AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 10  Agosto   2000
#UN PULSO QUE ETA NI PUEDE, NI DEBE, NI VA A GANAR
Editorial El Mundo 10 Agosto 2000

#Arzallus, responsable
EDITORIAL La Razón 10 Agosto 2000

#Eta, el enemigo del pueblo vasco
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 10 Agosto 2000

#Lógica de lo peor
GABRIEL ALBIAC El Mundo 10 Agosto 2000

#Carta a un joven etarra
Cristina Narbona La  Estrella 10 Agosto 2000

#De cúpulas, subcúpulas y supercúpulas José María Korta, 'in memorian'
Ramón Tamames La Estrella 10 Agosto 2000

#Si no es delito, debe serlo
José Luis REQUERO ABC 10 Agosto 2000

#Los enigmas del problema vasco
Manuel Martín Ferrand La Estrella 10 Agosto 2000

#Euskadi y las palabras
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo  10 Agosto 2000

#Sudupe
ERASMO El Mundo  10 Agosto 2000

#Colaboracionismo dialogante
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón   10 Agosto 2000

#Contra la impunidad
Editorial ABC 10 Agosto 2000

#El diálogo letal
José Antonio Zarzalejos, Director de ABC   10 Agosto 2000

#Escalada
Ramón PI ABC  10 Agosto 2000

#También era de los nuestros
JAIME IGNACIO DEL BURGO El Mundo   10 Agosto 2000  

#La otra mejilla
José A. SENTíS La Razón 10 Agosto 2000  

#Verano mortal
Jaime CAMPMANY ABC   10 Agosto 2000

#El cuerpo sano y las células enfermas
M. MARTÍN FERRAND ABC   10 Agosto 2000

#El pueblo no perdona
Javier Urroz Libertad Digital 10 Agosto 2000

#El terror se acerca al PNV
Lorenzo CONTRERAS La Razón 10 Agosto 2000

#ETA, golpismo y nacionalismo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Agosto 2000

#Cada cual en su sitio
Editorial El País 10 Agosto 2000

#La locura de ETA, la locura del PNV
Ignacio Villa Libertad  Digital  10 Agosto 2000

#Las esperanzas de los asesinos
Tomás Fernández Auz es analista político El Mundo 10 Agosto 2000

#Esquizofrenia “abertzale”
Enrique de Diego Libertad Digital  10 Agosto 2000

#AIRES DE TRAGEDIA
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS La Voz de Galicia  10 Agosto 2000

#RESPUESTAS IRRESPONSABLES
TINO NOVOA  La Voz de Galicia  10 Agosto 2000

#ETA asesina de tres disparos en la cabeza a un subteniente del Ejército en Berriozar, en el décimo atentado en un mes
PAMPLONA. B. López ABC  10 Agosto 2000

#Castejón despide a Casanova con una multitudinaria procesión hasta el cementerio
Efe Libertad Digital 10 Agosto 2000

#... y Javier Arzallus sigue mudo
J.A. Fúster - Madrid .- La Razón 10 Agosto 2000

#Los demócratas arrinconan a ediles de EH que boicoteaban una manifestación
SAN SEBASTIÁN. ABC    10 Agosto 2000

#Gobierno y PSOE se comprometen a estar "siempre unidos" en la lucha antiterrorista
AGENCIAS, MadridEL PAÍS 10 Agosto 2000

#Los violentos rocían de gasolina al conductor de un autobús en Vitoria y queman el vehículo
A.U., Bilbao El País 10 Agosto 2000

#Preocupación, pero no terror
MADRID. J. B. ABC  10 Agosto 2000  

#"La única arma de los demócratas contra quienes apoyan la violencia es denunciarles"
AURORA INTXAUSTI, San Sebastián El País 10 Agosto 2000

#«Los terroristas luchan por una lengua y una historia que no tienen»
EL ESCORIAL. Rosa Valdelomar  ABC 10 Agosto 2000

#Por responsabilidad
JOSEBA ARREGI  El Diario Vasco10 Agosto 2000

UN PULSO QUE ETA NI PUEDE, NI DEBE, NI VA A GANAR
Editorial El Mundo 10 Agosto 2000

El asesinato de Francisco Casanova, subteniente del Ejército, muerto ayer cerca de Pamplona de dos tiros en la nuca, refuerza la evidencia de que ETA aprovechó a fondo el tiempo que duró la tregua del año pasado para abastecerse de armas y explosivos, para incorporar nuevos activistas y para adiestrarlos y, sobre todo, para mejorar sustancialmente su logística: la infraestructura con la que cuenta en diversas ciudades, el despliegue de sus comandos y sus técnicas de coordinación interna.

Está claro que en estos momentos tiene capacidad para golpear con escaso intervalo de tiempo en lugares muy diversos (en la Comunidad Autónoma Vasca, en Navarra, en Soria, en Madrid, en Zaragoza, en Málaga...) y de hacerlo siguiendo una pauta prevista de antemano: hoy aquí, mañana allí, pasado mañana en otro punto... Incluso cuando da un paso en falso y sufre un revés, demuestra de inmediato que está en condiciones de proseguir con su plan: sufre un golpe en Zaragoza y al día siguiente asesina a Jáuregui; pierde a cuatro militantes en Bilbao por la noche y 12 horas más tarde asesina a Korta.

En suma: que ETA ha recuperado una fortaleza organizativa de la que carecía desde hace años. Desde la caída de Bidart, por lo menos.

UN GRAN DESAFIO. Estamos, pues, ante un desafío de una envergadura realmente importante, sin parangón en la Unión Europea actual.

Un desafío que responde, además, a un plan cuidadosamente trazado, que diversifica tanto los objetivos (un concejal del PP, un político del PSOE, un empresario de ideas nacionalistas, un militar) como el tipo de acción: es obvio que las dos últimas bombas de Madrid representan otros tantos avisos, como demostración de que está en condiciones de provocar en la capital de España una carnicería a la libanesa.

Lo que pretenden los terroristas no ofrece la menor duda. Quieren que cunda el miedo y la desmoralización en la población, para que ésta acabe reclamando de las fuerzas políticas y del propio Gobierno que hagan las concesiones políticas que sea, con tal de acabar con esta escalada de horror y de muerte. En palabras de Aznar: buscan que «doblemos la rodilla».

No cuentan con que, en sus 23 años de existencia, la democracia española ha alcanzado ya una solidez que está muy por encima de sus capacidades de desafío.

La ha adquirido, además, superando pruebas mucho más graves que ésta de ahora. Sobrevivió a la barbarie combinada del terror ultraderechista y ultraizquierdista de 1977 y 1978; soportó el bienio negro de 1979 y 1980, que supuso 162 y 100 muertos, respectivamente, casi todos víctimas de la propia ETA; se mantuvo firme ante las sucesivas intentonas golpistas y ante el frustrado golpe de Estado del 23-F; no se dejó corromper por el terrorismo de Estado...

LA DEMOCRACIA VENCERA. Ahora mucho más fuerte y más asentada que nunca, la democracia española superará esta nueva prueba.

No lo expresamos como un mero deseo, sino como una plena certeza.

Si tenemos la seguridad de que será así es porque nos consta que los terroristas representan una opción sin viabilidad política alguna. Sus delirantes propuestas cada vez cuentan con menos soporte social. Pueden constatarlo en Navarra, donde la causa nacionalista, entre el Pacto de Lizarra de los unos y los tiros de los otros, no hace más que sufrir reveses electorales y va a marchas forzadas camino de la marginalidad.

La sólida estructura democrática de España se asienta en estos momentos en dos grandes partidos cuyo entendimiento en materia de lucha antiterrorista es ejemplar. La casi totalidad de las demás fuerzas políticas están en posiciones de fondo igualmente firmes. Ante la violencia, nuestra democracia constituye un bloque granítico, insuperable.

Establecido eso, todo lo demás es cuestión de tiempo. Del tiempo que las Fuerzas de Seguridad del Estado tarden en encontrar el hilo conductor que les conduzca hasta la cúpula etarra y a sus comandos.

Pagaremos un precio en vidas y en sufrimientos, pero no hay otra vía. Sus causantes irán a la cárcel.

Irán a la cárcel no sólo los que empuñan las pistolas, sino también cuantos violen la ley para darles cobertura. Ayer, la Fiscalía de Bilbao se querelló contra Arnaldo Otegi por apología del terrorismo. El se lo ha buscado, pretendiendo que los que ponen bombas son «compañeros» y «patriotas que luchan por el país». Esperemos que la querella derive en sumario, que Otegi sea juzgado y, si se le encuentra culpable, que cumpla el castigo que el delito merezca. E, igual que él, las dos concejalas de San Sebastián que participaron en una manifestación en la que se gritó a la portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento donostiarra, María San Gil: «¡San Gil, vas a morir!».

Nadie lo dude: cuando se tiene la mayoría y la razón, se vence. Antes o después.

Arzallus, responsable
EDITORIAL La Razón 10 Agosto 2000

El asesinato, ayer, de un subteniente del Ejército, ha añadido un nuevo crimen a la mayor ofensiva terrorista que se recuerda desde el trágico final de los años setenta. La recuperación de la capacidad asesina de la banda Eta tiene, sin embargo, causas diferentes a las de aquellos años en los que la democracia se inauguraba. Desde entonces, Eta había sido progresivamente replegada por la fuerza de la consolidación de las instituciones democráticas, por el rechazo social, por el apoyo trabajosamente logrado en los países de nuestro entorno que servían de santuario a los terroristas y por el pacto político de las fuerzas democráticas.

    Sin embargo, esta estrategia, que tuvo frutos que permitían concebir la esperanza, se quebró justo en el momento en que Eta estaba más debilitada. Porque ése fue el momento en el que, después de recibir serias amenazas por parte de los terroristas, los dirigentes del PNV cambiaron su línea política democrática, por la que defendían el nacionalismo sin poner en cuestión el Estado de Derecho; que defendían el autogobierno sin combatir el Estatuto por el que ellos mismos gobernaban en el País Vasco; y se lanzaron con armas y bagajes al «pacto abertzale», al frente nacionalista excluyente de los acuerdos con los partidos democráticos.

    Este giro, que se puso definitivamente de manifiesto con motivo, o con la excusa, de la tregua de Eta (en la que la banda intentó tomar un respiro y sacudirse la enorme presión a la que estaba siendo sometida) es responsabilidad de la dirección del PNV y, concretamente, de su presidente, Javier Arzallus.

    Bajo sus instrucciones, el PNV rompió el acuerdo democrático de Ajuria Enea, rompió sus acuerdos con el Gobierno de la Nación, desenterró del baúl las tesis más arcaicas del independentismo de su enloquecido fundador y se lanzó en brazos de los grupos políticos que componen la cobertura política de Eta.

    Arzallus intentó vender ese salto hacia ninguna parte como una forma de traer al redil democrático a los hijos pródigos de la «izquierda abertzale». Pronto se descubrió que era falso. Que había firmado acuerdos secretos con el objetivo final idéntico al sostenido por los terroristas: la llamada construcción nacional, el montaje de un Estado que nunca existió, desgajando parte de España y Francia. Arzallus se había lanzado ya a un sueño de poder, donde ilusoriamente pensó que podía doblegar a sus compañeros de viaje. Naturalmente, no fue así, sino más bien al contrario. Fueron éstos, con la fuerza de las armas, los que empezaron a llevar del dogal al PNV, ora recriminándole su falta de entusiasmo con la causa patriota, ora amenazándole con represalias para que no se le ocurriera arrancarse el yugo en el que los mismos peneuvistas se habían introducido.

    Ahora, Eta (y HB) no disimulan sus pretensiones. Han marcado una línea para la confrontación civil en el País Vasco. A un lado deben situarse los nacionalistas. Fuera, los enemigos. Los que duden, serán objetivo de las armas, porque Eta no puede permitir ninguna vacilación en su fanática causa. Por eso, las balas empiezan a silbar junto a los oídos nacionalistas, para llegar muy cerca de ellos: a gente próxima a sus tesis, como el ex gobernador Jáuregui o el empresario Korta.

    De esta situación de callejón sin aparente salida en que nos encontramos, el máximo responsable político es Arzallus. Porque, acuciado por el miedo, ha quebrado la unidad de acción democrática, porque ha buscado la ruptura del consenso social, porque ha tensado a la opinión pública vasca y porque ha dado una vía de escape a los radicales independentistas: la vía de conferirles una legitimidad que ya nadie les ofrecía. La legitimidad de considerarlos «interlocutores políticos». La legitimidad de ofrecerles una asociación de Gobierno en el País Vasco. Y la legitimidad, en suma, de compartir con ellos un foro nacionalista excluyente en torno al malhadado Pacto de Estella.

    Es el Pacto de Estella el que ha dado fuerza a Eta para volver a empuñar las armas, pensando que tiene en su mano la victoria, porque ha superado el mayor problema que toda banda terrorista tiene: su aislamiento, el desprecio colectivo.

    El sueño nacionalista de Arzallus, como en el mito de Frankenstein, ha recuperado un monstruo cuando pretendía resucitar una idea megalomaníaca de poder.

    La cuestión está ahora en saber si se puede desandar el camino. Si en el entorno de Arzallus alguien puede recuperar la sensatez. Si Ibarreche sólo es capaz de diagnosticar que los etarras son «alimañas», o si puede pensar un poco más, hasta darse cuenta de que él mismo está en el gobierno por los votos de esas alimañas.
    Para los demócratas del PNV, angustiados del horror que crece a su alrededor, es imprescindible acabar con el síndrome de sumisión al que les ha llevado Arzallus. Si él no puede rectificar, que sean otros, con coraje, los que lo hagan por él. Si no, la tragedia seguirá asolando al País Vasco, a España entera.

Eta, el enemigo del pueblo vasco
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 10 Agosto 2000

Por fin, un dirigente del PNV, ha dicho toda la verdad. Y con tal emoción y sinceridad que ha conmovido a la opinión pública. Román Sudupe, diputado general de Guipuzcoa, declaró ante las cámaras de televisión que «Eta ha matado a un abertzale, ha atacado la línea dura del nacionalismo. Eta está contra el País Vasco, es el enemigo del pueblo vasco».

    La pura verdad. Si Eta no existiera, las tres provincias vascongadas estarían hoy a la cabeza de España en renta per cápita. Las inversiones nacionales y extranjeras cubrirían el entero País Vasco y el turismo, sobre todo el nacional, devolvería su esplendor al veraneo en aquella región privilegiada. Pero Eta quiere destruirlo todo porque sólo puede triunfar sobre los escombros. Cuanto peor, mejor para los terroristas.

    En 1995, Eta amenazó a los dirigentes del PNV con matarles si seguían en el pacto de Ajuria Enea, es decir, en el entendimiento constitucional con el resto de España. Arzallus y sus compañeros se acollonaron. Del miedo cerval, del sálvese quien pueda, ha derivado en gran parte el pacto de Estella y la estampía desde la Constitución hacia las posiciones etarras. Que maten a los dirigentes populares y socialistas, pero no a los peneuvistas, esta es la cuestión. Arzallus se convierte así en el gran responsable de la situación actual, al fracturar el pacto de Ajuria Enea que significaba el frente común de los partidos demócratas frente a los proetarras. Hace dos años el PNV no podía gobernar con el apoyo de los escaños de HB o EH. Ahora sí. Ahora lo está haciendo.

    Por eso la declaración de Román Sudupe, miembro destacado del PNV, tiene extraordinaria importancia. El dirigente nacionalista sabía muy bien lo que decía. «Korta obedecía instrucciones. Fui yo el que exigí a los empresarios que no pagasen a Eta. Soy el responsable. Que me maten a mí». Impresionante declaración. Eta es, en efecto, el enemigo del pueblo vasco. Y es imprescindible que eso lo empiecen a decir los dirigentes del PNV.

Lógica de lo peor
GABRIEL ALBIAC El Mundo 10 Agosto 2000

Clausewitz, 1830. Pero no es indispensable ser el más grande estratega moderno para saber cómo «la guerra es un asunto tan peligroso que los errores debidos a la benevolencia son los más graves de todos». Decir sensiblerías tras una operación mortífera puede dejar en el alma una tierna complacencia. De nada sirve para poner en pie táctica eficiente alguna.

