AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 27  Agosto   2000
#Los puntos en las íes
ANTONIO GALA El Mundo  27 Agosto 2000

#La «E» de España
Editorial La Razón 27 Agosto 2000

#XABIER ARZALLUZ, AZOTE DE DISIDENTES
Editorial El Mundo 27 Agosto 2000

#Arzallus señala a la prensa
Editorial La Razón  Agosto 2000

#Diálogo
ERASMO El Mundo 27 Agosto 2000

#Los errores de Aznar
Enrique de Diego Libertad  Digital 27 Agosto 2000

#La misión
MANUEL VICENT El País  27 Agosto 2000

#Doble crisis francesa
Editorial ABC  27 Agosto 2000

#Manifestantes de EH
José María CARRASCAL La Razón 27 Agosto 2000

#Disidentes
Ramón PI  ABC 27 Agosto 2000

#ÁMBITO LEONÉS DE DECISIÓN
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz de Galicia  27 Agosto 2000

#González
Enrique CURIEL La Razón  27 Agosto 2000 

#Nota del Editor: inteligente y sutil o descerebrado
27 Agosto 2000

#Al regreso
Carlos DÁVILA ABC  27 Agosto 2000

#Nacionalismo hasta en el coche
Mar Ramos - Madrid .- La Razón  27 Agosto 2000

#La violencia callejera supera en Euskadi, tras este verano, los ataques de 1999
J. P., Bilbao El País   27 Agosto 2000

#Los nuevos 'cachorros' de ETA
JOAQUINA PRADES, Bilbao El País 27 Agosto 2000

#Aquel año de un muerto cada 60 horas
ARCADI ESPADA  El País 27 Agosto 2000

#Dos visiones opuestas del Estado francés ponen al borde de la ruptura al «Gobierno de izquierda plural»
PARÍS. Juan Pedro Quiñonero corresponsal ABC  27 Agosto 2000

#La viuda de Lacalle se va del País Vasco tras recibir amenazas de los proetarras
M. R. Iglesias - Madrid .- La Razón  27 Agosto 2000

#Desalojado un edificio por un ataque
VITORIA. ABC   27 Agosto 2000

#Carmelo Barrio: «La colección de insultos de Arzallus ha provocado una gran decepción en el PNV»
S. Recio.-  La Razón  27 Agosto 2000  

#El español ya estaría implantado en Brasil si existieran más maestros, según el Cervantes
Gregorio García Maestro - Madrid .-  La Razón  27 Agosto 2000  

Los puntos en las íes
ANTONIO GALA El Mundo  27 Agosto 2000

Dígase u óigase lo que se quiera, los nacionalismos están de capa caída. En realidad, por paletos más o menos respetables. De ahí que en Euskadi tengan que exacerbarlo y poner bombas, para que no se sepa, a fuerza de ruidos, que pierden partidarios. Y que se desmaye el pujolismo en Cataluña, causa de que Milán y Montpellier le hayan echado la pata a Barcelona, bella pero encastillada. Y que Blas Infante haya dejado de ser pregonado padre de la patria andaluza para convertirse en un sacrificado notario de buenas intenciones. Los nacionalismos, hasta el de Castelao, siempre acaban con un estreñimiento: de miras y de todo. Y pidiendo dinero. Son cosas de cuatro: de cuatro asesinos, de cuatro pelmas y de cuatro cuartos.

La «E» de España
Editorial La Razón 27 Agosto 2000

El intento de algunos partidos nacionalistas por acabar con las señas de identidad de la Nación española no conoce descanso. Ahora, la última «guerra», tan artificial y ahistórica como otras que lamentablemente hemos tenido que vivir, es la de las matrículas. Así, ante el inminente cambio en la configuración de las placas de los automóviles, obligada por las normas de la Unión Europea e imperiosa al agotarse el número de las matrículas posibles con su actual configuración (al llegar a las letras ZZ), algunas comunidades gobernadas por nacionalistas quieren que sólo figure en las nuevas el símbolo de la UE y las iniciales de la región, sin que aparezca la «E» de España.

    El problema, como siempre, es simbólico y de representación. Y, por tanto, también es político. Subyace tras la reivindicación nacionalista el deseo de que la Europa de la Unión no sea, realmente, la concurrencia de las voluntades de Naciones-Estado soberanas, sino el conjunto yuxtapuesto de pueblos y regiones definidos por las características que los propios nacionalistas desean, independientemente de las realidades históricas que han conformado a lo largo de los siglos las naciones de Europa.

    Pero, por mucho que les pese a los nacionalistas (la mayor parte de los cuales predican tierras que jamás han tenido identidad política propia), la Unión Europea es la unión libre de los Estados que la componen, independientemente de que cada uno de ellos tenga la composición administrativa que decida, y por muy descentralizada que ésta sea.

    Los sujetos que componen la Unión Europea son, por tanto, sus Estados miembros. Con su nombre y su bandera como elementos identificativos de su soberanía. Soberanía que han decidido compartir en la UE, no dilapidar en un ente abstracto compuesto de conjuntos desagregados e informes.

    Es cierto que los nacionalistas en España, aprovechando una flexibilidad casi impensable en el consenso constitucional, han logrado cotas de poder impensables en los demás países europeos. Es cierto también que, en algunas regiones, la relegación de las señas nacionales españolas ha sido flagrante. Y lo es que la deslealtad nacionalista con los fundamentales aspectos de la Constitución que dictaminan la unidad e integridad de la Nación española ha llevado a ésta a situaciones de vejación fronterizas con la vulneración de la legalidad. Pero, pese a todo ello, el Gobierno de la Nación tiene la obligación de defender el modelo constitucional en cada momento y ante cada circunstancia. En las cuestiones cruciales, y en las simbólicas. Ahí, la forma también es el fondo. La «E» de España en las matrículas no es una anécdota. Es una categoría. El Gobierno de la Nación, apoyado por la mayoría absoluta de los ciudadanos españoles, tiene la última palabra, y la dictará en el próximo Consejo de Ministros. Confiemos en que su decisión tenga en cuenta todas las ramificaciones del problema.
XABIER ARZALLUZ, AZOTE DE DISIDENTES
Editorial El Mundo 27 Agosto 2000

Afirmó ayer que desde los tiempos de Franco nunca había existido «tanta mercenarización» (sic) de la Prensa. Hasta pretendió tener cuantificado el fenómeno, bautizado por él mismo: según él, el 60% de los medios de comunicación está controlado por el Gobierno de Aznar a través de una conjura secreta. Parece que, de todos modos, el mal remite: el pasado 18 de junio lanzó esa misma acusación en San Sebastián, pero entonces dijo que el control gubernamental era del 80%.

Es, en todo caso, uno de sus tópicos recurrentes: la prensa le critica, pero no por disconformidad con su línea política, sino porque está vendida en cuerpo y alma al Maligno. Y porque, además, en el fondo, es fascista: es «la Brunete mediática», «lo más parecido a la prensa del Movimiento», «un 18 de julio sin cañones» que quiere «amordazar» a quienes, como él, lo único que pretenden es «protestar contra la mentira, la manipulación y el insulto de los periodistas sectarios o mercenarios», oponiéndose a sus «vómitos y barbaridades».

El pasado 9 de abril, en otra de sus frecuentes diatribas coléricas, soltó una parrafada que bien podría servirle de lúcida autocrítica: «Hay personas que nunca se consideran responsables de nada», dijo, retratándose, «y que se desvinculan olímpicamente, sin sombra de mala conciencia, de los efectos de sus acciones». En efecto: eso es lo que hace él constantemente. Poniéndose además en el papel de víctima, por más que sepa que no corre peligro alguno, a diferencia de aquellos a los que coloca en la picota.

Volverá a afirmar que le acusamos de actuar como inductor de tales o cuales crímenes. Falso. Sabemos bien que ETA no necesita en absoluto de su vindicativo dedo para decidir sus objetivos. Lo que sostenemos es que proporciona argumentos a quienes, ya cometidos los crímenes, tratan de justificarlos. Y es que es así.

El discurso victimista de Arzalluz contra los medios de comunicación «españoles» resulta irritante también desde otro ángulo: quien con tanta amargura se queja de que el Gobierno de Aznar controla supuestamente esto o lo otro -no se sabe si en un 60% o en un 80%- es el mismo político que mantiene un control férreo, próximo del 100%, en los medios informativos vascos de titularidad pública. Hace y deshace cuanto le viene en gana en ETB y en Radio Euskadi. Incluso ha llegado a llamar al orden a alguno de sus profesionales por olvidar que, como él mismo dijo ayer, «donde hay patrón no manda marinero». ¡Y con esa viga en su propio ojo busca pajas en los ajenos!

Es el perfecto retrato del ladrón que grita sin parar «¡Al ladrón!».

Arzallus señala a la prensa
Editorial La Razón  Agosto 2000

A muy pocos se les escapa la posibilidad de que Arzallus haya caído en una suerte de esquizofrenia política, que llega a hacer dudar sobre su salud mental. Ayer mismo lo decía el secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero. Pero, incluso llegando a este diagnóstico, siempre nos cabrá la duda de si, como se le atribuye a los locos y a los niños, algunas de las cosas que diga anuncien la verdad.

    Es por eso extremadamente preocupante que Arzallus dedicara su última soflama a arremeter contra los periodistas, a quienes acusó de estar en su mayoría al servicio de La Moncloa, e incluso pagados por ella.

    A Arzallus no se le ha ocurrido todavía que si cien personas le critican a la vez, es posible que forman parte de una conjura, pero también es posible, incluso probable, que sea él el equivocado, y no los cien. Pero lo verdaderamente grave es que Arzallus, a veces, no parece darse cuenta de que existen unos personajes, que comparten con él el mismo fundamentalismo nacionalista, pero que tienen pistolas, que se sienten muy reconfortados cuando ven que se les da la coartada política para seguir matando. Si la situación fuera estrictamente de debate político, nada habría que decir. Precisamente ayer, Felipe González arremetía contra la sociedad «mediocrática», contra el poder de la Prensa. Pero detrás de él no hay una banda terrorista, y cerca de Arzallus, sí. Por eso, si el líder nacionalista dice que los periodistas son «enemigos», Eta ya tiene la «justificación» ante su enloquecido mundo para cometer cualquier barbaridad. Y lo mismo se podría decir respecto a los «disidentes» del PNV, citados (¿o deberíamos decir marcados?) como apestados por Arzallus. La pregunta es si a éste sólo le mueve la ira, o no le repugna la tentación de amedrentar a sus críticos.

Diálogo
ERASMO El Mundo 27 Agosto 2000

Todo en el Norte tendrá que huir de lo ya ensayado, de la dejá vue, ahora que se atisba de nuevo el tenue resplandor de la esperanza aparente. Mesas, diálogos, mientras anónimos y alarmantes ladrones saquean los almacenes de dinamita. Arzalluz se equidistancia de ETA y de Madrid, esparce culpas, se autoabsuelve, un padrenuestro, dos avemarías. ¿E Iturgaiz? La misma mierda.

Los errores de Aznar
Por Enrique de Diego Libertad  Digital 27 Agosto 2000

El presidente del Gobierno sobrevaloró la tregua etarra el mismo día en que fue anunciada por los terroristas, con una desafortunada declaración desde Chile. Luego cometió el error notable de prestarse a una negociación con Eta, dentro de la “tesis Zarzalejos” (Javier), su secretario general de la Presidencia, que no se aleja mucho, en el fondo, de la de Arzalluz, y que concibe un final negociado con Eta y un papel decisivo al PNV.

O las vacaciones no le han sentado bien a Aznar o se ha contagiado de la esquizofrenia peneuvista, generando la propia. Más que una política de colaboración leal del PSOE con el Gobierno, en lo que estamos es en una colaboración leal del Gobierno con el PSOE, cuando éste no tiene política sobre la materia o es una reedición de las anteriores. Lo que se percibe como el mayor error de Aznar es una sobrevaloración del papel del PSOE y una especie de enamoramiento político respecto al novel Rodríguez Zapatero, que en esta cuestión transcendental no está a la altura de las circunstancias, sino manifiestamente por debajo. Zapatero, y Redondo Terreros, no se han separado de la línea seguida por el PSE: aspiración constante a ser el socio de gobierno del PNV, complejo de maketismo, temor a una definición que contradiga las derivas de socialismos como el catalán hacia el nacional-socialismo light. El PP puede aparecer casi tan confuso como el PSOE.

Otro error de diagnóstico de Aznar es la sobrevaloración de la autonomía del llorón Juan José Ibarretxe o cierta ingenuidad en adentrarse en las esquizofrenias internas de la secta peneuvista, donde el debate se dirime entre la ortodoxia y la herejía, y donde Arzalluz predica sus reservas mentales desde el monte santo, sin que Ibarretxe pase de ser un monaguillo. Lo curioso es que Aznar repita durante más de un año que no hay otra senda que la política de firmeza y que con tanta frecuencia, como en las últimas semanas, el Gobierno se desdiga en los matices.

