AGLI

Recortes de Prensa    Viernes 23 Junio  2000
#La vaciedad de IbarretxeEditorial ABC 23 Junio 2000

#EL MONOLOGO SOBERANISTA DEL «LEHENDAKARI» IBARRETXE
Editorial El Mundo 23 Junio 2000

#Gritos y susurros
ANTONIO ELORZA El País 23 Junio 2000

#Ibarretxe se quita la careta
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Junio 2000

#Ibarreche, acollonado
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 23 Junio 2000

#Aznar constata el enrocamiento de Ibarretxe en sus compromisos de Estella con HB/ETA
MADRID. Mariano Calleja ABC 23 Junio 2000

#La reunión de Aznar e Ibarretxe concluye con un radical enfrentamiento entre ambos
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País 23 Junio 2000

#La juez y las giraldillas
Carlos HERRERA  ABC  23 Junio 2000

#La difícil sucesión en los cargos políticos
Lorenzo Contreras La Estrella 23 Junio 2000

#Los nacionalistas impiden que la Cámara apoye al Foro de Ermua
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 23 Junio 2000

#La lengua como empresa
Aleix Vidal-Quadras La Razón 23 Junio 2000

La vaciedad de Ibarretxe
Editorial ABC 23 Junio 2000

LA reunión entre Aznar e Ibarretxe se ajustó a las previsiones y, sin sorpresas, ha servido fundamentalmente para remarcar la disciplina del lehendakari al mensaje monocorde de las fuerzas nacionalistas. Según sus palabras, tanto él como Aznar comparten el rechazo a la violencia. Pero nada más, lo que quiere decir que el lehendakari no ha asumido la necesidad de romper los pactos con la izquierda proetarra y de respetar el régimen constitucional y estatutario, dos de las condiciones de sentido común que estableció el presidente Aznar para recomponer la convivencia política en el País Vasco. Ibarretxe sí hizo pública afirmación de su compromiso con los derechos humanos y las libertades individuales. No podía ser de otra forma, pero Ibarretxe cae en el puro cinismo porque el mantenimiento de los acuerdos con HB relativiza ese supuesto compromiso y acerca sus palabras al insulto a las víctimas del terrorismo. El respeto a los derechos de los ciudadanos vascos no nacionalistas —los únicos que son vulnerados en el País Vasco— no debe ser sólo el contenido de una frase ampulosa, sino el imperativo moral que haga inaceptable el entendimiento institucional y político con las formaciones que amparan la violencia. Al desmantelamiento de esta contradicción se refería el presidente Aznar cuando pedía al nacionalismo un cambio de rumbo en las políticas de fondo. Sin embargo, y lamentablemente, este cambio no se ha producido, porque Ibarretxe, sin margen para tomar sus propias decisiones como presidente del ejecutivo autonómico, se ha limitado a recrearse en los mismos vacíos argumentos con los que intenta sobrevivir en medio de su precariedad institucional.

El nacionalismo ha planteado el logro de sus objetivos soberanistas como una prueba de resistencia, confiados en la experiencia histórica de una hegemonía social y política que se les consintió, por encima de su representación electoral, en la creencia de que era algo necesario para acabar con la violencia. Ahora sucede que el nacionalismo está perdiendo esa hegemonía porque una parte importante de la sociedad vasca ha dicho basta en las urnas y en las calles. El Gobierno hace bien en mantener con firmeza unas exigencias mínimas e indeclinables, aunque algunos, como los socialistas, que las compartían íntegramente hasta que regalaron al PNV la propuesta de un nueva mesa de partidos, no estén aguantando el envite. Sin duda alguna es preciso que el nacionalismo vuelva a la concordia democrática con los demás partidos políticos, pero el método para lograrlo no puede seguir siendo la permanente concesión a sus pretensiones. Por esto, la reunión de ayer en el Palacio de la Moncloa ha servido para contrastar la necesaria firmeza de los postulados del Gobierno con la insoportable vaciedad de los argumentos de Ibarretxe.

EL MONOLOGO SOBERANISTA DEL «LEHENDAKARI» IBARRETXE
Editorial El Mundo 23 Junio 2000

Nadie esperaba acuerdos sustanciales en la reunión que ayer celebraron el presidente Aznar y el lehendakari Ibarretxe, y la constatación de éste de que existen entre ambos «muchas diferencias políticas» resulta, a estas alturas, una obviedad. Pero ni los más pesimistas podían esperar, sin embargo, que Ibarretxe aprovechara su paso por La Moncloa para presentar en público una versión falseada de la Historia apelando a la existencia de Euskadi como anterior al Estado español y refiriéndose a 160 años de «convivencia frustrada».

Lo grave es que en esa concepción del País Vasco (absurda por contraria a la Historia y no por nacionalista) se basa la política del PNV, que se empeña en considerar el terrorismo una y otra vez como el síntoma de un problema político y no como el problema mismo. Ibarretxe llegó ayer a Madrid con su partido defendiendo la vigencia del Pacto de Estella y manteniendo pactos locales con EH, es decir, sosteniendo que la paz implica un precio político. Las palabras que Ibarretxe pronunció ayer al término del encuentro revelan que su primera preocupación es la resistencia del Gobierno y del PP a ese proyecto, y no tanto la existencia de un terrorismo que trata de aniquilar a los discrepantes y que aleja el País Vasco de la normalidad democrática.

