AGLI

Recortes de Prensa    Martes 20 Junio  2000
#Mayúsculas
AUGUSTO KLAPPENBACH El País 20 Junio 2000

#DIALOGO DE SORDOS EN VITORIA
Editorial El Mundo 20 Junio 2000

#Tute
ERASMO El Mundo 20 Junio 2000 

#Iturgaiz dice que el diálogo propuesto por Ibarretxe es un "foro trampa"
Madrid La Estrella Digital 20 Junio 2000

#El empresario Jaime del Burgo pide a su gremio que no pague "ni una sola peseta" a ETA
Madrid La Estrella Digital 20 Junio 2000

#De Corleone a Durango
Pedro CORRAL ABC 20 Junio 2000

Mayúsculas
AUGUSTO KLAPPENBACH El País 20 Junio 2000

Cuando las palabras escritas con mayúsculas empiezan a ocupar un lugar importante en el lenguaje, desplazando al modesto vocabulario cotidiano, hay que comenzar a preocuparse. A más de un ser humano de carne y hueso le ha costado la vida el imperio de esas grandes palabras cuando adquieren vida propia y pretenden regir la existencia de quienes las pronuncian. Abundan los ejemplos históricos: Raza, Imperio, Razón, Progreso, Estado y, más recientemente, Mercado y Globalización. El concepto de Patria o Nación sigue el mismo camino: los nacionalismos virulentos que nos invaden postulan la existencia de un "ser nacional" de carácter metafísico, situado más allá de las decisiones concretas de los hombres, hasta el punto de que puede exigir hasta el sacrificio de la vida de quienes están sometidos a su imperio. O, lo que es más grave, el sacrificio de quienes no quieren someterse.

La expresión "ser nacional" se sitúa así en un plano trascendente, donde no lo alcanzan las contingencias de la vida cotidiana. Cualquier intento de definir ese "ser nacional" reduciéndolo a contenidos concretos como el idioma, las costumbres, la cultura, el paisaje o la gastronomía provocará la reacción indignada de quienes postulan una esencia permanente, situada más allá del mundo real en que ese pueblo vive su vida: "No es sólo eso", dirán, "está en juego nuestra identidad como pueblo".

No existe ninguna metafísica inocente, y ésta tampoco lo es. Porque, como sucede siempre, detrás de estas mayúsculas se esconden intereses minúsculos, que sí tienen nombres y apellidos y que prefieren proteger su identidad personal tras la supuesta identidad de todo un pueblo. Desde siempre, el poder ha necesitado legitimaciones más prestigiosas que el mero deseo de dominar: antes, el soberano decía que gobernaba en nombre de Dios; más adelante fue el servicio a la Patria o al Pueblo. Pero siempre se encontró una mayúscula que se prestara a arropar la ambición personal, de poder, cuyo reconocimiento resulta políticamente incorrecto. De ahí la devoción que el nacionalismo provoca en la clase política: no es lo mismo ser alcalde de un Ayuntamiento, presidente de una Autonomía o jefe de un Estado.

Pero se entiende menos el fervor nacionalista de los ciudadanos de a pie, aquellos cuyas relaciones con el poder se limitan a delegar su supuesta soberanía en manos de quienes toman las decisiones. La democracia, como sabemos todos, no significa "gobierno del pueblo", pese a su etimología. El pueblo ni ha gobernado ni gobierna en ningún país del mundo: se limita a legitimar por medio del voto el ejercicio del poder de una clase política y a controlar en alguna medida su ejercicio, asegurando así la publicidad de las decisiones legislativas y la alternancia pacífica de los gobernantes. Lo cual no es poco y es razón suficiente para defender el sistema democrático contra los autoritarismos de todo signo, en los cuales desaparece aun esa modesta participación de los ciudadanos en el ejercicio del poder.

Si esto es así -y creo que lo es-, cabe preguntarse si el origen étnico de sus gobernantes constituye realmente un problema importante para el pueblo llano. Me inclino más bien a sospechar que el concepto metafísico del "ser nacional" resulta muy útil a determinada clase política para investir su mandato de una dignidad trascendente y de paso soslayar los problemas centrales que afectan a los ciudadanos y de los cuales depende, por ejemplo, su estabilidad en el trabajo, la calidad de la educación y la sanidad, las políticas de inmigración, el papel que juega en las relaciones internacionales Dígase lo que se diga, las ideologías no han muerto, como anunciaron algunos profetas: no es lo mismo un Gobierno de derechas que uno de izquierdas, una política liberal que una política socialista, pese a que hayamos asistido a sospechosos travestismos en los últimos años. Desde este punto de vista, resulta sorprendente constatar las actuales alianzas políticas en el País Vasco, donde proliferan matrimonios cuyo único vínculo de unión radica en la fe compartida en una "construcción nacional" tan abstracta como indefinible. Y más sorprendente aún resulta observar cómo numerosos jóvenes situados ideológicamente en la izquierda posponen las luchas políticas que definirían un modelo de sociedad progresista concentrando sus esfuerzos en una hipotética "identidad nacional" que, sin ser profetas, podríamos sospechar por qué manos sería gestionada en caso de construirse. Ni siquiera los individuos gozan de esa "identidad": la vida de las personas, como la de los pueblos, se define por un cúmulo de relaciones y acuerdos concretos y fluctuantes, antes que por esencias inmutables.

