AGLI

Recortes de Prensa     Martes 15  Agosto   2000
#Arzallus, erre que erre
Editorial La Razón 15 Agosto 2000

#ARZALLUZ NO RECONOCE SU ERROR, LO QUE QUIERE ES TAPARLO
Editorial El Mundo  15 Agosto 2000

#No es suficiente
Editorial ABC   15 Agosto 2000

#Anasagasti
Ramón PI ABC     15 Agosto 2000

#Jugar con palabras y con vidas
José María CARRASCAL La Razón   15 Agosto 2000

#PNV: peor todavía
GERMAN YANKE El Mundo   15 Agosto 2000  
#Firme ambigüedad
Editorial El País 15 Agosto 2000

#Como en las tablas de logaritmos
M. MARTÍN FERRAND ABC   15 Agosto 2000

#Anasagasti (i)
ERASMO El Mundo   15 Agosto 2000

#«El principio del fin del Pacto de Estella»
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC   15 Agosto 2000

#Carta a Caín
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  15 Agosto 2000

#Cinco abertzales
Juan BRAVO La Razón   15 Agosto 2000

#CABALLERO Y ESCUDERO: EL PERSONAJE -X. Arzálluz y J. Egíbar-
Luis del Val La Voz de Galicia   15 Agosto 2000

#La Guardia Civil hace estallar en Huesca un coche que contenía 100 kilos de explosivos
AGENCIAS, Huesca El País  15 Agosto 2000

#Vecinos de Leiza, atrapados por la quema del coche de un concejal de UPN
PAMPLONA. ABC 15 Agosto 2000

#Pilar Aresti: «Eta debe saber que los empresarios no van a pagar más por mucho que mate»
Carmen Morodo.- La Razón  15 Agosto 2000





Arzallus, erre que erre
Editorial La Razón 15 Agosto 2000

El habitual discurso contradictorio de Arzallus llegó ayer al paroxismo. Después de mantenerse en la retaguardia silenciosa para ver si amainaba el temporal de Eta, el presidente del PNV volvió ayer a la palestra con su habitual aire retador para decir que todo el mundo está equivocado menos él. Así, en un clarísimo ejercicio de esquizofrenia política, dijo, a un tiempo, que el Pacto de Estella «está invalidado», pero que el PNV sostiene sus principios. Para añadir más confusión, también asguró que estos mismos principios estaban en el «plan Ardanza» y en ¡el Pacto de Ajuria Enea!

    Es un planteamiento que no resiste el más mínimo análisis. El Pacto de Estella y el de Ajuria Enea son manifiestamente contradictorios. Mientras el primero es un frente nacionalista con el objetivo nada oculto de la independencia, el segundo es un pacto entre las fuerzas democráticas integrado en la legalidad constitucional y estatutaria. Lo único que tendrían en común sería la apelación al diálogo, pero mientras para Estella este diálogo está previsto para que el Estado ceda ante el «ámbito de decisión vasco» y se doblegue ante su «construcción nacional», el segundo lo prevé para buscar una salida a Eta tras el momento, y nunca antes, de que deje las armas.

    Pero poco de esto importa a Arzallus. Lo que le interesa es intentar demostrar que su estrategia fracasada (al intentar dominar el proceso nacionalista subsumiendo a Eta, y ser, sin embargo, superado por la banda terrorista en iniciativa) sigue siendo la correcta. Aunque le digan en todos los idiomas y desde todos los sitios que se ha equivocado, desde fuera y desde dentro de su partido. Ahora, la culpa del fracaso de Estella no es porque sea una opción de ruptura de la legalidad de imposible aceptación, sino que es de Eta, que no entiende la clarividencia de Arzallus. Antes, la culpa era del PP, del PSOE o de los dos juntos.

    El diagnóstico preciso sobre la situación lo ha hecho un nacionalista: Joseba Arregui. El PNV de Arzallus está atenazado por el miedo. Por el miedo a que identifiquen el nacionalismo con Eta. El miedo al rechazo social, a que sus bases se rebelen ante la ignominia de su sumisión a una banda de asesinos. Y el miedo, añadiremos nosotros, a que la propia Eta se revuelva contra el PNV y le empiece a aplicar la misma receta que a los no nacionalistas.

    Para algunos, la actitud de Arzallus al mantenerse erre que erre en los principios del frente «abertzale» ha sido una decepción. Especialmente para quienes, en el PSOE (nacional, no el vasco) lanzan el mensaje del diálogo con el PNV sin querer reconocer que es imposible hablar en un foro democrático con quienes lo hacen simultáneamente en otro proterrorista. Arzallus no quiere muerto el Pacto de Estella, aunque su fracaso sea palpable. Espera que resucite.

    Pero Eta no quiere un «Estella» a la medida de Arzallus, sino a la suya propia. Así, queda claro, no hay salida. Nos preguntamos, por eso, si el pensamiento ¿? de un visionario merece más detenimiento. Realmente, se sale de la lógica, aunque seguramente esto es debido a que los demócratas creemos que nos habla a nosotros, cuando realmente se dirige a Eta, por un lado, y a cauterizar el pensamiento libre de su propia clientela, por otro.

ARZALLUZ NO RECONOCE SU ERROR, LO QUE QUIERE ES TAPARLO
Editorial El Mundo  15 Agosto 2000

"La vergüenza de confesar un error hace cometer muchos otros», escribía La Fontaine. Xabier Arzalluz puede aplicarse la sentencia del fabulista francés: la negativa a reconocer el grave error que supuso el Pacto de Lizarra está obligando al líder del PNV a refugiarse en piruetas verbales, carentes de la más mínima autocrítica.

Por primera vez desde la ruptura de la tregua de ETA, Arzalluz asumió ayer públicamente que el Pacto de Lizarra ha quedado «invalidado», pero, acto seguido, puntualizó que «sus principios siguen siendo válidos». El presidente del PNV subrayó que su partido «no se mueve» y arremetió contra Aznar y Mayor Oreja, a los que acusó de convertir en «fetiche» la estrategia política nacionalista.

Ciertamente hay un elemento positivo en las palabras de Arzalluz, que fue más lejos que nunca al admitir que la violencia de ETA convierte en inviable un pacto en el que el PNV ha ido de la mano de los socios de la banda. Pero el presidente del PNV se esconde tras la ambigüedad de sus palabras, que dejan abierta la puerta a seguir negociando acuerdos con EH e incluso a hablar con ETA.

Si Lizarra ha quedado «invalidado», lo que Arzalluz debe hacer es actuar en consecuencia. Romper la posibilidad de cualquier entendimiento con EH y poner fin a una dinámica que ha contribuido a deteriorar la convivencia en el País Vasco. Dado que los «muertos a veces resucitan», Arzalluz dixit, lo que el PNV debe hacer es «enterrar» el Pacto de Lizarra, como Iñaki Anasagasti exigió anteayer. Y ello no se lleva a cabo con vagas palabras que a poco o nada comprometen sino con una declaración institucional del partido. El Pacto de Lizarra fue rubricado en septiembre de 1998 por Joseba Egibar y luego aprobado por el EBB, el máximo órgano de dirección del PNV, y ratificado por su Asamblea General.

Las declaraciones de Arzalluz insisten en dos errores fundamentales. El primero es la imposible equidistancia que pretende mantener entre Anasagasti y Egibar, al conceder a uno que Lizarra ha quedado «invalidado» y al otro que tal reconocimiento no comporta el abandono del Pacto, como sería lógico. Y el segundo error es que el dirigente nacionalista sigue defendiendo expresamente la tesis soberanista o del llamado ámbito de decisión vasca, lo que supone ignorar la opinión de la mitad de la población vasca que piensa que algo tienen que decir el resto de los españoles sobre el futuro de Euskadi.

