AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 30  Noviembre  2000
#La Transición
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 30 Noviembre 2000

#La lógica del crimen
ANTONIO ELORZA El Correo 30 Noviembre 2000

#Desobediencia civil, ciudadanía de 3ª y legión cóndor
Gustavo DE ARíSTEGUI La Razón 30 Noviembre 2000

#Tiempos felices que no volverán
ROSA DÍEZ GONZÁLEZ El País 30 Noviembre 2000

#Condiciones para el diálogo
Amando DE MIGUEL La Razón 30 Noviembre 2000

#¿Por qué y cómo se llega a ser terrorista?
ENRIQUE ECHEBURÚA El País  30 Noviembre 2000

#Discreción + prudencia = eficacia
Ignacio Villa Libertad Digital  30 Noviembre 2000

#Lealtades
JOSEP RAMONEDA El País   30 Noviembre 2000

#El Gobierno vasco concede permisos a sus trabajadores para ir a ver a presos etarras
C. M. - Madrid .- La Razón  30 Noviembre 2000

#Iturgaiz llama a los nacionalistas «liquidacionistas del Estado»
MADRID. J. P. ABC   30 Noviembre 2000

#El Gobierno y el PSOE abren consultas para un pacto sobre el País Vasco y contra ETA
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País   30 Noviembre 2000

#El Congreso aprueba la reforma legal contra el terrorismo
EFE El Correo 30 Noviembre 2000

La Transición
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 30 Noviembre 2000

Hay indicios crecientes de que la transición a la democracia podría comenzar en el País Vasco. Pero sólo los ciegos tontiprogres dejarán de constatar que en Cataluña la transición a la democracia parece muy lejana. Vamos, que no aparece. En ambos casos, lo que impide la asunción generalizada de los principios democráticos y liberales es el nacionalismo. Pero en el País Vasco se le combate, tanto en términos intelectuales como políticos, desde la izquierda española y desde la derecha, mientras que en Cataluña se le obedece, tanto en términos políticos como, sobre todo, intelectuales porque la izquierda española no existe y la derecha, en muchos sentidos, es como si no quisiera existir.

Así, aunque en ambas partes se advierten nuevas vocaciones de libertad, uno tiene la impresión de que lo más civilizado, que no es lo aparentemente pacífico sino lo realmente libre, que hoy se produce en Cataluña es por reflejo del País Vasco. El otro día publicó Piqué un artículo insólitamente bueno en ABC que, por el sitio, el autor o las dos cosas, ha pasado inadvertido. Y en él recordaba una estrofa de Raimon: «De vegades la pau no es mès que por»; a veces la paz no es más que miedo. Pues bien, la Transición a la democracia consiste precisamente en entender eso y actuar contra eso, contra el miedo disfrazado de paz. Hoy es más evidente que nunca que en el País Vasco se resiste frente al terror nacionalista desatado mientras en Cataluña reina omnipotente el miedo al nacionalismo moderado. Que Maragall y Serra representen en Barcelona las posiciones de Odón Elorza es más elocuente que cualquier argumentación.

Pero uno de los signos de transición a la democracia en el País Vasco que más me ha sorprendido últimamente es el del cruce generacional en la actitud de resistencia democrática. He entrevistado en la radio con pocos días de diferencia al jefe saliente de las juventudes del PP vasco y a uno de los líderes emergentes del PSE: no parecían de un mismo partido pero sí de un mismo movimiento moral, político y social, por este orden. Ni una palabra de los socialistas contra los populares ni viceversa. Y es normal: los matan juntos, aunque algunos quieran enterrarlos separados. Curiosamente, en el reciente congreso del PSE-EE las únicas propuestas nacionalistas procedían de sus juventudes. Se ve que cada generación tiene sus miedos. En el PSE-EE ganan los españolistas de fondo, socialdemócratas y liberales, no libertarios, que están contra la sumisión al nacionalismo de sus jóvenes y de sus mayores. Y además no cantan La Internacional. Paralelamente, a los jóvenes vascos del PP no les gusta Piqué, que tan bien explica la idea a la que renuncia. Son signos contradictorios, pero emocionantes. La libertad en España está sitiada... eppur si muove!.

La lógica del crimen
ANTONIO ELORZA El Correo 30 Noviembre 2000

Decía mi amigo José Martínez Guerricabeitia que ETA era la única organización que sabía hacer política en España. Si por política entendemos la puesta en acción de una estrategia, implícitamente basada en la teoría de los juegos, donde cada movimiento de piezas (en este caso cada atentado criminal) tiende a debilitar al adversario principal, tanto en sus recursos propios como de cara a eventuales alianzas, resulta posible otorgar su tanto de razón al juicio extremista del que fuera fundador y director en el exilio de la Editorial ‘Ruedo Ibérico’. Primero, ETA se dio cuenta de la posibilidad de combinar los atentados mortales con el terrorismo de baja intensidad, la ‘kale borroka’, con el consiguiente efecto difuso de intimidación de esta última, sin suscitar la respuesta que hubiera sido necesaria por parte del Gobierno vasco (y eso que entonces estaba Atutxa; emblema: el asalto a la librería Lagun). Luego, en una situación militar y política desfavorable, vino la entrega de calidad, por hablar en términos ajedrecísticos, de una tregua que le permitió recomponer fuerzas y recuperar la iniciativa política, llevando al nacionalismo democrático a su campo ideológico de ‘superación’ del Estatuto e identificación de la construcción nacional vasca con el sueño renovado del ‘zazpiak bat’ en una Euskal Herria unificada e independiente a alcanzar a corto plazo. Al no lograrse los objetivos por culpa de los ciudadanos vascos, de nuevo terror. Y por fin, al comprobar con satisfacción que PNV y EA se distancian de la muerte, pero no rompen el cordón umbilical con Lizarra, ETA pone en juego todos sus medios para producir dosis masivas de terrorismo selectivo que, por un lado, tiende a generalizar el miedo, convirtiendo a todos los demócratas no nacionalistas en posibles víctimas, y por otro apunta en especial contra quienes se muestran en público como líderes de opinión para articular un frente antiterrorista.

Al traducir en hechos su estrategia, ETA se ajusta a las condiciones de una elección racional de los blancos en cada una de sus ‘ekintzas’, posiblemente con la única limitación que se deriva de la imposibilidad técnica de golpear determinados objetivos. Es la racionalidad, no lo olvidemos, característica de los gangsters, la mafia o el nazismo, indisolublemente asociada al crimen. Lo prueba, el reciente asesinato de Ernest Lluch. En principio, nada apuntaba a que el excelente historiador se convirtiera en víctima de ETA. Le recuerdo aún en una conversación de sobremesa, cuando era rector de la Menéndez Pelayo en Santander. Salió el tema de Federico Krutvig, el padre espiritual de ETA en los años 60, que al parecer tenía dificultades económicas. Para mi sorpresa, Lluch habló con preocupación sincera de la conveniencia de prestarle ayuda. Puede decirse que el federalismo de Lluch implicaba una evidente sintonía con el nacionalismo. Al viajar en automóvil de Donostia a ‘Tolosa del Llenguadoc’ (sic) -comentaba en un artículo en ‘La Vanguardia’ de 1995- se conmovió al cruzar Muret, el lugar de la batalla de 1213 en que, según sus palabras, se frustró una nacionalidad catalano-occitana. Su búsqueda de un enlace a cualquier precio con el nacionalismo es de sobra conocida, y al parecer llegó a adherirse a Elkarri, organización pacifista, pero también promotora con la constelación etarra de la campaña de desobediencia civil contra el Gobierno español. Era, pues, todo menos un españolista.

