AGLI

Recortes de Prensa   Viernes 9  Junio 2000
#La virutud de la coherencia  
Editorial ABC  9 Junio 2000

#LOS AMAGOS DEL PNV Y EL PLANTON DE IBARRETXE
Editorial El Mundo  9 Junio 2000

#La casa
Por Alfonso Ussía ABC  9 Junio 2000

#Arzalluz
Por Ramón PI ABC  9 Junio 2000

#Arzalluz I
ERASMO El Mundo  9 Junio 2000

#El río suena
Jaime Campmany ABC  9 Junio 2000

#Muchos sordos en el País Vasco
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  9 Junio 2000

#El Foro Ermua, cristalización de la resistencia española
Lorenzo Contreras La Estrella  9 Junio 2000

#Ni agua
VICTORIA PREGO El Mundo  9 Junio 2000

#Misterioso discurso de Aznar
Pablo Sebastián La Estrella  9 Junio 2000

#«Es repugnante asumir que el PNV se va moviendo a medida que la banda terrorista va matando»
MADRID. ABC   9 Junio 2000

#Blindados a la compasión
EMILIO ALFARO, Bilbao El País  9 Junio 2000

#«LEY DEL VASCUENCE» EN NAVARRA: Los cargos navarros de Política Lingüística dimiten en bloque
EL MUNDO  9 Junio 2000

#Nota del Editor:
9 Junio 2000

#Pacto nefando
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 9 Junio 2000


La virutud de la coherencia  
Editorial ABC  9 Junio 2000

LA declaración institucional que el presidente del Gobierno, José María Aznar, emitió ayer sobre la situación del País Vasco tras el asesinato de Jesús María Pedrosa, ha vuelto a tener la virtud de la coherencia y la fuerza de la razón. El análisis claro y preciso que ayer expuso el presidente del Gobierno, con la dureza dialéctica que exige la definición de responsabilidades del nacionalismo vasco, contrasta con la confusión, interesada en algunos y negligente en otros, que reina en el debate político vasco. Los discursos del presidente sobre el País Vasco —ni el de ayer ni los que pronunció en la sociedad «El Sitio», de Bilbao, y en el Palacio de Euskalduna, durante la campaña electoral— no necesitan rectificaciones ni interpretaciones, porque contienen los únicos mensajes que la sociedad española, y la vasca en particular, es capaz de entender ante lo que está sucediendo en esa comunidad. Pedir, como pidió ayer José María Aznar —y con la claridad con que lo hizo—, respeto a la legalidad estatutaria, al marco constitucional y a las libertades y derechos de los ciudadanos vascos, es desarmar el entramado dialéctico en el que el nacionalismo quiere que todos nos perdamos. Son los nacionalistas los que ahora quedan emplazados para compensar a la sociedad vasca el inmenso daño que han causado; son los nacionalistas los que deben deshacer sus errores, cambiando radicalmente lo que el presidente del Gobierno llamó políticas de fondo, es decir, rompiendo el pacto de Estella, cuya raíz antidemocrática hace inviable cualquier reencuentro con las formaciones nacionalista. Que dimita uno u otro dirigente resulta irrelevante si se mantienen los mismos principios que se tradujeron en el pacto de Estella. Lo que ayer exigió el presidente Aznar fue una transformación esencial de la política nacionalista y lo hizo en la persona del lendakari Ibarretxe, como representante de las instituciones vascas, por más que él se empeñe en ser sólo el lendakari de los nacionalistas. Mientras no se produzca ese cambio radical del rumbo nacionalista, las disidencias en el seno del PNV estarán motivadas más por la necesidad que por la virtud, más por instinto de reacción que por una reflexión moral sobre los propios errores.

El discurso del presidente Aznar resultará también ineludible para el Partido Socialista en varios sentidos. Sin pretenderlo, Aznar puso a sus dirigentes en la obligación de cerrar el capítulo de las contradicciones en las palabras y en los gestos, porque no es esto lo que se espera de una formación imprescindible para la vida política vasca. Algunos de sus dirigentes parecen empeñados en hacerse notar como sea, aun a costa de confundir más a la opinión pública y a su electorado. Como en todo problema del Partido Socialista, no podía faltar la aportación de Felipe González, inasequible al desaliento, quien mantuvo una reunión con Xabier Arzalluz, muy del agrado del líder nacionalista. A pesar de todo, de las palabras de Aznar no salió un solo reproche al Partido Socialista. Todo lo contrario. El presidente del Gobierno invitó expresamente a los socialistas a participar en una vía política común, basada en unos principios que los socialistas no pueden repudiar, salvo deslealtad consigo mismos y con su electorado. La situación actual del País Vasco sólo admite y plantea disyuntivas; es la consecuencia de que el nacionalismo haya situado el régimen de las libertades de los vascos al borde del abismo. No hay terceras vías por descubrir, aunque a la obligación de optar entre cordura democrática y desvarío nacionalista algunos la llamen «seguidismo».

Pero en el fondo y en la forma del discurso de Aznar hay algo más que política; hay también una expresión inequívoca de respaldo a los ciudadanos señalados por el terrorismo y a sus movilizaciones públicas, la manifestación de un sentimiento de solidaridad con los perseguidos, que si fuera compartido por todas las formaciones vascas habría devuelto hace tiempo a la política en el País Vasco el contenido ético y lógico que ha perdido en los últimos dos años.

LOS AMAGOS DEL PNV Y EL PLANTON DE IBARRETXE
Editorial El Mundo  9 Junio 2000

" Los que han hecho la política del pacto de Estella no pueden encabezar su rectificación», afirmó ayer, tajante, el presidente del Gobierno. E insistió varias veces en esa misma idea: él no cree en la capacidad de rectificación de los actuales dirigentes del PNV.

Y tiene sus fundados motivos. Había quedado con Ibarretxe para reunirse y discutir de qué modo cabe reconducir la más que problemática situación política del País Vasco, y el lehendakari le dio plantón alegando que tenía un compromiso ineludible... en Pau. Xabier Arzalluz apareció al poco para quejarse de que hay «una guerra» contra el PNV. Sumemos dos y dos: Arzalluz -que se olvida una vez más de que lo característico de las guerras son los muertos- ha frenado en seco el intento de acercamiento de Ibarretxe a Aznar. Del mismo modo que está abortando todos los amagos de rectificación del PNV.

