AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 11  Agosto   2000
#Construcción nacional
Jon Juaristi ABC 11 Agosto 2000

#Confianza en Mayor Oreja
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 11 Agosto 2000

#NADIE PUEDE BURLARSE DE LA LEY, Y OTEGI MENOS QUE NADIE
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 11 Agosto 2000

#La burla de Otegui
Editorial La Razón  11 Agosto 2000

#Alerta policial
Editorial La Razón 11 Agosto 2000

#Lágrimas y explicaciones
GERMAN YANKE  El Mundo  11 Agosto 2000

#Impunidad
Ramón PI ABC  11 Agosto 2000

#Más allá
Por Alfonso USSÍA  ABC  11 Agosto 2000

#«Nuestros», difícil pronombre posesivo
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  11 Agosto 2000

#Cosecha de sangre
ANTONIO ELORZA El País  11 Agosto 2000

#Voici le temps des assassins
EDUARDO HARO TECGLEN El País  11 Agosto 2000

#La ofensiva
ANTONIO GALA El Mundo   11 Agosto 2000  
#Frente a la nada
Por Valentí PUIG ABC   11 Agosto 2000  

#Diálogo
Alejandro MUÑOZ ALONSO La Razón    11 Agosto 2000

#Ibarreche y Madrazo quieren hablar
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital    11 Agosto 2000

#Escalada de muerte y miedo
JAVIER GOMEZ DE LIAÑO El Mundo    11 Agosto 2000

#Un paisaje sin amor
RAUL GUERRA GARRIDO El Mundo  11 Agosto 2000

#La cadencia infernal de ETA
JUAN CRUZ ALLI El Mundo  11 Agosto 2000

#Otegi debe dimitir
JOSU MONTALBAN El Mundo  11 Agosto 2000

#La verdadera naturaleza de Eta
José María CARRASCAL La Razón  11 Agosto 2000

#Estado de Derecho
Enrique de Diego Libertad Digital 11 Agosto 2000

#Aflicción
ERASMO El Mundo  11 Agosto 2000

#Los frutos malignos de la tregua-trampa
Lorenzo Contreras La Estrella 11 Agosto 2000

#Utopía e imaginación
Joaquín MARCO La Razón 11 Agosto 2000

#Grupos de radicales incendian autobuses y producen sabotajes durante el 'borroka eguna'
San Sebastián/Bilbao Estrella Digital 11 Agosto 2000

#La patronal guipuzcoana reconoce que ETA ha enviado nuevas cartas de extorsión a empresarios
Madrid Estrella Digital 11 Agosto 2000

#Un grupo de batasunos, acorralado en Pamplona al grito de «asesinos»
PAMPLONA. Javier Pagola  ABC   11 Agosto 2000

#El vigilante herido en el atentado de Madrid continúa en estado grave
Agencias Libertad Digital 11 Agosto 2000

#Justicia ordena reclamar a los terroristas las indemnizaciones a las que sean condenados
J. M. LÁZARO, Madrid El País 11 Agosto 2000

#¿Es divisible Francia?
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  11 Agosto 2000

#Más sangre en Córcega
Editorial El País   11 Agosto 2000

#Ridículo en Bruselas
Editorial ABC 11 Agosto 2000

 

 

Construcción nacional
POR Jon Juaristi ABC 11 Agosto 2000

EN el idioma políticamente correcto del nacionalismo vasco, construcción nacional equivale a limpieza étnica. El sueño de la Euskadi soberana, por más que se enmascare tras eufemismos humanistas, procede de las pesadillas sangrientas de Sabino Arana, que ETA decidió convertir en historia hace algo más de cuarenta años. Para un nacionalismo etnicista nunca ha existido otro camino. Al contrario de lo que pregona el lugar común, aquí el fin determina los medios: violencia mortífera contra la etnia enemiga. Violencia purificadora, puesto que se trata de acrisolar la raza sobre la que se sustentará la nación redimida. Como rezaba un himno abertzale de comienzos de siglo (que no por casualidad usurpaba la melodía al Himno de los Puritanos), «corra la sangre hispana mientras dure la invasión».

Por raza no entiendo un grupo diferenciado biológica o lingüísticamente. La raza vasca del nacionalismo actual es un ideal a conseguir, un proyecto sólo alcanzable mediante la destrucción de la «raza política» que impide su realización: España, los españoles, todo lo que encubre la metáfora siniestra de la sangre hispana. ETA intenta llevar a la práctica el sueño de Arana Goiri: una Euskadi —o una Euskal Herria, lo mismo da— de vascos puros, sin mácula de españolidad. No de vascos con RH negativo ni de vascos euscaroparlantes, sino de vascos abertzales, cualesquiera que sean sus apellidos o las lenguas en que se expresen. Vascos borrachos de racismo, de odio al Otro, al Español, aunque éste sea su vecino, lleve apellidos con muchas erres o hable un eusquera cuasiperfecto. Construir una raza política es más sencillo que depurar biológicamente una población cambiándole la sangre o que imponerle el uso de una lengua que en su mayoría no entiende. Se construye una raza política cambiando las lealtades de la gente mediante el terror. El primer modelo de una limpieza étnica de este tipo (es decir, de una limpieza étnica orientada a la construcción nacional) se ensayó con éxito en Croacia bajo el régimen ustacha, durante la Segunda Guerra Mundial. El dictador nacionalista Ante Pavelich dividió a la población serbia de la región en tres categorías: los que podrían ser asimilados a la población croata mediante una conversión al catolicismo (lo que venía a representar una «nacionalización»), los que habría que expulsar a Serbia y los que deberían morir en campos de exterminio. La muerte de estos últimos serviría de presión ejemplarizante sobre los otros dos grupos, empujándolos a la traición o a la huida. Como es sabido, este modelo se ha aplicado durante la pasada década en la ex Yugoslavia, en Ruanda y en Timor Oriental. También el IRA y el Sinn Fein han tratado de adaptarlo al Ulster. ETA lo trasladó al País Vasco desde mediados de los años sesenta, maquillándolo como resistencia al franquismo. Asimilación forzosa, destierro o aniquilación. No es otro el programa que el Frente de Estella propone a los vascos no nacionalistas.

Carece de sentido preguntarse por qué ETA mata a una determinada persona. Las víctimas del terrorismo abertzale nada significan como individuos. La visibilidad social puede ser un factor accidental que contribuya a su selección para la muerte (del mismo modo que los verdugos nazis podían fijarse más fácilmente en un famoso rabino o en un destacado escritor judío que en los millones de judíos sin relevancia pública, lo que no eximió a éstos del destino de aquéllos). ETA no ha asesinado a López de la Calle por ser periodista, ni a Jáuregui por haber sido gobernador de Guipúzcoa, ni a Korta por representar a la patronal de dicho territorio ni al subteniente Casanova por su condición de militar. Los ha matado por ser españoles (incluso a Korta, sí, porque las patronales vascas se han distanciado del proyecto soberanista, deslizándose así, aunque algunos empresarios abertzales como Korta no fuesen del todo conscientes de ello, hacia la otra lealtad, la española). ETA los ha matado por pertenecer a la otra raza, la que se opone a su proyecto de construcción nacional. Corra la sangre hispana: ETA asesina españoles vascos o andaluces para mostrar a los vascos no nacionalistas cuál es la suerte que les espera si no se dejan doblegar. La muerte como accidente biológico, para decirlo con el lenguaje macabro y estúpido de Arnaldo Otegui, será en la Euskadi radiante y soberana un privilegio reservado a los vascos puros (léase abertzales). Los demás, los que no quieran irse, tendrán que resignarse a morir por causas no naturales. Esto es lo que promete ETA con su discurso de cloratita y tiros en la nuca. Aberria ala Hil. Patria o Muerte. Quien no escoja ser un patriota (un abertzale) escogerá la muerte.

La construcción nacional pasa necesariamente por la guerra civil. Creer o pretender creer, como lo hacían hasta el verano de 1997 el PNV y EA, que el deslizamiento de la población vasca hacia el nacionalismo podría conseguirse por mera persuasión pacífica se reveló como una ilusión tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. De hecho, los dirigentes nacionalistas se percataron entonces de que gran parte de sus votos procedían de gentes que buscaban una protección política frente al terror. La desaparición de ETA habría provocado la fuga de buena parte del voto abertzale hacia los partidos constitucionalistas. De ahí el giro frentista de Arzalluz y Garaikoetxea. Nunca buscaron el fin de ETA sino, como todas las fuerzas comprometidas en la conspiración de Estella, un cese provisional de los atentados: una prosecución de la guerra por otros medios, sin operaciones sangrientas, pero con la amenaza perpetuable de ETA sobre los enemigos declarados o potenciales del proyecto soberanista. Todavía hoy, el PNV y EA no vislumbran otra salida que la reanudación de esta guerra de pistolas calladas pero acechantes.

Durante la drôle de guerre de 1998-1999, el Gobierno vasco cumplió fielmente la misión que ETA le había encomendado: comportarse como el gobierno provisional de un frente nacionalista y desmontar las bases de la legalidad constitucional y estatutaria, fomentando la creación de instituciones soberanistas paralelas. Concluida la tregua, la cobardía de Ibarretxe y su cuadrilla ha hecho innecesaria la supervisión de su gestión por Otegui y demás correveidiles parlamentarios de la banda. Cuando el consejero de Interior del Gobierno vasco afirma que ETA está más fuerte que nunca, no sólo contribuye a la desmoralización de la población vasca. Puede también percibirse en sus palabras el orgullo miserable del pequeño burócrata abertzale por haber cumplido la función que el frente nacionalista le había encomendado y que no era otra que esa, precisamente: la de frenar a la policía bajo sus órdenes y permitir el rearme y reorganización de los comandos terroristas. ETA no ha cambiado de estrategia: hoy, como siempre, persigue la construcción nacional de Euskadi; es decir, la limpieza étnica. Tampoco los demócratas vascos debemos variar la nuestra: resistir. Lo que quiere decir, en primer lugar, expulsar democráticamente a Balza de la Consejería de Interior y, a los nacionalistas, del Gobierno vasco.

Confianza en Mayor Oreja
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 11 Agosto 2000

Jaime Mayor Oreja tuvo acorralada a Eta en 1998. La Guardia Civil y la Policía habían reducido la operatividad de la banda mafiosa a su mínima expresión. Las alimañas apenas podían salir de sus madrigueras. Los etarras con la complicidad de Arzallus ofrecieron una tregua que les proporcionara un balón de oxígeno. Era una trampa en la que cayeron casi todos, salvo el ministro del Interior, este periódico y algún comentarista aislado. Mayor sabía que tenía el moscardón detrás de la oreja y aguantó carros y carretas, imperturbable.
    Estuvo, además, prudente y lúcido. Enviados del Gobierno se sentaron en Suiza con los asesinos. Jaime Mayor no entorpeció nada aunque sabía lo que se podía esperar de los depredadores. Cuando Eta, ya reorganizada, fracturó la tregua, la opinión pública supo que el ministro del Interior tenía la razón. La ofensiva desencadenada por los etarras en las últimas semanas ha sido atroz, pero el pueblo español sabe que puede confiar en Jaime Mayor Oreja. Es necesario darle tiempo para que active los recursos que tiene entre las manos y, siempre dentro del Estado de Derecho, siempre desde la ley, repita la operación que hizo en 1997 y 1998 y vuelva a acorralar a los terroristas. Nadie conoce el País Vasco ni los procedimientos etarras como el ministro del Interior. Hay que otorgarle un voto de confianza. Y no perder los nervios.

NADIE PUEDE BURLARSE DE LA LEY, Y OTEGI MENOS QUE NADIE
Editorial El Mundo  11 Agosto 2000

Arnaldo Otegi se ratifica: los cuatro etarras que fallecieron en Bilbao cuando estalló el coche en el que transportaban una potente bomba eran -insistió ayer- «compañeros y patriotas» que «combatían por la independencia y el socialismo».

Da igual por qué combatieran. Eso es indiferente, y a nadie le preocupa. En este país, los objetivos políticos son libres. Lo que cuenta es cómo lo hacían: colocando bombas, pistola en ristre. Y Otegi se ha vuelto a identificar con el conjunto de su acción. Es más: anunció que HB pretende realizar mañana un homenaje masivo a los muertos de Bilbao. Alabando la trayectoria de los cuatro activistas fallecidos, jalea sus crímenes, lo que constituye un caso claro de apología del delito. Y al convocar a sus huestes a realizar «jornadas de lucha» -que ya se han traducido, como siempre, en actos vandálicos-, bien puede considerarse que incurre de lleno en «una incitación directa a cometer un delito», cumpliendo la condición que el vigente Código Penal pone para que la apología sea considerada delictiva y, por ende, punible.

Que la Fiscalía siga tomando nota de sus palabras.

Ayer, HB se apresuró a condenar el violento ataque que los de la kale borroka lanzaron contra el batzoki peneuvista de Legazpia (Guipúzcoa). La coalición abertzale afirmó que ese acto era «ajeno a la línea de la izquierda abertzale». Al reservar la exclusiva de sus condenas para los actos que afectan al PNV, HB no sólo viene a reconocer que no tiene nada que objetar al resto de los ataques, sino que pone también en un más que incómodo lugar a los Arzalluz, Egibar y compañía. No estaría de más que los dirigentes del PNV se preguntaran por qué los jefes del MLNV los excluyen caritativamente de la lista de sus enemigos.

ETA pone las bombas y dispara, pero su acción tiene un antes y un después complementarios. Los que, según denuncian los vecinos de Berriozar, vigilaron los movimientos del subteniente Casanova, o los que alertaron a la organización terrorista de la presencia del ex gobernador civil Juan María Jáuregui en Tolosa, no son seguramente miembros de ningún comando, pero tanto daría que lo fueran. Son colaboradores necesarios. Parte del tinglado.

ETA se sustenta en una tupida red. Muchos de los que la integran no ponen bombas ni empuñan armas, pero le ofrecen cobertura. Del más diverso tipo.

Para combatir eficazmente el reto del terrorismo, hay que abarcarlo en toda su amplitud. Si se demuestra fehacientemente que Arnaldo Otegi y sus corifeos forman parte de ese entramado, que paguen por ello.

La burla de Otegui
Editorial La Razón  11 Agosto 2000

Arnaldo Otegui encarna el mayor desprecio y la burla proetarra a las víctimas del terrorismo y a la democracia. En paralelo con la escalada asesina de la banda mafiosa, la chulería de su portavoz político crece de forma inaceptable, amparado en su fuero de diputado autonómico vasco, que permite hasta ahora al feroz enemigo de la democracia guarecerse bajo el paraguas de las mismas libertades constitucionales que quieren exterminar.

