AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 14  Agosto   2000
#«Una responsabilidad moral»
Edurne URIARTE ABC 14 Agosto 2000

#ARZALLUZ Y EGIBAR PONEN AL PNV AL BORDE DEL CISMA
Editorial El Mundo 14 Agosto 2000

#Apología impune
Editorial ABC  14 Agosto 2000

#La Fiscalía se querella: HB debe entender que aquí no vale todo
Impresiones El Mundo 14 Agosto 2000

#El anasagastazo
Por Enrique de Diego Libertad  Digital 14 Agosto 2000

#Anasagasti venga a Korta
César Alonso de los Ríos La Estrella  14 Agosto 2000

#Anasagasti y Egibar, dos caras de la misma Lizarra
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Agosto 2000

#En la calle
MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN El País 4 Agosto 2000

#Negacionismo
EDUARDO HARO TECGLEN El País  4 Agosto 2000

#Lealtad
Por Ramón PI ABC   4 Agosto 2000

#Egibar, el inmovilista
GERMAN YANKE El Mundo 14 Agosto 2000

#Independentismo y orden público europeo
JESUS MARIA SANTOS El Mundo 14 Agosto 2000

#La muerte de Estella
Editorial La Razón  14 Agosto 2000

#Sensacionalizar el terrorismo
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 14 Agosto 2000

#Anasagasti exige «enterrar» el Pacto de Lizarra y Egibar le desautoriza
El Mundo 14 Agosto 2000

#Los radicales atacan la vivienda y el vehículo de un concejal de UPN
EFE Libertad Digital 14 Agosto 2000

#El candidato para sustituir al alcalde de EH en Berriozar no abandonará a pesar de las amenazas
Berriozar (Navarra) Estrella Digital  14 Agosto 2000

#La ley del silencio
SOLEDAD GALLEGO DÍAZ El País 14 Agosto 2000

#Los policías de Torelló harán huelga de catalán
REBECA PEREZ El Mundo   14 Agosto 2000

#Globalización
Francisco RODRíGUEZ ADRADOS La Razón   14 Agosto 2000

#El Instituto Cervantes aprueba un plan para que se enseñe español en Centros Asociados
EP Libertad Digital   14 Agosto 2000



«Una responsabilidad moral» 
Por Edurne URIARTE ABC 14 Agosto 2000

La Ejecutiva del PNV que hoy se reúne en San Sebastián no se enfrenta a una mera labor de análisis de los acontecimientos políticos. Tiene ante si una responsabilidad moral. Y la tiene porque esos acontecimientos políticos que va a analizar son asesinatos. Asesinatos cometidos por un grupo terrorista sustentado políticamente por una coalición, Euskal Herritarrok, con la que el PNV mantiene un acuerdo político, una unidad de objetivos y un proyecto de futuro.

El PNV debe clarificar de una vez por todas con quién está, sin con los asesinados y los amenazados, o si con los que homenajean a los asesinos y ejercen el vandalismo por las calles de las ciudades vascas. Ambas cosas no son compatibles, pero la estrategia del PNV hasta el día de hoy ha sido intentar creer y hacernos creer que son compatibles, que se puede condenar a ETA un día y dialogar con los que apoyan a los terroristas al día siguiente. Pretender mantener la ficción de la separación entre ETA y EH ya no es sólo de ingenuos, es de irresponsables morales. Y mantener el discurso de que el terrorismo se arregla hablando con los asesinos es simplemente una burla a todos los asesinados y amenazados.

Pero nada hace pensar que el PNV vaya a romper hoy con el discurso de la equidistancia que tantas alas ha dado al terrorismo en el País Vasco. Esa equidistancia según la cual tan negativos son para la solución del «conflicto» los asesinatos de ETA Como la confianza en las soluciones policiales para los asesinos, o esa equidistancia según la cual el proyecto totalitario de EH es tan rechazable como la defensa decidida del Estado de Derecho por parte del PP y del PSOE.

Hay un importante sector del PNV para quien la ruptura con Estella y con EH es prioritaria. Pero también este sector que apuesta por la democracia tiene una parte de responsabilidad en la actual deriva del PNV. Y la tiene porque ha contribuido a sustentar un proyecto político de «los nuestros» y de «los otros» en el que lo prioritario no ha sido la defensa de las libertades de todos los vascos, sino la defensa del proyecto nacionalista. El PNV ha colocado una y otra vez su proyecto nacionalista por encima de cualquier otra cosa, incluso por encima de los asesinatos, y ha creado un clima de creencia en un supuesto conflicto en el que ETA ha encontrado un terreno abonado para prolongar sus crímenes tras más de veinte años de democracia y de una de las autonomías más avanzadas del mundo.

Pero el problema es que el PNV no sólo necesita una rectificación. Necesita, además, una revolución interna para llegar a esa rectificación. Y probablemente no cabe esperar de la reunión de hoy mucho más que el intento de retrasar esa revolución que la sociedad vasca requiere urgentemente para construir un clima político y social en el que se acaben de una vez todas las excusas, todos los guiños y todas las comprensiones que tanto han contribuido a la prolongación del terrorismo etarra.

ARZALLUZ Y EGIBAR PONEN AL PNV AL BORDE DEL CISMA
Editorial El Mundo 14 Agosto 2000
Discuta sobre el editorial

El portavoz parlamentario del Partido Nacionalista Vasco, Iñaki Anasagasti, se pronunció ayer de un modo que cabe tildar de cualquier cosa menos de equívoco. Resumámoslo: HB intenta llevar al País Vasco a la ruina; Arnaldo Otegi no es un demócrata y ya no es interlocutor de nada; a Lizarra la han matado ETA y la cobardía de los dirigentes de EH; Lizarra ya es historia; ETA y HB mataron la ilusión; el Movimiento de Liberación Nacional Vasco es un movimiento de Destrucción Nacional...

El de Anasagasti no es en absoluto un discurso de circunstancias. Muy al contrario: transpira sinceridad, hartazgo infinito, incluso ira: «Toda la cólera del pueblo vasco tiene que caer ante quienes tratan de destruir lo mejor de nuestra sociedad», dice.

Pero, con ser esto importante, hay otra parte de su discurso que cobra una repercusión política bastante mayor: dice que sería «un auténtico despropósito que alguien sugiriera convocar [el pacto de] Lizarra para que se manifestaran todos». Y lo remata de manera inapelable: «Las cosas ya están muy claras. Con gente sin energía moral no vale la pena actuar».

Es una invitación -más directa imposible- a que la dirección del PNV dé ya por roto de una vez por todas el pacto de Lizarra, renunciado, según él mismo afirma, «a cualquier proyecto con asesinos».

Evidentemente, Anasagasti no ha pasado por alto que hoy se reúne el órgano máximo de dirección de su partido. Está invitando al Euskadi Buru Batzar a definirse sin tapujos y sin más dilación ante la dramática situación actual.

El EBB tiene dos posibilidades. Una, aceptar el análisis de Anasagasti y anunciar su ruptura definitiva con Lizarra y HB. Eso recompondría muy positivamente el panorama político. Pero, a juzgar por las declaraciones que Egibar hizo ayer mismo (afirmó que la postura de Anasagasti, aunque «respetable», «no es la del partido»), todo indica que no va ser ésa su opción. Más probable es que se sitúe en la línea de Rafael Larreina, de EA, que acusa a Anasagasti -por insólito que parezca- de haberse sumado... ¡«al discurso de Mayor Oreja»!

Si es así, a Anasagasti no le dejan otra salida que la dimisión. Y a muchos militantes y dirigentes del PNV, lo mismo. Arzalluz y Egibar están llevando al PNV a la escisión. ¿No se detendrán hasta conseguirla?

¿Está usted de acuerdo con estas opiniones? Aporte sus ideas en el foro abierto sobre cada editorial en la dirección: www.elmundo.es/diario/opinion

Apología impune
Editorial ABC  14 Agosto 2000

Herri Batasuna culminó el sábado la liturgia de homenaje a los cuatro etarras que murieron el pasado lunes en el barrio bilbaíno de Bolueta, al estallarles el material explosivo que trasladaban en un coche. El último acto consistió en una concentración pública en El Arenal de Bilbao, en el que Arnaldo Otegi, arropado por el símbolo de ETA, se convirtió en juglar de la banda terrorista para cantar las gestas de los cuatro fallecidos, a los que ya había calificado, al día siguiente de su muerte, como «compañeros» y «patriotas». Este acto guarda semejanza con el homenaje que recibió el ex dirigente etarra y parlamentario de HB, José Antonio Urruticochea, más conocido como «Josu Ternera», después de que el Tribunal Supremo confirmara que no podía ser juzgado nuevamente en España por su pertenencia a ETA. La Fiscalía de la Audiencia Nacional denunció este acto público de exaltación de un etarra, pero la acción judicial topó con el obstáculo insalvable del Código Penal de 1995 que, de hecho, impide castigar la apología del terrorismo. Lo más probable, aunque no lo deseable, es que el archivo sea también el destino de las denuncias presentadas contra Otegi y la causa no será la falta de pruebas, ni una actitud recelosa de jueces y fiscales, sino una redacción absurda del artículo 18 del Código Penal, salvo que las características del acto permitieran considerarlo un delito de colaboración con banda armada. El artículo 18 define la apología —«a los efectos de este Código»— como «la exposición, ante una concurrencia de personas o por cualquier otro medio de difusión, de ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o enaltezcan a su autor». Con esta definición nada impediría el enjuiciamiento y la condena por los homenajes a etarras, pero, incomprensiblemente, el mismo artículo 18 deja sin carácter punible la apología, tal y como la ha definido previamente, al añadir a reglón seguido que «la apología sólo será delictiva como forma de provocación y si por su naturaleza y circunstancias constituye una incitación directa a cometer un delito». Por tanto, la apología de un crimen y de un criminal —sea terrorista, pederasta o narcotraficante— sólo puede ser castigada si, además, incita a realizar nuevos actos criminales.

