AGLI

Recortes de Prensa    Viernes 2 Junio  2000
#González
ALFONSO USSÍA ABC  2 Junio 2000

#El gilimursi
JAIME CAMPMANY ABC  2 Junio 2000

#Insultos
Ramón PI ABC  2 Junio 2000

#«¡Basta ya!» se concentró contra las presiones y las amenazas cotidianas
BILBAO/VITORIA. I. Souto/J. J. Saldaña ABC  2 Junio 2000

#Enrique Macabeo
RAUL DEL POZO El Mundo  2 Junio 2000

#Miguel Sánchez-Ostiz: «A Pío Baroja no le perdonan que soñara con un País Vasco en el que entraban todos»
MADRID. Rosa Valdelomar ABC 2 Junio 2000

González 
Por ALFONSO USSÍA ABC  2 Junio 2000

EL parlamentario vasco González protagonizó una penosa intervención en el Congreso de los Diputados. Lo de menos es que calificara al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, de «dictadorzuelo bananero». Nada que comentar a esta ingeniosa salida, consecuencia de muchas horas de búsqueda infructuosa. La indecencia de González voló por el recinto de la carrera de San Jerónimo, cuando intentó —una vez más, y siguiendo instrucciones del primate de Azpeitia y del compañero Otegui— hacer responsable del asesinato de Fernando Buesa a las Fuerzas de Seguridad. Falacia repugnante que no se tiene en pie. Falacia pública, con luz y taquígrafos para mejor acentuar el ridículo. Si no me equivoco, el único responsable de un acto terrorista es el asesino, o los asesinos, o aquellos que pactan con los asesinos, o los que persiguen el mismo fin que los asesinos, o los que llaman a los asesinos «patriotas equivocados», o los que ordenan a la Policía vasca que no persiga a los asesinos, o los que defienden con muchísimo más ardor a los asesinos condenados que a los familiares de las víctimas enterradas. Si no me equivoco, la seguridad de Fernando Buesa estaba depositada y confiada a la «Ertzaintza», y prueba de ello es que un «ertzaina» dio su vida en el cumplimiento de su deber. El nacionalista vasco González, como su compañero Anasagasti, tienen un problema grave e irremediable. Que no hablan por ellos, que no opinan por ellos, que carecen de voz y conciencia propia, y que intervienen siguiendo al pie de la letra las instrucciones de quienes representan en la sociedad vasca a los asesinos de Fernando Buesa. Papelón desgraciado y miserable, que por otra parte, desempeñan con sospechosa soltura.

Mi pregunta, la única que se me ocurre, y que con mucho gusto formularía a los parlamentarios nacionalistas vascos, es la que sigue: ¿Se han vuelto todos ustedes, simultáneamente, al unísono, completamente locos o son, simplemente, unos cretinos o unos desalmados? La esquizofrenia colectiva no supone una novedad en la Historia. Los rostros pasados de ser humano duermen heridos, contándolos por millones, de injusticias, violencias, muertes y ambiciones necias. Pero ustedes dicen representar a un pueblo que no supo odiar hasta que se lo enseñaron. Desde el pupitre de la escuela hasta el púlpito de la iglesia, desde la página escrita hasta la palabra en el escaño, ustedes han ejercido una labor asfixiante en beneficio de la distancia y el odio. Y todo ello de muy pocos años hasta ahora, y todo ello, con unos argumentos perfectamente extraídos de la mentira. ¿Qué quieren y qué buscan? Lo que quieren, al fin, lo conocemos. Lo que buscan, no tanto. ¿La ruina de las Vascongadas? ¿El abandono de unos españoles por el resto de los españoles? ¿Buscan quizá, señor nacionalista vasco González, la depuración lenta y paulatina de los vascos que no piensan como ustedes, o prefieren los métodos más contundentes de sus socios? ¿Más sangre? ¿Más enfrentamientos? ¿Más soledad y desamparo que las hoy padecidas por quienes combaten a las pistolas y a la tortura del miedo con la incruenta y bellísima arma de las ideas? ¿Desean provocar una situación de confusión sin vuelta atrás? ¿Qué buscan, además de la utopía de la independencia?

