín Santos... A López de Lacalle, Cus cús como se le conocía familiarmente, su militancia en el PCE y Comisiones Obreras de Guipúzcoa, de la que fue fundador, le costó cinco años de cárcel en el penal de Soria, dónde compartió con Marcelino Camacho una huelga de hambre. Paradojas de la vida, José Luis fue torturado salvajemente por Melitón Manzanas, jefe de la policía política del franquismo en San Sebastián, asesinado, a su vez, por ETA en agosto de 1968.

"José Luis era un militante vital y generoso", señala Jorge Letamendia, compañero de filas en el PCE. No era un político al uso. Nunca vivió de ella, sino de su profesión de jefe administrativo en la empresa metalúrgica Egurola de Tolosa (Guipúzcoa) hasta su jubilación hace tres años.

Su máximo cargo fue acceder al Comité Central del PCE en Euskadi, partido que abandonó a comienzos de los ochenta, tras la crisis que terminó con la salida de Santiago Carrillo. "En los debates internos del PCE mantenía siempre posiciones muy democráticas. Pertenecía a esa especie de demócrata que había elegido la militancia en el PCE no por su doctrina sino por ser el partido más organizado contra el fascismo", dice Carmen Luengo, ex militante comunista.

Fue precisamente esa pasión por la libertad la que hizo que José Luis, una vez reconquistada la democracia en España, volviera sus baterías políticas contra el peligro que para Euskadi representaba y representa la amenaza etarra. Durante muchos años compaginó su militancia en el PCE con sus artículos de opinión como colaborador en el rotativo donostiarra El Diario Vasco.

Tras su salida del PCE entró, ya en los ochenta, en la órbita del PSOE, junto con su amigo donostiarra Ignacio Latierro, ex secretario general del PCE de Euskadi. Aunque nunca tuvo carné del partido, se presentó en las listas socialistas al Senado como independiente en 1989. Su personalidad profundamente democrática le permitía tener amigos en la izquierda, la derecha y el nacionalismo. "Pasear por la calle sin detenerse a saludar a la gente era un imposible. Estaba encantado incluso cuando hablaba o discutía con la gente de Euskal Herritarrok", asegura uno de sus acompañantes.

Uno de sus amigos era Joseba Arregi, de Andoain como él, militante del PNV, ex portavoz del Gobierno vasco y ahora crítico con la línea de "frente nacionalista" adoptada por Xabier Arzalluz. Pero sus amistades llegaban hasta el PP con gente como Pilar del Castillo, Guillermo Cortázar o el ministro del Interior, el donostiarra Jaime Mayor. "Con Jaime le unía una estrecha amistad desde los primeros años de la transición. José Luis había escrito una colaboración en El Diario Vasco en mayo de 1978, cuando las Brigadas Rojas asesinaron al dirigente democristiano Aldo Moro. Pocos días después, Mayor le envió una carta suscribiendo buena parte de las reflexiones contenidas en el artículo", recuerda un amigo. Así nació una amistad que cultivaron estos años y que se explica en la Euskadi actual, donde la complicidad entre demócratas, igual que en la época del franquismo, está muy por encima de las diferencias partidistas.

Con todos ellos José Luis compartía desde hace años su preocupación por la fascistización de ETA, y, últimamente, por la deriva soberanista y los acuerdos del PNV con la banda. Para ello utilizaba su militancia activa en el Foro Ermua y la tribuna que le permitían los periódicos en que colaboraba: durante muchos años El Diario Vasco y recientemente El Mundo del País Vasco.

Horas después de que los chavales de la gasolina lanzasen varios cócteles mólotov contra su vivienda el 28 de febrero hizo un balance apresurado de una vida dedicada a luchar contra "los fascismos" y en defensa de las libertades: "Tengo 62 años y comencé mi actividad política muy joven en la clandestinidad total. No he vivido nunca en un régimen de libertad". Ese mismo día recibió una llamada telefónica del lehendakari, Juan José Ibarretxe, de ánimo y de apoyo. José Luis, educado como siempre, agradeció su interés, pero no perdió oportunidad para responder a Ibarretxe: "La situación en Euskadi es insostenible. No puede seguir apoyándose en un partido como EH, que no condena actos de violencia como estos".

Le asesinaron cuando acudía a cumplir su rito diario con una de sus pasiones: la lectura de prensa. "Todos los días devoraba ocho periódicos y nosotros obteníamos así un resumen de la actualidad impagable", asegura uno de sus amigos que le acompañaba en los paseos por la ciudad o a orillas de la playa de Zarautz, localidad donde tenía un pisito y una cuadrilla de amigos.

José Luis tenía ahora todo el tiempo del mundo, después de haberse jubilado. Se había convertido en un enamorado del Camino de Santiago, tema del que leía con fruición. "El año pasado ya hizo algunas etapas y se estaba preparando para seguir este año".

También le dedicaba más atención a una familia de la que se sentía muy orgulloso. Su esposa Mari Paz, una de las primeras andereños en la ikastola de Andoain, que tuvo entre sus 27 alumnos a Joseba Egibar, hoy portavoz del PNV. Su hija mayor, estudiante de psiquiatría en Ginebra y su hijo, Alain, un joven de 21 años estudiante de Derecho. "Estaba orgullosísimo de todos ellos, hace poco se refería con alegría a los poemas que Alain había traducido al euskera", comenta un amigo.

Cuando atacaron su domicilio, su esposa "lo pasó fatal", pero José Luis no quería saber nada de escoltas. "Pese a los carteles y los cócteles no se veía como un objetivo de estos desalmados y decía que a su edad ya nadie le iba a echar de su país", rememora un amigo.

ETA abre "el melón"de la prensa
Lorenzo Contreras La Estrella 8 Mayo 2000

ETA ha consumado su amenaza de perseguir de muerte a los periodistas o a quienes participan de esa actividad. El asesinato de José Luis López de Lacalle, colaborador de El Mundo, enlaza con una antigua ocasión -hace más de veinte años- en que la víctima fue otro periodista, José María Portell, director de La Hoja del Lunes de Bilbao. Portell, sin embargo, fue asesinado menos por su condición de periodista que por sus contactos con el ministerio del Interior, en unos tiempos en que la banda se encontraba en plena escisión y la víctima era poseedora de claves sobre lo que ocurría. A López de Lacalle le han matado por lo que escribía y no por otros motivos.

Como otras veces, ETA ha elegido un fin de semana para movilizar a sus "legales" en Andoain. El autor o los autores del crimen, para dar cuenta del periodista han necesitado cuatro disparos. Un tranquilo y lluvioso domingo ha sido el día de la oportunidad. Posiblemente el único testigo de la atrocidad fue el paraguas de la víctima, que quedó abierto junto a su cadáver.

López de Lacalle se había distinguido socialmente por sus caricias a ETA, en público y en el marco del Foro Ermua, que contribuyó a crear. Pasó en su día por las cárceles franquistas y nunca habría sospechado entonces que otros fascistas le arrebatarían la vida en nombre y al amparo de las libertades que el mismo contribuyó a forjar.

Los esbirros de ETA han ido a lo fácil. El colaborador de prensa no se hacía proteger. Su muerte demuestra que nadie en la profesión queda libre de correr la misma suerte. Los periodistas tendrán que autoprotegerse como puedan. Sus filas profesionales están abiertas a la elección de los asesinos. No pertenecen a un cuerpo de elite y, salvo que estén contraseñados por amenazas, se incorporan desde hoy a la macabra lotería del terror. La fortuna, en lo sucesivo, será estar en peligro patente por aviso de la banda. Porque eso significará en alguna medida protección por razones de notoriedad. ETA tendrá para su comodidad donde escoger.

Como de costumbre, tras el crimen ha venido el rosario de condenas, aunque no siempre. Cuando a Joseba Eguibar, portavoz del PNV, le ha tocado hacerlo, su palabras han sido puramente descriptivas del hecho e incluso explicativas. Como si ese análisis fuera necesario ha dicho que la banda golpea en los puntos sensibles de la sociedad. Bueno, pues habrá que llamarla de alguna manera, y no simplemente, como Eguibar hace, "la organización".

Sería ingenuo comentar ahora que el asesinato del colaborador de El Mundo le complica la situación a los partidos -PNV en primer lugar- que han suscrito los acuerdos de Lizarra/Estella. Ya nada previsible altera las condiciones en que las formaciones nacionalistas se mueven. La pregunta que Aznar espetó a Iñaki Anasagasti durante la sesión parlamentaria de su investidura sigue y seguirá en pie sin respuesta: ¿Qué hace falta para romper relaciones con los firmantes filoetarras de Estella?.

Lejos de ello, en vísperas del crimen de Andoain, PNV, EA, EH, y AB (Abertzaleen Batasuna, de Francia) se reunieron secretamente en el País Vasco Francés para gestar una política de nueva confianza que ayude a conseguir el objetivo de la independencia. Al PNV y compañía les ha agradado que los acólitos de ETA hayan matizado en esta nueva ocasión los papeles maximalistas de "Gara", el órgano oficioso de la banda, donde se ponía de relieve el incumplimiento de los compromisos de Lizarra/Estella por parte de los nacionalistas. Ahora, en la reunión secreta, ha llegado a los "socios" indignados el mensaje de que hay que hacer frente a una nueva "transición política" con todas las pausas y respiros que sean necesarios, incluida la conveniencia de seguir participando en las elecciones generales y en las instituciones previstas y legitimadas por el Estatuto de Guernika.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DE LACALLE • MIEMBRO DEL FORO ERMUA ASESINADO POR ETA: "Los franquistas me encarcelaron, pero jamás atacaron a mi familia"
Madrid EL País 8 Mayo 2000

José Luis López de Lacalle, asesinado ayer por ETA, sufrió el 28 de febrero un ataque con cócteles mólotov contra su casa de Andoain (Guipúzcoa). Un grupo de encapuchados lanzó cuatro bombas incendiarias contra su vivienda, provocando un pequeño incendio. El mismo día del ataque, concedió su última entrevista a El Diario Vasco, publicada al día siguiente, en la que relataba cómo vivió la agresión, reflexionaba sobre la situación que se vive en Euskadi y decía que, pese al ataque y el hostigamiento que sufría por parte de jóvenes radicales, estaba dispuesto a seguir llevando "una vida normal". Éste es el texto íntegro de la entrevista:

Un grupo de encapuchados atacó con cócteles molotov el domingo por la noche el domicilio del vecino de Andoain José Luis López de Lacalle, miembro del Foro Ermua y articulista. Veterano militante antifranquista, López de Lacalle, de 62 años, denuncia la "impunidad" que rodea a los grupos que practican la kale borroka, al tiempo que hace un llamamiento a la cordura ante esta clase de intimidaciones. "Los franquistas me encarcelaron cinco años, pero jamás se atrevieron a agredir a mi familia", afirma.

Pregunta. ¿Cómo fue el ataque?

Respuesta. Los encapuchados lanzaron cuatro cócteles contra el balcón a las once de la noche, aunque al estar las persianas bajadas no entraron dentro de la casa. No había nadie en casa y cuando llegué estaba ardiendo el balcón, el toldo y la mesa, pero, afortunadamente, no afectó a la instalación de gas. Un artefacto cayó al balcón de un vecino, causándole algunos destrozos, pero podía haber ardido todo. Mi mujer sufrió un ataque de nervios, aunque ya se encuentra bien.

¿Temía que pudiera producirse un ataque de este tipo contra su persona?

No me ha sorprendido porque a todos los que participamos de alguna manera en la vida pública nos puede suceder una cosa de éstas. En agosto habían aparecido algunas pintadas en mi contra y también he figurado en algunos pasquines amenazantes. Todos estamos amenazados, incluso la señora que, aunque no es objetivo directo del atentado, va por Lacalle y pasa al lado de un coche bomba. Los políticos de primera están amenazados para asustar al resto. Los de segunda para que presionen a los de primera, y los periodistas o articulistas, como yo, porque nos acusan de manipulación. Nadie está libre.

¿Qué se le pasa a uno por la cabeza cuando sufre las consecuencias de la violencia callejera?

Una sensación de cabreo, aunque no se me pasa por la cabeza perder los estribos y hacer afirmaciones que se pueden volver en tu contra. No hay que aplicar la ley del Talión. Si un sector transgrede la legalidad están los poderes públicos para garantizar la seguridad y si no lo hacen les castigarán en las urnas.

¿Cómo definiría la situación en la que viven determinados sectores no nacionalistas?

Es complicada, aunque es reconfortante que la gente salga a Lacalle a protestar, como el sábado en Vitoria, porque un sector importante de la población siente la carencia de libertad.

En la zona de Andoain los no nacionalistas están especialmente acosados.

En los últimos dos años se vienen sucediendo estos actos, sobre todo contra el PSE-EE. Lo que sí hay que criticar es que los autores parece que gozan de patente de corso y así se lo he dicho a la Ertzaintza cuando he ido a presentar denuncia por lo ocurrido. Saben quiénes son y no se hace nada para evitarlo. ¿Qué desamparo es éste? En el pueblo se sabe más o menos quiénes son, pero el gran drama de este país es que la gente sabe quiénes son los responsables pero por temor a represalias no se atreven a decirlo.

¿Ha recibido muchas muestras de solidaridad y apoyo?

Sí, y, entre ellas, las del consejero vasco de Interior, Javier Balza, y de otros responsables del Gobierno Vasco. También en Andoain, donde la gente es muy solidaria y la gran mayoría de los nacionalistas son muy buena gente. El problema es que un grupo de dirigentes nacionalistas está ensuciando a esas gentes y poniendo en la picota a su propio partido.

¿Qué les diría a los agresores?

Que son tan fascistas como los franquistas. Los franquistas me encarcelaron cinco años pero jamás se atrevieron a agredir a mi familia y a mi casa.

¿Cuándo se va a acabar con esta espiral de acoso?

Si los dirigentes nacionalistas reconocieran los errores que están cometiendo se darían condiciones para avanzar hacia una solución. Por otro lado, estoy convencido de que vamos a duplicar y triplicar el número de personas que él sábado nos manifestamos en Vitoria por la libertad y contra la violencia.

¿Va a adoptar algún tipo de cautela tras lo sucedido?

Voy a seguir llevando una vida normal y, además, tengo todo el apoyo por parte de mi familia.

El miembro del Foro Ermua José Luis López de Lacalle publicó el pasado 2 de mayo, en la edición de , el que a la postre se ha convertido en su último artículo de opinión. El autor reclamaba un cambio en la dirección del Gobierno de Euskadi, tras la publicación en el diario radical Gara de las actas levantadas por ETA sobre las reuniones de la banda terrorista con interlocutores del Gobierno y con representantes del Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna. López de Lacalle exigía en su texto, que se reproduce a continuación íntegramente, que el lehendakari Juan José Ibarretxe convocase elecciones anticipadas y que ETA renunciase a matar.

El cambio necesario
JOSÉ LUIS LÓPEZ DE LACALLE El Mundo en el País Vasco 2 Mayo 2000 El País 8 May 2000


Ibarretxe ha ofrecido una oportunidad al nuevo Gobierno central. Dice que él no la tuvo. Incierto. Se la dio el PSE, al que entretuvo durante semanas. Su partido, como lo confirman los papeles publicados por Gara, tenía firmado con ETA romper con las "fuerzas españolistas". El lehendakari ha mentido al Parlamento en repetidas ocasiones. En su día, le reveló a Aznar, según Anasagasti, la fórmula para solucionar en diez minutos el problema vasco. Sencillamente abriendo cauce a la autodeterminación. El quid de la cuestión. La exigencia de Estella. El primer pago del precio de la paz, de un proceso que nunca existió. Miente, pues, cuando dice que separa la erradicación del terrorismo con la normalización. El domingo de Pascua dijo que, para efectos de la continuidad de su Gobierno, no le harían doblegarse ni las bombas ni el frente españolista. En democracia, el poder no es cuestión de voluntad, es cuestión de votos, de apoyos. De apoyos lícitos. No de los que provengan de formaciones preservadoras de la impunidad del terrorismo. Con las detenciones de Hernani se ha evidenciado que EH no lo condena porque lo protege. La situación de Ibarretxe es insostenible. Se impone adelantar las elecciones.

Los papeles de Gara expresan, por su contenido y por el hecho de su publicación, la descomposición del frente nacionalista. Ponen al descubierto las maniobras y falsedades de los dirigentes del nacionalismo institucional. Un cúmulo de mentiras. EA es partidaria de la confrontación política "más fuerte posible". La recomposición del frente nacionalista sólo puede tener continuidad con la renuncia de ETA al terrorismo. No haría falta publicar las bases del acuerdo. Están cantadas.

Se hace necesario un cambio en la dirección política del País Vasco. Algo perfectamente normal en democracia. Pero la cosa levanta las iras de los instalados en el poder. Personas de distinto signo político sostienen que el PNV es imprescindible. Temen que la formación jeltzale extremaría su radicalización en caso de ser desplazada del poder. Al PNV le atan muchos intereses. Lo suyo es buscar la forma de hacer el viaje con ETA en coche cama. No el echarse al monte con todas las consecuencias. Le aterra perder el poder. Quienes sostienen la tesis de su imprescindibilidad, como fuerza gobernante, hablan en clave de pasado, de una fase política, ya superada, en la cual era contemplado como el valladar contra el ultranacionalismo y se le consentían, en términos políticos, todos sus desvaríos. Han cambiado las cosas. El nacionalismo defrauda, aquende y allende del Ebro. Arzalluz arrastra a mucha gente al cobijo de la Constitución. Se anhela el cambio. Los que creyeron que el grado de amedrentamiento era el suficiente para imponer sus proyectos se han equivocado. Han estimulado la rebeldía. El constitucionalismo es una fuerza real en las urnas, en la cultura y en Lacalle. El PNV es necesario en la oposición, un magnífico lugar para colaborar y demostrar responsabilidad patriótica.

