AGLI

Recortes de Prensa   Lunes 12  Junio 2000
#La violencia cotidiana
Editorial ABC 12 Junio 2000

#ETA confirma que el Foro de Ermua se ha convertido en uno de sus principales objetivos
BILBAO. I. S. ABC 12 Junio 2000

#Rectificación
ENRIQUE GIL CALVO El País 12 Junio 2000

#¿Violencia callejera o estratagema terrorista?
FERNANDO REINARES El País 12 Junio 2000

#Declaración oportuna, correcta y acertada
FERNANDO REINARES El País 12 Junio 2000

#Entrevista con Mikel Azurmendi, profesor de Antropología en el País Vasco y ex miembro de ETA
BILBAO. I. Souto ABC 12 Junio 2000

#Nacionalismo bueno, nacionalismo malo
Consuelo Álvarez de Toledo ABC 12 Junio 2000

#ETA descalifica en su comunicado a López de Lacalle
El Mundo 12 Junio 2000

#Lanzan cócteles molotov contra una sucursal bancaria
El Mundo 12 Junio 2000

#Aznar, a por todos
Pablo Sebastián La Estrella 12 Junio 2000

#Joaquín Navarro, Autor de 'Buenos días, Euskadi': «El problema de ETA sólo tiene solución política»
A.M. Madrid  La Estrella 12 Junio 2000

#Nota del editor: Fallo contra el sentido común
12 Junio 2000



La violencia cotidiana
Editorial ABC 12 Junio 2000

LA cara más atroz del terrorismo es el asesinato. El cuerpo abatido, el dolor de las familias y el miedo de los amigos son las imágenes que llenan la dosis de violencia que se puede transmitir en los medios de comunicación y en los discursos de los políticos. Tras el protagonismo del mensaje «mediático» de la muerte, cualquier otra forma de violencia menor pasa a un segundo plano, no porque sea esporádica, sino porque no supera el índice de saturación provocado por la sangre. Esa es la violencia cotidiana que agrede a miles de ciudadanos vascos, con múltiples formas, perceptibles unas e imperceptibles otras, físicas o psíquicas. A veces están en las miradas, en las pintadas, en los carteles o en la pluma de algún comentarista; incluso puede ser una violencia despersonalizada, porque, en ocasiones, la violencia más intimidatoria está en el ambiente. Normalmente, al cabo del día, esa violencia termina con un saldo de pequeños temores que sólo han angustiado a quien los sufre. Y como se trata de temores, emociones o sensaciones, son muy difíciles de explicar y de compartir con otros. Mikel Azurmendi, profesor de Antropología en la Universidad del País Vasco y miembro del Foro de Ermua, dice en la entrevista que hoy publica ABC que «ha habido momentos en que he dado la clase como si fuera la última de mi vida». Otros sentirán lo mismo cuando acudan a un pleno de su Ayuntamiento, a la sede de su partido, a comprar el periódico o a pasear por su pueblo. Vivir en estas condiciones es para muchos una aventura de alto riesgo.

Cuando el discurso nacionalista utiliza el argumento de la normalización política en el País Vasco nunca menciona como prioridad devolver la libertad real a miles de sus ciudadanos. Sólo se preocupa de apuntalar a la izquierda abertzale —mediante lo que llaman integración institucional de esta izquierda— y de ser fiel a la construcción nacional vasca. El miedo de esos otros vascos es cuestión menor; y en el planteamiento perverso de algunos dirigentes nacionalistas, impermeables a la solidaridad y a la compasión con las víctimas, puede llegar a ser la consecuencia lógica e inevitable de su disidencia pública. ETA también comparte este análisis en el comunicado hecho público ayer, en el que reivindica los atentados contra José Luis López de Lacalle y Jesús María Pedrosa, y en el que lanza contra el Foro de Ermua graves acusaciones que anuncian más jornadas luctuosas. No es extraño que ETA quiera intimidar a este movimiento cívico surgido tras el brutal asesinato de Miguel Ángel Blanco. El Foro de Ermua ha encabezado una rebelión ciudadana que ha dado al nacionalismo vasco —en sus vertientes política y terrorista— la réplica en las calles de las ciudades vascas. Esto es mucho más de lo que puede tolerar un nacionalismo acostumbrado a la hegemonía indiscutida —e internamente monolítica, so pena del escarnio público, tan del gusto de Arzalluz— y a la resignación de los atemorizados.

Lo sorprendente es que, cuando a esta realidad opresiva se la califica de la única forma posible con el diccionario en la mano —es decir, como repugnante—, los dirigentes nacionalistas se rasgan las vestiduras y algunos sectores de la izquierda, convertidos repentinamente en maestros del protocolo político, marcan distancias, como si el acto de desvelar la anormalidad que apresa a la sociedad vasca fuera lo anormal. Privadas del amparo de unas instituciones democráticas sometidas al dictado del pacto de Estella, la protección de las víctimas de la violencia cotidiana debe ocupar el primer puesto de las reivindicaciones frente al nacionalismo y en la responsabilidad política de los Gobiernos nacional y autonómico. Cuando se habla de la Europa de las dos velocidades sólo se piensa en el ritmo del desarrollo económico. A nadie en la nueva Europa se le ocurriría aplicar ese concepto a las libertades individuales y a los derechos políticos de algunos de sus ciudadanos. Pero la inocultable realidad es que en el País Vasco la libertad está gravemente mermada.

ETA confirma que el Foro de Ermua se ha convertido en uno de sus principales objetivos
BILBAO. I. S. ABC 12 Junio 2000

ETA confirmó ayer que el Foro de Ermua se ha convertido en uno de sus principales objetivos criminales. A través de un comunicado, en el que la banda terrorista asume la autoría de los atentados que costaron la vida al columnista José Luis López de Lacalle y al concejal del PP Jesús María Pedrosa, los etarras señalan al Foro de Ermua como «opresor de Eukal Herría».

ETA arremetió contra el Foro de Ermua y contra su miembro fundador y columnista José Luis López de la Calle, asesinado el pasado día 7 de mayo en Andoain. En un escrito publicado ayer por el diario radical «Gara» en el que los etarras se declaran autores de los últimos atentados, la banda terrorista asegura que «López de Lacalle, junto a sus compañeros de grupo, ha abogado a favor de la opresión de Euskal Herría y de la perpetuación del conflicto, incluso cuando ETA mantuvo de forma unilateral la suspensión de las acciones, extendiendo todo su odio y veneno bajo la protección de las fuerzas armadas de ocupación que nos oprimen».

Tras asesinar a José Luis López de Lacalle, ETA se ceba en él señalando que «bajo el disfraz de “opinante de la sociedad” pidió la detención, tortura y muerte de ciudadanos vascos con el lema fascista “A por ellos” y el hipócrita -dicen los asesinos etarras- de “¡Basta ya!”».

En el comunicado, los terroristas de ETA declaran ser los autores del atentado contra el concejal del PP en Durango Jesús María Pedrosa, asesinado el pasado domingo, y el ataque con coche-bomba al paso de un vehículo de la Guardia Civil en Inchaurrondo, en San Sebastián, el pasado 6 de marzo. La bomba hizo explosión a la altura del número 73 del Paseo de Zarategi e hirió a los dos guardias civiles,un hombre y una mujer, que circulaban en el vehículo policial. A consecuencia de la onda expansiva, cinco ciudadanos también sufrieron heridas.

ETA también asume la autoría del paquete-bomba enviado a Carlos Herrera, a quien llama «periodista-policía español». El paquete se recibió en la sede de RTVE de Sevilla el 27 de marzo, aunque la Policía lo localizó sin que llegara a explosionar.

Tras conocerse el comunicado etarra, las reacciones no se hicieron esperar. La más destacada fue la de uno de los compañeros de López de Lacalle en el Foro de Ermua, Pablo Setién, quien aseguró que ETA sólo pretende «mancillar la memoria de un luchador antifranquista» como era el columnista asesinado. «Lo que no pudo una dictadura fascista, lo pudo la otra», afirmó en relación al crimen perpetrado por ETA.

El portavoz del PNV, Íñigo Urkullu, aseguró que las valoraciones sobre el comunicado de ETA son un error en el que no hay que caer. Además, dijo que el PNV no está pendiente de los comunicados de la banda armada, ya que a quien quiere escuchar es a EH, que representa a una parte de la ciudadanía. Urkullu aseguró que la coalición abertzale tampoco debería comentar el comunicado de ETA para expresar su propia opinión política. El camino a seguir para el portavoz nacionalista es hablar, no sobre lo que diga ETA, sino sobre la situación actual y la necesidad de plantear soluciones a través del diálogo.

