AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 30  Diciembre  2000
#ETA y el modelo catalán
Carlos Martínez Gorriarán Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 30 Diciembre 2000

#Contradictorio homenaje
Editorial La Razón 30 Diciembre 2000

#Un acto sin respeto a las víctimas
Teresa DÍAZ BADA, Presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco ABC  30 Diciembre 2000

#UNA REFORMA NECESARIA PARA PONER COTO A LA «KALE BORROKA»
Editorial El Mundo 30 Diciembre 2000

#Jáuregui, el PSOE y el nacionalismo
Ernesto LADRÓN DE GUEVARA. Coordinador del Foro de Ermua La Razón 30 Diciembre 2000  

#Mitad por mitad
RAUL HERAS El Mundo  30 Diciembre 2000  

#5. IU, de vuelta a Stalin y a Carrero Blanco
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 30 Diciembre 2000

#Zapatero, esa incógnita
Lorenzo CONTRERAS La Razón 30 Diciembre 2000

#Muere el 2000 bajo el síndrome vasco
Abel Hernández La Estrella  30 Diciembre 2000

#España y su agitado fin de siglo
Lorenzo Contreras  La Estrella  30 Diciembre 2000

#Víctimas de ETA evitaron saludar a los nacionalistas en el homenaje de Vitoria
BILBAO. M. Alonso ABC   30 Diciembre 2000

#Estalla un artefacto casero en el bufete de abogados de un parlamentario del PP en Vitoria
BILBAO. M. Alonso ABC 30 Diciembre 2000

#Aritmética por política
Editorial El País  30 Diciembre 2000


ETA y el modelo catalán
Por Carlos Martínez Gorriarán Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 30 Diciembre 2000

ES obvio que, como se ha dicho, hay una ofensiva terrorista en Cataluña porque ETA tiene allí la infraestructura necesaria. Pero hay otras razones que explican la obsesión etarra por aterrorizar Cataluña. Y son razones inherentes al llamado «modelo catalán». Este consiste, a grandes rasgos, en la hegemonía política, social y cultural de un nacionalismo cauto, partidario de avances lentos y profundos, obtenidos negociando con el Estado, pero también mediante la represión o el ninguneo de la disidencia interior. A diferencia de los abertzales, el catalanista renuncia a impugnar la Constitución y repudia la violencia explícita; no tanto la violencia cultural manifiesta, por ejemplo, en las políticas de inmersión lingüística que aplican las instituciones catalanas.

Entre abertzalismo y catalanismo fluye una relación doble de complemento y oposición. El catalán es visto como la antítesis del modelo vasco, sutil y cívico el primero, violento y tribal el segundo. Pero el catalanismo ha explotado al contraejemplo abertzale reclamando para sí cualquier conquista interesante lograda por los vascos; se lamenta de los superiores beneficios obtenidos por Euskadi pese a su mala conducta, en contraste con la beatitud catalana. De modo que la supuesta oposición entre los modelos catalán y vasco es más bien una simbiosis de utilidad mutua. Los objetivos catalanistas no están muy lejos del «ámbito vasco de decisión» que reclama el PNV; también buscan instaurar una democracia a la catalana que propicie la hegemonía permanente del nacionalismo, identificado falazmente con toda Cataluña. Esta convergencia de intereses tuvo su expresión en la Declaración de Barcelona, pero la crisis del nacionalismo vasco hace peligrosa para los catalanes esta vieja complementariedad, peligro acentuado por la ofensiva terrorista y por el auge de la movilización contra ETA, que desacredita al conjunto del nacionalismo.

La clave del éxito del nacionalismo catalán es haber logrado confundir la identidad cultural catalana con el nacionalismo político. Esta confusión hace que el nacionalismo aparezca como la única garantía no sólo de la identidad cultural catalana, sino también de la paz social y la prosperidad económica, en grave peligro si el nacionalismo perdiera un día el poder político. Esta viciada identificación ha extendido el nacionalismo fuera de CIU y ERC, su ámbito natural, incluyendo al PSC de Maragall y a Iniciativa per Catalunya. El propio PP creyó necesario librarse del lastre de Alejo Vidal-Quadras, excelente político pero indigerible para el catalanismo. El hecho es que, como denuncian personalidades como Albert Boadella, Arcadi Espada o Félix de Azúa, y meritorios grupos cívicos como Foro Babel o Profesores por la Democracia, el nacionalismo se ha convertido en pensamiento único en Cataluña. Un seudopensamiento que ahoga o ningunea cualquier debate serio sobre lo que sucede en el mundo, que lleva a un Rector -Caparrós, de la Universitat de Barcelona- a negar sus aulas para conferencias críticas con el nacionalismo, aunque sí estén disponibles para los propagandistas del mundo etarra.

Es en este panorama, abotargado por la confusión entre tolerancia y unanimidad, donde irrumpe ETA. Y no sólo como una banda de asesinos desalmados, sino como la demostración trágica de la degeneración de cualquier ideario nacionalista. Por eso no es casual, todo lo contrario, que las elites catalanistas se hayan empeñado en subrayar el «silencio» y la «exigencia de diálogo» en las manifestaciones catalanas contra ETA, incluso cuando ese «silencio» y esa «exigencia» no eran sino manipulaciones evidentes. Cualquier cosa antes que abrir, como pasa en el País Vasco, un debate sobre la naturaleza y límites del nacionalismo que anime la rebelión social contra el stablishment identificado con el nacionalismo.

La aplastante hegemonía del nacionalismo en Cataluña tiene gran interés para ETA. No porque sea un modelo a imitar, como dicen bobaliconamente los más narcisistas del maragallismo o el pujolismo, sino como un filón de contradicciones que explotar. Los terroristas vascos encuentran entre la intelligentsia catalanista una comprensión que ya no tienen ni siquiera en Euskadi. Mientras que la universidad vasca reúne miles de firmas que exigen, sin más, la desaparición de ETA y la defensa de las libertades contra el fascismo que aquélla aglutina, centenares de personalidades catalanas suscriben un manifiesto, contrario al acuerdo PP-PSOE contra el terrorismo, que reclama diálogo para solucionar el «conflicto vasco». Al parecer, no les sirve el diálogo sobre este asunto que se hace en el propio País Vasco desde hace tantos años... ¿De qué hablan estos buenos catalanes cuando hablan de diálogo? Me temo que, en realidad, piden ese silencio que tanto elogian cuando se trata de protestar contra ETA, silenciando la responsabilidad histórica del nacionalismo, también del moderado, en el mantenimiento y legitimación de la contracultura etarra.