Lógicamente, los dirigentes de HB saben cuáles son los límites de este delito y se aprovechan de que el derecho penal se interpreta de forma restrictiva, más aún si se trata de penalizar actos de expresión. Pero el propio Código Penal ofrece algún ejemplo muy revelador de que la libertad de expresión tiene más límites de lo que a veces se da a entender. El artículo 607, en su apartado 2, castiga a quien justifique o niegue delitos de genocidio, como el holocausto judío, o pretenda la rehabilitación de regímenes genocidas. Con este delito se quiere cortar de raíz la generación de actitudes racistas o xenófobas, destructivas de cualquier comunidad humana. Si la posibilidad de sancionar penalmente actos intelectuales de apología nazi cuenta con un amplio acuerdo social y doctrinal, no debería existir ningún problema en contemplar, con la misma claridad y en los mismos términos —no sólo por el parecido entre nazis y etarras—, el delito de apología del terrorismo, sin condicionarlo a que el apologeta de turno incite a delinquir. Cuando se ofende a una sociedad herida por la violencia, se glorifica la vida de unos terroristas y se hace alarde de la simbología de una organización criminal, como sucedió en el homenaje del sábado en Bilbao, no tiene justificación alguna extender a estos actos la intangibilidad de la libertad de expresión, reservada por la Constitución, como el resto de libertades, a aquellos ciudadanos que hacen un uso legítimo de ella.

La reforma del delito de apología no sólo estaría justificada técnicamente, porque subsanaría una contradicción interna del artículo 18, sino también social y políticamente, porque sería la respuesta adecuada a una violencia verbal que siembra, en el ambiente y en las conciencias, la semilla de odio y ataca directamente los valores de paz y de convivencia que cimentan la sociedad española.

La Fiscalía se querella: HB debe entender que aquí no vale todo
Impresiones El Mundo 14 Agosto 2000

No está nada claro que corresponda a las asociaciones profesionales de fiscales y jueces pronunciarse, como han adquirido por costumbre, sobre el carácter más o menos delictivo de todos los hechos de relevancia social que presentan ribetes de dudosa legalidad. Como tampoco está nada claro que sea función del fiscal general del Estado decir si la sociedad podría ser más o menos generosa con los etarras, en el supuesto de que se decidieran a abandonar las armas. Pero el hecho es que lo hacen. El portavoz de Jueces para la Democracia, José María Fernández, declaró ayer que no se puede decir que se cometiera ningún delito de apología del terrorismo en el homenaje organizado por HB en Bilbao el sábado en memoria de los cuatro etarras muertos. Alega que quienes gritaron «Gora ETA militarra!» no fueron indentificados. El señor Fernández no debe de estar muy al tanto de lo que ocurrió allí. Nadie discute sobre los gritos que lanzó el público. La polémica se refiere al acto en sí mismo -en el que se rendía tributo de admiración a cuatro personas que preparaban un atentado con bomba- y a las palabras que pronunciaron los muy identificados dirigentes de HB que intervinieron desde la tribuna. Estos alabaron la acción de los etarras, animando a la juventud vasca a seguir su ejemplo, y justificaron el terrorismo. Ahí puede haber, al menos, dos delitos tipificados en el Código Penal: uno de apología del terrorismo y otro de provocación al terrorismo. Así lo ha entendido al menos la Fiscalía, que va a interponer hoy ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco una querella contra Arnaldo Otegi, contra su antecesor, Jon Idigoras, y contra Lander Etxebarria, portavoz de EH en el Ayuntamiento de Bilbao. Que los tribunales se pronuncien.

El anasagastazo
Por Enrique de Diego Libertad  Digital 14 Agosto 2000

El aldabonazo literario de Anasagasti plasma la rebelión moral interna dentro del PNV respecto a una estrategia que sitúa al citado partido en estricta complicidad con los asesinos e identifica en Lizarra nacionalismo con violencia. Es una distancia moral respecto a las tesis de Arzalluz-Egibar, tan distantes de las declaraciones de Román Sudupe y Juan José Ibarretxe con motivo del asesinato de José María Korta. Frente a la tesis de Egibar de la mutua necesidad de PNV y HB, la tesis de Anasagasti es clara: Lizarra está destruyendo al propio PNV. Hermanos, para Egibar, Caín y Abel para Anasagasti, última contribución a un debate en el que con anterioridad se han alzado voces como las de Joseba Arregui, las de los alaveses hermanos Guevara o la de Mikel Unzueta, una de las mentes más lúcidas y moderadas del nacionalismo. El PNV empieza a debatirse entre la renovación y la escisión. Siempre ha habido históricamente dos PNV en la iglesia común. Uno, foralista y posibilista, y otro etnicista, racista y protototalitario. Habitualmente ha dominado el primero, lo que ha marcado la ambigüedad con la que el partido se ha presentado en la vida pública, mientras el segundo quedaba como el programa máximo o la esencia para el consumo en las sedes del partido. Sólo el intento de salvar a Eta, tan deudora de este semblante radical, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, situó el programa máximo soberanista como la identidad unívoca del partido. La contraprestación moral no era menor: el pacto de Caín y Abel pasa porque éste último se comprometa con las andanzas criminales del primero. Al final, la diferencia entre Abel y Caín se desdibuja.

Significativamente, Anasagasti hace referencia en su aldabonazo agosteño a la coacción cotidiana que sufren los ciudadanos con la violencia callejera, que extiende el conflicto más allá incluso de los asesinatos y que plantea un rotundo fracaso en la política de orden público del gobierno vasco. Fracaso inducido por consignas políticas: sin orden público, el Estado de Derecho o no existe o se tambalea. Es el propio gobierno vasco el que se debilita y autodestruye en su legitimidad de ejercicio. La ama, empleada del hogar de Ansagasti ha sido una víctima de esos asaltos mafiosos a los autobuses como lo ha sido una prima de Xabier Arzalluz. En la sociedad vasca es imposible diferenciar entre constitucionalistas y nacionalistas, por lo que la violencia afecta a todos y todos están desprotegidos por la manifiesta inhibición e ineficacia de la ertzantza, a la que un Abel cada vez más corrompido no es capaz de indicar que es preciso poner coto a las fechorías de Caín. Al final, Caín, que es un psicópata, siempre termina matando a Abel.

Anasagasti venga a Korta
César Alonso de los Ríos La Estrella  14 Agosto 2000

Es claro que Arzalluz conocía el articulo de Anasagasti antes de ser publicado por "Deia". Lo mismo que Egibar. También hay que convenir que los miembros de la dirección del PNV no actúan de forma personal a no ser que se trate de una situación de ruptura. Por todo ello hay que llegar a la conclusión de que había un acuerdo previo en hacer públicas las diferencias, lo que no quiere decir que se trate de una maniobra de distracción. Creo sencillamente que existen distintos puntos de vista en el PNV respecto al pacto de Estella, que hay una tensión real y que la dirección de este partido ha considerado que era bueno hacérselo saber a los distintos frentes: a sus propios militantes, a ETA y EH, al PP, al PSOE, al Gobierno...

Por lo que se puede deducir de las informaciones que desbordan el círculo de los dirigentes del PNV, el atentado al jefe de los empresarios vascos ha sido decisivo para esta "explosión" de Anasagasti. Korta era uno de los "suyos" por emplear el lenguaje de los abertzales y esto ha rebasado los límites de lo tolerable. A partir de ese indicio se podía interpretar que ETA iba a seguir matando a militantes del PNV. Ya lo había advertido Otegi: sólo los enemigos de la independencia deberían tener miedo a la ofensiva de ETA y en ese sentido no debería sentirse concernido el PNV que está por la independencia. Por lo mismo podría deducirse de las palabras de Otegi que no deberían sentirse a salvo quienes estuvieran en contra del proyecto nacional vasco, aunque militaran en el PNV:

Así que la racha de atentados iba siendo soportada por algunos miembros del PNV más que bien hasta que llegó el de Korta. Resulta interesante a este respecto el párrafo que Anasagasti le dedica: "El atentado contra Korta ha golpeado no sólo a los empresarios sino a todo vasco bien nacido. Como ocurrió con el de Jáuregui, o el de Madrid y el de Berriozar..." Es evidente que la cita de estos últimos es una forma de arropar las estupefacción por el primero, el verdaderamente decisivo en esta toma de posición de Anasagasti. ¿Digo con ello que a éste no le afectasen los otros atentados? Lo que pienso es que sólo el atentado de Korta es el que le ha llevado a Anasagasti a escribir este articulo en el que se condena a ETA y a EH y todo su política durante los últimos veinte años.

La polémica ha sido permitida en "Deia" porque el periódico del PNV y la dirección del PNV mismo no podían aceptar el asesinato de uno de los "suyos" como si se tratara de cualquier otro.

Anasagasti y Egibar, dos caras de la misma Lizarra
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Agosto 2000


El artículo dominical en "Deia" del hirsuto Anasagasti, portavoz de Arzallus en el Parlamento español, ha conseguido confundir un poco más a la opinión pública. O por lo menos a la clase política que la representa, muy especialmente la de izquierdas. Si ya andaba perpleja y tiritona por su propio miedo a enfrentarse teóricamente con el nacionalismo, si no acababa de decidirse a cambiar de una vez por todas la compañía siniestra del PNV por el pacto nacional y constitucional con el PP, Anasagasti le ha servido en bandeja la coartada que necesitaba para no hacer nada, por lo menos nada nuevo que es tanto como decir nada bueno. Ya tiene excusa el PSOE para seguir "apostando por el diálogo" con el PNV. Con que haya un poquito de disidencia interna, basta y sobra para sonar con los buenos tiempor pasados, por si volvieran alguna vez.

Naturalmente, Egibar, además de hacer la apología de Otegui, porque Egibar es a EH lo que EH es a ETA, ha puntualizado que las opiniones de Anasagasti son cosa suya y que ni el PNV se va del Pacto de Estella ni tiene por qué irse. La razón que da Egibar es abyecta pero diáfana: Estella está para sustituir la accción criminal de ETA y mientras ETA mata, Estella debe esperar. Si la policía consigue doblegar a la banda otra vez en un año o dos, entonces resucitará Estella para seguir avanzando en lo esencial: el separatismo sin abandonar nunca del todo el terrorismo.

