AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 26  Agosto   2000
#Convivencia Cívica afirma que el PP catalán «no se ha movido nada» en política lingüística
Xiana Siccardi - Barcelona .- La Razón 26 Agosto 2000

#La trampa-trampa del PNV
Iñaki EZKERRA  La Razón 26 Agosto 2000

#Terrorismo puro y duro
Enrique de Diego Libertad Digital 26 Agosto 2000

#Codo a codo con los proetarras
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 26 Agosto 2000

#Sin «guerra de las banderas»... pero con Arzalluz desatado
Impresiones El Mundo 26 Agosto 2000

#Se explica
ERASMO El Mundo 26 Agosto 2000

#Sombras sobre un homenaje
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC   26 Agosto 2000

#El nefasto miedo a la impopularidad
M. MARTÍN FERRAND  ABC   26 Agosto 2000

#Clarines del miedo
Manuel RAMÍREZ  ABC   26 Agosto 2000

#«Ternera», contra la bandera
Editorial La Razón 26 Agosto 2000

#González corrige a Zapatero
Lorenzo CONTRERAS  La Razón 26 Agosto 2000

#Políticamente libres
Martín-Miguel RUBIO ESTEBAN  La Razón 26 Agosto 2000

#Ibarreche y la tregua
Juan BRAVO La Razón 26 Agosto 2000

#Arzalluz reconoce que el Pacto de Lizarra ha fracasado, pero descarta rectificar
AURORA INTXAUSTI, San Sebastián El País  26 Agosto 2000

#Estalla un artefacto casero en Basauri ante la vivienda de un policía
BILBAO. ABC   26 Agosto 2000  

#El terrorismo del bienestar
KEPA AULESTIA La Vanguardia 26 Agosto 2000

Convivencia Cívica afirma que el PP catalán «no se ha movido nada» en política lingüística
Acusan a la cúpula del partido de «ineptitud» e «incompetencia» en la defensa del bilingûismo
El secretario de Convivencia Cívica Catalana (CCC), José Domingo, criticó duramente la postura del Partido Popular de Cataluña en lo que a política lingûística se refiere. Según el secretario de la asociación, el PP «no se ha movido nada» para fomentar el bilingûismo en Cataluña, e incluso ha ido más allá al haber aprobado reglamentos «que imponen el uso del catalán tanto en los documentos oficiales como en el trato de las instituciones con los ciudadanos», como el que actualmente se utiliza en Sabadell. Atribuyó la actitud del PP catalán a la «incompetencia» de sus dirigentes.
Xiana Siccardi - Barcelona .- La Razón 26 Agosto 2000

El secretario de la plataforma de asociaciones CCC que preside Aleix Vidal-Quadras explicó a LA RAZÓN que la actitud del PP es fruto de la «ineptitud» e «incompetencia» de sus dirigentes catalanes, ya que han aprobado reglamentos «que van directamente en contra del bilingûismo».

    La situación actual de muchos ayuntamientos indigna a la asociación, que comprende que en Solsona o Igualada se fomente el uso del catalán porque la mayoría de su población habla en esta lengua, pero en localidades como Santa Coloma de Gramenet, Hospitalet de Llobregat o Sabadell, esta situación de imposición del catalán en las instituciones públicas «es incomprensible, ya que un porcentaje de población muy elevada habla en castellano», según apuntó Domingo.

    El secretario criticó la postura del líder del Partido Popular, Alberto Fernández, al afirmar que «no ha hecho nada» para igualar la situación del castellano con el catalán en los ayuntamientos en los que la mayoría de la población habla castellano, sino «todo lo contrario», y se preguntó «¿cómo es posible que Alberto Fernández haya aprobado este reglamento en contra del bilingûismo?» y «¿porqué el Gobierno español se manifestó en la ONU apoyando la política lingûística de CiU el día después de que consiguiera la mayoría absoluta en las elecciones?».

    Para conseguir una posible respuesta a esta cuestión, Domingo explicó a LA RAZÓN que Convivencia Cívica acudió a la Unión Europea para consultar si era posible este desajuste lingûístico y, como fruto de la consulta, el presidente de peticiones de derecho europeo, Vitaliano Gemeli, visitará Cataluña a finales de septiembre con el fin de analizar la situación.

    Por otra parte, el secretario de CCC mostró su extrañeza ante la «actitud contradictoria» del PP catalán sobre esta cuestión y pidió que el PP catalán «se decida con su política lingûística ya que a los socialistas los damos por perdidos respecto a este tema».

    Las quejas por parte de Convivencia Cívica Catalana, que recurrirá el reglamento del Ayuntamiento de Sabadell durante el próximo mes de septiembre, no sólo provienen de la situación imperativa del uso del catalán en muchos municipios catalanes.

    También la asociación seguirá controlando los reglamentos de las universidades Pompeu Fabra, la Universidad de Barcelona y la Rovira i Virgili, a partir del precedente que supuso la expulsión indebida de la profesora Josefina Albert de las pruebas de selectividad.
   
Libros de texto
Domingo explicó que desde Convivencia Cívica se seguirá la imposición del catalán en los libros de texto, ya que «la normativa de pre-inscripción no contempla el castellano y muchas familias se ven obligadas a que en las escuelas se eduque a sus hijos en catalán», y añadió que, ante la incomprensión del catalán por parte de los turistas o extranjeros que visitan Cataluña, «también se valorará la situación de la rotulación de las calles», en las que actualmente predomina el catalán muy por encima del castellano.
   
Los principales escollos de la Ley del catalán
La actual Ley de Política Língûística ha topado con la polémica desde su propia entrada en vigor. La ambigûedad en la aplicación de esta normativa ha provocado que en diversas ocasiones se haya rozado la inconstitucionalidad, tal y como explicó el presidente del Partido Popular de Cataluña, Alberto Fernández Díaz, esta semana a LA RAZÓN.

    Estos constituyen algunos de los «problemas» con los que la Ley del 7 de enero del año 1998, impulsada por la Generalitat, se ha topado:

    - El entonces Defensor del Pueblo, Fernando Álvarez de Miranda, desestima poner un recurso contra la Ley tres meses después de su nacimiento, aunque sugiere al presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, que introduzca modificaciones en ella.

    - Una sentencia de abril de 1999 del Tribunal Supremo obliga a la Generalitat de Cataluña a no limitar las ayudas a las casas discográficas con sede o delegación en esta Comunidad autónoma y autores o intérpretes catalanes, sobre una orden del Gobierno catalán de 1989.

    - Suspensión del reglamento lingûístico de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona después de la expulsión de la profesora Josefina Albert en las pruebas de selectividad de 1998.

    - En las hojas de preinscripción de los alumnos de primaria y secundaria de los centros públicos catalanes no se contempla la posibilidad explícita de que el castellano sea la lengua vehicular de la enseñanza. Convergencia Cívica de Cataluña lo denuncia en junio del pasado año.

    - El decreto relativo al doblaje de las películas cinematográficas, que intentaba imponer cuotas a las distribuidoras de cintas en catalán, fue retirado el 8 de mayo del presente año.

