AGLI

Recortes de Prensa    Sábado 24 Junio  2000
#Discurso de Ibarretxe
Editorial El País 24 Junio 2000

#Reflexión vasca
ANTONIO GALA El Mundo 24 Junio 2000

#La entrevista
Ramón PI ABC  24 Junio 2000

#El mensajero
RAUL HERAS El Mundo 24 Junio 2000

#Ámbito vasco de irreflexión
Lorenzo CONTRERAS La Razón 24 Junio 2000

#Simple y complejo
Javier Sádaba* La Estrella 24 Junio 2000

#Nota del Editor I: Los bueyes y el carro
24 Junio 2000

#El lendakari en su laberinto
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC  24 Junio 2000

#Ibarreche
Jaime Campmany ABC 24 Junio 2000

#El encontronazo
Abel Hernández La Estrella 24 Junio 2000

#¿Dónde está el centro de gravedad?
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 24 Junio 2000

#El vaivén vasco en Madrid
José Luis Gutiérrez La Estrella 24 Junio 2000

#Un callejón sin salida
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 24 Junio 2000

#Gobierno y PSOE coinciden en exigir a Ibarretxe ruptura «clara y creíble» con Estella
MADRID. José Luis Lorente ABC  24 Junio 2000

#El Gobierno considera que Ibarretxe está descalificado como líder del cambio en el PNV
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País 24 Junio 2000

#El PP dice que el PSOE tiene miedo de unirse a él como alternativa al PNV
JAVIER CASQUEIRO / LUIS R. AIZPEOLEA, San Sebastián / Madrid El País 24 Junio 2000

#El Ejecutivo vasco desvela contactos con ETA
El Mundo 24 Junio 2000

#130 intelectuales vascos piden superar el 'falso dilema' ETA-Gobierno
J. ITURRI El Mundo 24 Junio 2000

#Nota del Editor II: Adjetivos malintencionados
24 Junio 2000

#Sorpresa por el tono «de campa»
MADRID. A. Collado ABC 24 Junio 2000

#La ausencia de EH provoca otra derrota del PNV en el Parlamento
VITORIA. Vasco Press ABC 24 Junio 2000

#Sanz defiende la identidad de Navarra y reitera su compromiso constitucional
MADRID. Mariano Calleja ABC 24 Junio 2000

#TIMOTHY GARTON ASH • ESCRITOR E HISTORIADOR BRITÁNICO: "Si el nacionalismo gana, la democracia pierde"
BERNA G. HARBOUR, Madrid El País 24 Junio 2000

#Un desespero
JAVIER TUSELL El País 24 Junio 2000

#Falsas humanidades
EDUARDO HARO TECGLEN El País 24 Junio 2000

#Isaac Montero refleja en una novela el impacto del terrorismo en una familia
M. J. DÍAZ DE TUESTA, Madrid El País 24 Junio 2000


Discurso de Ibarretxe
Editorial El País 24 Junio 2000

LOS INTRANSIGENTES son siempre los otros, según el discurso reiterado por Ibarretxe a su salida de La Moncloa. Ayer, los socialistas vascos, con un punto de autocrítica, expresaron su decepción por ese discurso. Redondo había interpretado que el apoyo del PNV a su propuesta de crear un foro de diálogo con ciertas condiciones significaba su salida de Lizarra. Arzalluz y Egibar desmintieron esa posibilidad, a la vez que Ibarretxe interpretaba la votación como un respaldo del PSE a su propio planteamiento.

Hay demasiada interpretación sin fundamento en la política vasca. El PNV se equivocó en su día al suponer que ETA quería abandonar la violencia, y los socialistas se han equivocado ahora al creer que el PNV quería bajarse de Lizarra. Aceptar el respeto a las reglas democráticas implica acatar el marco institucional; no es leal votar en contra de esto último -para no enfadar a los socios a tiempo parcial de EH- y pretender a la vez que se acude a La Moncloa con el aval de los socialistas.

Lo peor del discurso con que Ibarretxe resumió sus divergencias con Aznar fue su total impermeabilidad a los argumentos de los demás. No sólo a los del presidente -que éste había adelantado imprudentemente en un tono inapropiado-, sino a los de cuantos han refutado por activa y por pasiva muchos de los tópicos nacionalistas presentados por Ibarretxe como evidencias.

El primero, que, tras el problema de la violencia, existe un gravísimo problema político, y que es injusto el empeño de los demás en mezclar ambos. Es el nacionalismo el que los confunde permanentemente al proponer como solución a la violencia la satisfacción de determinadas aspiraciones nacionalistas. Y si se admite que no existe causa que justifique el recurso a la violencia, carece de sentido ese empeño por hacer reconocer a los demás que, tras el problema de ETA, existe un contencioso político no resuelto; algo que la propia ETA interpreta como una legitimación de su existencia pasada, presente y futura.

Insiste Ibarretxe en que la solución es el diálogo entre todas las ideas, pero, como el resultado tiene que convencer a ETA, queda ya prefigurado que la conclusión de ese diálogo significará que los no nacionalistas deberán renunciar a sus propias aspiraciones para avalar un marco más favorable a los nacionalistas. Además, y en contra de la idea que acaba de reiterar Arzalluz, la experiencia de la tregua ha demostrado que ni siquiera concesiones máximas, como la adopción del soberanismo por parte de los nacionalistas, bastan para hacer desistir a ETA. Y si el objetivo fuera encontrar un marco aceptable para nacionalistas y no nacionalistas, ya existe: el estatuto. El ámbito vasco de decisión es otra falsa evidencia, no compartida por quienes consideran compatible su condición de vascos con la de españoles, y una vaciedad si no se precisa cómo conjugarlo con el ámbito navarro de decisión, el alavés, etcétera.

Ibarretxe admitió hace semanas que ETA había invalidado Lizarra, pero no será posible tomar en serio su voluntad de abrir una nueva etapa mientras pretenda hacerlo con el mismo discurso.

Reflexión vasca
ANTONIO GALA El Mundo 24 Junio 2000

Aznar no habla vasco ni en la intimidad: no tiene por qué hablarlo; Ibarretxe sacó en Madrid fuerzas de flaqueza, que es lo suyo. Cierto que ETA violentó la voluntad del PNV pretextando la paz: pero cierto también que los dos mandamases del partido violentaron la voluntad de las bases con tesis soberanistas y amenazas de eliminación de grasas. De este vaivén tan poco limpio, proceden consecuencias muy graves y grandes confusiones. De mesas, entre otras. No sé si Arzalluz y Egibar debieran dimitir. Sí que, como mínimo, deberían reconocer sus malos pasos y callar sobre lo demás. Por el bien del PNV, desde luego, pero también de la sociedad vasca. Hoy tan llagada.

La entrevista
Por Ramón PI ABC  24 Junio 2000

ESO del éxito o el fracaso es algo muy relativo. Quiero decir que es preciso ponerlo en relación con un punto de referencia para que sepamos de qué estamos hablando. Por ejemplo, imaginemos la pieza de piano «Para Elisa». Si la incluyera Claudio Arrau en un concierto, eso no sería propiamente un éxito, aunque sea de Beethoven, pero podría considerarse hasta un triunfo si la tocase Leticia Sabater de modo que pudiera reconocerse. O imaginemos el Palacio de Deportes: si David Copperfield no lo llenase, sería un gran fracaso; pero sería un exitazo antológico que Mariano Barbacid, colocado con un microscopio en el centro de la pista, lograse media entrada. Esto quiere decir que no puede considerarse un fracaso la entrevista entre Juan José Ibarretxe y José María Aznar, celebrada el jueves en La Moncloa, porque no cabía esperar un resultado distinto del que se produjo.

De «fracaso total» califica El Mundo la reunión. De «diálogo de sordos», Diario 16. De «atrincheramiento», La Vanguardia. Otros periódicos eluden una calificación y son más descriptivos: El País dice que «Aznar e Ibarretxe agravan sus diferencias». Para ABC, «Aznar constata el enrocamiento de Ibarretxe en sus compromisos de Estella con HB/ETA». Deia, por su parte, presenta la reunión de esta forma: «Ibarretxe insta a Aznar a que rompa la incomunicación del PP». ¿Comprenden? Es el PP el que está autista.

Aparecieron varios editoriales acerca de la entrevista, pese a que terminó cuando normalmente esa sección suele estar ya cerrada. ABC («La vaciedad de Ibarretxe») opina que «Ibarretxe (...) hizo pública afirmación de su compromiso con los derechos humanos y las libertades individuales. No podía ser de otra forma, pero Ibarretxe cae en el puro cinismo porque el mantenimiento de los acuerdos con HB relativiza ese supuesto compromiso y acerca sus palabras al insulto a las víctimas del terrorismo (...) La reunión de ayer en el Palacio de la Moncloa ha servido para contrastar la necesaria firmeza de los postulados del Gobierno con la insoportable vaciedad de los argumentos de Ibarretxe».

Deia («Intercambio de monólogos»), en el polo opuesto, como era de esperar: «Un Aznar poco propenso a la flexibilidad, literalmente fiel al discurso que ya adelantó días antes a los medios de comunicación —con evidente descortesía hacia su interlocutor—; persistente en su pretensión de que el nacionalismo vasco renuncie a sus legítimas aspiraciones para aislar a los violentos; enrocado en su posición de fuerza, en la defensa de la inalterabilidad del marco constitucional y en la validez del todavía incompleto Estatuto. Una reunión sin resultados positivos, ni expectativas de una próxima nueva cita».

La Vanguardia quiere estar equidistante, pero no puede, porque el terrorismo pesa demasiado: «La entrevista en la Moncloa puso de manifiesto que los esfuerzos del lehendakari para abrir nuevos caminos de entendimiento entre Madrid y Vitoria son meritorios, pero resultan insuficientes para superar un desencuentro al que se ha llegado con un Ibarretxe maniatado por la estrategia de su partido y un Aznar dispuesto a no modificar un planteamiento que considera innegociable. Estamos, pues, ante una situación insostenible, a la que debería buscarse salida sin necesidad de que sean nuevas víctimas las que, con su sacrificio, fuercen la solución». Esto es lo que podría llamarse falsa equidistancia, o equidistancia sólo aparente, ya que «Aznar mantiene con total claridad su exigencia de que PNV y EA reconsideren su posición y separen con absoluta nitidez lo que son planteamientos políticos de lo que es puro y simple terrorismo, puesto que ETA no debe tener ninguna clase de cobertura, ni siquiera por defecto». Un poco barroco, pero se entiende bien.

El Mundo («El monólogo soberanista del “lehendakari” Ibarretxe») es muy crítico con Ibarretxe: «Resulta asombroso que el presidente del Ejecutivo vasco, tras la nueva serie de asesinatos de ETA, afirme que es la posición del Gobierno la que genera riesgo de fractura social. Y es difícil averiguar qué entiende por “incomunicación”, que es lo que reprocha al PP, cuando su partido y su Gobierno mantienen numantinamente el soberanismo excluyente y no han rectificado su errónea política a pesar de los asesinatos, el apoyo de EH a ETA y el ridículo sostén parlamentario con el que cuenta (...) Ibarretxe insiste en que los vascos tienen derecho a decidir su futuro. Es cierto. Lo vienen haciendo cada vez que acuden a las urnas y debe exigirse a los poderes públicos, Gobierno vasco incluido, que puedan seguir haciéndolo libres del chantaje de ETA».

