AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 10  Junio 2000
#La cobardía
JUAN MANUEL DE PRADA ABC  10 Junio 2000

#De crímenes y falacias
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 10 Junio 2000

#País Vasco: entre las buenas maneras y el tiro por la espalda
Impresiones El Mundo 10 Junio 2000

#Aznar y Arzalluz
Editorial El País 10 Junio 2000

#La salida de la crisis vasca
ANDRÉS DE BLAS GUERRERO El País 10 Junio 2000

#Guerra
ERASMO El Mundo 10 Junio 2000

#Los socialistas y el problema vasco
José Luis Gutiérrez La Estrella 10 Junio 2000

#El SAM
MARTIN PRIETO El Mundo 10 Junio 2000

#La agenda de San Fernando
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 10 Junio 2000

#El soberanismo como expresión poética
M. MARTÍN FERRAND ABC 10 Junio 2000

#Aznar y el PNV
Ramón PI ABC  10 Junio 2000

#Mofa, befa y escarnio
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 10 Junio 2000

#El presidente del Foro Ermua es hostigado por un grupo de radicales
Bilbao EL PAÍS 10 Junio 2000

#ETA ha ganado
JAVIER TUSELL El País 10 Junio 2000

#El Gobierno navarro niega presiones en la dimisión de su equipo de política lingüística
EL PAÍS, Pamplona 10 Junio 2000

#El manifiesto de Cataluña
Abel Hernández La Estrella 10 Junio 2000

La cobardía
Por JUAN MANUEL DE PRADA ABC  10 Junio 2000

EN una casa de Durango hay tres mujeres solas que miden el silencio con sus lágrimas. Acaban de enterrar al hombre que mereció el nombre de esposo y de padre, y aún no se han acostumbrado a su ausencia. Los espejos del pasillo han dejado de multiplicar el rostro hospitalario de ese hombre, la cama que acogía sus sueños se ha quedado lóbrega y aterida, las paredes que respaldaban su voz se repliegan en la sombra, como si quisieran dimitir de su misión vertical. También esas tres mujeres que se han quedado solas habrían dimitido del coraje que las mantiene erguidas si no estuviesen hechas de una aleación especial, esa aleación que forman la carne que sufre y el alma invicta de quienes se niegan a someterse. Esas tres mujeres han pasado las últimas noches en vela, a solas con el insomnio que ha excavado su piel con arrugas que quizá dejen su rescoldo para siempre, a solas con las lágrimas que desfilan sobre sus rostros, lentas y saladas, como rescatadas de ese mar donde se refugia la víscera del dolor, injuriando sus retinas en las que aún permanece impresionada la sonrisa inerme del hombre que las dejó, exterminado por el plomo.

En una casa de Durango hay tres mujeres solas que tratan de recomponer su vida reducida a añicos. Hace unos días escucharon el estampido de la pólvora, mientras aguardaban el regreso del hombre que las había regalado su amor o su semilla, y sintieron cómo el mordisco de la desesperación se ensañaba en sus entrañas, porque un pedazo de sí mismas acababa de escapárseles entre las manos, con ese desmayado clamor que tiene la sangre cuando fluye hacia la muerte. Aunque la orfandad y la viudez se abalanzaron sobre sus espaldas, como un fardo de instantánea decrepitud, esas tres mujeres no claudicaron, ni siquiera se entregaron al desahogo de la rabia. Velaron el cadáver del hombre que iluminaba sus días, ungieron su cuerpo exánime con besos en los que viajaba una desolación antigua como las pirámides y lo enterraron en la tierra húmeda del cementerio. Esas tres mujeres escucharon, todavía aturdidas por el eco de la pólvora, los responsos del cura, los pésames consternados de los amigos, el rumor creciente del pueblo que se congregaba en las plazas, como un río de lava, para increpar con su silencio a los asesinos. Y después se volvieron a casa, bautizadas por la desgracia, resignadas a seguir incubando aquel dolor que se les inmiscuía en la médula de los huesos y más adentro aún, en ese hondón del espíritu donde crecen los escalofríos.

En una casa de Durango hay tres mujeres solas, sobrecogidas por ese perplejo espanto que produce la crueldad sin explicación. El tiempo parece haberse detenido en los relojes, como si no se atreviera a profanar el silencio sólo alterado por los sollozos sordos que de vez en cuando exhalan las tres mujeres. De repente, suena el teléfono con esa urgencia aciaga que tienen las visitas extemporáneas. Una de esas tres mujeres que se han quedado solas toma el auricular desprevenidamente y escucha una mercancía de palabras leprosas: «Jesús Mari, hijo de puta, ya estás muerto». Y, a continuación, todavía se oye una risotada caníbal y cenagosa, un estallido de risueña brutalidad que golpea a la mujer como una respiración emitida desde un estercolero. Al principio, la mujer no da crédito a lo que ha escuchado, tanto regodeo en la ferocidad no parece verosímil, ni siquiera parece provenir de una pesadilla. Porque hay sótanos de degradación que las pesadillas no se atreven a transitar.

En una casa de Durango hay tres mujeres solas que arrastran su luto. Una realidad más sórdida que cualquier pesadilla se abalanza sobre ellas a través del teléfono para recordarles con regocijo su luto. La cobardía, como la crueldad sin explicación, es una sima de insondable fetidez, una ciénaga en cuyo fondo se refugia un animal acorralado, una bestia malherida que ha renegado de su último vestigio de humanidad.

De crímenes y falacias
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 10 Junio 2000

LOS crímenes y las falacias suelen formar pareja bien avenida. Por fortuna, las falacias, aunque degradan la inteligencia, no matan. Algunas, sin embargo, si bien no matan directamente, sí cooperan y encubren y terminan por formar una perfecta alianza con el crimen, componiendo un sutil sistema que se retroalimenta. Cada nuevo crimen genera una nueva falacia, y ésta prepara el camino para futuros crímenes.

Una nueva falacia, en realidad no tan nueva pues se trata simplemente de una reformulación de la vieja tesis de la equiparación entre víctimas y verdugos, que llegó a ser defendida incluso por algún príncipe de la Iglesia, recorre España. Según ella, la solución del «problema vasco», problema que no es sólo político, depende de que se acierte a evitar la dialéctica de la confrontación entre el PP, por un lado, y EH y el PNV por otro, y de que se consiga el regreso de este último partido al redil constitucional. Si lo segundo es evidente, lo primero es falaz.