    La opinión pública asiste, entre incrédula y atónita, al comportamiento de alguien que califica públicamente, ante las cámaras de televisión, de «compañeros» a los cuatro asesinos que murieron víctimas de su propia bomba, y se jacta al decir que los criminales «han luchado por su país» para decir que «vamos a conquistar el futuro de este país luchando». La conclusión evidente es que Otegui se burla de todo cuando se permite el lujo de declarar que el hecho de que «los militantes de Eta son patriotas vascos en este país no lo pone en duda casi nadie. Todo el mundo es consciente de que los militantes de Eta y los de EH compartimos los objetivos estratégicos por los que luchamos y son compañeros de lucha en ese sentido».

    Estas y otras manifestaciones, que investigan las fiscalías de Bilbao y SanSebastián, sobrepasan con mucho el ejercicio de los derechos ciudadanos y entran de lleno en el capítulo judicial. Aunque ello no preocupa al batasuno, que se burla de tal modo de la Justicia.

    La reacción del Estado de Derecho ante la ofensiva criminal debe tener, en este caso, la rapidez y la efectividad que los ciudadanos demandan. Es de todo punto inadmisible, con los cadáveres de las últimas víctimas aún insepultos, que alguien pueda vanagloriarse públicamente y bailar sobre los cuerpos asesinados. La defensa de las libertades y el Estado de Derecho pasa necesariamente por la aplicación severa de la justicia a quienes ponen en peligro la convivencia y son cómplices confesos de los asesinos, pues se declaran sus «compañeros».

    Claro que, Otegui, fue en realidad su «compañero». El que pasa hoy por ser líder de la izquierda abertzale y el hombre que abanderó el proceso de paz, desde esas mismas posiciones, resulta que mandó en 1979 el comando «Kalimocho» de Eta-pm. Un comando formado por cinco miembros que intentó secuestrar a Gabriel Cisneros y secuestró de hecho a Javier Rupérez. Otegui no fue condenado por prescripción de los delitos. Pero su historial está ahí, en las hemerotecas.

Alerta policial
Editorial La Razón 11 Agosto 2000

El Ministerio del Interior desarrolla estos días una nueva estrategia para combatir la escalada asesina etarra, aprovechando el momento en el que la banda más obligada está a moverse, cuando sus sicarios tienen que salir de sus escondrijos para planear nuevos crímenes. Como hoy informa LA RAZÓN, los pasos dados por la banda en Madrid parecen esconder una forma de actuar, planificada hace años, ya puesta en práctica con los dos últimos coches-bomba para examinar la reacción policial y burlarla después en posteriores atentados.

    Por eso a la habitual labor antiterrorista se suma ahora en Madrid una actuación específica para multiplicar el número de agentes en las calles e intensificar los controles de identificación de vehículos, con el fin de obstaculizar los movimientos de los terroristas y prevenir atentados como el que supondría hacer estallar un gran artefacto en la ciudad, similar al que transportaban las furgonetas-bomba interceptadas en Zaragoza. La medida ocasionará inevitables molestias a los ciudadanos, aunque la experiencia de operaciones semejantes indica que la población siempre colabora de buen grado cuando se trata de capturar a asesinos de la calaña de los pistoleros etarras.

    La obligada repuesta policial es un trabajo sin duda difícil, pero que obliga a Interior a poner todos sus recursos en juego para evitar atentados y detener a los autores de los últimos asesinatos. Es obligación de la Policía y la Guardia Civil corresponder con su efectividad al apoyo ciudadano y extremar sus esfuerzos en la lucha contra Eta. Sus jefes, el director de la Policía, Juan Cotino, y el de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso, efectúan estos días visitas a las dependencias más implicadas en este trabajo. Y es de esperar que ambos sepan llevar allí tanto el aliento como la firmeza y los medios que se precisan para obtener una respuesta eficaz contra la escalada etarra.

Lágrimas y explicaciones
GERMAN YANKE  El Mundo  11 Agosto 2000

Asesinato tras asesinato, bomba tras bomba, uno se sienta ante el televisor con angustia. El dolor es palpable, gráfico, contagioso. Las escenas que se suceden producen una congoja indecible, todavía mayor cuanto uno, como los que aparecen en la pantalla, se resiste a aceptar que todo lo que ocurre sea verdad. Pero es así, ésa es la imagen real del País Vasco.

Junto al cadáver de José María Korta, veo llorar a Román Sudupe y expresar su desconsuelo y su rabia: «ETA ha matado a uno de los nuestros. Son los enemigos del nacionalismo y del País Vasco». ¿Piensa, acaso, que sería distinto si el asesinado no fuera uno de los suyos? No, le conozco muy bien y sé que no es así. He podido constatar personalmente, y muchas veces, que no concibe otro País Vasco que aquél en el que se sientan cómodos nacionalistas y no nacionalistas. Sudupe muestra su calvario porque constata que ETA se opone no sólo a su concepto racional de la organización política, sino a lo más próximo a su corazón. La violencia totalitaria no es, como a veces la consideran los nacionalistas, «un obstáculo»; es la quiebra de lo fundamental y el enemigo de cualquier aspiración razonable.

Veo llorar, con un gesto de abatimiento incontrolable, a Juan José Ibarretxe. Y, un poco más allá, al portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz. Aunque menos que a Sudupe, les he tratado a ambos. Del mismo modo que discrepo de sus ideas, comparto su dolor en lo que tiene de personal y también de constatación dramática de que el crimen anida entre nosotros.

Sólo unas horas después, de nuevo lágrimas en Berriozar y Castejón. Son más anónimas, pero no por ello menos terribles y significativas. La imagen de los padres de Francisco Casanova llegando al domicilio de su hijo asesinado llena de amargura a cualquiera. En éstas hay, en todo caso, más confusión, una mayor sensación de no comprender lo que pasa, el espanto de no encontrar lógica ninguna explicación. Los líderes nacionalistas, que también lloran, saben lo que está ocurriendo.

Veo también a Arzalluz en Zumaia. Y a Egibar, aprovechando la circunstancia para escupir lecciones. Sudupe, en contra de su inicial criterio, pactó con EH el Presupuesto de Guipúzcoa por imposición de la alucinación política de Egibar. Ibarretxe es lehendakari con los votos de EH porque la indigencia intelectual de Egibar le impidió cualquier otra opción. Imaz sabe muy bien que Egibar era el primer partidario de retirar a Arzalluz antes de que éste se rindiera a la halitosis de su plan sobre la acumulación de fuerzas nacionalistas y la eliminación de «obstáculos». Lloran porque saben que los compañeros de viaje nunca dejaron de ser enemigos. Cuando se calmen, deberían decírselo a ese líder del nuevo fascismo vasco. Y dar una explicación a los que lloran y no entienden nada.

Impunidad
POR Ramón PI ABC  11 Agosto 2000

LAS portadas de los periódicos de ayer hubieron de recoger el último asesinato de ETA, esta vez en la persona del subteniente del Ejército Francisco Casanova, cuando intentaba entrar en su domicilio de la localidad navarra de Berriozar. Pero también había otras muchas informaciones relativas a las reacciones ciudadanas contra los terroristas, al inicio de acciones judiciales contra Arnaldo Otegi, a las concentraciones de protesta por la escalada de violencia, etcétera. Y también aparecieron, otra vez, editoriales en casi todos los diarios de circulación nacional.

Digo «casi», porque La Vanguardia no llevaba ninguno. En lugar de editorial, el rotativo barcelonés insertó un artículo de opinión firmado por Ernest Lluch, ex ministro de Sanidad con Felipe González, titulado «Contra ETA, y punto»: «Este título pertenece a la senadora Pilar Aresti del PP y con esta frase quería frenar el enfrentamiento entre partidarios del PP y del PNV (...) Hacía pocos días que Mayor Oreja y Arzalluz, ambos de familias integristas, habían discutido más allá de la realidad sobre lo que acontece en la vida vasca. El ministro del Interior había vuelto a afirmar la exclusividad de la vía policial. Lo cierto es que en más de cuatro años apenas se ha utilizado y, cuando ha habido detenciones, ha sido en algunos casos mérito de la eficacia de la policía francesa. El notable ritmo de impunidad no tiene precedentes (...)».

Esta apelación a la falta de eficiencia policial y a la impunidad en la que se mueven los terroristas es tratada también por otros articulistas. Así, por ejemplo, José Luis Requero, portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura, escribe en ABC («Si no es delito, debe serlo»): «Los dirigentes batasunos son consumados expertos en declarar lo justo, en explicar la estrategia terrorista, identificarse con sus objetivos, hacer advertencias y enaltecer a ETA, pero sin incurrir en un supuesto de apología». Con esto alerta al lector sobre la posible impunidad en que podrían quedar las últimas declaraciones de Otegi, y opina que «si no hay delito habría que tomar nota, hacer acopio de lo dicho en los últimos tiempos y reformar el Código Penal para que sean apología declaraciones más o menos sutiles o escurridizas».

Y el propio editorial de ABC se titula justamente «Contra la impunidad»: «Es preciso emplazar al Gobierno para que incremente, cuanto sea posible, dentro y fuera de nuestras fronteras, la presión política y policial contra ETA y su entorno, que en los últimos días ha hecho auténtico alarde de impunidad al amenazar repetidamente de muerte a quienes mañana pueden ser víctimas de la organización terrorista. ETA está aprovechando el periodo de vacaciones para reducir la tensión de la respuesta social a sus crímenes, y esto es peligroso. Por eso, el Gobierno debe seguir dando a la sociedad española, ahora más que nunca, el amparo de un liderazgo visible y tangible».

El primer párrafo del editorial de El País («Cada cual en su sitio») se refiere a lo mismo: «Precisamente porque el momento es tan grave como parece, es la hora de que cada cual cumpla con su deber sin aspavientos ni histerias: el Gobierno, dirigiendo la política antiterrorista con eficacia (...); la oposición, apoyando y controlando la actuación del Gobierno legítimo y su resistencia frente al chantaje terrorista; la policía, persiguiendo y poniendo a disposición de la justicia a los terroristas y también a quienes insultan, agreden \ y amenazan a las personas que se manifiestan pacíficamente contra ETA; los jueces, aplicando la ley con sobriedad, y los ciudadanos, movilizándose de la forma más unitaria posible».

En el mismo diario, María San Gil, presidenta del PP de Guipúzcoa y teniente de alcalde amenazada del Ayuntamiento de San Sebastián, es entrevistada por Aurora Intxausti. Selecciono estas dos frases: «No entiendo cómo no les detienen y les llevan a prestar declaración a los juzgados. La impunidad absoluta es lo que me rebela». «No podemos permitir que esta gentuza campe a sus anchas y actúe impunemente».

El Mundo («Un pulso que ETA ni puede, ni debe, ni va a ganar») hace sobre todo un acto de fe en la victoria final contra el terrorismo, del que se deduce también, aunque implícitamente, una petición de eficacia: «ETA aprovechó a fondo el tiempo que le duró la tregua del año pasado (...) Estamos, pues, ante un desafío de una envergadura realmente importante, sin parangón en la Unión Europea actual (...) Ahora mucho más fuerte y más asentada que nunca, la democracia española superará esta nueva prueba (...) Es cuestión de tiempo. Del tiempo que las Fuerzas de Seguridad del Estado tarden en encontrar el hilo conductor que las conduzca hasta la cúpula etarra y a sus comandos (...) Nadie lo dude: cuando se tiene la mayoría y la razón, se vence. Antes o después». Hombre, si es antes, mejor.

Más allá 
Por Alfonso USSÍA  ABC  11 Agosto 2000

La Fiscalía del País Vasco ha presentado una querella criminal contra Arnaldo Otegui por apología del terrorismo. Me quedo frío con la decisión adoptada por los fiscales. Para que la Justicia recupere su función hay que ir mucho más allá. Otegui es un títere de la ETA, un vocero del terrorismo. Hay que querellarse con los socios fundamentales de los criminales, no con sus cotorras. Ni Román Sudupe ni el ridículo Ibarreche han llorado con la muerte del subteniente del Ejército Francisco Casanova. No hay motivos, porque no era de «los suyos». Lo hicieron cuando, víctima de los salvajes de su tierra, el empresario José María Korta fue «saludado» —según el sentido metafórico de Ramón De la Sota—, por «los compañeros jóvenes independentistas». Lloró Sudupe y lloró Ibarreche. El empresario guipuzcoano asesinado era de «ellos», y por lo tanto, sus criminales se convertían inmediatamente en «enemigos de Euskadi». Cuando la víctima es de «los otros», Sudupe no llora y a Ibarreche se la refanfinfla, y los que eran «enemigos de Euskadi» se convierten por arte de magia en «jóvenes exaltados que luchan por un proyecto común».

Sudupe es un sinvergüenza, e Ibarreche también. Pero en la cocina del caserío del terror, tan frecuentado últimamente, se mueven tranquilamente el gran cocinero y el pinche del menú diario de la sangre. La Justicia tiene que ser valiente y llegar más allá. Arzallus y Eguíbar han cumplido con creces con el delito, pero nadie se atreve contra ellos. ¿Cuánto soportará la sociedad?

A Francisco Casanova lo hemos llorado todos menos ellos, y a José María Korta, todos con ellos. La mayoría de los españoles llora la muerte de todo ciudadano inocente, mientras que los nacionalistas sólo lo hacen cuando la víctima es de los suyos. Ahí se establece la terrible frontera que separa a la razón del fanatismo. Entre la mugre de unos y el dolor de los más, surge la palabra de la Iglesia. Oración y diálogo.

Lo escribe el académico Domingo Yndurain. «Estos criminales son unos iluminados, algo que también tiene un componente religioso claro, algo que se ve demostrado por diversas conexiones del fenómeno terrorista vasco con la Iglesia». Mucha oración ahora, pero han estado navegando sin rumbo durante decenios. No sólo por la infamante actitud de los pastores proterroristas como el tardíamente cesado Setién, sino por el comportamiento de otros —Yanes, Sánchez, Blázquez—, rayanos en la perversidad corporativa. «Las víctimas del terrorismo abusan con sus peticiones», dijo monseñor Yanes un día del mal desayuno. Y ahora, la oración, después de confundir, amparar y establecer razones equivalentes entre el Estado de Derecho y sus víctimas y el terrorismo y sus asesinos y criminales condenados. Así que hacen estallar una bomba en Guecho, otra en Neguri, una tercera en Madrid, y el culpable es el Gobierno de Aznar, y no los terroristas que la ponen y activan. Así que mueren despedazados cuatro asesinos cuando se disponían a matar, y una gran parte de los vascos los aclaman como héroes. A esta situación de locura colectiva hemos llegado por dejarnos «saludar» y mantenernos dispuestos a que nos sigan saludando. Y cuando la razón parece adueñarse de todos los partidos políticos democráticos, llega Pujol y acusa al Gobierno de «arrinconar al PNV», y abre la boca el infelizmente deslenguado Felipe González y compara a Jaime Mayor Oreja con Le Pen. El primero, cae en el compañerismo nacionalista y el segundo en la infamia y la desvergüenza.

