AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 22  Diciembre  2000
#Chauvinismo
RAUL DEL POZO El Mundo    22 Diciembre 2000

#PUJOL DEBE ESCUCHAR A LOS QUE PIDEN QUE FIRME EL PACTO
Editorial El Mundo 22 Diciembre 2000

#Contra el terror
Juan Alberto BELLOCH La Razón 22 Diciembre 2000

#Diccionario
ERASMO El Mundo 22 Diciembre 2000

#Sobre el diálogo político en Euskadi
GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ El País  22 Diciembre 2000

#¿Quién tiene miedo al pacto antiterrorista?
José María CARRASCAL La Razón   22 Diciembre 2000

#El lado oscuro del 2000: ETA y pateras
Abel Hernández La Estrella  22 Diciembre 2000

#El PNV de Arzalluz
EMILIO GUEVARA SALETA  El Correo  22 Diciembre 2000

#Del heroísmo
Jose Luis Méndez Romeu. La Opinión  22 Diciembre 2000

#Irlanda del Norte en Euskadi
ROGELIO ALONSO El Correo  22 Diciembre 2000

#Camorra vasca
Cartas al Director Ainara Arranz El Correo   22 Diciembre 2000

#Feliz Navidad
Alfonso USSÍA ABC    22 Diciembre 2000

#Maragall, Iglesia
Carlos DÁVILA ABC  22 Diciembre 2000

#El rearme
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  22 Diciembre 2000

#Pastor de lobos
Jaime CAMPMANY ABC  22 Diciembre 2000

#"Los alumnos tienen miedo de pedir el examen en castellano"
LALI CAMBRA, Tarragona El País  22 Diciembre 2000

#EL TSJPV no autoriza el uso del Palacio de Justicia para entregar el Premio “Carmen Tagle”
Libertad Digital 22 Diciembre 2000

#Un militante de Unió denuncia el desvío de 9.000 millones para financiar el partido
J. M.COLPISA. BARCELONA El Correo 22 Diciembre 2000

Chauvinismo
RAUL DEL POZO El Mundo    22 Diciembre 2000

Los vi anteayer por la tarde bajar por la escalera del Congreso de los Diputados hasta el estrado y me parecieron espectros, rapantes, andorreros con el peluco parado. Eran los nacionalistas, los del triunvirato y los de región, todos los que tienen su alrededor como programa político y nos han acostumbrado a meter dos de bastos para sacar dos de oros. Pedían en el debate de la Cumbre de Niza un sitio en la Europa que nace. Pero si Europa está naciendo precisamente para superar el jingoísmo -del inglés jingo, partidario de la agresividad en las peticiones-, esa paranoia española, ese istmo que como todos los istmos ha sido catastrófico. El sueño secesionista en sus diversas simulaciones ha provocado cabezas rodeadas de sangre en la calzada. Piden competencias en Europa con insistencia y reiteración en la ebriedad de sus creencias irreductibles basadas en la fabulación y en la distorsión histórica. Ya lo dijo Ortega: «Sabido es que los alcohólicos necesitan cada vez más fuerte porción de alcohol».

Los perillanes pretenden ser nación cuando la idea de nación está agotada e intenta integrarse a una idea por encima de las glándulas. Las naciones de Europa tienden a fundirse y ellos pregonan desavenencia y separación. Escuché sus retartalillas de peticiones, todas ellas inscritas en el chauvinismo comarcal y en el fanatismo presupuestario. Salían de los asientos de arriba cada uno con su panfleto particular; todos coincidían en exigir un silloncito en Bruselas, desde la soberanía compartida, desde la autodeterminación o desde el simple regionalismo naranjero. Europa aún no tiene Cámara de Representantes al estilo de Norteamerica, pero algún día la tendrá y no creo que se olviden los legisladores de que Europa nació en unas ruinas causadas por la barbarie etnicista, después de que un sabinista tardío se subiera a una banqueta y predicara un Rh ario. Acusaron a Aznar de actuar en Europa con delirios de grandeza y con nacionalismos trasnochados. Hablan ellos de nacionalismos trasnochados.

Están nerviosos porque se les acaba la bicoca y la ganga y van a quedar, históricamente, en pelotas; el reparto de las competencias depende de los Estados. Europa aspira a ser el fin de las rivalidades regionalistas, tribales, no el principio. Europa es una mezcla de razas y de religiones. Dolicocéfalos, braquicéfalos, alpinos, mediterráneos y hasta indoafganos han superado la sangre. No hay razas inferiores desde que los demócratas asaltaron el búnker de Hitler. Tal vez Europa no sea el fin de la Historia, pero aspira a ser el fin de los altercados de zanja. Jouffroy dijo que había que terminar con la rivalidad entre los pueblos del mismo modo que desapareció, bajo el dominio de Alejandro, la rivalidad de las ciudades griegas.

PUJOL DEBE ESCUCHAR A LOS QUE PIDEN QUE FIRME EL PACTO
Editorial El Mundo 22 Diciembre 2000

La importancia del pacto antiterrorista suscrito por el PSOE y el PP aumenta cada día y, muy especialmente, después de cada nuevo asesinato de ETA. Que el acuerdo es un instrumento fundamental de la sociedad para hacer frente al terror se comprobó ayer en la propia capilla ardiente del guardia urbano asesinado por dos pistoleros en Barcelona. Allí tuvo lugar una escena impregnada de dolor y esperanza a la vez. El padre de Juan Miguel Gervilla, al recibir el pésame de Javier Arenas y José Luis Rodríguez Zapatero, pidió a ambos partidos que se mantengan firmes en la defensa del acuerdo y que esta unión siga adelante. Se trata de un testimonio trascendental, que dice mucho de la entereza de un padre seguramente roto por haber perdido a su hijo y que demuestra que las víctimas son quienes más valoran y agradecen el esfuerzo de los partidos mayoritarios por haber aparcado sus diferencias para dar muestra de unidad ante el terror.

La sociedad catalana volvió también ayer a dar ejemplo saliendo en masa a las calles de Barcelona para gritar en silencio contra el último asesinato. O quizá no tan en silencio. Porque entre la multitud se oyeron algunas voces que se atrevieron a decir lo que mucha gente está pensando estos días a raíz de la brutal ofensiva etarra en Cataluña. «Pujol, ¿a qué esperas para firmar?» Haría mal el presidente de la Generalitat en echar en saco roto esta petición como si se tratara de un hecho aislado. Porque lo que sí resultaba muy extraño es que fuera en la comunidad más castigada ahora por ETA donde se alzaran las voces más reticentes al pacto, procedentes de sectores del PSC, CiU, ERC y algunos sindicalistas. La obsesión de algunos socialistas y nacionalistas catalanes por intentar salvar a un PNV a la deriva está pesando -lamentablemente- más en su estrategia que las peticiones de amplios sectores sociales. Nadie puede albergar ninguna duda acerca del inequívoco compromiso de los nacionalistas catalanes con la libertad y la democracia frente al terror. Su adhesión al pacto PP-PSOE debe ser la consecuencia lógica de ese compromiso.

Porque Pujol debe saber que no es quedándose fuera de un acuerdo que se ha convertido en la referencia fundamental de las libertades democráticas como va a lograr que el PNV cambie. Las últimas declaraciones de Arzalluz, ayer mismo, así lo atestiguan. Los nacionalistas catalanes deberían, más bien, hacer lo posible para apoyar a quienes dentro del PNV piden un giro que está más en sintonía con lo que ellos repre
sentan en Cataluña. Como la del ex diputado general de Alava, Emilio Guevara, quien reclama un motín en el partido contra el discurso «hosco, radical y fundamentalista» de su presidente.

Contra el terror
Juan Alberto BELLOCH La Razón 22 Diciembre 2000

Hay una evidencia que no se quiere entender. La mayor parte de las críticas que se vierten contra el «acuerdo por la libertad y contra el terrorismo» se centran, justamente, en lo que para mí es su mayor virtud, su carácter consciente y voluntariamente bilateral.

    Luego diré algo de su voluntad integradora y también sobre el célebre «consenso» -probablemente el concepto político más indeterminado- y sobre la necesaria unidad de los demócratas. En todo ello, con su importancia, no hay novedad alguna. Me parece más interesante insistir en su naturaleza originaria de pacto político bilateral. ¿Por qué se ha hecho así?

