AGLI

Recortes de Prensa    Miércoles 10 Mayo  2000
#El bueno, el malo y las víctimas
FERNANDO SAVATER El País 10 Mayo 2000  

#La hora de las víctimas
Editorial ABC 10 Mayo 2000  

#La amenaza
IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC  10 Mayo 2000  

#Hablemos de fascismo
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  10 Mayo 2000

#De momento, elecciones
Editorial El País  10 Mayo 2000  

#Sueños de la historia
JAVIER PRADERA El País 10 Mayo 2000  

#Escribir
Antonio García Barbeito * La Estrella 10 Mayo 2000  

#ETA y la utilidad inmediata del crimen
Lorenzo Contreras La Estrella 10 Mayo 2000  

#Ignominia, vergüenza
EDUARDO HARO TECGLEN El País 10 Mayo 2000  

#CONTRA ETA COMO CONTRA LOS GAL, DESDE EL DERECHO Y LA PRENSA
EDITORIAL El Mundo 10 Mayo 2000  

#Perdido por Irlanda
JAVIER ORTIZ El Mundo 10 Mayo 2000  

#El Foro Ermua reúne a miles de personas en Bilbao para denunciar el "fascismo" de ETA
AITOR GUENAGA / EVA LARRAURI, Bilbao El País 10 Mayo 2000  

#Dura contestación política a Ibarretxe de miles de vascos que exigieron de nuevo su dimisión
BILBAO. I. Souto ABC 10 Mayo 2000

#Pujol o la prudencia de una rectificación a tiempo
IMPRESIONES El Mundo 10 Mayo 2000 


El bueno, el malo y las víctimas
FERNANDO SAVATER El País 10 Mayo 2000  

Para empezar, dos anécdotas. Al día siguiente de la triste humorada de Arzalluz sobre los "inmigrantes" culpables de obstaculizar con su peso político un hipotético referéndum de autodeterminación, el diario Deia -junto a diversas exculpaciones de cualquier sospecha de mala intención xenófoba en el líder máximo- publicaba el siguiente chiste: dos ertzainas llevan detenido a un tipo de malas trazas, que comenta: "Bueno, mi padre y mi madre eran inmigrantes, pero yo llevo ya 40 años robando aquí, así que soy tan vasco como vosotros". Segunda anécdota. Participé hace unos meses en un programa matutino de televisión dedicado a la situación en el País Vasco. Al dar paso a las llamadas de los telespectadores, el primero que telefoneó -creo que desde Irún o Rentería- comentó que él era nacionalista, contrario desde siempre a la violencia etarra, pero que tras haberme escuchado había llegado a la conclusión de que los españolistas le caían aún peor que los violentos. Son dos botones de muestra por los que asoma lo que hay en el inconsciente nacionalista, que en casos como éstos hierve directamente debajo de la boina, sin el fastidioso trámite cerebral que otras veces lo disimula un tanto. El inmigrante poco sumiso es un depredador, indigno de la hospitalidad que ha recibido en el Gran Caserío en el que todos vivían tan felices; los no nacionalistas que se "posicionan" contra el nacionalismo obligatorio, aunque no maten a nadie ni pongan bombas, siempre estarán peor vistos que los terroristas, chicos brutos pero después de todo de la familia. Con estas directrices se informa en el País Vasco, con ellas se gobierna, con ellas las autoridades premian o marginan y, sobre todo, con ellas y desde ellas se educa. Y a partir de tal educación (insisto: directamente a partir de ella) se mata.

Los papeles revelados por ETA, que testimonian lo acordado entre el PNV, EA y los terroristas, han confirmado lo que algunos ya temíamos saber: que están de acuerdo en lo esencial y sólo difieren en los modales y en los plazos. Unos son partidarios de avisar diciendo "¡la bolsa o la vida!", mientras que los otros, más prácticos, dan por sentado que al que le han quitado la vida es fácil después quitarle también la bolsa. Lo peor de esos papeles infames no es si los supuestos demócratas firmaron el anverso, el reverso o no se pusieron de acuerdo en el precio final en el que pretendían vender la libertad de los otros: aún más siniestro es que en el tono general de ese cambalache se excluían los argumentos y las instituciones políticas en las que creen más de la mitad de los ciudadanos vascos. Nadie no nacionalista podría reconocer sus intereses políticos ni en lo que dijo ETA ni en lo que dijeron sus interlocutores. Y recuerdo a quienes ahora se niegan a dar más crédito a la banda criminal que al Gobierno vasco que no hace tanto fue el propio Xabier Arzalluz, desde su púlpito asnal, quien nos aseguró que "ETA no miente". Supongo que ETA también miente, como todo el mundo, pero al lado de Arzalluz o Ibarretxe su veracidad es comparable a la legendaria de George Washington.

El ciudadano no nacionalista se encuentra en Euskadi como el sospechoso en la Dirección General de Seguridad franquista: hay un policía malo, que te zurra para que hagas lo que te ordena, y otro bueno, que te aconseja por tu bien que no le lleves la contraria al malo para evitarte males mayores. Y al final algunos terminan creyendo que el bueno es bueno de verdad y que sólo los obstinados "frentistas" pueden desatender sus bienintencionados consejos. Como José Luis López de Lacalle ya conocía esos usos policiales del franquismo, nunca se dejó engañar por tan burdo reparto de papeles. Mi amigo José Luis opinaba lo que la izquierda siempre ha pensado, hasta la llegada de lumbreras como Javier Madrazo, Margarita Robles y Odón Elorza: que lo mismo que el racismo es una forma de cretinismo moral, el nacionalismo (concretamente el que hoy pretende disgregar Estados democráticos en que se respetan los derechos de las minorías y enfrentar artificialmente comunidades étnicamente plurales en busca de una imposible homogeneidad) es una forma de cretinismo político. Y que es un deber de cualquier persona de izquierdas con un mínimo de conciencia cívica comprometerse pacífica pero tenazmente contra semejante dislate. Por hacerlo así le han matado a José Luis los "malos", y los "buenos" se lamentan, gimiendo: "¡Ya se lo advertimos! ¡Si nos hubiera hecho caso...!".

En el debate de investidura, Anasagasti preguntó al presidente Aznar qué pensaba hacer para acabar con ETA, con la que no pudo la represión franquista ni el plan Zen. Y cuando se habla de elecciones anticipadas y de un posible triunfo del PP, algunos se preguntan de qué servirá eso. A mi juicio, ninguna de las dos preguntas es tan aporética como parecen suponer quienes las formulan. Anasagasti debería recordar que con ETA no acabó la represión policial de Franco, pero tampoco la amnistía, ni el estatuto, ni 20 años de Gobierno nacionalista. Es tan lícito pensar en la imposibilidad de una derrota policial como en la imposibilidad de una derrota política de ETA. Lo que parece proponer el PNV es reconocer finalmente del modo menos traumático posible, la victoria del terrorismo; y como casualmente lo que quieren los terroristas no es tan diferente de lo que pretende el propio PNV (o al menos algunos de sus actuales dirigentes), la concesión les resulta soportable. Pero otros muchos creemos, en cambio, que la convivencia democrática en Euskadi pasa necesariamente por la derrota inequívoca de ETA: es decir, de la violencia, de la ideología legitimadora de la violencia y de la cultura hagiográfica de la violencia. Sabemos que esa tarea es, sin duda, difícil y ciertamente arriesgada (para algunos, claro), pero no imposible. Lo único imposible es regenerar a los verdugos ofreciéndoles el cuello para que desistan de morder, como los lobos buenos.