Algunos comentarios al día siguiente de su muerte dan posiblemente con la diana de una explicación para un atentado de apariencia tan contradictoria: vistos los excelentes resultados de división entre los demócratas que produjo el asesinato de Fernando Buesa, ETA ha decidido seguir golpeando brutalmente al PSOE. Lo que sucede es que ahora el sentido sería otro, aunque siempre para ahondar divisiones, impidiendo el enlace entre socialistas y peneuvistas que pudiera servir a la reconstrucción de una alianza contra el terror, desviando de paso a los segundos del camino trazado en Lizarra hacia el cual siguen manteniendo una asombrosa lealtad en el plano ideológico. ETA se ha dado cuenta de la inseguridad que preside palabras y acciones de muchos líderes del PSOE cuando abordan la cuestión vasca, empezando por Felipe González, y opta por agrandar la herida. Viene a decir que más allá de sus dictados, solamente cabe esperar la muerte. No acepta términos medios ni aproximaciones, por favorables al nacionalismo que pudieran parecer. Y menos la perspectiva de una superación de la actual divisoria entre nacionalistas y no nacionalistas.

Sería útil que los partidos democráticos se detuvieran por un momento a examinar esa lógica del comportamiento criminal de ETA. Para empezar, que de nada sirve buscar un distanciamiento de las posturas constitucionalistas, si no se convierte uno en peón de su juego al cien por cien. Segundo, que la inseguridad en la línea política y los signos de indeterminación constituyen un aliciente para que caiga una muerte tras otra sobre ese colectivo, cosa que está sufriendo ahora el PSOE. Tercero, que el gran obstáculo para el triunfo de la estrategia de ETA reside en la formación de alianzas entre demócratas, que la banda combate tanto ante una posible configuración general como en el plano de relaciones bilaterales. Y sobre todo, frente a quienes siguen soñando con una negociación, el asesinato de Lluch prueba que la fiera, es decir, ETA, no se satisface con la obtención de objetivos mínimos en la vía soberanista, como los que podían propugnar el profesor asesinado o Ibarretxe. Lo suyo es el todo o nada, rendición o resistencia democrática. Ella define con sangre el juego. No ofrece margen para el error.

Por eso sigue siendo lamentable la guerra de palabras entre los demócratas. Ni Aznar está solo en el mundo para trazar una política en que la colaboración del PSOE es imprescindible, ni Zapatero puede estar todos los días con declaraciones que deslegitiman la acción a la que dice prestar su apoyo. El mundo nacionalista da también aquí su ejemplo: obrar y callar.

Desobediencia civil, ciudadanía de 3ª y legión cóndor
Gustavo DE ARíSTEGUI La Razón 30 Noviembre 2000

Gustavo de Arístegui es diplomático y diputado por Guipúzcoa
Empiezo estas reflexiones por orden de aparición en la escena política de estos dos exabruptos políticos, que siéndolo tienen un significado político pero sobre todo jurídico y social, que conviene analizar. Estas cosas por ya excesivamente frecuentes indignan pero no sorprenden en España. Sin embargo, cuando se lo cuento a amigos y colegas extranjeros, como me acaba de ocurrir en Munich, se creen que exagero o que les estoy tomando el pelo, y lo peor de todo es que en países democráticos suena a charada o exageración lo que en nuestro país es una dramática, además de anacrónica, realidad en los umbrales del siglo XXI.

    Pero comencemos con la desobediencia civil, instrumento que ha sido calificado de «legítimo y democrático» por parte de dirigentes de PNV y EA. Sin embargo, lo que no dicen, y me temo que no porque no lo recuerden, es que la desobediencia civil es un instrumento legal y legítimo cuando se practica como defensa ante un gobierno dictatorial y tiránico , que no garantiza los derechos y libertades fundamentales de sus ciudadanos. Ése no es nuestro caso. Conviene recordarlo por enésima vez, España tiene una de las constituciones más avanzadas del mundo, uno de los sistemas jurídicos que más y mejor defiende los derechos y libertades fundamentales, tenemos un sistema legal profundamente garantista y una efectiva y real separación de poderes. Pero además, somos una de las democracias más y mejor descentralizadas del mundo, incluso si se nos compara con países federales, aunque hayamos partido de circunstancias muy distintas a las de aqueéllos y sin duda más difíciles, y ése es uno de nuestros mayores méritos.

    En este contexto la desobediencia civil, defendida por EA y legitimada por algunos miembros del PNV, no sólo es una irresponsabilidad política e institucional de consecuencias mucho más graves de lo que podemos imaginar, sino que además es una afrenta a nuestra democracia, nuestras instituciones, y para la larga lucha que cada ciudadano ha hecho y sigue haciendo, para hacer de nuestra convivencia democrática un proyecto indeleble.

    Si el Consejero de Justicia del Gobierno Vasco, señor Intxaurraga de EA es uno de los máximos responsables de defender las instituciones democráticas vascas, y el cumplimiento de la ley, tiene, tras el apoyo de su partido a la manifestación en pro de la desobediencia civil convocada por el entorno terrorista, dos opciones: dimitir de su puesto o darse de baja de un partido que, como el suyo, defiende la ley de la selva, que ésa sí, nos puede llevar a la confrontación civil. Todavía mas grave es el caso del director de Derechos Humanos del Departamento de Justicia del Gobierno Vasco, señor Martínez Leunda, de quien el señor Anasagasti dijo que es «una persona muy comprometida con los derechos humanos». Si el señor Martínez Leunda es capaz de participar en una manifestación con destacados miembros del entorno terrorista, es evidente que no parece demostrar demasiado compromiso con los derechos humanos de las víctimas de Eta, organización a la que EH no sólo no condena, sino que justifica y a la que sirve de apoyo, quizás mucho más que político.

    Comentario aparte merecen las declaraciones del presidente del PNV, señor Arzalluz, a la revista alemana Der Spiegel. Llegar a decir que se comparten los fines de Eta y que ésos son la liberación del pueblo vasco, es pura y simplemente un disparate. Somos muchos los vascos que no queremos ser liberados por el señor Arzalluz, y el hecho de siquiera insinuar que el País Vasco debe ser liberado, es deformar la realidad por motivos electorales, simplemente porque no necesitamos ser liberados de nada salvo de Eta.

    Lo que resulta insultante es que se diga que los vascos vayamos a ser liberados por los terroristas que tratan de esclavizarnos, someternos o eliminarnos. Lo que los vascos necesitamos es librarnos del repugnante yugo que intenta imponernos Eta, es de ellos de quienes tenemos que liberarnos, de Eta y su entorno cómplice.

    Me gustaría centrarme en las declaraciones del señor Arzalluz sobre los derechos de los que él llama inmigrantes. Esos inmigrantes son los que han hecho al País Vasco rico y pujante. Algunos se marcharon, porque tras haber contribuido de manera decisiva a la única construcción racional que yo entiendo, la de la convivencia en paz y creciente prosperidad, se sintieron rechazados por un gobierno que ha gobernado, y sigue gobernando, para sus votantes y no para todos los vascos.

    Es el momento de preguntarse cuál será el criterio que el Gobierno Vasco emplearía para retirar a algunos ciudadanos el derecho al voto -el sólo escribirlo me da escalofríos- obviamente no sería por medio de un inaceptable criterio «étnico», que tantas veces emplea el señor Arzalluz, porque aún así estoy convencido de que perdería las elecciones. Es posible que lo intentase concediendo el voto a los ciudadanos que se declaren nacionalistas, y como la realidad es tozuda, es evidente que no todos lo somos, razón por la que el señor Arzalluz quiere eliminar nuestros votos, para que así pueda gobernar sin oposición, sometiendo a por lo menos la mitad del pueblo vasco a la humillación de ser ciudadanos incompletos por no comulgar ideológicamente con sus postulados.

