AGLI

Recortes de Prensa     Martes 5  Diciembre  2000
#Nacionalismo y democracia
Editorial ABC 5 Diciembre 2000

#Exiliados vascos en Madrid
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 5 Diciembre 2000 

#La plataforma libertad
Iñaki EZKERRA La Razón 5 Diciembre 2000
 
#Terrorismo y publicidad
Ignacio GORDILLO La Razón   5 Diciembre 2000 

#No alarmar
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo   5 Diciembre 2000 

#Zapatero, el hombre tranquilo
Lorenzo CONTRERAS La Razón 5 Diciembre 2000

#Sabina
Alfonso USSÍA ABC   5 Diciembre 2000

#A vueltas con el problema vasco
M. MARTÍN FERRAND  ABC   5 Diciembre 2000

#Una mala tradición del PSOE
Pío Moa Libertad Digital 5 Diciembre 2000

#Mikel Azurmendi: «Si me matan, ya dije lo que tenía que decir»
Juan Carlos Rodríguez - Madrid .- La Razón 5 Diciembre 2000

#Azurmendi: «Arzalluz se cree Dios y que los no nacionalistas son satán»
MADRID. J. Pagola ABC 5 Diciembre 2000

#Villar denuncia conceptos "falsos y tendenciosos" en los libros de texto del País Vasco
Libertad Digital 5 Diciembre 2000

#Redondo pide a Zapatero dureza con el PNV en la negociación del pacto antiterrorista con Aznar
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País  5 Diciembre 2000

#Savater, Premio Abril Martorell por su defensa y difusión de la libertad
Madrid  El País  5 Diciembre 2000

#La Audiencia Nacional condena a 12 años a un edil de EH por quemar un cajero
J.A.B. ColpisaMADRID La Voz  5 Diciembre 2000

Nacionalismo y democracia 
Editorial ABC 5 Diciembre 2000

Las últimas elecciones celebradas en Canadá dieron la mayoría absoluta de la Cámara de los Comunes al Partido Liberal de Jean Chréthien, quien repite mandato por tercera vez consecutiva. Este resultado constituye un hito en la reciente historia parlamentaria de Canadá —hacía medio siglo que no se registraba una mayoría absoluta— y, además, permite extraer conclusiones ilustrativas sobre la dinámica de los nacionalismos secesionistas. Canadá es un país próspero y sólido que convive desde hace mucho tiempo con el grave problema de las tensiones separatistas provocadas por los nacionalistas de Quebec, la provincia francófona. Pero desde las elecciones del día 28 de noviembre algo empieza a cambiar. Las urnas redujeron la representación parlamentaria del Bloque Quebequés de 44 a 37 escaños y dieron la victoria al Partido Liberal en Quebec, con un 43,6 por ciento de los votos, frente al 40,5 por ciento de los nacionalistas.

Aun admitiendo que una parte de los electores adopta diversos criterios para votar según se trata de elecciones generales o locales, las pasadas elecciones canadienses reflejan la realidad de que un nacionalismo rupturista acaba chocando con el deseo de los ciudadanos de lograr una convivencia estable en un marco jurídico determinado y con unas condiciones políticas que armonicen el autogobierno con la realidad nacional común. Y esto sucede en un país en que el nacionalismo separatista es democrático y pacífico, lo que prueba uno de los efectos perversos que produce todo apoyo terrorista, el de la sobrevaloración de la fuerza nacionalista.

Sin embargo, pese a la legitimidad democrática del nacionalismo quebequés, sus dirigentes presentan rasgos de intolerancia reivindicativa que terminan cansando a la sociedad. Tres veces han votado los ciudadanos de Quebec sobre la segregación de Canadá —en 1980, 1992 y 1995— y en las tres consultas han rechazado la secesión. Pese a estos resultados, y a los electorales del pasado día 28, los líderes nacionalistas, cuyo partido gobierna Quebec, han reiterado la exigencia de un nuevo referéndum, como si la autodeterminación estuviera destinada, por designio invencible del destino, a la independencia. Este comportamiento es profundamente antidemocrático porque niega validez a la voluntad popular que no conduzca al logro de los objetivos soberanistas. Y este planteamiento provoca frustración y, finalmente, rechazo, porque no es posible el desarrollo tranquilo y sereno de una sociedad si en su seno anida la discordia permanente de un independentismo que no valora las cotas de autogobierno alcanzadas.

A esta nueva situación que apuntan los resultados electorales se ha llegado tanto por la percepción social de los perjuicios de una política nacionalista basada en la ruptura, como por la defensa de la unidad nacional desde las instituciones federales canadienses. Los partidos políticos nacionales no han disimulado la defensa de los valores constitucionales ni de la realidad nacional que se expresa y se reconoce en ellos. Esta es la doctrina que desarrolló el Tribunal Supremo canadiense en una sentencia histórica de 1998, que afirmaba que la «democracia no es sólo una cuestión de mayoría», porque la unidad nacional implica también la comunidad de unos valores históricos, culturales, económicos, sociales que niega el derecho de una parte del territorio a la separación unilateral. El Supremo canadiense sólo consideraba la posibilidad teórica de una secesión en el caso de que existiera una clara mayoría a favor de una clara consulta, seguida de una negociación con las demás provincias y el gobierno federal, pero rechazó la legitimidad del separatismo quebequés con base en el derecho internacional. En definitiva, las instituciones canadienses, sin complejos ni temores, han impulsado y defendido un proyecto de lealtad hacia los valores y las instituciones comunes que configuran su realidad nacional.

Exiliados vascos en Madrid 
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 5 Diciembre 2000

Esta vez es la necesidad, más que el azar, la que ha reunido en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, a dos conocidos escritores y exiliados vascos, para presentar el libro de uno de ellos: Jon Juaristi ha presentado «Y se limpie aquella tierra. Limpieza étnica y de sangre en el País Vasco (siglos XVI - XVIII)», de Mikel Azurmendi, publicado por Taurus. ¿Y por qué no es posible presentar este texto en Bilbao o San Sebastián? Pues no solamente por la potencia de la industria editorial ubicada en Madrid, y sus cómodos intereses de comunicación, sino porque tanto el autor como el presentador tienen vedado, con riesgo de su vida, aparecer tranquilamente por su país de origen y de amores. 

