AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 21  Diciembre  2000
#Eta es una banda nacionalista, señor Piqué
Enrique de Diego Libertad Digital  21 Diciembre 2000  

#Sicarios del soberanismo
Editorial ABC 21 Diciembre 2000

#UN ASESINATO QUE NO SERA ESTERIL: ETA DEJA RASTRO
Editorial El Mundo  21 Diciembre 2000

#En la muerte de un guardia urbano
M. MARTÍN FERRAND ABC   21 Diciembre 2000

#Carta abierta a Monseñor Setién
JUAN CARLOS RODRIGUEZ IBARRA El Mundo   21 Diciembre 2000

#Setién y Otegi
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  21 Diciembre 2000

#Esperando a Pujol
Editorial La Razón 21 Diciembre 2000  

#De volcanes
Por Jaime CAMPMANY ABC  21 Diciembre 2000  

#Ya no hay 'oasis'
Editorial El País 21 Diciembre 2000  

#Las ventajas de los terroristas
Pablo PLANAS ABC   21 Diciembre 2000

#«Pistolas en la mesa»
ANTONIO GALA El Mundo    21 Diciembre 2000

#Pujol queda en evidencia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  21 Diciembre 2000

#Deslizamientos
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  Digital  21 Diciembre 2000

#Fútbol y autoestima
PATXO UNZUETA El País  21 Diciembre 2000

#Terrorismo de adviento
Lorenzo CONTRERAS La Razón  21 Diciembre 2000

#Buen arranque
Ignacio Villa LibertadDigital  21 Diciembre 2000

#Algo más que atentados de ETA
Editorial La Estrella  21 Diciembre 2000

#Crimen y laberinto
Editorial El Correo   21 Diciembre 2000

#El pacto a la catalana
Valentí PUIG ABC  21 Diciembre 2000

#Asesinato en la Diagonal
VALENTÍ PUIG El Correo 21 Diciembre 2000

#Nacionalistas radicales catalanes dan información al «comando Barcelona»
J. A. BRAVO. Colpisa MADRID La Voz 21 Diciembre 2000  

#Los partidarios del pacto reprochan a Pujol que no firme, pese a que Eta sigue matando
Esther L. Palomera /L. R. N - Madrid .-La Razón  21 Diciembre 2000

#Los terroristas activaron, aunque falló, el artefacto en la Facultad de Periodismo
EFE El Mundo  21 Diciembre 2000

Eta es una banda nacionalista, señor Piqué
Por Enrique de Diego Libertad Digital  21 Diciembre 2000

Hay un cierto pudor para no llamar a las cosas por su nombre y parecer que se dice mucho pero hurtando la realidad. Pujol está haciendo malabarismos ocultistas para difuminar que él también ha firmado el pacto de Estella por la vía interpuesta de la Declaración de Barcelona. En la línea meliflua que a nada conduce, el ministro de Asuntos Exteriores y protonacionalista Josep Piqué afirma –como si fuera el Madrazo del PP- que “Eta no es un movimiento independentista, sino una banda totalitaria que utiliza métodos fascistas”. La frase entraña un engaño. También una manipulación porque la afirmación de lo segundo no confirma lo primero. Es más, lo que dice Piqué es una mentira, quiero suponer que no interesada.

Eta es marxista-leninista y utiliza métodos nazis: los movimientos totalitarios pertenecen a un mismo orden moral. Pero es también una banda nacionalista que asesina en nombre y para conseguir la independencia. Es un movimiento nacionalista, un producto nacionalista. No es extraño que los nacionalistas catalanes se acojan a la frase de Piqué para refrendarla. Es una de esas frases-trampa en la que parece condenarse todo para exculpar lo fundamental.

Suelen tender los nacionalistas a trasladar sus propios problemas a los demás. Los psicópatas que han asesinado a Juan Miguel Gervilla eran nacionalistas-abertzales. Han cometido el asesinato para servir a la causa de la construcción nacional de Euskal-Herria. Y además lo han hecho porque el nacionalismo en su grado extremo o zoológico considera que la especie se agota en la tribu nacionalista y fuera de ella no existe la humanidad, no hay el mismo nivel de derechos.

No entiendo por qué hay que disculpar a los nacionalistas de la violencia practicada en su nombre -en unidad de fines y de acción-; son los nacionalistas los que deberían convencernos con hechos de que el nacionalismo no conduce a la violencia. Entre otras cosas, porque los hechos demuestran lo contrario. Los que han asesinado al Policía Local nacido en Nuremberg se han educado en el nacionalismo. Piqué, comete una impostura intelectual. Él sabrá por qué.

Sicarios del soberanismo
Editorial ABC 21 Diciembre 2000

Eta despeja a golpe de atentado cualquier duda. Está claro lo que quiere y cómo lo quiere. La soberanía es su objetivo y, para conseguirla, el crimen indiscriminado es su método. Buscar significados políticos a las causas o a los conflictos que pudieran hacer comprensible esa violencia, no sólo es un error; es, sobre todo, la concesión de un mínimo de legitimación a una violencia esencial y únicamente criminal, que debe ser combatida con todos los medios legales disponibles. Ayer ETA asesinó al guardia urbano de Barcelona, Juan Miguel Gervilla, padre de dos hijos de 13 y 8 años. Ante tamaña tragedia —cuya reiteración a veces reduce sus verdaderas dimensiones— ya huelgan más análisis y declaraciones. Es la hora de identificarse ante el terrorismo y ante la parafernalia pseudopolítica montada a su alrededor. Es la hora de asumir un deber de coherencia y de que, quien afirme ser demócrata, se sume a las políticas democráticas impulsadas contra ETA y para la recuperación de las libertades amenazadas en el País Vasco y, como ya está acreditado, en el resto de España.

El reproche político y moral contra el terrorismo ya trasciende el discurso contra ETA y alcanza a todas las estrategias que fijan objetivos comunes con esta banda terrorista. Políticamente, el nacionalismo vasco no es impune en la consolidación del programa soberanista de ETA como mensaje común de los nacionalistas. Las condenas de la violencia por el PNV, algo que sale muy barato cuando se cuenta con un salvoconducto de los criminales, corren paralelas en los últimos tiempos —más aún tras el pacto PP-PSOE— con una afirmación inequívocamente independentista por parte de sus dirigentes, que les impide situar a ETA en el bando de sus enemigos. Hágase caso a Arzalluz, presidente del PNV, cuando dice que no está dispuesto a pedir la disolución de ETA mientras haya un solo preso. Ninguna otra declaración revela de forma más fidedigna en dónde y con quién está este partido y para qué sirve realmente la política de gestos de Ibarretxe. El PNV ha apostado inequívocamente por el entendimiento con el nacionalismo radical, pero no como consecuencia del pacto entre populares y socialistas. Ese entendimiento ya estaba predeterminado y ha sido el mensaje lanzado a las bases batasunas para desactivar la aparente rectificación del desahuciado Ibarretxe. Lo dijo claramente Egibar en «Gara» al día siguiente de la manifestación convocada por el lendakari en Bilbao: «Quizá cometimos el reduccionismo de que la paz era simple y llanamente la tregua definitiva de ETA». Los dirigentes nacionalistas ya no van a incurrir en más reduccionismos y, por eso, en concordancia con ETA, exigen para la paz el precio de la autodeterminación, exigencia que quizá busque el premio de una tregua instrumental y convenientemente dosificada.

Es evidente que el PNV y EA viven una situación de exclusión respecto del diálogo con las fuerzas democráticas, pero esa exclusión es voluntaria porque son sus dirigentes los que han roto unas reglas de convivencia democrática respetadas hasta el verano de 1998, a cambio de pactar con ETA una nueva estrategia rupturista. El nacionalismo se ha excluido del pacto entre PP y PSOE, pero antes ya se había excluido de un código básico de comportamiento moral y político, cuyo respeto habría hecho imposibles sus acuerdos con ETA y HB.

Hoy y siempre, lo importante ha de ser el recuerdo a Juan Miguel Gervilla, ejemplo de sacrificio y generosidad, custodio de ciudadanos que siguen vivos gracias a él. Su memoria, y la de los demás cientos de víctimas, es un requerimiento permanente para no adulterar las exigencias de paz y firmeza con engañosas apelaciones a un diálogo imposible con los sicarios armados del soberanismo vasco.

UN ASESINATO QUE NO SERA ESTERIL: ETA DEJA RASTRO
Editorial El Mundo  21 Diciembre 2000

 El asesinato a sangre fría del guardia urbano de Barcelona Juan Miguel Gervilla no es un atentado más del siniestro comando que, desde hace unos meses, siembra el terror en Cataluña. El etarra que lo abatió no había salido ayer de su escondrijo para disparar en la cabeza a un policía local dedicado a ordenar el tráfico. El desdichado agente encontró la muerte porque sorprendió -seguramente sin sospecharlo- a dos terroristas cuyo coche bomba se había averiado en plena Diagonal y en una hora punta. Como reconocieron numerosos políticos, el sacrificio de Juan Miguel Gervilla ha servido para evitar una matanza, ya que el coche estaba cargado con 13 kilos de explosivos. Es muy probable que fuera dirigido a alguno de los cargos públicos que viven en la zona.