    El dato esencial se refiere al papel específicamente distinto que el PSOE y el PP juegan y que les distingue de manera diáfana de cualquier otro partido. Socialistas y populares tenemos un rasgo común. Somos los únicos que soportamos sobre nuestras espaldas la carga y la responsabilidad de generar y conformar en nuestro seno a los futuros presidentes del Gobierno de España. Somos los únicos partidos que no podemos permitirnos el lujo de olvidar en nuestras estrategias el deber que sobre nosotros pesa de gobernar España, cuando lo decidan sucesiva y alternativamente los ciudadanos. Así de simple. Así de claro.

    El que ambos partidos decidan de manera solemne una estrategia antiterrorista común, que deje nítidamente claro que fuera del marco de la Constitución y del Estatuto de Guernika no hay nada más que la inmensa soledad del vacío, equivale a decir que España, la inmensa mayoría de los españoles representados legítimamente por ambos partidos, han tomado una decisión irreversible, cual es defender sin ambages y con todos sus recursos (que son muchos) las «reglas del juego» de que nos hemos dotado a través de esas dos normas jurídicas fundamentales. Nada menos.

    No se pretende afirmar que tal pacto tenga virtualidad por sí solo para «resolver el problema terrorista». Eso no lo sostienen ni los firmantes del acuerdo. Lo que sí supone es fijar la primera e insustituible condición para que algún día ese problema pueda ser resuelto, pues no existe ningún supuesto en la Historia en que problemas de naturaleza análoga hayan podido resolverse sin el previo cumplimiento de tal premisa.

    En mi opinión no se puede sostener que ese «acuerdo» ya existía y que por tanto el documento se limita a recoger una serie de obviedades. No es el momento de recordar las evidentes fisuras que presentaba tal supuesta unidad de criterios, pero como en el cuento de brujas bien se podría afirmar que antes del pacto diferencias «haberlas, haylas». Y que ahora, después del pacto, no las hay.

    Pero es que además, desde el punto de vista del contenido mismo del documento, se ha dado un paso decisivo. Me refiero a la creación de una «Comisión de Seguimiento» encargada de la actuación concertada de ambos partidos en el ámbito de las reformas legislativas, la política penitenciaria, la cooperación internacional, la movilización ciudadana y la vida institucional. Es radicalmente nuevo pasar de un estadio de intercambio privilegiado de información y de lealtad, por adhesión a las decisiones del Gobierno a otro en que la idea-fuerza es la corresponsabilidad política en la toma de todas las decisiones que afectan, no sólo a la lucha antiterrorista, sino también al conjunto de problemas que para las libertades públicas supone la actual situación en el País Vasco. Es un paso de gigante que todas las personas de buena fe estábamos demandando.

    En el complejo tablero de la situación política en el País Vasco hay una pieza fija, una pieza que sólo se va a mover dentro de unos parámetros bien delimitados. La pieza fija, ahora y en el futuro, es el Gobierno de España.

    Las consencuencias que se derivan de este hecho son trascendentales. El resto de actores políticos está obligado a tener en cuenta la nueva situación. Los nacionalistas vascos del PNV y de EA, por ejemplo, ya no pueden esperar «gobernar» con socialistas o populares en función de sus conveniencias coyunturales, o por ser más claros en función de qué partido les haga más concesiones a sus tesis soberanistas. IU, al margen del esperpento de Madrazo, se ve obligada a elegir entre dos formas nítidas y distintas de enfocar los problemas del País Vasco (la soberanista o la constitucionalista), y si no lo hace y prefiriese continuar en la ambigûedad, les consta que por ello pagarán un coste político muy elevado en el conjunto de España. Ni siquiera Pujol y Duran, políticos ambos de primera fila, tienen claro cuál es el papel que les toca interpretar entre su razonable fraternidad con el nacionalismo vasco y su inevitable lealtad al marco constitucional.

    ¿Qué es pues lo que ha pasado? Pues que populares y socialistas han hecho justo aquello que tantas veces se les reclamaba. Han tomado, y de qué modo, la iniciativa política. El centro del debate ya no está en las humoradas, dimes y diretes de Arzallus, sino en los partidos políticos que tienen la responsabilidad de gobernar España. A partir de ahí no me sorprenden, sólo me dan la medida del éxito alcanzado, las reacciones adversas de algunos de los actores políticos a los que se les ha birlado el papel, que hasta ese momento usurpaban, de protagonistas. El acuerdo ha puesto a cada uno en su sitito.

    Es cierto que a partir de ese nuevo escenario, será preciso volver a contar con todos los demócratas, pero desde esa nueva situación. La futura campaña electoral vasca y las decisiones post-electorales que unos y otros adopten fijarán las características y los límites de ese «futuro gran acuerdo social y político» contra el terror y por las libertades que, sin duda, nos aguarda en un recodo próximo del camino que ahora se inicia. Entre tanto, Zapatero y Aznar han hecho su trabajo.

Diccionario
ERASMO El Mundo 22 Diciembre 2000

Nacionalista vasco: dícese de quien profesa ideas excluyentes sobre organización social, basadas en principios de tenor étnico y racista. Nacionalista español: lo mismo con respecto a vascos, catalanes, gallegos... Recién comulgado tiende a cruzar la mar océana. Evangeliza bastante. Español: quiere, ingenuo, sin excluir a nadie, su pan, su hembra y la fiesta en paz al calor de leyes razonables. Le guarde Dios.

Sobre el diálogo político en Euskadi
GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ El País  22 Diciembre 2000

La democracia es diálogo, es la expresión política de una acción comunicativa, de debate, de reflexión en común, de propuesta y de acuerdos. En principio, la negociación intenta avanzar racionalmente, a través de un procedimiento objetivo que garantice la libertad y la participación. El cierre de esta democracia dialógica se produce cuando el acuerdo negociado no da más de sí, a través del principio de las mayorías, que es un principio final que zanja con una toma de decisiones, en beneficio de las mayorías, los problemas planteados. En ese sentido, toda la filosofía democrática se abre en el diálogo para la toma de decisiones, y todas las construcciones políticas y jurídicas de la modernidad, con base liberal, democrática y social, que se plasmen en las constituciones, dan por resultado ese criterio. El Parlamento y sus debates, los procesos con argumentaciones cruzadas y contradictorias ante jueces y tribunales para obtener la satisfacción de pretensiones, y muchos derechos fundamentales como la libertad de pensamiento y de opinión, la libertad de prensa, de información, de cátedra, de reunión o de asociación, están pensadas para el diálogo. La democracia no es un sistema orientado al éxito, ni al sometimiento del enemigo, ni utiliza la dialéctica del odio, que tapona los mecanismos del diálogo. Es una gigantesca estructura construida para el entendimiento y el consenso, para que las personas sensatas puedan libremente expresar su acuerdo y su adhesión al sistema como el que facilita más la integración y la cohesión social.

No debe extrañar que con esos presupuestos, ante la permanencia en actividad del terrorismo de ETA, muchas personas reclamen el diálogo, en concordancia y en sintonía con lo que pensaba el profesor Lluch, cruelmente asesinado por la banda terrorista. La manifestación de Barcelona fue un clamor que los poderes públicos no pueden desatender, y que los intelectuales deben intentar comprender.

Las reacciones ante la impunidad y el terror, y la indignación que producen todos los atentados, su reiteración, y mucho más si la víctima es una persona de talante tolerante y abierto como Ernest Lluch, han oscilado desde la reclamación de la prisión perpetua, e incluso de la pena de muerte, hasta este clamor por el diálogo. Es indudablemente mejor la segunda postura, más acorde con nuestro modelo político, que la reacción visceral del endurecimiento de las penas. Creo que ésta debe ser descartada a priori como indeseable y probablemente contraria a la Constitución. La segunda debe ser apoyada, aunque no debe plantearse con ligereza, sino tomarse su idea muy en serio, encauzándola y racionalizándola. Es evidente que exige una reflexión para fijar las condiciones y aclarar las ideas, porque no todos los que hablan de diálogo tienen las mismas ideas, ni tampoco entienden el diálogo de la misma manera.

El pacto antiterrorista, excelente decisión del Partido Popular y del Partido Socialista, ya ampliado con otros partidos y con CC OO y UGT, está en la línea de hacer posible el diálogo desde los principios democráticos y desde el imprescindible respeto a la vida y rechazo a la violencia terrorista. Para que haya diálogo hay que partir de esas premisas que el pacto fija y que son elementales en una sociedad bien ordenada.

