AGLI

Recortes de Prensa   Lunes 5  Junio 2000
#Anestesia moral
Editorial El País 5 Junio 2000

#EMERGENCIA POLITICA, EMERGENCIA POLICIAL
Editorial El Mundo 5 Junio 2000

#Los perros de paja
GABRIEL ALBIAC El Mundo 5 Junio 2000

#El terrorismo nacionalista asesina a un concejal del PP, militante del sindicato ELA 
DURANGO. J. J. Saldaña ABC 5 Junio 2000

#Terror y nacionalismo 
Editorial ABC 5 Junio 2000

#Otra vez
El Cascarrabias La Estrella 5 Junio 2000

#Pedrosa
ERASMO El Mundo 5 Junio 2000

#El ritual del asesinato de ETA 
Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 5 Junio 2000

#Viejas palabras 
CÁNDIDO ABC 5 Junio 2000

#El dilema 
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 5 Junio 2000

#Los héroes
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 5 Junio 2000

#Los que mueren 
JAIME CAMPMANY ABC 5 Junio 2000

#Siento vergüenza 
Enrique ARIAS VEGA ABC 5 Junio 2000

#Amada mía 
JORGE MARQUEZ ABC 5 Junio 2000

#¿Qué es lo que hay que hacer?
GUSTAVO DE ARISTEGUI El Mundo 5 Junio 2000

#Imploro al PNV 
Carlos DÁVILA ABC 5 Junio 2000  

#Durango se echó a la calle y abortó el intento de EH de manipular el crimen 
DURANGO (BILBAO). J. Pagola ABC 5 Junio 2000

#Que ETA pierda toda esperanza
NICOLAS REDONDO El Mundo 5 Junio 2000

#Pedrosa, país 
Mikel AZURMENDI ABC 5 Junio 2000

#El quinto muerto tras el final de la tregua
Lorenzo Contreras La Estrella 5 Junio 2000

#Jesús Pedrosa había sufrido una larga campaña de acoso
EDUARDO INDA El Mundo 5 Junio 2000

#«Apaga y vámonos»
JAVIER ORTIZ El Mundo 5 Junio 2000

#El asalto a la razón
VICTORIA PREGO El Mundo 5 Junio 2000

#El legado de Caín
ERNESTO LADRON DE GUEVARA El Mundo 5 Junio 2000

#Terrorismo y libertad vigilada
José Luis Manzanares La Estrella 5 Junio 2000

#El quinto crimen
Pablo Sebastián La Estrella 5 Junio 2000

#El Foro de Ermua acusa a Ibarretxe de «apartar la mirada» cuando mata ETA
BILBAO / MADRID. ABC   5 Junio 2000

#ETA asesina a un concejal del PP en Vizcaya
NAIARA GALARRAGA, Bilbao El País 5 Junio 2000

#Intentan incendiar una oficina del diario 'El Correo' en Getxo
Vitoria EL PAÍS  5 Junio 2000

#Una apropiación de la Historia
JOSÉ MARÍA ORTIZ ABC 5 Junio 2000

#Solé Tura se ha puesto a pensar
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 5 Junio 2000



Anestesia moral
Editorial El País 5 Junio 2000

EL ASESINATO del concejal de Durango Jesús María Pedrosa fue precedido, como tantas veces, por su señalamiento como víctima por grupos que cada día trazan una raya entre los que tienen derecho a seguir viviendo y los que no. "Pedrosa, tú no eres inocente", decían los carteles colocados por un grupo especializado en defender los derechos de los presos de ETA. A los cinco meses, ETA lo ha matado. Por ser concejal del PP; sólo por eso. Que además estuviera afiliado a un sindicato nacionalista no le ha servido para ser indultado; porque lo han matado por ser concejal del PP.

En una reciente entrevista, dos encapuchados de ETA culpaban a los partidos nacionalistas de la ruptura de la tregua, pero les tranquilizaban diciendo que no utilizarían la lucha armada contra ellos; sólo contra los "enemigos del proyecto", es decir, los ciudadanos no nacionalistas. En modo alguno puede considerarse irrelevante ese detalle que define el tipo de nacionalismo excluyente que tratan de imponer ETA y EH.

Los otros nacionalistas, precisamente porque han sido excluidos como objetivos de ETA, están moralmente obligados, si no a compartir la suerte de las víctimas, sí a romper toda relación con los que las provocan y los que aprovechan su proximidad a ETA para chantajear a toda la población. Mientras la mitad de los ciudadanos sea considerada como una posible víctima, mantener alianzas con el brazo político de ETA es inmoral. Una vez rota la tregua, los otros nacionalistas estaban obligados a salirse de Lizarra; entre otras cosas, para hacer ver a ETA y HB que lo que es posible con tregua no lo es sin ella. ETA ha interpretado que la legitimidad del ideal independentista implicaba la obligación de los no nacionalistas de renunciar a su propio ideal, por las buenas o por las malas. El PNV está obligado a deshacer ese equívoco.

El lehendakari se desplazó a Durango, tuvo palabras sin duda sinceras de solidaridad con los familiares y el partido de la víctima. La declaración institucional de su Gobierno está llena de buenos sentimientos y de reflexiones que nadie -ni siquiera EH- discutiría abiertamente. Pero resulta vacía mientras sea compatible con la permanencia en un pacto con quienes ayer se negaron a entrar en "estériles dinámicas de condena" y manifestaron que con el anterior asesinato, ETA se limitaba a "poner sobre la mesa el papel no neutral de los medios de comunicación". Y mientras la ruptura del pacto de legislatura con EH sea compatible con un acuerdo implícito que sirve para prolongar la vida del Gobierno minoritario de Ibarretxe.

Ayer mismo decía el lehendakari que no había alternativa al actual Gobierno PNV-EA. Hay varias, desde un Gobierno de concentración de todas las fuerzas democráticas -a la manera del Consejo General de fines de los setenta- hasta uno de diferente signo salido de unas elecciones anticipadas. Si fuera cierto que su partido está dispuesto a arriesgar en aras de la paz habría optado por alguna de esas fórmulas, pero no lo hace porque cualquiera de ellas supondría pérdida de poder. EH lo sabe, y por eso reitera su chantaje de nueva tregua y apoyo institucional condicionado a cambio de elecciones en términos similares a los planteados por ETA hace un año: en todos los territorios de Euskal Herria, y con un censo purgado de no nacionalistas. Un planteamiento no democrático que se trata de imponer mediante el asesinato de quien se oponga a él y prácticas fascistas de intimidación.

Frente a esa evidencia y a la realidad inapelable de la muerte, qué artificiales resultan querellas entre demócratas como la reciente sobre trasvase de informaciones entre policías, y qué ridículas las coartadas de los equidistantes empeñados en buscar excusas para no enfrentarse a ETA.

EMERGENCIA POLITICA, EMERGENCIA POLICIAL
Editorial El Mundo 5 Junio 2000

El asesinato del concejal del PP en el Ayuntamiento de Durango, Jesús María Pedrosa, demuestra lo que ya sabíamos: que ETA pretende aniquilar a los representantes en el País Vasco de los partidos constitucionales. Así de claro: aniquilarlos, matando a unos y amedrentando a todos los demás con agresiones y amenazas para que huyan en desbandada. Pedrosa es ya, desde la muerte de Gregorio Ordoñez en 1995, el octavo concejal del PP asesinado, una trágica lista a la que hay que añadir, en el mismo periodo, los asesinatos de los dirigentes socialistas Fernando Múgica y Fernando Buesa, este último nada menos que el portavoz de ese partido en el Parlamento Vasco.

Este empeño terrorista por aniquilar a los políticos no nacionalistas está creando, sin ningún género de dudas, una emergencia política a la que el Gobierno vasco y los partidos que lo integran deberían responder con la urgencia y la contundencia que el caso requiere. Está en juego, en el País Vasco, la esencia misma del sistema democrático y de las instituciones representativas. Lo lógico, por tanto, sería que el PNV y EA antepusieran a cualquier otra consideración o reivindicación la defensa del Estado de Derecho, cerrando filas en torno a los que están siendo aniquilados y los partidos que representan. Y la forma de ser beligerantes en su defensa no puede ser otra que la ruptura radical y definitiva con los colaboradores de los asesinos, tanto en el Pacto de Estella como en el último de los ayuntamientos, para ofrecer, al PP y al PSOE, un pacto para hacer frente desde el Gobierno autónomo y las demás instituciones vascas a esta situación de emergencia.

El lehendakari Juan José Ibarretxe y otros dirigentes del PNV se acercaron ayer al domicilio de Jesús María Pedrosa para manifestar sus condolencias a su familia y al partido al que pertenecía. Ibarretxe recalcó, además, la necesidad de una respuesta unitaria contra ETA para «no convertir el asesinato en un instrumento para la crispación y la división». Pero son los asesinatos, y el objetivo que buscan, lo que genera, junto al dolor, la crispación. Y no puede haber sino división entre los que defienden las libertades y los derechos humanos, y los que pretenden acabar con esa piedra angular de la democracia o miran cobardemente para otro lado.

No se trata, por lo tanto, de estar todos contra ETA tras cada asesinato, como si se tratara únicamente de un ritual humanitario sin consecuencias políticas. Estar contra ETA es romper con sus colaboradores y secuaces, amparar en y desde las instituciones a sus víctimas, conformar en el País Vasco una mayoría que defienda la democracia y que aisle a los terroristas. Tanto el PNV como EA no pueden moverse por más tiempo en el territorio de una pretendida ambigüedad (que, en el fondo, no lo es) sosteniendo la idea de que la «construcción nacional» está a medio camino entre la violencia de ETA y el «inmovilismo» de los partidos constitucionales.

Sólo una grave enfermedad moral que nuble la visión de la realidad puede eludir la obviedad de que hay quienes asesinan y quienes son asesinados, y que las más elementales exigencias éticas obligan a estar con estos últimos. En el caso de que el PNV no quiera hacerlo, no tiene otra salida que apelar a las urnas. Desde luego, no puede insistir en la bajeza -después de deber la investidura del lehendakari al voto de los colaboradores de los terroristas- de buscar pactos para sostener el Gobierno con quienes estarán hoy celebrando el asesinato o, en el mejor de los casos, tendrán el cinismo de considerarlo el efecto ineludible de un conflicto político. El PNV, preso de ese mal, asegura que sus negociaciones con HB están «blindadas» ante cualquier acontecimiento, asesinatos de ETA incluidos. Mucho más motivo hay para que sean el PP y el PSOE quienes blinden ante los vaivenes políticos un acuerdo para hacer frente democráticamente a esta situación de barbarie terrorista y caos institucional.

La emergencia política lleva consigo, además, una emergencia policial. Los cargos políticos vascos del PP y del PSOE, por la representación que ostentan, son el objetivo de esta campaña de aniquilamiento y precisan protección policial independientemente de su voluntad. Si políticamente no se puede dar ninguna esperanza a ETA, policialmente hay que evitar cualquier resquicio dentro de lo humanamente posible. No hay duda de que la protección (en la que la Ertzaintza tiene que ver complementado su trabajo con el de las demás Fuerzas de Seguridad del Estado) requiere de un alto número de funcionarios y medios. Pero todos son necesarios y deben ser desplegados, independientemente de su coste, ante la gravedad de lo que está ocurriendo.

El PP pidió en abril a la Ertzaintza protección para Jesús María Pedrosa sin que le fuera comunicado posteriormente que éste no la quería, si ese fue el caso. Cuando menos, hay aquí una descoordinación que debería ser evitada. La Policía Autónoma, además, no puede ser ajena a la concatenación que hay entre las amenazas y los acosos de distintos grupos proetarras y los posteriores asesinatos. Todos esos actos deben ser perseguidos con una intensidad que por el momento falta para, en su caso, ejercer acciones penales contra lo que se ha convertido en una verdadera instigación al asesinato.

Los perros de paja
GABRIEL ALBIAC El Mundo 5 Junio 2000

Lao-tsé, leído en el hormiguear de una tormenta súbita de junio: «El cielo y la tierra no son humanistas: tratan a los innumerables seres como a perros de paja. El sabio no es humanista: trata a la multitud como a un perro de paja». Bellísima imagen de la geométrica determinación que en nada tuerce una sentimentalidad estúpida.

Mediodía. Y yo, náufrago en la lectura del maestro Sun-zi y en la turbadora poética de su Arte de la guerra, no percibo del tiempo sino esa diluida transparencia que reviste de telaraña y sueño las grandes acuarelas chinas. Las cinco primordiales notas de Muddy Waters en mi tocadiscos condensan esa certeza. No hay tiempo. Allá donde lo esencial irrumpe.

A la hora exacta, en el minuto exacto, en el segundo que ve estallar el cráneo en luz de un hombre -y, en su estampido, ve estallar el mundo, haciendo de la luz astillas-, yo, tras la clausura minuciosa de mi biblioteca, ando leyendo a un muerto y escuchando a un muerto. Lenta, la sabiduría del maestro Sun, de cristal los aritméticos cinco acordes de Mannish boy que parirán a los Stones completos. Literatura, música. Ambas, lo mismo: fuga exacta del tiempo.

Uno, entre tanto, ha muerto.

En otro sitio. Todo lo esencial sucede siempre en otro sitio. No sé quién es. Nadie sabe nunca el nombre de los muertos. De los más cercanos, menos.

Pero la muerte no es inentendible, como mandan los buenos modos que se diga. Y es prodigiosamente extraño que yo haya estado leyendo, en ese mismo instante en que una bala encadenaba su fundido en negro, el tratado guerrero que es, en Sun-zi, poesía -precisión infalible, eso es la poesía- de hace más de 2500 años. Y que me haya detenido, para ir a apagar el tocadiscos, en uno de sus inapelables aforismos: «Cuando estás en medio de una batalla, aun cuando estés ganando, continuar mucho tiempo en ella desanimará a tus tropas y embotará tu espada». Una guerra de treinta años es una guerra perdida. Para todos. Perdida, sobre todo, para aquel que la gana. ETA mató a su primer hombre en el 68.

Treinta años corrompieron cualquier inteligencia. Los apátridas -sola gente sensata- fueron apisonados: sólo queda lugar para patriotas. De fe diversa. La peor gente. Creyentes. Jodidos creyentes.

El sabio no es humanista, no cree en nada. Sabe. Y calla (hablan los que no saben). Mira vagar a los perros de paja. Sabe «que los guerreros victoriosos vencen primero y luego van a la guerra, mientras que los guerreros derrotados van primero a la guerra y luego intentan vencer».

El terrorismo nacionalista asesina a un concejal del PP, militante del sindicato ELA 
DURANGO. J. J. Saldaña ABC 5 Junio 2000

La banda terrorista ETA volvió al tiro en la nuca, y por la espalda, para asesinar al concejal del PP de Durango y militante del sindicato nacionalista ELA, Jesús María Pedrosa Urquiza, que había recibido varias amenazas en los últimos años. El edil popular, de 57 años, casado y con dos hijas, regresaba paseando a su casa cuando a la una y veinte del mediodía un individuo alto y con la cara descubierta se acercó a él por la espalda y le disparó un tiro mortal. El asesino huyó junto a una mujer rubia, según unos testigos, mientras que otros dijeron que se trataba de un hombre.

Pedrosa era hasta ayer uno de tantos concejales del PP y del PSOE acostumbrados a convivir con la amenaza de ETA, y bajo la presión constante del entorno del MLNV. A pesar de que su nombre había aparecido recientemente en carteles en los que se le vaticinaba este final, y haber figurado en la lista de objetivos de un «comando legal» desarticulado por la Ertzaintza en Durango antes de la tregua, junto al también cabeza de lista en esta localidad, Juanjo Gaztanazatorre, había renunciado a llevar escolta porque decía sentirse seguro en su pueblo, de donde era concejal desde 1987, hace 13 años. Fuentes próximas a la familia, declararon a este periódico que hace poco tiempo que el edil asesinado renunció a la protección policial que le estuvo prestando la Ertzaintza durante algún tiempo.