Demasiadas preguntas, señor nacionalista vasco González, cuando renglones arriba me había propuesto formularle una tan sólo. Pero son fundamentales. Creo que los españoles, sean vascos o no, tenemos el derecho de conocer sus intenciones. Nos gustaría estar preparados para sobrellevar con cierta dignidad estética lo que nos espera. Eso que nos espera, sólo lo saben los nacionalistas vascos —quizá usted también lo ignora—, y quienes obligan a estos a decir lo que ahora dicen y actuar como ahora actúan. No se olvide de un detalle, que le regalo envuelto en la advertencia. Los próximos serán ustedes. O se integran de lleno en el mundo de sus socios —como su jefe—, o van a saber lo que vale un peine. Lo tendrán merecido por la acumulación de méritos y miserias que han llevado a cabo. Pero no dude que seremos nosotros, los que odiamos la violencia, quienes más lamentaremos su destino en este maldito cuento.

El gilimursi 
Por JAIME CAMPMANY ABC  2 Junio 2000

ESE diputado del PNV, llamado González Chávarri, blandorro y mansueto, pero que derrota con las del beri, y que es banjuló y un tanto bantojí, y que asoma la oreja de la bachurrí por encima del escaño, hablará euskera, presumo, y yo me perfilo con el caló, y así iremos entendiéndonos y aprendiendo otro idioma más cada uno. Hoy, sin idiomas, no se llega a ninguna parte. Este González Chávarri, además de todo lo que digo, me parece un poco gilimursi. Lo de gilimursi nos viene de Argentina, o sea, como Bacigalupo. Abad de Santillán, en su «Diccionario de Argentinismos» sólo explica que gilimursi es una variante de gil, jil en caló, hoy me ha dado por el caló, hombre, que todo es lengua.

Otras variantes de gil, además de la de don Jesús, son gilastro, como despectivo, giliberto, que se casa con el nombre propio Gilberto, o gilurdo, que se une al palurdo castellano. De gilimursi nada se dice allí, pero yo añadiré algo más en mi «Diccionario de tontos», cuando lo termine, que lo tengo en el horno. Bueno, pues a mí, González Chávarri me parece un gilimursi. En el Congreso de los Diputados ha llamado «dictadorzuelo» a Jaime Mayor Oreja y le ha acusado de tener alguna responsabilidad en el asesinato de Fernando Buesa por no haber dado información a la «ertzaintza», válgame Dios y la de asesinatos que llevan frustrados los «ertzainas», o sea, los perdineles vascos, que desde que ellos llevan lo de la seguridad allí, aquello parece una balsa de aceite.

Mayor Oreja ha respondido que eso es una infamia, y claro es que tiene razón. Eso es una infamia, una abyección, una vileza y una bastardía. (No me busque las vueltas judiciales el señor diputado, porque le aclaro que bastardía significa «dicho o hecho indigno del estado de cada uno», es decir que le viene al pelo aunque sin injuria). Pero como ese disparatado despropósito suyo trae muchos metros de manga y muchos más de eslora, más que infamante resulta grotesco, pintoresco, churrigueresco, putesco, boquifresco, truhanesco y manflotesco. Tome usted nísperos en consonante, señor gilimursi.

Ustedes los peneuvistas dicen muchas cosas que, si no fuese por la tragedia que las envuelve, serían para desternillarse.

Vamos a ver, hombre. Dejemos ahora a un lado lo de gilastro, giliberto, gilurdo y gilimursi, o gil a cuadros que también se dice por «ayá», y busquemos la verdad de la tragedia humana, social y política que supone el asesinato de Fernando Buesa y los demás asesinatos, todos y cada uno, perpetrados en el País Vasco. A Fernando Buesa lo asesinó la banda etarra, la aliada de Euskal Herritarrok, que es quien sostiene el gobierno del PNV, los criminales profesionales que negocian y pactan con el mismísimo nacionalismo vasco. Ustedes proclaman que condenan la violencia, siempre que se hayan conseguido sus objetivos, claro, pero luego están a partir un piñón con los etarras y les hacen el juego como «txotxolos» y como dililós, o sea, como tontos.