Parece que los términos de la cuestión están lo bastante claros. Los ciudadanos tienen suficientes elementos de juicio para formarse criterio.

El mensajero
RAUL HERAS El Mundo 24 Junio 2000

Los monólogos sólo se justifican en el teatro, y la base de la política es el diálogo. Ni Aznar, ni Ibarretxe tenían intención de practicar lo segundo, razón que les llevó a levantar el telón del primero, cada uno con su papel bien aprendido.

Nada más lejos de Godot que el lehendakari, ni nadie menos parecido a Losey que Xabier Arzalluz. El presidente del Gobierno vasco vino al palacio de La Moncloa como mensajero, y como tal cumplió a la perfección su papel: nunca desde los micrófonos oficiales de ese palacio se ha realizado un discurso tan reivindicativo y soberanista como el que realizó don Juan José, y nunca desde una tribuna como ésa se ha transformado y manipulado la realidad histórica y el momento presente de tal manera.

El fracaso más que anunciado de los dos monólogos se debe apuntar en el debe de Aznar, ya que nada podía esperar del encuentro salvo una mejor imagen coyuntural y pasajera en la España que existe fuera del País Vasco. Allí, en Euskadi, y salvo para los militantes y votantes más convencidos del PP, la estrategia del presidente no aporta ni un gramo de peso a la pacificación, a la lucha contra ETA, al derribo de Arzalluz, a la convocatoria anticipada de elecciones y al mantenimiento de la cada día más deteriorada unidad de acción con el Partido Socialista.

El Pacto de Estella o de Lizarra no es un error para los que lo firmaron. Puede que sea una mala estrategia, pero no un error de fondo. Es la plasmación política de sus intenciones, refrendada en el manifiesto-mitin-mensaje de Ibarretxe desde La Moncloa. El Pacto de Estella es una declaración de guerra política para todos aquellos que creen en la Constitución de 1978, para todos aquellos que creen en el Estatuto vasco y para todos aquellos que no sólo creen, sino que desean que sea la palabra y no la violencia, el diálogo y no la muerte los que presidan la vida diaria en Euskadi. Existe ya un antes y un después de Estella-Lizarra, y el hilo conductor entre ambos tiempos, el nexo común de la historia es la asunción nacionalista de la violencia y del asesinato como (injustificable) contrapeso de la voluntad del Estado de no permitir que una minoría rompa la unidad de España. El problema vasco no dura desde hace 160 años, pero Ibarretxe no cometió el error de su vida, lo que hizo fue justificar su papel en la obra.

Podemos dejar que el autor Arzalluz mantenga el libreto, y que la oposición se convierta en claque de unos y otros, pero si de verdad el Gobierno desea que se produzcan cambios decisivos en este drama tan representado no puede convocar a falsos estrenos ni aventurarse con textos ya repetidos.

Ámbito vasco de irreflexión
Lorenzo CONTRERAS La Razón 24 Junio 2000

El diálogo de sordos que han mantenido en la Moncloa el presidente Aznar y el lehendakari Ibarreche ha resultado mas rechinante de lo previsto. Salvo las formas, que se han guardado, ha sido un doble recital de agravios y de reproches. Aznar se ha atenido al Estatuto de Guernica como marco de convivencia democrática. Ibarreche no se ha apeado de Lizarra y del llamado ámbito vasco de decisión.
    Si mañana se convierte en otro fin de semana sangriento y criminal, gracias a Eta, ¿qué dirá el lehendakari? Exclamará, como tras el asesinato del concejal Pedrosa, en Durango, «¡qué barbaridad!». ¿Acudirá a un nuevo entierro con semblante contrito? ¿Se atreverá a decir que la culpa de todo la tiene un Gobierno democrático? ¿Osará sostener que el crimen, uno más en la estela, es mero síntoma de un problema político que no encuentra solución?
    El Gobierno vasco y el PNV han despreciado la oportunidad de insinuar un giro político en la dirección institucional y constitucional, aunque sólo fuese a través de un no, todo
lo matizado que se quiera, a la encerrona de Lizarra. Pero no ha sido así. Han preferido mantenerse en el cepo, dando la impresión de haber sido cazados sin remedio posible.
    El ámbito vasco de decisión, de todos modos, no prospera. Pero es todavía más lamentable que no funcione para nada un ámbito vasco de reflexión. Porque esta situación asegura que cualquiera de los diálogos que Ibarreche dice querer mantener en el futuro están condenados al fracaso.
    La nueva entrevista, concertada durante los actos que acompañaron el sepelio de Pedrosa Urquiza, no ha debido celebrarse. En realidad estaba contraindicada. Para añadir tensión ya hay bastante con lo que cada día produce y con lo que suma desde su específica parcela el ámbito vasco de irreflexión. Mientras los nacionalistas vascos tengan la certeza de que pierden terreno electoral frente a los populares y el tiempo trabaja para los segundos en la disputa del poder, sólo habrá catastrofismo por parte de los primeros. No parecen percatados de que el fomento de una situación así reclama progresivamente
la convocatoria y celebración de elecciones. A lo cual se resistirá el Gobierno vasco por miedo a perderlas y por abrigar la seguridad de que, pese a todo, no le faltará en toda
la legislatura el apoyo o respaldo batasuno, digan lo que digan sobre su retirada episódica
de las instituciones vascas. Volverán a ellas los abertzales cada vez que hayan de sostener al socio de Lizarra. Pedirles en estas circunstancias a los dirigentes del PNV que renuncien al frentismo es sencillamente una pérdida de tiempo. El ámbito vasco de irreflexión seguirá funcionando y perturbando en lo que afecta a los intereses de la paz y la convivencia.

Simple y complejo
Javier Sádaba* La Estrella 24 Junio 2000

La última votación en el Parlamento vasco ha sorprendido, a lo que parece, a todos. Cada uno ha ido por su lado y en medio de un considerable caos. Otros no lo vemos de la misma forma. Más aún, cuando tanto se protesta por el voto uniformado y monocorde habría que alegrarse de que se nos ofrezca alguna originalidad a la hora de votar. Pero todavía más, la complejidad de una votación paradójica puede esconder hechos simples.

Dicho de otra forma, lo que está mostrando la disparidad es que ante las dos cuestiones básicas en Euskadi ninguno o casi ninguno se atreve a poner las cosas en su sitio. Esas dos cuestiones básicas o patas de una silla que posibilitaría que todos reposáramos en paz son las siguientes. Por un lado, el cese de la violencia. Por otro, la posibilidad de que todas las ideas políticas puedan debatirse con libertad. Lo primero parece claro. Lo segundo tiende a aparecer claro también pero no es así.

Cómo habría que concretarlo más? Reconociendo que exponer democráticamente las ideas políticas que se consideren oportunas no es, sin más, una proposición teórica. Es, además, una proposición práctica. De nada vale afirmar que todo es posible sin violencia cuando, en verdad, no se puede debatir con equidad democrática aquello que teóricamente se dice reconocer. Una de las experiencias más negativas durante el tiempo que duró la tregua de ETA consistió en la cerrazón dialéctica, en la censura explícita o implícita, en la imposibilidad de discutir, argumentar y razonar sin descanso los distintos planteamientos que sobre la realidad de Euskadi existen.

Y si se contraargumenta diciendo que no toda idea es legítima, habría que responder que, al margen de la cuestión más sofisticada de cuáles serían tales ideas, la petición de un campo autónomo de decisión nada tiene de descabellado.

Por otro lado, e independientemente de la utilización o no que en una concreta situación pueda tener, es algo que atañe a la concepción más radicalmente democrática. Una y otra vez habría que repetir que la autodeterminación, por ejemplo, no surge del principio de las nacionalidades. Nace, por el contrario, de una idea de democracia que, en su generosidad, no la encapsula desde un poder previamente dado. De ahí que las propuestas que se centren en los dos polos en cuestión sean las que ofrecen la verdadera salida al conflicto vasco. Vengan de los socialistas, de los nacionalistas llamados moderados o de los nacionalistas llamados menos moderados. Los nombres son lo de menos. Lo importante es aplicar la racionalidad necesaria para que deje de estar atascada la vida política vasca.

Cuando se es incapaz de oír la voz de los que exigen una concepción más autodeterminada de su vida político-social, se está respondiendo con el peor de los nacionalismos. No sé cuánto va a continuar el atasco que padecemos. Lo malo de estas situaciones es que, como las parejas mal avenidas, se alimentan de los errores o defectos mutuos. Pero el asunto es, dicho con alguna osadía, sencillo. Lo malo de lo que es sencillo es que no suele gustar a los que se alimentan de lo complejo.

*Catedrático de Ética de la Universidad Autónoma de Madrid

Nota del Editor I: Los bueyes y el carro
24 Junio 2000

Esta vez el profesor anda muy despistado. No ha debido asistir en su vida a reunión alguna, pues si alguna vez hubiera asistido a la de su comunidad de vecinos, estaría ahora pidiendo al menos la autodeterminación vecinal.  Hablar de política con una pistola en la nuca o una bomba lapa pegada en los bajos del coche es como discutir sobre el sexo de los ángeles. Hay una premisa previa al ejercicio democrático: libertad, formación e información; si no hay libertad, no puede ejercitarse la democracia, si no hay formación, no se dispone de los mecanismos racionales para valorar (con la formación asumo también el desarrollo de una cierta base ética de respeto a los demás, presentes, pasados y futuros) y si no hay información que no propaganda (lamentablemente con fondos públicos), tampoco hay opciones. Y como escribía el la Nota del editor I del día 22, en cuanto se levante la veda yo también quiero mi independencia, que conste en un tono absolutamente democrático. 

El lendakari en su laberinto
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC  24 Junio 2000

UNAS cosas son sencillas y otras complejas, pero nada es tan confuso como convertir las complejas en sencillas y las sencillas en complejas. El lendakari de algunos vascos parece poseer esa extraña cualidad. Ante la compleja realidad política vasca, establece una divisoria entre nacionalistas y no nacionalistas para representar a los primeros y combatir al resto. Pues no otra cosa es el pacto de Estella, vergonzosamente vivo. Otras divisorias entre vascos quedan difuminadas. La que media entre fieles a la Constitución y rebeldes a ella, la que distingue entre derechas e izquierdas o la que media entre vivos y muertos. Juan José Ibarretxe se aferra a la obviedad de que existen vascos que se sienten a la vez españoles y otros que se sienten sólo vascos. Y olvida que debería ser lendakari de todos.