Así las cosas, cómo no entender que Aznar cifre sus esperanzas en que el PNV haga su particular catarsis y se dote de una dirección más sensata, o menos «enloquecida», por retomar la expresión del vicepresidente Rajoy.

Tiene toda la razón en criticar que el PNV y EA estén tratando de escapar de este nuevo brete asignando a los asesinatos de ETA «un sabor local». ETA asesina en Durango, y PNV y EA ponen fin al acuerdo municipal con EH... en Durango. ¿Habrá entonces que esperar a que los terroristas maten a alguien en todos los demás municipios en los que tienen pactos con EH para que terminen con esa colaboración de una vez? ¿Harán falta 13 cadáveres, a cadáver por pacto?

Aznar, en todo caso, no ha cerrado las puertas de modo definitivo a un posible encuentro con Ibarretxe, y ha hecho bien. Le ha dado dos semanas de plazo. Que sea él quien decida.

Tampoco le faltó razón al criticar a los «estrategas» que intentan poner en marcha una política de «aislamiento del Gobierno». Aludía indirectamente a la reciente reunión secreta entre González y Arzalluz para restablecer el acuerdo PNV-PSOE al margen y en contra del PP. Redondo Terreros se ha apresurado a declarar que su partido no hará de «tonto útil» al servicio del PNV. Es un dato a consignar.

Hay que tener muy claro que lo que debe exígersele al PNV se sitúa más en el terreno del cómo que del qué. No se trata de exigirle que renuncie a ser nacionalista, sino de persuadirle de que deje de hacer apaños con quienes no respetan la democracia. Por la paz y el fiel respeto a la voluntad popular, puede aspirar a lo que quiera. Pero con quienes matan y desprecian la voz de las urnas, a nada de nada.

La casa
Por Alfonso Ussía ABC  9 Junio 2000

EL rumor suena tan armónico, tan bello, tan dulce y melodioso que uno no termina de darle visado de certidumbre. Simplemente, que no puede ser verdad lo que a tantos tranquilizaría. ¿Cómo va a resultar cierto que se marcha? A ver si con tanto chisme, aquí va a suceder lo que en cierta empresa ocurrió años ha durante la Junta General que cerraba un mal ejercicio económico. El presidente tomó la palabra, y con una serenidad digna de aplauso, se dirigió a los accionistas. «Como presidente de esta empresa y principal responsable de su situación, me veo obligado a presentar mi dimisión irrevocable. Lo han oído ustedes bien. Presento mi dimisión irrevocable. Pero como accionista mayoritario no me da la gana de aceptar mi dimisión, por irrevocable que sea, y renuevo mi confianza en el actual presidente, exigiéndole, eso sí, que proceda a cesar a los miembros del Consejo de Administración por su demostrada incompetencia. Por lo tanto, como presidente y cumpliendo la voluntad del accionista mayoritario, les comunico su cese. Se levanta la cesión.

Viene a cuento esta anécdota porque ha corrido el rumor de que Arzallus, de nombre de pila Javier, está a un paso de presentar su dimisión como presidente de lo que Alfonso Guerra llamaba el «Burubazá», o sea, del «Euzkadi Buru Batzar», cúpula del poder del Partido Nacionalista Vasco. Que su política de integración con los terroristas y su entorno ha levantado un clamor de indignación en un sector muy amplio del nacionalismo. Que Guipúzcoa no le apoya, que Álava está radicalmente enfrentada a su proyecto y que Vizcaya, su Vizcaya, su territorio sagrado, ha dejado de prestarle su respaldo incondicional. Y que asegurada su integridad física en pago a los importantes servicios prestados a la organización terrorista, ha decidido marcharse a su casa a descansar.

¡Pobre casa! Con lo tranquila que estaba la casa, acostumbrada a las larga ausencias de su inquilino. «Que se nos instala el Javiercho», le ha comentado una pared del cuarto de baño a otra colega del salón. En el exterior, los verdes infinitos de Arteaga, con sus pinares, sus robledales, sus compactos hayedos. Mieses onduladas y descendentes hasta rozar el límite de la tierra y el abrazo primero de la mar. Los pájaros alerta. «¿Adónde vais tan alocados, jilgueros?»; «a los bosques de Pedernales, petirrojos. Que hemos oído que viene Arzallus a instalarse al caserío»; «pues volamos con vosotros, pero antes vamos a avisar a los gorriones. No podemos dejarlos solos».

«Que dicen por ahí, que no me lo he inventado, que nos viene el dueño para quedarse», le ha susurrado al oído el picudo tejado a las vigas de madera que sostienen el techo. «Pues ya es mala suerte», han respondido las vigas al unísono, crujiendo sus viejas maderas de roble. «¿Qué ruidos son esos?», le ha preguntado un peldaño de la escalera al volumen primero de las «Obras Completas» de Sabino Arana. «Es el paragüero de la entrada principal, que está temblando del susto». «Es que lo tiene peor que nosotros. Porque a ti te lee y a mí me pisa, pero a ése le arrea cada patada que no gana para soponcios», ha remachado el peldaño añorando sus tiempos de tronco libre.

Arzallus a casa, a su caserío, a su soledad. Si fuera cierto, mi más sentido pésame a sus paredes y mi enhorabuena y entusiasta felicitación al Partido Nacionalista Vasco, y a todos los vascongados pacíficos y demócratas, y a España entera. Pero se me antoja demasiado dulce el rumor, excesivamente amable como para tomarlo por bueno. La ventaja es que no posee la mayoría absoluta de las conciencias nacionalistas, y que no podría dimitir en falso para anclarse aún más a renglón seguido. Si dimite será porque le obligan a ello, que es la forma suave de escribir que le echan.

Rizando el rizo de los deseos, de los sueños luminosos, lo que a uno le gustaría es que a Arzallus lo mandaran donde merece, es decir, a la mierda, pero tampoco sería recomendable. Nos sirve y nos sobra el que se vaya a su casa. ¡Pobre casa!

