AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 30  Julio   2000
#La responsabilidad de los nacionalistas
Edurne URIARTE ABC  30 Julio 2000

#Contra el desistimiento
Editorial ABC 30 Julio 2000

#LA LECCION MORAL DE JUAN MARIA JAUREGUI AL NACIONALISMO VASCO
Editorial El Mundo 30 Julio 2000 30

#Buen porvenir
GALA El Mundo 30 Julio 2000

#Jáuregui
ERASMO El Mundo 30 Julio 2000

#Eta no distingue
Editorial La Razón 30 Julio 2000

#ETA asesina por un imposible
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  30 Julio 2000

#La muerte a gotas
Jaime CAMPMANY ABC  30 Julio 2000

#Caen de nuevo
Pilar CERNUDA La Razón 30 Julio 2000

#Elecciones ya
Enrique de Diego Libertad Digital 30 Julio 2000

#No hay quien lo soporte
Carlos DÁVILA ABC  30 Julio 2000

#Los demócratas del PNV
Iñaki Ezkerra - Miembro del Foro Ermua .- La Razón 30 Julio 2000

#Nuestra Unidad, su derrota
José ASENJO DÍAZ ABC 30 Julio 2000

#Ellos no pudieron salvar la vida
José ATARÉS ABC 30 Julio 2000

#Desde la torpe ignorancia
Rubén MÚGICA ABC 30 Julio 2000

#Un tiro en la nuca del diálogo
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 30 Julio 2000

#Preguntas tras otro atentado
José María CARRASCAL La Razón 30 Julio 2000

#Tanto dolor como firmeza
NICOLAS REDONDO TERREROS El Mundo 30 Julio 2000

#Acoso, pero no derribo
TOMAS FERNANDEZ AUZ El Mundo 30 Julio 2000

#ETA contra todos
Editorial El País 30 Julio 2000

#Entre el disgusto barojiano y la angustia
ANTONIO ELORZA El País 30 Julio 2000

#A galopar
Ramón JÁUREGUI ABC  30 Julio 2000

#Juanmari, adiós amigo
José M. FERNÁNDEZ NORNIELLA ABC  30 Julio 2000

#El gobernador que limpió Intxaurrondo
GENOVEVA GASTAMINZA, San Sebastián El País 30 Julio 2000

#Asesinado el gobernador civil de Guipúzcoa del último Gobierno de Felipe González
MARIBEL MARÍN, San Sebastián El País 30 Julio 2000

#Gritos de "asesinos" y "basura" contra la coalición filoetarra EH
ISABEL C. MARTÍNEZ, San Sebastián El País 30 Julio 2000

#«En el Café Frontón de Tolosa siempre entra en el servicio sin que previamente lo haya hecho su escolta»
ABC 30 Julio 2000

#Pilar Aresti: «ETA no logrará echar del País Vasco a los que no pensamos como ellos»
Bilbao. I. Souto ABC 30 Julio 2000

#Sentencias  
Alfonso USSÍA ABC 30 Julio 2000

#Vagancia
FERNANDO SAVATER El País 30 Julio 2000

#Mas reconoce que CDC está cerca de ERC, pero que necesita al PP
LLUISA F. GONZALEZ. Corresponsal El Mundo 30 Julio 2000

#La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes recibe 26 millones de visitas en su primer año
Efe - Alicante .- La Razón 30 Julio 2000

#Alquimia nacionalista
baroja@wanadoo.es  30 Julio 2000

La responsabilidad de los nacionalistas
Por Edurne URIARTE ABC  30 Julio 2000

Tan sólo unas horas antes de que ETA asesinara a Juan María Jáuregui, Ibarretxe decía que «ETA nos tendrá que matar a todos para imponer sus ideas». Pero el lendakari sabe muy bien que ETA no quiere matar a todos. Sabe que ETA sólo pretende matar a la mitad de los vascos, a los que no están dispuestos a doblegarse a sus pretensiones. Por si alguien tuviera dudas, ETA ya dejó claro en una nota que no va a matar a los nacionalistas. Porque ETA sabe que los nacionalistas le están dando la cobertura ideológica que necesita para seguir asesinando.

Cuando Ibarretxe volvía a repetir que la solución está «en la no violencia y en el diálogo», les estaba transmitiendo a los asesinos de Tolosa o a los que el día anterior planeaban el asesinato del alcalde de Zaragoza que, pase lo que pase, y maten a quien maten, al final siempre quedará el diálogo, es decir, el botín político que recompensará la no violencia.

Pero los dirigentes del PNV y de EA parecen ciegos a tanta evidencia, incapaces de enfrentarse a sus propias responsabilidades, inmunes ante la degradación democrática que amenaza con destruir desde dentro su propio proyecto político. Y, sin embargo, hay muchos nacionalistas que piensan que la democracia está antes que el nacionalismo, que entienden que sus objetivos políticos no merecen la pena si para conseguirlos tiene que morir un hombre como Juan María Jáuregui. A ellos les corresponde rectificar el rumbo político de sus partidos, en sus manos está enfrentar a ETA con la imagen de su propio final, el final de unos asesinos desalmados, repudiados por su sociedad, y no el final de unos luchadores políticos, comprendidos y justificados por sus congéneres.

Contra el desistimiento
Editorial ABC 30 Julio 2000

Juan María Jáuregui fue el último gobernador civil de Guipúzcoa. Socialista, vasco, demócrata, fue un impulsor de las investigaciones sobre los asesinatos de los etarras Lasa y Zabala e intervino en la renovación de los mandos del cuartel de Intxaurrondo. En el juicio oral por esta causa declaró como testigo y no precisamente en términos favorables a los acusados. Para ETA, estas circunstancias son irrelevantes y extrañas, porque sólo engrandecen los valores de la democracia y del Estado de Derecho, sus principales enemigos. Por eso, ayer dos de sus sicarios asesinaron a Jáuregui en un bar de Tolosa, agazapados como alimañas hasta que su víctima volviera de Chile, donde trabajaba, para pasar unos días de descanso. La ruleta de la muerte no se equivoca de color y pasa del popular al socialista y del socialista al popular con implacable precisión. Está claro que lo que persigue la banda terrorista con esta cascada de atentados es el desistimiento de la sociedad y de las fuerzas no nacionalistas, la abdicación de las actitudes de firmeza y de convicción. La rendición pura y simple. El PNV ya lo ha hecho, a cambio de inmunidad física y de unir a la diáspora nacionalista bajo el designio común de la construcción nacional de Euskal Herría. Y si ETA se ha propuesto llevar a sus últimas consecuencias la teoría de la «socialización del conflicto», el nacionalismo parece empeñado en extender la «socialización del desistimiento».

La respuesta a ambas estrategias nacionalistas, que lejos de ser paralelas son plenamente convergentes, debe ser la firmeza del Gobierno y de la sociedad en la resistencia al terrorismo y la aplicación sin reservas de todos los mecanismos legales del Estado de Derecho para combatir todas las expresiones del plan terrorista de ETA. Este propósito ha de incluir, sin miedo ni escrúpulos falsamente democráticos, la creación de nuevos instrumentos legales que permitan la criminalización del entorno pseudopolítico de ETA. Un Estado sólo puede vivir como democrático si al mismo tiempo lo es de Derecho, y esto exige que la ley conceda a los poderes públicos la capacidad suficiente para lograr que todas las conductas gravemente antisociales sean punibles. Baste un ejemplo. El viernes fue detenido en Zaragoza el etarra David Pla, quien, en marzo de 1999, en una concurrida rueda de prensa, arengó a los militantes de Jarrai, la organización juvenil del entramado etarra, para que salieran a la calle a responder con dureza a los ataques que sufría Euskal Herría. Se ve que el sistema de méritos funciona en ETA para la promoción interna, porque el tal Pla pasó a formar parte del comando que iba a asesinar al alcalde de Zaragoza. 

Pero también demuestra que el sistema penal no puede seguir manteniendo al Estado con una mano atada a la espalda en la lucha contra algunas formas de la violencia terrorista, reservando la acción judicial sólo para las manifestaciones de violencia física, ya sean atentados de ETA, ya sean sabotajes de la «kale borroka». Es preciso actuar directamente contra los viveros de ETA, sea cual sea la forma que adopten, y contra las coberturas ideológicas o políticas que reciban. La sociedad se ha acostumbrado a escuchar y ver mensajes apologéticos de ETA o declaraciones de explicación, cuando no de justificación, de los asesinatos, porque una interpretación generosa de las libertades de expresión o de actuación política está privando de sanción a estas conductas. Hay que rebelarse frente a este conformismo de lo que erróneamente algunos consideran servidumbres de la democracia y exigir a los poderes públicos que, con el respeto máximo a las garantías individuales, hagan legalmente intolerable el apoyo de cualquier clase al terrorismo. Quede condenada a la desvergüenza la inmoralidad rampante de los dirigentes nacionalistas que dicen temer más a España que a ETA (Egibar) o que los que se quieren ir del País Vasco escuchan demasiado las tertulias de radio (Anasagasti). Al menos, ya sabemos a quienes escucha ETA.

LA LECCION MORAL DE JUAN MARIA JAUREGUI AL NACIONALISMO VASCO
Editorial El Mundo 30 Julio 2000 30

Fiel a su trayectoria biográfica de defensa de los derechos humanos, Juan María Jáuregui asumió su responsabilidad cuando fue nombrado gobernador de Guipúzcoa y contribuyó decisivamente a la investigación del reabierto asesinato de los etarras Lasa y Zabala. Coherente con sus valores como demócrata y hombre de izquierdas, los indicios de que un destacado miembro de su partido -su antecesor en el cargo Julen Elgorriaga- y el jefe del cuartel de Intxaurrondo podían ser los responsables de aquel horrendo doble crimen no le llevaron a boicotear las pesquisas, como por desgracia hicieron buena parte de sus compañeros, sino exactamente a lo contrario. Jáuregui ayudó en todo lo que pudo al comisario Enrique de Federico y a los jueces Bueren y Liaño, y cuando llegó la hora de la vista pública no le tembló la voz al subrayar que todo lo que había averiguado iba en la dirección de la que finalmente sería sentencia condenatoria.

Fue insultado y espiado. Le llamaron traidor y el felipismo le dejó sin futuro político. Pero Juan María Jáuregui salvó el honor y la tradición ética del PSOE al anteponer los valores esenciales a las conveniencias de unos dirigentes que, primero, cayeron en la aberración del ojo por ojo y, después, en la patética escalada del encubrimiento y la mentira. Ahí tiene el nuevo equipo de Rodríguez Zapatero al prototipo del buen socialista que las futuras generaciones habrán de honrar y recordar siempre. Frente a la siniestra coartada de gente como Vera que proclamaba que «con la patria, como con la madre, sin razón o con ella», mientras se atiborraba los bolsillos del dinero destinado a la lucha antiterrorista, la divisa de Juan María Jáuregui, ligero de equipaje hasta el final de sus dias, era otra: «la verdad por delante -la legalidad por delante, la democracia por delante-, con los míos o contra ellos».

Es decir, exactamente lo contrario de lo que en el plano de la estrategia política viene caracterizando la repugnante actitud de los dirigentes del PNV y EA desde la firma de los pactos de Estella. La lección moral de Juan María Jáuregui es la de que por encima de los clanes, partidos, proyectos nacionales e incluso opciones ideológicas hay unos valores universales, unos principios éticos que no admiten ni vulneración, ni rebaja, ni almoneda. En el momento en que esa raya había sido traspasada Jáuregui sólo podía ser el perseguidor, el testigo de cargo, el fiscal que con su dedo acusador señalara a los asesinos. Jamás hubiera podido seguir colaborando con ellos.

La comparecencia ayer, tras su asesinato, del lehendakari Ibarretxe fue tan banal y carente de significado como siempre. Dijo que ETA es el «único responsable» de su muerte, pero eso sólo es cierto en términos penales. En términos políticos también su partido y EA comparten la infame responsabilidad de seguir aferrados a un pacto con el brazo político de los asesinos que, por muy «congelado» que esté, continua siendo el cordón umbilical que hace del nacionalismo vasco un único organismo con variedad de tentáculos.

Asesinando al dirigente socialista que más combatió la guerra sucia, ETA ha demostrado a la vez su estupidez y su impotencia ante el Estado de Derecho. Hace tiempo que el correcto funcionamiento de las instituciones desbarató su pretensión de equiparar a los dos bandos de esta contienda. Pero la elección de una víctima como Jáuregui deja aún más desnuda, si cabe, la indignidad del PNV y EA. Si reconstruyeran el Pacto de Ajuria Enea, sus críticas y reivindicaciones serían legítimas. Pero está visto que Arzalluz, Egibar y Anasagasti prefieren vituperar a las tertulias radiofónicas, el Euskobarómetro y cualquier otro indicativo de la realidad, desde la orilla del Pacto de Estella, mientras siguen viendo pasar, impávidos y prepotentes, los cadáveres de sus adversarios políticos.

Buen porvenir
GALA El Mundo 30 Julio 2000

Las últimas encuestas en el País Vasco son desoladoras. Muchos de sus habitantes prefieren vivir en otro sitio. Los jóvenes, los universitarios sobre todo, volverían la cara ante sus problemas y se largarían. Un alto porcentaje elige otro lugar para recomenzar su vida, como el asesinado Jáuregui. Los empresarios se encuentran incómodos como es fácil suponer... Ignoro cómo estos datos no hacen reflexionar a quienes provocan o propician el estado de cosas que actualmente entristece y emborrona al país. Suponiendo que logren lo que quieren, sólo gobernarían un territorio demediado y sordomudo. Un gran triunfo sin duda.

Jáuregui
ERASMO El Mundo 30 Julio 2000

Escenario repetido ad nauseam: los partidos estudian crear un secretariado de condolencias, Ibarretxe se afianza como mejor empresario de plañideras y pompas fúnebres y los estrategas de la vileza, desde sus almirantazgos, diseñan cómo cohabitar con el terror sin que se note. Balas muy atentas a los dígitos del graciosísimo euskobarómetro: esta vez ha sido aquel mocetón jovial, intrépido y risueño.

Eta no distingue
Editorial La Razón 30 Julio 2000

Están en plena matanza, en una orgía de sangre y bombas, en una locura que no tiene justificación alguna ni más freno que la firmeza y la unidad de todos los que consideran las libertades y el derecho a la vida que ampara la Constitución. Eta trata, en vano, de forzar una «negociación» y romper la política de un Gobierno que no puede, ni quiere, pagar un precio por la paz.

    El socialista Juan María Jáuregui ha sido la última víctima de la escalada ordenada por los cabecillas de la banda para demostrar hasta la saciedad que la tregua-trampa sirvió para burlarse de quienes buscaban la paz a cualquier precio y armar una nueva Eta. En la nuca y por la espalda, a traición -la marca cobarde de la banda-, fue asesinado ayer el que fue el último gobernador del Ejecutivo socialista en Guipúzcoa. Un hombre con una historia en paralelo a la izquierda del País Vasco, que militó en su juventud en el Partido Comunista, llegó a implicarse en el entorno de Eta, y siguió después el camino democrático del PSOE. Pero para la banda no hay españoles vascos buenos o malos, todos son enemigos y ayer asesinó a quien fue testigo de cargo en el caso de Lasa yZabala contra el general Galindo, que además era partidario de negociar con la bandaterrorista.

    Por eso, con cada nuevo atentado, el mayor logro de Eta es unir más a los demócratas, como ayer recordó de forma admirable el nuevo secretario general del PSOE. La sangre inocente de Jaúregui, y de tantos otros héroes de la democracia, pone en evidencia a un PNV cada vez más solo en el callejón de Estella, del que sin duda les sacarán los vascos con su voto en unas elecciones cada día más necesarias.