Son exiliados. El libro de Mikel Azurmendi trata, precisamente, de la genealogía e historia de esas perversas historias culpables, hoy mismo y tras el apropiado reciclaje en boca de los Arzalluz y compañía, del exilio de tantos vascos disconformes y enfrentados a los nefastos mitos de la limpieza de sangre, la comunidad étnico-religiosa y otros lamentables disparates antiliberales. El padre Manuel de Larramendi, el jesuita guipuzcoano del siglo XVIII, pero de un dieciocho antiilustrado, es el héroe del trabajo de Azurmendi, actualmente exiliado en Cornell, Nueva York, por los epígonos de aquél. Da vértigo reparar en la vigencia de semejantes ideas racistas, xenófobas, orígenes de prolongadas infelicidades y desgracias mal fundamentadas en cuatro mixtificaciones delirantes. Pero así es. El combate por la igualdad y la democracia que se libra en el País Vasco hunde sus orígenes, como en una obscura tumba criminógena, en viejísimas representaciones colectivas, en una identidad basada en la exclusión y persecución de un Otro que es ese mismo, el vecino de siempre, del país, de vascohablantes como Azurmendi y Juaristi, en un pasado renacido de limpiezas sangrientas del mismo, original y odiado diferente. Conviene recordarlo todos los días, negarnos a olvidar en nombre de una libertad siempre comprometida y en peligro. Porque dejémonos de bobadas: en el País Vasco, y por tanto en España, no habrá libertad mientras este libro y estos autores tengan que presentar sus trabajos en la semiclandestinidad.

La plataforma libertad
Iñaki EZKERRA La Razón 5 Diciembre 2000  

El sábado nacía en Madrid la Plataforma Libertad, que suponía el salto de los colectivos vascos Foro Ermua y Foro El Salvador al ámbito nacional así como su compromiso de trabajar en la movilización ciudadana con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Movimiento Contra la Intolerancia y la Asociacion por la Tolerancia. El paso es importante porque no basta con negar el excluyente «ámbito vasco de decisión» que hoy reivindica el neonazismo vasco sino que hay que llevar a la práctica esa negación. Son demasiadas las veces en las que la ciudadanía constitucionalista rechaza teóricamente ese tipo de preceptos «made in Eta» pero luego no se atreve a plasmar en hechos ese rechazo, que termina quedándose en declaración de intenciones, en un simple farol. No sólo los nacionalistas vascos confunden la política con el mus.

    A menudo hay intelectuales y políticos que se enfrentan claramente a Eta pero luego salen con una pata de banco a la hora de hacer valer las instituciones y los símbolos del Estado democrático en Euskadi. A menudo muestran unos pudores y unos escrúpulos ridículos ante el uso de la palabra «España» o de la bandera constitucional, ante la intervención de la alta inspección del Gobierno en la escuela vasca o de los representantes de los partidos constitucionalistas en los medios de comunicación públicos que el nacionalismo exprime para el adoctrinamiento político. A menudo esa inhibición cuaja en toda la ciudadanía española en la que los únicos que no parecen estar pisando huevos al pronunciarse sobre la cuestión vasca son los colaboracionistas. Cualquier escritor o historiador o académico anda ciñéndose al lenguaje políticamente correcto para criticar la bestial ofensiva de Lizarra mientras los Gabilondo y los Maragall no se cortan un pelo al procurar sabotear la «liberación de Euskadi por las urnas».

    El nacionalismo de Arzalluz no sólo exige a los vascos amenazados que se dejen matar y que lo hagan educadamente sino al resto de los españoles que se conviertan en objetivo etarra sin chistar ni intervenir en un problema que es de todos. Por eso mismo, sobre el «ámbito español de decisión» ya vigente y sobre el «ámbito español del dolor» impuesto por Eta, la plataforma que nacía el sábado reivindicaba «el ámbito español de la libertad». Y es que a nadie se le ocurrió pedir la paz en la dictadura de Franco por más que aquélla estuviera en guerra con los ciudadanos. Paz pedían los franquistas, los que te decían que no te metieras en líos, los enchufados, los afectos al régimen, los que generalizaban al hablar mal de los políticos, los que no querían que cambiara nada. Como ahora.

Terrorismo y publicidad
Ignacio GORDILLO La Razón   5 Diciembre 2000 

De nuevo con motivo de los últimos atentados terroristas, hemos vuelto a presenciar el gran despliegue de medios de publicidad. Todos los medios de comunicación, radio, televisión y prensa escrita, han informado con gran relieve de los atentados y sus consecuencias. Casi en directo hemos asistido a través de la televisión y la radio al lugar del hecho, observando los resultados producidos; muertes, lesiones, daños,... Inmediatamente han acudido al lugar del atentado las primeras autoriadades estatales, autonómicas y locales, realizando declaraciones de condena del atentado. Los compañeros de profesión, los vecinos y conocidos de las víctimas también hacen manifestaciones lamentando las pérdidas humanas y recordando la vida de las personas fallecidas. La prensa del día siguiente publica en portada el atentado, a veces con terribles imágenes en color de personas destrozadas y mutiladas, y en páginas interiores recogen las declaraciones de diversos políticos exigiendo mayor eficacia contra el terrorismo y la unidad de los demócratas. Los editoriales de ese día piden mayor severidad contra los terroristas, demandando, en ocasiones, mayores penas y el cumplimiento íntegro de las mismas o, incluso, la cadena perpetua. La historia se vuelve a repetir: funerales, entierros, minutos de silencio, manifestaciones,... Y todo ello rodeado de gran publicidad. Horas de radio y televisión y páginas enteras de los periódicos informan del suceso. Cualquier otra noticia, por muy importante que sea, no tiene ninguna relevancia. Y los terroristas lo saben. Buscan el lugar, el día y la hora más propicia para que su acción tenga la máxima difusión. Y la verdad es que lo consiguen. Los medios de comunicación están colaborando, de forma no intencionada, en dar la máxima publicidad a los actos terroristas que es precisamente lo que buscan sus culpables.

    En una sociedad democrática nunca se podría pedir el silencio de los hechos terroristas. El ciudadano tiene derecho a ser informado, a conocer todo lo que ocurre en su país. El silencio, de por sí inconstitucional, supondría volver a una sociedad donde los rumores estarían en boca de todos. Pero si no pedimos silencio a los periodistas, sí pedimos un mayor cuidado, una mayor cautela en la información de hechos cometidos por terroristas. Una información rigurosa y seria pero sin recrearse en la noticia. ¿A qué viene acudir con las cámaras de televisión o radio durante horas al lugar del asesinato? ¿A qué vienen esas declaraciones de condena de los hechos? Si todos estamos contra el terrorismo, salvo los terroristas, es absurdo repetir en cada atentado las opiniones de los políticos. ¿Por qué dar en directo una manifestación contra el atentado? Eso no debe ser noticia ¿Por qué dar gran despliegue informativo a los funerales y entierros de las víctimas? Mejor es respetar la intimidad de las familias y sus amigos. Es absurdo ver imágenes con los rostros destrozados de dolor de las viudas e hijos. No sirve para nada. Si para algo sirve es precisamente para que los terroristas comprueben satisfechos las consecuencias de su acción. Para ellos cuanto más publicidad, cuantos más minutos de silencio, cuantos más manifestantes, mejor. Su éxito es mayor. Su terror sólo busca dolor y publicidad.