Debemos esclarecer qué pretendemos, cuáles son los objetivos a alcanzar, los cauces por los que tiene que transcurrir, y distinguir los aspectos formales y materiales de un diálogo fructífero y no frustrante, porque todo diálogo tiene unas reglas y unos procedimientos.

Lo primero que conviene es distinguir las dimensiones procedimentales y las dimensiones materiales. Las primeras, al menos prima facie, deben ser respetadas por todos, no pueden ser modificadas "in itinere", y sólo desde ellas se puede iniciar el diálogo.

Sin un acuerdo sobre el procedimiento para el propio diálogo parece imposible que éste se desarrolle con fruto. Lo lógico, lo sensato, lo prudente y lo racional es partir de las reglas del juego que son la Constitución y el Estatuto, aunque reconozco que, en el punto de partida, las actitudes soberanistas del PNV y su mantenimiento en el Pacto de Lizarra son las mayores dificultades para el diálogo. Hablando dos lenguajes posibles no cabe la comunicación; utilizando en sentidos diferentes los propios términos de los hablantes, no cabe comprensión, y sí surgirán muchas disputas verbales que sólo se diferencian por el sentido que se atribuye a las palabras. Por eso, sería sensato que las negociaciones se planteasen en el Parlamento vasco después de las elecciones. El diálogo preelectoral prepararía el terreno para el juego limpio y para situar el diálogo en su sentido correcto.

En segundo lugar, debe existir una legitimidad indubitada para intervenir en el diálogo, que debe ser al mismo tiempo signo del apoyo popular que tienen los hablantes. Eso exige que las elecciones refuercen a la actual mayoría, o la hagan cambiar hacia los actuales grupos de la oposición. El Gobierno vasco actual carece de legitimidad, está en minoría y no es un interlocutor adecuado. Sobre todo si se observa que el PNV, por medio de sus portavoces, desmiente o corrige al propio Gobierno de su partido.

El proceso electoral mismo va a ser un buen termómetro para saber si se dan las condiciones para un diálogo y en qué escenarios se va a producir éste. También será esclarecedor, al marcar la posición de los ciudadanos con sus votos. Esta situación preelectoral, con estrategias para obtener apoyo de los votantes, no es el mejor de los ámbitos para una comunicación entre posturas diferentes; sólo debe, como hemos dicho, ayudar a un proceso electoral libre y limpio y avanzar en el índice de temas a dialogar.

Desde el respeto a las condiciones procedimentales que se establecen en la Constitución y el Estatuto, el objeto central del diálogo tiene que ser erradicar el fenómeno del terrorismo, acabar con la violencia de ETA, y restablecer la paz y la libertad en el País Vasco. Naturalmente, si pasamos a las dimensiones materiales del diálogo, todos los temas se pueden plantear y defender, incluidos los que estén más alejados de los valores constitucionales, como el independentismo o la autodeterminación. Nadie puede ser rechazado como interlocutor por pretender esos objetivos. Lo único que se debe preservar es el respeto a los procedimientos, a las reglas del juego para la toma de decisiones que están en la Constitución y el Estatuto, y que arrancan de los principios de la negociación y de las mayorías. Incluso se puede pretender cambiar los procedimientos, y eso sucede cuando se pone sobre la mesa la autodeterminación, que es el ámbito vasco de decisión. Lo único es que no puede ser un prius que se utilice para el diálogo, sino un resultado, en su caso de ese diálogo, siguiendo el procedimiento y las reglas del juego actuales que no lo contemplan. De la misma forma que el PP no puede rechazar el diálogo porque su interlocutor nacionalista sea independentista, tampoco los nacionalistas pueden imponer como condición para ese diálogo que se respete el ámbito vasco de decisión, porque tal postura vulnera el actual marco constitucional y estatutario. Todo eso se garantiza suficientemente en el pacto antiterrorista.

Desde estos presupuestos, el diálogo se puede desarrollar con toda libertad, pero con unas condiciones para que cumpla el fin último de acabar con el terrorismo y conseguir la paz. Entre estas condiciones parecen indispensables las siguientes:

1. Un diálogo justo sólo es posible en condiciones de igualdad, con todos los interlocutores implicados al mismo nivel y sin límites a su libertad de opinión y de pensamiento. Ninguno puede mantener tesis que rompan las reglas del juego limpio ni los procedimientos que regulan el estatuto del diálogo. Así, no cabe diálogo manteniendo relaciones o presencia conjunta en organizaciones con los grupos violentos o con los que apoyan la violencia. Tampoco es posible que hablantes que intervienen en el diálogo prejuzguen el resultado de éste, situando a criterios materiales como fuera de discusión y que tienen que ser aceptados. Sólo las reglas del juego, los procedimientos de la Constitución y del Estatuto, son inamovibles, porque son los criterios generales que posibilitan un diálogo ordenado.

2. Todos los interlocutores deben hablar por una sola voz. No deben contradecirse con mensajes antitéticos si representan la misma institución. Parece que esta dificultad se produce entre las aportaciones del lehendakari Ibarretxe y su Gobierno y el presidente Arzalluz o el portavoz, Egibar. Hay que distinguir entre la opinión de una persona, por muy relevante que sea, y la opinión del colectivo, que es quien participa en el diálogo y cuyas ideas son las relevantes para participar en el mismo. El problema es más serio en el PNV, donde quienes discrepan son las instituciones, el Gobierno y el partido. Condición previa al diálogo es que se pongan de acuerdo y unifiquen su voz.

3. Todos los participantes en el diálogo deben ponerse de acuerdo sobre el sentido de los conceptos que usan. Si se emplea una expresión con significados distintos es posible que la discusión se ciña a un debate verbal sobre palabras. Esta condición es importante en un diálogo político, donde los sentimientos y los afectos tienden a dar un sentido emotivo a las palabras, lo que no favorecería un diálogo racional.

4. Desde que se acepta la necesidad del diálogo, hay que partir del respeto al otro y a su estatuto de legitimidad para ser interlocutor. Cualquier campaña de descrédito, cualquier juicio de intenciones, cualquier rechazo previo a las opiniones de los demás, debe excluirse. El respeto a la dignidad de todos pasa por que sea imposible aceptar posiciones que ignoren que los hombres son seres de fines, que no pueden ser utilizados como medios, y que carecen de precio. Eso excluye cualquier utilización y cualquier beneficio para los participantes de las acciones violentas y de los asesinatos de ETA.

5. El resultado del diálogo tiene que responder al fin pretendido al iniciarse: el fin de la violencia terrorista y la consecución de la paz. Así, debe alcanzarse el mayor consenso posible, desde las reglas indicadas, que puede suponer el establecimiento de nuevas reglas y de reformas de la Constitución en su caso. Éstas sólo pueden ser resultado de un diálogo racional entre interlocutores válidos, y no puede suponer la aceptación de las tesis de los terroristas y de quienes les apoyan. Sólo el juego de la negociación y de las mayorías debe ser el cauce para los acuerdos, nunca la coacción o la vinculación de esos acuerdos con una concesión para la paz que se hace a los violentos. Si se produjera esa situación se habría roto la seguridad que exige el monopolio en el uso de la fuerza legítima que justifica la existencia del Estado y del Derecho, que es el único ámbito para la libertad y el desarrollo de la dignidad humana. Cuando se cede una vez ante la violencia, desde un Estado democrático, se está ya a merced de cualquier violento en cualquier ámbito. Por eso el diálogo no puede dar la razón a los violentos, sólo debe establecer las bases para su erradicación.

Los ciudadanos catalanes que se manifestaban pedían lo mismo que las grandes manifestaciones de Madrid, de Sevilla, de Málaga, de Granada o del País Vasco, diálogo para acabar con la violencia, desde la clara idea del eslogan "Vascos sí, ETA no", y en ese ámbito se entiende la palabra libre de Gemma Nierga dirigida a los políticos: "...Ustedes que pueden, dialoguen...". Es lamentable el oportunismo de Arzalluz intentando orientar ese clamor a favor de ese diálogo sin condiciones, que es universalizar su actitud de entrega y de acuerdo con los fines de ETA. Tampoco ese clamor es pedir al Rey que intervenga, porque eso es pedirle que rompa el modelo constitucional. Simplemente, entiendo que ese clamor pide un diálogo entre iguales, ilustrado, desde el respeto mutuo, y sabiendo después de las elecciones cuál es la voluntad del pueblo, para conseguir acabar con la violencia y restablecer el tejido social libre en el País Vasco, con los mismos valores de libertad y de igualdad que existen en el resto de España. El pacto antiterrorista es una buena herramienta para el diálogo, quizás la única, porque garantiza la firmeza de los principios y es un referente de claridad que cumple todas las condiciones que hemos esbozado en estas líneas.