«CHULERÍA DE ETA»
La presidente de EA, Begoña Errazti, aseguró que es «insoportable no ya la reivindicación de los atentados, sino la chulería de lanzar críticas e insultos contra algunos de sus más recientes objetivos». «Es gravísimo que continuemos días después teniendo que soportar encima la chulería de argumentos en contra de personas a los que les han pegado un tiro», aseguró. Errazti afirmó que el único camino posible para la banda terrorista es la declaración de un alto el fuego indefinido que permita a las fuerzas políticas democráticas trabajar «para pacificar este país».

El portavoz de IU-EB, Óscar Matute, también pidió a la banda que deje las armas para producir «un clima de encuentro entre el conjunto de la sociedad vasca, que es plural y permite posiciones como las del Foro de Ermua o de gentes de HB». Afirmó que ETA debe asumir que no representa a la sociedad, ya que se deslegitima con todos sus actos violentos.

Finalmente, el secretario general de UA, Pablo Mosquera, dijo que no hay esperanza en el comunicado de ETA, ya que parece que siguen «dispuestos a matar a quien se ponga por delante». «O ellos acaban con nosotros o nosotros con ellos, lo que quiere decir que hace falta un rearme moral, democrático, desde la firmeza», concluyó.

Rectificación
ENRIQUE GIL CALVO El País 12 Junio 2000

La exigencia de cambio de rumbo para Euskadi, formulada institucionalmente el jueves pasado por el presidente del Gobierno, merece ser no sólo aplaudida, sino además suscrita tanto en su espíritu como en su letra. Tras el "¡Váyase, señor González!" que profirió en un sonado debate sobre el estado de la nación, precipitando la subsiguiente alternancia política, Aznar nunca había vuelto a parecer tan convincente como ahora. Confiemos, por tanto, que este nuevo "¡Váyase, señor Arzalluz!", sea tan eficaz como aquél, obligando al PNV a rectificar.

Las objeciones formuladas contra la dureza del tono de confrontación utilizado por Aznar no parecen pertinentes. Es verdad que se podría haber usado otro estilo más comprensivo, facilitando la rectificación en curso del PNV. Pero eso hubiera supuesto contemporizar, cayendo en la tentación de hacer unas concesiones que en realidad implican consentir e incentivar la escalada de la ambigüedad moral. Éste mismo es el pecado cometido por la ejecutiva del PNV, al incentivar con sus concesiones la escalada del chantaje criminal de ETA. Y, frente a semejante tentación comprensiva contemporizada, Aznar se ha limitado a decir: ya no más. Ya era hora. Si los Gobiernos de Madrid hubieran sabido (o podido) adoptar antes esa firmeza, el PNV no habría comprendido a ETA, y ésta quizá no existiría ya.

Otros objetan que tanta crispación provocará la radicalización del PNV, facilitando su cierre de filas e impidiéndole, en definitiva, rectificar. E incluso se sostiene que ése es el verdadero objetivo oculto de Aznar, que buscaría precipitar así el suicidio electoral del PNV. Pero ambas objeciones son contradictorias entre sí. En realidad, no existe riesgo de que el PNV se radicalice, pues ahora ya no tiene margen para ello, al encontrase en un callejón sin salida: o rompe del todo con Lizarra o se romperá internamente, produciéndose una auténtica rebelión de sus bases moderadas en una especie de espíritu de Ermua bis , que terminará por defenestrar a su dirección actual.

De modo que el PNV no puede no rectificar, y habrá de hacerlo por las buenas o por las malas, obligado por los electores. Por eso Aznar se lo puede exigir sin coste por su parte, ya que el PNV no tiene más alternativa que cumplirlo así. Y el momento elegido es el más propicio porque, nunca como ahora, cuando agoniza Lizarra, es tan evidente el trágico error cometido por el PNV al pactar con ETA, error en cierta medida equiparable al que cometió en su día el PSOE tolerando la acción de los GAL. De hecho, la firma del Acuerdo de Lizarra (producida el 12 de septiembre de 1998) ha venido a suponer un auténtico desastre del 98 para el nacionalismo vasco, al hacerlo cómplice del nazismo criminal de ETA, lo que nunca había sucedido hasta la fecha. De ahí que la actual dirección del PNV esté obligada no sólo a rectificar su culpable error, sino además a ofrecer explicaciones públicas por ello (igual que el PSOE aún sigue obligado a explicar por qué consintió los GAL, asignatura pendiente que todavía no se atreve a afrontar).

Pero aún hay más. En última instancia, la rectificación que necesita hacer el PNV no debe ser táctica, como si sólo le viniese exigida por su propio interés electoral, sino política; es decir, institucional. Es su propio futuro como movimiento nacionalista lo que se juega el PNV si no rectifica su definición de la realidad. Proporcionar una coartada al nazismo criminal le ha supuesto al PNV desnaturalizarse como partido democrático y contraer una especie de cáncer letal, predestinado a destruirle a largo plazo por muerte lenta.

Por eso debe rectificar, a fin de regenerarse de su desastre (como propuso la Generación del 98, inventora del nacionalismo español) y refundar un nacionalismo vasco edificado sobre un inequívoco civismo democrático, que anteponga a cualquier otra consideración el imperio de la ley y la garantía de los derechos individuales. Pues la construcción nacional, sea vasca o española, exige como conditio sine qua non libertades civiles, consentimiento ciudadano y escrupuloso respeto de la legalidad.

¿Violencia callejera o estratagema terrorista?
FERNANDO REINARES El País 12 Junio 2000

Hace tiempo que el terrorismo practicado por militantes formalmente integrados en ETA se ha visto complementado por la denominada, sin duda de manera eufemística e impropia, violencia callejera. Esta violencia, surgida del nacionalismo vasco radical, se desarrolló especialmente desde mediada la década de los noventa, como reacción ante el deterioro en la capacidad de su entramado asociativo para ejercer el control social que reclama y necesita la organización terrorista imperante en dicho sector ideológico. Deterioro que, a su vez, era consecuencia de los niveles alcanzados para entonces por las movilizaciones populares contra la violencia que diez años antes habían irrumpido en el espacio público vasco. Pero se trató también de una violencia deliberadamente adoptada por los dirigentes de la mencionada banda armada ante su paulatina decadencia organizativa. Una decadencia resultante de las medidas gubernamentales antiterroristas, implementadas con especial eficacia desde el final de los ochenta, al igual que de la creciente cooperación internacional dentro y fuera del ámbito europeo. Aquella necesidad de recuperar control social en beneficio del grupo terrorista y esta decisión de complementar las acciones de su menoscabado elenco de militantes mediante prácticas adicionales de intimidación se vieron favorecidas, en conjunto, por la existencia de una subcultura de violencia con un número limitado pero suficiente de varones jóvenes dispuestos a desarrollar el nuevo repertorio de actividades desbaratadoras.

De hecho, la llamada violencia callejera no dejó de hacerse presente ni siquiera durante el periodo en que los pistoleros de ETA interrumpieron de manera temporal la ejecución de sus habituales y desgarradores actos criminales. Ahora bien, aunque a lo largo de todos esos meses no se produjeron atentados con resultado de víctimas mortales perpetrados por miembros de la mencionada organización armada, lo cierto es que, en propiedad, tampoco se detuvo la práctica misma del terrorismo. No sólo porque persistieron las extorsiones y porque ETA utilizó ese tiempo para aprovisionarse de armas o explosivos con los cuales mantener la credibilidad de sus amenazas. También porque la violencia callejera es ya, en realidad, una expresión innovadora del terrorismo, en línea con una tendencia observable en todo el mundo respecto a dicho fenómeno. Ante todo, se trata de terrorismo en la medida en que la colocación de artefactos incendiarios, el envío de cartas bomba, la realización de estragos intimidatorios o la profusión de amenazas son actividades llevadas a cabo de manera sistemática y sostenida con el objetivo inmediato de suscitar reacciones psíquicas de amedrentamiento que condicionen las actitudes y los comportamientos de ediles, intelectuales o periodistas, entre otros, significados por pertenecer a un sector específico de la ciudadanía vasca, en el que se desea inocular un miedo paralizante. Concretamente, el sector de quienes constituyen la mitad de los electores efectivos en la Comunidad Autónoma de Euskadi, así como una abrumadora mayoría en la Comunidad Foral de Navarra, y a los que caracteriza el hecho de apoyar orientaciones políticas democráticas, pero no nacionalistas.

