AGLI

Recortes de Prensa   Martes 6  Junio 2000
#El culo del 'lehendakari'
FERNANDO SAVATER El País 6 Junio 2000

#Aznar
El Cascarrabias, La Estrella   6 Junio 2000

#SOLO EL FUNAMBULISMO SEPARA LA «REVISION» DE LA «RUPTURA»
Editorial El Mundo  6 Junio 2000

#Ruptura y renovación  
Editorial ABC  6 Junio 2000

#La lección de anatomía
Javier Mina, Escritor ABC  6 Junio 2000

#De los que mueren  
ALFONSO USSÍA ABC  6 Junio 2000

#Pedrosa II
ERASMO El Mundo  6 Junio 2000

#Pedrosa  
Ramón PI ABC  6 Junio 2000

#Qué pena
ANTONIO GALA El Mundo  6 Junio 2000

#Revisar
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  6 Junio 2000

#Elogio fúnebre del Partido Popular
Por M. MARTÍN FERRAND  ABC  6 Junio 2000

#La herejía de Durango
Z. RANA La Estrella  6 Junio 2000

#Cientos de vecinos y la cúpula del PP despiden al edil asesinado
NAIARA GALARRAGA, Bilbao  El País  6 Junio 2000

#Iturgaiz: «ETA, que busca una limpieza ideológica, quiere echarnos política y físicamente del País Vasco, pero no lo va a conseguir»  
BILBAO.I. Souto ABC  6 Junio 2000

#Un hermano de Pedrosa revela que ETA llamó a su casa tras el atentado
M.G, Madrid El País  6 Junio 2000

#El Foro convoca una manifestación en Bilbao
BILBAO. ABC   6 Junio 2000

#El clamor de un cadáver
FERNANDO MAURA El Mundo  6 Junio 2000

#Reunir al PSOE, PP, PNV y EA
Pablo Sebastián La Estrella  6 Junio 2000

#¿Somos todos los vascos iguales?  
Javier ROJO Vicepresidente 2º del Senado Senador socialista por Álava  ABC  6 Junio 2000 

#Envite a la chica
VICTORIA PREGO El Mundo  6 Junio 2000

#El preso del ataúd
JAVIER ORTIZ El Mundo  6 Junio 2000

#Asesinados y asesinos
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País  6 Junio 2000

#Tinta o sangre
FERNANDO L. AGUDIN El Mundo  6 Junio 2000

#El modelo catalán  
Por Pablo PLANAS  ABC  6 Junio 2000



El culo del 'lehendakari'
FERNANDO SAVATER El País 6 Junio 2000

Cuando yo era mozo y corría delante de los grises o acababa malamente en comisaría, respetables amigos de mis padres comentaban que ellos no creían que Franco fuese un santo, pero "vosotros queréis traernos lo de Rusia"; era vano indicarles que reclamábamos partidos políticos, libertad sindical y prensa sin censura, bienes de los que Rusia no andaba precisamente sobrada. Ellos meneaban la cabeza, que no, que no, ni lo uno ni lo otro. También cuando Hitler subió al poder, apoyado incluso por votos comunistas, muchos le reconocían como un antisemita sin escrúpulos pero señalaban al punto -hay que ser justos y equilibrados- que el poder de los judíos en la banca, la universidad, el arte, etcétera... había llegado a ser agobiante. De modo que ni con el uno ni con los otros. Cuando Jomeini dictó la fatwa contra Salman Rushdie, las personas equilibradas -llamémosles "los equilibristas", para entendernos mejor- repudiaron esa incitación al asesinato, si bien observaron a continuación que no se debe ofender a los creyentes y que había mucho de arrogancia occidental en el revuelo que se montó en torno al asunto. En cuanto a lo de Cuba, bien claro está: cierto que Fidel Castro se está pasando un poco en su afán de perpetuarse en el poder últimamente y que diecisiete mil presos políticos a lo largo de los últimos veinte años parecen a primera vista una cifra abultada, pero la oposición anticastrista de Miami es una mafia vendida el capitalismo yanqui y a los curas, como demuestra la historia de Eliancito, de modo que ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Etcétera, etcétera...

En el País Vasco, los números de equilibrismo que estamos viendo habrían enorgullecido incluso a Pinito del Oro. Jordi Solé Tura -¡qué cosas!- se muestra preocupado porque quedemos atrapados en las intransigencias simétricas de ETA y del PP. Por lo visto y oído a ciertos cráneos privilegiados, tan grave es el fascismo asesino de quienes dialogan a tiros como el "seguidismo" del PSOE junto a su rival político constitucional: no perdamos el norte, aunque no sepamos dónde está. Tras la enésima destrucción de la oficina de Hacienda en Rentería, Sabin Intxaurraga, responsable -si así se le puede llamar, exagerando un poco- de Justicia en el Gobierno Vasco, condenó la tropelía "porque sólo sirve a los intereses electorales del PP, lo cual demuestra que los extremos se tocan". Claro, lo verdaderamente grave de ETA no es lo que ellos pretenden imponer, sino que favorecen al proyecto político de los auténticos enemigos del pueblo vasco. Tras la resolución tomada en el Parlamento vasco hace unos días solicitando redoblar los esfuerzos para acabar con la violencia cotidiana y proteger a las personas amenazadas, en cuya votación se abstuvieron el PNV y EA, el recién nombrado portavoz peneuvista Juaristi comentó que se trataba de un "brindis al sol", porque la kale borroka (y supongo que por extensión el resto del terrorismo) no acabará "hasta que se resuelva el problema político de fondo".

Entiéndase: hasta que se resuelva a gusto de los borrokistas y terroristas, que son los que tienen que decidir cuándo se dan por satisfechos. Y en la campaña de prensa de Deia y aledaños contra el nombramiento como Defensor del Pueblo de Enrique Múgica no deja de mencionarse su actitud contraria al nacionalismo vasco, quizá motivada por el casual asesinato de su hermano por el brazo armado de esa noble ideología, lo que le resta la debida objetividad que su cargo exige. De modo que nada, ni con unos ni con otros, ni frío ni calor, cero grados, ni quito ni pongo rey... pero ayudo a mi señor.

En una tormentosa sesión parlamentaria, hace bien poco, un exaltado mandó al lehendakari Ibarretxe a tomar por culo. Es una forma grosera de decir "nos tiene usted hartos", como llamar al ministro del Interior "dictadorzuelo de república bananera" equivale, con no menor atropello verbal, a indicar que sus explicaciones no convencían a quien así le designaba. La mención al culo del lehendakari suscitó lógicas protestas: ETB, siempre atenta al calor humano de la noticia, dedicó a la efeméride mayor espacio que a algunos acontecimientos más sanguinarios. Y se habló de nuevo de que no se pueden deslegitimar las instituciones vascas, esas que tan evidente respeto despiertan en la izquierda abertzale, intermitentemente aliada con el presente Ejecutivo, hasta el punto de proponer sistemas para abolirlas un día sí y otro también.

Pero ¿somos los no nacionalistas deslegitimadores del Gobierno o es el propio Gobierno vasco, actuando más como nacionalista que como administrador político de todos, quien nos deslegitima constantemente a los que no mostramos suficiente interés en su pretendida construcción nacional? ¿Es de veras legítimo, no en la retórica, sino en la práctica de lo posible, ser vasco no nacionalista y no morir en el intento? ¿No es acaso la obligatoriedad de la construcción nacional, que pasa por la destrucción de la nación realmente existente, la primera y fundamental coartada de quienes matan, incendian, agreden, extorsionan y demás lindezas?

El lehendakari ha expresado su piadoso deseo de que nadie utilice el último crimen de ETA para "aumentar la crispación social". Hombre, supongo que no esperará que sea un paso hacia la reconciliación definitiva, sobre todo cuando él -que tanto lamenta ese asesinato- sigue apoyando y apoyándose en Lizarra, Udalbiltza y demás fantasmagorías recomendadas por ETA o servicios auxiliares en sus diversos comunicados. Desde luego, comprendo que lo nefasto de esa ejecución a sangre fría es lo mucho que favorece a los intransigentes del PP: son tan malos que hasta se dejan matar para poder seguir haciéndose peores. No me extrañaría que la mano cruel de Mayor Oreja estuviese detrás de esta jugada... Además, este último asesinado, como el anterior, era una clara muestra de la incompatibilidad entre españolistas y nacionalistas vascos: el uno estaba casado con una nacionalista y el otro poteaba en el batzoki, era afiliado al sindicato ELA y estaba a punto de convertirse en consuegro de otro peneuvista, además de reivindicar arrogantemente su derecho a pasearse por su ciudad de toda la vida como si fuese inocente. Cuando bien evidente resulta que no lo era, porque por culpa de gente como él están en la cárcel lejos de sus amatxos una serie de gudaris que hicieron ayer con otros no menos malvados lo que sus verdugos justicieros han hecho hoy con él. Nada, que los suelten a todos para empezar a reconciliarnos y que amnistíen antes de cogerlos a quienes le mataron a él, a José Luis López de Lacalle y a los que preparan el próximo atentado. Hay que ser realistas y ceder ante lo imposible, lo indecible y lo indecente.

Señor Ibarretxe, yo no quiero que le den a usted por culo. Pero si tal trance le acaeciese, créame, no es tan malo como parece: se repone uno pronto y hay hasta quien disfruta y todo. Que le peguen a uno cuatro tiros o que le pongan un coche bomba, eso ya es harina de otro costal. No tiene vuelta atrás. ¡Cómo le envidio, señor Ibarretxe, a usted y a quienes sólo tienen que proteger su culo de los desaforados! Los demás, ya ve usted, estamos preocupados por salvar la nuca, que es más frágil. Compréndanos y no nos deslegitime del todo... Fernando Savater es catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense.

Aznar
El Cascarrabias, La Estrella   6 Junio 2000

Emocionante encuentro de Aznar con la familia del concejal asesinado por ETA Jesús María Pedrosa;  y notoria presencia del PNV y del Gobierno vasco en la gran manifestación pedida por el PP. Son tiempos muy difíciles en los que urge un firme liderazgo político que, desde la inteligencia y la generosidad, dé un vuelco a la crisis vasca. Éste debe ser hoy día el papel del presidente del Gobierno de España, José María Aznar.

