AGLI

Recortes de Prensa    Miércoles 21 Junio  2000
#La complicidad de Lizarra anula los foros de diálogo
Lorenzo Contreras La Estrella 21 Junio 2000

#Ronda Ibarretxe 4
Editorial El País 21 Junio 2000

#Redondo avisa al PP
Pablo Sebastián La Estrella 21 Junio 2000

#Boicot a la entrevista
Carlos DÁVILA ABC 21 Junio 2000

#Sanz dice que las mesas por la paz "no sirven para nada"
MIKEL MUEZ, Pamplona El País 21 Junio 2000

#Ibarretxe, entre el sentido común y la «madurez»
Impresiones El Mundo 21 Junio 2000

#Los partidos se unen contra el BNG por no suscribir la condena al terrorismo
SANTIAGO, LOIS BLANCO  La Voz de Galicia 21 Junio 2000

#El gran reto
Por Carlos Seco Serrano de la Real Academia de la Historia ABC 21 Junio 2000

#Juzgan la supresión de «fiestas españolas»
A. CASTELLS El Mundo 21 Junio 2000

#CiU y PP impiden de nuevo investigar las finanzas de UDC
SANDRA PAR El Mundo 21 Junio 2000

La complicidad de Lizarra anula los foros de diálogo
Lorenzo Contreras La Estrella 21 Junio 2000

La situación política vasca sigue bloqueada. Cada vez que se intenta un avance mediante alguna salida imaginativa se comprueba que la vía de escape no tiene salida en realidad. Eso acaba de suceder y está sucediendo tras la insólita propuesta socialista de crear una mesa de diálogo -otra más- sin el apoyo del PP y de EH. El PP, porque uno de los participantes de la Mesa, el PNV, ha roto teóricamente con EH pero no se cuestiona la permanencia en el marco de los pactos de Lizarra. Y EH, con toda su lógica obstruccionista, porque aduce que para foro o mesa ya estaba Lizarra, "abierta a todos", siempre, claro está, que se acepten las tesis cardinales del soberanismo y la territorialidad vasca, es decir, la llamada construcción nacional tal y como ETA la pretende.

La entrevista de Aznar con Ibarreche, en la Moncloa, pertenece al género conocido como diálogo de sordos. No es posible entenderse con idiomas políticos distintos, por no decir opuestos. Los dos discursos manan paralelos, discurren por cauces que jamás podrán encontrarse.

Lo que sorprende es que existiendo, como existen, unas premisas nacionales frente a otras nacionalistas, el Partido Socialista de Euskadi (el PSE-EE) haya propuesto esa Mesa nueva. Una propuesta que profundiza o establece sin equívoco la división del campo democrático constitucional.

Ya es lamentable que para generar disparidades en la delicada cuestión vasca baste hablar de una Mesa cuya integración, de antemano, se sabe imposible. Entonces, sabiéndose así, ¿qué sentido tiene que un partido español imagine y ofrezca algo absolutamente enemistado con la idea de arreglo o solución racional y nacional?

Al sinsentido socialista, que se suma a la extravagante "solución Benegas" de la olla de grillos, ha querido extraerle algún punto de utilidad el lehendakari Ibarreche, con su invitación a otro foro que viene a ser más de lo mismo cambiado de nombre. Su objetivo sería "reflexionar" sobre las condiciones para un acuerdo de mínimos.

Confusión de confusiones y todo confusión. Nada más adecuado para que ETA encuentre "justificación" a los nuevos crímenes que están en su agenda. Sentar en rueda a todos los representantes de los partidos políticos vascos para repetir la eterna canción fallida en Ajuria Enea es proporcionar bazas a la banda terrorista. Es demostrar que no hay soluciones, ni siquiera remedios para el problema.

La teoría del lehendakari es que, una vez puesto en marcha el nuevo invento procedimental, se abordarán las cuestiones de fondo. Esta actitud responde a la estrategia sempiterna de la ganancia de tiempo. Justo lo que ETA quiere: ganar tiempo ella, a su vez, para imponer la lógica de la violencia. Dejar en pie los problemas que la propia violencia alimenta y que, gracias a los foros sucesivos e inútiles, piden a la mentalidad independentista "soluciones" drásticas basadas en los explosivos, las metralletas y el tiro en la nuca.