Crimen en la Brunete
Pablo Sebastián La Estrella 8 Mayo 2000

El último crimen de ETA cumplió los objetivos que la banda terrorista se había impuesto no hace muchos meses, cuando tras la ruptura de la tregua acusó a periodistas y medios de interferir en sus proyectos. La banda aseguró, en uno de sus macabros comunicados, que actuaría en este sector, y tras varios atentados con cócteles Molotov contra las viviendas de periodistas y las redacciones de distintos medios y el envío de paquetes bomba, afortunadamente detectados y fallidos, al final ETA seleccionó una víctima y la asesinó.
Objetivos de ETA que eran: matar un periodista y amenazar la libertad de expresión; seleccionar una víctima que desde la izquierda y el Foro de Ermua representaba una crítica creíble contra la violencia, y estrechar el cerco o sus lazos con el PNV con esta firma sangrienta, en un momento en el que el PNV está lanzado en una campaña contra los medios de comunicación y periodistas que critican su relación con el entorno político de la banda, cuando no hay tregua sino crímenes como el de ayer.
ETA seleccionó, con intención, a José Luis López de Lacalle, colaborador del diario El Mundo y miembro del Foro de Ermua. Un periodista que ya fue atacado en su domicilio el pasado día 29 de febrero con cócteles Molotov (por cierto, ¿cómo carecía este periodista de la adecuada protección, después del atentado sufrido y de los pasquines lanzados contra él?).   Un analista que había sido, tiempo atrás, miembro del PCE, fundador en el País Vasco de Izquierda Unida y prisionero del franquismo durante cinco años en la cárcel de Carabanchel.
Un "currículum", de José Luis López de Lacalle, limpio de un luchador por la libertad y la democracia que ejemplarizaba la libertad de expresión con su labor de opinión y representaba, desde unas posiciones ideológicas de la izquierda, una firme y decidida lucha contra la banda terrorista y todo el proceso de violencia con el que se quiere imponer en el País Vasco un sistema de poder autoritario y demencial, al margen del Estado de Derecho y de la voluntad de los ciudadanos.
Con la elección de esta víctima ETA ha querido decir que va a por todos, sin distinción alguna, y de manera especial contra quienes de posiciones progresistas y democráticas denuncian la violencia, quizá porque tienen credibilidad en el entorno político y social de la banda y por ello creen que hay que silenciarlos.
D
e la misma manera que, con este crimen, ETA puso en marcha su ruleta rusa del terror ante todos los medios y profesionales de la comunicación que, directa o indirectamente, están relacionados con el mundo de la información que sigue los asuntos del País Vasco, o con los que tienen la notoriedad suficiente para provocar amplio eco informativo, o gozan de la indefensión o falta de protección policial, para que el crimen sea "casi perfecto" y sin el menor riesgo para los autores.
ETA ha cumplido con este crimen sus objetivos: amedrentar a la prensa, matar a un destacado y progresista miembro del Foro de Ermua por la paz en el País Vasco y abrazar con el beso de la muerte a los socios de su entorno (HB-EH), que no son otros que el PNV y EA, aprovechando el preciso momento en el que destacados líderes del nacionalismo moderado se han lanzado a proferir un reguero de descalificaciones personales y generalizadas contra los medios y periodistas que han criticado y critican, con mayor o menor dureza, su decisión de permanecer en el Pacto de Estella con el entorno de ETA, a pesar de la ruptura de la tregua y los últimos atentados.
Se recordarán ahora las últimas declaraciones y escritos, muy desafortunados, de Xavier Arzalluz sobre la "Brunete mediática". Comentarios, desde luego, realizados desde el ejercicio de su libertad de expresión, pero comentarios que ETA no ha dudado en asumir como propios para reforzar el abrazo del oso con el que cada día estrecha su cerco al PNV. Esas mismas palabras de Arzalluz o similares, en réplica o respuesta a otras críticas, mientras el PNV estaba del lado de los demócratas de manera inequívoca, no tendrían hoy la lectura que tienen o van a tener para un amplio sector de la sociedad española y
vasca en particular.
Baste recordar la agria polémica que José María Aznar e Iñaki Anasagasti mantuvieron durante el reciente debate de la investidura del presidente del Gobierno, en el que Aznar preguntó a Anasagasti, en referencia a paquetes bomba recibidos por los periodistas Herrera y Zuloaga, sobre la esperada víctima de la "Brunete mediática" a la que hizo, días atrás, alusión Arzalluz en un artículo.
La relación de PNV y EA con EH-HB y del Gobierno de Ibarretxe con los mismos, a pesar de las presuntas y falsas suspensiones o rupturas de relaciones, han llegado con este atentado contra la vida y la libertad al final de su recorrido político. Y ahora toca a los altos dirigentes de las instituciones vascas (con la inestabilidad del Gobierno vasco y la posibilidad de elecciones anticipadas como telón de fondo) y a los partidos nacionalistas PNV y EA actuar en consecuencia y clarificar para siempre su posición.
Aunque las palabras del lehendakari Ibarretxe tras el atentado de ETA, cuando afirmó que "violencia y democracia son incompatibles", no aportan nada nuevo sino confusión. No en vano su Gobierno se mantiene en pie con ayuda y el apoyo de EH-HB, la coalición que culpó a los gobiernos de España y Francia del crimen. Ibarretxe va a tener que dar algún paso al frente o cien hacia atrás.
Como corresponde a las fuerzas democráticas españolistas el ofrecer al nacionalismo moderado y democrático la oportunidad sincera de establecer una línea divisoria entre demócratas y terroristas, sin entrar en una escalada de descalificaciones y reproches, sino en pos de un acuerdo político que deje clara y nítida la frontera entre la vida y la muerte; democracia y violencia; terror y libertad.
El nudo gordiano de esta cuestión es cómo avanzar en la unidad de los demócratas y a la vez abrir una camino hacia la paz. Los intentos del PNV de buscar una segunda tregua de ETA son el único argumento que justifica su alineamiento actual, pero la pregunta que hay que añadir de manera inmediata es la de qué precio en vidas y político hay que pagar en esa larga y tensa espera que nadie sabe lo que va a durar.

El último crimen de ETA ha buscado, sobre todo, enredar más y más al PNV en sus redes a sabiendas de que si hoy da un paso al frente -descartado ayer por el portavoz del PNV, Egibar- y abandona el Pacto de Estalla, la actual dirección de los nacionalistas y el propio lehendakari quedarían en evidencia. Y si no dan ese paso aparecerán ante la opinión pública como los avalistas políticos de la violencia y del terror de ETA y su entorno.
Las simples condenas de los atentados no aportan nada a la sociedad, son hechos los que cuentan. De ahí la necesidad de unos y otros de buscar, en el campo de la democracia global, un acercamiento de verdad. Las manifestaciones separadas, como las que vimos tras el crimen de Fernando Buesa, se van a reproducir ahora y ésa no es buena señal.
En este sentido, tanto José María Aznar como Xavier Arzalluz deben hacer un doble esfuerzo: defender las instituciones vascas y forzar un diálogo entre los partidos nacionalistas y españolistas. Si todos ellos han sido capaces de hablar y negociar con ETA, ¿por qué no van a ser capaces de hablar entre ellos y de buscar, si no de golpe, poco a poco una solución? Están en juego muchas cosas, además del terror. Está en juego la unidad de la sociedad vasca, el presente y futuro del Estatuto y las instituciones que tanto ha costado poner en pie en Euskadi y que todos deben respetar. Si no hay diálogo y unidad entre los demócratas difícilmente se podrá avanzar sobre el angosto camino de la paz.

Miles de personas salen a las calles para expresar su total rechazo a la violencia
Los partidos no lograron aunar sus múltiples convocatorias de protesta en el País Vasco
Vitoria EL PAÍS 8 Mayo 2000

Miles de personas se lanzaron ayer a las calles del País Vasco para mostrar su más rotundo rechazo al último asesinato de ETA, el de José Luis López de Lacalle. Las principales manifestaciones se produjeron en las tres capitales. Aunque las instituciones y los partidos políticos se concentraron por separado. Mientras el lehendakari, Juan José Ibarretxe, convocó a la ciudadanía a las puertas de los ayuntamientos, el Foro Ermua hacía lo propio en puntos diferentes de Vitoria, Bilbao y San Sebastián. En esta última ciudad se escucharon gritos que reclamaban la dimisión de Ibarretxe.

El lehendakari encabezó una manifestación en San Sebastián a la que acudieron varios cientos de personas. Estuvo junto a él la práctica totalidad del Ejecutivo y el alcalde, el socialista Odón Elorza. En el Buen Pastor, en la concentración realizada por el Foro Ermua, se escucharon gritos que pedían la dimisión del jefe del Gobierno vasco. También contra el presidente del PNV y el líder de Euskal Herrotarrok: "Arzalluz fascista, Otegi terrorista". Los manifestantes pidieron a ETA que se marche.

Un millar de personas se concentró ayer a las 19.00 en Vitoria junto al Ayuntamiento y a la Diputación foral de Álava, ambas instituciones dominados por el Partido Popular. Ramón Jáuregui, dirigente del PSOE, advirtió a Ibarretxe de que está labrando su "suicidio político". Sorprendió la presencia en este grupo del ex diputado del PNV en el Parlamento vasco Javier Guevara.

Un número algo menor de personas acudió a las 20.00 a la manifestación convocada por el jefe del Gobierno vasco. En Bilbao sucedió algo similar. Mientras a la protesta convocada por el Foro Ermua en la céntrica plaza Moyua acudían varios centenares de personas -entre ellas Nicolás Redondo, Carlos Iturgaiz y el pintor Agustín Ibarrola-, a las puertas del Ayuntamiento se juntaron unas 200 personas con el alcalde, Iñaki Azkuna (PNV), a la cabeza. Al terminar la protesta, Azkuna puso de manifiesto que ETA "una vez más ha dado muestras de barbarie" y rechazó "una construcción nacional manchada de sangre". EH no secundó ninguna protesta.

Las instituciones, partidos y fuerzas sociales vascas volvieron a dividirse ayer a la hora de llamar a los ciudadanos para que mostraran su repulsa a ETA por el nuevo asesinato. Al igual que sucedió tras el asesinato de Fernando Buesa y su escolta, nacionalistas y no nacionalistas se revelaron incapaces de unirse en la protesta por el asesinato de López de Lacalle. Una situación por la que, no obstante, unos y otros mostraban preocupación y pedían reflexión.

División en las tres capitales
Agustín Ibarrola, miembro del Foro Ermua, explicó que la convocatoria unitaria no fue posible porque el Gobierno vasco no contó con el Foro para realizar la suya. "El Gobierno vasco ha cometido la indignidad de no llamarnos", dijo. La dirección de Izquierda Unida secundó la llamada del lehendakari pero dio libertad a sus afiliados para acudir a las convocatorias.

En Andoain (Guipúzcoa), varios cientos de personas se manifestaron en silencio ante el domicilio de José Luis López de Lacalle. La concentración se celebró a partir de las seis de la tarde una vez finalizado el pleno de la corporación. Entre los asistentes estaban Ibarretxe, el secretario general del PSE, Nicolás Redondo Terreros, y otros dirigentes del Partido Popular, Eusko Alkartasuna, PNV e Izquierda Unida. Los asistentes permanecieron en silencio bajo la lluvia frente al número 3 de Lacalle Ondarreta, donde residía De Lacalle. Varios ramos y coronas de flores fueron depositadas en el lugar donde cayó abatido a tiros. Tras permanecer 10 minutos concentrados, los asistentes a esta convocatoria prorrumpieron en aplausos.

Gesto por la Paz celebra concentraciones hoy, a las ocho de la tarde, y el lehendakari ha invitado a un paro de 15 minutos ante los edificios institucionales a las doce del mediodía. Mañana habrá una manifestación en Bilbao.

Enfrentamientos verbales entre vecinos de Andoain durante el pleno municipal
Todos los partidos, salvo EH, condenan el asesinato
M. O., San Sebastián El País 8 Mayo 2000

El pleno extraordinario del Ayuntamiento de Andoain vivió ayer escenas de gran crispación entre simpatizantes de Euskal Herritarrok (EH) y un grupo de personas que comenzaron a llamarles "asesinos". El enfrentamiento verbal se fue intensificando hasta el punto de registrarse algunos forcejeos. Al final, el PSE-EE, el PNV-EA y el PP aprobaron una moción de "repulsa enérgica" por el asesinato de José Luis López de Lacalle. EH se abstuvo y presentó un texto alternativo que fue leído por el alcalde, José Antonio Barandiarán, de esta formación, y que rechazaron los partidos restantes.

Un numeroso grupo de personas comenzó a gritar "¡asesinos!", en castellano y euskera, a los concejales de EH y los simpatizantes de esa formación, quienes respondieron con consignas a favor del traslado a Euskadi de los presos etarras y exigiendo la decisión soberana del pueblo vasco, la autodeterminación. El enfrentamiento verbal obligó a detener el desarrollo del pleno extraordinario, que fue convocado con carácter de urgencia por los representantes locales del PSE-EE, el PNV-EA y el PP.

En medio de la crispación y ante un salón repleto de gente, algunas personas llegaron a forcejear y darse empujones, lo que obligó a intervenir a la Ertzaintza, que en ese momento custodiaba la entrada al recinto consistorial. Entre los gritos dirigidos a los vecinos afines a la izquierda abertzale se pudieron escuchar frases como las siguientes: "Nosotros también somos vascos", "habéis matado a un gran hombre" y "ni Franco se habría atrevido a hacer esto".

La tensión fue en aumento mientras todos los concejales permanecían callados. Por fin, el alcalde, José Antonio Barandiarán, de Euskal Herritarrok, logró calmar a los presentes y pudo continuar adelante el desarrollo del pleno.

Los grupos de la oposición sometieron a votación una moción de condena del asesinato que fue aprobada por los cinco concejales del PSE-EE, los cinco del PNV-EA y los dos del PP, mientras que los cinco de Euskal Herritarrok se abstuvieron.

El texto fue leído por el edil socialista Josean Gabarain, anterior alcalde del municipio, y en él se califica a López de Lacalle como "un hombre que ha defendido sus ideas con la palabra, y por ello le han asesinado". La moción señala que "el brutal asesinato rompe totalmente el clima de convivencia y de respeto mutuo".

Al acabar su intervención, Gabarain lamentó que la ikurriña ondeara en el balcón consistorial, por lo que incluyó otro punto para que sea colocada a media asta durante tres días por "mínima decencia".

A continuación, Barandiarán leyó una moción alternativa en la que expresaba "el pesar de EH por la pérdida de la vida" de López de Lacalle y mostraba su adhesión "al dolor de la familia y los amigos". "Sólo conseguiremos un escenario de paz y democracia superando los esquemas de enfrentamiento que existen hoy en día", afirmó.

Otra vez
JOSEBA ARREGI El País 8 Mayo 2000

Han vuelto a matar. Otra vez. Y han vuelto a matar los mismos. Otra vez. Y han vuelto a matar lo mismo: la vida y la libertad. Porque no pueden admitir ni la una ni la otra, que van íntimamente unidas: sin vida no hay libertad, y sin libertad no hay vida humana.

José Luis luchó en los tiempos difíciles de Franco, de la dictadura, de la persecución política y policial. Y luchó por conseguir la libertad de los demás, de todos. Y pagó un precio: el precio de su propia libertad, pasando varios años, siete si mal no recuerdo, en las cárceles franquistas, en la cárcel de Soria. Luchó por la libertad política, luchó por la libertad sindical, luchó por la justicia social.

Y hoy [por ayer] le han matado. Por seguir luchando por la misma libertad. Por seguir enfrentándose a los que hoy, como ayer Franco y su dictadura, buscan destruir la libertad, buscan imponer su pensamiento, tratan de imponer su política sobre todos los demás, sobre los que no piensan como ellos, por medio de las armas, matando.

Han matado a José Luis, y han matado un poco más la libertad de los vascos. No sólo se trata de defender los derechos humanos básicos, el derecho a la vida. Hay algo más en juego: está en juego la libertad de todos nosotros, y sin esa libertad no tendremos derecho a una vida digna.

Por la paz en libertad José Luis ya ha pagado un precio, el precio de su vida, como antes pagó el precio de su libertad por la de los demás. Casado con una andereño [profesora] de ikastola, de cuando las ikastolas estaban prohibidas, y eran cerradas una y otra vez por la Guardia Civil, de cuando hacía falta valor para comenzar una historia educativa en euskara en dificultades. Con dos hijos euskaldunes, bilingües, amante del país, lector ávido, discutidor nato: hoy Euskadi es más pequeña, hoy la sociedad vasca es más pobre, hoy nuestra libertad, la de todos, está más cercenada, más en riesgo. Hoy hay una voz menos en Euskadi que se levante para discrepar, para decir su verdad respetando la de los demás, para defender la libertad de los ciudadanos vascos. Han matado a un hombre político por excelencia, alguien que se sabía constituido, por encima de cualquier otra cosa, por sus derechos y por sus libertades, y que por eso las defendía para los demás. Agur, José Luis: tú ya has pagado tu precio. Gracias por tu ejemplo. Joseba Arregi es parlamentario vasco del PNV.

Juaristi tacha de "nazi" a ETA y cree que ataca al Foro Ermua
P. O. D., Madrid El País  8 Mayo 2000

"Es claramente un ataque contra el Foro Ermua en una escalada nazi del nacionalismo que busca la intimidación y el amedrentamiento del País Vasco". De este modo se refirió el ensayista vasco Jon Juaristi al atentado perpetrado ayer por ETA, que acabó con la vida de José Luís López de la Calle, también miembro fundador del Foro Ermua. El analista, autor de El Bucle Melancólico, hizo estas declaraciones en Madrid tras la presentación de su nuevo libro, El Bosque Originario, en el que trata de mostrar una relación entre los mitos de origen de las civilizaciones y los nacionalismos europeos actuales.

Juaristi señaló que no es la dimensión de periodista la que está en el fondo de las motivaciones de este asesinato, sino que "se trata esencialmente de un ataque dirigido a un activista cívico y a un luchador por la democracia". Por eso insistió en que el problema de ETA, que "no tiene la más mínima intención de dialogar", se combate fundamentalmente con libertad y acusó a todas las fuerzas nacionalistas, ETA, PNV y EA, de frenar cualquier movimiento cívico que abogue por los valores democráticos.

Las aguas del abismo
JON JUARISTI El País  8 Mayo 2000

Lenta pero tenazmente, la necrosis se apodera del cuerpo de Euskadi. Destruye sin tregua (o con treguas trampa, lo mismo da) los órganos, los tejidos, las células, las sinapsias. Odio las metáforas médicas, pero ésta se me impone hoy con fuerza ineludible. A un lado, esa enfermedad mortal que llamaremos fascismo a falta de otro término más preciso; al otro, una sociedad asediada. Jaime Mayor Oreja lo diagnosticaba ayer sin concesiones tranquilizadoras: el nacionalismo vasco, implacable y feroz, "es la única organización social creada en estos veinte años de democracia vasca". Al otro lado no hay estructura alguna; sólo siglas, pero no "organizaciones políticas y sociales..., al margen de las creadas por el nacionalismo". A un lado, el frente abertzale, tiranizado por un dictador -ETA- de múltiples rostros, todos igualmente banales ("menganito, fulanito, Iparraguirre o García Gaztelu"). Al otro, una muchedumbre disgregada, amedrentada, enfurecida e inorgánica. Y, planeando por encima del terror, un Gobierno fantoche enamorado de su propia inexistencia, mero simulacro nacido de la pesadilla paranoica de unos conspiradores de aldea.

