AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 4  Diciembre  2000
#Tanteos en la oscuridad
CÁNDIDO ABC 4 Diciembre 2000

#¿"Punto Final" legal?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  4 Diciembre 2000  

#Zapatero no siente alarma: a ver si convence a Rojo
Impresiones El Mundo   4 Diciembre 2000  

#De serpientes y palomas
Pedro de Vega Catedrático de Derecho Constitucional ABC 4 Diciembre 2000

#Nuestro idioma en Europa
Ricardo SENABRE La Razón  4 Diciembre 2000

#Los atentados son para cobrar
Miguel Ángel RODRíGUEZ La Razón 4 Diciembre 2000  

#Compromiso de unidad
Editorial El Correo  4 Diciembre 2000  

#El ovillo de Unió
Editorial El País   4 Diciembre 2000  

#Navarra salda su "deuda histórica" con las víctimas del terrorismo
AGENCIAS / EL PAÍS, Pamplona / Vitoria El País   4 Diciembre 2000

#Azurmendi dice que si el PP y el PSOE no se entienden "nos van a matar a todos"
Libertad Digital  4 Diciembre 2000

#JAVIER ROJO: «Hemos tenido que decir a nuestros militantes que duerman con un extintor al alcance de la mano»
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 4 Diciembre 2000

#Las facultades competirán entre sí para atraer a alumnos de otras comunidades
MARÍA CEDRÓNSANTIAGO La Voz 4 Diciembre 2000

#Universitas
Nota del Editor 4 Diciembre 2000  

#La mitad de los vascos apoya la firmeza del Gobierno frente al PNV
AGENCIASMADRID La Voz 4 Diciembre 2000  

Tanteos en la oscuridad
Por CÁNDIDO ABC 4 Diciembre 2000

Los problemas de España, o más claramente, el sempiterno problema de la armonización de España, posee numerosas facetas difíciles de reducir a un solo reflejo, digamos el de la Constitución, sencillamente porque la Constitución es posterior al problema. Numerosas facetas y también numerosas facecias, como la del poliedro asimétrico, que asimismo son difíciles de reducir a un gran chiste único. El hecho es que los nacionalismos son un problema principalmente porque quieren ser lo que no es España. La definición más clara que le llega al ciudadano es una definición a la contra, negativa. La Constitución ha resuelto ese problema en los ámbitos político y jurídico, pero nada podía hacer en el ámbito vital. La Constitución encaró el problema de manera flexible y saludablemente ambigua, despojó al Estado de gran parte de su verticalidad situando muchas cuestiones decisivas en un plano horizontal —el Estado de las Autonomías— y mantuvo como elemental base de entendimiento un discreto denominador común no inventado, sino enraizado existencialmente en la historia e imprescindible para sentirnos históricamente inteligibles. Así y todo la estructura de la Constitución es «andante», aunque hasta un límite, como es natural, pues toda ley se define por sus límites. El caso es que una y otra vez, tomemos un camino u otro, vamos a parar a la situación que describe Ortega en las «Meditaciones del Quijote»: «Habiendo negado una España nos encontramos en el paso honroso de hallar otra». Es el cuento de nunca acabar, la historia interminable: la eternidad del círculo. El problema de los nacionalismos, específicamente el del País Vasco, se ha infectado de terrorismo y hemos llegado a un punto en que en Euskadi nacionalismo significa desembozadamente autodeterminación, y autodeterminación significa secesión, con lo que allí la Constitución no es un camino, sino un obstáculo. En tales circunstancias el diálogo iniciado el miércoles entre Javier Zarzalejos y Alfredo Pérez Rubalcaba nace de consideraciones hondas y urgentes, y de la conveniencia de abordar conjuntamente un problema que está poniendo a prueba la paciencia y la resistencia social.

Hace falta posponer disentimientos partidarios que en la presente situación son de segundo orden. Ciertamente en la lucha de partidos es más fácil captar las ambiciones de poder que el debate real del problema, aunque es evidente que sería mucho peor una organización política sin lucha de partidos, es decir, sin partidos. El peligro estriba en que el fenómeno vuelque y las ambiciones de poder se coloquen en primer término y persistan ahí. Y si eso es inquietante, también son inquietantes las luchas internas de los partidos que tantas veces los paralizan y los desvían sin que los ciudadanos sepan a qué carta quedarse. En lo que respecta a la partitura del PNV en este concierto, podemos ilustrar la actitud del PP y del PSOE con la triste reflexión de que si no logras éxito a la primera, prueba y vuelve a probar, y luego déjalo, porque no sirve de nada hacer el tonto en un caso así. Por lo que se ve al PNV no le despegan del pacto de Estella ni con agua hirviendo. Lo peor de los problemas es la parte de obstinación que tienen, hasta el extremo de que ése es precisamente el problema. La idea de que la incorporación del PNV al pacto antiterrorista del Gobierno y del PSOE podía ser pospuesta hasta que se celebren las elecciones vascas, en el caso de que el PNV aceptase los términos del pacto, no lo veo yo con gran porvenir, sobre todo si el PNV vuelve a ganar en las urnas, algo que de ningún modo es descartable. Entonces estaríamos peor. En cualquier caso los aspectos lógicos de un problema, más cuando se trata de un problema como el del nacionalismo vasco, tienen menos fuerza que los aspectos psicológicos, y hacer predicciones partiendo de hipótesis, que es lo propio del discurso teórico, corre el riesgo de que políticamente quede en nada. Por todo esto, en el alentador proceso hacia un acuerdo entre populares y socialistas el éxito vendrá dado por la capacidad de ambos partidos para salvar las innumerables equivocaciones que suelen ocultarse a la sombra del éxito.


¿"Punto Final" legal?
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  4 Diciembre 2000    

Nunca han cesado los rumores sobre una "Ley de Punto Final" que echaría el cierre a las responsabilidades legales -otra cosa son las morales y políticas- de los Gobiernos de Felipe González por los crímenes del GAL. Desde el propio Partido Popular, voces como la de Manuel Fraga y otras más "centristas" no han dejado de reclamarla como un paso necesario en la unidad de los dos grandes partidos nacionales para la lucha antiterrorista. La negativa de González a asumir ninguna responsabilidad en el primer caso de los GAL, el del secuestro de Segundo Marey, y la posterior condena, entre otros, de Barrionuevo y Vera por ese delito en el Tribunal Supremo hicieron alejarse la posibilidad de legalizar ese pacto de Estado.

Sin embargo, como demuestra el reciente libro de Pedro J. Ramírez "Amarga victoria", Aznar supo aprovecharse del desgaste del PSOE en el más sórdido de sus quebrantamientos de la ley, pero aspiró siempre a un acuerdo, si no de "punto final", al menos de "borrón y cuenta nueva" en todo lo referente al terrorismo. Como su gran apuesta política, la lucha contra ETA y la complicidad del PNV a través del Pacto de Estella, precisa del acuerdo con el PSOE y como Felipe González -instalado en el rencor de una derrota que achaca a las denuncias y condenas del GAL- sigue siendo el gran obstáculo para este acuerdo de fondo que también desea Zapatero, seguro que si el Tribunal Constitucional no ha llegado a ese acuerdo de anulación de las sentencias del Supremo sobre Filesa y el GAL no ha sido por culpa del Presidente del Gobierno. Él ya ha hecho cuanto estaba en su mano: indultar y sacar de la cárcel a los condenados por ambos casos. Es al felipismo judicial al que ahora le toca tomar la iniciativa.