    Hay que informar pero de forma escueta sin dar tanta notoriedad al hecho. Si el terrorismo no tuviera tanta publicidad seguramente su éxito sería menor. Sin publicidad el terrorismo no sería lo mismo.
    No olvidemos que lo primero que hacen los terroristas después de un atentado es ponerse delante del televisor a ver con todo detalle y casi en directo los resultados causados. La muerte de una persona en acto terrorista no debe tener mayor información que la publicación de la noticia sin insistir en declaraciones o manifestaciones inútiles. Los periodistas deben concienciarse que continuar hablando de forma repetitiva sobre un atentado no es informar, por mucho que sea lo que pidan los ciudadanos.

    Todos deberíamos hablar menos de terrorismo y dejar que trabajen las personas que tienen la función de luchar contra ellos. Es triste ver que noticias sobre importantes avances técnicos o científicos dejan de serlo al ocurrir un atentado. Es lamentable que hablemos tanto de las salvajadas de los terroristas y tan poco de noticias culturales o científicas. El terrorismo, por muy grave que sean sus consecuencias, y desde el punto de vista penal, no deja de ser más que un hecho castigado en el Código Penal, no puede hecernos olvidar otros graves atentados contra los más elementales derechos humanos que ocurren cada día en nuestras ciudades donde las víctimas son, en ocasiones, los niños, las mujeres o los inmigrantes. La excesiva publicidad del terrorismo nos puede llegar a impedir conocer otras importantes realidades que a todos nos deben afectar. No nos podemos acostumbrar a los hechos terroristas pero tampoco, por ejemplo, a la desaparición en el mar de muchas personas que huyen de su propio país en condiciones inhumanas.

No alarmar
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo   5 Diciembre 2000

Las juventudes del PNV anuncian una gran campaña contra la Constitución pidiendo que los vascos puedan decidir «para que Euskadi viva libre y en paz». En realidad, a los vascos que no son nacionalistas les cuesta mucho, muchísimo decidir, porque si deciden, por ejemplo, ser concejales del PSOE, les queman la casa, les hacen la vida imposible en el trabajo, les amenazan de muerte, los apalean en la calle y, finalmente, los asesinan delante de su familia. Realmente no pueden decidir salvo una cosa: jugarse la vida para poder decidir que pertenecen a un partido no nacionalista. Pero a las juventudes del PNV no les preocupa que esa mitad de los vascos, precisamente ésa, viva bajo el terror de los nacionalistas etarras; al cabo ellos también son nacionalistas y comparten con los terroristas el proyecto de futuro llamado Pacto de Estella, en el que, para empezar, sólo serán ciudadanos de pleno derecho los nacionalistas. De forma que entre que la mitad de los vascos no pueda decidir por culpa de los etarras y que decidan los etarras por la mitad de los vascos, ellos se inclinan sin dudar por la segunda opción.

Sin embargo, es un error lamentable levantar la voz para alertar a la ciudadanía española, de la que quieren formar parte los vascos no nacionalistas, sobre el peligro secesionista en el País Vasco. Es una ligereza censurable recordar a la ciudadanía, entretenida con las compras navideñas, el mantenimiento del Pacto de Estella entre los nacionalistas asesinos y los nacionalistas menos asesinos, no pasar por alto las llamadas a la independencia del jefe del PNV, Xabier Arzalluz, o informar sobre esta última campaña de las juventudes del PNV, el partido que gobierna en el País Vasco, precisamente contra la legalidad que lo sustenta, que es la de la Constitución y el Estatuto. En realidad, avisar, como lo ha hecho el presidente del Gobierno español, sobre el peligro de una secesión traumática del País Vasco, amén de Navarra, o señalar la sincronía de las iniciativas separatistas del PNV y la permanente campaña de terror callejero de los etarras y proetarras contra los que no piensan lo que ellos manden, crea en toda la sociedad, la española en general y la vasca en particular, una inquietud absolutamente injustificada. De ahí que Rodríguez Zapatero, prodigio de serenidad, de ecuanimidad y de perspicacia, monumento al valor cívico y a la coherencia intelectual, haya censurado públicamente a Aznar por alarmar así a la gente. Ahora debe embridar también y cuanto antes a sus compañeros de partido que se quejan porque, total, los amenazan, los apalean y los asesinan, como si fueran del PP, y que están contribuyendo con sus denuncias a esa injustificable campaña de crispación. ¡Bien, bien, Zapatero!

A mí lo que empieza a alarmarme es que este tío pueda llegar un día a La Moncloa.

Zapatero, el hombre tranquilo
Lorenzo CONTRERAS La Razón 5 Diciembre 2000  

El joven y todavía flamante secretario general delPSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, muestra alarma ante el hecho de que Aznar, cuando se refiere a la situación del País Vasco, aluda a la «catástrofe histórica» que representaría el proyecto «secesionista» del PNV y EA. Al actual líder socialista le cuesta, por lo visto, trabajo admitir que ese riesgo existe y que, denunciándolo, se alarme a la población española. Sin duda, prefiere ignorarlo y optar, en consecuencia, por la política del avestruz.

    En nuestro país muchas fuerzas, sectores y estamentos hacen sus cuentas. Se habla, por ejemplo, de un estudio del obispado de Bilbao que descubre peligrosamente el porcentaje de ciudadanos vascos dispuestos a admitir para el problema de «Euskadi» una «solución» nacionalista. El cansancio, el asco, la desolación que produce el mantenimiento de la crisis vasca, sin atisbo de arreglo en cada una de sus vertientes, estaría propiciando una actitud de resignación ante el éxito del independentismo si con ello acaba la insoportable situación que se vive. Tales sentimientos explicarían que para Eta el principio clave que urge fomentar es el que se enuncia con el lema «cuanto peor, mejor». Ni más ni menos.

    Aznar ha optado honestamente por hablar en plata. La secesión del País Vasco es un concepto al que conviene ir dando salida si se quiere conjurarlo. Pero Zapatero, en parte por inexperiencia política, en parte para no obligarse mucho en sus actitudes, prefiere que de esto no se hable, que se describa el escenario con tintas relativamente amables u optimistas. De esta manera, lo que tenga que cambiar, cambiará de acuerdo con la estrategia del «cambio tranquilo». Nos iremos los españoles como pueblo a la gran puñeta, pero eso sí, con calma, sin perder los nervios, sin alzar la voz, sin elegir palabras crudamente descriptivas porque eso es malo para la salud de España.

