AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 22 Mayo  2000
#Una cierta inquietud
Cándido ABC 22 Mayo 2000

#Interiores
Editorial El País 22 Mayo 2000

#El demonio de Tasmania
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 22 Mayo 2000

#La entrevista y la tregua
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 22 Mayo 2000

#LA UNIDAD DE MERCADO Y LAS COMPETENCIAS AUTONOMICAS
EDITORIAL El Mundo 22 Mayo 2000

#Ocho agentes resultan heridos en una emboscada de proetarras a la Ertzaintza
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 22 Mayo 2000

#Narcís al frente
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 22 Mayo 2000

#Ejército de Fraga
GABRIEL ALBIAC El Mundo 22 Mayo 2000

 

Una cierta inquietud 
Por Cándido ABC 22 Mayo 2000

EL daño que hace ETA no es sólo el instantáneamente lacerante del asesinato, sino también el de la disfunción democrática que introduce en la sociedad política, entre otros quizá menos perceptibles pero igualmente demoledores. Son secretas, por ejemplo, las naturales derivadas del miedo ocultas en innumerables formas de omisión, a veces sutiles. Los ciudadanos comunes sabemos, en términos de contabilidad estricta, incluso de economía moral, que tendríamos mucho que perder adoptando una actitud individualmente activa y beligerante. Arropados en la fórmula de masa salimos a la calle para refrendar los valores constitucionales y cuando esa expresión comunal cesa, la democracia se hace en cada individuo privada y si llega el caso temerosa. La mayoría de la gente sabe que la Constitución, además de ser un código legal, alude a convicciones que están más allá de la ley y que sólo conservándolas como compromiso viviente podrán sostener las leyes.

Pero simultáneamente se da un lento proceso, para el que ha habido mucho tiempo, en el que las personas comunes van instalándose en una especie de exilio, en el que se conjugan la conciencia y la previsión sin que por eso dejen de ser honradas. Algo parecido a lo que en los años treinta se llamó la «Tercera España», y que Azaña reducía, porque era el caso, a los intelectuales. Escribió a Sánchez Albornoz: «Tener miedo es humano, y, si usted quiere, propio de hombres inteligentes. Pero es obligatorio dominarlo cuando hay deberes públicos que cumplir». Hago esta cita para hacer ver que no sólo el miedo, sino que también el proceso del miedo es razonable y por tanto comprensible, y que si uno piensa, como en el caso de los intelectuales a los que se refería Azaña, otro intelectual, que le está confiado el futuro, nada tan natural como intentar huir del presente. En este sentido los políticos son en verdad necesarios, pues, cuando menos profesionalmente, no tienen más remedio que comprometerse, no digamos ya los políticos pillados por el poder y obligados por eso a prescindir de universalismos y de la función profética para «mancharse» sartreanamente las manos. Lo que en las actuales circunstancias describe fundamentalmente el poder respecto al terrorismo es la resistencia. Es ahí donde empieza el trabajo real, en esa especie de tautología. Sin embargo, cuando decía Napoleón que la forma moderna del destino es la política no se dirigía exclusivamente a los políticos, incluso pienso que se dirigía a los políticos en último lugar.

Lamento además otro daño que nace asimismo de la persistencia efectiva e intensa de ETA, cuando actúa y cuando no actúa, y de su alargada y amenazante sombra en la sociedad, que es la naturaleza ilusoria de unidad política cimentada en la unidad histórica contra el terrorismo. Se amortiguan así, se difieren y en algunos casos se deforman los distintos lados de la política, más claramente y sin caer en el mal gusto de poner ejemplos, se da, a veces, un empastelamiento ideológico, se crea una falsa idea de unidad más allá del rechazo material de ETA. Aquí la distinción entre objetivo y fin puede desaparecer, creándose también una falsa relación de servicio recíproco, como si el hecho de rechazar a ETA viniese a significar la aceptación de un proyecto político que no parecía ser el nuestro, pero que pasa a serlo en nombre de la necesaria unidad contra el terror. El punto fijo y superior es la lucha constitucional contra ETA, y la disciplina, por lo demás éticamente correcta, que se desprende de esa consideración, otorga primacía a la idea general del poder que la sostiene y también prestancia. Una consecuencia de cuanto digo la tenemos en el concepto de nacionalismo, que, sin duda, es una especie de energía creadora de valores civiles y que no obstante vive bajo la coacción que ejercen sobre él sus dramáticas desviaciones, con lo que cualquier tesis positiva acerca del nacionalismo se contrae hasta hacerse sospechosa.