Resulta, por ello, bastante decepcionante la reacción de López Aguilar, portavoz del PSOE, que valoró como «un paso significativo» las manifestaciones de Arzalluz. Redondo Terreros discrepó de su compañero, calificando de «palabrería» lo dicho por el presidente del PNV. Desde luego, Arzalluz no pretendía ayer reconocer su error. Justamente lo contrario: disimularlo para no tener que pagar un precio político que, tarde o temprano, tendrá que asumir.

No es suficiente
Editorial ABC   15 Agosto 2000

El Euskadi Buru Batzar, máximo órgano directivo del PNV, se reunió ayer condicionado por la reciente polémica entre dos de sus máximos dirigentes, Iñaki Anasagasti y Joseba Egibar, a cuenta de la vigencia del pacto de Estella, que el primero considera extinguido y el segundo plenamente operativo. El PNV ha resuelto el trance a su manera tradicional, es decir evitando que haya claros perdedores o claros ganadores y ahorrando, en la medida de lo posible, escenas de enfrentamiento. Sin embargo, aunque algo hay de oportunista en el reparto de papeles de esta discusión, las diferencias internas empiezan a tomar cuerpo en la pétrea cúpula del PNV. El encargado de zanjar el asunto ha sido un Javier Arzalluz bajo de tono, quien declaró que el pacto de Estella había quedado «invalidado» por la violencia de ETA y de la «kale borroka», pero añadió que el PNV se mantenía fiel a los principios que lo inspiraron. De esta forma, Arzalluz daba la razón a Anasagasti sobre la situación actual del frente de Estella, y también a Egibar en cuanto a la vigencia de la propuesta soberanista, intentando ensamblar las discrepancias entre ambos como meras diferencias sobre forma y fondo.

La proyección exterior de esta postura oficial de la cúpula nacionalista deja abiertas las opciones que más interesan al PNV. Por un lado, la defensa de los principios del Pacto de Estella le permite confiar en una futura renovación de los acuerdos con Herri Batasuna, siempre que hubiera un cese de la violencia terrorista o una leve moderación del discurso de la formación proetarra. Por otro, si no se produjera ninguna de estas circunstancias, el desapego mostrado hacia el pacto de Estella, aunque sólo sea como instrumento y no como concepto, allanaría en parte el terreno para que el Partido Socialista pueda vencer sus resistencias y prestar al PNV el respaldo imprescindible —es decir, mínimo y sin foto— para sostener al Gobierno de Juan José Ibarretxe. En cualquier caso, el resultado de la reunión del EBB no debe inducir a confusión: el PNV no abandona el frente nacionalista ni pone fin al entramado de relaciones creado con la izquierda «abertzale». En plena ofensiva de ETA, con un ciudadano nacionalista recién asesinado y una violencia callejera brutal e indiscriminada, el PNV tenía que recoger velas y dar un mensaje complaciente para una parte de su militancia preocupada con el rumbo tomado por su partido. Pero lo que también ha hecho el PNV es complicar aún más su posición en el concierto político vasco, pues las palabras de Arzalluz ni satisfarán a Herri Batasuna ni deberían confiar a las fuerzas no nacionalistas.

La identificación del PNV con el soberanismo defendido por ETA y su integración en un frente de exclusión y de ruptura con la sociedad no nacionalista son cargas históricas de las que el nacionalismo no puede liberarse con dos palabras amables. Son la sociedad vasca y las formaciones políticas que han sufrido la deslealtad del PNV las que deben establecer las condiciones de certeza de la ruptura de este partido con la estrategia de Estella. Entre ellas, certificar de manera pública y solemne la extinción del acuerdo sellado con ETA y del Pacto de Estella, abandonar Udalbiltza y las demás instituciones soberanistas y rechazar cualquier colaboración parlamentaria con Euskal Herritarrok, lo que debería dar paso a un adelanto de las elecciones autonómicas. Pero de la intervención de Arzalluz se desprende algo que no hay ambigüedad que lo oculte: la crisis de la estrategia soberanista conjunta con HB y ETA es un fracaso personal del propio Arzalluz y de Joseba Egibar. Las reglas de la democracia jubilarían de forma fulminante a cualquier político que hubiera incurrido en la mitad de los errores cometidos por ambos dirigentes nacionalistas. Pero los comportamientos democráticos del PNV son de otra clase y funcionan más para imponer unanimidades que para exigir responsabilidades, aunque éstas correspondan a dos políticos cuyo gran proyecto para el País Vasco ha sido, al final, haber entregado a ETA el control del nacionalismo democrático vasco.

Anasagasti
Por Ramón PI ABC     15 Agosto 2000

«LOS portavoces del PNV se enfrentan por la validez del pacto de Lizarra» (El País). «Anasagasti rechaza el diálogo con EH» (El Periódico). «Anasagasti desafía la línea oficial del PNV y exige romper Estella» (La Vanguardia). «Egibar y Anasagasti se enfrentan sobre la validez del Pacto de Estella en vísperas de la reunión, hoy, de la Ejecutiva del PNV» (ABC). «Anasagasti exige “enterrar” el Pacto de Lizarra y Egibar le desautoriza» (El Mundo). «Anasagasti asegura que ETA y HB “han matado el pacto de Lizarra”» (Diario 16).

La noticia es importante, al menos a primera vista, porque Iñaki Anasagasti no es un quídam en el PNV, sino el portavoz del partido en el Grupo parlamentario del Congreso de los Diputados. La ilustración que varios de los periódicos nacionales citados incluyen para esta información es una fotografía de Anasagasti, Egibar y Arzalluz en tal o cual comparecencia ante los medios de comunicación. Es verdad que Anasagasti tiene menos peso específico dentro del partido que Egibar, pero eso también le ocurre, por ejemplo, a Juan José Ibarretxe, con todo lo lehendakari que es, porque el PNV tiene unos mecanismos de funcionamiento peculiares, que tienden a esclerotizar a los burócratas internos y a dotarlos de un poder no revisable por la ciudadanía, sino sólo por la organización, de suerte que los cargos públicos están bajo su imperio, por muchas elecciones que ganen fuera del partido. Todo esto, como digo, es cierto, pero aun así, el artículo que Anasagasti publicó el domingo en Deia («Somos tan hermanos como Caín y Abel»), ha tenido que hacer más mella que los que otros ilustres militantes disidentes de la línea oficial publican en El Correo, pongamos por caso.

El Mundo («Arzalluz y Egibar ponen al PNV al borde del cisma») opina que el artículo de Anasagasti «es una invitación -más directa imposible- a que la dirección del PNV dé ya por roto de una vez por todas el pacto de Lizarra, renunciando, según él mismo afirma, “a cualquier proyecto con asesinos”. Evidentemente, Anasagasti no ha pasado por alto que hoy se reúne el órgano máximo de dirección de su partido (...) El EBB tiene dos posibilidades. Una, aceptar el análisis de Anasagasti (...) Pero, a juzgar por las declaraciones que Egibar hizo ayer mismo (afirmó que la postura de Anasagasti, aunque “respetable”, “no es la del partido”, todo indica que no va a ser ésa su opción. Más probable es que se sitúe en la línea de Rafael Larreina, de EA, que acusa a Anasagasti -por insólito que parezca- de haberse sumado... ¡'al discurso de Mayor Oreja'! Si es así, a Anasagasti no le dejan otra salida que la dimisión. Y a muchos militantes y dirigentes del PNV, lo mismo. Arzalluz y Egibar están llevando al PNV hasta la escisión. ¿No se detendrán hasta conseguirla?»