ETA asesina por un imposible
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  30 Julio 2000

No es una «guerra», como la llaman ellos. ETA es la representación de un movimiento incapaz de «luchar», en el sentido tradicional del término.

Su forma de matar no tiene nada que ver con las luchas de liberación popular que en la historia han sido. No es, por supuesto, como la del Ulster, donde hay frentes, posiciones de una parte y de otra, enfrentamientos en las calles, un cierto parecido con las guerras convencionales. Esto de aquí ni es guerra ni deliberación.

Hay grupos terroristas en otras partes del planeta a los que no se les llama asesinos aunque se esté en radical desacuerdo con ellos porque se advierte que por su forma de actuar pueden llegar a correr un cierto riesgo. Aquí, en cambio, los ciudadanos no les tienen en esta consideración sino en la más baja de todas. Si un día quisieron inspirarse en los movimientos libertadores de los años sesenta, han fracasado. No les queda nada de entonces. La verdad es que no les podía quedar nada porque nunca defendieron causas populares sino étnicas, basadas en los privilegios. ETA ha sido, y es, todo lo contrario de un movimiento de liberación. Como no se trata de una lucha, tampoco es correcto hablar de treguas, y no porque la supuesta tregua sea una trampa sino porque para llamarla así tendría que haber una guerra. Estas consideraciones no son académicas ni las hago a modo de castigo a quienes acaban de asesinar a Juan María Jáuregui sino porque me veo obligado éticamente a utilizar los términos exactos. También porque pretendo hacer un análisis sobre la imposible victoria de ETA.

El terror que siembra ETA no tiene que ver con la guerra del Ulster, ni con el IRA, que hunde sus raíces en la discriminación social, en las diferencias de clase, en la religión no hegemónica. Quiero decir que en el mundo entero existe un apoyo a la causa del Ulster porque se piensa que a ésta le asisten unas razones sociales, económicas y culturales. Otra cosa es que la paz obligue también a los que hacen allí el terrorismo. Y como todo el mundo sabe, el Ulster estaría ya en paz si allí hubieran alcanzado las cotas de autonomismo que en el País Vasco.

ETA quiere la independencia (también el PNV, EA y EH/HB) pero la independencia no se conquista con pistolas. Se ha conseguido siempre con guerras de liberación, con movimientos de masas armados y con movimientos de masas pacíficos. Pero las acciones de ETA no tienen nada que ver con estos precedentes. No se enfrentan al Ejército ni pueden. Ni tienen tras de sí a la inmensa mayoría del pueblo en la calle. Por todas estas razones es necesario llamar a ETA como lo que es: una banda contraria a los intereses del pueblo.

Estas razones y otras muchas hacen que ETA esté desprestigiada en toda Europa, y en este desprestigio arrastra a unos partidos —PNV y EA— que están en el Parlamento Europeo. Los colaboracionistas de ETA, los Arzalluz y los Egibar, y los líderes civiles del terrorismo como Otegi saben que ya no hay comprensión para ellos en los partidos europeos de izquierda o de derecha.

Todo está en contra de ETA, mate mucho o mate poco. En los comienzos de la transición ETA asesinaba para impedir el proceso democrático. Y fracasó. No consiguió desviarlo. Entonces golpeó especialmente al Ejército en su afán de enfrentarle al sistema democrático pero el Ejército pagó su tributo leal y heroicamente. Ahora se dirige a la sociedad civil y ésta la hará fracasar. No pretendo hacer una predicción, simplemente constato lo que está en la realidad de las cosas. Nada hará ceder a la sociedad civil ni ésta podrá presionar con eficacia al Gobierno para que éste «dialogue» o «negocie» lo que sencillamente no puede negociar.

ETA y los partidos nacionalistas introductores del totalitarismo deberían saber que ningún Gobierno español podrá hacer concesiones territoriales nunca. ETA asesina por un imposible.

La muerte a gotas
Por Jaime CAMPMANY ABC  30 Julio 2000

Este lento goteo de muertos, de bombas que buscan más cadáveres inocentes, más crímenes absurdos, es una larga prueba de serenidad y paciencia para el Gobierno y para la sociedad. ¿Hasta cuándo? ¿Cuántos cadáveres más tendrá que sembrar el terror para que el PNV deje de recoger las nueces macabras que caen del árbol meneado? Juan María Jáuregui es el segundo socialista que muere desde el fin de la tregua el día 3 de diciembre de 1999. Siete muertos hemos recogido desde aquel día, y no han sido más porque alguna víctima elegida, como el portavoz de los socialistas andaluces en el Congreso de su partido, se percató a tiempo del recado de muerte que traía una bomba-lapa colocada en los bajos de su automóvil.

Al mismo tiempo que agonizaba el ex-gobernador civil de Guipúzcoa, acribillado en un café de Tolosa, estallaba una bomba cerca del lugar del asesinato. Disparos a bocajarro y acompañamiento de explosión. Siniestra estrategia de esta nueva leva de etarras, jóvenes muchos de ellos que vienen de Jarrai, ese entrenamiento, hijos espirituales de asesinos fríos, que han envejecido con la pistola y la cloratita en la mano, el odio en el corazón y la mala ralea en la sangre. Dos de esos cachorrillos de hiena, pollos de buitres, habían sido detenidos en Zaragoza cuando preparaban allí nuevos asesinatos, tal vez en la persona del alcalde de la ciudad. El balance de hoy en la lucha antiterrorista es éste: dos aprendices de asesino detenidos y un pacífico ciudadano muerto.

Inmediatamente después del atentado que le ha costado la vida a Juan María Jáuregui, el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, ha hecho unas declaraciones que son un ejemplo de serenidad imperturbable. «El Gobierno no cambiará su política antiterrorista». Es decir, el Gobierno seguirá oponiendo al terror un inacabable ejercicio de paciencia y una difícil actuación policial. Dificilísima actuación policial, porque todos los españoles somos víctimas en potencia de la banda terrorista y todos podemos estar en cualquier momento en el punto de vista de sus armas. Bueno, todos los españoles, no. Se salvan de ese peligro esos «demócratas» y esos «cristianos» que prefieren la amistad de los criminales al debate dialogado con los adversarios políticos.

No creo que tenga necesidad de aclarar que me estoy refiriendo a los directivos actuales del PNV y del Gobierno vasco, ese mismo Gobierno que ha sido suspendido por el voto de la mayoría de los ciudadanos. Ellos sí que cambian de política ante el hecho tremendo del terror. Ellos van modificando su política para acercarse cada vez más a la identificación de posiciones con los criminales. Cada día dan un paso adelante hacia la amistad con los amigos reconocidos de la banda y con la banda misma. Los peneuvistas, euskoalkartasunos, herribatasunos y etarras andan ya confundidos en el mismo proyecto político y en idénticos propósitos. Algún destacado socialista acababa de decir que era necesario «rescatar» al PNV de los brazos de ETA. Ya ha recibido respuesta.

En el País Vasco existe en este momento una guerrilla que, dentro y fuera de los límites de esas provincias, extorsiona, secuestra, atenta y mata. Son un grupo salvaje que, tras imponer el terror en su vecindad, hace incursiones por las demás comarcas del Reino, acribillan a sus ciudadanos y dejan un rastro de explosión, amenaza y sangre. Muerte a gotas o muerte a chorros, lo cierto es que Vasconia se encuentra en una situación de excepción a la que no se le da carácter oficial porque se cree que esa sería una medida política contraproducente. Pero no es malo conocer y reconocer que esa situación existe, y que existe desde antiguo. Y que no se puede contar con los nacionalistas para resolverla de una vez.

Caen de nuevo
Pilar CERNUDA La Razón 30 Julio 2000

Es como un revival. Se detiene a un comando, aparecen sus fotos, sus biografías tremendas, sus proyectos de atentados inminentes, sus conexiones... y la sensación es que esa situación ya se ha vivido. Porque el asesinato de Miguel Ángel Blanco primero, y el anuncio de la tregua más tarde, marcaron un antes y un después en la lucha contra Eta y hacía tiempo que no estábamos demasiado pendientes de averiguar cómo iban las cosas, en qué estaban la policía y la Guardia Civil, cuál era la respuesta ciudadana, si los jueces actuaban con suficiente contundencia. Todo eso había quedado atrás; pero los últimos asesinatos nos han devuelto a la sensación de angustia y de intranquilidad, aunque, en esta ocasión, más que antes, porque hay una fractura entre nacionalistas y no nacionalistas que favorece a los etarras. 

Y, para más desgracia, no parecía que el trabajo policial fuese muy eficaz; desde las propias Fuerzas de Seguridad del Estado reconocían que andaban a ciegas, porque Eta ha acudido a la cantera de Jarrai y cuenta en sus filas con nuevos alevines de asesinos. La detención de Zaragoza nos trae sensaciones del pasado. Nos devuelve la fe. Caerán todos. Antes o después, pero todos.

Elecciones ya
Por Enrique de Diego Libertad Digital 30 Julio 2000

La respuesta democrática está en las urnas. La situación demanda la inmediata convocataria de elecciones en el País Vasco para que pueda surgir un gobierno autonómico capaz de liderar a la sociedad frente al terrorismo.

El PNV o está con el terrorismo, en Lizarra, o está en terreno de nadie, lo que no está Ibarretxe es con capacidad de liderar nada. Lizarra no es que haya fracasado, es que es un río de sangre en una ofensiva genocida contra los constitucionalistas, contra cargos y militantes del PP y del PSOE (lo que hace más absurdo las tibias equidistancias de Rodríguez Zapatero).

Se ha salvado el alcalde de Zaragoza, pero no el exgobernador civil de Guipuzcoa. Su asesinato, en vacaciones, señala la existencia de un comando estable o la certeza moral de que Herri Batasuna funciona como un gran comando legal y ese es un análisis que tendrá que asumir el Estado de Derecho, si se quiere de verdad frenar la sangría. Esta lucha será larga y con un dolor inmenso, pero no queda alternativa.

Lo que ha hecho Blair en Irlanda se hizo mucho antes y con mucha más profundidad aquí con la Constitución, el Estatuto de Guernika y la amnistía. Estamos ante un proyecto totalitario nacionalista que desarrolla un nuevo tipo de psicópata criminal, de asesino en serie, el terrorista.

No hay quien lo soporte
Por Carlos DÁVILA ABC  30 Julio 2000

Terrible. A un éxito relevante como el de Zaragoza, ha seguido un asesinato cruel; el de ayer, sábado. Agotadas como están las palabras, cercenadas las condenas por inutilidad —en eso es en lo único que tiene cierto crédito el PNV—, no cabe decir nada más. Salvo mostrar el dolor y el horror. Los dos igualmente feroces. Pero sí cabe hacer y, más que hacer, exigir: que el PNV retire para siempre su colaboración a los asesinos y a sus conmilitones, o que se quede, también para siempre, solo, y no solo de solemnidad; solo de vileza. Cualquiera de los sesudos análisis realizados en las pasadas ochocientas ocasiones, se puede repetir hoy. Está el cuerpo caliente de Jáuregui y en este momento predomina el asco, la rabia, la repugnancia, pero pasarán inevitablemente los días, y aún habrá quien volverá a repetir que hay que ayudar a este partido a que regrese a la racionalidad. Y no lo va a hacer, porque el dúo nocivo Arzalluz-Egibar hace tiempo que ha perdido la razón política e incluso la otra, porque, con toda claridad, ¿es que puede haber alguien normal que todavía confíe en trabajar al lado de estos asesinos?

Habrá otras reacciones, las de los pobres diablillos que piden por favor que se deposite la responsabilidad de la última incuria en sus auténticos protagonistas. Y eso es verdad y está bien, pero no basta. A Juan María Jáuregui le ha asesinado ETA pero ahí, en la demoníaca crudeza de estos criminales, no se terminan todas las culpabilidades. O los asesinos quedan aislados definitivamente, o los que les prestan ayuda o colaboración son de la misma estirpe. Jáuregui ha engrosado una tétrica lista por la que ya no nos cabe derramar una lágrima más.

Y el PSOE, que está ahora en capilla, en la capilla doliente, ardiente, de uno de los suyos, sufre de nuevo como en el pasado invierno lo hizo con su parlamentario vasco Fernando Buesa. Muchos recordarán lo que sucedió en aquellas fechas. Pocos, sin embargo, se atreverán a escribirlo, pero yo pregunto: ¿es que mucha gente no sabe cuántos nacionalistas dieron la espalda a Nicolás Redondo y a los suyos cuando cayó Buesa? ¿Es que nadie querrá rememorar la escena de aquel Arzalluz hierático que sólo abrazó al hermano nacionalista del difunto? Hay que escribir cosas brutales como éstas, pero con toda consciencia: mejor que se digan en los momentos más crueles, más dolorosos de esta historia nuestra de cada día que siempre se clausura con sangre o semisangre. Juan María Jáuregui es nuestro, nuestro muerto —nuestro asesinado, habría que decir con toda propiedad—, no es el de Ibarretxe, y menos aún el de Egibar o Arzalluz.

El PSOE, cuando deje legítimamente de llorar, y desgraciadamente tendrá que dejar de hacerlo pronto, deberá tomar ya una decisión sin retorno: abandonar, quien la tenga, cualquier tentación de diálogo con los que no quieren, simple y llanamente, la paz sino ésta para lograr la independencia, juntarse con los que buscan lo bueno, no con los que buscan lo que políticamente a ellos les conviene. Es decir, los que solicitan, los que trabajan por un País Vasco plural tienen que estar unidos, ahora y después del próximo Jáuregui, que lo habrá. Los asesinos y sus compinches que se queden en el monte.

Y todos juntos ensayar la posibilidad irreprochablemente democrática de un Gobierno alternativo, del que salen ya las cuentas (el último «euskobarómetro» así lo ha demostrado) para terminar con este terrorismo al que nos está conduciendo el nacionalismo de todo jaez y condición.

Desde el más terrible, el más sentido de mis dolores personales, y también políticos, ofrezco como cronista de todos los horrores vividos, la solidaridad que en momentos como este ofrece su único sentido, y el apoyo incondicional al nuevo PSOE de Rodríguez Zapatero, que se ha estrenado, únicamente a una semana de su elección, con su primera desgracia personal. Realmente, tanto dolor se nos junta en los costados, que ya no hay quien lo soporte. Todos los poderes políticos nos pueden pedir que sigamos incólumes en la defensa de la moderación, de la tranquilidad, y lo vamos a hacer, pero sin callar y sin atribuir a cada quien la parte de culpabilidad que le corresponde.

Los demócratas del PNV
Iñaki Ezkerra - Miembro del Foro Ermua .- La Razón 30 Julio 2000

De los michelines del PNV, el único que no parece un demócrata de pega sino de verdad es Javier Guevara, el ex parlamentario que hace unos días publicaba un artículo en la Prensa vasca en el que denunciaba a quienes «han sellado pactos inconfesables y han comprometido al Partido en una especie de neonacionalsocialismo políticamente inaceptable y éticamente intolerable». No es que uno tenga ninguna potestad para andar repartiendo o negando carnets de demócrata a nadie sino que, en su enfrentamiento al nacionalismo oficial, Guevara se ha atrevido a ir más lejos que el Foro Ermua en Estrasburgo utilizando de modo dilatado su misma expresión («neonazismo») pero aplicándola no ya al mundo de HB-EH sino a la conducta de su propio partido. Guevara no parece un demócrata de pega porque su denuncia de la naturaleza ilegítima del Pacto de Estella indica un claro discernimiento moral y político de lo que es democrático de lo que no lo es.