Resulta asombroso que el presidente del Ejecutivo vasco, tras la nueva serie de asesinatos de ETA, afirme que es la posición del Gobierno la que genera riesgo de fractura social. Y es difícil averiguar qué entiende por «incomunicación», que es lo que reprocha al PP, cuando su partido y su Gobierno mantienen numantinamente el soberanismo excluyente y no han rectificado su errónea política a pesar de los asesinatos, el apoyo de EH a ETA y el ridículo sostén parlamentario con el que cuenta. Tiene razón Aznar, desde luego, al subrayar que Ibarretxe y el PNV se niegan rotundamente a modificar el rumbo, una solicitud, por cierto, que también se ha escuchado en las propias filas nacionalistas.

Ibarretxe insiste en que los vascos tienen derecho a decidir su futuro. Es cierto. Lo vienen haciendo cada vez que acuden a las urnas y debe exigirse a los poderes públicos, Gobierno vasco incluido, que puedan seguir haciéndolo libres del chantaje de ETA. Porque es precisamente el ejercicio de la democracia y el respeto a la voluntad de los ciudadanos lo que obliga a combatir con todo el rigor del Estado de Derecho la violencia y las agresiones a los derechos individuales. Si las preocupaciones de Ibarretxe son las aspiraciones de unos, habrá que agradecer al Gobierno de Aznar que se ocupe de neutralizar no el nacionalismo vasco, sino a los que pretenden subyugar los derechos y las libertades de todos los vascos.

Gritos y susurros
ANTONIO ELORZA El País 23 Junio 2000

"Por la boca muere el pez", dice el refrán castellano. Para el caso que nos ocupa debería combinarse su aplicación con un dicho vasco: "Egia guztiak ez dira on erraiteko", no todas las verdades son buenas para ser dichas. Es muy posible que la política seguida por el PNV desde el final de la tregua de ETA se haya hecho merecedora de los más duros epítetos, al pasar por alto los crímenes de quienes mandan sobre sus aliados y mantener a pesar de todo, cuando EH / HB se ha quitado la máscara, una estrategia basada en el pacto de Lizarra. Pero el político ha de conservar el control de sus propias expresiones, y las utilizadas por Aznar en los días que siguieron al atentado de Durango no sólo han servido para que Vázquez Montalbán nos ofreciera sus sublimes juegos de palabras sobre los esfínteres. De entrada, abren una salida de emergencia a Arzalluz para seguir vociferando y dando la espalda a la realidad, en cobertura de Egibar y de la permanencia de hecho en Lizarra. Por añadidura, proporcionan una coartada a todos aquellos que desean rehuir su responsabilidad al enfocar la situación vasca, refugiándose en la ley de la equidistancia, también llamada de Solé-Tura: PP y EH / HB, extremos que todo lo arruinan en Euskadi. Y no son pocos dentro del PSOE y de la profesión periodística. A fin de cuentas, el siniestro chantaje de ETA, al perdonar la vida en uso de su generosidad a PNV y EA, mientras sean dóciles, surte sus efectos, aún cuando nadie reconozca que opina huyendo del tiro en la nuca.

El error de Aznar ha provocado así un aislamiento del PP, cuando tras el asesinato del concejal Pedrosa hubiera cabido augurar un incremento de la solidaridad democrática. A ella contribuían, además, las nobles reflexiones públicas antiterroristas de militantes y cargos del PNV, que nos recuerdan que éste fue también el partido de José Antonio Aguirre, Manuel de Irujo y Francisco Javier Landáburu. En este contexto, y partiendo de una total confusión en las posiciones de sus dirigentes, el PSE ha tomado la iniciativa de recuperar el diálogo con el PNV. Nada permite detectar el fin de Lizarra por lo votado hace días en el Parlamento vasco, porque ha sido como si se planteara una cita entre dos hombres para hablar de la boda de sus hijos, y ambos aprobarán la cita, pero rechazasen hablar de la boda. Es, no obstante, un comienzo, a sabiendas de que en el camino hay pedruscos tipo Egibar y que cualquier cambio de política hacia la democracia lo hará el PNV con la máxima suavidad, sin reconocer los errores cometidos. De ahí que sea preciso hilar fino, evitando pensar que se ha sacado al PNV de Lizarra cuando ello no es cierto y el PSOE resulte arrastrado hacia la fosa del "marco de decisión vasco".

Para empezar, resulta imprescindible romper para siempre con la red de eufemismos en que Lizarra nos tiene encerrados a todos, comentaristas incluidos. No hay una cosa llamada "territorialidad", sino un supuesto inaceptable de que la actual CAV, Navarra y lo que fueron distritos vascos del Departamento francés de Pirineos atlánticos forman una unidad política que hay que transferir de la ideología a las instituciones (Udalbiltza). ¿Qué es "soberanía", o "soberanismo" vasco? Algo por inventar e irrealizable: existen en cambio ejercicio de la autodeterminación y objetivos de independencia, ¿para quién y cómo? Suena muy bien lo de "marco vasco de decisión", pero hay que traducir al lenguaje constitucional que esto significa que los vascos -me temo que las autoridades abertzales vascas, contra los ciudadanos vascos- deciden el futuro político -¿de la CAV, con Navarra semienganchada, conquistando Bayona?- sin contar con, o previa renuncia de intervención por parte de los organismos constitucionales en que hoy están incluidos, ni siquiera para garantizar que el proceso no es lo que Arzalluz, Egibar y Otegi harían que fuera, a la vista del antecedente de la Asamblea de Municipios. Y todo lo anterior, a la sombra del terror de ETA convertida en verdadero garante de que todo va hacia donde tiene que ir. Cuando el lehendakari minoritario dice expresar los deseos democráticos de los vascos, debería aclarar los citados puntos, porque él bien sabe que una cosa es la leve mayoría nacionalista en Euskadi y otra que sólo una clara minoría de los ciudadanos vascos es partidaria de la independencia. Otra cosa, en fin, es que todos razonemos al dictado de las pistolas.