SOLO EL FUNAMBULISMO SEPARA LA «REVISION» DE LA «RUPTURA»
Editorial El Mundo  6 Junio 2000

Algo se mueve en el País Vasco. 24 horas después del asesinato de Jesús María Pedrosa, concejal del PP en Durango, PNV y EA anunciaron que están dispuestos a «revisar» los pactos que mantienen en 13 ayuntamientos con EH, ya que, en palabras de Josu Bergara, diputado general de Vizcaya, «no podemos continuar en las instituciones con quienes dan cobertura política a quienes matan».

No hay duda de que, cada día que pasa y cada asesinato que comete ETA, resultan más impresentables los acuerdos de los dos partidos nacionalistas moderados con EH, el brazo político de la organización terrorista. Ayer, militantes del PNV como Ardanza, Sodupe, Azkuna y el propio Bergara volvieron a alzar sus voces, pidiendo, explícita o implícitamente, la ruptura del Pacto de Lizarra.

¿Está dispuesta la dirección del PNV, personificada en Arzalluz y Egibar, a escuchar dichas voces y encaminarse hacia una estrategia gradual de ruptura con EH? Cabe albergar serias dudas.

En primer lugar, la propia ambigüedad de la palabra «revisar» no invita al optimismo. «Revisar» puede querer decir «romper» o simplemente «dejar las cosas como están». Significativamente, Arzalluz declaró ayer que hay que dejar pasar los días de luto antes de tomar decisiones, lo que puede ser interpretado como un intento de ganar tiempo y enfriar los ánimos.

En segundo lugar, existen precedentes que invitan a desconfiar de la intención del PNV de romper con EH. Hace unos meses, tras el asesinato de Buesa, el lehendakari Ibarretxe anunció que suspendía cualquier colaboración parlamentaria con EH, lo cual no ha sido obstáculo para que la coalición radical haya seguido apoyando al Gobierno vasco cuando ha sido necesario.

Otra razón que invita al escepticismo sobre la intención del PNV de romper con EH proviene de la propia matématica parlamentaria. Sin los 17 escaños de Otegi, los dos partidos nacionalistas moderados no podrían gobernar y se verían abocados a unas nuevas elecciones, una posibilidad que quieren evitar a toda costa.

El PNV no tiene, pues, una salida fácil del callejón al que le ha llevado el Pacto de Lizarra y sus acuerdos políticos con EH. Y ello sin contar la humillación política que para dirigentes como Arzalluz o Egibar supondría tener que reconocer que se han equivocado.

Pero si desandar el camino andado es muy difícil, continuar con los pactos con EH tiene también para el PNV un enorme coste político. La decisión de congelar la Asamblea de Municipios y la presencia de Ibarretxe, junto a Aznar, en la manifestación de ayer son un claro síntoma de que el PNV quiere marcar las distancias con los socios políticos de ETA.

El gran riesgo de este funambulismo político es que el PNV acabe quedándose solo, algo muy probable si persiste en su calculada ambigüedad.

Ruptura y renovación  
Editorial ABC  6 Junio 2000

LA macabra rutina con que ETA irrumpe en la vida diaria del País Vasco ha hecho previsible, muerte tras muerte, la sucesión de condenas y rechazos, lo que es una triste forma de acabar también con las emociones. Lo más grave es que, en boca de algunos, las manifestaciones de condena suenan a liturgia ritual, que esconde la sinceridad que puedan animarlas. En el País Vasco ya no es sólo diferente la política; también lo son los sentimientos. Cuando el domingo se dio la noticia urgente de que ETA había asesinado a Jesús María Pedrosa en Durango, los ciudadanos ya sabían lo que iba a suceder y lo que no iba a suceder. Otra vez, la muerte de un vasco no nacionalista mueve a los nacionalistas a lamentarse, pero no a asumir los compromisos políticos que impone una visión ética —la única admisible— de la situación en el País Vasco.

Es preciso volver al punto de partida de las polémicas sobre los pactos del PNV con ETA y EH y abandonar tanta explicación voluntarista y tanto debate repetitivo sobre una estrategia que ha hecho de ETA dueña y señora del nacionalismo vasco. Desprovisto de sus disfraces y al descubierto su verdadera naturaleza táctica, el pacto del PNV y EA con ETA y Herri Batasuna es la máxima degeneración moral de la actividad política. Nada justifica que quienes reciben un mandato representativo de los ciudadanos, gobiernan las instituciones y controlan la gestión de los intereses públicos en una sociedad moderna y democrática, entreguen su legitimidad a unos pactos que sólo benefician a los objetivos de una organización terrorista. La ruptura inmediata de los acuerdos de gobierno con EH como ha solicitado con contundencia inédita y solitaria el diputado general de Vizcaya, Josu Bergara, y el abandono público y solemne del pacto de Estella son las únicas —entiéndase bien, las únicas— opciones que tiene el nacionalismo vasco, para reagruparse con los demócratas en el buen gobierno del País Vasco y para ser creíble como formación política que es capaz de realizar comportamientos democráticos. Pero las primeras reacciones de los dirigentes del PNV —Ibarretxe ya no cuenta— no dan lugar a la esperanza. La claridad de Bergara, un punto y aparte en el discurso nacionalista oído hasta ahora, contrasta con el tímido emplazamiento del presidente de la ejecutiva vizcaína del PNV, que pide revisar los acuerdos municipales con EH, lo que abrirá la enésima mascarada de los amagos y los reencuentros. Por su parte, con el estudiado dramatismo que caracteriza a la retórica de los caudillos nacionalistas, Arzalluz ha anunciado su silencio hasta que «pasen los días de luto», advirtiendo —mejor, amenazando— que entrará a valorar lo que se ha dicho y oído estos días.

La contumaz reafirmación de los pactos de Estella después de cada asesinato aleja al PNV del punto en que el retorno aún es posible. Los acuerdos con el entramado etarra están acumulando unos costes que harán de la improbable ruptura del frentismo nacionalista algo más que un trauma político; debe también ocasionar la renovación de los dirigentes que han tratado a ETA como un sujeto más de la política vasca, con todo lo que ha supuesto de desmoralización social y deslegitimación institucional. Como señaló el presidente Aznar en el debate de investidura, el pacto de Estella ha fracasado en sus objetivos «oficiales»: la paz y la incorporación institucional de la izquierda abertzale. En política democrática, sometida a la luz de la opinión pública, el fracaso tan radical de un proyecto político sólo se puede saldar con la exigencia de responsabilidad a sus promotores. Resulta estética y éticamente ofensivo imaginar la posibilidad de que los mismos que estamparon su sello junto al de ETA —el que certifica la autoría de asesinatos y de extorsiones— puedan convertirse en aliados fiables de las formaciones constitucionalistas. El nacionalismo debe ser consciente del inmenso daño que se ha causado a sí mismo con esta aventura imposible de la colaboración con ETA en una construcción nacional que sólo ha traído discordia y enfrentamiento entre los ciudadanos vascos.

La lección de anatomía 
Por Javier Mina, Escritor ABC  6 Junio 2000

EL cadáver está encima de la mesa, desnudo, indefenso en su desnudez y su palmaria ausencia de vida, rígido, con el verdín de la muerte corroyéndole la piel, con el profundo trabajo de la muerte deshabitándole.

El cadáver está encima de la mesa obscenamente muerto, trágicamente desnudo.

El cadáver exhibe su patética presencia y su definitiva soledad.Un experto se inclina sobre su pálida, yerta y verduzca anatomía. Rodeando la cabecera del cadáver, un grupo aguarda el proceder del profesor acechando ávidamente sus palabras y gestos.

No es difícil descubrir en la tensa expectativa del grupo, en el seguro semblante del experto pero, sobre todo, en la inerme y brutal presencia de aquellos despojos humanos, el cuadro que Rembrandt tituló Lección de anatomía.

Si nos fuera dado abrir, sin embargo, el encuadre podríamos ver que al otro extremo de la mesa también hay unos cuantos expertos reunidos pero sobre un papel, alrededor de una hoja solemne, rubricada y bendecida. A falta de un Rembrandt que los pinte, sobran los medios de comunicación que levantaron acta del solemne instante en que los representantes de HB ponían sobre la mesa su plan para la pacificación de lo que en su jerga denominan Euskal Herria.

Un plan diabólicamente sencillo: habrá paz en cuanto los agentes sociales idóneos suscriban un acuerdo de mínimos para la construcción nacional.

A un cabo de la mesa, las condiciones, al otro, las consecuencias que provocaría el no aceptarlas, dicho de otro modo, el muerto, el muerto despojado de paliativos y eufemismos, la víctima de las balas asesinas.

Pues bien, en eso consiste la macabra lección de anatomía que algunos sienten y denominan vasca: salud para los afines y los tibios, muerte y disección para los críticos y renuentes.

De ahí que el asesinato de Jesús María Pedrosa Urquiza fuera un asesinato anunciado, un asesinato a fecha fija.

Tendría que ocurrir justo después de la presentación en sociedad de los planos del edificio de la nación vasca a fin de que todos comprendieran que no hay otra alternativa posible, porque la otra alternativa ni siquiera se llama planos del sepulcro o mausoleo sino cadáver, cadáver encima de la acera, bulto tapado por una sábana pesando en la mesa de negociación. Lo más miserable, si puede imaginarse que quepan grados en la abyección, está en que tenía que haber un muerto pero daba lo mismo cuál.

Los asesinos no buscan al enemigo como persona sino al enemigo como bulto, al muerto que pese sobre la mesa sólo por estar muerto. De modo que nombrarlo, llamarle Jesús María Pedrosa Urquiza ya va contra la que quieren aséptica lección de anatomía.