Toda la claridad deviene confusión cuando se trata de aclarar sus propuestas. En su boca, las palabras «soberanía», «autodeterminación», «derechos históricos», «independencia», ocultan un sentido inexpresable y misterioso. Con un esfuerzo de comprensión, superior al que exigiría el párrafo más abstruso de Hegel, es posible conjeturar que Ibarretxe es partidario del derecho de autodeterminación. El problema es que tan extravagante derecho, que, en la legalidad internacional, queda reservado a los pueblos sometidos a la colonización o al racismo, no es posible ni mediante la reforma de la Constitución, ya que ésta se fundamenta en la soberanía del pueblo español y en la unidad de la nación española. Romper la unidad del titular de la soberanía es romper la Constitución.

Ni Ibarretxe ni la dirección actual del PNV aclaran cómo su proyecto político puede ser compatible con el respeto al actual marco institucional. Una cosa es la reforma de la Constitución, y otra la deslealtad institucional. Lo que cabría negociar es una eventual reforma de la Constitución, pero nunca su destrucción. Pero lo que no cabe es hacerlo a cambio de que ETA deje de asesinar. Sería sacrificar la democracia a cambio del fin del terror, o, lo que es lo mismo, la muerte del Estado de Derecho y el triunfo del terror. Los problemas políticos pueden ser complejos, pero los muertos poseen una indeleble claridad. Y aquí es donde el lendakari se extravía en su laberinto. Pues si lo que reclama es el diálogo, debería reconocer que en el País Vasco todos los partidos respetan el diálogo menos uno: HB. Entonces, tendría que explicar el lendakari por qué mantiene los acuerdos con EH y el pacto de Estella en lugar de promover un foro que reúna a todos los partidos democráticos. Si el lendakari reconoce que EH sigue los dictados políticos de ETA, que impuso a la coalición su ausencia en las últimas elecciones, ¿por qué mantiene los acuerdos con EH, es decir, con ETA? Porque una cosa es hablar y otra negociar, aliarse y pactar una estrategia común. Si la condición de Estella era el cese del terror, ¿por qué continúa vivo el pacto? ¿Qué «ámbito de decisión» les falta a los vascos cuando gozan de la mayor libertad de toda su historia?

Si Ibarretxe quiere exhibir su buena voluntad, su lealtad institucional y su respeto a los muertos, lo tiene muy fácil, sin renunciar a sus postulados nacionalistas. Debe romper el pacto de Estella, recomponer un foro formado por los partidos que condenan el terror, todos menos EH, y, desde esa posición de fuerza moral, exigir a los que están del otro lado de la moral y del Derecho el abandono del crimen. Por encima de la división entre nacionalistas y no nacionalistas, está la que media entre la vida y la muerte, la libertad y la tiranía, el Derecho y la barbarie. Mientras hablan las armas del terror, la única política legítima es la que consiste en hacerlas callar sin concesiones.

Ibarreche
Jaime Campmany ABC 24 Junio 2000

HACE algún tiempo, cuando Ibarreche iba para lendakari o así, pedí a alguien que lo conoce muy bien y de antiguo que me hiciese una radiografía o un breve diagnóstico del personaje. Yo no tenía entonces una idea siquiera somera de ese político vasco que tiene en el rostro algunos rasgos de ser extraterrestre o de personaje de un relato de ciencia ficción. Mi suegra dice que tiene las cejas como Belcebú, pero a eso no hay que hacer caso alguno porque yo estoy absolutamente seguro de que mi suegra jamás ha visto a Belcebú. «Pero Lola, que Belcebú no existe». ¿Quién ha dicho eso?» «Lo ha dicho Papa». El Papa es la única autoridad que mi suegra reconoce. «Bueno, pues lo habrá dicho para que no nos asustemos».

El socorredor de mi ignorancia sobre la personalidad de Ibarreche, se quedó pensativo durante escasos segundos, y enseguida me ofreció un retrato al minuto en tres trazos del personaje en cuestión. «Es un hombre razonablemente inteligente y muy buena persona. Lo que sucede es que no es español». Naturalmente, comprendí que lo que me quiso decir mi amigo no es que Juan José Ibarreche no sea español, sino que no quería ser o no se consideraba español. Vamos que es un español a palos, o a su pesar, como el médico de Molière. Claro está que no tengo elementos de juicio suficientes —¿o sí?— para aceptar sin más el retrato, o más bien, la radiografía del revesado lendakari que Javier Arzallus ha deparado al País Vasco.

Son intrincados algunos políticos de allí. Pero al oír las declaraciones del lendakari, a la salida de su entrevista con el presidente del Gobierno, he recordado las palabras de mi amigo. «Lo que sucede es que no es español». Ibarreche ha explicado su desacuerdo con Aznar, que al fin y al cabo es su desacuerdo con todos los españoles, exceptuada una minoría, encandilada por políticos o amedrentada por terroristas, con la afirmación de que el País Vasco es una nación, y que el problema allí no termina con la extinción de ETA. Una «nación». También Jordi Pujol anda cada lunes y cada martes repitiendo que Cataluña es una nación, y entre unos y otros, con nuestra connivencia, han impuesto en el vocabulario político su definición como «nacionalistas».

Ya se sabe que debajo de las palabras alientan o se agazapan conceptos muy diferentes, y a veces, opuestos o contradictorios. ¿Qué entiende Ibarreche por nación? Porque Pujol ha explicado todo ese galimatías de la nación dentro de la nación, la nación de naciones, España como «una cosa grande», quizá ancha y ajena, no sé, la amalgama, en fin, todas esas coplas de Calaínos. Pero los «nacionalistas» vascos no dicen claramente que lo que pretenden, quizá a toda costa, es separarse, desgajarse de España, ni tampoco explican cuál es el límite último de sus aspiraciones políticas. Van recogiendo nueces separatistas con añagazas dialécticas y forzando los enfrentamientos, además de aprovecharse, y esto es lo más grave, de que los terroristas muevan el árbol.

Si esa nación de la que habla el señor Ibarreche cabe dentro de la Constitución española, ahí están su autonomía y su autogobierno, y viva el País Vasco, parte entrañable, carne y sangre de España. Si es algo fuera de España, que no cabe en la Constitución, ya pueden ir desengañándose Ibarreche y todos sus filisteos, Otegui y todos sus pistoleros. Ese es un proyecto sin hechura histórica, ni social, ni política, ni militar, ni posible ni viable. Y además, fuera del pasado, imposible en el presente y absurdo en un futuro de la Europa que viene. Si ese es el proyecto de Ibarreche, no sería Aznar quien habría declarado la guerra al PNV, sino el PNV quien habría declarado la guerra a España. Como diría Felipe II, «sosegaos, señor Ibarreche, sosegaos».

El encontronazo
Abel Hernández La Estrella 24 Junio 2000

El desencuentro entre el Gobierno español y el PNV quedó escenificado en el encontronazo del presidente Aznar y el "lehendakari" Ibaretxe el jueves en la Moncloa. La conversación, larga y tensa, se convirtió en un memorial de agravios. Ninguno de los dos estaba dispuesto a escuchar las razones del otro. O sea que no hubo diálogo. Para este viaje no hacían falta alforjas.

Juan José Ibaretxe se volvió a Vitoria convencido de que había defendido en Madrid la dignidad de los vascos. En realidad sólo defendió la dignidad de Arzalluz y, si acaso, del PNV, que se considera criminalizado por Aznar y su partido. Más de la mitad de los vascos no se sienten hoy bien representados por el actual "lehendakari", cuya capacidad de iniciativa política parece muy limitada.

Después del encontronazo de la Moncloa su continuidad en el puesto es más dudosa. El enroque y el atrincheramiento de uno y de otro en sus respectivos planteamientos conducen a una salida traumática del problema vasco. La más expeditiva y democrática sería la salida de las urnas. No es descabellado pensar en elecciones para el otoño. Las instituciones vascas emanadas del Estatuto están resultando gravemente dañadas con la persistencia del PNV -y del propio Ibaretxe- en la deriva del soberanismo de Estella y con el desprestigio a que está siendo sometido el "lehendakari" y su partido desde el Gobierno central. Por ejemplo, si no había garantía de diálogo, no debía haberse llevado a cabo este encuentro en la Moncloa ahora. Alguien se equivoca o busca adrede la agudización del conflicto.

El presidente Aznar lleva razón en sus planteamientos de fondo: no puede hacer concesiones políticas bajo el chantaje de las armas; no puede considerar al PNV un interlocutor válido mientras siga enganchado a Estella y pacte con los amigos de los asesinos, lo que supone una evidente deslealtad; y no puede renunciar a impulsar en el País Vasco el triunfo de su propio partido o el de los partidos no nacionalistas, sacando del poder al PNV que ha caído en la cueva del hacha y la serpiente bajo la estrategia de Xavier Arzalluz, con ánimo seguramente sincero de buscar la paz.

Pero tal vez José María Aznar está fallando en las formas. La entrevista del jueves es un ejemplo. No se puede invitar al presidente del Gobierno vasco a tu despacho para echarle la bronca. La firmeza exige la más exquisita educación. El "lehendakari" venía quemado por dentro tras las recientes declaraciones del presidente Aznar, a raíz del crimen de Durango, cuando se le calentó la boca y se metió en camisa de once varas exigiendo, desde la Presidencia del Gobierno, el relevo de los dirigentes del PNV. Esto se interpretó como una interferencia en el funcionamiento interno de un partido democrático, que dio alas ante sus bases a sus dirigentes tan denostados en el momento justo en que había una fuerte contestación interna y estaban de capa caída.

Si no hubiera violencia, no quedaría más remedio que atender, con más espíritu de diálogo que el demostrado el jueves por Aznar e Ibaretxe, a la mitad de la ciudadanía vasca que parece no encontrarse cómoda con el actual marco estatutario. No se puede negar que aquí subyace un problema político que viene de lejos y al que hay que buscarle solución. El escenario ideal sería el de la normalización democrática con el triunfo del autonomismo y la voluntaria lealtad constitucional de los vascos, como ocurre en Cataluña, y el diálogo abierto con los nacionalistas radicales desanganchados de la violencia. Mientras tanto no parece de recibo utilizar a los presos etarras como mercancía política barata y material de los charlatanes de feria.

¿Dónde está el centro de gravedad?
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 24 Junio 2000

SUPONIENDO que España haya sido alguna vez una Nación equilibrada —mucho suponer—, cabe interpretar que perdió su centro de gravedad, primero, al volcarse hacia América y, después, con las sucesivas sacas y sangrías migratorias que han supuesto en la Historia las aventuras imperiales y los procesos migratorios forzados por las calamidades económicas que aquí se han sucedido. Ahora, recompuesto el marco, el país no acaba de encontrar el eje de su solidez y de ahí buena parte de lo que nos pasa.

Contaba Miguel de Unamuno que, en cierta ocasión, la imprenta le devolvió, para su corrección, un texto en que él había escrito oscuro con una nota manuscrita: «obscuro, ¡ojo!». El de Bilbao retornó los originales con otra nota: «oscuro, ¡oreja!». Así estamos nosotros hoy, de corrección en corrección, de enmienda en enmienda, a golpes de tiquismiquis y más afanados en tener razón, que no sé muy bien lo que es, que en tener alegrías, satisfacciones, amigos y futuro. Debe de ser cosa del genoma o de la fatalidad.

