AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 17  Diciembre  2000
#La sopa boba
FERNANDO SAVATER El Correo 17 Diciembre 2000

#Recuerdo
ERASMO El Mundo   17 Diciembre 2000

#Más cerca de la unidad
Editorial El Correo  17 Diciembre 2000  

#La respuesta de ETA al diálogo
GEMMA ZABALETA El Correo  17 Diciembre 2000

#Del pacto, al Gobierno
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Diciembre 2000

#El Comandante Madrazo y el sargento Llamazares
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 17 Diciembre 2000  

#Tontas excusas
Carlos DÁVILA ABC 17 Diciembre 2000  

#El único posible
SANTOS JULIÁ El País 17 Diciembre 2000  

#Ahí va esa liebre
Jaime CAMPMANY  ABC 17 Diciembre 2000

#Un precio que PSOE y PP no deben pagar
Impresiones El Mundo 17 Diciembre 2000

#Zapatero afirma que hay que «pasar de condenar a combatir el terrorismo»
MADRID. ABC   17 Diciembre 2000

#Alberto Fernández Díaz: «Ha llegado el momento de acabar con la Declaración de Barcelona»
Inmaculada G. de MOLINA.- La Razón   17 Diciembre 2000

#IU utilizó dependencias del Govern balear para un acto de apoyo a EH
PALMA DE MALLORCA. Miquel Segura ABC    17 Diciembre 2000

#¡BASTA YA!, NOGUEIRA, SAVATER
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS, catedrático de Derecho Constitucional La Voz 17 Diciembre 2000


La sopa boba
FERNANDO SAVATER El Correo 17 Diciembre 2000

Como quizá ustedes también recuerden, fue T. S. Eliot quien afirmó -y la frase es más citada que la mayoría de sus mejores versos- que una de las características esenciales del ser humano es no poder soportar más que dosis bastante pequeñas de realidad. De esta aparente deficiencia provienen algunas cosas buenas (las ficciones poéticas, la retórica amorosa, la esperanza religiosa, etcétera) y otras que no lo son tanto: por ejemplo, la mentira y la hipocresía. La más reciente ilustración de estas consecuencias perversas del antirrealismo humano son las declaraciones de Gorka Knörr sobre la entrega en el Parlamento europeo de Estrasburgo del Premio Sajarov a la iniciativa ciudadana ‘Basta ya’, coreadas y ampliadas después por los medios de comunicación nacionalistas (como no voy a llamarles ‘la brunete mediática’ no sé muy bien qué pintoresquismo simpático aplicarles: ¿quizá ‘los invencibles de Santoña’?

El parlamentario Knörr, que coincidió por azares del destino en el avión a Estrasburgo con los setenta miembros de ‘Basta ya’ y casi rompe con la cabeza una puerta de cristales en su urgencia por salir del aeropuerto sin saludar a quienes entre ellos le conocían, se inventó a despecho de toda evidencia que el hemiciclo del foro europeo estaba medio vacío en el momento de la ceremonia del galardón, por culpa del espanto que sentían los parlamentarios ante el peligro de contaminarse con la cercanía de las víctimas del terrorismo y de quienes luchan contra él. Este supuesto escrúpulo es algo chocante, dado que la inmensa mayoría del Parlamento -salvo el grupo en el que está el señor Knörr, que no es precisamente multitudinario- había votado con todo entusiasmo a favor de la concesión del premio. Y aún más raro es que, pese a haberse ido casi todo el mundo, las televisiones mostrasen el hemiciclo sorprendentemente nutrido de asistentes y el resto de los medios de comunicación celebrase el número inusualmente alto de parlamentarios que quisieron asistir a una ceremonia protocolaria de la que fácilmente hubieran podido eximirse para salir a estirar las piernas hasta la próxima sesión del plenario. La verdad es que no se salieron doscientos parlamentarios, ni cien, ni cincuenta sino menos de diez, al oír mencionar la parcial responsabilidad nacionalista en la perpetuación de la cultura política que sirve de cultivo y banderín de enganche a ETA. Estaban en su derecho y hasta recuerdo bastantes conferencias en que se me ha ido más gente con motivos menos claros.

De nuevo ocurre ahora como en la ociosa polémica sobre si sólo había veintitrés mil asistentes o unos cuantos más en la manifestación organizada por ‘Basta ya’ en septiembre. Resulta bastante patético el afán de hablar exclusivamente para la propia parroquia que sienten algunos nacionalistas, con la ilusión de que quienes la forman no tendrán ocasión ni ganas de contrastar la información embellecida que reciben de sus mentores: vosotros sois el universo entero, los demás no existen, sólo son un invento maléfico de ese Ministerio de Interior que está en el exterior. ¿De verdad creen que con ese juego de manos queda conjurado el ‘peligro’ que supone tener que admitir que existen muchos otros que piensan de distinto modo, que esos otros cada vez tienen más audiencia en Euskadi y en Europa, que es imprescindible prepararse a convivir con ellos en igualdad política de condiciones y que ya no volverá a haber posibilidad de negar su existencia ni su relevancia para el futuro de nuestra comunidad?

Pero lo peor no son las fábulas de Gorka Knörr, interesadamente compartidas y amplificadas por otros que se las creen tan poco como él aunque no pierden la esperanza de que se las traguen los fieles más devotos. Lo verdaderamente grave es que un colectivo vasco reciba un premio europeo y pueda hablar con todos los grupos parlamentarios reconocidos en Estrasburgo, menos precisamente con los representantes nacionalistas cuyas objeciones y comentarios podría haber sido tan interesante escuchar. ¿Cómo pueden luego quejarse de que se les excluye de nada quienes voluntariamente se ausentan de lo que más les concierne? Podrían haberse salido del hemiciclo al oír palabras que les molestaron, pero antes, en las múltiples reuniones celebradas a través de dos jornadas agotadoras, tuvieron la ocasión de hacer oír sus objeciones y rebatir los argumentos opuestos. Prefirieron una arrogante -¿o demasiado prudente?- retirada. ¿Es éste el camino del tan cacareado y malentendido diálogo?

