AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 11  Diciembre  2000
#Por el buen camino
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 11 Diciembre 2000

#Sobre pactos y gustos de Eta
Iñaki EZKERRA La Razón 11 Diciembre 2000  

#El alegrón
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 11 Diciembre 2000  

#La era Rodríguez Zapatero
José María CARRASCAL La Razón 11 Diciembre 2000  

#Era del acceso y necedad soberanista
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón  11 Diciembre 2000  

#Los silencios de la libertad
JOSÉ DANIEL REBOREDO El Correo   11 Diciembre 2000  

#El acuerdo anti-ETA y la susceptibilidad
Lorenzo Contreras La Estrella 11 Diciembre 2000  

#Zapatero, arena y cal
El Conspirador La Estrella 11 Diciembre 2000  

#El Tribunal de Cuentas vasco detecta graves anomalías en las diputaciones del PNV
M. R. Iglesias - Madrid .- La Razón  11 Diciembre 2000  

#«Pactar con el PNV es traición, convertirse en compañero de viaje del independentismo»
LA CORUÑA. A. Aycart ABC 11 Diciembre 2000

#Erne estima que la reforma antiterrorista de la Ertzaintza busca ocultar su «ineficacia»
OSCAR B. DE OTÁLORA BILBAO El Correo 11 Diciembre 2000



Por el buen camino
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 11 Diciembre 2000

El acuerdo alcanzado entre el PP y el PSOE en defensa de la libertad y contra el terrorismo era urgente e imprescindible. Su dignidad política y moral y sus probables beneficios son tantos y tan evidentes que la sutileza argumentativa de Arzalluz ha tenido a bien calificarlo como «pantomima». Es un síntoma excelente. Las objeciones esgrimidas contra el acuerdo son tan indigentes que constituyen la mejor prueba de su valor. Resulta risible que quienes han suscrito la desleal afrenta anticonstitucional de Estella consideren que es «antidemocrático y excluyente». Se ve que para sus firmantes fuera de Estella sólo hay tinieblas antidemocráticas y exclusión. Es admirable la magnanimidad con la que el PNV, con la connivencia de IU, incluyó a la coalición filoterrorista. Eso sí que era un acuerdo incluyente. Por cierto, que el lugar de su firma, en Navarra, más allá de la «frontera vasca», reveló el inmenso cosmopolitismo de sus firmantes.

El pacto sólo excluye a quienes a sí mismos se excluyen. Los dos grandes partidos nacionales han invitado a los demás para que se integren en él. No es fácil predecir las consecuencias que pueda tener, pero en cualquier caso se trataba de un imperativo moral, una necesidad política y una exigencia ciudadana. Pero, sea cual fuere la suerte que le espere, si no me equivoco, nace con una virtud excepcional: aclarar el panorama y disipar la ambigüedad. Y la claridad es un valor fundamental. No se trata de un «frente españolista», cosa que, por cierto, no sería nada malo en sí mismo, contra el nacionalismo vasco, sino de la adopción de una estrategia común contra ETA y en defensa de la Constitución. El PNV se ve así obligado a optar, y las primeras declaraciones de sus dirigentes no dejan lugar a dudas. Cabe confiar, sin embargo, en que una parte de sus simpatizantes y militantes desapruebe esta opción y se incline en favor de un tipo de nacionalismo parecido al catalán que, aunque no sin roces, cabe en la Constitución. La lealtad a la legalidad constitucional y el sueño irracional del nacionalismo pertenecen a dos tradiciones diferentes y casi imposibles de conciliar. Uno procede de la tradición clásica; el otro, del asalto romántico a la razón. El PNV se debate entre las dos tradiciones, pero resulta claro que, por desgracia, prevalece la pasión nacionalista sobre la razón cívica. El pacto entre el PP y el PSOE es una invitación dirigida a los restos del naufragio anticonstitucional del PNV para que rectifiquen y regresen a la senda constitucional. El drama del PNV es que está junto a ETA en sus fines y contra ella en los principios y en los procedimientos. Pero la experiencia nos enseña a desconfiar de la distinción radical entre medios y fines. Gregorio Marañón escribió que ser liberal consiste en rechazar que el fin justifique los medios y afirmar que son los medios los que justifican el fin. Compartir fines con ETA es compartir medios. Es extraña forma de combatir a ETA pretender que deje de matar a cambio de que logre sus objetivos. Aznar y Zapatero han trazado una línea clara. Los demás pueden situarse a un lado o a otro, pero no a ambos a la vez o en un tercer ámbito inexistente. Si además de este efecto clarificador, el acuerdo es un paso hacia el relevo en Ajuria Enea, tanto mejor.

Sobre pactos y gustos de Eta
Iñaki EZKERRA La Razón 11 Diciembre 2000  
 
En las veinticuatro horas que sucedieron al asesinato de Lluch, Eta consiguió poner en funcionamiento la mayor campaña que se ha urdido contra el Gobierno y su política ante el terrorismo nacionalista así como contra la libertad y la esperanza de los vascos que hemos pedido hasta la saciedad que esa política sea también la del PSOE. La pistola de un descerebrado conseguía de pronto lo que no había conseguido el caudillismo en la sombra de Felipe González y su manejo de las viejas lealtades que aún le profesan aquellos que le reían sus chistes malos en la Bodeguilla de la Moncloa. Durante esas horas no fue difícil oír sentenciar a cualquier locutor televisivo que «a Eta no le gusta el pacto PSOE-Pnv», colaborando así al prestigio de ese pacto que, afortunadamente, hoy vuelve a presentarse como un retroceso democrático para una Euskadi que por primera vez se atreve a imaginarse libre, a soñar con la alternancia política y la imprescindible derrota del Pnv.

    ¿Es realmente cierto que a Eta no le gusta el pacto PSOE-Pnv? Hago esta pregunta ahora porque es ahora cuando hay que responderla, una vez que el vendaval ha pasado y que Aznar y Zapatero han firmado un documento que no nos blinda contra la indeseable reedición de las coaliciones de nacionalistas y socialistas, pero que resulta saludable y bienvenido en cuanto que va más lejos de la política antiterrorista y se adentra en el antiterrorismo político al condenar de forma expresa Lizarra. Basta recordar esa frase de «no iremos al café del acuerdo entre PP y PSOE» para darse cuenta de qué es lo que realmente indigna a Arzalluz y, por consiguiente, a Eta. En cuanto a las relaciones del PSOE con el Pnv hay que empezar por aclarar que no sólo ha habido hasta ahora un posible pacto entre ambos partidos sino dos y cada uno con unas adhesiones y un alcance distintos.