    Para desautorizar a sus coetáneos, Guevara, sin embargo, invocaba a los mayores del PNV y a un pasado democrático de esa formación que es, cuanto menos, discutible. Un Ajuriaguerra y un Leizaola si pudieron representar en la Transición un estilo demócrata-cristiano y dialogante que no se correspondía con el uso de Eta que hacía Garaikoetxea para negociar con Madrid. Mientras Tarradellas creaba una cultura civil del pacto que todavía pesa en Cataluña sobre el estilo caciquil y feo de Pujol, Garaikoetxea -lejos de cumplir esa misión vertebradora y estabilizadora que se atribuye el PNV- creó una subcultura destemplada del desafío y la insinuación chantajista al Estado que todavía estamos pagando, que ha modelado el inconsciente y la dirección de toda la política vasca y de la cual Estella es sólo su expresión más explícita. Por otra parte, ese partido nunca ha renunciado a las ideas de Sabino Arana, el mayor de todos sus mayores, el apóstol de un racismo y una xenofobia que serían un triste antecedente del capítulo más negro del siglo XX y que, aparte de eso, se declaró enemigo del Estado liberal. Estos hechos podrían pasarse por alto si tal personaje fuera una mera referencia mítica y sentimental, una figura incómoda que se soslaya, y si no hubiera un Arzalluz que se cree la misma reencarnación de Arana y el Moisés del futuro Estado vasco. En nuestra historia reciente, un caso patológico semejante de alteración de la personalidad lo presenta Largo Caballero, a quien tanto le llamaron «el Lenin español» que acabó creyéndoselo y montando la Revolución de Asturias.

    En favor del PNV hay que decir que no ha sido por sí mismo un partido violento y que tampoco es el único que posee una identidad inicialmente totalitaria aunque sí, por otro lado, el único que aún no ha renunciado a ella. Pero el punto más débil del artículo de Guevara era su advertencia de que en la lista de disidentes están una gran mayoría de los afiliados del PNV o sea de que el michelín es Arzalluz. Salvo Guevara, no sé de ningún peneuvista que haya dicho, desde un punto de vista democrático, «no» a Estella, «esto que hacemos no está bien». Los demócratas del PNV, los que no creen en Arzalluz, son los que dicen que esto no es prudente ni inteligente ni rentable. Son los que se creen que el PNV es como el Athletic, un club de fútbol al que hay que animar más cuando lleva una mala racha. La gran mayoría de los afiliados a ese partido ni siquiera juzgan Estella política o éticamente. Creen eso: que ese pacto es una mala racha de sus «leones». Los demócratas del PNV son los que tienen un sentido carlista y fideísta de la política, los que temen la fractura social pero ante la fractura femoral de un constitucionalista dicen: «¡No te pongas así, la hostia!». Son ese pariente que en una fiesta se te acerca y te dice: «Había que darte un par de hostias por esas cosas que publicas». Son los que no creen en el asesinato pero sí en las hostias.

    Son los que sólo saben decir «egunón» al entrar en el bar y lo dicen con la sumisión con la que se alzaba el brazo ante los NO-DOS de la posguerra. Son los que no quieren dejar el partido porque se quedan sin bar y sin cuadrilla y sin el enchufe del sobrino para la Diputación. Son los que se extrañan de que el violador o el navajero del que habla la Prensa tenga un apellido tan vasco; los que enseñan el carnet del PNV cuando la Ertzaintza les para el coche para una prueba de alcoholemia. Los que le dicen al agente aquello de «usted se va a enterar de con quién está hablando» que suena a franquista de Perich.

    Es ese PNV que, tras el asesinato de Juan María Jáuregui, vuelve a indignarse porque se le mira y se refutan sus pactos con los nazis, mientras él, paradójicamente, mira a Mayor Oreja y refuta al propio Estado de Derecho que representa ese ministro. Es ese sector rural de la militancia, esa franja innombrable y limítrofe con HB-EH que si dijera lo que sabe sobre Eta acabaría con el terrorismo en tres meses. Ese PNV que todos tenemos la certeza moral de que ha notado movimientos raros en tal caserío o de que no sabe dónde se cuece algo pero sabe del cuñado de la prima del vecino que estaba huido en Francia. Ese PNV que mira hacia otro lado como aquellos alemanes que no sabían que había campos de concentración porque no los querían ver. Ese PNV que es aún peor que el de Estella y que no se cita porque está protegido por la misma legalidad constitucional que denosta. Al lado de ese PNV telúrico que roza la ilegalidad, la alta política de este partido que se indigna porque se le mira tras cada atentado es un juego de niños. Al lado de esos «demócratas», Zarraoa es, en efecto, un payaso.

Nuestra Unidad, su derrota
Por José ASENJO DÍAZ ABC 30 Julio 2000

Miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE y vicesecretario general de Andalucía; ETA intentó asesinarle con una bomba, que no llegó a estallar, colocada en los bajos de su coche  

Juan María Jáuregui ha sido asesinado, le han disparado por la espalda cuando tomaba una copa en un bar frente al frontón de Tolosa. Pasaba unas cortas vacaciones, Juan María Jáuregui no vivía en su pueblo, ni en su país. Tuvo que marcharse a vivir al extranjero por un elemental sentido de protección. Era objetivo de ETA: sirvió al Estado, defendió las libertades, luchó contra el terrorismo, luchó por la seguridad de sus conciudadanos, era militante socialista. Murió porque trabajó por cambiar la terrible realidad de una sociedad en la que el tiro en la nuca, por el simple hecho de no ser «uno de los suyos», forma parte de un agobiante paisaje cotidiano.

Ayer Zaragoza, Málaga, cualquier sitio. Quieren ampliar el ámbito del terror, diversificar los objetivos, hacer un alarde de crueldad... quieren vencernos. Yo vivo a mil kilómetros de distancia de Tolosa, no conocía personalmente a Juan María Jáuregui, pero siento tan próximo el dolor de su viuda, de su hija, de sus compañeros, de sus amigos; tan cerca como la noche que mataron a Martín Carpena en un barrio de mi propia ciudad. Ese dolor compartido, esa rabia que nos punza al observar la cobardía y la vileza de los que asesinan, de los que matan, creyendo que matan la libertad. Sí. Producen un inmenso sufrimiento, pero contra más crueles son sus acciones, más unidos y solidarios nos sentimos: esa es su derrota.

Unidos todos, ningún demócrata, nadie que ame la libertad, nadie que ame la vida, puede estar con ellos. No es sólo una cuestión política, es, sobre todo, una cuestión moral. Nos introducimos en un terreno sumamente inquietante, desde el que no se puede construir ningún proyecto social o político, cuando las estrategias y los objetivos políticos no tienen en cuenta algo tan elemental como que nada puede justificar el asesinato y el terror. Por eso, resulta tan injustificable que el PNV no abandone Lizarra.

Ellos no pudieron salvar la vida
Por José ATARÉS ABC 30 Julio 2000

Alcalde de Zaragoza; objetivo «inminente» de los terroristas detenidos el viernes en Zaragoza  

He podido ser la víctima de un atentado terrorista. Pero este hecho no puede ocultar otros más graves. No podemos olvidar a Juan María Jáuregui ni a José María Martín Carpena porque ellos no pudieron salvar la vida, no tuvieron oportunidad alguna como otros centenares de personas a lo largo de las últimas décadas, o como tampoco podemos olvidar a todos los cargos electos que en el País Vasco defienden diariamente la libertad. 

Como alcalde sé que defiendo el Estado de Derecho y, por ello, reconozco el riesgo que conlleva ante una deleznable minoría de asesinos sin escrúpulos ni argumentos. El terrorismo es hoy la principal lacra en España y el máximo exponente de la irracionalidad. Entre todos tenemos que defender los valores democráticos que impulsan la convivencia, entre todos hemos de dejar claro que deseamos vivir en paz sin el miedo en el que quieren que permanezcamos todos los días.

Desde la torpe ignorancia
Por Rubén MÚGICA ABC 30 Julio 2000

Portavoz del Foro de Ermua e hijo de Fernando Múgica, asesinado por ETA

Desde la torpe ignorancia, Juan José Ibarretxe habló el viernes de Euskadi, buscando extrañas simetrías entre el «conflicto» vasco y el Ulster; pasando luego por Camp David; y acabando nadie sabe dónde. Aunque sí sabemos de la mano de quién.

Parece haberle alcanzado el fatalismo a este lendakari presuntuoso y engolado, obsesionado con la claudicación ante los nazis vascos, compañeros de viaje suyos y de su partido. Nos preguntó el lendakari, literalmente, si los vascos somos más idiotas que los norirlandeses; que los palestinos; que los judíos...

No sabe el lendakari que en la pregunta está la respuesta. Ocurre que un ciudadano vasco, Juan María Jáuregui, compañero socialista, no puede ya responder a la pregunta. Lo han asesinado en la mañana de hoy, en Tolosa, a pocos metros de un Ayuntamiento gobernado desde la indignidad por un alcalde nazi; algunos vecinos le han insultado hoy. Se lo tiene bien merecido; quizás esperara otra cosa. Hace mal. Puede pedirle consejo al lendakari. Pero ni uno ni otro impedirán que la marea de la libertad los arrastre al pozo de la Historia; a ellos y a los suyos.

Un tiro en la nuca del diálogo
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 30 Julio 2000

Juan María Jáuregui, uno de los principales responsables políticos de la investigación policial sobre los asesinatos de Lasa y Zabala, ha sido asesinado por ETA. Quien fuese, bajo la dirección de Margarita Robles, uno de los principales artífices de que la lucha antiterrorista volviera a atenerse al Estado de Derecho, ha sido la última víctima elegida por los terroristas. Quien era, hasta el último soplo de su generosa vida, decidido partidario del diálogo, ha recibido como respuesta un tiro en la nuca. Quien siempre defendiera, contra viento y marea de algunos de sus propios compañeros, la renovación del Partido Socialista ha caído de un disparo en la cabeza justo cuando acaba de triunfar un Zapatero al que había apoyado con el entusiasmo que le caracterizaba.

Hace cinco años ya fue objeto de un intento de atentado y aún era gobernador civil de Guipúzcoa. Hace unas semanas, su casa de Legorreta era pintarrajeada con amenazas por quienes apoyan la dialéctica de los puños y las pistolas. Su biografía antifranquista, su trayectoria democrática comprometida con el pueblo vasco, le convertían necesariamente en un blanco. No le han disparado por pasear por Tolosa con o sin escolta. Le han disparado porque era un incordio para los pistoleros. No estamos ante un crimen más. Estamos ante una triple provocación dirigida contra las Fuerzas de Seguridad del Estado, el Partido Socialista y el Partido Nacionalista Vasco.

ETA ansía que el Ministerio del Interior vuelva a la larga noche de la guerra sucia. Pese a que sabe que es un intento racionalmente imposible, tensa las fibras emocionales en busca de la irracionalidad. Nada les ha sido más perjudicial que la tarea democrática de un gobernador como Juan María Jáuregui. Necesita recrear una dinámica de ilegalidades para justificar su violencia asesina. Necesita proyectar su estrategia criminal en una dialéctica donde el Estado y el terrorismo se enfrenten en igualdad de armas no sujetas al imperio de la ley. Asesinar a Juan María Jáuregui, es reivindicar la figura de un general Galindo cuando no son pocos los insensatos que recogen firmas en favor de su indulto. ETA necesita que se multipliquen estas rúbricas, porque contra el prisionero de Alcalá luchaban mejor. Quien ayudó a sentar en el banquillo de los acusados, a los responsables del terrorismo de Estado, era el principal enemigo de los terroristas que pretenden destruir el Estado.

El disparo, dirigido a la sien de Juan María Jáuregui, apunta clara y directamente contra el Partido Socialista en un momento en que su nuevo secretario general, Zapatero, acaba de manifestarse contrario a cualquier acoso y derribo del Partido Nacionalista Vasco. Un hombre como el asesinado, tan defensor del diálogo como bien relacionado con el nacionalismo democrático, era un objetivo a batir para impedir que pudiera servir de puente. Que un Partido Socialista, libre por fin de hipotecas derivadas del pasado delictivo de algunos antiguos responsables, pudiera tender un brazo a los nacionalistas vascos era un riesgo que había que cercenar. En la estrategia de ETA, que pasa por la fractura social de una comunidad dividida en dos frentes, los pistoleros se han llevado por delante a quien simbolizaba lo contrario.

Pese a estar alejado de la actividad política, por trabajar en Santiago de Chile, era un demócrata preocupado porque todos los vascos encontrasen el camino de la paz. Tanto que, cuando recibió el tiro en la cabeza, hablaba acerca de esas perspectivas con el amigo que le acompañaba.

Por ello, la bala iba dirigida contra el Partido Nacionalista Vasco. Han asesinado físicamente a Juan María Jáuregui, para asesinar políticamente al lehendakari Ibarretxe y al líder nacionalista Arzalluz. Este asesinato, como toda la amplia ofensiva terrorista de estos días, guarda una estrecha relación con la finalidad de que ambos políticos dobleguen sus rodillas ante las exigencias de ETA. Asesinándole, tratan de asesinar cualquier vía de escape que le pudieran proporcionar los socialistas al nacionalismo democrático. El aviso es tan intenso como la sangre derramada. O pasan por las horcas caudinas de las pistolas o verán la pérdida del Gobierno de Vitoria, el fraccionamiento del Partido Nacionalista Vasco y la quiebra de la sociedad vasca. No se firma impunemente un texto como Lizarra, vienen a sentenciar los que han decidido terminar con la vida de Juan María Jáuregui. Antes que cambiar el apoyo parlamentario de Euskal Herritarrok por el del Partido Socialista, ése es su drástico mensaje, mucho mejor la convocatoria de elecciones. Ayer fallaron con el intento del asesinato del socialista malagueño Asenjo, hoy lo han logrado con el socialista vasco Jáuregui, mañana lo intentarán o conseguirán con otro miembro del mismo partido. Es decir, que la sangre impida cualquier posibilidad de aproximación entre los demócratas vascos.

El mejor homenaje a esa personalidad democrática y honesta que fue Juan María Jáuregui, es, precisamente, no caer en la provocación que buscan sus asesinos. Hay que responder con la cabeza fría y no dejarse enredar en los propósitos de esa trama criminal. Nunca más que ahora es necesario trabajar con ahínco en una respuesta política unitaria de todas las fuerzas democráticas vascas. Debe ser el propio PNV quien extraiga las lecciones de lo que está ocurriendo y proceder en consecuencia. Contra los que buscan su genuflexión, no hay que secundar estrategia frentista alguna y, por el contrario, recuperar la unidad de los demócratas como medio de impedir la balcanización de Euskadi que persigue ETA. Todo depende de que las fuerzas políticas vascas, tanto nacionalistas como constitucionalistas, sepan recuperar la vía del diálogo entre quienes representan a las dos comunidades que conviven en el País Vasco. Si ETA persigue su enfrentamiento, las fuerzas democráticas deben perseguir el acuerdo. Pero todo está en manos de que el PNV sepa responder con firmeza e inteligencia a este tiro en la nuca del diálogo. De lo contrario, si continuamos en los raíles que nos conducen al choque de trenes nacionalistas que persigue ETA, Dios nos coja confesados.

