AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 14 Mayo  2000
#En medio de nada
Editorial ABC 14 Mayo 2000

#Un obispo pardo
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 14 Mayo 2000  

#Pero, ¿qué hace el Gobierno?
SANTOS JULIÁ El País 14 Mayo 2000  

#Manifiesto
Ramón PI ABC 14 Mayo 2000  

#Manifiesto I
ERASMO El Mundo 14 Mayo 2000

#Los tambores y el sueño de la razón
César Alonso de los Ríos ABC 14 Mayo 2000

#UN COMPROMISO DE LIBERTAD FRENTE AL UNICO ENEMIGO
EDITORIAL El Mundo 14 Mayo 2000

#Un paso del PNV para desmarcarse de los violentos
IMPRESIONES El Mundo 14 Mayo 2000

#Totorica: «ETA existe porque hay una organización política que la apoya»
BILBAO. I. S. ABC 14 Mayo 2000  

#Libertad, a estas alturas
Pablo Sebastián La Estrella 14 Mayo 2000

#El pueblo de Ermua recibe el premio por la Paz y la Libertad
El Mundo 14 Mayo 2000

#VIDAL DE NICOLAS / PRESIDENTE DEL FORO DE ERMUA: «Es tan necesario que Arzalluz se quede mudo como que los etarras dejen de matar»
JAVIER URTASUN El Mundo 14 Mayo 2000

#La prensa hace frente a la ley del miedo
PABLO ORDAZ, San Sebastián El País 14 Mayo 2000

#ETA recluta nuevos pistoleros para mantener su actividad terrorista
MADRID. D. Martínez / J. Pagola ABC 14 Mayo 2000

En medio de nada  
Editorial ABC 14 Mayo 2000

El problema del PNV es que durante mucho tiempo tendrá que realizar un esfuerzo suplementario para hacer fiable cualquier decisión que indique un cambio de estrategia en sus relaciones con el izquierda abertzale. Después de una ilustrativa visita a Jordi Pujol, el lendakari Juan José Ibarretxe declaró que el pacto de Estella estaba invalidado por la violencia de ETA.

Ayer el PNV decidió aplazar indefinidamente la asamblea general de Udalbiltza, prevista para el día 27 de mayo en San Sebastián, coincidiendo con unas duras críticas del alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, a los pactos con EH y al terrorismo de ETA. No cabe duda de que el asesinato de José Luis López de Lacalle y las reacciones que produjo entre los medios de comunicación y en la opinión pública han forzado estas variaciones en el discurso del nacionalismo. Es más de lo que había hasta ahora, pero ni mucho menos es suficiente para considerar que realmente el nacionalismo ha recuperado la cordura política ni menos aún que sus dirigentes estén ya rehabilitados como aliados fiables de los partidos constitucionalistas para emprender proyectos conjuntos. El PNV y el lendakari sólo han llegado a un punto en medio de nada, porque, por ahora, sólo han marcado distancias con el entorno de ETA pero no han dado muestras de querer agotar el tránsito hasta el reencuentro con los partidos democráticos no nacionalistas.

Observar con escepticismo estos movimientos del PNV resulta, por tanto, lo más aconsejable para no levantar expectativas desproporcionadas. La presión sufrida tras el último atentado de ETA, la radicalización de HB y la convergencia de populares y socialistas en la defensa de unos criterios comunes sobre las instituciones y la legalidad en el País Vasco, son factores suficientes para que el PNV haya considerado necesario un tiempo muerto. Se acerca la refundación de HB, que será fiel al endurecimiento de ETA y a la recuperación de poder por los miembros excarcelados de su Mesa Nacional. Estéticamente es un mal compañero de viaje hacia la construcción nacional.

En tales condiciones, el PNV puede estar limitándose a abrir un paréntesis hasta que HB acabe su proceso de renovación y ver cuál será el apoyo parlamentario previsible para aprobar los Presupuestos del 2001, lo que aleja cualquier decisión definitiva hasta el próximo otoño. Sólo la actividad terrorista de ETA puede acelerar acontecimientos, como es lógico porque ahora la banda terrorista tiene en sus manos no sólo la estabilidad del Gobierno de Ibarretxe, sino también la futura correlación de fuerzas en el seno del nacionalismo vasco. Al PNV todavía le queda mucho camino por recorrer.

Un obispo pardo
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 14 Mayo 2000  

La noche del funeral de José Luis López de Lacalle soñé que monseñor Uriarte recibía en el obispado de San Sebastián una llamada urgente del secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Asenjo, que a su vez había sido movilizado por el presidente de la misma, monseñor Rouco, quien por su parte acababa de ser advertido desde Roma por el todopoderoso factótum vaticano monseñor Martínez Somalo de que el Papa había recibido hacía unos minutos un e-mail del Paraíso en el que se le daba cuenta de unos hechos extraordinarios que estaban sucediendo entre algodones. Resultaba que había llegado por allí un vasco locuaz y campechano que se estaba ganando a todo el mundo y que se movía de nube en nube con tal sigilo y eficiencia que le empezaban a llamar Cuscús. Aquel tío era un agitador nato y estaba reclamando nada menos que un estatuto canónico que regulara los derechos de las víctimas del terrorismo a la hora de sus exequias fúnebres. En un santiamén había pedido un dictamen al profesor Broseta, se había pasado por el bufete de Fernando Múgica y había convencido a Gregorio Ordóñez y Fernando Buesa de que encabezaran una manifestación unitaria convocada por el Foro del Cielo, que Antonio Herrero pretendía retransmitir en directo. Aquello había tomado un cariz tan alarmante que el Papa había recibido instrucciones expresas para que en su condición de Chief Executive Officer de la Iglesia Católica ordenara aplicar de inmediato una norma que al menos sirviera para aplacar los ánimos y ganar tiempo. Su formulación, de obligado cumplimiento en todas las divisiones operativas de la compañía, incluido el obispado de San Sebastián, podía resumirse así: ningún cadáver de una persona asesinada por defender pacíficamente sus convicciones deberá ser sometido a partir de ahora al frustrante agravio de tener que escuchar durante su funeral la refutación de las ideas u opiniones por las que ha dado su vida.

Al sueño le había precedido horas antes la pesadilla. Habíamos despedido a nuestro compañero en el ambiente tenso y espeso de un Andoain embadurnado con pintadas como «jódete», en las que encima se llamaba «asesino» al asesinado; un Andoain en el que la corporación batasuno-nacionalista había rechazado albergar la capilla ardiente en el Ayuntamiento; un Andoain en el que una concejala proetarra y su familia se habían plantado desafiantes ante la ya desconsolada viuda. Precisamente por todo eso, en medio de tanta confusión y subversión de lo obvio, era imprescindible que desde el púlpito de la iglesia de San Martín se produjera una clarificación de los valores morales en juego cuando a alguien le pegan cuatro tiros por poner por escrito sus ideas.

Es cierto que monseñor Uriarte condenó sin paliativos el asesinato y pidió a ETA que abandone las armas, pero al hacerlo sólo con palabras de monseñor Setién pareció más empeñado en lanzar un aviso a navegantes y en reivindicar la polémica labor pastoral de su antecesor que en responder personalmente a la envergadura de un envite ético como el desencadenado por este crimen. Lo verdaderamente desasosegante fueron, sin embargo, las adjuntas referencias al «bloqueo del proceso de paz», al diálogo de «todas» las fuerzas políticas, al «acercamiento» de los presos etarras y a la adopción de «medidas de distensión» que alivien el «sufrimiento» de éstos, pronunciadas a escasos metros del ministro del Interior.

Según Uriarte «el mismo pueblo que reclama muy mayoritariamente de ETA que abandone las armas está postulando con apremio de sus representantes públicos» todo eso. No habló de la construcción nacional, pero sí de la necesidad de «forjar» un nuevo «consenso» que, en su opinión, es «necesario» para que en el País Vasco haya una «convivencia respetuosa y pacífica». No es de extrañar que el lehendakari Ibarretxe asintiera con satisfacción, que los dirigentes del PP y del PSOE se revolvieran en sus asientos -Enrique Múgica estuvo a punto de marcharse- y que los compañeros del finado en el Foro de Ermua me comentaran que «si José Luis pudiera, levantaría la tapa del ataúd y saldría corriendo».