    Hay socialistas que quieren seguir al Pnv hasta Estella y lo que haga falta, o sea hasta abrir en la Constitución el boquete de la independencia. Entre ellos están el alcalde de San Sebastián y Maragall como estaba el propio Lluch. Hay otros socialistas que piensan simplemente en una reedición de los gobiernos Jaúreguis con los michelines del Pnv o sea con los que renuncien precisamente a la aventura de la autodeterminación si logran imponerse a Egibar y Arzalluz. Creo que ésta es la línea de Rodríguez Zapatero y Redondo Terreros por más que hayan firmado el documento con el PP, que si se lee con atención invita casi al PSOE a esa coalición en la medida en que le cierra el camino de Lizarra y le pone orden en sus despendoladas filas. Esto explicaría por qué tienen el permiso de Felipe González y por qué se resistía a firmarlo el PP, que ha optado finalmente por anteponer los intereses generales a los propios. En realidad, aunque sea políticamente incorrecto decirlo, el verdadero «pacto por las libertades» sería el preelectoral para formar gobierno en Euskadi, que es el que no han firmado PP y PSOE. El que han firmado es «contra las libertades» que se toma el PSOE y que podían llevarle a embarcarse en Lizarra.

    Luego hay un tercer grupo, al cual pertenece ahora el propio Jáuregui, que lo que quiere es pactar con el Pnv en la modalidad que sea, le da igual en un ascensor que en unos urinarios públicos, le da igual ocho que ochenta. A los tres citados hay que añadir un cuarto grupo que desea el pacto PSOE-PP pero que no tiene ningún peso sino el destino de quedarse en las bases sociales y un quinto grupo que ya conforma el cogollito del desnorte y la esquizofrenia socialista, gentes de una admirable inconsistencia cultural e ideológica que pueden estar en cualquiera de los otros cuatro grupos o en los cuatro simultáneamente. El ejemplo más genuino: Rosa Díez.

    Entendida esta clasificación -que en realidad es mucho más compleja, tanto como el mapa de las enfermedades mentales- toca responder a la pregunta sobre los gustos de Eta. Está claro que un «diálogo que abra la puerta de la independencia» no sólo no le disgusta a Eta sino que sería su única salida. De otro modo Eta no atentaría contra quienes se oponen a ese «diálogo» y Otegi hablaría a las cámaras televisivas delante de un poster de Mayor Oreja. Otra cosa es que a Eta no le haga gracia el regreso a los gobiernos del matrimonio Ardanza-Jaúregui porque, aunque frenaran el avance constitucionalista en Euskadi, serían un paso atrás respecto a Estella y porque ni Eta ni Arzalluz tienen ya paciencia ni edades para aguantar ese ritmo «tan lento» del avance nacionalista que aguantaron en el pasado. Otra cosa es que a Eta le produzca náuseas el afán del PSOE por sacar tajada y hacer Gobierno con el Pnv sea para darles la autodeterminación o para regateársela. Otra cosa es que Eta no sienta ningún respeto por la vida de ningún socialista aunque se le ofrezca de interina. Otra cosa es, en fin, que Eta se halla dado cuenta de que, además de todo eso, matar a los «dialogantes» legitima la vía de la autodeterminación y en el peor de los casos los gobiernos PSOE-Pnv, que, aunque «lentos», siempre le resultarían preferibles a uno PP-PSOE.

    Digo en el peor de los casos porque ahí ha andado Arzalluz pretendiendo salvar Estella y asegurando que, de haber triunfado ésta, Lluch no habría muerto.Y ahí ha andado el nacionalismo intentando hacer presentable Udalbiltza a base de sacar a EH de la dirección y realizar una operación de lavado parecida a la que abanderó Errazti este verano para limpiar Lizarra de sangre. Matar a Lluch en definitiva no le ofrecía a Eta el menor riesgo sino sólo ventajas. Ese crimen difundió una lógica desviada: «Eta mata a quien no le gusta. Eta ha matado a un amigo de Lizarra. A Eta no le gusta Lizarra». El pacto de Aznar y Zapatero por lo menos cierra el camino a esa burda sofística que podía concluir en un gobierno vasco presidido por Odón Elorza.

El alegrón
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 11 Diciembre 2000  

Quizás en otros países que no estén sometidos a la presión terrorista del separatismo, quizás en otros lugares donde en buena parte de su territorio la lengua común no esté perseguida, quizás en otros sitios donde no se le niegue a la nación el nombre de nación y quizás en otras naciones donde no se afecte en público no pronunciar siquiera su nombre, quizás allí ganar el título más importante del mundo en un deporte relativamente minoritario no suponga una alegría extraordinaria, un verdadero alegrón. Pero estamos en España, todavía en España y no al sur de la Gran Euskalerría, paraíso euskonazi, ni al este de los Països Catalans, ni siquiera en el Estado Asimétrico de los Pueblos Ibéricos, con los caciques locales convertidos ya en señores de la guerra al balcánico modo. Estamos, de momento, en España. Solamente en España. Seguimos, pese a tantos y a todo, en España. Y aquí, donde nos hieren y sangramos, nos matan y morimos, nos afrentan y nos duele, donde somos, en fin tan vulgarmente humanos como en todas partes, pero nos toca padecerlo un poco más, un hecho tan nimio, tan poco importante como el de que gane nuestro equipo, el equipo español, la Copa Davis, es eso: un alegrón. Pero un alegrón descomunal. Y que lo haya hecho en Barcelona, con el público jaleando hasta enronquecer al equipo nacional, en presencia de los Reyes de España, gracias a un muchacho valenciano que al dedicar el triunfo por televisión lo ha hecho simplemente «a España», cuando todo eso hemos podido verlo todos, pues qué quieren ustedes, estamos como unas pascuas. ¿Cómo vamos a estar?

El nacionalismo no sólo me parece un error intelectual y una aberración moral. Es además el problema de fondo, el único realmente grave, porque es mortal en muchos sentidos, que padece España. No el terrorismo, como suele decirse, sino el nacionalismo antiespañol, del que el terrorismo es sólo una expresión, la más abyecta y reveladora, pero sólo la parte de un todo mucho más amplio cuyo objetivo se resume en destruir el Estado Español y fragmentar, pulverizar y aventar de la Historia para siempre las cenizas de la nación española, de este pobre pueblo nuestro, a veces brillante, heroico, sublime, a veces cutre, brutal y ridículo. Pero es el nuestro, el de nuestros mayores y sus mejores obras, nuestro país de origen, nuestra nación, a cuya ciudadanía, que no tribu, no queremos renunciar ni aunque nos maten. Al llegar los hinchas australianos al Palau, los chicos de Pujol hicieron el tradicional alarde entregando papelitos sobre la brutal ocupación que padece Cataluña. Luego, sus burócratas dejaron una bandera catalana en cada asiento para que no se vieran sólo banderas españolas, las que la gente llevaba. ¿Y qué bandera iban a llevar? Lo dicho: un alegrón por nuestro tenis. Además.