Gregorio Peces-Barba Martínez es rector de la Universidad Carlos III de Madrid.

¿Quién tiene miedo al pacto antiterrorista?
José María CARRASCAL La Razón   22 Diciembre 2000
 

Cataluña está en el punto de mira de Eta. Nada más escribir esta frase, me doy cuenta de la equívoca imprecisión que contiene. No es Cataluña, es España toda la que está en el punto de mira de Eta. Si los últimos atentados han tenido lugar en Cataluña se debe únicamente a consideraciones estratégicas de la banda terrorista. Hoy, Eta tiene más facilidades de matar en Cataluña, como ayer las tenía en Andalucía, y anteayer, en Madrid. Pero si mañana volviera a tenerlas en estas dos Comunidades, volvería a atentar en ellas. Asesinar con el menor riesgo posible para los asesinos es la única pauta que rige las acciones de Eta.

    Pero aún tratándose sólo de consideraciones estratégicas, sorprende un poco que Eta cometa atentados en Cataluña precisamente cuando Pujol vacila si unirse o no al pacto antiterrorismo. Pero una vez más usamos nuestra lógica, que nada tiene que ver con la de Eta. El nacionalismo moderado representa para ella un peligro tanto o más grande que la política de Mayor Oreja. Pujol viene demostrando hasta qué punto una de nuestras Comunidades históricas puede desarrollar su personalidad sin utilizar la violencia. Esa Cataluña próspera, plural, pacífica y más catalana que nunca es la mejor prueba del fracaso de un nacionalismo radical, que está acabando con la paz, la libertad y la prosperidad del País Vasco. Por eso Eta intenta por todos los medios acabar con esa paz. Por eso uno de sus principales objetivos viene siendo «euskaldunizar» Cataluña.

    Lo realmente extraño son los recelos de Pujol ante el pacto antiterrorista. Un hombre tan inteligente como él debe saber que el mayor enemigo del nacionalismo que representa es precisamente Eta. No ya por estar como todos en su punto de mira, sino por la mala fama que da a todos los nacionalismos. Sabiendo también que la forma más rápida y eficaz de demostrar que nada tiene que ver con tan aberrantes nacionalismos es unirse al pacto que le ofrecen PP y PSOE. No se trata de un pacto antinacionalista, ni puede serlo, al haber gobernado con él ambos partidos. Es, nada más y tampoco nada menos, un pacto antiterrorista, como su nombre indica. O si prefieren un enunciado más positivo, un pacto democrático, un pacto por la libertad, por la vida y por los derechos fundamentales.

    Sólo desde la óptica de un nacionalismo alicorto puede rechazarse tal pacto. Como sólo los locos y los fanáticos pueden creer que Eta está sacudiendo el árbol para que ellos recojan las nueces. Si se la deja, Eta se lleva las nueces y el árbol. El de Guernica se lo ha llevado ya.

    A estas alturas, todo esto que estoy diciendo son verdades del barquero, que conoce todo el mundo. Como que las manifestaciones más o menos silenciosas son grandes masajes del alma, pero no acaban con Eta. Sólo la unidad de los demócratas puede hacerlo. Es ésta una de esas ocasiones en las que se distingue el verdadero político del vulgar gobernante.

El lado oscuro del 2000: ETA y pateras
Abel Hernández La Estrella  22 Diciembre 2000

Es tiempo de recapitulación y de balance. El 2000 es un año redondo que cierra el siglo y hasta el milenio. Vivimos la última Navidad. Las luces del consumo, tentadoras y agobiantes, eclipsan la imagen tradicional. Por primera vez acaba un siglo sin que la cultura católica sea la dominante en España. Hemos salido del aislamiento, volvemos a tener parte activa en Europa. Somos receptores de mano de obra extranjera y exportadores netos de capital. Es un cambio copernicano. Estamos "globalizados" y enganchados, a marchas forzadas, a la Red. Somos, con Inglaterra, el único país de Europa que tiene, por experiencia, visión universal. Esto nos capacita para los tiempos que vienen.

De las cuatro grandes cuestiones de Azaña que atenazaban históricamente a España -la cuestión religiosa, la cuestión social, la cuestión militar y la cuestión regional- la única que aún queda pendiente es la regional. En el año 2000 el problema se ha agudizado en el País Vasco, tras el pacto de todas las fuerzas nacionalistas y la vuelta de ETA a las armas. El "tremendo balance" de Arzalluz -veintitrés muertos en esta ofensiva terrorista- y el clima de intimidación y miedo, hace que éste sea en este aspecto un "annus horribilis", que ha obligado a las dos grandes fuerzas políticas españolas a firmar un compromiso "por la libertad y contra el terrorismo", que, en realidad, pretende, además de combatir la violencia de ETA, obligar al PNV a abandonar la quimérica aventura secesionista, amparada por las arnas, y volver al camino del Estatuto. Este es uno de los peores años del PNV en su historia centenaria.

Acabamos, así, el siglo en plena vorágine. Entre Madrid y Vitoria se ha roto el diálogo institucional. La fractura entre fuerzas nacionalistas y constitucionalistas es cada vez más profunda y amenaza con provocar una peligrosa fractura social. En realidad la sociedad vasca ya aparece partida en dos mitades. La situación recuerda la anacrónica estampa de Zumalacárregui y Espartero. Lo peor que puede ocurrir en un país civilizado y democrático es que el diálogo sea imposible. Cuando tal cosa ocurre, desaparece la civilización y la democracia. Arzalluz le echa la culpa a Aznar y Aznar le echa la culpa a Arzalluz, mientras los ciudadanos exigen soluciones.

El fuerte deterioro de la situación vasca, los desajustes en el nuevo Gobierno y los primeros síntomas de desfallecimiento del próspero ciclo económico, con la crisis del petróleo y la imprevista subida de los precios, ha deteriorado ligeramente la imagen del presidente Aznar y del Partido Popular, tras el brillante triunfo de las elecciones de primavera, en las que la derecha se afianzó en el poder. El relevo de la cúpula socialista, con el prometedor "efecto Zapatero", ha puesto al PSOE en condiciones de poder aspirar de nuevo a ganar a su debido tiempo las elecciones. En cambio en IU el relevo de Anguita no ha tenido efectos favorables sino todo lo contrario. Ha sido una ocasión perdida.

Algunas de las grandes reformas pendientes -Justicia, Humanidades, Plan Hidrológico...- se iniciaron con cierto brío, pero parecen embarrancadas, mientras se culmina con algunas dificultades la plena profesionalízación de las Fuerzas Amadas y sigue en discusión, entre cicaterías la política de inmigración. Las dos imagines más inquietantes de este final de siglo en España son las de las víctimas ensangretadas de ETA y la de los africanos muertos en el Estrecho, procedentes de las pateras. En el primer caso, el Estado sale a la calle con una pancarta y el pueblo detrás; en el segundo, todo el mundo mira para otro lado. A medio plazo éste es el problema más grave de España, mientras la mitad de las mujeres en edad fértil no tienen hijos y despunta tímidamente la natalidad gracias a las pobres emigrantes. ¡Feliz Navidad a todos!

El PNV de Arzalluz
EMILIO GUEVARA SALETA ES EX-DIPUTADO GENERAL DE ÁLAVA Y AFILIADO DEL PNV El Correo  22 Diciembre 2000

Algún día, investigadores de distintas disciplinas, incluida la psicología clínica, podrán explicar cómo un partido de las características del PNV ha podido llegar a estar dominado e identificado ante los ciudadanos, con una persona, Xabier Arzalluz, y cómo el Arzalluz del Arriaga ha devenido en el Arzalluz de ahora.

