AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 11  Junio 2000
#El PNV y EA comienzan su lavado de cara para ganar tiempo
Impresiones El Mundo 11 Junio 2000

#Aquí estoy, aquí me quedo
Carlos DÁVILA ABC  11 Junio 2000

#¡Oh aitá, pobre aitá, Egibar te ha metido en el armario y a mí me da tanta pena! 
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 11 Junio 2000

#Txaves
ERASMO El Mundo 11 Junio 2000

#Urbanidad 
Ramón PI ABC 11 Junio 2000

#Increíble por imposible: ¿Romperá completamente el PNV con EH? NO
RAUL HERAS El Mundo 11 Junio 2000

#La comunión de los santos: ¿Romperá completamente el PNV con EH? SI
FELIX BORNSTEIN El Mundo 11 Junio 2000

#Salir del atolladero
SANTOS JULIÁ El País 11 Junio 2000

#El Dorado
MANUEL VICENT El País 11 Junio 2000

#Aznar: "Si quieren, esperamos al próximo muerto para hablar"
L. G. / M. G, Nápoles El País 11 Junio 2000

#CATALUÑA: El PP pide una selectividad en castellano
El Mundo 11 Junio 2000

#La Galicia real
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Junio 2000

#Fines y medios democráticos
JAVIER PRADERA El País (edición impresa) 11 Junio 2000

#Aznar tensa la cuerda en busca de un nuevo PNV que varíe rumbo.
Estrategias, José María Izquierdo, El País (edición impresa) 11 Junio 2000

El PNV y EA comienzan su lavado de cara para ganar tiempo
Impresiones El Mundo 11 Junio 2000

PNV y EA han anunciado que, durante la próxima semana, presentarán, en los cuatro ayuntamientos de Vizcaya en los que gobiernan como coalición con el apoyo de EH, un documento en el que se exige a ETA el cese inmediato de la violencia. Si EH no lo suscribe, como no lo hizo en Durango tras el asesinato del concejal popular Jesús María Pedrosa, romperán en esos municipios los acuerdos de gobierno con la coalición abertzale. Es un gesto a todas luces insuficiente, que parece más un lavado de cara para ganar tiempo ante la opinión pública y los partidos de la oposición que una decisión de ruptura definitiva con quienes sostienen y colaboran con ETA. Nada han dicho ambos partidos acerca de su posición en los municipios de Guipúzcoa y Alava que están en la misma circunstancia, ni en los vizcaínos que tienen, con su apoyo, alcalde de EH, ni tampoco en los que EA y PNV no se presentaron como coalición pero terminaron consiguiendo la alcaldía con los votos de EH. Un gesto, por tanto, pero no una decisión de calado suficiente como para siquiera entrever un giro político que implique desembarazarse de los lazos de ambos partidos con el brazo político de ETA. Al PNV puede molestarle la denuncia contundente de estas vinculaciones, pero, a la vista de su actitud y de sus maniobras dilatorias, no puede negar su veracidad. Y si a algunos dirigentes del PSOE les parece inoportuna la reclamación de un cambio radical del PNV que hizo Aznar el jueves, hay que reconocer que tiene razón el presidente al negar que sea más oportuno esperar al siguiente asesinado. El PNV juega a una medida ambigüedad para recomponer su situación agitando la especie de que se le pide dejar de ser nacionalista. Lo que se le exige es otra cosa: romper de verdad con EH y defender el Estado de Derecho.

Aquí estoy, aquí me quedo
Por Carlos DÁVILA ABC  11 Junio 2000

EL jueves por la tarde, el rumor, por más que se empeñe el PNV oficial, no era un bulo; era, casi, una noticia. Arzalluz se marchaba y los vizcaitarras habían aceptado, a regañadientes, su última exigencia: que permaneciera «en un puesto de responsabilidad» Joseba Egibar. Tan maduro estaba el complot —de eso, exactamente, se trataba— que la idea era constituir un par de comisiones para llevar ordenadamente la transición, los recambios. Ardanza, presidente del Euskadi Buru Batzar, y Atutxa, candidato para las próximas elecciones; ese era el «ticket». Uno de los más activos forjadores de la operación, Íñigo Urkullu, lo niega todo. Allá él. Más discreto está el presidente de los guipuzcoanos, Román Sodupe, que también alentaba los cambios inmediatos. Tampoco él era partidario de la resistencia. Pero ahora la consigna parece ser otra; la decisión se ha aplazado, y por doquier se manifiestan como aquel, más bien estúpido, almirante Mac-Mahon, que tras llegar, penosamente, a las afueras de Sebastopol, dijo, naturalmente en francés: «Aquí estoy, y aquí me quedo».

Gana tiempo, pues (que en el PNV es de lo que se trata), el dúo nocivo Arzalluz-Egibar, y desde su sitio todavía se han permitido ambos soltar un sonoro bofetón a los ingenuos (Nicolás Redondo los llama «tontos útiles»), que, con un solo signo a favor (la ruptura del pacto de Durango), han empezado a hablar enfáticamente del «viraje» del PNV. Son los mismos que durante la tramposa tregua que ETA acordó con el PNV, se pasaron meses y meses cantando, algunos bobaliconamente, otros por intereses inconfesables, el «Demos una oportunidad a la paz», como si «Antza» o la cruel Soledad Iparraguirre no fueran más como el asesino del inquieto escarabajo de nuestra juventud que el propio Lennon. ETA colocó al PNV como una criada de servir (que me disculpe el honrado y extinto gremio), y los que entonces estaban clamorosamente equivocados, yerran en este momento aún más, porque esta vez deberían estar avisados sobre lo que aquí se juega. Tienen ellos, sencillamente, una ventaja: están a salvo. Chaves, que del País Vasco no sabe absolutamente nada, está de nuevo en la inopia y habla, como si González le transmitiera el disco duro de su imparable cabeza, de no «cerrar puertas» al PNV. Pero, bueno, hombre de Dios, ¿no ve que las puertas del PNV sólo están abiertas para los cómplices o los asesinos del pobre Pedrosa? De verdad que es una hartura observar cómo son de bodoques algunos de nuestros políticos.