La era Rodríguez Zapatero
José María CARRASCAL La Razón 11 Diciembre 2000    

Estoy completamente de acuerdo con la inmensa mayoría de los comentarios surgidos a raíz del pacto PP-PSOE. ¿Quién no puede estarlo? Lo más importante del mismo es que los dos grandes partidos españoles deciden tener una política común frente al terrorismo. Es un paso de gigante para solucionar el problema número uno de nuestro país. Pero tras esa lectura hay otra que no he visto, tal vez por la distancia, y me parece también de enorme interés: el cambio de actitud política que significa por parte del PSOE. Algo que va más allá de la mera táctica para penetrar en las entrañas mismas del partido. 

Hasta ahora, los socialistas españoles, y la izquierda en general, tenían como objetivo fundamental desalojar a la derecha del poder. Con un sentido casi religioso de la política -la religión en España alcanza incluso a los que se creen antirreligiosos- habían equiparado derecha a mal, y combatir éste era el primero de sus mandamientos. De ahí que la «gran coalición», el gobierno común de izquierda y derecha, no se haya contemplado nunca en España ni siquiera en los momentos de mayor crisis -el peligro de guerra civil o desplome económico-, como ha ocurrido en los países de nuestro entorno. 

Había incompatibilidades fundamentales por una y otra parte. Pero finalmente se ha llegado a la «gran coalición» aunque sea sólo restringida al área antiterrorista. Puede parecer poco, históricamente es mucho. Desmontar las barreras ideológicas, las experiencias colectivas y las memorias personales ha sido todo menos fácil. Y la primera pregunta es: ¿fue el partido quien impulsó en esa dirección o la llegada de un nuevo líder? Hay argumentos para defender una y otra teoría. Pudo ser que las bases socialistas, convertidas ya en clase media, empujasen hacia un acuerdo en un terreno sobre lo que prácticamente todos los españoles pensamos lo mismo, como ha podido ser que José Luis Rodríguez Zapatero tenga una perspectiva distinta de las necesidades de la nación que sus predecesores. Para estos, impedir que el mal representado por la derecha ocupase el poder era prioritario. Rodríguez Zapatero puede pensar que hay cosas más importantes. El terrorismo, por ejemplo, Aunque posiblemente, haya habido una confluencia de fuerzas, una presionando desde abajo hacia ese pacto, la otra, desde arriba. Lo importante es que el pacto se ha cerrado.


    Con lo que se inicia la era Rodríguez Zapatero, que nos aproxima al resto de las democracias europeas, con dos grandes partidos que se disputan el centro, pero que no tienen inconveniente en colaborar en temas de extrema gravedad para el país. Fuera queda una Izquierda Unida cada vez más anclada en el pasado. Y, naturalmente, los nacionalistas. ¿Cómo no van a estar de uñas cuando son los grandes perdedores del pacto? Su capacidad de influencia se reduce a medida que los dos grandes partidos se aproximan. Pero tendrán que reconocer que dicha influencia era exagerada y ahora queda en su justo límite. Me refiero, naturalmente, a los nacionalistas moderados. Los otros usan simplemente el nacionalismo para descargar sus ansias asesinas.

Era del acceso y necedad soberanista
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón  11 Diciembre 2000  

La historia humana, tan pródiga en ironías, suele ofrecernos la contemplación simultánea de extraños ejemplares fósiles, verdaderas reliquias de un pasado lejano que se resiste a desaparecer, al lado de las expresiones más llamativas del mundo nuevo, del futuro ya iniciado y en marcha con todas las velas desplegadas. Así se pudo ver a un sanedrín de autoridades eclesiásticas, cerriles y anacrónicas, condenando a Galileo por sus ideas físicas y copernicanas, cuando las naves españolas, portuguesas, inglesas y demás pioneros de la modernidad estaban dando la vuelta al mundo, una y otra vez, en sabia aplicación de las ideas condenadas. Así se pudo ver cómo, a mediados del siglo XX, en plena revolución científica, desde la biología a la física, otro sanedrín de autoridades marxistas leninistas condenaba a la cárcel y al destierro en el Gulag a los científicos rusos que pretendían enseñar, o aplicar los descubrimientos de la nueva genética, frente al dogma de la biología soviética mantenido contra viento y marea por el embaucador y visionario Lissenko. Y así podríamos seguir mostrando el regocijo o la tristeza, según se mire, de ver marchar juntos al hombre de Atapuerca y a los cosmonautas de la última estación orbital. 

Sin embargo, a pesar de tanta insistencia en el exhibicionismo de los fósiles, tal vez nada puede compararse al espectáculo de ver a Xavier Arzallus y a otros pequeños o grandes sacerdotes del nacionalismo vasco, explicar su fe en las excelencias del RH negativo como exigencia inalienable del «soberanismo» euskaldún. Sacar ahora en procesión el ídolo carcomido de la santa soberanía, cuando la realidad imparable de las redes cibernéticas globales y el universo de INTERNET están haciendo desaparecer todas las fronteras nacionales, es un despropósito de tal naturaleza que llevaría a las carcajadas más estridentes, si no fuera por la vinculación de tal reivindicación «soberanista» a la más sórdida barbarie de un terrorismo identitario que exige lo mismo mediante bombazos y tiros en la nuca. 

Jeremy Rifkin ha titulado «La era del acceso» a uno de sus últimos libros, dedicado a exponer la revolución de la nueva economía en la nueva sociedad de la información y de Internet, donde el mercado se globaliza estructurado por las redes y donde el acceso a tales redes está sustituyendo el papel de la vieja propiedad. La riqueza deja de residir primordialmente en el capital fijo, cobrando un gran valor las ideas, las imágenes, nueva jerarquía social entre enganchados y excluidos de la red. En ese mundo, la vieja soberanía estatal -no ya la de Bodino, Hobbes y Rousseau, la del viejo orden de Westfalia, sino incluso la soberanía limitada de las Constituciones modernas, de la ONU, de la UE- se difumina en aras de la globalización democrática y de sus transformaciones en todos los órdenes. Venir ahora a inventarse un «soberanismo» del País Vasco significa estar privado del acceso a la mera razón. Es una antigualla letal.