Ibarretxe se quita la careta
Por Ignacio Villa Libertad Digital 23 Junio 2000

Todos sabíamos lo que pensaba. No había dudas. Pero, hasta el momento, el lehendakari Ibarretxe, en las distintas visitas que ha realizado al presidente Aznar, había guardado siempre las formas. Siempre había dejado una puerta abierta al entendimiento, aunque sólo fuera una apariencia. En esta ocasión, las cosas han cambiado. Ibarretxe ha dicho lo que pensaba, ha sido claro en sus ideas e incluso agresivo en algunas de sus advertencias. Ha dicho en La Moncloa lo que nunca se había escuchado antes en un foro como ese.

Se ha dicho y se ha escrito en muchas ocasiones que Ibarretxe está manejado por Arzalluz. En esta ocasión, lejos de demostrarlo, se ha mostrado cuando menos tan radical como el presidente del PNV. Pero con una observación que agrava lo dicho: Ibarretxe se ha aprovechado de su puesto institucional, no partidista. Se ha quitado la careta. En su rostro sólo hay radicalismo.

Ibarreche, acollonado
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 23 Junio 2000

Ibarreche tiene cara de alumno al que van a catear. Un cierto aire de extraterrestre envuelve su figura. Cualquier día Javier Xardá lo contratará para Crónicas marcianas. Seguro que en la reunión de ayer el lehendakari no le ha dicho la verdad, que es bien sencilla, a José María Aznar.
    -Mira, presidente, no entiendes nada. Claro que el Partido Popular no se puede sentar en una mesa con los asesinos terroristas o con sus aliados. Claro que hay que fracturar el pacto de Estella. Pero Eta consiguió desbaratar el acuerdo de los partidos democráticos en Ajuria Enea, en el que se instaló en la marginación a HB. Los etarras no van renunciar a Estella, que es un rejón en todo lo alto para el Gobierno español. Y están dispuestos a matarnos si les hacemos frente y nos vamos de Estella. Arzallus está acollonado. Yo estoy acollonado. Todos estamos acollonados. Estos no se andan con chiquitas. Si no hacemos lo que dicen, asesinarán a algunos de nosotros. Lamentamos mucho que maten a concejales del PP, pero lamentaríamos mucho más que ejecutaran a concejales del PNV y no digamos a los dirigentes del partido.
    Los encuentros entre el presidente del Gobierno y el lehendakari de las provincias vascongadas son siempre convenientes. Aunque existan barreras infranqueables. Aznar no quiere sentarse, sobre la sangre de sus compañeros de partido y de tantos españoles, con los que la derramaron. El PNV está ya sometido a la dictadura del miedo e incluso algunos de sus dirigentes participan en ella. Unas elecciones libres podrían despejar ciertas incógnitas y enderezar no pocos caminos torcidos. En estos momentos, la esperanza de que se produzcan avances es escasa, mientras el hacha de Eta y la fúnebre serpiente están preparadas para segar la vida de otro concejal del PP.

Aznar constata el enrocamiento de Ibarretxe en sus compromisos de Estella con HB/ETA
MADRID. Mariano Calleja ABC 23 Junio 2000

El presidente del Gobierno, José María Aznar, no vio ayer ninguna «voluntad inequívoca» en el lendakari para cambiar el rumbo político en el País Vasco y buscar la paz desde el encuentro de las fuerzas políticas democráticas en el Estatuto de Autonomía. Tras dos horas de reunión, el Gobierno considera que el PNV persiste en mantener cada uno de los objetivos del Acuerdo de Estella.

José María Aznar pudo constatar ayer, durante la reunión que mantuvo con el presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, que el PNV no se ha movido un ápice de su estrategia del Pacto de Estella, según subrayó después el ministro portavoz. El lendakari, por su parte, ratificó su pretensión de mantener un foro de diálogo con todos los partidos políticos y defendió la necesidad de superar el marco constitucional y estatutario, de tal manera que «sea la mayoría de la sociedad vasca la que decida libremente su futuro».

El esperado encuentro entre Aznar e Ibarretxe se produjo a las cinco de la tarde. El presidente del Gobierno esperó al lendakari en la puerta del Palacio de La Moncloa, en lo alto de la escalinata, y desde ahí le estrechó la mano cuando estaba unos escalones más abajo. A petición de los fotógrafos, se estrecharon las manos una segunda vez, a pesar de las quejas de los encargados de Prensa. Con gestos serios, ambos entraron al interior del palacio, mientras hablaban del tiempo, en concreto del calor que hacía a esas horas en Madrid.