Preguntas tras otro atentado
José María CARRASCAL La Razón 30 Julio 2000

¿Hay todavía socialistas que piensan que su actitud ante el problema vasco debe ser hacer un pacto con el PNV sin exigir a éste que rompa con los que acaban de asesinar a otro de los suyos? ¿Existen todavía comentaristas que critican al PP por insistir en la ruptura del pacto de Lizarra ? ¿Quedan todavía tertulianos que sostengan que el problema vasco se arregla con más política y menos policía? ¿Se atreve todavía alguien a defender la equidistancia entre el PNV y el PP, a decir que ambos son igualmente culpables de lo mal que van las cosas allá arriba, que al gobierno Aznar le corresponde tanta culpa como al de Ibarreche, por no haber aprovechado la tregua como se debía? 

¿Tiene alguien todavía la cara, la desvergûenza, de argûir que Mayor Oreja es uno de los grandes obstáculos para alcanzar allí la paz? ¿Quién es el osado, el hipócrita o el majadero que insiste en prolongar la situación actual? ¿Puede alguien estar satisfecho de que un 15 por ciento de los vascos emigrarían si les ofrecieran en otra parte la situación que hoy tienen, porcentaje que se dobla con los jóvenes, con los universitarios, con los más emprendedores? ¿No es para asustarse saber que siete de cada diez vascos tienen miedo a hablar de política, por no decir ya de intervenir en ella? ¿No es esa una situación de asfixia social, de recorte de libertades, de bancarrota de garantías, de quiebra de instituciones, de fracaso total de un gobierno? ¿No recuerdan los encapuchados de la kale borroka a las SA de Hitler, y lo que ocurre hoy en Euskadi, a la Alemania de 1930, cuando los nazis hacían callar a la fuerza a los que se oponían a su toma del poder, ante la pasividad de unas autoridades no merecedoras de tal nombre? 

¿Va a seguir Jordi Pujol diciendo que el PP intenta masacrar al nacionalismo? ¿Está perdiendo el honorable, como antes lo perdió Arzallus, su olfato, después de haber perdido peso e influencia? ¿Cuándo entenderán los nacionalistas que lo que les está destruyendo es su propia rabia, su violencia, su totalitarismo, su incapacidad de alcanzar sus objetivos? ¿O es que, simplemente, estamos presenciando el último estertor de una ideología, la nacionalista, incapaz de entender y adaptarse al complejo mundo en que vivimos? ¿Sigue habiendo gentes que en el año 2000, cuando las naciones se están disolviendo en grandes organismos supranacionales y puede irse de Cádiz a Berlín sin que le pidan a uno el pasaporte, crean que la «construcción nacional» es más importante que una vida humana? 

Para terminar, la más simple, la más urgente, la pregunta decisiva, la fundamental: ¿Cuántos más tienen que morir para que el llamado nacionalismo democrático, y su séquito de escribanos, apologistas y loadores, entienda todas estas cosas, al alcance de cualquier persona que tenga la mente en orden, la conciencia limpia y el corazón en su sitio?

Tanto dolor como firmeza
NICOLAS REDONDO TERREROS El Mundo 30 Julio 2000

Paz y libertad. Son las dos caras de una misma moneda que, sin alguna de ellas, resulta falsa. Y es lo que siempre quiso y buscó con afán Juan María Jáuregui. Paz y libertad es lo que pretendía, muy joven, como militante antifranquista, como concejal del Partido Socialista de Euskadi, como ciudadano vasco. Y también es lo que trató de conseguir como gobernador civil de Guipúzcoa, un cargo que ocupó en momentos bien complicados y en el que siempre dió pruebas de escrupuloso respeto al Estado de Derecho y de tolerancia política, buscando el diálogo entre los demócratas para que la lucha antiterrorista -en la que el papel de las fuerzas de seguridad es fundamental- incluyera también el escenario político más adecuado para que la sociedad consiga el desestimiento de los terroristas.

Pero ¿qué le importa a ETA todo ésto? ¿O la trayectoria democráctica de un hombre cabal? Nada. Como no le importa la voluntad de los ciudadanos vascos. Si Juan María Jáuregui quería paz y libertad, ETA sólo desea violencia para imponer por la fuerza su ideario totalitario, que es totalmente opuesto a cualquier concepto razonable de la paz. Y, ahora, con el dolor de haber perdido -una vez más- a un amigo y compañero, sólo se me ocurre una respuesta: firmeza. Firmeza en la defensa de los principios en que se basan las sociedades democráticas y libres, firmeza en la defensa de los derechos humanos, firmeza en la persecución de los delincuentes y firmeza también a la hora de dejar claro que ETA, y todos aquellos que vayan con ella o tras ella, no lograrán lo que pretenden.

El dolor no impide el uso correcto de la razón. Nada más absurdo, por tanto, que aceptar una alicorta interpretación de éste y los demás asesinatos de ETA durante los últimos tiempos como parte de una estrategia para negociar con más fuerza. Y, mucho menos, dar por posibles una u otra táctica sin la criba de la ética que debe presidir la actividad política. ETA, sencillamente, no quiere negociación de ninguna naturaleza porque no está dispuesta a aceptar la voluntad de los ciudadanos, que se opone frontalmente a las pretensiones de la banda terrorista. Su único lenguaje es el asesinato, la extorsión, el chantaje, el secuestro, la muerte. Y nosotros, los ciudadanos y sus representantes políticos, no podemos ni consolarnos con los vericuetos imposibles de una estrategia enloquecida ni aceptar de ningún modo el chantaje al que se nos quiere someter ofreciéndonos el cese de esta barbarie a cambio de un precio político.

Dolor, sin duda, y sentido de qué manera en estas horas, pero también entereza. Los socialistas vascos, como todos los socialistas españoles, como habría querido también Juan María Jáuregui, mantenemos nuestra lealtad con el Gobierno en la lucha contra el terrorismo. Sabemos que, en esta materia, no representa una opción política adversaria de la nuestra, sino el sentir de todos en la defensa del Estado de Derecho y de los derechos y libertades de cada ciudadano. Las fuerzas de seguridad cuentan igualmente con nuestro apoyo y a las detenciones del viernes pasado seguirán, sin duda, otras que celebramos y agradecemos.

Pero no es ésa nuestra única responsabilidad en estos graves momentos. Y, por ello, vamos a seguir defendiendo que el País Vasco precisa un gran impulso de regeneración democrática con el que los defensores de las libertades, de los derechos humanos y de la pluralidad, que somos a su vez -y afortunadamente- plurales, se opongan eficazmente al terrororismo, a la pusilanimidad y cobardía política que hace concebir esperanzas a los terroristas, y a cualquier empeño por imponer a los ciudadanos doctrinas totalitarias. Es una conquista difícil, que precisa esfuerzo y exige sacrificios duros de aceptar (como el vil asesinato de tantos hombres y mujeres de bien) pero nadie, y mucho menos ETA, nos la va a hurtar.

Nicolás Redondo Terreros es secretario general del PSE-EE y secretario de Relaciones Institucionales del PSOE.

Acoso, pero no derribo
TOMAS FERNANDEZ AUZ El Mundo 30 Julio 2000

Una de las buenas preguntas que los sociólogos etarras sugieren con su impar sutileza es la que nos obliga a plantearnos la finalidad de sus acciones. La tentación de considerarlas descabelladas planea siempre sobre los análisis. Sin embargo, lo más endiablado de su barbarie estriba precisamente en que puedan encontrársele motivos. Si repasamos las sensaciones que la historia de ETA ha impreso (a fuego) en el imaginario colectivo, percibimos tres fases. Al final de la dictadura, ETA suscitaba bastantes simpatías. Ella misma, con sus milis y polimis, con sus tiros en la rodilla, contribuía a fabricarse una imagen de romántico Robín de los Bosques. Baste recordar que en los sectores universitarios progres de Valladolid, Salamanca o Madrid se cantaba por entonces una canción que remedaba el mortal vuelo de Carrero Blanco.

Después, ETA empezó a atentar contra civiles. En el 81 asesinó al ingeniero Ryan, cuyo único delito había sido creer, desde sus conocimientos, en la seguridad de la energía atómica. Disfrazándose de mendaz ecologista, ETA decidió que no se podía pensar así, y menos aún, actuar en consecuencia. Durante aquella etapa, ETA aún alimentaba el mito de la fuerza protectora.

Por último, y simplificando, ETA asesina a Miguel Angel Blanco. Desde ese momento, los apoyos de ETA no hacen más que disminuir. Inventa la tregua para insuflar nueva vida a sus estructuras y a la propia ideología nacionalista. Ahora, tras entrenarse con Fernando Buesa y su escolta, con José Luis López de la Calle, Pedrosa o Martín Carpena, ETA ha iniciado una carrera que bate todos sus récords anteriores. ¿Qué quiere?

Juan Mari Jáuregui era uno de los pocos puentes por los que ETA podía haber intentado regresar, quizá, a la cordura. Partidario de las tesis de Margarita Robles, defendió la necesidad negociar y fue parte determinante en el esclarecimiento del «caso Lasa y Zabala». ¿Significa esto que ETA pasa de negociar? ¿Pretende hacer creer a sus bases que está mejor informada que nadie y que no se deja engañar por falsos movimientos? Da la sensación de que no tiene nada que perder, ya que tan pronto anuncie un nuevo alto el fuego su brutalidad pasará a segundo plano.

Esa podría ser la hipótesis: una orgía de sangre seguida de una nueva oportunidad para la paz, y, si no, vuelta a empezar. Si estuvieran solos, tal posibilidad sería poco verosímil porque ETA toparía con un muro de firmeza democrática. Pero sabiéndose en compañía del coro nacionalista, que (en el supuesto de otra tregua) no dejaría de presionar al Gobierno para que sacase la varita mágica, la idea de una estrategia de perfil aserrado se consolida. Lo importante para ETA es seguir expresándose como la desquiciada exageración del dogma nacionalista e imposibilitar con su actividad la convivencia plural y pacífica que desmentiría la falacia del «contencioso». Quiere mostrar al mundo la imagen de un pueblo levantado contra su opresor. Quiere certificar esa opresión generando un clima imposible. Quiere partir en dos a la sociedad.

Lo único que logra es una oleada de indignación, no la inestabilidad que sueña. Su cosecha se reduce a transformar el conflicto que llama político en asunto sólo policial, incluso a pesar de quienes desearían transigir con ella, porque lo que ETA propone (que inventemos un Blair a la española) es justamente lo inviable. ¿Por qué? Porque la situación del País Vasco no es ni remotamente similar a la de Irlanda, y porque el margen de maniobra del Gobierno español es muchísimo menor.

La única esperanza es pensar que estamos ante lo que algún ministro de interior denominó «últimos estertores». Lo malo, lo auténticamente malo, es que la agonía del verdugo pueda ser larga y lenta, pues ahí en su catafalco, aún escucha las voces de quienes le quieren jubilar sin librarle de sus obsesiones.

Tomás Fernández Auz es analista politico.

ETA contra todos
Editorial El País 30 Julio 2000

ETA ASESINÓ ayer de nuevo, por séptima vez desde que desató su más reciente campaña terrorista. En esta ocasión la víctima designada por la banda totalitaria es un socialista, el ex gobernador civil de Guipúzcoa entre 1994 y 1996, Juan María Jáuregui, que destacó por su militancia antifranquista, detenido en las manifestaciones contra el proceso de Burgos en 1970, y cuya biografía política, como otra reciente víctima de ETA, José Luis López de la Calle, pasa también por las filas del PCE. Lo más relevante de su reciente trayectoria es su papel como gobernador civil en el esclarecimiento del caso Lasa-Zabala. El mensaje de la banda fascista en esta intensificación de su acción asesina es bien claro: nadie puede sentirse seguro en el País Vasco ni en España si no pertenece al mundo de su nacionalismo totalitario o, como mínimo, si no se dedica a mirar hacia otro lado cuando actúan los asesinos. Jáuregui, un vasco euskaldún y profundamente demócrata, pertenecía al sector del socialismo vasco más dialogante con el nacionalismo. Hora es ya de que el Gobierno de Juan José Ibarretxe saque conclusiones sobre los costes que deberá pagar el nacionalismo democrático si persiste en su empeño de mantener todavía ataduras con el mundo criminal de ETA y sus avaladores de Euskal Herritarrok.

La campaña de atentados iniciada en diciembre de 1999, tras la ruptura del alto el fuego, se ha intensificado este mes de julio hasta la exasperación. A la buena noticia de la detención de dos etarras que preparaban el asesinato del alcalde de Zaragoza, José Atarés, le ha sucedido como una reacción este nuevo crimen, con el que ETA ha ido a buscar a un vasco ausente de su pueblo que pasaba allí unos días de vacaciones. Ni olvido ni distancia han servido para los asesinos, que han podido actuar gracias a las precisas indicaciones realizadas por vecinos de Jáuregui sobre su presencia en Tolosa.

Especialmente significativo es que ETA haya abarcado en poco tiempo con su abrazo sanguinario a dos ex militantes del PCE, López de la Calle y Jáuregui, que representaban dos posiciones, ambas legítimas, de la actitud de los demócratas ante la violencia, el primero como miembro del Foro de Ermua y el segundo como partidario de explorar al máximo la vía del diálogo. A la banda terrorista sólo le interesa una especie de diálogo: la rendición de todos a su dictadura asesina mediante la aceptación de sus postulados políticos.

Los comandos de ETA parecen haber recibido órdenes muy precisas de poner en acción todo su potencial destructivo, con el objetivo de acrecentar la presión sobre el PNV y el chantaje contra todos los ciudadanos y contra el sistema democrático. La variedad de los objetivos elegidos -políticos, militares y periodistas, militantes socialistas y populares, dentro y fuera del País Vasco-, así lo revela. Con el frenesí criminal en el que se está embarcando la banda terrorista pretende demostrar una fuerza militar de la que carece. Su única fuerza política deriva precisamente de la parálisis que sufre el nacionalismo democrático, acogotado por el fracaso del Pacto de Lizarra, tal como ha reconocido de forma explícita el propio lehendakari, Juan José Ibarretxe, e incapaz de cortar de una vez con el mundo violento para regresar a la unidad de posiciones con los demócratas.

Los atentados de ETA, lejos de suscitar la indiferencia y la resignación en la sociedad vasca, como pudo ocurrir en algún momento, están desencadenando una creciente indignación. ¿Qué proyecto de sociedad pueden proponer quienes están creando un síndrome de exilio entre los jóvenes, que alcanza hasta el 15% de la población, tal como revela el último Euskobarómetro? ETA se propone enfrentar y dividir a los vascos con la quimérica idea de llegar a una escisión absoluta, que engulla al nacionalismo democrático y dé pie a una negociación de igual a igual entre el nacionalismo totalitario y los demócratas. Cree así que pondrá de rodillas al Estado de derecho para arrancarle por la fuerza lo que es incapaz de conseguir políticamente y a través de las urnas.

Pero ayer, tanto el Gobierno como el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, hicieron saber a ETA que no cederán a su chantaje y que actuarán al unísono frente a sus ataques contra la vida y la libertad de los ciudadanos. El énfasis que ha querido dar a sus declaraciones el nuevo secretario general socialista, tras el reciente encuentro con el presidente del Gobierno, José María Aznar, despejan todas las dudas, propagadas principalmente desde trincheras enemigas del PSOE, respecto a la actitud de este partido en relación a la ambigüedad del PNV. Pero, además, refuerzan la imprescindible idea de unidad democrática frente al terrorismo, a la que sólo le falta la plena incorporación de los nacionalistas democráticos.

