AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 6 Agosto   2000
#Alerta Parda
HERMANN TERTSCH El País 6 Agosto 2000

#A Eguíbar se le ve el plumero
Editorial La Razón 6 Agosto 2000

#La derecha que muere por la libertad
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  6 Agosto 2000

#Juan Pablo Fusi: «Los nacionalismos hacen de la cultura un instrumento de manipulación política»
Trinidad DE LEÓN-SOTELO ABC  6 Agosto 2000

#La salida del túnel
Enrique de Diego Libertad Digital 6 Agosto 2000

#100 días (con sus noches)
Editorial El País 6 Agosto 2000

#El corazón del verano
María Elena Cruz Varela, escritora La Razón 6 Agosto 2000

#Menos falso diálogo y más gobernar
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Agosto 2000

#Sí, pero ¿qué hacemos?
Enrique CURIEL La Razón 6 Agosto 2000

#Las encrucijadas de Zapatero
JOSE LUIS GUTIERREZ El Mundo 6 Agosto 2000

#Ni justa, ni eficaz
Justo FERNÁNDEZ La Razón 6 Agosto 2000

#Este horroroso Consejo
Carlos DÁVILA ABC  6 Agosto 2000

#JAIME MAYOR OREJA • MINISTRO DEL INTERIOR: "ETA busca el estado de excepción"
MARÍA ANTONIA IGLESIAS, Madrid El País 6 Agosto 2000

#Maragall propone a Pujol un pacto para tener fuerza frente a España
EFE Libertad Digital 6 Agosto 2000


Alerta Parda
HERMANN TERTSCH El País 6 Agosto 2000

"Ha llegado la hora de la violencia, de la aplicación implacable de la ley y la imposición del legítimo monopolio de la violencia por parte del Estado". Las palabras de la locutora de la Segunda Cadena alemana (ZDF) sugerían esta pasada semana el llamamiento a una lucha final. Sin embargo, apenas ha comenzado. Será dura, sangrienta y larga. La peste parda nunca fue una broma. Alemania parece ahora tomar conciencia de ello. Han sonado las alarmas. Algo tarde. Por supuesto para los diez muertos y muchos heridos que se ha cobrado allí el nazismo desde mayo. ¿Niñerías? No. La culpa no es de las alarmas. Llevan años ululando. Nadie las escuchaba.

Ahora muchos parecen despertar del letargo. Esperemos que no sea una mera acción mediática de verano. Las razones para la alarma son muchas. No sólo el atentado de la pasada semana en Düsseldorf en el que una bomba hirió a diez inmigrantes, en su mayoría judíos. Ni un mozambiqueño muerto de una paliza en Dessau, ni los tres policías asesinados ni otros que forman parte del goteo de víctimas del neonazismo en Alemania. La razón de más peso está en la falta de reacción de la sociedad, del individuo, ante la violencia.

La falta de coraje civil para enfrentarse a la vileza que es el ataque contra seres inermes e inocentes es la peor depravación posible. Las fotos de vieneses riéndose sádicamente mientras conciudadanos judíos limpiaban las aceras con sus cepillos de dientes son las imágenes más terribles al respecto. Pero la falta de compasión no tiene que manifestarse de forma tan truculenta. Las playas llenas de San Sebastián mientras se enterraba a la enésima víctima, Juan Mari Jáuregui, o la indiferencia del transeúnte por las calles de Euskadi cuando los cómplices de los asesinos insultan a los asesinados son reflejo de la misma parálisis del alma y amputación de la conciencia del ciudadano. "No tengo problemas. Vivo feliz con mi perro", explicaba su postura ante su entorno neonazi un vecino de Uhsedom, un pueblo alemán en el que el terror pardo obliga a los inmigrantes a vivir en autorreclusión.

Durante años, los partidos han minimizado los peligros del neonazismo. Lo han intentado explicar pero, sobre todo, lo han querido comprender. En exceso. Jóvenes en paro y frustrados buscando vías de escape para su agresividad. ¡Qué fácil! La solución estaría en escucharlos, entender sus cuitas adolescentes e integrarlos en la sociedad. Al fin y al cabo se puede ser xenófobo sin violar el Código Penal. La excesiva comprensión hacia estos "chavales" ha generado el perfecto hábitat para unos grupos fortalecidos por la falta de reacción de las instituciones. Están organizados y controlan asociaciones deportivas y culturales. Tienen medios técnicos y financieros para expandir sus tentáculos venenosos. Y hoy estamos ante una nueva situación. Cunde la alarma ante la pasada permisividad. Los chavales confundidos, skinheads, nazis y jarraitxus son lo mismo. Queman, incendian y al final, matan. Han percibido impunidad. Hay que desmentírsela, negársela.

Las medidas del Gobierno federal, estados y administración local en Alemania no están aun tomadas. Muchos piden la ilegalización de grupos neonazis como el NPD, que, con su infraestructura, sus medios financieros y de comunicación, ofrecen un paraguas a la camada nazi. Hay que cortarles los recursos que utilizan para minar a las instituciones. Pero el principal paso no está en las prohibiciones. Está en la voluntad política de los gobernantes y en la capacidad de movilización de la ciudadanía. El coraje civil y el patriotismo constitucional, magnífico concepto cuajado por Jürgen Habermas, dignifican. Quizás no sean exigibles a todos. Pero sí a quienes digan defender la convivencia democrática. Aislar a quien viole sus principios no es fracturar la sociedad sino impedir que se corrompa.

Por eso es una gran acción sin precedentes que, desde los sindicatos y la patronal alemanas, los partidos, los estados federados, los ayuntamientos y las organizaciones antifascistas y antirracistas quieran coordinar una movilización social que margine a quienes viven de y para el odio social, racial o ideológico y no abdican de la violencia. Todo individuo que renuncie a la senda del nazismo es integrable. El nazismo en sí nunca lo será. La movilización alemana es buen ejemplo para algún germanófilo vasco. Quién tanto paralelismo -que no hay- busca en Irlanda, debiera mirar a Alemania. Verá que no media entre partes iguales sino engorda al huevo de la serpiente. Cuando los nazis que pedían el jueves la muerte de María San Gil en Donostia tengan garantizado el mismo trato que se les promete ahora a los nazis de Uhsedom, veremos luz al final del túnel. Los nazis alemanes y sus alumnos aventajados junto al Urumea deben saber y sentir siempre que el Estado de Derecho se sabe defender. Con éxito y contundencia.

A Eguíbar se le ve el plumero
Editorial La Razón 6 Agosto 2000

Es cierto que se trata de una sorpresa perfectamente descriptible, por esperada, pero no deja de ser llamativo que la mano derecha de Arzallus, Joseba Eguíbar, haya afirmado rotundamente que «el PNV necesita a HB y HB necesita al PNV». Es evidente que ningún demócrata necesita a un grupo que, protegido por el paraguas a veces incomprensible de la impunidad legal, apoya, alienta, justifica o participa, a través de algunos de sus miembros, con una banda terrorista. ¿Para qué necesita el PNV a HB? Obviamente, para conseguir el objetivo político de un sector del nacionalismo radical que tiene tomado ese partido con el objetivo de la construcción de un nuevo país a cuenta de una parte de España y otra de Francia.

    Decir que el PNV necesita a HB es un reconocimiento casi obsceno. No es posible entender cuántos de los tradicionales militantes de la burguesía vasca pueden sostener tal propuesta. Es como decir que los banqueros necesitan a quienes aplauden que les quemen los cajeros automáticos; como proponer a los comerciantes que abracen a quienes admiten que se les cobre el chantaje «revolucionario»; como pedir, en fin, a los democrata cristianos tradicionales del nacionalismo vasco que comulguen con los marxistas leninistas que consienten, cuando no jalean, el camino de la violencia.

    Eguíbar se ha asustado, una vez más, por las acusaciones de HB al decir que el PNV se estaba echando en manos del PSOE y al sugerir que dejarían en minoría al PNV en el Parlamento vasco. Por eso se ha apresurado a darse golpes de pecho y proclamar su fe abertzale. Lástima que lo haga con cadáveres de las víctimas de Eta recién enterrados.

La derecha que muere por la libertad
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  6 Agosto 2000

Da la impresión de que las gentes de izquierda aún no han llegado a extraer todo el significado político que tiene el hecho de que militantes del PP y del PSOE estén muriendo en el País Vasco por la misma causa: en nombre de la libertad.

Ciertamente no habría sido necesario este sacrificio para llegar a la conclusión de que los dos partidos abrazan con la misma fuerza los ideales de la democracia. Las desconfianzas respecto al partido de Carrillo quedaron borradas por los costes que pagó en defensa de los derechos humanos y, por si no fuera bastante, con los asesinatos de los abogados del despacho laboralista de Atocha. Derecha, centro e izquierda escribieron la Constitución, y durante dos décadas han coincidido en las formas de organizar la convivencia.

Si la colaboración de la Unión de Centro Democrático y de Alianza Popular en la construcción del sistema democrático no dejó la más mínima duda respecto a su voluntad política, del mismo modo que el compromiso de los socialistas y los comunistas con la monarquía de Don Juan Carlos eliminó las sospechas que pudieran tenerse respecto al republicanismo de éstos, ahora, la entrega de las vidas de militantes del PSOE y del PP en el País Vasco ha llevado a la identificación de unos y otros a un grado supremo.

La muerte los ha hermanado ya para siempre. Las ideologías partidarias no cuentan cuando se muere de pie por una causa común. Por si había desconfianzas, ETA vino a poner la gran prueba.

A partir de aquí resulta de una gran mezquindad que desde ciertos sectores del progresismo se siga insinuando que el compromiso de la derecha con la democracia ha sido oportunista y que hay que estar vigilantes respecto al futuro por si tuviera la tentación de dar marcha atrás. Se atribuyen al PP reservas mentales respecto a la democracia como si el electorado de centro-derecha fuera la residencia disimulada de la subversión de los valores del sistema.