Y por eso hay que repetir una vez más la evidencia. Suele decir, de vez en cuando, el secretario general de los socialistas vascos, Redondo, que en su partido hay una querencia genética inevitable a «comprender» al PNV. La justificación es que son muchos los años de historia que han recorrido juntos, pero eso no explica que algunos no hayan recaído en la evidencia antedicha: a saber —por Dios otra vez—, el silencio de las pistolas formaba parte de todo un proyecto de construcción nacional, independentista, en la que el PNV no había dado pito que tocar al PSOE. Este partido, a base de «ocurrensias» para hacerse un lugar bajo el sol vasco, no comete más que dislates, y como además prevé que sus resultados en los venideros comicios serán más bien un desastre, se ocupa (salvo Redondo y cuatro más, desde luego Rosa Díez) de coquetear con los nacionalistas a nada que éstos les requiebren un poquito.

Redondo se cansa, también, de repetir obviedades y pregona que si el PP gana las elecciones que él prevé para la primavera de 2001, él, personalmente, no tendrá el menor inconveniente en calzar una mayoría nueva, la mayoría a la que Aznar, en su rotunda aparición del jueves, quiso empezar a construir sin que Chaves se haya enterado, lo cual en él es rigurosamente inteligible.

Y así está todo: todo parado. El PNV, entonando la canción resistente de Mac-Mahon; el PSOE, reuniéndose de tapadillo con Arzalluz mientras Redondo mantiene el tipo en el País Vasco contra los interlocutores de Felipe González, y el PP, desangrándose poco a poco. Son catorce los Ayuntamientos, catorce negritos-concejales, los que pueden caer ahora a manos de ETA. Que se sepa: ningún crimen hará variar la decisión del nocivo dúo: «Aquí estoy, y aquí me quedo». Y aún dice Chaves que Aznar se equivocó de lenguaje.

¡Oh aitá, pobre aitá, Egibar te ha metido en el armario y a mí me da tanta pena! 
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 11 Junio 2000

En la última entrevista publicada en Deia con Juan José Ibarretxe el periodista de la casa refleja atinadamente el inesperado momento en que el hombre imperturbable se altera y «un gesto de indignación asoma a la cara del lehendakari». ¿Qué es lo que ha podido sacar de sus casillas al aplicado tecnócrata que se refugia tras amables facciones de alienígena y mirada de computadora? ¿Acaso los últimos asesinatos de ETA? ¿Tal vez algún episodio especialmente violento de la kale borroka? ¿Un ataque con daños a las personas contra miembros de la Ertzaintza a las órdenes de su Gobierno, quizá? No, lo que indigna al lehendakari es algo mucho más grave e intolerable: el insulto que en tono semiaudible le dirigió un parlamentario del PP al abandonar el hemiciclo durante el último pleno. Hasta aquí podríamos llegar: una cosa es que te destruyan las oficinas de tributos, te conviertan en antorchas humanas a los agentes del orden o te asesinen a los líderes de la oposición -en toda gestión de gobierno hay sobresaltos- y otra muy distinta tener que escuchar groserías en el templo de la palabra. Y es que Ibarretxe lo ha tenido muy claro desde pequeñito: «Recuerdo que, siendo muy chaval, aitá siempre me lo advertía: "Ten cuidado con los que no son educados"».

Qué gran consejo de padre. Buen porte y buenos modales abren puertas principales. ¿Qué es en definitiva la traición sino la forma más extrema de la mala educación? Con razón sugiere Colleen McCullough en su imponente tetralogía que es el complejo de inferioridad fruto de su origen y escasa formación humanística lo que convierte al Primer Hombre de Roma en una auténtica sabandija capaz de engañar por igual a amigos y enemigos.

A Ibarretxe no van a cogerle nunca por el lado de los malos modales. Si hay que acudir a darle el pésame a una viuda, se acude; si hay que asistir al funeral y entierro de un compañero de la vida política -vaya por Dios-, se asiste; y sobre todo si hay que sentarse a hablar con todo el mundo, desde Otegi hasta Aznar, o a la viceversa que tanto monta monta tanto, pues uno se sienta y ya está. Pero siempre de forma educada, como manda el protocolo y no con «ese trato irrespetuoso que -cómo él mismo denunciaba en Deia- recibe el lehendakari en demasiadas ocasiones desde el Partido Popular».

Es fácil comprender, por tanto, lo incómodo y desagradable que para alguien tan aferrado a las buenas maneras como Ibarretxe debió resultar volver a la oficina el pasado lunes y descubrir que el mismo jueves en que había quedado en acudir a La Moncloa para repasar con el presidente del Gobierno los últimos asuntillos de actualidad en su comunidad autónoma, estaba ya previamente comprometido a participar en la ciudad de Pau en un trascendental encuentro sobre la Europa de las Regiones. Menos mal que su mentor Xabier Arzalluz, siempre pendiente como buen aitá, le avisó a tiempo de que ese día no podía ir a Madrid. Y fíjate como sería la cosa que a él también se le había pasado la coincidencia y tuvo que ser Egibar, meticuloso y firme como la mejor de las amatxos en el control de la agenda familiar, quien les advirtiera de que había que cancelar la cita.

Si hace unas semanas equiparaba a Ibarretxe con el débil y fatuo Kerensky que pretendiendo mantener la equidistancia entre la libertad y la revolución totalitaria terminó engullido por ésta, hoy me van a perdonar mis amigas y amigos de aquel inolvidable Teatro Estudio Independiente (para los iniciados el TEI) de la primera y más meritoria transición, pero a mí este lehendakari cada vez me recuerda más al personaje de Jonás en su montaje de la obra de Arthur Kopit ¡Oh papá, pobre papá, mamá te ha metido en el armario y a mí me da tanta pena!

Sólo por ese título ya hubiera merecido la pena acudir a la función, pero si además se presentaba en el programa como «un grito de pena, de rabia, ante situaciones constantes de aceptación» y una apuesta «por las ansias de libertad del hombre» frente a «la mentira confortable», se comprenderá que en el tardofranquismo aquélla fuera una convocatoria irresistible.