A la tragedia, la retórica suma debilidad. Y afirmar, como lo hizo anteayer una autoridad madrileña (a quien pagamos para, al menos, no ser imbécil), que «jamás en la historia la violencia ha acabado con la libertad» no es sólo un insulto a la inteligencia. Es, peor, una simpleza suicida. La historia de los hombres es, antes y más que nada, la historia de los muy ingeniosos procedimientos mediante los cuales la violencia ha triturado a su paso toda libertad y toda inteligencia. Ignoro si la autoridad municipal es tan joven como para no haber conocido los cuarenta años de dictadura franquista, que fueron exactamente eso. Eficientemente. La inteligencia -la libertad, que es lo mismo- emerge, en nuestra predadora especie, a fogonazos efímeros. La servidumbre es norma humana. Y la estupidez. Inteligencia y libertad, frágil anomalía.

La lógica de lo peor, que ETA despliega desde el fin de la tregua, es homicida y, verosímilmente, catastrófica. Pero es lógica. Matemática, casi. Y ningún estudioso del arte de la guerra -todo político debiera serlo, pues que no es la política sino guerra de despacho, guerra algebraica- puede ignorarlo. Salvo que esté apostando por su propia derrota.

«El empleo máximo de la fuerza no es de ningún modo incompatible con el empleo simultáneo del intelecto»: Clausewitz, de nuevo. O cualquiera. La identidad de una organización terrorista se juega en esa regulada oscilación entre retórica y muerte. A una fase de primacía retórica (negociación política) sigue necesariamente otra de primacía homicida (ofensiva militar): sus respectivas amplitudes oscilatorias son, por definición, simétricas. Quienes, desde el buen sentimiento o la necedad (ambos, lo mismo), proclamaron, durante la tregua, que ETA no mataba porque no podía, asumían un dislate táctico desastroso.

«La naturaleza de la guerra impide la concentración simultánea de fuerzas»: eso es todo. Eso era todo: economía de fuerzas. La política administra esa logística. La guerra -también ésta, de 32 años- «es una pulsación de violencia de fuerza variable». Perdurarán en su ciclo negociación y muerte: ambas son la guerra. Nada sugiere que nuestra generación atisbe horizonte a ese vértigo. La lógica de lo peor es hoy nuestro destino.

Carta a un joven etarra
Cristina Narbona La  Estrella 10 Agosto 2000

Quisiera entender por qué estás ahí, asomando tus rasgos todavía algo infantiles en esas fotos que distribuye la policía para que alguien pueda identificaros y frenar vuestra loca sed de muerte. Quisiera ser capaz de imaginar cómo te sientes, cuando la sangre de niños y de adultos todavía mancha las calles después de una de vuestras brutales actuaciones; si es que sientes algo, si no es que ni siquiera te detienes un momento a observar el dolor que causáis.

Hace muchos años, cuanto tú todavía no habías nacido, yo conocí en Roma a personas del entorno de ETA; el dictador todavía vivía y ejercía con crueldad su tiranía en un mundo donde no le amenazaban ni Garzón ni el Tribunal Penal Internacional, y en el que contaba con la inestimable ayuda de EEUU. En aquel momento, muchos compartíamos el objetivo de la democracia y de la libertad para España y por supuesto para Euskadi. Quizás por ingenuidad creíamos que en ese horizonte, del que hoy disfrutamos, la lucha de ETA dejaría de tener sentido. Pero tú eres hijo, sobrino o nieto de aquéllos que yo conocí, y no parece que te impresionen los cambios que ha registrado nuestro país en estos últimos veinte años. Seguramente te han enseñado, en la ikastola o en tu familia, a odiarnos a los que no compartimos tu credo de violencia, a vernos como enemigos dispuestos a hacerte daño, a no entender tus desconocidas razones para matarnos.

Te pido que te pares, aunque sólo sea un momento. Que pienses en tu propia vida, en el futuro que te espera, si no eres capaz de pensar en la vida de las personas contra las que has atentado o atentarás mañana. Que evites el dolor de tus hijos, si algún día los tienes, ante tu cuerpo destrozado por tus propias armas; que concedas a tu madre el alivio de una vejez más serena y a tus amigos, la posibilidad de compartir contigo el ocio y el trabajo. Párate: alguien ha activado lo peor de ti mismo, ese rincón del mal que duerme en el fondo de nuestras almas, esa oscura y ciega maquinaria que convierte a un joven en un torturador, en un asesino, en un violador. Párate y escucha las voces de los que todavía no hemos muerto y reivindicamos la vida, también para ti. El correo de Cristina Narbona

De cúpulas, subcúpulas y supercúpulas,  José María Korta, 'in memorian'
Ramón Tamames La Estrella 10 Agosto 2000

Catedrático de Estructura Económica (UAM)
Catedrático Jean Monnet de la UE La Estrella

El pasado 25 de mayo, en el Parque Tecnológico de Miramón, en San Sebastián, tuve ocasión de asistir a la presentación del libro "Estructura Económica de Guipúzkoa", editado por la Cámara de Comercio de dicha provincia, que tiene su sede en San Sebastián, y que preside Fermín Mendizábal, habiendo sido el coordinador de la obra Willy Gisbert, Gerente de dicha Institución.

Mi presencia en ese acto, en un espacioso auditorio lleno de luz del día y abarrotado de empresarios -y sentados a la mesa, además de los citados, Román Sudupe, Diputado General de Guipúzcoa; el Consejero de Comercio e Industria y Turismo del Gobierno Vasco, y portavoz del mismo, Josu Jon Imaz- se debió, sencillamente a que también estuve en la elaboración del referido estudio; como asesor de la Cámara, habiendo tenido el honor, además, de escribir un prólogo a una obra sencillamente impresionante, en la que a lo largo de 27 capítulos se hace un recorrido minucioso, actualizado y prospectivo de todas las actividades económicas de una de las áreas más emprendedoras, tecnologizadas, y prometedoras de la economía vasca y de España en general.

Traigo el anterior recuerdo a colación, porque aquél día tuve ocasión de departir con multitud de empresarios guizpuzcoanos, que en la copa de chacolí que se nos ofreció después de la sesión académica, comentaban los pormenores no sólo del trabajo recién presentado, sino también, lógicamente, de la situación económica; muy favorable para toda clase de emprendimientos, especialmente de cara al comercio exterior que tiene un peso cada vez mayor en la economía de todas las Españas.

Hoy los empresarios de Guipúzcoa, aquellos mismos con los que conversé en una tarde luminosa de la primavera donostiarra, se visten de luto y contienen su ira, al haber conocido la noticia de la muerte del que fue Presidente de su Asociación de Empresarios, ADEGI, José María Korta Uranga, quien a las 12.20 horas del martes 8 de agosto fue asesinado por medio de un coche-bomba instalado a la entrada de su empresa, en la villa de Zumaia. La fría crónica del suceso dice que "el cuerpo del Presidente de ADEGI quedó aprisionado entre los hierros de su vehículo, y cinco trabajadores de la empresa Korta tuvieron que extraerle, moribundo, para dejar de existir 25 minutos después".

A pesar de que vamos acostumbrándonos cada vez más a este tipo de sucesos, para los cuales ya es imposible encontrar calificativos nuevos, no podemos dejar pasar por alto lo que representa un asesinato en tierra vasca, que prácticamente se simultaneaba con una explosión en la madrileña calle de Platerías, por el mismo sistema del coche-bomba, con un saldo de once heridos, dos de ellos muy graves.

Pero centrándonos ahora en el triste suceso de Zumaia, para tratar de vislumbrar que hay detrás de este vil homicidio con todas las alevosías, que ha segado la vida de uno de los emprendedores más inteligentes de su país natal, podríamos decir que tiene una doble componente. Primero, de aviso a los demás miembros de la burguesía industrial, de que, si no pagan el mal llamado impuesto revolucionario, se está ante la posibilidad real de ser objeto de un tiro en la nuca, o de cualquier otro mecanismo tan miserable como letal. En segundo término, conociéndose públicamente las simpatías de Korta con el PNV, el aviso también va dirigido a los señores de este partido, incluso a su oficiante máximo, Javier Arzallus, para decirles bien a las claras que sus militantes y simpatizantes no van a tener bula, y que, por tanto, pueden ser objeto de toda clase de extorsiones y amenazas, seguidas de cócteles molotov, e incluso muerte; si no se avienen a los conocidos objetivos etarras de conseguir lo imposible con la violencia máxima.

Votad lo que más les duele" fue el eslogan de HB hace unos años, cuando para, creo recordar unas elecciones europeas, hizo campaña en todo el territorio español con esa contundente frase. Porque, efectivamente, lo que más duele en toda la piel de toro son HB y su secuaces de ETA, a los que ahora van unidos como corderitos camino del matadero los más obtusos componentes del PNV, de EA e incluso algún despistado de IU.

Pero no se crean que los asesinos de Korta van a conseguir sus propósitos. Con la Constitución en la mano, yo he dicho muchas veces que podría ponerse a referéndum la posible independencia del País Vasco. Pero eso exige la revisión constitucional del artículo 2, para introducir en él no sólo el derecho de la autodeterminación, sino más concretamente aún el de secesión. Y con esa revisión en proyecto, pudiera convocarse un referéndum para que la gente de las tres provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava, se pronunciara entre independencia y autonomismo. Así pues, si ese referéndum efectivo no lo piden los falsos abertzales, es porque tienen la seguridad de que semejante consulta se perdería irremediablemente. A menos que como propone el padre Arzallus, no pudieran depositar su voto, para decirlo rápido, ni los maketos ni los erderas, dos palabras peyorativas para referirse a los inmigrantes y a los que no saben o no quieren hablar euskera a todas horas, y que pueden ser, más o menos, el 70 por 100 del censo.

Pero incluso aceptando la hipótesis de que el resultado del referéndum fuera pro independencia, luego tendría que reformarse efectivamente el ya citado artículo 2 de la Constitución en los términos ya expresados. Para lo cual los artículos 167 y 168 del mismo texto, no dan verdadera opción, ya que sería necesario una mayoría de tres quintos, para empezar, en las dos Cámaras de las Cortes Generales, o de dos sextos en el Congreso. Y si tan difícil prueba se superara también, luego vendría un referéndum nacional ¿Piensa alguien que nuestro Parlamento va a votar entre un 60 y 66 por 100 a favor de la independencia del País Vasco? ¿Piensa alguien que los 30 millones de electores españoles podrían decantarse en una consulta popular por las secesión de las tres provincias vascongadas?

Naturalmente que no, y eso lo saben muy bien los Arzallus, los Eguibar, y los Otegui, y por eso no piden el referéndum, ni lo pedirán. Lo único que en cambio se les ocurre hacer, a unos, es asesinar; y los otros apoyar los asesinatos aunque sea con guante blanco. Por tanto, lo que ahora está montando ETA después de la tregua / trampa, es un intento de que el Gobierno se desespere y suspenda las garantías constitucionales, conforme al artículo 55 de la Constitución. Lo cual, con toda seguridad no va a hacerse, como se ha dicho repetidamente en estos días. Sería caer en una trampa definitiva, para convertir el País Vasco en lo que quieren los etarras: un infierno de terrorismo, marchándose gente de su territorio, intentando tomar el poder en medio de la confusión, y con una intervención policial que haría las delicias de los nacionalistas a ultranza para crear héroes y enturbiar más las pasiones. Un akelarre imposible de producirse en una de las regiones más prosperas dentro de una España cada vez más pujante en la Unión Europea.

Hay que prepararse para una guerra psicológica que todavía va a durar un cierto tiempo. Y que no va a verse facilitada su solución a menos que Ibarretxe deje de ser la correa de transmisión de Arzallus. El Lehendakari, podría disolver el Parlamento Vasco y convocar elecciones, pero el antiguo jesuita y profesor de Deusto, y su acólito Eguibar no van a permitir semejante cosa -por cuánto tiempo es difícil de saber, porque también en el PNV crecerán los inconformismos-, porque saben que las próximas elecciones las tienen, ahora mismo, más que perdidas. Y volver del poder a sus actividades privadas, sin ningún resto de respeto o salvaguarda por parte de ETA, sería para muchos peneuvistas como entrar en el purgatorio, pero camino del infierno.

Así están las cosas. "Me da lo mismo si atentan contra mí. Estamos quemando energías que jamás podremos recuperar", decía hace bien poco José María Korta. Ahora, su vida segada puede servir de símbolo para quienes quieran levantar la bandera de la insumisión contra las mendacidades y provocaciones de la cúpula del PNV, de la subcúpula de HB, y de la supercúpula de ETA.

Si no es delito, debe serlo
José Luis REQUERO ABC 10 Agosto 2000

España combate el terrorismo con el Estado de Derecho. Desde este punto de arranque, decir a estas alturas que Herri Batasuna o Euskal Herritarrok forman parte del conglomerado ETA no deja de ser una obviedad; ahora bien, de ahí a la incriminación de sus dirigentes y militantes, hay un trecho.

Políticamente, un dirigente batasuno será una parte de esa realidad poliédrica que es ETA, pero con el Código Penal en la mano, para perseguir esa estrategia de ese brazo político es preciso que sus actuaciones caigan en concretos tipos penales, colaboración o pertenencia a banda armada, o actos de provocación o proposición al delito.

La apología de un delito —aquí terrorismo— implica exponer o difundir ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o enaltezcan a su autor, pero para el Código Penal sólo es perseguible si constituye una forma de provocación y si por su naturaleza y circunstancias viene a incitar de forma directa a cometer un delito.

Los dirigentes batasunos son consumados expertos en declarar lo justo, en explicar la estrategia terrorista, identificarse con sus objetivos, hacer advertencias y enaltecer a ETA, pero sin incurrir en un supuesto de apología.

Que Otegi llame «jóvenes patriotas» a unos asesinos, o que en medio de atentados diga que el futuro del País Vasco «lo vamos a conquistar peleando y luchando» son declaraciones que ensalzan al delincuente y al delito, convirtiendo crímenes en una epopeya, pero ¿hay trascendencia penal? El Ministerio Fiscal o la autoridad judicial, que puede actuar de oficio, lo determinará.

Si no hay delito habría que tomar nota, hacer acopio de lo dicho en los últimos tiempos y reformar el Código Penal para que sean apología declaraciones más o menos sutiles o escurridizas.

Con su castigo no se erradicará el terrorismo, pero se incriminarán unas palabras insultantes, chulescas e hirientes para las víctimas, sus familias y el resto de la sociedad: se castiga el insulto del terrorista a sus víctimas. Y que no se nos diga que se castiga la libertad de expresión: con treinta años de terrorismo y cuando las víctimas se cuentan por centenares, no se puede ser débil. ¿Se habría tolerado en 1942 que en la BBC un londinense llamase «jóvenes patriotas» a los pilotos de la Luftwaffe?

Los enigmas del problema vasco
Manuel Martín Ferrand La Estrella 10 Agosto 2000

En los últimos días, realmente, no ha ocurrido nada nuevo; pero los acontecimientos relacionados con el "problema vasco", siempre dramáticos, se han sucedido con mayor vértigo y, de algún modo, aportan interpretaciones simbólicas que vienen a subrayar las razones y sinrazones que perfilan una situación repleta de enigmas. En un periodo de menos de veinticuatro horas han muerto cuatro etarras al explosionar el coche con el que, supuestamente, perpetraban un atentado, ha caído asesinado el empresario guipuzcoano José María Korta -de clara identidad nacionalista-, sólo la suerte ha evitado una nueva masacre en Madrid, en la calle Platerías -en la que, por cierto, Luis Roldán tenía alguna de las piezas de su mal adquirido "patrimonio inmobiliario"- y han matado a un subteniente en Pamplona. Ese muestrario de tristes sucesos nos invita a repasar algunos de los enigmas que se entretejen en el caso:

El enigma del PNV.- Sin duda, es el pintoresco partido fundado por Sabino Arana el punto en que convergen todos los demás enigmas y, al tiempo, el centro por el que han de pasar todas las soluciones del problema. Pero, ¿cuál es la razón que ha variado notablemente el rumbo de los muchachos que pastorea Xabier Arzalluz?. No resulta fácil de entender que un partido que, aún en su esencia nacionalista, aceptó el Estatuto de Guernica como sostén fundamental de su acción política cambie, de repente, de actitud y estrategia para dar el inmenso salto que va del Pacto de Ajuria Enea al de Estella.

Hace unos meses, unos cuantos periodistas comíamos en Madrid con Arzalluz. El presidente del PNV, acompañado en aquella ocasión por Iñaki Anasagasti, trataba, muy apostólicamente, de exponernos sus razones para la permanencia de su partido en Estella en contra de la demanda de los partidos "españolistas". Repitió varias veces algo ya dicho por él mismo y por el lehendakari Ibarretxe: su coincidencia en los fines, aún discrepando en los medios, con lo que, para entendernos, llamaremos el mundo de HB. ¿En que gozne giró esa puerta? El PNV siempre ha sido, por esencia, separatista, pero sin fecha. Sin prisas. Supo ver, tras la Constitución del 78, que el Estatuto de Guernica abría puertas al autogobierno y que, de hecho, el País Vasco goza de unos niveles de autonomía representativa, legislativa, económica y política que no se dan en ninguna de las regiones que, dentro del mundo civilizado, aspiran a la independencia. Quizás algún día sabremos cuál fue la causa que desató el efecto "soberanista" que cambio el rumbo histórico del PNV.