ETA trata de explotar en beneficio propio ese interés de las élites catalanistas por encontrar soluciones «dialogadas», acuerdos que preserven el dominio nacionalista de sus territorios respectivos. Un fin del terrorismo precipitado por el descrédito y la derrota del nacionalismo vasco -el fin que Arzalluz sospechó en Ermua- sería malo para el catalanismo. Por eso el seudoperiodista Pepe Rei o el grupo de mediación nacionalista Elkarri, firmante de Lizarra, encuentran en las universidades catalanas la acogida negada a la iniciativa vasca ¡Basta Ya! La supuesta tolerancia del catalanismo halla sus límites en los expedientes administrativos (en realidad, políticos) abiertos a miembros de Profesores por la Democracia como Josefina Albert o Francisco Caja, perseguidos mediante acusaciones administrativas que encubren la represión del ejercicio de sus derechos ciudadanos, por ejemplo el de criticar la política lingüística catalana. Denuncia de una discriminación que ha admitido y certificado en su sentencia el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en el caso de la Universidad Rovira i Virgili contra la profesora Josefina Albert.

A pesar de la narcisista confianza de los nacionalistas catalanes en las virtudes de su estilo político, los atentandos etarras más bien avisan del fin de su modelo. ETA afirma que la negociación es una vía muerta para la soberanía, que se debe obligar al Gobierno español a conceder la autodeterminación (en sociedades previamente limpiadas de adversarios) como condición para el fin del terrorismo. La receptividad catalanista de las tesis abertzales son una ayuda inestimable para ETA. Suponer y sostener que todo puede obtenerse dialogando, incluso la discriminación de la ciudadanía no nacionalista, sirve para legitimar los fines terroristas aunque -como también hace el PNV- se critiquen las formas de obtenerlos. Por eso ETA calcula que la opinión catalanista, una vez aterrorizada, presionará al Estado para que acepte las condiciones terroristas: la ansiada negociación política que debería conducir a su Estado vasco. Un Estado étnico típicamente fascista, eso sí, pero que también podría exportarse a Cataluña. Eventualidad que no todos parecen ver mal en el supuesto oasis catalán.

Contradictorio homenaje
Editorial La Razón 30 Diciembre 2000

El homenaje rendido ayer por el Parlamento vasco a las víctimas del terrorismo no hubiera debido merecer más que elogios, aunque se hubiera podido reprochar su tardanza para con un colectivo de personas que han sufrido como ningún otro la violencia en todos sus grados, físicos y psicológicos, incluido el de su marginación y olvido.

    Sin embargo, a este homenaje no se han sumado las principales organizaciones de víctimas del terrorismo (la AVT, nacional, y la propiamente vasca, COVITE). ¿Cuál es la razón, teniendo en cuenta que esas asociaciones siempre han reivindicado el reconocimiento social y político a los sacrificados por el totalitarismo terrorista? El problema hay que verlo en la evolución política del PNV. Hace bien pocos días, este partido, junto con EA y la errática IU vasca de Madrazo, se negó a crear una comisión parlamentaria sobre las víctimas de Eta. Su asistencia al homenaje de ayer podría, pues, considerarse contradictoria con tal decisión.

    No es de extrañar la «frialdad» reconocida por el propio presidente del Parlamento vasco, Juan María Atucha, en el acto de ayer. Es una relación antigua de lejanía entre los partidos nacionalistas y las víctimas de Eta, tan alejada cuanto más cercanas han sido las posiciones políticas del PNV con las tesis de Eta, tras el pacto de Estella. Nada sería más satisfactorio que comentar que el homenaje de ayer podría ser un paso del PNV para estar definitivamente con las víctimas, pero nos tememos que todavía están lejos de desembarazarse de sus verdugos.

Un acto sin respeto a las víctimas
Por Teresa DÍAZ BADA, Presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco ABC  30 Diciembre 2000

Después de treinta años de esperar un homenaje de las instituciones vascas, nos encontramos con el hecho de que el acto que, en principio, se iba a realizar a favor de las víctimas, se convertía en un artificio puramente político. Extrañamente, todo lo que las instituciones vascas realizan a favor de las víctimas termina convirtiéndose en cualquier otra cosa menos en algo que demuestre comprensión y respeto hacia quienes han sido los primeros paganos de la barbarie terrorista. Ayer, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite) y la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) no estuvimos en el Parlamento vasco. Y no estuvimos allí porque las víctimas del terrorismo no queremos componendas políticas ni permitimos que se comercie con nuestro dolor, que es el de toda una sociedad martirizada por el horror.

Nosotros no queremos protagonismo, ni queremos entrar en juegos preelectorales, ni queremos estar «de moda» y, desde luego, nos negamos a tomar parte en un presunto acto a nuestro favor que, doce horas antes, todavía no se sabía cómo se iba a organizar. Conocemos de la buena voluntad de los partidos que impulsaron este homenaje, pero no podemos comprender las presiones ejercidas en los últimos momentos por las formaciones nacionalistas, que siempre habían visto con recelo cualquier iniciativa a favor de las víctimas. Por todo ello, al final no acudimos a un homenaje que, en principio, tenía sentido, pero que, al final, carecía de sentimientos.

UNA REFORMA NECESARIA PARA PONER COTO A LA «KALE BORROKA»
Editorial El Mundo 30 Diciembre 2000

El Consejo de Ministros aprobó ayer la creación de un nuevo Juzgado Central de Menores en la Audiencia Nacional, que tendrá competencias en delitos conexos con el terrorismo, cometidos por jóvenes entre 14 y 18 años. Estos delitos eran enjuiciados hasta la fecha por los tribunales de menores que existen en cada capital de provincia.

La puesta en marcha del Juzgado de Menores en la Audiencia Nacional estaba prevista en la reforma de la legislación antiterrorista, aprobada recientemente en el Parlamento, que modificó la Ley Penal del Menor. Esta reforma, consensuada entre PSOE y PP y que obtuvo un amplísimo respaldo en el Congreso, elevaba las penas de internamiento de cinco años a diez años a los jóvenes que cometieran delitos relacionados con el terrorismo y excluía la posibilidad de extender los beneficios de la legislación de menores a las personas con edades comprendidas entre los 18 y 21 años, como sucedía hasta entonces.

Algunos juristas que defendieron la elevación de 16 a 18 años de la mayoría de edad penal, establecida en la Ley del Menor de 1999, consideran que esta reforma es un retroceso. No están de acuerdo con el endurecimiento de las penas ni con la centralización de competencias por parte de la Audiencia Nacional en delitos relacionados con la violencia callejera.