Analizadas por separado, todas las sugerencias de monseñor Uriarte son no ya respetables sino muy dignas de ser tenidas en cuenta, pero presentadas como un conjunto -con todos los matices y sobreentendidos que llevan implícitos- se corresponden exactamente con el modelo nacionalista de salida a la actual crisis que López de Lacalle combatió con razones y argumentos, hasta dar la vida en ello. A las propuestas del obispo de San Sebastián nuestro columnista habría respondido sin duda que lo que nació de la tregua de ETA no fue un «proceso de paz» sino un intento de imponer la hegemonía nacionalista por otros medios, que el «diálogo» político con EH debe estar supeditado a su condena de la lucha armada, que la dispersión de los presos por criticable que parezca no debe ser jamás puesta en el mismo plano que los crímenes etarras y que el marco de ese «necesario consenso» ya está «forjado» por la Constitución y un Estatuto de Autonomía que concede al País Vasco los mayores márgenes de autogobierno contemplados en Europa.

También estas opiniones son discutibles, pero no parece razonable que sea el oficiante de tu propio funeral quien asuma la labor de contradecirlas, máxime cuando has sido asesinado por el pecado mortal de expresarlas. Sólo los ojos humedecidos del gigantón triste que durante toda la ceremonia fue José María Fidalgo, el abrazo interminable de Julián Ariza a la viuda de su compañero de presidio y los solidarios puños cerrados del final -¡cómo sería la atmósfera para que la requeteliberal Esperanza Aguirre viera en ellos el gesto más democrático de la tarde!- lograron sacarme de la zozobra de comprobar que en realidad el obispo Uriarte seguía haciendo de intermediario entre ETA y el Gobierno fruto de la voluntad popular, precisamente en el momento litúrgico en que esa equidistancia resultaba moralmente más inasumible.

Y tras el sueño, tras la pesadilla, la reflexión. El asesinato de López de Lacalle constituye la última oportunidad del nacionalismo vasco y del sector de la Iglesia Católica que tan estrechamente se identifica con él para interrumpir su deriva de condescendencia, cuando no de aquiescencia, con unos planteamientos etnicistas, racistas y excluyentes cada vez más calcados, como explicaba en mi triste premonición de hace una semana, de la barbarie nazi. Por lo que se refiere al PNV, veremos si la constatación a regañadientes de Ibarretxe de que el pacto de Lizarra ha quedado «invalidado» conduce a algo más de lo que ha conducido la ruptura simulada de su acuerdo de gobierno con EH. De momento, la suspensión sine die de la convocatoria de Udalbiltza es, al fin, un paso tangible y positivo. Pero más decisiva aún es la encrucijada de la Iglesia, de cuya línea de influencia en la Euskadi profunda no deja de ser una inquietante metáfora la espada desenvainada de San Martín en el retablo del altar de la parroquia de Andoain.

La reciente publicación de los libros de Daniel Goldhagen Los verdugos voluntarios de Hitler y John Cornwell El Papa de Hitler -así como algunas referencias concretas en el macroensayo sobre el ascenso del dictador

de Ian Kershaw- ha puesto inapelablemente en la picota la complicidad de la Iglesia alemana con el delirio totalitario. Desde la alta jerarquía que, fiel al criterio de Pío XII, desarboló la resistencia a la nazificación de los partidos católicos democráticos y guardó silencio ante aberraciones como la legislación sobre esterilización, con tal de conseguir su Concordato, hasta la gran mayoría de párrocos que aportaron dócilmente los archivos bautismales que dieron consistencia burocrática a la aplicación de las leyes antisemitas de Nuremberg, el conjunto de la institución protagonizó -con heroicas excepciones- una de sus páginas menos edificantes.

Sobre ese tono medio de abierto colaboracionismo descolló, no obstante, la figura de Konrad Gröber, primero obispo de Meissen y luego arzobispo de Friburgo, a quien su simpatía por las camisas marrones de los stormstropper que imponían en la calle el vandalismo nazi mereció el sobrenombre de «el obispo pardo». En marzo del 41 cuando la persecución antisemita caminaba ya hacia la «solución final» Gröber llegó a «explicar» en una carta pastoral lo que estaba sucediendo, apoyándose en la muerte de Cristo: «La maldición que los judíos se impusieron a sí mismos: "Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos" se ha revelado terriblemente cierta hasta el presente, hasta hoy».

Pese a que el artículo que publicó anteayer en el Diario Vasco incluyera una referencia doblemente imprudente en una ciudad en la que acaban de aparecer pintadas contra «los Herzog» -< >-, nada más lejos de mi ánimo que equiparar a Monseñor Uriarte, de cuyas grandes cualidades humanas tengo numerosas referencias, con «el obispo pardo». Pero la segunda acepción que el Casares concede a ese adjetivo -< >- sí que permite decir que el actual titular de la diócesis de San Sebastián es, o al menos se comportó el lunes como si fuera, «un» obispo pardo.

Esta semana he estado cuatro veces en el País Vasco. He visto a periodistas paralizados por el miedo y a otros reafirmados en su valor cívico. Pero el asesinato de López de Lacalle va a marcar un antes y un después. No porque fuera del gremio, sino porque cuando se empieza a matar por escribir se está lanzando el supremo envite a una comunidad. En Euskadi hay ya una causa superior a la de la paz y es la defensa de la libertad. La paz sin libertad no puede gobernar más que el reino de las acémilas. Sólo quien diga eso con «timbre claro>> servirá como pastor, guía, referencia o alivio de nuestras almas. pedroj.ramirez@elmundo.es

Pero, ¿qué hace el Gobierno?
SANTOS JULIÁ El País 14 Mayo 2000  

En el debate que sacude a la opinión pública cuando ETA comete un asesinato, llega siempre un momento en el que surge la pregunta por la responsabilidad del Gobierno, de éste del PP, de los anteriores del PSOE y hasta de los ya prehistóricos de UCD. La pregunta es en muchos casos retórica, pues lleva implícita una respuesta a modo de exhortación: es necesario que el Gobierno haga algo. Generalmente, a tal requerimiento sigue la propuesta de un modelo: Aznar y Mayor debían aprender, por ejemplo, de Blair y Mandelson.

Hay en esta lógica un supuesto que es preciso explicitar antes de seguir adelante: si el Gobierno tiene algo que hacer será porque hasta ahora no ha hecho nada o lo hecho es insuficiente. Para esta manera de razonar no cuenta que la primera medida tomada por los Gobiernos del Estado democrático fuera una amnistía general y la última un concierto económico que deja en manos del Gobierno vasco la totalidad de la Hacienda. La pregunta ¿qué hace el Gobierno? ignora que, además de negociar con ETA, los Gobiernos españoles han dado entre 1977 y 1999 pasos de tal calado que han permitido consolidar en Euskadi un autogobierno con competencias superiores a las de cualquier Estado federado de los que existen en el mundo.

Pero si esa pregunta puede siquiera formularse, y debatirse, es porque esos avances han tenido un efecto insólito: en lugar de integrar más profundamente a los nacionalistas en el Estado, han reforzado su opción contra el Estado. Éste es el hecho político clave: alcanzar el máximo de autogobierno ha disparado unas exigencias situadas en terreno ajeno al constitucional no porque no se haya desarrollado el potencial de la Constitución, sino por lo contrario, por haberse cumplido. Por eso, quienes reclaman que el Gobierno haga algo, normalmente no dicen qué demonios puede hacer y se lavan las manos proponiendo un modelo: que haga como Blair, que se mueva, que negocie.