El enigma del Gobierno.- Aunque no sea "por primera vez", como ha dicho recientemente José María Aznar, el Gobierno hace lo que puede y debe, con las facultades que le confiere la Constitución, para luchar contra ETA. Algunos le acusan de "poco predispuesto al diálogo"; pero, ¿cabe el diálogo en las actuales circunstancias?.

El enigma del PP.- La figura del ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, excita especialmente a los nacionalistas vascos. En el personaje coinciden tres figuras superpuestas: la del ministro, la del verdadero líder vasco del PP y la del posible candidato a lehendakari en unos próximos comicios. Cuanto más difícil y tensa es la situación, más difícil resulta separar cualquiera de ellas de las demás. El derecho del PP a presentar a Mayor Oreja como candidato en unas elecciones autonómicas es inalienable; pero, ¿fue un acierto anticipar esa posibilidad? No se puede ignorar, por otra parte, que el PP ha sido destinatario de una saña especialmente rabiosa por parte de los asesinos etarras y que las víctimas del partido resultan dolorosamente abundantes.

A estas tres familias de enigmas se podrían añadir los que proporciona la viscosa actitud de IU en el escenario vasco; el de EA, partido convulso tras su escisión del PNV y, más todavía, tras la retirada de Carlos Garaikoetxea; el de la resistencia de la sociedad vasca, nacionalista o no, ante un estado de cosas verdaderamente insufrible; el de los efectos económicos que pueda generar, y genera, el permanente estado de incertidumbre y alteración del orden público; el de la clase empresarial, crecientemente asustada; el de la actitud, no homogénea, del clero vasco y alguna de sus jerarquías y, por supuesto, el que encierran ETA y sus acompañantes políticos, los "patriotas y compañeros" que dice Otegui.

Ante tal acumulación de incógnitas, demasiadas para un solo problema, no queda más remedio que recurrir al pesimismo de Nicolás Maquiavelo: "Los príncipes y las repúblicas deben contenerse con la victoria, porque cuando aspiran a más, generalmente pierden". Son demasiados también los que piensan que van ganando en este asunto en que, si no perdemos el sentido de la orientación, vamos perdiendo todos.


Euskadi y las palabras
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo  10 Agosto 2000

Produce hoy el País Vasco una angustiosa sensación de delirio y barbarie. Entre el desastre y la más primitiva locura colectiva. Hasta ahí el desahogo y la imagen externa de un país que están devastando...

Pero existe un punto elemental del que -ante mi estupor- todos parecen huir: encarar las palabras. Y sólo con ellas se hallan verdaderas soluciones. Arzalluz (y otros del PNV) hablan últimamente de construcción nacional, eufemismo o circunloquio por independencia, camino hacia la independencia... Otegi (más claro) llama compañeros a los terroristas y habla a continuación -podrá decir que metafóricamente- de que hay que seguir luchando... La clave la da finalmente un militante o simpatizante de EH con una pancarta que dice Euskal Herria: libertad. Por ahí habría que empezar. Y mucha gente ignora y sufre porque casi nadie habla con claridad (el PNV en esto alcanzó maestría) y el propio Gobierno parece negarse a coger el toro por los cuernos.

Para los sanguinarios de ETA y para sus obtusos compañeros de EH, el País Vasco (español y francés) es un territorio sometido por una potencia colonizadora -o por dos- de la que hay que liberarlo. Esto puede ser -y lo es- un error histórico. Pero sobre todo un error presente: Pues en una sociedad libre, donde no es delito pedir pacíficamente la independencia, la lucha armada pierde razón y se vuelve puro asesinato. Por ello hay que decirlo muy claro. Los independentistas vascos se han vuelto criminales a secas no por ser independentistas, sino porque nadie les impide pedir libremente esa independencia. Están llenos de rabia, intolerancia y odio. Y ¿de dónde les viene? Precisamente de ver que muchos otros vascos -que para ellos no lo son- no desean tal independencia, ni siquiera bajo el nombre de construcción nacional. Y ahí nace el delirio. El que no quiere la independencia no es vasco. Y por tanto (ya en la locura nazi) hay que echarlo o matarlo, igual que a los opresores. En ese instante los independentistas vascos se convierten, sin más, en primitivos nazis vascos. Pero hay que hablar con palabras nítidas. No sólo condenar el terrorismo, sino explicar su error. Y la culpabilidad de cuantos han caído, con bombas o pactos, en hacer que veamos al pobre País Vasco con una angustiosa sensación de caos y barbarie, entre el desastre y la más primitiva locura colectiva.

Sudupe
ERASMO El Mundo  10 Agosto 2000

Este hombre, desde el llanto, en sublime acto, cercano a la autoinmolación, muestra su heroísmo inconcebible con la normalidad de quien camina. Esa gente, la pancarta, ese Savater que grita ¡Fuera!, rescatan la extraviada dignidad de todos: nunca tantos debieron tanto a tan pocos. Ibarretxe sigue exigiendo a ETA que deje las armas. Convoca manifestación para que amanezca más temprano.

Colaboracionismo dialogante
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón   10 Agosto 2000

El enfrentamiento entre el nacionalismo vasco, sin distingos ni etiquetas clasificatorias, y el Estado democrático, ha llegado al punto previo al conflicto civil abierto.

    Las descalificaciones insultantes de los dirigentes peneuvistas hacia el ministro del Interior, la absoluta ausencia de interlocución entre La Moncloa y Ajuria Enea y la loable y rotunda sinceridad del presidente del Gobierno central al referirse a la ruta suicida emprendida por Javier Arzallus y sus acólitos, dibujan un escenario de tensión inédito en la historia reciente de nuestra democracia.

    Late en el aire la impresión de que falta muy poco para que la sociedad vasca se encienda toda ella como leña seca en un desgarramiento incontrolable y fratricida.

    Ante semejante panorama, la elección del camino correcto desborda la estricta conveniencia política para transformarse en pura y dura supervivencia.

    A lo largo de las últimas dos semanas, y mientras las espadas estaban cada vez más altas, hemos podido asistir a dos errores graves en el campo socialista, uno bienintencionado y disculpable, parece que afortunadamente en vías de solución, y el otro simplemente abyecto.

    El primer error, cometido por la nueva Ejecutiva del PSOE, ha consistido en distinguir entre el apoyo al Gobierno Aznar en el campo de la lucha antiterrorista, que está siendo sin duda firme e inequívoco, y la discrepancia en lo referente a la estrategia de relación con el PNV.

    Inicialmente, la recién estrenada cúpula socialista se empeñó en separar ambas cuestiones y en insistir en la necesidad de que el Partido Nacionalista Vasco vuelva al lado de los demócratas rompiendo los siniestros lazos que lo atan al Pacto de Estella.

    Esta voluntad de evitar el «seguidismo» respecto al Partido Popular y el «acoso» al PNV pronto se ha visto recompensada por un variado surtido de coces en el delicado estilo característico del Euskadi Buru Batzar, hasta el punto de que José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo se han visto obligados a reconocer implícitamente la necesidad de la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas como única medida viable para salir del actual atolladero.

    El segundo error es de otro orden y no presenta visos de ser corregido. Determinadas figuras socialistas, Jordi Solé Tura, Odón Elorza, José Luis Úriz y Daniel Arranz, se han pronunciado, todavía caliente el cadáver de Juan María Jáuregui, a favor del diálogo con la izquierda abertzale y con la propia Eta como la solución deseable del problema vasco.

    Esta llamada a la negociación con el crimen organizado, inasequible al desaliento e impermeable a la sangre derramada, ha venido acompañada de feroces críticas a la gestión de Jaime Mayor y de repulsivas acusaciones al Partido Popular de buscar en estos dramáticos momentos la satisfacción de sus intereses electorales.

    Cuando un catedrático de Derecho Constitucional y ponente de nuestra vigente Ley de leyes compara la acción subversiva de una banda fascista contra un Estado plenamente democrático con el contencioso secular entre Irlanda e Inglaterra, cuyas raíces históricas, políticas, religiosas y sociales no tienen nada que ver con la aberrante empresa racista y fanática fundada hace un siglo por Sabino Arana y continuada hoy por sus herederos batasunos y piadosos aliados de Sabin Etxea, cualquier persona sensata y honrada no sabe si sentir vergûenza ajena o dejarse llevar por la indignación.

    Y cuando un antiguo gobernador civil equipara al Partido Popular y a Euskal Herritarrok en nivel de intransigencia, la conclusión es que el horror que viven cotidianamente los ciudadanos vascos afecta hasta tal punto la capacidad de discernimiento de algunos que sólo queda cubrir sus disparates con el velo de la piedad.
    Si alguien hubiese sugerido en pleno holocausto judío a cargo de los nazis el diálogo como la mejor vía para apagar los hornos, hubiera provocado el mismo estupor y el mismo rechazo que hoy desata tanto colaboracionista dialogante.

    Si el miedo resulta invencible, y es humano dejarse dominar por el terror, lo más digno es callarse y dejar que hablen y actúen los que saben sobreponerse y cumplir con su deber.

Contra la impunidad
Editorial ABC 10 Agosto 2000

Nueve muertos en apenas ocho meses, coches-bomba, atentados fallidos y violencia callejera desatada es el balance acumulado por ETA en lo que va de año. Todavía, ni el Partido Nacionalista Vasco ni Eusko Alkartasuna han hecho una ruptura pública e indubitada del acuerdo suscrito con ETA hace dos años, origen del pacto de Estella y demás feria soberanista montada para la construcción nacional de Euskal Herria. La realidad no admite interpretaciones benévolas sobre las conductas y las palabras de los dirigentes nacionalistas. Lo que cuenta es que en agosto de 1998 se comprometieron con ETA a romper sus relaciones con las fuerzas no nacionalistas y, en consecuencia, pactaron con Euskal Herritarrok un acuerdo de legislatura que dio a Ibarretxe la presidencia del Ejecutivo vasco. Fuera de las instituciones —y para desvitalizarlas— impulsaron órganos de apariencia soberanista, como embriones de la independencia del País Vasco, ampliamente financiados con fondos públicos. En su esencia, este esquema estratégico sigue vigente y es lo que hace de las propuestas nacionalistas de «diálogo» y de las mesas para la «paz» la mayor mendacidad de la política vasca, que sólo sirve para dar un poco de aire a Ibarretxe y colgar al Partido Popular la vitola de la intransigencia.

Dialogar, ¿con quién y para qué? Es evidente que el concepto de diálogo que maneja el nacionalismo parte de la conformidad con el mantenimiento de la violencia y quiere llegar a un resultado satisfactorio para sus pretensiones políticas. Sólo así se explica que el PNV ofrezca dialogar —sin concretar el qué ni el para qué— y al mismo tiempo mantenga el entendimiento en las políticas de fondo con la izquierda proetarra, pues, como dijo Eguibar —lo que diga Ibarretxe resulta irrelevante— «PNV y HB se necesitan». Ningún partido democrático puede entablar diálogo con una formación que, como el PNV, siente la necesidad de mantenerse asociada con otra que apoya la actividad terrorista de ETA, tal y como expresó Otegi al calificar a los cuatro etarras muertos el lunes como «jóvenes patriotas».

Como nada cambia en el inframundo de la violencia, ayer ETA volvió a asesinar. Uno de sus sicarios disparó tres tiros a Francisco Casanova, subteniente del Ejército, cuando llegaba a su domicilio, situado en la localidad de Berriozar (Navarra), a cinco kilómetros de Pamplona. ETA está inmersa de una convulsión homicida que sólo tiene como objetivo inmediato causar el mayor daño posible a la sociedad española, buscando un abatimiento de su voluntad que obligue al Gobierno a cambiar su política de firmeza. La respuesta a la embestida etarra debe ser la aplicación de la ley —y sólo de la ley, como declaró el presidente Aznar— con toda su dureza y la conservación de la serenidad, porque nada agradaría más a ETA y a ciertos dirigentes nacionalistas que el Gobierno popular cometiera un error o incurriera en un exceso de cualquier clase en la lucha antiterrorista, para hipotecarlo como ya hicieron con Gobiernos anteriores. No obstante, junto a esta estricta sujeción a la legalidad, también es preciso emplazar al Gobierno para que incremente, cuanto sea posible, dentro y fuera de nuestras fronteras, la presión política y policial contra ETA y su entorno, que en los últimos días ha hecho auténtico alarde de impunidad al amenazar repetidamente de muerte a quienes mañana pueden ser víctimas de la organización terrorista.

ETA está aprovechando el período de vacaciones para reducir la tensión de la respuesta social a sus crímenes, y esto es peligroso. Por eso, el Gobierno debe seguir dando a la sociedad española, ahora más que nunca, el amparo de un liderazgo visible y tangible, sin alarmismos innecesarios pero con la contundencia que el presidente José María Aznar ha instalado en el discurso sin fisuras de un Gobierno democrático que no está dispuesto a abdicar ante el terrorismo.

El diálogo letal
Por José Antonio Zarzalejos, Director de ABC   10 Agosto 2000

LA organización terrorista ETA «acumula fuerzas», en expresión propia de su jerga, no sólo cuando asesina y destruye, sino también cuando consigue que, para evitar la barbarie que provoca, se reclame el diálogo con los verdugos desde el mismo entorno de las víctimas y desde sus aliados políticos, es decir, desde el nacionalismo vasco. Las bombas de unos y los discursos de otros pretenden, acaso con motivaciones diferentes pero en comunidad de fines, un mismo objetivo: el desistimiento social y la rendición moral de aquellos que encarnan las instituciones democráticas. La ofensiva terrorista que padecemos -en la que ETA ha perdido a cuatro de sus pistoleros- lograría su propósito si se admitiera como razonable la argumentación según la cual habría que dialogar «sin límites» con los asesinos para que dejen de serlo. Tesis que los ciudadanos, cansados y hastiados, podrían asumir si cundiera en la sociedad el desánimo, la desconfianza hacia la consistencia de los mecanismos de prevención y represión del Estado de Derecho o, en el peor de los supuestos, alentase la tentación de renunciar a la vigencia de las libertades constitucionales y estatutarias en el País Vasco, abandonando a su suerte a cientos de miles de vascos que extraen su fortaleza de la solidaridad nacional.

Los crímenes de ETA están creando una sensación social de angustioso agobio. Sin embargo, España ha padecido coyunturas todavía más dramáticas que las actuales y los españoles las hemos superado. ¿Qué ocurre entonces? Algo tan sencillo como perverso: que el discurso terrorista se ha incrustrado en el entramado institucional vasco; que el nacionalismo vasco que otrora estuvo con las víctimas -Pacto de Ajuria Enea de 12 de enero de 1988-, se ha decantado por la vinculación política con el entorno de los que asesinan y destruyen y con los que comparten una supuesta «construcción nacional» cuya verosimilitud depende de la sangre que se derrame para conseguirla. Lo decía Arnaldo Otegi con plena impunidad: la «normalidad» en el País Vasco llegará cuando la muerte sea un hecho meramente biológico y no político. En tanto esa «normalidad» no llegue al País Vasco -es decir, la autodeterminación, o la independencia, o la instalación de la dictadura «abertzale»- la muerte de las víctimas trascenderá al hecho físico para perfilarse como una consecuencia inevitable del «conflicto».

El asesinato de José María Korta -«uno de los nuestros», según el ex presidente del EBB del PNV y actual diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe- es una brutalidad instrumental que poco importa haya afectado de manera especial a la familia «abertzale» porque el sentimiento patriótico de la víctima deja de transformarse en salvoconducto cuando la militancia nacionalista no se corresponde con el esquema «revolucionario» de los terroristas. Si Korta -nacionalista o no, irrelevante a los efectos de su «ejecución»- presidía una organización empresarial que aconsejaba no pagar el chantaje y participaba en una declaración en la que se instaba a los poderes públicos a defender «sin fisuras» el marco legal de nuestra democracia- las razones para explicarse su «eliminación» por los «compañeros, jóvenes independentistas» de ETA -según versión, también, de Arnaldo Otegi- resultan obvias. Como son moralmente escalofriantes las declaraciones posteriores al asesinato que atribuyen a este crimen una cualificación distinta a la de otros cientos anteriores. ¿Acaso ETA es, tras asesinar a Korta, un sobrevenido «enemigo de Euskadi» y no lo era cuando asesinó a Predosa, o a Buesa o a López de Lacalle o Martín Carpena? ¿O no lo fue ayer cuando descerrajaba tres tiros en la nuca al subteniente Francisco Casanova en Berriozar? El drama para el nacionalismo -que lo es también desde otra perspectiva para el conjunto de los españoles- es que se ha introducido en una espiral diabólica en la que no hay más salida digna que la transformación de la actual complicidad por el enfrentamiento con ETA a riesgo -y a riesgo cierto- de que, esta vez sí, los terroristas amplíen la «socialización» en el reparto del sufrimiento y baleen a los militantes del partido de Xabier Arzalluz. Hipótesis que su adlátere, Joseba Egibar, se ha encargado de descartar terminantemente: PNV y EH se necesitan. Cierto: han unido sus destinos más allá de lo reversible. El nacionalismo hizo el boca a boca a ETA y EH en Estella y la «criatura» se les ha ido de las manos.