Por otra parte, el formato de dichas acciones violentas revela una estratagema que coincide con transformaciones detectadas respecto a la articulación organizativa y la práctica del terrorismo contemporáneo en numerosos otros lugares del mundo. En la evolución reciente de este fenómeno han ido adquiriendo relevancia los terroristas ocasionales, que se ubican en el entorno del engranaje conspirativo al que pertenecen los miembros plenamente comprometidos y por lo común mejor adiestrados. Esto implica que, además de las organizaciones jerarquizadas, centralizadas y con rígidas pautas de reclutamiento que hemos conocido en las sociedades industriales avanzadas desde la década de los sesenta, el terrorismo se manifiesta en la actualidad, tanto allí donde ejerce su incidencia una violencia inspirada por el credo fundamentalista islámico o donde continúan tradiciones armadas etnonacionalistas como asimismo en los nuevos escenarios propicios a los extremistas de derecha, mediante colectivos más amorfos y con un contingente difuso de activistas implicados. ETA, en concreto, venía aceptando desde hace ya algunos años que determinados colaboradores, aunque deficientemente preparados para ello, llevaran a cabo atentados con explosivos y luego que jóvenes pertenecientes a las entidades encubridoras de su entorno realizaran amedrentadores ataques en el marco de premeditadas algaradas urbanas. Así, en la actual estrategia diseñada por los dirigentes del grupo terrorista, la violencia callejera se ejecuta como complemento a los asesinatos de personas relevantes y a las masacres indiscriminadas con que aquéllos pretenden imponer despóticamente determinados planteamientos etnicistas y excluyentes.

No se trata, pues, ni de episodios espontáneos de contestación ni de chiquilladas llevadas a cabo por individuos que actuarían de manera incontrolada y debido a la inercia del pasado, como destacados responsables de Herri Batasuna y del Partido Nacionalista Vasco han argumentado recurrentemente. Se trata de una nueva modalidad, más limitada y auxiliar si se quiere, de terrorismo. Con ella, ETA trata de reforzar los mecanismos coercitivos de control social que han caracterizado desde su origen al nacionalismo vasco radical y, al mismo tiempo, ofrecer al cada vez más reducido número de jóvenes dispuestos a implicarse en actividades violentas una posibilidad mucho menos gravosa y arriesgada que la plena militancia. Y es que, al desaparecer el santuario francés y percibiéndose muy escasas las expectativas de éxito, los costes asociados al ingreso en la organización terrorista se han elevado extraordinariamente, sobre todo a lo largo de la última década. Por eso, los dirigentes de la banda armada plantean ahora, a una serie de adolescentes socializados políticamente en el seno de una verdadera contracultura de valores antisistema, la posibilidad de ejercer violencia contra quienes no comparten sus ideas sin incurrir en los costes que implica adquirir la condición de militante, aunque, tras tan agresivo aprendizaje, unos pocos acaben por aceptarla. Adecuando además dicha violencia a los momentos y días en que se encuentran más disponibles para su realización. De ahí que ocurra preferentemente con nocturnidad y durante los fines de semana.

En resumen, la llamada violencia callejera es, en realidad, una estratagema terrorista. Una parte sustancial del diseño estratégico operativo adoptado como tal, desde mediada la pasada década, por los dirigentes de ETA, en estrecha complicidad con los responsables de las redes que proporcionan cobertura y sustento a dicha banda armada. Denota así, según las circunstancias políticas y los intereses del abertzalismo radical, variaciones en la frecuencia con que tiene lugar y los blancos hacia los cuales se focaliza. Por todo ello, es lógico que la violencia callejera sea abordada por la jurisdicción competente en materia de terrorismo, una vez adaptada la legislación para tipificar convenientemente esta modalidad delictiva, como es el caso. Del mismo modo, debe incluirse entre las materias objeto de los programas contraterroristas desarrollados por las distintas agencias estatales de seguridad y por la Ertzaintza, tanto en su faceta reactiva como sobre todo en la preventiva, algo que está muy lejos del óptimo adecuado. Igualmente, a los partidos, sindicatos y movimientos sociales ubicados en el ámbito del nacionalismo vasco moderado les correspondería a este respecto, para ratificar su compromiso con los principios y procedimientos democráticos, no sólo reiterar cuantas veces sea necesario una condena sin paliativos de tales prácticas y exigir a ETA que cese el terrorismo en todas sus manifestaciones, incluyendo, claro está, la denominada violencia callejera. También les correspondería, por lo mismo, negarse a mantener pactos formales y componendas informales con quienes no cuestionan el dictado de dicha organización terrorista y coadyuvan a que se perpetúe el acoso fascistoide contra los que declinan acatar la doctrina soberanista.

Fernando Reinares ocupa una Cátedra Jean Monnet de Estudios Europeos y es director del área de Ciencia Política en la Universidad de Burgos. Autor del libro Terrorismo y antiterrorismo.

Declaración oportuna, correcta y acertada
Luis de Velasco La Estrella 12 Junio 2000

La historia es conocida: el matón tiene a su contrario, al que ha reducido por procedimientos criminales, en el suelo y le sigue insultando y golpeando. Llega un momento en que la víctima insinúa una breve protesta e incluso levanta una mano. Entonces, el matón se queda paralizado, asombrado y le dice que cómo se atreve a replicarle. Se lo dice con dignidad de damisela, de princesa ofendida.

Hace años que en el País Vasco pasa eso mismo. ETA asesina con el tiro en la nuca o la bomba en el coche. HB, EH, LAB y compañía siguen responsabilizando de esos crímenes al empecinamiento de las víctimas y los suyos por prolongar eso que llaman  "el conflicto " y por no hacer caso a sus planteamientos de la construcción nacional, el soberanismo y demas historias. Jarrai y demas fascistas con la valentía de los "gudaris " practican día sí día no el terrorismo callejero y el amedrentamiento de personas mientras la policía vasca, bien aleccionada por sus dirigentes, mira a otro lado. Los denominados nacionalistas democraticos
-PNV y EA- comparten con la anterior tropa los fines y, cada vez más y aunque digan lo contrario, los medios porque conviene a sus intereses. Todo este conglomerado es como el matón de la historia, y cuando en algún momento sus víctimas protestan o levantan la voz se declaran ofendidos como doncellas mancilladas.

El último ejemplo ha sido con la reciente declaración del presidente Aznar, declaración oportuna en su momento, correcta en la forma y acertada en su contenido. Pero las doncellas se han declarado ofendidas en su virginidad y esas lamentaciones han encontrado donceles también ofendidos que han compartido esas quejas. No es sorprendente. Desde sagaces publicistas considerados importantes intelectuales por ellos mismos hasta, no podía ser de otra manera, voces en el PSOE (en Euskadi y fuera de Euskadi) siempre dispuestas
-aunque digan lo contrario y lo veremos dentro de poco- a servir de salvavidas a un PNV irrecuperable con su actual dirección. Con tal de obtener migajas de poder y de sinecuras, el PSOE está dispuesto a todo.

Ocurre lo mismo con el grueso de cargos del PNV. Conviene no engañarse: cuando con uñas y dientes y con planteamientos profundamente antidemocraticos como el decir que para qué adelantar elecciones si todo va a quedar igual, el PNV quiere prolongar su vida de gobierno ineficaz y sectario, lo que está defendiendo no son tanto planteamientos celestiales de construcción nacional y demás zarandajas, sino cosas más concretas, como son parcelas de poder, dinero, corrupciones, clientelas, seguir en el machito.

Nunca he votado ni votaré jamas al PP. Pero hay que decir que en el tema vasco hasta ahora ha acertado plenamente. Aquí tampoco cabe una equidistancia bis: la responsabilidad de la tensión entre el Gobierno de Vitoria y el de Madrid no se reparte por igual, es exclusivamente culpa del primero.

Entrevista con Mikel Azurmendi, profesor de Antropología en el País Vasco y ex miembro de ETA
BILBAO. I. Souto ABC 12 Junio 2000

Mikel Azurmendi, profesor de antropología de la Universidad del País Vasco, pertenece a esa minoría que ha decidido no callarse y denunciar la falta de libertad que atenaza a la sociedad vasca, ante la evidencia de que firmar un manifiesto contra los asesinos etarras o defender en una clase el derecho a la vida puede costarle la suya. Azurmendi comenta en esta entrevista que «hay un montón de gente en este país que tiene que pensar todos los días en cómo hacer para no ser seguido, para no tener miedo, para ver si termina el día con su familia, sentado, cenando...»

Desde su análisis como antropólogo de lo que ocurre en la sociedad vasca, Azurmendi señala que, «quitando el 15 por ciento de los que están aliados clara y sinceramente con el verdugo, el resto ha tomado una decisión de cómo situarse ante el miedo y la mayoría ha decidido seguir callado». Denuncia que en el País Vasco no hay ley y que el Gobierno vasco mira para otro lado y se aprovecha de lo que pasa con el objetivo de «sacar beneficio para su construcción nacional». Reclama también la dimisión de un Gobierno que considera «casi ilegítimo» al haber tenido «una baza oculta», sus conversaciones con ETA, cuando se presentó a las últimas elecciones.

