AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 6  Diciembre  2000
#Alarma
Carlos DÁVILA ABC  6 Diciembre 2000

#Un límite al abuso de las instituciones
Edurne URIARTE ABC 6 Diciembre 2000  

#UN ESCUDO CONTRA LA VIOLACION DE LOS DERECHOS HUMANOS
Editorial El Mundo 6 Diciembre 2000

#La Constitución
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 6 Diciembre 2000

#Recuperar el prestigio
TONIA ETXARRI El Correo 6 Diciembre 2000

#Constitución
Pablo Sebastián La Estrella 6 Diciembre 2000

#Euskadi en la Constitución
Editorial El Correo 6 Diciembre 2000

#Estado postnacional
JOSÉ MARÍA MARDONES El Correo 6 Diciembre 2000

#Villar reclama elecciones al Gobierno vasco, «inmerso en el ridículo»
VITORIA. J. S. S. ABC  6 Diciembre 2000

#El Gobierno y el PSOE alcanzan un principio de acuerdo sobre el País Vasco y contra ETA
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País 6 Diciembre 2000

#Desactivado un artefacto con tres kilos de explosivos frente a los juzgados de Eibar
EFE, Eibar El País  6 Diciembre 2000

#Detenidos siete proetarras en Bilbao por quemar un coche
EFE, Eibar El País  6 Diciembre 2000

#Nacionalistas o monárquicos
Nota del Editor   6 Diciembre 2000


 

Alarma
Por Carlos DÁVILA ABC  6 Diciembre 2000

Salvo que se sea nacionalista, no se puede afirmar que el valeroso senador Rojo, líder socialista en Álava, y el intelectual Mikel Azurmendi vayan predicando por ahí apocalípticas alarmas a cuenta de lo que ocurre en su país. Salvo que se sea comunista, no se puede decir que Jean François Revel sea un especialista en cortar el resuello a sus lectores por decir cosa parecida a que dialogar con ETA es igual que hacerlo con Hitler. Y, salvo que se sea Pérez Touriño, actual secretario del PSOE gallego, no se puede asegurar que el popularísimo alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, espante a extraños, incluso a propios, cuando advierte —y lo suele advertir con frecuencia— que si los nacionalistas ganan las elecciones vascas y se empeñan en desafiar al Estado, a España, habrá que aplicar la Ley, la Constitución, con todas las consecuencias.

La tibieza con que hasta ahora nos hemos defendido de la avalancha nacionalista esperando seráficamente su conversión, convierte cualquier rotundidad actual en un grito sobresaltado. Durante años —siglos han parecido— hemos soportado que los nacionalistas periféricos hayan tildado de fascistas a quienes abogan por la cívica nación española. Por eso, cualquier respuesta se tacha de desestabilizadora, no vaya a ser que los aludidos se enfaden aún más y corran todavía mayor trote, en pos de sus objetivos finales: los de ETA y los del PNV. Arzalluz dixit.

La alarma es un artilugio que pita cuando se toca y aquí está bramando como el mar más agitado. Hay patéticos testimonios de hombres que ya no pueden vivir en el País Vasco y se han marchado, y de otros que resisten a costa de protegerse con guardaespaldas y extintor. Son gente que chilla y denuncia que o nos ponemos de acuerdo (los buenos) o van y nos matan ya, o, para ser menos alarmistas, que o se modifica la educación de los púberes vascos o éstos nos matarán —¡qué alegría!— dentro de unos años.

Un límite al abuso de las instituciones
Por Edurne URIARTE ABC 6 Diciembre 2000

Es bien sabido que si hay algo que ha caracterizado a EH es el inmenso desparpajo (por no usar otro nombre) con que juega con las instituciones democráticas. Es decir, que las subvierte permanentemente, pero no deja escapar ni la más pequeña de sus ventajas, y entre ellas, cómo no, cualquiera de las subvenciones públicas y sueldos de esas instituciones que no reconoce. En el panorama de ese abuso tan continuado que a veces parece tornarse en impunidad, no deja de ser una novedad la decisión de la Mesa del Parlamento vasco de suspender cautelarmente las asignaciones económicas a los parlamentarios de EH. Como hace meses que no van por la Cámara, sencillamente, se les retiran los sueldos.

La medida de ayer presenta, además, otra novedad. Se trata del consenso que suscitó entre cuatro partidos que ya no consensúan prácticamente nada, PNV y EA, y PP y PSOE. Ahora bien, cabe preguntarse a continuación hasta dónde llega la trascendencia de esta novedad, es decir, si esta decisión nos permite hablar de un cambio de actitud del PNV y de EA hacia EH, y, en general, de una clarificación del conjunto de los partidos respecto a los proetarras.

Me temo que la respuesta a ambas cuestiones no permite un exceso de optimismo. Respecto a los nacionalistas, debemos tener en cuenta que el presidente del Parlamento vasco, el peneuvista Juan María Atutxa, enmarcó su decisión en una consideración meramente técnica, y señaló, simplemente, que quien no trabaja, no cobra. Por lo tanto, no busquemos otras críticas políticas de fondo a la retirada de asignaciones a EH más que las destacadas por Atutxa.