Arzalluz lo dijo hace un par de años: ningún partido ha conspirado más que el PNV. Se refería a la época franquista (replicando a los que recordaban, no sin razón, la pasividad de la mencionada formación política ante la dictadura), pero habría podido extender su alegato hasta el presente. En efecto, el PNV nunca ha dejado de conspirar. El Gobierno de Ibarretxe, por ejemplo, es el resultado de una conspiración del PNV, EH y ETA (con el innecesario aditamento del eterno telonero, EA) para destruir la legalidad constitucional en el País Vasco. No se trata sólo de un Gobierno ilegítimo, sino de la pantalla tras la que se mueve el verdadero gobierno provisional de la insurrección frentista abertzale, aquel que decretó la muerte de Fernando Buesa y ha ordenado ahora el asesinato de José Luis López de Lacalle, el Gobierno que envía cartas bomba a periodistas, que lanza a sus escuadristas al asalto de comercios y viviendas: la dirección de ETA, el único gobierno de Euskadi.

Chapoteando en una charca de narcisismo y cobardía, el Partido Nacionalista Vasco se dispone a morir, dulcificando sus estertores con el particular delirio persecutorio de su presidente, convertido ahora en patrimonio colectivo: la "Brunete mediática", el "franquismo con votos", la ofensiva antivasca de la "inmigración". Catarsis tragicómica: arrastrados por el histrionismo de Arzalluz, que mima incansablemente una obra en la que no pudo intervenir -la defensa de la Euskadi republicana contra el fascismo-, los seguidores del PNV lloran y ríen en espasmódicas descargas de corriente alterna. Lloran, entregados al victimismo y a la autocompasión. Ríen aliviados (con la risa sardónica del que se ha librado del sacrificio) cuando la violencia de sus nuevos amos se ceba en carne ajena. El juego de las identificaciones, el mecanismo mimético que subyace en toda representación, se resuelve en una cadena de fascinación narcisista: las honradas masas nacionalistas se conmueven ante el martirio de su lehendakari (en la manifestación del 26 de febrero, en Vitoria, las damas abertzales portaban retratos de Ibarretxe, como si éste, y no Fernando Buesa, fuese la víctima inmolada cuyo duelo convocaba a la ciudadanía). La parodia de Gobierno que preside aquél permanece desde su nacimiento en arrobada contemplación de su Líder Máximo, y éste mira aterrado hacia aquel lugar de la escena donde se desarrolla el holocausto. Cada uno busca que el otro le devuelva la imagen que le salve de su inanidad, de la lacerante sospecha de su inexistencia. Pero el vacío laberinto de espejos, la puesta en abismo de esta teoría de nadas nadeantes que constituye hoy el nacionalismo vasco sólo muestra en su fondo la presencia fugacísima de un tal Arzalluz. No la de Arzalluz Antia, presidente del PNV, sino la de Arzalluz Tapia, uno de los tantos "menganitos" y "fulanitos" que han trepado a la cúspide de ETA, como afirmaba ayer Jaime Mayor Oreja, a base de intransigencia y brutalidad: el "menganito" de esta semana.

Hay algo aterrador en la comedia, en la risa aliviada del espectador que mira al actor resbalar en la piel de plátano ("hoy no me ha tocado a mí"). La transposición de ese sentimiento al lenguaje terrorista son esas inmundas pintadas que los aprendices de asesinos prodigan en paredes o tumbas cuando ETA deja un muerto más en su estela: Fulano, jódete. O bien, Fulano, devuelve la bala. No es sólo cuestión de mal gusto. Estamos ante la cuestión misma del Mal: el Mal como estupidez, como banalidad, como pedagogía del esclavo. En Los últimos días de la humanidad, su irrepresentable drama sobre la Gran Guerra, Karl Kraus introduce un exordio sobre la risa y el terror mediante un desconsolado comentario de una instantánea tomada en las calles de Viena y reproducida en algún periódico: ciudadanos honorables, tronchándose de risa, rodean el cadáver de un supuesto espía al que acaban de linchar (¿quién era?, ¿un checo, un judío, un vienés de cepa católica y alemana que defendía a checos y a judíos?).

Ninguno de los que le conocimos olvidaremos la risa de José Luis López de Lacalle, una risa nacida de la pura alegría del perseguido que se sabe un hombre libre. Marchamos juntos en Vitoria el pasado 26 de febrero. Nos vimos poco después en Bilbao, con ocasión de una comida de amigos, poco antes de las elecciones del 12 de marzo. He llorado de rabia al recordar hoy esa risa que nada tenía que ver con la mueca estúpida del Mal ni con la descarga nerviosa del cobarde. Era la risa de un luchador antifascista, la risa que surge de la percepción irónica de las situaciones difíciles ("vaya, menos mal: por lo menos no llueve"). Llovían piedras y José Luis seguía riendo, con su portentosa modestia y con la impúdica inconsciencia con que repartía elogios públicos a sus compañeros. Las últimas palabras que le oí fueron un improvisado panegírico de Javier Corcuera, uno de los pioneros de la historia crítica del nacionalismo vasco.

José Luis era un buen lector de Unamuno (no un vasco unamuniano), pero nunca hablamos entre nosotros -y ahora sé que deberíamos haberlo hecho- de aquella perfecta parábola del esencialismo y la búsqueda desesperada de identidad que don Miguel tituló Niebla, su nivola de 1914. Como los atribulados nacionalistas de hoy, Augusto Pérez, el don nadie que cree protagonizar la novela, acosa a los demás personajes, pretendiendo que éstos le confirmen su existencia, hasta que recibe del autor la desoladora noticia de su nada, de su insignificancia, de su hueco ontológico. Augusto es solamente un sueño de Unamuno, que se ha cansado ya de soñarle y le condena a desaparecer. López de Lacalle habría apreciado, sin duda, la ironía del paralelo entre el argumento de Niebla y la sádica forma en que ETA ha sancionado la inexistencia del llamado Gobierno de Ibarretxe, al revelar su pacto secreto con el PNV. Narciso de pacotilla, el partido de Arzalluz sigue fijando con obstinación la mirada en la superficie sangrienta de la charca en la que se ha hundido hasta el cuello: las aguas del abismo / donde se enamoraba de sí mismo. Al fondo, Arzalluz Tapia señala a Arzalluz Antia el cuerpo sin vida de José Luis López de Lacalle, oculto por una sábana y con un paraguas al lado, sobre el asfalto de Andoáin, y, riendo como los prefascistas vieneses de Karl Kraus, le devuelve así lo que será, ya para siempre, la imagen que del presidente del PNV conservará la historia.  Jon Juaristi es escritor.

Escribir es llorar la muerte de un amigo
RAUL GUERRA GARRIDO El Mundo  8 Mayo 2000

Cuando el 12 de octubre de 1936 un general protoetarra gritó ¡Viva la muerte! y ¡Muera la inteligencia!, Unamuno replicó con su famoso: «Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir y para persuadir os falta razón y derecho en la lucha».

Ayer, con José Luis aún postrado ante la puerta de su casa, rodeado de periódicos (símbolo definitivo), don Miguel, por desgracia, podría repetir las mismas palabras pero referidas a Euskadi. Vencerá el nacionalismo pero no convencerá. Y el viejo vicio de pensar prevalecerá aunque sea en las catacumbas.

Por muchos periodistas, historiadores, escritores e intelectuales que maten, siempre quedará uno para oponerse al pensamiento único que tan bien describen los Blooming Slabbing: «Come mierda, un millón de moscas no puede equivocarse».

José Luis López de Lacalle, entrañable amigo, hermano, era un hombre bueno, un hombre libre, un hombre culto, un lector infatigable, y en su columna semanal expresaba su pensamiento desde la bondad, la libertad y el sano juicio que su sólida formación le proporcionaba. Y por «ver en lo que es» (Stendahl dixit y Baroja también) y llamar a las cosas por su nombre, ha sido asesinado. Los etarras, expertos fabricantes de miedo, saben que el miedo es la mejor de las censuras y con este hórrido crimen es lo que pretenden, ejercer de censores. No desean eliminar la libertad de expresión, sino instaurar la libre expresión de un pensamiento único y sometido a sus designios. Nos han metido el miedo en el cuerpo, por supuesto, pero no conseguirán callarnos o pervertirnos a todos. Siempre quedará uno capaz de oponerse al pensamiento esclavo de la utopía nazi.

Escribir en España puede ser llorar, pero escribir en Euskadi es llorar por un amigo muerto. Son tantos los crímenes, los secuestros, las torturas, las amenazas... jamás supuse que en democracia pudiera vivir tal espanto. Ni que tantos ciudadanos mirasen hacia otro lado para no enterarse. ¿De qué se puede escribir desde tal náusea? Nada agota tanto como tener que demostrar una y otra vez lo obvio y llevamos 30 años haciéndolo, repitiéndonos, desmontando los falaces y falibles argumentos del terror y de sus cómplices, sabiendo lo estéril de tan agotadora tarea. De nada vale que al terrorista le evidencies lo abominable de un acto, él lo sabe mejor que tú y por eso los ejecuta. De nada vale racionalizar los planteamientos de sus cómplices, su política no es ideología, sino sentimiento, un porque sí, un me sale de las tripas refractario al raciocinio; y siempre estarán con los suyos, con razón o sin ella. ¿Qué se puede hacer desde tal desánimo? Manifestaciones, silencios, lazos... continuaremos saliendo a la calle sabiendo de lo estéril de nuestras actuaciones y que ya sólo nos falta hacer el pino o cualquier otro equilibrio de feria. Confiando en que al menos a uno de nosotros no le falte la fe, ese milagro laico de creer en el ser humano a pesar de lo que se ve.

Si José Luis hubiera sido un canalla tendría que seguir condenando su asesinato, porque nadie tiene derecho sobre la vida de otro, sea el otro quien sea. Pero José Luis era una bellísima persona, educada y jovial, cuya última hazaña, de la que se mostraba orgullosísimo, era haberse hecho a pie el Camino de Santiago. Eso habla de un talante. De su dilatadísima lucha a favor de la libertad y la democracia (cofundador de CCOO, etc.) me viene a la memoria, con lúgubre persistencia, la broma que siempre le hacía al hablar de los viejos tiempos. Durante los cinco años de estancia en las cárceles franquistas, fue cabeza del comité de fugas sin conseguir ni siquiera una por más que se pasó el lustro proyectándolas. «Ese fue tu principal fracaso en la vida», solía decirle. El recuerdo de tal broma se torna macabro con su muerte, de la cárcel de donde ya no podrá fugarse es de la que están montando a nuestro alrededor los terroristas, último recuelo del franquismo. Ya no quedaremos ningún sábado por la mañana en la librería Lagun para comentar una novela, criticar un abuso y tomar un pote.

El miedo. Toda referencia a Euskadi que no incluya en su reflexión el miedo será ajena a la realidad del país. El miedo está presente en la cotidianidad de la ciudadanía vasca con tal contundencia y persistencia como para hacer de él un tema tabú. «Di en la calle lo que hablas en casa», reza un lúcido graffiti. Nadie habla del miedo porque le produce pánico hacerlo y así, si no se cita, para las avestruces no existe. El miedo ha desgarrado el tejido social vasco hasta límites insospechados, increíbles para quien aquí no viva. Incluso existe un paisaje del miedo, en nuestra geografía las pintadas y pancartas de los fabricantes del miedo sólo se atreve a quitarlas la intemperie. Si un político dice que el miedo aquí no existe, miente y ya sabe usted en qué facción milita.

Con el asesinato de José Luis no se pretende otra cosa que dar una vuelta de tuerca más al miedo de los plumillas y susurrar en sus oídos la frase de Groucho Marx: «¿A quién vas a hacer más caso, a tus ojos o a lo que yo te diga?».

¿Quién habla de victorias?, lo importante es sobrevivir. Quizá sobrevivir sea nuestra victoria y eso es lo que debemos hacer a la espera de la única esperanza democrática: las urnas. Con el corazón sobrecogido, apretando los dientes y conteniendo las lágrimas. Raúl Guerra Garrido es escritor, fue premio Nadal y finalista del Planeta.

Un asesinato previsible  
Editorial ABC  8 Mayo 2000

ETA ha cerrado con sangre su peculiar campaña de propaganda e información sobre los pactos y acuerdos que firmó con las formaciones nacionalistas, cuya simple mención resulta ahora un auténtico escarnio. Puede que la intención de los asesinos no fuera ésta; puede que la muerte de José Luis López de la Calle se haya producido sin más lógica que la de la impunidad cobarde. Pero no es posible sustraer de la reflexión sobre este nuevo atentado una secuencia de hechos que ofrece conclusiones desoladoras. Existe ahora, hoy, en el País Vasco, de forma constatable, una responsabilidad global del nacionalismo por la actual fortaleza estratégica de ETA. La banda terrorista ha negociado y pactado con las formaciones nacionalistas; ha suscrito documentos con ellas y ha logrado implicarlas completamente en el desarrollo de una estrategia que ha alcanzado al Gobierno y al Parlamento del País Vasco. ETA ha recibido del PNV y de EA un trato político injustificado, como si no fuera lo que realmente es, una organización que ha sumido al País Vasco en el terror, sin ningún propósito de enmienda. Tanto apelar al modelo irlandés para, al final, ser digeridos por una banda terrorista que ha conseguido lo que quería —mantener simultáneamente la actividad terrorista y la unión de todos los nacionalistas—, sin lograr el mínimo ético de todo pacto con ETA, que era el cese absoluto de la violencia.

CON la muerte de López de la Calle, comentarista del diario «El Mundo», militante antifranquista y fundador del Foro de Ermua, cobran toda vigencia las advertencias a los dirigentes nacionalistas sobre el peligro mortal que entrañaban sus insultos y críticas a periodistas y medios de comunicación. Eran los temores por una muerte anunciada. El nacionalismo vasco —es decir, los partidos políticos nacionalistas y ETA— ha elaborado una peculiar interpretación de la doctrina del «pensamiento único» que, sustentado en el más primario etnicismo, no puede soportar, por pura incompatibilidad conceptual, la libertad de expresión ni de pensamiento. Por estas razones, el objetivo de ETA tenía que ser alguien que reunirá en su actitud vital y pública la rebelión cívica contra el terror, iniciada tras la muerte de Miguel Ángel Blanco, y la resistencia intelectual al imperialismo doctrinal de los nacionalistas. Al final, después de intentar silenciar a la Prensa libre del País Vasco, de errar sus atentados contra otros dos periodistas, ETA ha logrado matar a uno, veintidós años después de que asesinara al primero, el redactor jefe de «La Gaceta del Norte», José María Portell.

Desarticulada la hegemonía intranacionalista del PNV por la acción coordinada de ETA y HB, empieza a ser irrelevante que el PNV y EA sigan en el pacto de Estella o lo rompan. Lo primero —seguir prendidos en la telaraña tejida por ETA— es lo previsible, a tenor de los acontecimientos. Desde que ETA revocó su tregua unilateral, ya son cuatro los muertos e incontables las amenazas, las coacciones y los atentados de guerrilla urbana que han sufrido ciudadanos no nacionalistas. Nada de esto debe tener suficiente entidad para que el nacionalismo antes moderado rompa la relación con el entramado de ETA. Por el contrario, después de cada atentado la respuesta ha sido la afirmación de los compromisos que desarrollaron el acuerdo marco con la organización terrorista.

LO segundo, salir del pacto de Estella, no sería más que una mera decisión estratégica de supervivencia, sin ningún rasgo de sinceridad democrática, ni menos aún de rectificación de un error. El pacto de Estella ya ha implantado su doctrina —la comunión nacionalista en torno a la construcción nacional y la participación de ETA en esa estrategia— y es irremediable su inmisión en los planteamientos de los principales líderes nacionalistas. El daño ya está hecho. Si hoy rompen con HB, nada garantiza que mañana no vuelvan a aliarse. Mientras el PNV no cambie a los responsables de su confusión moral y política, los grupos no nacionalistas no pueden admitirlo como copartícipe de ningún proyecto para el País Vasco. Los llamamientos de buena fe a la unidad frente al terror, que tan diligentemente recoge el PNV y tan protocolarios suenan ya, no deben seguir redimiendo a los que, vestidos de demócratas para la ocasión, son patrocinadores morales y políticos de la muerte de López de la Calle. Sólo merecen el ostracismo político y la reclusión en el penal de la indignidad por haber puesto su legitimidad democrática al servicio de una banda terrorista.

El asesinato de López de la Calle es también el portazo de ETA a la indisimulable esperanza de Ibarretxe sobre una nueva tregua que le permitiera formalizar otra vez —porque de hecho sigue vivo, con carencias simbólicas— el pacto de legislatura con EH. Está claro que los rumbos del nacionalismo, incluido el Gobierno de Vitoria, tienen las coordenadas que quiere ETA y cambian a gusto de la banda terrorista. Si la desafección del nacionalismo hacia ETA es sincera, Ibarretxe debe demostrarlo disolviendo el Parlamento y convocando nuevas elecciones en el País Vasco. Un proceso electoral puede ser ahora muy complejo, incluso traumático para algunos, pero es la respuesta al deterioro de las instituciones democráticas vascas, el antídoto al virus deslegitimador inoculado por ETA a través del pacto de Estella. En el País Vasco, la mera celebración de unas elecciones supondría una reafirmación de la legalidad constitucional y estatutaria, exactamente lo que ETA no soporta y lo que los nacionalistas, con sus propuestas de consulta soberanista, no quieren. Además, esa consulta a la voluntad popular podría introducir un cambio histórico en el País Vasco, si facilitara la elección de un lendakari no nacionalista.

ESTA expectativa es lo que hace poco probable que los nacionalistas toleren un anticipo electoral, lo que ha de llevar al Partido Popular a no reducir su mensaje a esta exigencia. Los populares ya son una alternativa al PNV y su responsabilidad es actuar como tal, en las instituciones y ante la sociedad vasca, para seguir respaldando los movimientos sociales contra el terrorismo y la hegemonía nacionalista, sin olvidar que hay sectores del nacionalismo moderado que han perdido, por razones éticas y políticas, sus referencias tradicionales. Lo que algún socialista inoportuno y temeroso llama «seguidismo» de la política del PP, no es más que una dinámica natural de una sociedad que empuja al Partido Socialista a estar con aquellos que defienden el sistema democrático. En el País Vasco, la dialéctica izquierda-derecha es una sutileza ideológica reservada para otros lares; lo que allí se discute es la existencia misma del régimen constitucional de libertades y derechos de los ciudadanos vascos no nacionalistas. En este trance, no hay terceras vías.