Para González y el "núcleo duro" del PSOE, esta exoneración legal por parte del TC de los dos grandes baldones -corrupción y crimen de Estado- que caen sobre sus personas, sus trayectorias políticas y su proyección histórica, resultaría indudablemente satisfactoria. Ahora bien: el precio político a pagar sería también definitivo: el archivo del rencor, la cancelación de la revancha y la jubilación de González y su guardia pretoriana, en beneficio de Zapatero y el gran acuerdo PP-PSOE contra ETA y PNV. Es dudoso que, a cambio de una satisfacción moral, González acepte salir de la política del todo.

Y tiene, como siempre, un fiel aliado en Polanco. Es igualmente difícil que el todopoderoso señor de PRISA acepte que su particular condena del juez Liaño fue ilegal de cabo a rabo, según el propio Tribunal Constitucional. Probablemente es lo que trata de evitar con su estrepitosa campaña contra el indulto del Gobierno, aunque sólo en el caso Liaño, de los de Filesa no dice nada. ¿Teatro? En el caso de Zapatero, es muy probable. En el de Polanco, es impensable. Pero no hay nada, o casi nada, imposible.

Zapatero no siente alarma: a ver si convence a Rojo
Impresiones El Mundo   4 Diciembre 2000  

A José Luis Rodríguez Zapatero le parece muy mal que el presidente del Gobierno cree «sensación de alarma» hablando de una posible «secesión» del País Vasco. Y dice que Aznar debe dejar de lanzar mensajes en una «dirección equivocada». Mientras el dirigente socialista se expresaba con esa calma seráfica, con ese despego didáctico desde el placentero clima de la Sevilla de Manuel Chaves y Felipe González -en la clausura del Congreso del PSOE de Andalucía-, el líder del Partido Socialista en Alava, Javier Rojo, hace hoy a EL MUNDO unas declaraciones sobrecogedoras, que no transmiten ningún sosiego: «Hemos tenido que decir a nuestros militantes que duerman con un extintor al alcance de la mano». Prosigue: «En la asamblea que acaba de celebrar el PNV se han reafirmado en unas posiciones que no dejan espacio alguno a un acuerdo con quienes defendemos la Constitución». Y se pregunta: «¿Cómo es posible que se diga "sí" al Estatuto y "no" a la Constitución de la que éste nace? A los nacionalistas hay que recordarles esto constantemente, porque si quien debiera ser el garante del Estado de Derecho, que es el Gobierno vasco, llama a la desobediencia civil, el mensaje es demoledor». A mayor abundamiento, Zapatero podría echar un vistazo a las proclamas de «unidad sindical abertzale» con la central proetarra LAB en el Congreso del sindicato nacionalista ELA-STV. O al reportaje del gran diario económico norteamericano, The Wall Street Journal, que este fin de semana titulaba en portada: «Los separatistas vascos intentan acallar a todo el que se opone a sus exigencias», precisando que el estallido de violencia nace en parte del acuerdo del PNV con los violentos para «construir un Estado vasco independiente». ¿Perderá Zapatero esa extraña flema rayana en la parálisis?

De serpientes y palomas
Por Pedro de Vega Catedrático de Derecho Constitucional ABC 4 Diciembre 2000

LOS teóricos de la política han apelado muchas veces a lo largo de la historia a mitos, símbolos y alegorías como complemento y ayuda de las explicaciones racionales del siempre enigmático fenómeno del poder. Recordaba Maquiavelo en El Príncipe, cómo fueron ya los escritores de la antigüedad quienes, al colocar a los héroes mitológicos (Aquiles, Céfalo, Esculapio, etc.) bajo el patronazgo y la tutela del centauro Quirón, hallaron en la figura del monstruo, mitad bestia y mitad hombre, el símbolo más expresivo de la verdadera naturaleza de la política y del poder. Si la parte de bestia del centauro constituía el testimonio gráfico y contundente del poder como manifestación brutal de la fuerza, la parte humana era la representación alegórica de la inteligencia, de la audacia y de la astucia que la política requiere siempre para transformar, ante los ojos de los hombres, una actividad cruel y demoníaca en un quehacer tolerable.

Aunque en el ingente y definitivo proceso racionalizador del saber político que supuso la obra de Maquiavelo los mitos ya no tuvieran cabida, no por ello iba a prescindir el gran escritor florentino de la utilización de los símbolos. Y al igual que un siglo más tarde hiciera Hobbes, retomando alegóricamente al monstruo bíblico Leviatán, Maquiavelo no dudaría en recurrir a las imágenes simbólicas de la fuerza del león y de la astucia de la raposa para otorgar plasticidad semántica a su razonamiento científico. «Porque los leones -escribe Maquiavelo- no se preocupan de las trampas y señuelos que se les puedan tender, y las raposas no se defienden de la voracidad de los lobos, el político tendrá que ser astuto como la raposa para precaverse de las añagazas, y fuerte como el león para aniquilar a los lobos».

La protesta contra la reducción maquiavélica de la política a una actividad de leones y raposas, basada tan sólo en el doble ejercicio de la fuerza y de la astucia, llevaría a Kant, casi tres siglos después, a buscar en los catálogos zoológicos especies diferentes que le permitieran montar su propia alegoría. Como filósofo en cuyo pensamiento adquiere madurez definitiva la concepción democrática, recurre entonces a la imagen simbólica de las serpientes y de las palomas. «La política -escribe- obliga a ser astutos como las serpientes, lo que no significa que haya que renunciar por ello al imperativo moral de la democracia de ser veraces como las palomas».

Sin dejar de reconocer, por un lado, los elementos demoníacos consustanciales a la actividad política, pero sin renunciar, por otro, a las exigencias implícitas en la lógica democrática, se convertiría Kant en el severo corrector de la formulación maquiavélica, al tiempo que abriría el camino a nuevos e insospechados planteamientos teóricos y configuraciones simbólicas del fenómeno del poder. La tensión, por ejemplo, entre la razón de la fuerza y la fuerza de la razón, subyacente en la polémica entre antidemócratas y demócratas que ha recorrido toda la historia de la moderna democracia constitucional, y que simbólicamente se expresa en la alegoría de la paloma y de la serpiente, sería resuelta por Kant con la afirmación rotunda de que no es en el ejercicio de la astucia, sino en la práctica permanente de la verdad, donde el poder democrático debe asentar su fortaleza.

Desde un sorprendente realismo histórico, y no como ingenua ensoñación utópica derivada de sus creencias y sentimientos pietistas, la impecable lógica kantiana terminaría de esta forma haciendo de la verdad más que una obligación moral, una necesidad política de la democracia. Su argumentación no podía resultar más sencilla: cuando la democracia funciona y aparece vertebrada en ella una adecuada estructura de la publicidad, si el político miente, más tarde o más temprano será inexorablemente condenado por el que Burke llamaba «el insobornable tribunal de la opinión pública». Si, por el contrario, sus engaños, fraudes y mentiras no reciben sanción alguna es porque la democracia no existe. Obligado en el primer caso a decir la verdad para no sucumbir como político, tendrá que renunciar a la mentira en el segundo si es que quiere aparecer como demócrata. Palomas y serpientes son incompatibles, como lo son también demócratas y antidemócratas.

Obvio es indicar que, como consecuencia de los cambios operados en la estructuración de la publicidad en las sociedades del presente, la majestuosa exposición kantiana iba a verse sometida a conmociones notables. En un mundo en el que la manipulación de los ámbitos de la publicidad es cada vez más descarada y más amplia, la opinión pública, como último criterio definidor de la verdad democrática, sufrirá también un importante deterioro. Pretendiendo ocupar su lugar, aparecerán por doquier misteriosas instancias que, al asumir por su cuenta el encargo de establecer la línea divisoria entre demócratas y antidemócratas, procederán igualmente al reparto de credenciales para unos y para otros, justificadoras de sus posiciones respectivas.