Es este un pensamiento subyacente con el que la izquierda se consuela, sin duda, de las pérdidas constantes en su patrimonio ideológico. Se aferra a este papel de garante en exclusiva de la razón democrática para, de esta manera, seguir justificando su existencia. Por esta misma razón necesita fabricar el maniqueo, crear el peligro, inventarse la amenaza. Pero no deja de ser llamativo que la izquierda necesite erigirse en el paladín solitario de la democracia cuando, en todo caso, esa ha sido para ella una misión sobrevenida históricamente ya que en el origen, y durante décadas, su motivación fundamental no fue precisamente esa. Más bien, llegó a considerarla una mera pantalla del sistema económico. ¿Cómo no recordar que para la izquierda española, y no sólo la comunista, la fórmula del sistema era tan simple como capitalismo=democracia=derecha y tan frágil que podría ser sustituida por el fascismo en cuanto fuera necesario?

Con los años, y precisamente por haberse vaciado ideológicamente, la izquierda se ha levantado con el patrimonio del sistema hasta el punto de convertir a la derecha (no acepta la idea de centro) en sospechosa desde el punto de vista de las creencias democráticas. Ésta es sin duda la principal de las piezas descalificadoras, una acusación sibilina, semivelada, que a veces se formula de forma desvergonzada como cuando Felipe González acusa a los antecesores del PP de haber puesto resistencias a la Constitución. No recuerda que José María Aznar sigue viviendo gracias al blindaje de su coche, esto es, que estuvo en un tris de ser eliminado por ser considerado por ETA como el gran baluarte de la democracia.

La atribución a una buena parte del electorado del PP de una oscura propensión al recorte de las libertades y de los derechos fundamentales es trágicamente contestada por los concejales «populares» en el País Vasco. Mueren por la libertad, al igual que los socialistas. Y es que es ésta, y no otra, la «derecha» que tenemos.

Juan Pablo Fusi: «Los nacionalismos hacen de la cultura un instrumento de manipulación política»
Trinidad DE LEÓN-SOTELO ABC  6 Agosto 2000

En un tiempo en el que las Humanidades no atraviesan su mejor momento no faltan reductos en los que se las atiende con el interés que merecen y que, afortunadamente, revierte en el enriquecimiento intelectual de cientos de personas. Este caso puede aplicarse a la Universidad Menéndez Pelayo y muy concretamente al curso «Un balance del siglo XX en España» con apartados de política y sociedad, economía y cultura. El análisis de esta última corre a cargo de Juan Pablo Fusi, que pronunciará tres conferencias el próximo día 8: «El despertar de la cultura», «La cultura bajo el franquismo» y «La cultura de la Transición».

El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense ha conversado con ABC a pocas fechas de la inauguración del seminario citado para reflexionar acerca del devenir de la cultura española en el siglo que abandonamos.

CULTURA E HISTORIA, INSEPARABLES
— ¿En que circunstancias se ha desarrollado la cultura en este convulso siglo y hasta qué punto han influido en su desarrollo?
— Cultura e historia son inseparables. Como dijo Ortega, cultura es el sistema vital de las ideas de cada tiempo. La vida moral e intelectual vertebra así la historia de todo país, y por tanto, también la del siglo XX. La cultura (ensayo, arte, literatura, medios de comunicación…) aspira a entender la vida moral de un país y una época, a dar razón cabal de ella. El siglo XX no se entiende si no se conoce su arquitectura, su literatura, su pintura, su cine; y al revés, los acontecimientos del siglo -guerras mundiales, el holocausto, Auschwitz, el comunismo, el fascismo, Hitler, la guerra civil española, Vietnam…- han conmocionado y condicionado la propia evolución de la cultura.

— ¿Ha tenido en España circunstancias especiales?
— Indudablemente, la Guerra Civil y el franquismo han dejado huella indeleble en la memoria y en la conciencia de los españoles y por tanto, también, en su cultura. Especialmente, la Guerra Civil: basta recordar las obras memorables que sobre ella escribieron -por poner unos ejemplos conocidos- Hemingway, Orwell, Malraux, Bernanos y tantos otros. La bibliografía sobre la guerra española sólo es superada por la bibliografía sobre las guerras mundiales: ello revela la influencia que tuvo. Incluso, hay quien ha hecho de publicar sobre la guerra y el franquismo una verdadera industria.

— La cultura ha de ser plural. ¿En este sentido los nacionalismos enriquecen la cultura española o la dañan con el radicalismo?
— En efecto, la cultura española del siglo XX ha sido y es una cultura plural, definida por la coexistencia de una cultura común y de culturas particulares: catalana, vasca, gallega. Siempre ha habido puentes entre todas ellas: por ejemplo, en el caso catalán, las vanguardias de los años 20, la izquierda barcelonesa de los 60, individualidades como Maragall, D'Ors, Pla o Dalí. Las culturas catalana, vasca y gallega son en buena medida culturas propias y distintas, que en algún caso, como el vasco, tuvieron durante tiempo un fuerte significado étnico-folclórico, pero que en otros, especialmente en el caso catalán, han sido y son culturas tan modernas como puede serlo la propia cultura común. Eso me parece lo más importante: sin embargo, es obvio que todo nacionalismo falsea su propia historia y hace de su cultura un instrumento de manipulación política.

— ¿Cuáles son las características que marcan nuestra cultura en el siglo XX?
— Al menos éstas: su asombroso despertar desde 1900, en expresión de Curtius, despertar que, en mi opinión, alcanzó su plenitud en la generación del 14 y su expresión más elaborada y completa en el pensamiento y la obra de Ortega y Gasset; la hegemonía de la cultura liberal: la obra de Unamuno, Ortega, Machado, Juan Ramón Jiménez, Marañón, Madariaga, etcétera, impregnó y condicionó decisivamente toda la cultura española del siglo, y la cultura española ha sido cuando menos una versión discreta de la cultura europea de ese mismo siglo. Falla, García Lorca, Ortega, Menéndez Pidal, Juan Ramón Jiménez, los Halffter, Chillida, Tàpies, Moneo, Bofill, Calatrava, Buñuel, Arroyo, Goytisolo, Almodóvar… son parte de la cultura europea, no gentes que se asomaron ocasionalmente a ella.

— ¿En comparación con la de otros siglos qué categoría le otorgaría?
— Aunque Ranke dijo que todos los siglos son iguales ante Dios, estoy de acuerdo con quienes han utilizado expresiones como Edad de Plata o segunda Edad de Oro: efectivamente, el periodo 1900-1936/39 constituye una etapa irrepetible en la cultura española.

NACIONALIZACIÓN DE LA CULTURA
— ¿Hay denominadores comunes en nuestra cultura a lo largo de estos 100 años?
— Por supuesto, hay una cultura española que ha tenido vigencia en toda España a lo largo del siglo, y cuando digo toda España incluyo también a regiones con culturas particulares y propias. A lo largo del XX, en España y fuera de España, culminó lo que podríamos llamar la nacionalización de la cultura, tanto de la alta cultura, como de la cultura de masas (deportes, cine, etcétera). Pero lo común es plural. Toda sociedad compleja, y España lo es, se define por la coexistencia en su interior de distintas culturas y subculturas. El pluralismo cultural es la expresión de la salud de la democracia.

— ¿La cultura española sufrió daños irreparables durante el franquismo?
— La guerra arrojó al exilio a un número altísimo de personalidades eminentes de la cultura española: Juan Ramón, Gaos, Casals, María Zambrano, Max Aub, Ayala, Rosa Chacel, y tantísimos otros. El franquismo quiso imponer una cultura a la vez ultranacionalista y católica, e implantó un rigidísimo régimen de censura (política y eclesiástica) sobre prensa, cine, libros, teatro y toda clase de actividades culturales. Ello no pudo dejar de tener un efecto devastador sobre la evolución de la cultura.

— ¿Qué la salvó?
— Primero, la derrota del Eje en 1945 hirió de muerte a la cultura falangista; segundo, la progresiva secularización del país fue diluyendo la cultura católica; tercero, el régimen de Franco, con censura y controles, permitió la existencia de un amplio sector privado en el ámbito de la edición y de la producción cinematográfica; cuarto, la cultura liberal del interior (Marías, Zubiri, Caro Baroja, Carande, Marañón, Emilio García Gómez, Laín Entralgo…) fue conquistando, desde pronto, un ámbito propio de expresión; quinto, desde los 50, el franquismo suavizó la presión sobre la universidad: en ella enseñaron Vicens Vives, Maravall, Díez del Corral, Aranguren, Artola, Jover, Manuel Terán, Tomás y Valiente, Rodríguez Adrados… y muchos otros maestros excelentes; sexto, la «liberalización» de los 60 permitió la recuperación de la cultura del exilio y la irrupción de una contracultura crítica de izquierdas, al menos en ámbitos minoritarios y universitarios. En resumen, el franquismo perdió la batalla de las ideas.

— ¿Ha cicatrizado la herida del exilio cultural?
— La cultura del exilio, o parte de ella (Ayala, Rosa Chacel, Max Aub, Buñuel…) empezó a ser recuperada en los 60. La herida está cerrada. Lo que siempre quedará será la pérdida incalculable que supuso que tuvieran que ausentarse de España algunas, muchas, de las personalidades más señeras de la actividad cultural y científica del primer tercio del siglo XX.

PLURALIDAD
— ¿Puede hablarse hoy de unidad que no de uniformidad cultural?
— Afortunadamente, la cultura española actual se define por su pluralidad: coexisten en ella varias generaciones, y propuestas ideológicas y estéticas múltiples y diversas. No existe un paradigma único y hegemónico. Ello puede dar una cierta idea de fragmentación y eclecticismo a la cultura española; pero la cultura de un país tiene que ser el resultado de la libre creatividad de sus distintas individualidades, no la imposición de una doctrina dominante.

— ¿Cuáles fueron las aportaciones de la Transición al mundo cultural?
— Básicamente, la normalización de la vida cultural; la creación de un régimen de libertades en el ámbito de la Prensa, la radio y la edición: de ahí la aparición de numerosos nuevos periódicos, radios, televisiones, etcétera; el desarrollo de una gran oferta y demanda culturales: en mi opinión, la asistencia masiva a actos culturales en toda España es la gran conquista de la democracia, y el resurgimiento de las culturas de las comunidades autónomas como expresión de una nueva idea de España basada en su pluralidad histórica y cultural.