El exterminio de los lópeces  
Por José Antonio Zarzalejos Director de ABC  8 Mayo 2000

EN febrero de 1983 se produjo en el pleno del Ayuntamiento de Bilbao un ácido debate en el que los concejales se cruzaron insultos tan pedestres como el de «baboso», «canalla» y «estúpido». Nada fuera de los usos de una dialéctica política protagonizada por mediocres. Pero un edil nacionalista -cuyo nombre y apellidos le haré el favor de omitir por el momento-, comprobando que su menguado diccionario de descalificaciones no hacía mella en el contrincante, le espetó con rabia: «López más que López». El pleno del consistorio bilbaíno enmudeció abochornado. Escribí entonces, es decir, hace diecisiete años, que aquel era «un insulto racista, agresivo y estéril. Es un insulto colectivo, y no el López, sino la imprecación y el ánimo despectivo que conlleva» decía.

Aquel López era uno de esos emigrantes que, en versión del hombre moralmente más perverso y más incapaz de cuantos he conocido en la política vasca y nacional de estos últimos veinticinco años, ha impedido que el PNV ganara un fantasmal referéndum de autodeterminación. José Luis López de la Calle, formaba parte de los «lópeces», si bien la sentencia de muerte que ayer ejecutó la organización terrorista ETA establecía en sus considerandos algunas agravantes añadidas a la gran culpa de su apellido «emigrante»: había nacido en el País Vasco, era de izquierdas -de las de verdad- y presentaba una trayectoria de las que no permiten el repugnante latiguillo del «algo habrá hecho» que, a modo de epitafio, concluía en círculos nacionalistas, allá por los años ochenta, cualquier debate moral tras el correspondiente asesinato perpetrado por los terroristas.

Y así estamos desde hace décadas: con el exterminio cualitativo de los «lópeces», sean éstos de otros lares de España -en cuyo caso el muerto es «ajeno»-; sean vascos «traidores» a la causa; o, en fin, hayan transmutado su apellido sonoramente euskaldún en una militancia antinacionalista que les equipara con plena justicia a un «lópez» cualquiera. Otros «lópeces» son útiles: aquellos que se pliegan a la euskaldunización y los que, por temor o por oportunismo, se manejan con desmemoria voluntaria de su identidad en la imaginería impuesta por los actuales dirigentes del PNV. Prueba de la enorme utilidad de los «lópeces» es que el lehendakari Ibarretxe ya adujo que él se dedicaba al noble deporte del ciclismo en compañía de algún que otro «fernández». Todo un demócrata.

José Luis López de la Calle -intelectual, colaborador de «El Mundo» en el País Vasco, y antes de otros medios, cofundador del Foro de Ermua, activista de la paz, rebelde ante la imposición y militante de la libertad-, más allá de la palabrería dudosamente sincera de los portavoces del nacionalismo atrincherado en sus pactos con ETA y EH, es ya un muerto que no incordiará más con sus artículos ni con sus discursos, y, sobre todo, su asesinato servirá para explorar si por el flanco que su persona representaba se abre la grieta por la que penetre decididamente el miedo y, tras el miedo, el necesario silencio de la «Brunete mediática» que pone «palos en la rueda» de la «construcción nacional». Tantos muertos, tantos secuestros, tantos chantajes y, sin embargo, el PNV no ha conseguido la aquiescencia de los medios de comunicación de tal manera que ETA vuelve a sacudir el árbol para ver si las nueces del desistimiento caen de una vez de las ramas cada vez más esquilmadas de las páginas del periodismo vasco.

A estas alturas de la historia, no hay que buscar interpretaciones demasiado distintas a las anteriores para descubrir la tremenda lógica de este nuevo atentado de ETA. Ya lo advierte, justamente ayer, Iñaki Anasagasti en su irremediable artículo dominical. Cuenta el portavoz parlamentario del PNV que «unos vascos (sic) fueron a cazar. Comiendo en un mesón de Peñafiel, el mesonero alabó a los vascos pero les preguntó cuando quitaban a Arzalluz». El mesonero, al parecer, debió exclamar «¡qué hombre tan malo!», a lo que los amigos del inefable Anasagasti contestaron: «Por eso no le quitamos. Porque es malo para vosotros, pero es muy bueno para nosotros». Tan torpe confesión de sectarismo, de entendimiento miserable de la política, tan rampante dialéctica del «ellos» y el «nosotros», releva de cualquier análisis sobre la raíz amoral en la que se inspiran, no sólo las acciones terroristas de ETA, sino también, y sobre todo, la política de los actuales dirigentes del nacionalismo. Al referirse al «vosotros» hay un designio bélico, étnico y excluyente que establece las condiciones permanentes para la acción terrorista y, a la postre, para el totalitarismo del PNV. Todo encaja: son a los «lópeces» y asimilados a los que «va mal» porque, a la vista está, los agreden, los asesinan, los secuestran, los arruinan, los expulsan y los discriminan. Y Arzalluz y ETA son los instrumentos de ese totalitarismo conforme a los términos exactos de ese cazador «vasco» -qué bien le viene lo de «cazador»- que advierte al mesonero de Peñafiel que el presidente del EBB seguirá, justamente, porque «es muy malo para vosotros».

También el «nosotros» del «cazador» en Peñafiel resulta del todo ilustrativo. Porque amojona la comunidad nacionalista en cuyo seno la convivencia con el terrorismo es perfectamente soportable porque los que asesinan, con mayor o menor incomodidad, están incluidos en ese «nosotros». De ahí que, pese a cualquier humillación o escarnio, se prefiera la miseria del compañerismo de ETA y EH que la del Gobierno constitucional de España que, en un nuevo hallazgo de Arzalluz, sólo sería «un franquismo con votos». El espantajo franquista es el reflejo de la petrificación ideológica del PNV que persiste y persistirá a despecho de que el cadáver de José Luis López de la Calle en Andoaín sea el más clamoroso testimonio de la penúltima mendacidad del máximo responsable del nacionalismo.

Claro que concluir en esa reflexión dejaría algún cabo suelto, por otra parte, de gran interés. Los dirigentes nacionalistas tienen miedo a ETA. Lo afirmaba Jon Juaristi hace unos días en las páginas de ABC. Se trata de un miedo físico: sencillamente, no quieren estar bajo la sábana ensangrentada que cubría ayer el cadáver de José Luis López de la Calle. El temor se alía con la emoción patriótica de tal manera que los dirigentes nacionalistas, al tiempo que recogen las nueces, ponen la mejilla para que ETA desde las páginas de «Gara» les abofetee, les rectifique, les instruya y les reconvenga. Cada movimiento nacionalista mínimamente heterodoxo respecto del guión escrito en Estella, ha sido y será advertido, primero por las buenas, y eventualmente, por las malas.

Tras López de la Calle, vendrán otros «lópeces», hasta que Xabier Arzalluz Antia, presidente del EBB del PNV, que gobierna en la sombra el País Vasco desde un despacho a cientos de metros de la estatua de Don Diego López de Haro (otro López) -fundador de Bilbao hace éste setecientos años-, siga prefiriendo estar con los que matan y no con los que mueren. Con los «lópeces».

Un hombre tendido en el suelo
MIKEL AZURMENDI El País  8 Mayo 2000

Un hombre tendido en el suelo ha soltado ya una bolsa de plástico que sujetaba en una mano y se ha desprendido también del paraguas. No necesita nada, pues se va a ir sin nada. Se vacía también de un pequeño caudal de sangre que, por lo visto, le sobraba también. El paraguas abierto brinca en el suelo sin ninguna necesidad de cumplir función alguna, de manera que esas gotas del denso behelaino o densa nube baja de condensación que aquí exuda tan a menudo la primavera miman las mejillas del hombre caído. Sólo lo despiden esas gotas de humedad en este país cansado de despedir a tanto hijo asesinado sin derramar lágrimas. Con la bolsa, el hombre deja en el suelo la prensa que acababa de comprar en el quiosco, como aceptando que no va a necesitar más noticias. En un periódico de esa bolsa opina hoy Anasagasti sobre la violencia mediática, pero el supuesto violento mediático que acaba de ser asesinado no leerá nunca más a Anasagasti. Ni podrá oponerle ya más lo único que ese caído ha solido oponer a sus adversarios políticos, sus ideas. José Luis intercambia su último calor húmedo con esas gotas de behelaino sobre el suelo de Andoáin. Luego todo se acaba. Ya nada más, pues también ha escampado; se corre el telón, una sábana lo cubre durante tres horas, mientras el paraguas encarnado con el mango enhiesto trisca unas gráciles volteretas de último saludo a su amo. Ahí, en el suelo de Andoáin, no hay aurrezku para la víctima: todos sabemos aquí que este baile de saludo (o despedida) se ha constituido desde la transición en el monopolio cultural del verdugo. Arriba, en un balcón del vecindario, hay amarrado un estandarte que dice que los presos vascos sean traídos al País Vasco. Los verdugos le gritan desde aquel estandarte a José Luis llamándole terrorista, fascista e inmovilista. Son los gritos de los vivos que han matado o jaleado el asesinato, proferidos con la intención de creérselos ellos mismos de tanto haberlos gritado. Ese estandarte es el último insulto a la víctima, pero ellos, los presos que han asesinado o colaborado en el crimen, siguen vivos en las cárceles. Así son las cosas de este país: ideas y opiniones que se transportan en una bolsa de plástico, un paraguas encarnado que te anima a salir a la fina lluvia y siempre sangre coagulada como noticia. José Luis López de Lacalle es hoy la noticia.

Yo lo conocí también como noticia en mi juventud. Era el Primero de Mayo de 1964, la primera vez que yo bajé a Lacalle a correr delante de los grises; en la ocasión, tras decenas de cargas y descargas, sólo hubo un detenido cuyo nombre corrió de boca en boca. No era que aquel detenido, el tolosano López de Lacalle, corriese menos que los demás, sino simplemente que la Brigada Político-social lo seguía. Curiosamente, se lo recordé la semana pasada en el bar Altxerri, de San Sebastián, tras haber asistido al pequeño homenaje al escritor Jorge Edwards en su presentación en la librería Lagun. No había ningún nacionalista vasco en aquel acto que la consejera vasca de Cultura seguramente ignoraba. López de Lacalle fue de los fundadores de Comisiones Obreras en Guipúzcoa y consumió mucha cárcel franquista. "¿Crees que seguirán matando, José Luis?", le pregunté en el bar. "Sí, Mikel, estoy convencido, nos seguirán matando", fueron las últimas palabras que escuché a ese cadáver cubierto por una sábana blanca que estoy viendo en la televisión y que, cuando vivía, nos acompañó en la presentación del Foro de Ermua y también en la recientísima manifestación en San Sebastián organizada por la plataforma Basta Ya. De entre los asistentes a esa última manifestación, el socialista Buesa se convirtió al poco en noticia, así como ahora es noticia López de Lacalle. Dentro de unas horas nos concentraremos en la catedral. ¿Quién será la próxima noticia? ¿A cuántos próximos asesinarán todavía los abertzales que están construyendo su nación vasca? ¿Es verdad, señor Atutxa, que si para la construcción nacional se necesita un solo muerto más usted no quiere construcción nacional? He aquí la ocasión para verificar esa opinión sobre la construcción nacional de los abertzales que tiene la peculiaridad de ser construida para ellos con los muertos de los demás. Para ellos solos, sin inmigrantes, como gustaría a Arzalluz, al que ya se han afanado en imitar los jóvenes cachorros de Garaikoetxea que están asentando criterios sobre cómo hacer listas de vascos entre los nacidos aquí y que conozcan la problemática de aquí.

La problemática de aquí vista desde ahí abajo, bajo esa sábana blanca que cubre al cadáver, es la muerte inútil, sólo necesaria para amedrentar y humillar al oponente político. La problemática de aquí vista desde el opinador de ese artículo de periódico en la bolsa de plástico, que no leerá nunca el asesinado, es la supuesta violencia mediática de ese oponente ahí tendido y también el talante inmovilista del Estado español, ese "franquismo con votos" que quiere tapar la voluntad del "ser para decidir" vasco. Y el asesino que acaba de inmovilizar y privar de voz para siempre a López de Lacalle, así como también los Arnaldos que no condenarán, sino que lamentarán, dicen que la problemática de aquí es "darle la palabra a Euskal Herria" para "instaurar la democracia vasca desde el Ebro hasta el Adur". Es así de simple la problemática de aquí, pues desde que el frente de Lizarra se ha constituido en frente patriótico y ocupa la gestión del poder estatal en este país de unos vascos contra otros, ya existe el diseño de dos comunidades: una, la que ponga los muertos, los amedrentados, los humillados, y "la otra", la que está liberando al Ser y dando la palabra al Pueblo paradisiaco, a ese que va de río a río. Es el diseño de nuevo nazismo que inventa un Todo o englobante cualitativo para subsumir a las personas y dejarlas sin voz (y, por supuesto, sin voto) al objeto de dársela a la supuesta entidad total Euskal Herria. Por un lado está el vacío más completo y sociológicamente más negativo de inmigrantes, gentes no nacidas aquí, gentes de aquí pero españolistas, franquistas e inmovilistas en lo político y, por otra, el lleno total de Rh negativo, autoctonía y lengua prístina, que "es" y además exige "decidir serlo" entre río y río. El bloque comunitario nacional de Lizarra ha puesto en marcha ese diseño totalizador, correspondiéndole a Ibarretxe la tarea que ya había anunciado tiempos atrás Egibar: "No queremos la derrota militar de ETA ni tampoco la derrota política de HB". Esto ya está claro; claro está también que el PNV sabía que, tras romper la tregua, sus asociados de ETA iban a matar y que van a seguir matando. Pero nosotros no aceptamos ese diseño.

¿Quiénes somos nosotros? Decía anteayer Arnaldo Otegi que se había terminado una fase y comenzaba ya otra y, en efecto, supongo que es así: supongo que ha terminado la fase de los que simplemente solemos ir a comprar la prensa por la mañana con un paraguas encarnado cuando llueve para leer las naderías, insultos y mentiras de esos señores vascos que gobiernan el país desde hace más de veinte años. Supongo que entramos ya en la fase de la agrupación de los ciudadanos que no solemos matar para dirimir la corrección de nuestras opiniones, de los que no solemos mentir para luego calumniar al oponente, de cuantos solemos creer que el país somos todos los paisanos -hayamos nacido aquí, en Tolosa, como López de Lacalle, o en cualquier otra parte del mundo-, queramos o no construir una nación. La nueva fase nos pone en juego a "nosotros", los que aceptamos abrir nuestra casa a todas las personas de España y del mundo entero que puedan establecerse aquí y trabajar con nosotros. A nosotros, los que aceptamos que no se piense como nosotros, pero creyendo siempre que se puede buscar una salida digna para todos sin coacción. Comienza la fase de "nosotros" cuantos suponemos que siempre alguien tiene razones personales para ir en una dirección propia, para experimentar por libre y hasta vagar. El deseo de no ser obligado, ni molestado, ni observado por ojo político alguno; el deseo de pensar e interpretar uno por sí mismo; el deseo de vivir y no de cumplir un papel tribal o nacional. El deseo de dar forma uno mismo a la vida propia, todos esos deseos nos constituyen ya como un nuevo "nosotros" que emerge junto a ese hombre vasco asesinado que yace cubierto por una sábana blanca en Andoáin. Liberar a este país implica fomentar esos deseos de libertad personal y de autonomía. Es el abecé de la costumbre democrática y éste es el alfabeto en el que tenemos que escolarizar ya a los vascos: nosotros, los que tanto queremos a este país. Mikel Azurmendi es profesor y escritor.

La misma oveja  
Por CÁNDIDO ABC  8 Mayo 2000

NO sé qué palabras pueden escribirse a raíz de la nueva secuencia del eterno retorno del crimen en este proceso circular, dantesco, que no lleva a ninguna parte aunque los criminales piensen que lleva a un paraíso secreto que ellos conocen, cuando lo cierto es que únicamente lleva a la injusticia, al dolor, a la miseria y a las mismas palabras. Todo lo que no es asesinato parece falso en este panorama sin fin. Se edifica sin cimiento, se teje con hilos de araña, se entrevé una luz pálida a lo lejos, se alcanza un breve sosiego. Sísifo está a punto de alcanzar la cima en el espejismo con su roca al hombro, y de pronto el edificio se viene abajo, los hilos de la urdimbre se rompen, la dudosa luz se apaga, la inquietud revive y la roca de Sísifo rueda otra vez hasta el fondo del abismo. Nada hemos conseguido, estamos donde estábamos. El PNV quiso convencernos de que podía pensar cosas sutiles para llevar a «esos chicos», vamos, a los pilletes de ETA, al sector plausible del nacionalismo, pero los hechos han venido a probar incontestablemente que el PNV es, como escribí la semana pasada, un bien castrense de ETA, y que su predicada ascendencia sobre el problema vasco no es más que una simulación de la propia ETA para cargar la responsabilidad de sus actos sobre el partido de Arzalluz. De todo el maremágnum de Lizarras, pactos más o menos sigilosos, acuerdos de base, documentos firmados o sin firmar, estrategias, horizontes soberanistas y por ahí seguido, lo único que cambia periódicamente y fatalmente son las víctimas, y ello porque no se puede matar a una persona dos veces.