Provistos de esos apócrifos salvoconductos de demócratas, protagonizan en España algunos de los integrantes del llamado nacionalismo no violento, el singular despropósito de que al tiempo que proclaman con descaro su deslealtad constitucional, esgrimen sin esfuerzo y sin escrúpulo su condición de demócratas. No es lo más grave, sin embargo, de lo que está sucediendo en nuestra democracia que, en un ejercicio de intolerable audacia, determinados políticos exhiban públicamente contradicciones tan groseras. Como tampoco lo es que, en nombre de la extravagante condición de demócratas que ellos mismos se adjudican, proscriban impúdicamente al Gobierno por defender la Constitución. Por muy deteriorada que pueda estar la opinión pública nacional ya se encargará de sancionarlos. Lo verdaderamente estremecedor y patético estriba en que ante esos comportamientos, intelectualmente incomprensibles y moralmente deplorables, no falten los políticos, de cuya lealtad a la Constitución se vanaglorian, que lejos de denunciar las imposturas y engaños subyacentes en múltiples planteamientos de los nacionalistas, en nombre de un pretendido razonamiento democrático, intenten justificarlos.

Es en este contexto en el que las apelaciones indiscriminadas al diálogo, como símbolo de la democracia y como mecanismo redentor de todos nuestros males, en lugar de representar un acto de ejemplaridad democrática terminan convertidas en el último tributo que un demócrata puede rendir a la obscenidad y a la mentira.

Si hay algo suficientemente demostrado por la experiencia histórica de dos siglos de democracia constitucional es el hecho de que el nacionalismo, desde el momento en que políticamente se presenta como la ideología de la nación, se hace incompatible con la democracia. Pretender resolver la confrontación inevitable entre la lógica del nacionalismo y la lógica de la democracia con el socorrido trámite de la apelación al diálogo no pasa de ser, por lo tanto, en el mejor de los casos, un testimonio de arbitrismo y simplificación, y, en el peor, una prueba contundente de cinismo.

Acaso sea conveniente que recordemos en España lo que hace ya tiempo puso de relieve Giuglielmo Ferrero, uno de los más brillantes estudiosos del fenómeno del poder del siglo XX, en su enconada polémica con el nacionalismo fascista. Precisamente, decía entonces Ferrero, porque desde la lógica nacionalista el diálogo sólo puede entenderse como un instrumento mendaz y un ejercicio de audacia al servicio del poder, a la lógica de la democracia se le cierran todas las puertas para poder dialogar con el nacionalismo. Proceder de otra manera equivaldría por su parte a tener que claudicar del diálogo como método al servicio de la verdad, y a renunciar a la idea de democracia como forma racional de la organización de la convivencia. Lo que equivale a decir que no sería la lógica de la democracia la que acabaría incorporando y absorbiendo a la lógica del nacionalismo, sino que, a la inversa, sería la lógica del nacionalismo la que terminaría devorando y aniquilando a la concepción democrática.

Nuestro idioma en Europa
Ricardo SENABRE La Razón  4 Diciembre 2000

Leo con alarma en LA RAZÓN que la revista The Economist ha presentado, a falta de otra cosa mejor -por ejemplo, algún remedio para frenar la caída libre del euro, tan desmedrado ya en su etapa intrauterina-, una propuesta de Constitución de la Unión Europea en la que se establece que los únicos idiomas del organismo supranacional serán el inglés, el francés y el alemán. Como cabía esperar de una publicación anglosajona, el español no se tiene siquiera en consideración. No puede sorprendernos tan obtuso criterio. En nuestro país poseemos ya alguna experiencia en estas cuestiones. Casi nos hemos acostumbrado, después de varios años, a que muchos políticos ajenos a cuestiones lingûísticas, algunos de ellos notorios y habituales prevaricadores idiomáticos radicalmente incompatibles con la sintaxis y la semántica, traten de gobernar y conducir también nuestra lengua, el único patrimonio común con que contamos, creyendo, sin duda, que se trata de algo regulable mediante ordenanzas, como sucede con el tráfico o la recogida de basuras. El caso es que los sesudos asalariados de The Economist han decidido por su cuenta cuáles son los idiomas importantes, identificándolos a la chita callando con los países que, al parecer, han decidido cortar el bacalao en el mercado europeo. Esto es confundir lenguaje y política, o, dicho más a la pata la llana, mezclar churras con merinas. Una lengua es, antes que nada, un vehículo de comunicación, lo que significa que su importancia radica en el número de personas que la posean como propia y la utilicen como instrumento para entenderse. Tenemos, pues, un calibrador infalible para determinar con exactitud las posibilidades comunicativas de un idioma. La utilidad de una lengua no es necesariamente paralela a su prestigio o a su historia; se mide por su extensión. Y en el mundo occidental tiene el español una extensión mucho mayor que el francés, y no digamos que el alemán, no sólo por el número de hablantes reales, sino por el de conocedores potenciales de nuestra lengua, fácil de calcular si se tiene en cuenta la cantidad de países en que su estudio va implantándose como obligatorio en la enseñanza. No contar hoy con el español revela una miopía inquietante en quienes tienen el deber de preparar y prevenir el mundo futuro. Por eso la propuesta de The Economist es un completo disparate.

    Pero no basta con calificar esta actitud, ni con rasgarse las vestiduras, aunque haya motivos para ello. Es necesario atajar la iniciativa si alguna posibilidad tiene de seguir adelante. Es hora de actuar. En general, la impresión que el ciudadano tiene de nuestro papel en la Unión Europea -cuando tiene alguna- es bastante desalentadora y recelosa. Se piensa que hasta ahora no hemos hecho más que ir cumpliendo poco a poco todas las exigencias que se nos planteaban para entrar en el club, y hay quienes opinan que con otros países, quizá más poderosos, más influyentes o más simpáticos, se ha tenido una indulgencia y una manga ancha que ya hubiéramos deseado para nosotros. En fin, así son las cosas. Pero ¿no es hora de que también España pueda poner condiciones? La consideración o la omisión del español como lengua oficial no es asunto baladí. Si las restricciones en la pesca, la ganadería o la agricultura -torpemente enmascaradas con subvenciones- obedecen a razones económicas, la marginación posible de la lengua tiene un cariz político; es una bofetada deshonrosa que no afecta ya a un sector de la producción sino a una comunidad internacional compuesta por casi cuatrocientos millones de hablantes, y que no puede ser acallada con dinero. En cuestiones así es donde el gobierno y todos los partidos políticos deberían mantener una actitud firme, ajustada a la realidad y no a cualesquiera otros intereses, y sin fisuras que la debilitaran. El ciudadano ajeno a los recovecos a menudo inconfesables de la política no entendería otra respuesta, ni menos aún la aceptación de algo que sumaría la ofensa a la estupidez. 

Porque eliminar el español como lengua oficial de un organismo europeo sólo puede obedecer a ignorancia o a mala fe. En el primer caso, es preciso armarse de paciencia, convertirse en maestros de escuela y enseñar al que no sabe; esto es, explicar cuerda y serenamente a los apresurados promotores de la idea donde radica su error. Pero, en el caso de que haya mala fe o desprecio, la reacción debe ser otra que no parece necesario detallar. Si hemos hechos valer tantas veces en el currículo nacional nuestra renta per capita, nuestro clima o nuestra estabilidad política, no veo por qué no hay que enarbolar también, como un mérito indiscutible, el inmenso valor de una lengua difundida por todo el mundo que ahora vive, además, un proceso de considerable y vertiginosa expansión, sólo comparable al que experimentó, por motivos bien conocidos, a lo largo del siglo XVI.