Los nacionalistas vascos protestan porque los demás les satanizamos. Pero ante un pacto de mínimos democráticos, como el suscrito por el PSOE y el PP, responden con una descomedida virulencia, igual que si se les invitara al más escalofriante de los hara-kiris. ¿No era en cambio la mejor de las ocasiones para demostrar a los escépticos que su proyecto político no pretende abolir el Estatuto y la Constitución que fundan nuestra convivencia, sino partir de esas leyes para reformarlas, cuando tengan mayoría suficiente para ello e ideas claras sobre lo que proponer a cambio? Plantean una campaña en defensa de los derechos humanos, empezando por el de la vida, pero omiten cualquier mención a quienes han muerto en este país por defenderlos. ¿No era el momento de poner junto a Gandhi, Ellacuría y Luther King a Ordóñez, López de la Calle o Lluch? ¿O es que en el caso de los tres primeros ya sabemos que fueron víctimas de asesinos despreciables, mientras que a los otros se les sigue considerando como semi culpables del contencioso que acabó con ellos, asesinados, cuyos asesinos no son malos del todo y hasta pueden figurar en las comisiones parlamentarias de derechos humanos? Otorgan en el Parlamento europeo un premio a un colectivo que denuncia y lucha contra el terrorismo, formado por personas que han militado en todo tipo de grupos similares desde hace décadas, y eso les parece al señor Knörr y adláteres algo ‘bochornoso’, que debe ser repudiado casi con tanta indignación como la que retóricamente suelen aplicar a los crímenes etarras. ¿No podrían haber tenido mejor la elegancia de celebrar ese compromiso internacional contra la intolerancia criminal, dejando así bien claro que para ellos no es equivalente el delito de criticar a los nacionalistas con el de liquidar al prójimo? Un juez investiga el supuesto desvío de fondos destinados a la promoción del euskera hacia inversiones muy distintas y nada limpias, ante lo cual todo el nacionalismo institucional lanza una campaña de desaforadas acusaciones contra quienes ‘odian’ el euskera y absurdos semejantes. ¿No hubiera sido preferible dejar claro que respetando la presunción de inocencia de cada cual, es interés de todos que el euskera no sea utilizado por nadie como cobertura para manipulaciones ideológicas o complicidades criminales, porque esos sí que son objetivamente los peores enemigos de la lengua? En fin, para qué seguir.

Mientras prolongamos golosamente estas disputas miserables, los asesinos han vuelto a actuar. Lo han hecho en Cataluña, donde personas de buena voluntad y poca información exigían con entusiasmo diálogo hace bien poco. Pero los terroristas, cuando oyen hablar de diálogo, entienden que ya el enemigo se debilita y pide árnica. «Unos cuantos muertos más y comenzarán a darnos la razón para acabar de una vez», suponen ellos. «Sigamos matando catalanes, que ya empieza a resquebrajarse la cosa». Ahora la cuestión es concretar de qué vamos a nutrirnos los demócratas para sacar fuerzas contra semejantes verdugos. Para mí está claro que con tomar de vez en cuando taza y media de la sopa boba de Knörr no conseguiremos nunca suficientes vitaminas.

Recuerdo
ERASMO El Mundo   17 Diciembre 2000

Acción, reacción, acción... Muerte, condenas, movilización. Cinco lustros recalcitrantes, tanto diálogo y la misma secuencia, mil muertos y la fontanería entra en el ranking de profesionales de alto riesgo. Frente a quienes se conmueven ante el ataúd inerme de la víctima penúltima, los parteros de la Historia aún ven a los muertos como segmento estadístico. ¿Y Arzalluz? Sólo caídos por Dios y por Euskadi.

Más cerca de la unidad
Editorial El Correo  17 Diciembre 2000  

Menos de una semana después de que el Partido Popular y el PSOE redactaran el ‘Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo’, y antes de que las posiciones políticas de las demás formaciones se decantaran definitivamente respecto al contenido de dicho texto, el asesinato de Francisco Cano ha devuelto al conjunto de la clase política a la cruda realidad de un terrorismo que no ceja en su empeño de doblegar la dignidad humana y horadar la convivencia. Las contradicciones y titubeos en que a menudo incurren los dirigentes políticos constituyen el efecto inducido por la brutal irrupción del crimen de intencionalidad política en el espacio reservado a la palabra y al voto. 

La repercusión inmediata de la perpetuación de la barbarie es que su acoso constante empuja a los ciudadanos a pensar en la concesión de algún valor que pertenezca al Estado constitucional para saciar así el apetito terrorista. Se trata de una reacción natural y lógica; la misma respuesta instintiva que llevó a miles y miles de ciudadanos a secundar el lema del diálogo tras el asesinato de Ernest Lluch. Pero es obligación de los partidos y las instituciones democráticas, en primer lugar, y de los medios de comunicación y los líderes de opinión, en segunda instancia, aportar dosis suficientes de racionalidad a los sentimientos que desata la impotencia social generada por una fuerza pavorosa e incontrolable como es la violencia etarra. 

Cualquier sondeo de opinión mostrará que la ciudadanía valora positivamente el diálogo y la negociación en tanto que son referencias propias de una sociedad libre y tolerante. Pero sería una grave equivocación que la actitud de aquellas formaciones políticas que discrepan sobre el fondo o la forma del ‘Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo’ terminara fomentando el populismo y la evocación simplista de soluciones que ellas mismas no son capaces siquiera de imaginar. La experiencia de los últimos años indica que el delirio violento se nutre con cada incauto acercamiento a sus posiciones por parte de las instituciones o los partidos políticos; se envalentona ante la división política que suscita la debilidad de la sociedad democrática. Pero esa misma experiencia nos muestra que la violencia terrorista se ha sentido más débil a la hora de emponzoñar la convivencia cuando más sólida se ha mostrado la unidad democrática contra el terror, cuando más palpable era la vigencia del Pacto de Ajuria Enea.

Que haya formaciones políticas que exterioricen su desacuerdo o sus reticencias ante el pacto firmado entre el PP y el PSOE no sólo resulta legítimo, sino que puede contribuir a consensuar y mejorar una estrategia democrática de fondo frente al embate terrorista. De hecho, los gestos de mutua aproximación que se han producido en los últimos días entre los firmantes del pacto y los líderes de CiU e incluso de IU atestiguan que, más allá de la adhesión formal o no al mismo, existe una amplia coincidencia sobre la necesidad de un frente común de los demócratas para poner freno a la bárbara agresión contra la vida y la libertad. Pero lo que no tiene sentido es que a estas alturas haya dirigentes políticos que se hagan los ingenuos hablando de soluciones; o que pretendan convertir la búsqueda de la paz en un ejercicio de ilusionismo, dispuestos a señalar cada día una puerta de salida a una situación cuyas consecuencias más dramáticas no padecen directamente.

El PNV se presenta ante la opinión pública como la llave de acceso a la paz; como la fuerza imprescindible para alcanzar una solución al problema de la violencia. Así lo manifestaba el propio Arzalluz esta misma semana. Es indudable que un futuro de concordia y entendimiento para el País Vasco requiere la participación del nacionalismo democrático en la regeneración cívica de una sociedad amenazada por la división y el abatimiento. Pero el argumento que sustenta esa necesaria participación no puede ser, en ningún caso, la infundada suposición de que el PNV tiene la solución al problema del terrorismo que practica ETA. En primer lugar, porque no es verdad; o por lo menos nadie ha podido demostrar que lo sea. Pero sobre todo porque semejante lógica no sólo dejaría la política vasca -y buena parte de la política española- a disposición de lo que en cada momento pretenda el nacionalismo, sino que además arrastraría al sistema democrático -demócratas nacionalistas incluidos- tras los pasos que imponga la dictadura etarra. Es bueno que las demás formaciones democráticas propicien la comunicación con el PNV para evitar, cuanto menos, que las diferencias vayan a más. Pero, independientemente de que el texto del acuerdo PP-PSOE lo contemple como condición ineludible, el problema real es que resulta imposible conciliar el compromiso suscrito por el nacionalismo democrático en Lizarra con su hipotética adhesión a un consenso democrático contra la violencia.

