AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 13  Diciembre  2000
#Pacto integrador
Editorial ABC 13 Diciembre 2000

#Frente al pacto antiterrorista, el PNV sigue abrazando a Lizarra
Impresiones El Mundo  13 Diciembre 2000

#Entre la jactancia y la perfidia
M. MARTÍN FERRAND ABC 13 Diciembre 2000

#Arzalluz y Pujol
Carlos DÁVILA  ABC 13 Diciembre 2000

#El futuro del pacto... y de Zapatero
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Diciembre 2000

#«Excluyentes»
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 13 Diciembre 2000

#El pacto
Jaime CAMPMANY ABC  13 Diciembre 2000

#El pacto y el PNV
Editorial El País 13 Diciembre 2000

#Lo difícil empieza ahora
Ignacio Villa Libertad Digital  13 Diciembre 2000

#Un pacto necesario
Editorial La Razón 13 Diciembre 2000

#Conejos sin chistera
JAVIER PRADERA El País  13 Diciembre 2000

#Pacto “Mayor Oreja”
Enrique de Diego Libertad Digital 13 Diciembre 2000

#Por la puerta de la izquierda
Juan BRAVO La Razón  13 Diciembre 2000

#«¡Basta Ya!» pide al Parlamento Europeo que se movilice en el País Vasco y ayude al PNV a hacer su «perestroika»
ESTRASBURGO. A. Sotillo corresponsal ABC   13 Diciembre 2000

#Savater afirma que los nacionalistas son, en parte, responsables de la perpetuación de ETA
Estrasburgo. Agencias ABC 13 Diciembre 2000

#La lógica y la gramática
JAVIER MONTAÑA El Correo 13 Diciembre 2000

#"Basta Ya" recibe el premio Sajarov otorgado por el Parlamento Europeo
Libertad Digital   13 Diciembre 2000



Pacto integrador
Editorial ABC 13 Diciembre 2000

La adhesión de las formaciones políticas no firmantes al pacto por las libertades y contra el terrorismo convenido por PP y PSOE debería tener como estímulo el carácter histórico de lo que es realmente el germen de una gran coalición cívica y política frente a la violencia y por la Constitución. Es explicable que algunos partidos se sientan molestos por no haber intervenido en la elaboración del documento que ayer firmaron y rubricaron el presidente Aznar y los secretarios generales de ambos partidos, Javier Arenas y José Luis Rodríguez Zapatero. Pero la incomodidad no justificaría la autoexclusión posterior en un pacto que recoge las bases ineludibles e inaplazables de un nuevo escenario político, en el que ETA sabe que su terrorismo nunca tendrá beneficios políticos y en el que el marco del entendimiento es el que establecen la Constitución y el Estatuto. Puesta la mirada en la sociedad española y, particularmente, en la vasca, es imposible no reconocer en el pacto PP-PSOE el reflejo de las aspiraciones de unidad y firmeza tantas veces reclamadas por los ciudadanos.

Las apelaciones al diálogo encuentran en este documento, avalado por los partidos que representan al 80 por ciento de los electores, su primera y más importante realización. Un diálogo entre el partido en el Gobierno y el primer partido de la oposición que ha conducido a un acuerdo cuya fuerza es la sencillez y la claridad de sus planteamientos. Interpretar las intenciones de los firmantes para tacharlas de «antinacionalistas» o imputar a ese acuerdo un efecto de enrocamiento político son conductas que siguen ancladas en un pasado inmediato, pero superado. Son conductas condicionadas por la estrategia de confusión del nacionalismo vasco, acostumbrado a exigir —y a obtener— que cualquier entendimiento político sobre el País Vasco debía traducirse en un reforzamiento de sus posiciones, so pena de que se avive la amenaza terrorista. Por vez primera en la reciente historia política del País Vasco, el nacionalismo se ve en la encrucijada de asumir un grave error histórico para sumarse lealmente al frente común contra ETA —único objetivo del pacto PP-PSOE— o seguir contuzmamente en la estrategia soberanista. Pero los dirigentes nacionalistas se han rebelado furiosamente en cuanto se les ha puesto un espejo delante, incurriendo incluso en flagrantes contradicciones entre sí, como ayer la de Iñaki Anasagasti con su Ejecutiva, acerca de la muerte o vigencia del pacto de Estella.

El documento que ayer se firmó en La Moncloa no pide al PNV ni a EA que dejen de ser nacionalistas; sólo que dejen de ser desleales con la Constitución y el Estatuto. Ni siquiera es un requerimiento al nacionalismo vasco, sino la regla elemental de la unidad contra ETA para quien quiera sumarse a ella. La claridad de estos términos no justifica que partidos o formaciones como Izquierda Unida o CiU, que, sin embargo, se negó ayer en el Congreso a suscribir un texto del PNV y BNG contra el pacto antiterrorista, rechacen de plano o recelen su adhesión al documento. Ante la gravedad de los problemas que aborda el acuerdo, la autoría es lo de menos. Y sus intenciones son las que aparecen negro sobre blanco, no las que algunos dirigentes de una y otra formación ponen en boca de los firmantes para razonar su rechazo a la adhesión al documento. Decir que este pacto ahonda la fractura de la unidad democrática porque aleja al PNV del acuerdo con los demás partidos es ignorar conscientemente lo sucedido en estos dos últimos años en el País Vasco. La recuperación democrática del PNV empezará cuando el PNV quiera —es decir, con el abandono del Pacto de Lizarra y de sus organismos— y será más fácil cuanto menor sea el número de partidos que se muestren comprensivos con su reciente estrategia soberanista, pactada directamente con ETA. La incorporación de CiU al pacto de PP y PSOE reconduciría la solidaridad intranacionalista a un terreno racional, abandonando el apoyo al PNV «con razón o sin ella», y sería un elemento de cualificación del pacto frente al rechazo visceral que el nacionalismo vasco ha solemnizado hasta el momento con una reafirmación, por boca de Arzalluz, de las más puras esencias del etnicismo xenófobo.

Frente al pacto antiterrorista, el PNV sigue abrazando a Lizarra
Impresiones El Mundo  13 Diciembre 2000

Mientras José María Aznar y Jose Luis Rodríguez Zapatero firmaban ayer el pacto antiterrorista suscrito por PP y PSOE, el PNV daba su respuesta a este acuerdo reafirmándose en su numantinismo. La dirección de los nacionalistas vascos sostiene que nunca va a romper con Lizarra, porque no supuso ningún pacto, sino una mera declaración. Pero, por si quedaban dudas sobre su renovado compromiso con aquel manifiesto, añadió ayer que sigue considerando que son «ineludibles» para la «consecución de la paz» los postulados que en ella se defendieron. Se ve que el estrecho vínculo ideológico que mantiene con los partidos integrantes de Lizarra, entre ellos EH, funciona como una venda que el partido de Arzalluz no se quiere quitar de los ojos. Aunque no lo hiciera expresamente, bastaría con que los ayuntamientos del PNV que pertenecen a Udalbitza (asamblea de municipios) la abandonaran. Esa ruptura sería suficientemente significativa para avistar en la política del PNV un cambio de rumbo que lo aleje de la influencia de EH y de los terroristas. Pero mientras no haya disposición de cambiar eso, no habrá un sitio para el PNV entre los demócratas. Como señaló Rodríguez Zapatero, el propio PSOE no está dispuesto a suscribir ningún pacto con quienes «jalean y alientan a los terroristas». La ruptura con Lizarra es condición sine qua non para establecer un diálogo más amplio de todas las fuerzas políticas. Zapatero tiene claro que hay otra gente dentro del PNV que discrepa de las tronantes declaraciones de Arzalluz. Por desgracia, su voz no tiene peso. Mientras el nacionalismo vasco siga liderado por un fanático empeñado en renovar su compromiso con los emisarios de ETA, no hay nada que hacer.