Según esta perspicaz visión del asunto, las víctimas constituyen una parte esencial del problema, tan esencial como sus verdugos. La solución parece depender de que queden arrinconados y sin palabra. De que se queden además sin vida ya se encargan eficazmente otros. Según esta perversa perspectiva, PP y EH representan radicalismos contrapuestos, igualmente contraindicados para la «pacificación». Se diría que quienes son asesinados forman parte del problema de la misma manera que quienes los asesinan. Se diría que quienes defienden la Constitución, el Estatuto y el imperio de la ley son tan indeseables como quienes los atacan. Se olvida que el partido que más sufre los embates del terror tiene, además de la razón, una indestructible autoridad moral, que le confieren el heroísmo y el sacrificio. ¿Es que acaso, entre quienes defienden la vida, la libertad y la legalidad y los que las atacan hay que optar por quienes las defienden a medias o tibiamente? La política es el arte de la cesión y el compromiso, pero ante los supremos valores amenazados, no cabe otro compromiso que el del radicalismo y aún la intransigencia. Ante el asalto a la vida y a la libertad, sólo se puede ser radical. Es preciso instaurar un radicalismo constitucional.

Las consecuencias prácticas de esta falacia, que más que la paz persigue socavar la credibilidad democrática del PP, empresa difícil cuando se encuentra avalado por más de diez millones de votos, se manifiestan en la propuesta política que defiende para el País Vasco: un Gobierno de coalición entre el PNV, el PSOE y EA. ¿Por qué se margina al PP? ¿Por qué se margina a la segunda fuerza política del País Vasco? ¿Acaso por su radicalismo en la defensa de la Constitución? Radicalismo en el que le acompaña ejemplarmente el PSOE, salvo alguna exigua excepción.

Y, sin embargo, la solución no puede ser otra que la recuperación de la unidad de todos los partidos que acepten la legalidad constitucional (aunque, eventualmente, puedan ser partidarios de su reforma, cosa perfectamente legítima) y hacer frente a quienes se instalen más allá del imperio de la ley. Lo demás es pura falacia.

Si el PNV no quiere recibir lecciones de democracia, aunque nunca vienen del todo mal a nadie, lo tiene muy fácil. Bastan hechos y sobran palabras. Pero el nacionalismo y la democracia liberal guardan relaciones incómodas, pues pertenecen a tradiciones, si no antitéticas, sí muy diferentes: el Romanticismo y la Ilustración. El primero es particularista y la segunda cosmopolita. Y, aunque no sea políticamente muy correcto citar a Carl Schmitt, no conviene olvidar que la alteración del sujeto de la soberanía entraña la destrucción de la Constitución.

País Vasco: entre las buenas maneras y el tiro por la espalda  
Impresiones El Mundo 10 Junio 2000

Arzalluz afirmó anteayer que las declaraciones de Aznar sobre la actual posición del nacionalismo vasco representan «una declaración formal de guerra» al PNV. El lehendakari Ibarretxe le hizo coro ayer: Aznar debería ser más discreto y más modesto, porque la modestia es una gran virtud. Y pasó a demostrarlo, declararando que en materia de democracia él «no va a aceptar lecciones de nadie». ¡Cuánta modestia! Los dirigentes del PNV son en verdad surrealistas: se resisten a descalificar a la cúpula de HB, aunque sus integrantes no condenen los asesinatos terroristas, pero se enfurecen muchísimo ante lo que consideran gestos de «mala educación» del presidente del Gobierno. No es extraño que Otegi y las Gestoras hayan salido en defensa de Arzalluz y que, en la misma línea de disparates, afirmen que Aznar ha planteado «un escenario de guerra absoluta». Se ve que consideran que ETA mata, pero con buenas maneras, sin ofender a nadie.

Más problemático es, en el fondo, que el actual líder del PSOE, Manuel Chaves, se haya apuntado a ese improvisado congreso de la urbanidad y los buenos modos, reprochándole a Aznar la dureza del tono con el que anteayer habló de la dirección del PNV. Dice que de ese modo «alimenta la confrontación». Convendría que no confundiera la velocidad con el tocino. Si su crítica fuera directamente por «tapar las salidas» a la actual dirección del PNV -como también ha dicho-, cabría tomar en consideración su reproche. Pero el problema no está en que nadie les tape las salidas: es que no quieren salir. Además, estando de por medio tanto tiro por la espalda, deambulando todos entre unos funerales y los siguientes, dedicarse a polemizar sobre modos y maneras resulta incluso obsceno.

Aznar y Arzalluz
Editorial El País 10 Junio 2000

LA POLÍTICA requiere sutileza. Aznar tiene razón en ser exigente con los nacionalistas al reclamar una rectificación sobre el fondo -la ruptura del consenso autonomista- y no conformarse con un apaño únicamente destinado a tranquilizar las voces críticas surgidas tras el último asesinato de ETA; pero el presidente del Gobierno calculó mal el momento y la dosis, y el resultado de su solemne emplazamiento del jueves puede ser contraproducente. Al introducir el asunto de la necesidad de sustituir a la actual dirección del PNV ha proporcionado a Arzalluz la coartada que necesitaba para apelar a las bases en nombre del patriotismo de partido. Nada podría resultar más inoportuno en un momento en que acababan de aparecer signos de que la rectificación podía abrirse paso.

Es contradictorio afirmar que el mínimo aceptable es la ruptura con la dinámica soberanista de Estella y no resistir la tentación de entrar en el tema de la sustitución de Arzalluz, por muy populista y excitante que resulte. En última instancia, incluso podría irse Arzalluz, y Egibar con él, sin que el partido modificara sustancialmente su estrategia antiautonomista.

Seguramente el mensaje de Aznar iba en parte dirigido a los socialistas. Ambos partidos comparten la convicción de que el PNV sólo rectificará si pierde poder o se ve en peligro inminente de perderlo. Para ello, socialistas y populares han optado por mantener un mismo nivel de exigencia, sin tratar de obtener réditos de la debilidad de Arzalluz y Egibar. Por eso, Aznar insistió en que no bastaría cualquier gesto del PNV -ruptura de pactos en algunos ayuntamientos- para que fuera posible aceptar su pretensión de seguir gobernando con nuevos apoyos externos, como si nada hubiera pasado. Si es moralmente insoportable compartir el poder con quienes consideran legítimo asesinar a los diputados o concejales de otros partidos, la indignación no puede expresarse a plazos, rompiendo hoy en Durango y mañana en otro sitio, y manteniendo abiertos Lizarra y Udalbiltza.

Pero sobre todo esto hay una coincidencia clara con los socialistas, según acababan de reiterar Chaves y Redondo. ¿A qué viene entonces incluir ahora una nueva condición, con el argumento de que no podrá haber cambio real en el PNV sin sustitución de sus dirigentes? Esa opinión puede hasta ser razonable, pero otros piensan que tal como están las cosas sería preferible que la rectificación fuera encabezada por el propio Arzalluz. En todo caso, no es asunto sobre el que deba pronunciarse el presidente del Gobierno.