Ante estas evidencias no dejan de sonar como hueca sentimentalidad las palabras de ayer del lehendakari ante el nuevo crimen. Tiene razón Ibarretxe cuando asegura que ETA "prostituye las legítimas reivindicaciones de la sociedad vasca", pero se olvida mencionar que también las prostituyen quienes acceden a defender estas reivindicaciones codo con codo, o juntando voto con voto en los ayuntamientos o en el Parlamento, con los asesinos. Urge saber en estos momentos qué es lo que va hacer el PNV. Ibarretxe ha reconocido que su apuesta por el diálogo ha fracasado y que se impone una nueva etapa de relación con los partidos políticos, que habrá de recorrerse de "manera diferente". El lehendakari sabe quién es el principal responsable de ese fracaso: ETA y quienes les dan alas. Al menos la mitad de los vascos responsabilizan a la banda terrorista del fin de la tregua. Pero Ibarretxe sabe igualmente que matando a hombres como Jáuregui ETA busca también aislar al PNV para tenerlo más al alcance de sus propias estrategias. ¿Qué va hacer el PNV? Urge saberlo cuanto antes.

Entre el disgusto barojiano y la angustia
ANTONIO ELORZA El País 30 Julio 2000

Fue un mes en que casi nunca entré con buen pie y eso, amén de mi condición de termómetro humano que no gusta del calor, condiciona negativamente el juicio. Mi primer recuerdo, entre nebulosas, trae las imágenes de las fiestas de la Virgen en Azkoitia, con el terror que me causó una noche el zezen susko o toro de fuego. Chispas, oscuridad y miedo, es todo lo que tengo en la mente al evocar el episodio. Así que logré no volver nunca a Azkoitia en fiestas. Y, ya adolescente, traté asimismo de escapar, siempre que pude, de la Semana Grande donostiarra. No me gustaban los toros, ni la ciudad, ni las playas convertidas en hormigueros, ni los fuegos, así que el recurso fue huir.

El tiempo no mejoró las cosas. Un día 2 de agosto, regresábamos de París después de haber pasado unas semanas saboreando los restos de mayo del 68, con toques de comedia bufa, pues a efectos de disponer de la casa de los tíos de ella , nacionalistas vascos de estricta observancia, yo era la amiga Angelines de mi hoy compañera, y cada visita me llevaba a buscar refugio en un gran armario. Fue una experiencia inolvidable -días de amor, nems , paseos y libros-, truncada brutalmente en el mismo momento de cruzar el puente de Irún por un registro del 600 y unas preguntas de inusitada dureza. Ese mismo 2 de agosto, ETA había asesinado a un policía acusado de torturador, Melitón Manzanas. Entrábamos en una secuencia de estados de excepción franquistas, por un lado, y, sin saberlo, por otro, de lo que iba a ser más duradero, el terror de ETA.

Desde entonces, he sentido hacia el mes de agosto una mezcla de disgusto barojiano y de angustia. Lo primero, por una aversión natural a las muchedumbres: es sin duda mayor el goce de una playa o de cualquier lugar turístico a principios de julio o a mediados de septiembre. Lo segundo, porque para alguien preocupado por la evolución del nacionalismo radical, agosto fue convirtiéndose en el mes en que se fraguaron sus mecanismos para consolidar la hegemonía del imaginario de ETA sobre la vida cotidiana de los vascos. Fiesta a fiesta, a partir de la llamada "guerra de las banderas", las capitales y los pueblos de Euskadi fueron convirtiéndose en el escenario de unas actuaciones -de imposición de los propios símbolos, de entrada en juego de la borroka allí donde les place- que constituyeron el banco de pruebas para la política de agresión sistemática llevada a cabo en nuestra década. Así, el encadenamiento de las tres semanas grandes, la de Vitoria, la de Bilbao y la donostiarra, con la corola de celebraciones menores, no solamente dibuja un espacio abierto para la espontaneidad, la diversión de las cuadrillas o la trasgresión liberadora, sino al mismo tiempo, en el plano político, un castillo de Sade del cual es preciso escapar cuanto antes y con un mínimo de huellas de la barbarie que impone el lema "Fiestas, bai ; borroka ere bai !".

Por lo demás, tampoco aciertan quienes opinan que en agosto nunca sucede nada. La densidad de acontecimientos es menor que en otros meses del año, pero en el curso del siglo han tenido lugar en agosto hechos de primera magnitud, y con un innegable balance negativo. El 1 de agosto de 1914, se inicia la primera guerra mundial y en agosto de 1939 llega la gran sorpresa con la firma del pacto Hitler-Stalin que abre paso a la segunda. En agosto de 1945 se rinde Japón, pero a costa de la explosión de las dos bombas atómicas que arrasan Hiroshima y Nagasaki. Tampoco fue un mes afortunado en la historia española, ya que en agosto de 1921 se da en la guerra de Marruecos la caída, y subsiguiente matanza, de Monte Arruit, fin del desastre iniciado en Annual. En la guerra civil, sin hitos de relumbrón, los tres agostos, de 1936, 1937 y 1938, marcan sucesivas rupturas de equilibrio desfavorables para la República. Y puestos a jugar con el humor negro, en agosto de 1974 se repone Franco de una tromboflebitis que pudo ahorrarnos en más de un año la agonía trágica de la dictadura, y dentro de ella, la ley antiterrorista de 27 de agosto de 1975, aval para los últimos fusilamientos del régimen.

En la historia del socialismo, agosto es el mes que contempla en 1968 el más triste, ya que no el más trágico, de sus episodios: el aplastamiento de la "primavera de Praga" por los ejércitos del Pacto de Varsovia. El acontecimiento fue compensado, a fines de los 80, por el principio del fin de la RDA, con las huidas masivas a través de Checoslovaquia y Hungría. Y del 19 al 21 de agosto de 1991, con el fracaso del golpe de Estado en Moscú que provocó el fin de la URSS y de Gorbachov. Un instante sin duda hermoso, pero quien lo capitalizó fue Yeltsin. En fin, agosto puede sin mucha pena ser declarado mes políticamente inhábil, digno en cambio de acoger acontecimientos como esa reciente inauguración del llamado "parque temático" de Benidorm, con su impresentable decorado de peplum barato, al que empresarios y peperos han tenido la osadía de llevar al príncipe Felipe como señuelo publicitario, (por cierto, lo del ave fénix, la atracción máxima, con su mástil, ascensor y águila, viene de una "terra mítica" pero poco mediterránea: Alemania nazi; Congreso de Nüremberg). Aunque se han adelantado unas fechas, merecía figurar entre las cosas de agosto. Del peor agosto.

Antonio Elorza es catedrático de pensamiento político de la Universidad Complutense.

A galopar
Por Ramón JÁUREGUI ABC  30 Julio 2000

Juan Mari era un viejo luchador por la Democracia y la Justicia. Como José Luis López de la Calle. Como tantos otros. Ayer murió confiado, transparente, tranquilo, como era él. Cuando finalizaba sus vacaciones en su Legorreta —Tolosa— natal. Volvió sólo unos días y lo esperaron para matarlo. Al conocer la noticia me derrumbé. «Otro amigo que nos matan», pensé. Como José Luis, como Fernando, como Enrique. Recordé a un empresario de Azkoitia, Larrañaga creo que se llamaba, al que mataron un 31 de diciembre pocas horas antes de la nochevieja, porque osó volver a su casa esa fecha singular desde su exilio forzoso en Logroño. Huyó de los terroristas por no someterse y le esperaron para matarlo el único día del año en que volvía a su casa.

A Juan Mari le han matado de la misma manera. En las mismas circunstancias. Igual de cruel e injustamente. Gratuita, brutalmente. Por la misma causa fanática nacionalista. Sólo que veinte años después. ¡Cuánto tiempo! ¡Cuántos muertos! ¡Cuánto hartazgo!

Sólo espero que lo paguen en la cárcel. Deseo que la causa que los enloquece sea derrotada para siempre. Matan por un nacionalismo irredento, construido sobre mil mentiras de una historia burdamente manipulada. Matan por su incapacidad para aceptar la política que es lo mismo que aceptar la derrota cuando esa es la voluntad de la mayoría matan por su incapacidad para reconocer al otro. Por su fanática intolerancia. Por su atadismo intransigente. Por su fascismo recalcitrante. Sólo espero que honremos a Juan Mari y a José Luis, a Fernando y tantos otros derrotando a los asesinos y a su causa sumando democracia y pluralismo tolerancia y libertad y aplastándoles con nuestros votos, como dijo el poeta, «hasta enterrarlos en el mar».

Juanmari, adiós amigo
Por José M. FERNÁNDEZ NORNIELLA ABC  30 Julio 2000

Fuiste vasco, español y socialista, pero ante todo una persona sensible y buena, capaz de respetar las ideas y opiniones de los demás, aunque no coincidiesen con las tuyas.

Tenías la nobleza innata al pueblo vasco y transpirabas por todos tus poros amor a tu tierra y a los tuyos. Hablabas euskera y te sentías español por los cuatro costados.

Día a día, esfuerzo a esfuerzo, trabajamos juntos durante los últimos tres años en un proyecto empresarial del que te sentías parte y orgulloso y por él sufriste la lejanía de tu tierra y de los tuyos a los que tanto echabas de menos.

Recorriste América desde México a La Patagonia, desde Santo Domingo a Santiago y en todos los sitios dejaste buen recuerdo.

Estos han sido tus delitos. Estos y el ser capaz de hablar con claridad y con el mismo amor, vehemencia y respeto de tu querida Tolosa, de España, de tu utopía socialista o del PP y derrochar humanidad, amor a la vida y ganas de vivirla.

Cuantas veces durante estos últimos tres años, allá lejos en Chile, me hablaste después de un duro día de trabajo, con añoranza y emoción difícilmente contenidas, de tu querida hija y de sus estudios, de tus amigos y también de tus adversarios y como fuiste, encuentro a encuentro, viaje a viaje ganándote mi amistad y mi respeto humano y profesional.

Actuabas, como te han matado; a pecho descubierto y con la claridad por bandera y alguna vez me comentaste, como muestra de tu confianza en el futuro, que en tu pueblo tomabas "potes" con todos y que todos te querían, aunque algunos defendieran posiciones meridianamente opuestas a las que eran habituales en ti.

Fuiste radicalmente opuesto a la barbarie y la violencia, viniese de donde viniese, y siempre terminabas afirmando que en tu pueblo nunca podría pasarte nada.

Te equivocabas, amigo. Los asesinos han terminado con tu vida en el bar frontón que tanto añorabas. Los nazis no razonan, los asesinos no piensan. Aunque estoy cierto que no eran de tu pueblo, porque ningún pueblo merece tenerlos como hijos.

Mañana, seguro que aquellos de los que algunas veces me hablabas y a los que tu tan bien conocías, manifestaran un falso dolor, harán una ligera critica y al día siguiente volverán al Rh+ y a la irracionalidad de condenar sin condenar y de justificarse culpando a otros de haber alimentado a la serpiente.

Seguro que mañana los "caciques", como tu los llamabas, volverán a hacer mutis por el foro por unos cuantos días y trataran con su perversión de siempre de justificar falsamente lo injustificable en el nombre de un pueblo en el que la inmensa mayoría, como tu, simplemente quiere vivir en paz y con el respeto al más elemental de sus derechos: la vida.

¿Cuántas muertes más se necesitarán para perforar la coraza de la sinrazón con la que algunos han blindado su corazón y su conciencia? ¿Cuántas inocentes familias más tendrán que destrozarse para que los ideológicamente culpables de esta barbarie se den cuenta de que una sola vida inocente vale más que todas sus ideologías?

¿Cuánto miedo, Juanmari, cuanto dolor y cuanta rabia harán falta para que la sinrazón de unos pocos termine?

Que difícil me resulta expresar sin ira un adiós en estas circunstancias. Simplemente decirte que es verdad, que en tu pueblo todos te quieren y gritar, una vez más: Juanmari somos todos.

Agur, hasta siempre. Descansa en paz.

El gobernador que limpió Intxaurrondo
Juan María Jaúregui fue un ferviente defensor del diálogo con los nacionalistas que colaboró en la limpieza de las luchas contra ETA
GENOVEVA GASTAMINZA, San Sebastián El País 30 Julio 2000

Su paso por el gobierno civil de Guipúzcoa obligó a Juan María Jauregui, en 1996, a poner kilómetros de distancia de su país. Le convirtió en un exiliado más del incontable número de señalados por la permanente sombra negra de ETA. Él, que llegó a conocer a la banda terrorista con la precisión de un experto que les ha perseguido, lo comprendió inicialmente, pero el paso del tiempo le hizo, sin duda, perder perspectiva sobre la magnitud de su riesgo y volvió a implicarse con la pasión que le caracterizaba en la política de su país, cuya actualidad seguía con precisión, a través de internet y de los incontables amigos que le mantenían al día de la situación política.

Su resistencia a sentirse exiliado y el hecho de que su mujer, Maixabel Lasa, funcionaria del Gobierno Vasco, viviera en Guipúzcoa, le produjo la suficiente confianza para regresar con frecuencia, aunque siempre por sorpresa, a su pueblo, Legorreta, una localidad de 1.400 habitantes en la que había comprado el caserío donde nació, junto a la plaza del ayuntamiento, y que había restaurado con mimo para habitar en ella. Pero seguía estando en el punto de mira de ETA y en el ojo de tanto colaborador legal de los pistoleros que, a la luz de los hechos, le tenían controlado en sus movimientos.

Juan María Jauregui era, además, de un militante de su país del que se resistía a huir, -en octubre regresaba de Chile a Madrid en el nuevo destino de su empresa- un ferviente defensor del diálogo con los nacionalistas en la línea que defiende, hoy día, la magistrada Margarita Robles, de la que fue estrecho colaborador mientras fue viceministra de Interior en el equipo de Juan Alberto Belloch. Robles no pudo encontrar mejor cómplice para su doble tarea de luchar contra los terroristas y limpiar de corrupción y malas artes las fuerzas antiterroristas que a este discreto militante socialista procedente de las filas del PCE, con pedigrí antifranquista, y euskaldún nacido en un pequeño pueblo de la comarca del Goierri, en la guipúzcoa profunda.

Todos los ingredientes, sumados a su carácter audaz y valiente además de campechano y cordial, le convirtieron en un elemento singular y desconcertante dentro de una administración como la del Estado en la que tuvo que utilizar todas las artes imaginables para conseguir dar confianza a las fuerzas de seguridad del estado, con las que trabajó codo con codo, a la vez que investigaba y trataba de esclarecer los todavía entonces presuntos crímenes de los que era sospechoso su máximo responsable, el general Rodríguez Galindo. De estas vicisitudes dió probada cuenta en el juicio sobre el secuestro y asesinato de Lasa y Zabala que terminó en el encarcelamiento del general.

Pero Juan Mari Jaúregui estaba bien entrenado con una vida repleta de actividad política desde que se inició en la clandestinidad, a finales de los sesenta, en que incluso estuvo cerca de la incipiente ETA desde su militancia en el PCE. Años después, no le dejaba de parecer irónico y hasta chusco el que el destino le hubiera llevado al puesto de jefe provincial de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de los funcionarios de las cárceles que él también padeció durante dos años cuando estudiaba sociología en Deusto. De hecho, cuando visitó la cárcel de Basauri oficialmente como gobernador civil, le preguntó al director de la prisión si seguía teniendo "al hijo de puta de Pascualillo en la biblioteca". Y le contó que durante su estancia en la cárcel, en 1972, el bibliotecario para entonces jubilado, se negó a prestar un libro a su compañero de prisión, Nicolás Redondo, aduciendo que no tenía estudios.