Arzalluz
Por Ramón PI ABC  9 Junio 2000

AYER el protagonista de esta Revista de Prensa era Durango como detonante de lo que parece un giro en la estrategia del PNV, pero lo que reflejan hoy los periódicos es mucho más personal: va directamente a Xabier Arzalluz, presidente del Euskadi Buru Batzar (EBB), que es el máximo órgano del Partido Nacionalista Vasco. Arzalluz, el que al decir de muchos manda más en el País Vasco, Arzalluz, patriarca y profeta a la vez, está siendo contestado en su propia casa. «La crisis del PNV hace tambalear al propio Arzalluz» (La Vanguardia). «Los líderes del PNV de Vizcaya a Arzalluz: “Hasta aquí hemos llegado”» (El Mundo). «El fracaso de Estella cuestiona el liderazgo de Arzalluz» (ABC). «El Partido Nacionalista Vasco prepara el relevo a medio plazo de Arzalluz» (El País). «Arzalluz planta cara al PNV y se niega a romper con EH» (Diario 16).

Anteayer circularon muchos rumores acerca del posible anuncio de la dimisión de Arzalluz, probablemente provocados por el «suspense» que el propio presidente del PNV generó al negarse a decir nada «hasta que haya pasado el duelo», o sea, hasta ayer jueves. Entre este silencio y el mar de fondo en el seno del partido, era fácil que circulase ese rumor, que la cúpula peneuvista se vio obligada a desmentir, aunque atribuyó el origen del rumor a «los aparatos de propaganda del Gobierno español». Pero cuando ocurren estas cosas es que algo hay cociéndose en el fuego, y por eso no es extraño que El País presente como noticia lo que, hoy por hoy, es una conjetura: lo más probable es que esta predicción acabe confirmándose, porque los síntomas son casi mortales de necesidad, como suele decirse, con perdón por la manera de señalar.

Pero en el PNV las cosas no se producen de un día para otro. El Correo, de Bilbao, en la información que ofrece de la última reunión del EBB, cuenta que «Josu Bergara ha liderado el movimiento que ha desencadenado el giro. El diputado general de Vizcaya reclamó el lunes la “ruptura inmediata y total” de cualquier compromiso con EH. Le secundaron su homólogo de Guipúzcoa Román Sudupe —crítico con Egibar— e Iñigo Urkullu, el líder de la organización vizcaína. Esta propuesta se impuso al final en el EBB con la aquiescencia de Xabier Arzalluz. El problema al que se enfrenta ahora el partido es cómo afrontar el cambio de rumbo sin el desgaste que supone la asunción de un fracaso y sin pasar factura a los dirigentes que más apostaron por Lizarra». Una interpretación muy parecida se expresa en La Vanguardia: «El dilema al que se enfrenta la dirección del PNV es cómo cambiar de estrategia “salvando la cara” de quienes como Joseba Egibar o Gorka Aguirre, avalados por el propio Arzalluz, han sido las cabezas visibles de la política de pactos nacionalistas desarrollada desde 1998. Y, además, cómo hacer compatible esa reorientación con la estrategia soberanista adoptada por el PNV de manera oficial en la asamblea general celebrada el pasado mes de enero. El propio lendakari Juan José Ibarretxe reconocía ayer que se estaba cerrando una etapa “que no se ha gestionado bien” pero consideraba que “lo peor que podríamos hacer es entrar en un debate sobre quién tuvo la culpa”».

En la información de ABC se ofrecen unas claves que pueden ayudar mucho a comprender no sólo el fondo, sino el trasfondo de la situación en el PNV. «La fuerza del diputado general de Vizcaya, Josu Bergara, no consiste tanto en su peso político —siempre ha sido un fiel seguidor de Arzalluz— sino en el hecho de que controla la Hacienda Foral más importante del territorio en el que la masa electoral del nacionalismo es más alta, pero asentada en zonas urbanas en las que el PNV está en imparable caída electoral desde los comicios autonómicos de octubre de 1998 (...) El PNV de Vizcaya (...) ha detectado sin género de dudas que el PP sigue registrando un incremento de aceptación por parte del electorado (...) Los círculos económicos vizcaínos, además, consideran que de seguir el PNV instalado en la actual política, el Congreso de los Diputados se limitaría a renovar el Concierto Económico el 31 de diciembre de 2001, dejándolo, posiblemente, sin protección ante las instancias europeas, que cuestionan abiertamente la vigencia de este sistema». Quizás esto último sea un poco temerario por parte de los innominados «círculos económicos vizcaínos», pero qué duda cabe de que los aspectos económico y electoral (al margen de consideraciones éticas, desde luego) tienen un peso evidente.

El Mundo dedica un comentario a Arzalluz («Arzalluz, cogido en la pinza de su apuesta fracasada»): «Al presidente del PNV le está perdiendo su soberbia. Se resiste a admitir que hizo una apuesta (...) y que la ha perdido irremisiblemente. Insistimos: lo único que queda por ver es si con cinco muertos le basta, o si necesitará que haya otro más para admitir que ha fracasado de punta a cabo».

Arzalluz I
ERASMO El Mundo  9 Junio 2000

Es la tierra de Buñuel, de Lorca, de Dalí: el spot de un todoterreno muestra a un anciano que ansía ser el primer octogenario que llega al Polo Sur vestido de marinerito en compañía de Georgie Dann, cantando La barbacoa. Así, este Merlín ofuscado y euskaldún lleva décadas en su porfía filosofal para transmutar la sangre en agua bendita. ¿Y? Profésese el surrealismo, pero sin exagerar.

El río suena
Jaime Campmany ABC  9 Junio 2000

ALGO se mueve en el PNV y en el Gobierno del País Vasco. Probablemente es sólo un leve temblor de tierra que no llega a terremoto fuerte en la escala de Richter, pero que de alguna manera lo anuncia, se produzca o no se produzca luego. Con el PNV jamás se sabe lo que puede ocurrir porque no siempre se comporta de una manera coherente, y en cualquier momento puede salir por los cerros del monte Igueldo. Pero algo se mueve en el PNV y algo se mueve, por tanto, en el Gobierno del País Vasco. No es posible adoptar las posiciones que Gobierno y partido han exhibido en los últimos meses sin que ocurra nada en el seno de uno y otro, y sin que una parte de dirigentes y militantes nacionalistas se rebele contra la dirección de Arzallus.