Respecto a los demás, tampoco olvidemos que han sufrido tradicionalmente una considerable confusión en torno al tratamiento que merece EH por parte de los partidos democráticos. El constante vaivén entre las condenas firmes y efímeras y las llamadas al diálogo para recuperarlos para la democracia, ha contribuido indudablemente a la impunidad con la que EH se ha movido en las instituciones democráticas. La decisión de ayer es un freno a tanto desmán. Pero hará falta mucha más clarificación de todos los partidos para que ese freno no se quede en otra anécdota, firme, pero efímera.

UN ESCUDO CONTRA LA VIOLACION DE LOS DERECHOS HUMANOS
Editorial El Mundo 6 Diciembre 2000

Con la perspectiva de los 22 años transcurridos desde su aprobación, hay que suscribir totalmente el balance que hoy hace Miquel Roca, uno de sus ponentes, en EL MUNDO. El veterano político catalán asegura que la Constitución ha garantizado la normalidad del cambio institucional más grande de la Historia de España moderna y contemporánea y que el texto aprobado en 1978 resolvió con acierto la cuestión autonómica, siendo hoy una referencia en todo el mundo.

Tiene razón Roca. Pero ni él ni ninguno de los ponentes pudo imaginar hasta qué punto la ley de leyes se convertiría en parte del territorio nacional en mucho más que un simple texto legal. Hoy, en su 22 Aniversario, la Constitución es, por encima de cualquier otra cosa, un marco de referencia para garantizar la protección de los Derechos Humanos. El escudo moral con el que una mayoría de la población del País Vasco se defiende contra el asesinato y la extorsión de la minoría terrorista que viola los derechos básicos de las personas. Más todavía. Se ha convertido en la coraza contra los nacionalistas que, sin ser violentos, pretenden dotar a esta parte del territorio de otro marco legal que, al contrario que el actual, no ofrece garantías para los no nacionalistas porque pretende quitarles derechos y tratarlos como a los alemanes en Mallorca.

Aunque es un hecho tan cierto como desgraciado que la brutal ofensiva de ETA ha coincidido en el último año con la pretensión del PNV y EA de cambiar el marco jurídico, ello no quiere decir que pedir la reforma de la Constitución sea ilegítimo o peligroso. Lo ilegítimo y peligroso es querer sustituirlo por leyes en las que los derechos de todos no estén garantizados. Es lo que distingue, por ejemplo, a Arzalluz de Pasqual Maragall. Este defiende un cambio constitucional perfectamente legítimo. Otra cosa es su inoportunidad política, sobre la que puede haber distintas opiniones. Lo chocante e irónico es que ayer -después de todo lo que ha dicho por esa boca y de la campaña de las juventudes del PNV contra la Constitución- Arzalluz se presentara como el más encendido defensor de la legalidad. Y resulta un chiste de mal gusto que acuse a Aznar de no acatar la Constitución por un artículo escrito en un periódico hace más de 20 años.

Uno de los aspectos más positivos de la situación política actual es que el Gobierno esté en la vanguardia de la reivindicación de los principios constitucionales. Es verdad, como dice Rodríguez Zapatero, que nadie puede patrimonializar un texto que es de todos. Y puede que no le falte razón cuando critica a Aznar por hacer afirmaciones tan graves sobre el peligro secesionista sin un cambio de impresiones previo con la oposición. En cuestiones fundamentales no vendría mal un poco de sensibilidad por parte de todos. Aznar puede y debe medir sus palabras en aras al consenso con el PSOE. Zapatero debe emplearse a fondo en disipar las dudas que genera el guirigay de planteamientos que hay en su partido. Es un dato esperanzador que ambos partidos estén negocienando un pacto antiterrorista cuyo espíritu es la defensa de la Constitución coincidiendo con la mayor ofensiva contra ella.

La Constitución
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón6 Diciembre 2000

Durante la primera legislatura de Aznar escribí varias veces que Mariano Rajoy era el ministro diez. Se ha convertido en el vicepresidente primero del Gobierno, claro. Continúa siendo el político-eficacia. La prudencia política le ha aconsejado adoptar un perfil bajo. Se le ve poco, pero interviene en casi todo con acierto sostenido. Ha dicho que Eta y el PNV tienen los mismos fines con distintos métodos. Es verdad. No toda la verdad, porque algunos dirigentes peneuvistas comparten con los etarras fines y medios. A cada uno le corresponde su función. Es la teoría del árbol y las nueces. A esos dirigentes del PNV a los que me refiero les viene de perillas la violencia de Eta. No caerían las nueces del árbol sin los atentados, las extorsiones, los secuestros y los crímenes. La dictadura del miedo es imprescindible para que se alcancen los fines de Eta y el PNV.

    Frente a tanto disparate decimonónico, frente al ayatolá iluminado, frente al fûrher salvador, la Constitución. Veintitrés años y ahí sigue el texto clave de la Monarquía de todos, de la convivencia española. La legitimidad popular de nuestras instituciones, el respaldo democrático del sistema, se sustenta en la Constitución que el pueblo aprobó por la voluntad general libremente expresada.