La trampa-trampa del PNV
Iñaki EZKERRA  La Razón 26 Agosto 2000

Tuvimos tregua-trampa de ETA, luego mesa-trampa de Ibarretxe con el PSE-EE y ahora tenemos la trampa-trampa del PNV, toda esta burda ceremonia de la confusión según la cual ese partido deja Estella pero no lo deja y vuelve al pacto de Ajuria Enea pero no vuelve; toda esta rocambolesca comedia de enredo en la que Arzalluz le tapa la boca a Anasagasti e Imaz se la tapa a Arzalluz mientras Egibar se la tapa a Ibarretxe reclamando, para dejar la vía soberanista, el reconocimiento del ámbito vasco de decisión, o sea de la misma vía que dice dejar, y mientras Ibarretxe a su vez se la tapa a Imaz exigiendo la presencia de EH en ese foro de partidos en el que la primera credencial exigible iba a ser el respeto a los derechos humanos. 

Siempre que el nacionalismo vasco monta un nuevo artilugio retórico contra la democracia, una nueva estratagema escénica, me acuerdo de Los tramposos, aquella película española de los años sesenta en la que Tony Leblanc se calaba una boina hasta las cejas y practicaba el timo de la estampita con un divertido éxito. Siempre me acuerdo del propio timo de la estampita que al cabo de los años sigue protagonizando misteriosamente las páginas de sucesos de los diarios y encontrando en las grandes urbes a víctimas incautas que milagrosamente no han visto aquella película desarrollista ni han oído hablar jamás de ese timo, que es el más famoso, el timo por antonomasia. Y siempre asocio esos casos a la actitud que ciertos políticos mantienen con el nacionalismo vasco, con ese torpe y aburrido enredo de Tony Leblanc que aún pretende hacer negocio poniendo una fabulosa cara que sintetiza al paleto y al tonto de pueblo. Éste es uno de los grandes enigmas de la sociedad y la política españolas. Sigo ese timo en la prensa desde hace años y puedo asegurar que sus víctimas no son recién llegados de la aldea. ¿Cómo es posible que aún siga triunfando el timo de la estampita en nuestras ciudades y que aún pique gente con una aceptable preparación cultural o profesional al menos? ¿Cómo es posible que todavía piquen algunos peatones de la acera política cuando el PNV se cala la boina hasta las cejas para acercárseles con un billete de mil pesetas y un sobre lleno de recortes de periódico? ¿Cómo una panda de palurdos puede timar a la democracia española durante más de veinte años, una y otra vez, con la misma boina y el mismo sobre arrugado y los mismos recortes amarillentos y el mismo billete sobado? Uno ha pensado muchas veces con perplejidad y tristeza en esta humillante cuestión y ha llegado a la conclusión de que no se trata de un problema de falta de cultura o de información o de inteligencia por parte de los eternos timados. 

Mucha gente que carece de los estudios elementales se echa a reír en cuanto ve en la tele al lehendakari amagando pucheritos para decir una nueva mentira. Mucha gente sencilla ya sabe que el lehendakari hace pucheritos cuando miente; ya le tiene pillado y exclama ante el televisor: «¡Otra vez los nacionalistas con una nueva monserga!». ¿Qué es lo que hace que una persona sin estudios tenga esa sensatez espontánea y que una turba de políticos experimentados, empresarios escaldados, analistas curtidos y profesores relamidos se pueda mostrar tan cegata?

    La respuesta está en el inconfesable pero evidente deseo del timado en convertirse en timador, en la falta de honradez y el exceso de codicia de la propia víctima, en que ésta alberga un afán tan bastardo e impresentable como el del pícaro: sacar provecho de la ignorancia o la idiocia ajenas. La explicación de esa ceguera reside en lo que tiene de ciego y cegador ese afán de beneficio que de pronto embarga al timador improvisado e inexperto, al simple aficionado: el PSE-EE intentando obtener un gobierno de coalición o IU intentando pescar votos de EH en el río revuelto de Estella que en realidad de revuelto no tenía nada aunque lo pudiera parecer. En esa ceguera y ese afán de la víctima reside, respectivamente, la ventaja que el personaje cinematográfico encarnado por Tony Leblanc posee de antemano y la impunidad del PNV. La gracia del timo de la estampita está en que no es denunciable. El timado no puede proclamar la culpabilidad del timador y quedar indemne. Su acusación le compromete a él mismo y delata su frustrada aspiración a cometer el delito que denuncia. 

El finiquito de Estella sólo sería creíble, admisible y posible si fuera acompañado de una convocatoria de elecciones. Pero mientras el sobre cerrado de ese finiquito, que hoy blande el PNV con mano lisiada y temblequeante, no contenga dicha convocatoria, el fajo de billetes que presuntamente va dentro será un manojo de recortes de periódico, es decir la perpetuación del Gobierno Ibarretxe y lo que se pueda salvar de Estella al precio que sea. El precio podía haber sido el apoyo parlamentario de los socialistas y la consiguiente reedición de los Gobiernos Jáureguis, que es lo que pretenden todos los michelines, todos los demócratas-trampas del PNV. Pero de momento el precio va a ser sostenerse sobre EH durante el curso legislativo que comienza en septiembre.

    La clave de este vodevil está en la tortuosa frase, en la llave de judo que el alcalde de Bermeo le hacía a la lengua castellana recientemente cuando, para condenar el atentado a la casa de un concejal de EA, declaraba: «No entendemos por qué no hay ningún tema anterior de que nos pueda liar algo». Gracias al aparente lío que se ha traído estos días, el PNV tampoco ha hecho nada que pueda «liarle algo». Se ha portado con ETA muy bien. No hay «ningún tema anterior» que le haga «entender» un atentado. Y es que el lío no es tal. Dos negaciones seguidas son una afirmación. La trampa-trampa del PNV es en realidad una declaración diáfana de principios e intenciones. Es una reposición de Los tramposos. Que Tony Leblanc me perdone.

Terrorismo puro y duro

Por Enrique de Diego Libertad Digital 26 Agosto 2000

Una de las abrumadoras manipulaciones semánticas del conflicto nacionalista vasco es la de la violencia callejera y no digamos lo de “kale borroka” (lucha en la calle), que pretende dar una imagen light e incluso espontánea de lo que es terrorismo puro y duro, que precisa reformas del Código Penal, que empiezan a percibirse como urgentes para reforzar un Estado de Derecho respetable y respetado. Las disquisiciones sobre si por encima de una cierta intensidad mortífera y explosiva es Eta y por debajo no se sabe muy bien quién es solamente un ejercicio de ingenuidad consciente o de ignorancia culpable, porque es fácil pasar de las certezas a las pruebas si no se desvía adrede la orientación de la investigación.

