AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 10  Diciembre  2000
#Mínimos indiscutibles
Editorial ABC 10 Diciembre 2000

#El PNV critica el pacto PSOE-PP con dureza, pero sin razón
Impresiones El Mundo 10 Diciembre 2000

#Abrir los ojos
ANTONIO GALA Impresiones El Mundo 10 Diciembre 2000

#Menos avería
Carlos DÁVILA ABC  10 Diciembre 2000

#Las letras muertas
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  10 Diciembre 2000

#El pacto de la Inmaculada
Jesús MOLINA ABC  10 Diciembre 2000

#Habemus pacto
Pilar CERNUDA La Razón  10 Diciembre 2000

#Por un lehendakari constitucionalista
Enrique de Diego Libertad Digital 10 Diciembre 2000

#NACIONALISMOS EN LA ENCRUCIJADA: DEMONIOS... Y DEMONIOS
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 10 Diciembre 2000

#NACIONALISMOS EN LA ENCRUCIJADA: NO PODEMOS TIRAR LA TOALLA
JAVIER LOSADA AZPIAZU La Voz 10 Diciembre 2000

#El Pacto
Abel Hernández La Estrella  10 Diciembre 2000

#«Un problema de Estado»
Miguel Ángel RODRÍGUEZ .- La Razón  10 Diciembre 2000

#El acuerdo para la libertad
Miguel Ángel RODRÍGUEZ .- La Razón

#«El pacto antiterrorista es un triunfo de la honorabilidad democrática»
MADRID
Ignacio CAMACHO
ABC  10 Diciembre 2000

#La nueva cara del pacifismo vasco
JAVIER URTASUN El Mundo  10 Diciembre 2000

#Vecinos desalojados
El Mundo   10 Diciembre 2000

#Gustavo Arístegui: «La solución para el País Vasco pasa por un gobierno entre PP y PSOE»
Inmaculada G. de Molina .- La Razón 10 Diciembre 2000

#Explota un artefacto de fabricación casera en el domicilio de un ertzaina en Amorebieta
Libertad Digital 10 Diciembre 2000




Mínimos indiscutibles
Editorial ABC 10 Diciembre 2000

Tras el acuerdo de los principales partidos políticos nacionales por las libertades y contra el terrorismo ha de venir ahora una tarea de pedagogía política con el resto de las formaciones para lograr su incorporación al pacto suscrito. La voluntad de los firmantes es que las premisas diseñadas en el documento del pasado sean asumidas por el mayor número de grupos, para reforzar la vocación de pacto de Estado, y no de convenio partidista, que tiene el acuerdo. Sin embargo, esta extensión del acuerdo puede provocar aún debates sobre cuestiones que el documento plasma con un lenguaje suficientemente claro y preciso como para evitarlos. Para algunos partidos será difícil admitir el juicio de responsabilidad política del nacionalismo que se contiene en el acuerdo, porque los mensajes generados por la estrategia victimista del nacionalismo vasco aún tienen inercia. Que populares y socialistas se hayan puesto de acuerdo en responsabilizar al PNV de pactar con ETA una estrategia soberanista rompe los esquemas de quienes jugaban a ser puentes entre supuestos extremos. La línea ha quedado trazada con nitidez y las condiciones para entrar en el lado de los demócratas son sencillas: lealtad a la Constitución y renuncia a la violencia, criterios con los que, con mayor o menor sinceridad, se ha venido funcionando en el País Vasco hasta el verano de 1998.

El turno ahora corresponde a partidos como Convergencia i Unió o Izquierda Unida, condescendientes por afinidad nacionalista o por estrategia de protagonismo, respectivamente, con la política del Partido Nacionalista Vasco. Los nacionalistas catalanes saben que la entente nacionalista de la Declaración de Barcelona ha quedado inutilizada por la evolución de los acontecimientos; particularmente, por la radicalización del nacionalismo moderado, cuya responsabilidad histórica era haber democratizado y desarmado ideológicamente al nacionalismo radical. Las quejas de los convergentes al «aislamiento» del PNV no pasan del protocolo, porque saben que es la consecuencia política lógica de su estrategia anticonstitucional, con la que ni se identifican ni tienen por qué defender.

Izquierda Unida sigue, por su parte, enfrascada en las trampas de su líder vasco, Javier Madrazo, quien llegó a creerse que su intervención en el pacto de Estella era algo más que decorativa. Realmente fue algo más, porque hizo de su formación —teóricamente no nacionalista— un cuerpo extraño en un foro creado al calor de un pacto con ETA. El empecinamiento de Madrazo en buscar aire para Izquierda Unida a costa de manosear la Constitución —deslealtad bien recompensada por el PNV con la reforma de la ley electoral vasca— ha encontrado eco en la nueva dirección. Llamazares condiciona su adhesión al pacto del PP y PSOE a la posibilidad de introducir enmiendas, se supone que para seguir endulzando los mensajes que le permitan ser grato a un nacionalismo que cuenta —ya es triste— con Izquierda Unida para sostener el futuro gobierno de Vitoria.

En cualquier caso, la línea que han trazado PP y PSOE está muy clara: el pacto, como asegura hoy en una entrevista el vicepresidente primero, Mariano Rajoy, inscribe el tratamiento del problema vasco en el marco que fijan la Constitución y el Estatuto de autonomía. Todas las fuerzas democráticas están invitadas a entrar. El PNV, que se resiente del acuerdo, considera éste un ataque frontal contra el nacionalismo vasco. Pero vuelve a equivocarse. Lo que el pacto determina sin ambigüedad alguna es la gravedad de la ruptura del PNV con las fuerzas democráticas. Y eso es una evidencia irrefutable. El mero diagnóstico de una situación. El documento suscrito no está para ser matizado en función de intereses partidistas. Es un acuerdo de puertas abiertas para quien acepte, como premisa inexcusable, la validez del marco constitucional y estatutario. Quien quiera entrar sabe que el acuerdo establece normas de obligado cumplimiento.

El PNV critica el pacto PSOE-PP con dureza, pero sin razón
Impresiones El Mundo 10 Diciembre 2000

La airada reacción de los nacionalistas vascos en contra del acuerdo suscrito por el PSOE y el PP viene a demostrar, una vez más, que ni el PNV ni EA están por la labor de regresar a la vía constitucional y estatutaria. El lehendakari arremetió contra el documento con dureza, pero sin razón. Ibarretxe denunció que el PSOE y el PP quieren obligar al PNV a renunciar a sus ideas para que pueda incorporarse al pacto. Lo cual, sencillamente, no es verdad. En el acuerdo no se dice que los nacionalistas vascos deban abdicar de sus principios. Sólo se les pide que abandonen la estrategia independentista que suscribieron con EH y que sólo ha servido para dar alas a los terroristas. Que no intente engañar a nadie el lehendakari. Lo que se le pide al PNV es muy simple, otra cosa es que no esté dispuesto a romper definitivamente con Estella. Pero entonces que lo admita con claridad y no se queje farisaicamente de que el PSOE y el PP defiendan los derechos democráticos de todos los vascos. Dice también Ibarretxe que el acuerdo da la espalda a la mitad de la sociedad vasca. Y en este punto le traiciona el subconsciente. Fueron los nacionalistas vascos quienes, con el Pacto de Estella, pretendieron no sólo aislar, sino imponer la vía independentista a todos los vascos, al poner precio político a la paz. Rodríguez Zapatero cree que el PNV se sumará al acuerdo. Pero los datos indican más bien lo contrario. Que se fije, si no, el líder socialista en la campaña del Gobierno vasco a favor de los Derechos Humanos, en la que ni se alude a la violencia de ETA. El consejero Intxaurraga -el mismo que se manifestó a favor de la desobediencia civil- asegura, con desfachatez, que la campaña «no va contra ninguna organización». Como si los Derechos Humanos se violaran solos en el País Vasco.


Abrir los ojos
ANTONIO GALA Impresiones El Mundo 10 Diciembre 2000

Hay compañeros de viaje que, cuando rinden jornada, se asesinan. Si el PNV -sus bases, no sus jefes- cree que ETA, una vez alcanzada digamos la independencia, descansaría, van listos. Un partido conservador nunca estaría libre de los ataques de otro marxista-leninista, si es que ETA es algo coherente, conexo y semejante a una formación política. La inercia del crimen es irresistible... En realidad, el resto del país está defendiendo a esa mitad del pueblo vasco que no es del PNV, y a los peneuvistas que, ingenuamente, crean en lo que Arzalluz, por ejemplo, les dice. Piénsese bien.

Menos avería
Por Carlos DÁVILA ABC  10 Diciembre 2000

Durante diez días, Javier Zarzalejos y Pérez Rubalcaba han luchado por las cosas evidentes. Ninguno de los dos son tan sarcásticos como, más o menos, el autor, remedado de esta cita: Dürrenmatt, escritor de una novela apoteósica: «La avería», cuyo título viene que ni pintado. En España tenemos una avería (lo dice un amigo vasco con gracia de Bermeo, que ya es tener gracia), y los infraescritos han tratado como fontaneros de lujo de arreglarla. De los demás, más que de ellos, depende que no sea una chapuza y sí un trabajo que «no es coyuntural», según queda reflejado en el pacto PP-PSOE. Tiene razón el ministro Mayor cuando ha opinado que a veces las cosas obvias deben resaltarse negro sobre blanco.