La historia de Jonás es la de un muchacho sensible, pulcro y agradable que vive engullido en el universo físico y mental de ese milenario cetáceo que es su madre, la señora Rosepettle. Híbrido entre la Bernarda Alba policial y castradora y la Clara Zakanasian que -tal y como ha reflejado certeramente Pérez de la Fuente en su intenso montaje de La Visita de la Vieja Dama- encarna la trivialización del mal, la señora Rosepettle guarda en un armario el cadáver disecado de su marido y tiene encomendada a Jonás la tarea de cuidar unas peligrosas plantas carnívoras que de vez en cuando intentan comérselo a él.

Jonás -a quien su madre llama cada día por un nombre para ningunear su identidad- no puede bajo ningún concepto abandonar sus habitaciones. Pero él es el primero en estar de acuerdo porque como explica a la intrusa Rosalía -la mejor Victoria Vera que recuerdo- que viene a tentarlo con la libertad, su madre «no cierra la puerta para encerrarme dentro, sino para que, por mi propio bien, no pueda salir fuera». Y enseguida la señora Rosepettle se justifica con un discurso de lo más sabiniano: «No le dejo salir porque fuera hay árboles con pájaros en las ramas esperando a que él pase debajo... porque es demasiado delicado para los árboles, las rameras y las insolaciones... Mi hijo es blanco y puro como la nieve fresca, tú estás manchada por el pecado, estás aderezada con ajo y produces náuseas en los estómagos delicados». Puestos a elegir entre la incertidumbre de la libertad y la rutina de las plantas carnívoras, el matriarcado impone su ley: tras un tímido intento de deshacerse de las plantas, Jonás estrangula a la tentadora intrusa.

El quinto asesinato de ETA después del final de la tregua no ha servido para romper los lazos del PNV con EH salvo en el portal de la casa del muerto, pero sí para estimular un debate interno en el que las voces más sensatas se dividen entre quienes culpan directamente a Arzalluz -acostumbrado a cambiar de lehendakari como quien cambia de ordenanza- y quienes presentan a éste como anciano rehén del juvenil yugo de Egibar. Al margen de que la segunda interpretación pueda servir para cuadrar un título, no me parece que lo esencial de esta metáfora sea discernir si el cadáver disecado continúa siendo el de Sabino Arana, si Arzalluz ha alcanzado ya la condición de momia en vida o si Egibar y él son o no la misma cosa. Escaramuzas al margen, la cuestión de fondo es la relación entre una visión identitaria del nacionalismo vasco, necesariamente excluyente por su temor a confrontarse con la modernidad y la libertad, y los viles métodos de coacción de quienes dicen perseguir los mismos fines soberanistas. Baste como pista que en la antecrítica de su montaje el equipo del TEI explicaba que si había renunciado a introducir maquinarias mecánicas para mover las plantas carnívoras era para subrayar que en realidad no eran otra cosa sino «los brazos de Madame, representativos de su fuerza y su agresión».
pedroj.ramirez@elmundo.es

Txaves
ERASMO El Mundo 11 Junio 2000

Llega Ibarretxe y tras despedirse de su profesor particular de marcar el paso y mascar chicle al mismo tiempo, deplora la sanguinaria ferocidad de los adjetivos presidenciales. Recibe en su despacho de Ajuria Enea a Manu Txaves, atiende solícito una llamada de Gestoras... mientras preparan la firma de un manifiesto: Euskadi, un problema lingüístico. Llama la viuda de Pedrosa: Dígale que estoy reunido...

Urbanidad 
Por Ramón PI ABC 11 Junio 2000

PARECE que por fin Juan José Ibarretxe irá al palacio de La Moncloa a entrevistarse con José María Aznar el próximo día 22. Una vez resueltos los asuntos pirenaicos que tanto reclamaban su presencia personal e intransferible en la localidad francesa de Pau, ya puede el lehendakari ocuparse de esos problemillas secundarios de cómo acabar con una banda asesina, o, más exactamente, de cómo arreglárselas para dejar de ser cómplice político de una banda asesina, de los que se deriva una situación en el País Vasco. Los periódicos de circulación nacional de ayer no destacan, sin embargo, esta cita, no sé bien si porque consideran más importantes otras cosas o porque ya no se fían de Ibarretxe, que es un malqueda y da plantones a la gente cuando le conviene.

«El escaso tacto demostrado (por Ibarretxe) con este aplazamiento, sólo sirvió para abonar la opinión de Aznar cuando manifestó su desconfianza de que los actuales dirigentes del PNV se propongan seriamente cambiar de rumbo y romper sin ambigüedades el pacto de Estella». Eso lo dice La Vanguardia en su editorial («La paz no tene precio»), en el que añade: «De momento, no parece que los nacionalistas vascos muestren una actitud de autocrítica que vaya mucho más allá de las manifestaciones de duelo. Ayer mismo, Ibarretxe consideraba “agresivas” las palabras de Aznar, mientras Xabier Arzalluz las tildaba de “declaración de guerra” utilizando un término que no parece propio del enfrentamiento político democrático».

La delicadeza versallesca de la crítica del editorialista se aprecia mejor si la cotejamos con el titular de la información de Diario 16: «Ibarretxe acusa a Aznar de “soberbio” y contesta con una invitación al diálogo. Acusa al presidente de “crispar con su agresividad” la situación en el País Vasco». ¿Comprende el lector? El que crispa la situación del País Vasco es Aznar, según el lehendakari. César Alonso de los Ríos dice en el fondo lo mismo que La Vanguardia, pero con bastantes menos contemplaciones; en ABC («La penúltima monserga») dice que «se queja Ibarretxe, se quejan otros dirigentes del PNV de que José María Aznar niega el espacio al nacionalismo “democrático” y que, por eso, “le viene ancha la democracia”. Tendrían razón si un partido etnicista, discriminador y amparador del terror pudiera ser llamado democrático, pero es imposible considerar tal a quien se ha propuesto un asalto al Estado con la ayuda de los administradores del terror».