-Ir contra corriente en un entorno como la Facultad de Filosofía parece especialmente difícil.
-La Universidad es una parte de la sociedad y refleja lo que ocurre fuera. En esta Facultad los radicales plantean problemas. Pero son una minoría y el verdadero problema es que aquí la gente, los profesores y los alumnos, obran como la sociedad, miran hacia otro lado. Entonces sólo unos pocos profesores dan la cara. Es decir, cuando alguien está en una clase de ética sobre los derechos humanos y mantiene el tipo diciendo que la vida es la base sobre la que se pueden montar los derechos humanos, una parte de la clase se levanta, dice que no, arma jaleo y al profesor le montan una bronca.

-¿No se admite en una clase de ética la defensa de la vida como un derecho humano y, en cambio, se reclaman en la calle los derechos de los presos?
-Considero que la vida no es un derecho humano, sino lo que hay y, sobre eso, se monta lo demás. Lo trágico es que estamos reivindicando la vida como si fuera el ideal, pero, como no se dé por sentada la vida, no se puede discutir nada. Hay un montón de gente en este país que tiene que pensar todos los días en qué hacer para no ser seguido, para no tener miedo, para ver si termina el día con su familia, sentado, cenando... si llegará el día de mañana o será hoy el último. Sinceramente, ha habido momentos en los que he dado mi clase como si fuera cierta y realmente la última de mi vida y, por eso, cada día daba un salto mortal, sin red... ofrecía mi mejor clase. Al final de curso venían alumnos a darme las gracias. Les decía que se debía a ellos, pero también a la particular situación del curso, en el que he vivido triste pero gozosamente cada momento por el simple hecho de estar vivo. Ésa es la paradoja de la tragedia que vivimos.

-¿Hay un porcentaje de la población, tal vez un uno por ciento, que vive de esa manera?
-No creo que sea el uno por ciento, sino casi todos, porque, quitando el quince por ciento de los que están aliados clara y sinceramente con el verdugo, con el depredador, con el que mata, el resto ha tomado una decisión de cómo situarse ante el miedo. Todo el mundo ha hecho una cartografía de la situación, ha pensado sobre los motivos para asesinar a fulanito, ha estado indagando en las causas por las que moría la gente y ha encontrado suficientes motivos, supuestas causas que no lo son, para seguir callado. En mi opinión, esa gente es víctima. No practican los derechos humanos, viven, trabajan, pero no crean nada, porque han decidido no hablar, han decidido callarse, mirar a otro lado.

PERDER EL MIEDO
-Otros, como usted, han decidido hablar.
-Creo que cada vez es más la gente que ha perdido el miedo. Unos lo perdieron antes y son los únicos que están alentando la imaginación vasca, la actividad cultural. Lo triste es que estamos diciendo cosas absolutamente banales, que nadie debe matar por ideas. Eso es lo que se está diciendo en Ruanda, en Kosovo, en Chechenia. Son absolutas y fabulosas obviedades: que nadie nos mate.

-¿Significarse en el País Vasco es sencillamente, en su caso, haber firmado el manifiesto fundacional del Foro de Ermua, hablar en sus clases del derecho a la vida y una posibilidad de ser asesinado?
-Pues nada más que eso. Tanto es así que hasta colegas míos de este pasillo me preguntan por qué me he metido en esto. Meterme en esto es decir basta ya de violencia. Es preciso un movimiento ciudadano de sacudida social. Y me pregunto con qué libertad hablan ellos en la cátedra. José Luis López de Lacalle y Jesús María Pedrosa sabían perfectamente que podían ser asesinados porque no opinaban como su vecino.

-¿Cuál cree que debería ser la actitud de las instituciones ante esta situación?
-El Gobierno vasco debe dimitir, porque no ha querido entender lo que está ocurriendo aquí. Sólo ha pretendido aprovecharse de lo que pasa con el objetivo de sacar beneficio para su construcción nacional. La dimisión debe ser inmediata porque son casi ilegítimos, ya que a las última elecciones autonómicas se presentaron con una baza oculta: la negociación con ETA. Deben dimitir para saber si, puestas las cosas claras, la gente les da la confianza. Si obtienen esa confianza, muchos de los que queremos vivir libres nos vamos a ir de este país. Y cientos de miles de personas nos iremos si las instituciones son llevadas como hasta ahora. No tenemos ninguna obligación de mirar todos los días debajo del coche por si hay una bomba.

-¿Cree que son muchos los que miran?
-El anterior rector, que es nacionalista, me dijo hace menos de un año que mirara cómo lo hacía él. Así no se puede vivir. Las instituciones deben comprender que, sin garantizar la seguridad ciudadana, un gobierno no tiene ninguna legitimidad. Lo que no se puede tolerar es que el Ejecutivo vasco mire hacia otro lado. El Gobierno no estuvo en la manifestación en el que miles de vascos rechazaron en Bilbao el fascismo de ETA tras el asesinato de Pedrosa. ¿Cómo va a estar en una manifestación contra el fascismo si está en las concentraciones con HB y con la gente de ETA y con los de Senideak, que dicen que hay que apuntarnos para que nos maten? Cuando el Gobierno está con ellos para decir aquéllo de «necesitamos la paz», se me ocurre que lo primero que necesitamos es la vida para todos y sobre la vida la libertad para poder decidir cada cual su propio proyecto. Yo no tengo vocación de mártir, no quiero morir.

-¿Cómo cree que juzgará la historia lo que ocurre aquí?
-La historia no juzgará nada de lo que nosotros no queramos y de lo que nuestros hijos no quieran. ¿Qué hemos juzgado nosotros del holocausto? Es muy difícil para la gente decir: «dejé de hablar a mi vecino porque tenía un hermano ertzaina».

NO HAY LIBERTAD NI EN LOS «BATXOKIS»
-¿Hasta qué punto considera que afecta también a los nacionalistas la falta de libertad?
-Los nacionalistas han hecho un pacto para excluir, como mínimo, a la mitad de la ciudadanía. Pero hay también una buena parte de ellos mismos que no tolera esto, aunque se calla. Hay mucha gente del PNV y de EA que saben que esto es una catástrofe y no saben cómo decirlo, porque se quedarían sin amigos. Un militante del PNV va hoy a un «batxoki» y está obligado a sostener su propia práctica, aunque no esté de acuerdo. No hay libertad en este país, ni en los «batxokis» ni fuera de ellos.

-¿Cómo analizaría, desde su condición de profesor de antropología, la actual coyuntura del País Vasco?
-La situación es muy mala, pero yo nunca he visto las cosas tan claras como ahora y creo que la gente se ha dado cuenta. Ha quedado claro que toda la maniobra hacia la paz, con la tregua de ETA, era una estrategia para recomponerse y para romper el frente democrático. Está claro también que ETA es una organización llena de caretas y que no hay ninguna promesa de libertad y democracia en el proyecto que formula. Y también ha quedado claro que HB es ETA y que las últimas elecciones fueron un fraude, porque el PNV no defendió aquello que tenía bajo la mesa y que Ibarretxe se iba a encargar de promocionar. Entonces, de alguna manera, hay una cierta deslegitimación del propio Gobierno en tanto que no ha puesto, públicamente, las alternativas que tenía escondidas.

-Sin embargo, no hay intención de convocar elecciones, a pesar de que los nacionalistas reclaman que se respete la voluntad de los vascos.
-Cuando ellos hablan de autodeterminación, están diciendo que cuando ellos quieran, como quieran y sobre la pregunta que quieran, la ciudadanía va a decidir su futuro. El PNV lleva más de veinte años conduciendo el Estado vasco... porque se trata de un estado, con presupuestos, policía, televisión, educación... Y es indigno que un dirigente trate de cambiar las bases de su propia legitimidad, sin dejar el cargo y propugnar desde fuera otra legitimidad. No se puede pedir, camufladamente, un cambio mediante maniobras, incluso con alianzas con ETA. Estamos en un momento en el que el detentor del poder nos engaña para llevarnos a un sitio en el que él no está, ni le hemos elegido para que esté.

-¿Cuál cree que sería la alternativa?
-Creo que hoy se necesita un Gobierno absolutamente abierto a toda la sociedad y la mejor contribución que puede hacer el PNV es estar dispuesto a ser oposición, apoyando las instituciones como ellos exigen que les apoyemos.

«AQUÍ NO HAY LEY»
-¿Cree que todos los vascos tienen los mismos derechos?
-Aquí no hay ley. Ese montón de cadáveres quiere decir que no hubo ley para ellos.