Nunca ha resistido una sociedad civilizada lo que ahora, y con tan escasas defensas, y con tanto sentido de la esperanza, como lo hace la española ante la furia sin límite de un nacionalismo asesino. Porque no se equivoquen. Ya no hay diferencias. Todo aquel que vote a un partido político que apoya institucionalmente a los criminales, se convierte en un cómplice del terror. ¿Seguirán votando a los nacionalistas los familiares de José María Korta?

Cansancio de la muerte, cansancio de la tristeza, cansancio de la reflexión, cansancio de la razón, cansancio de la Justicia. Ahora, después de tanto dolor, reacciona la Fiscalía y se querella con Otegui. Siempre con el subalterno, jamás con la cúpula del Poder que ha llevado a las Vascongadas a la ruina y la desesperación. Ahí están Arzallus y Eguíbar aguardando a la Justicia. No la temen, porque no actúa. Entretanto, todos los españoles —vascos incluidos, claro—, esperamos el «saludo» de los nacionalistas. Y eso es lo que nos hace triunfadores. Saber que no vamos a responder a sus «saludos». Podemos ser tontos, pero nunca asesinos.

«Nuestros», difícil pronombre posesivo
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  11 Agosto 2000

Francisco Casanova, ¿era de los nuestros? Lo pregunto porque, entre las muchas perturbaciones aportadas a la convivencia española por los terroristas etarras, hay que destacar los nuevos usos de los pronombres posesivos. Por ejemplo, el peneuvista Román Sodupe, diputado general de Guipúzcoa, alterado ante el asesinato de José María Korta, dijo: «ETA ha matado a un amigo, un abertzale, uno de los nuestros». Hasta ese momento pensaba y sentía que Korta, empresario admirable, era «de los nuestros»: de los vascos cabales, de los españoles honrados, de los europeos estimables y, sobre todo, de los hombres de bien. ¿Sodupe es también de los nuestros? ¿Quiénes somos los nuestros o, si se prefiere, de quiénes somos nosotros?

Don Quijote, en su hermoso discurso a los cabreros, llamaba dorados los pasados tiempos en que no se había descubierto todavía el sentido del tuyo y del mío. Hemos dado un nuevo salto, empujados por el nacionalismo vasco, y ya no sólo pueden ser nuestros los bienes materiales. También las personas pueden ser nuestras. Es, de hecho, la reinvención vergonzante de la esclavitud; pero sin negreros, con asesinos. El mismo fenómeno para otros usos. ¿Sólo son nuestros quienes sienten y piensan como nosotros? ¿Somos de ellos por pensar y sentir como ellos lo hacen?

A partir del dramático principio de que los muertos no tienen ideología, había llegado a la conclusión —que me perdone Sodupe— de que los muertos, por hombres, eran de todos nosotros. Hasta Patxi Rementería y sus compañeros en el siniestro viaje que se los llevó por los aires. Otra cosa es que nos produzca satisfacción y orgullo pertenecer al mismo «nosotros» que el subteniente Casanova y vergüenza y pena al de quienes —¿patriotas?, Otegui— se lo llevaron por delante asesinándole por detrás, cobardemente.

Esto de pertenecer al género humano trae, por lo que se ve, muchos sinsabores y muchísimas penas; pero, salvo que se tenga vocación de anacoreta, o de estilita como San Simón, y se vaya uno a vivir aislado en lo alto de una columna, la dignidad y la ética obligan a aceptar un nosotros más plural y comprensivo que el del radical prohombre del PNV. Los asesinos de Korta no tienen el mismo sentido del «nuestro» que Sodupe; pero no, como él dice, porque estén en «contra del nacionalismo y del País Vasco». Lo que quieren los miembros, más o menos violentos, de la izquierda radical e independentista es convertirse en los amos del País Vasco. No son sus enemigos, sino quienes lo utilizan contra todos los españoles para terminar alzándose con el santo y la limosna. Quienes quieren acabar con nosotros, con cualquiera de nosotros, no son, evidentemente, de los nuestros. Tampoco parece que sean de los suyos. La muerte no tiene ni género, ni número, ni caso.

Cosecha de sangre
ANTONIO ELORZA El País  11 Agosto 2000

En Los hundidos y los salvados, Primo Levi, uno de los más lúcidos supervivientes del Holocausto, dirigía una advertencia a las generaciones venideras. Resultaba erróneo creer que la aberrración nacionalsocialista se había extinguido en 1945. "Sucedió, y, por consiguiente, puede suceder de nuevo: esto es lo fundamental que tenemos que decir". Y tampoco existen sociedades vacunadas para evitar que se reproduzcan frente al orden democrático, de respeto de los derechos humanos, la irracionalidad y el ejercicio de la violencia que patentaron los nazis. Todo problema puede ser resuelto mediante el diálogo y los procedimientos democráticos, de modo que quienes optan por la violencia están creando un nuevo escenario en que sólo cabe esperar más violencia. Las ideologías que predican objetivos inalcanzables salvo por medios violentos, como la Gran Alemania o el País Vasco desde Bayona hasta el Ebro de Arzalluz, Egibar y Otegi, la Euskal Herria de ETA, en una palabra, dan forma a una línea espiral de la que solamente pueden esperarse catástrofes, ya que para resolver tales "contenciosos" la vía democrática no sirve por algo bien simple: los electores rechazan tales metas. Los firmantes del pacto de Lizarra saben que sus objetivos, sin ETA detrás, son papel mojado. Éste es el núcleo del problema vasco en la actualidad. ETA vio que los partidos nacionalistas democráticos firmantes de Lizarra titubeaban ante los resultados electorales desfavorables y optó por un empleo desesperado del lenguaje de la muerte. No es nada nuevo en la historia, y Primo Levi nos lo recuerda: el nombre es lo de menos; la lógica de exterminio del otro a quien no es posible imponerse por medios democráticos constituye la esencia, tanto del nacionalsocialismo como de otros movimientos políticos, ente los cuales cabe incluir a ETA y a su constelación de organizaciones legales.

De ahí que no quepa, por desgracia, pensar en un compromiso político razonable, salvo que a la rendición se le llame pacto. Conviene recordar que ETA rechaza de antemano que las instituciones democráticas actuales puedan satisfacer las exigencias de lo que ella llama "el pueblo vasco", es decir, los vascos que respaldan su estrategia independentista e irredentista. Y mata a quienes opinan tal cosa (empresarios vascos). Sería estupendo que lo que sugiere Margarita Robles, o lo que dibuja hasta el hastío Máximo fuera realizable, y que existiera la posibilidad de un debate con máximos y mínimos, para reformar si es preciso la autonomía vasca, de acuerdo con los planteamientos formulados por la mayoría parlamentaria nacionalista. Pero es ETA, aquí con el respaldo del vértice PNV y de EA, la que se sitúa en el todo o nada, exigiendo por encima de lo que opina, elección tras elección, la sociedad vasca que sea creado del Adur al Ebro un territorio independiente, unificado y euskaldún: de paz por presos, como se vio en la fugaz relación con el Gobierno, ni hablar.

De ahí que las voces más agresivas de la equidistancia tengan que recurrir al falseamiento de la realidad para mantener el tipo. Es lo que sucede entre nosotros una y otra vez con Haro Tecglen, fiel al planteamiento de Casandra escapista que ya exhibiera hace veinte años al enjuiciar el fenómeno de las Brigadas Rojas en Italia. Entonces, las BR secuestraban y mataban a Aldo Moro, pero el blanco político era el PCI por su rígido espíritu de resistencia contra los terroristas. Ahora, ETA asesina, luego es delincuente, y, una vez hecha esta imaginativa constatación, todo se reduce a martillear con fuerza sobre el tópico de que la culpa es del Gobierno, y de Mayor Oreja en particular. Para sostener tal desviación de responsabilidad, Haro se ve obligado a escribir que ETA rompió la tregua porque ese Gobierno no le propuso contactos: ¿es que se encuentra tan ocupado que ni lee el diario en que colabora? Y, por supuesto, la unanimidad debe existir en el tema ETA, en contra de lo que él escribe, como la hubo en Timor o debió haberla sobre el genocidio de Chechenia: unanimidad en la condena del terror, y en la formación contra sus aspiraciones y métodos de una alianza al modo de los viejos frentes populares, por encima de otras diferencias políticas. A continuación podrán ser criticados cuanto se quiera Aznar y Mayor Oreja, pero siempre de acuerdo con una ponderación que deje claro quién es el responsable del crimen y quién el que no consigue resolver suficientemente su esclarecimiento. De otro modo, estamos, y vergonzantemente, en el lugar de las plañideras cómplices de EH. Aplíquese la burla, o la triste constatación, a MVM, como hubiera escrito Samaniego.

Nos encontramos en tiempos trágicos, en los cuales, siguiendo el consejo de Ortega, resulta imprescindible buscar la claridad en la visión. Y lo primero, de nuevo frente a quienes argumentan al estilo Haro, es tomar nota de una evidencia: la tregua de ETA no fue tal tregua, como la propia banda explicó para el plano político, sino una reorganización, en el curso de la cual se repusieron comandos, fueron robados explosivos y los chicos de la información elaboraron los informes de los que surgen los muertos de cada día. Basta comparar la situación de la ETA rejuvenecida de hoy con la de 1998 para darse cuenta de cuáles eran los respectivos estados de la cuestión, y del rendimiento que la organización terrorista ha sacado de ese descanso reparador. Aquí la demagogia se convierte en pura inconsecuencia si tenemos en cuenta que la preparación de un crimen forma parte de ese mismo crimen. Y sería preciso tomar en consideración también qué hizo, si es que hizo algo, para impedir tal reorganización de ETA, el consejero de Interior del Gobierno vasco, un hombre que hace un año protestaba contra la detención en Francia de una etarra, por otra parte cargada de información sobre futuros atentados. Todavía Balza no se ha disculpado y posiblemente no tiene por qué hacerlo: cada uno, a lo suyo. Su conducta fue fiel a Lizarra y lo que sucede es estricta consecuencia de lo que ETA entiende por Lizarra. Otra cosa es lo que un observador exterior tenga derecho a pensar de semejante actitud.

Ésta es una de las tragedias de la actual situación: que los partidos nacionalistas democráticos sigan, como en el chiste del baturro, pase lo que pase, encerrados con el juguete de Lizarra sin detenerse siquiera un momento a medir las consecuencias de su alianza blindada con los cómplices de unos criminales, que por lo mismo son tan criminales como los terroristas. Ibarretxe y otros miembros del Gobierno vasco han condenado a ETA, pero ¿qué han dicho de EH y otros satélites? ¿No conocen a estas alturas el organigrama político de ETA? Entre txakoli y funeral, ¿todavía no se han dado cuenta de que EH/HB es una formación política de estricta obediencia a ETA y que, por lo tanto, seguir en Lizarra con EH supone compartir el objetivo político de ETA? ¿No alcanzan a percibir todavía que ETA carece de razones para replantearse su táctica asesina si en medio de la sangre el PNV sigue en Lizarra? En el caso concreto de Ibarretxe, cuando habla de que el conflicto vasco tiene 160 años de antigüedad (lo que, por otra parte, es prueba de ignorancia o de fe en el mito sabiniano) y ETA, dentro de aquél, 40, ¿desconoce que está otorgando a ETA la justificación para insistir en su reguero de muertes, hasta que se resuelva el imaginario contencioso montado en cartón piedra por Sabino Arana hace un siglo?

Vista la docilidad del nacionalismo democrático, así como su lealtad a toda prueba a Lizarra, ETA puede permitirse el lujo de golpear a personas cercanas al nacionalismo, como el presidente de Adegi. PNV y EA lo aguantan todo; para ellos, Aznar y Mayor son los malos de la película. La desviación de responsabilidad opera a pleno rendimiento. Y una vez puesta a prueba esta válvula de seguridad, cuanto ocurra en el resto de España no le interesa a ETA, salvo para medir el efecto de desmoralización que busca con sus crímenes, juiciosamente repartidos por la geografía nacional. Mientras no cambien, el PNV en primer término, la respuesta oficial y el coro de equidistantes, los etarras pueden seguir matando al por mayor sin coste político alguno, ya que los asesinatos rebotan hacia terceros del mismo modo que lo hace la pelota al percutir sobre el frontón con una trayectoria que la lleva contra el público.

De momento, en un plano estrictamente técnico, ETA está ganando la batalla que ha planteado a favor de su reorganización y constituye un error por parte del ministro Mayor Oreja no haber explicado la situación al definirse ésta hace un mes. No son coletazos de una agonía; ETA se encuentra fuerte en términos de capacidad de acción y políticos al mantenerse Lizarra. Lo que importa es que no gane una guerra donde está en juego no la independencia de la Gran Euskal Herria, sino la vida democrática en Euskadi. La última de las estupideces sería pensar que los agentes de este ejercicio bien meditado de terror político van a transformarse en honrados y tolerantes gestores de una democracia si alcanzan su meta y comparten el poder con personajes del tipo hoy imperante en la cúpula del PNV.

Por otra parte, ya es hora de que el Gobierno Aznar salga del círculo de las imprescindibles condenas y olvide para siempre el lenguaje de las descalificaciones, que son cosa bien distinta de las críticas. Es preciso abordar el tema con una amplitud de horizontes que hasta ahora han faltado por entero, tomando la iniciativa de una recomposición del tejido democrático por medio de una convocatoria que se olvide del objetivo a corto plazo de reemplazar a Ibarretxe y tienda sinceramente la mano al PNV. Me atrevo a augurar que éste la rechazará, poniendo su precio soberanista de siempre, pero entonces las responsabilidades políticas quedarían definitivamente claras para quien quiera verlo. Y debe también, sin bravatas, crear las condiciones para que el Estado de derecho no se convierta en un Estado de impunidad. La precisión a la hora de aplicar la ley no ha de seguir siendo incompatible con la utilización de unos métodos de lectura e interpretación de textos y declaraciones sobre los que la lingüística tiene ya acumulado bastante bagaje científico. Cargar sobre "la clase política" o sobre el PP -alcaldes de Berriozar y de Guecho- la responsabilidad de un atentado supone pura y simplemente legitimar de modo indirecto, pero también inequívoco, la actuación de ETA, amén de exculparla. Si Otegi juzga compañeros suyos a unos etarras cargados de explosivos y ratifica la necesidad de proseguir la lucha, nos encontramos estrictamente ante un discurso terrorista, y como tal debe ser tratado. Parece que sólo el juez Garzón sabe leer entre nosostros determinadas cosas. En España, por iniciativa de Violeta Friedmann frente a Leon Degrelle, es delito poner en tela de juicio el Holocausto; parece absurdo que la asociación explícita con ETA no merezca igual tratamiento.

En suma, ante una crisis como la presente, resulta necesario insistir en la reflexión y en el rigor, evitando que impere el sentimiento de impotencia. Resulta peligroso olvidar la advertencia de Tocqueville: la democracia sirve antes para un gobierno apacible o para exigir del pueblo un esfuerzo vigoroso que para afrontar una prolongada tormenta.

Antonio Elorza es catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense.