    Así pues, hay que prohibir en los usos del lenguaje político, cuando nos referimos a España, la palabra «secesión». Si se olvida que ese riesgo existe, el señor Zapatero y su entorno estarán más tranquilos e incluso podrán entregarse con menos problemas a la idea de pactar con el PNV después de unas elecciones vascas que permitan a los socialistas ser, eso sí, tranquilamente, bisagra política del nacionalismo rampante.

    Nada de alarmar, por consiguiente, a la sociedad española, incluyendo ese pedazo de sociedad sitiada que vive y sobrevive en el llamado «Euskadi» rodeada de nacionalismo separatista por todas partes. Ese hombre tranquilo que responde al apellido Zapatero prefiere, en estos tiempos eutanásicos, un proceso dulce y sin sobresaltos.

Sabina
Por Alfonso USSÍA ABC   5 Diciembre 2000

Entre el cantautor Joaquín Sabina y el que esto firma no hay ni amistad, ni comodidad ni simpatía. Muchas son las razones y una en especial, que precisamente ahora adquiere principal protagonismo por su sinceridad. No es fácil lo que ha dicho y hay que saber valorar la desnudez de las escondidas vergüenzas. Otros no lo hacen, y terminan por descomponerse.

Joaquín Sabina, como muchos ejemplares de la antigua Izquierda ciega, simpatizó con la ETA y su entorno durante un tiempo. Confundió el culo con las témporas y no supo establecer la diferencia que existe entre la idea y la barbarie. En una entrevista de Javier Menéndez Flores publicada en el semanario «Interviú» lo manifiesta sin sombras ni tapujos. Y si bien hace justicia a la animadversión que yo sentía hacia su persona, pone las cosas en su sitio en un alarde de autocrítica que merece, por su ejemplaridad e influencia en muchos, un reconocimiento por su coraje. No es agradable lo que confiesa, y ello eleva aún más el valor de sus palabras.

«La Izquierda de este país —lo de “este país” es un fallo menor que la Izquierda también debe corregir—, a la que orgullosamente he pertenecido y creo pertenecer, debiera pedir perdón por su complacencia con ETA durante muchos años. Yo tuve en mi casa de Londres a etarras, y era una gente encantadora que pegaba tiros en la nuca, algo que nos parecía una cosa muy graciosa en ese momento. Y hacíamos mal. Porque de aquellos polvos vinieron estos lodos. Así que creo que la gente como yo está muy obligada a estar muy en contra (de ETA) y a decirlo muy alto por cobardes que sean. Y yo lo soy como el que más». En este caso, momento y lugar, Joaquín Sabina ha demostrado que su autoconfesada cobardía ha sido vencida por su arrepentida sinceridad.

Y puesto a definir actitudes, reconoce que en sus conciertos, cuando a cuento viene y tiene que referirse a los terroristas, compañeros de aquellos que antaño agasajó en su casa de Londres, lo hace usando el desahogo verbal de «hijos de puta», fórmula de defensa anímica por la que muchos hemos sido vituperados durante décadas.

Joaquín Sabina, tarde pero bien, acusa de ceguera, fanatismo y estupidez a esa Izquierda que todavía se resiste a hacer público su arrepentimiento. Cierto es que algunos no están arrepentidos, y callan sus viejas simpatías, y aún se alegran cuando los terroristas llevan a cabo sus canalladas, y en los términos «diálogo» y «negociación» camuflan sus estremecedoras concordancias con los asesinos. De ahí que las manifestaciones de quien fue uno de ellos, y muy relevante por otra parte, merezcan una obligada sensación de respeto.

El mundo está repleto de cobardes atemorizados por sus malas conciencias, sus pasados y mantenidos errores y sus vilezas ocultas. Escapar de ese laberinto necio y mugriento no es empresa fácil, y más cuando la popularidad personal de quien se libera de sus perjuicios, convierte esa huida en público arrepentimiento. Sabina está hoy con los que mueren, con la pacífica, buena y sufriente mayoría, y su paso no ha sido fácil. Esto no abre ninguna predisposición para establecer una corriente de simpatía entre quienes se han demostrado reiteradamente un mutuo y distante desafecto. Sí se ha producido, al menos por mi parte, un cambio radical en mis apreciaciones personales. No me voy a inscribir en ningún club de «fans» de Joaquín Sabina, ni oiré con la complacencia de mis hijos sus canciones. Eso sí, no interrumpiré, como hasta ahora, el tarareo pegadizo de algunas de sus creaciones. Para mí, Joaquín Sabina ha escrito su mejor obra, y le ha puesto la mejor música, y la ha interpretado —lo repito— muy tarde, pero muy bien.

Otros siguen en babia o en la ignominia. Otros siguen creyendo que lo «progre» y revolucionario es asesinar a un militar, a un agente del orden, a un juez o a un empresario. Todavía quedan los que lamentan las muertes de «los que no lo merecen», como si todos los asesinados no fueran iguales víctimas inocentes. En fin, que Joaquín Sabina ha sabido vencerse.

A vueltas con el problema vasco
Por M. MARTÍN FERRAND  ABC   5 Diciembre 2000

¿Corre peligro la unidad de España? Mientras José María Aznar nos advierte del riesgo de «una aventura secesionista basada en criterios étnicos», José Luis Rodríguez Zapatero cree que «la Constitución está fuerte y también la unidad». Si Aznar tiene razón, Zapatero peca de confiado y, en caso contrario, el presidente del Gobierno es alarmista. También caben otras dos hipótesis: que ninguno tenga razón en sus diagnósticos o que la tengan los dos.

Parte de la mucha confusión que acompaña al problema, o al no problema, arranca del lenguaje. Los términos al uso, desde secesionismo a soberanismo, no se corresponden, aun en su corrección, con la precisión de los sentimientos —muchos y contrapuestos— que agitan la cuestión. La secesión es un acto, no una idea, que en el caso español tiene aromas, condensados en el XIX, referidos a la independencia de las naciones americanas. La soberanía, sin salirse del cauce democrático, es algo que reside en el pueblo; se ejerce, claro, desde sus órganos representativos, pero sólo al pueblo corresponde afirmarla o negarla y en el País Vasco —donde ahora nos duele el problema— la voz popular es, cuando menos, dual. El separatismo, la expresión que (casi) todos pretenden evitar, es, por encima de una acción, una doctrina política que encaja con la tradición española. Los tres vocablos sirven para designar la voluntad de independencia de una parte del todo; pero el soberanismo presupone un derecho; el secesionismo, un hecho y el separatismo, más descriptivo, una demanda.

El separatismo es evidente. Su fuerza, especialmente activa en el País Vasco, no se circunscribe a él y el problema que arrastra es parte esencial de nuestra Historia en este siglo que ya se acaba. Aznar no es alarmista al prevenirnos de una realidad tangible. Pudiera llegar a serlo, y en ese caso Zapatero se nos convertiría en pánfilo, por los métodos que llegue a utilizar para combatir el problema; pero el germen está ahí y compromete la convivencia constitucional (y estatutaria).