Hoy el PNV es un partido con índices y niveles de participación interna y de debate y reflexión política muy bajos. La Asamblea Nacional acepta nuevos planteamientos básicos sobre temas esenciales, como por ejemplo el de la pacificación, sin otro trámite y conocimiento previo que el de la lectura del correspondiente documento en la propia Asamblea. Se prohíbe y se evita cualquier atisbo de autocrítica porque, según Arzalluz, son siempre los demás los que se equivocan y los buenos afiliados deben de limitarse a remar, sin discutir ni el rumbo ni la maniobra. En las asambleas, el análisis que se traslada desde la dirección a la militancia insiste en describir un partido acosado y satanizado, sin el más mínimo motivo, por quienes no tienen alternativa ninguna para la paz y sólo pretenden acabar con el nacionalismo vasco, todo ello quizás con el propósito de ahogar de raíz cualquier discusión y provocar un “cierre de filas” en torno a esa dirección. Arzalluz, y por tanto el partido, nunca cometen errores. El partido asiste impertérrito, al menos en apariencia, al espectáculo de un Presidente que no duda en saltarse a la torera las Ponencias y Programas aprobados por el Partido, con un discurso cada vez mas hosco, radical y fundamentalista. El Partido está subyugado por una persona a la que parece no preocuparle la creciente fractura social y que no manifiesta la debida simpatía y comprensión por tanta gente como la que hoy en Euskadi carece de las más elementales y básicas libertades. Es capaz de decir que no pedirá la disolución de ETA mientras exista un solo preso, pero no de entender que la más mínima decencia política exige defender el actual marco estatutario y renunciar a plantear cualquier modificación mientras haya en Euskadi un solo ciudadano que no esté en condiciones de opinar libremente sobre esa propuesta sin poner en peligro su vida. Hoy el PNV es un partido cada vez más aislado internacionalmente, con crecientes dificultades para conectar con otros partidos nacionalistas, y que ya parece apostar sólo porque un milagro, o el fenómeno de polarización y los errores ajenos le permitan mantenerse, contra viento y marea, en Ajuria Enea, aunque ello sea a costa de la propia construcción nacional en paz y en libertad.

Muchas veces me pregunto y me preguntan por qué milito en el PNV y no devuelvo definitivamente el carnet. La explicación es muy simple. Yo creo que hay otro PNV que el actual de Arzalluz y que necesariamente tiene que volver a aflorar muy pronto. Yo me afilié a un PNV con un proyecto político integrador, respetuoso con la pluralidad de la sociedad vasca, desarrollado por y para todos los ciudadanos desde el convencimiento, solidario con todos los demás pueblos y nacionalidades de España. Un PNV capaz de comprender que cualquier proyecto nacionalista pasa hoy por la previa y necesaria derrota de ETA. Un PNV capaz de asumir sin reservas que, como partido mayoritario en Euskadi, es el más obligado en impedir que cada vez sean más y mayores los ámbitos y espacios ciudadanos en los que no hay una verdadera y suficiente libertad. Un PNV con la suficiente sensibilidad para percibir que en estos tiempos el problema de Euskadi, más que de falta de paz, es sobre todo y fundamentalmente un problema de falta de libertad. Un PNV empeñado en recuperar para la libertad hasta el último rincón de nuestra tierra, con todo el poder democrático que tiene gracias al Estatuto de Autonomía y a la legitimidad de unas Instituciones en el seno de un Estado de Derecho.

Existe ese PNV que no es el del Arzalluz de hoy, como antes no lo fue de Arana, o de Gallastegui o de Monzón. Es ese PNV sin el que efectivamente será muy difícil, por no decir imposible, llegar a una solución razonable de los gravísimos problemas que en estos momentos padecemos, pero que de esta constatación extrae, no una jactancia gratuita y estéril, sino un especial compromiso y sentido de responsabilidad. En estos días de Navidad, en los que las televisiones programan mucho cine, creo que ETB debería proyectar una estupenda película de los años cincuenta, “El Motín del Caine”, que cuenta cómo y por qué unos oficiales de un buque de la armada estadounidense se consideraron legitimados para relevar en plena tormenta a su capitán. Pienso que los espectadores pasarían un buen rato y, además, algunos podrían llegar a conclusiones muy interesantes y útiles.

Del heroísmo
Jose Luis Méndez Romeu. La Opinión  22 Diciembre 2000

Héroe es quien logra ejemplificar con su acción la virtud como fuerza y excelencia". Así lo define Fernando Savater en su libro La tarea del héroe, por el que recibió el Premio Nacional de Ensayo de 1982. Hoy vemos como ese concepto, tradicionalmente asociado al belicismo, está siendo encarnado por ciudadanos anónimos, que arriesgando vida y hacienda, exponiéndose al señalamiento amenazador, a la repulsa de los violentos y asociados, al temor de los allegados, se erigen como modelo cívico. Ocurre aquí y ahora, entre nosotros, en el País Vasco, como antes ocurrió en otros contextos de agresión totalitaria.

Ciudadanos anónimos y personas públicas, plurales en ideas y situaciones personales, están protagonizando un movimiento de no violencia bajo distintas advocaciones: Basta Ya, Gesto por la Paz, Movimiento contra la Intolerancia, o otros, que admira por su nobleza y conmueve por la magnitud del riesgo asumido.

Hace pocas fechas, el Parlamento europeo otorgaba un premio al primero de esos colectivos, por su defensa, beligerante dialécticamente, de los derechos humanos amenazados y conculcados en aquel territorio. En el acto de entrega y ante el Pleno de Parlamenta, su portavoz, el filósofo y publicista Fernando Savater, autor del libro citado, pronunció un bello y brillante discurso, en su estilo habitual, forme en los principios, respetuosos en la crítica, elegante en la forma. Lamentablemente, algunos representantes de los ciudadanos españoles, entre ellos quien lo es del nacionalismo gallego, optaron por abandonar la Cámara, haciendo ostensible su desprecio por los colectivos que buscan la paz y su apoyo explícito a los aliados de los totalitarios.

Al igual que ocurrió con el antisemitismo europeo en el primer tercio del siglo, con el nazismo luego, con el fascismo y hoy con el fundamentalismo islámico, el nacionalismo radical es una ideología totalitaria y antidemocrática, reaccionaria y violenta, a la que se debe oponer, fundamentalmente, una ideología activamente democrática, comprometida con los derechos humanos y solidaria con los diferentes.

La lectura de obras como Auto de Terminación, de Aranzadi y otros, o de la conocida El bucle melancólico, de Juaristi, desvela además la profunda conexión entre ciertas formas de pensamiento nacionalista extremado, antisemitismo y fascismo.

Por ello resulta más sorprendente que, frente al heroísmo demostrado por los colectivos citados, algunos representantes político hurten su compromiso ético en aras de la lealtad a sus correligionarios, aún cuando éstos sean "novios de la muerte". Las explicaciones posteriores no hacen sino resaltar su ejemplo, en este coso de cobardía moral.

Concejal de Cultura de A Coruña.

Irlanda del Norte en Euskadi
ROGELIO ALONSO El Correo  22 Diciembre 2000

Desde la firma en abril de 1998 del ‘Acuerdo de Viernes Santo’, pilar del proceso de paz norirlandés, hasta la fecha, sesenta y dos personas han sido asesinadas en Irlanda del Norte. En ese mismo período de tiempo la violencia de ETA se ha cobrado veintiocho víctimas mortales. Así es la paz que hoy disfrutan los norirlandeses y que algunos líderes vascos se empecinan en anhelar. Estas estadísticas frías muestran sin velo ese proceso irlandés que el lehendakari Ibarretxe ha definido como «un ejemplo a imitar».

Aunque el proceso de paz ha traído un descenso en las cifras de muertos, no puede decirse lo mismo de otro tipo de violencia que se traduce en la creciente segregación geográfica. Los últimos asesinatos se han producido en el Norte de Belfast. Aquí ambas comunidades viven con una proximidad asfixiante y sus calles conforman retazos hilvanados por unos muros conocidos como ‘peace lines’ (‘líneas de la paz’). No se trata de un eufemismo, pues estas divisiones a menudo coronadas de alambre de espino ofrecen una seguridad que, aunque incompleta, al menos garantiza una paz imperfecta. Estas defensas físicas son el reflejo de esos muros que el conflicto ha erigido en las mentes de los norirlandeses. Durante décadas estas comunidades han permanecido enfrentadas, separadas, incapaces de compartir un espacio común. Ahora el proceso de paz no les promete derribar esos muros, tan sólo un gobierno autónomo en el que por fin puedan comprobar que su enemigo no tiene rabo y tridente; ni siquiera les promete una ausencia total de violencia, tan sólo un descenso de esos endiablados niveles del pasado. Y a pesar de ello, quienes en Euskadi han disfrutado de una autonomía con amplias competencias, sin parangón con el recién nacido parlamento norirlandés, cometen la osadía de presentar a Irlanda como un «ejemplo a imitar».