Se habla de una mayor distancia entre el PNV y EH gracias o a desgracias de la evidencia parlamentaria de que no hay arreglos vislumbrables. Pero hablar de distancia verdadera manteniendo al mismo tiempo el marco de Lizarra, esa línea infranqueable para cualquier organización, partido o familia política que se reclame constitucional, es pura hipocresía. No hay tal distancia. Lo que existe es complicidad de los dos nacionalismos, el democrático y el radical. Y mientras entre uno y otro no se produzca la ruptura, cualquier ensayo pacificador carecerá de sentido.

Ronda Ibarretxe 4
Editorial El País 21 Junio 2000

TRAS UNA nueva ronda de contactos con las fuerzas parlamentarias vascas -excepto el PP, que se negó a participar-, el lehendakari se presentará mañana en La Moncloa con su propuesta de crear, en un plazo no precisado, un nuevo foro de diálogo. Ibarretxe lleva meses proponiendo la constitución de una mesa de partidos "sin exclusiones": que supere las limitaciones de Lizarra, pero también las de la Mesa de Ajuria Enea, foro del que estaba ausente HB. Sin embargo, y tal como ha reconocido Arzalluz, del nuevo foro que pretende convocar Ibarretxe seguiría ausente HB y ahora también lo estaría el PP. Más que avance hacia la integración en torno a unos principios compartidos, lo que ha habido es un retroceso. Ninguna propuesta realista podrá dejar de reconocer esa evidencia.

El lehendakari considera que la votación del pasado viernes en el Parlamento vasco avala su propuesta. Es una interpretación voluntarista. Una mayoría votó a favor del principio de constituir una mesa de diálogo con determinadas condiciones, pero el rechazo del PNV impidió que se aprobara una de tales condiciones. En realidad, no se aprobó nada. Sin embargo, el voluntarismo de Ibarretxe se vio avalado ayer por la interpretación del socialista Nicolás Redondo, que presentó la votación del viernes como la del entierro de Lizarra por el PNV. Explicó que los nacionalistas no pueden reconocerlo abiertamente, pero que ése es el significado objetivo de su votación. Ojalá acierte, pero puede tratarse de una interpretación interesada para justificar una iniciativa cuyos efectos positivos no se han percibido. Lo que Egibar dijo el viernes y repitió el lunes es que Lizarra "sigue siendo válido", y que eran los socialistas quienes no habían "pasado la prueba" por haber votado en contra del ámbito vasco de decisión.

Ibarretxe trata de conciliar las exigencias de Lizarra con las de los partidos constitucionalistas, pero lo hace de manera sesgada. Dice que hay que separar pacificación de normalización política, pero sigue identificando la paz con la satisfacción de determinadas aspiraciones nacionalistas; admite que hay que partir de las instituciones actuales, pero sólo para dar paso a su superación al incluir el reconocimiento del ámbito de decisión como uno de los requisitos del diálogo; el respeto de los derechos humanos como condición para participar se relativiza al hablar de un diálogo "sin exclusiones", que sólo puede interpretarse como que HB será admitida aunque ETA siga matando con la comprensión de su brazo político.

En esta situación, se comprende que el PP no quiera avalar con su presencia iniciativas que permiten al nacionalismo estar con un pie dentro y otro fuera de Lizarra. Sin embargo, cuando el objetivo esencial de ETA y HB es deslegitimar las instituciones, contribuir a acreditarlas debe ser una prioridad de los partidos democráticos. Una cosa es el PNV y otra el Gobierno vasco. El PP debería haber participado en la ronda de conversaciones, aunque sólo fuera para exigir al lehendakari que actúe como tal y no como portavoz del portavoz de su partido.

Redondo avisa al PP
Pablo Sebastián La Estrella 21 Junio 2000

Parece claro que el PSOE, tanto en el País Vasco como en Madrid, no está dispuesto a ir  de comparsa con el PP en la crisis vasca y le ha dicho a los dirigentes del PP en Euskadi y al Gobierno que dejen de hacer electoralismo y que busquen el diálogo entre demócratas en vez de continuar con la estrategia de la tensión.

