AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 17 Julio   2000
#EL DOBLE RETO DE MAYOR OREJA...
Editorial El Mundo 17 Julio 2000

#...Y LA DOBLE IMPOTENCIA DE IBARRETXE
Editorial El Mundo 17 Julio 2000

#Las consecuencias del terror
Editorial ABC 17 Julio 2000

#Ocho negritos
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 17 Julio 2000

#La culpa la tiene Aznar 
José Antonio Zarzalejos, Director de ABC 17 Julio 2000

#José María
Ramón PI ABC 17 Julio 2000

#ETA, es decir, la muerte 
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 17 Julio 2000

#El árbol y las nueces
Jaime CAMPMANY ABC  17 Julio 2000

#Escalada de terror
EDITORIAL La Razón 17 Julio 2000

#Eta plantea una situación extrema
Lorenzo CONTRERAS La Razón 17 Julio 2000

#La rentabilidad de los crímenes
Enrique ARIAS VEGA ABC  17 Julio 2000

#ETA o la infamia
JAVIER ARENAS El Mundo 17 Julio 2000

#Los vencidos y las víctimas
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 17 Julio 2000

#La ofensiva de ETA
José Luis Gutiérrez La Estrella 17 Julio 2000

#Contra las cuerdas
Editorial La Estrella 17 Julio 2000

#Cadena de atentados
Pablo Sebastián La Estrella 17 Julio 2000

#ETA en Andalucía o la Txirigota de la Muerte
Fernando IWASAKI, Presidente de la Fundación Alberto Jiménez-Becerril ABC 17 Julio 2000

#Y van...
ERASMO El Mundo 17 Julio 2000

#Desde Málaga ya
ANTONIO GALA El Mundo 17 Julio 2000 

#Carrera loca
José María CARRASCAL La Razón 17 Julio 2000

#ETA, PNV e IU contra el PP. ¿Y el PSOE?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 17 Julio 2000

#Escalada asesina
Editorial El País 17 Julio 2000

#Coincidencias involuntarias
IGNACIO CAMACHO El Mundo 17 Julio 2000

#Vieja España
EDUARDO HARO TECGLEN El País 17 Julio 2000

#Los crímenes de Lizarra
Enrique de Diego Libertad Digital 17 Julio 2000

#UN HOMBRE PACÍFICO Y SENCILLO
VANESSA MOLTÓ La Voz de Galicia 17 Julio 2000

#SOLOS
ALFREDO VARA La Voz de Galicia 17 Julio 2000

#Miles de malagueños se solidarizan con la familia del concejal asesinado el sábado
SANTIAGO F. FUERTES, Málaga El País 17 Julio 2000

#ETA coloca un coche bomba en Soria 17 horas después del asesinato de Málaga
I.C. MARTÍNEZ / G.GASTAMINZA, Vitoria / San Sebastián El País 17 Julio 2000

#El coche bomba que ETA activó en Ágreda estalló poco después de la ronda de los agentes
CARLOS TOMEO, Soria El País 17 Julio 2000

#Humanidades y ciencia
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País 17 Julio 



EL DOBLE RETO DE MAYOR OREJA...
Editorial El Mundo 17 Julio 2000

Decíamos ayer que nadie está a salvo de ETA. Horas después del brutal asesinato de Martín Carpena, concejal del PP en Málaga, la banda terrorista colocaba un coche-bomba junto a la casa cuartel de la Guardia Civil en Agreda (Soria), causando importantes destrozos materiales pero sólo un herido leve. Pudo ocurrir una gran catástrofe, ya que el lugar donde estalló el explosivo estaba cerca de la residencia de varias familias y era frecuentemente transitado por niños. ¿Buscaba ETA una masacre?

Los atentados de los últimos días ponen de relieve que la banda, desde el final de la tregua, ha logrado reconstruir su infraestructura de comandos no ya sólo en el País Vasco y Madrid sino también probablemente en Andalucía, donde desde la época del siniestro Parot han muerto doce personas asesinadas por ETA.

Jaime Mayor Oreja, como responsable de Interior, tiene ante sí el reto de detener a los autores de estos crímenes y desmantelar estos comandos, aunque las dificultades para lograrlo son grandes, máxime en ciudades como Madrid y Málaga donde el anonimato juega a su favor.

El propio ministro reconoció ayer que las Fuerzas de Seguridad ignoran si el asesino de Martín Carpena forma parte de un comando itinerante, lo que revela que la investigación deberá partir prácticamente de cero. ETA no actuaba en Andalucía desde enero de 1998, cuando unos pistoleros acabaron con la vida del concejal Jiménez Becerril y su esposa en Sevilla.

Por muy ardua que sea la tarea, Interior no debe escatimar medios humanos y materiales para dar una respuesta eficaz al terrorismo. Mayor Oreja, el ministro mejor valorado del Gobierno en la última encuesta de EL MUNDO, ya ha demostrado que se puede y se debe combatir policialmente a ETA. La sociedad espera ahora resultados.

Pero si importante es el reto de la eficacia policial, no lo es menos el reto político que se le plantea a Mayor Oreja. Este desafío no es otro que lograr aislar políticamente a los violentos y a quienes los justifican. En este sentido, el ministro, líder del PP en el País Vasco y candidato oficioso a lehendakari debe intentar restablecer la unidad de todos los partidos democráticos frente a ETA, lo cual pasa por atraer al PNV a la causa de quienes repudian con firmeza cualquier entendimiento con EH, el brazo político de la banda.

Si Mayor Oreja no lo logra -y no sólo depende de él-, la única opción para resolver el impasse en que se halla la situación política vasca es el adelanto de las elecciones autonómicas. No es de recibo la continuidad de un Gobierno que no puede gobernar si no es con los escaños de EH y que lleva paralizado muchos meses.

Si se convocan esas elecciones, Mayor Oreja tendrá la gran oportunidad de cambiar las cosas en el País Vasco mediante una política de alianzas que pasa necesariamente por el PSOE, cuya aportación es también clave para solucionar el conflicto vasco.

...Y LA DOBLE IMPOTENCIA DE IBARRETXE
Editorial El Mundo 17 Julio 2000

El comunicado institucional leído ayer por el lehendakari Ibarretxe en Vitoria resultó absolutamente decepcionante. Ibarretxe emplazó por enésima vez a ETA a que abandone la lucha armada y pidió a la banda que respete a «la sociedad vasca».

En primer lugar, a ETA no le hacen ninguna mella estas condenas retóricas de los nacionalistas. Y, en segundo lugar, la organización armada debe respetar no sólo a la sociedad vasca sino también a la malagueña, la soriana y la madrileña. El problema del terrorismo afecta a todos los españoles y no sólo a los vascos.

Pero lo importante no es lo que dijo el lehendakari sino lo que no dijo. No dijo ni una palabra de romper los acuerdos municipales con EH ni pidió a su partido que abandone el Pacto de Lizarra. No dijo que su Gobierno no puede, de ahora en adelante, aceptar ningún apoyo de EH, cuyos diputados le respaldan cuando hace falta.

Ibarretxe fue ayer la viva imagen de la impotencia por partida doble. Primero, por su falta de coraje moral, por su tibieza, por su intento de mantener una imposible equidistancia entre las víctimas y los verdugos. Y, segundo, porque el lehendakari se ha quedado aislado políticamente. Su soledad es patética. Ni siquiera tiene el respaldo de los principales dirigentes de su partido, Arzalluz y Egibar, que le ningunean políticamente cuando viene al caso.

El lehendakari carece de autoridad política y moral para seguir dirigiendo un Gobierno vasco, que va a la deriva y cuyas iniciativas son acogidas con escepticismo por todas las fuerzas políticas.

Las consecuencias del terror
Editorial ABC 17 Julio 2000

NO habían transcurrido ni veinticuatro horas desde el asesinato del concejal malagueño del PP, José María Martín Carpena, cuando ETA buscó nuevamente otra masacre. La banda terrorista hizo estallar un coche-bomba —otro más— junto al cuartel de la Guardia Civil de la localidad soriana de Ágreda. Pese a la brutal explosión, sólo resultó herida la esposa de un guardia. Pero pudo ser una carnicería. En cinco días ETA ha demostrado una evidente capacidad operativa, que le ha permitido atentar en Madrid, Málaga y Soria. Esta ofensiva es un alarde de medios y comandos destinada a afirmar que se acabó el goteo de atentados más o menos selectivos, para dar paso a una cadena de golpes terroristas sucesivos e indiscriminados. Este aumento cualitativo de la actividad criminal sirve a ETA, además, para comprobar la solidez del frente nacionalista en torno a los objetivos soberanistas que se fijaron en el documento de agosto de 1998, sellado con el PNV y EA. Si la banda terrorista quería medir la fidelidad de las formaciones nacionalistas al pacto de Estella, debe estar plenamente satisfecha con los resultados. Ni el aislamiento social ni la crisis radical de la política vasca ni el peso de los muertos han hecho mella en los dirigentes nacionalistas. Su opción por el soberanismo no fue, en absoluto, coyuntural.

EL terrorismo etarra no debe encerrar a la clase política en discursos circulares sobre la condena de los atentados y los llamamientos a la unidad de los demócratas. El frente nacionalista ha derogado en el País Vasco valores esenciales de la convivencia política y del sistema democrático, instaurando un auténtico estado de excepción para quienes no se adhieren a la construcción de Euskal Herria. Ha aportado a la estrategia secesionista de ETA el descrédito del Parlamento y del Ejecutivo autonómicos, el conformismo ante la vulneración de derechos y libertades de los no nacionalistas y el ejercicio sectario, al servicio de la construcción nacional, de las potestades públicas. Detrás de cada atentado terrorista, de cada reafirmación soberanista del PNV, de cada demostración de incapacidad por Ibarretxe, hay algo más que un acuerdo antidemocrático de formaciones nacionalistas con una banda terrorista. Hay, sobre todo, una voluntad firme de acabar materialmente con la vigencia de la Constitución y del Estatuto en el País Vasco. Este objetivo no puede seguir siendo únicamente un argumento en el repertorio de denuncias de los partidos constitucionalistas. Debe ser, además, la premisa para aplicar al nacionalismo un principio de reciprocidad que dé cuerpo a la defensa material de la Constitución en el País Vasco. 

Frenar la dinámica secesionista de la alianza PNV, EA y HB ya debe ser considerada una política de Estado, porque aquélla es parte esencial de la acción global diseñada por ETA, en la que unos ponen las bombas y otros los discursos. Resulta un sarcasmo intolerable que mientras el nacionalismo se aprovecha impunemente de los mecanismos de gobierno y administración estatutarios para desviarlos a favor de su política frentista, el Gobierno central, sea cual sea el partido que lo asuma, se vea en la permanente obligación de satisfacer las exigencias nacionalistas en materia de traspasos de competencias o de Concierto Económico, como si existiera una relación bilateral basada en el cumplimiento recíproco de las obligaciones constitucionales. No es así y hay que aplicar las consecuencias de que no sea así.

HABRÁ quien prefiera seguir engañándose y agradar a los dirigentes nacionalistas criticando al Partido Popular porque, a juicio de aquéllos, confunde política antiterrorista con política antinacionalista. Esto lo dicen algunos que en su momento reprochaban al PP haberse entregado al nacionalismo para asegurar la estabilidad de su primer gobierno. Sin embargo, hoy en día no es posible trazar líneas divisorias entre las responsabilidades del nacionalismo y del terrorismo, unidos por lo que en términos mercantiles se llamaría una fusión por absorción, en la que el binomio ETA-HB es la sociedad absorbente y PNV y EA, las sociedades absorbidas.

ESTE análisis, que diagnostica la hegemonía de ETA en el nacionalismo vasco, ya no es sólo una reflexión de populares o socialistas, de intelectuales o de periodistas amenazados, o de ciudadanos no nacionalistas apaleados o señalados. Es un sentimiento cada vez más extendido en la sociedad vasca, que ha calado en sectores sociales afines al nacionalismo y a instituciones con un pasado muy reciente de silencio o, como mucho, de suave discrepancia ante los excesos nacionalistas. Por ejemplo, la clase empresarial y la Iglesia vascas. La organización de los empresarios vascos, Confebask, ha visto, con razón, que la alianza nacionalista pone seriamente en peligro el desarrollo económico del País Vasco y dificulta la negociación para la renovación del Concierto Económico. Su reivindicación del marco estatutario ha hecho daño en los aliados nacionalistas, PNV y EA, que han reaccionado muy negativamente a las palabras del presidente de Confebask, Román Knorr. Por su parte, monseñor Uriarte, obispo de San Sebastián, hizo pública ayer una carta pastoral en la que reprueba con dureza la «kale borroka» y reclama para las víctimas de la violencia «el apoyo público de sus autoridades y de sus conciudadanos». Son distintos mensajes con distintas literaturas, pero dirigidas al mismo destinatario.

LA sociedad vasca le ha retirado al nacionalismo el complemento de legitimidad que se le concedió en la transición a la democracia para asumir la dirección de la vida pública vasca y lograr el fin del terrorismo. Esa legitimidad reforzada pertenece ahora a quienes abanderan la defensa de las libertades y los derechos de todos los ciudadanos vascos frente a la alianza nacionalista. Hacer uso de esa legitimidad, con todas sus consecuencias y sin complejos, no es un derecho; es un deber de cumplimiento inaplazable para, entre otras cosas, ofrecer a los ciudadanos vascos la posibilidad real de una alternativa de gobierno que, aunque no pueda garantizar el fin de la violencia, devuelva la dignidad a las instituciones y asegure el ejercicio de las libertades en todos los ámbitos de la sociedad vasca.

Ocho negritos
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 17 Julio 2000

Hace unas semanas publiqué una Canela fina titulada «Diez negritos», en la que se hacía una profecía terrible y erizante. Eta mató a siete concejales del PP antes de forzar la tregua. Ahora ha empezado a desgranar las cuentas del nuevo rosario de crímenes. Los asesinatos de los concejales del PP Jesús María Pedrosa, el 4 de junio, y de Martín Carpena, el 15 de julio, graban dos muescas en el revólver siniestro de las muertes anunciadas. Escribía yo así en esta Canela fina:

    «Los nuevos datos que llegan a mi mesa de trabajo me hacen deducir que Eta prepara una decena de asesinatos entre concejales del Partido Popular en toda España. Como en los Diez negritos de Agatha Christie, la banda quiere hacer caer, una a una, a sus víctimas hasta poner al Gobierno de rodillas. No lo tendrá fácil. Mayor Oreja sabe emplear las fuerzas a sus órdenes para acorralar a los terroristas sin desbordar el Estado de Derecho. En 1998, el ministro tenía a Eta contra las cuerdas y había reducido al mínimo su capacidad operativa. La tregua trampa ha permitido que los etarras se hayan reorganizado.