— ¿Cree que los intelectuales se implican en la actualidad en los acontecimientos políticos y sociales de España como lo hicieron los integrantes de la Edad de Plata?
— Como nacido en San Sebastián, quiero poner de relieve una vez más el valor moral del compromismo público adquirido en el País Vasco por muchos intelectuales, como Juaristi, Savater, Fernando García de Cortázar, Ibarrola, Guerra Garrido, José María Calleja, José María Portillo, López de la Calle y tantos otros, alguno de los cuales ha pagado con su vida su compromiso. Pero, efectivamente, se ha producido un desplazamiento de la influencia de los intelectuales sobre la sociedad por las que se vienen llamando personalidades mediáticas, esto es, personas cuya fama y notoriedad no depende ni principal ni necesariamente del mérito y del esfuerzo morales sino de escándalos, telegenia, habilidad sexual, belleza, desparpajo, etcétera. Esto es por definición lamentable: hoy, ser famoso, es casi sinónimo de inmoralidad.

Juan Pablo Fusi (San Sebastián, 1945) es doctor en Historia y licenciado en Filosofía y Letras. Como historiador tiene en su haber diversos títulos entre los que se encuentran «El problema vasco en la II República» (1979), «El País Vasco. Pluralismo y nacionalidad» (1984) y «Franco» (1985). En colaboración con Raymond Carr escribió «España, de la dictadura a la democracia», que consiguió el premio «Espejo de España». Desde 1986 hasta 1990 fue director de la Biblioteca Nacional.

RESPONSABILIDADES
De su interés por su tierra natal da prueba que ya su tesis doctoral versara sobre «Política obrera en el País Vasco 1882-1923» y el hecho de que se contara entre los 22 intelectuales que en 1997 enviaron una carta a José Antonio Ardanza, entonces lendakari, para pedirle que adoptara «la decisión política de garantizar eficazmente los derechos y libertades de la ciudadanía vasca». Este hombre va por la vida comprometido con la época y las circunstancias que le han tocado vivir.

— ¿La cultura suele estar abandonada por el poder en nuestro país?
— Menos de lo que se cree. Museos, archivos, bibliotecas, la universidad, instituciones científicas, han dependido siempre en España del Estado, o de las autoridades provinciales y locales. Desde hace mucho tiempo, desde que el Estado fue asumiendo responsabilidades culturales (lo que empezó con la República, pero que se potenció, guste o no, durante el franquismo) muchos festivales, grandes exposiciones, conciertos, orquestas, ballets, el mismo cine, fueron posibles por las subvenciones del Estado.

—En el momento actual, ¿cuál es la situación en este aspecto?
—Sin duda, muy positiva. Como ya he dicho antes, desde la Transición, a raíz de la creación del Ministerio de Cultura y de la formación de las Comunidades Autónomas, tanto la Administración central como estas últimas, han potenciado extraordinariamente la oferta cultural en el país. Basta ver la actividad que despliegan las universidades de verano, o el número extraordinario de festivales y grandes exposiciones que se organizan, o la multiplicación de auditorios y palacios de congresos por toda España.

—¿Los vínculos con Hispanoamérica se cuidan como se debería?
—Existen el Instituto de Cooperación Iberoamericana, la Casa de las Américas, el Museo de América, el Archivo de Indias… Muchos escritores lationamericanos han recibido un amplísimo reconocimiento (Premio Cervantes, etcétera) en nuestro país y publican habitualmente en periódicos españoles y en editoriales españolas. Lo que yo como historiador desearía es que aumentara sensiblemente el número de cátedras de historia contemporánea de América Latina en nuestras universidades, hoy en mi opinión, todavía muy escasas. Pero eso depende de la propia Universidad, no del poder político.

La salida del túnel
Por Enrique de Diego Libertad Digital 6 Agosto 2000

El PNV gobierna de hecho con los votos de HB y se beneficia del efecto amedrentamiento del terrorismo. La ruptura del pacto con los filoterroristas es una ficción. El PNV gobierna en minoría y por la condescendia tácita de sus aliados en Lizarra.

A la vuelta del verano, Ibarretxe tendrá que negociar los Presupuestos. No podrá aprobarlos con la abstención de HB, necesita su voto favorable. O la ficción termina o no habrá presupuestos. Es altamente probable que HB pretenda radicalizar de nuevo al PNV planteando exigencias excesivas para someter los fondos públicos a la construcción nacional. A su pesar, y si el PP y el PSOE mantienen sus actuales criterios, el PNV se vería obligado a convocar elecciones anticipadas. Un escenario que teme intensamente tras los resultados de las elecciones generales en las que el PP lo sobrepasó ampliamente en las ciudades y en los sectores mejor informados y más críticos. Notable es el distanciamiento de la patronal vasca respecto del PNV.

El temor del clan Arzalluz se debe a que no puede permitirse perder el poder y con él el extenso pesebre montado por el nacionalismo en las instituciones vascas, tanto en Ajuria Enea como en las fuertes Diputaciones. El nacionalismo es religión laica, superstición, pero es interés puro y duro, eliminación de competencia y, por supuesto, intervencionismo y oficina de colocación en nombre de la patria (cuando Ardanza criticó la línea oficial inmediatamente le nombraron presidente de los móviles vascos). El abertzale o aspira a terrorista o a funcionario, no parece haber termino medio.

Si el PNV pasa a la oposición tendrá que afrontar una aplazada renovación de ideas y una intensa autocrítica. El hambre desarrolla la inteligencia y el ocio es semillero de malas ideas. El ejemplo de Álava es ilustrativo: el nacionalismo sin poder ha perdido la fe en las visiones de Arzalluz.

Si la creciente y heroica, hasta el martirio, rebelión social accediera como alternativa constitucionalista a Ajuria Enea, el beneficio para salir del túnel sería doble: el citado proceso de autocrítica y moderación dentro del PNV y la eliminación de la desidia, por obediencia debida, de la ertzantza en la lucha contra el matonismo nacionalista de ETA y sus escuadristas. Ambos aspectos son claves en la línea de las soluciones a un problema endemoniado, hasta poder ser considerados como el inicio de la salida del túnel.

100 días (con sus noches)
Editorial El País 6 Agosto 2000

YA SE SABÍA cómo gobierna el PP cuando está obligado a pactar con los nacionalistas. Los cien días transcurridos desde la toma de posesión de los ministros, el 28 de abril, permiten vislumbrar cómo piensa hacerlo ahora que puede prescindir de aliados.

En 1996, el PP ganó con un programa pensado para gobernar con mayoría absoluta, y los resultados le obligaron a una adaptación que no le vino mal para tranquilizar al electorado moderado. En marzo pasado se presentó con un programa ideado para gobernar con Pujol, y se encontró con que no le necesitaba. Pese a ello, Aznar mantuvo en su investidura el compromiso de consensuar con la oposición una serie de asuntos de Estado: la lucha antiterrorista, por supuesto, pero también la financiación autonómica, la reforma de la justicia, las medidas por el empleo, el sistema de pensiones y la televisión pública, entre otros.

La ofensiva terrorista ha marcado este inicio de legislatura, introduciendo un factor de pesimismo en un panorama bastante despejado en otros terrenos. Hay estudios que indican que si bien la opinión pública tiende a culpar al Gobierno de todo lo que va mal, hace una excepción con el tema del terrorismo: la gente no responsabiliza al Gobierno de que aumenten los atentados, aunque sí de la forma de reaccionar ante ellos: una actitud que transmita debilidad o nerviosismo es siempre mal tolerada. El hecho de que Aznar haya convertido el tema de ETA (y por extensión el problema vasco) en el eje de su discurso político general le hace más vulnerable a los efectos políticos que la ofensiva terrorista pueda tener en el futuro.

En el debate de investidura, Aznar aseguró a los nacionalistas que sólo una actitud poco clara respecto a la violencia, y no las diferencias ideológicas, sería un obstáculo para el acuerdo con ellos. Sin embargo, el ministro del Interior sorprendió hace poco afirmando en sede parlamentaria que uno de sus objetivos era combatir al nacionalismo. Fue un error que no han dejado de utilizar los seguidores de Arzalluz y Egibar para esconder su propia responsabilidad en el deterioro de la situación del País Vasco. El carácter de la ofensiva de ETA, especialmente dirigida contra políticos del PP y del PSOE, ha favorecido el acuerdo básico en este terreno entre el Gobierno y el primer partido de la oposición, aunque los socialistas no siempre han hablado con una misma voz y algunos sectores han reclamado tomar distancias respecto a la política de Interior y recomponer la relación bilateral con el PNV.

El Gobierno ha seguido beneficiándose de una oposición moderada. Primero, porque los socialistas siguen en periodo de rodaje, aunque el reciente congreso parece haberles ayudado a superar el subjetivismo de pensar que su gestión anterior era su mejor aval (lo que se traducía, por ejemplo, en la presencia de ex ministros al frente de las comisiones parlamentarias). Segundo, porque los nacionalistas catalanes han comprobado que no era cierto que nunca más podría haber mayoría absoluta. Ha resultado ser CiU la que necesita el apoyo del PP para gobernar en Cataluña, y ello ha moderado los ímpetus de la época en que firmaron la Declaración de Barcelona.

Es significativo que CiU haya respaldado las medidas liberalizadoras de la economía aprobadas en junio, con excepción de la referida a los horarios comerciales. El resto, con particular incidencia en el mercado de la energía y el de las telecomunicaciones, no ha suscitado mayor oposición, e incluso desde sectores socialistas se ha reprochado al Gobierno la tibieza de su liberalismo: porque aún se mantienen situaciones de privilegio en sectores tradicionalmente sometidos a un sistema de monopolio (tabaco, comunicaciones, energía), y porque las medidas aprobadas son compatibles con actitudes intervencionistas. La polémica surgida en torno a la gestión de Villalonga al frente de Telefónica ilustra ambos lados del problema: la utilización política de la privatización, primero; las mil y una maniobras para acabar con la presidencia de quien ya no era amigo, tan torpemente disimuladas, luego.