En una brevería («Que hable Arzalluz»), ABC ve las cosas de manera bastante diferente, en apariencia con menos dramatismo, pero en el fondo mucho más pesimista: «Anasagasti se mueve siempre con calculada ambigüedad y escenifica el papel que le otorga Arzalluz (...) Ahora toca el Anasagasti conciliador, que marca distancias con EH y arremete contra Otegi, en un intento de atraerse al PSOE. Al quite sale Egibar, que justifica al batasuno y cree que hace esfuerzos para que desaparezca la violencia (...) El presidente del PNV calla, Anasagasti escribe y Egibar discrepa, en un reparto de papeles perfectamente definido (...) Los dos portavoces se reparten los papeles: uno le guiña el ojo al PSOE y el otro tontea con EH (...) El sospechoso silencio de Xavier Arzalluz forma parte de la estrategia (...) Que hable Arzalluz».

También en ABC, Edurne Uriarte escribe un artículo, titulado «Una responsabilidad moral», en el que sostiene que «el PNV debe clarificar de una vez por todas con quién está, si con los asesinados y los amenazados, o si con los que homenajean a los asesinos y ejercen el vandalismo por las calles de las ciudades vascas. Ambas cosas no son compatibles (...) Pero el problema es que el PNV no sólo necesita una rectificación. Necesita, además, una revolución interna para llegar a esa rectificación. Y probablemente no cabe esperar de la reunión de hoy mucho más que el intento de retrasar esa revolución».

El título del artículo de Anasagasti en Deia (que varios diarios nacionales reproducían ayer) está tomado de una frase del socialista alemán Kurt Schumacher, que respondió así ante la propuesta de unificación de socialistas y comunistas tras la II Guerra Mundial. Anasagasti cuenta en él que su madre fue con una amiga hacia San Sebastián en un autobús, «cuando en pleno trayecto un grupo de nazis encapuchados y con bates de béisbol destrozan los cristales, echaron líquido inflamable y quemaron el autobús. Dos minutos más y hubieran ardido dentro. A su amiga, le hirieron los cristales. Ella quedó traumatizada ante la barbarie de aquellos salvajes y tuvo que ser atendida. Sucedió este jueves».

Jugar con palabras y con vidas
José María CARRASCAL La Razón   15 Agosto 2000

Desde que empezó la pesadilla de Eta, en el País Vasco hay muy pocas alegrías. Y las que hay, duran muy poco. Todos los que se alegraron ayer por el artículo de Inaki Anasagasti donde declaraba muerto el Pacto de Lizarra han tenido que recoger velas hoy al ver como Arzallus le cortaba las alas, el pico y los espolones a su portavoz parlamentario. Y que se ande con cuidado de ahora en adelante, no vaya a ser que «esos chicos» de Eta no le cortan algo todavía más importante. Decir la verdad en Euskadi, o simplemente decir lo que se siente, puede costar hoy muy caro.

    «El Pacto de Lizarra está invalidado, pero sus principios permanecen vigentes». Para llegar a esa conclusión necesitó el Euskadi Buru Batzar, organismo rector del PNV, hora y media. Podía haberse ahorrado el tiempo y el trabajo tomándole prestada su frase al poeta: «Me voy, me voy, pero me quedo». O aquella otra al novio: «Hemos roto, pero sin romper». Invalidado, pero sus principios, vigentes. ¿Nos están tomando el pelo o están tan muertos de miedo que no saben por dónde salir? La redacción, desde luego, lleva la impronta del padre Arzallus. Uno no sabe en qué escuela filosófica incluirle, en la de los sofistas o en la de los maniqueos. Posiblemente en ambas, con un barniz escolástico. Los sofistas negaban la realidad con artificios dialécticos, como aquél Zenón de Elea que se vanagloriaba de poder demostrar que Aquiles, el de «los pies ligeros», sería incapaz de alcanzar a una tortuga. Cuando alguien se echaba a andar para probar su error, él le contestaba que su juego era mental, sin tener nada que ver con la realidad. Los maniqueos se lo hacían más fácil: atribuían al contrario una postura absurda, y luego se daban el gustazo de machacarle. Que la atribución fuera falsa, les importaba un bledo. A ellos sólo les importaba tener razón como fuese. Arzallus ignora olímpicamente la realidad que tiene ante los ojos y carga sobre Aznar las culpas de todos los males habidos y por haber. De seguir Eta asesinando gente, Aznar terminará siendo culpable del Diluvio Universal, de las plagas de Egipto, del hundimiento del Imperio Romano, del terremoto de San Francisco y de la última catastrofe del Concorde, según el presidente del PNV. Es ridículo, es patético, es esperpéntico y sería hasta cómico si no hubiera víctimas inocentes por medio.

    Aunque incluso los locos y los tontos tienen su propia lógica y en la postura de Arzallus hay un coherencia interna. A la gente con un mínimo de sentido común y un resto de decencia, unas declaraciones tan disparatadas, tan mendaces, tan obscenas como éstas sólo nos hacen temer por la salud mental de quien las lanza. Pero Arzallus no habla para gentes normales. Arzallus se dirige a una turba de iluminados que hace mucho tiempo han perdido el sentido de la realidad y sólo quieren oír cosas de ese estilo. Gentes convencidas de que es posible crear un Estado vasco con partes de Francia y España, persuadidas de que Navarra está ansiando irse con ellos, aferradas a la idea de que vasco es sólo aquel con diez apellidos con zetas y de que todos los demás deben marcharse. Es para estos fanáticos para los que habla Arzallus, y naturalmente, les convence porque están convencidos de antemano. Podría decirles que por la mar corren las liebres, y por el monte, las sardinas, que igual se lo creerían. Estamos ante una gente muy especial, que tiene invertida no sólo la escala de valores, sino también el sentido de la realidad. Por eso son tan peligrosos.

    Y con esos precisamente nos dicen que dialoguemos. Con gentes así se pide al Gobierno Aznar que se siente a una mesa. ¿Están de broma? ¿O es que lo que realmente molesta es que el Gobierno Aznar tenga otra vez razón, como ya la tuvo Mayor Oreja cuando predijo que la tregua era una trampa? Lo mínimo que puede pedirse al PNV para comenzar a dialogar con él es que rompa ese pacto de muerte que ha permitido a los asesinos salir del aislamiento político en que se encontraban, recomponer su desarticulada estructura y reabastecer sus exhaustos arsenales. No se diga que se lo pide sólo el PP, porque no es cierto. Se lo piden también personalidades del propio partido. Se lo acaba de pedir su actual portavoz parlamentario, Iñaki Anasagasti, como se lo había pedido su ex consejero de Cultura, Joseba Arregui. ¿Es que sus voces no cuentan? ¿A qué, pues, toda esa escandalera de ciertos socialistas, de determinados comentaristas, del propio Jordi Pujol, acusando a Aznar de una política de «acoso y derribo» del PNV? Aquí nadie trata de acosar y derribar al PNV. Aquí la única que acosa es Eta. Y es el propio PNV quien se esta derribando, al pactar con asesinos y al resistirse a romper con ellos. Nadie le exige imposibles, nadie le pide la Luna. Ni siquiera se le pide que jubile a Arzallus y a Eguibar. Si quiere seguir con ellos, es su problema. Pero lo que no puede tolerarse, lo que no puede consentirse es que continúe con su juego de ambigûedades, con su deshojar la margarita, con el sí, pero no. Y no puede consentirse porque ya sabemos a lo que conducen esos juegos peligrosos: a engordar a los criminales, a aumentar el número de víctimas. Quien se ha marchado del bloque democrático es el PNV, no los demás. Si quiere regresar, bienvenido sea. Pero que antes rompa su pacto de sangre y de muerte. Nada de «invalidarlo, pero manteniendo sus principios vigentes». Eso sería tanto como meterlo en la nevera, para volver a sacarlo cuando la actual tormenta escampe. Ya lo hicimos una vez y ya hemos visto cómo ha acabado. Tropezar en una piedra es humano. Volver a tropezar en la misma piedra es de tontos. O de listillos, que son los tontos más peligrosos. Si el PNV quiere hacerlo, que lo haga. Pero sólo.