En realidad, es lo mismo que dice Anasagasti: Estella está muerto porque ETA lo ha matado. Por supuesto, si ETA dejara de asesinar durante otra temporada, Estella estaría vivo y podría proseguir su tarea de liquidación de la legalidad espñola y de ruptura violenta del Estado, con la amputación del País Vasco y Navarra. Lo que ni Egibar ni Anasagasti cuestionan es ese proyecto totalitario al que buscaron nombre en la cuna del carlismo. Pues bien, mientras el PNV siga aspirando a la misma dictadura nacionalista que ETA, sigue siendo no sólo inútil, sino contraproducente para la democracia española y para la lucha contra el terrorismo dar pábulo a cualquier mueca disidente dentro de la grey de Aita Arzallus. Ahora bien, a buen hambre no hay pan duro. Y tiene el PSOE tanta hambre de pacto con el PNV que es muy capaz de contentarse con Anasagasti.

En la calle
MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN El País 4 Agosto 2000

Mientras el nuevo ministro de Exteriores de Israel solicitaba que el rey de España interceda en el pleito con los palestinos, el PP manifiesta su desacuerdo con el PSOE sobre la salida a la encerrona de la doble violencia vasca: la de alta intensidad desarrollada por ETA y la de baja intensidad de los activistas juveniles. Lo cierto es que ETA lleva la iniciativa desde el final de la tregua y el PP se ha cebado obsesivamente con el PNV como si fuera ya un juguete roto, propone a Mayor Oreja como lehendakari y, teóricamente, abre las puertas a un nuevo consenso antietarra. El PSOE dice que está tan de acuerdo con la necesidad de reconstruir ese consenso, que no comprende por qué el PP se pasa la Vida y la Historia propiciando a Mayor Oreja para jefe vasco, tratando de fundir al PNV en las tinieblas exteriores.

Aquí hay mucha excomunión oculta. El PP aguarda la rotura interior y electoral del PNV; el PSOE presiente que si se complica la inflación y el terrorismo, cambiará la correlación de fuerzas con el PP, y el PNV parece inclinado a esperar a que el PP se la pegue contra el peñazo de ETA. Es decir, de momento parece necesitarse más terror para estar de acuerdo en quiénes y en qué han de estar de acuerdo, mientras el PP espera que caiga del árbol la fruta madura del PNV, y el PNV, que la lucha armada de ETA ponga contra las cuerdas al Gobierno español. Arzalluz advirtió a Aznar que ETA había sido la termita que había desgastado a los gobiernos de UCD y a los del PSOE y ahora le tocaría al del PP, demasiado confiado en la eternidad de su mayoría absoluta y en la bonanza económica que la propicia.

Aumentará la violencia etarra, mientras sus aparatos civiles buscan espacios de incidencia y aglutinamiento político en rechazo del Estado de las autonomías. ETA desafía y el PP no muestra otro fin que la división de la sociedad vasca le permita heredar la hegemonía electoral del PNV. ¿Qué pasará el día en que esa división social estalle en abierta, irreversible violencia directa entre paisanos?  En la calle.

Negacionismo
EDUARDO HARO TECGLEN El País  4 Agosto 2000

Palabra nueva con uso muy concreto en Europa: negacionista es quien niega que hubiera campos de concentración nazis. No hubo crimen hitleriano, dicen; y se han tergiversado las cifras, se han exagerado. Es de la misma formación que sebastianismo: el rey Sebastián de Portugal desapareció en la batalla de Alcazarquivir y sus partidarios creyeron que iba a volver a su reino. Se usó para la creencia en que Hitler o, por lo menos, Martin Bormann estaban vivos y volverían a salvar el Reich. Está en el mito de "al tercer día, resucitó", y en la ilusión del sepulcro vacío.

Reflejan el intento de negar la evidencia. Es un egoísmo místico: lo que creyeron -sus padres, o sus abuelos, ellos mismos- no podía ser criminal. Si lo fuera, lo serían también ellos. Una postura más lógica sería creer que el crimen fue justo, y quizá el negacionismo del viejo comunista que aún debe quedar por ahí debe ser de ese tipo: Stalin, rodeado de enemigos, había de defender la patria de los revisionistas, desviacionistas, víctimas de las enfermedades del comunismo. Otros prefieren una actitud no menos mística: culpar a los demás, eximirse de su complicidad. Es un sálvase quien pueda, y a veces escriben artículos penosos: tienen un alma temblona.

El negacionismo es muy abundante. Pinochet no mató a nadie: millones de personas creen en Chile que salvó al país de Stalin. Cientos de miles de personas creen que ETA está salvando la patria vasca de un cruel invasor: son patriotas, dicen, y yo lo creo desde mi punto de vista: un patriota es alguien que puede asesinar al que es patriota de otra manera. En Rusia el clero ortodoxo, no mejor que los otros, quiere canonizar a la familia imperial. El negacionismo consiste en creer en el padrecito, negar el dolor y el sufrimiento de un país bajo una corte perversa y la esclavitud, los destierros, torturas, ejecuciones. (Anastasia: un caso de sebastianismo).

No veo razón para juzgar y condenar a los negacionistas en el sentido estricto de hoy: los nazis que niegan los campos y las cámaras de gas. En Austria están en un costado del Gobierno, y en Alemania salen a la calle: no pueden negar el racismo, porque lo están cumpliendo. La condena a muchos de los que, a fin de cuentas, son sólo imbéciles, se hace para exorcizarse uno mismo. Para que no digan que uno es racista. "Yo no soy racista, pero...". Un vasco que cree que ser vasco es algo más -o un catalán-, es racista. Puede ser incruento. Ya no hay madrileños de los del tonto orgullo del Foro; pero son los racistas de los moros o los rumanos.

Lealtad
Por Ramón PI ABC   4 Agosto 2000

LAS cosas en relación con la situación vasca han tomado casi repentinamente un giro inesperado, como consecuencia de la iniciativa del PSOE de sugerir una reunión de todos los partidos con presencia parlamentaria para discutir una política común contra el terrorismo de ETA, y de la negativa del Partido Popular a aceptar esta idea, mientras el PNV y Eusko Alkartasuna no hayan abandonado el pacto de Estella y todo lo que significa.

Las posiciones están, por una vez, lo bastante claras para que todos estén, al menos aproximadamente, hablando de lo mismo. Ya era hora, porque llevamos una temporada en la que la manipulación de las palabras hace imposible el más mínimo entendimiento («conflicto vasco» quiere decir cosas por entero distintas, según lo digan el PNV, ETA y HB, o según lo digan el PP y el PSOE, por ejemplo, y algo semejante cabría decir de términos como «paz», «nacionalismo democrático» o tantos otros que hacen del debate público una pura Babel). Si la polémica se prolonga, no es difícil pronosticar que surgirán las acusaciones recíprocas de deslealtad entre PP y PSOE frente al terrorismo y todo su mundo, con el que es un hecho que el PNV ha pactado, lo que el PSOE parece resistirse a creer, contra la evidencia misma.

El Periódico, en su editorial de ayer («Encrucijada vasca»), se manifiesta entusiásticamente a favor de la iniciativa del PSOE: «Si algo ha sorprendido y dolido en las últimas 48 horas ha sido ver que los principales dirigentes democráticos españoles no pasan de los gestos a la acción (...) Es muestra suficiente de esta cerrazón que a las pocas horas de que la nueva dirección del PSOE proponga un encuentro urgente de partidos democráticos, el PP -por boca de Arenas e Iturgaiz- descalifique esa iniciativa con el argumento de que eso no es posible mientras el PNV siga formando parte del Pacto de Lizarra o con otras excusas menores. ¿Es que alguien duda a estas alturas de que lo prioritario es que hablen de una vez PP PNV y PSOE?»

Pues, por lo visto, sí que lo duda alguien. La Vanguardia publica una larga entrevista con el presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, en la que, después de insistir en que hay que hablar de las cosas relativas al País Vasco con enorme cautela, reconoce que Convergència Democràtica de Catalunya apoyó el pacto de Lizarra, y que ahora «está claro que ha fracasado», y que «lo que pensé para mis adentros, cuando ETA rompió la tregua, fue que aquél era el momento para salirse de Lizarra mientras no hubiera una nueva tregua (...) Ahora todo es más difícil. Lo es para el PNV, pero también para el PP y para el PSOE».

El editorial de La Vanguardia («El frente de la paz»), en cambio, se inclina más por la posición del PSOE: «La iniciativa del PSOE para relanzar el diálogo merece consideración, aunque Arenas exija de los socialistas que les acompañen en su rigidez. Puede reclamarles firmeza, pero no rigidez (...) Dialogar antes de que el horror de nuevas muertes y atentados nos asfixie todavía más».

Y no sólo hay quien duda de esta propuesta de los socialistas, sino que está abiertamente en contra. El Mundo, por ejemplo («No cabe ambigüedad ante esa barbarie»): "El PSOE insiste en que no es imprescindible que el PNV haga una \ para que quepa realizar una reunión de las fuerzas democráticas. Y tiene razón. Podrían reunirse, sin duda. Pero lo que no podrían es llegar a ningún acuerdo. Porque, para fijar un terreno de entendimiento, lo primero que se necesita es deslindar los campos y establecer, sin sombra de duda, de qué lado está cada cual».

Y ABC («El doble juego del PSOE») es, probablemente, el más rotundo al respecto: «Las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero (...) apuntaban a un apoyo leal al Gobierno en la política antiterrorista y nada hay que objetar hasta ahora al cumplimiento de este concreto compromiso. Sin embargo, el PSOE no asume que esa política de firmeza frente al terrorismo comprende también una inequívoca oposición al Partido Nacionalista Vasco, patrocinador de una fractura política y social sin precedentes en el País Vasco (...) \ tan pronto cierran filas con el Gobierno, al que demandan reuniones urgentes para unificar criterios, como proponen por su cuenta y riesgo una reunión de todos los Grupos Parlamentarios, incluido el PNV, para aparentar la unidad frente a ETA (...) El Partido Socialista debería valorar que la sociedad española (...) no entiende su magnanimidad con un partido, el PNV, que ha pactado por escrito con una organización terrorista (...) Sería una lástima que el Partido Socialista estuviera pensando más en dejarse una puerta abierta para gobernar el País Vasco con el PNV, o para reencontrar un protagonismo perdido, que en colaborar lealmente en la defensa de la Constitución frente a la agresión continua del nacionalismo vasco».