Y eso es lo que se ha hecho. No es un acuerdo de alcance revolucionario, tampoco con vocación de reparto gubernamental. Incluso esta penuria es su principal defecto: la imposibilidad de quitar ambigüedad al Punto Octavo y sustituirla por una apuesta clara de alternativa al nacionalismo. Los negociadores han llegado hasta donde han podido, pero deben haber alcanzado cotas ambiciosas cuando el PNV —lo de EA es una excrecencia chusca— se ha irritado como si a Arzalluz le hubieran puesto una guindilla en el tafanario.

Sólo porque se ha escrito, construido, lo patente y porque el nacionalismo, uno y otro, da igual, lo considera una «declaración de guerra», vale la pena el modesto —que lo es— acuerdo. Hay que leer entre líneas como si se tratara de un artículo de Pemán en la España franquista, para entender que donde se dice «salvaguardar las libertades y derechos de todos los ciudadanos» se pretende incluir a todos los vascos, hasta los que puedan poseer un Rh en forma de X, y se estimula una sociedad plural en la que el corsé nacionalista no eche a la gente a las tinieblas exteriores. ¿Alumbra esto un pacto poselectoral? Si por el PP fuera, sí; si por Zapatero es, ya se ve que aún no. Uno no se quita a González y a Maragall de un soplamocos.

Las letras muertas
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  10 Diciembre 2000

A veces, en un documento son tan importantes las letras que aparecen en el texto como las que se quedaron en el camino del tintero al folio. Es lo que ocurre con la decena de puntos que configura el pacto antiterrorista que van a suscribir, si la Moncloa no decide lo contrario, Aznar y Zapatero. Sólo desde la sutileza de un antiguo ministro, Rubalcaba, y la ductilidad de un probable nuevo ministro de Interior, Zarzalejos, era viable la consecución de un acuerdo común que evitase esa tristeza política que supone, en expresión de Dürremat, tener que luchar por lo evidente. O sea, algo tan obvio como que el lehendakari Ibarretxe no es la pistolera Soledad Iparaguirre.

Allí donde manca finezza a toda una legión de ardientes guerreros de la lucha final, Zarzalejos y Rubalcaba la derrochan con inteligencia al saber escoger las letras necesarias, separando las muertas de las vivas, para elaborar esta importante declaración política. De este cementerio literario, repleto de cadáveres gramaticales que recubrían al nacionalismo democrático, sobresalen aquellas letras muertas que exigían que los nacionalistas pagasen con intereses electorales sus errores políticos. Todo lo contrario. No hay ningún compromiso electoral o poselectoral, y sólo existe una exigencia pretérita, consistente en el abandono de Lizarra e instituciones como Udalbiltza, quebrado el primero y anulada la segunda, sin ninguna condición futura. Porque la reafirmación del Estatuto, como cauce de las aspiraciones vascas, nunca ha sido cuestionada por los nacionalistas por mucho que lo observen con mirada escéptica.

Dicho de otro modo. Zarzalejos y Rubalcaba no han caído en la mala tentación del frentismo. Quizás no hayan leído aún la reciente pastoral de monseñor Uriarte, pero su argumentación se acerca a la del obispo de San Sebastián cuando recomienda «puentes que unan, no frentes que desunan». Aún hay tiempo para que este documento pueda debatirse y votarse en el último pleno del Congreso fijado para el próximo día 20. Si Aznar y Zapatero lo rubrican antes del martes, fecha en la que la Junta de Portavoces determinará el orden del día, podría celebrarse un debate parlamentario que abordase los principales ejes de la lucha contra el terrorismo justo cuando se cumple un año de la ruptura de la tregua.

Nunca desde entonces, en estos doce meses largos de asesinatos, ETA había experimentado una derrota política tan importante como con el pacto elaborado entre Zarzalejos y Rubalcaba. Al separar las letras muertas de sus tres siniestras letras, ha recibido un golpe mortal en la medida que su estrategia pasa por lograr que no se sepa dónde terminan sus siglas y empiezan las del nacionalismo democrático.

El pacto de la Inmaculada
Por Jesús MOLINA ABC  10 Diciembre 2000

El pasado mes de agosto, el PNV volvía a desplegar todos sus engañosos recursos para salir impune del fiasco de Estella. Como ha ocurrido siempre en la historia del nacionalismo, Arzalluz aplicaba el aldeanismo de tirar la piedra y esconder la mano y esperaba que la izquierda española respondiese a un insincero movimiento de distanciamiento de ETA con el acogimiento tradicionalmente cordial en el PSOE.

El PNV ha fiado demasiado en la insolvencia política de la derecha y la izquierda españolas su estrategia de salvarse de las consecuencias de sus pactos con ETA y EH. No le faltaba olfato al presidente del EBB: nunca ambos sectores políticos en España —más allá del gran pacto constitucional de 1978— habían mostrado especial capacidad para acordar políticas de Estado. Es más, Arzalluz ha sabido explotar los resquemores aún latentes entre el PP y el PSOE, ha hundido el dedo en la herida de la conciencia histórica que les separa y ha tratado de aprovechar la bisoñez del liderazgo de Rodríguez Zapatero tentándole con un posible poder compartido en el País Vasco y alentando las divisiones internas en el socialismo.

El objetivo del PNV —insisto— no era otro que salvar los muebles y eludir, como siempre en su historia, el precio de sus errores mediante el paliativo de una aproximación a la izquierda, a la que siempre ha utilizado con su victimismo y con su hipócrita comportamiento político.

El pacto suscrito el día de la Inmaculada entre el PP y el PSOE destroza la estrategia nacionalista, aunque no sea éste el efecto más sustancial del acuerdo. El documento que firmarán el martes Javier Arenas y Rodríguez Zapatero en La Moncloa, en presencia de Aznar, se hizo necesario el día en el que los socialistas catalanes utilizaron la manifestación de Barcelona en protesta contra el asesinato de Ernest Lluch también como una auténtica revuelta contra la política de consenso del nuevo secretario general de los socialistas españoles, cuando acogieron al lendakari Ibarretxe como a un estadista, cuando preconizaron de nuevo un federalismo asimétrico inexplicable y cuando pretendieron superar en nacionalismo al propio Pujol a mayor gloria de Pasqual Maragall.

Quienes piensen que la manifestación de Barcelona fue políticamente más relevante para Aznar que para Zapatero se equivocan, aunque tampoco el presidente del Gobierno se fuera de rositas. El peligro de que los maragallianos superasen a Zapatero, por una parte, y el riesgo de que el PSOE se contagiase del síndrome del diálogo estratégicamente publicitado por Gemma Nierga, por otra, hacían reaparecer las posibilidades de que el PNV se saliera con la suya utilizando a los socialistas como muleta. Y éste fue el momento clave en el origen del pacto suscrito el pasado jueves.

La poco afortunada salida dialéctica del vicepresidente Rajoy, tratando con una dureza desmedida la iniciativa socialista de firmar un pacto estrictamente antiterrorista, fue un desliz que Aznar no dejó prosperar. Una cena secreta e intensa entre el presidente del Gobierno y el secretario general del PSOE puso en carril las conversaciones que culminaron el jueves con un acuerdo que condena al PNV a rectificar o, de lo contrario, a compartir su suerte en la indeseable compañía de ETA y EH, pero que sobre todo quiebra un modelo de relación entre la izquierda y la derecha todavía cainita y, lo que es sustancial, introduce en la lucha contra el terrorismo y en el diagnóstico de la situación vasca elementos políticos de altura a través de un discurso bien estructurado, razonable, inteligible y sensato.

El consenso sobre el diagnóstico de lo que ocurre en el País Vasco es, con diferencia, el aspecto vital del pacto entre el PP y el PSOE y era en ese terreno del diagnóstico en el que el Gobierno quería que las tesis que sostienen su política quedasen avaladas por el primer partido de la oposición. El PSOE no logra poco: consagra su protagonismo en la lucha antiterrorista, se recupera de las dudas y debilidades que percibían los sectores afines más cualificados y atiende la llamada del mundo intelectual más comprometido, que le exigía visión de Estado y que estaba situándose activamente en las posiciones del Gobierno.

Pero, más allá de que el PNV se quede colgado de la brocha (en su mano está rectificar, porque se autoexcluyó en Estella al comprometerse a romper sus relaciones con los partidos nacionales), más allá, incluso, del debate que este pacto provocará en la denominada «izquierda abertzale», aspectos ambos coyunturales, la grandeza del texto del acuerdo reside en sus intangibles: la certeza de que la izquierda y la derecha son capaces de defender el Estado sobreponiéndose a la legítima carrera por el poder; la seguridad de que los dos grandes partidos comulgan con unos mismos valores; la demostración de que España, como entidad histórica, actual y de futuro, es una realidad sustentada en principios constitucionales muy profundos y compartidos que no va a quedar al albur de complejos del pasado, del ninguneo de partidos nacionalistas asistidos por la fuerza del terror ni lesionada en la contundencia que su salvaguarda merece por corrientes internas de una parte del socialismo español.