    Lo que nos ofrece a los vascos no nacionalistas la cúpula dirigente del PNV con su presidente a la cabeza, seamos o no «inmigrantes», es una ciudadanía de tercera, no de segunda, ya que siendo ciudadanos de pleno derecho, nos hará renunciar a nuestros derechos plenos a cambio de vivir en paz por un tiempo, ya que vivir sin plenos derechos es tanto como claudicar ante el terror, lo que equivale a ser una subespecie de ciudadanos. Este «chamberlainismo» político es inaceptable, los vascos, todos los vascos, tenemos que defender nuestra plena igualdad ante la ley, los derechos de unos y de otros. Nosotros, los no nacionalistas, los constitucionalistas, lo haríamos por ellos en la imposible, más que improbable, eventualidad de que los nacionalistas se encontrasen en la misma circunstancia que nosotros.

    El presidente del EBB no deja de sorprendernos, habló en un momento dado de la «Brunete mediática» y ahora compara a los medios que «osan» criticar sus posturas y las de los actuales dirigentes del PNV, con la «Legión Cóndor», tristemente famosa por el terrible bombardeo de Gernika. ¿Es que tanta ignominia no tiene fin? ¿Hay algún otro caso de descalificación con grave riesgo para la integridad física para periodistas como éste en algún otro lugar del mundo democrático? ¿Es posible que se pueda tratar de conculcar de forma tan flagrante la libertad de expresión?

    Lo que no entiende el presidente del PNV, es que somos una creciente mayoría de vascos que no queremos una independencia que nunca tuvimos y que sería profundamente perjudicial para el País Vasco. Tampoco comprende que unas declaraciones como esas provocan el rechazo de muchos nacionalistas que, además de los no nacionalistas, piensan que por lejana o irrealizable que sea la situación que plantea Arzalluz, es muy, muy grave el que siquiera pueda haber pensado en crear una ciudadanía de 3ª sobre bases étnicas o ideológicas. Lo inaceptable es que lo diga, y tenemos que hacer todo lo posible para que el País Vasco sea de todos los vascos, no sólo de aquellos a los que el señor Arzalluz dé el aprobado en vasquismo o carta de naturaleza periodística.


Tiempos felices que no volverán
ROSA DÍEZ GONZÁLEZ El País 30 Noviembre 2000

¿Quién no recuerda los Pactos de la Moncloa? Años después, cuando el Gobierno socialista mantenía fuertes discrepancias con los sindicatos, muchos compañeros añoraban aquellos tiempos pasados. Se olvidaban de que lo que fue necesario y posible en la transición no era ni lo uno ni lo otro una vez finalizada ésta. Esta reflexión sobre tiempos pasados me viene al pelo para referirme a otra clase de nostálgicos -quizá los mismos- que andan queriendo escribir el futuro con ensoñaciones del pasado.

Empieza a ser últimamente común entre algunos socialistas -sobre todo de fuera del País Vasco- reivindicar con grandes dosis de añoranza aquellos tiempos en que PNV y PSE gobernábamos juntos en Euskadi. Se dice, y con razón, que aquellos años fueron muy buenos para el País Vasco y que trasladaron a la sociedad un mensaje de entendimiento y tolerancia extraordinariamente positivo.

Pero, amigos míos, aquellos tiempos no volverán. Los años no han pasado en balde, las cosas no han ocurrido porque sí y la sociedad vasca de 2000 no es la de 1986, año del primer acuerdo entre nacionalistas y socialistas.

En el año 1986 -y sucesivos pactos- los socialistas hicimos Gobiernos exigiendo, en el propio pacto de gobierno, lealtad constitucional. Lealtad del Gobierno para con las reglas de juego democrático. Para los socialistas era una condición imprescindible para el acuerdo, y al no exigirle al PNV que renegara de sus discursos anticonstitucionales ni de su cuestionamiento partidario al orden establecido se lo posibilitamos también a ellos. A cambio de que el Gobierno fuera leal "pasábamos" de pedir al PNV un pronunciamiento claro en esa materia. No olvidemos que en un momento en que la transición en Euskadi no había finalizado, involucrar al PNV en la lucha contra ETA, era el objetivo fundamental. Y lo conseguimos.

Pero hoy las cosas han cambiado. Lo que fue necesario para hacer la transición, es insuficiente para darla por finalizada. Hoy no es suficiente que el PNV disimule y calle algunas cosas que sigue pensando. Hoy, y en estas circunstancias, no es posible pactar con ellos si queremos tener un Gobierno vasco tan normal como la propia sociedad que hemos constituido.

Porque si durante doce años la apuesta de pactar con el PNV fue una apuesta política en clave de Estado, necesaria para moderar y articular la sociedad vasca, incorporando al PNV al consenso democrático, hoy la apuesta de Estado de los socialistas vascos ha de ser dejar al PNV en la oposición. Sí, lo digo con toda claridad, y desde el convencimiento de que este país no culminará la transición hasta que la alternancia entre nacionalistas y no nacionalistas no sea algo tan normal como lo es la alternancia entre la derecha y la izquierda en el conjunto de España. Claro que para que algo nuevo se convierta en normal, ha de dejar de ser nuevo y ha de dejar de dar miedo.

El fin de la transición no empezará, como algunos piensan, cuando ETA desaparezca. No; primero normalizaremos las relaciones políticas y después, desde la fortaleza de una democracia asentada y segura, ETA empezará a ver su final según comience a perder la esperanza. Nadie duda de que cuanto más fuerte sea la democracia, más débil será ETA. Pero no fortaleceremos la democracia mientras sigamos pensando que hacen falta actuaciones extraordinarias y/o Gobiernos de salvación en el País Vasco, sea cual fuera el resultado de las urnas.

Hablemos claro. ¿Nos creemos o no que esta sociedad ha cambiado tanto que ve con absoluta normalidad un Gobierno del PP del PSE o del PNV?, o ¿seguimos pensando, acomplejados, que el PNV es el único partido que puede gobernar Euskadi mientras exista ETA?, ¿y si ETA no deja de existir mientras gobierne el PNV?, ¿no puede ser que haya cambiado más la sociedad vasca y española que sus dirigentes? ¿Seguimos teniendo miedo de que se acabe en Euskadi el tutelaje de los nacionalistas? Yo no, y me atrevo a decir que los socialistas vascos tampoco. Y más aún: me atrevo a decir que la inmensa mayoría de los vascos, tampoco.

Los vascos queremos un cambio real. Y el cambio en Euskadi -país en el que ha mandado el PNV desde siempre-, es que ese partido pase a la oposición. Los vascos queremos que los dirigentes del PNV dejen de decirnos que nos tratarán como a alemanes en Mallorca o portugueses en Dinamarca. Y creemos que la única manera de que eso ocurra es que el PNV se vaya a la oposición.

Los vascos sabemos que Arzalluz seguirá mandando en el PNV mientras el PNV mande en Euskadi. Y aunque no fuera más que por eso, para que Arzalluz deje de mandar en este país a través de lo que manda en su partido, debiéramos de tener claro la estrategia a seguir.

He empezado este artículo recordando los Pactos de la Moncloa porque los nostálgicos del acuerdo con el PNV me recuerdan a los nostálgicos de esos pactos. Unos y otros, como diría Tagore, de tanto suspirar de noche por el sol, no disfrutan de la luz de las estrellas. Unos y otros, tan cómodos en el recuerdo de lo conocido, no son capaces de disfrutar de una nueva sociedad más libre, que requiere también nuevos ojos y nuevas recetas para seguir caminando.

