AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 15  Diciembre  2000
#¿Cuántos muertos necesita Pujol?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 15 Diciembre 2000

#¿De pie o de rodillas?
AURELIO ARTETA El País 15 Diciembre 2000

#LA MACABRA RESPUESTA Y LA FORTALEZA DEL PACTO
Editorial El Mundo  15 Diciembre 2000

#Frente a ETA, el pacto
Editorial ABC 15 Diciembre 2000

#Cinco negritos
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  15 Diciembre 2000

#Memoria de los cómplices de Eta
Editorial La Razón 15 Diciembre 2000

#Los cómplices
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 15 Diciembre 2000

#El electricista del Vallés
Valentí PUIG ABC 15 Diciembre 2000

#Nacional-socialismo y terror
José María CARRASCAL La Razón 15 Diciembre 2000

#El cíclope
RAUL DEL POZO El Mundo  15 Diciembre 2000

#En la Universidad bajo la tiranía
Manuel Jiménez de Parga Catedrático de Derecho Constitucional ABC 15 Diciembre 2000

#Sobre pactos y exclusiones
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 15 Diciembre 2000

#Europa contra Eta
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  15 Diciembre 2000

#La foto
Alfonso USSÍA ABC  15 Diciembre 2000

#Savater
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  15 Diciembre 2000

#El primer muerto
Carlos DÁVILA ABC 15 Diciembre 2000

#Pues a mí me dio vergüenza
Juan BRAVO La Razón  15 Diciembre 2000

#¿Es el nacionalismo un error estratégico?
Enrique de Diego Libertad Digital 15 Diciembre 2000  

#Votos contra bombas
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  15 Diciembre 2000  

#Cada ataque respalda el Pacto
Miguel Ángel RODRÍGUEZ .- La Razón   15 Diciembre 2000  

#Un concejal
Editorial El País 15 Diciembre 2000  

#El difícil equilibrio de Jordi Pujol
VICTORIA PREGO El Mundo 15 Diciembre 2000  

#El pueblo y la violencia
Ignacio CAMACHO ABC 15 Diciembre 2000  

#¿A que juegan los nacionalistas catalanes?
Ignacio Villa Libertad Digital 15 Diciembre 2000  

#ETA amplía su acción extorsionadora a los futbolistas vascos
Lorenzo Contreras La Estrella 15 Diciembre 2000

#Ante ETA no se han acabado las palabras
Editorial La Estrella 15 Diciembre 2000

#ETA mata al fontanero
Pablo Sebastián  La Estrella 15 Diciembre 2000

#Políticos constitucionalistas y banda nacionalista
Enrique de Diego Libertad Digital 15 Diciembre 2000

#Rebelión contra el fanatismo
Editorial El Correo 15 Diciembre 2000

#Esta vez fue un fontanero
FEDERICO ABASCAL El Correo  15 Diciembre 2000

#No es eso, no es eso
Antonio Elorza  El Correo 15 Diciembre 2000

#ETA asesina a un concejal del PP catalán
M. NOGUER/C. ANDREU, Terrassa El País  15 Diciembre 2000



¿Cuántos muertos necesita Pujol?
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 15 Diciembre 2000

En un histórico debate parlamentario y en una de sus mejores intervenciones como orador y como político, José María Aznar sintetizó en una pregunta retórica toda la crítica y el fondo del reto a Arzallus y su banda: "¿cuántos muertos necesita el PNV para abandonar el pacto de Estella?" Esa misma pregunta cabe hacerle a Jordi Pujol, cuyo partido ha decidido, sin mucha alharaca, pero con tozuda contumacia, respaldar al PNV -y por tanto a ETA- frente al pacto PP-PSOE en defensa de la Constitución y de las libertades. ¿Cuántos muertos necesita Pujol para dejar de respaldar a Xabier Arzallus y al PNV?

Porque son ya tres los políticos asesinados en Cataluña por la banda etarra, dos del PP y uno del PSOE, y todo lo que ha dicho hasta ahora Pujol, generalmente por por boca de Trias, es que los asesinatos no van a hacer cambiar su política sobre el terrorismo. Y si no es la vida, ni la libertad, ni la legalidad, ni siquiera la estética democrática, ¿qué debe suceder para que Pujol cambie de política?

Hay otra pregunta nada retórica que cabe hacer tras ésta, pero ahora dirigida a Josep Piqué y al propio José María Aznar: ¿qué va a hacer el PP para que en Cataluña y en toda España se vea y se constate que Pujol no es un aliado de las víctimas de ETA, sino del frente de los verdugos? ¿Va a seguir planteando una política de contemplaciones y hasta imitaciones del nacionalismo en Cataluña mientras se opone frontalmente al nacionalismo en el País Vasco? ¿Va a seguir diferenciando el Gobierno entre un nacionalismo supuestamente bueno y otro absolutamente malo cuando a la hora de la verdad, que es la de la vida o la muerte, ambos coinciden en su desapego por no decir en su desprecio por las ideas y la propia vida de los que no son nacionalistas?

O lo que es lo mismo: ¿cuántos muertos en Cataluña necesita Aznar para coger de las solapas parlamentarias a Pujol y obligarle a hacer por pura presión política lo que la ética, es decir, la absoluta falta de ética de su nacionalismo le impide hacer? Al PNV le está costando cara su complicidad directa con los terroristas. ¿Cuándo va a empezar el Gobierno de Madrid a pasarle la cuenta a Pujol? ¿Cómo se puede mantener el apoyo parlamentario a un partido que no comparte la lucha contra el terror? ¿Cómo se puede sostener en Barcelona lo que se combate en Bilbao? De su miserable actitud tiene la culpa Pujol, pero de que no la cambie también la tiene Aznar. Hora es de que se diga y de que él empiece a actuar en el Mediterráneo con la misma y admirable firmeza que en el Cantábrico.

¿De pie o de rodillas?
AURELIO ARTETA El País 15 Diciembre 2000

Conozco a quienes aún creen que los "exagerados" pronunciamientos de algunos intelectuales vascos se explican porque son o se sienten perseguidos por los bárbaros. No se les ocurre pensar que, si esos intelectuales son o se sienten perseguidos, se debe justamente a pronunciarse como se pronuncian. Y es que el horror político, salvo para quienes lo sufren de cerca, parece más fácil de detectar y condenar una vez que ha pasado que cuando es estrictamente contemporáneo. Seguramente esto vale para la mirada con que bastantes contemplan el duradero horror que se ha apoderado del País Vasco: algo les falta para poder analizarlo hoy con la misma perspicacia y condenarlo con parecida rotundidad con que lo harán mañana. Será que, mientras es coetánea, nos cuesta entender que la ignominia se instale y reproduzca gracias a la acción cotidiana de unos, que pueden ser nuestros vecinos o amigos, y también al consentimiento de los demás, entre los cuales debemos incluirnos.

Así es el hombre y así ha sido la historia, desde luego. Pero la cuestión es si no hay entre nosotros personas, asociaciones o gremios de los que, en virtud de su particular opción política o cultivo profesional, sería debido esperar una más intensa reflexión pública sobre aquel espanto. Son esos que, por disponer en general de mejores razones teóricas para comprender su naturaleza, cuentan también con mayores motivos para plantarle cara. A estas alturas de locura, se requiere algo más que la mera repulsa de la carnicería.

En el gremio de la filosofía práctica, al que me honra pertenecer, se han dado meritorios pasos al frente. Bien es verdad que todavía algunos, maniatados por la supuesta complejidad del caso, aguardan a decir su científica palabra cuando ya no haga falta. Otros nos recuerdan que al mundo le acucian atropellos de mucha mayor cuantía, como si la sensibilidad ante los problemas lejanos justificara el desinterés hacia los próximos. Y los hay que saben responder hasta de la última coma del último texto del epígono postrero de Rawls, pero que nadie les pregunte por el sentido del documento más reciente del PNV y sus devastadoras consecuencias. Recitan de corrido los excesos del "comunitarismo", pero no los perciben cuando los tienen ante sus ojos. En fin, que, contra la advertencia de nuestro padre fundador, el riesgo sería quedarnos en filósofos, pero no prácticos; o sea, que la noción de ciudadanía nos preocupase más que convertirnos en buenos ciudadanos.

¿Y qué decir, en general, de los encantados con su izquierdismo de escaparate? No habrá que esperar al juicio de la Historia para emitir el nuestro. Ya sólo el haber difundido (y seguir difundiendo: véase IU o PSC) la "correcta" creencia en una cierta afinidad entre la condición de progresista y la de nacionalista es el gran pecado de esa presunta izquierda. Debería avergonzarle la grosería de su error teórico: el nacionalismo es doctrina reaccionaria, política de derecha y, cuanto más extremo, más se desplaza hacia la extrema derecha. Pero no es menor la enormidad de su principal efecto práctico: porque una tarea de construcción nacional no sólo se emprende a expensas de la construcción democrática, sino que posterga hasta el día feliz de la independencia la construcción social que pregona. ¿O no ha sido precisamente el falso "problema vasco" el que en esa tierra ha absorbido, desviado, dilapidado durante un par de generaciones las energías que habrían sido invertidas en hacer una sociedad, no más identitaria, sino más justa?

Estos reniegan con razón de la vitola monárquica en una Constitución moderna, pero, puestos a adaptarse a la moda multicultural del día, se acogen a la fórmula medieval de los "derechos históricos". Y, por si fuera poco, los que aún viven de exhibir las medallas de su pasado antifranquista se inclinan a otorgar algún crédito a quienes supuestamente se batieron en el mismo bando. Como si aquella ETA de los orígenes hubiera luchado contra el Caudillo en pro de los derechos civiles de los españoles, y no más bien -igual que ahora- a favor tan sólo de los totalitarios derechos colectivos de su Pueblo.

Pero el Estado, ya se sabe, es por naturaleza perverso, "el monstruo más frío", y aquello que se le enfrente ha de contar con la calurosa adhesión de un progresista que se precie. Más todavía si su gobierno está en manos de la derecha... Sólo que uno puede ser adversario de la derecha en casi todo y por graves y numerosas razones, pero no hallar ninguna suficiente para distanciarse de ella a la hora de combatir el terrorismo. Para aquéllos, en cambio, si la política antiterrorista es la de un gobierno conservador, entonces ha de ser tan nefanda (o casi) como la barbarie terrorista. Es electoralista y partidaria, vocean. Naturalmente, tan partidaria y electoralista, por definición, como la de todo partido, mas lo único que importa es si aquí su interés particular concuerda o no con el general. Es que "criminaliza" al nacionalismo, añaden. Lo cierto es que criminaliza, por lo pronto, a los criminales; y, cuando hay conexión manifiesta entre el crimen, sus presupuestos teóricos y sus objetivos políticos, tendrá (tendremos) no ya el derecho sino el deber de cuestionar la ideología que se apoya en los unos y justifica los otros. Porque las ideas no delinquen, pero algunas animan a delinquir y, en este caso, a delinquir contra todos.

Claro es que siempre habrá a mano un mecanismo automático por el cual quien oficia de progresista ha resuelto sin más esfuerzo su posición política: siempre la opuesta de la que ocupe el conservador. Es el mismo automatismo que le inmuniza frente a toda crítica. Porque no hay forma más galana de blindarse al exterior que la de suponer que cualquier objeción, sin parar mientes en sus argumentos, sólo puede provenir del enemigo o hacerle el caldo gordo. Así es como muchos que hace tiempo dejaron de pensar acusan al resto de mantener un pensamiento único. Con la derecha ni al cielo, y basta que un asomo de verdad pueda estar del lado conservador para que nuestro sectario la rechace sin más como cosa insensata. Tremenda confesión de impotencia la de suponer que un solo acuerdo con el contrincante cancelaría la lista entera de nuestros desacuerdos con él o nos incapacitaría para proseguir su denuncia. A poco que se rasque, la razón resulta más simple: es la pereza interesada de quien se niega a revisar sus adhesiones para que no padezca su autoestima; el temor a entrever su probable error del pasado y quedarse de pronto desprovisto de una digna biografía y del tibio calor de "los suyos".

No es de extrañar entonces que, de cesión en cesión, se convoque a la rendición final. El a menudo perspicaz Haro Tecglen concluía hace unos días su columna con la propuesta de dialogar hasta con el propio criminal, sencillamente "para que no nos mate". ¿Y a cambio de qué? se impone preguntar. Los que allí residimos salvaremos la vida a cambio de nuestra muerte moral y civil; el resto de españoles, al precio de una secesión política carente del menor sustento en argumentos de justicia. Cuesta comprender que semejante exhortación a vivir de rodillas la pronuncie un "rojo" que sufrió bajo otra dictadura precisamente por no consentir arrodillarse.

El quid reside en desconocer todavía el rostro del enemigo, que es -mate o no mate- el nacionalismo étnico. Esto no es una tesis académica, a ver si se entiende, sino una experiencia trágica. Con el más empedernido liberal me tocará enfrentarme en múltiples cuestiones concernientes a nuestra organización colectiva, pero el supuesto intocable de tal conflicto (y de su eventual arreglo) es el recíproco reconocimiento de nuestros derechos como conciudadanos. Pues bien, ese puente que nos vincula, ese terreno que ambos pisamos, es lo que el etnonacionalista tiene que dinamitar y ha dinamitado. Al concebir su etnia imaginaria como la raya de demarcación entre los sujetos políticos (Pacto de Estella, Udalbiltza, censo de patriotas), al pretender marcarla en mitad de una sociedad cultural e ideológicamente diversa, instituye derechos políticos desiguales y niega la común ciudadanía. Frente a semejante diferencia étnica, todas las demás igualdades y diferencias civiles palidecen o se borran. Este es el carácter esencial de su doctrina y, por tanto, de su práctica; lo que la vuelve incomparable con cualesquiera otras que se quieran democráticas.

Mientras no renuncien de hecho a ese carácter, no hay diálogo posible. Pero no porque tengamos por irreformable la letra de la Constitución, sino tan sólo su espíritu; ni tampoco porque abominemos de las infundadas metas de los de aquí y de los medios cruentos de los de allá, sino antes todavía porque no podemos aceptar las premisas de ninguno de ellos. El diálogo es imposible porque ese nacionalismo niega su requisito previo: un espacio, un lenguaje, una moralidad común entre los interlocutores. Por eso sus portavoces no deberían fingir que se escandalizan de nuestra reclamación: si mantener su doctrina -no digo cultivarla en privado, sino plasmarla en lo público- es un derecho suyo, entonces los demás vascos nos quedamos sin derechos. Sencillamente no podríamos vivir juntos, porque son derechos excluyentes. De suerte que aquí no está en juego un punto más o menos enrevesado de nuestra política, sino el punto cero de toda política: decidir si nos damos garantías de seguridad y libertad para todos. No estamos ante un problema de derechas o izquierdas, sino ante el límite desde el cual es posible emprender una política conservadora o progresista. Ni siquiera es algo a merced de la mayoría (porque ninguna mayoría puede decretar que unos sean más ciudadanos que otros), sino anterior a ella y fuera de su arbitrio.