Las repercusiones de este acuerdo serán de largo alcance, aunque su potencia política dependerá también de la administración que unos y otros hagan de sus previsiones. No me refiero a la posibilidad de que en un futuro se instale en Ajuria Enea un Gobierno constitucionalista. Tal hipótesis podría derivarse, efectivamente, del pacto. Me refiero al sentido trascendente que los dos partidos han impreso al documento. Porque, a fin de cuentas, la democracia es un procedimiento, el mejor, de competir por el poder. Pero su excelencia reside en los principios que la guían y en los valores que le otorgan una infinita superioridad moral y política frente al terror y a la perversión de los que comparten los fines de aquél y pretenden cobrar precio para que cese la brutalidad inhumana. La argamasa de este acuerdo no está en la táctica. Está en los valores y en los principios. Por eso es tan importante.

Habemus pacto
Pilar CERNUDA La Razón  10 Diciembre 2000  

Por supuesto que el PNV va a intentar instrumentalizarlo a su favor, y probablemente lo consiga, los peneuvistas llevan tiempo jugando -muy bien- la carta del victimismo, que algunos les han puesto en bandeja.Pero aunque lo capitalicen los que menos lo merecen, hay que dar la bienvenida a ese pacto.
    El texto huele a sentido común. No se hace sangre, ni tampoco se tira a degûello; simplemente se clarifican posturas y se tiende la mano. Pero, eso sí, para estar en el pacto hay que estar en contra del famoso papel firmado en Estella.

    No es un pacto contra nadie, excepto contra los terroristas; tampoco incide en el frentismo, desde luego mucho menos que algunas posturas de los últimos tiempos. Y es un pacto amplio, en el que se habla de las libertades que tanto faltan. PP y PSOE han dado muestras de generosidad indudable, han asumido el riesgo de que les acusen de antinacionalistas y también el de afrontar una campaña electoral en la que les van a dar hasta en el carnet de identidad. Pero han tirado p'alante a pesar de todo.
    El pacto dice mucho a favor de Aznar y de Zapatero.


Por un lehendakari constitucionalista
Por Enrique de Diego Libertad Digital 10 Diciembre 2000

Las próximas elecciones al Parlamento vasco tendrán un indudable carácter histórico, en cuanto se medirán dos estrategias confrontadas: la del PNV, que con Estella/Lizarra, planteó en unidad de acción con la banda terrorista el horizonte de la independencia (lo que con subliminal entonación hegeliana se describe como construcción nacional), la del PP y PSOE como alternativa constitucionalista que parte de la inmoralidad de la estrategia citada y por ende del fracaso del proyecto nacionalista en cuanto tal.

Una de las hipótesis de la prospectiva es que nada cambiará porque nacionalistas y constitucionalistas componen dos bloques homogéneos sin trasvases posibles. Esa apreciación es literalmente falsa. El nacionalismo no ha hecho otra cosa que decrecer desde que en 1984 consiguiera las dos terceras partes de los votos en el Parlamento vasco, cuando el PP -hoy el segundo partido más votado y el más respaldado en las ciudades- prácticamente no existía, más que de forma testimonial en Álava, donde además terminó escindiéndose con la propuesta provincialista de Unidad Alavesa. Las últimas elecciones generales -último dato de análisis- demostraron que ese supuesto abismo ideológico no existe en la población y fueron abundantes los trasvases de votos desde el PNV hacia el PP, paliados por el trasvase adicional de papeletas desde Eh al PNV.

Es cierto que si la hipótesis inmovilista acertara sería un duro golpe psicológico, que conllevaría una adicional radicalización del PNV y una nueva ofensiva terrorista (salvo que los nacionalistas cambiaran a última hora su candidato y presentaran a Juan María Atutxa para competir en el espacio lindante con el PP). En términos morales, la justificación no se establece por el éxito. Es decir, la política de no ceder a la violencia es un rechazo del totalitarismo y, por tanto, del incremento exponencial de las víctimas en una limpieza ideológica (lindando con lo étnico, a pesar del imposible metafísico de los criterios delirantes de Arzalluz) que se acompañaría de campos de reeducación y exterminio.

Lo que representaría un cambio sustancial sería la llegada a Ajuria Enea de un lehendakari constitucionalista. Sus efectos inmediatos serían muy positivos: a) se rompería el monopolio pseudoreligioso del poder por el nacionalismo (la idea subyacente de una legitimidad superior); b) se resquebrajaría el pesebre nacionalista y la utilización de los presupuestos públicos para favorecer la secesión; c) se permitiría una lucha eficaz de la policía autónoma contra el terrorismo callejero y una mayor protección a los constitucionalistas; d) se provocaría un debate dentro del PNV que previsiblemente cuestionaría el radicalismo fascista de Arzalluz.

Ese escenario tiene dos supuestos necesarios: el candidato del Partido Popular ha de ser el más votado, lo que pasa por el anunciado reto de Jaime Mayor Oreja como candidato y el partido socialista ha de conseguir mantenerse para poder formar una coalición constitucionalista. Esos dos supuestos tienen dos corolarios convenientes: que Unidad Alavesa no concurra a las elecciones para evitar la pérdida de votos a la alternativa constitucionalista y que los votos inútiles de Izquieda Unida -tan sumisa la lenguaje y la estrategia del terror y del nacionalismo, tan fuera de juego por los errores del pusilánime Javier Madrazo, ahora respaldado por el ignoto Llamazares- pasaran al PSOE.

El acuerdo entre PP y PSOE para desarrollar toda su eficacia ha de entenderse en este contexto, como un pacto de unidad de acción que debe ser operativo en un horizonte de presión a favor de la convocatoria urgente de elecciones anticipadas y de disposición a establecer pactos postelectorales. Es notorio el fracaso del PNV como partido capaz de mantener la cohesión social y el orden público, y su apuesta por la desestabilización del marco constitucional y estatutario.

La posibilidad de un lehendakari constitucionalista es un horizonte esperanzador en la línea de la solución posible del conflicto, que pasa cuanto menos por su mitigación y por la recuperación del imperio de la ley en las calles del País Vasco.

NACIONALISMOS EN LA ENCRUCIJADA: DEMONIOS... Y DEMONIOS
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 10 Diciembre 2000

De los diversos datos del último barómetro del CIS, el del descenso del nacionalismo es el que más llama la atención. La expectativa electoral de CiU y BNG cae respecto del verano y el PNV apenas consigue remontarla, pese a concentrar, casi seguro, muchos de los votos de HB. Y si a los partidos les va mal, a sus líderes tampoco les luce mucho el pelo: mientras que Aznar (5,44) y Zapatero (5,57) sobrepasan el mágico aprobado, los dirigentes nacionalistas están a la cola entre los que son objeto de consulta: Arzallus (1,68), Ibarretxe (2,7), Beiras (3,8) y Pujol (4) se instalan en un clarísimo suspenso. ¿Cómo explicar este cambio de tendencia? ¿Cómo que quien pasaba por ser el último grito en la política, vea constreñidas unas expectativas que parecían infrenables? ¿Qué ha ocurrido? 

Para los propios interesados es muy fácil: que a CiU, PNV y BNG ha acabado por afectarles la campaña arrolladora de demonización del nacionalismo democrático dirigida por el gobierno del PP. Según esta versión pro domo suo, aunque el nacionalismo democrático habría dejado claro su radical rechazo al terrorismo, no habría podido resistir el acoso combinado de ETA y de la partidista explotación de su barbarie. Aunque esta es una forma legítima de verlo, existen, claro, otras posibles. 

Cabría, por ejemplo, que el parón nacionalista fuera consecuencia, sobre todo, de la falta de claridad de su respuesta al problema de la articulación en España del poder territorial. Pues una cosa es condenar el terrorismo y otra muy distinta condenar los intentos de convertir la cuestión territorial en un motivo de ruptura de la convivencia de la que disfrutamos en España desde la restauración del sistema democrático. 

Cuando el PNV apuesta, ya sin disimulos, por convertir al País Vasco en un Estado independiente, confluyendo en su objetivo con el que ETA dice perseguir a golpe de pistola, puede que para una opinión pública mayoritariamente convencida de que el Estado debe mantenerse como tal, sin aventuras secesionistas susceptibles de poner en riesgo nuestra paz y libertad, puede -digo- que no sea suficiente con que el nacionalismo condene el terrorismo, si al tiempo no condena también sus objetivos. Puede, en fin, que la cuestión no sea la de la demonización del nacionalismo democrático, sino la de que éste ha resucitado de forma irresponsable nuestros más temidos demonios familiares.