Son ya demasiados años respondiendo política y socialmente a la tragedia del terrorismo para pensar que no estamos afectados en nuestro discurso espontáneo y cotidiano de demócratas. Del proceso mismo nacen las silenciosas malformaciones, porque el proceso somos nosotros.

Interiores
Editorial El País 22 Mayo 2000

LA DESCONFIANZA que preside las relaciones entre el Ministerio del Interior y el departamento homólogo del Gobierno vasco está teniendo efectos desastrosos para la eficacia de la lucha contra ETA. En los últimos días se han multiplicado los intercambios de acusaciones e insinuaciones. Esas arremetidas provocan confusión y desánimo en la ciudadanía, que tiene derecho a exigir de los servidores públicos más profesionalidad. De momento, una mejor coordinación entre las Fuerzas de Seguridad del Estado y la Ertzaintza.

 El consejero vasco Javier Balza acusó el jueves al Ministerio del Interior de ocultar deliberadamente la información intervenida en enero pasado al comando Vizcaya de ETA sobre nueve jueces y magistrados con destino en el País Vasco. Al desmentido del ministerio ha seguido la acusación, más delicada, de que también se ocultó a la policía vasca, encargada de la protección de las personas amenazadas, información referida al dirigente socialista Fernando Buesa, asesinado dos meses después de la captura del comando , en cuyo poder se encontraron datos sobre él. En lo que claramente parece una réplica por adelantado, el departamento que dirige Mayor Oreja ha acusado a la Ertzaintza de interferir diversas operaciones antiterroristas. Los datos ofrecidos por unos y otros se neutralizan, y lo único que de ellos se deduce con claridad es que la coordinación brilla por su ausencia, y que más que en solucionar ese problema existe interés en culpar de su existencia a la otra parte.      

Algunos de los jueces afectados han reaccionado con indignación contra lo que consideran utilización política del problema, y han advertido de que con la publicidad a esta polémica se les está exponiendo más que protegiendo. La posible existencia de una vigilancia policial de Buesa de la que no había sido informada la Ertzaintza, encargada de protegerle, es el aspecto más delicado de la información ahora desvelada. Si fue así, es evidente que las cosas se hicieron mal. Y si las desafortunadas declaraciones de Balza durante la tregua y el contenido de ciertas circulares de su departamento explican la desconfianza política, no avalan su traducción en descoordinación operativa.

Tiene razón Mayor al sostener que no son asuntos para polémicas públicas, pero existe un organismo, la Junta de Seguridad, encargado de la necesaria coordinación, y hace casi cuatro años que no se reúne. Es urgente convocarla. La seguridad de los ciudadanos no puede quedar supeditada a que haya o no una buena sintonía política o personal entre los responsables de los organismos encargados de garantizarla.

El demonio de Tasmania
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 22 Mayo 2000

Anda preguntándose el respetable si conviene o no adelantar las elecciones en el País Vasco. Sin duda alguna, la cuestión es interesante, pero aún más interesante que la cuestión en sí es el hecho mismo de que constituya una cuestión. Algo, quiero decir, sobre lo que se discrepa, y se discrepa además racionalmente. Imaginemos que existiera un punto del planeta -llamémosle X- en que concurriesen las siguientes circunstancias: está vigente el régimen parlamentario; el Gobierno ha quedado en minoría abrumadora y sólo puede fiar su perpetuación en el apoyo ocasional de un partido que aprueba la violencia y cuyo objetivo expreso es destruir el entramado institucional del que ese Gobierno, y ese Parlamento, traen su legitimidad. Ítem más: los partidos gobernantes llevan gobernando un cuarto de siglo, con todos los costes e inevitables degeneraciones que ello entraña. ¿Cómo no ver en unas elecciones el recurso elemental a que, en casos tales, debe acudir una democracia?

La respuesta conocida es que el País Vasco vive una situación excepcional y no puede ser medido con el rasero que aplicamos a las democracias normales. Y es verdad. Pero esto, todavía, no liquida el asunto, puesto que la frontera entre una democracia anormal y una no democracia es sutil y hay que andarse entonces con ojo en el trance de poner las mugas y dibujar las lindes. O, en este caso, de explicar por qué podría no valer para el País Vasco lo mismo que para las democracias restantes. Naturalmente, no tengo la menor intención de proponer un remedio salvador. No conozco por dentro la política vasca e ignoro qué botones habría que pulsar o qué ruedecillas sería bueno engrasar para que la pesada maquinaria variara de rumbo sin causar mayores estragos. Pero sí me considero en grado de juzgar qué argumentos son democráticamente inasumibles. El que más me preocupa, y más desazona, es el que se refiere al Demonio de Tasmania.