¿Y qué están haciendo los demás partidos? Dan la razón en el fondo al PP, pero lo critican en la forma, y eso se presenta de modo diverso en cada periódico: «El PSOE comparte las exigencias de Aznar al PNV, aunque censura su tono» (ABC). «El PP se queda solo en la defensa de los ataques de Aznar al PNV» (Diario 16). «Chaves pide a Aznar que “no tapone todas las salidas al PNV”». «Chaves reprocha a Aznar que con su acoso a los peneuvistas “tapone” su alejamiento de EH». Es curioso tanto pudor en las formas, cuando el fondo es tan terrorífico, pero así se han producido las reacciones, que refleja resumidas El Mundo: tanto Jesús Eguiguren (PSE), como Francisco Frutos (IU), Javier Madrazo (IU-EB) o Durán Lleida critican las declaraciones del presidente. Sólo Pablo Mosquera (Unidad Alavesa) «rechazó las polémicas o disputas entre partidos democráticos, “porque siempre alguien las aprovecha para hacerse la víctima”».

Hay quienes todavía no ven la evidencia que nos muestran los hechos: el PNV lo lleva dicho todo, pero no rompe con los amigos de los asesinos. La tesis de ponerle las cosas fáciles al PNV también la suscribe Javier Tusell, quien en El País («ETA ha ganado») reconoce que «la condición imprescindible para ese consenso (entre los demócratas, incluyendo ahí al PNV) es una rectificación a fondo de la dirección del PNV que debiera haberse producido, como mínimo, hace seis meses. Pero quienes no son nacionalistas vascos deberían colaborar a facilitarla».

Como si contestase a este artículo, El Mundo, en un comentario sin firma, dice que «No es extraño que Otegi y las Gestoras hayan salido en defensa de Arzalluz y que, en la misma línea de disparates, afirmen que Aznar ha planteado “un escenario de guerra absoluta”. Se ve que consideran que ETA mata, pero con buenas maneras, sin ofender a nadie. Más problemático es, en el fondo, que el actual líder del PSOE, Manuel Chaves se haya apuntado a ese improvisado congreso de la urbanidad (...) El problema no está en que nadie les tape las salidas: es que no quieren salir».

La Vanguardia titula a toda página, abriendo la sección de Política, «El PSOE tiende un puente al PNV». No es ningún puente, sino que «tendió ayer una mano al acorralado PNV». El titular «tiende un puente» al PSOE. Y la cosa tiene su explicación, porque es tan evidente que le sobra a Aznar la razón por los cuatro costados, está tan claro que las carantoñas, en lugar de favorecer la ruptura, alentaría más la ambigüedad del PNV, que a los demás partidos se les hace duro estar tan de acuerdo tanto tiempo con el Gobierno.

Increíble por imposible: ¿Romperá completamente el PNV con EH? NO
RAUL HERAS El Mundo 11 Junio 2000

El PNV de Leizaola y Arzalluz lleva cerca de 40 años de relaciones con todas las ETA que ha habido y con sus diferentes brazos políticos. Se han utilizado y apoyado mutuamente durante la Dictadura, en la corta e intensa Transición democrática, y lo siguen haciendo desde que la Constitución otorgó a Euskadi un Estatuto en el que el grado de autonomía y autogobierno ha alcanzado unos niveles como tienen pocos o ningún otro territorio en la Europa comunitaria. Nunca han roto por más críticas y acusaciones que se hayan cruzado y es increíble que lo vayan a hacer por ser imposible un distanciamiento que dejaría al Partido Nacionalista sin referente ante su electorado.

Hoy, los nacionalismos de Euskadi y Cataluña -ambos de centro-derecha- sólo se diferencian del Partido Popular y sus propuestas de gobierno por sus reivindicaciones soberanistas, más o menos encubiertas. En el resto son perfecta y completamente asimilables, y de ello son muy conscientes tanto Xabier Arzalluz como Jordi Pujol. Sin la reivindicación nacionalista, ni el PNV, ni CiU tendrían sentido en el mundo globalizado del siglo XXI. Si en Euskadi se produjera un cambio de dirigentes (única vía para que los sucesores del ex jesuíta pudieran intentar una ruptura con Arnaldo Otegi y lo que representa el binomio ETA-EH), la fractura en el seno del nacionalismo considerado como democrático sería inmediata, dejando que la estrategia del terrorismo alcanzara su objetivo de colocar a la sociedad vasca en la tesitura de una confrontación revolucionaria. El PNV podrá abandonar el pacto de Estella/Lizarra pero no romper con sus «hermanos descarriados del abertzalismo», tanto si sigue Arzalluz al frente como si fuera sustituido por alguien como Atutxa o Emilio Guevara. Los nombres en esta coyuntura cuentan poco.

Si Aznar y el PP lograran una convocatoria de elecciones anticipadas, con Mayor Oreja de candidato, los socialistas tendrían que definirse entre las dos estrategias que lideran Benegas y Redondo Terreros. Tal vez, el PSE se sintiera en ese momento más prisionero del futuro que del pasado.                           Raúl Heras es periodista.

La comunión de los santos: ¿Romperá completamente el PNV con EH? SI
FELIX BORNSTEIN El Mundo 11 Junio 2000

Es un lugar frecuente, dentro de la historiografía referente a ETA, atribuir su nacimiento en los años 50 a una escisión en el seno de las organizaciones juveniles del PNV. Según esta versión, ETA sería un producto de la represión del movimiento nacionalista en Euskal Herria durante la postguerra.