La respuesta de ETA al diálogo
GEMMA ZABALETA El Correo  17 Diciembre 2000

La política en el País Vasco es enormemente dura y difícil. Muchos nos jugamos la vida en ello, cosa que no ocurre en el resto de sociedades de nuestro entorno. Como llegara a decir Tony Blair, durante el proceso de conversaciones en Irlanda del Norte, «éste no es un asunto más de nuestra vida política cotidiana; es un asunto entre la vida y la muerte. Por eso, no sólo pesa sobre la inteligencia, sino que pesa también sobre el alma». El proceso vivido en Irlanda del Norte hizo que algunos presagiaran que la vía del diálogo pudiera acabar con muchos años de violencia terrorista, también en Euskadi, obviando que para ello tienen que querer hacerlo los que empuñan las armas.

Se ha instalado la idea en la sociedad de que sentándonos a dialogar quienes apostamos por las vías políticas, pacíficas y democráticas para resolver los conflictos, conseguiremos acabar con ETA. Y es importante deshacer este equívoco, que es parte de nuestro pecado original.

Hay un conflicto vasco, porque hay un nacionalismo incómodo con el marco jurídico constitucional y estatutario; un conflicto agudizado por unas pretensiones soberanistas de más calado y por un profundo desencuentro entre este nacionalismo que gobierna paradójicamente las instituciones que cuestiona y el Gobierno del Estado, en manos del PP. Es en este ámbito, en el que sólo cabe el diálogo político, y siempre para tratar de resolver los conflictos con soluciones que aglutinen mayores consensos que los actuales, y no desde posiciones de trincheras.

Los socialistas no estamos en ninguna cruzada contra el nacionalismo. Es más, creemos saludable que el nacionalismo se muestre a la ciudadanía nítidamente soberanista e independentista, porque arroja más claridad, si bien consideramos que ese no es el nacionalismo que más conviene a un país que necesita el entendimiento de todos. Pero es su opción y no seremos nosotros quienes les digamos lo que tienen que hacer, como tampoco nosotros vamos a recibir lecciones de nadie sobre cómo y con quién debemos o podemos entendernos. Ninguna compañía nos da o nos quita legitimidad. Ayudamos a construir este país con los nacionalistas en el pasado y lo seguimos construyendo desde la oposición y en solitario en la actualidad. El futuro está en las manos de los ciudadanos y ciudadanas.

Pero debatir desde las opciones políticas y con las reglas del juego de la política no va a acabar nunca con el terrorismo. El terrorismo contamina e impide cualquier avance en el diálogo político, porque quienes matan no quieren dialogar. Lo dejaron muy claro cuando rompieron la tregua. ¿Alguien cree que los acuerdos del Pacto de Estella satisfacieron a ETA? ¿Que los ritmos políticos allí marcados cumplían sus expectativas? ¿Por qué si no rompieron la tregua? Sólo la suscripción íntegra de sus propuestas podría, siendo benévolos, hacer declinar las balas, porque cada vez somos más los ciudadanos de todas las ideologías que no creemos en una ETA romántica y liberadora de nada, sino una ETA sindicato del crimen y al margen de cualquier planteamiento político. Lo dicen los que la conocen bien. Nutrida de jóvenes desideologizados, dispuestos a todo.

Por todo ello, y siguiendo las consideraciones que comparto de un nacionalista: a ETA no se la convence, se la vence. No sólo hay que condenar la violencia de ETA. Hay que combatirla, y hacerlo más eficazmente y, primordialmente, y no de manera excluyente, desde el partido que gobierna en España y tiene más responsabilidades en la lucha contra el terrorismo y el primer partido de la oposición, llamado a gobernar. A esa lucha contra ETA estamos llamados todos, porque Euskadi necesita una regeneración ética y moral. Un acuerdo de todos para que no se siga sembrando la semilla del diablo entre los jóvenes, y tantas otras medidas como pudieran acordarse.

Eso es ni más ni menos lo que los nacionalistas con el lehendakari a la cabeza han venido postulando en algunas ocasiones, separar paz y política. Pero no lo hacen. Cada vez más los nacionalistas tienen en nuestra opinión más dificultades para liderar la lucha por la paz, que es la lucha contra ETA. Porque no tienen credibilidad. Se ha agotado su tiempo. Su claridad de planteamientos soberanistas legítimos es inversamente proporcional a la de sus propuestas de lucha contra ETA. Combatir la situación en la cual se pierde la vida o la libertad por defender unas ideas, es previo a cualquier reivindicación política, sería así en cualquier sociedad civilizada de nuestro entorno. Por no hacerlo les censuramos, y por ello, Euskadi necesita la esperanza de un cambio político.

Del pacto, al Gobierno
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Diciembre 2000

El cronista está animado. El «Euskobarómetro» vino a dar la razón a los análisis, que había hecho unas horas antes, según los cuales los constitucionalistas «pueden» llegar a formar gobierno en Vitoria. Contra lo que se piensa que está en el orden-natural-de-las-cosas, los nacionalistas «pueden» perder en las próximas elecciones.

Y ¿por qué han coincidido las intuiciones del uno y las conclusiones «científicas» del otro? Porque hay muchos indicios de ello: la lenta pero segura subida de los constitucionalistas (autonomistas prefiere decir el profesor Llera, director de la encuesta), la conquista democrática de Álava, la recuperación del electorado de Vizcaya, el ascenso irresistible del PP frente al «resistible» autoritarismo del universo abertzale, la rebelión frente a la dictadura nacionalista y la estrategia desesperada del que sabe que comienza a ponérsele difícil la vía electoral.

Como señalaba ayer en ABC Edurne Uriarte, aunque se está dando un progreso en el voto constitucionalista, el discurso de los nacionalistas sigue siendo el hegemónico. Ese es justamente el reto al que deben responder populares y socialistas. La esperanza del triunfo electoral ya es una forma de hacerlo.