Arzalluz no sería quien es si no la hubiera cogido al vuelo para decir a sus fieles que Aznar pretende ahora no sólo condicionar la política del PNV, sino decidir su dirección. Pase lo que pase en los próximos meses, es seguro que esa idea se oirá mucho en los discursos de campa de este verano. Pero Arzalluz también se negó a admitir que la estrategia de buscar la paz por la vía de asumir lo esencial del programa de ETA (independencia y territorialidad) ha fracasado. Que lo mismo dijeran tanto Egibar como su sucesor en Guipúzcoa, Juan María Juaristi, indica que las resistencias a admitir la evidencia son todavía fuertes; está justificado, por ello, mantener un nivel de exigencia en lo fundamental. No hay acuerdo posible mientras la dirección nacionalista pretenda tener un pie en las instituciones, dirigiéndolas, y otro en artilugios ideados por ETA y HB para deslegitimarlas. Ese mensaje es claro y lo comparten los sectores del PNV que han levantado la voz esta semana. No había que enturbiarlo con adornos populistas.

La salida de la crisis vasca
ANDRÉS DE BLAS GUERRERO El País 10 Junio 2000

Se detecta hoy, en medio del dolor por el último asesinato en Durango, un momento de esperanza sobre el futuro político inmediato del País Vasco. La esperanza se concreta en la rectificación por parte del PNV de su actual línea nacionalista radical en provecho de un movimiento en favor de su tradición autonomista-foralista a la que están ligados sus momentos de éxito en la política vasca. Me parece una esperanza realista que podría concretarse en el relevo de su actual dirección. Si esta rectificación es posible es porque ha tomado cuerpo en el País Vasco la otra alternativa a la actual situación política: la alternativa de la sustitución a cargo del Partido Popular y el Partido Socialista del papel dirigente del PNV. La definición de esta alternativa no solamente es una necesidad en previsión de un enrocamiento del PNV en sus presentes posiciones, sino una necesidad también para favorecer la alternativa dentro de este partido a su actual dirección.

El que se abra paso la hipótesis de un Gobierno vasco protagonizado por populares y socialistas arrastra el proceso de reacción en el seno de un PNV con fuertes intereses en la gobernación y administración del País Vasco. Lejos de ser una hipótesis improbable e irrealizable, hay que darla por factible en un escenario político presidido por el adelantamiento de las elecciones. Ante un triunfo combinado de los partidos constitucionalistas, el PNV no tiene otra opción que aceptar la derrota, abandonar el poder y asistir a los cambios previsibles en la política vasca. Contra la idea de una revuelta nacionalista ante esta situación, debe abrirse paso la idea de una normalidad institucional caracterizada por la presencia de Mayor Oreja al frente del Gobierno de Vitoria.

Esta hipótesis máxima no impide reconocer la mayor facilidad y viabilidad de una alternativa presidida por un Gobierno de coalición en Vitoria a cargo del PNV, PP y PSE o del PNV con uno de los dos partidos constitucionalistas. Pero lo que es importante subrayar es que esta posibilidad solamente tomará fuerza en tanto la tesis de la sustitución del PNV adquiera credibilidad. Me parece que éste es el sentido de la estrategia de Mayor Oreja. Y creo que es una estrategia acertada que puede abrir el camino a una solución de la crisis vasca.

Hay que mirar al pasado para constatar que los grandes momentos de expansión del nacionalismo democrático (segundo trecho de la Restauración, II República, transición política) están ligados a momentos flexibles en su estrategia política, a la confianza en una política autonomista que no se planteaba como un primer paso hacia objetivos independentistas, sino como objetivo en sí mismo. Solamente la afirmación de una alternativa sólida al PNV amenaza romper el actual equilibrio político y garantiza una vuelta peneuvista a su política realista y posibilista. Franjas del voto de centro-derecha tienen en sus manos en el País Vasco propiciar la jubilación de un PNV radicalizado, empeñado en una estrategia maximalista que ha demostrado su incapacidad como garantía de paz. Incluso aunque el PNV consiguiera por este camino una nueva tregua de ETA, sería una conquista demasiado precaria y demasiado hipotecada por concesiones políticas poco realistas y funcionales para los intereses globales de la sociedad vasca.

Hace falta pues tesón en el mantenimiento de la opción sustitutoria en el escenario vasco. Es vital a este respecto el entendimiento entre las fuerzas políticas constitucionalistas y, en concreto, la aceptación por el PSE de una política clara y sin claudicaciones, que no puede dar paso a un entendimiento con el PNV más que en tanto quede fuera de toda duda su asunción de una nueva política que no será, en realidad, sino la asunción de una línea tradicional por parte de un PNV con clara vocación mayoritaria. El PSE debe precaverse muy especialmente contra el reflejo de una política global de oposición del partido socialista al PP en el conjunto de España.

Lejos de contemplar este escenario de la política vasca como un enfrentamiento entre dos opciones radicalizadas, el nacionalismo radical y el PP, hay que contribuir a ver la opción del centro-derecha vasco como una política arriesgada y valiente en favor de la movilización política del País Vasco. El recurso a la convocatoria de elecciones anticipadas en Vitoria se configura como un impecable recurso democrático en el marco de esa movilización, un recurso que no puede ser presentado como instrumento de agitación política, sino como pura ortodoxia constitucional ante la existencia de previsibles cambios en la opinión ligados a la presencia de nuevos factores políticos. Una estrategia política que en cualquiera de sus dos soluciones posibles, la rectificación del PNV o su sustitución, es la garantía de la definitiva institucionalización de la democracia en el país.

El PSE debe jugar con prudencia sus bazas políticas, consciente del alto papel que le corresponde en la salida de la crisis. Una crisis que habrá de cerrarse con la afirmación de una nueva situación política presidida por la normalización democrática, el triunfo del autonomismo político y el diálogo con las fuerzas políticas radicales del País Vasco desenganchadas de la violencia. El que semejante situación esté presidida o no por el PNV es una cuestión accesoria que, en definitiva, corresponde decidir al propio PNV. Lo importante es que tome forma en la sociedad vasca la idea de que la solución, por una u otra vía, es posible.  Andrés de Blas Guerrero es catedrático de Teoría del Estado en la UNED.

Guerra
ERASMO El Mundo 10 Junio 2000

La solución llegará si se prescinde de las palabras, pues los mil cadáveres sobre las aceras han llevado el horror hastiado a todos los millones de manos blancas. No hay seguidismo ni riesgo de fractura pues la fractura ya se consuma cada noche con la Muerte, el miedo y los molotov embotellados. ¿Y Arzalluz? Informa que, en Durango, una bandada de palomas enfurecidas arremetió contra las escopetas.