Si bien se mira, la totalidad de los grandes problemas nacionales, los que rigen nuestras vidas y encauzan la actividad política, son artificiales. ¿Hay algo más falso que el nacionalismo vasco, que se ha tenido que inventar un pasado para tener sustancia, o, generalizando, las tensiones territoriales que tanto nos desgastan? ¿Hay algo más arbitrario que el sofocante problema de la inmigración ilegal y, por simpatía, el del paro que figura en las tablas estadísticas?

La escasez cultural y el déficit educativo, el calmoso caos de la justicia, el adelgazamiento de los valores éticos, el renacimiento vigoroso de la «beautiful people» con su cochambre moral y cuanto tiene de síntoma económico... Todos son problemas fabricados por la acción, o la omisión, de los poderes —no sólo el político— que se enseñorean, como de costumbre, de la vida española. Las gentes más sencillas del país, la mayoría, los que sólo esperan algo de su trabajo y de su propia potencialidad vital, asisten con pasmo a este curioso fenómeno que cursa con cargo al Presupuesto.

Procesar la vida como un fenómeno electoral continuo, es, a más de una insensatez, una grave irresponsabilidad de quienes, como representantes de sus electores, no buscan en la demanda social el motor de sus ideas y se limitan a proyectar el pequeño interés de su propia presencia y continuidad en el escenario. Una liturgia de coches oficiales, fornidos escoltas, actos protocolarios y tratos restringidos aleja a los poderosos —en el Gobierno, la oposición, la Banca o el pensamiento— de la diáfana realidad de la calle. Menos elucubración y más tomar unas cañas en el bar de la esquina.

El vaivén vasco en Madrid
José Luis Gutiérrez La Estrella 24 Junio 2000

La llegada del lehendakari Ibarretxe a Madrid, la esperada visita al presidente del Gobierno, José María Aznar, no fue otra cosa que una infantil estratagema propagandística arropada por el diálogo de sordos en el que ninguna de las dos partes se movieron un milímetro de sus posiciones previas. Ibarretxe, sin renunciar a Estella/Lizarra, es decir, nada menos que el pacto con ETA-HB -se dice pronto: el entorno del que nacen los asesinatos, los mil muertos contabilizados a lo largo de los últimos treinta años de la historia de España- y Aznar, como jefe del Ejecutivo y líder del PP, negándose a reanudar nada mientras el PNV no rompa con el entorno de ETA.

Esto es lo que ha transcendido, las versiones ofrecidas por los periódicos sobre la reunión de la Moncloa. Otros observadores más escépticos y suspicaces piensan que, acaso, tras el aparente desencuentro se habló de otras cosas que quizás no conviene hacer todavía públicas, pero eso no es más que una hipótesis que el tiempo se encargará de confirmar o desmentir.

El caso es que ya las palabras se han quedado vacías, no sirven, cuando las conductas y los posicionamientos son mucho más elocuentes que todos los discursos. Ni siquiera la acusación de caer en reduccionismos peligrosos pueden hacer olvidar la trágica realidad de las muertes, de los asesinatos.

La intervención de Ibarretxe en La Moncloa fue, sencillamente, patética, por el acto de imbecilidad intelectual y falsificación histórica que supone vindicar los "ciento sesenta años" de impulso nacionalista, homologando las prensiones del más infumable y cavernícola carlismo con los presupuestos independentistas del PNV. El disparate es de tal dimensión que ni siquiera las febriles mentes de los más entusiastas seguidores de Sabino Arana pueden sostener semejante fantasía histórica.

Tal parece como si los políticos vascos y algunos otros que no lo son siguieran menospreciando las dosis de sentido común de los ciudadanos españoles, desdeñando a los electores y su creciente madurez política -aquel comentario esclarecedor de un dirigente de las juventudes socialistas: "la gente no es tonta"- que les hace cada vez más reacios a comulgar con las absurdas conclusiones de los nacionalistas vascos, empeñados en hacernos creer que las perdices atacan a las escopetas.

La situación la resume un comentario oído a un dirigente popular, experto donde los haya en cuestiones vascas: "La situación es la de siempre. Tan sólo ha cambiado el hecho de que ya se sabe que la inmensa mayoría de los españoles, incluidos los vascos, están hartos de muertes. Y, por supuesto, también hay otro cambio: antes nos mataban y nos callábamos, ahora no".

Es decir, todo el problema vasco se resume en el macabro anacronismo de contar con un grupo terrorista como ETA -nada que ver con lucha irlandesa de más de dos siglos- en el corazón de la Europa libre y cada vez más unida.

La realidad es tan trágica como reveladora: el nacionalismo no se resigna a prescindir de una palanca de poder con tanta capacidad subversiva y de destrucción como el de ETA. Las palabras, mientras tanto, cada vez resultan más estériles en su constante vaivén, a medida que la simulación, las tácticas dilatorias y las intenciones encubiertas las desatan. Hechos, pues, es lo que se precisa. Y parece que, también y afortunadamente, en medios del otro gran partido, el PSOE, se extiende gradualmente esta idea.

Un callejón sin salida
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 24 Junio 2000

El País Vasco se ha convertido en un callejón sin salida en el que cualquier intento de conversación deriva automáticamente en diálogo de sordos. El lehendakari, Juan José Ibarretxe, va de reunión en reunión, sin más propuesta que la de hablar con todos de cualquier cosa, desde la sempiterna equidistancia falaz entre quienes asesinan al discrepante y quienes son asesinados por discrepar.

El Parlamento de Vitoria, cuya actividad en los últimos dos años se ha limitado a aprobar unos Presupuestos y una Ley del Taxi, parece más preocupado por coordinar, a instancias del PNV, la defensa de los presos de ETA, que por garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos. Y, lo que resulta infinitamente más grave, la vida humana se cotiza a la baja y resulta cada vez más barata.

Hace ahora tres años, el 12 de julio de 1997, el atentado sufrido por el concejal popular de Ermua Miguel Angel Blanco produjo una conmoción política y social que sacudió los cimientos del País Vasco y de España. En aquel entonces, José Antonio Rubalcaba, a la sazón portavoz del PNV en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara autonómica y abanderado de la batalla por el acercamiento de los presos, abogó abiertamente por la ruptura total de relaciones con HB, por la negativa de la coalición a exigir a ETA la liberación del secuestrado y condenar posteriormente su asesinato. Hoy, desde la Comisión de Relaciones Institucionales, el mismo Rubalcaba exige a Juan María Atutxa que encabece la cruzada por los presos de la banda, aunque HB siga sin pronunciar una sola palabra de condena por los crímenes de ETA.

Lo que hace tres años provocó un clamor, hoy apenas si se recuerda. La muerte de Juan María Pedrosa, concejal del PP en el Ayuntamiento de Durango, se ha saldado para los cómplices de sus asesinos con la ruptura del pacto de gobierno que mantenían con el PNV en dicho Consistorio. Un precio muy bajo para una vida truncada, una familia destrozada, una mujer viuda y dos hijas huérfanas. Ni siquiera ha tenido a bien el partido de Arzalluz hacer extensiva esta ruptura al resto de las corporaciones en las que gobiernan coaliciones nacionalistas, aunque sólo fuera con carácter temporal y de cara a la galería. En esta ocasión, no se han guardado ni las formas. Y es que el PNV está atrapado en sus acuerdos de Estella por una organización terrorista que no está dispuesta a soltar su presa.

En Estella, el nacionalismo democrático se comprometió con ETA a romper con las instituciones que, en el marco de la Constitución y el Estatuto, habían regido hasta entonces los destinos de los vascos y emprender un nuevo camino hacia la independencia. Ese fue el pago acordado a cambio de la mal llamada tregua. Pasaron los meses, el PNV no pagó y ETA volvió a matar para dejar muy claro que no estaba dispuesta a dejarse engañar. En términos esquemáticos, ésa es la historia de lo acaecido en los últimos meses. Con una post data. Hasta ahora, los terroristas han descalificado de manera más o menos dura a algunos dirigentes nacionalistas, pero han asesinado a populares, socialistas, militares, policías o periodistas. En el futuro, la banda podría decidir emplear argumentos más contundentes contra quienes se empeñan en no cumplir las condiciones pactadas. Y ellos lo saben. De ahí su incapacidad para romper amarras con el universo del terror y recomponer la unidad de las fuerzas democráticas.

La solución a esta situación de impasse no vendrá de aquellos que la han creado. En democracia, los callejones sin salida sólo se resuelven en las urnas...

LA LLAMADA
Encaje de bolillos de Redondo

La posición del PSE. El secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo Terreros, hace auténtico encaje de bolillos para adecuar su posición política a lo que le dicta la conciencia, le aconseja la prudencia, le recomiendan los distintos sectores del PSE y le sugiere un González influido por sus conversaciones con Arzalluz. Redondo Terreros no pierde el contacto telefónico con Carlos Iturgaiz, con quien se reunirá la semana próxima, mientras que Alfredo Pérez Rubalcaba habla en Madrid con Javier Zarzalejos...

Gobierno y PSOE coinciden en exigir a Ibarretxe ruptura «clara y creíble» con Estella
MADRID. José Luis Lorente ABC  24 Junio 2000

El Gobierno recordó ayer al lendakari Ibarretxe que el puesto que ocupa «se debe a la Constitución y al Estatuto del País Vasco y no a una supuesta legitimidad histórica». Al mismo tiempo, el presidente de la Comisión Política del PSOE, Manuel Chaves, exigió a Ibarretxe «gestos» de que va a romper el pacto de Estella y los acuerdos que mantiene con el entorno de ETA.

Sorprendido por las duras declaraciones de Ibarretxe tras la entrevista con Aznar y por su peculiar lectura de la historia -dijo que el País Vasco es una nación con 160 años, más antigua que la constitución del Estado español-, el Gobierno se vio ayer en la obligación de recordar al lendakari que «debe» su puesto a la Carta Magna y al Estatuto de Autonomía y no a una pretendida «legitimidad histórica».

El ministro portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas, afirmó en la rueda de prensa habitual tras la reunión del Consejo de Ministros que el Gabinete de José María Aznar no va a cambiar su relación por el Ejecutivo autonómico vasco . «El Gobierno -afirmó Cabanillas- sigue apostando por el diálogo institucional y lo hará en el marco legal establecido». Es, precisamente, en ese marco constitucional y estatutario donde deben, según el Gobierno, buscarse las soluciones.

LAS MESAS DE DIÁLOGO
Por esa razón, el Gobierno no comprende que el Ejecutivo nacionalista pretenda constituir mesas de diálogo al margen del marco jurídico vigente y de las instituciones. «Es curioso que se esté hablando de mesas de diálogo cuando existen ya esos entornos», dijo el ministro.