Egibar, el inmovilista
GERMAN YANKE El Mundo 14 Agosto 2000

Xabier Arzalluz siempre ha sido respetado en el PNV. Para algunos era necesario. Se había convertido en una organización tan dispar que precisaba un líder que evitara el suicidio de abrir la caja de Pandora y dar lugar a que salieran a la luz todos los demonios. El aceptaba gustoso ese papel y administraba con éxito las influencias de unos y de otros.

En aquellos tiempos -bien recientes por otro lado- había que conocer a alguno de los colaboradores de Joseba Egibar para, en el escenario de un silencio general, escuchar algún puyazo contra Arzalluz. Los «guipuzcoanos» -que no eran todos los afiliados de Guipúzcoa pero sí controlaban el PNV en ese territorio- querían que el cura, como le llamaban en privado, dejara de ser un obstáculo para una política más radical, de mayor aproximación a HB y de mayor contenido soberanista.

Egibar iba al EBB, contaba que tenía datos de un cambio de actitud en HB o en los refugiados en Francia, pero no tenía mucho éxito. Eran los enemigos, los que atacaban al PNV y querían destrozar el País Vasco. Pero comenzó a ganar puntos tras el asesinato de Miguel Angel Blanco, cuando el PNV (con Arzalluz a la cabeza) temió que la reacción social acabara no ya con ETA sino con el nacionalismo. La debilidad de los proetarras ayudó a ello y ahí tenemos el Pacto de Lizarra y la deriva del PNV.

Ha pasado el tiempo y la pista de aterrizaje para ETA está siendo arrasada por la propia banda, que sigue sobrevolando a base de bombas y asesinatos. Cada vez son más los que piden que se modifique el rumbo, pero Egibar no es sólo un estratega. Nadie como él ha defendido, bajo la doctrina de acumular fuerzas con HB a cambio de una promesa de alto el fuego, una suerte de fascismo etnicista: el País Vasco debe ser construido por nacionalistas y, cuando sean mayoría, los demás tendrán que aceptar esa voluntad democrática.

Eso, para Egibar y los suyos, es más importante que la pluralidad y que el propio PNV. Y, al parecer, está dispuesto a cargárselo antes de modificar una senda que se ha vuelto tan lacerante como ridícula para buena parte de su militancia. Perdió muchos dirigentes, sobre todo los de las grandes ciudades, y buena parte de su tradicional doctrina. Ahora pierde votos. Perdió el apoyo de sus colegas internacionales. Ahora pierde el silencio ritual, incluso el de Anasagasti. Lo único que le queda es EH, que Egibar considera «necesaria» para el partido.

¿Qué hará ahora Arzalluz con ese patrimonio? ¿Le seguirán considerando necesario si la caja de los truenos se abre del todo? ¿Triunfará el inmovilismo de Egibar o el PNV?

Independentismo y orden público europeo
JESUS MARIA SANTOS El Mundo 14 Agosto 2000

No hace mucho, y en otro foro de opinión, daba cuenta de un criterio firmemente sostenido por el Tribunal de Estrasburgo (TEDH) en el asunto Zana: que el Derecho no admite la contradicción ni la ambigüedad en el repudio del terrorismo. Hablaba entonces de un deber jurídico elemental en democracia, que compromete especialmente a quienes se dedican a la actividad política: el deber de no aceptar ni directa ni indirectamente el recurso a la violencia. Señalaba que es ilícito no condenar la barbarie terrorista, y que también lo es decir que se reprueba esa violencia y, no obstante, pactar con los que se niegan a condenarla. En este último caso, añadía, existe una contradicción en el repudio del terror tan evidente como ilícita: la de las palabras frente a los hechos. La contradicción que consiste en condenar de palabra el terrorismo, pero sin desvincularse por completo de quienes son muy claros en su aceptación como medio de lucha política.

Traigo esto a colación porque es un buen punto de partida para insistir en algunos de los límites que el Derecho impone a la actuación política en democracia. Reflexión de todo punto necesaria a la hora de analizar, con el debido fundamento, si es lícito el independentismo en el seno de un Estado democrático.

La democracia excluye el recurso a la violencia, ya sea física o psíquica, deliberada o involuntaria (sentencia TEDH de 24-2-98, asunto Larissis y otros) como medio para afirmar y, en su caso, hacer valer las propias convicciones. Más aún: la democracia no incluye entre sus libertades la de defender cualquier idea, ni siquiera cuando se postule «pacíficamente» (v.gr., pidiendo que los ciudadanos decidan sobre ella en referéndum), si en la ideología propugnada late el germen de la violencia, antítesis de la libertad y de la justicia. Piénsese, por ejemplo, en quien preconice el racismo o pretenda instaurar un régimen dictatorial..., incluso intentando convencer a la ciudadanía de la bondad de sus propuestas. Quien así procediera estaría aprovechándose injustamente de los derechos que la democracia otorga para subvertir la democracia misma. Y es que la dimensión externa de la libertad ideológica, que faculta a los ciudadanos para actuar con arreglo a sus propias convicciones y mantenerlas frente a terceros, tiene sus limitaciones también en democracia, y, si se me apura, precisamente en ella, porque esa forma de organización de la sociedad se asienta sobre valores intrínsecamente mejores que cualesquiera otros: la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Por eso los países democráticos pueden y deben establecer restricciones, limitaciones o sanciones que actúen en defensa del propio sistema.

Concorde con estas ideas, el Tribunal de Estrasburgo ha reiterado que «la democracia, como expresión de respeto por la libertad y por la preeminencia del Derecho, representa un elemento fundamental del orden público europeo» (sentencia TEDH de 30-01-98, asunto Partido Comunista Unificado de Turquía). En esta misma línea, nuestra Constitución señala un único límite a las manifestaciones de la libertad ideológica: «el mantenimiento del orden público protegido por la ley» (art. 16.1 C.E.), que comprende, qué duda cabe, la interdicción de «actividades contrarias a los principios democráticos» (art. 5.2, b de la Ley de Partidos Políticos).

La defensa de la democracia exige amparar el recto ejercicio de la libertad de expresión, consustancial a los regímenes democráticos, donde los problemas, por graves o perturbadores que sean, se resuelven mediante el diálogo, la observancia del Derecho y sin el recurso a la violencia. Pues bien, la libertad de expresión impide que «los dirigentes de una formación política puedan verse inquietados por el solo hecho de querer debatir públicamente la suerte de una parte de la población de un Estado a fin de encontrar, dentro del respeto a las reglas democráticas, soluciones que puedan satisfacer a todos los actores afectados» (sentencia TEDH de 25-5-98, asunto Partido Socialista y otros contra Turquía). Como señala la Comisión Europea de Derechos Humanos, «un partido político debería poder hacer campaña a favor de un cambio de la legislación o de las estructuras legales o constitucionales del Estado, a condición, por supuesto, de que los medios utilizados para ello sean, desde todo punto de vista, legales y democráticos, y a condición de que el cambio propuesto sea, él mismo, compatible con los principios democráticos fundamentales».

De estas premisas se sigue, sin lugar a dudas, que el debate político sobre el independentismo ha de ser leal con la Constitución, respetuoso con exigencias indeclinables del Estado democrático. Dicho esto, casi todo es opinable; pero no todo. Hay aspectos de las propuestas independentistas afirmadas en los últimos tiempos sencillamente inadmisibles por contrarios a Derecho, por incompatibles con la democracia imperante en España. Mencionaré, en concreto, dos de esos aspectos.

En primer lugar, la propuesta independentista será inadmisible e ilícita, en cuanto tal, si procede de quien, por acción o por omisión, legitima la violencia. Es más, si dicha propuesta emanase de un partido verdaderamente democrático, inequívoco en el rechazo del terror, pero tuviera como destinatarios a quienes lo justifican o no lo condenan, sucedería que tal actuación política sería antidemocrática, como antidemócratas serían también los que así procedieran por una razón ya expuesta. Pero que merece la pena repetir: habrían incumplido un deber jurídico elemental en democracia, no aceptar ni directa ni indirectamente el recurso a la violencia.

En segundo término, el debate político sobre la independencia de una parte del Estado tiene que respetar el marco jurídico constitucional. Con otras palabras: en el fragor de la disputa se podrá hablar de «ámbitos propios de decisión», de consultas sobre la secesión a un sector de la población...; pero lo que no cabe ignorar, ni hacer que la población ignore, es que el éxito de una propuesta semejante exige reformar la Constitución, que proclama como fundamento de ella misma «la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles». Y para reformar la Constitución en este punto es preciso nada más y nada menos que lo siguiente: 1º) Que la propuesta de revisión constitucional sea aprobada por mayoría de dos tercios de cada Cámara, con disolución inmediata de las Cortes; 2º) Que el nuevo Congreso y el nuevo Senado, fruto de unas elecciones generales, reafirmen la decisión de revisión constitucional, procedan al estudio del nuevo texto y lo aprueben por mayoría de dos tercios de ambas cámaras; 3º) Que la reforma constitucional sea ratificada en referéndum dirigido a todos los españoles.

En definitiva: cualquier planteamiento secesionista supedita su carácter democrático y, por tanto, su licitud jurídica a la lealtad con la Constitución y a la aceptación del procedimiento en ella previsto para su reforma. Cualquier pretensión independentista de corte democrático pasa, en nuestro país, por la decisión del conjunto de los españoles.
Jesús María Santos es catedrático de Derecho Procesal.

La muerte de Estella
Editorial La Razón  14 Agosto 2000

El mismo día en que la Fiscalía anunciaba que actuará ante la apoteosis de la apología del terrorismo consumada en el acto de homenaje tributado por los batasunos a los cuatro etarras muertos por la explosión de su propia bomba (con la que pretendían nuevos asesinatos), el portavoz del PNV en el Congreso, Iñaki Anasagasti, certifica por escrito la muerte del Pacto de Estella, rematado, en su opinión, por Eta y considera que «ya es historia» y hay que «enterrarlo» cuanto antes.