La voluntad de acuerdo se pondrá a prueba en los próximos meses en torno al diálogo social (para intentar una nueva reforma laboral), la reforma de las Humanidades, la financiación autonómica y el Plan de reforma de la Justicia. También, por supuesto, en la tramitación de la Ley de Extranjería. Pero si sirve de pauta, la forma como el Gobierno ha llevado hasta ahora este asunto -dominado por la obsesión de rectificar cuanto antes y como sea su apoyo a la ley vigente- indica que la derecha española sigue pensando que, en el fondo, consenso es debilidad.

El corazón del verano
María Elena Cruz Varela, escritora La Razón 6 Agosto 2000

Acaban de cumplirse tres años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, el joven concejal de Ermua. Tres años de manos blancas, de pancartas: «Vascos, sí; Eta, no», de manifestaciones multitudinarias y pacíficas: «Eta, escucha, así es como se lucha». Tres años de dolor, de esperanzas frustradas, de libertad cautiva y uno se pregunta ¿hasta cuándo? Y es que esta angustia me recuerda mucho a otra angustia, provocada por la total ausencia de expectativas.

    Abril no es el mes más cruel, como creía T. S. Eliot. En pleno corazón del verano la impotencia y el temor se cuecen, reduciendo al individuo a la categoría de animalito indefenso frente a la bestia parda de las sociedades libres: el terrorismo nacionalista.

    Julio, un mes en el que nos inventamos la felicidad de cara a las avenidas, sentados en las terrazas saboreando un café frente al paisaje urbano, es ya un mes roto, sucio, amasado con sangre y vidrios y explosiones.
    El 13 de julio de 1989, se fusiló en La Habana al general Arnaldo Ochoa junto a cuatro oficiales del Ministerio del Interior.
    No puedo, no me dejan olvidar que un 13 de julio, pero de 1994, el remolcador 13 de marzo fue hundido en el mar con su carga de hombres, mujeres y niños que huían de Cuba no en busca del «sueño americano» como suelen decir por acá, sino en la legítima búsqueda de sus soluciones individuales.

    12 de julio fue el día escogido por los asesinos etarras para dispararle un tiro en la nuca a Miguel Ángel Blanco y con él, a toda la sociedad civil española. Y pienso que envejecer es ir acumulando julios con cicatrices, puntitos rojos que indican el día en que una vez lloramos.

    Este primer julio del tercer milenio comenzó terrible, implacable, dejándonos transidos, petrificados frente a las imágenes, a punto de interpelar a Dios con un grito, preguntando por qué, en nombre de qué se nos condena a la vigilia. Qué diabólica partida de ajedrez se jugó con la vida de esos adolescentes muertos en Soria en un estúpido accidente de carretera.
    Unidas la subida de los precios, las patéticas campañas electorales por la Presidencia del Real Madrid, y los famosos que dan de comer a la Prensa cuché en plena canícula, las buenas noticias brillan por su ausencia en lo que va de mes. nada de qué agarrarse.

    Y para colmo Eta. Otra vez Eta, que hace estallar una bomba en pleno corazón del verano y de Madrid.

    No entiendo cómo, con los antecedentes que existen, se puede aparcar un coche bomba en zonas peatonales, como si éste no fuera un país en permanente alerta, necesitado de estrecha vigilancia, por lo menos, en las zonas de mayor afluencia de público, donde los desalmados pueden hacer más estragos.

    Nada ni nadie estará a salvo si el toro etarra no es tomado por los cuernos. Es terible la impresión de estar siempre en desventaja respecto a los terroristas, siempre a la defensiva, como si la superioridad numérica y moral no estuviera a favor de los que somos capaces de defender nuestras posiciones con las manos blancas.

    Al mes de julio todavía le queda la mitad. Ojalá no crezca su estadística de horror con más catástrofes viales, coches bomba o disparos en la nuca de la democracia.

    Es desconcertante la idea de que puedes volar por los aires en cualquier momento y no lo digo por miedo a morir, sino a vivir en ascuas, replegado, esperando que en cualquier momento todo salte y se haga pedazos destrozando quién sabe cuántos sueños, cuántas proyecciones de futuro.

    Desde hace tiempo siento la misma agobiante inminencia que sentía en Cuba, con el enemigo siempre a las puertas, con la amenaza perpetua de una probable invasión, sólo que aquí es real, el enemigo está entre nosotros mismos, sabe Dios cuántas veces nos lo hemos tropezado en la calle; cuántas veces hemos compartido la mesa de una terraza o la misma fila de butacas en el cine. Lamentablemente, lejos de las teorías lombrosianas, la maldad no tiene rasgos específicos que puedan señalar al individuo capaz de colocar un artefacto explosivo en la vía pública.

    España es un gran país que no contempla la pena de muerte en su código penal y, créanme, en estas circunstancias, esto es un lujo, un derroche de bondad mal interpretado por los señores de la violencia. Si las sanciones de sus crímenes fueran más drásticas, quizá otro gallo cantaría y el patrioterismo barato que profesan no les daría tan fuerte.

    Es una verdadera lástima porque, de todos los países en los que he estado, éste es uno de los más atractivos, tanto por su clima, como por su generosa geografía y la calidad de su gente, no merece vivir sobresaltado por la aberración de unos cuantos orates que ya podemos imaginar lo que harían con el pueblo vasco si, Dios no lo quiera, algún día triunfarán en sus propósitos. Ni se imaginen los ilusos que les apoyan que esta violencia es únicamente por alcanzar un determinado objetivo. No, la violencia es un hábito, ya ven en Irlanda, podrán firmarse cientos de acuerdos de paz, pero siempre habrá alguien inconforme dispuesto a desfogarse con el Amonal.


    Por lo pronto, el corazón del verano ya está destrozado, así mismo nos rompieron los corazones de invierno y primavera. Entre el pasado reciente y el presente amenazado, poco espacio nos queda para concederle un capítulo a la alegría.

Menos falso diálogo y más gobernar
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Agosto 2000

No sabemos si la muletilla del diálogo, convertida por el Gobierno en la prueba del algodón de sus cien días de mayoría absoluta, es una simple estrategia propagandística, un cliché con el que pretenden machacarnos hasta que nos rindamos o si se debe a ese estúpido complejo de derechas que les hace andar siempre a la busca de legitimaciones suplementarias. Acaso sea una mezcla de las dos cosas. Pero, en todo caso, el resultado empieza a ser estomagante. El diálogo, ¡oh, el diálogo!, parece ser el bálsamo de Fierabrás, el ungüento mágico, los polvos de la Madre Celestina. Sin embargo, el asunto más grave a que se enfrenta España y por ende el Gobierno, que es el terrorismo etarra y la complicidad del PNV demuestra que el diálogo, como todo, es bueno en unas ocasiones y pésimo en otras. El Gobierno hace muy bien en no dialogar con los asesinos. Pues bien, la lucha contra el terrorismo no es el único caso en el que el diálogo está de más. Los propios cien días de Gobierno prueban que el Gobierno a veces no dialoga nada y otras veces dialoga con los que no debería hacerlo jamás.

Comencemos por los partidos de la oposición. El diálogo ha sido muy fluido para repartirse los cargos del Poder Judicial, los sillones de RTVE y demás sinecuras de la partitocracia que desvirtúan y pervierten el sistema democrático. Es siniestro el panorama de la Justicia y es indignante que, en vez de afrontar decididamente su regeneración, el PP prefiera conversar con los culpables del desastre para ampliar su presencia en el palco del tétrico espectáculo. Ese diálogo, sobra. En cuanto a la agobiante presencia de las televisiones y radios públicas, que destruyen el mercado y la competencia en un sector que lo necesita vitalmente, tampoco hace falta diálogo, sino voluntad de cambio, que no se ve por ninguna parte. Peor aún: el diálogo que se establece a espaldas de la sociedad con los posibles concesionarios de televisiones y radios es una forma típicamente felipista de condicionar la libertad de expresión en las empresas privadas presentes o futuras y de corromper el ejercicio de la crítica, esencial para las libertades. Lo del Gobierno con las empresas de comunicación no es diálogo sino cuchicheo. Y no busca ampliar la oferta sino controlarla. Veremos cómo se desempeña la nueva dirección de Telefónica, pero, hasta ahora, la política de comunicación del Gobierno cuyo único fruto visible se llama Telefónica Media, ha sido la de una búsqueda desnortada, errática y escandalosamente despilfarradora del polanquismo-bis y un verdadero desastre en términos de pluralidad y libertad. En teoría, se está abriendo la competencia audiovisual; en la práctica, a esa competencia van a llegar las empresas en tales términos de concentración que tendrán que jugar a competir consigo mismas. ¿Y qué diálogo ha habido ahí? Escasísimo y en las lindes de la prevaricación.

En cuanto a las liberalizaciones, el gran proyecto político y económico del Gobierno, diálogo es lo que ha sobrado. Y no con los consumidores sino con los poderes fácticos que viven precisamente de la negación del mercado. La sensibilidad del Gobierno con ciertos plutócratas de los monopolios subsistentes resulta cualquier cosa menos enternecedora. Lo que echamos en falta ahí es coherencia conceptual y transparencia política. Sin embargo, después del escándalo de la CNMV, es muy de temer que la corrupción y politización de la Justicia se instale definitivamente en el mercado, con lo que no habrá mercado por falta de una Justicia digna de ese nombre. El Caso Villalonga es cualquier cosa menos un episodio particular. Ha sido el indicio de la corrupción de un sistema en el que el amiguismo y la venalidad de los tribunales convierten en una broma hablar de libertad y de igualdad ante la Ley. ¿Qué Ley? ¿La Ley del Embudo de Armesto?