Su carácter extrovertido y valiente le llevó a protagonizar muchas iniciativas efectistas pero con calado político que le distinguieron de todos sus predecesores, con los que mantuvo largas distancias debido al carácter rupturista que imprimió a su cargo. Su primer discurso como gobernador dirigido a la Guardia Civil de Inchaurrondo estuvo precedido de un largo preámbulo en euskera con el que quiso simbolizar su respeto al bilingüismo vigente. En esta línea fue un "rompedor", tanto de los modos como del fondo del comportamiento en el cargo. Al descolgar el teléfono, el gobernador respondía "Bai, esan?" (¿Sí, dígame?). Su actitud firme en la investigación de los GAL, que relató en su testimonio durante juicio contra el coronel Rodriguez Galindo, también le mantuvo distante de ciertos sectores de su partido, el PSE-EE, que le reprocharon haber contribuido a la pérdida del poder.

Pero su principal militancia se había desarrollado en el PCE de Euskadi en el que militó hasta la escisión carrillista. En 1991 fue elegido concejal de Tolosa y un año después nombrado adjunto al secretario de organización donde permaneció hasta su nombramiento como gobernador, en 1994. Aceptó el cargo que no quisieron previamente otros compañeros suyos del partido.

Ni Juan Alberto Belloch ni Margarita Robles le conocían personalmente cuando le nombraron. Pero terminó siendo un fiel amigo e inseparable colaborador de la hoy magistrada. Con ella compartía la pasión por la política vasca y el diagnóstico sobre la conveniencia del diálogo como única solución del problema vasco. De hecho, los dos lo habían practicado. Mientras estuvieron en Interior, Robles cultivó y auspició la vía dialogada a través de Pérez Esquivel, el premio Nóbel de la Paz argentino que ETA eligió como intermediario. Pero la cerró definitivamente el nuevo ministro, Jaime Mayor Oreja.

Su defensa del diálogo no estuvo reñida con un discurso de firmeza ante ETA y los radicales y la practicó de tal modo que se convirtió en un objetivo permanente de la banda, como ahora lo ha demostrado su asesinato. Cuando llevaba un año en el cargo, Jauregui hizo un llamamiento a los guipuzcoanos para que no se dejaran chantajear ni atemorizar por los violentos que habían arreciado su campaña de kale borroka en varios pueblos y en San Sebastián. "Quieren crear un estado de temor que les devuelva a una posición de control social", dijo entonces Jaúregui. También denunció a los dirigentes radicales que usan a los jóvenes como reventadores por estar "destruyendo a una parte de la juventud de este país".

Mientras fue gobernador, seguía frecuentando Legorreta, su pueblo, y manteniendo muchas de las costumbres que había cultivado en su vida, como la cuadrilla y los amigos en Legorreta y Tolosa. Muchos de estos movimientos fueron vigilados en su día por Valentín Lasarte, el miembro del comando Donosti que vigiló también a Gregorio Ordoñez y asesinó a Fernando Mújica Herzog. Objetivos muy concretos, muy selectivos, que siempre ha cultivado el comando donostiarra que opera en Guipúzcoa.

El asesinato de su amigo López de Lacalle el 7 de mayo impresionó profundamente a Jaúregui. Ambos tienen un paralelismo político: luchadores por las libertades, con años de cárcel por ello y una militancia en el PCE desde el que se aproximaron a los socialistas. Mantenían una estrecha amistad que cultivaban pese a la distancias que ahora mantenían con posiciones políticas opuestas: López de Lacalle como fundador del Foro Ermua estaba en el extremo opuesto del abanico en el que se sitúan el grupo de Madrid liderado por Margarita Robles y defensores acérrimos de un diálogo con ETA.

No parece casual que ahora, cuando el PNV se distancia del compromiso de construcción nacional adoptado con HB y en su viraje político tenga que enfocar necesariamente hacia el PSE-EE, la banda terrorista apunte y asesine a uno de los principales defensores de las posiciones del diálogo dentro de los socialistas vascos. Una acción destinada a ahondar en la sima entre ambos partidos.

Jauregui, como fue norma en su vida, no escondió últimamente sus convicciones. Como si hubiera querido demostrar que no se sentía exiliado de su país, defendió públicamente, hace sólo tres meses, que el PSE-EE debía hacer un "discurso diferenciado" del PP y abordar "sin tapujos" la reforma constitucional.

Asesinado el gobernador civil de Guipúzcoa del último Gobierno de Felipe González
Juan María Jaúregui, de 49 años, murió después de recibir dos balazos en un bar de Tolosa
ETA mató ayer en Tolosa al militante socialista Juan María Jáuregui, de 49 años, gobernador civil de Guipúzcoa entre 1994 y 1996. Jáuregui había sido objetivo de ETA desde hacía varios años, y ya en 1995 el comando Donosti intentó asesinarle con un coche bomba. Actualmente residía en Chile y había regresado a su tierra para disfrutar de unas vacaciones. Ayer, a las 11.30, cuando se hallaba en una céntrica cafetería, dos terroristas le dispararon dos tiros en la nuca. El nuevo secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, expresó ayer su total apoyo al Gobierno y a las fuerzas de seguridad, y el Ejecutivo reafirmó su voluntad de mantener su política antiterrorista. La capilla ardiente ha sido instalada en la Casa del Pueblo en San Sebastián.
MARIBEL MARÍN, San Sebastián El País 30 Julio 2000

La banda terrorista ETA acabó ayer en Tolosa con la vida del militante socialista Juan María Jáuregui, ex gobernador civil de Guipúzcoa y figura clave en la investigación del caso Lasa-Zabala, que desembocó en el encarcelamiento de su antecesor en el cargo Julen Elgorriaga y del general Enrique Rodríguez Galido.

El asesinato se produjo hacia las 11.30. Jáuregui, de 49 años, casado y con una hija, conversaba con su amigo personal y director de informativos de la televisión vasca (ETB), Jaime Otamendi, en una céntrica cafetería de la localidad. Dos terroristas se le acercaron por la espalda y le dispararon dos tiros en la nuca. El ex gobernador, que no llevaba escolta, quedó tendido en el suelo. Fue atendido por una ambulancia en el mismo lugar del atentado y posteriormente trasladado a la clínica de la Asunción, donde murió.

Los terroristas vieron ayer su buscada oportunidad y supieron aprovecharla. Jáuregui, un hombre fiel a sus costumbres, no se preocupó en exceso por velar por su seguridad y acudió a su cita con Otamendi en el Frontón, una cafetería-restaurante de la calle San Francisco que frecuentaba con regularidad. El establecimiento estaba muy concurrido, como cualquier sábado a esa hora, y los clientes no sospechaban que compartían el local con dos pistoleros de ETA que habían seguido los pasos del ex gobernador civil. "Entraron en el bar por la puerta principal sobre las 11.00", asegura un cliente, "y pidieron unas consumiciones en la barra". Mientras tanto, Jáuregui tuvo ocasión de hablar por teléfono con su mujer, Marixabel Lasa, para decidir quién compraba los periódicos del día y quedar poco después.

Los testigos presenciales aseguran que los terroristas tenían entre 30 y 35 años. "Uno era bajo y llevaba txapela y el otro alto, con perilla. Los dos hombres entraron a cara descubierta con gafas de sol". Entre sus señas de identidad destacaba también una asombrosa frialdad. Según los clientes del local, "charlaron con tranquilidad, terminaron sus consumiciones" y una vez saciada la sed perpetraron el atentado.

Los asesinos sabían que no iban a llamar la atención en el recorrido de la pequeña distancia que les separaba de la mesa en la que se encontraba sentado el ex gobernador porque el establecimiento tiene dos salidas, una principal y otra lateral, ésta se encontraba en su camino. ETA quiso que Jáuregui muriera precisamente cuando hablaba sobre la situación política del País Vasco. Los terroristas se acercaron a él por la espalda y le dispararon dos tiros en la nuca. Jáuregui, natural de Legorreta -localidad cercana a Tolosa- cayó tendido en el suelo y los etarras huyeron por la puerta principal, según algunos testigos. Aún luchaba por salvar su vida cuando llegó la ambulancia.

Los médicos confirmaron la muerte de Jáuregui pasadas las 13.00 horas. Cuando le llegó la noticia, su mujer apenas pudo contener su emoción. Sólo era capaz de decir a sus allegados: "Esta semana hemos celebrado las bodas de plata y teníamos que haber llegado a las de oro". Marixabel Lasa sabe lo que se sufre con la ausencia de un ser querido. Desde hace tres años veía poco a su marido. Juan María Jáuregui abandonó el País Vasco a petición propia tras dejar el cargo de gobernador civil de Guipúzcoa en 1996, aunque volvía con cierta regularidad a la casa familiar que ambos comparten en Legorreta. Hacía doce días que había hecho un alto en su trabajo como secretario general de Aldeasa para Latinoamérica para disfrutar de unas vacaciones.

Jáuregui se fue del País Vasco porque ETA insistía en mantenerle en el centro de su diana, al menos desde 1995. Ya entonces, cuando todavía era gobernador, se descubrió que el comando Donosti planeaba hacer estallar un coche bomba al paso de su coche oficial. El atentado que pensaba perpetrarse en la salida de la variante de San Sebastián, a la altura del barrio de Larratxo, se frustró por la detención de los componentes del comando.

Dos años después, la policía supo que la organización terrorista había realizado seguimientos detallados de sus movimientos, tras la detención del etarra Valentín Lasarte. Desde entonces, ETA no ha cesado en su empeño. El Ministerio de Interior le buscó hace tres años una salida laboral en Canarias, como directivo de la cadena de tiendas de aeropuertos Aldeasa. Meses después fue nombrado jefe de esta empresa para Latinoamérica y se instaló en Chile.

La organización terrorista consiguió ayer su objetivo. Los activistas de la violencia callejera lo anunciaron hace diez días cuando pintaron la fachada de su casa en Legorreta con frases amenazantes. Jáuregui no llevaba escolta en sus visitas a España. Sólo tuvo protección policial cuando testificó en el jucio por el caso Lasa-Zabala. Su testimonio avaló la versión del testigo protegido Pedro Migueliz, Txofo, en el sentido de que fue presionado por la Guardia Civil para que no declarara en el juicio y cambiase sus declaraciones.

Hace diez días, cuando decoraron su casa con pintadas amenazantes, sus allegados solicitaron a la Ertzaintza que le dotara de un servicio de escolta, extremo que el departamento vasco de Interior desmiente. Ayer, cuando le mataron, no tenía más protección que su propia intuición. Jáuregui no tomó ninguna medida de seguridad. Personas cercanas aseguran que se desplazó solo en coche desde su casa hasta el bar de Tolosa, donde se había dejado caer en más de una ocasión durante sus vacaciones. Su mujer, natural de esta misma localidad y funcionaria del Gobierno vasco, estaba en casa cuando recibió la noticia del atentado; su hija, de 19 años, se encontraba en el monte.

La esperanza de que Jáuregui lograra sobrevivir congregó en el hospital, además de familiares, a numerosos políticos y otros representantes institucionales. Entre ellos, el lehendakari, Juan José Ibarretxe, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, el secretario institucional de la Ejecutiva del PSE- EE de Euskadi y presidente de la Ejecutiva provincial de Guipúzcoa, Jesús Eguiguren, el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz y cargos de otros partidos. De todos, salvo de Euskal Herritarrok (EH). Muchos de ellos, amenazados. Ayer, en la puerta del hospital, un concejal de una localidad del País Vasco se lamentaba del suceso. Recibía las palabras de apoyo de un amigo que le insistía en que se fuera de vacaciones con su familia. Su reacción fue más que esclarecedora: "Total", dijo con resignación, "luego tengo que volver".

Jáuregui, que tenía previsto viajar a Buenos Aires el próximo 4 de agosto por motivos laborales, iba a ser nombrado subdirector internacional de Aldeasa y tenía la intención de establecerse en Madrid.

ETA frustró todas estas expectativas y se encargó de no dejar rastro. Los terroristas explosionaron en Billabona -localidad cercana a Tolosa- el coche utilizado en su huída. El vehículo, robado el pasado 21 de julio en Elgoibar (Guipúzcoa) y contenía entre un kilo y kilo y medio de la dinamita robada en Bretaña en septiembre de 1999, según fuentes policiales. La deflagración se produjo gracias a un temporizador programado para hacer explosión a los diez minutos.

Gritos contra Ibarretxe
Los familiares, compañeros de partido y otras autoridades velaron ayer a Jáuregui en la sede socialista de San Sebastián, donde fue instalada la capilla ardiente. El lehendakari Juan José Ibarretxe visitó la capilla y fue recibido con gritos de "dimisión" por el público que hacía cola para despedir al ex gobernador.

El cadáver será trasladado hoy a las 12.00 al Ayuntamiento de Legorreta, donde se celebrará un acto cívico de despedida.

Las manifestaciones de apoyo se sucedieron ayer en forma de concentraciones en las tres capitales vascas y en Tolosa y continuarán hoy. El PSE-EE ha convocado para las 20.00 horas una manifestación en repulsa del terrorismo, que partirá del Boulevard de San Sebastián con el lema ETA no, basta ya.

Dominios del 'comando Donosti'
G.G, San Sebastián
Tolosa y su comarca están en los dominios geográficos en los que se mueve como pez en el agua el comando Donosti, que ha tenido en Andoain durante los últimos seis años un lugar de referencia para sus componentes. Al menos en dos ocasiones consiguieron que la policía perdiera su pista en este pueblo.

Además el modus operandi de los terroristas en el atentado contra Juan María Jáuregui no puede ser más similar al que costó la vida, el pasado 7 de mayo, a su gran amigo, el columnista José Luis López de Lacalle. Ambos fueron asesinados por la espalda y a bocajarro por pistoleros de ETA que huyeron a pie y a cara descubierta.

Los dos de ayer escaparon en coche, pero lo explosionaron en Billabona, a unos diez minutos del lugar del crimen, la misma distancia que existe entre ésta localidad y Andoain donde mataron a López de Lacalle para después escapar a pie.

Otro dato que revela el paralelismo de los dos asesinatos es el enorme y eficaz dispositivo de colaboradores que espían para éste comando, desde la impunidad de su condición de "legales", los movimientos de las futuras víctimas. Un dato que resulta espeluznante si se tiene en cuenta que los ahora asesinados habían relajado su seguridad confiando en que el factor sorpresa de sus movimientos inesperados les sirviera de escudo.

El asesinato de Jaúregui tiene también un significado político por la especial selección de la víctima en claro paralelismo con la de su amigo De Lacalle.

Gritos de "asesinos" y "basura" contra la coalición filoetarra EH
El Ayuntamiento está gobernado en solitario por la coalición independentista
ISABEL C. MARTÍNEZ, San Sebastián El País 30 Julio 2000

"¡Ya hemos oído las balas!". Este grito, salido de entre los presentes en el Ayuntamiento de Tolosa, explicaba porqué el público del pleno se negaba a escuchar la moción, alternativa a la de PSE, PNV, EA y PP, que pretendían leer los concejales de EH, en medio de insultos, abucheos y una gran agresividad. Algunos gritaron "asesinos", "escoria" y "basura". El alcalde, perteneciente al grupo radical, se desmarcó de sus ediles con una declaración propia, en términos de "desaprobación y rechazo" al atentado. El único concejal del PSE la valoró positivamente, pese a que luego no apoyó la condena unitaria.