El sentido político más básico, y hasta el de mera supervivencia, han cuajado por fin en un pacto contra el terror entre los dos partidos mayores. Si aún guardaran capacidad de cordura o, en los casos más graves, de conversión, a él deberían sumarse otros cuantos grupos de izquierda e incluso nacionalistas. Pues, a corto plazo, en el País Vasco no cabe más salida que vencer en las urnas a los unos y desarmar por completo a los otros. Y a largo plazo, robustecer la conciencia civil de todos.          Aurelio Arteta es catedrático de Filosofía Política en la Universidad del País Vasco.

LA MACABRA RESPUESTA Y LA FORTALEZA DEL PACTO
Editorial El Mundo  15 Diciembre 2000

Tres semanas después del cobarde asesinato de Lluch, ETA volvió a matar ayer en Cataluña. Esta vez el perfil de la víctima ha sido radicalmente distinto. Si Ernest Lluch era una conocida personalidad del mundo político, Francisco Cano era un hombre sencillo, un fontanero que ejercía como concejal de Viladecavalls, pequeño pueblo del cinturón industrial. Ayer, cuando se dirigía a su trabajo, los terroristas le segaron la vida con una bomba colocada dentro de su furgoneta. Sólo el azar impidió que muriera también un policia local, que se había bajado del vehículo antes de que detonara la bomba.

Lluch y Cano eran dos personas muy diferentes, pero tenían algo en común. Los dos pertenecían a partidos políticos comprometidos con la defensa de los principios constitucionales. Y los dos carecían de escolta. Es indudable que el comando etarra instalado en Cataluña tiene una gran capacidad para llevar a cabo atentados, lo cual debe llevar a las Fuerzas de Seguridad del Estado a extremar el celo en esta comunidad, en la que ETA ha cometido tres asesinatos en cuatro meses.

Aunque es verdad que la banda terrorista mata donde puede y a quien puede, este cruel atentado, cometido dos días después del histórico pacto firmado por el PSOE y el PP, puede interpretarse como su macabra respuesta al acuerdo antiterrorista.

El pacto no sirve -desgraciadamente- para mitigar el dolor de una familia, pero hace que nos encontremos -afortunadamente- ante una situación completamente distinta a la vivida tras el asesinato de Lluch. Si entonces lamentamos la desunión producida por los intentos de un sector del PSOE para poner al Gobierno contra las cuerdas, ahora tenemos que felicitarnos de la unidad sin fisuras con la que los dos grandes partidos respondieron ayer al desafío etarra. Javier Arenas y Jesús Caldera comparecieron juntos en Barcelona para demostrar la fortaleza de su acuerdo. Los líderes del PP y el PSOE hicieron un llamamiento a CiU para que se sume al pacto. Sería, en efecto, muy conveniente que los nacionalistas catalanes lo firmaran para rearmar moralmente a una comunidad golpeada por el terrorismo con especial saña. Tiene razón Artur Mas cuando dice -crudamente- que ante el terrorismo los políticos deben actuar con generosidad «comiéndose todos los sapos que haga falta». Sólo que los primeros que deben aplicarse el cuento son los nacionalistas catalanes.

Porque lo cierto es que, como valientemente denunció Fernando Savater en su discurso al recibir el premio Sajarov en el Parlamento Europeo, ETA no es un fenómeno aislado y su perpetuación se debe a un clima político. El que abonan los nacionalistas vascos que siguen tendiendo la mano a EH o el errático Gaspar Llamazares que, más cerca de las tesis de Madrazo que de las de Anguita, empieza a poner en peligro la identidad de IU.

Frente a ETA, el pacto
Editorial ABC 15 Diciembre 2000

Resulta poco relevante que el asesinato de Francisco Cano, concejal popular de Viladecavalls, sea o no la respuesta de ETA al pacto entre el PP y el PSOE. Ya se ha dicho, y es cierto, que ETA mata cuando puede y donde puede, procurando la máxima alevosía, como corresponde a unos criminales esencialmente cobardes. No hacía falta que ETA asesinara para exhibir una repulsa sobreentendida a un acuerdo democrático, sólido y esperanzador. El dolor que causa su violencia brutal desborda cualquier explicación racional, aunque ETA sepa administrar sus golpes, para colocarlos donde mayor sea su rentabilidad. No es extraño que Cataluña reciba ahora la descarga terrorista, tras haberse convertido en el escenario alternativo de discusiones e imágenes improbables en el País Vasco y sobre el País Vasco, aunque muchas de ellas con significados equívocos en torno al concepto y al contenido del diálogo político. Pero éste, finalmente, se ha producido con el resultado de un acuerdo que expresa exactamente aquello que era exigible a socialistas y populares: la defensa de la Constitución y del Estatuto, convertidos en objetivos de ETA. El brutal asesinato de ayer no es criterio para interpretar a ETA, porque el significado de la muerte de Francisco Cano no es otro que la miserable existencia de los terroristas. Pero ese asesinato debería provocar una reflexión ética en todos aquellos —cada vez menos, afortunadamente— que sólo se sienten cómodos hablando de ETA y del nacionalismo si se esconde la Constitución y el Estatuto y se silencia cualquier referencia a la responsabilidad política del nacionalismo vasco. El discurso vacío de políticos como Llamazares, dispuesto a hacerse efímero protagonista a costa de la Constitución y de la unidad democrática, se convierte en el principal aliado de quienes, como Arzalluz, están dispuestos a vender a ETA la paz por el precio de la autodeterminación; es decir, a seguir nutriendo la violencia de ETA con argumentos políticos.

El hecho de que este atentado se haya producido en Cataluña es también motivo de reflexión para CiU, en torno a si realmente su sentido de la responsabilidad política es coherente con una insostenible solidaridad nacionalista, convertida en óbice para participar en el mejor proyecto social y político impulsado en España en los últimos tiempos. El nacionalismo catalán no perderá un ápice de su identidad política —todo lo contrario— dando cuerpo al abismo que media entre su concepto de la vida política y la doctrina incalificable de sujetos como Arzalluz, empeñado en que todos compartamos su claudicación y la de su partido ante ETA. Por esto, no por otra cosa, Arzalluz y compañía se rebelan contra un pacto que no claudica. Por esto, el pacto es un acierto.

Cinco negritos
Luis María ANSON de la Real Academia Española  La Razón  15 Diciembre 2000

«Eta prepara una decena de asesinatos entre concejales del Partido Popular en toda España. Como en los Diez negritos de Agatha Christie, la banda quiere hacer caer, una a una, a sus víctimas hasta poner al Gobierno de rodillas» (De Canela fina, titulada Diez negritos, 16-VI-2000).

    «Será cruel, muy cruel para el presidente presenciar la sangre derramada y asistir a los entierros de sus compañeros de ideas. El pájaro negro de la muerte aletea ya sobre los concejales elegidos por el pueblo y que trabajan a favor de sus ciudadanos. Los terroristas saben donde pueden hacer más daño». (Canela fina titulada Ocho negritos, 17-VII- 2000).

    «¿Quién será y en qué ciudad de España el próximo concejal que caerá acribillado bajo las balas de Eta, tal vez despedazado por una bomba lapa?» (Canela fina titulada Siete negritos, 30-VIII-2000).

    «Ayer se desgranó la cuarta cuenta del rosario de concejales que los terroristas ha decidido asesinar para que Aznar se postre de hinojos. Ya lo dijo el ayatolá en su día: ¿Cuántos muertos necesita Aznar para modificar su política? El cinismo de esta frase atroz estremece. ¿Cuántos, cuántos muertos necesita Arzallus para que se le caiga la cara de vergûenza, se envaine el miedo, contenga la sangre en los zancajos y rompa el pacto de Estella que le ha hecho cómplice de los asesinos?» (Canela fina titulada Seis negritos, 22-IX-2000).

    Eta recorrió ayer la mitad de su camino de sangre en esta nueva tacada de concejales asesinados después de la tregua. Estremece pensar que no pasará mucho tiempo sin que esta Canela fina se titule Cuatro negritos.

Memoria de los cómplices de Eta
Editorial La Razón 15 Diciembre 2000

Eta asesinó ayer a su vigésimo tercera víctima de este año, un modesto concejal del PP, fontanero de profesión, de Viladecavall, junto a Tarrasa. Un trabajador con una dedicación política sólo relevante para sus vecinos, y que sufrió inerme la cobarde bomba lapa bajo su vehículo. Un asesinato, por tanto, cuyo único significado es mantener el grado de amedrentamiento colectivo que pretende el terrorismo para desmoralizar a la sociedad, en el intento vano de que ésta presione al Estado para que se doblegue ante las pretensiones secesionistas.

    Parece poco útil repetir a los terroristas que su barbarie carece de sentido, porque ni siquiera les reporta la utilidad de acercarse a sus objetivos. Hace tiempo que Eta actúa sólo por instinto asesino, sin calcular las consecuencias de cada acto concreto, sino sólo los multiplica indiscriminadamente para demostrar que tiene poder para medirse al Estado y convertirse así en interlocutor aventajado. Pero, pese al terrible dolor que cada asesinato causa, Eta no avanza ni un milímetro en sus pretensiones, porque es despreciada en toda España y, por fortuna, empieza a ser ya conocida en el resto de Europa y del mundo. El problema de fondo, pues, no reside sólo en Eta, que es una amenaza mafiosa, pero no la única de nuestra sociedad. La clave es que alrededor de esta banda circulan sectores políticos que, aunque condenen formalmente la violencia, dan a su actividad justificaciones que legitiman indirectamente su existencia y utilizan la presión terrorista para sus objetivos independentistas.

    Si, tras la Transición democrática, Eta se hubiera quedado radicalmente sola y hubiera sido perseguida con tenacidad por todas las autoridades del Estado (incluidas las autonómicas) y hubiera sido despreciada y desarmada ideológicamente por los nacionalistas que se jactaban de democráticos, Eta hubiera sufrido un proceso de marginación similar al del Grapo. No sucedió así, porque sectores fundamentales del nacionalismo vasco utilizaron la presión armada de Eta para hacerse imprescindibles, bajo la promesa de que si recibían concesiones autonómicas contendrían el terrorismo. Desgraciadamente, la espiral reivindicativa se ha demostrado que no tiene fin (en unos y otros) y ha debido llegarse a la conclusión de que, además de actuar con toda energía policial a Eta, hay que aislar también a quienes se han aprovechado de ella en tanto que no tengan la gallardía de enfrentarse al terrorismo, olvidar la estrategia independentista que lo alimenta y actuar en el terreno de la Democracia constitucional.

    El hecho de que el último asesinato de Eta se haya producido tras el Pacto entre PP y PSOE es irrelevante. Hubiera matado sin él. Pero lo que no es despreciable es que el Pacto pone en evidencia a quienes no están dispuestos a plantar cara a Eta, pero simultáneamente reclaman diálogo con ellos para que el Estado ceda en determinadas concesiones soberanistas, con la excusa siempre fallida de que así se parará el terrorismo. Eso lo sabe hasta Eta (lo ha dicho en sus comunicados) y por eso no cejará por mucho que se le dé al PNV. Eta quiere la independencia y, además, mandar tras ella. El PNV debería saberlo y ponerse contra Eta, que también es su enemiga, Si no lo hace, es porque cree que Eta le interesa. Como dijo ayer Aznar, que se «guarde en la memoria» esta actitud.
 

Los cómplices
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 15 Diciembre 2000

Espero que en el entierro de Francisco Cano no aparezca hoy ninguna locutora polanquista improvisando al dictado el discurso-melopea de Maragall, y echándole a Aznar la culpa del crimen por no dialogar, es decir, por no someterse al dictado etarra. También espero que sobre los restos del concejal asesinado no se esparza la basura intelectual del último cortejo: que lo que hubiera querido el muerto era dialogar con su asesino. Espero, en fin, que la cobardía despectiva de los nacionalistas, su radical indiferencia a lo que pase en España y a los españoles no les lleve a verter una lagrimita hipócrita en el entierro y a deslizar inmediatamente después una canalladita más a modo de pésame. Lo que, por desgracia, no puedo esperar con fundamento es que Pujol explique por qué su partido, CDC, que rige el Ayuntamiento donde cumplía su humilde y noble menester de representante ciudadano el edil del PP, no ha firmado el pacto del PP y el PSOE por la libertad y contra el terrorismo. Ni siquiera puedo esperar que lo haga Duran Lleida, cuyo partido, UDC, tampoco ha querido unirse a los dos grandes partidos nacionales en ese frente político y moral en defensa de la Constitución y el Estatuto de Autonomía, que vale para Cataluña tanto como para el País Vasco o Galicia. Por no tener, ni siquiera tengo la esperanza de que Camilo Nogueira, ayer izquierda ilustrada de Galicia, hoy ilustración caricaturesca del BNG, y como tal simple comparsa del PNV y ETA, se arrepienta de haberse salido del Parlamento Europeo anteayer, cuando Fernando Savater recibía en nombre de ¡Basta ya! el reconocimiento internacional a la resistencia cívica contra el terror en este atribulado rincón del viejo continente. No creo, porque el envilecimiento ideológico nacionalista suele ser un camino de ida sin vuelta, sobre todo cuando se recorre a cierta edad y con buen sueldo.

Pero no me extrañaría que los cómplices de ETA en el Pacto de Estella, Izquierda Unida, PNV y EA, salieran por el registro hipócrita de que si hay muertos es porque no se les hace caso a ellos, los incomprendidos, los sacrificados, los siempre mal interpretados, que ante la incredulidad general se han puesto heroicamente del lado de los asesinos y no de las víctimas, naturalmente con la única pretensión de que no haya más víctimas, siempre que lo consideren oportuno los asesinos. No, no me extrañaría nada que Llamazares y/o Madrazo, que firmaron sin mirar el Pacto de Estella redactado por ETA y el PNV, salgan hoy diciendo que están dispuestos a discutir con PP y PSOE la revisión de algunos puntos del acuerdo antiterrorista para poderlo firmar, que es lo que a ellos les gustaría. Así podrían estar a la vez con ETA y frente a ETA, en Estella y fuera de Estella, con España y contra España; en resumen: con la nuca y con la pistola.

Pero, claro, si no hay más remedio y echándole valor... ellos están con la pistola.