José Luis López de la Calle, que luchó por la democracia y la libertad, cuyo origen ideológico era la izquierda, periodista comprometido y empeñado con todo el vigor intelectual de su conciencia en conseguir algún punto de contacto, algún empalme, por modesto que fuese, dentro del problema, es una víctima arrojada en primera instancia a la cara del PNV, este partido que no se cansa de reservar para sí, en medio de sus oceánicas incongruencias, el porvenir y la virtud. No seré yo quien acuse al PNV de ser la vanguardia precoz del crimen, pero porque creo que no es así y segundo porque la moral privada de los líderes de ese partido no consentiría tamaña desviación, pero también es verdad que de una actitud política sistemáticamente sostenida contra toda evidencia de que es insostenible se deriva una inmoralidad pública que de una manera o de otra tendría que ser respondida por la moral privada. Sin embargo es como si se produjera un hiato, un vacío insalvable entre esas dos formas de la moral. Ibarretxe, sinceramente escandalizado y entristecido, entonó el responso fúnebre con palabras claras y rotundas. Señaló a ETA como única responsable del asesinato y evocó con dolorosa nostalgia el desarme del IRA en estas mismas fechas mientras que ETA sigue matando. Esa es la expresión de la moral privada de un hombre honrado, no hay duda. ¿Conecta esa moral privada con la moral pública que se deduce de su actitud política, de la actitud política de su partido? Hay por lo menos algo infantil en esa consternación cuando ocurre, si bien lo inesperado, no lo imprevisto. El drama es todavía mayor si advertimos que Ibarretxe no es un comediante a la hora del dolor y de los buenos sentimientos, y que tampoco lo son sus compañeros de partido, por otra parte siempre quejándose de no ser entendidos, de ser confundidos e incluso calumniados. ¿No les habrá llegado la hora de ser claros? ¿No habrá llegado el momento de que el PNV se dé cuenta por fin de que en la división del trabajo que ETA le impone, como si en la división del trabajo se diluyese la responsabilidad del crimen, hace el papel de tonto útil? ¿Qué mayores evidencias de las que existen necesita? Ahora Luis López de la Calle está muerto dentro de miles de palabras estériles y esto mismo que yo escribo en nombre de la actualidad y del horror no es más que un andrajo verbal. Hay un pudor oculto que hace difícil la queja rutinaria por la muerte injusta, parece que le quitamos la cualidad y el honor porque es exactamente la misma queja desde hace muchísimos años, popular y estrepitosa.

No quisiera elevar el tono
Por JOSÉ MARÍA ORTIZ ABC  8 Mayo 2000

«NO quisiera elevar el tono», se disculpó Camus al denunciar «La miseria de Cabilia», en el arranque de un artículo célebre. Y luego lo elevó. Y así yo, hoy, no quisiera tampoco elevar el tono, porque el cuerpo sin vida del colega asesinado aún no ha sido despedido, y no sería generoso entregarse al desahogo y distraer el duelo. Y sin embargo lo elevo. Por encima del balbuceo hipócrita del portavoz del PNV, de la protesta vacua del lendakari, del silencio coherente de Arzalluz y quienes nos han señalado con el insulto de la «Brunete mediática», que más podría ofender a los tipos que como él personifican el franquismo en democracia, no con votos cautivos, sino con balas amigas. Lo elevo junto al dolor sincero de los socialistas vascos, pero sobre su pasada indecisión a la hora de aislar al nacionalismo fanático. Lo elevo sobre la pasividad inexplicable de la Justicia, que tal vez debería investigar un posible caso de colaboración con banda armada después de que los sellos de dos partidos hayan sido autentificados por los propios asesinos en un pacto compartido. Lo elevo porque lo que más quisieran los nacionalistas es que el silencio se instalara en el país, y porque eso es lo que Anasagasti pide cada vez que sube al estrado de oradores en el Parlamento, y porque esa ausencia de voces de timbre diverso es la vía totalitaria que han elegido para ganar su ansiado referéndum de patriotas onanistas.

Lo elevo, en fin, porque somos unos cuantos quienes siempre seremos unos inmigrantes impertinentes en tierras de intolerancia, y porque en este oficio modesto que consiste en contar las cosas ya hemos aprendido a resistir mil sutiles presiones a diario, como para que unos chulos con pistola, o sus refinados aliados, vengan ahora a darnos órdenes con sus aires de señoritos fascistas. Soy hombre de paz y no quisiera elevar el tono, ya digo. Pero he de elevarlo, porque creo que todavía queda demasiada gente callada.

«La Ertzaintza está controlada por los dictados políticos del PNV»
Entrevista de EL MUNDO Radio a José Luis López de Lacalle tres semanas antes del asesinato del periodista
JESUS ANGEL CINTORA El Mundo  8 Mayo 2000

SU TESTAMENTO CIVICO.- José Luis López de Lacalle deja un largo testamento en forma de columnas de opinión publicadas en EL MUNDO y en testimonios públicos como el de la última entrevista que concedió y que hoy reproducimos. La constante de todos los artículos y de sus declaraciones es la defensa de la libertad en el País Vasco y, sobre todo, la tolerancia. En los últimos meses fue muy crítico con el acuerdo de los nacionalistas vascos con EH, sin exigirles la condición previa de un distanciamiento de cualquier forma de violencia. Entendía que un partido que se dice democrático como el PNV no puede pactar con quien tiene como objetivo acabar con esas instituciones e imponer sus ideas.

MADRID José Luis López de Lacalle, asesinado por la organización terrorista, concedió esta entrevista hace tres semanas a EL MUNDO Radio, que prepara un reportaje de investigación sobre la falta de eficacia de la Ertzaintza en la represión de actos terroristas y de kale borroka.

Pregunta.-Mientras duró la tregua de ETA, el número de detenciones practicadas por la policía autonómica vasca disminuyó espectacularmente, según ponen de manifiesto diversos informes...

Respuesta.-Es evidente que la Ertzaintza podría ser mucho más eficaz de lo que es. Lo que tenemos que hacer es prestar atención a lo que denuncian los propios sindicatos de la Ertzaintza, que dicen que reciben instrucciones de los jefes politicos para que contemporicen, que no pongan en peligro la tregua, hace unos meses, y ahora que no enconen más las cosas. La Ertzaintza no actúa con la resolución con la que está obligada a actuar.

P.-Han intentado quemar su casa, ha aparecido en pasquines amenazantes... ¿Cree usted que recibe la suficiente seguridad por parte de la policía autonómica vasca?

R.-En Andoain, que es donde yo vivo, ha habido casos de agresiones a casas que han provocado incendios que no han sido de mayor intensidad porque Dios no ha querido, y sin embargo la Ertzaintza... Es que llevamos dos años sin que haya habido ninguna actuación de la Ertzaintza, ninguna actuación. Cuando aparecieron esos pasquines la Ertzaintza no se puso en contacto conmigo, aunque yo lo denuncié aquí en la Inspección del Ayuntamiento. Nadie me llamó, y con las pintadas que hubo en mi casa el verano pasado, tampoco. Después, cuando los cócteles, el 27 de febrero, presenté denuncia en Hernani y me llamó el consejero Balza y también el lehendakari, posiblemente porque días antes se había producido el asesinato de Buesa y el escolta que lo acompañaba. Pero yo no he reclamado protección.

P.-¿Cree que la Policía Autónoma vasca actúa como debería hacerlo?

R.-Yo creo que debería actuar más, esa es su obligación. Si los ciudadanos amenazados tuvieran que salir a la calle armados para garantizar su seguridad, esos ciudadanos deberían quedar exentos de pagar impuestos, pues, si yo pago impuestos es, entre otras cosas, porque vivo en socided y hay un Estado que garantiza mi seguridad.

P.-¿Y quién es el responsable último de que la Ertzaintza haya bajado la guardia?

R.-El PNV ha cometido un inmenso error, porque Estella ha sido un inmemso error, que algunos ya lo vimos el mismo día. Yo escribí un artículo diciendo que Estella era camino de frustración. Vista la situación política actual, eso está fuera de toda duda, y el gran error o el gran pecado del nacionalismo fue que pensó que por efecto de la tregua iba a arrollar a los constitucionalistas, que la tregua le daba la ocasión histórica para lograr las aspiraciones máximas del nacionalismo.

Entonces, en aquella coyuntura, se puso en marcha todo el aparato propagandístico del nacionalismo, diciendo que se había creado una ilusión, que ETA era cosa del pasado. Entonces, esos que pensaron que todo estaba arreglado decidieron que había que crear un ambiente favorable en la opinión pública, y que toda acción policial ponía en peligro todas esas aspiraciones.

P.-Es decir, que hay un partido político responsable de esto...

R.-Si hay un asesinato, el responsable es quien lo ha hecho, y responsable de los cócteles que tiraron sobre mi casa son los que los echaron, está claro. Pero hay un partido políticamente responsable que se ha equivocado, que ha incurrido en el gran error de decir que... Es muy elegante y cumplido, es de buena educación, pero la educación en algunas ocasiones es un límite, algunas veces constriñe la libertad de expresión y el análisis. El PNV estaba convencido de que el terrorismo afectaba a los intereses políticos de Euskadi, y cometió el inmenso error de confundir pacificación y normalización con construcción nacional.

Eso, que en aquel momento lo dijimos algunos, muy pocos, ahora ya es reconocido por muchos. Incluso se pensó que una faena de aliño bastaba para acabar con la bestia del terrorismo. Pero con ETA se acabará cuando sus dirigentes se convenzan de que no tienen otra alternativa y que hay que llegar a una situación asumible, pero no les va a engañar nadie, no va a haber listos que les van a engañar. Los de ETA son terroristas, no son gilipollas.

P.-El PNV, pues, ordena, y la Ertzaintza cumple...

R.-La Ertzaintza está completamente controlada por los dictados políticos del PNV, es decir, que el Gobierno de Ibarretxe está totalmente dominado por el partido. El partido dicta consignas y orientaciones políticas a la Ertzaintza, eso está meridianamente claro. En la situación política que se ha creado ahora, una situación puñetera, el Gobierno va a estar sometido a la oposición, va a gobernar la oposición, por decirlo de alguna manera.

Pero la idea es que el PNV es el que ordena a la Ertzaintza, y ésta cumple, está a su dictado. El Gobierno está secuestrado por el partido, y éste le dicta unas normas que incluyen que ninguna actuación de la Ertzaintza ponga en peligro los intereses y la concepción que tenía de la tregua, la situación política y el Pacto de Estella.

Con la voz de morir  
Por JAIME CAMPMANY ABC  8 Mayo 2000

AHORA nos toca a nosotros, los periodistas. Tampoco es la primera vez. A alguno de nuestra profesión se llevaron ya por delante las pistolas etarras. Bueno, pues ése de morir es un gaje de nuestro oficio, que a veces es arriesgado, y ya se sabe que el periodista ha de escribir algunos días con la muerte en los talones. Da igual. Uno escribe las mismas palabras. Con la voz de morir, seguiremos pronunciando y escribiendo los periodistas las mismas palabras de paz y de diálogo, llamando crimen al crimen, asesinos a los asesinos, violencia a la violencia, cómplices a los cómplices, aliados del terror a los aliados y beneficiarios del terror. Con la voz de morir, pediremos, como el poeta, la paz y la palabra, y condenaremos el argumento de la muerte.

Van en pocos días tres atentados, dos de ellos frustrados. Herrera y Zuloaga se libraron de recibir el recado de la muerte. El tercero ha sido perpetrado con cuatro tiros a quemarropa contra el columnista José Luis de la Calle, dos tiros en la cabeza para acabar con los buenos pensamientos, dos en el pecho para matarle las buenas obras. Claro está que uno se duele de esa muerte, que es algo más que injusta, es estúpida, y claro está que resulta inevitable pensar que después de ésa vendrán otra, y otra, y quizá muchas más. Y que una de esas muertes próximas puede ser la de uno mismo. Y que a lo mejor estas palabras están dichas con la voz de morir. Es igual. Todos vamos a seguir diciendo las mismas palabras, defendiendo las mismas razones.

Cada uno está ejerciendo su oficio. Ellos tienen pistolas y nosotros tenemos palabras. Lo natural es que ellos maten y nosotros muramos. Pero las palabras no mueren, resucitan siempre en otros labios y en otras plumas. Y las palabras justas, las palabras que dicen libertad, justicia, vida, terminan por vencer. Siempre es posible repetir aquella pregunta consoladora: «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?». Y esa es una de las primeras reflexiones que se vienen a la cabeza en momentos como éste. «Esta nueva muerte, ¿para qué?». Ni la paz, ni el argumento, ni la fuerza de la Historia, ni la voluntad de la mayoría murieron ayer con José Luis de la Calle ni van a morir con ningún otro periodista ni con ningún otro español asesinado.

La muerte va por barrios. Militares, guardias, jueces, políticos, empresarios, periodistas. Bueno; ¿y qué? ETA merece condenación, repulsa, recusación, repudio, todo lo que a ustedes se les ocurra para mostrar su rechazo y su repugnancia. Pero también merece que en medio del dolor que siembra en ocasiones como la de ayer le dediquemos el sarcasmo de esta pregunta terrible: «Bueno, ¿y qué?». Ya habéis matado a José Luis de la Calle, y habríais podido matar a Carlos Herrera y a Zuloaga, y antes que a ellos habéis matado, no sé, a docenas, a cientos de españoles. Como hicísteis del asesinato vuestro oficio, vuestro «modus vivendi», seguiréis matando hasta que todos os abandonen. Bueno, ¿y qué?

Porque ahí está el intríngulis. Los etarras matan. Eso es lo que saben hacer. Sólo saben hablar por boca de las pistolas. Pero hay otros, que se llaman demócratas y pacíficos, pero que tienen los mismos objetivos que ellos y que recogen las nueces de los árboles que los terroristas agitan. La responsabilidad penal es de los asesinos. Al menos, se juegan el riesgo de caer bajo el código. Pero la responsabilidad política es de sus aliados tácitos, y ahora explícitos. El PNV, enardecido en la doctrina separatista, racista, xenófoba y fanática de Sabino Arana, y dirigido por el frenesí creciente del iluminado y trastornado Javier Arzallus, es el aliado de los aliados del terror. No le importa cubrir sus objetivos aunque sea pisando muertos y hollando libertades.

Los periodistas amenazados
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo  8 Mayo 2000

No recuerdo quién dijo que algo funciona mal cuando un periodista en lugar de transmitir noticias es el protagonista de la misma. En España, en general, y en el País Vasco, en particular, hace ya unos cuantos años que los representantes de los medios de comunicación formamos parte de la noticia por el triste hecho de haber sido amenazados por ETA.

La organización terrorista decidió, en su día, que determinados periodistas le impedían imponer sus tesis. Así, de diferentes maneras, los terroristas y sus aledaños les hicieron saber que sus vidas corrían peligro si se empecinaban en defender, haciendo uso de la libertad, aquellas ideas en las que creían o las informaciones de las que disponían. Creían haber perdido la batalla de la opinión pública por culpa de los periodistas, y no estaban dispuestos.

Las primeras advertencias llegaron a través del periódico Egin, aunque la entoces subdirectora, Teresa Toda; el director Pablo Muñoz; el redactor jefe de investigación Pepe Rey; o el también director, Javier Salutregi, se empeñaban en decir que sólo quien sufriera paranoia podía pensar que el uso de la libertad de expresión fuera una amenaza para nadie. Dijeran lo que dijeran, el afectado o afectada no podía impedir que se le pusieran los pelos de punta después de salir, por ejemplo, una semana seguida en ese periódico y con una foto a cuatro columnas que no se justificaba a no ser que alguien debiera disponer de ella.

A esta ofensiva, soportada estoicamente por la mayor parte de los afectados -encima, sin hacer mucho ruido no fuera a ser que ETA se enterara de que le calificaban de traidor al pueblo vasco, como si no lo supiera ya-, siguió otra, ya en la calle, en forma de pasquines y carteles. Proliferaron las paredes con nombres de periodistas a los que atribuían las mayores perversidades relacionadas con el mundo de los presos o de ETA. En este sentido, recuerdo una anécdota personal ocurrida en Zarautz, en una sede social de HB en la que ésta había convocado a los medios para analizar los resultados electorales. Para acceder al lugar exacto era necesario pasar por el bar en cuyas paredes había carteles de un metro de ancho por dos de alto en los que de mí decían de todo.

Estas vivencias, soportadas ejemplarmente por quienes las han sufrido -en muchas ocasiones, en silencio-, han afectado en pocas ocasiones a su manera de ejercer la profesión. Por ello, la intimidación etarra ha ido in crescendo y el siguiente paso han sido los cócteles molotov, las amenazas personales y, ayer, el asesinato de un periodista, tras haberlo intentado.

El hecho de que la mayor parte de los periodistas afectados no den acuse de recibo al mensaje, no significa que sean unos inconscientes o unos irresponsables, sino más bien lo contrario. Porque son conscientes de que atender a sus exigencias es renunciar a los derechos inalienables de todo ser humano y porque saben que cumplir con su responsabilidad es, precisamente, denunciar estas conductas totalitarias, sectarias y, sobre todo, antidemocráticas, es por lo que cada mañana emprenden la jornada con el ánimo presto, aunque pensando que hay una banda de asesinos dispuestos a, si pueden, pegarle un tiro en la nuca.

Palabra viva  
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC  8 Mayo 2000

HAN querido asesinar a la palabra, pero ignoran, en su inhumanidad, que la palabra, voz del espíritu, es inmortal. Pueden matar el cuerpo, mas no el espíritu. Y la palabra seguirá pronunciando su veredicto de culpabilidad: son asesinos y, además y por ello mismo, fracasados. Los recientes «argumentos» de ETA sólo podían ser la atroz antesala del crimen. Tampoco es nueva la estrategia. Sólo se ha brutalmente recrudecido. Desde sus siniestros orígenes ETA ya apuntó al corazón de la palabra libre y discrepante, al corazón de la libertad, muro donde se golpea la sinrazón. Da igual que el objetivo sean militares, policías, jueces, políticos, periodistas o ciudadanos en general. Es la misma estrategia condenada al mismo fracaso. Fracaso que se habría consumado ya si no fuera por las ilegítimas ayudas y complicidades que reciben los administradores del terror. Jamás el crimen vencerá a la libertad.

La palabra no ha muerto. Lo que se encuentra moral y clínicamente muerto es el pacto de Estella. Sólo falta que el empresario de la lúgubre fantasmagoría se avenga a certificar la defunción. El pacto nació moralmente enfermo y yace cadáver. Incluso concediendo al aún presidente del PNV el beneficio de la buena fe, su error y su deslealtad institucional han sido históricos. De los crímenes de ETA debe responder solo ETA, pero con el PNV radicalmente en contra, a ETA le faltaría el oxígeno del que aún respira. Compartir fines y alianzas con los terroristas, aunque sea con la intención de que dejen de matar, es contribuir a que no dejen de hacerlo. Todavía en el debate de investidura el portavoz del PNV exhibía el fracaso de la solución policial. Nadie dice que baste, pero sí que es condición necesaria. Sólo faltaba que un Estado de Derecho renunciara a perseguir a los criminales. Pero parte de lo que hay que añadir a la solución policial, como el aislamiento político y social de los terroristas, ya se encarga el PNV de entorpecerlo. Cualquier actitud que adopten sus dirigentes que no sea la ruptura absoluta y total con EH será una contribución a la historia de la infamia política. Si hay que hablar con ETA es para que deje de matar, mas no para contribuir al logro de sus objetivos. La condena sin obras es palabra yerta. Una sociedad que se acostumbra a convivir con el mal progresa hacia el envilecimiento. El filósofo Antístenes afirmó que las ciudades caminan hacia su extinción cuando dejan de distinguir entre el bien y el mal.