La introducción de la impunidad terrorista en el sistema institucional -EH recibe fondos públicos a través de sus concejales y parlamentarios; las Diputaciones sufragan los gastos de la sedicente asamblea de municipios y los proetarras son los árbitros de la estabilidad de la legislatura en Vitoria- es, en definitiva, lo que hace esta situación particularmente insoportable. A lo que hay que añadir el doble flujo de «fuerzas» que ETA arroja al Estado: sus crímenes y la demanda de diálogo con los asesinos que los nacionalistas, con o sin muertos «abertzales», lanzan con una perseverancia que si no fuera tan perversa parecería mera simpleza política. Al Gobierno hay que reclamarle la defensa eficiente del Estado, de la integridad de la vida y el patrimonio de los ciudadanos. Pero no ese diálogo que sería tanto como instarle al desistimiento; a empujarle a empellones de indignación y hastío a rendir la ley ante la barbarie. Porque ese diálogo -como enseña la Historia en tantas ocasiones- resultaría tan colectivamente letal como una bomba o un disparo en la nuca.

Escalada
Por Ramón PI  ABC  10 Agosto 2000

TODOS los periódicos de circulación nacional publicaron ayer sendos editoriales a propósito de la escalada de violencia de ETA, que titulan en sus portadas a veces relatando lo que ocurrió la víspera, y a veces ofreciendo una visión general («ETA intensifica su brutal ofensiva», ABC, «Ofensiva total», El Periódico, o «Embestida etarra», La Vanguardia). Al haberse cometido el último asesinato (ya el penúltimo cuando escribo estas líneas, pero a los diarios de ayer no les dio tiempo de recoger el último, contra un subteniente en Berriozar) en la persona del presidente de la patronal guipuzcoana, también los tres diarios económicos, los de papel salmón, editorializan sobre el asunto: «Objetivo, el empresario» (La Gaceta), «Bombas de ETA contra todos» (Cinco Días), y «Que ETA no asesine la esperanza del pueblo vasco» (Expansión). Obviamente, la unanimidad es la tónica de esos editoriales, con los matices propios de cada periódico.

El Mundo («La aberrante lógica de HB y la “mutua necesidad” del PNV») dice que la «encendida loa de Otegi a los cuatro activistas muertos es poco menos que un prototipo de lo que el Código Penal tipifica como apología del terrorismo (...) Este es el mismo Otegi que hace unos meses era presentado por los dirigentes del PNV como un hombre “sensato”, “partidario del diálogo” y “deseoso de la paz”». En cuanto al PNV, sostiene que «es secundaria la división entre la democracia y la antidemocracia; lo es también la diferencia entre la libertad y el crimen: la división definitiva para el PNV -no lo decimos nosotros: lo afirma su portavoz autorizado- es la que existe entre nacionalistas y no nacionalistas. El PNV tiene ahí un dilema con el que no puede seguir jugando».

El País y El Periódico son los que se muestran más dolidos por lo que dijo Aznar de que es la primera vez que se combate al terrorismo con la democracia y el Estado de Derecho. El primero («Lo que es posible hacer») sugiere al PNV que hay que «dejar de deslizar mensajes como el de que HB y el PNV se necesitan mutuamente, como si el ideal nacionalista tornase irrelevante que unos consideren matar en su nombre y otros no (...) Otra condición es acabar con esa discusión absurda de las medidas políticas y policiales que el mundo de ETA interpreta como derecho a la impunidad; y una tercera, que los dirigentes políticos -con el presidente Aznar a la cabeza- no empeoren las cosas con afirmaciones tan irresponsables como la de arrogarse la exclusividad de combatir a ETA con las reglas del Estado de Derecho»El segundo («Desesperada ofensiva de ETA») dice a Aznar que «su talla política se empequeñece cuando hace esas afirmaciones días después de que un político ejemplar en la lucha antiterrorista como el socialista Juan María Jáuregui también haya sido asesinado; y que además pone en un brete a sus hoy correligionarios procedentes de la UCD».

Notables párrafos, que provienen de dos de los diarios que más se distinguieron en la defensa de Felipe González mediante el recuerdo del «Batallón Vasco-Español», y les parecía que hacer eso no empequeñecía nada. Pero en fin, así es la vida. A Diario 16 («ETA no va a ganar, nunca») también le parecen mal las palabras de Aznar, «provocando una polémica agria e innecesaria con el nuevo líder de la oposición socialista, que se ha ofrecido a colaborar de forma leal en la lucha contra ETA». El Periódico, en su editorial, también fustiga a Otegi, que «se quitó la piel de cordero con que ha pretendido engañarnos para calificar a los etarras de “patriotas” y “compañeros”». El Periódico ya se ha dado cuenta de que el Otegi-cordero era un engaño. Albricias.

La Vanguardia («La ofensiva etarra») pone el acento en la inutilidad de los esfuerzos de ETA frente a la maquinaria legítima del Estado democrático: «Hay que prepararse para una campaña de terror que puede ser brutal. Sin embargo, ni el Estado ni la sociedad deben quedar inermes ante la saña de los asesinos. En medio de tanta tragedia aún se producen noticias positivas, como el procesamiento de 16 integrantes del aparato exterior de ETA ordenado por el juez Garzón. Los radicales pueden seguir proclamando cuantas bravatas quieran, ésa es la servidumbre y la grandeza del Estado de derecho, pero deben ser conscientes de que la maquinaria policial y judicial no va a descansar».

Del editorial de ABC de ayer («Situación insostenible») les recomiendo su relectura íntegra, porque doy por supuesto que ya fue leído por el lector de estas líneas. Todo lo contrario que el de Gara («Poner freno al dolor, con soluciones»), que se muestra muy apenado porque desde la noche del lunes hasta ayer hubo un «trágico resultado de cinco víctimas mortales», lo que le parece un «desgraciado paradigma de la situación política y social en que nos encontramos». Al asesinado de Zumaia lo mató ETA, a los terroristas de Bilbao los debió de matar el Hombre Invisible, que será un maketo de Madrid.

También era de los nuestros
JAIME IGNACIO DEL BURGO El Mundo   10 Agosto 2000  

Francisco Casanova era uno de los nuestros. Navarro, español, servidor de la paz en las Fuerzas Armadas. No había hecho mal a nadie. Vivía en Berriozar, cerca de su acuartelamiento, en un municipio donde gracias a la incapacidad de entendimiento de los demócratas se consiente un alcalde, en clara minoría, es decir, de los que consideran compañeros y héroes a quienes han acabado con la vida de uno de sus vecinos.

José María Korta también era uno de los nuestros, aunque no fuera mi amigo -porque no tuve el honor de conocerlo-, fuera abertzale y perteneciera a la línea dura del nacionalismo vasco. Como lo era Tomás Caballero, o los socialistas Buesa y Jáuregui, y tantos y tantos otros, políticos de cualquier signo, empresarios, funcionarios del Estado, miembros de las Fuerzas Armadas o de la Guardia Civil o de la Policía Nacional o de la Policía Autónoma Vasca, que desde hace 30 años han sido asesinados por la banda criminal.

ETA ha declarado la guerra total. Y hemos de responder con serenidad e inteligencia. Con serenidad, expresando nuestra plena confianda en quienes tienen la misión de luchar contra el terrorismo. Con inteligencia, para no dejarnos arrastrar hacia el precipicio de la confrontación civil que tanto desea ETA para poder demostrar que hay dos comunidades enfrentadas.

Debemos hacer frente, una vez más, al embate del terrorismo. Restableciendo la unidad de las fuerzas políticas. Haciendo ver al PNV que, por muy loables que fueran sus intenciones, han fracasado en el intento de conducir al mundo abertzale al terreno de la democracia. Intentando convencer a Arzalluz de que si de verdad ama a su Euskal Herria haría bien en olvidar su orgullo y rectificar si no quiere ser responsable de la destrucción del propio País Vasco.

Y mientras las Fuerzas de Seguridad persiguen a los terroristas y los ponen a disposición de la justicia, los demócratas y el Gobierno deberíamos hacer una urgente y profunda reflexión. ¿Hacemos todo lo que podemos? Bienvenidas sean las manifestaciones, los foros de libertad y la recuperación por la sociedad entera del espíritu de Ermua. Pero no basta. EH, nadie lo puede dudar a estas alturas, es una gigantesca máquina de delincuencia. No sólo da cobertura política a los terroristas, a los que considera compañeros y héroes de la libertad, sino que contribuye al mantenimiento del clima de agitación generalizada a través de eso que se ha dado en llamar kale borroka que no es otra cosa que una manifestación del terrorismo puro y duro.

Que quede claro que no pretendo «demonizar» las ideas abertzales sobre la independencia del País Vasco y la anexión de Navarra, amparadas por la libertad de expresión. Pero que, so pretexto de la defensa de tales ideas, se ejerza sobre la sociedad entera un grado inadmisible de coacción y de chantaje, eso no puede estar amparado por la Constitución. No es tolerable, en suma, que la garantía constitucional de los derechos y libertades fundamentales se convierta en un instrumento liberticida que amenace con socavar los cimientos del edificio democrático.

No van a conseguir ponernos de rodillas. No se trata de una frase grandilocuente, sino la expresión sencilla de una forma de ser, probada en las urnas desde que recuperamos la democracia. Defenderemos nuestro derecho a vivir como seres libres. Y lo haremos con las únicas armas de la razón y el Derecho frente a la cobardía moral de los asesinos y de sus complices y corifeos. Ahí reside nuestra grandeza.

Jaime I. del Burgo es diputado de UPN.

La otra mejilla
José A. SENTíS La Razón 10 Agosto 2000   

El Estado democrático de Derecho en España se ha convertido en la apoteosis del garantismo, lo que completa la mayor parte de mis sueños juveniles, cuando, ay, ni había Estado de Derecho ni garantías ni lecheros a las seis de la mañana. Seguramente, de todos los países occidentales, España es el más generoso con quienes la amenazan internamente. Sin duda, es por timidez, por no parecer tributarios de una dictadura, o por el principio de poner la otra mejilla cuando llega uno y te abofetea. Enorgullezcámonos, pues, de la caridad de nuestros gobernantes, que se cuidan muy mucho de sacar los pies del tiesto, y resisten las embestidas con talante de mártir.

    ¿Cuál es, en el fondo, la causa de esta pasividad ante las acometidas a los ciudadanos y al propio Estado? Yo creo que la identificación entre moral y política, sin discriminar que lo que a uno le parece moralmente inaceptable no tiene por qué ser políticamente ilegítimo. A nuestros gobernantes, de ahora y de antes, nunca les ha parecido mal intervenir en conflictos bélicos, si éstos tenían suficiente justificación, a su juicio, y a juicio de la mayoría que compone el poder Legislativo del Estado. Si, de resultas de esto, un F-18 español bombardeaba Serbia y mataba a doscientas personas, pues qué le vamos a hacer: son las reglas de la guerra. Estaba justificado, porque estaba apoyado democráticamente por los poderes legítimos del Estado. Nadie podría dudar que las reglas del Estado de Derecho se cumplían escrupulosamente, aunque fuera discutible la moral por la que alguien llega a decidir la muerte de su adversario.

    ¿Qué sucede con el terrorismo? En la hipótesis de que un Estado democrático, con el acuerdo de sus poderes, decidiera la batalla frontal (policial y judicial) ninguna regla de juego política se quebraría, como no se quiebra la democracia americana por tener pena de muerte, sino sólo su consideración moral.

    La razón por la que el Estado no se enfrenta de forma definitiva con el terrorismo, como han hecho otros países democráticos, es porque mezcla moral y política. Porque los gobiernos y las oposiciones, los parlamentarios y los jueces, entienden mejor para la perdurabilidad del sistema la resistencia ante algunas decenas de muertos que la confrontación directa y despiadada. Creo que tienen razón en su conclusión, aunque no en su argumentación, porque esto nada tiene que ver con la democracia como forma de Estado, sino sólo con la moral, como conjunto de valores. De ahí viene que la retórica política hable siempre de firmeza, pero no para combatir a los terroristas, sino para resistir pacientemente sus embestidas. Puede ser conveniente -lo es, de hecho- adornar al Estado con consideraciones morales, pero no se diga que el Estado democrático es incapaz de luchar contra sus enemigos. La democracia es una forma de organización política, no el Kempis.

Verano mortal
Por Jaime CAMPMANY ABC   10 Agosto 2000

El verano está en el País Vasco. No salimos de él, y otra vez hay que escribir de aquello y de esa banda del terror que nos tiene en jaque constante, allí y fuera de allí. Todavía sangran los heridos de la calle Platerías de Madrid, y está reciente el luto por José María Korta, y ahora me llega la noticia de un nuevo asesinato con la cobarde marca de la banda. Un oficial del Ejército, un subteniente llamado Francisco Casanova, ha recibido ese «saludo» de que habla el señor De la Sota en forma de dos balas «parabellum» disparadas por la espalda. Las noticias que genera el terror se atropellan. En muy pocas horas, el coche que estalla en Bilbao con los cuatro etarras dentro, el asesinato de Korta, la bomba de Madrid y el crimen de Pamplona.

Líbreme Dios de hacer la figura del viejo estratega de café o de decir esa frase a la que tan aficionados hemos sido siempre los españoles: «Esto lo arreglaba yo en veinticuatro horas». En el problema del terrorismo, cualquier medida extraordinaria que se adopte puede resultar una bomba política. Se trata, sin duda, de un problema enorme y delicado, y nadie sensato puede creer que tiene la solución en la mano. Ni siquiera es fácil saber si el tratamiento justo de la enfermedad debe tender a la operación quirúrgica de urgencia o a seguir aplicando con paciencia los paños calientes y los parches de Santa Rita. En estas circunstancias, resulta petulante, si no temerario, exigir medidas al Gobierno y mucho menos ofrecerle iniciativas. Pero que se aplique la ley, sí.

Parece claro que los etarras están forzando una medida enérgica del Gobierno para acusarle enseguida de autoritarismo, franquismo y fascismo. «Son como Franco», dirá enseguida Arzallus. Por otra parte, ¿qué importa lo que digan si lo insoportable es lo que hacen? Es evidente que lo que hacen unos y lo que dicen otros son acciones perfectamente acordadas. Todo es terror. Los tiros en la nuca de los compañeros del siniestro Rementería y las palabras de Arzallus y sus huestes políticas. José María Aznar acaba de decir que al terrorismo se le aplicará el Estado de Derecho con todas sus consecuencias. Pero incluso esa frase, tan obvia en cualquier situación, suena a extraordinaria, y parece difícil de cumplir y peligrosa de intentar.

No se engañen los políticos. Los demás españoles ya estamos todos al cabo de la calle. En el País Vasco y en el fenómeno del terrorismo no se aplica el Estado de Derecho. La ley, allí, no es igual para todos. Los delitos no reciben igual tratamiento, ni policial, ni legal, ni penitenciario. Repito que nadie está en posesión de la panacea contra el terrorismo vasco, pero las leyes deben ser cumplidas en todo el territorio nacional. Todos los españoles deben cumplirlas por igual. Y ya tendría que estar detenido ese sujeto llamado Otegui, cuyas declaraciones llamando «patriotas» a los cuatro etarras muertos es una flagrante apología del terrorismo. Detenido «con todas sus consecuencias».

Se habla de que la solución inmediata son unas elecciones anticipadas. Pues muy bien. Pero todos debemos ser conscientes de que en el País Vasco no hay elecciones libres, la democracia está aterrorizada, no hay seguridad ni libertad, impera la violencia y la amenaza. El terror se ha crecido y toma forma de chulería constante. Los terroristas, desde el fin de la falsa tregua, demuestran que hacen lo que quieren, como quieren, en donde quieren y en el momento en que quieren. Ante esta situación, la pregunta de cajón es inevitable: ¿Tiene remedios el Estado de Derecho para afrontar con ventaja este desafío de la guerrilla terrorista? ¿Ofrece la Constitución al Parlamento y al Gobierno armas eficaces contra esta locura insoportable? ¿A qué se espera?