    La inteligencia política exige hoy la unidad en torno a la Constitución. Claro que el texto constitución es modificable. Pero los demócratas serios no piensan tocarlo. Las provincias vascongadas tienen la suerte de disfrutar de la Constitución de las libertades. Por eso los que quieren la limpieza étnica en el País Vasco y la implantación de una república soviética hablan ya abiertamente contra la Constitución. Si la mantenemos intocable nada fracturará la unidad de España.


Recuperar el prestigio
TONIA ETXARRI El Correo 6 Diciembre 2000

En una cosa tiene razón el ex presidente italiano Francesco Cossiga a la hora de explicar las razones de su ‘cruzada’ por el retorno del PNV a su casa habitual, el Partido Popular Europeo: que si se lograra esta reincorporación, después de su abandono voluntario de esta formación y de su aparatosa expulsión de la Internacional Demócrata cristiana «se reforzaría el prestigio del PNV en Euskadi». Podría ser. Porque, después de su estudiado distanciamiento del PP de Aznar, de su mudanza voluntaria del PPE al grupo parlamentario Verdes-Alianza Libre Europea, del desprecio que han mantenido algunos de sus dirigentes (no todos) hacia los no nacionalistas mientras estuvo de moda el Pacto de Lizarra, de su querencia manifiesta hacia HB a pesar de que el acoso de los terroristas sigue condicionando la vida cotidiana de tantos ciudadanos, lo cierto es que la imagen del PNV ha quedado un poco ‘touché’ a pesar de los mensajes de cambio que quiere transmitir Ibarretxe. 

Algunos ‘burukides’ se pasan la vida pidiendo diálogo a los demás pero, a la hora de la verdad, sólo quieren intercambiar impresiones con sus semejantes. Ese es el reproche que más a menudo se les hace desde las filas socialistas. Por eso Redondo insiste en que el pacto antiterrorista que van a suscribir con el PP debería ser extensivo a otros partidos; también al PNV si es que rectifican. En fin que el PNV tendría que corregir su estilo aunque no parece que esté por la labor porque ayer el propio Arzalluz ya daba por hecho que no participaría en un acuerdo al que le llaman ‘a la hora del café’. Y los socialistas, que ni siquiera fueron llamados al Pacto de Lizarra para la copa y el puro, insisten en que un acuerdo contra ETA tiene que reunir, como mínimo, un consenso tan mayoritario como el del Pacto de Ajuria Enea.

En el caso de la Democracia Cristiana, resulta curioso comprobar cómo el senador italiano - «que ya no pinta nada», insiste Iturgaiz- que apoyó con entusiasmo, en su día, la entrada del ultraderechista Berlusconi en el PPE ( una de las causas aducidas por el PNV para justificar su abandono del PPE) sea, ahora, el abanderado de la vuelta a casa del partido de Arzalluz. De producirse, tendrán un lío de vecindad. En primer lugar, porque al PNV le exigirán, como hace ya cualquier partido democrático, que rectifique sus alianzas con HB y, en segundo lugar, porque se puede producir un problema de incompatibilidades. A saber: «O Berlusconi o yo», estará pensando Arzalluz mientras sus incondicionales le recordarán que, después de Lizarra, es tarde para volver a compartir escalera con el PP. Otros nacionalistas que no viven de calentarle la oreja al ‘boss’ del PNV y que llevan meses preguntándose qué hacen en una alianza como la de los Verdes, piensan que si volviesen a enderezar sus pasos hacia el PPE y, en consecuencia, hacia la Internacional Demócratacristiana, además de recuperar prestigio, ganarían en coherencia.

Constitución
Pablo Sebastián La Estrella 6 Diciembre 2000

El aniversario de la Constitución española nos ofrece la oportunidad de abordar el debate sobre la capacidad de desarrollo de la Carta Magna en beneficio del conjunto de la sociedad y en pos de un marco estable y definitivo que permita un horizonte presente y final aceptado por todos y para todos los españoles.

La crisis del País Vasco y el debate federal o confederal que permanece latente en Cataluña, así como la necesidad de mejoras democráticas en el ámbito de la separación de poderes, de los principios de representatividad y de la libertad política, son los elementos claves que cabría estudiar y debatir ante un posible desarrollo del marco constitucional.

Sin embargo este debate, que creció cuando los gobiernos del PSOE y del PP gobernaron en la minoría mayoritaria (en las legislaturas de 1993 y de 1996, tiempo en el que creció y luego nació la Declaración de Barcelona), se ha cerrado con la mayoría absoluta del PP y ha empeorado por causa de la brutal ofensiva de ETA tras el final de la tregua, buscando imponer a punta de pistola y con la vida de inocentes una ruptura del marco constitucional.

En estas difíciles circunstancias, donde la vida y la libertad de las personas, en el caso vasco, están hoy día amenazadas, son tan importantes las palabras que hablan de la necesaria firmeza como el talante de diálogo. Tiene que haber ideas y objetivos muy claros y unas puertas abiertas y unos puentes tendidos hasta en las más difíciles situaciones, sobre todo en ellas. Ocurre, sin embargo, que las oleadas de la violencia y de la intimidación no facilitan la tarea y sirven a unos para encerrarse a cal y canto en la Constitución y a otros para decir que no hay salidas posibles.