NACIONALISMOS EN LA ENCRUCIJADA: NO PODEMOS TIRAR LA TOALLA
JAVIER LOSADA AZPIAZU La Voz 10 Diciembre 2000

Los últimos acontecimientos terroristas han generado una serie de declaraciones, posicionamientos, ofertas y propuestas de los dirigentes políticos; entre ellas, el pacto propuesto por el secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, ha impulsado un nuevo consenso inequívoco con las libertades. Los demócratas tienen una obligación, que es la de dialogar. Pero también es cierto que cuando se producen situaciones de bloqueo institucional, como es el caso del País Vasco, lo democrático es pedir a los ciudadanos que, con su voto, elijan a quienes deben liderar ese territorio. 

Por ello el diálogo tiene que ir acompañado de una clarificación de los deseos ciudadanos mediante su consulta electoral para que después las instituciones actúen. En algunos territorios existen partidos autonominados nacionalistas con diferente apoyo ciudadano, en todo caso nunca mayor que el que obtienen los partidos que tienen proyectos globales. Sin embargo, en estos últimos años, se intenta artificialmente y dentro de una estrategia partidaria establecer como socialmente representativo de las inquietudes de la sociedad, de un territorio, lo que de ello opinen, deseen o aspiren una minoría y no la mayoría. 

En esta línea, los partidos nacionalistas establecen la dinámica de que el diálogo o el consenso se tiene que realizar bajo su óptica y si no se hace de esa forma no se obtiene el certificado de calidad, a pesar de que la mayoría de la ciudadanía se identifica con las estrategias y diagnósticos de los partidos de ámbito global. ¿Tenemos que tirar la toalla y seguir admitiendo como deseo de los ciudadanos lo que es simple y claramente la estrategia de los partidos nacionalistas?. ¿No tenemos, los partidos mayoritarios, la misma legitimidad para mantener y defender nuestros proyectos y nuestras, también, democráticas estrategias?. Establecer un proyecto sin complejos siempre lleva consigo el apoyo ciudadano, no porque valoren la falta de complejos sino porque las personas desean que les resuelvan sus problemas, no que se los se creen artificialmente para que luego se teorice sobre cómo se resuelve. ¿Nos damos cuenta o es que ya tiramos la toalla?

El Pacto
Abel Hernández La Estrella  10 Diciembre 2000

Con unos días de diferencia han exigido solemnemente el fin de la violencia de ETA la OTAN y Amnistía Internacional. No se recuerda otra coincidencia pública de estas dos organizaciones, tan distintas y distantes, en nada. La necesidad de combatir el terrorismo etarra, primera preocupación de los vascos y de los demás españoles, ha hecho también posible que los socialistas y los populares hayan establecido su primer pacto formal, que será firmado, salvo sorpresas de última hora, la próxima semana.

El pacto, de apenas cinco folios, pergeñados por Rubalcaba y Zarzalejos, fue idea de Zapatero, que encontró escaso entusiasmo en el PP al principio, pero que al final ha cuajado. La unión hace la fuerza. A partir de ahora no se podrá acusar al Gobierno de Aznar de actuar por razones partidistas en el conflicto vasco. La actuación ante este conflicto se saca fuera de la lucha electoral entre las dos principales fuerzas políticas y las que puedan unirse al acuerdo. Pujol ya ha dicho que lo estudiará.

La iniciativa ha sido bien acogida por la opinión pública y mal por el PNV, cada vez más aislado. El llamamiento de Aznar a los críticos peneuvistas para que se unan al pacto apartándose de la línea de la actual dirección se ha demostrado contraproducente. El Partido Nacionalista Vasco, mientras se sienta acosado, cerrará filas en torno a Arzalluz. Puede que sea lo que pretenden los estrategas del PP: cuanto más radicalizado y desconcertado esté el PNV más probable es que pierda las elecciones. Si no, no se explica tanta torpeza.

El pacto parece que sale equilibrado en el aspecto político. No es una soga en el cuello del PNV como quería Aznar. Al PNV se le deja respirar. Ni siquiera se cierra la posibilidad de pactar con él un Gobierno de coalición. Pero, eso sí, se le exige que renuncie a los acuerdos con ETA y el nacionalismo radical y vuelva al buen camino de la Constitución y el Estatuto. Además de una conjunción de fuerzas para combatir la actividad terrorista, el pacto pretende abiertamente un cambio de rumbo político en el País Vasco, donde falta libertad y sobra inseguridad. Dos de cada tres vascos consideran que ETA es el principal motivo de preocupación, y uno de cada quince vascos se ha sentido directamente amenazado. El Gobierno del PNV no ha sido capaz de eliminar el miedo en la sociedad vasca. Éste es su gran fracaso.

La consigna de Arzalluz en la última Asamblea del partido es: "Todos quietos, ya vendrán ellos". Se refiere a los socialistas. Mientras tanto echa cuentas con la última encuesta en la mano. Por un escaño de diferencia y contando con Madrazo, las fuerzas nacionalistas podrían seguir gobernando solas tras las próximas elecciones. Pero, en el fondo, se cuenta con los socialistas para cuando llegue el momento. En esto Aznar no ha logrado el compromiso que esperaba de Zapatero.

En las alturas del PNV mantienen la esperanza de recuperar la iniciativa rompiendo el cerco de las fuerzas constitucionalistas con el anuncio de una nueva tregua de ETA antes de las elecciones. Con la escalada de violencia, la "causa vasca" está perdiendo todos los apoyos. Lizarra fue un error de cálculo. Ni la Unión Europea ni la Alianza Atlántica que tiene un cuartel general en Madrid están dispuestas a tolerar este conflicto en su seno. Nadie considera en un sitio ni en otro la posibilidad de la independencia para el País Vasco. Con pacto o sin él, al PNV no le queda más remedio que abandonar la quimera.

«Un problema de Estado»
Miguel Ángel RODRÍGUEZ .- La Razón  10 Diciembre 2000

El documento que el martes firmarán Rodríguez Zapatero por el PSOE y Arenas por el PP en presencia de José María Aznar es el mejor fruto que podía exhibir el Gobierno a los nueve meses de legislatura y un plausible cambio en la dinámica de oposición de los socialistas gracias a su nuevo líder.
    Zarzalejos y Rubalcaba han redactado un texto que tiene mucha miga, muy buenas frases por sencillas y rotundas, y muy buenas ideas por claras y resumidas. De entre las frases, dos perlas: «queremos dirigir un llamamiento especialmente a los jóvenes», y «el terrorismo es un problema de Estado».
    Ambas son en sí mismas un exponente ideológico contrario al nacionalismo vasco. Mientras ellos incitan a la violencia entre sus jóvenes, PP y PSOE son conscientes de que serán las nuevas generaciones las que terminen con el terrorismo y las que perpetúen nuestro sistema de libertades con su esfuerzo.

    Y la segunda tiene más calado: al ser el terrorismo «un problema de Estado» significa que no es un asunto local; es decir, los nacionalistas pueden «participar» pero no tienen por qué «arbitrar» en el desenlace del problema. PSOE y PP han declarado que el protagonismo es de toda la sociedad española y será toda España la que encuentre la solución. Aún más: no es un asunto cuya solución pase por la autodeterminación. Eso ya no tiene sentido ni como parte del debate.
    El acuerdo por las libertades y el terrorismo es pieza fundamental en la España que vivimos, es muestra de generosidad de los partidos firmantes y es la prueba de que la firmeza de los demócratas es la mejor arma contra Eta.

El acuerdo para la libertad
José Luis Gutiérrez La Estrella   10 Diciembre 2000

El terrorismo de ETA, la endiablada situación del País Vasco, con un Gobierno como el del lehendakari Ibarretxe, en minoría y sin respaldo parlamentario suficiente, que tiene que dedicarse a elaborar burdas y apócrifas encuestas cuyos resultados son todo un atentado a la inteligencia y el sentido común, sigue condicionando la vida política española como primer problema ahora que el paro desciende hasta acercarse a los niveles de desempleo de la Unión Europea, a juicio de los españoles, según recogen los barómetros del CIS.

Ni siquiera los sindicatos se ven libres de tan comprometidas compañías. Los secretarios generales de CCOO y UGT, José María Fidalgo y Cándido Méndez, que se las prometían muy felices acudiendo a Niza a manifestarse pacíficamente, se vieron súbitamente acompañados por todos los grupúsculos violentos que ensombrecen el movimiento antiglobalización y, lo que es peor, por los encapuchados filoetarras que dejaron la marca de la casa en las paredes de la ciudad francesa que acoge a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE: "Gora ETA". Normal que al día siguiente, la mitad de los manifestantes se volvieran a sus casas sin ganas de aparecer ante las televisiones del mundo con semejantes compañías.

En medio de tal situación, el pacto entre los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, por la libertad y contra el terrorismo de ETA, ha supuesto sin duda un soplo de aire balsámico en el impasse del País Vasco.