Repasar su vida tan vulgar como la de cualquiera, unirse al dolor de quienes no por familiares comprenden más que se les haya ido Jesús María aunque les duela de más cerca, susurrarle solidaridad y gritar contra sus asesinos ya reivindica su vida suya, única y original, ya le distingue de esa masa indiferenciada en que los totalitarios desdibujan a sus antagonistas pero también, por mucho que no quieran darse cuenta, a los propios.

El cadáver de Jesús María Pedrosa Urquiza está sobre la mesa, tal vez sobre una acera desapacible y lluviosa, mostrando que quienes blanden el papel garrapateado de neutras condiciones no se distinguen de quienes fabrican las consecuencias y traen los muertos al depósito.

Pueden llenarse las palabras de retórica y negación, pueden realizar enjuagues bucales o taparse la nariz para sustraerse a la hedentina de la muerte, pueden camuflarse detrás de mil siglas -lo que no deja de ser curioso para quienes tantas ansias de identidad sienten y auspician-, desde el momento en que suponen una paz están suponiendo una guerra y si aceptan redactar y redactan las cláusulas que le pondrían término están avalando su estrecha connivencia con quienes practican las balas. No hay vuelta de hoja ni resquicio que permita libre curso a la interpretación, por eso no cabe que se desentiendan ni apelen a las leyes ineluctables del destino.

El destino son ellos y están trayendo muerte y destrucción. Si de verdad creyeran en las excusas que esgrimen y en la propia fortaleza de su proyecto político serían los primeros en pedir a ETA que se disolviera.

Tampoco cabe que en el extremo de aquí de la mesa el profesor de anatomía se incline cabeceante sobre el cuerpo aún caliente y le crea producto de la violencia ciega. Hoy, por bala o bomba sólo se muere de muerte sin dioptrías, de muerte mercantilmente sopesada y perfectamente dirigida.

La violencia persigue unos objetivos claros y, si no se quiere formar parte del campo de sus avalistas, hay que tomar el escalpelo y cortar cuanto suponga y avale una situación de guerra, llámese proceso, contencioso, cuestión o problema.

Junto al cadáver irremisiblemente cadáver, junto al enésimo muerto, junto al múltiplo singular de los asesinados por ETA, junto al reciente cadáver de Jesús Pedrosa hay muchos rostros pendientes del profesor de anatomía.

No consentirán más que se predique el paquete de paz por condiciones puesto que, vecinos de las cláusulas, en la mesa yacen los muertos y quienes así diseñan el futuro no quieren espacio entre medio.

De los que mueren
Por ALFONSO USSÍA ABC  6 Junio 2000

CULMINABA Jaime Campmany su artículo de ayer con un endecasílabo bellísimo: «Tú no mates. Tú sé de los que mueren». Con enorme elegancia ocultaba la identidad de su autor, en este caso, de su autora, que no es otra que Laura Campmany, su hija, joven y extraordinaria poetisa, aunque ella gusta más del término macho de poeta. En ese endecasílabo, más que admirable, se resume la situación de los vascos perseguidos, humillados, heridos y asesinados por la máquina devastadora del nacionalismo separatista. De los vascos, y del resto de los españoles, que más de novecientas tumbas repartidas por toda España nos lo recuerdan día tras día. Pero así como la muerte violenta es una amenaza lejana para quienes no viven en las Vascongadas, para los vascos no nacionalistas que se han anclado en su tierra con la firmeza de sus antiguos, es una posibilidad cercanísima. Ellos son los héroes, y su ejemplo no puede adormecernos en la comodidad. Abandonar el amor por nuestra tierra vasca equivale a dejarlos perdidos y solos en sus sufrimientos. Ahora le ha tocado el turno de la bala asesina a Jesús María Pedrosa Urquiza, concejal del Partido Popular en Durango. Su cadáver, para mayor espanto, ha permanecido tres horas a la espera de la visita del señor juez de guardia, que tendría que haber decretado su propia detención por irresponsable e incompetente. Pero no es bueno distraerse. Allá el juez con sus oscuridades y justificaciones. Lo terrible es que una vez más los asesinos han meneado el árbol y los llamados —por los cretinos, claro, «nacionalistas demócratas»—, han recogido el fruto. Pasado mañana, cuando vuelvan a sentarse en la misma mesa, comentarán el suceso. Con mucho cuidado por parte de los representantes del PNV. «Hombre, Arnaldo, podríais haber esperado un poco. A Ibarreche le habéis dejado descolocado y eso no está bien. No, no, Arnaldo, no me malinterpretes ni te enojes. Si ETA ha decidido matar a ése, bien hecho está, pero quizá no ha sido oportuno el momento. Al pobre Balza nos lo van a crucificar, cuando Balza lo único que ha hecho es intentar complaceros, y claro...».

Con el cadáver ensangrentado y aún caliente de un vasco asesinado, el que dice ser «Lendakari» de todos, ha manifestado que lo más preocupante de este hecho es que se crispe la vida política en Vasconia. ¿Qué miserable preocupación es ésa? ¿Cómo no se va a crispar la vida política, y la social y la vida en sí, cuando un Gobierno pacta con los asesinos que matan a los vascos que defienden —con la palabra—, otros fines y diferentes ideas? Lo que tiene que hacer el petimetre de Ibarreche es irse, avergonzado, pero a tiempo de no tener que avergonzarse más de lo que hoy está. Porque es un petimetre en manos de Arzallus y de sus amigos. Porque no es nada. Y porque además de no ser nada —contradicción metafísica—, es un cobarde. En su caso, la nada es cobardía, la nada es cinismo, la nada es miseria. Por lo menos, Javier Arzallus ya ha tomado partido y se ha afincado en una trinchera. Está claramente al lado de los que matan. De ahí sus silencios clamorosos cuando la sangre de un inocente es todavía río que se mueve. Pero se sabe donde está. Ibarreche, que dice ser presidente de todos los vascos, desprecia a la mayoría y sólo se siente «Lendakari» de los suyos, los nacionalistas. Esa es su sola preocupación. Que los disparos de los socios del pacto de Estella no confundan los objetivos. Que las nucas de los nacionalistas se mantengan a salvo. Que los chicos del terrorismo callejero no se manifiesten molestos. Que toda la violencia admitida, tolerada y organizada se dirija exclusivamente a quienes sólo pueden defenderse con la palabra y su trabajo. Cuando un gobernante asume tanta porquería no tiene otra salida que la dimisión. Pero ahí tampoco es libre el muñeco del guiñol. Arzallus maneja los hilos. El muñeco es conveniente.

En unos pocos días, el próximo. Un político no nacionalista, un militar, un policía, un guardia civil, un paisano cualquiera, un niño, usted o yo. ¿Qué les importa? Seguirán comulgando con la misma devoción, y cantando con parecido entusiasmo, y pervirtiendo su tierra con igual destreza. La esperanza es que más de la mitad de los vascos no es como ellos. Es de los que mueren. Y alguno quedará vivo.

Pedrosa II
ERASMO El Mundo  6 Junio 2000

Su entereza, su voz digna, dejan a la intemperie al gremio de gangsters que disfrazan su condición satánica con siglas, ponencias y oratorios. Tras esa instantánea en la fachada del diario, todo es superfluo y ni la imbecilidad inerte de algún nacionalista moderado será capaz de borrar el rastro de masa encefálica y sangre sobre el pavimento: una imagen vale más que mil millones de palabras.

Pedrosa  
Por Ramón PI ABC  6 Junio 2000

El asesinato del concejal del Partido Popular de Durango Jesús María Pedrosa ha vuelto a sacudir a la sociedad española, y los medios de comunicación se hacen eco, sin regatear espacio, del crimen y de sus connotaciones políticas y sociales. Los editoriales y los comentarios firmados acerca de este trágico episodio contienen muchas veces razonamientos comunes, prácticamente intercambiables, aunque hay algunas excepciones.

La mirada de los observadores se ha vuelto hacia el PNV y EA, que mantienen su relación política con los asesinos y sus amigos. He aquí una selección casi telegráfica de textos publicados ayer a este respecto: «Ni el PNV ni EA han puesto su renuncia sobre la mesa de Estella, y tras cinco muertos y múltiples actos de vandalismo su permanencia en los acuerdos con HB y ETA ya deben producir consecuencias políticas definitivas. Y la primera de ellas debe ser la expresión pública de un entendimiento conjunto de populares y socialistas (...) El nacionalismo vasco se ha excluido voluntariamente de un futuro compartido con los no nacionalistas y, lo que es más grave, ha dejado a éstos solos frente a ETA» (ABC, «Terror y nacionalismo»).

«Está en juego en el País Vasco la esencia misma del sistema democrático y de las instituciones representativas. Lo lógico, por tanto, sería que el PNV y EA antepusieran a cualquier otra consideración o reivindicación la defensa del Estado de Derecho (...) Y la forma de ser beligerantes en su defensa no puede ser otra que la ruptura radical y definitiva con los colaboradores de los asesinos, tanto en el Pacto de Estella como en el último de los ayuntamientos» (El Mundo, «Emergencia política, emergencia policial»).

«Una vez más, ante otro cadáver, hay que seguir preguntándose cuántos asesinatos harán falta aún para que los partidos democráticos nacionalistas vascos, empezando por el PNV, pongan fin a sus relaciones políticas con ETA y con su brazo político, Herri Batasuna. ETA sigue matando, pero el apoyo político que continúa recibiendo, aunque sea indirectamente, hace que, en su cerrazón, se reafirme en sus posiciones» (La Vanguardia, «ETA mata otra vez»).

«Mientras la mitad de los ciudadanos sea considerada como una posible víctima, mantener alianzas con el brazo político de ETA es inmoral. Una vez rota la tregua, los otros nacionalistas estaban obligados a salirse de Lizarra; entre otras cosas, para hacer ver a ETA y HB que lo que es posible con tregua no lo es sin ella. ETA ha interpretado que la legitimidad del ideal independentista implicaba la obligación de los no nacionalistas de renunciar a su propio ideal, por las buenas o por las malas. El PNV está obligado a deshacer ese equívoco» (El País, «Anestesia moral»).