Los silencios de la libertad
JOSÉ DANIEL REBOREDO El Correo   11 Diciembre 2000  

El siglo XX nos ha enseñado que ninguna doctrina es por sí misma necesariamente liberadora; todas pueden caer en desviaciones, todas pueden pervertirse, todas están impregnadas de sangre: el liberalismo, el nacionalismo, el comunismo, todas las grandes religiones y hasta el laicismo. Nadie tiene el monopolio del fanatismo, como nadie tiene el monopolio de lo humano. Las características fundamentales del fin de siglo son la creciente e imparable complejidad de la organización social e intelectual, el gran progreso tecnológico que nos zambulle en la sociedad global, la lucha que plantea para ordenarla democrática y solidariamente y, principalmente, la pronunciada decadencia moral que procede de la destrucción de la idea del progreso que iba a extender su manto protector sobre toda la humanidad del descarte de la utopía como nutriente espiritual y de la antítesis entre humanismo y conducta humanitaria como deja de manifiesto la barbarie de este siglo. El único camino de la civilización posmoderna es la reivindicación constante de la libertad, incluso cayendo en la abyecta demagogia, frente a las dos principales amenazas que sobre ella se ciernen: la globalización transnacional y el nacionalismo excluyente. La primera se caracteriza por la codicia financiera (ganancias fáciles y deuda) y por la codicia empresarial (beneficios e inmigración). El segundo, curiosa fusión de clan y democracia, cuando supera la fase de nacionalismo cultural, es decir, de identificación psicológica con un paisaje, con un grupo humano, con unas costumbres, con unas señas de identidad, fomentando el odio a los otros, a los diferentes, a lo foráneo, se convierte en una fuerza superadora, negativa, incluso maligna que puede llevar a una sociedad a la ruina material, moral y ética.

No ha existido a lo largo de la historia de la humanidad término tan utilizado, deformado y vaciado de contenido como el de libertad. En el País Vasco de hoy en día su uso y abuso, por unos y otros, llega a producir rechazo, sobre todo cuando no va acompañado de actuaciones que permitan su existencia y desarrollo. La situación en la que vivimos no nos gusta y por ello manifestamos nuestro descontento y hablamos de ella con desdén, hostilidad e incluso desprecio. El que los problemas que nuestra sociedad genera no se resuelvan tiene mucho que ver. Motivos de malestar, dificultades, errores, riesgos y exageraciones respecto a la citada situación se pueden asumir, no así la pasividad, la rentabilidad de las situaciones confusas, la demagogia, la mala fe y mucho menos el asesinato inútil en pro de cualquier objetivo difuso y opresor.

El decepcionante panorama político y social que nos envuelve, la prolongación de un conflicto de intereses que nos castiga permanentemente y la amenaza que para el sistema democrático en el que vivimos supone éste nos lleva a considerar que podemos perder todo lo que tenemos, todo lo que se ha conseguido con el sacrificio de muchas personas a lo largo de los años. La libertad que consideramos tullida, la sociedad que criticamos, las fuerzas políticas y sociales que tachamos de inoperantes... no son causas suficientes para consentir que nuestro sistema democrático desaparezca. No podemos contribuir a ello. De ahí que cuando nos damos cuenta de lo que podemos perder un estremecimiento de profunda inquietud recorra nuestro cuerpo y decidamos, una vez más, luchar para tapar los agujeros que tiene la sociedad vasca. Y ello a pesar del maltrato que la libertad sufre en nuestra tierra por los que la tienen a su cargo y por los que se definen como sus paladines. Todos los días sufrimos omisiones de la misma, adulteración de su esencia con el predominio de libertades particulares o parciales que favorecen a un grupo o a otro, apropiamiento indebido por partidos políticos y grupos de poder que se declaran adalides de la misma, etcétera. Si a ello añadimos el terrorismo que sacude el País Vasco, podemos considerar que tenemos menos libertad, que la que disfrutamos tiene un futuro incierto y que su manipulación la corrompe.

El ‘cuerpo social vasco’ tiene fuerza y vitalidad para eliminar los intentos de suprimir el régimen de libertades actual, tal y como las movilizaciones ciudadanas demuestran. Lamentablemente nuestros representantes se dedican a otras cosas, como a politizar lo que no es político y a intentar anular las citadas iniciativas ciudadanas. Muchos vascos no pertenecen a ningún partido político y, aunque estén más cerca de unos que de otros, no se ‘alistan’ a ellos, como a ninguna organización que aspire a la conquista del poder. Los programas e ideologías son cada vez más simples, vacíos y reiterativos y es por ello que empobrecen y embrutecen infinitamente a los hombres. El oficio de ciudadano es humanismo y este término, así como su significado, se opone frontalmente a la política tal y como la entendemos. Ambas cosas son necesarias, pero participar de las dos es prácticamente imposible. La política exige el partido, el humanismo lo rechaza y prohíbe. Lo que hace que seamos vascos, y no otra cosa, es nuestra ubicación en los límites de varias culturas, de varios idiomas, de varias tradiciones culturales. Eso es lo que define nuestra identidad, que es única aunque esté configurada por múltiples influencias. Los que reivindicamos una identidad compleja nos vemos maniatados por los fanáticos, por los xenófobos y, en muchas ocasiones, por la sociedad en la que vivimos a través de hábitos mentales y concepciones exclusivistas y simplistas. En esta época de mundialización necesitamos elaborar una nueva concepción de la identidad/libertad, sin tener que optar entre integrismo y desintegración.

Estamos llegando al nuevo siglo con una impresión de desaliento y desesperanza. Pocos vascos, excepto los muy optimistas o los muy inconscientes, lo ponen en duda. El deterioro de la vida en el País Vasco no es sólo político y social, sino que afecta a la sociedad misma, a las capas más profundas de la misma. Ello implica una limitación del concepto de libertad que todos estamos sufriendo y a la que no debemos contribuir con pasos en falso que, en última instancia, sólo favorecen a los que, de una u otra forma, socavan la esencia de nuestro sistema democrático. La libertad no es deseada por todos, ni siquiera por muchos de sus supuestos defensores. El peligro más grave que la acecha en el País Vasco procede, en primer lugar, del terrorismo y, en segundo término, de la desazón y desasosiego de los ciudadanos que soportamos una situación que tiende a convertirse en endémica y que tenemos la impresión de no ser tenidos en cuenta, de no gozar de plenos derechos, de ser despreciados, hostigados y, lo que es peor, ignorados. La sociedad vasca se comienza a preguntar si vale la pena defender una libertad de la que se duda que exista o vaya a seguir existiendo. Los demagogos y los que se benefician de esta situación dirán siempre que sí, pero la apatía y el desánimo que empapa el tejido social vasco es una realidad que comienza a fomentar las camarillas y las soluciones salvadoras. Ante ello, sólo cabe luchar por conservar el único régimen político que posee plena legitimidad y del que la libertad, aún con sus limitaciones, es su paradigma: la democracia.