Los socialistas y el problema vasco
José Luis Gutiérrez La Estrella 10 Junio 2000

La suerte está ya echada. Los polvos de la transición democrática trajeron estos lodos, el ambiguo Título VIII de la Constitución, dando vuelos a los que confunden el imposible derecho de autodeterminación -Benegas 'dixit': no hay una sola constitución democrática en el mundo que permita este derecho, establecido para países ocupados militarmente o en vías de liberarse de la ocupación colonial- con la impunidad para los mercaderes de cadáveres.

Esa absurda frialdad ante los cadáveres de la que hacen gala algunos dirigentes nacionalistas es la que alarma, repugna y hastía a la inmensa mayoría de los españoles.

Las palabras de José María Aznar, presidente del Gobierno, en su rueda de prensa, fueron firmes pero con las suficientes dosis de moderada esperanza para abrir posibilidades de negociación, una vez que el PNV logre distanciarse definitivamente del pacto de Lizarra. Está por ver, sin embargo, que haya posibilidad de dar marcha atrás, cuando ya tantas cosas han sucedido y tantos compromisos se han firmado. Sí parece ya claro que ni todas las muertes pueden hacer mover al PNV en la dirección que los demócratas de los dos grandes partidos nacionales -PP y PSOE- consideran corrrecta. Las palabras de respuesta de Ibarretxe causan hilaridad, si la situación no fuera tan dramática: analiza y critica los tonos de las palabras. Es decir, el tono es más importante que el sonido de las pistolas, a juício del lehendakari, cuyas condenas ya resuenan a palabras huecas y acaso pactadas con los que dirigen la puntería de los que asesinan.

Y fueron paradigmáticas las palabras de Aznar, que rehuyó cualquier crítica o descalificación personal a los dirigentes del PNV, Arzalluz incluído, en momentos en los que la paz en libertad -es preciso que se den los dos elementos del binomio, pues ninguna es nada sin la otra- es una quimera en el País Vasco.

Qué clase de democracia es ésta, que permite que la viuda de Pedrosa reciba llamadas insultantes de los asesinos de su marido, llamando hijo de puta al asesinado? La pancarta que recorrió las calles de Bilbao, con el vocablo fascismo, no es, por lo tanto, una exageración.

Sin embargo, al margen de consideraciones emotivas, a las que resulta difícil sustraerse, los grandes arquitectos de la situación, sin duda piensan que el goteo de cadáveres acabará por abrir grietas para avanzar un escalón más en el arduo camino hacia la autoderminación en la Europa de las patrias de la que habló De Gaulle.

La oleada de rumores sobre el cansancio y posible dimisión de Arzalluz, las críticas internas surgidas en el Bilbo Buru Batzar y en las Juntas de Álava, son miradas en Madrid con el recelo de quien sabe que pueden ser un nuevo operativo de simulaciones similar a la gigantesca mascarada de la tregua indefinida de ETA con la que evitaron que la marea del espíritu de Ermua siguiera extendiéndose y acabara por engullir al nacionalismo. Así estamos, así seguimos. Pero aquí ya no hay más agua que sacar.

Mientras tanto, el PSOE, se debate con sus diversas voces sobre el problema vasco derivadas de la situación precongresual en la que viven. No sé si resulta una estretegia muy adecuada la de deplorar el seguidismo del PSOE con respecto al PP en la cuestión vasca. Ayer mismo, el principal dirigente del partido, Manuel Cháves, ha matizado esos comentarios, alineándose sin fisuras con el Gobierno de la nación. Correcto su posicionamiento, cuando las tentaciones de hacer electoralismo con esta espinosa cuestión se perciben claramente.

Esa posición de acercamiento a quienes actúan tan tibiamente ante los asesinatos equivale a entrar en la vía de una posible claudicación ante el chantaje de la muerte. Eso no quiere decir que al PNV haya que cerrarle todas las puertas. Al fin y al cabo, es un viejo partido de larga trayectoria histórica y que ha conducido, hasta Lizarra, los problemas del País Vasco con habilidad, aunque se haya echado en falta una mayor firmeza ante el fenómeno terrorista. Otra cosa es que el PNV albergue alguna intención de reinstalarse en la legalidad constitucional y estatutaria. Está por ver.

El SAM
MARTIN PRIETO El Mundo 10 Junio 2000

Esta democracia daba sus primeros pasos cuando bastantes militares extraviados coquetearon con el SAM, siglas del Supuesto Anticonstitucional Máximo, que contemplaba un estallido secesionista en Cataluña o el País Vasco. Paradójicamente y al contrario que ahora, entonces el SAM eran los propios uniformados, quienes no tenían otra cosa frente al independentismo que personarse en Moncloa o Zarzuela para poner el sable sobre la mesa de Adolfo Suárez o el Rey, pero que en su supermercado castrense contaban con varios modelos de cuartelazo, de entre los cuales, probablemente con ayuda de parte del Cesid, se abrió paso el más chapucero, protagonizado por Tejero y Miláns del Bosch. Hoy el SAM puede estar en la cabeza de Xabier Arzalluz y su monago Egibar, tras el salto cualitativo de Lizarra que supone pasar del nacionalismo utópico al independentismo en tiempo real, calculado por aquéllos para el 2005, según su voluntarista calendario. Lizarra es el soberanismo vasco, el tener la Constitución como mero punto de partida, el dar por acabado y obsoleto el Estatuto de Gernika, la Asamblea de concejales como embrión de unas cortes constituyentes, el censo de los vascos-vascos como el café-café, la territorialidad sobre Navarra y las dos provincias francesas del departamento de los Pirineos atlánticos, en descarado expansionismo, anexionismo e imperialismo de bolsillo, y el aislamiento con matadero incluido de los vascos no nacionalistas. Un caldo de cerebro más inestable que la nitroglicerina, y que es el SAM de nuestros días, en que el Ejército es obedientemente constitucional y son los políticos quienes recuerdan el olvidado apartado de la máxima ley que contempla la intervención de una autonomía por el Estado, posibilidad todavía nada probable y que encantaría a ETA engordando el victimismo de opereta del Movimiento de Liberación Vasco con el que se ha aliado vergonzantemente el PNV.

Los hechos y hasta las palabras son tan ominosos que, aún concediendo a Arzalluz el beneficio de la duda, cabe temer de él que esté buscando un balcón en Bilbao o en San Sebastián (porque en su huida hacia adelante ya ha perdido Vitoria) para proclamar la república vasca, poniendo a España en uno de los peores trances de su Historia y a los vascos en abierta guerra civil que ya soportan soterradamente. Lizarra es algo más que una pista de aterrizaje para una ETA desarmada o la desvergüenza de sentarse con los cipayos políticos de los asesinos: es un atajo hacia el secesionismo en busca de la Gran Euskadi (como la Gran Serbia) a costa de España y Francia y de la mitad de los vascos. Abraham Lincoln, que no era un estatista, ni un imposible fascista, ni un centralista, dijo no a la secesión, afrontando terrible guerra pero sentando las bases de la gran nación americana.