Pero hay otro motivo por el que su muerte no será estéril, porque el reguero de sangre que brotaba de su cabeza no ha sido el único reguero dejado por los terroristas. Esta vez el comando Barcelona ha dejado de ser invisible. Las Fuerzas de Seguridad tienen las huellas de los etarras en el coche abandonado de forma precipitada, decenas de testigos los vieron en la Diagonal, puede -incluso- que las cámaras de vídeo de alguna empresa hayan captado sus imágenes. Desde ayer, todos los cuerpos policiales trabajan contra reloj con todas esas pistas para identificar a los terroristas. Con el rastro que han dejado, es muy difícil que una policía moderna no dé con ellos. El ministro del Interior subrayó que por primera vez se tienen datos, por lo que pidió confianza en las Fuerzas de Seguridad. La eficacia que han demostrado en la desarticulación del comando Andalucía hace que ahora quepa esperar un resultado similar. En este sentido, sería también muy importante que los ciudadanos de Barcelona colaboren, como lo hicieron los de Sevilla tras el asesinato de Martín Cariñanos, para poder cazar a los terroristas e impedir que sigan matando en Cataluña, una comunidad especialmente castigada por la brutalidad etarra en los últimos meses.

La ofensiva criminal de ETA desde que finalizó la tregua causa un gran desánimo en la sociedad. Pero sus últimas acciones demuestran que los terroristas son vulnerables. La bomba con la que intentaban sembrar la muerte en la Universidad del País Vasco la detonaron, pero falló. Ayer, en Barcelona, dejaron rastro. Todo ello significa que son menos eficaces e invulnerables de lo que a veces pueda parecer.

En la muerte de un guardia urbano
Por M. MARTÍN FERRAND ABC   21 Diciembre 2000

Como en un presagio, en una de esas fintas sarcásticas de la historia, el agente de la Guardia Urbana barcelonesa Juan Miguel Gervilla que ayer fue asesinado por ETA —organización nazi, no mafiosa— había nacido en Nuremberg, la ciudad bávara en que se escenificó la condena del mundo entero a Goering, Ribentrop, Dönitz, Hess y demás monstruos del nacionalsocialismo de Hitler. El agente Gervilla era, evidentemente, hijo de la emigración. Los «valientes gudaris» le metieron dos tiros en el cuerpo mientras les ayudaba a empujar un coche supuestamente averiado. Hasta los símbolos señalan, cada vez con mayor intensidad, la componente nazi —totalitaria, racista— de la implacable banda terrorista de la que no quiere divorciarse del todo, tras el vínculo de Estella, el nacionalismo vasco no asesino. El propósito de este grupúsculo de acción terrorista era el de explosionar su vehículo, cargado de trece kilos y medio de dinamita, en coincidencia con el paso de alguna personalidad catalana. Todo en la constante línea de actuación de la banda.

Coincide el atentado con el anticipo informativo de que el lendakari Ibarretxe anunciará en enero la disolución del Parlamento de Vitoria para convocar elecciones autonómicas en el País Vasco. Serán, más o menos, la semana anterior a la Santa, es decir, la semana de Pasión. Otra vez los símbolos se entremezclan con la realidad para ayudarla a definirse. Ibarretxe, que tiene más talento del que suele reconocérsele, tiene también más ataduras de las que él mismo confiesa y así va el hombre: dando tumbos y jugando a muñequito del pimpampum. Convocar esas elecciones ahora en las condiciones presentes, después de no haber querido hacerlo en su momento oportuno, es como tirar una moneda al aire. Aun contando con la disparatada, y agradecida, actitud de IU, el bosquejo es tan impreciso que lo mismo puede salir, si sale con barba, San Antón que, si es sin ella, la Inmaculada Concepción.

Al mismo tiempo, el dramatismo que le añaden a la situación los asesinatos etarras y que refuerza la hosca hostilidad del PNV al negarse a firmar el pacto promovido por el PP y el PSOE, terminan por configurar un imposible paisaje vasco. ¿Tiene mucho sentido convocar unas elecciones que se sustentan en la Constitución y su derivado Estatuto de Guernica y, simultáneamente, negar la una y el otro? Solemos apuntar, al hablar de estas cosas, a la ya famosa —¿esencial?— ambigüedad del PNV, pero hacerlo así es pecar de imprecisión. Desde Arana hasta Arzalluz, siempre, la contradicción define más al nacionalismo vasco que cualquier otra nota.

Los días y las adhesiones van demostrando la oportuna virtud del pacto suscrito por el PP y el PSOE. Cada nuevo atentado terrorista, como el de ayer, le dan más sentido y coherencia. No es un pacto contra el nacionalismo, se limita a señalar la barbarie de su expresión más patológica. Por ello los nacionalistas catalanes debieran revisar su postura y los vascos, capaces de pactos como el de Estella, reconsiderar la suya. No es cosa de entrar en el «síndrome Setién» y hablar «incluso con los que matan». La memoria de un honrado miembro de la Guardia Urbana de Barcelona lo impide. Sólo a Pujol le han matado ya 54 ciudadanos de Cataluña.

Carta abierta a Monseñor Setién
JUAN CARLOS RODRIGUEZ IBARRA El Mundo   21 Diciembre 2000

Los medios de comunicación acaban de informar sobre las últimas declaraciones que el obispo emérito de San Sebastián, Monseñor Setién, ha hecho en relación con el terrorismo.

Según nos cuentan, el señor obispo ha dicho que es partidario de negociar «incluso con los que matan» y aunque «haya pistolas en la mesa». Independientemente de la valoración ética y política que nos puedan merecer estas declaraciones, resulta obligado ponerse en la piel de Monseñor para tratar de averiguar el sentimiento de desgarro y de dolor que debe impregnar la conciencia de quien, sin lugar a dudas, aborrece la muerte y es un firme defensor de la vida.

Nada hay en la reciente historia de la Iglesia católica que nos permita pensar lo contrario. Es más, en un afán de ser justo, son muchos los miembros de esa Iglesia que están dando su vida en defensa de la vida de los demás; los misioneros y misioneras que prefieren arriesgar su vida en zonas peligrosísimas del mundo, donde no llegan ni políticos, ni generales de la OTAN, ni comisarios de la ONU, son una demostración fehaciente del compromiso con las víctimas y la denuncia de los que matan.

Incluso en España, hemos sido testigos, en estos años de democracia, de las campañas que la Iglesia católica ha hecho en contra del aborto y a favor de la vida; más recientemente, algún obispo ha hecho una dura crítica contra quienes proponen la legalización de la eutanasia por entender que la vida es un bien del que nadie puede disponer, ni siquiera el propio interesado. Vaya, pues, desde estas líneas, mi reconocimiento a la defensa enérgica que la Iglesia católica hace del derecho a la vida. En virtud de ese reconocimiento, me permito hacer una propuesta a Monseñor Setién que, sin duda, se ve forzado a pedir el diálogo «con los que matan» porque, queriendo la paz, no encuentra ninguna otra fórmula para conseguirla.

Estoy seguro de que si Monseñor Setién fuera convencido de que, antes de sentarse en una mesa con quienes tienen pistolas y matan, existieran vías que la propia Iglesia vasca pudiera transitar, el obispo se apuntaría a ellas por estar más de acuerdo con su fe y con su confesión. Monseñor Setién ha tenido, mientras era obispo de San Sebastián, un problema de credibilidad con los creyentes vascos no nacionalistas que nunca entendieron la posición de su obispo en relación con la banda ETA. Por el contrario, en los sectores nacionalistas, demócratas o fascistas siempre mantuvo una enorme influencia y autoridad moral.

Esa influencia y autoridad moral debería ponerla el señor Setién al servicio de la paz. Es más, el señor Setién está obligado, junto con el resto de la Iglesia vasca, a ejercer esa influencia entre los nacionalistas de uno y otro signo para intentar la paz y para reconciliarse con los no nacionalistas católicos y con el resto de los católicos españoles que han llegado a pensar que la voz de Setién era la voz de la Iglesia española, cuando no era ni es más que una voz en la Iglesia. En definitiva, Monseñor Setién debería copiar la técnica que se siguió en la campaña contra el aborto, cuando se realizaron unos vídeos donde se mostraban imágenes de fetos que pudieron remover muchas conciencias y hacer tambalear algunas certidumbres.

En esta ocasión, el material que deberían utilizar Setién y la Iglesia vasca para la realización de un vídeo que promueva la defensa de la vida podría ser el del teniente de la Policía Nacional y el de su esposa, embarazada de siete meses, asesinados por ETA en un garaje bilbaíno; o bien la matanza de Hipercor en Barcelona; o, tal vez, el microbús de la Guardia Civil en Madrid, donde la banda ETA asesinó a 17 jóvenes guardias civiles; o los obreros masacrados en el Puente de Vallecas de Madrid. Material no ha de faltarles y estoy seguro de que cualquier agencia publicitaria estaría dispuesta a hacer ese vídeo gratis y con el dramatismo, el horror y la repugnancia que Monseñor Setién considere oportunos.

Monseñor Setién y la Iglesia vasca harían un gran servicio a la paz si ese vídeo fuera proyectado en todas las iglesias vascas y en todos los centros educativos vascos para que los jóvenes y los fieles católicos entendieran el horror que producen quienes, en algunas ocasiones, han sido presentados a esos mismos jóvenes y a esos mismos fieles como los representantes de un movimiento de liberación vasco.

Si esa campaña de imagen se llevara adelante, estoy seguro de que muchos vascos que hoy dudan o apoyan a ETA, entenderían rápidamente que Monseñor Setién no está con la muerte sino con la vida. Tras esa campaña de proyección del vídeo, se debería organizar una gran manifestación, convocada por Monseñor Setién y la Iglesia vasca, y presidida por una gran pancarta en la que pudiera leerse Por el derecho a la vida: ETA-HB EXCOMUNION.