No es que haya que echar las campanas al vuelo ni siquiera pensar que nos encontramos ante el mágico bálsamo de Fierabrás que solventará de un plumazo el problema del terrorismo de ETA. En realidad nos encontramos ante un documento que establece un primer paso para una especie de Pacto de Ajuria Enea II, es decir, la posibilidad de que los llamados partidos nacionalistas democráticos PNV y EA se sumen al acuerdo una vez abominen y abandonen el Pacto de Estella y la Udalbiltza o asamblea de cargos municipales nacionalistas. El avance más importante conseguido en los diez puntos de este acuerdo es, precisamente, su enunciado, "las libertades". Se ha desdeñado ya, parece ser que venturosa y definitivamente, la palabreja-trampa Paz para incidir en la gran cuestión, la imposibilidad de que en las tierras vascas se pueda vivir sin miedo, libre y democráticamente, como en el resto del Estado, el apoyo a todos los vascos para que en su tierra puedan vivir sin el miedo constante, el temor a los atentados, a los coches-bomba, a los molotov de la kale borroka.

Y se ha firmado la necesidad de no utilizar el problema vasco como objeto arrojadizo entre los dos grandes partidos, al tiempo que se exige que quienes se adhieran al acuerdo limitarán su terreno de acción política a los márgenes que marcan la Constitución y el Estatuto. Ya se sabe que muchos firman papeles desde la convicción de que van a incumplir lo firmado al día siguiente, pero la opinión pública ya no comulga con ruedas de molino.

Naturalmente, es hacer de la necesidad virtud, es mirar para otra parte si se piensa que el PNV y su partidito-supletorio, EA, van a renunciar a su programa máximo, que no es otro que la autodeterminación y la independencia. Hace pocos días, el ex presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo relataba cómo cuando tomó posesión de la presidencia del Gobierno, en 1981, le visitó Arzalluz que le relató con pelos y señales y con un mal disimulado orgullo su última cena con la cúpula de dirección de ETA en San Juan de Luz.

Pero si todo evoluciona según las pautas previstas, la marcha atrás se escenificará gradualmente a través de un proceso de desenganche del PNV con respecto a HB y ETA, proceso que ya ha comenzado, y que las urnas digan la última palabra. Y a quien Arana se la dé, Arzalluz se la bendiga.

«El pacto antiterrorista es un triunfo de la honorabilidad democrática»
MADRID Ignacio CAMACHO
ABC  10 Diciembre 2000

El vicepresidente primero, Mariano Rajoy, admite por primera vez en esta entrevista la posibilidad de que José María Aznar se replantee su decisión de no volver a presentarse a las elecciones en el 2004, aunque, matiza, ese no es un debate de ahora. Más próximo está el acuerdo antiterrorista con el PSOE y su convencimiento de que en el País Vasco «ya cabe muy poca autonomía más».

Habla deprisa y con mucha seguridad, como un opositor aplicado que recitase un tema bien estudiado. Se compromete poco, excepto cuando habla del País Vasco, y en general se mueve por los parámetros de la discreción. Desde el despacho del edificio Semillas, en Moncloa, el vicepresidente Mariano Rajoy se ha convertido en pieza clave de la estrategia política del Gobierno Aznar. Delante de una larga mesa se amontonan carpetas con papeles clasificados por asuntos. Una de ellas dice «Encefalopatía espongiforme» en la cubierta. «Tengo que pedir que me pongan simplemente Vacas Locas», comenta.

—Al final, después de muchas vueltas, el pacto antiterrorista se ha firmado sin acuerdo poselectoral.
—El pacto tiene un apartado muy importante, que es inscribir el tratamiento del problema vasco en el marco que fijan la Constitución y el Estatuto de autonomía. Ahí se invita a quien quiera entrar, pero la asunción y defensa clara de Constitución y Estatuto es un avance enorme de cara al futuro.

—¿Lo considera también un avance de un futuro acuerdo?
—Bueno, vamos a ver. De momento, es evidente que será difícil llegar a entendimientos con quienes no acepten la validez del marco constitucional y estatutario. Ese es uno de los puntos clave, y uno de los que más nos preocupaban.

—¿Qué parte de cada cuál hay en el pacto?
—El pacto es un triunfo del equilibrio. Es el acuerdo que deseaba cualquier persona normal, con un criterio mínimo de honorabilidad política.

PACTO MUY CLARO
—A cambio de ese equilibrio, les ha podido quedar un texto demasiado genérico.
—Yo creo que es un pacto muy claro, que establece un diagnóstico de la situación, en el que se determina la enorme gravedad de la ruptura del Partido Nacionalistas Vasco con las fuerzas democráticas, y la creación de Estella-Lizarra con el consiguiente giro soberanista. Y, después del diagnóstico, se establece que cualquier solución ha de tener lugar en un marco común, el que le digo de la Constitución y el Estatuto.

—Se entiende que, con eso, el PNV queda fuera de cualquier solución.
—Está invitado todo el que quiera aceptar esos criterios, que son casi objetivos. Desde luego, actuaciones como la campaña de las juventudes del PNV contra la Constitución, no nos hacen ser optimistas.

—Pero al Partido Popular le habría gustado más un compromiso poselectoral específico.
—Nosotros, siempre que el PSOE se comprometa a mantener el marco constitucional y estatutario, y no tener acuerdos con fuerzas que no lo acepten, nos satisface plenamente. Entiendo que también satisface a los votantes del PSOE.

—¿Se han vencido las resistencias de algunas «manos negras» que tiraban del Partido Socialista en otra dirección?
—Yo he oído cosas sobre eso, pero no creo que haya habido «manos negras» aquí, sino sentido común.

—¿Pero el PSOE sigue manteniendo dos posiciones al respecto del conflicto vasco?
—Yo creo que, si hay un acuerdo, es porque sólo hay una posición.

—¿Y no han desenterrado ustedes viejos demonios al abrir ahora el debate de la secesión vasca, del conflicto étnico? ¿No es eso buscar problemas?
—Es que la falta de equilibrio de los nacionalistas vascos es una cosa evidente. Arzalluz hace todos los días declaraciones faltas de mesura y de equilibrio, y nosotros apelamos a los valores de la Constitución, el Estatuto de autonomía y, sobre todo, los derechos individuales.

—Pero es que entre Arzalluz y ustedes hablan de la independencia o la secesión vasca con la mayor naturalidad.
—Mire, el PNV ha dado nombre de calles y plazas, y de una Fundación, a Sabino Arana. Los planteamientos de Arana son sobradamente conocidos. Xabier Arzalluz lo recuerda muy a menudo, y eso no contribuye a generar un buen ambiente, como tampoco la circunstancia de que el PNV, hoy, asuma como propios los fines y objetivos políticos, que no los métodos, de ETA. El PNV ya no está en la Constitución, ni en el Estatuto. Y eso obliga a plantear una alternativa, porque hay mucha gente que está en otro planteamiento más razonable.

—¿Es inevitable contemplar a medio plazo el País Vasco en otra perspectiva?
—Nosotros hemos llegado a la conclusión de que no se puede disociar hoy día la lucha antiterrorista de la situación política en el País Vasco. Hay un lendakari que defiende objetivos distintos a los de la mayoría, y además el Gobierno vasco está en una situación que no es democráticamente admisible. En ningún sitio ocurre que un Gobierno que queda en minoría no disuelva el Parlamento. Aquí le ocurrió a Leopoldo Calvo Sotelo, en el 82, y a Felipe González, en el 96, y disolvieron.

GOBIERNO VASCO
—Cuando usted dice que no se puede disociar el problema político del terrorismo, se sitúa en el mismo terreno que los nacionalistas y los radicales. ¿No se puede entender el terrorismo como un problema policial, y el otro como un problema político?
—Yo creo que, en este momento, no. Yo creo que un Gobierno vasco distinto al que hay sería mucho más útil a muchos efectos. En primer lugar, habría una policía que ejercería sus funciones a la hora de reprimir la violencia callejera. En segundo lugar, tendríamos un modelo educativo mucho más objetivo. Y se entendería la relación con el resto de España de un modo diferente al actual.

—A medio o largo plazo, ¿el País Vasco va a seguir teniendo la misma relación con el resto de España que ahora?
—A medio o largo plazo se va a consolidar una situación similar a la actual, pero desaparecerá la organización terrorista. Cada vez hay más gente en los valores constitucionales, la sociedad vasca es más combativa a ese respecto. Y, de otro lado, la situación del entorno impide la creación de nuevos estados. Mire, por ejemplo, la cumbre de Niza, en la que se han discutido los detalles de un espacio político cada vez más común. No tiene sentido caminar en dirección contraria. Además, el País Vasco tiene una autonomía mayor que ninguna otra del mundo.

—¿Cabe más autonomía? ¿Cabe avanzar por ahí?
—Pues yo creo que muy poca más. En este momento, el País Vasco tiene los servicios públicos fundamentales, la sanidad, la educación, y además tiene la policía, tiene la hacienda, tiene incluso las carreteras. El Estado no tiene siquiera una red nacional de carreteras. No hay precedente en el mundo de ningún autogobierno mayor que el del País Vasco. Eso es objetivo.

—El modelo confederal, o parafederal, ¿cabe en la Constitución?
—En absoluto, y además no veo ninguna necesidad de ello. En este momento, el modelo de descentralización español es mayor que el de ningún otro estado europeo, incluido el alemán.