Esta vez el PSOE parece decidido a no dejarse arrastrar por el discurso demonizador del PP contra el PNV y les pide al PP y a Aznar que busquen puntos de encuentro con el PNV para conseguir reforzar la unidad de los demócratas en el País Vasco y garantizar la gobernabilidad. Sobre todo ahora que el PP parece haber dejado de lado su exigencia de elecciones anticipadas y para darle al PNV un respiro y la oportunidad de romper a su ritmo el pacto de Estella, que como dicen en el PSOE está prácticamente muerto.

Las palabras de Nicolás Redondo Terreros no son vanas y representan una posición firme que debe ser tenida en cuenta por Aznar. De igual manera, el presidente Aznar, que pasado mañana recibe en La Moncloa a Ibarretxe, deberá, a su vez, calibrar las últimas propuestas del lehendakari de abrir una nueva mesa de paz, así como la prudencia de Ibarretxe cuando afirmó ayer que no piensa convocar a los partidos a una nueva mesa si no están todos ellos, en alusión expresa al PP.

Aunque las heridas abiertas entre demócratas vascos son profundas al día de hoy, se vislumbra un mejor ambiente que podría prosperar si en el encuentro de La Moncloa se dan algunos pasos positivos que permitan el diálogo y dejen fuera las descalificaciones mutuas entre PNV y PP. La nueva posición del PSOE obliga, en cierta forma, al PP a abandonar posiciones extremas si no se quiere quedar fuera del juego institucional vasco, como parece que ya le ocurre a HB.

El momento es bueno para dialogar sin poner exigencias tajantes y previas a nadie. Esperemos que así ocurra por encima de cualquier otra ambición de corte político o electoral. La crisis del País Vasco es muy seria, y no sólo policial, y merece todos los esfuerzos para abordarla de una manera inteligente para que no se produzcan fracturas imposibles de arreglar no sólo entre los políticos, sino, y sobre todo, entre la sociedad.

Boicot a la entrevista
Por Carlos DÁVILA ABC 21 Junio 2000

Aveces, en política, las cosas se hacen para que consten, no para que tengan éxito. El comunicante gubernamental que la semana pasada llamó a Rubalcaba —que sigue en todas las salsas— para hablarle, ni siquiera advertirle, de los riesgos, o mejor dicho, del grave error, que suponían y supone, el voto conjunto del PNV y del PSOE en una moción de los socialistas tan perfectamente inútil, como nítidamente irrealizable, sabía de antemano que Rubalcaba le escucharía con su hábil simpatía habitual, pero que la mediación no surtiría fruto alguno. Incluso es probable que Rubalcaba transmitiera la inquietud de su comunicante, la preocupación de Aznar en definitiva, pero los receptores vascos no le hicieron el menor caso; siguieron adelante y asentaron la imagen de una reconciliación política, en toda regla, entre los socios de antaño.

No es imposible tampoco que Rubalcaba, cordial como acostumbra, dialogara con su interlocutor (con el que últimamente «me habla» con alguna frecuencia) y le diera alguna esperanza en un ejercicio de simulación que el ex-ministro portavoz de Felipe González borda como si fuera la más difícil de las cenefas, pero el desvelo del presidente del Gobierno y de su íntimo colaborador, no produjo el menor efecto. ¿Por qué en este segundo caso? Pues, sencillamente, porque Rubalcaba no guarda la menor intención de que la política vasca de Aznar derive en buenos resultados. Rubalcaba no se desengancha de quien, como su antiguo jefe Felipe González, alimenta la intención de que el Gobierno de Aznar se pegue un batacazo de época en el País Vasco. Como dice un periodista muy avezado en la observación del devenir nacionalista: «No se sabe quién detesta más a Aznar, si González o Arzalluz».

Los dos, desde luego, han impartido las órdenes oportunas o para hacer imposible la entrevista de Aznar con Ibarretxe para este jueves, o, por lo menos, para dejarla inservible.

Eso es lo que pactaron en el vergonzoso encuentro clandestino de Gobelas, y eso es lo que han intentado, con el auxilio impagable de sus cercanos y del mundo periodístico que aún es permeable a las influencias de Rubalcaba (o sea, de González), o a las insidias de Arzalluz (o sea, a los ardides miserables del apuntador Javier Vizcaya). Durante días, se han movido con rapidez ambos círculos y han logrado un triunfo escandaloso; a saber, que se trasmita la impresión de que el Partido Popular en general, y el vasco más en particular, son responsables de que no prosperen las iniciativas de paz que, sucesivamente, han propuesto Ibarretxe por su lado, y el errático PSOE, por el suyo.