El acuerdo anti-ETA y la susceptibilidad
Lorenzo Contreras La Estrella 11 Diciembre 2000  

El pacto de Estado PP-PSOE por la libertad y contra el terrorismo pasará a la historia de los esfuerzos democráticos por establecer en España las bases o premisas de una política apremiante: aquella que debe conducir a la victoria sobre ETA. Esa es la urgencia y la suprema necesidad. Dejar a la banda sin posibilidades de mantener con fruto un para ella y sus compinches un estado de cosas que dura más de treinta años es el gran requerimiento del siglo que va a comenzar.

El regreso de ETA a la actividad terrorista, después de una tregua de catorce meses ofrecida por ella a cambio de altos precios políticos que, por supuesto, no se han pagado, ha desembocado en una situación límite de alta inseguridad para bienes, instituciones y personas. El Gobierno, su partido y el PSOE como principal representante de las fuerzas políticas de oposición no podían confiar la solución necesaria a un dificilísimo pacto con los partidos nacionalistas ni al cansancio improductivo de una situación bloqueada y sin salida. De ahí que hayan acordado "ponerse de acuerdo" en línea, más o menos semejante, con los ya fracasados pactos de Ajuria Enea y de Madrid, origen de otras tantas famosas Mesas inútiles.

Esta vez los promotores han preferido elaborar una especie de decálogo otorgado o contrato de adhesión abierto a todas aquellas instancias políticas que acepten su contenido o consideren políticamente útil respaldarlo.El terrorismo pondrá a prueba la solidez de la letra y del espíritu de este documento, surgido de la más estricta necesidad de "hacer algo" contra aquel. La manifestación de Barcelona tras el asesinato del ex ministro Ernest Lluch reclamó a todos los actores de la política nacional un esfuerzo de dialogo cuya claridad de objetivo quedó en el aire. Una locutora comisionada seguramente por los socialistas catalanes recitó al final de aquella protesta callejera un petición de dialogo sin concretar a quién tendría éste que referirse, si a los propios actores entre sí o a esos representantes políticos con los nacionalistas vascos y con la propia ETA.

De momento, los redactores del pacto PP-PSOE han preferido no contar con los nacionalistas (tampoco con los catalanes) ni con las restantes fuerzas del espectro político. Y ello porque sería un esfuerzo abocado al fracaso tratar de poner de acuerdo a los dirigentes del PNV y EA con un texto en cuya formulación entra la petición de que "desaparezca cualquier intento de legitimación política directa o indirecta de la violencia". Por otra parte en lo que atañe a otras formaciones políticas, no se podían establecer con ellas, en contra de los nacionalistas vascos, un agravio comparativo. O todos o ninguno. Y a falta de todos, sólo los dos principales.

Es obvio decir que los legitimadores indirectos de la violencia etarra han debido sentirse concernidos por alusiones. La petición de "abandono definitivo del Pacto de Estella", suscrito por el PNV y EA desde la vertiente democrática, figura ya en preámbulo del Acuerdo PP-PSOE.

Son ellos evidentemente quienes desde las ataduras de Estella, con la pertenencia a Udalbiltza y compañía oponen ya de entrada, antes de cualquier invitación   a suscribir el documento contra ETA, una seria objeción a estas líneas: "La paz, la convivencia libre y el respeto a los derechos humanos son valores no negociables".

Está claro que para mentalidades como las de Arzallus y Eguibar la pacificación vasca es un "valor negociable". Lo manifestó abiertamente en su día el ex obispo de San Sebastián monseñor Setién. Es decir, La Iglesia "abertzale", que la hay, sería la primera en negar el "nihil obstat" al "pecaminoso" documento elaborado en Madrid por populares y socialistas.

Cuando Ibarreche y otros nacionalistas vascos dicen que el Acuerdo de Madrid va contra el PNV están reconociendo que no les agrada el contenido del papel que se ha firmado. Pero una cosa es protestar porque no se haya contado con los nacionalistas y otra muy diferente aducir que les resulta hostil. Si consideran que eso es así, que mencionen los párrafos agraviantes y saldremos todos de dudas. Pero no lo harán. Prefieren la imprecisa disconformidad contra el acuerdo antes que señalar los puntos que les hieren y que a ninguna fuerza que se considere democrática podrían parecerlo ofensivos.

Zapatero, arena y cal
El Conspirador La Estrella 11 Diciembre 2000  

El líder del PSOE tiene mucho trabajo dentro y fuera de su propio partido. Fuera, como jefe de la oposición y, dentro, como líder de una escasa mayoría que aún mantiene dentro sus barones o taifas, y que además soporta la presión de un poder paralelo: el político de González; y el mediático de Polanco.  Así de duras las cosas, Zapatero ha tenido que actuar en todos los frentes en los últimos días. Precisamente cuando desde el entorno polanco/felipista que ponía en tela de juicio su liderazgo, calificado de blando; y cuando el CIS le daba un alza de popularidad que desde el PP se ha intentado desactivar.

En estas circunstancias Zapatero se ha enfrentado a dos serios asuntos en los que ha obtenido que optar y ha dado una de arena y otra de cal. En el caso del indulto de Liaño, se ha doblegado a la presión del Grupo Prisa (tiene gracia ver como en La SER, los que siguen las instrucciones del amo hablan de Liaño como "juez prevaricador", mientras que al indultado Barrionuevo, el "ministro secuestrador", le llaman el ex ministro de Interior), y ha puesto en marcha una línea de críticas al gobierno por el indulto que se le pueden volver contra el PSOE. Baste recordar las señaladas advertencias que Barrionuevo hizo sobre Galindo y sus banda, pidiendo indultos para ellos y diciéndole a Zapatero que no juegue con estas cosas tan serias, no vaya a ser que todos estos se pongan a cantar antes de que prescriba lo que está pendiente de recursos y vistas en el Supremo.

Sin embargo, Zapatero se ha quitado de encima la presión de González y de la línea Serra/Maragall (que también apoyaban en Prisa, dejando de lado a sus colaboradores del Basta Ya), en contra de la firma de un pacto con el PP ante la crisis vasca. Un pacto que, sin lugar a dudas, ata las manos al PSOE para impedir un acuerdo de gobierno con el PNV, cosa que no deseaban los felipistas, convencidos de que partiendo del proyecto de Maragall se podría llegar a una línea de entendimiento con el PNV, si el PSOE entra en un gobierno con los nacionalistas en el País Vasco y posteriormente Maragall derrota a Pujol en los próximos comicios catalanes.