Entre la jactancia y la perfidia
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 13 Diciembre 2000

Muertos, por falta de uso, los pactos de Ajuria Enea y Madrid, enclaustrados los nacionalistas vascos en el pacto de Estella y todos los del Estado en el de Barcelona; el «Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo» al que ayer echaron firma José Luis Rodríguez Zapatero y Javier Arenas, en simbólica presencia de José María Aznar, es, por única, la mejor herramienta democrática disponible para continuar la difícil y necesaria lucha contra la delincuencia etarra. Los dos partidos que refrendan el documento representan el cincuenta por ciento de los votos del País Vasco y el ochenta de cuantos se emiten en España. Cuantitativamente, estamos ante algo impecable y, si concentramos lo cualitativo en la rúbrica de otros partidos, estaremos perdiendo de vista la gran calidad que la eficacia operativa le añade a estos casos.

Puestos a ponerle nombres propios a las más notables, y contrastadas, ausencias del pacto promovido por los dos grandes partidos españoles, nos encontramos básicamente con Jordi Pujol y Xabier Arzalluz. El primero es esclavo de su propia jactancia, rica en talento político, y el segundo es presa de su perfidia, animadora de la fiel parroquia que, entre la devoción y el miedo, le sigue por el túnel sin salida a que lleva el nacionalismo vasco, un engaño rural con toques de modernidad, a lo Guggenheim, que disimulan su hondo anacronismo, su escasez intelectual y su falsificación histórica.

Combatir al terrorismo con todos los medios legales que caben en un Estado de derecho, no es una opción política. Es más, no hacerlo sería una elección suicida. El terrorismo, como cualquier otra forma de delincuencia organizada, es la gran patología de la libertad: los terroristas matan a unos pocos, y eso no es deseable; pero peor es todavía el que asuste y anule a muchísimos y niegue, con sus acciones, las opciones de libertad y criterio que engrandecen a una sociedad democrática. Lo que han firmado Arenas y Rodríguez Zapatero no debe verse como un plan para el aislamiento del PNV. Es posible que el preámbulo del documento, visto con ojos nacionalistas, no resulte amoroso; pero, tampoco cabe interpretarlo como hostil. Aquí nos ocurre que el fervor nacionalista, congelado durante el franquismo, lo estamos viviendo con retraso. Es como pasar las paperas o el sarampión cuando ya se peinan canas: un riesgo excesivo y una circunstancia perturbadora; pero, ya se sabe, España ha tenido una «niñez» difícil y, entre hambres, imperios y guerras civiles, nada ha estado nunca ni en su sitio ni en su tiempo.

Pujol, que no carece de sentido del Estado, terminará en el pacto antes o después, en cuanto el gesto le resulte posible, propicio y rentable. Su jactancia no es la del fanfarrón, sino la del orgulloso y ese se atempera con otros pavoneos, especialmente con los que se pueden contar y medir. El problema es el de un PNV secuestrado por los últimos engañosos delirios de su presidente al que, además, acorralan en demasía sus opositores. Cuando alguien, como él, alcanza los niveles máximos de la radicalidad sólo tiene una cura: el eco del silencio a sus exabruptos tonantes. El ruido le sirve de pedestal en el que sostener ideas como la del «arraigo» que, llevada a sus extremos, le puede convertir en una curiosidad antropológica y, por supuesto, pastoril.

Arzalluz y Pujol
Por Carlos DÁVILA  ABC 13 Diciembre 2000

El error más estúpido que puede cometer un observador precipitado es negar a la dirección del PNV cierta capacidad para la artera insidia. Arzalluz no sólo tiene su compacta cabeza para, a veces, calzarse la boina; no, urde bien especies intencionadas para, por ejemplo, ensayar el desprestigio de sus adversarios. Ahora, el principal es Jaime Mayor Oreja y, contra él, aconsejado por su malévolo y falaz pinche Vizcaya, está dirigiendo sus envenenados dardos. El primero, susurrar que Mayor no se presentará a las elecciones vascas porque el hombre está «desanimado», postrado ante la seguridad de que no va a ganar. Anasagasti ha completado la insidia asegurando, con el morro de la desfachatez, que el PP y el PSOE ya han pactado que la Presidencia del Gobierno autónomo será para Nicolás Redondo.

Son dos insidias de quienes sienten amenazada su primacía política en el País Vasco, que parecen hechas para Pujol y para los que, como él, aún piensan que del Pacto de Madrid se ha marginado al PNV. ¿Cómo estar con quien afirma que no quiere que ETA se disuelva?, ¿cómo firmar un simple papel con quien advierte que hay cola para integrarse en la banda?

Es incomprensible que Pujol acuse al Pacto de marginar al PNV, y no impute a Estella la intención de eliminar de la escena no ya política, sino social, a los no nacionalistas. Ahora mismo, sépase, Egibar vuelve a negociar con ETA un acuerdo «de mínimos» para llegar a las elecciones con una «tregüita» que sitúe al PNV en mejor situación frente a los electores a los que quiere llevar al abismo de la independencia. El pataleo nacionalista ante la firma de ayer no puede confundir a los numerosos bobos de Coria que aún quedan en el país: el PNV nunca hubiera suscrito el documento popular-socialista, incluso aunque no hubiera existido el estupendo prólogo que lo explica. El PNV está en las declaraciones bogotanas de Arzalluz en las que por cierto, y como última perla, vuelve a negar el derecho a voto a todo el que no haya nacido en el País Vasco. Arzalluz es un fascista. O un estalinista. Por eso no se puede firmar con él ni una quiniela.

El futuro del pacto... y de Zapatero
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Diciembre 2000

No sé quién corre más peligro: si el pacto antiterrorista o Rodríguez Zapatero. En realidad los dos corren la misma suerte. Porque una de dos: o éste cumple los mandatos del pacto y se enfrenta al aparato felipista o no los cumple y entonces se hunde en el desprestigio público. No hay otro planteamiento. La rotundidad del texto es tal y la situación del País Vasco es tan aristadamente nítida que no va a ser posible la ambigüedad.