El concejal regresaba sólo a su domicilio después de haber acudido al Ayuntamiento donde tuvo una entrevista de trabajo. En ese camino, fue abatido a la altura del cruce de la calle Fray Juan de Zumárraga con la de Fray Antonio Abásolo, a unos 100 metros de su casa. Un individuo a cara descubierta se le acercó por detrás y le descerrajó un tiro en la nuca. Fue un único disparo. El asesino, un hombre joven y alto, huyó del lugar en un coche de color blanco en el que le esperaba una mujer rubia que vestía chaqueta negra y roja pantalones negros y botas de montaña, según relataron unos testigos. Otros dijeron que se trataba de un hombre.

UN FAMILIAR FUE TESTIGO
En el momento del disparo, se encontraba paseando al lado del concejal del PP una pareja con niños que presenciaron el asesinato. También fue testigo del asesinato un familiar de Pedrosa, quien dijo haber reconocido al autor del disparo y sobre el que señaló que era un hombre joven que vestía de oscuro. La Ertzaintza investiga los datos aportados por los testigos para poder identificar al asesino. En el lugar del atentado, la Policía autónoma vasca recogió un casquillo.

La detonación sembró el temor entre los trabajadores de un bar y una panadería próxima que creyeron escuchar la explosión de un cohete. Alertados salieron del local y vieron el cuerpo de un hombre mayor que yacía en el suelo, rodeado de sangre. Los agentes de la Policía Municipal fueron los primeros en llegar al lugar del asesinato e instantes después lo hacía una ambulancia, cuyo el personal médico intentó reanimarle sin éxito.

El cadáver permaneció en el lugar de los hechos durante casi tres horas, oculto bajo una sábana blanca. Sobre las cuatro de la tarde -el atentado fue a la una y veinte-, llegó el juez de guardia, que ordenó el levantamiento del cuerpo. A continuación, Pedrosa fue trasladado al Hospital de Basurto, donde se le realizó la autopsia. La capilla ardiente quedó instalada a las ocho de la tarde en el Ayuntamiento.

José María Pedrosa era uno de los cuatro concejales que el PP tiene en Durango, municipio con 25.000 habitantes y que gobierna el PNV. El edil popular, octavo concejal del PP asesinado por ETA y la quinta víctima de ETA desde la ruptura de la tregua, sostuvo recientemente un enfrentamiento con el grupo de cinco concejales de HB que terminó con su expulsión del pleno. Una de las dos hijas de Pedrosa iba a contraer matrimonio el próximo mes.

Antes de saberse que el Gobierno vasco iba a tener una reunión extraordinaria para condenar el atentado de ETA, Radio Esukadi informó del encuentro que mantuvieron en el «batzoki» del PNV el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, el diputado general de Vizcaya, Josu Bergara, y la alcaldesa de la localidad, Pilar Ardanza, del PNV. Ibarretexe se trasladó a primera hora de la tarde a Durango, donde se entrevistó brevemente con la familia del asesinado.

Aunque cabría atribuir el atentado al «comando Vizcaya» de ETA, fuentes de la lucha antiterrorista señalan que, de momento, no cuentan con datos que apunten hacia esta autoría y señalaron, en este sentido, que dada la situación geográfica de Durango, el asesinato también podría ser obra de miembros del grupo criminal «Donosti» o, incluso, de terroristas asentados en la provincia de Álava. Los mismos medios precisaron que en los últimos tiempos se han producido cambios en los «campos de actuación de los comandos», por lo que ahora no se puede atribuir, como se hacia años atrás, por ejemplo, un atentado cometido en Guipúzcoa al grupo criminal «Donosti», ya que los «comandos» tienen en estos momentos «movilidad» fuera de su provincia. De hecho, las fuentes consultadas apuntaron que los miembros del «Vizcaya», detenidos por la Policía el pasado mes de enero cuando iban a atentar contra una patrulla de la Guardia Civil en Bilbao, en su lista de «primeros» objetivos figuraba un concejal del PP de Álava.

En aquella operación consiguió huir Patxi Rementería, jefe del «comando», quien, según diferentes fuentes podría encontrarse en Francia. En fechas recientes, el «Vizcaya» iba a ser reforzado por un nuevo miembro: Ander Geresta, pero sus planes terroristas fueron abortados al ser detenido el pasado día 26 en Burdeos, junto a Aritz Aramburu. Geresta lleva en su poder documentos de identidad falsa en los que figuraban domicilios de Bilbao, mientras que el otro terrorista los portaba de Guipúzcoa.

Terror y nacionalismo 
Editorial ABC 5 Junio 2000

ETA lo dejó claro en la entrevista que dos de sus dirigentes concedieron al diario euskaldún «Egunkaria»: ni el PNV ni EA son objetivos de su actividad terrorista. Por si este mensaje no era lo suficientemente claro, ETA se ha encargado de demostrar que sus víctimas son siempre las mismas. Desde que revocó su tregua, han sido asesinados por la banda terrorista un militar, un ertzaina, un socialista y un periodista. Quiso hacer una masacre de guardias civiles en Intxaurrondo, pero falló. Le faltaba su víctima favorita antes de la tregua: un concejal del Partido Popular. Y ayer se la cobró. Jesús María Pedrosa Urkiza, asesinado con un tiro en la cabeza cuando volvía de asistir a un partido de baloncesto, era uno de los cuatro concejales del PP en Durango y estaba afiliado al sindicato nacionalista ELA.

Jesús Pedrosa fue presa de los métodos típicos del entramado etarra, que siempre convierte a la víctima en verdugo. Antes de ser asesinado, había sido perseguido, señalado y amenazado ante su domicilio y en la puerta misma de su vivienda por militantes abertzales cuyos rostros fueron ayer nuevamente difundidos por las imágenes de televisión. Si nuestro país no dispone de leyes que permitan la detención y el enjuiciamiento de estas personas como inductores del asesinato de Pedrosa, será porque nuestro sistema jurídico penal tiene una grave carencia que debe ser reparada.

El último crimen de ETA ha recreado los momentos más trágicos de los años 97 y 98, cuando el País Vasco asistió a una «caravana de la muerte» contra concejales del Partido Popular. Precisamente en este mes se cumple el segundo aniversario del asesinato de Manuel Zamarreño, concejal de Rentería, la última víctima de ETA antes de la tregua de septiembre de 1998. Lo mismo que entonces, es ahora el momento de que la sociedad no nacionalista vuelva a salir a la calle, a movilizarse como lo hizo tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. La razón ya no es sólo hacer frente al terrorismo de ETA, sino también a la estrategia nacionalista que ha dado a ETA la mayor fortaleza política que nunca ha tenido. Ni las condenas institucionales del simbólico gobierno de Ibarretxe, ni las llamadas a la unidad democrática que harán los dirigentes del PNV deben confundir sobre las lealtades actuales del nacionalismo vasco. El Pacto de Estella, Udalbiltza y demás expresiones del acuerdo sellado con ETA están inmunizadas contra los efectos del terror y sólo intereses meramente estratégicos, y no las reacciones morales que esperan las personas de bien, pueden hacer cambiar el rumbo de estas alianzas.

La contumacia de la voluntad homicida de ETA está agotando la capacidad para expresar la profunda perversión de su existencia y de sus crímenes. Muerte tras muerte, la sociedad, la opinión pública y la clase política vasca —la parte de ellas que no está hipotecada por ETA— reiteran su hastío por una violencia instalada impunemente en el corazón de la vida cotidiana de los vascos. No es sólo el riesgo de ser asesinado; es el temor de ser apaleado, de aparecer en carteles con dianas, de ser mencionado en la columna de algún medio nacionalista; simplemente, de ser identificado públicamente como español, como «carcelero» o como antivasco, da igual la etiqueta porque todas sirven para el mercado nacionalista de las explicaciones sobre los efectos trágicos del conflicto «político» que se vive en el País Vasco.

Durante las últimas semanas, tras el asesinato de José Luis López de la Calle, el nacionalismo antes democrático ha celebrado continuas ceremonias de la confusión, mezclando apelaciones estatutarias con reivindicaciones de la construcción nacional y dosificando frenos y avances en la Asamblea de Electos, para acabar aventando en todas las direcciones la infame sospecha contra el Ministro del Interior por el asesinato de Fernando Buesa. Es igual. Ni el PNV ni EA han puesto su renuncia sobre la mesa de Estella, y tras cinco muertos y múltiples actos de vandalismo su permanencia en los acuerdos con HB y ETA ya deben producir consecuencias políticas definitivas. Y la primera de ellas debe ser la expresión pública de un entendimiento conjunto de populares y socialistas, que no permita al nacionalismo albergar la más mínima expectativa de que puede sembrar la división entre unos y otros para hacerse con el apoyo del Partido Socialista. El nacionalismo vasco se ha excluido voluntariamente de un futuro compartido con los no nacionalistas y, lo que es más grave, ha dejado a éstos solos frente a ETA. Los socialistas deben olvidarse de los viejos tiempos del pacto de gobierno tripartito, cuando el terrorismo seguía matando pero, al menos, el nacionalismo mantenía una convivencia democrática que dignificaba las instituciones.

Es posible que una convocatoria anticipada de elecciones no solucione, por sí sola, la situación de degradación democrática que afecta a la política vasca. Pero también es cierto, como ya hemos manifestado, que sin una nueva cita en las urnas no será posible crear las condiciones necesarias para impulsar nuevos proyectos de gobierno para el País Vasco. La voluntad de los vascos se refleja en las urnas, no en las encuestas oportunistas del Gobierno vasco ni en las ruedas de prensa de Herri Batasuna. Ibarretxe ha consentido que tanto su Ejecutivo como el Parlamento hayan dejado de ser las instancias de representación de todos los ciudadanos vascos y los foros de solución de sus problemas. Han permitido que ambas instituciones sean servidumbres de paso por las que circula Herri Batasuna a sus anchas, para demostrar que la democracia que amparan la Constitución y el Estatuto es una mera transición a la democracia genuinamente vasca que representan los abertzales. Haya o no elecciones, los populares y los socialistas se deben, conjuntamente, a los ciudadanos que hoy saldrán otra vez a las calles del País Vasco para pedir paz y protección.

El recuerdo de todas las víctimas no debe ser sólo motivo de dolor; también ha de ser la guía para sacar al País Vasco de la infamia en que ETA quiere hundirlo, con la connivencia de un nacionalismo felizmente asegurado por el protectorado que le brinda la banda terrorista. Pedrosa, Buesa, Zamarreño, Caso, Blanco, Caballero, Jiménez Becerril, Iruretagoyena, Ordóñez y todos los que han sido víctimas de ETA son como los árboles talados del Bosque de Oma, que Agustín Ibarrola pintó con los colores de la esperanza. Y su memoria, como en el verso de Miguel Hernández, retoñará en todos aquellos que recojan su compromiso por la paz y la libertad en el País Vasco.

Otra vez
El Cascarrabias La Estrella 5 Junio 2000

ETA mata a un inocente paisano y los suyos salen a las calles de Durango a celebrarlo. Pero ¿de qué pasta o piedra están hechos los corazones de estos adoradores de la sangre inocente? Se dice que esto es política, patria y hasta se habla de paz. Pero paz con sangre es una mezcla que nadie puede comprender. Mucho menos aceptar como parte de la vida de un pueblo o ciudad. ¿Quién tiene la fórmula para el punto final?

Pedrosa
ERASMO El Mundo 5 Junio 2000

El ladrido de una pistola evidencia nuevamente la esterilidad del diluvio de condolencias que viene frente a la presencia sin contemplaciones de la Muerte: matan personas y esperanzas. Mientras un sigiloso PNV negocia con EH y ETA su aterrador consorcio soberanista, el dulce sustantivo Paz es ultrajado por los ladrones de palabras. Las suyas: que en paz descanse.

El ritual del asesinato de ETA 
Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 5 Junio 2000

La ciudadanía vasca padece, desde hace demasiado, una forma de gobierno cuyo eje esencial es la administración del homicidio: los gobiernos se suceden con promesas (falsas) de hacer lo debido para terminar con el asesinato. Es obvio que algo así no es verdadera política, pero esta obviedad sólo salta a la vista cuando hay un asesinato como el de Jesús María Pedrosa Urkiza de este domingo 4 de junio, o cuando cualquier otro suceso necrológico sacude a la opinión pública. El resto del tiempo, ese remedo de política que tenemos en el País Vasco se parece más o menos a la de cualquier sitio civilizado, e incluso puede mostrar algunas virtudes propias.

Aquí celebramos elecciones y se forman gobiernos, la patronal negocia con los sindicatos y la prensa informa y opina sobre lo que pasa. Los trenes pueden retrasarse o llegar a la hora, las playas obtener o no la bandera azul, y hay una actividad intelectual o cultural que parece bastante intensa. Pero cada nuevo asesinato político eclipsa con su negrura el paisaje de colorines que propalan las autoridades, las fuerzas vivas y el establishment intelectual y mediático, haciendo evidente que la seudopolítica vasca gira, impotente o cómplice, en torno a la administración de la industria del asesinato monopolizada por ETA.

El bulto cubierto de blanco, tirado en medio de Durango, villa principal y antigua de la Vizcaya profunda, bulto que era un hombre lleno de vida -volvía de tomarse su vermut dominical acostumbrado en el bar del batzoki local-, dedicado al dudoso negocio de representar al PP en el ayuntamiento durangués, ese bulto inanimado está diciendo a gritos sordos que las elecciones, los gobiernos, la patronal y los sindicatos más poderosos siguen siendo aquí los del crimen. Que su muerte estaba de sobra anunciada y que, sin embargo, quienes podían y debían hacer algo se han inhibido, mientras los cómplices de los asesinos negocian el precio de esta muerte con los gobernantes.

Jesús María Pedrosa Urkiza era uno de los cuatro concejales del PP en Durango, villa de mayoría nacionalista. En unas viejas declaraciones emitidas el día de su muerte decía que él iría al cielo o al infierno, pero en todo caso haría el último tránsito desde su amado Durango. No es raro que existieran grabaciones con las palabras de este humilde concejal que, con toda seguridad, no distinguía el patriotismo cívico de la actividad política. Tales grabaciones abundan porque se ha hecho normal que el asesinado de hoy haya sido víctima acosada de los últimos meses o años. Los militantes locales de la hidra terrorista ya habían asaltado en repetidas ocasiones la casa del concejal asesinado, acostumbrado, como cientos de otros vascos, a las amenazas e injurias a través de pintadas, carteles y llamadas telefónicas, casi siempre o siempre impunes, descaradas, prepotentes con razón. ETA se está esforzando por convencernos de que la cadena que comienza por la amenaza ritual puede terminar en el tanatorio; la vida y la muerte están en sus manos; por lo tanto, discutir de banderas azules y no de asesinatos, es su segundo mensaje.

La televisión ha mostrado imágenes del acoso sistemático al que la víctima fue sometida por tipos que sin duda reconocerían, de atreverse, cientos de vecinos: unos individuos tocan el timbre, suben hasta la puerta para entregarle un mensaje que contiene una explícita amenaza: eres del partido culpable del sufrimiento de los presos vascos y tienes que pagarlo. La cobardía de lo políticamente correcto considera que esas amenazas son compatibles con la libertad de expresión, e incluso un ejercicio saludable de pluralidad según los partidarios de la última moda de los dos extremos, en virtud de la cual HB y PP son igualmente extremistas. ¿Qué dirán ahora los fiscales, jueces, ertzainas y gobernantes que asisten pasivamente a estos procesos de linchamiento público con resultado anunciado de asesinato?