El Ayuntamiento de Tolosa está gobernado en solitario por EH, que obtuvo la alcaldía en su condición de partido más votado. Los radicales tienen siete concejales, la coalición PNV-EA otros siete, el PP dos y el PSE uno.

El pleno se inició pasadas las cinco de la tarde en una calma tensa y con algunos llantos contenidos de los amigos más allegados de Juan María Jáuregui, muchos de ellos viejos compañeros de militancia en el PCE. Ese clima se mantuvo mientras el alcalde leyó su declaración y el representante socialista en el ayuntamiento, Óscar Renedo, daba lectura al texto conjunto suscrito por PNV, EA, PP y PSE, que resultó luego aprobado con la abstención de los ediles de EH, incluido el alcalde, Antxon Eizaguirre.

Un largo aplauso y el grito "Viva la libertad" de una señora saludaron la moción, en la que el ayuntamiento condena "sin paliativos este cruel asesinato", reclama el derecho a la vida, muestra el afecto a la familia y recrimina a ETA por haber "segado la vida de una persona muy querida por nuestros vecinos", que sirvió a Tolosa en su labor de concejal y estuvo "totalmente comprometido con la democracia, la paz, la libertad y la justicia". El texto aprobado advierte a los asesinos que "no van a lograr" ninguno de sus objetivos y advierte: "ETA debe saber que nos tendrá siempre enfrente ante su objetivo de fracturar nuestra sociedad y amedrentar a los ciudadanos vascos".

Los incidentes empezaron en cuanto un edil de EH intentó leer la declaración de este grupo. Entre silbidos y abucheos primero e insultos después, gran parte del público empezó a abandonar el salón de sesiones. "Encima queréis hablar", les espetó una voz. "Asesinos, asesinos", "sinvergüenzas", "Hiltaileak zuek zarete" (Vosotros sois los asesinos), "sois mierda pura", "bestias" "miserables" o "fascistas" fueron algunos de los insultos que los concejales oyeron, nerviosos, sentados en sus bancos. "Qué pocos cojones tenéis", les espetó de frente un hombre.

Un pequeño grupo de seguidores arropó a los ediles, tachando a quienes les rechazaban de "carceleros" y gritando a favor de los presos. El ruego de una mujer ataviada con una camiseta con los colores de la ikurriña de que se les escuchara fue respondido con la frase "Ya hemos oído las balas": era el alcalde de Ermua, Carlos Totorica, junto a quien se hallaban el secretario general del PP, Carmelo Barrio, la portavoz de este partido en el Ayuntamiento de San Sebastián, María San Gil, y los diputados socialistas Carmen Asiain y José Antonio Maturana.

Levantado el pleno, dos jóvenes gritaron en el vestíbulo "Gora ETA militarra", lo que provocó nuevos insultos y un conato de agresión por parte del público, cortado por agentes de la policía municipal.

Una hora antes del pleno en Tolosa las ejecutivas de Euskadi y de Guipúzcoa de los socialistas celebraron una reunión conjunta, mientras seguían los preparativos para la instalación de la capilla ardiente, por la que empezaron a desfilar autoridades y compañeros a partir de las nueve de la noche.

En medio de un clima de pesar, el secretario general, Nicolás Redondo, realizó una petición expresa de unidad a los partidos democráticos y pidió la participación también unitaria en los actos convocados por su partido, mensaje en el que coincidieron el líder de UA, Pablo Mosquera, y el secretario general de UGT, CarlosTrevilla: "No podemos perder más tiempo en confrontaciones entre demócratas", dijo este último. El crimen mereció la repulsa generalizada de instituciones, partidos, sindicatos y grupos sociales y pacifistas, a excepción de EH. que reiteró la fórmula de "lamentar" el hecho.

Particularmente dura fue la diputación de Guipúzcoa, que mostró su "sentimiento de asco" hacia ETA y llamó a acudir a todos los actos de repulsa. Íñigo Urkullu, en nombre del PNV, calificó de "asfixiante la repugnancia que provocan las acciones de ETA" y la presidenta del PP en Guipúzcoa, María San Gil, advirtió de que "estos asesinatos no son gratuitos y esta gente lo va a pagar". "Vamos a poder con ellos", afirmó.

«En el Café Frontón de Tolosa siempre entra en el servicio sin que previamente lo haya hecho su escolta»
«Antes de sentarse a comer, como casi todos los viernes en el Café Frontón de Tolosa, \ siempre entra en el servicio sin que previamente lo haya hecho su escolta». Esta información fue encontrada en poder del etarra Valentín Lasarte, miembro del «comando Donosti», detenido por la Ertzaintza el 25 de marzo de 1996. Ayer, en este mismo bar, ETA asesinó al ex gobernador civil de Guipúzcoa.
ABC 30 Julio 2000

Entre los veintidós objetivos de los que el anterior «comando Donosti» tenía información muy precisa se encontraba el que por aquellas fechas era gobernador civil de Guipúzcoa, el socialista Juan María Jáuregui. Precisamente, este grupo criminal, integrado, entre otros, por Valentín Lasarte e Idoya Arrieta, tenía previsto, además de otros procedimientos, asesinar a Jáuregui en uno de sus desplazamientos mediante la colocación de un coche bomba que haría explosión al paso del vehículo.

Concretamente, en el piso que ocupaba Lasarte en Astigarraga se encontró una documentación en la que se decía: «Para entrar en Alza hay varias entradas pero viniendo de Amara \, sólo una: por el paseo de Txinguidi, a la salida de la variante. Después de todo atentado, suelen acudir al lugar las autoridades pertinentes y los mandos del Ejército y Policía».

CON COCHE BOMBA
En este documento, además de las matrículas de los vehículos que utilizaba Juan María Jáuregui y sus escoltas, se precisaba que los coches empleados eran ocho, «cuatro en cada relevo». Asimismo, se indicaba el lugar idóneo para colocar el coche bomba así como el procedimiento que debían utilizar para conseguir su objetivo criminal. Los terroristas tenían escrito: «Si se analiza “in situ” se puede ver que es un paso estrecho en una curva cerrada sin viviendas en los alrededores. Consistiría en colocar un coche bien cargado en la curva y controlar desde zonas cercanas. Se colocaría justo después de producirse la primera parte de la “ekintza” \ y para ello haría falta una coordinación por medio de walkies. Al tratarse de una curva cerrada, hasta que no estás dentro de la curva no te percatas de la existencia del vehículo cargado». Con el fin de evitar que el coche fuera detectado, los terroristas tenían previsto colocar al lado el vehículo «unos conos o una señal de peligro indefinido o, como alternativa, pintarle una rueda para que así parezca lógica su presencia en el lugar».

La exhaustiva información que el «comando Donosti» tenía sobre Juan María Jáuregui se completaba con otra sobre sus movimientos en Tolosa. Así, los etarras tenían escrito que «antes de sentarse a comer, como casi todos los viernes en el Café Frontón de Tolosa, siempre entra en el servicio sin que previamente lo haya hecho su escolta». «Generalmente -se precisa en el escrito de los terroristas- come con alguien y la escolta en otra mesa, y a veces con la escolta». Y ha sido precisamente en este bar donde dos pistoleros de la banda acabaron en la mañana de ayer con la vida del ex gobernador de Guipúzcoa.

TAMBIÉN EN LEGORRETA
Los terroristas también siguieron los pasos de Juan María Jáuregui en su pueblo natal, Legorreta, próximo a Tolosa. En la documentación intervenida a Lasarte se señalaba que «algunos jueves y viernes por la noche come en su sociedad de Legorreta, dos o tres veces por mes. Generalmente despide a sus escoltas. Está muy confiado, no se imagina como objetivo» terrorista. Tras descubrirse los seguimientos a los que había sido sometido, Jáuregui afirmó que había tomado las medidas de seguridad oportunas «pero ni ETA ni nadie va a conseguir recluirme en el castillo del Gobierno Civil e impedir que me relacione con mis amigos, familiares y paisanos».

Junto a Juan María Jáuregui, en la lista de objetivos contra los que el «comando Donosti» tenía planeado atentar, figuraban agentes de la Guardia Civil, Policía Nacional, funcionarios de prisiones, ertzainas, miembros del Ejército y funcionarios del departamento de Interior del Gobierno vasco.

RED DE ESPIONAJE
Al descubrirse la exhaustiva información que el «comando Donosti» tenía no sólo del Gobernador Civil sino también de otros objetivos, las Fuerzas de Seguridad atribuyeron la recopilación de estos datos tan precisos al «servicio de información» de la banda, la llamada «red Sarea», cuyo objetivos son la infiltración en las instituciones y la captación de información. Se trata, en definitiva, de una red de espionaje, de la que se tuvo conocimiento de su existencia a raíz de la detención del cabecilla etarra Félix Alberto López de la Calle «Mobutu», que se encuentra en la actualidad en situación vigilada en París en espera de la decisión que adopte un tribunal sobre si es o no entregado a España.

Pilar Aresti: «ETA no logrará echar del País Vasco a los que no pensamos como ellos»
Bilbao. I. Souto ABC 30 Julio 2000

Pilar Aresti, ahora senadora y siempre imagen del PP vasco, eufórica por haber salvado la vida y porque nadie más la hubiera perdido en un atentado en la puerta de su casa, declara a ABC que los terroristas de ETA quieren que desaparezcan del País Vasco los que no piensan como ellos. Después, sentencia que no lograrán su objetivo «porque somos -dice- la mayoría».

Acostumbrada al acoso de ETA y de su entorno, Pilar Aresti se encontraba más sensible a la calurosa reacción de sus vecinos, ante quienes tuvo un primer amago de culpabilidad, enseguida rechazado, que al daño material sufrido.

No parecía impresionada porque hubiera estallado un coche bomba en la puerta de su casa, en el municipio de Guecho, ni por los escombros a los que quedó reducida una parte del edificio, en la que ella y su familia ocupan el piso alto.

Pilar se encuentra en esta «guerra» desde hace veintidós años y sabe que éste es el precio que la banda terrorista ETA pretende que pague por su libertad de expresión y por la defensa de las ideas del PP en el País Vasco.

Sin embargo, tiene claro que mientras no la maten, se mantendrá en el lugar que ha elegido estar en su tierra y es lo primero que dice en esta entrevista que le hicimos sentados entre los escombros, en su casa, después de recibir la visita del ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y del secretario general del PP, Javier Arenas.

ACOSO
-Aunque dice que no abandonará el País Vasco, supongo que tendrá que dejar su casa una temporada, hasta que cierren al menos las ventanas y las puertas...

-No me he marchado ni un minuto de mi casa. Dormí aquí después de la explosión y espero hacerlo también hoy. Supongo que un poco más cómoda, porque dará tiempo a que me pongan cristales.

-Después de las amenazas que ha sufrido, como todo cargo público del PP en el País Vasco y de un atentado de estas características. ¿No siente sensación de acoso?

-ETA está acosando a todos los que no pensamos como ellos, que somos muchos. En realidad somos la mayoría. Y nos está acosando porque quiere crearnos el miedo, el terror y quiere que desaparezcamos de aquí, pero no lo vamos a hacer. Ninguno de mis compañeros del PP va a desaparecer de aquí y aquí vamos a seguir luchando por Vizcaya, para Vizcaya y desde Vizcaya.

RUPTURA CON ESTELLA
-¿Qué cree que debería hacerse para parar esta nueva oleada de atentados de ETA?

-Creo que las Fuerzas de Seguridad están actuando bien, pero lo primero que tiene que ocurrir aquí es que el Gobierno vasco, el PNV, rompa de una vez con los pactos que tiene hechos, que rompa Lizarra, que rompa Estella. Está demostrado que desde que hay estos pactos hay una escalada del terror y yo confío y les suplico que basta ya, que rompan con ellos, que no es más que una sinrazón esto, que el PNV es un partido democrático que no puede estar unido a estos asesinos, porque no son más que unos viles asesinos.

RESISTENCIA
-Hace 19 años, ETA asesinó a un primo suyo, Enrique Aresti, y ahora el ministro del Interior habla de un odio secular de los terroristas hacia lo que significa este municipio.

-Existirá ese odio hacia lo que ellos creen que puede significar Guecho, pero yo creo que las actuaciones de ETA se basan en la sinrazón. Cuando pueden asesinan en un pueblo pequeño o en otra comunidad de España, es el mundo de la sinrazón. Todos los que no pensamos como ellos sobramos, pero no van a conseguir que nos marchemos de aquí. Nosotros vamos a seguir aquí, vamos a seguir luchando y yo llevo veintidós años, como muchos compañeros míos, como Antonio Merino, que ahora me acompaña, como el mismo Jaime Mayor, luchando por las libertades del País Vasco, luchando por vivir con dignidad en una democracia y eso voy a seguir haciendo mientras tenga vida.

-¿No tiene la impresión de que cada vez eso es más difícil, de que la vuelta a las armas de ETA ha supuesto un retroceso brutal en el tiempo?

-Cada vez es más difícil, pero cada vez tenemos más fortaleza y aquí estamos.

APOYO DE LOS VECINOS
-¿Cómo interpreta el apoyo que ha recibido de sus vecinos, a pesar de los daños que han sufrido en este atentado?

-Quiero dar especiales gracias a todos mis vecinos, a todos los que han venido aquí a apoyarme. Hay un momento en el que nos sentimos casi culpables, pero luego haces una reflexión y dices culpables de qué, de querer ser libres, de querer vivir con dignidad, de querer defender unos ideales. Y estoy segura de que son los mismos que tienen mis vecinos. Quiero darles desde aquí un abrazo emocionado, darles las gracias por cómo han reaccionado y a ellos les pido también mucho ánimo, que tenemos que resistir, que vamos a resistir y que vamos a ganar.

-Sin embargo, no parece que las cosas mejoren...

-Tenemos más claro que nunca que esto no puede seguir así. Yo voy a seguir luchando por las libertades mientras Dios me dé vida y estos desgraciados no consigan acabar conmigo.

Mientras hablábamos con Pilar Aresti un vecino se acercó para invitarla a comer y a cenar mientras tuviera la casa destrozada. Poco antes, tras despedir a Jaime Mayor Oreja y Javier Arenas a unos pasos de su domicilio, otra vecina paró su moto para darle un abrazo y fueron muchos otros los que le apoyaban en la calle, expresando un sentimiento de solidaridad muy diferente al que sentían estos ciudadanos hacia el alcalde de su municipio, Iñaki Zarraoa, del PNV a quien el día anterior habían increpado e insultado.

Sentencias  
Por Alfonso USSÍA ABC 30 Julio 2000

Si la cabeza de un hombre es su primera casa, no hay duda de que el juez Navarro es una casa de citas. Me refiero a las citas literarias, claro. De sus artículos, la mitad por lo menos son opiniones y pensamientos de otros. En sus intervenciones radiofónicas, no hace otra cosa que repetir máximas ajenas. Navarro es un juez confuso, mucho más parte que juez. Se querelló con Luis del Olmo porque éste le llamó mentiroso en el aire. Y los compañeros del juez Navarro, es decir, otros jueces, han condenado a Luis a pagar al peculiar togado cinco millones de pesetas por haber empleado expresiones ofensivas para el prestigio profesional de Navarro Esteban. Rarísima sentencia, puesto que Luis del Olmo llamó mentiroso a Joaquín Navarro después de que se demostrara que éste había mentido. Ahora le presenta los libros Javier Arzallus y se abraza al pacto de Estella. El juez Navarro, que no tiene el talento de Bergamín, aquel «simpático cretino», según Gabriel Maura, puede terminar como el poeta. En manos de Genoveva Forest y de Herri Batasuna. Cuando Bergamín comprobó que su oposición a todo nadie se la tomaba en serio y que hasta su torero favorito, Rafael de Paula, era en el fondo un petardo, volcó su señoritismo malagueño y madrileño en favor de la ETA y HB. El juez Navarro fue llamado mentiroso por negar que había sido colaborador de «Egin» habiendo escrito y firmado en «Egin». Cuando lo hizo, el periódico de la izquierda terrorista era ya un consumado correo de la muerte. Entonces, Luis del Olmo, ante la evidencia incuestionable le llamó mentiroso. Y por llamar mentiroso a un señor que mintió, le han condenado. La resolución obliga a Del Olmo a leer la sentencia y a conceder al imprevisible magistrado diez minutos de réplica por haber sufrido una intromisión ilegítima del derecho al honor. Por cinco millones de pesetas soy capaz de negar que he escrito en ABC y que me llamen mentiroso.