    Todo esto es comprobable, pero ignoro si se han hecho las comprobaciones adecuadas. Se conoce con bastante aproximación el número de estudiantes de español en el mundo, pero no estoy seguro de que se haya calculado cuántos extranjeros vienen a España con el único propósito de aprender nuestra lengua. Se saben, sí, las cifras que ofrecen los organismos oficiales -de modo especial las Universidades- que desarrollan programas específicos para enseñar el español como segunda lengua, pero se desconoce el número de alumnos que pasa por las infinitas academias y centros privados que crecen como hongos en muchas ciudades y que han convertido la enseñanza el español en una mercancía segura que da origen a florecientes negocios.

    No me interesa ese aspecto comercial, pero es imposible no apreciar su importancia como síntoma. Se diría que los únicos que no acabamos de percibir esta situación somos nosotros, lo que resulta especialmente grave en el caso de los políticos. Claro que vivir junto a una catedral no es el mejor modo de verla. Hay que distanciarse para disponer de una perspectiva suficiente que permita contemplar el conjunto y no sólo ciertos detalles. Y tal vez ponerse gafas.

Los atentados son para cobrar
Miguel Ángel RODRíGUEZ La Razón 4 Diciembre 2000  

Los políticos y los «formadores» de opinión del País Vasco, en general, nos han metido en una espiral de debate que consiste básicamente en ocultar lo simple y darle vueltas a lo que no se ve. Es decir, cada día discutimos si hay que dialogar o no, si hay que pensar alternativas de convivencia o no y si el problema de ETA tendría solución con unas bases distintas de estructura política, pero eso sobre lo que debatimos es ficción.

    Algunos, guiados de buena fe, creen que en realidad la campaña de atentados contra todo lo que se mueve tiene su base en que el Gobierno es inflexible y los asesinatos le moverán a dialogar; otros, con menos buena fe, dicen que la ofensiva terrorista tiene su base en que hay que discutir sobre la Soberanía y la autodeterminación. Y luego llega la realidad y ni unos ni otros la quieren ver: decía una noticia de ayer que ETA ha ampliado el número de extorsionados -aquellos a los que se les pide dinero- y tanto políticos como periodistas prefieren pensar que el debate es una controversia ideológica en vez de una pura razón mafiosa.

    No es difícil colegir que la campaña de atentados se monta para atemorizar a todo tipo de gente y conseguir recaudar dinero. Y digo que no es difícil porque está probado que ETA pide la tregua después de que la Policía desmantele su estructura financiera. ETA es una máquina de hacer dinero, no de predicar ideología. ETA es una mafia, no un movimiento.

    Eso es lo simple, lo que está claro, lo que está probado. Pero nos hacen debatir sobre otras cosas, sobre otros principios. ETA atenta para meter miedo y recaudar; cualquier otro debate es una invención

Compromiso de unidad
Editorial El Correo  4 Diciembre 2000  

El pacto de gobernabilidad que inauguró la pasada legislatura con el acuerdo entre el PP y el PNV dejó -junto a logros políticos indudables- el rastro de dos formaciones que evitaron incluso una mera puesta en común sobre el problema del terrorismo -tema al que no dedicaron ni un minuto de sus conversaciones- dando por supuesto que en ese punto les era imposible acercar posturas. Quedó en el ambiente la sensación de que ambos preferían contemplar la cuestión de la paz como una suerte de reserva ideológica donde pudieran guardar lo esencial de sus respectivas posturas. El constante cruce de invectivas y réplicas entre el PP y el PSOE, entre el propio Aznar y Rodríguez Zapatero, evoca también esa tendencia hacia la conversión de la lucha anti-terrorista en una suerte de espacio propicio no tanto para el consenso como para la disputa cuerpo a cuerpo y la erosión indisimulada del adversario. Independientemente de las preguntas que unos y otros se crucen públicamente, es lógico que la opinión pública se formule sus propios interrogantes. Que se pregunte, por ejemplo, si el Gobierno Aznar y su partido desean coincidir en un pacto por la paz con el máximo de fuerzas democráticas, o prefieren marcar el rumbo de la lucha anti-terrorista al tiempo que conminan a la oposición socialista a secundar su acción de gobierno.

El entendimiento entre el PP y el PSOE en materia de paz no es una posibilidad entre tantas, sino una necesidad que apela a la responsabilidad de ambas formaciones. Es posible que el ánimo dialogante de los socialistas pretenda la cuadratura del círculo: establecer una entente con el PP formalmente abierta al PNV mientras éste sigue con su mirada fija en la eventualidad de un reencuentro con la izquierda abertzale que le permita prescindir de la reconciliación con el no-nacionalismo. Pero incluso en ese caso los términos del debate público deben dejar a salvo la necesidad de la unidad de los demócratas, no ya para avanzar en pos de tal o cual objetivo político sino como un requisito ineludible para que la sociedad democrática no sienta cómo las fricciones entre los distintos partidos producen esas fisuras de fatalidad, impotencia y desánimo que quedan siempre a merced del acoso terrorista. Precisamente, porque el problema a que nos enfrentamos es extraordinariamente grave sería mejor que los dirigentes políticos hicieran el esfuerzo de dirigir sus mensajes al conjunto de la sociedad y no a sus respectivas parroquias de incondicionales. Es esa misma gravedad la que invita a medir las palabras; a mantener el tono de las manifestaciones públicas dentro de los márgenes de la razón democrática; a evitar dar pábulo a más divergencias que las inevitables; a tratar de superar las divisiones o a reducirlas a su mínima expresión.

Por su parte, el nacionalismo democrático no debería incomodarse más de la cuenta en el caso de que el entendimiento entre socialistas y populares cuaje en una posición común contra el terrorismo. Al fin y al cabo, nadie excluye a quien no desea incluirse. Y el nacionalismo democrático no puede contemplar la disyuntiva entre la unidad democrática y la unidad con el nacionalismo violento como si se tratara de un artificio con trampa colocado en su camino por las fuerzas no-nacionalistas, o como si afectara tan sólo a los momentos inmediatamente posteriores a cada atentado. En este sentido, es un sarcasmo que el lehendakari Ibarretxe tache de «electoralista» la inasistencia del Partido Popular y el PSE-EE al acto que ha convocado para el próximo día 20 en Gernika. La negativa a conformar un frente democrático contra la violencia por parte del nacionalismo gobernante conlleva el riesgo de que la propia violencia obtenga un nuevo triunfo instaurando para siempre un frente nacionalista y un frente no-nacionalista. En cualquier caso, la eventualidad de un acuerdo entre el PP y el PSOE respondería también a los anhelos de importantes sectores de la propia sociedad vasca. El nacionalismo vasco ha cultivado un cierto principio de no-ingerencia, consagrado en la idea del ámbito propio de decisión; pero en tanto los vascos no seamos capaces de solventar nuestras cuitas o no garanticemos de una vez por todas la seguridad de nuestros conciudadanos, la pertenencia a un ámbito superior de convivencia no será una realidad sin más o una forma como otra cualquiera de ser vasco, sino que se convertirá en el asidero de cuantos ven su libertad o su integridad en peligro en Euskadi.

El ovillo de Unió
Editorial El País   4 Diciembre 2000  

LA SOSPECHA de que una parte de los fondos europeos destinados a la formación de parados que administra la Generalitat de Cataluña se ha desviado para atender la financiación de Unió Democràtica de Catalunya (UDC) ha cobrado un mayor fundamento tras las últimas informaciones sobre el llamado caso Pallerols. La documentación que investiga el juez apunta cada vez con más nitidez el clásico triángulo que se da en este tipo de estrategias anómalas. Un particular obtiene subvenciones de la Administración a cambio de dar una parte del dinero al partido que se las facilita.