Y aquí viene la otra pregunta: ¿en qué cambiaría la situación si tuviésemos por fin un lehendakari no nacionalista? Pues para empezar cambiaría -¡y mucho!- la situación del propio PNV. Quizá un fracaso electoral ayudase a que los elementos más flexibles y equilibrados dentro de él, los que saben que sin limpieza étnica la situación sociopolítica del País Vaco nunca va a ser radicalmente distinta de la que hoy conocemos, transferencia arriba o transferencia abajo, ganasen posiciones y regenerasen el momificado partido heredero de don Sabino. Cambiaría sobre todo la situación de los no nacionalistas, que por fin nos veríamos representados y amparados por el Ejecutivo, en vez de ser culpados de las agresiones que sufrimos por los mismos que no cumplen con su obligación de evitarlas. Cambiaría la relación de la sociedad con los verdugos y con las víctimas: quizá lográsemos hasta ver teleberris en que se tratase con mayor miramiento a éstas que a aquéllos. Y nos sentiríamos de nuevo todos haciendo política, no intrigas de salón o guiños nerviosos a los morroskos de la pistola. Porque ya se ha terminado definitivamente el tiempo de los reproches silenciosos, de los razonamientos bienintencionados con quien sólo escucha para apuntar el nombre y la dirección de su antagonista: es el momento de hacerse presentes en la calle, en el Parlamento, en los centros educativos, en todos los espacios donde se dirime la contienda cotidiana. Y volver a gritar ¡basta ya!, ¡basta ya!, ¡basta ya! Fernando Savater es miembro del Foro de Ermua y de la plataforma ¡Basta ya!

La hora de las víctimas
Editorial ABC 10 Mayo 2000

AYER se celebró en Bilbao una multitudinaria manifestación de ciudadanos vascos, convocados por el Foro de Ermua, a la que se adhirieron populares y socialistas bajo el lema «Contra el fascismo, por la libertad». De forma pacífica y firme, el movimiento cívico que nació tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco volvió a dejar patente que en el País Vasco aún está en pie la dignidad frente al terrorismo, apuntalada más aún con el recuerdo vivo y emocionado de José Luis López de la Calle. Fue la manifestación de las víctimas, de los coaccionados, de los atemorizados y de los perseguidos que han abandonado la resignación para decirle a ETA que ya basta. Su mensaje era claro e inequívoco porque condensaba la única reacción éticamente admisible contra ETA, sin suavizarla con matices ni eufemismos por los que pudiera colarse la ambigüedad o la equidistancia. Quizá por esto no asistieron los nacionalistas, quienes entienden que la unidad sólo es posible cuando consiste en la adhesión a sus postulados; quizá la cruda sinceridad de la propuesta del Foro de Ermua hizo pensar a los nacionalistas que la manifestación iba contra ellos.

Como sucede después de cada atentado, ahora empieza el turno del victimismo del PNV y de EA, de sus quejas doloridas por la incomprensión que sufren al ser asociados al terrorismo. Ya lo dijo Arzalluz: nadie ha hecho tanto por la paz como el PNV. La interpretación nacionalista de la manifestación de ayer se ajusta a este discurso mental y la consecuencia es la transmutación de las intenciones y de los papeles. También lo han dicho algunos dirigentes del PNV: los asistentes a la manifestación manipularon el último atentado de ETA para arrojarlo al rostro del nacionalismo. De esta forma los responsables del PNV y de EA superarán el trance de estos días anestesiando su conciencia, exonerándose de cualquier autocrítica, porque en realidad, para ellos, el acto de ayer no fue un recuerdo cordial de López de la Calle y de las demás víctimas de ETA, sino un auto de fe inquisitorial contra el nacionalismo, promovido con fines partidistas. Por esto tampoco estuvo Ibarretxe. Su ausencia ya no es relevante como noticia, porque Ibarretxe vive permanentemente refugiado en su propia nada. Pero sí es un dato que agrava su decrepitud política. Lo lógico habría sido que el lendakari de todos los vascos hubiera acompañado a aquellos que más necesitan el respaldo de las autoridades, aun a riesgo de ser reconvenido o criticado. Pero Ibarretxe ya no tiene ni un rescoldo de dignidad que le permita un simple gesto de solidaridad, público, sin protocolos oficiales, con quienes mañana pueden estar doliéndose nuevamente. Estas víctimas, esta sociedad maltratada es la que ahora más que nunca debe sentirse amparada por los partidos constitucionalistas, identificados con la misión urgente y común de recuperar al País Vasco de la marginación en que se encuentra por culpa del nacionalismo.

La amenaza  
Por IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC  10 Mayo 2000

EN una sociedad capaz de observar cierto culto del coraje, hay dos cosas que nadie puede hacer jamás: una es amenazar; la otra, dejarse amenazar. Pero el caso es que en España todos estamos amenazados de muerte. «¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte?», se preguntaba Borges, antes de proponer una «boutade» euclidiana al hilo de la perplejidad: «Lo interesante —decía—, lo original, sería que alguien lo amenazase a uno con la inmortalidad.»

Nada original hay desde luego en el hecho repetitivo de la muerte, cuyos comentarios, generalmente de índole más sentimental que racional, pueden escribirse de antemano. Estamos, pues, donde estábamos hace lo menos treinta años, lo cual también revela la incompetencia de varias generaciones de políticos empeñados en discutir si los lobos son galgos o podencos, mientras los combaten con ideas que no se pueden realizar o con acciones que no se pueden idealizar.

Ahora, al cabo de tres décadas de muertos bien muertos, cuando las mentiras anestésicas parecían agotarse, la sensiblería progresista cree resurgir con un hallazgo ideológico que en forma de consigna se reduce a llamar fascistas a unos pistoleros montaraces que matan por encarnar lo que en buena literatura marxista se conoce como «idiotismo de la vida rural». Bueno, ¿cómo no admirarse de una sensiblería que no renuncia al afán de búsqueda de axiomas euclidianos en el campo de la política para clasificar el crimen?

Tratar de acomplejar a un pistolero con el mote de fascista puede resultar tan entrañable como el nerudiano «Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado...», pero sólo literariamente. Racionalmente, el hallazgo supone, de entrada, una perversión intelectual: el fascismo consiste esencialmente en el sometimiento del legislativo al ejecutivo, consideración, por cierto, que no va a hacer que le tiemble el pulso a ninguna comadreja del hampa. Emocionalmente, en cambio, el hallazgo a lo mejor es eficaz: después de todo, siempre habrá gente que, si lee que los cabestros que conducen a tiro limpio una manada nacionalista son fascistas, además de quitarse un peso de encima, piense: «Hombre, ahora lo entiendo todo.» Es la solución progresista. La otra solución, la reaccionaria, ya fue aplicada en su día, con los resultados conocidos.

Bajo gobiernos que, curiosamente, se las echaban de progresistas, el Estado no podía matar, porque había rechazado la pena de muerte, y como el Estado no podía matar, se decidió hacer el trabajo a espaldas suyas. Era, otra vez, esa nefasta mentalidad que, descrita por Julio Camba con motivo de otros sucesos semejantes, hace que algunos políticos reduzcan cualquier movimiento contra el Estado a los términos de una querella particular contra ellos, que lo afrontan con el aire fanfarrón con que pudieran afrontar una cuestión personal. «El Estado son ellos, igual que lo era Luis XIV, pero no porque ellos tengan de su función de ministros una idea semejante a la que tenía Luis XIV de su función de monarca, sino, sencillamente, porque no tienen acerca del Estado ni la menor idea.»