El electricista del Vallés
Por Valentí PUIG ABC 15 Diciembre 2000

Esa intromisión del terror en la vida cotidiana es algo que provoca una hendidura moral insoportable, algo que se nutre sangrientamente de trivialidad doméstica, rutina y noble humildad de vivir todos los días, sea uno profesor o electricista. De repente, el monstruoso cortocircuito del terror deja su bomba en la camioneta del lampista y todo salta por los aires, en una ronda del Vallés, ese territorio paradójico de innovación tecnológica, nueva riqueza, inmigración próspera y adosados con parabólica. Toda una humanidad se ve fracturada en ese momento, vulnerada mortalmente en lo nimio de cada gesto familiar, de cada frase hecha que día a día utilizamos para convivir con nuestros vecinos.

Algunos vecinos habían votado a Francisco Cano para que representase sus aspiraciones e intereses, la queja por los ruidos nocturnos, el columpio del parque, la farola de la esquina, la biblioteca de la escuela. Confiaban en él porque se fiaban de las pautas del convivir que los terroristas de ETA pretenden abolir en cada uno de sus crímenes. Ahí uno se juega la vida y la confianza, yendo a casa de un cliente en la camioneta, tal vez escuchando la radio, quizás perdido en una ilusión o en algún drama de la vida cotidiana.

Esa prosa diaria de la buena gente se escribe así, con caligrafía de Francisco Cano, al volante de su camioneta. En el ser humano de todos los días estamos todos, convocados de forma anónima, llevados de la mano por lo doméstico, sin adjetivos. Con todo eso querría acabar ETA pero siempre hay un Francisco Cano al volante de una camioneta, camino del trabajo, apurando el aire de la mañana. Después de muertes así sobra la retórica de un antes y un después, bautizarlo como el «espíritu» de esto o aquello. Queda una caja de herramientas sin dueño, con los alicates y el amperímetro, todo municipal y cotidiano, digno como la vida es digna de ser vivida.


Nacional-socialismo y terror
José María CARRASCAL La Razón 15 Diciembre 2000

Un nuevo libro sobre el Tercer Reich, que no es simplemente otro libro sobre Hitler, Más que la personalidad claramente psicópata de aquel artista frustrado, que de cabo del ejército llegó a dominar media Europa, a Michael Burleigh, su autor, le interesan las causas de tan fulminante ascensión, las razones de que en pleno siglo XX Europa pudiera vivir la pesadilla que significó el nazismo. De ahí que el verdadero protagonista de su libro no sea Hitler, sino el pueblo alemán. O más exactamente, «el casi total colapso moral de una sociedad desarrollada, que abdicó de sus facultades individuales críticas en favor de una política basada en la fe, esperanzas, odios, sentimentalismo colectivo y autocomplacencia con su propia raza y nación». E

s una pregunta que muchos se han hecho antes -¿cómo es posible que el pueblo de Beethoven, Goethe y Kant produjera los campos de exterminio?-, sin que nadie hasta ahora la haya explicado del todo. Burleigh no se detiene en análisis tan superficiales como el resentimiento del pueblo alemán tras haber perdido la Primera Guerra Mundial, las durísimas estipulaciones del Tratado de Versalles o la crisis económica del 29. Todo ello sin duda influyó, pero se había dado en otras ocasiones, sin que produjera tan funestos resultados. 

Para él, lo que cambió la situación y paralizó al pueblo alemán fue el terror empleado por el nazismo al ocupar el poder. Sólo en los primeros nueve meses de mandato de Hitler, cien mil personas fueron enviados a los campos de concentración. «En 1936, leemos, un brutal Estado policiaco había penetrado virtualmente en todas las esferas de la vida alemana». Desde ese momento, Hitler podía hacer lo que quisiera, desde esterilizar a sus ciudadanos a matar a millones de ellos, pasando por agredir a los vecinos. Nadie se atrevía a levantar la voz dentro de casa. Y el que se atrevía, era acallado inmediatamente. Este «brutal Estado policiaco» sólo resiste el paralelismo del implantado por Stalin en la Unión Soviética. Y ahí, Burleigh establece una diferencia entre estos dos regímenes y los de Mussolini en Italia y Franco en España, dictaduras también, pero sin el mesianismo destructivo de aquéllos. Para Burleigh, el nazismo era una «religión política» que prometía a sus seguidores no sólo prosperidad, sino también grandeza, superioridad sobre los demás, felicidad incluso. Una auténtica utopía que les condujo a las mayores aberraciones.


    ¿No les suena a ustedes conocido? En España hay hoy quien asesina, secuestra, siembra el terror en nombre del nacionalismo. Su última víctima ha sido Francisco Cano, cuyo único pecado era representar a sus vecinos en el ayuntamiento. Curiosamente, nazismo viene de «Nationalsozialismus». No voy a decir con ello que todos los nacionalismos sean nazismo. Los hay perfectamente demócráticos. Pero los hay también que por su componente racista, violenta, antidemocrática y mesiánica encajan perfectamente en él. En Viladecavalls acabamos de tener una muestra del mismo.

El cíclope
RAUL DEL POZO El Mundo  15 Diciembre 2000

Cuenta Lawrence Durrell que las grandes familias enviaban a sus hijos al colegio Anargyros y a otros de elite para hacerles hombres de Estado, pero el resultado era siempre el mismo, en vez de hombres de Estado se convertían en políticos. Así se fue hundiendo el imperio británico. Los políticos son animales diferentes a los estadistas, casi lo contrario. No hay más que mirar a nuestro alrededor y observarlos desde el gallinero del Congreso; apenas se ven diputados de llave, claque, burócratas de vuelos bajos, funcionarios de partido. No pedimos Disraelis, pero sí que no insistan en las demencias. Los políticos de izquierda en los años de la Transición actuaron con inteligencia e hicieron posible la democracia; desde la Transición conservan esa quimera de que los nacionalistas son políticos, e incluso se les ha llegado a llamar estadistas, imprescindibles para gobernar España. Esa teoría era una contradicción en los términos y una necedad.     

Hay un izquierda sabiniana, herreromiñona que no ve que los nacionalistas ya viven su declive, aunque aún proyecten sus desvaríos; insisten en que el Estado siga tomando el narcótico. Zapatero ha dado un paso adelante, desgajándose del aparato y del federalismo asimétrico, ese espejismo de Maragall. Pero IU, queda encallada, sin comprender que la izquierda no tiene nada que ver con esa propuesta posforalista, en la que la tradición, la añoranza, el soporte teocrático, la pureza de la raza, el antimaketismo y el antisocialismo inspiran su credo. Hemos tardado más de veinte en comprender que aquello era una hechicería, una argucia de los nuevos exaltados. Hoy, excepto algunos ultramontanos y rencorosos, todo el mundo piensa que el PNV no es la solución sino el origen y el final del problema. Como dijo en Estrasburgo Fernando Savater, buscan un pasado histórico y prehistórico de agravios que justifique su ruptura con la Constitución. La perpetuación de ETA se debe a un clima político social del cual son en parte responsables las autoridades nacionalistas que gobiernan el país desde hace más de veinte años. «Jóvenes educados en el fanatismo étnico, a los que se les ha imbuido una historia distorsionada y una antropología demente». Así ha nacido esta farsa sangrienta, esta xenofobia disfrazada. La necesidad de mitología ha triunfado sobre el sentido del ridículo, el fanatismo, la lepra lírica, los chirimías y los golpes de hacha, son el esqueleto de una pirámide del que salen las bombas. ETA puso ayer una bomba lapa a un fontanero de Tarrasa. El que puso esa trampa letal es tan sólo el brazo que mañana será sustituido por otro brazo. La clave no está en esa sombra que posea cien brazos y cincuenta cabezas con bocas que arrojan llamas, sino en el magma que hace posible la crianza de ese cíclope.

En la Universidad bajo la tiranía
Por Manuel Jiménez de Parga Catedrático de Derecho Constitucional ABC 15 Diciembre 2000

HA empezado el éxodo de profesores de las Universidades del País Vasco. No es sólo que teman por sus vidas, un sentimiento plenamente justificado en una sociedad entristecida por el terrorismo, sino que, bajo la tiranía, no es posible ser «universitario», vale decir una persona que busca la verdad y se comporta con fidelidad a los principios que profesa.

No se puede ser catedrático de la libertad y la democracia durante unas horas del día, y luego someterse sin rechistar a quienes mandan despóticamente. La huida, el éxodo, es una salida de tal situación conflictiva. Quedarse heroicamente es la actitud sobrehumana, casi religiosa. ¡Dichoso el pueblo que no necesita de héroes para mantenerse en pie!, exclamó, con palabras parecidas, uno de los mejores dramaturgos contemporáneos.

Bajo la tiranía, determinados oficios apenas resultan afectados. Son notables los químicos y los biólogos, por ejemplo, que llevaron a cabo su trabajo de buena manera en una dictadura. Más difícil es realizar una tarea valiosa en el campo de lo que algunos denominan «ciencias del espíritu», en contraste con otros saberes agrupados en las «ciencias de la naturaleza». Y lo difícil se hace imposible cuando lo que en la Universidad se enseña es la disciplina académica que tiene por objeto los derechos humanos, los controles de los gobernantes, la participación de los ciudadanos; todo ello a la luz de valores superiores tales como la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, el pluralismo político.

Recuerdo ahora un artículo que publiqué en la primavera de 1974, con motivo de las pretensiones de Marcelo Caetano de volver a dar clases de Derecho público, a la sazón en una Universidad brasileña, después de haber ejercido la jefatura de Gobierno dictatorial en Portugal. Advertía yo en aquel comentario de 1974: «Marcelo Caetano ha escrito algunos libros de ciencia política y de Derecho administrativo bastante aceptables. Como gobernante, empero, no tuvo en cuenta partes esenciales de su teoría. El político Caetano hizo lo contrario de lo que científicamente había sostenido que debía hacerse el profesor Caetano».

Con esta forma de proceder, que entonces no era excepcional en España, sino la moneda corriente que distribuían los tibios desde sus poltronas, Caetano se había incorporado al gremio de los imposibles catedráticos de Derecho. Cualquier Universidad, en cualquier lugar del mundo, le contrataría como enseñante. Pero los alumnos no le creerían. La autoridad moral es imprescindible en la cátedra.

En las Universidades del País Vasco mantienen sus cátedras de Derecho Público algunos héroes, «más que hombres, casi dioses», asumiendo cotidianamente los riesgos que supone proclamar allí la bondad de la convivencia sin discriminaciones, en libertad. Caminan por la senda trazada por grandes maestros del Derecho, víctimas también de persecuciones de diversas índole, agobiantes, humanamente insoportables.

Para mis jóvenes colegas debe ser un estímulo, un ejemplo a imitar y seguir, el comportamiento de Hans Kelsen (1881-1973), considerado «el jurista del siglo XX», quizás el más grande entre todos. Nacido en Praga, formado profesionalmente en Viena, su vida fue un doloroso vía crucis con estaciones en Viena, Colonia, Ginebra y Praga, hasta que encontró refugio en Estados Unidos de América. Era considerado un maestro excepcional, pero su ascendencia judía fue el pretexto para que le denunciaran ciertos émulos académicos, como Carl Schmitt, al tiempo que esbirros nazis se mezclaban entre los alumnos para abuchearle y amenazarle.

Una biografía de Rudolf Aldár Métall relata minuciosamente lo sucedido. El 7 de diciembre de 1929 empieza el calvario para Hans Kelsen. Ese día el Parlamento austríaco reorganiza el Tribunal Constitucional, o sea lo elimina. Los políticos no resisten los pronunciamientos de Kelsen, fruto de su independencia. Las tendencias fascistas empiezan a ser predominantes en Austria. El ambiente en la prensa se hace irrespirable, con frecuentes ataques al profesor de origen judío. Kelsen, maltratado, vilipendiado, se ve obligado a aceptar una invitación de la Universidad alemana de Colonia. El 2 de noviembre de 1930 se incorpora a ese otro claustro de profesores.

Pero la subida al poder de Hitler, en enero de 1933, termina con la estancia, relativamente tranquila, de Kelsen en Alemania. La Facultad de Ciencias Jurídicas de Colonia le apoya mayoritariamente frente a las denuncias de los nazis, pero Carl Schmitt le opuso el veto, lo expulsó decisivamente. Fue, primero, un acto de ingratitud, ya que Kelsen le había recomendado con eficacia para suceder a Fritz Stier-Somlo en la Cátedra de Derecho Político, y fue, sobre todo, una villanía, impropia de alguien que se presentaba como compañero de Kelsen en sus inquietudes y preocupaciones jurídico-políticas.

El primer día de diciembre de 1933 se recuerda como «el día de los judíos». Se desencadena la persecución pública contra ellos. Kelsen se salva de milagro. Schmitt predica un «saludable exorcismo», gracias al cual debe hablarse en el futuro de la «Escuela Vienesa del judío Kelsen». Nuestro héroe se había refugiado en Ginebra (18 septiembre 1933), donde permaneció hasta que en 1936 le contrató la Universidad alemana de Praga. Aquí el vía crucis se detuvo en una de las estaciones más penosas. Los estudiantes nazis impedían que se le escuchase en clase. Era amenazado a la entrada y a la salida del aula: «¡Dejádlo solo con los judíos y comunistas!». Kelsen resistió lo que pudo, pero sus amigos le recomendaron que se marchase al otro mundo, quiero decir a América, cosa que realizó en 1940, en el momento en que Europa se destrozaba con la terrible Guerra.

Tuve la oportunidad de visitar a este venerable jurista en la Universidad de Berkeley (California), el verano de 1964. Quizás por ser yo español y saber él de la importancia de Carl Schmitt entre nosotros, o porque acaso era una obsesión en su mente, una parte considerable de la inolvidable conversación la dedicó a explicarme con detalles la expulsión de que fue víctima en Colonia, con la traición de un Schmitt bellaco.

Pero la guerra había terminado con Hitler y sus consejeros; en el horizonte se vislumbraba una mejor convivencia entre los seres humanos y las naciones. Kelsen se mostró optimista. En aquella bella orilla del Pacífico cumpliría los noventa años de edad.

Se marchó al auténtico «otro mundo» el 11 de abril de 1973. Ahí queda un modelo de vida. Una conducta a imitar por los universitarios que padecen regímenes de opresión. Me afligen, me causan tristeza, los éxodos de los universitarios del País Vasco. Las voces y los gestos de quienes se consagran a la investigación y a la enseñanza son las señales en rojo, señales de peligro que se encienden antes que otras para denunciar una tiranía.