Decía también el ministro Mayor Oreja que no se explicaba cómo no se les caía la cara de vergüenza al señor González Chávarri y a sus compañeros de partido. Pues menos mal. Porque si les hubiese caído la cara de vergüenza a González Chávarri y a Anasagasti, alias Ensaimada, que se sentaba a su lado, habrían perforado el suelo del Palacio y hecho estremecerse los cimientos y retemblar los muros del famoso edificio. Aquí de Quevedo. Miré los muros de la patria mía y los hallé agrietados por los derrotes de los gilastros, los gilbertos, los gilurdos, los gilimursis y los giles a cuadros autodeterminados, con el Rh negativo y, según Arzallus, con la calidad del tordo, la cabeza pequeña y el culo gordo.

Eficacia, no bronca
Editorial El País 2 Junio 2000

EN LA sesión de control parlamentario del miércoles, el ministro del Interior negó la mayor: su departamento no ha ocultado información a la Ertzaintza y no hubo servicio de contravigilancia en torno a Fernando Buesa, el dirigente socialista vasco asesinado por ETA. Por tanto, carecía de sentido la acusación implícita en la interpelación del diputado del PNV González de Txabarri: que la policía estaba al cabo de la calle de lo que se preparaba, pero prefirió utilizar a Buesa como cebo para capturar al comando etarra. Una acusación que fue lanzada inicialmente por Arzalluz. Ayer fue un cargo institucional, la vicepresidenta del Gobierno vasco, Idoia Zenarruzabeitia, quien elevó un grado la bronca al manifestar que hubo "ocultación de información" por parte del ministerio y que de ella pudo derivarse el atentado en el que murieron Buesa y su escolta.

Ocultar es una palabra muy grave. Hubo ocultación, por ejemplo, cuando Ibarretxe se abstuvo de informar a los electores de la existencia de compromisos entre su partido y ETA. Lo que ahora se plantea no es exactamente eso: la policía, con mayor o menor acierto, no valoró como relevante o urgente la información sobre Buesa capturada a los miembros de un comando. La relativa a otras personas sobre las que los terroristas sí tenían datos elaborados fue comunicada de inmediato a la Ertzaintza. La información sobre Buesa era muy superficial e idéntica a la de otros 360 posibles objetivos -la mayoría de ellos, políticos del PP- hallada en poder del comando. La explicación es razonable y en absoluto justifica que Txabarri replicase llamando al ministro "dictadorzuelo de república bananera". Hasta para insultar hace falta un mínimo talento. Mucho menos justifica la irresponsable acusación de la vicelehendakari Zenarruzabeitia.

Pero el hecho es que asesinaron a Buesa y a su escolta. En vez de enzarzarse en una guerra de descalificaciones, la lógica exige que los respectivos departamentos de Interior revisen, a la luz de esa experiencia, los criterios de coordinación; que se establezca algún mecanismo para valorar conjuntamente la información obtenida por una policía y las medidas a adoptar por la otra. La desconfianza política no debería afectar a la eficacia operativa. A los responsables de ambos ministerios no se les paga para que sean amigos, sino para que sean eficaces.

Insultos 
Por Ramón PI ABC  2 Junio 2000

«ANASAGASTI mantuvo ayer un agrio enfrentamiento con el ministro del Interior, al que lanzó duras acusaciones. El PNV arremetió contra la presidenta del Congreso y se opuso al nombramiento como Defensor del Pueblo de Enrique Múgica, al que acusó de “antinacionalista”. El PSE y el PP han recibido en Bilbao cartas amenazadoras». Éste es el texto que introducía ayer al lector de ABC en la noticia de su portada: «El PNV crispa el Parlamento y se opone al nombramiento de Múgica».

Efectivamente, la sesión del Congreso del miércoles fue movidita. El diputado del PNV Iñaki Anasagasti polemizó en términos muy duros con el ministro del Interior. Vuelvo a citar a ABC, esta vez en el titular con que abre su sección de Nacional: «Mayor tacha de “infamia repugnante” que el PNV le acuse de ocultar información a la Ertzaintza». Y el sumario: «Los nacionalistas vascos califican al ministro de “dictadorzuelo bananero”».