Salvo en materia antiterrorista -aunque sólo por eso ya merecería y tiene nuestro reconocimiento- y en algunas reformas educativas que siguen en el limbo de los gestos, el Gobierno de Aznar da la impresión de no tener claras las ideas o de dudar de sus propias intenciones. Parece más dispuesto a disfrutar el poder que a ejercerlo. Y purga su mala conciencia por no utilizar seriamente la mayoría absoluta que le otorgaron los votantes usando y abusando de esa muletilla del "diálogo" que sólo sirve para esconder la falta de voluntad política y de valor cívico. La verdad es que no hay diálogo en lo que sería menester y sobra palabrería y pasteleo en donde lo que hace falta es cortar por lo sano. Sin duda este Gobierno merece apoyo en muchas de las cosas que ha emprendido. En nuestros modestos límites, se lo hemos dado desde el principio. Pero la corrupción política y económica empieza por la corrupción intelectual y esa cataplasma del diálogo es intelectualmente pestífera. Menos falso diálogo y más gobernar de verdad. Con mayoría absoluta, todos los días deben ser como los cien primeros. Si el Gobierno no fuera más allá de lo que hemos visto en su voluntad de reformas, sobra la legislatura. Sobraría incluso el Gobierno, para deleite de muchos ministros que no aspiran más que a eternizarse como funcionarios.

Sí, pero ¿qué hacemos?
Enrique CURIEL La Razón 6 Agosto 2000 

La semana no ha podido ser más dura. De nuevo los sentimientos más intensos dirigidos hacia la viuda y la hija de Juan Mari Jáuregui, otro antiguo compañero en el Comité Central del PCE. De nuevo las preguntas, las dudas y el desconcierto. Un buen amigo que estaba presente ante el féretro de Juan Mari en la sede del Partido Socialista de Euskadi en San Sebastián, me transmite que la tensión resultaba difícilmente soportable. En un momento determinado y ante la soledad en la que se encontraba el lehendakari Ibarretxe, este compañero se acerco a él con el ánimo de suavizar la situación y le brotaron unas palabras sencillas. «Lehendakari, así no podemos seguir, tenemos que hacer algo». Ibarretxe, contestó, «sí, pero ¿qué hacemos?». Así están las cosas. Hablo días después con Odón Elorza para pedirle que le transmita ánimos a la familia de Jáuregui de muchos que no hemos podido estar allí y para expresarle mi apoyo a él mismo. Debemos de levantar la bandera de Juan Mari cuando afirmaba que Euskadi tiene solución. Y tiene razón, allí donde esté. Pero, digo yo, resulta imprescindible reflexionar, pensar y perfilar una salida para el incendio que amenaza el futuro del País Vasco. Y deberíamos de comenzar rompiendo algunas de las cadenas que nos atenazan a todos, palabras de las que somos víctimas, estrategias sin salida, tabúes y mitos que nos paralizan y que nos impiden hacer lo que reclamaba el obispo Uriarte durante esta semana.

    Deberíamos comenzar comprendiendo que en Euskadi existe un conflicto político. Pero afirmarlo se considera una heterodoxia inasumible. Y sabemos por qué. Si se elevan a categoría estas dos palabras estamos obligados, dicen, a reabrir una búsqueda de acomodo con los nacionalistas del PNV y de EA hablando de la Disposición Adicional Primera de la Constitución y de la correspondiente del Estatuto de Guernika. Y bajo ningún concepto, se dice, el Estado puede ceder al chantaje del terror, confundiendo a los pistoleros con demandas o sentimientos de una buena parte de la sociedad vasca que nada tiene que ver con la violencia. Pero al actuar así estamos haciéndole el favor impagable a ETA de reconocerla, implícitamente, como portadora del imaginario del pueblo vasco, con bucle o sin bucle. Y yo me pregunto, ¿los españoles estarían en contra de interpretar el contencioso de los derechos históricos a través de una Ley Orgánica que zanjase el conflicto y permitiera aprestarnos, todos juntos en Euskadi, a terminar con el terror y a cerrar las heridas?

    La cuestión del PNV. Está adoptando decisiones en orden a romper los acuerdos municipales con Euskal Herritarrok, los últimos en Vizcaya tras el asesinato de Jáuregui. Arnaldo Otegui ha respondido acusando al partido de Arzalluz de «ambigûedad» y amagando con la retirada del «apoyo parlamentario» a partir de septiembre. ¿No podríamos permitir y facilitar el cambio que pueda efectuar el PNV con el ritmo y los contenidos que ellos decidan? El Pacto de Lizarra está muerto. Lo sabemos todos. Pero si el objetivo político real es aislar a ETA y quienes les apoyan, protegen o justifican, resulta evidente que es fundamental favorecer la evolución del PNV, por lenta que sea, porque de lo contrario el conflicto vasco abre otro ciclo de quince o veinte años. Resulta tan evidente que se cae por su propio peso. No perdamos de vista que ETA golpea con intención y aquellas cosas de que mata donde puede y cuando puede, pueden servir para salir del paso ante la opinión pública, pero poco más. ¿Qué teme ETA ahora? Que el PNV mantenga la línea de distanciamiento con Lizarra, que el PSOE tienda la mano para facilitar el tránsito, que el PP mantenga algún conducto de conexión y que en el seno de EH se consoliden las opiniones contrarias a la locura de Soledad Iparraguirre. Por eso asesinan a Juan Mari Jáuregui. Porque pensaba y decía estas cosas. Y su pensamiento acertaba de lleno en la línea de flotación de los terroristas. Era un subversivo para ETA y pagó con su vida.

    ¿Por qué quiere ser lehendakari Mayor Oreja? ¿Qué hará al día siguiente, y al otro, y al otro? Ésta es la cuestión. Necesitamos políticos de altura, que miren sin miedo hacia el futuro, sin temor a las palabras, sin enredarse en los sondeos. Los españoles saben mucho más de lo que creemos.

Las encrucijadas de Zapatero
JOSE LUIS GUTIERREZ El Mundo 6 Agosto 2000

El nuevo líder del PSOE comienza a sentir en sus carnes la dureza del camino al estrenarse en el sangriento noviciado de la muerte y asistir al sepelio de un destacado militante, Juan María Jáuregui. Es el problema terrorista el primero y de mayor calado que aterriza sobre su mesa de Ferraz. La postura socialista bascula entre los complejos ante los nacionalistas y la abrumadora corriente que ha dicho «¡basta ya!» al goteo de asesinatos: entre el pronunciamiento acerca del apoyo sin fisuras a la política contra ETA y la matización que va de considerar la disolución de la Cámara vasca -sostenida por PNV y EA, con el apoyo, interrumpido, de EH-HB- no como una «prioridad» sino como una «posibilidad». Voces disímiles que piden la disolución de la cámara de Guernica -Redondo Terrreros- y otras que mantienen que ésta no es prioritaria.

El malabarismo de las palabras vuelve a operar como socorrido recurso a falta de propuestas de mayor calado. Pesa sobre muchos socialistas el temor a asumir el Gobierno vasco sin «la vieja gabarra», el más que centenario partido de Sabino Arana. Las llamadas al diálogo, la enésima creación de foros de encuentro y otros bálsamos de Fierabrás, reediciones de lo conocido -Madrid o Ajuria Enea- son la medicina para un problema que acredita un saldo de más de 800 asesinados, una sociedad fracturada, la fortaleza creciente del sedicente MLNV, esa otra de sus expresiones de agitprop: la kale borroka, versión euskaldún de la intifada.

No hay país democrático que acepte con tan resignada mansedumbre tal estado de cosas. Sólo los complejos históricos explican tal sumisión ante el diluvio de asesinatos -las palabras sirven cada vez menos-. y las posturas de algunos portavoces, que se rasgan las vestiduras ante las salidas de tono del delegado del Gobierno en Euskadi, con más destemplanza que con la que juzgan los crímenes.

Esta es la más ardua de las encrucijadas ante las que se encuentra Zapatero. La palabrería de los Madrazo, los inconsistentes juicios de IU, ensimismada en su propia crisis, pretenden, con su tipificación de «clandestina», que la política antiterrorista sea pasto de las plazas públicas y las ruedas de prensa, al margen de la razón de sus dirigentes al pretender que el Gobierno les informe de la cuestión. Tal pretensión se explica más tras el desliz de Aznar, su advertencia a ETA, que puede entenderse por la exacerbada emotividad que impregna los velatorios, aunque ni siquiera en tales circunstancias puede un jefe de Gobierno caer en esos tropiezos. La situación es muy otra en el País Vasco, tras el asesinato de Miguel Angel Blanco, el espíritu de Ermua, la tregua de ETA, Estella/Lizarra, el fin de la tregua, los asesinatos de dirigentes del PP y del PSOE, las desbocadas soflamas de Arzalluz y las demandas de la ciudadanía. De la intuición de los políticos, al margen de sondeos más o menos interesados, dependerá que sus organizaciones conecten con la sensibilidad que no tolera más crímenes, ni los sobresaltos del coche bomba, ni los cadáveres en las aceras esperando que aparezca el juez de guardia. El recurrente surrealismo del PNV -que rompe sus pactos de gobierno municipal al ritmo de los asesinatos- se acrecienta e Ibarretxe es el epítome de tan increíble postura explicitada a golpe de declaración: todos contra la violencia, diálogo de todos los partidos democráticos....y mantenimiento de Lizarra con los representantes de ETA. Y ETA prosigue con los actos terroristas.

La permeabilidad del espacio informativo vasco a los medios nacionales hará inviable esta impostura, por mucho que sea el miedo que atenaza a los vascos. La espera del PNV a que se resolviera el Congreso socialista, su camino gradual hacia la ruptura con EH-HB, tiene explicación en la tentativa de formar gobierno con los socialistas, que exigirán la ruptura total con la izquierda abertzale.

La otra encrucijada en que se encuentra Zapatero, más circunstancial, es la reforma de la Ley de Extranjería. Nada que objetar el nuevo estilo impuesto por Jesús Caldera. Pero su propuesta de un gran pacto de Estado recupera aquella costumbre de la Transición, pedir pactos de Estado hasta para la reforma del Patronato de Apuestas Mutuas. La explicación tiene su origen en las elecciones del 12-M, en las que quedó claro lo que opinan los españoles sobre aquella forma carnívora de hacer oposición de la anterior dirección socialista, la caza del hombre, la utilización de los espantajos del pasado o el uso de los dóberman. Sin embargo, tal forma de proceder puede desdibujar los perfiles más nítidos del primer partido de la oposición, que está obligado a mantener propuestas alternativas y defenderlas con contundencia. El asunto de los emigrantes es muy complejo, las aproximaciones reduccionistas apenas sirven. Con los recuerdos vivos de millones de españoles trabajando en países europeos y de América, es difícil sustraerse a los llamamientos solidarios y muy fácil caer en planteamientos demagógicos. Con dos argumentos básicos: la solidaridad bien entendida comienza por uno mismo, con dos millones de parados en las oficinas de empleo. En segundo lugar, las pautas generales se trazarán en Bruselas, en la medida que España es la puerta de entrada a Europa de estas desesperadas muchedumbres que ponen en peligro sus vidas ante la perspectiva de lograr una existencia mejor fuera de sus países de origen. Es un proceso similar al de los wet backs, los espaldas mojadas que cruzan el Gran Río con la esperanza de trabajar en Estados Unidos.