A pesar de que la situación en Euskadi en muy poco recuerda la de Irlanda del Norte, sigamos el razonamiento puesto que a ello invitan personas sesudas y de relieve político. Aznar y Mayor podrían ser como Blair y Mandelson, sí, claro, pero siempre que Arzalluz hiciera de Ahern, y Otegi imitara a Adams, o sea, siempre que PNV y HB fueran capaces de obligar a ETA a un desarme completo y verificable sin haber alcanzado previamente la soberanía. ¿Están dispuestos? Si lo están, no lo demuestran: HB ha sido incapaz de emitir una voz distinta a la de ETA; y el PNV lamenta los asesinatos menos de lo que desea ver a ETA desarmada. A los hechos, no a las palabras, hay que remitirse: el PNV selló un pacto estratégico con ETA a cambio de una incierta tregua y jamás ha intentado emplear los enormes recursos de que dispone su Gobierno para proceder al desarme moral y material de la organización terrorista.

El problema para cualquier posible iniciativa del Gobierno del Estado consiste en que la coincidencia actual de PNV, HB y ETA en sus objetivos estratégicos pesa más que sus discrepancias en el orden táctico: cinco meses ha dado de plazo Egibar a Otegi para romper un pacto que los recientes asesinatos de un militar, un policía, un político y un periodista deberían haber hecho trizas. Tanto miramiento con autores y legitimadores de asesinatos liquida las condiciones mínimas para que el Gobierno pueda negociar nada con los nacionalistas, como nunca Blair hubiera restablecido la autonomía de Irlanda del Norte -infinitamente menor que la de Euskadi puesto que pudo suspenderla- sin el previo compromiso del IRA de someter a un control efectivo su desarme.

En un país como el vasco, donde todo el mundo se conoce, si PNV y HB obligaran a ETA a un desarme completo y verificable, o sea, y por seguir con la mimesis irlandesa, si Arzalluz decidiera ser Ahern, y Otegi pudiera ser Adams, todo el problema se desvanecería en el aire y Aznar podría actuar como Blair y hacer algo; por ejemplo, no reclamar el adelanto de elecciones.

Manifiesto  
Por Ramón PI ABC 14 Mayo 2000

Las primeras páginas de los periódicos de mayor circulación de España reflejaron ayer el doble acto celebrado en Andoain y San Sebastián por los directores de docena y media de medios, que representaban a la práctica totalidad de la profesión periodística española. Era la reacción de los profesionales de un oficio cuyo ejercicio en libertad es esencial para que la democracia merezca este nombre, y que había sido tiroteado en la persona de José Luis López de Lacalle, columnista de la edición vasca de El Mundo. El homenaje en el cementerio andoaindarra, donde se colocaron unas flores en la sepultura del columnista, y la lectura del manifiesto bajo el lema «No nos callarán» por la periodista Victoria Prego, se han cubierto normalmente con una información en portada, o con una llamada que remite al interior. En muchos casos se ha ofrecido el texto íntegro del manifiesto, y a veces todo eso se ha completado con un comentario editorial y algún artículo firmado.

Tenía interés particular el ver cómo reaccionaron los periódicos vascos. El Correo Español, de Bilbao, da la noticia en portada, así como El Diario Vasco, de San Sebastián, ambos adheridos al manifiesto. Este último periódico inserta (al menos en su edición electrónica) un artículo sin firma, pero cuya factura no es propiamente la de un editorial, ya que está redactado en primera persona y en forma de carta: «Adiós, buen José Luis» es su título, y no se refiere propiamente a los actos del viernes pero encaja, lógicamente, en este mismo contexto. El Correo, por su parte, publica en su sección de Opinión un artículo («La tregua trampa de ETA») que firman tres miembros del colectivo «Zubian», Pablo Ereño, Eugenio Castillo y Joaquín Larrucea. Es una diatriba muy dura contra ETA, contra el MLNV, contra el PNV y contra EA, partido al que pertenecen los firmantes. Sus palabras finales son éstas: «No podemos caer en la trampa de ETA que nos quiere llevar al monte, al enfrentamiento civil y a la radicalidad, y de momento con la complicidad del PNV y el autismo de EA lo está consiguiendo».

Deia (próximo al PNV) y Gara (próximo a HB) sólo ofrecen la información de los actos de Andoain y del Kursaal donostiarra, pero Deia publica además, al menos en su edición electrónica, el texto íntegro del manifiesto. Hay que hacer notar, en estos dos casos, el valor semántico de los signos de puntuación de los titulares. Vean: Deia titula así: «Directores de diarios de todo el Estado condenan a ETA y tildan de “imprudente” al nacionalismo democrático». El meter entre comillas la palabra «imprudente» significa que el redactor del titular se desentiende, y quiere dejar claro que eso lo dicen los directores que suscriben el manifiesto, no él. Del titular de Gara («Directores de diarios, contra “la intimidación de ETA”») se puede decir exactamente lo mismo: al redactor, eso de la «intimidación de ETA» es cosa que no le afecta, eso lo dicen los del manifiesto, allá ellos con sus manías.

«Manifiesto de San Sebastián» es el título del editorial de El País: «Que los directores de medios de ideologías y trayectorias tan diferentes se concierten para una iniciativa compartida es algo excepcional, como lo es el desafío lanzado por los terroristas (...) En situaciones como la que se vive ahora en Euskadi, narrar es resistir. No hay, no puede haber neutralidad entre José Luis López de Lacalle y quienes le han asesinado (...) Los periodistas que se identifican con el manifiesto de San Sebastián del 12 de mayo de 2000 expresan una certeza: el silencio es deshonesto. No nos callarán».

El Mundo («Un compromiso de libertad frente al único enemigo»): «Se palpaba muy claramente el convencimiento de que los profesionales dejan hoy de lado pugnas entre competidores, que nunca enemigos, para unirse en torno a unos principios siempre compartidos, intocables, fundamentales, de búsqueda de la información veraz y de la opinión plural para servir a sus conciudadanos. Unos y otros sabemos que el único enemigo sigue acechando, dispuesto sin duda a golpear de nuevo».

ABC («La Prensa contra ETA»): «La estrategia del terror está logrado el resultado contrario al que se buscaba. Lejos de debilitar el ánimo y lograr la rendición de la sociedad, está compactando las ideas y las actitudes de ciudadanos y de partidos políticos que no quieren que el País Vasco salga de la Constitución y del Estatuto para vivir en ese microclima de violencia irracional que pretende implantar ETA. Lo que ayer se vivió en Andoain y en San Sebastián fue la expresión de otra vertiente de esa unidad, la de los medios de comunicación identificados con la defensa irrenunciable y sin matices de las libertades de información, de expresión y de opinión (...) Esa Prensa que José Luis López de Lacalle llevaba bajo el brazo cuando fue asesinado y que, si no pudo evitar su muerte parando las balas homicidas, es seguro que mantendrá viva su memoria».

Manifiesto I
ERASMO El Mundo 14 Mayo 2000

La cautelosa cordura de la ciudadanía el 12-M, primero. Los feroces españolazos de ETA -bestiales precisamente porque nunca dejaron de serlo- después, obraron el prodigio: Ceberio, Ramírez, Zarzalejos and so on firmaron la Paz Mediática de San Sebastián. Así, la Muerte y el pistolón profundo dejarán de ser simétricos con la Idea y la Palabra. ¿Y Arzalluz? Pone un cole y le crecen los gitanos.

Los tambores y el sueño de la razón  
Por César Alonso de los Ríos ABC 14 Mayo 2000

Caí en Alcañiz al atardecer. Venía deslumbrado por el vigor plástico de los campanarios mudéjares, los oteros ocres, las calles despeñándose como torrenteras, el ladrillo matado por el tiempo, las sorpresivas vegas, el silencio sobrecogedor de la ruta del tambor y del bombo, la sequera del Maestrazgo, la sombra de Cabrera, la melancolía de las mesías abandonadas...

A pesar de tanta sensación no había podido ni había querido sustraerme a la noticia del día, que me llegaba por la radio del coche: la acción que con tanto coraje cívico estaban llevando a cabo directores de periódicos en el Kursaal de San Sebastián. Un bastión moral frente a la barbarie de ETA. Una llamada a la unidad de todos los periodistas, la menos corporativa de todas las que hemos podido vivir en los últimos años, en defensa de la vida de los informadores y frente a los pistoleros de ETA y de quienes los amparan, sedicentes nacionalistas demócratas, en realidad activistas ideológicos en contra de la libertad de expresión, verdaderos compañeros de viaje. Por ello, el gesto de los directores de los periódicos era un alivio después de los últimos días de tensión —años en realidad— no sólo para la profesión sino para la sociedad.