    Por otra parte, Aznar, que cuenta con el clamor de la opinión pública, incluida la del País Vasco, ha hecho declaraciones inequívocas. El hombre imperturbable no se doblegará a las exigencias de Eta y resistirá el acoso. Será cruel, muy cruel, para el presidente presenciar la sangre derramada y asistir a los entierros de sus compañeros de ideas. El pájaro negro de la muerte aletea ya sobre los concejales elegidos por el pueblo y que trabajan a favor de sus ciudadanos. Los terroristas saben dónde pueden hacer más daño». Hasta aquí la Canela fina en que se anunciaba lo que iba a ocurrir, lo que va a ocurrir.

La culpa la tiene Aznar 
Por José Antonio Zarzalejos, Director de ABC 17 Julio 2000

ESTE mes de julio trae evocaciones siniestras de otro -el de 1997- en el que se produjeron dos hechos sociopolíticos que marcaron la reciente historia de España. Hace tres años por estas fechas, la sociedad vasca se echaba a la calle y cincelaba el «espíritu de Ermua» tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Y al mismo tiempo, durante los largos minutos de aplausos que acompañaron al presidente Aznar por la Gran Vía de Bilbao en los prolegómenos de la más intensa y emotiva manifestación que allí se recuerda, Xabier Arzalluz, Joseba Egibar y algunos otros personajes interiorizaron con amargura que el nacionalismo vasco tenía perdida definitivamente la hegemonía política. De esa frustrante comprobación -que todos los que allí estábamos percibimos- nació el pacto explícito con la banda terrorista ETA, que sustituía al implícito de décadas anteriores. El PNV, ante el vértigo de que los «otros» nacionalistas acabaran arrollados y su propia organización descabalgada del poder, optaron por atender al instinto y aliarse en comunidad de fines con los pistoleros pero, esta vez, dispuestos a que la sangre no emblandeciera el pacto suscrito en Estella.

ETA había conseguido el objetivo largamente buscado: atrapar en sus redes a los nacionalistas con el propósito, primero, de someterlos y humillarlos, y luego, de fagocitarlos. Y así está ocurriendo al paso de un aquelarre asesino que Juan José Ibarretxe digiere con la pasmosa facilidad de los inmorales; que Arzalluz consiente y ampara dialécticamente con el fervor del resentimiento y que Egibar sortea con esa suerte de soltura verbal que sólo los romos de entendederas despliegan con desvergüenza. Mientras, ellos y un partido repleto de cargos pastueños y miedosos, es decir, indignos, obedecen los designios que marcan los encapuchados a cambio de la garantía de que ni sus vidas ni sus haciendas padecerán la acción de los etarras porque «no son enemigos de Euskadi».

Ya pueden venir magistrados torpes, «progresistas» de salón, estudiosos de laboratorio y periodistas indocumentados a dar vuelo a la estrategia nacionalista, a presentarlos como demócratas bienintencionados, a suponerlos «parteros de la paz». Será inútil porque la verdad se hace evidencia en los cadáveres de José María Martín Carpena, de Juan María Pedrosa, de José Luis López de Lacalle y de otros varios centenares de víctimas que constituyen un trágico monumento a la indignidad de un sedicente nacionalismo democrático (?) que no mata y que no agrede, pero sin cuyo concurso argumental, sin cuyo corpus etnicista y excluyente, sin cuya siembra de emociones hostiles en vez de ideas constructivas, los pistoleros se ahogarían y terminarían por quebrar.

El terror se asienta en una plataforma de subversión moral cuya autoría corresponde por entero a los actuales dirigentes del PNV. Esa es su responsabilidad, esa es su culpa, ese es su delito: «dignificar» el terror apelando a un conflicto irresuelto que arrancaría de hace más de siglo y medio; exculpar a los pistoleros a los que se dice temer «menos que a España»; abogar antes por los verdugos que por las víctimas. ¿No son éstas formas de legitimar el asesinato, la destrucción y el chantaje? ¿Acaso no lo es mantener pactos con el brazo político de ETA con el que se suscribe un acuerdo de legislatura que permite retener el poder institucional mientras se trata de reventar el sistema desde dentro para perpetuarse en él?

Los nacionalistas son culpables de toda esta indignidad que se acrecienta hasta la indecencia cuando, con el manejo del cinismo más aldeano, transfieren la responsabilidad a las víctimas o a los que, como el presidente del Gobierno, actúan de la única manera posible -resistiendo- en un sistema de libertades. «Aznar tiene la culpa», gritó una señora de muchos posibles minutos después de que estallara en Guecho un coche-bomba para advertir al vecindario de que la ventanilla de pago disponía de horario permanente. «Aznar tiene la culpa», sostuvo el alcalde nacionalista de esa localidad, el anterior comisario político de la televisión pública vasca, Iñaki Zarraoa, ante las demandas de los vecinos que le recriminaban su convivencia con EH y ETA.

Y es que, así es, Aznar -y lo que su política representa- tiene, efectivamente, la culpa de que los terroristas no impongan el destino del País Vasco; la tiene de que el PNV no pueda implantar, más aún, su régimen de exclusión; la tiene también de que la Constitución esté vigente y la tiene, por supuesto, de que el Estatuto de Autonomía sea el único y mejor marco y referente para la convivencia entre todos los vascos y de éstos con el resto de los españoles.

Y tanto la tiene, que Aznar y su partido son en este momento la garantía de que la barbarie no vencerá a la razón. Mientras el sacrificio de los populares y socialistas llega al extremo de dejar la vida en el empeño de la libertad y la cohesión nacional -un verdadero ejemplo para la historia-, el nacionalismo vasco remite hoy por hoy a las referencias morales más perversas que justifican una política de Estado sin concesiones. A una política como la actual del Gobierno de la Nación que a cada asesinato y a cada agresión -como el de Málaga o la de Ágreda- cobra más fuerza y mayor sentido ético, democrático y nacional.

José María
Por Ramón PI ABC 17 Julio 2000

JOSÉ María Martín Carpena hace el número 9 de los cargos municipales del Partido Popular (o Unión del Pueblo Navarro, en Pamplona) abatidos por ETA a tiros en la nuca y a bocajarro. Los recuerdan todos los periódicos, y lo tomo de La Vanguardia: Gregorio Ordóñez, el 23 de enero de 1995, en San Sebastián. Miguel Ángel Blanco, el 12 de julio de 1997, en Ermua. José Luis Caso, el 11 de diciembre de 1997, en Rentería. José Ignacio Iruretagoyena, el 9 de enero de 1998, en Zarauz. Alberto Jiménez Becerril, el 30 de enero de 1998, en Sevilla. Tomás Caballero, el 6 de mayo de 1998, en Pamplona. Manuel Zamarreño, el 25 de junio de 1998, en Rentería. Jesús María Pedrosa, el 4 de junio de 2000, en Durango. Y ahora, José María Martín Carpena, en Málaga.

La unanimidad de los periódicos de circulación nacional en exigir al PNV que rompa de una buena vez sus lazos con los amigos de los asesinos vuelve a ponerse de manifiesto, muy pocos días después del coche-bomba de la madrileña plaza del Callao: «El pasado viernes, el PNV celebró su asamblea para discutir la vía soberanista. Sus principales dirigentes, Arzalluz y Egibar, siguen defendiendo la alianza con EH para avanzar en este camino hacia la autodeterminación. Pero EH es el socio, el aliado, el brazo político de ETA (...) El PNV debe romper de inmediato con EH, lo que supone abandonr el Pacto de Lizarra y dar por terminados todos los acuerdos municipales. No tiene otra opción si no quiere verse acusado de complicidad con los asesinos» (El Mundo, «ETA mata a otro concejal y deja en evidencia al PNV»).

«De la unidad que se reflejó en el llamado espíritu de Ermua o en el pacto de Ajuria Enea queda hoy bien poco. Pero es precisamente desde esta constatación, y ante el cadáver de José María Martín Carpena, que una vez más se ha demostrado que el pacto de Estella, aunque sólo sea implícito, no tiene ninguna posible justificación por parte del nacionalismo democrático vasco. La sangre acaba de subrayar otra vez el error de Estella» (La Vanguardia, «ETA vuelve a matar»).

«Como el mismo Juan José Ibarretxe declara en una entrevista (...), defender la vida siempre debe estar antes que la construcción nacional. Es imprescindible que el lehendakari lleve esos buenos propósitos a la práctica, porque es ciertamente bochornoso que en estas condiciones el PNV continúe manteniendo acuerdos de gobierno en una decena de ayuntamientos con EH» (Diario 16, «La estrategia del “cuanto peor mejor”»).

«ETA sigue matando y el PNV persevera en su alianza con la izquierda proetarra. No hay novedad ni sorpresa alguna. El PNV es el único partido político democrático de Europa que está aliado con una organización terrorista para la consecución de un objetivo común (...) El nacionalismo vasco ha llegado a un punto de no retorno. Su desafección por la convivencia con los demócratas, con los pacíficos, ha alcanzado una cota que escapa a todo criterio de lógica política (...) El PNV y EA han cruzado la frontera que les separa de la democracia. Este es el momento en que la unidad de los partidos constitucionalistas debe ser más fuerte que nunca» (ABC, «Pacto de sangre»).

«El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte (...) dio ayer, antes de conocerse el asesinato, la respuesta exacta que merecen el Gobierno vasco y el PNV al hartazgo de violencia y muerte que están perpetrando sus socios de la organización terrorista. El obispo apeló “al deber moral de adoptar posiciones netas en este fenómeno perturbador” y pidió para las personas que sufren las amenazas y la presión terrorista “el apoyo público de sus autoridades y de sus conciudadanos”, cosas ambas que sólo serán efectivas si el Gobierno de Juan José Ibarretxe rompe de forma tajante cualquier tipo de relación con los abanderados de ETA» (El País, «Asesinato en Málaga»).

Este artículo del obispo Uriarte («Un grave obstáculo a la paz») lo reproducen el domingo Deia y Gara, sin ningún comentario. Deia, en su editorial («Tras el dolor debe llegar el diálogo»), insiste en «la imposibilidad de vencer a un fenómeno terrorista de estas características por la vía exclusivamente policial. La eficacia que en tal extremo se ha venido concediendo a la etapa de Mayor Oreja al frente del Ministerio no ha sido óbice para que ETA haya llegado en numerosas ocasiones tan lejos como ha deseado (...) Junto a la solidaridad hacia las familias real y política del asesinado y la condena más enérgica, vuelve a situarse la necesidad de que las fuerzas políticas se pongan manos a la obra para iniciar un proceso de paz. Ahora más que nunca esfuerzos como el del lehendakari tienen necesidad de salir adelante». O sea, que es el PP el que obstaculiza la paz.

Gara («Los malos humos se trasladan hacia el sur») editorializa... sobre la sentencia de un tribunal de Miami contra las empresas tabacaleras.

ETA, es decir, la muerte 
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 17 Julio 2000

El único análisis posible de la actividad criminal de ETA es la absoluta condena moral y política. Sobran más palabras. Siglos de historia nos han enseñado, al menos, que la distinción radical entre medios y fines es perversa. Son los medios los que justifican el fin. Medios abyectos sólo sirven a fines abyectos. Quienes hacen del asesinato su medio de acción «política» revelan la naturaleza abyecta de sus proyectos «políticos». Con ETA (y, por supuesto, HB) no se pueden compartir sus fines sin hacerse cómplice de sus medios. Si ETA llegara a gobernar algún día, lo haría como actúa ahora. Esperar otra cosa es, en el mejor de los casos, ignorancia culpable de la historia. ETA sólo existe para la muerte, es decir, para el asesinato, el exterminio del disidente y el campo de concentración. Todo análisis alternativo, o es fruto de la indigencia o de la perversidad.

Por eso, frente a ETA no caben apelaciones a la razón ni a la dignidad humana. Sólo cabe la lucha desde el imperio de la legalidad y de la legitimidad. El diálogo con ellos tiene la misma eficacia que el diálogo con Hitler, Stalin o Pol Pot: ninguna. Por eso también, ante el último crimen de ETA, horrible como todos, injusto y criminal como todos, sólo cabe apelar a quienes dicen sustentar su actuación política en principios y valores opuestos, es decir, hacia el PNV. En las intolerables condiciones de abyección a las que hemos arribado, el nacionalismo que se dice moderado o democrático debería renunciar moralmente a su proyecto político, sea separatista o no, mientras ETA siga actuando. Tal vez cesarían los crímenes, aunque nunca es seguro pues lo natural es que los asesinos asesinen, si el PNV renunciara a cualquier reforma del actual marco constitucional y estatutario mientras ETA no desapareciera. Una persona decente no transita por los mismos caminos y del brazo de los criminales. Pero si no quieren o no pueden llegar a tanto, que es casi el mínimo moral, que, al menos, rompan con ellos y defiendan sus propuestas desde la legalidad. Si no lo hacen, adquieren una responsabilidad moral y política irreversible. La apuesta independentista, que rubricaron el viernes, con la firme condena del empresariado vasco, además de aberrante desde la perspectiva de la historia y del futuro de Europa y de España, está teñida de sangre inocente. Quienes dicen profesar valores procedentes del humanismo cristiano, aunque más bien parecen herederos del racismo y de los delirios nacionalistas antiilustrados, no pueden sustentar su acción política en la más abyecta negación de esos valores. Por eso habrá que recordarles una vez más cuál es su deber: aceptar el actual marco legal constitucional y estatutario, romper la colaboración en todos los frentes con el brazo político de la muerte y defender, en su caso, su proyecto político, sea o no independentista, desde un escrupuloso respeto a las leyes. Cualquier otra opción les hace partícipes pasivos o beneficiarios de la sangre derramada. De nada sirve la condena verbal cuando no va acompañada de las únicas consecuencias legítimas de la condena. Lo demás son palabras, palabras, palabras... La iniciativa de emprender un proceso sancionador contra Cuerda permite albergar pocas esperanzas. También ellos combaten la disidencia.

El mismo recordatorio cabe hacer a las gentes de buena fe nacionalistas del País Vasco, que, por miedo, obcecación o convencimiento, callan, otorgan, votan, toleran o miran hacia otro lado. La ficción jurídica de la autodeterminación, tal vez legítima si se sirve con medios legítimos, no vale una sola gota de sangre derramada. Si no dicen «basta ya», son copartícipes pasivos de la larga y trágica sangría. El pacto de Estella ha muerto política y moralmente. Algunos se resisten a enterrarlo.

El árbol y las nueces
Por Jaime CAMPMANY ABC  17 Julio 2000

ETA ha vuelto agitar el árbol, y debajo del árbol, a su sombra, estaban Arzallus y los suyos para recoger las nueces. La escena se repite con frecuencia insoportable. Esta vez, con las nueces, ha caído la cabeza de Martín Carpena, el concejal del PP en Málaga. En esta macabra y múltiple «campana de Huesca» etarra, llevamos casi novecientas cabezas cortadas. Por mucho que queramos acostumbrarnos a esos números del tiro en la nuca o de la bomba asesina, ese es un balance de parte de guerra. Estamos en una lucha donde sólo disparan los de enfrente. Ellos ponen los tiros y nosotros ponemos la nuca. La pena de muerte no está abolida en España. Eso es mentira. Lo que sucede es que sólo la aplican los terroristas.