La modesta idea que uno tiene del Estado es la de la imposición por la fuerza de un orden social del que siempre podremos discutir si representa mejor las voluntades de los fuertes que las esperanzas de los débiles. Garantizar esta discusión, se nos dice, es la primera obligación de un Estado democrático, que pasa sólo por una condición: proteger la vida de los que discuten, que son los ciudadanos. Pero hoy, aquí, todos los ciudadanos están amenazados de muerte, y esta amenaza convierte cualquier gesto de coraje en un acto de heroicidad o de martirio. Como método de defensa, manifestarse en silencio tampoco nos hace abrigar muchas esperanzas. Para empezar, su éxito depende de la repugnancia moral del adversario. A Gandhi le funcionó contra las autoridades británicas, que no estaban preparadas para matar a personas que no hacían nada para defenderse, pero hay que pensar que el resultado hubiese sido distinto ante la amenaza nazi o soviética. O ante la amenaza vasca, cuya inspiración, nazi o soviética, todavía, ya ven, preocupa a tantos.

Hablemos de fascismo
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  10 Mayo 2000

ME ha llamado siempre la atención el disfrute espiritual de ciertas gentes cuando utilizan el término fascista. Se diría que, al hacerlo, se sienten plenamente realizados. Por lo mismo no ha dejado de sorprenderme que este mismo término se eluda de forma tan cuidadosa en ocasiones en las que resultaría obligado.

Es evidente que estamos ante un recurso del pensamiento políticamente correcto y/o de la pereza mental. Muestras de autoritarismo banales son calificadas con gran ligereza como expresiones fascistas mientras son eximidas de esta condena actitudes, situaciones o biografías que responden a todas las exigencias. Esta utilización incorrecta, ya sea por defecto o ya por exceso, es muy frecuente en el discurso sobre el País Vasco. En este caso la consideración fascista se aplica a ETA y no al PNV en función de la condición terrorista de aquélla, no por las características de sus concepciones ideológicas y políticas. Son los métodos —violentos o no violentos— los que determinan que una organización sea o no considerada fascista. Con criterios como éstos ni Haider ni Le Pen deberían ser tenidos por fascistas.

Con ETA nos ha pasado algo muy significativo: después de haberla tratado como un movimiento de liberación nacional y antifascista, ya en democracia, se le quitó toda consideración «política» para tratarla como una simple banda de criminales. Hoy es evidente que ningún demócrata niega su carácter «político» aunque, al tiempo afirme que se trata de una banda criminal. Como lo es. En el caso de ETA el término fascista es tan ajustado como un guante a una mano. Lo que digo es que lo es no sólo porque mate sino porque tiene un diseño de sociedad totalitario, excluyente, xenófobo. Es decir, ETA es fascista aun cuando deje de matar porque lo que le define como tal es su proyecto político.

Pero si saltamos al PNV, la cosa comienza a complicarse para los bien pensantes. También en este caso la imagen tradicional dificulta la consideración: hasta hace muy poco tiempo el PNV estaba clasificado como movimiento democrático y pacífico. En España hay una manga muy ancha para los nacionalismos mientras en otras partes son considerados al menos como protofascismos. Ha sido necesaria la firma de los pactos de Estella, y con ETA, para que el PNV haya comenzado a perder su prestigio democrático. Sin embargo se le salva del calificativo de fascista, lo que no resulta fácil desde el punto de vista de la coherencia doctrinal y política porque, ¿cómo, si no, juzgar al socio de un movimiento fascista y terrorista?

En este punto aparece la inconsecuencia de muchos. Piensan que se trata de algo pasajero, que el PNV superará este trance. En auxilio de la buena imagen del partido de Arzalluz se cita al amigo estupendo, padre de familia, buen empresario, con sentimientos humanos contrastados. Hitler actuó solo. Pero si de la imagen en el pasado y de las buenas intenciones pasamos al análisis de la ideología del PNV, de sus concepciones y de su proyecto de sociedad, ¿con qué nos encontramos? Con una desvergonzada xenofobia, con la creencia en una comunidad elegida, superior, con el mito de la raza y de la nación expansiva. Y eso tiene un nombre.

Dicho esto hay que recordar que los miembros del pacto de Estella no llegarán a coronar nunca sus sueños porque ni arrastrarán a la mayoría con las urnas (sino todo lo contrario) ni serán capaces de vencer al Estado ni podrán anular la idea de la nación española en buena parte de la sociedad vasca. La enloquecida idea de la expansión territorial, propia de los fascismos, no sólo termina en Navarra y los Pirineos sino en Álava. En definitiva se hace un favor al fascismo nacionalista cuando se dice que cumple todas las condiciones clásicas para su ascensión. Se trata de un fascismo, ciertamente, pero abocado a la frustración.

De momento, elecciones
Editorial El País  10 Mayo 2000  

LA DECISIÓN del Gobierno de Ibarretxe de no sumarse a la movilización convocada por el Foro Ermua no impidió que miles de ciudadanos se movilizaran ayer en Bilbao "contra el fascismo y por la libertad". La incapacidad del lehendakari para liderar la respuesta ciudadana contra el último crimen de ETA es un síntoma del deterioro de la situación vasca. Algo así habría sido impensable en tiempos de Ardanza.

Sin autonomía alguna respecto a su partido -paralizado, a su vez, por la resistencia de sus principales dirigentes a una rectificación que debería significar su retirada-, el Gobierno de Ibarretxe pierde autoridad moral y no es reconocido como propio por un sector de la ciudadanía que seguramente es ya mayoritario. Es una situación sin precedentes y bastante grave porque favorece las expectativas de ETA de polarización de la población y descrédito de las instituciones. Quizá unas elecciones anticipadas no arreglarían la situación, pero al menos contendrían su deterioro.

En su declaración de ayer, el Gobierno vasco acusó a Aznar de "carecer de sentido ético" y de caer en el juego de "la división y la descalificación" por sus críticas y emplazamiento al lehendakari a convocar elecciones anticipadas. Fue una torpeza de Aznar no distinguir entre su función de presidente del Gobierno y la de líder del PP. No es propio, y tampoco es prudente. Pero ello no debería ser excusa para rehuir la cuestión planteada: que Ibarretxe está en una situación imposible. Sometido al chantaje de una presencia dosificada de EH en las votaciones para no quedar en minoría, con lo que significa política y moralmente. El riesgo de que la "fractura política" se traslade a la sociedad, invocado ayer por el portavoz del Gobierno vasco, refuerza la necesidad de apelar a las urnas antes de que la deslegitimación de las instituciones se haga irreversible. La opción está entre seguir con un Gobierno dependiente del brazo político de ETA, cuya intención proclamada es acabar con las instituciones autonómicas, y la oportunidad de configurar una mayoría diferente en unas elecciones.

El argumento nacionalista de que cuenta con los mismos apoyos que cuando se constituyó es falaz. Ibarretxe fue elegido con el respaldo de los votos de EH, con la que luego suscribió un pacto de legislatura, sólo posible por la existencia de la tregua de ETA. Por lo mismo, es también equívoco el argumento de que en unas nuevas elecciones se repetirían los resultados. Y aunque así fuera, es imposible que PNV y EA pactasen, con asesinatos como el de De Lacalle, un acuerdo político con el brazo político de la organización terrorista.