Cabe en España, entre el Gobierno central y los nacionalismos, alguna fórmula o marco de entendimiento final y constitucional? Ésa es la cuestión. En este aniversario llama la atención oír a nacionalistas decir que ellos acatan o respetan la Constitución más que el Gobierno o ciertos partidos estatales. En las maneras de ejercer el poder o puede que en algunos casos de abusos y corrupción puede que sí, pero no de una manera más general y definitiva. La cuestión central sigue siendo si todos están dispuestos a imaginar un escenario final y constitucional.

Si alguien dice que no y que no hay más salida política que la independencia, y eso lo dicen con meridiana claridad y desde el actual marco legal, y sin el menor acto de violencia o de connivencia con ella, ello debe ser hoy día respetado. Pero si no es así debe entenderse, entonces, la reacción contraria y de resistencia de la parte mayoritaria del Estado, a sabiendas todos de que son los ciudadanos los que tienen, en nuestro marco constitucional, la última palabra. Como la tienen electoralmente en las elecciones generales, municipales y autonómicas, que son un frecuente test por el que circula la savia ciudadana y la distinción política en general.

En el nacionalismo vasco es verdad que no se votó la Constitución, pero la acatan y aceptan el Estatuto. Otra cosa es que pidan reformas o unas transformaciones de alcance que tampoco, como reformas, pueden ser recibidas como el fin del mundo. Ha llamado la atención en estos días de tensión entre los gobiernos de Madrid y Vitoria que el nacionalismo pida la mediación de la Corona, que es la más alta institución y la que más representa la unidad nacional. Una apelación que también se ha hecho desde el nacionalismo catalán en alguna ocasión, para recordar alguna vez el modelo de Quebec (cada vez más fallido en sus objetivos), asimilando en este caso el modelo británico de la Commomwealth.

El caso catalán es más peculiar, y siendo sus líderes menos leales a Madrid que los vascos cuando han formado coaliciones (el PNV ha cumplido siempre mejor que CiU todos sus compromisos), cuando llega la hora de hablar de las cuestiones de fondo, los catalanes son más realistas, en lo español y europeo, y buscan fórmulas dentro del marco constitucional que nos acerquen al famoso horizonte final. En ese sentido, tanto CiU como el PSC-PSOE están explorando posibilidades aún incipientes pero que se pueden debatir.

Esta cuestión de los nacionalismos ocupa, por la violencia que se incluye en Euskadi, el tema central del debate constitucional. Pero tenemos otras cuestiones pendientes, como la separación de los poderes del Estado, la independencia de la Justicia y de la prensa y la ley electoral o el principio de representatividad que merecerían una reforma.

Reforma intraconstitucional, en beneficio de los ciudadanos y en menoscabo del enrome poder de los aparatos de los partidos que desfigura el mandato constitucional. Baste el ejemplo de que la Constitución española prohíbe el mandato imperativo sobre diputados, o les garantiza su libertad en el debate y voto parlamentario, y cómo el reglamento del Congreso y el de los propios grupos parlamentarios de las Cámaras violan dicho mandato constitucional para acabar imponiendo el mandato imperativo de manera ilegal e inconstitucional.

Este aniversario de la transición debe dar paso a la reflexión constitucional sin alarmas y a sabiendas de que en el texto constitucional hay elementos esenciales y otros que se pueden mejorar. Sobre todo si los que pretenden la mejora lo hacen en pos de un acuerdo razonable y final. Si es para animar un debate electoral o abrir el portón de la alta tensión, nada de esto servirá. Entre otras cosas, por la sencilla razón aritmética de que la mayoría nunca lo permitirá.

Euskadi en la Constitución
Editorial El Correo 6 Diciembre 2000

La conmemoración del vigésimo segundo aniversario de la Constitución evoca uno de los episodios más determinantes de nuestra historia, en la que el empeño permanente por la convivencia se ha visto demasiadas veces frustrado por la confrontación y el odio.

Hace veintidós años nadie era capaz de vaticinar con seguridad el futuro que esperaba a la sociedad española. Tampoco nadie hubiera podido imaginar en qué circunstancias nos íbamos a encontrar los vascos veintidós años más tarde. Pero existía un anhelo compartido por la inmensa mayoría de los ciudadanos: convertir la transición a la democracia en un camino irreversible hacia la libertad. 

Por eso mismo, incluso los más renuentes a apoyar la Constitución fueron conscientes de que, en el momento en que se promulgó, se establecía una divisoria entre el antes y el después; entre un pasado en el que los períodos democráticos habían sido inestables o efímeros y un futuro que amanecía como la gran oportunidad histórica para que la concordia y el progreso se instalaran definitivamente entre nosotros. La Constitución de 1978 representó a la vez el consenso político que el tránsito a la democracia requería y la norma positiva que toda sociedad precisa para convivir, llegando a convertirse en el primer texto constitucional realmente normativo de la historia de España. Hoy, veintidós años después, tan sólo la insensatez fanática o la carencia de toda perspectiva histórica puede llevar a alguien a sugerir un balance negativo del período más fructífero de nuestro pasado reciente.