En mi opinión, este análisis invierte el orden narrativo de la historia reciente de ETA y del resto del nacionalismo vasco, desenfocando la imagen de su naturaleza y el sentido de sus relaciones internas. Por el contrario, en esta extraña familia el cabeza y fundador de la estirpe es ETA. Desde su rendición militar en 1937 hasta el nacimiento de ETA, el nacionalismo vasco fue sólo un espectro que se cobijó en la oscuridad de las sacristías. Con ETA el espectro se convierte en el ángel sagrado dispuesto a vengar a todos los vascos no tanto de los desmanes españolistas, sino de la traición y el silencio de sus dirigentes naturales, los ausentes peneuvistas. La debilidad política del nacionalismo vasco ha sido la condición existencial del nihilismo de ETA. El PNV y ETA no son las dos caras de la misma moneda (los hijos suelen ser diferentes a sus padres aunque lleven la misma sangre). Sin embargo, el PNV no tiene carta de naturaleza propia, es el rehén moral de ETA y de todo su entorno (EH, Senideak, Gestoras Pro Amnistía, etc.). Forma parte de un movimiento de liberación, aunque pretenda ser su agente de interlocución con el exterior. Muerto Franco, el renacido PNV tuvo que elegir entre sus convicciones democráticas y su fe nacional (no una fe abstracta, sino condicionada por la existencia de ETA). Su drama fue -y es- pretender ambas cosas. Marx dijo que la Revolución de 1789 se presentó engañosamente con vestiduras romanas: se esperaba al burgués, al ciudadano, pero irrumpió en la escena la violencia de los miserables, de los pobres sans-culottes, arrollándolo todo a su paso. ETA empezó en 1968 su andadura mortal matando casi sin querer en un control policial rutinario. El PNV creía poder controlar a «los muchachos» y ahora está contra las cuerdas. Sin embargo, el juego ha ido demasiado lejos para reconocer sus errores y sólo la improbable neutralización del enemigo común -los españoles-, obligaría al PNV, por una simple cuestión de supervivencia, no sólo a prescindir sino a destruir a ETA y sus satélites. No sé lo que ocurrirá, pero el precio del drama lo habrán pagado las víctimas reales e inútiles del conflicto, el cesto inocente de culpas ajenas. Se habrá cumplido así la terrible sentencia de la Guemará (Eclesiastés 9:5): «Los muertos no saben nada» o, si se prefiere, la versión más profana de Shakespeare (La tempestad, acto III, escena 2): «El que muere paga todas sus deudas».                      Félix Bornstein es economista.

Salir del atolladero
SANTOS JULIÁ El País 11 Junio 2000

José María Aznar es presidente de un partido político cuyos concejales en el País Vasco son objeto de la ofensiva criminal más fríamente diseñada por ETA desde la instauración de la democracia. Xabier Arzalluz es presidente de un partido político que en agosto de 1998 selló un acuerdo con ETA del que se derivó un pacto con EH que permitió formar Gobierno a su partido. Ante la renovada ofensiva de ETA, Aznar ha mantenido una política de resistencia y fortaleza, sin ceder ni un ápice ante el terror y recrudeciendo las denuncias contra el PNV; Arzalluz, por su parte, ha mantenido el Pacto de Estella y ha intentado destruir al ministro del Interior haciéndole responsable de los asesinatos cometidos por ETA.

Hasta aquí, los hechos. Por debajo, sosteniéndolos, las intenciones. El PNV selló su acuerdo con ETA porque, en vísperas electorales, creyó que presentándose ante los ciudadanos como gestor único de una tregua indefinida iba a conseguir un incremento sustancial de votos y un nuevo impulso a su política soberanista. El PP ha resistido en la firmeza ante ETA porque la respuesta ciudadana al asesinato de su concejal Miguel Ángel Blanco le reveló la existencia de un amplio sector de la sociedad vasca dispuesto a movilizarse no ya contra ETA, sino frente a los nacionalistas.

Hechos e intenciones componían dos apuestas políticas de incierto resultado. Las urnas se encargaron enseguida de aclararlo; en las elecciones autonómicas de octubre de 1998, el PNV retrocedió, el PP dio su gran salto adelante convirtiéndose en segundo partido de Euskadi y EH recuperó el electorado perdido. A partir de ese momento, el PNV quedó a merced de la izquierda abertzale, que le exigió embarcarse en aventuras euskalherriacas de soberanía nacional. Avanzando por la cuerda floja, el PNV optó por reafirmar en su última Asamblea la estrategia soberanista y por negarse a aceptar la posibilidad de que ETA volviera a matar. En caso contrario, decía Egibar en enero, "podrían caer nuestros dirigentes".

Sus dirigentes, a pesar de los cinco asesinatos cometidos por ETA, han hecho todo lo posible por no caer. Es su natural instinto de conservación, o mejor: un dirigente sólo cae cuando la falta de apoyos hace insostenible su posición en el partido. Es lo que comenzaba a ocurrir en el PNV: un sector hasta ahora conminado a callar ha levantado la voz para expresar su descontento por el fracaso global de la política emprendida en agosto de 1998: retroceso electoral, avance de EH, asesinatos de ETA y fortalecimiento del PP, que ha reafirmado en las elecciones generales su posición como segundo partido de Euskadi.

¿Tiene sentido, ante la debilidad de la actual dirección del PNV, empujar como lo ha hecho el jueves José María Aznar? Aun con el riesgo de favorecer el cierre de filas, lo tendría si los quebrantados dirigentes del PNV hubieran iniciado maniobras de aproximación al PSOE que les permitieran recomponer una mayoría política sin necesidad de admitir su fracaso ni renunciar a su estrategia soberanista. Pero eso es exactamente lo que se desprendía de un reciente comentario editorial del director de Deia, diario del PNV, cuando celebraba que "los socialistas se mueven y los nacionalistas también" y revelaba que Arzalluz había mantenido una "discreta entrevista" con González.

Esta maniobra es, quizá, lo que Aznar pretende cercenar. El PNV intenta acercarse a un PSOE en horas bajas por ver si le ayuda a encontrar algún atajo para escapar del atolladero en que ha embarrancado a la política vasca. En estas circunstancias, la intervención de Aznar, aun si sobrada de adjetivos, tiene una lógica aplastante: para salir del atasco hay que reconstruir una mayoría de Gobierno basada en una mayoría social, producto de nuevas elecciones o, mejor, de un acuerdo entre nacionalistas y constitucionalistas sin exclusión del PP. Éste es, en efecto, el único camino que queda por recorrer; el camino que, sumando votos, contaría con más amplio respaldo social.