La única coartada que quedaba a los actuales dirigentes nacionalistas es la posibilidad de que consiguieran convencer a ETA de una vuelta al alto el fuego, para lo que sería más útil que PNV y EA permanecieran en Lizarra y mantuvieran el Gobierno nacionalista actual, a pesar de su debilidad. Pero ha sido ETA quien ha destruido esa coartada al decir que la tregua era una trampa para fines distintos al de la paz. Agotadas las excusas, a Ibarretxe no le queda otra salida que disolver. Por imperativo democrático y por razones morales: hoy sabemos algo que se ocultó a los electores: que detrás de la operación de Lizarra existía un pacto con ETA. Lo decente es dar oportunidad a los electores de votar. Ahora que lo saben.

Sueños de la historia
JAVIER PRADERA El País 10 Mayo 2000  

La curiosidad taxonómica azuzada por el deseo de averiguar si ETA asesinó el pasado domingo en Andoain a un periodista, a un fundador del Foro Ermua, a un antiguo militante comunista o a un antifranquista condenado a prisión por los tribunales de la dictadura daría lugar a un debate ocioso; José Luis López de Lacalle fue todo eso y además un vasco unamuniano de cuerpo entero. Durante la presentación a mediados del pasado mes de abril en la librería donostiarra Lagun de la novela El sueño de la historia, de Jorge Edwards, la futura víctima de ETA charló premonitoriamente con el premio Cervantes chileno y otros amigos venidos de fuera sobre el asfixiante clima de intimidación creado en el País Vasco por la acerada garra de tenaza del terrorismo y la connivencia con sus crímenes del nacionalismo moderado.

López de Lacalle no llevaba escolta, aunque a finales de febrero la kale borroka de las tropas juveniles de asalto del nacionalismo radical le hubiese enviado ya su tarjeta de visita lanzando varios cócteles mólotov contra su vivienda; tal vez confiaba -equivocadamente- en que su ejecutoria democrática sería una barrera disuasoria para los asesinos.

Por el contrario, el aura de autoridad moral, legitimidad política y valor cívico que este sonriente, animoso y entusiasta guipuzcoano se había ganado a lo largo de su vida constituía sin duda un motivo de odio añadido para el pistolero que le tiroteó con alevosía la mañana del pasado domingo al regresar a su casa después de comprar los periódicos. Miembro del PCE y fundador de Comisiones Obreras, la oposición a la dictadura le costó a López de Lacalle cinco años largos de cárcel; Enrique Múgica ha subrayado la amarga paradoja que significa haber podido visitar en prisión durante el franquismo a su compañero y tener que ir ahora al cementerio para depositar flores sobre su tumba. Tras la consolidación de la democracia, López de Lacalle abandonó la militancia comunista, pero continuó peleando incansablemente por las libertades, esta vez contra ETA y sus cómplices. Sus artículos -primero en el Diario Vasco y después en El Mundo del País Vasco -fueron vehículo de una razonada, persistente y valiente denuncia de los crímenes de la banda terrorista y de las responsabilidades del nacionalismo institucional en la perpetuación de la violencia; la creación del Foro Ermua tras la atroz muerte del concejal Miguel Ángel Blanco contó desde el comienzo con su colaboración.

El asesinato de López de Lacalle prolonga la campaña contra la libertad de prensa iniciada en el nivel ideológico desde las filas del PNV y en el terreno operativo por los paquetes-bomba de ETA enviados a Carlos Herrera y Jesús María Zuloaga. En la sangrienta ofensiva emprendida para silenciar a los periodistas independientes o someterles a la cobarde lógica de la autocensura, la actual dirección del PNV (criticada desde sus propias filas por destacados nacionalistas demócratas) y el nacionalismo radical han intercambiado los papeles que venían desempeñando hasta ahora para dividirse el trabajo sucio: esta vez Arzalluz, Egibar y Anasagasti sacuden el árbol (marcando a los medios de comunicación que se niegan a secundar las consignas impartidas por el Pacto de Estella) y ETA recoge las nueces (disparando contra los blancos señalados por el irresponsable trío jelkide que ha inventado y difundido la letal calumnia de la Brunete mediática

Buena parte de los periodistas y de los medios amenazados cometieron en su día el imperdonable delito de anticipar el contenido de los documentos difundidos por Gara hace una semana: el alto el fuego de la banda terrorista fue una tregua-trampa y el Pacto de Estella una mera prolongación de los acuerdos secretos entre PNV, EA y ETA. Dentro de la lista de los condenados a muerte, López de Lacalle ofrecía para los terroristas un disvalor añadido: un resistente antifranquista que denunciaba ahora la barbarie fascistoide del nacionalismo radical, se presentaba como independiente en las listas electorales del PSOE y se enorgullecía de su amistad con Jaime Mayor Oreja. Antiguo miembro del PCE, López de Lacalle asumió sin el lacrimoso sentimiento de autocompasión de los narcisistas y sin la furia compensatoria de los conversos los crueles correctivos que la realidad del siglo XX impuso al sueño de la historia construido por los comunistas; nunca abandonó, sin embargo, el sueño de un País Vasco autónomo, tolerante, pluralista y pacífico dentro de la España democrática por la que había combatido siempre.

Escribir
Antonio García Barbeito * La Estrella 10 Mayo 2000  

Creo que fue de Federico García Lorca de quien dijeron: "Ha hecho más daño con su pluma que otros con la pistola". Más de sesenta años después de aquella frase, y aunque ya sonó a barbaridad en el momento de pronunciarse, el tiempo le quita a aquella voz toda la razón que creyera tener entonces: las pistolas nos dejaron sin muchas vidas, irrecuperables vidas, la de Federico, entre ellas; la pluma del poeta granadino sigue haciéndonos felices, y hará felices a cuantos se acerquen a él, a su palabra, cien siglos después.

Hoy, ya ven: hay un sector nuestro que hace daño con las pistolas y con la pluma; primero, con la pluma, porque marca con ella a quién hay que matar. Y después mata. Mala cosa. Cuando una persona cae en la espiral de su locura, sólo esa misma locura aumentada es lo que le alivia. Matar así es como la bebida para el alcohólico, al que la dipsomanía lo ciega de tal forma que sólo ve la salida por los vasos, en el vaso siguiente, y así hasta caer muerto o hecho una piltrafa. Matar así es una enfermedad. El hombre que no es capaz de pararse a pensar que a lo mejor, quién sabe, puede no llevar razón en todo, malo. Es una enfermedad, una patología. Es una paranoia en la que se creen que todos estamos contra ellos -y no estamos tanto contra ellos como contra sus acciones- y ellos no ven más solución que disparar a todo lo que se mueve.

No recuerdo ahora en qué película lo oí, pero es válida la frase para lo que intentamos comentar. En la película estaban un joven y un viejo. El viejo había sido un gran mujeriego, y el joven llevaba camino de serlo. En un momento, el viejo le dice al joven, más o menos: "Esto de ser un mujeriego es una locura, porque de una pasas a otra, pones toda la ilusión en otra, y cuando la has conseguido, buscas a otra. Y así toda la vida. Y es una locura porque al final, por mucho que vivas, no te podrás acostar con todas".