Sus argumentos merecen ser tenidos en cuenta, máxime cuando recuerdan que la aplicación del internamiento en el caso de menores debe ir orientada hacia su rehabilitación. Pero la reforma era absolutamente necesaria e inevitable para acabar con la impunidad de las bandas de jóvenes y adolescentes que están sembrando el terror en las calles vascas, con serio peligro de las vidas humanas. Quemar un autobus, incendiar un comercio o arrojar un cóctel molotov era un delito grave si se tenía más de 21 años. Pero, si no se había cumplido esa edad, el juez provincial de menores se limitaba a decretar un par de años de internamiento en un centro dependiente del Gobierno vasco y ello si tenía el arrojo moral para dictar fallo condenatorio.

A partir de ahora, los jóvenes de la kale borroka serán juzgados en Madrid y, si son declarados culpables, será el juez quien decida donde son recluidos. El Gobierno ya ha invertido más de 4.000 millones para construir estos centros especiales para menores, que hasta la fecha eran muy escasos y con instalaciones poco adecuadas.

La respuesta al fenómeno de la violencia callejera que ofrece esta reforma es prudente, sensata y acorde al sentir de los ciudadanos, hartos del espectáculo del matonismo de una minoría que se ha apoderado de las calles ante la pasividad de los responsables de garantizar los derechos de todos.

Jáuregui, el PSOE y el nacionalismo
Ernesto LADRÓN DE GUEVARA. Coordinador del Foro de Ermua La Razón 30 Diciembre 2000
  
De nuevo ha aparecido Jáuregui con su archisabido planteamiento de que el PSOE tiene que pactar con el nacionalismo, y de que hoy un gobierno entre nacionalistas y no nacionalistas es lo mejor para los vascos.

Lamentablemente el señor Jáuregui no se ha enterado aún de lo del Pacto de Lizarra que trata de segregar a los no nacionalistas para la construcción nacional, ni se ha enterado de las connivencias más que evidentes entre Arzallus y el mundo proetarra, ni es consciente de que el nacionalismo necesita de Eta para poner bridas a la sociedad civil, a fin de imponer su dictadura del poder. Tampoco conoce la burla y despecho hacia las víctimas del bloque nacional-batasuno, ni la utilización nacionalista de la educación para el adoctrinamiento político, ni la parálisis de la ertzaintza a la hora de combatir la kale borroka o detener comandos y el celo, por el contrario, por ahogar la movilización ciudadana que ha tenido el Gobierno Ibarretxe. 

Sería demasiado largo exponer todo el cúmulo de despropósitos provocado por el mundo nacionalista. El señor Jáuregui no ha aprendido nada de sus años de gobierno conjunto con los nacionalistas, de sus deslealtades, de su actitud impositiva, de los desprecios a los socialistas -recordemos lo que dijo Arzallus de que había que ponerse las pinzas en la nariz para compartir espacio político con los socialistas, a consecuencia de la corrupción, GAL...-. Los políticos tienden a olvidar fácilmente, pues sus intereses superan su sentido del ridículo o su dignidad. Pero los ciudadanos estamos para recordarles que la dignidad humana no tiene precio y que la coherencia es uno de los principales valores de la actividad política. El señor Jáuregui no se da por enterado de la utilización que el nacionalismo ha hecho de su alianza con los socialistas, pues, no debemos perder la perspectiva: si alguien ha tenido un proyecto político a largo plazo es el nacionalismo, que progresiva y contumazmente ha ido elaborando su llamado «proceso» de construcción nacional, sin ceder ni un ápice de sus pretensiones.

    Coincido con Unamuno cuando, en 1908 -ha pasado un siglo y el diagnóstico sigue siendo certero- dijo: «Infantilismo, puerilidad es lo que caracteriza al movimiento llamado aquí ahora nacionalista y al que me gustaría más llamar con su antiguo nombre, el de bizkaitarra. Este movimiento, en efecto, que en rigor no es políltico, se vacía de puerilidades de liturgia, en batzokis, en aurreskus, en misas cantadas, en catecismos, en banderas y en jugar a la diputación del partido y a las excursiones; infantilismo puro. Es infantilismo que delata o lleva consigo una depresión mental». Y porque coincido con Unamuno no entiendo qué hace el señor Jáuregui con su compulsión obsesiva de pactar con el nacionalismo, cuando el propio movimiento socialista se ha caracterizado a través de su historia por romper diques que contenían la libertad de los ciudadanos y abrir horizontes más allá de la estrechez mezquina de miras de lo endogámico y de lo ruin. Ya lo decía el universal Unamuno: «[...] Me resulta ridículo el que el natural de la región A pretenda que se distingue de los de las regiones B, C y D más que éstos entre sí, y lo haga basándose en una etnografía de pacotilla y en una historia de lo más superficial y ligera. [...] En mi país vasco es acaso donde más suelta se ha dado a los delirios etnográficos y filológicos».

Paradójicamente esto lo dijo Unamuno en 1902. Hoy seguimos igual o peor. El etnicismo sabiniano campa a sus anchas y la visión reducida de lo geográfico, etnográfico y cultural empobrece los espíritus, en ese enfoque llamado «soberanista» por no ponerle la etiqueta que le corresponde que es la de separatismo o independentismo. Pero el problema es peor: hay una pérdida de valores y principios éticos alarmante. Se ningunea a las víctimas, se justifica la violencia, se hace tabla rasa de los derechos individuales que son los de las personas, no los de los pueblos, se establece una sociedad de castas y tribus en lugar de ciudadanos, se legitima a los que no aceptan las reglas de juego democráticas, se llama a la subversión y a la desobediencia desde las instituciones, se manipulan los contenidos de la enseñanza, se margina a los profesores no adictos a la ideología oficial, se consiente la dictadura del miedo, en definitiva.