Los asesinatos de Fernando Buesa, José Luis López de Lacalle y Jesús María Pedrosa Urkiza han sido precedidos por numerosos mensajes de advertencia en forma de acoso, amenaza e injuria sistemática en todos los lugares imaginables. Los tres asesinados también compartían su negativa a someterse a tales mensajes y mensajeros. Ahora vendrán los pésames de rigor ritual sin el menor rigor político ni moral, y enseguida -lo veremos- Arzalluz o cualquiera de sus lugartenientecillos a preguntar qué hacía a esa hora el ministro del Interior, dónde estaba la contravigilancia y si acaso el finado no sería sin saberlo un burdo cebo para atrapar a un comando de activistas de la construcción nacional, con vistas a poner palos en la rueda del proceso de paz en marcha. Esto, que sería insoportable en cualquier otro lugar del mundo civilizado, es el resultado lógico y necesario de la entronización de la necrofilia como factor ideológico y político principal. Y ya que ETA ha perdonado de momento la vida a los seguidores de Sabino Arana, éstos se ven obligados a desenterrar y manipular los muertos ajenos, parecidos a esos prehomínidos de la película 2.001 Una Odisea del espacio, que cruzaban el umbral de humanidad al golpear a sus rivales de la charca disputada con los huesos de sus víctimas.

Como todo comentario de un asesinato este es, y no podía ser de otra manera, profundamente ritual; los humanos se diferenciaron tempranamente de los otros animales por la costumbre de inhumar ritualmente a sus muertos, en vez de comérselos. Las palabras analíticas y condenatorias ya están gastadas, ya se ha dicho todo lo que cabía y cabe decir al respecto. Cuando se trata de añadir algo más lo mejor es recurrir a los grandes poetas, que saben exprimir el lenguaje hasta el fondo y descubren lo esencial entre la hojarasca de la apariencia. En homenaje a Jesús María Pedrosa Urkiza, sencillo concejal de Durango que no se rindió a las amenazas ni huyó de sus perseguidores, vayan estos versos de Anna Ajmátova:

Cuando hayan pasado los años, tardíamente,
hallarán su justificación todas estas horas ...
No hay en este mundo gentes menos dadas al llanto,
más altivas y a la vez más simples que nosotros.

Viejas palabras 
Por CÁNDIDO ABC 5 Junio 2000

«Parece mentira que puedan existir tesis nuevas y que haya palabras nuevas»

A raíz del asesinato de José Luis López de Lacalle escribí un artículo titulado «La misma queja» y no tengo ningún motivo para cambiar el título cuando escribo después del asesinato de Jesús María Pedrosa. No sabemos qué hacer ya con la sublevación del buen espíritu, con la integridad del Poder, con la serenidad y eficacia de las Fuerzas de Orden Público, después de tantos años. Sí, ¿qué hacer? No voy a decir que en estas circunstancias cualquier optimismo sería desalmado, pero cuando menos díganme en qué debemos fundamentar el optimismo. Es una pregunta sencilla y nada desafiante y sin embargo alguien podría pensar que es inoportuna, que es demagógica.

Seamos optimistas, pero, ¿por qué? He visto tirado el cadáver de Jesús María Pedrosa en una calle de Durango y ese horror pertenece a un sistema de eterno retorno en el que los asesinos ven el asesinato como estratégicamente útil y políticamente necesario. La división entre lo verdadero y lo falso, lo culpable o lo inocente, lo justo y lo injusto sirve únicamente para advertir hasta qué punto esos conceptos son manipulados por el terrorismo, haciéndolos polémicos. Ayer mismo escribía en la segunda página de ABC de la confusión de ver la criminalidad de ETA como lucha política, y del error de considerar que la asociación con la criminalidad para esa lucha quita a la criminalidad ese significado. El lento empastelamiento del asesinato con la política y la utilización de una jerga específica parece como que transformase en opresión descarnada la simple represión del terrorismo. Es decir, que el Gobierno, para no ser brutal, «tendría que sentarse a hablar con los terroristas. Y aquí se cierra el círculo de lo imposible. El Gobierno sabe perfectamente lo que no debe hacer, y por el contrario nadie sabe lo que debe hacer, fuera de resistir y esperar a que cese el efecto del veneno.

El problema es difícil, áspero, y está convirtiendo el País Vasco en un infierno. ¿Qué sentido empiezan a tener allí las formas de organización política y social, las instituciones, el poder público y los conceptos de libertad, democracia, seguridad, orden y por ahí seguido?

De repente, un asesinato. Un hombre va por la calle, otro hombre se le acerca por la espalda y le descerraja un tiro en la cabeza. Declaraciones institucionales. Opiniones políticas. Comunicados. Editoriales y otros escritos examinando a fondo y sutilmente la situación. Imágenes del hombre abatido en la vía pública. La capilla ardiente, el dolor, las honras fúnebres, las lágrimas, el silencio. Paulatinamente vuelve el ruido político y el olvido. Y de repente, un nuevo asesinato. Cientos de veces ocurrió lo mismo. Las palabras de Conrad en «El agente secreto», también ante la reiteración del crimen terrorista: «Y las exaltadas pretensiones de una humanidad oprimida por las miserables indignidades del tiempo se revelan como una colosal vanidad sin esperanza, merecedora de escarnio, pasmo y compasión». Sobre todo porque no hay nada racional contra lo que luchar. ¿Cómo ligar concretamente, mediante el análisis, ese conglomerado absurdo de nacionalismo, utopía, terror, democracia y tradición? ¿Cuáles son las prioridades y cuáles son los lazos orgánicos que unen todo eso?

De otra parte, ¿hasta cuándo seguirá el entendimiento técnico del PNV con ETA? Porque el crimen absorbe cualquier planteamiento político. Que el nacionalismo democrático vasco no haya visto eso, es decir, que el planteamiento político es utilizado por los terroristas como su caja de herramientas, le ha dejado en la cara al PNV una mueca de tonto útil que resulta dolorosa. Finísimas teorías políticas seguirán también a este último asesinato que se añadirán a las ya existentes. Parece mentira que puedan existir tesis nuevas y que haya palabras nuevas. En realidad son las viejas.

El dilema 
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 5 Junio 2000

ETA reiteró ayer en Durango una nueva puesta en escena de su clásico y abyecto ceremonial del crimen. La víctima, Jesús María Pedrosa, es el octavo concejal del PP asesinado por la organización terrorista, que comete su quinto crimen desde que interrumpiera la tregua tramposa. A la brutal reiteración de los asesinatos le sigue la misma reiteración de condenas, matices, silencios y justificaciones. Cabría pedir al menos que nos eximieran, por respeto a la víctima y a la dignidad humana pisoteada, e incluso por higiene mental, el testimonio, cómplice y brutal, de Arnaldo Otegi. No añadamos cinismo al dolor. Tampoco resultan soportables las recurrentes apariciones de Ibarretxe, Arzalluz o Anasagasti. Del PNV no queremos condenas sino hechos. Ni la democracia ni la justicia pueden tolerar el espectáculo de la minoría de diputados y concejales de EH utilizando las instituciones para acabar con ellas y empleando el arma de la palabra para justificar el crimen. A los criminales no se les implora que dejen de matar ni se les ofrece nada a cambio. Se les aisla, se les persigue, se les juzga y se les condena. ¿Es legítimo un Gobierno autónomo como el del PNV que se sustenta en unos acuerdos con quienes legitiman, comprenden o justifican, aunque lamenten, el asesinato de concejales? No parece que exista hoy otra manera de detener el envilecimiento político y moral del País Vasco que la dimisión del Gobierno de Ibarretxe y la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas.

ETA y su entorno decidieron vincular su absurdo proyecto de «construcción nacional» con el crimen organizado, en una perfecta y siniestra concordancia entre medios y fines. Su proyecto de destrucción de España sólo puede ser servido con el apoyo de la sangre y del miedo. Pacífica y democráticamente, no tienen nada que hacer. Al menos, no reiteremos los falsos tópicos. Su violencia ni es ciega ni es inútil. Lo primero queda probado por la clarividente selección de las víctimas. Lo segundo, por la utilidad que les prestan sus cómplices y compañeros de viaje independentistas. Los concejales del PP son objetivo preferente del terror porque son muchos más que los concejales de EH, porque el PP representa a muchos más vascos que ellos, y la única forma de intentar conseguir lo que las urnas les deniegan es instalando la dictadura del terror. Hace unos días lo expresaba lúcidamente Mingote: en el País Vasco hay libertad porque a nadie se le impide marcharse. Quienes dicen representar al pueblo vasco, en realidad sólo a una exigua minoría fanatizada, asesinan a sus representantes legítimos. Es la vía etarra hacia la «construcción nacional», fiel a su genuina estirpe estalinista.

Sólo nos cabe intentar que el dolor no nuble el entendimiento e impida la clara visión. La principal clave de la solución se encuentra en el PNV y en el abandono del símil atroz del nogal. Si sus dirigentes no rectifican por decoro y dignidad, deberían hacerlo al menos por instinto de supervivencia. El PNV (o, al menos, sus dirigentes actuales y buena parte de sus votantes) y ETA coinciden en los fines separatistas aunque discrepen en los medios asesinos. Pero quienes comparten fines acaban compartiendo medios. Creen que ETA sólo busca la independencia del País Vasco, cuando en realidad pretende la instalación de un régimen político heredero de Stalin y de Pol Pot. No es sólo ni principalmente un problema de soberanía, sino de régimen político. El PNV acabaría siendo devorado por el cruel Saturno etarra. Deberían reflexionar ante el cadáver de Jesús María Pedrosa, representante legítimo del pueblo vasco, y comprender que los derechos y libertades de los vascos sólo son hoy posibles bajo el amparo de la Constitución y del Estatuto. Fuera de ello, sólo queda el imperio del terror y de los campos de exterminio, es decir, el imperio de ETA. El PNV debe elegir entre la Constitución y los campos de concentración. Ese es el dilema, y no existe término medio ni tercera opción.


Los héroes
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 5 Junio 2000

Los héroes de nuestro tiempo son los que no reciben recompensa por lo que hacen, los que no corren el riesgo de la fama ni el albur de la fortuna pero arriesgan conscientemente su vida en defensa de un sistema político que nos hace a todos más libres, más dignos, más ricos. Los héroes de la España actual son los concejales del PP asesinados, como José María Pedrosa ayer en Durango, por defender la libertad y la Constitución. No la Constitución que trata de agenciarse el trilero célebre sino aquella «Constitución interna de la nación española» del gran Jovellanos, esa tradición multisecular de defensa de la dignidad de la persona, fuerte o débil, rica o pobre, culta o ignorante, frente al Poder. Una defensa plasmada en fueros y leyes, anterior a la propia Constitución de Cádiz y también posterior, como la dignidad misma. Y una dignidad que es la de la persona frente a quienes sólo la ven y la tratan como parte de un rebaño político, religioso o racial.

Esa Constitución interna, ese cuerpo moral que alienta en las instituciones sucesivas, al margen de su plasmación en artículos por naturaleza reformables, es, en el fondo, lo que mantiene desde hace tantísimo tiempo la existencia de España. Un Estado se mantiene a lo largo de los siglos y a través de sus continuas transformaciones si en su interior cabe el desarrollo de la vida individual, si el ámbito histórico y político protege al individuo o lo hace, al menos, consciente de sus derechos. O más exactamente, de que hay algo innegociable: el derecho, nacido de la conciencia de la propia dignidad humana, a pensar, decir y defender pacíficamente las ideas que uno tiene en el lugar donde ha nacido o quiere vivir, contra cualquier despotismo interior o exterior. Ayer y hoy, en Durango, contra los que quieren implantar mediante el terror la dictadura de una raza inventada por el odio y la ideología de una tribu siniestra sólo unida por la muerte que causa.

En la Historia aparecen héroes y malvados, pero pocos: ni todos los héroes ni todos los malvados. Son pocos los héroes anónimos que, por circunstancias especiales, abandonan ese anonimato y llegan a ocupar un lugar junto a los muertos célebres, predestinados a la gloria o, simplemente, a la fama. Pero no hay triunfo, a la larga, de una causa política y moral sin el sacrificio consciente de esos héroes anónimos que sólo sospechan que lo son por el miedo que pasan haciendo lo que en otras partes es normal: ir a comprar los periódicos, comer con los amigos, pasear por la calle con los hijos, ir al trabajo cada día. Cada muerto por la libertad en el País Vasco, cada víctima del nacionalismo totalitario, crea una razón más para defender su misma causa: la libertad en España. Más viva con cada muerto.

Los que mueren 
Por JAIME CAMPMANY ABC 5 Junio 2000

«Contra la situación en el País Vasco sólo se puede oponer la imperturbable serenidad ante la muerte. Y dar a los justos aquel endecasílabo admirable: “Tú no mates. Tú sé de los que mueren”»

A Jesús María Pedrosa Urquiza, concejal del PP en Durango, le ha tocado la siniestra lotería de muerte que el separatismo criminal juega en el País Vasco. A Jesús María Pedrosa lo ha matado la banda de alimañas inhumanas que en aquella tierra mártir alimenta de sangre su odio sin sentido. Algunos les llaman «fascistas», pero para la precisión de la terminología política se trata de unos «fascistas» singulares que se saludan con el puño cerrado y en alto, que se proclaman marxistas y que recibieron ayudas del estalinismo. En todo caso, da igual. Sus métodos son violentos y su objetivo es matar la libertad y la democracia. Su única doctrina política se funda en la imposición a todo un pueblo de la voluntad minoritaria mediante el terror.

En estos momentos de tristeza, el insulto es sólo un desahogo impotente. Pero la obligación moral de no ser como ellos, de no matar a los que matan, debe permitir algún desahogo a la impotencia. Está claro que estas fieras que matan cobardemente por la espalda a seres indefensos —a Pedrosa lo han matado de un tiro en la cabeza—, no merecen el nombre de seres humanos, y en todo caso hay que definirlos con el improperio más rotundo del castellano llano, es decir, hijos de la grandísima puta, aunque sólo sea para demostrar que el terror que quieren imponer ellos es tan impotente como nuestro dolor, que ese terror no nos encoge el ánimo, ni amedrenta nuestro corazón ni nos paraliza la lengua.

El asesinato de Jesús María Pedrosa Urquiza, cincuenta y algún años, concejal del Partido Popular en Durango, a cuatro pasos de la rica y populosa ciudad de Bilbao, nuestro gran Bilbao, supone un drama humano de primera magnitud. Es una muerte que no ha sido dictada por la naturaleza, sino por la maldad del hombre, por la maldad de Caín. Es también una muerte estúpida y sin sentido, que ni siquiera logrará el gran despropósito que la inspira. Y es la demostración de la falta de hombría de un grupo de asesinos que se llaman vascos y que no pertenecen sino al país de la escoria, de la basura, de la abyección, del desecho del género humano. Los etarras ya no matan por otra cosa que no sea la demencia, por un lado, y el dinero, por otro.

Pero creo que ha llegado el momento de decir claramente y con todas sus consecuencias, y yo asumo hoy la responsabilidad de decirlo, que mucho más responsables —más responsables, digo— que los propios bandoleros, son esos otros criminales que políticamente apoyan, más o menos en la sombra, las acciones criminales, pactan políticamente con los jefes de la banda y comparten sus objetivos. En democracia todos los argumentos pueden ser esgrimidos, todas las opiniones son defendibles y todas las aspiraciones y objetivos pueden ser propugnados, pero siempre que se predique con el discurso y el arma sea la palabra. Cuando detrás del pelotón de los violentos se esconde un político que recoge el botín, ese político se hace tan criminal como ellos.

Y ésa es hoy la responsabilidad de una parte del nacionalismo vasco, que ya no tiene de demócrata ni la apariencia. Es significativo. Ningún nacionalista ha entregado la vida por la libertad; sólo una condena rutinaria. ¿Será también esta vez Mayor Oreja responsable de la muerte de Jesús María Pedrosa como lo «fue» de Fernando Buesa? ¿No serán responsables de todas esas muertes los que esperan obtener el botín político con la amenaza de la guerra o por el precio de la paz? Bien. Yo sé que contra esta situación en el País Vasco sólo se puede oponer el respeto a la ley y la imperturbable serenidad ante la muerte. A los que defienden allí la libertad y la convivencia los animo con un endecasílabo admirable: «Tú no mates. Tú sé de los que mueren».