En este caso, la acusación se dirige directamente al secretario de organización de UDC y diputado en el Congreso, Josep Sánchez Llibre, por su presunta mediación en la concesión de subvenciones del Departamento de Trabajo —gestionado por Unió durante los últimos 20 años— a favor del empresario andorrano Fidel Pallerols. Se trata de uno de los mayores beneficiarios de este tipo de subvenciones al haber obtenido unos 1.500 millones de pesetas de Trabajo en los últimos años para realizar cursos para desempleados en sus academias. El triángulo se cerraba, por otro lado, con el envío de 126 millones de pesetas por parte de Pallerols a varios militantes de Unió, según la documentación del sumario.

La aparición de una carta de Pallerols en la que apremiaba al diputado Sánchez Llibre para que activara las subvenciones y así poder atender a las necesidades de tesorería de Unió puede significar —una vez depurada por el juez— un salto cualitativo en la gravedad de las acusaciones.

Ya no se trataría solamente del conocido caso de clientelismo que permite a los militantes de Unió Democràtica gestionar el 10% de los centros de formación de parados que obtienen subvenciones de Trabajo, lo que significa una probabilidad 30 veces mayor de obtener este tipo de recursos públicos que el resto de ciudadanos. La cuestión que ahora está en tela de juicio es el uso indebido de fondos públicos para la financiación irregular de Unió mediante la intervención de un alto dirigente del partido. La fiscalía de Cataluña acaba de apuntar que lo más probable es que el asunto de los fondos de formación de parados que ahora está siendo investigado por un juzgado ordinario acabe en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña o en el Tribunal Supremo por aparecer relacionados altos cargos del partido, jurídicamente aforados.

Las nuevas informaciones van tirando del ovillo que encierra el complejo esquema de flujos de dinero público hacia los centros de enseñanza gestionados por militantes democristianos y hacia las arcas de UDC, el socio de Convergència en el Gobierno de la Generalitat de Cataluña. A medida que han ido apareciendo datos comprometedores, algunos responsables se han visto obligados a presentar la dimisión, como el ex consejero de Trabajo Ignasi Farreres, quien tuvo que dejar la presidencia de Unió, o la ex subdirectora de Empleo Dolors Llorens, recientemente dimitida del Comité de Gobierno de Unió.

Pero hasta el momento, ni el Gobierno de Jordi Pujol ni el partido que dirige Josep Antoni Durán Lleida han asumido seriamente las responsabilidades políticas que se derivan del caso. Se han opuesto a la creación de una comisión de investigación en el Parlamento y su indiscutible derecho a la presunción de inocencia ha constituido su exclusiva estrategia de defensa. Este nuevo escenario en que se encuentra el caso Pallerols, con las acrecentadas sospechas sobre la financiación anómala de Unió en el centro del debate, ha llevado a la oposición a redoblar la exigencia de rendición de cuentas al propio Jordi Pujol como máximo responsable del Ejecutivo que ha permitido estas irregularidades. Los ciudadanos tienen derecho a conocer de primera mano lo ocurrido.

Navarra salda su "deuda histórica" con las víctimas del terrorismo
La Fundación Buesa incluirá a nacionalistas y constitucionalistas
AGENCIAS / EL PAÍS, Pamplona / Vitoria El País   4 Diciembre 2000

Las víctimas del terrorismo recibieron ayer en Pamplona la Medalla de Oro de Navarra. Cerca de 200 personas afectadas directamente por la violencia terrorista acudieron al homenaje que la sociedad navarra les tributó en el día de su comunidad y con el que trataba de "saldar una deuda histórica", según dijo el presidente del Gobierno foral, Miguel Sanz. Las viudas del concejal de UPN Tomás Caballero y el subteniente Francisco Casanova, las dos últimas víctimas de ETA en Navarra, recogieron la medalla en el nombre de todas las víctimas.

"Los nombres de todas y cada una de las víctimas del terrorismo son el símbolo de nuestra dignidad colectiva, de la firmeza por resistirnos contra las imposiciones violentas y por mantener la paz, la justicia y la libertad a través de la democracia y la concordia", señaló Sanz antes de recordar los tiempos en que a la crueldad terrorista se unía "la indiferencia". Por eso, con el acto de ayer se trataba de "saldar una deuda histórica" que la sociedad navarra "tenía pendiente" con estas personas.

Medio centenar de víctimas recogieron los diplomas personalizados en los que se recoge el texto del decreto foral de concesión del galardón. Entre los que recogieron el galardón se encontraba el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en navarra, José Aguilar, y el ex concejal de UPN Miguel Ángel Ruiz Langarica, que salvó la vida al detener la policía al etarra que le esperaba para asesinarle.

En nombre de todas las víctimas habló la viuda de Casanova, Rosalía Sainz de Aja, quien pidió a los navarros que este sentimiento no sea pasajero: "Que nos tengáis en cuenta hoy, mañana y siempre". Sainz de Aja agradeció el gesto en nombre de todas las víctimas. La medalla será expuesta en el Parlamento de Navarra.

Al homenaje se sumaron también el secretario general del PSN, Juan José Lizarbe, y el arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián. Ambos también pidieron el diálogo entre las fuerzas políticas. Sebastián, en la homilía de la misa a la que asistieron el Gobierno y otras autoridades navarras, celebrada en la Basílica de Javier en honor del patrón de Navarra, San Francisco Javier, pidió a ETA que renuncie a sus "métodos inhumanos" como instrumento político y a los políticos a que busquen la paz "por encima de cualquier otro interés partidista".

Otra víctima de ETA, Ernst Lluch, recibió ayer un homenaje en su pueblo natal Vilassar de Mar (Barcelona). Sus cenizas fueron depositadas el sábado en un nicho del cementerio de la localidad de Maià de Montcalt (La Garrotxa), en la que el ex ministro socialista pasaba jornadas de descanso.

Por otra parte, una fundación que llevará el nombre del dirigente socialista asesinado por ETA Fernando Buesa reunirá en su patronato por primera vez a personalidades vascas nacionalistas y no nacionalistas. Esta pluralidad en su composición diferenciará a este organismo de otros que también llevan el nombre de personas asesinadas por ETA. La Fundación Fernando Buesa quiere constituirse en lugar de reflexión y encuentro que aglutine las diferentes sensibilidades que existen en el País Vasco y, entre otras actividades, instituirá unos premios anuales.

La fundación estará presidida por su viuda, Natividad Rodríguez y su vicepresidente será el ex ararteko (defensor del pueblo) Xabier Markiegi. Entre las personas que impulsan la iniciativa se encuentran políticos del PSE-EE (Javier Rojo y José Ramón Rekalde, entre otros), del PP (Ramón Rabanera y la senadora Pilar Aresti), del PNV (Emilio Guevara y José Ángel Cuerda) y de EA (la ex consejera del Gobierno vasco Carmen Gallastegi). El rector de la Universidad, Manuel Montero, el ex secretario general de UGT Nicolás Redondo Urbieta, y el vicepresidente de Euskaltzaindia, Hendrike Knörr, son otras de las personalidades que integrarán su patronato. El Gobierno vasco, del que Buesa fue vicelehendakari, el Ayuntamiento de Vitoria y la Diputación de Álava colaboran en la iniciativa.

Nueva plataforma
Mientras, el Foro Ermua, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Foro El Salvador y el Movimiento contra la Intolerancia anunciaron el sábado en Madrid la constitución de un nuevo organismo unitario bajo la denominación de Plataforma Libertad. La iniciativa quiere impulsar la movilización ciudadana contra el terrorismo y la defensa de la Constitución y del "ámbito español de decisión y libertad" frente al "ámbito vasco de decisión", según la declaración leída por el presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás.