La Constitución no puede convertirse, en ningún caso, en la casamata tras la que preservar intereses políticos particulares, por legítimos que estos sean. Tampoco puede concebirse como un marco inmutable sin que, al pretenderlo, se altere su propia naturaleza. Pero, como ocurre con el Estatuto de Autonomía, el valor de consenso que la Constitución aporta, el sistema de garantías que brinda incluso a sus enemigos, exige que la eventualidad de cualquier modificación futura se base en un consenso tan amplio o más que el que respalda el marco vigente. Es indudable que la Constitución española halló su réplica más tajante y pertinaz en las posiciones del nacionalismo vasco, que abogó por la abstención o el no ante el referéndum del 6 de diciembre de 1978. Pero sin duda el dato más inquietante es que esa distancia que el nacionalismo ha mantenido respecto al significado profundo de la Constitución nunca antes fue mayor que ahora. Es habitual escuchar a algunos nacionalistas presentar la Constitución como la fuente de todos los males. Más habitual resulta asistir a una mezcla imprecisa de propuestas de superación o cambio de la Constitución que hasta ahora han servido para abonar la posición más drástica y rupturista. Ayer mismo, el presidente del EBB Xabier Arzalluz se refería a la Constitución afirmando «la hemos acatado mejor que los constitucionalistas». Pero su intervención no podría interpretarse como gesto de asunción de la legalidad vigente que aproxime al nacionalismo democrático al consenso constitucional, sino como reflejo del progresivo deslizamiento de lo que en 1978 fue una postura de abstención hacia el ‘no’ definitivo a la Constitución.

En los últimos tiempos, distintos sectores de la opinión nacionalista han comenzado a argumentar que, dada la renovación del censo electoral que participó en los referendos de la Constitución y el Estatuto, la legitimidad de su vigencia queda aún más en entredicho. Semejante razonamiento da por sentada una paulatina disposición de la sociedad vasca a reivindicar su propio ámbito de decisión al margen del ámbito común consagrado en la Constitución; y ello a pesar de que ningún dato relativo a la evolución de la opinión pública o del mapa electoral avale tal supuesto. Pero lo más preocupante es que la toma de distancias del nacionalismo respecto al marco constitucional ha llegado al extremo de cuestionar la naturaleza democrática del sistema vigente. Durante años, la propia práctica política del nacionalismo democrático permitía entrever que su abierta crítica a la idoneidad de la Carta Magna para resolver el encaje de las nacionalidades en el Estado constitucional dejaba a salvo el reconocimiento del sistema de libertades como un marco del que el nacionalismo gobernante participaba por convicción.

Sin embargo, hoy resulta extremadamente grave que el nacionalismo contribuya a fomentar una cultura política nada dispuesta a admitir que el resultado netamente positivo que ofrecen las dos últimas décadas de nuestra historia no es mera consecuencia de un clima general de libertad sino el efecto acumulado de la progresiva asunción del gobierno de las leyes por parte de la inmensa mayoría de la ciudadanía.

Estado postnacional
JOSÉ MARÍA MARDONES El Correo 6 Diciembre 2000

El Estado-nación cruje aprisionado por una pinza: es demasiado pequeño para hacer frente a los desafíos de la globalización neoliberal y demasiado grande para superar la fiebre comunitarista de los nacionalismos. Daniel Bell ya vio hace años que esta invención de la modernidad entraba en crisis por empellones de la economía mundializada y de los localismos identitarios. Está puesta en cuestión la capacidad de acción de este Estado-nación. Se plantea la identidad colectiva más allá de sus fronteras.

Esta situación se agrava cuando se considera al Estado-nación en la presente modernidad tardía. La globalización es como un viento que erosiona la efectividad de la administración del Estado y aún su seguridad jurídica. Porque, como se plantean Jürgen Habermas y otros, ¿qué quiere decir que aparezcan perturbaciones del equilibrio ecológico del tipo ‘Chernobil’, ‘el agujero de la capa de ozono’ o ‘la lluvia ácida’? Estos problemas exceden la capacidad reguladora de los Estados particulares. Cada vez más desbordan a la seguridad interna de un país el tráfico de drogas y el comercio de armas. Estas situaciones precisan y exigen legislaciones y regulaciones internacionales.

El Estado-nación con su territorio soberano fue el modelo predominante surgido tras la paz de Westfalia, pero tras las redes militares y económicas como la OTAN, la OCDE y la Trilateral, ¿el ‘debilitamiento’ del Estado-nación no está dando paso a un gobierno ‘más allá de Estado-nación’?

Y repetimos una vez más la desazón que crea la ‘impotencia’ del Estado-nación ante las multinacionales y la economía planetarizada. Esta incapacidad de la política de un solo Estado para hacer frente a los desafíos de la economía neoliberal, del capitalismo financiero descontrolado, que repercute en la democracia misma produciendo lo que Claus Offe denomina la desafección ciudadana. La política del Estado-nación ha descubierto que tiene que ir más allá de sus fronteras, hacia unidades regionales como la UE, para hacer frente a la dinámica de la nueva economía global y al deterioro de las formas de justicia social.