Siento vergüenza 
Por Enrique ARIAS VEGA ABC 5 Junio 2000

«Por tener una opinión discrepante se es amenazado, insultado, golpeado y hasta asesinado»

Resulta desolador convertir el articulismo en una interminable necrológica de víctimas de la sinrazón y el fanatismo. Es éste un terrible ejercicio de impotencia ante la reiteración del salvajismo, ante la horrible sospecha de que el artículo que uno escribe tras el asesinato de Jesús María Pedrosa seguramente no será el último de su estilo.

Por eso, junto a la indignación y a la ira, a la frustración y a la rabia, a uno le sobreviene una infinita vergüenza de vivir en una sociedad donde estas cosas pueden suceder con la complicidad y la aquiescencia de gente que se considera honesta y que incluso presume de serlo. No es cierto, pues, que vivamos en un país libre. Si en él se puede asesinar con la impunidad con que se practica el crimen en el País Vasco, es que ese país, esa sociedad y ese territorio no son libres. Pero no por lo que argumentan ETA y sus corifeos, sino justamente por todo lo contrario: porque ellos quieren sustituir la libertad por el miedo, el terror, el silencio y la claudicación.

Ni en el mayor de sus delirios victimistas, aquellos que hablan de la presunta opresión que padece el pueblo vasco han sufrido en sus carnes una violencia, una imposición y una humillación como la que ellos imponen a quienes no opinan como ellos. Si me apuran, hasta regímenes políticos abominables, como el nazismo o los «jemeres rojos» de Camboya, dotaban a sus crímenes de coberturas pseudojurídicas. La bomba, el tiro en la nuca, la masacre indiscriminada o la mutilación gratuita de sus víctimas son «hazañas» de las que ETA y sus cómplices pueden presumir con legítimo orgullo de protagonistas. No quiero ni pensar qué régimen político llegarían a instaurar estos bárbaros si un día llegasen al poder. Afortunadamente, tal hipótesis delirante jamás llegará a suceder.

De momento, sí hay algo que han conseguido: han fragmentado la sociedad vasca en víctimas y en verdugos, la han dividido entre individuos con derecho a pensar, opinar y manifestarse con absoluta impunidad (ellos) y personas que si manifiestan una opinión discrepante pueden ser amenazadas, insultadas, aterrorizadas, golpeadas y hasta asesinadas (todos los demás). Ése es realmente el «pensamiento único» y no las edulcoradas versiones académicas de los politicólogos en las democracias occidentales.

En esa inversión de valores, el entorno etarra, por decirlo finamente, considera lícito y honesto manifestarse en favor de los presos «políticos» —es decir, autores de crímenes por los que han sido juzgados con todas las garantías procesales— y considera una «provocación» cualquier actividad de los familiares de las víctimas del terrorismo, asesinadas o mutiladas sin proceso, juicio, culpa o razón alguna. Para mayor inri, la situación penitenciaria de los asesinos es, al margen de la privación de la libertad física, muchas veces mejor que la de aquellos ciudadanos amenazados en pasquines callejeros, amedrentados por bandas de matones —la «kale borroka» dichosa—o que sufren la hostilidad manifiesta de los nazis «abertzales».

Este mundo al revés no es grotescamente divertido, como la fantasía que Lewis Carroll hacía vivir a Alicia, la niña de su historia. En esta aberrante inversión de valores, nadie devolverá la vida a Jesús María Pedrosa, mientras que su asesino tiene garantizada la suya gracias precisamente a esa Constitución con la que ETA quiere acabar.

Por eso siento vergüenza, porque no sabré explicar a mis nietos que hubo un tiempo en que las víctimas no tenían derechos y sus victimarios, en cambio, eran amnistiados de sus delitos, nombrados «hijos predilectos» de su municipio y se les daba trabajo como «gudaris» en paro, en cuanto salían de la cárcel.

Todo eso es lo difícil, si no imposible, de explicar en un mundo normal, en el que no se ponen en entredicho valores esenciales del ser humano a cambio de no sé qué entelequias inextricables. Lo demás, digo, es perfectamente explicable,aunque se pueda discrepar de ello.

En medio de la conmoción de este último asesinato, repaso mis notas del coloquio que protagonizó en la Universidad neoyorquina de Columbia José María Aznar, cuando su visita de hace tres años. En aquella ocasión, en que yo cubría informativamente el acontecimiento, una pareja vocinglera, portando una pancarta, pretendió dar la nota con un abortado «¡gora ETA!». A los perplejos asistentes al acto, les pudo explicar entonces el presidente del Gobierno español que «el País Vasco tiene más autogobierno que cualquier comunidad o Estado federado europeo». Aún más, añadió: «El País Vasco posee un Gobierno, un Parlamento y una Policía propias; tiene un concierto económico, recauda impuestos y decide sobre el destino de parte de esos impuestos».

Todo eso, le parezca a uno excesivo o insuficiente, es rigurosamente exacto. Todo eso puede ser discutido políticamente, claro. Pero todo eso no vale ni una sola lágrima de un huérfano de ETA. Esa constatación es la que me produce, además de dolor y náusea, sonrojo y vergüenza cada vez que los pistoleros de ETA disparan de nuevo.

Amada mía 
Por JORGE MARQUEZ ABC 5 Junio 2000

Guárdame. Protégeme en el calor de tus entrañas del viento álgido que otra vez regresa para helarnos el corazón. Niégame este atardecer de llanto y cirios, de ira y murmullos, de fiebre y odio. Ocúltame de la muerte y del error mientras me convences de que el silencio de la paz vuelve para adormecernos. Líbrame de la herida que te sangra y te divide. Húyeme por un camino de luz que no reconozca mañana los gemidos de la rabia. Envuélveme en el olor a madera vieja de los árboles que clavan en ti sus raíces y hoy te coronan de espesa niebla oscura. Porque nunca te he echado tanto de menos como esta tarde, en que otra vez lloras silenciosa e impotente.

En los rincones oscuros del mundo, hambrientas como plantas necrófagas, las tumbas bostezan al paso de los niños y se tragan sus cuerpos famélicos sin que ningún pena estremezca el orden matemático del universo. La tierra yerma ha olvidado ya el día en que lloró sus últimas lágrimas. La muerte vaga negra, infantil y desnuda, por un laberinto de minas ocultas mientras las moscas sobrevuelan su cráneo olvidado. El dolor usa megafonía y se imprime en papel moneda con que comprar la sagrada libertad de los niños. Y los niños mueren, y matan, y siguen matando en un rosario interminable, trágico, hecho de las cuentas del ansia de gloria, de la locura de verse unos segundos en la pantalla del televisor, apremiados por obesos funcionarios que los introducen en un furgón policial y con el rostro difuminado por la vergüenza de los adultos.

Pero, aun con toda esta miseria que nos enfanga, amada mía; aun siendo inapelable que al fin la injusticia y el despropósito han de tener una explicación absurda capaz de amordazar el sentido común, siempre nos quedarán mil motivos más para llorar por cada una de tus nuevas heridas. Porque el dolor nunca ha de acabar a tiempo de evitarnos otro llanto. Porque en el corazón de esta tierra hermosa, generosa y fértil, que no se alimenta de niños famélicos, tú has de ver todavía cómo tus hombres caen muertos sin razón. Y quizá jamás llegues a entender por qué, amada Euskadi.

¿Qué es lo que hay que hacer?
GUSTAVO DE ARISTEGUI El Mundo 5 Junio 2000

Desde que tengo memoria me han atormentado dos terribles frases: «Algo habrá hecho» y ahora con más insistencia y más recientemente, «algo habrá que hacer». Sinceramente, si hay algo más terrible que un asesinato es justificarlo, y de verdad creo que esas dos frases son la forma más execrable de convertir en vanas más de 900 muertes, siendo la primera de ellas un inaceptable insulto a la memoria de las víctimas. ¿Es eso lo que hay que hacer?

Igualmente, una sociedad democrática tiene que tener mucho cuidado con no «inmunizarse» de muerte y violencia, de no acostumbrarse. Cada muerto, cada asesinato no es uno más, es ése más. Es una familia rota, unos amigos hundidos y un nuevo boquete en la línea de flotación de nuestra sociedad. ¿Es eso lo que hay que hacer?

No podemos aceptar el olvido como terapia, no podemos resignarnos a que tengamos que claudicar todos juntos ante el terrorismo para que nos dejen de matar. Si aceptáramos su chantaje posiblemente dejarían de matar a nuestros cuerpos pero nosotros, la sociedad en su conjunto, estaríamos cada vez más muertos, habríamos renunciado a nuestra dignidad de seres humanos y a nuestros principios básicos de demócratas convencidos. Quizá convenga recordarlos aquí para aquEllos que con su aplauso, indiferencia, pasividad, ánimo, aliento o simplemente coalición, alianza o coincidencia, se convierten en cómplices del secuestro de la voluntad democrática de todos nosotros. ¿Es eso lo que hay que hacer?

No entiendo la subordinación de los derechos humanos más elementales a los colectivos, no entiendo que una idea pueda matar, no entiendo que ningún proyecto, y menos si es una minoría el que lo apoya, pueda ser justificación para privar a alguien del bien más preciado que tenemos: la vida. ¿Es eso lo que hay que hacer?

¿Acaso tenemos que resignarnos nacionalistas -cada vez en mayor número- y constitucionalistas a vivir sin libertad en un Estado democrático y de derecho, en el continente más libre y avanzado del mundo? ¿Acaso tenemos que aceptar que una pequeña banda de delincuentes terroristas nos robe la libertad? ¿Es eso lo que hay que hacer?

¿Es aceptable política y moralmente que se siga gobernando con los cómplices del terrorismo en ayuntamientos y diputaciones? ¿Se debe seguir siendo tibios con los «chicos de la gasolina»? ¿Es eso lo que hay que hacer?

Lo que está ocurriendo en el País Vasco resultaría increíble si se conociese en toda su extensión por la opinión pública de los países de nuestro entorno. Una banda de asesinos con un complejo aparato pseudopolítico, pseudosocial, pseudoperiodístico tiene atemorizada y subyugada la voluntad democrática de todo un pueblo. Hasta aquí todos de acuerdo, esto se sabe. Lo que quizá no se sepa en los países de nuestro entorno es que durante 24 años de democracia en España por lo menos la mitad del pueblo vasco ha vivido una suerte de esclavitud o ciudadanía de segunda. Los no nacionalistas, y estoy convencido de que un número creciente de nacionalistas también, hemos sido obligados a convertirnos a la «fe verdadera de la construcción nacional», a resignarnos y callarnos o sencillamente a marcharnos. Somos un número cada vez mayor de vascos los que creemos que no sólo hay una cuarta, sino muchas más alternativas a este planteamiento ciertamente totalitario.

En el País Vasco hay un gobierno que ha gobernado durante años para la mitad de la sociedad. Hoy gobierna para un número cada vez menor de vascos. El partido que lo sustenta se empeña en aferrarse a una legislatura que ya está muerta, sabiendo quizá que las elecciones que se celebrasen como consecuencia de la disolución del Parlamento vasco supondría la primera derrota democrática del nacionalismo en la historia de la democracia en España. ¿Por qué el PNV ha de ser el único partido que en Europa no pueda ser derrotado democráticamente por las urnas? Lo que muchos políticos y vascos en general empezamos a pensar es que es urgente que haya otro lehendakari en Ajuria Enea y otro gobierno vasco que rija los destinos de una sociedad harta de discriminaciones, harta de la violencia, harta de la falta de libertad. Un lehendakari no nacionalista gobernaría sin duda para todos los vascos, no sólo para sus votantes.

Los no nacionalistas respetamos profundamente la libertad y las posiciones políticas de quienes no piensan como nosotros porque justamente hemos sufrido durante tantos años la inquina, la amenaza y la violencia por pensar como pensamos. Somos, pues, una democracia imperfecta. Y somos una democracia imperfecta porque nos falta un elemento esencial de toda democracia, el elemento sin el cual ésta es imposible: la libertad. Hablar de falta de libertad en un país como el nuestro, que se encuentra entre los más avanzados del mundo, más que trágico resulta patético.

No podemos resignarnos a que las cosas sigan igual en el País Vasco. Sin embargo hay por desgracia, pero comprensiblemente, un creciente hartazgo en una parte de la opinión pública hacia lo que ocurre en el País Vasco. A pesar de ello no podemos permitir que un pueblo ejemplar como el nuestro pueda ser vencido por la intolerancia, el odio, el chantaje o el asesinato. Con cada golpe del terrorismo tenemos que ser más demócratas, más amantes de la libertad, más firmes con la delincuencia terrorista y más combativos por nuestro futuro en paz y en libertad.

Por desgracia vamos a seguir sufriendo, el terrorismo seguirá asesinando a nuestros amigos, vecinos, compañeros o conciudadanos. Eso no puede provocar ni pasividad ni resignación, tenemos que reafirmarnos en nuestros principios y convicciones democráticas, tenemos que seguir a la vanguardia de la defensa de la vida y de la libertad. Pero ésta no es sólo una tarea del Gobierno, de los políticos o de las Administraciones públicas.

Es una lucha que concierne e implica a toda la sociedad, todos tenemos que estar unidos contra esta última lacra, este último obstáculo que le queda a este maravilloso país para acabar siendo uno de los lugares más libres y con mayor calidad de vida del mundo.

Cuando la banda terrorista ETA asesinó a Miguel Angel Blanco en julio de 1997 la ejemplar reacción de la sociedad española fue quizás uno de los momentos más emocionantes de los que he sido testigo. Pero esta admirable reacción no sólo tuvo consecuencias internas o personales para muchos de nosotros sino que maravilló y asombró al mundo entero.

Fueron aquellas masivas movilizaciones las que acabaron de cambiar la opinión de muchos Gobiernos y partidos políticos en la escena internacional. Eso demuestra la importancia que tiene que la sociedad española en su conjunto se sienta implicada como uno solo en la lucha contra la barbarie de ETA.

Por todo ello tenemos que buscar todos los partidos la verdadera unidad de los demócratas frente al terrorismo ciego y sanguinario, sin tibiezas, sin fecha de caducidad -generalmente muy corta- una unidad, en definitiva, que no suponga, como algunos quieren imponernos, aceptar el precio que la banda terrorista quiere cobrar por no se sabe qué paz.

Eso es lo que hay que hacer. Cualquier otra cosa sería dejar de ser demócrata, libre y hasta ser humano. Gustavo de Arístegui es diputado del PP por Guipúzcoa.

Imploro al PNV 
Por Carlos DÁVILA ABC 5 Junio 2000

Ya sobran hasta las preguntas. Por ejemplo, ésta: ¿Hasta cuándo seguirá el PNV dorando la píldora a los terroristas? El dolor que se agrupa en nuestras entrañas, escribiría Miguel Hernández, es postrado, nada furioso, por eso, con la imagen dura de este nuevo crimen tan reciente, sólo queda pedir, rogar al nacionalismo de los extraviados Arzalluz y Egibar que se vaya, que abandone de una vez a los matarifes.

No queda ni un ápice de análisis político por hacer, ni siquiera es útil la civilizada protesta de nosotros, los buenos; queda sólo implorar a estos que sostienen el argumento que carga las pistolas de ETA.

Pero no dejan la terrible compañía. Ibarretxe ayer ignoró de quién era la víctima. La revistió de nacionalismo sindical para apropiarse del dolor y mejor justificarse así.

Por eso, nada hay que hacer. Si que decir: que nos está doblegando tanto terror, y que estamos a punto de entregar nuestra cuchara, que construyan su nación sobre tanta sangre y que con su pan se la coman. Pero que no sigan matando. Esto no hay quien lo soporte.

Durango se echó a la calle y abortó el intento de EH de manipular el crimen 
DURANGO (BILBAO). J. Pagola ABC 5 Junio 2000

El Pleno del Ayuntamiento de Durango, localidad de la que era concejal el dirigente del PP asesinado por ETA, se reunió ayer de forma extraordinaria para emitir un comunicado en el que repudió la nueva acción criminal, decretó tres días de luto oficial y, sobre la marcha, convocó una manifestación a las puertas de la Corporación a la que asistió más de un millar de personas.