Para la solución del problema hacen falta imaginación y concierto. Hay una batalla policial pendiente contra el terrorismo, pero ello, aun contando con la victoria final, le quitaría dramatismo al mal, pero no aportaría soluciones definitivas. Una de las claves del nacionalismo separatista, la más activa, reside en la potenciación de lo que, para entendernos, podemos sintetizar como «el hecho diferencial» y ese germen estará activo, con distintas intensidades, mientras no se consagren las diferencias. El «café para todos» del vigente pragmatismo de los padres constitucionales, lejos de consagrarlas, las acentúa según crece la autonomía real de las diecisiete porciones del Título VIII. De ahí la imaginación que, de una u otra manera, ha de sorber el café, ya frío, de hace veinte años para sustituirlo por otros manjares más equilibradores. El concierto —«buen orden y disposición de las cosas» según el DRAE— exige la responsabilidad y el sosiego de las partes en juego. Entre las próximas elecciones autonómicas vascas y las legislativas de 2004 se producirá un tiempo apto para la serenidad. Acotarlo ahora, sin conocer el nombre del nuevo inquilino de Ajuria Enea, aliviaría mucho las tensiones innecesarias.

Una mala tradición del PSOE
Por Pío Moa Libertad Digital 5 Diciembre 2000

En verano de 1934 se conjuntaron el PNV, la Ezquerra catalana y el PSOE para desestabilizar al gobierno republicano centrista, presidido por Samper, so pretexto de un pleito secundario (unas tasas sobre el vino) que afrontó Samper con ánimo conciliador. La alianza entre el PNV y el PSOE, enemigos irreconciliables en Vasconia, a cuya autonomía se había opuesto Prieto, resultaba en verdad extraña. No menos la amistad entre los ultracatólicos nacionalistas vascos y la Ezquerra, que había saludado la victoria electoral de la derecha, en 1933, declarándose “en pie de guerra” contra “el obispo y su tropa siniestra”. La cordialidad entre los tres partidos hizo pensar en una acción común en la insurrección de octubre de 1934, inicio de la guerra civil, pero a última hora el PNV quedó prudentemente a la expectativa. Parece bien asentada en él la tradición de dejar que otros sacudan el árbol para recoger luego las nueces.

¿Es posible hoy una alianza pareja? Indicios hay de ello. La defensa del PNV por González, olvidando que los nacionalistas han optado por la vía anticonstitucional y proterrorista, o las marrullerías de Guerra para desgastar al Gobierno explotando un asunto muy peligroso para la estabilidad de la democracia, indican que una alianza con el PNV en esta sensible cuestión es, como mínimo, una opción sobre la mesa. Al respecto conviene recordar que las libertades, la democracia o la unidad nacional nunca han pesado demasiado en la “cultura” del PSOE, a pesar de que otra cosa hayan hecho creer a la gente sus excelentes equipos de imagen, (los de los cien años de honradez), y que esa deficiencia, por así llamarla, está en el origen de la guerra civil.

Naturalmente, los socialistas actuales no son los de la república, pero ciertos tics persisten. Ahora defienden algunos al PNV como “partido democrático” y rechazan que se le “satanice” –aunque el PNV, como el PSOE, nunca ha cesado de satanizar a sus contrarios. Muy bien, pero las declamaciones democráticas del PNV no han impedido que bajo su gobierno –largo tiempo compartido con el PSOE– Vasconia viva una realidad de privación de libertades, opresión y pasividad pública frente a la agresión nacionalista y el terrorismo.

Habiendo llegado las cosas tan lejos, ¿cambiarán de línea los socialistas y presionarán a sus antiguos aliados para que, a su vez, cambien? No acabamos de verlo, pese a las declaraciones de Zapatero. Por el contrario, hablan de “diálogo” en abstracto mientras levantan insidias contra el PP por no ser lo bastante dialogante y democrático. Una vez más, el PSOE no parece tener claras cuáles son las cuestiones “de Estado” y cuáles las de oportunismo electoral. En estos casos nunca está de más recordar la historia, por encima de las campañas de imagen. 

Mikel Azurmendi: «Si me matan, ya dije lo que tenía que decir»
Mikel Azurmendi, amenazado por ETA, vuelve a España para presentar «Y se limpie aquella tierra»
El profesor de la Universidad del País Vasco, miembro del Foro de Ermua y ex militante de ETA Mikel Azurmendi, que abandonó el pasado verano Euskadi tras ser objeto de amenazas y de una sabotaje frustrado, presentó ayer en Madrid «Y se limpie aquella tierra. Limpieza étnica y de sangre en el País Vasco (siglos XVI-XVIII)» (Taurus), obra en la que repasa las leyendas naturistas, falseadas, mitologizadas, literaturizadas, incluso adaptadas por la religión, durante siglos que ha usado el nacionalismo vasco para dar pie a sus teorías acerca de la identidad y superioridad vasca. LARAZÓNhabló ayer con él.
Juan Carlos Rodríguez - Madrid .- La Razón 5 Diciembre 2000

Amenzado y perseguido, Mikel Azurmendi (San Sebastián, 1942) presenta «Y se limpie aquella tierra» (Taurus) entre inusitadas medias de seguridad. Policías entre libros, mal asunto. «Me podrán matar -dice con frialdad-, pero no me van a tapar la boca». Azurmendi no pierde la ironía ni ha dejado de flagelar al nacionalismo vasco y al terrorismo etarra con verdades de perplejidad.

    Azurmendi habla de «una forma atípica de fascismo» y, acusando al Gobierno Vasco, de «limpieza étnica desde hace veinte años». Para los vascos como él, los vascos que no casan con la independencia, reconoce que la «situación es negra» por el cerrojo del nacionalismo, cerrojo que ilustra la portada de su libro y «cerrojo que significa -dice- cierra el pico, que si no te va a pasar algo». Amenaza, sabotajes, asesinatos, silencio. «Si PP y PSOE no se entienden, Dios nos coja confesados». Al PNVlo descarta:«Ni Arzallus ni Egibar quieren la derrota militar de ETA ni la política de HB, eso les incapacita para sentarse a dialogar».

    -¿Verdaderamente Arzallus es Dios, como usted dice?
    -Yo a Arzalluz le tengo respeto como persona, pero me gustaría que fuera como todos nosotros, que no se pasara la vida diciendo quién es un buen vasco y quién no lo es. Arzallus se cree Dios, todos los que no pensamos como él somos Satán. Es un ayatollah que se cree Dios, el salvador, cuando incluso Hitler o Musolini eran más legítimos que él, tenían más gente detrás.