Lo único que no se ha experimentado en esta larga tragedia es un gobierno constitucionalista en Ajuria Enea. Lo único que no podemos predecir es cuál sería la evolución de un PNV en la oposición, sin pesebre clientelista, y una ertzaintza con órdenes claras de defender los derechos y libertades. Algo podemos atisbar si contemplamos el PNV de Álava, sinceramente más moderado, quizás por aquello de que el hambre desarrolla la inteligencia. Y si contemplamos los éxitos recientes de la policía autónoma, impelida por el descrédito social de sus miembros y de su gobierno. Es la política de firmeza la que ha dado esos frutos.

El conflicto vasco no tiene otra solución que el Estado de Derecho. No la tiene, en ningún caso, nacionalista, porque eso sería extender el conflicto hacia el genocidio incoado en cada asesinato. La tentación lógica del gobernante es buscar la solución inmediata, fácil. Aquí eso es imposible. Es una tentación que agrava el conflicto y lo hace más trágico por ininteligible. Hay quien dice que España tiene un Estado débil. No es extraño, con tanta esquizofrenia nacionalista. Ya se sabe, cuando en una casa hay un loco -y aquí hay más de uno- el riesgo es que todos pierdan la cordura.

La misión
MANUEL VICENT El País  27 Agosto 2000

Fue un gran filósofo quien dijo que el fundamento del poder estriba en que alguien está dispuesto a matar y a morir para ser reconocido frente a otro que no está dispuesto ni a matar ni a morir porque prefiere vivir a cualquier precio aun sin ser reconocido. Este principio se puede aplicar al combate entre machos de una camada para imponer el mando único y a las luchas por el territorio en una comunidad de monos o de tribus humanas. Si se lleva esta filosofía al País Vasco se descubre que allí hay una banda armada que, según el confuso diccionario de todas la lenguas editado en Babel, se denominan asesinos, terroristas, soldados o patriotas, decidida a dar su vida y a quitársela a otros ciudadanos, que según ese mismo diccionario maldito, se llaman demócratas, constitucionalistas, invasores o verdugos, que no están dispuestos a usar otras armas que la Razón del Estado de Derecho. Decididos a evitar cualquier enfrentamiento armado, a los demócratas no les queda otra solución que el diálogo porque quien está obcecado por matar y morir lleva las de ganar si tiene en frente a alguien que lo único que quiere es la vida a toda costa. Pero en contra de lo que parece el diálogo siempre es una pasión de los fuertes, su fortaleza imbatible. En el caso del País Vasco hay que sentarse a la mesa para que los terroristas abandonen las armas. No se trata de una condición previa. Precisamente ese es el punto a discutir. ¿Acaso no se dialoga con el atracador que tiene encañonada a la cajera del supermercado? Ni al policía más cerril se le ocurriría insultar desde la calle con el megáfono a ese sujeto. Por otra parte Euzkadi es hoy tierra de misión. Navarra y el País Vasco han dado innumerables misioneros que se han expandido por todas las selvas del mundo para convertir a los salvajes al reino de Dios. Francisco Javier se fue hasta el Japón a bautizar a extrañas criaturas. Ningún peligro les arredraba y soportando los ritos más sangrientos de algunos indígenas muchas veces llegaron hasta el martirio para atraerlos a la fe. Nunca los políticos demócratas tendrán una tierra de misión tan próxima, una selva tan difícil y un destino más elevado que hablar para que los terroristas dejen de matar. Puede que en medio de ese diálogo suene una bomba y otra y otra. No importa. Mañana a las nueve otra vez todos los partidos sentados a la mesa sin descanso hasta que logren bautizar a estos infieles.

Doble crisis francesa
Editorial ABC  27 Agosto 2000

Francia padece una doble crisis política que amenaza gravemente el futuro del Gobierno de coalición de izquierdas, presidido por Lionel Jospin. La inestabilidad no procede en este caso de la cohabitación —obstáculo tradicional para la gobernación del país vecino— entre una Presidencia de centro-derecha y un Ejecutivo de izquierda, sino del seno de la propia coalición gobernante.

Su síntoma más visible es la muy probable dimisión del ministro del Interior, Jean-Pierre Chevènement, después de la reunión que va a mantener con el presidente del Gobierno. Pese a la antigua amistad que les une, las diferencias entre uno y otro han venido siendo cada vez más notorias, profundas y públicas. La barrera más alta en la que tropiezan sus ensayos de acuerdo es el problema corso. A pesar del tiempo que recíprocamente se han concedido para acercar sus posiciones, el fracaso ha sido cada día más evidente y el acuerdo más improbable. Bien es verdad que el período de reflexión ha venido acompañado por la más indeseable de las compañías: la creciente oleada de atentados y asesinatos en Córcega. El peor ambiente para la reflexión y el consenso.

El ministro se opone abiertamente al plan de autonomía para Córcega promovido por el primer ministro. La propuesta de Jospin de una devolución parcial del poder legislativo a la isla entraña, de hecho, una transformación sustancial del modelo de Estado diseñado por la V República. Chevènement alega, no sin razón, que la organización territorial del Estado forma parte de las competencias propias del Ministerio del Interior. Pero la reclamación de estas competencias no hace sino exhibir las profundas discrepancias de fondo. Chevènement teme, además, que el fenómeno se extienda a Bretaña, el País Vasco francés o Normandía.

La intención del primer ministro con su generosa propuesta autonómica es acallar y, en cierta medida, satisfacer las demandas del nacionalismo corso. Pero, como suele suceder en estos casos, las concesiones, lejos de apaciguar los ánimos reivindicativos, concluyen por exacerbarlos. Mientras el Gobierno cede, la escalada terrorista aumenta. Ayer mismo hubo otro atentado en la ciudad corsa de Bastia. Chevènement insiste en que los separatistas no han renunciado a la independencia ni a la violencia como método hacia ella. En estas condiciones, se opone sin reservas a la política de concesiones del gabinete del que aún forma parte. Tal vez sus afirmaciones de que la República está en peligro sean algo alarmistas y demagógicas, pero no están exentas de cierto fundamento. El separatismo corso amenaza no sólo al modelo de Estado de la V República sino también a la unidad nacional francesa.

Existen precedentes. Esta sería la tercera dimisión como ministro de Chevènement, después de las acaecidas en 1983 y 1991. Cabeza de un pequeño partido de la coalición gobernante, el Movimiento de los Ciudadanos, la firmeza de sus convicciones, su intransigencia y el radicalismo jacobino del ministro hacen de él una incómoda presencia para la estabilidad de los gobiernos de los que forma parte.

Pero a Jospin no se le rompe el Gobierno sólo por el flanco del Ministerio del Interior. El ministro de Economía, Laurent Fabius, adelanta por la izquierda a su primer ministro y reclama más reformas económicas y fiscales. Tras el último Consejo de Ministros, Fabius lanzó un llamamiento a Lionel Jospin, aunque sin citarlo expresamente, para que haga gala de una «mayor audacia» y acometa cambios económicos sin tener en cuenta las próximas citas electorales: los comicios municipales del año próximo y los legislativos y presidenciales de 2002.

Lo cierto es que a la coalición de izquierdas que gobierna Francia, y que fue cosida con un hilván no demasiado fuerte, se le empiezan a marcar las costuras, y el desafío corso no es su única causa. Sólo la amenazante perspectiva de una ruptura que pudiera conducirles a la oposición puede permitir una solución de última hora, que siempre sería inestable y provisional.

Manifestantes de EH
José María CARRASCAL La Razón 27 Agosto 2000

  Yo no les tengo miedo a los terroristas de Eta. Mejor dicho, les tengo miedo, como se le tiene a las fieras, que atacan por puro afán de destrucción, por instinto de matar. Basta verlos: chicos lobotomizados por la mitología nacionalista, chicas que han perdido incluso su condición femenina. Verdaderas piltrafas humanas recogidas en el vertedero de la marginalidad. Si no fueran asesinos políticos, serían asesinos por dinero o por cualquier otra causa. Son seres resentidos, que han hallado en Eta el vehículo para encauzar su frustración. Hay que temerles, y a ser posible detenerles, para que no más hagan daño. Pero hay también que compadecerles, pues están enfermos. Enfermos de odio y violencia.

    Pero si quieren que les diga la verdad, temo más a esas mujeres de mediana edad, que con su pelo arreglado y sus trajes discretos se ven en las manifestaciones convocadas por EH. O a esos hombres de pelo gris, que pueden ser perfectamente el que viene a arreglarnos el teléfono o el que nos atiende en la ventanilla de un banco. Esos son los que me meten miedo. Porque el chico o chica que pega tiros o pone bombas está enloquecido. Pero esta señora y este señor saben perfectamente lo que hacen. La señora posiblemente tenga hijos de la edad del edil del PP que acaban de asesinar o de la guardia civil que acaban de dinamitar. Pero a esa señora, el que se haya acabado con una vida humana, o con cien, le tiene absolutamente sin ciudado. Para ella es mucho más importante «el ámbito vasco de decisión» y toda esa mitología por la que se está asesinando. Que haya madres como ella, que en aquellos momentos lloran la muerte de sus hijos no cuenta para tal señora, que a lo mejor es de comunión diaria. Eso es lo que me preocupa, lo que me asusta. Que haya gentes así, que esa señora y ese señor, después de la manifestación-homenaje a los que volaron con las bombas con que intentaban matar, se vayan tranquilamente a casa y duerman incluso con la conciencia del deber cumplido.

    Pero ahí está la clave de lo que viene ocurriendo en el País Vasco. Ahí está la causa de que jóvenes de ambos sexos, adolescentes incapaces de discernir ni pensar por su cuenta, asesinen como quien se toma un chiquito, e incluso se crean unos héroes. En el apoyo, en el calor, en el cobijo que encuentran en esas señoras, tan honorables, tan decentes, tan bien peinadas que parecen recien salidas de la peluquería. Como si fueran a una fiesta o a un funeral. Sin darse cuenta, no andan muy equivocadas. De hecho, están asistiendo al funeral de las libertades en el País Vasco.

Disidentes
Por Ramón PI  ABC 27 Agosto 2000

UNA de las ventajas de Xabier Arzalluz, al menos desde el punto de vista del oficio periodístico, es que no defrauda casi nunca. Abre la boca, y ya tenemos uno o varios titulares. Hay veces en que está especialmente inspirado, y entonces se plantean las dudas de qué frase escoger para el titular, porque frases hay varias, pero titulares hay sólo uno. Pero eso, que para cada medio es un inconveniente, se convierte en una ventaja para este servidor de ustedes, porque me permite ver qué destaca cada cual, con lo que se pueden encontrar pistas para averiguar por dónde va cada periódico, que es uno de los objetos de esta modesta sección.

El jueves hubo mitin del PNV en Zarauz, con discurso de Arzalluz, y allá que se fueron los periodistas. Tampoco defraudó, pero esta vez a los informadores les tocó verse aludidos por el orador, y no en términos encomiásticos precisamente. También habló del Gobierno, y de ETA, y de los disidentes de su propio partido, y de HB. Pero curiosamente todos los periódicos de circulación nacional, con la sola excepción de Diario 16, y en parte de El País, además de algunos diarios del País Vasco, como El Correo, escogieron las alusiones del presidente del Euzkadi Buru Batzar (EBB) a los disidentes del propio partido : «Arzalluz recuerda a los críticos del PNV que donde hay capitán no manda marinero» (La Vanguardia). No será una cita para cursos de doctorado en ciencia política, pero se entiende a la primera, y además es que Arzalluz lo dijo tal cual. «Arzalluz advierte a los críticos del PNV de que él es “el capitán” y manda a Iturgaiz “a la mierda”» (ABC). Eso también lo dijo Arzalluz ; ya digo que este hombre no defrauda. «Arzalluz dice que el PNV no expulsa a sus disidentes para que no le llamen “intolerante”» (El Mundo). «Arzalluz reconoce que el Pacto de Lizarra ha fracasado, pero descarta rectificar» (El País), que añade en su sumario: «El líder del PNV critica e insulta a los periodistas, a Iturgaiz y a los disidentes de su partido».

Diario 16, como digo, no alude a estas cuestiones periodísticamente tan agradecidas, porque cree disponer de una información propia importante: «El PNV y EA negocian un foro vasco que excluye otra vez a EH». Cita en el texto como fuente a la agencia Efe, que no sé qué fuentes tendrá, pero todo eso resulta bastante chocante, sobre todo si tenemos en cuenta lo que el propio Arzalluz dijo en Zarauz el viernes mismo, donde «volvió a rechazar un giro estratégico del PNV y un adelanto electoral en Euskadi y defendió un foro de partidos sin exclusiones. Abogó, por último, por el derecho de autodeterminación para el País Vasco y aseguró que su partido quiere la independencia» (El Correo); «Señaló también que el lehendakari cuenta con el apoyo de todo el PNV “como un solo hombre” y que en ese foro “estará todo el que quiera estar. Si alguien no quiere porque va a ir el otro, es su problema”. “Aquí no hay más salida que el diálogo”, agregó» (ABC). Difícil de conciliar esto con el titular de Diario 16, pero, en fin, también podría ocurrir que las dos cosas fueran verdad, porque del PNV ya se lo puede uno esperar casi todo.