En ellos pensaba un periodista vasco que hace poco me decía: «El mayor peligro que tenemos ahora no es que nos maten, sino que esta sociedad se fracture definitivamente». Si ese futuro llega a materializarse, entonces los vascos se verán finalmente reflejados en ese espejo irlandés que ahora algunos se empeñan en distorsionar. Y es que Irlanda del Norte intenta salir de un infierno al que muchos están empujando a Euskadi. La fractura social en Irlanda se ha traducido en un vicioso ciclo de violencia que aún perdura. En él los paramilitares de uno y otro bando justifican sus atrocidades como un método de autodefensa con un sencillo argumento: el ser humano se defiende cuando es atacado. ¿Es ése el ejemplo que quiere seguir un nacionalismo vasco al que con creciente insistencia se le acusa de no garantizar la defensa y las libertades de una parte de la población?

Mucho tiempo habrá de pasar en Irlanda del Norte para que se puedan desterrar los comportamientos, los odios y las adicciones que la violencia ha alimentado. Esa es una de las mejores lecciones que Irlanda ofrece: cada día que se prolonga el conflicto, más complejo será deshacerse del pesado legado que va acumulando. Cada muerte supone que el destino ha creado nuevos huérfanos y que el odio ha cedido el testigo a otra generación alejando el día en que puedan empezar a derrumbarse esos muros que todavía separan a católicos y protestantes.

Estos asesinatos sirven para mostrarnos que a nuestra dividida sociedad aún la corroe una enfermedad para la que el ‘Acuerdo de Viernes Santo’ tampoco es remedio», escribía hace poco un periódico local tras los últimos crímenes, brindando otra útil lección a quienes de verdad quieran aprender de la dolorosa experiencia norirlandesa. En otras palabras: la paz precisa de mucho más que un acuerdo político, la paz no sucede de un día para otro, es necesario construirla paulatinamente reconstruyendo relaciones deterioradas. En Irlanda del Norte esas relaciones entre las comunidades han estado marcadas por una intensa violencia impidiendo a menudo cualquier comunicación entre ellas. Ahora, las instituciones autonómicas que el ‘Acuerdo de Viernes Santo’ contempla, simplemente intentan que católicos y protestantes coexistan de manera pacífica, pues para muchos la convivencia es todavía una meta demasiado ambiciosa. En cambio, en Euskadi hay quienes prefieren deshacer el camino andado abandonando la normalización que la autonomía pretende acometer por la incertidumbre y la inestabilidad que entrañan apuestas soberanistas rechazadas por la mitad de la población.

La normalización que se persigue en Irlanda intenta que la cuestión nacional deje de dominar la vida política de la región con la esperanza de que al aparcarla se pueda solucionar el déficit democrático que durante décadas ha negado las más básicas competencias a los políticos locales. Por el contrario, el nacionalismo vasco insiste en hacer de la cuestión nacional la preocupación central de la sociedad. Así lo confirma el programa de pacificación elaborado por el PNV en el que se propone un «nuevo marco jurídico-político que desde la libre adhesión y utilizando procedimientos estrictamente democráticos, suponga un avance cualitativo en términos de soberanía e integridad territorial». Nótese cómo el «avance cualitativo» al que se aspira no se refiere a la mejora de las condiciones de vida, sociales, culturales o económicas del pueblo vasco, sino que se alude a conceptos que hoy por hoy dividen más a comunidades antagónicas. O sea, se aspira a unir territorio, no a unir a quienes lo integran. Y es que aunque Arzalluz se compara constantemente con el Premio Nobel John Hume, los postulados peneuvistas hacen jirones los principios del nacionalista norirlandés. El motivo radica en que Hume ha redefinido el nacionalismo irlandés apostando por una ideología en la que lo prioritario no es la unidad territorial, sino el consenso entre quienes habitan el territorio en disputa con el fin de que la convivencia sea posible.

En 1972 el partido de Hume propuso en su documento ‘Towards a New Ireland’ que Gran Bretaña declarara inmediatamente que la unificación de Irlanda constituiría la mejor solución para todos y que el gobierno británico debería respaldar esa vía. Décadas después el proceso de paz ha sido posible porque Hume ha abandonado esa política por otra más realista cuyo objetivo principal ha dejado de ser la integridad territorial. En cambio, el nacionalismo vasco ha seguido un proceso inverso concediendo cada vez mayor importancia a la territorialidad, como muestran, entre otros, los textos aprobados en su Asamblea General de enero de 2000 y los contenidos de los contactos con ETA. En ellos se plasma que, en contra de lo sucedido en Irlanda, la pluralidad propugnada por el PNV queda supeditada a la unidad del territorio y no al revés, como confirma la limitación del voto defendida por Arzalluz en un hipotético referéndum.

El modelo irlandés ofrece valiosas lecciones para Euskadi siempre y cuando se interprete desde un rigor que el nacionalismo vasco no muestra al analizar Irlanda del Norte.

Camorra vasca
Cartas al Director Ainara Arranz El Correo   22 Diciembre 2000

La camorra: «asociación secreta de malhechores formada en Nápoles en el siglo XVI, surgida en un principio como hermandad de presos políticos para poner fin a la dominación y conquista hispánica, y dedicada luego a la extorsión, al contrabando, el bandidaje, la violencia y el asesinato. Sus miembros se hallaban sometidos a rigurosa disciplina y al juramento de guardar secreto sobre sus actividades. Controlaban el mundo de la delincuencia y bajo diversos gobiernos fue utilizada como policía secreta». Si a este texto sacado de una enciclopedia le cambiamos el lugar y el siglo en que surgió, Euskadi siglo XX, que no existe ninguna conquista hispánica pues Euskal Herria nunca ha sido independiente y que no como policía común, pero sí ejerciendo de chivatos de los paramilitares y militares ultranacionalistas vascos, nos encontraríamos con la versión euskaldun de la camorra.

Feliz Navidad
Por Alfonso USSÍA ABC    22 Diciembre 2000

Monseñor Setién, ex obispo de San Sebastián, que permanecía en silencio desde que fue cesado, ha vuelto a hablar para felicitarnos la Navidad. Con su perverso cinismo ha insistido en la «negociación» y recordado que no es necesario que la ETA deje de matar para «llegar a un acuerdo por la paz».

Setién jamás ha dudado en establecer el mismo valor ético y representativo al terrorismo que al Estado de Derecho. Durante sus años de pastorado, hizo más daño a la herida del alma que cien etarras descerrajando los cargadores de sus pistolas sobre cien nucas inocentes.

Este Setién es el mismo que manifestó en la televisión pública vasca que «jamás oficiaría en San Sebastián un funeral por un guardia civil». Este Setién es el mismo que, después del crimen de Miguel Ángel Blanco, recibió a María San Gil y María José Usandizaga, representantes populares en el Ayuntamiento de San Sebastián, y sin levantar los ojos, sin dejar de escribir sobre la mesa de su despacho, les preguntó «que dónde estaba escrito que a todos los hijos había que quererlos por igual». Este Setién es el mismo que pasó de largo, sin dignarse a detenerse ni un solo segundo, ante una manifestación pacífica que exigía a la ETA la liberación de un secuestrado perteneciente a su diócesis. Este Setién es el mismo que tras la detención de un comando de la ETA que se disponía a asesinar a un industrial de Pasajes, criticó la «brutalidad de los medios empleados por la Guardia Civil» para llevar a cabo su acción. La Guardia Civil lo único que hizo fue responder a los etarras que les dispararon cuando les dieron el «alto». Este Setién es el mismo que durante más de una década apoyó a los terroristas, amparó con su generosidad sin límites a las familias de los presos etarras, y despreció desde la frialdad más mezquina a las víctimas del terrorismo. Ahora la Iglesia ha tenido que pedir perdón públicamente por sus infamias. Este Setién es el mismo que provocó que hasta el Rey, que mide sus palabras diez veces antes de pronunciarlas, y más cuando la Iglesia Católica, a la que pertenece, puede sentirse señalada desde la Corona, recordara en su discurso de Nochebuena del año 1987 que «no debemos mostrar ni debilidad, ni duda, ni temor, para rechazar con decisión a quienes hacen correr la sangre de los españoles víctimas de sus atentados criminales, y también a quienes los amparan, disculpan o justifican, cualesquiera que sean sus posiciones políticas, sociales o religiosas». En aquella presencia ante todos los españoles, el Rey se refirió también a los que, como Setién, piden la «negociación» con los asesinos. «Los problemas, sea cual sea su naturaleza, pueden encontrar solución si se comparte sinceramente la voluntad de entendimiento; pero sólo pueden estrecharse las manos que no están ensangrentadas por el crimen y la indignidad». Lo contrario del ex obispo, que sólo tiene manos para bendecir a las manchadas de sangre inocente.