    No se trata de la primera voz dentro del partido que se subleva contra la dictadura de Estella impuesta por Arzallus y Eguíbar (hay que recordar las declaraciones de personalidades nacionalistas como Ardanza o Azkuna), y que coincide con las tesis de los partidos democráticos como el PP o el PSOE; pero destaca el hecho de que se trata del jefe de filas en el Grupo Parlamentario del PNV. La opinión de Anasagasti no puede, por lo tanto, despacharse, como ha pretenido Eguíbar, con un simple intento de reducir sus efectos al terreno personal, como si Anasagati fuese un militante desconocido. La realidad, por mucho que pueda pesarle a Eguíbar, es que la división interna en el PNV crece en la misma medida que la brutalidad de la escalada terrorista, que pone en evidencia a quienes pactan con los afines a Eta, en la estrategia de Arzallus.

    Porque Arzallus está llevando a la ruptura a su propio partido, y a la fractura a la sociedad vasca. Su ominoso silencio sólo sirve para demostrar que está esperando a que pase el temporal de los atentados para intentar recuperar su apuesta soberanista. Pero hace ya tiempo que su juego está descubierto. El Pacto de Estella no sirve ya ni con respiración asistida. Como Anasagasti sabe, porque conoce perfectamente la política nacional, es imprescindible para el PNV una salida inmediata.   

Sensacionalizar el terrorismo
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 14 Agosto 2000

Al terrorismo hay que reducirlo en los medios de comunicación a la medida adecuada. No se le debe silenciar, como durante algún tiempo se hizo en Alemania, porque el derecho a la información que tienen los ciudadanos es fundamental en una democracia pluralista. Pero tampoco conviene hacer el juego a los terroristas sensacionalizando sus acciones.

    En España, y tal vez porque durante el verano disminuye la tensión informativa, llevamos unos días en los que la magnificación del terrorismo en los medios de comunicación, traslada la sensación -que es lo que buscan los etarras- de que estamos al borde de la catástrofe y de que a los españoles sólo les preocupa lo que hace Eta. La cascada informativa se ha desbordado hasta crear una psicosis general de angustia que nada tiene que ver con la realidad, con la España próspera y libre de la Monarquía de todos, que disfruta de las vacaciones.

    No será fácil contener el caudal periodístico porque la indignación y el asco que producen los crímenes terroristas estimulan el tratamiento exagerado. Pero muchos de mis compañeros más responsables me han trasladado ya la preocupación de que, desde los periódicos impresos, hablados o audiovisuales, le estemos haciendo el juego a los terroristas. Hay otros asuntos de primera página -políticos, internacionales, económicos, sociales, culturales, deportivos- además del asesinato deleznable de un español de bien al que matan de un tiro en la nuca o despedazan con un coche-bomba.

Anasagasti exige «enterrar» el Pacto de Lizarra y Egibar le desautoriza
El Mundo 14 Agosto 2000

El portavoz de los nacionalistas en el Congreso afirma: «ETA y la cobardía de EH han matado el Pacto y hay que enterrarlo cuanto antes» - El portavoz del PNV le replica que esa no es la «doctrina» del partido - EA acusa a Anasagasti de «hacer suyo el discurso de Mayor Oreja» - Arenas dice que este gesto «no es suficiente»

BILBAO / MADRID.- El portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Iñaki Anasagasti, se sumó ayer a las voces críticas que, desde su partido, han pedido el fin del Pacto de Lizarra y la ruptura de los acuerdos con Euskal Herritarrok. Anasagasti aboga por «enterrar» Lizarra «cuanto antes» después de que «ETA y la cobardía de los dirigentes de EH» hayan matado el Pacto.

Sus afirmaciones asegurando que Lizarra ya es historia provocaron ayer las esperanzas de otros dirigentes políticos del PP, PSOE e Izquierda Unida, que deseaban que el desmarque del portavoz parlamentario nacionalista fuera el preámbulo de una toma de postura similar por parte de la dirección del PNV. Unas declaraciones, a media tarde de ayer, de Joseba Egibar devolvieron las cosas a su sitio: «Su opinión es respetable, pero no es la doctrina del PNV».

Desde la tribuna del diario nacionalista Deia, Anasagasti se dirigió en duros términos a la izquierda abertzale, y de forma especial a Arnaldo Otegi. A su juicio, «ningún vasco bien nacido puede ponerse hoy a trabajar con gentes que no tienen alma, principios, ni sensibilidad democrática». Y añade que «no se puede estar con el Otegi de las declaraciones laudatorias a ETA el mismo día en el que asesinaron al presidente de la patronal guipuzcoana».

Esta explícita aportación de este destacado dirigente del PNV al debate sobre las relaciones de su formación con EH se produce la víspera de la reunión del máximo órgano ejecutivo de la dirección peneuvista, el Euskadi Buru Batzar (EBB), que se reúne hoy para analizar la coyuntura política por la que atraviesa el País Vasco en estos momentos.

En su análisis sobre la estrategia de la izquierda abertzale frente a la del PNV, Anasagasti afirma que «somos tan hermanos como Caín y Abel», expresión que da título a su artículo de opinión y que toma prestada del dirigente socialista alemán Kurt Schumacher, que la utilizó para contestar a quienes en su partido defendían una confluencia con los comunistas después de la II Guerra Mundial.

Siguiendo este paralelismo, el diputado jeltzale atribuye a Otegi una opción «marxista-leninista», afirma que «no es un demócrata» e incluso añade que «en relación a su nacionalismo, dudo mucho de él».

Cansado de gestos

Además, el dirigente nacionalista responsabiliza a HB de «hacer posible que un chaval que no había nacido cuando Franco murió atente en Málaga a un concejal del PP, eso es inadmisible», así como que Otegi «lo considere una hazaña y le llame compañero».

El artículo del político vasco le había parecido al secretario general del PP, Javier Arenas, una «opinión importante que ha tardado mucho tiempo en producirse» y que al tiempo reflejaba «la posición insostenible» del PNV.

Arenas, en conversación con EL MUNDO, alertaba, no obstante, que su partido está «cansado de gestos, opiniones y matices» y que el único camino posible es «una ruptura con el Pacto de Lizarra y de sus acuerdos con Herri Batasuna».

El dirigente popular hizo una apuesta por el diálogo con los nacionalistas para el caso de que la dirección del PNV, en su reunión de hoy, asumiera las tesis de Anasagasti y rompiera lazos con los radicales: «Tenemos claro que si se rompe Lizarra definitivamente, se abriría una vía para un futuro diálogo. Ojalá se produzca».

Los deseos de Arenas eran compartidos por el portavoz socialista Jesús Caldera, quien consideró el artículo de Anasagasti «un paso positivo», al tiempo que confiaba en que su postura «se vaya extendiendo a los órganos de dirección del partido».

Caldera veía en esta nueva situación una oportunidad para los intentos de su partido de recomponer la unidad «de los demócratas». Algo similar decía el coordinador de IU en Euskadi, Javier Madrazo, quien coincidía con Anasagasti en que Lizarra está muerto y abogaba por «pasar página» y centrarse en buscar un «diálogo multipartito» en los parlamentos vasco y navarro.

El jarro de agua fría de Egibar quitando representatividad a las palabras de Anasagasti eran respondidas de inmediato por el secretario general del PSOE vizcaino, Patxi López, quien acusó a la dirección peneuvista de arrastrar a toda la sociedad vasca por un camino equivocado.

Egibar se adelantó a la reunión del EBB que analizará la situación política tras la última ofensiva terrorista de ETA. El portavoz del PNV no expresó ninguna duda de que las palabras de Anasagasti, aun siendo respetables, no se corresponden con «la doctrina del PNV».

Por un lado, reconoce, en declaraciones a Europa Press, que los atentados de la banda terrorista han «inutilizado» o «neutralizado» el foro de Lizarra, pero otra cosa diferente es «el Acuerdo de Lizarra» con el que el PNV «está absolutamente de acuerdo» y sigue «plenamente vigente».

El dirigente jeltzale asegura incluso que los principios firmados en Lizarra «cobrarán vigencia y desarrollarán lo que contiene» si se da un nuevo periodo de distensión.

Egibar, preguntado por las manifestaciones de Otegi el sábado asegurando que no es voluntad de la izquierda abertzale acabar con ETA, aseguró que está convencido de que «Arnaldo» sí apuesta porque desaparezca la violencia.

Los radicales atacan la vivienda y el vehículo de un concejal de UPN
La escalada de violencia callejera de los últimos días en el País Vasco continúa aunque ha remitido en las últimas horas. Los radicales han atacado la vivienda de un concejal de UPN en el municipio navarro de Leiza, otra en Getxo (Vizcaya), una entidad bancaria en Guipúzcoa y un autobús.
EFE Libertad Digital 14 Agosto 2000

Varios desconocidos han incendiado la furgoneta del concejal de UPN en el Ayuntamiento navarro de Leiza José Javier Múgica. El vehículo, por motivos desconocidos, inició la marcha y acabó estrellándose contra la pared de la vivienda del edil y bloqueó la puerta de la misma. Los vecinos del inmueble tuvieron que ser rescatados por varias personas que estaban cerca del lugar de los hechos ya que el coche en llamas impedía que abandonasen el inmueble.

Múgica ha asegurado que estos hechos "en absoluto" le hacen plantearse el abandono del cargo y ha señalado que, al contrario, "cada vez que me hacen algo de esto, me crezco". El concejal no había recibido con anterioridad amenazas directas "pero sí bastantes pintadas llamándome fascista, asesino, y todas estas cosas que nos dicen a los que somos un poco éticos, a los que estamos por la libertad y por los derechos de la vida. A los que defendemos esto nos tratan así", ha lamentado.

Por otra parte, un grupo de encapuchados ha quemado en la mañana de este lunes en Ondarroa (Vizcaya) un autobús de línea tras instar a a su conductor a abnadonar el vehículo. El ataque con cócteles molotov se ha registrado en la calle Txorri Erreka de la localidad vizcaína. El autobús se encontraba en la parada y sin viajeros en su interior, cuando varias personas con el rostro cubierto instaron al chófer a abandonar el vehículo, al que arrojaron varios cócteles que prendieron fuego de forma inmediata.

En la localidad vizcaína de Getxo, los proetarras han hecho estallar un artefacto casero en la madrugada de este lunes en una ventana de una vivienda del municipio. La explosión no ha causado daños graves ya que el artefacto no ha roto la ventana y no ha afectado al interior. Estaba formado por una bombona de camping-gas. La Ertzantza desconoce las causas de este ataque, ya que en la vivienda no reside ninguna persona con vinculación política o que se dedique a profesiones que con anterioridad hayan sido objetivo de actos de violencia callejera. La alcaldía del ayuntamiento ha expresado su "total condena" del ataque ocurrido y ha exigido a quienes "promueven y alimentan estos hechos que respeten la voluntad democrática y de convivencia reiteradamente expresada por todos los getxotarras".