No siempre el nacionalismo ha jugado este papel encubridor, por supuesto. Sin remontarnos a la importancia que tuvo en la lucha contra los absolutismos durante la formación de los Estados nacionales, hay que reconocer el papel positivo que ha jugado y aún juega en la emancipación de tantos pueblos sometidos y explotados por potencias coloniales. Cuando a un pueblo se lo oprime económica y culturalmente, cuando se reserva a sus habitantes los trabajos peor remunerados, cuando se le impide por la fuerza cultivar su lengua y sus costumbres y se le imponen gobernantes cuya función principal consiste en gestionar la explotación de sus recursos, el nacionalismo constituye una saludable expresión de legítima defensa. Pero parece difícil reconocer al País Vasco -por ejemplo- en este retrato. El problema real es otro. En estos tiempos de globalización, la opresión de los pueblos depende cada vez menos de las fronteras nacionales: mientras los habitantes de una nación emplean valiosas energías en discutir acerca de las banderas que deben ondear en un Ayuntamiento, las decisiones importantes se fraguan en anónimos despachos apátridas, encantados al comprobar que sus críticos potenciales dedican sus esfuerzos a problemas que poco les afectan.

Esto no significa negar aspiraciones tan evidentes como la necesaria descentralización del Poder, el acercamiento de los gobernantes a las comunidades locales, el cultivo de las culturas regionales. Pero no es esto lo que se discute. Estas reivindicaciones, cuya importancia nadie niega, son propias de un saludable nacionalismo con minúsculas que no necesita investirlas de un carácter épico, y mucho menos exigir el sacrificio de la vida propia o ajena (sobre todo ajena) para luchar por ellas. La gestión descentralizada de la seguridad social o de la recaudación impositiva poco tienen que ver con la abstracta "identidad nacional" o la "soberanía sobre el destino histórico del Pueblo", discursos que ayudan a ocultar el verdadero problema por el cual se debe y se puede luchar: convertir este mundo amenazado por la globalización financiera en un lugar habitable para todos los seres humanos del planeta, vivan donde vivan. 
Augusto Klappenbach
es catedrático de Filosofía de bachillerato.

DIALOGO DE SORDOS EN VITORIA
Editorial El Mundo 20 Junio 2000

En sintonía con el acuerdo adoptado por el Parlamento de Vitoria el pasado viernes, que instó al lehendakari a promover la creación de una nueva plataforma de diálogo para la paz -lo que coincidía perfectamente con sus propios proyectos-, Juan José Ibarretxe se entrevistó ayer con los representantes de todos los partidos vascos, excepción hecha del PP, que rehusó la invitación.

Es muy posible que esta iniciativa, avalada por el PSE, el PNV y e IU-EB, esté cargada de buenas intenciones, pero resulta inviable sin la presencia del PP y de EH, el segundo y tercer partido más votados en las pasadas elecciones vascas. Arzalluz, a pesar de que ayer apostó por seguir adelante sin ambas formaciones, es perfectamente consciente de que el intento nace muerto.

Arnaldo Otegi fue muy explícito al respecto. Afirmó que no ve ninguna utilidad a un foro de debate como ése y añadió que para eso ya está el pacto de Estella, que «no excluye a nadie». Tomó directamente por la vía del cinismo, sabiendo como sabe -y como sabemos todos de sobra- que sus íntimos amigos de ETA continúan dedicándose a excluir a quienes no están de acuerdo con ellos del modo más radical y definitivo que cabe: matándolos.

Tiene razón el PP vasco al criticar la propuesta de «mesa de diálogo» del lehendakari. En estos momentos, la idea no sólo es totalmente inviable, sino también embarulladora. En tanto EH siga encubriendo el crimen como método de acción política y continúe tratando de imponer el soberanismo como premisa de convivencia para el conjunto del pueblo vasco, no hay nada que pueda dialogarse -y menos todavía acordarse- con ella. Pero la defensa de esos principios, que son justos, puede hacerse de diversos modos. No creemos que acierte el PP al negarse a atender las convocatorias del lehendakari. Debería mostrar un mayor respeto hacia la institución. Así fuera tan sólo por no sentar un mal precedente: tal vez el día de mañana el lehendakari sea de su partido. No querrá que le devuelvan la moneda.