Pero, aún contando con el presumible fracaso de la encomienda que le había hecho a su muy destacado ayudante, y contando también con la información de los movimientos de boicot aquí referidos, Aznar quiso el viernes pasado que «constara» su preocupación por la propuesta que el PSOE realizó en el Parlamento de Vitoria. Con lo que seguramente no contaba Aznar es con el «cable», en forma de enésima declaración, que le iba a echar su ex-convidado Arzalluz. Por si cupiera alguna duda, el presidente —todavía— del PNV aclaró este fin de semana que su partido no va a romper Estela, pase lo que pase. Así ha sucedido que los bienintencionados proponentes vascos del PSOE se han quedado, una vez más, con el tafanario al aire, como los vaquilleros a los que toros placeados les rompen una y otra vez la taleguilla.

Pero, con todo, han llegado a una de sus metas: obedecer al patrón, por si, al fin es presidente del PSOE, y ensayar la jugada que, con tanto tesón, urdieron González y Arzalluz. No han conseguido sin embargo, lo importante: que a Aznar se le llenara el bolsillo de fideos y dijera, a voz en grito: «¡Basta ya!; que reciba a Ibarretxe el presidente del Athletic». Pongamos un ejemplo cercano al PNV. Si viene, que a estas horas se cree que sí, el modesto y dócil lendakari tendrá asiento en el palacete de Moncloa y, eso sí, oirá algo más que las escuetas palabras que el presidente le transmitió en la última manifestación de Bilbao. En resumen, son éstas: Constitución y Estatuto de Autonomía. Es decir, lo que cantaba el PNV hace muchos años cuando, en las manifestaciones en que se festejaba que «Volóx, voló, Carrero voló», los dirigentes de entonces proclamaban su nulo afán por la independencia. Eran otros tiempos; los tiempos ya, en el que el PSOE de Felipe González me dedicaba a otras voladuras: las de la Transición del Rey y Adolfo Suárez.

Sanz dice que las mesas por la paz "no sirven para nada"
MIKEL MUEZ, Pamplona El País 21 Junio 2000

Las mesas de diálogo para la paz como las propuestas por el lehendakari , Juan José Ibarretxe, "no sirven absolutamente para nada", según señaló ayer con rotundidad el presidente de Navarra, Miguel Sanz (UPN). Añadió que el debate abierto por los partidos vascos sobre la formación de nuevas mesas (EA pide una para Euskadi y otra para Navarra) para abordar la pacificación es un asunto "ficticio" en el que el Gobierno de Navarra no cree porque existe "ya un foro institucional, con presencia de todos los partidos políticos existentes, que es el foro parlamentario en el que está representada, en su caso, la sociedad vasca o la navarra y es el que debe actuar". Interrogado sobre las alusiones de los nacionalistas a la conveniencia de que los partidos navarros constituyan un foro similar al que Ibarretxe pretende conseguir en Euskadi, el presidente de Navarra respondió que UPN "no entrará en ese juego inútil", si bien matizó a continuación que no se opone a dialogar con nadie en los foros institucionales. "Discutir sobre esas mesas sólo genera confusión y el enrocamiento de las posiciones de algunos", explicó Sanz, que se mostró tajantemente contrario a la constitución de un foro similar en Navarra. "Al terrorismo sólo pueden ponerle fin quienes lo practican", remachó. 

Ibarretxe, entre el sentido común y la «madurez»
Impresiones El Mundo 21 Junio 2000

El lehendakari Ibarretxe hace gala de vez en cuando de un sentido común que a Xabier Arzalluz parece faltarle. Ayer rectificó al presidente del PNV, que se mostraba inclinado a poner en marcha una «mesa de diálogo» sin EH y el PP, asegurando que cualquier foro promovido por él no contempla esas ausencias. Es de sentido común porque, de otro modo, el hipotético diálogo estaría condenado al fracaso de antemano. Yerra, sin embargo, al añadir que el foro se convocará cuando todos los partidos tengan la oportuna «madurez», como si el buen juicio estuviera necesariamente en la aceptación de su propuesta sobre los temas a discutir. La sensatez no está precisamente en dialogar sobre aquello que puede aplacar a los violentos, sino en luchar contra el terror con las armas del Estado de Derecho para que, de una vez, se puedan plantear libremente todas las opciones.