Y en la localidad guipuzcoana de Aretxabaleta, desconocidos han vertido líquido inflamable en una sucursal bancaria del BBVA y después le han prendido fuego, aunque apenas se han registrado daños materiales.

El candidato para sustituir al alcalde de EH en Berriozar no abandonará a pesar de las amenazas
El concejal socialista Benito Ríos recibió varias llamadas en pasado sábado en las aseguraron que "se arrepentiría"
Berriozar (Navarra) Estrella Digital  14 Agosto 2000

El concejal socialista de Berriozar Benito Ríos, propuesto por PSN, IU y CDN para desbancar en septiembre a EH de la alcaldía de la localidad, señaló ayer que "pierden el tiempo" quienes han proferido amenazas en llamadas telefónicas a su domicilio el pasado viernes.

Ese día Ríos fue propuesto por los tres partidos de la oposición de Berriozar para encabezar la lista que presentarán junto a la moción de censura contra el actual alcalde de EH, José Manuel Goldaracena, quien el pasado miércoles no condenó la muerte en atentado de ETA del militar y vecino de la localidad Francisco Casanova.

En la madrugada del sábado Ríos recibió varias llamadas telefónicas en las que nadie hablaba al otro lado del teléfono excepto en una de ellas, realizada sobre las 02:00 horas, en la que le insultaron y le espetaron "vais a arrepentiros".

Primera vez que recibe amenazas

El concejal socialista aseguró que se trata de la primera vez que recibe amenazas y que "siempre hay algún descerebrado suelto", lo que contrapuso con las "numerosas muestras de apoyo" recibidas desde diferentes ámbitos.

Aseguró que las llamadas amenazantes no tienen por qué hacerle recapacitar, porque "somos ocho concejales, EH tiene cinco y, si no denuncian la violencia, el pueblo dice que los quitemos", interpretó Ríos.

Asimismo, aludió a la situación que se vive en Berriozar tras el asesinato de Casanova y aseguró que "ahora se está calmando un poco, pero la crispación fue grandísima", dijo en referencia al tenso pleno municipal del pasado miércoles en el que dos sectores del público se enfrentaron verbalmente, ya que "la gente no entendía que el alcalde que les representa no condenase ese asesinato y por eso montaron en cólera".

La ley del silencio
Pocas personas encarnan mejor que Cristina Cuesta, una de las fundadoras de Gesto por la Paz, la resistencia civil frente al terrorismo. Ahora ha recogido en un libro el testimonio de las víctimas

Durante años, los familiares de las víctimas de ETA han permanecido en silencio, olvidadas e ignoradas. Además de perder a seres queridos, han tenido que soportar, con la indiferencia y, a veces, la inquina de los vecinos, situaciones de acoso y pánico que debían mantener en secreto. Contra esa ley del silencio, contra el muro invisible que levanta en torno a las víctimas una sociedad que se niega a reconocer la tragedia de esas familias, se han movilizado personas como Cristina Cuesta, que perdió a su padre, asesinado por ETA, cuando tenía 20 años. Participó en la fundación de Gesto por la Paz y hoy ha recogido en un libro el testimonio de las víctimas sin voz.
SOLEDAD GALLEGO DÍAZ El País 14 Agosto 2000

Centenares de carteles recuerdan en el País Vasco la suerte de los presos etarras. Ni uno solo, la memoria de las casi 800 personas que han sido asesinadas por la banda terrorista.

Durante años, los familiares de las víctimas han permanecido en silencio, olvidadas e ignoradas, a veces hasta extremos inconcebibles, como las decenas de viudas de policías y guardias civiles que, además de perder a sus maridos y quedarse solas, la mayoría de las veces con varios niños pequeños, han tenido que soportar la inquina de los vecinos, situaciones de acoso y pánico que mantuvieron en silencio, y en secreto.

Ahora nos asombramos al saber que al día siguiente del asesinato de José Luis López de Lacalle su esposa recibiera llamadas insultantes. Pero no es algo nuevo. Ha sucedido antes, sólo que nadie lo contaba. Eran muchas mujeres y hombres, llenos de rabia y de miedo, que sobrevivieron intentando hacerse transparentes, no llamar la atención, no decir nada y que educaron, pese a todo, a sus hijos sin rencor.

Contra el olvido del sufrimiento de todas estas personas, a las que la sociedad vasca tendría que mostrar algún día su agradecimiento, se ha levantado la voz de una mujer que se ha preocupado de recoger sus testimonios y reunirlos en un libro, titulado precisamente Contra el olvido.

Un libro difícil porque se atreve a romper uno de los grandes tabúes de la sociedad vasca en general, y de la guipuzcoana en particular: la miseria moral con la que actuó durante años, al permitir, sin la más mínima reacción ni muestra de solidaridad, el acoso, la intimidación de centenares de personas, sus vecinos, conocidos e, incluso, amigos, y la terrible propagación de rumores sobre los muertos, para conseguir que cayera sobre ellos la infamia y el olvido.

La persona que se ha atrevido a dar ese paso es Cristina Cuesta. Tenía 20 años cuando ETA asesinó a su padre, funcionario de Telefónica en San Sebastián. Hoy, licenciada en filosofía y empleada ella misma en Telefónica, es una de las más activas militantes de movimientos pacifistas en el País Vasco. Lleva 18 años en primera línea, primero en Gesto por la Paz y luego en la asociación Denon-Artean (Paz y Reconciliación) y se nota que es una mujer llena de fuerza y energía, aunque en los días en los que se realizó esta conversación, en mitad de la nueva ofensiva etarra, dejara traslucir su cansancio y amargura.

Cristina, que tiene ahora 38 años, acude a las manifestaciones, soporta con estoicismo a jóvenes que la insultan con odio; defiende a María San Gil, la concejala del PP más amenazada y atacada; discute con sus amigos en el PSE; hace piña con Consuelo Ordoñez (la hermana del dirigente del PP asesinado) y con Olivia Bandrés (hija del abogado y ex diputado Juan María Bandrés)...

El mérito de Cristina Cuesta, y el de las pocas personas que, como ella, llevan más de 15 años luchando en un mismo frente, es, desde luego, su valor, su vitalidad y su capacidad para conservar el sentido del humor, pero sobre todo, su resistencia, años y años de hablar de los mismos temas, de pasar el día con el transistor en la oreja temiendo un nuevo asesinato, años de tomar precauciones y de soportar el vacío... "Un día una pitonisa me dijo que podría ser feliz en muchos sitios y que valía para muchas cosas. Me dejó muy contenta. Sinceramente, no me veo con 50 años, con Alzheimer y con una pancarta contra ETA".

Detrás de la broma se oculta un auténtico pánico a que ese pensamiento pueda llegar a ser verdad y que dentro de 12 años todo siga más o menos como ahora.

El mérito consiste, precisamente, en controlar ese miedo y seguir adelante, día tras día, haciendo lo que cree que tiene que hacer. "Lo que lamento es que se pierde energía para reflexionar, para escribir, para interesarte por otras cosas que suceden en el mundo...".

Los últimos atentados de ETA han hecho aumentar el nerviosismo y el miedo. La situación ha empeorado y el nerviosismo hace que hasta los grupos pacifistas se irriten unos con otros. "No estamos ni serenos ni preparados para llevar todo esto solos. Adolecemos de falta de liderazgo político. Es cierto que los grupos pacifistas no nos unimos, pero también es verdad que seguimos, día tras día, dando, cada cual como puede, el mismo mensaje: no a la intimidación".

Cristina Cuesta no se deja intimidar, pero todavía siente frío en la espalda cuando se le enfrentan los muchachos de Jarrai. "No puedo evitar sentirme mal. Les veo frente a mí, gritando, deseando que me maten, y pienso: ¿pero, por qué me odia?, ¿por qué ese chico de 19 años, que no me ha visto en su vida, me odia tanto, si todo lo que tengo en la mano es un cartel que pide libertad? Es muy duro".

Concertar una cita con Cristina obliga a consultar antes el plano de la ciudad. "Sí, hay zonas a las que no voy desde hace tiempo. Ahora hay que tomar todavía más precauciones. Y con todo, es muy difícil creer que te quieran matar. No se entiende, no te lo crees, no puedes creerlo... hasta que te matan".

No se queja, se indigna. "Somos muchas personas en esa situación. El colectivo amenazado es cada vez más grande y hay gente que lo pasa peor. Por ejemplo, María San Gil, presidenta del PP en Guipúzcoa, porque tiene dos niños pequeños y no puede ni salir con ellos para no ponerles en peligro. Algunas amigas van a la casa, cogen a los niños y les llevan a pasear al parque y ella les mira desde la ventana. Quizás alguna concejala del PNV podría acompañarla durante un día para saber, para sentir cómo vive...".

Todo eso pasa en su ciudad y desde hace mucho tiempo. Ese cúmulo de indefensión y de sensación de abandono, que ahora es fuerte, fue todavía peor en lo que el periodista José María Calleja llama "los años de plomo", los ochenta y noventa.

La mayoría de los testimonios recogidos por Cristina Cuesta son de familiares de personas asesinadas en aquella época. "Los testimonios están recogidos sólo en Guipúzcoa", explica, "la provincia, el territorio con más víctimas y verdugos por metro cuadrado. Aquí la presión social, la presión del terror sigue siendo altísima. Pero en los años ochenta los familiares vivieron un auténtico acoso... Todavía hoy no asumen públicamente que son víctimas del terrorismo, no quieren que nadie se entere de lo que tanto dolor les ha causado".

"Al sufrimiento por la muerte de alguien querido se ha unido el dolor por el escarnio a que los sometían, el aislamiento, los insultos...Todo ello sin que las instituciones, con el Gobierno vasco a la cabeza, los ayuntamientos, las diputaciones, la Iglesia, hicieran nada por atenderles, por ayudar y seguir a estas familias".