Ese era mi estado de ánimo cuando me dejé caer, al atardecer, en Alcañiz y me puse a hojear una revista comarcal. En la primera página daba cuenta de los encuentros sobre el humanismo y en la última se publicaba una entrevista con Antonio Fontán, director del diario «Madrid», cuando fue clausurado por el ministro Sánchez Bella hace treinta años. En la entrevista se daba cuenta del premio que le ha concedido a Fontán hace tan sólo unos días, en Boston, el Instituto Internacional de Prensa, por el mérito de haber sido uno de los más cualificados testigos de la libertad de expresión en estas últimas décadas.

La evocación de hechos como este y tantos otros, alguno de los cuales tuve que sufrir personalmente, me suscitó de forma inevitable una comparación que, no por grosera, deja de ser cierta: si en aquellos tiempos la censura era capaz de debilitar publicaciones e incluso de cerrarlas, no llegaba a la destrucción del periodista. Aquellos modos herían, estas organizaciones matan. ¿Qué reconocimiento deberá corresponder a López de Lacalle o a Carlos Herrera o a Zuloaga?

Es cierto que, desde el punto de vista de la gravedad, lo es mucho más una acción del Estado que las que pueden ser llevadas a cabo por organizaciones sociales o políticas, pero también hay que reconocer que, además de atentar contra la vida de las personas, ETA significa un peligro real para el Estado. Y desde luego, desde el punto de vista de la libertad de expresión si los periodistas trabajábamos hace años bajo la mirada de los inquisidores —jueces o censores— ahora lo hacemos bajo la amenaza de las pistolas.

La autora de la entrevista escribía que el cierre del «Madrid» había sido una semilla de la libertad «que ya nadie niega». Una afirmación tan optimista y bien intencionada como errónea. Desgraciadamente, como vemos, hay gentes que la niegan y no sólo los terroristas. Las semillas de tantas publicaciones perseguidas no han fructificado en algunas zonas de nuestra sociedad, oscurantista, impermeables a la ilustración.

La luz es tanta aquí, en estas tierras de Goya que anudan de forma brutal la España interior y la mediterránea que resulta imposible el sueño de la razón nacional y, por lo mismo, la creación de monstruos. Los tambores de Calanda no dejan que se duerma la razón, ni siquiera cuando están callados.

UN COMPROMISO DE LIBERTAD FRENTE AL UNICO ENEMIGO
EDITORIAL El Mundo 14 Mayo 2000

Un acto de hondo y poco habitual significado se celebró ayer en San Sebastián, con la presentación del manifiesto conjunto -el primero en más de 20 años- de los medios de comunicación españoles en el que, bajo el lema No nos callarán, se responde a la mayor ofensiva jamás desencadenada por ETA contra la libertad de información en nuestro país.

La iniciativa correspondió a los directores de los 16 principales diarios españoles, pero, al cabo de pocas horas, se habían sumado, a centenares, desde grandes organizaciones informativas -como las agencias nacionales y las cadenas de televisión- hasta los más modestos órganos locales, amén de un sinfín de colegas a título personal.

El vil asesinato de José Luis López de Lacalle, miembro fundador del Foro de Ermua y columnista de EL MUNDO, ha sido el desencadenante de esta impresionante manifestación de solidaridad en defensa de una libertad que no pertenece a los profesionales -aunque sean ellos los que la ejercen directamente-, sino al conjunto de una sociedad que precisa de ella para desarrollarse en democracia. Fue Victoria Prego la encargada de leer el texto en el que todo el mundo de la comunicación reafirma «su compromiso con la libertad de expresión, ante los intentos de amedrentamiento y la campaña de hostigamiento que sufren los profesionales de la información por parte de ETA y su entorno».

En el acto, como en el previo homenaje que los firmantes rindieron a López de Lacalle ante su tumba en Andoain, se palpaba un ambiente de indignación, de preocupación, pero también de claro compromiso -que se está reafirmando más a cada hora- de seguir informando y opinando con libertad y responsabilidad, y con redoblada exigencia, pese a la terrible amenaza de los terroristas. También se palpaba muy claramente el convencimiento de que los profesionales dejan hoy de lado pugnas entre competidores, que nunca enemigos, para unirse en torno a unos principios siempre compartidos, intocables, fundamentales, de búsqueda de la información veraz y de la opinión plural para servir a sus conciudadanos. Unos y otros sabemos que el único enemigo sigue acechando, dispuesto sin duda a golpear de nuevo.

Quizá haya oído y comprendido algo de esto el lehendakari Ibarretxe cuando, ¡ahora!, dice que el pacto de Estella ha quedado «invalidado». Y es que el crimen todo lo invalida. Para José Luis López de Lacalle -como para las otras víctimas mortales de ETA desde el final de la tregua- esas tomas de conciencia resultan bien tardías. Pero sus compañeros están dispuestos hoy a recoger la antorcha.

Un paso del PNV para desmarcarse de los violentos
IMPRESIONES El Mundo 14 Mayo 2000

Algo está cambiando en el PNV. A la advertencia del lehendakari Ibarretxe de que la violencia de ETA «invalida» el Pacto de Lizarra, se suma hoy la decisión del PNV de aplazar sine die la celebración de la Asamblea de Municipios, Udalbiltza, prevista para el próximo 27 de mayo. La posición del PNV tiene un valor altamente simbólico, ya que la Asamblea de Municipios había sido promovida por EH como un órgano soberano para crear una nueva legalidad en el País Vasco. Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao y miembro del PNV, aseguró ayer que la Asamblea debe limitarse a ser una plataforma de colaboración en el terreno cultural y criticó la pretensión de EH de aprovechar este foro para «sustituir a las instituciones legalmente establecidas». Azkuna afirmó que el Pacto de Lizarra ha sido «un engaño». En similares términos, se expresó José Angel Cuerda, ex alcalde nacionalista de Vitoria, que subrayó que Lizarra era una estrategia política que sólo tenía sentido sin atentados de ETA. Cuerda manifestó que no sería nada dramático que el PNV abandonara Lizarra, «ya que la vida está llena de tachaduras, borrones y rectificaciones». Muchos militantes nacionalistas, aunque todavía no se atreven a decirlo, piensan como Azkuna y Cuerda. La dirección del PNV todavía se aferra a Lizarra, aunque la decisión de aplazar la celebración de la Asamblea refleja que también la cúpula nacionalista ha iniciado una reflexión sobre la relación con EH. No es mucho pero, al menos, se trata de un paso en la buena dirección. Y de una muestra de que el asesinato de López de Lacalle, el manifiesto de los medios de comunicación en San Sebastián y la reacción de la opinión pública y de la mayoría de la sociedad vasca han empujado al PNV a este tímido gesto de desmarque de los violentos.

Totorica: «ETA existe porque hay una organización política que la apoya»  
BILBAO. I. S. ABC 14 Mayo 2000  

El alcalde de Ermua, Carlos Totorica, recibió ayer en nombre de los vecinos de esa localidad vizcaína el premio «Manos Blancas 2000» por su defensa de la paz y la libertad. En su discurso, afirmó que «ETA existe porque hay una organización política que la apoya» y reclamó a EH que «se posicione contra la violencia».

Totorica consideró que «la derrota política de ETA es posible». «Es necesaria también la lucha política contra ETA para combatir la idea de que los derechos de una idea, de una patria, están por encima de los derechos básicos de las personas», dijo.

«¿Qué patria se puede construir sobre el asesinato y la violencia generalizada, que quema casas, locales de partidos, bancos o librerías?», se preguntó, para añadir después que la lucha política contra ETA «es necesaria para defender las instituciones democráticas frente a quienes las quieren sustituir por movimientos de construcción nacional en los que los ciudadanos no pueden decidir su futuro, sino que tienen el papel histórico, obligatorio, de construir una patria racista, excluyente».