Esto es lo que más irrita del pacto en los medios felipistas y maragallistas: la escasa, por no decir nula, capacidad de maniobra que les deja. Les saca de quicio que la ruptura que se exige al PNV respecto al pacto de Estella tenga que ser «formal». ¿Por qué «formal»?, se preguntan algunos analistas. ¿No habría bastado con un alejamiento de hecho de la estrategia etarra? Las reacciones a las que estamos asistiendo revelan hasta qué punto los medios más cualificados del PSOE sienten como algo vital la necesidad del pacto con los nacionalistas del mismo modo que consideran una desgracia política la posibilidad de gobernar con los populares en el caso de que lo permitieran los resultados electorales.

Para felipistas y maragallistas el pacto es un inmenso error que viene a alterar no sólo la estrategia del PNV sino la del PSOE, que sólo se explicaba en función de aquélla. Zapatero ha venido a favorecer la salida más odiada por González/Maragall que es un pacto con el PP ya que ello es «in nuce» un frente, constitucionalista pero un frente, democrático pero un frente. Una agresión al nacionalismo. Mientras a la sociedad española, incluida una buena parte de la vasca, le parece necesario el entendimiento de los dos grandes partidos, a felipistas y maragallistas les parece nefando. Para éstos, si algo había que evitar en la política vasca era precisamente esta división entre nacionalistas y constitucionalistas porque eso lleva al aislamiento del PNV y no se puede hacer nada que sea rechazado por el PNV. Más aún, los abertzales tienen derecho a hacer frentes, como el de Estella, pero los constitucionalistas no pueden responder con la misma fórmula. Porque —piensan ellos— al PNV no se le puede aislar de los «suyos». Ésa es una agresión propia de «españolistas». De lo que se trata es de ir preparando la salida abertzale al País Vasco, la solución autodeterminista. Y en ese viaje fatal el PSOE tendría que ir en cabeza junto al PNV, para moderar los pasos, para garantizar una fórmula decorosa para el Estado. En definitiva, para fundar el nuevo Estado del que habla Maragall. No este pacto que no sale del autonomismo, de la Constitución y de la condenada situación en que estamos. Algún comentarista ha dado como prueba de la insensatez del pacto que seguirán las bombas de ETA. Felipistas, maragallistas y llamazaristas creen que el pacto de los dos grandes partidos no abre la vía de la paz a pesar de no haberlo probado nunca y dan por supuesto que las elecciones repetirán los resultados de siempre cuando éstos han ido variando constantemente; he ahí la subida del PP y la caída del voto nacionalista. La verdad es que felipistas, maragallistas y llamazaristas son unos magníficos portavoces del PNV «et alii».

Para González el texto del acuerdo es una agresión personal puesto que se fundamenta en el diagnóstico de Aznar. Para Maragall el pacto ha sido una patada en la boca, una traición al entierro de Lluch, un revés al diálogo con el PNV. Desesperado, ha dicho que este pacto convertirá los deseos de diálogo en una inmensa bola de nieve. Sabe que no es así, que Zapatero ha descartado de forma terminante la propuesta del gobierno tripartito o, en todo caso, le ha puesto unas condiciones durísimas. El PNV tendrá que dejar de apoyarse en ETA y renunciar a la independencia. Para felipistas y maragallistas el problema consiste en sacar al PSOE de este terrible compromiso en que lo han metido Zapatero/ Rubalcaba/ Redondo sin que el secretario general del PSOE pierda la dignidad, sin desautorizarlo, sin tener en todo caso que prescindir de él.

«Excluyentes»
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 13 Diciembre 2000

La primera batalla que se gana o se pierde contra el terrorismo es la semántica. Pero suele perderse porque en el entorno ideológico del terrorismo hay políticos y medios de comunicación que comparten, transmiten y acaban imponiendo como términos normales lo que en realidad son conceptos puramente políticos y de carácter arrojadizo. Por ejemplo, «diálogo» cuando se trata de ceder al chantaje terrorista. O «solución política» cuando se trata de rendirse al nacionalismo con pistola y sin él. O «normalización lingüística» cuando se trata de imponer la marginación de una parte sustancial de la ciudadanía usando la lengua como herramienta discriminatoria. O «soberanismo», o «autodeterminación» cuando se trata de imponer que todos los ciudadanos que no sean de la tribu nacionalista dejen de tener voz y voto en el futuro del territorio que intenta dominar o anexionarse el nacionalismo. Y así, ad nauseam. Yo no creo en la buena fe del PSOE, ni en que a Zapatero haya que «ayudarle» a ser lo que evidentemente no es, ni tampoco en que el pacto antiterrorista que ha firmado con el PP, entre nubes de incienso informativo, garantice que el felipismo será leal a la nación y a la Constitución. Por de pronto, ya están ahí Odín Elorza y Pascualón Maragall poniéndole peros y sembrando dudas sobre su sentido y viabilidad. El viscoso alcalde donostiarra dice, con esa cara dura aunque fofa que le caracteriza, que el pacto es, sobre todo, bueno para ETA. Se supone que lo malo para ETA es que él no asista a las manifestaciones de ¡Basta ya! en San Sebastián. El resbaladizo aspirante a Pujol, inventor del federalismo asimétrico y del círculo cuadrado pero rectangular, añade que ese pacto es una «bola de nieve» que lleva al diálogo, léase pacto, con el PNV, sin que éste deba moverse del Pacto de Lizarra, es decir, del lado de ETA. Pronto vendrán González y Polanco con la rebaja pidiendo como prueba del éxito o fracaso del pacto contra el terrorismo que sea aceptado... por el PNV. Total, el pacto a freír espárragos.

Pero la clave semántica que otorga al PNV esa legitimidad que el propio pacto le niega con razones irrebatibles está en aceptar a debate el término «excluyente», estigma impuesto por Arzalluz, Pujol, Llamazares y el felipismo emboscado. El propio Zapatero repite que el pacto de marras «no es excluyente», qué horror, sino que está abierto a todas, dice a todas, las fuerzas políticas y que si ellas no se adhieren es como si no hubiera pacto. Hasta Arenas entra irreflexivamente al trapo dialéctico de la «exclusión», como si el pacto fuera otra cosa que un intento de combatir a los que excluyen a los demás de la política y de la vida mediante el tiro en la nuca. Sólo faltaría que los que defienden la libertad dentro de la Constitución pasaran por ser los excluyentes y no los excluidos del proyecto racista y genocida de la Gran Euskal Herria. ¡Ay, la semántica!

El pacto
Por Jaime CAMPMANY ABC  13 Diciembre 2000

Todo lo que sea pactar contra ETA supone una alianza loable, consoladora y abierta a la esperanza. Contra nadie más hay que pactar en España. Lo demás que queda fuera de la ley se resuelve aplicando el reglamento. Y claro está que lo deseable y lo más alentador es que hubiesen ratificado y suscrito ese pacto todos los partidos políticos. Una cosa es defender las propias ideas —cualesquiera ideas— con argumentos, dentro de las reglas de juego democráticas, y otra cosa es defenderlas con la bomba, el lanzagranadas, el pistoletazo en la nuca, el secuestro, la extorsión y el impuesto revolucionario. Así defienden sus proyectos políticos los terroristas etarras, y así lamentablemente esperan recoger los frutos de esos crímenes y de esa violencia los partidos nacionalistas vascos.