Concluida la reunión, Ibarretxe estuvo cerca de media hora en una sala aparte preparando la declaración que iba a leer ante los medios de comunicación, primero en español y luego en euskera. Visiblemente nervioso, con la frente muy sudorosa a pesar del fuerte aire acondicionado, Ibarretxe expresó su disgusto por los «insultos y calumnias que está recibiendo el nacionalismo vasco democrático y por el intento de presentar al lendakari como lendakari de Lizarra, y no de todos los vascos».

Ibarretxe explicó que «el insulto y la descalificación» no es el camino para «poner fin a más de 160 años de convivencia frustrada», como tampoco lo es la violencia, aclaró después, sino el diálogo entre «todos los partidos», incluido Euskal Herritarrok. «El problema de la normalidad política existía antes de ETA y seguirá existiendo después de que desaparezca», añadió el presidente de la Comunidad Autónoma Vasca, quien aseguró que «Euskadi es anterior al Estado español».

En un tono muy duro, el lendakari afirmó que «el Gobierno español se equivoca cuando dice que tiene como objetivo neutralizar el nacionalismo vasco». «¡Qué barbaridad!», apostilló, «un Estado de Derecho debe valer para que todas las ideas se puedan defender».

Ibarretxe acusó al PP de incitar a la «fractura social» por negarse a participar en la última ronda de contactos que mantuvo el lendakari con los partidos vascos y le advirtió de que «buscar la confrontación abierta entre el nacionalismo vasco y el español puede suponer un rédito electoral, pero la fractura política puede convertirse en fractura social».

Tras exigir a los populares que «se incorporen al diálogo», insistió en su menosprecio al marco constitucional y estatutario. «No sirven las apelaciones genéricas a la Constitución y al Estatuto, que no se han cumplido en el reconocimiento a los derechos históricos». Ibarretxe contestaba así a Aznar, cuando el pasado día 8 exigió al PNV una ruptura total con el Pacto de Estella, un cambio de rumbo político y el reencuentro en el Estatuto de Guernica.

Leída su declaración, Ibarretxe cogió los papeles y salió de la sala de prensa sin dar opción a ninguna pregunta.

EL COSTE DEL PACTO DE ESTELLA
El portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas, esperó a escuchar lo que decía el lendakari para contestar con su propia declaración. Fuentes del Ejecutivo expresaron después su «sorpresa» por la dureza empleada por Ibarretxe en sus palabras, algo que no se correspondía, según señalaron, con el tono empleado durante la entrevista con el jefe del Ejecutivo, en la que el tono fue claro, pero «cordial». Las mismas fuentes calificaron las acusaciones de Ibarretxe de «terminantes».

Con el telediario de Televisión Española en directo, Cabanillas recordó que el presidente del Gobierno había convocado «al presidente de la Comunidad Autónoma Vasca para constatar, habida cuenta del fracaso del Pacto de Estella, si se había producido un cambio de rumbo político» en el PNV y en el Gobierno autónomo vasco. El coste en vidas humanos del fracaso de Estella exigía, según explicó el portavoz del Gobierno, una «rectificación clara y creíble» por parte de los firmantes.

«Lamentablemente, no se ha constatado la voluntad del cambio de rumbo, sino la persistencia de los objetivos del Acuerdo de Estella», dijo Cabanillas.

El portavoz del Gobierno contestó al lendakari que «el único problema del País Vasco es la negación de la libertad y los derechos hasta la eliminación física de una parte de los vascos». Respecto a las quejas de Ibarretxe por los «insultos» recibidos, Cabanillas fue tajante: «La única criminalización e insulto en la sociedad vasca es el que utilizan los terroristas y quienes les apoyan».

El ministro portavoz se vio obligado a recordar que «la democracia no puede ni debe pagar un precio político» por conseguir la paz, a la vez que reafirmó la plena validez del Estatuto de Guernica «como único instrumento político para una sociedad vasca plural». Cabanillas subrayó que en la política del País Vasco «no puede haber espacios equidistantes» entre los que defienden el marco constitucional y los violentos y quienes les defienden.

Cabanillas señaló que el Gobierno apostará siempre por fortalecer el diálogo institucional, siempre con «las actuales instituciones como lugar de encuentro». «El Gobierno entiende que éste es el camino correcto y espera que sea asumido por quienes se han apartado de él», concluyó.

La reunión de Aznar e Ibarretxe concluye con un radical enfrentamiento entre ambos
El 'lehendakari' acusa al presidente del Gobierno de propiciar una "fractura social" en Euskadi
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País 23 Junio 2000

La esperada cita entre el presidente del Gobierno, José María Aznar, y el lehendakari , Juan José Ibarretxe, se saldó con un rotundo fracaso y con un radical enfrentamiento entre ambos sobre la situación política en el País Vasco. Sólo coincidieron en condenar la violencia terrorista, cuando ETA lleva cometidos ya cinco asesinatos desde la ruptura de la tregua. A partir de ahí todo fueron diferencias. Pío Cabanillas, portavoz de La Moncloa, subrayó que Aznar dejó claro que en Euskadi el único problema real es el terrorismo y la falta de libertad de una parte de la sociedad. Pero Ibarretxe no atendió su reclamación de abandonar los postulados del Pacto de Lizarra y regresar al marco del Estatuto. Al contrario, reprochó a Aznar y al PP sus "insultos, descalificaciones y calumnias" y les acusó de promover una "fractura social" con su "política de confrontación".