El cuerpo sano y las células enfermas
Por M. MARTÍN FERRAND ABC   10 Agosto 2000

Afortunadamente, andan por aquí estos días Alfredo Bryce Echenique, John Hemming, Ian Gibson, Hugh Thomas y otros cuantos sabios no nacidos en España que dicen sobre ella cosas que nosotros, los españoles, no nos atrevemos a decir. No entran dentro de lo políticamente correcto. Según Thomas, por ejemplo, «así como la Guerra Civil española ha sido la mayor tragedia que ha vivido este país, la construcción del Imperio fue la hazaña más importante de su historia». La lástima reside en que entre la grandeza y la miseria no se pueda establecer una media proporcional.

En momentos como el que vivimos conviene repetir que España es una gran nación cuajada en los siglos, un cruce de culturas con el resultado de una nueva, mestiza y suma, que se ha proyectado en el tiempo por todos los rincones del mundo. Otra cosa es que algunos españoles sean perversos y que lo sean, precisamente, por no querer ser españoles. Pero, para aliviar su rabia, tendrán que reclamarle a Alfonso IX de León por haber creado en el siglo XIII la Universidad de Salamanca. O a los Reyes Católicos quienes, contando con un buen número de administradores vascos, le pusieron los cimientos a un siglo XVI inmenso y grandioso... ¡Qué sé yo! No se es español impunemente y hasta para dejar de serlo se debe contar con la implacable memoria del pasado.

Tras el corsé de la dictadura —tan torpe, tan poco elástico— nos dimos los españoles el alivio de una Constitución. Desde entonces se ha ido asentando una nueva democracia en España. Una democracia con la debilidad que, para consagrar la imprescindible libertad, tiene, y debe tener, el sistema: la protección y el cobijo a quienes la utilizan para acabar con ella; pero eso no es un error, es todo un punto de grandeza que, en sus excesos, deben corregir los jueces y la Policía. O las policías.

La catarata de acontecimientos negros que, en las últimas horas, han producido los «patriotas» y «compañeros» de Arnaldo Otegi son la prueba del nueve de que la cuenta democrática no está mal hecha. Incluso lo es la confusa turbación del PNV que, perdido el norte de Guernica —ellos sabrán por qué—, andan dando tumbos desde su tradicional independentismo sin prisas al sobrevenido soberanismo de urgencia. En una democracia es difícil la vida, e imposible la ambición de poder, para quienes no son demócratas. El cuerpo sano tiende a expulsar las células enfermas y los entes extraños. En ello estamos, aunque el proceso, como se ve, sea doloroso y largo en la escala de tiempo de las personas: insignificante en la cronología de las naciones. Esto, País Vasco incluido, es España: un país recio, capaz de vivir en la miseria y la aflicción y capaz también, con idénticos ingredientes, de alcanzar lo sublime. M. MARTÍN FERRAND


El pueblo no perdona
Por Javier Urroz Libertad Digital 10 Agosto 2000

“Herria ez du barkatuko!” (“El pueblo no perdona”) gritaban trescientos enérgúmenos –en ambas acepciones- convenientemente custodiados por la Ertzaina en la Gran Vía de Bilbao a las ocho y media de la tarde. Los ciudadanos se apartaban temerosos a su paso, haciendo comentarios de estupor por la osadía de quienes gritaban “Gora Eta militarra” entre tanta policía encapuchada cuando todavía el último asesinado de la siniestra organización no había tenido tiempo de ser llorado, ni enterrado.

Rostros encendidos de quienes proclamaban airadamente no querer “esta” democracia; e impotencia del ciudadano normal, no convocado, hastiado de la inutilidad de sus propias manifestaciones contra tanta barbarie. Los paseantes hubieran saltado con gusto sobre los que se manifestaban, a un padre lo cobijaba su hijo tratando de calmarle. Mientras, los provocadores nos insultaban a todos.

Trámites de puro formulismo administrativo sobre los líderes, decir cabeza sería demasiado, de los vociferantes, mientras en la calle subía la marea de la indignación y la vergüenza ante tanto oprobio. Pueblo vasco débil y generoso sometido a la mayor prueba de su no historia, ¿qué hacer con quienes sólo saben amasar con sangre los cimientos de su entelequia? Cordura y memoria: el pueblo perdona a quien lo merece; sólo dentro de la mafia no cabe el perdón.

El terror se acerca al PNV
Lorenzo CONTRERAS La Razón 10 Agosto 2000 

Las «alimañas» (¿cómo se dice en vascuence?) se han acercado al PNV. El asesinato de José María Korta ha sido calificado por Román Sudupe, diputado general por Guipúzcoa, como un ataque a la línea dura del nacionalismo. Tal vez no haya sido tanto, pero es importante que las bestias se dejen sentir en las proximidades. O que otros, como Sudupe, las vean llegar. Porque una de las claves de la lucha contra Eta es el sentimiento que los nacionalistas no terroristas experimenten sobre su verdadera situación. Cuando los dirigentes del PNV se percaten de que las alimañas no son buenos acompañantes en política, ni ahora ni en el futuro, comenzará a vislumbrarse el arreglo.

    Eta, con el asesinato de Korta, ha hecho algo más que intimidar al empresariado que no paga el «impuesto revolucionario». Ha matado dos pájaros de un tiro. Como suele decirse «dos por el precio de uno». Korta estaba en el radio del nacionalismo vasco. La banda ha invadido con sus artilugios destructivos el área de los objetivos improbables. No debería estar tan seguro Joseba Eguíbar cuando piensa en la intangibilidad de su partido. En la lógica de Eta está que el miedo se extienda. Y por mucho que el segundo de Arzallus crea en la simbiosis de PNV y HB, lo fundamental es lo que ha dicho Sudupe en un rapto de sinceridad dolorida: la banda es enemiga del País Vasco.

    Ahí está el intríngulis: en que esa hostilidad se vea y se asuma para adoptar las pertinentes actitudes. Cuando el problema vasco experimenta una crecida, Arzallus suele desaparecer. Deja hablar a otros para no verse atrapado por las palabras. El «ayatola» no tiene claros argumentos que esgrimir. Por eso ha callado en los últimos días, los días de la gran traca terrorista. Lo cual no significa que no aproveche, hoy mismo o mañana, la más mínima oportunidad para desplegar su pintoresca lógica de siempre.

    Eta, con sus hábiles abstinencias, le devolverá la locuacidad. No matará a Sudupe, por ejemplo, aunque el diputado general se proponga como objetivo. Mientras pueda, el PNV seguirá siendo utilizado. Todo por la patria. Por la patria vasca, por supuesto. Le interesa a Eta seguir con el sueño de la «construcción nacional». Le importa, y mucho, que Arzallus tenga motivos para callar cuando debe hablar y para hablar cuando debería callar.

    La mitología de la patria vasca ha estado en los labios pecadores de Arnaldo Otegui. Según él, los etarras muertos al estallarles la bomba que portaban, son, eran, compatriotas y compañeros. Puede que se le abra causa por el delito de apología del terrorismo. Pero Otegui no ha mentido. Es, él mismo, un equivalente de esos sicarios. O sea, un terrorista con bula para moverse sin peligro.

ETA, golpismo y nacionalismo
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Agosto 2000


Al asesinar de nuevo a un militar en Pamplona, ETA insiste en su estrategia de siempre: provocar una crisis institucional, un golpe de Estado militar que le permita presentar la situación del País Vasco y, no se olvide nunca, en Navarra, como una legítima guerra de guerrillas contra un vetusto imperio militar condenado históricamente a la derrota, el troceamiento y la extinción. El triunfo de ETA pasa por la destrucción de España, primero como país libre y luego como país. Exactamente lo mismo que en el País Vasco y Navarra. Su triunfo implica el sometimiento de todo y de todos al imperio del crimen. En España no lo han conseguido, entre otras cosas, porque el golpismo fracasó definitivamente el 23-F de 1981. Pero hace veinte años estuvieron cerca de lograrlo activando la resurrección de lo que supuestamente combatían: la dictadura franquista.

No todo han sido derrotas en la estrategia del terrorismo nacionalista. En el Pais Vasco, el golpe de Estado lo han conseguido a medias porque el PNV, EA y, no se olvide nunca, Izquierda Unida, se han comprometido con ese golpismo institucional al que llaman Pacto de Estella y que es exactamente eso: un golpe de Estado para acabar con la democracia y con España. Tambien con Francia, si se deja. Mientras no se vea con claridad que ETA es la rama criminal del Pacto de Estella, no se entenderá la importancia que reviste su mera existencia y, por tanto, la importancia de liquidarlo. Ahora es cuando la estrategia de Arzallus, Garaicoechea y Anguita reviste todo su significado. Ahora es cuando se ve con más claridad que nunca que el terrorismo es sólo una pieza más dentro del golpismo nacionalista e izquierdista contra las instituciones españolas. Es el modelo de 1934 que llevó a la Guerra Civil. Sólo falta el PSOE, clave de aquel desastre.

En los años 80, época a la que por la virulencia del terrorismo estamos volviendo, golpismo y terrorismo se alimentaban mutuamente. Ahora también, sólo que los golpistas no se llaman Milans del Bosch y Armada sino Arzallus y Egibar. No son militares, sino civiles y no son españolistas sino antiespañoles. Pero el mecanismo es parecido. Incluso el fantasmal "Elefante Blanco" de 1981 que decidiría el triunfo del golpe y la liquidación de la democracia en España no sería hoy un capitán general, sino un presidente de la Generalidad de Cataluña. El problema de fondo del terrorismo es el nacionalismo antiespañol, que ha sido y es un vivero de criminales, tanto en la dictadura como en la democracia, pero más en la democracia que en la dictadura. Mientras no se vea el separatismo como un problema, los terroristas seguirán teniendo un horizonte: el que presenta el separatismo como solución del terrorismo. No se puede derrotar policialmente a uno sin ganarle politicamente al otro. Y la prueba de que la independencia del País Vasco no soluciona nada está bien clara: Navarra. Un cadáver más nos lo demuestra. El que no ve por qué se ha derramado esa sangre inocente es porque no lo quiere ver. Hay muchos ciegos aposta.

Cada cual en su sitio
Editorial El País 10 Agosto 2000

PRECISAMENTE PORQUE el momento es tan grave como parece, es la hora de que cada cual cumpla con su deber sin aspavientos ni histerias: el Gobierno, dirigiendo la política antiterrorista con eficacia y criterios que favorezcan la máxima unidad democrática, evitando querellas absurdas por motivos partidistas; la oposición, apoyando y controlando la actuación del Gobierno legítimo y su resistencia frente al chantaje terrorista; la policía, persiguiendo y poniendo a disposición de la justicia a los terroristas y también a quienes insultan, agreden y amenazan a las personas que se manifiestan pacíficamente contra ETA; los jueces, aplicando la ley con sobriedad, y los ciudadanos, movilizándose de la forma más unitaria posible.

ETA asesinó ayer en Pamplona al subteniente Francisco Casanova, un día después de una jornada en la que había matado en Guipúzcoa e intentado hacerlo en Madrid, y dos después de que cuatro activistas murieran al hacer explosión su propia carga mortífera. La acumulación en pocas horas de noticias relacionadas con la violencia terrorista produce un efecto multiplicador del mensaje central buscado por los que ordenan matar: que pueden hacer lo que quieran, que no matan más porque no se lo proponen, pero que podrían hacerlo; que lo harán si no se atienden sus exigencias. Ese mensaje va dirigido a toda la sociedad.

Ofensivas como la actual eran frecuentes a fines de los setenta y primeros años ochenta. Una constante de ellas era el desconcierto y derrotismo que suscitaban en sectores de la población. La ansiedad social que genera la violencia se traducía en reacciones pasionales e improvisadas de políticos y particulares que lo mismo pedían la pena de muerte que exigían la negociación con los terroristas o directamente la aceptación de su programa. Las apelaciones a la unidad democrática eran compatibles con querellas absurdas entre los partidos, acusaciones de ineficacia al Gobierno de turno y la aparición, en casi todas las formaciones, de especialistas en soluciones milagrosas.

Seguramente ETA intenta ahora reproducir una situación como aquéllas. Es de lamentar que no existan marcos unitarios, como lo fueron los Pactos de Ajuria Enea y de Madrid, desde los que hacerle frente; pero la sociedad ha aprendido mucho desde entonces y sobre todo ya no es posible ninguna ingenuidad respecto a los objetivos de ETA: trata de coaccionar a los ciudadanos para doblegar la voluntad de las instituciones democráticas. Frente a ello no hay otra respuesta decente que la resistencia. Cada uno desde su puesto.

La locura de ETA, la locura del PNV
Por Ignacio Villa Libertad  Digital  10 Agosto 2000

Ya sabíamos del talante de ETA y su entorno. Ya conocíamos las maneras de los etarras. Ya habíamos sufrido la sinrazón de los terroristas. Pero ahora nos encontramos ante otro fenómeno cualitativamente mas grave. Vivimos la eclosión de una auténtica locura. Una locura animal.

ETA -así lo explican sus últimos asesinatos- ha entrado en una dinámica de descontrol, en una espiral demencial. La locura etarra tiene como principal característica el todo vale. A ETA le da ya todo igual: un militar, un concejal, un empresario o un coche bomba de efecto indiscriminado. Ciertamente era público desde hace tiempo lo que ETA perseguía; pero esta locura es ya sin duda una situación sin retorno.

Además, la locura de ETA, por lo que se ve, es contagiosa. El contagio tiene además nombres y apellidos: Arzallus, Egibar e Ibarretxe. Tres políticos que están llevando al PNV a la auténtica locura colectiva. La culpa es de ellos, pero también de tantos otros militantes nacionalistas que por el momento no han tenido el valor de decir a estos tres individuaos, que se están cargando el PNV, a costa de la salvación política personal.

ETA está loca. El PNV lleva el mismo camino. Enfrente están los demócratas enzarzados todavía en declaraciones y peleas pueblerinas y mezquinas. Ya no hay tiempo para más, la reacción de los demócratas debe ser inmediata. ¡Que nadie se olvide de que la locura es contagiosa! 

Las esperanzas de los asesinos
Tomás Fernández Auz es analista político El Mundo 10 Agosto 2000

Tiene razón Mayor Oreja cuando afirma que la mortal retórica etarra es producto de la desesperación. En medio del dolor, eso es lo único que nos anima: ETA ha perdido toda justificación y quebrado cualquier perspectiva.

Pero la prudencia llama a la desconfianza. «No nos pueden matar a todos», hemos dicho alguna vez. Y ETA se figura que no necesitará llegar a tanto. Su primera esperanza estriba en pensar que el peso de la sangre nos haga acceder a lo que imagina. Es la cordura lo que hace afirmar a Mayor Oreja que ETA está desesperada, pero los asesinos están locos y sus esperanzas, no por disparatadas dejan de ser letales.

Su segunda esperanza radica en saber que la democracia nunca actúa como un solo hombre. Si una sociedad opera monolíticamente es porque aparca los matices democráticos. ¿Es el pluralismo un freno? En este caso podría serlo, pues la cacofonía de las interpretaciones y el ruido de las contracríticas dificulta la firmeza. Ante una emergencia o -cuidado- ante lo que ETA quiere hacer aparecer como emergencia, la unanimidad y la rapidez de la respuesta son decisivas; lo que nos sitúa ante la tercera esperanza.

Todo ataque contra el derecho se ampara en alguna justificación. Desde la Guerra del Peloponeso hasta la del Golfo, la agresión se justifica siempre por un ataque previo. En nuestro caso, la justificación de ETA -que el País Vasco está oprimido- es alimentada por el PNV y EA. La presión desenmascara en los dirigentes peneuvistas ese trasfondo de antagonismo místico. Por eso llegan a decir que el asesinato del empresario Korta acaba con «uno de los suyos». ¡Como si esa afinidad supusiera una gravante para la aberración que es cualquier crimen! De momento, la solución pasa por persuadir al PNV de que un final jurídico para ETA no elimina la raíz política que asocia con la violencia. Si el PNV apoya la acción del Estado de Derecho -policial, porque no hay más alternativa-, no tiene que temer la dilución de la (supuesta) naturaleza política del «conflicto».