Por eso está animado el cronica: el relevo en el poder significará un cambio muy profundo en la sociedad vasca. Pondré un ejemplo: el día en que estén los constitucionalistas en el poder (sea el lendakari popular o socialista) podrán oponer el monopolio de la violencia legítima a la ejercida por ETA. No menos trascendental será el control de los recursos económicos... «Pero esa situación llevará a una agudización mayor de la tensión de los dos bloques en que se divide la sociedad vasca; el enfrentamiento será a muerte», dicen muchos (unos por su escasa imaginación para la dialéctica, muchos por su propensión apocalíptica, otros por resentimientos no reconocidos y algunos porque están en la nómina). Y yo digo, ¿más tensión que ahora? ¿Acaso el gobierno Ibarretxe se ha dedicado a dulcificar las relaciones entre autonomistas e independensitas o no es más bien cierto que su gobierno está llevando la tensión hasta el extremo de favorecer la persecución de una parte de la sociedad por la otra? ¿Acaso no se proclama desde las instituciones el final de éstas para ir a un País Vasco independiente, euskaldún y expansivo? En todo caso, ¿podría imaginarse una salida más trágica que cerrarse a la voluntad popular en el caso de que ésta decidiera llevar al poder a los autonomistas?

Pero lo que da mayor fundamento a la esperanza, tanto por lo que se refiere a una victoria electoral como a una futura forma de gobernar, es este «acuerdo por las libertades...» firmado por los dos grandes partidos nacionales —el ochenta por ciento del electorado— que va camino de integrar a los demás. Después de andalucistas, Coalición Canaria y Unidad Alavesa vendrá IU. Llamazares no podrá oponerse a la voluntad de las bases, y a Madrazo no le será fácil insistir en sus viejas operaciones de apoyo a los nacionalistas. La batalla desborda el mero ámbito vasco. Es España lo que está en juego (lo ha estado siempre pero, sobre todo, ahora). Llegados a este punto de la estrategia nacionalista y al apoyo insensato que comenzaba a dársele por parte de partidos no vascos, el resultado de estas próximas elecciones autonómicas concierte a los cuarenta millones de ciudadanos. De ahí que este «Acuerdo» no tenga nada que ver con esa cosa ñoña y tramposa del «diálogo» sino con el entendimiento profundo en torno a un proyecto de sociedad.

Este pacto no tiene que ver con meros cálculos electorales sino que los trasciente. Es una implícita promesa de gobierno.

El Comandante Madrazo y el sargento Llamazares
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 17 Diciembre 2000  

¿Qué extraña fuerza, que incomprensible influencia tiene Javier Madrazo sobre la dirección de Izquierda Unida como para hacer que el recién estrenado coordinador de la coalición rectifique en apenas venticuatro horas su aparente predisposición a unirse a los partidos democráticos en el pacto contra ETA? ¿Acaso la garantía de que mientras IU siga uncida al yugo del Pacto de Estella los etarras no matarán a ningún representante de los pocos que le quedan a EB-IU en el País Vasco y, lo que es más importante, de los que aún mantiene a nivel nacional? ¿O es que ya actualmente la única seña de identidad del PCE es su identificación con ETA y el PNV frente a los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE?

Probablemente, las dos cosas. Amén de una tercera: la pavorosa fragilidad del liderazgo de un Gaspar Llamazares, incapaz de defender el punto de vista de la mayoría de dirigentes y votantes de la coalición. Ni siquiera de imponerlo a un personaje tan deleznable como Javier Madrazo, que ha destruido la base electoral de la coalición en el País vasco, que a escala española está arruinando definitivamente la credibilidad de IU como fuerza nacional de izquierdas alternativa al PSOE, que no ha pertenecido nunca al PCE vasco y que, en realidad, no es o no parece otra cosa que un "submarino" del PNV, que acaba de reformar la ley electoral para tratar de asegurarle un escaño tras las elecciones, señal inequívoca de hasta qué punto está seguro del sentido de su voto.

Llamazares podía haber encabezado la recuperación de Izquierda Unida para la construcción de una izquierda democrática española, verdaderamente curada de la catástrofe soviética y dispuesta a rectificar los dogmas estalinistas en favor de cualquier ruptura o desestabilización de las democracias occidentales. Pero está haciendo exactamente lo contrario. Mientras Fidel Castro encabeza la reivindicación internacional de la banda terrorista contra la España democrática, el PCE se pone al servicio de ETA y del PNV a través del insignificante pero significativo Madrazo, un personaje al que evidentemente se ha minusvalorado en su capacidad de hacer daño.

El panorama de la izquierda española no felipista es, cada día más y en todos los sentidos, de terror. Estas son sus coordenadas: Putin en La Habana, Madrazo en Estella y Llamazares en la inopia. Así que, cuando el nuevo dirigente de IU ha querido retomar el discurso de las libertades frente al terror, ha bastado una llamada al orden del comandante Madrazo para que el sargento Llamazares se ponga en primer tiempo de saludo. Al coordinador coordinado sólo le ha faltado repetir la consigna simiesca de los sicarios del déspota habanero: "¡Comandante en Jefe! ¡Ordene!"

Tontas excusas
Por Carlos DÁVILA ABC 17 Diciembre 2000

El secretario general de Convergencia, Artur Mas, es quien con mayor fuerza se niega a que su partido suscriba el Pacto de Madrid. Pero como es un político singularmente perspicaz, se da cuenta del riesgo que corre con su oposición. El riesgo que corre su partido encelado en una aparente «cuestión de forma» para no aportar su firma al documento. El alegato de Mas y por tanto de Convergencia (quizá también de Unió, que no tiene opinión unívoca) es triple: «Que no nos llamaron para “pactar el pacto”», «que no estamos de acuerdo con la mención al PNV» y «que nos gustaría suscribir el acuerdo pero no el prólogo». Como se ve —perdón—, bobaditas o excusas pueriles.

La negociación de entrada no admitía nuevos coloquiantes. Hubiera sido imposible coronarla con éxito si Convergencia hubiera estado allí defendiendo —como lo hace aún— al mismo tiempo el Acuerdo y la impresentable Declaración de Barcelona, aquella explosión soberanista que alentó al PNV a perpetrar todas las tropelías que ha venido realizando. Por lo demás, el prólogo es lo mejor del texto, la prueba es lo mucho que molesta a los nacionalistas en retiradas y a sus portavoces informativos más o menos agradecidos. Es decir, excusas banales, que encubren una sola realidad: Convergencia, Pujol y Mas no se atreven a marginar como ya les pide el cuerpo a Arzalluz, a pesar del daño irreparable que este orate está haciendo a la ya de por sí maltrecha causa del nacionalismo.

Si es verdad que rechaza, como decía el senador Capdevila, «a ETA sin condiciones», Convergencia tiene que firmar y punto. El partido de Pujol tiene que hacer eso y olvidarse de sus ataduras con el PNV, también de sus relaciones con Esquerra Republicana, uno de cuyos dirigentes, un tal Huguet, se ha soltado el pelo con una soflama miserable. Ha dicho: «El PP manipula a la opinión con los muertos». Es de esperar, por su bien, que Huguet nunca los tenga que llorar.