La fama de ETA se alimenta de cadáveres, como los animales carroñeros, en un cementerio que es ya el camposanto de una cruenta batalla en la que siempre mueren los de un solo bando. Nuestra democracia renunció a la pena de muerte, incluso para castigar los delitos de terrorismo. Llevamos casi un cuarto de siglo combatiendo el asesinato con la resignación. Y encima tenemos que soportar la sublime hipocresía de que se beneficie del terror un partido que se llama democrático y que, al menos en teoría, defiende el debate político a través de un diálogo pacífico y civilizado. El concejal asesinado pertenecía al PP. ETA asesina a los políticos del PP o a los del PSOE. Nunca mata a los del PNV. Esta preferencia tiene una explicación en el dicho popular: Perro no come perro.

Para los etarras, todos los españoles somos un objetivo a destruir. Cualquier español no separatista es una víctima en potencia, militar o civil, vasco o andaluz, hombre, mujer o niño, político, empresario, obrero o funcionario. Todo cadáver es bueno para el absurdo cementerio de la hazaña etarra.Todos somos víctimas a elegir. Pertenecemos al montón enorme de condenados caprichosamente y en cualquier momento, sin motivo y sin pretexto, y desde luego sin piedad. Y además, a la crueldad añaden crueldad adrede. A Martín Carpena lo han asesinado delante de su esposa y de su hija adolescente. Y así a tantos otros. A Juan María Araluce lo acribillaron en la puerta de su casa, debajo del mirador donde lo esperaba su mujer.

José Bono acaba de decir que ante el terrorismo sobran las palabras y faltan los hechos. No es que los socialistas hayan sido un ejemplo de imaginación y eficacia en el trato del terrorismo. Su alianza con el PNV para gobernar el País Vasco no ha servido para dar un solo paso en la erradicación de la plaga. No pueden dar lecciones. Nadie puede dar lecciones. Pero por boca de Bono, al pedir hechos y no palabras, ha hablado la inmensa mayoría del pueblo español, harto de condenas estériles, de patéticas invitaciones a la paz, de intentos de diálogo, de paños calientes, de combatir esos tiros que no sabemos por dónde nos vendrán mañana sólo con un ejercicio de infinita paciencia. La ETA no ganará matando. Pero tampoco España vencerá muriendo.

Quizá estemos buscando lo que desde hace veintidós años está escrito en la Constitución. No sé. Tantas veces se ha buscado, sin encontrarla, una solución para el problema del País Vasco y una fórmula para acabar con ETA, que parece una temeridad ponerse a pensar apresuradamente sobre ello, y mucho más con la irritación que produce en el pensamiento cada nuevo crimen etarra. Corre uno el riesgo de decir tonterías o de proponer disparates. Nada de guerra sucia. Ese remedio es peor que la enfermedad. Pero alguna defensa legal debe tener la democracia para combatir y extirpar esta locura etarra, este río de sangre que no desemboca en ninguna parte. A lo mejor la solución es sencilla. Contra terrorismo, Constitución.

Escalada de terror
EDITORIAL La Razón 17 Julio 2000

No se había instalado aún la capilla ardiente del concejal José María MartínCarpena en el Ayuntamiento de Málaga, cuando la banda mafiosa volvía a actuar, aunque fracasaba en su intento de ocasionar una carnicería al hacer estallar un coche-bomba junto a la casa-cuartel de la Guardia Civil del pueblo de Ágreda, en Soria. Un nuevo atentado que sumar al del miércoles con otro coche-bomba en el corazón de Madrid, que confirma la existencia de una escalada en y una nueva campaña de terror desatada por la banda. Eta, que ha podido reorganizarse gracias a su «tregua-trampa» -y a la miopía de quienes cayeron en su lazo y consideraban «provocaciones» el hecho de la Policía aplicase entonces el cumplimiento de la legalidad contra los asesinos-, actúa ahora con todas sus fuerzas para sembrar la confusión e intentar doblegar la firmeza del Gobierno y de todos los partidos democráticos. Los próximos días pueden ser extremadamente duros para la convivencia en España y corresponde a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado multiplicar sus esfuerzos, y a todos colaborar con ellas de forma activa y generosa, para frustrar los planes de los asesinos de Eta.   

Unidad ante el crimen
La cadena de crímenes no tiene, sin embargo, éxito en su objetivo de dividir a la sociedad democrática y sembrar por medio del terror el desánimo y la confusión. Todo lo contrario ha mostrado el pueblo español de forma espontánea, en una repulsa unánime ante los nuevos crímenes de la banda. Ni el tiro en la nuca ni las bombas rodantes han tenido otro efecto que el de agrupar aún más a los españoles en torno a las víctimas, compartiendo su dolor y su rabia, y uniendo como una piña a todos los partidos, a todos los demócratas, que coinciden en defender las libertades y el derecho a la vida como valores fuera de toda discusión.    

Repulsa ciudadana
Las concentraciones ya celebradas, y las convocadas para hoy, son sólo una pequeña muestra del valor ciudadano ante la barbarie. Si existe una sensación unánime es la incomprensión, el no entender qué efecto pueden buscar los etarras con sus asesinatos, porque todos están de acuerdo en que con cada crimen se reafirma la unidad de los demócratas y la firmeza en sus convicciones y en el respeto a la legalidad.
    Las grandes diferencias, insalvables, de los partidos democráticos, carecen de importancia cuando se trata de hacer frente a un enemigo común como el que representa el entorno etarra. Con cada asesinato, Eta pone en evidencia al nacionalismo y refuerza el pacto por la libertad de los demócratas que defienden la Constitución y el Estatuto.   

Insultos y excusas
En la condena de los asesinatos existen, sin embargo, excepciones. Como no podía ser menos, los proetarras, el brazo político de la banda, se ha servido ya con infamia de la propia libertad de expresión que detestan para excusar el crimen; para abrir la bolsa de la peor demagogia, hablar de «proyectos políticos», de «inmovilismo» y buscar todo tipo de culpables, siempre que no sean los pistoleros y ellos mismos. Estamos acostumbrados al cinismo batasuno, porque no se puede esperar otra cosa. Y ya debíamos estar habituados a que el PNV caiga en la misma técnica. Pero no es así. Tras cada golpe de los asesinos resulta especialmente doloroso que el PNV, que aisló en su día a los batasunos, siga fielmente los pactos secretos con la banda; que Arzallus y los suyos sean aún capaces de imponer el seguimiento ciego del pacto con Eta que representa Estella. El miedo es libre, y los dirigentes del PNV pueden perfectamente estar aterrados ante la posibilidad de ser blanco de los terroristas si abandonan la estrategia soberanista impuesta por los de las pistolas. Porque no de otra forma se entiende la palabrería vacía de hechos que emplea quien debía ser el lendakari de todos los vascos a la hora de condenar los atentados, en lugar de romper con Eta de una vez.    

Miedo a las urnas
A la indignación ciudadana, a las llamadas de unidad de los partidos contra el crimen, a las reclamaciones desde su propio entorno cada vez más aterrado por el camino marcado por Arzallus e Ibarreche, el PNV no puede responder. Por eso emplea pantallas de humo de fantasmales «propuestas de paz» y acusaciones a los partidos de «demonizar» al nacionalismo. Para un partido que sólo gracias a los proetarras se sostiene en el Gobierno de Vitoria, cualquier ataque al pacto de Estella es hoy «hacer campaña electoral para Carlos Mayor Oreja». Pero la realidad es tozuda frente a la demagogia, y no en vano las fuerzas sociales del País Vasco se sacuden, lenta pero imparablemente, el miedo a decir «Basta ya» y a hablar en voz alta en contra del diabólico plan para llevarles, a traición y sin pasar por las urnas, al independentismo.

Eta plantea una situación extrema
Lorenzo CONTRERAS La Razón 17 Julio 2000

Los concejales del PP siguen estando en el punto de mira de los pistoleros etarras. La banda avanza por una lista interminable de objetivos, siempre a la expectativa de que se produzca el empeoramiento definitivo capaz de motivar la petición de árnica por parte del Gobierno. Cada vez que un concejal popular o un diputado del PSOE o una personalidad cualquiera entra en el parte de bajas mortales, el Ministerio del Interior se apunta un fracaso que neutraliza lamentablemente sus indudables éxitos del reciente pasado. El despliegue ofensivo de Eta está alcanzando niveles alarmantes. En cada crimen que comete su desafío es doble. Por un lado, el Gobierno central. Por otro, el Gobierno autónomo vasco y el PNV, que se sitúan en posiciones insostenibles, a contrapelo de su propia opinión interna y del sentir de la sociedad en su conjunto, nacionalistas o no.

    El asesinato del concejal popular malagueño, José María Martín Carpena, a la puerta de su casa y rodeado de su mujer y de su hija de diecisiete años, acredita el sentido selectivo que la banda va afinando para llevar el sentimiento de inseguridad a distintos estratos políticos y sociales. La ventaja de acechar en vez de ser acechado, da al instrumento ejecutor de Eta plena superioridad en la cacería. El atentado de la calle del Carmen, en el corazón de Madrid, ha sido humillante para el Ministerio del Interior y para la Delegación del Gobierno en Madrid, cuyo titular, Francisco Javier Ansuátegui, ha tenido que consumirse de rabia a la vista de la escalofriante tranquilidad con la que el comando desafió las posibles vigilancias. El nuevo delegado, venido de Navarra, donde acumuló prestigio por su ejecutoria policial en la lucha callejera, comprueba lo que es la acción etarra en Madrid, es decir, lo que es el irritante y deprimente golpeo impune contra los objetivos elegidos.

    Nuevamente, tras estos hechos, la retórica doliente y rutinaria de las autoridades se ha dejado sentir, provocando la clásica sensación de impotencia. Se anuncia que para el día 19 habrá manifestación en el centro de la capital. Y la pregunta lógica se refiere a cuál pueda ser su eficacia. A fuerza de celebrarse, las grandes demostraciones de descontento van perdiendo su virtud denunciadora para convertirse en auténticos monumentos vivientes a la inutilidad.

    Buscar en las manifestaciones la solución del problema es tanto como pretender que el «espíritu de Ermua» resucite en cada ocasión. Pero se trata de un espíritu que se aleja en el tiempo. La bestia etarra está ahí, impertérrita, consciente de que el ritual del dolor y de la indignación acaba agotándose en sí mismo. Las impresionantes imágenes del dolor en Málaga y la estampa de los funerales solemnes dicen mucho a la sensibilidad colectiva, pero no añaden ningún elemento de solución. Cuando, en el capítulo de recriminaciones a Eta, el coordinador de IU en Andalucía, Antonio Romero, entiende que la banda sólo demuestra desesperación con sus actuales acciones, acierta tanto como se equivoca a la hora de transmitir a la opinión alguna esperanza. Porque Eta lleva ya más de treinta años desesperándose y desesperando a toda España.

    Y, sin embargo, alguna razón lleva el político malagueño. La banda terrorista, tal vez exasperada más que desesperada por la táctica de aislamiento que busca el Gobierno, pisa a fondo el acelerador de las atrocidades, probablemente porque teme que, en su posición absurdamente numantina, el PNV acabe cediendo a la presión gubernamental. Forzar, por tanto, el principio de «cuanto peor mejor» forma parte de la estrategia etarra, cuyos actuales mensajes escritos en los explosivos y en las balas tienen hoy como destinatario alternativo al Partido Nacionalista Vasco. Se trata de crear conciencia de que el conflicto carece de salida. Su perpetuación plantea para el Gobierno el gran desafío, es decir, el dilema de un poder democrático que ni vence ni es derrotado, pero que en la interminable continuidad del problema encuentra y prueba el sabor de lo imposible.

    En poco más de setenta y dos horas, Eta ha provocado un atentado en el centro de Madrid, ha asesinado a un concejal malagueño y ha hecho estallar otra gran carga explosiva junto al cuartel de la Guardia Civil de Ágreda, en Soria. Ha sido como decirle al Gobierno, y también al PNV, que está dispuesta a todo, y que el ritmo de acciones depende de que se opte por una negociación o por la prueba definitiva de fuerza. O sea, claudicación en los dos sentidos, por más que la negociación pueda presentarse como un alivio de las tensiones. Algo que, en definitiva, el Gobierno no puede permitirse sin perder una considerable parte de su autoridad.

    La situación está demandando una respuesta disuasiva para la banda, algo que lastime profundamente su organización y limite su capacidad de réplica. Y no se aprecia nada tan probable, a la vista de los síntomas, como un nuevo esfuerzo por lograr que la banda quede política y socialmente aislada. Cabe adivinar lo mucho que en este aspecto tiene que decir el PNV de Javier Arzallus.   

La rentabilidad de los crímenes
Por Enrique ARIAS VEGA ABC  17 Julio 2000

¿Hasta cuándo tendremos que seguir escribiendo sobre atrocidades como el nuevo asesinato de Málaga? ¿Hasta cuándo seguiremos levantándonos cada fin de semana con la incertidumbre de vernos salpicados de sangre inocente? ¿Hasta cuándo volverán los de siempre a tergiversar los papeles, intentando convertir a sus inermes víctimas en presuntos verdugos?

No lo sabemos. Pero sí es evidente, en cambio, que habrá un día en que eso no sucederá ya nunca más, Y no se deberá entonces a que ETA nos haya obsequiado a los ciudadanos con una tregua «generosa» y definitiva, ni a que los criminales hayan conseguido sus fantasiosos objetivos totalitarios. Se deberá, simplemente, a que la razón de la mayoría, a que los argumentos de la civilización se habrán impuesto a la barbarie de unos pocos, a la sinrazón de la fuerza bruta. Así de sencillo.

Mientras tanto, habremos de seguir conviviendo con las salvajadas episódicas de una violencia paranoica que en una sola semana pone un coche-bomba en el centro de Madrid, asesina a un buen hombre en Málaga y atenta contra un cuartel de la Guardia Civil en la localidad soriana de Ágreda. La horrible lección que los pistoleros han querido darnos esta semana es que la geografía del crimen no tiene fronteras, por si alguno aún no lo sabía. El único límite a la vesania asesina es donde acaba la paranoia homicida de los verdugos.

Mientras llega el momento inevitable de la paz, los ciudadanos amenazados —todos nosotros, sin excepción— podemos experimentar cualquier emoción menos la del miedo. Ése sería el único y definitivo triunfo de los terroristas: el de habernos inoculado el terror como respuesta a sus amenazas; el de provocar el entreguismo y la rendición sin condiciones, el de hacernos abdicar de nuestra condición de hombres libres frente al dominio del miedo.

ETA creyó haberlo conseguido ya cuando decretó su tregua hace casi dos años. Entonces nos «obsequió» a los ciudadanos con un remedo de paz porque intuyó que tenía la victoria al alcance de la mano, que el Estado democrático iba a claudicar ante el frente «soberanista» —un neologismo de semántica tramposa y edulcorada— que pergeñó en Estella con los nacionalistas «democráticos», los que Enrique Múgica llama, con más razón que un santo, nacionalistas «convencionales», simplemente.