El portavoz del Gobierno insistió en que Aznar trató de constatar en su entrevista con Ibarretxe si había en el PNV intención de rectificar su compromiso con el Pacto de Estella. «Lamentablemente no ha sido así. Falta la voluntad para llevar a cabo un cambio de rumbo, que era lo que esperaba Aznar. Ése es el mensaje que ha recibido y constatado el Gobierno», aseguró Cabanillas.

Además, el portavoz comentó que no es cuestión pedir la celebración de elecciones autonómicas anticipadas en el País Vasco, sino que, ante la existencia de una «precariedad gubernativa», en democracia «suele haber unas consecuencias». En todo caso, Cabanillas afirmó que «la normalidad democrática tiene su ritmo y su camino».

Por otra parte, el ministro negó que el tono de la declaración de José María Aznar del pasado 8 de junio, tras el asesinato del concejal del Partido Popular en Durango, haya influido en las palabras del jueves de Ibarretxe. «No depende del tono -dijo Cabanillas-, sino del fondo. Las cuestiones de fondo están ahí y son a las que hizo referencia el presidente del Gobierno en su discurso. Son precisamente esas cuestiones las que deben centrar el debate». Asimismo, Cabanillas negó que se puedan calificar de genéricas las propuestas del Gobierno, ya que hablar de la Constitución o el Estatuto «no es algo genérico», y rechazó que se diga que el Ejecutivo no tiene iniciativas. En este sentido, dijo que no deja de ser una iniciativa la petición «constante» que hace el Gobierno de una ruptura «clara, terminante y creíble con lo que es y significa el pacto de Estella».

Por último, el ministro aseguró, en relación a la postura del PSOE, que una de las «garantías de futuro» es la unidad de las fuerzas democráticas. «Todo lo que sean actuaciones en torno a la Constitución y el Estatuto encontrarán puntos de encuentro» entre el Gobierno y el PSOE, afirmó Cabanillas.

LAS EXIGENCIAS DEL PSOE
Precisamente ayer quedó clara la coincidencia de posiciones en torno a la Constitución y el Estatuto de los socialistas y el Gobierno de Aznar. Tras la reunión del presidente de la Comisión Política del PSOE, Manuel Chaves, con el lendakari, los socialistas exigieron al Gobierno vasco la ruptura total del pacto de Estella y los acuerdos institucionales con el entorno de la banda terrorista ETA y la defensa de la Constitución y el Estatuto de Autonomía del País Vasco.

En una rueda de prensa posterior a la entrevista, Manuel Chaves rechazó las acusaciones vertidas contra el PSE por su supuesta ambigüedad y dejó claro que los socialistas vascos comparten con el Gobierno de Aznar la idea de que el Pacto de Estella «ha tocado a su fin» porque «no sirve para nada».

En la misma línea, el presidente de la Comisión Política del PSOE reiteró que el PNV tiene ante sí un escenario que le obliga a hacer «gestos» claros para no dar «excusas» al diálogo e instó a los nacionalistas vascos a «deshacerse» lo antes posible de la «trampa del soberanismo» en la que la banda terrorista ETA los tiene atrapados.

Por eso, Chaves transmitió al lendakari la necesidad de que firme cuanto antes el «acta de defunción» del pacto de Estella.

El Gobierno considera que Ibarretxe está descalificado como líder del cambio en el PNV
La Moncloa garantiza en todo caso el diálogo institucional con el Gobierno vasco
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País 24 Junio 2000

El Gobierno ve "descalificado" al lehendakari, Juan José Ibarretxe, como el líder del nacionalismo democrático vasco capaz de propiciar su vuelta desde el Pacto de Estella [Lizarra] hasta el Estatuto de Gernika. Su portavoz, Pío Cabanillas, dijo ayer, tras el Consejo de Ministros, que se ha acreditado su "falta de voluntad" para dirigir "el cambio de rumbo" que le pidió el presidente, José María Aznar, pese a que muchos sectores del PNV críticos con su deriva soberanista decían confiar en su capacidad. No obstante, aseguró, La Moncloa garantiza al Ejecutivo vasco el diálogo institucional.

A las 24 horas de celebrada la reunión entre el presidente del Gobierno central, José María Aznar, y el del vasco, Juan José Ibarretxe, el aspecto más negativo que La Moncloa destaca de la actitud de este último es la descalificación que hizo del Estatuto de Gernika: "La actitud despectiva que Ibarretxe adoptó ante las instituciones que le legitiman como lehendakari le descalifican como tal".

El Ejecutivo cree también que, en esta situación de bloqueo institucional en Euskadi, es "legítima" la alternativa de la anticipación de las elecciones en esa comunidad. Pero el ministro portavoz, Pío Cabanillas, matizó tras la reunión del Consejo de Ministros de ayer que esa reclamación la "debe hacer y la hace" el PP vasco. Asimismo, reiteró que es la solución política a la "precariedad parlamentaria" de Ibarretxe y al desconocimiento de la ciudadanía de esa comunidad de los pactos entre el PNV y la banda terrorista ETA.

La Moncloa interpreta que el comportamiento de Ibarretxe ante Aznar, con un discurso ideológico muy duro, se explica como una "venganza" por el emplazamiento que éste le hizo el pasado día 8 a "cambiar de rumbo". La cuestión de fondo, se precisa, es que "Ibarretxe y el PNV quieren culpar al Gobierno de su incapacidad de dar un giro político a la decisión equivocada que adoptaron con el Pacto de Lizarra".

Cabanillas insistió en que el rechazo del Ejecutivo a la nueva mesa por la paz propuesta por Ibarretxe no significa que no tenga una alternativa política ante el terrorismo. "La unidad de los partidos democráticos contra ETA y sus apoyos sobre la base del consenso del Estatuto es la nuestra", enfatizó.

El Gobierno encuentra también una explicación a la actitud de Ibarretxe en sus propias declaraciones de ayer. El lehendakari dijo en la Cadena SER que en Euskadi se abre una "nueva fase" tras la aprobación en el Parlamento de Vitoria de la propuesta socialista de crear una nueva mesa con el apoyo de IU y Unidad Alavesa y con el límite del rechazo a la violencia y la defensa de la legalidad vigente.

Ibarretxe también admitió que el PNV no ha descartado la posibilidad de lograr una nueva tregua por parte de ETA y, por tanto, la posibilidad de mantener contactos con ella.

El presidente de Navarra sugiere a Aznar que lance un plan de paz
P. G., Vitoria El País
El presidente de Navarra, Miguel Sanz, pidió ayer al jefe del Gobierno central, José María Aznar, que traslade al PNV y a los demás partidos vascos un documento que recoja un "consenso básico" sobre "libertades, democracia y convivencia" que incluya el "respeto al ordenamiento jurídico vigente". Tras su reunión con Aznar, Sanz, de Unión del Pueblo Navarro (UPN), explicó que ese documento supone un "consenso básico, clave y prioritario" para lograr la "paz definitiva".

El ministro portavoz, Pío Cabanillas, señaló por su parte que la propuesta de Sanz es "tenida en cuenta". Pero añadió: "Hablar de libertad y hablar de democracia es hablar de Constitución y hablar de Estatuto. Plasmarlo en algún documento, cuando existe la Constitución y el Estatuto, obviamente, es una cuestión que pueda parecer paradójica".

Todos los partidos, salvo el PNV y el PP, acogieron con malestar y preocupación la falta de acuerdos y la crisis entre los dos máximos representantes de los Gobiernos central y autonómico. Los socialistas, Unidad Alavesa (UA), e IU criticaron por igual al lehendakari, Juan José Ibarretxe, y a Aznar, por actuar como representantes partidistas más que institucionales. Euskal Herritarrok (EH) no realizó declaraciones.

Propuestas fracasadas
El portavoz del PSE, Rodolfo Ares, criticó al lehendakari lamentando que siga refugiándose en un discurso y una estrategia fracasada. "Ayer volvió a comportarse mucho más como un dirigente nacionalista que como el presidente de todos los vascos. Su discurso ha sido equivocado, vuelve a incidir en propuestas fracasadas". Además, el PSE considera que el lehendakari "tergiversa el acuerdo del Parlamento vasco sobre creación de un mesa de diálogo, porque no responde fielmente al acuerdo de la Cámara". Respecto a Aznar dijo: "El presidente del Gobierno está más en una estrategia de rentabilidad electoral que en la de buscar acuerdos". Para los socialistas, la lealtad al Estatuto y la Constitución no está reñida con la búsqueda de acuerdos".

El secretario general de UA, Pablo Mosquera, pidió a los dos protagonistas de la reunión que "en vez de mirarse al ombligo miren a la sociedad", para buscar puntos de encuentro. Para el coordinador de IU, Javier Madrazo "fue un fracaso porque Aznar sigue anclado en el inmovilismo, en la intransigencia y porque apuesta por el poder frente a la paz".

Frente a la postura de estos dirigentes, el PNV y el PP siguieron con su cruce de acusaciones. El portavoz peneuvista, Joseba Egibar, destacó que "en la medida en que no haya una estrategia política, la estrategia policial se convertirá en política, y eso no tiene mucho recorrido si se quiere buscar una solución".

Pero el discurso más duro fue el del líder del PP vasco, Carlos Iturgaiz, quien acusó al lehendakari de "ser partícipe de la ofensiva nacionalista contra las libertades".

El PP dice que el PSOE tiene miedo de unirse a él como alternativa al PNV
Los populares ofrecen al PSE un acercamiento
JAVIER CASQUEIRO / LUIS R. AIZPEOLEA, San Sebastián / Madrid El País 24 Junio 2000

La ponencia política que aprobará hoy el congreso del PP de Guipúzcoa, redactada bajo la inspiración de Jaime Mayor, está preparada para emitir mensajes en clave al PSOE. El primero es un llamamiento "a construir" juntos "una alternativa" de gobierno distinta a la actual del PNV que "debe superar" sus "propias siglas" sobre la base del vigente marco jurídico y político de Euskadi. Y con esa oferta hay una advertencia. El PP alerta al PSOE de que no caiga en errores pasados, en los que "el miedo y los complejos", permitieron al PNV asentarse como única opción de Gobierno.

La ponencia política que hoy ratificará el congreso del PP de Guipúzcoa, que se incorporará al final de este proceso de cónclaves populares vascos a las redactadas en Vizcaya y en Álava para cimentar el futuro programa electoral de ese partido, es la respuesta de Jaime Mayor y su entorno a las posibles tentaciones del PSOE de arrimarse ahora al PNV para resolver la crisis en el País Vasco.

Bajo el título, Una nueva etapa: los retos y las dificultades previas de una alternativa, la firmante de la ponencia, María José Usandizaga, empieza por relatar que "una de las más profundas limitaciones de la democracia vasca radica en la dificultad de hacer creíble una alternativa de Gobierno al nacionalismo".