La información referida a los críticos del PNV la recogen, con extensión diversa, todos los diarios: «Arzalluz acusó a estos miembros de su partido de no acudir a las asambleas y de no representarse más que a sí mismos: “Detrás de Joseba Arregi sólo está Joseba Arregi, detrás de los Guevara sólo están los Guevara y detrás de Cuerda sólo está Cuerda y ninguno de ellos es capitán ni oficial”. Incluso llegó a insinuar que estos afiliados escriben artículos en dos periódicos vascos “nunca en el Deia”, por dinero. “No pregunto cuánto cobran”, agregó (...) Un partido es como un barco, hay un capitán, oficiales y una tripulación. Y habrá uno que a lo mejor es más listo que el capitán y dice que hay que ir a babor, pero si el capitán dice que hay que ir al norte se va al norte”» (El Mundo). «“Si el EBB anda mal, está en su mano cambiarlo y, mientras tanto, donde hay capitán no manda marinero”» (ABC).

Lo de Iturgaiz también viene en todas las informaciones, con idéntico entrecomillado: «Váyase usted a la mierda y hablamos en serio (El País dice «hablemos», lo que modifica y suaviza levemente el sentido de la frase). Diga usted que viene a por nosotros, que le esperamos a pie firme, o ¿cree que nos va a asustar? Estuvimos cuarenta años esperando a su patrono, el señor Franco. ¿Va a sustarnos usted ahora?». Iturgaiz era un niño, a lo sumo un adolescente, cuando Franco murió, pero eso parece importarle poco al elocuente orador, que también relacionó a los periódicos que no elogian al PNV con el franquismo: «“Informativamente vivimos en una situación irrespirable”, porque “nunca ha existido tanto mercenario (al servicio del Gobierno) desde tiempos de Franco como ahora”» (La Vanguardia).

Éste es el personaje. No se trata de una manipulación para desacreditarlo. Lo ha dicho todo él. Ya digo: No defrauda.

ÁMBITO LEONÉS DE DECISIÓN
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz de Galicia  27 Agosto 2000

Portentosa, la capacidad iluminadora de la anécdota; de lo pequeño, para evidenciar la trascendencia de lo grande; de lo sencillo para denunciar la truculencia de lo que se pretende complicado. ¿Qué mejor demostración de la barbarie de Vietnam que aquella foto alucinante de una niña de ocho años, Phan Thi Kim Phuc, corriendo despavorida con la piel de su cuerpo desnudiño hecha jirones por el napalm? ¿Cómo mostrar más a las claras la barbarie del fascismo cotidiano que se ha adueñado del País Vasco que con esas nauseabundas llamadas telefónicas en las que se dice ¡jódete! a los familiares de las víctimas de ETA? ¿Quién podría imaginar un suceso más desvelador de la disparatada chifladura en la que hoy viven quienes quieren imponer, con la inestimable ayuda de la autoridad competente, por supuesto militar, una Euskalerria que sólo existe en sus delirios patrióticos, que el que anteayer publicaba este periódico? 

¿Que no se han fijado? ¡No puede ser! Vean, sino, y juzguen por sí mismos. Las autoridades locales del municipio leonés de Vega de Valcarce quieren que Galicia le abra sus fronteras, pues desean abandonar a quien _dicen ellos_ los maltrata: «Estamos olvidadiños», afirma la alcaldesa, que aporta como pruebas irrefutables de abandono la pérdida del médico, del veterinario y del ¡cuartel de la Guardia Civil! Aunque bierzanos, y por tanto, también medio gallegos por lengua y por historia, los vecinos de Vega de Valcarce no reivindican un irredentismo progalaico derivado de motivos culturales o geográficos. 

Nada de identidades colectivas, de países subyugados, o de construcción de antiguas naciones destruidas por la homogeneización arrasadora de la España liberal decimonónica. ¡Quia! Los de Vega de Valcarce no reivindican más nación que la que les garantice médico, veterinario y cuartelillo. Gente pacífica y normal, los de Vega de Valcarce quieren lo que queremos todos aquellos que pensamos que las patrias _grandes o pequeñas_ no merecen más respeto que el que son capaces de ganarse. Bastante tiene uno con aceptar _para bien o para mal_ la familia en la que cae, como para tener encima que aguantar la patria _grande o chica_ en la que nace, como si ello fuera una desgracia de la que uno no puede redimirse. Pues no hay más patria que la que es capaz de asegurar prosperidad, libertad y seguridad, es decir, lo que hemos dado en llamar la felicidad del ser humano. 

González
Enrique CURIEL La Razón  27 Agosto 2000 

«La exclusión de Euskal Herritarrok no debe de ser apriorística». «Sólo los que no están en condiciones de condenar la ruptura violenta de las reglas de juego, no pueden participar en un diálogo cuyo primer objetivo es separarse de los que rompen dichas reglas». Así se expresó Felipe González el jueves en Santiago de Compostela. Es bien sabido que González no da puntada sin hilo, de modo que harían bien los navegantes en poner atención en el oleaje y los oídos en el suelo para saber lo que pasa, lo que puede pasar en torno a las Navidades y lo que se puede hacer. Para no dejar dudas a los exégetas de la confusión, añadió que la última ofensiva de Eta ha perjudicado a los nacionalismos pacíficos y consideró que ésta circunstancia, unida a la política antiterrorista del Gobierno, está provocando «la fractura política más violenta de la transición». «No el momento de violencia más grave, sino la fractura política más grave que se añade al momento de violencia que estamos viviendo». Y culminó, «cada vez soy menos nacionalista español».

    De las palabras de González, que no puede decir todo lo que piensa, se derivan, al menos, tres líneas de reflexión sustantivas que, en mi opinión, implican una determinada visión del «conflicto vasco». En realidad ¿qué ha dicho el lehendakari? Que desea un foro político sin exclusiones que se fundamente en dos pilares: el respeto de los derechos humanos y la aceptación de lo que decida en cada momento la sociedad vasca. En relación con la primera condición o pilar, será un problema de Euskal Herritarrok su actitud en torno a la violencia y a la defensa de la vida. Y en EH existen corrientes crecientes que no están de acuerdo con al estrategia «militar» de Eta, que preparan documentos significativos, que no desean la tutela de Amboto y que temen que la actual escalada termine con el acceso a la dirección de la banda, de jóvenes inexpertos carentes de la menor experiencia política y que se frustre a medio plazo cualquier interlocución operativa. Es decir, se trataría de adoptar una estrategia que en el seno de EH abra espacio político, oxígeno argumental a los que no quieren otros treinta años de «lucha armada». Son ellos los que tienen que decidir si pueden estar en el foro político o no, tienen el agua dentro de su casa y la pelota en su tejado. ¿Por qué tiene el lehendakari que resolverles el problema a los «duros» de EH gratis excluyéndoles a priori de las conversaciones? ¿Somos completamente estúpidos? Por otra parte ¿qué es el «ámbito vasco de decisión» o el respeto a la decisión de los vascos? Se intuye, pero en todo caso, en la aclaración y en el alcance de tal cuestión, reside, precisamente, el conflicto político sobre el que se debe debatir y que existe. En realidad, la condición autoexcluyente, la línea divisoria, ha de ser la primera con la desaparición de la violencia, pero nunca la segunda.

    A no ser que en el Partido Popular prevalezcan dos convicciones. Una, que es prioritaria una ofensiva contra los nacionalismos porque disponen de un plus político inaceptable tal y como afirmó Aznar en el mes de julio. Dos, «con éstos dirigentes del PNV no hay solución», es decir, queremos la cabeza de Arzalluz, tal y como recomendaba hace escasos días el director de ABC. Pero entonces, el debate es otro y de unas consecuencias imprevisibles porque se trataría de materializar la «segunda transición» que Aznar reclamaba y de revisar la «primera», gracias a la cual hemos llegado hasta aquí. Volviendo a González, sospecho que se refería a esta cuestión cuando afirmaba la minoración de su nacionalismo español.

    Existe otra cuestión que me he planteado durante los últimos meses. Conozco a Arzalluz desde antes de la muerte de Franco. Es inteligente y sutil. ¿Por qué espera en Lizarra cuando sabe que el coste interno y externo está siendo notable y refuerza a Aznar? Solamente caben dos hipótesis. O Arzalluz ha perdido olfato político, lo cual no es previsible, o sabe algo que los demás ignoramos. Y ese «algo» no puede ser otra cosa que las tensiones existentes en la cúpula de Eta, entre los cuatro, su posible desenlace en los próximos meses y una nueva tregua tras lo que ellos llaman «período de acumulación de fuerzas». El que sepa algo que avise porque tenemos que buscar una salida.

Nota del Editor:  inteligente y sutil o descerebrado
27 Agosto 2000

Esto parece una partida de póker en la que el malo siempre gana, no por cartas, sino por la pistola que pone encima de la mesa y que dispara de tregua en tregua para asesinar a los que tienen buenas cartas (razones).  Y aquí viene Curiel a hacerle la rosca al malo, le invita a una copa de whiskey de cuando en cuando, mientras los miedosos, sin ganas de ser héroes, ansían la llegada del sheriff  bueno para imponer de nuevo la ley que permita el ejercicio de la libertad.

Al regreso
Por Carlos DÁVILA ABC  27 Agosto 2000

La partida de dominó de Aznar en Quintanilla (lo de Onésimo es una mala pasada) clausura el verano más agitado, más bravo, del presidente desde que lo es. Y se le aventuran, al regreso, tiempos difíciles con dos problemas en los que el Gobierno tiene escasa capacidad de maniobra: el terrorismo de ETA y, por ende, el conflicto con los nacionalistas —nada de «problema vasco», por favor— y la subida de los precios que, pese al optimismo del jefe del Gobierno y de su equipo económico antes de las vacaciones, no parece que vaya a frenarse. La inflación ya no sufre de repuntes; es un alza en toda regla que, por ahora, tal y como crecen nuestros dineros en España, puede tolerarse, pero que ya alarma a los vecinos del país, mal acostumbrados como estábamos a no preocuparnos por el coste del pollo de criadero (o sea, de plástico incomible), o a constatar cómo nuestros créditos hipotecarios bajaban trimestre a trimestre.

En esto de la inflación, el Gobierno «casi» está atado de pies y manos porque el valor del crudo lo fija quien lo tiene y nosotros no poseemos ni un barrilito y porque, además, hemos renunciado a una política monetaria propia (ahora la hace Duisemberg y, si nos descuidamos, los socialdemócratas, ¡qué horror!, alemanes), y porque, pese a lo que crean los indignados, con razón, agricultores, el Gobierno apenas puede recortar un cuatro por ciento los impuestos del carburante. Es cierto que no vale el argumento de que más importantes y gruesos son en el resto de Europa, porque hay que medir, en los parangones, el consabido poder adquisitivo de cada quien, pero sí que sirve recordar que la tendencia en la Unión no es precisamente a reducir la presión fiscal en los gasóleos y gasolinas, sino más bien la contraria. Así que andamos aviados si no encontramos, el primero el Gobierno, una fórmula mágica —ahora la denominan «ingeniosa»— para que el destrozo de la OPEP y de los tejanos no ponga nuestros precios como este verano han sido, o deje a los cultivadores de tantas cosas en cueros vivos.

De modo que este asunto de la economía, que fue y es aún el principal sostén de ese «España va bien», que tan estupendamente vendió José María Aznar, ocupará los primeros trabajos de la temida y cursi «rentrée». Al Gobierno se le acusa de pasividad pero, curiosamente, se le reconoce su cortísima capacidad de maniobra, pero eso no puede ser un consuelo para las huestes del presidente, que tienen que ocuparse de liberalizar con toda urgencia sectores como la energía o las comunicaciones que, antaño, en la pasada legislatura, no pudieron ni tocarse, bien porque a los catalanes no hay quien les meta mano en el gas, o porque en energía se ha pasado del monopolio al «trimonopolio», y ya sé que el término es un barbarismo.

Y luego, aparte del vaivén económico, está el País Vasco y, lo peor, claro está, el terrorismo que no cesa. Aznar tiene alguna seguridad de que en la lucha contra la banda y sus corifeos de toda especie, y alguna vez se sabrá cuántas especies caben en él, puede haber resultados esperanzadores en un plazo razonable. A los españoles les viene dando mucha confianza Jaime Mayor Oreja y eso por dos razones: la primera, porque se comporta de un modo razonable y no como un Corcuera cualquiera, y la segunda, porque hasta hace muy poco tiempo, a cada acción de ETA se correspondía la muy eficaz reacción de nuestra seguridad. Esto se ha quebrado, quizá porque durante la tregua el combate contra el terror se relajó, a pesar de las continuas llamadas al orden del ministro. Otra curiosidad en este terreno: los mismos que durante aquel período tramposo se lamentaban de que el Gobierno no tranquilizara a ETA con medidas comprensivas, incluso los sinvergüenzas que criticaban las detenciones de los etarras más sanguinarios critican ahora la «ineficacia» policial. Pues bien: si por ellos hubiera sido, una de dos: o los etarras camparían ahora mismo como depredadores infames sin miedo alguno, o estaríamos todos a punto de ceder a sus pretensiones. Aznar no cedió y la respuesta ha sido tremenda, y no sólo por parte de la banda, que eso es lo acostumbrado, sino por la del PNV, que navega ahora con unos patrones infumables. Al PNV le corresponde echarlos, y a Aznar y a Mayor, ganarlos. No se sabe si en este viaje contará —ésa es otra— con el PSOE.