Con estos despistes semánticos se trata de establecer una diferencia entre Eta y Hb que no se corresponde con la realidad. Cualquier analista, y cualquier nacionalista, incluso Ibarretxe, que no es muy fino, sabe que Eta da las órdenes y Hb las cumple. Y sabe que el terrorismo nacionalista callejero es una orden de Eta que Hb cumple y desarrolla como estructura orgánica. Es decir, ese terrorismo se planifica en las sedes de Hb, por militantes de Hb y con medios suministrados por Hb. La conclusión a la que no se quiere llegar -por eso tanto eufemismo y tanto circunloquio- es que Hb como tal es presuntamente una banda armada que actúa además como filial o cantera de Eta. En términos futbolísticos, es como el Barcelona, o el Valencia o el Real Madrid B. En cualquier caso, los mismos colores, la misma empresa, la misma jerarquía.

Que haya de ilegalizarse o no HB, como en sus tiempos pedía Manuel Fraga y recientemente retaba Iñaki Anasagasti, es un debate desenfocado porque establece la cuestión en el campo de lo ideológico (donde habría mucho que hablar sobre la permisividad hacia partidos totalitarios que aspiran a la supresión de la democracia), pero desde luego no puede llevar a la política de avestruz permanente (una consecuencia del síndrome de Estocolmo que el terror busca imponer) por la que se desconoce lo obvio: un Estado de Derecho no puede consentir la existencia de una organización dedicada estructuralmente al delito. Cuando Eta se regenera, los jóvenes cachorros son exportavoces de Jarrai, que han ascendido al primer equipo, a los psicópatas profesionales, tras su aprendizaje en el terrorismo callejero. Las tramas del impuesto revolucionario están preñadas de batasunismo recolector. Los encapuchados del cóctel molotov y el explosivo casero que queman autobuses y unos poquísimos pasan por la Audiencia Nacional son todos miembros de Hb, no abertzales espontáneos a los que ha dado una ventolera. Y al que le ponen un petardo en su casa no se le puede decir que eso es violencia callejera, como si fuera la consecuencia de una reyerta ocasional o se llevara mal con el vecino. Eso es terrorismo puro y duro. Y ese terrorismo lo organiza y practica Herri Batasuna.

Cuando Arnaldo Otegui dice que Hb no se dedica a la “lucha armada” (otro eufemismo nazi y bolchevique) simplemente miente. Como miente cuando dice que en su modelo social caben los empresarios, salvo en los campos de exterminio de la burguesía, incluida la peneuvista. Eso lo sabe todo el mundo. Sólo que parece haber un interés en no ver la realidad y engañarse. El Estado de Derecho no puede admitir ámbitos de impunidad. Y en el País Vasco son manifiestos y clamorosos. La política de firmeza no puede ser sinónimo de resistencia y heroísmo, porque el Estado de Derecho no pasa por la estupidez y ha de ser legítimamente activo y lo que de delito haya en Hb debe ser perseguido.

Codo a codo con los proetarras
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 26 Agosto 2000

Conozco con algún detenimiento las virtudes de Jordi Pujol, que son muchas. Y también sus defectos, que son pocos. Se trata, en todo caso, de un peso pesado de la política española. Por eso me sorprende que haya autorizado a sus gentes a codearse con los proetarras de EH en el homenaje a Companys. Que destacados dirigentes del Gobierno catalán y de CiU se desplacen a Irún para participar en un acto manipulado junto a los violentos es hacer un flaco favor a Companys y a la imagen de moderación que Pujol tiene en España.

    Los batasunos no sólo no condenan la violencia como forma de propagar las ideas. La justifican y la apoyan. Sobre la sangre derramada por Eta, sin esperar siquiera veinticuatro horas, hacen la apología del terror. Arzallus y sus cómplices hincan la rodilla ante los proetarras porque tienen miedo a situarse en el punto de mira de Eta y que en el futuro sean ellos los asesinados en lugar de los concejales del PP y el PSOE. El miedo es libre y en el País Vasco se malvive bajo la dictadura del terror. Pero Pujol es un hombre serio, al que no afectan las debilidades peneuvistas. ¿Por qué, entonces, por qué hace el juego a los proetarras y se vincula con ellos en el disparatado encuentro de Irún?

Sin «guerra de las banderas»... pero con Arzalluz desatado
Impresiones El Mundo 26 Agosto 2000

Se izaron las cuatro banderas en el día grande de las fiestas bilbaínas -la de Bilbao, la de Vizcaya, la ikurriña y la del Reino de España- y no pasó nada. Unas cuantas decenas de fanáticos corearon consignas bajo la atenta vigilancia de la Ertzaintza y, cuando se cansaron, a la vista de su magro éxito de convocatoria, se fueron con la música a otra parte. Lo cual demuestra que el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, tomó la decisión más acertada, pero se equivocó al razonarla. Dijo que, en su criterio, habría sido mejor no izar ninguna bandera, para evitar el conflicto. 

Ha podido comprobar que cabía poner en el balcón las cuatro enseñas sin que ocurriera nada particularmente reseñable. Y es que lo único que calma a las huestes de HB es quedarse sin parroquia, como ayer. Quien sí tuvo parroquia -dicho sea en el sentido más figurado del término- fue el presidente del EBB, Xabier Arzalluz, quien, tras despacharse a gusto con los medios de comunicación, la emprendió contra los disidentes de su propio partido, citándolos por sus nombres y apellidos. Del uno dijo que no tiene derecho a hablar, porque no va ni a las asambleas; del otro, que escribe en periódicos ajenos al PNV y no lo hace en Deia... Para resumir, y en medio del alborozo de sus incondicionales, afirmó que él tiene más perspectiva que los otros y que, además, «donde hay patrón no manda marinero». Se reservó la más brillante perla para el final: dijo que si no expulsan a todos esos disidentes es sólo para que nadie les pueda acusar de intolerantes. ¡Por Dios, qué reproche tan inimaginable! ¿Quién podría acusar a Arzalluz de intolerante?

Se explica
ERASMO El Mundo 26 Agosto 2000

Refutación de Albiac: nación aquí y ahora no es ejército más banco emisor, vectores marxianos que no cuentan con el idioma, el perturbado o el demiurgo. En el Norte, el efecto neurasténico es clave y se materializa en la presencia de popes, maníacos religiosos que se ven a sí mismos posando como Buster Keaton, brazos en jarras y mandíbula erguida, para la fotode las enciclopedias.

Sombras sobre un homenaje
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC   26 Agosto 2000

Es natural y legítimo que Esquerra Republicana de Cataluña, partido minoritario y reducido a una representación parlamentaria poco más que testimonial, rinda homenaje a Lluís Companys, quien fue presidente de la Generalitat, con motivo del cumplimiento de sesenta años de su entrega a la Policía española en el puente de Hendaya por parte de la Gestapo. Dos meses después sería fusilado en Montjuïc. También es legítimo y quizá natural que otras fuerzas políticas quieran adherirse al acto. Otra cosa muy distinta es que el personaje merezca la gratitud y la admiración de los amantes de la libertad, la reconciliación y la superación de la tragedia de las dos Españas. La reconciliación y la superación de las viejas y profundas heridas es un proceso de doble dirección.