PNV: peor todavía
GERMAN YANKE El Mundo   15 Agosto 2000

El Pacto de Estella está, según Xabier Arzalluz, «invalidado» y «vigente». Invalidado, se entiende, como estrategia de colaboración con EH y otros adláteres igualmente sometidos a ETA, y vigente en cuanto a sus principios. Me parece, sencillamente, peor que antes.

Hemos escuchado hace no tanto tiempo a algunos líderes del PNV, Egibar incluido, explicar a la opinión pública que bajaron hasta el lodo para conseguir que no hubiera terrorismo. Se nos ha repetido que el esfuerzo realizado descendiendo a tan sucios lugares era precisamente lo que había logrado unos meses sin muertes y, con un tono un tanto lamentable, se recordaba al PP que, gracias a todo ello (al Pacto, por supuesto), muchos de sus concejales ya no eran atacados o asesinados. Está en las hemerotecas.

Pero ahora parece que no se trataba de atravesar una línea, incluso tapándose la nariz, para conseguir que no hubiera violencia. Esa es la parte de la paradójica estrategia del PNV que ahora está invalidada porque, sencillamente, ETA sigue matando. Lo que ahora se nos revela es que, para la actual dirección del PNV, no había lodo ni cloacas porque, independientemente de que ETA asesine o no, los principios del Pacto, su filosofía, siguen vigentes.

¿Qué principios? ¿Qué filosofía? Los que, tras una absurda comparación con Irlanda, establecen que el problema no es constatar que un grupo totalitario pretende imponer por la violencia su doctrina, sino «un conflicto histórico de origen y naturaleza política en el que se ven implicados el Estado Español y el Estado Francés». Eso es el Pacto de Estella, aunque no sólo eso, ya que «la resolución debe ser necesariamente política», es decir, se debe dar algo a cambio de que cesen lo que sólo son «expresiones de violencia del conflicto», como si el terrorismo fuera la consecuencia natural de tan histórico agravio.

Así que estamos peor que antes: ETA sigue matando y el PNV se ratifica en una doctrina antidemocrática que defiende en cuanto tal, no como recurso para seducir a los violentos. Y todavía hay quienes quieren darle la palmadita de ánimo que cada vez más militantes nacionalistas le niegan.

Si la política del PSOE en esta materia la va a dictar Juan Fernando López Aguilar, siento tener que esperar que las urnas nos libren de su mayor influencia. Ahora ve «un paso significativo» del PNV olvidándose de que, precisamente porque el partido de Arzalluz comenzó a defender estos principios, antes de que se firmara el Pacto de Estella, sus compañeros del País Vasco abandonaron el Gobierno vasco. No se trata, como este socialista despistado reprocha al PP, de que Arzalluz tenga que hincar la rodilla. Allá el. Lo que yo pretendo es que no la hinque el PSOE.

Firme ambigüedad
Editorial El País 15 Agosto 2000

SI ARZALLUZ hubiera querido indicar que su partido rompía con Lizarra, lo habría dicho. No lo ha hecho, pero tampoco ha dicho que sea válida. Su interés parecía ayer más centrado en reivindicar las buenas intenciones con que el PNV se apuntó a la aventura que la aventura misma. Tras las emotivas manifestaciones de la semana pasada y de las evidencias puestas por escrito por Anasagasti, se esperaba una actitud clara. Pero el tono volvió a ser el de quienes piensan que son todos los demás quienes tienen que rectificar, no ellos.

Fue una mala señal que Egibar saliera la víspera recordando a Anasagasti quién manda en casa. Arzalluz dijo con firmeza que Lizarra había quedado invalidado, pero se negó a proporcionar esa señal de punto y aparte, de hasta aquí hemos llegado, que esperaban seguramente muchos nacionalistas, y que tendría que haberse concretado en iniciativas como la retirada de las subvenciones a Udalbiltza, por ejemplo. En su lugar hubo una reivindicación de los principios inspiradores de Lizarra que no favorece las iniciativas en marcha, necesarias en todo caso, de recomposición de la unidad democrática frente a ETA.

A estas alturas, Lizarra no es ya sólo un papel que haya que valorar por lo que dice, sino la expresión del pacto del nacionalismo democrático con el antidemocrático, y debe interpretarse a la luz de la utilización que el mundo de ETA ha hecho del mismo como instrumento de deslegitimación de las instituciones autonómicas.

El Pacto de Estella fue una apuesta que pudo tener sus razones. No es el momento de discutirlas. Lo evidente, desde lo que hoy sabemos, es que para el mundo de ETA no fue una apuesta de paz, sino de imposición bajo chantaje. El reproche al PNV no es tanto haberse embarcado en esa aventura como haber persistido en ella una vez visto de qué se trataba. Porque la tregua dio ocasión al PNV de llevar la lógica de las concesiones hasta sus últimas consecuencias --la renuncia al autonomismo-- y de comprobar que ni así estaba ETA dispuesta a abandonar la violencia. En lugar de sacar las conclusiones lógicas de esa evidencia, el PNV ha transmitido durante meses la idea de que ni las mayores atrocidades de ETA y su justificación por HB bastaban para que rompiera claramente sus compromisos con ese mundo. Egibar y Arzalluz desperdiciaron ayer una ocasión de rectificar esa impresión, desairando a quienes tratan de reincorporar al PNV al consenso democrático.

Como en las tablas de logaritmos
Por M. MARTÍN FERRAND ABC   15 Agosto 2000

Polemizar sobre asuntos generales —tan español, tan actual— puede ser un vivificante ejercicio intelectual; pero es, según demuestra la experiencia, el más estéril de los planteamientos políticos. Aquí llevamos más de veinte años, desde antes de la Constitución, discutiendo sobre los modelos de Sociedad y Estado y, con la colaboración nacionalista, hasta sobre los límites geográficos de España. Eso es como hacerlo sobre el sexo de los ángeles, pero menos divertido y más perturbador. Desde la llegada del PP al neurálgico Palacio de la Moncloa, el debate ha bajado de tono en aras de lo políticamente correcto, pero el problema sigue donde estaba con el plus del desgaste de los materiales. Es la gran receta centrista, aplazar los acaloramientos y las controversias; pero, tras cuatro años de moderación y parsimonia, ¿tenemos resultados palpables?.

En lo que respecta al mal llamado problema vasco —el problema es esencialmente español—, parece que las dilaciones sólo han servido para inflamarlo. La maestría política no es otra cosa que el arte —no se trata, desde luego, de una ciencia ni de un dogma— de ajustar las diferencias entre partes del modo más pragmático posible. Los tecnócratas no suelen verlo así y, quizás por ello, la nuez del asunto aparece cada día más encubierta por la hojarasca de las encuestas, los desperdicios teóricos y la basurilla de quienes, en todas las trincheras, han encontrado en la confrontación una verdadera industria.

Suelen complicarse de más los problemas relacionados con el fervor nacionalista porque en ellos intervienen factores de cálculo imposible: el ímpetu (pseudo)ideológico de los partidos nacionalistas, sin el que se diluirían en el caldo de la izquierda o de la derecha como un terrón de azúcar en el café, y una bien calculada ambigüedad que se sustenta en las contradicciones, reales o figuradas, entre el todo y la parte. Los partidos nacionalistas son, en todo tiempo y en todo lugar en que resultan socialmente posibles, como las viejas tablas de logaritmos: de doble entrada. Una les sirve para afianzar su clientela con el matute de los sentimientos/ideologías y la otra para presentarse, siempre de manera victimista, ante el resto del mundo.