Voici le temps des assassins
EDUARDO HARO TECGLEN El País  11 Agosto 2000

El hombre de HB llama patriotas a los que murieron con las armas que llevaban para matar. El jefe del Ejército chileno llama patriota al asesino Pinochet; y miles de civiles salen a la calle en Chile para defender el crimen patriótico. En Tejas ejecutan a dos hombres y millones de civiles votan a quien lo mandó, Bush, para que sea presidente. Se pasan las páginas de periódico y los minutos de radio y televisión, y aparecen asesinos sin armas, jaleadores, entusiastas, ideólogos estúpidos.

Yo soy muy genérico, muy amplio: por ejemplo, me parece un asesinato la muerte de los ciudadanos de Irak, cuya vida ha descendido a la media de 56 años -aquí, a 76; más larga en el País Vasco, por la calidad de vida- como consecuencia del bloqueo de Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea. Me siento incluido en el plural de los cómplices, porque mi situación geográfica, mis impuestos, la corriente de opinión que me rodea, acepta este bloqueo asesino, y el de otros países (cuento, cómo no, el de Cuba, apoyado por sus compatriotas civiles de Miami: los que comen bien). La media de vida ha bajado porque mueren más niños y jóvenes madres en el parto: los más débiles caen antes. Peor aún en África, donde la media de vida era de 60 años durante la colonización y ahora es de 50.

"Ha llegado el tiempo de los asesinos", decía Rimbaud ("Voici le temps des assassins"); lo era, lo había sido antes, y lo seguiría siendo: no vio lo peor. Pero miremos aquí y ahora: en el tiempo del hombre o la mujer que se acerca por la espalda al que entra en su casa, o al que toma una copa con sus amigos, y le mata. Y a los que salen a la calle para corear esa muerte. Y a quien llama patriotas a los que murieron cuando iban a matar. Lo eran: porque todavía el hombre no es suficientemente libre como para no sentirse patriota, ni suficientemente inteligente como para saber dónde esta la independencia, y qué es la libertad; y qué hace el caucasiano cuando mata a la gente en el metro de Moscú. O el agente que se finge caucasiano para justificar el crimen militar en Chechenia, donde otros asesinos han hecho creer en la independencia nacional.

El tiempo de los asesinos empezó, dentro de nuestro gran mito religioso y patriótico -todo es lo mismo, todo lo juntan-, con el de Caín. No terminará: la civilización no cambia ese pensamiento. La dirigen generalmente los asesinos. Pero cuanto más cerca tenemos el crimen y su coro, más absurdo nos parece. Esto es, más asesino.

La ofensiva  
ANTONIO GALA El Mundo  11 Agosto 2000  

Las revoluciones se hacen en verano, cuando la gente va ligera de cascos y de ropa. ETA intenta un tour de force. Trata de ser ubicua; de gritar en un sitio y poner la bomba en otro; de dar la sensación de que son muchos y de que los mejores están con ellos; de salir de sus propias fronteras y sembrar nuevos odios... Quizá sea difícil terminar con su sangrienta escoria. Porque la cobardía no tiene corazón al que apuntar ni rostro al que escupir; porque el terror es sencillo de encender cuando se esconde la mano después de asesinar... Pero también es difícil, más difícil aún, terminar con nosotros.

Frente a la nada
Por Valentí PUIG ABC   11 Agosto 2000

La plasticidad atribuible a los comportamientos del Estado no es, en su caso, de naturaleza elástica o coyuntural sino jurídica, mandataria de un orden supremo. En estas condiciones, existe la ley o se procede a la inmersión en la nada. Es un territorio innegociable. Así lo asume perversamente el terrorismo de ETA y por eso mata a bocajarro en un garaje de Berriozar, como lleva matando durante largas décadas. Ni el desmantelamiento del franquismo, la transición democrática, la nueva vividura constitucional, ni el alto techo competencial del Estatuto vasco ni la voz plural de quienes en la sociedad vasca se oponen a la muerte sirve de nada salvo para reforzar un estado de opinión pública notoriamente desatendido por los conformantes del pacto de Estella. El tiro en la nuca se mantiene.

En su razón última, no es tan sólo una cuestión del enfrentamiento entre demócratas y no demócratas, entre otras cosas porque se puede dudar de los sistemas representativos sin ponerse a matar ni a merecer la muerte. La opción es más simple: se trata de estar por la vida o por la muerte. En el debate de las buenas intenciones a veces se deslizan argumentos que más bien servirían para empedrar las estancias del infierno. Aquí todo el mundo lleva tiempo preguntándose qué puede hacerse para lograr la pacificación del País Vasco cuando de lo único que se trata es de que ETA y su entorno dejen de matar y de justificar la muerte. Deben optar por la vida si quieren reencontrarse con una sociedad civil que actualmente regula su convivencia política de forma más bien anómala pero con la posibilidad de explorar las amplias potencialidades del Estatuto de autonomía. La otra opción es el terror y la muerte, rasgos de un horror inmune a las retóricas de la pacificación. Salvo que prefiera administrar la nada, lo mejor que el gobierno de Ibarretxe puede ofrecerle a los ciudadanos del País Vasco es poner la Policía autonómica a trabajar enteramente para llevar los terroristas a la cárcel y atajar la violencia callejera.

Un País Vasco absolutamente «abertzale» según el modelo de la Albania comunista y desgajado de España sería un logro más bien miserable. Ni tan siquiera en la extraña hipótesis de un proceso de autodeterminación iba a ser factible anular para el futuro todos los vínculos de siglos entre las gentes vascas y la composición de España. Existe un capital de autoridad que procede de los anales de la historia y que se encarna en las leyes que rigen la vida cotidiana de los pueblos. Más allá, sólo existe la nada, configurada como tiranía anhelada por su carácter de remedio frente al estado de miedo.

Es perceptible una cierta situación social de anomia, caracterizada —según Ralf Dahrendorf— por la pérdida de validez de las normas que regulan el comportamiento de la gente, ya sin la fuerza clara y presente de las sanciones, porque, donde prevalece la impunidad, la efectividad de las normas está del todo amenazada. Es la tendencia al cero, a la nada letal. Todo comienza en gran parte cuando recurrimos a los eufemismos, como hablar de violencia de baja intensidad. Una primera impunidad desencadena las pesadillas de la anomia.

Se pide también un margen de maniobra para que el PNV pueda resolver sus incertidumbres y diseñar la etapa post-Arzallus. Quizás no esté de más hacerlo así pero la memoria reclama tener en cuenta que el PNV siempre ha tenido un amplio margen de maniobra. Se le otorgaba en virtud de una política de Estado basada en la suposición de que si alguien podía dar con la solución al problema de ETA sería Arzallus. No de otro modo se negoció el Estatuto vasco en La Moncloa y en los despachos ministeriales: los solicitantes aducían que, a más competencias, más certificaciones podían dar de que eso acababa con ETA de una vez. Lo saben no pocas personalidades de UCD, como lo practicaron las mentes más sensatas del felipismo, incluso en clave de elección de «lendakari». No puede sorprenderle a las buenas gentes del PNV que en Soria, Málaga, Vigo o Tarragona no se entienda cómo decidieron irse con Arnaldo Otegi.

A quienes se preguntan qué cosa podría negociarse en estos momentos no es ocioso sugerirles que ahora mismo negociar sería otra formulación de la nada. Iba a implicar la corrupción moral de toda una sociedad en manos del terror y una incurable alteración del pulso del Estado. Es inmensamente atroz estar así, entre la vida y la muerte, pendientes de la última noticia sobre un atentado que al poco recibe unos callados parabienes. Entonces se cuentan los muertos y se les entierra con el carné en la boca. Es el triunfo más bien siniestro de la dialéctica de «nosotros» y «ellos», de «los nuestros» y «los suyos». Así viene transcurriendo este largo verano de la impunidad.

Diálogo
Alejandro MUÑOZ ALONSO La Razón    11 Agosto 2000
   
En el vocabulario político la palabra «diálogo» ocupa un preferente lugar de honor. Está muy bien visto hablar de diálogo, recomendar el diálogo, presentar el diálogo casi como solución universal para cualquier problema. Quien insiste en la conveniencia del diálogo queda siempre bien, sea político en ejercicio, obispo, periodista o modesto ciudadano requerido por alguna improvisada encuesta callejera. Digamos que el diálogo pertenece al acervo de lo «políticamente correcto», y no se vea ironía en esto. Al fin y al cabo vivimos en regímenes parlamentarios, cuyo fundamento último es el culto a la palabra, la convicción de que la palabra es el instrumento por excelencia para conciliar las discrepancias y ordenar el espontáneo pluralismo que existe en la sociedad.

    De diálogo se está hablando mucho en España, antes y durante la situación producida por la presente escalada terrorista. Con la mejor de las intenciones, muchos hablan de diálogo como panacea frente al terrorismo, dando a entender que bastaría sentarse y hablar para que el problema terrorista entrara en vías de solución. Pero las cosas no son tan simples, sobre todo porque debe aclararse primero a qué llaman diálogo unos y otros. No se puede dialogar con los que no tienen más argumentos que la bomba y la pistola, ni rompiendo los fundamentos del Estado de Derecho ni con la única finalidad de apaciguar momentáneamente al violento, permitiéndole que gane tiempo para seguir matando después. Hay que desmitificar el diálogo, porque bajo esa etiqueta, algunos sólo buscan la rendición sin condiciones. Tras la etiqueta del diálogo se están tratando de vender, irresponsablemente, lo que es invendible. También forma parte del vocabulario político la palabra «Munich», para describir la situación en que cuando, con finalidades de apaciguamiento, se hacen concesiones al que amenaza con las armas en la mano. La lección del Munich histórico y de todos los Munich de la historia la fijó profética e imperecederamente Churchill en una frase inmortal: «Habéis querido impedir la guerra al precio del deshonor. Ya tenéis el deshonor, pero también tendréis la guerra». 

Y hay quien quiere resolver el problema de Eta con esta fórmula. Cuando se dialoga bajo la amenaza de las armas, ninguna cesión parcial es suficiente para quien amenaza, que sólo se conformará con el todo o nada. Y ese es el diálogo que quiere Eta, cuyas condiciones son de sobra conocidas: «ámbito vasco de decisión» y «territorialidad». Dos conceptos cuyo significado es conocido y que equivalen a la independencia. Cuando algún nacionalista quiere poner el ejemplo de gobiernos «dialogantes» como los de Blair o Jospin, habrá que recordarle que lo que esos dos primeros ministros han concedido o están dispuestos a conceder, ya existe en el País Vasco y queda muy por detrás del grado de autogobierno que supone el Estatuto de Guernica. Ninguno de esos gobiernos se acercaría, ni de lejos, a lo que Eta exige a golpe de muerte.

    Se podría, sin embargo, dialogar con el PNV, pero para que ese diálogo fuera posible y fructífero son exigibles dos condiciones, al menos, que ese partido, cada vez más alejado de su supuesta moderación y de su supuesto carácter democrático, no está dispuesto a aceptar: romper los vínculos que le unen, en el Pacto de Estella, con el brazo político de los terroristas de Eta, a los que el propio Otegui considera como «compañeros». Y, en segundo lugar, abandonar el maximalismo separatista que le sitúa fuera de la Constitución y del Estado de Derecho. Ambas condiciones suponen para el viejo partido fundado por Sabino Arana recuperar los modos de actuación que le han permitido estar presente en el proceso de Transición democrática en España y en la vida política posterior. Aunque este partido haya hecho muy poco para aplicar en el País Vasco, en el que ha gobernado durante más de veinte años, los mismos principios democráticos, pluralistas y tolerantes, ni el imperio de la ley vigentes en el resto de España.

    Plenamente de acuerdo con los que dicen que hay que «ayudar» al PNV a recuperar la sensatez. Pero es ese partido quien tiene que dar los pasos concretos hacia el sentido común. Cuando se ha cometido un error estratégico tan tremendo como el Pacto de Estella sólo cabe rectificarlo. Pero mientras esa rectificación no se produzca cualquier disimulo es engañoso y puede enviar un mensaje equívoco. El error es de quien lo comete, no de quienes lo denuncian. Y el único remedio es desandar el mal camino andado. Sólo después se podrá hablar de reconciliación. Cuando alguien se «sataniza» a sí mismo es el colmo de la hipocresía acusar a los demás de «satanizadores».

    El diálogo tiene unas reglas en cuanto a sujetos y objeto del mismo que no se pueden ignorar, so pena de fracaso. Pero, además, tiene unos requisitos en cuanto a dónde se debe dialogar. Aquí se ha hablado mucho de «mesas» y «foros» de diálogo, que están muy bien cuando no hay ningún otro ámbito adecuado, por ejemplo en el caso del «diálogo social». Pero en democracia el foro adecuado de diálogo es el Parlamento y es allí donde debe tener lugar cualquier diálogo, de modo que los contactos extraparlamentarios sólo tienen sentido para preparar los debates que, constitucionalmente, deben producirse en el Parlamento. Con las dos Cámaras de las Cortes Generales y los diecisiete Parlamentos autonómicos, no le faltan a España instituciones para la discusión de los asuntos públicos. Quien quiera discutir el «problema» vasco que lo haga en las Cortes o en el Parlamento de Vitoria y que acepte el mecanismo de mayorías y minorías que rige en esas instituciones. Cualquier otra cosa es un intento de manipular la voluntad popular, de obtener ventajas que las urnas no han sancionado. Cualquier otra cosa es prescindir de la Constitución y de las exigencias del Estado de Derecho. Y, por ello, es radicalmente antidemocrático.

Ibarreche y Madrazo quieren hablar
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital    11 Agosto 2000

El presidente del gobierno vasco, Juan Jose Ibarreche, ha mostrado su interés en poder conversar con el PP en su casa de gobierno. Es su reacción política más vigorosa después del ataque de llantina que le produjo el asesinato de su amigo Korta. Cuando matan a otros vascos menos amigos suyos, menos correligionarios y menos nacionalistas, Ibarreche se emociona poco, tan poco que a veces ni va a los funerales. Podía haberse personado en Pamplona para decir que el PNV renuncia a cualquier tentación anexionista de Navarra, pero no, parece que prefiere ahora hablar con el PP, aunque no sabemos muy bien de qué. El problema de ese encuentro en la tercera fase de desconcierto nacionalista es doble: que el PP quiera reunirse con uno de los grandes responsables institucionales de la escalada terrorista, con el lehendakari de Lizarra, y si Ibarreche va a estar escoltado por su aliado parlamentario, base esencial de su gobierno, el proetarra Otegui. En ese caso, habida cuenta de la orden del fiscal para procesar a Otegui por apología del terrorismo, el representante del PP debería acudir a la charla acompañado de la Guardia Civil, para hacer cumplir la Ley o, simplemente, por precaución ante los aliados de Ibarreche, los amigos del crimen cuando no criminales ellos mismos, a veces encargados del área de derechos humanos.