Hasta 1988, el Gobierno vasco (PNV y socialistas en coalición) no abrió una oficina de atención a las víctimas del terrorismo. Pero, además, lo hizo de una manera vergonzante: estaba dirigida a "todas las víctimas de la violencia". El resultado es que cuando algunos familiares de guardias civiles o policías asesinados, con problemas psicológicos, acudieron en busca de ayuda se encontraron, por ejemplo, con que les recibía una psicóloga que llevaba bien a la vista una chapa de las Gestoras pro Amnistía. En lugar de contarle su angustia, salieron despavoridos.

Cuando Cristina se quejó, le explicaron pacientemente que no querían crear una situación de excepcionalidad con las familias de los asesinados por ETA.

"Las familias de las víctimas empezamos a sentir que se nos estaba utilizando. Nos exigían que perdonáramos, afirmaban que la reconciliación pasaba por el olvido de los hechos criminales y que los familiares estábamos de acuerdo, pero nadie había venido a preguntarnos nuestra opinión. Habíamos sido aisladas, olvidadas, marginadas y, en muchos casos, estigmatizadas, y encima querían que estuviéramos calladas, que no opináramos sobre el proceso de pacificación del que, sin embargo, somos un elemento más a tener en cuenta".

Los testimonios recogidos en Contra el olvido dibujan sobre todo la imágenes de algunas mujeres, casi todas ellas vascas, nacidas en Euskadi y casadas con inmigrantes, que quedaron viudas en la treintena, que decidieron seguir viviendo en su pueblo, y educar allí a sus hijos, y que soportaron todo su sufrimiento sin ningún tipo de solidaridad en su entorno.

"Tuvieron que vivir con aquellos que justificaban el asesinato de su marido, con compañeros de trabajo que pensaban que algo habría hecho... Creo sinceramente que hay que reconocer y agradecer a todas esas personas, a toda esa gente, que, a pesar de las circunstancias, hizo un gran esfuerzo por educar a sus hijos en una convivencia pacífica".

En el extraordinario afán de estos familiares por no alimentar el odio ni el rencor, se dan casos tan conmovedores como el de aquella madre que sólo se atrevió a comentar lo ocurrido con su hija mayor, de 12 años, y crió al hijo pequeño en la creencia de que el padre había muerto en un accidente.

Cuando han aceptado hablar, por primera vez y en primera persona, sorprende el relato, recurrente, de la misma situación: los pocos que se atrevieron a protestar, a decir que era injusto, que no había derecho, recibieron amenazadoras llamadas telefónicas, ("ten cuidado con lo que estás diciendo"), cartas con un gran ojo pintado en el sobre en lugar de remitente, pintadas en las puertas de sus viviendas ("al día siguiente del asesinato de mi marido, pintaron en la pared de la vivienda 'jódete'. De la impresión, mi madre se cayó al suelo y se rompió una pierna. No podía comprenderlo").

Cristina Cuesta recuerda que durante mucho tiempo una gran pintada presidió el Aula Magna de la Facultad de Filosofía de Zorroaga. Decía así: "La familia Garrido se fue por donde el humo de las velas". La familia Garrido (él, gobernador militar de Guipúzcoa; su mujer, Daniela, y uno de sus hijos, de 21 años) murió en un atentado que se llevó también por delante a una mujer portuguesa, María Texeira Gonçalves, que pasaba por allí.

"La pintada era un monumento a la ignominia, pero nadie se atrevió a pedir que la borraran. Hoy, quizás, algunos alumnos y profesores protestarían, pero en aquel tiempo el miedo era todavía una losa más pesada". Ella, que acudía a los cursos nocturnos, "con gente muy agradable", y que tenía todavía fresca la imagen de su propio padre muerto a tiros, optó simplemente por no acudir al Aula Magna.

Un hermano de Daniela, profesor en un instituto de San Sebastián, explica en el libro, todavía conmocionado: "Tenía alumnos de Jarrai, de esos que nunca criticaban a ETA, y vi gestos de risa e incluso cortes de mangas; eso lo vi. Me sorprendió porque era lo último que esperaba de mis alumnos. Sabía quiénes eran y me sentí fatal. Era incomprensible en aquellas circunstancias". Meses estuvo presente aquella pintada sobre la familia Garrido.

¿Y las autoridades de la universidad? ¿Y el decano? Cristina Cuesta no ofrece más que una explicación: "O estaban muertos de miedo o eran cómplices de la situación. Depende. Pero aquella historia no fue la única. Fernando Savater tuvo también pintadas en la puerta de su aula durante meses, se quejó repetidamente y nadie se las borraba". Savater ya no da clases en esa Facultad de Filosofía, ni Félix de Azúa, ni Vicente Molina Foix...

Para la mayoría no fue, sin embargo, un acoso tan evidente. Según van relatando en Contra el olvido, el dolor más insidioso lo provocó, casi siempre, la actitud inconsciente de la vecina ("Muchas vecinas me dijeron que como la muerte había sido así, tenían miedo y no podrían ir al funeral"), del compañero de trabajo que hizo como si nada hubiera pasado o de un sector de la propia familia ("Dijeron que si se hubiera estado callado no hubiéramos llegado a esto") .

"La dejación ha sido absoluta. Hemos reaccionado tarde, mal y lentamente". Cristina Cuesta parece ser una de las pocas personas dentro del País Vasco dispuestas a hacer una crítica global ("una autocrítica", prefiere decir ella) a la sociedad vasca.

"Ha habido distintas complicidades y distintas responsabilidades, por supuesto, pero yo intento que la sociedad vasca acepte su parte de responsabilidad porque lo cierto es que ha habido muchísima gente que ha mirado para otro lado, que ha tragado mucha humillación, quizás por miedo, o quizás porque piensan que aquí se vive muy bien, que esto es muy agradable y que mejor no meterte en líos, mejor no ir a lo viejo (el barrio viejo de San Sebastián) si crees que va a haber follón, mejor no hablar de política con la cuadrilla para mantener la paz entre todos y evitar enfrentamientos. Pero aquí no hay ningún enfrentamiento civil, eso es mentira, una completa falsedad".

Para Cristina, es absurdo comparar lo que está sucediendo aquí con lo que ocurrió en Irlanda del Norte. "Allí hubo, aún hay, un gran enfrentamiento, violento, entre dos sectores de la sociedad. Aquí, unos atacan y otros callan".

Un periodista extranjero se quedó asombrado hace años cuando preguntó a los miembros de la cuadrilla de Aldaya cómo podían seguir yendo a beber vinos todos juntos cuando algunos eran de HB y Aldaya seguía secuestrado. "Bueno, nosotros, en la cuadrilla, no hablamos de política". La anécdota está certificada. Ocurrió.

Cristina Cuesta se asombra de que alguien se pueda asombrar. "Ocurre todos los días. Gente majísima, normalísima, habla en su trabajo del programa ese, Gran Hermano, o de fútbol, o de lo que sea, pero no habla ni por asomo del último atentado terrorista. Se ha convertido casi en una costumbre y es terrible, no hay ninguna distancia crítica para darse cuenta de que eso no es normal, que algo no nos funciona"...

Escribiendo el libro, Cristina Cuesta se fue quedando abrumada por la menudencia del horror cotidiano. "Yo sabía la historia del ertzaina que quemaron, pero estremece oírle contar a él mismo cómo después de quemarle con un ácido, otros muchachos le arrojaron piedras. Y te dices, pero... si son vascos como yo. Qué brutalidad".

Una y otra vez, el libro de Cristina Cuesta vuelve sobre las dos mismas ideas: la sociedad vasca tiene que luchar contra ese olvido de las víctimas, que la paraliza y que la hace indecente moralmente, y tiene que aceptar que los deudos de esas víctimas tienen derecho a pedir justicia. Memoria y justicia.

"Parece que el único problema de derechos humanos que tiene esta sociedad es el de los presos etarras. Se habla todo el rato de su acercamiento, pero no se habla de la reinserción, de cómo se hace para que un terrorista deje de serlo. Se habla de reconciliación y se olvida que la reconciliación exige justicia, memoria y verdad. Y sin eso, sin el reconocimiento de que no tuvo ningún sentido matar a nuestros familiares, que fue injustificable, sin reconocer el daño que se hizo, sin agradecer el esfuerzo de todas estas familias por huir del rencor, no se puede, no se podrá, cerrar esta herida".

El antropólogo Mikel Azurmendi, que aporta en el libro su propio testimonio sobre el acoso que sufre en la universidad ("me sentía mucho más libre cuando estaba exiliado, en Francia, durante el franquismo, que ahora, en mi tierra"), ha dedicado muchos años a reflexionar y escribir sobre la situación en el País Vasco. Según él, "aquí se ha evitado una guerra civil gracias a las familias de las víctimas del terrorismo y a los pacifistas. Mantengo esa perspectiva".

Azurmendi cree que esa generosa actitud de renuncia a la venganza no exime de la obligación de solicitar el perdón. "Hay que tener cuidado, cualquier chispa puede encender la guerra: un censo excluyente, una autodeterminación forzada, una obligación impuesta y no comprendida...".

Son personas como Cristina Cuesta o los integrantes de movimientos pacifistas y de ayuda a las víctimas del terrorismo las que, según su análisis, han creado una cierta estrategia de pacificación, de compactación social y contra la disgregación del país. Azurmendi cree que los vascos deberían agradecérselo de corazón.

"¿Una estrategia de pacificación? No sé si se puede ir tan lejos", afirma Cristina. "Lo que sí sé es que una de las cosas que más me sorprendió cuando empecé a trabajar en estos temas fue comprobar que no existía un resentimiento en general. Si no hubiera sido por esa actitud, es posible que hubiéramos ido a un conflicto más parecido al de Irlanda del Norte".

Pero una cosa es que no exista ese resentimiento generalizado y otra el olvido. "Los familiares y amigos de las víctimas del terrorismo han estado tan calladas porque tenían miedo y porque nadie fue a su lado a preguntarles nada. Y todavía es inconcebible que se les pida que vayan a explicar qué les ha ocurrido a una Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco en el que se pueden encontrar de cara con Josu Ternera. Podían, por lo menos, haberlo criticado, haberse dado cuenta del dolor añadido y de la humillación que podía significar para todas esas personas".