El PNV y EA deben decidir cuál es el orden de sus principios. Si anteponen el de la vida y la democracia a los de lealtad patriótica o construcción nacional, estarán en disposición de defender políticamente sus tesis soberanistas tras las desaparición de ETA. Si eligen seguir atados a la pólvora, deberán tener claro que el hundimiento de los asesinos será el suyo propio y que, por creer que todo era posible, nada lo será

El único modo social de frenar esta barbarie consiste en desterrar el mito de la enemistad. La idea de que el español es enemigo del vasco es una estupidez germinada con Arana, robustecida por el franquismo y mantenida hoy por el bandidaje etarra y la insidia de la fracción reaccionaria del nacionalismo ex-moderado. Esta toma de poder por parte del sector peneuvista ultra se refleja en todos los estamentos sociales, de la educación al púlpito, y está arrastrando al abismo a buena parte de la población. El PNV pide a ETA que deje de matar, pero no desarma su tinglado justificador. Y mientras no rebata la enemistad ficticia, ETA proseguirá en su órdago a la brutalidad.

El Estado de Derecho debe responder a estos ataques con el peso de la ley. La militarización es una trampa, pero la investigación judicial del entorno etarra, el endurecimiento de las penas e incluso la suspensión cautelar de las potestades autonómicas son elementos inéditos que podrían tomar cuerpo en el horizonte.

Esquizofrenia “abertzale”
Por Enrique de Diego Libertad Digital  10 Agosto 2000

El portavoz de Eta, Arnaldo Otegi no ha podido mantener ni unos días su promesa de inmunidad a los nacionalistas. Tanto Juan José Ibarretxe como con especial intensidad Roman Sudupe han reivindicado a José María Korta como “abertzale”, término tan pervertido que resulta sinónimo de asesino cuando Otegi lo reivindica para un patente psicópata, asesino en serie, como Patxi de Rementeria.

La afirmación de Sudupe, expresidente del Euskadi Buru Batzar y ahora presidente de la Diputación guipuzcoana, de que Korta era de “los nuestros” pone en evidencia una de las más profundas contradicciones en las que se ha sumido el nacionalismo vasco, y concretamente el PNV, al considerar que existe un proyecto común de construcción nacional en el que participarían el verdugo Rementeria y la víctima Korta. Eta y Hb, en cuanto excrecencias del nacionalismo pero también del marxismo-leninismo, no considerarán nunca de “los nuestros” a un empresario, aunque sea “abertzale”. El empresario en la dictadura del proletariado euskérico es objeto de chantaje y enemigo de clase, candidato al exterminio.

Sudupe no sólo reclama el dolor por la muerte del amigo, sino también, al definir a Eta como “enemigo del nacionalismo”, reclama una distancia ética esencial respecto a los asesinos. La cuestión es que su partido, el PNV, y por tanto él, tiene pactos firmados con Eta y manifiestamente con el grupo que grita “Eta, mátalos” y no condena el asesinato del presidente de los empresarios guipuzcoanos. La autenticidad del dolor se compagina con la hipocresía subyacente, con la patente esquizofrenia. No puede hablar una palabra como “abertzale” que defina al tiempo a la víctima y al verdugo. Ni el hegelianismo de vulgata de Arzalluz es capaz de salvar la contradicción. A José María Korta le han asesinado en nombre del pacto de Lizarra y de la construcción nacional. El PNV es cómplice moral del asesinato de Korta.

AIRES DE TRAGEDIA
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS La Voz de Galicia  10 Agosto 2000

Alguien tendrá que decir que ETA maneja el terror con lógica aplastante. Alguien tendrá que decir que ETA, a su manera, ya está dialogando con España: con la sociedad que se manifiesta para pedirle la paz; con el político que agota su repertorio de insultos; con el periodista que esgrime sus tópicos; con los moralistas, juristas y politólogos que tratan de explicarle que matar es malo, que el Estado y la Constitución no son negociables y que no tienen dinamita para matar a todos los demócratas. Alguien tendrá que decir que el hecho de insultarlos, despreciarlos, evidenciar su minoría y dejar patente la injusticia de sus planteamientos, no impide que cuatro encapuchados estén marcando la agenda del Gobierno y degradando a su antojo la cultura política de los españoles, hasta el punto de acorralarnos en un discurso único, resignado y estéril que nos incapacita para diagnosticar los hechos y nos hace buscar loe enemigos en nuestras propias filas. 

Así las cosas, parece claro que este doloroso verano se está desarrollando con los estrictos cánones de una tragedia griega: un grupo de asesinos que matan a diestro y siniestro, como si fuesen los agentes de un destino inexorable; un gobierno que actúa con reflejos condicionados, sin capacidad para salirse del guión y sin valentía para entrar en el fecundo discurso de lo discutible; unas víctimas que van cayendo sin más justificación ni más criterios de selección que su fatal presencia en el estrado; y un pueblo que, haciendo el coro, rellena los huecos de la acción y pone ecos al destino. Y así treinta años. 

Con matices y explicaciones, pero treinta años. Con errores y connivencias, pero treinta años. Con dictadura y democracia, con Mesas de Madrid y Ajuria Enea, con medidas policiales y con pactos, con treguas y escaladas, pero treinta años. Con la soledad del PNV y con la asunción masiva del frustrante ¡basta ya!, pero treinta años. El terrorismo es un nudo gordiano que no va a ser desenredado por el huero aguante del Gobierno. Y la lucha contra ETA depende de una política que, como tal, debe ser discutida, evaluada y, si procede, revisada. Por eso es un grave error hacerle el contrapunto a esta diaria tragedia, en vez de coger la espada y cortar el nudo gordiano que atenaza el futuro. Con José María Korta insepulto, cuatro tiros por la espalda abatieron a Francisco Casanova. ¿Por qué? Porque ETA ya no puede vivir sin su diaria ración de manifestación y silencio.

RESPUESTAS IRRESPONSABLES
TINO NOVOA  La Voz de Galicia  10 Agosto 2000

Hay que remontarse quince años atrás para encontrarnos con una psicosis terrorista como la actual. Lo malo es que ETA se ha desbocado en su carrera asesina. Lo peor, la vieja sensación de que puede atentar en cualquier lugar, en todo momento y contra cualquiera que se mueva. Y lo pésimo, que nos limitemos a la autocompasión, a buscar en el diccionario el calificativo más duro para condenar a los terroristas. Porque la pregunta es: ¿qué vamos a hacer para acabar con esta barbarie? El Gobierno pide tiempo. Es razonable, pero no basta. La sociedad necesita una luz de esperanza, aun lejana, para evitar el desánimo y la resignación. 

La única culpable es ETA, pero la clase política es responsable por su incapacidad para articular respuestas. Empezando por el PP, que paga ahora la insensatez con que ejerció la oposición y la soberbia y partidismo de su política para Euskadi. Siguiendo por el PNV, incapaz de comprender que el País Vasco es más que un «batzoki», y el PSOE, que aún purga sus pecados. La solución, no suficiente pero sí necesaria, pasa por la unidad real de los demócratas, no impuesta unilateralmente desde dogmáticas enfrentadas sino desde el respeto a la diferencia. Ya es hora de que superen el autismo, dejen de fustigarse irresponsablemente y asuman sus obligaciones para evitar que sigamos yendo de entierro en entierro.

ETA asesina de tres disparos en la cabeza a un subteniente del Ejército en Berriozar, en el décimo atentado en un mes
PAMPLONA. B. López ABC  10 Agosto 2000

ETA siguió ayer con su escalada terrorista. La víctima de las últimas horas ha sido el subteniente del Ejército Francisco Casanova asesinado por un
pistolero etarra que le disparó tres tiros a la altura de la nuca cuando se disponía a entrar en el garaje de su casa, en la localidad navarra de Berriozar. Su mujer y un hijo de corta edad fueron los primeros en ver el cadáver. Rotos por el dolor, fueron retirados del lugar por sus vecinos.

Tras finalizar su jornada laboral en el acuartelamiento de Aizoain, Francisco Casanova Vicente, de cuarenta y siete años y padre de dos hijos de corta edad, llegaba a las tres y diez de la tarde a su domicilio, en una vivienda unifamiliar situada en el número 119 de la calle Askatasuna (Libertad). El militar, a bordo de su vehículo, enfiló la rampa de entrada al garaje de su casa, seguido por un individuo a pie que se colocó a la altura de la ventanilla del conductor. En ese momento, el etarra sacó una pistola y efectuó varios disparos contra el subteniente, que fue alcanzado al menos tres veces en la nuca. Murió en el acto.

El terrorista, según los vecinos, salió corriendo del garaje y se dio a la fuga del lugar, acompañado de otro individuo que le estaba esperando a la puerta del garaje de la vivienda del militar. Los etarras, al parecer, utilizaron para abandonar el lugar de su crimen, un turismo de color rojo.

Al oír los disparos, la mujer del subteniente, Rosalía, salió de la casa seguida de su hijo de once años -tiene también una niña de siete- y se asomó al garaje. En el asiento delantaro del coche encontró el cuerpo sin vida de su marido.

Un vecino, que también acudió al lugar al oír los disparos, narró la escena que encontró a la casa del militar: «Estaba comiendo y se oyó un tiro seguido de otros dos. Salí y me encontré con la mujer del militar llorando y gritando. El hijo de Franciso también se aproximó a ver a su padre y dijo. “Si no tiene un ojo”. Entonces, sacamos a la mujer y al hijo del garaje».

Minutos después, agentes del Cuerpo Nacional de Policía establecieron controles en los accesos a la localidad, mientras que efectivos de la Guardia Civil acordonaron el lugar del atentado para iniciar las investigaciones con una inspección ocular y la toma de declaración a los vecinos. Junto al vehículo del militar, la Guardia Civil halló dos casquillos de la marca SF, del calibre nueve milímetros, aunque los testigos aseguraron haber oído, al menos, tres disparos.

El cuerpo sin vida del militar fue retirado a las seis menos cuarto de la tarde, una vez que el juez de guadia terminó las diligencias pertinentes. Cuando el cadáver del subteniente fue retirado, los vecinos espontáneamente prorrumpieron en aplausos.

Casanova será enterrado en la localidad navarra de Castejón, de donde son naturales sus padres, aunque él nació en Ejea de los Caballeros (Zaragoza). La capilla ardiente se instaló en el acuartelamiento de Aizoáin, donde trabajaba. El funeral tendrá lugar hoy a las doce y media en las instalaciones militares.

Castejón despide a Casanova con una multitudinaria procesión hasta el cementerio
Al finalizar el acto, los asistentes corearon gritos en contra de la banda terrorista, como "ETA, cobardes", que fue seguido por la mayoría antes de abandonar el camposanto. Por la mañana, en el funeral de Aizoain, Federico Trillo imponía al militar fallecido la Cruz del Mérito Militar con Distintivo Amarillo, concedida al a título póstumo.
Efe Libertad Digital 10 Agosto 2000

Los actos en la localidad, en la que vivió Casanova su infancia y donde residen sus padres, se iniciaron con la apertura de la capilla ardiente, poco después de las 14,00 horas, para que los vecinos pudieran despedirse del subteniente de Infantería, cuyo féretro partió a 16,00 horas a hombros de agentes de la Guardia Civil, quienes lo trasladaron hasta la iglesia de San Francisco Javier. Entre los numerosos participantes en el acto se encontraba el alcalde de Castejón y senador socialista, Javier Sanz Carramiñana; el presidente del Gobierno navarro y de UPN, Miguel Sanz; el vicepresidente del Ejecutivo Foral, Rafael Gurrea; el portavoz parlamentario de UPN, Alberto Catalán; el secretario general del PSN, Juan José Lizarbe, y el secretario de la Presidencia de IU, Víctor Ríos.

Una vez en el templo, donde el féretro fue recibido con un fuerte aplauso, el párroco de la localidad, Agustín Villanueva, destacó la "unión de toda Navarra y España por el dolor de esta muerte" y pidió la ayuda divina para que "no nos desesperemos y sigamos trabajando por el bien de esta sociedad". Finalizada la celebración religiosa, seguida desde la calle por numerosos vecinos al encontrarse el templo abarrotado, el féretro, cubierto por una bandera española, fue acompañado en procesión hasta el cementerio municipal, donde le recibió una salva de honor disparada por siete militares. Cuando el nicho que contenía el féretro iba a ser sellado, uno de los vecinos entonó una jota de despedida para Casanova, quien era integrante del grupo "Ecos de Navarra" de Berriozar.

Homenaje en Pamplona
El Arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, instó durante el funeral matinal a "no dejarse intoxicar por el veneno del odio o la venganza" y pidió a los políticos trabajar sin descanso para restablecer la paz. Federico Trillo prendió en la bandera que cubría el féretro la Cruz del Mérito Militar con Distintivo Amarillo, concedida al militar a título póstumo, y tras el plegado de la bandera, entregó la misma a la viuda del subteniente, Rosalía Sáinz-Aja.

El funeral, oficiado en el patio de armas del acuartelamiento de Aizoain, contó con la presencia, además de los familiares y allegados de Casanova, del ministro de Defensa, Federico Trillo; el presidente del Gobierno Foral, Miguel Sanz; el Director General de la Policía, Juan Cotino; el delegado del Gobierno en Navarra, José Carlos Iribas; el presidente del Parlamento, José Luis Castejón; y la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina.

Una vez finalizados los actos en memoria de Casanova, el féretro fue portado por un pelotón de Cazadores de Montaña del acuartelamiento de Aizoain hasta el furgón funerario, flanqueados en su recorrido por una cadena humana de asistentes a la ceremonia que, cogidos de la mano y con los brazos en alto, despidieron de esta forma los restos mortales del subteniente.

... y Javier Arzallus sigue mudo
Los partidos no nacionalistas subrayan el «silencio cómplice» del presidente del PNV ante la oleada de atentados
Ante la brutal ofensiva de los «compañeros» de Otegui, el por lo general locuaz presidente del PNV, Javier Arzallus («compañero», a su vez, de los de HB), permanece en silencio. Fuentes cercanas al líder nacionalista, que hace poco optó por imponerse «tres días de reflexión»ú antes de hablar, creen que Arzallus, acobardado y superado por la ofensiva etarra, no tiene un respuesta «lógica y decente» a la pregunta de cuántos muertos más hacen falta para romper el pacto de Estella. Las voces a favor de su dimisión, que no sólo se escuchan fuera del País Vasco, creen que es la hora de que hable «la buena gente del PNV». Su misión es, ante la afonía de Arzallus, alzar un grito de «basta ya» dirigido a los partidarios del pacto de Estella.
J.A. Fúster - Madrid .- La Razón 10 Agosto 2000

Hasta llegar a este silencio injusto, cobarde y cómplice de Javier Arzallus, el presidente del PNV ha quemado muchas etapas. Fiel a la política histórica que ha hecho del PNV uno de los partidos que más bandazos ha dado a diestro y siniestro, las hemerotecas son testigos de un Arzallus que en la época de la Transición apostaba por la vía del Estatuto, desde el segundo gobierno socialista por el federalismo, ante la inminente llegada del PP por la autodeterminación y finalmente, desde la tarde en la que mataron al concejal del PP Miguel Ángel Blanco, por la independencia.
    Sin embargo, en ninguna de esas etapas Arzallus había estado callado. Célebre por sus arengas desde el púlpito («¡ojo! que los del PPy los del PSOE vienen a meter miedo a los vascos») y por sus salidas de pata de banco («el PP quiere que los tanques entren en Euskadi»), a Arzallus, aquel que dijo una vez al escritor Jon Juaristi, «si no estás a gusto aquí, ya sabes, ancha es Castilla», le sobraba un minuto después de cada atentado para agarrar un micrófono y, entre tibias condenas, clamar contra «la política represiva de Madrid» y a favor de los presos etarras.
    Sus únicos «excesos» contra Eta fueron flor de un día y coincidieron con el asesinato de un jefe de la Ertzaintza próximo al PNV «que se enteren los de Eta que somos más y les podemos matar a todos», o cuando en una entrevista con un diario nacional aseguró que «a Eta se le puede vencer por la vía policial».
    Pero un mal día, cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco, se acabaron las tibias condenas y Arzallus se quitó la careta ocupándose en exclusiva de atacar al Gobierno. Sabía que el «Espíritu de Ermua» podía destapar el fraude de ese invento llamado «nacionalismo vasco».
    Las salidas de tono de Arzallus empezaron a molestar sinceramente a los empresarios vascos, pilar tradicional del PNV y que, aún así, sufren la presión del «impuesto revolucionario» También molestaron, y mucho, a los nacionalistas vizcaínos porque, como aseguró un dirigente «jeltzale» a este periódico: «le tenemos más cerca y le escuchamos más a menudo decir burradas». La llamada al orden de la Confesbask y del Consejo del PNV de Vizcaya, llevó a Arzallus a autoimponerse «tres días de reflexión» antes de hablar, como ocurrió después del cobarde asesinato de López de Lacalle, dejando a Eguíbar el «trabajo sucio» de atacar a PP y PSE-PSOE.
    Como muestra de esta labor activa del lugarteniente de Arzallus (uno de los mayores defensores del pacto de Estella), Eguíbar se atrevió a advertir ayer al PP y al PSOE que o se parte del «respeto total y absoluto a los proyectos políticos que se defienden democráticamente, a las instituciones y a las personas, o no va a haber posibilidad de diálogo».
    Posibilidad de diálogo que sí está «abierta» a través del pacto de Estella (por lo que se deduce de las palabras de Eguíbar, los compañeros de los terroristas sí tienen un respeto «total y absoluto» por los proyectos políticos demócraticos). En otra pirueta increíble, Eguíbar acusó ayer a los socialistas de «indefinición permanente y pretender que el PNVrenuncie a su ideología». Deben elegir, concluyó, «entre el diálogo o el seguidismo del PP».
    El segundón Eguíbar habla y Arzallus permanece en cobarde silencio. ¿Por qué? A esto nos responde el mismo nacionalista vizcaíno: «Arzallus es el único que debe contestar a la maldita pregunta: ¿cuántos muertos más hacen falta para romper el pacto de Estella? Si fuera sincero, diría que los muertos le importan un comino, pero como es un cobarde y sabe que decir la verdad sería su tumba política, se calla».
    Ante su silencio, y como recordó ayer Nicolás Redondo, «la buena gente del PNV debe decir basta ya a Arzallus y Eguíbar». Es decir, es la hora de que hablen los «michelines»: Ardanza, Atucha, Pradera...