Otros periódicos no otorgan al episodio la relevancia que éste, no sé si porque no consideran que lo ocurrido en el Congreso sea importante, o porque han preferido amortiguar lo grueso del enfrentamiento verbal, o tal vez porque les haya parecido que destacar el rifirrafe podría entenderse como un modo de alineamiento con unos u otros. El caso es que, por ejemplo, El País trata el asunto en su página 18: «Duro choque entre Mayor y el PNV por la información policial sobre ETA». Diario 16, en su página 12, titula «El PNV tacha de “dictadorzuelo, autoritario y prepotente” a Mayor».

A medio camino entre una presentación y las otras citadas están El Mundo y La Vanguardia. El primero saca el asunto a la portada, pero a una columna de las cinco, que remite luego a la página 8 (las otras cuatro se dedican al asesinato de Cádiz, destacando que las acusadas «sólo podrán estar cinco años internadas», gracias a la Ley del Menor recientemente aprobada). El titular, al contrario de Diario 16, se fija en el punto de vista del ministro y no del diputado nacionalista vasco: «Mayor tilda de “repugnante infamia” las acusaciones del PNV sobre la muerte de Buesa». Porque hay que decir que esas acusaciones estaban referidas a una supuesta falta de información de Interior a la Policía autonómica vasca en relación con la seguridad de Fernando Buesa, asesinado por ETA.

La Vanguardia, por su parte, hace una llamada en primera página, en ese titular que va en tinta roja por encima de la cabecera del periódico, y que, misteriosamente, en lugar de verse mucho no se ve casi nada: «Mayor y el PNV llegan al insulto en el Congreso». Luego, ya en el interior, la sección de Política se abre a toda página con un inquietante titular: «Crisis irreversible entre Mayor y el PNV». El lead de la información de Carmen del Riego es expresivo: «El enfrentamiento entre el PNV y el ministro del Interior llegó a un punto de no retorno. Mayor Oreja negó en el Congreso que haya ocultado a la Ertzaintza información sobre ETA y acusó al Partido Nacionalista Vasco de recurrir a una “infamia repugnante” para erosionarle. Un diputado del PNV le llamó “dictadorzuelo”». Bueno, bueno. Eso del no retorno está por ver, porque la política da muchas sorpresas. De hecho, la propia informadora cuenta que, según fuentes del PP, «sólo un cambio en la dirección del PNV podría recomponer la situación». Ya tenemos un modo de reversibilidad. Y es seguro que hay otros.

Pero es muy cierto que, de momento, se están tirando los trastos a la cabeza. Al enfrentamiento en el salón de sesiones siguió la acostumbrada coda en los pasillos. Los diputados nacionalistas Anasagasti y González de Txabarri insistieron en lo dicho en el hemiciclo, y el primero añadió que lo ocurrido había sido una «indignidad política». El ministro, vasco también, no se mordió la lengua, y dijo a los medios que «sólo faltaba que yo no pudiese utilizar el Congreso para decir la verdad. Estamos ante una campaña del PNV dirigida a crear desconcierto en la opinión pública española».

Es probable que mañana (hoy para el lector) aparezcan comentarios, editoriales o firmados, a propósito de este choque dialéctico de grueso calibre, aunque eso nunca se puede asegurar, porque los acontecimientos vuelan más que corren, y cualquiera sabe si otras urgencias informativas reclaman la atención de los columnistas. Pero sea lo que fuere, es lo cierto que lo que pasa en relación con ETA sigue acaparando la atención política. El PNV y Eusko Alkartasuna continúan sus conversaciones con los amigos de los asesinos, los de Euskal Herritarrok, al margen de los demás partidos. La Vanguardia titula esto así: «Los nacionalistas, a la suya» (es una catalanada; en castellano más correcto sería «a lo suyo»). Sus fuentes «han asegurado que los dirigentes de PNV y EA siguen fieles a la estrategia de trabajo en común entre nacionalistas para intentar encontrar una fórmula “de acuerdo y superación del marco actual”». Seguimos en lo de Estella, pues.

  «¡Basta ya!» se concentró contra las presiones y las amenazas cotidianas 
BILBAO/VITORIA. I. Souto/J. J. Saldaña ABC  2 Junio 2000

En las tres capitales vascas se celebraron ayer manifestaciones ciudadanas «Por la libertad», convocadas por la Plataforma «¡Basta ya!», con el apoyo del PP y el PSE. Esta iniciativa quiere romper el silencio que acompaña las presiones cotidianas, amenazas y ataques, a los que se ven sometidas las personas que no comulgan con el ideario nacionalista en el País Vasco.