El comunicado, que había sido consensuado previamente por la Junta permanente de portavoces, contó con la aprobación de todos los partidos con representación municipal, excepto cuatro ediles de Euskal Herritarrok, que se abstuvieron. En el texto, se condena «firmemente» el asesinato de «un servidor de Durango democráticamente elegido por sus convecinos» y se «exige» a ETA «y a quienes la apoyan desde la práctica política el respeto a la voluntad democrática y de convivencia reiteradamente expresada por todos los vascos». También se acordó la instalación de la capilla ardiente en el salón de Plenos.

Al finalizar la reunión del Pleno, los concejales de EH pretendieron leer un comunicado propio, pero tanto los concejales del resto de partidos como el público asistente abandonaron la sede municipal y los dejaron solos oyendo gritos de «asesinos» o «dejarlos solos con su circo».

Una vez concluido el acto, tuvo lugar en la plaza del Ayuntamiento la concentración de quince minutos bajo el lema «Basta ya» que congregó a numerosos dirigentes políticos, entre ellos el lendakari Ibarretxe, Francisco Álvarez Cascos, Carlos Iturgaiz, Josu Bergara, Román Sudupe, Rodolfo Ares, Javier Madrazo e Íñigo Urkullu.

En esta manifestación no se produjeron incidentes. Sólo una decena de personas dio la espalda al lendakari Ibarretxe, que se encontraba al frente de la pancarta, y algunos asistentes profieron gritos contra el PNV instando a sus dirigentes a «ir a la otra calle». En esa otra calle colindante con el Ayuntamiento se encontraban simpatizantes de Herri Batasuna que antes habían sido dispersados por la Ertzaintza en prevención de que pudiera haber incidentes durante la celebración del Pleno municipal.

Pasadas las nueve y media de la noche, el féretro con los restos de Jesús María Pedrosa fue trasladado a la sede de la Corporación local y su entrada estuvo acompañada de aplausos y críticas a ETA al grito de «asesinos, asesinos».

Mientras esto ocurría en Durango, en Vitoria cerca de un millar de personas se concentraron frente a las puertas del edificio de Correos en respuesta a la llamada realizada horas antes por la Diputación de Álava y el Ayuntamiento de la capital alavesa, ambas lideradas por el PP. Ningún dirigente del PNV ni de EA partició en este acto.

Entre los asistentes se encontraban el alcade de Vitoria, Alfonso Alonso, quien dijo que «no estamos desesperados porque tenemos unas convicciones firmes». «La deseperación viene —dijo— por aquellos que siguen empeñados en imponer un sistema fascista en el País Vasco.Seguimos defendiendo un país desde la libertad, los derechos humanos y las necesidades de los ciudadanos».

Que ETA pierda toda esperanza
NICOLAS REDONDO El Mundo 5 Junio 2000

Cuando Herri Batasuna plantea al PNV y a EA un delirante y antidemocrático proyecto político que, excluyendo la voluntad de la mayoría de la ciudadanía vasca, incluso adornado con ese toque de diplomacia temporal librándoles de fechas o plazos, ETA vuelve a asesinar.

24 horas después de la propuesta. Y, perversa ironía, para conseguir el apoyo de aquellos a los que no pone en peligro, asesina a uno más de los que no necesita conminar en un juego cínico y cruel de presión.

Porque, no nos engañemos, tienen responsabilidad en esta macabra y mortal espera de los asesinatos, las actitudes de quienes vienen jugando a dar esperanza a los que los provocan.

Por eso hay que insistir en un proposición básica. ETA tiene que convencerse, por la posición inflexible de todos los demócratas, de que no hay ninguna posibilidad de que sus objetivos puedan imponerse por vía de negociación.

ETA recuperó la esperanza, que estaba a punto de perder antes del Pacto de Estella, al creer que el conjunto del nacionalismo estaría dispuesto a sumarse a ese proyecto tan delirante como impositivo. Y, en verdad, motivos se le han dado con ese pacto.

Por eso es imprescindible quitarle a ETA, de manera definitiva, toda esperanza. Y, en ello, la mayor responsabilidad está en los que, equivocadamente, se la dieron al pactar con ella y con su brazo político. No entre los que hoy corren el riesgo de ser asesinados, violentados, o atemorizados por la banda criminal y las escuadras del fascismo abertzale.

No existe ya margen de maniobra política para el Gobierno vasco y los partidos que lo conforman. Repudiar los asesinatos y la violencia política por un lado y, simultáneamente, persistir en la negociación con el soporte político de los mismos, no sólo desacreditará políticamente al conjunto del nacionalismo sino que tenderá a dividir el país. Y prolongará el sufrimiento al dilatarse el cruel activismo de los que no tienen ninguna posibilidad de imponerse. En ningún país democrático ha triunfado jamás el terrorismo. Si el PNV y EA persisten en el error de abonar un proyecto impositivo e imposible sólo recogerán el fruto de una caída que se dará con estrépito y envilecimiento.

Nicolás Redondo Terreros es secretario general del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE).

Pedrosa, país 
Mikel AZURMENDI ABC 5 Junio 2000

Amontonándosenos, las noticias e imágenes del asesinato agotan y desalientan. Embotan nuestra imaginación, que queda sin inspiración. El horror de hoy se vuelca sobre el del pasado domingo de Andoáin, amontonándose sobre el horror de Vitoria y sobre el que le precedió. Horror sobre horror sin nada original. Ninguna muerte de estas ni de las precedentes es ejemplar, no hay nada en ellas que nos enseñe algo, sólo el montón de cadáveres que engrosa. Algo así decía un sobreviviente de los Lager y, luego, de los campos de concentración soviéticos, el húngaro Imre Kertész, judío de catorce años cuando le colaron la estrella de David en el codo del abrigo. «Sólo con la ayuda de la imaginación estética somos capaces de crear una imaginación real del holocausto, de esa realidad inconcebible e inextricable», decía Kertész, considerando que pensar en el holocausto era una tarea tan enorme y tan espiritual que superaba con creces la capacidad de aguante de los que, como él mismo, la habían vivido.

Nosotros también hemos aguantado. Ciertamente, la mayoría de los vascos mirando fuera sin que el amontonamiento de cadáveres tuviera algo que ver con ellos, y los demás esperándonos lo peor, o aguantando que un amigo, un familiar o un representante elegido por la ciudadanía engrosase el montón de cadáveres. Pero nosotros no hemos pensado aún ese montón de cadáveres. Y no lo hemos pensado porque sólo nos ha preocupado por qué mataba ETA y por qué eligió a esas gentes y no a otras para su degollina. Y únicamente hemos razonado los motivos etarras, hemos buscado antecedentes en las víctimas e inferido conclusiones sobre el conflicto vasco.

¿Y qué? ¿Qué sabemos del montón de cadáveres? Nada, absolutamente nada. Nuestra imaginación está embotada porque no podemos formular qué sea ese sufrimiento que no sirve para nada ni puede sostener tampoco nada humano. Ese amontonamiento de sufrimiento que no podemos ni pensar nos señala, sin embargo, al ser humano fuera de la ley, en situación pre-política, en plena selva donde los lobos matan y depredan a los humanos. Ese es el único indicio que tenemos para poder imaginarnos lo que nos está pasando. La ley no existe. El legislador habla para despistar, ganar tiempo, ostentar el poder y satisfacer la economía de la red clientelar que le sostiene. Los políticos que están gobernando este país desde la transición han acabado aliándose con el depredador y hasta dependen de él para seguir despistándonos y satisfaciendo a su clientela.

Es ésta la mayor ignominia del amontonamiento de cadáveres, el único indicio que tenemos para entender ese horror del montón de vascos asesinados por lobos autóctonos. La ignominia de que hay vascos que estuvieron fuera de la ley y sigue habiendo vascos que estamos fuera de la ley y que únicamente tenemos que preocuparnos por vivir, por asegurar que mañana sigamos aún vivos. Nuestra existencia misma se nos ha constituido en el único y principal problema. ¿Qué podemos imaginar los vascos? ¿Qué podemos crear? ¿Con qué metáforas cercaremos lo real para narrar el amor? ¿De qué imágenes echaremos mano para cantar las virtudes humanas si sólo nos preocupa seguir vivos?

En unas imágenes televisadas grabadas en circunstancias parecidas a las de hoy, sostenía Pedrosa, cuando aún no era cadáver, que él no sabía si iría al cielo o si iría al infierno, pero sí sabía que iría desde Durango. Pedrosa sólo quería decirles a los lobos que no le iban a mover de su pueblo, pero en realidad les estaba concediendo que él, Pedrosa, sólo tenía su vida. Nada más que su vida. Que era únicamente un ser al que se le podía enviar al cielo o al infierno.

Es ésta la única pista que tenemos los vascos para pensar nuestro montón de cadáveres. Hace falta perentoriamente que todos los vascos constituyamos ya la ciudad de la ley. Por eso Ibarretxe debe irse. Su Gobierno debe dimitir. La ciudadanía debe decidir, por fin, sobre el asunto de la ciudad con ley, para así ponernos a entender este holocausto y crear cultura. Hoy no existe cultura vasca. Sólo vascos como Pedrosa, que no saben si irán al cielo o al infierno. Pedrosa, un beso. Nos veremos en el cielo.

El quinto muerto tras el final de la tregua
Lorenzo Contreras La Estrella 5 Junio 2000

ETA ha asesinado en Durango (Vizcaya) a uno de los cuatro ediles populares de su Ayuntamiento. Y lo ha hecho a su clásica y cobarde manera: de un tiro en la nuca. Jesús María Pedrosa Urquiza ha caído, después de una honrosa ejecutoria municipal en la que había demostrado gran valor, de ese modo vil con que la banda terrorista se acerca furtivamente a su víctima, disimuladamente, como al pasar y por la espalda.

Dicen fuentes oficiales vascas que el señor Pedrosa Urquiza no quería protección. Si así fue, mal hecho, porque a ETA no se le debe facilitar la tarea asesina. Pero mal hecho también por parte de la Ertzaintza y de la Policía Nacional, que deberían hacer siempre un seguimiento discreto de las personas directamente amenazadas. Hay que tener en cuenta que el sentimiento de impunidad se vuelve insufrible cada vez que la banda comete uno de sus clásicos crímenes.

Precisamente ese sentimiento se alivia con la comprobación de que hay presos etarras en las cárceles españolas y algunos también en las francesas. En nombre de la libertad de estos individuos, como uno de los supremos "argumentos" de la barbarie, se le ha disparado al concejal de Durango un tiro en la cabeza. Los presos: he ahí la cuestión. Es decir, dígase sarcásticamente, el pretexto. Menudo filón encontró ETA en su día para instrumentar su acción como venganza de un pueblo oprimido.

Ertzaintza y Fuerzas de Seguridad del Estado: miles de hombres infrautilizados en la principal tarea, no otra que evitar la impunidad de los asesinos que pululan por las esquinas.

Las relaciones entre la Ertzaintza y las Fuerzas de Seguridad del Estado, Guardia Civil incluida, nunca fueron buenas. Cuando una comunidad autónoma es algo más que autónoma, con aspiraciones independentistas, cual es el caso del País Vasco, y con terrorismo añadido, difícil estará siempre llamado a ser el conjunto de esas relaciones. Ahora, cuando en el ambiente político late la acusación del PNV contra al falta de colaboración de la policía estatal en asuntos supuestamente de interés común, el PP ha encontrado en el diputado navarro Jaime Ignacio del Burgo un valedor de sus propias filas, atento siempre a las repercusiones de los temas en Madrid.

Todo deriva del asesinato reciente del parlamentario autonómico socialista Fernando Buesa, ocurrido en Vitoria cuando caminaba acompañado de un ertzaina que también resultó muerto por la explosión, al paso de un coche-bomba que estaba estacionado.

Según el PNV, las Fuerzas de Seguridad del Estado tenían información, que no facilitaron a la Ertzaintza, sobre el peligro que corría Buesa, al que supuestamente habrían utilizado como cebo para cazar a un comando etarra. Este último aspecto no ha trascendido en tales términos, pero se deduce de la acusación nacionalista.

De repente, al hilo de este asunto, Jaime Ignacio del Burgo resucita las circunstancias que rodearon el asesinato de Gregorio Ordoñez en 1995, quince días después de haber solicitado de la policía vasca una protección personal que no le concedieron.

La polémica se ha organizado. A los nacionalistas les duele que circule públicamente ahora esa imputación, que ya se insinuó en su día. Curiosamente, el entonces presidente del PP de Euskadi, Jaime Mayor Oreja, hoy ministro de Interior, guardó silencio al respecto. La desprotección de Gregorio Ordóñez, cuyo asesinato responde al tópico de la crónica de la muerte anunciada, fue tan patente que no podía bastar una referencia a la pasividad de la Ertzaintza, ya que, a falta de esa protección, tendría que haberse arbitrado otra a cargo del Partido Popular, del que Ordóñez era edil y figura dirigente.

Pero nada se hizo para evitar el cumplimiento de la muerte anunciada. Ordóñez fue cazado en un bar, de espaldas a la puerta, como un animalillo vulnerable y confiado. Sin duda una escena que se ha repetido en más de una, dos y diez ocasiones, como mínimo, en personas que habrían necesitado alguna protección, dadas sus circunstancias personales. Ahora que se ha producido el asesinato del concejal de Durango, ¿qué?

El asesinato de Gregorio Ordóñez fue de una alevosía pavorosa. Su caso ha quedado como tristemente ejemplar. El asesino etarra cumplió la orden "superior" con extremada facilidad. A falta de la Ertzaintza que lo amparase no había en sus proximidades ni sombra de alguien que supliese a los hombres de la boina colorada, con uniforme o sin él. El PP, ya se sabe, nada hizo directamente por evitar la tragedia que se cernía sobre Ordóñez como un augurio tangible, una amenaza espesa y viscosa. Pero tampoco se molestó en darle amparo la Policía Nacional que se hallaba a las órdenes del delegado del Gobierno, a la sazón el ya fallecido señor Aguiriano.

No cabe decir que aquella lección dejará de ser aprendida en el futuro. Pero la facilidad escalofriante con que ETA perpetra sus crímenes, ahora también en Durango, sigue dando qué pensar en términos de eficacia.

Jesús Pedrosa había sufrido una larga campaña de acoso
Los radicales asediaron su casa y llenaron Durango de carteles con su foto y su dirección

EDUARDO INDA El Mundo 5 Junio 2000

«No sé si voy a ir al cielo o al infierno, procuraré ir al cielo, lo que sí sé es que voy a ir desde Durango». Esta frase de Jesús María Pedrosa, pronunciada durante una entrevista con otro de los objetivos de ETA, Carlos Herrera, resultó desgraciadamente premonitoria.

La banda terrorista y sus satélites lo tenían en el punto de mira desde hacía meses. La última víctima de ETA había recibido varios avisos al más puro estilo mafioso.

Esta forma de actuar de los radicales quedó patente en las navidades de 1996, cuando Pedrosa recibió una botella de agua vacía en su domicilio. El entorno etarra utiliza este detestable sistema para recordar al destinatario la suerte de los presos.

Los proetarras le reprochaban que cenase «tranquilamente» con su familia en Navidad mientras los presos etarras se hallan en la cárcel. «Tiene usted muy poca vergüenza», añadía el intimidatorio mensaje adherido a la botella.

La segunda de una larga lista de advertencias amargó las navidades de 1998 al edil popular. Las Gestoras Proamnistía se apalancaron a las puertas de su casa en Durango, provistos de pancartas amenazantes, coincidiendo con el día de los Santos Inocentes.

Las cámaras de televisión estaban presentes aquel 28 de diciembre y captaron la escena. Dos proetarras llegaron hasta las mismísimas puertas de la casa de los Pedrosa después de que un vecino les franquease el paso del portal.

Contenido claro

Aunque, obviamente, nadie respondió a los timbrazos, los radicales pegaron en la puerta un sobre dirigido a «Jesús María Pedrosa, concejal del Partido Popular de Durango».

El contenido de la misiva es evidente: se le responsabilizaba de la política de dispersión de los reclusos etarras.