Al acto acudieron Rubén Múgica y Francisco Tomás y Valiente, cuyos padres fueron asesinados por ETA y a quienes recordó Totorica, junto con Miguel Angel Blanco. También asistieron los padres de éste.

Por otra parte, en San Sebastián, el colectivo de Víctimas del Terrorismo otorgó al escultor Agustín Ibarrola el «diploma de honor» por su apoyo a esta asociación.

Libertad, a estas alturas
Pablo Sebastián La Estrella 14 Mayo 2000

A estas alturas de la Transición todavía seguimos pidiendo libertad. En la mañana de ayer un destacado grupo de periodistas españoles se han dado cita en San Sebastián para leer un manifiesto pidiendo libertad. Pidiendo, en España, en el País Vasco, el derecho a la libertad de expresión por la que empezamos a luchar hace ya muchos años y por la que, al día de hoy en el siglo XXI y en la Europa del euro, tenemos que seguir en la brecha. Y no sólo para exigir este derecho fundamental de una sociedad democrática sino también para advertir que en el País Vasco y en su entorno quien escribe con libertad corre el riesgo de perder la vida.

La capacidad de asombro de los españoles en general y del pueblo vasco en particular ante los crímenes de ETA está muy desgastada. Casi nos hemos acostumbrado a este intermitente goteo de la violencia como si de un mal endémico se tratara. Sin embargo algunos crímenes, aunque todos son iguales y todas las vidas valen lo mismo, tienen el valor específico o la capacidad de agitar la conciencia ciudadana. Y ese fue el caso de Miguel Angel Blanco, ejecutado despiadadamente en su secuestro, y ese ha sido el caso de José Luis López de Lacalle, asesinado en la puerta de su casa después de comprar la prensa diaria.

En este país todavía se sigue matando al adversario político o al opinador libre que denuncia a quienes no respetan las reglas del juego democrático ni el estado de derecho. Así están las cosas, y a estas alturas de la Transición, tenemos que reunirnos los periodistas en San Sebastián para pedir libertad y denunciar la violencia que mata a quien usa por su cuenta y democráticamente esa libertad.

Estábamos en San Sebastián profesionales de la información de todos los medios, de todas las tendencias, de todos los sectores y rincones de España. Estábamos allí para recordar a la opinión pública, a los políticos y a los violentos la importancia de recuperar los niveles de libertad de expresión que España merece sin ningún tipo de amenaza. Sin el terrorismo de ETA, y sin el terrorismo del GAL. Porque el mismo día en el que denunciábamos a ETA y recordábamos la  muerte de nuestro compañero López de Lacalle, la prensa, nuestra prensa, se hacía eco de los últimos disparates del presidente extremeño y dirigente del PSOE, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, haciendo más o menos la apología del terrorismo del GAL. Ese terrorismo que no mató periodistas pero que segó vidas y persiguió también la libertad de expresión de quienes en su día denunciaron esos crímenes atroces que se hicieron desde el Estado, fuera de la ley y en contra de la vida y de la libertad.

Rodríguez Ibarra, protector del criminal Galindo (según la sentencia de la Audiencia Nacional) fue el que montó el festival de Guadalajara para aplaudir a los secuestradores de Marey el día que entraban en la cárcel. Mientras el segundo partido de España, el PSOE, no corte de cuajo esta mala raíz, y mientras el partido del gobierno, el PP de Aznar, no deje de encubrir o de aplicar borrones a los terroristas del GAL mientras exije responsabilidades políticas a los dirigentes del PNV, que pactan con el entorno político de ETA, mientras no se clarifique todo esto de una vez y de verdad, vamos a tener que seguir pidiendo libertad de expresión en Madrid, en Mérida y en San Sebastián. Con más motivo en esta última capital por el crimen reciente. Pero sin olvidar que no puede haber borrones ni equivocos en los partidos democráticos. El Partido Socialista dice que se va a renovar, veremos si es verdad. Si proliferan discursos como el del presidente extremeño esa renovación irá bastante mal.

En cuanto al País Vasco tenemos que decir que les toca al gobierno de Aznar, esencialmente, abrir el diálogo con el nacionalismo democrático para que el frente de firmeza de la democracia y de la libertad se amplíe y se consolide. Las batallas entre demócratas no conducen a nada. El PNV ha pagado caros sus errores pero hay que ayudarles, no aislarles, a caminar por el verdadero sendero de la democracia y de la paz. La libertad de expresión que hemos tenido en San Sebastián la pedimos para todos, para nacionalistas y españolistas que son los que, democráticamente, tienen que hablar.

El pueblo de Ermua recibe el premio por la Paz y la Libertad
El alcalde, Carlos Totorika, dice que la derrota política de ETA es posible y pide a HB una condena de los atentados
El Mundo 14 Mayo 2000

BILBAO.- El alcalde de Ermua, Carlos Totorika, recibió ayer, en representación del Ayuntamiento, el premio por la Paz y la Libertad Manos Blancas 2000, entregado por esta plataforma pacifista creada en la Universidad Autónoma de Madrid. Con este motivo se ha desarrollado en el municipio vizcaíno una jornada de encuentro entre estudiantes de este centro universitario y el pueblo de Ermua bajo el lema Ermua: La Revuelta Democrática, durante la que se entregaron los premios del certamen literario sobre paz organizado por Manos Blancas.

El premio, consistente en una obra del escultor Manuel Revelles en la que destacan dos manos blancas, le fue entregado al edil de Ermua por Fernando Cozar, coordinador de este colectivo de docentes y alumnos que surgió en la Universidad Autónoma de Madrid en 1996, a raíz de la muerte en atentado del profesor Francisco Tomás y Valiente.

Totorika señaló, en su intervención, que la derrota política de ETA es posible, al tiempo que pidió a HB que se manifieste contra la violencia. «La derrota política de ETA es posible, ya que existe porque hay una organización política que la apoya, representando menos del 15% de la población y que, cuando se produce un acto violento, debe percibir que la mayoría de la gente no está de acuerdo, y que considera inaceptable el uso de la violencia», dijo.

Asimismo, abogó por reclamar el derecho a la vida y la libertad «de forma obsesiva, en cada ocasión y venciendo el cansancio y la desesperanza por nosotros y por nuestros hijos, para que podamos vivir en paz».

El jefe del Consistorio de Ermua opinó que es necesaria la lucha política contra la organización terrorista para «combatir la idea de que los derechos de una raza, de una patria, están por encima de los derechos básicos de las personas».

Se preguntó «qué patria se puede construir sobre el asesinato y la violencia generalizada que quema casas, locales de partidos, bancos o librerías». Desde su punto de vista, la lucha contra ETA es necesaria también para defender las instituciones democráticas «frente a quienes las quieren sustituir por movimientos de construcción nacional en los que los ciudadanos no pueden construir su futuro sino que tienen el papel histórico, obligatorio de construir una patria racista y excluyente».

Por su parte, el portavoz del colectivo Manos Blancas, Fernando Cozar, destacó la importancia del espíritu de Ermua porque logró la unidad social. «Un espíritu que unió a todos los españoles independientemente de naciones, regiones, ideologías o estrato social; unió a todos los vascos de bien, demócratas, nacionalistas y no nacionalistas», manifestó.

Durante la reunión se recordó y rindió homenaje a las víctimas de ETA, entre ellas a la más reciente, el periodista José Luis López de Lacalle, se condenaron las actuaciones de la banda y se criticó la actitud del bloque Herri Batasuna-EH.

Por otra parte, la Fiscalía General del Estado descartó ayer la posibilidad de actuar contra el portavoz de EH, Arnaldo Otegui, por las declaraciones que efectuó tras el asesinato por ETA del periodista José Luis López de la Calle, al estimar que no pueden ser consideradas ni delito de colaboración con banda armada, ni de apología del terrorismo, según afirmó esta noche en Ibiza el fiscal general, Jesús Cardenal.