    -¿El conflicto vasco es consecuencia de la limpieza de sangre que comienza en el siglo XVI?
    -El nacionalismo vasco, sin duda, debe unirse a estos relatos que impulsan a la acción, pero fundamentalmente a determinadas acciones e ideas del siglo XIX. Desde Larramendi a Arzallus hay un relato común, y eso lo ha escrito el propio Arzallus.

    -Usted se fue de su casa...
    -Sí, me fui porque no quería estar aquí vigilado, amenazado y perseguido como otros muchos amigos míos, limitados en su propia vida familiar y profesional. No entiendo cómo los políticos no se han dado cuenta todavía de ello. Quiero decir, que cuando se creó la Constitución, ni tan siquiera los políticos, ni Carrillo siquiera, tenían guardaespaldas y hoy -a ver si lo piensan los del PSOEy los del PP- hasta para reunirse necesitan protección. Eso no ocurría ni en el tardofranquismo, la época que yo llamo la guerra civil. ¿No se han dado cuenta los del PSOE que para discutir con los del PNVellos tienen que llevar guardaespaldas y los peneuvistas no?

    -...¿Volverá?
    -Estoy deseando volver y confío en que lo podré hacer, pero es imposible vivir constantemente con guardaespaldas. ¿Por qué un profesor, un político o quien sea tiene que llevar guardaespaldas? Yo propugno que las cosas sean al revés: es decir, venga, hagamos una ley que diga que doscientos mil o ciento cincuenta mil ciudadanos vascos necesitan protección y que se les ponga un policía a cada uno, a todos los votantes de HB. Que no sea a nosotros, los que queremos la paz y el diálogo, a los que se nos quite la libertad, sino a aquellos que pasan listas, que configuran itinerarios, que persiguen. Ahora mismo, el máximo de libertad para el máximo de gente es que se proteja a los asesinos, porque sabemos quienes son. Y por supuesto que se les detenga en cuanto tengan listas y hagan cosas susceptibles de ser ilegales.

    -Usted defiende el diálogo, ¿pero incluso con ETA?
    -Si ETA deja de matar, yo me sentaría ahora mismo con ellos y les daría un abrazo por querer ser como yo. Pero lo que no voy a hacer es callarme ni dejar a nadie que me ponga un esparadrapo. Me fui porque no podía vivir permenentemente vigilado, perseguido. Y por eso he escrito este libro, entre otras razones, si ahora me matan, pues ya he escrito y dicho lo que tenía que decir.    

«El PNV hace que se odie a España»
    -Hay quien dice que no es concebible un País Vasco con el PPo el PSOEen el poder...
    -Sí, es la maldita idea de no considerar vascos a los que no piensan como ellos. Por muy intelectuales que sean quienes han dicho eso, no se sostiene. ¿Qué manía es ésta de no considerar vasco a los vascos del PP? A los vascos del PNVno les gusta España y han hecho desde hace 20 años una política para que cada vez más se odie a España. Yo lo único que deseo es que todos los vascos podamos caminar juntos, sentándonos y discrepando, pero todos juntos.

Azurmendi: «Arzalluz se cree Dios y que los no nacionalistas son satán»
MADRID. J. Pagola ABC 5 Diciembre 2000

El escritor y antropólogo Mikel Azurmendi, que se ha visto obligado a abandonar el País Vasco por el acoso de los terroristas, manifestó ayer en la presentación de su nuevo libro «Y se limpie aquella tierra» que el PNV debe pedir la derrota «militar» de ETA y la «política» de HB, si quiere entrar en un diálogo que considera imprescindible entre el PP y el PSOE.

En la portada del libro, editado por Taurus, aparece un candado que, según Azurmendi, simboliza la situación por la que han atravesado a lo largo de la Historia y atraviesan en la actualidad muchos vascos a los que el nacionalismo dominante pone «grilletes» en su pensamiento. Refleja ese «cállate el pico que si no te va a pasar algo» situación que, en su opinión», «hasta los socialistas parece que ven bien, porque dicen que hay que tratarles bien» a los nacionalistas. Es, en definitiva, «la historia de un cerrojo centenario que se nos ha puesto a los vascos».

«CERROJOS» A LOS ESPAÑOLES
Azurmendi relata cómo a partir del siglo XVIII los predecesores de los nacionalistas vascos comienzan a poner los primeros «cerrojos» a los españoles, a los que consideran «negros, mezclados, mestizados» por las diferentes invasiones extranjeras, mientras ellos se creen «puros, no contaminados». Este discurso lo predicaban desde sus púlpitos algunos curas que arengaban a sus feligrese para que se prepararan para matar con el mensaje de «guerra habremos de hacer». En opinión del autor de «Y se limpie aquella tierra», el nacionalismo actual se sostiene en aquel dircurso ya que considera que «Dios es la medida de todas las cosas» y que «ellos son Dios». «Como los demás no pensamos como ellos, dicen que no somos del pueblo vasco, que somos el antidios». Por ello, comentó que cuando Arzalluz dice que se le está satanizando al nacionalismo es porque «ellos son Dios y cualquier idea que no les guste es Satán». En otro momento, subrayó que «entre los vascos siempre ha habido alguna limpieza porque ha habido sucios».

«LIMPIEZA ÉTNICA LEGAL»
Por otra parte, Azurmendi reconoció que le gustaría regresar a España, tras haberse visto forzado a trasladarse a Estados Unidos por el acoso terrorista, «pero no como están mis amigos con escoltas y guardaespaldas». Denunció que el suyo no es el único caso de «exilio», ya que hay numerosos ciudadanos vascos que se está trasladando a Madrid porque en el País Vasco existe una «limpieza étnica, sólo que legal». «Es una forma típica del fascismo que hemos visto también en los Balcanes y en Ruanda», comentó. «En estos momentos, la situación para los vascos no nacionalistas es negra».

Consideró imprescindible el diálogo entre el PP y el PSOE, pero «los que no quieren hablar no pueden sentarse en esa mesa», en alusión al PNV al que acusó de querer imponer sus ideas. Recordó que «el PNV no ha dicho aún que ETA desaparezca y sí ha dicho que no quiere la derrota militar de ETA, ni la derrota política de HB. Yo si la quiero».

MENOS LEGITIMIDAD QUE HITLER
Subrayó que Mussolini y Hitler tenían más legitimidad, en cuanto a apoyos de la población, que Arzalluz. En cualquier caso, insistió en que es imprescindible que el PP y el PSOE dialoguen para buscar un pacto contra el terrorismo, ya que «si no se entienden, ¿qué va a ser de nosotros?», se preguntó desde la inquietud. «Si no se entienden que Dios nos coja confesados porque nos van a matar a todos»», aseveró.