Los demócratas arrinconan a ediles de EH que boicoteaban una manifestación
SAN SEBASTIÁN. ABC    10 Agosto 2000

Un grupo de concejales de Euskal Herritarrok en el Ayuntamiento de San Sebastián fueron arrinconados por los demócratas cuando intentaban boicotear una concentración de condena por el asesinato de José María Korta. Los contramanifestantes, que iban «escoltados» por un grupo de jóvenes radicales, fueron rechazados con gritos de «asesinos» y «fuera, fuera».

Los ediles de Euskal Herritarrok fueron arrinconados en la terraza del Ayuntamiento de San Sebastián, frente a los jardines de Alderdi Eder, donde habían accedido para «contramanifestarse».

Cuando pasaban cuatro minutos del mediodía, un grupo de concejales de Euskal Herritarrok, que encabezaban a otra decena de jóvenes, trataron de situarse pegados al resto de corporativos locales y con una pancarta propia con el lema «Euskal Herria eta askatasuna (Euskal Herria y libertad)».

Tanto los escoltas de los concejales del Partido Popular y del PSE-EE-PSOE, como los ciudadanos y los propios políticos recriminaron duramente la actitud de los ediles de EH y sus simpatizantes, impidiendo su propósito inicial de boicotear la concentración pacífica y silenciosa con gritos y empujones.

INTERVENCIÓN DE LA ERTZAINTZA
La Ertzaintza procedió a arrinconarlos en un extremo de la mencionada terraza, desde donde profirieron gritos como «Eman hitza Euskal Herriari (dad la palabra al País Vasco)», «Herriak ez du barkatuko (el pueblo no perdonará)» o «Demokrazia Euskal herriarentzat (democracia para el País Vasco)».

Dichas consignas, así como la mera aparición en el lugar de los ediles de Euskal Herritarrok, fueron contestadas con sonoras pitadas por parte de los concentrados que manifestaban su protesta por el atentado terrorista, y con gritos de «fuera, fuera» y «asesinos» dirigidos a los radicales que apoyan a ETA.

Los quince minutos que estaba previsto que durase la concentración silenciosa como muestra de repulsa y rechazo de la violencia se tornaron en un cruce de consignas entre unos y otros manifestantes.

«UNA FOTO MUY SIMBÓLICA»
Al término de la movilización, la presidenta del Partido Popular en Gipúzcoa y concejal de esta formación en San Sebastián, María San Gil, subrayó que había sido «muy simbólica la foto que se ha dado», con «HB acorralada en una esquina, sin dejarles proferir sus gritos y amenazas, y todos los demás unidos de verdad contra ellos haciendo una manifestación todos juntos, y acorralados los que tienen que estar socialmente acorralados, que son HB y su entorno».

Gobierno y PSOE se comprometen a estar "siempre unidos" en la lucha antiterrorista
AGENCIAS, MadridEL PAÍS 10 Agosto 2000

El Gobierno y el PSOE se han comprometido hoy a mantenerse "siempre unidos" frente a la violencia de ETA y han acordado trasladar a la opinión pública un mensaje de calma y serenidad y su "firmeza" en los principios democráticos.

En la reunión mantenida hoy en la sede del Ministerio de Interior entre representantes del Ejecutivo y del PSOE, ambas partes han acordado además mantener el nivel de interlocución "abierto permanentemente".

Los interlocutores socialistas para asuntos de terrorismo habían transmitido ayer a sus homólogos en el Gobierno que los dos principales partidos del país, PP y PSOE, deben pasar ya de la época de las declaraciones y respaldos en común frente a ETA a las actuaciones conjuntas, tanto en iniciativas como en la elaboración de mensajes.

A la reunión han asistido por parte del Gobierno el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y el secretario general de la Presidencia, Jose María Zarzalejos, mientras que por el PSOE lo han hecho los dirigentes socialistas Nicolás Redondo Terreros, Jesús Caldera y Alfredo Pérez Rubalcaba.

Los representantes de ambas partes celebraron ya el pasado 1 de agosto otra reunión en la que se comprometieron a seguir con el diálogo y a trabajar juntos frente al terrorismo y reafirmaron los principios democráticos frente a la actual escalada de violencia.

En aquella reunión, convocada tras el asesinato del socialista Juan María Jauregui, sirvió para constatar la vigencia de los acuerdos básicos ya existentes entre el PP y el PSOE en materia antiterrorista, desde la unidad democrática frente a la violencia.

Ambas partes acordaron ya entonces que habría un contacto permanente para tratar y colaborar en este asunto. A finales de julio, el presidente del Gobierno, José María Aznar, y el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, acordaron en su primera entrevista intensificar el diálogo en esta materia.

PNV
En tono solemne y firme, ayer, Zapatero se dirigió directamente al PNV para subrayar su trayectoria democrática, sus buenas e históricas relaciones con el PSOE, y para llamarles la atención ante la "encrucijada decisiva en la que están para el futuro de los ciudadanos a los que tanto aman y tanto dicen defender".

Tras puntualizar que no pretende azuzar la crítica contra ese partido "ni atizar ningún fuego", Rodríguez Zapatero formuló como "deseo" y "convicción" su exigencia al PNV para que rectifique y "abandone su estrategia de los últimos años". Para que elija entre ser uno de los "artífices directos" de la paz o seguir en la línea soberanista de la confrontación.

Los violentos rocían de gasolina al conductor de un autobús en Vitoria y queman el vehículo
Los sabotajes, previos al día de lucha anunciado por HB, costaron más de 100 millones
A.U., Bilbao El País 10 Agosto 2000

El borroka eguna (día de lucha) convocado para hoy por Herri Batasuna en Euskadi en protesta por la muerte de cuatro etarras tuvo ayer un triste anticipo: grupos de violentos provocaron pérdidas de más de cien millones al incendiar cuatro autobuses y varias entidades bancarias. En Vitoria, un grupo de radicales roció con gasolina al chófer de un autocar antes de quemar totalmente el vehículo, según comentaron testigos presenciales. Los actos vandálicos se sucedieron a lo largo de la jornada y afectaron especialmente a las tres capitales vascas y las localidades vizcaínas de Leioa y Portugalete.

Además de las numerosas pintadas con las que amanecieron muchas localidades vascas -en favor de los activistas de ETA fallecidos en lunes y con amenazas de muerte dirigidas especialmente al PP-, los sabotajes se sucedieron ayer, el día previo a borroka eguna con el que los simpatizantes de HB quieren reivindicar la memoria de los cuatro etarras y exigir su "solución democrática y de paz" para el País Vasco.

Una de las agresiones más significativas tuvo lugar a media mañana en Vitoria. Hacia las 10.30, un grupo de jóvenes "que llegaron a patadas" obligaron al conductor de un autobús urbano a detenerlo, según comentaron personas que viajaban en él. El chófer acababa de recoger en una parada a tres pasajeros y, al cerrar las puertas, un grupo formado por seis jóvenes -encapuchados y con pañuelos que dificultaban su identificación- golpeó las ventanas y obstaculizó el tránsito del autocar.

Una vez en el interior, los violentos rociaron gasolina en la zona delantera y sobre el propio conductor, al tiempo que obligaron a sus ocupantes a salir al exterior. Acto seguido, arrojaron dos cócteles mólotov y huyeron, mientras el vehículo ardía en llamas. La compañía Tuvisa (Transportes Urbanos de Vitoria, Sociedad Anónima), propietaria del autobús, comentó que había quedado completamente calcinado y que las pérdidas económicas ascienden a 27 millones de pesetas.

Los otros daños a autobuses se produjeron en San Sebastián, Portugalete y Bilbao. En la capital guipuzcoana, el sabotaje ocurrió a última hora de la noche del martes, en el barrio de Gros. Como suele ser habitual en estos ataques, varios jóvenes obligaron al vehículo a detenerse y, tras la salida de los pasajeros y el conductor, vertieron líquido inflamable y prendieron fuego. La Compañía del Tranvía, propietaria del autobús, ha cifrado en 31 millones las pérdidas. En Portugalete, el ataque ocurrió poco antes de las 16 horas cuando una decena de encapuchados actuó de la misma forma y obtuvo idéntico resultado. El vehículo quedó calcinado y el daño causado es de 30 millones.

En Bilbao, donde el ataque ocurrió también en la noche del martes, una veintena de desconocidos no pudo lograr su propósito tras la actuación del conductor del autobús, que logró sofocar las llamas con su extintor. Sin embargo, los cristales quedaron destrozados por el lanzamiento de piedras y otros objetos.

Además de los autocares, la vivienda de un policía nacional en Vitoria resultó dañada por el lanzamiento de dos artefactos incendiarios en la madrugada de ayer. El propio agente, que ya sufrió un atentado similar en octubre de 1998, sofocó el incendio.

Otros daños materiales se produjeron en la localidad de Leioa donde, a últimas horas del martes, varios desconocidos lanzaron cócteles mólotov contra las sucursales del BBVA, BBK y la agencia de seguros Axa. Sólo en la primera entidad bancaria, los daños ascienden a ocho millones.

Atacada por tercera vez con 'cócteles mólotov' la academia del presidente del PP en Álava
P. GOROSPE, Vitoria 
Doce cócteles mólotov causaron en la madrugada de ayer cuantiosos daños materiales en la academia de enseñanza que el diputado general de Álava, Ramón Rabanera y presidente del PP en esta provincia, tiene en la plaza de Zaldiarán, en Vitoria. Es el tercer ataque que los partidarios de ETA cometen contra este centro de enseñanza en los últimos seis meses.

El atentado se produjo a la una y cuarto. Varios desconocidos rompieron la puerta de cristal de la entrada y arrojaron en su interior una docena de artefactos incendiarios que hicieron explosión. La deflagración provocó un fuego que ocasionó daños materiales. Las puertas, los techos, el mobiliario y el material de oficina fueron arrasados por las llamas. Sin embargo, la seguridad del edificio no llegó a peligrar y no fue preciso evacuar a los vecinos que residen en el inmueble.

Rabanera declaró que se congratula de ser "un obstáculo" para "los aprendices de etarra" que atacaron sus intereses porque eso demuestra, en su opinión, que lo está "haciendo bien" al frente de la Diputación. "No voy a abdicar de mi compromiso con la sociedad alavesa ni de mi libertad", prosiguió el diputado general; "viviré siempre en Álava, no van a conseguir echarme", agregó sensiblemente enfadado. "No voy a renunciar a mi responsabilidad como político no nacionalista de defender las ideas de una mayoría de alaveses que confiaron en las siglas del PP", apostilló.

Rabanera hizo estas declaraciones antes de participar al mediodía, junto al alcalde de Vitoria, su compañero de partido Alfonso Alonso; el delegado del Gobierno, Enrique Villar, y todos los miembros de la corporación vitoriana, salvo los de EH, en una concentración de protesta ante la casa consistorial por el asesinato del presidente de la patronal guipuzcoana, José María Korta. En torno a un millar de personas les acompañaron en silencio durante un cuarto de hora, tras una pancarta que rezaba "Basta ya", hasta que todos irrumpieron en aplausos a favor de la paz y de la libertad.

El primer ataque contra la academia de Rabanera se produjo el 4 de marzo, cuando los alborotadores rompieron las lunas y arrojaron varios cócteles mólotov a su interior. El 27 de mayo fue nuevamente atacada por varios radicales.

Cientos de vitorianos pasan cada año por este centro, uno de los más antiguos de la capital alavesa.

Cuatro detenidos por los actos de violencia callejera de los últimos días
AGENCIAS, Bilbao
Agentes de la Policía Municipal de Vitoria detuvieron en la madrugada de ayer en la calle Bustinzuri de la capital alavesa a un joven de 17 años que portaba una mochila con botellas de gasolina y capuchas en su interior. El joven permanece en dependencias policiales, según fuentes del Departamento del Interior del Gobierno vasco. La detención se produjo a las seis de la madrugada de ayer.

El menor está acusado de participar en los incidentes que se registraron anteanoche en Vitoria, en los que se produjeron tres atentados de violencia callejera: un ataque a la academia particular del diputado general de Álava, Ramón Rabanera; otro a la vivienda de un policía nacional, y la quema de un cajero automático de la Caja Vital, situado en la calle Castillo de Fonseca.

Otros tres individuos fueron detenidos por efectivos de la Ertzaintza en Bilbao después de que causaran desórdenes públicos en los incidentes registrados en la tarde y noche del martes pasaron ayer a disposición judicial, según informó la Ertzaintza. Entre los detenidos se encuentran dos miembros de la misma familia, F. E. I. de 60 años de edad y natural de Amurrio, y su hijo, G. E. A., de 27 años, nacido en Bilbao. El tercer arrestado es J. G. L., de 20 años y natural de la capital vizcaína.

A las once y media de la mañana, los arrestados permanecían en dependencias policiales bajo la acusación de ocasionar desórdenes públicos. Las dos primeras detenciones se produjeron en la calle María Díaz de Haro a las nueve menos diez de la noche del martes. Una patrulla policial se acercó a la Plaza del Sagrado Corazón, donde alborotadores habían cruzado varios contenedores. Tras retirar los recipientes, los agentes persiguieron a los autores de los hechos hasta la calle María Díaz de Haro. El tercer arresto se produjo minutos después en la calle Ronda de la capital vizcaína, cuando un sujeto causaba desórdenes públicos en la misma zona.

Preocupación, pero no terror
MADRID. J. B. ABC  10 Agosto 2000  

«Miedo muy intenso». Así define el diccionario de la Real Academia Española la palabra terror. Si nos atenemos a esta acepción, los criminales de ETA no han logrado su objetivo en el barrio de Chamartín. Había preocupación, nerviosismo, indignación, excitación, rabia... Pero no terror. «Nadie os teme ya», rezaba un cartel situado en el balcón de una casa destrozada por la explosión.

La noche había calmado los ánimos de los vecinos. El propio alcalde, que acudió sobre las tres de la tarde al lugar del atentado, reconocía que la noche anterior había encontrado a los vecinos «muy preocupados y exaltados, como es lógico, y hablaban de pena de muerte para los terroristas y cosas así, pero no debemos caer en el síndrome del miedo».

Eran muchos los vecinos que querían ya ayer regresar a sus casas, aunque el estado en que quedaron la mayoría de las cincuenta y cinco viviendas afectadas lo imposibilitaba. «Los daños son muy ostensibles, y hay pisos muy deteriorados», narraba el propio alcalde. El goteo de vecinos fue constante durante la mañana. Querían información sobre el lugar al que debían acudir para resolver su situación. Eran muchas las dudas y mucha la ansiedad también. «Todos los cristales han quedado destrozados, y algunos muebles también -contaba una joven, vecina del número 2 de Duque de Pastrana, cuya parte trasera da a la calle de Platerías-. Anoche (por el martes) sólo pude recoger lo justo para pasar la noche en casa de mi hermana, y ahora voy a ver lo que puedo llevarme que no esté destrozado».