Un tercer laberinto aguarda a Zapatero dentro de su partido. Su éxito ya está empañado por querellas internas: la de Valencia o la de Asturias. El presidente Areces ha tenido que tragarse el sapo de ver cómo el presidente de Cajastur Manuel Menéndez, destituido por él, volvía a ocupar la Presidencia gracias al pacto de los guerristas con el PP, una hora antes de que el número dos del PSOE, José Blanco, lograra la firma de un documento pacificador de todas las familias del partido en Asturias. La foto estaba conseguida pero la situación de enfrentamiento pervivía. Porque días después, los seguidores de Areces en Gijón presentaban un recurso de inconstitucionalidad contra la nueva ley de Cajas y dimitía la Consejera de Economía Elena Carantoña.

Ni justa, ni eficaz
Justo FERNÁNDEZ La Razón 6 Agosto 2000

 En todas las formaciones politicas existen dirigientes que actúan como arietes en la descalificación de los rivales politicos o puntas de lanza de hipotéticas amenazas que, sin rechazarlas, son matizadas por otros dirigentes mas equilibrados, moderados o con una visión más amplia de la sociedad. De sea forma, un amplio espectro del electorado encuentra representadas sus opiniones. Carlos Iturgaiz, presidente del Partido Popular, en el País Vasco, al que, al menos, hay que reconocerle valentía, nos tiene acostumbrados a declaraciones estridentes y duras acusaciones, en cierto modo, justificadas, a todos los vascos que no se identifican con sus posiciones. 

Su última oferta, al resto de los partidos politicos, ha sido alcanzar un pacto de Estado que propiciara que los terroristas cumplieran, íntegramente, las penas que les impongan los tribunales, sin posibilidad de acogerse a ningún plan de reinserción. Argumentaba su propuesta en la «importancia de que los terroristas sepan que la ofensiva no les va a salir ni gratis, ni barata y que los demócratas nos defendemos poniéndoles las cosas difíciles».
    

Desde 1993, con oportunismo electoral, el PP propuso endurecer las penas a los terroristas. No le importó colocar al borde del fracaso el Pacto de Ajuria Enea y el Pacto de Madrid. En 1996, Aznar, prometió incorporar al ordenamiento jurídico español el cumplimien- to íntegro de las penas a los condenados por terrorismo. La necesidad de contar con el apoyo parlamentario del Partido Nacionalista Vasco, le obligó a arrinconar su promesa.

    La casi totalidad de las fuerzas políticas democráticas, PSOE, Izquierda Unida, PNV y CiU, han rechazado la propuesta de Iturgaiz. Sólo Coalición Canaria ha prometido su apoyo. Similar rechazo ha recibido de las asociaciones de jueces y fiscales, consideradas centristas o progresistas. Montserrat Comas, portavoz de Jueces para la Democracia, entiende que «las penas son ya suficientemente duras y los tratos discriminatorios podrían afectar a la Constitución». El presidente de la Asociación de Fiscales, Martín Rodríguez, señaló que la «prohibición de beneficios penitenciarios sería contraria a la Constitución». Con mayor rotundidad se ha pronunciado el vicepresidente del Consejo del Poder Judicial (CGPJ), Luis López Guerra: «No se puede pensar que medidas penales puedan sustituir a medidas politicas».

    No es la primera vez que, ante una oleada de atentados terroristas, al hilo de la emoción, la indignación y el dolor producido, se lanzan este tipo de propuestas, que se pueden comprender, pero que es preciso rechazar, no solo por su dudosa constitucionalidad, sino, por su nula eficacia. No es oportuno, en un momento de gran tensión emocional, adoptar cambios legislativos de endurecimiento de penas. Podría parecer un intento de venganza, ante la incapacidad del Gobierno, las fuerzas de Seguridad, la Justicia o la propia sociedad.

    Ideólogos de la derecha consideran la reinserción como una ingenua idea decimonónica, que no responde a la realidad y que pretende, erróneamente, que cualquier tipo de criminal puede reinsertarse en la sociedad. Otros, más progresistas, defienden que no existe ejemplo constatable, en cualquier país del mundo, en el que el endurecimiento de las penas haya servido para reducir la comisión de delitos y, mucho menos, cuando, como ocurre en el País Vasco, el problema tiene un fuerte componente político. Nadie debería olvidar que ETA surgió cuando en España, en plena dictadura franquista, se aplicaba la cadena perpetua y la pena de muerte. Que algunos de sus militantes fueron ejecutados, sin que tuviera repercusión disuasoria alguna. Al contrario, las ejecuciones reforzaron el apoyo social a ETA, dentro de la sociedad vasca y una equivocada solidaridad en la española.

    Confieso que cuando un artefacto ha explotado en las manos de un etarra, mientras lo manipulaba para atentar contra la vida de algún ciudadano o un terrorista ha sido abatido, en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad del Estado, me ha resultado difícil encontrar algún sentimiento de pesar. Pero, no se trata de debatir sobre sentimientos, sino sobre racionalidad y justicia.

Este horroroso Consejo
Por Carlos DÁVILA ABC  6 Agosto 2000

Esta vez no habrá razón alguna para que, por ejemplo, el Consejo General del Poder Judicial se renueve cuando toque, que afortunadamente, toca pronto. Se sabe, porque el interesado lo viene diciendo pertinazmente, que el presidente Javier Delgado no quiere repetir. Y no es mala noticia, aunque hay jueces que aseguran, taimada, precavidamente, aquello tan español de que «otro vendrá que bueno te hará». En todo caso: el Consejo que venga será, con toda seguridad, mejor que éste que venimos soportando ya va para cuatro años.

El Consejo es fruto de una negociación inconsistente, alargada en el tiempo gracias a la habilidad del PSOE, pequeño perdedor del 96, que al final parió un ratón, o unos ratoncillos que no han prestigiado precisamente la institución. El PP, gracias a la perversa reforma del ministro nefasto por excelencia, Fernando Ledesma, tiene mayoría aparente en el Consejo, pero se suele quedar con frecuencia con los pantalones caídos en manos de un dúo socialista de comprobada eficacia: el dúo López Guerra-Moscoso.

Ambos nos han dejado en pocos días patidifusos. El primero, que ya estuvo en el Tribunal Constitucional donde se cuentan por patinazos sus sentencias, ha asumido las tesis del nacionalismo vasco y ha calificado los actos de ETA como sucesos de raíz política, no penal; de ahí, a afirmar, al modo de Ibarreche, que el «conflicto» (palabra que utiliza López Guerra prestada del PNV y de Herri Batasuna) data de hace ciento sesenta años, media un pequeño hilillo, casi nada a estribor.

Y el segundo, tránsfuga en su día de los socialdemócratas que en UCD trabajaban directamente para González y Guerra, se ha inventado un engendro, reseñado muy convenientemente por el jurista de este periódico Jorge Trias, según el cual, gentes del Opus Dei no deberán acceder ni a la carrera judicial ni a la fiscal. Sólo falta que Moscoso logre también, con la estulta colaboración de algunos consejeros del PP, que la medida se aplique con efectos retroactivos, así el PSOE conseguirá lo que viene persiguiendo hace tiempo: echar por la borda al fiscal general del Estado, Cardenal.

A Moscoso no se le ha ocurrido, claro está, aplicar similares fórmulas inhibitorias a personas que procedan de partidos políticos o que tengan claras concomitancias con ellos. La cosa puede ser de traca porque, aplicando los criterios del ex ministro de la Presidencia de González, ¿por qué no impedir también que la hija del fiscal Anticorrupción trabaje directamente para Rodríguez Zapatero? Al hermano de Aznar le impidieron ser adjunto al Defensor del Pueblo. Claro está que el PSOE no es una sociedad secreta y el Opus (al que el cronista nunca le ha tenido especial devoción, por cierto) sí. ¿Cómo se puede ocurrir a nadie sensato tamaña melonada? Un juez también tiene tiempo libre y en esas horas puede, si le viene en su real gana, dedicarse a rezar o a discursear en las aburridísimas «tenidas» de una logia masónica. Moscoso es aún un socialdemócrata y ya se sabe que la característica esencial de esta ideología es meter las narices en todos los potajes. El intervencionismo es su lema.

Lo peor es que Moscoso seguirá en la próxima renovación del Consejo, con tiempo para servir a su señor y criticar a todo pasto la Ley de Extranjería que el viernes aprobó definitivamente el Gobierno. El dictamen del Consejo parece, en algunos aspectos, la conclusión de cualquier directiva de la ONG más filantrópica. Hace muy bien el Gobierno oponiéndose a que los inmigrantes ilegales, entre los cuales habrá de todo porque, digo, algún ilegal será también malo, ¿no?, posean los mismos derechos políticos que cualquier español o que cualquier extranjero que vive aquí con sus papeles en regla. Nunca se ha visto que un Consejo del Poder Judicial proteja la ilegalidad; no es cuestión de derechos humanos y de asistencia (que la deben tener, y toda), sino de atribuir a cada quien su responsabilidad. Así que a este Consejo no hay por dónde tomarle en serio. Menos mal que tiene los días contados.

JAIME MAYOR OREJA • MINISTRO DEL INTERIOR: "ETA busca el estado de excepción"
MARÍA ANTONIA IGLESIAS, Madrid El País 6 Agosto 2000

El máximo responsable de la lucha antiterrorista afirma que el Gobierno no prepara nuevas medidas para hacer frente a la ofensiva de ETA y precisa que la advertencia formulada por el presidente del Gobierno, José María Aznar, no fue otra cosa que la expresión de su confianza en el Estado de derecho. En su opinión, ETA pretende provocar al Gobierno para que establezca el estado de excepción en Euskadi.