Sobre pactos y exclusiones
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 15 Diciembre 2000

Desde el nacionalismo vasco que antes se llamó moderado y desde algunas otras esquinas del panorama político español -incluidas la catalana CiU y la cada vez más estrafalaria IU- se ha criticado el pacto PP-PSOE, acertadamente denominado «acuerdo por las libertades y contra el terrorismo», por considerarlo «excluyente».

Casi simultáneamente el siempre oportuno y ocurrente Arzallus declaraba a un periódico colombiano que si (o cuando, según sus deseos) en el País Vasco se celebrase un referéndum de autodeterminación sólo deberían votar los ciudadanos con arraigo en aquella tierra. «Yo considero -afirmaba el gran sacerdote del nacionalismo- que un recién llegado, aunque lleve tres años aquí y tenga jurídicamente la ciudadanía vasca, no estaría capacitado para tomar una decisión de este tipo». Muy fresca estaba todavía la tinta que relataba aquella otra machada del oráculo nacionalista en la que afirmaba que los «españoles» serían tratados en un hipotético País Vasco independiente «como los alemanes en Mallorca». Cualquiera que haya seguido la trayectoria de éste y otros dirigentes nacionalistas sabe que afirmaciones de este tipo -émulas del odio a todo lo español que les enseñó aquel pobre memo sin ideas que fue Sabino Arana- no son excepcionales, sino que forman el fondo nutricio de la ideología nacionalista, lo que hace ocioso cualquier debate sobre quién excluye a quién en aquel desgraciado trozo de la común tierra española. Desde que aquel ideólogo de caserío inventó el nacionalismo «moderno», la exclusión de los «maquetos» ha sido su santo y seña, disimulado o no, según lo aconsejasen las circunstancias.

    Cualquiera sabe, además, que la política de exclusión no se limita a unas frases como las citadas sino que es el objetivo número uno del nacionalismo en todas sus variantes, que se traduce todos los días en hechos concretos. En eso sí que hay, mucho antes de Estella, un acuerdo consolidado entre Eta y el PNV. Eta ha practicado la exclusión por el bárbaro método de la eliminación física, como hizo ayer mismo asesinando a un modesto concejal popular, Francisco Cano. O provocando un miedo insuperable que está llevando a tantos a marcharse del País Vasco, como único medio de salvar la vida y la libertad. Aunque, mintiendo una vez más (el nacionalismo es mentiroso por naturaleza), Arzallus haya asegurado hace poco a una publicación extranjera que «de aquí no se marcha nadie». El ideal nacionalista, que Eta practica en su modalidad más salvaje, no es otro que la «limpieza étnica» a la yugoslava, con su secuela de miles de refugiados que pudieron escapar y cientos de fosas comunes llenas de los cadáveres de los que no lo lograron. Sólo su impotencia ha impedido que esa macabra pesadilla sea una realidad en el País Vasco. Pero lo sería en la hipótesis de una imposible independencia, aún cuando gobernaran allí los kerenskis del PNV, que acabarían también huidos o en la fosa común.

    Por su parte, el PNV -al más depurado estilo del PRI- ha practicado también, desde que gobierna en aquella Comunidad Autónoma, una sistemática política de exclusión que se ha reflejado en todos los órdenes de la vida social y política a los que ha podido llegar su larga mano. Desde la televisión autonómica -donde se censura al Rey de España, se critica al Príncipe de Asturias y «no existe» quien no sea nacionalista- y las instituciones autonómicas, convertidas en instituciones de partido al modo soviético, hasta la misma sociedad civil en la que la supervivencia profesional de quienes no comparten el credo nacionalista se convierte a diario en una empresa heroica. Al final y sin sangre el PNV consigue el mismo resultado que Eta con sus bombas y sus tiros en la nuca: la emigración forzosa de quienes se sienten incapaces de vivir en un ambiente tan emponzoñado.

    A la vista de todo esto, falla también por la base otro de los argumentos que esgrimen los críticos el pacto, por ejemplo CiU: el que le acusa de hacer difícil o imposible la unidad de los demócratas. Porque, ¿se puede considerar, con rigor, demócrata a un partido que como el PNV practica desde que ocupa el poder esta política sistemática de exclusión, que erosiona por su propio base el pluralismo natural que existe en la sociedad vasca? ¿Es demócrata un partido que, como el PNV, justifica la existencia de Eta mientras no se pague el precio político que exige? Que eso es lo que acaba de decir Arzallus cuando ha afirmado: «Yo nunca le pediría a Eta que se disuelva mientras haya un preso en la cárcel». Aunque lo suavizaba diciendo que si le pediría que «ofrezca una tregua definitiva». Se entiende que sin disolverse y para negociar.

    Y aquí aparece otro de los señuelos que más insistentemente se manejan en estos últimos tiempos: el diálogo, sobre el que se ha dicho tanto que ya no vale la pena insistir porque es un debate falso y trucado. Sólo quiero aportar un autorizado testimonio sobre el diálogo como supuesto remedio para acabar con la violencia. Hace menos de cuarenta y ocho horas tuve oportunidad de escuchar a un joven político colombiano, Álvaro Uribe, próximo candidato a la presidencia de aquella República, que señalaba cómo allí «ha habido diálogo pero no ha habido avance hacia la paz, sino que ha crecido la violencia». La conclusión es que «los intentos de hacer la paz en medio de la guerra son siempre un fracaso». Nada tiene que ver, por supuesto, el caso de Colombia con el del País Vasco. Aunque algunos consideran a Colombia como «el hombre enfermo» de Iberoamérica y el País Vasco es, desde luego, la región enferma de España, enferma, añadamos, de nacionalismo. Pero los principios valen en todas partes. Es patente la inanidad de un diálogo, al gusto y con las condiciones de los que practican la exclusión como meta última de su política.

Europa contra Eta
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  15 Diciembre 2000

La escena fue para disfrutarla. Tres centenares de miembros del Parlamento Europeo puestos en pie aplaudiendo entusiásticamente a Fernando Savater después de su discurso de agradecimiento tras recibir en nombre de ¡Basta ya! el Premio Sajarov. Culminaba así el pasado miércoles una prolongada, paciente y ardua tarea de los diputados socialistas y populares en la Eurocámara para disipar dudas, deshacer equívocos, contrarrestar intoxicaciones y suministrar información fehaciente. Por sorprendente que pueda parecer, todavía hace unos pocos años los asesinos a sueldo de Eta eran percibidos por algunos miembros de las instituciones comunitarias como románticos luchadores por la libertad no faltos de una parte de razón. Era tan necesario como urgente mostrar la auténtica faz del nacionalismo étnico vasco ante instancias supranacionales cuya colaboración resulta indispensable.

    Este cambio en la opinión de las elites de la Unión ha sido decisivo e irreversible. Los españoles de bien nunca podrán agradecer lo suficiente a la actual presidenta del Parlamento, Nicole Fontaine, su valiente y generoso compromiso con la causa de la democracia y de los derechos fundamentales en nuestro país. Sus firmes condenas tras cada atentado de la banda, su participación personal en el homenaje rendido por las Cortes Generales a las víctimas del terrorismo, su repulsa pública al único portavoz del crimen organizado que tenemos que soportar en Bruselas y su antológica intervención en la ceremonia de la entrega del Premio Sajarov a ¡Basta ya! son hitos que han quedado indeleblemente grabados en la conciencia de la inmensa mayoría de nuestros compatriotas.

    Eta y sus socios ya no engañan a casi nadie fuera de nuestras fronteras. Hoy todo el mundo sabe que su proyecto de sangre y destrucción no merece otro trato que el rechazo social y la actuación rigurosa de jueces y fuerzas de seguridad. Los únicos aliados que les quedan a los matarifes del hacha y la serpiente se ausentaron del salón de plenos de Estrasburgo para no ser testigos del respaldo prácticamente unánime de los representantes de la ciudadanía europea a los héroes de ¡Basta ya! Hay que tener el estómago de acero para compartir iniciativas colectivas con los verdugos de tantos inocentes y negarse ostensiblemente a participar en un reconocimiento más que merecido a los que cotidianamente combaten abnegadamente por el derecho a la vida y por los valores que definen a una sociedad abierta.

    El cerco luminoso de la verdad se cierra sobre los verdugos del pueblo vasco, que cada vez tienen menos espacio en el que revolverse. En Europa no les queda ni un rincón en el que puedan cultivar impunemente su irracionalidad y su odio. La concesión del Premio Sajarov a ¡Basta ya! simboliza a la perfección la incompatibilidad entre el espíritu conductor de una Unión Europea basada en la reconciliación, la voluntad de integración y el respeto a la pluralidad, y la maldad feroz de una locura inhumana.

La foto
Por Alfonso USSÍA ABC  15 Diciembre 2000

Hay que reconocer que el nuevo secretario general de Izquierda Unida, el doctor Llamazares, tiene una gran influencia en el Parlamento. Para hacer frente al pacto antiterrorista firmado por el PP y el PSOE, el hábil doctor Llamazares organizó una sesión fotográfica en un salón del Congreso con las fuerzas políticas contrarias al acuerdo.

A la sesión, por pudor y vergüenza ajena, no asistió el representante de Convergencia y Unión, pero sí el del PNV, la Chunta Aragonesa, el BNG, EA, IC y ERC. Lo curioso del caso es que hasta Iñaki Anasagasti, a la vista del personal que le prestaba su apoyo, a punto estuvo de salir a toda pastilla carrera de San Jerónimo abajo y refugiarse en el Thyssen-Bornesmiza para admirar el perfil de Giovanna Tornabuoni, la prodigiosa dama naranja de Doménico Ghirlandaio.

Los mismos periodistas no sabían si aquellos señores eran parlamentarios o visitantes del Congreso. Destacaba Labordeta, el cantautor de la Chunta Aragonesa, que mostraba ansiedad de prisa, seguramente acuciado por el horario de una grabación de su programa en «La 2» de Televisión Española, en el que brilla más que en el Congreso de los Diputados. Junto a Labordeta se sentaba el representante del BNG, que es de esas personas que te las presentan mil veces y nunca te acuerdas de su cara. No se sabe bien si estaba allí por solidaridad con el doctor Llamazares o para pedirle un autógrafo a Labordeta. «Es que mi mujer y mis hijas son unas “fans” de usted. Escríbales algo cariñoso, por favor».

Culminada la sesión fotográfica, el doctor Llamazares, sólo ante el peligro, ofreció sus argumentos. Como dirigente de una coalición firmante del Pacto de Estella, no pudo decir grandes cosas, como era su legítimo deseo. Por no decir, ni comentó que su cónsul en las Vascongadas, el compañero Javier Madrazo, se había opuesto a un homenaje a las víctimas del terrorismo en el Parlamento vasco.

Con simultaneidad al importante acto convocado por el galeno del PCE, el Muy Honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol, anulaba la entrevista acordada para este fin de semana con Javier Arzallus. «Que le digan que no puedo, que voy a estar bastante reunido». De Pujol se pueden decir muchas cosas, pero jamás que es tonto.

El acuerdo entre el PP y el PSOE queda abierto a otros partidos. Ya han anunciado que lo apoyarán UA y el Partido Andalucista. Los nacionalistas catalanes de CiU están a un paso. Un pacto contra el terrorismo lo tienen que firmar todas las formaciones políticas decentes y democráticas, aunque al final se quede sola la agonizante coalición dominada por los comunistas, que gracias a los sucesivos dirigentes que ha elegido en sus aburridísimos congresos, lleva camino de convertirse en una barraca marginal de feria. A pesar del poco tiempo que lleva el doctor Llamazares al mando de su guateque no es aventurado vaticinar que va a hacer más el ridículo que Anguita y Frutos, lo que tiene su mérito.

No salió bien la foto. Y tampoco acordaron nada, porque al final reconocieron que cada grupo parlamentario actuaría de manera independiente. El resumen de la birria es que nadie sabe por qué se convocó. Entretanto, los populares y socialistas asomaban de cuando en cuando la cabeza, y se tapaban la boca para contener la risa. Algunos, incluso, hubieron de precipitarse hacia los cercanos lavabos para no humedecer, con sus parlamentarios pises, las mullidas alfombras de la Real Fábrica de Tapices que cubren el salón presidido por el magnífico reloj de Billeter.

El único que marchó feliz y satisfecho fue Labordeta. Al fin y al cabo, no se firma un autógrafo todos los días. Y si me apuran, también Llamazares, que demostró su avasalladora capacidad de convocatoria. Y un apunte final ajeno a esta columna. Se ha confirmado que sir Alexander Fleming no tuvo nada que ver con Sara Montiel.


Savater
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  15 Diciembre 2000

Fernando Savater había entrado para algunos -los veedores morales y auditores espirituales de siempre- en una suerte de hedonismo, en un Gulag inverso y egoísta donde le abandonaban a su suerte, porque la envidia siempre encuentra la manera de resarcirse a sí misma. Pero he aquí que el hombre del mirar sesgado y la risa fácil dentro de una barba que la insistencia ha hecho blanca, es hoy el único intelectual de España que se enfrenta fácticamente al terrorismo, y por supuesto, el único que denuncia por el mundo el drama y colisión de su país, el País Vasco.

¿Dónde aquellos puros hedónicos y adónicos del humo dormido, dónde la cocina elegida y las filosofías del amor/ocio y otras, dónde el nuevo filósofo que parecía invitarnos a sus lectores -a sus malos lectores- al cachondeo culto y la gamberrada moral, porque no le habíamos entendido, porque en realidad no le seguíamos? Hoy es el primero en esa raza de intelectuales comprometidos que parecía extinguida, el que palpita en cada foto periodística, estremecido en el sístole/diástole de su palabra agresora, liberadora, en la elocuencia de sus manos, la alegría de su corbata y la pasión inteligente de sus discursos y denuncias.

Tal que hoy Savater denuncia ante Europa que el Gobierno vasco es responsable de la perpetuación de ETA. El filósofo se hizo carne y habita entre nosotros, pero en vanguardia. Savater acusa al Gobierno vasco y al PNV de la situación que atraviesa su país, y asegura que los nacionalistas son en parte culpables de la secularización del terrorismo.