El pacto de ayer entre populares y socialistas viene a denunciar y a defenderse contra el pacto de Estella o de Lizarra, firmado y sellado entre los dos partidos nacionalistas que se llaman democráticos con los representantes políticos de ETA, o sea, con ETA misma. No es posible convivir en democracia con toda naturalidad mientras unos hablan y arguyen y los otros disparan o mandan disparar. Dentro de la estrategia declarada públicamente de Javier Arzallus cabe el reparto de papeles consistente en que los etarras «arreen» mientras él negocia. Arzallus cree que la Historia no enseña otra manera de lograr la independencia, y está evidentemente dispuesto a lograr la autodeterminación primero y la independencia del País Vasco después mediante el recurso combinado del asesinato y la palabra.

Ni el PNV ni su acólito EA han firmado el «pacto por las libertades». Ha dicho Arzallus que ese pacto no se hace contra ETA sino contra el nacionalismo. Y eso es verdad, y Arzallus tiene razón, en tanto en cuanto el nacionalismo vasco prefiera pactar y concertarse con ETA antes que hacerlo con los partidos que dialogan y que no disparan. Eso es lo que, a pesar de las diferencias ideológicas y programáticas, han visto claro populares y socialistas. Con los aliados de los etarras, ni al Gobierno, y ya se sabe que el Gobierno es la gloria de los políticos. Claro está que el «pacto de las libertades» hace imposible la siniestra cuquería de Arzallus, que quiere achuchar a los terroristas mientras negocia con los demócratas. Ya tengo dicho que hasta en el Far-West, para negociar o para jugar al póquer, hay que dejar las pistolas en la puerta.

No quiere firmar el pacto Izquierda Unida, y esa actitud no debe extrañar a quien haya seguido la oscura y tortuosa senda de ese partido en el País Vasco. Es desde luego lamentable, pero a la vista del natural proceso de descomposición a partir de Madrazo, resulta un hecho casi irrelevante. Más intrincada, sibilina o maquiavélica resulta la negativa de Jordi Pujol, que es casi una espantada. Sólo se explica porque lo que el pacto tiene de ultimátum al nacionalismo vasco haya alarmado a Pujol. Quizá ha excitado su «espíritu de cuerpo». Pero ni así se comprende la actitud del «Molt Honorable», porque él jamás se ha aliado, no ya con el terror organizado, sino con la violencia. Todo es bueno para el convento, decía el fraile, pero Jordi Pujol jamás se ha llevado a su convento las nueces macabras que cosecha Arzallus.

Por otra parte, el propio Arzallus se sitúa ahora, cada lunes y cada martes, fuera del juego democrático. Sus penúltimas declaraciones son bien claras. «No pediré a ETA que se disuelva mientras quede un solo preso suyo en las cárceles», ha venido a decir, y con eso está presentándose ante nosotros como jefe de la banda etarra, o al menos como inspirador e ideólogo máximo de ella. Su racismo, su xenofobia y su discurso energuménico lo convierten en un apestado de la democracia.

El pacto y el PNV
Editorial El País 13 Diciembre 2000

EL ACUERDO contra el terrorismo suscrito ayer en La Moncloa compromete a sus firmantes, PP y PSOE, pero se presenta abierto a la adhesión de otros partidos. Sin embargo, ni por su contenido ni por el ámbito que representa puede compararse, como algunos han hecho deliberadamente, con el Pacto de Ajuria Enea.

La pretensión de parangonarlos da lugar a equívocos. Es hasta cierto punto lógico que se haya querido evitar la impresión de que se excluía a otros partidos, pero era difícil que los nacionalistas, e incluso IU, se adhirieran a un compromiso en cuya elaboración no han participado. Convergència i Unió expresó ayer su acuerdo con los principios del documento, pero decidió no suscribirlo por sus reservas respecto al preámbulo, en el que se insta al PNV a la ruptura formal con Lizarra en unos términos que colocan a ese partido "en una situación difícil". Se entiende la posición del nacionalismo catalán para no dejar aislado al vasco, pero la fijación de unos principios básicos entre los dos únicos partidos con posibilidades reales de gobernar es condición para un futuro pacto del conjunto de fuerzas parlamentarias.

Algo equivalente a lo que a finales de 1987 supuso la firma del llamado Pacto de Madrid, suscrito por todas las fuerzas parlamentarias, y que, contra lo que suele afirmarse, no fue consecuencia del Pacto de Ajuria Enea (firmado dos meses después), sino su antecedente. El PNV firmó ambos acuerdos, en los que se contenían principios no muy diferentes a los ahora reiterados respecto a que no hay un precio por el fin de la violencia. Sin embargo, en el de Ajuria Enea se incluían las bases de un pacto interno vasco, entre nacionalistas y no nacionalistas, y un diagnóstico común sobre la violencia que estuvo vigente hasta Lizarra. La dirección del PNV considera que el acuerdo suscrito ayer supone una regresión respecto a los principios de Ajuria Enea, de cuyo abandono culpa al PP y al PSOE. Es una afirmación sin fundamento: han sido Ardanza y luego Ibarretxe quienes reiteradamente se han negado a convocar la Mesa de Ajuria Enea, como pedían los partidos no nacionalistas. La ruptura de ese foro era una condición derivada del pacto entre PNV-EA y ETA, cuyo tercer punto incluía el compromiso de los primeros de "romper los acuerdos que mantienen con los partidos que tienen como objetivo la construcción de España y la destrucción de Euskal Herria [(PP y PSOE]".

El Pacto de Lizarra no puede juzgarse sin tomar en consideración la existencia de ese pacto con ETA. Con independencia de la deliberada ambigüedad de su redacción, lo esencial es la vinculación -en términos cercanos al chantaje- que hace entre el final de la violencia y la aceptación por los no nacionalistas de un cambio del marco institucional conforme a los planteamientos nacionalistas respecto a las causas del conflicto, al ámbito vasco de decisión, etcétera. Por tanto, no es superfluo, sino necesario, que el PP y el PSOE condicionen cualquier acuerdo con el PNV a la ruptura efectiva con ese planteamiento. Seguramente se pudo haber redactado con mayor sensibilidad, pero para cualquier ulterior pacto es necesario que los partidos que representan al 80% del electorado dejen claro al PNV que no es posible estar con un pie dentro y otro fuera de un pacto cuyo contenido coactivo es evidente: a la luz, precisamente, de la reacción de ETA a su no cumplimiento íntegro por parte de los nacionalistas.