Por descontado, éste es un nombre que acabo de inventarme con propósitos puramente mnemotécnicos. El argumento del Demonio de Tasmania ha sido esgrimido rutinariamente por los nacionalistas democráticos para instar un cambio radical en las instituciones vascas. La idea es que ETA, el Demonio de Tasmania, sólo podrá ser amansado si se concede la autodeterminación, o algo por el estilo. Por qué el argumento no es de recibo salta a la vista: suspender los procedimientos democráticos para evitar tales y cuales males puede ser prudente, o incluso racional, pero no es democrático. Por definición, es antidemocrático. No es este Demonio de Tasmania, con todo, el que me inquieta. Lo que me inquieta es la reiteración que se está haciendo del argumento con relación, ahora, no a ETA, sino al PNV.

De hecho, una de las objeciones más usuales a la convocatoria de elecciones es que el PNV podría perderlas y convertirse también en un Demonio de Tasmania. O, dicho por extenso: hay que mantener al PNV en el poder, puesto que su paso a la oposición llevaría aparejada su ruptura con la democracia y un lío de mil demonios... de Tasmania. Esta composición de lugar me coge, fuerza es que lo confiese, a contrapelo. Puesto que estaba resignado a que hubiera un Demonio de Tasmania. Pero no a que hubiera dos.

En mi opinión, habremos colocado mal las mugas que separan una democracia en apuros de una no democracia si no estamos dispuestos a aceptar el futurible siguiente. Disuelto el Parlamento, el PNV tendría, primero, la oportunidad de reconsiderar el Pacto de Estella, que habría cumplido un ciclo natural: el de su ineficacia política. Si no lo hace, y lo paga en las urnas, tendría igualmente ocasión de hacer lo que hacen los partidos democráticos cuando un líder se equivoca de parte a parte, que es buscar un nuevo líder. Y aquí, paz, y después, gloria.

No quiero decir con ello que las elecciones sean la única alternativa o tan siquiera la mejor alternativa. Busco recordar tan sólo que la lógica elemental rige incluso para la política y que se tienen que presentar buenos argumentos para descalificar las elecciones sin descalificar, al tiempo, al PNV. Me cuento entre quienes piensan que este último es democrático. Espero, por tanto, pacientemente argumentos mejores, y menos pesimistas, que el del Demonio de Tasmania.

La entrevista y la tregua
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 22 Mayo 2000

Los estrategas de ETA han demostrado una vez más su capacidad para marcar los ritmos políticos del nacionalismo vasco. La entrevista publicada la semana pasada en Euskaldunon Egunkaria ha actuado como un resorte no sólo entre los dirigentes del PNV, que habían comenzado a cuestionar públicamente el Pacto de Lizarra, sino para al propio lehendakari y su Gobierno, que parecen haber encontrado otra vez el «camino correcto»: arremeter contra Jaime Mayor Oreja.

La entrevista de ETA se enmarca en el contexto de un nuevo acercamiento entre el PNV y el MLNV. La ruptura de la tregua el pasado mes de diciembre había tenido como principal efecto el aislamiento del PNV. En esas circunstancias -y, sobre todo, tras el asesinato de Buesa-, el PSE estaba convencido de que la solución al problema de la violencia no pasaba por la reedición de un pacto con los nacionalistas. El PNV siempre ha utilizado al PSE como coartada, como tabla de salvación en los tiempos difíciles; pero ahora, los socialistas vascos ya no están dispuestos a ser ese clavo ardiendo al que se agarra Arzalluz cuando todo le sale mal.

El asesinato de José Luis López de Lacalle supuso un salto cualitativo en esa situación. El PP y el PSOE actuaron de forma conjunta, recogiendo la indignación de una amplia mayoría de la sociedad. Juan José Ibarretxe vivió en esos días sus momentos más difíciles. Miles de personas pidieron en Bilbao su dimisión en la manifestación en protesta por el atentado que le costó la vida al colaborador de EL MUNDO. Por si eso fuera poco, la reacción de solidaridad sin precedentes entre los medios de comunicación ahondó aún más la sensación de aislamiento de un lehendakari que nunca ha conseguido dar la impresión de que en Euskadi hay un Gobierno real.