El documento constata que en el País Vasco "explicitar abiertamente una voluntad de una alternativa" es considerado, "con asombrosa naturalidad por parte de algunos, como una provocación". Casi una "osadía". Los populares se reafirman, sin embargo, en que frente al mundo nacionalista ésa opción es "más indispensable y urgente que nunca". Y razonan que el origen de ese problema parte de una serie de "miedos y complejos" casi históricos que ahora deberían de superarse.

La responsable de la ponencia reseña que el primer miedo lo marca el terrorismo de ETA. Y ahí relata como los atentados de la banda terrorista "han limitado y mutilado la libertad" en Euskadi desde el inicio de su actividad hasta hoy.

El PP define así que el segundo "miedo reverencial" para configurar una alternativa en Euskadi es al PNV. Aunque se expone la intención de no criminalizar esa opción, los populares cuestionan "su exceso de ambiguedad" y "su intento permanente de engañar a unos y otros para justificar su presencia". Y recuerdan cómo desde el inicio de la transición, tanto la UCD como más tarde el PSOE, se vieron obligados a jugar papeles complementarios en Euskadi para no molestar al PNV.

El escrito precisa que no sería justo criticar ahora ese comportamiento un poco condescendiente de esas formaciones, pero subraya que esas "actitudes llevaron a un asentamiento político y social hegemónico del PNV, que casi nunca se justificaba en base a los porcentajes de votos que obtenía elección tras elección".

El PP remacha que para dejar atrás esa etapa y para castigar políticamente los últimos errores del PNV en su acercamiento al mundo soberanista de EH y ETA, la mejor y única salida posible es anticipar las elecciones autonómicas. Es más, el PP se fija como tarea "transmitir la idea de que las elecciones anticipadas no son un drama, sino un hecho natural y democrático".

La ponencia de los populares guipuzcoanos, enriquecida por el entorno del ministro del Interior, Jaime Mayor, presidente de honor del PP vasco, se esfuerza en intentar desmentir que en esta situación que vive Euskadi sólo hay dos proyectos excluyentes y confrontados: el de los nacionalistas y el suyo.

Y aunque repite de diversas maneras la oferta al PSE para construir otra alternativa, advierte sobre el temor de que los socialistas se dejen llevar por los "complejos". Así, el PP descalifica la última propuesta del PSE de crear una nueva mesa de diálogo porque "recrearse en nuevas mesas que no se sabe para qué sirven y en la que todos los políticos pretenden objetivos sustancialmente diferentes, significa un retroceso respecto del significado de la Mesa de Ajuria Enea". En esa línea, se avisa de que los socialistas podrían pretender "rehacer simplemente el acuerdo PNV-PSOE, a través de la organización de una farsa en la que sólo se busque comodidad a las dos opciones". El PP recalca "que la formulación de esta mesa constituye otra expresión del miedo reverencial al PNV" y requiere al PSOE a superarlo.

La disputa con el nacionalismo, vista desde las relaciones personales
J. C. / L. R. A., San Sebastián / Madrid
El documento que hoy defenderá en el congreso del PP de Guipúzcoa, la organización más exigua del partido en España, María José Usandizaga, su nueva secretaria general, aporta una lectura en clave de relaciones personales para entender este conflicto entre nacionalistas y partidarios de la Constitución y el Estatuto. Usandizaga, portavoz municipal en San Sebastián y desde hoy mano derecha de la nueva presidenta de ese partido, María San Gil, relata: "Los dirigentes nacionalistas vascos siempre, en sus conversaciones particulares con dirigentes o partidos de ámbito español, han disfrutado al ver hasta qué punto y grado se descalificaba abiertamente a los otros líderes nacionales que no estaban presentes".

La ponente corrobora que el Pacto de Estella tenía unos objetivos máximos (aproximarse a la autodeterminación y abrir la Constitución) y otros mínimos: "Sabían que en el peor de los escenarios en base al grado de mezquindad que presiden las relaciones de los grandes partidos españoles, debido a su competencia por el poder, cualquier gesto de los nacionalistas que apuntase una gradual retirada de Estella, por insignificante que fuese, iba a provocar un mayor y creciente aislamiento de la posición del Gobierno".

Los responsables del PP admiten así, poco después del fracaso de la reunión entre José María Aznar y Juan José Ibarretxe y la cita entre éste y Manuel Chaves, que en los últimos años esas mezquindades se ha repartido entre distintos partidos. Asumen que el "complejo de seguidismo" se acrecienta en la oposición. Y achacan a todo eso haber apreciado en los últimos días cierto "nerviosismo" en el PSOE y una "tentación de marcar excesivas diferencias".

El Ejecutivo vasco desvela contactos con ETA
El Mundo 24 Junio 2000

El jefe del Ejecutivo vasco, Juan José Ibarretxe, desveló que su partido sigue manteniendo contactos con el mundo de ETA para lograr una nueva tregua, y recalcó que estos contactos se «mantendrán siempre» porque uno de los objetivos prioritarios del PNV es «acabar» con la violencia.

«Una cosa es que reconozcamos y digamos públicamente que no se puede colaborar ni llegar a acuerdos con un mundo que no rechaza la violencia y, otra, que cometamos la irresponsabilidad de no tener contactos con ese mundo para valorar las posibilidades de evitar la violencia y de evitar muertos», explicó. El MUNDO adelantó hace un mes que el PNV mantenía contactos con ETA para tratar de conseguir que la organización terrorista reedite el alto el fuego y genere una situación similar a la vivida en septiembre de 1998 cuando los etarras hicieron pública la tregua. En esas circunstancias, Ibarretxe disolvería el Parlamento y convocaría elecciones autonómicas.

Además, el lehendakari rechazó que la reunión con Aznar se saldase con un fracaso. «El fracaso en esta vida es no hablar y mantener el encuentro, que ha servido para, desde una posición común de rechazo a la violencia, comprobar que tenemos discrepancias, no me parece negativo», indicó.

Reveló que reprochó a Aznar la «injusticia» que supone que se intente mezclar la defensa de unas ideas legítimas, que respalda una parte de la sociedad vasca nacionalista, con el ejercicio de la violencia.

130 intelectuales vascos piden superar el 'falso dilema' ETA-Gobierno
J. ITURRI El Mundo 24 Junio 2000

BILBAO.- En un clima de abierta confrontación política, un grupo de 130 conocidos intelectuales vascos, vinculados en su mayoría al ámbito universitario, salió ayer a escena con un manifiesto redactado en clave de análisis crítico de una bipolarización que se retroalimenta entre ETA y el PP. En el texto, denominado Manifiesto democrático por la paz y el derecho de decisión, defienden el diálogo cruzado como vía para llegar a nuevos consensos en el País Vasco.

Los firmantes no se resignan a tener que aceptar el «falso dilema» al que, a su juicio, les abocan «ETA y el Gobierno de Aznar», cuando cada uno «exige la adhesión total a sus respectivas posiciones», y perciben que «ambos se necesitan mutuamente» en su estrategia compartida de «polarizar la situación».

Así, el documento denuncia que los atentados de ETA constituyen «una intolerable presión de exclusión» sobre un sector de la sociedad vasca. En el otro extremo de esta bipolarización, el manifiesto responsabiliza al Gobierno de Aznar de «llevar al extremo la tensión producida por la violencia» y de subordinar «de forma cruel» derechos humanos básicos a objetivos políticos.

Entre los 130 firmantes se encuentran profesores universitarios como Ramón Zallo -quien presentó ayer el documento en Bilbao-, Pedro Ibarra, los escritores Bernardo Atxaga y Lourdes Oñaederra, los periodistas Hasier Etxeberria y Mariano Ferrer, el abogado Txema Montero o el miembro de EH Iñaki Aldekoa.

Se trata de una reflexión colectiva sobre la paz y la normalización política que culmina con un compromiso para defender cuatro líneas de acción, tomadas en su conjunto: el cese de la violencia de ETA; una «revisión radical» de la política penitenciaria y el inicio del diálogo por parte del Gobierno de José María Aznar; el diseño unitario de «escenarios de salida política» en el seno de la plataforma de Lizarra y, finalmente, un proceso de diálogo multipartito que derive en un consenso entre nacionalistas y no nacionalistas.

Nota del Editor II: Adjetivos malintencionados
24 Junio 2000

Esto de que algunos periodistas escriban titulares como si fueran anuncios, para enganchar al lector a que lea el resto, es  una incorrección que merece mi desprecio. No voy a entrar en el número o cantidad pues con su relativización podría escribir un ensayo, pero es inadmisible que hable de intelectuales (del latin intellectualis, 1: perteneciente o relativo al entendimiento, 2: espiritual, incorporal; 3: dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias  y letras) y menos de intelectuales vascos, especie en extinción a causa de un virus de plomo que se propaga a cientos de metros por segundo a través de cañones de pistola de acero al wolframio, frecuentemente de la marca Parabellum.

Sorpresa por el tono «de campa»
MADRID. A. Collado ABC 24 Junio 2000

Más que el fondo del discurso-proclama de Ibarretxe tras la entrevista con Aznar, lo que ha sorprendido en el Gobierno es el tono «de campa» del mismo. En fuentes gubernamentales aseguran que el presidente del Ejecutivo nacionalista no empleó semejante estilo en la conversación con Aznar, ni cayó en el mitin de Estella; simplemente repitió con educación las teorías sobre la situación política vasca que derivan de los compromisos de Arzalluz con HB/ETA. Exactamente lo que se esperaba. Cosa distinta fue la soflama posterior, propia de las celebraciones del día de la patria o del partido, la de las campas de Alburúa, de exaltación del espíritu aranista, al sonido del chistu y con chacolí.

La forzada imitación que hizo Ibarretxe de Arzalluz, incluidas las incursiones en la peculiar forma de interpretar la Historia que tienen los nacionalistas vascos, ha servido para que en medios del PP se ratifiquen en su convencimiento previo del escasísimo margen, no ya de maniobra, sino incluso de matiz de declaraciones que tiene el actual lendakari con respecto a su jefe.

Incluso el antecesor de Ibarretxe, José Antonio Ardanza, tuvo un comportamiento más institucional y menos de partido, según reconocen en los citados medios.

El mitin de Estella que dio el lendakari nacionalista en el Palacio de la Moncloa ha reafirmado en el Gobierno el convencimiento de que es mejor la absoluta claridad en las relaciones con los nacionalistas vascos, la firmeza en la defensa de la democracia y la Constitución y la denuncia de los compromisos con HB/ETA, que cualquier síntoma de debilidad. Y en el PSOE, de rebote, el radicalismo exhibido por Ibarretxe forzó ayer a Manuel Chaves a marcar distancias del proceso de acercamiento ensayado por los nacionalistas vascos la semana anterior.

La ausencia de EH provoca otra derrota del PNV en el Parlamento
VITORIA. Vasco Press ABC 24 Junio 2000

El Parlamento vasco pidió ayer al consejero de Educación, Inaxio Oliveri, la elaboración en el plazo de seis meses de un plan de medidas urgentes para hacer frente a la «desestabilización de la enseñanza pretendida por grupos minoritarios» y fomentar en los centros escolares un movimiento democrático de repulsa «a la acción del terrorismo y sus presupuestos ideológicos».