Sostiene el PNV que los firmantes no representan más que al 37% del electorado vasco. No dice que la alianza PNV-EA, que gobierna Euskadi, suma el 36%. Es deseable y urgente recomponer la unidad de nacionalistas y no nacionalistas contra ETA, pero cada día aparecen más evidencias (unas veces por declaraciones de Arzalluz, otras por iniciativas aéreas de Ibarretxe) que indican que ello no será posible sin el corte que supondrá la celebración de elecciones y la formación de un Gobierno sin las debilidades del actual. El PNV y HB no son lo mismo; ni siquiera es cierto que compartan los mismos fines, porque, si ganasen los amigos de ETA, los otros serían perseguidos como ahora lo son los no nacionalistas. Por ello, cualesquiera que sean los resultados, el PNV y EA no podrán pactar con HB sin tregua: su electorado no lo toleraría. El PNV tendrá que buscar otros aliados, y ello supondrá distanciarse de HB y romper en la práctica el compromiso suscrito con ETA en agosto de 1998.

Por tanto, cuanto antes se convoquen elecciones, más pronto se desbloqueará la situación y podrá recomponerse la unidad de los demócratas contra ETA. Será el momento de establecer un diagnóstico común en el ámbito vasco y de plasmarlo en un pacto como el de Ajuria Enea.

Lo difícil empieza ahora
Por Ignacio Villa Libertad Digital 
13 Diciembre 2000

El Acuerdo firmado por los dos grandes partidos nacionales significa, en principio, un periodo de paz dialéctica entre PP y PSOE. Los dos grandes partidos –no hay que engañarse– están muy acostumbrados a utilizar la lucha contra el terrorismo y la relación con el PNV como una permanente arma política. Esta paz política para empezar no está mal, pero no es suficiente. Entre otros motivos, porque esa unidad de criterios tendría que ser lo habitual en una cuestión que se debe considerar de Estado, y en la que las fisuras dañan directamente las raíces de la democracia.

Pero, bueno, recuperar los principios de entendimiento nunca es malo. Después de la fotografía en La Moncloa, empieza la hora de la verdad. Ahora comienza el trabajo y, por lo tanto, se inicia un camino por recorrer. Aunque, por desgracia, el camino de la lucha contra el terrorismo está lleno de pactos que el tiempo se ha encargado de enterrar.

Este nuevo Pacto, que tiene como objetivo normalizar la vida política en el País Vasco, nos ofrece en el horizonte una posible convocatoria electoral como primera cuestión inexcusable. Y hay que reconocer que cuando están por medio de las urnas, muchas buenas intenciones se entierran. Así pues, los comicios serán una buena prueba de fuego para chequear la salud de las relaciones entre los dos partidos. El afán de protagonismo y la coordinación van a ser decisivos para la eficacia.

Por cierto el arranque ya tiene un “pero”; Rodríguez Zapatero no descartaba la posibilidad de una modificación del texto, si desde el diálogo se sugiere esa posibilidad. Cerrar las puertas a la conversión al sentido común nunca es bueno. Pero hablar el primer día de cambios, tampoco parece lo más conveniente.

Un pacto necesario
Editorial La Razón 13 Diciembre 2000

El Partido Popular y el Partido Socialista firmaron ayer el acuerdo por la libertad y contra el terrorismo, en medio de una ofensiva política contra ambas formaciones liderada por IU y los nacionalistas de varias regiones, que consideran el texto «excluyente» y un ataque al nacionalismo vasco.

    Es un momento de alegría para los demócratas, para las personas que consideran que nunca se puede mercadear con el derecho la vida y las libertades, por el hecho de que los dos grandes partidos han sido capaces de dejar atrás sus propios intereses. Por una vez, los políticos españoles han escuchado a una opinión pública que no entiende de componendas cuando entierra a sus vecinos destrozados por la metralla asesina, y han suscrito un documento meridianamente claro contra Eta y sus cómplices. Cualquier persona normal, sin intereses particulares o inconfesables compromisos, firmaría con los ojos cerrados un acuerdo en el que no se pide otra cosa que la defensa de la libertades y en el que no se cierra la puerta a propuesta política alguna siempre que respete la libre elección de todos y cada uno de los ciudadanos. Las críticas contra el pacto generadas en el entorno del nacionalismo, y aún de la propia IU, son entendibles sólo desde el punto de vista de los intereses partidistas, de la falta de generosidad o de la perversidad de quienes pactaron con el diablo y ahora son incapaces de dar marcha atrás. Al menos, deberían afrontar el reto de PP y PSOE y decir en alta voz por qué se empeñan en oponerse a un plan que por sí solo ha dado nuevas esperanzas a una sociedad que está dolorosamente harta del terror y de la falta de libertad.

    Este acuerdo es una de esas raras ocasiones en la que los políticos escriben sin dobles sentidos; y no es preciso leer entre líneas cuando se sientan las bases de una estrategia común contra el terrorismo. Y cuando se habla del problema que más preocupa a los españoles, lo mejor es hacerlo sin demagogias y con la concisión y limpieza con la que lo han hecho populares y socialistas.

    Se puede engañar una vez a los electores, y pedir su voto contra Eta, para pactar luego con los asesinos en Estella. Pero no se puede engañar a todos todas las veces. Por eso, PP y PSOE han firmado el acuerdo. Reclamaremos su cumplimiento, confiando en que nunca abdiquen de la determinación ahora mostrada para aislar al terrorismo y a quienes quieran aprovecharse de él.

Conejos sin chistera
JAVIER PRADERA El País  13 Diciembre 2000

El Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo suscrito ayer en el Palacio de la Moncloa por el presidente del Gobierno y los secretarios generales del PP y del PSOE ha tenido una complicada gestación. Las negociaciones comenzaron con mal pie: tras la torpe reacción gubernamental de tomarse a chacota una propuesta de Zapatero para buscar una postura común contra la amenaza terrorista (el vicepresidente Rajoy llegó a descalificar la iniciativa como un desesperado intento de los socialistas de sacarse un conejo de la chistera), los dirigentes del PP exigieron al PSOE, como condición sine qua non para cualquier entendimiento, la previa firma de un pacto preelectoral y pusieron en duda -al ver rechazada la propuesta- la lealtad constitucional de sus interlocutores. Pero la subordinación del acuerdo contra el terrorismo a una eventual mayoría PP-PSOE-Unidad Alavesa en las urnas significaba jugarse el futuro a una sola carta; la tendencia a la estabilidad de las dos grandes fronteras divisorias del mapa electoral vasco, esto es, los sentimientos de pertenencia (que separaran a los nacionalistas de los no nacionalistas) y las libertades y los derechos humanos (que enfrentan a los demócratas -nacionalistas y no nacionalistas- con los partidarios de ETA), merma la posibilidad de una mayoría absoluta al margen del nacionalismo moderado.