La ejecución, cruel como todas las condenas a muerte, convirtió al político catalán en un mito injustificado. Se trata, por el contrario, de un hombre público cuya actuación fue, más que controvertida, muy perniciosa para el pacífico devenir de la República convulsa. Pero ninguna de estas consideraciones históricas empaña la licitud del homenaje preparado por el partido en el que militó y que abandera la triste reivindicación del independentismo catalán. Menos normal, pero igualmente lícito, es que CiU, es decir, el nacionalismo catalán moderado, que se acoge a la Constitución legítima, se adhiera al homenaje. Pero, desde cierta perspectiva, rendir tributo a aquel de quien se disiente constituye un acto de generosa liberalidad. Aunque cabe pensar que la condición nacionalista radical del homenajeado no es ajena a la adhesión convergente, y que si se tratara de un vibrante defensor de la unidad nacional española no habría merecido el cálido homenaje de la coalición de Pujol.

Pero ninguna de las consideraciones anteriores impediría reconocer que el acto que se celebrará el próximo martes en Irún es un homenaje normal, tributado en este caso a alguien que no se distinguió por hacer grandes bienes a su patria. Mas lo que introduce una patológica anomalía en la conmemoración es la presencia anunciada de dos miembros de EH. Sólo el desafío, el oportunismo o el afán de capitalizar el acto puede explicar tan indeseable presencia. No obstante, no constituye precisamente un acto de coherencia política y moral que los apologetas del asesinato «político» se adhieran al homenaje a un ejecutado. Los mohínes que EH pueda dirigir a la pena de muerte sólo proceden de la hipocresía. Claro que es más que improbable que a los proetarras les impresione la memoria de un condenado a muerte. Lo que les mueve a la adhesión al político catalán no puede ser otra cosa que su hostilidad a España. Los odios compartidos también unen.

Pero los organizadores y quienes piensan asistir al homenaje al político catalán no pueden olvidar que los dos miembros de EH que han anunciado su asistencia pertenecen al mismo grupo que acaba de promover homenajes a los pistoleros etarras muertos cuando preparaban la comisión de asesinatos. Quienes profesan convicciones democráticas no pueden compartir actos con los apologetas del terror. Así lo ha entendido, en un ejercicio de ejemplar coherencia, el Partido Socialista de Cataluña, que ha declinado su participación ante la indeseable asistencia de los proetarras. Por desgracia, no lo han entendido así CiU y el PNV pues, aunque Pujol e Ibarretxe no acudirán, han enviado a destacados consejeros de sus respectivos Gobiernos regionales. Poco sorprende en el caso del PNV, que mantiene el infame pacto de Estella con los proetarras. Más sorprende en el caso de CiU. ¿No sería más sencillo que en lugar de tener que excluirse personas y grupos, quienes fueran excluidos por los organizadores fueran los dos proetarras? ¿Por qué los convocantes no ejercen el derecho de admisión?

El nefasto miedo a la impopularidad
Por M. MARTÍN FERRAND  ABC   26 Agosto 2000

«Ibarretxe —dice Nicolás Redondo— parece estar más preocupado por EH que por la unidad de los demócratas». Claro, la democracia es vivificante e integradora mientras que EH, con cuanto significa, resulta mortal y excluyente. Aquí, desde siempre, la muerte ha tenido más fuerza y presencia que la vida. Ibarretxe, como cualquier político en el poder, está más preocupado por las fuerzas que le sostienen que por las grandes teorías y principios. Ese es uno de los efectos secundarios, seguramente el más nocivo, de la democracia. Los políticos, siempre hechizados por la potencialidad del voto, quieren que les quieran y, sencillamente por eso, hacen muchas veces, a sabiendas, lo que no le conviene a nadie con tal de gustarles a muchos.

Ya decía Emilio Castelar —lo cuenta Carmen Llorca en su magnífica biografía del personaje— que «para ser verdadero hombre de Estado hay que perder el miedo a la impopularidad». Y eso que Castelar no llegó a vivir la plenitud del sufragio universal. Ese es el miedo que va retrasando decisiones sabias, cuando no sustituyéndolas por otras mezquinas, hasta el punto en que los problemas alcanzan la condición de irresolubles. ¿Hay alguien en la política española —nacional, regional o local— dispuesto a sacrificar su carrera, a perder el favor de sus votantes, por hacer, con el coste de la impopularidad, lo que verdaderamente le conviene a la Nación, la Autonomía o el Ayuntamiento?

Ibarretxe, además de ser un muñeco del guiñol de «maese Arzalluz», es un superviviente, un náufrago asido al tablón de EH/HB. Lo mismo podría agarrarse, si le valiera, a un flotador con patito de los que los niños utilizan en las playas del veraneo. ¿Cómo le va a preocupar más la unidad de los demócratas —un concepto moral— que EH —un recuelo del matonismo independentista de ETA— en contra de su tan insólita como escasamente ameritada carrera política? Su propio grupo, el PNV, es un caso raro sustentado en la nostalgia de lo que nunca existió.

El disciplinado, contradictorio y escaso Ibarretxe —tan dogmático, tan inverosímil— es hoy, con el 1,5 por ciento de los votos nacionales, el faro y la guía fácticos de la vida política española. Él y lo que le encumbra. Todo un caso de patología representativa. Los pocos se imponen a los muchos, cambian sus ritmos y designios, porque los pocos del nacionalismo vasco tienen el refuerzo de los batallones del miedo y la violencia en contra de la voluntad de paz y progreso de los muchos del resto de España. Eso es grave, pero lo es más aún el que nos estemos acostumbrando. En el País Vasco no hay libertad y la democracia, viciada por los acontecimientos, es un remedo débil de su verdadera naturaleza. Por eso hacen falta líderes a los que no les importe demasiado la popularidad. Las elecciones, cada cuatro años.

Clarines del miedo
Por Manuel RAMÍREZ  ABC   26 Agosto 2000

Decía Juan Belmonte que, en los días de corrida, le crecía más la barba. Era el miedo: a perder la vida, a hacer el ridículo, a defraudar a los demás, a fracasar en un empeño, a sentir en los adentros la puñalada honda de no haber sabido estar, en un momento determinado, a la altura de las circunstancias, al pasar del todo lo posible a la nada de lo imposible.

El miedo es tan de los humanos como el espantarlo debe ser de los hombres. Quien no lo tiene, es un loco; quien no lo supera, o no lo aguanta, no pasa de ser, en mayor o menor grado, un cobarde. Quien lo supera, lo domina, lo vence o se lo quita de encima ya pone la primera piedra para el pedestal de héroe. Ni todos tenemos madera de héroes ni todos podemos superarlo, dominarlo, vencerlo o quitárnoslo de lo alto como para, siquiera, soñar con llegar a ese pedestal. Y todos lo hemos sufrido, en mayor o menor medida, muchísimas veces en nuestras vidas: a la oscuridad en la niñez, a las sombras de la noche, al horror a lo imprevisible, al espanto a las situaciones donde se huela el peligro, al temor a lo desconocido y, todavía más, a lo que, por conocido, se sabe las intenciones que trae.