ETA creyó, pues, que tenía el triunfo al alcance de la mano al haber llevado al PNV y a Eusko Alkartasuna a su redil maximalista tras haber acabado, sucesivamente, con la Mesa de Ajuria Enea, con la unidad de los partidos demócratas, con el Espíritu de Ermua y con el Gobierno tripartito de Vitoria. Por esa convicción de que sus crímenes ya le habían dado dividendos, de que habían sacado la máxima rentabilidad posible a sus acciones, los matones de ETA se dieron un respiro. Claro que, mientras anunciaban la «tregua» con una mano, se rearmaban con la otra, como acaba de recordar el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja.

La reanudación masiva de las matanzas y del ensañamiento criminal etarra demuestran no que ETA vaya ganando esta guerra, como ella quisiera hacernos creer, sino que sus «hazañas» no han obtenido los cupones políticos que esperaban haber cortado durante la «tregua», si se me permite este eufemismo. Entre otras cosas, porque la política del Gobierno central no tiene el carácter errático de épocas anteriores y porque sectores de la opinión pública vasca, como ciertos intelectuales y las organizaciones empresariales, han dicho que no se puede estar a ambos lados de la frontera del terror, que no se puede estar contra la violencia y compartir al tiempo las tesis de los violentos.

La prueba del nueve de que este lado del nacionalismo, el «democrático», alimenta, conscientemente o no, el monstruo del nacionalismo totalitario y homicida la aportó ayer mismo Begoña Errazti, secretaria general de Eusko Alkartasuna, partido coaligado con el PNV en el Gobierno de Vitoria. No hay ninguna razón, vino a decir la señora Errazti, para éste ni para ningún otro crimen, «aunque podamos coincidir con los fines» de los asesinos. Con desaprobaciones como ésta no llegamos de aquí a la vuelta de la esquina.

Las torpes declaraciones de Begoña Errazti y otras más o menos parecidas pronunciadas ayer me traían a la memoria las reflexiones del dramaturgo Bertolt Brecht sobre el aberrante régimen nazi en Alemania. Al principio no dábamos importancia a la represión, decía, más o menos, porque se practicaba sobre gente extraña a nosotros, sobre tipos marginales. Luego llegó a colectivos más próximos. Más tarde, a nuestros propios vecinos. Cuando quisimos darnos cuenta, era demasiado tarde y la represión cayó directamente sobre nosotros.

Si los «soberanistas» que acompañan desde Estella a ETA en su camino sembrado de cadáveres aún no conocen las reflexiones de Bertolt Brecht, más vale que se vayan aplicando el cuento; porque las próximas víctimas serán ellos, que les conste.

ETA o la infamia
JAVIER ARENAS El Mundo 17 Julio 2000

En los años que siguieron a la Revolución Francesa, las asambleas adoptaron la costumbre de declarar «infames» a quienes con su comportamiento miserable perjudicaban el buen nombre común de todos los ciudadanos. Si en la sociedad española de principios del siglo XXI, las instituciones sociales y económicas, civiles y políticas, laicas o religiosas, decidieran declarar «infame» a quien ha perjudicado como nadie la paz y la convivencia, ETA y sus miembros, sus socios y sus protectores serían considerados representantes indudables de un nuevo capítulo de la historia de la infamia.

La sociedad española -y dentro de ella la sociedad vasca- está consiguiendo a principios de este siglo lo que hace sólo 30 años parecía difícil de alcanzar. Ha recuperado la confianza en sí misma tras un largo periodo de escepticismo colectivo. Se ha dotado de un sistema democrático que permite convivir a todos los que lo desean. Se ha incorporado activamente a la escena internacional con vocación de protagonista. Logra, de manera creciente, importantes éxitos en economía, en diálogo, en coherencia política y en cohesión social. Es una infamia que un grupo de asesinos, una mafia fanática, se empeñe en hacer peligrar lo que es resultado de la voluntad libre y soberana de todo el pueblo.

ETA, sus socios y sus protectores políticos quieren matar, de manera infame, muchas cosas. Pero, de entre todas ellas, la que más ha enceguecido su mirada, ha sido el espíritu de Ermua. Hace sólo unos días, en plena conmemoración del tercer aniversario del asesinato de Miguel Angel Blanco, atentaba en Madrid. El pasado sábado, en Málaga, asesinaba de nuevo al concejal demócrata, José Mª Martín Carpena, amigo y compañero, delante de su esposa y de su hija. ETA teme el triunfo del espíritu de Ermua, que su vigor moral y político arraiguen definitivamente en el corazón de la sociedad vasca y también en el nacionalismo. Como ETA no quiere la paz, persiste en aterrorizar.

En mi condición de secretario general del Partido Popular, quisiera destacar hoy el inmenso valor y la extraordinaria calidad moral de todos los demócratas españoles y muy especialmente de los demócratas vascos. Quizá los ciudadanos españoles no seamos del todo conscientes del inmenso capital político y ético que está nutriendo día tras día el futuro en común de nuestra sociedad gracias a la ejemplaridad, a la entereza, a la dignidad y a la coherencia de los que defienden, incluso con riesgo de su vida, que la paz y el derecho son siempre superiores a la violencia y a la imposición.

La infamia debe terminar y quienes todavía amparan bajo su manto político protector a los asesinos de ETA deben tener en cuenta que el espíritu de la paz, de la convivencia y del futuro es el espíritu de Ermua y la unidad democrática que significa y, sobre todo, que aventuras como la del Pacto de Estella son cómplices de hecho del terrorismo y han supuesto un error histórico.

Para el presente, y también para el futuro es fundamental, es lo primero, que la vida y el derecho estén por encima de cualquier otra consideración, por legítima que ésta sea. PNV y EA tienen que explicar a los ciudadanos vascos qué tipo de sociedad es aquella en la que el crimen, la extorsión, el chantaje y el vandalismo pretenden sustituir a la ley, la libertad y la democracia. No hay tiempo para más. O se sitúan claramente al lado de la democracia, de la paz y de las instituciones legítimas o se situarán en el otro lado. O se está con los muertos o se está con los asesinos. No hay puntos intermedios. No se puede buscar justificación política al vil asesinato.

La sociedad vasca, a la que se hicieron promesas en las pasadas elecciones que han resultado falsas y dañinas y dado que los dirigentes de PNV y EA no parecen dispuestos a rectificar, tiene que poder manifestarse libremente de manera inmediata sobre si lo que ahora vive es el camino que prefiere seguir o si opta por una alternativa democrática al nacionalismo.

Este nuevo modelo, claramente inscrito enel marco estatutario y constitucional, asegurará que todos los instrumentos del Estado de Derecho, en el País Vasco, en España y en Europa, estarán efectivamente dirigidos a combatir el terrorismo y sobre todo a conseguir que todas y todos los vascos gocen de la misma libertad.

José Mª Martín Carpena era un concejal que disfrutaba del afecto de sus vecinos y que había sido libremente elegido por el pueblo de Málaga en la etapa constitucional y democrática más larga de la historia de España. Como él, han sido vilmente asesinados otros muchos concejales, jueces, periodistas, guardias civiles, ciudadanos que fueron sorprendidos por el odio de ETA en la calle, en un hipermercado o en su lugar de trabajo.

José María y otros compañeros y amigos del PP son mártires de la democracia. Los concejales demócratas no quieren ser héroes. Quieren simplemente defender sus ideas a través del diálogo y la palabra. A José María, con el alma rota después de oír a su viuda y a su hija, le dedicaremos también nuestro esfuerzo. La democracia española y su Estado de Derecho tienen que terminar con esta infamia, la infamia de ETA, la única que nos queda como herencia del pasado.

Javier Arenas Bocanegra es secretario general del PP.

Los vencidos y las víctimas
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 17 Julio 2000  

En líneas generales, hay dos modos muy simples de responder al desafío moral y político que nos impone el terrorismo. Una es la de resistir y otra la de entregarse a la razón terrorista, convirtiéndose en vencido. A veces los resistentes terminan siendo víctimas o incluso siendo asesinados, como Martín Carpena, pero los vencidos son muertos morales que sólo esperan conservar su pellejo administrando la muerte de los resistentes -que siempre deploran- y los crímenes de los terroristas -cuyas causas comprenden.

Este enésimo asesinato de ETA -séptimo tras la seudotregua, pero qué mas da este dato contable- nos empuja hacia la reflexión más melancólica, aquella que duda hasta de la eficacia del reflexionar. Sólo apetece escribir un artículo al estilo de aquel poema de Gertrude Stein dedicado a la rosa ("una rosa es una rosa es una rosa …") que también se limite a enunciar que un asesinato es un asesinato es un asesinato es un asesinato y nada más que un asesinato. No es ninguna tontería. Durante el secuestro sádico e interminable de José Antonio Lara, se celebró en San Sebastián, organizada por el grupo Denon Artean, una concentración ciudadana que participaba de ese mismo espíritu enunciativo. La protesta consistió en ir contando en voz alta los días que aquel hombre llevaba secuestrado. Era tremendo el efecto de la enumeración de las jornadas de angustia de aquel secuestro monstruoso, donde las cifras elementales denunciaban la noche sin fin de un ser humano confinado en un zulo asqueroso, contabilidad más conmovedora que cualquier sesuda denuncia analítica de muchas páginas.

Hoy, tras el asesinato de Martín Carpena en Málaga, apenas apetece otra cosa que ponerse a enumerar en voz alta el número de los asesinatos perpetrados por ETA. En efecto, la denuncia analítica produce a veces un efecto anestésico, normalizador, diferente del pretendido. La solemne declaración de rechazo del lehendakari Ibarretxe, por ejemplo, producirá la extraña sensación de que ese asesinato se sigue lógicamente de una situación política que tiene un arreglo político cuya llave pretende poseer ese mismo lehendakari de patética incompetencia.

Es normal que ese género de declaraciones rituales indigne a las personas que se rebelan ante la mera idea de que cualquier asesinato pueda ser normalizado, digerido, cartografiado mediante los mismos pretextos políticos -contencioso histórico, ámbito de decisión, territorialidad- que invocan los asesinos. Es normal que estemos asqueados de la cantinela nacionalista consistente en condenar a ETA de tal modo que al hacerlo explican su inevitabilidad cuando no su necesidad, pues son muertes como las de Martín Carpena las que justifican la persistencia de un contencioso histórico entre España y Euskalherria del que nacería -dicen ellos, pero es falso- el nacionalismo. Vosotros morís, luego nuestra existencia es necesaria, dicen los vencidos a las víctimas. Con lo que se justifica lo que se decía condenar.

Ese modo repugnante de transformar la horrible tragedia del asesinato en mera nota a pie de página o línea de una contabilidad política que luego se busca administrar para obtener beneficios es, todos lo sabemos, usual entre los líderes nacionalistas moderados vascos (los radicales no se molestan en ningún tipo de condena). Y eso nos lleva, o les lleva a ustedes, lectores, al País Vasco desde donde yo escribo estas consideraciones sobre el enésimo asesinato sin mucho ánimo ni convicción de que sirvan para mucho más que la estremecedora enumeración en voz alta de los más de ochocientos asesinatos y pico producidos por el terrorismo en España.

Por fortuna, esto sirve para mucho. Por ejemplo, para desnaturalizar el asesinato. Porque la naturalización del terrorismo, la conversión de esa perversidad en mera contingencia de la naturaleza, la historia y la costumbre, es el primer paso para su victoria. Al condenar estos asesinatos muchos suelen decir, con la mejor de las intenciones, que los asesinos no son humanos o, con intención solidaria, que nos son vascos, sino asesinos. ¡Ay!: son vascos asesinos, para la vergüenza del resto de nosotros los vascos. Y desde luego son humanos. Asesinan, de hecho, porque siendo humanos comprenden el efecto demoledor de sus hazañas.

Y porque ellos son humanos también sabemos nosotros que el único modo de acabar con ellos es el muy humano de asumir como nuestra primera responsabilidad la negativa a aceptar el asesinato con pretextos políticos como práctica humanamente aceptable. Para acabar con ETA hay dos cosas esenciales: una, negarse a pactar con ellos ninguna otra cosa que no sea su disolución; segunda, la movilización social, la participación en todo tipo de iniciativas contra ellos y lo que significan.

En un agrio debate parlamentario con Aznar, Anasagasti se traicionó reconociendo, con no poca complacencia y secreta admiración, que ETA era invencible, y que por lo tanto el Estado estaba obligado a pactar con esos supermanes si no quería padecer golpe tras golpe. El corolario es conocido: si no pacta, será corresponsable, por su intransigencia, de los crímenes que se puedan suceder. Cuando alguien piensa así es porque ya está derrotado por ETA, porque ya ha decidido pagar al terrorismo el rescate que reclame. Esto es malo, mucho, pero peor es todavía que el precio a pagar no proceda del propio capital, sino de la vida de terceros. Es repugnante que el asesinato de Martín Carpena sea, para algunos, una mera confirmación de la invencibilidad que atribuyen a los asesinos y de la intransigencia que reprochan al PP.

Lo cierto es que este noveno concejal asesinado del PP ha sido vícitma no sólo de cuatro balazos a traición, sino de los cálculos indecentes de ciertos políticos vascos -y muchos admiradores de otras partes- que, para perpetuarse en el poder, suman y restan de sus apoyos las vidas ajenas. Su derrota moral es completa, la política es cosa de días. A Martín Carpena no podemos devolverle la vida que le han arrancado en Málaga en nombre de falsas querellas vascas, pero sí podemos y debemos asegurar en su memoria que los vencidos no prevalecerán sobre las víctimas.

La ofensiva de ETA
José Luis Gutiérrez La Estrella 17 Julio 2000

Lamentablemente, todos los pronósticos sobre la organización armada vasca se están cumpliendo en sus aspectos más oscuros. El atentado del sábado en Málaga, con el asesinato de un concejal del PP, Martín Carpena, de 49 años, y el coche-bomba colocado en el cuartel de la Benemérita de Ágreda (Soria) nos sitúan ante una ofensiva en toda regla de ETA contra el Gobierno del PP, principalmente,  demostrando que su estructura de comandos no sólo está intacta sino reorganizada y fortalecida.

Ahora se comprueba con hechos tan trágicos y dramáticos como los reseñados que ETA no mentía en sus comunicados cuando aseguró que la tregua indefinida que siguió a la muerte del concejal del PP de Ermua, Miguel Ángel Blanco, tan sólo había sido una añagaza para ganar tiempo y, de paso, romper el frente inmenso de apoyo popular que siguió el asesinato del joven edil del PP.

Ciertamente, la maniobra fue diabólica y eficaz, y convendría saber en qué medida Xavier Arzalluz era consciente de lo que se preparaba. Efectivamente, aquel movimiento espontáneo de millones de personas lanzándose a la calle, aquellas explosiones populares "por simpatía", el millón y medio de personas que salieron a la calle en Barcelona, los más de dos millones de madrileños, el medio millón de bilbaínos, todos al conjuro del rechazo del terrorismo, sin que mediara una sola indicación o llamamiento de partidos u organizaciones sociales, aquello alertó no sólo a ETA, también a los partidos nacionalistas vascos y en alguna medida también a los catalanes. Aquello, el llamado Espíritu de Ermua, fue la espoleta que puso en marcha la organización de la famosa tregua, junto con Lizarra/Estella, y condujo a la complicada situación estratégica en la que hoy se encuentran el PNV y el cada vez más residual EA, y por consiguiente el Gobierno vasco de él emanado.