Fue un encuentro de dos horas a cara de perro, en el que no hubo más que un apretón de manos. Todo lo demás fueron desacuerdos. Y en absoluto se produjo la rectificación que buscaba Aznar. El lehendakari no está dispuesto, por ahora, a dejar los principios del Pacto de Lizarra y regresar al Estatuto.

Si la anterior cita, el 3 de diciembre de 1999, ya había sido tensa, la de ayer lo fue más al sumar al conflicto político un enfrentamiento ideológico que exteriorizó el lehendakari. Aznar había anticipado el 8 de junio que iba a hablar "clarito y en orden" con Ibarretxe, pero se encontró con un lehendakari rotundo y sin ánimo de ceder lo más mínimo. Si el jefe del Gobierno reclamaba a Ibarretxe la ruptura con los postulados del Pacto de Lizarra y el regreso al marco del Estatuto y la Constitución como fórmula política para combatir el terrorismo, Ibarretxe le ha respondido con una tajante negativa, que expresó en la lectura de un texto con nueve puntos, al final de la reunión.

"Lamentablemente, no se ha podido constatar una voluntad inequívoca que permita pensar en un cambio de rumbo. Lejos de ello, se ha constatado la persistencia [del Gobierno vasco] en los objetivos defendidos en el Acuerdo de Estella", dijo el portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas. A continuación, señaló el punto principal de confrontación: "Aunque se insista en centrar el debate en la existencia de un supuesto conflicto político, el único problema real en el País Vasco es la negación sistemática de la libertad y de los derechos fundamentales, hasta el límite de la eliminación física de una parte de los vascos que desean un marco de convivencia plural".

El "ámbito vasco"
Era la respuesta a la posición central que defendió el lehendakari al calificar el problema vasco de "conflicto político". "El problema vasco es la negación y la imposición de la identidad", dijo, y se remitió a razones históricas: "El problema de ETA tiene 40 años, pero el conflicto vasco tiene 160 años".

El lehendakari defendió el respeto al "ámbito vasco de decisión" como fórmula de resolución del "problema vasco" y, en consecuencia, advirtió de que no estaba dispuesto a romper con los postulados del Pacto de Lizarra, aunque aclaró que había roto sus compromisos parlamentarios con EH por no condenar la violencia.

Con su defensa de los postulados del Pacto de Lizarra rechazaba una de las reclamaciones de Aznar del 8 de junio. También lo hizo con la otra, la exigencia de regresar al Estatuto de Gernika, a la que calificó de "apelación genérica".

Tras el enfrentamiento ideológico de Ibarretxe, vino el político. Acusó a Aznar de "buscar una confrontación entre el nacionalismo vasco y el español, que puede tener réditos electorales, pero que fractura la sociedad civil vasca".

También le reprochó "proferir" insultos graves, calumnias y acusaciones contra el Gobierno vasco. Se refería especialmente a las declaraciones del delegado del Gobierno, Enrique Villar, quien dijo que Interior no pasaba a la Ertzaintza información de la lucha antiterrorista porque el Gobierno vasco había pactado con ETA. Asimismo, hizo una referencia a la falta de respeto institucional mostrada por el líder del PP vasco, Carlos Iturgaiz, al negarse a acudir a las reuniones convocadas por Ibarretxe.

El lehendakari ofreció como alternativa a esta actitud de Aznar y el PP una nueva mesa de diálogo, cuya puesta en marcha intentó consensuar la semana pasada con el PSOE, IU y Unidad Alavesa. Y reclamó a Aznar que exija a su partido que se incorpore a ella.

Aznar se mantuvo en las mismas posiciones del 8 de junio. Reiteró que "el único problema real que hay en el País Vasco es el del terrorismo y el de la negación de la libertad de una parte de la sociedad vasca" y abogó por la unidad de los partidos democráticos para combatir el terrorismo con el Estatuto como punto de encuentro.

Criminalización
Frente al argumento de Ibarretxe de que desde el Gobierno y el PP se está "criminalizando" al nacionalismo, replicó que los únicos que cometen crímenes en Euskadi son los "terroristas". Ibarretxe había dicho que "el Gobierno español se equivoca cuando dice que su objetivo prioritario es neutralizar al nacionalismo vasco". Y exclamó: "!Qué barbaridad!".

Cabanillas insistió en que Aznar trasladó su posición contraria a los foros políticos para resolver el reto del terrorismo. "Ni la violencia ni su cese pueden dar lugar a contrapartidas políticas. Ni la existencia en el País Vasco de diversos proyectos políticos, por legítimos que sean, justifica que se pretendan imponer desde la exclusión".

Un ambiente de tensión sin precedentes
L.R.A, Madrid
El encuentro de ayer en La Moncloa entre José María Aznar y Juan José Ibarretxe no tuvo precedentes por su carga de tensión, que alteró las previsiones de la Presidencia del Gobierno. Tanto representantes del palacio de Ajuria Enea como de La Moncloa habían anunciado que el lehendakari realizaría una declaración después de su entrevista con el presidente del Gobierno central. Lo realmente inesperado para el entorno de José María Aznar fue que la exhaustiva declaración del lehendakari, estructurada en nueve puntos, constituyese toda una exposición de principios en clara réplica a la que Aznar expresó, en rueda de prensa, el pasado día 8, también en La Moncloa.