La agenda de San Fernando
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 10 Junio 2000

Doblan las campanas, anuncian sus funerales y redactan sus epitafios; pero son muertos que gozan de buena salud. Arzalluz y González, González y Arzalluz, tanto monta, monta tanto. El vasco, la síntesis nacionalista entre quienes quieren enterrar el cadáver de Lizarra y los que aún esperan el milagro de la resurrección de Lázaro; el sevillano, la excepción socialista de la sentencia popular de quien va a Sevilla pierde su silla. Uno y otro vienen sencillamente a recordar que la condición de líder es siempre anterior a los votos. Los liderazgos no se eligen, se conquistan. Cuando se invierte este orden natural, pasa lo que está pasando con Zapatero, Díez y Bono. Podrán ser votados como secretarios generales; nunca serán reconocidos como líderes.

Es esa autoridad moral entre los suyos la que confiere un alcance especial a la cita discreta entre Arzalluz y González. Precisamente por ello, este último encuentro, celebrado el día de San Fernando, puede haber sentado las bases para la reorientación del escenario vasco con la marcha del coche del santo, un ratito a pie y otro andando. Frente a la quinta velocidad que acaba de proponer Aznar, el paso a paso hasta que llegue el otoño en que los restos insepultos de Lizarra sean definitivamente enterrados. Quizás sea influencia de San Fernando, patrón del Cuerpo de Ingenieros, pero el hecho cierto es que de la noche a la mañana nacionalistas y socialistas tienden puentes sobre las turbulentas aguas del recelo. Ayer mismo, Chaves, Eguiguren y Jáuregui coincidían con Ibarretxe en su crítica al tono empleado por el presidente del Gobierno en su última rueda de prensa. Son las primeras líneas, al menos las conocidas, de esa importante agenda. Pero ni el estío es la mejor estación para dejar cadáveres sin enterrar, ni es la única agenda existente.

Existe otra, la que establece el calendario de asesinatos, que probablemente va a acelerar el recorrido de sus hojas para impedir que Arzalluz pueda escapar de la trampa que le tendió, según sus propias palabras, la dialéctica de los puños, de la kale borroka y las pistolas de los crímenes. Persiguen con ahínco hacerle pasar por las horcas caudinas de las urnas. Buscan con anhelo una convocatoria electoral anticipada en la que se enfrenten las dos comunidades vascas.

Si este cruce de dietarios se produce, la agenda de San Fernando llevará las de perder. Quienes buscan ajustar cuentas con Arzalluz necesitan empaparla en sangre para que sea inservible. No hay venganza más cruel que la de un hijo pródigo insatisfecho con el banquete que le prepararon cuando volvió a sentarse en la casa paterna.

El soberanismo como expresión poética  
M. MARTÍN FERRAND ABC 10 Junio 2000

EL MLNV —Movimiento de Liberación Nacional Vasco— no existe, carece de estructura orgánica, pero se refieren a él, a mitad de camino entre el orgullo y la plegaria, las fuerzas políticas y sociales que, desde el nacionalismo, se aproximan a ETA. Cuando alguien, Xabier Arzalluz, por ejemplo, se refiere al MLNV parece que objetiva sus pasiones y/o pronuncia un abracadabra que le añade valores litúrgicos ennoblecedores a las miserias intelectuales y cívicas que suelen acompañar a la acción nacionalista.

El contestado Arzalluz —menos de lo que aparenta y más de lo que reconocen sus oráculos— ha pronunciado varias veces en los últimos tiempos esa sigla mágica. Parece que con ella quiere conjurar los exorcismos de José María Aznar, pero tampoco es cosa de acercarse al problema vasco dentro de los parámetros de la razón. Es más, quienes lo racionalizan lo complican porque, aunque existe una razón de la fe, eso queda para teólogos. Ni tan siquiera los místicos deben acudir a ella para no perder la gracia de la emoción ni la fuerza de la esperanza milagrera.

Arzalluz está, es lo suyo, con el soberanismo que es la expresión poética del cabalístico MLNV. A sus soberanismos va y de sus soberanismos viene. En eso se diferencia de su lendakari Ibarretxe, quien, como indebidamente se dice de los gallegos, no se sabe si va o si viene. De ir, va, todo lo más, a Pau. En eso es más activo el veterano presidente del PNV, que se vino a Madrid, hace diez días, para verse y oírse con Felipe González y añadirle unos gramos de confusión a las muchas toneladas que ya pesa el problema.

El último mensaje de Aznar sobre esta cuestión es claro. Sus objetores le señalan una carga de nacionalismo español; pero, aunque lo «progre» sea hoy no ser nacionalista de ninguna parte, una dosis mínima de «nacionalismo» español es exigible a quien tiene, por elección, la obligación moral de representar y defender los intereses de toda España, País Vasco incluido. Con el nacionalismo ocurre lo que con las sustancias terapéuticas: dosis adecuadas, curan enfermedades; la sobredosis, mata.

En los nacionalismos, en todos, hay aristocracia, burguesía y estado llano. Arzalluz es un aristócrata del asunto mientras Aznar se queda en proletario. Por ahí discurre una parte, la formal, de este absurdo enfrentamiento. Arzalluz se instala en la ira —no en la santa del Eclesiastés— y Aznar se establece en la razón que se cimenta en la Historia y en el Derecho. Uno tendrá que apaciguarse y el otro violentar un pelín el Derecho al servicio de la Justicia. El tiempo no está para epopeyas y la inteligencia, más que la virtud, aconseja la comprensión.

Aznar y el PNV
Por Ramón PI ABC  10 Junio 2000

«Aznar acusa al PNV de seguir una estrategia “repugnante” que ha dado a ETA “patente de corso”» (ABC). «Aznar ve imposible que el PNV rectifique y cree “repugnante” que se mueva a golpe de asesinato» (La Vanguardia). «Aznar no ve “ni posible ni creíble” que los actuales líderes del PNV rectifiquen» (El Mundo). «Aznar considera a los dirigentes del PNV incapaces de variar el rumbo político vasco» (El País). «Aznar da un discurso televisado para cerrarle la puerta al PNV» (Diario 16). Estos titulares de portada reflejan el impacto que en los periódicos de circulación nacional tuvo la comparecencia del presidente del Gobierno ante los medios de comunicación, producida sin que antes se hubiera celebrado la entrevista entre Aznar y el «lehendakari» Juan José Ibarretxe, porque este último no acudió a la cita para ir, en su lugar, a Pau (Francia), donde, según informa La Vanguardia, se desarrolló el XVIII consejo plenario de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos: «A la cita acudieron, además de Ibarretxe, los presidentes de los gobiernos autonómicos de Aragón, Marcelino Iglesias, y Navarra, Miguel Sanz; los máximos dirigentes de las regiones francesas de Aquitania, Alain Rousset; Languedoc-Roussillon, Jacques Blanc, y Midi-Pyrénées, Martin Malvy; así como representantes de Cataluña y Andorra».