Cardenal insistió en que las palabras de Otegui «son repugnantes, molestas y dolorosas», pero que resultan de difícil encaje penal, informa Agustín Yanel-

En las polémicas declaraciones Otegi aseguraba que, con el asesinato de López de Lacalle y los atentados frustrados contra los también periodistas Carlos Herrera y Jesús María Zuloaga, ETA «lo que busca es señalar sus apreciaciones sobre el papel de los medios de comunicación en el conflicto».

VIDAL DE NICOLAS / PRESIDENTE DEL FORO DE ERMUA: «Es tan necesario que Arzalluz se quede mudo como que los etarras dejen de matar»
JAVIER URTASUN El Mundo 14 Mayo 2000

Todavía conmocionado por el asesinato de su compañero José Luis López de Lacalle, cree que debe ser acicate para que el Foro Ermua siga elevando su «voz crítica insobornable» hasta ver el fin de ETA.

Pregunta.- ¿Por qué cree que ETA ha asesinado a José Luis López de Lacalle?

Respuesta.- Porque quería acallar una de las voces más lúcidas, sinceras y valientes que había en este país. Hay hitos históricos en la locura asesina de ETA, y el de José Luis López es un hito histórico, porque el haberle matado ha puesto en evidencia que uno de los designios de ETA es acabar con todas las voces disidentes.

P.- ¿Qué ha cambiado en el Foro Ermua tras este asesinato?

R.- Siempre nos faltará su voz juiciosa y ponderada, pero tenemos que seguir con un deber doble: por nuestro amigo y por un pueblo que ve en nosotros una voz crítica insobornable. Somos una agrupación de intelectuales y, sólo por el deber que tenemos hacia José Luis, tenemos que seguir día a día hasta que ETA termine con nosotros o seamos nosotros quienes veamos el fin de esa locura.

P.- ¿Cree que el gabinete de Ibarretxe debe aguantar en minoría?

R.- Las soluciones son todas sumamente peligrosas. El Gobierno vasco debe saber que ya no se puede aplazar más, porque ya no gobierna ni tiene credibilidad. Hay una actitud del PNV de conservar la intangibilidad de su lehendakari como si fuera el brazo incorrupto de Santa Teresa. Pero los lehendakaris no están para eso. Es un pelele en manos del guía que tienen ellos, que es Arzalluz. Cuanto antes deje la Lehendakaritza y convoque elecciones, mejor. Pero si gana, por ejemplo, el PP, sería una justificación sin coartada ninguna para que ETA lanzara una ofensiva brutal, y tres cuartos de lo mismo si ganara el PSOE. Lo más saludable para Euskadi sería que las fuerzas constitucionalistas -PP, PSOE y UA- hicieran un Gobierno de salvación nacional.

P.- ¿Qué solución ve para el problema vasco?

R.- La afirmación de la democracia, que haya aquí un Gobierno que formalice las relaciones con todo el pueblo. Que no se lancen mensajes de odio. Es tan necesario que el señor Arzalluz se quede mudo como que los etarras dejen de matar. En cualquier caso, la solución tiene que ser política. Tiene que haber energía política por parte de los partidos que creen en la democracia, en la Constitución y el Estatuto. No son textos sagrados, están abiertos para que se cambien. Pero, mientras tanto, sólo hay esos dos elementos que son los que amparan las libertades.

La prensa hace frente a la ley del miedo
La extensión de las amenazas de ETA convierte en una pesadilla el ejercicio de la libertad de información

El asesinato a manos de ETA de José Luis López de Lacalle, fundador del Foro Ermua y columnista de El Mundo, ha provocado la repulsa unánime de los medios de comunicación, sometidos a la coacción de la banda terrorista y su entorno y a la descalificación de los partidos nacionalistas. Pero la estrategia de acercamiento de estos últimos al independentismo radical no pasa sus mejores momentos, como demuestra la suspensión, forzada por el PNV y EA, de la asamblea de Udalbiltza, la asociación de electos vascos surgida de Lizarra. Euskadi atraviesa una situación crítica, en la que "la crispación política está provocando una situación de riesgo social", en palabras del presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa.
PABLO ORDAZ, San Sebastián El País 14 Mayo 2000

El padre de Ainhoa entró en el bar, vio a todo el mundo pendiente de la televisión y preguntó: "¿Qué es lo que pasa?". Uno de los clientes pidió entonces la cuenta, pagó y salió a la calle. Ya cuando nadie podía oírlo, murmuró: "Pregúntale a tu hija, cabrón".

La escena se desarrolló el domingo, a eso del mediodía, en un bar de San Sebastián, muy cerca de la playa de La Concha. El hombre que llegó y preguntó desafiante es el padre de Ainhoa Múgica, una de las terroristas más sanguinarias de ETA, todavía en busca y captura. Lo que la televisión estaba diciendo es que un terrorista, un compañero de Ainhoa, acababa de asesinar, muy cerca de allí y a sangre fría, a José Luis López de Lacalle, un viejo luchador antifranquista, ejecutado sin juicio por escribir en los periódicos. El tercer hombre, el que calló, pagó y salió a la calle con el corazón en un puño es familia de un periodista vasco, ahora más que nunca bajo la atenta mirada de ETA.

La paz civil en Euskadi se parece a una casa en ruinas, apuntalada a duras penas por hombres y mujeres que prefieren callar, guardarse la rabia y esperar un milagro que se les antoja cada día más difícil. "Me callé y salí del bar para no enredarme con él en una trifulca", confió luego el familiar del periodista, "lo malo es que llegará el día en que no te puedas guardar las palabras. San Sebastián es una ciudad muy pequeña y aquí nos conocemos todos. Cada uno sabe de qué pie cojea el vecino, por eso no hablamos nunca de política, pero la muerte nos toca cada día más cerca y así no se puede vivir".

La muerte, tan cercana ya como una barra de pan y un paraguas rojo. Dos de las últimas víctimas de ETA no dejaron junto a su sangre una gorra de plato o los hierros retorcidos de un coche blindado. Manuel Zamarreño era un calderero en paro metido a concejal de su pueblo. Lo mataron cuando venía de comprar el pan. José Luis López de Lacalle, un antifranquista jubilado, escribía artículos de vez en cuando. Sus únicas armas, una bolsa de periódicos y el paraguas abierto. Ni militares ni policías, ni siquiera políticos profesionales. Eran gente de la calle, el vecino del cuarto de una casa sin ascensor o el marido de Mari Paz, profesora de euskera en Andoain cuando aún Franco lo tenía prohibido. ¿Cuánta gente se siente amenazada hoy en el País Vasco? A la vieja nómina de militares y policías se vienen sumando jueces, fiscales, profesores de Universidad, concejales de pueblo, diputados nacionales, dirigentes políticos de la izquierda y la derecha. ¿A cuántos se les para el corazón cuando oyen un simple petardo en la calle? ¿A cuánto ascendería la cifra si también contamos a las familias?

Ahora les toca a los periodistas. Lo apuntó ETA el domingo y el lunes lo confirmó Arnaldo Otegi, el jefe de Euskal Herritarrok (EH). "ETA", sentenció con su experiencia de antiguo terrorista, "acaba de poner sobre la mesa que los medios de comunicación están planteando una estrategia informativa de manipulación y de guerra". Lo dijo ante el Ayuntamiento de Andoain (Guipúzcoa), sin esperar siquiera a que López de Lacalle fuese enterrado. Detrás de él, dos decenas de militantes radicales portaban ikurriñas. Uno de ellos, al ver tantos micrófonos y cámaras acosando a su líder, gritó: "¡Buitres!". Nadie le respondió.

El silencio es demasiadas veces el único aliado. No hacer determinada pregunta. No responder a tal provocación. O como se decía antiguamente: no significarse. El lunes pasado, mientras la familia de López de Lacalle lo enterraba en la intimidad, abajo, por las calles del pueblo, unos miles de personas se manifestaron en silencio. De pronto, al doblar una esquina, apareció una gran pancarta azul colgada de un puente. Allí estaban el hacha y la serpiente de ETA. La cabeza de la manifestación se paró. Alguien debía quitar aquello. ¿Dónde estaba la Ertzaintza? ¿Dónde la policía local? ¿Algún voluntario? Nadie. Todo el mundo agachó la cabeza y siguió desfilando.