También Madrazo dice que quiere reunirse, pero no sólo con el PP, sino con todos los partidos políticos. Como es posible que les invite a que se unan al pacto de Estella con ETA, resultaría muy imprudente hacerle caso a Madrazo. Cuando abandone la alianza estratégica con los etarras, tal vez pueda hacerse algo por reinsertarlo en la vida civil. De momento sería muy arriesgado. Lo mismo vuelve a comparar a Mayor Oreja con Goebbels y hay que mandarlo con Ibarreche.

Lo que estos piden no es diálogo, sino poder confesarse con alguien, pero para eso hay personas mas cualificadas que los políticos del PP. Los confesores suelen estar en las iglesias. Los psicoanalistas, en las Paginas Amarillas. Hay que mirar en la P.  

Escalada de muerte y miedo
JAVIER GOMEZ DE LIAÑO El Mundo    11 Agosto 2000

CUATRO VISIONES PARA UNA CRISIS. La situación compleja que atraviesa durante los últimos días el País Vasco es analizada por cuatro destacadas firmas en estas dos páginas. El que fuera magistrado de la Audiencia Nacional Javier Gómez de Liaño analiza las últimas declaraciones del líder de EH, Arnaldo Otegi, y defiende la necesidad de aplicarle el Código Penal. El presidente de CDN, Juan Cruz Alli, reflexiona sobre el último atentado de ETA, cometido en Navarra, comunidad de donde fue presidente. El escritor y miembro del Foro de Ermua Raúl Guerra Garrido dibuja un panorama sombrío sobre la realidad del País Vasco en su artículo. Completa la visión política un artículo del portavoz del PSE en las Juntas Generales de Vizcaya, Jon Montabán, quien analiza la figura de Otegi y defiende la necesidad de que abandone la política tras su rotundo fracaso en la gestión de HB.

Al hilo de la dramática actualidad y en recuerdo de las víctimas, hoy quiero escribir del terrorismo. Lo hago con el alma en pena por los muertos todavía calientes y también con vergüenza por los que matan.

¿Por qué el terrorismo?, me pregunto a menudo. Unas veces pienso si no será porque, según escribía Maquiavelo, la inhumana crueldad produce temor y respeto. Otras, cavilo que quizás obedezca a que el fanatismo engendra impiedades, o a que, recordando a Homero, en el corazón de un terrorista sólo habita el amor por la violencia. Debo confesar que siempre que he tenido delante a un terrorista, lo más que me ha enseñado ha sido la cicatriz de la barbarie y siempre he pensado que el peor drama es su destrucción moral.

Terrorismo y terrorista vienen del latín terror terrere que significa miedo muy intenso, dominación por el terror o persona partidaria del terrorismo. Mario Vargas Llosa cuenta cómo el anarquista Ravachol gritó «nadie es inocente», en el momento que arrojaba una bomba contra los estupefactos comensales del café de La Paix, en París, a los que hizo volar en pedazos. Lo mismo debieron pensar el ácrata que tiró otro artefacto explosivo contra los desprevenidos espectadores del Teatro Liceo de Barcelona, en plena función de ópera, o el sanguinario Henry Parot cuando hizo rodar un coche bomba contra el cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza.

Traigo a colación estas muestras para dejar claro que una acción terrorista no suele ser producto de la irreflexión o consecuencia de un trastorno del juicio, sino que en la mayoría de las ocasiones obedece a la lógica estricta de asustar a la población con el uso sistemático del asesinato.

«Queremos escandalizar a la gente... Este es nuestro único modo de comunicar con ella», afirma uno de los clásicos terroristas. Mañana, igual que hoy y que ayer y que anteayer, habrá nuevas manifestaciones de dolor y solidaridad. Sin duda que, como todas, serán reconfortadoras, pero con profundo respeto hacia los asistentes, creo que estos testimonios son cajas de resonancia para los terroristas y que jamás evitarán los asesinatos. Lo mismo que las huelgas de hambre no dan de comer a los hambrientos, estoy convencido de que el grito a coro de «basta ya», ni el gesto de unas «manos blancas», ni la pancarta de «fuera ETA» devuelven la razón a los sinrazón. Los españoles llevamos mucho tiempo contemplando a la fiera que nos ataca, y se me ocurre si las repulsas y las lágrimas son instrumentos idóneos para acabar con esta historia de sangre y para defender a pie firme lo que no podemos perder: la paz y la libertad.

Por supuesto, nada de penas de muerte para quienes hasta dan pena por la que ellos siembran. La muerte no debe llamar a la muerte, ni el Estado volver por pasiva la oración de los que aprietan el gatillo. En palabras de Jaime Campmany: ahí está la Constitución. O, recordando a nuestro Camilo José Cela, otro del que uno jamás se cansa de aprender, en esta terca lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la tiniebla, ganará el que resista y conserve la serenidad hasta el fin, pero nunca empleemos el terror para responder al terror, pues ése es el camino que el terrorista busca para darse fuerzas de flaqueza. Nada de sangre para borrar la sangre, sino todo lo contrario, es decir, el imperio de la ley que permita acabar con ETA y encerrar con llave a todos los empeñados en seguir vertiendo sangre, incluido los obsesivos entusiastas y los dementes enfurecidos. Con cumplir las penas de prisión impuestas es suficiente. Lo otro se llama perder los nervios y de ahí a recurrir a métodos moralmente rechazables hay un paso.

Con la satisfacción de ver que la ley se aplica, me alegra que el fiscal haya interpuesto querella contra Arnaldo Otegi por apología del terrorismo. Ignoro los detalles de la acción penal pública, pero a mí me parece que decir que hay que seguir la lucha emprendida por cuatro terroristas, es un delito de provocación al asesinato contemplado en el Código Penal y que por razón dela pena que pudiera corresponder y demás circunstancias concurrentes -aquí sí que hay alarma social-, procedería la prisión preventiva.

Al margen de textos legales, el portavoz de EH debería saber que hay obvias diferencias entre un soldado y un asesino, un patriota y un canalla, y entre un compañero y un compinche. También que querer arreglar el País Vasco desde una minoría sanguinaria, sembrando la muerte y el miedo, es muestra de demencia y de corrompidos sentimientos. Conozco a Arnaldo Otegi Mondragón de cuando, junto a otros dos magistrados, tuve que juzgarlo por los secuestros de Javier Rupérez y Gabriel Cisneros, de los que, merced al Estado de Derecho, fue absuelto -por otro secuestro lo condenaron. Eso era en 1989, el primero, y en 1990, el segundo, justo un mes antes de irme del CGPJ. Lo recuerdo en el banquillo. Era un hombre joven y grueso, con el mismo mirar de hoy, del que no sé decir si es de odio o de locura. A veces los terroristas miran como jóvenes bestias, como víboras, igual que esa serpiente enroscada que preside el anagrama de ETA.

Ni el País Vasco, ni España entera, donde sus habitantes siempre hicieron honor de las virtudes de vida y esperanza, pueden seguir sumidos en el dolor del tiro en la nuca o el sobresalto de una explosión. Que los vascos tienen parte de razón es algo que nadie -o casi nadie- les niega, pero sus políticos necesitan del equilibrio necesario para no perderla. No nos engañemos: el terrorista del País Vasco es una mala hierba de esa tierra verde.

Hubo un tiempo -el de la llamada tregua- que parecía que ETA había comprendido que en democracia cualquier objetivo político, incluida la independencia de Euskadi, no puede lograrse con el lenguaje de las armas. Entonces no hubo atentados y admito que fui uno de los optimistas que pensábamos que ETA, por fin, estaba dispuesta a encontrar sólo en la palabra la senda para sus reivindicaciones. ¡Lástima haberme equivocado!

Aun así, a estas alturas de la tragedia, sigo confiando en fórmulas de entendimiento. Ruego que no se me malinterprete y que no se confunda pacto con rendición, que suena a guerra y a ejércitos vencedor y vencido. Me sumo a quienes, con el cardenal Rouco Varela a la cabeza, se declaran partidarios del diálogo, siempre, claro está, que no se plantee en una mesa ensangrentada. Nada malo hay que hablen entre sí los diferentes sectores del nacionalismo vasco, los unos y los otros, incluidos los que justifican la violencia. Después de esos encuentros, si resultasen fructíferos, habría otros entre nacionalistas y no nacionalistas. Por último, si fuere menester, se llamaría a referéndum, cosa que no debe asustar, aunque, eso sí, con participación del resto de los españoles que quieran dar su voto sobre el asunto. Mientras eso ocurre, que la Justicia siga su estrella que es la ley. Después, a esperar que las heridas puedan cerrarse y cicatrizar. Y así, hasta la paz final.

Cuando el dolor y la rabia, a partes iguales, se aloja en el corazón del hombre de buena voluntad, comprendo que ese hombre llore su impotencia. Pese a todo, tarde o temprano, el terrorismo será derrotado.

Javier Gómez de Liaño fue miembro del CGPJ y magistrado de la Audiencia Nacional

Un paisaje sin amor
RAUL GUERRA GARRIDO El Mundo  11 Agosto 2000


CUATRO VISIONES PARA UNA CRISIS. La situación compleja que atraviesa durante los últimos días el País Vasco es analizada por cuatro destacadas firmas en estas dos páginas. El que fuera magistrado de la Audiencia Nacional Javier Gómez de Liaño analiza las últimas declaraciones del líder de EH, Arnaldo Otegi, y defiende la necesidad de aplicarle el Código Penal. El presidente de CDN, Juan Cruz Alli, reflexiona sobre el último atentado de ETA, cometido en Navarra, comunidad de donde fue presidente. El escritor y miembro del Foro de Ermua Raúl Guerra Garrido dibuja un panorama sombrío sobre la realidad del País Vasco en su artículo. Completa la visión política un artículo del portavoz del PSE en las Juntas Generales de Vizcaya, Jon Montabán, quien analiza la figura de Otegi y defiende la necesidad de que abandone la política tras su rotundo fracaso en la gestión de HB.

Escribo desde el hondón del miedo, desde un profundo Euskadi en donde todo razonamiento es falso si no se inicia con la premisa de reconocer la existencia de un miedo pánico y escénico condicionador de toda conducta. En donde hasta escribir un artículo tan inocuo como éste da miedo. Y en donde la stendhaliana recomendación de Pío Baroja «ver en lo que es» se ha transformado en «ver en lo que me dicen» y decir lo que se ve es un ejercicio de alto riesgo. Escribo un día después de que tres coches bomba hayan sembrado nuestras calles con cinco cadáveres y a través de la ventana observo una playa repleta de un público ansioso por broncearse.

Contemplo el hermoso paisaje de Euskadi. El paisaje no es un fenómeno natural sino cultural, sujeto a interpretación, de ahí que pueda contemplarlo como un Jano bifronte, o sea como dual, esquizofrénico e incomunicado consigo mismo. Esta dualidad es lo que más me aterra y quizá sea el hecho que menos se quiera ver. Es el gran tabú. El lenguaje se ha pervertido en sinónimos aberrantes y así independencia se pronuncia paz y el preso etarra es un preso vasco como si estuviera encarcelado por vasco y no por terrorista: pero el fenómeno que apunto es tan definitivo que ni siquiera se le ha adjudicado sinónimo, bajo cualquier nominación es innombrable con la vana esperanza de que lo que no tiene nombre, y por tanto no se cita, deja de existir. En romance llano me refiero a la creciente escisión de la sociedad vasca en dos comunidades, fenómeno más político-militar que civil, eso sí, pero que no por ello deja de ser una realidad en marcha y a las pruebas me remito.

A modo de parábola. Si Nieves y Dolores, dos hermanas gemelas ciudadanas de cualquier lugar del ancho mundo, fuesen a visitar por separado a sus amigas también gemelas Edurne y Nekane, vascas residentes en una capital vasca, y consumieran la visita Nieves en casa de Edurne (nacionalista) y Dolores en casa de Nekane (constitucionalista), a la vuelta a su lugar de origen y comentar sus periplos -sus amistades, su actividad social, los lugares frecuentados- no darían crédito a sus oídos pues difícilmente podrían creer haber coincidido en la misma ciudad: ni un solo lugar, persona o sentimiento común en ambas experiencias. Ni siquiera habrían participado en las mismas manifestaciones.

Muchos, ante estas palabras, se rasgarán escandalizados las vestiduras. Decir que el rey va desnudo no es que sea políticamente incorrecto sino mucho más, cualquier cosa desde difamación a alta traición; pero la realidad es tozuda y ahí está inmóvil y escindida. Si alguien quiere ratificarla, no tiene más que ensayar la prueba de las gemelas. Uno, tras el atentado que calcinó su farmacia, comprobó en sus propias carnes la frialdad aritmética del dualismo innombrable: el 99,5% de las muestras de solidaridad procedían de un hemisferio y sólo el 0,5% del otro, de entre cuyo conglomerado sí procedían los cócteles molotov. (Un inciso: En ambos hemisferios una notable ausencia, ni la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco ni el Ministerio de Cultura de la España estatal y cual se dignaron preguntarme sime había chamuscado, la defensa de la libertad de expresión no les atañe). Y para quien siga sin creerse la esquizofrenia, una última prueba, la del algodón: no tiene más que conectar con ETB, la televisión oficial de la autonomía vasca, y comprobará cómo su ámbito de referencia es la territorialidad añorada por todo abertzale, del Adour al Ebro, y cómo las referencias se circunscriben a sólo la mitad de la población.

El desamor, por decirlo amablemente, es el único intercambio sistemático entre dos mitades cada vez más definidas por indignos e indignados, por victimarios y víctimas, por quienes nunca condenan la violencia y quienes nunca dejarán de condenarla, y sobre todo, ay, por quienes están con los suyos con razón o sin ella y quienes todavía nos esforzamos en ser razonables con unos y otros. Ojalá fuera un fantasma la existencia de dos comunidades; la sociedad civil aún se resiste, pero una determinada presión política, en especial desde el Pacto de Estella, no hace sino forzar el divorcio. Uno ve con absoluto pesimismo el futuro del País Vasco, contempla un paisaje florecido de miedo y desamor.

Raúl Guerra Garrido es escritor y miembro del Foro de Ermua.

La cadencia infernal de ETA
JUAN CRUZ ALLI El Mundo  11 Agosto 2000

CUATRO VISIONES PARA UNA CRISIS. La situación compleja que atraviesa durante los últimos días el País Vasco es analizada por cuatro destacadas firmas en estas dos páginas. El que fuera magistrado de la Audiencia Nacional Javier Gómez de Liaño analiza las últimas declaraciones del líder de EH, Arnaldo Otegi, y defiende la necesidad de aplicarle el Código Penal. El presidente de CDN, Juan Cruz Alli, reflexiona sobre el último atentado de ETA, cometido en Navarra, comunidad de donde fue presidente. El escritor y miembro del Foro de Ermua Raúl Guerra Garrido dibuja un panorama sombrío sobre la realidad del País Vasco en su artículo. Completa la visión política un artículo del portavoz del PSE en las Juntas Generales de Vizcaya, Jon Montabán, quien analiza la figura de Otegi y defiende la necesidad de que abandone la política tras su rotundo fracaso en la gestión de HB.