«Recomponer la unidad es pues la tarea prioritaria, dejando en evidencia a quienes, como Euskal Herritarrok, siguen sin condenar los asesinatos. Mientras la llamada izquierda abertzale no modifique esta conducta, el PNV debe romper cualquier pacto con ella, porque su loable y bienintencionado intento de atraer a ese mundo hacia la democracia se ha saldado con un rotundo fracaso» (Diario 16, «Unidad frente a ETA»).

Pero ha habido excepciones a este modo de ver las cosas. Gara («Abrir las puertas a la esperanza»), naturalmente, es una de ellas: «El atentado de ayer viene a ser una nueva manifestación, ciertamente en su grado más crudo, de un conflicto que demasiadas veces se antoja permanente y sin visos de solución o, al menos, así es presentado voluntariamente desde determinadas instancias políticas (...) Si quienes se aprestan a una furiosa guerra dialéctica después de cada atentado de ETA acometieran con el mismo vigor la tarea de ponerse a trabajar por la verdadera normalización de este país, quizá, ese día, todos tendríamos un motivo más para la esperanza». Traducción para gente normal: si los demócratas aceptasen la tesis de ETA, ETA ya no asesinaría más y el editorialista de Gara estaría muy contento.

Deia dirige su editorial («¿Quién, por qué, para qué?») implícitamente a ETA y sus amigos: «Que ha sido ETA la autora del asesinato no cabe duda, aunque estaría por evaluar el coeficiente intelectual de quien parte la orden. Si demasiado bajo, con lo que cabría la explicación de una locura ya en origen, o demasiado alto, con lo que podría pensarse en algo más de lo meramente evidente. Matar a alguien por la pertenencia a una organización política es, además de una práctica fascista, el peor favor que puede hacerse a las ideas contrarias a las que lícitamente defendía el asesinado (...) Y creer que con su muerte los presos están más cerca de Euskal Herria y la construcción nacional se ve impulsada es tan pueril que no puede ser sostenido por un adulto en su sano juicio». Qué duro, qué fuerte, qué implacable. Temblando se habrán quedado en ETA después de esto.

Qué pena
ANTONIO GALA El Mundo  6 Junio 2000

El último crimen lo ratifica: en el País Vasco, mucha gente, con intención o sin ella, le está haciendo a ETA el caldo gordo. El deterioro de las instituciones, ofertas inoportunas y personalistas como la de Benegas, los continuos atentados de jóvenes radicales que no saben lo que hacen ni lo que creen saber, la tirantez y el empeoramiento de las relaciones políticas y humanas, el vacilante comportamiento de las representaciones de partidos... Si no hay una previa intención de consenso, por pequeña que sea, nada se resolverá. En un ambiente tan enrarecido todo son sombras amenazantes y enemigas. Una tregua se hace imprescindible. Y no hablo de ETA solamente.

Revisar
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  6 Junio 2000

El PNV y/o Eusko Alkartasuna dicen que van a revisar sus acuerdos municipales con el brazo político de ETA, antes HB, ahora EH y mañana qué más da, si da lo mismo. Y la gente, que en política muchas veces cree lo que quiere creer, lo ha interpretado como que los nacionalistas antes llamados moderados y democráticos están dispuestos a romper ese pacto de sangre. De sangre ajena, por supuesto. Ya han dicho los pistoleros que de momento no van a matar a ninguno de sus socios nacionalistas, aunque si se aflojan los vínculos de dependencia y se descose un poco más el roto de Estella podría producirse un error, ya se sabe que estas cosas pasan, no se puede controlar todo y en ese ámbito de entrega y dedicación hay jóvenes impulsivos que no se dan cuenta de lo que hacen o utilizan información de tiempos de Ajuria Enea. En fin, lo que llaman en todas las guerras el «fuego amigo». Efectos colaterales indeseados pero inevitables. Pasó y ahí quedó.

Naturalmente, si Arzalluz y Garaicoechea o sus respectivos representantes revisan algún acuerdo con EH en municipios, diputaciones o cualquier otro ámbito de soberanía limitada, indudablemente será al alza, para estrechar ese pacto o hacerlo más intenso y operativo. De romper no han dicho nada, con lo fácil que debería resultar romper con los que matan o representan, secundan y completan a los que matan. Y si no rompen con el crimen, será porque se van a unir más entrañablemente a él. No lo van a decir con esas palabras, claro está, pero tenemos la obligación de entenderlo así. De otra forma empezaríamos a no entender nada o a no querer entender, que es lo que sucede con las cosas demasiado horripilantes.

Por suerte para el conocimiento pero por desgracia para la libertad, la convivencia y la democracia, las cosas en el País Vasco y Navarra no pueden estar más claras. Cada día que pasa y cada muerto que entrega sus modestos despojos a la tierra, la claridad se van haciendo más cegadora, más insoportablemente nítida. Los muertos sólo son aquellos seres tan descaradamente vivos que cometen el horrendo e incomprensible crimen de no ser nacionalistas o de no fingirlo. Y a partir de esa orden de los que matan, entre los que no mueren, léase nacionalistas, la división del trabajo ya no se da entre criminales totalitarios y pacíficos demócratas sino entre los asesinos y los que el mismo día del funeral o, como dice Arzalluz, «así que pasen unos días», atacarán a las víctimas por quejarse de serlo y de que, tras matarlos, los insulten. Las víctimas del terrorismo, ya se sabe, son terribles. Por eso el PNV y/o Eusko Alkartasuna van a revisar sus acuerdos con el brazo político de ETA. Tienen que asegurarse de que sigue apuntando a otro lado.

Elogio fúnebre del Partido Popular
Por M. MARTÍN FERRAND  ABC  6 Junio 2000

DEBE reconocérsele al PP que llora con dignidad, sin decaimiento. Expresa su dolor sin desbocar la rabia, conteniéndola, pero manifestando firmeza y resolución en la condena de lo que la provoca. He seguido ayer, en triste atención, muchos de los muchísimos actos organizados para lamentar la muerte de Jesús María Pedrosa Urquiza y todos ellos sirven para comprobar que el poder brinda, a quienes lo ostentan, una sobredosis de fortaleza moral que, a mitad de camino entre la convicción y el sentido del deber, les permite enfrentarse con serenidad elogiable a lo que, de otro modo, sería insufrible.

El PP es un partido joven, jovencísimo, que alcanzó su madurez nacional con la victoria electoral de 1996. Hasta entonces era una hipótesis con demostraciones parciales, regionales; pero, después de la reválida del pasado marzo, tiene ya las hechuras de la madurez labrada a golpes de experiencia y sufrimiento. Sería fácil, demasiado, abusar de los cien detalles que ayer vistieron el luto por el asesinato de un compañero de partido o de los mil que subrayaron la condena a los asesinos etarras y a sus cómplices, amigos y favorecedores en acciones u omisiones. Pero sí es de notar y hacer notar el sentido del Estado que ayer demostraron y proyectaron las gentes del partido del Gobierno. Tanto más cuanto más próximos, en el escenario o en el argumento del dolor, resultaban esas personas a la víctima y a su significado: a la responsabilidad en el Ayuntamiento de Durango, de la oposición en el País Vasco y del Gobierno de la Nación.

Todas las voces del PP, muchas, que ayer escuché en las radios y las televisiones —voces de dolor, voces de condena— tenían sentido e intención coral. El Partido Popular es, evidentemente, algo más que una suma de individualidades: un propósito cívico compartido. El último servicio del concejal Pedrosa al caer en Durango fue el de afinar la nota de su propio partido. Hablaron con un sentido, superior al de la ley, para valorar y predicar la Ley, la Constitución. Se expresaron desde la hipótesis de la traición separatista para reforzar la tesis de la plural unidad española. Elevaron el dolor a la abstracción para que los demás, próximos o distantes, pudiéramos sentir el tacto concreto de un Estado.

El PP, con el que suelo ser crítico, confirmó ayer su autenticidad. En una situación difícil, problemática, emocionante y dura —más dura aún por el cansancio de su repetición— supo casar el gesto con la razón y lo uno y la otra con la dignidad que le corresponde a la púrpura del poder, la firme energía que cabe exigírsele, el sentido de lo común y la lágrima furtiva que les acredita como personas.

La herejía de Durango
Z. RANA La Estrella  6 Junio 2000

Durango, a cinco leguas de Bilbao, es una villa vieja que viene, cuando menos, del siglo XI -por fundación de los reyes de Navarra- y que ayer, con el entierro y el funeral de Jesús María Pedrosa Urquiza, asesinado por ETA, centró el dolor de los españoles que, por la izquierda o la derecha, somos capaces de entender la convivencia como génesis de la paz.

Durango alcanzó su plenitud, mal que les pese a los falsificadores de la Historia, cuando en el XIV el infante don Juan confirmó todos los privilegios que la villa había obtenido de Sancho VII de Navarra y de su hijo, rey de Castilla y de Toledo.

Viene a cuento recordar que en 1448 Durango se convirtió en pieza de escándalo para la España cristiana. Una herejía nacida en Italia un siglo antes, la de los Fraticellos, se instaló en el Duranguesado -también lo hizo en algunos conventos catalanes-. Eran rurales esos herejes. Cultivaban la tierra, se vestían como los franciscanos, de los que se desgajaron, y fueron pasando de la observancia estricta y rigurosa a las bacanales y las orgías. Intervino la Inquisición, muchos frailes murieron en la hoguera, otros muchos padecieron el potro y su prior, el franciscano fray Alonso Mela, pudo huir y, parece, recaló, más moderado, en Granada.

La nueva gran herejía de Durango, la de ser vasco sin ser nacionalista y militar en el PP, entronca, por el modo de su represión -el asesinato-, con la de hace cinco siglos y medio.

Cientos de vecinos y la cúpula del PP despiden al edil asesinado
La familia de Pedrosa asiste a la concentración ante el Ayuntamiento
NAIARA GALARRAGA, Bilbao  El País  6 Junio 2000

Su familia, sus vecinos y sus compañeros en la política despidieron ayer en Durango a Jesús María Pedrosa, edil del PP y militante del sindicato ELA, asesinado la víspera de un tiro en la cabeza. Representantes de los partidos democráticos, con la cúpula del PP al frente, pasaron por la capìlla ardiente. El obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, recordó en el funeral que "nada puede justificar" un asesinato y que la paz no llegará "ni por la presión a través de la violencia ni por el desistimiento, por el cansancio o el miedo".