"El problema", dijo entonces Miguel López de Lacalle, el único hermano del columnista asesinado, "es que aquí no se habla porque hay miedo". Mucho miedo. Tanto que nadie fue capaz de impedir que la madrugada del lunes, con José Luis todavía de cuerpo presente, unos vecinos de Andoain ensuciaran las paredes: "De Lacalle, jódete. Asesino".Todo el mundo sabe qué le pasa a los que hablan. Lo que le pasó, por ejemplo, a José María Calleja, de CNN+, o a José Ignacio Iribar, de TVE, o a Carmen Gurruchaga, periodista de El Mundo, o a Gorka Landaburu, de Cambio 16, o a Mikel Muez, de EL PAÍS, o a Pedro Briongos, de El Correo, o a Carlos Herrera, de Radio Nacional. Unos desconocidos, amparados en la oscuridad de la noche o en el remite de un envío postal, intentaron amargarles la vida, quemar sus casas, asustar a sus familias, destrozarles las manos. No lo consiguieron. Otros muchos periodistas, también víctimas de los terroristas de ETA o de sus aprendices de Jarrai, sintieron el terror muy cerca. Pero prefirieron no decirlo, que no se supiera. Unos por pudor, otros por prudencia. Incluso por no provocar, porque aquí ser víctima suele ser sinónimo de sospechoso.

Hay estos días entre los periodistas de Euskadi la sensación amarga de que ETA está dejando de avisar y se dispone a pronunciar palabras mayores. Hay un ambiente raro. Es verdad que la historia no es nueva, pero también es verdad que es distinta. No es nueva porque sabido es que ya muchos debieron emigrar, vender sus casas, sacar a sus familias de aquí. Algunos, asustados por una botella incendiaria, por un artefacto explosivo en el portal. Otros, por algo más serio. "A mí", dice un periodista de mucho prestigio, objetivo continuo de la banda terrorista, "me vigilaron día y noche, me siguieron, me fotografiaron, incluso redactaron un documento -incautado después por la policía- en el que se exponía detalladamente por qué era conveniente eliminarme. Me tuve que ir, vender mi casa, vivir continuamente rodeado de escoltas; hace cinco años que no salgo solo a tomarme un café".

La historia no es nueva porque, desde principio de los noventa, ETA tiene en su agenda a los periodistas, o dicho en palabras de José María Olarra, dirigente de Herri Batasuna (HB), a los "terroristas de la pluma". Pero sí es distinta porque el asesinato de José Luis López de Lacalle viene a demostrar que ETA, después de la tregua que resultó ser falsa, sigue dispuesta a matar. Muchos de los periodistas consultados para este reportaje -la mayoría no quiso que aparecieran sus nombres- admiten que, a lo largo del domingo, sus teléfonos móviles recibieron una llamada que les puso el nudo en la garganta. De una madre, de una hermana, de la novia o del marido: "Me he asustado mucho esta mañana. Ándate con cuidado".

La organización terrorista ETA, golpeada con dureza por la acción policial conjunta de España y Francia, se reconoce impotente por el momento de realizar una acción de envergadura. "La banda", según repiten una y otra vez en Interior, "mata dónde y cuándo puede y por ahora se conforma con seguir extendiendo el terror asesinando a víctimas fáciles, exponiendo a sus comandos lo menos posible ". Un tiro a un concejal sin escolta -Miguel Ángel Blanco, José Luis Caso-, un coche bomba a un militar en Madrid o a un parlamentario en Vitoria -Pedro Antonio Blanco o Fernando Buesa-, cuatro tiros por la espalda a un veterano luchador antifranquista, miembro del Foro Ermua, articulista de El Mundo, un hombre que no quiso escolta porque se reconocía víctima de segunda o de tercera división. Contra mí, vino a decir José Luis en su última entrevista, ETA sólo malgastará botellas incendiarias y aprendices de asesinos. Se equivocó. La organización terrorista vasca siempre es capaz de sorprender, de darle dos vueltas a la tuerca de la locura: mantener 532 días encerrado en una jaula subterránea a un anónimo funcionario de prisiones, secuestrar para asesinar 48 horas después a un chaval de Ermua, dejar solos para siempre a tres niños de Sevilla asesinando a su padre y a su madre en medio de la madrugada.

-¿Te apetece tomar un café?

Es jueves por la mañana y Ángel Arnedo, el director de El Correo, el diario más leído en el País Vasco, acaba de responder a las preguntas del periodista llegado de Madrid. Ahora se dispone a invitarlo a café. Bajan juntos las escaleras del periódico y, ya en la puerta, le pregunta al vigilante jurado por su escolta. "No está, ha tenido que salir un momento". Arnedo, amenazado de muerte, sale a la calle a cuerpo gentil. Hacía mucho tiempo que no vivía esa experiencia. "La noche que siguió a la declaración de tregua", recuerda, "me fui de casa solo, paseé hasta un bar cercano y pedí una cerveza. Me supo a gloria. Ahora no puedo". Arnedo ya no sólo es director de periódico, desde hace unos días es también confesor, psicólogo, amigo. "Le estoy echando horas a la gente porque lo necesita. Después de lo de Pedro [los proetarras hicieron estallar un artefacto en la casa de los padres del redactor jefe] y del asesinato de José Luis los redactores están muy preocupados. No es para menos, pero hay que aguantar. Por dignidad, porque es esto lo único que sabemos hacer y porque al final vamos a ganar". El viernes a mediodía, en el Kursaal de San Sebastián, Arnedo asistió con gafas oscuras a la firma del manifiesto No nos callaran para decirle a ETA que no, que el crimen nunca doblegará su independencia. Allí estaban los directores de los principales periódicos, dejándose fotografiar, contraviniendo las órdenes de Interior, dando la cara.

Hay otra cuestión que preocupa mucho al director de El Correo. También a los de otros medios. Uno de ellos lo refleja así: "Nos acusan de ser muy duros con el PNV, nos preguntan que por qué los criticamos tanto, que ellos no son los de las pistolas, y es verdad. Pero también es cierto que el PNV siempre nos ha dejado muy solos, nunca una palabra de aliento, nunca hemos sentido su apoyo en los momentos difíciles". Más bien al contrario. La estrategia de HB de desprestigiar a la prensa y difamar a los periodistas ha tenido en los últimos tiempos un eficaz complemento en las declaraciones de algunos dirigentes del PNV. Xabier Arzalluz es el que más se prodiga en sus ataques. No muy lejos le siguen Iñaki Anasagasti o Javier Atutxa, presidente del Bizkai Buru Batxar y autor de una circular a los afiliados en la que pedía "no comprar El Correo ni insertar publicidad". Un rápido vistazo a la hemeroteca resulta muy elocuente. HB dice sufrir un linchamiento mediático. El PNV acusa a PRISA -editora de este periódico- de "caza de brujas contra el nacionalismo vasco". El PNV de Vizcaya pide a sus afiliados que boicoteen el periódico El Correo. Simpatizantes de ETA se encadenan en la sede de ese diario. HB acusa a EL PAÍS de "boicotear el diálogo ETA-Estado"...

El objetivo parece claro: desprestigiar a la prensa, hacerla responsable de los malos de Euskadi, allanarle el camino a ETA. "Me preocupó mucho", dice un periodista, "una conversación que escuché el otro día en la calle. Una señora le decía a otra que los terroristas eran los peores, pero que los periodistas también le estaban haciendo mucho daño a este país". El mensaje, por repetido, empieza a calar.