Nacionalismo hasta en el coche
Mientras la mayoría de los países europeos incluye su inicial en las matrículas, en España los nacionalistas presionan para que la «E» no figure en las nuevas placas
Mar Ramos - Madrid .- La Razón  27 Agosto 2000

En las calles de Alemania, Francia, Bélgica, o de la más vecina Portugal ya empiezan a ser parte del paisaje las matrículas con el símbolo que certifica la pertenencia a la Unión Europea -corona de estrellas amarillas sobre fondo azul-, acompañado de la inicial de cada país, que indica, a su vez, que nadie ha perdido su identidad en la apuesta comunitaria.

    Así lo decidió la Eurocámara en 1988, cuando aprobó la recomendación de que todos los vehículos de los países miembros llevasen el distintivo de la UE. En parte, porque en aquellos momentos el desconocimiento del proyecto comunitario todavía era considerable, y se pensó que sería una buena fórmula para fomentar el sentimiento de comunidad.

    Más adelante, se comprobó que además sería beneficioso para la industria del automóvil, y más cómodo para el usuario. La falta de distintivos provinciales facilitaría su venta en el mercado de segunda mano, y la unificación de las placas haría también más sencilla la circulación por Europa.

    La normativa comunitaria sólo exigía unas determinadas medidas para las nuevas placas de matrícula y la inclusión del símbolo comunitario. Por lo demás, daba libertad a las autoridades de cada Estado para elegir la nomenclatura.

    La decisión más extendida fue la más simple: se incluiría el distintivo UE junto con las siglas de cada país. Así se aprobó en Francia, Alemania, Portugal, Bélgica, Irlanda, Holanda y Finlandia. En otros, como Italia y Gran Bretaña, este modelo es voluntario. Y los hay que lucen las estrellas europeas, junto a las letras nacionales, aunque no pertenezcan a la UE: Turquía, Chipre y Malta.

    En España la cuestión empezó a complicarse desde que cayó en arenas políticas. Hasta el año 94, no se habló demasiado del asunto. Al fin y al cabo, todavía quedaba tiempo para que se acabaran nuestras combinaciones de cuatro números y dos letras.

    Pero en 1995 España afrontaba la presidencia de la UE, y la industria automovilística empezó a exigir una decisión respecto a las nuevas matrículas. Ya no quedaba tanto tiempo. En aquel momento gobernaba el PSOE, pero sin mayoría, y lo de lasplacas europeas se convirtió en otro caballo de batalla de los nacionalistas. En el Congreso, la entonces diputada de Ezquerra Republicana de Cataluña (ERC), Pilar Rahola, presentó una proposición no de ley en la que exigía al Gobierno que las nuevas matrículas recogieran, además del distintivo de la UE, un reconocimiento de la Comunidad Autónoma entendida como nación.

    La proposición fue rechazada, pero los sectores nacionalistas se lanzaron con entusiasmo a la organización de diversas campañas para evitar que fuera la «E» de España el distintivo que apareciese en las nuevas placas.

    Una de ellas fue la organizada por el grupo catalán «Desmarca't», que consistió en el reparto de pegatinas que reproducían el símbolo europeo, y en su parte inferior las siglas «Cat». A esta iniciativa se sumaron varios periódicos, como el «Avui», que repartió miles de adhesivos, e incluso ayuntamientos, como el de Martorell, que colocó la pegatina en todos sus coches oficiales, incluidos los de la Policía Local.

    La «guerra de las pegatinas» se extendió a otras comunidades autónomas, como Andalucía, donde el Partido Andalucista puso en marcha una iniciativa similar. La colocación de estas pegatinas sobre la placa oficial está sancionada por el Código de la Circulación, pero todavía hoy pueden verse en vehículos de algunas Comunidades.

    La presión nacionalista consiguió que el proyecto para las nuevas placas del entonces ministro de Justicia e Interior, Juan Alberto Belloch, que seguía el modelo aprobado en otros países, se quedase a las puertas del Consejo de Ministros.

    Llegó la carrera electoral, y la cuestión de las nuevas matrículas quedó aparcada, para desesperación del sector automovilístico. No obstante, y algunos meses depués de perder las elecciones, el PSOE recuperó la memoria de lo que no había conseguido aprobar durante años. En noviembre de 1996, el Grupo Socialista exigía al Gobierno en el Senado la «aprobación inmediata» de las placas europeas y la inclusión de la «E» de España en las mismas.

    Al año siguiente, el Parlamento catalán aprobó, con el voto en contra del PP, una proposición no de ley por la que reclamaba que las nuevas matrículas incluyeran el distintivo de Cataluña, junto al europeo.

    El texto no pedía de forma explícita la eliminación de la «E» de España, como había solicitado de nuevo ERC. Sin embargo, la diputada de CiU Rosa Bruguera afirmó entonces que el objeto de la petición es «que se sepa que un vehículo pertenece a una nación que es Catalunya, porque corremos el peligro de que desaparezca cualquier referencia a nuestro país».

    El siguiente capítulo de la «guerra de las matrículas» se abrió en 1998, cuando, de nuevo, un proyecto para las placas europeas se quedó a un paso de su aprobación en Consejo de Ministros. El texto, elaborado por el Ministerio del Interior, incluía, junto al distintivo europeo y al español, el de las Comunidades autónomas. Tampoco contentó a los nacionalistas: la «E» seguía allí.

    El proyecto de Interior, que sería incluido como Anexo 18 en el Reglamento General de Vehículos, decía lo siguiente: «En las placas de matrícula se inscribirán dos grupos de caracteres que permanecerán invariables, constituidos por un número de cuatro cifras, que irá desde el 0000 al 9999, y de tres letras, empezando por las letras BBB y terminando por las letras ZZZ, suprimiéndose las cinco vocales, con lo que se evitan palabras malsonantes o acrósticos especialmente significados, así como las letras Ñ y Q, por ser fácil su confusión con la letra N y el número 0, respectivamente».

    «Además, en la parte izquierda de la placa de matrícula se incluirá sobre una banda dispuesta verticalmente, el símbolo representativo de la bandera europea, que constará de 12 estrellas, y la sigla distintiva del Estado español (...); y en la parte derecha de la placa se embutirán las siglas de la Comunidad Autónoma (...)».

    El Reglamento General de Vehículos se aprobó en Consejo de Ministros el 23 de diciembre. Pero el texto referente a las matrículas quedó fuera, una vez más.

    A día de hoy, todo sigue igual. Queda casi un mes para que el actual sistema se agote en Madrid, donde ya se ha pasado de la serie «ZV», y el Ministerio del Interior sigue diciendo que «se están estudiando distintos modelos».

    Incluso se ha barajado la posibilidad de mantener el actual modelo, con las siglas provinciales, añadiendo un número o una letra más a las combinaciones. Sin embargo, esta posibilidad fue rechazada en el Congreso en 1995, cuando todos los grupos parlamentarios pidieron que se suprimieran, en el nuevo modelo de matrícula, los distintivos provinciales, para agilizar las transferencias en el mercado de ocasión.

    Las críticas del sector automovilístico han ido subiendo de tono a medida que se alargaba una situación que califican de «incomprensible».

    Distintas organizaciones han exigido en las últimas semanas una decisión inmediata del Ejecutivo, y han pedido al Gobierno que incluya la «E» de España en el nuevo modelo.
   
Rajoy: «La E tiene que estar, porque España es España»
El mutismo de la Administración sobre el modelo de matrícula que finalmente se aprobará en España ha sido total hasta ahora. No obstante, el vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, se refirió a esta cuestión en una entrevista concedida a LA RAZÓN.
    Rajoy se mostró partidario de que se incluya el distintivo de nuestro país en el nuevo sistema, como ya se ha hecho en la mayoría de los países de nuestro entorno.
    «Mi opinión personal es que la E de España tiene que estar, porque España es España», comentó el vicepresidente, quien aseguró a continuación que el nuevo modelo de placa que deberán llevar en breve todos los vehículos en nuestro país estará aprobado después del verano.
    Sin embargo, el Ministerio del Interior sigue sin precisar cómo serán esas placas, y qué distintivos irán inscritos finalmente. Fuentes de este Departamento aseguraron a LA RAZÓN que el Ejecutivo continúa «estudiando distintos modelos: con la E y sin ella; con las siglas provinciales, con los distintivos de las Comunidades autónomas, o sin ellos».
   
Más del 80 por ciento de los españoles, a favor de la placa europea
Los españoles están a favor de la implantación de la matrícula europea, con el símbolo comunitario y la inicial del país. Así lo han demostrado los diversos sondeos de opinión que se han realizado al respecto desde hace cinco años.
    El último, que se hizo público hace pocos días, indica que más del 80 por ciento de los conductores prefieren las placas europeas. El estudio ha sido elaborado por el Comisariado Europeo del Automóvil (CEA), entre 7.274 personas de todas las Comunidades Autónomas, «ante las peticiones y preguntas de miles de automovilistas» a este respecto. Por capitales, Barcelona es la ciudad en la que se registra un mayor apoyo a este sistema, con un 86,67 por ciento a favor. Madrid -«sorprendentemente», señalan las conclusiones de la encuesta- se sitúa por debajo de la Ciudad Condal en lo que a respuestas positivas se refiere, aunque el porcentaje de partidarios de la placa europea es también muy alto, con un 83,83 por ciento a favor. En Vizcaya, el 83,33 por ciento de los consultados dijo «si» a las matrículas UE, y en Galicia, el 76,92 por ciento también es favorable a este sistema.

La violencia callejera supera en Euskadi, tras este verano, los ataques de 1999
Los proetarras eligen a sus víctimas una a una para agredirlas o amenazarlas, según la Ertzaintza
J. P., Bilbao El País   27 Agosto 2000

Durante uno de los veranos más violentos que se recuerdan en Euskadi, el vandalismo callejero está superando los sabotajes y agresiones padecidas por las tres provincias vascas y Navarra durante todo 1999. Algo más de 400 ataques, registrados desde el 1 de enero, dejan atrás los 390 actos de violencia callejera contabilizados el año anterior. Sólo en los cuatro días de agosto que siguieron a la muerte de cuatro presuntos activistas de ETA, el día 7 en Bolueta (Vizcaya), los jóvenes ejecutores de la kale borroka atentaron en 44 ocasiones, según fuentes de la Ertzaintza y de la agencia Vasco Press.

Los ataques al transporte público -cerca de una veintena de autobuses han sido quemados en Guipúzcoa durante la Semana Grande de San Sebastián y tres instalaciones ferroviarias asaltadas- han generado pérdidas en este sector superiores a los 330 millones de pesetas. En el transcurso de este verano caliente, Vizcaya ha sido el objetivo preferido de los jóvenes violentos, con más de 24 ataques; seguido de Guipúzcoa, con 13; Álava (cinco) y Navarra (dos). Por sectores, el del transporte ha sido el más castigado, seguido del financiero -cajeros automáticos y sucursales bancarias, principalmente. Ayer, los vecinos de un inmueble de la localidad alavesa de Murgia fueron desalojados en la madrugada por la Ertzaintza a consecuencia del incendio ocasionado por un ataque con artefactos incendiarios contra la sucursal de la Caja Vital, situada en los bajos del edificio. El atentado se produjo a las 4.30, cuando unos desconocidos arrojaron varios cócteles mólotov en el interior de la entidad bancaria, tras romper el escaparate. El incendio provocó una intensa humareda que obligó a la Ertzaintza y a los bomberos a desalojar a las personas que viven en el edificio de dos plantas, hasta que le fuego quedó sofocado una hora más tarde. Las oficinas de la Caja de Ahorros de Vitoria y Álava se han convertido en un objetivo frecuente de los violentos desde que los partidos no nacionalistas se hicieron con su control desplazando al PNV. El pasado mes la propia ETA hizo explotar un artefacto compuesto por kilo y medio de dinamita en una sucursal de Vitoria.

Mientras arrecian los atentados contra edificios, vehículos e instalaciones, las agresiones a las personas mantienen el triste ritmo del pasado año, cuando la dirección de ETA decidió personalizar los ataques. El minucioso recuento de la agencia Vasco Press revela que a los largo de 1999 este tipo de terrorismo de baja intensidad se incrementó en un 82%. Fuentes de la Ertzaintza apuntan la causa: "La cúpula etarra constató que los ciudadanos se estaban acostumbrando a vivir con el riesgo de padecer atentados contra viviendas y transportes. Esta especie de inmunidad, necesaria para sobrevivir entre tanta violencia, llevó a ETA a un replanteamiento de la estrategia. Desde entonces eligen a las personas, una a una, para insultarles, agredirles o amenazarles".