-¿Hasta cuándo cree que la sociedad vasca puede resistir ese goteo de muertes?
-La sociedad vasca ha resistido tanto, ha estado en tantas guerras civiles en el siglo XIX. Llevamos veinte años tan crueles... La sociedad vasca puede aguantar lo que sea, pero la indignidad de los vascos es de tal calibre que ahora mismo da vergüenza ser vasco.

-¿Podría haber una especie de revolución social?
-En eso estamos empeñados. Nadie esperaba que sucediera la sacudida de Ermua, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, pero ocurrió porque durante catorce años hubo gente protestando en silencio. Si no hay elecciones en estos momentos es porque el lendakari teme que las urnas den una voltereta a la situación.

-¿Y qué papel cree que juegan en esto las víctimas?
-Creo que en este país sólo las víctimas han llevado adelante la reflexión cultural. No las víctimas que buscan el odio o la revancha, que son muy pocas, sino toda esa red interfamiliar que acaudilla Cristina Cuesta. Son víctimas que han logrado dos cosas: primero, no callarse, no olvidar y, segundo, mantener la exigencia de la verdad.

-Las víctimas se han quejado, sin embargo, de falta de respaldo institucional
-Han ocurrido muchos episodios indignos, como que Josu Ternera esté en una comisión de derechos humanos del Parlamento. Un hombre que no sólo es un gran asesino, sino que piensa sinceramente que es bueno que se siga matando y que a eso le llama una necesidad del propio conflicto. Ese señor, que ha llevado a la gente del PNV hasta Estrasburgo a defender los derechos de los presos, de los grandes asesinos, que están siendo tratados a cuerdo de rey. No hay ni un solo derecho de los presos que esté siendo vulnerado y nuestros rectores equiparan el logro de los derechos humanos con que los presos consigan todo lo que quieran, cuando no han mostrado todavía -a parte de beber champán cuando se asesina- ni una pizca de compasión.

Nacionalismo bueno, nacionalismo malo
Consuelo Álvarez de Toledo ABC 12 Junio 2000

Su Señoría Ignasi Guardans, diputado por CiU, considera que no han sido bien recogidas sus palabras en la Comisión de Asuntos Exteriores. El nieto de Cambó, que además es portavoz de la minoría catalana en la Comisión de Cultura, me asegura que nunca pasó por su mente poner en cuestión la existencia de una cultura española englobadora de la catalana. Hete aquí lo que su señoría dijo: «Nosotros, y cuando digo nosotros digo los catalanes, no somos manifestaciones de la cultura española; no somos manifestaciones de la diversidad de una cultura española... Somos distintas culturas que coexistimos con la cultura española, o con la cultura castellana».

Es decir, que Guardans dijo lo que dijo. Y a lo que el ministro Josep Piqué respondió exactamente: «Una de las grandes virtualidades de nuestro Estado democrático y de la Constitución de 1978 es precisamente que podemos compartir plenamente todas nuestras inquietudes y también todos nuestros sentimientos, desde la máxima convivencia y desde la máxima libertad y desde el máximo respeto con todos los que entienden que su nación es una, y todos aquellos que entienden que su nación es otra. Y no pasa nada». ¿Qué tiene que ver esto con el pensamiento único que tanto crispa a Xavier Arzalluz?

Una de las actuales claves políticas de Aznar es la siguiente: si el PP quiere volver a tener mayoría absoluta dentro de cuatro años, ha de gobernar como si no la tuviera. Gobernar, haciéndose perdonar los votos obtenidos. Para ello, la complicidad de Convergencia i Unió con el PP se hace mucho más imprescindible que en la anterior legislatura. Noche y día, blanco y negro, norte y sur, contraposición total a las relaciones del PP con el PNV. Cara y cruz de dos nacionalismos históricos, separados por el abismo constitucional y estatutario. No pasa nada, que dice Piqué.

¿Hay nacionalistas buenos y malos? La comparación entre Jordi Pujol y Xavier Arzalluz no sólo no es odiosa, sino muy conveniente. En la escala de Richter nacionalista, los dos andan en similares intensidades. Pero los efectos son bien diferentes. Ha de verse en las próximas entrevistas de Aznar con Jordi Pujol (el próximo jueves) y con Juan José Ibarretxe (fijada para el día 22 de este mes).

«Es la guerra», clama Xavier Arzalluz, con escándalo de novicia, tan sólo porque Aznar le ha recordado y se lo recordará siempre su pacto con los que matan, con asesinos puros y duros. Curiosa guerra en la que los muertos han caído solamente en una de las dos orillas, allí donde aquellos que no son nacionalistas quieren simplemente libertad. Vivir como seres humanos, nada más. ¿Ha olvidado ya Arzalluz los tiempos de los GAL, cuando secretamente viene ahora a Madrid para darse el pico en la boca con Felipe González? Porque entonces sí que hubo muertos en ambas orillas.... ¡Ah, qué flaca memoria la de Arzalluz!

González, que no acaba de asimilar que Aznar le ha ganado ya dos veces, ensaya una «tercera vía» pactista y Arzalluz se ha crecido presentando al presidente del Gobierno como paladín de la intolerancia. No es así: en el debate de investidura estas fueron las palabras de Aznar al diputado peneuvista Anasagasti: «¿Quién tiene inconveniente en nuestro país para que respetando las reglas del juego se defienda lo que quiera? ¿Es que no se puede plantear desde el reconocimiento del Derecho que se quiera para cualquier parte o cualquier circunstancia de nuestro país? ¿Quién niega eso? ¿Voy a perseguir al que entienda que es mejor un País Vasco independiente? No señorías; el Estado de Derecho va a actuar contra los que cometan delitos y utilicen la violencia para intentar conseguir objetivos políticos». ¿Es esto el «pensamiento único» o es que Arzalluz tiene como único pensamiento esos objetivos políticos defendidos con violencia?

Y entre tanto el «nacionalismo bueno» de Pujol consolida posiciones en un encuentro, el de este jueves que «no cuenta con una agenda predeterminada», según afirma el Ministro portavoz, Pío Cabanillas. Las relaciones entre el PP y CiU atraviesan un momento de dulce del que puede dar testimonio el nuevo rostro del nacionalismo catalán en Madrid, el diputado Xavier Trías. Este médico, político de cabecera de Jordi Pujol, supo nada mas conocer los resultados de las elecciones generales que su papel en Madrid no podría ser aquél para el que se había preparado tanto, de bisagra decisiva. Pero Xavier Trías, que es un hombre pragmático y muy contenido, ha encontrado para su sorpresa en el portavoz parlamentario del PP, Luis de Grandes, un aliado muy interesado en darle cancha. ¿Y acaso es Convergencia i Unió menos nacionalista que el PNV?

Están los de CiU ya plenamente aquejados por el síndrome sucesorio y los del PP prefieren ver los toros desde la barrera hasta que el postpujolimo se decante. Un viraje de CiU hacia un nacionalismo más radical, para no dejar el terreno libre a Esquerra Republicana, con Carod Rovira sentado como un beduino a la puerta de la tienda independentista para ver pasar el cadáver del sucesor, sería desestabilizador. De ser así y con la enorme diferencia de que en Cataluña los grupos violentos, como Terra Lliure, han quedado proscritos, el equilibrio político se quebraría podría comenzar a tener derivaciones similares a las que ahora se producen en el País Vasco.

Duran Lleida amaga; Pere Esteve, el más proclive al pacto con Esquerra y muy «amigo» del PNV, renuncia a la batalla sucesoria, y Artur Mas, inocultable delfín alentado por el propio Pujol, se apunta últimamente también a la política de colaboración y no de confrontación. Nacionalista muy profundo, Mas sabe que entenderse con el PP «no es tan difícil». Preguntado por cuál es su principal discrepancia con el gobierno de Aznar contesta: «los horarios comerciales». Hete aquí como se puede ser nacionalista sin llegar necesariamente a una confrontación existencial y dramática.

ETA descalifica en su comunicado a López de Lacalle
En el texto reivindicativo insulta a sus víctimas y a todo el Foro de Ermua
El Mundo 12 Junio 2000

BILBAO.- ETA asume la autoría de los atentados mortales cometidos contra el miembro del Foro de Ermua, José Luis López de Lacalle, y el concejal del PP en Durango (Vizcaya), Jesús María Pedrosa, así como el ataque con coche-bomba al paso de un vehículo de la Guardia Civil en el barrio donostiarra de Intxaurrondo y el envío de un paquete-bomba al periodista Carlos Herrera, según un comunicado publicado ayer en los rotativos abertzales Gara y Egunkaria.

En el escrito, los terroristas dicen: «López de Lacalle, bajo el disfraz de opinante de la sociedad, ha pedido la detención, tortura y muerte de ciudadanos vascos con el lema fascista A por ellos y el hipócrita de Basta ya». Asimismo, añade que el columnista de EL MUNDO, junto al resto de sus compañeros del Foro de Ermua, han apostado por la «opresión de Euskal Herria y por la la perpetuación del conflicto, incluso cuando ETA mantuvo de forma unilateral la suspensión de las acciones».