    Por eso la falta de compromiso político para conquistar espacios de libertad y atajar el problema desde su raíz que no es otra que una visión enmohecida y decimonónica de la política, caciquil en las actitudes, retrógada y carlista en las esencias, produce indignación a estas alturas. La dignificación de la actividad política en el País Vasco pasa por que los ciudadanos conquisten el poder con sus votos y se produzca la tan necesaria regeneración que no es otra que la alternancia en el ejercicio del poder político. Es bueno y necesario que los nacionalistas se vayan a la oposición. La visión apocada y pobre en su espíritu de que sin los nacionalistas no se puede hacer nada es entreguista. Para votar a quien así piensa lo mejor es votarles directamente a los nacionalistas, pues los efectos son los mismos, pero con el agravante de encima legitimarlos. El punto de vista de que para la estabilidad del Estado es necesario contentar a los nacionalistas está desmentido y descalificado por los hechos. No hay más que hacer una recapitulación de estos veinte últimos años y ver cómo están hoy las cosas. Y el pensamiento de que cediendo a los nacionalistas y pactando con ellos se les modera está viciado de partida. La evidencia de la experiencia muestra una realidad incontestable: los nacionalistas nunca ceden poder, siempre avanzan en sus exigencias, nunca retroceden. Desde que se aprobó la Constitución hasta hoy el nacionalismo ha seguido un plan minucioso y sistemático hacia la independencia. Ellos mismos lo dicen. Puede ser legítimo, pero que los que no somos independentistas les ayudemos en el empeño es cosa de estúpidos. Sería de agradecer que los socialistas definan cuál es su doctrina oficial: si la de Jáuregui, Maravall y Odón Elorza o la de Nicolás Redondo y Zapatero.
   
Mitad por mitad
RAUL HERAS El Mundo  30 Diciembre 2000

Hoy, sin el efecto nacionalista por medio, el centro-derecha homologado internacionalmente (PP y PNV) dominaría con comodidad el Parlamento de Vitoria, con mayorías absolutas frente a un centro-izquierda y una izquierda divididos en dos mitades. Es un retrato de Euskadi preocupante para los socialistas, que parecen conformarse con el papel de bisagra entre las dos grandes formaciones conservadoras, olvidando un reciente pasado en el que aspiraban a la condición de primer partido de esa autonomía.

Se mantiene la foto casi fija que salió de los comicios regionales de 1994. Apenas se mueven los partidos y sus electorados: si en Alava el PP tiene un subidón es por la desaparición de la escisión de Pablo Mosquera y su Unidad Alavesa, y si el PSOE mejora en un escaño será gracias a la igual pérdida que tendría Izquierda Unida, sin que los nacionalistas se muevan ni un milímetro, ni los moderados del PNV, ni los radicales de EH. Algo muy similar ocurre en Guipúzcoa, con muy pequeñas variaciones en razón de trasvases entre Eusko Alkartasuna y el PNV y entre IU y el PSOE. Y en Vizcaya, más de lo mismo, donde los avances de PP y PSOE se explicarían por el retroceso continuado de IU y un doble trasvase entre EA, el PNV y el propio PP en razón de la sociología económica y no sobre la base de un análisis político nacionalista.

El conjunto habla de políticas a largo plazo, otros veinte años, mediante las cuales el trasvase de votos y apoyos de los radicales próximos a ETA hacia el PNV permitiría a Arzalluz y a los suyos ir cambiando la fisonomía del nacionalismo, transformando en liberal-conservador una buena parte de lo que hoy es marxista-leninista, obligando a la izquierda socialdemócrata a unificarse y recoger fuerzas y votos hoy por hoy dispersos entre el PSE, una parte de EA, IU y los herederos no violentos del magma de grupos encarnados por Arnaldo Otegi. La muerte y la violencia son los árboles que no dejan ver el bosque.
 
5. IU, de vuelta a Stalin y a Carrero Blanco
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 30 Diciembre 2000

En una serie de siete artículos, el editor de Libertad Digital analiza el Pacto por las libertades y contra el terrorismo firmado por el PP y el PSOE, respaldado ya por muchas fuerzas políticas o sociales y extraordinariamente bien acogido por la opinión pública, pero también esquinada y rabiosamente combatido por una parte de la izquierda y todo el nacionalismo. Del futuro del Pacto depende buena parte del futuro de España.

5. Izquierda Unida, de vuelta a Stalin y a Carrero Blanco
La tercera fuerza política, tras el sector nacionalista del propio PSOE y el nacionalismo llamado “democrático” y “moderado” -en rigor ni una cosa ni la otra- presidido por Jordi Pujol, a la que el Pacto por las libertades y contra el terrorismo del PP y el PSOE ha obligado a definirse es Izquierda Unida. Para ser más concretos, el PCE, cada vez más abandonado por los electores y más a solas con sus fantasmas, vertiginosamente devuelto a su propia tradición kremliniana, pero ya sin Kremlin y sin más tradición que la de la deslealtad constitutiva y constituyente a todos los sistemas democráticos y liberales por parte de los partidos comunistas, desde Lenin hasta Kim Jong-Il, por cómodamente que los alberguen y por mucho que les perdonen su origen, vocación y tradición totalitarios.

Llamazares y Madrazo representan aparentemente una versión cutre del sainete nacionalista del PSOE y Maragall. Y es cierto que el PCE es todavía más deudor que el PSOE de la estrategia intelectual de la izquierda antifranquista, que identificaba cualquier nacionalismo, incluido el terrorismo etarra, con el bien, la democracia y hasta la modernidad. No podía ser de otro modo cuando fue el PSUC, con Vázquez Montalbán como capataz intelectual, la factoría de legitimación del nacionalismo y la fábrica de estupideces doctrinales que posteriormente ha implantado “El País” como auténtico “pensamiento único” del perfecto progre español, es decir no-español o realmente anti-español, según su cercanía a cualquier nacionalismo periférico.

Durante los trece años largos de Gobierno del PSOE, ese mecanismo no explícito pero sí muy presente de legitimación ideológica y política se convirtió en Educación y Descanso, Cultura y Propaganda, legislación y colocación. Pero lo que en el PSOE era oportunismo en el PCE es anacronismo. De lo que el PSOE puede escaparse, el PCE ni puede ni seguramente quiere.

Y es que la caída del Muro no derribó al PCE cuando le correspondía por una razón harto curiosa: por la propia decadencia ideológica y moral del PSOE dentro de la izquierda, que permitió a Julio Anguita mantener la bandera de la hoz y el martillo al socaire de la lucha contra la corrupción del PSOE. Curiosamente, la “pinza” con el PP le eximía de replantearse sus pecados contra el liberalismo y la democracia occidentales, puesto que ya estaba a su lado en la lucha política, pero al llegar el PP al Poder Aznar no tuvo que cambiar su programa económico ni su proyecto político, salvo en lo nacional (que lo archivó) mientras el PCE se embarcaba en un viaje a ninguna parte que no se justificaba ni por una derecha antidemocrática –que no existía y lo demostraba en el Poder- ni por una izquierda corrompida que ya había perdido la fuente de la corrupción, el Gobierno, y que podía regenerarse con un cambio de líderes sin tener que depurarse doctrinalmente. Como así está sucediendo.