Las actitudes de resistencia y de recelo contra las directrices de la cúpula actual del PNV, Javier Arzallus e Iñaki Anasagasti muy especialmente, son evidentes aunque todavía sordas o sofocadas. No ha estallado la rebelión, pero se vislumbran los síntomas. Y es natural. Pocas dudas pueden caber acerca del rotundo fracaso de la política del PNV en manos de Arzallus. Los propios etarras se han ocupado en dejar en ridículo esa política y de proclamar que el PNV había caído en el engaño de la tregua. Arzallus ha fracasado en el juego pactado con ETA y ha fracasado frente al Gobierno porque no ha arrancado de él nada de lo que pretendía. El regreso de la banda etarra a la estrategia del asesinato es en primer lugar un estruendoso fracaso del PNV.

El pacto de Estella/Lizarra se encuentra convertido a estas horas en papel mojado. Nadie cree que tenga o pueda tener en el futuro alguna virtualidad. Ni negociación con todos los partidos, «sin exclusiones», es decir, también con Euskal Herritarrok, el mismísimo brazo político de ETA, ni mucho menos la autodeterminación. El Gobierno de Aznar no cayó en la trampa mortal de la tregua. La ruptura a medias de los pactos de gobierno dejó a Ibarreche a la intemperie. Los últimos asesinatos han movilizado a una parte muy numerosa de la ciudadanía vasca. El asesinato del concejal popular Jesús María Pedrosa ha roto la triple alianza nacionalista en el Concejo de Durango y quizá en otros. Y el abandono de Arzallus se convierte en rumor.

Es una situación política y social cuya salida no se vislumbra. Es decir, es una situación política y social cuya salida más razonable sería la dimisión de Javier Arzallus y la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas. En muy poco tiempo, los sucesivos asesinatos de los etarras han provocado esa situación excepcional. El deterioro de la situación política se ha precipitado, el nacionalismo se encuentra dividido y el Gobierno de Ibarreche se halla en tenguerengue. Todo es confuso, incoherente y contradictorio, y en estas condiciones cualquier acontecimiento es posible, nada es descartable. Ni siquiera podemos descartar el abandono del poder por parte de los dos partidos que lo ostentan, PNV y Eusko Alkartasuna.

Por más que el PNV se haya apresurado a desmentir en términos rotundos los rumores de dimisión de Javier Arzalluz y los atribuya a estratagema de Aznar, el río suena. Y si suena, poca o mucha, agua lleva. Arzalluz ha caminado últimamente de error en error, y su posición extremosa, intransigente y acusatoria le ha convertido en un pesado lastre y en un estorbo gigante para que el PNV mantenga una mínima moderación y un diálogo razonablemente respetuoso con las fuerzas políticas no nacionalistas. El peligro de que el partido sea expulsado de la Internacional democristiana habrá pesado en el ánimo de muchos viejos peneuvistas. No pocos estarán convencidos de que al PNV Arzalluz sólo puede aportar problemas e histerias.

Muchos sordos en el País Vasco
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  9 Junio 2000

PARTE significativa del problema vasco reside en la incapacidad que evidencian las partes, todas, para escuchar las razones, o los argumentos, de las demás. Cierto es que algunos planteamientos, especialmente los procedentes de los ámbitos más violentos del muestrario, es mejor no oírlos; pero resultará difícil, si no es imposible, construir una convivencia sobre los monólogos, más o menos lúcidos, de los protagonistas. El hecho de que, en muchas ocasiones, hablen las pistolas dificulta más aún el diálogo, pero las piezas que hoy tenemos a la vista exigen el esfuerzo para el entendimiento de un mosaico.

Según recoge Francisco Álvarez-Cascos en su libro «Los parlamentarios asturianos en el reinado de Fernando VII», en mayo de 1820, en la catedral de Oviedo se celebró la elección de diputados que habrían de representar a Asturias en las Cortes. Uno de los cinco electos, Manuel Abad Queipo, que había sido obispo de Michoacán, renunció inmediatamente a su representación y lo argumentó, por escrito, diciendo que se consideraba «con impedimento físico para desempeñar tan delicado encargo». Don Manuel era sordo y «a una vara de distancia nada entiende ni percibe de lo que se habla en el tono regular de las conversaciones familiares: y a distancia de más de dos varas nada entiende ni percibe de lo que se habla en el tono esforzado y sostenido de tribuna».

Nuestro problema, hoy, se complica porque los sordos voluntarios carecen del garbo y la responsabilidad de Abad Queipo, que, por cierto, fue condenado —siendo ya obispo de Tortosa— a seis años de reclusión en el convento toledano de Santa María de la Sista, en donde murió. Descartando a los etarras y a sus más próximos amigos, que no tienen ningún interés en escuchar ni en oír, el mundo nacionalista moderado, aunque sólo lo parezca por contraste, es un mundo en el que, como en las cámaras anecoicas, no penetra ningún sonido. Viven una fantasía sin banda sonora y, de hecho, se quedan en la contemplación muda de su propio ombligo.

Si Xabier Arzalluz escuchara, aún sin entenderlos, los disparos de los «otros» nacionalistas, los ruidos de la calle, los rumores de los próximos, los ecos de los afines y las voces de los demás, su centenario partido no incubaría una crisis demoledora y el futuro del País Vasco en particular, y de España en general, parecería más prometedor y sencillo. Claro que quien no atiende las voces de la Historia y se cree en posesión de la verdad, es como si, siendo duro de oído, se colocara junto a un altavoz para escuchar, a tope de decibelios, un chistu y un tamboril en la hermosa ejecución de un zorcico. Así no se perciben ni las trompetas del juicio final.

El Foro Ermua, cristalización de la resistencia española
Lorenzo Contreras La Estrella  9 Junio 2000

La manifestación organizada en Bilbao por el Foro Ermua se ha desarrollado sin presencia oficial nacionalista. Nada más lógico y al mismo tiempo más lamentable. Ermua, la localidad vizcaína de la que fue concejal Miguel Ángel Blanco, se ha convertido para el PNV y compañía -nada digamos para EH/HB- en un nombre maldito. A partir de aquel crimen, del que fue víctima el citado edil, algo quebró en el mundo político vasco. Comenzó entonces de manera distinguida, terriblemente excepcional, la persecución terrorista sistemática del político en ejercicio. Antes habían tenido lugar otros asesinatos de esta índole, pero nunca de manera que no fuese esporádica. Las acciones criminales buscaban preferentemente al funcionario en general, mejor si llevaba uniforme. O si lo usaba en horas de servicio. Eran los tiempos del tiro a la nuca y al uniforme de paso. Magnífica combinación para los miserables pistoleros.