Todos esos miedos, todos juntos y uno por uno más los que cada cual pueda o quiera añadir, están viviéndose en las Vascongadas y, por extensión, en mucha España porque andamos viviendo los coletazos más indiscriminados, más salvajes, más horrendos y, al mismo tiempo, más cobardes, de una manada de asesinos a los que les da igual quién sea la víctima porque saben que, sea quien sea, les servirá para lo que ellos creen que puede servirle: reclamar lo irreclamable para que puedan tener la justificación que no encuentran, aunque muchos, no tanto desde la ingenuidad y hasta me atrevería a escribir desde la complicidad, sino simple y llanamente por miedo insuperable, se la dan, para que ellos puedan seguir matando, puedan continuar homenajeando a los asesinos y puedan alardear de la razón de la fuerza cuando no tienen, ni tendrán nunca, la fuerza de la razón.

De esos miedos incontrolables, insuperables e inapelables hemos tenido estos días ejemplos a manojitos y, por encima de todos estos adjetivos, comprensibles. Y me explico: si uno pacta con asesinos o cómplices de asesinos sabe, desde el momento en que lo hace, que es casi imposible la marcha atrás porque, paso que se dé en ese sentido, es escalón que se sube a la posibilidad, en carne propia, del ajuste de cuenta, el tiro en la nuca o la bomba lapa. Cuando uno se sube en un tigre es difícil bajarse. Pero, tarde o temprano, o se baja o se cae y, entonces, será presa de ese tigre. Mientras se aguante arriba, aunque sea a costa de que les toque a los demás el papel de víctima, todo será llevadero. Humillante y deleznable, pero llevadero.

En esa encrucijada, en ese callejón sin salida digna se ha ido metiendo el PNV por el camino de la justificación de la violencia, tildándola, en su momento, de baja intensidad; creyéndose, que ya es creer, que fuera un logro, que ya es ingenuo, u otra cosa mucho peor que iluso, que una tregua de los de las pistolas iba en serio; o haciendo una división, producto de ese miedo espantoso, entre «los nuestros» y «los demás» para que a los primeros no se les toque un pelo de la ropa y que lo que le pase a los segundos sea siempre, si no justificable, sí permita navegar en la indefinición no sea que se vayan a enfadar los de la capucha y se equivoquen en el «saludo» a la hora de buscar una nueva víctima. ¿Es, no ya tolerable ni siquiera presentable, sino admisible que, en un Estado de Derecho, se permita hacer apología del terror aunque se esté en la raya de picadores de la interpretación de un artículo del Código Penal, o se pueda seguir pactando con quienes son, en muchos casos, porque así lo han declarado, los que señalan con el dedo a las víctimas para que los sicarios los maten?

De esos miedos que se mascan pasamos a la contradicción, que es aún más espesa: los dirigentes del partido que pacta con los que matan hay veces, depende de quien sea la víctima, que hasta lloran en los entierros. ¿Cómo se puede asistir a un entierro por la mañana y a un pleno en un Ayuntamiento compartiendo mesa y gobierno con los que jamás han hecho el mínimo gesto de repulsa de un asesinato? Estas preguntas siempre han tenido, para muchos, la respuesta más clara, concisa y contundente: por miedo.

Y ya, desde que el otro día el alcalde de Marquina lo dijo así de claro, ya no es que sea opinión de muchos, sino el hecho objetivo de quien dijo que sí a dejarle la casa consistorial para homenajear a unos asesinos convictos y confesos, que murieron cuando iban a seguir matando, porque sentía ese miedo que no sólo le hacía crecer la barba sino que le hacía empequeñecer hasta la nada en su condición humana. No por nada, sino porque, vencido y vendido por el miedo, derrotado y humillado por el pavor, ya formará parte de esa lista, ¿cuántos serán los que son?, que claudicando de todo lo que haga falta, comulgando con las ruedas de molino de conservar la vida aunque la vivan de rodillas y estando a merced de sus verdugos, siempre temerán lo que se ve venir: que, en cuanto le contradigan lo más mínimo, les puede tocar a ellos. A los demás, en aquello de la «tregua», no los mataban, pero no los dejaban vivir. A ellos, ahora, es el miedo el que no los deja vivir, aunque sus socios no los maten. Clarines del miedo que los atenaza porque temen que, por ellos, terminen doblando las campanas.

«Ternera», contra la bandera
Editorial La Razón 26 Agosto 2000

La bandera española, en compañía de las de Bilbao, Vizcaya y País Vasco, ondeó ayer durante una hora en el balcón del Ayuntamiento bilbaíno, en cumplimiento de la legalidad vigente. El alcalde de la villa, Iñaqui Azkuna, del PNV, actuó con rectitud y honradez, no exenta de valentía. Porque, desgraciadamente, hacer cumplir la legalidad constitucional en el País Vasco es, en muchas ocasiones, un acto de valor ante la presión impune de los proetarras, secundados pasivamente por algunos nacionalistas que se llaman moderados.

    La decisión del Consistorio bilbaíno es, por tanto, elogiable. No podemos, sin embargo, dejar de reseñar que el cumplimiento de la legalidad se convierte, en casos como éstos, en noticia, cuando debería, por excepcional, ser lo contrario. Pero son tales las cesiones que se han producido sobre los símbolos españoles en la Comunidad Autónoma regida por los nacionalistas vascos, que es excepcional que se respete a uno de ellos, como la bandera. Una bandera que ondea una hora en el Ayuntamiento bilbaíno, y que es ocultada de forma vergonzante otros trescientos sesenta y cuatro días y veintitrés horas.

    Éste es el síntoma de un repliegue del Estado inconcebible en otros países democráticos. Por fortuna, este repliegue no es total, y aún queda alguien con sentido común y sentido de la ley como para que no se salga siempre con la suya la agresiva minoría proetarra que ha declarado la guerra al Estado.

    Ayer, esta minoría mantuvo la presión de la que jamás descansa. En esto gana a la llamada mayoría silenciosa, a la opinión pública que, en mucho mayor número, reconoce a la española como su bandera, sólo que no se manifiesta ni grita consignas de exterminio en su defensa, ni ataca a otras enseñas respetables. Al frente de este grupo que jaleó impunemente a la banda terrorista Eta, en otro clamoroso acto de apología del terrorismo que la Fiscalía tendrá que investigar, se puso ayer el ¿ex? jefe de Eta, «Josu Ternera».

    Las leyes de la democracia, y los jueces que la aplican, han llegado a la conclusión de que «Ternera» debe estar en libertad, pese a que es una evidencia palmaria que fue uno de los más importantes cabecillas del terrorismo en una época en la que éste se prodigó en numerosos asesinatos. Pero nadie podrá negar que a los ciudadanos honrados les resulta extremadamente humillante ver a este individuo campando a sus anchas en el Parlamento vasco, en su Comisión ¡de derechos humanos!; ocupando el escaño arrebatado por un tiro en la nuca a Gregorio Ordóñez; y, ayer, en la gabarra-espectáculo contra la bandera, bajo la música de «¡Eta, mátalos!». El único consuelo contra tanta impunidad es que la bandera española se enaltece con enemigos como «Ternera».
   