El PCE sigue hoy la táctica estalinista de favorecer cualquier nacionalismo separatista para debilitar a no importa qué país capitalista y occidental. Y se alía con ETA y con el PNV como en tiempos de Carrero Blanco, cuando todo valía contra el franquismo: desde el terrorismo al racismo sabiniano. Esa incapacidad de madurar democráticamente convierte a Izquierda Unida en un vivero de votos para el PSOE y en un vivero de activistas para los nacionalismos violentos y los “grapos” ya existentes o por existir. En vez de ir hacia delante, el comunismo español va hacia atrás. En vez de volver de Lenin a Kautski, ha vuelto de Lenin a Nechtaiev. Como en el PSOE, el Pacto es un acicate decisivo para modernizarse, nacionalizarse y democratizarse o para reunirse para siempre con la momia de Vladimir Illitch.

Zapatero, esa incógnita
Lorenzo CONTRERAS La Razón 30 Diciembre 2000

En esta actualidad que podría llamarse Aznalcóllar y escándalo del lino, y fuga de otro etarra confinado en Francia bajo vigilancia «insuficiente», entre otros posibles rótulos, lo duro, lo apremiante, lo que perturba la tranquilidad del sueño político del Gobierno autocomplaciente y de la Oposición imprevisible reclama otro nombre o, como ahora se dice, otro escenario. En efecto, las elecciones vascas, más que probables por adelantado, plantean la apuesta con mayores índices de riesgo imaginables en el horizonte de acontecimientos políticos que puedan darse durante el primer año del siglo XXI. Es mucho lo que se juega en ese envite que enfrenta al nacionalismo vasco con la españolidad del Estado, mientras Eta presencia la evolución de los hechos para tomar sus propias resoluciones.

    Mucha parece la confianza que el Gobierno del señor Aznar deposita en el voluntarismo inicial de José Luis Rodríguez Zapatero o, si se prefiere, de un supuesto nuevo PSOE que acudiría a las elecciones vascas con el hipotético convencimiento de que Euskadi necesita una pasada por el no nacionalismo, es decir, por una conjunción de fuerzas que, a base de socialistas y populares, abordaría el trance de demostrar que «aquello» es gobernable desde otros enfoques y posiciones políticas, desde el revés de lo actual, desde el ángulo inverso al que marcan hoy las fuerzas en presencia.

    Si todo pudiera resolverse con oraciones para recabar la benevolencia divina, habría que arbitrar un presupuesto para rogativas incesantes, movilizando todos los resortes capaces de operar la buena nueva de una Ajuria Enea transformada, en la que una sociedad se sintiera confortada por otra Administración, las libertades renacieran sin miedo al castigo etarra y la Ertzaintza obedeciera puntualmente órdenes pronunciadas con otro acento.

    ¿Son Zapatero y Redondo Terreros los hombres llamados por la Providencia a hacer factible el milagro de esa transformación? ¿Estará la Providencia dispuesta a echar una mano a los constitucionalistas frente al clamor sordo y mayoritario, sutilmente presionante, de una Iglesia vasca que impetra otro tipo de favor divino?

    Sobre la base de una voluntad política y unas encuestas provisionales que hablan de resultados indecisos, se va a la gran aventura de arrebatar al nacionalismo el gobierno de Euskadi. Las cifras finales hablarán sin duda de algún idioma. Pero habría que estar desde la españolidad constitucionalista muy seguros de que el socialismo hablará sin titubeos, hasta apurar el proyecto, el idioma común. Quiérese decir que el Zapatero de hoy, intensamente asesorado por Redondo y otros entornos, puede no ser el Zapatero de mañana.

Muere el 2000 bajo el síndrome vasco
Abel Hernández La Estrella  30 Diciembre 2000

No hay manera de evitarlo. Cuando acaba el siglo, España está pendiente del País Vasco. El síndrome del norte se ha apoderado de la vida nacional como Cuba hace un siglo. Desde la muerte de Franco nunca los españoles habían estado tan preocupados por el terrorismo de ETA y el problema vasco como este año. La indignación es creciente y prácticamente universal, desde los intelectuales hasta la gente de la calle, desde Cataluña a Andalucía. Nada alarma tanto. Es el primer éxito del nacionalismo radical, que ha conseguido llevar la iniciativa.

El papel activo de los intelectuales vascos, secundados por el resto y por los medios de comunicación, que es prácticamente lo único en que se ponen de acuerdo, contrasta con el débil papel de la Iglesia vasca y, en general, de la Iglesia española en este problema crucial, gestado en las sacristías. Ni siquiera el obispo Uriarte, llamado a jugar un papel clave en la pacificación tiene una presencia activa, a pesar de sus intentos y de su indudable buena fe.

El tremendo balance de la nueva ofensiva de ETA este año es, como se sabe, salvo catástrofe de última hora, de veintitrés muertos. En contra de la sensación de fracaso e ineficacia de las fuerzas de seguridad del Estado, lo cierto es que ha sido también éste el año en que se han detenido más comandos, casi un centenar de etarras, con una media de edad más joven, y se han dado algunos golpes certeros al núcleo duro de la organización política. En el Ministerio del Interior se muestran convencidos de que la eficacia policial de la lucha antiterrorista irá en aumento, tras un evidente desconcierto al acabar la tregua.

El compromiso firmado con los socialistas se considera de gran valor en este sentido, sobre todo si culmina con el control del Gobierno vasco por parte de las fuerzas constitucionalistas en las previstas elecciones anticipadas de primavera. Con los datos de los sondeos, de fiabilidad relativa dado el clima de coacción reinante, el nacionalismo en su conjunto pierde fuerza, sobre todo el más radical, a favor de socialistas y populares. Ya no es una quimera un Gobierno vasco sin el PNV. Pero tampoco parece fácil. Hay discusión de si sería conveniente. Prevalece la opinión de un Gobierno de coalición PNV-PSE-EA, aunque, dadas las circunstancias excepcionales, no es un disparate un gran Gobierno de concentración.

El duro enfrentamiento entre el Gobierno de Aznar y el PNV hace prácticamente imposible el entendimiento político entre nacionalistas y populares a medio plazo. Antes tendrían que cambiar mucho las cosas en ambos lados. El propósito de Aznar y de Mayor Oreja es arrebatar el Gobierno de Vitoria a los nacionalistas, que lo han convertido en patrimonio propio, con un eficaz y pernicioso clientelismo. El control de la Policía autónoma, de los presupuestos, de la televisión pública y de la enseñanza puede ser la única manera de recuperar el terreno perdido y dar la vuelta a la situación, incluído el regreso del PNV al buen camino con el relevo de sus actuales dirigentes.