Nada hay más frustrante que la nostalgia de un pasado que no volverá. Es totalmente inútil y produce melancolía. Claro está que si la nostalgia se centra en cuestiones inocuas o si la practican quienes no están llamados a tomar decisiones, no deja de ser una forma como otra cualquiera de perder el tiempo. Ahora bien, si embarga a gentes con responsabilidades, que deciden sobre la forma de vida de muchos ciudadanos y sobre las bases en las que hemos de cimentar nuestro futuro, puede llegar a ser peligrosa.

Por eso pediría a los nostálgicos que se den una ducha de realismo. Que se vengan al País Vasco. Que se queden aquí un tiempo. Que convivan con la gente de los pueblos. Que escuchen los silencios cuando se habla de política. Que escuchen las palabras cuando se grita libertad. Que pregunten a los jóvenes sobre sus aspiraciones. Que matriculen a sus hijos en nuestros centros escolares y les digan que cuenten que sus padres son socialistas. Que busque en los pueblos a los cientos de votantes anónimos no nacionalistas, a ver si encuentran uno que se les identifique. Que pregunten a la gente sencilla qué es para ellos el cambio, quién les quita la libertad, qué hay que hacer para salir de una vez de este laberinto sin volver a entrar de nuevo en él.

Sé que les dirán que estamos hartos del PNV, que nos ahoga su prepotencia, que nos abruma su traición. Les dirán que merecemos ser tratados como un país normal, que elige a sus dirigentes sin primar al que lo ha hecho mal, pero tiene un amigo que aún lo haría peor y además tiene pistola. Les dirán que lo que ellos -los de la nostalgia- llaman confrontación, nosotros lo llamamos firmeza en la defensa de los principios. Les dirán que ya somos mayores, que nos dejen elegir lo que queremos ser y hacer.

Y si encuentran a alguien lo suficientemente "quemado" o con el suficiente desparpajo, quizá les diga: "Oye, y si queréis hacer eso, veniros aquí y lo hacéis vosotros". Y luego, el que salga el último, que apague la luz y cierre la puerta.

Rosa Díez, eurodiputada, es presidenta de la delegación de los socialistas españoles en el Parlamento Europeo.

Condiciones para el diálogo
Amando DE MIGUEL La Razón 30 Noviembre 2000

Lo primero que se le ocurre a uno, ante un conflicto, es que «es imprescindible dialogar». Pero la solución es demasiado simple. El diálogo requiere algunas condiciones.

    La primera, radicalmente excluyente, es que una de las partes no amenace a la otra o no se alíe con los que amenazan, que viene a ser lo mismo. Es imposible dialogar con el asesino de uno, o, sin llegar a tanto, con el que pretende hacer daño. Lo cual nos lleva a la condición fundamental, que es la aproximada condición de igualdad entre las partes tratantes. El principio de igualdad se puede quebrar por una diferencia sustancial de poder o porque una de las partes pretenda representar una posición que no tiene. Si no se cumple la condición igualitaria, el resultado puede ser un mayor encono del conflicto que se quiere dirimir.

    Siempre se ha dicho que «hablando se entiende la gente». O no. Puede que, si se incumplen las condiciones para el diálogo fructífero, la salida sea un conflicto todavía mayor. No se olvide que la mayor parte de los agravios se canalizan a través de palabras. Claro es que también las palabras pueden amortiguar las tensiones. No hay que hablar por hablar, sino saber convertir las espaldas en arados, como dice la Biblia.

    A veces hay un simulacro de diálogo cuando se quiere que la parte amenazante se olvide de la acción violenta. Es el caso de las conversaciones que se tienen con los secuestradores. Mientras se negocia, no se mata. Pero hay que tener mucho cuidado con lo que se conversa, no vaya a ser que los secuestradores del caso se exalten todavía más.

    La petición de diálogo es sospechosa cuando la demandan los que amenazan (y no digamos si ejecutan). En ese caso lo que quiere decir es que la autoridad ceda a las pretensiones de los que ejercen la violencia. Esa cesión podría ser moral si es para evitar un mal mayor, pero sería un desastre si con ella se agrava el sufrimiento de los inocentes.

    Vayamos al caso que a todos nos tiene en vilo. Dialogar con el PNV, por parte del Gobierno de España, significa reconocer una igualdad en el interlocutor que no tiene. Por otra parte, de modo latente, hay algo positivo en esa petición de diálogo. El PNV se coloca en la parte que representa a los terroristas (aunque los considere patriotas), por lo que deja de ser legítimo. Es el peor camino para solicitar la independencia de su territorio y de otros dos adyacentes.

    Resulta extraño que se pida «diálogo entre los partidos democráticos» cuando todos ellos están alojados en las Cortes Españolas o en el Parlamento Vasco. ¿Por qué no dialogan en esos lugares? En ellos se cumple la condición básica de la igualdad. Están acondicionados para que el diálogo sea público y pacífico.

¿Por qué y cómo se llega a ser terrorista?
ENRIQUE ECHEBURÚA El País  30 Noviembre 2000

Era el 7 de mayo de este año, un domingo de primavera. José Luis López de Lacalle, fundador del Foro de Ermua y veterano militante izquierdista encarcelado durante el franquismo, caía muerto por las balas de ETA junto a su casa, cuando venía de comprar los periódicos. Horas después aparecían unas pintadas vejatorias en diversos muros de su pueblo, Andoáin, con el siguiente texto: " De Lacalle, jódete, asesino ".

Resulta difícil imaginar cómo se puede llegar a semejante extremo de crueldad y de indiferencia (cuando no de alegría) por el dolor ajeno. A la mayoría de las personas les repugna el ejercicio de la violencia. Ello tiene que ver con un compromiso ético consciente, pero también, de una forma más primitiva, con el desarrollo emocional del ser humano. Ya desde una fase temprana, en el transcurso del proceso de socialización, los niños adquieren la capacidad de empatía, es decir, la aptitud de ponerse en el lugar del otro para comprender mejor lo que piensa y siente y lo que puede originarle sufrimiento.

Más allá del Código Penal (circunscrito a un reducido número de conductas punibles), lo que regula realmente el comportamiento humano e impide la transgresión de las normas válidas de convivencia es la conciencia moral. La vulneración de un principio ético genera una sensación de malestar emocional profundo: el sentimiento de culpa o de vergüenza por lo realizado. De este modo, la función adaptativa de la culpa consiste en la evitación de las situaciones que la generan o en las conductas de reparación, cuando se reconoce haber hecho algo mal, para eludir el remordimiento experimentado.

Sin embargo, en algunas personas este proceso está alterado. En concreto, las personas fanáticas, que se adhieren de una forma acrítica a una idea política y la siguen dogmáticamente con exclusión de toda información incongruente con ella, se caracterizan por una falta de empatía para sensibilizarse con el sufrimiento ajeno y por una ausencia de remordimiento cuando son ellas quienes lo generan. En estos casos, la militancia política y la creencia ciega en unos ideales patrióticos, con una fe del carbonero, constituyen ideas sobrevaloradas, que ocupan un lugar muy importante en sus pensamientos, impregnan afectivamente su vida y ejercen una acción tiránica sobre su conductas.

El fanatismo lleva en sí el germen de la violencia. Estar en la certeza de una idea supone intentar imponérsela a los demás. En cierto modo, los terroristas se sienten héroes, miembros escogidos de una vanguardia de élite, que tienen como tarea una misión trascendente que justifica la muerte de los enemigos. Sólo así se explica la importancia concedida a sus acciones por el propio sujeto, que le lleva a minusvalorar el dolor de los demás, a considerarlo, en todo caso, como un mal necesario para la consecución de un objetivo superior, a ser insensible al rechazo social mayoritario y, en último término, a sobrevivir sin sentirse atormentado por sentimientos de culpa.