¿Está usted de acuerdo con estas opiniones? Aporte sus ideas en el foro abierto sobre cada editorial en la dirección: www.elmundo.es/diario/opinion

Tute
ERASMO El Mundo 20 Junio 2000 

Complejo embrollo en el Norte, dicen. Mas sólo variaciones de tres factores, sota, caballo, rey: caballo/sota, sota/rey, rey/sota, sota/caballo, caballo/rey, caballo/sota/rey... Descarado y amoral electoralismo, el desdén ante la muerte permite las variantes, pues Heraclio Fournier (Vitoria) hace extraños compañeros de cama. Y mesa: Aznar arrastra de sota y Arzalluz mata de Kas. Y a todos canta las cuarenta.

Iturgaiz dice que el diálogo propuesto por Ibarretxe es un "foro trampa"
Cree que el PNV busca la independencia y que "sigue instalado en su pacto con ETA y EH"
Madrid La Estrella Digital 20 Junio 2000

El presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, explicó ayer que su partido no participa en la mesa de diálogo propuesta por el lehendakari, Juan José Ibarretxe, porque cree que es un "foro trampa" creado por los nacionalistas con el único fin de conseguir objetivos políticos de cara a "la independencia".

En declaraciones a RNE, Iturgaiz consideró que "no se puede dar cobertura a un foro que es una filial del Frente de Estella", y aseguró que el PP vasco está dispuesto a hablar con los demócratas desde la lealtad y el respeto a las reglas democráticas. A su juicio, "ahora se está dando una situación de bloqueo" y "todos sabemos que los partidos que componen el Gobierno vasco siguen instalados en el Frente de Estella, es decir, siguen instalados en ese pacto con ETA y HB y no apuestan por la pluralidad y sí por la exclusión".

Ante ello -señaló-, en el PP del País Vasco "creemos que no se puede estar con una vela a Dios y otra al diablo como quiere Ibarretxe y el PNV, queriendo que nos sentemos a una mesa con los cómplices de los asesinos".

Iturgaiz cree que a Ibarretxe
siempre "le han movido los
hilos Arzalluz y Egibar"

El líder del PP vasco descartó que con la reunión de ayer Ibarretxe trate de ganar autonomía respecto a la tesis que impera en su partido, ya que "los hechos avalan que el lehendakari nunca ha tenido autonomía respecto al PNV" y que "le han movido los hilos Arzalluz y Egibar".

Respecto a la propuesta del PSE-PSOE de crear un nuevo foro de diálogo, señaló que crea "confusión" y permite al PNV y al Gobierno vasco "que afiancen Estella y que estén cómodos" en ese pacto "junto con ETA y HB". Según Iturgaiz, el PSE-PSOE "se equivocaría si rebajase su firmeza democrática a la hora de defender la Constitución y el Estatuto para acercarse al PNV con fines de alcanzar poder".

El empresario Jaime del Burgo pide a su gremio que no pague "ni una sola peseta" a ETA
El industrial cree que ha llegado el momento de que la sociedad civil "tome cartas en el asunto" en la lucha contra el terrorismo
Madrid La Estrella Digital 20 Junio 2000

El empresario Jaime del Burgo, hijo del diputado de UPN Jaime Ignacio del Burgo, pidió ayer a todos aquellos que sean de su "gremio" que tomen la decisión firme de "no pagar una sola peseta" a la banda terrorista ETA, a la vez que exige al Estado que tome las medidas necesarias para impedir estos pagos. Del Burgo consideró necesario también que los empresarios e industriales extorsionados adopten medidas de autoprotección.    

La banda terrorista ha enviado una oleada de cartas a empresarios vascos y navarros instalados en Madrid en las que se les exige el impuesto revolucionario, según confirmaron el pasado domingo fuentes de la lucha antiterrorista.

Del Burgo recordó que ETA lleva treinta años "extorsionando a la sociedad" y "viviendo de ella" y calificó a la banda terrorista de "sanguijuela que nos saca la sangre y nos mata con ella". Instó a los empresarios extorsionados a que realicen un ejercicio de responsabilidad y no paguen al "monstruo", porque "con lo que pagamos nos siguen matando".    

La sociedad civil entra en juego
Durante treinta años se han intentado todas las posibilidades para acabar con el terrorismo, "desde la guerra sucia, la guerra limpia o la negociación política", dijo Del Burgo, pero ninguna ha funcionado, por lo que ha llegado el momento de que la sociedad civil "tome cartas en el asunto".    