González corrige a Zapatero
Lorenzo CONTRERAS  La Razón 26 Agosto 2000

Ha reaparecido. Despuésdel XXXV congreso del PSOE, Felipe González se «ha mostrado» en público. Y lo ha hecho en Santiago de Compostela, participando en un foro sobre «Identidad cultural y globalización». Como siempre desde que no es secretario general del partido ha intentado armar ruido. Puede que ahora lo haya logrado casi tanto como otras veces. Porque su expresión clave ha sido que cada día se siente menos nacionalista español.

    Es una frase que debe ser comprendida porque lo que intenta dar a entender es que se siente alejado de toda patriotería precisamente para eludir cualquier semejanza con los nacionalistas vascos. Pero, aprovechando este paralelismo, ha dicho algo más. Ha tenido palabras críticas contra la política antiterrorista del Gobierno. Y en ese sentido se ha aproximado, y de qué manera, a los nacionalistas, incluido EH, al que no quiere ver excluido apriorísticamente de cualquier foro de diálogo. De manera que es muy posible, a estas alturas, su mérito para recibir una felicitación de Javier Arzallus, cuando no de Arnaldo Otegui.

    Nada, pues, de «criterios excluyentes», manifiesta ahora el personaje que más veces ha excluido de su ámbito de influencia a los competidores de su propio partido. Y es curioso que en este momento politico, cuando el nuevo secretario general Rodríguez Zapatero más cerca se muestra de la unidad de criterio con el Gobierno en materia de lucha antiterrorista, el líder vitalicio del PSOE, o sea, el hombre que se trabaja el carisma de por vida, haya descalificado precisamente una política que en bastante medida comparte la nueva dirección de Ferraz.

    Acompañaban a Felipe González en el acto el secretario general del PSOE gallego, Emilio Pérez Touriño, y el secretario de organización del PSOE, José Blanco. Cabe imaginar, tras la referencia de González a la no exclusión de EH, cuánta ha podido ser la sorpresa de estos personajes. Por mucho que González se fuera por las ramas de la tolerancia histórica entre judíos, moros y cristianos, lo cierto y patente es que le ha dado la razón a Javier Arzallus cuando éste ha ordenado boicotear el mismísimo plan de Ibarreche porque situaba fuera del foro de diálogo a EH mientras no condene la violencia. En otras palabras, no apriorístico al socio de Eta pues no condena lo que Eta hace.

    Contra ese apriorismo se ha alzado en Compostela Felipe González. Frase literal: «La exclusión de Euskal Herritarrok no tiene que ser apriorística». ¿Se entera usted, señor Mayor Oreja? ¿Se entera usted, señor Zapatero? A la hora de establecer criterios de paz, ¿quién como González?

Políticamente libres
Martín-Miguel RUBIO ESTEBAN  La Razón 26 Agosto 2000

No se es libre por el mero hecho de vivir bajo un régimen que se autodenomine democrático, sino por la circunstancia de estar gobernada por leyes y no por el capricho de un déspota o de unos centenares de déspotas. Cuando quienes gobiernan son las leyes los hombres que las hacen cumplir son siempre responsables ante el pueblo que les ha otorgado ese cometido. Todo texto legal es una mano dominante del pueblo, y representan los pilares de la democracia. La nomografía democrática debe ser sencilla, porque si las leyes se corrompen con un exceso de casuística se corre el riesgo de que sus gobernados pierdan la libertad, y lo suficientemente oscura para que el pueblo tenga que permanecer en perpetua creación de universos jurídicos, y así no aplique las leyes (sus leyes) mecánicamente. La ley que es del pueblo es un instrumento para manosear, y no un conjuro mágico que guarde algún absoluto moral. Ya nos lo advirtió el elegante Terencio en su Heautontimoroúmenos, v. 796: «ius summum saepe summa est malitia», que se transformará en el conocido y desacralizador dicho «summum ius, summa iniuria».

    La ley limita la acción del poder político, domestica la voluntad del poder establecido hasta convertirla en un motor de civilización (Protágoras). Ahora bien, si la ley está por encima del poder -súbdito éste de aquélla-, el pueblo está por encima de la ley, en cuanto que éste la crea, la corrige o la abroga. Por eso la nomocracia no es sinónimo de democracia, aunque ésta sea la única que puede garantizar la nomophylakía o custodia de las leyes. Tucídides definió la Democracia con un feliz oxímoron: «kateíchen eleuthéros» (dominar en libertad) (II 65, 8). El poder para los griegos no era sólo un mal, sino también algo que se puede reconducir mediante antídotos, es decir, mediante las distintas formas de exorcismo político, a una forma, a una norma legítima, al recto cumplimiento de las leyes. El tirano interpreta el Estado corno una realidad identificada con su voluntad individual, y no con la voluntad colectiva expresada en las leyes escritas. Sin estas leyes el pueblo sólo puede ser siervo y genéticamente enemigo del Estado. Así, cuando algunos «demócratas» nos dicen que el Rey es la suprema encarnación y representación del Estado no se sabe lo que se está diciendo. La única representación posible del Estado, oneroso instrumento al servicio de la felicidad de la sociedad, son las leyes. El Rey en todo caso sólo podría representar la continuidad de la savia de una nación, desde sus raíces a sus hojas más jóvenes.

    En el discurso forense Contra Timarco, el infortunado demócrata Esquines enfatiza (I, 4-5) la oposición entre tiranía y oligarquía, sistemas en los que mandan los trópoi, es decir, lo modos de ser y estar, los caracteres de los dominantes, y democracia, en la que mandan las leyes; y mientras en las constituciones negativas el régimen se halla tutelado por la fuerza de las armas, por el monopolio de la muda violencia (bía), en la democracia, los ciudadanos y la constitución se encuentran bajo la tutela de las leyes; lo que concretamente significa que hay que guardarse de aquéllos que transgreden las leyes con sus acciones y omisiones.

    Toda acción del Estado debe seguir la precisa órbita de alguna ley. Siempre que el Estado ejecute actos seclusos de la ley se está declarando en franca rebeldía contra la libertad del pueblo. Por eso, cuando un alto dirigente socialista de la nueva hornada - sin duda alguna, un grupo de genios por sus primeras afirmaciones- declaró que los ciudadanos quieren que el Estado acabe con los terroristas sin importarles los modos seguidos para ello, se estaba definiendo por sus palabras como un perfecto idiota irredimible (en el mejor de los casos), o como un fascista chusco (en el peor). Todo demócrata de limpio corazón debe anhelar que todos los asesinos de Eta acaben en la cárcel hasta hacerse septuagenarios, pero también deseará que lleguen a la cárcel por el recto camino de la ley. Sólo cumpliendo las leyes marcaremos nuestras diferencias morales con los furiosos asesinos de Eta. Asesinar lo puede hacer cualquiera que esté lo suficientemente degradado, hacer cumplir la ley sólo el Estado democrático.