Ahora ETA, tal como han señalado diversos portavoces políticos vascos, es quien marca la estrategia de todo el nacionalismo, y es ciertamente reveladora la actitud del lechendakari Ibarretxe compareciendo ante la opinión pública para condenar con duras palabras el atentado de Málaga... y nada más.

Vienen, por tanto, tiempos duros para todos.

Contra las cuerdas
Editorial La Estrella 17 Julio 2000

Atentado tras atentado, la banda terrorista ETA aplica la miserable megafonía de sus bombas para dejar constancia de su existencia en la historia general de España y en la particular del País Vasco. Paralelamente, bomba a bomba va estrechando implacable su cerco de irrazonable aspecto e inexplicable alcance sobre el Partido Nacionalista Vasco. Las muertes, la consternación y la repugnancia que producen en la sociedad estas viles acciones de la banda terrorista se están volviendo contra el nacionalismo llamado moderado como si el objetivo real de los pistoleros fuera crear alrededor del PNV un cinturón de acoso llamado a ser también sin tardar mucho un cerco de derribo. Se comprende mal que en el seno del nacionalismo vasco entendido en este caso como expresión actual de los grupos que se dan la mano, a partir del Pacto de Estella, en el camino hacia el soberanismo la parte radical esté causando tan graves perjucios a la parte moderada y generalmente considerada como democrática.

Ayer, mientras los disparos sobre el concejal José María Martín Carpena resonaban en toda la sociedad y la explosión del coche-bomba de Ágreda (Soria) escribía un capítulo más en el relato de la epopeya "heroica" terrorista, el lehendakari Juan José Ibaterretxe, hacía una aparición patética para expresa su dolor a los familiares del concejal malagueño y volver a pedir a ETA que deje ese camino de la muerte. Pero no hacía mención alguna a lo que se viene esperando de su Gobierno, que corte de inmediato todo contacto con los partidos que apoyan a los violentos. Ibarretxe deplora los asesinatos de ETA y sin duda es sincero pero no se distancia de la banda definitiva y radicalmente como si una misteriosa atadura estuviera justificando la idea del  "cordón umbilical" según expresión acuñada por observadores vascos de la situación, por el que un partido acreditado en la historia democrática de España está pagando el altísimo precio de una crisis gubernamental sin precedentes y otra crisis de relación con sus propios sectores políticos y sociales, en cuyo seno cada vez se oyen más voces discrepantes.

Ibarretxe ha estado oportuno en la expresión de su solidaridad con los familiares del concejal asesinado, pero se ha mostrado débil frente a la banda terrorista y ambiguo, una vez más, en la condena de tan despiadada acción etarra. ETA sigue matando pero el PNV no rompe. En sus palabras de condolencia a los familiares del concejal asesinado el jefe del Gobierno vasco para sorpresa de una buena parte de la opinión pública no habla ni una sola vez de terrorismo, y sí hace varias referencias a la "lucha armada". La semántica vuelve a jugar un importante papel. Contrariamente, en la catedral de Málaga, en el curso de los funerales por Martín Carpena, el obispo de Málaga se distanció intencionadamente sin duda de la ya tradicional ambigüedad de sus colegas vascos para hacer una de las más duras condenas eclesiales contra "la dictadura de los asesinos" de ETA: "...queremos alejar todo atisbo de pasividad contraria al Evangelio ante la brutal dictadura del miedo y la impotencia a la que quieren someternos un grupo detestable y asesino".

Cadena de atentados
Pablo Sebastián La Estrella 17 Julio 2000

ETA ha regresado con fuerza y crímenes al primer plano de la actualidad. Un coche-bomba en Guecho, otro en el centro de Madrid, el asesinato de un concejal del PP en Málaga y un tercer coche-bomba en una casa cuartel de la Guardia Civil en Soria. Ante esta avalancha parece más que claro el desconcierto del Gobierno y de su ministro de Interior, que, lejos de seguir con su persecución y culpabilización del PNV –un partido que permanece perdido en su propia y muy particular confusión–, deberían dedicar más esfuerzos a la lucha policial y a exigir de Francia que vuelva a poner en marcha su renqueante política de colaboración antiterrorista.

Asesinatos y bombas por doquier no permiten simplificar el relanzamiento de ETA, apoyado por un nuevo envite de impuestos contra los empresarios, a la idea de que existen dos nuevos comandos, uno en Madrid y otro en Vizcaya, cuando aparecen dos más, uno en Andalucía y un cuarto en las cercanías de Soria. Parece evidente que la organización terrorista despertó de su letargo y pasó a una ofensiva general que podría tener mayores objetivos este verano y buscar trascendencia y publicidad de corte internacional dañando el frente del turismo. Si tienen un comando en la ciudad de Málaga, como parece, esta posibilidad tampoco se puede descartar.

Desde que acabó la tregua, que sí existió, ETA ha ido progresando en su escalada, tocando casi todos los sectores públicos, PP, PSOE, Ejército, la prensa, el comercio, el norte, el centro y el sur. Todo un despliegue que deja en difícil situación a quienes no hace muchos meses afirmaban que la tregua respondía a la debilidad de ETA. Todo un despliegue, también, que hasta ahora no tuvo ninguna respuesta policial de eficacia, ni siquiera una llamativa colaboración de Francia, que es lo que suele hacer el Gobierno de París de tiempo en tiempo, cada vez que el terrorismo aprieta al sur de los Pirineos y en España se mira a Francia como el país que hace la vista gorda y en el que se esconde la retaguardia, el polvorín y la cúpula de ETA.

El Gobierno español debe aclarar de una vez para siempre su relación policial con Francia y el Ministerio de Interior, su aparato de propaganda y sus altavoces amigos, deben abandonar la estrategia de despistes infundados al conjunto de la población con la persecución del PNV y la búsqueda de elecciones en el País Vasco, en las que Mayor Oreja quiere ser candidato, para poner un poco más de eficacia de dedicación y de esfuerzo a la lucha contra el terrorismo, en vez de dedicarse a otras cosas.

Los españoles conocemos los errores del PNV por su presencia en Estella y su pacto indirecto de Gobierno con EH. Pero la ruptura de estos pactos sería más factible si desde Madrid se le diera una oportunidad al PNV y no pasaran todo el tiempo pidiendo la cabeza de Arzalluz y la de Ibarretxe, como una estrategia publicitaria de corte político y electoral. ¿Acaso ETA mataría menos si el PNV saliese de Estella? Posiblemente igual, o puede que más (que ya es difícil).

Pero ante esta situación caben dos opciones: la de exigir responsabilidades políticas al Gobierno y al ministro de Interior por su ineficacia, o la de insistir en el sermón de que el PNV es muy malo porque no rompe con EH, no dimite el lehendakari, no convoca elecciones y no cesa a Arzalluz.

Por ahí no se va a ninguna parte mientras duran el bombardeo y los asesinatos. Mejor sería que el ministro de Interior no se ocupe de la política vasca hasta que sea candidato, y que se ocupe mas de su ministerio, de las fuerzas de seguridad y de la colaboración con Francia que no avanza nada de nada (ni con Marruecos ante la crisis de las pateras). Mientras, el presidente del gobierno, Aznar, o su vicepresidente primero, Rajoy, deberían ocuparse de aunar el esfuerzo de todas las fuerzas políticas democráticas, incluidas PNV y EA, para conseguir un frente político y social, único y poderoso, frente a la violencia.

El truco de hablar del PNV y EA para tapar la ineficacia policial y la falta de colaboración de Francia no sirve. El PNV, dicho está, lo está haciendo muy mal y debería abandonar esos pactos. Pero el Gobierno no está en condiciones de presumir, tras el fracaso de la tregua, de que su opción policial es el camino perfecto. Se teme un gran atentado, indiscriminado y masivo; antes de que ocurra el Gobierno debe reaccionar.

ETA en Andalucía o la Txirigota de la Muerte
Por Fernando IWASAKI, Presidente de la Fundación Alberto Jiménez-Becerril ABC 17 Julio 2000

Uno tiene asumido que a los etarras y a sus aliados no les conmueve ni nuestra pena ni nuestra indignación, así que no estoy dispuesto a darles la satisfacción de divertirse a costa de mi rabia o de mi dolor. De no ser por las vidas que en efecto han segado y por las familias que han hecho trizas, quienes presumen del tiro en la nuca como expresión de pensamiento deberían provocarnos más bien la chufla o la risa. Y es que en realidad, los batasunos son unos pobres diablos y los etarras unos mamarrachos.

Tiene mandanga que los cráneos más radicales del nacionalismo vasco hayan barruntado una estrategia de muerte y confrontación, que en lugar de conducirles hacia el Caserío Prometido sólo ha aumentado los votos del Partido Popular en el País Vasco y allanado el consenso con el PSOE para que ambos partidos gobiernen muy pronto en Euskadi. Es decir, que lo que antaño era impensable, hogaño es una realidad gracias a los mamarrachos que fraguaron semejante maniobra.

Hasta hace unos años, quienes asesinaban o colocaban bombas podían recurrir al pretexto de proclamar que lo hacían en nombre de una idea o de un principio, pero el desplome del Muro de Berlín y la consolidación de la democracia han privado de coartadas a los energúmenos y a los violentos. Por lo tanto, hay que concluir que tras las acciones terroristas no pueden existir ideologías o principios de ninguna índole.

Creer que el terrorismo se funda en una ideología es un agravio contra quienes desean construir una sociedad democrática sometiendo a sufragio sus ideas. ¿Cómo pueden pretender parapetarse tras una idea quienes combaten con bombas las ideas mismas? Y conste que no me refiero sólo a las bombas que estallan y dejan mortales recados de metralla, sino a las consignas que revientan a diario en los plenos de ciertos ayuntamientos, en las cobardes pintadas de numerosas calles y en los titulares que algunos «ayatolás» expectoran con la finalidad de convertir a la prensa nacional en un campo minado. Esos mensajes también explotan y nos arrasan de indignación.

Desde Andalucía esas cosas se veían con la impotencia y la rabia de quienes teníamos la sensación de estar lejos del vértice de la violencia. Hoy ya no es así, pues los mamarrachos de ETA caminan entre nosotros sembrando el dolor y la muerte por las calles de nuestras principales ciudades. En 1998 asesinaron en Sevilla al concejal Alberto Jiménez-Becerril y a su esposa, Ascensión García; al sargento Miguel Ángel Ayllón le mataron hace un año en Córdoba y en Málaga han terminado con la vida del concejal José María Martín. En el camino fracasaron sendos atentados contra el alcalde de Rincón de la Victoria, contra Soledad Becerril y contra el periodista Carlos Herrera. Como se puede apreciar, el «problema vasco» ya es un problema andaluz.

Uno confía en el Ministerio del Interior, en los partidos democráticos y —sobre todo— en el sentido común de millones de ciudadanos vascos. A ellos me dirijo ahora para preguntarles si no les da vergüenza ajena esta tropa de chuflas y mamarrachos que vienen a Andalucía a destruir con la pezuña todo lo que los buenos vascos han construido con las manos. Desatan el terror, claro que sí, pero siguen siendo unos mamarrachos. Una Txirigota de la Muerte.

Y van...
ERASMO El Mundo 17 Julio 2000

Muerte al sol. ETA deja sobre las calles de Málaga un reguero de casquillos 9 mm parabellum, siniestras heces de metal junto al cuerpo de Martín Carpena. Surrealismo otra vez, ahora en los paradisíacos escenarios malagueños cuajados de sol, palmeras y colores, bermudas, neozelandeses, nada entienden al oír los estampidos de la muerte. Mas lo peor, Gorka Knorr (EA). Dice: que ETA deje las armas.

Desde Málaga ya
ANTONIO GALA El Mundo 17 Julio 2000 

ETA siempre estuvo pasada. El PNV se ha pasado también. En todos los sentidos. Se pensó que era una respuesta calculada a ETA: se ha comprobado que de ningún modo es así. Ni por número de votos ni de escaños puede seguir otorgándosele un peso político como el que se le concedía: no ya en el ámbito central, sino ni en el vasco. Al no oponerse de frente al terrorismo, deja de ser demócrata, y lo dejan de sostener los demócratas. Su posición ahora es marginal: lo saben hasta los empresarios. Corre el albur no sólo de perder el poder, sino la legitimidad. Y si hasta ahora había actuado poco, ¿qué hará a partir de ahora? Rotos sus principios, se acabó el carbón.

Carrera loca
José María CARRASCAL La Razón 17 Julio 2000

  Dos atentados en veinticuatro horas. Soria, Málaga, no hace mucho, Madrid. La banda terrorista semeja un lobo rabioso, acosado, dando dentelladas a diestro y siniestro, adelante y atrás, nada debe quedar fuera del alcance de sus fauces, nadie puede estar libre de su furia asesina. ¿Es eso lo que pretende? ¿Amedrentarnos a todos? ¿Demostrar que puede seguir matando? ¡Pero si matar es muy fácil! Si para eso sólo hace falta no tener conciencia ni sentimientos.

    Con su loca carrera hacia la violencia total, Eta no se acerca a sus objetivos. Al revés, se aleja de ellos. Cada nuevo atentado, cada nueva víctima, cada nueva familia mutilada es un baldón en su ya negro palmarés, un apoyo que pierde.

    En los últimos días la banda terrorista ha perdido el respaldo de la Patronal y de la Iglesia vasca, importantísimos para ella. Le queda el de un PNV cojitranco, tuerto, tartamudo, que ya no sabe qué hacer ni qué decir ante tanta vesania de aquellos con los que en mala hora firmó un pacto en Lizarra, que no se atreve a romper, no sabemos ya si por miedo o por convicción. Pero al final tendrá que hacerlo. Tendrá que hacerlo o romperse como partido, pues en el PNV no todos son Arzallus y Eguíbares, sino que hay hombres y mujeres con conciencia que saben que no puede seguirse eternamente del brazo de asesinos en una democracia, por mucho que esos asesinos compartan nuestros últimos objetivos.

    ¿Cuanto durará este «amoc», esta carrera loca y sangrienta? La sabiduría popular dice que Eta se acabará el día que asesine a un empresario, a un sacerdote o a un político vasco con tendencias nacionalistas. A un empresario ya ha estado en un tris de hacerlo. A sacerdotes y a políticos nacionalistas les ha perdonado, hasta el momento, la vida por razones tácticas. Pero si proliferan pastorales como la de ayer del obispo de San Sebastián y críticas internas como las que se oyen ya en el PNV, pronto estarán en su punto de mira.

    Eta, a estas alturas, es sólo una maquina de matar. Una máquina ciega, bruta, a todo vapor. No sabe otra cosa que hacer. ¿Cuantos muertos más tendrá que causar hasta que su furiosa carrera se detenga? La respuesta la tienen unos señores que hace ya muchos años, décadas incluso, soltaron la fiera y aún hoy se resisten a sujetarla. ¡Y pensar que todavía se atreven a presentarse como víctimas! En lo único que hay que compadecerles es en su ceguera.
  