Todavía no ha podido liberarse del traje oscuro y de su voluminosa cartera de trabajo, a pesar de que el calendario ha marcado ya el comienzo de las vacaciones del Gobierno. Las suyas van a ser una duermevela tensa, de inevitables idas y venidas, de descanso aparente. Pero sabe mantener una serenidad no fingida que desconcierta.

Pregunta. Me imagino que después de tan duras experiencias como las que le ha tocado vivir como ministro del Interior, habrá lamentado, más de una vez, las virulentas críticas que hicieron, usted y su partido, a los responsables de la lucha antiterrorista de los Gobiernos socialistas, ¿no?
Respuesta. ¡Yo no lo he hecho nunca! ¡Jamás! No hay una sola declaración mía en la que a mí se me pueda atribuir una crítica a las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado y al ministro del Interior. Yo sólo recuerdo, y se lo he reconocido a él, personalmente, como una actitud un tanto mezquina por mi parte, una crítica respecto a Ramón Jáuregui, a raíz de todo el proceso del GAL en el Parlamento vasco. Reconozco que ahí no estuve yo a la altura de las circunstancias. Es verdad que yo critiqué al Gobierno socialista cuando se produjo el cambio en el trazado de la autovía de Leizarán por la presión de ETA. La verdad es que sigo creyendo que yo tenía razón en mi crítica. Pero no me importa reconocer que la oposición que hoy tenemos ha sido más responsable que las anteriores.

A usted le apoya la gente o, cuando menos, no le insulta, como pasaba con sus antecesores. ¿Cree usted que los españoles se han convencido de que no hay "milagros", que hay que convivir o conmorir con esta maldición de la violencia?
ETA es el pasado más negro de España, y la estamos combatiendo, por primera vez, con la democracia y no con la guerra. Y eso exige un tiempo, porque los plazos de la democracia siempre son mucho más lentos que los plazos de la solución aparente que da una guerra. La gente está aprendiendo a combatir el terrorismo y lo lleva haciendo desde hace veinte años. Los que estamos en la política vasca desde hace veinte años nos damos cuenta de que la situación ha mejorado sustancialmente, a pesar de que haya momentos, como el de ahora, muy duros y muy difíciles, donde parece que las cosas empeoran. Está muy claro que todos en la sociedad española hemos madurado y sabemos quién es el verdadero enemigo. Al ministro del Interior no hay que verle nunca como a un salvador porque nadie tiene medidas mágicas. La sociedad es cada vez más solidaria y está con aquel que tiene la máxima responsabilidad en el Gobierno para afrontar esta lucha.

Usted no cree en fórmulas mágicas. Ni siquiera en la utilidad del cumplimiento de las penas, que fue su bandera electoral.
Lo que creo es que tenemos que confiar en el Estado de derecho y que cuanto más normalidad demos al conjunto de iniciativas sobre las que debemos trabajar para combatir el terrorismo, mejor. Curiosamente, hay algunos que soñarían con que el Gobierno del Partido Popular, en un momento determinado, decretase el estado de excepción en el País Vasco. Pero creo que hay que alejarse de esa situación extrema porque eso dificulta enormemente, en mi opinión, el tratamiento conjunto de dos problemas distintos pero que, sin duda, tienen su hilazón: tema terrorista y lo que es el tema vasco. Creo que, hoy por hoy, tenemos medidas, con el actual ordenamiento jurídico español, para poder mejorar y acrecentar las respuestas del Estado de derecho. Lo importante es que recuperemos una cierta tensión democrática, pero dentro del Estado de derecho, para afrontar esta nueva situación, una vez que ETA no ha dejado de matar. En cualquier caso, yo no planteé nunca el cumplimiento íntegro de la penas como algo esencial.

Ha dicho usted que "algunos" quisieran provocar que el Gobierno cayera en la tentación de decretar un estado de excepción en el País Vasco. ¿Quiénes son esos "algunos" y por qué buscan esa decisión del Gobierno?
Me refiero a que como la situación ciertamente es excepcional en el País Vasco y hay una tal falta de libertad, siempre se podría pensar que ante situaciones excepcionales habría que aplicar todos lo mecanismos excepcionales que, sin duda, están en el Estado de derecho. Pero yo, para mí, quizá porque el concepto de la excepcionalidad está ligado, en mi pasada juventud, a lo que fue un error histórico permanente respecto del País Vasco, huyo del concepto excepcional en la solución ante lo que hoy tenemos. Prefiero poner más el acento en la normalidad democrática.

Entonces, ¿usted cree que la estrategia de ETA vería de alguna manera conseguido uno de sus objetivos si el Gobierno del PP dobla el espinazo, pierde los nervios, y recurre a medidas excepcionales?
¡Sin duda! Yo creo que ETA lo primero que desea del Gobierno es que le dé la razón y negocie políticamente con la organización. Ése es su primer objetivo. Pero, evidentemente, siempre tienen ellos en sus estrategias "máximos" y "mínimos". El máximo es un Gobierno claudicante que cede y negocia políticamente con los terroristas. Sería el máximo deseo de ETA. Pero también tienen mínimos que provocan una situación que, evidentemente, hacen de este Gobierno la imagen de la caverna, de lo más radical, de la excepcionalidad... Eso también lo pretende ETA, busca un estado de excepción. Así que lo que habría que hacer es que ni consiguiesen los máximos ni consiguiesen los mínimos. ¿Eso es posible hoy? Yo creo que es posible, en la medida en que la sociedad española tenga cohesión para poder entender y comprender la política del Estado de derecho en España en la lucha antiterrorista.

No habrá, pues, medidas excepcionales en el País Vasco.
No, no. Creo sinceramente que no, que el Gobierno en ese terreno fundamentalmente tiene que saber que lo más importante es que la política que lleve produzca cohesión en la sociedad española. Y además yo no quiero, no me gustaría, que un Gobierno adoptase medidas que quebrasen a los españoles en progresistas y en conservadores, que hubiese otro debate distinto del que estamos haciendo frente al terror.

Pero ¿no hay en marcha ninguna medida nueva? Es que no sé si las advertencias recientes del presidente del Gobierno tienen o no un contenido concreto.
No, no hay nada nuevo, no habrá nuevas medidas diferentes a las que ya tenemos en práctica. Nosotros tenemos que tener estrategias que sirvan en el tiempo, que no cambien cada seis meses, ni cada año, ni cada Gobierno de un signo o de otro. En momentos como los que estamos viviendo surge la pregunta de: "Bueno, ¿ y ahora qué vais a hacer?" y hay que ser sinceros y decir: "Pues nada nuevo". No cabe hacer nada nuevo, entre otras cosas porque el balance de la acción policial en los últimos cinco años ha sido un balance excelente. El presidente del Gobierno yo creo que, simplemente, ha querido decir que vale la pena tener confianza en el funcionamiento del Estado de derecho, que hay razones más que suficientes para confiar en las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado, y que hay razones para creer en el funcionamiento de la justicia. Yo creo que, simplemente, fue una expresión de confianza en esos instrumentos. En cualquier caso, yo creo que es el presidente quien tendría que interpretar la intención de sus propias palabras.

Unas palabras que fueron dichas ante el último cadáver, el de Juan María Jáuregui... La verdad es que cuando uno ve la confrontación política, que no cesa, da para pensar: ¡Pobres muertos, tan inútiles!
¡Yo no diría eso nunca! esas muertes han sido indeseables, injustas... Lo de la confrontación es verdad, es verdad... Pero también es cierto que no cabe atribuir a todos la misma responsabilidad. La verdad es que el nacionalismo vasco ha tenido siempre un plus de poder en el País Vasco muy superior al porcentaje de sus votos. Hemos vivido el modelo de la no alternancia, como si la presencia en el Gobierno del PNV fuera la solución al problema del terrorismo.

Eso fue en los Gobiernos de la transición española, de UCD, fue también, claro, con los Gobiernos socialistas, y también con mi actual Gobierno del Partido Popular, repitiendo el mismo modelo en 1996. Hasta el momento en el que el PNV provoca la mayor deslealtad de su historia respecto de la democracia española, pactando un acuerdo con ETA.

El Gobierno del PP del año 96 repite miméticamente lo que habían hecho los Gobiernos anteriores respecto del PNV, que es mantener al PNV con un plus adicional de poder y de presencia política en el País Vasco.

Me gustaría saber si le costó a usted mucho convencer al presidente de que cambiara "su política", de que se estaba equivocando.
Yo no he necesitado convencer a nadie de nada. Todos hemos ido aprendiendo juntos a conocer y a diagnosticar qué era lo que teníamos en frente... Y siempre me he sentido presidido por la estrategia política que ha diseñado el presidente. Es evidente que hay un momento en el que ellos, el PNV, endurecen su postura respecto del ministro del Interior, tratan de extender la idea de que yo soy el obstáculo para una solución política del País Vasco. Pero yo tengo el convencimiento de que el presidente Aznar, en este momento, es bastante consciente de lo que es la estrategia y lo que pretenden los dirigentes del PNV. Creo que nunca ha tenido tentaciones extrañas en ningún momento.

Ya sé, ya sé que se ha especulado mucho con mi posición en el Gobierno, incluso con mis presuntas diferencias con los representantes del Gobierno que negociaron con ETA, pero la verdad es que yo intervine directamente en la designación de esos interlocutores, con los que he tenido una relación espléndida, que tienen toda mi admiración.

En cualquier caso, y menos ahora que es usted candidato in pectore a lehendakari . Y, bueno, es lógico pensar que a usted le viene bien un PNV subido al monte, a Lizarra...
¡Es que el PNV no quiere salir de Estella, no lo va a hacer, ya lo vamos a ver! Arzalluz quiere tener un pie en Estella y otro... no sabe donde... Porque el PNV ya ha dado el salto definitivo, y sin retroceso, de la autonomía a la autodeterminación. Sinceramente, creo que sólo desde una derrota electoral, desde una pérdida del Gobierno, cambiará. Yo creo que hay en el País Vasco una rebelión política social muy profunda y que el tiempo del nacionalismo ha terminado. En cuanto a la comodidad del PP con "este" PNV... ¿Pero es que alguien cree que el PP está cómodo en el País Vasco?