Como quiera que era el Día de los Santos Inocentes, otro de los activistas tuvo una macabra ocurrencia: colocó un monigote en el portal del concejal popular. «Pedrosa, tú no eres inocente», rezaba la inscripción que figuraba en el amenazador muñeco-cartel.

Decenas de radicales asistían atentos al desarrollo de los acontecimientos provistos de una enorme pancarta en la cual se hacía un juego lingüístico para acusar al PP de la suerte de los presos de la banda terrorista: «DisP/Pertsion ez».

Si en la primera visita hubo violencia moral, la segunda entrañó serio riesgo para la integridad física del político popular. Grupos de radicales intentaron atacar los edificios en los que viven los cuatro concejales durangueses del PP en abril del año pasado. La rápida intervención de la Ertzaintza, que practicó varias detenciones, evitó que la razia pasase a mayores.

Los secuaces de los terroristas volvieron a las andadas medio año después. Corría octubre de 1999 cuando las calles de Durango aparecieron atestadas de carteles en los que se incluían las fotografías, los domicilios y los teléfonos de los ediles del PP.

Junto a las imágenes de Jesús María Pedrosa, Juan José Gaztañazatorre, Eduardo Barrutia y Juan Agustín Villafranca aparecía una frase que lo dice todo: «Si queréis guerra, la vais a tener».

¿Por qué no llevaba escolta? Simple y llanamente, porque no quería. Pedrosa se sentía seguro en su pueblo. Un familiar asegura que el fallecido rechazó disponer de protección «porque pensaba que no le iba a ocurrir a él».

La quinta víctima de ETA tras el fin de la tregua lo explicó en declaraciones a RNE: «No sé si voy a ir al cielo o al infierno, procuraré ir al cielo, lo que sí sé es que voy a ir desde Durango. Con guardaespaldas o sin ellos, intentaremos hacerlo lo mejor posible desde el Ayuntamiento por el bien de los ciudadanos de Durango».

Una vez más, el mundo abertzale apuntó -cuatro veces- y ETA finalmente disparó. 

«Apaga y vámonos»  
JAVIER ORTIZ El Mundo 5 Junio 2000

DURANGO (VIZCAYA).- Yo, lo primero, ni créermelo -dice la vieja señora, paraguas en ristre.

El día no está para bromas, ni en la tierra ni en el cielo.

-¡Qué barbaridad! -apostilla apesadumbrado el lehendakari Ibarretxe desde la radio.

Con lo que se retrata. En sus buenas intenciones y en su error: «bárbaro» viene de barbarus, que quiere decir «extranjero». Y en este drama no hay presencia extranjera alguna. Jesús María Pedrosa -Jexus Mari, como le llamaban aquí, en Durango- era del pueblo. («De toda la vida», me dicen, sin darse cuenta de lo terrible de la expresión, habida cuenta de las circunstancias). Y quienes lo han matado a tiros no deben de ser tampoco de muy lejos.

Me acerco al domicilio de la víctima, en el bloque de viviendas San Ignacio, número 22-3 B. Es una urbanización modesta, con edificios de ladrillo visto. Hay algún geranio en los balcones y un jardincillo por delante, en el que los arbustos dejan caer en lentas lágrimas la suave lluvia de la tarde.

Llego justo cuando el vicepresidente primero, Mariano Rajoy, y el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, salen del domicilio del difunto.

A Mayor se le ve habituado a estas situaciones. Ya ha pasado varias veces por tragedias semejantes. Rajoy camina con la mirada perdida.

Se les acerca un sacerdote bajito y de aspecto apesadumbrado. El ministro del Interior inclina la cabeza con respeto. Oigo la voz queda del cura: «Para lo que haga falta...», se ofrece. Es el obispo de Bilbao, monseñor Ricardo Blázquez.

«Un tal Blázquez», me acuerdo.

Frente a la casa del concejal asesinado, el puesto de prensa y revistas proclama: «Todos con la selección».

Durango es un bello pueblo. Incluso bajo el xirimiri. O quizá más bajo el xirimiri.

Protegidos de la fina lluvia por los enormes soportales de la Iglesia de Santa María de Uribarri, gótica del XVII, varios grupos de chavales charlan de sus cosas. Me acerco para escuchar de qué hablan hoy. Nada que ver con nada. No están ni a favor ni en contra del atentado. No están.

Quizá eso explique algo. No lo sé.

Camino hacia la plaza del Ayuntamiento, donde está reunido el Pleno municipal. Los beltzas -los antidisturbios de la Ertzaintza- vigilan a un pequeño grupo de jóvenes y no tan jóvenes que miran con desprecio a los escasos cientos que se han concentrado para mostrar su solidaridad con el concejal asesinado. Un municipal se asoma para colocar a media asta la ikurriña, la única bandera que ondea en el Ayuntamiento, regido por el Partido Nacionalista Vasco.

-Lo mismo podían colocar la española- ironiza uno.

Y es que aquí la muerte no vale nada, ni redime nada. El muerto sigue siendo igual de culpable. No se sabe de qué, pero lo mismo que en vida.

En la fachada del Ayuntamiento, adornada por las pinturas de unos angelotes grotescos, una pancarta oficial: Bakea behar dugu. Necesitamos la paz. En un mirador próximo, otra pancarta: Euskal presoak, Euskal Herrira. Los presos vascos, a Euskal Herria. Frente a frente, en medio del silencio general.

El único letrero que da nombre a la plaza dice que está dedicada a Txiki y Otaegi, en recuerdo de los dos militantes de ETA -Juan Paredes Manot y Angel Otaegi- ejecutados por el franquismo el 27 de septiembre de 1975.

Nadie habla abiertamente de la tragedia del día. Las conversaciones en voz alta son sobre cualquier otra cosa. La palma en los bares se la lleva el Osasuna, que sube a Primera División.

Radio Euskadi comenta que compartirá categoría con el Athletic, la Real y el Alavés.

En el batzoki [local del PNV] que frecuentaba a diario Jexus Mari Pedrosa, el camarero comenta que solía tomarse «unos vermús» allí casi a diario y que hablaba con todos. Dice que «hacías amistad, quieras que no».

No deja caer ese «quieras que no» a título de desprecio alguno. Es un «quieras que no» freudiano. Una disculpa inconsciente que formula para justificarse por haber hecho buenas migas con «uno del PP».

Pedrosa era del Partido Popular. Pero, mucho antes -y mucho más- fue un ciudadano de Durango, perfectamente integrado en y con su pueblo. Cuando aún era trabajador en activo, se afilió a ELA, el sindicato vinculado al Partido Nacionalista Vasco.

Todavía mantenía al día su carné de miembro del sindicato nacionalista. En sus declaraciones públicas, los líderes del PNV no se olvidan de recordarlo, y transmiten su pésame a la familia, a sus amigos, a sus compañeros de partido... y a sus compañeros de sindicato.

Pedrosa era uno de los cuatro concejales del Partido Popular en Durango. Miro el puñado de manifestantes que se han congregado en la Txiki eta Otaegi Enparantza y me pregunto dónde están los miles de ciudadanos de Durango que le dieron su voto. ¿No les ha importado lo sucedido? Claro que sí.

Tienen miedo. No se manifiestan porque tienen miedo. Las conversaciones sobre lo ocurrido se llevan en voz baja porque nadie quiere ser fichado.

Aquí hay ahora mismo demasiada gente que ficha.

Es difícil que fuera de Euskadi se entienda esta mezcla -extraña, casi onírica, surrealista- de maravilla y de espanto, de belleza y de horror, de calidad de vida incomparable y de opresión inaguantable.

Quien se coloca en un bando, quien se define, no elige sólo una opción política: opta por unos amigos, unos bares, un ambiente, un modo de vida. Cambiar de criterio sobre la marcha equivale a renunciar a casi todo. Jesús María Pedrosa puso todo su empeño en ser transversal: pensaba como el PP, quería ser amigo de los del PNV, acudía de forofo a todos los acontecimientos deportivos locales, txikiteaba con todos. ¿Uno del Partido Popular, amigo de todos? Es harto posible que eso fuera lo que le hizo ocupar el número uno de la lista de los ejecutables.

Se empieza por aceptar tipos como él y se acaba por no distinguir entre los verdaderos abertzales y los españoles infiltrados.

Conté al principio lo que la vieja señora del paraguas le dijo a su amiga en Durango, casi como si tradujera directamente del euskara:

-Yo, lo primero, ni creérmelo.

Pero no conté lo que su amiga, con los ojos vidriosos, al borde del llanto, le respondió en un tenue susurro:

-Apaga y vámonos.

Hay un aire de desánimo y de tristeza infinita. En Durango, y en Bilbao, y en San Sebastián. Cada vez son más en esta tierra, nacionalistas y no nacionalistas, los que parecen estar deseando apuntarse a eso: apaga y vámonos.

Apaga, para que no se vea, que es de vergüenza.

Y vámonos, pero no a otra parte, sino a llorar, a maldecirnos a nosotros mismos.

Este es un pueblo atrapado en una espiral macabra que se retroalimenta constantemente: de un lado, ellos; del otro, nosotros. En donde ellos son unos, y nosotros, los de enfrente. Pero hace tiempo que unos ellos, enarbolando sus jirones de verdad, han decidido que los otros ellos merecen morir.

Y que, además, una vez muertos, merecen ser tildados de asesinos.

En el cine Zugaza, junto a la Gaztetxe [Casa de la Juventud] ocupada, con los balcones pintados de alegres colores, el público sacaba entradas ayer por la tarde para ver una película de título extrañamente adecuado: El Arte de Morir.

Jesús María Pedrosa cultivó el arte de vivir.

Murió de la única manera que pudo: como le dejaron.

El asalto a la razón
VICTORIA PREGO El Mundo 5 Junio 2000

DURANGO (VIZCAYA).- Cuando en determinadas ocasiones, y ésta es una de ellas, las palabras se esconden detrás de la desesperanza, entre la tentación del silencio y la del grito, conviene apelar al oficio y buscar refugio en un mínimo esfuerzo de análisis.

El caso es que estamos donde siempre estuvimos, donde nunca hemos dejado de estar. El caso es que ni la tregua sirvió para nada más que para engañarnos ni la apuesta independentista del PNV sirvió para tirar de Herri Batasuna hacia el campo de la civilización política, ni la obcecación del Gobierno del lehendakari, Juan José Ibarretxe, ha permitido ni por lo más remoto atisbar ninguna vía que nos permita salir a todos -a todos, no sólo a los vascos sino a todos nosotros- de este pantano de desánimo en que el riesgo de una retirada moral y la asunción del fracaso se hacen especialmente presentes en días como éste. Pero todos sabemos que sólo la tenacidad de los pacíficos y de los demócratas podrá al final doblar el brazo de quienes buscan exactamente eso, dominar algún día sobre una sociedad enferma y envenenada de miedo y de locura.

En uno de esos comunicados que acabarán constituyendo la base de estudios políticos sobre las formas contemporáneas de totalitarismo, Euskal Herritarrok se definió con toda impudicia ayer sin saberlo cuando dijo lo siguiente: «Planteado el asalto definitivo a la razón, seamos capaces de llevar a la práctica los mecanismos necesarios para profundizar y hacer respetar la palabra y la decisión de este país». Planteado el asalto definitivo a la razón. No se puede ser más explícito, más espantosamente claro. Por eso, porque están en el asalto pirata a la razón más elemental, a Jesús María Pedrosa Urkiza le mandaban pasquines en los que se le decía: «Tú no eres inocente». No eres inocente por existir, por no guardar silencio, por no hincarte de rodillas, por no mirar para otro lado. No era inocente el inocente. Su cadáver ha permanecido hoy, esperando al juez, durante casi cuatro horas sobre una acera de las calles de Durango. Y aunque resulte una imagen macabra, el cuerpo sin vida del concejal del PP y el de cualquier otra víctima de los asesinos de ETA están empezando a convertirse en la estatua de ese País Vasco que ETA quiere y que otros le toleran, una de esas nuevas estatuas de bronce que aparecen de vez en cuando en las calles de las ciudades españolas. Sólo que éstas, las de las víctimas del terror, son siempre estatuas yacentes que quedan en nuestra memoria, una tras otra, casi idénticas, cubiertas por una sábana empapada de sangre.

Esa es la imagen fija de la construcción nacional que ETA exige a tiros y sus cómplices buscan con «el asalto definitivo a la razón». Todo sigue como siempre estuvo pero cada vez es peor. Hay una banda terrorista que mata porque es la única manera que tiene de seguir sobreviviendo. Se trata de un grupo de asesinos que no van a dejar de asesinar pase lo que pase en un País Vasco al que están dispuestos a hundir para salvarse a sí mismos y que sistemáticamente, con precisión de relojero, cierran todos los caminos posibles a quienes, como Xabier Arzalluz o Joseba Egibar, soñaron un día que podrían certificar el fin de este proceso de muerte alimentado por la banda a cambio, creyeron ellos, de salir victoriosos en la defensa de su opción política. Paz a cambio de independencia, de «construcción nacional» dirían ellos. Ese fue su sueño pero hace ya demasiado tiempo que se han topado con la realidad. Saben que su intento político se ha saldado con este otro resultado: muertes a cambio de muertes, muertes a cambio de nada. Y, sin embargo, no se mueven.

Hay un partido que no tiene salida y ése es el PNV. A ETA no le ha valido la ruptura de los peneuvistas con su vieja lealtad al Estatuto, ya que no a la Constitución que lo hizo posible. No le ha valido su ruptura con los partidos no nacionalistas. No le ha valido su abandono del marco institucional y el arriesgadísimo paso que dio a la hora de defender Lizarra y la famosa Udalbiltza, asamblea de electos sobre la que Herri Batasuna quiere construir «una nueva patria vasca». Todos los esfuerzos que los dirigentes del PNV han hecho por congraciarse con los terroristas, sea en negociaciones directas sea en embajadas oficiosas a base de intermediarios, se han saldado con un fracaso tanto más espeluznante cuanto que el partido nacionalista ha ido abandonando el terreno de la racionalidad política, del sentido común de la historia y de la realidad internacional, para internarse en un pantano del que no puede ya salir.

Y todo eso a cambio de un fracaso político clamoroso salpicado de sangre. Este sí que ha sido un viaje a ninguna parte. O, lo que es mucho peor, ha sido un viaje al infierno pero quien ha conducido la caravana, anestesiado ante la magnitud del desastre, sigue repitiendo como un autómata que ya se va viendo la salida del túnel. Pero no va a encontrar la salida que busca, porque el final del túnel esta precisamente en la dirección contraria.

Todavía ayer, no sé si ya hoy, el PNV soñaba con poder acercarse al PSOE y lograr algún pacto que le diera un mínimo oxígeno con el que aguantar sin convocar elecciones. Pero ETA está dispuesta a impedir eso como sea porque lo que quiere es a un PNV rehén de sus errores y lo va a mantener en ese estado hasta lograr lo que probablemente más desea: una derrota de los nacionalistas en unas elecciones vascas que empujarán de hoz y coz a un Partido Nacionalista Vasco fracasado y en la oposición al terreno de la radicalidad más batasunera.

Eso permitiría a ETA intentar definitivamente el asalto no ya a la razón sino a la convivencia social en el País Vasco hasta provocar la aparición de dos comunidades enfrentadas en una sociedad que estaría ya irremisiblemente rota por dentro. Ahí es donde la banda terrorista se haría fuerte porque sólo en ese escenario podría levantarse sobre los restos de un Partido Nacionalista Vasco políticamente desmoronado y cautivo de sus fracasos para ser la voz de ese «pueblo de Euskal Herria» enmudecido de terror.

De esta jornada trágica, una más entre tantas otras, sólo hay una novedad un poco esperanzadora: parece que esta vez, después de nuestra desolada estupefacción de ocasiones anteriores, los partidos políticos van a ahorrarnos el amargo trago de ver cómo cada uno de ellos va por su lado.