El único posible
SANTOS JULIÁ El País 17 Diciembre 2000

Como si el tiempo no hubiera hecho desde entonces su labor, la firma del acuerdo entre PP y PSOE ha suscitado un coro de voces nostálgicas de otro pacto firmado en Ajuria Enea en marzo de 1988 por una amplia nómina de partidos, de Alianza Popular al PNV.

Aquél sí que habría sido un pacto de verdad, inclusivo y no excluyente, abierto y no cerrado, negociado y no impuesto, dicen las voces. Entre ellas ha resonado con fuerza la del mismísimo PNV, que descalifica como una clara regresión respecto al modélico pacto de Ajuria Enea el firmado esta semana por los dos partidos mayoritarios de ámbito estatal.

Como la memoria es corta y la mentira es arma habitual en las luchas por el poder, no estará de más recordar la sustancia de aquel pacto. Al ratificarlo con su firma, el PNV estaba entonces de acuerdo en que el Estatuto de Gernika representaba la voluntad mayoritaria de los ciudadanos del País Vasco y constituía la norma institucional básica para acceder a su autogobierno; creía necesario y urgente establecer un acuerdo estable entre el Gobierno vasco y el del Estado para combatir el terrorismo; compartía la necesidad e importancia de la acción policial y de la colaboración internacional para erradicarlo; lamentaba la ruptura que se había producido en la sociedad entre quienes habían optado por la vías democráticas y estatutarias y quienes continuaban haciendo uso de la violencia; apoyaba, en fin, procesos de diálogo siempre que se dieran condiciones fundamentadas en una clara voluntad de poner fin a la violencia.

Estatuto, acuerdos de gobierno, acción policial, colaboración internacional, erradicación del terrorismo: ésa era la letra de aquel pacto. Y eso es lo que repite el acuerdo entre PP y PSOE, con el añadido, impensable en 1988, de un prólogo en el que constatan el fracaso de la política seguida por el PNV y EA desde sus acuerdos con ETA y EH, exigen la ruptura formal del Pacto de Estella y muestran su resolución de derrotar la estrategia terrorista sin evocar para nada el diálogo.

El PNV, como era de esperar, ha puesto el grito en el cielo, e IU, como era de temer, convocó un frente de rechazo. La iniciativa de IU muestra lo errático y oportunista de su política vasca, si no sencillamente la inexperiencia de su líder. Pero la reacción del PNV es otra cosa. Lo es porque pretende situar en el pretérito, en 1988, la fórmula para encarar el futuro, pasando por alto que el pacto de Ajuria Enea fue posible porque el PNV reconocía la vigencia del Estatuto y marcaba la divisoria entre demócratas y terroristas.

Partiendo de esos postulados, la política del PNV se encaminaba —o así fue expresamente proclamado— a "erradicar el terrorismo". La misma dinámica del acuerdo, en el caso de que ETA persistiera en sus atentados, llevó de la mano al comunicado leído por el lehendakari Ardanza tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco: aislar social y políticamente al terrorismo y a su brazo político, HB.

Pero, una vez enfriado el cadáver del desventurado concejal del PP, el PNV puso en marcha una estrategia no ya alternativa, sino contraria a todos y cada uno de los artículos de Ajuria Enea. Su portavoz calificó el Estatuto de forzada imposición española y sus parlamentarios rechazaron formalmente su vigencia; la coordinación intergubernamental para combatir el terrorismo quedó al margen de los acuerdos de legislatura; la acción policial fue descalificada y la Ertzaintza recibió órdenes de no intervenir en la kale borroka. Más grave aún: la línea de fractura antes trazada entre demócratas y violentos se desplazó, por el pacto sellado con ETA, a la establecida entre nacionalistas y "enemigos de la construcción nacional".

Ésta es la situación a la que han debido enfrentarse PP y PSOE. Lo han hecho reafirmando la vigencia de los principios de Ajuria Enea. Su pacto, porque no incluye al PNV, no es el mejor de los deseables; pero, porque el PNV ha conducido la política vasca a un callejón sin salida, es el único posible.

Ahí va esa liebre
Por Jaime CAMPMANY  ABC 17 Diciembre 2000

Hay quien dice que España quiere decir tierra de conejos, no de toros, que ese tótem vino después, cuando les incendiaron las astas a los toros de Iberia para echarlos a la guerra o se las afeitaron para echarlos a la corrida. Ni tampoco quiere decir tierra de serpientes, ni siquiera de esa víbora cornuda que sólo se aclimata entre nosotros los celtíberos y que se halla en peligro de extinción como los guerristas. Tierra de conejos es España y por aquí corren dos liebres que no hay quien las cace, las apiole y las eche al arroz de cada domingo. Una de esas liebres es el terrorismo, que lleva tras ella un ejército de galgos que jamás terminan de alcanzarlas. La otra liebre es la inflación, que se le escapa a Rodrigo Rato.

La liebre del terrorismo se pasea por estos páramos y de vez en cuando se deja algunos pelos en los matorrales o en los espinos, pero el problema mayor para detenerla es que se encama tranquilamente y con toda seguridad en las madrigueras oficiales de su país de origen y en algunas otras que tienen de antiguo en el país vecino. Por cierto, que ahora el país vecino ha dejado de ser «refugio» o «sagrario» de los etarras para convertirse en «país enemigo», y ahí tenemos la reciente extorsión al futbolista francés Lizarazu, la primera que se hace contra un súbdito francés. No parece que los etarras hayan decidido sustituir con futbolistas famosos a los concejales populares. Eso será más bien una manera de dar a la advertencia estruendo de campanada.

La liebre del terrorismo la tiene Arzallus encamada debajo del sillón, y allí vuelve después de alguna correría por esta tierra de conejos. La liebre de la inflación corre por su cuenta, y nuestros hacendosos hacendistas tampoco encuentran la forma de detenerla. Nuestros precios se inflan bastante más que los de Europa, y hay que reconocer que por ahí han acertado a superar mejor que nosotros la subida del precio del petróleo y la caída del euro, esos dos factores que cargan con la culpa de que ahora mismo esté España en el 4,1 del IPC, (Incremento de Precios al Consumo) las fatídicas siglas que abruman y entristecen desde siempre nuestra economía. En Norteamérica, esa cifra anda por debajo de la mitad de la cifra celtíbera, y allí están horrorizados.

A los jubilatas les van a compensar el quebranto con una paga extra que le va a costar un riñón al Fisco, pero la lucha está ahora en la revisión de los salarios. Ahí, están metidos en un buen lío los sindicatos, la patronal y el Gobierno. Si no suben los salarios al ritmo de la inflación, los currantes pierden poder adquisitivo, y eso, se mire por donde se mire, no es justo. Si los salarios compensan la inflación, que parece lo justo, es probable que entremos en esa espiral nefasta de precios más altos y mayores salarios. Alguien tendría que explicar desde el Gobierno por qué en España las circunstancias negativas de la economía mundial, es decir la subida del precio del barril de crudo y la irresistible ascensión del euro, han pesado más que en el resto de Europa.