Estas ideas sobrevaloradas, que son muy persistentes, suelen ser compartidas por el microgrupo de personas al que se incorpora o del que procede el fanático. Sólo un grado alto de obcecación puede mantener, sobre todo si coincide con un nivel cultural bajo, una percepción tan distorsionada de la realidad y la incapacidad de un juicio crítico. El fanatismo recluye a una persona en una prisión interior y es irreductible al razonamiento lógico, al que sólo se llega -y no siempre- cuando surgen circunstancias vitales dramáticas: la detención y el encarcelamiento; la muerte de un compañero en la lucha, etcétera.

Si, como es obvio, nadie nace fanático, ¿cómo se produce entonces el lavado de cerebro ? Es decir, ¿dónde se fragua esa distorsión de la realidad que da lugar a un espejo deformante del mundo social y que lleva a generar victimismo y odio en personas que han nacido en un régimen democrático y no han conocido la dictadura? En primer lugar, hay ciertos factores psicológicos de riesgo: la inmadurez y la dependencia emocional, en unos casos; la impulsividad y la búsqueda de emociones fuertes, en otros; o, por último, la personalidad paranoica (caracterizada por la rigidez de pensamiento, la desconfianza patológica, el orgullo exagerado, la pobreza afectiva y la agresividad irascible). Es decir, el fanatismo encuentra un caldo de cultivo adecuado en la inmadurez emocional de muchos adolescentes, que pueden resultar fácilmente manipulables.

En segundo lugar, un factor importante son las frustraciones diversas acumuladas en la vida cotidiana, que generan una baja autoestima y de las que se responsabiliza a otros, junto con un vacío moral. Sentirse protagonista en un grupo terrorista o violento, estimulado por el riesgo y la clandestinidad y aupado por ciertos medios de comunicación, puede resultar muy atractivo cuando en la vida civil (familia, estudios, amigos...) una persona se siente mediocre. Las insatisfacciones personales de toda índole encuentran fácil acomodo en los ideales patrióticos exaltados, que dan cobertura al resentimiento y a la violencia. En cierto modo, lo que ETA y la kale borroka tienden a acoger en su seno son, en general, personas desplazadas (gente de poca edad, inestable emocionalmente, mal socializada, con carencias culturales graves, etcétera), que en otras sociedades tienden a formar parte de movimientos marginales, con la expectativa idealizada de que el ejercicio de la violencia y el logro de los objetivos revolucionarios van a traer consigo la solución a sus problemas personales.

En tercer lugar, hay que tener en cuenta el papel crucial de la familia y de la educación escolar, que en los años decisivos de formación del niño pueden fomentarle un nacionalismo exaltado, una visión deformada de la historia y una atribución externa de los males propios a los enemigos exteriores (léase, España). Todo ello se hace aún más presente si el adolescente cuenta con algún familiar, amigo o vecino preso, al que se califica como héroe en su entorno (sobre todo, si es un pueblo pequeño).

Y en cuarto lugar, puede resultar determinante la cuadrilla de amigos, que genera un contagio emocional y con quienes se comparten jornadas de lucha y de juerga: todo ello contribuye a crear unos lazos emocionales sólidos. La cuadrilla, fuertemente cohesionada, ofrece a cada miembro una vida organizada, unos planes de fin de semana y una lista de actividades estructuradas, que le hacen a cada persona sentirse responsable y motivada y que le deparan aprobación continua del grupo por su contribución a la causa.

Lo que contribuye también a fomentar en el adolescente un nacionalismo radical, en el que se exalta el comportamiento emocional en detrimento del racional, es la presencia de unos símbolos de identificación: una determinada estética en la indumentaria; las banderas y pegatinas de distintos tipos; los himnos y la música adecuada en cada caso; los homenajes a los presos excarcelados o a los terroristas muertos; los días de la patria; las jornadas de lucha; las manifestaciones reivindicativas... Todo ello suele ir acompañado de una coreografía y puesta en escena muy cuidadas.

Pero esta visión deformada de la realidad -victimista y cargada de odio- necesita ser realimentada para contrarrestar el sentir mayoritario de la población. Lo que la mantiene es la presencia de una cuadrilla cerrada, impermeable a la influencia del exterior. El grupo se consolida cuando sus componentes acuden sólo a determinados lugares (los gaztetxes) o bares (las herriko tabernak), siguen las directrices políticas de la prensa sectaria (Gara), forman parte de las organizaciones extremistas (Jarrai, Ikasle Abertzaleak), participan en las mismas jornadas reivindicativas y se divierten e incluso emparejan entre ellos mismos para que no haya contaminaciones ideológicas. Esta exaltación nacionalista propicia el paso a la acción en forma de conductas de vandalismo, que contribuyen a fortalecer el fanatismo de los sujetos: consiguen una intensa excitación emocional; obtienen la aprobación y el reconocimiento de los miembros del grupo en función de la heroicidad desplegada; logran una atención destacada en los medios de comunicación, con el valor añadido de que los partidos democráticos andan a la greña, y se quedan con una sensación de impunidad porque, en general, sus acciones les salen gratis. Todo ello fomenta un tono de arrogancia y de estar en posesión de la verdad. De este modo, no es de extrañar que las proezas sean cada vez más frecuentes, denoten mayor arrojo y sean más destructivas.

¿Cómo se puede prevenir esta espiral endiablada de violencia y fanatismo que supone una grave enfermedad moral y un envilecimiento de la vida cotidiana? Los problemas complejos no responden a soluciones simples. Pero, en cualquier caso, la familia y la escuela desempeñan un papel de primer orden, porque es ahí, en la infancia y en la adolescencia, en donde arraigan las actitudes de intolerancia que luego van a ser muy difíciles de erradicar. La educación debe inculcar activamente en los niños una convivencia basada en el cariño, en el ejercicio de la racionalidad, en la tolerancia y en los valores democráticos, de los que deben dar ejemplo, en primer lugar, los propios padres y educadores en la vida diaria y en la resolución de los conflictos cotidianos. Asimismo se debe ser combativo intelectual y moralmente contra la violencia. No es de recibo, por ejemplo, que la oleada actual de atentados, con su reguero de muertes y familias destrozadas, no sea objeto de comentario y de reflexión directa por parte de muchos educadores, que optan, en el mejor de los casos, por un prudente silencio cuando educan a los niños y adolescentes en los colegios del País Vasco.

No es menor la responsabilidad de los líderes y gobernantes. Los problemas políticos hay que plantearlos de forma resoluble en términos democráticos, no de un modo confuso, como cuando se apela a una cuestión de carácter para justificar la violencia de los vascos o a la esencia del pueblo vasco (el Rh negativo, en su versión étnica) para plantear reivindicaciones sin fin. Asimismo hay que evitar las declaraciones incendiarias, la mistificación de la historia y el cultivo habitual del victimismo, que, al generar sistemáticamente frustración, pueden tener una influencia nefasta en las personalidades infantiles de mayor riesgo. Porque de árboles sacudidos con saña caen nueces..., pero podridas.

Enrique Echeburúa es catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco.

Discreción + prudencia = eficacia
Por Ignacio Villa Libertad Digital  30 Noviembre 2000

El posible pacto antiterrorista, que buscan y pretenden el PP y el PSOE, tiene la suficiente importancia y relevancia como para pedir a las dos partes discreción y prudencia en el trabajo que están realizando. El resultado final lo conoceremos en los próximos días. Aquí no está en juego, en ningún caso, un puñado de votos. Tampoco se busca una buena proyección en la opinión pública. Aquí lo que se pide es trabajar sin hacer ruido para que los dos grandes partidos nacionales fabriquen una alternativa, una fórmula política para que salga adelante el País Vasco.