La debilidad del Gobierno de Ibarretxe es insoportable. No cabe olvidar el principio de subsidiaridad que permite al Gobierno de la nación recuperar las funciones transferidas cuando una comunidad autónoma se revela incapaz de ejercerlas. La situación de emergencia y la incapacidad a la que le ha abocado la estrategia de Arzalluz sólo tienen dos salidas razonables: la formación de un Gobierno autónomo de coalición entre los principales partidos democráticos, nacionalistas o no, es decir, la llegada a Vitoria del pacto de Ajuria Enea, o la disolución del Parlamento vasco y la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas, a las que el PNV lleve, con claridad, sus planes «soberanistas» o los abandone para siempre. Cuando un proyecto «político» está manchado de sangre, la única opción decente es repudiarlo. Ya advirtió Marañón que son los medios los que justifican el fin. Medios asesinos sólo producen fines asesinos.

Un ilustre colega de José Luis López de la Calle dijo que escribir en Madrid era llorar. No imaginó que antes de que transcurrieran dos siglos, escribir en España pudiera ser morir. Nos queda el dolor, pero también la razón, la justicia, la esperanza y la palabra.

Las razones de los que matan  
Por Enrique ARIAS VEGA ABC  8 Mayo 2000

ODIO, sí, tener que escribir artículos como éste por su repetida inutilidad. A lo largo de tantos años de dolorosa sinrazón en el País Vasco, la gente de bien —es decir, las personas normales— hemos escrito por activa y por pasiva contra la violencia sabiendo que los crueles y vesánicos destinatarios de nuestros razonamientos pasan de ellos cuando no les provocan una inefable sensación de regodeo interior.

En lugar de realizar estas periódicas condenas por tanta sangre inocente derramada, a uno le gustaría evocar pacíficamente el País Vasco de su niñez; el callejeo adolescente por las calles de un Bilbao lleno de referencias a su historia liberal; las primeras excursiones al Gorbea y el Pagasarri o el olor a salitre de las playas vizcaínas. Pero todo eso es imposible porque para muchos el único paisaje es el que delimita su rencor homicida.

Nunca me tropecé, que yo sepa, con José Luis López de la Calle. Pero, por edad y circunstancias profesionales, podía haber ocurrido perfectamente. José Luis era uno de esos ciudadanos de Euskadi, de esos vecinos con los que uno se cruza a diario sin saber si mañana, o pasado, o al mes siguiente, aparecerá con un tiro en la nuca porque «ellos», los que deciden sobre la vida y la muerte, los que poseen la verdad en exclusiva y tienen el poder omnímodo de ser simultáneamente fiscales, jueces y verdugos de quienes no piensan «correctamente», así lo han decidido.

Me resulta irrelevante quién sea el asesino concreto de esta nueva víctima del odio. Tarde o temprano, como tantos otros matadores, mutiladores y torturadores de gente inocente, será detenido. Probablemente, desde ahora se esté confeccionando ya la pancarta que exija su liberación —«presoa kalera»—, la campaña que denuncie los malos tratos y el alejamiento carcelario que habrá de «sufrir», mientras que esos manifestantes en pro de sus derechos «humanos» no moverán ni un solo músculo en favor de su víctima, como el alcalde de Andoain, que no ha condenado el atentado de ayer pero que bien puede acabar nombrando «hijo predilecto» del municipio al asesino de José Luis López. Peores cosas hemos visto en estos años en el País Vasco como para no estar ya curados de espanto. Y que a nadie se le ocurra, ante las periódicas manifestaciones callejeras de familiares de presos —es decir, de criminales detenidos, convictos y confesos la mayoría de ellos— hacer alguna alusión a los derechos irrecuperables de las víctimas de sus «acciones militares», de su ejemplar «actividad patriótica».

Por eso, digo, mi reflexión y mi preocupación van más allá de la persona concreta que haya sido el instrumento «ejecutor» de un pacífico ciudadano. Mi reproche moral, y lo siento, va hacia aquellos otros —desde Arzallus a Anasagasti, desde Garaikoetxea a Egibar— que, defendiendo las posturas políticas que les parezca, por legítimas que sean, con su actitud muchas veces equívoca o vacilante alientan, toleran, permiten o no se oponen radicalmente a este nuevo fascismo.

Esta reflexión se la hace uno, lamentablemente, tras cada asesinato y la posterior aceptación conformista cuando no orgullosa de un importante porcentaje de ciudadanos vascos: de los pertenecientes al «entorno» de Herri Batasuna, de los que votan a Euskal Herritarrok, de los que se engloban en el autodenominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco.

Todos éstos, en una perturbadora inversión de valores morales, viven en un universo irreal, como aquellos niños que hace dos años sucumbieron a la moda de los «tamagotchis», ¿se acuerdan? Aquellos animalitos de ficción electrónica llegaron a ser para muchos pequeños más importantes que sus hermanos y amigos, creando una realidad virtual que llevó a muchos a enfrentarse con sus propios padres por haberse olvidado de «alimentar» o «limpiar» a los inexistentes animalitos.

Al igual que los enganchados a aquella ficción virtual, los extremistas «abertzales» han creado un universo irreal, con sus símbolos, sus medios de comunicación, sus iglesias laicas de liturgia fanática y su verborrea conceptual hecha a base de «liberación nacional», «opresión española», «torturas policiales», «genocidio cultural»... Ese mundo cerrado y fantasioso tiene un recorrido iniciático en algunas «ikastolas», se nutre en los pechos de aguerridas «emakumes» con hijos presos por terrorismo y no tiene ningún contacto con la realidad gracias a un exacerbado etnocentrismo. ¿Quién es —o somos— el culpable de semejante inversión de valores y hasta del sentido común?

No va a ser fácil, con tregua o sin ella, la terapia colectiva que devuelva la razón a un porcentaje importante de una comunidad tan preparada, tan culta y tan moderna, por otra parte, como la vasca. Recuerdo que hace años, al preguntarle a la madre de un preso etarra si éste se acogería a los beneficios penitenciarios para quienes renunciaran a la lucha armada, manifestó: «Si él desertase, entraría yo en la cárcel para sustituirle». Más claro, agua.

La palabra herida
VICTORIA PREGO El Mundo  8 Mayo 2000

ANDOAIN (GUIPUZCOA) Y le llamaban asesino. Llamaban asesino a José Luis López de Lacalle, asesinado ayer junto a su casa por defender con la pluma y la palabra su idea y su esperanza sobre un futuro de paz para el País Vasco. Hasta ese punto ha llegado la perversión del lenguaje de los terroristas y de quienes les apoyan. Como en todas las formas de totalitarismo, esa inmensa mentira colectiva que convierte en amenaza intolerable a las gentes de paz y a las víctimas en culpables, incluso de su propia muerte es el viejo método de los tiranos para manipular las conciencias e inocular en las masas una versión de la realidad retorcida hasta la locura pero imprescindible para asegurarse el dominio de la escena política que pretenden someter.

La paz y la palabra fueron sus armas y con ellas se enfrentó a los fascismos que, desdichadamente, le han perseguido durante toda su vida hasta lograr acabar con ella. Como todos nosotros, José Luis López de Lacalle vivió también la esperanza de que el culmen del horror humano y del error político que supuso el asesinato de Miguel Angel Blanco tuviera el efecto reactivo que percibimos con nitidez aquel día terrible de julio de 1997 en que nació pujante y dolorido el espíritu de Ermua. Los seres humanos que poblamos España plantamos aquel día firmemente los pies en el suelo, levantamos la cara y la voz y reclamamos, airados y desolados, la paz y la palabra para hacer frente a tanta iniquidad, a tanta complacencia, a tanto silencio culpable, a tanto falseamiento de la realidad política y de la Historia.

«A por ellos, con la paz y la palabra», dijimos entonces. A por ellos desde el respeto a la vida, desde las más profundas convicciones democráticas, desde la firme defensa de la convivencia pacífica. A por ellos desde el respeto más absoluto a la ley y a los límites que afortunadamente impone el Estado de Derecho. A por ellos como lo hacen los demócratas: hablando, argumentando. Votando.

Pero aquella rebeldía atronadora y pacífica que fue la nuestra fue recibida con indignación y desconfianza por quienes perseguían el fin del terror, cierto, pero no únicamente, o al menos no como objetivo radicalmente separado de sus reclamaciones políticas. Y sin embargo, nadie en España podría impedir que los partidos nacionalistas vascos acudieran a las sucesivas elecciones portando en sus programas su proyecto de independencia. Llevamos más de 20 años comprobando una y otra vez cómo todas las exigencias de esa índole se dirimen en las urnas sin el menor conflicto.

Ahí está como botón de muestra el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Josep Lluis Carod Rovira, independentista rotundo que nunca ha abdicado de sus convicciones y que jamás ha sido importunado por ellas en ningún ámbito de la vida parlamentaria española. Pero es que eso se hace efectivo en las urnas, y no es en las urnas donde quienes amparan el terrorismo y quienes asesinan a los ciudadanos pacíficos pretenden medir sus fuerzas. Por eso, en España se ha gritado una y otra vez «Vascos sí, ETA no». Con las pistolas, no. Bajo el miedo y la muerte, no. Con la paz y la palabra, sí. Siempre.

Por eso, los españoles, los vascos y los no vascos respaldaron clara y rotundamente a los líderes políticos de todas las tendencias, hace ahora más de dos años, cuando los ciudadanos se echaron a las calles de todo el país para hacer oír su ira ante el asesinato de Miguel Angel Blanco, con el que ETA intentaba hacer lo mismo que procura ahora: demostrar su fuerza mortífera y su indiferencia implacable ante el clamor de los vascos y del resto de los españoles por una vida en paz.

ETA vuelve hoy a equivocarse palmariamente, pero, a diferencia de lo sucedido entonces, ya casi nadie espera que la razón y la tolerancia se impongan sobre la locura. Casi nadie espera tampoco que los partidos democráticos, y éste sí que es un hiriente sarcasmo, se entiendan en lo elemental, esto es, que ningún cálculo estratégico, que ninguna táctica a medio plazo, que ninguna meta política se pueden hacer depender de la amenaza de los asesinos; y que todo es posible desde el otro lado de la barrera, donde vive la democracia.

Los aplausos que en julio de 1997 acogieron en Bilbao, sin distinción ninguna, a los líderes políticos de toda España pertenecen ya al mundo de lo inalcanzable. Sólo como muestra hay que recordar que por la Gran Vía bilbaína marchaban del brazo José Antonio Ardanza y José María Aznar, Carlos Garaikoetxea y Joaquín Almunia, Javier Madrazo y Felipe González, Alfonso Guerra y Jordi Pujol, Mario Onaindía y Jaime Mayor Oreja, y que todos ellos juntos, y medio millón de gargantas más, hicieron oír su grito angustiado y finalmente estéril.

Aquella escena impresionante se repitió en Madrid, y, como en la capital vizcaína, no hubo una sola voz contra nadie. Todos fueron apoyados firmemente, esperanzadamente, por hombres y mujeres que exigían la unidad y la rebeldía de los dirigentes políticos contra el terror. Una pancarta escrita a mano se levantaba por encima de las cabezas de la multitud y dejaba bien claro el mensaje: «Políticos: nosotros hemos llegado hasta aquí. Seguid vosotros ahora».

No ha sido posible. Todo se ha ido abajo como en una voladura brutal, inesperada y canalla. Cuando José Luis López de Lacalle, o más bien su cuerpo acribillado, estaba todavía siendo sometido a una autopsia, la división política y social en el País Vasco se volvía a hacer tristemente patente: los demócratas no están ya, como lo estuvieron no hace tanto, separados con nitidez de los terroristas y de sus cómplices.

Lo que hubo ayer en San Sebastián, como cuando lo de Fernando Buesa y Jorge Díez en Vitoria, fue una demostración de lejanía en la que los demócratas nacionalistas y no nacionalistas se sabían profundamente enfrentados y dramáticamente ajenos. Lo de ayer fue una sucesión de concentraciones distintas, a diferentes horas, en lugares diferentes. El lehendakari, con los nacionalistas de PNV y EA e IU, en la plaza del Ayuntamiento; la oposición defensora de la Constitución y del Estatuto, PP y PSOE junto con los miembros del Foro de Ermua al que José Luis pertenecía, en la plaza del Buen Pastor; y en el Ayuntamiento de Andoain, donde José Luis vivía, la habitual concentración de HB para insultar a los concejales de los partidos democráticos. Se aprobó, es cierto, el comunicado de condena por este inútil intento de asesinar la libertad y la palabra.

HB, en minoría absoluta, no intentó siquiera defender su propio comunicado, cuyo contenido podemos resumir: lamento por la pérdida de una vida, solidaridad con la familia y responsabilidad política repartida, lo cual es tanto como decir diluida, entre todos los partidos. Y luego, la gran perversión: «Este esquema de enfrentamiento sólo puede ser superado» -dice HB- «con la llegada de un escenario de paz y democracia para nuestro pueblo».

Ahí está. Este es el gran objetivo de los terroristas: conseguir imponer por el miedo lo que saben a ciencia cierta que jamás podrán lograr por la vía de la convicción y sometiendo sus pretensiones a la libre voluntad de los vascos. Este asesinato ha buscado dañar a todas las fuerzas democráticas vascas, nacionalistas o no, a la izquierda y a la derecha, porque José Luis era un hombre libre que compartió con otros muchos la vieja lucha por las libertades que nos permitió alcanzar hace ya 25 años una democracia moderna, flexible, europea. Sólo en el País Vasco no han podido todavía los demócratas vencer al totalitarismo del terror.

Y ahí sigue ETA, golpeando a todos, acorralando al PNV, desoyendo a los escasísimos y tímidos militantes que dentro incluso de HB piden en voz baja una nueva tregua, un poco de tranquilidad. No hay nada que hacer. La destrucción del tejido social y político del País Vasco avanzará sin pausa sin que los terroristas se detengan nunca a calibrar la inutilidad de lo emprendido hace ya tres décadas. Quieren dominar una realidad que se les escapa y repiten, ciegos, que la muerte sólo se detendrá cuando secumplan las exigencias de la banda convenientemente disfrazadas por los suyos con esas apelaciones a la paz, a la construcción nacional, y a «la devolución de la palabra al pueblo».

Lo que sucede es que esa palabra, que era la de José Luis, se oye en el País Vasco cada vez más alta, cada vez más amplia, martilleando implacable en la enajenación de ETA. Es la palabra que los terroristas han querido asesinar derribando a nuestro compañero. Intento inútil. La palabra no podrá nunca ser asesinada. Al contrario, se multiplicará inexorable hasta dominar con su rumor insistente, pacífico, lúcido y tenaz el ruido de las armas.

Las palabras quedan  
Juan Manuel DE PRADA ABC   8 Mayo 2000

Necesitaron cuatro balas para derrumbar su cuerpo, cuatro estampidas de plomo disparadas a bocajarro para talar el alto chopo de su humanidad. Necesitaron quebrar el silencio intacto de la mañana cuatro veces, para que el lenguaje blasfemo de la pólvora acallase la respiración de un hombre que guardaba en los pulmones el aire invicto de la libertad, el magma inmortal de las palabras. Sobre una calle de Andoáin quedó el cadáver de José Luis López de la Calle, definitivo y rugoso como una piedra que hubiese hecho un juramento de mutismo; a su lado, la escandalosa sangre, el desvalido paraguas que lo había protegido de la lluvia mientras aún estaba vivo, los periódicos, como palomas heridas que acababa de comprar en el quiosco, escoltaban su viaje hacia las regiones de ultratumba.

Escondidos en la madriguera del odio, quienes apretaron el gatillo para sellar definitivamente los labios de un hombre libre habrán sonreído aliviados. Al contemplar el cadáver de José Luis López de la Calle, golpeado por una lluvia sutilísima que le bendice los párpados, habrán pensado que, junto a su vida aniquilada, en ese viaje definitivo hacia la sombra, se desvanecen también sus palabras dictadas por la inteligencia y el coraje. La ofuscación del crimen reciente les habrá infundido el espejismo o quimera de creer que las palabras son perecederas como la carne. Pero las palabras que un día descendieron sobre José Luis López de la Calle, hermosas como plegarias, ásperas como imprecaciones, fecundas como un pentecostés, las palabras que saludaban los labios de ese hombre asesinado ya han vuelto al aire del que procedían, y se han posado sobre nosotros, como una sementera inabarcable. Y esas palabras que los cobardes no han logrado asesinar ya anidan dentro de nosotros, como una serpiente de fuego que nos habita y nos acicatea en una misión unánime. Y esas palabras nos abarrotan los pulmones, y trepan por nuestra garganta como un ejército numeroso, y acompasan su música con el latido de nuestro corazón, y comparecen al unísono en nuestras bocas, para llorar a quien las usó con tanta justeza, pero también para acatar su legado y seguir denunciando la barbarie y desmontando la mentira y acusando a los asesinos y maldiciendo la muerte y vindicando la libertad.

Han asesinado el cuerpo de José Luis López de la Calle; para asesinar sus palabras tendrían que habernos disparado a todos. Y las palabras son más incontables que cualquier munición.

En directo
M. VÁZQUEZ MONTALBÁN El País  8 Mayo 2000

Hemos vuelto a la más absoluta normalidad. En el País Vasco se vuelve a matar según la lógica interna de ETA y si antes de la tregua los objetivos preferidos eran políticos del PP, ahora toca a los periodistas y no vale la pena preguntarnos qué se consigue matando a un periodista, a uno solo, sin la menor esperanza de que esta muerte cambie los criterios dominantes en el tratamiento informativo de los etarras. Claro que en el pasado los asesinatos por estamentos militares, judiciales, empresariales, policiales, políticos tampoco consiguieron cambiar el comportamiento colectivo de militares, jueces, empresarios, policías o políticos. No cambiará ahora el de los periodistas. No es cuestión de heroismo, es que los espejos pueden romperse, pero una vez reconstruidos o sustituidos, siguen reflejando, lo quieran o no, la misma realidad.