El caso es que aquellas ilusiones de dejar la inflación muy próxima a los dos puntos, cuando se nos prometían tiempos muy felices y larga bonanza económica, se han venido abajo como un castillo de naipes. No somos, ni mucho menos, los ricos de Europa, pero sí somos los que gastamos con más alegría. Quizá estemos demasiado habituados a esa frase tan celtíbera: «Mañana, Dios dirá». Y Dios, a veces, se queda callado. Los precios de esta Navidad se presentan más inflados que los de ninguna otra. Estamos abocados a aceptar con naturalidad cualquier subida de los precios, como en el cuentecillo del bilbaíno. «¿A cómo está la angula, Chemari?» «A cincuenta y cinco mil pesetas». «¿Y el quilo?»

Un precio que PSOE y PP no deben pagar
Impresiones El Mundo 17 Diciembre 2000

Dos voces de diferentes formaciones políticas, las de Pasqual Maragall y de Gaspar Llamazares, coincidieron ayer en reclamar cambios en el Pacto Antiterrorista, suscrito por PP y PSOE, para permitir a otros partidos sumarse al acuerdo. El dirigente socialista catalán instó a dichos partidos a «exigir modificaciones o matices para que también abanderen este proceso de unidad de los demócratas». El coordinador de IU propuso una serie de cambios -algunos razonables- y solicitó la eliminación del preámbulo en el que se condiciona cualquier acuerdo con el PNV a su salida del Pacto de Estella. Es obvio que si se suprime el preámbulo, el acuerdo entre el PP y el PSOE se queda en nada. Una cosa es ser flexible y otra, realizar modificaciones que harían el Pacto Antiterrorista irreconocible. El apoyo de IU no vale, desde luego, tan alto precio político.

Zapatero afirma que hay que «pasar de condenar a combatir el terrorismo»
MADRID. ABC   17 Diciembre 2000

El PP y el PSOE prosiguieron ayer con sus llamadas a las demás fuerzas democráticas para que se sumen al pacto contra el terrorismo. El secretario general de los socialistas, José Luis Rodríguez Zapatero, se dirigió «a aquellos que tienen que hacer mucho más por defender la libertad», a los que dijo que «tienen que pasar de condenar a combatir el terrorismo», en declaraciones a la cadena Ser. Además, pronosticó que «al final estará, si no todo, casi todo el mundo en este acuerdo».

Un pronóstico similar formuló el secretario general del PP, Javier Arenas, para quien resulta «extraordinariamente difícil que un demócrata no pueda firmar» el pacto que el marte sellaron su partido y el PSOE, informa J. J. Saldaña.

Al pacto decidió sumarse ayer Unión del Pueblo Navarro (UPN), según se anunció tras la reunión del comité de coordinación entre este partido y el PP, a la que asistió Javier Arenas, según informa Begoña López. El presidente del gobierno foral, Miguel Sanz, manifestó su deseo de que otros partidos sigan los pasos de UPN «porque eso será bueno para la democracia, para luchar contra el terrorismo y para la defensa de las libertades». «Cuando se comparte el contenido sobre algo sustancial como es la defensa de las libertades y el Estado de Derecho, hay que dejar al margen las estrategias, que tienen mucho más que ver con planteamientos partidarios que con planteamientos derivados del interés general. Lo demás son excusas de mal pagador», afirmó.

EL MARTES SE ESTUDIA LA FÓRMULA
La forma en que UPN se sumará al pacto, al igual que Coalición Canaria y Unidad Alavesa, será estudiada el martes en la primera reunión de la comisión de seguimiento, según anunció Arenas, quien volvió a pedir a CiU que se sume al acuerdo, mientras a IU le reclamó que clarifique su política porque «han estado en Estella y han reconocido en su último congreso el ámbito vasco de decisión y el derecho de autodeterminación».

Mientras, el Partido Socialista de Navarra ha hecho un ofrecimiento a las fuerzas democráticas de esta Comunidad para firmar un acuerdo antiterrorista similar al alcanzado a nivel estatal entre PP y PSOE. También el primer secretario del PSC, José Montilla, anunció que los socialistas catalanes «vamos a redoblar esfuerzos para conseguir que CiU e Izquierda Unida se sumen».

Para facilitar estas incorporaciones, el secretario del área de Libertades de la Ejecutiva del PSOE, Juan Fernando López Aguilar, no descartó la posibilidad de introducir alguna modificación en el texto del acuerdo.

Alberto Fernández Díaz: «Ha llegado el momento de acabar con la Declaración de Barcelona»
Entrevista con el presidente del Partido Popular de Cataluña
El presidente de los populares catalanes, Alberto Fernández Díaz, considera que ha llegado el momento de que Artur Mas ponga fin a la Declaración de Barcelona, en la que tiene como compañero de viaje a un partido nacionalista «enloquecido», en alusión al PNV.
Inmaculada G. de MOLINA.- La Razón   17 Diciembre 2000

A
lberto Fernández tiene ahora un gran reto por delante, evitar la fuga de concejales del Partido Popular de Cataluña, atemorizados después del asesinato de su compañero Francisco Cano. Para el logro de este fin, pondrá toda la carne en el asador en las próximas semanas. Por su parte, el presidente de los populares catalanes asegura que su mente rechaza, por higiene mental, cualquier luz de alarma que se encienda sobre quién puede ser el siguiente en la lista de asesinados por la banda terrorista. Aunque asegura no estar dolido por el rechazo de Jordi Pujol a sumarse al pacto antiterrorista, considera que ha llegado el momento de que el nuevo secretario general de Convergencia Democrática de Cataluña, Artur Mas, de por liquidada la Declaración de Barcelona, en la que CiU tiene como compañero de viaje a un «partido nacionalista enloquecido», en alusión al PNV. Por lo demás, desea, de corazón, confiar en la voluntad férrea del PSOE de cumplir con «la letra y el espíritu» del acuerdo rubricado por Javier Arenas, el presidente José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. No obstante, confiesa no comprender el encuentro que mantendrán en enero próximo el secretario general socialista con el «lendakari» Ibarreche.

    -¿Por qué Eta ataca ahora al Partido Popular catalán?
    -Eta no tiene lógica en sus objetivos. El PP es objeto ahora como antaño lo eran los compañeros de Andalucía o de Madrid. Por tanto, los atentados de Eta no tienen lógica ni política ni geográfica, sino el común denominador de extender el terror a todos los sectores de la sociedad española.