El Dorado
MANUEL VICENT El País 11 Junio 2000

Los cuatro ocupantes del coche son vascos, se dirigen a una fiesta, van hablando entre ellos de cosas anodinas, se conocen de toda la vida, sus problemas son parecidos. De repente la radio del coche, que hasta ese momento estaba emitiendo música, interrumpe la emisión para dar la noticia de otro atentado: un joven a cara descubierta ha pegado un tiro en la nuca a un concejal. Los ocupantes del coche son vascos y aunque la radio sigue dando los sangrientos pormenores ellos fingen no estar oyendo sino música, no se atreven ni siquiera a callar, continúan hablando de cosas anodinas por miedo a manifestar los que sienten.

Políticamente en el País Vasco existen tres modelos verbales para definirse ante el terrorismo: unos condenan, otros rechazan, otros sólo lamentan la violencia. Son fórmulas de un código que implican una ideología cristalizada. Ningún político en sus comunicados abandona este troquel que a su vez se corresponde con las pancartas de las distintas manifestaciones multitudinarias igualmente troqueladas, pero el verdadero foso negro de Euzkadi es ese miedo que el terror produce ya entre hermanos.

Una sensación parecida experimenté hace unos días en Colombia, un país en guerra. Me dirigía en coche hacia El Dorado, esa laguna alta de Guatavitá donde se guarda la leyenda de un tesoro sumergido que fue el sueño de todos los conquistadores. Durante la subida a ese cerro de los Andes mis compañeros colombianos me hablaban de aquel cacique chibchá que introducía en esa laguna su cuerpo desnudo untado en oro molido. En ese momento la radio del coche dio la noticia de que unos paramilitares habían acribillado cerca de Medellín a medio centenar de campesinos. Los ocupantes del coche también fingieron no haber oído nada y siguieron hablando del mito de El Dorado, de la ceremonia ancestral de aquella tribu que durante siglos fue llenando el alvéolo de la laguna con tributos de oro a sus dioses y que luego alimentó la codicia de tantos caballeros. La belleza del cerro de Guatavitá era igual a su silencio y éste parecía un homenaje a los asesinados. El fondo de esa laguna de leyenda fue sagrado hasta que un día lo rastrearon unos buzos: no contenía oro alguno sino una insondable extensión de huesos humanos, producto de sacrificios rituales. Uno se pregunta qué Dios, qué patria, qué sueño de El Dorado puede haber detrás de un tiro en la nuca. Sólo cadáveres.

Aznar: "Si quieren, esperamos al próximo muerto para hablar"
El presidente considera "poco relevantes" las críticas a su intervención del jueves
L. G. / M. G, Nápoles El País 11 Junio 2000

José María Aznar calificó ayer de "poco relevante" el aluvión de críticas que ha recibido de parte de la casi totalidad de las fuerzas políticas por su durísima intervención del pasado jueves, en la que arremetió contra el PNV por moverse sólo a golpe de asesinato. "Si quieren, esperamos al próximo muerto para hablar", ironizó frente a quienes han cuestionado la oportunidad de sus declaraciones.

"Yo no soy partidario de eso, pero a lo mejor les parece más oportuno esperar a la próximo víctima", agregó, en la rueda de prensa conjunta con el primer ministro italiano, Giuliano Amato. Respecto al tono agresivo de sus palabras, denunciado por el lehendakari , Juan José Ibarretxe, y el presidente de la gestora del PSOE, Manuel Chaves, entre otros, replicó: "Ni la oportunidad ni el tono tienen nada que ver con la cuestión de fondo, que es la necesidad de un profundo cambio en la política vasca". "Los nacionalistas moderados", reiteró, "deben recuperar el consenso estatutario, volver a la lealtad constitucional, defender la vida y la libertad de todos los ciudadanos vascos y romper cualquier tipo de acuerdo con Euskal Herritarrok".

"No me parece aceptable que un partido tenga acuerdos con una organización terrorista o con quienes la amparan", agregó. "Lo puedo decir en voz bajita, como lo he hecho ahora, o subiendo los decibelios. El tono no es lo importante, lo importante es la cuestión de fondo, si se cambia de actitud. Lo demás lo considero bastante poco relevante", concluyó.

De forma implícita, Aznar minimizó los síntomas de un cambio de rumbo del PNV, afirmando que "una cosa son los deseos y otra la realidad". Fuentes gubernamentales explicaron que el Ejecutivo mantendrá la presión sobre el PNV, por considerar que cualquier signo de debilidad en este momento sería contraproducente, como demuestra a su juicio la experiencia del conflicto de la autovía de Leizarán.

Las mismas fuentes indicaron que los nacionalistas vascos mantienen intacta su apuesta por el giro soberanista, que está en el origen de su pacto con ETA, y se mostraron convencidas de que ésta someterá a nuevas tensiones al partido.

En Madrid, el secretario general del PP, Javier Arenas, se refirió a las polémicas declaraciones de Aznar, que a su juicio no fueron el reflejo de una posición "dura o radicalizada" sino la expresión "firme, coherente y clara" de su "compromiso con la democracia", informa Javier Casqueiro. En un acto ante 400 cargos municipales del PP, Arenas homenajeó a los concejales vascos de su partido a los que calificó como "héroes" y "mártires de la democracia española" .

El secretario general del PP indicó que le preocuparon las interpretaciones que Manuel Chaves hizo de las declaraciones de Aznar porque expresó unos "planteamientos con medias tintas, tibios y confusos". "Si tenemos que ser los únicos en mantenernos firmes, con las ideas claras y coherentes, lo vamos a hacer", afirmó.

Si bien en esta ocasión no pidió que se anticipen las elecciones autonómicas vascas, señaló como "inexplicable" la situación del PNV, porque al simultanear el gobierno del País Vasco con el diálogo con los terroristas contribuye al deterioro de las instituciones.

CATALUÑA: El PP pide una selectividad en castellano
El Mundo 11 Junio 2000

BARCELONA.- El Grupo Popular en el Parlamento de Cataluña ha presentado una proposición en la que insta al Gobierno de la Generalitat a garantizar los derechos de los alumnos a recibir las pruebas de acceso a la universidad y el resto de exámenes que se realicen en castellano y en catalán.