El terrorismo es un "mujeriego" de la muerte. Mata, no le satisface plenamente, pasa a otra muerte; mata y sigue hambriento. Pone el punto de mira en otra víctima, la mata y sigue, y se fija en otra, y mata, y sigue matando... Al final, por mucho que el terrorismo viva, no podrá matarnos a todos. Ni podrá matar a todos los guardias civiles, ni a todos los policías, ni a todos los políticos, ni a todos los jueces, ni a todos los periodistas. Es una enfermedad. ¿O es que acaso no lo es si se pasan toda la vida huyendo, escondidos como alimañas, siempre al acecho a ver a quién matan y a ver cómo salen indemne del asesinato? Matan a un guardia civil y salen mil tricornios más; matan a un político y las listas engordan en cada nueva convocatoria; matan a un periodista y salen ríos de tinta que ni sabíamos que existían como manantiales diarios. Es una enfermedad porque no puede ser salud lo que sólo asiste para el mal, lo que sólo aconseja muerte.

Aquí está este oficio, el de escribir. Por él podemos llegar a entendernos si el alfabeto se coloca como es debido -sintaxis de la buena salud mental-; aquí está la palabra, dispuesta a medirse con otras, incluso a enmendarse, si se escribe con error. Pero no es justa lid contestarle al verbo con interjecciones de plomo, que esas interjecciones, esas onomatopeyas, jamás podrán hilvanar un discurso de vida ni de entendimiento. Aquí está la palabra, dispuesta a corregirse, si yerra; aquí está, pidiendo más palabras, más pensamiento que la hagan posible, pero nunca como ganzúa con la que algunos abran los armeros. Si tan fuertes son sus razonamientos, si tan claros, si tan justos, que salgan a la calle como vamos nosotros, con la palabra diaria por toda arma. Y a ganar, o a perder. O a entendernos. Pero nunca enfrentarse con pólvora a los tinteros; nunca responder con pistolas a las plumas, nunca responderle con voz de cañón a la palabra, porque ahí no hay oportunidad para el otro. Claro que a lo peor pretenden acabar con todos. No lo conseguirán, pero si por cualquier locura lo consiguieran, se encontrarían con un problema: ¿quién le iba a escribir sus crónicas de guerra? Quizá entonces la insania, sola y atormentada, acabaría por ponerse el cañón de la pistola en el paladar. Pero ya sería demasiado tarde. * Escritor

ETA y la utilidad inmediata del crimen
Lorenzo Contreras La Estrella 10 Mayo 2000  

En su tenebrosa ejecutoria ETA ha ido pasando de la muerte como objetivo crónico y constante al asesinato como medio urgente. Es decir, del crimen como manifestación de presencia, caiga quien caiga en un amplio repertorio de víctimas más o menos anónimas o más o menos conocidas, al crimen de "utilidad" inmediata. Esto último convierte el tiro en la nuca en procedimiento para cambiar de inmediato una situación acuciante. Esa situación va siendo cada día más la exposición razonada de la sinrazón y el absurdo etarras. Estaba claro que la caída progresiva de ETA en la reputación de organización fascista tenía que relacionarse con los medios de comunicación en general. Una cosa venía siendo el horror de la sociedad, las condenas de los políticos, los llantos atroces de los familiares de las víctimas y otra diferente, cualitativamente distinta, la descalificación logística, analíticamente fría que va directamente al corazón del asunto y habla de la mente, a la capacidad pensante del ciudadano.

ETA, por tanto, ha ido abandonando el asesinato "porque sí" y pasando, sin solución de continuidad, al asesinato causal y personalizado. La eliminación del político por ser político, del militar por ser militar, del magistrado por ser magistrado, y así sucesivamente, va cediendo paso -al menos en los últimos tiempos- a la del comunicador que razona y disecciona la sustancia de lo que comunica. No se intenta quitar de enmedio a un periodista por ser periodista, y en razón de ello, miembro de una corporación hostil, sino al periodista por lo que añade a los hechos que cuenta. Para ETA es máximo delito, según su código, contribuir a instalar en la conciencia pública el sentimiento y la convicción de que ETA es una organización perversa que divide al nacionalismo o lo secuestra, según los casos, para sus fines de dominación, y que además lastima los sagrados intereses de la sociedad que le da cobijo, la sociedad de la que procede, a la que supuestamente quiere favorecer en un futuro de independencia y gloria patriótica.

Cuando estas esplendorosas promesas ganadas con las armas, en pretendidamente honrosa y hasta heroica lid, se transforman día a día en lo que de verdad es, un secuestro de voluntades por vía de temor, una suplantación de las libertades sociales, una superchería que oculta o camufla -si es que lo logra- los más negros fines.

ETA acaba notando a la larga en sus intereses de todo tipo, especialmente los electorales, las consecuencias de un goteo de verdades o consideraciones bien argumentadas. No es lo mismo la murmuración doméstica, de casino, que la aireación de las evidencias con apostillas de comentadores individuales o parapetados en la letras de los editoriales. Igual cabe indicar a propósito de la radio, cuya penetración en las mentes y ánimos de los escuchas acaban creando estados de opinión que ETA, especialista en segar vidas, no puede contrarrestar. Y siendo la letra y el pensamiento invulnerables, la banda recurre a la liquidación de las personas que las transmiten.

Por eso el inefable Arnaldo Otegi ha declarado, a propósito de la muerte de José Luis López de Lacalle, que ETA intenta poner sobre la mesa la pauta por la que el periodismo debe transitar, o como también se ha dicho, las advertencias contra la manipulación de los hechos por los medios de comunicación. Un dato más para llegar al convencimiento de que el ideario de ETA y sus métodos son fascistas. Para empezar ha logrado que puños en alto hayan saludado el paso del féretro de la nueva víctima por las calles de Andoain. Lo cual quiere decir que acaba de asesinar a un notorio y notable hombre de la izquierda, o sea, una persona cercana ideológicamente a ese fondo de creencias y dogmas que ETA siempre alimentó con vistas a una Eusakdi independiente, fuera ya de los parámetros de la estricta lucha nacionalista.

La banda asesina dispara, pues, contra las ideas que no concuerdan estrictamente con las suyas, contra la dialéctica que le es adversa. Opone a la patria de los demás o al concepto que de ella tengan, el mito de una "pequeña patria" homicida, como han manifestado tras la muerte de José Luis López de Lacalle los miembros del Foro Ermua.

Ignominia, vergüenza
EDUARDO HARO TECGLEN El País 10 Mayo 2000  

Se asumen las palabras del presidente del Gobierno al calificar el atentado de Andoain de miserable -dice el jefe del Estado-. Más allá, por la creciente situación de angustia civil en Vasconia. Todos decimos que otra guerra civil no se puede producir en España: se está preparando. Todas las guerras se ejercen sobre una masa de población que no comparte la exaltación. Pero recibe la muerte, después del miedo y el silencio. La salida que ofrece Aznar exige: con su vocabulario es la de unas elecciones generales. Temo que sea un espejismo electoral, como si lo que una vez salió opíparamente fuera a salir bien siempre.