Lo que el Estado-nación logró mediante las políticas denominadas ‘socialdemócratas’ del estado de bienestar social, corre hoy el peligro de perderlo si no embrida al caballo desbocado del neoliberalismo. Una política de justicia social que palie la exclusión social de la irracionalidad del mercado necesita de una solidaridad y unas medidas que excedan el marco estrecho del Estado-nación.

La globalización tanto tecnoeconómica como cultural está creando una especie de mentalidad y actitudes universales. Somos cada vez más conscientes de la diversidad cultural existente, a la vez que se expande un uniformismo cultural de tono americano y trivial. Vivimos entre un funcionalismo utilitarista y pragmático y el consumo de sensaciones de una cultura homogénea banal. La identidad de las personas y colectividades se reblandece y se busca el ‘endurecimiento’ de las identidades mediante el recurso a lo local y nacional. La ‘fiebre comunitarista’, la xenofobia y el nacionalismo excluyente encuentran aquí su caldo de cultivo. Pero la ‘incurvación sobre sí mismo’, el cerrojo a las fronteras, es impotente frente al pluralismo de formas de vida, la inmigración, la homogeneización funcional y los medios de comunicación de masas. La solidaridad civil ya no podrá basarse exclusivamente sobre la semejanza cultural. Será cada vez más inevitable el vivir en situación de pluralismo de formas de vida, actitudes, ideologías. Sin rechazar el particularismo nacional, la diferencia, sin embargo será necesario buscar el sentido inclusivo de una democracia para todos.

¿Hacia qué futuro caminamos? No parece demasiado aventurado afirmar que están dadas las condiciones objetivas para una ‘constelación posnacional’, que es como Jürgen Habermas titula esta situación actual. Se avista un horizonte en el cual el proceso democrático debe ser pensado superando la uniformidad de una comunidad histórica homogénea. Avistamos, diríamos con mayor razón que Karl Polanyi, la ‘gran transformación’ de una sociedad compleja que busca estabilizar la identidad colectiva y una sociedad integrada y justa en un marco de libertad y autodeterminación democrática.

¿Será en las actuales circunstancias soñar en la cuadratura del círculo, como nos sugiere Ralph Dahrendorf? Sin embargo, como él mismo afirma, no hay otra salida. Refugiarse en el Estado-nación o ir hacia los nacionalismos aún abiertos a ‘la Europa de los pueblos’ todavía es una aventura más difícil.

La disolución de la modernidad del Estado-nación, el final de Estado de bienestar en un solo Estado, no es una noticia que produzca sólo expectativas humanizantes y positivas. La llamada a atrincherarse en las subculturas nacionales, el descubrimiento incluso, de un multiculturalismo de la afirmación de la diferencia, está ahí a la mano.

La presente situación es dolorosa y exige buen tino. Estar llamados objetivamente a una solidaridad posnacional, cosmopolita, no asegura su realización. Se precisa de ciudadanos, grupos y movimientos sociales conscientes del desafío y que alienten una construcción de diferencias internas con un pluralismo de formas de vida, a la vez que una solidaridad o potriotismo transnacional basado en unos principios éticos que no pueden ser otros que los derechos humanos.

Si no somos capaces de alcanzar la solidaridad ciudadana más allá de los lazos de sangre y de nacimiento, entonces estamos atrapados en la política de la consanguineidad. Sería verdad, como afirmaba Carl Schmitt, que lo radicalmente originario en la política es la distinción amigo-enemigo. Y si los Estados-nación, es decir, la fidelidad a la propia sangre es insuperable, estamos condenados a la confrontación justo en el momento en que están dadas las condiciones para su superación.

Digámoslo entonces como postulado de urgencia: necesitamos una solidaridad ciudadana posnacional basada en ‘razones’ y principios éticos universales.

Villar reclama elecciones al Gobierno vasco, «inmerso en el ridículo»
VITORIA. J. S. S. ABC  6 Diciembre 2000

En un acto oficial por el aniversario de la Constitución, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, afirmó que ante «un gobierno inmerso en el ridículo y en vergüenza política» se hace «imprescindible, como en toda democracia que se precie, unas elecciones inmediatas».

Sin presencia del Ejecutivo autonómico y de los partidos nacionalistas, el acto en homenaje a la Constitución se desarrolló con la asistencia de autoridades militares, policiales, civiles y de los partidos no nacionalistas. Entre ellos, representantes socialistas que no ocultaron su asombro por la dureza del discurso.

En su discurso, Enrique Villar afirmó que el diálogo y la negociación son palabras que en boca de nacionalistas se convierten en «subterfugios dialécticos» para «amparar la violencia» y resaltó que, frente a la campaña contra el marco constitucional de los que abogan «por un soberanismo de claros tintes xenófobos», el ordenamiento jurídico tiene «mecanismos legales para abortar cualquier tipo de secesionismo».