"Si atentan contra mi vida o la de mis familiares o allegados y el Estado no puede proteger todas esas vidas, yo sí podré poner los remedios posteriores y defenderme como sociedad civil", advirtió este empresario navarro.    

A su juicio, la única vía actual para acabar con el fenómeno del terrorismo es la adopción de medidas por parte de la sociedad civil y, a modo de ejemplo, Del Burgo señaló que "en lugar de sacarnos 10.000 millones de pesetas, podemos hacer un fondo común con esa cantidad para proteger nuestras vidas, haciendas y familias".    

El empresario hizo un llamamiento a la reacción civil porque "no podemos consentir que nos sigan cazando como conejos" y, por tanto, "nos defenderemos nosotros mismos".  

De Corleone a Durango
Por Pedro CORRAL ABC 20 Junio 2000

La ofensiva desencadenada en 1992 por Cosa Nostra contra el Estado italiano representó el máximo punto de identificación de la Mafia con el terrorismo de grupos como ETA o el IRA. Aunque los mafiosos habían tenido desde siempre en el punto de mira a políticos, magistrados y policías, la campaña de terror desatada con la muerte del juez Giovanni Falcone el 23 de mayo de aquel año puso de manifiesto la intención de colocar contra las cuerdas al Estado y forzarlo a una negociación sobre el futuro de centenares de mafiosos condenados a finales de los ochenta en los «maxiprocesos» de Palermo y cuyas sentencias acababa de confirmar, en febrero del 92, el Supremo italiano.

Al asesinato de Falcone siguió el de su colaborador Paolo Borsellino, sólo dos meses después. La alarma social provocada por los atentados contra estos dos héroes de la lucha antimafia se acentuó con las bombas colocadas en las calles de Milán, Roma y Florencia, con un saldo de 10 muertos y 90 heridos. Pero el Estado no cedió y lanzó una respuesta firme a estos crímenes. En febrero de 1993 era detenido el jefe de Cosa Nostra y líder del clan de los «corleoneses», Salvatore «Totó» Riína, que había diseñado la ofensiva terrorista. Después cayeron su lugarteniente, Leoluca Bagarella, y su aliado histórico, jefe de la mafia de Catania, Nitto Santapaola. A estas capturas seguirían, unos años más tarde, las de Giovanni Brusca, que activó la bomba contra Falcone, y Pietro Aglieri, que preparó el atentado contra Borsellino.

Santapaola y Aglieri son dos de los capos encarcelados de por vida que han ofrecido al Estado su desvinculación de Cosa Nostra a cambio de una reducción de pena o una atenuación del riguroso régimen carcelario impuesto a mafiosos y terroristas, que prevé su casi total aislamiento.

Aunque la oferta de estos «padrinos» difícilmente puede interpretarse como la rendición definitiva de Cosa Nostra, representa al menos la claudicación de una parte sustancial del antiguo brazo militar de la organización dispuesto a aceptar su derrota frente al Estado. Un signo alentador para los responsables de la lucha antimafia, quienes sin embargo deberán responder con cautela a esta oferta de los capos para que se traduzca efectivamente en una quiebra de Cosa Nostra y no en un subterfugio para su revitalización.

La Mafia ha demostrado sobradamente su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos. Cabe sospechar que la «rendición» de los capos hoy encarcelados sea una maniobra más en el nuevo proceso de ocultamiento que el poder mafioso ha emprendido desde hace años, para seguir controlando su imperio económico y legal lejos de los focos policiales y judiciales. Aún así, ese mismo proceso evidencia que la mafia ha aprendido una dura lección: en el choque frontal contra el Estado ha perdido la batalla. Su futuro seguirá estando, como dijo Falcone, en el control de aquellos territorios donde el Estado no exista o haga dejación de sus poderes. Será un control ejercido, como siempre, con la violencia y la intimidación, con el secuestro y el chantaje.

Aunque Cosa Nostra se extinga algún día, sus procedimientos ya se han perpetuado en todos aquellos grupos que intentan imponer su ley sobre una sociedad con el asesinato por la espalda y la extorsión. Cuando Julio Caro Baroja hablaba de la «sicilianización» del País Vasco, sabía muy bien de la capacidad de contagio del fenómeno mafioso sobre organizaciones criminales que amparan, bajo el sello de la lucha política, la estrategia de los medios convertidos en fines. Pero el sabio vasco no podía imaginar hasta qué punto las complicidades políticas con los sicarios podían erosionar desde dentro el poder de las instituciones destinadas a imponer la cordura sobre la locura de los criminales y sus pregoneros. Hoy en día, el camino que conduce de Corleone a Durango es más corto que nunca: es la distancia que media entre el cañón de una pistola y una nuca.

 

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