    -¿Este asesinato es la respuesta de Eta al pacto antiterrorista?
    -Eta no da respuestas, sólo pretende imponer sus criterios con la violencia. No necesitaba este pacto para seguir matando. El atentado contra Paco Cano es la respuesta de siempre de la banda, no tiene relación con el pacto antiterrorista.

    -¿Hoy más que nunca tiene validez el pacto alcanzado esta semana por el PSOEy el PP?
    -Hoy más que nunca aquellos que no lo han suscrito deben reconsiderar su actitud.

    -¿Se siente dolido con Pujol por su rechazo al acuerdo?
    -Confío en que Jordi Pujol y Convergència i Unió reconsideren su actitud inicial y que puedan sumarse al pacto antiterrorista. CiU siempre ha demostrado un sentido de la responsabilidad en la lucha contra el terrorismo. Confío en que la cancelación de la entrevista prevista para ayer entre Arzallus y Pujol sea el primer paso para una rectificación de la postura inicial del nacionalismo catalán. Jordi Pujol debe expresar con absoluta rotundidad su firmeza democrática y de no comprensión nacionalista hacia el Partido Nacionalista Vasco y al señor Arzallus.

    -¿Se podría suavizar el preámbulo del acuerdo para dar cabida a CiU?
    -Este es un pacto antiterrorista y no antinacionalista. CiU debe saber que lo que se persigue es la unidad de las fuerzas democráticas y el rechazo a la violencia terrorista. Desde este planteamiento no sobra ninguna expresión. Se equivoca quien pretende leerlo en términos de exclusión del nacionalismo. Los únicos que se excluyen son aquellos que respaldan la violencia terrorista o mantienen vínculos políticos con aquellos que apoyan a Eta.

    -¿Entonces, no le parece crucial rectificar el preámbulo?
    -En cualquier documento, lo verdaderamente sustancial son los acuerdos y, por tanto, hablar de la exposición de motivos para no respaldar el pacto suena más a excusa para seguir comprendiendo al Partido Nacionalista Vasco y a Arzallus, que no a una decidida voluntad política de no sumarse a ese texto.

    -¿En estos momentos, CiU debería acabar con la Declaración de Barcelona, en la que está con el PNV y el BNG?
    -Sí. Nunca tuvo sentido que Convergéncia i Unió vinculara su orientación política de futuro a un acuerdo con el PNV y el BNG. Nosotros vinculamos la Declaración de Barcelona al impulso del anterior secretario general de Convergéncia Democrática de Catalunya, Pere Esteve. Tras el congreso de Convergéncia y la nueva Secretaría General de Artur Mas, debería facilitar que la Declaración de Barcelona desapareciera. Nunca tuvo sentido y menos ahora con un partido nacionalista, el PNV, absolutamente enloquecido. Por tanto, ha llegado la hora de acabar con la Declaración de Barcelona.    

Bloque excluyente
    -¿El pacto anti-Eta no servirá de nada si no se suma el PNV, como aseguran los nacionalistas?
    -El Partido Nacionalista Vasco es una piedra esencial si deja de respaldar los planteamientos del Pacto de Lizarra. Pero, mientras no lo haga, configura un bloque excluyente en el País Vasco y en el marco de las relaciones de Euskadi con España. Se olvidan de que el pacto entre los partidos Popular y Socialista se asienta sobre principios democráticos y no sobre objetivos políticos o de partido.

    -¿Qué le parece que la respuesta del PNVal preámbulo del documento sea la reafirmación de la validez del Pacto de Estella?
    -Confirma que entre el PNV y HB existe un vínculo político en cuanto a la coincidencia de objetivos. El PNVy HB supeditan los principios democráticos a la consecución de sus objetivos políticos.

    -¿Y que la de Arzallus sea que nunca pedirá la desaparición de Eta mientras existan presos?
    -Esos planteamientos abonan la teoría de que Eta ha servido al nacionalismo vasco para poder conseguir sus metas. Algunos prefieren un País Vasco independiente a uno en libertad.

    -¿La marcha de Arzallus facilitaría el entendimiento con el PNV?
    -Hay dirigentes que engendran odio de pasado más que ilusión de futuro. Por tanto, un relevo generacional en la dirección del PNV permitiría afrontar un nuevo marco político para el País Vasco y para España. La prueba del nacionalismo excluyente del PNV está en el propio Arzallus, cuando califica de «michelines» la grasa que sobra, en alusión a los discrepantes de su partido. En estos momentos, hay un PNV dominante y otro silencioso. Sería conveniente que el sector crítico tomase un protagonismo más activo a la hora de forzar un cambio de actitudes de los actuales dirigentes del PNV.    

Exigir rectificaciones
    -¿Tiene algún sentido el encuentro entre Zapatero e Ibarreche en enero?
    -Son balones de oxígeno a quien tiene desde hace más de un año paralizada la Cámara vasca. Ibarreche fue investido «lendakari» con los votos de HB y se ha mantenido como presidente del Gobierno instalado en la parálisis. Antes de buscar encuentros con Ibarreche, hay que exigirle que rectifique. Ibarreche, que no es la primera vez que ha sido desautorizado por Arzallus o Eguibar, no deja de ser la otra cara de Arzallus, por no discrepar con sus planteamientos.

    -¿Le preocupa que Zapatero anuncie esta reunión dos días después de firmar el pacto con Aznar y Arenas?
    -Las aproximaciones políticas siempre son positivas si se hacen desde la rectificación de planteamientos previos. Si Ibarreche dice una cosa y Arzallus hace lo contrario, lo que prevalece es lo que dice y hace Arzallus. Un encuentro, en estos momentos, con Ibarreche lo que hace es diluir esta realidad.

    -¿Considera una traición que Zapatero anuncie esta reunión cuando acaban de asesinar a un concejal del PP?
    -Quiero confiar en la lealtad del Partido Socialista y en el cumplimiento estricto no sólo de la letra sino del espíritu del acuerdo antiterrorista que ha firmado con el Partido Popular.

    -¿Qué siente cuando la hermana de Francisco Cano pide que «los políticos negocien con ellos», en alusión a los terroristas?
    -Es fruto de la tensión del momento.    

Vergûenza
    -¿Cómo valora que el 71 por ciento de los vascos crean que su Gobierno es ineficaz en la lucha contra la violencia callejera?
    -Confirma la vergûenza del Gobierno vasco a la hora de afrontar la violencia callejera, en una Comunidad Autónoma con 7.000 policías autónomos vascos.

    -¿A qué achaca, sin embargo, que el Euskobarómetro refleje un empate entre el PNV y el PP?
    -Poca gente en el País Vasco, ni siquiera desde la confidencialidad que supone una encuesta, se atreve a expresar con sinceridad sus opciones políticas.