—O sea, que no hay en la Constitución ningún fondo de saco sobre el que articular un acuerdo con los nacionalistas no violentos.
—Yo creo que ese acuerdo se ha articulado en otros momentos con la Constitución y con el Estatuto de Guernica, que tuvieron muchos más “síes” que “noes” en el País Vasco.

DAR LA RAZÓN A LOS TERRORISTAS
—Para usted, pues, el PNV es causa perdida.
—Nadie es causa perdida, pero los pasos que está dando el PNV van en mala dirección. El Partido Nacionalista Vasco defendió y promovió el Estatuto de Guernica, y combatió claramente a ETA. Todo eso se rompió con el acuerdo de Lizarra, que supuso un cambio de aliados y de objetivos.

—También supuso un año y medio de tregua terrorista, sin muertos.
—Eso es verdad. Pero luego volvió a haberlos. No olvidemos que la tregua se rompió porque, según ETA, el PNV no cumplió sus compromisos. No creo que nadie pretenda que, para acabar con el terrorismo, haya que darle la razón a los terroristas.

—¿No hay ningún punto de reversión?
—Es muy difícil llegar a acuerdos con quien se pone en contra de las reglas de juego que todos nos hemos dado.

—En otro orden de cosas, hay observadores políticos que opinan que estos primeros meses del Gobierno son parecidos a los del año 96: decisiones polémicas, pérdida de iniciativa... Incluso, el reciente indulto podría compararse, en sentido inverso, a la decisión de clasificar los papeles del CESID. Un momento bajo en el que ustedes reciben bofetadas desde todos los sitios.
—El Gobierno ha planteado muchos asuntos de enorme importancia en estos siete meses: la ratificación del Tribunal Penal Internacional, la Ley de Pesca, un amplio paquete de medidas liberalizadoras, la reforma de la Ley de Extranjería, un paquete legislativo contra el terrorismo, otro sobre la justicia, pronto aprobaremos el decreto de Humanidades, tenemos sobre la mesa el Plan Hidrológico Nacional, los Presupuestos Generales del Estado... Por otra parte, se han producido acontecimientos que generan tensión, como el incremento del terrorismo o la subida exagerada del precio del petróleo, que ha provocado un aumento de la inflación, que también preocupa. También las «vacas locas» o los indultos provocan alguna tensión. Pero bueno, esto es voluntario y las responsabilidades hay que asumirlas. Yo creo que el Gobierno ha sido valiente.

—Es decir, plantea lo más desagradable al principio.
—No, todo el mundo sabía que asuntos como la reforma de la Ley de Extranjería o el Plan Hidrológico Nacional estaban en nuestro programa electoral.

—¿Y no es muy pronto para que Aznar haya perdido el primer puesto de valoración popular en las encuestas oficiales?
—Yo recuerdo que cuando el PSOE lanzó a Almunia o a Borrell, tenían la misma valoración que ahora el señor Zapatero. Son personas nuevas para la opinión pública que no han sufrido desgaste.

—¿La mayoría absoluta desgasta más?
—Yo no lo veo así. Lo que hay que mantener es el equilibrio y el sentido común. Hasta el día de hoy, nosotros no hemos aprobado ningún proyecto de ley en solitario. Lo que pasa es que pactar, o dialogar, no significa abdicar de las propias responsabilidades.
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La nueva cara del pacifismo vasco
La plataforma ciudadana ¡Basta ya! recibe el próximo miércoles, tras un año de andadura, el premio Sajarov de la UE
JAVIER URTASUN El Mundo  10 Diciembre 2000

BILBAO.- El pacifismo vasco ha cambiado de cara. En apenas dos años, las asociaciones pioneras en Euskadi, con más de una década de experiencia en el rechazo a la violencia, se han visto relegadas a un segundo plano por nuevas organizaciones, diferentes también en su proyecto.

Y en tan poco tiempo, esta nueva forma de expresar la repulsa a ETA, agrupada en torno a la plataforma ciudadana ¡Basta ya!, ha alcanzado la mayor proyección y el mayor reconocimiento que jamás ha logrado un colectivo vasco. El próximo 13 de diciembre, ¡Basta ya! recibirá en Estrasburgo el premio Sajarov, que concede anualmente la Unión Europea a una persona u organización por su defensa de los Derechos Humanos o de la libertad de expresión.

La idea de su fundación surgió a raíz de la ruptura de la tregua de ETA, en diciembre de 1999. Varias organizaciones pacifistas, grupos cívicos y asociaciones de víctimas- aunaron esfuerzos para que ¡Basta ya! viera la luz. Un nacimiento con tres premisas claras como objetivos: la solidaridad con las víctimas y las personas amenazadas, la defensa del Estado de Derecho, y la defensa de la libertad.

Entre los impulsores se contaban miembros del grupo cívico Foro Ermua (fundado en 1998), de la asociación de víctimas del terrorismo del País Vasco, Covite (1998), y del foro de intelectuales cristianos El Salvador (1999). A ellos se unieron personas procedentes de asociaciones con una trayectoria más dilatada en el pacifismo, como Denon Artean, presente en las calles del País Vasco desde 1991, o el Movimiento contra la Intolerancia, que nació en 1993.

«Falta de libertad»
La ruptura de la tregua les hizo constituirse en una plataforma que, en palabras del miembro del Foro Ermua Rafael Calafat, «no sólo denunciara los asesinatos de ETA, sino también el día a día de la falta de libertad».

Por ello, Cristina Cuesta, fundadora de Denon Artean y una de las impulsoras de ¡Basta ya!, asegura que la plataforma «no ha usurpado ningún papel movilizador». Al contrario, cree que esta corriente, -que adoptó como nombre uno de los lemas del Movimiento contra la Intolerancia, ocupa un espacio antes vacío.

Una de las principales novedades que aportó ¡Basta ya! fue su carácter de colectivo basado en la adhesión ciudadana. Sus iniciativas se presentan a la sociedad a través de un manifiesto, al que luego se suman las personas que lo desean con su firma.

Así ocurrió en el acto que fue la verdadera carta de presentación de ¡Basta ya!, la manifestación que convocó el pasado 19 de febrero en San Sebastián, secundada por 10.000 asistentes. Al mismo tiempo, la plataforma decidió llamar a los ciudadanos a concentrarse contra ETA los primeros jueves de cada mes, una actividad que aún mantiene.

Pero su más sonoro éxito fue la manifestación celebrada el 23 de septiembre también en San Sebastián bajo el lema «Defendamos lo que nos une: Estatuto y Constitución». Esta vez, la cita congregó a unas 100.000 personas, y recabó la adhesión, entre otras personalidades, de los premios Nobel José Saramago o Günther Grass.

No obstante, la iniciativa fue duramente criticada desde el nacionalismo vasco, que acusó a los organizadores de «mezclar paz y política». Desde la izquierda abertzale, se tildó a los participantes en la marcha de «españolistas» y «unionistas».

Cristina Cuesta no oculta que las reivindicaciones de ¡Basta ya! incluyen una «cariz más político» que el de otras asociaciones: «Queríamos ofrecer la posibilidad de canalizar un sentimiento y una posición ideológica de gente que, desde el rechazo a ETA, piensa que la construcción de la convivencia pasa por el Estatuto de Gernika y la Constitución».

A pesar de su corta vida, ¡Basta ya! ya ha sufrido ciertos avatares en su seno. Algunas divergencias entre los diferentes grupos que impulsaron la plataforma llevaron a que, durante el verano de este año, Covite optara por desvincularse de la organización. Eso sí, el colectivo de víctimas dejó plena libertad a sus miembros para que secundaran futuros actos de ¡Basta ya!. Similar decisión adoptó poco después el Foro Ermua, al igual que el Movimiento por la Intolerancia.

De este modo, ¡Basta ya! quedó como una mera iniciativa ciudadana, a la que los miembros de otras asociaciones se adhieren a título particular. Teresa Díaz Bada, de Covite, explica que la decisión de las víctimas vascas de desligarse de la plataforma fue para «mantener la independencia como grupo».

Sus portavoces
Desde el inicio de su andadura, ¡Basta ya! ha contado entre sus adeptos con numerosas caras conocidas. El filósofo Fernando Savater y el escritor Jon Juaristi, por ejemplo, han actuado como portavoces en varias declaraciones, algunas de las cuales ha desatado intensas polémicas.

Sin embargo, son muchas las personas menos conocidas que han dado la cara en las iniciativas de ¡Basta ya!. Varias de ellas están sufriendo ahora las consecuencias en forma de coacciones y amenazas, y han decidido pasar a un segundo plano como medida de precaución.

Y es que el asesinato de José Luis López de Lacalle, columnista de EL MUNDO y destacado miembro del Foro Ermua, ha puesto a los integrantes de ¡Basta ya! en el punto de mira de ETA. Alguno de ellos ha manifestado a este periódico su posible intención de exiliarse a otra comunidad si no recibe protección policial, que, según dice, por el momento le ha sido denegada.