Sospecho que los resultados de unas elecciones inmediatas serían sensiblemente iguales a los anteriores: sobre todo, si el candidato de Aznar es su ministro del Interior, Mayor Oreja: aunque le votaran los socialistas. Una gran parte de la población vasca, que considera la situación como el Rey, como Aznar y como yo, con perdón, considera culpable a Mayor como inspirador e inspirado de Aznar, por no haber aprovechado la tregua y haber echado sobre ella toda la confusión de la propaganda política, que es algo que habría que abolir en las naciones. Desde el principio de negar tal tregua, que duró año y medio, hasta el de considerar que era una trampa; y los gritos últimos, donde se confunde la consigna de "Mayor tenía razón", no ocultan al sentido común la realidad de que algo se ha aprovechado. Ya sé que una última fase es inútil porque la constitución de una nueva nación vasca sobre España y Francia es imposible, y que lo que no puede ser no es deseable. Ellos sí lo creen, y muchos que no son de ese tipo se han vuelto más bien nacionalistas por lo que consideran malentendido español de su verdadera situación. La existencia del cuartel de Intxaurrondo parece que les fortalece, y las condenas por el caso Lasa-Zabala, que aún ayer se dudaba de si los condenados irían a la cárcel, les fortalecen. Por todo eso, sin negar la ignominia y la vergüenza, y lo miserable del atentado (fuera de ideologías: cuatro tiros inesperados a un ciudadano sublevan a cualquiera que tenga un sentido de la vida y de los derechos humanos), parece que no debía utilizarse para buscar soluciones imaginarias y equivocadas.

CONTRA ETA COMO CONTRA LOS GAL, DESDE EL DERECHO Y LA PRENSA
EDITORIAL El Mundo 10 Mayo 2000  

Afirma Rafael Vera que la decisión de la Audiencia Nacional de encarcelar al general Enrique Rodríguez Galindo y a sus colaboradores, condenados por el secuestro y asesinato de Lasa y Zabala, va a propiciar «un banquete de celebración de la gente de ETA».

El sabe muy bien que la verdad es exactamente la contraria.

La organización terrorista nunca ha mostrado la menor satisfacción ante el hecho de que los crímenes de los GAL fueran investigados, enjuiciados y castigados por la Justicia española. Sencillamente, porque eso demuestra que éste es un Estado de Derecho, que fija con exacta precisión qué métodos pueden emplearse para combatir el crimen y cuáles no, y que penaliza tan severamente como sea necesario a quienes, so pretexto de defender la legalidad, la violan. Por muchos e importantes que sean los méritos que hayan acumulado en otros momentos.

ETA preferiría que el terrorismo de Estado quedara impune, para mejor establecer su equivalencia: cada uno en su bando, sí, pero todos igual de asesinos. Y si los malos servidores del bando del Estado además se han lucrado con el negocio de la guerra sucia, mejor que mejor.

Porque el criterio de los etarras siempre ha sido ése: cuanto peor, mejor. A veces el mismo PNV aplica también esa lógica perversa: por ejemplo, cuando desafía al Gobierno a ilegalizar a HB, o cuando explica que si el PP no detiene o fusila a sus líderes es porque «les protege Europa». La aplicación de la sentencia del caso Lasa-Zabala desarbola el discurso victimista del nacionalismo vasco.

Hay otro hecho que apunta, con muy certero simbolismo, en la misma dirección demoledora para ETA: el encarcelamiento del ex jefe de Intxaurrondo ha sido posible gracias al trabajo de investigación que realizó el mismo diario en el que publicaba sus artículos de opinión José Luis López de Lacalle. Esa prensa que, según sugirió anteayer Arnaldo Otegi en declaraciones inigualablemente odiosas, debería autocriticarse por su «estrategia de guerra» -EL MUNDO, en este caso-, es la misma que se comprometió en cuerpo y alma para aclarar todas las circunstancias del secuestro, tortura y asesinato de dos presuntos miembros de ETA. ¿Dónde encaja ahí la «estrategia de guerra»? Lo que hace EL MUNDO, como tantos otros medios periodísticos, es buscar la realidad de los hechos. Y son los hechos los que reniegan de ETA.

Los terroristas apuntan sus armas contra nosotros porque no soportan que digamos lo que realmente ocurre. Y porque proporcionamos tribuna libre a quienes reflexionan sin tapujos sobre lo que realmente ocurre. Y lo que realmente ocurre es lo que ayer se presenció en Bilbao, en respuesta a la convocatoria de una organización cívica carente casi por completo de medios e infraestructura, como es el Foro de Ermua: la multitud respondió a su improvisada convocatoria y se manifestó contra el fascismo de ETA.

Interprétenlo como quieran. Pero el hecho no tiene vuelta de hoja.

Perdido por Irlanda
JAVIER ORTIZ El Mundo 10 Mayo 2000  

Estaba el ejemplo de Irlanda. Muchos lo invocamos.

Nunca faltaba el listo que objetaba que Irlanda no es Euskadi. Como si uno no percibiera la diferencia entre Mikel Laboa y Christy Moore y tratara de cantar Amonatxo con la letra de Quiet Desperation.

Claro que son diferentes. Por fortuna para ambas.

Lo que tratábamos de señalar es que en Irlanda se produjo un esfuerzo colectivo por superar su inacabable conflicto. Que el IRA reconoció que estaba harto de matar para alcanzar una Irlanda unificada, republicana... y mítica, y que los gobernantes de la City admitieron que no tenían ningún interés en seguir condicionados por su negra agenda oculta.

Cada cual se declaró harto de representar hasta la náusea su papel, tediosamente cruel, y entre todos decidieron echar el telón y empezar a escribir otra obra.

Ese era el ejemplo. Y nosotros se lo propusimos a la sociedad española. Y, como representante de ésta, al Gobierno de Madrid.

Creímos que la otra parte estaba preparada para seguir un camino parejo.

Las actas de ETA publicadas por Gara nos han colocado en nuestro sitio. Somos -dicen los orfebres de la goma dos- «unos sabiondos». Estábamos dando por supuesto que ellos querían dejar de matar, y eso era falso. Pura calumnia. No era verdad que desearan retirarse de la escena y permitir que la política fuera, como escribió el pobre Clausewitz, «la continuación de la guerra por otros medios». Estaban prestos a dejar las armas, sí, pero sólo si el enemigo se rendía y aceptaba su exigencia principal: el derecho de autodeterminación de la población de los seis territorios históricos vascos (o, más exactamente, de los pobladores de esos territorios a los que ellos concedieran la categoría de vascos). Nada de pendejadas como la del IRA, que acepta como punto de partida de la paz una autonomía que no le llega ni a los talones a la que ya tienen las tres provincias vascongadas, de un lado, y la foral Navarra, del suyo.

Debieron de darse cuenta de que los escribidores «sabiondos» somos duros de mollera y por eso nos han puesto sobre la mesa la inapelable prueba material de su determinación autodeterminada: el cadáver de López de Lacalle, muestra de los riesgos que corre el que no piensa como es debido. (Gracias, Arnaldo: de no ser por este asesinato, jamás se me habría ocurrido pensar sobre el papel de los medios de comunicación en el contencioso. Ahora sí que estoy en condiciones de emprender una reflexión serena. Mi enhorabuena: te has ganado un adepto).

Así que, en resumen (y ya veo que no hay mal que por bien no venga): he comprendido que erré pensando que Irlanda nos servía de ejemplo. javier.ortiz@el-mundo.es

El Foro Ermua reúne a miles de personas en Bilbao para denunciar el "fascismo" de ETA
Denuncia al nacionalismo por querer imponer un "proyecto excluyente" de la mitad de los vascos
AITOR GUENAGA / EVA LARRAURI, Bilbao El País 10 Mayo 2000  

El silencio que acompañó ayer la marcha convocada en Bilbao por el Foro Ermua contra el asesinato de su cofundador y luchador antifranquista, José Luis López de Lacalle, se quebró al grito de "libertad, libertad". Frente al Ayuntamiento, miles de personas clamaron contra el "fascismo de ETA". En su alocución final, el presidente del Foro, Vidal de Nicolás, denunció las "obsesiones totalitarias" de los pistoleros. Censuró la "falacia" de los nacionalistas por querer imponer un "proyecto excluyente" de la mitad de los vascos y vender un "proceso de paz envuelto en el celofán de la construcción nacional".