La declaración de Juan José Ibarretxe dejó consternados a altos cargos de la Presidencia del Gobierno, incluido el ministro portavoz, Pío Cabanillas. Algunos de esos altos cargos manifestaron: "[Ibarretxe] Se ha pasado 19 pueblos" y "ha cometido un grave error". La Moncloa interpretó la intervención del lehendakari como una exposición ideológica en favor de los postulados del Pacto de Lizarra y en la que abiertamente declaraba una guerra política al presidente del Gobierno, al que hacía responsable del incumplimiento del Estatuto de Gernika y de tensar la situación política del País Vasco con riesgo de que haya una fractura en la sociedad vasca.

También quedaron sorprendidos por la forma en que el lehendakari realizó su discurso. En todo momento habló en tercera persona y siempre se refirió a Aznar como "el presidente del Gobierno español", en un lenguaje de distanciamiento.

Ante todo eso, La Moncloa cambió sus previsiones. Después de haber anunciado la comparecencia en rueda de prensa del ministro portavoz, Pío Cabanillas, para informar de la reunión, la conferencia de prensa fue sustituida por un mensaje leído, que constituyó una declaración de principios, claramente contrapuesta a la expuesta por Ibarretxe. Cabanillas se ciñó a los valores del Estatuto de Autonomía y descalificó el Pacto de Estella. El ministro portavoz subrayó que "no puede haber posiciones equidistantes", en alusión al apoyo del PSOE a Ibarretxe en el Parlamento Vasco el pasado viernes.

La juez y las giraldillas
POR Carlos HERRERA  ABC  23 Junio 2000

LO sé, lo sé, no es estricta actualidad; han pasado algunos días desde la sentencia que libra a las «giraldillas» vascas de cualquier culpa. Sé que esta columna debiera haber aparecido una semana atrás. Lo sé y acepto todo aquello que quieran decirme, pero tal vez haya sido mejor dejar pasar estos días y así matizar la indignación que siente un servidor y que sienten tantos ciudadanos honrados de Sevilla. Como saben, un grupo de ciudadanos vascos se caracterizaron de mascota de los Mundiales de Atletismo que se celebraron en agosto pasado en la capital de Andalucía. En un auténtico alarde de osadía, burlaron los controles policiales e intentaron boicotear la ceremonia de inauguración que se celebraba en el Estadio de La Cartuja y que tuve el honor de presentar. Una audiencia potencial de trescientos millones de personas estaba pendiente de las evoluciones de las delegaciones de cada país, lo cual resultaba demasiado apetitoso para los habituales propagandistas proetarras que se mueven en el entorno de todos los presos que penan por haber asesinado a más de ochocientos ciudadanos. Ustedes conocen lo que pasó: tomaron el escenario e intentaron desorganizar lo que, todo hay que decirlo, estaba organizado con más voluntad que aplomo. Fueron detenidos, acusados y, posteriormente, puestos en libertad. Quedaron a la espera de juicio. Entretanto, determinados dirigentes vascos de dudosa catadura dedicaron expresiones laudatorias y jocosas a los valientes gudaris que tomaron el escenario sevillano: Joseba Eguíbar dijo que eso era «mundial» y que iba mucho con su manera de ver las cosas, el inexplicable Anasagasti aplaudió la acción y el tal Inchaurraga —«responsable» de Justicia en el ejecutivo vasco— amparó el comportamiento de los primos hermanos de los etarras. Fantástico (una vez más, el único que mostró sensibilidad y respeto fue el portavoz del Gobierno vasco, Josu Imaz, el cual me consta que actuó de acuerdo con Ibarreche, al que le agradezco el detalle). La sociedad sevillana, la andaluza en general, no pudo concebir cómo esos políticos del norte se regodeaban y jactaban de que unos individuos que mostraban apoyo a aquellos que sólo han venido a Andalucía a asesinar, a matar, a asesinarnos a los andaluces que no han asesinado en otros lugares, hubieran venido a mofarse en sus barbas de algo de lo que los andaluces, los sevillanos, nos sentíamos particularmente orgullosos: unos Campeonatos Mundiales celebrados en nuestra tierra. No sólo los teníamos aquí dispuestos a concelebrar un nuevo Hipercor, sino que, además, venían a reírse de nosotros. Sólo nos quedaba la justicia. La Justicia. Esa que debía poner a cada uno en su sitio.