Nunca con tan poco esfuerzo se podría hacer tanto por la paz. Quiero creer que Monseñor Setién es un buen cristiano, quiere la paz y defiende el derecho a la vida. Por eso le pido, desde el laicismo, que nos ayude a conseguir la paz y a defender la vida. Nunca olvidaremos su contribución si presta este servicio que le pido en nombre de la paz y de la vida.

Juan Carlos Rodríguez Ibarra es presidente de la Junta de Extremadura.

Setién y Otegi
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  21 Diciembre 2000

No sé si peco de irreverencia al decir que el obispo Setién contribuye objetivamente a la comisión de asesinatos, y concretamente al del guardia urbano de la Diagonal Miguel Ángel Gervilla, por el que lloran sus compañeros, cuando recomienda que se negocie con ETA aun en el caso de que esta siga manteniendo las pistolas sobre la mesa. Quizá monseñor Setién tiene una idea muy baja de la vida cuando aconseja que para salvarla hay que aceptar las peores de las condiciones o quizá tiene un concepto tan alto de la organización terrorista que supone que, aun con las pistolas sobre la mesa, puede llegar a ser generosa para con la convivencia de los españoles. Puede deducirse, en todo caso, que tiene en muy poca cosa lo que habría que concederle a ETA en el irresponsable supuesto de que se llegase a esa negociación, y no tiene en nada a los Estados si piensa que el español o cualquier otro puede sentarse ante una banda terrorista. Quizá monseñor vive tan fuera de este mundo que desdeña los valores laicos que encarna un Estado: la seguridad jurídica, la defensa de la convivencia, la igualdad ante la ley.

Otegi podría explicarle a monseñor Setién qué debería conceder el Gobierno (y el Parlamento) para que ETA dejara de matar, ya que ha dicho que no vale cambiar paz por paz si se quiere que ETA deje de matar. El jefe de EH ha dicho que si no se cambia de fórmula, ETA seguirá matando otros treinta años.

Pero la ciudadanía española no piensa ni como Setién ni como Otegi. Cree que el único camino es el de la legalidad, el que señalan las urnas, el que saldrá sin duda en las próximas elecciones vascas. Me atrevo a decir que esto es lo que pensaba Miguel Ángel Gervilla, servidor del Estado y testigo de la paz.

Esperando a Pujol
Editorial La Razón 21 Diciembre 2000

El último asesinato de Eta a un guardia urbano en Barcelona, que con su heroísmo frustró otro trágico coche-bomba, ha tenido la consecuencia de evidenciar las vergûenzas de los que dudan por cuestiones formales (o ideológicas) de enfrentarse radicalmente al terrorismo, principal amenaza para la convivencia libre y pacífica en España.

    Las vacilaciones de coaliciones como la CiU de Pujol y la IU de Llamazares son profundamente exasperantes. La primera, por su necesidad de ponerse la venda delante de los ojos sobre la penosa actuación del PNV en el País Vasco (donde no hace sino de mayordomo de Eta al justificar sus raíces políticas y sus fines estratégicos) exclusivamente con el objetivo de salvaguardar el buen nombre del nacionalismo que ambos comparten; y la segunda, por su cobarde dejación de los principios de la izquierda para actuar de amanuense de un nacionalismo que siempre les fue ajeno, salvo por el interés puramente coyuntural de sacar algún rédito miserable en el electorado vasco (a costa, nos tememos, que del del resto de España).

    Haría bien Llamazares (de Madrazo nadie sueña que entienda nada) en escuchar al líder de Comisiones Obreras, Fidalgo, que ayer mismo recordaba que para la izquierda sindical y obrera lo fundamental era la defensa de la democracia amanazada por la desestabilización terrorista, porque sólo en este sistema se podían salvaguardar las conquistas sociales y los derechos sindicales y políticos de los ciudadanos y, por tanto, de los trabajadores.

    Es obvio que Madrazo prefiere defender al nacionalismo racista y totalitario que a los trabajadores por él amenazados, y Llamazares es incapaz de desmarcarse. Es obvio también que Pujol no se atreve a abjurar del PNV por una hermandad mal entendida entre nacionalistas. Pero Pujol no tiene por qué hacer ese esfuerzo de salvavidas del PNV, porque éste se ha radicalizado tanto que es insalvable, si no cambia de dirección. Su componente excluyente, racista y etnicista está muy lejos del buen sentido que Pujol usa para los asuntos públicos. La justificación del PNV del conflicto «político» tras el que se esconde Eta y su búsqueda independentista del «ámbito vasco de decisión» tampoco tienen que ver con la concepción de un nacionalismo cultural y político que no reniega de las estructuras modernas del Estado democrático, aunque aspire a la máxima diferenciación dentro de él.

    La trayectoria del PNV le ha llevado a la más absoluta soledad, pero es por su causa, no por la de los demás. Fue el partido de Arzallus el que pactó con Eta y se comprometió con sus fines. Fue por tanto el que le dio las esperanzas de victoria que alimentaron su estrategia criminal. Esa esperanza sólo puede ser contrarrestada con el máximo aislamiento político y social. Por eso, si el PNV no quiere aislar a Eta, terminará él mismo por ser un apestado. Si Eta mata es porque cree que por ese camino vencerá. Nadie puede permitirse darle ni un sólo balón de oxígeno. Ni a Eta, ni a sus cómplices objetivos. Numerosos sectores intelectuales y sindicales lo han entendido. Ahora hace falta que lo entiendan algunos políticos renuentes.

De volcanes
Por Jaime CAMPMANY ABC  21 Diciembre 2000

Acompasados, acordados, casi al mismo tiempo han entrado en erupción el volcán Popocatépetl, el obispo Setién y el fiscal Jiménez Villarejo. Lo de la erupción del Popocatépetl, con la bella leyenda de los amantes que ha contado aquí Luis Ignacio Parada, nos pilla lejos de vista aunque cerca de corazón. Al echar los mejicanos por el cráter tantos años de PRI, el coloso se ha puesto a chisporrotear. Lo de Setién y Jiménez Villarejo es de aquí mismo. Aquí, a falta de volcanes propiamente dichos, echan fuego los hombres, humos igníferos y lavas encendidas. También los que aman dicen que su pecho es un volcán de amor, pero eso son exageraciones eróticas. Ya se sabe que en materia de fuego amoroso se miente tanto como se habla.

El marqués de Bradomín presumía de haber ofrecido en una sola noche nueve sacrificios al dios Eros, qué bárbaro. El viejo romance castellano de Per Antúnez habla de «seis vegadas» de aperitivo con su reina, y luego hasta cuarenta y tres. La hazaña épico-erótica del Cipote de Archidona narrada por Cela es ya de nuestro tiempo. Y Martín Prieto revelaba el otro día en su columna los cinco sin sacarla de Jesús Polanco, que digo yo que serán sin sacarla del territorio nacional. Cuentan que el marqués de la Valdavia, ya anciano provecto, le hizo al doctor Marañón esta confidencia presuntuosa: «Doctor, yo, todavía a mi edad, dos diarios». Y don Gregorio respondió: «Yo también, marqués. Dos diarios: por la mañana ABC y por la tarde “Informaciones”».

Dicen que el criminal vuelve siempre al lugar del crimen, y monseñor Setién ya vuelve donde solía. No cesa su rayo pacifista, la paz edificada sobre el terror y el crimen, y sigue empeñado en que el Gobierno y ETA se sienten a una mesa y negocien en un plano de igualdad. Porque la mediación episcopal de Setién siempre ha situado en el mismo plano al Gobierno de un Estado de Derecho y a una banda terrorista que dialoga con bombas y con pistolas. Y añade el solícito pastor que se debe negociar aun con las pistolas encima de la mesa. Eso, y que los negociadores del Gobierno acudan a sentarse a esa mesa de pistolas etarras después de confesados y comulgados, y además con la palma del martirio en la mano, ya listos para el martirologio.

Puesto a arrojar fuego separatista, este Setién es un Popocatépetl. Como ha permanecido mudo y quieto durante una temporada, yo ya le daba por muerto. «Se habrá arrojado al Etna, como el filósofo», pensé. Pero se conoce que ha usado el mismo truco que aquel esclavo de Pitágoras, que cuando se vio liberto y rico, celebró una fiesta para comunicar a los invitados que él era inmortal. Se había hecho construir un sótano disimulado, y allí permaneció sin salir durante tres años. Todos le dieron por muerto, y cuando apareció de nuevo, todos creyeron en su inmortalidad anunciada y le adoraron como a un dios. Setién ha salido ahora de su escondrijo, no para echar bendiciones de amatista y piedad sobre las últimas víctimas de ETA, esas de Barcelona, sino para apoyar las peticiones de los asesinos.

Y encima, llega el señor Fiscal Anticorrupción y anuncia a Europa que en España ha habido una «corrupción generalizada» en el asunto del cultivo del lino, que esa del lino fue la campaña de los socialistas contra Loyola de Palacio en las elecciones europeas. Que un ciudadano cualquiera, Ticio o Sempronio, un periodista o un político digan que hay una corrupción generalizada en el episodio de las «vacas locas», en las subvenciones del lino, en el subsidio del paro o en el cobro de mordidas y comisiones, es natural, porque a ellos no se les puede pedir una investigación que conduzca a unas acusaciones concretas. Ni tienen esa misión ni los medios para llevarla a cabo. Para eso están los fiscales, coño.