El funcionario de prisiones -caso de Ortega Lara-, bien por secuestro, ya por amenaza y también alguna vez por disparo a matar, entraba en el repertorio. Todo se mantenía aún en el límite convencional indicado. Servidores del Estado, objetivo seguro. Carceleros, la mejor leña para el infierno etarra.

Quedaba el político sin entrar en el crimen sistemático. Y ha sido la incorporación de ellos a la nómina fatal de los habituales el factor que ha desencadenado la carrera desenfrenada hacia el punto de inflexión de lo intolerable. Y a partir de ahí, la gran alarma oficial, incluida la nacionalista, que habría de motivar la carrera del PNV y EA hacia las connivencias con ETA y su mundo, en una infundada esperanza de que la llamada "construcción nacional" serviría para que el proceso del conflicto vasco entrara en vías de pacificación al precio de la radicalización política.

El cálculo salió mal. ETA pudo conceder una tregua a cambio de constituir con los nacionalistas democráticos el "frente de Lizarra". Fue la tregua "trampa", así definida desde el primer momento por el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, y luego por la mismísima banda terrorista. Y se acabaron las ambigüedades. El PNV y EA no pedaleaban al mismo ritmo que sus "socios" de la metralleta.

Terminada la tregua, los nacionalistas conocieron la tremenda realidad del fracaso. De su fracaso. La muerte de Miguel Ángel Blanco había marcado la conveniencia, a juicio de aquéllos, del despegue hacia la bandera de la "construcción nacional", en la presunción infundada de que, una vez probado el sabor del alto el fuego, ETA tendría muy difícil volver a las andadas. Los nacionalistas se durmieron en esta expectativa. ETA necesitaba por esencia el olor de la pólvora y no tardó en echarlo de menos. Había conseguido que el PNV y EA aceptaran la institución espuria de Udalbiltza o asamblea de electos, que habría de funcionar como parlamento paralelo al de Vitoria, es decir, una creación política al margen de la Constitución y del Estatuto de Guernica. Pero eso no era suficiente para saciar el apetito independentista, necesitado de mayor velocidad en el proceso de ruptura con el Estado español. Y los pactos de Lizarra no bastaron.

Frente a Udalbiltza estaba el Foro Ermua como cristalización de la resistencia española. La manifestación del miércoles en Bilbao, organizada por él, no podía ser secundada desde las posiciones nacionalistas democráticas. Con el alma vendida al diablo, ese nacionalismo se siente poco menos que irrecuperable, a pesar de que en su seno se han levantado las primeras y concluyentes voces de protesta contra la política de Arzallus e Ibarreche.

El Foro Ermua vale como embrión organizativo de la comunidad no nacionalista del País Vasco. Era en este sentido harto difícil que los nacionalistas acudieran a la manifestación de Bilbao. El Foro ha planteado además a los partidos PNV y EA una pregunta cardinal: hasta cuándo tendrá la pacificación que estar supeditada a las exigencias del soberanismo y del independentismo. Pregunta que jamás responderán los interpelados.

Ni agua
VICTORIA PREGO El Mundo  9 Junio 2000

Nunca se le habían oído a José María Aznar tantos adjetivos terribles: inaceptable, amargo, abominable, truculento, sangrienta utopía, indecencia moral e intelectual, escándalo político y así sucesivamente. Y no es que el presidente Aznar hablara ayer presa de un súbito ataque de cólera. Todo lo contrario. La filípica lanzada contra el PNV y contra la política defendida por Arzalluz la traía escrita en unos folios que leyó con parsimonia y subrayando con una especial dureza en la voz los calificativos más tremendos.

El hecho de que el PNV no haya roto hace ya mucho tiempo y por completo todos y cada uno de sus vínculos con el brazo político del terrorismo etarra y la noticia de que pueden estar produciéndose contactos de alto nivel entre el PNV y el PSOE -léase el encuentro secreto que al parecer mantuvieron hace unos días Xabier Arzalluz y Felipe González- le llevaron a advertir que no está dispuesto a caer en emboscadas tendidas por sus adversarios políticos sobre el campo trágico de un pueblo vasco, el no nacionalista, que sigue malviviendo entre el pánico y la muerte.

Atacó la apuesta soberanista y afirmó que la paz y la libertad jamás serían compatibles con el Pacto de Lizarra. Pero no sólo eso. Aznar dejó bien claro ayer que no se va a conformar con un principio de rectificación por parte del PNV. No le valen estos primeros gestos de ruptura que hemos visto en los últimos días, ni le valen las voces críticas que se han levantado dentro del partido nacionalista. Quiere mucho más, quiere exactamente lo que sabe que no va a producirse. Exige el abandono de Lizarra y la rectificación en todos sus términos de la apuesta peneuvista pero, por si eso no bastara, advierte que tampoco creería en la veracidad de todo ello si quienes fueran a encabezar un giro semejante, incluida la solicitud del perdón, fueran los actuales dirigentes del partido vasco.

Aznar se ha levantado definitivamente de la mesa. No quiere jugar esa partida, ni siquiera admite a esos contrincantes. No les concede ni tiempo, ni espacio político ni crédito. Les niega el pan, la sal y, por supuesto, la mano. A partir de ahora la apuesta es frontal. Quedó en el aire una duda. ¿Le acompañará el PSOE en esta travesía? El presidente espera que sí y para sustentar su esperanza se atuvo a las posiciones que todavía hoy mantiene la cúpula oficial del Partido Socialista. Pero él sabe bien que no todos en el PSOE están dispuestos a seguirle en esta cabalgada y que algunos socialistas notables están deseando rescatar al PNV del cepo de lobos en el que HB y ETA le han hecho caer. Quizá por eso advirtió que en esta senda de plantar cara a la estrategia nacionalista seguirá adelante pase lo que pase, acompañado o solo, si es menester.