"Los procesos de paz no se hacen con sangre, y menos con sangre de los demás, de los otros". La crítica, dirigida al PNV y EA, fue respondida con una salva de aplausos por los asistentes. El presidente del Foro Ermua censuró antes de la marcha la actitud del Gobierno vasco y del PNV y EA por no acudir a la manifestación. De Nicolás dijo que el Ejecutivo de Ibarretxe no tiene "legitimidad" para seguir gobernando y denunció que el lehendakari está dirigiendo el país de espaldas al pueblo, apoyándose en los "fanáticos" y en los del "lenguaje letal de las pistolas". Al término de la marcha, que tardó una hora en recorrer los más de dos kilómetros que separan el Sagrado Corazón del edificio consistorial, los congregados -60.000 personas según la organización, y 10.000 según la Policía Municipal-, De Nicolás advirtió entre aplausos: "No queremos regresar a las tinieblas de la caverna ancestral". Tampoco "resucitar la aldea rústica tradicional", y mucho menos vivir bajo la "tutela repugnante de los matarifes" de ETA.

A diferencia de la crispación que se pudo sentir en la manifestación convocada por la plataforma Basta Ya en San Sebastián, en febrero, y una semana después en Vitoria en la doble marcha contra el asesinato del Fernando Buesa y su escolta, los manifestantes sólo rompieron el silencio con salvas de aplausos. Se propugnó firmeza democrática, pero desde la "tolerancia" y la "diversidad". Esporádicos gritos exigiendo a Ibarretxe el adelanto de elecciones fueron acallados con siseos.

Integrantes del Foro Ermua, la plataforma cívica que surgió en Euskadi tras el asesinato del edil del PP de Ermua Miguel Ángel Blanco, en julio de 1997, y significados periodistas como Pedro J.Ramírez, Luis Herrero y Carlos Dávila, portaban la pancarta que abría la marcha, con el lema Contra el fascismo, por la libertad.

Los carteles contra ETA o con lemas a favor de la Constitución y exigiendo la dimisión del lehendakari pasaron de mano en mano desde antes de que la cabeza de la manifestación abandonara la plaza del Sagrado Corazón, minutos antes de las 19.00. Un par de jóvenes repartían carteles fotocopiados en los que se leía Ibarretxe dimisión. Viva la Constitución. "Del Cesid nada de nada", aclaraba uno de ellos recordando que cuando otros panfletos similares aparecieron en la manifestación de condena del asesinato de Buesa, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, lo atribuyó a una operación de los servicios secretos. "He hecho 500 copias, tengo 28 años y soy un trabajador de una empresa de amortiguadores", aseguró. Los carteles que pedían la dimisión de Ibarretxe no fueron los únicos En las aceras de la Gran Vía esperaban ciudadanos que portaban cuartillas. Otros levantaban frente a las cámaras de TVE -que emitió en directo el arranque y el final de la marcha- folios en los que ponía "No me llames extranjero. Quiero vivir aquí y en paz", y "ETA disolución".

"La libertad, en juego"
No acudió ningún representante del Ejecutivo vasco. En un bloque compacto se reunieron los representantes de los partidos políticos y los sindicatos CC OO y UGT. El PP contó con una cualificada representación, encabezada por su secretario general, Javier Arenas, mientras que el Gobierno estuvo representado por el ministro del Interior, Jaime Mayor. Mayor afirmó: "Lo único que está en juego aquí es la libertad, y los partidos que gobiernan [en Euskadi] no están con las víctimas". Además, participaron la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre; el presidente de los populares vascos, Carlos Iturgaiz; el delegado del Gobierno en Euskadi, Enrique Villar; el diputado general de Álava,Ramón Rabanera, el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, y otros cargos públicos del PP vasco.

Junto a los populares desfilaron el líder del PSE, Nicolás Redondo, el diputado Enrique Múgica, y otros dirigentes socialistas. Del lado nacionalista sólo acudieron el ex alcalde de Vitoria José Ángel Cuerda y el peneuvista crítico con su partido Emilio Guevara. "He aprendido siempre de la gente nacionalista que antes de ser nacionalista, comunista, socialista o liberal, hay que ser persona y demócrata", subrayó Guevara.

También estuvo el secretario general del PCE de Euskadi, Iván Álvarez, el presidente de Unidad Alavesa, Pablo Mosquera, y el líder del CDN navarro, Juan Cruz Alli. En las primeras filas de la marcha estuvieron el ararteko (defensor del pueblo vasco), Xabier Markiegi, y los secretarios generales de CC OO y UGT en Euskadi, Santiago Bengoa y Carlos Trevilla, respectivamente.

Dura contestación política a Ibarretxe de miles de vascos que exigieron de nuevo su dimisión  
BILBAO. I. Souto ABC 10 Mayo 2000

La multitudinaria manifestación vivida ayer en las calles de Bilbao, en respuesta a la convocatoria del Foro de Ermua, constituyó una dura contestación de los vascos a la política del lendakari, Juan José Ibarretxe, a quien los congregados exigieron su dimisión. La marcha, organizada para condenar el asesinato de José Luis de la Calle, no contó con la presencia de los actuales dirigentes del PNV.

Las calles de Bilbao volvieron ayer a ser un clamor contra ETA, con la diferencia de que en esta ocasión no estuvieron los nacionalistas de PNV y EA. Decenas de miles de personas llenaron el centro de la ciudad a pesar de que quienes gobiernan la mayoría de las instituciones vascas no respaldaron la convocatoria del Foro Ermua, del que fue fundador el periodista José Luis López de la Calle.

«Arzalluz, tu te quedas con los asesinos y nosotros con los muertos» fue el grito, aplaudido con rabia por los manifestantes, que uno de ellos pronunció al llegar al Ayuntamiento, donde el presidente del Foro de Ermua leyó un comunicado en el que denunciaba que es «la libertad el objetivo del odio armado» de ETA.

Sólo dos nacionalistas se atrevieron a desafiar la consigna de no asistir lanzada por Xabier Arzalluz, el ex diputado general de Álava, Emilio Guevara, quien explicó su presencia en la marcha señalando que, como dijera Koldo Mitxelena, antes que nacionalistas, hay que ser personas y que él se manifestaba como persona contra el fascismo y por la libertad.

«Por la libertad, no al fascismo de ETA» fue el eslogan que figuraba en la pancarta, que llevaban miembros del Foro de Ermua, como su presidente Vidal de Nicolás; el alcalde de Ermua, Carlos Totorica; Pablo Setién y Katy Gutiérrez, y también periodistas como el director de «El Mundo», Pedro J. Ramírez, Carlos Dávila y Luis Herrero.

«Libertad» fue el grito más coreado por los convocados, que caminaron en silencio prácticamente la totalidad de la marcha. Carteles con diferentes eslóganes salpicaban la manifestación que transcurrió en un clima de serenidad, sin provocaciones de proetarras.