ETA viene protagonizando una escalada de violencia irracional y sanguinaria que pretende doblegar a toda la sociedad. Ante su incapacidad para que los ciudadanos y ciudadanas acepten su mensaje político totalitario, trata de imponerlo por el terror y la extorsión. Con un disfraz nacionalista oculta una ideología perversa que se nutre en las fuentes de todos los totalitarismos que en el mundo han sido. El «problema vasco» lo recrean con su intolerancia y fanatismo y por la coacción tratan de imponer sus «soluciones» contra la voluntad mayoritaria de la propia sociedad vasca. ¿Existe alguna diferencia entre la fórmula nazi para el problema judío y la de ETA para el problema vasco? La coincidencia es total. Primero han creado el problema y luego matan a quienes no participan de sus concepciones y fórmulas para solucionarlo. Al final el supuesto problema es la excusa para justificar el genocidio de quienes no pertenecen a su camada, de los diferentes, de los libres, de los demócratas, de todos cuantos creen en la persona y en su libertad.

Los violentos se autoalimentan en sus células de terror con la sangre, el dolor, las lágrimas, la indignación y la rabia que producen en quienes sufren y rechazan sus aciones. No creen en la fuerza de la razón y la libertad, sino en la sinrazón de la fuerza y la esclavitud. Han organizado su guerra particular contra toda la sociedad, contra las instituciones, contra el Estado y contra el mundo entero, porque todos ellos no merecen vivir fuera de los dogmas que ellos tratan de imponer. No hay mayor intolerancia que la de los dogmáticos que son capaces de sacrificar la vida y la libertad de quienes no quieren ser redimidos por ellos. Por eso ETA está contra todos, porque se han investido de redentores de un pueblo que no los secunda y quiere ser libre sin la tutela de quienes quieren someterlo a la esclavitud.

Estos momentos duros y difíciles dan, una vez más, valor a la divisa medieval de los Infanzones de Obanos del Reino de Navarra: «Pro libertate Patriae, gens libera state». Para conseguir un pueblo libre, es necesario que el pueblo libre esté en pie. Hemos de tragarnos el dolor, la rabia, la indignación y la impotencia. Hemos de reaccionar con serenidad, sin asumir las provocaciones, sin entrar en su dinámica de «acción-reacción», confiando en las instituciones y en los poderes del Estado democrático de Derecho. Pero no hemos de aceptar la violencia ni las muestras de intolerancia como algo que nos supera. La violencia es un cáncer político y social, pero se diferencia con la enfermedad en que ésta es imprevisible y, a veces, inevitable. No podemos achantarnos frente a los violentos que atentan contra todos cuando lo hacen contra cualquier persona. No podemos aceptar el ser sometidos a la dictadura del terror. El conseguir un pueblo libre en democracia ha costado muchos esfuerzos como para que ahora estemos dispuestos a ser víctimas del nuevo totalitarismo.

El pueblo libre y demócrata debe estar en pié, dispuesto a garantizar los derechos de las personas, a defender el sistema y a defenderse de sus enemigos, con las armas de la feen sí mismo, en sus instituciones y en los medios del poder legítimo del Estado de Derecho. Frente a la barbarie totalitaria hemos de defender el valor de la democracia y la libertad. Frente a los atentados a las personas, reivindicamos su valor supremo, por encima de cualquier ideología, forma de Estado, hecho nacional, identidad racial o cultural. Frente a la pretensión de amedrentar a todo el pueblo, nuestra fortaleza y convicción de no dejarnos dominar por el miedo o la impotencia. Las fuerzas políticas democráticas son el medio para que la sociedad se refuerce en sus valores y se una en la defensa de las personas, de su vida y de su libertad. Frente a la amenaza a los valores más importantes de nuestra sociedad no puede haber razones de oportunismo electoral o de estrategia partidista, sino acuerdo entre los partidos democráticos y la sociedad. El encuentro de todos sólo puede producirse en el espacio común de las instituciones que son apoyadas mayoritariamente. La actual situación sólo tiene un responsable que es ETA y quienes le apoyan, secundan o jalean. ETA es el problema vasco y la amenaza para la vida y la libertad de todos. Su violencia es la prueba evidente de su incapacidad para entender la vida, la libertad y la democracia. EH tiene la responsabilidad de liberarse de la tutela de ETA, de hacerle comprender su sinrazón histórica y política y de exigirle el cese total e indefinido de la violencia revolucionaria, de los atentados y de la kalea borroka.

Los partidos nacionalistas moderados han intentado reconducirlos al debate político e institucional, pero está claro que no están dispuestos abandonar sus métodos. Les agradecemos el esfuerzo y el coste asumidos. Han de reconocer su fracaso y que, una vez más, como les ocurrió con el Estatuto de Estella y el carlismo, se han equivocado de socio. Estella ha sido, también ahora, la piedra en que ha vuelto a tropezar el nacionalismo vasco.

No se puede integrar en el sistema democrático a quienes no tienen tales convicciones, sino radicalmente contrarias; ni creen en sus instituciones, sino que intentan incluso con violencia. A partir de ahí el lugar del PNV y EA no está con quienes emplean y justifican la violencia totalitaria, sino con quienes creen en la persona, en sus derechos y en la sociedad democrática.

El proceso nos confirma que el totalitarismo revolucionario, con metodología maoísta, que inspira a ETA, utiliza cualquier medio para conseguir sus fines, mata para imponerse y trata de someter a toda la sociedad al su particular Gulag estaliniano, a la «dictadura popular» camboyana de Pol Pot o a los campos de concentración hitlerianos. Todo ello radicalmente contrario a la libertad democrática. El denominado «problema vasco» es en realidad un «proceso revolucionario vasco» dentro de la U.E. Una cosa es que haya desaparecido el socialismo real en Rusia y la Europa del Este y otra, muy distinta, que lo haya hecho el marxismo-leninismo como ideología revolucionaria, antiliberal y anticapitalista. Juan Cruz Alli Aranguren es presidente de CDN

Otegi debe dimitir
JOSU MONTALBAN El Mundo  11 Agosto 2000

CUATRO VISIONES PARA UNA CRISIS. La situación compleja que atraviesa durante los últimos días el País Vasco es analizada por cuatro destacadas firmas en estas dos páginas. El que fuera magistrado de la Audiencia Nacional Javier Gómez de Liaño analiza las últimas declaraciones del líder de EH, Arnaldo Otegi, y defiende la necesidad de aplicarle el Código Penal. El presidente de CDN, Juan Cruz Alli, reflexiona sobre el último atentado de ETA, cometido en Navarra, comunidad de donde fue presidente. El escritor y miembro del Foro de Ermua Raúl Guerra Garrido dibuja un panorama sombrío sobre la realidad del País Vasco en su artículo. Completa la visión política un artículo del portavoz del PSE en las Juntas Generales de Vizcaya, Jon Montabán, quien analiza la figura de Otegi y defiende la necesidad de que abandone la política tras su rotundo fracaso en la gestión de HB.

Coincidiendo tanto con la muerte de los cuatro militantes de ETA como con el asesinato de José María Korta, el presidente de los empresarios guipuzcoanos, Arnaldo Otegi ha afirmado que en Euskadi la muerte de los vascos debe responder, únicamente, a razones biológicas y no a razones políticas.

Desde la profunda distancia que nos separa, su aserto es tan verdadero como ambiguo. ¿Qué ha querido decir? Su aseveración tanto sirve para rechazar las muertes y el terrorismo que las ha motivado, como para admitir que hay razones políticas que justifican las acciones terroristas.

Pero la muerte que no obedece a un proceso biológico no tiene ningún sentido; por tanto comparto con él que morir por razones políticas es una aberración propia de sistemas irracionales. Digo que comparto, aunque no creo que él comparta mis reflexiones.

Por esto, y por algunas otras razones que no vienen a cuento ahora, Arnaldo Otegi debe dimitir.

El fue el llamado a administrar la acción política de EH cuando HB estaba dispuesta a finiquitar. Su misión era, entre otras cosas, mostrar un rostro amable en el entramado abertzale que se creó para propiciar el Frente de Lizarra con el PNV, EA y demás organizaciones nacionalistas. No sólo eso, sino que la tregua de ETA debía mostrar nuevas caras a los vascos que permitieran albergar esperanzas y adherir voluntades, si no de forma activa, sí condescendiente. Arnaldo Otegi fue esa cara y, de alguna manera, esa esperanza.

Por eso, ahora que ha quedado ahogada esa esperanza tras la escalada brutal de los últimos tiempos, Otegi ya no sirve. Debiera prestar un importante servicio a los vascos dimitiendo de su cargo.

Poco a poco, se han ido difuminando tanto los órganos directivos de la izquierda abertzale, que no cabe ya poner cara, ni nombres y apellidos, a esa dirección. De poco sirve ya la posible buena voluntad de Otegi porque no parece capaz ni de arrancar una nueva tregua, ni de conquistar consensos políticos, ni de adscribir nuevas gentes a su proyecto político. Peor aún, ha conseguido cargarse el nacionalismo democrático en lo que respecta a su credibilidad.

Debe dimitir para ayudar al esclarecimiento de la situación y al posicionamiento del nacionalismo vasco.

Debe hacerlo por el bien del nacionalismo democrático y por el bien del no nacionalismo democrático. Porque lo que importa hoy, más que nunca y sobre todo, es la democracia y la libertad. ¡La convivencia!

Josu Montalbán es portavoz del PSE-EE en las Juntas Generales de Vizcaya

La verdadera naturaleza de Eta
José María CARRASCAL La Razón  11 Agosto 2000

Escucho a gente del PNV desconcertada, horrorizada: «¿Pero por qué han matado a José Mari Korta? ¡Si era de los nuestros!» Oigo a militantes del PSOE: «¿Pero por qué han matado a Juan Mari Jáuregui? ¡Si defendía el diálogo, la negociación!» Los últimos crímenes de la banda terrorista tienen tan confundidos como aterrados a los que hasta ahora se habían mostrado más dispuestos a pactar con ella. «¿Pero qué quieren, qué buscan? -se preguntan- ¿No se dan cuenta de que así se echan enfrente a los que defendíamos una solución pacífica del conflicto, que así dan argumentos a los partidarios de la linea dura?». Con lo que demuestran una vez más que no entienden a Eta, que nunca han entendido a Eta. 

A Eta nunca le ha interesado la negociación, el diálogo, la salida pacífica del conflicto vasco. Si le hubiera interesado, la hubiese tomado hace mucho tiempo, pues hubo múltiples ocasiones. A Eta la única salida del conflicto que le interesa es la violenta. Lo acaba de reafirmar Otegi a todos los vientos: «Vamos a conquistar el futuro de este país luchando». O sea no negociando, no pactando, no dialogando y, desde luego, no por elecciones. Luchando. Que para ellos significa pegando tiros en la nuca, poniendo bombas y, en un plano menor, con la kale borroka, con la lucha callejera, donde se curten los que luego pegan tiros y ponen bombas. Y hay cierta lógica, su lógica, en ello: pactando, negociando, participando en elecciones saben que nunca alcanzarán sus objetivos. Sólo por la violencia, sólo matando a los que más les estorban y amedrentando al resto tienen posibilidad de alcanzarlos. 

Por eso se han lanzado a una ofensiva de sangre y fuego, por eso han roto la tregua, por eso no quieren participar en ninguna elección, por eso no tienen miedo a enfrentarse incluso a los que les tienden la mano. Porque no les interesa en absoluto el compromiso, la política, el pacto. Ya saben cómo han caracterizado el de Estella: como una farsa. Les interesa sólo la guerra. Y se la han declarado a todas las demás fuerzas, como Hitler se la declaró a todas las demás naciones. Como para Hitler, para los actuales dirigentes de Eta, la política ha dejado de tener todo valor, substituida por la violencia. Hay incluso buenas razones para sospechar que ya ni les interesa lo más mínimo el futuro, la independencia del País Vasco, como a Hitler le interesó muy poco el futuro de Alemania cuando vio que no podía realizar sus planes de esclavizar a toda Europa, y lo único que pretendió ya fue alargar la guerra, hacerla más destructiva, más tremenda, hundir a Alemania con él. Así, Eta apunta hoy a los que están levantando Euskadi con su esfuerzo, los empresarios, como castigo por no adaptarse a sus esquemas. Estamos tratando con fanáticos, con iluminados, con mesiánicos, con poseídos, con delirantes. A ver cuándo se enteran los que creen que puede llegarse a un acuerdo con asesinos.

Estado de Derecho

Por Enrique de Diego Libertad Digital 11 Agosto 2000

El Estado de Derecho prevalecerá. Es una frase que no hay ninguna duda en refrendar, pero siempre que el Estado de Derecho exista, que sea respetable para ser respetado. El problema es que en el País Vasco hay un déficit de Estado de Derecho que va de la mano con un déficit de orden público, entendido como esa convivencia pacífica en la que el ciudadano es defendido del delito y del delincuente. Es lo que los demócratas llamamos solución policial.

En el País Vasco se cometen todos los días impunemente delitos. El delito lo que pretende, de hecho, es enseñorearse de la calle como forma para dar un golpe de Estado. Los resistentes suelen indicar que no son héroes o que no puede pretenderse que lo sean. Deberían ser simplemente ciudadanos. Cada día, en el País Vasco se perpetran patentes delitos de amenazas. Se intenta establecer una especie de derecho de contramanifestación, que no es otra cosa que ese delito de amenazas practicado en horda. Hace unos meses moría asesinado un concejal del PP al que con anterioridad el portavoz de las gestoras proamnistía había llevado el aviso mafioso. En vez de ser detenido el delincuente, salió por televisión como si estuviera ejerciendo la libertad de expresión. A la presidenta del PP de Guipuzcoa la gritan los concejales de HB “San Gil, vas a morir”. Ahora va a actuar la Fiscalía. Hay manifestaciones en las que se grita “Gora eta militarra”, que es apología del terrorismo, y “ETA, mátalos”, que es un claro delito de amenazas. Otegi se refiere a asesinos en serie como “compañeros”.

La unidad de los demócratas existe, porque está en la calle, en las gentes, en los hombres y mujeres de la libertad. Pero los mismos que se manifiestan en la calle saben que la solución no está en las concentraciones, sino en el Estado de Derecho, pero no como un concepto abstracto, sino como algo real, tangible, sin dar carta de naturaleza al delito como costumbre.

Con frecuencia, da toda la impresión de que unos de los compromisos subyacentes al Pacto de Lizarra es precisamente el deterioro del Estado de Derecho mediante la inhibición de la ertzantza. Ahí está la escasez de detenciones ante la magnitud de los atentados cotidianos de la violencia callejera, o la tendencia a “separar” a manifestantes y contramanifestantes, consintiendo un reiterado delito de amenazas.

Defendamos, pues, el Estado de Derecho, pero que el Estado de Derecho defienda el sentido común y el imperio de la Ley. Donde el Estado de Derecho cede lo que surge es el conflicto civil.