Para muchos, éste es el cuento de la lechera, porque el día de las urnas puede romperse el cántaro y porque, si no, la arriesgada experiencia conduciría a la radicalización de los nacionalistas moderados y al enfrentamiento civil. En el Gobierno de Aznar, por lo demás, no están seguros de la lealtad del PSOE al espíritu del pacto firmado, que tiene, como ha reconocido Mayor Oreja, una evidente y fundamental dimensión política.

Según un muy alto cargo de Interior, la respuesta que hay que dar a Otegi para el que el acuerdo de los socialistas y los populares es una declaración de guerra, que puede prolongar el conflicto otros treinta años, es la siguiente: "Estamos dispuestos a prolongar el conflicto no treinta años, sino otros ciento cincuenta si es preciso; pero no vamos a ceder". Lo decía completamente en serio. Esta no es la guerra de Cuba. Nadie en la Unión Europea ni en la Alianza Atlántica concede la menor viabilidad a un País Vasco independiente. Y los dirigente de los principales Gobiernos de Europa le han dicho expresamente a Aznar este año que agoniza que actúe con la mayor firmeza y sin contemplaciones. Es lo que está haciendo. Todos confiamos en que, apenas nos adentremos en la maraña del nuevo siglo, rigurosa continuación de la de éste, comprobemos que lleva razón Walter Scott: "Mira hacia atrás y ríete de los peligros pasados".

España y su agitado fin de siglo
Lorenzo Contreras  La Estrella  30 Diciembre 2000

Cinco realidades han recorrido con su presencia y su influencia toda la longitud y la anchura del año 2000, ese año mítico que ponía término al siglo XX y abría la puerta del XXI. En marzo, las elecciones generales que afirmaban  a José María Aznar en la cúpula del Gobierno con una mayoría parlamentaria absoluta, determinaban un cambio sensible en las relaciones políticas o relaciones de fuerza, limitando los condicionamientos que había padecido por la precariedad de su poder tras las elecciones anteriores.

El cambio de la composición de Gobierno, como corolario de esas elecciones, significó fundamentalmente tres cosas: la consolidación de Mayor Oreja en el ministerio del Interior cuando parecía que podría optar por una plaza más cómoda y confortable. En segundo término, la vigorización política de Mariano Rajoy, convertido en vicepresidente todopoderoso, en paralelo con el debilitamiento de Francisco Alvarez Cascos, el hombre que hizo posible el frenazo a las pretensiones mediáticas de Jesús de Polanco, pero no logró captar arriba del todo la gratitud suficiente. En tercer lugar la promoción de Josep Piqué , cuyo equívoco pasado financiero no impidió su ascenso nada menos que al ministerio de Exteriores, en paralelo con su proyección hacia la política catalana del Partido Popular, del que ni siquiera había sido hasta entonces miembro, pero sí el hombre-tentación que Aznar tenía a mano para debilitar la influencia y el prestigio de Aleix Vidal-Quadras como líder antinacionalista y mosca tábano de Jordi Pujol y su poderosa CiU.

El terrorismo marcó el Paso

La terminación de la tregua etarra, reconocida como trampa por la banda misma, introdujo en la política  nacional el gran elemento de distorsión. El recelo de ETA contra Aznar se incrementó con el mayor poder que la mayoría absoluta le proporcionaba. Era para la banda, que no necesitaba pretextos, el gran momento par aprovechar el desconcierto del PNV y recluirlo en la prisión de los pactos de Lizarra. Los nacionalistas de Arzallus habían jugado a "moderar" a ETA y su entorno, aceptando a cambio de la pacificación nada menos que el programa etarra de la "construcción nacional", con su vestíbulo en la Asamblea de Municipios Vascos o Udalbiltza prólogo de una Administración paralela paralela frente a lo edificado por el Estatuto de Guernica, al amparo de la constitución.

Durante todo el año 2000, el paso político fue marcado por los crímenes del terrorismo. Ha sido una etapa dramática, caracterizada por las reacciones contra los asesinatos, la variedad de manifestaciones, la evidente división de las fuerzas democráticas, la "escalada" de los propios crímenes en un sentido cualitativo que comprendía a periodistas, políticos significados por sus cargos municipales (concejales) o por su pertenencia a la Administración española (Ernest Lluch en cuanto ex-ministro de González), militares y miembros de las Fuerzas de orden público, etcétera. Una vasta panoplia de siniestros trofeos que ETA se adjudicaba mientras caían algunos de sus comandos y resurgían otros que parecían callados, como fue el caso del de Barcelona, con el que la banda se resarció de su "percance" en Andalucía.

A medida que el año transcurría se hacía evidente la falta de sintonización entre los partidos principales.

Rodríguez Zapatero, líder emergente

Pero ocurrió  hacia mediados de año algo que no entraba de lleno en los pronósticos políticos. Fue el XXXV congreso del PSOE. Entre las bambalinas se había movido con su habilidad tradicional, jugando a ser el "Ausente", Felipe González. Parecía un congreso destinado al control de la "superioridad". No se ventilaba, por supuesto la sucesión de Joaquín Almunia, sino la de González nada menos. Las preferencias de este último iban, sin manifestarlo demasiado, por José Bono. Con reservas, pero con Bono. No quería el viejo líder sevillano una victoria concluyente de nadie. Bono podía ser el mal menor, hombre de la vieja guardia, "barón" regional en Castilla-La Mancha, frente a las aventuras de alguien capaz de aportar savia verdaderamente nueva. Y a punto estuvo de confirmarse la "jugada" de un Bono ganador por pocos votos, neutralizado en sus ambiciones por la precariedad de su victoria. Con González dueño en el fondo de la situación. Pero ocurrió exactamente lo contrario, es decir, que ganó un semianónimo José Luis Rodríguez Zapatero, apenas conocido fuera del PSOE, catorce años incrustado en el Grupo Parlamentario Socialista, donde alguna vez despuntó en un asunto concreto, pero poco más. El joven Zapatero reunía, sin embargo, algunas cualidades: buena estampa física, una voz bien timbrada, suaves maneras. Novedad.

Nadie desconoció, sin embargo, que el triunfo de Zapatero, por ocho votos de diferencia sobre Bono, fue obra de la deserción de votos guerristas que don Alfonso, el jefe de la bandería, ordenó en favor del mencionado, descontándolos de los comprometidos para Matilde Fernández. Con lo cual el vituperado y arrinconado Guerra asomaba sus uñas políticas de viejo predador.