Villar acusó al Ejecutivo de Ibarretxe de mantener un pacto secreto con ETA y afirmó que resulta «muy duro» que el nacionalismo se haya servido los últimos 20 años de la Constitución y el Estatuto para gobernar el País Vasco «como si de un huerto familiar se tratase», y que cuando han visto que su poder se reduce «pretendan ignorar las reglas de juego, inventando unilateralmente y de la mano de ETA y sus acólitos, Estella y Udalbiltza».

En su opinión, «toda esta patraña no es más que la puesta en limpio y sobre la mesa del pacto secreto», que está «grabado a fuego sobre la espalda del PNV: paz a cambio de construcción nacional, paz a trueque de independencia».

A su juicio, sin el apoyo de EH, el ejecutivo es «un Gobierno inmerso en el ridículo e impotente en minoría que hace imprescindible, como en toda democracia que se precie, unas elecciones inmediatas». Pidió también al ejecutivo que cumpla la ley y coloque la bandera española en los edificios públicos.

El Gobierno y el PSOE alcanzan un principio de acuerdo sobre el País Vasco y contra ETA
Representantes socialistas y del Ejecutivo redactaban anoche un anteproyecto común
LUIS R. AIZPEOLEA, Madrid El País 6 Diciembre 2000

El Gobierno y el PSOE entraron ayer en la recta final de la negociación del pacto sobre el País Vasco y contra ETA tras alcanzar un principio de acuerdo. El secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, y el diputado socialista Alfredo Pérez Rubalcaba redactaban a última hora un anteproyecto, una vez superados los principales escollos planteados en las conversaciones previas a la redacción. El texto, que se acabará de ultimar mañana, quedará pendiente de que José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero le den el visto bueno final. La firma se celebrará la próxima semana.

Las fuentes consultadas, próximas a la negociación, mantenían a última hora de ayer la prudencia y no daban por cerrado el pacto hasta que exista un "acuerdo definitivo en la redacción". "Hay un acuerdo de base", aclaraban, "pero pueden surgir problemas en la redacción del anteproyecto que compliquen su firma". El anteproyecto de acuerdo tendrá que ser convalidado por el Gobierno y las ejecutivas del PP y del PSOE.

Los principales escollos que se disiparon ayer se referían a la defensa de una "alternativa democrática" en el País Vasco al actual Gobierno nacionalista así como a los compromisos a exigir a los partidos que se adhieran al pacto. En ambos casos late, como cuestión de fondo, las relaciones con el PNV. El último texto que puso el PSOE sobre la mesa de negociación está inspirado, en este extremo, en la ponencia aprobada en el reciente Congreso del Partido Socialista de Euskadi (PSE) y que viene a ser un Pacto de Ajuria Enea dos. Dicha propuesta se basa en el compromiso de todos los partidos de no ceder a las reclamaciones políticas que ETA defiende con las armas.

El Gobierno ha conseguido que el pacto, que el PSOE planteó inicialmente como un acuerdo dirigido exclusivamente contra ETA, se vincule también con la situación política de Euskadi y su gobernabilidad. Pero la delegación socialista ha impuesto el límite de que esa "alternativa democrática" al actual Gobierno vasco no conlleve el compromiso explícito para un pacto poselectoral exclusivo del PP vasco y el Partido Socialista de Euskadi (PSE).

El texto común entre el Gobierno y PSOE deja la puerta a otros partidos, incluido el PNV, para que se adhieran al pacto siempre que rectifiquen sus planteamientos soberanistas y apoyen los principios de la Constitución y el Estatuto.

El secretario general del PSE, Nicolás Redondo, uno de los principales impulsores del pacto, expresó públicamente su posición respecto al acuerdo con el Gobierno en materia antiterrorista. Tras manifestar su total escepticismo de que se produzca una rectificación en el PNV antes de las elecciones vascas, aclaró: "Los socialistas no cerramos la puerta [al PNV] si promueve un cambio en profundidad".

Reglas de juego
Redondo precisó que el texto que redactaban el Gobierno y el PSOE aclaraba que "cualquier clase de alianza debe girar en torno al respeto a las reglas de juego democráticas, del fortalecimiento del Estatuto de Gernika y de la Constitución".

El líder del PSE y miembro de la delegación negociadora con el Gobierno establecía esas condiciones tanto para las alianzas posteriores a la celebración de las elecciones vascas como para las fuerzas democráticas que puedan sumarse al pacto contra ETA y sobre Euskadi, una vez que lo firmen sus principales protagonistas: el Ejecutivo central y los socialistas.

El anteproyecto sobre el que trabajaban el Gobierno y el PSOE aborda tres aspectos: un preámbulo sobre la situación del País Vasco, en el que se fijan las condiciones de pactos poselectorales; la metodología, que establece que el Gobierno y el PSOE forman el eje del pacto, posteriormente abierto a otros partidos y que contará, además, con una comisión de seguimiento. Y por último, los compromisos concretos en la lucha contra ETA.

Otra de las cuestiones planteadas en la negociación, aunque de menor calado, se refiere a los protagonistas de la firma del pacto. La delegación socialista ha aceptado que el pacto tenga rango de acuerdo entre partidos, como propuso la delegación gubernamental. Previsiblemente, los firmantes serán el presidente del Ejecutivo, José María Aznar, en su calidad de presidente del PP, y el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero.