-¡Españolazo, que eres un españolazo¡

La escena tuvo lugar unos días después del asesinato del socialista Fernando Buesa. EL PAÍS, al igual que la mayoría de los medios, reflejó en sus páginas que la manifestación convocada por el PNV en Vitoria para honrar la memoria del político muerto se convirtió en realidad en un desagravio a Juan José Ibarretxe, el presidente del Gobierno vasco, abucheado unos días antes por unos cientos de personas. Xabier Bilbao, el jefe de prensa de Arzalluz, recriminó el contenido de la información a uno de los redactores de este periódico, al que rodeaban otros periodistas y militantes del PNV. "¡Españolazo, españolazo!". Era quizá el peor insulto que se le podía ocurrir.

La mancha se va extendiendo como si fuera de aceite. Cada vez más gente se siente amenazada. Ahora son los periodistas. ¿Mañana? No es un problema gremial. La situación es peor que nunca porque, lejos de unir, los disparos de los terroristas dividen cada vez más a los políticos. Ya ni se espera a que el muerto esté bajo tierra para seguir con la batalla. El lunes por la mañana, mientras la familia de José Luis velaba el cadáver, Arnaldo Otegi justificaba a los terroristas a sólo unos metros de allí. Y José María Aznar, desde Rabat, pedía elecciones anticipadas. Los ciudadanos que están contra ETA se ven obligados por sus representantes políticos a manifestarse por separado. Los nacionalistas junto al reloj del Ayuntamiento; el resto, en la puerta de la Catedral.

"Hemos asistido a muchos entierros", dice una periodista de San Sebastián, "pero ahora empezamos a escribir de gente como nosotros, de gente anónima que hace su trabajo y que vive en la calle de al lado. No creo que me vayan a matar a mí, pero sí a alguien que conozco, a alguien como yo".

Críticas muy peligrosas
Se suele decir entre los periodistas que perro no come carne de perro. Hay excepciones. La más llamativa se llama Pepe Rei, ex redactor jefe de Egin y ahora director de una revista mensual llamada Ardi Beltza (Oveja negra). Una de las tareas habituales de Rei, absuelto en dos ocasiones por colaboración con ETA y ahora procesado de nuevo por el juez Garzón, es publicar de vez en cuando nombres de periodistas enemigos del pueblo vasco. A ninguno de los citados les hace demasiada gracia. Ni tampoco les deja impasibles. Sobre todo teniendo en cuenta unas declaraciones realizadas por Juan María Atutxa el 4 de marzo de 1996. Aquel día, ETA mató a un oficial de la Ertzaintza, Ramón Doral Trabadelo, de 36 años. Atutxa, entonces consejero vasco de Interior, declaró: "Doral figuraba en el libro El jesuita, del que es autor Pepe Rei. Él apuntó directamente a quien hoy ha asesinado ETA". "No olviden", dijo Atutxa entonces, "todo eso que se escribe para poner en el punto de mira a determinadas personas, son las pautas de a quién debe asesinarse mañana". Ahora la situación empieza a parecerse. Sólo que no es la policía autónoma vasca el objetivo de las iras terroristas y sí -lo dijo Otegi- los medios de comunicación.

Xabier Lapitz es subdirector de Deia, un periódico muy próximo al PNV. Lapitz considera que repartir leña con generosidad -él lo hace cada día en su artículo de opinión- es un ejercicio saludable. Sin embargo, las cosas se complican cuando los receptores de la crítica -muchos de ellos periodistas- pueden ser objetivo terrorista. "Me preocupa que ETA pueda matar a alguien que yo critico. Pero no por eso deja de ser saludable denunciar lo que te parece mal".

ETA recluta nuevos pistoleros para mantener su actividad terrorista  
MADRID. D. Martínez / J. Pagola ABC 14 Mayo 2000

La Policía francesa ha podido frenar una nueva campaña de captación de futuros pistoleros y colaboradores de ETA tras la detención de Julia Moreno «Bombi» que, junto a Javier Abaunza, se encargaba de reclutar a aspirantes a terroristas para después impartirles cursillos sobre el manejo de armas. Sin embargo, la banda mantiene su capacidad para reclutar nuevos adeptos entre los simpatizantes abertzales.

Interior cree que Julia Moreno Macuso «Bombi» y Javier Abaunza Martínez tenían, entre otros cometidos, coordinar la captación de nuevos pistoleros y colaboradores «legales», además de impartirles cursillos sobre el manejo de arma y explosivos. De hecho, tenían previstas varias citas con este propósito que, sin embargo, fueron frustradas por la detención de «Bombi», el pasado 16 de abril en la localidad gala de Hagetmau.

Se da la circunstancia de que en el momento en que fue detenida, Julia Moreno Macuso hacía labores de seguridad en torno a una cita que en un bar de esa localidad mantenían Javier Abaunza y Soledad Iparraguirre «Amboto», que desde los últimos seis años es responsable de los etarras «legales» y que en la actualidad se ha hecho con el control del «aparato militar» de la banda.

Los mismos medios han explicado que, por los datos obtenidos de diversas fuentes, ETA mantiene en la actualidad capacidad para seguir captando nuevos pistoleros y colaboradores para sus «comandos» y que la «cantera» no se limita sólo a los jóvenes proetarras que practican la «kale borroka», sino también a otros simpatizantes abertzales que, incluso, no son conocidos por sus afinidades con el entorno etarra.

RECOMENDACIONES
Cuando a la dirección de ETA llega algún informe recomendando a determinado individuo, la banda, hechas algunas comprobaciones, le envía, por lo general, una carta en la que le propone colaborar en la «causa» y le plantea después una cita. En la práctica totalidad de los casos estas citas tienen lugar en territorio francés y, al tratarse de elementos «legales», es decir, que aparentemente hacen vida normal, se celebran los fines de semana.

Los mismos medios se muestran convencidos de que durante los catorce meses de supuesta «tregua» la banda criminal ha continuado reclutando a nuevos etarras, de la misma forma que ha seguido exigiendo el «impuesto revolucionario», ha robado coches y matrículas falsas y ha realizado seguimientos para recabar información sobre posibles obtetivos.

Con todo, la detención de Julia Moreno «Bombi» ha podido frenar una nueva campaña de captación de etarras, según cree Interior, aunque reitera que pese a ello la banda mantiene su capacidad para nuevos reclutamientos. De hecho, Javier Abaunza sigue en libertad y es más que probable que otros etarras vengan realizando también labores de captación. Esto le permite a la banda conservar su capacidad criminal mezclando etarras veteranos con nuevos terroristas no fichados.

CURSILLOS Y ADOCTRINAMIENTO
Una vez que ETA consigue nuevos pistoleros para sus «comandos legales», estos reciben un cursillo sobre el manejo de armas y explosivos en algún punto de Francia. Expertos en la lucha antiterrorista sospechan que el etarra que coordina el «aparato de adiestramiento» es Fermín Martínez Vergara «Demonio» en su condición de responsable del «aparato logístico».

Tras la fase de cursillos, los nuevos etarras reciben adoctrinamiento y charlas «políticas» por parte de Miguel Albizu Iriarte «Mikel Antza» o de Vicente Barandiarán Goicoechea «Willy».

El «aparato de captación» recibió un duro golpe el 17 de noviembre de 1994, cuando la Policía francesa detuvo en Tolon al dirigente del «aparato militar» Félix López «Mobutu» y a varios de sus «lugartenientes», entre ellos Jesús María Olabarrieta Olabarrieta, responsable del reclutamiento de nuevos pistoleros.

CARTAS A SIMPATIZANTES
De hecho, entre la documentación incautada entonces por los agentes franceses se encontraron varias cartas que la dirección de la banda iba a enviar a varios simpatizantes abertzales en las que se les proponía colaborar con la «causa».

Sin embargo, según fuentes de Interior, tras el golpe sufrido, la banda terrorista consiguió posteriormente reorganizar su «aparato de captación».

El «aparato de captación» es clave en la actividad terrorista por cuanto le permite a la banda renovar su capacidad ante las diferentes caídas de los «comandos» a manos de las Fuerzas de Seguridad. «Cuanto más tiempo transcurra intocable, más posibilidades hay de encontrarnos ante una “nueva ETA” integrada por desconocidos y, por tanto, más dificultades habrá para combatirla», recuerdan los expertos en la lucha antiterrorista.

 

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