Los nuevos 'cachorros' de ETA
La prepotencia de los jóvenes que ejecutan la 'kale borroka' logra amedrentar a la mayoría de los vascos
Los jóvenes simpatizantes de ETA están envalentonados. Con los ataques que se han registrado en lo que va de verano, ya se han producido más actos de violencia callejera en las tres provincias vascas y Navarra que los que fueron perpetrados durante 1999, año en el que estuvo vigente la tregua. Ya van 400 actos de kale borroka. Fueron 390 en 1999. Y la ofensiva de los cachorros seguidores de la banda no remite. No faltan agentes de la Ertzaintza que admiten que la policía autónoma falla. Una institución que está en el punto de mira de ETA, que ordenó a sus comandos recabar información sobre sus mandos. Mientras, el PSOE apuesta por abrir un proceso similar al del Pacto de Ajuria Enea para acabar con el terrorismo.
JOAQUINA PRADES, Bilbao El País 27 Agosto 2000

El sobrino de una ex ministra del PP acaba en la comisaría después de pasar la madrugada del sábado gritando gora ETA entre cristales rotos, cajeros en llamas y vehículos apedreados. No es un novato, pero esta vez ha ido más lejos. Los padres de este chico vasco al que aún le falta bastante para cumplir los 20 años deciden esa misma noche que ya no pueden seguir mirando hacia otro lado cuando le escuchan hablar de la necesidad de acabar con el sistema capitalista aunque sea a machetazos; o cuando lamenta con ira su condición de víctima de la represión que España y Francia ejercen sobre Euskal Herria.

Los padres del pequeño gudari pertenecen a una familia acomodada, son nacionalistas de toda la vida y no soportan la violencia. Autoconvencidos de que los culpables del tremendo error de su hijo han sido sus amigos de la ikastola, le han internado en un colegio religioso de Pamplona. El chico parece arrepentido y su familia le cree a salvo, al menos por el momento, del mundo cerrado, cruel e imaginario en el que viven centenares de jóvenes en el País Vasco, 400 adolescentes capaces de movilizar a otros tantos y aterrorizar a millares de ciudadanos.

¿Qué clase de jóvenes han creado los gobiernos democráticos tras 20 años de control peneuvista sobre la educación, la televisión pública y la actuación de la policía autonómica? Junto a una mayoría similar al resto de la Unión Europea, hay un importante porcentaje (30%) que justifica tanto la violencia callejera (la llamada kale borroka) como el asesinato, y un 9% dispuesto a empuñar las armas en cuanto se lo pidan. Estos datos, recogidos en la mayor investigación efectuada sobre la juventud vasca -encargada por la Universidad de Deusto en 1996- no sólo siguen vigentes para el autor, el catedrático de Sociología Javier Elzo, sino que en este verano caliente sus peores previsiones se han visto confirmadas.

El dedo como revólver
De estos dos últimos grupos proclives a la violencia han surgido quienes en julio y lo que va de agosto han destrozado casi igual número de transportes públicos que en todo 1999; quienes han reventado decenas de cajeros, volcado contenedores, incendiado viviendas e instituciones, enviado al exilio a dos profesores, agredido a empresarios... Apuntan como si el dedo fuera un revólver a quien quieren y cuando les da la gana: en la calle, en los bares, delante de la familia. No importa. Le han echado un pulso al sistema y alardean del desafío. Durante los funerales de Patxi Rementería, Urko Guerrikagoitia, Ekain Ruiz y Zigor Arambarri -el pasado día 7 en Bolueta (Vizcaya)- convirtieron Durango, Hernani y Markina en ciudades fantasmas. "Nunca tan pocos han atemorizado a tantos", asegura el catedrático Elzo.

ETA dicta la estrategia del "terrorismo de baja intensidad"; su entorno político la transmite y estos muchachos de sangre hirviente se encargan de ejecutarla. La calle es suya. Propiedad del núcleo duro de Haika, la organización juvenil surgida el pasado 22 de abril en Cambo (Francia) de la fusión de Jarrai con Gazteriak (la rama juvenil proetarra del otro lado de la frontera), en una puesta en escena donde dos encapuchados esgrimían el estandarte de ETA mientras la voz en off de un jefe del terrorismo les animaba a seguir fuertes en la lucha "por la independencia de Euskal Herria".

La vanguardia de Haika, convencida de que cualquier sacrificio es pequeño si se trata de liberar a la patria vasca del capitalismo español y francés e instaurar en su lugar el socialismo más ortodoxo, desprecia al veterano que, en las asambleas de barrio o de provincia convocadas por EH para decidir qué hacer ante cada acontecimiento político, pronuncia palabras relacionadas con el debate. Por ejemplo, "dialéctica".

El infiltrado policial relata después a sus superiores las airadas reacciones de los más jóvenes, aunque asegura que pueden resumirse en una: "Compañeros, un par de huevos, y al frente". También hay quien recuerda un enfrentamiento entre un veterano de Herri Batasuna y uno de estos muchachos, durante una asamblea en Vizcaya: "Oye, a mí no me hables en ese tono de orden, que yo he luchado contra Franco", protestó el anciano. "Sí", le contestó el cachorro, "pero ahora no tienes cojones para salir a pegar tiros. No eres ejemplo para mí". No sólo dominan la calle. También empujan con fuerza a Arnaldo Otegi, el portavoz de Euskal Herritarrok.

Parecen bravos. Y están seriamente enfadados con el mundo en general, y con la democracia española en particular. El perfil trazado por los investigadores de Deusto les sitúa entre los 15 y 26 años, varones en su mayoría, nacidos muchos de ellos en la comarca del Alto Duranguesado en Vizcaya o en Zestoa, Oiartzun y Hernani (Guipúzcoa). Proceden de familias de clase media y media-baja fuertemente ideologizadas en el radicalismo, aunque no faltan los hijos de nacionalistas moderados con sólido poder económico.

Pretenden cambiar la sociedad mediante una revolución y creen que "la violencia de ETA no es tal, sino una respuesta a la auténtica violencia: la represión ejercida por el Estado invasor". Su objetivo es "la ruptura frontal con las instituciones. Uno o dos de estos jóvenes", refleja el informe, "pueden desquiciar un centro docente o una empresa. Pero ellos solos poco pueden, y necesitan la colaboración de otros jóvenes. Aprovechan la más mínima queja o injusticia". Ésa fue una de las claves de la investigación de la Universidad de los jesuítas.

Objetores de conciencia, insumisos, feministas radicales, defensores del euskera, ecologistas -las juventudes proetarras deben su mayor éxito a la oposición a la autovía de Leizarán- parados, okupas, excluidos sociales de cualquier tipo... Los pequeños amos de la kale borroka se erigieron como abanderados de todos estos colectivos y han obtenido a cambio simpatías y militantes.

No es el sentimiento nacionalista el principal motor que les une, porque este sentimiento es "tan fuerte o mayor en Cataluña o en Flandes". Sin embargo, únicamente en Euskadi quienes se sienten agredidos por el sistema disponen de una banda armada o de unas juventudes expertas en el cóctel mólotov y el amedrantamiento. "Es un fenómeno único en el mundo occidental", concluye el informe.

Que hay alborotadores callejeros con débiles convicciones patrióticas lo comprueba a menudo la policía autónoma vasca durante los interrogatorios. "Aquí llegan tres clases de detenidos", comenta Teo Santos, un ertzaina especializado en combatir la kale borroka desde 1995. "Está el que no te dirige la palabra, ni te mira a los ojos, para evitar cualquier síntoma de camaradería con el enemigo. Ésos son los dirigentes, los que enseñan a los novatos a mezclar la sosa y el clorato con la gasolina. Otros, en cambio, muestran alguna "pequeña grieta en su simple esquema mental" y, a veces, preguntan:

-¿Por qué me haces esto, si tú eres vasco como yo?"  -Lo mismo te digo.

-Yo lucho para que Euskadi sea libre.  -Y yo te detengo exactamente por lo mismo.

Este diálogo de sordos roza en ocasiones el surrealismo cuando el detenido pertenece a ese grupo de marginados conocidos en todas las comisarías de la Unión Europea como los No Future y que, sólo en España, han logrado enredarse en una violencia que se disfraza a sí misma como política.

-Chico, ¿por qué has destrozado tantos coches hoy?  -Porque todo es una mierda.

-¿Y la lucha por Euskal Herría?  -Otra mierda.

-¿Qué prentendes entonces?  -Que arda todo. Que reviente el planeta.

La mayoría, en cambio, procede de familias convencidas de la necesidad de la lucha, y que probablemente cuentan con alguna víctima de los enfrentamientos policiales. La relación de parentesco queda patente en las detenciones. La más reciente -el pasado día 8, en Bilbao-, fue el arresto de F. I., de 60 años, y su hijo, G. E., de 27, por presunto incendio de contenedores.

Gustos comunes
La familia que denunció a su propio hijo en la comisaría de Santurtzi constituye una excepción en la memoria operativa de la Ertzaintza. En general, alegan desconocer las actividades de sus hijos, argumento poco creíble para Teo Santos porque, dice, "las habitaciones de estos chicos suelen parecerse unas a otras como gotas de agua. Y resultan bastante evidentes". Santos detalla los muebles austeros, el inevitable póster del Che Guevara, la cruz vasca y las pegatinas con la serpiente enroscada al hacha (el símbolo de ETA).

Han creado un mundo aparte. Sus únicos periódicos son Gara y Egunkaria; sus emisoras de radio, Euskadi Gaztea y Hala Beri, portavoces del entorno de los anarcos en Álava, y el programa de Radio Euskadi Mar de Fueguitos, donde se describen de forma amena algunos de los excesos más despiadados del capitalismo. El miércoles y el jueves pasado, por ejemplo, abordaron la deforestación salvaje, la persecución de unos indígenas en Malasia y los "efectos colaterales" de los bombardeos de la OTAN sobre Kosovo, que los expertos del programa calificaban de "homicidios puros y duros".

Un mundo propio cada vez más cerrado. El defensor del pueblo vasco lo describió el viernes como "secta". El catedrático Elzo concluye: "Ellos viven en un planeta y nosotros en otro. El problema es que, hoy por hoy, flotamos en el espacio en movimientos centrífugos".

Donde falla la Ertzaintza
Cuando un chico que detesta las excursiones adquiere en una misma semana cinco bombonas de cámping gas, algo no encaja. Si otro compra 50 kilos de cohetes y no hay fiestas a la vista, tampoco resulta normal.

Las llamadas que recibe la Ertzaintza de los dueños de comercios de localidades tan pequeñas que nada se puede ocultar podrían ser pistas valiosísimas para evitar sabotajes; sin embargo, no lo son. Los agentes toman nota, garantizan la confidencialidad del comunicante y le dan las gracias. Después, se cruzan de brazos. "Ahí es donde fallamos nosotros", admite el ertzaina Teo Santos.

"Mucha violencia callejera se podría evitar si se nos permitiera actuar. Porque, ¿de qué vale que después de un delito acudamos 20 ertzainas? Ni aunque vayamos 40. Lo lógico es que al menos 10 pudieran dedicarse a la investigación previa que impidiera el suceso", argumenta.

Este sindicalista asegura desconocer los motivos que impulsan a la Consejería de Interior del Gobierno autónomo y a los mandos de la Ertzaintza a distribuir el trabajo de esa forma y no de otra. Ni siquiera pestañea cuando recuerda que nunca hubo tregua para la kale borroka. Que los nacionalistas firmaron en Lizarra un periodo provisional sin asesinatos, pero el entorno etarra continuó activo en las calles. ¿Intentaba ETA recordar incesantemente su poder a través de los jóvenes? ¿Por qué el PNV no reaccionó con severidad? No contesta.

Sólo reconoce, y lo hace con rotundidad, que aquella impunidad ha contribuido a la actual fiereza de estos jóvenes, a su prepotencia: "Sin duda. Hemos sembrado vientos y ahora tenemos que aguantar la tempestad".

Aquel año de un muerto cada 60 horas
España vivió agazapada el año más cruel de ETA, 1980. La muerte continúa hoy, pero la actitud de la sociedad ha cambiado
ARCADI ESPADA  El País 27 Agosto 2000

Ni se sabe cuántos muertos fueron. Las estadísticas se presentan con la aparatosa seguridad de costumbre, pero no resisten la investigación del detalle. El Ministerio del Interior anota 91 muertos a causa de la violencia etarra en 1980: pero en los periódicos hay más muertos. La Asociación de Víctimas del Terrorismo da un centenar: pero incluye erróneamente en el detalle a algunos que mató la ultraderecha. Las páginas de EL PAÍS llevan 97 muertos a causa de ETA, incluyendo sus periferias Político-Militar y Comandos Autónomos: pero ningún periódico puede garantizar que haya dado noticia exacta de los muertos de aquel año.

Contar muertos es un ejercicio siniestro y desmoralizador, pero tal vez se trata de evitar la última muerte de las muertes. Hay más: 25 personas, vascos la inmensa mayoría, murieron a manos de la ultraderecha, generalmente agrupada en el que fue llamado Batallón Vasco-Español. Y, finalmente, seis presuntos miembros de ETA cayeron en enfrentamientos con la policía. En total, 128 personas, a las que pueden sumarse los cinco asesinatos que cometió el GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre). Un muerto cada sesenta horas.