Además, en el texto enviado a los citados diarios, acusa a este colectivo «de extender todo su odio y veneno bajo la perpetuación de las fuerzas armadas de ocupación» que les reprimen.

La organización terrorista, cuyo comunicado está fechado el mismo día en que asesinó al edil popular Jesús María Pedrosa, el pasado 4 de junio en Durango, asume la autoría de este atentado.

Asimismo, reivindica como acción suya el envío de un paquete-bomba al «periodista-policía español» Carlos Herrera, recibido en la sede de RTVE en Sevilla el 27 de marzo, si bien la caja de puros que contenía el explosivo no estalló por lo que no resultó herido.

El Foro de Ermua, a través de Pablo Setién, respondió a la organización terrorista a la que atribuye el deseo de querer mancillar, con sus críticas, la memoria de un luchador antifranquista y de un mártir por la libertad», en referencia a López de Lacalle.

Setién recordó la trayectoria vital y profesional del columnista de EL MUNDO, que «sufrió cárcel y represión por parte de la dictadura franquista». El representante del Foro de Ermua añadió que, posteriormente, «con su propia vida, su propia existencia y su discurso se puso enfrente de otra dictadura fascista que es la de ETA». «Y eso es lo que le llevó a la muerte. Lo que no pudo una dictadura fascista, lo pudo la otra», agregó.

Acto de «chulería»

Por su parte, la secretaria general de EA, Begoña Errazti, calificó de «chulería» la asunción por parte de ETA de los atentados citados, así como las críticas contra López de Lacalle.

«ETA reivindica lo que ha hecho: asesinar a gente, mandar paquetes-bomba, etcétera. En su línea, evidentemente. Es gravísimo que continuemos días después teniendo que soportar encima la chulería de argumentos en contra de personas a las que les han pegado un tiro. Es algo absolutamente insoportable», dijo la dirigente nacionalista. Para Errazti, «ETA lo que tiene que hacer es declarar un alto el fuego y que nos deje, por fin, trabajar a los demás para pacificar este país».

Asimismo, el presidente de la Ejecutiva del PNV en Vizcaya y miembro del EBB, Iñigo Urkullu, se mostró contrario a que «públicamente tengamos que caer en el error de valorar los comunicados de ETA». «Pero a mí, los comunicados de ETA, sinceramente, me parecen que es su propio lenguaje, su propio discurso y creo que tenemos que estar al margen de los comunicados de ETA», señaló.

Lanzan cócteles molotov contra una sucursal bancaria
El Mundo 12 Junio 2000

PAMPLONA.- Varios desconocidos provocaron ayer por la madrugada un incendio en una sucursal bancaria de la localidad navarra de Elizondo, al arrojar contra la misma varios cócteles molotov y una garrafa con gasolina, según informaron fuentes de la Delegación del Gobierno en esa comunidad foral.

Las mismas fuentes indicaron que los autores del ataque rompieron el cristal del despacho del director de la entidad y arrojaron, a través de él, tres artefactos y una garrafa que contenía cinco litros de gasolina, para propagar las llamas por el interior del local que aloja la entidad bancaria.

El fuego, que se declaró sobre las 00.35 horas, afectó al mencionado despacho y al cajero automático de esta sucursal del Banco Santander-Central Hispano y obligó a desalojar a siete personas residentes en los pisos situados sobre la oficina bancaria.

Por suerte, no hubo que lamentar daños personales, aunque el peligro que puede tener en el organismo la inhalación de los gases que contiene el humo, obligó a que estas personas fueran atendidas como medida preventiva. No obstante, ninguna de ellas precisó asistencia sanitaria posterior.

Por otra parte, la central de ayuda SOS Navarra informó de que durante la madrugada del sábado al domingo fueron incendiados cuatro contenedores de basuras por varios desconocidos. Tres de estos mobiliarios públicos fueron destruidos entre las 00.30 y las 5.57 horas de la madrugada en otras tantas calles de la capital navarra. El cuarto, se quemó a las 3.18 horas en la localidad de Cizur Mayor.

Aznar, a por todos
Pablo Sebastián La Estrella 12 Junio 2000

Lejos de moderar su discurso, el presidente del Gobierno, José María Aznar, aprieta y mantiene caliente su polémica con el PNV y Arzalluz. Un duelo en el que acaba de implicar al PSOE, al que pregunta si sigue siendo o no un "partido nacional", a la vez que acusa a CiU de haberse equivocado por no haber aceptado entrar en el Gobierno. En realidad Aznar, cosa poco vista en la transición española, se ha metido desde el Gobierno de la nación, siguiendo su discurso anti-PNV y con sus declaraciones a La Vanguardia, en la vida privada o interna del PNV, PSOE y hasta de CiU, diciéndole a cada uno lo que tienen que hacer en su casa y cómo deben hacerlo.

Siguiendo el símil del tenis y de la espectacular final de Roland Garros, podemos decir que Aznar ha subido a la red a disputar todas las pelotas y ha retado, cual fiero espadachín, a los tres grandes partidos que, con el PP, conforman el grueso del arco parlamentario español: PSOE, PNV y CiU. El hilo conductor de su discurso toma vuelo en los últimos crímenes de ETA y tiene su palanca de apoyo cierto en los pactos de PNV y EA con EH-HB.

Las dos primeras causas del largo duelo que Aznar mantiene con Arzalluz y que, por lo que se ve en las últimas encuestas (Telecinco ayer sobre votos en el País Vasco), de está polémica dual se benefician PNV y PP. Los de Arzalluz, como primer partido, podrían subir en Euskadi dos escaños a costa del nacionalismo y el PP subiría tres a costa de Unidad Alavesa y del PSOE. Pero al final el PP no podría gobernar en Euskadi, ni siquiera con la ayuda del PSOE, con lo que las cosas, como dice Ibarretxe, iban a quedar como están si ahora hubiera elecciones anticipadas en el País Vasco.

La segunda embestida de Aznar va contra el PSOE, al que viene a acusar de acercarse al PNV y de mantener en Cataluña, con Maragall, una posición casi confederal, por lo cual pone en entredicho su dimensión nacional o españolidad. Hace esto Aznar en los albores del Congreso de los socialistas, a sabiendas de que ésta es una de las polémicas pendientes de solución en el PSOE.

Finalmente Aznar reprocha a Pujol su último discurso sobre el "expolio" de Cataluña en relación con la financiación catalana y dice que CiU se equivocó al no entrar en el Gobierno de Madrid. El presidente parece muy decidido a mantener alta la bandera del "nacionalismo español", como si quisiera rectificar o frenar el proceso actual de la España de las autonomías, aprovechando la mayoría absoluta, los errores de los nacionalistas y la debilidad de la oposición.

Sin embargo esta posición, que sin duda le da muchos votos al PP dentro y fuera de Euskadi y Cataluña, no arregla otros problemas y le puede crear un frente global o un cierto aislamiento. No arregla el problema de ETA, sino que lo encona y lo aumenta con una grave fractura social en el País Vasco.

Además, lejos de aislar o eliminar a Arzalluz, Aznar refuerza el liderazgo del jefe del PNV y facilita que el PSOE se pueda acercar al Gobierno de Vitoria. Un PSOE que, a la vista de estos movimientos del PP, no dejará de buscar pactos con PNV y CiU. No en vano los nacionalistas catalanes, viendo cómo Aznar quiere pelar las barbas del PN,V están tomando precauciones para no poner las suyas a remojar.

Esta decisión de Aznar de repartir estopa a los tres, al PNV, PSOE y CiU, en la víspera de los encuentros que tiene programados con Ibarretxe y Pujol (dice que con Pujol quiere hablar del "bosque" y no de los árboles), amén de poner en peligro los citados encuentros -como ocurrió la pasada semana con Ibarrertxe-, tampoco parece que sea la mejor manera de facilitar un regreso del PNV al ámbito de los partidos democráticos, de conseguir del PSOE un apoyo decidido y de alcanzar con CiU unos acuerdos de gobierno en Madrid y Barcelona.

Aznar, lejos de ofrecer un discurso integrador sobre la relación de españolistas y nacionalistas, parece ofrecer un discurso desafiante y de corte unitarista. Un discurso que, ante los crímenes de ETA, tiene una importante acogida popular pero que destapa modales de la derecha españolista, aleja al PP del centro y corre el riesgo de romper el "consenso político cultural" que el Gobierno había recabado con sus críticas al PNV (véase el editorial de El País del sábado 10). Además de facilitar o provocar otros movimientos como el acercamiento de González y Arzalluz y veremos si un día, no lejano, nos encontramos con un pacto entre Pujol y Maragall en Cataluña y otro entre Ibarrertxe y Redondo en el País Vasco.