Azurmendi puso como ejemplo de diálogo el que rodeó a la elaboración de la Carta Magna ya que se hizo entre vencedores y vencidos. «Soy un acérrimo defensor de la Constitución no por lo que dice sino por cómo fue hecha».

Aseguró que en Estados Unidos el problema vasco «es un granito de polvo que ni se ve», aunque «en la Universidad, la mayor parte de los catedráticos creen que los vascos luchan por la libertad», aunque ésto está cambiando. Explicó que esta distorsión obecede al discurso difundido hasta no hace mucho por sectores socialistas y comunistas en el que se afirmaba que la lucha de ETA «era buena para debilitar al Estado». En este sentido, relató que en diciembre de 1973, a raíz del atentado que costó la vida al almirante Carrero Blanco, él, que ya había abandonado ETA, lanzó en París octavillas en las que decía que había sido «un asesinato injusto e inmoral», ya que «nunca un asesinato puede ayudar a la libertad». Afirmó que cuando la izquierda aprobó ese asesinato, convirtió a los etarras en «salvapatrias».

Villar denuncia conceptos "falsos y tendenciosos" en los libros de texto del País Vasco
Libertad Digital 5 Diciembre 2000

ALERTA SOBRE SU INFLUENCIA EN LOS JÓVENES

El delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, denunció este martes la existencia de conceptos "falsos y tendenciosos" en libros de texto de ikastolas, colegios públicos y privados de Euskadi, y advirtió de que "la educación es elemento importante en muchos casos para estas futuras tragedias que ETA nos proporciona". Enrique Villar lanzó esta advertencia durante un acto de homenaje a la Constitución Española que tuvo lugar en la Delegación del Gobierno central en Vitoria, ante autoridades civiles, militares y representantes políticos no nacionalistas.

Villar puso como ejemplo un libro de cuarto de primaria de la Editorial Anaya Haritza, en castellano, donde aparecen siete mapas "virtuales y falsos de Euskal Herria y dieciocho conceptos intencionadamente erróneos" y recordó que, "Euskal Herria es un concepto nacionalista, irreal, virtual, falso e inalcanzable que puede valer para el sueño de una noche tonta de un nacionalista, pero que en nada se parece al País Vasco real de nuestros amores".

Asimismo, citó el libro de Filosofía de primer curso de bachiller de la Editorial Gaiak, en euskera, donde se explica el concepto de raza como "una característica principal de la identidad vasca" que se empezó a mencionar a finales del siglo XIX, y que aparece en los trabajos de Sabino Arana. En tercer lugar, explicó que en el libro de Historia de la Editorial Erein, en castellano, para alumnos de 17 a 18 años, se recoge un fragmento de la obra de Sabino Arana donde se constata que "la política catalana, consiste en atraer a sí a los demás españoles" y "la vizcaína en rechazar de sí a los españoles como extranjeros".

En este texto recogido por la citada editorial, Sabino Arana habla de la lengua y vuelve a comparar a Cataluña con Euskadi, al decir que "los catalanes quisieran que no sólo ellos, sino también todos los demás españoles establecidos en su región hablasen catalán; para nosotros sería la ruina el que los maketos residentes en nuestro territorio hablasen euskera". "Porque la pureza es como la lengua, uno de los fundamentos del lema vizcaíno, y mientras la lengua, siempre que haya una buena gramática y un buen diccionario puede restaurarse aunque nadie la hable; la raza, en cambio, no puede resucitarse una vez perdida", añade el texto de Sabino Arana recogido en el mismo libro según el discurso de Villar.

"Esto es lo que estudian nuestros jóvenes y si de todo ello personas formadas nos reiríamos por tanta patochada y 'catetez' trasnochada, preñada de racismo sabiniano, ¡qué peligrosos resultan conceptos de este cariz para muchachos que están formando criterio de lo que se les presenta ante sus ojos!", exclamó. Algunos de los textos puestos como ejemplo por Villar fueron autorizados por el Gobierno Vasco en 1997 y 1998 (PNV-PSE-EA), según dijo, y en uno de ellos, aparece una definición de ETA como "un Movimiento Vasco de Liberación Nacional, creado en la Resistencia patriótica, e independiente de todo otro partido, organización u organismo".

Advirtió de que transmitir estos conceptos a la juventud "puede resultar más grave que el propio terrorismo" y consideró que, "solamente peor que la incultura de un pueblo es la cultura sesgada, dirigida y manipulada".

Redondo pide a Zapatero dureza con el PNV en la negociación del pacto antiterrorista con Aznar
El Gobierno y el PSOE aseguran que "el acuerdo puede estar listo en dos días"
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País  5 Diciembre 2000

La falta de respuesta de los sectores autonomistas del PNV frente a la dirección soberanista de Xabier Arzalluz deja las manos libres al PSOE para acordar con el Gobierno un pacto contra ETA y sobre Euskadi. El secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo, reclamó ayer "dureza" al líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, en las condiciones que se preven imponer al PNV en el pacto. El Gobierno y el PSOE aseguraron ayer que el pacto puede estar listo en dos días.

Nicolás Redondo, que además de secretario general del Partido Socialista de Euskadi (PSE) es secretario de política institucional del PSOE, manifestó ayer mismo a Rodríguez Zapatero y al diputado Alfredo Pérez Rubalcaba, representante socialista en la negociación con el Gobierno del pacto contra ETA, que "con el actual PNV no hay nada que hacer si no es derrotado en las urnas" en las elecciones vascas.

Redondo trasladó a Pérez Rubalcaba, que mantiene muy avanzada la negociación del pacto con el secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, que "no debe ceder ante el Gobierno" en su pretensión de cerrar un acuerdo preelectoral del PSE con el PP en Euskadi. Pero tampoco cree que deba facilitarse un acuerdo postelectoral con el PNV, con exigencias "blandas". Por el contrario, estima que deben imponerse al nacionalismo unas condiciones muy duras para un futuro pacto contra ETA y sobre el futuro de Euskadi. Unas condiciones que el Gobierno aceptaría como "mal menor", según estima Redondo. "Ese pacto es necesario y debe firmarse de una vez", añadió.

Los socialistas vascos han trasladado al PSOE su convicción de que no habrá "cambio de rumbo" en la dirección del PNV, del soberanismo al autonomismo, si no sufre una derrota en las elecciones vascas. La última prueba de ello ha sido la asamblea nacional extraordinaria del PNV el pasado jueves dedicada a las elecciones vascas, en la que ninguno de los representantes del sector autonomista del partido —agrupados en su dirección vizcaína y en numerosos cargos institucionales de los tres territorios del País Vasco— plantó cara a la dirección soberanista de Arzalluz y Joseba Egibar.