Lizarra pasaba por su horas más bajas. La presión social provocó una reacción muy dura por parte de algunos miembros del Euskadi Buru Batzar (EBB), máximo órgano de dirección del PNV. Como reflejó la semana pasada en un brillante artículo María Antonia Iglesias (Tiempo, 22 de mayo del 2000), el portavoz del partido, Joseba Egibar, fue el chivo expiatorio en el que algunos de los jefes del PNV descargaron su indignación por haber llevado al partido a ese callejón sin salida. Especialmente significativa fue la posición de Xabier Atutxa, presidente del PNV en Vizcaya: «No podemos seguir así».

La ruptura del aislamiento sólo podía producirse por una vía: el alejamiento de Lizarra. Y así, durante algunos días, el PNV y el Ejecutivo de Vitoria realizaron un giro que no pasó desapercibido ni para el Gobierno ni para el PSOE. El PNV suspendió la convocatoria de la reunión de Udalbiltza, prevista para el próximo 27 de mayo, y prometió no asistir a ninguna reunión de la asamblea de municipios mientras permaneciese la violencia. El propio Ibarretxe declaró hace 10 días en su visita a Barcelona que Lizarra era incompatible con la kale borroka y con los atentados terroristas.

El PNV estaba deshecho porque ese giro se producía justo cuando sus contactos con ETA y HB habían comenzado a dar los primeros frutos. De hecho, la entrevista de Egunkaria se había realizado antes del asesinato de López de Lacalle (aunque posiblemente después se añadieron algunos párrafos) y había sido planificada para dar un nuevo impulso a Lizarra y generar nuevas esperanzas de tregua. El Gobierno está convencido de que el interlocutor del periódico vasco no es ni más ni menos que Mikel Antza, el hombre que se sentó a negociar con el equipo designado por Aznar hace ahora un año.

La entrevista, al margen de ser un típico producto para consumo interno en el que los dirigentes de la banda marcan las líneas a seguir, la táctica, en un momento en el que hay un profundo debate interno, es también, y sobre todo, un mensaje al PNV. ETA quiere dejar claro que el fin de la violencia depende de los nacionalistas: «En sus manos tienen la propuesta para detener la lucha armada y tienen capacidad para ello. Le pueden poner fecha. Que hagan un planteamiento concreto».

Además, los terroristas dan garantías al PNV y a EA de que ellos no forman parte de sus objetivos militares: «Nosostros no utilizamos la lucha armada contra PNV y EA sino contra los enemigos de Euskal Herria».

Junto a ese recado tranquilizador, la dirección de la banda intenta levantarles el ánimo afirmando que en estos últimos meses se ha avanzado mucho en la construcción nacional, volviendo a situar a Lizarra como clave de esos logros: «Estamos mejor que hace 20 años», afirma al final de la entrevista el jefe de la banda.

Aunque la reacción formal a su publicación fue de menosprecio o de crítica, los mensajes de la dirección de ETA han tenido el mismo efecto que el bálsamo de Fierabrás para los males nacionalistas.

El secretario de organización de EA, Rafael Larreina, no pudo ser más sincero cuando declaró que percibía en la entrevista «una vuelta al lenguaje de la tregua».

No es una casualidad, ni mucho menos, que tras las palabras de Antza -si es que el Gobierno tiene razón y ha sido él el responsable de la embajada-, el clima antigobierno se haya vuelto a caldear en el País Vasco. Las acusaciones del consejero de Interior, Javier Balza, de que Mayor Oreja no informó a la Ertzaintza sobre objetivos del comando Vizcaya o la afirmación por parte de Iba-

rretxe de que el PP hace lo mismo que HB al descalificar a las instituciones, forman parte de ese nuevo clima que pretende preparar el terreno para justificar la reactivación de Lizarra y, a la vuelta del verano, la reinstauración de una nueva tregua por parte de ETA.

El problema, como sostiene Carlos Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte, es que los hechos en la Historia no se repiten dos veces de la misma forma; una vez lo hacen como tragedia y otra como farsa.

¿Podría presentarse ante la sociedad vasca una reedición de la tregua de 1998 en las mismas condiciones que aquella? ¿Sería creíble políticamente? ¿Se volvería a sentar el Gobierno con los representantes de ETA como si nada hubiera pasado?