Los partidos se unen contra el BNG por no suscribir la condena al terrorismo
Beiras dice que no tiene confrontación alguna con el PSOE, pero Touriño asegura que delira
El período de sesiones en O Hórreo llega a su fin con una tormenta de críticas que, hecho inusual, no tiene al PPdeG como diana, sino al BNG. La negativa del Bloque a suscribir la semana pasada una declaración institucional de condena al terrorismo, que introducía también una crítica _sin citarlo_ al PNV por mantener pactos con EH, aglutinó en un mismo frente al PPdeG, PSdeG y Esquerda de Galicia. Beiras aseguró ayer que se trata de una emboscada, mientras que Pérez Touriño le espetó que delira.
SANTIAGO, LOIS BLANCO  La Voz de Galicia 21 Junio 2000

El habitual uso de la mayoría que el PPdeG ejercita en el Parlamento para rechazar comparecencias del Gobierno quedó ayer solapado por la negativa del BNG a suscribir, en el pleno de la pasada semana, una declaración contra ETA promovida por los populares y apuntalada por los socialistas, la cual incluía críticas veladas al PNV y EA por participar en el pacto de Lizarra.
El portavoz del Bloque, Xosé Manuel Beiras, trató ayer de pasar por alto la cuestión, pero a preguntas de los periodistas se defendió con el ataque directo al PP. En su opinión, el texto de la propuesta de declaración fue una «ceremonia» con intenciones malévolas y alevosas. Beiras espetó que su formación no apoyará otro documento hasta que el PPdeG se «civilice culturalmente, se democratice politicamente e se adecente eticamente».
Especial dureza de Touriño
Sin embargo, los nacionalistas no recibieron por respuesta una andanada del PP, sino de los demás grupos de la Cámara. Especial dureza fue la que aplicó a sus declaraciones Pérez Touriño, instantes después de que Beiras tratara de hacer ver que no hay confrontación ni crispación con el PSOE.
El portavoz del grupo parlamentario socialista se colocó delante de los micrófonos a la salida de la junta de portavoces con un mensaje meditado: «¿Por que o BNG non é quen de condenar o terrorismo? Ninguén pode colocarse _en alusión a Beiras_ na posición de ofendido permanente, porque xa cansa». Además, las reacciones airadas de Beiras le parecen un delirio.
Con estas declaraciones cruzadas entre los dirigentes de dos formaciones que mantienen pactos de gobierno en varios municipios, el portavoz del PP no dudó en avivar el fuego. Jaime Pita aseguró que el BNG debe explicar a los ciudadanos sus reticencias a condenar el terrorismo y recordó que ya se opuso también la semana pasada al nombramiento como Defensor del Pueblo del socialista vasco Enrique Múgica, quien se ha caracterizado por luchar contra ETA desde la política antes y después de que la banda terrorista asesinara a su hermano.

El gran reto
Por Carlos Seco Serrano de la Real Academia de la Historia ABC 21 Junio 2000

QUE la llamada Ley de Humanidades es una apremiante necesidad de la sociedad española -afectada, en su presente y en su futuro, por la incultura radical de los estudiantes que van llegando a nuestras Universidades, víctimas a su vez de las carencias de la nefasta Logse-, es algo que no puede ignorar quien se preocupe mínimamente por los problemas de fondo de nuestro país. El Gobierno lo sabe muy bien y no piensa eludir este reto, contemplado prioritariamente en su programa electoral.

La ministra de Educación y Cultura, Pilar del Castillo, en su primera exposición ante las Cortes, afirmó su decisión de poner manos a la obra. De inmediato, se disparó la réplica de la consejera de Cultura de la Generalitat, según la cual, lo que se pretende es imponer «esa imagen mítica que ellos consideran de España», es decir, una historia de España homogénea. Semejante «salida» vuelve las cosas del revés: porque lo que se intenta es, precisamente, que la racionalidad -la realidad histórica- se imponga sobre la mitificación que supone reducir España a una palabra sin contenido y magnificar insolidariamente las supuestas naciones brotadas en el Medioevo -y que, en todo caso, jamás olvidaron que estaban luchando solidariamente por la recuperación de la España de todos: esa que yo, y conmigo historiadores tan ilustres como José María Jover o el llorado Tomás y Valiente hemos llamado nación de naciones, con expresión ya acuñada a principios de siglo por Francesc Cambó.