Parece claro que Zapatero ha jugado su opción a sabiendas del riesgo que incluye todo acercamiento, sin paracaídas, al PNV, y no solo en el País Vasco sino sobre todo en el mapa electoral nacional. Pero ahora está atado de pies y manos al documento que firmará con Aznar y si lo rompe será muy duramente acusado de deslealtad nacional. Lo que obligaría al PNV a un giro radical de su política si quieren buscar un pacto electoral PNV-PSOE en el País Vasco.

Todo esto prueba que lo de estar en la oposición, en las actuales circunstancias del PSOE, no es algo tan sencillo como parece ser la posición de control del poder ejecutivo o del gobierno de la nación. Están, como se ven, cuestiones periféricas o nacionalistas y la propia batalla interior del PSOE con sus variadas zonas de influencia y centros de poder. Zapatero va remando como puede a la espera de consolidar su liderazgo y no sólo ante la opinión pública, sino también ante la férrea estructura felipista del PSOE que aún sigue teniendo una gran capacidad para empujar, condicionar o destruir desde dentro lo que no les guste o no se adapte a ella. De ahí, quizás, la de cal y la de arena que acabamos de observar.

El Tribunal de Cuentas vasco detecta graves anomalías en las diputaciones del PNV
Denuncia subvenciones duplicadas, cuentas corrientes anómalas y gastos sin justificar
El PNV ha cometido numerosas irregularidades en la gestión de las diputaciones vascas, según ha detectado el Tribunal Vasco de Cuentas Públicas, TVCP. Este organismo ha descubierto subvenciones repetidas o sin control, gastos de diputados sin ningún tipo de explicación, cuentas corrientes con un funcionamiento irregular, adjudicaciones defectuosas sin informes previos o condonaciones de los intereses de las deudas a varios ayuntamientos. El TVCP también critica que se recurra con exceso a presupuestar poco dinero para el euskera y luego se amplíen las cantidades.
M. R. Iglesias - Madrid .- La Razón  11 Diciembre 2000

En los informes que el Tribunal Vasco de Cuentas Públicas acaba de emitir sobre las cuentas generales de las Diputaciones de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, se desvelan numerosas irregularidades en la gestión realizadas por el equipo de gobierno de estas instituciones presidido en los tres casos por el PNV, ya que los informes se refieren al último ejercicio analizado, 1998 o 1999, época en que las tres Diputaciones eran todavía gobernadas por el partido de Javier Arzallus.

    En concreto, en la Diputación de Álava se detectan, entre otras cosas, suculentas subvenciones duplicadas al Ayuntamiento de Salvatierra, gobernado por los nacionalistas, para construir un salón multiusos. Según el TVCP, en 1999 se concedió una subvención a Salvatierra de 128 millones de pesetas para el salón, que ya había sido subvencionado en 1998 con otros 118 millones además de haber recibido 20 millones más del Gobierno vasco.
    También en la Diputación de Álava, cuando estaba presidida por el peneuvista Félix Ormazábal, se han descubierto cesantías concedidas a ocho diputados del equipo de gobierno por valor de 17 millones de pesetas que se «olvidaron» de tributar a Hacienda, así como un elevado volumen de créditos no autorizados en inversiones, ya que el crédito global al inicio de los presupuestos ascendía a 47 millones de pesetas y al cierre del ejercicio tenía un saldo de 1.417 millones.

    En el área de subvenciones el TVCP también critica que los principios de publicidad y concurrencia se obviaron en diferentes casos, por lo que hay un monto global de 337 millones destinados a ayuntamientos que ya han recibido el mismo dinero en otros ejercicios.
    En la Diputación de Vizcaya, siendo diputado general el peneuvista Josu Bergara, se anularon subvenciones a algunos ayuntamientos y nuevamente se les concedieron para proyectos distintos sin pasar por ninguna fase de concurso, lo que supone una adjudicación de un monto global de 159 millones de pesetas que no han pasado por ningún concurso público.

    En esta Diputación se han detectado varias cuentas corrientes bancarias con irregularidades. Según el TVCP,hay cuarenta cuentas corrientes autorizadas a los departamentos, de las que una tenía un saldo muy superior al fondo fijado y de nueve no se dispone de las correspondientes conciliaciones bancarias.
    En cuanto a las subvenciones en la Diputación vizcaína, se han concedido 1.808 millones totalmente genéricos. Además, se ha aplazado una deuda global de 4.100 millones a determinados ayuntamientos perdonando el pago de intereses.

    Otras de las irregularidades detectadas por el TVCP consisten en adjudicaciones de 59 millones que se consignan como gastos menores, sobre todo de pagos a procuradores, por lo que no pasan por ningún tipo de concurso público.
    En las adjudicaciones de obras también hay anomalías. Así, según este informe, hay 945 millones de contratos de obras sin ningún informe de supervisión, 3.032 millones en 14 contratos sin motivación alguna en la asignación o 1.052 millones en siete contratos cuyas obras se llegaron a replantear incluso antes de ser aprobadas.

    Tampoco la Diputación de Guipúzcoa se salva de las anomalías según el TVCP. En esta institución, presidida por Román Sudupe, también del PNV, se han detectado, entre otras cosas, justificantes de comidas de los diputados sin detallar motivos, así como subvenciones directas del diputado general por valor de 50 millones que debían haber pasado por su correspondiente departamento. El Tribunal Vasco de Cuentas denuncia también información insuficiente para un total de 23.232 millones de pesetas en subvenciones, explicadas sólo con un simple listado genérico. Incumplimiento en el reparto de publicidad en los medios de comunicación, o la poca claridad en convenios, como por ejemplo la firma de un convenio de salvamento y socorrismo en septiembre cuando la temporada empezó en junio, son otras anomalías.
   
El truco de presupuestar poco y luego ampliar partidas
El Tribunal Vasco de Cuentas critica en todos sus informes que tanto las tres Diputaciones forales como el Gobierno vasco recurren en exceso a presupuestar poco dinero para la enseñanza del euskera y luego, a mitad de año, aprobar una ampliación de estas partidas, por lo que el gasto final nunca está reflejado en los presupuestos de la institución.

    Durante 1998, estas cuatro administraciones gastaron de forma directa más de 15.000 en la enseñanza del euskera, a los que hay que sumar otros 10.000 millones de presupuesto de la EITB y una buena parte de los 159.700 millones de pesetas destinados al sistema educativo.
    Según el TVCP, el mayor gasto en euskera no se produce en la enseñanza del vasco, sino en la contratación de personal sustituto para los trabajadores que son liberados para acudir a los cursos de euskera. A este coste hay que añadirle, según el Tribunal Vasco, unos 1.128 millones que tienen de coste las horas perdidas de trabajo del personal que asiste a clase de euskera sin llegar a ser sustituido en su puesto de trabajo. El 21 por ciento del gasto total corresponde al coste de los «euskalteguis» del organismo Habe.