Arzalluz, como dice Jon Juaristi, puede ser un «Maquiavelo de aldea», pero no es ningún tonto. Ahora anda dándole vueltas a la cabeza para teorizar lo que será el eje de la política del PNV en los próximos meses: la «tregua redonda», como la calificó en unas declaraciones hechas el pasado viernes en Deusto.

Esa nueva tregua, que probablemente implicaría la desaparición del término «indefinida», permitiría a los nacionalistas convocar unas nuevas elecciones este otoño, en las que necesariamente tendría que participar EH. Arzalluz cree que ese escenario les daría mayoría a los partidos del Pacto de Lizarra y permitiría al PNV gobernar con mayor comodidad. En fin, el cuento de la lechera.

Está claro que la estrategia del palo y la zanahoria que utiliza ETA con el PNV le da excelentes resultados.

El problema ahora es qué harán los demás. Y, sobre todo, el PSOE. Parece que en la dirección socialista se están diluyendo las dudas sobre lo que hay que hacer en el futuro inmediato. Las dos reuniones que, hasta ahora, han mantenido Mayor Oreja y Zarzalejos, por un lado, y Redondo y Pérez Rubalcaba, por otro, han aclarado bastante las cosas. El peor error en el que podrían incurrir los socialistas en estos momentos sería el de pensar que pueden gobernar en Vitoria con un PNV metido en Lizarra, mientras ETA se refuerza en una nueva tregua, por muy «redonda» que esta sea. casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

LA UNIDAD DE MERCADO Y LAS COMPETENCIAS AUTONOMICAS
EDITORIAL El Mundo 22 Mayo 2000

La Asamblea de la CEOE hará hoy, ante Aznar y Guterres, un serio llamamiento en defensa de la unidad del mercado interior establecida en el artículo 139 de la Constitución. No les falta razón, desde luego, al protestar por una proliferación de normas autonómicas, en muchas ocasiones contradictorias con las estatales, que dificultan el comercio, la libre circulación de personas y la planificación de la actividad empresarial en el ámbito nacional.

Pero no es sólo un problema para la eficacia empresarial. Antonio Gutiérrez, al despedirse como secretario general de CCOO, defendió un único mercado laboral, precisamente desde la perspectiva de una más adecuada defensa de los derechos de todos los trabajadores. En definitiva, la unidad de mercado -que paradójicamente se va asentando en el seno de la Unión Europea a medida que se traba dentro de nuestras fronteras- es una exigencia para una sociedad moderna que basa sus relaciones, como el artículo citado señala, en el reconocimiento de que «todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado». Prueba de la sinrazón de lo que se ha venido a denominar, en ocasiones sin un ápice de exageración, jungla normativa, es la constatación de que muchas normas autonómicas no responden a ninguna necesidad real, sino el mantenimiento o la extensión interesada de las burocracias locales.

Lo más alarmante, a la vista de los peligros de dar carta de naturaleza a pequeños reinos de taifas, es que el propio Tribunal Constitucional está favoreciendo una concepción patrimonial del poder autonómico, que prima el mantenimiento de algunas competencias autonómicas en contra del rumbo unitario y liberalizador de Europa e incluso en contra del sentido común. El desorden que constata ahora la patronal se concreta en materias como la legislación del suelo, los horarios comerciales, las patentes y marcas, la competencia o el medio ambiente. No puede olvidarse, por ello, que el Alto Tribunal ha declarado inconstitucionales artículos fundamentales de la Ley del Suelo, la de Propiedad Intelectual o la de Defensa de la Competencia por entender que estas normas invadían competencias enumeradas en el artículo 148 de la Carta Magna como propias de las comunidades autónomas.

La prevalencia de esta relación sobre un principio recogido también en el texto constitucional es absurda pero, en todo caso, es preciso garantizar la unidad de mercado y la armonización con la UE, preocupada por las fracturas de la unidad de mercado no sólo en España, con las reformas normativas que sean necesarias.

Ocho agentes resultan heridos en una emboscada de proetarras a la Ertzaintza 
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 22 Mayo 2000

Cerca de treinta proetarras y varios agentes de la Ertzaintza protagonizaron en la noche del sábado un enfrentamiento en pleno centro de San Sebastián que se saldó con ocho agentes heridos leves y dos menores detenidos. Además de estos disturbios, los radicales protagonizaron actos violentos en otras dos localidades guipuzcoanas, Urnieta y Eibar, y en Lezo, Navarra.