Savater hace estas declaraciones en la entrega del premio Sajarov del Parlamento Europeo a la plataforma pacifista «Basta Ya», por su defensa de los derechos humanos. Pero otras veces le vemos en la calle, rehén del pueblo levantado y mucho, moviendo pancartas y palabras, resumiendo transparentes verdades de filósofo en un eslogan de mitin, y esto es lo que más admiro de él. El eslogan de un intelectual como Savater tiene la meridianidad del pensamiento, la urgencia de la calle y la sangre del peligro que corre ya, siempre, nuestro joven y rejuvenecido pensador, el hombre más brillante y urgente de su generación, por cuya primera tesis de carrera tuve el privilegio de escribir, contra la censura, cuando entonces. Le creyeron un posmoderno de todos los hedonismos, le archivaron de prisa como un malogrado por el triunfo, pero aquí está, presentísimo, ese vasco breve y fornido, vivo y veloz, irónico siempre, dando la batalla más actual y significativa del fin del milenio, y no por vasco ni por intelectual sino como ángel feo y fiero de la paz, la libertad y «el trigo en las fronteras», como dijo el poeta.

El sí que es lo último y lo mejor de aquella Movida, sin que esto le empequeñezca, pero digo que entonces ya estaba ahí, en germen, el hombre que soñó Madrid como capital de la libertad, y luego su pueblo y luego Europa. Savater, más y mejor que cualquier político, está metiendo el drama vasco en el corazón frío de la UE. Después de Zola, Fernando Savater acusa.

El primer muerto
Por Carlos DÁVILA ABC 15 Diciembre 2000

El Pacto ya tiene su primera víctima. Y todo será igual. Pero no podemos perder la memoria y debemos recordar lo imprescindible: las últimas declaraciones de Arzalluz y la advertencia de que no pedirá a ETA, a los asesinos de Francisco Cano, humilde y dignísimo concejal de un pueblecito catalán, que abandone las armas. Para Arzalluz, los presos, o sea, los criminales convictos, confesos, juzgados y condenados en un país irreprochablemente democrático, son más importantes que las víctimas. Si ellos salen de la cárcel, Arzalluz, entonces sí, rogará a la banda que se disuelva. Es rigurosamente necesario atribular la memoria con recuerdos como éste, para añadir a continuación y con toda contundencia, que no nos vale ni la condena de Arzalluz, ni la condena de su partido.

Por otro lado: ¡qué suerte ha tenido Pujol! ¡Qué suerte ha tenido suspendiendo su entrevista con el líder del PNV! El último crimen de ETA le va a proporcionar el argumento concluyente para que él, su partido y coalición, Convergencia i Unió, suscriban el Pacto popular-socialista. La fluctuante posición de Trías en Madrid —sí al fondo, no a la forma— no se sostiene en momentos como éstos en los que se trata de coger al toro sanguinario de ETA por los cuernos. Por sus cuernos y por los de los mansos que les acompañan en sus paseos ¿A qué espera Pujol para subirse al carro de los pacíficos?

Con una víctima más en la calle, estamos perfectamente autorizados para rogar al PSOE que no maree más las perdices que son buitres, que no abra la puerta a una revisión del Pacto tan recientemente firmado, porque eso es como dar confianza a este PNV de Arzalluz que, por lo bajo, sigue diciendo (¿lo sabe Zapatero?) cosas como ésta: «Firmarán lo que firmen pero, al final vendrán con nosotros y no con Aznar». El Pacto de Madrid se juega su futuro en estas primeras horas atenazadas por el dolor de la nueva fechoría: el PSOE no puede seguir alimentando las falsas —hay que suponer— esperanzas del PNV, ni soportando las presiones de irresponsables como González, Maragall o Elorza.

Pues a mí me dio vergüenza
Juan BRAVO La Razón  15 Diciembre 2000  

La entrega del premio Sajarov de este año fue para la plataforma pacifista española ¡Basta ya! como reconocimiento a su lucha por la libertad y como homenaje al sufrimiento de miles de personas que son víctimas directas del terrorismo o viven amenazadas por él. Miles de ciudadanos de un país democrático que sufren, sin embargo, la opresión de la dictadura, la exclusión ideológica, la amenaza xenófoba y la violencia. La concesión del premio sirvió de altavoz para que muchos europeos bienintencionados se enteren de una vez que ese fenómeno trágico pasa ahora en la vieja Europa y no es un recuerdo del pasado nazi o estalinista. Y eso, la denuncia internacional, está muy bien. Pero a mí me dio vergûenza el acto. Porque no se premiaba, ni se consolaba, ni se expresaba la solidaridad de los pueblos democráticos con los ciudadanos de un remoto país africano sin libertades, o de un país asiático todavía feudal. Se premiaba a unos españoles acosados en la décima potencia del mundo y en las puertas del siglo XXI. Valga el premio Sajarov para remover las conciencias sobre el terrorismo nacionalista. Pero qué terrible impresión de Estado débil y de sociedad inerme que dio España.

¿Es el nacionalismo un error estratégico?
Por Enrique de Diego Libertad Digital 15 Diciembre 2000  

La consideración de que el PNV se ha deslegitimado al pactar directamente con Eta y su falla se encuentra en el pacto Lizarra/Estella tiene mucha razón, pero no toda. La subyacente de que el mal se encuentra en la unidad de acción nacionalista adolece de la misma parte de acierto y de error, porque se obvia la conclusión lógica de esas premisas: la unidad de acción y el pacto con Eta son procesos inducidos por el mínimo común denominador del nacionalismo. La perversión moral del nacionalismo al establecer pactos estratégicos es -como recalcan continuamente Arzalluz y la ejecutiva del PNV- la consecuencia de unos fines comunes, de un objetivo participado y de una afinidad ideológica.

Esta cuestión no es de matiz. Hace que se desenfoque una parte del problema y que se admita esa esquizofrenia de un nacionalismo bueno -de Jordi Pujol y de los críticos del PNV- y un nacionalismo malo -el de Xabier Arzalluz- con negación de aspectos de la realidad como que la tibieza de Convergencia es también consecuencia lógica del apoyo sistemático al PNV y la evidencia de que la Declaración de Barcelona fue un frentismo sobreañadido y de apoyo al pacto Estella/Lizarra.

Falta en el pacto y en la actuación política del PP un desarrollo doctrinal de crítica a las bases del nacionalismo, de forma que se trastoca la realidad situando la estrategia como el contenido intelectual. Quizás sea una pesada herencia del plus de legitimación del nacionalismo durante toda la transición, pero si entramos en cuestiones semánticas resulta cuanto menos chocante el debate sobre si los terroristas son fascistas, nazis o comunistas, que recuerda lo de si son galgos o podencos, cuando la evidencia manifiesta, en cualquier caso, que son nacionalistas. Eta es una banda nacionalista y sus terroristas son asesinos nacionalistas. ¿Por qué no se apellida casi nunca a Eta de nacionalista, como ellos mismos proclaman?

Votos contra bombas
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  15 Diciembre 2000

El PNV teme las elecciones y EH/HB las rechaza de plano. Las dos formaciones nacionalistas saben que por la vía electoral no conseguirán nunca sus objetivos independentistas. La experiencia democrática les ha enseñado que lejos de ir ganando votos, como ellos esperaban, ha ido bajando lentamente respecto a los constitucionalistas o «españolistas». Es una caída del voto nacionalista suave pero constante y que marca una tendencia irrecuperable. El universo abertzale se adelgaza mientras pierde el miedo el votante popular y socialista. Álava está perdida para ellos.

Este descubrimiento es lo que explica la radicalización del PNV. Han llegado a la conclusión de que nunca van a poder apelar a la razón democrática y por eso se han abrazado a ETA. Arzalluz sabe que para conseguir los objetivos independentistas deben darse las condiciones siguientes:

a) Todos los abertzales deben estar unidos, tanto los partidarios del juego institucional como los que han estado en la tradición de la violencia metódica.

b) La violencia es necesaria para que las fuerzas nacionales lleguen a aceptar un diálogo en el horizonte de la autodeterminación y para que las otras fuerzas nacionalistas (CiU, BNG) y asimilados (PSC) presionen en ese sentido.

c) Dado que la suma de votos favorable a la independencia puede no ser suficiente, están avanzando la idea de un censo de verdaderos vascos. En definitiva, se trata de anular a priori unos cuantos miles de votos.

d) La persecución cotidiana, la limpieza que se está practicando desde hace años, tiene la finalidad de hacer un censo más favorable, alejando a una parte de la población contraria a los objetivos independentistas.

e) La violencia es necesaria no sólo como partera del derecho a la autodeterminación sino como moldeadora de las voluntades más reacias a la independencia. Se trata de advertir a una cierta parte de la población vasca de que les conviene colaborar con la comunidad abertzale si quieren vivir en paz.

En esta estrategia la celebración de unas elecciones resulta nefasta para las fuerzas independentistas. Por eso las va retrasando el PNV y por esa razón Otegi le pide a éste que salga de la ambigüedad, que abandone las instituciones y que se lance con EH/HB a la «construcción nacional vasca». Arzalluz, incapaz de seguir esa vía, trata de tranquilizar a ETA haciendo declaraciones de apoyo a los objetivos comunes, a la independencia y directamente a los asesinatos cuando dice que él no pedirá el abandono de las armas mientras haya un solo preso.

Siendo esto así, es bien claro que la estrategia de los constitucionalistas debe ser justamente la contraria: la necesidad de unas elecciones cuanto antes. Sin embargo, hay un alto número de necios que niegan las posibilidades que abre en estos momentos una consulta popular. Por estulticia o por mala fe repiten el tópico falso de que las elecciones siguen dando siempre los mismos resultados. Ciegos o imbéciles o colaboradores vergonzosos de los nacionalistas, no quieren ver cómo ha ido cambiando a lo largo de los años la relación nacionalistas/constitucionalistas a favor de éstos; no quieren reparar en la nueva situación creada en Álava; se niegan a admitir la irresistible ascensión del PP en estos últimos años precisamente por haber llevado una política acertada y valiente. Aferrados a esa apariencia de sensatez que da en estos casos el escepticismo, no se dan cuenta estos ignorantes de Maquiavelo de que justamente la verdad está en lo contrario de lo que predica el enemigo (enemigo, digo).

En la medida que el PNV y el llamado MLNV odian las elecciones, los demócratas deberían defenderlas. En ellas «puede» estar la salida, el camino más seguro hacia la paz.

Cada ataque respalda el Pacto
Miguel Ángel RODRÍGUEZ .- La Razón   15 Diciembre 2000  

Han tardado cuarenta y ocho horas en expresar gráficamente qué piensa Eta del pacto de los dos grandes partidos contra la violencia. Ayer ellos han puesto la bomba; durante la semana, otros han puesto el discurso político: persiguen el mismo objetivo (lo dice Arzalluz).

    Cada ataque de los terroristas se convierte ahora en un respaldo a la actuación de los partidos que han sabido ser generosos, limar asperezas y unir fuerzas por la Libertad y por la Paz en España. Cada bomba dará relieve a cada una de las frases que han sido escritas. Y hoy, especialmente, se hace visible el párrafo dedicado a las víctimas del terrorismo, seguramente una de las partes más brillantes del documento.

    Eta no va a parar porque no le da miedo la unidad de los partidos ni de las gentes. Viven en otro mundo. Lo mejor del pacto es que los demócratas han declarado que tampoco Eta les da miedo, que no van a negociar con ellos y que usarán toda la fuerza legal para terminar con su locura. Eso es lo que no quieren firmar los nacionalistas, que ni se dedican a detener a los cabecillas, ni a los jóvenes delincuentes, ni a los ideólogos, ni a nadie, ni quieren tampoco formar parte de la unidad de los que declaran abiertamente que Eta no tiene sentido.

    A lo mejor vemos estos días al lehendakari con cara compungida leyendo esos textos que le debe preparar Yosuyón que no tienen alma. Y cuando lo vea por la tele, pensaré que ni ha firmado el pacto por la paz, ni hace todo lo que está en su mano para terminar con los terroristas.


Un concejal
Editorial El País 15 Diciembre 2000

EN ESPAÑA hay unos 8.000 municipios, y en ellos, un total de 65.265 concejales, de los que 24.624 fueron elegidos en listas del PP. ETA asesinó ayer a uno de ellos, Francisco Cano, de la localidad barcelonesa de Viladecavalls. Son ya cinco los ediles de ese partido a los que ETA ha arrebatado la vida desde el fin de la tregua, y tres las víctimas cobradas por ETA en Cataluña en los tres últimos meses. En el supuesto (imposible) de que todos los concejales del PP tuvieran protección, los pistoleros atacarían a los de cualquier otro partido (hay 21.917 del PSOE). Porque para ETA no es necesario invocar motivos concretos para justificar el asesinato. Simplemente, ha decidido que generalizar el miedo favorece su causa, y obra en consecuencia.

En Noticia de un secuestro, Gabriel García Márquez sintetiza así los efectos de la extensión del miedo causado por el terrorismo: "Con las primeras bombas la opinión pública pedía la cárcel para los narcoterroristas, con las siguientes pedía la extradición, pero a partir de la cuarta empezaba a pedir que los indultaran". Ayer se hicieron públicos los resultados del último Euskobarómetro. Detecta un aumento considerable de la sensación de desprotección de los ciudadanos frente a la violencia, y también del rechazo a ETA, y, simultáneamente, un aumento de las opiniones favorables a la negociación sin condiciones con ETA.

En Euskadi hay evidencias de que las direcciones de los partidos nacionalistas son más radicales que sus bases, y éstas, que el electorado correspondiente. Pero existen fuertes indicios de que, sin embargo, ese electorado está dispuesto a llegar tan lejos como sea necesario -autodeterminación, independencia, lo que sea- a cambio de verse libres de la pesadilla de ETA. Algo que no ocurre entre los electores no nacionalistas, que sólo ven un horizonte peor que el actual: el resultante de una victoria de ETA. De ahí la responsabilidad de los dirigentes nacionalistas a la hora de evitar un deslizamiento hacia la renuncia a la libertad en aras del proyecto de paz que ofrece ETA.

El portavoz del PNV, Joseba Egibar, expresó ayer en términos inequívocos su condena del atentado. A continuación dijo lo siguiente: "La gran pregunta es, a partir de la condena, qué es lo que propone cada cual para la solución de fondo de esta cuestión". Lo dijo en Barcelona, poco después de haber declarado -cuando todavía desconocía el atentado- que los principios de Lizarra siguen siendo plenamente vigentes y que el pacto entre PP y PSOE beneficia a ETA.

La pregunta de Egibar se la hacen muchos ciudadanos. Pero la respuesta que él había dado por adelantado (perseverar en la vía abierta con el pacto entre el nacionalismo democrático y ETA) es absurda a la luz de la experiencia. Ciertamente, es muy improbable que las condenas y las consideraciones morales hagan desistir a una ETA cuyo único criterio de conducta es que es legítimo todo lo que sirva para forzar la voluntad de quienes se resisten a admitir sus propias razones: aquellas en cuyo nombre mata, destruye, secuestra y extorsiona (a empresarios o futbolistas).