El obispo Blázquez, que ofició el funeral, reclamó "sabiduría y prudencia" a los políticos en la búsqueda de la paz. Pidió también que los asesinos y quienes les respaldan comprendan que la violencia "no es camino, sino aberración y precipicio".

La parroquia Santa María de Uribarri, donde se celebraron las honras fúnebres, quedó desbordada y decenas de personas tuvieron que seguir la ceremonia desde su exterior. El presidente del Gobierno, José María Aznar -recibido con fuertes aplausos a su llegada al templo-; el lehendakari , Juan José Ibarretxe, y la presidenta del Congreso, Luisa Fernanda Rudi, encabezaron la representación institucional.

Los presentes también dedicaron aplausos a la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía. Pero los más prolongados fueron para la viuda y sus dos hijas. Mari Carmen Hernández, a quien no se ha visto en público sin gafas de sol, caminaba apoyada en ambas jóvenes.

El ataúd con los restos del concejal del PP fue llevado a hombros por amigos y los otros tres ediles del partido en Durango desde el Ayuntamiento, donde estaba instalada la capilla ardiente, hasta la parroquia. Multitud de vecinos siguieron en la calle el traslado del féretro y muchos apenas podían contener las lágrimas. Casi todos los vecinos de Durango conocían más o menos a Pedrosa, nacido en Ordizia (Guipúzcoa), pero vecino de Durango "de toda la vida", donde era concejal desde 1987. Los aplausos acompañaron al féretro los cien metros que separan la casa consistorial de la iglesia.

No se oyó ni un solo grito. El único de la tarde fue para Aznar. Cuando llegaba al Ayuntamiento para visitar la capilla ardiente -fue de los últimos-, un hombre le espetó desde la multitud: "Hala, presi, hay que acabar con ellos". Aznar no hizo comentarios. Dentro, en silencio, secó las lágrimas y abrazó a Mari Carmen Hernández.

Fue más multitudinario el cortejo fúnebre que la concentración silenciosa celebrada a mediodía en la plaza del Ayuntamiento, presidida por la viuda y las hijas de Pedrosa. Junto a ellas, además de la alcaldesa de Durango, la peneuvista María Pilar Ardanza; Javier Arenas -que impuso al asesinado la medalla de oro del partido-, y la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, asistieron diversos políticos y el coordinador del movimiento social Elkarri, Jonan Fernández, pero no los dirigentes de ELA. Los asistentes, mujeres de todas las edades, jubilados y adolescentes de los centros escolares que pararon media hora, guardaron cinco minutos de silencio.

Mari Carmen Hernández y sus hijas habían llegado al filo de las ocho de la mañana a la capilla ardiente. Las jóvenes arropaban a la madre y a ellas, sus novios. Durante todo el día se sucedieron las visitas de vecinos y políticos a la capilla ardiente. Entre los representantes institucionales que acudieron estaban además de Aznar, Arenas, Rudi y Aguirre, los ministros del Interior, Jaime Mayor Oreja, y Justicia, Ángel Acebes; el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa; el secretario general del PSE, Nicolás Redondo Terreros, y su predecesor, Ramón Jáuregui, los alcaldes de Ermua y Madrid, Carlos Totorica y José María Álvarez del Manzano; el presidente de Unidad Alavesa, Pablo Mosquera, y el exlehendakari José Antonio Ardanza.

Tras el funeral y mientras una manifestación recorría las calles de Durango bajo el lema "ETA no. Basta ya", la familia se trasladó al cementerio para celebrar el entierro en la intimidad.

Iturgaiz: «ETA, que busca una limpieza ideológica, quiere echarnos política y físicamente del País Vasco, pero no lo va a conseguir»  
BILBAO.I. Souto ABC  6 Junio 2000

Para Carlos Iturgaiz, ETA quiere echar «política y físicamente» al PP del País Vasco, pero asegura que, con el apoyo que tiene su partido de 350.000 ciudadanos vascos, no lo va a conseguir.

-¿Cómo ha encajado el PP del País Vasco volver a ser el blanco de ETA?

-Estamos totalmente destrozados, pero seguiremos luchando por la memoria de nuestros compañeros asesinados. ETA quiere una limpieza ideológica, quiere asesinar a todo lo que sea vasco y español, todo lo que sea PP en el País Vasco, quiere echarnos política y físicamente del País Vasco y eso entre todos los hombres y mujeres del PP, con el apoyo de muchos ciudadanos vascos y del resto de España, vamos a hacer que no lo consiga jamás.

-ETA acabó con UCD en el País Vasco eliminando físicamente a sus dirigentes e impidiendo con el miedo su sustitución. ¿Cree que esto puede ocurrirle al PP?

-Son situaciones diferentes, porque ahora el PP tiene en el País Vasco el apoyo de 325.000 votos. Pero a pesar de las dificultades, este partido tiene el valor de sus hombres y mujeres que si hemos resistido los momentos difíciles de hace dos años, estoy convencido de que vamos a poder resistir en estos momentos y decirles que de aquí no nos echan porque nosotros tenemos la razón.

-¿Se puede hacer política con miedo?

-Lo que quieren ETA y HB es que no hagamos política. Pero está claro que hay que hacerla por encima de todo, a pesar de las amenazas. Mientras exista la voz del PP en el País Vasco, HB y ETA nos va a tener en frente para recordarles lo que son: unos asesinos.

-¿Se sienten seguros los concejales del PP con el actual consejero de Interior del Gobierno vasco?

-Hay que distinguir las cosas. Por un lado, quiero agradecer de corazón a la Ertzaintza, a la Policía Nacional, a la Guardia Civil y los responsables de seguridad de empresas privadas, que son nuestros «ángeles de la guarda», el trabajo que hacen. Pero también lo que nos preocupa es que las críticas no sólo del consejero de Interior del Gobierno vasco, sino del lendakari, siempre han ido dirigidas contra el PP en una intolerable equidistancia por parte de los consejeros, del lendakari y del PNV, colocando en la misma bolsa al PP y a ETA y HB. Es intolerable y no es de recibo que los que estamos sufriendo y a los que nos están matando, que nos hagan esas comparaciones y es menos tolerable y menos de recibo que lo haga el propio lendakari.

Un hermano de Pedrosa revela que ETA llamó a su casa tras el atentado
Interior sospecha que el asesino no está fichado
M.G, Madrid El País  6 Junio 2000

José María Pedrosa, hermano del concejal al que ETA mató el pasado domingo en Durango, declaró ayer en Tele 5 que "a los 10 minutos" del crimen sonó el teléfono en casa del edil asesinado. "Se recibió una comunicación de ETA en casa, lo cogió la hija y no le voy a decir que dijo porque es mejor que no lo diga", explicó José María Pedrosa. El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, apuntó ayer la hipótesis de que el asesinato sea obra "más de un grupo de legales que de liberados", lo que implicaría un cambio en la forma de operar de la banda terrorista.

En declaraciones a Tele 5, José María Pedrosa dijo que su hermano "era un luchador nato y siempre lo ha sido, siempre ha dicho lo mismo y siempre ha estado así". Añadió que "no quería escolta absolutamente para nada, se enfadaba, él no quería y algunas veces le han mandado escolta y no ha salido". Agregó que "tenía que morir haciendo cosas y andando por los mismos sitios, sin tener que andar un día por aquí y otro por allá" y concluyó señalando que "van a tener que matarnos a medio Euskadi para poder hacer lo que quieren ellos y así todo no creo que lo vayan a conseguir".

Respecto a la diferente forma de actuar de ETA, tradicionalmente, los autores materiales de los atentados eran terroristas liberados, fichados por la policía y a sueldo de la organización, mientras que los legales, no fichados y con una vida normal, se limitaban a tareas de apoyo. Interior cree que ETA ha recurrido en sus últimos atentados a pistoleros de fin de semana -los asesinatos de José Luis López de Lacalle y Pedrosa se han producido en domingo-, que en los días laborables desarrollan una actividad laboral ordinaria y no despiertan sospechas.

Este cambio de táctica dificulta la tarea de las Fuerzas de Seguridad, pues se complica su identificación, y prácticamente no dejan rastro: su actividad legal es la mejor cobertura posible y, en vez de piso franco, tienen domicilio propio.

Estos terroristas, además de más discretos, resultan más económicos para la banda, que no debe mantenerlos. "La organización terrorista", dijo ayer Mayor aludiendo al cambio de táctica, "tiende siempre a complicar la acción del Estado de Derecho". Pese a ello, se mostró convencido de que, más pronto que tarde, los asesinos acabarán ante la justicia.

La Erzaintza tiene una hipótesis diferente. Sospecha que el autor del crimen fue un miembro liberado del reconstituido comando Araba, al que atribuye también el asesinato de Fernando Buesa, el 22 de febrero en Vitoria, según informa Vasco Press. El nombre de Pedrosa figuraba en el listado de objetivos encontrado a un colaborador del Araba en 1997. La semana pasada este periódico informó de que la Ertzaintza y las Fuerzas de Seguridad del Estado daban por reconstituido ese comando.

El concejal popular de Durango fue asesinado de un único disparo de pistola automática. La Ertzaintza localizó el casquillo, 9 milímetros Parabellum de la marca SF de 1977. En el atentado contra López de Lacalle, ETA utilizó un revolver del calibre 38.

El Foro convoca una manifestación en Bilbao
BILBAO. ABC   6 Junio 2000

El Foro de Ermua y la Plataforma Basta Ya han organizado para mañana, miércoles, en Bilbao una manifestación de protesta por el asesinato de Jesús María Pedrosa con el lema «Contra el fascismo de ETA. Por la libertad. Basta ya».

La manifestación partirá a las 19,30 horas de la plaza del Sagrado Corazón y concluirá ante las escalinatas del Ayuntamiento de Bilbao.