Ya no hay 'oasis'
Editorial El País 21 Diciembre 2000  

EL GUARDIA urbano Juan Miguel Gervilla se acercó seguramente a los terroristas pensando que eran meros infractores de tráfico. Seguramente se percató de su error sólo un instante antes de ser acribillado a balazos. Su muerte ilustra dolorosamente el sentido del deber del agente, a cuya acción, que evitó males aún peores, hay que rendir homenaje. Pero denota también la ingenuidad reinante entre muchos catalanes que, contra toda evidencia, minusvaloran el peligro: como si Cataluña continuase siendo un oasis de paz y el problema del terrorismo fuese importado, ajeno.

No es un oasis. En los últimos tres meses, Barcelona ha sido escenario de seis atentados, cuatro de ellos mortales. El terrorismo es el principal problema de los catalanes, como lo es del conjunto de los españoles. Frente a ello no sirve subrayar que Cataluña es un espejo cóncavo de Euskadi: un nacionalismo constitucionalista, un socialismo nada jacobino, un independentismo minoritario y pacífico. Si quieren estar a la altura de las circunstancias, los partidos catalanes deben obviar la distancia e incrementar su participación en la definición de la política antiterrorista, aunque en ocasiones sea para introducir elementos que puedan parecer contradictorios. Ya todos saben que el nacionalismo de CiU difiere del practicado por la cúpula etnicista del PNV, que el PSC supera en federalismo al PSE y que Esquerra se mira más en Gandhi que en el Ulster.

Pero no basta. Es hora de que los nacionalistas de CiU y de Esquerra abandonen cierta inclinación atávica a la equidistancia entre el Gobierno y el nacionalismo vasco, que, al cabo, puede suponer un escamoteo de responsabilidades. Todos pregonan el diálogo. Que lo empleen para aislar a los terroristas, para convencer a sus respectivos homólogos de que es preciso romper toda connivencia con ellos.

Importa menos que eso se plasme ampliando la nómina de firmantes del pacto PP-PSOE, creando plataformas de apoyo en torno a ése, o por cualquier otra vía similar. Lo esencial es que los partidos catalanes inequívocamente democráticos indiquen al PNV y a EA que se ha acabado la era de los dobles lenguajes, de tener un pie en los mecanismos constitucionales y otro en las plataformas anticonstitucionales, de estar simultáneamente con la libertad y la paz y con los que hacen la guerra. Sólo así, combinando la firmeza de principios y la flexibilidad de las fórmulas en que éstos se pueden plasmar, podrá restaurarse la unidad de todos los demócratas que un día no tan lejano se escenificó en torno al Pacto de Ajuria Enea.

Las ventajas de los terroristas
Por Pablo PLANAS ABC   21 Diciembre 2000

DADO que matar es aparentemente fácil, que está al alcance de cualquiera dispuesto a hacerlo, hablar en términos de operatividad de un comando, eficacia pistolera, ofensiva terrorista, escalada, etcétera, es en primer lugar inevitable y, en segundo, conceder a los criminales una ventaja semántica al asimilar el terrorismo, en cualquiera de sus formas, con una guerra abierta en la que «coexisten» dos bandos. Hay quien sostiene que ETA ha elegido Cataluña como escenario de sus atentados a fin y efecto de dividir a una sociedad caracterizada, al menos en la superficie, por el entendimiento social, donde conviven sin graves roces sensibilidades políticas de orden nacionalista con otras no nacionalistas.

Azuzar las contradicciones de esa realidad sería el nuevo objetivo de los terroristas, un paso más en la estrategia de «socializar» el dolor y catequizar a los nacionalistas en el sentido de que no hay otro camino que el violento para dirimir la cuestión nacional. De ahí que ante las víctimas de un crimen haya quien sea capaz de leer que, en el fondo, lo que persigue ETA es cortar de raíz las aproximaciones del mundo nacionalista al bloque constitucional. Eso, claro, es extremadamente humillante para las familias de los muertos y para los políticos que no han perdido el sentido de la realidad.

Estos análisis tienden, por un lado, a obviar los aspectos policiales del asunto, que son los más importantes, y conceden a ETA el beneficio de que sus muertes se puedan explicar a la luz de una lógica política, aunque sea macabra. En realidad, la operatividad de los terroristas, su eficacia y sus dotes para el crimen tienen más que ver con la psicología forense que con la praxis política. Es decir, las conclusiones que se puedan obtener sobre el comportamiento de estos individuos se aproximan desde todos los puntos de vista a las que se hayan obtenido de los denominados «serial-killers». 

No se trata de una frivolidad, sino de una observación que está en el ánimo y en las declaraciones de quienes se dedican a la protección ciudadana. Desde el pasado 21 de septiembre, los terroristas han matado en el área de Barcelona a cuatro personas, de las que tres eran «objetivos» de la banda y uno, el guardia urbano Juan Miguel Gervilla Valladolid, un obstáculo que no podía interponerse en la construcción nacional de Euskal-Herria. 

Hace unos años, la banda hubiera emitido un comunicado a través de sus medios habituales en el que lamentaba la muerte de este hombre, como ocurrió con las víctimas de Hipercor, pero ya ni siquiera se puede esperar eso. No es relevante tampoco. Esas cuatro víctimas de ETA representan, casi a la perfección, el universo de víctimas potenciales de los terroristas. Ahí cabe todo el mundo: un contable, un profesor, un fontanero, un guardia urbano... En pasado, los periodistas están representados por López de Lacalle; el mundo judicial, por el fiscal Portero; la gente de la calle, por las víctimas de Hipercor. Los niños... y así hasta más de ochocientos.

Si se acepta que esto tiene una explicación política, que el sufrimiento es fruto de una estrategia dirigida por Amboto y García Gaztelu, si alguien le puede dar credibilidad en estas condiciones a una nota de ETA o a una prospección nasal del PNV o a un análisis sobre las excelencias políticas de Lizarra y la Udaltbiltza, se le hace el juego, aun sin querer, a ETA. Aquí no hay un debate entre nacionalistas y constitucionalistas, sino entre quienes rechazan la violencia y quienes, aunque la rechacen, tratan de explicarla, explicársela. Por desgracia, la comparación con el Ulster e incluso con el conflicto árabe-israelí forma parte de esos beneméritos intentos por, en el mejor de los casos, encontrar una explicación a tanta barbarie. Y en realidad, ¿en qué se parece el Ulster al País Vasco? Debe ser en que, allí, como aquí, hay protestantes y católicos y a que la gente emigra a América. Desde luego, los puntos de conexión con Palestina son todavía de más calado. No hay más que querer verlo.

Si se admite que estar en contra de la violencia implica no dar pábulo a interpretaciones que ensombrecen el respeto que merecen los muertos se habrá dado un pequeño paso, similar al que la sociedad española dio cuando no admitió que los crímenes del GAL pudieran tener justificación alguna. ¿Es que la sociedad va a estar por encima de la capacidad de análisis de los políticos? ¿Es que tan difícil resulta entender que detrás de un crimen no hay más propósito que el de matar? Por eso, en circunstancias como las actuales hablar de diálogo es dar aliento a quienes matan si no se fija muy claramente que el diálogo consiste en aunar esfuerzos para erradicar de las aproximaciones teóricas a ETA cualquier consideración de índole política.

Respecto a la comparación entre los terroristas con los «serial-killer», su actividad es indiciaria de eso, no de otra cosa. Habitualmente, los terroristas siguen un patrón predeterminado. Buscan objetivos fáciles, lo que implica pensar en las vías de escape, en el mejor método para acabar con una persona o con muchas, obtener en una guarida desde la que aguantar el tirón policial y barajar entre sus próximas víctimas. Eligen también los escenarios en función de su propia seguridad y tratan de pasar desapercibidos. Puede que lo único que les diferencie de los asesinos comunes es que en los etarras se supone que no hay una pulsión compulsiva, que es la que, al cabo, suele resultar fatal para los criminales afectados de tal desviación. Por lo demás, no hay demasiadas diferencias, pues se puede atribuir de todo menos cordura a quien cree que al matar a un concejal, un guardia o a cualquier otra persona está labrando un futuro mejor en frondosos valles y agitadas costas.

El área metropolitana de Barcelona, como Madrid, ofrece a los terroristas inauditas ventajas para pasar desapercibidos, para contar con apoyos entre aquellos jóvenes seducidos por la dialéctica de los puños, por las ensoñaciones marxistas de los Grapo o los anhelos secesionistas de algunos grupos de extrema izquierda. Según la policía, los etarras cuentan con informadores y para eso se basan tanto en la selección de las víctimas como en el pasado. Erezuma y Monteagudo, miembros de aquel comando Barcelona que mató a seis policías nacionales en Sabadell y a nueve personas más en el cuartel de la Guardia Civil de Vic contaban con apoyos internos, con personas que, aparentemente, nada tenían que ver ni con el «conflicto» ni con el mundo radical. Urrusolo Sistiaga fue un fenómeno diferente, dada su idiosincracia individualista y sus recelos frente a los compadres, cosa muy comprensible cuando se habla con interlocutores armados. En definitiva, si la solución a un problema de seguridad ciudadana que afecta a cualquiera que no piense, actúe y razone como los asesinos es política, está claro que la primera providencia ha de ser la de aclarar que en la defensa de la vida y de la libertad no hay matices. La segunda, establecer que no valen experiencias irlandesas o palestinas y que la violencia no es expresión de ningún conflicto sino una manifestación pura y simplemente criminal.

«Pistolas en la mesa»
ANTONIO GALA El Mundo    21 Diciembre 2000

Hay un tal monseñor Setién que tiene tela marinera. ETA pone una bomba en la universidad vasca, cosa que como símbolo la define y la corrobora. Pues él va y dice que hay que negociar -la palabra tiene también tela- «incluso con los que matan». Y lo justifica añadiendo que se usan indebidamente «intereses políticos que se transforman en exigencias éticas». Pero ¿es que este hombre no sabe que la política se basa en la ética y no al revés? ¿Qué idea tiene de la moral semejante mastuerzo? El sigue mezclando lo familiar con lo político, lo que es mucho peor. Ni caso. Pues vaya mensaje navideño.