ETA, PNV e IU contra el PP. ¿Y el PSOE?
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 17 Julio 2000

Contra los etarras no cabe más discurso político que el de negarles su condición de interlocutores políticos. Admitirla equivaldría a reconocer su victoria. Por eso el PNV no sólo acepta, sino que se identifica con el terrorismo etarra desde que forma parte del Pacto de Estella, borrando toda diferencia entre nacionalismo democrático y criminal que no sea puramente cosmética. También por eso Izquierda Unida, más allá del sórdido Madrazo, es un aliado objetivo del terrorismo etarra, como se encargó de recordar Julio Anguita tras el antepenúltimo atentado etarra. A ETA, dijo, "se la combate con flexibilidad e inteligencia". Veremos cómo interpreta Antonio Romero la "flexibilidad" anguitesca tras el asesinato de su compañero en el Ayuntamiento malagueño José María Martín Carpena.

El hecho es que el nacionalismo le sirve al PNV para ponerse a cubierto del terrorismo mientras justifica el asesinato de representantes del PP por su "inmovilismo" ante el reto separatista. Y el hecho es también que la vieja fórmula estalinista de la "autodeterminación" le permite a IU reeditar la vieja alianza de los años finales del franquismo entre el PCE y ETA. Otra vez luchan juntos contra la derecha y contra España, los comunistas quedan a salvo del terrorismo y, por supuesto, al equiparar como hace Madrazo la "intransigencia" de Aznar con la de ETA, culpan en última instancia al PP de que ETA asesine a sus concejales. Y es muy importante esta identificación de los comunistas españoles con la estrategia de los etarras, porque, además de darles tanta o más legitimidad que el PNV, atrae hacia esa postura al PSOE.

Este es, sin duda, el gran problema político de la lucha antiterrorista. ¿Puede contar de verdad el PP con el apoyo incondicional del PSOE? A mi juicio, no. O por lo menos no del todo y de forma leal y permanente. Hay un sector nacionalista y antiespañol del PSOE, cuya cabeza visible es Maragall, que ya ha mostrado su identificación con el PNV frente al PP. Como la propia Convergencia i Unió, por otra parte, que sigue suscribiendo la Declaración de Barcelona, una auténtica declaración de guerra sólo relativamente incruenta a la nación y la Constitución españolas. Pero Maragall tiene a su favor en el PSOE no sólo la debilidad presente y futura de la dirección del Partido, que le confiere una gran capacidad de maniobra, sino el empeño manifiesto de González de dejar absolutamente solo al PP en la lucha contra el terrorismo nacionalista.

El ex-presidente del Gobierno lo demostró de forma inequívoca cuando acudió a entrevistarse con Arzallus para respaldarlo frente a la ofensiva del PP pidiendo elecciones anticipadas. También cuando suscribió los argumentos de Arzallus de que la culpa de que ETA vuelva a matar es del Gobierno y la culpa de que maten a los concejales del PP, de Aznar. Nada hay más importante para González que la venganza, el desquite contra los que le hicieron desalojar la Moncloa. Y una de sus infinitas cuentas pendientes con el PP es la de que no le respaldó en la lucha antiterrorista pidiendo, por ejemplo, el cumplimiento íntegro de las penas por los etarras. Pero en realidad González y el PSOE nunca han tenido una política antiterrorista constante, seria y democrática. Es el Presidente del GAL y de las conversaciones de Argel. Y de la "mediación" de un Nobel saltimbanqui argentino en tiempos de Belloch. Y de la puerta de la cárcel de Guadalajara. González cree, como Arzallus, que todo lo que sea debilitar al Gobierno de Aznar es bueno. Y el terrorismo, en su análisis, lo debilitará finalmente ante la opinión pública.

Es una apuesta arriesgada por parte de González, porque en la opinión pública -como mostraba la encuesta de Sigma 2 para "El Mundo" publicada ayer- el PP mejora continuamente su intención de voto frente al PSOE, entre otras cosas, por su claridad en la lucha política contra el nacionalismo y en la lucha policial contra el terrorismo. Si el PSOE deja solo al PP frente a ETA, de momento dañará al PP pero a medio y largo plazo tiene todas las de perder el PSOE. Claro que eso a González le da igual. Un hombre capaz de dejar que se hunda su partido con tal de seguir mandando en él, no vacilará en hundir a España si con ello hunde al Gobierno español que él no preside.

Estamos, pues, ante una batalla interminable, durísima. El terror cuenta con más aliados de los que aparecen y el PP está dramáticamente solo en el arco político. Esa soledad, cuando se tiene razón, paciencia e inteligencia, es finalmente garantía de victoria. Pero únicamente al final. Antes queda un calvario político poblado de judas, pilatos, anases y caifases. Sin un solo cirineo.

Escalada asesina
Editorial El País 17 Julio 2000

LA ORGANIZACIÓN terrorista ETA ha decidido ampliar la intensidad y el ámbito geográfico de su ofensiva. Trataría de demostrar así que nadie está seguro en ningún sitio, con el propósito de lograr el desistimiento de la sociedad española para imponer luego sus pretensiones políticas a los vascos. Antes de haberse apagado los ecos del coche bomba que hizo estallar en el centro de Madrid, los pistoleros etarras han asesinado a tiros en Málaga, en presencia de su esposa y su hija, al concejal popular José María Martín Carpena y, apenas unas horas después, colocado otro vehículo explosivo en el pueblo soriano de Ágreda, esta vez junto a un cuartel de la Guardia Civil y con el afortunado resultado de un herido leve.

La escalada del desafío de la banda fascista, que en seis meses ha matado a seis personas y puesto en circulación 2.000 kilos de explosivos, muestra claramente que su tregua, tan aireada por los partidos nacionalistas vascos como un hito irreversible que conduciría a la pacificación, sirvió a ETA básicamente para reorganizar sus comandos y pertrecharse a gran escala. Desde diciembre, y de manera especial en la cadena de atrocidades de los últimos días, los terroristas han ampliado el punto de mira de sus armas con nuevos y antiguos enemigos: un teniente coronel, el portavoz del PSOE en el Parlamento vasco, un antifranquista y escritor de periódicos, dos atentados en Getxo y Ordizia dentro de la campaña de intimidación y chantaje contra los empresarios vascos, el ataque contra el domicilio del vicepresidente de UPN, nueva vuelta de tuerca sobre el partido del Gobierno al asesinar a uno de sus concejales en Málaga y los coches bomba de Madrid y de Soria, tanto da a estas alturas si dirigidos específicamente contra las fuerzas de seguridad o con la intención de provocar una matanza indiscriminada.

La estrategia de tensar al límite la situación decidida por la banda de facinerosos no es ajena a la insostenible situación del Partido Nacionalista Vasco. La progresiva indefinición del PNV, que por un lado sigue explorando la senda del soberanismo y rechaza cortar sus lazos con el brazo político de ETA, mientras que por otro se distancia por etapas de Euskal Herritarrok buscando ganar tiempo para que los acontecimientos decidan por ellos, es vista por los terroristas como el comienzo de un eventual cuarteamiento del proyecto plasmado en el Pacto de Estella, su clave de bóveda. ETA pretende del PNV un compromiso más sólido con el soñado escenario final.

Los pronunciamientos recientes de la patronal vasca Confebask exigiendo el mantenimiento del actual marco jurídico y la defensa abierta del Estatuto de Gernika, o el desusado por lo contundente del obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, condenando de forma explícita y radical el terrorismo de ETA y su entorno, añaden presión al PNV y Eusko Alkartasuna, los socios del Gobierno vasco, y ponen contra las cuerdas al lehendakari. Ibarretxe, a estas alturas, sigue obcecado en promover una mesa de diálogo cada vez más imposible en vez de hacer frente a la situación de minoría de su Gobierno. El presidente vasco, que en un reciente sondeo autonómico obtiene la puntuación más baja de los dos últimos años, respondió ayer con un mensaje ritual al acribillamiento del concejal Martín Carpena, que calificó de "injusto y mezquino".

En su reciente asamblea nacional, el PNV ha intentado una vez más hacer equilibrismo entre las retóricas declaraciones contra la violencia y su colaboración con Euskal Herritarrok. Los últimos acontecimientos demuestran una vez más el carácter ilusorio de su pretensión de nadar y guardar la ropa. El obispo Uriarte, que actuó de mediador entre ETA y el Gobierno en la única entrevista mantenida durante el alto el fuego de la organización terrorista, ha dado la respuesta que conviene a la situación: el deber moral de adoptar posiciones inequívocas en defensa de las víctimas ante este ataque frontal contra los fundamentos de la sociedad democrática. El Gobierno de Juan José Ibarretxe debe aplicarse la receta.

Coincidencias involuntarias
IGNACIO CAMACHO El Mundo 17 Julio 2000

«Podemos ser solidarios con la gente del País Vasco que sufre, pero ya hemos puesto demasiadas víctimas en una guerra que no es nuestra». El Defensor del Pueblo andaluz, José Chamizo, no es hombre sospechoso de debilidad ni insolidaridades: fue el combativo cura que organizó las coordinadoras contra la droga en el Campo de Gibraltar, denunció mafias policiales y se fajó en la primera fila de un conflicto que desangraba a la sociedad civil del Estrecho. Pero ayer no pudo más y soltó, con sincera impremeditación, lo que la mayoría de los andaluces piensa, aunque no lo diga, de esta larga sangría que periódicamente exige su tributo en vidas a una comunidad que realmente no entiende lo que pasa.

En Andalucía, el conflicto vasco hace tiempo que se volvió ininteligible. En cierto sentido, la gente participa de ese estado que se denomina «independencia psicológica», y que forma parte del objetivo lejano del terrorismo: la creación de un clima de opinión pública que convierte la independencia en una solución aceptable por las víctimas. En cualquier escenario cotidiano andaluz es fácil oír, expresada de las maneras más variadas, la propuesta radical de una solución traumática, una amputación política que salve al resto del cuerpo del país. Algo así como «que les den la independencia de una vez y que nos dejen tranquilos».

La culpa de esta especie de claudicación la tienen los cientos de muertos que Andalucía lleva puestos en el balance del conflicto vasco. La mayoría, miembros de las fuerzas de seguridad, gente humilde que en los setenta y los ochenta se vistió de uniforme para escapar de un horizonte económico depresivo, y que en muchas ocasiones volvió dentro de una caja de madera con una bandera encima. Más tarde, a partir de la Expo-92, ETA trasladó el escenario a la propia Andalucía, comenzando una serie de atentados que han creado un estado de opinión absolutamente crispado y hostil que, sin embargo, no ha impedido que los terroristas hayan logrado establecer una probable red de apoyo y colaboración en suelo andaluz.

Para la mayoría de los andaluces, se trata de una guerra incomprensible y ajena. Incluso un episodio incruento, la pacífica protesta de las giraldillas -bautizadas como giraldetas por algún ingenio local- en el Mundial de atletismo de Sevilla-99, fue recibida como una ofensa en una ciudad herida por la huella del asesinato del matrimonio Jiménez Becerril.

La propia presencia de presos vascos en territorio andaluz es vista por muchos ciudadanos como un elemento indeseable, por cuanto proporciona al entorno etarra una cobertura para su presencia; curiosa coincidencia también -debe ser verdad que los extremos se tocan- con los objetivos del nacionalismo radical.

Vieja España
EDUARDO HARO TECGLEN El País 17 Julio 2000

Una persona que da la vida por un ideal es también capaz de matar a otra. Esta opción es más fácil. Las dos son absurdas: como siempre, la más frecuente es la más injusta. La patria vasca es uno de esos absurdos que facilitan tomar la vida de otro. No más que el islamismo o el judaísmo, o la suposición de España como "una, grande y libre" del tiempo de Franco, que tomó muchas vidas de otros y sacrificó muchas de los suyos. Se le alababa el espíritu de grandeza. No hablo de los estados de necesidad.

Yo mismo, tan poco creyente, me he expuesto a algún peligro por evitar una situación insoportable; y he venido a parar a una democracia artificial, donde no vivo en una situación fácil por ciertas manías que tengo acerca de mi profesión, de unas obligaciones humanas y de deudas que puede uno tener para con los demás. Prefiero no pensar en cómo llegará a ser la patria vasca si, venciendo al mundo, se proclamara. Quizá como la argelina, la cubana o la vietnamita, que figuraron entre mis propios ideales triunfantes. No dejo de pensar en cómo había que ser para creer que Churchill, Roosevelt, Stalin y De Gaulle iban a devolver la libertad al mundo. Pero era simple elegir entre ellos y Hitler.

No se deduzca que hay que abandonarlo todo. Hay que ir a otros temas de la condición humana. Huyendo de mitos. La patria vasca, la extremeña o la europea, ni siquiera Chamberí, salvan las desigualdades. Las religiones van aparejadas, y esas dos ideas inverosímiles fabrican los ejércitos como ideales, a los que atribuyen lo impalpable: el honor, que tantas veces ha servido para matar mujeres. Abandonar lo inútil y lo estúpido, la carga moral que arrastramos en un sentido equivocado. El residuo vasco está manteniendo la idea de perder la vida, especialmente la de los otros, para volver al edén.

No creo que sean sanas las ideas gubernamentales, que rinden homenaje a otra antigüedad de patria y orden. Mayor Oreja va en cabeza de los políticos del régimen (en las encuestas) y es porque representa una posición de firmeza conforme con la mayoría del país, que ahora es conservadora. No veo que esa posición tenga fuerza para acabar con el enemigo que mata: ni la inteligencia dúctil como para negociar: como se está haciendo hasta en el rincón donde hay más odio del planeta, en Palestina.

Los crímenes de Lizarra
Por Enrique de Diego Libertad Digital 17 Julio 2000

Resulta lacerante la insidiosa forma del neovictimismo del PNV. Desarrollar la acusación de inmovilismo respecto al Gobierno, no es otra cosa que situar a los concejales del PP como objetivo de los terroristas. La estrategia del PNV ha pasado y pasa -lo del perfil dialogante del mandado de Ibarretxe es una broma macabra- no por aislar a los violentos, sino por "aislar al PP". El PNV utiliza la violencia y el asesinato en su propio beneficio.

El terrrorismo es nacionalista y, al igual que el Holocausto, es la deslegitimación última del nazismo o el GULAG del comunismo. Los asesinatos de ETA son la deslegitimación del nacionalismo en su conjunto. Lizarra es la existencia de una estrategia común cuyo objetivo último es el genocidio de todos los constitucionalistas. De los concejales del PP y, por ende, de sus votantes. También de los del PSOE. El nacionalismo es una ideología de cadáveres que ama el olor de los muertos y crea un tipo de psicópata ideológico que es el terrorista: asesino en serie, sin relación con la víctima, que mata no por la individualidad sino por el género o la pertenencia a algún colectivo, y que a través del asesinato trata de enviarnos algún mensaje moral utilizando para ello a la víctima. El mensaje del asesinato de Martín Carpena, realizado probablemente no por un comando sino por un terrorista aislado, es claro: ningún concejal del PP está fuera de peligro, sobre todos ellos pende una sentencia de muerte.