Aznar tiene a su favor, en estos debates, mucho apoyo popular, muchas razones y mucho poder. Pero debe cuidar los modales, buscar soluciones a los problemas planteados -no crear otros- y encontrar aliados porque él solo en el ámbito de los nacionalismo no tiene posibilidades de avanzar. Y difícilmente encontrará aliados si sigue con este discurso de decir a todos lo que tienen que hacer como único dueño de la verdad, metiéndo el bastón en las ruedas de los demás. Estas declaraciones "tripartitas", en las que va a por todas y a por todos, no le van a ayudar.

Joaquín Navarro, Autor de 'Buenos días, Euskadi': «El problema de ETA sólo tiene solución política»
A.M. Madrid  La Estrella 12 Junio 2000

El juez Joaquín Navarro vuelca en ‘Buenos días, Euskadi’ su visión sobre el problema vasco tras el fin de la tregua etarra. No es una instrucción, pero sus planteamientos y propuestas para solucionar el conflicto se muestran poderosos en este ensayo que acaba de publicar la editorial Foca.

Considera ridículo que en las negociaciones para buscar la paz los interlocutores fueran ETA y el Gobierno, ya que el fracaso estaba asegurado. A su juicio el problema tiene raíces políticas y no podrá haber una solución policial. En su opinión, ETA busca que el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, consiga ser lehendakari del Gobierno vasco para unir a su causa a todo el nacionalismo vasco.

El magistrado y presidente de Sala de la Audiencia Provincial de Madrid, que estuvo varios años destinado en el País Vasco, defiende con rotundidad que son las fuerzas políticas y sociales vascas, desde el PP hasta HB, las que tienen que ponerse a negociar en una mesa sin exclusiones de ningún tipo. Navarro no duda en defender el derecho de autodeterminación, pero está seguro de que la mayoría de los ciudadanos de Euskadi, Navarra y el País Vasco francés rechazarían constituirse como una nación independiente.

-Pregunta: ¿Por qué una editorial con la que había llegado a un acuerdo decidió no publicar ‘Buenos días Euskadi’?
-Respuesta: Después de considerarlo mucho dijeron que podría perjudicar la imagen de la editorial, con el argumento, que me dejó muy sorprendido, sobre qué pasaría si la presentación de la obra coincidía con un atentado. Les contesté que el libro no tiene nada que ver con los atentados y si tiene algo que ver es como instrumento de pacificación y de justicia. Por lo demás, se comportaron con exquisita corrección. Inmediatamente encontré la respuesta positiva del editor Ramón Akal para publicar ‘Buenos días Euskadi’. 

-¿Cuál es la principal aportación que hace en su libro?
-En primer lugar una crítica a la actuación del Gobierno en Euskadi, no sólo del actual. En Euskadi es donde se incumplen con mayor fuerza e intensidad las exigencias mínimas de un Estado de Derecho y del llamado imperio de la Ley. Se aplican normas especiales, procedimientos especiales, tratamientos penitenciarios especiales, tribunales de excepción...

En segundo lugar, no ha habido voluntad de diálogo ni por parte del Gobierno ni por parte de ETA. Se han enfrentado de manera frontal dos autismos: el de ETA, con un visionarismo absolutamente tosco e increíble, y el autismo del Gobierno, que se ha limitado a aplicar en el tema de Euskadi la doctrina Cánovas: firmeza, inflexibilidad y máxima retórica.

En tercer lugar, pondero la necesidad –si se quiere resolver el conflicto vasco- de un diálogo sin vetos ni exclusiones de todas las fuerzas políticas vascas (desde EH hasta el PP). No valen pretextos de que un partido u otro no es democrático. Finalmente, pienso que la postura del Gobierno y de ETA coinciden de manera muy curiosa, en el sentido de que ETA exige al PNV y EA y también a la izquierda abertzale que rompan con las fuerzas españolistas, con el Estatuto y la Constitución; y el Gobierno le exige al PNV y EH que rompan con el Pacto de Lizarra y con la izquierda abertzale. En definitiva, son exigencias de exclusión y no existe ni una sola exigencia de inclusión.

A mi juicio, ahora ETA está haciendo todo lo necesario para que los planteamientos de Mayor Oreja y Aznar triunfen. La máxima aliada del Gobierno es este momento es ETA; es curiosísimo, y el máximo aliado de ETA es el Gobierno.

"ETA está trabajando para que Jaime Mayor Oreja
sea lehendakari de Euskadi"

-¿Puede explicar más esta conclusión?
-Cuando ETA rompe la tregua e inicia el asesinato, otorga al Partido Popular y al Gobierno unos réditos electorales impresionantes, y lo hemos visto. Y ahora, cuando ETA sigue cometiendo atentados y sigue manteniéndose en pie de guerra está avalando la política de tierra calcinada del Gobierno; es decir, la política de intransigencia.

Yo estoy convencido de que dentro de ETA ha triunfado y sigue triunfando en gran medida el frente militar que llaman ellos, los otros han pasado a segunda fila. ETA está trabajando para que Jaime Mayor Oreja sea lehendakari de Euskadi porque, si se produce este evento, no cabe la menor duda de que habrá en Euskadi una reacción tremenda, muy dura, muy violenta contra el Partido Popular y contra las fuerzas españolistas. Hasta aquí hemos llegado, dirá ETA, he aquí la situación.

-¿Pensarán lo mismo las bases del PNV y EA si el actual ministro de Interior llega a la presidencia del Gobierno vasco?
-Yo creo que se radicalizaría todo el nacionalismo vasco. La ruptura con lo que ellos llaman fuerzas españolistas se produciría per se. Si el gobierno vasco está ocupado por el PP y PSOE, con exclusión de todo elemento nacionalista, es evidente que todo el nacionalismo, PNV, EA, EH-HB, se radicaliza profundamente; con lo que el guerracivilismo nuevamente aparece como una realidad virtual en Euskadi.

- ¿Aznar sigue siempre los consejos de  Mayor Oreja?
-Yo estoy convencido de que sí. Piensa que ante su electorado lo que otorga réditos políticos no es conversar con ETA, sino enfrentarse de manera inequívoca e incondicional con ETA, HB-EH, con el PNV-EA, y sigue convencido de eso. Pero lo que más le preocupa es quedarse solo; la rectificación por parte del PSOE de su actitud seguidista con respecto al PP le deja sin posibilidad alguna de ocupar el Gobierno vasco. Éste es el tema.

No entiendo cómo no se destaca en los medios de comunicación la profunda indecencia que significa que esté de ministro de Interior una persona cuyo máximo objetivo es ser presidente del Gobierno vasco, es decir, un ministro cuya política como responsable de Interior está orientada hacia su personal conveniencia de ocupar en su momento la presidencia del Gobierno vasco.

"ETA tiene que desaparecer si verdaderamente
quiere ver avanzar políticamente
al nacionalismo vasco"

-¿Qué debería hacer ETA?
-Lo primero que tiene que hacer ETA es desaparecer. Si verdaderamente quiere ver avanzar políticamente al nacionalismo vasco y a las corrientes independentistas dentro de ese nacionalismo, tiene que desaparecer.

Su presencia está dañando gravemente cualquier tipo de expectativa de avance del nacionalismo vasco hacia la paz o hacia objetivos de autodeterminación con posible independencia.

ETA en este momento es un obstáculo, siempre lo ha sido,  pero en este momento más que nunca; aparte yo jamás avalaré ni un solo centímetro de violencia para conseguir objetivos presuntamente políticos; jamás. Es un elemento perturbador, patibulario y totalmente despreciable. Los atentados son una especie de liturgia brutal, ignorante, tosca, que no consiguen nada, excepto lo que va buscando ETA, la radicalización de la situación.

Es decir; ETA dice: nosotros pedimos al PNV y EA la ruptura con las fuerzas españolista (PP y PSOE), cómo puedo acelerar una realidad que avale esa ruptura, asesinando. Si asesino, el Gobierno va a plantear una serie de exigencias radicales al PNV y EA que los nacionalistas no pueden atender y se produce una ruptura como la que hemos vivido; ruptura total y enconada. PP y PSOE por un lado y del otro las fuerzas nacionalistas.

-¿Qué debe hacer el Gobierno central?
-La única posibilidad es que acepte un principio como el que aceptaron los gobiernos irlandés y el británico para poner en vías de solución el conflicto: que los vascos decidan qué es lo que quieren ser, qué es lo que quieren hacer.