El pacto antiterrorista

Todavía es pronto para saber lo que Zapatero va a dar de sí. Hasta ahora se va defendiendo y dando una cierta imagen de independencia frente a la Vieja Guardia. No mucha, ciertamente. Aceptó la ayuda guerrista en las elecciones post-congreso de la Federación Socialista Madrileña, uno de los llamados"congresillos" que completan la obra del Congreso Federal o más bien la matizan. En otras asambleas provinciales y regionales (Cantabria, Asturias, Valencia, Extremadura), el zapaterismo mostró sus flaquezas. En resumidas cuentas, no salió airoso de sus batallas internas. Lo cual no quiere decir que le faltaron oportunidades de reafirmarse. Lo va intentando a través de una política de contactos que ha hecho posible, como asunto estrella, el acuerdo con Aznar "por las libertades y contra el terrorismo". Da la impresión de haber inspirado confianza en CiU, donde Jordi Pujol le ha recibido en calor de amistad. No ha aceptado que el pacto PP-PSOE, como ha declarado a "La Razón" Jaime Mayor Oreja, pretenda neutralizar el nacionalismo vasco, lo cual es ya en Zapatero un síntoma de acercamiento al PNV que se dibuja más allá de las próximas elecciones vascas.

Este es, en rasgos generales, el hombre que intenta representar un socialismo (por el llamado "libertario" en sus aspiraciones) y que frente a la Izquierda Unida errática de Llamazares, sucesor de Anguita por un solo voto de diferencia sobre Francisco Frutos, soporta el reto de tener que demostrar que en España queda todavía margen para una política progresista.

El sueño exterior de Aznar

La quinta realidad que admite la radiografía sucinta de la España política pasa por la acción exterior del Gobierno, heredero de los grandes compromisos socialistas en los focos conflictivos del mundo. José María Aznar, como sus predecesores en el cargo, desde Suárez a González, se ha volcado sobre el mapamundi, mostrando ambiciones que le honran por cuanto repercutirían sobre los destinos de España, pero que están condenadas a ser limitadas en el gran juego europeo de Alemania y Francia. No ha logrado en Niza, coronación del mandato semestral francés, que España entre en el club de los grandes. Ha ensayado sin resultados demasiado visibles un acercamiento a Inglaterra, trabajándose con Tony Blair una amistad que no ha servido para evitar la humillación del submarino "Tireless" en aguas de Gibraltar, con la sombra de su riesgo contaminante. Y ahora, cuando asoma por el horizonte internacional el espantajo de una nueva guerra árabe-israelí ofrece sus buenas relaciones con ambas partes en un ambicioso proyecto de mediación que a todas luces rebasa la potencialidad componedora de España en tan peligroso escenario.

Víctimas de ETA evitaron saludar a los nacionalistas en el homenaje de Vitoria
BILBAO. M. Alonso ABC   30 Diciembre 2000

Una de cada tres familias de víctimas del terrorismo que habían confirmado su asistencia al homenaje organizado ayer por el Parlamento vasco finalmente no acudió, al considerar que el acto carecía de la suficiente sensibilidad hacia quienes directamente han padecido la barbarie de ETA, y sus diplomas se fueron acumulando a un lado del escenario, como testimonio de la incomprensión de las autoridades nacionalistas.

La decisión de las asociaciones de víctimas de desmarcarse del homenaje fue la causa oficial del abandono. Sin embargo, tras ella parece encontrarse la negativa de las víctimas a coincidir con los partidos nacionalistas, a quienes achacan haberles humillado al impedir el pasado miércoles que el Parlamento vasco creara una comisión específica de víctimas del terrorismo, tal como había sido acordado en el pleno de la Cámara de Vitoria con los votos de PP, PSE y UA.

En ese contexto tan poco propicio para el homenaje a quienes han sufrido más directamente el embate del terrorismo etarra, cien familias de víctimas de ETA estuvieron en el Palacio Europa para recibir el primer reconocimiento oficial que les hacen las instituciones vascas, reconocimiento no aprobado, por cierto, en el Parlamento vasco con los votos de los partidos que sustentan al Gobierno, sino con los de la oposición.

FRACASO DE LAS INSTITUCIONES
El presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, intentó poner un poco de calor al acto recordando que él también ha sentido miedo del terrorismo etarra y ha visto la preocupación en los ojos de su familia. Hizo incluso autocrítica, señalando que «como representantes de los ciudadanos debemos reconocer que es un fracaso que muchos de ustedes hayan sentido frialdad o lejanía de la institución que representa a todos los ciudadanos de esta Comunidad».

Las dificultades para organizar el acto fueron importantes. Hubo víctimas que se negaron a que les entregara el diploma un político nacionalista y, de hecho, se pudo ver a Juan María Atutxa estar atento a ver a quienes tenían o no tenían que entregar el diploma. El resto de las personas que le ayudaron en esa tarea fueron Carlos Urquijo, del PP, Manuel Huertas, del PSOE, y Enriqueta de Benito, de UA.

Las víctimas que acudieron formaban un colectivo plural. Prácticamente estuvieron todas las familias de víctimas de cargos del PP asesinados por ETA, entre ellas la de Miguel Ángel Blanco o Miguel Indiano, cuya viuda acudió con el bebé que no pudo llegar a conocer a su padre. Faltó una muy significativa, la de Gregorio Ordoñez, que en ningún momento confirmó su asistencia.

Estuvieron viudas de cargos socialistas, como la de Enrique Casas, Barbara Dürkop, y la hija de Fernando Buesa, pero faltó la familia de Fernando Múgica Hertzog, que había confirmado su asistencia.

El lendakari, Juan José Ibarretxe, quien se mantuvo en un plano secundario en el acto, tuvo con quien hablar a su llegada, al encontrarse con Rosa Rodero, viuda del sargento mayor de la Ertzaintza Joseba Goikoetxea, acompañada por su hijo. También asistió al acto la viuda del ertzaina Ramón Doral, Begoña Sagarzazu y María Isabel Lascurain, viuda de Juan María Jauregui, quien leyó el comunicado final de la última manifestación convocada por el lendakari Ibarretxe a la que no se sumaron las asociaciones de víctimas del terrorismo.

Estos desencuentros entre las víctimas y las instituciones vascas no han sido quizás explicados con claridad, pero tienen que ver con detalles como el hecho de que el PNV negociara con EH que el ex dirigente de ETA José Antonio Urruticoechea Bengoechea, «Josu Ternera» formara parte de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco.

Por este motivo, el presidente de la Cámara vasca, Juan María Atutxa, tuvo que hablar, conciliador, de «buena intención» con todo lo concerniente a la preparación del homenaje a las víctimas. Todo confirma que no es que nadie quisiera restar solemnidad al acto al trasladarlo del Parlamento vasco al Palacio Europa de Vitoria, sino que se intentó, tal vez con poca sensibilidad, resolver un problema de espacio.