Aznar no quiso decirlo porque sabe ya que no es cosa que le corresponda. Pero en estos instantes no contempla otra posibilidad que acorralar al PNV, con sus actuales dirigentes a la cabeza, hasta que éstos, exhaustos, se vean obligados a convocar elecciones. Mientras tanto, ni agua.

Misterioso discurso de Aznar
Pablo Sebastián La Estrella  9 Junio 2000

La prometida declaración de Aznar sobre el momento actual de la crisis vasca nos ha dejado un poco perplejos porque no sabemos bien lo que el presidente ha querido decir de ciertas cosas que son importantes. Por supuesto hemos entendido y compartimos su alegato en defensa de las libertades, la democracia, el Estado de Derecho, el Estatuto y la Constitución. Y su severa crítica al PNV por sus pactos con EH y su presencia en el marco de Estella. Como nos parece acertada su autopregunta de si hacen falta que mueran catorce concejales para que el PNV rompa sus pactos municipales con HB, como hizo en Durango.

Ésta es la posición del Partido Popular y del Gobierno. Una posición conocida que Aznar ya presentó en el Parlamento días atrás y que, según explicó, coincide en lo esencial con lo que dijo al lehendakari Ibarretxe al término de la manifestación de Durango. Aunque Aznar, en contra de lo que había prometido, no quiso repetir exactamente esas palabras contundentes "y por su orden" que le habría trasmitido a Ibarretxe. Como tampoco explicó la fallida entrevista con Ibarretxe, que al parecer estaba prevista para el día de ayer y que no se celebró por no sabemos qué excusa o viaje internacional del lehendakari. Aznar dejó confusión sobre este encuentro y vino a decir que ofrecía dos semanas más a Ibarretxe para celebrar una reunión.

Todo ello nos incita a pensar que, ante el anuncio o casi advertencia de una contundente declaración de Aznar, Ibarretxe se ha negado a visitar La Moncloa, recordando lo que le pasó en una de sus últimas entrevistas cuando Interior distribuyó papeles de las entrevistas de ETA y PNV en el mismo día. De la misma manera que resulta sorprendente que Aznar dé o se dé un plazo de dos semanas para hablar con Ibarretxe.

Sin perder de vista, en todo esto, su alusión a posibles maniobras de aislamiento del PP y de su Gobierno en el caso de que el PNV y el PSOE llegaran a un acuerdo. Aquí está el meollo de la cuestión. Al margen de que en el PNV ahora se reconozca que fue un error no romper con HB cuando ocurrió el primer atentado de ETA tras la tregua, en el PNV no están dispuestos a que se diga que sus esfuerzos por renovar la tregua en el seno del pacto de Estella no eran sinceros, ni está dispuestos a que el Gobierno del PP meta la mano en el PNV, o el bastón en las ruedas del partido, exigiendo la cabeza de su líder, Arzalluz, quien ayer acusó a Aznar de haberle declarado una guerra personal.

En estas circunstancias el PNV lo tiene todo bastante mal porque la crisis interna existe, la presión social y mediática no cesa y ETA y HB van a seguir apoyando los atentados. Luego tiene que buscar una salida. Y esa salida está en un posible pacto de gobierno con el PSOE, cuando se culmine la ruptura con EH. De esa manera el PNV no le daría a Aznar la victoria de su cambio de posición sino al PSOE, y el PP quedaría fuera y marginado de un gobierno tripartito (PSOE, PNV, EA), como lo teme Aznar, según su propia declaración.

Una declaración en la que Aznar, justo es decirlo, fue más prudente que otras veces frente al PNV y no pidió, lo que fue muy extraño, unas elecciones anticipadas en el País Vasco. En realidad Aznar intenta un nuevo diálogo con Ibarretxe y a la vez implicar al PSOE en su estrategia de ataque frontal al PNV. Estrategia que veremos cómo va. No en vano se ha sabido que González se ha reunido con Arzalluz y que Ibarretxe se entrevistará con Chaves, contacto que preocupa en La Moncloa. Aunque el PSOE va con pies de plomo, como lo recordó ayer su primer representante vasco, Redondo Terreros, cuando afirmó que ellos no pensaban ir de tontos útiles ni de salvadores del PNV, si antes no quedaba clara la ruptura con HB.

Así más o menos están las cosas, aunque pueden empeorar si ETA reanuda sus crímenes. Pero lo más cierto, en todo esto, es que ayer esperábamos alguna novedad en la muy anunciada declaración de Aznar y esa novedad no llegó. Repitió su posición, razonable y razonada, pero nada más, de ahí el misterio de la convocatoria a los medios de comunicación; ¿para qué? Ésa es la cuestión.

«Es repugnante asumir que el PNV se va moviendo a medida que la banda terrorista va matando»
MADRID. ABC   9 Junio 2000

El presidente del Gobierno, José María Aznar, realizó en la tarde de ayer la siguiente declaración al comienzo de la conferencia de Prensa que tuvo lugar en el Palacio de La Moncloa:

«Buenas tardes a todos. Me hubiera gustado hoy \ darles cuenta de mi entrevista con el presidente del Gobierno vasco; pero, sin embargo, el domingo pasado nos pusimos en contacto con él para concertar la entrevista de hoy \, que no ha sido posible celebrar, al parecer, por compromisos del «Lehendakari» en el extranjero. En cualquier caso, quiero decirles que espero que la entrevista se produzca en el plazo de dos semanas.

Desgraciadamente, la pregunta que muchos nos hacemos desde hace ya algún tiempo, la pregunta que yo planteé hace algunas semanas en el Debate de Investidura, sigue siendo la misma, pero con una triste diferencia, desde el domingo pasado hay un muerto más y la pregunta sigue sin respuesta. ¿Qué tiene que ocurrir para que el Partido Nacionalista Vasco rompa absolutamente con el Pacto de Estella y con Herri Batasuna?

RECTIFICAR A GOLPE DE ASESINATO
Es inaceptable, en mi opinión, que los amagos de rectificación por parte de los nacionalistas se produzcan a golpe de asesinato y no me parece admisible que algunos hayan llegado a depositar su optimismo y su esperanza de cambio en el próximo asesinato de la banda terrorista. Es, sencillamente, repugnante asumir que el Partido Nacionalista Vasco se va moviendo a medida que la banda terrorista va matando.