El Foro de Ermua ha hecho un llamamiento a los ciudadanos para que «protagonicen, una vez más, la resistencia cívica, pacífica y contundente, como contestación al execrable asesinato de Jesús María Pedrosa, un hombre que dio su vida por la libertad y los derechos democráticos recogidos en la Constitución Española y en el Estatuto de Guernica».

La Plataforma Basta Ya, por su parte, solicitó el apoyo a la marcha «a todos los partidos políticos, instituciones, grupos pacifistas y Gobierno Vasco».

Por su parte, el presidente del Círculo de Empresarios del País Vasco, Alfonso Basagoiti, ha hecho un llamamiento «a la unidad de los partidos políticos» tras visitar la capilla ardiente del edil de Durango asesinado por ETA.

Basagoiti lamentó las discrepancias que surgen entre los partidos «en momentos como este» y dijo que la unidad de los partidos «es el reto que tenemos, y acabar con estos salvajes que no nos quieren dejar vivir en paz».

El clamor de un cadáver
FERNANDO MAURA El Mundo  6 Junio 2000

Escribo estas líneas con la imagen presente del cuerpo aún caliente de Jesús Pedrosa. Bajo una sábana blanca, cualquier espectador puede observar cómo asoman, de color rojo, unas manchas sanguinolentas provenientes de los balazos que le acaban de disparar en su cabeza. La cercanía de la noticia obliga seguramente a las cadenas de televisión a reproducir viejas tomas, sin embargo recientes, de los cadáveres de Buesa, de Zamarreño... Sábanas blancas que esconden cadáveres cuya sangre fluye hacia el suelo de cualquier rincón del País Vasco. Durango, hoy; ayer, Vitoria; anteayer, Rentería... La sangre es el denominador común, nada más. La liberación de Euskadi no es siquiera un objetivo, se trata de la barbarie pura, sin adjetivos; la acción de una banda de asesinos que sólo conoce el argumento del asesinato.

Pero hoy «nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno», que decía el poeta, antes de añadir eso de «estamos tocando el fondo». Y si la sangre, la mía, que aún vive y es capaz de agolparse en mi corazón, lo mismo que en los corazones de las gentes de bien en nuestro País Vasco, en nuestra España, no podría quedarse en una llamada contra ETA.

Y es verdad que los asesinos lo son exclusivamente ellos y que sólo a ellos les incumbe la responsabilidad. Pero decir eso, sin más, sería proclamar un pecado de adorno; aceptar elegantemente las palabras de condolencia que acabo de oír por parte del lehendakari o que hacía el portavoz del Gobierno vasco, Imaz. No, la condolencia ya no sirve de nada, los gemidos de las plañideras están de más. Porque es verdad que los terroristas disparan, pero también es cierto que el PNV y EA le siguen proporcionando coartada a unos y otros.

Y no digo que Pedrosa estaría hoy vivo con esta rectificación que les reclamo a Ibarretxe, a Arzalluz, a Larreina. Pero sería un Pedrosa de todos los vascos, un asesinado por la libertad que constituiría el propósito de todos los partidos democráticos vascos, no como un organismo sin vida del que se espera que se enfríe para que esos nacionalistas de patria ancha y de sentimientos estrechos reanuden sus estrategias que al cabo son inmorales porque carecen de ética.

Pedrosa se convierte hoy, desde el primer minuto a partir de su asesinato, tal vez desde antes, en una reclamación de rectificación. Hoy, el cadáver sin vida de Jesús Pedrosa es un clamor para que el PNV rectifique, que su oportunidad para la paz consista en dar un paso hacia la unión de los demócratas. No quisiera decir más cosas, pero tampoco menos. Sólo las que considero justas y, aunque duras, proporcionadas.

Fernando Maura es parlamentario vasco del PP.

Reunir al PSOE, PP, PNV y EA
Pablo Sebastián La Estrella  6 Junio 2000

El último crimen de ETA ha provocado un incipiente movimiento del PNV hacia posiciones algo más distantes del entorno de ETA en EH y HB, pero insuficientes. Sin embargo, deben ser tenidas en cuenta y, a ser posible, servir de base para un urgente encuentro tripartito entre altos dirigentes del PP, PNV y PSOE en pos de una salida democrática y eficaz a la crisis que está planteada en el conjunto de la sociedad vasca por el regreso feroz de la violencia, la falta de eficacia policial y los distanciamientos entre los partidos políticos democráticos.

Urge, pues, una reunión tripartita al margen de descalificaciones públicas y de enfrentamientos verbales que no conducen a nada. Y se hace más necesaria que nunca una nueva estrategia policial que ofrezca las mayores garantías posibles a las personas que están amenazadas por ETA. Una estrategia que debe partir de la colaboración de las policías autonómica y nacional y de medidas nuevas y originales que, a pesar de la dificultad enorme del caso, garanticen la mayor cobertura posible de los ciudadanos amenazados, quieran o no protección policial.

Si no hay diálogo político y entendimiento policial será muy difícil que ETA vea ante sí una respuesta unánime y eficaz. Una respuesta que esté a la altura del esfuerzo que los ciudadanos están haciendo en este sentido y que exigen de los políticos al día de hoy. Si se construye entre el PP, PNV, EA y PSOE esa nueva mesa de diálogo y análisis de la situación, a partir de ahí se podrá construir un proyecto institucional que dé salida a la crisis global vasca, aquí incluida la propia estabilidad del Gobierno de Vitoria sin el apoyo de EH o HB y la firme recuperación del Estatuto como el marco constitucional donde debe discurrir la vida institucional de Euskadi.

No es el momento de buscar vencedores y vencidos en política, cuando están muriendo inocentes mientras los políticos discrepan entre sí. Se trata, ante todo, de reconstruir situaciones que ya han existido y han funcionado en Euskadi. Y eso no se puede hacer sobre base permanente de mutuas descalificaciones y el proyecto de unas elecciones generales vascas anticipadas y a cara de perro, sino sobre la base de un acuerdo político previo de corte institucional.

Por todo ello y sin tardar, representantes del PSOE, PP, PNV y EA deben encontrar una mesa de diálogo, negociación y pacto, sino quieren todos ellos que la crisis terrorista siga por el camino de la confrontación social. Que es precisamente lo que está buscando ETA tras conseguir la confrontación política actual.

¿Somos todos los vascos iguales?
Por Javier ROJO Vicepresidente segundo del Senado Senador socialista por Álava  ABC  6 Junio 2000 

Hoy en Euskadi muchos ciudadanos nos preguntamos: ¿vivimos en esta Comunidad en libertad y en democracia?, ¿nos asisten a todos los ciudadanos los mismo derechos?, ¿somos todos los vascos iguales? La respuesta es no. ¿Qué tiene que hacer este pueblo para conseguir lo que el resto de los españoles tiene? ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Pero, ¿quiénes son los culpables?

Estos son los interrogantes que están al cabo de la calle en todos y cada uno de los rincones de nuestros pueblos y ciudades.

Euskadi es una Comunidad industrializada, con una gran calidad de vida en servicios y con una renta per cápita por encima de la media nacional, por tanto se puede decir que en lo que se refiere a lo material estamos bien. Pero ¿qué podemos decir del respeto a los derechos civiles? Simplemente, no estamos bien. Se nos conculcan todos los días. ¿Dónde quedan los principios del respeto a las ideas, a lo diferente, a la pluralidad como fundamento de la democracia? y, lo que es más grave, ¿dónde queda el respeto a la vida?

Los vascos tenemos un gravísimo problema: presentamos un cuerpo con tantas heridas que necesitamos mucho tiempo para su cicatrización. Todavía existe en la sociedad vasca demasiada sobredosis de ambigüedad por quienes nos gobiernan que nos lleva a la desconfianza.

Este laberinto en el que nos encontramos los vascos debería preocupar muy mucho a un Gobierno vasco que cada día está más huérfano de crédito social porque hoy, desgraciadamente, sólo representa a una parte de la Comunidad que no es otra que la nacionalista, mientras la otra parte sufre todos los días el mazazo del terrorismo en todas sus variantes.

Es la indefinición sobre los principios en los que asentar la convivencia de los vascos lo que da al traste con todos los intentos de resolver el problema de la violencia. Discutimos —lo que no sucede en ninguna otra Comunidad— sobre si acatamos o no la Constitución en todos sus términos. En Euskadi el nacionalismo todavía no ha asumido que la pluralidad es un hecho también entre nosotros. Y que ha de respetarse. Que la tolerancia es el respeto a todos, incluso a aquellos que no nos gustan, porque sólo así tiene credibilidad lo que se defiende y mucho más lo que se hace.

Una sociedad que contempla cómo una parte de ella, la no nacionalista, está siendo aniquilada, no puede ejercer como sociedad democrática, ni presumir de calidad de vida; ¡éste es nuestro drama!

Pero no nos engañemos: las amenazas, las muertes, no se dirigen sólo contra concejales, contra miembros de los partidos políticos, contra servidores del orden o contra periodistas. Es contra la sociedad democrática en su conjunto, situación que solamente se podrá superar desde la defensa de los valores éticos y morales, del derecho a la vida, de los valores comunes que en todas partes incluso Euskadi, consagraron a la Constitución y el Estatuto.

Envite a la chica
VICTORIA PREGO El Mundo  6 Junio 2000

A partir de hoy podremos empezar a despejar dudas. PNV y Eusko Alkartasuna se enfrentan a unas «jornada de reflexión» para ver cómo logran librarse del lazo de horca que ETA y HB han colocado en torno a su cuello, un lazo que se cierra cada día un poco más y que está a punto de asfixiarles.

No parece que de las reuniones de hoy vaya a salir más decisión que la de conminar a los concejales batasunos a que se desmarquen inmediata y claramente de la violencia de ETA. Misión que los nacionalistas democráticos saben imposible pero que les puede dar el último empujón para dar, por fin, el tan reclamado paso atrás que las formaciones no nacionalistas y las personas de paz de toda España, incluido por supuesto el País Vasco, les vienen reclamando una y otra vez.