«SABOTAJE» NACIONALISTA
Lo que no está claro que se hiciera con tan buena intención, en opinión de las víctimas, es acudir al homenaje, por parte del PNV, EA e IU, después de haber «saboteado» la creación de la Comisión de víctimas en el Parlamento vasco.

Hay que tener en cuenta que no sólo faltaron las víctimas que finalmente no recogieron sus diplomas sino que otras muchas se quedaron al margen desde el principio, como Cristina Cuesta, portavoz de ¡Basta ya!» y promotora de iniciativas de atención a las víctimas.

Estalla un artefacto casero en el bufete de abogados de un parlamentario del PP en Vitoria
Incendiados durante la noche un cajero automático de San Sebastián, el coche de un ertzaina de Rentería y el vehículo de la testigo que reconoció al hombre que quemó una sucursal bancaria en Vitoria
AGENCIAS, Bilbao, San Sebastián El País   30 Diciembre 2000

Un artefacto casero ha estallado esta madrugada en la puerta del bufete de abogados de Vitoria en el que trabaja el parlamentario vasco del PP Antonio Salazar causando daños materiales, según ha informado la Ertzainza.

El artefacto, que estalló sobre las 7.40 horas de la mañana en el bufete, ubicado en la calle Ariznabarra de la capital alavesa, rompió varios cristales y causó algunos otros daños en el local. Según fuentes del PP, ésta no es la primera vez que el despacho es atacado.

Otros tres actos de violencia callejera se produjeron anoche en Rentería (Guipúzcoa) San Sebastián y Andoaín, al resultar incendiados el coche particular de un ertzaina, un cajero automático de un banco y el vehículo de la testigo que reconoció al hombre que quemó una sucursal bancaria en Vitoria.

A las 22.20 de la pasada noche, unos desconocidos prendieron fuego a un automóvil, Opel Kadett, propiedad de un agente de la Ertzaintza, que se encontraba aparcado en la calle Gaztaño, de la localidad guipuzcoana de Rentería.

Debido al humo y como medida preventiva, los ertzainas desplazados al lugar de los hechos desalojaron a los vecinos de un portal próximo a donde estaba estacionado el coche, aunque en pocos minutos pudieron regresar a sus domicilios. El fuego, que afectó a la parte delantera del automóvil, fue sofocado por un equipo de bomberos.

Poco después, sobre las 23.05 horas, unos desconocidos vertieron líquido inflamable sobre un cajero automático que el Banco de Santander tiene en la calle Txapiñene, de San Sebastián, y le prendieron fuego.

El incendio produjo importantes desperfectos en el cajero, aunque no se extendió a otras zonas y se consumió por sí solo, sin que fuera necesaria la intervención de los bomberos.

Esta madrugada también varios desconocidos han quemado el vehículo particular de la testigo cuya declaración permitió que la Audiencia Nacional condenara a 16 años de cárcel a Carlos García Preciado por la quema de una sucursal de Caja Laboral en Andoáin (Guipúzcoa) el 6 de agosto de 1997, según han confirmado fuentes judiciales.

En la localidad guipuzcoana han aparecido varios carteles amenazantes contra la testigo protegido, en los que, bajo su foto, se decía textualmente: Cuidado, (nombre de la testigo) colabora con los cipayos (término despectivo para referirse a la Ertzaintza) en la represión de la juventud vasca.

La Ertzaintza intentó sin éxito localizar a García Preciado el pasado día 21 para transmitirle la orden de prisión del tribunal. Fuentes de la Audiencia Nacional creen que tras el juicio, que concluyó el 15 de diciembre, García Preciado decidió esperar la sentencia en Francia, fugado.

Las declaraciones de la testigo protegido ante la policía autonómica vasca en agosto de 1997 fue fundamental porque reconoció a García Preciado como uno de los autores. Aunque posteriormente se retractó de sus declaraciones ante la Audiencia Nacional y reconoció que había recibido amenazas, por lo que el tribunal consideró que había modificado su testimonio por miedo y no otorgó validez a la rectificación.

Aritmética por política
Editorial El País  30 Diciembre 2000

EL MINISTRO de Hacienda ha conseguido por fin que el Gobierno apruebe el anteproyecto de Ley de Estabilidad Presupuestaria, que encumbra el déficit cero o equilibrio presupuestario a norma básica de la política financiera del Estado. El propio Montoro explicó ayer que el objetivo de la ley es "garantizar la estabilidad presupuestaria, ya que a través de ella se alcanza un ciclo largo de crecimiento económico y de creación de empleo". Acuciado sin duda por las acusaciones de inflexibilidad política que implica imponer como norma el déficit cero, precisó que "la ley nunca ha prohibido taxativamente el déficit", que se admite en casos excepcionales y que deberán ser explicados con detalle, "como una recesión económica". El argumento del ministro no es precisamente brillante, porque las recesiones se explican por sí mismas, y es el uso de los recursos públicos lo que puede evitarlas o retrasarlas.

La imposición del equilibrio presupuestario por ley, aunque el déficit cero no sea obligatorio, es una decisión, cuando menos, discutible. Unas cuentas sin déficit obligarán a los Gobiernos futuros a imponerse limitaciones con las que pueden no estar de acuerdo, salvo que paguen el coste que impondrán los mercados si se deroga la ley; consagra además un modo tecnocrático de hacer política, atento más a cuadrar contablemente las cuentas que a ofrecer opciones de gasto o de ingreso a la sociedad; obstaculiza cualquier decisión de mejorar las infraestructuras o los servicios a cambio de déficit, que es precisamente la esencia de cualquier acción política, y, por fin, invade la independencia parlamentaria de las comunidades autónomas.

Es verdad que la pertenencia a la Unión Monetaria Europea impone unas normas de disciplina financiera que es bueno respetar. Pero esas normas se expresan en términos de tendencia u horizonte, para no atar las manos de los Gobiernos que desean hacer política con el gasto en beneficio de los ciudadanos, sin que para ello sea necesario contar con superávit fiscales. Conviene recordar que este Gobierno, que hoy defiende el déficit cero como la regla de oro de su política económica, sostenía fervorosamente no hace mucho que la tarea fundamental del Ejecutivo debía ser avanzar en la convergencia real con Europa. O tal convergencia, que exige inversiones en infraestructuras y en investigación y desarrollo, ya se ha cumplido o cabe suponer que el Gobierno maneja los criterios centrales de su política económica con excesiva frivolidad.

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