Según explica el texto presentado por los populares, «de esta manera se garantizarán los derechos de los alumnos y de los profesores a expresarse oralmente o por escrito en la lengua oficial que prefieran». En la exposición de motivos, el Grupo Popular argumenta que el Estatuto de Autonomía de Cataluña dice que el catalán es el idioma oficial de la comunidad autónoma, así como también lo es el castellano.

La Galicia real
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Junio 2000

En Padrón, a orillas del Sar, hay un monumento a Rosalía que habla del abandono de los hogares, de la soledad en que se quedan estas tierras. El poema ha ido quedando desdibujado más por el castigo de los hongos que por el desgaste de la piedra, pero, sobre todo, porque la emigración es ya menor y la queja tiene menos sentido. Toda esta franja costera es un hormiguero humano, de norte a sur. Para encontrar alivio hay que meterse tierra adentro, al silencio de los montes y los valles.

No es éste de la emigración el único tópico sobre estas tierras que se está resquebrajando. De él queda poco más que una cierta melancolía. Pero, ¿qué decir de las comunicaciones? A la red tradicional de carreteras tortuosas se ha sobrepuesto otra de vías «rápidas» y de autopistas que termina de desconcertar al viajero. Orense está ya a cuatro horas de Madrid. El profesional del lamento se entrega entonces a hacer metafísica de la periferia y de la distancia.

No es tampoco Galicia el único sitio donde se habla más de los problemas justamente cuando están ya en vías de solución. Ocurre con la lengua. Aquel «informe dramático sobre la lengua» que escribió Xesús Alonso Montero a finales de los sesenta ha dejado de ser tal. El habla popular, aquella resistencia de clase al español, ha ganado ya todas las esferas, desde la televisión a la Universidad, y por eso resulta sospechoso que cuando el idioma ha pasado del abandono a la oficialidad se utilice como seña de identidad. Fuimos unos —de dentro y de fuera— los que peleamos por las lenguas regionales y son otros los que las utilizan como «nacionales» para su propios fines.

Si al viajero le desazonaba hace años el atraso de una buena parte de estas tierras, ahora le desazona la incapacidad de una parte de los gallegos para no reconocer la mejoría de la realidad y su empeño en entregarse a ensoñaciones con frecuencia infantiles. Así la reivindicación de lo celta en la cotidianidad. Pero, ¿acaso alguien necesita creer en una cerámica celta para cerciorarse de que esta tierra es Galicia y no otra? ¿Se necesita alguna teoría más eficaz que ésta de los emparrados sostenidos por las estacas de granito, ese exceso de fortaleza como sostén de la levedad?

También aquí en Galicia hay un asalto constante a la verdad histórica: sin duda para dar explicaciones tortuosas a lo que es evidente. Como en otras regiones, nada se salva del oportunismo de los nacionalismos. Es el mismo azote, la misma violación de la realidad, idéntico empeño en introducir la irracionalidad constantemente, ya se trate de cultura, de economía o de política. Insaciables y deshonestos los nacionalistas arriman a su causa a Dieste, Seoane, Varela... y hacen verdaderos malabarismos para integrar en sus enredos identitarios a Cunqueiro, a Torrente Ballester, a Blanco Amor, a Cela... ¡Qué cansancio!

Pero, como digo, tampoco la política se libra de esta peste, especialmente en el Partido Socialista, tan desarmado ideológicamente que busca en la entelequia «nacional» una sustitución de sus creencias. En vano les advierte desde La Coruña Paco Vázquez. Hace unos días celebraron un congreso en el que eligieron a Pérez Touriño sin más presencia coruñesa que dos concejalas destituidas por el alcalde. Ante el patético caso del socialismo gallego, tan en descenso, uno se pregunta si no les valdría más volver a las fuentes originales, concretamente a las de un ferrolano llamado Pablo Iglesias que a las teorías de Brañas. Por lo visto prefieren desaparecer en los brazos de Beiras a reivindicar unas fórmulas de validez europea e internacional.

Al abandonar Galicia, el cronista no puede zafarse de lo que entiende como una muestra muy significativa de la realidad: mientras la ciudad de Paco Vázquez parece una señora hermosa preparada para el paseo de la tarde, Vigo asistirá quizá a la voladura de un horror arquitectónico no sólo por antiestético sino por ilegal.

Fines y medios democráticos
JAVIER PRADERA El País (edición impresa) 11 Junio 2000

E1 asesinato de Jesús Maria Pedrosa, concejal del PP en el Ayuntamiento de Durango, ha sido la gota criminal que ha desbordado el amargo vaso de la paciencia de muchos nacionalistas moderados, incapaces ya de entender las alianzas políticas. parlamentarias, forales y municipales con Euskal Herritarrok, brazo político de ETA. Las resistencias o las vacilaciones de las cúpulas del PNV y de EA para admitir el rotundo fracaso de su estrategia y para cortar cualquier relación con los terroristas y sus cómplices y encubridores en el ámbito institucional arrastran al País Vasco al precipicio.

La ruptura formal del alto el fuego de ETA - compatible, mientras duró, con los atentados de los grupos juveniles bajo su control - hizo políticamenteindefendible el mantenimiento de los acuerdos del nacionalismo moderado con el nacionalismo radical. Pero los cinco asesinatos perpetrados desde enero de 2000 convirtieron en moralmente intolerable esa obscena alianza. ETA ha pregonado a los cuatro vientos que la tregua declarada en septiembre de 1998 fue precedida por un acuerdo secreto con PNV y EA y que se proponía únicamente dos objetivos: de un lado, reagrupar fuerzas - en el terreno operativo ante el cerco judicial y policial; de otro, engañar a los nacionalistas moderados con el señuelo de la paz - en el campo estratégico - para invitarles a romper con los partidos vascos constitucionalistas y a crear una asamblea de municipios que pudiera servir de alternativa futura a las instituciones autonómicas. El Pacto de Estella, firmado en septiembre de 1998 por los nacionalistas moderados y radicales, formalizó las grandes líneas estratégicas del acuerdo secreto de julio-agosto con que ETA condicionó su falsa tregua a la aceptación por el PNV y EA de su programa: la reivindicación irredentista de la unidad de Euskal Herria y su independencia como Estado soberano.  