A pesar de todas estas dificultades, ¡Basta ya! verá reconocida su labor el próximo día 13 en Estrasburgo, donde recibirá el premio Sajarov. Además de su prestigio, el galardón incluye una dotación económica de 50.000 euros (unos 8,3 millones de pesetas). Como dato curioso, ¡Basta ya! deberá recurrir a un poder notarial para recibir el dinero, dado su carácter de iniciativa ciudadana sin cargos ni estatutos.

La ayuda económica servirá para que ¡Basta ya! continúe su labor. De momento, tiene intención de alquilar un local que haga las veces de sede de la plataforma. Más tarde, si cuaja el proyecto, servirá para emprender una nueva actividad: analizar el «nivel de miedo» de la sociedad vasca a través del contacto directo con gente que sienta coartada su libertad.

Aunque alguno de sus propios miembros considere «desorbitado» recibir un premio de la entidad del Sajarov, ¡Basta ya! entiende que es un reconocimiento simbólico a la movilización de los vascos en contra de ETA. Por ello, Cristina Cuesta quiere dejarlo muy claro: «Hacemos extensivo este premio a toda la gente que alguna vez se ha movilizado».

Los amenazados recibirán el galardón
J. U.
BILBAO.- El Pleno del Parlamento Europeo, en sesión solemne, vestirá sus mejores galas el próximo día 13 para conceder la duodécima edición del premio Sajarov. Por primera vez en su historia, el galardón recaerá sobre una asociación de la propia Unión Europea.

La plataforma ciudadana ¡Basta ya! será este año la agraciada porque «en un clima de violencia permanente, trabaja en la defensa de los derechos fundamentales del hombre, en favor de la democracia y de la tolerancia en el País Vasco», según se señala en el comunicado que anunciaba la concesión del premio.

La Mesa de Portavoces de la Eurocámara -compuesta por su presidenta, Nicole Fontaine, y los jefes de los distintos grupos parlamentarios- se decantó por otorgar el galardón a ¡Basta ya! frente a las otras tres candidaturas: la ugandesa Angelina Acheng Atyam, fundadora de la Asociación de Padres en Defensa de los niños de la guerra; el periodista ruso Andrei Babitsky; y la monja tibetana Ngawang Sangdrol, detenida en China por defender los Derechos Humanos.

El premio Sajarov fue creado por la UE en 1988 para galardonar a aquellas personas u organizaciones comprometidas con la defensa de los Derechos Humanos o la libertad de expresión. Entre los agraciados con este distintivo, se cuentan personas como el premio Nobel Nelson Mandela o el artífice de la independencia de Timor, Xanana Gusmao, así como colectivos como las Madres de la Plaza de Mayo.

A los actos de entrega del premio asistirá una nutrida representación política y diplomática, así como numerosos informadores de medios de comunicación españoles y europeos.

Pero, ¿quién recogerá el premio otorgado a una plataforma ciudadana que carece de cargos o estatutos? Los impulsores de la iniciativa han decidido que la mejor forma es que el galardón sea recogido por una representación de los sectores que han sufrido la violencia de ETA o están amenazados por ella.

En total, serán 70 personas las que representen a ¡Basta ya! en el acto. Entre ellos, víctimas del terrorismo, empresarios, intelectuales, funcionarios de prisiones, miembros de las fuerzas de seguridad -policías nacionales, guardias civiles y ertzainas-, concejales del PP y PSOE, miembros de ¡Basta ya! y de otros movimientos sociales.

En definitiva, una muestra representativa de los colectivos de riesgo cuya falta de libertad ha sido el origen del surgimiento de ¡Basta ya!.

Vecinos desalojados
El Mundo   10 Diciembre 2000

PAMPLONA.- Dos explosiones, producidas hacia las 2:40 horas de la madrugada de ayer en un cajero de Caja Navarra, con apenas tres minutos de diferencia, obligaron a desalojar a los vecinos del primer piso del inmueble, sin que se produjeran daños personales.

Según informó la delegación del Gobierno en Navarra, los autores colocaron junto al cajero dos bidones con gasolina, uno de ellos con una mecha encendida, que hicieron explosión con tan escasa diferencia de tiempo.

Los vecinos tuvieron que ser desalojados debido a la gran cantidad de humo que se produjo tras las explosiones. Una vez extinguido el fuego, todos regresaron a sus casas.

Los bomberos y una ambulancia acudieron a la zona, una vez que la Policía Municipal alertó al centro de coordinación de emergencias SOS Navarra.

Otros dos actos de violencia callejera se produjeron en la misma madrugada en la capital navarra: fueron quemados unos contenedores situados en dos calles Pamplona.

Gustavo Arístegui: «La solución para el País Vasco pasa por un gobierno entre PP y PSOE»
El m
iembro de la Ejecutiva del PP del País Vasco, arremete contra aquellos que descalifican la candidatura de Jaime Mayor Oreja a lendakari
Inmaculada G. de Molina .- La Razón 10 Diciembre 2000

Cuando conversa no puede ocultar que es un diplomático de carrera. Ha representado a España en las embajadas de Trípoli y Ammán. Ahora, la trayectoria de este diputado por Guipúzcoa está vinculada a la política exterior, labor que desarrolla en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso. Pero ante todo, Gustavo Arístegui es un gran conocedor del conflicto vasco. En esta cuestión, se muestra optimista sobre la posibilidad de reducir a Eta a algo residual. Y para demostrarlo, pluma en ristre, dibuja el diseño de un escenario vasco, «aunque utópico, posible». Su nombre aparece vinculado al de Jaime Mayor Oreja. De ahí que figure en algunas quinielas como posible consejero vasco, si el PP arrebata el Ejecutivo al PNV. Aunque él quiere dejar muy claro que trabaja por y para un proyecto, «no por una posición política». No obstante, está a disposición del partido y, por tanto, «contribuiré a que el PP tenga los mejores resultados posibles en España y en el País Vasco. Si me toca estar apoyando las políticas del PP desde la Carrera de San Jerónimo lo haré encantado».

    -¿La Cumbre de Niza fracasará?
    -Acabará con acuerdo. Francia tendrá que ceder en algunas de sus pretensiones porque, si no, sería tanto como reconocer el fracaso de su Presidencia, que tenía un tema esencial: la reforma institucional de la UE para permitir la ampliación. Hay tres cuestiones importantes. Hay que consolidar las instituciones de la UE no sólo para que sean más sólidas la Comisión, el Consejo de Ministros, el Parlamento europeo o el Tribunal de Luxemburgo, sino que hay que reforzar los controles democráticos. Hay que clarificar cuál es la relación entre la Comisión y el Consejo de Ministros. Con la futura creación del cuarto pilar, el de la seguridad y defensa, se quiere dotar de una estructura al edificio comunitario más acorde con su vocación supranacional. La tercera cuestión que se plantea es si hay que hablar de supranacionalidad o de federalismo europeo. Muchos países ven con
    reticencia la construcción de un superestado federal europeo. Para que haya un control eficaz de ciertas instituciones europeas, habrá que conseguir que el Tribunal de Luxemburgo tenga auténticos poderes, pero, sobre todo, los medios materiales y humanos para que pueda ejercer su labor de control judicial sobre la Comisión y el Consejo, y reforzar el control político del Parlamento.

    -¿En qué puntos habrá acuerdo?
    -Hay que reconocer que Alemania es el país más importante de Europa en términos demográficos y económicos, en consecuencia debe tener un reflejo político. Además, España debe tener derecho a bloqueo en el Consejo de Ministros, junto con dos países más. Esto parece que se logrará. Y hay países que consideran imprescindible seguir teniendo un comisario y otros que están dispuesto a renunciar a uno, como España, si logra un número suficiente de votos ponderados en el Consejo.
    -¿Cómo afrontará España la Presidencia de la UE en enero de 2002?
    -España ha tenido una magnífica reputación como Presidencia comunitaria. Los españoles estarán a la altura del reto. Además, me da el pálpito de que las cuestiones importantes de política exterior estarán vinculadas a la relación entre Europa e Iberoamérica, especialmente, México, país que está llamado a convertirse en un socio estratégico de la UE y, sobre todo, de España. Además, se impulsará la política mediterránea, para que ayude a consolidar la estabilidad en el Norte de África y Oriente Medio y resolver el conflicto árabe-israelí. La ampliación es otra de las cuestiones claves. Evidentemente, se abordará la relación con Estados Unidos y la cohesión de la UE.
    -¿Se llegará a la puesta en circulación de la moneda única con un euro devaluado y altos tipos de interés?
    -Es una moneda virtual. La inflación ha castigado un poco a la zona euro, lo que afecta a la credibilidad de una moneda. A medida que nos acerquemos a su nacimiento real, veremos como paulatinamente se sitúa en la paridad con el dólar o incluso por encima. La crisis energética ha afectado a todas las monedas. Cuando el euro se haya consolidado, las transacciones se harán también en euros y tenderemos a esa paridad.    