Sin embargo, en la medida en que los pretextos son políticos, es de suponer que sí sea receptiva a la presión de su propio entorno; a la amenaza de abandono por parte de HB y satélites. Pero para que ese entorno se plante frente a ETA será menester que el nacionalismo democrático se plante ante HB: que deje de considerar que el pluralismo vasco cabe en el lecho de Procusto de Lizarra y que es posible compartir fines con quienes consideran legítimo asesinar concejales de los demás partidos. Tal vez el hecho de que el atentado se haya producido nuevamente en Barcelona permita considerar si no habrá llegado el momento de que los nacionalistas catalanes también se planten: ante la deriva actual de la dirección de sus homólogos vascos.

Se entiende que Pujol se resista a romper los puentes ideológicos y sentimentales forjados a lo largo de decenios entre ambos nacionalismos. Pero se entendería mejor si aprovechase esos lazos para dar un paso en la exigencia al PNV y EA de una ruptura efectiva con la dinámica excluyente, no democrática, de Lizarra.

El difícil equilibrio de Jordi Pujol
VICTORIA PREGO El Mundo 15 Diciembre 2000

A menos que se produzca una hecatombe incontrolable, Jordi Pujol no se va a sumar al pacto PP-PSOE contra el terrorismo. Convergència i Unió está en realidad mucho más dentro que fuera del espíritu de ese pacto pero Pujol no está dispuesto a aparecer como alguien que abandona a su suerte al PNV en este momento. Por eso aguantará los efectos de este atentado y de los que puedan venir en los próximos meses. Los representantes de la coalición nacionalista saben, sin embargo, que este último asesinato de ETA les fuerza a insistir de nuevo en dejar libre de sospecha su posición política.

«Si hacemos abstracción del preámbulo», explica un portavoz de la coalición, «no habría habido ninguna objeción para firmar el documento porque es de cajón que CiU siempre ha estado apoyando la política antiterrorista, ningún ministro de ningún gobierno podría decir hoy lo contrario. Pero ese preámbulo es ofensivo para el PNV, parece dirigido más a que este partido haga un acto de contricción, no a resolver el problema. Y ahí CiU no puede entrar. Es más, ni siquiera hoy, después del atentado, se ha planteado la cuestión de si habría que firmar o no el pacto. Aquí de lo que se está hablando es de cómo resolver el problema del terrorismo».

Incómoda posición, cuando Cataluña parece haberse convertido en uno de los terrenos preferidos por los asesinos, porque se podría correr el riesgo de que la opinión pública catalana presionara al Gobierno de Jordi Pujol para que abandone definitivamente su papel de paraguas del nacionalismo vasco. No parece, sin embargo, que tal cosa vaya a suceder. «Siempre es difícil saberlo» comenta Miquel Iceta, portavoz del PSC, «pero la gente lo que quiere es acabar con el terrorismo, y aquí está muy instalada la idea de que no se acabará con él sin ir de la mano del PNV». Una actitud popular que coincide milimétricamente con un Pujol que hace constantes equilibrios para no dejar al PNV abandonado pero evita por todos los medios aparecer como socio íntimo del Partido Nacionalista Vasco de hoy. Esta ha sido la razón esencial de la suspensión del encuentro con el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, inicialmente previsto para el próximo fin de semana. «El momento, a veces, desaconseja», aclara un cercano colaborador del president. «El lunes pasado estaba Pujol en Madrid y la entrevista con Arzalluz estaba cerrada. Pero el martes por la mañana se suspendió. El ruido que se creó con la firma del documento PP-PSOE hacía desaconsejable que se vieran y así se le hizo ver a Arzalluz. Había que evitar que se entendiera como un intento de frentismo. El tempo nos dice que es mejor que ese encuentro se produzca dentro de un mes». El aplazamiento de la entrevista forma parte de la misma filosofía que llevó a CiU a no participar en la reunión convocada por Izquierda Unida para que los excluidos del pacto antiterrorista firmaran a su vez un documento crítico. «Tampoco aquí se quiso participar en ningún frente», explica el portavoz de CiU.

¿Cuánto tiempo puede mantenerse el partido en esa posición? Con toda seguridad, por lo menos, hasta que se celebren elecciones autonómicas en el País Vasco porque, si hay un lugar en España donde se conserve todavía la esperanza de que el Partido Nacionalista Vasco abandone definitivamente sus posiciones en Lizarra, ese lugar es Cataluña.

«Hasta después de las elecciones no va a pasar nada», dice el socialista Miquel Iceta, «porque el PNV está queriendo pescar en las aguas de HB. Y es evidente que les interesa tener el mayor apoyo posible para condicionar el mapa electoral. Es más, yo creo que el PNV se reserva la baza de Lizarra para después de las elecciones. Y, si pudiéramos confiar en que, el día después de los comicios, hagan ese movimiento, yo me daría con un canto en los dientes».

Mientras tanto, la manifestación de hoy se convoca en Tarrasa y no en Barcelona porque todos los partidos desean evitar que una respuesta previsiblemente menos masiva que la que se produjo tras el asesinato de Ernest Lluch«pueda hacer pensar que Cataluña no condena el terrorismo. Y eso sería injusto porque no es cierto», comenta el portavoz nacionalista. Iceta lo justifica con realismo: «Todos los muertos son iguales, pero los efectos de cada una de esas muertes no lo son».

El pueblo y la violencia
Ignacio CAMACHO ABC 15 Diciembre 2000

Cuando la ETA mató en Sevilla al matrimonio Jiménez Becerril, en enero del 98, la inmensa manifestación ciudadana de protesta y dolor que sucedió al crimen estuvo encabezada por un rígido servicio de orden compuesto por los combativos sindicalistas del comité de Astilleros. Veteranos obreros comunistas, curtidos en mil batallas de conflictividad urbana, se pusieron al frente de sus conciudadanos en un ejemplar gesto de defensa de la amenazada libertad de todos. Nadie entre ellos tuvo dudas entonces, ni después, sobre el sentido del problema terrorista en el marco de la democracia: una amenaza directa contra los trabajadores, contra la mayoría, contra el pueblo.

Ocurre, sin embargo, que hay dirigentes en Izquierda Unida que parecen desconocer a quién representan realmente. La negativa de Gaspar Llamazares, y de la actual dirección de IU, a suscribir el pacto antiterrorista firmado por el Partido Popular y el PSOE, contradice de pleno el sentimiento de la mayoría del electorado que aún sostiene —con evidente contumacia histórica, con digno empeño ideológico frente al viento liberal y la marea socialdemócrata— a la federación de izquierda.

IU sobrevive en el mapa político español gracias a un significativo colectivo de trabajadores que se niega a aceptar el pragmatismo de la izquierda socialista y que aún identifica al PSOE con la desviación ética del felipismo. Gente que conserva un vago sentimiento internacionalista, que desconfía del pensamiento único sobre la nueva economía, que abraza las banderas de la solidaridad y que aún cree en la política como un ejercicio desprendido de ideología frente al abuso de poder. Pequeña burguesía urbana, trabajadores del mundo rural, desempleados, intelectuales críticos. Ciudadanos que se identifican mayoritariamente con un pueblo que sufre y que, por lo general, saben a quién corresponde el papel de las víctimas. Ayer, por ejemplo, se trataba de un fontanero.

Alinearse, en estas circunstancias, junto al grupo de partidos nacionalistas que someten a una fuerte tensión al Estado democrático supone un error de estrategia impropio de quienes han nacido a la política en el seno de la antigua praxis comunista.

El descalabro electoral sufrido por IU en las últimas convocatorias se vuelve casi un éxito cuando se compara con los resultados obtenidos en el País Vasco a raíz de una errática política de comprensión con el nacionalismo violento. Pero, a lo que parece, no supone una lección de contundencia suficiente.

La confusión intelectual que anida en la dirección de Izquierda Unida es patente a la hora de determinar sus elecciones en la política concreta. Una visión federalista del Estado es perfectamente compatible con la defensa de la paz, pero cuando la dialéctica se establece entre la vida y la muerte, entre la libertad y la imposición, los matices carecen de fuerza para delimitar una estrategia. La teoría de las dos orillas no sirve ante el terrorismo, porque las bombas son mucho más clarificadoras: o te pones en el bando de quienes las ponen, o de quienes las sufren.

Llamazares no está de ningún modo junto a quienes las ponen, pero sin duda no sabe transmitirlo con la suficiente claridad. Ha dado prioridad a un torpe tacticismo para marcar diferencias con socialistas y conservadores, y ha equivocado la estrategia al separarse del verdadero sentimiento de su electorado.

Como casi siempre, la ETA ha zanjado los casuismos a su manera. Una bomba bajo la furgoneta de un inmigrante andaluz en Cataluña ha dejado con la palabra en la boca a los dirigentes de IU que se disponían a criticar el pacto antiterrorista. «No es el momento», han dicho con delicadeza. Por supuesto que no es el momento. Quizá lo sea de defender a los fontaneros, a los inmigrantes, a los trabajadores que hacen de carne de cañón en una guerra que ellos no entienden ni han declarado.

¿A que juegan los nacionalistas catalanes?
Por Ignacio Villa Libertad Digital 15 Diciembre 2000

El nuevo atentado de ETA ha puesto en evidencia la ambigüedad medida de los nacionalistas catalanes. La tibia postura de CIU, desmarcándose del acuerdo entre PP y PSOE y, al mismo tiempo, manteniendo cierta distancia del PNV, no puede llegar a buen puerto.

En una cuestión como el terrorismo, guardar las formas, mantener una equidistancia es hacer el juego a los terroristas. Las imágenes de Jordi Pujol en el lugar del atentado eran patéticas, eran imágenes de una esquizofrenia política. Pujol, que en este capitulo ha tenido las ideas siempre claras, no puede dejar pasar la oportunidad de alinearse con los demócratas.

Intentar elaborar una estrategia política, pensando en miedos electorales, es inadmisible. Pujol sabe que su electorado no quiere terrorismo, ni quiere tibiezas. El documento del PP y del PSOE no cierra las puertas a ninguna solución. Cierra las puertas al terrorismo y a su entorno. Cierra las puertas a los que se dejan utilizar por los asesinos.

Los nacionalistas catalanes deberían recapacitar. Esta actitud que mantienen no es sostenible. Además, para mayor vergüenza, ETA se lo ha demostrado matando en su propio territorio. Observar a Pujol, junto al coche destrozado era una fotografía, cuando menos, triste. ¿Dónde están las dudas de los nacionalistas catalanes? ¿Miden bien el juego que están haciendo a los terroristas?.

CIU tiene que reaccionar, y hacerlo cuanto antes. Todo quedará en un error, en un triste error. Pero no en una profunda equivocación. ¡Están a tiempo!

ETA amplía su acción extorsionadora a los futbolistas vascos
Lorenzo Contreras La Estrella 15 Diciembre 2000

Las posibilidades extorsionadoras de ETA se han ampliado. Un nuevo terreno de aplicación se ofrece, quizás desde hace bastante tiempo, a su chantaje. Y ello se ha sabido porque un futbolista vasco-francés, Vicente Lizarazu, actualmente en el Bayern de Munich, acaba de revelar que la banda le exige la entrega de la ganancia que obtuvo por jugar en la selección francesa, con la que ganó la Eurocopa disputada hace meses en Bélgica y Holanda. Lizarazu jugó una temporada en el Athletic de Bilbao.

ETA, con un nuevo asesinato, se mantiene en lo más vivo de la actualidad, como casi siempre, y ahora añade a su siniestra reputación esta nueva "hazaña" extorsionadora que da una variante a su práctica del llamado "impuesto revolucionario". Lo que se impone a Lizarazu no es precisamente un "impuesto en el sentido figurado tradicional, sino una multa por defender "unos colores que no son euskaldunes", según la literatura demencial de la carta que le ha llegado al jugador, redactada en euskera y fechada en septiembre.

Hay base para sospechar que esta práctica extorsionadora de futbolistas venía existiendo. Porque si se "multa" a Lizarazu por ser internacional francés, cabe imaginar lo que la banda pensaría de los Clemente, Alcorta, Karanka, Guerrero, y en general cuantos profesionales vascos de los distintos deportes se han incorporado a los cuadros de España para competiciones internacionales.

Si ETA ha tenido sólo a partir de ahora la ocurrencia de castigar a los deportistas de elite, ya se puede esperar una etapa de intimidación a la que difícilmente se resistirán las víctimas. No hay que descartar la condición de simpatizantes etarras de algunos de ellos. Existe el antecedente conocido de Iríbar, el que fuera portero de la selección española en tantas ocasiones y que luego se distinguió por su militancia abertzale cuando dejó el fútbol activo y de repente se acordó de la "patria euskalduna".

ETA no sólo quiere el dinero. A juzgar por la carta enviada a Lizarazu, cuyo domicilio familiar radica en Hendaya, considera que su causa merece el apoyo público de los deportistas de fama y celebridad. "Vuestro comportamiento ayudado por la fama puede ayudar a dar pasos decisivos", dice la misiva enviada al internacional francés refiriéndose al "prestigio" que la banda necesita.

Este episodio habla por sí mismo del grado de control que la organización terrorista va implantando paulatinamente sobre los distintos sectores de la sociedad vasca. A ese control se ha referido el profesor Fernando Savater durante el acto de entrega del Premio Sajarov a la plataforma cívica y pacifista "¡Basta ya!". Savater, cuya valentía merece amplios elogios, ha destacado dos aspectos de la cuestión durante su alocución en el Parlamento Europeo. Por una parte, la tergiversación de la enseñanza de la historia en muchas escuelas vascas. Por otra, la "demencial antropología" que se inculca a los escolares y que evidentemente apunta, en la crítica de Savater, a la leyenda del Rh y otros detalles de la composición sanguínea y las particularidades genéticas de la raza vasca.

Fernando Savater fue muy explícito ante los parlamentarios europeos cuando atribuyó a la responsabilidad del nacionalismo y concretamente del PNV la derivación de la juventud vasca hacia la violencia y los modos radicales. Sus palabras motivaron el abandono de la sala por parte de nacionalistas vascos y del gallego BNG, así como del representante de Izquierda Unida, que deja a esta coalición al pie de los caballos de la crítica más sensata.