Yo, desde luego, no deposito mi esperanza ni mi optimismo en que haya más asesinatos. Ese argumento a mí no me vale. Asumir ese razonamiento sería tan abominable como asumir que hacen falta una serie de muertos para que el Partido Nacionalista Vasco rompa su entramado con el mundo violento de la banda terrorista.

EL PACTO DE ESTELLA, INVALIDADO
La colaboración, la unidad de acción, la sumisión del frente nacionalista, no queda invalidada por los muertos. El Pacto de Estella -y no me cansaré de repetirlo- está invalidado desde el principio, porque es un acuerdo de raíz profundamente antidemocrática. Es un pacto con la banda terrorista para la ruptura del marco político y para la exclusión expresa de todos aquellos que no sean nacionalistas.

El Pacto de Estella pervive en un Gobierno y en unas instituciones que, al día de hoy, siguen viviendo de la mayoría excluyente nacionalista. Y lo que está ocurriendo no es un simple desvío, sino que es la consecuencia lógica de una estrategia que ha dado alas a la banda terrorista y juego a su entorno, sin haber obtenido ningún compromiso, ningún resultado, a cambio.

Esta estrategia no es más que el resultado de juntar la pólvora y el fuego y hay que preguntarse a dónde pretendía llegar el Partido Nacionalista Vasco.

IDENTIFICAR CON LOS FINES DE ETA
Si pactan la ruptura del Estatuto; si se comprometen a excluir a los no nacionalistas; si pactan con una fuerza política que incluye en sus listas a terroristas y que practica la coacción y la amenaza; si se identifican con los fines de la banda terrorista y su entorno, aunque digan discrepar en sus medios; si las responsabilidades de un Gobierno se ejercen en función de lo que entienden que favorece o dificulta ese proyecto político que quieren poner en marcha; si actúan y si piensan así, lo que se está dando es una truculenta patente de corso a todos aquellos que hace ya dos años dijeron que había que comenzar la persecución de los no nacionalistas.

CLAVES PARA UN NUEVO RUMBO
Yo creo que es necesario un nuevo rumbo en la política vasca, un nuevo rumbo centrado en algunas cuestiones de fondo:

-En primer lugar, en el restablecimiento de consenso del Estatuto en el marco constitucional;

-en segundo lugar, en un compromiso claro, concluyente e inequívoco con la defensa y el respeto de los derechos y libertades de todos los ciudadanos vascos;

-y, en tercer lugar, en el restablecimiento de la lógica democrática, afrontando los problemas de la sociedad vasca, que no son los problemas de un partido que ha arrastrado a esa sociedad a una situación insostenible de degradación de las libertades, riesgo de fractura; que en su estrategia política y sus responsabilidades institucionales ha antepuesto su proyecto sectario de la llamada «construcción nacional» y que hoy, más que nunca, vuelve a presentarse como una utopía sangrienta e inaceptable.

Soy plenamente consciente de mis responsabilidades como presidente del Gobierno y para lo que he sido elegido por los ciudadanos españoles. Hay determinados papeles que yo nunca jugaré y quiero dejar claro cuál es la única medida auténtica de la rectificación que se reclama del nacionalismo: el reencuentro de los que han abandonado el acuerdo estatutario, el respeto al marco constitucional y la defensa de las libertades de todos los ciudadanos vascos.

«NO CAERÁN MÁS NUECES»
Que pierda toda esperanza la banda terrorista de una victoria que sabe que es imposible contra el Estado de Derecho, que pierdan toda esperanza los que pretenden seguir engañando a los ciudadanos vascos y que pierdan toda esperanza los que crean que por la violencia o por su cese van a obtener un precio político, se disfrace éste como se disfrace. Del árbol no van a caer más nueces por mucho que lo quieran sacudir.

Quiero decirles que doy por descontado que algunos seguirán viendo en el último asesinato de la banda terrorista un simple chaparrón y que, cuando crean que ha escampado, desde la indecencia moral e intelectual, volverán a equiparar las víctimas a los verdugos, volverán a identificar la firmeza democrática en defensa de la libertad y del marco constitucional con la persistencia criminal de ETA.

Doy por descontado también que puede que alguien promueva ingeniosas estrategias de supuesto aislamiento del Gobierno; pero quiero decirles que el Gobierno está absolutamente decidido a seguir por el camino que conduce a la verdadera paz. Seguirá apoyando la movilización de los ciudadanos en todas sus manifestaciones de la sociedad plural y no dudará en la aplicación, siempre innegociable, del Estado de Derecho.

Ésta es la reflexión que yo les quería hacer esta tarde, en razón de los acontecimientos que hemos vivido en los últimos días; ésta es la reflexión que quería hacer, es la reflexión que he hecho».

Blindados a la compasión
EMILIO ALFARO, Bilbao El País  9 Junio 2000

Matar a un semejante es más fácil (o resulta menos complicado) una vez que previamente se le ha arrebatado toda condición humana. Convertido el adversario político en "enemigo de Euskal Herria" y reducido sucesivamente a la categoría de entidad opresora, posible objetivo y diana, el asesinato final de un conciudadano, de un vecino quizás, apenas conmueve en el núcleo social en el que se soportan y regeneran ETA y sus organizaciones satélites. Al menos, no lo suficiente para cuestionar de forma radical el uso político de la violencia en sus diversas gradaciones.

La extrema ideologización de esta comunidad del rechazo ha construido a su alrededor un blindaje contra el sufrimiento ajeno. Sus miembros subliman el padecimiento de los suyos, convirtiendo el alejamiento de los presos de ETA de sus familiares en una suerte de suprema tortura. Sin embargo, se muestran metálicamente insensibles al dolor que pueda sentir, por ejemplo, una esposa o un hijo cuyo marido o padre ha sido asesinado por el simple hecho de pensar diferente. Los responsables de HB archivan sus condolencias con la frialdad de un expediente burocrático; la víctima, previamente cosificada, una vez muerta pasa a ser una consecuencia del "conflicto político", una especie de subproducto fatal del mismo.