Quizá hayan comprendido que puesto que las palabras ya no importan, sólo importa la fuerza de las voluntades de los ciudadanos vascos. Y que esa fuerza se ve en la calle, cuando todos los ciudadanos decentes caminan juntos pidiendo lo mismo: libertad.

El legado de Caín
ERNESTO LADRON DE GUEVARA El Mundo 5 Junio 2000

En el momento de escribir esto no sé si la repugnancia me va a permitir hilvanar ideas con una cierta coherencia. Cualquier persona que cuide su propia dignidad humana tiene, necesariamente, que sentir asco, hastío y amargura de ver cómo es posible en nombre de pretensiones totalitarias y profundamente atávicas eliminar a ciudadanos honestos, cuya conducta está guiada por convicciones intensas y por valores morales dignos de todo reconocimiento como servir a los demás y defender la libertad.

Por eso han matado a Jesús María Pedrosa. Por eso mataron a José Luis López de Lacalle. Por eso mataron a Fernando Buesa y a su escolta y seguirán matando a quien les dificulte el camino hacia el totalitarismo, hacia el nazismo. El silencio es cómplice. La sociedad tiene que articular el único arma que tiene contra el totalitarismo que es la palabra y el gesto. El Estado de derecho tiene que hacer el resto.

Me decía un amigo que la sociedad estaba demostrando un cierto cansancio. Yo diría más bien aburrimiento por tantas movilizaciones sin resultado concreto. Sin embargo, los ciudadanos no podemos caer en una apatía similar a la de los corderos que esperan la llegada de su turno ante el acoso del lobo, entumecidos por el miedo. Yo también tengo miedo. Sin embargo me resisto a dejar a mis hijos esta herencia. Me moriría de vergüenza al ver que mi generación no ha sido capaz de transmitirles otros valores que la degeneración de la convivencia y el abandono de las libertades colectivas a su suerte, a merced del tirano. No puedo hacerlo. No puedo quedarme impasible ante el mal. La vida no tiene sentido si no se ejerce con dignidad. Por eso me rebelo. No puedo. No debo ser cómplice con mi silencio.

¿Y los nacionalistas a qué esperan? Me resulta insultante que ante los cuerpos sin vida de nuestros ya héroes del pacifismo Fernando Buesa y su escolta y José Luis López de Lacalle, la única preocupación de los nacionalistas fuera el defender la imagen desvencijada de su lehendakari y encontrar una excusa a su inasistencia a la última manifestación de Bilbao argumentando que se les acusaba de colaboradores del nazismo por el Foro de Ermua. ¿Tan poca talla humana, tan poca dignidad como seres humanos pueden tener? ¿Tan poca sensibilidad? O es que se han sumado a los que consideran su cruzada una guerra. Guerra unilateral. Por favor, los que declaran una guerra contra el Estado y sus ciudadanos libres tienen que tener en cuenta que es su guerra no compartida por la inmensa mayoría de la ciudadanía, que lo único que quiere es paz y libertad. ¿A qué esperan los líderes nacionalistas para darse cuenta de la terrible decadencia moral y social en la que están incursos, de que entrar en barrena en un proceso de degradación en los valores básicos de la convivencia es fácil, lo difícil es salir de ella? ¿Cuándo acabaremos con tanta inmundicia? Si ellos quisieran...

Ernesto Ladrón de Guevara es miembro del Foro de Ermua.

Terrorismo y libertad vigilada
José Luis Manzanares La Estrella 5 Junio 2000

A la sombra del terrorismo, y con el loable deseo de contribuir a su desaparición, proliferan, como setas en tiempo lluvioso, las más variadas iniciativas. Nada hay que decir sobre aquellas respetuosas con la Constitución y las leyes. Sí procede, por el contrario, advertir sobre la necesidad de modificar el marco legislativo para aplicar otras. Y tampoco estará de más destacar los particulares rasgos de algunas propuestas, como la recientemente patrocinada por el presidente de los socialistas vascos: la libertad vigilada para los terroristas cuando ETA deje las armas, bello eufemismo para el cese de los asesinatos.

No se indica si su concesión sería poco menos que automática, inmediata y extensiva a todos los criminales, pero es obvio que la banda no reaccionará nunca ante una oferta de la que queden excluidos sus más cualificados matarifes. Podrían demorarse un poco los beneficios, pero sólo para cubrir las apariencias. Eso sí, se subraya que si ETA retornara a las andadas, los beneficiarios volverían a los centros penitenciarios.

La Constitución española prohíbe los indultos generales y silencia las amnistías. La opinión general considera que estas últimas ya no caben en nuestro ordenamiento y, en todo caso, así lo entendió el nuevo Código Penal, que se ocupó de los indultos individuales pero no de las amnistías. De otro lado, el cumplimiento de las penas de prisión prevé tanto un tercer grado, durante el que únicamente se acude a la cárcel para dormir, y un cuarto grado o libertad condicional, con o sin reglas de conducta, que es una libertad real y sólo se revoca si se infringen tales reglas o se delinque de nuevo. La libertad vigilada no existe actualmente. Además, se compagina mal con un Estado de Derecho, habría que regularlo por ley y volvería lastrada de connotaciones franquistas.

El Servicio Nacional de Libertad Vigilada fue creado el 12 de mayo de 1943 para observar la conducta político-social de cuantos, habiendo sido condenados por actividades relacionadas con el comunismo, se les hubiere concedido la libertad condicional. La libertad vigilada ni era pena, ni sustituía a ninguna pena, ni tenía carácter autónomo. Sólo operaba como una medida complementaria respecto al grado último de cumplimiento de las penas de prisión. No resulta muy atrayente reavivar una institución destinada a la defensa de un régimen dictatorial.

Los condenados por los crímenes de ETA son delincuentes comunes que, una vez cumplidas sus penas de prisión, engrosan el común de la ciudadanía. La libertad condicional, con posible acompañamiento de reglas de conducta, puede disfrutarse en todas las penas de prisión, sin distinción entre las personas de los condenados. Lo decisivo son los avances individuales en el proceso resocializador, aunque éstos puedan depender hasta cierto punto de los movimientos del colectivo matriz. Subordinar el “disfrute” de la nueva pena a la actitud que en cada momento adopte la banda criminal conculcaría las más elementales exigencias de un Derecho penal personalísimo que no admite instrumentaciones. Cada penado responde por sí mismo, y sin intermediarios, tanto de la pena merecida como de las incidencias legales en su cumplimiento.

El indulto es otra cosa. Su concesión corresponde al jefe del Estado tras la propuesta del Gobierno y responde a razones de justicia, equidad o –lo que aquí nos interesa- de utilidad pública. Pueden establecerse condiciones, pero éstas han de referirse también al indultado y no a terceras personas, agrupaciones o bandas armadas. Cuidado, pues, con las novedosas fórmulas en tan delicada materia.

El quinto crimen
Pablo Sebastián La Estrella 5 Junio 2000

Cuando todavía resuena en nuestra memoria el eco de los disparos que derribaron sin vida y a las puertas de su casa al periodista José Luis de Lacalle; mientras los responsables de Interior de los gobiernos de Madrid y Vitoria siguen con su polémica sobre la colaboración de las fuerzas de seguridad en la lucha contra ETA; en el momento en el que aún permanecen enfrentamientos entre partidos democráticos de los españolistas y los nacionalistas; mientras todo ello continúa más o menos como estaba, desde hace meses, ETA mantiene el ritmo implacable de su ofensiva callejera, chantajista y criminal.

ETA ha vuelto a asesinar, esta vez a un concejal del PP en Durango, Jesús María Pedrosa, un hombre bueno, leal, querido en su pueblo, un trabajador afiliado al sindicato nacionalista ELA, un político amenazado, que vivía bajo amenaza de muerte y que no quiso irse de su pueblo, "de Durango al cielo decía, pero de Durango no me voy".

Un joven vestido de negro identificado por un testigo presencial y familiar de la víctima salió de un coche a cara descubierta, se le acercó por detrás a Jesús María Pedrosa y le descerrajó un disparo mortal en la cabeza. Luego huyó con su compañero de comando. Después vinieron las noticias urgentes, la visita del lehendakari Ibarretxe al lugar de los hechos, el viaje de los miembros del Gobierno, vicepresidente, varios ministros y secretario general del PP a Durango, comenzaron la convocatorias de protestas pacifistas y, a la vez, se iniciaron los reproches y acusaciones entre los demócratas.

Un debate conocido que no conduce a nada salvo a darle el placer a ETA del espectáculo y que en nada soluciona la seguridad del resto de dirigentes políticos del PP en el País Vasco, o de dirigentes del PSOE como Buesa, o de los periodistas e intelectuales como López de Lacalle, sean de la derecha, centro o izquierda, hayan sido o no luchadores contra la dictadura o miembros del sindicato nacionalista ELA, como es ahora el caso de José María Pedrosa.

ETA no distingue de ideologías, busca una diana fácil, sencilla, sin riesgo para los matones, que esté desprovista de protección policial, llega, mata y se va, dejando tras de sí un reguero de dolor y una extraña sensación de impotencia al conjunto de la sociedad. De una sociedad que hoy está dividida y cuya unidad no se va a lograr a base de reproches de unos contra otros porque después de tantos asesinatos, cinco desde el fin de la tregua, los seguidores del nacionalismo y del españolismo han abierto un abismo entre esas dos orillas. Un abismo sobre el que nadie parece querer extender un puente de diálogo y unidad.

En esta crisis fallan muchas cosas. Falta la eficacia policial de las fuerzas de seguridad tanto estatales como autonómicas, las que, desde la ruptura de la tregua, no han detenido a ninguno de los comandos que actuaron. Se ha desvelado un problema de confianza entre las policías de una y otra parte que, sumada a la tensión política y a la ineficacia policial, nos sitúa a todos en un callejón sin salida y a no pocos españoles en el punto de mira de las pistolas de ETA.

Hasta cuándo los políticos y las fuerzas de seguridad van a seguir con sus disputas en vez de encontrar medios eficaces para acabar con la fractura social. ¿Cómo lograr la unidad mientras se insultan unos y otros? ¿Cómo lograr eficacia policial si la desconfianza impera entre los dos gobiernos, los dos partidos que los ostentan, el PP y el PNV, y entre los dos responsables de los departamentos de Interior.

El PNV se equivocó pensando que el Pacto de Estella abría una puerta de paz, el Gobierno del PP se equivoca agrediendo sin parar al PNV para que, en medio de esa continua agresión que rechaza la sociedad nacionalista y que sólo logra el aplauso de los convencidos españolistas, sea aún mas difícil el regreso del PNV al marco constitucional de las fuerzas democráticas.

Acaso no es posible un diálogo entre los demócratas? PNV y PP, en los pasados meses, se han entrevistado con ETA y han desbrozado posibles caminos de paz que luego resultaron opacos e imposibles. Pero si son capaces de hablar con ETA ¿por qué no hablan entre sí? ¿Por qué usan estos crímenes para aumentar la división social y empeorar la cooperación y la eficacia policial? Hay que hacer algo más, desde el campo de la política y desde campo policial, algo más que discrepar. De lo contrario van a seguir muriendo inocentes, de uno y otro lado, de cualquier ideología, partido, periódico o sindicato, sin cesar. Sin que veamos una luz de esperanza al final del túnel, metidos unos en la intransigencia o en la ceguera política y los otros en la locura criminal. Después de este quinto crimen, tras la tregua, todo no puede seguir igual.

El Foro de Ermua acusa a Ibarretxe de «apartar la mirada» cuando mata ETA  
BILBAO / MADRID. ABC   5 Junio 2000

Tras conocer el nuevo atentado de ETA, el presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, expresó su tristeza porque «la situación no parece que vaya a mejorar». Y, en su opinión, la culpa no es sólo de ETA ya que ésto ocurre «cuando el Gobierno vasco no gobierna; cuando hay un lendakari que aparta la mirada cuando ocurre un atentado; o cuando el PNV no hace nada por desvincularse de los etarras y sus seguidores».

«Nos encontramos ante una caza del hombre no nacionalista —dijo—, en la que intentan cazarnos con una limpieza étnica en toda regla. Un día es un dirigente popular, otro un socialista..., en definitiva, los que defendemos un País Vasco de convivencia».

Vidal de Nicolás sostuvo que «ésto se ha convertido en una ruleta rusa, en la que una banda de desalmados, que es ETA, se ha convertido en epígono del nazismo alemán». «El País Vasco —destacó— es un Estado bosniaco en el que los no nacionalistas estamos perseguidos por los serbios de ETA». De Nicolás concluyó expresando su pesar por el asesinato del concejal del PP en Durango Jesús María Pedrosa y envió a toda su familia un mensaje de condolencia.

AVT: NUEVO BOFETÓN
El Foro de Ermua ha convocado para hoy a las ocho de la tarde concentraciones en las tres capitales vascas en señal de repulsa por el atentado: en San Sebastián, será en la Plaza del Buen Pastor; en Bilbao, en la Plaza Moyúa; y en Vitoria, en la Plaza Correos.

El portavoz de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), Juan Antonio Corredor, calificó por su parte de «nuevo bofetón a la sociedad y a la democracia» el último asesinato perpetrado por los terroristas de ETA. Corredor, que dijo estar «harto de tener que hacer siempre las mismas valoraciones», expresó su crispación diciendo que «es una verdadera barbaridad y no admite más calificativos», subrayó.

Al igual que el Foro de Ermua, la AVT apuntó directamente hacia el PNV criticando su actitud de los últimos días por provocar continuos enfrentamientos de la Consejeria de Interior del Gobierno vasco con el Ministerio del Interior. «El discurso del PNV de culpar a las Fuerzas de Seguridad del Estado juega a favor de ETA», argumentó el portavoz de la AVT.

ETA asesina a un concejal del PP en Vizcaya
ETA asesinó ayer de un disparo en la cabeza al concejal del PP de Durango (Vizcaya) Jesús María Pedrosa, de 57 años, un veterano de la política municipal que también militaba en el sindicato nacionalista ELA. Pedrosa, que había rehusado llevar escolta pese a haber recibido amenazas del entorno de ETA, es la quinta víctima mortal tras la ruptura de la tregua y el octavo concejal del PP asesinado. El lehendakari Juan José Ibarretexe ha convocado para hoy paros silenciosos ante las instituciones vascas y se sumará a los actos de repulsa que promuevan el PP y ELA. Por su parte, el vicepresidente primero, Mariano Rajoy, reclamó ayer que las bases del PNV exijan a sus "enloquecidos dirigentes" que rompan con ETA.
NAIARA GALARRAGA, Bilbao El País 5 Junio 2000

ETA volvió ayer a atacar al corazón del Partido Popular, 21 días antes de que se cumplan dos años del último asesinato de un representante público de la formación conservadora. El concejal popular de Durango (Vizcaya) Jesús María Pedrosa Urquiza, de 57 años, casado y padre de dos hijas, fue asesinado a las 13.20 de ayer en una céntrica calle de esa localidad, de la que era edil desde 1987. Pedrosa, quien no llevaba escolta por decisión propia, iba a realizar su ronda de poteo diaria cuando un activista le disparó un único tiro en la cabeza. El concejal asesinado era uno de los cuatro que el PP tiene en Durango, una ciudad de unos 23.000 habitantes, que queda a medio camino entre las tres capitales vascas. Además de al PP, Pedrosa estaba afiliado al sindicato nacionalista ELA, al igual que su esposa, Mari Carmen Hernández, y su hija Ainhoa (la otra se llama Estíbaliz), según recordó ayer el secretario general de la central, José Elorrieta.

Una ambulancia de la asociación de ayuda DYA acudió de inmediato al lugar de los hechos y después se le sumó una unidad medicalizada del Servicio Vasco de Salud. Durante media hora hicieron todo lo posible por reanimarle, según explicaba un testigo veinteañero junto a las cintas con las que la Ertzaintza acordonó la zona. Todos los intentos de reanimarle resultaron infructuosos. Una hora después, un sacerdote le daba la extremaunción.