Ahora bien, si nos fijamos en las víctimas elegidas, no en las que se consiguen mediante bombas en supermercados, simples errores o daños colaterales, representan a todos los poderes fundamentales, a todos menos a uno. ETA nunca ha atentado contra los sacerdotes y no es que quiera darles ideas, me limito a constatar una verdad objetiva. Se dice que el diablo o sus delegados malignos, sólo se detienen ante la cruz o ante rayos de luz de origen celestial o al menos aparentemente celestial; dejémoslo en cenitales. Tal vez ETA le tenga más miedo a la excomunión que a Mayor Oreja, habida cuenta de que hasta ahora el señor ministro ha aplicado su talento indudable para darse cuenta de que la tregua era una trampa, pero estamos a la espera de que tras cuatro años de entrenamiento en el cargo acierte en la propuesta de algún procedimiento nuevo, estimulante o en su defecto de un espíritu que sustituya con eficacia a los de Ermua, Lizarra, Ajuria Enea.

Urgente que el PP saliera de la habitación donde está encerrado con el único juguete del muñequito del PNV sobre el que aplica agujas de vudú por si consigue elecciones anticipadas y el sorpasso y nos haga cómplices, solidarios de un plan de paz verosímil, consensuable y que la próxima vez que vayan a negociar con ETA lo retransmita TVE en directo. ¿No es un servicio público?

ETA mata y pierde
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC   8 Mayo 2000

Con la frialdad que me impone el análisis político, no el llanto por el compañero (me envió un recuerdo hace poco) debo decir que la pérdida material que supone la muerte de este defensor de las libertades que fue José Luis López de la Calle es una ganancia incalculable desde el punto de vista de la eficacia para la lucha por aquéllas. Pasó con Miguel Ángel Blanco. Dio vida al foro de Ermua al que pertenecía nuestro compañero. El espíritu de Ermua ha acorralado de modo invisible pero real a los partidarios del terror. Las cosas ya no son como antes de Ermua. Con cada uno de los asesinatos de ETA se fortalece el compromiso de toda la sociedad española con la paz y la libertad. Este es el análisis.

Con la frialdad que me exige la condición de informador debo decir que el balance de este trágico ajuste de cuentas (que no guerra), por el que ahora ha perdido la vida José Luis López de la Calle, es claramente favorable para los que defendemos la patria de la solidaridad frente a los que intentan de forma agónica construir una sociedad basada en la exclusión etnicista, en la discriminación cultural, en el odio, en el totalitarismo. Es verdad que López de la Calle ha sido eliminado -de acuerdo con los cánones nacionalistas- del reducido censo que deberá decidir acerca del futuro del País Vasco. Tan cierto como que jamás de los jamases se llevará a la práctica esa construcción fantasmagórica soñada por Otegi y por Arzalluz. Euskaldunes y no euskaldunes, nacidos o no en el País Vasco, todos los ciudadanos vascos seguirán formando parte del censo actual, con el que los abertzales van perdiendo las elecciones y los territorios de forma ineluctable. Este es mi análisis.

Con la frialdad de la muerte y con mi experiencia de veterano periodista (de la generación de José Luis López de la Calle) les digo a Arzalluz y a Garaikoetxea que nunca conseguirán la independencia del País Vasco aun cuando se abracen a ETA. Entre otras cosas porque nadie en España se fía de que en tales circunstancias pudieran vivir en libertad personas como José Luis López de la calle. Esta es mi predicción.

Otra rata  
Alfonso USSÍA ABC  8 Mayo 2000

Ermua, la yerma, la alzada ciudad de los inmigrantes. Ermua, Eremua, la sin nada, la urbe de las ratas que de España llegaron a pudrir las limpias alcantarillas de la raza pura. Así lo denunció un intolerable estúpido del PNV apellidado Caballero. Ermua, Foro de Ermua, muralla de dignidad y tolerancia enfrentada a la sangre y la mugre. Pero siempre ganan los asesinos. Los que señalan, los que apuntan, los que pactan, los que acuerdan, los que caminan juntos... y los que ejecutan. Cruz y hacha, RH y serpiente, comunión diaria y abrazo con los criminales. Al Foro de Ermua, de Eremua, la sin nada, la yerma, la urbe levantada para amparar a las ratas inmigrantes, pertenecía José Luis López de la Calle, antiguo militante comunista, escritor valiente y abierto que ha tributado su vida por respeto a su verdad. En «El Mundo» del País Vasco López de la Calle, más de sesenta años de encuentros y desencuentros consigo mismo, escribía sin cautelas ni miedos. Allí es diferente. En el resto de España, en Europa, la opinión se aplaude, se discute o se rebate. En el País Vasco se muere por ella si no satisface a los que señalan o a los que obedecen. Cuatro balazos en Andoáin nos lo recuerdan. Pertenecía al Foro de Ermua, la yerma, la ciudad de las ratas. Era un inmigrante.

Otro
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  8 Mayo 2000

La muerte de López de Lacalle, un compañero de este periódico, no nos va a sumir en una desesperación y una impotencia que hagan imposible la reflexión más equitativa y clara. «Otro». Ha caído otro y no sabemos por qué ni para qué. A uno le asombra, desde una modesta reflexión intelectual, la insistencia de ETA en una actividad que está perjudicando sus ideas e ideales. La muerte, en el caso de ETA, ha pasado de ser instrumento de lucha a ser un fin en sí misma. Ahora han inaugurado una censura de prensa que consiste en matar a los periodistas. El procedimiento, por rústico, nos hace sospechar de las facultades intelectuales de estos independentistas de extrema derecha/izquierda (de la derecha fascista por los procedimientos y de la izquierda folklórica por su consecuencia en levantar el puño). ¿Acaso ignoran que el puño es el marxismo y que Marx era internacionalista?

Hay, pues, una confusión en los símbolos y las figuras. No han conseguido fundir a Marx en el molde de Sabino Arana, ni a la inversa, pero esto parece no importarles mucho, ya que la dialéctica de las pistolas, tan característica del fascismo español, les inspira más confianza y seguridad que la dialéctica democrática o meramente pacífica.

ETA ha comprobado que cuando mata tiene menos votos (siquiera sean los votos sesgados de los partidos separatistas). Y si los votos no les importan, ¿para qué se incardinan en la rueda electoral?

Lo dijo un separatista español de los años treinta, José Antonio Primo de Rivera (que quería separar a España del mundo, como Hitler a Alemania): «El destino de las urnas es romperlas». Esto, naturalmente, después de haber perdido vergonzantemente unas elecciones. ETA va más lejos. No le basta con romper las urnas, incluso las ignora. Prefiere romper esa urna sagrada que es la cabeza de cualquier hombre. Todavía no han querido repetirse esa verdad tan sencilla de que la violencia engendra violencia, y nunca la paz. Uno diría que han entrado, sin saberlo ellos mismos, en la espiral vertiginosa del crimen, como el loco no sabe que está loco y se le conoce por su insistencia en negar la locura. ETA sabe, yo creo, que no está actuando de acuerdo con sus intereses, que España y el mundo la esperan para negociar, pero esto supondría renunciar a sus muchos años de violencia y enigma, renunciar a su historia, y la verdad es que ningún hombre renuncia nunca a eso.

De modo que estamos, quizá, ante un disparate colectivo que consiste en confundir la posible coherencia de los fines con la incoherencia sangrienta de los medios. ETA viene perjudicando a la sociedad española, a la sociedad vasca, pero, en este juego de círculos concéntricos, perjudica sobre todo a su propio imaginario: lengua, patria, raza, etc.

Otro crimen, otro error. Y otro compañero nuestro de la prensa, ahora muy cercano. Nada de esto servirá para nada, y ellos lo saben. ¿Entonces? La muerte de López de Lacalle, hombre de mi generación, me deja desolado, sobre todo, por su vaciedad, su inutilidad, su absurdo, fogonazo de un día en el absurdo del vivir.

Herencia patológica  
M. MARTÍN FERRAND ABC  8 Mayo 2000

José Luis López de la Calle consagró su vida a luchar en favor de la democracia y por la implantación de los derechos humanos y civiles en el País Vasco. Algunos de sus teóricos beneficiarios acabaron ayer con él, con su vida, pero no con la limpia trayectoria que ahora proyectará su ejemplo y animará a los demás demócratas, muchos, de una tierra en la que germinan los fascistas.

Sólo hablé una vez con él, en el Ercilla de Bilbao. Estaba presente otro de los buenos vascos que ya se fueron, Luciano Rincón. Los dos hicieron coro de un mismo deseo y un idéntico temor: la tremenda dificultad de la maduración cívica y democrática en razón de los atavismos raciales y culturales que, como una enfermedad, cunden en las patológicas herencias de Sabino Arana.

Hace un par de siglos, un español de origen vasco, comprometido con el independentismo, Simón Bolívar, le escribió a Guillermo White que «si hay alguna violencia justa, es aquella que se emplea en hacer a los hombres buenos y por consiguiente felices». No es esa violencia la que se ha llevado por delante a López de la Calle, la que entristeció la experiencia de un hombre bueno y cabal.

«Arzalluz ha sido el inductor filosófico del asesinato», asegura Vidal de Nicolás, presidente del Foro de Ermua  
BILBAO. ABC   8 Mayo 2000  

Vidal de Nicolás, presidente del Foro de Ermua, del que era miembro el periodista del diario «El Mundo» José Luis López de la Calle, considera que «Arzalluz ha sido el inductor filosófico de este asesinato, al calificar a los periodistas que no comulgan con sus ideas de enemigos del pueblo vasco».

Afirma este amigo y «compañero de lucha» por las libertades democráticas, según sus propias palabras, de José Luis López de la Calle, que la situación en el País Vasco es muy grave, porque «las libertades están sometidas al aleatorio proceso que elaboren los asesinos para determinar a quién van a matar».

«ANTIFASCISTA»
- ¿Cree usted que ETA ha matado a José Luis López de la Calle como periodista o como miembro del Foro de Ermua?

- Como antifascista. Durante toda la dictadura de Franco estuvo militando clandestinamente en el PCE, sufrió varios años de cárcel y luego, continuando con esta filosofía de lucha contra todas las formas totalitarias, ha estado también manifestándose contra nuestro terrorismo y contra nuestro nacionalismo fundamentalista, como periodista y como miembro del Foro de Ermua, de modo que, por cualquiera de las dos causas puede que los asesinos le hayan eliminado.

- ¿Cree que hay alguna relación con el hecho de que el atentado estuviera precedido por una campaña lanzada desde las filas del PNV contra todos los medios de comunicación?

- Ahí hay una responsabilidad moral. Los inductores de los crímenes son tan culpables como quienes ejecutan la acción criminal y, en ese sentido, Xabier Arzalluz ha sido contrario a la práctica de la libertad de expresión. Para él, la libertad de expresión debe estar condicionada porque se sea adicto a los pensamientos «abertzales» y nacionalistas. El peligro viene de esa inducción, de esa filosofía de la inducción, a considerar a los periodistas, a la Prensa, como un elemento distorsionador, cuando es al revés. Gracias a la Prensa se enteran los ciudadanos españoles de lo que nos está pasando a los vascos.

«PONER A LA PRENSA EN LA DIANA»
- ¿Cree entonces que ha habido una inducción directa por parte de Arzalluz?

- Hay una inducción filosófica al mencionar unos enemigos del pueblo vasco y nombrarlos con nombres y apellidos, lo que significa ponerlos en la diana.

- ¿Cree que habría que pedir responsabilidades por ello?

- El PNV tiene la responsabilidad de seguir militando todavía en el pacto de Estella y ni siquiera con los crímenes que ha habido en los últimos meses se ha salido de él. El pacto de Estella es responsable al amparar el crimen y, mientras sigamos así, no va a haber ninguna solución que resulte pacífica para nuestro país.

- ¿Puede un sistema democrático permanecer impasible ante los crímenes de una banda con la que han estado hablando el Gobierno y los partidos nacionalistas?

- Un sistema realmente democrático no. Los vascos creemos que estamos en una situación final, en la que ya las libertades de todos y cada uno de los ciudadanos están sometidas al aleatorio proceso que elaboren los bárbaros asesinos para determinar a quién van a matar. Pensamos que la situación del País Vasco es gravísima, sin exagerar. Las libertades democráticas están sometidas aquí permanentemente a la amenaza de los asesinos y a la contumacia de esa filosofía de que sólo se es demócrata si se es nacionalista.

- La crispación social en el País Vasco parece estar al límite...

- La situación es tan sumamente grave que, viniendo la violencia siempre de un lado, los que la sufrimos dejaremos de permanecer en el silencio ese de los corderos. Puede que haya alguna réplica también violenta y eso sería lamentable, a pesar de que algunos -me refiero a los bárbaros fascistas de ETA- consideran que eso sería lo más lógico.

- ¿Cree que la Ertzaintza está cumpliendo su papel como garante de la seguridad ciudadana en el País Vasco?

- En absoluto. La Ertzaintza, tal como está condicionada por sus mandos, es en realidad una guardia pretoriana del nacionalismo.

«INEFICAZ CONTRA LA VIOLENCIA»
- ¿Cree que no está luchando profesionalmente contra ETA?

- Cada uno de los agentes de la Ertzaintza puede que tenga una formación superior a la de otras Policías, pero la eficacia en la lucha contra la violencia es nula, seguramente porque sus mandos lo estiman así.

- ¿Cree que el Gobierno vasco está cumpliendo en estos momentos su papel de garantizar la libertad en el País Vasco?

- En absoluto. Nosotros pensamos que lo mejor que puede hacer ahora el lendakari es disolver el Parlamento y convocar unas elecciones nuevas.

«CONVOCAR NUEVAS ELECCIONES»
- ¿Y el Gobierno del Estado?

- Cualquier intromisión aquí sería considerada como una invasión extranjera, contando con el fundamentalismo nacionalista. El problema lo tenemos que resolver aquí los vascos, con movilizaciones, con una lucha permanente y pacífica para denunciar a los criminales.

- ¿Y qué cree usted que piensan los vascos en estos momentos?

- Es difícil saberlo. La gente confía en quienes ha elegido democráticamente para que hagan la defensa de sus intereses democráticos. Cuando el voto es secreto, anónimo, es cuando se manifiesta y esta vez la manifestación ha sido muy clara, el ascenso de los partidos democráticos, sobre todo el PP, ha sido notorio.

El Foro de Ermua, una reacción contra la presión nacionalista
BILBAO. I. S. ABC  8 Mayo 2000 

El Foro de Ermua surgió en febrero de 1998 como reacción contra la presión nacionalista que existe en el País Vasco, que denunciaron entonces profesores, artistas y profesionales como el filósofo Fernando Savater, el escultor Agustín Ibarrola, los periodistas José Luis López de la Calle, asesinado ayer, y Pablo Setién, y escritores como Vidal de Nicolás, Raúl Guerra Garrido y Rubén Múgica y el alcalde de Ermua, Carlos Totorica.

Desde el primer momento, el Foro de Ermua ha sido blanco de los ataques del PNV y de los nacionalistas radicales, que en abril de 1998 pusieron en marcha una iniciativa para contrarrestar el nacimiento del Foro, en cuyo primer manifiesto se había rechazado el diálogo con ETA. Entre los firmantes del manifiesto alternativo, puesto en marcha desde el nacionalismo, figuraron en su día Txema Montero, Francisco Letamendía, Javier Elzo, Bernardo Atxaga, Benito Lertxundi y Miguel Laboa, Koldo San Sebastián, Ignacio Ruiz, Goyo Monreal, Javier Caño, Antón Carrera, Juan Domínguez. Aquella iniciativa nacionalista no perduró en el tiempo, pero sí el Foro de Ermua, que dos años después de su nacimiento, el pasado mes de febrero, suscribió la iniciativa ciudadana «¡Basta ya!», que respaldaron otras organizaciones como el Comité Vasco de Víctimas del Terrorismo, Denon Artean, Movimiento contra la Intolerancia, Fundación Gregorio Ordoñez, Fundación Alzate, Grupo El Salvador y Grupo por la Paz de Irún. En ese último «manifiesto contra la presión nacionalista» se denunciaba que «en la actualidad muchos ciudadanos del País Vasco sufren la limitación de sus libertades más elementales: no pueden decir lo que piensan».

La prensa y los periodistas, obsesión de ETA y los nacionalistas desde hace cuatro décadas  
MADRID. ABC 8 Mayo 2000

ETA cometió uno de sus primeros atentados contra un periódico. Fue en 1959 y, desde entonces, la banda no ha dejado de hostigar a la prensa. Decenas de documentos internos de la banda han venido señalando a los periodistas como «enemigos del pueblo vasco», al tiempo que alentaban a atentar contra ellos. Lo que sigue es la historia de esa persecución. 

La incompatibilidad de ETA con los medios de comunicación y su hostigamiento son tan antiguos como la propia existencia de la banda. No es casual que una de sus primeras acciones criminales fuera dirigida contra el diario «Alerta», en Santander. Este atentado fue simultáneo a los cometidos contra el Gobierno Civil de Vitoria y la Comisaría de Policía de Indauchu, en Bilbao. Aquel mes de diciembre de 1959 los etarras dejaban bien claro cuáles eran sus enemigos simbólicos: el Gobierno Civil, como representación de la represión política; la Comisaría, símbolo de la represión policial; y un periódico, como encarnación de la represión cultural e ideológica. Lo cierto es que en estas cuatro décadas, ETA no se ha apartado de esta línea estratégica, más aún, ha reforzado e incrementado la «criminalización» de los periodistas en el mundo abertzale colgándoles la etiqueta de «enemigos del pueblo vasco».

«EL ESTADO OPRESOR»
La primera reflexión teórica de los etarras sobre la prensa es de 1965. Ese año, en la publicación Zutik 36, el dirigente de ETA Jon Landeta dedica un primer comentario al papel de la prensa. Poco después, edita un monográfico en el que se asegura que «la prensa española en Euzkadi está al servicio de la burguesía y del Estado opresor». Landeta llega incluso a dividir la prensa de acuerdo con su nivel de nocividad. Los diarios locales son los que se llevan la peor parte en el análisis y cita, entre otros, el «Diario de Navarra», «El Diario Vasco», «El Correo Español» y la «Hoja del Lunes».

Por entonces, los análisis etarras se basaban en el efecto perverso que los medios de comunicación causaban en su proyecto marxista. Sólo José Luis Álvarez Emparantza se apartó de esta corriente al recordar a Landeta que «la línea divisoria no pasa entre burgueses vascos y proletarios vascos, sino entre españoles y vascos». Emparantza ya habla por entonces, mediados los sesenta, de la contribución de los medios al «genocidio cultural».

Pero los dos discursos tienen, no obstante, el mismo fin e idéntica repercusión práctica. El mensaje ha calado en las bases. En febrero de 1966 miembros de ETA realizan una campaña de pintadas en siete localidades de Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra con lemas tales como «Prensa dirigida=Manipulación» o «Prensa española=Opio». Curiosamente, el propio Landeta empezaba a alabar en cierta medida la Ley de Prensa promovida por Manuel Fraga. Sin entrar a fondo en el asunto, en uno de sus análisis, este ideólogo etarra admite que «algo ha cambiado, algo se ha liberalizado».