Actitud inequívoca
    -¿Cómo valora el acuerdo alcanzado en materia antiterrorista entre el PSOE y el PP?
    - El PSOE ha tenido siempre una actitud inequívoca, clara y de un gran sentido de Estado en la lucha contra el terrorismo y la pacificación verdadera del País Vasco, sin imposiciones y condiciones. Esto sólo augura cosas buenas. Es evidente que cuando se está negociando un pacto hay que buscar los consensos necesarios y siempre habrá matices de posición. Como político vasco, me siento satisfecho de que el acuerdo haya llegado a buen puerto, porque es la piedra fundacional de un inicio de encarrilamiento de un problema que lleva demasiados años provocando tristeza y pérdidas económicas increíblemente altas.

    -¿Por qué ha costado tanto que el PP y el PSOEse pusieran de acuerdo en una cuestión tan trascendental?
    -No creo que haya costado tanto. Era una cuestión muy delicada, en la que había que ser prudentes. Había que buscar un diseño que no fuese apresurado ni precipitado y que tuviese una estructura sólida, para que no se rompa ante cualquier acción de los terroristas o cuando se produzca la lógica discrepancia entre partidos en el terreno de las políticas generales. Hay muchas personas que consideran que meterse en un pacto conjunto de todos los partidos democráticos, que ha fraguado en torno al PP y el PSOE, es hacer seguidismo.

    -¿El PSOE está dividido respecto a la posición a adoptar frente al PNV?
    -Hay que escuchar a la dirección del PSOE, que parece tener una voz. Es evidente que hay personas que no comparte el criterio de la dirección. Me gusta lo que le oigo decir a Zapatero, aunque me gustaría que fuera menos ácido en sus críticas a Aznar y Mayor Oreja. A veces, no tiene razón en esas críticas y puede que cree una imagen de separación entre el Gobierno de España y la oposición.

    -¿De ahí que Redondo le pida más dureza a Zapatero con el PNV en la negociación anti-Eta con Aznar?
    -Redondo está sobre el terreno, conoce la realidad. Ha mantenido una posición ejemplar en toda su trayectoria política. Tiene toda la legitimidad para pedir lo que le parezca. Pero la línea imperante en el PSOE es de gran responsabilidad política.   

PNV
    -¿El pacto antiterrorista se puede extender al resto de las fuerzas políticas, incluído el PNV?
    -Estructuralmente es posible. En el pacto no se plantea nada que no se haya practicado en el pasado. Los partidos democráticos teníamos un ámbito de consenso que era el Pacto de Ajuria Enea. Como consecuencia del de Estella y de las exigencias del terrorismo, el nacionalismo democrático se vio forzado a dinamitar desde dentro el Pacto de Ajuria Enea. Lo que se está planteando en la actualidad es, sobre una fórmula diferente, pero con un espíritu parecido, por no decir igual, volver a construir un consenso antiterrorista, en el que cabe todo el mundo de partida. No se trata de excluir a nadie. El acuerdo, fundamentado sobre unos principios irrenunciables de defensa y garantía de los derechos y deberes fundamentales, está abierto al PNV. Nos gustaría que el PNV recuperarse la moderación de centralidad y renunciase a esos pactos tácticos y estratégicos con el entorno terrorista y por fin se diera cuenta de que todos los partidos democráticos somos necesarios para la lucha contra el terrorismo, que es la única lacra de la que nos tenemos que librar los vascos. Sólo se puede avanzar hacia la verdadera paz en el País Vasco el día que los terroristas sepan que todo el pueblo vasco, sin excepciones, los rechaza y que la violencia no tiene cabida.

    -¿El PP actúa irresponsablemente en el País Vasco, como asegura algunos líderes del PNV?
    -El PP, como primer partido de la oposición en el País Vasco, lo que hace al criticar al «lendakari» es ejercer su deber de oposición. Esto no es hacer bloqueo de instituciones, ni ser irresponsable.

    - Si el PNV rompe el Pacto de Estella, ¿un acuerdo antiterrorista entre el PP, PSOE y PNV supondría un duro golpe para Eta?
    -Sería un golpe muy duro para Eta. La esperanza de Eta de acabar teniendo oxígeno político cada vez que tiene dificultades o creer que puede tener beneficios políticos por el uso de la violencia o por dejar de asesinar acaba haciendo del País Vasco un lugar surrealista. No digo que haya una coincidencia en los medios con el nacionalismo. Pero hay una política equivocada por parte del nacionalismo. El Pacto de Lizarra es lo que saca a Eta del agujero negro en el que el espíritu de Érmua la había metido.

    -Pero algunos líderes del PNV reconocen que Estella no sirve ya.
    -Pero no hay que reconocerlo, hay que romperlo. Antes de Lizarra la frontera en el País Vasco estaba colocada en el límite de los terroristas y demócratas. El único logro de lizarra es haber situado la frontera entre los nacionalistas y los no nacionalista. Tienen que enterrar Lizarra.

    -¿Para enterrar el Pacto de Estella, Arzallus se debería marchar?
    -Eso lo tiene que decir su partido. La actual dirección del PNV es extraordinariamente negativa para la reconciliación entre los vascos. La actual dirección del PNV es uno de los factores que más tensiones está provocando en el seno de la sociedad vasca, con declaraciones desafortunadas y tremendamente radicales, que desorientan a los que le votan. Una de las necesidades del nacionalismo democrático para recuperar esa centralidad es la sustitución de su cúpula.

    -Si la correlación de fuerzas se mantiene tras las elecciones vascas, ¿el PP habrá fracasado?
    -No quiero hablar de estafa electoral, pero sí de unas condiciones en 1998 que no eran conocidas por el electorado y que pudieron falsear el resultado. A menos de cuarenta días de las elecciones, Eta declaró una tregua. El PNV y EA se presentaron como artífices de la misma, cuando fue el resultado de la ejemplar movilización del pueblo vasco y español, y presentaron las cláusulas de Lizarra que le parecieron presentables. Luego supimos la realidad, que la tregua se hizo para favorecer los intereses electorales del PNV, EA y EH. El pueblo vasco tiene que decir que le parece todo esto. Si la correlación de fuerzas permaneciera igual, que no lo creo, por lo menos sabríamos que el pueblo vasco ha hecho una censura sólo relativa al PNV y que hay un Parlamento renovado en circunstancias distintas.

    -¿Le preocupa que el PSE incline la balanza hacia el PNV?
    -Hay que tener cuidado con tender una mano al Partido Nacionalista Vasco antes de que rectifique. Tendría un alto coste electoral en el País Vasco y en España.

    -¿Al PP que rival le favorece, Atucha o Ibarreche?
    - No creo que el resultado final varíe en función de que se presente Atucha o Ibarreche.   

Polémica mezquina
    -¿La solución para el País Vasco pasa por un gobierno PP-PSE?
    -Pasa por un cambio de políticas, que, hoy por hoy, sólo lo puede llevar a cabo un Gobierno no nacionalista, que espero esté formado por el PP y el PSE. No vamos a acabar, de la noche a la mañana, con la lacra terrorista como si le diéramos a un interruptor. Pero si habremos puesto las bases para encarrilar una convivencia normal en el País Vasco.

    -¿Es compatible ser ministro del Interior y candidato a «lendakari»?
    -Me parece una polémica mezquina, electoralista y estéril. Se trata de uno de los políticos mejor valorado de España. Hablamos de una persona que tiene tanto derecho como otro vasco a presentarse a «lendakari». Además, nunca ha empleado su presencia institucional para dotar a su partido de una ventaja electoral. El día que se proclame su candidatura empezará su campaña en peores condiciones que el resto de candidatos, porque mucha gente se ha empeñado en insistir en que no es compatible ser ministro del Interior y «lendakari». Mayor Oreja es un valor añadido. Quitarle la candidatura, es quitar al PP la legítima ventaja que tiene.

    -Habla de que la candidatura de Mayor Oreja partiría en peores condiciones, ¿le puede pasar factura al PP?
    -No, al revés. El resultado del PP en el País Vasco sería infinitamente mejor con Jaime Mayor Oreja que sin él. Tratar de eliminar a Jaime Mayor como candidato es una ventaja objetiva para los demás partidos en contienda electoral. Jaime Mayor Oreja es el mejor cartel electoral para el País Vasco de todos los posibles.

Explota un artefacto de fabricación casera en el domicilio de un ertzaina en Amorebieta
Libertad Digital 10 Diciembre 2000

La explosión de un artefacto de fabricación casera ha causado daños materiales en la puerta de entrada a la vivienda de un ertzaina, en Amorebieta (Vizcaya). El sabotaje se perpetró sobre las tres y media de la madrugada de este domingo en un edificio de viviendas ubicado en la calle San Juan y donde reside el agente, cuya identidad y grado no se han divulgado. Para llevar a cabo la acción, el autor o autores del hecho utilizaron un artefacto compuesto básicamente por una botella de líquido inflamable y un elemento pirotécnico, y que colocaron junto a la puerta del piso.

La explosión originó un pequeño incendio, que fue sofocado por una dotación de la Ertzaintza que se desplazó al lugar, así como daños materiales. El portavoz del Gobierno Vasco, Josu Jon Imaz, ha condenado "rotundamente" este ataque y ha pedido a la sociedad vasca que "dé calor" a las personas que están sufriendo la violencia en Euskadi.

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