¿Cómo vivir en una ciudad en la que centenares de personas miran quién les mira; en las que están circulando, y todo el mundo lo sabe aunque nadie lo diga, cientos de cartas exigiendo el pago de cinco a 10 millones de pesetas; en las que hay que renunciar a pasear por determinadas zonas, o en las que una mujer pide a las amigas que le saquen a pasear a su bebé para no ponerle en peligro?

"Bueno, cuando te planteas ¿y esto, hasta cuándo?, es el momento de marcharse unos días y refrescar". Cristina adora los viajes exóticos. "Como el que hice el año pasado a Egipto con un grupo organizado. Estaba una tarde tomando una copa e imaginando con unos amigos cómo sería el templo de Karnak y, de repente, me di cuenta de que llevaba varias horas sin pensar en el País Vasco. Qué placer". 

Testimonios a favor de la memoria y en contra de la impunidad
Contra el olvido (Editorial Temas de hoy, 231 páginas) recoge el testimonio de 40 familiares de personas asesinadas por ETA en Guipúzcoa, así como los de las viudas de Juan Carlos García Goena, asesinado por el GAL y de José Antonio Cardosa González, un cartero de Rentería muerto al estallarle una carta bomba supuestamente dirigida contra un militante de HB.

Incluye también el testimonio de la viuda de un policía nacional que se suicidó y que nunca ha conseguido que la consideren víctima del terrorismo, pese a ser patente la depresión, provocada por el llamado síndrome del Norte, que sufría su marido.

Además reúne conversaciones con familiares y personas que han padecido ataques del llamado "terrorismo de baja intensidad", víctimas de la kale borroka, como el conductor de un autobús urbano que falleció a consecuencia de un infarto de miocardio tras sufrir repetidos ataques de los jóvenes de Jarrai, o el antropólogo y profesor de la universidad vasca Mikel Azurmendi, tachado de "traidor a la causa" y repetidamente amenazado en su propia facultad.

En la mayoría de los casos se trata de personas que han permanecido en completo silencio hasta ahora y que han aceptado hablar con Cristina Cuesta en consideración a su propia condición de víctima del terrorismo. Cuesta ha utilizado una técnica de mínima intervención y los testimonios se presentan casi siempre como relatos en primera persona, sin interrupción de preguntas ni comentarios añadidos.

De las más de 70 personas que han sido secuestradas por ETA a lo largo de los últimos 30 años, sólo una aceptó participar en Contra el olvido, Jaime Caballero, que permaneció dos meses en un zulo, en 1987.

Los policías de Torelló harán huelga de catalán
REBECA PEREZ El Mundo   14 Agosto 2000

BARCELONA.- Los 17 agentes de la policía local de la localidad barcelonesa de Torelló (en la comarca de Osona) llevarán a cabo un curioso método de protesta a partir de septiembre: una huelga «idiomática», es decir, atenderán sólo en castellano a los ciudadanos del municipio.

Esta es una medida para presionar al alcalde, Miquel Franch, para que les solucione los problemas de infraestructuras y medios disponibles, así como el bajo sueldo de los polícias. «Esto es tercermundista o tenemos ni siquiera unos vestuarios dignos. No disponemos de duchas. La mesa que tenemos para comer fue extraída de un vertedero», afirma un portavoz del cuerpo policial de Torelló.

El comité de empresa de la policía ya está negociando con el Ayuntamiento la situación laboral de estos funcionarios, pero los agentes han decidido realizar por su cuenta otro tipo de medidas que les ayuden a paliar sus problemas, entre los que destaca un sueldo de tan sólo 152.000 pesetas.

A pesar de lo novedoso de esta acción, los miembros de la policía local de Torelló no son los inventores. La creación de la medida puede atribuírsele a la policía local de Vic (también de la comarca de Osona). Osona es una comarca con un bajo índice de inmigrantes y un alto porcentaje de catalanohablantes. Este es el motivo de que se ingeniara esta medida de presión.

El resultado de su huelga fue fulminante ya que a los pocos días el Gobierno local había cedido a sus exigencias. No obstante, se recibieron pocas quejas de los ciudadanos, ya que para patrullar por la ciudad o regular el tráfico no hace mucha falta hablar.

Los agentes de Torelló creen que a la gente le molestará que hablen en castellano y que, por lo tanto, la medida funcionará. Aún así, alguno de ellos no está del todo convencido de ser capaz de llevar a rajatabla la huelga. «Cuando estás acostumbrado a hablar a alguien en catalán es muy difícil cambiar de idioma», asevera resignado un portavoz de la policía local de Torelló.

Además, añade: «No me gusta este tipo de medidas. Considero que es una falta de respeto porque hablar castellano no es ningún delito».

Globalización
Francisco RODRíGUEZ ADRADOS La Razón   14 Agosto 2000

La palabreja es nueva, pero el fenómeno es antiguo. Es lo que llaman los antropólogos aculturación: la adopción por una cultura de los rasgos de otra, y al final su pérdida. Lo único nuevo es eso; su carácter global. La cultura norteamericana y una serie de líneas concomitantes con ella, ocupa cada día más todo el globo. Desde España a Rusia, desde el Irán a Centroamérica, se ve claramente.
    Vayamos a los precedentes. Inventos griegos como la democracia, la ciencia y el teatro han ocupado todo el mundo. Los comportamientos romanos y el latín ocuparon el espacio que va del Rin y el Danubio al Sahara, del Atlántico al Éufrates: montones de culturas y lenguas fueron aplastadas. ¿Y para qué hablar de los árabes, los turcos, los españoles, los ingleses?
    Siempre son procesos graduales, con éxito completo o no. Siempre han causado pérdidas, provocado llantos, hundimientos de mundos antiguos que tenían, sin duda, sus valores. Algo implacable.
    Se habla de colonialismo, hoy en tono condenatorio. Pero la balanza es difícil. También ha habido creación de nuevos mundos. No podemos renunciar a España, que es una creación romana visigótica. Ni a las naciones de América.
    Y, además, el proceso no lo inventamos nosotros, es connatural con el hombre, desde que se difundieron el fuego, el lenguaje, el vestido y la cerámica, mil instrumentos desde los del trabajo a los de la guerra y la música, los cultos y los ritos y los dioses.
    Y que todo esto es humano en general, y no sólo cosa del colonialismo europeo, se ve porque ya en América, cuando llegamos nosotros, había colonialismos y extinción de lenguas y culturas. ¿Para qué recordar a los aztecas y los incas?
    Claro que a veces, entonces y luego, se crearon precarios equilibrios. Y que hay que añadir que no todo fue culpa de los conquistadores: las más veces los conquistados se sintieron misteriosamente atraídos hacia algo que traía su muerte. Más ahora, que la conquista es sin armas.
    Digo todo esto, tan sólo, para poner en foco el fenómeno del expansionismo norteamericano: usando la palabra en un sentido muy amplio. Incluye el criterio hoy casi universal de lo política y socialmente correcto. A lo que muchos nos resistimos, todavía.
    Hoy la moda del vestir y del comer se está haciendo universalmente la misma, llamémosla americana para simplificar. La economía y lo políticamente correcto son cosas americanas. Y cuando hay un conflicto se nos dice al punto quién tiene razón y quién no, quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Tenemos que aceptarlo o que callarnos.
    Y el mundo del espectáculo es americano. Y los medios están infiltrados, aunque se resistan. Qué ciencia o estudio o literatura «vende» depende de ese mismo complejo que envuelve economía y modo de vida, marketing, ideas, manera de hablar (no elevar la voz, por favor) y comportarse. Aborrece la historia, la tradición y los estudios humanos. Habla inglés.
    Hay como una fascinación aún por parte de aquéllos que reaccionan. Los antiamericanos se americanizan: hablan y se comportan como ellos, envían a sus hijos a América. Tradiciones venerables se evaporan, quedan como mera envoltura.
    ¿Qué es todo eso? ¿Americanismo? ¿Progresismo? ¿Conservadurismo? ¿Economía? Todo eso y mucho más. Pero es claro que supone muchas mutilaciones, mucha autocensura, muchas imposiciones, también.
    Yo no voy a dar la solución, pues todo ello no es sino la cresta de la ola de un antiguo fenómeno humano, ya lo he dicho. Esta vez sin guerra. Eso sí, no me extraña que se rebelen desde los integristas a los que se manifestaron en Seattle o en París. O los que no se manifiestan y quieren o querrían mantener su identidad y su cultura.

    No hago sino presentar el problema, un problema muy grave. No es ya sólo la identidad de tal o cual nación la que corre riesgo, las naciones ya casi ni existen. Locura en estos momentos intentar crear nacioncitas. Ni siquiera se trata de defender la identidad europea, unida a la cultura greco-romana y cristiana, aunque algunos se empeñen en no verlo. El fenómeno es global.

    ¿Un nuevo mundo se nos viene encima o es que lo buscamos? Nos libera de viejas cadenas -y nos trae otras-. Cortar el paso a lo que viene por el aire, a lo que hipnotiza y entra sin guerras, es imposible. Pero debería dejarnos espacios antiguos, nuestros, de vida y pensamiento y sentimiento. Una reserva, por lo menos.

El Instituto Cervantes aprueba un plan para que se enseñe español en Centros Asociados
EP Libertad Digital   14 Agosto 2000

El Instituto Cervantes ha aprobado un plan para crear Centros Asociados que impartan clases de español en cualquier lugar del mundo, lo que permitirá difundir este idioma sin tener que abrir nuevas dependencias del Instituto.

Según el secretario de Estado de Cooperación y presidente del Consejo de Administración del Instituto Cervantes, Miguel Ángel Cortés, esta iniciativa tendrá un importante "efecto multiplicador" en la difusión de la cultura española porque departamentos universitarios, academias y centros educativos se podrán beneficiar en el futuro de los métodos de enseñanza del Cervantes, de sus actividades culturales y de las visitas que realicen al extranjero escritores o artistas españoles. A partir de ahora, los centros que deseen impartir clases de castellano deberán acreditar que reúnen las condiciones exigidas por el Cervantes para lograr la categoría de Centro Asociado y poder ofrecer títulos homologados por el Instituto español.

El secretario de Estado resaltó el "gran interés" que despierta el estudio del español, lo que interpretó como un síntoma de la confianza en el presente y futuro de la comunidad iberoamericana de naciones.

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