Lo que ayer escenificó el PNV, con la reunión de su ejecutiva en San Sebastián, es un ejercicio pasional, un acto litúrgico de autoafirmación y demonización ajena. Xabier Arzalluz, con el prestigio cuarteado por los hechos que contradicen sus sermones, quiere seguir renunciando a cualquier planteamiento racionalista en la política de su partido y, lo que es aún más difícil y grave, en la que «su» lendakari tiene que seguir desarrollando desde Ajuria Enea; pero querer no siempre, casi nunca, es poder. Menos todavía en un planteamiento democrático.

Anasagasti (i)
ERASMO El Mundo   15 Agosto 2000

Esa cabellera, ensimismada en su insuficiencia, ese semblante adiposo, de cesantía galdosiana, desmiente a su bien timbrada voz de tenor del Orfeón Donostiarra. Puso palabra siempre audaz y decidida a su portavocía, tantos años avanzando sin prisa mas sin pausa en su pacífico porfiar. Ahora, aunque indulgente con errores propios, diagnostica con verdad su terrible dolencia de Caínes. Bienvenido.

«El principio del fin del Pacto de Estella»
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC   15 Agosto 2000

En plena ofensiva terrorista que comienza a herir al nacionalismo tras el asesinato del empresario abertzale José María Korta, y tras la trifulca entre Iñaki Anasagasti y Joseba Egibar a propósito de la vigencia o del agotamiento del Pacto de Estella o Lizarra, trifulca que culmina un goteo de declaraciones contradictorias (todas pusilánimes y melifluas) sobre la materia a cargo de Joseba Arregi, Iñaki Azkuna o Juan Mari Juaristi, había expectación sobre las declaraciones de Xabier Arzalluz.

Arzalluz, caiga mal o muy mal, encarna hoy a la perfección el imprescindible papel de Don Tancredo en un partido inmovilista, el PNV, que ya no tiene otro horizonte ni proyecto que el de perpetuarse en el poder vasco como sea y al precio que sea. Le ayudan los analistas convencidos, como Anguita, de que el destino vasco es soportarle siempre en el Gobierno.

Partido en el poder y para el poder, especie de PRI trasplantado al Golfo de Vizcaya, el PNV no tiene otra preocupación que la de mandar y colocar a sus miles de paniaguados. Pero el privilegio de hacerlo conlleva la reciprocidad de hacerse responsable de lo que pasa. Sometido al escrutinio público, el organismo peneuvista chirría y gime intentando evadirse de la tragedia actual. Y no sólo es obvio que Estella es un completo fracaso, sino que Arzalluz no tiene otra cosa que ofrecer.

Para confirmarlo, oigamos a Arzalluz, pivote insustituible del partido. Admite que el Pacto de Estella está «invalidado» por la violencia de ETA (amén, faltaba más, de por la perfidia de Jaime Mayor Oreja, el detestado), pero sostiene que los principios fundacionales siguen vigentes; se trata, pues, de esperar tiempos mejores para reanimar el engendro ahora hibernado. De este modo da la razón a Egibar y a Anasagasti, cuya mamá casi se quema el otro día en un autobús donostiarra incendiado por sus socios parlamentarios (con el enfado natural del vástago). La primera justificación nacionalista del pacto con ETA aseguraba que gracias a éste la tregua iba a ser irreversible, integraría a HB en la política y acabaría con el terrorismo. Y todo esto, recordémoslo, con independencia de lo que hicieran los partidos españoles y el Estado, pues el pacto excluía a los no nacionalistas de todas las decisiones vitales, conminándolos a someterse a los acuerdos abertzales. El tiempo ha probado que Egibar y Arzalluz mentían, que sus pactos no han servido sino para reforzar transitoriamente a ETA. Toda su demencial política de escisión social y apartheid ideológico se ha revelado falaz. ETA mata, algunos terroristas vuelan en pedazos y Arzalluz, auxiliando su cinismo con cierto relativismo cultural, califica la apología de sus crímenes, oficiada en Bilbao por Otegi e Idígoras, como una respetable muestra de duelo funerario particular. Con esos argumentos, el Gobierno alemán debería subvencionar las manifestaciones neonazis y la quema de sinagogas como ejemplos de volkgeist, de folklore germánico peculiar pero respetable.

En fin, si todo ha fracasado y si la exaltación del terrorismo es un duelo vernáculo digno de todo respeto, ¿cuáles son los principios de Estella que siguen vigentes para Arzalluz? Sólo uno: la virtualidad de permitir al PNV ocupar el Gobierno sin gobernar mientras todo se desmorona y el país se acerca al precipicio. ¿Qué pasará en otoño, cuando probablemente HB se retire del Parlamento de Vitoria abandonando a Ibarretxe, títere desmadejado? No hay problema, Arzalluz lo explicará: la culpa, de Mayor Oreja.

Carta a Caín
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  15 Agosto 2000

Sabemos que Caín asesinó a Abel, pero no podemos saber cuál habría sido la reacción de Abel si hubiera visto a su hermano esgrimiendo la quijada de asno contra él. Probablemente, hubiese tratado de defenderse; aunque, quizás, hubiese tratado de convencerle para que depusiera su intención fratricida. Ese hipotético dilema es el que angustia a un Arzalluz, que sí tiene la oportunidad de ver cómo avanza en actitud nada fraternal su compañero en esa utopía abertzale que fuera el Edén de Lizarra.

Nadie mejor que este veterano líder sabe que la pistola de Soledad Iparaguirre y el verbo de Otegi configuran una quijada que puede caer sobre su cabeza. Ha caído físicamente sobre los no nacionalistas, los asesinatos de la última semana, y caería políticamente sobre el nacionalismo democrático si sus dirigentes no terminasen de desmontar los últimos ladrillos de esa casa común que levantaron en Lizarra.

Es desde ese peculiar estado de ánimo, donde hay que encontrar las claves del reciente artículo de Anasagasti bajo el evocador título Somos tan hermanos como Caín y Abel, su desautorización por Egibar y la calculada ambigüedad de la rueda de prensa tras la reunión de la dirección del Partido Nacionalista Vasco.

Como es, prácticamente, impensable que tanto el texto como su devaluación posterior no hayan contado con el nihil obstat de Arzalluz, hay que interpretar este tríptico como una carta a Caín en la que se le conmina a que abandone la quijada so pena de una auténtica declaración de guerra firmada por Abel como abiertamente propone Anasagasti.

Mientras tanto, se mantiene insepulto el cadáver de Lizarra en la espera desesperada de que Egibar reedite el milagro de la resurrección de Lázaro.

De ahí ese tono deliberadamente ambiguo y la definición de las discusiones como nominalistas; aunque en política no hay discusión semántica que no encierre una diferencia de contenido. Es el último aviso para navegantes del terror y sus remeros políticos. Algo importante empieza a gestarse en el nacionalismo democrático tras estos días de sangre, sudor y lágrimas de agosto.

A la amplia ofensiva asesina del Caín etarra, un verdadero tiro de gracia en el muerto de Lizarra, ha sucedido una decisiva iniciativa política del socialista Zapatero, apoyada por todos los partidos del arco parlamentario con excepción del Partido Popular, de tender una mano a un Arzalluz acosado por los pistoleros que buscan el enfrentamiento social entre las dos comunidades que conviven en Euskadi. Empiezan a contar con un margen de maniobra, con el que hasta ahora no contaban, para deshacer los cálculos fríos y crueles de esa pareja siniestra formada por Soledad Iparaguirre y Arnaldo Otegi que pasaban por la amenaza de la caída de Ibarretxe. Comienzan a esbozarse pactos alternativos para la supervivencia del actual lehendakari.