Es necesaria una declaración en la que todo el pueblo vasco sea el único sujeto político legitimado para decidir; todo el pueblo vasco, sin exclusión de nadie, no como la estupidez que defiende ETA de excluir a los que no sean nacionalistas o a las familias de las fuerzas de seguridad. El principio es el de aceptar el derecho de autodeterminación.

Tal y como está el problema, en mi opinión, no conducirá jamás a la independencia. Es mentira que así se abone la desintegración de la patria común e indivisible. Es mentira, absolutamente incierto y falso. ¿Por qué? Porque la propia ETA y el propio nacionalismo vasco se han visto de pronto inmersos en un círculo infernal y contradictorio; si dicen que van a conseguir al mismo tiempo la soberanía política de Euskadi integrada por la comunidad autónoma vasca, por Navarra y el País Vasco francés, se encontrarán enseguida, y lo tienen que aceptar, de hecho en privado lo aceptan, con que en la comunidad autónoma vasca –donde hay mayor caudal de intenciones independentistas- no se alcanza de ninguna forma ni el 50 por ciento de apoyos entre la población.

Yo realmente creo que en el País Vasco la intención nacionalista no alcanza ni el 30 por ciento. En Navarra no llega ni al 10 por ciento el voto independentista y en el País Vasco francés ni al 5 por ciento. Si se dice que no se puede aceptar el derecho de autodeterminación porque se rompería la integridad de España, es mentira, sencillamente falso.

"Se están enfrentando dos nacionalismos
muy fuertes, el nacionalismo español
y el nacionalismo vasco"

-Pero habría riesgo.
-Ni uno solo, ninguno. El ejemplo más claro en este sentido es Québec; hay un 82 por ciento de mayoría francófona, pero en dos referéndum de autodeterminación no alcanzan ni con mucho el 50 por ciento.

Es imposible que gane la independencia de Euskadi. Lo que pasa es que se están enfrentando dos nacionalismos muy fuertes; el nacionalismo español y el nacionalismo vasco, y esto es lo que no se quiere admitir. Entre los dos nacionalismos la embestida es imparable y se abortan las posibilidades de paz.

A mí me ha sorprendido que mi libro sea calificado como nacionalista vasco y de apoyo incondicional a la izquierda abertzale; es falso. Yo no soy ni nacionalista ni antinacionalista. El núcleo dirigente de la izquierda abertzale, el más representativo pese a todas las pluralidades que existen en su seno, es el núcleo proetarra y con ese núcleo no tengo nada que hacer ni le tengo la más mínima simpatía. Al que tengo alguna simpatía en la izquierda abertzale es a un núcleo muy minoritario, el que tiene más de izquierdas y menos de abertzale.

-¿Cómo deberían orientarse las negociaciones?
-Las fuerzas políticas y sociales vascas son las que tienen que debatir (desde PP hasta HB o desde LAB a UGT de Euskadi) sin exclusiones ni vetos en cuanto a las materias a negociar y a las fuerzas negociadoras. Y por supuesto superar ya la estupidez de que el diálogo central sea entre ETA y el Gobierno. De eso no puede salir nunca  nada. No entiendo la conversación ETA-Gobierno, no la entendí en Argel, y así terminó, y no la entendí ahora.

-¿Por qué?
-ETA no es una fuerza política representativa. Es una organización armada que representa un nacionalismo vasco radical que a su vez está representado por HB. HB es el brazo político de ETA, yo creo que esto es así.

-Pero ETA puede contradecir a HB en algún momento de ese escenario de conversaciones.
-Eso son relaciones entre HB y ETA. Cuando HB está negociando consulta continuamente con ETA, como con otros sectores; pero quien negocia políticamente es el brazo político. Cómo va a negociar políticamente el brazo militar. Lo que ha ocurrido ha sido tan estúpido por ambas partes que uno no puede pensar que tanta estupidez se concentre en dos sectores distintos. ¿De qué va a hablar ETA con el Gobierno? No lo entiendo. El Gobierno debe alentar, estimular las conversaciones de paz, y lo que tenga que decir ahí tiene su partido. Estaría perfectamente representado por su partido en Euskadi, como el PSOE o Izquierda Unida. En una negociación todo lo que sea excluir es peder el tiempo y no hay negociación posible.

-¿Y qué debe hacer el nacionalismo vasco moderado en este escenario que dibuja?
-Conseguido lo anterior, lo ha conseguido prácticamente todo. 

-¿Se ha sentido en libertad absoluta a la hora de volcar toda la información que contiene su libro?
-Absolutamente, se lo puedo asegurar. No he seguido asesoramientos ni consignas de nadie. He dicho exactamente lo que pienso. Uno de los factores clave de la eliminación progresiva de la violencia terrorista y de otras violencias es la existencia de una radical libertad de expresión.

Es falso que se puede hablar de todo, ya que implica un riesgo excesivo. En Euskadi los sectores que piensan en una actitud de nacionalismo radical no dicen las cosas con la naturalidad propia del ejercicio de un derecho a expresarse, sino sabiendo perfectamente que hay una frontera prácticamente inexistente entre lo que es libertad de expresión y criminalización del pensamiento.

-¿Por qué HB no condena los atentados?
-A mí me gustaría que los condenara. Son condenables, lo que pasa es que la posición de HB es que la condena no conduce a nada. Se refiere así de manera clarísima al menosprecio que le produce esa actitud de las fuerzas políticas que ante cada atentado parece que están compitiendo para ver quién condena más y mejor. Es lo que yo llamo el naufragio de la sangre.

El político no tiene que limitarse a la condena de las cosas, tiene que ofrecer salidas a las raíces del problema que provoca la violencia. Cualquier ciudadano honesto repudia ese espectáculo canallesco del asesinato, pero no se ve obligado a decir cómo hay que terminar con los asesinatos, con la violencia; eso es lo que el político tiene que contestar. Pónganse manos a la obra y no nos digan que es un problema que no tiene solución, que es lo que nos están diciendo. Es un problema con raíces políticas y tiene soluciones políticas. Lo que no tiene es solución policial.

"Si se negocia hay que hacerlo con honradez, y eso significa respetar al contendiente, al interlocutor"

-Su libro es como un proceso de instrucción sobre todo lo que ha pasado y pasa en el País Vasco.
-La parte central del libro es una crónica glosada de los acontecimientos que van ocurriendo  básicamente a partir de la declaración de Lizarra y hasta la ruptura de la tregua y las reuniones posteriores. En los primeros capítulos analizo la cantidad de violencia institucional y terrorismo de Estado que se ha concentrado en España. La brutalidad que ha dispensado el Estado a los ciudadanos vascos en su conjunto, y especialmente a los nacionalistas, es algo que apenas tiene límite.

-También hay brutalidad en el nacionalismo radical
-Sí, pero el Estado actúa en nombre de la Ley y el Derecho, no puede comportarse como un terrorista, pero se ha comportado como un terrorista. Eran dos terrorismos frente a frente. Dos delincuencias. En España todo el mundo sabe que la normativa antiterrorista, con todo lo que ello supone es una vulneración sistemática e implacable del Estado de Derecho.

-Se supone que las medidas se aprueban en busca de eficacia
-¿La eficacia en contra de la Justicia? Pues entonces vamos al GAL otra vez.

-¿Ve luces de esperanza?
-Yo siempre alimento, pese a todo, esperanzas de solución pacífica; me veo obligado moralmente a mantenerlas. El pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Confío en que las conversaciones en marcha entre núcleos muy representativos de la izquierda abertzale y ETA, en las que participan personas del PNV y EA, pueden dar lugar a una nueva tregua y a planteamientos distintos durante la tregua.

Como se insista en que sean ETA y el Gobierno los interlocutores, todo está perdido. Hace falta una mesa abierta condenada a seguir dialogando hasta que llegue a una solución pacífica; sin exclusiones, aunque algunos se excluyen a sí mismos cuando el PP, por poner un ejemplo, dice que no está dispuesto a sentarse en una mesa con el señor Otegui. Si se negocia hay que hacerlo con honradez, y eso significa respetar al contendiente, al interlocutor. Esto no ha ocurrido nunca. Por otra parte, siempre podría  haber alguien que intente romper un proceso así con una bomba.

Nota del editor: Fallo contra el sentido común
12 Junio 2000

Este es uno de los tipos de material que encarga el PNV: barullo con medias verdades que sigan abonando el camino hacia la claudicación de la razón y de la libertad. Ante estas opiniones, me ha ocurrido lo mismo que a la primera editorial: si lo pongo,  perjudica la imagen de estas páginas, pero de cuando en cuando hay que ver estos argumentos  pronacionalistas indirectos para que actúen como revulsivo y repulsivo en la sociedad. Yo no creo que sean fruto del síndrome de Stockholm, sino propaganda pura y dura. 

 

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