Difícil tarea tiene ante sí la señora ministra; difícil reto el que se plantea al Gobierno. Recordaré siempre la ocasión -octubre de 1996- en que Esperanza Aguirre, aprovechando un acto solemne presidido en nuestra Real Academia de la Historia, expuso el proyecto de una Ley de Humanidades: el que ahora, con loable empeño, quiere recuperar Pilar del Castillo. Un proyecto que la ilustre Corporación acogió con entusiasmo, respaldándolo en todo momento.

En lo relativo a la Historia -clave en el conjunto de las enseñanzas humanísticas-, la señora Aguirre empezó por la elaboración de un programa confiado a prestigiosos especialistas -de diversas procedencias universitarias-, y que, pese a sus aciertos, naufragó en el Parlamento por culpa de una maniobra oportunista de los socialistas (que en principio se habían mostrado acordes con el propósito). La ministra no se dio por vencida: tras una importante reunión «intercomunitaria» celebrada en Canarias, convocó una nutrida comisión -en parte integrada por representantes de cada una de las Comunidades autónomas, y en parte por un grupo de especialistas designados por el propio Ministerio- para que, mediante el consenso, se llegase a una Ley cuya necesidad, al fin y al cabo, todos reconocían.

Como figuré en el sector de Historia -que presidía Ortega Díaz-Ambrona- puedo dar testimonio de lo que fue aquel esfuerzo ímprobo, por parte de los especialistas, para abrir paso a la racionalidad -no al mito- frente al empecinamiento de un núcleo de «comunitarios» que llegaban minuciosamente programados por sus respectivos gobiernos para echar abajo cualquier intento de relativizar su fanático empeño de crearse una historia mítica al margen de España. Comenzamos por abordar cuestiones tan lógicas -y tan sencillas- como la necesidad de tener en cuenta la cronología (tropezábamos con ese disparatado criterio que, invirtiendo los términos, empieza por el entorno y por lo actual para ir luego incorporando parcelas de lo que no es inmediato: con lo cual, hay quien -en lo geográfico- termina sus estudios sabiendo algo del río Manzanares e ignorando la existencia del Ebro o del Guadalquivir; y -en lo histórico-, con un cacao mental que lleva a ignorar quién reinó antes, si Fernando VII o Felipe II); y en la necesidad de reivindicar la memorización, que nunca podrá ser sustituida por los datos aislados del ordenador.

El problema máximo llegó cuando hablamos de la historia común. Ortega me pidió que en una cuartilla resumiese el concepto. Me limité a precisar que la historia común es, simplemente, la historia de España; una España que no debe confundirse con Castilla. Un programadísimo delegado de Cataluña me opuso: «Acepto su definición si cambia usted el término historia común por historia compartida». Rechacé esa sugerencia, que quería significar todo lo contrario de lo que yo afirmaba. Una tímida profesora vasca se pronunció contra el término «reconquista». «Yo creo -dijo- que no hubo Reconquista». Al argumentarle con el peso de una realidad innegable, replicó: «Bueno, yo creo que hubo repoblaciones...» Fue necesario aclararle que las repoblaciones no eran sino un respaldo a la reconquista militar: el robustecimiento de fronteras geográficas -ríos, cordilleras- por masas de nuevos propietarios favorecidos con fueros y privilegios. (¿Por qué ese afán de rechazar la «re-conquista»? Sencillamente, por el sentido de recuperación que tiene la palabra: recuperación de la España que había sido de todos: la que ya en el siglo VII mereció el «laude» de San Isidoro).