Monseñor Setién, al que tanto aman los terroristas, los nacionalistas y Pilar Urbano, ha vuelto a hablar para felicitarnos la Navidad, y lo ha hecho dedicando sus palabras especialmente a Juan Miguel Gervilla, el guardia urbano de Barcelona que no podrá pasar la Nochebuena junto a su familia, ni brindar por la llegada del siglo XXI. Veinticuatro horas después de hablar, sus hijos predilectos le han hecho caso, demostrando que no es imprescindible renunciar al Quinto Mandamiento de la Ley de Dios para conseguir sus objetivos.

Setién ha sido siempre un canalla. Pero lo habíamos olvidado. Su silencio ayudaba a recordarlo como una pesadilla felizmente vencida. Pero ese casi olvido no reconforta a los vanidosos y los soberbios. El obispo proetarra ha salido de su madriguera para hacernos ver que sigue ahí, más dispuesto que nunca a confundir la Cruz con el hacha y la serpiente. A seguir haciendo y diciendo de las suyas. Pastor de ratas.

Maragall, Iglesia
Por Carlos DÁVILA ABC  22 Diciembre 2000

Ecribía ayer Valentí Puig de la complicidad entre el presidente del Parlamento catalán, Joan Rigoll, y el líder nacional-socialista Maragall. Un dato más, el gestor de la idea de un acuerdo catalán contra el terrorismo fue Maragall, que enredó al «bueno» —así le dicen sus correligionarios de Unió— y contó de antemano con la entusiasta colaboración de los independentistas de Ezquerra. El texto pergeñado por el genial Maragall —así le llama Pujol— era un alegato reincidente en el diálogo, la gran palabra —trampa—, que surgió esporádicamente de moda tras el entierro del ex ministro Lluch. La idea era de descabello y se la tuvieron que cargar directamente Pujol y Durán en un correcalles político que había empezado en otro lugar, en Madrid, cuando el aparentemente moderado Trías estuvo a punto de reeditar la declaración soberanista de Barcelona con el PNV y el Bloque Galego.

Este par de episodios revela cuán divididos están los partidos catalanes, y cuánto daño está haciendo Maragall, no sólo al PSOE, al que está metiendo conscientemente en un cenagal, sino a todos los demás. En esta España de hoy, Maragall es un cuerpo extraño que rompe todo lo que toca, y que sólo es asimilable por escándalo que producen sus propuestas a los dislates del cura Setién. El ex obispo de San Sebastián está claramente fuera de la Iglesia en la miserable necedad de comparar a gobernantes demócratas con atroces asesinos. Lo peor es que desde un inventado púlpito imparte encima clases de ética, una disciplina que le es tan ajena como a sus defendidos etarras.

Repugna Maragall y escandaliza Setién. A Maragall no le reprende Zapatero en público, pero dicen que sí lo hace en privado. A Setién, la Iglesia no le regaña ni en público ni en privado. La Iglesia Católica, llamada a sumarse al pacto cívico por la libertad, no diré que está callada como un muerto, porque el símil sería desafortunado, pero sí que se llama andanas a la invitación que le hacemos en toda España. Luego se extraña de que le fallen los adeptos antiguos y que no consiga afición entre los jóvenes.

El rearme
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  22 Diciembre 2000

El Terror está avivando las conciencias. Está dándonos lucidez. En estos últimos años la sociedad española está pasando de la frivolidad a la sensatez, del vivir aventurero a comportamientos más reflexivos. «La ciudad alegre y confiada» se congrega ahora en las plazas para cogerse de la mano y gritar contra la muerte.

ETA está llevando a los españoles a una vida colectiva más auténtica. Se diría que estamos pagando la insensatez que hemos tenido en asuntos tan decisivos como nuestra propia definición colectiva, la forma de organizarnos territorialmente en nuestro interior y en relación con Europa y el mundo. Desgraciadamente esta toma de conciencia colectiva se está produciendo con el sacrificio de ciudadanos no sólo inocentes sino ejemplares como es el caso de tantos concejales, tantos servidores del orden, es el caso de la última víctima.

En este proceso está apareciendo de forma depurada, acrisolada, una conciencia nacional, limpia de adherencias mesiánicas o folklóricas. En primer lugar, el nombre mismo de España, que había ido a parar al desván de lo políticamente incorrecto, ha vuelto a ocupar el sitio que le corresponde como realidad histórica y como presente que garantiza la solidaridad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Por mucho que se empeñen los maniqueístas inseguros de sus propias tesis, nada de esto tiene que ver con un resurgir del nacionalismo español sino, eso sí, de una idea muy firme de España como nación. Aquél sería excluyente y discriminador y ésta es comprensiva y hasta amorosa de las diferencias.

Hay un rearme. Estamos viviendo un rearme. El pacto PP-PSOE (qué finos y responsables han estado los dos grandes sindicatos en su adhesión a éste) es una de las expresiones más claras de esta nueva actitud que va a ir clarificando personas, partidos, medios de comunicación, instituciones... Los testigos más claros de este proceso re-nacionalizador son los terroristas y sus sicarios o sus jefes civiles: desesperados amenazan con treinta años más de «guerra», o sea, de tiros en la nuca o de lapas/bomba (la guerra es otra cosa). Después vienen los que se llaman demócratas, que quieren hacer saltar el Estado autonómico por una confederación de Estados y para conseguirlo se echan en manos de ETA (caso del PNV y EA) o se solidarizan con la razón nacionalista pase lo que pase (como Convergencia, Unión, BNG, Esquerra). Todos ellos se aprovechan de las acciones de ETA como punta de lanza. Y están los patéticos autodeterministas como Llamazares y Madrazo y los residuos de un progresismo desnortado, a veces intelectuales propiamente dichos, a los que la historia les ha cogido con mal pie, oportunistas desplazados, casi amargados, frustrados que no saben a qué y a quién deben atribuir las causas de su fracaso personal y colectivo, demasiados años apegados al «no», aferrados al maniqueísmo, tenaces en su obsesión de confundir a España con las soluciones autoritarias o cerriles a pesar de la realidad que están viviendo, incapaces de reconocer que la cerrilidad se encarna en ellos mismos, empeñados en cohonestar los intereses tradicionales de la izquierda con movimientos excluyentes, discriminadores, autoritarios.

El rearme que estamos viviendo no se hace sin dificultades y contradicciones. En esa adaptación crujen huesos y conciencias. Pero la mayoría se impone. Se impone la sensatez. La vida frente a la muerte. La democracia frente a la inseguridad. Y en esta readaptación de la sociedad española el Terror está cumpliendo un cometido contradictorio con los fines de quienes lo encarnan y lo impulsan. El Terror está afilando nuestra sensibilidad, haciéndonos ver nuestra menesterosidad y la necesidad de una solidaridad organizada, esto es, de España.

Pastor de lobos
Por Jaime CAMPMANY ABC  22 Diciembre 2000

Las últimas declaraciones de monseñor Setién, antiguo obispo de San Sebastián, clarifican y confirman su actitud respecto de la banda etarra y el fenómeno del terror en Euskal Herría. «Hay que negociar incluso con los que matan aunque sea con las pistolas encima de la mesa», ha venido a aconsejar el pastor de las ovejas del Señor. Hasta ahora, y mientras fue obispo de Donostia, monseñor Setién había velado levemente sus respetos o simpatías hacia la banda terrorista con algunas contorsiones ambiguas que terminaron por no engañar a nadie. Al señor obispo le asomaba el separatismo por debajo del «clergyman», y entre los ejércitos maketos de ocupación y los abertzales gudaris, él bendecía, aunque vergonzantemente, a los que matan, a los caínes.

Por si quedaba alguna duda, ahí estaban, por ejemplo, el comportamiento del arcipreste Triviño, que amparaba y escondía a los que venían de achicharrar al prójimo, o la asistencia del vicario Pagola, menos fino y más trabucaire que Su Ilustrísima. Monseñor Setién, ante esa siniestra actuación criminal del ku-klux-klan vasco, siempre se inclinaba discretamente del lado de los verdugos y se desentendía de las víctimas. Jamás se le vio oficiar unas exequias por un guardia civil o un policía asesinados, y en cambio jerarquizaba los gorigoris por los heroicos asesinos. Cuando pedía el cese de la violencia, se cuidaba mucho de aclarar que se refería a la violencia «viniera de donde viniera», la violencia de «las dos partes», la banda y el Estado.