Es cierto que desde las dos partes, detrás de aparatosas declaraciones, reconocen que los cauces de diálogo están abiertos con fluidez y que se está trabajando con seriedad en un documento de síntesis. Esta es desde luego una oportunidad que no se puede desaprovechar. Es necesario demostrar que el PP y el PSOE se pueden entender cuando el bien común lo hace necesario.

Y parece necesario que, además de trabajar, las dos partes moderen la tensión que en ocasiones exteriorizan. No tienen que demostrar nada a nadie. Se tienen que demostrar a sí mismos que son capaces de administrar una situación complicada, y que son capaces de ponerse de acuerdo dejando de lado partidismos y egoísmos.

Sólo se pide al PP y al PSOE que no ofrezcan ningún espectáculo. Es necesario que calibren, convenientemente, sus actitudes. Estamos jugando con fuego. Y sí no son capaces de entenderse y construir juntos un proyecto para el País Vasco, entonces los electores pasarán factura.

¡Por favor!, sólo se pide discreción, entendimiento y seriedad. Tres condiciones que se resumen en una interpretación: eficacia.


Lealtades
JOSEP RAMONEDA El País   30 Noviembre 2000

La predestinada candidatura de Mayor Oreja a lehendakari es perfectamente coherente con la política antiterrorista de Aznar. La estrategia de firmeza del presidente tiene dos patas: la ideológica, unidad de España en torno a la Constitución, y la práctica: prioridad absoluta a la vía policial. Convertir al ministro del Interior en lehendakari es la manera más directa de cerrar el círculo estratégico del PP. Toda política antiterrorista, pero muy especialmente la centrada en lo policial, sufre un deterioro directamente proporcional al aumento de la actividad criminal de los terroristas. Cuando ETA mata mucho y la policía detiene a pocos activistas, las dudas se adueñan de la opinión pública. Al no haber trabajado el diálogo con los demás partidos, no queda siquiera el consuelo de la unidad democrática para combatir la sensación de desamparo y pesimismo.

La apelación al diálogo que surgió de la manifestación de Barcelona no es más que la expresión del desasosiego de ver que la llamada firmeza del Gobierno no alcanza a frenar la ofensiva terrorista. Algunos han querido minimizar el carácter de interpelación al Gobierno, otros han visto en ella una manipulación de dos demonios socialistas: el de siempre -Felipe González- y el que va a camino de hacerle la competencia en perfidia y maldad -Pasqual Maragall-. Las encuestas de opinión publicadas estos días demuestran que de conspiración ninguna, que está en la opinión pública -y no sólo en la catalana- la necesidad de explorar vías de diálogo que acaben con las fracturas que el terrorismo ha provocado entre los partidos democráticos.

Diálogo, ¿con quién y para qué? Diálogo para recuperar la mínima lealtad exigible entre partidos democráticos. La lealtad, en democracia, se objetiva en torno a las reglas del juego. El PNV la rompió -y la rompe todos los días- con el doble juego de gobernar las instituciones con una mano y suscribir el pacto de Estella o la desobediencia civil con otra. Pero el PP también la quiebra cuando le niega al PNV el derecho a defender democráticamente su programa de máximos: autodeterminación e independencia. La lealtad exige que el PNV acepte que frente al terrorismo de ETA no hay, en este momento, otro marco que la Constitución y el Estatuto. Pero exige también que el Gobierno del PP reconozca al PNV la legitimidad de plantear sus objetivos máximos por cauces democráticos una vez el problema de la violencia haya terminado. Con esta doble legitimidad quedaría claro que ETA es un obstáculo incluso para los objetivos independentistas del nacionalismo vasco. En condiciones normales, la apuesta por la autodeterminación y la independencia no es antidemocrática. Lo que es antidemocrático es hacer un censo de vascos, con criterios étnicos para discriminar a los ciudadanos vascos, es decir, para construir un país sobre la exclusión y la xenofobia.

Se acusa a menudo a los partidos -y al Gobierno del PP en particular- de situar los intereses partidistas por encima del objetivo del fin del terrorismo. No vamos a perdernos en discursos angelicales que sólo sirvan para adornar al que los pronuncia. Evidentemente el Gobierno del PP cuando diseña su política antiterrorista calcula las consecuencias electorales que le pueda acarrear, pero el PSOE hace lo mismo -¿o es por pura virtud que oscila entre el PP y el PNV en función de los acentos de coyuntura?- y el PNV no hace falta contarlo. Es demasiado tarde para creer en los Reyes Magos. En democracia triunfa quien es capaz de unir los intereses propios con los intereses de la mayoría. Son, por tanto, los electores los que castigan la cortedad de miras partidista. Pero lo que no es admisible -y es desleal- es poner la política antiterrorista en función del programa de máximos de cada cual. Porque entonces se entra enseguida en las zonas de riesgo. La zona de los que piensan que hay que resignarse a un terrorismo de intensidad moderada porque es el precio para que Euskadi no sea independiente. O la zona, en el otro lado, de los que piensan que, en el fondo, el terrorismo empuja hacia el mismo fin. Son estas sombras las que deberían disiparse con el diálogo.

Hay dos frentes y dos tiempos. En el primer tiempo, PP, PSOE y PNV deberían estar en el mismo frente contra la violencia. Después, en un segundo tiempo, sin violencia, lógicamente unos y otros estarán en frentes distintos. Lo peligroso es querer estar en los dos frentes a la vez y querer pasar al segundo tiempo antes de que acabe el primero.

El Gobierno vasco concede permisos a sus trabajadores para ir a ver a presos etarras
El PP cree que es un «peaje político» del PNV al entorno de Eta en aras de la independencia
Los trabajadores del Servicio de Salud vasco disfrutarán de permisos ilimitados y retribuidos para poder visitar a los presos de la banda terrorista Eta, según un acuerdo de regulación que el Gobierno vasco firmó con los sindicatos el pasado mes de julio. Dicho acuerdo prima a los que van a hacer un «vis a vis» con un etarra y discrimina a los comprometidos con una tarea humanitaria. El PP ha presentado una batería de preguntas en el Parlamento vasco exigiendo explicaciones sobre una decisión que se enmarca en el «peaje político» del PNV al entorno social de Eta».
C. M. - Madrid .- La Razón  30 Noviembre 2000

Los trabajadores del Servicio de Salud vasco, Osakidetza, pueden disfrutar de permisos ilimitados y retribuidos para visitar a presos de Eta, según el nuevo convenio laboral suscrito el pasado mes de julio por Sanidad con varios sindicatos. El Gobierno vasco dispone del control de las competencias sanitarias desde 1998.

En dicha negociación se acordó introducir dentro del denominado «permiso por asuntos propios», regulado en el artículo 44 del acuerdo citado, un permiso para visitar a parientes que están cumpliendo penas privativas de libertad, dirigido a los delincuentes que cumplen penas por su participación en actos terroristas.

    Esta nueva modalidad de «permiso por asuntos propios» determina que no haya limitación en la duración del permiso retribuido, dado que en este supuesto se permite la recuperación. Extremo, en cambio, no contemplado en el régimen general del permiso.

    Hasta ahora, el habitual permiso que, con frecuencia, se destinaba a actividades humanitarias, tenía una duración acumulada de tres meses cada dos años, sin derecho a ninguna retribución.