Más 'ertzainas' contra ETA
El Departamento de Interior del Gobierno vasco, dirigido por Javier Balza, pretende aumentar en un centenar el número de agentes dedicados en la actualidad a la información antiterrorista, según informó en su edición de ayer el diaro vasco El Correo. De acuerdo con los planes de Balza, de los 269 ertzainas especializados en labores de investigación contra ETA se pasaría a 372 el próximo año. La modificación responde a la ofensiva de ETA desarrollada durante el pasado verano que ha obligado a la Ertzaintza a incrementar sus efectivos destinados a la protección de personas amenazadas por los terroristas. Los documentos de Interior vasco han sido remitidos a los sindicatos de la policía autónoma vasca con los que Balza está intentando llegar a un acuerdo. Desde CC OO se aseguró ayer que el aumento de efectivos "no es real".

Azurmendi dice que si el PP y el PSOE no se entienden "nos van a matar a todos"
Libertad Digital  4 Diciembre 2000

El profesor de la Universidad del País Vasco, miembro del Foro de Ermua y ex militante de ETA Mikel Azurmendi, que abandonó el pasado verano Euskadi tras ser objeto de amenazas y de una sabotaje frustrado, ha dicho, durante la presentación de su libro "Y se limpie aquella tierra", que "si el PP y el PSOE no se entienden, Dios nos coja confesados porque nos van a matar a todos".

Azurmendi y el director de la Biblioteca Nacional, Jon Juaristi, presentaron el libro del primero, "Y se limpie aquella tierra", que trata sobre la limpieza étnica y de sangre en el País Vasco entre los siglos XVI y XVIII. En su comparecencia ante los medios de comunicación, Azurmendi consideró que "la situación es negra" para los que no son nacionalistas vascos, "aunque la gente actualmente parece más consciente" de esa situación.

Azurmendi se refirió a su actual vida en una Universidad de Estados Unidos, donde el problema vasco "visto desde América es un granito de polvo que ni se ve" y reconoció que "en la Universidad, la mayor parte de los catedráticos creen que los vascos luchan por la libertad". Atribuyó esta distorsión a que hasta hace poco "los izquierdistas y comunistas creían que la lucha de ETA "era buena para debilitar al Estado" y "desde el asesinato de Carrero Blanco se ha pensado así".

Agregó que la prensa americana, en las últimas semanas "ha cambiado radicalmente", ya que hasta hace poco "hablaba de guerrilleros" en referencia a los terroristas y ahora "les llama fascistas, gracias a periodistas como vosotros que escriben de la realidad vasca".

Para Azurmendi, en el País Vasco hay "una forma atípica de fascismo" y "limpieza étnica legal desde hace veinte años" debido a la política que desarrolla el Gobierno vasco con todos los que no son nacionalistas, "pero hay gente que sufre y que se está yendo de allí" por los sabotajes y amenazas. En su libro, Azurmendi indaga en los orígenes de la entidad vasca y muestra que ya escritores vascos del siglo XVI inventaron todo un concepto acerca de lo que significa ser vasco y de su superioridad respecto al resto de españoles.

JAVIER ROJO: «Hemos tenido que decir a nuestros militantes que duerman con un extintor al alcance de la mano»
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 4 Diciembre 2000

REPITE APASIONADAMENTE UNAS PALABRAS QUE ESCUCHO DE LABIOS DE NATI, LA VIUDA DE SU ADORADO BUESA: «FERNANDO NO DIO LA VIDA POR NADA; A FERNANDO SE LA QUITARON, SE LA ROBARON COBARDEMENTE» Y LE EMBARGA LA INDIGNACION. MAS QUE UN DISCURSO POLITICO AL USO, ...

...el suyo es un alegato encendido en favor de la libertad; un llamamiento a la recuperación de la dignidad de un pueblo intimidado por el terrorismo -«acojonado»-, dice él de un gobierno nacionalista responsable, en su opinión, de haber conducido al País Vasco a esta dramática situación. Deja poco espacio a la ambigüedad y los matices. En su lugar, hace un relato descarnado, detallado y estremecedor de la realidad cotidiana de sus conciudadanos del País Vasco, de los sufrimientos de sus compañeros de militancia socialista, que han de poner a sus hijos a dormir cerca de los balcones por si han de evacuarles en plena noche... de la inaplazable necesidad de establecer en Euskadi una política basada en la defensa de principios y valores morales y no en cambalaches. Y es que Javier Rojo, pamplonés de nacimiento y vitoriano de adopción, diputado por Alava en las tres primeras legislaturas y senador en todas las posteriores, vicesecretario general de los socialistas alaveses, recién elegido vocal de la Ejecutiva de los socialistas vascos y vicepresidente de la Cámara Alta, es enemigo jurado de las componendas, pero ardiente partidario de los pactos. Lo suyo son la claridad y la firmeza en las posiciones. Por eso en esta entrevista, el dirigente socialista repite varias veces y de diferentes modos, todos igualmente inequívocos, que Partido Popular y Partido Socialista están destinados a entenderse en la lucha contra el terrorismo y la defensa de la Constitución y el Estatuto, y que el Partido Nacionalista Vasco deberá aceptar las condiciones de esas dos grandes fuerzas políticas unidas, o pasar a la oposición.

PREGUNTA.-¿Habrá finalmente pacto formal entre PP y PSOE para hacer frente al terrorismo?
RESPUESTA.- Debe haberlo. Debe haber un gran pacto entre PP y PSOE que garantice a los ciudadanos que las dos grandes fuerzas políticas de España están unidas en esa lucha.

En este momento toca firmar ese pacto, y la mejor prueba de ellos es la asamblea que acaba de celebrar el PNV, en la cual se han reafirmado en unas posiciones que no dejan espacio alguno a un acuerdo con quienes defendemos la Constitución y el Estatuto de Autonomía.

P.- ¿Las posturas de PP y PSOE son compatibles?
R.- El documento socialista es perfectamente asumible y creo que fue un error, sobre todo de formas, rechazarlo de la manera en que lo hizo Rajoy, que ese día no estuvo especialmente brillante. No se puede minusvalorar el trabajo del otro para después venir Arenas a traernos un documento con mucho montaje, para que todo el mundo vea que el PP también se mueve. Todo esto es lamentable y estimo que el PP debería empezar a poner en valor lo que estamos haciendo los socialistas, que en esta cuestión estamos a lo que ellos dispongan.

P.- ¿Es necesario un acuerdo también en lo que se refiere a la política vasca?
R.- El PSOE y el PP, que tenemos muy clara la necesidad de recuperar la libertad, debemos tener puntos de encuentro muy claros sobre las causas del problema y las medidas a tomar en el corto y en el largo plazo para atajarlo. Voy a decir algo muy claro: ni el PP ni el PSOE debemos tener ningún complejo en liderar el País Vasco si nos toca hacerlo. Diré más. Si al liderar esa comunidad tenemos que tender una mano a los nacionalistas, habrá que tendérsela. Pero siendo muy conscientes de que por encima de lo que pensemos nosotros, en esa comunidad hay unos ciudadanos que están sufriendo y a los que debemos dar soluciones, porque para eso estamos en política.

P.- ¿Liderarla desde qué principios?
R.- La defensa del Estado de Derecho, de la Constitución y del Estatuto. Hay que decirlo muy claro y dejarnos de ambigüedades.

P.- ¿Eso contribuiría a solucionar el problema del terrorismo o lo agravaría?
R.- Yo sinceramente pienso que contribuiría a resolverlo, por una sencilla razón: porque en Euskadi se ha perdido el principio de autoridad, que no es sinónimo de autoritarismo, sino garantía de que los ciudadanos sepan que cuando se gobierna, se hace con unos principios, válidos para todos los ciudadanos y en una misma dirección; no dando bandazos de un lado a otro según las conveniencias, que es la sensación que yo tengo del gobierno vasco que tenemos ahora.