Pujol queda en evidencia
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 
21 Diciembre 2000

"¿Cuántos muertos necesita Pujol?" -nos preguntábamos ayer ante la negativa de CiU a firmar el Pacto por la libertad y contra el terrorismo. No lo sabemos, pero ya tiene un muerto más en su debe político y un argumento menos para seguir sosteniendo al PNV. El asesinato del policía urbano de Barcelona es una tragedia que ha impedido una tragedia mucho mayor, pero pone de manifiesto la diferencia esencial, ética y política, que este atentado pone de manifiesto: un funcionario de uniforme arriesga y puede perder su vida defendiendo la de los demás en cualquier momento; mientras que el Presidente de la Generalidad de Cataluña no quiere arriesgar un poquito de su prestigio nacionalista -entiéndase, separatista- para que el derrota del PNV no afecte a sus propias siglas.

Mezquindad inútil. En cada muerto, en cada entierro, es más pesado el baldón que cae sobre los nacionalistas, tanto sobre los que están junto a ETA en Estella como sobre los que están junto a los que están en Estella. Pujol es hoy un político más desacreditado que ayer, pero menos que mañana. Porque mientras ETA mate y Pujol no esté frente a ETA -es decir junto al PP y el PSOE, que son las dos referencias políticas esenciales de la legalidad constitucional española, incluida la autonómica-, su partido estará cada vez más asociado al PNV y su Gobierno cada vez más aislado frente a un PP que empezará muy pronto a moverle la silla y un PSC que, si consiguiera aparcar el nacionalismo enloquecido de Maragall, estaría ya a las puertas de la Generalidad de Cataluña. Pero ya a Pujol lo único que lo salva es Maragall.

Pero que no se equivoque: cada crimen terrorista le deja menos margen de actuación. En su conciencia parece claro que caben muchos muertos. En su cuenta política es evidente que se están agotando los fondos. La ignominia no siempre es rentable. A veces, afortunadamente, resulta incluso ruinosa.

Deslizamientos
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  Digital  21 Diciembre 2000

Hay deslices imperdonables y otros que se remedian con una sonrisa. Algunos deslices son, sin embargo, tan graves que no hay sonrisa que valga; hay que rectificar. Entonces suele evolucionarse a través de silenciosos deslizamientos. También hay espectaculares meteduras de pata que se remedian mediante contorsiones sobre el terreno hasta rescatar la extremidad del légamo; pero hay otras tan tremendas que obligan a pedir auxilio para salir del trance, como esos exploradores que caen en las arenas movedizas y sólo se salvan si alguien les acerca una rama y no es el malo de la película. Pues bien, en la política española y en lo que respecta al terrorismo podemos observar deslices y meteduras de pata y estamos comprobando cómo unos saben salir y otros no hacen sino hundirse más y más en la ciénaga de sus errores.

Entre los deslices que se arreglan con una sonrisa está el del PP, que no creyó que el pacto de Zapatero fuera en serio ni tuviera realmente sentido -no fue el único, había que adivinar intenciones donde no se sospechaban propósitos- y al rectificar ha podido rehacerse sin perder crédito, salvo para los que están en el secreto. Y otra clase de desliz, de tipo permanente, es el de la banda felipista del PSOE, tratando de apoyar al PNV contra el PP sin darse cuenta -tales son su ceguera y su vileza- de que estaba arrastrando a Zapatero a una situación sin salida. Pero éste la ha solventado ágilmente mediante el pacto anti-ETA y su puesta en escena posterior, en lo que sin duda es su mejor jugada desde que llegó a la Secretaría General. Al final, como PP y PSOE son los que ponen los muertos, pueden perdonarse mutuamente cuando quieran, porque en los duelos se perdona todo el mundo y con las lágrimas ruedan los errores y los malentendidos. Los dos grandes partidos nacionales han conseguido reforzar ambos su posición sin debilitar al contrario, milagro político con base ética y, por ende, doblemente milagroso.

Pero luego están las meteduras de pata que no tienen remedio sin ayuda de otros: es la posición de IU y CiU que, encenagados en su defensa del separatismo vasco plasmado en Estella, unos por complicidad con el PNV y otros por inconfesada afinidad con ETA, se ven en una situación imposible ante la opinión pública y sus propios votantes. PP y PSOE les han tendido una rama, pero todavía hacen como si pudieran salir solos. Y claro, más allá de deslices y deslizamientos, incluso de meteduras de pata, está lo del PNV (Madrazo y EA son meros accidentes de la cosa). Ni siquiera la frase célebre «es algo peor que un crimen: un error», es aplicable a Arzalluz. En su caso es algo peor que un crimen: una cadena de crímenes. Y ahí no cabe el error.

Fútbol y autoestima
PATXO UNZUETA El País  21 Diciembre 2000

La carta de extorsión recibida por la familia del futbolista Bixente Lizarazu está escrita a mano, fechada dos meses antes de su recepción, no precisa la cantidad que reclama y el sobre lleva en el exterior las siglas de ETA: son datos para pensar que es una misiva falsa. La sospecha aumenta a la vista de su contenido: se dice que el dinero puede hacerse llegar directamente a ETA o bien a alguno de los "movimientos que trabajan a favor de la construcción nacional", entre los que se cita a Udalbiltza, las ikastolas y los medios de comunicación vascos. No es creíble que cuando el juez Garzón trata de probar la relación entre ETA y algunas de esas entidades, venga la propia ETA a confirmarla. Por ello sorprende que la policía francesa considere con una seguridad "de casi el 100%" que la carta es auténtica, y que Joseba Egibar asegure que "este tipo de cartas está totalmente extendido". Sólo Julen Madariaga, un fundador de ETA ahora alejado, ha mostrado su incredulidad.

Pero aún sorprende más que ni la Federación de Ikastolas, ni la permanente de Udalbiltza, ni los medios de comunicación afines rechacen indignados la posibilidad de beneficiarse de la extorsión de que se hace objeto a Lizarazu. El problema es que ETA ha abolido lo inverosímil. Si ha colocado una bomba en un ascensor de la Universidad Vasca y si hay condenados a muerte por el franquismo obligados a llevar escolta ante amenazas creíbles de ETA, cualquier barbaridad es posible; y quienes menos se atreven a descartarlas son los más próximos: temen ser fulminantemente desautorizados por los que reconocieron que, efectivamente, la tregua fue una trampa. También sorprende que los jugadores vascos no hayan dicho ni palabra, ni siquiera los que fueron compañeros de Lizarazu en el Athletic y en la selección de Euskadi. La gente tiene más miedo que nunca y cada cual lo combate como puede. El mismo día que la familia de Lizarazu recibía la carta, dos jugadores de Osasuna, Alfredo Sánchez y Álex Fernández, daban la nota en Palma amenazando a los policías que trataban de identificarlos de madrugada con expresiones como "tenemos muchos amigos de HB, ya os enteraréis". Que esos jugadores sean originarios de Getafe y Palamós, respectivamente, no es argumento para suponer que mentían respecto a sus amistades; pero sí resulta revelador que ambos alivien su temor a ser considerados enemigos haciéndose amigos de los amigos de ETA.

Hay un cierto envilecimiento colectivo, efecto de la pérdida individual de la propia estima. Joseba Zulaica es un antropólogo que enseña en la Universidad de Nevada. El 3 de diciembre publicó en El Correo un artículo cuyo título, 'Terror al estilo vasco', hacía referencia al encabezamiento de la información del New York Times sobre el asesinato de Lluch. "Los vascos", escribía Zulaica, "hemos gozado de simpatías por el mundo. Hemos sabido sacar provecho de nuestros enigmas (...)". Eso se ha acabado por culpa de ETA: "¿O acaso creen que (...) tenemos internacionalmente algo que hacer que no sea escondernos en casa de vergüenza por provenir de un pueblo lunático y sanguinario que no tiene otra cosa que ofrecer al mundo que el estilo vasco del cobarde tiro en la nuca?".

Si aún existe algo parecido a un estilo vasco en materia futbolística, su rasgo principal sería la fuerte identificación de los jugadores con el territorio: el orgullo de representar a Euskadi. Ese orgullo ha compensado durante decenios la desventaja de competir sólo con hijos de la tierra, decisión que ya sólo mantiene el Athletic. Ahora el fútbol vasco está en crisis. El domingo pasado la Real sustituyó a Osasuna en el último lugar de la clasificación, y el Athletic, que todavía no ha ganado ningún partido fuera de San Mamés, no está lejos de la zona de peligro. Sólo el Alavés resiste.

El último Euskobarómetro constata que el 80% de los vascos se sienten personalmente afectados por la ansiedad que genera el terrorismo. ¿Sería descabellado suponer que un motivo de la crisis del fútbol vasco sea la pérdida de autoestima de unos jugadores que ven proyectarse a diario una imagen de la comunidad a la que representan de la que en su fuero interno se sienten avergonzados? ¿No es cierto que, sobre todo en campo ajeno, salen agarrotados por el desconcierto y falta de confianza que paralizan a la sociedad vasca por efecto de la crueldad de unos pocos y la pasividad de otros muchos?