Ante ETA no se han acabado las palabras
Editorial La Estrella 15 Diciembre 2000

El asesinato por ETA del concejal del PP en Viladecavalls, Francisco Cano Consuegra, es el número 53 de los perpetrados por los terroristas etarras en Cataluña desde 1975. El asesinado –único concejal del PP en el citado pueblo de Barcelona cercano a Tarrasa– deja mujer y dos hijos de 14 y 19 años. Su verdadera profesión no era la política sino la fontanería, de la que vivía, detalle importante que  ayuda a entender una de las mentiras en las que sus verdugos vienen apoyando su activismo nazi-fascista. Los terroristas –a cuyos doctrinarios e ideólogos se les viene llenando la boca de conciencia nacionalista vasca, social y revolucionaria de izquierda– han quitado la vida a un trabajador, a un ciudadano que estuvo toda su vida más volcado en su trabajo que en la política, precisión que, sin embargo, poco afectará a la moral asesina de sus verdugos.

Seguramente no es preciso recordar que estamos hablando, una vez más, de esa banda de criminales, de cuño inequívocamente nacionalista radical, que, invocando la liberación de su pueblo vasco y escudados en la pretensión patriótica de llegar a ser independientes de España y de Francia, han quitado la vida ya en España a más de ochocientas personas en lo que llevamos de Estado democrático constitucional. Tampoco hará falta decir que esta banda de salvajes han causado todo el dolor y el sufrimiento que se puede deducir de su "hoja de servicios" precisamente sobre suelo de un país como España, donde, para mayor paradoja, existe desde hace 22 años una Carta Magna que garantiza la mayor descentralización administrativa, los mayores autogobiernos y la mayor libertad civil que se hayan conocido en España y en Europa.

Hoy, una vez más después de cada salvajada etarra, desde los partidos políticos se trata de encontrar explicaciones para tamaña acción y desde la sociedad civil se clama ante tanta barbarie, y se dice que, una vez más ante este nivel de crueldad reiterada, se agotan las expresiones de pésame y las palabras de condena. Lamentablemente para los verdugos y sus incitadores, animadores y comparsas, no es cierto que se hayan acabado las palabras. La abominación de la sociedad española contra esta violencia execrable sigue teniendo recursos expresivos bastantes para dar cuenta de su indignación. Y sobre todo, tiene motivos que le sugieren nuevas palabras de condena.

Uno de esos motivos –que tiene como todo el mundo sabe nombres, pelos y señales– está no sólo en los apoyos sociales vascos, sino, lo que seguramente es peor, en la mal entendida tolerancia de los sectores políticos hacia los "cachorros" de la violencia. Cada asesinato de ETA recuerda a la sociedad española que una parte de su clase política está mereciendo esta condena porque en su indolencia, en su ambigüedad, en su tolerancia del fenómeno radical nacionalista, está una parte sustancial de las raíces sobre las que se asienta el crimen de la banda.

Al actual estado de violencia de ETA no se ha llegado por generación espontánea o porque la banda etarra sea omnipotente. Desde los sectores nacionalistas llamados democráticos –y no exclusivamente desde los sectores más radicales– se ha practicado durante muchos años una perniciosa política de la ambigüedad, cuando no de la connivencia, con relación a los violentos, con el resultado conocido. Un cierto clima de excitación y de tensión ha sido propiciado año tras año en la sociedad vasca, sin que sea posible exculpar al nacionalismo moderado de semejante "hazaña". Mediante declaraciones de líderes nacionalistas llamados demócratas, y hasta por obra de vergonzosos pactos secretos con la propia banda terrorista, se ha incurrido en numerosas ocasiones en graves errores de incitación o de condescendencia indirecta hacia los nacionalistas violentos, circunstancias y datos que se deben recordar cada vez que muere alguien bajo las armas de esta banda perversa.

ETA mata al fontanero
Pablo Sebastián  La Estrella 15 Diciembre 2000

Estamos otra vez ante la espiral de la violencia ciega y facilona de ETA. Esta vez la víctima ha sido un hombre modesto, un trabajador nacido en La Carolina (Jaén) y residente en un pequeño pueblo de Tarrasa donde era concejal del PP. De profesión fontanero, un emigrante más que se ganaba la vida con su oficio diario y que era una persona querida por su entorno y su ciudad. ¿Qué tiene que ver esta muerte con el proceso de autodeterminación o independencia de Euskadi? ¿Así se construye la patria vasca?

Los analistas políticos y los propios dirigentes de los partidos políticos no han dudado en decir que ETA, con este crimen que ha llagado cuando algunos esperaban el inicio de otra tregua, ha dado una puntual y sangrienta respuesta al pacto antiterrorista entre PSOE y PP. Puede que esto sea cierto en todo o en parte, aunque ETA nunca necesitó excusas para matar. También conviene recordar una reciente frase del responsable de EH, Arnaldo Otegi, cuando hace muy poco le dijo al PNV que se le estaba acabando el tiempo y que tenían que optar entre el soberanismo o la vía constitucional.

Al final, ETA ha vuelto a matar a un inocente y las fuerzas políticas españolas siguen divididas, hoy en dos frentes: por una parte, los dos grandes partidos estatales, PP y PSOE; y por la otra, los nacionalistas, minorías e IU. Una división que le ha servido al PP, sobre la noticia del atentado, para reprochar a CiU y resto de los no firmantes que no hayan suscrito el citado pacto, como si la no firma quisiera decir que no están en contra de ETA, lo que no es justo ni verdad.

Desde CiU se ha insistido en la necesidad de un diálogo entre todos, y desde el PNV, Arzalluz ha declarado que ETA debe dejar las armas y que el PNV no tiene nada que hablar con EH mientras sigan todos estos atentados, añadiendo que el pacto de Moncloa no sirve para acabar con el terrorismo y que las fuerzas democráticas deberán contar para ello también con el PNV.

Desde el PSOE Zapatero ha reafirmado la fuerza y validez del pacto, pero ha estado más conciliador que reprochador con los partidos nacionalistas, invitándoles a acercarse al acuerdo e incluso diciendo que, a partir de ese pacto, se podrían pensar en "otros tipos de acuerdos" con el resto de las fuerzas no firmantes.

La tensión y los reproches entre los partidos de dentro y fuera del pacto da una pobre imagen global, mientras ETA sigue matando, a la espera de dos o tres cosas: la unidad de los demócratas, un plan de acción política contra la violencia y una mayor eficacia policial. Y detrás de todo ello permanece latente la esperada campaña electoral de unas elecciones anticipadas en el País Vasco, donde unos y otros están tomando posiciones y donde ETA sigue imponiendo su calendario y su ritmo de tensión amontonando cadáveres. Unos más notorios y otros más humildes, como el del fontanero y concejal de Viladecavalls, Francisco Cano, un hombre humilde, bueno e inocente que ha perdido la vida de manera violenta y a manos de una banda que carece del menor respeto por la vida y por la libertad.

Políticos constitucionalistas y banda nacionalista
Por Enrique de Diego Libertad Digital 15 Diciembre 2000

El comando instalado de forma estable en Cataluña no pertenece, por sus terribles indicios, a la “nueva Eta” sino a la Eta de siempre. Espacia sus atentados, recolecta información y no deja huellas. De los tres supuestos terroristas, Interior piensa que dos son “históricos”. En lo que coinciden todos los terroristas es en centrar sus objetivos en políticos constitucionalistas. En el caso de Cataluña de manera exclusiva porque con Francisco Cano son tres los asesinados. Esas eran también las órdenes del etarra detenido en Pamplona cuando se disponía a cometer uno de los siete asesinatos ordenados por García Gaztelu, el matarife directo de Miguel Ángel Blanco y quien da actualmente las órdenes en la banda nacionalista.

En una autonomía donde el PP es un partido minoritario, mantiene su esquema de amedrantamiento contra los constitucionalistas. ¿Aprovecha para su infraestructura las conexiones con grupos radicales del nacionalismo catalán, tan intensas en momentos como las elecciones europeas? ¿Trata de beneficiar mediante esa estrategia del miedo indirectamente al nacionalismo catalán? Lo que parece claro es que ni la delegada del Gobierno en Cataluña ni el gobierno de la Generalitat han tomado medidas especiales de protección a los cargos del PP y del PSOE. No da la impresión de que los mandos policiales hayan sido conscientes de que la presión de la ofensiva terrorista se ha trasladado a Cataluña –y a Madrid- mientras se intentan recomponer comandos en el País Vasco.

El gesto de que los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, en virtud del pacto firmen un comunicado conjunto de condena puede ser ilustrativo, pero no cabe olvidar que ese pacto ha de tener especial virtualidad en el País Vasco. El resto no es literatura, pero casi. Eso exige que el pacto para ser eficaz sea la base de una nueva ofensiva de deterioro del lehendakari Ibarretxe –tan apegado a la poltrona y al presupuesto, mientras su jefe Arzalluz se despendola por el estricto nazismo étnico- y de intensificación en el Parlamento vasco de las actuaciones conjuntas que lleven al adelanto de las elecciones, ante el manifiesto fracaso del nacionalismo y del acuerdo del PNV con Eta, con la misma que ha matado a un demócrata, modesto trabajador. El terrorismo nacionalista ha vuelto a sacudir el árbol y la nuez caída ha sido Francisco Cano. Era uno de esos “emigrantes” en su propia nación a los que el zoológico Arzalluz negaría el voto. La banda nacionalista Eta le ha negado la vida.

Rebelión contra el fanatismo
Editorial El Correo 15 Diciembre 2000

El asesinato de Francisco Cano Consuegra, concejal del Partido Popular en la localidad de Viladecavalls, en el cinturón industrial de Barcelona, ha vuelto a sumir a Cataluña en el luto por la vida y por la libertad que la ciudadanía guarda especialmente desde que ETA reemprendió su camino de terror y coacción. La secuencia previa a la explosión de la trampa letal que destrozó el cuerpo de Francisco Cano describe el ánimo sádico e implacable de quienes, a lo largo de las tres horas en las que su furgoneta transitó por los alrededores de Tarrasa, esperaron la noticia de su muerte. Ayer murió asesinado un hombre que no se esperaba semejante final; una persona sencilla que se consideraba tan insignificante como para pasar desapercibida a los ojos de la barbarie. Con su muerte ETA ha tratado de demostrar que no existe rincón alguno de la geografía española o trayectoria humana que por su humildad pueda sentirse segura. El mensaje terrorista trata de imbuir impotencia a la sociedad vasca y a la sociedad española. Trata de demostrar que no hay respuesta policial capaz de impedir sus desmanes y que -en una lógica que comparten tantos incautos interesados- resulta obligado atender sus demandas para evitar males mayores.

Efectivamente, es muy difícil que los operativos de prevención y persecución policial del delito terrorista puedan frustrar del todo el empecinamiento criminal del fanatismo, dispuesto siempre a irrumpir por cualquier resquicio para acabar con la vida de personas como Francisco Cano. Pero la consecuencia de semejante constatación no puede ser nunca la claudicación o la asunción por parte de la sociedad democrática de la versión que propaga el nacionalismo violento sobre la naturaleza política de su delirio. La presencia casual de Joseba Egibar en Barcelona permitió ayer medir con exactitud la distancia que separa al nacionalismo democrático de la unidad democrática frente al terrorismo. Egibar no pudo desaprovechar la ocasión para interpelar indirectamente a los firmantes del ‘Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo’, preguntándoles qué propuestas tienen que ofrecer además de su condena de la violencia. Las palabras de Rodríguez Zapatero, advirtiendo de que además de condenar el terrorismo hay que combatirlo, reflejan con exactitud el fondo de la discrepancia. Hoy mismo, en la sociedad vasca, coinciden esas dos actitudes: la de quienes, expresando una reprobación sin paliativos del terror, se prodigan en circunloquios so pretexto de hallar las causas últimas de la tragedia, hasta perderse en un magma que termina poniendo las legítimas aspiraciones nacionalistas al servicio de su versión más extrema, y la de quienes tratan de elevar un dique cívico de contención frente a la turbiedad de unas aguas que arrastran consigo la ignominia que sirve de caldo de cultivo a ETA.

No es cierto que el ‘Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo’ haya ofrecido a ETA lo que ésta quería, tal y como han afirmado los portavoces jeltzales horas antes del último atentado. Porque lo que ETA quería era la división entre las formaciones democráticas; entre las instituciones de la autonomía vasca y las instituciones del Estado. Y esa división viene propiciada, precisamente, porque el nacionalismo gobernante en Euskadi sigue insistiendo en que el sistema democrático está aquejado de déficits que explican la persistencia de la violencia etarra. De igual forma, visto lo visto, resulta provocador afirmar que el ‘Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo’ va contra el nacionalismo y no contra ETA. Lo que ocurre es que el nacionalismo gobernante corre a interponerse una y otra vez entre la sociedad democrática y esa parte de la sociedad vasca que vive al mismo tiempo cautiva y sumisa bajo la dictadura del terror. La dolorosa evidencia del asesinato, de la coacción y el chantaje en ningún caso puede constituir un dato irrelevante para el comportamiento de partidos e instituciones.

El ejercicio democrático de la política tiene ante sí un compromiso ineludible, cual es el combate cuerpo a cuerpo contra la barbarie. No se trata únicamente de transferir al poder judicial y a los cuerpos policiales la ineludible tarea de preservar la seguridad de los ciudadanos. Se trata fundamentalmente de erigir los pilares de una sociedad más libre y tolerante experimentando día a día una lucha sin cuartel contra la transgresión sistemática de valores, contra la indiferencia ante el dolor ajeno, contra la inhumana pretensión de extraer réditos de un tratamiento especulativo del problema de la violencia. Frente a quienes aprovechan la menor ocasión para levantar un muro de separación entre nacionalistas y no nacionalistas, las gravísimas circunstancias que viven tanto la sociedad vasca como el conjunto de los españoles exigen, más allá de la condena rutinaria del terror, la unánime rebelión de los demócratas contra el fanatismo.

Esta vez fue un fontanero
FEDERICO ABASCAL El Correo  15 Diciembre 2000

Arranca muy de mañana su furgoneta un fontanero de Viladecavalls, recorre cinco kilómetros para llegar a Tarrasa, donde le reclama su trabajo, y al ascender la empinada calle de Milans del Bosch, explota la bomba instalada por ETA bajo su asiento. Sucedió ayer, minutos antes de la once, y Francisco Cano Consuegra, concejal del PP en Viladecavalls, un pueblo de cinco mil vecinos, fallecía a consecuencia de la explosión poco después, en el quirófano del hospital. La Generalitat ha decretado tres días de luto oficial cuando aún no se había apagado el dolor por el asesinato de Ernest Lluch, ocurrido veintitrés días antes en Barcelona. Las fuerzas policiales creen que las dos muertes son obra del mismo comando etarra, siniestramente reconstruido en Barcelona, donde la banda dispone al parecer de una sólida infraestructura.