En 1980 sólo había dos cadenas de televisión en España. Ninguna autonómica y ninguna privada. Las tertulias radiofónicas -y el papel de la radio como generadora de opinión- eran desconocidos. Los periódicos no se publicaban los lunes (lo que dejaba muchos pequeños, remotos muertos colgados en el limbo del fin de semana). Es decir que el universo mediático era infinitamente mucho más reducido que ahora y su lente de aumento mucho menos capaz. Pero, a pesar de todo, sorprende la parquedad tipográfica -y sorprende el léxico: "Nuevo asesinato político en el País Vasco", por ejemplo- con que los periódicos trataron, aquel año de 1980, muchos asesinatos de ETA. Hay muertos que se deslizan por el sumidero de un breve; detenciones masivas liquidadas en media columna; muertos, bien muertos, que enroscados con el muerto anterior o con el siguiente -hubo días de hasta tres atentados-, no pueden alcanzar ni siquiera el titular y aparecen por la escotilla lacerante de un ladillo. En aquellos años, un lugar común de la discusión académica sobre el periodismo era el tratamiento informativo que debía darse a los actos terroristas. Una parte de los opinantes, influidos por las especulaciones intelectuales de Guy Debord o Baudrillard, y por los fenómenos terroristas de la Baader-Meinhoff en Alemania y de las Brigadas Rojas en Italia, sostenía que el terrorismo era, esencialmente, un acto más del gran teatro informativo y que cuando el foco proyectado sobre él se apagara también se apagarían sus acciones. Es bien improbable que la aludida parquedad informativa respondiera a esa estrategia intelectual: más bien tuvo que ver en ello el alud de muerte -en el País Vasco parecía haber más terroristas que periodistas- y el efecto paralizante que tiene, para el periodismo, la repetición de los escenarios. En cualquier caso, la parquedad -paradójicamente desorbitada, a veces, por fotografías en blanco y negro que mostraban desesperadamente el horror y que hoy no se publicarían- no pareció limitar el alcance de la muerte.

1980, en efecto, fue un año de mucha muerte. ETA mató como nunca lo había hecho hasta entonces y como nunca lo ha hecho después. (Por poner dos ejemplos extremos de comparación: en 1979 mató 76 personas y cinco en 1996). Pero fue un año de muerte sin nombre. ETA no mató nombres, ni siquiera galones, aunque secuestró a tres industriales, que le dieron más de 200 millones de la época. Sus comandos apenas salieron de Euskadi y cuando lo hicieron, en busca de generales -el general Esquivias o el general Criado- sólo supieron matar soldados, muchachos con ese destino. La letra pequeña de los periódicos está llena de comerciantes sorprendidos al bajar la persiana metálica de sus tiendas, de mecánicos que se presentan en la puerta del taller porque alguien ha voceado su nombre, de taxistas rematados al final de la carrera, en lo alto de un monte, de propietarios de bares que algo habrían dicho u oído, marmolistas, relojeros, gente de leva. La lista rezuma también venganza. Venganza a veces retardada respecto del franquismo, y sus humillaciones y sus crímenes, más o menos antiguos. Los periodistas solían añadir algunos comentarios a la hora de explicar estas muertes. "Era de ideas derechistas". O bien: "Fue acusado de ser confidente de la policía". O incluso: "Pese a carecer de trabajo, las víctimas llevaban una vida bastante holgada". Las fuentes de esos comentarios, cuando se citaban, eran siempre las mismas: "Círculos abertzales han declarado a este periódico que la víctima..." La voz de las víctimas no se escucha en absoluto, aunque haya decenas de cadáveres en esa fosa común. Sólo en un párrafo marginal, un día cualquiera, una viuda reta a los terroristas para que demuestren que su marido traficaba con drogas. El reto cuelga.

El otro gran grupo de muertos son guardias civiles y policías. En 1980 podían encontrar la muerte en los restaurantes, porque aún iban a comer allí de uniforme. Entraban dos y los ametrallaban y en todas las gacetillas, los testigos juraban que no habían podido ver nada. Si no era en las ciudades o los pueblos, la muerte acechaba en cualquier cándida -tal vez inexorable- exhibición, cuando los convoyes de la Guardia Civil desfilaban por las carreteras de Euskadi como si se tratara de la caravana de los Reyes Magos. En los márgenes de la carretera, jóvenes etarras empezaban a disparar sus ametralladoras y algunos morían -a pesar de sus chalecos antibalas- y en el aire flotaba un violento aroma a revolución en marcha y a pueblo en armas, un aroma que nunca ha tenido el tiro en la nuca.

Entre los muertos, claro está, los errores. El jubilado que compra un estanco al que tenía que morir en su lugar. El niño, José María Piris, por ejemplo, que juega con una bomba. O los gitanos, voluntariamente fuera del mundo, pero susceptibles de morir por la nación: tres gitanos destrozados por una bomba del Batallón Vasco-Español, tres si obviamos que uno de ellos era mujer y estaba embarazada de ocho meses y que el feto apareció fotografiado entre los otros cuerpos, cadáver ya sin haber nacido: o el que volvía de madrugada por una carretera de Hernani, tocado con boina, y quien sabe si fue la boina lo que tirotearon.

El 9 de marzo de 1980 hubo elecciones en Euskadi, las primeras al Parlamento autonómico, que ganaría el Partido Nacionalista Vasco. ETA mató hasta el 20 de febrero y reanudó las actividades el 18 de marzo. Ésa fue toda su tregua. El año de más muerte de su historia fue el mismo año en que Euskadi recuperaba de manera ejecutiva su capacidad de autogobierno. Y entre los muertos, como veinte años después, también los políticos y con el mismo especial interés "por los representantes de la opresión española". Los "opresores" eran entonces miembros de la Unión del Centro Democrático (UCD), como Ramon Baglietto, José Ignacio Ustarán, Jaime Arrese o Juan Duval. El día que mataron a Baglietto, el secretario general de UCD en Guipúzcoa era Jaime Mayor Oreja, hoy ministro del Interior. Sobre el cadáver de su compañero, Mayor decía: "Hasta los que creemos en la democracia estamos llegando a pensar que esta situación no puede ser mantenida. Somos impotentes ante la sensación de que nos están cazando como conejos". Las declaraciones de los políticos viajan mal con el tiempo y no se debe abusar del sentido que deparen tras el viaje. Pero es indiscutible que contribuyeron a determinar la realidad del momento en que se pronunciaron. "La solución al terrorismo está en que mueran más terroristas que guardias", decía Fraga. "Repruebo la muerte de Ustarán , a título personal, aunque estoy absolutamente disconforme con la errónea política de UCD en Euskadi", decía Juan María Bandrés, dirigente de Euskadiko Ezkerra. "Cualquier persona que no condene el terrorismo es terrorista", decía José Ángel Cuerda, miembro del PNV y entonces alcalde de Vitoria.

Los crímenes de ETA tuvieron la criminal respuesta del terrorismo de retórica ultraderechista. Si 1980 fue el año crucial del terrorismo etarra, así sucedió también con el terrorismo de extrema derecha que mató en un año todo lo que el GAL hizo nunca. Ese terrorismo tuvo episodios tan singulares como el ametrallamiento del bar Hendaya y el posterior y apresurado paso por la frontera de los asesinos, un hecho que provocó una crisis política entre España y Francia.

1980, después de veinte años, ofrece un terrible y extraño panorama. Hasta tal punto extraño que cabe pensar que lo tragamos sin quererlo notar demasiado. En cualquier caso, ante su evidencia, y ante los también terribles dos años que lo precedieron se impone una certeza incómoda: la transición española -ejemplar en tantos de sus movimientos- no comportó una nueva guerra civil, pero seguramente está lejos de poder considerarse, como quiere el mito, una transición pacífica. Demasiados muertos, demasiados heridos, y demasiado presente la violencia etarra en el diseño general de las políticas de los gobernantes y en su psicología.

Si la pregunta es cómo la sociedad española sobrevivió al año de 1980, la respuesta es estricta: agazapada. 133 asesinatos dieron como únicas respuestas populares de cierta importancia la movilización de treinta mil personas en Pamplona y quince mil en San Sebastián. El agazapamiento fue una de las constantes de la transición. Hay quien dice que una de sus mayores ventajas prácticas. Veinte años después, la muerte -atenuada- continúa. Pero ni el dolor ni la ira se tramitan ya a cal y canto.

Dos visiones opuestas del Estado francés ponen al borde de la ruptura al «Gobierno de izquierda plural»  
PARÍS. Juan Pedro Quiñonero corresponsal ABC  27 Agosto 2000

La inminencia, que ya supera el rumor difundido por toda la Prensa francesa, de la dimisión del influyente ministro del Interior, Jean Pierre Chevénement, por su visión antitética de la del primer ministro Jospin respecto al «problema corso», ha hecho aflorar dos concepciones opuestas del Estado en políticos de izquierda hasta hoy firmemente unidos.

A los enfrentamientos entre distintas facciones nacionalistas corsas se añaden ahora los enfrentamientos de enorme calado entre Lionel Jospin, primer ministro, y Jean Pierre Chevènement, ministro del Interior, que tienen una visión diametralmente opuesta sobre el futuro del proceso, el curso, sus riesgos y oportunidades.

Lionel Jospin espera ganar tiempo haciendo concesiones relativamente menores a los nacionalistas y aplazando hasta después de las elecciones presidenciales del 2002, que él espera ganar, las grandes decisiones institucionales. Chevènement, por el contrario, teme que Jospin ya haya hecho concesiones inaceptables, cediendo a la presión de la violencia terrorista, aceptando negociar sometido a un chantaje criminal. Desde la óptica del influyente ministro del Interior, su propio Gobierno ha entrado en una lógica que él considera muy peligrosa para el futuro mismo del Estado y la unidad nacional.

Viejos compañeros de viaje jacobino, Jospin y Chevenement están hoy separados y enfrentados por dos concepciones antagónicas del modelo francés. El primer ministro cree posible negociar con los nacionalistas corsos sin hacer concesiones mayores. Su ministro del Interior teme que el Estado francés pudiera estar entrando en una imprevisible espiral de reivindicaciones autonomistas y nacionalistas.

LA VIOLENCIA NO CESA
Veinticinco años después de los incidentes sangrientos que marcaron el inicio de las reivindicaciones regionalistas, primero, y nacionalistas, más tarde, el 22 de agosto de 1975, la isla de Córcega (260.000 habitantes) se ha convertido en un cáncer de Estado, cuyo tratamiento político, policial, fiscal, económico y descentralizador continúa siendo víctima de la proliferación tentacular de la violencia terrorista. Ayer estallaba un nuevo artefacto explosivo en un edificio público de la ciudad de Bastia, afortunadamente esta vez sin víctimas.

Hace veinticinco años, los incidentes de Aleria descubrieron a una Francia, atónita, la emergencia de un movimiento autonomista relativamente tímido en sus orígenes inmediatos, pero muy pronto manchado de sangre.

Durante sus primeros años de existencia, el primitivo Frente Nacional de Liberación Corso (FNLC) se inspiraba en los modelos tercermundistas de «liberación nacional» y asumió sucesivas identidades izquierdistas de inspiración más o menos marxista.

A partir de los años ochenta, el FNLC se dividió y volvió a subdividir en sucesivos grupúsculos de identidad política mucho más confusa, con reivindicaciones de corte más nacionalista «puro», y acciones criminales asociadas con frecuencia a las venganzas de carácter mafioso.

Durante los años noventa, estallaron sucesivas «guerras civiles» entre grupúsculos nacionalistas, con siniestros baños de sangre. Al final de la década pasada, el movimiento nacionalista corso quedó «balkanizado» en media docena de grupos «armados», que han venido reivindicando una sucesión de crímenes que oscilan entre la provocación de Estado, como el asesinato del prefecto Erignac, hace dos años, o la venganza política entre clanes mafiosos, como el asesinato de Jean-Michel Rossi, a primeros de este mismo mes de agosto.

Durante los mismos veinticinco años de reivindicaciones regionalistas, autonomistas y nacionalistas, la respuesta del Estado ha variado y se ha matizado en muchas direcciones.

Aunque no deja de ser sintomático que el primer ministro de Francia, cuando estalló la violencia armada, en 1975, era Jacques Chirac, que hoy es jefe del Estado y ha protagonizado la «experimentación» de muy diversas políticas gubernamentales.

Durante la primera década de crisis, sucesivos gobiernos «trataron» la crisis corsa en términos puramente policiales. Sin éxito. Durante los años ochenta, François Mitterrand y Jacques Chirac fueron los primeros en intentar la táctica de la «estaca y la zanahoria»: un poco de autonomía, cierta dosis de represión y muy diversas formas de diálogo. Nada dio un resultado satisfactorio.