La cuestión es saber si el regreso del PNV al buen camino constitucional solucionaría el problema del País Vasco, si usted cree que ETA dejaría de matar.
No. ETA seguiría matando. Pero el aislamiento político y social del fenómeno crecería en el País Vasco. Porque lo que sí es evidente es que la alianza de un frente nacionalista y un grupo terrorista es un buen instrumento para los terroristas, porque les da comodidad.

Sin embargo, hay algo que nunca he entendido bien: cómo usted predicó desde el principio, la cruzada de la tregua trampa y simultáneamente el Gobierno inició su negociación con ETA...
Pues lo hicimos porque, aunque nosotros no hubiésemos sido emplazados por aquel comunicado de ETA, aquel comunicado en el que emplaza sólo a los partidos nacionalistas, a nosotros nos parecía que nadie hubiese entendido en la sociedad española que permaneciésemos impasibles ante esa decisión de ETA. Y nos pareció que había que saber si de ese cese indefinido se podía pasar a un cese definitivo de la violencia. Pero nosotros informamos de eso a la sociedad española. Pero, en fin, como yo temía, eso se viene abajo cuando ETA vio el resultado de las elecciones. Fueron los fracasos electorales del frente nacionalista los que impulsaron a la banda terrorista a estar presente en la política vasca. Volviendo a matar.

Aquella negociación del Gobierno y ETA se frustró apenas iniciada. Pero nunca supimos cómo fue aquél diálogo de sordos...
En aquellas conversaciones le puedo asegurar que ETA jamás habló de los presos. Y en el único elemento en el que nosotros podíamos establecer un diálogo real, con contenido, era sobre sus presos, sobre su organización, sobre su estructura, sobre sus familias, sobre sus exilados... ¡Lo que no podíamos era negociar el marco de convivencia, las reglas del juego de nuestro sistema político!

Por cierto, monseñor Uriarte ha vuelto a insistir, a raíz del último atentado de ETA, en la necesidad del diálogo... Igual que hacía aquel incómodo monseñor Setién. ¿Se acuerda?
Yo siempre he tenido un gran respeto a monseñor Setién y tengo todavía más respeto, porque tengo más relación con él, por monseñor Uriarte. Pero, con todos mis respetos hacía Juan María Uriarte, hablar de diálogo sin más matización no es decir nada. Yo desde luego creo que no se puede dialogar con quienes matan, ni con quienes secuestran, ni con quienes coaccionan.Si dejan de matar se podrá ensayar el diálogo, como ya lo hemos hecho.

Si ETA deja de matar, ¿el Gobierno volvería a dialogar con los terroristas?
¡Ah! Eso... Veríamos las condiciones. Pero ya hemos demostrado que cuando han dejado de matar ha habido luz verde para el diálogo. Pero yo creo que eso es política ficción. De momento el escenario es que, me temo, van a hacer exactamente todo lo contrario. ¡Para qué vamos a fabular con imposibles!, ¿no?

Lo que parece más que posible es que sea usted el candidato del PP a lehendakari en las próximas elecciones. Resulta difícil saber dónde termina la responsabilidad institucional del Ministerio del Interior y dónde empieza la carrera del candidato, los intereses de su partido.
Bueno, yo lo que he dicho es que yo estoy a disposición de mi partido. ¡Cómo no voy a estarlo! ¿Es que cabía otra actitud ante la situación que tiene mi partido en el País Vasco? Pero aseguro que el escenario para mí sólo está lleno de incomodidades. Pero es que cuando se trabaja para el País Vasco tú estás actuando con un profundo sentido del Estado, no estás haciendo política de partido. Yo nunca he estado en la miseria partidaria.

Yo lo único que he hecho, en los últimos meses, es decir que es necesaria una alternativa política en el País Vasco, pero porque creo que ha habido una ofensiva nacionalista y que esa ofensiva nacionalista, desde una responsabilidad de Estado, tiene que ser neutralizada con medidas democráticas por parte del Gobierno.

Cuando apoyo al PP en el País Vasco para que gane las elecciones no sólo apoyo a mi partido, sino que defiendo un modelo diferente de libertad. Donde los partidos de ámbito español que tengan voluntad de gobierno dejen de ser ayudantes del nacionalismo.

La cuestión está en saber, si usted llega a ser el nuevo lehendakari, si no tendremos de nuevo la misma fotografía de un País Vasco dividido en dos como ahora.
Todo eso no es más que la utilización del miedo del que tanto abusa el PNV. ¿Por qué hay que tener miedo a que haya una alternativa democrática distinta del PNV en el País Vasco? ¿Por qué ese espanto? ¡Si no va a pasar nada! Ellos, los nacionalistas, son los que introducen especulaciones sin fundamento sobre lo que va a suceder después, sobre cómo se va a dividir la sociedad vasca. ¡Que haya en las urnas lo que quieran los vascos no es una provocación, es un derecho, una medida de higiene democrática! A mí me parece que el mantenimiento de lo que hoy se está produciendo en el País Vasco sí que hace daño y sí que es una amenaza. Es cierto que el PNV lideró una etapa en la que tuvo un papel de encuentro y de moderación, pero ETA les ha contagiado su miedo y ya no saben ejercer ese papel. ¿Por qué no vamos a hacer otros lo que el PNV ha hecho durante 20 años? Nosotros, y el Partido Socialista, hemos reaccionado porque somos conscientes del carácter excluyente del modelo nacionalista.

¿Le ofrecería usted al PSE la vicepresidencia del Gobierno Vasco?
Bueno, ellos también podrían hacer lo mismo si son los que ganan las elecciones. Pero aseguro que por mi parte, por parte del PP, no habría ninguna "rebaja" y que también el PP podría aceptar el número dos si ganan los socialistas. Pero lo que importa no es que haya un lehendakari del PP, sino un cambio de modelo hecho entre los dos partidos donde quede claro que el PSE tiene un espacio diferente del PP.

No sé yo si cuando tenga que administrar la dureza cotidiana de la política vasca, si es usted lehendakari, si tendrá que arrepentirse del paso dado.
No sé lo que la vida puede determinar. Pero cuando uno actúa de acuerdo con unas convicciones y unos principios, uno no se arrepiente. Evidentemente, no hay soluciones milagrosas y todo será difícil y duro. Yo, desde el Ministerio del Interior, nunca he garantizado que iba a solucionar el problema del terrorismo y tampoco voy a garantizar que, si soy lehendakari , se van a arreglar las cosas de la noche a la mañana. Si el PP o el PSOE forma Gobierno en el País Vasco es seguro que seguirá habiendo problemas y, lamentablemente, seguirá habiendo muertes. Pero habremos iniciado un camino de libertad que nos llevará al final del túnel.

Claro que si las cosas no le van bien en Euskadi, la mitad de la "culpa" la habrá tenido Aznar cerrándole el camino a su sucesión, ¿no?
Yo nunca he sido candidato a sucesiones, ni a nada en ese terreno que usted sugiere. Yo no habría querido ser ni ministro. Yo nunca he tenido envidia por esa responsabilidad tan dura. Pero a mí el presidente no necesitaba cerrarme ningún camino. Primero porque es amigo, y segundo porque él sabe que estoy en política por otras convicciones.

Maragall propone a Pujol un pacto para tener fuerza frente a España
El líder de los socialistas catalanes ha lanzado una propuesta de diálogo con el gobierno de la Generalitat para llegar a acuerdos en cinco apartados. A cambio, los socialistas apoyarían a Pujol en el parlamento catalán. Para Maragall sería bueno que las fuerzas políticas catalanas hablaran con una sola voz para tener más fuerza ante España.
EFE Libertad Digital 6 Agosto 2000

"Si el cien por cien de las voces políticas catalanas hablamos, España tendrá que contestar", ha dicho, en un coloquio celebrado en la localidad gerundense de S'Agaró, el presidente del Partido Socialista de Cataluña, Pasqual Maragall. El líder socialista ha ofrecido al Gobierno de la Generalitat un "acuerdo en lo fundamental" para avanzar "en la causa de la autonomía" y en la "configuración de la España plural". Maragall plantea dialogar antes del 11 de septiembre sobre cinco materias: inmigración, lectura de la Constitución y el Estatuto, modificación de la ley electoral, reordenación territorial y políticas sobre los medios de comunicación audiovisual. Si llegaran a un acuerdo, su formación apoyaría a Pujol durante dos años y Covergencia no tendría que depender del PP ni de ERC.

Lo que el líder de los socialistas catalanes porpone a Convergencia i Unió es una lectura conjunta del Estatuto de Autonomía catalán y de la Constitución, con el fin de impulsar un proyecto de Estado federalista, dentro del cual ha reclamado la existencia de un sistema de financiación que no esté sometido a modificación cada cuatro años. Además, Maragall ha reivindicado la reforma del Senado y de la justicia y ha reclamado una reordenación territorial de la Administración catalana. Asimismo, propone la creación de una ley electoral catalana, que haga especial hincapié en el sistema de adjudicación de diputados, después de criticar la distribución de escaños actual que se basa en un censo de 1978.

A propósito del País Vasco, Maragall cree que "ni PP ni PNV aprovecharon la tregua y son los responsables de que siga pasando lo que está pasando". 

Reacciones

El portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados, Xavier Trias, se ha mostrado "sorprendido" por la oferta de diálogo lanzada por el dirigente socialista aunque ha anunciado que su partido estudiará esta propuesta, que como todas las que llegan, es bien recibida. trías ha pedido a Maragall que aclare si la iniciativa "es a título personal, en representación del PSC o en nombre del PSOE", cosa que, a su juicio, "no queda clara".

Para el presidente del partido Popular de Cataluña, Alberto Fernández Díaz, esta oferta obedece a la "pérdida de protagonismo del PSC en el actual escenario político catalán", tras los resultados de las últimas elecciones. El dirigente popular ha recordado que "hace unos días se amenazaba desde las filas socialistas con presentar una moción de censura al Gobierno de la Generalitat y poco después el propio Maragall pide un acuerdo".

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