Por primera vez, pero con la intención de convertirse en un gesto de rebeldía ante la violencia tan habitual como lo es la «kale borroka» en el País Vasco, los primeros jueves de mes ciudadanos vascos recordarán a la opinión pública que, por cotidiano que resulte, el acoso radical a los no nacionalistas es un ataque contra los derechos humanos al que no hay que resignarse.

En Bilbao la concentración se celebró en completo silencio, interrumpido únicamente por aplausos al final de los quince minutos que duró el acto. Portaban la pancarta con el lema «Por la Libertad, ¡Basta ya!» el presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, el secretario de dicho foro, Pablo Setien, el escultor Agustín Ibarrola y el escritor Iñaki Ezquerra, entre otros miembros de las organizaciones ciudadanas que integran la Plataforma «¡Basta ya!».

A un lado, políticos del PP y del PSE intercambiaban impresiones. Acudieron a la plaza Moyua de la capital vizcaína, el presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, así como otros políticos populares y socialistas y miembros de otras asociaciones que forman parte de «¡Basta ya!», como el presidente del Foro de El Salvador, Jaime Larrinaga.

Tras los quince minutos de silencio, los miembros de la plataforma repartieron entre los asistentes para recoger firmas una «Carta abierta al lendakari Ibarretxe», en la que denunciaban «el retroceso de las libertades, la seguridad y los derechos elementales de las personas en el País Vasco».

En Vitoria la movilización estuvo encabezada por el alcalde, Alfonso Alonso, y destacados dirigentes del PSOE como su secretario provincial Javier Rojo. Ningún dirigente nacionalista, ni del PNV, ni de EA, se acercaron al lugar.

La movilización transcurrió en un silencio absoluto que sólo fue roto por la ovación con la que concluyó la concentración.

Enrique Macabeo
RAUL DEL POZO El Mundo  2 Junio 2000

Eso de Defensor del Pueblo es un cuento de Grimm. Un patriarca de la tribu, un político cesante, un anciano, hace el papel de Papá Noel de la democracia. Todos saben que el Defensor del Pueblo obedece sin pestañear al jefe del Ejecutivo, como ocurrió con el anterior, que cuando iba a estudiar la inconstitucionalidad de la inmersión lingüística, Aznar le pegó un telefonazo. Ahora han nombrado Defensor del Pueblo a Enrique Múgica, ese tenor napolitano, mezcla de judío y donostiarra, como escribió Caro Baroja. Enrique tiene una historia de Capra. Su madre, Paulette, era parisina, judío-polaca; su padre tocaba el violín en la orquesta del maestro Larrocha, que animaba las veladas del casino de San Sebastián. Según Julio Fernández, Enrique se enteró de que era judío a los 14 años. Su nombre en la clandestinidad era Goizalde (amanecer en vasco). Sus aspiraciones políticas nunca han sido modestas, «ni menos que diputado, ni más que ministro». Ultimamente, lo quisieron tachar de las listas de San Sebastián que encabezaba desde las primeras elecciones. Lleva 32 años en la dirección del PSOE, y como bon vivant, afrancesado, ex comunista y conspirador barojiano, estuvo en Suresnes; fue uno de los primeros apóstoles de Felipe González junto a Guerra, Redondo y Castellano. Muchas veces en mi vida he almorzado con él y le gusta más comer que pagar. Le admiro, le respeto, he aprendido mucho de él. Junto a Pepe Díaz, su perro Gogol que en paz descanse, Santiago Carrillo y los hermanos Lozano hemos pasado largas sobremesas encima del café Gijón, envueltos en la atmósfera de su puro. Como Borges se enamora de los países por su literatura y hasta sus pesadillas son literarias. Nunca se dejó llevar por el culto a la personalidad: «Los macabeos grababan en sus banderas: quien resiste a los tiranos obedece a Dios», dice. Felipe González le cortaba la palabra cuando era ministro y los compañeros del Consejo sentían vergüenza ajena por el corte. Fue el único que se atrevió a preguntar que por qué lo había cesado como ministro de Justicia. «Lo has hecho muy bien y tienes que dejarlo» -dijo González- «¿Por qué?», preguntó Enrique. Y no hubo respuesta. Múgica siempre estuvo en la lenta e inexorable conspiración de Pisón guerrista. Como a Churchill, le gusta andar desnudo por la biblioteca y va de guerrista sin fanatismo. Alfonso dijo de él: «A veces he renegado de Enrique, pero siempre le he querido». Enseguida supo ver que Aznar no era aquel pelele que predicaban los periodistas y banqueros felipistas. A pesar de ser circunciso tiene frenillo en la lengua y emite erres guturales, pero no en inteligencia; su paso por diversos dogmatismos le ha dejado el alma libre.