Terrorismo de adviento
Lorenzo CONTRERAS La Razón  21 Diciembre 2000

La muerte tiene la propiedad de ocupar los primeros planos de atención cuando, convertida en acontecimiento, tiene que competir con otro. El asesinato de un guardia urbano en Barcelona «intenta» tapar nada menos que la dimisión de dos concejales de EH, uno en Vitoria y otro en Balmaseda (Vizcaya). Otra muerte, con su rígida ley, se sobrepone, esta vez con carga sentimental, a los sucesos de la actualidad, concretamente la de Carlos Cano, el cantante granadino que tanto ha hecho por la copla olvidándose de su propio corazón.

    El asesinato del guardia urbano barcelonés se corresponde con uno de los dos proyectos de aniquilación que Eta llevaba en su agenda de la prenavidad. Podíamos estar ahora recontando las víctimas que pudo causar el atentado contra la Facultad de Ciencias de la Comunicación del País Vasco, pero alguien descubrió a tiempo el paquete explosivo que habían depositado en un ascensor de ese centro universitario. Igualmente podíamos estar ahora haciendo recuento de los estragos ocasionados por los explosivos que los etarras conducían a la altura de la Diagonal de Barcelona cuando fueron interceptados por el guardia, contra el que dispararon antes de dejar su carga explosiva abandonada en el coche.

    Tiempo de Adviento, pero tiempo de dolor en estas circunstancias. Y tiempo de alarma porque la ofensiva etarra mantiene su alto grado de incidencia en cuanto ocurre, convirtiendo todo en sombras. Razón por la cual parece de segundo grado en la escala de valores el abandono de sus concejalías por parte de los hasta ahora «abertzales» Ruiz de Pinedo y Pascual Gallastegui, ambos, de modo más o menos claro, asqueados por tanta iniquidad etarra. Una actitud que tiene sin duda aspecto de síntoma y que podría empezar a marcar una tendencia del mismo modo que descubre la existencia de una sensibilidad en zonas hasta ahora ocultas de la conciencia política vasca.

    Quien no da la impresión de haber cambiado en absoluto es monseñor Setién, ex obispo de San Sebastián, con su defensa del diálogo político con Eta. El eclesiástico no aprecia diferencias entre la situación que hizo posible en su día los diálogos de Argel entre el Gobierno y la banda terrorista y el estado de cosas que ahora existe. La Eta de Argel era casi un dulce comparada con la que hoy se manifiesta. Entonces no había Lizarra ni un planteamiento tan radicalizado como el actual, ni un sistemático aniquilamiento de la representación política de los partidos estatales. Para Setién todo eso se mide en términos de equivalencia. Valen las pistolas y las bombas puestas sobre la mesa de una hipotética negociación. Sin dejar de usarlas.

Buen arranque
Por Ignacio Villa LibertadDigital 
21 Diciembre 2000

Los primeros pasos que está dando el Pacto por las libertades y contra el terrorismo están siendo sólidos. Una impresión inicial más o menos pesimista ha dado paso a unas primeras actitudes con más trascendencia de la prevista. Por el momento, el PP y el PSOE están trabajando con una unidad visible, con algo más que gestos. Una unidad que, además, beneficia a las dos partes y que se ha visto reforzada con la actitud de los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, identificándose con los principios y con los contenidos de este acuerdo.

Este apoyo de los sindicatos, más allá del componente ideológico, tiene un especial significado. Representan a un ochenta por ciento de los trabajadores españoles. Además, en esa representación se incluye a personas de un amplio espectro. Tampoco debemos olvidarnos de que la actitud inequívoca de CCOO sitúa en el disparadero de la crítica la dubitativa y cobarde actitud de Izquierda Unida. La presencia de los sindicatos está marcada por la trascendencia. No estamos en una dinámica partidista ni electoral. La presencia sindical significa que una gran parte de la sociedad española apoya un Pacto que ahora mismo se presenta como un buen horizonte de esperanza.

Mientras tanto, los partidos nacionalistas intentan llevar el fondo del pacto al enfrentamiento político. Pero la sociedad está iniciando un recorrido con otro lenguaje. Este lenguaje es el de este Pacto. Es el lenguaje del diálogo, por supuesto. Pero no el de la renuncia. Dialogar no significa renunciar a los principios democráticos. Dialogar no es caer en la trampa del terror. Es llegar a un acuerdo, pero sin tocar los cimientos de la democracia.

El Pacto por el momento funciona; la unidad del PP y del PSOE, como comienza a demostrarse, es más fuerte y más eficaz de lo que parecía. Ahora, los descolgados tienen la palabra, todavía están a tiempo. Pero cuantos más días pasen, más difícil lo tienen. Dialogar es avanzar, sí. Pero no es agarrotarse de miedo, ni renunciar a la estabilidad democrática de todos.

Algo más que atentados de ETA
Editorial La Estrella  21 Diciembre 2000

Apenas habían transcurrido el martes unas horas desde que en el campus universitario de Lejona, en Vizcaya, se oyera el clamor de profesores y alumnos contra ETA exigiendo a los terroristas que les dejen pensar y expresarse con libertad, cuando en la Diagonal de Barcelona unos pistoleros de la banda ponían fin a la vida del guardia urbano Juan Miguel Gervilla Valladolid, un hombre de 38 años que deja viuda y dos hijos de corta edad. La "salvajada incalificable" contra la Universidad –según el rector–, que ha dejado una huella imborrable de consternación por la tragedia masiva que los criminales de ETA podían haber perpetrado en el nombre de la Euskadi que quieren liberar, se ha dado la mano con el nuevo asesinato vil y cobarde de Barcelona. Las reacciones políticas y ciudadanas han sido muy duras, y, por fortuna, lo van siendo cada vez más a medida que los españoles se desembarazan del miedo que produce, de rechazo, el clima de violencia, extorsiones y amenazas de la banda, y se identifican con la necesidad urgente, como principio de actuación cívica, de unificar las voces de repulsa contra estas actuaciones criminales.

Esta sucesión diabólica de actuaciones delictivas del nacionalismo radical sintetizaría por sí sola la esencia del gran problema que se vive en España en torno a la "cuestión vasca", si no fuera porque los crímenes de ETA no son la única y exclusiva señal por la cual se detecta en España la existencia de un problema. Estos días también se acaba de ver que hay algo más, además del terror etarra, algo que, procedente de sectores nacionalistas muy conocidos y acreditados por su protagonismo político o religioso, produce igualmente motivos de malestar y tensión entre los sectores nacionalistas vascos y los partidos constitucionalistas, o, dicho en términos de magnitud popular, de los partidos de ámbito nacional.

Entre el atentado frustrado de la Universidad vasca y la muerte del guardia urbano en Barcelona, unas declaraciones en Radio Euskadi produjeron el martes en la conciencia de quienes en España abominan de la violencia un gran estupor e incomodidad. Fueron las declaraciones del ex obispo de San Sebastián, José María Setién, quien en medio de este clima de presiones terroristas abogó una vez más porque la democracia acepte como interlocutores a los autores de tanta inhumanidad. Dialogar con ETA aunque estén las pistolas sobre la mesa, es la tesis de Setién.

Como se ve, es toda una lección de moral pastoral en estas dolorosas jornadas de asesinatos y atentados. Una vez más, el polémico obispo ha dado su nota de proclividad nacionalista radical. Y esto no sería lo más sorprendente de su ideario que, en el fondo, ya es bien conocido. El obispo dimisionario completa su exposición nacionalista a ultranza con la tesis según la cual el problema –se entiende el problema de la violencia de ETA en unión con el problema vasco en general– no es de naturaleza ética, ni entraña una quiebra de valores, sino que es de naturaleza política. No es extraño que desde los partidos democráticos se hayan oído reacciones severas contra Setién, como la de Josep Piqué, ministro de Asuntos Exteriores, que no ha tenido el menor inconveniente en declarar que lo que ha dicho Setién es "una de las cosas más condenables y repugnantes que he podido leer en los últimos tiempos".  

Crimen y laberinto
Editorial El Correo   21 Diciembre 2000

El asesinato de Juan Miguel Gervilla Valladolid ha añadido un héroe involuntario más a la interminable lista de víctimas de ETA, en un suceso que muestra la saña con que el terrorismo ha decidido emplearse en Cataluña. El comportamiento de los asesinos refleja hasta qué punto los activistas de ETA han convertido la violencia extrema en parte de su propia naturaleza, de sus instintos más primarios. El hecho de que una muerte cruel evitó un atentado inminente de atroces consecuencias resulta tan estremecedor como imaginar qué hubiera sucedido si ETA hubiera llevado a cabo todos los intentos de atentado que, por unas u otras causas, han resultado frustrados desde que rompiera su alto el fuego. La escalada del terror, la amenaza constante porque mañana pueden volver a atentar, hace que la respuesta política y ciudadana sea siempre insuficiente -cuando no confusa o contradictoria- frente a la contundencia con que se emplea la barbarie. Hoy, además, las muestras de protesta volverán a ofrecer una fotografía desigual, en la que la masiva manifestación de Barcelona contrastará con rutinarias concentraciones en Euskadi, cuyo hieratismo refleja su trasfondo desmovilizador.