La ausencia de Ibarretxe es calificada en su editorial de «plantón» por El Mundo («Los amagos del PNV y el plantón de Ibarretxe»): «El presidente del Gobierno (...) había quedado con Ibarretxe para reunirse y discutir de qué modo cabe reconducir la más que problemática situación política del País Vasco, y el lehendakari le dio plantón alegando que tenía un compromiso ineludible... en Pau. Xabier Arzalluz apareció al poco para quejarse de que hay “una guerra” contra el PNV. Sumemos dos y dos: Arzalluz —que se olvida una vez más de que lo característico de las guerras son los muertos— ha frenado en seco el intento de acercamiento de Ibarretxe a Aznar. Del mismo modo que está abortando todos los amagos de rectificación del PNV (...) Aznar, en todo caso, no ha cerrado las puertas de modo definitivo a un posible encuentro con Ibarretxe, y ha hecho bien. Le ha dado dos semanas de plazo. Que sea él quien decida».

Puertas abiertas, puertas cerradas. Diario 16, ya lo hemos visto en su titular de portada, opina que sí que ha cerrado puertas. Y en su editorial («Diatriba de Aznar contra el PNV») explica su posición: «Tiene toda la razón Aznar cuando se preguntaba (...) qué tiene que ocurrir para que el PNV rompa absolutamente con el Pacto de Estella y con EH (...) También está en lo cierto cuando denuncia que el PNV sólo haya roto con EH en Durango y no en los demás pueblos donde ambas formaciones siguen colaborando como si nada hubiera sucedido (...) Ahora bien, mucho más dudosa es la oportunidad del mensaje presidencial en un momento en que todo indica que el PNV está iniciando una marcha atrás, que siempre es difícil (...) Es indudable que el PNV se ha equivocado, que el fracaso de Lizarra se hizo palmario cuando volvieron las muertes (...) Pero cerrarle todas las puertas, dejarle sin la posibilidad de una salida airosa, puede contribuir a acrecentar aún más la división en Euskadi. Sin embargo, lo cierto es que al PNV se le va agotando el tiempo para rectificar».

ABC («La virtud de la coherencia») opina de modo muy diferente: «El análisis claro y preciso que ayer expuso el presidente del Gobierno, con la dureza dialéctica que exige la definición de responsabilidades al nacionalismo vasco, contrasta con la confusión, interesada en algunos y negligente en otros, que reina en el debate político vasco (...) Lo que ayer exigió el presidente Aznar fue una transformación esencial de la política nacionalista y lo hizo en la persona del lendakari Ibarretxe, como representante de las instituciones vascas, por más que él se empeñe en ser sólo el lendakari de los nacionalistas (...) Pero no parece ser la rectificación el camino elegido por los peneuvistas (...) El discurso de Aznar resultará también ineludible para el Partido Socialista en varios sentidos. Sin pretenderlo, Aznar puso a sus dirigentes en la obligación de cerrar el capítulo de las contradicciones en las palabras y en los gestos, porque no es esto lo que se espera de una formación imprescindible para la vida política vasca (...) A pesar de todo, de las palabras de Aznar no salió un solo reproche al Partido Socialista. Todo lo contrario (...) En el fondo y en la forma del discurso de Aznar hay algo más que política; hay también una expresión inequívoca de respaldo a los ciudadanos señalados por el terrorismo y a sus movilizaciones públicas, la manifestación de un sentimiento de solidaridad con los perseguidos, que si fuera compartido por todas las formaciones vascas habría devuelto hace tiempo a la política en el País Vasco el contenido ético y lógico que ha perdido en los últimos dos años».

Mofa, befa y escarnio
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 10 Junio 2000

Todavía no se había enfriado el cuerpo sin vida de Jesús Mari Pedrosa, el pasado domingo en Durango, y ya los alevines callejeros de sus asesinos acudían a las puertas del Ayuntamiento en el que durante tantos años sirvió a sus vecinos, a mofarse del dolor de sus compañeros y amigos.

El escarnio aún madrugó más, y estalló en el cerebro de una huérfana, 10 minutos después del asesinato de su padre, cuando una voz distorsionada por un pañuelo y un abismo de maldad le espetó al oído: «Pedrosa, ya estás en el paredón».

La befa corrió a cargo del portavoz de esa terminal del terrorismo etarra, denominada Gestoras pro Amnistía, que anunció dos días más tarde su intención de seguir señalando con el dedo a las víctimas de los pistoleros de la banda.

Y es que mofa, befa y escarnio son el pan nuestro de cada día para millares de ciudadanos vascos. Un pan reseco y amargo, cada vez más difícil de tragar.

Mofa, befa y escarnio es que decenas de vándalos de Jarrai persigan sistemáticamente por la calle, con total impunidad, a determinados/as concejales/as y parlamentarios/as del PP, llamándoles «asesinos».

Mofa, befa y escarnio es que el Ayuntamiento de Pasajes, Guipúzcoa, difunda el pasado día 5 una circular, encabezada por el anagrama del movimiento que exige el acercamiento de los presos de ETA al País Vasco, bajo el lema «Euskal presoak Euskal Herrira», en la que se informa de que la Comisión Municipal por los Derechos de los Presos, celebrada el 16 de mayo, ha acordado que la corporación financie a los familiares de presos de dicha localidad «la totalidad de los gastos de desplazamiento con motivo de dos visitas mensuales, en el caso de que se encuentren presos en cárceles francesas o españolas, o un viaje anual, tratándose de deportados en Cuba y Venezuela». No sorprende que tal rasgo de generosidad con los impuestos de todos se apruebe con los votos a favor de EH, PNV e IU, y el único voto en contra del PP.

Mofa, befa y escarnio es que a dos pasos de allí, en el Ayuntamiento de Hernani, que también ha incorporado a su iconografía el citado anagrama, se decidiera hace unos días, por la misma mayoría, sufragar con cargo a fondos municipales todos los gastos de los detenidos de la kale borroka hijos del pueblo.

Mofa, befa y escarnio es que no muy lejos, en terrenos del municipio de Irún, la Diputación de Guipúzcoa (PNV/EA/EH) consienta (u ordene, es imposible saberlo) que en una de las chimeneas del Parque de Bomberos de la comarca del Bidasoa ondee un enorme paño con ese símbolo que han inventado y adoptado como bandera quienes pintan dianas con su dedo asesino en la nuca de algunos de sus vecinos, culpables de representar con enorme dignidad y coraje a los ciudadanos que libremente votan al Partido Popular o al Partido Socialista.