La rebelión civil frente al totalitarismo genocida ha de pasar necesariamente de la resistencia a la ofensiva. La decisión del Tribunal Constitucional de liberar a la dirección de HB, independientemente de su análisis jurídico, fue un tremendo retroceso del acoso del Estado de Derecho a la violencia. Es evidente de que la "kale borroka" está organizada desde HB y de ahí deberían extraerse consecuencias judiciales. Es notorio que un cambio sustancial de la situación se producirá cuando haya un lendakari constitucionalista y, por tanto, la policía autónoma vasca pueda cumplir el mínimo que corresponde a una policía: perseguir el delito, defender los derechos y libertades. Y sigo echando en falta uno o varios monumentos nacionales a las víctimas que sean homenaje a los héroes de la libertad.

UN HOMBRE PACÍFICO Y SENCILLO
VANESSA MOLTÓ La Voz de Galicia 17 Julio 2000

ETA volvió a protagonizar un acto de violencia en la noche del sábado al asesinar al concejal del PP en el Ayuntamiento de Málaga José María Martín Carpena. Funcionario del Instituto Nacional de la Seguridad Social y diplomado en Administración de Empresas, Martín Carpena entró a formar parte de la corporación del municipio malagueño en abril de 1997 en sustitución del edil Juan Manuel Moreno Bonilla.

 Pero para Carpena no todo era política en su vida. Participaba activamente en la vida social malacitana, e incluso algunos fines de semana oficiaba bodas en el ayuntamiento. Carpena vivía en Nueva Málaga, una barriada sencilla, de trabajadores. Quienes le conocían aseguran que lo suyo era el contacto directo con la gente. Tratar de solucionar los problemas a través del diálogo era una de sus metas. Hombre afable, se definía como un amante de los animales y fiel seguidor del Málaga. La banda terrorista ha asesinado a un hombre pacífico y sin enemigos, que entendía su trabajo como un servicio en el que el contacto con los ciudadanos era fundamental.

SOLOS
ALFREDO VARA La Voz de Galicia 17 Julio 2000

Temor en la población de Madrid, ira en Málaga, rabia en un pueblo de Soria. Siniestro suma y sigue de ETA, que continúa coleccionando odios y construyendo soledades, en su escalada tras la pausa de reorganización y rearme, que no tregua. ETA sigue construyendo soledades de familias rotas por la cobardía asesina de quien vacía el cargador de su pistola sobre una víctima indefensa.

Pero también proyecta soledades sobre quienes pretenden aún conciliar la condena de la violencia con la tibieza frente a quienes no sólo la amparan sino que pretenden incluso darle cobertura supuestamente política. Y sobre los que insisten en declararse profetas de una redención del País Vasco en la que sólo ellos creen, pero no dudan en tratar de imponer, escribiéndola en sangre indefensa. Los del tiro en la nucha siguen avanzando hacia la soledad. Pero falta aún que quienes combinan condenas verbales y pactos vergonzantes con los que amparan a los asesinos actúen de una vez con claridad y dejen solos a los fanáticos de la sangre.

Miles de malagueños se solidarizan con la familia del concejal asesinado el sábado
Aznar, tres ministros y las presidentas del Congreso y del Senado asistieron al funeral
SANTIAGO F. FUERTES, Málaga El País 17 Julio 2000

Las más altas autoridades del Estado y de la comunidad autónoma andaluza acudieron ayer a Málaga para arropar y ofrecer su solidaridad a los militantes del Partido Popular y, especialmente, a la familia del concejal asesinado, José María Martín Carpena. El cuerpo del edil llegó minutos después de las tres de la tarde al consistorio, en donde permaneció durante algo más de tres horas, hasta que fue trasladado a la catedral malagueña, en donde tuvo lugar un multitudinario funeral al que asistió el presidente José María Aznar. Posteriormente, el cadáver de Martín Carpena fue trasladado al cementerio de San Gabriel para ser enterrado en una ceremonia privada por deseo expreso de sus familiares.

A la atrocidad de un asesinato terrorista se sumaba ayer en los sentimientos de miles de malagueños la zozobra de lo inesperado. Nadie ni nada en una veraniega y festiva Málaga hacía imaginar el drama del crimen de origen terrorista en sus propias calles. Desde muy temprano por la mañana, decenas de vecinos se agolparon frente al edificio del Ayuntamiento. Con el paso de la mañana se convirtieron en centenares, que rompieron a aplaudir en cuanto el coche fúnebre llegó frente a las puertas de la sede municipal.

A medida que avanzaba la tarde fueron llegando a la capilla ardiente los ministros del Interior, Jaime Mayor Oreja, y de Administraciones Públicas, Jesús Posadas. Mención aparte merece la ministra de Sanidad y ex alcaldesa de Málaga, Celia Villalobos, que vivió toda la jornada de una manera intensísima. Fue ella la que metió en sus listas a las elecciones municipales a Martín Carpena en 1995.

También estuvieron en la capilla ardiente el presidente del Parlamento andaluz, Javier Torres Vela, y el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, acompañado de sus esposa, Antonia Ibarra.

Cerca de las seis y cuarto de la tarde llegó al Ayuntamiento el presidente del Gobierno, José María Aznar, con el que también venía su esposa, Ana Botella. Tras una breve visita a la capilla ardiente, el propio presidente del Gobierno encabezó la comitiva que se desplazó a pie hasta la catedral. Tanto él como Chaves --que salieron separados del Ayuntamiento, pero pronto se juntaron a la cabeza del grupo-- recibieron numerosos aplausos de los ciudadanos allí presentes, que no perdieron en ningún momento la calma. Críticas y lamentos más o menos radicales en privado sí, pero como bloque, ayer, no era día de distinguir entre partidos o ideas para los malagueños que decidieron homenajear al concejal asesinado.

"Celia, nos ha tocado, qué le habremos hecho nosotros a estos criminales", se lamentaba una señora de avanzada edad que por unos momentos caminó a la par de la ministra de Sanidad en el trayecto hacia la catedral.

El funeral fue oficiado por el obispo de Málaga, Antonio Dorado, que eligió un sermón con mensaje de esperanza de creyente, y que aunque clamó un "¿hasta cuándo las muertes y el dolor?" les pareció a algunos miembros del PP malagueño blando en la condena. Incluso abandonaron la catedral antes de que finalizara la homilía.

Las autoridades hicieron un pasillo al féretro y tan sólo Villalobos se saltó el protocolo para, lívida y con la cara desencajada, abrazarse a los familiares de Martín Carpena. El féretro partió después hacia el cementerio con la única compañía de sus familiares, que lo enterraron en la intimidad.

ETA coloca un coche bomba en Soria 17 horas después del asesinato de Málaga
La banda realiza un alarde de fuerza al perpetrar tres atentados fuera del País Vasco en cinco días
I.C. MARTÍNEZ / G.GASTAMINZA, Vitoria / San Sebastián El País 17 Julio 2000

ETA hizo estallar ayer un coche bomba junto a la casa cuartel de la Guardia Civil en Ágreda (Soria) sólo 17 horas después de haber asesinado en Málaga al concejal popular José María Martín Carpena. La explosión sólo hirió levemente a la esposa de un guardia civil y causó algunos daños materiales. El atentado es el tercero con un coche bomba que perpetra ETA en las últimas tres semanas. La ofensiva desplegada por la banda terrorista en estas semanas ha sido facilitada, según el ministro del Interior, por la reorganización que han llevado a cabo los etarras durante la tregua. Los principales partidos políticos reprocharon ayer al PNV que siga manteniendo alianzas políticas "con los amigos de los asesinos".

En un paso más de la intensa campaña de terror iniciada tras la ruptura de la tregua, ETA quiso realizar ayer un nuevo alarde de fuerza al hacer estallar un coche bomba repleto de explosivo y metralla junto al cuartel de la guardia civil de Ágreda (Soria), apenas 17 horas después del asesinato a tiros del concejal del PP del Ayuntamiento de Málaga, José María Martín Carpena. La explosión, que se produjo a las 14.40 horas, sólo hirió levemente a Estrella Ruiz, la esposa de un agente, y causó diversos daños materiales.

La organización terrorista parece empeñada, dentro de la ofensiva desatada, en cometer un atentado con impacto antes de que se apague siguiera la conmoción del anterior. Tanto la diversificación de objetivos y de lugares de actuación, como los objetivos políticos pretendidos por cada uno de los atentados, sugiere una gran planificación y un amplio despliegue de efectivos. En las últimas semanas ETA ha acortado además los intervalos entre atentados, que a principios de año dosificó a razón de uno al mes. El de ayer es el tercer coche bomba que hace estallar -ninguno ha causado víctimas mortales-, en el plazo de tres semanas, tras el colocado el 24 de junio en Getxo y el del miércoles pasado en pleno centro de Madrid. Un cuarto atentado, fallido, fue la colocación de una bomba lapa bajo la furgoneta de un empresario de la localidad guipuzcoana de Ordizia, el 7 de julio.

Fuera del País Vasco
El ataque al cuartel de Ágreda constituye también el tercer atentado etarra fuera del País Vasco en un periodo de cinco días, después de haber concentrado sus acciones criminales en las provincias vascas desde su primer atentado mortal tras la ruptura de la tregua, el que costó la vida en Madrid al teniente coronel Pedro Antonio Blanco, el 21 de enero pasado.

La banda ha explotado en los meses pasados sus posibilidades de forzar la situación política en el País Vasco, colocando con cada atentado en una situación insostenible al nacionalismo moderado y al Gobierno vasco, mientras que ahora considera que ha llegado el momento de exportar de nuevo sus atentados fuera de Euskadi, poniendo en juego todos sus recursos. Con ello trataría de demostrar al Gobierno del PP su capacidad de recomposición, pese a los duros golpes policiales padecidos antes y durante la tregua.

El ministro de Interior confirmó ayer que el asesinato de José María Martín Carpena -el segundo concejal del PP muerto desde el fin de la tregua- es obra, sin ninguna duda, de la organización terrorista. El presidente del Gobierno, José María Aznar, acudió ayer al multitudinario funeral por el concejal de Málaga, al que asistieron también las presidentas del Congreso y el Senado, el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, varios ministros del Gobierno y representantes de otras instituciones y partidos. La Federación Española de Municipios y Provincias ha convocado para el mediodía de hoy concentraciones ante los municipios, al igual que lo ha hecho la asociación vasca de municipios Eudel ante las instituciones vascas. A las ocho de la tarde se celebrará una gran manifestación en Málaga bajo el lema "por la paz y la libertad, todos contra el terrorismo". Ayer ya se celebraron en numerosos puntos del País Vasco y Navarra concentraciones de repulsa convocadas por Gesto por la Paz y el Foro Ermua. Aunque la organización pacifista había solicitado que los partidos no utilizaran estos actos para dividir, la crispación política se evidenció en Bilbao. A la concentración de Gesto se sumaron los políticos del PNV y EA, mientras que en la del Foro Ermua sólo estuvieron representantes de los partidos no nacionalistas.

El hecho de que gran parte de los últimos atentados se hayan concentrado durante un fin de semana puede indicar que la organización está utilizando militantes no fichados por la policía - liberados (dedicados exclusivamente a la actividad terrorista) o no- o comandos mixtos formados por activistas ilegales (fichados por la policía) y otros sin quemar. En domingo fueron asesinados, el 7 de mayo, el miembro del Foro Ermua y columnista de El Mundo, José Luis López de Lacalle, y el 4 de junio, el concejal del PP en Durango Jesús María Pedrosa; un sábado explotó el coche bomba de Getxo, y en estos días de la semana también se produjeron los dos últimos atentados en Málaga y Soria.

El ministro del Interior, Jaime Mayor, resaltó en Málaga que la ofensiva de la organización terrorista es fruto de su reorganización durante la tregua, que le habría permitido dotarse "de una nueva logística e infraestructura". Mayor interpreta que ETA "pretende hacer inaguantable la política del Gobierno" y reiteró que éste "no cambiará ni uno sólo de sus principios, basados en el fortalecimiento del Estado de Derecho". El ministro afirmó también que, ante las insinuaciones del PNV acerca de una supuesta nueva tregua, ETA ha querido dejar sentado que es ella quien "administra y dirige el frente nacionalista".

ETA es, tras el año y medio de tregua, una organización totalmente renovada y diferente en su estructura y aparato logístico a la que se conocía antes, según sostienen expertos policiales. El mismo hecho de que sus dirigentes estuvieran obsesionados tras las sucesivas caídas de que la organización estaba infiltrada por los servicios secretos españoles -una de las motivaciones de ETA para suspender temporalmente sus atentados en septiembre de 1998- abunda en la hipótesis de que la actual estructura etarra es totalmente nueva, aunque mantenga la misma dirección en su cúpula. Fuentes de la lucha antiterrorista reconocen que poco se sabe aún de cómo se ha rehecho.

La tregua ha servido a ETA no sólo para cambiar su estructura de comandos -legales e ilegales, estables o itinerantes- y su red de apoyo basada en ciudadanos vascos de nacionalidad francesa que se mueven en España con mucha mayor libertad, sino también para planificar toda la ofensiva operativa que ha desplegado desde enero. Ésta tiene sus objetivos perfectamente seleccionados con el fin de extender el miedo entre los distintos sectores que le pueden garantizar una gran repercusión social, como políticos y periodistas, o que le van a servir para recaudar fondos económicos destinados a financiar sus acciones, como los empresarios, a los que, además de extorsionar económicamente, ETA intimida para que actúen como un grupo de presión sobre las instituciones del Estado.

Labores de reorganización
"Una estructura clandestina con esta capacidad no se improvisa", aseguran los citados expertos. La detención de varios dirigentes etarras en Francia durante los meses de tregua ha evidenciado que la dirección "nunca ha parado" en lo que se refiere a las labores de reorganización. José Javier Arizkuren, Kantauri, responsable de todos los comandos ilegales, fue detenido el 10 de marzo de 1999 en París cuando se iba a reunir con los miembros del aparato internacional.

La policía francesa hubiera podido seguir controlándolos, pero precipitó su captura porque estaban cerrando una importante operación de compra de armas que anularon. También resulta reveladora la detención el pasado 25 de octubre de Belén González Peñalva en Pau, a los cinco meses de haber acompañado a Mikel Albisu, Antza, en la única entrevista que mantuvo ETA con los representantes del presidente Aznar en Zúrich.

La agenda que se le intervino a la dirigente estaba repleta de citas operativas, y ninguna relacionada con su condición de interlocutora, según aseguran los expertos. Uno de esos contactos era con el actual responsable de los comandos ilegales, Javier Garzia Gaztelu, un activista curtido en el comando Donosti. El robo, en septiembre pasado, de las ocho toneladas de dinamita en Bretaña, fue el mayor exponente de los preparativos de la banda, cuando ya se palpaba el final de la tregua.