LOS AUSENTES
Fue una respuesta ciudadana sin liderazgo de las instituciones vascas, ya que no estuvo ni el alcalde de Bilbao, Iñaki Azcuna, ni el diputado general de Vizcaya, Josu Bergara, ni el alcalde de San Sebastián, el socialista Odón Elorza, ni el diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe. Sólo el alcalde de Vitoria, del PP, y el diputado general de Álava, Ramón Rabanera, participaron como representantes de las instituciones vascas en la marcha, de la que estuvieron ausentes los familiares de la víctima debido al estado de ánimo en el que se encontraban.

El presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, denunció en su mensaje final «la tutela repugnante de los matarifes» que asesinaron a José Luis de La Calle, así como «la falacia hipócrita -dijo- de los que quieren vendernos un proceso de paz envuelto en el celofán de la construcción nacional, proyecto que excluye a más de la mitad de los vascos», palabras éstas que dieron lugar a los aplausos más fuertes durante el discurso. «Los procesos de paz -añadió- no se hacen con sangre y menos con la sangre de los demás, de los otros». Visiblemente emocionado denunció que la violencia fascista de ETA ha asesinado a un hombre «bueno» y con una «larga biografía de lucha por las libertades democráticas. Ha caído abatido por los pistoleros de la banda terrorista».

«BÁRBAROS ETARRAS»
Vidal de Nicolás arremetió con dureza contra ETA, calificando a sus integrantes de «bárbaros», que lo que pretenden es arrebatar las libertades con el «lenguaje letal de las pistolas». «Queremos -agregó- alzar nuestra voz serenamente indignada, queremos expresar de forma clamorosa nuestra repulsa contra estos bárbaros».

El representante del Foro de Ermua añadió que la «intolerancia fanática» de ETA sólo ve enemigos «en los que discrepan de sus obsesiones totalitarias». Asimismo, señaló que el pueblo vasco no quiere regresar «a las tinieblas de la caverna ancestral», sino vivir en una sociedad «moderna y solidariamente abierta a todos los horizontes, una sociedad de ciudadanos libres y diferentes».

Tras la lectura del comunicado, los asistentes irrumpieron nuevamente en aplausos y, tras guardar un minuto de silencio en recuerdo de José Luis López de la Calle, el acto concluyó con gritos de «Viva el Foro de Ermua» y «Libertad».

«UNA MENTIRA MÁS»
El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, dijo durante la manifestación que «lo más importante es el anhelo de libertad que se reivindica» y agregó que «el comunicado del Gobierno vasco para no asistir a la manifestación es una mentira más. Hay una enorme hipocresía cuando se dice que no se asiste a este acto porque se deslegitiman las instituciones vascas. Para ellos, matizó «que han hecho de ese esfuerzo de deslegitimación un referente con el mundo de ETA alrededor del frente de Estella, el término hipocresía es el más suave que se puede aplicar».

El secretario general del PP, Javier Arenas, por su parte, dijo que «están en la calle todos los que tienen un deseo individual y colectivo de paz y hay que lamentar que el Gobierno vasco no esté y se muestre tan ajeno a ese espíritu colectivo de paz que es el espíritu de Ermua».

En el mismo sentido, Carlos Iturgaiz destacó que el gran ausente de la manifestación era el lendakari Ibarretxe. «Creo que José Luis López de la Calle no merecía este desprecio que le está haciendo Ibarretxe», dijo el presidente del PP vasco, quien destacó que participaba en la marcha «para decirle a ETA que desaparezca, que sobra de nuestra tierra y para llamarles lo que son, que son como los nazis y los fascistas, que quieren la limpieza ideológica de una parte de este pueblo».

«LA HISTORIA DEMANDARÁ»
El socialista Nicolás Redondo señaló, por su parte, que «estamos en esta manifestación como hemos estado en muchas otras para decir no a ETA y me hubiera gustado mucho que aquí estuvieran también los nacionalistas diciendo no a ETA, como estuvimos nosotros en las convocatorias del lendakari. El PNV ha perdido una ocasión magnífica para decir no a ETA -añadió- y la historia se la demandará».

Asimismo, dijo que López de la Calle era un dirigente del Foro de Ermua, «un foro que tenía el derecho y la obligación de convocar esta manifestación, y los partidos políticos deberíamos saber qué es lo importante y qué es lo accesorio. Lo importante debería haber sido para el PNV, a mi juicio, estar aquí, y lo accesorio las críticas o el rifi-rafe con el Foro», argumentó. Redondo recordó al partido que preside Arzalluz que se ha producido un asesinato «y en estos momentos el PNV se equivoca al no estar con nosotros, con López de la Calle, con la petición de paz y de libertad».

Pedro J. Ramírez quiso recordar a José Luis López de la Calle, que «era -dijo- un símbolo de pluralismo, desde el punto de vista de su militancia política y creo que la imagen de la bolsa de periódicos que él llevaba en el momento en el que fue asesinado también refleja el pluralismo que desde el punto de vista de la opinión pública es la base de una sociedad democrática». «Ojalá -añadió- ese valor de pluralismo, de tolerancia hacia las ideas ajenas sea el legado que quede tras su muerte».

En Madrid, el vicepresidente primero del Gobierno y ministro de la Presidencia, Mariano Rajoy, afirmó que los ciudadanos vascos van a aumentar su exigencia de responsabilidades a «aquéllos que mantienen lazos políticos e institucionales con los que apoyan y jalean a los criminales», en referencia al pacto de los nacionalistas vascos con EH, informa J. L. Lorente.

En opinión de Mariano Rajoy, la sociedad española, en general, y la sociedad vasca, en particular, están cada vez más unidas y mantienen una actitud más combativa contra la violencia y la tiranía. Por eso, en opinión de Rajoy, los ciudadanos «van a aumentar la exigencia de responsabilidades». Dijo, además, que el Estado de Derecho «terminará imponiéndose a la sinrazón y a la barbarie».

Pujol o la prudencia de una rectificación a tiempo
IMPRESIONES El Mundo 10 Mayo 2000 

Después de muchas y largas vacilaciones, Jordi Pujol ha optado finalmente por derogar el decreto de fomento del catalán en el cine, que obligaba a las empresas distribuidoras a doblar un cierto porcentaje de películas a la lengua de Espriu. El decreto suscitó un rechazo tajante de las grandes productoras de Hollywood, que amenazaron incluso con no exhibir sus producciones en Cataluña. Durante muchos meses, Pujol se ha resistido a dar marcha atrás, buscando algún tipo de acuerdo que le permitiera sostenella y no enmendalla. Pero ha acabado claudicando y aceptando lo inevitable. El decreto era un grave error político, como lo fueron otras iniciativas de la Generalitat que intentaron imponer la normalización del catalán a golpe de decreto. La obligación de etiquetar en catalán, por ejemplo, que suscitó -amén de las suspicacias de Bruselas- el rechazo de la CEOE, que consideró que la medida obstaculizaba la actividad en Cataluña de las empresas del resto del Estado. Pujol y su nuevo consejero de Cultura, Jordi Vilajoana, han rectificado, lo que demuestra inteligencia política... y prudencia, entre otras razones, porque se evitan así el serio revés que hubiera supuesto una sentencia adversa del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que ya había suspendido cautelarmente la aplicación de la medida. De todos modos, la Generalitat no tiene intención de rectificar otros aspectos igualmente discutibles de su política de normalización lingüística. Por ejemplo, en el terreno de la educación. El paso atrás se circunscribe al cine: Pujol era consciente de que su decreto podía dañar la imagen internacional de Cataluña. Pero debería plantearse, más en general, qué es eso de normalizar por decreto. Lo que no se asienta por su propia lógica no es normal.

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