    -¿Entonces, cree que Jaime Mayor Oreja ganará las elecciones vascas?
    -Los nacionalistas llevan 20 años gobernando, periodo en el que la situación política ha empeorado en el País Vasco. Es el momento de dar la oportunidad a las fuerzas políticas que pueden hacer realidad la libertad y la convivencia en esta Comunidad Autónoma.

    -¿Cómo valora la convocatoria de los obispos de Navarra y el País Vasco de la primera manifestación por la paz el 13 de enero?
    -Es un elemento muy positivo. Que la Iglesia tenga un protagonismo activo, sin fisuras y sin actitudes equívocas debe ayudar a resolver esta cuestión.

    -¿Siente miedo? ¿Piensa que el siguiente puede ser usted?
    -Hay cosas que es mejor no pensarlas, para evitar que los pensamientos te desvíen. Hay cuestiones que uno ha aprendido a no pensar ni plantearse.    

La oportunidad
    -¿La falta de unidad entre Convergéncia i Unió facilita el camino al Partido Popular catalán?
    -En Cataluña hay, en estos momentos, un escenario inédito. Por primera vez en 20 años, afronta su futuro con una Convergéncia i Unió que no tiene mayoría absoluta en Parlamento de Cataluña, ni condiciona los gobiernos de España, como hizo con la UCD, con el Partido Socialista y con el primer Ejecutivo del Partido Popular. Este nuevo escenario abre unas perspectivas inmejorables de futuro para el Partido Popular y una tremenda oportunidad para poder consolidar nuestra formación en Cataluña como partido de gobierno. Los dos valores de la sociedad catalana, la normalidad y la pluralidad, juegan a favor del Partido Popular.

    -¿Está más cercana de lo que se piensa una ruptura de la coalición liderada por Durán Lleida y Pujol?
    -Entre Convergéncia i Unió hay una comunión de intereses políticos, articulados desde un Gobierno mantenido en los últimos 20 años. Durán Lleida debería discrepar de Convergéncia y de Jordi Pujol por algo más que por la sucesión. Las discrepancias entre Convergéncia i Unió no deberían centrarse sólo en la sucesión, sino que debería diferenciarse en los planteamientos nacionalistas. Lamentablemente, Durán Lleida ha respaldado los planteamientos incluidos en la Declaración de Barcelona y su partido votó en el Parlamento de Cataluña a favor de la autodeterminación.

IU utilizó dependencias del Govern balear para un acto de apoyo a EH
PALMA DE MALLORCA. Miquel Segura ABC    17 Diciembre 2000

Un departamento de la Consejería de Bienestar Social del Gobierno balear, controlada por Izquierda Unida, ha servido como punto de información y contacto entre los organizadores de un debate sobre «El derecho a la autodeterminación y la resolución del conflicto vasco» que tendrá lugar mañana lunes en la Universidad de las Islas Baleares.

Al acto, organizado por el denominado «Comité de Solidaridad de Baleares con Euskal Herria» y por la «Coordinadora de Estudiantes de los Païssos Catalans», han confirmado su asistencia Fito Rodríguez, parlamentario por Guipúzcoa de EH, y Javier Madrazo, portavoz de Izquierda Unida en el País Vasco, entre otros.

El fax desde el que se enviaron las solicitudes de participación en el mencionado debate es el del despacho del coordinador de «Radio Jove», una emisora de radio de carácter gubernamental, dependiente de la Dirección General de Juventud, de la Consejería de Bienestar Social cuya titular es Fernanda Caro, miembro de Izquierda Unida de Baleares, partido que controla dos consejerías en el llamado «pacto de progreso» que otorgó la Presidencia de la Comunidad autónoma al socialista Francesc Antich.

«Radio Jove», creada hace ya algunos años durante el mandato del PP y concebida en un principio como un taller de radio juvenil en el que se formaron no pocos periodistas, pretende ser en esta nueva etapa y bajo el control de Izquierda Unida, «la voz de los sin voz», como se proclama reiteradamente desde sus emisiones. El director general de Juventud, Joan Caules, colocó al frente de la emisora a un joven en cuyo currículum figuraba el hecho de haber «reventado» una conferencia de Carlos Iturgáiz en la Universidad de las Islas Baleares. En el documento emitido a través del fax gubernamental figura el nombre del portavoz del «Comité de Solidaridad de Baleares con Euskal Herria».

¡BASTA YA!, NOGUEIRA, SAVATER

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS, catedrático de Derecho Constitucional La Voz 17 Diciembre 2000  

Andrei Sajarov recibió en 1975 el Nobel de la paz por su defensa de los derechos humanos en la URSS y fue desterrado a Gorki en 1980, tras pronunciarse contra la invasión de Afganistán. Su valiente disidencia, por la que sufrió la persecución de las autoridades soviéticas, pese a ser uno de los más grandes físicos rusos de este siglo, quedó reconocida por el Parlamento Europeo, que creó con su nombre un galardón para premiar a los que defienden los derechos civiles y políticos. 

La plataforma ¡Basta Ya! es un movimiento ciudadano que, con una valentía y una decencia verdaderamente heroicas, ha levantado la bandera de las víctimas en un territorio envilecido por la violencia y por el miedo. 

Un territorio donde existen tabernas abertzales que exhiben fotos de la niña Irene Villa, a quien una bomba segó sus piernas de raíz, con el siguiente comentario: «Antes se daba crema en las piernas y ahora las barniza». Un territorio donde se gritaba «¡jódete!» a los familiares de los muertos de un pistoletazo sin que nadie levantara la voz contra tanta indignidad, hasta que movimientos como el de la Plataforma ¡Basta Ya! se plantaron frente a los criminales y sus cómplices. 

Fernando Savater es un filósofo vasco de Donosti que últimamente sólo puede pasearse por la magnífica playa de la Concha protegido por una escolta policial. Su voz precisa, su arrebatadora inteligencia, su integridad de demócrata a pluma descubierta, que lo han convertido en un posible objetivo terrorista, han resultado sencillamente indispensables para poner al descubierto la red alucinante de imposturas en que se basa un movimiento criminal que no tiene otra pretensión que tiranizar a todo un pueblo a punta de pistola. 

Camilo Nogueira es un curtido político gallego, que, tras muchos años de militancia antifranquista y galleguista, acabó desembarcando en un partido, el BNG, con el que siempre había mantenido irreconciliables diferencias. Ahora ha asumido, de un modo que quienes le conocemos no llegamos a entender, una visión delirante del problema terrorista, la de Arzalluz, que no comparten ni siquiera muchos de los más veteranos dirigentes peneuvistas: es como si ese Nogueira hubiese ido, poco a poco, devorando a aquel Camilo que muchos conocimos. Como si ese Nogueira, el que ahora no ha querido ver a Savater recogiendo el premio Sajarov, hubiera sido finalmente derrotado por el partido contra el que casi siempre combatió.

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