Desde ese nuevo espacio, hay que entender esta carta a Caín. Traducida al lenguaje estratégico, quiere decir que ETA ha fracasado ya en los objetivos políticos que se proponía conseguir a través de su última cadena de asesinatos. La crisis del nacionalismo democrático, patente en la doble lectura de Anasagasti y Egibar, no parece terminar en fractura sino en síntesis. Tampoco parece que los socialistas le retiren la mano tendida. Ibarretxe podría contar con más apoyos que ayer y menos que mañana. Para finales de septiembre están previstos los funerales oficiales por Lizarra. A no ser que se anticipen si Caín, tras ver como se les puede escapar Abel, trate de cortar su huida con un extraordinario golpe de quijada.

Cinco abertzales
Juan BRAVO La Razón   15 Agosto 2000

Los amigos navarros de Juan Bravo no salían de su asombro. Estaban paseando por el centro de Pamplona, cuando se encontraron con los incidentes que proetarras «batasunos» protagonizaban frente a los que, de forma pacífica, se manifestaban en contra los últimos atentados de Eta. La sorpresa no venía por la actitud de estos individuos sino por el hecho de que estaban repartiendo unas octavillas en las justificaban su actitud por el fallecimiento de «cinco abertzales, los cuatro de Bilbao y el de Zumaya»; es decir, los cuatro etarras a los que les estalló la bomba que transportaban en su automóvil y el dirigente empresarial y simpatizante nacionalista José María Korta. Ante lo que parecía un palmario desatino, uno de los viandantes preguntó a los batasunos por qué incluían en su protesta a una persona a la que han matado «los vuestros». Respuesta: «Es una víctima del conflicto». Que el PNVestá voluntariamente en la encrucijada y no quiere apearse de los pactos sellados con los de las pistolas, es conocido. Que a Eta, le parece ahora poco el apoyo de los de Arzallus, también. Pero que los nacionalistas empiecen a ser «víctimas del conflicto», es una novedad.


CABALLERO Y ESCUDERO: EL PERSONAJE -X. Arzálluz y J. Egíbar-
Luis del Val La Voz de Galicia   15 Agosto 2000

Arzalluz parece el dueño del frontón y Egibar el encargado. Un encargado de absoluta confianza que sabe que el jefe no sólo es el más listo, sino el que siempre tiene razón, amén de que a los que le llevan la contraria al jefe no les va muy bien, y el jefe es pródigo y generoso con los disciplinados, a los que siempre les va bien. El jefe, en el fondo, es un pedazo de pan que los ingratos no saben valorar. También pudiera ser que Arzalluz fuera el director y propietario del internado _sólo para chicos, claro_ y Egibar se hubiera convertido en el jefe de estudios vigilante que no logró terminar una carrera académica, pero que compensa esa falta de títulos con diligencia y fidelidad, cualidades mucho más apreciadas por el director que la inteligencia, porque para inteligente ya esta él. Caballero y escudero, camarero y maitre, se necesitan no sé si tanto como el PNV a HB y HB al PNV, pero sí lo suficiente para que formen un dúo garante de la argentinización de la patria vasca, de la división social y la entronización del miedo, que convierte a los hombres normales en viles, en lacayos de su medrosidad, en cómplices de la barbarie.

La Guardia Civil hace estallar en Huesca un coche que contenía 100 kilos de explosivos
AGENCIAS, Huesca El País  15 Agosto 2000

Máxima alerta policial en la provincia de Huesca. Hacia las 10.50 de la mañana de hoy, artificieros de la Guardia Civil han explosionado un Renault 19 con placas de matrícula falsa que estaba cargado con alrededor de 100 kilogramos de explosivos, según ha informado la Subdelegación del Gobierno en Huesca.

Aunque todavía no se han ofrecido detalles sobre la composición del material, podría ser cloratita. La presencia de el vehículo, descubierto ayer por la tarde en el kilómetro 51 de la Nacional 230, entre Benabarre y el desvío a Alcampell, obligó a cortar 20 kilómetros de dicha vía.

El ministerio de Interior aún no ha confirmado si la presencia del vehículo está relacionada con la investigación que se está llevando a cabo para descubrir la presencia de miembros de ETA en Zaragoza, y que según el diario Heraldo de Aragón habría cristalizado ya en la localización de tres supuestos miembros legales de la banda.

Testimonios de los vecinos
Para la investigación, la policía cuenta con el testimonio de un hombre que encontró sobre las 12.40 de ayer el coche parado en la cuneta en dirección a Lérida y se acercó a ofrecer ayuda a su única ocupante. Ésta le dijo que se había quedado sin batería, pero que no se preocupara porque ya había avisado a su hermano, que se encontraba cerca. El testigo ha manifestado que se alejó entonces del lugar sin fijarse en los rasgos físicos de la mujer, por lo que tampoco ha podido reconocerla en las fotografías que le ha enseñado la Guardia Civil.

Otro testigo, hijo de los dueños de una de las masías que fueron desalojadas en Benabarre por precaución, ha declarado que una motocicleta recogió a la mujer que había abandonado el coche. Según este testigo, que incluso se fijó en cómo iba vestida, la mujer era "joven y guapa".

Las labores de inspección del vehículo sospechoso comenzaron en la tarde de ayer, cuando se descubrió el vehículo, pero los agentes decidieron, ya por la noche, posponer las investigaciones hasta hoy, ya que por razones de seguridad preferían contar con luz del día para realizar su labor.

El 20 de diciembre del año pasado, sólo 17 días después de que ETA pusiera fin a la tregua, la Guardia Civil interceptó una furgoneta en las cercanías de Calatayud (Zaragoza) con 900 kilogramos de cloratita y 50 de dinamita. El vehículo se dirigía a Madrid donde la banda terrorista iba a cometer un atentado.

Dos días después, la Guardia Civil detectó otra furgoneta en Alhama de Aragón (Zaragoza) con una cantidad similar de explosivos. El material procedía del robo de unas ocho toneladas de explosivos que la organización terrorista perpetró en Plevín (Bretaña, Francia) meses antes, en pleno alto el fuego.

Vecinos de Leiza, atrapados por la quema del coche de un concejal de UPN
PAMPLONA. ABC 15 Agosto 2000

Los vecinos de un concejal de UPN en la localidad navarra de Leiza -gobernada por EH- quedaron atrapados por el vehículo del edil que fue incendiado y colocado en la puerta del inmueble para que la gente no pudiera abandonar la casa. El fuego tuvo que ser sofocado por un grupo de vecinos y, posteriormente, por una unidad de bomberos.

Fuentes de la Delegación del Gobierno en Navarra señalaron que varios desconocidos movieron el vehículo del concejal de UPN José Javier Múgica y lo colocaron en la puerta de entrada de su casa. Tras rociarlo con líquido inflamable, los radicales lo prendieron y se dieron a la fuga. El vehículo, una furgoneta Ford Transit, obstaculizó el paso de los vecinos que, ante la virulencia de las llamas, quisieron abandonar sus domicilios sin poder lograrlo. Además, la furgoneta, que quedó completamente calcinada, estaba situada en las proximidades de una toma de gas, por lo que el peligro hubiera sido mayor.

Hasta el lugar, calle Amazabal de Leiza, actualmente en fiestas, acudieron vecinos de otros inmuebles que lograron retirar la furgoneta y sofocar, posteriormente, las llamas. Al poco tiempo llegó una unidad de bomberos que consiguió acabar con el fuego pasadas las dos y media de la madrugada. Como consecuencia de las llamas, el vehículo quedó completamente calcinado y la puerta de cristal de entrada del inmueble resultó rota.

CONCEJALES DE EH
El concejal, uno de los dos que UPN tiene en el Ayuntamiento de Leiza, gobernado por EH con seis ediles y completado por otros tres de EA, confesó que «me asusté un poco, porque nos cerraban la puerta de salida de casa, pero nos mantuvimos con calma», aseguró. Explicó que, tras conocerse los hechos en el pueblo, que celebraba sus fiestas patronales, algunos concejales de EH se acercaron hasta su domicilio para mostrar su solidaridad. «La primera reacción con ellos no fue muy correcta porque estábamos muy exaltados y no les tratamos con la debida consideración», pero posteriormente sí conversaron cuando «calmamos los ánimos».