La actual ofensiva está destinada a "demostrar su poder y su capacidad renovadas. Si se atreven a hacer este despliegue es porque están muy seguros de lo que tienen y ya no se sienten quemados como les ocurrió hace dos años", apuntan dichas fuentes de la lucha antiterrorista. De hecho, se calcula que la cifra de militantes ilegales ya conocidos por la policía y los legales huidos -muchos de éstos por delitos de la kale borroka- alcanza las 200 personas, que constituyen actualmente el núcleo activo de la organización.

Frente a la expectativa de un nuevo alto el fuego albergada por los sectores del PNV que mantienen la interlocución con HB y la tuvieron con ETA hasta hace un año, el Gobierno vasco tiene la impresión de que la escalada de atentados continuará. "Esto no ha terminado", indicaban ayer fuentes próximas al Ejecutivo de Vitoria, que prevén que la ofensiva de ETA se prolongará, con tanta virulencia como sus fuerzas le permitan, durante todo este verano.

En los meses que mediaron entre el anuncio del fin de la tregua (el 29 de noviembre) y el primer atentado mortal en Madrid, las policías francesa y española realizaron varias operaciones exitosas, aunque se atribuyeron a la "casualidad". Fue el caso de la interceptación en Calatayud de dos furgonetas cargadas con 1.700 kilos de explosivos destinadas a hacerlas explotar en Madrid o la incautación en Pau de otros 1.000 kilogramos de la dinamita robada en Bretaña, así como la desarticulación del c omando Vizcaya, tras el primer atentado fallido con coche bomba contra un convoy de la guardia civil en Bilbao. A un mes escaso de esos golpes, ETA pudo asesinar en Madrid y en Vitoria, con sendos coches bomba. Desde principios de año, los éxitos policiales se han detenido. A este lado de la frontera, las detenciones del comando Vizcaya a principios de año fueron las últimas.

En lo que va de año, la policía española no ha logrado culminar ninguna operación contra ETA, aunque tras el atentado de Madrid detuvo, a instancias del juez Baltasar Garzón, a varios miembros de HB y las Gestoras Pro-Amnistía, acusados de integrar su apartado internacional.

En Francia sí han continuado las detenciones, las últimas el pasado 27 de mayo, tras un tiroteo en Burdeos, y se descubrió un taller de fabricación de bombas en Guiche, cerca de Bayona. La policía gala dio también con Juan Carlos Iglesias Chouzas, Gadafi, acusado de 15 asesinatos, y detuvo a Julia Macuso, compañera de Kantauri y presuntamente vinculada al comando Madrid. Pero estas actuaciones no han servido para frenar la campaña de ETA, que parece haber logrado una renovación de sus efectivos e infraestructuras, y con ello situarse fuera del alcance inmediato de las fuerzas de seguridad a uno y otro lado de la frontera española.

El coche bomba que ETA activó en Ágreda estalló poco después de la ronda de los agentes
En la casa cuartel de la Guardia Civil viven 35 personas, 8 de ellas niños
CARLOS TOMEO, Soria El País 17 Julio 2000

La casa cuartel de la Guardia Civil de Ágreda se convirtió ayer en el primer objetivo de un ataque terrorista en la provincia de Soria. Un Peugeot Partner robado en Francia y con matrícula de Soria, con una carga de entre 25 y 30 kilos de material explosivo con la marca de ETA, estalló a las 14.40 provocando heridas de carácter leve en una pierna a Estrella Ruiz, de 31 años y esposa de un guardia civil. El vehículo quedó completamente destrozado. La detonación se pudo oír a más de 10 kilómetros del lugar, en las localidades de Ólvega y de Matalebreras.

El vehículo había sido abandonado por los terroristas en la parte trasera del cuartel, a unos cinco metros de la fachada, en la calle Estudios, unos minutos antes de que explotase la carga que guardaba en su interior, "en un intervalo máximo de media hora", según confirmó en el lugar de los hechos el subdelegado del Gobierno en Soria, Carlos de la Casa, ya que la zona acababa de ser peinada por una patrulla de la Guardia Civil.

La casa cuartel se encuentra en plena travesía de Ágreda, al paso de la carretera nacional 122 (Zaragoza-Portugal), en el punto kilométrico 104. Aunque la explosión se produjo en la parte posterior de la casa, donde se encuentran las viviendas de los guardias civiles, ninguna de las 15 personas que se encontraban en su interior en el momento de la explosión resultó afectada. El cuartel consta de 15 viviendas, aunque en la actualidad sólo lo ocupan 11 familias, unas 35 personas en total, de las cuales 8 son niños.

Estrella Ruiz, natural de Ágreda y esposa de un guardia civil destinado en el pueblo, volvía a su vivienda desde el parque de La Dehesa, donde había comido con su familia, cuando estalló el coche bomba. Según las diferentes fuentes consultadas, la víctima fue trasladada inmediatamente al hospital general del Insalud de Soria, en el que se le atendió de pérdida de sustancia en la pierna derecha, una herida que no reviste gravedad y de la que fue atendida con anestesia local. La suerte quiso que no fuese acompañada de su hijo, de un año, que se había quedado en la dehesa. Estrella Ruiz vive desde hace seis años en uno de estos pisos junto a su familia.

Sin vigilancia
La onda expansiva destrozó todas las ventanas de los pisos de la casa cuartel y las puertas y ventanas de numerosas casas particulares y afectó a la estructura del puesto de primeros auxilios de la Cruz Roja, colindante al cuartel.

El delegado del Gobierno en Castilla y León, Isaías García Monge, destacó en el lugar del atentado que, de los 272 cuarteles repartidos por toda la comunidad, "nunca se había sospechado que ninguno fuera objeto de atentado", y reconoció que el puesto no disponía de ninguna cámara de vigilancia. Aunque se instalaron inmediatamente controles en las carreteras, la situación de Ágreda, a unos 50 kilómetros de Soria y lindando prácticamente con Navarra y Zaragoza, facilita una escapada fácil a los terroristas.

Tras conocer el atentado, el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas, del PP, quien pasaba el fin de semana en la también soriana localidad de El Burgo de Osma, mostró su "tristeza" ante lo que definió como "una locura que hace que llueva sobre mojado".

El portavoz del Partido Popular en las Cortes autonómicas, Juan Vicente Herrera, declaró que, con los atentados de Málaga y Ágreda, ETA "distribuye el terror para recordarnos que todos estamos amenazados" y reclamó a los nacionalistas vascos democráticos que "deben ponerse al lado de quienes apostamos por un sábado sin asesinatos y un domingo sin sobresaltos, pues ha llegado la hora de estar definitivamente del lado de la vida". El portavoz socialista, Jaime González, insistió en que "hay que parar a esta gente".

Pero las palabras más duras las expresó el diputado popular Gabriel Cisneros, quien pidió al PNV un cambio en sus actitudes, puesto que "al PP no le van a doblegar, y a golpe de sangre y de luto no van a separar a los populares de la política antiterrorista del presidente Aznar. Hablar de suerte en Soria cuando en Málaga está el cuerpo caliente de uno de nuestros concejales, resulta muy duro. Resulta muy duro reflexionar sobre la ruleta siniestra de fortunas o infortunios. El problema del País Vasco no es ahora un problema de paz, sino un problema de libertad".

"Ha podido ser peor"
EL PAÍS
, Soria
El hijo más ilustre de Ágreda no estaba ayer en su pueblo natal. Fermín Cacho, doble medallista olímpico y subcampeón del mundo de 1.500 metros, pasaba el fin de semana en Andújar (Jaén), junto a su esposa, Susana Barrios -natural de la localidad andaluza- y su hija cuando recibió la tranquilizadora llamada de su hermana Charo para ponerle al corriente antes de que se enterara por la radio.

El mediofondista aseguró conocer a la perfección el lugar del atentado: "Todos los domingos, cuando bajo a casa de mis padres a comer con mi mujer y mi hija, pasamos por ahí y hay que tener en cuenta que he estado viviendo en Ágreda hasta que tenía 16 años". Cacho defiende que "ha podido ser mucho peor. La nacional 122 pasa a 25 metros del cuartel. Por fortuna, hoy domingo no pasarían coches, pero normalmente hay mucho tráfico".

El atleta, que prepara a pleno rendimiento los Juegos Olímpicos de Sydney, tiene previsto volver hoy a Soria para continuar con los entrenamientos, y asegura que "en cuanto tenga la posibilidad" visitará Ágreda.

Lluvia de cascotes en la piscina
C. T, Soria
Los vecinos de Ágreda, una población de 3.600 habitantes al este de la capital, atribuyeron en un principio el ruido de la explosión a uno de los aviones que suelen cruzar sus cielos y que rompen la barrera del sonido. Los que estaban en casa supieron enseguida que no podía ser, por el humo y por los destrozos: escayolas del techo caídas, persianas rotas o abombadas, portales destrozados...

El lugar donde fue colocado el coche bomba suele estar muy transitado en verano, pues es paso obligado para acceder a las instalaciones de la piscina y al polideportivo de la localidad. Una lluvia de cascotes y chapa de automóvil sorprendió a los bañistas, unos 50, que en ese momento disfrutaban de las instalaciones, buscando descanso y sol a la falda del Moncayo.

También junto al lugar se encuentran la iglesia del Carmen y la Escuela-Hogar García Arroyo. Las vacaciones de verano han evitado una desgracia mayor, ya que diariamente es allí donde comen unos 50 escolares de Ágreda y alrededores. El coche bomba estalló muy cerca de la caldera de gasolina para la calefacción. El director de la escuela-hogar, José Antonio del Campo, fue de los primeros en entrar en la misma, encontrando "tuberías rotas, agua corriendo en el interior, puertas destrozadas y otras atrancadas; de las ventanas prácticamente ninguna se puede salvar".

Y a pesar de la desgracia, de los numerosos cristales rotos y del susto que todavía siente la población agredeña, se percibe cierta sensación de fortuna, "porque si hubiese sido en la madrugada del domingo, hubiese cogido a mucha gente del barrio del Carmen que estaba celebrando sus fiestas. Al ser domingo y a esa hora, la gente circula menos o está en su casa".

Concentración
El Ayuntamiento de Ágreda celebró a las nueve de la noche un pleno extraordinario en el que se mostró la repulsa por estos actos y se acordó convocar una concentración ciudadana para el mediodía de hoy, en la que se espera la presencia del ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, el director general de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso, y del secretario de Estado para la Seguridad, Pedro Morenés.

Efectivos de la Guardia Civil de la localidad se pusieron pronto en contacto con los vecinos afectados por la onda expansiva, se interesaron por los daños ocasionados en las viviendas particulares, visitando a los vecinos vivienda por vivienda, indicándoles la forma en la que debían actuar para denunciar dichos destrozos. Muchas familias dijeron sentir "alivio" al conocer que la propia Guardia Civil se interesaba por su estado físico y por el estado en el que se encontraban las viviendas. Algunas familias durmieron ayer "con las ventanas abiertas, por no decir rotas, destrozadas; pero en Ágreda, ya se sabe que el aire del Moncayo es muy saludable, así que lo llevamos bien, aunque el gusanillo va por dentro".

Humanidades y ciencia
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País 17 Julio 

¿Cómo estar en contra de que nuestros estudiantes sepan utilizar correctamente el castellano, conozcan la historia de España, tengan nociones del latín y otros loables deseos? En resumen: ¿es que alguien defiende las in-humanidades? Cuando una opción no tiene alternativa es que la pregunta está mal planteada. Y a mi entender detrás del debate hay dos cosas, una obvia, otra menos evidente pero más importante.

La obvia es poner firmes a las CC AA que se han desmandado en el uso de sus competencias. El informe de la Academia de la Historia me emociona tan poco como a otros muchos y denunciar a estas alturas el "sociologismo" o "economicismo" de la historia es tan extemporáneo como denunciar el "historicismo" de la sociología. Pero más allá de la mala ejecución, el proyecto de la Academia (y de la ministra y del Gobierno, por su orden) es imprescindible. Y para ejemplificarlo basta una anécdota.

Tengo delante de mí el examen de historia de selectividad de Cataluña preparado por el Consejo Interuniversitario de la Generalitat. La opción A tiene como tema de comentario el Mensaje a la Reina Regente de 1888 en el que se solicitaba "que Cataluña sea señora del gobierno interior de su casa", para lo que las Cortes Catalanas deben votar la cantidad a transferir a los gastos generales de España, la lengua catalana debe ser la única lengua oficial de Cataluña, el Jefe del Estado de España debe jurar en Cataluña sus Constituciones fundamentales, y un largo etcétera. Al estudiante se le anima a comentar "el proceso de recuperación de la cultura catalana". Podían haber elegido otro pero no deja de ser un texto importante de la historia de España aunque ya es casualidad que coincida con el proyecto soberanista de CiU. Pero es que la opción B no deja escapatoria al estudiante, y esta vez se trata de la alocución de Franco del 17 de julio de 1936, con notorias alusiones a la Revolución Catalana, la que debe comentar.

De modo que, mas allá de mis pocas simpatías intelectuales por la Academia, uno no puede dejar de darle la razón, mayormente por lo pesadas y aburridas que son algunas comunidades autónomas en el abuso de la historia y siempre que no acabemos sustituyendo una pesadez por otra. Para Historia Sagrada me quedo con la Biblia; es la de verdad y, literariamente, mucho mas imaginativa.

Pero puesto que los discursos rara vez son inocentes, este de las humanidades trae otra cola, y es la de suscitar una vez más el debate de las dos culturas, a costa, como siempre, de la científica. Pues si las humanidades son la historia o la lengua, se sobreentiende que la física o las matemáticas son, ahora sí, in-humanidades (lo que, por ejemplo, implica llevarse la ciencia a un ministerio separado del de educación o universidades). Que yo sepa este es el país del "Que inventen ellos" y el de la "tiranía de los laboratorios", por citar a dos clásicos; el país que jamás ha tenido ciencia y la ha despreciado o incluso perseguido; el que sigue gastando en I+D menos de la mitad que sus vecinos; el mismo en el que la mayoría de los estudiantes eligen precisamente carreras de humanidades. Un país que ha tenido y tiene excelentes filólogos, historiadores o juristas por no decir novelistas o poetas, pero pocos químicos o ingenieros y cuando tiene algún físico prometedor este acaba de Secretario General de la OTAN, actividad muchos menos útil para la humanidad. En fin, que das una patada en el suelo y sale una docena de humanistas pero necesitas linterna para encontrar algún científico. Puede que me esté dejando empujar por cierta manía a llevar la contraria pero, ¿de verdad necesitamos aun más humanidades? Sé que es una boutade, pero si sustituyéramos la historia, siempre discutible y siempre sagrada, por la ciencia, casi el único lenguaje universal que conozco, ¿no contribuiríamos más a racionalizar actitudes y sentimientos? Sospecho que, más que preocuparnos por la ciencia de las humanidades deberíamos ocuparnos de las humanidades de la ciencia, es decir, del futuro, tarea de todos, y no del pasado que, ese sí, es tarea de historiadores. e.lamo@iuog.fog.es

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