Miguel Sánchez-Ostiz: «A Pío Baroja no le perdonan que soñara con un País Vasco en el que entraban todos» 
MADRID. Rosa Valdelomar ABC 2 Junio 2000

Miguel Sánchez-Ostiz se envenenó en la adolescencia con la amanita barojiana, como llama Pío Caro a la pasión que despiertan las obras de su tío, para la que no existe antídoto ninguno. Y fiel a su adicción acaba de publicar «Derrotero de Pío Baroja» (Editorial Alberdania), un libro de fervor que propone un viaje a través de la obra y la vida del escritor desde su infancia y adolescencia en Pamplona, a sus años de vida bohemia en Madrid, pasando por la guerra, el exilio en París y su vuelta a España.

La obra, además, rompe con algunos de los clichés que de Pío Baroja tiene el gran público. «No es cierta esa imagen del Baroja chocarrero que se ha construido sacando de contexto muchas de las frases que dijo —asegura Sánchez-Ostiz—. Era mucho más sutil y más complejo y en realidad su obra es como una gran autobiografía con personajes que se convierten, en muchas ocasiones, en sus alter-ego, como Luis Murria de “La sensualidad pervertida”, Luis Carvajal de “El cantor vagabundo”, Javier Arias de “Las veladas del chalet Gris» o Procopio Pagán de “El hotel del cisne”. Baroja era un hombre complejo, un aventurero pasivo y un auténtico robinson, que para escapar de la hostilidad del medio se creo sus propias islas: su literatura y su casa de Vera de Bidasoa.

—¿Qué opina del tópico de que Baroja entraba en el castellano como un elefante en una cacharrería?

—Era un vasco que escribía en castellano pero que detestaba la retórica castellana. Escribía de forma clara y directa y para algunos el mejor escritor es el que más retórica utiliza. En algún momento puede parecer desmañado pero eso forma parte de su estilo y, además, ha sido uno de los escritores que más han reflexionado sobre el arte de escribir, aunque este aspecto es menos conocido porque su obra está llena de rincones poco frecuentados. Creo que si se le sigue leyendo ahora es precisamente porque no es un autor decimonónico. Como decía el propio Baroja “no conozco a nadie normalmente constituido que se vaya con “El espíritu de las leyes” de Montesquieu a un balneario».

—Pero, a pesar de ser vasco, su obra está prácticamente olvidada en Euskadi

—Hablo precisamente de ésto en un capítulo dedicado al país del Bidasoa. Lo que no le perdonan a Pío Baroja es que fuera crítico con los nacionalistas de su tiempo, con los seguidores de Sabino Arana, los «vizkaitarras». Escribió un manifiesto muy duro contra ellos «Momentum Catastroficum» en el que les reprochaba su connivencia con la Iglesia. Baroja era un vasco que afirmaba su lengua y su raza pero soñaba con un País Vasco en el que entraban todos y los fanáticos y los absolutistas, que creen que sólo son vascos los que piensan como ellos, son los que le acusaban y le acusan de antivasco. Michelena decía que la mayor aportación de Pío Baroja era la de creer que no hay una sola forma de ser vasco.

Y para demostrar que el veneno barojiano sigue corriendo por sus venas, a pesar del exorcismo del «Derrotero de Pío Baroja», el próximo mes de octubre Tusquets pondrá a la venta un Brevario de voces barojianas, que en estos días Sánchez-Ostiz está terminando.

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