La fórmula utilizada por populares y socialistas para superar sus discrepancias -toda negociación implica cesiones recíprocas- fue prescindir de las referencias explícitas al nacionalismo moderado en los diez puntos vinculantes del acuerdo; las críticas al PNV y a EA por su alianza estratégica con el nacionalismo radical quedaron desplazadas al preámbulo del documento, que recuerda cómo ambos partidos se pusieron "de acuerdo con ETA y EH" en el verano de 1998 (mediante acuerdos secretos o públicos) a fin de abandonar el Pacto de Ajuria Enea y fijar "un precio político al abandono de la violencia", esto es, "la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco". El regreso -posible y deseable- de esos dos partidos nacionalistas al consenso democrático exige lógicamente la ruptura formal con las instituciones creadas a la sombra del Pacto de Estella: el PNV y EA deben optar irremediablemente entre los defensores del derecho a la vida y los verdugos.

El marco constitucional y autonómico ha sido durante más de dos décadas -tras la larga noche del franquismo- el cauce de expresión del pluralismo de la sociedad vasca. El acuerdo PP-PSOE subraya que ese marco jurídico-político es revisable siempre que se cumplan dos condiciones: el respeto a los procedimientos de reforma establecidos y la renuncia a beneficiarse de la presión de la violencia ejercida por terceros. La afirmación de que las instituciones autonómicas han sido el "espacio de encuentro de la gran mayoría de los ciudadanos vascos" no es programática sino empírica: desde 1979 ninguna otra combinación ha logrado una mayoría tan amplia (el 90% de los votantes con una participación cercana al 60%) como el referéndum del Estado de Gernica de 25 de octubre de 1979.

Las acusaciones de frentismo lanzadas por los portavoces del PNV y de EA contra el acuerdo firmado ayer en Moncloa son una proyección psicoanalítica de sus propios deseos y fantasmas. El paralelismo es falso: mientras que el matizado documento de populares y socialistas ofrece abrirse al nacionalismo democrático sin más condición que su renuncia a la ventaja de jugar simultáneamente en un tapete diferente con el nacionalismo radical, la lógica del Pacto de Estella desemboca en la exclusión de los guipuzcoanos, vizcaínos, alaveses, navarros y vascofranceses no nacionalistas. La actual cúpula dirigente del PNV y EA no sólo pretende arrogarse el doble derecho a gobernar indefinidamente las instituciones autonómicas nacidas de la Constitución (dotadas de un presupuesto casi billonario, una hacienda concertada, 55.000 funcionarios y 7.500 policías) y a caminar de la mano de los nacionalistas radicales-sin prisas y sin pausas- hacia ese mismo espejismo de la Euskal Herria soberana que ETA utiliza como legitimadora de sus asesinatos; también parece aspirar al disparatado objetivo de que los ciudadanos vascos opuestos a la estrategia nacionalista y a su proyecto de independencia interioricen resignadamente el deber de no resistirse a la ejecución de un programa de limpieza étnica que ya ha anunciado formalmente y sin equívocos su exclusión como ciudadanos.

Pacto “Mayor Oreja”
Por Enrique de Diego Libertad Digital 13 Diciembre 2000

El pacto entre PSOE y PP recoge en su preámbulo -contenido fundamental del acuerdo- la doctrina Mayor Oreja en estado puro. En buena medida es una implícita o hurtada autocrítica de errores de ambos partidos. No deja de ser curioso que los dos redactores del acuerdo sean los principales responsables de los errores pasados.

Es el caso del secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos que fue el principal impulsor de la negociación con Eta -en los tiempos en que Aznar, bajo su influencia, llegaba a calificarla de organización armada- y el más destacado interlocutor. Y el del exministro socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los principales valedores, a su vez, de la tesis negociadora y firme partidario del acercamiento al PNV. Que el principal responsable de la peor etapa de Aznar y uno de los principales de las más horrendas de Felipe González hayan trasladado al papel el pensamiento de Mayor Oreja y lo hayan convertido en política estable de ambos partidos es casi una parábola. En otros lugares en estos casos más que de redactor se suele estar de cesante o de dimisionario.

Analógicamente a como Dios escribe derecho con renglones torcidos, este pacto -triunfo del ministro del Interior y de Nicolás Redondo Terreros, a los que en la tregua trampa se intentó aislar como si la unidad de los demócratas fuera unirse contra ellos- es muy positivo. Tiene un marcado carácter postelectoral, porque lleva implícita la existencia de una alternativa constitucionalista, o dicho más claro: el compromiso tácito de que el PSOE no pactará en ningún caso con el PNV, el de Estella/Lizarra y el que cada día se manifiesta más nazi por boca de Xabier Arzalluz, incapaz de comprender la máxima de un hombre, un voto.

El ideólogo del PNV cree que los no nacionalistas no tienen derecho al voto o debe establecerse un nuevo esquema censitario por el que su voto vale más que el de los constitucionalistas (entre otras cosas, porque el PNV en Euzkadi -que en términos nacionalistas incluye Navarra y el sur de Francia, donde es marginal o inexistente- es un partido muy minoritario y no le salen las cuentas).

El pacto -pone en evidencia el error Madrazo y descuelga a Izquierda Unida abocada a su desaparición con Llamazares al timón del naufragio- precisa ahora de una estrategia de resistencia activa o de liberación democrática de los burgos podridos del nacionalismo por la coacción y el miedo. La virtualidad de este pacto se juega no en las fotos en Madrid, sino en el País Vasco y en las próximas elecciones.

Por la puerta de la izquierda
Juan BRAVO La Razón  13 Diciembre 2000

El acuerdo suscrito por el PP y el PSOE debe ser mucho más importante de lo que parece. No hace falta analizar a fondo el documento (que, por cierto, merece la pena leerse despacio) para comprender que supone un torpedo en la línea de flotación del buque proetarra y el proyecto de independentismo por la fuerza.

    Han cometido los autores del texto el terrible «pecado» de exigir claridad al PNV. Por eso no es difícil de entender la furibunda reacción de Arzallus, el griterío en bloque del PNV y las críticas generalizadas de sus más firmes aliados. Y es que, dicen los amigos vascos de Juan Bravo, lo peor que le puede haber sucedido al PNV es que el PSOE haya puesto por escrito que no se unirá en pacto alguno a sus viejos socios mientras éstos se aferren al de Estella.

    La única puerta que le queda al PNV es IU, a quien ya hizo el favor hace meses de arreglarle su «asunto» electoral para que puedan tener diputados a pesar de su previsible bajón de votos. Lo que ya no está tan claro es si los votantes del PNV, cristianos y de derechas de toda la vida (y no sólo en Neguri), seguirán siéndolo con las tesis del viejo marxismo que aún sostiene Llamazares.

«¡Basta Ya!» pide al Parlamento Europeo que se movilice en el País Vasco y ayude al PNV a hacer su «perestroika»
ESTRASBURGO. A. Sotillo corresponsal ABC   13 Diciembre 2000

El Parlamento Europeo concede hoy el premio Sajarov por la defensa de los Derechos Humanos al colectivo para la defensa de la libertad en el País Vasco «¡Basta Ya!», al que la Eurocámara le aseguró que la suya «no es una causa sólo vasca, sino europea» para la que cuentan con su pleno apoyo en las movilizaciones.