¿Se trata del principio del fin de esta escapada enloquecida en la que algunos han embarcado al PNV o estamos simplemente ante una medida estratégica destinada a mitigar, como una pomada balsámica, el dolor y la hinchazón provocados por el último golpe, y eso es todo? Esta es una duda que sólo podrá despejarse con el tiempo.

Lo que habría que saber de momento es si, en las dificilísimas circunstancias que estamos viviendo, puede ser factible la combinación de estas dos decisiones: dejar el espacio imprescindible para que PNV y EA puedan girar políticamente sobre sus talones sin desollarse el cuerpo, y mantener al mismo tiempo la alerta imprescindible para no dar por real lo que puede quedarse finalmente en un truco de ilusionista.

La primera cuestión se podría plantear al PP y la segunda al PSOE. Sería bueno saber si lo que el PP busca es, ante todo, rescatar al PNV de las arenas movedizas del mundo de HB y de ETA para que recupere su viejo lugar en el terreno de la libertad democrática sin matices, o busca derrotarle en las urnas y derribarle del poder como objetivo principal.

Las dos posiciones son legitimas y además compatibles. Pero según se ordenen las prioridades los resultados políticos serán de índole opuesta.

Permitir que el PNV rectifique sin riesgo de que se le exija cubrirse públicamente la cabeza de ceniza podría tener como consecuencia que en la próximas elecciones autonómicas se mantuviera en el poder. Desalojarle del poder antes de que haya podido rectificar sus posiciones podría tener como consecuencia que este PNV que nunca en democracia ha vivido en la oposición, acabe cobijándose en la radicalidad para evitar su desmoronamiento como partido una vez que haya perdido toda su capacidad de influencia directa en la vida del País Vasco.

Cierto que los dirigentes del PNV han llevado a sus bases a un callejón sin salida y que suya es la responsabilidad y la obligacion de sacarles ahora de allí con los menores costes posibles. Pero no hay que olvidar que este partido tiene un tipo de militante y de votante que no apoya a la formacion política sólo por cuestiones ideológicas sino también, en la mayor parte de los casos, por razones de sangre, de lazos familiares, de árbol genealógico.

Es ese tipo de votante que apoya a un partido porque es «de los nuestros, nuestra gente, de lo de aquí» o expresiones similares.

Y ese es un votante que no va a negar el apoyo a su partido si ve que éste está cercado por sus adversarios políticos o por las circunstancias.

Por lo que se refiere al PSOE, hay que saber cuál es su posición definitiva después de que haya mantenido dos actitudes poco compatibles. Por un lado, la de acercamiento al PP hasta el punto de cerrar un pacto de Estado contra el terrorismo y frente a las veleidades del PNV y, por otro, la posición de quienes apostaban por tender un cabo a los nacionalistas y así matar dos pájaros de un tiro: no verse en la tesitura de tener que apoyar al Partido Popular y evitar concurrir a unas elecciones autonómicas anticipadas que podrían certificar la merma de apoyo popular al PSOE.

De momento, PNV y EA vuelven a estar solos frente a sí mismos y a sus compromisos. Enorme responsabilidad porque, delo que hagan sus líderes depende la angustia de una población que pide casi en silencio que los partidos de siempre tiendan puentes de entendimiento: muchos vascos nacionalistas quieren ser libres pero no desean tener que desgarrar sus corazones. Trágico dilema cuando quien lo preside es la muerte.

El preso del ataúd
JAVIER ORTIZ El Mundo  6 Junio 2000

BILBAO/DURANGO.- Faltan 15 minutos para que se oigan las campanadas del mediodía. O, mejor dicho, para que no se oigan: frente al Palacio Foral de Vizcaya, en la Gran Vía bilbaína, el estruendo es infernal. Se diría que se han dado cita todas las excavadoras del universo, dispuestas a horadar todo lo horadable, haciendo sonar todas las sirenas de alarma imaginables.

Hegel decía que en la claridad absoluta no se podría ver nada. Lo que me consta es que en el ruido absoluto es imposible escuchar nada.

Poco a poco se va concentrando alguna gente bajo la lluvia. De entrada, ejecutivos y funcionarios. Casi tantos teléfonos móviles como paraguas.

Pero ya no. Cada vez es mayor la variedad de aspectos y de edades.

Me doy la vuelta y compruebo que ahora la calle está repleta.

¿Cómo ha sabido todo el mundo que son las 12 en punto? De repente, se ha hecho un silencio enorme, doblemente enorme por contraste.

Las máquinas se han detenido. Las sirenas se han callado. Han cesado las conversaciones. Se escuchan hasta las toses. A mi lado suena un móvil. «Perdona, pero ahora no puedo atenderte», dice su propietario en voz queda. Y cuelga.

En las escalinatas del Palacio Foral -en obras, por supuesto-, se han colocado las autoridades, con el diputado general, Josu Bergara, del PNV, en primera fila. En medio del silencio -sepulcral: nunca mejor dicho-, alguien empieza a silbar el Eusko Gudariak. Me pregunto si a Jesús María Pedrosa le habría gustado escucharlo. El silbador anónimo es experto: reproduce perfectamente las notas chirriantes y desgarradas del txistu.

Acabado el acto, un cerrado aplauso casi imposible de manos que sujetan paraguas. Y Josu Bergara que declara que hay que romper «de manera inmediata» todos los acuerdos que el PNV mantiene a escala municipal con EH. Me dicen que hace un momento, frente al Ayuntamiento de Durango, la viuda de Jesús María Pedrosa se ha desmayado, incapaz de soportar la tensión. La alcaldesa peneuvista, Pilar Ardanza, ha decidido suspender la concentración.

Doña Pilar llegó al cargo con los votos de su partido, de EA... y de EH.

A la dirección del PNV parece que la situación se le escapa de las manos. Como Bergara, también el diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe, ha dicho que hay que acabar con los pactos que su partido tiene en una decena de municipios con EH.

Algo semejante ha manifestado el ex lehendakari Ardanza.

Durango, 18.00 horas.

Ya no llueve. Algo parecido a un sol de junio se asoma tímidamente entre las nubes.

Hoy no es como ayer.

Hoy la Ertzaintza se ha desplegado. Hay beltzas a mansalva: en la autopista, cada poco; en las entradas a Durango; en todas partes. Incluso en los tejados. Sus figuras negras, metralleta en mano, se recortan contra el cielo.

Un helicóptero vuela a baja altura. Quizá sea ese férreo control lo que ha dado confianza a muchos que ayer se quedaron en sus casas. Hoy se han atrevido a tomar la calle. O a cerrar sus comercios.

Hay una compacta muchedumbre en la plaza que flanquea la iglesia de Santa María de Uribarri.

-Sentí una impotencia... Verlo allí tirado, tantas horas...

Las apariencias engañan. Es una joven que parece recién llegada de la gaztetxe la que se lo dice a su compi, que lleva el pelo teñido de rubio.

Tiene los ojos anegados en lágrimas.

En la esquina de la plaza de la Magdalena, junto a una tienda de zapatos en rebajas, en el lugar en que ETA decidió que la vida de Jesús María Pedrosa había llegado ya demasiado lejos, hay ahora una corona de flores, varios ramos que languidecen y media docena de velas encendidas.

Y nadie delante.

Llegan a la iglesia la viuda y las dos hijas del asesinado. Dudo que oigan la ovación que les dedica la multitud.

Desoladas, no parecen de este mundo. Imagino que no entienden nada. Me uno a ellas: yo tampoco.

El aplauso se hace aún más cálido cuando aparece el féretro de Pedrosa, portado a hombros por sus compañeros del Ayuntamiento durangués.

Unos vecinos han creído que éste era un día excelente para colocar en su balcón la consabida pancarta: Euskal presoak, Euskal Herrira.

A Jesús Mari Pedrosa lo llevan preso en un ataúd. Y me temo que nadie vaya a amnistiarlo, ni ahora ni nunca. Sale la manifestación. Aznar e Ibarretxe caminan juntos por delante. Me pregunto si sería demasiado pedirles que hicieran juntos un camino algo más largo del previsto para esta tarde súbitamente luminosa. No sé si alguna vez se han dicho con franqueza todo lo que piensan. Hoy podría ser un buen día.

-Yo no soy valiente -comenta otra chavala, viéndoles pasar-. Podría serlo un día, así, en caliente. Pero todos los días...

Cuánta razón tiene. Ese es el gran problema: que esto es para todos los días.

Que se está haciendo eterno.

Asesinados y asesinos
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País  6 Junio 2000

El asesinato de Jesús María Pedrosa, concejal elegido en la lista del Partido Popular, abatido el domingo de un tiro en la nuca junto a su casa en el centro de la villa de Durango, acaba con las bromas de la realidad virtual, pulveriza la lucha por las audiencias, deja los éxitos del Gran Hermano en su preciso lugar, nos recupera de otros despistes, hace que cada uno ocupe de nuevo su localidad en la representación cívica y nos devuelve a los periodistas nuestras obligaciones ineludibles con la Historia del presente, tal como la ha entendido Timothy Garton Ash en el libro que con ese título acaba de publicar en Ediciones Tusquets.

Jesús María Pedrosa estaba afiliado al principio de la superioridad moral, la que se encierra en ese axioma del gran Arturo Soria y Espinosa, según el cual en último extremo, en última opción, más vale ser asesinado que asesino. Con Jesús María Pedrosa estamos ante un héroe civil, de ésos que lo son sin saberlo, sin molestar, sin dar espectáculo, sin ocupar espacio, ese espacio opaco superpoblado de los mitos ofrecidos para el cultivo exacerbado y próspero de la idiocia colectiva, atestado con biografías de los pícaros de la insustancialidad, con sucesos aberrantes o con granujas de los pelotazos financieros en cascada.