Mofa, befa y escarnio es que en esas circunstancias, y cuando caen abatidos bajo las balas esos concejales, LAB, el sindicato próximo a EH, emita una nota, presidida una vez más por la mencionada consigna, en la que tras realizar una serie de consideraciones sobre sueldos y complementos de destino, se afirma que «ningún guardia municipal está en la obligación de realizar labores de protección y escolta que no le competen, ni mucho menos de garantizar el buen desempeño de las mismas».

Mofa, befa y escarnio, además de violencia y coacción, es lo que sufren cada día en el País Vasco, quienes todavía se atreven a defender la libertad y la democracia de que gozamos todos.

EL RUMOR
El desfile de la discordia

El «sondeo» a Pujol. Buena parte de la clase política catalana está convencida de que la idea de celebrar el desfile de las Fuerzas Armadas en Barcelona no partió de Eduardo Serra, sino de una instancia mucho más alta, que fue quien encargó al ex ministro de Defensa la tarea de sondear a Pujol. Ese sondeo, realizado durante una recepción, dio pie a Serra parra transmitir el visto bueno del President, quien no entendió haberlo dado. Para colmo, el Ayuntamiento de la Ciudad Condal fue informado de todo antes ymejor que la Generalitat.

EL CONSEJO
Alvarez Cascos busca la salida

No pisar el País Vasco. El ministro de Fomento, Francisco Alvarez Cascos, ha recibido de altas instancias populares el consejo de no volver al País Vasco en una temporada larga. Cascos no es, en efecto, santo de la devoción de la mayoría de los militantes del PP vasco, que no olvidan sus encontronazos con Iturgaiz, a quien quiso obligar a disculparse con Arzalluz o con María San Gil. Su última «actuación estelar» fue el domingo en Durango, donde se le oyó claramente repetir: «¿Cómo se sale de aquí? ¡Que me arreglen la salida!»

LA ESTRATEGIA
Manuel Chaves se deja querer

La solución de consenso. Cada vez hay más socialistas que intuyen en el presidente de la comisión gestora del partido, Manuel Chaves, la intención de promover tácitamente la aparición de un número elevado de candidatos, irreconciliables entre sí, para llegar al congreso de julio en un escenario de profunda división interna. Su estrategia sería entonces «dejarse querer» por unos y por otros sin manifestar su respaldo a ninguno, con el fin de ser llamado a ocupar la Secretaría General del PSOE, en calidad de única fórmula de consenso posible.

El presidente del Foro Ermua es hostigado por un grupo de radicales
Bilbao EL PAÍS 10 Junio 2000

Un grupo formado por cinco radicales acosó el jueves al presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, en su localidad natal, Portugalete (Vizcaya), y gritaron consignas en favor de la vuelta a Euskadi de los presos etarras. Varios desconocidos siguieron al presidente de la citada iniciativa ciudadana contra ETA hasta un bar de la villa y le gritaron consignas a favor de los presos de ETA y de su traslado a Euskadi.

El incidente ocurrió a las ocho y cuarto de la tarde, en Portugalete, localidad en donde reside Vidal de Nicolás, cuando un grupo de cinco o seis personas con pancartas a favor de los presos de ETA siguió al presidente del Foro Ermua que acudió, en compañía de varios amigos, a un bar de la zona del casco viejo. Los desconocidos se colocaron en la puerta del establecimiento y reclamaron a gritos democracia y la amnistía.

El incidente apenas duró unos minutos. Los propios clientes avisaron a la Ertzaintza, que envió una patrulla poco después, según precisó el propio De Nicolás. El presidente del Foro Ermua -uno de cuyos fundadores, José Luis lópez de Lacalle, fue asesinado el pasado 7 de mayo- está sufriendo una campaña de acoso y hostigamiento desde hace semanas. Recientemente, apareció en la fachada de su vivienda su nombre dentro de una diana.

ETA ha ganado
JAVIER TUSELL El País 10 Junio 2000

ETA, claro está, ha perdido la guerra que mantenía desde 1977 con la Democracia -y no con el Estado español- pero por el momento da la sensación de que sale vencedora en una batalla ocasional. No depende de su inteligencia ni de su perversión, con ser la primera parca y la segunda desbordante. Como siempre, su posible éxito parcial depende del resultado de sus acciones sobre el conjunto de las fuerzas democráticas. En esta ocasión, la espiral acción-reacción no sólo ha tenido como resultado un grado de tensión difícil de soportar en la política vasca sino también en la propia sociedad. Sólo una rectificación profunda de esa realidad podría convertir una derrota en una victoria.

Lizarra es ya un acontecimiento lejano del que quizá los historiadores podrán decir en un futuro lo que concluye Patxo Unzueta en su epílogo a un libro reciente: es posible que haya sido necesario el pacto para demostrar que el entorno de la banda no está preparado para emprender el camino de la paz. De cualquier manera, el primer muerto -o la subsistencia del vandalismo urbano por un periodo largo de tiempo- sólo dejaban una alternativa para el nacionalismo vasco. Lizarra -ha dicho Ardanza- fue asesinado por ETA. Después de esa muerte la receta instantánea consistía en acción policial y movilizaciones.

No todos lo pensaron así por razones en las que se mezclan el empecinamiento, la ausencia de conciencia de la realidad o incluso la idea de que sólo los profesionales de la política tienen la varita mágica para resolver los grandes problemas. Todo eso cabe reprocharle al equipo Arzalluz-Egibar. La buena política se demuestra en los principios, la manera de expresarlos y la conveniente medición de los tiempos. En estos tres aspectos la profesionalidad de estos dos dirigentes se ha mostrado deficientísima. La vida humana es lo más sagrado y debe ser el centro de todo; olvidarlo en espera de una reacción del entorno de ETA de la que no existe el mínimo indicio es impresentable. No es tolerable desde el punto de vista moral e intelectual intentar una condena casi paralela de ETA y el PP cuando éste último no mata. Y testimonia una desorientación total no darse cuenta de que en política todas las decisiones tienen su momento y pasado éste las posibilidades disminuyen. Hoy, por ejemplo, está sobre el tapete un relevo en la cúpula del PNV que hace seis meses ni se plateaba.

Esto último no es tan relevante en comparación con otras posibilidades que han ido perdiendo virtualidad. Hace unos días propuso Solé Tura un Gobierno tripartito para el País Vasco y no celebrar elecciones anticipadas. Su opinión podía estar mejor o peor expresada pero en un clima que no fuera el que ahora vivimos nadie le hubiera negado la condición de discutible. Pues bien, se le ha atribuido la condición de necedad, primero, y de "vileza", luego, en los medios de la derecha montaraz. Y, sin embargo, hay razones de fondo para no desear unas elecciones inmediatas. Juan Linz, en un libro clásico sobre La quiebra de las democracias (Alianza, 1987) nos recordó que muchas elecciones, en una situación crítica, sin otro resultado que cambios menores en el electorado acaban provocando que éste vote por rechazo y que se produzca una pérdida de legitimidad del sistema democrático. Así pasó en Alemania en los años treinta; en Bélgica, en cambio, se procuró mayor consenso entre los demócratas y la solución fue mucho mejor.