En la parada del autobús, una mujer esperaba en vano. Al cabo de un rato, alguien le adviertió de que se había desviado la ruta de las líneas que pasan habitualmente por allí. Tras preguntarle a un policía nacional, se dirigió a los agentes municipales, que le indicaron donde debía tomar el autobús.

«No podemos alterar nuestra vida ordinaria por hechos así -insistía José María Álvarez del Manzano-. Tenemos que mantener la serenidad y continuar la marcha habitual de la vida de la ciudad. Es posible -reconocía el primer edil- que busquen mantener la incertidumbre de los ciudadanos, es una de las hipótesis que maneja la policía en sus investigaciones».

MARÍA SAN GIL • PRESIDENTA DEL PP GUIPUZCOANO
"La única arma de los demócratas contra quienes apoyan la violencia es denunciarles"
AURORA INTXAUSTI, San Sebastián El País 10 Agosto 2000

María San Gil (San Sebastián, 1965), presidenta del PP de Guipúzcoa y teniente de alcalde del Ayuntamiento donostiarra, ha tenido que escuchar en dos ocasiones en menos de una semana que ETA va a matarla. El lunes se lo dijeron en euskera. El martes, en castellano: "San Gil, vas a morir". Entre los que coreaban estas amenazas se encontraban las dos ediles de Euskal Herritarrok de su propia corporación, Maider Alustiza y Miren Zinkunegi.

Ingente trabajadora, San Gil se entusiasma cuando habla de su trabajo municipal. Sin embargo, ayer no estaba para atender sus tareas. Ni siquiera mostraba su locuacidad y vitalidad habituales. Le costaba expresarse. Acababa de presentar una denuncia en el juzgado de guardia contra las dos concejales mencionadas por sus amenazas. El propio Ayuntamiento de San Sebastián ha presentado otra de amparo a la líder popular. Ella tiene miedo. Ahora, más que nunca. Pero sostiene que eso no le va a impedir seguir adelante para lograr que sus hijos puedan vivir en la libertad añorada.

Pregunta. ¿Qué siente cuando dos compañeras de corporación encabezan una manifestación en la que se pide a ETA que le mate?
Respuesta. Se te encoge el alma. Porque hay que ser muy frío para ir por la calle gritando amenazas de muerte contra una persona. Para hacerlo, te falta humanidad y te mueves en unos esquemas en los que el fanatismo es lo único que envuelve tu vida. Esta gente no entiende que hay que respetar la vida de los demás y que se pueden tener distintas ideologías. Ni lo entienden ni lo quieren entender.

¿Es imposible hablar con ellos?
Desde 1995, cuando los ediles de HB no condenaron el asesinato de Gregorio Ordóñez

¿Se contiene cuando se cruza con ellas [el despacho del PP en el Ayuntamiento se encuentra justamente enfrente del de EH]?
Sí, porque lo que desean es el enfrentamiento físico civil, ya que entonces se convierten en víctimas y están deseándolo. No lo van a conseguir. Se han topado con gente que es mucho más sensata, que tiene las ideas más claras y sabe por lo que lucha de verdad. Conocemos la violencia tan de cerca que sabemos que no nos lleva a nada bueno. Ganas no faltan, respiras hondo, cuentas hasta tres y te dices "ya me iré al juzgado y allí nos encontraremos", porque voy a utilizar todas las armas legales que están en mi mano para que paguen por este tipo de delitos. Responsabilizo a Maider Alustiza, a Miren Zinkunegi y al secretario municipal de ese grupo, Antxon Ollokiegi, de lo que me pueda suceder.

¿Tiene miedo?
Sí, mucho.

¿Ahora más que nunca?
Sí. Sobre todo, porque el momento está siendo especialmente duro. Sin embargo, creo que nuestro mérito no es que estemos aquí, sino saber vivir y trabajar con miedo.

¿Cómo se sobrevive con esa angustia?
No queda más remedio que racionalizarlo y ser muy consciente de que corremos peligro. Intentamos vivir a costa de que nuestra vida personal se convierta en una existencia espantosa. Vives con el miedo y no te puede, pero siempre sabiendo que ni somos héroes ni mártires. Quiero pasar a la historia por haber llegado en algún momento a ser alcaldesa de mi ciudad. Lo que no quiero es convertirme en una víctima más de esta gentuza.

¿Se ha sentido respaldada por el alcalde, el socialista Odón Elorza, y los corporativos de la oposición?
Es muy grave que dos corporativos amenacen de muerte a la primer teniente de alcalde del Ayuntamiento. Es terrible. Pienso que la institución para la que trabajo debería ampararme más de lo que lo ha hecho. Estoy aquí por el respaldo de los ciudadanos. Al final, es una amenaza de muerte no sólo contra todos los que me han votado, sino contra todos los ciudadanos de este país. He echado de menos un gesto cariñoso y de apoyo no sólo personal, sino de arrojo democrático para enfrentarnos a esta situación tan dramática que estamos padeciendo, por parte de mi alcalde.

¿Se ha planteado en algún momento, a lo largo del último mes, abandonar la política?
No, porque hay muchos compañeros que se han quedado en el camino y creo que les debemos a todos este pequeño sacrificio personal para que sus asesinatos no sean en vano. Si todos abandonamos y les dejamos a toda esa gente que campe a sus anchas, esto se convertirá en la ley de la selva. No quiero eso para mis hijos

¿Qué siente cuando oye a un nacionalista decir "han matado a uno de los nuestros"?
Asco, porque yo siento a todos los muertos igual, independientemente de su ideología. Un asesinato es eso y nunca se puede patrimonializar. En eso el PP ha dado un ejemplo de madurez y de altura personal importante. Nunca hemos querido hacerlo por la gran cantidad de compañeros que han asesinado, nunca hemos hecho alarde de que [el asesinado] era de los nuestros. Es un muerto compartido por esta sociedad. Me duele que, a estas alturas, se hagan ese tipo de afirmaciones y que se quieran hacer diferencias entre unos y otros. Es un asesinado más de la sociedad vasca y española y nadie se lo puede apropiar.

La primera vez que le dijeron que le iban a matar, durante una concentración, se quejó de la falta de eficacia de la Ertzaintza.
Cuando la Ertzaintza o la Guardia Municipal escucha pedir que me maten, no entiendo cómo los responsables de la seguridad ciudadana y de este país permitan que se haga apología del terrorismo por las calles de la ciudad. No entiendo cómo no les detienen y les llevan a prestar declaración a los juzgados. La impunidad absoluta es lo que me rebela.

¿Tiene confianza en que se resuelvan judicialmente las denuncias que presenta?
La única arma que tenemos los demócratas contra los terroristas y contra quienes apoyan la violencia es denunciar todas las acciones ilegales de ellos en los juzgados. Espero que algún día tengan que pasar por los juzgados para que rindan cuentas ante la ley. No podemos permitir que esta gentuza campe a sus anchas y actúe impunemente. No cejaré en mi empeño por denunciarles ante los tribunales siempre que atenten contra mi persona. No me he callado nunca y tampoco lo voy a hacer ahora. Que no piensen que el miedo me va a atenazar. Seguiré luchando para conseguir la libertad y que ésta llegue a todos los ciudadanos.

«Los terroristas luchan por una lengua y una historia que no tienen»
EL ESCORIAL. Rosa Valdelomar  ABC 10 Agosto 2000

Unos minutos de silencio por los recientes atentados terroristas precedieron a la intervención de Francisco Umbral en el curso «Libros para el tercer milenio», que se celebra esta semana en El Escorial. El escritor quiso aprovechar esta oportunidad para condenar personalmente este acto y afirmar que los terroristas «creen que luchan por el pasado, para recuperar una lengua y una historia, pero en realidad lo hacen por el futuro: por el idioma y por la historia que no tienen».

Todos los asistentes ayer a los cursos de El Escorial, entre los que se encontraban Hugh Thomas, Ana María Matute, Alfredo Bryce Echenique y Francisco Umbral, se congregaron a las doce en punto de la mañana ante la puerta del hotel Felipe II para guardar unos minutos de silencio por las recientes víctimas de ETA.

Francisco Umbral había comentado unos minutos antes a los medios de Comunicación que la situación que se vive actualmente en España «es más grave de lo que ha sido nunca desde la caída de la dictadura, y lo estamos comprobando en este agosto que está siendo devorador, casi tanto como los incendios forestales. Y así me lo dijo el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, hace poco en una cena».

«La situación es peor que nunca —continuó el escritor vallisoletano— porque ETA se ha rearmado gracias a la famosa tregua y porque la ofensiva política de esta legislatura es especialmente audaz: el Gobierno, en caso de ganar las elecciones, tiene previsto poner a un lendakari bueno, español, de este bando. Es una idea audaz y brillante que ha exasperado a ETA, que reacciona incluso de manera alocada, apresurada, como lo prueba el coche que les estalló entre las manos el otro día».

Umbral, citando a Cioran, aseguró que «el futuro estará marcado por la rebelión de los pueblos sin historia» y afirmó que «es precisamente lo que está ocurriendo en nuestro país: aquí se ha rebelado uno de los pocos pueblos de España sin historia». Para el autor de «Diario político y sentimental», los terroristas creen que luchan «por el pasado, para recuperar una lengua y una historia, pero en realidad lo hacen por el futuro: por el idioma y por la historia que no tienen». Francisco Umbral intervino poco después en el curso «Libros para el tercer milenio» y aseguró que la herencia que este milenio puede dejar a los venideros se resume en dos autores: «Borges con su pensamiento “light”; y Heidegger, el último pensador literario». Estos dos autores son, según Umbral, los más traducidos, los más citados, los más globalizados, y los ha escogido precisamente porque muestran los dos extremos: «El pensamiento ligero, ameno y juguetón de Borges, que se adapta a la sensibilidad de las masas actuales, que leen cosas cortas y rápidas; y el pensamiento grave de Heidegger, que sabe que la literatura es la forma de pensamiento más profunda».

Para Umbral «la literatura está acorralada por los nuevos medios de comunicación» y sólo se salvará si recurre al Barroco, la abstracción y el surrealismo. «Hay que hacer una escritura muy barroca, que jamás pueda llevarse al cine, porque los escritores que intentan adaptarse a los nuevos medios se equivocan. García Márquez decía que ningún director de cine le estropearía “Cien años de soledad” y así ha sido. La literaturidad que hay en esta obra es imposible de pasar a imágenes. Estas escrituras no podrán pasar a Internet. Caer en Internet es caer en la última degradación de la palabra», dijo el escritor. Umbral también cree que, si es necesario, tenemos que convertirnos en «los hombres-libro de Bradbury. Debemos llevar un libro dentro, escrito o leído, para poder salvarlo del fascismo blanco, tecnocrático».

Pero, pese a su diatriba contra Internet, Umbral confesó que había escrito varios capítulos de una novela en la Red (que luego debían continuar los lectores), aunque aseguró que no había sido «más que un juego que no se volverá a repetir y que espero que tenga perdón. No creo que sea un pecado mayor que el de mi caída con alguna señorita».

Por responsabilidad
JOSEBA ARREGI  El Diario Vasco10 Agosto 2000
ESCRITOR Y PARLAMENTARIO VASCO DE EAJ-PNV POR GIPUZKOA

ESTA vez ha sido José Mari Korta. El último asesinado por ETA. Todos demasiados. Desde el primer asesinado hasta éste, por ahora, último. ¡Han matado ya a tantos! Y con las personas que han matado, ¡han matado tantas cosas! Y quieren matar también la esperanza. Quieren matar la esperanza de construir un país libre, un país tolerante, un país en el que quepamos todos. Un país en el que lo que importan son las personas, y no fetiches ideológicos. Y quieren matar también la libertad.

Ya son demasidos muertos. Ya son demasiadas cosas las que estamos perdiendo en este largo viaje a ninguna parte. Se nos está acabando el tiempo si queremos guardar, si queremos conservar algo: la vida, la dignidad, la seguridad, la libertad. No reclamamos mucho. Lo básico. El fin primordial del Estado, de la política.

Se está acabando el tiempo. Hace mucho que se nos acabó. Pero cada asesinato aumenta inconmensurablemente la urgencia. Tenemos que acabar con ETA antes de que ETA acabe con lo poco que nos queda. Es hora de asumir y de exigir responsabilidades.

La primera responsabilidad es la de restaurar la unidad de todos los demócratas frente al terrorismo. Aunque parezca exigir lo imposible: no debe pasar ni un segundo más sin restablecer una unidad básica de todos los demócratas contra el terrorismo. Sin esa unidad, se crea un espacio de movimiento para ETA. Sin esa unidad, ETA deja de sentirse del todo sola. Sin esa unidad, nada puede tener eficacia contra ETA, ni las medidas policiales, tan necesarias, ni cualquier otra medida.

Para posibilitar la unidad de los demócratas frente al terrorismo, es preciso que el nacionalismo rompa explícitamente con Lizarra, con Udalbiltza, con cualquier vestigio de relación institucionalizada y estructurada con Euskal Herritarok y por medio de éstos con los terroristas.

Es preciso también, y sobre todo, que el nacionalismo democrático deslegitime al terrorismo. Más allá de las palabras, los términos y los conceptos que pueda utilizar el terrorismo, el proyecto político del nacionalismo debe ser capaz de ser expresado de forma que presente con toda claridad su diferencia radical en medios y en fines respecto de las proclamaciones de ETA y de Euskal Herritarrok. Nuestro concepto de nación, nuestro concepto de democracia, nuestro concepto de Euskadi, nuestra idea de construcción nacional, es radicalmente distinta de la de ETA. No tiene nada que ver con ella.

Es preciso, en aras a conseguir la unidad de todos los demócratas, que el PP y el PSE-EE, más allá de invocar la Constitución y el Estatuto como escudos frente al terrorismo y a las aspiraciones nacionalistas al mismo tiempo, transmitan ilusión, si es que es posible todavía, acerca de lo que los vascos libremente podemos desarrollar con esos instrumentos.

La responsabilidad también exige en estos momentos que el PP busque la normalización de relaciones con el PNV, más allá de sus legítimas aspiraciones de partido. Buscar esas relaciones no significa renunciar a la crítica que considere justificada y necesaria.. Ni a la inversa. Pero la responsabilidad exige que esas relaciones se restablezcan. Sin ellas, no hay unidad de todos contra el terrorismo. Sin ellas, no es posible acabar con ETA.

La responsabilidad exige, y nunca es tarde para ello, mayor y mejor actuación de las policías. No puede haber eficacia policial como exigen las circunstancias si no hay deslegitimación completa del terrorismo. Pero, dicho esto, también es necesario exigir una mayor eficacia a todas las policías: el Estado pierde su sentido básico si no es capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

También los ciudadanos tenemos responsabilidad. El terrorismo y los asesinatos van con todos nosotros. No podemos escondernos pensando que es cuestión de políticos, que sólo les va a tocar a los políticos, especialmente a algunos, y a otros representantes institucionales. Es la vida de cualquiera de nosotros, es la libertad de todos nosotros, es nuestra sociedad de todos lo que está en juego.

Todos debemos estar vigilantes, especialmente con las palabras. Debemos andar con mucho cuidado con lo que decimos y con la forma de decirlo. Especialmente, porque tenemos la tendencia a creernos aquello que quizá sólo dijimos con intención instrumental, pero que, una vez dicho, parece adquirir vida propia y nos impone su lógica, y es aprovechado vilmente por los terroristas.

Son demasiados muertos para que la Euskadi que soñamos cuando éramos jóvenes pueda existir todavía. Demasiados muertos asesinados a manos de «jóvenes patriotas» (Arnaldo Otegi). Demasiados los ciudadanos sometidos a chantaje, extorsionados. Demasiados los ciudadanos que viven con miedo, para quienes la inseguridad sobre su propia vida es el pan de cada día.

Muertos, extorsión, miedo, inseguridad, amenaza: son los materiales de construcción del patriotismo de ETA. De esa patria nos han expulsado a la mayoría de ciudadanos vascos, han expulsado la libertad, han expulsado la vida, han expulsado la seguridad, han expulsado la esperanza. Por responsabilidad: reconstituyamos la unidad de todos los demócratas contra el terrorismo, y que el que se quede fuera sepa con claridad cuál es su sitio. Nos va quedando ya muy poco tiempo. No lo dilapidemos con tacticismos, con cálculos partidistas, defendiendo opciones ya superadas, intentando salvar lo insalvable. Lo que tenemos que salvar es la vida, la seguridad y la libertad. Por responsabilidad. Por cada uno de los que han sido asesinados. Por José Mari.

 

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