P.- ¿Es éste el discurso de todo el PSE-PSOE?
R.- Absolutamente. En este congreso hemos orientado un discurso en virtud del cual estamos diciendo al nacionalismo, sin complejos, que si cree que puede llamar a nuestra puerta cuando le convenga, y hacernos guiños en uno u otro sentido, está muy equivocado, esté o no esté Anasagasti en nuestra clausura.

P.- El problema no es tanto Anasagasti, como Felipe González, Pascual Maragall...
R.- No, no. Los compañeros nos quieren ayudar porque saben que estamos angustiados y tenemos muchos problemas, pero la política en Euskadi la discutimos en el PSE, se nos ha respetado siempre y se nos respetará. En cualquier caso, en lo que todos los socialistas deberíamos hablar con una única voz es en pedir elecciones. Lo que necesita el País Vasco son elecciones, ya.

P.- Después de esas elecciones ¿usted descarta la posibilidad de un pacto PSE-PNV que deje aislado al PP en la oposición?
R.- La descarto, sí. Esa posibilidad no se puede dar porque el escenario en Euskadi es otro. Veo más factible un gobierno donde podamos estar todos.

P.- Un matiz importante: ¿PSOE-PP invitando a entrar al PNV, o PSOE-PNV invitando a entrar al PP?
R.- Yo soy de los que creo que en Euskadi hace falta una alternancia y un cambio de orientación de la política. Y lo que no puede ser es que la nueva orientación la haga el mismo que está. Euskadi necesita que el nacionalismo colabore, pero que dé un paso atrás para que otros lo demos adelante. Y diré más. Estoy convencido de que difícilmente se puede hacer peor de lo que lo han hecho, conduciendo a la comunidad a una situación de falta de libertad mucho peor de lo que se cuentan los medios de comunicación, a una angustia del ciudadano de a pie que no llega a las páginas de los periódicos...

P.- Sí que llega, sí
R.- No toda, porque hoy lo que están haciendo los terroristas es tirar al plato. Es verdad que van a personas muy concretas y conocidas, porque generan una determinada opinión. Pero luego están en el tiro al plato en las palizas, las bombas, la kale borroka... el acojonamiento de toda una sociedad. Aquí en las manifestaciones de condena de los asesinatos, o simplemente al caminar por la calle, muchos ciudadanos hemos de contemplar cómo determinados indeseables nos miran fijamente, nos apuntan con los dedos y dicen «¡pum!». Ese gesto es muy frecuente. En Euskadi hoy estamos en el discurso que yo conocí en España hace 30 años: «Hijo, ten cuidado con lo que dices, que las paredes hablan.» Y como eso es así, el PNV tiene que pasar a la oposición. Y si no quiere hacerlo y debemos tenderle una mano, se la tenderemos y podrá agarrarse a ella, pero sabiendo que el timón lo tienen que llevar otros. Yo creo en la alternancia política porque es lo mejor que nos puede pasar a los vascos.

P.- ¿Ayuda a la causa de la unidad de los demócratas declaraciones como las de Felipe González, cuando acusa al Gobierno de haber hecho jirones toda su política antiterrorista?
R.- Yo interpreto esas declaraciones en el sentido de que el PP no tuvo altura política a la hora de dar apoyo en la lucha contra el terrorismo al gobierno que entonces había, como estamos haciendo nosotros ahora.

P.- El PP no ha montado el GAL...
R.- No quiero entrar en eso porque no quiero remontarme en el tiempo. Hoy todos haríamos las cosas de forma radicalmente distinta a como se hicieron entonces. Repito que el PP nunca nos dio el apoyo que está dando el PSOE a Aznar en la lucha contra el terrorismo, a cambio de nada.

P.- ¿Rodríguez Zapatero está en la misma línea?
R.-Yo a Rodríguez Zapatero en la clausura de nuestro congreso lo vi fantástico, dirigiéndose al nacionalismo y diciéndole que no se equivoque. Y es que a Rodríguez Zapatero o a cualquier persona con sensibilidad le resulta muy difícil no pensar así cuando cada fin de semana está viendo tanto sufrimiento y tanto dolor. Ya no te convencen con una comida en Sabin Etxea. A nosotros nos han quemado 30 veces la Casa del Pueblo de Rentería. ¡30! Y hemos tenido que decir a los militantes de nuestros pueblos que se tienen que proteger, y que tienen que dormir con un extintor al alcance de la mano y que tienen que poner a dormir a sus hijos cerca de las ventanas, donde haya balcones, para poder sacarlos si hay cualquier problema. Si estás viendo eso ¿qué te van a contar?

P.- ¿Eso no se resuelve dialogando?
R.- Eso no se resuelve contentándote con repartos de poder que no nos llevan a ninguna parte. Se resuelve defendiendo principios y valores y pasando la página de la desconfianza.

P.- Narcís Serra escribía hace unos días un artículo que comenzaba diciendo algo así como que el asesinato de Ernest Lluch ha demostrado que en este país se puede morir por pensar de una determinada manera... Un poco tarde para descubrirlo ¿no?
R.- En ese país se puede morir porque hay criminales que no respetan lo que uno piensa. Y aquí las muertes son todas iguales, desde hace muchísimo tiempo. Yo he ido a muchos funerales en el País Vasco, cuando íbamos 14, 15, 20 personas, y me han causado especial indignación esas víctimas desconocidas que las sacaban con furgones por la puerta de atrás, como si fueran leprosas, camino de cualquier pueblo de Andalucía, dejando atrás a una familia malviviendo con una pensión indigna. Esas cosas han pasado en nuestro país y de eso se acuerda poco la gente. Yo he sentido indignidad personal en el mal comportamiento que hemos tenido con muchas víctimas que, por no tener un cierto estatus en la sociedad, fueron abandonadas a la más absoluta soledad.

P.- Si a Lluch le mataron por defender el diálogo ¿por qué mataron a Fernando Buesa?
R.- Es que yo niego la mayor. A Lluch no le mataron por defender el diálogo. A Lluch le mataron por defender la libertad, que es radicalmente distinto. Por lo mismo que mataron al guardia civil, y al funcionario de prisiones, y a Gregorio Ordóñez o a Miguel Angel Blanco y a todas y cada una de las víctimas de ETA. Todas han muerto por lo mismo: por defender la libertad, cada una en su espacio. Aquí no hay muertos de primera y de segunda.

P.- En ese contexto ¿cómo interpreta usted los llamamientos al diálogo formulados a raíz del asesinato de Lluch como fórmula de solución del terrorismo?
R.- Yo formulo tres preguntas: Diálogo ¿con quién, de qué y para qué?

P.- Pues eso. ¿Hablar de qué?
R.- De que en el País Vasco necesitamos un marco común, unas reglas de juego iguales para todos, con las que todos nos sintamos igual de cómodos o de incómodos.

P.- ¿Ese marco no es el Estatuto de Autonomía?
R.- El Estatuto y la Constitución, sí. Eso es de lo que hay que hablar. El PNV, el nacionalismo llamado moderado, tiene que saber que no puede pretender marcar acuerdos con aquellos que no aceptan el marco común de convivencia. Esto es lo que debiéramos decir claramente, en vez de estar contestándonos a través de medios y mensajes que no se sabe muy bien a dónde van. Yo quiero saber claramente qué es lo que piensa el PNV de las reglas de juego. Porque el problema fundamental de Euskadi es ETA, pero hay otro problema añadido que es la falta de un marco jurídico.