Aflicción
ERASMO El Mundo  11 Agosto 2000

El dispositivo escenográfico de Arzalluz es recurrente. Huevos en cada cesta o como los teros, los pájaros del Martín Fierro: en un lao ponen los gritos/ en otro ponen los huevos. La mano derecha que empuña el arma, ajena a las elegantes volutas que traza en el aire la mano izquierda, adorno impúdico del discurso de condena. Nunca el verbo de pésame fue tan previsto, ortopédico y ocioso.

Los frutos malignos de la tregua-trampa
Lorenzo Contreras La Estrella 11 Agosto 2000

A la gente de Euskal Herritarrok, en la alcaldía de Barriozar, le preguntaron quién había dado el soplo o la información que habría de servir para localizar sin problemas y "ejecutar" al subteniente del Ejercito Francisco Casanova. Esa es la cuestión: la minuciosa información que los asesinos de ETA reciben cada vez que hay una víctima. Se conocen sus pasos, sus costumbres y hasta la alteración de sus costumbres. En el caso del subteniente, destinado en el Regimiento de Cazadores de Montaña América 66, de la localidad navarra de Aizoain, seguramente no faltó detalle. Lo siguieron hasta el edificio en el que vivía y lo "cazaron" en el garaje antes de que tuviera tiempo de bajar de su coche. Sabían cuando llegaba. Pero sobre todo sabían quién era, como vestía que grado de desprotección era la suya, si se considera que, aparte de la igualdad humana de las víctimas, el subteniente era "políticamente" un objetivo de menos resonancia, se comprende que ETA dispone de una vastísima red de blancos a los que puntar. Blancos de distinta importancia con los que mantener un ritmo de agresiones sin descanso. Y esta vez le ha tocado a Francisco Casanova, uno de esos crímenes de "porque sí" que cubren las necesidades criminales de la banda.

La prolija infomación le llega a ETA desde todas las zonas de la sociedad, desde todos los estamentos. Se habla en ocasiones de los infiltrados que hay en la organización terrorista. Pero ellos, los etarras, sí que se infiltran. Y siempre, por vulgar que sea el crimen, hay en la sociedad vasca y fuera de ella quienes piensan que "algo habrá hecho la víctima de turno para entrar en el turno".

Probablemente lo único "malo" que Casanova hizo ha sido ser poco militar en el sentido social de la palabra, integrarse en la sociedad y darse un baño de vida civil hasta llamar la atención entre aquellos rastreadores de datos que ETA tiene permanentemente a su servicio.

Cada día que pasa es más evidente el aprovechamiento que la banda hizo de la tregua, perfeccionando su entramado organizativo, dotando sus finanzas, incrementando su arsenal hasta ser ella misma un polvorín. En lo organizativo se duda poco, si es que se duda, sobre la reconstrucción de los comandos regionales: ahora, en Navarra, el siniestro "Nafarroa" que ha sido, pese a su crueldad especial, el más vulnerable, seguramente porque Navarra es Navarra.

El "comando Madrid" ha dado ya abundantes señales de vida como maquinaria de muerte. Es probablemente la célula más beneficiada por la tregua, con razón llamada tregua-trampa porque permitió a ETA el mayor respiro preparatorio. Una preparación que, en lo "financiero", se patentizó con la certeza de que la banda seguía percibiendo el "impuesto revolucionario". Igual que en lo que atañe al arsenal no hace falta recordar demasiado, aunque sí lo justo, la importancia que tuvieron y tienen los robos perpetrados en la Bretaña francesa con la complicidad de algunos separatistas galos, concretamente corsos, sin olvidar a elementos de Iparralde o País Vasco-Francés.

Pero importante, por el contrario, es también la creciente unidad que se observa en las actitudes de los partidos políticos, especialmente entre el PP y el PSOE. Este último ha mantenido en las últimas horas un interesante vis a vis con los representantes del ministerio del Interior. Hay que compartir la información y los puntos de vista. Llegar a decisiones bien respaldadas por una barrera de criterios firmes que no se traicionen con inesperadas divergencias, puesto que lo que se ventila es una vital cuestión de Estado.

Crece, mientras tanto, la soledad del PNV. Al no romper con los pactos de Estella/Lizarra, los nacionalistas proporcionan a ETA un apoyo que carece de contrapartida. Ellos, pues se ven aislados, teniendo institucionalmente que dar la cara en situaciones trágicas que representan cada día una acusación, un interrogante, un porqué que el mundo exterior les dirige para buscar una respuesta lógica que no puede llegar.

Utopía e imaginación
Joaquín MARCO La Razón 11 Agosto 2000

La desaparición de las ideologías o su metamorfosis ha conllevado el descrédito de las utopías políticas. Son contados quienes las defienden como horizonte y mucho menos como proyecto por el que el individuo es capaz de arriesgar su vida. Pero, no cabe duda de que la defensa de una sociedad igualitaria volverá. Las utopías colectivas pueden resultar peligrosas incluso para la misma colectividad que pretenden defender y transformar. La utopía es un proyecto que exige sacrificios. La nazi costó millones de vidas y la soviética acabó con la utopía misma. Así lo entendieron sus camaradas chinos que han elaborado un extraño mejunje de organización social, ya que en él conviven dos sistemas económicos y uno político. Su acelerado crecimiento abre muchas incógnitas sobre el futuro de aquella nación-continente. También, en su origen, los nacionalismos actúan sobre previos modelos utópicos. La pasión nacionalista puede presentarse, en nuestro país, de forma moderada y como violencia armada (que es como la soportan en Euskadi). No importa tanto que la utopía sea factible o no, sino que algunos iluminados se la apropien como forma y plan de vida.

    Uno intenta justificar la violencia (siempre injustificable) a partir de una utopía: la construcción de un gran País Vasco, que incluya los territorios franceses y Navarra. Éste es un modelo utópico expansivo, agresivo y próximo a la «expansión vital» de los nazis alemanes que justificó la II Guerra, que ha permitido hacer germinar en un grupo de jóvenes y gente madura el fanatismo y la capacidad de vivir en continua enajenación. Los etarras deben compararse con el pueblo kurdo, dividido entre varios países, humillado y acosado, mísero y consciente de la injusticia histórica que con él se comete. Las miserias de los kurdos podemos entenderlas, sin justificar el terrorismo; pero más difícil resulta defender una lucha armada en un pueblo que goza de una de las autonomías más amplias de Europa, con parlamento propio, instituciones, lendakari, alto nivel de vida y posibilidades de acceder a más beneficios en el marco de un Estado democrático, un país que no sólo ha recuperado su lengua, sino que la ha reinventado en los últimos años. 

Tampoco el resto de España acaba de entender qué es lo que pretenden los etarras, excepto provocar dolor, miedo y enturbiar la vida política con atentados. Algunos creerán que es la realidad la que se equivoca. Que unos pocos deben y pueden modificar la evolución natural de un pueblo. Ésta es la maldad intrínseca de la utopía cuando se encarna en un grupo de individuos, cegados en la razón y carentes de principios morales. Pero la utopía, como proyecto, en la ciudad, en una forma de vida, en un orden social, en la ciencia o en las artes, puede ser también germen de progreso. Un utópico no es alguien que piensa en las musarañas y pretende vivir seráficas existencias. Las utopía deben tomarse bajo prescripciones y alejadas del fanatismo. Contra él combatieron con las ideas los hombres de la Ilustración en el siglo XVIII, el de las Luces.

Grupos de radicales incendian autobuses y producen  sabotajes durante el 'borroka eguna'
EH se desvincula del ataque contra una sede social del PNV porque dificulta la "colaboración entre las dos fuerzas abertzales"
San Sebastián/Bilbao Estrella Digital 11 Agosto 2000

Grupos de radicales provocaron ayer diversos actos de violencia por las calles del País Vasco. Incendiaron tres autobuses en San Sebastián y uno en Baracaldo, atacaron con cócteles molotov la vivienda de un policía nacional en Vitoria y un edificio de Telefónica en Zamudio(Bilbao) y quemaron la sede social del PNV en la localidad guipuzcoana de Legazpi. Además se interrumpió el tráfico ferroviario entre Irún y Andoiain (Guipúzcoa) a causa de un sabotaje producido por otro grupo violento.

El ataque de la sede social del PNV (batzoki) en Legazpi se produjo hacia las cinco de la madrugada cuando un grupo de violentos arrojó líquido inflamable y prendió fuego a la planta baja del local, donde se encuentra el local social, el bar y las cocinas, que resultaron dañadas, lo que obligó al desalojo de los vecinos del primer piso del edificio.

Sin embargo Euskal Herritarrok desvinculó a la izquierda nacionalista de este hecho en un comunicado en el que aseguraba que se "sitúa al margen del análisis de la izquierda abertzale, más aún en un momento en el que estamos reivindicando el trabajo en común entre las fuerzas abertzales para llevar a cabo el proceso de construcción nacional de Euskal Herria".   

"El ataque de Legazpi es incomprensible, porque supone un claro obstáculo para llevar a cabo esa colaboración", subraya la formación izquierdista.   

Los radicales atacaron por segunda vez la vivienda
de un policía nacional y continuaron con
la quema de autobuses

Por otro lado, unos encapuchados prendieron fuego a un autobús tras hacer bajar a sus ocupantes en la localidad vizcaína de Barakaldo e incendiaron otros tres en San Sebastián, según informó la Ertzaintza a Europa Press.

Asimismo, ayer se produjo el segundo ataque a una vivienda de un funcionario del Cuerpo Nacional de la Policía desde que comenzaron los altercados radicales, tras la muerte el lunes de los cuatro etarras cuando transportaban explosivos en un vehículo.

Según informó la Delegación del Gobierno en el País Vasco, el sabotaje se registró a pasada la una de la madrugada en la calle Amizcarra de la capital alavesa cuando un grupo de desconocidos atacó la vivienda particular de un agente de la Policía Nacional en Vitoria, sin que se produjeran daños personales, ya que el piso se encontraba vacío. 

Interrumpen el tráfico de trenes entre Irún y Andoain
al quedar inoperantes las vías de Hernani
a causa de otro sabotaje

Otro sabotaje provocó la suspensión del tráfico ferroviario de Renfe entre Irún y Andoain (Guipúzcoa). Los saboteadores rompieron en Hernani las contrapesas de la catenaria de la vía en ambas direcciones, lo que interrumpió el tráfico de trenes.

En Vizcaya un grupo de encapuchados atacó el edificio que la compañía Telefónica tiene en la localidad de Zamudio, según informó la Ertzaintza a Europa Press.

El asalto se produjo a las once y media de la noche, cuando varios desconocidos, que iban con la cara cubierta, lanzaron varios cócteles molotov contra la fachada de las oficinas de Telefónica. Aunque no hubo fuego ni fue necesario desalojar los edificios colindantes, el ataque provocó daños en la fachada, que se vio afectada por el humo, y la puerta principal del edificio.

También un grupo de encapuchados quemó la máquina expendedora de billetes de la estación de Euskotren en el barrio donostiarra de Loiola.

Por último el alcalde de Villava, Alfonso Ucar, denunció ayer el ataque contra las piscinas de esta localidad, en cuyo interior unos desconocidos vertieron pintura que ha dejado fuera de uso estas instalaciones y en cuya fachada aparecieron pintadas responsabilizando a UPN de la muerte de cuatro presuntos miembros de ETA.

La patronal guipuzcoana reconoce que ETA ha enviado nuevas cartas de extorsión a empresarios
Adegi y Confebask exigen a los políticos que creen una nueva mesa de diálogo para buscar soluciones a la ofensiva terrorista
Madrid Estrella Digital 11 Agosto 2000

Los empresarios vascos han recibido una nueva remesa de cartas amenazantes de ETA en las que la banda exige el pago del 'impuesto revolucionario', según reconoció ayer el secretario general de la patronal guipuzcoana (Adegi), José María Ruiz Urchegui. Ante esta situación, junto con el presidente de Confebask, exigió a los políticos que dialoguen y se muestren unidos contra el terrorismo.

José María Ruiz Urchegui, en declaraciones a la Cadena Ser, subrayó con un "sí rotundo" que "los empresarios siguen con ese chantaje" en relación a la nueva campaña de ETA para exigir fondos al empresariado vasco, y, aunque negó haber recibido ninguna, reconoció que "es algo muy duro", que antes apenas tenía trascendencia porque "antes no se enteraba nadie, ni siquiera la familia".

Esta nueva remesa de cartas que ETA ha enviado para exigir el pago de importes económicos a empresarios vascos se suma a la que la banda dirigió recientemente a industriales madrileños, y también a los empresarios mallorquines que financiaron el yate del Rey Don Juan Carlos.

Las cantidades reclamadas entonces rondaban en algunos casos los 60 millones de pesetas, y los terroristas amenazaron con considerarlos "objetivo militar" en caso de que se negaran al chantaje.

La última ofensiva lanzada contra el empresariado vasco por la banda terrorista ETA comenzó el pasado 25 de junio con la explosión de un coche bomba en Getxo. Además, se cobró el pasado día 8 su primera víctima mortal, al asesinar al presidente de la patronal guipuzcoana, Adegi, José María Korta, mediante la explosión de un coche bomba frente a su empresa en Zumaia, Guipúzcoa.

Crear una mesa de diálogo
Ante este acoso de ETA, Ruiz Urchegui y el presidente de Confebask, Román Knörr, coincidieron ayer en "exigir a los políticos capacidad de negociación porque para ello se les paga, no para que profundicen en ellos", según señaló el primero.

En declaraciones a la Cadena Ser recogidas por Europa Press, los dos dirigentes empresariales insistieron en la necesidad de que las fuerzas políticas se muestren unidas frente al terrorismo, ya que además del problema de la violencia, en el País Vasco se vive la dificultad de la división política.

Román Knörr reiteró "hoy más fuerte y más rotunda que nunca" su petición y exigencia a los partidos democráticos para que "de una vez por todas sean capaces de sentarse alrededor de una mesa y no levantarse hasta no hallar y buscar soluciones".

Un grupo de batasunos, acorralado en Pamplona al grito de «asesinos»  
PAMPLONA. Javier Pagola  ABC   11 Agosto 2000

Vecinos de Pamplona que participaban en una concentración para condenar el asesinato de Francisco Casanova arrinconaron al grito de asesinos a militantes de EH que intentaban desplegar una pancarta en recuerdo de los cuatro etarras muertos en Bilbao, lo que fue impedido por la Policía, que detuvo al dirigente batasuno Juan Cruz Aldasoro.

La Corporación de Pamplona acordó ayer destituir a los concejales de EH de sus cargos en distintos organismos municipales.

A las 12.30 del mediodía, varios cientos de personas se concentraron en la plaza del Ayuntamiento junto a los cargos de los partidos democráticos que portaban una pancarta con el lema «Por la libertad. ETA no».

En uno de los laterales de la plaza se encuentra la sede de EH, donde hay desplegada una «ikurriña» con crespón negro en memoria de los cuatro etarras muertos en Bilbao.