Javier Múgica no había recibido con anterioridad amenazas directas «pero sí bastantes pintadas llamándome fascista, asesino, y todas esas cosas que nos dicen a los que somos un poco éticos, a los que estamos por la libertad y por los derechos de la vida. A los que defendemos esto nos tratan así», lamentó. Sin embargo, señaló que este sabotaje «en absoluto» hará que se plantee el abandono del cargo y, por el contrario, «cada vez que me hacen algo de esto me crezco, y no sólo yo sino la familia», dijo para asegurar que sus hijos «son tan valientes o más que yo y estamos tranquilos».

«MIEDO Y ANGUSTIA»
En Guecho (Vizcaya) se produjo, también en la madrugada de ayer, la explosión de un artefacto casero, compuesto por una bombona de camping gas. Este ataque tuvo lugar junto a una vivienda de la calle Lañamendi. El inmueble, en el que al parecer no vive ningún posible objetivo de los proetarras, quedó ennegrecido por el humo.

El Ayuntamiento de esta localidad vizcaína emitió ayer un comunicado en el que condena el ataque de los proetarras, una «nueva actuación violenta de una minoría», que «ha generado miedo y angustia a las personas residentes en el inmueble y casa cercanas» y que no tiene más argumento que «la imposición violenta de sus pareceres».

OTRO AUTOBÚS
Otra localidad vizcaína, Ondarroa, también sufrió la violencia callejera. Un grupo de encapuchados obligó al conductor de un autobús urbano a bajar del mismo y acto seguido le prendieron fuego con cócteles molotov en la calle Txorri Erreka. En ese momento el vehículo se encontraba en una parada y sin viajeros en su interior.

La Ertzaintza evitó un incidente en la localidad guipuzcoana de Arechabaleta. El objetivo de los radicales fue una sucursal del BBVA. El suceso se produjo cuando un grupo de desconocidos roció con líquido inflamable la oficina, pero la presencia de patrullas de la Policía Autónoma Vasca evitó que pudieran terminar la acción, aunque los proetarras sí pudieron escapar.

La comisión de gobierno del Ayuntamiento de la localidad vizcaína de Mungia aprobó ayer, con los votos de PNV, EA, PSE-EE y PP y la abstención de EH, una declaración en la que expresa «la repulsa y condena más firmes» por los actos de violencia ocurridos el pasado sábado al tiempo que se solidariza con los afectados y pone los mecanismos del Ayuntamiento a su disposición.

El Consistorio requiere de los autores de estos hechos (el ataque a dos entidades bancarias) «que sean realmente conscientes de las consecuencias que tienen sus acciones sobre personas que son sus vecinos, con los que necesariamente tienen que convivir».

RECHAZO DE LOS CIUDADANOS
En esta línea, insta a los ciudadanos del municipio a que «muestren con serenidad y respeto su rechazo explícito a actos de violencia de este tipo que atentan contra la convivencia y seguridad de las personas y no conducen a nada positivo».

Por otra parte, coincidiendo con el aumento de acciones de violencia callejera, se ha comprobado cómo ha aumentado el número de jóvenes radicales que buscan a través de Internet información sobre cómo fabricar artefactos explosivos. En una de estas páginas se recogen instrucciones «básicas» para formar parte un grupo, incluyendo consignas políticas, consejos sobre idioma, indumentaria, etcétera, informa Ep.

Pilar Aresti: «Eta debe saber que los empresarios no van a pagar más por mucho que mate»
Viene de familia vasca. Padres, abuelos... no recuerda ningún ancestro que no sea de allí. Y ella se siente de la tierra, y también española. Vive con escolta y bajo la presión de la dictadura etarra.
Carmen Morodo.- La Razón  15 Agosto 2000

Eta ha llamado ya a la puerta de esta senadora profundamente vasca, nacida en Bilbao y descendiente de los fundadores de la Universidad Comercial de Deusto. Lo hizo colocando un coche-bomba ante su casa en Neguri. Puede contarlo, pero eso marca. Aunque marca más el que para vivir haya que incluir entre las necesidades básicas, como el comer, o el respirar, el llevar siempre al lado la sombra de un escolta, o el no poder salir a la calle sin verse liberada de los «tics» impuestos por la dictadura del miedo y las amenazas....
    Ese mirar atrás, dice, que a veces se convierte en un hábito isocrónico.... o esa inevitable angustia cada vez que se oye el encendido del motor del coche, y de la que uno se consuela superando la sensación interna de calor que la acompaña con una pequeña sonrisa y recordándose a sí mismo... «pero sí sabía que estaba todo revisado».
    Ésa es la vida de Pilar Aresti... y de muchos compañeros de viaje, no sólo políticos, sino empresarios, periodistas, aclara ella con prontitud. Una vida «sin libertad», pero dirigida por un objetivo que justifica a su entender la dura carga que conlleva: el de que nadie podrá echarla de su tierra... si se va, será porque quiera, porque ella lo decida libremente....
    Oír su hablar, cadencioso, pausado, recuerda inevitablemente a aquel Shanti Andia barojiano, orgulloso de ser vasco, pero sin esa tendencia exclusivista, como él aseguraba, de las gentes del Lúzaro costero.

    - Estoy ante una vasca de alcurnia...
    - Llevo toda mi vida aquí. Soy vasca y sólo tengo antecedentes vascos.... padres, abuelos.... bueno, vascos y españoles.

    - ¿Es éste el peor momento que recuerda?
    - Yo he vivido los principios de la democracia, los años 79, 80, 81... Fueron muy duros. Militaba entonces en la UCD y tengo perfectamente grabados en la retina los asesinatos de varios compañeros míos... Morían también policías, guardias civiles... vamos, cada fin de semana había que asistir a un funeral. Luego las cosas se calmaron y acabaron alternándose los periodos de más presión con otros más relajados. Después de haber visto muchas cosas, a la situación de ahora la calificaría simplemente de bastante difícil, aunque tengo que precisar que no nos pilla por sorpresa ya que todos éramos conscientes de que la calma tensa de la tregua no era más que un espejismo.

    - Pero ahora Eta ha dado una vuelta más de tuerca a su estrategia de extorsión al situar, con el asesinato de Korta, a la clase empresarial vasca directamente en su diana.
    - José María era un hombre de valía. Un hombre de la tierra que siempre ha trabajado por ella. Y eso es con lo que Eta ha acabado, con un hombre de este país. Nada más.

    - Y ha metido más miedo aún a los empresarios pensando en el bienestar de lo que llaman su «impuesto revolucionario»...
    - Lo que están haciendo es acabar con el País Vasco. ¿La paz? Pero, qué paz va a construirse a base de un muerto por día, a base de atacar a los que crean empresa, trabajo e incentivos para que la gente permanezca aquí, invierta aquí. Estoy segura de que los empresarios van a continuar firmes y no van a caer en el chantaje etarra. Y van a seguir aquí, más unidos que nunca.

    - ¿No cree entonces que después del asesinato de Korta hay más empresarios dispuestos a pagar a Eta?
    - Desde luego que no. Demostrarán de nuevo su raza y hombría y no cederán. Es el único camino que nos queda.

    - ¿Conoce usted a muchos que sí paguen?
    - No conozco a nadie.... pero supongo que si alguien lo hiciera no lo diría.

    - ¿Qué perjuicios económicos está causando esta escalada de violencia en la Comunidad vasca?
    -Hombre, para empezar, si yo no fuera vasca y estuviera buscando un sitio donde pasar mis vacaciones... nunca iría a donde casi a diario se ponen bombas de manera indiscriminada. Estas alimañas están distorsionando la imagen del País Vasco, en España y fuera de nuestras fronteras. Están acabando, por ejemplo, con la imagen de modernidad, de país interesado por la cultura que logramos, por ejemplo, trayendo el Guggenheim.