«Pactar con el PNV es traición, convertirse en compañero de viaje del independentismo»
LA CORUÑA. A. Aycart ABC 11 Diciembre 2000

El alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, el único socialista capaz de ganar en Galicia unas elecciones al PP de Manuel Fraga, responde «desde el PSOE» a quienes hablan de «mamarrachadas como el federalismo asimétrico o la segunda transición». Vázquez habla de «alta traición» cuando se plantea el diálogo con ETA o de «traicionar la Constitución» si se pacta con el PNV de Estella. 

Al entrar en su ciudad, el visitante se encuentra con un parterre floral en el que se diseña su topónimo en español: «La Coruña», un adorno que se mantiene pese a sentencias y críticas de los nacionalistas. Francisco Vázquez, que no dudó en llevar a los concejales del BNG a un arresto domiciliario por arrancar las flores de la «L», afirma en una densa conversación con ABC que dialogar con ETA es alta traición y hacerlo con el PNV mientras no abandone el pacto de Estella es traicionar a la Constitución y convertirse en compañero de viaje de separatismos.

— ¿Cual es el objetivo de mantener ese jardín?
—Sigue ahí, como tarjeta de presentación, como también se mantiene otro jardín en el centro donde pone «A Coruña». Es una expresión de tolerancia y de convivencia idiomáticas, de alguna manera un símbolo de lo que debería ser la convivencia en otras cuestiones. De lo que se trata es de hacer frente a la intolerancia de quienes no solamente quieren imponer una lengua sino que, además, pretenden prohibir el uso o la utilización de la otra. Creo que hoy, no solo en Galicia, sino en toda España, lo que refleja el contencioso de la L de La Coruña es que, por desgracia, la lengua que está siendo acosada o que se quiere marginar es curiosamente el español.

EL ESPAÑOL PROSCRITO
—¿Como en el anterior régimen, pero al revés?
— Nos encontramos con que quienes hemos luchado desde la cultura española por el reconocimiento del uso del gallego, vascuence o catalán, nos vemos ahora limitados y marginados por aquellos a quienes apoyamos entonces. Es una locura. A mí no me molesta que se ponga Lleida o Girona, por poner un ejemplo, pero siempre que se permita, que no se prohiba el uso de Lérida o Gerona, en defensa del derecho a utilizar la lengua española dentro del reconocimiento a la pluralidad lingüística.Hay cuestiones que en principio no les dimos importancia y que hoy se convierten en símbolo de libertad. Hemos perdido la batalla conceptual. No es lógico que se debata si se pone la bandera española en un edificio oficial, sin poner en duda nunca la bandera autonómica, que se debata si se escucha o no el himno español, sin poner nunca en duda el autonómico. Ya veremos eso dónde nos lleva. La primera batalla que se ha perdido es la de la palabra. Ya no se habla de España. Se habla de Estado, de país o lo que sea.., se habla de federalismo, de Cataluña y España... Ya está bien. Será Cataluña y el resto de España.

COMPLEJOS POLÍTICOS
—¿Obedece esta situación a un cierto complejo frente a los nacionalistas?
— Sí. Ha habido un gran complejo, sobre todo en los llamados partidos de izquierdas o progresistas. Se ha identificado nacionalismo con autonomía, con democracia y el concepto de España con el centralismo, el franquismo, la dictadura y el fascismo. Los frutos de ese complejo continuado los estamos recogiendo ahora en forma de una gran tensión y de ciertos lugares en España donde nuestra convivencia está en peligro. Para mí, el terrorismo es una consecuencia, simplemente una consecuencia, de un problema mucho más grave. En estos momentos lo que está en juego es el mantenimiento de la idea de España, desde el momento en el que hay quien abiertamente defiende posturas independentistas y admite que pueden coincidir con los terroristas. Mantener los complejos hoy debería llamarse complicidad. Por eso, hay que empezar a hablar de partidos separatistas. Es de agradecer que el señor Arzalluz hable con claridad. Por lo tanto, los que no compartimos sus tesis tenemos que hablar con claridad y actuar con la misma claridad.

—Usted se negaría entonces a pactar con el PNV en el País Vasco.
—Sí, sí... Rotundamente. Si el PNV defiende por boca de su máximo dirigente la independencia del País Vasco, cualquier tipo de pacto con el PNV es ser algo peor que ser cómplice, es convertirse en compañero de viaje en la consecución de esa finalidad. No se puede establecer por tanto ningún tipo de acuerdo mientras no se sitúe dentro del llamado campo constitucional. Pero yo incluso iría más lejos, a nivel personal: no cabe ningún tipo de pacto con los partidos firmantes de la Declaración de Barcelona, entre los cuales está el BNG y está incluso CiU, porque allí se establece que el objetivo es iniciar una segunda transición.

LA GRAN TRAICIÓN
—Parece muy cercano a las tesis del Gobierno sobre el diálogo-trampa.
—Mire, el diálogo siempre sería una trampa, pero aún hay más: sería una traición. Soy un amante de la historia. Cualquier diálogo con los terroristas sería un nuevo Múnich, una nueva claudicación de los demócratas frente a los violentos. Sería una gran traición y los políticos que lo planteen estarían dando a los violentos la legitimidad y el reconocimiento del triunfo de las armas sobre la democracia. Pero además no serviría para nada porque esta gente no van a parar hasta que no logren su objetivo, que es la independencia del País Vasco y montar una sociedad totalitaria marxista-leninista.Dejemos pues que Arzalluz y la dirección del PNV sean esos «Chamberlaines», porque ellos serán los primeros perjudicados. El diálogo será una trampa, igual que la tregua fue una trampa, y yo fui de los primeros que lo denunció. Pero de trampa pasamos a la traición: la experiencia nos demuestra que cualquier apertura de diálogo por parte de las instituciones con los terroristas fue aprovechado por estos en los momentos de debilidad, y una y otra vez hemos visto que las consecuencias de cualquier apertura de diálogo, o de aceptación de la tregua, fue que se les dio tiempo para volver con más fuerza a matar y asesinar.

—Pero hay quien cree que «el diálogo» en abstracto es la solución.
—Pues quien dialogue con ellos en estos momentos es un traidor, y lo quiero decir así, con todas las letras, porque lo que exigimos los españoles es que las instituciones y los partidos políticos apliquen la ley. El problema del terrorismo no es el miedo que genera. El problema del terrorismo es la sensación de impunidad que le llega al resto de los ciudadanos de que estos criminales actúan con total libertad sin que sufran ningún tipo de consecuencia. Pero en segundo lugar no se puede dialogar con quien es cómplice político o instrumento político de esos criminales. Por lo tanto, mientras el PNV permanezca en Estella con los objetivos del pacto de Estella, sería una traición a la Constitución pactar o dialogar con el PNV. No hay otra lectura posible. De lo contrario, admitiríamos que por encima de la ley podría disponerse de la violencia como medio para conseguir fines. ¿Y qué diferencia hay entre los asesinos de ETA y el crimen organizado que practica el tráfico de droga o la mafia que se dedica a la trata de blancas? Si dialogamos con ETA tendríamos que negociar con todos y reconocer la existencia del delito. Sería el fin del Estado de Derecho.