La noche del sábado fue aprovechada de nuevo por grupos organizados de proetarras encapuchados para provocar incidentes y protagonizar disturbios. En esta ocasión, los violentos incendiaron un cajero automático para atraer la atención de la Ertzaintza e iniciar un enfrentamiento. Los incidentes comenzaron hacia las nueve de la noche en una de las zonas más céntricas de la capital, el bulevar donostiarra. La Consejería de Interior del Gobierno vasco informó de que un grupo de unos treinta encapuchados prendieron fuego al cajero de una entidad bancaria y a varios contenedores, aguardando en el lugar a la llegada de los agentes de la Ertzaintza.

ESPERARON A LA ERTZAINTZA
Cuando llegaron las patrullas policiales, fueron recibidas por los proetarras con el lanzamiento de «cócteles-molotov», cohetes y piedras. El enfrentamiento, que duró alrededor de media hora, se saldó con ocho ertzainas heridos de carácter leve que tuvieron que ser atendidos en diferentes centros sanitarios. Todos los agentes resultaron contusionados y dos de ellos sufrieron quemaduras.

La Policía Autónoma vasca sólo pudo detener a dos implicados, ambos menores de edad: un chico, acusado de provocar desórdenes públicos, pasará hoy a disposición judicial; y una chica, por desobediencia a la autoridad, que ayer quedó en libertad.

Horas después de estos graves incidentes, la Ertzaintza se incautó en el casco viejo donostiarra de 69 cohetes y una lanzadera metálica, material habitualmente utilizado por los violentos para sus acciones de «kale borroka» o violencia callejera.

TAMBIÉN EN EIBAR, URNIETA Y LEZO
Pero ésta no fue la única acción registrada en la noche del sábado. En Éibar, varios desconocidos arrojaron «cócteles-molotov» contra una oficina de Hacienda, que tuvo daños materiales cuantiosos por la acción de las llamas.

Asimismo, hacia los ocho menos cuarto de la mañana de ayer, un grupo de desconocidos cortaron el cable de acero de las contrapesas que sujetan el techo del tren en Urnieta (Guipúzcoa). A consecuencia del sabotaje, el tráfico ferroviario quedó interrumpido en las dos direcciones entre Zumárraga y Hernani hasta las once de la mañana.

Además, en la localidad navarra de Lezo, gobernada por EH, unos desconocidos forzaron la puerta del Ayuntamiento y entraron en el edificio. Tras registrar varias de las salas, incendiaron una terminal de ordenador, lo que causó daños en dos dependencias municipales, según informó el departamento de Interior del Gobierno vasco.

El secretario regional del PP vasco, Carmelo Barrio, condenó estas acciones que, según dijo, «están directamente vinculadas a la llamada a la intolerencia y a la violencia que los presos de ETA han vuelto a hacer a sus simpatizantes». Barrio lamentó la utilización «típicamente fascista» de menores de edad en la lucha contra la democracia. El dirigente popular añadió que el portavoz del PNV, Joseba Egibar, debería tomar nota de estos actos y censuró que lo del PNV «ya no es una estrategia, sino un escándalo político».

Narcís al frente
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 22 Mayo 2000

A pesar del paréntesis futbolero del miércoles, que empezará de hecho el martes y durará todo el jueves, esta semana laboral será de trabajos forzados para las Fuerzas Armadas, de carnaval nacionalista todo el fin de semana y de puesta en solfa de España y lo español, de lo civil con excusa de lo militar, hasta culminar en el follón contra el desfile de las FAS en Barcelona el domingo que viene. Este sábado se hizo el ensayo general, tras un mitin del ex combatiente Pujol arengando a su frente de juventudes contra las agresiones que dice que sigue sufriendo Catalunya aunque, según confiesa, no se noten. En el desfile del sábado triunfaron las tendencias Seatle 2000 y París 68, una síntesis de izquierdismo de recuelo y nacionalismo al dente que ha merecido los honores del color en la portada de El País, aunque luego apenas dé un cuarto de página de información para explicarlo. Normal, porque su estrategia para el País Vasco es exactamente la contraria a la que sigue en Cataluña, como el propio PSOE y no por casualidad. Más bien lo uno explica lo otro. Lo periodístico a lo político, por supuesto.