Asimismo, la posición del lehendakari Juan José Ibarretxe, que volverá a optar por la candidatura a la presidencia del Gobierno vasco en las próximas elecciones por el PNV, es ambigua. No descarta revalidar el pacto entre el PNV y Eusko Alkartasuna (EA) con al añadido de Izquierda Unida (IU) si supera la suma de escaños del PSE y el PP, que se traduciría en un Pacto de Lizarra versión light. El panorama se completa con la revalidación, también este fin de semana y desde la cúpula del sindicato ELA, muy influyente en el nacionalismo, de la apuesta soberanista.

En estas condiciones, Redondo manifestó ayer que la próxima semana se entrevistará con el lehendakari con el único objetivo de reclamarle el adelanto de las elecciones "para la paz y la libertad". Así, Redondo ha manifestado a la dirección federal del PSOE que tiene las manos libres para cerrar con el Gobierno el pacto, con la única limitación de no suscribir un acuerdo preelectoral. "Hay que dejar que hablen las urnas y aspiro como candidato a ganar las elecciones", dijo ayer Redondo, en referencia tanto al PNV como al PP.

Ayer continuaron las conversaciones entre el Gobierno y el PSOE. Ambas partes confirman que al pacto sólo le falta el "cierre de algunos flecos" referentes a la redacción de las relaciones con el PNV. Fuentes de una y otra indicaron que la firma del pacto se puede producir en dos días. Sólo razones ajenas al pacto explican algunas de las declaraciones de ayer en torno al mismo. Destaca la del secretario general del PP, Javier Arenas, que contradice la posición del Gobierno. Arenas dijo que "aún quedan cuestiones muy importantes por resolver".

Savater, Premio Abril Martorell por su defensa y difusión de la libertad
El galardón reconoce su labor pedagógica
Madrid  El País  5 Diciembre 2000

Fernando Savater, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, ha sido galardonado con el Premio Fernando Abril Martorell, en su tercera edición, por su destacada contribución a la defensa y difusión de la libertad, la tolerancia y los derechos humanos. En sus anteriores ediciones, el premio fue otorgado al rey Juan Carlos y al pintor y escultor Agustín Ibarrola.

El Premio Fernando Abrill Martorell se concede anualmente por la Fundación que se lleva su nombre con el objeto de reconocer la trayectoria de personas o entidades que hayan destacado en el impulso de los valores de tolerancia y convivencia y en defensa de las libertades. De acuerdo con sus bases, el galardón se otorga todos los años a primeros de diciembre, fechas antes del Día de la Constitución, y se entregará en marzo de 2001.

La Fundación fue creada en 1998, y su patronato está presidido por Adolfo Suárez. El jurado de esta edición ha estado compuesto por Joaquín Almunia, Rita Barberá, José María Cuevas, Carmen Iglesias, José Luis Leal y José Antonio Martínez Soler.

La decisión del jurado de conceder a Savater el premio de este año ha estado basada en la contribución del catedrático a la "defensa y difusión de la libertad, así como la tolerancia, el pluralismo, los derechos humanos y en general de los valores propios de toda sociedad democrática y abierta". Sobre todo, añade el jurado, "a través de su magisterio ético e importante labor pedagógica, especialmente dirigida a las generaciones más jóvenes".

Savater, nacido en San Sebastián en 1947, estudió la carrera de Filosofía en la Universidad Complutense. Fue profesor ayudante en la Facultad de Ciencias Políticas y en Filosofía de la Autónoma, en Madrid, de donde fue apartado en 1971 por razones políticas. Fue catedrático de Ética de la Universidad del País Vasco, y actualmente es catedrático de Filosofía de la Complutense.

Savater ha publicado más de cuarenta libros, entre ensayos filosóficos, literarios, políticos, narraciones, novelas y obras dramáticas, y ha recibido premios como el Nacional de Ensayo en 1982 y el Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos (1997). Fue finalista del Premio Planeta en 1993 con su novela El jardín de las dudas, centrada en la figura de Voltaire.

El premiado ha formado parte de diferentes grupos ciudadanos de repulsa al terrorismo en el País Vasco, desde el Movimiento por la Paz y la Tolerancia (1985) y Gesto por la Paz hasta la iniciática ciudadana ¡Basta Ya! (2000).

La Audiencia Nacional condena a 12 años a un edil de EH por quemar un cajero
Los jueces entienden que actuó «en beneficio de ETA» para «subvertir el orden público»
La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha condenado a doce años de prisión a un concejal de Euskal Herritarrok, Jesús Guinea Sagasti, por quemar un cajero automático durante las fiestas patronales de la localidad vizcaína de Larrabetzu. Según los magistrados que han dictado la sentencia, el joven, de 23 años de edad e identificado por algunos de sus vecinos como el autor de los hechos, actuó «en beneficio de la organización terrorista ETA» para «subvertir el orden público y la paz social». Se trata de una de las penas más duras impuestas por un delito de violencia callejera.
J.A.B. ColpisaMADRID La Voz  5 Diciembre 2000

El suceso tuvo lugar en la madrugada del 15 de agosto de 1997, en Larrabetzu -localidad situada cerca de Bilbao-, cuando cinco encapuchados obligaron a salir de un cajero a un cliente y prendieron fuego al local con un artefacto explosivo. El incendio afectó a la fachada del inmueble donde está situado el banco y en el que viven otras familias, pero no se produjeron daños personales. Tras producirse los hechos, un grupo de personas del pueblo logró rodear a uno de los asaltantes, pero éste les amenazó con arrojarles el artefacto incendiario que llevaba en la mano.

Pese a lograr huir durante unos minutos, fue atrapado de nuevo e identificado tras quitarle la capucha. En ese momento, los vecinos descubrieron que se trataba de Jesús Guinea, un concejal de Euskal Herritarrok que, según el tribunal, forma parte del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, en el que se integra ETA. Guinea tenía en el momento de los hechos 20 años.

«ETA mátalos»
En el posterior registro de su domicilio, la Ertzaintza halló una pegatina con la frase «ETA mátalos» sobre el fondo de un emblema de la policía autonómica vasca con impactos de bala, junto a dos revistas del colectivo radical juvenil Jarrai.

La Sala, que ha aplicado la misma pena que solicitaba el Ministerio Público -junto a una indemnización de medio millón de pesetas para el BBV, propietario del cajero-, entiende que el edil es autor de un delito de desórdenes públicos terroristas, junto a otro de tenencia y empleo de artefactos incendiarios al servicio de los fines de la organización terrorista. Además, valora como prueba el testimonio de un vecino que identificó a Jesús Guinea ese a ser amenazado por teléfono para que no declarara e incluso haber recibido una paliza por el mismo

Recortes de Prensa   Página Inicial