BOLA DE NIEVE NACIONALISTA
El mes de diciembre de 1999, Lionel Jospin, socialista, primer ministro en funciones de un Gobierno de izquierda plural (PS, PCF y Verdes), puso en marcha una nueva táctica lanzando un nuevo proceso negociador, que culminó el 28 de julio pasado, cuando la Asamblea regional corsa aprobó, por amplia mayoría, un proceso sin precedentes, que reposa en estos puntos:

—El Estado concede nuevas formas de ayuda fiscal y económica, que ya goza, desde hace años, de un Estatuto ultraprivilegiado. De hecho, Córcega vive bajo perfusión fiscal y presupuestaria permanente.

—El Estado abre la posibilidad del estudio, en la escuela primaria, de la lengua corsa, sin que su enseñanza sea obligatoria.

—El Estado iniciará, lentamente, un proceso de transferencia «parcial, temporal, controlada y experimental» del Poder Legislativo, en algunos terrenos sensibles pero muy limitados (transportes, turismo, enseñanza).

—Se aplaza hasta el 2002, o más adelante, después de las elecciones presidenciales del 2002, la posible reforma del Estatuto de Córcega dentro de Francia. Queda en suspenso un posible referéndum y una posible revisión de la Constitución.

En teoría, esos cuatro grandes capítulos del proceso negociador iniciado por Lionel Jospin hubieran debido poner fin a la violencia. En la práctica, ese proceso negociador no ha puesto fin a la violencia terrorista, ha abierto una crisis de fondo dentro del Gobierno de izquierda plural y ha desenterrado un variopinto arcoiris de reivindicaciones nacionalistas y regionalistas: el País Vasco, la Bretaña, la Cataluña francesa, entre otras regiones, estiman que Córcega está consiguiendo a través del chantaje de la violencia criminal lo que el Estado no se decide a conceder a través de la reivindicación democrática.

La viuda de Lacalle se va del País Vasco tras recibir amenazas de los proetarras
Comunicantes anónimos le decían: «Jódete, que te hemos quitado el marido»
La viuda del fundador del Foro Ermua, José Luis López de Lacalle, asesinado por Eta en mayo, ha decidido abandonar el País Vasco temporalmente después de recibir constantes llamadas telefónicas en su domicilio con frases como «jódete, que te hemos quitado el marido». La mayor parte de los integrantes del Foro Ermua reciben amenazas, son increpados por jóvenes radicales cuando salen a la calle y piden para los terroristas que «por lo menos lo pasen tal mal como lo estamos pasando nosotros».
M. R. Iglesias - Madrid .- La Razón  27 Agosto 2000

La viuda del periodista José Luis López de Lacalle, Mari Paz Artolazábal, ha decidido abandonar el País Vasco tras recibir llamadas telefónicas con insultos, amenazas y burlas del estilo de «jódete que te hemos quitado el marido».
    Según señalaron a LA RAZÓN fuentes cercanas a la viuda de López de Lacalle, tras el brutal asesinato del fundador del Foro Ermua en las cercanías de su domicilio ubicado en la localidad guipuz-coana de Andoain, el dolor por la pérdida de su marido lejos de suavizarse con las enormes muestras de cariño, afecto y apoyo recibido desde todos los puntos de la geografía vasca y española, se ha ido acrecentando con el paso de los días al recibir numerosas llamadas telefónicas del entorno de Eta «mofándose» de la muerte de José Luis López de Lacalle.

    Por este motivo Mari Paz Artolazábal, aprovechando que tiene una hija residiendo en el extranjero, ha decidido abandonar el País Vasco por un tiempo y trasladarse a otro país europeo para conseguir superar, en la medida de lo posible, la pesadilla que está soportando desde que el domingo siete de mayo un pistolero mató de dos tiros por la espalda a su marido cuando volvía de desayunar en un bar de Andoain.

    Tras el asesinato los radicales comenzaron a llamar por teléfono a su domicilio, y además de increpar a la viuda y «reirse» literalmente de ella por que «le habían matado a su marido», también se dedicaban a mandarle avisos y amenazas como «y si tú te metes por medio también te matamos a tí».
    El colectivo Foro Ermua se convirtió en objetivo directo de Eta el pasado mes de febrero, cuando se trasladaron hasta el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, para denunciar ante esta institución que la libertad en el País Vasco está reprimida por la amenaza y el chantaje político de Eta, que el nacionalismo es responsable del deterioro de la democracia, y que el ejercicio nacionalista del poder ha desprestigiado a las instituciones autonómicas.

    Por ello, a través de lo que se denominó «declaración de Estrasburgo», pidieron que el Parlamento Europeo condenase la política del Gobierno vasco incluida por el Pacto de Estella y solicitaron el amparo moral y explícito de la Unión Europea ante la falta de libertades públicas en el País Vasco, sobre todo para los no nacionalistas. La misma noche que volvieron de Estrasburgo fue atacado por proetarras el caserío de Vizcaya donde reside el escultor y miembro del Foro, Agustín Ibarrola, quien a pesar de haber luchado durante toda su vida por la libertad y la democracia -lo que le llevó a soportar diez años de prisión en la época franquista-, ahora está pasando uno de los peores momentos de su vida.

    A sus setenta años de edad se ve en la obligación de apenas poder salir de su casa.
    Si decide pasear por cualquier localidad vasca enseguida se encuentra «con niñatos de 16 años que le increpan y le insultan con voces de Ibarrola españolista, Ibarrola fascista, o Ibarrola asesino», según ha señalado a este periódico una persona cercana a Ibarrola.    

Amenazas constantes
Pero no sólo es este miembro del Foro Ermua el que soporta los ataques de los proetarras. La mayor parte de sus integrantes se ven obligados a vivir cada día con escoltas y a asumir fuertes medidas de seguridad, para evitar acabar como López de Lacalle.
    Aprovechando las vacaciones estivales, casi todos han salido «huyendo» del País Vasco, y alguno, como el profesor universitario, Mikel Azurmendi, ya ha anunciado que se va de su tierra por las numerosas amenazas que recibe y por la falta de libertad que se vive en esta Comunidad autónoma. Por ello, algunos de sus miembros piden para los terroristas que «por lo menos lo pasen tal mal como lo estamos pasando nosotros».

Desalojado un edificio por un ataque
VITORIA. ABC   27 Agosto 2000

Agentes de la Ertzaintza tuvieron que desalojar en la madrugada de ayer a los vecinos de un inmueble de Murgia (Vitoria) como consecuencia de un ataque con «cócteles molotov» contra una sucursal de Caja Vital, según informaron fuentes de la Policía autónoma vasca.

Los hechos tuvieron lugar a las cuatro y media de la madrugada de ayer cuando unos desconocidos rompieron un cristal de la sucursal, situada en la calle Domingo de Sauto, y lanzaron varios artefactos incendiarios en su interior que tuvo como consecuencia un incendio.

Al lugar acudieron varias patrullas policiales y bomberos que procedieron a desalojar el edificio de dos plantas en el cual se había producido una intensa humareda.

Sobre las cinco y veinte de la madrugada las llamas quedaron totalmente sofocadas, por lo que los vecinos pudieron regresar a sus casas sin que se produjeran daños personales. Los desperfectos en la sucursal han sido importantes.

No es la primera vez que esta entidad bancaria es objetivo de una acción violenta. De hecho, la banda terrorista ETA fue la responsable de dos de los ataques que sufrieron sus sucursales de Vitoria, los días 19 y 27 de julio, tal y como reconoció en su último comunicado, el día 11 de agosto.

Por otra parte, según publicó ayer diario «Gara», un comunicante anónimo asumió la autoría del ataque contra una patrulla de la Guardia Civil en la madrugada del pasado miércoles en el barrio donostiarra de Inchaurrondo. Ese misma madrugada se registró la explosión de otros seis artefactos en diversos puntos de Guipúzcoa.

Carmelo Barrio: «La colección de insultos de Arzallus ha provocado una gran decepción en el PNV»
Entrevista con el secretario general del Partido Popular vasco
Ha cumplido cuarenta años y lleva veinte en el PP. Comenzó cuando tenía 17 para defender el vasquismo y la Monarquía. Sus ojos azules de vitoriano no pestañean ante los asesinatos. Está convencido de que vamos a ser testigos de una grave crisis del nacionalismo por el discurso «vulgar y viejo» de Arzallus. Y advierte de que el camino no ha hecho más que empezar.
S. Recio.-  La Razón  27 Agosto 2000

El presidente del PNV, Javier Arzallus, ha reconocido que el «frente separatista» de Estella ha fracasado, pero ¿por qué no ha rectificado?
    - Una vez más las valoraciones que se producen en la cúpula del Euskadi Buru Batzar no han sido la autocrítica ni el reconocimiento del fracaso del PNV. Lo que hacen es proyectar el fracaso suyo a una política equivocada de los medios de comunicación, a los críticos de su partido y al PP. Es decir el hecho de que Arzallus diga que Estella ha fracasado no es un giro estratégico del PNV porque no ha renunciado a los principios y congela el pacto.

    - En Zarauz, el presidente del PNV colocó al mismo nivel al PP y a la banda terrorista. ¿Por qué?
    - Siempre le ha gustado marcar una equidistancia entre el PP y Eta. Forma parte de la estrategia del PNV que no tiene ahora mismo una proyección política. Cuanto más profundiza en la equidistancia entre el PP y la banda terrorista, en la descalificación permanente, se hunde más Arzallus. Un presidente de un partido tiene que funcionar menos visceralmente, hacer reflexiones analíticas, de la realidad. Arzallus no lo hace y se dedica a descalificar porque si analizase la realidad se daría cuenta de que está perdiendo. El PP representa cada vez más a los no nacionalistas que defienden valores y conceptos tan importantes como la defensa del Estatuto. Como el PNV está perdiendo ha comenzado una huida hacia delante, que es la fobia enfermiza por la descalificación del empresario, así no hay discusión. Creo que el discurso de Zarauz de Arzallus ha provocado una profunda decepción dentro del PNV. Esperaban una reflexión política y se han encontrado con una colección de insultos.

    -Habla de descalificación. El político peneuvista, en su discurso bronco e insultante, mandó «a la mierda a su presidente»... ¿Cómo lo ha recibido la familia del PP vasco?
    - Con tristeza e hilaridad. Arzallus es una caricatura de sí mismo. El presidente del PNV del que se dice democrático con los insultos ha demostrado un talante. Su discurso político es viejo, lleno de fobias y obsesiones enfermizas. Su visceralidad le descalifica. De todas formas, creo que el disgusto no se lo ha llevado Iturgaiz, sino los miembros de su partido.

    - ¿Y el ataque a los medios de comunicación?
    - Forma parte de las obsesiones del nacionalista. Ahora cree que los periodistas junto al CESID conspiran contra el nacionalismo. Lo que ocurre es que los medios de comunicación analizan la realidad y como Arzallus es incapaz de ver nada, cuando los diarios no responden a las claves que él defiende, entonces son unos conspiradores. Los líderes políticos caducos son aquellos que cuando reflexionan ven conspiraciones por todos lados. Arzallus no juega limpio, la crítica política debe ser una confrontación de ideas. El discurso de Arzallus queda muy lejos de eso, es un discurso pedestre, chabacano, vulgar.

    - Es la segunda vez que el presidente del PNV se refiere a los críticos del partido. Primero les llamó «michelines». En Zarauz les advirtió de que no les echaba para que no le llamasen intolerante. ¿Algo se mueve dentro del PNV?
    - Arzallus les dijo tres cosas a los miembros críticos de su partido. Primero que el que manda, manda. Eso está un poco lejos de la democracia. Luego les ha dicho que son críticos porque están asustados. Arzallus hace un planteamiento irresponsable e injusto con los disidentes de su partido, que tienen que soportar que se los llame cobardes cuando han realizado un ejercicio de valentía. Y lo mejor de todo es que dice que no les echa porque sino le llamarían intolerante. En realidad es que no tiene argumentos. Sin duda estamos en la antesala de una grave crisis del nacionalismo.

    - ¿Por qué en 24 horas Ibarreche cambió de opinión y aceptó que HB se sentase a hablar con los otros partidos democráticos?
    -El «lendakari» es incapaz de colocarse delante de su partido. Es una situación extrema. Un presidente de un gobierno tiene que serlo de todos, nacionalistas y no nacionalistas. Se tiene que colocar por delante de su partido y de la sociedad. El «lendakari» es una figura de peso y cada día se mueve en la más absoluta debilidad. Para liderar a la sociedad primero tiene que liderar a su propio partido y son sus propios compañeros Arzallus y Eguíbar quienes le ponen la zancadilla. Estos días el «lendakari» lo tiene que estar pasándo muy mal. Arzallus y Eguíbar le han puesto en su sitio, han instalado la doctrina de Estella en el propio Gobierno vasco, algo que es de todos.

    - ¿Es posible que Arzallus sea apartado del PNV por la corriente crítica, cada vez más mayoritaria?
    - Lo que pasa es que el PNV funciona como una especie de entelequia sectaria, es un grupo al margen de lo que es una convención partidaria o partidista y en ese sentido es difícil la disidencia. El PNV tiene que rectificar esta política porque enfrenta a la sociedad, cuanto más tiempo pase va a ser peor. Si se persiste en esta estrategia una serie de personas establecerán una alternativa dentro del partido y tratarán de ganarla. Son críticas tan tremendas las de Anasagasti como decir que el pacto de Estella está muerto y luego decir Arzallus y Eguíbar que Estella es doctrina del PNV...    