La noticia del asesinato de Barcelona se convirtió en el desgarrador preámbulo con que ETA ratificó su verdadera voluntad antes de que comenzara el acto convocado por el lehendakari Ibarretxe en Gernika. El lehendakari reivindicó ayer el derecho a la paz con palabras ante las cuales ningún demócrata podría expresar objeción alguna. Sin embargo, junto a esas palabras su discurso se introdujo por un laberinto a través del que un juego peculiar de causas, condiciones y analogías le llevaron, una vez más, a contradecir su llamamiento a deslindar la paz de la política. Así, vinculó la paz al hecho de que «todos los proyectos existentes puedan ser propugnados y desarrollados democráticamente en igualdad de condiciones». Esta referencia, constante en el discurso nacionalista de los últimos años, induce la inmediata puesta en cuestión de la legitimidad que asiste al marco jurídico-político vigente. No es posible concebir la democracia real como un ferial en el que los proyectos confluyen «en igualdad de condiciones», en una especie de permanente provisionalidad, sino como una forma consensuada de administración de la voluntad popular que hace realidad un determinado proyecto mayoritario en confrontación libre con otros alternativos que son relegados precisamente porque no son compartidos. Pero, además, situar esa peculiar manera de entender la democracia como condición para la paz brinda a la intolerancia violenta la posibilidad de justificar su proceder; y ello cuando el auténtico factor de «desigualdad de condiciones» en la vida política vasca es la amenaza cierta que pende sobre las personas que encarnan unas determinadas opciones y funciones públicas.

Es cierto, como afirmó ayer el lehendakari Ibarretxe, que una paz firme y duradera no puede reducirse a la mera ausencia de violencia. Pero la ausencia de violencia, la renuncia a utilizarla por parte de quienes la emplean, es la condición previa para acceder a una situación irreversible de paz. Por eso mismo, es improcedente que el lehendakari sitúe en un mismo plano argumental el rechazo a «que ETA condicione el cese de la violencia a la consecución de su proyecto» y el reproche a que se condicione «la defensa y la realización de los proyectos políticos legítimos de cada cual a la desaparición de ETA». Si fuera posible una discusión libre e inocua sobre aspiraciones políticas, sin que ETA castigue con la muerte el pensamiento de unos y se aproveche de las posiciones de otros para alimentar su delirio criminal, sería totalmente justo reivindicar un debate abierto y sin tardanza sobre todo lo que se le ocurra a cada cual. Pero el razonable deseo de que ETA no determine la agenda política de los vascos nunca será tan urgente como la necesidad de que las fuerzas democráticas vascas establezcan una agenda política unitaria capaz de hacer frente a ETA.

La figura institucional del lehendakari está, sin duda, legitimada para convocar a las fuerzas políticas y sociales a una reunión como la que ayer se celebró en Gernika. Aunque es indudable que el carácter final del acto lo definieron tanto las presencias como las ausencias. La cita de ayer permitió al lehendakari formular un compendio de reflexiones que ha ido desgranando durante los últimos meses. Pero nadie medianamente consciente de la situación podría valorar la convocatoria de Gernika más que como un reflejo significativo de la crisis política y de liderazgo que padece Euskadi. Llegados a ese punto, no parece lo más aconsejable que la institución del lehendakari siga embarcada en un programa de actos previamente establecido que ni contribuye a resolver los problemas de fondo del terrorismo y la división política, ni palia la erosión de que están siendo objeto las instituciones.

El pacto a la catalana
Por Valentí PUIG ABC  21 Diciembre 2000

A veces se sospecha un querer y no poder en la postura de Jordi Pujol ante la destemplanza expresiva de Arzalluz. Ahí se opera desde una retórica de lo que se puede decir en privado y lo que conviene decir en público. A esta duplicidad sucumbe todo lo que llamaríamos «Establishment» del catalanismo, con lo que no hay mucha diferencia entre lo que diga Pasqual Maragall y lo que proclame Jordi Pujol. Son distintas maneras de suponer que Cataluña está en el centro del mundo y que el problema capital del terrorismo de ETA debe ser dirimido con usos y medidas catalanes sin que cuenten claramente estrategias de otra dimensión, tan legítima e inclusiva como el pacto entre PP y PSOE. Desde esta idiosincracia política hay que entender la fumistería que no pocos líderes catalanes han utilizado en los más recientes atentados, como fue la manipulación sin tapujos de la manifestación masiva con motivo del asesinato del profesor Ernest Lluch. Es una idiosincracia que a veces -de forma injusta- se puede considerar más indicada para afanes festivos y culinarios que para involucrarse en materia de Estado. Los políticos del catalanismo entienden ciertamente que uno no puede enfrentarse a la estrategia del terror con el batín de andar por casa.

HABLAR CLARO
Dando por sentado que hablar claro es algo que no encaja del todo con el sistema político de Cataluña, la otra opción consiste en decir lo mismo pero con otras palabras. Por ejemplo: uno asume pero no rubrica, uno lo hace pero no lo dice, uno está pero no es. Tal vez sea una cuestión de estética. De repente, ETA ha aparecido en los escenarios de la política real de Cataluña, con todas sus aristas siniestras y cabe pensar que ha terminado la hora del recreo. ETA está matando en Cataluña y cientos de miles de ciudadanos catalanes se preguntan por qué razón un pacto firmado por el PP y el PSOE no es del gusto de las distintas versiones del catalanismo. Son centenares de miles de votantes del PP y también lo mismo del PSOE, aunque los líderes del PSC opten por no entrar en la implicación del socialismo vasco en el pacto anti-ETA. Llegan por una parte las noticias de cada atentado atroz y por otro conducto se transmiten las sutilezas casuísticas de Pujol o Maragall a la hora de adherirse al pacto PP-PSOE. Se sabe que tanto Pujol como Maragall -y también Esquerra Republicana- abominan del terrorismo pero parece obligado permitirles que lo digan de otro modo, a la catalana. En un terreno más elemental y pedestre, la respuesta de los portavoces más desmesurados del nacionalismo consiste en achacar todos los males al gobierno de José María Aznar y, por vía directa, a las presuntas incapacidades de Mayor Oreja.

Ese ha sido el menú de los últimos días, con la sensación cada vez más generalizada de que el parlamento autonómico catalán ha perdido una gran oportunidad -por trágica que fuera- para ser caja de resonancia de lo que se vive en las calles y plazas de Cataluña. Se reitera una curiosa complicidad entre el líder del PSC-PSOE, Pasqual Maragall, y el presidente del parlamento autonómico, el democristiano Joan Rigol, al pedir un pacto a la catalana. Es la vieja leyenda de la unidad de los partidos políticos catalanes frente a todo enemigo exterior. Por lo mismo el dirigente del PNV, Joseba Egibar, fue el invitado más aplaudido en el reciente congreso extraordinario de Unió Democràtica.

En cualquier caso, los trabajos y los días del parlamento catalán mantienen la vigencia del pacto entre CiU y PP, según se constataba esta semana con la aprobación de los presupuestos de la Generalitat para el año 2001. Eso se entiende como una consecuencia aritmética de la estabilidad política, sin que un Pujol reacio a la firma de pacto anti-ETA haya sido desasistido parlamentariamente por el PP catalán en la hora de de disponer del dinero público.

Tanto en términos de ciencia como de filosofía, la declaración de Xavier Trias como portavoz de CiU en el Congreso de Diputados sugiere un cierto estrago de la semántica: los pujolistas dan su apoyo a los diez puntos del documento pero no lo firman por su «manifiesta voluntad» de aislar al PNV. Entramos así en el juego malabar entre la exclusión y la inclusión, sin tener mucho en cuenta que el aislamiento del PNV tiene su causa en el mismo PNV y no en el pacto entre PP y PSOE. Dicho de otra manera, el documento pactado es consecuencia del alejamiento protagonizado por el PNV, y de ningún modo es su causa. Es postulable que el atentado de ayer no sea la oportunidad más indicada para ponerse a tono con la ambivalencia de CiU al considerar que el PNV es víctima y no agente de su propio mal. Algo parecido ocurre con la minusvaloración que algunos hagan del esfuerzo policial antiterrorista. Asoma en este aspecto un recelo absurdo ante la verdadera personalidad de las fuerzas de seguridad del Estado, mucho más evolucionada que los prejuicios de la mentalidad atávicamente izquierdista o nacionalista ante el desempeño policial en un Estado de derecho.

ESTABILIDAD PRESUPUESTARIA
Al sopesar la posibilidad de un pacto a la catalana, Pasqual Maragall le está haciendo un cierto favor a Pujol, puesto que de rebote le protege de las críticas que el PSOE pudiera hacerle a CiU. Algunas personalidades del socialismo catalán se preguntan si Maragall no se estará divorciando de Rodríguez Zapatero o si se trata de una más de sus iniciativas fuera de control. Por fallido que sea, ese intento de pacto a la catalana parece dar un nuevo ajetreo a los pasillos del parlamento autonómico donde Pasqual Maragall se mueve como pez en el agua. Será inevitable que otros socialistas catalanes se vean en la tarea de recomponer los efectos internos del estropicio.

En la escenografía parlamentaria, el PP catalán se quedó solo en defensa del pacto antiterrorista, con un agarrón dialéctico con Esquerra Republicana, empeñada en obtener una vez más la cuadratura del círculo. Tampoco tuvieron su mejor hora los escaños del ex-comunismo, con el corazón partido entre Llamazares y su apéndice vasco.

Ahora se puede pensar que el debate sobre el enfrentamiento entre la libertad y el terror tal vez nunca se había planteado verídicamente en Cataluña, como si fuera algo ajeno, extemporáneo, digno de ser ubicado debajo de alguna alfombra. Esa presencia cruel e inhumana repentinamente es un dato de todos los días y encrespa las tertulias de radio, de habitual algo melifluas. Es la vieja tensión entre seguridad y libertad.