Para este monseñor de discurso montaraz en el fondo y melifluo en la forma, merece la misma consideración ética y moral el asesino que mata y el guardia que detiene al asesino. Al menos, en apariencia, porque mirando el poso de sus palabras se adivina que en su corazón está condenando al guardia y perdonando al asesino. Llegó un momento en que el lema secreto de ETA podría haber sido la vieja máxima eclesial: «Nihil sine episcopo», y faltó un pelo para que los pequeños setienes, pagolas y triviños nos predicaran que aquellos crímenes de los etarras eran gratos a los ojos de Dios, qué bestias. Con aquella actitud, monseñor Setién terminó por levantarse de la silla episcopal, pero aseguraba su vida terrenal y se ponía a salvo del martirologio.

No corrió peligro alguno. Los unos, los que matan con el tiro en la nuca, jamás le dispararían, y los otros, los maketos que cuando podían detenían a los asesinos, le besarían con respeto y reverencia el anillo episcopal. No se vio obligado a guerrear para defender sus ideas. Se limitó a aceptar en secreto sus banderas sin llegar a confesarlas. Ni siquiera tuvo que mandar ejércitos ni ganar la batalla de Almansa como el cardenal Belluga. No ha tenido que luchar contra Alfonso el Batallador como el obispo Gelmírez, ni tuvo que colgar la sotana para combatir al invasor durante la francesada, ni se le han oído arengas como aquellas del cura Basilio Álvarez, que animaba así a sus partidarios en la guerra civil: «Con estos labios que consagran la hostia, yo os digo: matad».

La actitud comprensiva de monseñor Setién ante el fenómeno etarra ha contribuido inevitablemente a extender la idea de que ETA nació en las sacristías, que obtuvo desde un principio el visto bueno de buena parte de la Iglesia vasca, que un sector del clero vasco disculpa a los etarras y carga la responsabilidad en el Estado, y que de ahí muchos cristianos disculpan e incluso justifican a la banda etarra. Y de ahí también que en el nacimiento y el apoyo más o menos decidido o tibio a los objetivos de ETA haya tenido gran protagonismo un partido democristiano como es el PNV. La declaración de Arzallus del árbol y las nueces, y las recientes de monseñor Setién son versículos de la misma soflama.

"Los alumnos tienen miedo de pedir el examen en castellano"
JOSEFINA ALBERT
• PROFESORA DE GRAMÁTICA HISTÓRICA DEL ESPAÑOL
LALI CAMBRA, Tarragona El País  22 Diciembre 2000

Josefina Albert, profesora de Gramática histórica del español en la Universidad Rovira i Virgili (URV), de Tarragona, ha conseguido que los tribunales le den la razón y sentencien que la universidad actuó de forma incorrecta al excluirla de formar parte de las pruebas de selectividad. Pero no sólo eso: el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha resuelto que la normativa que las universidades catalanas aplican en las pruebas es discriminatoria con los alumnos castellanohablantes y que Albert actuó correctamente al facilitar el enunciado de los exámenes en castellano a los estudiantes que lo pidieron.

La entidad Convivencia Cívica Catalana, que defiende el bilingüismo, anunció ayer que emprenderá acciones legales contra el consejero de Universidades e Investigación de la Generalitat, Andreu Mas-Colell, quien insistió ayer en que la normativa de la selectividad no va a ser modificada.

Pregunta. ¿Esperaba una respuesta tan contundente del TSJC?
Respuesta.
No. Yo esperaba que me dieran la razón respecto a mi idoneidad para las pruebas de selectividad. El TSJC ha analizado mucha documentación y evalúa la normativa que se aplica, lo que no hizo el juzgado de primera instancia. Y también entra en el contenido del próximo juicio, por vía penal: apunta que me excluyeron como represalia por haber acudido al Defensor del Pueblo.

¿Cómo debería ser, a su juicio, el examen de selectividad?
Debería repartirse la versión en castellano y en catalán. Se alega que los alumnos conocen el catalán porque están escolarizados en esta lengua, ¿pero se tiene derecho o no [a dar los exámenes sólo en catalán]? Piense que entre que el alumno expone una duda sobre algún enunciado en catalán hasta que recibe una copia en castellano pueden pasar 10 o 15 minutos, y estamos hablando de un examen en que el alumno se está jugando su futuro. Mientras él pregunta, el resto de compañeros escribe. Dar el enunciado en castellano a quien lo pide no es ir contra el catalán.

La Generalitat y la propia URV alegan que no ha habido quejas de los alumnos para asegurar que el sistema es adecuado.
Los alumnos tienen miedo. He constatado, después de lo sucedido, que tienen miedo. Una alumna me comentó que su madre le había dicho que aceptara el examen en catalán sin decir nada. "No te compliques la vida", le dijo. Es un sistema que obliga al estudiante a alzar la mano para preguntar, a significarse. Además, los derechos no se piden, no son rogativos, se ejercen.

Pero, ¿por qué acudir al Defensor del Pueblo y no utilizar los cauces de la propia universidad?
Porque sabía que al año siguiente no volvería a las pruebas de selectividad.

La acusaron de actuar mediatizada por la asociación presidida por Aleix Vidal-Quadras, Convivencia Cívica Catalana.
Me han acusado de vidalquadrista, de babeliana [del Foro Babel], de todo. Cuando puse la primera querella por lo penal por prevaricación, después de intentar pactar con el rector mi inclusión en las pruebas -le ofrecí, incluso, renunciar a ellas después-, ni sabía que existiera Convivencia. Me apoyaron ellos después y yo se lo he agradecido. Ahora soy de Profesores por la Democracia. Pero entonces ni sabía que existiera.

Usted denunció que recibía amenazas en casa. ¿Cómo vivió ese periodo en la universidad?
Las amenazas han cesado. Pero entonces, en un principio llegué a ir por los pasillos de la universidad un poco cohibida. Luego me enfrenté a ello. Pensé que no era yo quien había cometido un delito. Hay profesores que me han negado el saludo, pero no mis alumnos, que han llegado a recoger firmas para apoyarme.

¿Por qué una profesora de 62 años se complica la vida de esta manera?
Siempre he luchado por lo que creo, sobre todo si hay otros implicados. Ojo, que no voy de Don Quijote. Pero me indigné.

EL TSJPV no autoriza el uso del Palacio de Justicia para entregar el Premio “Carmen Tagle”
Libertad Digital 22 Diciembre 2000

El Pleno de la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha acordado por mayoría no autorizar el uso de alguna de las dependencias del Palacio de Justicia de Bilbao para efectuar la entrega del Premio "Carmen Tagle", de la Asociación de Fiscales, otorgado al Foro de Ermua.

Según informa el TSJV en una nota de prensa, la Sala entiende que hay que tener en cuenta “razones de oportunidad, propias del componente discrecional de la decisión que ha de adoptarse, para no autorizar el uso de las dependencias judiciales en el caso que se considerara”. Los miembros de la Sala que han manifestado su postura favorable al otorgamiento de la autorización anuncian su propósito de emitir un voto disidente.  

Un militante de Unió denuncia el desvío de 9.000 millones para financiar el partido
J. M.COLPISA. BARCELONA El Correo 22 Diciembre 2000

El economista y militante de Unió Democràtica (UDC) Josep Vergés afirmó ayer que la trama de desvío de subvenciones a la formación ocupacional por parte de miembros del partido -el llamado ‘caso Pallerols’- no obedeció a «casos aislados», sino a una verdadera «red de corrupción» de la que estaban al corriente Josep Antoni Duran y los máximos responsables democristianos.

Vergés, expedientado por el partido y objeto de una demanda civil por violación del derecho al honor presentada por Duran, cifró en más de 9.000 millones de pesetas los desviados por la trama, cuya existencia ha denunciado a la Fiscalía Anticorrupción y la Oficina Antifraude de la UE.

El denunciante, que presentó ayer el libro ‘Todos los hombres de Duran : La corrupción política de Cataluña’, implica directamente en estas operaciones a los dirigentes de Unió Josep Antoni Duran, Ignasi Farreres -consejero de Trabajo cuando se produjeron los hechos-, Josep Sánchez-Llibre, Doménec Sesmilo y Lluís Alegre, y pidió la dimisión de todos ellos.

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