Ambigüedad del PSOE
    - ¿El PSOE no es un poco ambiguo al intentar acercarse al PNV?
    -Es la oposición y necesita determinados protagonismos. Es necesario que tenga una postura muy clara, ya que ahora se pone en medio entre el PNV y el PP porque cree así poder encontrar un protagonismo político. Hoy es el momento de la responsabilidad política del País Vasco, es el momento de que el partido socialista se ilusione más que nunca por el cambio político en el País Vasco, de que haya una sustitución democrática en el nacionalismo. El PP ya se ha presentado como alternativa.Nosotros pedimos al partido socialista que se ilusione por el cambio político en el País Vasco, es necesaria la regeneración. Que se ilusione por el cambio, en el modelo de la Constitución y del Estatuto de Guernica, en el modelo de aproximarnos a los problemas de los vascos y no tanto en la entelequia de la construcción nacional que no nos lleva a ninguna parte. Sí que es cierto que en el PSOE hay voces distintas, es distinto cuando se habla desde Madrid, cuando hablan Javier Rojo, Rosa Díez. Enfrente te encuentras otro discurso como es el de Odón Elorza. Todo esto conduce a la confusión. Hoy se ha degradado la política vasca y hay que cambiar y eso lo reconoce el PP y el PSOE.

    - ¿Se imagina al ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, como «lendakari»?
    - El PP todavía no ha designado al candidato como «lendakari». Si nos movemos en el terreno de la hipótesis, sería un «lendakari» que va a tener muy claras muchas cosas para este país. Jaime conoce la historia vasca como nadie. Tiene unos conceptos muy claros en relación a las necesidades democráticas de fortalecimiento del Estado de Derecho y la Ley y los principios democráticos e institucionales. Tiene el convencimiento de que el Estatuto de Guernica es el mejor pacto que hemos firmado los vascos y que tiene que dar muchos frutos. ¿Jaime podría ser un elemento de confrontación? No, al revés. Otra cosa es que los asesinos y quienes les apoyan iban a estar mucho más incómodos con un «lendakari» del PP o que defendiera nuestra cercanía con España, y el reforzamiento del Estatuto de Guernica. ¿El reclamar estos temas iba a provocar mucha más agresividad entre los violentos? Es posible que se iban a sentir mucho más incómodos, que eso también es un logro importante. Hay que hacerles que se sientan incómodos. Tienen que notar esa presión detrás suya, la de las instituciones, la de la Ertzaintza, la del Estado de Derecho, la de los jueces, la de la Policía, la de la unión entre los demócratas. Iba a haber más presión sobre los violentos y los que los apoyen. La referencia del cambio político la tenemos en Álava donde ha gobernado el PNV durante 20 años. En Álava hay una sensación de normalidad, ha cambiado, se hacen acuerdos en la Diputación, en el Ayuntamiento, en las Juntas Generales. Hay una vida política normal.
   
Rencor
    - En muchos vascos hay rencor y se dice que España es opresora. ¿Cómo se supera ese odio?
    - Cada vez son menos. Cada día hay más vascos que reconocen el avance democrático, el desarrollo que ha tenido el País Vasco, institucional, política y económicamente. Ahora, si te enrocas en que lo único positivo es la violencia y machacar al español, eso genera mucho ruido. Quienes conocen nuestra realidad, saben que estamos mucho mejor que hace unos años en el Estado de las Autonomías. Dentro de Europa somos la región con mayores competencias. En la Europa unida se va a diluir mucho más el nacionalismo porque no les gustan los nacionalismos violentos. Sin embargo, los vascos que defienden la violencia, el asesinato y el coctel molotov es lo que más que se oye.

    -¿A lo mejor es culpa de los periodistas porque muchas veces les dedicamos demasiadas líneas?
    - No lo creo. Yo soy de los que prefieren que no se oculte la realidad. Que se diga la verdad. En Durango os amenazaron. Es por algo, es porque os temen.
    - ¿No es terrible que los etarras que murieron en el barrio bilbaíno de Bolueta al transportar una potente carga explosiva tuviesen 20 años?
   
Juventud etarra
    - Es tremendo. La gente que se ha adiestrado en las órbitas de HB, de Jarrai, del terrorismo callejero, ahora son unos asesinos. Todo esto forma parte de la degeneración, de la degradación y de la precipitación con la que Eta está actuando. Matar a alguien es relativamente fácil. Y estos jóvenes que son capaces de pegar un tiro en la nuca o colocar una bomba lapa han perdido toda capacidad de raciocinio. Porque se han criado en ese ambiente de odio y algunos de ellos adoptan la actitud de que tienen una labor que cumplir. Esto todo lo contrario a la juventud. Los jóvenes hablan de valores como la libertad, el respeto, la tolerancia. Con el país tan pequeño que tenemos, buena parte de la labor de HB se dirige a deteriorar una parte importantísima de un pueblo que es su juventud.

    - Cada vez se escucha más que el problema vasco no tiene solución. La gente piensa que son inevitables los atentados.
    - Es muy difícil ver luz al final del túnel cuando arrecia el asesinato. Es fácil caer en la desesperanza, en no ver la salida y entonces piensas que los políticos deben buscar otras vías. Yo digo que hay que tener fe sobre lo que tenemos, el Estado de Derecho, la Justicia, la Policía. Contra el delito hay que trabajar en esas claves. La vía policial es el elemento esencial para acabar con Eta junto a la actuación judicial, la cooperación internacional y la unión de los demócratas. Esa unión que fue el pacto de Ajuria Enea, como fue el espíritu de Ermua. Tras el asesinato de Miguel Angel Blanco se produjo el momento más débil de Eta y de HB. Y el PNV fue consciente de eso y les echó una mano a HB. Contra la desesperanza hay que tener confianza en los elementos del Estado de Derecho.

    - Se les acusa ahora de que al no sentarse en la misma mesa que HB sólo buscan una ventaja electoral y no lograr la paz para el País Vasco.
    - Es una acusación que permanentemente siempre se nos ha hecho desde el Partido Nacionalista Vasco. Nosotros defendemos el Estatuto y que con HB no hablaremos hasta que no rechace el asesinato como método. También decimos que elementos como el «frente separatista» de Estella son invalidantes. El decir eso es mantener una posición de firmeza política democrática y de convencimiento. Nada más.

El español ya estaría implantado en Brasil si existieran más maestros, según el Cervantes
Su aplicación gradual en las escuelas impulsa la ley que lo convertiría en obligatorio
La ley que convertiría al español en lengua obligatoria en los centros de secundaria de Brasil (seis millones de escolares) sigue experimentando modificaciones. El último cambio allana el camino para que el proyecto, que el Parlamento vota en noviembre, salga adelante, ya que establece una implantanción gradual en las escuelas durante un plazo de cinco años. Por su parte, el director del Instituto Cervantes en Sao Paulo, Francisco Moreno, asegura que si hubiera profesores y material didáctico de calidad, el español ya se enseñaría en todos los colegios públicos del país.
Gregorio García Maestro - Madrid .-  La Razón  27 Agosto 2000  

El español en Brasil es sinónimo de negocio. Lo saben en los ministerios, en las grandes empresas y en la calle, donde el español y lo español ha despertado un auge inédito en un país donde tradicionalmente el inglés y el francés superaban con creces a la lengua de Cervantes. Pero las tornas han cambiado: «La creación del Mercosur, la aparición de grandes empresas de origen español como Telefónica o Repsol y el peso de la cultura hispana están dibujando otro panorama lingûístico en Brasil», asegura el director del Instituto Cervantes en Sao Paulo, Francisco Moreno.

    «En el estado de Sao Paulo, el estudio del español es obligatorio, pero la ley no se cumple por falta de medios, fundamentalmente por la escasez de profesores y de material escolar de calidad», añade Moreno, quien considera que si Brasil tuviera maestros suficientes (210.000 según el Gobierno) el español ya sería obligatorio. Más datos. En un estudio realizado a partir de 530 ejecutivos brasileños, un 47 por ciento de los entrevistados hablaba inglés con fluidez, un 27 por ciento hablaba español, un 10 por ciento, francés, y sólo un 5 por ciento manejaba el alemán.

    En noviembre, la Cámara de Diputados vota la ley, que afectaría a seis millones de escolares. Pero antes tendrá que dar el visto bueno la comisión de Educación del Parlamento. Desde el ministerio de Asuntos Exteriores brasileño ofrecen una perspectiva optimista. Luis Galvao, el jefe del Departamento Cultural en la embajada de Brasil en Madrid, considera que la actual redacción de la ley, que prevé una implantación gradual durante cinco años, va a facilitar la aprobación del proyecto. «Muchos sectores estaban preocupados por las posibilidades actuales de cumplir una ley si no existen medios necesarios. Pero con la nueva redacción de la ley cada estado, según sus recursos, irá asumiendo esta decisión», explica.

    El director del Instituto Cervantes, Fernando Rodríguez Lafuente, ha reconocido esta semana en El Escorial que el Gobierno ha entablado conversaciones con editoriales españolas de cara a la fabricación de matrial didáctico destinado al país carioca.

    En Francia le han visto las orejas al lobo. «El francés es un idioma que ha sido muy estudiado en Brasil hasta hace poco -cuenta Moreno-. Lo que sucede es que el espacio que ocupaba el italiano, el alemán y el francés está siendo asumido por el español. Es probable que Francia esté presionando para que no salga adelante. En el Ministerio han reconodido que han sido llamados por sectores de Francia e Italia para presionar», cuenta Moreno desde Sao Paulo, cuya sede se dedica exclusivamente desde hace dos años a la formación de profesores.

    La reciente visita a Brasil de los Reyes ha reactivado el proyecto, sobre todo a raíz de la firma del memorandum de entendimiento entre los ministros de Educación de los dos países, que compromete a los dos Gobiernos a potenciar la mejora de la enseñanza del español en Brasil. En octubre, el presidente Fernando Henrique Cardoso, partidario de la obligatoriedad del español en su país, recibirá el premio Príncipe de Asturias de Cooperación.
   
«Con ley o sin ella, seguirá creciendo»
El próximo año, el Instituto Cervantes abrirá dos nuevas sedes en Brasil, una en Río de Janeiro y otra en Sao Paulo, donde ya existe un centro, dirigido por Francisco Moreno, dedicado a la formación de profesores de español. Además de este cometido, también cuenta entre sus objetivos el de colaborar con las universidades brasileñas que ofrecen licenciaturas y cursos de especialización en español, coordinar los exámenes de los Diplomas de Español como Lengua Extranjera (DELE) y apoyar el trabajo de asociaciones de profesores.
    Pase lo que pase en el Parlamento en noviembre, Moreno está convencido de que el español seguirá creciendo con ley o sin ella porque los brasileños (162 millones, 50 millones en edad escolar) «estudian por intereses económicos y culturales», asegura.   

Las editoriales calientan motores
España es el segundo inversor en Brasil, sólo por detrás de Estados Unidos. El fortalecimiento de los lazos comerciales se aprecia, sobre todo, en el mundo editorial. Este sector pasó de unas exportaciones en 1995 de 2.370 millones de pesetas, a casi 11.800 millones. En dos años se había producido un incremento de un 500 por ciento. Las importaciones de libros españoles alcanzaron una cuota de mercado de un 22 por ciento, situando a España como primer país de origen de la importación editorial. De ese volumen, la parte más sustancial correspondió al capítulo de diccionarios y enciclopedias.

    A pesar de este crecimiento, el anuario 2000 del Instituto Cervantes «El español en el mundo» (editado por Círculo de Lectores y Plaza & Janés) llama la atención porque siguen existiendo los mismos problemas de información y distribución que han caracterizado históricamente la situación del libro iberoamericano en general. Los libros españoles más utilizados en la enseñanza de la lengua son caros y no se encuentran con facilidad, con lo cual los precios pueden cuadriplicar los de España para la misma obra. «La situación está cambiando», asegura el director del Instituto Cervantes en la sede de Sao Paulo, Francisco Moreno, consciente de que las editoriales españolas preparan nuevos productos de cara a la posible aprobación de la ley que haría del español una lengua obligatoria en los centros de secundaria, «pero todavía existen deficiencias que debemos que superar», objeta.    

El Sur se lleva la palma
Se apruebe o no la ley en noviembre, Francisco Moreno considera que «estamos asistiendo a una situación favorable de la enseñanza del español. El presidente del Instituto Geográfico e Histórico Brasileiro de Río de Janeiro, Arno Wehling, cree que «en la actualidad existe una base objetiva para apoyar la implantación del español, especialmente en los estados y provincias del centro y del sur de Brasil, que están más próximos a los países de habla hispana».
    En las universidades la demanda es inmensa. En 1998 casi todas las facultades del país, públicas y privadas, incluían en sus procesos de selectividad el conocimiento de español, que llegó a ser la lengua extranjera más demandada, por delante incluso del inglés en algunas universidades.

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