    Según denunció ayer el portavoz del Grupo Popular vasco, Leopoldo Barreda, el acuerdo firmado por Sanidad introduce un trato discriminatorio para los comprometidos con una tarea humanitaria frente a las «primas descaradas que se conceden a los que van a hacer un “vis a vis” con un etarra».

    Por ello, ha inscrito en el Registro de la Cámara Vasca una batería de preguntas exigiendo al consejero de Sanidad, Gabriel Inclás, explicaciones.

    A su juicio, «los acuerdos que el Gobierno vasco fue alumbrando con los grupos y fuerzas políticas y sociales que simpatizan con Eta siguen su curso para mayor gloria de sus firmantes y en aras de la llamada “construcción nacional”. Un ejemplo de esto lo ofrece un acuerdo de regulación de condiciones de trabajo para el personal de Osakidetza, que firmó en julio el Departamento de Sanidad con determinados sindicatos».

    Barreda insistió en «el trato discriminatorio que va a sufrir el habitual “permiso por asuntos propios” que se concede de forma subordinada a las necesidades del servicio, por un tiempo limitado y sin retribución, con el fin, frecuentemente, de atender a labores humanitarias, a través de ONG's o la atención a enfermos».

    «Una discriminación clara por cuanto el nuevo acuerdo va a primar de una forma exagerada e injustificada a quienes vayan a hacer un “vis a vis” con terroristas que cumplen condena. El peaje que se paga con esta “novedad” a los colectivos cercanos a Eta», concluyó.

Iturgaiz llama a los nacionalistas «liquidacionistas del Estado»
MADRID. J. P. ABC   30 Noviembre 2000

El presidente del PP del País Vasco, Carlos Iturgaiz, denunció ayer que «ETA y los dirigentes del PNV no quieren la paz sin contenidos porque quieren la independencia» y acusó a los nacionalistas de convertirse en «liquidacionistas del Estado» porque buscan cambiar el marco legal.

Iturgaiz, que intervino en el Club Diálogos para la Democracia, denunció que el Ejecutivo de Ibarretxe es «incapaz de garantizar la libertad de todos los vascos» y, así, subrayó que «es el único gobierno del mundo que tiene a toda la oposición con escolta», mientras que quienes siguen el discurso de Arzalluz no están en ninguna lista de ETA. En este sentido, dijo que muchos ciudadanos no nacionalistas no viven como «alemanes en Mallorca», sino como «judíos en la Alemania de los años cuarenta».

También denunció que en esa nueva imagen que ahora pretende dar el PNV hay «trampa», porque mantiene pactos con EH, como en Udalbiltza, Estella y algunos ayuntamientos. «Arzalluz ha reconocido que su objetivo es el reencuentro con ETA y EH», recordó Iturgaiz y dijo que con sus declaraciones, en el sentido de que la paz sólo llegará con la independencia, el presidente del PNV «está apostando por las tesis de ETA». En su opinión, «Arzalluz es lo que más se parece a un bombero pirómano, diciendo no a ETA, pero al mismo tiempo deseando el reencuentro con la banda». Asimismo, reprochó el uso que los nacionalistas hacen de ETB a la que llamó «telelizarra».

Calificó de «lamentable y bochornosa» la negativa de Fidel Castro a condenar a ETA e invitó al «dictador» a visitar el País Vasco «para que vea la falta de libertad que hay por culpa de los terroristas a quienes ha intentando echar un balón de oxígeno».

El Gobierno y el PSOE abren consultas para un pacto sobre el País Vasco y contra ETA
El PP mantiene su postura respecto a la exclusión del PNV, aunque expresa voluntad de consenso
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País   30 Noviembre 2000

Representantes del Gobierno y del PSOE abrieron ayer una fase de consultas para tratar de consensuar un texto sobre la lucha antiterrorista y la situación del País Vasco. El martes por la noche, los socialistas enviaron a la Presidencia del Gobierno su respuesta al texto entregado esa misma mañana por el PP. El nuevo documento del PSOE une a su propuesta inicial de lucha contra el terrorismo una parte del documento del PP, pero evita la propuesta de los populares para excluir al PNV. El Gobierno, que no rechaza la posible firma del acuerdo, confirmó ayer su voluntad de abrir una negociación con el PSOE para encontrar una síntesis. El vicepresidente Mariano Rajoy señaló: "Lo importante es que haya acuerdo. La firma es secundaria".

El secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, y el diputado e interlocutor socialista con el Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, mantuvieron ayer una conversación telefónica en la que el representante del Ejecutivo, además de confirmar que había recibido el texto del PSOE, acordó con el representante del primer partido de la oposición abrir un periodo de consultas. "Vamos a trabajar". Fue la frase pactada entre Zarzalejos y Rubalcaba.

Sobre la mesa figuran el texto del Gobierno, que el PP hizo público el lunes en una conferencia de prensa, y el nuevo escrito del PSOE, que recoge el contenido del documento remitido al Ejecutivo hace 15 días y la respuesta a las siete preguntas formuladas por los populares.

Las posiciones del Gobierno y el PSOE siguen inamovibles, pero la novedad estriba en que existe una voluntad declarada por ambas partes de alcanzar un acuerdo sobre la lucha antiterrorista, en un escenario en el que ETA ha cometido ya 21 asesinatos desde la ruptura de la tregua, hace ahora un año.

El principal obstáculo sigue siendo cómo plantear la relación con el PNV. Los socialistas mantienen la pretensión de no marginar inicialmente a los nacionalistas de un acuerdo tras las elecciones vascas, mientras que el Gobierno central insiste en que "no es defendible abrir nuevos periodos de prueba" para un partido, el PNV, que ya que "no es presentable ni coherente".

Los socialistas, al incorporar a su texto una parte de la propuesta del Gobierno —cinco de las siete preguntas y la matización de una sexta interrogante— asumen abordar con el Gobierno no sólo la lucha antiterrorista sino la situación del País Vasco, tal y como pretendía el Ejecutivo. El PSOE ha incorporado esa parte del texto del Gobierno a su propio documento, aunque no en forma de preguntas, sino de principios.

Así, el nuevo texto del PSOE incorpora la defensa de una opción política de libertad para el País Vasco, que haya un impulso cívico en defensa de los mejores valores de Euskadi y una petición de rectificación al PNV.

Compromiso común
En la nueva propuesta socialista se pretende fijar un compromiso común entre el PP y el PSOE para que, gobierne quien gobierne, ETA sepa que nunca logrará sus reivincaciones políticas por las armas; una reclamación a los Gobiernos central y vasco para que aumenten su coordinación; la consulta de todas las iniciativas en política penitenciaria, en la acción judicial y en la colaboración internacional; una reflexión sobre el tratamiento de los medios de comunicación públicos sobre el fenómeno terrorista y del papel de las manifestaciones contra ETA y la consulta de la respuesta a las declaraciones del nacionalismo.

El PSOE trata también de que el Gobierno flexibilice su posición con el PNV, en la perspectiva del horizonte que se abra en el País Vasco tras las elecciones autonómicas. PP y PSOE coinciden en la necesidad de adelantar esos comicios y apremian al lehendakari, Juan José Ibarretxe, a disolver el Parlamento.

"El eje del pacto deben ser el Gobierno y el PSOE, y cuanto antes, para compartir la política antiterrorista. Y, después, se trata de facilitar su reincorporación al PNV, pero no ahora, sino tras las elecciones vascas, siempre que cumpla las exigencias de romper definitivamente con el Pacto de Lizarra, lo que hasta ahora no ha hecho", manifestaron fuentes socialistas. "Se trata de facilitar al PNV la salida del Pacto de Lizarra. Si no lo hace, será la responsabilidad del PNV y quedará fuera por su propia voluntad y no porque nosotros, Gobierno y PSOE, les hayamos marginado", añadieron.