Se trata, en principio, de darle una bofetada a Aznar en la cara de una institución que representa a todos los españoles. Normal en los nacionalistas. Repugnante en una izquierda apolillada y senil, que disfruta poniendo pieles de plátano para que la nación viejecita resbale y se rompa un hueso. Y ambos van a propiciar lo que un dirigente de ERC llamó hace unos meses «la apertura de un segundo frente de desestabilización» de la democracia española, detrás del vasco y en coordinación con él. Vamos, el Pacto de Estella y la Declaración de Barcelona, porque detrás del PNV siempre está Pujol. Lo malo es que detrás de Pujol y no enfrente estén Serra y Maragall. Que entre las organizaciones convocantes del desfile del sábado estuvieran las juventudes del partido del ex ministro de Defensa del PSOE. La batasunización de Cataluña, paralela a la sucesión de Pujol por el ultranacionalista Artur Mas, tendrá el domingo su bautizo popular, si Santa Bárbara no lo remedia con un tormentón. Me gustaría equivocarme pero, sinceramente, creo que el que no ve lo que viene, necesita gafas. O tal vez, como en el País Vasco, hace como que no ve para que no se le estropee la digestión.

Conviene insistir en que los pacifistas que desfilaron este sábado detrás de una pancarta sencillamente ridícula: «Ningún ejército defiende la paz» (ahora resulta que estuvo muy mal ganarle la guerra a Hitler) son una minoría poco significativa. Lo importante es el factor nacionalista, nada pacífico, oculto tras el pacifismo. Contra los soldados españoles que van a Bosnia y desfilan en Barcelona se manifestarán en la calle unos cuantos. Muchos. Pero son más peligrosos los que se manifiestan en la tribuna, o sea, Pujol, Maragall y el ex ministro de Defensa Narcís Serra. Que también tiene narices.

Ejército de Fraga
GABRIEL ALBIAC El Mundo 22 Mayo 2000

No seré yo quien cuestione la lógica del ejército. Los hombres matan. La guerra es más primigenia que la paz. La paz, sólo suspensión convenida de la guerra. Eso es la condición humana. Heráclito le dio concepto hace 26 siglos: «Guerra de todos es padre, de todos rey. Y a los unos los señaló dioses, a los otros hombres. A los unos los hizo esclavos, a los otros libres».

Lo ridículo no es que un militar mate y que mate con competencia: eso es oficio y basta. Lo ridículo -hasta extremos difíciles de resistir- es la curiosa manía de forzarlos a ejercer como modelos de pasarela versión Rambo. Me asombra que a un profesional del combate no se le caiga la cara de vergüenza cuando se le obliga a exhibirse haciendo monerías y marcando unánimes paso y cacha, en esa triste horterada con chinchinpún llamada desfile. Horterada: es todo.

Lo duro no es que el ejército sea ejército. Lo duro es que sea otra cosa. Esa otra que la brutalidad de Fraga Iribarne explicita. Mal lo lleva el PP mientras tenga que soportar como propias las proclamas de un pertinaz fascista, manchado por la sangre de los asesinatos judiciales en sus años de ministro del general Franco; también, luego. Y contentísimo de llevar a cuestas esa pringue. Nadie conseguirá hacerme entender que un Gobierno de gentes decentes siga tolerando el colegueo (y aun el padrinaje) de sujeto con biografía tan homicida.

La barbarie tiene sus ventajas. Fraga suelta los disparates ocultos en que vivimos, ésos heredados de la continuidad franquista en nuestra Constitución, ésos de los que nadie se permite hablar, porque son los que fijan que, en el 78, el ejército se reservase -constitucionalmente- la enormidad de ser el árbitro último del orden constitucional.

¿«Parte esencial de España», el ejército? ¿Qué diablos entiende Fraga por esencial? Los que nos dedicamos a esa anacrónica cosa llamada filosofía solemos atenernos al viejo criterio aristotélico que fija la estructura formal como definitoria de eso que Moerbeke y los traductores medievales llamarán esencia: lo que constituye el ser de una cosa.

¿Es el ser de España su ejército, como lo pretende el cavernícola presidente gallego? Lo ignoro. No me parece, sin embargo, abusivo, deducir que es ésa una vía interpretativa de la Constitución, tan peligrosa cuanto coherente.

Está bien que enemigos mortales de la democracia como Manuel Fraga Iribarne hablen. Sólo un viejo ministro de la dictadura puede explicitar lo que nos es a todos tan desazonante (y, a él, tan gozoso): que el papel del ejército en la Constitución del 78 sea una bomba de relojería.

 

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