A esta sentencia tan caprichosa y corporativa se suma la del Tribunal Constitucional contra el semanario «Lecturas». Recuerden los lectores que el Tribunal Constitucional está formado por los mismos magistrados que pusieron en la calle, en contra de la sentencia del Tribunal Supremo, a los canallas dirigentes de la llamada Mesa Nacional de Herri Batasuna, todos ellos partidarios de «incrementar las acciones militares contra cualquier objetivo del Estado opresor español». Ahora han acordado condenar al semanario rosa a pagar veinticinco mil pesetas a la muy necesitada señora Preysler por un artículo publicado en «Lecturas», en el que se afirmaba que a la propietaria de «Villa Meona» «le salían granos». La verdad es que vistas las circunstancias y sus posteriores resultados, es más conveniente para la sociedad que el Tribunal Constitucional se ocupe de los posibles granos de Isabel Preysler que de los cabecillas de Herri Batasuna. Los granos, además, tienen diferentes tratamientos para ser eliminados, en tanto que el único contra los cómplices directos de los asesinos es el de la reclusión. Como en el caso anterior, propongo a los responsables del semanario «Lecturas», un artículo o comentario que haga mención al humillante acné juvenil que me visitó en la adolescencia y no me abandonó hasta bien entrada la veintena. No me vendría mal tampoco esas veinticinco mil pesetillas, cobradas en concepto de «daño moral». Así que hablar de los granos de Isabel Preysler es motivo suficiente para que el Tribunal Constitucional pierda el tiempo, y no mis orejas, o la ensaimada de Anasagasti, o el estómago de Campmany, o los mofletes de Íñigo Cavero, o los morros de Felipe González, o los bigotes de Aznar, o el trasero de Cristina Almeida, o los pelos de Cipriá Ciscar. Aquí el único daño moral que se hace es a Isabel Preysler con los granos, con lo fácil que resulta hoy en día tratarse los granos. Lo difícil es reducir mis orejas, poblar de pelo la chochola de Anasagasti, menguar los morros de González, convencer a Aznar para que se quite el bigote, adelgazar el estómago de Jaime Campmany, desrizar a Cipriá Ciscar o disminuir el diámetro del trasputín de Almeida. Todo eso no hace daño moral. Los granos de la Preysler, sí.

España, de golpe y porrazo, se ha convertido en una nación que ampara las mentiras de un magistrado y los granos de una señora que vende exclusivas. Y nos siguen matando, y más que nos matarán, y mañana...

Vagancia
FERNANDO SAVATER El País 30 Julio 2000

Ya sé que estamos en pleno periodo de vacaciones y que el artículo que corresponde escribir ahora suele ser de un modo u otro en elogio del ocio, del reposo y de los gozos del repantingarse. Y por supuesto ni en los contentos del verano ni en el invierno de nuestro descontento me apetece lo más mínimo escribir nada a favor del trabajo: ¡he olvidado un poco a algunos maestros del pasado, pero entre ellos no está Lafargue! Sin embargo, quisiera decir algo contra la pereza contemporánea a la que, si bien no considero "madre de todos los vicios" (no quiero honrarla llamándola "madre", porque la pereza se reproduce precisamente por clonación), sí que considero ingrediente principal de algunos de los peores. Ya sé que los perezosos no son nunca grandes criminales: pero son cómplices por defecto de quienes lo son y sobre todo de sus fechorías. Sin holgazanes la tarea de los canallas sería mucho más difícil y sobre todo las canalladas no prosperarían automáticamente.

Quiero comentar esta perspectiva porque creo que sigue siendo infrecuente. El último que se ha atrevido estupendamente a denunciar la culpabilidad de la pereza es Arcadi Espada -merecidísimamente premiado ahora con el "Cuco Cerecedo", de periodismo- en uno de los libros menos prescindibles de la temporada y de muchas temporadas: Raval o el amor a los niños (ed. Anagrama). ¿Por qué pudo prosperar en la civilizada Barcelona un indecente montaje criminalizador de inocentes con apoyo de periodistas, policías y jueces? No por deliberada mala fe de quienes contribuyeron a él, sino gracias a su desidia profesional y al dejarse resbalar por la rentable pendiente de la pereza colectiva. Lo cual debe ser explícitamente subrayado dado que, como bien señala Espada, "los crímenes de los vagos han gozado de poca audiencia literaria".

Y es que vivimos una época social que absuelve cualquier manifestación individual de abulia y proyecta toda responsabilidad por los males que nos aquejan a la estructura del sistema o a la perversidad inevitable de "los de arriba". Fíjense por ejemplo en la cuestión del tabaco. Quienes han enfermado por abusos en el fumar culpan a las grandes tabaqueras e incluso encuentran en ciertos países significativa audiencia jurídica a sus reclamaciones de indemnización. La culpa de su exceso es de quienes les incitaban a cometerlo o les proporcionaban el veneno que reclamaban. Ellos, en cambio, funcionaban con el piloto automático puesto, es decir: son inocentes y víctimas. Según lo que desde hace tiempo se hace profusamente constar, "las autoridades sanitarias avisan de que fumar produce enfermedades mortales". Advertencia que sería irreprochablemente exacta si se formulase así: "fumar demasiado puede llegar a matar". ¿Por qué nunca se incluye ni se incluirá ese adverbio cuantitativo? Porque equivaldría a reconocer la responsabilidad de cada cual en el uso o abuso de una sustancia eventualmente peligrosa. Si lo malo es fumar, la culpa será de Philip Morris o de los estados que autorizan la venta de tabaco y se lucran con los impuestos sobre ella. Pero si lo verdaderamente dañino es fumar demasiado (hábito no inevitable, puesto que hay fumadores morigerados) alguna responsabilidad tendrán también en su desgracia los que así se excedieron. ¡Inadmisible suposición! Lo abúlicamente correcto es aceptar que al tabaco no hay voluntad que le resista o le administre y que rodar cuesta abajo es la forma irremediable de andar por las cuestas peligrosas. Eso, o la prohibición y la abstinencia forzosa. ¡Perezosos del mundo, uníos!

Algunos elementos de soñolienta desidia han estropeado también el dichoso informe de la Academia de Historia, pese a la sensatez básica de su planteamiento. No se puede hablar así de las ikastolas, en general, como si fueran una cadena de hamburgueserías en todas las cuales se sirviese el mismo menú. Y para juzgar los textos en euskera es preciso molestarse en aprender euskera o consultar a quienes lo sepan, a fin de poder documentar lo que se afirma: porque ejemplos de disparates megalíticos los hay y abundantes. Por hacer las cosas de manera un tanto "impresionista", es decir basándose más en impresiones que en el esfuerzo de documentarse a fondo, se ha malgastado una buena oportunidad de llamar la atención convincentemente sobre uno de los aspectos problemáticos de la fragmentada educación actual en España. La cuestión no es si la historia admite varias lecturas o sólo una sino cómo evitar que se eduque a los conciudadanos para que sientan la obligación de dejar de serlo en lugar de para que sigan siéndolo en armonía. ¡Pero si hasta Cruyff se ha dado cuenta -y así se lo decía a Valdano en una entrevista publicada en este mismo periódico- de que no sólo se idolatra cada identidad regional y se rehuye la española, sino que tales identidades se definen por su antagonismo frente a otras y sobre todo frente a la idea de algo común compartido! El informe ha suscitado un coro de lamentos hipócritas por la pluralidad vulnerada auténticamente sonrojante. Y ya sabemos lo que es "pluralismo" para algunos nacionalistas: trescientos chicos examinándose en catalán y expulsión para la profesora que entregue un examen en castellano al único que lo solicita. Pluralismo en España y homogeneidad en casa. Al estrépito de tantas protestas, junto a los nacionalistas mismos, se han unido también algunos de sus habituales pensionados. Por ejemplo Ernest Lluch, en un artículo en La Vanguardia, clamaba contra intelectuales como Juaristi o yo mismo que según él exhortamos al Gobierno para que agreda anticonstitucionalmente a las lenguas propias de cada autonomía (¡sic!) . Es paradójico el caso de este Lluch: por falta de riego, siempre mea fuera del tiesto.

Pero quizá la apoteosis de la vagancia colectiva sea el éxito del programa Gran Hermano. De todo lo que actualmente puede verse en televisión, nada exige menos esfuerzo al espectador: cualquier preparación intelectual, cualquier veleidad estética, cualquier sutileza reflexiva sería un obstáculo para disfrutar de él. No se trata de celebrar lo "maravilloso cotidiano", elogiado por el surrealista Louis Aragon, sino la cotidianidad en lo que tiene de estereotipo falsificador de la vida: no gente corriente tratando de interpretar sus existencias en el gran teatro del mundo, sino malos actores interpretando lo que entienden por "vida corriente" los mutilados psicológicos que alimentan su pasividad con la prensa del corazón. Lo único impresionante de los adictos a esta siesta con anuncios es su número: ¡once millones! Más allá de la sociedad del espectáculo de los situacionistas aparece el triste espectáculo de la sociabilidad fingida coram populo, arrollador. ¿Para qué recrear las incidencias profundas de la vida humana real con Stendhal o Dostoievski, para qué meditar sobre ella, si podemos verla pasar con sólo enchufarnos a Telecinco? Antes la popularidad mediática se establecía mirando por el ojo de la cerradura el dormitorio o el wáter de los famosos, para comprobar que ellos también padecen como nosotros; ahora ya nos contentamos con hacer famoso a cualquiera que se deja atisbar por el ojo de la cerradura mientras finge padecer (¡esas repulsivas despedidas cada miércoles, reiterativas en lloriqueos subhumanos!).

"¡Hay que formar una barrera contra la mierda!", clamaba Flaubert. Pero, si la mayoría se pone del lado de la caca, ¿con quién defendemos la barricada? A lo que más se parece Gran Hermano es a un régimen democrático envilecido, el que los políticos se pavonean y fingen naturalidad ante las cámaras, mientras el vulgo se cree "activo" porque elige entre ellos quién se queda y quién se va. Con eso basta para ser políticamente libres, no hagáis nada más. El resto es bostezo. Y a mí también me da mucha pereza acabar este.

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense

Mas reconoce que CDC está cerca de ERC, pero que necesita al PP
LLUISA F. GONZALEZ. Corresponsal El Mundo 30 Julio 2000

GIRONA.- El portavoz del Gobierno de la Generalitat y candidato a la secretaría general de Convergència Democrática de Catalunya (CDC), Artur Mas, manifestó ayer que «la sensibilidad de la gente de CDC es más cercana a ERC que a otras formaciones políticas, pero CDC debe encontrar los mejores caminos para conseguir sus objetivos y tener línea directa con Madrid».

Mas, que intervino en Planoles (Girona) en la Escuela de Verano de las Juventudes de CDC, la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC), explicó que el entendimiento de su partido con el resto de formaciones políticas «no es un problema de sensibilidad, sino de eficacia». No obstante, insistió en que «desde bastantes puntos de vista, CDC defiende lo mismo que ERC».

Otro de los pesos pesados de Convergència, su secretario general Pere Esteve, defendió una política de pactos a dos bandas con Esquerra y con el PP sin atarse de pies y manos con ninguna de las dos formaciones.

Frente a las presiones para lograr una aproximación a ERC ejercidas por las Juventudes de CDC, que ayer debatieron con Esteve y Mas la estrategia de futuro de Convergència, y el rechazo de republicanos y populares a pactos simultáneos, el secretario general apostó por mantener un «diálogo abierto» en aras de la «centralidad política».

Esteve utilizó un tono pedagógico para atemperar los ánimos de los cachorros convergentes, en su mayoría fervientes defensores de aceptar la oferta de ERC y negociar con los republicanos un pacto de gobierno. El secretario general de la Joventut Nacionalista de Catalunya, Jordi Xuclà, sostiene que CiU no puede aguantar cuatro años con el PP porque pagaría un coste electoral demasiado elevado.

El número dos de CDC explicó a los jóvenes que CiU debe seguir ocupando el espacio estratégico de la «centralidad política» y advirtió que un pacto con ERC alejaría a la coalición del centro para instalarla en la izquierda.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes recibe 26 millones de visitas en su primer año
Efe - Alicante .- La Razón 30 Julio 2000

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que impulsa la Universidad de Alicante, registró en su primer año de funcionamiento más de 26 millones de visitas de internautas de todo el mundo.

    La Biblioteca Virtual, que se encuentra en la dirección «cervantesvirtual.com», se puso en marcha en colaboración con la Fundación Marcelino Botín del Banco Santander Central Hispano y la Biblioteca de Signos, elaborada por la Conferencia Nacional de Sordos de España.

    Las más de 4.000 obras digitalizadas en esta biblioteca han sido consultadas por internautas procedentes de países de todo el mundo, como Costa de Marfil, Malasia, Japón, Eslovenia, Ucrania, Polinesia o Brunei, entre otros.

    Esta biblioteca ofrece, además, secciones de Lingûística, Literatura, Foro de Investigadores, Cultura y Comunidad, entre otros temas.

    Miguel de Cervantes fue el autor más consultado, ya que su obra «El Quijote» fue visitada por 22.547 personas, seguido del «Manual de Mujeres», libro que contiene diversas recetas culinarias al que han accedido 13.356 personas, «Las Rimas de Bécquer» y la «Gramática de la Lengua Castellana» de la Real Academia Española.    

Nuevos enlaces
A lo largo de este año la biblioteca se ha enriquecido con enlaces a las bibliotecas nacionales de España, Cataluña, la Biblioteca Americana José Toribio Medina de Chile, el Colegio de México y el Instituto de Literatura y Lingûística José Antonio Portuondo Valdor de Cuba, entre otras instituciones.

    Además, la Universidad de Alicante firmó, en colaboración con la Fundación Retevisión, un convenio con la Federación del Gremio de Editores de España para preservar la propiedad intelectual de los temas digitalizados.
    Las últimas obras incorporadas son «El capitán de patricios» de Juan María Gutiérrez, «Espejo teórico-práctico» de José Samaniego, «Estructuras de poder durante la década moderada en Alicante» de Pedro Días y las obras de Santa Teresa de Jesús.

    La incorporación en breve de la trayectoria escénica del grupo Dagoll Dagom a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y la introducción de la Biblioteca del Exilio, con las obras de autores que se vieron obligados a dejar España en 1939, son otras apuestas de esta universidad.

Alquimia nacionalista
baroja@wanadoo.es  30 Julio 2000
www.geocities.com/nacionalismos

-Una pizquita de Rh negativo, 
un pellizquito de hecho diferencial, 
dos puñados de victimismo, 
tres libras de formación del espíritu nacional, 
diez hojas de Mein Kampf, 
tres arrobas de terrorismo, 
dos arrobas de violencia de baja intensidad...

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