Este mandato parlamentario tuvo lugar a través de una proposición no de ley originalmente presentada por el PSE-EE y posteriormente consensuada con PP, IU y UA. La propuesta salió adelante gracias al respaldo de estas cuatro formaciones, mientras que los grupos que sustentan al Gobierno vasco, PNV y EA, se abstuvieron. Los parlamentarios de EH no acudieron a la sesión plenaria.

La iniciativa aprobada establece que dicho plan deberá incluir especialmente medidas orientadas al «rechazo inequívoco» de toda muerte violenta como medio para tratar de imponer ideas, a inculcar el principio de la libertad como elemento inherente a la dignidad humana y a evitar cualquier «instrumentalización del sistema educativo para fines contrarios a la educación en el respeto a la vida y a la libertad».

Según reza el texto acordado por PP, PSE-EE, IU y UA, el consejero deberá presentar este plan antes de seis meses en la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Vitoria para su debate y aprobación.

La portavoz del PSE-EE, Isabel Celaá, denunció la falta de «compromiso» de los representantes institucionales frente al «fuerte asedio» que, a su juicio, la comunidad educativa está sufriendo por parte de «grupos fascistas».

FALSEAR LA REALIDAD
Los parlamentarios del PP y UA, Iñaki Ortega y Enriqueta Benito, coincidieron básicamente en los argumentos expuestos por Celaá y pidieron la adopción de «medios oportunos» para evitar que «el fascismo campe a sus anchas en los centros escolares. Hay profesores y libros de texto que falsean la realidad e invitan al rechazo a lo diferente. Si no tomamos medidas -advirtió Ortega-, las próximas generaciones serán educadas en el miedo».

El parlamentario de EA Iñaki Galdós dijo que Celaá había hecho «acusaciones muy graves» que constituyen un auténtico «parte de guerra». El parlamentario del PNV Joseba Arregi afirmó que el problema radica en los políticos y que en las escuelas y familias vascas se educa bien.

Sanz defiende la identidad de Navarra y reitera su compromiso constitucional
MADRID. Mariano Calleja ABC 24 Junio 2000

El presidente foral de Navarra, Miguel Sanz, marcó ayer claramente las distancias con el Pacto de Estella, se situó al lado de la Constitución y recordó que su Comunidad tiene una identidad histórica propia, distinta a la del País Vasco. Tras entrevistarse con José María Aznar, Sanz afirmó que el «conflicto político» vasco sólo existe en la mente de los terroristas y de los nacionalistas excluyentes.

«Navarra no pertenece a Euskadi aunque tenga ciudadanos que hablen en euskera, y pensar lo contrario es compartir el nazismo de Hitler. Navarra es una Comunidad Foral integrada en la Nación Española que cree en la Constitución y en el Amejoramiento». Con estas palabras el presidente de Navarra, Miguel Sanz, de Unión del Pueblo Navarro, se distanciaba tajantemente de las pretensiones del Pacto de Estella, «que da prioridad a la soberanía, la independencia y la anexión de Navarra frente a las libertades y la convivencia», subrayó.

La llegada de Sanz al Palacio de La Moncloa para entrevistarse con Aznar, un día después de que lo hiciera el lendakari vasco, Juan José Ibarretxe, trajo algo de calma tras la tempestad. Sanz explicó que había encontrado al presidente del Gobierno «un poco decepcionado» tras su encuentro con Ibarretxe, y explicó que él no se había reunido con Aznar para plantear «que Navarra es una nación, aunque podría hacerlo con mucha más legitimidad que otros», sino para expresar su reconocimiento y respeto al marco jurídico vigente.

El presidente foral de Navarra pidió a Aznar que trasladara un documento al PNV y a los demás partidos vascos «que recoja un consenso básico sobre la libertad, la democracia, la convivencia y el respeto a la Constitución, el Estatuto y el Amejoramiento Foral».

La iniciativa de Sanz resultó «interesante» al Gobierno, pero «innecesaria», porque subraya lo que el Ejecutivo «está manteniendo siempre», según explicó el ministro portavoz, Pío Cabanillas.

Para Sanz, la iniciativa de una mesa de diálogo fuera de las instituciones «está viciada, porque intenta provocar un falso debate sobre un conflicto político que sólo existe en la mente de los terroristas y los nacionalistas excluyentes». Además, compartió con Aznar la necesidad de mantener las relaciones institucionales y le pidió el fortalecimiento del consenso del PP con el PSE. En su opinión «el principio de la equidistancia aplicado a PP y EH es mezquino, frívolo y antidemocrático».

TIMOTHY GARTON ASH • ESCRITOR E HISTORIADOR BRITÁNICO: "Si el nacionalismo gana, la democracia pierde"
BERNA G. HARBOUR, Madrid El País 24 Junio 2000

Timothy Garton Ash, el hombre que se ha atrevido a historiar el presente, pone la democracia en un fiel de la balanza, y el nacionalismo en el otro. Cuando el nacionalismo gana peso, como ha ocurrido en la antigua Yugoslavia, lo pierde la democracia. Este profesor de Oxford de 44 años ha buceado entre los cambios, las guerras y pasiones de Europa central y del Este y los ha entretejido de forma palpitante en su Historia del presente (Tusquets). Hoy, asegura en conversación telefónica con EL PAÍS, se siente algo decepcionado porque de aquellas revoluciones no naciera una política nueva. Pero, también se pregunta, ¿y quién la tiene?

Pregunta. El libro se presenta como una historia de Europa, pero realmente escribe sobre el Este. ¿Y el Oeste? ¿Cómo valora la posición de Occidente hacia ese Este que intenta alcanzar la normalidad?

Respuesta. Bueno, sí hay algo sobre Occidente en mi libro, y es precisamente cómo se equivocó la Unión Europea a principios de los noventa al fijar unas prioridades erróneas. Pusieron por delante la Unión Monetaria, antes que la ampliación o que la política exterior común. Y ahora estamos pagando el precio de aquello. De lo que estoy seguro es de que cualquier cosa que decidamos debe ser para toda Europa. Creo que no se puede empezar a construir la casa por el tejado, y después todo lo demás.

¿Cree que hemos visto ya todas las guerras de los Balcanes, o habrá más?
Creo que lo que ha pasado con los últimos conflictos es que se ha destruido la ilusión de que habíamos puesto fin a la guerra. Hoy, la guerra es posible en Montenegro o Macedonia y probable en zonas de la antigua Unión Soviética como el Cáucaso y Asia central. Conforme se amplíe la Unión Europea, el problema estará más cerca de nosotros.

Europa es sin duda la tierra de las etnias y minorías, de conflictos. ¿Lograremos alguna vez convivir en paz?
Muchos de nosotros hemos vivido en paz, pero el problema de las minorías no es algo que ocurra en lugares remotos de Europa. Nosotros tenemos la cuestión irlandesa y ustedes la de vascos y catalanes. Una de las principales cuestiones es que en Europa no hemos sabido conciliar formas de Estado democrático con grandes minorías. Donde hay minorías, sigue habiendo inestabilidad. No hemos resuelto este tema.

El Reino Unido está viviendo su propia revolución en términos de autonomía. ¿Seguirá habiendo un Reino Unido en el futuro?
Bueno, de hecho aquí ya podemos hablar de Reino Desunido. Pero creo que no veremos una Gran Bretaña desintegrada. Irlanda del Norte tendrá su propia trayectoria, aparte, pero los escoceses ya están retrocediendo de su pasado independentista. Así que habrá una Bretaña reformada, una especie de monarquía federal británica.

Usted califica de "desastrosa" la campaña de la OTAN en Kosovo. ¿Y la administración de la ONU, es también desastrosa?
Ambas son desastrosas, pero cuando lo digo lo hago desde el punto de vista de apoyo a la intervención, y aún creo que la mayoría de la gente en Kosovo está mejor que si no hubiera habido intervención. Pero fue desastrosa.

¿Y Milosevic? ¿Cree que Occidente debe hacer algo más contra Milosevic?
Sí, creo que Occidente debe hacer algo. Las sanciones han sido otro error de la política, y lo único en lo que está de acuerdo la oposición serbia es en que las sanciones han ayudado a Milosevic, porque ayudó a su gente a enriquecerse con el contrabando, y le ayudó a mostrar a Serbia como un campo de batalla. Quitar las sanciones será apoyar la democracia en Serbia.

Relata en su libro cómo la revolución silenciosa de la sociedad civil logró acabar con el régimen de Meciar en Eslovaquia. ¿Por qué no fue así en Serbia?
La respuesta es la cuestión nacional. Una de las cosas esenciales es la ecuación que forman democratización con nacionalismo. Si el nacionalismo gana, la democracia pierde. Y esto es lo que ha pasado en Serbia. Hace tiempo un amigo serbio me dijo: "Serbia puede tener Kosovo o puede tener democracia. Pero las dos cosas a la vez no".

¿No hay esperanza, entonces?
El problema es que los líderes opositores como Djindjic o Draskovic son ahora casi tan impopulares como Milosevic. La única esperanza está en el movimiento estudiantil de resistencia. Pero es difícil estar esperanzado sobre un cambio democrático en Serbia.

Usted fija la frontera entre la Europa central y oriental entre Eslovaquia y Ucrania.
Ningún país tiene su destino predeterminado. Es un absurdo peligroso. La diferencia entre los 40 años de dictadura en los países de Europa del Este y los 70 de la Unión Soviética es muy profunda, y la construcción de la normalidad es enormemente más difícil allí. Por eso hablo de esa frontera, pero no deberíamos aceptarlo así.

En lo que respecta a ideología, esos países han vivido 10 años en la pugna entre libertad y represión, entre nacionalismo y tolerancia. Y ahora que eso se ha resuelto en algunos de ellos, ¿ve ideologías claras en el Este?
No tienen ideologías claras, pero nosotros tampoco. Ninguno de nosotros las tiene hoy. La tercera vía de Blair es un thatcherismo de rostro humano. Siento una cierta decepción porque esperaba que esos grupos como Solidaridad, donde se mezclaba a la vez el conservadurismo, el sindicalismo y el catolicismo hicieran nacer algo nuevo. Pero han pasado 10 años y no ha sido así. No lo han hecho.

"La historia es muy importante como para dejarla en manos de historiadores"
B. G. H. , Madrid
Uno de los lemas de Garton Ash es que no se levante un telón de acero entre la historia y el periodismo. Éste no debería ser otra cosa que la historia de hoy. Por ello, intenta combinar en sus ensayos lo mejor de tres artes: el estudio, el periodismo y la literatura. Y lo consigue.

"La historia es demasiado importante como para dejarla en manos de los historiadores", bromea Garton Ash cuando se le pregunta por qué eligió el presente, y no el pasado, para hacer historia. La inmediatez que hoy ofrecen los medios de comunicación y la movilidad del investigador hace absurdo esperar hasta el futuro para que alguien estudie nuestra era. "Así ya no hay posibilidades de distorsión".