Ibarreche y la tregua
Juan BRAVO La Razón 26 Agosto 2000

Ha bastado que Ibarreche haya esgrimido un gesto más del patetismo que impregna sus actuaciones en los útimos tiempos para que conspicuos vascólogos (quienes, por cierto, despistaron al Gobierno durante la supuesta tregua) se hayan lanzado a anunciar en cenáculos que Eta prepara una nueva tregua que se podría conocer antes de un mes y medio.

    Las razones que han llevado a los vascólogos a esta conclusión es el cambio de rumbo que ha protagonizado Ibarreche esta semana. Su portavoz anunció una nueva «mesa de diálogo» sin los proetarras de EH y, tras la admonición de los ortodoxos Arzallus y Eguíbar, el lendakari dio marcha atrás y, -recuérdese la foto- pegado a un paredón, dijo que no se podía excluir a nadie. Pues bien, los amigos del Norte de Juan Bravo le aseguran que el análisis que han hecho los vascólogos es que Ibarreche ha cambiado de postura porque sabe que antes de dos meses la banda criminal estará de nuevo en «tregua» (trampa, por supuesto). Expertos antiterroristas consultados por Jb se han preguntado: «¿Y Eta, que gana con ello?». Porque sólo habrá tregua cuando la banda perciba un beneficio para sí, y nunca para el PNV.

Arzalluz reconoce que el Pacto de Lizarra ha fracasado, pero descarta rectificar
El líder del PNV critica e insulta a los periodistas, a Iturgaiz y a los disidentes de su partido
AURORA INTXAUSTI, San Sebastián El País  26 Agosto 2000

El presidente del PNV, Xabier Arzalluz, reconoció ayer en Zarautz (Guipúzcoa) ante un grupo de militantes que su partido "ha fracasado" en su apuesta por el diálogo con HB y ETA, pero se negó a rectificar. "No vamos a parar", advirtió. En su estilo más bronco e insultante, Arzalluz arremetió contra los medios de comunicación, a los que llamó "enemigos" y "mercenarios", contra el presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz -"váyase usted a la mierda", le espetó-, y contra los disidentes de su partido, que "sólo se representan a sí mismos", pues "donde manda capitán no manda marinero".

Arzalluz se empleó a fondo contra el presidente del Gobierno, José María Aznar, y el ministro del Interior, Jaime Mayor, cuya política antiterrorista, a juicio del líder del PNV, ha fracasado. Recordó que mientras duraron los 14 meses de tregua de ETA, Mayor ordenó la detención de medio centenar de presuntos miembros de la banda terrorista, a lo que añadió que "era lógico que ETA quisiera reorganizarse; era algo normal".

Arzalluz reconoció que durante los dos últimos años la política de acercamiento del PNV a Herri Batasuna (HB) no ha obtenido los resultados esperados. "Nosotros habremos fracasado", reconoció el dirigente peneuvista, "pero no vamos a parar", advirtió. Con esta afirmación, reafirmó la intención de su partido de mantener los contactos y los acercamientos con HB y ETA.

No explicó la fórmula que utilizará para seguir en sintonía con el entorno radical, aunque sí matizó que no se producirá a través del Pacto de Lizarra, instrumento que, según dijo, "ETA ha dinamitado. Le ha puesto una bomba lapa, y mientras siga la violencia está deshecho".

Arzalluz, que estuvo flanqueado por Joseba Egibar y el presidente del PNV en Guipúzcoa, Juan María Juaristi, y habló durante una hora ante unos 200 simpatizantes peneuvistas, dijo que el PP no ha querido nunca Lizarra, pero, sobre todo, quien no deseaba este acuerdo era ETA. "Sólo quería una reunión entre nacionalistas y no Lizarra. que era algo más".

Pensamiento único
Se dirigió a la banda terrorista, que con sus bombas y los asesinatos, según Arzalluz, están favoreciendo al ministro del Interior. "El mayor enemigo del avance nacionalista es la bomba, la kale borroka [lucha callejera], la extorsión y el asesinato", indicó. Pese a estas críticas, rechazó las comparaciones que se hacen desde algunos sectores del PP cuando afirman que el PNV es responsable de las acciones que comete ETA, y responsabilizó a los medios de comunicación de ofrecer una imagen de este partido "manipulada y tergiversada".

Arzalluz realizó un análisis del organigrama empresarial de la prensa española y resolvió que entre el 60% y el 70% de los medios "están controlados desde La Moncloa". "Están creando un pensamiento único. Al buen español medio le bombardean y le meten lo que quieren, incluso le hacen creer que el PNV es su enemigo". Insistió en esta idea cuando agregó que en estos momentos se vive "una situación irrespirable. Nunca ha habido tantos mercenarios en la prensa desde los tiempos de Franco como los que hay ahora". Acusó a los medios de comunicación de "manipular y tergiversar de tal manera que se les puede considerar enemigos o rivales políticos".

También se refirió a las dificultades para reunir alrededor de una mesa al PP y al lehendakari, Juan José Ibarretxe: "Para hablar no se pueden poner condiciones", afirmó, "es lo mínimo en una civilización moderna. Nosotros no hemos puesto condiciones a ETA ni a nadie, porque en un país donde no se habla, algo pasa".

Acusó al PP de "aprovecharse de las acciones de ETA y de la kale borroka". Arzalluz considera que el único objetivo de la formación popular es "desalojar al PNV del Gobierno vasco", lo que calificó como "algo legítimo con los votos", pero apostilló que "no se puede hacer de forma brutal e indigna", en referencia a la estrategia de los populares.

El dirigente peneuvista se refirió expresamente al presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, a quien le dijo: "Váyase usted a la mierda y hablemos en serio. Diga usted que viene a por nosotros, que le esperamos a pie firme, o ¿cree que nos va a asustar? Estuvimos 40 años esperando a su patrono, el señor Franco. ¿Va a asustarnos usted ahora?".

Arzalluz manifestó que la actual escalada de atentados de ETA es "lógica" porque "ahora tienen dinero, dinamita, armas y gente". En este sentido, se extrañó de que el Gobierno se sorprendiera de esta ofensiva de la organización terrorista. Agregó que "nadie entiende en el País Vasco que ETA haya vuelto a matar y que más del 90% de los ciudadanos, incluidos simpatizantes de HB, no quieren que ETA siga por ese camino. El problema es que no saben salir después de 40 años" de actividad armada.

Arzalluz llegó a afirmar que el asesinato de Jáuregui (último gobernador de Guipúzcoa de la etapa socialista) "nadie lo entiende, y el de Korta [presidente de la patronal guipuzcoana], todavía menos". Apostilló que "si ETA sigue matando se va a quedar en el más absoluto aislamiento".

El presidente del PNV se dirigió a los disidentes de su partido comparándolos con "suplentes de un partido de fútbol que están en el banquillo", y precisó que la actual dirección peneuvista "ha sido elegida por la mayoría de la militancia". Acalló las voces contrarias afirmando que "donde manda capitán no manda marinero, y Joseba Arregi, José Ángel Cuerda [y los hermanos Guevara] no son capitanes ni oficiales, y sólo se representan a sí mismos".