    - ¿Corren peligro las inversiones?
    - Yo confío en que nadie se precipite y la gente siga creyendo en esta tierra y en sus ciudadanos. Hay que esperar que la situación actual acabe pronto.   

Falta de libertad
    - Es difícil comprender qué le lleva a usted y a tantos otros a seguir ahí. Qué puede llegar a justificar el aguantar tanta presión.
    - Nunca se me ha ocurrido marcharme. Ni siquiera en julio, cuando me encontré frente al portal de mi casa con los restos del coche-bomba que colocaron los terroristas, tuve ni el más leve pensamiento en ese sentido.
    Es cierto que la libertad es el bien que más añoro, es cierto que soy consciente de que somos muchos los que carecemos del derecho más fundamental de todo ser humano.... pero es que yo soy de aquí... me siento española, por supuesto, pero, sobre todo, tengo ese sentimiento de pertenencia a esta tierra, a la que amo profundamente.

    - Eso suena muy bien pero cuando hay que afrontar el día a día, esa sensación que debe ser de permanente inseguridad, tiene que ser difícil aplicar la teoría a la práctica...
    - Lo poco que tengo claro es que nunca podría aceptar que me echaran de aquí. Si algún día cojo mis cosas y me marcho será debido a que yo lo he decidido así, libremente. Podría ser porque he encontrado un trabajo mejor fuera o porque simplemente me apetece cambiar un tiempo de aires... pero no porque ellos me hayan echado. Deben tener muy claro que, por mucho que lo intenten, por mucho que trabajen para expulsarnos a los que pensamos distinto que ellos, a los que no pertenecemos a ese selecto club nacionalista, no van a lograr arrancarnos del corazón al País Vasco.   

Rutina diaria
    - Descríbame cómo es la vida aquí. Cómo es la rutina de alguien que se sabe en la diana de los violentos.
    - Viene marcada por la idea de que tu persona, y tus propiedades, están en peligro porque no comulgas con sus ideas. Pero te acabas acostumbrando.... y, sin quererlo, hay veces, pocas, en las que acabas bajando la guardia. Igual que alguien de fuera de aquí sale a la calle y tiene cuidado de que no le pille un coche, por ejemplo, nosotros también miramos de vez en cuando atrás pero por precaución ante la posibilidad de que haya alguien dispuesto a dejarte un tiro en la nuca.
    Aún así, siempre tratamos de hacer nuestra vida lo más normal posible... Respirar, divertirnos o alternar con amigos son aspiraciones legítimas que tratamos de poder disfrutar. Es duro, pero para que se entienda desde fuera la situación, se puede reducir todo, de manera simplista, al único sueño de ver que en la calle no hay más peligro que el de una torcedura de un tobillo por una mala pisada.

    - ¿Usted hablaría de ruptura social en el País Vasco?
    - Es lo que más le gustaría a ellos que pasara pero yo no creo que se haya llegado aún a ahí... ni espero que se llegue nunca. Es cierto que los altercados callejeros y la inseguridad, se han incrementado desde lo de Korta. Es cierto que en alguna de las concentraciones contra los últimos atentados se han producido enfrentamientos, pero hay que evitarlos. Una de las cosas que más me ha dolido fue ver cómo era abucheado al alcalde del PNV después de que Eta intentara sembrar de nuevo el terror en Neguri. Ese tipo de cosas no nos hacen ningún favor a los demócratas... aunque entiendo perfectamente que la gente pierda los nervios ante la pasividad del Gobierno vasco, que es el responsable de proteger sus derechos y el ejercicio de sus libertades.

    - No hablemos de fractura social si no quiere, pero la situación actual no tiene nada que ver con aquel «espíritu de Ermua» de hace unos años.
    - Bien, pero sigue habiendo buenos gestos... pongo como ejemplo la manifestación de después del asesinato de Jáuregui. Ese día tuvimos gallardía democrática y no hubo ningún grito por encima de otro. Éramos una sola voz, con un solo mensaje, el de «Basta ya». Ése es el ejemplo a seguir.

    - La convivencia debe ser aún más difícil cuando todos se conocen. En un sitio pequeño como éste se sabe quiénes son los de las «herriko tabernas», quiénes son los que te amenazan, quiénes son los que les dan cobijo...
    - Bueno, a veces lo que haces es protegerte evitando sus círculos. Hace unos fines de semana estaba con unos amigos en una playa de aquí, tomando un café, y pasaron los que piden el acercamiento de presos a esa Euskal Herría que llevan dibujada en una pancarta. Simplemente, me metí dentro del lugar y esperé a que se fueran. Así son las cosas.

    - ¿Ve responsabilidad política del PNV en la escalada violenta de los últimos meses?
    - El PNV se equivocó y sólo tiene un camino, el de romper con los cómplices de los asesinos y volver al lado de los demócratas. Mientras no reconozca claramente su error, mientras no asuma que su obligación al frente del Gobierno vasco es amparar a todos los ciudadanos, sin ninguna excepción, alguna responsabilidad tiene.

    - Desde el punto de vista de quien sufre el acoso de los violentos, ¿qué explicación, o qué contenido, se puede ver detrás de la posición del PNV respecto a Eta y EH?
    - No lo sé. Lo único que puedo decir es que esa gentuza de Eta se ha fortalecido aprovechando el falso alto el fuego que los nacionalistas acordaron con los terroristas. ¿En qué ha quedado el pretexto de tratar de acercar a EH a las instituciones políticas? Pues en nada. ¿Pero qué instituciones son las que quieren construir con esa gente? Recuerdo perfectamente cómo tuve que asistir a la formación de la Mesa de Juntas Generales de Vizcaya teniendo al lado sentado a un convicto de asesino como es Sergio Polo. En cualquier sociedad democrática sería un escándalo, y esa situación la ha permitido y provocado precisamente el partido del señor Arzallus.

    - Un Arzallus que sigue sosteniendo con fuerza las riendas de su partido y apretando la fusta con la que inmoviliza a los discrepantes...
    -Sí, ahí sigue, pese a esos suyos que están en contra de su radicalidad y pese a que está más aislado que nunca. Empresarios, Iglesia.... todos empiezan a cuestionar públicamente su gestión.

    - Y ante este marco, ¿qué queda?
    - Elecciones anticipadas y un nuevo gobierno, no nacionalista, que confirme lo que la mayoría piensa: que el que el PNV quede fuera no significa nada. Se trata de extender a todo el País Vasco la situación de normalidad de una Álava gobernada por los no nacionalistas.   

Situación insostenible
    - Al margen de lo que son las posturas políticas, de lo que pueden ser las manifestaciones de Aznar, Mayor Oreja o Redondo Terreros, ¿se nota en la calle ese deseo de elecciones?
    - Todo el mundo piensa que el «lendakari» debe disolver y convocar comicios. La situación es insostenible, EH ya ha dejado clara su amenaza de no ir al Parlamento. Pero, vamos a ver, ¿en qué democracia se aceptaría la continuidad de un Gobierno que ha quedado en situación de minoría, y que su único apoyo es el brazo político de una banda terrorista?

    - Una salida del túnel, citando al señor Zapatero, podría ser una Lendakaritza con Mayor Oreja al frente.
    - El ministro sería un magnífico «lendakari».

    - Sinceramente, ¿es usted optimista ante la posibilidad de encontrar una solución al problema vasco?
    -Soy optimista por naturaleza y creo en la capacidad de esta sociedad para dar pasos en la dirección correcta.

    - A pesar del miedo...
    - Sí, a pesar del miedo porque, al fin y al cabo, los que sufrimos ese miedo sabemos dónde vivimos, cómo y en qué circunstancias. Y nuestras familias también.

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