Pero en la medida que se ha extendido el abanico de las víctimas posibles, se ha endurecido su coraza contra la compasión. El relato estremecedor de las llamadas anónimas relatadas ayer por la viuda de Jesús María Pedrosa ha estado precedida en Euskadi por otras historias de la infamia en las que al crimen se ha sumado el oprobio, y al tiro en la nuca se ha añadido otro balazo dirigido a la memoria de la víctima y al centro del dolor de sus familiares y compañeros. Sucedió en el caso de Gregorio Ordóñez. No contentos con que sus mayores lo hubieran matado, jóvenes alegres y combativos asaltaron y profanaron en varias ocasiones la tumba del concejal del PP en el cementerio de San Sebastián. Quizá eran los mismos que ante las concentraciones pacifistas contra el secuestro del empresario José María Aldaya gritaban "Aldaya, paga y calla" y, desde luego, compartían el fanatismo y la idiocia moral del que escribió en Andoain "Lacalle, jódete" el mismo día en que enterraban al veterano luchador antifranquista José Luis López de Lacalle.

A la misma camada pertenecen quienes han querido hurgar en la congoja de la familia del concejal de Durango con llamadas insultantes al asesinado. Posiblemente los autores eran vecinos o conocidos de la víctima. "Jesús Mari, ya estás muerto", "Jesús Mari, hijo de puta", han escupido. No han utilizado el apellido, que denotaría distancia incluso a la hora de odiar.

A lo mejor alguno de ellos fue quien vigiló los pasos de Pedrosa y trasladó los datos a la organización, el informador, ese personaje viscoso y siniestro (ni siquiera trágico) del auto de fe en que los violentos quieren convertir el País Vasco. O igual era el mismo que señaló la víctima al pistolero. Pero lo seguro es que les falta la suficiente compasión como para considerarlos humanos.

«LEY DEL VASCUENCE» EN NAVARRA: Los cargos navarros de Política Lingüística dimiten en bloque
Los funcionarios apoyan su dimisión en la actitud de UPN y PSN ante el euskera
EL MUNDO  9 Junio 2000

PAMPLONA .- Los responsables de la dirección general de Política Lingüística del Gobierno de Navarra han decidido dimitir en bloque por la actitud de los partidos gobernantes, UPN y PSN, ante el euskera.

Los ya ex responsables del fomento del idioma en Navarra creen que han sido criticados de un modo injusto por los citados partidos y consideran imposible desarrollar su labor en medio de un ambiente enrarecido. Los recortes presupuestarios también han afectado a su decisión.

De todos modos, lo que ha hecho que la situación se desborde son los rumores que corren acerca del nuevo decreto sobre el euskera que pretenden aprobar UPN y PSN. El documento suprimiría las bonificaciones que obtienen aquellos que se presentan a las oposiciones del Gobierno Foral por conocer el idioma.

La dimisión de este grupo de funcionarios ha sido aceptada por el consejero Jesús Laguna y ha recibido fuertes críticas del presidente de los socialistas navarros, Juan José Lizarbe, y del presidente foral, Miguel Sanz.

Nota del Editor:
9 Junio 2000

La mejor ley del vascuence es la inexistente. Es anticonstitucional marginar a la mayoría de los navarros y españoles en las oposiciones del Gobierno Foral por desconocer el vascuence  utilizado (y a saber porqué)  por una minoría que tiene la obligación constitucional y de sentido común de conocer el idioma común español.

La dimisión es el acto más insultante que puede hacer el funcionario ante el ciudadano trabajador, que sólo puede pedir el finiquito. Así que en vez de dimitir deberían pedir la cuenta y dejar los idiomas seguir su curso.

Pacto nefando
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 9 Junio 2000

El consejero para Universidades de la Generalidad de Cataluña, Andreu Mas-Colell, calificó el pasado lunes de «extraordinariamente grave» la apertura del juicio penal que se sigue contra el rector de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona por su presunta prevaricación al apartar de la lista de correctores de las pruebas de acceso a la profesora Josefina Albert. Con independencia del resultado de dicho proceso, lo que sí aparece como verdaderamente grave es la invocación por parte del Consejero de un supuesto «pacto implícito», en virtud del cual nadie en Cataluña debería llevar ante un tribunal de justicia un asunto relacionado con la lengua. Al leer estas declaraciones no sólo se siente vergûenza ajena, sino que se constata hasta qué punto la sociedad catalana ha quedado envilecida tras veinte años de hegemonía nacionalista.

    En una esfera pública normal dentro de una democracia avanzada y madura, el hecho de que un ministro de un gobierno legítimo aluda sin ambages a un eventual acuerdo para que un ámbito de la actividad colectiva quede fuera de la acción de la justicia o, en otras palabras, que se delimite una zona temática en cuyo interior los ciudadanos queden inermes ante posibles abusos del poder político o de otros ciudadanos sin poder recurrir a la protección de los jueces, produce incredulidad a la vez que escalofríos. El concepto mismo de actos, estamentos o temas específicos no sujetos al ordenamiento que regula con carácter general la vida en común, es aberrante y contrario al fundamento más esencial del Estado de Derecho. Y, por supuesto, que sea un alto responsable gubernamental el que defienda explícitamente esta delirante teoría indica que nos encontramos ante un ignorante, un desaprensivo o un enajenado.

    No es la primera vez que Andreu Mas-Colell ha puesto patéticamente en evidencia que nacionalismo identitario e independencia intelectual son incompatibles. Su sumisión rastrera a la inaceptable escala de valores impuesta por el personaje a cuyos pies ha puesto las pocas neuronas útiles que le van quedando, le llevan continuamente a ponerse en evidencia, a renunciar al mínimo rigor que se puede exigir a un investigador científico y a soltar dislates como el que exurgitó a principios de esta semana.

    A estas alturas de su existencia, Andreu Mas-Colell debiera saber que el único pacto válido para garantizar las libertades civiles y los derechos individuales es el que establece la universalidad e imparcialidad de las normas democráticamente elaboradas. El pacto que él propugna abre el camino al totalitarismo y resulta inaceptablemente nefando. Se empieza hurtando al imperio de la ley las cuestiones relacionadas con la lengua y se acaba en la limpieza étnica. Es posible que el consejero para Universidades de la Generalidad de Cataluña alcance en el futuro un mayor grado de confusión mental, pero ya no podrá caer moralmente a un nivel más bajo.

 

Recortes de Prensa   Página Inicial