Arzalluz respaldó con firmeza a Ibarretxe, quien tiene "a todo el PNV detrás como un solo hombre, como quedó demostrado en la calle durante la manifestación contra el asesinato de Buesa. Todos ellos juntos [los no nacionalistas] pueden llegar a tener más votos que nosotros, pero no más calle que nosotros".

Estalla un artefacto casero en Basauri ante la vivienda de un policía
BILBAO. ABC   26 Agosto 2000 

La violencia callejera se ha cobrado Basauri una nueva víctima, después de que un artefacto casero estallara en la madrugada de ayer ante la puerta de acceso a la vivienda de un agente del Cuerpo Nacional de Policía. Si bien no hubo que lamentar daños personales, sí se produjeron cuantiosos daños en la puerta del domicilio del policía y el descansillo del portal.

El artefacto explosivo, compuesto por dos bombonas de camping-gas unidas a un iniciador pirotécnico, estalló en torno a las dos y cuarto de la mañana. Los daños podrían haber sido mayores, ya que sólo explotó una de las dos bombonas.

En las últimas semanas, otros policías nacionales fueron objeto de acciones criminales contra sus domicilios, semejantes a la acaecida ayer. Uno de los momentos de máxima tensión se vivió durante la «jornada de lucha» convocada por EH tras la muerte de cuatro presuntos etarras, cuando manipulaban explosivo en el interior de un vehículo en Bilbao.

Por otra parte, también en la madrugada de ayer, agentes de la Ertzaintza detuvieron a un ciudadano italiano, acusado de colocar debajo de una furgoneta de la policía vasca unas pastillas encendidas que se utilizan habitualmente para avivar fuego. La detención se produjo en la calle Ernesto Erkoreka, dentro del recinto festivo, a la una y cuarto de l a pasada madrugada.

El terrorismo del bienestar
KEPA AULESTIA La Vanguardia 26 Agosto 2000

Incluso en estos angustiosos días, resulta habitual escuchar por boca de los responsables de las instituciones vascas frases como, "a pesar de todo, nuestra economía se sitúa por encima de la media española", "las empresas siguen creando empleo", "la violencia no ha restado visitantes a Euskadi", o esa otra máxima coloquial de "como aquí no se vive en ninguna parte". La idea que se pretende transmitir es que existe un pueblo capaz de sobreponerse a la fatalidad del terror y de alcanzar niveles de prosperidad y confort envidiables. Pero sería más correcto -más honesto- darle la vuelta al argumento: el terrorismo persiste, entre otras cosas, porque en el caso vasco el fanatismo se asienta precisamente en el bienestar.

Los jóvenes que se ejercitan en el sistemático uso de la coacción y el fuego nada tienen que ver con la marginalidad, la desesperanza o la reacción generacional. Más bien son el fruto de la sobreprotección familiar y el consentimiento. No pertenecen a hogares rotos, y en contadas ocasiones sienten la presión del reproche moral de sus progenitores. No son la consecuencia del fracaso escolar, aunque sus andanzas les lleven a veces al abandono prematuro de los estudios y a incorporarse al mercado laboral antes que los de su edad. Pueden amargar la fiesta a cualquiera. Pero sus incursiones tienen siempre que ver con el trasnoche. Salen de su exclusivo espacio lúdico para volver a él una vez cometidos sus desmanes. Los obituarios que medios afines dedicaron a los cuatro jóvenes que perecieron en Bolueta coincidían en destacar su carácter juerguista como rasgo de integración social.

En realidad, la sociología de la izquierda abertzale ha ofrecido siempre tasas de bienestar superiores a la media del país; tanto que el 60% de sus integrantes dice pertenecer a la clase media. Entre los votantes de HB hay una mayor población activa, más empleo y muchos más trabajadores por cuenta propia que la media del país. Los propios resultados electorales del sindicato LAB atestiguan que su presencia se escora hacia los sectores de empleo estable. Las localidades y comarcas en las que tradicionalmente la izquierda abertzale ha contado con mayor arraigo presentan rasgos sociológicos y de estructura económica que inducen menores incertidumbres de futuro que en cualquier otra parte del País Vasco; combinación de rentas de trabajo con ingresos ligados a la posesión de la tierra o al sector primario, presencia de la familia tradicional -no nuclear- como garantía solidaria, fuerte enraizamiento de la familia en un ámbito territorial reducido, etcétera. Si se compara el eco que la llamada a la abstención por parte de HB obtuvo en las pasadas elecciones generales con el nivel de empleo existente, nos encontramos con que las localidades donde la participación electoral fue más baja (Mondragón y su comarca, la zona de Tolosa, los valles del Lea y el Artibai y otros) ofrecen índices de pleno empleo para la población activa masculina y, en general, tasas de actividad y puestos de trabajo siempre por encima de los demás ámbitos territoriales del País Vasco.

Tras una estética ciertamente engañosa, el grupo social identificado políticamente con las siglas HB -las miles y miles de personas que en Euskadi se niegan a alzar siquiera en privado su voz frente a ETA- promueve una dramática esquizofrenia que alcanza, de una forma u otra, a buena parte de la sociedad vasca. Es la doble vida que proporciona un rupturismo confortable. Un grupo social privilegiado, que exprime hasta la apología y el amedrentamiento los derechos de expresión, asociación y manifestación, y que disfruta de los beneficios del bienestar tanto o más que sus conciudadanos, sostiene sobre esas mismas bases un régimen cruel y dictatorial. La pregunta resulta obligada: ¿puede el resto de la sociedad preservar su propia salud jactándose del bienestar del que disfruta mientras muchos de sus responsables políticos tratan de comprender las razones de quienes matan en nombre de esa misma sociedad? Me temo que no.

La liturgia del sufrimiento que los violentos, sus apologetas y algunas almas comprensivas imponen al conjunto de la ciudadanía se basa en que los verdugos siempre se hacen las víctimas para poder soportarse a la hora de causar daño a los demás; en el instintivo recurso de desprenderse de toda responsabilidad personal para transferir a la existencia de un mal anterior todo asomo de culpa en la comisión o en la justificación de un acto de terror. Pero los efectos de la esquizofrenia enraízan en una mayoría social que se siente más espectadora que víctima de una situación cuyo final parece inalcanzable. Es precisamente esa vivencia distante, escéptica e incluso indiferente ante el drama del terrorismo -como si fuera una desgracia más ajena que propia- la que favorece su perpetuación entre nosotros. Al diluirse la línea de separación entre demócratas y violentos, el nacionalismo vasco quiso subrayar sus diferencias con el no-nacionalismo. Pero la violencia ha llegado a tal extremo que la sociedad vasca corre el riesgo de terminar dividida entre quienes sienten la amenaza cierta del terror y quienes creen estar a salvo de todo peligro. La "socialización del sufrimiento" propugnada por los portavoces de la "raz- zia" obtendría así un triunfo espeluznante: sólo sus víctimas quedarían excluidas de ese particular Estado de bienestar -el derecho a seguir viviendo como en ninguna otra parte- del que permitiría disfrutar a todos los que no se opongan abiertamente a su propósito.

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