Vayamos ahora por la otra vertiente, la criminal. El arma homicida no se disparó sola o por error accidental, fue disparada con toda intención después de apuntar detenidamente a la cabeza de un ciudadano. Pero, además, el asesino no era un francotirador, un freelance, o un contratado de alguna empresa de trabajo temporal para algún oscuro ajuste de cuentas. El asesino que disparó estaba encuadrado en una banda criminal acreditada, ETA, que reivindica el crimen para que sea puesto a su cuenta y produzca rentabilidades. Una banda que recluta, mentaliza, entrena, utiliza, sostiene, remunera, homenajea, jubila y subsidia a sus efectivos a partir de determinada edad y condición con un plan de pensiones ad hoc. Para ser objetivo de estos asesinos encuadrados, para estar en el punto de mira de sus armas, basta con desobedecer a la banda etarra.

Frente a estos asesinos la ciudadanía está escindida. Un sector mayoritario los detesta aunque en la forma de manifestarlo haya toda una graduación en busca instintiva de alguna indulgencia, de alguna prórroga, de algún aplazamiento en la lista de espera para ser eliminados de donde como es natural a todos les gustaría quedar excluidos. Son gentes del común ajenas a ese culto a la muerte que tanto difundió hace 70 años Millán Astray y que ahora ha resultado ser el signo distintivo elegido por los etarras, esos nuevos novios de la muerte, sobre todo de la de los demás. Por compromiso cívico algunos de esas gentes del común se presentan para ser elegidos concejales o diputados en Vitoria o en Madrid. Otros colaboran en los periódicos o salen de su casa para adquirirlos en el quiosco más próximo. Y así, se la juegan, porque cualquier cosa puede calificarles como objetivos de la banda, sobrada de exégetas para cargar de sentido después el asesinato de quien sea.

El otro sector es el sector afín, más o menos asimilable, con toda suerte de matices diferenciales en esa afinidad pero con el disfrute conocido de la garantía de haber dejado de ser objetivo de los disparos y de los explosivos que coloca la banda y que otros círculos concéntricos explotan de modo más o menos directo para extraer beneficios suculentos y contribuir a ese mecano de la pretendida construcción nacional de los unos a costa de los otros. Qué lejos se sitúan estos afines del reproche al crimen, qué lejos de esa ciudad mejor en que los ciudadanos temen más el reproche que la ley, como nos recuerda Ferlosio en su libro El alma y la vergüenza, a propósito de Cleóbulo de Lindos.

Dijo un día Joseba Egibar que si ellos, los del PNV, habían sido declarados por ETA culpables de la ruptura del cese indefinido de la violencia, es sobre ellos sobre quienes deberían disparar. No ha vuelto a repetirlo y, entre tanto, se ha retrocedido hasta el punto de que las víctimas han dejado de ser de todos. Admiremos, en todo caso, a Jesús María Pedrosa que prefirió morir de pie que vivir de rodillas. Con su vida y con su muerte nos ha impulsado a ser más libres. Rindámosle tributo agradecido y emocionado. No le olvidemos.

Tinta o sangre
FERNANDO L. AGUDIN El Mundo  6 Junio 2000

En la escribanía de su despacho parisino, Soledad Iparagirre dispone de un doble tintero. Uno con tinta, otro con sangre. Mientras moja la pluma en el primero, la nueva propuesta soberanista que acaba de enviar a Arzalluz, moja la pistola en el segundo, al ordenar el asesinato de Pedrosa. Con esa perversa dialéctica, cartas para los nacionalistas y plomo para los no nacionalistas, trata de condicionar la respuesta que aguarda con suma impaciencia. Tanta que, horas antes de su penúltimo crimen, no ha vacilado en utilizar como correo público de su misiva a un desvaído Otegi en un mitin celebrado en Pamplona.

En esa contestación que no llega radica, probablemente, ese apremio criminal fechado desde Durango. Sólo puede interpretar la dilación de Arzalluz en responder como una negativa o como una tentativa de ganar tiempo para poder recomponer el pacto que apenas sostiene el endeble Gobierno de Ibarretxe. Después de la quiebra del proceso de paz, la desconfianza mutua es mayor que nunca. Si el destinatario de estas cartas cruzadas sospecha que la nueva oferta no busca más que convencer a las bases sociales de EH sobre la necesidad de la ruptura de la tregua, la remitente sospecha, en base a las declaraciones de González, que el retraso de la respuesta preludia la gestación de un acuerdo secreto con los socialistas.

Por lo tanto, la quiere aquí y ahora. Precisamente por ello, la sangre derramada de Pedrosa. Su asesinato pretende cortocircuitar el escaso margen de maniobra de sus interlocutores. A través de estas víctimas y las que vengan, se perfila una clara intención de impedir la más mínima posibilidad de intercambiar el cromo de Otegi por el de Redondo a la hora de mantener en pie el Gobierno de Ibarretxe.

Frente al significativo temor por la posible convocatoria de elecciones, tan palpable en un partido-Estado como es el PNV, trata de obligarle a que trague la tinta si quiere evitar que la sangre le deje sin recambio alguno de socio parlamentario. Es un claro ultimátum. O lo toma, o lo deja que, en este caso concreto, busca que sea traducido como dejar el Gobierno de Vitoria.

No hay más que mirar el próximo calendario, con fechas claves como el congreso socialista de julio o el debate parlamentario de septiembre en la Cámara vasca, para deducir que estamos ante la crónica anunciada de una ristra de asesinatos con la evidente finalidad de amontonar cadáveres no nacionalistas para colocar a Ibarretxe sólo ante el peligro de las urnas.

El modelo catalán  
Por Pablo PLANAS  ABC  6 Junio 2000

ESCRIBIR sobre la actualidad política, con todo lo que ello implica de evanescencia y banalidad, quizá sea una de las formas más elocuentes de expresar el rechazo ante el terrorismo. Es inevitable que el cuerpo tendido de Jesús María Pedrosa en una calle de Durango nos atraviese la conciencia en cada frase, pero de poco serviría añadir más adjetivos sobre ese velatorio en plena vía pública o sobre la falta de conciencia de quienes a eso todavía le llaman conflicto. En Cataluña, todos los partidos han suspendido sus actividades como homenaje a este concejal que según las crónicas había sabido encarnar los valores de la convivencia sobre las distancias ideológicas. El municipalismo es una de las vocaciones más puras que se pueden abrazar en el ejercicio de la política. En las discusiones sobre el trazado de una carretera, sobre la amplitud de las aceras, la seguridad ciudadana y la iluminación de los monumentos, está la grandeza de lo permanente y de aquello que tiene una influencia real en ese contrato social que alumbra el progreso. Un concejal, cualquier concejal consciente de sus obligaciones ciudadanas, es uno de los pilares maestros de la sociedad, el mejor intérprete de las necesidades cívicas y, con frecuencia, quien con más conocimiento de causa puede hablar sobre la necesidad de la política. Recordar a Blanco, Zamarreño, ahora Pedrosa y tantos otros es muchas veces imprescindible para no caer en el despropósito de alancear la política como si se redujera a un tremendo combate de vanidades y ambiciones.

Tras el asesinato de Durango, puede parecer frívolo escribir sobre la política catalana en términos de la sucesión de Pujol o alimentar la pira que espera a los legajos del Archivo de Salamanca con argumentos sobre la inconsistencia de los propios argumentos, pero a veces no hay mejor forma de subrayar la grandeza de una dedicación que hacer constar su lado oscuro, aquel en el que los actuantes mezclan ideología y conjura y en el que el servicio es una palabra de reminiscencias puramente espaciales. Es injusto, pero cualquiera es consciente de que en el objetivo de una cámara no cabe toda la realidad y que en los márgenes de una fotografía como la de Pedrosa tirado en el suelo hay todavía más horror, pero también vida.

Puede que, incluso, comentar la operación de acoso y derribo de Duran, la debilidad de Pujol, la hipocresía de algunos sectores de Convergència y la tensión en Unió sea un mecanismo de defensa contra la cruda realidad de un país en el que la libertad no es absoluta y en la que ser de un partido todavía es causa de muerte. La conmoción que provoca el sonido de un disparo provoca una paralización breve, una rigidez de naturaleza transitoria que nos hace comprender la diferencia entre lo importante y lo accesorio. Desde luego, en muchas partes de España, en la propia Cataluña, el sonido de la política abarca desde el rumor de los pasillos del Parlament hasta el clamor de una sociedad que manifiesta su indignación e incomprensión por lo que sucede en el País Vasco, donde el paisaje sonoro es de una intemperancia mortal. No hay muchas teorías sobre las causas de que en Cataluña la tensión entre nacionalistas y no nacionalistas sea digerible y en ocasiones hasta provechosa y en el País Vasco haya degenerado hasta hacerse insoportable. Sin embargo, la referencia catalana debería ser inevitable cuando se hablara de la paz y de ese eufemismo obsceno de la «construcción nacional». La coalición CiU no es menos nacionalista que el PNV, si bien el independentismo ha dado paso en Cataluña a la palabra soberanismo, que está a la espera de contenido que la defina. El lunes mismo, el diputado convergente Carles Campuzano decía en la edición catalana de este diario que la independencia en Cataluña «es un proceso irreversible» y la actualidad tejía una nueva guerra fratricida entre Duran o el nacionalismo posible y los talibanes, apodo en el que se reconocen los independentistas del partido de Pujol. Entretanto, Alberto Fernández pedía a CiU la creación de una propuesta asumible por todos los grupos sobre el sistema de financiación. Esta sinfonía catalana no es, precisamente, una obra maestra. No es una marina idílica ni un bodegón de diseño, pero sirve, por defecto, para atisbar algunas de las carencias absolutas en el País Vasco. Un debate tan abierto como el que se vive en CiU sería impensable en el PNV, lo que cuestiona gravemente el principio de la democracia. Cuesta imaginar a un dirigente del PNV en la misma tesitura que Duran y, desde luego, es impensable que el PP vasco o el PSE estén en la disposición de ánimo necesaria para hablar de política sin atender a la falta de libertad. Las guerras políticas en el País Vasco son reales, mientras que aquí llegan a la filtración de papeles y al uso de las flaquezas personales por motivos políticos. No es algo de lo que se puedan sentir muy orgullosos sus autores, pero la sangre de las víctimas es metafórica. Esta política es aborrecible, pero aquí también hay concejales como Pedrosa, con la diferencia, claro, de que no han de morir para salvarnos.

 

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