En una reunión con europarlamentarios de todos los grupos políticos, el filósofo Fernando Savater invitó a los representantes de la Eurocámara a que vayan al País Vasco, entren en sus bares y recorran sus calles para que vean «con qué miedo se vive» allí, a que acompañen a los políticos no nacionalistas en eventuales campañas electorales para «protegerlos con su presencia», y a que ayuden al PNV «a hacer su “perestroika"» y a distanciarse de la legitimación de la violencia».

Las palabras de Savater fueron aplaudidas por todos los europarlamentarios y su invitación, recogida por el representante socialista alemán, Jannis Sakellariou, quien afirmó que la lucha por la libertad «es una causa de todos los europeos».

Savater aprovechó también la ocasión para saludar el pacto antiterrorista de PP y PSOE como una magnífica ocasión para que «los grupos que apoyan el Estatuto y la Constitución aparten sus diferencias y hagan frente a una situación de emergencia, en la que no es posible una actitud sectaria y cicatera, sino una amplia visión». En este sentido, señaló que «las únicas reacciones adversas contra el pacto han venido de los que no se sienten amenazados por el terrorismo». Y subrayó su esperanza de que PP y PSOE no se limiten a formular declaraciones, sino que ambos empiecen a trabajar en común y, por ejemplo, «a indagar qué ocurre en la vida cotidiana, en la Televisión y medios de comunicación oficiales, en la calle».

El profesor de Ética salió también al paso de confusos paralelismos entre la situación del País Vasco y la del Ulster, al señalar que «todos los pasos que se han dado en Irlanda ya fueron dados en España en 1978», cuando «fueron liberados todos los presos» y se consolidó la democracia en nuestro país.

Savater afirma que los nacionalistas son, en parte, responsables de la perpetuación de ETA
Estrasburgo. Agencias ABC 13 Diciembre 2000

El filósofo Fernando Savater afirmó hoy ante el Parlamento Europeo que "ETA no es un fenómeno aislado y su perpetuación se debe a un clima político del cual son en parte responsables las autoridades nacionalistas que gobiernan" el País Vasco desde hace más de veinte años. Savater hizo esta declaración durante el discurso que pronunció ante el pleno de la Eurocámara como portavoz de "Basta Ya", en una sesión en la que se entregó a esa plataforma ciudadana vasca el premio Sajarov de los derechos humanos y la libertad de expresión que concede anualmente esta institución. Al hacer entrega del premio, la presidenta del Parlamento, Nicole Fontaine, dijo que la Eurocámara rinde de este modo homenaje a las víctimas del terrorismo "y recompensa a un movimiento de ciudadanos que espontáneamente ha decidido gritar Basta Ya".

En su intervención, Fernando Savater dijo que "Basta Ya" acepta "que los nacionalistas vascos puedan proponer por vías pacíficas la creación de un nuevo estado independiente que nunca antes existió". Pero rechaza, agregó, que "ese proyecto político de un determinado partido se presente como el derecho inalienable de todo un pueblo, convirtiéndose así, de modo indirecto, en justificación de los violentos". Para Savater, "los etarras no son extraterrestres llegados de otro planeta para hacer el mal sino jóvenes educados en el fanatismo étnico, en el odio a más de la mitad de sus conciudadanos y a todo lo considerado español". "Jóvenes a quienes se ha imbuido una historia distorsionada y una antropología demencial que les hacen creerse víctimas y les convierten así en verdugos", añadió.

En su discurso, el filósofo explicó a los eurodiputados que la plataforma "Basta Ya" está integrada por "profesores y obreros, cargos políticos y simples particulares, religiosos y laicos, militares, pacifistas, artistas y trabajadores de los medios de comunicación". A todos ellos les une, precisó Savater, "el rechazo del terrorismo criminal de ETA y el apoyo explícito al Estado de Derecho español". "Vivimos en una situación tristemente insólita en la Europa democrática. El País Vasco no es un territorio exótico, agobiado por las injusticias y las desigualdades como tantos lugares del llamado Tercer Mundo, sino una de las regiones más desarrolladas y con más equilibrada calidad de vida de la comunidad europea", afirmó. A su juicio, "dentro del Estado español, la comunidad vasca disfruta de una amplísima autonomía, con gobierno y parlamento propios, pleno control de su fiscalidad, o competencias educativas bilingþes". Subrayó que "los vascos padecieron importantes violaciones de su libertad política y cultural durante la dictadura de Franco, como el resto de los ciudadanos españoles, pero a partir de la instauración de la democracia se hizo un extraordinario esfuerzo de reconciliación en todo el país". Sin embargo, lamentó que "la actividad de ETA no ha cesado y ya contamos con más de 700 víctimas mortales durante la etapa democrática".

El portavoz de la plataforma "Basta Ya" aseguró que "hoy en el País Vasco no hay seguridad ni libertad de expresión o asociación política para gran parte de los ciudadanos". "En el País Vasco, en plena Europa democrática -añadió- tenemos actualmente docenas de Salman Rushdies, reina el miedo, un miedo palpable en la vida cotidiana que hace hablar en voz baja o disimular lo que se piensa, como en los peores momentos de la dictadura franquista", situación de la que responsabiliza principalmente a ETA. Al final de su discurso ante el Parlamento de Estrasburgo reclamó "el diálogo entre los diversos partidos democráticos", pero rechazó que éste pueda venir forzado por el terrorismo y que "las leyes consensuadas parlamentariamente deban cambiarse a gusto de los asesinos como rescate para que dejen de matar". Por último, invitó a los europarlamentarios a visitar el País Vasco, "no los despachos oficiales sino las calles", para que conozcan "cómo se vive amenazado, extorsionado y sin derecho a la libre expresión de las ideas".

La lógica y la gramática
JAVIER MONTAÑA El Correo 13 Diciembre 2000

El artículo de Henrike Knörr dedicado a su amigo Ernest Lluch: ‘También nos han arrebatado a Lluch’ (EL CORREO, 24 de noviembre) es en su primera parte, por su amplio anecdotario, muy emotivo e interesante. Sin embargo, en la segunda parte abundan peligrosas contradicciones y, lo que es peor, graves e infundadas acusaciones para los discrepantes de las ideas que, al parecer, ambos compartían hasta el asesinato por la banda terrorista ETA del político catalán que debía su fama, que no su prestigio intelectual, al hecho de haber sido, no lo olvidemos, ministro del Gobierno de España.

Así, por ejemplo, su autor nos presenta en una especie de mezcolanza y como magnitudes paralelas y equiparables a la horrible camarilla criminal de ETA con el arcaísmo de algunos planteamientos del PNV, el cerrilismo proviolento de los que mandan en EH y el antivasquismo o frío vasquismo de los constitucionalistas. Por cierto, ¿qué títulos tiene usted para repartir patentes de ‘vasquidad’ y en qué oficina los expende? ¿O acaso está de acuerdo con el carnet de Udalbiltza y por tanto los que tenemos sólo el DNI ya hemos dejado de ser ciudadanos vascos? Parece lógico, menos para los que piensen como usted, que si el andalucismo o el alavesismo: amor o apego a las cosas características o típicas de Andalucía o de Álava según el Diccionario Académico, son consustanciales a andaluces y a alaveses, un vasco será normalmente vasquista (aunque más bien frío por aquello del clima) sin que estas cualidades añadan ningún mérito especial a las personas, pues, parafraseando a Cervantes, «la sangre se hereda y la virtud se aquista y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale» (El Quijote, capítulo 42, 2ª parte).