Tales eran los términos de nuestra batalla. Una dialéctica bien desarrollada -y la habilidad de Ortega- permitieron, al fin, abrir paso a un proyecto de ley en que quedaban recogidos los parámetros de la historia de España que debían asimilar los estudiantes; comprendiendo romanización, monarquía hispanogoda, presencia y cultura árabes; conjunción de los reinos cristianos, proyección en América... Aquello fue aceptado y asumido por todos. A punto de publicarse la Ley, así consensuada, en el Boletín, todavía la ministra tuvo la atención de requerir el visto bueno de la Real Academia de la Historia, que sólo sugirió correcciones de detalle. Pero, de manera sorpresiva, se produjo la salida de la señora Aguirre del Ministerio y su elevación a la presidencia del Senado.

Tuve ocasión de preguntar, días después, al señor Aznar, si la Ley ya «consensuada» se haría, por fin, efectiva. Me aseguró que sí. Y hasta ahora... Evidentemente, había habido un veto por parte del señor Pujol, verdadero árbitro y censor de la política de España durante el Gobierno sin mayoría absoluta del PP.

¿Qué ocurrirá ahora? Por lo pronto, la Generalitat ya ha tomado postura. ¿Será posible que, a pesar de ello, se abra camino el sentido común en cuestión tan decisiva para el presente y para el futuro de nuestra «nación de naciones», como la recuperación de su historia real? Me ha parecido alentadora la afirmación de Pilar del Castillo: «En Humanidades, lo único que no estoy dispuesta a negociar es la parálisis del proyecto». ¡Adelante, pues! Decía don Emilio García Gómez que el problema de los españoles es que no habían sabido digerir su historia. Gran verdad. Claro que, para digerirla, hay que conocerla.

Juzgan la supresión de «fiestas españolas»
A. CASTELLS El Mundo 21 Junio 2000

SAN SEBASTIAN.- El abogado del Ayuntamiento de la localidad guipuzcoana de Hernani, Oscar Padura, aseguró ayer ante el Juzgado de lo Social número 4 de San Sebastián que la Consejería de Justicia y Trabajo del Gobierno vasco avaló la legalidad del acuerdo de esta institución de anular las festividades de Santiago, el Pilar y la Constitución para los trabajadores municipales.

Este consistorio, gobernado por EH con mayoría absoluta, decidió declarar hábiles estas fiestas en el calendario laboral municipal «por su carácter español», refrendando así la decisión aprobada en una asamblea de trabajadores, a propuesta del sindicato abertzale LAB.

Los sindicatos CCOO y ELA recurrieron el acuerdo y el Juzgado de lo Social número 4 de San Sebastián aceptó a trámite la demanda, y ayer celebró la vista.

El representante legal del ente municipal manifestó que el Consistorio ha actuado «de conformidad con la ley» y explicó que la propia alcaldesa, Mertxe Etxeberria, dirigió un escrito a la Consejería vasca de Trabajo en el que preguntaba sobre las «responsabilidades» que podrían derivarse de su actuación.

El Ejecutivo autonómico no dio una contestación oficial, pero, según Padura, el consejero Sabin Intxaurraga, «informó favorablemente» cuando declaró públicamente que el Ayuntamiento sí puede declarar laborables esos días, aunque no hacer extensible esta decisión a los vecinos, lo que no se aprobó.

CiU y PP impiden de nuevo investigar las finanzas de UDC
SANDRA PAR El Mundo 21 Junio 2000

BARCELONA.- La línea de colaboración del PP catalán con CiU está más que consolidada. Pese a que el presidente del partido, Alberto Fernández, no oculta sus ganas de escarmentar a CiU por su desconsideración hacia el PP catalán, la tónica de la mutua colaboración volvió a presidir ayer las relaciones CiU-PP. Un pacto que la oposición calificó de «pinza» y que permitió a CiU zafarse por tercera vez de la constitución de una comisión de investigación para esclarecer el caso Pallerols, de presunta financiación ilegal de Unió a través de los fondos de formación de parados que gestiona la Consejería de Trabajo.

El rechazo de CiU y PP a admitir a trámite una proposición conjunta de los grupos de izquierda (PSC, IC-V y ERC) en la junta de portavoces impidió ayer que el caso llegase al Pleno. CiU y PP zanjaron así cualquier debate político sobre el asunto.

La portavoz del Grupo del PP, Dolors Nadal, explicó que la oposición no ha aportado «elementos nuevos» que justifiquen la creación de la comisión.

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