Arzalluz y la Constitución
Por su parte, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, acusó ayer a socialistas y populares de volver a equivocarse, 22 años después de aprobada la Constitución, al pretender sellar un pacto en una materia tan fundamental como la lucha antiterrorista sin contar con el PNV. "Vuelven a cometer el mismo pecado que cuando nos apartaron de la ponencia constitucional", aseguró el líder peneuvista, informa Aitor Guenaga.

El veterano dirigente nacionalista indicó que el PNV no estaba dispuesto a desempeñar un papel de convidado de piedra en esta negociación y preguntó dirigiendo sus palabras al PP y al PSOE: "¿Nos van a llamar al café?, ¿otra vez nos van a proponer un contrato de adhesión?", inquirió al tiempo que comprendía las críticas de Izquierda Unida (IU) por no haber sido incluida en la negociación del pacto antiterrorista.

Desactivado un artefacto con tres kilos de explosivos frente a los juzgados de Eibar
Una persona que dijo hablar en nombre de ETA alertó de la colocación de la bomba
EFE, Eibar El País  6 Diciembre 2000

Efectivos de la Policía Autonómica vasca han desactivado esta noche un artefacto explosivo de gran potencia colocado frente a los juzgados de la localidad guipuzcoana de Eibar. Un comunicante anónimo, que dijo hablar en nombre de ETA, ha informado al diario Gara de la presencia de la bomba, compuesta por tres kilos de explosivos.

La llamada a Gara ha coincidido con otra que ha recibido la Ertzaintza hacia las 22.15 en la que se alertaba de la presencia de un paquete sospechoso en el edificio judicial, ubicado en la calle Víctor Sarasketa.

Acordonada la zona, efectivos de la unidad de explosivos de la Policía Autónomica se han trasladado al lugar, han localizado el artefacto explosivo, que se hallaba en el interior de una bolsa de deportes, y lo han desactivado hacia las 00,05 horas.

La Policía ha mantenido acordonada la zona tiempo después de desactivado el artefacto hasta que han concluido las labores de inspección ocular llevadas a cabo en los alrededores como medida preventiva.

Detenidos siete proetarras en Bilbao por quemar un coche
EFE, Eibar El País  6 Diciembre 2000

Siete personas fueron detenidas ayer por la tarde frente al Ayuntamiento de Bilbao acusados de un presunto delito de desórdenes y de alteración del orden público tras incendiar un vehículo después de una concentración del movimiento de los solidarios con los presos de la organización terrorista ETA, según informó la Ertzaintza.

Los hechos tuvieron lugar sobre las seis de la tarde cuando un grupo de solidarios con los presos se concentraron frente al consistorio de la capital vizcaína. Una vez finalizada la concentración, unos jóvenes han volcado un vehículo y lo han incendiado e "incluso, dos de ellos, se han introducido en el interior del turismo para realizar una especie de simulacro de accidente de tráfico y se han tirado pintura por encima". Simulan así los accidentes de tráfico que sufren los familiares de los etarras cuando viajan para visitar a los presos. A consecuencia de estos hechos, se han detenido a siete personas por un presunto delito de desórdenes y de alteración del orden público, quienes permanecen en dependencias policiales.

El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno comunicó ayer a los presuntos etarras Igor Martínez de Osaba, Víctor Goñi y Roberto Eziolaza su procesamiento en relación al transporte de dos furgonetas con explosivos que fueron interceptadas por la Guardia Civil en Aragón en diciembre del pasado año. Según fuentes jurídicas, los tres presuntos terroristas, que negaron ante el juez y el fiscal los hechos que se les imputan, han sido procesados por pertenencia a banda armada, terrorismo, y depósito y transporte de explosivos.

Martínez de Osaba es el presunto conductor de una de las dos furgonetas con 1.700 kilos explosivos que fue interceptada el pasado año en Calatayud cuando, previsiblemente, se dirigía hacia Madrid. Fue detenido el pasado mes de noviembre en Bilbao junto a otros presuntos miembros del comando Vizcaya, tras lo cual el juez Juan del Olmo decretó su ingreso en prisión. Eziolaza fue también detenido a finales del pasado mes de noviembre como presunto integrante del comando Madrid. A Goñi, detenido en la misma operación, se le vinculó con el traslado de las dos furgonetas.

Nacionalistas o monárquicos
Nota del Editor   6 Diciembre 2000

Los republicanos estamos en la última posición de la cola de las reformas constitucionales,  pues con la constante presión de los nacionalistas, nadie se atreve a hablar de modificaciones, así que los malpensados tienen bastantes indicios para afirmar que los nacionalistas son en realidad monárquicos mal disfrazados, primero porque con sus demandas inatendibles, impiden la racionalización de la constitución y segundo porque con las autonomías ya tienen sus feudos, donde ejercen, además del derecho de carnada (aprovechamiento partidista de los medios públicos) el derecho sobre la libertad y la vida (los terroristas no los asedian ni asesinan). 

Recortes de Prensa   Página Inicial