La fórmula que ha elegido este escritor británico que ya consiguió un gran éxito con El expediente, un libro basado en el fichero que le había dedicado la Stasi, es poner rostro a la historia, sumar anécdotas con análisis, mezclar las pasiones individuales de todos sus conocidos con los grandes titulares de la historia. Y con humor. Lo consigue espléndidamente en el capítulo sobre Rutenia, una pequeña zona entre Ucrania, Rumania, Hungría y Eslovaquia donde un farmacólogo preside un Gobierno provisional en el hospital en que trabaja. Garton Ash describe con pulcritud, humor, pero también respeto, la reivindicación de una pequeña minoría cuyo nombre, dice, más parece "salido de un libro de Tintín".

El libro de Garton Ash parece escrito por un hombre que va paseando de forma tranquila entre frontera y frontera y se para a tomar un café en las cocinas de sus protagonistas. No una vez, sino muchas, a lo largo de todos los acontecimientos que han transformado el continente en la última década. Describe con igual precisión a la vieja amiga que luchaba clandestinamente en Polonia y que hoy es gran accionista de Gazeta Wyborcza o al joven guerrillero kosovar que ya sólo está programado para decir grandes frases mientras otros sufren. La historia, en sus manos, es una gran historia.

Un desespero
JAVIER TUSELL El País 24 Junio 2000

La entrevista entre Aznar e Ibarretxe no puede ser considerada como un fracaso porque nadie tenía derecho a esperar nada de ella. Pero tampoco es un acontecimiento inocuo: como la tragedia griega a menudo el ritmo de la política vasca parece un encadenamiento de sucesos dirigidos a un fin desastroso e inevitable. Aunque no se llegue a él, tal sensación produce un resultado más deprimente todavía. Lo malo de la entrevista es que los resultados que en principio eran previsibles se han reproducido al milímetro. Eso no demuestra firmeza, sino un enrocamiento de los interlocutores que ni siquiera depende de los principios, sino de circunstancias creadas por el terrorismo o por el impacto que tiene en los medios de comunicación y en la opinión. Y, a su vez, lo que sucedió el jueves tendrá un efecto poco positivo sobre un próximo futuro.

Para romper este círculo vicioso cabría recurrir a un ejercicio de Historia virtual, es decir a tratar de imaginar, a partir de las posiciones de cada uno y sin necesidad de forzarlas, qué podría haber sucedido para llegar a un resultado distinto. Algunos, respecto de la política vasca, somos acusados de equidistantes, lo que es por completo falso porque no ponemos en idéntico plano la vida humana y una ideología cualquiera. Pero el resultado de este ejercicio de Historia virtual arroja en ocasiones resultados semejantes en cada sector.

Pese a lo que pueda parecer, Aznar está en un momento dulce desde el punto de vista político en torno a la cuestión vasca. Quien juzgue sarcástico este calificativo basta que tenga en cuenta la actitud de muchos intelectuales que nada tienen que ver con el PP. Pero Aznar no se da cuenta de que también tiene fragilidades de fondo. Parte de sus apoyos los recibe sólo por frases felices, como la que le espetó a Anasagasti, o por coincidencias que no rebasan lo circunstancial. Una postura de dureza, antes y después de la entrevista, tiene su lógica. Pero lo que carece de sentido es reñir con carácter previo a aquél con quien te vas a entrevistar, no acudir a consultas en Vitoria, tachar al PNV de "colega" de ETA, pedir que los nacionalistas dejen de serlo o asegurar que el único problema es el terrorismo, cuando si fuera así se hubiera acabado como las Brigadas Rojas en Italia. Aznar hubiera podido suspender la entrevista, aplazarla hasta el momento en que el PNV rompa la colaboración municipal con EH o pedir que el PNV precise su idea sobre el marco vasco de decisión, con lo que se le crearía un problema. Pero no ha hecho nada parecido.

Las circunstancias le han concedido a Ibarretxe un papel decisivo pero, por más que tenga razón en casi todos los reproches que hace al Gobierno, tenía la obligación de venir a Madrid partiendo de una más clara ruptura con el pasado -por ejemplo, suspendiendo la colaboración PNV-EH en los ayuntamientos- o con alguna idea más precisa respecto del futuro. En vez de hablar del perenne conflicto vasco podría haber propuesto, pongamos por caso, un referéndum o, si en verdad lo primero es la vida humana, reclamar que las víctimas de los GAL tienen también derecho a indemnizaciones legales o, aun más, proponer un procedimiento común de reacción cuando se produzca un nuevo atentado.

Porque si un ejercicio de Historia virtual deja mal a los dos interlocutores, la proyección hacia el futuro de ese ejercicio tiene idéntico resultado. Tal como van las cosas se ha dado un pasito más en el camino de que el PP vasco tenga cada vez más votos y esté cada vez más aislado y, si gana, se encuentre con el interrogante de qué rumbo seguir luego. El PNV se sigue moviendo con lentitud geológica hacia el pacto con el PSOE y, al mismo tiempo, deja caer nuevos argumentos para que se le ataque. Nadie va a recordar ahora que los contactos con ETA, que dice seguir manteniendo, se iniciaron por Suárez antes de la elecciones de 1977, como revela el libro reciente de Bardavío, Cernuda y Jáuregui sobre los servicios secretos españoles. Mientras tanto, en una lontananza, por desgracia nada virtual, se presenta la eventualidad de un nuevo atentado sin una reacción unánime de los demócratas. Un desespero.

Falsas humanidades
EDUARDO HARO TECGLEN El País 24 Junio 2000

La historia es un género de ficción que comienza a novelarse desde que ocurre el suceso, y a recibir versiones y censuras desde los minutos siguientes. Es normal que las autonomías se nieguen a la "homologación", que sería una historia centralista. Siendo la historia general una recopilación de mentiras, no han de valer más que las suyas propias; y, aun así, cada cortijo, caserío o masía tiene tradiciones que no deberían ser homologadas. Oí a los jóvenes de Las Hurdes atacar a Buñuel por Tierra sin pan: porque se sienten humillados por sus "mentiras". La historia centralista dice que Buñuel y Marañón contribuyeron a que la comarca sea hoy feraz, bella. Con las humanidades en general está pasando lo mismo. Incluyendo la filología y la religión; sobre todo la filosofía. Y las partes de la gramática y las valoraciones estéticas de artistas, escritores o músicos. Hace ya muchos años que me reuní en Pamplona con un grupo de nacionalistas que me hablaba de cómo el País Vasco no tenía un solo escritor; y cuando aludí a Unamuno o Celaya, entre mil, me dijeron que no eran vascos, porque escribían en otro idioma. Yo expliqué que era peor lo de Madrid, cuyos escritores habían nacido fuera y escribían en la lengua de Valladolid, excepto el alicantino Arniches, que escribía en un madrileño que jamás se había hablado en la ciudad. Y otra vez tuve un problema difícil con mis compañeros de Barcelona porque yo pretendía escribir -y escribí- que me era difícil entender a un extraordinario poeta catalán difícil para los catalanes, como los poemas de Nueva York de Lorca lo siguen siendo para los castellanos. Y los andaluces. Sin hablar de Juan Ramón.

Este comentario a las últimas noticias contra las homologaciones tiene el claro sentido de dar la razón a las distintas culturas y coincidir en que las humanidades académicas son perfectamente falsas. La cuestión sería reconstruirlo todo en busca de la verdad, de lo más conveniente y hasta lo más europeo: no sé cómo se va a resolver este problema en la Comunidad. Algunos de mis hijos se educaron en liceos de París: cuando se repatriaron, se encontraron con graves problemas cuando sus catedráticos les decían que Baudelaire era un gilipuertas y Verlaine un degenerado. Alguno no se recuperó jamás.

Isaac Montero refleja en una novela el impacto del terrorismo en una familia
"Es una alegoría de la calma social ante el nacionalismo", dice el autor
M. J. DÍAZ DE TUESTA, Madrid El País 24 Junio 2000

Isaac Montero (Madrid, 1936) ha decidido en su nueva novela, La fuga del mar, adentrarse en un asunto poco tratado en la ficción, como es el terrorismo etarra. Su punto de vista tampoco es habitual: Montero ha elegido la mirada de la víctima para proyectar sus efectos devastadores. La novela muestra los conflictos psicológicos de un empresario que durante muchos años ha alimentado las arcas terroristas y presencia un atentado.

Isaac Montero, premio Nacional de la Crítica 1999, barajaba la idea de llevar a la literatura "un asunto tan delicado" desde hace varios años. Desde que escuchó algunos relatos de amigos. De uno que le contó que un empresario que pagaba a ETA proyectaba un atentado; de otro que le habló de un empresario que, a pesar de pagar, había tenido que dejar el País Vasco no sólo por las presiones terroristas, sino también por las procedentes del mundo nacionalista.

Después, tras una escritura de un año, y de colarse entre otros proyectos literarios del autor y periodista, surgió La fuga del mar (Taller de Mario Muchnik). La novela arranca con una imagen que ha perseguido durante bastante tiempo a Montero, y que es producto también del relato de un amigo: la de una mujer madura, ya con nietos, que se despereza de una siesta justo en el momento en el que estalla una bomba y mata a dos niños recién nacidos.

Para el autor de Ladrón de lunas, el sosiego que precede al despertar es una metáfora de la calma social ante los nacionalismos. "He querido reflejar ese sesteo ante el nacionalismo, y no sólo ante ETA, que es su expresión más brutal, sino esa calma ante una corte nacionalista, en la que incluyo el PNV, que en estos momentos participa de los presupuestos de ETA. La imagen muestra la somnolencia española al salir de cierto bienestar, que de pronto se despierta por el estruendo de un crimen que conmueve la conciencia; pero después, poco a poco, se recupera y vuelve a sestear", declaró ayer el autor.

Censura
Montero dijo que en el momento de escribir la novela no había hablado con ninguna víctima y que no ha precisado de más documentación que comprobar algún dato concreto. "En cambio sí que he hablado con algún victimario sin saberlo", añadió. "A todos los que estamos en la izquierda desde 1956 nos ha tocado reunirnos con independentistas vascos sin que los demás lo fuéramos".

Montero subrayó que al escribir La fuga del mar no se había autocensurado en ningún aspecto. "Bastante me han censurado ya. Fraga Iribarne secuestró en 1966 mi primera novela, Alrededor de un día de abril, durante 17años, asi que ya he perdido la costumbre". (En la novela secuestrada, Isaac Montero trataba la adopción de un niño por parte de una madre soltera que pertenecía a la burguesía española).

A juicio de Montero, hay determinados asuntos urgentes en la actualidad, como el terrorismo y los nacionalismos, que no interesan a los creadores. "Ni el cine ni la literatura están por ellos. Hay una cierta actitud general de que determinados asuntos no tienen forma literaria. Hoy se lleva a la ficción todo lo que afecta a la vida privada, y en concreto los sentimientos, pero me da la impresión de que eludimos muchas otras cuestiones".

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