SE ESTRECHA EL CERCO
Poco duró este fugaz reconocimiento del papel positivo de los medios de comunicación en una sociedad moderna. En adelante, la banda endurecerá su teoría y práctica contra la prensa. Incrementa sus invectivas verbales y multiplica el número de atentados contra las instalaciones de los medios de comunicación.

Y cambia su postura porque ETA cambia como consecuencia de su V Asamblea, cuya primera parte se celebra en diciembre de 1966 en la casa cural de Gaztelu, y la segunda, en marzo de 1967, en la Casa de Ejercicios de los Jesuitas en Guetaria. Se discute allí el denominado «Informe verde» que señala como «armas del opresor del Estado burgés a Ejército, Policía, jueces, medios de comunicación, instituciones, etc.». Uno de los objetivos aprobados en la V Asamblea es, por ejemplo, «la destrucción de los medios de genocidio cultural: TVE, periódicos españoles...».

Y todo esto lo llevan los terroristas a la práctica. A lo largo de 1967 y 1968 se producen siete atentados con explosivos contra oficinas de «El Correo Español-El Pueblo Vasco» y contra repetidores de TVE.

En este periodo, ETA traslada a su mundo la identificación del periodista con el policía, algo que ha permanecido inalterado hasta estas fechas.

PERIODISTA=POLICÍA
En los años posteriores prosiguen los insultos, con nombres y apellidos, a periodistas. Informadores como Marlasca, Amilibia o Pérez Corral son tachados de «makarras del periodismo» (sic) que «bien merecido tienen el sueldo que cobran del Ministerio de la Gobernación». Todo periodista que publique un artículo contra ETA obtendrá similar trato. De enorme influencia en este sinistro mundo fue el libro «Informe sobre la información», de J. Vázquez. Su espíritu lo recoge un trabajo firmado por K. de Zumbeltz, en el que los ideólogos de ETA creen que «la prensa, tanto la oficial como la privada, lleva la lucha contrarrevolucionaria en el terreno ideológico. Su relación con la represión es directa. Un periodista, locutor de radio o televisión, debe ser considerado agente de la represión con tanto o más motivo que un policía o un guardia civil». Unas líneas más abajo, como no, la amenaza: «Es necesario combatir ideológicamente las noticias y deformaciones con que los imperialistas intentan confundir al pueblo».

ETA CREA SU PRENSA
En 1970, con motivo de la pugna suscitada en la VI Asamblea, ETA se fracturó en dos sectores: uno, el dominante, que extrema su ideología marxista hasta abrazar el troskismo; y otro, más nacionalista y apegado al uso de las armas. El combate ideológico que propugna ETA se plasma en la elaboración y difusión de publicaciones propagandísticas propias con las que hacer frente a los medios informativos. En «Langille-borroka» (Lucha obrera) los etarras se proponen «romper el dominio ideológico de la burguesía española. Esta ideología y su información llevan unos intereses antagónicos a nuestros intereses socialistas. Nuestra postura hacia ellos será una lucha sin cuartel». La identificación de la prensa con el capitalismo tiene su traducción práctica en los ataques que, con motivo del «juicio de Burgos», protagonizan grupos de etarras, que rompen ventanas de periódicos y entidades bancarias.

Consumada la escisión en el seno de ETA, los mayoritarios insistirán en denunciar «el servilismo de la burguesía opresora» de los medios informativos. En ETA-V Asamblea, más activista y menos ideológica, no hay ya casi vestigios de la lucha de clases. Prefiere la acción directa. En 1972, tras atentar contra «El Diario Vasco», «La Voz de España» y un repetidor de TVE en el monte Ulía, justifica sus acciones alegando que «prensa, radio y televisión no hacen sino repetir incansablemente el pensamiento del poder institucional.

Mientras ETA-VI Asamblea se afana en complicadísimas y delirantes elaboraciones ideológicas, los escindidos de la V se aferran a la línea dura, de la que no se escapan los periodistas. De la mano de su dirigente Eustaquio Mendizábal, «Txikia», inicia una campaña de «activismo armado». Dentro de esta escalada se registra un atentado frustrado contra un periodista de ABC, Alfredo Semprún, en 1971. Resulta relevante que hasta esa fecha ETA sólo hubiera cometido tres asesinatos y únicamente uno de ellos con premeditación —el del comisario Manzanas—. De haberse consumado el propósito de ETA, un periodista hubiera sido la segunda víctima mortal deliberadamente buscada por la banda.

En 1973, «Txikia» manda aún en ETA. Ese año se elabora un documento titulado «Estrategia, táctica y técnicas de la lucha armada», en el que bajo la influencia de los tupamaros uruguayos, se establece como táctica emplear la «guerrilla urbana». Los medios de comunicación siguen siendo objetivo de esta estrategia pues se propugnan «atentados contra el sector nacionalizado del Estado (locales oficiales, ferrocarril, TV, radio)». Se llega a teorizar sobre la necesidad de ocupar «las estaciones de radio y televisión». La previsiones de aquel documento son llevadas a la práctica poco después, ya que los ataques a repetidores de TV, ocupaciones de emisoras de radio y campañas de boicot contra periódicos o periodistas son habituales.

TODO SIGUE IGUAL
Coincidiendo con el final del franquismo, en los albores de la Transición, vuelve a producirse en ETA una nueva escisión, fruto de la cual es la aparición de dos grupos: ETA militar, que hoy sigue actuando, y ETA político-militar, que tras diversos avatares, terminan por desaparecer del mapa. El triunfo de los «milikos» simplifica bastante el alambicado discurso de tiempos pasados sobre los medios de comunicación. No se toman demasiado tiempo en teorizar. Para los actuales miembros de ETA, los medios de comunicación son una parte de la estrategia policial del Gobierno central, los periodistas son policías y forman parte de una depurada estrategia de «intoxicación» o desinformación. Se trata de conceptos sencillos, reiterados sistemáticamente, que calan entre las bases sociales que apoyan a ETA, en las que genera una hostilidad permanente contra los profesionales del ramo. El periodista es, por tanto, un enemigo. No tardarían en llegar el asesinato de José María Portell, director de la Hoja del Lunes de Bilbao, en 1978.

LOS PERIODISTAS, COMO HITLER
ETA desarrolla esta teoría en un artículo titulado «La intoxicación informativa como arma de la oligarquía contra el movimiento de liberación nacional vasco». El título ya es lo suficientemente expresivo. Poniendo como ejemplo a Hitler, la banda asegura que la burguesía ha utilizado los medios de comunicación «para apuntalar el entramado ideológico en que se basa el sistema capitalista. La burguesía basa su campaña de intoxicación hacia las fuerzas revolucionarias vascas en dos vertientes: la continuación de las alucinantes notas de la Policía y los Gobiernos Civiles, y la tergiversación en los órganos de prensa con la publicación de burdos reportajes». Y es que para los etarras, los medios de comunicación «participan en una intensa campaña de intoxicación y desprestigio» de ETA y sus apoyos políticos.

CRECEN LAS ACUSACIONES
Esta rudimentaria interpretación del fenómeno informativo tiene un notable éxito en el mundo político que gira alrededor de los etarras, que va a ser protagonista de fuertes acusaciones y polémicas con los medios de comunicación y sus profesionales. La asociación para la enseñanza del euskera, AEK, es un manifiesto publicado en el diario Egin en diciembre de 1982, afirma: «En estos tiempos en los que la profesión periodística se está convirtiendo en algo cada vez más execrable, en un continuo plegarse a las exigencias del Ministerio del Interior, la figura del periodista “triunfante” es la del redactor-policía. Para éste, toda posible novedad “profesional” se realiza en la esfera de la intoxicación y manipulación informativas».

DERRIBAR EL MURO
Este tono permanece inalterado desde hace veinte años. Un comunicado de la banda —fechado en enero del año 1983, tras una manifestación de las Gestoras pro-amnistía— aseguraba que el Partido Socialista «ha descargado el elemento coercitivo de los medios de comunicación, construyendo un muro de silencio o tergiversación en torno al relevante acontecimiento».

Un año más tarde, una circular interna del Comité Ejecutivo de ETA desvelaba que la propia banda estaba sitiada por tres cercos: el primero de ellos, el informativo «que actúa arrinconando y minimizando todo lo posible nuestras acciones». Los otros cercos eran el político y el policial. Ese documento nos devuelve a ese mes de diciembre de 1959 y al triple atentado contra el Gobierno Civil de Vitoria, el cuartel policial de Indauchu y el periódico Alerta. Las tres obsesiones de ETA siguen vigentes.

El español conquista Brasil
Los centros apuestan masivamente por el castellano incluso antes de aprobarse una ley que obliga a estudiarlo en primaria
JUAN ARIAS, Río de Janeiro (08-05-00) El País  8 Mayo 2000

En la pizarra de una de las clases de español del Colegio Édem, de Río de Janeiro, se puede leer: "¿Qué cuadro pintó Picasso en 1937?". La profesora no pretende enseñar sólo el idioma. Se esfuerza en hablar de música, pintura o cine español. Una de las alumnas, Julia Kligerman Antunes, de 16 años, que estudia segunda media (que equivale a 1º de bachillerato español), resume la opinión de muchos jóvenes brasileños: "Estudio español porque estoy convencida de que, para cuando yo entre en el mercado de trabajo, esta lengua va a ser fundamental en Brasil. Pero, además, me gusta todo lo que tiene que ver con España".

En Brasil, las universidades, los colegios y las academias de idiomas no han esperado a que se apruebe definitivamente la ley que impondrá la enseñanza obligatoria del español en los tres últimos años de primaria para impartirlo. Muchas de ellas van más allá y lo enseñan en casi todos los cursos. Las últimas enmiendas a la ley se aprobaron el pasado agosto en el Senado y ahora sólo queda esperar la ratificación del Congreso.

Un deseo antiguo
El colegio Édem está situado en la calle de las Palmeras del castizo barrio de Botafogo. Las clases de castellano ya son allí obligatorias en el primero y segundo año de enseñanza media (que equivalen a los españoles 4º de ESO y 1º de bachillerato) y optativas en el tercero (2º de bachillerato). Es un colegio privado con 500 alumnos, muy buscado por las familias de clase media por las posibilidades de sus medios educativos. Su director, Rico Cavalcanti, justifica así el haber decidido colocar el español como asignatura obligatoria: "Para nosotros era un deseo antiguo. Siempre hemos considerado que el español es la lengua más próxima a la nuestra. Lo hemos hecho pensando en el futuro bilingüe al que se encamina Brasil".

La profesora de español de este colegio, Tais de Almeida Mezquita, que se formó en las universidades de Salamanca, Navarra y Málaga, dice que cuando ella escogió estudiar español en la Universidad Federal de Río de Janeiro era la única que estudiaba esa lengua. Ella fue una de las pioneras en formar la primera asociación de profesores de español en Brasil, que fue la que promovió la aprobación de la actual ley que impone el estudio obligatorio del español en todo el país.

El director y la psicóloga del centro, Cybele Gurgel, opinan que "no se trata sólo de dar la posibilidad de aprender una lengua; se abre una puerta al país para entrar en una nueva cultura: la hispana y latina, más cercana para los brasileños que la anglo-norteamericana". De ahí que el aprendizaje en el Édem se haga a través del conocimiento de la música, la literatura, el cine y el arte españoles.

Todos se están adelantando a lo que el director del español Instituto Cervantes de São Paulo, Paco Moreno, llama "un clima favorable hacia el español y lo hispánico, que se hace cada día más evidente". El Cervantes ha impartido en un año cursos de formación para más de 1.000 profesores, y han desfilado por el centro para impartir conferencias y participar en actos culturales algo más de 4.000 personas. Moreno añade que lo más notable es que la clase trabajadora se está ahora dando cuenta de la importancia del español para el futuro de sus hijos.

Las universidades, tanto las públicas como las privadas, se están viendo desbordadas ante la petición de cursos de español. La universidad privada Estácio de Sá, una de las más enraizadas en Río de Janeiro, cuenta ya con cinco centros de enseñanza del español. Zulema Zbrun de Puma, una argentina que ejerce de coordinadora general de esos centros de español, dice que trabajan en colaboración con las Universidades Asociadas de América Latina (Uniaal), una organización formada por siete centros con sede en esta universidad de Río. Por el momento, todos sus profesores son latinoamericanos, aunque están buscando también españoles. "Brasil se ha dado cuenta de que España está poniendo sus ojos en este país", dice la coordinadora, "por eso, la búsqueda de la lengua española no es sólo por el interés por los países del Mercosur".

En la Universidad Estácio de Sá existen ya cursos para todos los gustos. "La gente se está dando cuenta", dice Dayra, una de las profesoras, que vive desde hace 18 años en Brasil, "de que hay una serie de profesiones para las que va a ser indispensable el español, como las de comunicación, publicidad, secretariado, hostelería, relaciones internacionales, medicina y, sobre todo, para las empresas".

Pedro Calavia, director del colegio español Miguel de Cervantes de São Paulo, con 1.500 alumnos y otros 900 alumnos en los cursos nocturnos de español, confirma que todas las empresas, y no sólo las de participación española, están pidiendo con urgencia que el colegio les organice cursos dentro de sus mismas empresas. Una de las últimas que lo han solicitado ha sido la compañía de automóviles Ford. Calavia afirma que se está conjugando en Brasil la necesidad de estudiar español con la búsqueda de la cultura española. Una demostración ha sido el enorme espacio que los periódicos, el cine y la televisión han dedicado al Oscar de Almodóvar.

Escasez de material para seis millones de alumnos
J. A, Río de Janeiro
En cuanto el Congreso apruebe definitivamente la obligatoriedad del español para unos seis millones de estudiantes, el gran problema va a ser la falta de material didáctico y humano, afirma Paco Moreno, director del Instituto Cervantes de São Paulo. "Brasil se encuentra ante decisiones importantes, a las que tendrá que hacer frente", dice. Por lo que se refiere al material didáctico, todos los profesores se quejan de que para los cursos de idiomas sólo pueden contar con libros importados de España, pero que no están adaptados para Brasil. En cuanto a los libros que van a ser necesarios para el estudio oficial del español en las escuelas, algunas editoriales brasileñas compradas por la española Anaya están empeñándose en preparar parte de ese material didáctico, pero sin dar abasto.

En los colegios visitados por este periódico, por el momento las clases de español las están dando con fotocopias de libros y de periódicos o revistas. En este sentido, la llegada a Brasil de la edición internacional de EL PAÍS ha sido muy bien recibida. El material didáctico supone al mismo tiempo un reto y una apertura de trabajo para las editoriales.

Otro de los problemas es el del material humano. Como afirma Pedro Calavia, director del colegio de español Miguel de Cervantes, de São Paulo, el problema para el Gobierno de Brasil va a ser la preparación de profesores titulares bien formados. En el colegio español, por ejemplo, todos los profesores son titulados en la Universidad. Pero, ¿qué va a pasar con esos casi 200.000 profesores de castellano que va a necesitar Brasil para sus escuelas? Paco Moreno piensa que, por una parte, subirá el nivel de preparación de los profesores, pero que, por otra, tendrán que improvisarse muchos profesores y eso podría hacer bajar el nivel general de los mismos.

Los actuales profesores de español en Brasil aseguran que no tienen problemas de trabajo. "Al contrario", afirma Zulema Zbrun, de la Universidad Estácio de Sá, "a los profesores de español se los están rifando. Y todos los que dan clases en colegios o universidades son después muy buscados, sobre todo por empresarios y ejecutivos para clases particulares".

Existen academias de idiomas que hasta ahora daban fundamentalmente cursos de inglés y que ahora les ofrecen gratis un curso de español a todos los que se matriculen de inglés. Y es que el estudio del castellano se está convirtiendo incluso en un anzuelo que se utiliza en la misma publicidad.

¿Cuál será la futura lengua del país?
J. A, Río de Janeiro
El lingüista norteamericano Steven Fischer, de 52 años, actual director del Instituto de Lenguas y Literaturas Polinesias en Nueva Zelanda, que se hizo famoso en 1990 tras haber conseguido descifrar las inscripciones de la isla de Pascua, acaba de sorprender a los brasileños al afirmar que en un futuro lejano Brasil tendrá una nueva lengua, nacida de la mezcla del español y del portugués. Según ha afirmado a la revista Veja, eso es inevitable porque Brasil "está rodeado por países que hablan español" y no sólo el portugués se va a ver fuertemente influido por el español, sino también éste por el portugués.

Dicha nueva lengua, que podría nacer de la fusión de dos lenguas, como ocurrió un día en la creación del inglés, para Fischer no sería nada negativo: "Las lenguas, como los seres vivos, están en continua transformación y proceso de enriquecimiento". Según el lingüista, de los 6.800 idiomas que hoy se hablan en la Tierra, dentro de 300 años apenas quedarán 24 y, entre ellos, el inglés, el chino y el español serán los más hablados en el planeta, y la mayoría de las personas dominará una de esas tres lenguas. Piensa Fischer que otras dos lenguas que no desaparecerán serán el árabe y el hebreo, dada la importancia religiosa de las mismas, como ya aconteció con el latín en otros tiempos.

Transformaciones
Según el filólogo, "los idiomas no son piedras, sino esponjas", y el portugués de Brasil ha sufrido ya tantas transformaciones que "aún es la misma lengua, pero con enormes diferencias". Y añade: "Si esa tendencia continuase, nos hallaríamos enseguida ante dos idiomas. Los brasileños ya no entenderán a los portugueses. No es que los brasileños hablen un portugués equivocado, es que lo hablan con una gramática diferente".

Para el filólogo, las transformaciones sufridas por el portugués brasileño, que se va a ver ahora más influido aún por el español, "es una prueba de su fuerza y de su vitalidad, no de su debilidad". Según señala, las lenguas que a lo largo de los tiempos no se innovaron acabaron siendo sustituidas por otras. Y recuerda que, de las 10.000 palabras más usadas del inglés, el 32% son de origen anglosajón, y el 45%, del francés.

Fischer explica el conocido fenómeno de que las personas de habla portuguesa entienden mucho mejor a un español que al revés, por la existencia de los sonidos nasales en el portugués y porque los que hablan dicha lengua no pronuncian el final de los palabras. "De ahí que los españoles", dice Fischer, "se sientan más perdidos al oír hablar portugués que no al revés".

 

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