Pero la justicia llegó y emitió su cante. Una juez de Sevilla —de Sevilla— decidió que, a pesar de haber creado temor, inquietud, malestar y miedo en cincuenta mil personas, según reza la sentencia, esos jovencitos no merecían ni siquiera una multa. La tal lumbrera jurídica —Encarnación Gómez de nombre— sufrió un repentino ataque de temblor judicial y mandó de vacaciones a esos muchachos valientes que acudieron a los Juzgados sevillanos disfrazados de vascos —como atinó a describirlos Antonio Burgos—, tal como si unos sevillanos delincuentes se presentaran en la Audiencia de Bilbao con sombrero cordobés y traje corto. Ya saben, pues, aquellos que gusten de alterar el orden elemental de las cosas, aderezado con escarnio filoterrorista: vénganse a Sevilla y procuren que sea ese Tribunal el que les juzgue. No les pasará nada. Ni siquiera una multa. Nada. Eso no cuesta nada. Lo dice Encarnación. Lo dice la Ley. Tendrán la suerte de moverse impunemente, de organizar ruedas de Prensa laudatorias de aquellos asesinos que se han llevado por delante la vida de hijos de esta tierra. Podrán contar con la colaboración, incluso, de algún parlamentario andaluz de la altura mísera y cretina de Sánchez Gordillo, el alcalde de Marinaleda, que será capaz, incluso, de ir a testificar a su favor disfrazado de pacifista (¡cúanta vergüenza no tendrán tantos honrados militantes de Izquierda Unida viendo cómo uno de sus paniaguados se dedica a apoyar a amigos de asesinos y comprobando cómo en ese conjunto de politicastros de tercera nadie es capaz de tomar la decisión severa y digna de apartar a ese memo de sus listas! Claro que así van). No habrá de pasarles nada. Se marcharán de rositas pavoneándose de su acción y dándose manotazos en el pecho.

Imagínense ustedes que eso mismo ocurre en la inauguración de unos Juegos Olímpicos en Francia o en Estados Unidos. ¿Creen de verdad que la cosa se hubiera resuelto con una regañina procesal? Imagino que tienen su propia respuesta. Una vez más, somos diferentes. Algunos jueces carecen de arrojo para asumir las indignaciones colectivas y las leyes fabricadas por nuestros legisladores no amparan acciones ejemplares. Duro es decirlo, pero así es.

Entretanto, la población de aquí abajo asiste perpleja a semejante exhibición de impunidad. Muchos nos preguntamos qué dirían esos mismos políticos nacionalistas vascos si pasado mañana un comando de andaluces víctimas del terrorismo boicotearan la ceremonia de clausura de unos Mundiales en Bilbao exigiendo el cumplimiento íntegro de las condenas de los presos de ETA.

Imagínenselo por un momento.

Divertido ¿verdad?

La difícil sucesión en los cargos políticos
Lorenzo Contreras La Estrella 23 Junio 2000

Lo más difícil que suele darse en política española es la sucesión de un político por otro dentro de normas de buena fe y generosidad. Para facilitar el tránsito, si es que puede llamarse así una operación de despedazamiento, parece que se ha inventado últimamente la promesa de poner límite temporal a la sucesión en los cargos. Ha sido el caso de José María Aznar, cuyo propósito de no repetir más de dos mandatos está por ver si se cumple, pero que ahí luce como una novedad todavía respetable.

En todo caso, con sucesión directa o sin ella, el concepto de alternativa está interferido en los partidos por una vocación superior del sucedido, cual es la de sucederse a sí mismo de una manera o de otra, bien mediante la clásica repetición de mandato, bien por la opción de seguir mandando a través del sucesor. Para que esta última fórmula cristalice y sea sólida hace falta elegir bien a ese sucesor, que ha sido el ejemplo de Felipe González, durante un tiempo con Almunia de "suplente" en la Secretaría General del partido y en la actualidad con José Bono de alternativa. Por supuesto que Bono es, para los intereses de González, una opción menos tranquilizadora que Almunia. Bono es sencillamente peligroso. Lo que está por ver es si en esto de los riesgos Bono es más peligroso para González que González para Bono.

En el panorama general de la política española destaca, pues, la tendencia a convertir las sucesiones en conflictos. Está ocurriendo más o menos larvadamente en el PSOE y se está comprobando en IU, donde Julio Anguita no acaba de dar a Francisco Frutos paso franco para una sucesión real, del mismo modo que Francisco Frutos, atrincherado en el PCE, amontona obstáculos frente a Gaspar Llamazares, el líder asturiano deslumbrado con la posibilidad de hacerse con el liderazgo de la coalición de izquierda después de valorar optimistamente el fracaso de Frutos en las elecciones generales del pasado 12 de marzo.

Una dolencia cardíaca ha tropezado con Anguita en lugar de Anguita con una dolencia cardíaca. Tampoco en otra coalición, CiU, Jordi Pujol cede terreno ante los años que se le amontonan en la biografía. Acabó Pujol con Roca primero, luego con Esteve y ahora entretiene la espera con Artur Mas. Siempre, en todo caso, manteniendo fuera del circuito sucesorio a Duran i Lleida, el líder de Unió o ala democristiana de CiU.

Es algo semejante a lo que ocurre en el PNV, por más que en el terreno de los nacionalistas vascos Javier Arzallus diera con la fórmula del mandato vitalicio, o sea, dejar que otros se gasten en el cargo público (el lehendakari es siempre una persona distinta al presidente del partido) y acaben siempre dependiendo de la bendición del "ayatola". Quien vio este problema con claridad fue Carlos Garaicoechea cuando era precisamente lehendakari. En aquella época pretendió hacerse con las riendas del PNV, fuente del verdadero poder vasco, y no tardó en verse desplazado de Ajuria Enea por José Antonio Ardanza, títere de Arzallus y pieza de recambio para sus intereses, como ahora lo es Ibarreche.