Arremete usted después, por su españolismo miope, contra ‘esa otra’ intelectualidad de raigambre vasca, ¡qué lástima que hayan nacido en Euskadi!, de los Savater, Juaristi, Arteta y demás, es decir, los añado yo: Azurmendi, Patxo Unzueta, Antonio Elorza, Gorriarán, Ibarrola, Montero, Iñaki Ezkerra, Eduardo Uriarte, Portillo, Guerra Garrido, Mario Onaindia, Vidal de Nicolás, el padre Beristain, Edurne Uriarte, el teólogo Rafael Aguirre, etcétera, etcétera. Por cierto, ¿sabe usted que casi todas estas personas están protegidas en su exilio exterior y los que viven en el País Vasco están en un exilio interior vigilados día y noche por escoltas por el mero hecho de dialogar, de expresar en público sus opiniones? (Sabido es, no obstante, que personajes relevantes de la política, la universidad, la prensa, etcétera, del País Vasco no llevan guardaespaldas porque, al parecer, son muy valientes y no tienen miedo...) Por otra parte, ¿por qué cree que el tristemente asesinado Ernest Lluch y usted, nacidos en Cataluña, tienen derecho a ser ‘vasquistas’ y, sin embargo, es un estigma que personas nacidas en el País Vasco sean ‘españolistas’? Explíquelo. Además, si cree que el nacionalismo no es intrínsecamente perverso, tampoco lo será el de aquellos a los que, menospreciándolos, tacha usted de españolismo. ¿O acaso le han decepcionado más las reacciones, tras el asesinato de Lluch, de los ‘nacionalistas españoles’ Savater y demás que la de los nacionalistas vascos confesos Otegi y compañía?

Se refiere también en su escrito a que hay partidos, concretamente el PP, que consideran que el euskara es un virus pernicioso. En esto quizá tenga razón ya que lo habla Iturgaiz y, si no me equivoco, hasta el tal Blázquez lo ha aprendido ya. Por eso, porque es pernicioso, no lo hablan, la lista sería interminable, Anasagasti, Ollora, Guerenabarrena, presidente del ABB, Ortúzar, director de ETB, Larreina, Balza... ni tampoco Madrazo. ¡Y han tenido años, casi toda una vida, para aprenderlo! Por cierto, ¿sabría explicar por qué ETA, afortunadamente, no mata en Francia ni en el País Vascofrancés, donde el euskera no es ni siquiera lengua cooficial?

En fin, don Henrike, considero que su discurso está distorsionado por un problema de sintaxis. Utiliza usted impropiamente muchas oraciones como impersonales, es decir, caracterizadas por la ausencia de sujeto: «Nos han arrebatado a Ernest Lluch», etcétera. Pero, ¿quién? ¿Un enemigo exterior? ¿La falta de diálogo? ¿Acaso la ‘campaña electoral’ de Mayor Oreja? Sin embargo, los verbos de esas oraciones no son propiamente impersonales (véase cualquier gramática española) y aunque no todas las oraciones tienen un sujeto explícito, consideradas lógicamente no puede haber acción del verbo sin que alguien la ejecute: «Sujeto es la parte de la oración que ejecuta o padece la acción expresada por el verbo» (Miranda Podadera) y así la ocultación voluntaria del sujeto explícito, o porque no interesa citar al agente de la acción, es distinta de su imposibilidad gramatical. Aquí el problema de fondo es sustantivo y sólo estos, o los elementos sustantivados, pueden ejercer la función de sujeto en la oración. Por tanto lo lógico, lo correcto, sería: ETA nos ha arrebatado a Lluch o ETA ha asesinado a Lluch. La solución consiste en encontrar, en acertar con el sujeto. Lo demás, en estos momentos, las ideas políticas de los partidos o de ciertos intelectuales, es adjetivo o accesorio. Por eso creo sinceramente que su problema, su desenfocado y equidistante diagnóstico de la situación política vasca es debido, principalmente, a un confusión entre lógica y gramática.

"Basta Ya" recibe el premio Sajarov otorgado por el Parlamento Europeo
Libertad Digital   13 Diciembre 2000

La plataforma ciudadana 'Basta Ya' ha recibido en Estrasburgo el Premio Sajarov del Parlamento Europeo en un acto solemne celebrado en la Eurocámara, en reconocimiento a su labor por la defensa de los Derechos Humanos. Durante su discurso, el filósofo y catedrático Fernando Savater ha acusado a los partidos nacionalistas de perpetuar la situación de violencia en el País Vasco. Varios eurodiputados nacionalistas (del PNV, EA y BNG) abandonaron la sala.

Savater ha asegurado en su alocución que "en plena Europa democrática", existen actualmente "decenas de Salman Rushdies", así como que en el País Vasco "reina el miedo, un miedo palpable en la vida cotidiana que hace hablar en voz baja o disimular lo que se piensa, como en los peores tiempos de la dictadura franquista".

Fernando Savater ha indicado también que los miembros de la plataforma '¡Basta Ya!' "sabemos que ETA es, sin duda, la principal culpable de estos males, pero también estamos convencidos de que ETA es un fenómeno aislado y que su perpetuación se debe a un clima político del cual son en parte responsables las autoridades nacionalistas que gobiernan el país desde hace más de 20 años". Tras oír estas palabras, abandonaron el hemiciclo los diputados del PNV Josu Ortuondo, de Eusko Alkartasuna Gorka Knörr y del BNG Camilo Nogueira. El eurodiputado de EH, Koldo Gorostiaga, no había asistido a la sesión solemne.

Savater prosiguió diciendo que "naturalmente aceptamos que los nacionalistas vascos pueda proponer por vías pacíficas la creación de un Estado independiente que nunca antes existió, pero rechazamos que ese proyecto político de un determinado partido se presente como el derecho inalienable de todo un pueblo, convirtiéndose así de forma indirecta en una justificación de todos los violentos".

El Premio Sajarov, que es concedido por el Parlamento desde 1998, está dotado de 50.000 euros (8.319.300 pesetas) y se entrega a una persona u organización que haya destacado a lo largo del año por su contribución a la defensa de los Derechos Humanos. Ésta es la primera vez que la Eurocámara premia a un colectivo de la Unión Europea.

En ediciones anteriores, los galardonados han sido el ex presidente de Sudáfrica Nelson Mandela, la líder de la oposición democrática en Birmania Aung San Suu Kyi, las Madres de la Plaza de Mayo, el disidente chino Wei Jingsheng, el líder kosovar Ibrahim Rugova y, en 1999, el líder por la independecia de Timor, Xanana Gusmao.

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