Pedrosa, primer concejal del PP asesinado tras la ruptura del alto el fuego etarra, es el octavo edil popular que mata ETA en cinco años y medio. Como la última vez, en el asesinato del veterano antifranquista y fundador del Foro Ermua José Luis López de Lacalle, la banda eligió un domingo para actuar. Ayer era la hora del aperitivo, una costumbre diaria para el edil del PP. "Era cliente nuestro, venía a menudo. Era muy, muy conocido en el pueblo. Por lo visto venía para aquí", recordaba el dueño de una cafetería situada enfrente del lugar donde quedó tendido el cadáver.

Uno de los testigos presenciales del atentado era familiar de la víctima. Según su declaración, el pistolero era un hombre joven, vestido con ropas oscuras que actuó a cara descubierta, según fuentes de la investigación que cita la agencia Efe. El autor del disparo huyó a pie por una calle que hace esquina con el lugar donde cayó muerto el concejal y se montó en las inmediaciones en un coche blanco. Dentro le esperaba, según el mismo testigo, otro joven vestido también de oscuro. El Departamento vasco de Interior rehusó ayer dar su versión de los hechos, aunque la televisión vasca ETB informó de que el delegado del Gobierno, Enrique Villar, había comentado a un familiar del concejal que el asesino había sido reconocido..

La última víctima de ETA era un hombre de costumbres fijas. Dedicado en exclusiva a las tareas municipales tras abandonar la empresa en que trabajaba por razones de salud, cada día hacía la ronda por los mismos bares. Ayer por la mañana había acudido a presenciar una competición de baloncesto tres por tres en la plaza Ezkurdi, según explicó una amiga que se encontró allí con él.

Múltiples amenazas
Esta mujer de mediana edad, quien, como el resto de los amigos y conocidos del edil prefiere que su nombre no sea publicado, dijo que, una vez concluido el partido, Pedrosa dejó el lugar y se marchó hacia su casa, situada a un kilómetro de distancia.

El concejal cayó asesinado a mitad de camino. No quería que un escolta policial o un guardaespaldas privado le tuviese que acompañar a todas partes. Tuvo protección durante un tiempo, antes del alto el fuego de septiembre de 1998, cuando ETA se fijó en los concejales del PP como objetivos preferentes. Pero, tras una temporada, pidió que se le retirase, explicaron a las puertas de la casa de la víctima varios compañeros de partido. Como el resto de los representantes municipales del PP de Durango, había recibido múltiples amenazas.

El Día de los Inocentes de 1998, apenas tres meses después de que ETA declarase su tregua, miembros de Gestoras pro Amnistía se concentraron frente a su casa. Subieron a su piso, un tercero, y le dejaron una carta en la que le acusaban de ser el responsable de la dispersión de los presos de ETA. También colgaron allí el tradicional monigote de los inocentes con la leyenda "Pedrosa, tú no eres inocente".

Los compañeros de poteo de Pedrosa deambulaban ayer como perdidos entre el lugar del atentado y el domicilio del edil. "Nunca hablábamos de política, sino de lo que surgía", explicaba una señora a las puertas de la vivienda. La familia se afanaba estos días por preparar la boda de la hija mayor con el hijo de un militante del PNV de la localidad. Será el día 22, celebración de Santa María Magdalena. Precisamente así se llamaba el barrio donde se cometió el crimen. La familia ha decidido mantener la fecha de la boda "porque la vida sigue".

El lugar donde Pedrosa recibió el disparo es un cruce de cuatro calles, una de las cuales enlaza directamente con la salida hacia la autopista A-8 Bilbao-Behobia. Muy cerca está la estación de Renfe, que la Ertzaintza inspeccionó. Fuentes de la lucha antiterrorista apuntaron ayer que es probable que los activistas pertenezcan a un grupo del comando Donosti. El comando Vizcaya recibió un duro golpe en enero pasado, después del Cuerpo Nacional de Policía desbaratase un intento de atentado contra una patrulla de la Guardia Civil.

El también concejal del PP del Durango Juan José Gaztañazatorre figuró como posible objetivo de los terroristas en la documentación incautada en abril de 1998 tras la detención allí de Gorka Fraile, acusado de pertenecer a un comando legal (no fichado) de ETA. Fraile ingresó en prisión pero ahora está en libertad provisional a la espera de juicio, según confirmaron a Europa Press fuentes penitenciarias.

El presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, fue uno de los primeros en acudir junto al cadáver. A pocos metros del cuerpo, cubierto por una sábana, se fundió en un abrazo con un edil popular de Durango. Iturgaiz hizo "un aviso a navegantes" dirigido a los nacionalistas: "A los fariseos que vengan ahora a dar pésames y dar la mano, [decirles] que ahora necesitamos que rompan sus pactos con ETA y con HB".

El delegado del Gobierno en Euskadi, Enrique Villar, recordó en referencia a la seguridad de Pedrosa que "sólo se puede escoltar a quien quiere ser escoltado". El cadáver quedó tendido en la acera hasta que pasadas las cuatro de la tarde el juez ordenó su levantamiento.

Iturgaiz encabezó la delegación del PP que acudió a casa de la víctima a visitar a su viuda. Cuando salieron, y una vez llegó el lehendakari, Juan José Ibarretxe (ambos no se cruzaron), subieron al piso representantes del Gobierno vasco y la alcaldesa de Durango, la peneuvista María Pilar Ardanza. Por la tarde llegaron el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y el vicepresidente primero, Mariano Rajoy. José María Aznar visitará hoy a la familia.

El Ayuntamiento de Durango celebró un pleno extraordinario por la tarde. La corporación está integrada por tres concejales del PP, además de Pedrosa; nueve de la coalición PNV-EA; cinco de Euskal Herritarrok y tres socialistas. Toda la corporación, salvo EH, condenó "firmemente" el crimen y calificó al edil muerto de "servidor de Durango". La alcaldesa prefería ayer "no plantearse" si mantendrá el pacto de gobierno que tiene con EH.

Concejales de EH asistieron al pleno. Su portavoz, Javier Arbeo, leyó otra nota en que dijo "lamentar" la muerte de Pedrosa y se comprometió a trabajar por la paz. Cuando Arbeo tomó la palabra, los representantes del PP y el PSE abandonaron la sala.

El Ayuntamiento convocó una concentración silenciosa a las ocho de la tarde, invitó a la ciudadanía a unirse a todas las movilizaciones de protesta y declaró tres días de luto oficial. Antes del pleno, la Ertzaintza obligó a disolverse a un grupo de simpatizantes de EH que se había concentrado ante la casa consistorial. Centenares de ciudadanos recibieron anoche el féretro en el Ayuntamiento, donde ondeaban la bandera de España y la ikurriña , entre gritos de "asesinos" y "libertad".

Ocho ediles del PP
EL PAÍS, Bilbao
Jesús María Pedrosa es el octavo concejal del Partido Popular que asesina ETA, nómina macabra que abrió el 23 de enero de 1995 un pistolero del comando Donosti cuando disparó un tiro en la nuca de Gregorio Ordóñez. El entonces portavoz popular en el Ayuntamiento donostiarra comía con sus colaboradores en un bar de la Parte Vieja de San Sebastián.

Hasta julio de 1997 la banda no volvió a matar a un edil popular. El día 10 de ese mes secuestró y asesinó fríamente al cabo de 48 horas al concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco, en un crimen que conmocionó al mundo. Desde entonces se aceleró la sangría: José Luis Caso (edil de Rentería, asesinado el 11 de diciembre de 1997), José Ignacio Iruretagoiena (Zarautz, 9 de enero de 1998); Alberto Jiménez Becerril (asesinado con su esposa Ascensión García Ortiz en Sevilla el 30 de enero de 1998), Tomás Caballero (edil de UPN-PP, muerto en Pamplona el 6 de mayo del mismo año) y Manuel Zamarreño (sustituto de Caso en Rentería, asesinado el 25 de junio de 1998, en el último atentado mortal de ETA antes de que declarase su tregua unilateral).

Todos ellos fallecieron, como Pedrosa, tiroteados por uno o varios activistas, menos Iruretagoiena y Zamarreño, que murieron destrozados por sendas bombas. La banda fracasó en otros intentos de asesinar a ediles del Partido Popular vasco durante los años 1997 y 1998.

Desde que ETA diese orden a sus comandos, el pasado mes de diciembre, de volver a actuar, el edil tiroteado ayer es la quinta víctima mortal y el segundo político asesinado, después del dirigente del PSE Fernando Buesa.

Intentan incendiar una oficina del diario 'El Correo' en Getxo
Vitoria EL PAÍS  5 Junio 2000

Dos desconocidos intentaron incendiar en el transcurso de la pasada madrugada las oficinas del periódico El Correo en la localidad Getxo (Vizcaya), una de las localidades vascas más castigadas por el terrorismo callejero.

Los hechos se produjeron a las doce y media de la noche, cuando la pareja de radicales lanzó contra la fachada de las instalaciones del diario, ubicadas en la calle de Paulino Mendibil, varios cócteles mólotov . Los atacantes escaparon luego a la carrera, pero los artefactos incendiarios no llegaron a estallar. La Ertzaintza informó de que mantiene abierta una investigación para tratar de detener a los autores del atentado.

Junto al de los cargos electos no nacionalistas, los violentos mantienen abierto un frente contra la prensa que ha afectado ya a varios medios e informadores. Entre sus últimos ataques figura el efectuado contra la vivienda de los padres de Pedro Briongos, periodista de El Correo, y los sufridos por dos oficinas de El Diario Vasco, perteneciente al mismo grupo editorial. También el domicilio del colaborador de EL PAÍS en Navarra, Mikel Muez, fue objeto de un ataque anterior. El acoso continuó con el envío a Radio Nacional en Sevilla de un paquete bomba destinado a Carlos Herrera y culminó con el asesinato por ETA, el 7 de mayo, del columnista de El Mundo y fundador del Foro de Ermua, José Luiz López de Lacalle.

Por otra parte, una oficina de Hacienda de la Diputación de Guipúzcoa resultó calcinada en Rentería el sábado a plena luz del día. El máximo responsable de la Diputación, Román Sudupe, había dado por rota su alianza presupuestaria con EH tres días antes.

Una apropiación de la Historia  
Por JOSÉ MARÍA ORTIZ ABC 5 Junio 2000

¿QUÉ pretenden los socialistas catalanes al reclamar los documentos de la Generalitat incautados en la Guerra Civil y custodiados en Salamanca? ¿Se trata de un afán de restauración histórica, o es un interesado intento de resucitar el hálito maldito de la contienda? ¿Qué dirían, a efectos investigativos, los Thomas, Preston, Payne o Jackson si tuvieran que recomponer la memoria del horror con unos jirones dispersos por el país? Y peor aún: ¿no estaremos ante un intento de apropiación de la herencia moral y política de la resistencia al franquismo?

Porque, si así es, hay que denunciar la maniobra. Es falso que el protagonismo de la oposición al golpe de Estado lo ostentara Cataluña. Y es triste observar que esa asociación de lo territorial y lo ideológico incurre en un seguidismo de la doctrina franquista: los catalanes como «malos españoles», los castellanos como «reserva espiritual». Aquella guerra no fue el linchamiento de Cataluña por Castilla, como subliminalmente se nos dice ahora, sino una confusa orgía de golpistas brutales, comunistas implacables, republicanos ingenuos y algunos pocos hombres buenos de eso que Preston ha llamado «la tercera España».

No. Cataluña no sólo no fue la única en socorrer la legalidad republicana, sino que a veces se comportó como el más fiel aliado de Franco a la hora de asaltarla. Allí vio Orwell lo que era el comunismo, y allí, espantado por el caos anarcosindicalista, escribió Exupéry: «Aquí fusilan como talan». Y en lo que vino luego, tampoco se llevó la peor parte. El nacionalismo catalán, digámoslo ya, intenta rentabilizar una represión que al lado de las 400 ejecuciones diarias de la posguerra madrileña casi fue una broma. Hace muy bien el Gobierno en negar esos documentos. No son sólo de Cataluña. Pertenecen a todos los que queremos una España en paz.

Solé Tura se ha puesto a pensar
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 5 Junio 2000

El martes de la semana pasada, con el título de "¿Elecciones en Euskadi?", Jordi Solé Tura publicó en este diario un artículo estupefaciente. Intentaré resumirlo primero por su lado menos problemático. Según Solé Tura, sería terrible que el País Vasco se viera forzado a unas elecciones a boca de perro, con el PP de un lado y las fuerzas nacionalistas, nucleadas en torno a ETA, en el frontero. Nada que objetar. Esta perspectiva es, en efecto, muy desasosegadora. Afirma el autor que resultaría celebrable una rectificación del PNV, y el abandono por el último de las pretensiones soberanistas. También de acuerdo. No pone en duda la calidad tramposa de la tregua, ni el hecho de que ello haya contaminado irreversiblemente el Pacto de Estella. Conformes otra vez. Finalmente, propone como alternativa un Gobierno entre el PSE y un PNV (y un EA) rehabilitados.

El colofón tampoco me parece malo. Se me antoja, cierto, incompleto. Si el PNV se rehabilitara, no veo un obstáculo moral de fondo para que el PP no pudiera sumarse a un avenimiento entre partidos democráticos. Pero en fin, no es cuestión de meterse en finuras excesivas, o de buscarle tres pies al gato. Demos por bueno lo dicho, y Dios nos amanezca a todos con salud. Ahora me resta explicarles por qué el artículo de Solé Tura es estupefaciente. Una razón menor es que no acierto a comprender muy bien por qué lo ha escrito. Si el PNV variara venturosamente de rumbo, podrían acometerse cosas que ahora no se pueden acometer. La idea es obvia, y no se explica el enorme esfuerzo mental que Solé Tura admite haber hecho antes de descubrirla. Lo grave, sin embargo, no es esto, sino la tesis paralela de que ETA y el PP integran fenómenos o episodios simétricos.

Según la doctrina Solé Tura, el País Vasco se ha polarizado en dos extremos, uno ocupado por los terroristas y el otro por el PP. Uno habría deseado que esta equiparación implícita de los populares con los etarras, fruto quizá azaroso de una táctica argumentativa más general, se corrigiese con recordatorios elementales: verbigracia que el PP no mata, y que está dentro de la Constitución, en tanto que ETA no lo está. Pero no, no asoma ni por un instante la frase o acotación redentora. Se diría, más bien, que Solé Tura se compromete con la opinión contraria. Hacia el final del artículo, después de haber hablado del PNV y del PSE, y de la necesidad de que lleguen a un arreglo, escribe: "Éste es el gran reto de las fuerzas democráticas". Y añade que si no se supera el reto, el País Vasco quedaría "en manos de un PP y de una ETA lanzados a una batalla insensata que precipitaría a la sociedad vasca en un abismo sin límites". Lo miremos como lo miremos, sigue llegándonos el mismo mensaje machacón: el PP es la imagen invertida, el relieve o la oquedad complementaria, de ETA.

Ahora, pongamos en marcha la máquina de sacar consecuencias. Si resulta, como en efecto resulta, que el PP está sujeto al Estado de Derecho, en tanto que ETA no lo está; si es verdad, como lo es, que responsables notorios del GAL han sido condenados a muchos años de cárcel bajo un Gobierno del PP; si ocurre, como innegablemente ocurre, que las muertes y vejámenes son obra, no del PP, sino de ETA; si todo esto es así, y pese a ello no se averiguan por parte alguna diferencias significativas entre el PP y los del pasamontañas, nos veremos obligados a concluir que el Estado de Derecho, las reglas democráticas y el respeto a la vida son factores que no pesan en la concepción de la política que en este instante cultiva Solé Tura.

Éste, por cierto, es uno de los padres de esa Constitución que ahora parece tomarse tan a la ligera. Así las cosas, prefiero suponer que Solé Tura se ha expresado mal. Vuelvo con ello a mi reflexión anterior sobre las virtudes de la parquedad. Malo es fatigar la pluma cuando no se tienen grandes nuevas que difundir. Cuando esas nuevas, además, se formulan a tontilocas, a la fatiga inútil se añade la confusión peligrosa. No hagamos remolinos, que ya baja el río demasiado revuelto.

 

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