La condición imprescindible para ese consenso es una rectificación a fondo de la dirección del PNV que debiera haberse producido, como mínimo, hace seis meses. Pero quienes no son nacionalistas vascos debieran colaborar a facilitarla. No tiene sentido el regocijo por el hecho de que al lehendakari le manden a practicar sodomías. Menos aún que Aznar oficie de Iturgaiz; ya es bastante absurdo que si a éste le llaman franquista él diga que los del PNV son "colegas" de ETA. Mayor quizá sea el mejor ministro del Interior que ha tenido la democracia española pero es preciso preguntarse qué pasaría si llegara a ser lehendakari, por más que resulte perfectamente legítimo. El problema vasco no tiene solución sin el PNV, algunos de cuyos dirigentes -Atutxa, Ardanza y, sobre todo, Arregi- han hecho las mejores declaraciones en los últimos meses. En el momento presente, una parte de la victoria de ETA consiste en que muchos ya no lo admiten.

El Gobierno navarro niega presiones en la dimisión de su equipo de política lingüística
EL PAÍS, Pamplona 10 Junio 2000

El Gobierno de Navarra negó ayer haber ejercido presión alguna sobre el equipo de técnicos de la Dirección General de Política Lingüística, que presentó en bloque su dimisión el pasado jueves por desacuerdos con la llamada guerra del euskera. El partido gobernante, el regionalista Unión del Pueblo Navarro (UPN-PP), anunció recientemente su intención de revisar el desarrollo de la ley que regula el uso e implantación de la lengua vasca, por considerar que puede ser discriminatorio para los navarros que no conocen el euskera (más del 85% de la población). El presidente, Miguel Sanz, coincidió con el secretario general del PSN-PSOE, Juan José Lizarbe, a la hora de señalar que respeta pero no comparte la decisión de Fernando Pérez de Viñaspre, Juan Ramón Elorz y José Manuel Urroz, hasta ahora máximos responsables de Política Lingüística. Éstos señalaron en una nota conjunta la "imposibilidad" de trabajar en "las actuales condiciones" de presión sobre la ley del Vascuence.

La presidenta de Eusko Alkartasuna (EA) y parlamentaria navarra, Begoña Errazti, denunció la "instrumentalización partidista" que UPN y PSN hacen de la lengua vasca y atribuyó las dimisiones a la iniciativa de ambos partidos para recortar los derechos legales de los vascoparlantes. En la misma sintonía se expresaron la formación política Batzarre, la Federación de Ikastolas, la Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia y otros colectivos.

Miguel Sanz lo negó rotundamente y aseguró que su Gobierno los hubiera destituido de haberlo deseado. Por el contrario, atribuyó su abandono a presiones "de fuera" y alabó el "leal" trabajo realizado por todos ellos. "Están en su derecho de irse si no les ha gustado la iniciativa del Gobierno para modificar el decreto de uso y regulación del vascuence en el acceso a la Administración pública. Nosotros entendemos que eso no es ninguna presión, sino atender la voluntad mayoritaria de la sociedad navarra para que los castellanoparlantes no se vean discriminados", precisó el presidente navarro.

El manifiesto de Cataluña
Abel Hernández La Estrella 10 Junio 2000

En Cataluña ha estallado un debate sobre la cultura. Una veintena de organizaciones culturales y cívicas han lanzado un manifiesto en el que denuncian el "decaimiento" de Cataluña y la "pérdida de proyección cultural de Barcelona". Lo curioso es que se han adherido a la alarma los empresarios de Fomento del Trabajo y varios colegios profesionales: arquitectos, ingenieros industriales, aparejadores y periodistas. Se ha pasado de las denuncias por el declive económico en relación con Madrid al declive cultural. Es un avance. Un día Umbral quiso hacer en la terraza del Felipe II del Escorial, durante los cursos de verano, una hoguera con la prensa económica en señal de protesta porque no había periódicos de poesía.

El manifiesto de Barcelona hace hincapié en el dirigismo cultural, en la politización de la cultura y, aunque de manera extremadamente delicada, en los errores oficiales de la política lingüística, que puede ser la madre del cordero. Sus promotores parecen, por lo demás, de la opinión de que Jordi Pujol y los suyos están más interesados en el comercio que en el arte, en lo que acaso no les falte razón.

De pronto Jordi Pujol, que ha entrado en su particular otoño del patriarca, se ha encontrado con que tiene enfrente, además de a Alex Vidal-Quadra, a Albert Boadella, Hollywood y la Patronal. Un intelectual joven de gran proyección futura como Eduardo Subirats ha decidido quedarse enseñando en Estados Unidos y confiesa que el nacionalismo catalán se le ha quedado tan pequeño "como los zapatos de primera comunión".

No faltan los que piden encerrarse aún más en el círculo de tiza del nacionalismo, como el fervoroso Josep M. Puigjaner que, con un síndrome parecido al del 98 español, escribe en La Vanguardia: "No sería nada raro que las generaciones del siglo XXI tuvieran que poner -en catalán, por supuesto- el cartel de 'Cataluña, país cerrado por defunción', debido ala infidelidad y el abandono de los que tenían la obligación de mantenerla con vida". Así, pues, una sorprendente ola de pesimismo invade Cataluña, a pesar de estar creciendo por encima de la media europea y ofrecer una vida cultural, digan lo que digan, bastante pujante. El hecho de que el Real Madrid haya ganado la Copa de Europa y el Barça se haya quedado "in albis", provocando la dimisión del lloroso Josep Luis Núñez, no deberían ser suficiente motivo para el inquietante titular de Puigjaner: "¿Va Cataluña a la derrota?".

Las reacciones al manifiesto no se han hecho esperar. En general ha sido bien acogido, lo que demuestra que ha puesto, con suavidad, eso sí, -se la han cogido con papel de fumar- el dedo en la llaga. Jordi Vilajoana, el aludido conseller de Cultura, se ha puesto a la defensiva: "No hay retroceso cultural, nunca se había consumido tanta cultura, hay coordinación institucional...". Los demás califican la política cultural de la Generalitat de "dirigista", "ultraproteccionista" y "de vía estrecha". Josep LL. Carod-Rovira la tilda de "provinciana y mediocre", y Rafael Ribó, "de escaparate y faraónica". En fin, un debate ejemplar con el bilingüismo en el escenario y el nacionalismo cultural -que es lo que le va a quedar al nacionalismo- de telón de fondo y de paño de lágrimas.

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