En esta perspectiva, los socialistas pretenden que el Gobierno elimine del texto elaborado por La Moncloa la siguiente pregunta: "¿Estamos de acuerdo en que los nacionalismos vascos deben responder con todas las consecuencias de sus acuerdos con el secesionismo violento y la deslealtad que aún mantienen al consenso institucional y estatutario?". También matizan que la alternativa de libertad en el País Vasco pasa por las urnas, eludiendo cualquier referencia a un pacto previo entre los no nacionalistas.

Arenas cree ahora que el acuerdo es posible
JAVIER CASQUEIRO, Madrid

La dirección del Partido Popular se mostraba ayer más bien optimista tras recibir la noche anterior la respuesta a los siete interrogantes que José María Aznar planteó al PSOE sobre la situación política en Euskadi, el pasado lunes, a través del Comité Ejecutivo de su partido.

El secretario general del PP, Javier Arenas, que ayer charló un rato en el Congreso del Diputados con el parlamentario socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los interlocutores del PSOE con el Gobierno sobre política antiterrorista, auguró incluso que ese acuerdo podría producirse "en días o un par de semanas", al margen de cómo se plasme finalmente.

El PP interpreta de la respuesta del PSOE que ese partido está dispuesto ahora a discutir a fondo sobre más cuestiones de la situación política en Euskadi y no sólo de la estrategia antiterrorista. Los dirigentes populares tienen un documento, que complementa al escrito con los siete interrogantes, sobre la estrategia para actuar políticamente en el País Vasco.

En la dirección del PP se apuesta por que se pueda superar incluso el escollo relativo al requerimiento al PNV para que responda a su "error" de haber suscrito con el entorno político de ETA el Pacto de Lizarra.

Sobre todo si, como apunta el PSOE en sus propuestas al Gobierno, ese punto se suaviza con una redacción en la que se demande simplemente una rectificación clara de ese pacto que, como remachó ayer Arenas, "a día de hoy sigue vigente porque la Asamblea de cargos electos municipales sigue viva".

Los dirigentes populares entienden que no hace falta citar al PNV en el documento final consensuado con los socialistas y recuerdan que con los nacionalistas vascos, antes de Lizarra, el propio Gobierno del PP suscribió un pacto de legislatura.

El Congreso aprueba la reforma legal contra el terrorismo
El PNV califica las medidas de "innecesarias, simbólicas y electorialistas"
EFE El Correo 30 Noviembre 2000

El Pleno del Congreso aprobó hoy casi por unanimidad el proyecto de Ley de Modificación del Código Penal y de la Ley del Menor en relación con delitos de terrorismo, que incluye medidas consensuadas entre el PP y el PSOE como la de limitar a cinco años como máximo el internamiento para los menores de 16 años.

El texto fue aprobado con el apoyo del PP, PSOE, CiU y CC y rechazado por el PNV, IU y el Grupo Mixto porque consideraron que el actual sistema penal cuenta con instrumentos legales para luchar contra el terrorismo.

Tras la votación, el ministro de Justicia, Angel Acebes, se mostró satisfecho por el "gran respaldo" dado a esta reforma, que recoge "medidas eficaces y efectivas en la lucha contra el terrorismo en supuestos que crean una enorme indignación".

Acebes destacó la posibilidad de perseguir con más eficacia, por ejemplo, la exaltación de los delitos terroristas o de la propia banda armada, la humillación de las víctimas o el terrorismo urbano, "actitudes que, o no estaban penadas, o no lo estaban suficientemente" y que ahora acarrearán una responsabilidad penal.

El texto, que será remitido al Senado, contiene un conjunto de medidas para reforzar la lucha contra ETA, entre ellas, la creación de estos nuevos delitos y el incrementó de protección para los concejales acosados por la violencia terrorista.

Además, el proyecto fija un máximo de cinco años de internamiento en régimen cerrado para menores de 16 años y de diez años para los jóvenes de hasta 18 años.
En concreto, respecto a los menores, el Congreso apoyó hoy un conjunto de medidas que fueron consensuadas por el PP y el PSOE en la anterior Comisión de Justicia e Interior y respaldadas por CiU y CC, entre ellas, la duración de las penas de internamiento para estos jóvenes.

Estas medidas contemplan que los menores de 16 años acusados de terrorismo podrán ser condenados de uno a cuatro años de internamiento y los mayores de esta edad de uno a ocho años.

No obstante, la medida de internamiento en régimen cerrado podrá alcanzar una duración máxima de diez años para los mayores de 16 y de cinco años para los menores de esa edad cuando sean responsables de más de un delito, algunos de los cuales esté cualificado como grave y sancionado por prisión igual o superior a 15 años.

Durante el debate en el Pleno, el portavoz del PP, Andrés Ollero, destacó la unidad de todos los partidos contra el terrorismo y dijo que el proyecto es "positivo" y lo calificó como "una ley en defensa de las libertades de los derechos fundamentales" de los menores.

Para Ollero, el sistema penal actual es "insuficiente", por lo que defendió la necesidad de estas medidas que, opinó, no significa más represión para los menores.

El portavoz del PSOE, Javier Barrero, justifico su respaldo al proyecto "por responsabilidad y lealtad", aunque aseguró que "es posible que no sea el mejor, pero es necesario y oportuno en este momento" y pidió un "esfuerzo de diálogo a todas las fuerzas políticas" para lograr "un instrumento eficaz" contra el terrorismo.

Explicó que el PSOE con sus enmiendas "ha buscado la reeducación de los jóvenes, que no va en contra de la contundencia en la lucha contra el terrorismo", y se mostró partidario -al igual que el PNV- de que el internamiento se lleve a cabo en un centro próximo a su lugar de residencia y que sea controlado por un juez "para evitar que los menores de violencia callejera se conviertan en terroristas".

Manuel Silva, de CiU, señaló que el proyecto supone "una amarga necesidad" y contempla unas "medidas excepcionales a una situación excepcional", y destacó el hecho de que el Gobierno en el plazo de cinco años remita al Congreso un informe analizando los efectos de las reformas que afectan a los menores.
Luis Mardones, de CC, mostró su apoyo con "claridad y contundencia" al proyecto porque, dijo, produce un efecto "disuasor" a los terroristas que, a su juicio, tratan de utilizar el miedo y paralizar el ejercicio de las libertades.

Críticas del PNV
Por su parte, Margarita Uría del PNV calificó la reforma como "innecesaria", "simbólica" y "electoralista" y dijo que "la iniciativa es un gesto político que a nosotros se nos antoja de tremenda torpeza, en un momento que está cargado el ambiente de emotividad con la violencia terrorista".

Consideró "peligroso" el que se incluya como delito de terrorismo la acción de atemorizar a un colectivo y como "desorbitadas" las medidas de inhabilitación y destacó como la única formulación "salvable" y "acertada" la equiparación de los miembros de corporaciones locales al resto de las instituciones y poderes del Estado.

El coordinador de IU, Gaspar Llamazares, dijo que las medidas trasladan un "gran escepticismo sobre la condición humana" porque pretende aumentar las penas a tipos delictivos ya existentes y al internamiento a los menores y mostró su preocupación por el hecho de que el Gobierno no tenga "ninguna atención a la reinserción, la prevención y educación de los menores".

Begoña Lasagabaster, de EA, consideró al conjunto de medidas del texto como "meros parches" y dijo que no son necesarias ya que, en su opinión, el sistema penal español cuenta ya con instrumentos legales para luchar contra el terrorismo, mientras que Carlos Aymerich, del BNG calificó el proyecto de inaceptable.

 

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