P.- Hay un Estatuto ¿no?
R.- Sí, pero no se respeta. ¿Cómo es posible que se diga «sí» al Estatuto y «no» a la Constitución de la que éste nace? A los nacionalistas hay que recordarles esto constantemente, porque si quien debiera ser el garante del Estado de Derecho, que es el Gobierno vasco, llama a la desobediencia civil, el mensaje que se transmite es demoledor.

P.- ¿En el Parlamento de Vitoria no se dialoga?
R.- Allí hay un diálogo, pero de sordos, porque es incomprensible que un lehendakari que quiere serlo de todos los vascos salga elegido con el apoyo de quienes tienen vinculaciones con la violencia y, una vez que rompe con ellos, sea incapaz de someterse a una moción de confianza y apele al reglamento para sortear dos mociones de censura. ¡Usted ha perdido democráticamente y se tiene que ir a su casa!

P.- Si hablamos de diálogo, hablamos de disposición mutua a ceder. Pero si yo no entiendo mal, la posición de PP y PSOE es que la Constitución y el Estatuto no se discuten...
R.- Efectivamente...

P.- ... y la del PNV es la que se estableció en Estella.
R.- Así es...

P.- ¿De qué clase de diálogo estamos hablando entonces?
R.- La manipulación del lenguaje en el País Vasco es tremenda. Allí el mundo nacionalista ha estado devaluando permanentemente el Estatuto y la Constitución. Las juventudes del PNV han llegado a arrastrar la Constitución por el paseo que hay enfrente de Ajuria Enea Y eso no se puede hacer.

P.- ¿Y esa deslegitimación de la legalidad vigente tiene algo que ver con la última ofensiva terrorista?
R.- Desde luego no ayuda nada a que las cosas mejoren. Si el nacionalismo llamado democrático y moderado tuviera una posición mucho más firme... Solamente con que hiciera lo mismo que hace CiU, ya cambiarían muchas cosas en Euskadi, porque esto es un planteamiento de lealtad y respeto a las normas y al sistema. En Euskadi no hay respeto más que por lo que ellos dicen. No sé si esto es causa-efecto o efecto-causa. En cualquier caso, los terroristas tienen su propio manual, funcionan a su aire y actúan para conseguir que estemos todos como estamos: todos cruzados, todos revueltos y sin que nadie se entienda con nadie. Hace unos días leía yo un titular de Otegi en el Correo Español, que decía: «Estamos acertando en la estrategia. Todos están trabajando en función de lo que nosotros hacemos y decimos». Y tiene razón. Porque en función de esa dinámica todo está patas arriba y aquí no hay orden ni concierto. Pero aquí el Gobierno vasco tiene una responsabilidad muy importante.

P.- ¿Por qué se lanzan hoy a la calle con una pistola chavales de 20 años?
R.- Porque hemos fallado estrepitosamente en la educación. En explicar a los ciudadanos qué son los principios, los valores, el ser humano, la ética y las patrias. En lugar de eso, hemos estado contando mentiras sobre esa gran nación oprimida y reprimida a la que llegaron los invasores españoles para machacarla. Eso lo han hecho los nacionalistas y es una gran vergüenza, porque de ahí proceden nuestros actuales males. Por eso una de las cosas que tenemos que hacer en Euskadi es cambiar la educación y explicar valores y principios.

Las facultades competirán entre sí para atraer a alumnos de otras comunidades
El nuevo sistema empezará el próximo curso con la reserva de un 20% de plazas y estará instaurado en tres años
Las universidades españolas abren sus fronteras internas. A partir del próximo curso, cada alumno podrá escoger el lugar en el que quiere realizar sus estudios, independientemente de que la especialidad elegida se imparta también en su distrito de residencia. Durante el curso académico 2001/2002, cada facultad deberá reservar un veinte por ciento de plazas para personas de otras comunidades. Es el primer paso para la implantación progresiva del distrito abierto, un sistema de selección para el acceso a los estudios superiores que pretende facilitar la movilidad estudiantil. Esta medida, que se pondrá en marcha al cien por cien en tres años, ha sido bien acogida por las tres universidades gallegas.
MARÍA CEDRÓNSANTIAGO La Voz 4 Diciembre 2000  

Hasta ahora, si un alumno que había hecho la selectividad en Galicia quería estudiar periodismo en Barcelona, lo tenía difícil. Esa facultad, al igual que cualquier otra institución pública ubicada en el territorio español, sólo reservaba un 5% de sus plazas -hasta un máximo de diez- para alumnos de otras comunidades. Es lo que se llama distrito compartido, un sustantivo que a partir del próximo curso cambiará su adjetivo por el de abierto.
Resolución del 21 de enero

Una resolución del 21 de enero de este año regula la implantación de este sistema de selección académica que pretende, en el plazo de tres años, que la movilidad de alumnado entre comunidades sea total.

Las previsiones para el curso que viene son, según la Comisión Interuniversitaria de Galicia (CIUG), que cada facultad reserve el veinte por ciento de sus plazas -que serán fijadas en mayo del 2001 por el Consejo de Universidades- para alumnos que realizaran la selectividad en una comunidad en la que se imparten esos estudios.

Para acceder a dicha titulación, éstos deberán tener la misma nota o superior a la de los alumnos que optan a esa especialidad por el sistema ordinario. Así, si el último estudiante que ingresa en Informática en A Coruña lo hace con un 7,02, un alumno que opte a plaza por el sistema de distrito compartido deberá tener un 7,02 o más de media. Si quedan plazas vacantes, se concederán por el método general.

Universitas
Nota del Editor 4 Diciembre 2000  

Estudiar periodismo en Barcelona, habiendo hecho la selectividad en Galicia, es lo mismo que estudiar INEF en Galicia habiendo hecho selectividad en Cádiz, es decir bastante difícil puesto que en el primer caso deberá hacer un curso puente de gallego-español-catalán y en el segundo otro de español-gallego, y para poder matricularse, deberá acompañarle un traductor.  

La mitad de los vascos apoya la firmeza del Gobierno frente al PNV
El 64,2% de los españoles piensa lo mismo
La mitad de los vascos apoyan la firmeza del Gobierno central frente al PNV, pero recomiendan que mantenga la mano tendida y que los nacionalistas reconozcan su error y se acerquen al Ejecutivo popular. Además, la mayoría considera que el PSOE puede ser el puente entre ambas fuerzas políticas, según un sondeo.
AGENCIASMADRID La Voz 4 Diciembre 2000  

El 45,3% de la población vasca pide al PNV que rectifique su actitud y se acerque al Partido Popular. Por el contrario, un 32% está en contra, según una encuesta difundida por Telecinco. El sondeo fue realizado por teléfono la última semana de noviembre.

En el resto de España, el porcentaje de personas que creen que el PNV debe rectificar se eleva al 64,2%, mientras sólo un 9% considera que no.

Además, la mayoría de los españoles, un 63%, está convencida de que el PSOE puede ser el puente para el diálogo entre unos y otros, y también lo cree así el 58,5% de los vascos.

El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, pidió ayer al presidente del Gobierno, José María Aznar, que «mida las palabras para que no se cree una sensación de alarma entre la ciudadanía» y dijo que la Constitución puede «evitar cualquier riesgo de secesión».

Zapatero descarta debates
Zapatero se refirió a las manifestaciones de Aznar, quien anteayer advirtió del peligro que supondría para el Euskadi «una aventura secesionista basada en criterios étnicos».

A su juicio, la unidad de España es indudable y, con estas afirmaciones, «se puede estar enviando mensajes en una dirección equivocada», ya que «se abre un debate cerrado desde la Transición».

Recortes de Prensa   Página Inicial