Cubierta la primera fase de la fraudulenta maniobra, ETA apretó las tuercas al PNV y EA tras las elecciones municipales y forales de junio de 1999 como respuesta a los buenos resultados obtenidos por los partidos vascos constitucionalistas: populares o socialistas gobiernan hoy la Diputación de Álava y rigen los ayuntamientos de dos de las tres capitales  provinciales (San Sebastián y Vitoria) y de otros importantes núcleos de población. La banda terrorista conminó entonces a los nacionalistas moderados a boicotear las elecciones legislativas y a organizar la mascarada de unas elecciones paralelas de ámbito exclusivamente vasco sobre la base de un censo fabricado mediante la inscripción voluntaria de los nacionalistas. La resistencia del PNV y EA a aceptar ese dictado fue respondida con la ruptura de la tregua, seguida de cinco asesinatos; esos perdonavidas nunca mejor dicho - anunciaron que los nacionalistas quedaban excluidos de la lista de amenazados.  

La despreciable mezcla de cobarde insolidaridad con las víctimas y de tranquilidad egoísta de quienes se saben a salvo del tiro en la nuca recuerda ominosamente la situación previa a la toma del poder por los fascistas en Italia y Alemania; el hecho de que el orden público y la protección de la vida de los ciudadanos corra en el País Vasco a cargo de la policía autónoma bajo las órdenes del Gobierno de Vitoria integrado por PNV y EA confirma el paralelismo. Las exhortaciones de los nacionalistas moderados a las eventuales víctimas para que dialoguen con sus impunes verdugos mientras ellos permanecen a cubierto de riesgos suenan de forma indigna cuando - como ha ocurrido en Durango - los simpatizantes de los asesinos se burlan en la cara de las familias de los asesinados.  

La retórica nacionalista al uso mantiene que los fines perseguidos por ETA son legítimos y que únicamente son criticables sus medios; bastaría, por lo tanto, con que los terroristas dejasen provisionalmente de matar (sin entregar las armas ni poner fin a la kale borroka) para ser admitidos como honorables interlocutores. Pero los fines son indisociables de los medios que los construyen: las negociaciones democráticas sólo pueden producir una sociedad igualmente democrática, esto es, un sistema basado sobre la regla de la mayoría, el imperio de la ley, los derechos humanos y el respeto a las minorías. Y la Euskal Herria del Pacto de Estella no sería un Estado de derecho democrático, sino una dictadura nacionalista en la que los vascos no nacionalistas (la mitad de los guipuzcoanos y los vizcaínos, la mayoría de los alaveses, el 80% de los navarros y el 90% de los vascos franceses) serían ciudadanos de segunda despejados de sus libertades fundamentales, incluyendo - según el proyectado censo voluntario – el derecho al sufragio.  

Aznar tensa la cuerda en busca de un nuevo PNV que varíe rumbo.  
Estrategias, José María Izquierdo, El País (edición impresa) 11 Junio 2000

Con el panorama del País Vasco que con extraordinaria nitidez dibuja Javier Pradera en el recuadro adjunto, esta semana se han sucedido intervenciones públicas de casi todos los implicados en el conflicto - los máximos culpables de la situación, los terroristas, ya comparecieron el domingo con su habitual lenguaje del tiro en la nuca - con una escalada de enfrentamiento en formas y contenidos que debe asustar a cualquier observador de la actualidad política. 

Es difícil. para cualquier demócrata, no suscribir las palabras del presidente respecto a los escasos fundamentos morales que se esconden tras el corrimiento a centímetros de la distancia que separa al PNV de EH, a expensas de los crímenes de ETA. La cuenta que echa Aznar de los muertos necesarios para una ruptura total suena en primera audición a macabra demagogia, pero es difícil de rebatir a la vista de los hechos: la única decisión efectiva que ha tomado el PNV tras el asesinato de Pedrosa ha sido la ruptura en el municipio del que era concejal. La gradación del apartamiento anunciada por dirigentes del PNV - Joseba Egibar a la cabeza - viene así determinada exclusivamente por los asesinatos que ETA quiera llevar a cabo. La denuncia de esta estrategia hecha por Aznar se revela impecable. 

Pero en la inusual comparecencia de Aznar hay también aspectos que parecen criticables. El mayor de ellos, como muchos observadores se han encargado de destacar, son las referencias ad hominem que el presidente ha dirigido a los actuales dirigentes del PNV. Los presidentes de Gobierno no acostumbran a inmiscuirse así en los asuntos de otro partido; como tampoco parecía acertada la insistencia de Aznar, desde el cargo que ocupa, en la necesidad de elecciones anticipadas en el País Vasco, cuya convocatoria no le corresponde. 

La estrategia del PP es diáfana: la única solución que considera viable para el País Vasco es apartar al PNV de sus lazos con EH y lograr que el centenario partido nacionalista se reincorpore a los pactos con el resto de fuerzas políticas democráticas, olvidando políticas alternativas en base a fines exclusivamente soberanistas. Para ello, aparcada de momento la idea de anticipar las elecciones y jugarse el todo por el todo con la esperanza de ganar la lendakiretza para un representante del Partido Popular es vasco, tienen barba y responde al nombre de Jaime – se intenta ahora azuzar la rebeldía interna en el PNV para aupar a una nueva dirección, menos atada personalmente a los acuerdos con los radicales, que permita el “cambio de rumbo” del que hablaba Aznar. 

Pero, como siempre que se tensa la cuerda, cabe la posibilidad de que se rompa. Por eso hace bien el PP en buscar la complicidad de los socialistas, partícipes en el fondo de la estrategia de los populares, pero con menor ánimo de ruptura y más proclives a estirar la posibilidad de diálogo con una ejecutiva del PNV que poco a poco se inclina a favor de otras opciones, sin forzar fracturas internas demasiado dramáticas. No fuera a ser que tanta presión sólo sirva para el enrocamiento de la actual dirección y fuerce a indeseables adhesiones inquebrantables  de sus compañeros.

 

 

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