También pudiera ser que la propuesta sigilosamente mancomunada entre Joan Rigol y Pasqual Maragall fuese al final equiparable al fenómeno de la tormenta en un vaso de agua, pero aún así no habría dejado de oscurecer a su manera la percepción que el amplio electorado tiene de ETA y del contenido específico del documento que PP y PSOE firmaron conjuntamente con la voluntad de fortalecer a la sociedad frente a los acosos del terror. Es un pacto que se hubiera visto positivamente reafirmado con un Maragall que acatase la firma del PSOE y un Pujol que se hubiese sumado con menos circunloquios. Tal vez las vacaciones navideñas sirvan para conciliar el sentido de Estado y el tomar posiciones de hoy para hoy. Lo que está más claro es que ETA no se da vacaciones.

Asesinato en la Diagonal
VALENTÍ PUIG El Correo 21 Diciembre 2000

Cada atentado de ETA congrega a un puñado de ciudadanos tenaces que se manifiestan en Barcelona en torno al monumento erigido para memoria de las víctimas de Hipercor. Es una reacción casi instantánea, como lo fue ayer al ser asesinado el guardia urbano Juan Miguel Gervilla. El eje transversal entre CiU y PNV no sostiene complicidad alguna en lo que respecta a la conllevancia del terror. En cuanto al pacto firmado entre PP y PSOE, Pujol considera que uno puede suscribirlo sin firmarlo. Quizá Josep Tarradellas siempre fue mucho más contundente al negarse al paralelismo entre el catalanismo político y la estrategia de los herederos de Sabino Arana. En conjunto, el espectro político catalán insiste en hacer las cosas siempre ‘a la catalana’, urdiendo matices entre el espíritu y la letra. Más allá de tales primores, el recuerdo de la inmensa humareda de Hipercor y el reguero de víctimas en los últimos tiempos se imponen frente a la tentadora ambigüedad.

Aquella ciudad del perdón que reclamaba el poeta Joan Maragall tiene una forma de expresarse sin altisonancias, al modo entre cazurro y sutil que gastaba Ernest Lluch. Cayó ayer el guardia urbano Juan Miguel Gervilla, en la Avenida Diagonal, ese trazo urbanístico que cruza la ciudad con precisión meridiana. Fue la misma historia de Sant Adrià del Besós o del concejal del PP que iba en furgoneta para ejercer su oficio de electricista-fontanero. Ese ensañamiento de ETA con las gentes que se han puesto al servicio de sus conciudadanos resalta todavía más la estrategia del terror frente al bien público, contribuyendo a alentar la extraña confusión que se produce entre las personas de buena voluntad y la falsa retórica del diálogo por el diálogo. Una vez más, ETA busca que la buena gente diga que ya basta y a cualquier precio. Eso es algo que sólo se paga con la merma de la propia libertad.

Nacionalistas radicales catalanes dan información al «comando Barcelona»
La banda asesina ha creado una infraestructura en Cataluña que no tenía desde hace seis años, según la policía
Los catorce meses durante los cuales ETA mantuvo silenciadas sus armas le sirvieron para reorganizar su infraestructura en Barcelona, que cuenta con una nueva red de apoyo, integrada por simpatizantes del independentismo catalán más radical. Éstos han facilitado los últimos cuatro asesinatos cometidos por uno de los comandos más escurridizos de la banda, del que apenas se tienen datos fiables.
J. A. BRAVO. ColpisaMADRID La Voz 21 Diciembre 2000

Hacía seis años que la organización no disponía de una infraestructura permanente en la Cataluña, aunque en el verano de 1998 las Fuerzas de Seguridad sospecharon de que la banda había logrado recomponer un grupo operativo en la Ciudad Condal, e incluso temieron una campaña de atentados.

Sin arrestos
Ahora, lo asesinatos de los concejales populares José Luis Ruiz Casado y Francisco Cano Suegra, del socialista Ernest Lluch y del agente Juan Miguel Gervilla confirman la aparición de nuevos activistas.
Sin arrestos desde 1998 en Barcelona, la Policía desconoce quiénes podrían ser los componentes del comando, aunque sí tiene la seguridad de que ETA dispone de colaboradores, procedentes de un independentismo catalán resurgido en Sabadell y Tarrasa.

Los partidarios del pacto reprochan a Pujol que no firme, pese a que Eta sigue matando
CC OO y UGT se adherieron ayer al pacto, que extenderán a los sindicatos europeos
La negativa del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, a adherirse al pacto antiterrorista firmado por PP y PSOE continuó ayer levantando ampollas. La ambigûedad que está mostrando el líder de CiU en esta parcela motivó la reacción ayer de el secretario general de UA, Pablo Mosquera, y del alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez. El líder de la formación foralista animó a Pujol a firmar el pacto para que éste no se encuentre, según dijo, «bajo sospecha» de tener algún tipo de «connivencia» con el PNV, al tiempo que manifestó que a CiU no le favorece esta posición.
Esther L. Palomera /L. R. N - Madrid .-La Razón  21 Diciembre 2000

Según Mosquera, la formación de Javier Arzallus tiene, en estos momentos, una «ideología compartida» con la banda terrorista Eta, ya que los peneuvistas ponen ciertas ideas por escrito «que otros convierten en bombas».

    Vázquez, por su parte, lanzó un contundente ataque a la negativa de Pujol a sumarse al «Acuerdo por la libertad y contra el terrorismo». «No se puede poner una vela a Dios y otra al diablo», aseguró el primer edil coruñés, para quien, tras el acuerdo, «no puede haber ambigûedades ni términos medios». Quienes no firmen el pacto, dijo, «desde la ambigûedad o desde el apéndice, pueden buscar la justificación que quieran», pasan a estar, según Vázquez, «en el otro lado de la raya».

    Mientras tanto, PP y PSOE, ajenos a esta polémica, se encargaron en el Congreso de seguir reforzando el acuerdo, esta vez en presencia de los sindicatos y descartando más adhesiones, que no apoyos. Los miembros de la comisión de seguimiento del acuerdo, reunidos ayer con los secretarios generales de UGT y CC OO, Cándido Méndez y José María Fidalgo, dijeron que las centrales no firmaron el documento de manera formal, pero se comprometieron a implicar a todos los sindicatos europeos en la lucha «por las libertades».

    En una comparecencia conjunta, los secretarios generales del PP y PSOE, Javier Arenas y José Luis Rodríguez Zapatero, respectivamente, coincidieron en que ayer, tras el asesinato del guardia urbano de Barcelona, sendos partidos están si cabe más unidos en la lucha antiterrorista. Tanto Arenas como Zapatero coincidieron también en su agradecimiento público al respaldo que UGT y CC OOhabían dado al «compromiso de los demócratas por la libertad y contra el terror». Arenas insistió en que populares como socialistas están de acuerdo en que el pacto está sobrado de «legitimación» aunque eso no significa que rechacen contar con el mayor respaldo posible. Un respaldo que, según ha podido saber este periódico, se hará siempre bajo la fórmula de comunicaciones escritas y no a través de firmas de adhesión.

    Zapatero recordó que el compromiso de las centrales sindicales demuestra «su profunda implicación con los problemas básicos de la convivencia» y que «el esfuerzo por la libertad plena ya tiene aliados enormemente importantes: hoy, a través de los sindicatos y, en los próximas semanas, lo harán otras organizaciones del país».

    Cándido Méndez y José María Fidalgo también quisieron dar cuenta del resultado de la reunión. Ambos se comprometieron a «seguir trabajando con todo vigor entre los trabajadores», ya que éste es uno de los principios fundamentales suscritos en el documento.

    El líder de CC OO, José María Fidalgo, hizo una valoración «altamente positiva» tanto del acuerdo como del «gesto» de ambos partidos de abrirlo a las organizaciones sociales. Fidalgo pidió que el pacto «sea accesible» a las «escasas fuerzas democráticas que concuerdan con sus valores, pero tienen alguna dificultad para sumarse al mismo». De igual forma, el secretario general de UGT, Cándido Méndez expresó su «apoyo total y colaboración absoluta» a la iniciativa de la que dijo compartir los principios y fines de la «a» a la «z».

Los terroristas activaron, aunque falló, el artefacto en la Facultad de Periodismo
Sólo se puso en marcha el iniciador, lo que provocó el olor a pólvora que alertó a la escolta de una profesora
EFE El Mundo  21 Diciembre 2000

VITORIA .- Los autores del atentado frustrado del pasado lunes en la Facultad de Periodismo de la Universidad del País Vasco, en Lejona (Vizcaya), llegaron a activar con un mando a distancia el artefacto que falló en su mecanismo, han confirmado fuentes policiales.

Dichas fuentes han precisado que los terroristas activaron el mecanismo de explosión por medio de un radio-mando pero que la bomba, por causas que se están investigando, no llegó a explosionar.

Unicamente, según las fuentes consultadas, se activó el iniciador, lo que provocó que se acumulara en el ascensor en el que estaba colocado un olor a pólvora que fue lo que alertó a la escolta de una profesora.

La policía no ha determinado que el hecho de que la escolta de la profesora Edurne Uriarte notase el olor y avisase a las personas que se encontraban en el lugar quiera decir necesariamente que esta profesora fuera el objetivo del atentado, sino que también cabe la posibilidad de que los terroristas lo activaran algunos minutos antes, cuando tomó el mismo ascensor otra persona.

El artefacto contenía 3,5 kilos de dinamita titadine, como la robada por ETA en Bretaña. De haber explotado se habría venido abajo «medio edificio», un recinto que puede albergar en un día a unas 400 personas, según explicaron el pasado lunes fuentes policiales.

Antes del hallazgo del explosivo, numerosos alumnos y profesores hicieron uso del ascensor sin sospechar del paquete, que daba la impresión de ser una caja con sobres olvidada.

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