— ¿Cree que podrían conseguir su objetivo independentista?
—A veces se quiere olvidar que el final del proceso de separación de cualquiera de las regiones que componen España supondría el final del sistema democrático. La independencia de una región, por la vía que fuera, incluso por la pacífica que se intentó en su día en Canadá, pero desde luego por la vía de la violencia terrorista, es el fin de la Corona, es el fin de la Constitución, y llevaría a la intervención obligatoria de las Fuerzas Armadas, que tienen como uno de sus cometidos defender la unidad de España.

—¿Usted se ha enfrentado por esta materia con el PSC y con la llamada alternativa Maragall?
—No estoy dispuesto a que en el PSOE hablen tres o cuatro y que todos los demás tengamos que estar callados, y que esas cuatro voces hablen de federalismo asimétrico, autodeterminación o reforma de la Constitución, unos argumentos que están sirviendo a los separatistas. Hablemos también de España, o de la Constitución. Yo me encuentro muy satisfecho en el sistema constitucional y autonómico que ha reconocido por fin la pluralidad española. Yo soy gallego en cuanto que español, y he visto reconocidos y amparados mis hechos diferenciales. A partir de ahí prefiero profundizar en una España más rica, con más progreso, sin complejos frente a quienes quieren tener unas tesis separatistas. Entonces acabemos con esos discursos de la segunda transición, del federalismo asimétrico, de todas esas mamarrachadas que se están diciendo continuamente en un país en el que está muriendo gente de un tiro en la nuca.

EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN
—¿Y por dónde va la solución al problema?
—Hoy por hoy los separatistas no ganan en ninguna Comunidad española. Los ciudadanos no apuestan por una aventura secesionista. Pero en 20 ó 30 años serán mayoría aquellos que, o bien defienden la independencia, o que, en cualquier caso, serán hostiles a la idea de pertenecer a España, porque han sido educados en esa idea en las aulas. La actual generación, y sobre todo los responsables políticos, del PP, del PSOE o del lucero del alba, tenemos una responsabilidad histórica con España, porque estamos permitiendo que se cumplan los objetivos de los partidos separatistas en las aulas. Ya dijo Arzalluz que su mayor éxito era haber formado generaciones de euskaldunes, porque saben que, utilizando su terminología y simbología nacionalista, son el primer paso para los abertzales. Pero lo grave es que esto ocurre no sólo en regiones como Cataluña o Vascongadas. Es una realidad que se produce también en Galicia, una Comunidad gobernada desde hace años por el PP, y basta acudir al riguroso informe de la Academia de la Historia.

—¿Qué puede ocurrir si no se soluciona este problema?
—No solucionar este problema va a provocar en los próximos 20 ó 30 años un conflicto civil, en el mejor de los casos similar a la situación de tensión política de Quebec, y en el peor de los casos en una crisis que recuerde la desmembración de la URSS o lo que ha pasado en los Balcanes. No es una exageración, sino una constatación de una realidad que ya está en la calle. No hay que olvidar que quienes llevan a cabo la violencia callejera (casi peor que el tiro en la nuca, porque no suprime vidas pero elimina la libertad de ser persona) son chicos de entre 18 y 22 años que han sido educados en el totalitarismo y el odio. Si nos ponemos todos colectivamente una venda en los ojos, pasará lo que tenga que pasar.

Erne estima que la reforma antiterrorista de la Ertzaintza busca ocultar su «ineficacia»
La central reclama un «cambio de orientación» en la política contra ETA de la consejería de Balza
OSCAR B. DE OTÁLORA BILBAO El Correo 11 Diciembre 2000

El sindicato mayoritario de la Ertzaintza, Erne, cree que la reforma de la sección antiterrorista de la Policía autónoma, que prevé el incremento de cien agentes, es un intento de la consejería de Interior por «ocultar la ineficacia de la unidad de información de la Ertzaintza». Según la central independiente, la actuación de la Policía vasca «ante la criminalidad terrorista no es un problema de números»; en su opinión, es necesario «cambiar la orientación» de esta política.

La reforma de la Ertzaintza, que debería aprobarse en enero, prevé la incorporación de un centenar de agentes a la unidad de información, así como una modificación en la distribución de las comisarías. El cambio está acompañado de una disminución en el contingente de la Policía judicial. Los planes de la consejería dirigida por Javier Balza, criticados por CC OO y sobre los que han pedido explicaciones PP y PSE-EE, contemplan el cierre de las comisarías de Galdakao y Mondragón, así como la desaparición de 60 puestos de ertzainas en Alava.

Erne, en un comunicado de su junta rectora, denuncia las propuestas referidas a la seguridad ciudadana por entender que «aumenta la burocracia, con más puestos de oficinas y menos policías de uniforme». En este sentido, cuestiona las tesis de Balza respecto a la escasez de la plantilla de la Ertzaintza, esgrimidas para reclamar al Ministerio de Interior un aumento de efectivos, y se pregunta por qué, en estas circunstancias, «se prevé la creación de las secciones de Mikeletes y Forales para no se sabe qué tareas ornamentales».

‘Prejuicio histórico’
La central critica el aumento de plazas de libre designación. Según Erne, esta configuración «es una regresión a los tiempos de antaño, en los que cada político situaba a sus fieles». «Todas las plazas de ‘información sensible’ son ocupadas según la confianza que despierten en los responsables políticos, independientemente de la valía profesional», añade. En este sentido, el sindicato cree que recurrir a la libre designación para cubrir los puestos de la lucha antiterrorista «es un prejuicio histórico de los políticos, que piensan que todo lo que rodea a la actividad antiterrorista es secreto, cuando el secreto sólo alcanza a determinadas partes». Un cambio en la forma de elección permitiría, según la central, «desmitificar» la lucha contra ETA y «sumar los máximos efectivos a la misma».

El sindicato censura que se «deje a más de mil ertzainas sin plaza fija» y exige que se incluya en la relación de puestos plazas dedicadas a la segunda actividad. Anuncia que en el caso de que no se adecúe la remodelación de la Ertzaintza a las demandas laborales, se podría llegar «a la movilización si es necesario».

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