Minutos después del comienzo de la concentración pacifista, varios cargos y militantes de EH intentaron desplegar una pancarta en memoria de los pistoleros muertos. La Policía les conminó a que desistieran de la provocación. Ante la violenta resistencia que opuso el coordinador de EH en Navarra y miembro de la Mesa Nacional, Juan Cruz Aldasoro, fue reducido por la fuerza hasta caer al suelo y, detenido. En un ambiente de tensión, la Policía retuvo a una decena de simpatizantes de Jarrai en el mismo lugar para proceder a su identificación. La actuación policial fue correspondida con fuertes aplausos por parte de las personas que participaban en la concentración, quienes, al mismo tiempo, intensificaron los gritos de «¡asesinos, asesinos!».

El portavoz de la coalición proetarra en Navarra, Pernando Barrena, con el cadáver de Francisco Casanova aún sin recibir sepultura, no tuvo reparos en calificar el acto de los ciudadanos de Pamplona como «contramanifestación» que «ha pisoteado la concentración que pretendía hacer EH en recuerdo del asesino Patxi Rementería, muerto junto a tres de sus secuaces por su propia bomba. Sus palabras apenas se oían al intensificarse los gritos de «asesinos, asesinos», «ya podéis matar todo lo que queráis que no vais a poder con nosotros» o «sin pistolas no sois nadie».

Al acabar la concentración uno de los agentes expresó su alivio porque «si no actuamos, podría haber habido un linchamiento porque la gente está muy crispada».

Antes, el pleno extraordinario del Ayuntamiento aprobó una moción en la que se acordaba promover la destitución de los concejales de EH con representación en distintos órganos como Consejos Escolares, centros de salud o Consejos de Administración.

CONDENA DEL PARLAMENTO
Según la alcaldesa, Yolanda Barcina, «no puede admitirse que representen a tan digna institución corporativos que no condenan los atentados de ETA». El pleno municipal también mostró su condena por el asesinato del subteniente Casanova. El Parlamento de Navarra aprobó al mismo tiempo una declaración similar en el transcurso de un pleno, tras el que se celebró una concentración.

El vigilante herido en el atentado de Madrid continúa en estado grave
Agencias Libertad Digital 11 Agosto 2000  

El vigilante jurado J.J.G.R. que resultó herido grave en la explosión del coche bomba ocurrida el martes en Madrid, continúa ingresado en la UCI del hospital "La Paz" y en la madrugada de este jueves tuvo que ser sometido a una traqueotomía, informaron fuentes médicas. J.J.G.R. evoluciona favorablemente dentro de la gravedad, señala el parte médico, que indica que "a día de hoy presenta un discreto edema cerebral consecuencia de las lesiones provocadas por la onda expansiva y un importante edema facial y peritraqueal".

El paciente, de 53 años, ingresó el martes por la tarde en el centro sanitario con traumatismo facial con hematoma facial y herida incisocontusa izquierda, con fractura de la rama mandibular izquierda, metralla en región parotídea izquierda y hemorragia sinusal maxilar bilateral. Ese mismo día fué intervenido por el equipo de cirugía maxilofacial y para retirarle los restos de metralla que tenía en el cuerpo. En el momento de su ingreso, presentaba también hematoma de pectorales y contusión parenquimatosa pulmonar, y fractura de radio en el antebrazo izquierdo.

El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Javier Ansuátegui, dijo este miércoles que se han intensificado las medidas de seguridad en la capital. Amusátegui señaló que se ha identificado la voz de uno de los dos comunicantes que, por teléfono móvil, avisaron de la bomba que explotó este martes en Madrid.

Tras la reunión que mantuvo con representantes políticos, sindicales y de la Confederación Empresarial Independiente de Madrid (CEIM), Ansuátegui dijo que "esta claro que ETA tiene una estructura de entidad en la capital del Estado y que se está utilizando por parte de los asesinos para llevar a cabo estos actos absolutamente repudiables, condenables, censurables”.

La carga explosiva
La carga de explosivo del coche bomba podría contener entre 15 y 20 kilos de la dinamita presuntamente robada por ETA el pasado mes de septiembre en Plevin (Francia), explosivo que ya había utilizado la banda terrorista en varios atentados. Fuentes de la investigación dijeron que los primeros análisis, tras la explosión, apuntan a que esta podría ser la cantidad de dinamita empleada, si bien las investigaciones se desarrollan con extrema dificultad, ya que, con el estallido del vehículo, es muy difícil recuperar indicios y restos con los que trabajar.

Justicia ordena reclamar a los terroristas las indemnizaciones a las que sean condenados
J. M. LÁZARO, Madrid El País 11 Agosto 2000

El Ministerio de Justicia ha enviado al letrado jefe de la Abogacía del Estado ante la Audiencia Nacional una instrucción en la que le indica que debe personarse en todas las causas para exigir a los terroristas el reintegro de las indemnizaciones abonadas por el Estado a sus víctimas.

Con esta medida, según fuentes de Justicia, se pone en práctica el compromiso adquirido con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que el pasado mes de julio reclamó que los terroristas paguen las indemnizaciones que se les imponen por sentencia.

Con la aprobación de la reciente Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo, el Estado, a través de su Servicio Jurídico, se personará en los procesos en concepto de actor civil y con la intención de resarcirse del importe de las indemnizaciones anticipadas a las víctimas de los delitos terroristas, subrogándose en las acciones civiles de éstas.

Así, aunque no haya recaído sentencia firme, la víctima de delitos terroristas o sus herederos percibirán la indemnización que prevé la ley una vez transmitan al Estado las acciones civiles de las que sean titulares.

La instrucción detalla que el Ministerio del Interior deberá remitir a la Abogacía del Estado la cuantía exacta de las indemnizaciones pagadas a las víctimas ya indemnizadas junto con los documentos de la subrogación.

A la vista de esos documentos, el Abogado del Estado se personará en los procesos contra terroristas, incluso en aquéllos que hayan concluido y se encuentren en fase de ejecución.

La instrucción recomienda que la Abogacía del Estado preste especial atención a los sumarios de terroristas que sean capturados, a fin de ejercitar embargos u otras medidas de aseguramiento.

¿Es divisible Francia?
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  11 Agosto 2000

Nunca nadie había pensado en que se pudiera poner en cuestión la «unidad» de Francia. Sin embargo ésta es la gran polémica del verano francés. Para los ciudadanos igual que para los constitucionalistas, la crisis de los Estados/Nación era una cuestión que podía darse en Bélgica, en Italia, en España... y desde luego en Yugoslavia pero nunca en Francia. De ahí esta mezcla de sorpresa y de conmoción que se advierte en los editoriales y en los artículos de los escritores políticos.

Para el pensamiento francés a la idea de República le repugna cualquier cesión de la soberanía. Ésta no puede trocearse o deja de serlo. La República es inconciliable con cualquier tipo de federalismo o de cualquier fórmula de Estado compuesto. La República es «una e indivisible, es nuestro Reino de Francia» (Charles Peguy); es la encarnación laica, racional y democrática de la vieja Monarquía.

En este debate el concepto que se maneja es no tanto el de la Nación como el de República en la medida que los franceses son conscientes de que su idea de Nación es muy distinta a la utilizada en otras culturas. El grito de «¡Viva la nación!» que dio en su día el soldado de Valmy fue un «¡Viva la ciudadanía!» y, por tanto, un viva a la Francia; «una» e «indivisible».

Todo esto era así hasta que el Gobierno Jospin ha planteado un estatuto para Córcega, una especie de «autonomía», por utilizar el lenguaje español, bastante más modesta que las que disfrutan las regiones españolas: algunas cesiones en materia fiscal, en la enseñanza de la lengua corsa, en la descentralización de ciertas funciones públicas... A pesar de esto y de tratarse de un caso excepcional (por cierto, justificado en el atraso económico respecto a la Francia continental) se ha disparado el jacobinismo, secularmente interiorizado, de los franceses.

Se teme que cunda el «ejemplo» de Córcega y que se contagien regiones como Bretaña o que sirva para reivindicar lenguas regionales que fueron sofocadas por la Revolución en su día. ¿Hasta dónde se llegará si se cede en conceptos básicos?

Ante ese peligro ha aflorado, libre y sin complejos, el instinto de conservación nacional, una reacción defensiva, la vocación de cohesión, la apelación a la solidaridad que viene de los días del nacimiento de la Nación democrática. He recordado las palabras de Danton frente a los girondinos: «Ninguno de nosotros pertenece a tal o cual departamento sino a Francia... Los ciudadanos de Marsella quieren dar la mano a los de Dunquerque».

¡Qué distintos los términos en los que se está planteando esta polémica en Francia a los que hemos vivido y seguimos viviendo en España a pesar de haber construido el Estado autonómico más «generoso» de Europa! Frente a las reacciones de políticos e intelectuales en Francia, de derecha o de izquierda, llama aún más la atención nuestra vocación desintegradora, el rechazo de nuestros progresistas de la idea de Nación. Curiosamente nuestros afrancesados, los que confunden cultura francesa con vanguardia y libertad, los que ponen en blanco los ojos para decir «siempre nos quedará París», no han entendido nunca que uno de los valores de nuestro país vecino ha sido precisamente ese celo por la unidad y la indivisibilidad, ese culto a la soberanía nacional como garantía de los derechos ciudadanos. Nuestra izquierda se parece poco a la francesa, si acaso en la reivindicación de las treinta y cinco horas. Pero ni eso.

Habrá sin duda estatuto para Córcega pero, al tiempo, se está dando un rearme de la sociedad francesa frente al peligro de la disgregación. Es cierto que hay escritores políticos que piden una adaptación de la República y que acusan al ministro Chevènnement de estar fuera del tiempo pero resulta envidiable el acuerdo profundo respecto a una Francia cuya historia no se ha entregado a los enemigos de la Nación.

Más sangre en Córcega
Editorial El País   11 Agosto 2000

Las propuestas de mayor autonomía para Córcega del primer ministro francés, aprobadas abrumadoramente el 28 de julio por el Parlamento regional y avaladas inicialmente esta semana por la base nacionalista, prevén para su aplicación el final de la endémica violencia armada en la isla. Pero, como se verifica siempre en los procesos de pacificación de esta naturaleza, lo que conviene a la inmensa mayoría ataca los fundamentos de quienes han hecho del crimen y la sangre un modo de vida. El reciente asesinato de Jean Michel Rossi, durante mucho tiempo ideólogo de la corriente principal del dividido nacionalismo corso, se inscribe en este contexto.

Lionel Jospin ha apostado, tras siete meses de negociaciones, por un mayor autogobierno para la isla mediterránea francesa. Vía que no todos comparten en su Gobierno -el rechazo del ministro del Interior, Jean Pierre Chevènement, es notorio-, pero que no parece comprometer ni la unidad ni la indivisibilidad inscritas como artículo de fe en la Constitución del país vecino.

Este plan en dos etapas, que debería estar completado para el año 2004, si es que la paz civil se mantiene en Córcega, otorgará a las autoridades regionales capacidad para enmendar las leyes nacionales de acuerdo con las especificidades locales; prevé también la enseñanza del corso en las escuelas primarias, la reducción de dos a una de las actuales provincias isleñas y contará con unos 400.000 millones de pesetas en subsidios para hacer posible su aplicación. El texto se alinea en una iniciativa de descentralización amplia, pero queda lejos de complicidades etnicistas o atisbos soberanistas y se plantea explícitamente como una iniciativa reversible si reaparece la violencia. Nada en la propuesta autonomista que discutirá la Asamblea Nacional francesa a partir de septiembre parece evocar la eventual ruptura de la Quinta República que otea la oposición conservadora.

Pero sería ingenuo pensar que se puede acabar en unos meses con un estado de violencia enraizado desde hace más de un cuarto de siglo en la minúscula ínsula (250.000 habitantes) de clanes, mafias y nacionalismo atomizado . El viaje será duro. Los grupos armados -y hay al menos media docena de ellos en Córcega- no renuncian nunca sin sangre a sus mitos fundacionales. Por eso, y aunque el asesinato de Rossi y su guardaespaldas está calculado para torpedear la aceptación del plan de París por la Asamblea de Córcega, no cabe otra respuesta razonable y políticamente ajustada que la de continuar el proceso iniciado.

Ridículo en Bruselas
Editorial ABC 11 Agosto 2000

La Comisión Europea ha devuelto al Ejecutivo autonómico vasco el Plan de Desarrollo Rural Sostenible que presentó directamente ante Bruselas. Dicho plan está financiado con dinero procedente de las Administraciones locales del Estado español y de la Unión Europea. Las autoridades comunitarias informaron al Ministerio español de Agricultura de que se había rechazado el documento remitido desde Vitoria porque la solicitud de fondos estructurales de la Unión Europea corresponde exclusivamente a los Estados miembros, únicos interlocutores de las instituciones de Bruselas. Además, la Comisión pedía la presentación de otro proyecto con mayor «coherencia con el plan nacional y con los de los demás Estados miembros». Desde el Ministerio de Agricultura se ha insistido en que no hay problema alguno para tramitar el proyecto del Ejecutivo vasco, lo que obliga a pensar que la actuación del Gobierno presidido por Juan José Ibarretxe estuvo motivada sólo por razones políticas. Todo volverá a su cauce si el documento es presentado para su aprobación en el mes de septiembre ante el Comité de Estructuras Agrarias, organismo que ya rechazó una primera redacción enviada por el Ejecutivo vasco.

Por lo que se ve, el Gobierno nacionalista de Ibarretxe quiso abrir línea directa con Bruselas, «puenteando» al Gobierno de Madrid y queriendo dar cuerpo —efímero y fugaz, desde luego— a esa impenitente aspiración del reconocimiento europeo al hecho diferencial vasco. Sin embargo, la Unión Europea no está para estas bromas y ha dejado en ridículo la jugada del Gobierno de Vitoria. Los estrategas nacionalistas, demasiado pendientes durante estas semanas en puestas en común con colegas catalanes, corsos y bretones, parecen no haberse enterado de que Europa ha confiado su futuro de desarrollo y progreso a una dinámica de superación de fronteras y no va a consentir que se levanten en su seno otras nuevas donde nunca las ha habido. Las funciones encomendadas a una Administración pública, como la autonómica del País Vasco, no se pueden emplear en gestos insolidarios, voluntaristas y frívolos que cuestan dinero a sus ciudadanos y que ponen trabas a la acción del Gobierno español en la gestión de los intereses generales. Que la Comisión Europea rechace la actuación directa del Gobierno vasco significa algo más que la aplicación de los procedimientos legales previstos para la concesión de fondos estructurales; es la prueba para el nacionalismo —y no sólo el vasco— de que Europa es una comunidad de Estados, en la que no tienen futuro alguno los nacionalismos segregacionistas. Más vale tarde que nunca, pero al Ejecutivo nacionalista de Vitoria ya le han dicho oficialmente lo que todos sabían: que el camino a Bruselas pasa por Madrid.

Recortes de Prensa   Página Inicial