Hace falta recordar que Manuel Fraga sólo fue sucedido por José María Aznar después de haber inutilizado políticamente a Hernández Mancha y antes a Herrero de Miñón? Cuando Aznar se subió al pescante para tomar las riendas de AP no lo hacía preconizadamente como líder definitivo, sino a título de prueba. La consolidación fue mérito suyo y nunca de Fraga.

Una mirada al ejemplo de las democracias asentadas muestra la fluidez de los sucesores en los cargos políticos. El Reino Unido, Francia, Alemania y siempre Estados Unidos descuellan como sistemas –también Italia– donde los cambios personales son una, si no la principal, clave del sistema. Ya lo dijo Alexis de Tocqueville: el cambio es el elemento de contraste para cualquier democracia digna de este nombre.

Los nacionalistas impiden que la Cámara apoye al Foro de Ermua
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 23 Junio 2000

La Mesa del Parlamento vasco ha acordado con los votos del frente nacionalista, el PNV, Eusko Alkartasuna y EH, oponerse a la tramitación urgente de una propuesta de UA en la que instaba a la Cámara a mostrar su amparo al Foro de Ermua a raíz de que, en un reciente comunicado, ETA arremetiera contra el mismo y asumiera el asesinato de uno de sus miembros, José Luis López de La Calle.

El portavoz del grupo proponente, el foralista Pablo Mosquera, calificó de «auténtico escándalo» la decisión de la mesa que supone retrasar el debate a septiembre y desmuestra, a su juicio, «la falta de sensibilidad» de este órgano con las víctimas del terrorismo. Denunció que en la misma reu-nión, la mesa sí consideró justificado tramitar de forma urgente una iniciativa de IU en la que se pide al Gobierno central que adopte las medidas necesarias para evitar la subida de los carburantes utilizados en el sector agrario. Mosquera dijo sentirse «tremendamente enfadado» e informó que había comunicado al presidente de este foro, Vidal de Nicolás, la polémica decisión que, a su juicio, «no es jurídica, sino política», así como su malestar por la falta de sensibilización que demuestra la Cámara «ante colectivos que lo están pasando mal. Suficiente motivo para que a alguno se le cayera la cara de vergüenza», afirmó. La decisión de la mesa de la Cámara, que contó con la oposición del PP y del PSE en dicho órgano, obliga a retrasar el debate de esta inicitiva al próximo periodo de sesiones.

Por otra parte, indicar que ayer se hizo pública la propuesta del PNV, de Izquierda Unida y de Unidad Alavesa de proponer a Xabier Markiegi para su reelección a Ararteko (defensor del pueblo).

La lengua como empresa
Aleix Vidal-Quadras La Razón 23 Junio 2000

 La decisión del presidente de Brasil, Fernando Cardoso, de hacer obligatorio el español en la enseñanza posee una enorme trascendencia en términos culturales, económicos y políticos. El gigante del cono Sur tiene más de doce mil kilómetros de frontera con Estados de habla española y constituye una inmensa isla de lengua portuguesa en un vasto océano que se expresa en español. La medida impulsada por el estadista brasileño revela además un valor considerable por su parte, dada la elevada incidencia que las cuestiones lingûísticas tienen en la autoestima de las sociedades contemporáneas, fuertemente impregnadas casi todas ellas de intensos sentimientos nacionalistas. Actualmente, las escuelas brasileñas pueden de manera autónoma seleccionar la lengua extranjera a incorporar a sus programas, con lo que la iniciativa presidencial representa una opción estratégica de gran calado que compromete al conjunto del sistema educativo brasileño y que marca una pauta clara de preferencia por un determinado ámbito de influencia y de relación privilegiada. De la misma forma que los países nórdicos europeos, de demografía débil y lenguas que en el plano mundial son minoritarias, hicieron en cierto momento una apuesta firme por el inglés como segundo idioma, ahora Brasil podría tomar sin complejos la senda del español.
    Como es natural, este acontecimiento revolucionario ha desatado una guerra diplomática feroz y los Gobiernos británico, francés y alemán han movilizado a sus embajadas en Brasilia para conseguir que la correspondiente norma, ya aprobada en el Senado, naufrague en la Cámara de Diputados. Para dar una idea de las implicaciones del asunto, basta considerar que la aplicación de la ley con carácter general en todos los niveles de primaria y secundaria se traduciría en la necesidad de doscientos mil profesores adicionales de español y en una cifra de ventas de libros de texto de un cuarto de billón de pesetas al año, a la que habría que añadir la incorporación a nuestro potencial mercado editorial de una población de ciento sesenta millones de personas. Los beneficios indirectos que la transformación de Brasil en un país bilingûe portugués-español ofrecerían a nuestras grandes transnacionales de servicios que ya ocupan hoy posiciones hegemónicas en aquella economía tampoco pueden ser ignorados, y no cabe duda que su volumen de negocio se incrementaría significativamente si al final se consigue tan deseable objetivo.
    Nuestros queridos socios comunitarios, Francia, Reino Unido y Alemania, con su actitud obstruccionista e incluso saboteadora nos han demostrado una vez más que la Unión Europea es un club integrado por miembros que ni siquiera se molestan en disimular cuando sus intereses nacionales están en juego. Van a degûello sin contemplaciones, como si el Tratado fuese puramente retórico. La lengua es una empresa en el mercado global y a la hora de cuidar la cuenta de resultados los Estados son implacables, especialmente con sus mejores amigos.

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