Francisco Cano había cometido el delito de ser concejal del PP en un pueblo pequeño, donde los cargos municipales se extraen de una población trabajadora en la que no hay catedráticos ilustres, ni intelectuales de postín, ni periodistas de renombre. Por eso, y a falta de una víctima de mayor prestancia social, ETA ha asesinado a un fontanero, sin intuir que su muerte iba a originar un dolor tan intenso como el de las veintiuna víctimas anteriores, desde el fin de la tregua. Si el asesinato del catedrático Lluch ha producido efectos políticos innegables, por el ejemplo de su pasión dialogante, el del fontanero Cano envilece hasta tal extremo la ideología supuestamente revolucionaria de ETA, arraigada en un viejo predicamento marxista-leninista, que a partir de ahora no podrá la banda ofrecer más perfil que el de un grupo de asesinos sin otro oficio que el de matar al prójimo, fontaneros incluidos. Para un revolucionario de izquierdas, un trabajador manual era tabú. Para ETA es una simple muesca en su catálogo de crímenes.

Ayer volvieron a escucharse las condenas de rigor, y hasta el portavoz del Gobierno vasco, Imaz, exigió que ETA se disolviera, que dejara de «mancillar el nombre de este pueblo, de esta sociedad». Arzalluz, sin embargo, anunciaba recientemente que nunca pediría la disolución de ETA mientras hubiera un preso de la banda en la cárcel. Y frente a esa nueva contradicción del nacionalismo democrático, el resto de las fuerzas políticas reaccionó de manera más homogénea de lo que venía siendo habitual, pues entre el PP y el PSOE se cruzaron, nada más producirse el atentado, llamadas para adoptar actitudes similares, aunque se revelaran discrepancias de matiz, pues mientras Aznar hablaba de reacción de ETA al pacto antiterrorista recién firmado, Rodríguez Zapatero decía que ETA mata cuando puede, no cuando quiere. Pero los líderes de los dos partidos mayoritarios coincidieron plenamente en atacar la tibieza política ante ETA, pues tras las horas de condena se debe pasar necesariamente a la acción contra el terrorismo, por lo que el pacto PP-PSOE sigue y seguirá abierto.

No es eso, no es eso
Antonio Elorza  El Correo 15 Diciembre 2000

No es eso, no es eso». La conocida frase de Ortega y Gasset, mediante la cual marcó su distanciamiento frente a la Segunda República, se escribió varios meses después del 14 de abril de 1931, pero su contenido aparece en conversaciones privadas del filósofo apenas proclamado el nuevo régimen. No fue, pues, el producto de una reflexión a la vista del curso de los acontecimientos políticos, sino una declaración prematura de desconfianza ante la entrada en escena de la democracia.

Algo parecido está sucediendo en relación con el pacto antiterrorista suscrito por el PP y el PSOE. Muchos comentarios de fuerzas políticas y de publicistas responden a lo que calificaríamos como una actitud de condena preventiva. Juegan a favor del viento, pues es sabido que hoy por hoy ni la suma de votos y escaños de PP y PSOE permite constituir una mayoría en el parlamento de la CAV, ni ETA va a arriar la bandera del terror porque se presenten juntos los dos principales partidos ‘españolistas’. Es un pacto sin resultados previsibles a corto plazo, y por consiguiente muy expuesto a ser declarado inútil. Con el habitual ‘esprit de finesse’ que les distingue, los dos líderes políticos nacionalistas coinciden en el dictamen: para Arzalluz «es una pantomima»; para Knörr «es una farsa». De lo cual se deduce que vivimos, o sobrevivimos, en un ambiente de auténtica fiesta y que un esfuerzo por la paz puede ser tratado como un residuo arrojado al cubo de la basura.

 Siempre fiel a su estilo que combate el terror arrojando piedras sobre los antiterroristas, Vázquez Montalbán pronuncia la sentencia: «A esta propuesta le van a caer encima opiniones, opiniones y opiniones, y probablemente bombas, bombas y bombas, sin que de su resultado se sublime un paso más allá de propuesta política de futuro o con futuro». Y un autodenominado humorista que saltó a la fama hace mucho tiempo cantando los 25 años de paz de Franco, la refrenda: «El auténtico pacto antiterrorista será el que firmemos algún día con ETA». Corolario: no hay mejor pacto antiterrorista que ningún pacto antiterrorista, aunque ETA prosiga su senda criminal, confirmada ayer, por el atentado mortal de Tarrasa.

Más allá de la enmienda a la totalidad, que por parte nacionalista refleja en gran medida el malestar ante el primer paso dado por PP y PSOE para rehacer la alianza democrática frente a ETA, conviene examinar las críticas puntuales que se vierten sobre el acuerdo. La principal se centra en la supuesta exclusión del PNV. No se ha contado con el PNV para elaborar el acuerdo, e incluso, según los voceros del PNV, éste no tiene por objeto combatir a ETA, sino «antes terminar con el PNV» (Arzalluz dixit). La réplica es fácil. En lo que se refiere a su elaboración, criticar a PSOE y PP carece de todo sentido, porque el PNV ha expresado reiteradamente su negativa no ya a un acuerdo tripartito frente a ETA, sino a lo que hubiese estado fácilmente en su mano, al controlar el Gobierno vasco, con sobrada justificación vista la cascada de crímenes: a una restauración explícita o implícita de la mesa de Ajuria Enea. Rechazó lo uno y lo otro, limitándose a su eficaz política de gestos que en este caso permitió al compungido lehendakari encabezar una manifestación unitaria por la paz, políticamente inútil frente a ETA, pero muy rentable de cara a la recuperación del electorado para el PNV. Encuestas cantan.

Y si el PNV no quiere entrar en una dinámica por la paz sin introducir de matute los objetivos de Lizarra, contar con él se hace imposible. El acuerdo PP-PSOE lo recuerda con precisión, al mismo tiempo que deja abierta de par en par la puerta a la integración de PNV y EA en la alianza contra ETA; no es algo tan costoso, ni un ‘trágala’, ni un llamamiento a que Arzalluz se haga el harakiri, ni una exigencia de abandono del ideario independentista. Ni siquiera se pide a Ibarretxe que tome unas cuantas lecciones de historia de Euskal Herria, cosa que buena falta le hace para que se entere de cual era la situación efectiva antes de 1839 y deje de cabalgar sobre el mito, convirtiendo con su descripción del problema vasco en triste realidad la figura del Domingo Kanpaña en el conocido epigrama ‘Mando baten gañian’ de Bilintx. Lo único que exige el pacto de los nacionalistas democráticos es que incumplan el refrán vasco de que unas equivocaciones siempre traen otras -‘oker batek gauza oker asko’-, y que actúen según lo que ellos mismos, con otra boca, vienen proclamando: plantear sus aspiraciones desde el marco legal establecido. Claro que si prefieren, como dice Arzalluz, que ETA siga hasta que el último preso salga a la calle, no hay integración posible. Pero son ellos mismos quienes se cierran la puerta. El que interprete otra cosa, que lea lo que dice el texto.

No son, en consecuencia, dos trenes que por la misma vía van ciegos hacia un choque de las dos máquinas. Aquí el precursor, voluntario o involuntario del equívoco, fue el obispo Uriarte, significativamente citado para el caso por el órgano del PNV, al recomendar «puentes que unan y no frentes que desunan» justo en vísperas del alumbramiento del pacto. Como si un frente democrático por la paz pudiese ser colocado en el mismo nivel que el frente de los abertzales, ETA incluida, por unos objetivos políticos sólo alcanzables por la violencia. Sería condenable un frente que tuviera por objeto lo que el PNV, falseando su texto, dice que este frente es, un bloque antinacionalista, pero difícilmente puede juzgarse como negativo un entendimiento mediante el cual de entrada se superan el aislacionismo prepotente del PP y la consiguiente fragmentación de las fuerzas defensoras de la legalidad estatutaria. «Ladran, luego cabalgamos», pueden decir éstas, no sin la tristeza que inevitablemente suscita la actitud de rechazo frontal por parte del PNV, signo, una vez más, de una connivencia con los instrumentos políticos del terror que ellos mismos declaran superada. Curiosamente, los dirigentes del PNV arrojan sobre sus competidores constitucionales la acusación de actuar pensando sólo en los posibles resultados electorales. Es claro que tal es la única explicación de lo que ellos mismos están haciendo ahora, como partido de paz que se niega a enfrentarse a quienes hacen la guerra, mostrando claramente que no renunciarán a sembrar la muerte hasta alcanzar la plenitud de sus objetivos. Esperemos que pronto, por el interés de Euskadi, las urnas les obliguen a rectificar.

ETA asesina a un concejal del PP catalán
Francisco Cano circuló casi tres horas antes de que estallara en Terrassa la bomba colocada en su vehículo
M. NOGUER/C. ANDREU, Terrassa El País  15 Diciembre 2000

ETA ha vuelto a matar. Apenas 48 horas después de que el PP y el PSOE firmaran el pacto antiterrorista en Madrid, una bomba acabó ayer por la mañana con la vida del concejal del PP Francisco Cano Consuegra, de 45 años, casado y con dos hijas. Cano Consuegra era el único concejal del PP en Viladecavalls, municipio situado junto a Terrassa, donde tenía un taller de fontanería y electricidad. Cuando el edil acudía ayer a su trabajo, una bomba de cinco kilos y gran potencia colocada por los terroristas bajo el asiento de su vehículo le estalló provocándole la muerte. Falleció a las 13.45 de ayer. El PSOE y el PP reclamaron ayer la unión de todas las fuerzas en el pacto antiterrorista.

Veintitrés días después del asesinato del ex ministro socialista Ernest Lluch y por tercera vez en menos de tres meses, ETA volvió a ensangrentar ayer Cataluña. Esta vez eligió como víctima a un modesto concejal del PP, el único con que contaba dicho partido en Viladecavalls (Barcelona), una pequeña localidad próxima a Terrassa.

Francisco Cano Consuegra, de 45 años, natural de La Carolina (Jaén), casado y con dos hijas de 19 y 13 años, murió a las 13.45 horas de ayer después de debatirse dramáticamente durante tres horas entre la vida y la muerte en el hospital Mutua de Terrassa. Eran las 10.40 de la mañana cuando un artefacto explosivo colocado en la furgoneta que conducía, una Citroen C15, hizo explosión dejándole mortalmente herido.

Francisco Cano era propietario de un taller, Fontanería Tapia-Cano, con 14 empleados y ayer, como cada día, salió de su casa sobre las ocho de la mañana y tomó su vehículo para dirigirse, por la carretera de Olesa y Ronda de Ponent, a su trabajo, en el barrio Can Boada de Terrassa.

Por el camino quedó con un amigo policía nacional para tomar un café en el bar Leones y después recogió a dos operarios de una empresa con la que estos días trabajaba en una construcción. Realizaron varios recados, cargaron y descargaron material y poco después de las diez desayunó, con los dos operarios y el jefe de éstos, en un bar cercano.

Tras despedirse de los tres, Francisco Cano cogió otra vez la furgoneta, esta vez solo, y enfiló una calle muy empinada. Cuando ya estaba al final de la bajada, en la confluencia de la calles Milans del Bosch y Ronda de Ponent, el coche saltó por los aires. "Estalló cuando el péndulo de la bomba oscilante tocó el dispositivo. En ese momento ya llevaba más de dos horas circulando. Hubiera podido estallar en cualquier parte", explicaba ayer consternado el alcalde de Terrassa, Manuel Royes.

Hasta entonces, el coche sólo había circulado por calles con poca pendiente, lo que evitó que el mecanismo, denominado técnicamente de oscilación, se activara, lo que evitó que sus acompañantes perdieran también la vida.

La explosión se sintió a más de un kilómetro de distancia como un estampido seco. Del vehículo apenas si quedó reconocible el morro y una parte de los bajos. El techo, los asientos y toda la parte trasera se esparcieron en un radio de más de 30 metros. "Oí la explosión, y enseguida vi que había sido una bomba. Nos acercamos. El señor que se encontraba dentro estaba destrozado, irreconocible", explicó un testigo.

Francisco Cano aún respiraba, aunque tenia la espalda y la cabeza ensangrentadas. Varias decenas de personas se aglomeraron en torno a los restos del coche. Los servicios de socorro trasladaron al concejal malherido al hospital Mutua de Terrassa.

El equipo médico trató desesperadamente de salvar su vida pero luchaba contra lo imposible: sufría "traumatismo craneoencefálico y estallido en la zona gluteo-lumbo-sacra y peritoneal". Inicialmente consiguió superar una insuficiencia cardiaca y estabilizar sus constantes vitales. Pero a las 13,45, los facultativos certificaron su fallecimiento como consecuencia de un shock traumático general.

Para esa hora, la Policía ya había establecido numerosos controles en las inmediaciones del lugar del atentado e interrogaba a vecinos y viandantes. El artefacto, compuesto por unos cinco kilos de un explosivo muy potente, se encontraba dentro de un recipiente metálico situado bajo el asiento del conductor. Previsiblemente, los terroristas lo colocaron durante la noche anterior, forzando la puerta trasera de la furgoneta.

Inmediatamente acudieron al lugar del crimen la delegada del Gobierno en Cataluña, Júlia García Valdecasas, y el consejero de Gobernación de la Generalitat, Xavier Pomés, además del alcalde de Terrassa. Francesc Xavier Ballbé, responsable local del PP, se mostraba consternado.

La vida política e institucional catalana se paralizó por completo. Jordi Pujol abandonó su despacho y se dirigió a Tarrassa, a donde llegó poco después que el máximo dirigente del PP en Cataluña, Alberto Fernández Díaz. Un abrazo selló el duelo de los dos políticos.

El Parlamento catalán interrumpió imediatamente los trabajos y todos los diputados bajaron a la calle, incluidos los once miembros de una delegación del PNV que en ese momento mantenían un encuentro con el grupo parlamentario de CiU.

En el centro de Barcelona, miles de funcionarios confluían hacia la plaza de Sant Jaume, donde se encuentra la sede del gobierno catalán, para manifestarse en defensa de sus reivindicaciones laborales. La plaza aparecía ya repleta cuando por los servicios de megafonía se anunció que ETA acaba de matar de nuevo a un concejal. Y se pidió un minuto de silencio en su memoria. Las pancartas cayeron de golpe y un silencio estremecedor dejó la plaza como suspendida en el tiempo.

El gobierno catalán decretó tres días de luto y las redacciones de los medios de comunicación se llenaron de declaraciones de condena. Durante todo el día llegaron a Terrassa representantes de todos los partidos. Javier Arenas, secretario general del PP, y los ministros de Asuntos Exteriores, Josep Pique, e Interior, Jaime Mayor Oreja, acudieron por la tarde para arropar a los militantes y cargos de su partido.

 

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